Reguilete – chiringa (capuchino) – encuestólogo – coconspirador – antigüedad –

REGUILETE

“Esto puede parecer molesto, pero creo que las pocas cosas que he logrado en mi vida han sido a causa de ser un REGUILETE”.

Leer la prensa en una ciudad cosmopolita donde escriben personas que proceden de diferentes países es una aventura extraordinaria; por lo menos para una persona interesada en los vericuetos de la lengua. Leer más

Tenedor – recoger (captar) – gancho – tirapiedras – *manguito rotador (manguito de los rotadores) – desplumar

Tenedor

Este tenedor es dominicano. No ayuda a comer ni tiene nada que ver con libros de contabilidad. El tenedor de esta sección se encuentra (encontraba) en las calles de la ciudad de Santo Domingo de hace más de cincuenta años.

Hace más de cincuenta años la ciudad capital de la República Dominicana no era ni sombra de lo que es la actualidad. La circulación era escasa, los semáforos casi inexistentes y la circulación la dirigían de día y de noche los llamados “policía de tráfico”. Estos se armaban de noche con dos focos (linternas), uno verde y el otro rojo. Los “tapones” se desconocían por la ausencia de suficientes vehículos para provocar un “entaponamiento”. Leer más

Un buen consejo

Las palabras no pueden calificarse como mejores o peores, como más o menos elegantes. Lo que convierte en buena una palabra es que sea adecuada a lo que queremos comunicar con ella. Si acertamos en la elección de un término para expresarnos con precisión, sin duda este término puede calificarse como bueno. Si nuestras palabras se adaptan a nuestros interlocutores y a la situación en la que las estamos usando, podemos calificarlas además como elegantes. Leer más

Metidos en harina

Comparto con muchos amigos mi pasión por las palabras. Y como en las buenas conversaciones, una palabra lleva a otra, y vamos hilvanando curiosidades y dudas que, más tarde, ya con los libros en las manos, nos toca resolver. Me decía Catana Pérez que en el Cibao suelen llamar harinita a la lluvia menuda y, puntualizaba, que la pronuncian como  “jarinita”. El comentario me trasladó, por gracia del poder evocador de las palabras, a mi Andalucía natal, donde se usa este sustantivo con el mismo sentido y también con aspiración inicial. Leer más

La raya

La raya (—), también llamada guion largo por algunos autores, es un signo de puntuación menospreciado o desconocido por la gran mayoría de abogados dominicanos, pese a que podría desempeñar  funciones muy útiles en la redacción de textos normativos,  judiciales y forenses. Como se ha dicho en otros artículos de esta serie, los signos de puntuación —que  son once— se ven reducidos en gran medida a solo tres en la práctica jurídica dominicana: el punto, la coma y los dos puntos; en este último caso, solo  para introducir enumeraciones o citas.

Gráficamente, la raya se representa por un trazo horizontal (—) de mayor longitud que el signo matemático de menos, (–) y mayor aún que el signo de guion (-). En los teclados de computadora, al igual que en las máquinas de escribir de antaño, no existe tecla ni para la raya ni para el menos, solo para el guion. Sin embargo, con el programa Microsoft Word se puede insertar la raya presionando Alt+0151 o Ctrl+Alt+guion, y el menos con Alt+0150; con Corel WordPerfect, simplemente presionando seguidamente la tecla de guion dos veces (para el menos) y tres veces (para la raya); y en las computadoras Macintosh se pueden encontrar en la misma tecla de guion combinada con Alt, pulsando una vez para el menos y dos veces para la raya.

USOS DE LA RAYA

La raya tiene tres funciones:

1.    Delimita incisos dentro de una oración (raya de inciso).
2.    En los diálogos y citas, señala las intervenciones de los personajes o los comentarios y precisiones del narrador o transcriptor (raya de diálogo o cita).
3.    En bibliografías, cuadros y listas, sustituye palabras mencionadas inmediatamente antes (raya de sustitución).

La raya de inciso

La raya se emplea para aislar los incisos en la oración, es decir, para delimitar los elementos  secundarios o suplementarios que aportan explicaciones o precisiones a lo dicho. Los ejemplos que siguen ilustran este uso:

Las primeras sentencias dictadas por el nuevo juez —especialmente dos que falló en materia de sucesiones,—  parecen indicar que es muy capacitado.
    
 Hace ya casi treinta años —fue en octubre de 1982— que por primera vez asumimos la representación de un cliente en una demanda contra un profesional de la salud.
 
 La Constitución de 1994 fue consecuencia directa del tranque electoral —hay quienes dirían ‘fraude electoral’: para muchos la Junta Central Electoral de la época estaba parcializada— que se produjo en las elecciones de ese año.

Se utilizan siempre dos rayas para enmarcar el inciso: una de apertura y otra de cierre. La raya de apertura precede la primera palabra del inciso y se escribe pegada a esta; la de cierre sigue la última palabra del inciso y, por igual, se escribe pegada a esta.

En la delimitación de incisos  la raya comparte funciones con la coma y con el paréntesis, de manera que es posible sustituir la raya por uno de estos signos, como se demuestra a continuación con los ejemplos citados:

Las primeras sentencias dictadas por el nuevo juez, especialmente dos que falló en materia de sucesiones, parecen indicar que es muy capacitado.
    
Hace ya casi treinta años (fue en octubre de 1982) que por primera vez asumimos la representación de un cliente en una demanda contra un profesional de la salud.
 
 La Constitución de 1994 fue consecuencia directa del tranque electoral (hay quienes dirían ‘fraude electoral’: para muchos la Junta Central Electoral de la época estaba parcializada) que se produjo en las elecciones de ese año.

Las diferencias en el uso de la raya, la coma y el paréntesis en incisos no han sido bien definidos. Como primera aproximación a un sistema, se dice que depende de cómo se perciba el grado de conexión que el inciso mantiene con el resto del enunciado: las comas encerrarían incisos muy relacionados con el resto de la oración; los paréntesis, los menos relacionados; mientras que las rayas se reservarían para incisos medianamente relacionados. Dicho de otro modo, los incisos entre rayas suponen un aislamiento mayor con respecto al texto que los que se escriben entre comas, pero menor que los que se escriben entre paréntesis.

Sin  embargo, muchas veces se estila utilizar rayas, en lugar de coma o paréntesis, para destacar o prestar énfasis al inciso, por la forma misma como estas se representan gráficamente. Compárese en este sentido el efecto de estas tres oraciones:

El Consejo de la Magistratura decidió no confirmar, por razones que han resultado un tanto controvertidas, a cuatro jueces de la Suprema Corte de Justicia.

El Consejo de la Magistratura decidió no confirmar (por razones que han resultado un tanto controvertidas) a cuatro jueces de la Suprema Corte de Justicia.

 El Consejo de la Magistratura decidió no confirmar —por razones que han resultado un tanto controvertidas— a cuatro jueces de la Suprema Corte de Justicia.

Además, hay ocasiones en que se impone el uso de la raya o el paréntesis frente a la coma. Sucede así cuando el inciso es una oración con sentido pleno sin vinculación sintáctica con el texto principal, incluso con otros signos de puntuación. En estos casos no es posible encerrar el inciso entre comas:

La Constitución de 1994 fue consecuencia directa del tranque electoral —hay quienes dirían ‘fraude electoral’: para muchos la Junta Central Electoral de la época estaba parcializada— que se produjo en las elecciones de ese año.

Las rayas son particularmente útiles en textos jurídicos que contienen pasajes largos con numerosos incisos, a veces uno dentro del otro, o con una estructura coordinada cuyos miembros van separados por comas. Es aconsejable en esos casos emplear rayas. en lugar de comas, para aislar los incisos secundarios y así hacer más claro y comprensible el contenido. texto.

Por último,  la raya de inciso se utiliza también para introducir una nueva aclaración o inciso en un texto que se encuentra encerrado entre paréntesis. Por ejemplo:

No se sabe con certeza si fue el vendedor quien firmó el contrato de venta (él niega que lo hizo —incluso alega que estaba fuera del país en la fecha de su supuesta firma— y ha amenazado con querellarse contra el notario actuante), por lo que no aconsejamos que, por el momento, nuestro cliente desembolse fondos para la compra de la propiedad.

Raya de diálogos o citas

Este uso de la raya es de más utilidad en el lenguaje literario o periodístico que en el lenguaje jurídico. Se escribe una raya delante de cada una de las intervenciones de un diálogo, sin necesidad de mencionar el nombre de la persona o personaje al que corresponde. Por ejemplo:

—¿Cómo te fue en la audiencia?
—Fenomenal. El abogado del apelante, Pedro Pérez, no asistió y la corte pronunció el descargo puro y simple.
—Ese es un desorganizado. No es la primera vez que le pasa.
—Lo sé. ¡Y la buena fama que tiene el bendito!

También se utiliza la raya para introducir los comentarios y precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes, así como para enmarcar los comentarios del transcriptor de una cita textual:

—No te olvides de llevar la venta al Registro hoy —le dijo el abogado a paralegal.

“¡No voy a permitir —tronó el juez— que se hostigue e irrespete al testigo!”

Raya de sustitución

Esta raya se utiliza al comienzo de la línea en índices bibliográficos y alfabéticos para indicar que en ese renglón se omite, para no repetirlo, un elemento común ya expresado en la primera de sus menciones. Tras la raya de sustitución debe dejarse un espacio en blanco y no se escribe el signo de puntuación que sigue, si lo hubiere, a la expresión sustituida. Presentamos a continuación un ejemplo de índice bibliógrafico y otro de índice alfabético:

        MARTÍNEZ DE SOUSA, José. Diccionario de usos y dudas del español actual, 4ª ed.: Gijón, Trea, 2009.

        — Ortografía y ortotipografía del español actual, 2ª ed.: Gijón, Trea, 2008.

            MILLÁN, José Antonio.  Perdón, imposible: Guía para una puntuación más rica y consciente: Barcelona, RBA Libros, 2006.

        REAL ACADEMIA ESPAÑOLA y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario panhispánico de dudas: Madrid, Santillana, 2005.

        — Ortografía de la lengua española: Madrid, Espasa, 2010.

    — Nueva gramática de la lengua española: Madrid, Espasa, 2009, 2 vol.

    Recursos
    — extraordinarios
    — ordinarios

Escribe Fabio J. Guzmán Ariza.

Porche – rameado – anglo – metraje – bicecletear

PORCHE

“. . .fue atacado por un oso cuando se encontraba sentado en el PORCHE de su casa móvil y tuvo que ser tratado de heridas leves. . .”

Algunos vocablos tienen mayor frecuencia de uso en ciertos países, al tiempo que en otros países esos mismos términos son muy raros en el habla y más raros aún en la escritura. De acuerdo con las memorias que se atesoran con respecto del habla dominicana, la palabra del título es poco usada en el léxico dominicano, más aún, es una rareza.

Los dominicanos utilizan otras palabras auténticas del español para designar lo que en buen español también se conoce con el nombre de porche. Es posible que la diferencia entre los hablantes tenga que ver con la historia y su influencia sobre la lengua.

Los “hispanounidenses” emplean con bastante frecuencia la voz del título en los Estados Unidos porque tiene semejanza con una del inglés que una tiene definición muy semejante a la española. Es una palabra que se oye en muchas ocasiones de boca de cubanos.

Este porche está identificado en los diccionarios del español general, ‘entrada a un edificio protegida por un tejadillo sostenido por columnas’, es un cobertizo o soportal. En este sitio el cobertizo es el tejado que sobresale de la pared y que se usa como protección; no es la cabaña o choza.

La palabra del inglés semejante a la del título es porch cuya grafía en el inglés medio se escribía de la manera en que se hace en la actualidad en español, es decir, porche. Las definiciones en ambas lenguas coinciden en sus elementos. Las dos lenguas conocen otro término que en inglés cayó en desuso, pero que en español sigue vigente que es “pórtico”, que claro, en inglés no lleva el acento.

Una vez alcanzado este punto de la exposición se hace necesario introducir la voz del español dominicano que se utiliza para llamar este porche; no es otra que galería. En el DED, 2013, aparece la acepción para el significado que distingue a galería de sus semejantes del español general: “Balcón o terraza techada, porche”. Viene con un ejemplo del uso tomado de la literatura dominicana que ilustra la manera en que se utiliza el término en el español dominicano.

RAMEADO

La palabra rameado, a en el español internacional vale para señalar una tela o papel que tiene dibujos de ramos; también es el dibujo o pintura que representa ramos.

Lo interesante de este vocablo es que en el español dominicano rameado tiene una significación especial que por una razón u otra no ha encontrado lugar todavía en los diccionarios de dominicanismos.

El rameado se aplica a una persona; más específicamente a un militar. Con este nombre se designa a los oficiales de alta graduación en las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional de la República Dominicana, que llevan ramos en la visera de los quepis y, ahora en las viseras de las gorras, alias cachuchas.

Estos ramos que corresponden a los grados son los que le confieren la categoría que hace que se reconozcan como tales, esto es, rameados. Una cosa -ramos sobre visera del quepis o gorra- que es símbolo de categoría de algunos militares sirve en este caso para denominar al militar de alta graduación, por lo tanto reemplaza la frase “militar de alta graduación”.

No se piensa que esta voz haya caído en desuso, ni que sea tan nueva que no sea de amplio conocimiento; por lo tanto, merece un sitio en el vocabulario registrado de los dominicanos. La explicación que puede explicar esta ausencia es la falta de uso en las obras de literatura dominicanas.

ANGLO

“Con el tiempo, los ricos se enamoraron del calor y la belleza natural de la ciudad, atrayendo a urbanizadores, empresarios, ANGLOS, judíos y negros”.

El estudio de esta voz es interesante. Lo es por su origen y por las tendencias por las que ha pasado a través de su historia, así como por las diferencias de significaciones en las diferentes lenguas. Este vocablo deriva del latín anglus.

Los anglos fueron los individuos de una tribu germánica que se establecieron en el norte de Inglaterra en la Edad Media. La palabra anglo se ha usado también para denominar a los ingleses de Inglaterra. Así mismo es inglés lo que pertenece a Inglaterra.

En la edición vigésima tercera del DRAE aparecerá una enmienda a esta palabra del título. Se añadirá que es un elemento compositivo con el valor de inglés. Ya antes de que la RAE se decidiera a reconocer a anglo- como elemento prefijo, del latín anglis, había muchos vocablos en el que aparecía, como por ejemplo: angloamericano, anglófilo, anglofobia, anglófono, anglohablante.

En la actualidad se usa la voz anglo para mencionar no solo a los anglosajones propiamente dichos, sino también a los que de alguna forma tienen sangre anglosajona, o, se les presume esta ascendencia. En los EE. UU. El uso ha impuesto la voz “anglo”, por oposición a latino, afroamericano o, indoamericano. Con ese valor la utilizó la articulista en el texto reproducido al principio de esta sección.

En francés, el elemento anglo- lo mencionan como sacado de la palabra anglais, es decir, inglés. En portugués anglo es inglés y, el individuo que colonizó el norte y centro de Inglaterra y dio nombre a la isla.

 

METRAJE

“A lo largo del METRAJE aparecen amigos y fervientes defensores de. . .”

Con respecto de esta palabra el español tiene una deuda con la lengua francesa. Hasta la RAE en su diccionario lo reconoce cuando consigna que procede del francés métrage. No resulta difícil de discernir la procedencia si se presta atención a la terminación -aje del vocablo en español. Esa terminación es la terminación más frecuente para las voces francesas que a su vez terminan por -age.

La importancia de la voz no termina ahí si se piensa que en la República Dominicana esta tiene un significado de mayor alcance que el que le es reconocido en el español general. Este aspecto se resaltará al final de la sección.

Mas hay que destacar que la razón por la que se trae a estudio este término no es por la procedencia, sino por la significación, que en este uso es impropio. Más abajo se verá el real significado de la palabra del título.

Desde hace largo tiempo en el DRAE y en los diccionarios de español general se asienta que metraje tiene que ver con la “longitud” de una película. El DRAE al enmendar la redacción de la acepción hace el asunto más claro cuando a la longitud le añadió la “duración de la proyección de una película cinematográfica”.

El metraje se refiere a una medida tomada en metros como unidad de medida. En realidad existe un uso de mencionar las películas como “un corto metraje” o “un largo metraje”, sin utilizar la palabra película en ellas; ahora bien, una cosa es decirlo y otra muy diferente es escribirlo. Téngase presente además, que al añadirle “corto” o “largo” eso logra una mayor aproximación al objeto a que se alude. En lenguaje más preciso en el texto debió ser “película cinematográfica” o, simplemente “película”.

Para ponerle el punto final a la sección se debe cumplir con traer a esta el “metraje” dominicano. Este valor de metraje dominicano siempre se utiliza como medida, ya sea de longitud o de tiempo.

El caso en que se escucha con mayor frecuencia el metraje dominicano es en béisbol cuando como consecuencia de un batazo la pelota recorre una larga distancia. Se dice que es un batazo de “largo metraje”, que va lejos en el terreno de juego o fuera de este. Téngase en cuenta que en el béisbol dominicano las distancias se miden en pies.

Se emplea el “largo metraje” dominicano para duración cuando se desea destacar que algo que se hizo, se hace, se hará, o haría, toma largo tiempo. Sin tratar de producir rubor en los lectores, este tipo de español dominicano pertenece al registro hablado y en la mayoría de los casos se reserva para poner el acento en la duración del coito, que para un cibaeño sería hacerlo “laigo”.

Vale decir que los dominicanos se han adelantado a la RAE al extender el campo de acción de la cinematografía al campo del béisbol, empleando el vocablo como sinónimo de medida. Más atrevido todavía: sirviéndose de la voz como medida de duración en el acto de hacer el amor.

 

BICICLETEAR

“M. W. BICICLETEA desde. . .hasta el mercado campesino de B. para comprar frutas y verduras frescas y sin pesticidas”.

Produce satisfacción encontrar en alguna oraciones que se emplean términos con los que uno se crió. En la época en que uno (yo) era joven ese verbo era de uso continuado entre personas de la misma edad. La comodidad era el motivo principal por el que se recurría a este verbo, era más sencillo que tener que emplear un verbo acompañado del sustantivo bicicleta.

En aquellos momentos este verbo se consideraba más que nada parte de la jerga de los jóvenes.

La realidad es que aún en los tiempos presentes el verbo en cuestión no ha logrado la notoriedad que acredite su entrada en los verbos del español estándar. Se recuerda con cariño que al medio de transporte de que se trata aquí se le llamaba con cariño la “bici”. Por suerte esta apócope ha recibido la bendición de los diccionaristas.

La acción de bicicletear es propia de la América Hispana. En once países hispanoamericanos, entre los que se encuentra la República Dominicana, se sirven del verbo para manifestar “montar alguien en bicicleta” o “trasladarse alguien en bicicleta”.

El Diccionario de americanismos, 2010,  de la ASALE le ha hecho un espacio al verbo del título. Lo que no satisface de la acepción es la redacción adoptada en ese diccionario para bicicletear: “Andar alguien en bicicleta”. Hay que dejar bien claro que la RAE usa el verbo “andar” en algunos de sus ejemplos con el valor que se critica aquí. Quienquiera que no esté de acuerdo con lo que se expone aquí puede verificar los dos verbos, montar y andar, y caerá en cuenta de la certeza de lo que se escribe aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PORCHE

“. . .fue atacado por un oso cuando se encontraba sentado en el PORCHE de su casa móvil y tuvo que ser tratado de heridas leves. . .”

Algunos vocablos tienen mayor frecuencia de uso en ciertos países, al tiempo que en otros países esos mismos términos son muy raros en el habla y más raros aún en la escritura. De acuerdo con las memorias que se atesoran con respecto del habla dominicana la palabra del título es poco usada en el léxico dominicano, más aún, es una rareza.

Los dominicanos utilizan otras palabras auténticas del español para designar lo que en buen español también se conoce con el nombre de porche. Es posible que la diferencia entre los hablantes tenga que ver con la historia y su influencia sobre la lengua.

Los “hispanounidenses” emplean con bastante frecuencia la voz del título en los Estados Unidos porque tiene semejanza con una del inglés que una tiene definición muy semejante a la española. Es una palabra que se oye en muchas ocasiones de boca de cubanos.

Este porche está identificado en los diccionarios del español general, “entrada a un edificio protegida por un tejadillo sostenido por columnas”, es un cobertizo o soportal. En este sitio el cobertizo es el tejado que sobresale de la pared y que se usa como protección; no es la cabaña o choza.

La palabra del inglés semejante a la del título es porch cuya grafía en el Inglés Medio se escribía de la manera en que se hace en la actualidad en español, es decir, porche. Las definiciones en ambas lenguas coinciden en sus elementos. Las dos lenguas conocen otro término que en inglés cayó en desuso, pero que en español sigue vigente que es “pórtico”, que claro, en inglés no lleva el acento.

Una vez alcanzado este punto de la exposición se hace necesario introducir la voz del español dominicano que se utiliza para llamar este porche; no es otra que galería. En el DED, 2013, aparece la acepción para el significado que distingue a galería de sus semejantes del español general: “Balcón o terraza techada, porche”. Viene con un ejemplo del uso tomado de la literatura dominicana que ilustra la manera en que se utiliza el término en el español dominicano.

 

RAMEADO

La palabra rameado, a en el español internacional vale para señalar una tela o papel que tiene dibujos de ramos; también es el dibujo o pintura que representa ramos.

Lo interesante de este vocablo es que en el español dominicano rameado tiene una significación especial que por una razón u otra no ha encontrado lugar todavía en los diccionarios de dominicanismos.

El rameado se aplica a una persona; más específicamente a un militar. Con este nombre se designa a los oficiales de alta graduación en las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional de la República Dominicana, que llevan ramos en la visera de los quepis y, ahora en las viseras de las gorras, alias cachuchas.

Estos ramos que corresponden a los grados son los que le confieren la categoría que hace que se reconozcan como tales, esto es, rameados. Una cosa -ramos sobre visera del quepis o gorra- que es símbolo de categoría de algunos militares sirve en este caso para denominar al militar de alta graduación, por lo tanto reemplaza la frase “militar de alta graduación”.

No se piensa que esta voz haya caído en desuso, ni que sea tan nueva que no sea de amplio conocimiento; por lo tanto, merece un sitio en el vocabulario registrado de los dominicanos. La explicación que puede explicar esta ausencia es la falta de uso en las obras de literatura dominicanas.

 

ANGLO

“Con el tiempo, los ricos se enamoraron del calor y la belleza natural de la ciudad, atrayendo a urbanizadores, empresarios, ANGLOS, judíos y negros”.

El estudio de esta voz es interesante. Lo es por su origen y por las tendencias por las que ha pasado a través de su historia, así como por las diferencias de significaciones en las diferentes lenguas. Este vocablo deriva del latín Anglus.

Los anglos fueron los individuos de una tribu germánica que se establecieron en el norte de Inglaterra en la Edad Media. La palabra anglo se ha usado también para denominar a los ingleses de Inglaterra. Así mismo es inglés lo que pertenece a Inglaterra.

En la edición vigésima tercera del DRAE aparecerá una enmienda a esta palabra del título. Se añadirá que es un elemento compositivo con el valor de inglés. Ya antes de que la RAE se decidiera a reconocer a anglo- como elemento prefijo, del latín anglis, había muchos vocablos en el que aparecía, como por ejemplo: angloamericano, anglófilo, anglofobia, anglófono, anglohablante.

En la actualidad se usa la voz anglo para mencionar no solo a los anglosajones propiamente dichos, sino también a los que de alguna forma tienen sangre anglosajona, o, se les presume esta ascendencia. En los EE. UU. El uso ha impuesto la voz “anglo”, por oposición a latino, afroamericano o, indoamericano. Con ese valor la utilizó la articulista en el texto reproducido al principio de esta sección.

En francés, el elemento anglo- lo mencionan como sacado de la palabra anglais, es decir, inglés. En portugués anglo es inglés y, el individuo que colonizó el norte y centro de Inglaterra y dio nombre a la isla.

 

METRAJE

“A lo largo del METRAJE aparecen amigos y fervientes defensores de. . .”

Con respecto de esta palabra el español tiene una deuda con la lengua francesa. Hasta la RAE en su diccionario lo reconoce cuando consigna que procede del francés métrage. No resulta difícil de discernir la procedencia si se presta atención a la terminación -aje del vocablo en español. Esa terminación es la terminación más frecuente para las voces francesas que a su vez terminan por -age.

La importancia de la voz no termina ahí si se piensa que en República Dominicana esta tiene un significado de mayor alcance que el que le es reconocido en el español general. Este aspecto se resaltará al final de la sección.

Mas hay que destacar que la razón por la que se trae a estudio este término no es por la procedencia, sino por la significación, que en este uso es impropio. Más abajo se verá el real significado de la palabra del título.

Desde hace largo tiempo en el DRAE y en los diccionarios de español general se asienta que metraje tiene que ver con la “longitud” de una película. El DRAE al enmendar la redacción de la acepción hace el asunto más claro cuando a la longitud le añadió la “duración de la proyección de una película cinematográfica”.

El metraje se refiere a una medida tomada en metros como unidad de medida. En realidad existe un uso de mencionar las películas como “un corto metraje” o “un largo metraje”, sin utilizar la palabra película en ellas; ahora bien, una cosa es decirlo y otra muy diferente es escribirlo. Téngase presente además, que al añadirle “corto” o “largo” eso logra una mayor aproximación al objeto a que se alude. En lenguaje más preciso en el texto debió ser “película cinematográfica” o, simplemente “película”.

Para ponerle el punto final a la sección se debe cumplir con traer a esta el “metraje” dominicano. Este valor de metraje dominicano siempre se utiliza como medida, ya sea de longitud o de tiempo.

El caso en que se escucha con mayor frecuencia el metraje dominicano es en béisbol cuando como consecuencia de un batazo la pelota recorre una larga distancia. Se dice que es un batazo de “largo metraje”, que va lejos en el terreno de juego o fuera de este. Téngase en cuenta que en el béisbol dominicano las distancias se miden en pies.

Se emplea el “largo metraje” dominicano para duración cuando se desea destacar que algo que se hizo, se hace, se hará, o haría, toma largo tiempo. Sin tratar de producir rubor en los lectores este tipo de español dominicano pertenece al registro hablado y en la mayoría de los casos se reserva para poner el acento en la duración del coito, que para un cibaeño sería hacerlo “laigo”.

Vale decir que los dominicanos se han adelantado a la RAE al extender el campo de acción de la cinematografía al campo del béisbol, empleando el vocablo como sinónimo de medida. Más atrevido todavía: sirviéndose de la voz como medida de duración en el acto de hacer el amor.

 

BICICLETEAR

“M. W. BICICLETEA desde. . .hasta el mercado campesino de B. para comprar frutas y verduras frescas y sin pesticidas”.

Produce satisfacción encontrar en alguna oraciones que se emplean términos con los que uno se crió. En la época en que uno (yo) era joven ese verbo era de uso continuado entre personas de la misma edad. La comodidad era el motivo principal por el que se recurría a este verbo, era más sencillo que tener que emplear un verbo acompañado del sustantivo bicicleta.

En aquellos momentos este verbo se consideraba más que nada parte de la jerga de los jóvenes.

La realidad es que aún en los tiempos presentes el verbo en cuestión no ha logrado la notoriedad que acredite su entrada en los verbos del español estándar. Se recuerda con cariño que al medio de transporte de que se trata aquí se le llamaba con cariño la “bici”. Por suerte esta apócope ha recibido la bendición de los diccionaristas.

La acción de bicicletear es propia de la América Hispana. En once países hispanoamericanos, entre los que se encuentra la República Dominicana, se sirven del verbo para manifestar “montar alguien en bicicleta” o “trasladarse alguien en bicicleta”.

El Diccionario de americanismos, 2010,  de la ASALE le ha hecho un espacio al verbo del título. Lo que no satisface de la acepción es la redacción adoptada en ese diccionario para bicicletear: “Andar alguien en bicicleta”. Hay que dejar bien claro que la RAE usa el verbo “andar” en algunos de sus ejemplos con el valor que se critica aquí. Quienquiera que no esté de acuerdo con lo que se expone aquí puede verificar los dos verbos, montar y andar, y caerá en cuenta de la certeza de lo que se escribe aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un valor añadido

La generalización de las nuevas tecnologías no debe despistarnos. Las destrezas tradicionales, como el buen manejo de la lengua, son cada día más valoradas en el mundo laboral. Un exitoso empresario británico de comercio electrónico, Charles Duncombe, asegura que un portal electrónico con faltas de ortografía puede reducir las ventas y minar peligrosamente la confianza del cliente. Aconseja a los empresarios que se responsabilicen del contenido y la expresión de lo publicado en sus páginas electrónicas para asegurarse de que sus negocios están bien representados, en la red y fuera de ella. Leer más

Una noche lluviosa

En una lluviosa noche sevillana, hace muchos años, coincidí con el maestro Gabriel García Márquez. Nada más caer la tarde mi tía me llamó y me dijo: “Coge lo que tengas de García Márquez a mano y no faltes”. No quiso decirme nada más.

Cuando llegamos a casa de mis tíos, en medio de un aguacero primaveral, nos encontramos con el gran Gabo (siento cierto pudor al llamarlo así) y un grupo de amigos. Hablamos de lo divino y de lo humano; más de lo humano que de lo divino, de libros, de música, de comida y de toros. Entre los invitados, Chano Lobato y Juan Peña “Lebrijano”, dos extraordinarios cantaores flamencos.

Un cocido empezó a templar la madrugada y todos nos congregamos de pie alrededor de una gran mesa, como las que mi tía Lola sabe preparar. Las conversaciones se apagaron cuando Chano entonó un espléndido tango por bulerías; se silenciaron cuando Lebrijano arrancó a improvisar con un libro del colombiano entre las manos. García Márquez, el único que estaba sentado, se puso en pie y parecía querer secundarlo. Casi acabada la velada me senté junto a él y me firmó uno de sus libros. Yo no podía dejar de mirar la pluma en sus manos.

Habíamos llegado a Sevilla desde lejos movidos por una afición compartida: los toros. Al día siguiente el diestro colombiano César Rincón toreaba en la Maestranza. Desde mi asiento en el balconcillo maestrante divisé al Gabo que se sentaba en barrera. La llovizna sevillana, que no había cesado, se había convertido en un pertinaz aguacero macondiano que obligó a suspender la corrida. A lo lejos vi a García Márquez abandonar la plaza protegido por un paraguas grisáceo.

Cuando por fin asumí la muerte del colombiano universal esa imagen fue la primera que me vino a la mente. Y recordé que, como entonces, aunque el genio se alejara, siempre nos quedaría el universo literario que palabra a palabra supo construir para nosotros.

Escribe María José Rincón.

Por consejo médico

Los filólogos repetimos incansablemente la importancia del fomento de la lectura en los niños; nos resulta un poco más sorprendente que la recomendación venga de parte de un médico. Mañana celebramos el Día Internacional del Libro y quiero compartir las diez recomendaciones que la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria ha ofrecido a los padres.

  • Organización: enseñar a los niños a organizar su tiempo y sus libros.
  • Constancia: saber reservar un tiempo diario, precioso y relajado, para dedicarlo a la lectura.
  • Elección: los padres debemos aprender a elegir los libros adecuados para cada niño.
  • Atención: si aprendemos a escuchar a nuestros hijos sabremos ver en sus preguntas cuáles son sus intereses. Conocer a nuestros hijos nos ayudará a guiarlos hacia los libros que más les interesen.
  • Estimulación: cualquier excusa es propicia para acercar a nuestros hijos a los libros. Si los tienen a su alcance, tarde o temprano provocarán su interés.
  • Ejemplo: los niños nos imitan si nos ven leer.
  • Respeto: dejemos que nuestros hijos elijan sus lecturas.
  • Propuestas: los niños no deben percibir la lectura como una obligación sino como un placer.
  • Apoyo: estén a disposición de sus hijos cuando lean. Resuelvan sus dudas y estimulen su curiosidad.
  • Contagio: el hábito de lectura se contagia. No renuncien a la lectura compartida; es una de las mejores experiencias de la paternidad.

Mientras más temprana es la exposición de un niño a la lectura mejor se desarrolla su cerebro. Antes de los tres años los niños interiorizan el lenguaje y los silencios, la sonoridad y el contenido. Mis padres, no sé si por consejo facultativo, lo hicieron conmigo y funcionó; yo lo practiqué con mis hijos y también funcionó. Atrévanse a intentarlo con los suyos y se lo agradecerán siempre.

Escribe María José Rincón

Tragos largos – arrogar (abrogar) – impedimenta (impedimento) – tumbao – proporciones bíblicas – protector (protectivo)

TRAGOS LARGOS

En la República Dominicana un trago es una copa de bebida alcohólica. Es también la bebida alcohólica en sí misma. Entre dominicanos “darse unos tragos” equivale a tomarse unas copas de bebidas alcohólicas.

Como en otros países de la América Hispana, en República Dominicana conocen del trago corto que es la bebida alcohólica que se sirve en vaso pequeño, eso que en la jerga de los bebedores también recibe el nombre de directo al hígado, el último hace falta que se documente.

No menos conocido es el “trago largo” que es la bebida alcohólica que se sirve en vaso alto, eso que los dominicanos llaman de “vaso grande”. Todos estos tragos están debidamente documentados en el Diccionario del español dominicano, 2013.

Existe una situación en la que los dominicanos emplean una expresión para referirse a la ingestión de grandes cantidades de bebidas alcohólicas: darse unos tragos largos.

Ha de resaltarse de inmediato que la expresión recién mencionada utiliza el adjetivo largo que es una medida principalmente de longitud, pero que también significa “en abundancia”. Hay que destacar además que en la expresión traída se recurre al verbo “dar” con la diferencia de que la acción practicada o ejecutada recae sobre el sujeto mismo de ella: darse.

Una característica más acerca de la expresión es que en ella no se utilizan los verbos corrientes para la acción de ingerir bebidas, como beber, tomar, sino en su lugar el verbo dar.

Cuando la acción de tomarse los tragos tiene larga duración los dominicanos dicen meterse en unos tragos largos. Este “meterse” debe tomarse en el sentido de “dedicarse a” o “emplear su tiempo en”.

Los dominicanos conocen el “trago del estribo”, así como el “trago de carretero”. El primero es el último trago que se toma antes de abandonar un lugar; y el segundo es uno de gran cantidad para que dure largo tiempo.

No sería motivo de extrañeza si después de leer esta sección las personas que esto hacen perciben un tufo a alcohol.

 

ARROGAR – ABROGAR

“Además, le ABROGA el derecho único a los palestinos de declarar la validez de las negociaciones. . .”

Todavía quien redacta estas notas acerca del idioma no ha logrado penetrar el secreto que hace que muchas personas hispanohablantes incurran en el error de confundir los dos verbos del título.

La única explicación que se presenta como valedera es que quienes tropiezan con el escollo lo hacen por ligereza o descuido. Por sus significados los verbos sometidos a estudio en esta sección se distancian mucho: el contenido semántico es muy disímil como se leerá más abajo.

Abrogar es invalidar una ley o disposición que estaba en vigor hasta ese momento, es abolir o dejar sin efecto esas medidas.

Arrogar es tomar, adoptar para sí una facultad o un derecho indebidamente, adjudicarse o apropiarse de modo indebido cosas inmateriales, derechos u honores. Escribe el DUE, es “atribuirse la cosa de que se trata sin más razón que la propia voluntad”.

Una vez examinados los dos significados queda por dilucidar si en la redacción del articulista cabe uno de estos dos verbos. El buen sentido de la lengua indica que la noción del verbo abrogar o del verbo arrogar excluye estos verbos de la frase.

En lugar de los dos verbos del título lo que encuentra lugar aquí es el verbo asistir, en el sentido en que lo entiende la RAE: “Dicho de la razón, del derecho, etc.: Estar de parte de alguien”.

Si para la primera confusión no había explicación posible, para la que se señaló al final, entre los verbos abrogar y asistir, hay menos explicación aún.

 

IMPEDIMENTA – IMPEDIMENTO

“Aparecen IMPEDIMENTAS inadvertidas, porque a los tiburones que controlan el pastel no les cuadran las cuentas”.

Impedimenta es una voz latina, es el sustantivo plural de impedimentum. Conforme con lo que asienta el Gran diccionario Larousse de la lengua española, impedimenta es la “carga o bagaje que dificulta los movimientos o la marcha de una persona o de un ejército”.

Si se toma al pié de la letra esto se aplica solo a movimientos o marchas de personas o ejércitos. Es una voz con sentido restringido, para personas o ejércitos, aunque podría aceptarse que se llevase a otras actividades. Esta “carga o bagaje” no es otra cosa que el “equipo” que lleva el ejército, o que acarrea la persona. Aplicado a una persona es literalmente: carga o bagaje.

Ahora bien, para qué echar mano de una voz latina cuando en español existen tantas palabras que son capaces de transmitir el mensaje de modo más cabal.

Lo que se estila es utilizar “impedimento” que es un obstáculo, embarazo o estorbo que impide o  dificulta la realización de una cosa. Se echa de ver que el impedimento es más general. No es “carga o bagaje” que dificulta “los movimientos o la marcha” de una persona o ejército.

Lo que ocurrió en este ejemplo es algo que acontece con frecuencia cuando se trata de refinar en demasía el lenguaje y se introducen voces ajenas a la lengua corriente. El apego a los vocablos bien conocidos y mejor escogidos lleva siempre el mensaje con claridad, exactitud.

 

TUMBAO

“Con sus diferentes grados de riqueza, notoriedad, seso y sexo, algunos intelectuales y artistas de ambas orillas se han montado un TUMBAO de la neutralidad. . .”

No hay que mostrar extrañeza si en algunos momentos del habla una persona cuela una voz que pertenece a su dialecto nacional. En menores ocasiones se da el caso en que llega hasta ese extremo un escritor que redacta.

En última instancia, en algunas oportunidades no hay palabra alguna que represente mejor un pensamiento que un vocablo que pertenece al habla coloquial. En otros momentos de la escritura, el escribiente prefiere omitir el verbo y utilizar una voz que identifique el hecho cabalmente.

Con apego a los usos establecidos, en el artículo del que se tomó esta cita la palabra tumbao aparecía escrita con relieve. Esa es la forma esperada en que debe escribirse una voz que pertenece al habla coloquial de un pueblo.

Tumbado (tumbao) es un modo de caminar. Este vocablo no soporta solo una acepción en el léxico cubano. Varias otras acepciones adornan este término: estado de ebriedad. Llegar a conocer bien una  persona, sobre todo sus inclinaciones y reacciones para evitarse problemas.  Adquirir el conocimiento o la habilidad para saber cómo funciona o se realiza un acto determinado. Todas las anteriores son significaciones del “tumbao” en el habla cubana.

Una de las últimas acepciones añadidas al tumbao es que se entiende por “engaño” o por “trabajo fácil”. Como sucede con frecuencia, existe un diminutivo añadido al término original: tumbaíto que equivale a familiarizarse con algo o alguien.

En Puerto Rico conocen un “tumbao plenero” que corresponde al movimiento ladeado que se hace al bailar la plena.

Llegado a este punto de la exposición acerca de este tema, puede mencionarse la canción que menciona el “tumbao” del  personaje de la navaja que se desplaza en medio de la selva de cemento.

A veces, las más celebradas, hay que congratularse de que algunos escribientes echen mano de voces de este tipo para mantenerlas en el vocabulario activo de los hispanohablantes de la América Hispana como corresponde.

 

PROPORCIONES BÍBLICAS      

“Se refiere generalmente al fin del mundo mediante una serie de catástrofes. Una catástrofe de PROPORCIONES BÍBLICAS es lo que se está fraguando en. . . ”

Aquí el asunto se reduce a valorar cuál es la proporción de lo “bíblico”. Es dilucidar si lo que es bíblico es de proporciones tremendas. No puede negarse que en ese libro, la Biblia, hay pasajes que son tremendistas, pero ello no significa que todo o la mayoría de lo que está en la Biblia, sea de proporciones apocalípticas. Se impone aquí que se vuelva al origen del asunto para despojar la calificación “proporciones bíblicas” de cualquier interpretación aviesa.

Tremendo es lo que causa miedo; es lo que tiene grandes proporciones o intensidad; es lo que dice o hace cosas raras o sorprendentes. Una catástrofe es un suceso trágico y desgraciado de grandes proporciones que altera el orden.

La proporción es el volumen o dimensión de una cosa; es la importancia o intensidad de esa cosa. En otros aspectos es la relación debida entre las partes de una cosa o con respecto a otra.

Lo que se considera bíblico es lo que tiene relación con la Biblia, lo que es propio de la Biblia, de la Biblia. En sentido general se considera como una biblia el libro o conjunto de ideas fundamentales para una persona o en una religión.

El uso ha introducido que algo es propio de la Biblia por su solemnidad o grandiosidad, así llegan a escribir que hay “magnitud bíblica”. Este uso se encuentra documentado en el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos. Ningún otro diccionario recoge este uso o una significación parecida.

 

PROTECTOR – *PROTECTIVO

“Capaz de llevar el suficiente poder de fuego y aparatos PROTECTIVOS para algunos pequeños países del tercer mundo. . .”

Esta frase reproducida más arriba pertenece a una reseña acerca del despliegue de un camión blindado para responder a emergencias con resistencias de civiles armados con equipo de alto poder de fuego. El asunto como se deduce desde que se lee la palabra resaltada es examinar el empleo de “protectivo” en el seno del español.

Son muchos los adjetivos en español que han cedido a la presión de otras lenguas, especialmente del inglés y se han deslizado hasta traer uno espurio de competencia. Ha aparecido un adjetivo al lado del tradicional con una terminación -ivo, a.

En inglés existen unos adjetivos que terminan en –ive. Y estos son los que influyen en las “descomposiciones gramaticales” que algunos escribientes producen en español por contaminación con esa lengua extranjera.

Casi siempre estos adjetivos antes mencionados derivan de verbos que indican que algo o alguien se comportan de modo relacionado con la base, es decir, con el verbo.

Parte de lo que lo que se ha escrito más arriba no quiere decir que no existen adjetivos legítimos de solera española que terminan en -ivo, a, tales como: ilustrativo, imperativo, indicativo, digestivo, exclusivo, ofensivo, gubernativo, exclamativo, nutritivo y un largo etcétera.

Cuando se trata de aparatos o máquinas, así como de instrumentos o aditamentos que terminan en -or, a se usan casi siempre para nombres de cosas. Estos vocablos derivan de verbos como se mencionó antes para los ya tratados.

Aquí el asunto se reduce a tener presente que son aparatos los citados en la reseña y que estos en el español corriente se llaman de protectores y no lo que el periodista insertó. Protector significa “que protege”.

No ha de olvidarse que la lengua española tiene sus fundamentos y trayectoria. Hay que obedecer al genio de la lengua que se encuentra presente en las manifestaciones cotidianas de esta.

Escribe Roberto E. Guzmán