Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

03 / 09 / 2019

DE LA EÑE A LA ZETA

Escribió una vez en 1906 nuestro Max Henríquez Ureña que «nada hay que predisponga tanto a favor de un buen libro como una primorosa edición». Perdonen la inmodestia, pero mi último libro, De la eñe a la zeta, ha quedado precioso, más allá de su contenido, y queremos celebrarlo y compartirlo con los lectores. Como el conocimiento y el buen uso del español suelen despertar interés, e incluso pasiones, se nos ha ocurrido que, para presentar el libro, no hay nada mejor que dejar por una vez, y sin que sirva de precedente, la escritura y darle protagonismo a la palabra hablada.

La familia Logomarca nos acogerá en su sede de la avenida Rómulo Betancourt el jueves 5 de septiembre a las 6 de la tarde para la presentación de De la eñe a la zeta. Y lo vamos a hacer en forma de charla informal a la que hemos puesto el siguiente subtítulo: «Venga con su duda ortográfica y llévesela resuelta». Una excusa como otra cualquiera para que esta servidora conozca a sus lectores y les devuelva aunque sea un chin del aprecio que siempre le demuestran.

El estudio de la lengua española y su defensa forman parte esencial de mi trabajo en la Academia, donde, como miembro de número, tengo asignada la letra zeta. La divulgación del conocimiento y buen uso del español, en la medida de mi formación y mi capacidad, son para mí un deber de agradecimiento a mi lengua materna y a los que la han hablado antes que yo. En lengua española, de la que soy una apasionada como filóloga y lexicógrafa, mi tarea va, sin duda, De la eñe a la zeta.

 

10 / 09 / 2019

PALABRAS Y PALABROTAS

Aquí está la Eñe malapalabrosa que les había prometido. Lamento si a algunos les incomoda ver escrita en un diario una palabra que los hablantes suelen considerar ofensiva, indecente, inconveniente, soez o grosera. Todos estos adjetivos se aplican a esas palabras que proferimos como exclamación o imprecación, insulto, arma arrojadiza, picardía o, incluso, como demostración de rebeldía. Algunos las llamamos palabrotas, con un curioso aumentativo que también se aprecia en la locución palabras gruesas. Por estas tierras americanas les decimos malas palabras, cambiando la apreciación del «tamaño» por una más que evidente valoración moral.

Para los estudiosos del lenguaje no hay buenas ni malas palabras. Las analizamos todas como parte esencial de nuestra lengua, imprescindibles para expresar todo lo que tenemos que expresar, lo bueno y lo malo, lo adecuado y lo vulgar. Por eso palabras y palabrotas tienen el mismo derecho a aparecer en los diccionarios, aunque, eso sí, deben ir señaladas con alguna indicación de la valoración que los hablantes hacen de su uso, por aquello de evitar males mayores.

¿Y saben cuál es la palabra que no está en el Diccionario de la lengua española que más han buscado los dominicanos a lo largo de 2019? No se equivocan; la más buscada fue una mala palabra, tabú donde las haya: mamagüevo. Hasta 1248 consultas, favorecidas por sus muchos escollos ortográficos: g/h, u/ü/, v/b. Y no está en el DLE no por su condición de palabrota, sino porque su uso es americano. Prueben a buscarla en el Diccionario del español dominicano y en el Diccionario de americanismos: está documentada en Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú, Paraguay y Uruguay.

La lengua debe servirnos para todo, y a veces lo que queremos decir necesita de ciertas palabras teñidas de cotidianeidad que también (¿por qué no?) podemos consultar en los diccionarios.

 

16 / 09 / 2019,

CALIMETES

Este verano la plaza comercial Ágora promueve una campaña de eliminación de los calimetes plásticos. Un calimete parece cosa de poca monta, pero la campaña evitará que más de un millón y medio de calimetes plásticos se sume a la basura que cubre el planeta. Cuenta además la campaña con mi reconocimiento por el cuidado en la ortografía, al que, lamentablemente, no estamos acostumbrados: las tildes y las mayúsculas justas: los signos de admiración, todos, en su sitio; y las comas bien usadas.

Pero, como nunca falta una voz discordante, alguien en las redes me «indicó» que la palabra calimete «no existe, porque no está registrada en el Diccionario de la lengua española». Yo, que soy lexicógrafa, es decir, autora de diccionarios, aprecio la autoridad que algunos lectores les atribuyen y aconsejo que se dejen guiar por la autoridad de los buenos diccionarios, que la ejercen en muchos aspectos: ortografía, etimología, información gramatical, definiciones, registros y ejemplos de uso.

Sin embargo, debemos tener siempre presente que los diccionarios no son los que deciden si una palabra existe o no. Suele suceder que no la estamos buscando en el diccionario adecuado; por ejemplo, calimete podemos encontrarla en el Diccionario del español dominicano o en el Diccionario de americanismos de la ASALE. Mi apreciado Roberto Guzmán nos habló en su columna de Acento de su origen haitiano (kalimet) a partir del francés (chalumeau/calumet).

 

24/09/2019

MERCED A LAS PALABRAS

El 24 de septiembre celebramos el Día de la Virgen de las Mercedes, una festividad que viene acompañada de su correspondiente día no laborable, merced al cual se extiende la celebración, por razones obvias, a católicos y no católicos. Basta acercarse a esta advocación mariana para descubrir un encanto especial. Por cierto, una advocación, si consultamos el Diccionario de la lengua española, que es lo que debemos hacer cuando dudamos sobre el significado de una palabra, es la denominación que se aplica al nombre de divinidades o santos para referirse a un atributo, un lugar o una característica con la que se los vincula.

El sustantivo de origen latino merced tiene entre las acepciones que registra el DLE aquellas que se refieren al ‘premio o galardón que se da por el trabajo’ y a la ‘dádiva o gracia que se hace a alguien’, significado con el que está relacionada la advocación. Con esta acepción se usa también como parte de la locución preposicional merced a, con el significado de ‘gracias a’: Su carrera se desarrolló merced a su conocimiento de la disciplina.

El sustantivo merced puede significar además ‘voluntad o arbitrio’; con esta acepción forma parte de la locución preposicional a merced de, ‘dependiendo de una voluntad o fuerza ajenas’: Nuestra ubicación geográfica nos deja a merced de los huracanes. El sustantivo merced se usaba además como título de cortesía (su merced, vuestra merced) y está en el origen del usted, nuestra fórmula de tratamiento por antonomasia.

Enriquecer nuestro vocabulario no solo consiste en aprender más palabras, sino en conocer y usar adecuadamente las variadas acepciones que estas tienen. Cualquier excusa es buena para acercar la lupa a nuestras palabras y seguir aprendiendo sobre ellas. Recuerden que estamos a merced de las palabras.

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

EFECTOS SECUNDARIOS

02 / 07 / 2019

La visita a la Feria del libro de Madrid para hablar sobre el Diccionario del español dominicano y sobre el léxico que los dominicanos aportan al caudaloso vocabulario de nuestra lengua común me deparaba una feliz y azarosa coincidencia. Durante unos diez días la Biblioteca Nacional exponía en la antesala del salón general de lectura el Códice de Vivar, único testimonio conservado del Cantar de mío Cid. Es un manuscrito humilde, de «factura modesta», como lo describe el folleto introductorio; un códice único que nos ha permitido leer una obra literaria única: el primer poema épico castellano conservado.

Lo extraordinario es que este códice único no se exhibe al público por razones de conservación. Después de estos diez días, volverá al silencio de su cámara acorazada en la Biblioteca Nacional, que permitirá que, aun sin verlo, se conserve esta joya literaria patrimonio de todos los que hablamos español.

Solo se permite el acceso a la sala a grupos limitados de veinte personas cada quince minutos. Impacienta la espera en la antesala, sabiendo que el Códice de Vivar está ahí mismo, a un paso. Franqueada la puerta, sorprenden sus modestas dimensiones, un pequeño ejemplar, en un pergamino ennegrecido y rugoso; setenta y cuatro hojas cubiertas por una letra maravillosamente legible abiertas por el episodio de la afrenta de Corpes. Y gracias al poder de la poesía, la buena poesía, incluso la escrita por allá por los siglos XII o XIII, la ternura y la humanidad de esas estrofas siguen brotando intensas y emocionantes.

En la escalinata de la Biblioteca Nacional mi hija y yo nos hicimos una foto para inmortalizar el momento. Mi cara, entre las lágrimas y la sonrisa exultante, muestra los efectos secundarios que produce el contacto con la magia de los libros.

TOPÓNIMOS Y ARTÍCULOS

16 / 07 / 2019

La Ortografía de la lengua española recuerda que los nombres propios que designan lugares (topónimos) «se caracterizan por no necesitar artículo para integrarse en un enunciado»: Soy natural de Santo Domingo de Guzmán. Sin embargo, no debemos olvidar que algunos topónimos incluyen el artículo como parte propia: La Vega, La Descubierta, Las Matas de Farfán, El Seibo, Las Terrenas, La Romana, y tantos otros grandes y pequeños. Aunque para algunos se haya puesto de moda la parejería de ir a *Terrenas o a *Romana, como si se ganara en distinción por el mero hecho de comerse el artículo sin piedad, el artículo no debe omitirse puesto que forma parte integrante del topónimo correcto. Si queremos respetar la ortografía recordemos mantener la mayúscula inicial de estos artículos propios del antropónimo, incluso cuando hay una contracción con las preposiciones a o deVoy a El Seibo el próximo fin de semana.

Los nombres propios de lugar se caracterizan porque exigen el uso de un determinante cuando van acompañados de un calificativo o de un especificador: El Santo Domingo de su juventud no se parecía a la capital que encontró a su regreso. Todos deseamos un Santiago más seguro. Los nombres de accidentes geográficos (ríos, mares, montañas, lagos, etc.) siempre requieren un artículo para su integración en un enunciado, aunque este artículo no forme parte integrante del nombre propio. En estos casos el artículo se escribe con minúscula inicial: Desde la muralla colonial vemos la desembocadura del Ozama en el Caribe. Si analizamos estos ejemplos nos daremos cuenta de que la estructura a la responden es siempre la misma: La desembocadura del (río) Ozama en el (mar) Caribe.

Los nombres propios de lugar y los artículos tienen una relación peculiar que conviene dominar. Lucirán mejor en nuestros escritos y demostrarán que conocemos su historia y que la respetamos.

ENFERMOS DE ANGLIPARLA

23 / 07 / 2019

A veces la línea entre la corrección o la incorrección en el uso de la lengua es muy sutil; tan sutil que podemos llegar a creer que estamos hablando o escribiendo correctamente en español cuando, en realidad, no es así. Es notoria nuestra pobreza léxica cuando embutimos anglicismos injustificadamente. Sin embargo, otros usos que no llaman tanto la atención denotan también poco conocimiento de la lengua española. La Fundéu BBVA lo ha diagnosticado en estos días: sufrimos de angliparla. Esta palabra procede la composición formada por el elemento compositivo anglo-, ‘inglés’, y del verbo parlar, que curiosamente suma a la acepción de ‘hablar’ el hecho de que sea mucho y sin sustancia. Y no, la Fundéu no se ha inventado la palabreja. Está incluida en el Diccionario de la lengua española desde 1983 con la acepción ‘lenguaje de quienes emplean voces y giros anglicados, hablando o escribiendo en castellano’.

Los préstamos crudos son más llamativos; los giros pasan más desapercibidos, pero basta que prestemos atención para descubrir que los hay «por pipá». Cuando decimos *Déjame saber si nos reunimos mañana podemos creer que estamos hablando en español, pero, en realidad, estamos usando una estructura del inglés maquillada de español. En español podemos decir Avísame si nos reunimos mañana. Algo similar ocurre con contorsionismo de *Llámame para atrás frente a la naturalidad de Devuélveme la llamada.

La abundancia de este inglés maquillado dice mucho, y no bueno, de nuestras carencias de lectura, del nivel de nuestra formación en lengua española y de la consideración en la que tenemos a nuestra lengua materna. Cada día tiene más sentido que enseñemos a valorarla como se merece. Y recuerden, en español las cosas *tienen sentido, no *hacen sentido.

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

SABER DE TILDES

28 / 05 / 2019

 

Continuemos el repaso por las tildes diacríticas de los monosílabos que, como leímos en la última Eñe, siguen estando donde estaban. Entre los monosílabos tónicos tenemos en la lengua española dos formas verbales a las que debemos poner la tilde para diferenciarlas de dos monosílabos átonos que coinciden con ellas.

Empecemos por la forma sé, que esconde más de una sorpresa. Puede tratarse de la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo saber: sé. Aunque saber es un verbo polisémico, la forma  siempre lleva tilde, independientemente de la acepción con la que se use. Puede referirse al conocimiento o la instrucción: Sé utilizar las tildes, Sé que estás practicando ortografía, Sé de los talleres de la Academia; o bien puede referirse al sabor y, aunque con esta acepción lo utilizamos pocas veces en primera persona, no está de más recordarlo: Acabo de bañarme en el mar y sé a sal. Para concluir, no olvidemos que corresponde también a la segunda persona del singular del imperativo del verbo ser: Sé inteligente y preocúpate por mejorar tu ortografía.

La tilde diacrítica en estas formas verbales tónicas de ser y saberlas diferencia del pronombre personal de tercera persona se: Se puso de inmediato a practicar con las tildes.

La segunda forma verbal tónica que lleva tilde diacrítica es dé, de la conjugación del verbo dar; la tilde la diferencia de la preposición de. Puede tratarse de la primera o de la tercera persona del singular del presente de subjuntivo: Me piden que dé un taller sobre ortografía, Le exigimos al diccionario que dé cuenta de todas nuestras palabras. Pero también puede responder a la segunda persona del singular de cortesía del imperativo, y esta nos sirve para concluir hoy: Dé usted lo mejor de sí y cuide las tildes diacríticas.

QUEDAN MÁS TILDES

04 / 06 / 2019

Las tildes diacríticas nos han mantenido afanados durante estas últimas semanas. Ya hemos repasado las que han desaparecido y también las que siguen en su puesto. Entre estas solo nos restan dos para ponerle la guinda ortográfica a nuestro pastel: aún y más.

Hoy nos vamos a centrar en el adverbio comparativo más, que, a pesar de su pequeño tamaño, acumula muchas acepciones. Con él podemos expresar el grado de comparación (Utilizar correctamente las tildes resulta más fácil de lo que parece); referirnos a la frecuencia o la intensidad de una acción (Practica más y pronto verás resultados); destacar la intensidad de una cualidad (¡Qué escritura más cuidada!); comparar cantidades (Existen más tildes diacríticas de las que pensaba; Con las tildes hay más certezas que dudas); o incluso destacar algo (Practico con las tildes, y más si son las diacríticas).

Como pronombre comparativo puede expresar que algo es más importante (En ortografía practicar es más que estudiar) o que hay más cosas (En ortografía siempre hay más). Más también puede tratarse del sustantivo que se refiere al signo de la suma o al que indica el carácter positivo de una cantidad (+). Y, por si esto fuera poco, funciona como conjunción que indica adición: Hay que calcular las vocales más las consonantes.

Todas estas posibilidades del más tónico lo diferencian del mas átono, conjunción adversativa equiparable a ‘pero, sino’ cada vez más restringida al uso escrito y formal: Nos embotellamos la ortografía, mas no la razonamos; No me refiero a todas las tildes, más solo a las diacríticas.

La polisemia, los variados significados de una misma forma, no está relacionada con el tamaño de una palabra; las tres letras del, solo en apariencia, humilde más nos reservaban muchas sorpresas. Respondámosle poniéndole su tilde cuando toca.

 

AÚN HAY MÁS

11 / 06 / 2019

Con la Eñe de hoy cumplimos con nuestro repaso por las tildes diacríticas. Solo nos queda tratar otra pequeña palabra de nuestra lengua, pequeña solo en tamaño: el adverbio monosílabo aun.

Si lo buscan en el Diccionario de la lengua española de la RAE notarán que, como lema, solo está registrado sin tilde. Pero el diccionario, si sabemos utilizarlo, siempre nos aporta más información. La parte inicial del artículo, además de registrar la etimología (procedente del latín adhuc), nos indica que este adverbio se escribe con tilde en las tres primeras acepciones.

La tilde diacrítica distingue en este caso no dos palabras distintas, sino acepciones diferentes de la misma palabra. La misma palabra es tónica o átona en la cadena hablada dependiendo de su significado.

Cuando este adverbio es tónico sus acepciones están relacionadas con el significado ‘todavía’; por eso el mejor truco para distinguir cuando se trata de la forma tónica es sustituirla por la palabra todavía. Auxiliémonos de los ejemplos y de las tres primeras definiciones que encontramos en la entrada del DLEAún no conocemos bien nuestra ortografía (‘todavía, hasta un momento determinado’); Nos resulta difícil y aún nos sigue interesando (‘todavía, no obstante, sin embargo’); Hemos aprendido mucho y seguimos aprendiendo aún más sobre nuestra lengua (‘todavía, con encarecimiento o ponderación’).

En cambio cuando este adverbio es átono sus acepciones están relacionadas con los significados de ‘siquiera’ o ‘incluso’: Aun (’incluso’) manejando bien nuestra lengua, nunca lo sabemos todo sobre ella, ni aun (‘siquiera’) una pequeña parte. Al menos tras esta serie sobre tildes diacríticas podemos tener la confianza de que nos hemos acercado aún más a ella, pero siempre con la seguridad de que aún no lo sabemos todo.

 

ELLO HAY

18/06/2019

Una polémica lingüística es materia prima para esta Eñe, sobre todo si los tuiteros invitan a @Letra_zeta a participar. La protagonista fue la forma neutra del pronombre personal tónico de tercera persona del singular: ello. Lo usamos en la lengua escrita culta actual para referirnos a oraciones o sustantivos que ya hemos mencionado: Me aficioné a la lectura y ello mejoró mi ortografía. En este mismo registro funciona también como término de preposición: Quiere escribir correctamente y trabaja mucho para ello. El paso del tiempo y los cambios han ido limitando sus funciones. Por ejemplo, su uso como sujeto es raro incluso en la lengua culta escrita: Se considera un buen hablante. Ello lo anima a seguir aprendiendo.

¿Y el uso dominicano de ello? Entre los usos del español clásico que se han perdido está el ello en función de sujeto expletivo con valor expresivo. Sin embargo, en el español de la República Dominicana sigue usándose en oraciones como Ello parece que va a llover. Así mismo se usaba ello como sujeto de haber y otros verbos impersonales, y así se mantiene en el español dominicano en oraciones como Ello hay azúcar o Ello hace calor.

Estamos, por tanto, ante la pervivencia de formas clásicas del español general en la variedad dominicana del español. ¿Quiere esto decir que este uso es correcto? Lo fue en su día en todo el español, hace ya largos siglos, pero en la República Dominicana, a pesar de su mantenimiento, está considerado como vulgar.

Como colofón volvamos a los clásicos y sirvámonos de un ejemplo de El discreto de Baltasar Gracián recogido en la Nueva gramática de la lengua española: «Ello hay tales caprichos en el mundo», como aquellos con los que nos sorprende nuestra lengua todos los días.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

MÁS HERRAMIENTAS

30 / 04 / 2019

El Nuevo diccionario histórico del español sigue hacia adelante, y buena falta que nos hace. Estas grandes empresas lexicográficas, por su envergadura y por su duración, sufren muchos avatares en su desarrollo. Justo es reconocer, por tanto, a la Fundación San Millán y a Inditex, quienes con su colaboración y apoyo ayudan a que den sus frutos, de los que después todos disfrutamos.

Este Nuevo diccionario histórico del español aprovecha las nuevas tecnologías puestas al servicio de la labor lexicográfica; también para la difusión de los resultados. El formato electrónico en el que está concebido brinda la oportunidad de ir actualizando sus contenidos conforme avanzan los trabajos y permite que los usuarios podamos consultarlos en línea. La última actualización, que se acaba de anunciar, nos permite la consulta de más de mil nuevos artículos relacionados con las familias de palabras que designan órganos y partes del cuerpo, enfermedades, animales, armas bélicas, indumentaria, instrumentos y máquinas. Esta organización de la redacción del diccionario por grupos de palabras relacionadas tiene también mucho que ver con la superación del diccionario tradicional en formato papel.

No solo hay palabras nuevas; también se modifican y se enriquecen algunas de las ya incluidas (143 exactamente), y es que un diccionario, y aún más si es histórico, debe estar en permanente revisión. Las academias de la lengua española en todo el mundo, también la nuestra, la Academia Dominicana de la Lengua, han contribuido en estas revisiones.

El NDHE es una herramienta imprescindible para los filólogos, pero también para los hablantes interesados en la historia de las palabras, en cómo han evolucionado, han crecido o han menguado, han generado nuevas palabras o han sido olvidadas definitivamente. Bien merece que nos acerquemos a conocerlo.

UNA HISTORIA CON SECRETO

07 / 05 / 2019

Los diccionarios están para usarlos y, puesto que los hablantes de español ya tenemos a nuestra disposición muchas entradas del Nuevo diccionario histórico del español, les aconsejo que prueben a familiarizarse con su uso. Para ejemplificar la forma en que podemos aprovechar toda la información que nos ofrece busquemos una palabra.

En primer lugar, localice con su buscador de Internet preferido la página del Nuevo diccionario histórico de la lengua española (www.web.frl.es). Una vez en la página, escriba en el cuadro de búsquedas la palabra deseada. Yo he elegido añafil y, si la consulta, comprenderá que no ha sido al azar. En cualquier caso, recuerde que, aunque ya está avanzado, todavía no están todas las palabras que nos gustarían.

Una vez localizada la entrada podrá ver en el margen derecho una relación de las palabras ya incluidas que están relacionadas con la que hemos buscado; en nuestro caso, una familia corta: añafil y añafilero. Además encontrará las variantes gráficas de la palabra que se han podido documentar a lo largo de la historia: añafilanafilannafilanyafilañafyl. Así sabrá reconocerla siempre que se la encuentre, con independencia de la antigüedad del texto en el que la lea. En el apartado dedicado a la etimología, encontrará datos sobre su lengua y significado de origen.

El primer párrafo detalla la historia de la palabra, desde su primera documentación en los textos; en ella podemos conocer cómo se ha ampliado su significado y cómo se ha difundido o variado en distintas regiones de habla española. Si se atreve y consulta el diccionario, conocerá la razón de la elección de esta palabra en concreto. No desvelemos el secreto hasta la próxima semana.

 

PECAR DE ORGULLO

14 / 05 / 2019

Los lectores que hayan aceptado mi propuesta y se hayan aventurado a la consulta en línea del Nuevo diccionario histórico del español ya habrán descubierto el porqué de mi elección de la palabra añafil para ejemplificar la consulta. Ya les dije que no era azarosa. Es esta entrada una de las primeras en las que podemos encontrar los frutos de la colaboración de la Academia Dominicana de la Lengua en los trabajos de redacción de esta obra monumental.

Por el resumen de la historia de la palabra sabemos que se documenta por primera vez en uno de los manuscritos del Libro de Alexandre en el año 1250 con la acepción de ‘instrumento musical de viento parecido a la trompeta, pero recto y largo’. Con el andar de los años también se usa para denominar a la ‘persona que toca el añafil’, acepción que está documentada desde 1595 y que supera en aceptación al derivado añafilero hasta el siglo XX.

Y aquí empieza nuestra parte. El NDHE registra cómo en la República Dominicana se documenta con la acepción ‘cosa inútil o de escaso valor’ desde 1930, en el Diccionario de criollismos de Rafael Brito, nuestro primer diccionario dialectal. También da cuenta de que la palabra ha desarrollado la acepción ‘pliegues del ano’, de uso vulgar, popular y coloquial, para la que aporta como fuente nuestro Diccionario del español dominicano.

Y permítanme pecar de orgullo, un orgullo que me gustaría que fuera compartido. No se hacen una idea de lo que significa para una lexicógrafa consultar una obra histórica para nuestra lengua, histórica en varios sentidos, y encontrar su pequeño aporte, pequeño como un granito de arena, para el conocimiento de nuestras palabras, de aquí, de allá, de todos.

 

21/5/2019

NO SE LLEVEN DEL GUSTO

Aunque ya hemos recordado que las normas ortográficas académicas han eliminado algunas tildes diacríticas poco coherentes, como la del adverbio solo o la de los pronombres demostrativos, conviene recordar que la supresión de estas tildes se ha quedado ahí. Los monosílabos que la llevaban la siguen llevando. Y es que en ellos la tilde diacrítica continúa cumpliendo su función: distinguir un monosílabo átono (que no pronunciamos con intensidad en el habla) de uno tónico (al que sí dotamos de relieve en la pronunciación). No está de más repasarlos en un par de Eñes como colofón a esta serie dedicada a unas novedades ortográficas que ya van sumando años, pero que todavía no hemos asumido del todo.

Los pronombres personales él y  son tónicos y por esta condición deben llevar una tilde que los distinga de sus pares átonos: el (artículo determinado), mi y tu (adjetivo posesivo).

El pronombre reflexivo  comparte su forma y su tilde diacrítica con el adverbio de afirmación  en contraste con las formas átonas de si (conjunción condicional o nombre de la séptima nota de la escala musical). Hagamos un inciso necesario para recordar que el pronombre personal ti no lleva tilde. Sin duda es tónico, pero no existe ningún otro ti del que tenga que distinguirse.

En cambio, el pronombre personal te es átono y la ausencia de tilde lo distingue del sustantivo tónico  (infusión cuyo nombre es un préstamo procedente del chino te).

No se deje llevar del gusto, ni por exceso ni por defecto; coloque las tildes donde son necesarias y solo cuando son necesarias.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

SOLO O ACOMPAÑADO

02 / 04 / 2019

La semana pasada nos propusimos un repaso por algunas «novedades» ortográficas y esta semana nos toca otra supresión de tilde.

Aunque casi todos se quejan, y mucho, de las reglas ortográficas y abogan por suprimirlas (¿?), no hay nada que cueste más esfuerzo cambiar.

Para que nos hagamos una idea, la eliminación de la tilde diacrítica del adverbio solo todavía sigue despertando suspicacias y levantando ampollas. Hay quienes, incluso, han adoptado esta tilde como pendón con cierto regusto a trinchera.

¿Por qué se elimina la tilde del adverbio solo? En primer lugar porque la palabra solo es una palabra llana terminada en vocal que no lleva tilde según las reglas generales en nuestra lengua. Las reglas anteriores, a pesar de esto, imponían el uso de la tilde diacrítica para diferenciar el adverbio solo del adjetivo solo cuando existían dificultades para su interpretación: Los domingos va sólo al cine (‘va solamente al cine’)/ Los domingos va solo al cine (‘sin compañía’).

La actual Ortografía propone aplicar con coherencia las reglas de la tilde diacrítica, que está pensada para distinguir dos palabras idénticas que únicamente se diferencian por su condición de tónicas o átonas. ¿Por qué suprimir la tilde diacrítica en solo? Porque la palabra solo es siempre tónica, independientemente de su función.

Si nos encontramos con alguna ambigüedad, debemos recurrir al contexto; como, por otra parte, hacemos con muchos otros casos comparables. Por ejemplo, no recurrimos a la tilde para aclarar el sentido de bota en El jugador bota la pelota.

Esta novedad ortográfica simplifica la aplicación correcta de la tilde y la hace más coherente. Una excepción menos. Solo hay que pensarlo un poco, solo o acompañado, y empezar a aplicarlo.

 

MENOS TILDES

09 / 04 / 2019

Como hemos recordado en semanas anteriores, la más reciente Ortografía académica suprimió el uso de algunas tildes. Tradicionalmente los llamados pronombres demostrativos masculinos y femeninos (este/a, ese/a, aquel/lla) y sus plurales (estos/as, esos/as, aquellos/as) llevaban tilde diacrítica para diferenciarlos de las mismas formas en función de adjetivos demostrativos. Así escribíamos: Este libro me lo ha regalado ése. Aquél me lo ha regalado esa profesora. En estos ejemplos vemos cómo las formas pronominales ese y aquel llevaban tilde diacrítica y las formas adjetivas (este libro, esa profesora) no.

La razón que ha llevado a la Ortografía académica a proponer la supresión de estas tildes diacríticas es la misma que justificó la supresión de la tilde de solo en función adverbial. Y se trata de una razón bien sencilla: la tilde diacrítica no está concebida para distinguir adjetivos de pronombres o adverbios. Su función es la de distinguir palabras tónicas de átonas, y los demostrativos son siempre tónicos.

Los demostrativos, sean pronombres o adjetivos, son palabras llanas (este/a, ese/a, estos/as, esos/as, aquella/os/as) terminadas en vocal o en consonante –s o palabra aguda terminada en consonante –l (aquel) y, por lo tanto, acomodándose a las reglas generales de la tilde en nuestra lengua no deben llevar acento ortográfico. Como nunca lo han llevado algunas palabras con las que podemos compararlos. El pronombre otro/a (Busca a otra para que resuelva el problema) nunca ha llevado tilde para distinguirlo del adjetivo otro/a (Otra persona más llegó tarde a la reunión).

Las supresiones de tildes que hemos tratado en las últimas Eñes procuran dotar de coherencia a nuestro sistema ortográfico, eliminar excepciones y, en definitiva, facilitar en lo posible su aprendizaje y aplicación cotidiana. La trascendencia de la ortografía para la unidad de nuestra lengua lo merece.

 

DIPTONGOS Y TILDES

16 / 04 / 2019

Uno de los criterios ortográficos que han generado más controversia de la Ortografía académica de 2010 ha sido la supresión de la tilde de, por poner un par de ejemplos, guion o truhan. Este criterio no era nuevo; ya la Ortografía académica de 1999 lo estableció explícitamente. Para analizarlo con detenimiento debemos empezar por saber qué es un diptongo: una secuencia de dos vocales dentro de una misma sílaba (-ie- en cie-lo o -ua- en cuaba).

Las combinaciones de vocal abierta (/a/, /e/, /o/) con vocal cerrada átona (/i/, /u/) o de dos vocales cerradas distintas (/i/, /u/) daban su particular jíbriga. Resulta que, a lo largo y ancho de nuestra inmensa lengua, los hablantes vacilan a la hora de pronunciar estos diptongos; unos los pronuncian como diptongos (guion, truhan) y otros como hiato (gui-ón, tru-hán).

El cocorícamo ortográfico surge aquí. Si las pronunciamos como diptongos, son palabras monosílabas y, según la regla ortográfica general, no llevan tilde: guiontruhan. En cambio, si las pronunciamos como hiato, es decir, separamos las vocales en dos sílabas distintas, son palabras bisílabas y, según la regla ortográfica general, llevan tilde por ser palabras agudas terminadas en vocal: guióntruhán.

La Ortografía académica estableció que estas secuencias de vocales (/a/, /e/, /o/ + /i/, /u/; /i/, /u/ + (/a/, /e/, /o/; /i/ + /u/; /u/ + /i/) siempre se consideraban diptongos a efectos ortográficos, con independencia de que los hablantes concretos las pronunciaran en la misma sílaba o en sílaba distinta. La Ortografía de 1999 lo dejaba a la elección del hablante; la Ortografía vigente establece que esta regla debe aplicarse sin excepciones.

En la próxima Eñe les prometo un repaso por el pequeño grupo de palabras que se han visto afectadas por esta norma. Estar al día evitará que se nos vea el refajo ortográfico.

 

REFAJO ORTOGRÁFICO

23 / 04 / 2019

La Eñe de la semana pasada trataba de la convención ortográfica, ya obligatoria, de considerar como diptongos las secuencias de vocales ai, au, ia, ua, ei, eu, ie, ue, oi, ou, io, uo, iu, ui, siempre que en ellas la vocal cerrada (/i/, /u/) fuera átona. Parece un galimatías, pero no es tan fiero el león como lo pintan: a efectos ortográficos solo afecta a un pequeño grupo de palabras en las que la aplicación de la tilde cambia radicalmente según se consideren bisílabas o monosílabas. Vayamos a la práctica.

Las formas del pasado del verbo criar según la nueva convención ortográfica son monosílabas, puesto que las secuencias -ie- e -io– se consideran diptongos: crie, crio. Se escriben entonces sin tilde precisamente por ser monosílabas; el cambio está en que, hasta 2010, podíamos escribirlas con tilde como bisílabas agudas terminadas en vocal *crié*crió. En este caso están los sustantivos guion y truhan, de uso más común, a los que podemos añadir los más especializados ionpion y prion, y el desusado ruan.

Los pasados de algunos verbos nos traen más ejemplos. Empecemos por el pasado de fiar: El colmadero, que le fio durante semanas, se quejaba así: «Le fie y me quedó mal». Hay ejemplos también en los pasados de huir, freír y reír: Hui antes de que me descubrieran; Frei pastelitos para la picadera; Rio con cada uno de sus cuentos. Más ejemplos, los pasados de guiar, liar piar: Guie a los alumnos por las instalaciones y el profesor los guio a la biblioteca; Lie la ropa en un bulto; Se lio un reperpero en la puerta; Me dio un boche y no pie; La cigüita pio al amanecer.

Ya conocemos la norma, ahora solo nos falta tenerla presente y revisar nuestros escritos para que no se nos vea el refajo ortográfico.

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

CREATIVIDAD Y FRESCURA

05 / 03 / 2019

La expresión coloquial está plagada de locuciones curiosas que le dan un sabor especial a nuestra lengua. Las locuciones están formadas por varias palabras que funcionan como una sola. Lo curioso es que el significado de la locución no coincide con la suma de los significados de las palabras que la componen. De la abundancia de locuciones en el español dominicano nos hablan las 4200 registradas en el Diccionario del español dominicano, la mayoría de ellas de uso coloquial.

Si decimos que una persona está tragándose un cable, no nos referimos literalmente a ese extravagante hecho, sino a lo que el DED define como ‘estar pasando una mala situación económica’. Estamos ante un uso metafórico que aporta esencialmente expresividad: basta imaginar en qué mal trago tiene alguien que verse para comerse un cable.

Si decimos que no está el horno para galleticas, no estamos hablando del mal funcionamiento de nuestro horno; nos referimos a que no es el momento oportuno para hacer o decir algo. Si decimos que alguien o algo va como caña para el ingenio, estamos recurriendo a una metáfora, como esas que usan los poetas, para manifestar expresivamente que algo o alguien va muy rápido. Si decimos que alguien va en coche, no nos referimos a un carruaje como medio de transporte, sino a que esa persona ha resultado favorecida por una situación ventajosa.

Párense un momento a pensar en su vida diaria y encontrarán muchas locuciones más. Funcionan como verbos, como nuestros ejemplos de hoy, como adjetivos, como sustantivos, como adverbios. Son útiles y expresivas, y traen a nuestra lengua coloquial un soplo muy valioso de creatividad y frescura.

 

UNA DE HONDAS

12 / 03 / 2019, 12:00

Las locuciones de uso coloquial y popular, precisamente porque no las encontramos habitualmente en forma escrita, plantean dudas ortográficas. Reflejan con frecuencia rasgos de nuestra variedad dialectal que transforman su apariencia fonética hasta llegar a resultar irreconocibles cuando las vemos escritas.

Tal es el caso de la locución adverbial como la honda del diablo. El sustantivo honda, núcleo de esta locución, es el que se refiere, según la definición del Diccionario de lengua española de la RAE, a la ‘tira de cuero o trenza de lana, cáñamo, esparto u otra materia semejante, que se usa para tirar piedras con violencia’. Este instrumento, tradicionalmente útil en las labores ganaderas, ha dejado de ser habitual para nosotros. Es posible que recordemos la honda de David, el pastor que se enfrentó al gigante filisteo Goliat. Muchos menos recuerdan la honda de otro David, el protagonista de un cuento de Augusto Monterroso.

Si volvemos a nuestra locución coloquial como la honda del diablo, imaginen la violencia que le podría imprimir el diablo a su honda y calibren la velocidad que adquiriría. En el español dominicano afirmar que algo o alguien va como la honda del diablo es referirse a que se mueve velozmente. La dificultad ortográfica estriba en la pronunciación dialectal de la expresión. Lo habitual es que pronunciemos honda con aspiración; recordemos que procede del latín funda y que las palabras con f- inicial en latín se pronunciaron durante siglos con esta aspiración en nuestra lengua. Nosotros la seguimos manteniendo en casos como este. También eliminamos la -d- intervocálica. La expresión suena para nosotros algo así como /como la jondel diablo/.

Y ahí está el quid de la cuestión. Cuando queremos ponerla por escrito, debemos recurrir a la ortografía normalizada, que está precisamente para eso, para poner orden y concierto escrito entre todas las variedades fonéticas, y son muchas, de nuestra lengua.

 

HUIR DE UNA COMA

19 / 03 / 2019

La llaman la coma asesina; también la coma criminal. Una coma que se ha granjeado estas denominaciones debe, por lo menos, preocuparnos. Dramas ortográficos aparte, siempre nos viene bien aprender en qué consiste para huir de ella en nuestros textos. La coma es un signo de puntuación cuyo uso esencial es delimitar o separar elementos dentro de un enunciado. El verdadero problema empieza cuando la utilizamos para separar elementos que no deben estar separados.

El sujeto y el verbo de una oración están estrechamente vinculados y la concordancia en número y persona se encarga de que esta relación sea invulnerable: La ciudad crece desordenadamente/Las ciudades crecen desordenadamente. La coma no debe meterse en medio. Cuando el sujeto es corto, como el del ejemplo, no solemos equivocarnos. Los problemas empiezan cuando un sujeto extenso o complejo nos hace perder de vista esta relación gramatical.

Imaginemos una oración en la que el sujeto sea largo: Las ciudades que no prestan atención a las necesidades de sus habitantes crecen desordenadamente. Con independencia de su extensión, no podemos cometer el error de separar sujeto y verbo con una coma: *Las ciudades que no prestan atención a las necesidades de sus habitantes, crecen desordenadamente.

La complejidad del sujeto puede consistir también en estar formado por varios elementos: Las ciudades, los barrios, los asentamientos crecen desordenadamente. Cada uno de estos elementos (ciudades, barrios, asentamientos) tiene el mismo nivel en la oración; su unión no depende de ninguna partícula, sino que está señalada por una coma. La presencia de estas comas exige que prestemos atención y evitemos la coma tras el último sustantivo de la enumeración, la temida coma asesina: *Las ciudades, los barrios, los asentamientos, crecen desordenadamente.

No olviden que hay comas obligatorias, que hay comas opcionales y que hay algunas comas de las que conviene huir como de la peste.

 

EMPECEMOS POR LA O

26 / 03 / 2019

La Real Academia Española y, con ella, todas las academias de la lengua española en el mundo nos brindaron en 2010 una versión actualizada y panhispánica de una de sus obras emblemáticas, la Ortografía de la lengua española. Desde la misma presentación de la obra se destaca que la ortografía representa «el pilar fundamental de la unidad de la lengua en el que todas las variables se diluyen». Casi una década después de su publicación, sigue siendo necesario repasar algunas de las novedades ortográficas que introdujo.

Les propongo un repaso detallado durante las próximas semanas. Una simple consulta a Enclave Rae, la novísima herramienta lingüística de la Real Academia, nos alerta de que la tilde suele provocar muchas dudas y errores, incluso en la consulta del diccionario.

Empecemos entonces por las novedades, ya no tan nuevas, sobre el uso de la tilde; y vamos a hacerlo por la más sencilla: la eliminación de la tilde que se venía utilizando en la conjunción disyuntiva o cuando esta aparecía escrita entre cifras. Este uso de la tilde solo se justificaba gráficamente para que la o no se confundiera con el cero.

Sin embargo, la función de la tilde, como signo diacrítico, es indicar que la sílaba a la que pertenece la vocal que la lleva es una sílaba tónica. Y la conjunción disyuntiva o es átona, es decir, se pronuncia sin acento. Por tanto, la conjunción o nunca lleva tilde, ni entre palabras ni entre cifras: ¿Con tilde o sin tilde? Sigamos con 3 o 4 novedades más, pero habrá que esperar a la próxima semana.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

NORMA VARIABLE

29 / 01 / 2019

Cuando de corrección lingüística se trata, siempre solemos centrarnos en la ortografía. Sin embargo, la corrección y el buen uso de la lengua no se restringen a la escritura. Como buenos hablantes es importante que prestemos atención a la lengua oral. La pronunciación, aunque a primera vista no lo parezca, suele crear más dudas y malentendidos que la ortografía. Las normas ortográficas son por definición uniformadoras y todos debemos atenernos a un código único. Sin embargo, en el español encontramos variantes válidas de pronunciación que nos hablan de su extensión y de su diversidad.

Si nos centramos en las consonantes, los principales escollos los encontramos en la supresión de una consonante en la pronunciación de una palabra, lo que coloquialmente llamamos «comernos» una consonante». En algunos casos el fenómeno está bien o mal visto dependiendo del área del español de la que se trate. Por ejemplo, los hablantes cultos de español de España suelen «comerse» la -d- intervocálica, incluso en situaciones de cierta formalidad sin que esta omisión sea censurada socialmente. Sin embargo, los hablantes cultos en el español de América siguen sintiendo esta omisión de la -d- intervocálica como un fenómeno vulgar que debe restringirse a ambientes coloquiales o informales.

Para muestra valga una anécdota. Hace años, en una entrevista sobre el Diccionario del español dominicano, dije que los trabajos para su diseño y redacción habían «durao» cinco años. Sin duda, di muestras, a pesar de los años que hace que resido en el Caribe, de mi variedad dialectal personal. Algunos oyentes de la entrevista lo percibieron como un error y afearon mi «mala» pronunciación. Un ejemplo de que la norma culta, en ciertos casos, es variable. Cuidado, solo en ciertos casos. Saber distinguir estos casos es tarea para los buenos hablantes.

 

TRASPIÉS GRAMATICAL

05 / 02 / 2019

Un lapsus linguae del presidente está dando, injustificadamente, mucho que hablar, y es que con frecuencia nos escandalizamos por errores intrascendentes mientras pasamos por alto otros que deberían preocuparnos. Decir ocasionalmente *morido por muerto solo puede considerarse un traspiés gramatical involuntario motivado por el descuido, la prisa o la presión del entorno. A todos nos ha pasado.

Estos lapsus gramaticales, cuando suceden en la lengua infantil, prueban que la adquisición de las reglas va bien encaminada. Cuando un niño dice *yo sabo en lugar de yo sé, o *yo cabo en lugar de yo quepo, está aplicando una regla gramatical correcta que existe en la lengua, aunque la aplica a una palabra que no sigue la regla, precisamente porque es irregular. Es lo que se conoce como un error de sobre rregularización.

También encontramos estos errores en el lenguaje adulto. Por ejemplo, el pretérito perfecto simple del verbo andar, conjugado erróneamente por la mayoría de los hablantes, y me incluyo, como *yo andé, tú andaste, él/ella andó, nosotros/as andamos, ustedes, ellos/as andaron: *Andé por ahí toda la tarde y no logré encontrarla. Sin embargo, la conjugación correcta de este verbo es yo anduve, tú anduviste, él/ella anduvo, nosotros/as anduvimos, ustedes/ellos/as anduvieron: Anduve por ahí toda la tarde y no logré encontrarla. Los hablantes asimilan erróneamente la conjugación irregular del verbo andar a la conjugación regular de otros verbos terminados en -ar, como cantar (canté, cantaste, cantó, cantamos, cantaron).

Y, ojo, esto ya no es un lapsus, porque no se trata de un error ocasional. Un lapsus no es más que un resbalón, que, como tal, suele hacernos reír, sobre todo si es otro el que tropieza. Si nos aplicamos aquello de la paja y la viga y ponemos atención a los errores, que no lapsus, que todos cometemos, nuestra lengua nos lo agradecerá.

 

DESLICES PARA TODOS

12 / 02 / 2019

La Eñe de la semana pasada la protagonizó un lapsus gramatical. Ya saben que el protagonismo es fugaz y hoy los lectores se han interesado por el propio sustantivo lapsus.

De la palabra latina lapsus, ‘resbalón’, ‘desliz’, se han derivado en nuestra lengua dos palabras: lapso y lapsus. La primera es fruto de la evolución fonética que experimentó el latín vulgar. Distintas evoluciones de la misma lengua dieron lugar a las distintas lenguas romances: español, gallego, catalán, francés, italiano, rumano, etc. En la evolución del latín al español, por ejemplo, la terminación -us se convirtió en -oamicus > amigohortus > huertolapsus > lapso, con tres acepciones en nuestra lengua.

La palabra española lapsus, con la que designamos la equivocación que se comete por descuido, es un cultismo. Según el Diccionario académico, un cultismo es el ‘vocablo procedente de una lengua clásica que se toma en préstamo en una lengua moderna y no pasa por las transformaciones fonéticas propias de las voces populares o patrimoniales’.

En nuestra lengua culta existen además dos locuciones latinas para referirnos a dos tipos de deslices lingüísticos. Como extranjerismos que son, pues están tomados tal cual de la lengua de origen, debemos escribirlos en cursiva o entrecomillados. Una vez mas el DLE nos guía en el camino. Un lapsus linguae (cuya traducción literal del latín sería algo así como «error de la lengua») es un error involuntario que cometemos al hablar. Si el error, por el contrario, tiene que ver con la mecánica de la escritura estaremos cometiendo un lapsus calami (un «error de la pluma»). En el uso diario de la lengua estos lapsus son inevitables, los sufrimos todos, así que va siendo hora de que sepamos llamarlos por su nombre.

 

TESTIGOS

19 / 02 / 2019

En la ceremonia de mi investidura como doctora se recordó a seis científicos españoles, miembros de la Real Academia de Ciencias, que tuvieron que huir de España a causa de la Guerra Civil. Algunos de ellos se afincaron en México, como tantos otros intelectuales perseguidos por el fantasma atroz de la represión. Algunos, comprometidos con su vocación científica, siguieron ejerciéndola como forma de superar la ausencia gracias a la universalidad del saber.

La universidad, la academia, la ciencia, tienen su pilar fundamental en la transferencia del conocimiento. Si este pilar se resquebraja, la ciencia, que no se lleva bien con el aislamiento, se tambalea. Todos hemos aprendido de y nos hemos inspirado en nuestros maestros, en los que estudiaron nuestra disciplina antes que nosotros, en los que llevaron el testigo hasta donde nosotros lo recogemos. Si uno de ellos nos falta, el testigo cae al suelo y la carrera del conocimiento se interrumpe quién sabe por cuánto tiempo.

El exilio político puede robarnos a nuestros maestros, como le sucedió a la ciencia y a la cultura española; pero también nos los puede arrebatar el exilio económico: la escasez de medios, las precariedades y la ausencia de perspectivas para el futuro. La investigación, en todos los campos, necesita dedicación, apoyo y tiempo.

En el tren de vuelta a casa, con esa melancolía inimitable que produce el paisaje que dejamos atrás, me pregunto a cuántos intelectuales y científicos dominicanos formados o en formación hemos renunciado y seguiremos renunciando porque no somos capaces como sociedad de garantizarles el futuro a cambio de que ellos nos garanticen uno mejor para nosotros y para nuestros hijos.

 

UN PASEO LITERARIO

26 / 02 / 2019, 12:00 AM

Cuando paseamos nuestra mirada está puesta en lo que nos rodea; cuando paseamos por Nueva York nuestra mirada se escapa, inevitablemente, hacia las alturas, pero, a veces, lo más interesante está a ras del suelo.

Soy una enamorada de las bibliotecas y la Biblioteca Pública de Nueva York está entre mis preferidas. Si se acercan a ella caminando por la calle 41, al este de la Quinta Avenida, descubrirán una serie de placas sobre sus aceras en las que se leen citas relacionadas con la lectura y la creación literaria. Es lo que se conoce como el Library Walk, el Paseo de la Biblioteca, creado por el escultor Gregg LeFevre en 1998 para conmemorar la literatura del mundo.

Yo lo descubrí un día lluvioso en el que debía cuidar dónde ponía mis pies. En la primera placa que llamó mi atención, azares del caminar, se leía un verso de Julia Álvarez, una autora de origen dominicano: «Quien toca este poema toca a una mujer». Paso a paso recorrí arriba y abajo la cuadra buscando autores de lengua española.

Del argentino y universal Borges, su poema Una brújula: «Todas las cosas son palabras del/idioma en que Alguien o Algo, noche y día,/escribe esa infinita algarabía/que es la historia del mundo. […]».

José Martí nos trae de nuevo al Caribe y nos recuerda que la cultura, la lectura, el saber amplían nuestros horizontes y nos hacen libres: «El conocimiento de literaturas diferentes nos libera de la tiranía de unos pocos».

Las palabras construyen el mundo y la lectura es el aliado imprescindible para orientarnos en él. El Paseo de la Biblioteca de Nueva York me lleva a las palabras del Quijote: «Ahora digo que el que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho».

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

 UN EMBLEMA ACTUAL

08 / 01 / 2019

El lema de la Real Academia Española, «Limpia, fija y da esplendor», triunfó sobre otras propuestas, como aquella de «Aprueba y reprueba» que hoy, que todo nos hiede y nada nos huele, habría levantado ampollas. Por allá por 1713, cuando fue fundada la RAE, estaba asentada la idea de que cada lengua alcanzaba un momento de apogeo que era necesario mantener.

En su emblema, un crisol sobre el fuego simboliza el trabajo con una sustancia noble y maleable, la lengua, de la que, como si de un metal se tratara, hubiéramos de separar la escoria. No se me solivianten por el uso de la palabra escoria. En su acepción originaria se refiere a la sustancia procedente de la parte menos pura del metal que se separa cuando este metal se funde en el crisol.

Como nos aconsejaba Lázaro Carreter, quien fue director de la RAE, «bien está que el célebre emblema se recuerde tanto», pero tengamos presente sus estatutos actuales: «La Real Academia Española tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Debe cuidar igualmente de que tal evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como este ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección, y de contribuir a su esplendor».

Los estatutos advierten de que esta tarea debe hacerse con las Academias americanas y, como bien apunta Lázaro Carreter, «en concurrencia con todos cuantos, hablando y escribiendo, contribuyen a ese esplendor». Los años de trabajo con la lengua y su saber filológico destacaban esta otra misión académica: «velar por que el español pueda seguir siendo mucho tiempo más la lengua con que una parte enorme de la humanidad ha escapado a la maldición de Babel».

  

SALAMI DOMINICANO

15 / 01 / 2019

Entre las curiosidades que nos dejó 2018 está la peculiar invitación de Induveca, empresa de productos cárnicos, a sus seguidores en las redes sociales, y se entiende que consumidores de sus productos, a firmar una solicitud para que la Real Academia Española incluyera el *Salami Dominicano, (así tan cual, con sus mayúsculas y todo) en el Diccionario de la lengua española. Para ello propusieron la etiqueta #ElSalamienlaRAE. La curiosa iniciativa empresarial denota, al menos, que sabemos poco de cómo se hacen los diccionarios en general, y el Diccionario de la lengua española de la RAE en particular.

Si buscamos en el DLE ¬¬—y recuerden que pueden hacerlo gratuitamente en la versión en línea— encontraremos esta definición de salami; ‘Embutido hecho con carne vacuna y carne y grasa de cerdo, picadas y mezcladas en determinadas proporciones, que, curado y prensado dentro de una tripa o de un tubo de material sintético, se come crudo’. El salami, como la palabra que lo designa, tiene su origen en Italia. Me imagino que, como pasa con el sancocho o con el cocido, cada maestrillo tiene su librillo y cada zona, fabricante o cocinero tiene su propia receta y su forma de comerlo. Todas no caben en una definición lexicográfica. Los rasgos generales de «nuestro» salami pueden descubrirse en la definición académica. Quizás algunos rasgos diferenciadores podrían convertirlo en un dominicanismo semántico o, tal vez, aquello a lo que nosotros llamamos salaminunca fue salami.

Me permito un consejo a las empresas para sus iniciativas relacionadas con la lengua o con el diccionario: cuiden con esmero la ortografía y la redacción; de lo contrario sus promociones serán contraproducentes. En cualquier caso sigan comiéndose su salami como más les guste.

 

PRIMERA CONSULTA DEL AÑO

22 / 01 / 2019, 12:00 AM

Una de las primeras consultas del año versa sobre la corrección del uso de *haiga como primera o tercera persona del singular del presente de subjuntivo del verbo haber. Una consulta a primera vista sencilla, pero que nos puede servir para aprender muchas cosas de cómo funcionan la lengua y sus diccionarios y la valoración que de ellos hacen los hablantes.

Algunos lectores consideran que la forma *haiga es incorrecta por tratarse de una «falta de ortografía»; otros creen que su ausencia del Diccionario de la lengua española de la RAE (y, añado yo, de la mayoría de los diccionarios) es un indicio evidente de su incorrección.

Los hablantes no van mal encaminados al considerarla una forma incorrecta, pero esta incorrección no tiene que ver ni con la ortografía ni con su ausencia del diccionario. Por supuesto, si la buscan tal cual en el diccionario no la encontrarán, como tampoco encontrarán ninguna forma verbal conjugada. Los verbos se buscan en el diccionario por su infinitivo. Si buscamos haber en el DLE podremos consultar su conjugación y confirmar que la forma verbal correcta para el presente de subjuntivo de este verbo es haya.

A los que me consultaron respondí en mi cuenta de Twitter (@Letra_zeta) que el uso de *haiga está desaconsejado porque es considerada por los hablantes cultos como una forma vulgar. Como bien respondió el servicio de consultas lingüísticas de la RAE en su cuenta de Twitter (@RAEinforma) «esta forma ha sido siempre ajena a la norma culta del español; hoy pervive como vulgarismo, fuertemente estigmatizado, en el habla popular y rural». Existir, existe; pero, parafraseando a mi admirado y añorado Mariano Lebrón Saviñón, «usted no lo diga».

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

30/10/18

NOS TUTEAMOS

Los pronombres personales son muy versátiles. Nos sirven para referirnos a las personas implicadas en el mensaje. Tradicionalmente hablamos de tres personas y sus correspondientes plurales: yo, nosotros, la primera persona, aquella que emite el mensaje; él, ella, ellos, la tercera persona, aquella que no interviene en la comunicación; y una muy especial segunda persona, aquella a quien se dirige el hablante, para la que nuestra lengua tiene una larga historia y una bonita variedad.

Si elegimos un tono de confianza para dirigirnos a nuestro interlocutor, nos decantaremos por el , y lo tutearemos; en extensas áreas del español usaríamos el pronombre vos, y lo vosearíamos; si preferimos un tono de cortesía, el pronombre elegido sería usted, y lo ustearíamos.

La segunda persona del plural también tiene sus particularidades. En algunas zonas utilizan vosotros para el tuteo dirigido a varios interlocutores; en América el pronombre de segunda persona preferido es ustedes, que se usa indistintamente para tutear y ustear.

Como ya habrán notado, los pronombres han procreado sus propios verbos y sustantivos para denominar qué tipo de tratamiento elegimos. Si consultamos el DLE descubrimos sus orígenes y sus significados. Tutear se formó a partir de tú, por adaptación del francés tutoyer, para el trato de confianza o familiaridad; el sustantivo asociado con este tratamiento es tuteo. Ustear y uste o son el equivalente para el usted; vosear y voseo, para el vos.

Cuando nos comunicamos con nuestra lengua tomamos decisiones cada segundo; decisiones que van dándole forma a nuestro mensaje; decisiones que expresan quiénes intervienen en él, pero también en qué tono nos estamos dirigiendo a nuestros interlocutores. Ustedes y yo nos conocemos y nos leemos desde hace tiempo, quizás vaya siendo hora de que nos tuteemos.

 

6/11/18

QUÉDATE CONMIGO

No se equivoquen; los pronombres personales a los que dediqué la Eñe pasada no son los únicos que existen en nuestra lengua. En mis años escolares nos los enseñaban gracias a una pequeña cantinela: yo, mí, me, conmigo; tú, ti, te, contigo… No sé si en estos tiempos estará bien visto el método, pero lo cierto es que yo todavía los recuerdo. Cada pronombre dispone de un abanico de formas que se utilizan dependiendo de la función que ejercen en la frase. Hoy les toca el turno a ciertos detalles que nos dan algún que otro quebradero de cabeza.

La tilde es uno de ellos. A veces pecamos por defecto y no les ponemos la tilde diacrítica a los pronombres personales sujeto él (tú cantas; él baila), que la llevan como monosílabos tónicos, para distinguirlos del adjetivo posesivo tu (tu casa) y del artículo el(el edificio), ambos monosílabos átonos.

Otras veces pecamos por exceso y le ponemos tilde a ti (te quiero a ti), que no la lleva porque no hay otro ti del que diferenciarse; en cambio,  (me quiere a mí) y  (se quiere a sí mismo) exigen una tilde diacrítica que los distinga como monosílabos tónicos de mi adjetivo posesivo átono (mi casa) y de si conjunción condicional (si no fuera por los pronombres…).

Los pronombres conmigo, contigo y consigo, de primera, segunda y tercera persona, respectivamente, se escriben en una sola palabra, puesto que se forman a partir de la amalgama de la preposición con y los segmentos pronominales migo, tigo y sigo. Quédese conmigo aprendiendo sobre pronombres y llévese consigo (o llévate contigo, si me permites el tuteo) algunos trucos para usarlos correctamente.

 

12/11/18

PROFESOR DE ESPAÑOL

Enseñar a hablar y a escribir correctamente, fomentar la lectura y transmitir el respeto por nuestra lengua no son tareas exclusivas de los profesores de lengua

Estamos equivocados si creemos que enseñar lengua es una responsabilidad exclusiva de los profesores de lengua. En la escuela se habla cada vez más de transversalidad y no hay ningún tema que exija más transversalidad que el aprendizaje correcto de la lengua materna. Enseñar a hablar y a escribir correctamente, fomentar la lectura y transmitir el respeto por nuestra lengua son tareas que deben ser asumidas por todo el equipo educativo del centro escolar.

Un mal desempeño lingüístico repercute en la comprensión, el aprendizaje y la evaluación de todas las materias. Un alumno que no disponga de un nivel de lectura adecuado para su edad difícilmente podrá entender su libro de texto; un alumno que no entienda adecuadamente la expresión oral se verá en serias dificultades para aprovechar lo que su maestro le enseña; un alumno que no se exprese correctamente, de forma oral o escrita, no podrá transmitir los conocimientos que ha adquirido, pero tampoco podrá preguntar correctamente para solventar sus dudas o desarrollar su curiosidad; un alumno que no domine el diálogo, sus normas y sus tiempos, tendrá dificultades dentro y fuera del aula; a un alumno con deficiencias en su propia lengua, se le dificultará aprender adecuadamente otras lenguas; un alumno que no adquiere el hábito de lectura, perderá unos años preciosos como lector. Un alumno que no domine su lengua materna arrastrará estas carencias a lo largo de su vida académica, tendrá que aplicar un esfuerzo extra para superarlas, y, si no lo logra, las trasladará a su vida profesional y ciudadana.

Yo aprendí lengua española en el colegio con un libro de texto de Lázaro Carreter, el filólogo que nos recordó en El dardo en la palabra que «todo profesor que enseña en español es profesor de español». La lección de un maestro.

 

POR ANTONOMASIA

20 / 11 / 2018

Cuando hablamos de retórica solemos arrugar la nariz; se nos presenta una acepción cargada de connotaciones despectivas, aunque, originalmente, la retórica se refiere, como leemos en el DLE, al ‘arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover’. Los estudios del lenguaje han registrado y estudiado muchos recursos lingüísticos para lograr eficacia expresiva. Estas figuras retóricas no son exclusivas del lenguaje literario; las encontramos con frecuencia en nuestra lengua cotidiana.

Juguemos con una figura retórica llamada antonomasia, que consiste en emplear un nombre referido a una clase para designar a uno de los miembros concretos de esa clase por considerarlo el más característico, el más conocido o el más importante del grupo. Como suele suceder, la descripción del procedimiento lingüístico resulta más complicada que el procedimiento mismo. Los ejemplos nos sacan del atolladero.

Cuando le decimos automóvil a un carro usamos la antonomasia; automóvil se refiere a todo lo que se mueve por sí mismo y no solo al vehículo para transportar personas. Cuando hablamos del calentamiento del planeta, nos referimos por antonomasia a la Tierra, que, a pesar de no ser único, siempre será para los humanos el planeta más importante. Cuando decimos que nos pasamos con los tragos, nos referimos por antonomasia al consumo de bebidas alcohólicas, puesto que la acepción común de trago designa la ‘porción de líquido que se puede beber de una vez’.

El adjetivo mortal se refiere a lo que está sujeto a la muerte y, por antonomasia, lo aplicamos a los humanos, los mortales que tenemos más cerca. La mayoría de los mortales no sabemos de recursos retóricos ni de antonomasias, que, aunque sea sin hacerse notar, nos ayudan a lograr que nuestra expresión sea más eficaz.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

UNISEX

02 OCT 2018

Al hilo de los préstamos surge la consulta de un lector sobre la corrección o incorrección de unisex, un anglicismo de reciente incorporación a nuestra lengua. Y digo reciente, en términos lingüísticos, porque este adjetivo comienza a documentarse en textos en español en los años 60 del siglo XX y su uso se difunde con rapidez, sobre todo en el ámbito de la moda y la belleza. Un rápido vistazo a la herramienta Enclave RAE lo demuestra: las palabras con las que más se relaciona son peluqueríasalón y moda. Su difusión hace que la Real Academia Española lo incorpore por primera vez al Diccionario de lengua española en 2001 con una única acepción: ‘que es adecuado o está destinado tanto para los hombres como para las mujeres’.

La duda de nuestro lector está relacionada con el significado de la palabra, y no le falta razón. En español el elemento compositivo uni- significa ‘único’ o ‘uno solo’. ¿Por qué entonces unisex se aplica a lo que está destinado a dos sexos? ¿Por qué no utilizar bisex? De hecho ya encontramos este término de vez en cuando.

El error estriba en analizar un extranjerismo como si de una palabra patrimonial se tratara. Un préstamo del inglés como unisex no puede analizarse a partir de los elementos compositivos del español. Basta comparar con el funcionamiento de los elementos compositivos uni- y bi- en palabras patrimoniales de nuestra lengua. El adjetivo unisexual, término especializado de la biología, se refiere al individuo vegetal o animal ‘que tiene un solo sexo’; el adjetivo bisexual, se refiere a la persona ‘que mantiene relaciones tanto homosexuales como heterosexuales’.

La adaptación completa de los extranjerismos no siempre resulta fácil; a veces la dificultad tiene que ver con su grafía o su pronunciación; otras veces, como en este caso, con su composición o su etimología.

 

09 OCT 2018

PONLE SABOR

Ya tenía este columna escrita cuando la realidad me la ha desbaratado; y, por una vez, me la desbaratado para bien. Una conocida marca nos proponía en una vistosa campaña publicitaria el uso de sus sazones con el siguiente eslogan: *Pónle sabor, *pónle color. El error, bien visible en las gigantescas vallas publicitarias, fue la excusa perfecta para volver a la tilde.

Normas ortográficas pasadas dictaban que el verbo mantenía su tilde cuando se le unía un pronombre personal átono, de esos que llamamos enclíticos. Por ejemplo, mantenía la tilde el verbo de Déme ese libro, a pesar de que, con el pronombre enclítico, dejaba de ser un monosílabo con tilde diacrítica para convertirse en una palabra llana terminada en vocal. La Ortografía de 2010 dictó que estas formas verbales con pronombre llevarían tilde o no según las reglas, sin tomar en cuenta la tilde que llevara el verbo sin el pronombre: Deme ese libro. Pero nuestro eslogan iba más allá. Aplicaba una regla desaparecida sobre un verbo que estaba tildado incorrectamente. El imperativo pon, como monosílabo, no lleva tilde. En pocos días me esperaba una agradable sorpresa. Frente a la misma valla publicitaria descubro que, como por arte de magia, esa espantosa tilde se ha esfumado. Muchas cosas, y todas buenas, dice esa tilde desaparecida. Todos los hablantes tenemos dudas ortográficas. Todos los hablantes, aun los más avezados, cometemos errores. La actitud del buen hablante es la de la curiosidad y el aprendizaje constante. Y si nos equivocamos, corregimos.

Si el «hablante» es una empresa, esta actitud implica además respeto por su marca y, lo que es más importante, respeto por sus clientes. Ahora sí, Victorina nos invita correctamente a animar nuestra cocina: Ponle sabor, ponle color. Búscalo en tu colmado favorito.

 

16 OCT 2018

VIVOS Y SUELTOS

En estos días hemos conmemorado un aniversario más del nacimiento del lexicógrafo Julio Casares. Entre otras muchas cosas admiro a Casares porque se adelantó en la prensa a divulgar el conocimiento de la lengua y el gusto por su buen uso.

Publicó Julio Casares durante cinco años una campaña de divulgación en forma de artículos en el diario español ABC; treinta y dos artículos, que luego fueron publicados en forma de libro, con el título de La Academia española trabaja. En el artículo de enero de 1964, que pone fin a la serie, reconoce el lexicógrafo cierto desencanto. Su objetivo no era otro que, según sus palabras, interesar a los lectores en «la callada y perseverante labor de la Academia», esa labor, añado yo, de la que solo nos acordamos cuando aprovechamos sus frutos, y no siempre para reconocerla. Para Julio Casares la divulgación era un servicio a la lengua.

La divulgación de los asuntos del idioma lleva aparejada, desde siempre, cierta sensación de desesperanza. Si nuestra lengua es muy larga, como diría Lola Pons, otra de nuestras grandes divulgadoras, su desconocimiento también lo es. Y no resulta labor sencilla acercarla a los hablantes con amenidad. A veces nos parece que habremos pasado por nuestros lectores, como decía Casares, «como el rayo de sol por el cristal».

Julio Casares, como nos pasa a todos los lexicógrafos, oía voces. No, no se escandalicen. Las palabras nos susurran al oído. Reconocía Casares, como cierre a sus artículos de divulgación, que pocos hacían caso de sus recomendaciones académicas y que los malos usos idiomáticos continuaban vivitos y coleando; y confesaba que oía una vocecilla burlona que le decía: «Los muertos que vos matáis gozan de buena salud». Los nuestros, sin duda, están vivos y sueltos.

23 OCT 2018

CUANDO UNA LENGUA SE VA

El español goza de una salud envidiable. Su número de hablantes, su extensión territorial, su prestigio cultural o su uso en internet lo sitúan entre las primeras del mundo. No todas las lenguas pueden decir lo mismo. Basta hacer un recorrido a través del Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro. Unas 3000 lenguas amenazadas nos dan idea de nuestra diversidad lingüística.

La UNESCO calcula seis niveles de vitalidad. Están a salvo las lenguas, como la nuestra, que tienen asegurada la transmisión de una generación a otra (estas lenguas no aparecen en el Atlas). Cuando los niños hablan una lengua, pero restringen su uso a un ámbito concreto, se considera que esta lengua es vulnerable. Si estos niños ya no la aprenden de sus padres como lengua materna, pasa a estar en peligro. Cuando son solo los abuelos los que la hablan entre sí y los padres ya solo la entienden, pero no la usan, la lengua está seriamente en peligro. La situación se torna crítica cuando ya solo los abuelos la hablan de vez en cuando y parcialmente. De ahí a declarar su extinción solo hay un paso.

Para hacernos una idea echemos un vistazo, por ejemplo, a México, donde se documentan 143 lenguas amenazadas, de las cuales 21 están en situación crítica; o a las 68 lenguas amenazadas de Colombia, 12 de ellas en situación crítica; o a Venezuela con 34 lenguas amenazadas, 8 en situación crítica.

El proceso de desaparición de una lengua es difícilmente reversible. Con sus hablantes se pierde una visión del mundo y una forma de vida, un miembro de la familia de las lenguas que puede ayudarnos a conocer mejor a las restantes lenguas emparentadas con ella.