Temas idiomáticos

Por María José Rincón

HABITANTES DEL DICCIONARIO

22/09/2020

Los nombres propios no se quejan de su escaso protagonismo en el diccionario. Saben que se lo tienen merecido por dedicarse solo a individuos particulares y por carecer de significado léxico. No obstante, las entradas del Diccionario del español dominicano están plagadas de personajes.

Desconocemos (al menos yo) quién fue Cuca, pero sabemos que algo pasado de moda es de cuando Cuca bailaba. Tampoco nos han presentado nunca a Blas (al menos a mí), y, sin embargo, nos acordamos de él cuando alguien desaparece en cuanto se termina la comida: como Blas, ya comiste, ya te vas. No sé si tienen el gusto de conocer personalmente a Linda, pero, si no ven a Linda, puede significar que no han conseguido algo que está en juego, que no han comido o que no han mantenido relaciones sexuales.

A Adán lo conocemos casi todos, aunque no personalmente, y su nombre aparece en la manzana de Adán, la nuez del cuello de los hombres. También la flora y la fauna hacen gala de sus antropónimos; recuerden, si no, la sangre de Cristo o el san Antonio, un pequeño insecto de color verde intenso con manchitas amarillas. No conviene olvidar que, en el español dominicano, el término san Antonio (o sanantonio) se refiere también a una palabra malsonante, ofensiva o soez.

He reservado para el final mis preferidas, dos locuciones con nombres de personajes históricos. Si has perdido tus posibilidades de lograr algo, estás preso por la guardia de Mon, hipocorístico de Ramón Cáceres, presidente de la República Dominicana a principios del siglo XX. Si estás muy perdido, literal o metafóricamente, estás más perdido que el hijo de Lindbergh; cruel, pero expresiva. Ya conocen a algunos de los personajes y personajillos que pueblan nuestro diccionario.

 

FAMILIAS QUE NOS AYUDAN

29/09/2020

El vocabulario de nuestra lengua es tan extenso y tan complejo que pocos (quizás nadie) podrán decir que saben cómo se escriben todas las palabras del español. Los hablantes a los que nos preocupa la ortografía de las palabras recurrimos al diccionario cuando nos topamos por los caminos de la lengua con alguna voz desconocida para nosotros cuya escritura nos plantea dudas.

A veces la palabra no es una completa desconocida. Nuestro conocimiento sobre los mecanismos que la lengua usa para crear palabras puede sernos de utilidad ortográfica muy a menudo. ¿Cuántas veces una simple ese o una simple zeta nos ponen a dudar? ¿Se escribe abrazar o abrasar? Dependerá de a qué palabra nos enfrentemos. El diccionario es el recurso habitual, pero también podemos deducirlo si analizamos la composición de la palabra. En la formación del verbo abrazar (‘estrechar a alguien con los brazos en señas de afecto’) entra la palabra brazo, escrita con zeta. Este mismo brazo lo encontramos en muchas palabras que forman familia con él, y que comparten su ortografía: abrazo, antebrazo, reposabrazos, abrazadera, braza o brazada.

En cambio, en la formación del verbo abrasar (‘quemar, reducir a brasa’) interviene la palabra brasa, escrita con ese. El sustantivo brasa también forma su propia familia, que comparte con ella su ese: abrasadorabrasiónabrasivobrasearbraseroabrasante.

 

DETALLES QUE HABLAN BIEN

6/10/2020

 

Entre los signos ortográficos dobles las comillas presumen de tener una historia curiosa. Su denominación consiste en el diminutivo lexicalizado de coma. Desde su origen se utilizan para enmarcar una parte de un escrito que quiere destacarse por alguna razón. En tipografía encontramos tres versiones de las comillas cuyos usos y preferencias conviene que conozcamos. Las comillas angulares (« »), llamadas comillas latinas o españolas, las comillas altas (“ ”), también denominadas comillas inglesas, y las comillas simples (‘ ’). En las tres modalidades, por tratarse de signos ortográficos dobles, debemos prestar atención a que siempre estén presentes tanto las comillas de apertura como de cierre. La función principal de las comillas es delimitar frases o párrafos que reproducen con exactitud y fidelidad las palabras textuales de alguien; en las obras literarias enmarcan además los parlamentos de los personajes.

¿Cómo elegir qué tipo de comillas usar cuando estamos escribiendo? Si lo hacemos en español, se aconseja elegir las comillas españolas o latinas (« »): El profesor preguntó: «¿Han leído la novela?». Las comillas altas (“ ”) las reservamos para los casos en los que debamos incluir un texto entrecomillado dentro de otro que ya está entrecomillado, como si se tratara de una pequeña muñeca rusa: El profesor preguntó: «¿Qué significa la frase “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”?». Las comillas simples (‘ ’) se especializan en una tarea muy concreta: indicar que la palabra o la frase enmarcada por ellas se usa como definición de otra palabra. Los lectores de esta Eñe están más que familiarizados con ellas: El profesor recordó que la palabra pelotón está usada con la acepción militar de ‘pequeña unidad de infantería’.

Tres versiones de las comillas cuyos usos nos conviene tener presente para que nuestros textos hablen bien de nosotros.

 

ZARZUELA PARA UN ANIVERSARIO

13/10/2020

Los personajes de la famosa zarzuela La verbena de la Paloma no se cansan de repetir que «hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad». Si así lo constataban el boticario don Hilarión y su amigo don Sebastián allá por el Madrid de 1894, imagínense lo que dirían si asomaran las narices por este siglo XXI.

El 12 de octubre celebramos cada año el aniversario de la fundación de nuestra Academia Dominicana de la Lengua. La conmemoración acoge una sesión plenaria de los miembros de número de la Academia. Y ayer, nuestro nonagésimo tercer aniversario, no iba a ser menos, a pesar de las circunstancias virales que nos asedian en este 2020. Tratamos, como siempre, de lo divino y lo humano en lo que se refiere a la situación de la lengua española en la República Dominicana y en el mundo. Revisamos lo realizado e hicimos planes para lo que nos falta por hacer.

La diferencia en este año tan particular es que la tecnología fue nuestra aliada esencial, la que hizo posible que la conmemoración académica pudiera llevarse a cabo en las condiciones adecuadas. Somos testigos de cómo cada día la tecnología, a la que tantas veces culpamos de nuestros errores o de nuestras carencias, se convierte en el asistente imprescindible para facilitar el trabajo académico y para lograr que sus resultados lleguen a los hablantes interesados en conocerlo.

Este año el aniversario llega preñado de proyectos y de pasión por llevarlos a buen puerto. No se equivocaba Manuel Alvar cuando, refiriéndose a lo que falta por investigar en la lengua de nuestra isla, afirmaba que «también la República Dominicana tiene un tajo –grande– abierto y pocos operarios».

 

DE ENHORABUENA

20/10/2020,

Quiero que con esta Eñe de hoy celebremos juntos el nacimiento del Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía, un extraordinario regalo de cumpleaños para el nonagésimo tercer aniversario de la Academia Dominicana de la Lengua. El Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía formará un equipo de trabajo especializado, dirigido por quien les escribe, dedicado al diseño y la construcción de diccionarios que registren el léxico del español dominicano.

Todos los hablantes de español tenemos en la riqueza de nuestras palabras uno de nuestros principales motivos de orgullo. Los diccionarios nos ayudan a conocerlas, las nuestras, las de otros, las de todos. Entre los logros de la Academia Dominicana de la Lengua se destacan sus diccionarios. El IGALEX los actualizará, preparará nuevas ediciones y las pondrá a disposición del público en formato digital.

La consulta en línea y gratuita del Diccionario del español dominicano es uno de nuestros primeros objetivos. La repercusión que tuvo su publicación en 2013 se potenciará con su accesibilidad. Nuestra forma de hablar español, nuestras palabras y acepciones peculiares, no solo nos interesan a nosotros; todo hablante de español como lengua materna las sentirá como parte de su patrimonio si puede conocerlas y valorarlas; así mismo todo hablante de español como segunda lengua podrá consultarlas y familiarizarse con ellas.

Imagínense lo que supondrá que todos podamos consultar en línea en un diccionario moderno y riguroso toda la información acerca de nuestras palabras: de dónde vienen, cómo se escriben, qué significan. El Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía aspira a convertir al Diccionario del español dominicano en una herramienta disponible para todos que nos haga sentir orgullosos de nuestra forma única de hablar español y que nos ayude a convertirnos en mejores hablantes.

 

Temas idiomáticos

ECOS Y NARCISOS 

Nunca hubo una serie más larga de «Eñes» dedicada a un aspecto concreto. Hoy prometo concluirla. ¡Que no cunda el pánico! Con referencias mitológicas, el nombre del pánico, ese miedo intenso, que puede volverse contagioso y hacerse colectivo, tiene relación con el miedo que infundía el semidiós Pan por su naturaleza salvaje e irascible. Dicen que no soportaba que lo despertaran de su siesta; a mi modo de ver no le faltaba razón. Morfeo, dios griego del sueño, tampoco estaría de acuerdo; no en vano a dormir le llamamos «estar en los brazos de Morfeo». El nombre de este dios está en el origen del sustantivo morfina, poderoso narcótico y analgésico.

Para la guinda final he reservado dos de mis palabras preferidas. Los amores de los protagonistas destinaron sus nombres a convertirse en bellas palabras. Los celos llevaron a Hera, la diosa esposa de Zeus, a castigar a la bella ninfa Eco, que tenía el don de la palabra, con la pérdida de su elocuencia; Eco solo podía repetir las palabras de los demás. Como nuestro eco, que repite el sonido cuando sus ondas se encuentran con un obstáculo.

El padecer de Eco aumentó cuando se enamoró de Narciso, un pastor presuntuoso, quien, al saberlo, se burló de ella. Esta burla le costó a Narciso el castigo de enamorarse del reflejo que de sí mismo contemplaba en el río y el de dar nombre al narcisismo y a los narcisos, aquellos que se complacen excesivamente en su atractivo o en sus facultades, como si estuvieran enamorados de sí mismos. No me negarán la belleza y el sabor de estas narraciones tradicionales, que forman parte de una cultura ancestral y que hemos heredado con nuestra lengua, salpicada de hermosas palabras que las recuerdan.

 

ARIAS VERBALES

01/09/2020

Hoy nos vamos a meter en harina con el régimen preposicional de algunos verbos. Y ¿en qué consiste este régimen preposicional? Algunos verbos exigen que sus complementos se les unan mediante una preposición determinada. Para construir correctamente una frase con este verbo y su complemento debemos saber cuál es el régimen del verbo; es decir, cuál es la preposición que ese verbo exige. Existen verbos volubles, qual piuma al vento. Los hay que cambian de régimen preposicional según funcionen como pronominales o no. Los hay que tienen doble régimen. Pero metamos las manos en la masa. Vayamos a los ejemplos.

Empecemos por el verbo olvidar, que puede usarse como transitivo (Yo olvidé su regalo de aniversario) o como pronominal (Yo me olvidé de su regalo de aniversario). ¿Han notado el pequeño detalle? No me refiero al «olvido imperdonable», sino a la preposición. El verbo olvidar cambia de régimen sintáctico como de camisa. Cuando es transitivo no lleva preposición (olvidar algo); cuando es pronominal, sí (olvidarse de algo). Y no es el único, no crean. Si nos fijamos en el verbo lamentar, encontramos estructuras sintácticas paralelas. Si lo construimos como transitivo (lamentar algo), no necesitamos preposición (Lamento mi error); en cambio, si lo construimos como pronominal (lamentarse de algo) nos exige la preposición de (Me lamento de mi error).

Para seguir con el símil operístico, existen verbos volubles, qual piuma al vento. Mudan de régimen e di pensier. Hay algunos que funcionan con y sin preposición. Podemos informar a alguien algo (Te informo que no volverá a pasar) o de algo (Te informo de que no volverá a pasar). No sabemos si el duque de Mantua sabía de regímenes verbales, pero bien les podía haber dedicado su famosa aria.

 

DE LA PALABRA A LA ACCIÓN

08/09/2020

Me apasionan las palabras. Su capacidad para evocar y expresar mundos me interesa y me emociona a la vez. No concibo un mundo sin palabras, sin muchas palabras, que nos ayuden a percibirlo, a reconocerlo, a investigarlo, a expresarlo, a cambiarlo. Por eso me preocupan nuestras carencias de vocabulario, especialmente las de nuestros niños. Escribió hace unas semanas en Twitter el doctor Luis Rojas Marcos, psiquiatra, investigador y especialista en sanidad pública, que «las palabras son un alimento vital para el cerebro infantil, y cuantas más, mejor. Las criaturas que crecen entre adultos parlanchines y expresivos hablan y aprenden antes. Las historias en voz alta facilitan la comprensión de conceptos y emociones y estimulan su imaginación». Rodear a los niños de palabras los ayuda a interesarse por su entorno. De la mano de las palabras amplían su mirada, o la profundizan; a más palabras, mayor amplitud, mayor profundidad en la mirada.

De ahí que la lectura sea esencial para enriquecer nuestro acervo léxico. La lectura, a cualquier edad, nos abre el campo de visión; nos pone en contacto con realidades insospechadas, con palabras insospechadas. En nosotros está reconocerlas, averiguar sobre ellas y apropiárnoslas. Cuando nuestro vocabulario crece, cuando comprendemos mejor más palabras, facilitamos también nuestra lectura, puesto que disminuyen las voces desconocidas o dudosas que siempre entorpecen la comprensión fluida de lo que leemos.

El doctor Rojas Marcos nos recuerda que nuestra relación con las palabras empieza muy temprano y que tiene mucho que ver con nuestro entorno. Hablemos con nuestros niños correctamente, hablémosles mucho y bien; y escuchémoslos mucho y bien. Construyamos con ellos un mundo de palabras; ellos se encargarán de pasar de la palabra a la acción.

 

LUGARES EN EL DICCIONARIO

15/09/2020 

Los diccionarios registran información acerca de las palabras de una lengua (o de dos, si son bilingües). Entre los sustantivos, solo registran los comunes; los propios están proscritos. Sin embargo, créanme si les digo que han encontrado un pequeño resquicio por el que colarse en el diccionario. Las locuciones, esos grupos de palabras que funcionan como si se tratara de una sola, les han abierto una pequeña puerta. Un repaso de los que se incluyen en el Diccionario del español dominicano nos servirá para conocerlos.

Entre los topónimos no importa si el lugar es lejano o cercano. Cuando alguien presenta algo muy conocido como si fuera una novedad, decimos que ha descubierto América. Si obligamos a alguien a resolver o a enfrentarse con una situación difícil, se la ponemos en China. En cambio, si es algo fácil de entender o sobradamente conocido, decimos que lo saben hasta los chinos de Bonao. Si la persona a la que nos dirigimos está distraída, decimos que está en la luna de Belén o en la luna de Valencia.

Los nombres de lugar sirven en muchas locuciones para designar productos concretos relacionándolos con su lugar de procedencia (real o ficticio). Si de lo que se trata es de darnos un masaje o de aliviar algún que otro dolor, los antiguos nos recomendarán una friega con sebo de Flandes. Si de higiene infantil se trata, nada más delicado que el jabón de Castilla. Son muy frecuentes los topónimos en las lexías que designan especies de la flora: rosa de Bánica, rosa de Bayahíbe, ébano de Santo Domingo.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

HOY NO ES VIERNES

Ando enredada con la mitología clásica; y, como siempre, con las palabras. Algunas de las nuestras –no podían ser menos como herederas del latín– tienen su origen en los nombres de ciertos personajes mitológicos y presumen de una curiosa historia que nos transporta a relatos ancestrales que forman parte de nuestra cultura.Siete días tiene la semana y cuatro de ellos les deben sus nombres a antiguos dioses. El martes (dies Martis), como hoy, segundo día de la semana, se le dedica a Marte, dios de la guerra, aquel que para los griegos era el dios olímpico Ares, hijo de Zeus y Hera. El mismo origen del adjetivo marcial, relacionado con la guerra y la milicia.

El miércoles (dies Mercuris) honraremos a Mercurio, el mensajero de los dioses; Hermes para los griegos, hijo de Zeus y Maya, ingenioso y buen orador, era venerado como dios del comercio. Calzaba unas sandalias aladas que le ayudaban a cruzar con facilidad las fronteras, incluso aquella que separa la vida de la muerte. También el elemento químico mercurio, metal y líquido, le rinde homenaje por su movilidad.

El jueves (dies Iovis), le llega el turno a Júpiter el Zeus griego, padre de los dioses olímpicos, cuyo nombre está en el origen de la palabra dios.

El viernes (dies Veneris), quinto día de la semana y el más esperado, está dedicado a la diosa romana Venus, la griega Afrodita. Diosa del amor y del erotismo, su nombre latino está en el origen del adjetivo venéreo, relacionado con el placer sexual, y con las enfermedades que se transmiten por contacto sexual; y de su nombre griego surgen el sustantivo y adjetivo afrodisíaco (o afrodisiaco), para referirse a lo que excita o estimula el apetito sexual. Hasta aquí, que hoy no es viernes y el cuerpo lo sabe.

 

EL HILO DE ARIADNA 

Guiada por el hilo de Ariadna sigo recorriendo el laberinto de las palabras con ecos mitológicos. Fue Dédalo el arquitecto más famoso por haber diseñado y construido, por orden de Minos, rey de Creta, el laberinto en cuyas encrucijadas se perdía Minotauro. A este arquitecto y a su obra alude el sustantivo dédalo con el que nos referimos a algo confuso o enredado.

Nada mal nos vendría un atlas para no perdernos en nuestro viaje por el mundo de las palabras mitológicas. Atlas, el titán castigado por el dios Zeus a cargar sobre sus hombros la bóveda celeste, le presta el nombre a este libro formado por una recopilación de mapas (los hay, incluso, de palabras). Imaginen los padecimientos del pobre titán Atlas con las cervicales; por eso la primera de estas vértebras también le rinde homenaje con su nombre. Los titanes, hijos de los dioses Gea y Urano, prestaron su nombre para designar a quien se le reconoce alguna cualidad extraordinaria; con él construimos el adjetivo titánico para describir lo que es desmesurado o excesivo; y el nombre del titanio, elemento químico metálico de gran dureza y resistencia.

Como alguna vez escribí, un recorrido por la lengua es una odisea de palabras; nos embarcamos, según la definición del DLE , en un ‘viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero’. Las peripecias nos esperan en cada recodo del camino, como aquella de descubrir que el sustantivo odisea le debe su ser a la Odisea, el poema de Homero que narra el mítico viaje de regreso de Odiseos desde las costas de Troya a su anhelado hogar, Ítaca. Nuestra odisea con las palabras conduce casi siempre al diccionario, que, como el hilo de Ariadna, nos ayuda a regresar a casa.

 

SIRENAS Y QUIMERAS

El viaje por las palabras y la mitología es largo y está plagado de aventuras. Durante la travesía nos topamos con seres extraordinarios y con sus no menos extraordinarios nombres. Roguemos para que la voluntad de Eolo, señor de los vientos, nos sea favorable y llene nuestras velas con sus impulsos eólicos. En nuestro recorrido encontraremos a los cíclopes, gigantes de un solo ojo en la frente, de fuerza descomunal, que han prestado su nombre a los adjetivos ciclópeo y ciclópico, para describir lo gigantesco o excesivo.

No nos desviarán los cantos de las sirenas, esas ninfas marinas con busto de mujer y cuerpo de ave que pierden a tantos marineros. Cómo sería esa forma de cantar que ha dado el nombre de cantos de sirena a las palabras hermosas y convincentes que encierran una gran capacidad de seducción. Un poco más prosaicas, pero igualmente audibles, son las sirenas de las ambulancias, de los carros de policía o de los camiones de bomberos, o aquellas que anuncian alguna situación de alarma o el final de la jornada laboral. En el mar encontraremos infinidad de medusas –aguamalas o aguavivas también se las llama–, cuyos tentáculos recuerdan a las serpientes venenosas que formaban la cabellera de Medusa, una de las tres gorgonas, que petrificaba a todo aquel que la miraba a los ojos.

Cuando atraquemos y nuestros pies bajen a tierra quizás tengamos la desdicha de encontrarnos con Quimera, un ser mitológico con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Nunca sabremos cuántas quimeras más nos esperan en el camino; las quimeras, imaginaciones y espejismos que aparentan ser verdaderos y que no lo son, no logran desviarnos de este camino de las palabras mitológicas que recorreremos nuevamente la próxima semana.

 

DIOSES Y HÉROES

La mitología clásica está detrás de algunos sustantivos y adjetivos que atribuyen cualidades o comportamientos relacionados con los dioses o los héroes griegos y romanos. Como en tantos aspectos de nuestra cultura, la mitología funciona como punto de referencia, aunque las más de las veces nos pase desapercibida.

El nombre del dios olímpico Dioniso es la raíz de nuestro adjetivo dionisíaco (o dionisiaco), que atribuye a quien se le aplica la naturaleza impulsiva, vitalista y gozadora de Dioniso, dios del vino y la fertilidad. Dioniso tenía a Baco como su correlato latino y, a partir de su nombre, surge el adjetivo báquico, aplicado a aquello relacionado con la ebriedad. Por el contrario, el nombre de Apolo, uno de los dioses olímpicos más poderosos, considerado el dios de la belleza, de la armonía y del equilibrio, está en el origen del adjetivo apolíneo, que se aplica a todo aquello que posee estas cualidades. Si en un hombre queremos destacar la perfección de sus rasgos o de su cuerpo diremos de él que es apolíneo, o lo consideraremos directamente un apolo; incluso, un adonis, comparándolo a la eterna belleza y juventud del dios Adonis.

En cambio, si la cosa no va de belleza sino de fuerza, lo consideraremos un hércules, acordándonos de Hércules, héroe mitológico de extraordinaria fuerza y corpulencia que presta su nombre para construir el adjetivo hercúleo, referido a una persona musculosa y muy fuerte. Cuando, en cambio, lo que destaca es el carácter enamoradizo, lo consideramos un cupido, en referencia a Cupido, dios romano del amor, hijo de la diosa Venus.

 

VIDA Y MUERTE

El hilo conductor de la mitología, como el hilo de Ariadna, nos está sirviendo para repasar un nutrido grupo de hermosas palabras de nuestra lengua que remontan su origen a personajes clásicos. Hablábamos la semana pasada de Cupido, dios romano del amor. Hoy hablaremos de su correspondiente griego, el dios Eros, que está en el origen de nuestros términos erotismo y erótico. En griego la palabra eros se refería al amor sexual, de ahí que funcione como raíz de erotismo ‘amor o placer sexuales’ y de erótico ‘relativo al amor o placer sexuales’ o ‘que excita el deseo sexual’.

Cupido era hijo de la diosa Venus, diosa del amor y la belleza, cuyo nombre usamos como sustantivo común, siempre con minúscula inicial, para referirnos a una mujer muy hermosa considerándola una venus. Su nombre también está en la raíz del adjetivo venéreo, ‘relacionado con el placer o el acto sexual’, y que usamos además para referirnos a las enfermedades de transmisión sexual.

El correlato griego de Venus era Afrodita, diosa nacida de la espuma del mar (les debo los detalles de la historia, que no pueden ser más escabrosos). Su nombre ha dado lugar al adjetivo afrodisíaco (afrodisiaco), aplicado a aquello que estimula el deseo sexual. Como sustantivo se refiere a las sustancias que tienen este efecto (o que dicen tenerlo, vaya usted a saber).

Entre los personajes mitológicos femeninos estaban las Parcas (las Moiras en Grecia), tres hermanas hilanderas que tenían en sus manos el destino de los mortales; una hermana hilaba, la otra devanaba y la última cortaba el hilo de la vida; por eso usamos la palabra parca para referirnos poéticamente a la muerte. Seguro que más de una vez han oído decir que nuestra vida pende de un hilo.

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

TORRES, CASTILLOS Y PESTILLOS

La buena lectura es un buen método, pero no el único, para aprender nuevas palabras. También es divertido y productivo dejarse atrapar por sus redes. Las palabras nunca están aisladas. Se entrelazan por su origen, por su historia, por su significado, por su función, por su gramática, por su ortografía… Tejen y entretejen relaciones que nos llevan de unas a otras. La semana pasada fuimos recorriendo las que se mueven por el tablero de ajedrez. Algunas se mantienen ahí; otras han desbordado los límites del juego para adquirir acepciones aplicadas a la vida diaria.

Ya sabemos que cada una de las casillas del damero se denomina escaque. ¿Qué hay más cotidiano que tratar de eludir nuestra participación en una tarea o en un compromiso compartido? Si nos queremos referir a ello coloquialmente, tenemos el precioso verbo escaquearseCada vez que hay que limpiar el patio se escaquea; No te escaquees y aporta en el serrucho.

Los hay que se escaquean y los hay que se enrocan. En el ajedrez hay un movimiento en el que el rey y la torre (o roque) del mismo color cambian de posición simultáneamente. Es el único movimiento en que el roque levanta los pies del suelo, y lo hace para proteger al rey; así decimos que el rey se enroca. Cuando pasamos del tablero a la vida, podemos enrocarnos en nuestra opinión sin considerar las razones divergentes, como si eligiéramos una posición defensiva detrás de la torre. Podemos encastillarnos en nuestro parecer, como si nos encerráramos en un castillo para hacernos fuertes. Podemos empestillarnos, trancarnos con nuestro punto de vista detrás de una puerta y echar el pestillo. La obstinación debe ser una actitud frecuente; no hay más que repasar las opciones preciosas que la lengua nos proporciona para referirnos a ella.

 

NATURALEZA HÍBRIDA

Cuando conocemos a alguien que está aprendiendo español, solemos compadecernos de él. ¡Ay, los verbos! Y no nos falta razón. La conjugación verbal de nuestra lengua es compleja y cuesta dominarla con maestría; incluso a los que la hablamos como lengua materna. Ni siquiera es fácil para las formas del verbo que no se conjugan, las llamadas formas no personales del verbo (el infinitivo, el gerundio y el participio) que, aunque no se conjuguen, tienen también sus periquitos a la hora de usarlas correctamente.

Centrémonos en el infinitivo. Como nos describe la Nueva gramática de la lengua española, su marca formal es la terminación en -r precedida de la vocal correspondiente a cada conjugación (-ar, primera; -er, segunda; -ir, tercera). No cambia de persona, ni de tiempo, ni de modo, ni de aspecto, ni de número, pero eso no lo simplifica.

El interés del infinitivo es que funciona, como nos dice Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, como sustantivo y como verbo a la vez. Observemos cómo funciona el infinitivo leer en esta frase: Al leer el cuento, María recordó su infancia. Su significado es el de un verbo: ‘comprender la significación de lo escrito’. Va introducido por una preposición y un artículo como los sustantivos: al leer; y, como ellos, funciona en esta frase como complemento. Como verbo tiene sujeto (María) y objeto directo (el cuento). Comparen, si no, con el verbo, este sí conjugado, de la oración principal (María recordó su infancia): sujeto, María; objeto directo, su infancia.

Una estructura paralela en las dos proposiciones nos ayuda a darnos cuenta de la naturaleza híbrida de nuestro infinitivo. El hecho de que no se conjugue no le quita ni pizca de su complejidad.

 

HASTA EL ÚLTIMO SUSPIRO

 ¿Qué significa ampliar nuestro vocabulario? La respuesta parece sencilla: aprender nuevas palabras que se sumen a las que ya conocemos. Lo que no resulta tan sencillo es comprender lo que lleva aparejado este aprendizaje. El complejo camino que tenemos que recorrer parte de reconocer los sonidos que forman la palabra (en la lengua hablada) además de su ortografía (en la lengua escrita). Pasa por la comprensión de su significado (o de sus significados, que ya sabemos que las palabras nos reservan muchas sorpresas) y por su adopción para nuestro propio uso.

Con esto no hemos llegado al final de nuestra ruta. Para aprender adecuadamente una palabra nueva hay que comprender también sus características gramaticales, que permiten que la utilicemos en nuestra expresión oral o escrita; hay que saber cuáles son las relaciones, morfosintácticas y de significado, que establece con otras palabras. Por si esto fuera poco, como con las personas, hay que conocer sus valores; en el caso de nuestras amigas las palabras, sus valores connotativos y sociales (si son vulgares, despectivas, jergales, formales, locales, urbanas…). Estos valores, que condicionan su uso tanto o más que su propio significado, no se los asignan los diccionarios. Los usuarios las tiñen con ellos; los diccionarios los registran para ayudarnos a usarlas (o a descartarlas) correctamente. Añadir una nueva palabra en nuestras árganas léxicas significa que la reconocemos, la adoptamos y sabemos usarla en los contextos lingüísticos y sociales correctos en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Nuestra relación intuitiva y espontánea con el español, nuestra lengua materna, debe completarse y profundizarse en nuestra etapa escolar (¡tan importante!) con una relación analítica. Sin embargo, no olvidemos, que el camino no se acaba en la escuela. Nuestro recorrido sigue; no en vano nuestra lengua nos acompaña hasta el último suspiro.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

26/05/2020

HE AQUÍ EL VERBO «HABER»

 

Hace unos días nuestra diaria «AM» se titulaba «Abrir o no abrir; he ahí la cuestión». Algunos lectores me han consultado sobre ese uso concreto del verbo haber. Empecemos por recordar que el verbo haber tiene como misión principal la de ser el verbo auxiliar para conjugar los tiempos compuestos de los demás verbos. ¿Cómo funciona? A la forma conjugada de haber se le suma el participio del verbo principal. Si queremos formar el futuro compuesto de cantar, conjugamos haber en futuro y le añadimos el participio de cantarhabrá cantado. Además de esta función de apoyo, también puede conjugarse como verbo impersonal, con las acepciones de ‘existir’ (Hay dudas ortográficas fáciles de aclarar) o de ‘ser necesario o conveniente’ (Hay que leer más). Existe además un uso no impersonal de haber con el sentido de ‘tener, poseer, apoderarse’ que entra en juego en la expresión que provoca las dudas de los lectores.

Esta frase tiene su origen en una de las más célebres de la literatura universal; aquella con la que Hamlet abre su monólogo en la tragedia de William Shakespeare: «Ser o no ser; he ahí el dilema (o la cuestión)». El verbo haber aquí está conjugado en segunda persona singular del imperativo. Es como si el indeciso príncipe de Dinamarca nos dijera desde el escenario: «Ten aquí el dilema» o «Aquí tienes el dilema».

Cuando lo usamos como verbo auxiliar haber no nos aporta significado; su tarea es la de mostrarnos la conjugación del verbo principal. Sin embargo, no olvidemos que, en ocasiones, puede funcionar como verbo principal y que, como cualquier otro, tiene sus significados propios. Además es un verbo muy productivo a la hora de formar locuciones curiosas que bien merecen que las recordemos. He aquí mi compromiso para la próxima semana.

 

2/06/2020

NO HAY DE QUÉ

En nuestra lengua los verbos auxiliares tienen una misión muy importante. El verbo haber se faja con los tiempos compuestos y eso provoca que sea uno de los más usados. No es su única tarea. Hoy nos proponemos prestarles atención a algunas locuciones curiosas y verlo actuar como protagonista. Para empezar, recordemos que las locuciones son combinaciones de palabras que funcionan como si de una sola se tratara; tanto su forma como su significado quedan fijados por el uso.

Nuestro objetivo es conocer lo habido y por haber sobre este verbo tan particular. He aquí la primera locución, lo habido y por haber, que utilizamos cuando nos queremos referir a la totalidad de algo, lo real y lo imaginado, lo posible y lo probable. Para lograr este objetivo tendremos que habérnoslas con el diccionario; es decir, tendremos que enfrentarnos con él y exprimirle toda su información sobre el verbo haber y sus locuciones. Muchos opinan que es difícil aprovechar al máximo las posibilidades del diccionario, pero no hay tal (no es cierto, esta afirmación carece de fundamento). No hay más que ver que con un poco de paciencia y práctica puede convertirse en nuestro mejor aliado. No hay de qué quejarse. Basta con dedicarle tiempo, leer sus instrucciones y consultarlo con frecuencia. Por supuesto, debemos saber elegir un buen diccionario; algunos no hay por dónde agarrarlos.

Si logramos que la consulta atenta del diccionario se convierta en una práctica cotidiana que acompañe nuestra lectura y nuestra escritura, nuestro uso de la lengua mejorará sin duda. No hay más que pedir. Hoy nos ha ayudado a repasar las locuciones protagonizadas por el verbo haber. Solo nos queda darle las gracias; y él nos responderá: «No hay de qué».

9/06/2020

 

AL RITMO DE LA VIDA

Durante esta primavera el Diccionario de la lengua española de la Real Academia ha logrado un récord absoluto de consultas. La versión en línea, fácil y gratuita, ha registrado cien millones de consultas durante abril. Dice la RAE que este número representa un incremento de más de un 30 % en relación con meses anteriores, cuando todavía no imaginábamos lo que significaba estar confinados; nada menos que cuarenta millones de consultas más que en febrero. Parece que la cuarentena nos ha acercado al diccionario y los lexicógrafos tienen que responder a esta demanda. Ya no hay que esperar años para que una nueva edición le coja el paso a la lengua. Las actualizaciones en las ediciones digitales van, casi, al ritmo de la vida. Como cada jueves, se celebra en la sede madrileña de la Real Academia Española el pleno en el que se repasan las palabras y acepciones que van a entrar, o no, en el diccionario, con asistencia de académicos españoles y americanos. Así se viene haciendo desde 1713; y la crisis sanitaria no lo ha impedido. Desde hace semanas el pleno se celebra de forma virtual; incluso el tradicional del 23 de abril, en homenaje a Miguel de Cervantes, y el que cada año presiden los reyes de España. El método de trabajo se adapta, pero la tarea no se detiene.

De eso sí que sabemos los lexicógrafos. Las palabras de la pandemia piden paso. Hay que revisar las acepciones y las definiciones de las que ya están en el DLE (confinar, mascarilla, morgue); hay que analizar la posible incorporación de otras que no están y, desgraciadamente, se nos han hecho muy necesarias (coronavirus, cuarentenear, desescalada, desconfinamiento); y otras que ya utilizábamos, pero que ahora nos resultan imprescindibles (videollamada, videoconferencia). Ojalá que el neologismo covidianidad sea solo un ave de paso y nunca anide en nuestro diccionario.

16/6/2020

 

AJEDREZ Y PALABRAS

Ostento entre mis lectores a algún que otro ajedrecista. No sé si lo dará el juego del ajedrez, pero suelen hacer gala de propiedad en el hablar. Más de una vez me han replicado que no se dice ficha sino pieza. Les demostraré de lo que hablo. Si nos atenemos a lo que dice el Diccionario de la lengua española, la ficha es ‘generalmente plana y delgada’ mientras que la pieza es una ‘figura’. Si la propiedad en el hablar busca utilizar cada palabra con su sentido peculiar y exacto, bien vale el ejemplo. El paseo por el diccionario me reservaba, como siempre, alguna que otra sorpresa, como la de descubrir que las piezas del ajedrez pueden llamarse también trebejos, como cualquier humilde herramienta.

Al léxico particular de este juego le debemos un puñado de palabras hermosas. La superficie del damero o tablero está compuesta por sesenta y cuatro casillas que alternan el blanco y el negro. Cada una se denomina escaque, palabra que llegó al español a través del árabe y a este a través del pelvi, un dialecto persa. Entre las piezas, las más numerosas son los peones, palabra que en latín vulgar significaba ‘soldado de a pie’. Ocho peones negros y ocho blancos hay sobre un tablero. Entre las grandes está la torre, que siempre camina en línea recta y bien apegada al tablero, como le corresponde por su naturaleza; puede denominarse también con la palabra roque, préstamo que siguió la misma ruta lingüística desde el persa, donde significaba ‘carro de guerra’. Mi preferida siempre será la sonora alfil, ligera y sutil con su paso diagonal, pero poderosa, no en vano en pelvi, su lengua de origen, denominaba al elefante. Otras palabras del ajedrez han saltado del tablero a la vida cotidiana. Les propongo conocerlas la próxima semana.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

SEA SEXI

27/4/2020

 En las cosas de la lengua siempre encontramos algo que aprender. Cuando no es vocabulario, es gramática; cuando no, ortografía. Hoy vamos con la ortografía del sonido de la vocal i, que puede representarse en español con dos letras: i (a la que debemos llamar i, y a veces llamamos i latina o i con puntito) y ye (a la que a veces llamamos y griega). El uso de la ye para representar el sonido /i/ está regulado por la ortografía, y nada mejor para aprenderlo que la Ortografía de la lengua española de las academias de la lengua.

Se escribe con esta letra la conjunción copulativa y: mansos y cimarrones. Recuerden que cuando la palabra que la sigue empieza a su vez por el sonido /i/ esta conjunción cambia a e: aguja e hilo.

Si encontramos el sonido /i/ al final de una palabra como parte de un diptongo o triptongo, su escritura con i o ye depende del acento. Si el sonido /i/ es átono lo representamos con la letra ye: ay, carey, batey. Las excepciones vienen de la mano de préstamos como bonsái o samurái. En cambio, si el sonido /i/ es tónico, usamos la letra i para representarlo gráficamente: sonreícaí. La única excepción la encontramos en el adverbio muy, escrito siempre con ye, aunque muchos hispanohablantes hagan tónica su /i/.

Como los préstamos que adoptamos de otras lenguas son muy frecuentes, conviene recordar que la normas de la ortografía del español rechazan el uso de la ye final cuando lleva delante una consonante. Si queremos adaptar correctamente estos préstamos a nuestra lengua debemos transformar la ye en i. Sea sexi, escriba correctamente.

 

COMO ACABADA DE ESCRIBIR

05/05/2020

Organizando mis libros me he topado con una obrita pequeña, solo de tamaño, que la Real Academia Española nos regaló a los académicos en el Congreso de Asociación de Academias de la Lengua Española que se celebró en 2019 en Sevilla, días intensos de trabajo y confraternidad que nos parecen hoy lejanos.

El libro es una edición facsimilar del ejemplar de la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos que Andrés Bello envió en 1847 a la Real Academia Española; una reproducción exacta, lo más cercano a tener entre las manos el libro original del humanista venezolano, del que tenemos tanto que aprender.

Sobre préstamos y cultismos Bello apunta: «La introducción de vocablos flamantes, tomados de las lenguas antiguas y extranjeras, ha dejado ya de ofendernos, cuando no es manifiestamente innecesaria, o cuando no descubre la afectación y mal gusto de los que piensan engalanar así lo que escriben». No condena todos los préstamos («el adelantamiento prodigioso de todas las artes, el progreso de la cultura intelectual y las revoluciones políticas, piden cada día nuevos signos para expresar ideas nuevas»); solo aquellos innecesarios o fruto del mal gusto de los que se creen especiales por incluir muchas palabras extranjeras en lo que hablan o escriben.

Hay en Bello un profundo respeto por la lengua española y por su conocimiento («Para mí la sola irrecusable en lo tocante a una lengua es la lengua misma»); su gramática está destinada a la enseñanza de la lengua española en la América hispana: «Mi ambición quedará satisfecha con que contribuya a la mejora de un ramo de enseñanza, que no es ciertamente el más lúcido, pero es uno de los más necesarios». Como si la acabara de escribir para nosotros.

 

ENFERMEDAD Y ORTOGRAFÍA

12/05/2020

Si algo ha conseguido la pandemia es enfrentarnos, a pesar de nuestra dureza y resistencia, con la realidad de nuestra fragilidad. La enfermedad y sus consecuencias, el temor que nos produce y cómo prevenirla o combatirla roban el protagonismo de nuestras conversaciones y, con ella, las palabras que sirven para nombrarla.

La denominación de la COVID-19, establecida por la Organización Mundial de la Salud, puede enseñarnos muchas cosas. Analicémosla paso a paso. Para empezar su escritura en mayúsculas responde a su condición de acrónimo, un tipo particular de sigla que, por su forma, permite que la pronunciemos como una palabra. En el caso de COVID-19 estamos ante el acrónimo del inglés «coronavirus desease», «enfermedad del coronavirus». El guion nos ayuda a combinar cifras y letras en la misma palabra.

Como el nombre de esta enfermedad se ha hecho desgraciadamente omnipresente, el acrónimo ha llegado a lexicalizarse y a usarse como un sustantivo común. Olvidamos entonces las mayúsculas y aplicamos las reglas de los sustantivos comunes: La covid-19 ha trasformado nuestra cotidianeidad.

El género de las siglas y acrónimos viene determinado por el género de su palabra núcleo. Hablamos de la RAE (academia como núcleo), de la OMS (organización como núcleo) y de la COVID-19 (enfermedad, desease en inglés, como núcleo). El hecho evidente de que en el caso del COVID-19 se esté imponiendo el género masculino no puede considerarse un error; responde a una duda comprensible entre los hablantes puesto que partimos de una sigla en inglés en su origen.

Si nos centramos en el futuro debemos empezar a pensar en nuestra vida en la etapa poscovid o pos-COVID. Y consideremos que si, como parece, el nombre de esta enfermedad va a establecerse en la preferencia de los hablantes como palabra llana, debemos ir poniéndole la tilde al cóvid.

 

UN PARÉNTESIS PRODUCTIVO

19/05/2020

Esta etapa extraordinaria que nos ha traído 2020 puede muy bien considerarse como un paréntesis en ciertos aspectos. Hemos interrumpido o puesto en suspenso algunas de nuestras actividades cotidianas, y así debe ser. Pero los paréntesis son además un signo ortográfico doble muy útil para introducir en nuestro texto una aclaración o una información adicional. Como casi todo en la escritura, su uso se rige por ciertas normas. Empieza con minúscula el texto que enmarcan (recuerden que suele ser una información complementaria, muchas veces esencial para la comprensión del mensaje) que, incluso, puede tener puntuación propia e independiente de la frase en la que se inserta.

Los paréntesis están pensados para incluir incisos en el hilo principal del discurso (incisos independientes que pueden matizarlo, ampliarlo o corregirlo). Las comas también nos sirven para esto, como ya saben; elegir comas o paréntesis para delimitar nuestros incisos depende del grado de aislamiento o vinculación que le queremos asignar a la información que aportan.

Cuando nuestro inciso es extenso y tiene su puntuación propia es muy aconsejable el uso de los paréntesis para facilitar la comprensión de la frase (siempre comprendemos mejor lo que está bien estructurado y, como ya habrán comprobado, los signos de puntuación son imprescindibles para organizar el texto).

Los paréntesis nos son muy útiles también para precisar datos concretos, como nos explica la RAE (Real Academia Española) en su última Ortografía académica (2010). Como los paréntesis, nuestro confinamiento puede llenarse de contenido (¿por qué no refrescar la ortografía?) para que, cuando volvamos la vista atrás (y lo haremos, no me cabe duda), podamos comprobar que no hemos perdido el tiempo.

 

Temas idiomáticos

YO ME QUEDO EN CASA

31/03/2020

 

Las palabras me rondan y les sigo la pista. En tiempos de pandemia le echo un vistazo a la pequeña partícula pan-, un elemento compositivo de origen griego que significa ‘totalidad’, como nos recuerda el Diccionario de la lengua española. Nada más panhispánico que la lengua española. Con las mismas herramientas léxicas (pan- + sustantivo/adjetivo) se forma toda una familia de palabras: panamericano, panafricanismo, pangermánico, paneslavo.

La sorpresa está garantizada cuando de profundizar en las palabras se trata. Miren lo que he encontrado en el DLE sobre la etimología de la humilde panorama, un préstamo procedente del inglés. El pintor irlandés de finales del siglo XVIII Robert Barker realizó con enorme éxito una serie de pinturas circulares de grandes dimensiones que producían la ilusión óptica de ver la imagen en 360 grados. A estas pinturas las denominó «panoramas», a partir de los griegos pan- ‘totalidad’ y hórama ‘vista’.

También tiene origen griego una curiosa pareja de sustantivos. Para aludir a un sistema filosófico que identifica a Dios con el universo disponemos del término panteísmo (nuevamente de pan- y el griego theós ‘dios’); para referirnos a un lugar en el que hay ruido y confusión tenemos la voz pandemonio, o su variante pandemónium, (otra vez pan- y daimónion ‘demonio’), que denominaba la ‘capital imaginaria del reino infernal’.

 

UN SIGNO RESBALOSO

07/04/2020

 

Nos hemos propuesto hacernos maestros del resbaloso punto y coma. Su uso no es una cuestión de todo o nada, sino de grado. Refleja un grado mayor de independencia sintáctica entre dos elementos que la coma y un grado menor que el punto. Dónde esté el límite de esa gradación depende del sentido que queramos dar a nuestras palabras.

El Diccionario panhispánico de dudas registra para este signo de puntuación tres usos esenciales; dos de ellos los analizaremos hoy y el tercero quedará para la próxima Eñe. El primer uso tiene una razón eminentemente práctica de claridad en la organización de lo escrito. Sabemos que la coma separa los elementos de las enumeraciones: Podemos elegir entre café, té, jugo y agua. Si cada uno de los elementos enumerados contiene ya una coma, debemos optar por el punto y coma para separarlos: Podemos elegir entre café, té o agua; jugos de piña, guayaba o limón; refrescos variados, con y sin azúcar. Prueben a sustituir el punto y coma por la coma y se darán cuenta del galimatías. Cuando elegimos conjunciones adversativas (pero, mas), concesivas (aunque, sin embargo) o consecutivas (por tanto, por consiguiente) para encabezar un enunciado largo, debemos preferir el punto y coma a la coma. De nuevo recurrimos al ejemplo. Si decimos Llegué a tiempo, aunque por los pelos, optamos por la coma debido a la brevedad de la oración encabezada por la conjunción aunque. Sin embargo, si esta oración fuera más larga, deberíamos echar mano del punto y coma: Llegué a tiempo; aunque no se imagina las dificultades que tuve para encontrar parqueo después de pasarme más de una hora en el tapón habitual. Ya tienen aquí dos contextos para el uso del punto y coma para que vayan practicando. Y recuerden, sutileza y elegancia. ¿Quién se atreve a menospreciarlas cuando de escribir se trata?

 

UN SIGNO CON CARÁCTER

14/7/2020

 

El punto señala en la escritura la separación entre dos oraciones sintácticamente independientes; el punto y coma también. ¿Cuál es la diferencia entonces y cuándo elegir uno u otro? Nos decantaremos por el punto y coma cuando consideremos que entre las dos oraciones, aun con su independencia sintáctica, existe una relación de significado muy próxima y queramos remarcarla. Vayamos al ejemplo: Se ha emitido una alerta de huracán. Debemos mantenernos atentos a los boletines de las autoridades. Si en este enunciado sustituimos el punto que separa las dos oraciones por un punto y coma, decimos lo mismo, pero agregamos el matiz de que consideramos que la emisión de una alerta debe estar íntimamente relacionada con la atención a los boletines informativos.

Es, por tanto, el punto y coma, como nos dice la Ortografía académica, un «indicador de relaciones semánticas […] en función de la subjetividad de quien escribe». Seguro que les servirá de ayuda el ejemplo que aporta la obra académica del argentino Kociancich: «Si le cuento lo de la pesadilla en la terraza, no me creerá; si me cree, me tomará por loco; si no le cuento, por estúpido». Los tres enunciados establecen entre sí una relación mucho más cercana que si se hubiera elegido el punto.

Dirán los más que es una cuestión de matiz; y un matiz no es más que, como lo define el Diccionario de la lengua española, «un rasgo poco perceptible», pero recuerden que a esta afirmación se añade aquella de que «da a algo un carácter determinado». Es decir, aunque el matiz que aportemos pueda ser poco perceptible para la mayoría, siempre aportará un carácter especial a lo que escribimos.

 

UN PARÉNTESIS

21/04/2020

 

Seguimos en cuarentena. Un paréntesis vital, que no ortográfico, que todos deseamos que se cierre, más pronto que tarde, con un punto y seguido lo menos doloroso posible. Las circunstancias nos obligan a desempolvar algunas palabras.

El sustantivo cuarentena parte de un numeral (cuarenta) para expresar un período de tiempo, como sucede con quincena o treintena. El Diccionario de la lengua española lo define como ‘Tiempo de 40 días, meses o años’. A partir de aquí la palabra cuarentena adquiere su personalidad propia: ‘Aislamiento preventivo a que se somete durante un periodo de tiempo, por razones sanitarias, a personas o animales’.

Hemos rescatado también aislamiento y confinamiento, que usamos hoy casi como sinónimos para referirnos a eso que hemos llamado «Quédate en casa». El aislamiento, que en su raíz lleva la voz isla, tiene que ver con apartarnos del trato con los demás, del trato físico se entiende; el confinamiento, que suena mucho más serio, con recluirnos dentro de unos límites determinados, los de nuestra casa

.El diccionario suele ser termómetro de lo que nos interesa y las consultas que le hacemos demuestran más que nada lo que nos importa hoy. En diciembre de 2019 se consultó en el DLE la palabra cuarentena unas 300 veces; en febrero de este año las consultas pasaron a ser 4381; en marzo el termómetro lexicográfico se disparó a 47 579 consultas. La consulta de aislamiento pasó de 342 en febrero a 2260 en marzo; y confinamiento pasó de 567 consultas en febrero a 25 229 en marzo.

Y así nos pilla mayo, consultando el diccionario y preguntándonos cuál será la duración de esta particular cuarentena y del aislamiento y el confinamiento que trae con ella. Mientras tanto, cuídense, apoyen a los que están dando la cara por nosotros y llenen este paréntesis de contenido.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

UN SÍNTOMA MÁS

10/03/2020

El director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, ha visitado esta semana la Academia Dominicana de la Lengua, en su condición de director de la RAE, pero, fundamentalmente, de presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, a la que pertenecemos como una de las veintitrés que trabajan en el mundo.

Como siempre que nos encontramos los académicos, hemos hablado largo y tendido; de lo que hemos hecho, y, sobre todo, de lo que estamos haciendo y de lo que vamos a hacer. Santiago Muñoz nos ha presentado el extraordinario Diccionario panhispánico del español jurídico, en el que hemos participado y en el que vamos a seguir participando para que el uso dominicano del español jurídico esté correctamente registrado en sus páginas. Hemos hablado del Nuevo diccionario histórico de la lengua española, de las nuevas ediciones del Diccionario de la lengua española o del Diccionario panhispánico de dudas; también de la revisión para una nueva edición de nuestro Diccionario del español dominicano; o de nuevos proyectos, como el Tesoro léxico del español dominicano.

Lamentablemente en nuestras sesiones académicas ha sobrevolado, como siempre lo hace en nuestros proyectos, la ausencia de apoyo institucional al trabajo ad honorem que realiza la Academia Dominicana de la Lengua por el conocimiento y la valoración del buen uso de nuestra lengua. Y no hablo siquiera del apoyo económico, que no existe, sino del más fácil de brindar, aquel que se demuestra con la presencia o con las palabras de buena voluntad. La visita histórica de un director de la Real Academia Española, que, por cierto, ha sido fraternal, fructífera y exitosa desde el punto de vista académico, se ha saldado con la ausencia de las autoridades nacionales de educación o de cultura, un síntoma innegable de cuáles son nuestras prioridades como nación.

 

TILDES Y YES

17/03/2020

En cuestiones ortográficas nunca terminamos de aprender. Una seguidora me consulta en Twitter sobre el uso de las tildes en las palabras que terminan en ye. Ya saben que para determinar el uso o no de la tilde en las palabras de más de una sílaba es esencial buscar la sílaba tónica y saber en qué posición está: aquello de palabras agudas, llanas o esdrújulas.

Saber si una palabra terminada en ye lleva tilde depende también de su sílaba tónica y de la posición de esta. Si la sílaba tónica es la sílaba final de la palabra, es decir, si estamos ante una palabra aguda que termina en y, no debemos poner la tilde. Para encontrar ejemplos nos basta un precioso repaso por muchas palabras antillanas: batey, maguey, abey, caney, carey, catey, quibey o jagüey. No debemos olvidar nuestro bello topónimo Higüey, también palabra aguda terminada en ye y, por lo tanto, escrita sin tilde. Pero no solo hay ejemplos de origen antillano; también de origen francés, como convoy o bocoy, del portugués, como balay, o patrimoniales como virreyguirigay o el eufemismo caray, (por no decir carajo). Hay pocos ejemplos de palabras llanas, aquellas cuya sílaba tónica es la penúltima, que terminan en ye, en su mayoría anglicismos adaptados a nuestras normas ortográficas; todos deben llevar su tilde: yóqueyyérsey. Las esdrújulas y las monosílabas nos simplifican la vida; las primeras llevan siempre tilde; las segundas, nunca: ley, grey, rey.Hoy hemos aprendido sobre tildes, pero, si desconocen el significado de alguna de estas palabras de nuestra lengua, no desaprovechen la oportunidad de aprender vocabulario y rellenar sus árganas léxicas consultando un buen diccionario.

 

UN SIGNO SUTIL Y ELEGANTE

24/03/2020

Aunque tras un febrero dedicado a las palabras de nuestro himno cabría poner un punto final, la Eñe de hoy tiene como protagonista al punto y coma, cuyo uso correcto requiere una especial destreza. Manuel Seco, en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, nos explica que los signos de puntuación tienen la misión, entre otras, de precisar el sentido de lo que escribimos; nada más necesario para que los que nos lean entiendan adecuadamente lo que queremos decir y no otra cosa.

Me siento solidaria con el punto y coma; me gusta su personalidad dual. Me gusta que nos haga dudar cuando vamos a utilizarlo. A veces podemos elegir una humilde coma; otras, optar por el punto; incluso, recurrir a los dos puntos. De esta condición surgen las dificultades a la hora de usarlo en nuestros escritos; su aparición siempre está muy sujeta a la subjetividad del que escribe, y ya sabemos que, cuando la opcionalidad entra en juego, comienzan las dudas.

Nada de opcional o subjetivo tienen las normas ortográficas que rigen la forma correcta de escribirlo en un texto. Podemos empezar por conocerlas. El punto y coma siempre se escribe pegado de la palabra o del signo al que sigue y separado por un espacio de la palabra o del signo que lo siga a él. La palabra que se escribe inmediatamente a continuación del punto y coma se escribe siempre con la letra inicial en minúscula.

Muchos hablantes, inseguros sobre cómo utilizarlo, renuncian a él; pero el punto y coma bien usado es sutil, elegante y muy significativo. ¿Dispuestos a saber más sobre los usos del punto y coma?

Temas idiomáticos

PALABRAS PARA UN HIMNO I

04 /02/ 2020

En febrero de 2018 le dediqué una Eñe al análisis de la métrica de la letra del himno nacional dominicano. Gustó mucho a los lectores acercarse al himno desde el punto de vista literario. Este febrero les propongo leer sus estrofas poniendo especial atención en sus palabras, desde el vocativo inicial al eco libertario final.

El hermoso gentilicio quisqueyanos parece tener origen indígena. Que no aparezca en el Diccionario de la lengua española no quiere decir que no exista, como muchos creen. La primera estrofa anima a los quisqueyanos a cantar y a mostrar (ostentar) a la cara del mundo la bandera dominicana. El vocablo faz es un cultismo latino para referirse al rostro («del mundo a la faz»). La palabra pendón, de origen francés, se utiliza como sinónimo de bandera, a la que se califica de «gloriosa» y de «invicta», un adjetivo que se refiere a su condición victoriosa.

La segunda estrofa comienza con la interjección poética salve, utilizada para saludar. Su origen es el latín, donde significaba ‘ten salud’. Ya ven, nuestros saludos y este salve tienen en su germen un deseo de salud. Se saluda al pueblo dominicano, al que se describe como «fuerte» e «intrépido», ‘que no teme a los peligros’. El adjetivo bélico es el sinónimo de origen latino del adjetivo guerrero, de origen germánico.

 

PALABRAS PARA UN HIMNO II

11/02/2020

 ¡Oh, lectores, que se han animado a releer el himno dominicano con ojos de lingüistas!, si la pasada semana desgranamos las tres primeras estrofas, aquí están las tres siguientes. Empezamos con una reflexión ortográfica. Recuerden que la conjunción adversativa mas (‘pero’), cada día menos usada y relegada al lenguaje escrito, es un monosílabo átono y se escribe sin tilde, en contraposición a más, adverbio de cantidad, monosílabo tónico.

Los dos primeros versos suman tres adjetivos calificativos con los tonos combativos propios del momento histórico: Quisqueya es «indómita» ‘que no se puede o no se deja domar’, y «brava» ‘valiente’, de frente «altiva» ‘orgullosa, soberbia’. El contraste entre esclavitud y libertad se prolonga hacia el porvenir gracias al contraste entre dos formas verbales que expresan el futuro de muy distinto modo: el futuro simple de subjuntivo, casi desaparecido de nuestra lengua («si fuere mil veces esclava») y el futuro simple de indicativo («otras tantas ser libre sabrá»). Aquí tienen los docentes un bello ejemplo histórico para enseñar las diferencias entre indicativo y subjuntivo.

Si la cuarta estrofa la protagonizan los adjetivos y los tiempos verbales, la quinta es de los sustantivos. El desdén (‘indiferencia y despego que denotan menosprecio’) que han provocado el dolo (‘engaño, fraude, simulación) y el ardid (‘artificio, medio empleado hábil y mañosamente para el logro de algún intento’) se convierte en gloria en los campos, en alusión a los campos de batalla.

 

 

PALABRAS PARA UN HIMNO III

18/02/2020

 El himno dominicano, doce estrofas construidas con palabras, nos sirve este mes de febrero como excusa para aprender un poco sobre el léxico de nuestra lengua. Recuerden que los diccionarios se convierten en nuestros mejores aliados, a veces los únicos, para bucear en los significados de las palabras. Y hay que saber hacerlo. Si consultamos empañar en el Diccionario de la lengua española, tenemos que leer hasta la quinta acepción para encontrar el matiz de significado que puede aplicarse a este contexto: «oscurecer o manchar el honor o la fama, amenguar el mérito o gloria de una persona o de una acción». Cuando buscamos inconsulto y encontramos que es un adjetivo desusado en la actualidad, comprendemos por qué los diccionarios deben registrar las palabras que van perdiendo actualidad en la lengua. Si buscamos el sustantivo caudillo aprendemos que tiene su origen en el diminutivo latino capitellum y en una imagen que está también en el diminutivo español cabecilla. El «incendio» de la guerra deja al soberbio león castellano «atónito», ‘pasmado, espantado’.

Algunas palabras significan una cosa particular si forman parte de la terminología de una determinada disciplina. Así sucede con el adjetivo cruzado. Cuando se emplea en heráldica se refiere a una bandera o a un escudo que lleva una cruz sobrepuesta. Y esta acepción con la que lo leemos en nuestro himno es solo una de las diez que descubrimos en su entrada en el DLE.

El segundo verso de la novena estrofa concluye con la preciosa locución advebial de hoy más ‘de hoy en adelante, desde este día’. Navegar por las páginas del diccionario nos guarda estas pequeñas joyas que nuestra lengua atesora y que tenemos el placer de descubrir cuando la tratamos con respeto y la usamos con pasión.

 

PALABRAS PARA UN HIMNO IV

25/02/2020

 Se va terminando este febrero en el que nos hemos propuesto releer las palabras de nuestro himno, y todavía nos reservan muchas cosas interesantes: adverbios relativos, conjugaciones verbales, tildes diacríticas y figuras retóricas.

Empecemos por el adverbio relativo do (‘donde’), una contracción de la preposición de y del adverbio desusado o. Ya solo lo encontramos en antiguos poemas, y hoy lo hemos redescubierto en nuestro himno. Sigamos con el reto de la difícil conjugación del verbo erguir; basta recordar que la forma que encontramos en el himno (yergue) puede también conjugarse como irgue. ¿Dudas? Acuda al Diccionario de la lengua española y le echará una mano con su conjugación, con esta y con la de cualquier verbo. Dos veces se repite el adverbio de tiempo aún (‘todavía’), con tilde diacrítica, gracias a su condición de monosílabo tónico, para diferenciarlo de aun (‘incluso’), monosílabo átono.

La anáfora, recurso expresivo retórico, se convierte en el hilo conductor que nos lleva de la mano hasta el eco final del himno: la hermosa palabra libertad, repetida cinco veces en las dos últimas estrofas. Doce acepciones tiene su entrada en el DLE, entre las que prefiero la primera (‘facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos’) y la quinta, por aquello de ‘derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas’.

 

POPIS Y WAWAWÁS

03/03/2020

El eco de lo que está sucediendo en nuestras calles llega a las páginas de los diarios y a los debates en las redes sociales. Con el eco de la calle y de la juventud llegan nuevas palabras: popiwawawá, o su compuesto popiwá. Recuerden que la ortografía se les aplica a los recién llegados como a los que ya estaban aquí: no olvidemos colocar las tildes en su sitio.

¿Existen? Las nuevas generaciones las usan; existen, sin ninguna duda. Que estas palabras entren o no en los diccionarios dependerá de si arraigan en el gusto de los hablantes o son voces pasajeras. Si finalmente estos sustantivos/adjetivos llegan para quedarse en nuestra lengua, serán bienvenidos. Tengan por seguro que los lexicógrafos las estaremos observando, documentando, analizando, como hacemos con todas las palabras de nuestra lengua, que no son pocas, y que demuestran día a día su vitalidad.

Como casi todas las palabras, nacen ya con matices de uso, con connotaciones particulares, o se van tiñendo con ellos a medida que las hacemos nuestras. Mientras algunos grupos las usan despectivamente, otros se reconocen en ellas y se enorgullecen de ser contados entre los popis o los wawawás. Que los protagonistas, felizmente, sean los jóvenes es motivo de ilusión y debemos asumirlo como una lección de compromiso para los que ya no lo somos tanto. Ustedes son los dueños de la lengua, los depositarios de siglos de tradición, historia y cultura; los dueños del futuro. En ustedes tenemos puesta nuestra esperanza.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

DON QUIJOTE, CELESTINA Y DON JUAN TENORIO

 La obra literaria tiene vocación de  perpetuidad, o a eso se aspira, al menos. Las que cuentan hechos y enfocan conflictos sociales se valen de personajes, los cuales son como las personas, pero con los rasgos más acentuados. Tarea  importante para autores de obras narrativas (novela, cuento…) y obras dramáticas (drama, comedia, tragedia…) es la caracterización de los personajes.

Tres obras de la literatura española han creado personajes  que conviven en el mundo como si fuesen personas. De sus nombres se han derivado  verbos, adjetivos y otros sustantivos que han engrosado el acervo de nuestra lengua.

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes;  La Celestina o la Tragicomedia de Calisto y Melibea, de  Fernando de Rojas, y El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, son las obras a las que me refiero.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, novela, se publicó en los inicios del siglo XVII (1605 y 1615). Tiene decenas de personajes, los principales de los cuales son Don Quijote y Sancho Panza. Veamos las palabras derivadas del nombre del protagonista, de acuerdo al Diccionario académico:

El sustantivo /quijote/: 1. m. Hombre que, como el héroe cervantino, antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas.  2. m. Hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino.

Otros sustantivos /quijotada/ f. Acción propia de un  quijote. /Quijotería/: 1. f. Modo de proceder de un quijote.

El adjetivo /quijotesco/ y su forma femenina tiene estas acepciones: 1. adj. Perteneciente o relativo a don Quijote de la Mancha.2. adj. Propia de don Quijote de la Mancha o de un quijote.3. adj. Semejante a don Quijote de la Mancha, por sus acciones o por su aspecto

La mujer que posee las cualidades morales de un quijote  es denominada       /quijotesa/.

Los adjetivos aceptan convertirse en adverbios si se les agrega la terminación –mente, así nace el adverbio de modo /quijotescamente/: adv. Con quijotismo. Otro adjetivo es /quijotil/: Perteneciente o relativo al quijote.

¿Pero qué es quijotismo? (De quijote +-ismo): 1. m. Exageración en los sentimientos caballerosos. 2. m. Engreimiento, orgullo.

El escudero de don Quijote también ha generado palabras. El Diccionario registra /sanchopancesco, ca/: 1. adj. Propio de Sancho Panza, escudero de don Quijote. 2. adj. Falto de idealidad, acomodaticio y socarrón.

 

Celestina

Esta obra dramática, compuesta,  en el XV, apareció inicialmente como La comedia  de Calisto y Melibea. En ediciones sucesivas, predominó el personaje Celestina, una alcahueta cuyo rol en la trama es notorio. Veamos las palabras que ha incorporado el Diccionario a partir de esta obra.

El sustantivo común  /celestina/: Por alusión  a Celestina, personaje de la Tragicomedia de Calisto y Melibea. 1. f. alcahueta (‖ mujer que concierta una relación amorosa).2. f. irón. Persona que facilita o promueve de manera encubierta contactos con fines políticos, comerciales o de otro tipo.

Y claro, el sustantivo /celestinaje/  nombra la acción de celestinear. Por igual /celestinazgo/ se refiere a la acción de celestinear.

Celestinear. Significa ejercer o practicar la función propia de una celestina.

También se tiene el adjetivo /celestinesco/ y su forma femenina con la significación de perteneciente o relativo al personaje de la Celestina o a una celestina. 2. adj. Propio de una celestina.

 

El burlador de Sevilla

El burlador de Sevilla  recoge  la historia de don Juan Tenorio,  el personaje más universal del teatro español. Data de 1630. Esta obra de Triso de Molina tiene como personaje principal a un sujeto mujeriego y  burlador de las mujeres.

El nombre del personaje de Tirso de Molina ha generado cinco palabras a nuestro idioma. Veamos: /donjuán/ (sustantivo) incorporada al Diccionario con el significado de   “1. Seductor de mujeres. 2. m. dondiego”. Por igual el verbo /donjuanear/: “intr. Hacer de donjuán”. El adjetivo  /donjuanesco, ca/  que significa “Propio de un donjuán o tenorio”.

Igualmente, el  sustantivo /donjuanismo/  ha servido para nombrar el “Conjunto de caracteres y cualidades propias de don Juan Tenorio, personaje de varias obras de ficción”.

El quinto vocablo  es /tenorio/, sustantivo masculino, con el que se denomina al “Hombre mujeriego, galanteador, frívolo e inconstante”.

 

¿POR QUÉ ES DE USO RESTRINGIDO EL VERBO RESUCITAR?

 Resucitar es un verbo de uso limitado.  A diferencia, por ejemplo,  de  comer, defecar, dormir,  despertar y otros muchos que son “conjugados” por todos los humanos y demás seres del reino animal,  el verbo resucitar, por su significación de “Devolver la vida a un muerto”, incluye una acción no aplicable en la realidad material.

Gramaticalmente corresponde al modelo de la primera conjugación: yo resucito, tú resucitas, él resucita, nosotros resucitamos, vosotros resucitáis, ustedes y ellos resucitan…Pero hay una observación  de carácter teológico-religioso para con este verbo que restringe su aplicación.

El Diccionario de la lengua española explica en la etimología de este verbo que procede del  latín  tardío “resuscitāre”, y este del latín re- ‘re-‘ y suscitāre: ‘levantar’, ‘avivar’.  Resucitar aparece con tres acepciones: 1. tr. Devolver la vida a un muerto. 2. tr. coloq. Restablecer, renovar, dar nuevo ser a algo. 3. intr. Dicho de una persona: Volver a la vida.

El origen del vocablo  está  ligado a /suscitar/ (Del latín suscitāre) y que en español equivale a levantar, promover. Con esa palabra más el prefijo re-  se formó en latín resuscitare, la cual en su evolución hacia el castellano perdió  la consonante –s al final de la sílaba /sus/.

Nuestra lengua cuenta con otros verbos que guardan afinidad con resucitar. Veamos: reaparecer, renacer, revivir, resurgir, reanimar, vivificar, estimular, animar, tonificar, reconfortar. Solo afinidad, pero no sinonimia.

La excepción podría   ser /revivir/  (Del latín revivĕre) que tiene las siguientes acepciones: 1. intr. Resucitar (‖ volver a la vida). 2. intr. Dicho de quien parecía muerto: Volver en sí.3. intr. Dicho de una cosa: Renovarse o reproducirse. Revivió la discordia.4. tr. Evocar, recordar. Revivió los días de su infancia

 Resurrección

Del verbo resucitar ha devenido el sustantivo resurrección, con el que se afinca  el criterio teológico que toca al verbo resucitar. Estas son las acepciones que ha recogido el Diccionario académico para este vocablo: 1. f. Acción de resucitar. 2. f. por antonomasia, resurrección de Jesucristo. 3. f. Pascua de Resurrección.

Como se aprecia, en la tercera acepción  la palabra  se escribe  con mayúscula  inicial, como es norma para los vocablos relacionados con lo divino. Por igual, Domingo de Resurrección.

Devolver la vida a una persona  fallecida resulta contrario a las leyes de la naturaleza. Sin embargo, la fe cristiana se fundamenta en la Resurrección de Jesucristo. Vale recordar estas palabras del apóstol san Pablo: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre ustedes  que no hay resurrección de muertos?  Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.  Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”. (1 Corintios 15:12-17).

La  alusión de Pablo a la resurrección de todos los muertos, en el día del juicio final es parte del credo cristiano.

Un sustantivo relacionado con  resurrección es /resucitación/  el cual se emplea en la medicina. Se define: “Acción de volver a la vida, con maniobras y medios adecuados, a los seres vivos en estado de muerte aparente”. Despertar al paciente que ha sido sometido a anestesia general es un acto de resucitación.

Otras palabras relacionadas son /revivificación/  que es “Acción y efecto de revivificar”. Y revivificar: tr. Vivificar, reavivar.

En definitiva, los vocablos resucitar (verbo), resurrección (sustantivo) y resucitado (adjetivo) son casi exclusivos de Jesucristo y quizá de las  personas (tres, al menos) a las que Él sacó de entre los muertos.

 FREDDY GATÓN ARCE: ANTE TODO,  ESCRITOR

 Cuando  hablan o  escriben  acerca de la personalidad literaria de Freddy Gatón Arce, muchos se empeñan, hasta la  ofuscación,  en llamarlo poeta, periodista, novelista,  ensayista y abogado. Es cierto que obtuvo título de doctor en derecho,  pero yo nunca lo llamaría abogado. Que haya  sido poeta –y de los buenos-, novelista y periodista dificultan, y resulta injusto, por demás, citarlo  por alguno de estos roles.

No solo poeta, no solo novelista, no solo ensayista, no solo periodista, Freddy Gatón Arce ha sido un maestro de la palabra. Maestro de la palabra hay que llamarlo para diferenciarlo del montón de quienes  han escrito o escribimos en cualquiera de los cuatro géneros mencionados. Prócer de la palabra hay que denominarlo  para marcar su firmeza en la defensa de las ideas democráticas y la crítica ante  los abusos de los poderosos.

De ahí que Enrique A. Cabrera Vásquez, poeta y periodista, por demás petromacorisano como FGA, haya emprendido la valiosa tarea  de escribir el ensayo “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras”, con el que se ha propuesto contribuir al conocimiento   de la calidad de este  gran escritor, de cuya obra, sobre todo la periodística,  considera no ha sido justamente  valorada.

“Freddy Gatón Arce fue multifacético en su activismo social y cultural y la entrega a causa noble y altruista.  No desmayó en ese ejercicio, lo asumió como un sacerdocio sin sopesar las consecuencias. Fue un ciudadano transparente y un periodista limpio y ejemplar. Es más, considero que su obra periodística no ha sido bien valorada y estimada, pues su afán en esa dirección fue altamente significativo”. (pág. 78).

Un buen periodista  no puede ser indiferente a  la literatura ni a  la historia. Al fin y al cabo,  periodismo es historia,  historia inmediata, claro. Ambos entroncan con la literatura en cuanto al uso de la lengua para informar o convencer.

Me resulta difícil hablar de Gatón Arce sin inmiscuirme con deliberada parsimonia en los artículos y ensayos que publicara como opinión editorial de El Nacional. Por fortuna,  Cabrera Vásquez, en el presente libro, traza una visión total de la personalidad literaria del autor de Vlía. Para internarse en el cosmos poético de FGA, Cabrera hurga en el amplio espectro de las múltiples  corrientes y filosofías  de la creación, expresadas a través de movimientos y tendencias y se permite ubicar el gran poema gatoniano como surrealista, aunque apunta que luego nuestro autor emigró hacia otras corrientes poéticas.

La tercera dimensión en torno a Gatón Arce (además de periodismo y poesía) que aborda Cabrera es la novelística, fundamentado en las obras “La guerrillera Sila Cuásar” y “La canción de la Hetera”: ”Una muestra de su capacidad para incursionar en diferentes géneros”, sentencia Cabrera. A seguidas ofrece la sinopsis de cada una.

El libro de Cabrera Vásquez constituye un justo homenaje a un preclaro escritor, quien amó  la democracia y  las libertades públicas  con similar intensidad de su dedicación al buen decir.

Constante en sus editoriales: fue la  persistente  denuncia a la violación a la ley por parte de funcionarios, exigencia para respeto a los derechos individuales, fue  firme en la crítica, sereno en los conflictos.

Cabrera ha demostrado con este interesante ensayo que  Freddy Gatón Arce profesó fidelidad a las palabras y por igual  a los buenos sentimientos. “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras” es  una obra bien concebida y bien desarrollada y contribuirá  a posicionar  en su justa dimensión a un escritor cabal que ejerció el arte de escribir con los más elevados fines. Saludemos con razonable alborozo este magnífico aporte de Enrique Cabrera Vásquez. ¡Enhorabuena!

(Extraído del prólogo)

La segunda década del siglo XXI no ha terminado

El primer domingo de junio de 2014, esta columna publicó un artículo titulado “¿Es lo mismo década que decenio? En el que se incluye la explicación en torno a cuándo comienza la década y  cuándo termina. A propósito del inicio de 2020, la prestigiosa publicación BB News divulgó una un texto para exponer el mismo asunto.  Dado que persisten  las dudas,  abordamos nuevamente el asunto. A continuación  un extracto de lo publicado en 2014:

Decenio y década no son exactamente sinónimos, como no deberían serlo  siglo y centuria. Pero el Diccionario de la lengua española no es explícito y creo que peca de parquedad.

Decenio  es definido como “Período de diez años”. Pero con el vocablo década la imprecisión  es mayor. Veamos:  1. f. Serie de diez. 2. f. En el Ejército, conjunto de diez hombres. 3. f. Período de diez días. 4. Período de diez años referido a las decenas del siglo.

Es decir que en la cuarta acepción es que se refiere al elemento más conocido con ese nombre.

Es el Diccionario panhispánico de dudas, que introduce unas puntualidades  para diferenciar estos vocablos,   dice al respecto:   “Los términos década y decenio significan, ambos, ‘período de diez años consecutivos’; pero mientras que decenio se usa para designar el período de diez años comprendido entre dos años cualesquiera, década designa en especial el período de diez años referido a cada una de las decenas del siglo (años diez, veinte, treinta, etc.)”.

Década y siglo

En cuanto a las diez décadas de cada siglo, cada una de ellas comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0; así, la primera década del siglo xx es la que va de 1901 a 1910; la segunda, de 1911 a 1920; la tercera, de 1921 a 1930. Ese es el concepto estricto de década.

Es habitual utilizar expresiones como los años veinte, la década de los treinta, los cuarenta, etc., referidas a los decenios que comprenden los años de cada siglo que tienen la misma cifra en su decena; así, la expresión “los años veinte” alude conjuntamente a los años comprendidos entre 1920 y 1929, ambos inclusive.

Pero esta diferenciación no ocurre con los términos siglo y centuria. El diccionario los presenta  como sinónimos, aunque a mí me deje pensando que centuria  es un período de cien años  comprendido entre dos años cualesquiera, como 1914-2014; 1863-1963.

Así mismo he creído que  siglo, no es solo un  período de 100 años, sino  que  es una de las diez partes del milenio y cubre del año que termina en 01 hasta el que termina en 00, es decir: siglo I (01- 100); siglo II (101-200); siglo XIX (1801-1900); siglo XX (1901-2000); siglo XXI (2001-2100). La  misma orientación  aplicada para diferenciar década y decenio, puede emplearse para siglo y centuria.

 

BBC NEWS

Una parte de lo publicado por BBC News:

Se acerca el fin del año y tal vez ya estés preparando los festejos para despedirlo y darle la bienvenida a uno nuevo. Pero si estás pensando que con el final de 2019 también se termina una década, puede que tengas que hacer las cuentas de nuevo, al menos lingüística y matemáticamente hablando.

Esta es una confusión que inundó las redes sociales este mes y que incluso llevó a la Real Academia Española a salir a aclararlo. ¿Se termina una década con 2019 y empieza una nueva en 2020?

La RAE respondió que la nueva década empezará en 2021 porque «cada década comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0». «Así, la primera década del siglo XXI es la que va de 2001 a 2010; la segunda, de 2011 a 2020, etc.», añade la RAE citando al Diccionario Panhispánico de dudas.

«La RAE lo deja bastante claro y es una cuestión matemática. La década no empieza con el año 0. Se empieza a contar desde el año 1», le dice a BBC Mundo Eugenio Manuel Fernández Aguilar, físico y divulgador científico español.

(Publicado 5-1-20, EL NACIONAL)

MASCULINO, FEMENINO Y OTROS DETALLES

Lo habitual  en español es que los  sustantivos sean masculinos o femeninos.  Si   se trata  de seres animados, lo común  es que el sustantivo adopte una  forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos.

Esta diferenciación  puede hacerse  por el uso de  terminaciones añadidas a una misma raíz, como ocurre, por ejemplo,  en gato/gata, profesor/profesora, niño/niña, conde/condesa, zar/zarina. También  puede ser por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del sujeto  de que se trate  como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera.

Si el referente del sustantivo es un objeto  inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, año, árbol) o solo femenino (casa, calle, democracia).

Veamos unos casos que se salen de los patrones antes mencionados. Me refiero a sustantivos terminados en –z (zeta) o en –l (ele). La norma académica ha establecido que  si el vocablo masculino termina en una de estas consonantes “son normales y correctas” las formas invariables.

Así,  será correcto anteponer  el artículo /la/  a las palabras  juez, concejal, apóstol, fiscal, alférez, oficial, coronel, general, albañil, aprendiz, edil, mariscal… para formar el femenino, vale decir  cuando se trata de una mujer quien ejerce alguna de estas funciones.

Cobra cierto auge la  tendencia a formar el femenino  agregando la  vocal –a al  final de la palabra, sobre todo en  voces como  juez/ jueza, concejal/concejala,   coronel/coronela, general/generala, albañil/albañila, aprendiz/ aprendiza. Los hablantes son los dueños del idioma, por eso el uso generalizado puede determinar  la variación de las reglas.

ES importante, sin embargo, observar cierta mesura frente a la ola de innovaciones que determinados  grupos – ¿y determinadas grupas?-  quieren imponer en nuestra lengua. Las variaciones, en primer lugar, deben ajustarse al perfil del español, sin que su aplicación provoque incisiones.

La palabra coronel, por ejemplo, resulta fácil convertirla en femenino agregando –a, pero es preferible emplearla para el masculino y para el femenino y que los elementos variantes que la acompañen indiquen el género de la persona de quien se habla: La coronel Matos; el coronel Peralta.

Respecto de la voz mariscal, el Diccionario de la lengua española especifica que es masculina. Transcribo la primera acepción de esta palabra:

  1. En la milicia antigua, oficial muy importante, inferior al condestable, que era juez del Ejército y tenía a su cargo el castigo de los delitos y el gobierno económico, y cuyo título conservaron luego los sucesores de los que lo habían sido en los reinos de Castilla, Andalucía, etc

En algunos países  se emplea /fiscala/ para referirse a la mujer  que representa y ejerce el ministerio público en los tribunales. En nuestro país seguimos apegados a la mejor tradición: La  nueva fiscal Rosalba Ramos…También tenemos una procuradora fiscal en Santiago.

La voz fiscal es también adjetivo y como tal  no varía nunca su terminación por el género: procuradora fiscal, paquete fiscal, política fiscal. Lo mismo ocurre  con las voces oficial y general.  Como sustantivos hacen el femenino con la anteposición de los artículos –la o -una: Es una oficial correcta y disciplinada.  Es una general del Ejército.

En algún caso, se ha introducido  el vocablo /oficiala/, incorporado por el Diccionario académico, con el siguiente significado: “m y f. Persona que se ocupa o trabaja en un oficio”.

En  cuanto a /generala/ resulta curioso lo que  apunta el código oficial de nuestra lengua. Lo cito a continuación: “1. f. Mil. Toque de tambor, corneta o clarín para que las fuerzas de una guarnición o campo se pongan sobre las armas. 2. f. Arg. y Bol. Advocación de la Virgen reconocida con el grado militar de general. 3. f. coloq. p. us. Mujer del general”.

Gracias por su lectura. Hasta el próximo domingo.

(Publicado 12-1-20)

PALABRAS LLANAS CON TILDE: SÉNIOR Y JÚNIOR

Sénior y júnior son palabras de nuestro idioma y sus orígenes se remontan al latín, la lengua madre del castellano. El complejo de inferioridad lingüística  del que adolecen muchos dominicanos los ha llevado a pronunciar estos vocablos como si procedieran del inglés. La primera manifestación de la manía ha sido prescindir de la tilde, una marca muy propia del español. La segunda, es pronunciar “sínior”, en lugar de sénior, y la tercera manía se manifiesta en sustituir fonéticamente la jota de júnior por la consonante –y (ye) para decir “yúnior”. La cuarta  señal de la anglomanía se nota en la formación del plural, ya que en vez de agregar –es como rige  en español para las palabras terminadas en consonante (séniores y júniores) los anglófilos escriben “seniors”  y “juniors”.

Recientemente (10-1-2020) la FundéuBBVA, institución española que vela por el buen uso de nuestra lengua, divulgó una recomendación en torno al empleo de la palabra /sénior/, precisando que es llana y por su terminación se escribe con tilde.

“La palabra sénior alude principalmente a los profesionales que tienen más experiencia que otros o a los deportistas de edad o categoría superior. De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, su uso se ha revitalizado por influencia del inglés, aunque no por ello deja de ser una voz española, de modo que se le aplican las normas generales de acentuación y se escribe sin resalte tipográfico, es decir, sin comillas ni cursiva”, escribió Fundéu BBVA.

Citó  la Nueva gramática de la lengua española, para precisar que el plural se  forma   con la adición de -es, esto es, séniores, no séniors. Agrega que  en las construcciones en aposición, lo habitual es que este segundo elemento permanezca invariable: miembros sénior, directivos sénior, deportistas sénior…

La  voz sénior procede del latín /senior/ que es un término  comparativo  del adjetivo  /senex/ que en la lengua de los romanos  significa “viejo, anciano”.

El Diccionario de la lengua española define ese vocablo de este modo: 1. adj. U. pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que esta es mayor que otra emparentada con ella, generalmente su hijo, y del mismo nombre.2. adj. Dicho de un deportista: De la categoría y edad superiores. U. t. c. s.3. adj. Perteneciente o relativo al deportista sénior. Categoría sénior.4. adj. Superior en categoría y experiencia a quienes desempeñan la misma profesión o cargo. Analista sénior.

El apellido Senior es palabra aguda y por eso no se le marca el acento, pronunciado en la última sílaba: niór.

Júnior y no yúnior

Del latín viene también /iunior/, vale decir “más joven”. El Diccionario académico la define así: 1. adj. U. pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que esta es más joven que otra emparentada con ella, generalmente su padre, y del mismo nombre. 2. adj. Dicho de un deportista: De categoría y edad inmediatamente inferiores a las del sénior. U. t. c. s.3. adj. Perteneciente o relativo al deportista júnior. Campeonato júnior.4. adj. Inferior en categoría y experiencia a quienes desempeñan la misma profesión o cargo.

El Diccionario Panhispánico de dudas, publicación académica, ha incorporado la voz  júnior con estas precisiones:

“júnior. 1. Voz procedente del comparativo latino iunior (‘más joven’), cuyo uso actual en español se ha revitalizado por influjo del inglés junior. En español debe escribirse con tilde por ser voz llana terminada en consonante distinta de -n o -s (→ tilde2, 1.1.2). Aunque está notablemente extendida la pronunciación inglesa [yúnior], en español debe decirse [júnior], tal como se escribe, con sonido /j/ inicial, de forma análoga al término eclesiástico junior (pron. [juniór]), que procede del mismo étimo latino (→ junior)”.

 

Variaciones sobre  Júnior y junior

El pasado domingo, en artículo titulado  “Palabras llanas con tilde: sénior y júnior”, explicamos el origen latino de estos vocablos, los cuales son parte, de pleno derecho, de la lengua castellana. La publicación causó algunas sorpresas, pues muchos hablantes entienden que estas  palabras proceden  del inglés, lengua en la que también se emplean, sin la tilde, obviamente.

Con  la palabra sénior el caso es simple, basta con colocarle la tilde y pronunciar como se escribe: gerente sénior, redactor sénior…

En  cuanto /júnior/ hay que decir que el empleo de este vocablo resalta peculiaridades del habla dominicana.

En el habla inglesa se estila  agregar la palabra  /junior/ al nombre propio de una persona cuyo padre  es llamado de igual forma: Sammy Davis junior. En República Dominicana el adjetivo júnior  ha sido convertido en nombre de persona,  escrito con J, pero  pronunciado con Y (yúnior).

Cientos de dominicanos llevan este nombre, independientemente de cómo sean llamados sus progenitores y sin observar la advertencia  de que para que suene  Yúnior debe escribirse con la letra ye y llevar la marca del acento en la vocal /ú/.

Tan arraigado está ese hábito lingüístico que un niño de doce años (Ángel Vladimir, un nieto) cuando mataron al abogado Yúniol Ramírez, por investigar las mafias en la OMSA, me preguntó: “¿Por qué al que mataron le escriben el nombre con  -y de payaso, si Júnior se escribe con J? Uno de sus amigos y compañero de clase lleva por nombre Júnior, pero lo llaman Yúnior.

Tengo la presunción de que en España, si alguien tuviera el nombre Júnior, además de que le colocarán la tilde en la ú, lo pronunciarán con J, la misma jota de junio, Julio, Javier, Jaragua, Jacinto, Jacobo, jabón y joder.

La forma habitual de escribir Junior, nombre de persona, sugiere en español que la palabra es aguda y que por tanto la fuerza de entonación estará en la última sílaba: “juniór”.

Una palabra poco conocida en nuestra lengua es precisamente /junior/ (aguda), cuyo origen  se remonta también al latín: iunior ‘más joven’. El Diccionario académico define junior de este modo: m. y f. En la vida religiosa cristiana, persona que, después de haber hecho el noviciado, realiza un período de formación espiritual.

Recuerdo de los tiempos de infancia el Catecismo junior, pronunciado con j y  como voz aguda.  Nada extraño sería que los estudiantes de hoy les trasladasen el acento a la penúltima sílaba (ju), aunque no lo marcaran.

En la Internet he encontrado otro ejemplo adecuado del uso del término junior como voz aguda. Helo aquí:  El Club Deportivo Popular Junior F.C. S.A., conocido como Junior de Barranquilla o simplemente Junior e igualmente por su antiguo nombre Atlético Junior, es un club de fútbol con sede en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Fue fundado el 7 de agosto de 1924, convirtiéndose en el tercer club más antiguo del país.​

Una carta

A continuación transcribo la misiva remitida por el profesor Francisco Bernardo Regino, a propósito de la columna correspondiente al domingo pasado (19-1-20).

Estimado don Rafael:

  1. NEÓFITO. Definitivamente, reconozco que soy un lector júnior frente a un maestro sénior que escribe para bien enseñar. Me doy cuenta que soy un padre sénior con respecto a mi hijo que es un júnior, por tener igual nombre. Antes me creía “sinior” y a él “yunior”, ignorando la riqueza de nuestra lengua.
  2. ANGLOFILO. ¡Qué anglófilo he sido por ignorancia! Eso es lo bueno de ser un ignorante sénior, que puedo transformarme en un sabio júnior, con tan buen maestro sénior.

Reciba mi primer saludo para este nuevo año con el afecto y respeto de siempre.  Bernardo Regino.

(Publicados domingos 19 y 26 de enero 2020)