Majar, muñequito, cabezote

Por Roberto E. Guzmán

MAJAR

“La hora de la quietud y de hablar en vez de MAJAR”.

Este verbo puede desconcertar a muchos hispanohablantes. Es posible que les cueste un poco de esfuerzo poder encontrar el sentido que tiene el verbo en el habla dominicana. El fin que se persigue en esta sección es abundar sobre este verbo, sobre todo en el sentido en que lo emplea el hablante dominicano en ocasiones especiales.

Algunas personas piensan que estudiar voces que reemplazan los vocablos tenidos por tabúes es solo tarea de indecorosos. Grandes tratadistas del lenguaje al estudiar todos los aspectos de este han tenido que ocuparse del eufemismo como forma cultivada del tabú verbal.

La costumbre de disfrazar con nombres diferentes algunas acciones de la vida han dependido del nivel moralista de las normas sociales; estas han dictado respeto excesivo ante conceptos tabúes. Al contrario, cuando se produce una época de tolerancia social se produce el efecto contrario, se desnudan los actos y se relaja el lenguaje.

Los actos sexuales forman parte de este grupo de tabúes y los nombres tras los cuales se ocultan forman parte de una reacción de delicadeza y decencia. En algunas situaciones los hablantes añaden un rasgo de jocosidad a la voz que encubre el hecho que se evita mencionar.

En otras ocasiones, las formas sustitutivas para la evocación de los conceptos proscritos, puede adoptar una connotación negativa, de censura.

En el caso del verbo del título hay que buscar una idea asociativa del verbo majar con la realización del coito para explicar que se haya tomado ese verbo para sustituir la palabra que se evita. La idea que el hablante se hace es que durante este acto generalmente una persona recurre a movimientos que pueden evocar los golpes o el movimiento que se realiza para aplastar en el verbo majar.

 

MUÑEQUITO

“. . . como dibujaban a los presos en los MUÑQUITOS de antes”.

Los muñequitos modernos, en cuadernillos, son muy diferentes a los de antes. Los personajes han cambiado. Los temas han variado. Todos estos cambios van aparejados con los que experimenta la sociedad.

Las historietas gráficas son conocidas con el nombre muñequitos en República Dominicana. En el español peninsular utilizan el nombre tebeo para denominar la publicación en series de dibujos. En principio esta es una publicación para un público infantil, o por lo menos joven.

Quien escribe estos comentarios confiesa que fue solo después de muchos años de vida fue cuando se enteró de que la palabra muñequito no era conocida para denominar este tipo de publicación en todo el mundo hispanohablante. No hace muchos años aprendió que en España utilizan esa palabra extraña, tebeo, que deriva de TBO nombre de una revista española.

En el habla de los dominicanos existió otra voz para nombrar los dibujos con textos que narraban una historia o un cuento, paquito.

En el español internacional entró la voz cómic del inglés en la edición del Diccionario de la Real Academia en el edición del año 1992. En inglés se había documentado la tira cómica, comics, desde el año 1910. La combinación comic strip apareció en el año 1920 en esa lengua. El anglicismo comics penetró en francés en el año 1948, a pesar de que existe en esa lengua bande dessinée.

Las películas de dibujos animados también se conocen con el nombre muñequitos en República Dominicana, así como en cinco otros países de América. Del mismo modo, los dibujos en una sección de un periódico reciben este nombre.

En algunas situaciones el hablante de español dominicano no se siente conforme con lo que expresa una palabra del español general y exagera el significado de esta usándola en diminutivo, de donde muñequito se usa también para aumentar la falta de carácter de una persona.

 

CABEZOTE

“. . . la institución procedió a presentar querella formal en contra de la empresa propietaria del camión CABEZOTE. . .”

Hay varios cabezotes. Algunos son más conocidos que otros. La intención en esta sección es llegar a la cabezote del español dominicano después de pasar revisión a los otros cabezotes.

El vocablo cabezote que registra el diccionario paradigmático del español internacional es el que se conoce en Cuba, Canarias y Andalucía. La acepción es muy clara, “Piedra sin labrar y de buen tamaño empleada en mampostería”.

Si bien este vocablo no se originó en Cuba, hasta la edición del Diccionario de la Real Academia del año 1970 se reconocía como voz de Cuba y Andalucía. Esto, no obstante que algunos tratadistas de la lengua lo habían recogido con anterioridad a esos años en el habla peninsular.

Ese cabezote llegó muy temprano al habla cubana, pues consta ya en el diccionario de Pichardo de 1836 y en el Diccionario cubano de José Miguel Macías (1885-I-211).

En República Dominicano hay otro cabezote. El cabezote dominicano deriva su nombre del hecho de colocarse a la cabeza. Es un vehículo automotor sobre gomas, con gran capacidad de tracción que se emplea para tirar o arrastrar remolques sobre gomas. Solo en el habla de los dominicanos se llama a esta máquina cabezote.

En otros países de América llaman “cabezal” a este vehículo. Esta denominación también alude al vocablo cabeza.

A pesar de que el cabezote corresponde a la cabina con el motor y los dispositivos de mando, en el habla dominicana denomina también al todo, es decir, esta parte que tira de la plataforma o elemento de carga, así como al conjunto.

Chirola, calabazo, cuchucientos

Por Roberto E. Guzmán

CHIROLA

“… se pasará tres años sin salir de la CHIROLA…”.

Hace muchos años ya que la voz chirola pasó a formar parte del léxico de los dominicanos. Se recuerda que al principio se utilizaba la voz con un matiz de picardía, para sonreír ante la posibilidad de acabar encerrado. Más tarde se la tomó más en serio y dejó de ser una voz para referirse con burla al encierro forzoso.

La secuencia de apariciones en la literatura y en los medios escritos sugieren que la voz chirola hizo su aparición en Puerto Rico. La primera documentación encontrada a este respecto es de 1936; así consta en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico.

Al habla de los dominicanos esta voz se sumó bastante temprano, pues ya en el año 1940 M. Patín Maceo la consigna en Americanismos en el lenguaje dominicano. Reconoce este autor en esa obra que chirola es voz vigente en Puerto Rico y en Santo Domingo. Ofrece Patín los sinónimos “chirona, cárcel” para la referida voz.

La velocidad con que se propagó la voz queda confirmada cuando ya en el año 1945 F. Santamaría la recoge en su Diccionario general de americanismos (1942-I-518), para Tabasco, México. La secuencia de los años de estas publicaciones hace pensar que la voz pasó de las Antillas hispanohablantes al continente.

Una vez que penetró en el habla de los centroamericanos era de esperarse que pasara a otras hablas de países adyacentes. En el año 1947 aparece documentada en Panamá El panameño visto a través de su lenguaje (1947:196). En Costa Rica apareció la voz inventariada en el año 2011 en A lo tico costarriqueñismos y otras vainas (2011:94).

Aunque no se ha establecido la posible relación en el origen entre la voz americana chirola y la más antigua chirona, ambas para cárcel, es probable que la americana tenga deuda con la patrimonial que consta en el edición del Diccionario de la lengua española desde el año 1884.

 

CALABAZO

“El higüero es un vegetal de forma ovalada y los campesinos los usan para hacer . . . cucharas y CALABAZOS para cargar agua”.

El progreso económico, unido a los avances industriales determinan la desaparición de algunos objetos y así mismo, eso hacen con algunas palabras que las designan al convertir unos y otras en obsoletos. Con la lectura de la frase anterior puede colegirse lo que se piensa acerca de la palabra del título.

La palabra calabazo casi ha desaparecido del vocabulario activo del hablante dominicano. Un calabazo, el objeto de este nombre, es una rareza en la vida moderna. Subsiste más en la actualidad como artículo de artesanía.

En el español americano hay varios tipos de calabazos. En varios países americanos el calabazo es un tipo de vasija o recipiente.

La palabra calabaza es de origen desconocido; a pesar de esto, existe en los tres romances hispánicos. A través de su historia pasó por diferentes representaciones gráficas, con pequeñas diferencias en su ortografía, algo normal en la evolución de las lenguas.

No puede pretenderse que el calabazo recipiente para líquidos haya tenido su origen en América. Con esta función lo usaban ya los canarios y es probable que de allí pasara a América. La primera documentación americana es de Pichardo quien reconoce el calabazo como instrumento musical conocido también con el nombre de güiro.

El calabazo dominicano, la vasija, se hace de la fruta de la higüera. Se confecciona con el casco seco del fruto de la higuera. Oviedo y Pedro Mártir utilizan el nombre higüero para designar el árbol productor del fruto llamado higüera y advertían estos escritores que no debía de confundirse con higuero o higuera. Lexicografía antillana (1914:305).

El vecino país, Haití, reconoce el recipiente con el nombre kalbas. En esa lengua toman el nombre en tanto sinónimo de recipiente. Es muy probable que a Haití llegara a través del francés calebasse. Los franceses llevaron la voz a África donde una derivación de esta calebassée designa la medida del contenido de una calabaza.

El calabazo americano llegó lejos como puede comprobarse, además de estar presente en ocho países americanos.

 

CUCHUCIENTOS

“Al siguiente recibe en el Palacio a CUCHUCIENTAS gentes”.

El adjetivo cuchucientos, con su correspondiente femenino cuchucientas hace largo tiempo que circula en el habla dominicana. Pero no alcanza a cuchucientos años.

Este adjetivo se utiliza en el habla para mencionar una gran cantidad del sustantivo al que acompaña. Es una cantidad indeterminada que se considera mucha.

Por la forma de expresar la cantidad se colige que siempre viene expresada en plural, será cuchucientos y cuchucientas.

Es oportuno en este lugar introducir otro adjetivo, cuchumil que puede tomarse como una cantidad mayor que cuchucientos, aunque también es indeterminada. Cuchumil se conoce solamente en República Dominicana.

Llama la atención que delante de los dos adjetivos, ciento y mil, se antepone este cuchu- que solo aparece en ellos para adjetivos. Este cuchu- también consta en cuchufleta que se emplea para “cosa insignificante; zapato viejo o deteriorado; persona cuyo nombre no se recuerda”.

Más arriba se consignó que este principio de palabra cuchu- solo se produce delante de estas voces antes enumeradas. La intuición sugiere que este principio de voces imprime un aire festivo a las voces, sobre todo en el de la cuchufleta. En el de las cantidades sugiere un número indeterminado.

Las tres voces que se han mencionado aparecen en otras hablas americanas, no son privativas de los dominicanos.

Número / numerito, enfogonarse, pavita

Por Roberto E. Guzmán

NÚMERO – NUMERITO

“… pero después de un tiempo los participantes vuelven a una rutina y uno se cansa de siempre los mismos NUMERITOS…”.

Hay números y numeritos. Los hay que no llevan cifras en sí. Algunos números aluden a

parecidos con el signo al mencionarlo. Más abajo se escribirá sobre algunos de ellos. Algunos números son internacionales; otros son conocidos en áreas más restringidas.

Hay números dominicanos que no se conocen en otras hablas, ni siquiera en hablas americanas.

Ejemplo de un número dominicano con apellido es el famoso “número quebrado” conocido en lotería. Es el número cuya cifra o cifras centrales son ceros. Esto es, si tiene tres cifras, el cero ocupa el lugar de las decenas, si tiene cuatro, el cero ocupa el lugar de las decenas o las centenas, o ambos a la vez.

El número que se anunció al principio y del cual se adelantó que no es signo es el que significa o puede sustituirse por “posición”. Este número dominicano no se refiere al lugar ordinal en una serie.

El número a que se ha aludido más arriba es el que se hace, ejecuta o efectúa durante el sexo o los instantes que preceden el coito u otras actividades a que se entregan los participantes a este tipo de actividad.

En otras oportunidades se ha resaltado la fecundidad y dinámica de la creación del hablante en materia de sexualidad. Esto es natural si se piensa que la sexualidad ocupa un lugar preponderante en el disfrute de la vida. De la importancia de esta actividad en la vida social puede deducirse que en este aspecto el lenguaje está al servicio del hecho social.

Algo que corre parejo con la práctica sexual es el disfraz con que se arropan los nombres de las posiciones que se adoptan o los nombres que se asignan a las prácticas sexuales. Esta conducta obedece a las normas morales (¿?) que impone un segmento de la sociedad.

Estos “números” o “numeritos” del español dominicano son los nombres que se destinan a enmascarar las actividades sexuales que se practican en la intimidad, casi siempre en pareja.

Algunas de estas voces tienen una connotación festiva, pero otras son para tomarlas muy en serio. Una de que ya casi no se oye mencionar es el otrora famoso salto del tigre. Otra que tuvo su apogeo en fecha más reciente que la anterior es la del gaveteo. De la misma época de la última fue la de la carretilla. Una forma de excitar un hombre a una mujer es dando brocha. Esta locución verbal consta en el Diccionario del español dominicano (2013:107), “Frotar el pene contra los genitales de una persona”.

Hay posiciones internacionales que se reconocen por la referencia al número elegido para mentarla, que tiene relación con la postura que adoptan los involucrados, ejemplo de esto es el famoso sesenta y nueve. Este número denomina el contacto buco genital simultáneo en una pareja. Cuando el hablante pone en palabras las situaciones, hace lo que Julio Cortázar llamaba nombrar para apresar; esto es, aprehender la idea en el acto.

La voz número generalmente refiere a la actividad de lo que se presume de conocimiento general; numerito, a su vez, es aquella que se sale de la rutina a la que se entregan las personas con una buena dosis de creatividad y variedad.

 

ENFOGONARSE

“Más allá de los apagones que han ENFOGONADO a la población pobre. . .”

Con respecto del verbo enfogonarse es fácil deducir que se relaciona estrechamente con la palabra fogón. El fogón es el lugar del calor, de la candela. Los recursos modernos han desplazado el fogón de algunas cocinas, pero la imagen sobrevive con nostalgia en la mente del dominicano.

El verbo enfogonarse tiene relación indirecta con el verbo dominicano descalentarse. Ese verbo dominicano aparece escrito con esa letra ese /s/ trabada entre la primera vocal y la consonante siguiente, pero en el habla cotidiana no se pronuncia, sino que se dice y oye decalentarse. La acepción más socorrida para este verbo es “enojarse mucho”. Como puede observarse por la composición de este verbo dominicano, aquí aparece el calor -calentarse- del fogón.

El verbo del título -enfogonarse- es ponerse como un fogón. Subirle al sujeto la temperatura corporal producto del enojo.

Conforme con los resultados de la búsqueda con relación a este verbo del título este apareció en Puerto Rico antes que en República Dominicana. El Tesoro del español de Puerto Rico documenta el uso en el año 1936. Después de ese año permaneció en el uso y fue recogido en los repertorios de lexicografía puertorriqueña.

Quien escribe estas reflexiones se atreve a expresar que el verbo llegó a conocimiento del hablante de español dominicano con posterioridad al año 1961.  Con anterioridad a esa fecha no se usaba en el habla de los dominicanos el verbo en cuestión. Al caer la dictadura de Trujillo, los viajes de los dominicanos se incrementaron al levantarse las restricciones para conseguir pasaportes. Esto avivó el intercambio entre los dos pueblos antillanos, puertorriqueños y dominicanos. Al calor de ese trato, entre otras cosas, se adoptó esa voz en el léxico dominicano.

La documentación que trae el Diccionario del español dominicano (2013:286) en la literatura dominicana para enfogonarse data del año 2011. Antes de ese año la única mención que se ha encontrado en los diccionarios diferenciales de español dominicano corresponde al Diccionario de dominicanismos (2002:85), donde se asienta que es de uso en Puerto Rico y la acepción asignada es, “Encolerizarse, enfurecerse, enojarse”.

En la hora presente el verbo del título pertenece a las dos hablas mencionadas, pues los dominicanos lo han adoptado como suyo.

 

PAVITA

“… muchos se echan una PAVITA al medio día…”.

El pavo se presume que no debe faltar en la mesa de Navidad de una familia pudiente. Aunque parezca raro, en el pasado en Europa los pobres en la época navideña comían ganso. Luego de la producción industrial del pavo y la congelación de este, el pavo se ha hecho asequible a los presupuestos de muchas familias.

El pavo, el animal, es oriundo de México, por lo que en tiempo pasado se conoció con el nombre de “pavo de Indias”. Estas Indias se refiere adonde llegó Colón en el año 1492. Los españoles llevaron el pavo a Europa en el siglo XVI.

En México se le conoce este animal con el nombre guajolote, nombre que alude a su tamaño y forma. Hay que tener en cuenta que la palabra ha pasado a la lengua moderna para comunicar el mensaje de “tonto, bobo”. Guajolote proviene de huey-xololt. La última palabra significa también “bufón, chistoso”. Diccionario de aztequismos (1978:80).

En inglés se nombró este animal turkey, pues el pavo llegó a Inglaterra en el año 1540 desde Madagascar, vía Turquía. Cincuenta años después de su introducción en Europa ya el pavo formaba parte de las festividades navideñas.

La hembra del pavo es la pava y al animal juvenil se designa pavito, pavita, según su sexo. Hay quienes aseguran que en Cuba y República Dominicana se conoce esta gallinácea con el nombre guanajo. La última palabra en el español de esos dos países significa, dicho de una persona, “tonta, boba”. Al pavo se atribuye ser un animal poco inteligente por la tendencia que manifiesta a huir en pánico cuando se le inquieta.

En el español dominicano el nombre pavo, va, transmite la idea de “adolescente”. El femenino pava se usa también para un sombrero de ala ancha y copa baja hecho de fibra vegetal. La pavita de la cita al principio de esta sección corresponde a “siesta breve”. La pava menciona en el habla dominicana la siesta o sueño breve. “Echar una pavita” es dar una dormidita, echarse a descansar.

El nombre pava ha dado origen a varias locuciones en el español dominicano, “ya la pava no pone donde ponía”, que indica que las cosas han cambiado. “Fuñir la pava”, es molestar o importunar con insistencia. “Echar una pava” es dormitar.

Carajo, tropezón / trompezón, buchú

Por Roberto E. Guzmán

CARAJO

“El muchachito que cuida los autos y la niña que es Julia (o es Luisa) y dice gustar de las canciones de una CARAJA llamada Yuri”.

El vocablo carajo tiene larga historia en la lengua española. Es un vocablo que ha provocado controversias con respecto de su origen; al punto que la conclusión ha terminado con una declaración de “origen incierto”.

Como consecuencia de que el carajo peninsular se perfiló para sostener el sentido de pene, durante largo tiempo los diccionarios evitaron registrar el vocablo. D. Martín alonso recoge el uso en español de esta palabra desde el principios del siglo XV. Cuando entró en la lengua no se escribía con la ortografía actual. Diccionario medieval español (1986-I-621).

El carajo dominicano no coincide con el peninsular en su proyección. Las probabilidades apuntan hacia una introducción en época de la colonia por medio del lenguaje de la marinería en el momento del encuentro de civilizaciones en el siglo XV.

El carajo dominicano se desmarcó del peninsular, pues no se retuvo en el habla de los dominicanos para mencionar el pene. De lo que se supone que fue su origen retuvo algunos rasgos como se verá más adelante en las locuciones que se mencionarán.

En sus funciones de sustantivo carajo sirve para referirse a una persona insignificante, inútil; alguien de quien se evita usar su nombre para rebajarlo aún más. Algo que llama la atención es que tiene un femenino, caraja.

Una locución que llama poderosamente la atención es la sustantiva “carajo a la vela”. Lo destacable en esta locución es que aparece la vela que se presume que alude a la de las embarcaciones. Puede decirse que así se llama a la persona insignificante, inútil; al añadir el “apellido” a la vela se acentúa su futilidad. La persona así llamada era generalmente un “sin oficio”.

Otro aspecto desarrollado por el carajo dominicano es el de la distancia. La locución adjetiva “casa del carajo” indica que se trata de un lugar muy lejano o de difícil acceso.

Otra vertiente por la que se derivó el carajo dominicano es el de la ponderación de una situación o de las cualidades de una persona. Armarse la del carajo es locución que pondera el grado que alcanza una situación que degenera cuando llega al desorden.

No todo lo que toca el carajo dominicano es negativo, pues referido a una persona del carajo destaca que es “muy buena, extraordinaria”. En ese sentido más… que el carajo, referido a una persona o cosa, significa que tiene una cualidad en grado sumo.

Con la enumeración anterior no se agotó la fraseología derivada de carajo. Se presentó una muestra que permite evaluar su importancia en el habla de los dominicanos.

Las vertientes por la que derivaron las locuciones mencionadas con sentidos disímiles son testimonios de la vigencia del carajo. Como ha de suponerse, no todas aparecieron al mismo tiempo, sino que se desarrollaron con el uso.

Naturalmente, carajo, por sí solo se utiliza para reaccionar ante “accidente, contrariedad, contratiempo, disgusto, percance, sorpresa”. En esos casos funciona en tanto exclamación.

 

TROPEZÓNTROMPEZÓN

Cuando no es el fin de la carrera administrativa o la edad de retiro es algún TROPEZÓN político. . .”

En el título se encuentra la muy conocida palabra tropezón que posee sentido propio y figurado. Al lado está la voz trompezón que no es reconocida como descendiente legítima del castellano primigenio. Más abajo se verá porqué existe el trompezón y la razón del apoyo que encontró entre los hablantes.

Hay muchos tropezones. El más conocido es el que da una persona en un obstáculo, andando. Una cosa es impedida porque tropieza en un estorbo. Hay tropezón si se advierte defecto o dificultad en la ejecución de algo. Dos personas tropiezan una con otra cuando se encuentran casualmente. Estos son los más usuales, aunque no son todos.

En un pasado no muy lejano en los predios rurales y entre las personas de menor educación de las ciudades dominicanas se acostumbraba a decir trompezón.

Para que el hablante incurriera en este tipo de error es muy probable que dos motivos influyeran. El primero es el que en español hay otras palabras que comienzan son la sílaba trom-. Ejemplo de esto es trompada, que se usa con mucha frecuencia.

Existe otra razón, esta de índole histórica. El Diccionario de Autoridades (1732) registra en sus páginas, entropezar, entropezado. La variante entropezón la usó Quevedo. La forma trompezar la usó también P. Bartolomé de Las Casas. Existió además el verbo tronpeçar. Diccionario de castellano antiguo (2002:284).

Hay otro tropezón -trompezón- que existió en el habla rústica de los dominicanos. Se aplicaba al embarazo de una mujer fuera del matrimonio o antes de tener pareja conocida y aceptada. Ha de tomarse aquí la prominencia del vientre como el resultado del tropezón. Como el resultado del golpe del tropiezo.

En el habla de los dominicanos hay otro tropezón. Se ha oído de boca de algunos hablantes de esta variedad de español. Con la palabra tropezón se refieren a un escalón, uno solo; que a veces no forma parte de una escalera, generalmente a la entra o acceso de un lugar.

Quizás no haga falta recordarlo, pero se hace. Los cambios y actualizaciones en las lenguas toman más tiempo en llegar a conocimiento de los habitantes del campo; de allí que no debe causar sorpresa que el trompezón haya subsistido más largo tiempo en ese medio que en los centros urbanos.

 

BUCHÚ

“Debemos parar la práctica que cuando un partido pasa por el gobierno se queda BUCHÚ…”

El que está buchú no lo muestra en las mejillas. Aunque tenga grandes cachetes puede que no esté buchú. Para entender qué cosa llaman los dominicanos buchú hay que buscar la explicación en otro sitio y no en la cara.

La voz dominicana tiene una explicación lógica y sencilla. Guarda estrecha relación la voz buchú con la palabra buche del español general. En la lengua española de conocimiento internacional el buche tiene varios significados. La frecuencia del uso ha reducido esta palabra a la de los animales y de las personas. Se soslayarán algunos aspectos del estudio de buche reduciéndolo solo a lo esencial en el habla dominicana para los fines de esta exposición.

El hablante de español dominicano presume que la persona que es buchú tiene las mejillas grandes o las tiene infladas, abultadas. Cuando lleva esta consideración más allá de su terreno propio y se la aplica a una cosa, entiende por ello que es porque ha aumentado el volumen, la cantidad, el contenido.

Si al hablar se aplica a una persona el adjetivo de buchú, al hablarse de su condición financiera, entonces la interpretación obligada es que esa persona es adinerada. No hay que sorprenderse de que se extienda el uso para aplicar el adjetivo a una organización, institución o grupo; en ese caso hay que tomarlo por enriquecida, acaudalada, opulenta.

Como buchú, buchudo, da, desempeña funciones de adjetivo; en el habla descuidada termina siendo en femenino, buchúa.

Se presume que este adjetivo fue incorporado al habla en el habla de los campesinos, pues ellos son quienes “tientan” el buche de las aves al comprarlas para saber si el peso se debe a una sobrealimentación repentina y son solo “buche y plumas”.

Rámpano, mamey

Por Roberto E. Guzmán

RÁMPANO

“Y por otro lado, las enfermedades como la fiebre amarilla, el RÁMPANO o el paludismo. . .”

El estudio de esta voz permitirá exponer algunas ideas personales. La inserción de este tipo de consideraciones en estos escritos es algo que se ha convertido en costumbre.

La voz rámpano es muy dominicana. Esto es, la creación de la voz fue obra de los hablantes de español dominicano. El significado que le fue asignado a la voz se ajusta muy bien a algo desconocido para una voz semejante.

En la cita que encabeza esta sección el redactor de la frase trata a rámpano como una enfermedad. Nunca antes se había leído un uso como este. Eso no significa que no fuese una enfermedad; se la conocía más bien por la cicatriz que dejaba la úlcera. Hay que aclarar que cuando el autor de estos comentarios entró en contacto con esta voz el rámpano ya no era la úlcera resistente a los remedios de otra época; quizás por esto solo se conocía la señal que dejaba.

El lexicógrafo que primero se ocupó de esta voz fue Patín Maceo, “Úlcera fragedénica de los países tropicales, y que ordinariamente se produce de la rodilla al pie”. Dominicanismos (1940:174). El término fragedénico es obsoleto en la lengua común y en medicina significa “Que corroe”. Diccionario general etimológico de la lengua española (1881-II-656).

A lo citado D. Emilio Rodríguez Demorizi añade, “Llaga en las piernas, azote de las tropas españolas durante la guerra de la Restauración”. Del vocabulario dominicano (1983:221). Como era de esperarse de D. Emilio, introdujo una nota sobre historia dominicana en la descripción de la voz.

Una de las características de este tipo de úlcera la destaca el Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:331), al agregar “…es difícil de curar”.

La descripción más detallada del rámpano la trae el mataburro cibaeño, Aiguna palabra dominicana (2015:316), “Úlcera de la piel, a consecuencia de una herida complicada, o un tropezón severo, casi siempre en los pies y las piernas, y que tarda mucho en curarse”.

Más arriba se aludió al hecho de llamar con el nombre rámpano la señal o cicatriz que deja(ba) la úlcera maligna que corroía los tejidos próximos y la carne. Hay que pensar que este era un problema importante de salud porque se complicaba cuando todavía no se conocía el antibiótico e incluso antes de la penicilina. En los pueblos pequeños o en los campos se trataba con pomadas o polvo de sulfatiazol.

El problema adquirió tal proporción que en el habla la voz rámpano pasó a expresar, “Problema grave que no se consigue solucionar”.

En el aspecto social llegó a considerarse una enfermedad típica de los moradores de los campos. De allí, si la persona presentaba cicatrices en las piernas, sobre todo las mujeres, se las consideraba campesinas o de origen campesino. Adquirió así un cariz despectivo o de clasificación social.

 

MAMEY

“. . . en esta exposición acoge en su círculo cromático el rojo intenso, amarillo oro, MAMEY. . .”

En la actualidad los dominicanos casi no usan el vocablo mamey para referirse a la fruta. En lugar de eso llaman zapote a la fruta de este tipo. Tanto mamey como zapote son vocablos que entraron en la lengua castellana desde las orillas americanas. Este origen hace del vocablo materia de interés para los hispanoamericanos.

Desde el principio hay que dejar bien entendido que el tratamiento que se hace de los nombres de estas frutas es puramente lingüístico y no se trata desde la perspectiva botánica.

Desde que los españoles llegaron al Nuevo Mundo se maravillaron de la abundancia de árboles frutales, así como de la exquisitez de algunas de estas que eran ponderadas con exaltación.

El P. Las Casas escribe, “La fruta que los indios llamaban mameyes; esta fruta es de olor y sabor fruta de reyes. . .” Le concede tal importancia a la fruta que entra en una detallada descripción de esta.

Se conoció la fruta con el nombre de mamei o mameyo, Se la conoce con el nombre en latín Mammea Americana. De acuerdo con D. Roque Barcia, el nombre proviene “del latín mamma, teta, por semejanza de forma entre los frutos de este árbol y un pezón”. Diccionario general etimológico de la lengua española (1881-III-608). Esta es una negación del origen indígena del nombre de la fruta.

“En la parte occidental de Cuba se le dice “Mamey de Santo Domingo”, para distinguir del “Mamey colorado”, al que los indios llamaron Sapote, como aún se le conoce en muchas partes…” Lexicografía antillana (1914:362).

Las descripciones de la fruta pueden variar un poco, sobre todo con respecto a los colores. La pulpa puede ser considerada amarilla rojiza. No faltará quien defina el color de la masa de la fruta como “color ladrillo”. En esto del color de la masa del fruto hay que observar cuidado porque hay una gran variedad de mameyes y el color de la parte comestible del fruto varía.

En República Dominicana se conoce el color mamey. Si a un hablante de español dominicano lo colocan en la situación de definir el color es probable que dude. No obstante, si se colocan uno al lado de otro, el amarillo, el anaranjado y el mamey ese hablante no vacilará al elegir o señalar cada uno de ellos.

El nombre mamey participa en una locución verbal conocida, “acabarse el mamey”, que destaca que “llega a su fin la situación o el objeto del que se hacía uso y usufructo”. Existe además la frase coloquial “ser un mamey” que se usa para dar a entender que “algo es fácil de conseguir o lograr”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:298-9). El hablante de español dominicano usa la palabra mamey para, “persona de trato fácil”. El terreno poblado de mameyes se conoce con el nombre de mameyal o mameyar. Diccionario del español dominicano (2013:437).

Platanú / platanuses, romo, decricaje

Por Roberto E. Guzmán

PLATANÚ – PLATANUSES

“… los PLATANUSES de Cotuí…”

Los dominicanos son muy proclives a consumir plátano. Naturalmente el plátano americano, no el peninsular. El último también se consume, pero en menor cantidad.

El plátano ocupa un lugar tan importante en la cultura dominicana que el poder de bateo de los jugadores dominicanos de beisbol en las ligas de los Estados Unidos se conoce con el nombre de platano power. Antes de llegar a ese punto, los dominicanos eran reconocidos en Nueva York con el nombre de “los plátanos”.

La introducción que antecede resalta la importancia del plátano en la cultura y la historia de los dominicanos; esto a través del consumo de la musácea. De aquí puede deducirse que no hay sorpresa acerca de que la voz platanú descienda de plátano. Esto es, existe relación directa entre esta voz extraña al español general y la muy conocida plátano. Solo en República Dominicana podía producirse algo así.

El platanú es un, “Personaje del carnaval dominicano cuyo disfraz se compone de muchas hojas de plátano que le cubren el cuerpo”. Diccionario del español dominicano (2013:557).  Otro rasgo de esta voz que llama la atención es el plural que le ha asignado el hablante, platanuses.

 

ROMO

“… sobre todo las multitudes de la pobreza, con muchas personas que prefieren, en lugar de libros, la cerveza, el ROMO y los estilos desinhibidos de diversión”.

“… y no que les entreguen mendrugos para que coman tres días, y se beban uno o dos o diez potes de ROMO.”

Según parece a algunos hablantes y bebedores de ron no les bastó con que ese licor se conociera con un monosílabo. Quizás de allí salió la idea de llamarlo romo también. Más adelante en esta sección se lanzará una idea acerca del origen de esa voz.

La producción y consumo de ron ha ido en aumento con el paso de los años. De la misma manera en que ha sucedido con otras bebidas espirituosas, en los últimos tiempos se ha visto un incremento de consumo en el mercado de rones añejados. Esto ha impulsado a la industria ronera a añejar cada vez más algunos de sus productos para complacer el exigente gusto de algunos aficionados al ron de mayor calidad.

Las informaciones de que se disponen por medio de los diccionarios de etimología sugieren que la palabra ron procede del inglés dialectal rumbullion “tumulto” por las refriegas que ocasionaba el efecto del consumo de este licor. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-V-62-3).

En francés el nombre rhum se encuentra desde 1688. Entró primero al inglés en el 1654 rum. La clave para el romo de los dominicanos y venezolanos se encuentra en el nombre que recibió por esos años el licor, rumbo. En francés se conoció también con la variante rumme, cercano también al nombre cariñoso, romo.

Algunos etimólogos han encontrado una metonimia entre rumbustion, pleito, riña, en tanto alusión a los efectos de la bebida y el nombre que terminó imponiéndose, sobre todo en la isla Barbuda. Dictionnaire historique de la langue française (2012-III- 3091-2).

Don Augusto Malaret en Provincialismos de Puerto Rico considera la palabra romo vulgar, y sin más explicaciones, ofrece en cambio la original ron. Esta puede considerarse la primera mención de romo en una obra sobre lexicografía americana.

En la historia más reciente el vocablo romo aparece en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española como conocido en Puerto Rico y República Dominicana, con la mención de que es de poco uso. Se podría argumentar contra esta calificación con respeto del uso, pero la frecuencia en el habla es difícil de evaluar. Es posible y probable que sea de poco uso en la expresión escrita.

Con respecto al uso del vocablo o al conocimiento de lo que significa; en Venezuela saben del vocablo para llamar con ese nombre al, “Ron, aguardiente de caña y en general cualquier clase de bebida alcohólica”. Así consta en el Diccionario de venezolanismos (1993-III-74). Obsérvese que en ese diccionario al final de la acepción añadieron, “y en general cualquier clase de bebida alcohólica”. Esto denota la generalización de su uso. En esa obra se menciona la primera documentación del año 1859. El Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:434) entiende que romo es, “Bebida alcohólica fuerte semejante al brandy, preparada con aguardiente de caña destilado”.

En el Diccionario de hispanoamericanismos (1997:406) aparece de nuevo el romo para, “Ron, aguardiente destilado de caña”. Ahí se menciona empleado el nombre en Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela.

Se desconoce la razón por la que Venezuela no aparece mencionada en el Diccionario de americanismos entre los países donde el ron se conoce con el nombre romo.

 

DECRICAJE

“… y los numerosos asuntos del DESCRICAJE del clima se evaporan…”

En algunas ocasiones algunos redactores piensan que añadiendo una letra ese /s/ intercalada entre una vocal y la consonante siguiente se convierte una voz impura en una legítima.

La aclaración del primer párrafo de este escrito viene a cuento porque en el curso de este se verá que no hay tal palabra *descricaje. No puede existir una letra ese /s/ en esa posición porque la voz del título la creó el hablante llano del español dominicano.

La voz usada por los hablantes de español dominicano es decricaje. Escrita de este modo consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. De acuerdo con ese diccionario tiene dos acepciones conocidas.

Lo primero que debe quedar bien establecido es que esa voz es netamente dominicana, tanto por su formación, como por su significado. La primera acepción se refiere a cosas o personas y al “estado lamentable de estas”. La segunda acepción alude al “agotamiento, extenuación de alguien”.

En general las voces nuevas se forman sobre voces ya conocidas que les sirven de base. Se piensa que quizás la voz del título tiene algo que ver con la voz crica que el Diccionario de la lengua española define así, “partes pudendas de la mujer”. Los académicos no pudieron encontrar un término más elegante para disfrazar el coño.

La experiencia que se puede compartir con respecto de esta voz es que quien escribe estos comentarios cuando oyó por primera vez la voz decricaje y el verbo decricajar pensó que procedía de Puerto Rico. La idea que vino a la mente fue la de tomar las voces en cuestión en tanto expresión de dolor. Es fácil imaginar porqué, si se piensa en lo explicado más arriba. Se pensó en algo que se rompía, -metafóricamente- se desgarraba.

De palabra en palabra

Por Roberto Guzmán

 

19/10/2021

CUIDO

“. . . es una cabeza con actitud, con muchísima pasión, empeño, calidad, CUIDO, amor”.

El Diccionario de la lengua española en su definición de cuido no ofrece sorpresa alguna, para comenzar asienta que es la, “Acción de cuidar”. Esa redacción es antigua y ha sido de uso continuado. No puede criticarse. Cuando amplía el concepto; esa corporación en su definición escribe, “especialmente de cosas materiales”.

Se ha traído este sustantivo a la atención del hablante de español dominicano y del lector interesado, porque en esta habla ese sustantivo recibe una utilización especial que es más especializada que la recibida en el habla general.

El habla de los dominicanos se empeña en establecer la diferencia que entiende que existe entre cuidado y cuido. El cuidado reviste características de atención con miras a prevenir. La mayoría de las veces se utiliza para advertir acerca de algo o alguien. El cuido también es atención continuada en la mente de este hablante de español.

En el cuido se reúnen las diligencias que se encaminan a proporcionar bienestar al objeto del cuido. Se torna en una actitud de una persona que busca un resultado en el objeto de su acción.

 

BRETERO

“. . . adquirieron fama de ser “algo” fantoches, BRETEROS o mete cuentos”.

La voz brete tiene una larga historia en la lengua española. Covarrubias entendía que era el potro en que se daba tormentos a los delincuentes. Metafóricamente pasó a significar “estrechez, aprieto”. Estas metáforas dieron lugar desde el año 1611 a las locuciones “meter a uno en un brete o estar metido en un brete”. Todavía en nuestros días brete conserva entre sus acepciones, “aprieto”; “prisión estrecha”.

El hablante de español dominicano casi no usa el sustantivo o adjetivo bretero en sus conversaciones. Esta voz procede del español propio de Cuba. Como otras tantas voces cubanas, esta llegó a conocimiento de los dominicanos gracias al constante y continuado trato entre los habitantes de estas dos islas. El bretero es la persona que provoca brete, es decir, que alborota. Además, es chanchullero.

En el habla de los dominicanos sí se usa la voz brete que se encuentra en el origen de la del título. En el habla dominicana el brete es, “desorden, confusión”. Estas equivalencias para la voz brete es la que consigna el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

En el citado diccionario figuran otras significaciones para la voz brete que son de uso en otros países de Hispanoamérica. El Diccionario del español dominicano (2013:106) es más fiel a los usos contemporáneos del español dominicano y por ello trae otras acepciones para brete, “agitación, ajetreo constante” y “discusión”.

La primera mención de una voz parecida a brete en un repertorio de voces dominicanas aparece en Criollismos de R. Brito (1930), donde se encuentra bréjete con la acepción primera de brete, “Desorden, tumulto, aprieto”.

Brete se halla por primera vez enumerado entre las voces del habla culta en El español en Santo Domingo (1940:59) en tanto “dificultad: estar en un brete”. En Dominicanismos de Patín Maceo está como “porfía, contienda de palabras”. Con una acepción muy parecida figura en el Diccionario de la Lengua Española, 2014, “Cuba. Discusión acalorada entre dos o más personas”.

Todavía en el año 1967, en De nuestro lenguaje y costumbres, pág.42, la voz inventariada es bréjete y allí se lee para el significado, “Chisme. Enredo”.

Brete y brégete se encuentran en el Diccionario de dominicanismos de Deive (2002:41); este investigador reconoce a brégete con el valor de “Discusión, riña, pendencia” y cita una frase que documenta el uso. La cita pertenece a una obra publicada en los años sesenta. Esta observación se introduce porque está escrita con letra ge /g/, brégete.

La primera mención en un repertorio americano de una voz parecida a brete es bregeta, que entre otras acepciones lleva la de “necedad, molestia”.Vocabulario de los provincialismos de Honduras (1897:23). Esta pudo quizás dar lugar a la aparición más tarde de brégete en el español dominicano, si se toma en cuenta la similitud entre esas dos voces.

La primera mención que se ha encontrado del brete y bretero cubanos están en el Nuevo cautaro de cubanismos (1923:90); ahí para brete puede leerse, “enredo, trastorno, alboroto”. Para la voz bretero D. Fernando Ortiz escribe, “El amigo de bretes, enredos, trastornos. Si los clásicos hicieron matrero, tretero y cuatrero, los cubanos hemos hecho un bretero de buena ley”.

El brete cubano no permaneció sin cambios, pues en el Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-I-177) es, “Noticia, verdadera o falsa, que da origen a una situación confusa y desagradable”. En su segunda acepción es, “Discusión acalorada entre dos o más personas”. El bretero es, “Persona muy dada a la discusión”. “Persona dispuesta a participar en cualquier actividad por curiosidad o esnobismo”. Mediante la lectura de estas acepciones puede observarse el movimiento del uso.

En el habla en Venezuela brete comparte con el habla dominicana la acepción de “agitación, ajetreo incesante”. Allí existe brejetería y brejetero.

 

26/10/2021

RADIOBEMBA

“. . . las informaciones falsas estuvieron manejadas por RADIOBEMBA”.

Este nombre femenino es graciosísimo. Llama la atención de los hablantes de lengua extranjera tan pronto logran entender la formación. Los hablantes de variedades de español diferentes de los países donde se usa esta voz muestran sorpresa e interés al descubrir la existencia de la voz del título.

La voz radiobemba quizás nació solo como una forma hilarante de llamar los rumores. Está formada de dos voces de orígenes diferentes. La voz radio que es componente en esta voz procede del aparato de telecomunicaciones que recibe y transmite mensajes a través de las ondas hertzianas. La segunda parte, bemba, es el labio prominente que suelen tener algunos animales y que denomina también por extensión el de algunas personas.

En la actualidad más que el rumor, noticia o comentario, radiobemba es la manera en que se propagan esas informaciones no confirmadas. Cuando la voz incursionó en el habla fue porque iba de “boca en boca” y se esparcía con inesperada rapidez. A pesar de los avances tecnológicos radiobemba no ha perdido el poder de difusión; lo que ha hecho es incorporar los nuevos medios a su modo de operar.

Con el paso del tiempo radiobemba no es solo rumor, es también una forma de detractar. Cuando no llega al grado de detractar algo o a alguien, sirve para sembrar dudas con respecto a la respetabilidad de una persona o a las intenciones de una decisión.

Radiobemba entró en el diccionario oficial de la lengua en la edición del año 2014. En la edición impresa la voz radiobemba envía a consultar la voz radio para encontrar allí su acepción.

El Diccionario de la lengua española escribe que la voz radiobemba se usa en Panamá, Cuba y República Dominicana. Es muy posible que la voz haya nacido en Cuba y que de allí pasara a República Dominicana. Esto así porque los cubanos son muy conocidos por su capacidad inventiva para crear y divulgar nuevas voces con carácter jocoso para designar hechos serios de la vida diaria.

La primera mención que se ha encontrado de la voz estudiada aquí figura en el Diccionario de cubanismos (1972:168) donde aparece escrito radio-bemba, “Sistema de difusión oral de noticias y rumores”. El Diccionario mayor de cubanismos (1999:587) asienta que radiobemba se usa para designar a la persona chismosa; así como al rumor mismo. En el Diccionario del español de Cuba (2000:449) se entiende que radiobemba, “Se usa para referirse a una fuente de información que difunde noticias no oficiales o rumores no comprobados”.

Ya en el Diccionario de hispanoamericanismos (1997:390) se indicaba que la voz en cuestión se usaba para “rumor, chisme; chismoso”. Ese diccionario añadió a Costa Rica a la lista anterior, pero dejó fuera a República Dominicana. Trae citas documentales de uso en literatura de autores cubano y panameño.

Aunque la voz radiobemba es de uso en el habla dominicana, el reconocimiento oficial tardó en aparecer, pues la primera mención encontrada corresponde al Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:331), “Es la noticia que corre de boca en boca en un barrio o en un pueblo. Se utiliza para identificar o nombrar una conducta relacionada con chismes y rumores políticos”. En el Diccionario de dominicanismos (2010:190) el autor reproduce lo copiado más arriba del Diccionario de cubanismos de 1972 y menciona la fuente.

El Diccionario del español dominicano (2013:584) solo asienta la escritura “radio bemba” como locución sustantiva. En la primera acepción es la, “Persona o cualquier otra fuente que difunde rumores y chismes con rapidez”. La segunda acepción es, “Información que se difunde mediante rumores”. Se ha observado que radiobemba ha dejado de usarse con propósitos humorísticos y que cada vez más se toma en serio como medio de difusión que infunde temor.

 

BEIGE

“El traje BEIGE de Biden. . .”

La paleta de los pintores es capaz de crear matices, tonalidades y colores sin fin. Las personas que no son versadas en los menesteres de los colores pueden distinguir pocos colores. Hasta puede decirse que son incapaces de notar las diferencias entre algunos colores si no los ven unos junto a otros.

Este color, beige, con este nombre fue desconocido durante largo tiempo en la lengua española. El uso (la imitación) lo impuso en la edición del año 1992, año de celebración del gran encuentro de civilizaciones. En ese año entró con la acepción “marrón claro”; esto es, apoyándose en otra palabra que como beige procede del francés, color el último que permaneció largo tiempo fuera del diccionario oficial porque se prefería llamarlo castaño.

El color beige es conocido con ese nombre en inglés y portugués brasileño. En italiano también usan la palabra para el color. Cortellazo- Zolli,Dizionario etimologico della lingua italiana (1984-I-128).

Aunque no sea todo lo exacto que podría desearse, el hablante dominicano hace tiempo que resolvió el asunto llamando este color “crema”, que en el diccionario oficial de la lengua se entiende que es un “blanco amarillento”. Como dice el chusco, este crema depende del color de donde se extrae o reduce.

Los diccionarios de todas las lenguas consultadas registran que es de origen obscuro, a pesar de que existen varias teorías. Los franceses dicen que se desprendió de otra palabra más larga del italiano, bombagia. En su origen designaba el color de la lana natural, de un gris amarillento. Hay tratadistas que consideran que el color, marrón pálido, era el color natural del algodón y la lana. La lengua inglesa ha documentado la entrada de la palabra en el año 1858. Los hablantes de portugués brasileño arreglaron a su manera la grafíabege.

Con este color ha sucedido lo mismo que ha pasado con el caqui. No se encuentra ya en estado puro. Le añaden otros tintes al beige básico que desnaturalizan el color y los legos no pueden discernir qué clase de color representa el beige natural.

 

 

 

2/10/2021

CHERCHA

“. . . fue elaborado y aprobado en medio de una CHERCHA mediocre. . .”

El vocablo chercha es uno, pero el colorido se lo añade cada una de las hablas donde se usa. Las distancias entre los sentidos que lleva el vocablo en los distintos países no son enormes. El hablante de cada uno de esos países le ha imprimido unas pinceladas de tinte nacional que representa la idiosincrasia propia del hablante. Lo que acaba de describirse a grandes rasgos se analizará más abajo.

La palabra del título consta en el diccionario académico desde por lo menos la edición de 1947. La acepción en esa edición de ese diccionario era, para Honduras, chacota. Para Venezuela, burla, zumba. El vocablo no figuraba en la edición de 1914.

La primera mención de chercha en una obra acerca de voces particulares a un país se remonta a Hondureñismos, vocabulario de provincialismos de Honduras (1897:49), “Charla de la gente del pueblo”. El significado de la palabra no ha permanecido inmune al paso del tiempo y al uso constante; hace unos años pasó en Honduras a tomársela por, “Burla o broma en medio de alegría y carcajada, es lo mismo que chacota”; esto es, añadió la bulla al grupo de personas. Diccionario de hondureñismos (2013:45). Otros rasgos sumados son, “celebración, intrascendencia de la conversación”; por último, se asimiló a “mentira”. En Panamá se han conformado con mantener la palabra dentro de los límites de, “broma, burla”.

En el primer párrafo se expresó que cada país había contribuido a dejar su huella en el significado de chercha a través del uso. Los dominicanos, en su habla, a las características anteriores agregaron a la palabra la sinonimia “juerga, jolgorio”. La chercha es una “reunión de personas parlanchinas y bulliciosas”. Con esto se incorpora el rasgo de conversaciones largas entre varias personas.

A todo lo anterior los venezolanos en su habla añadieron “risas” que se interpreta en tanto manifestación de la alegría expuesta en otras hablas. Diccionario de venezolanismos (1983-I-336). Otra cualidad que aparece en esa habla sobre la broma o burla, “se le hace a una persona”. Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:164).

Por medio del examen precedente puede comprobarse la forma en que las hablas y el tiempo han influido en el concepto que se tiene de una palabra, chercha, que generalmente se la tiene por intrascendente. A pesar de esos retoques al concepto de la palabra, esta ha permanecido con su definición centrada en los mismos límites.

Antes de concluir con el tema de la chercha se desea exponer una idea acerca del origen del sustantivo chercha y el verbo cherchar. Se piensa que puede tener origen onomatopéyico. En inglés, por ejemplo, existe chitchat, (aquí piénsese en cher-cha) para conversaciones sin importancia. El francés tiene varias palabras por ese estilo, chuchote, es una de ellas. El nombre chercha pudo ser retenido por el hablante por el sonido de la continuada conversación; sobre todo, cuando al principio la definición no incluía el ruido y todo lo demás que se sumó más tarde. Esto es solo una idea y no tiene más fundamento que lo expuesto más arriba.

 

AMARRE

“. . . donde sus miembros sean elegidos por el sufragio puede garantizar sin AMARRES politiqueros. . .”

En el español de la actualidad hay más de un amarre; esto es, hay varios amarres que dependen del entorno en que se utiliza el vocablo. El verbo del español y del portugués guardan estrecha relación con la lengua francesa. No hay que dudar que la frecuencia del verbo en el habla de los dominicanos se vincule con el léxico de la marinería.

La preponderancia del verbo y sus derivados no es asunto reciente. Este verbo arrinconó los demás verbos del español que tienen un significado semejante, tales como atar, ligar, sujetar.

El verbo amarrar llegó al español desde el francés amarrer. En francés el verbo solo tiene uso náutico. El verbo amarrar entró en español a mediados del siglo XV. Derivados de este verbo son, amarra, amarradero, amarre. En portugués J. P. Machado entiende que a esa lengua llegó en el siglo XIV; trae la cita de la época. Dicionário etimológico da língua portuguesa (1967-I-224).

Se escribió más arriba que el verbo y varios de sus derivados tienen relación directa con la marinería. No debe pensarse que todos los pasajeros que llegaron en las primeros viajes al Nuevo Mundo eran marineros. No lo eran, pero a pesar de eso no puede olvidarse que la travesía duraba alrededor de cuarenta y cinco días.

Las naves que surcaban el Atlántico no eran tan cómodas como las modernas. Los pasajeros se veían en la obligación de reunirse por motivo del escaso espacio, así como por las incomodidades propias del viaje. Durante ese tiempo, forzadospor las circunstancias los pasajeros se familiarizaban con el léxico de la marinería. Una vez en tierra usaban esos términos en sus actividades cotidianas.

Las pruebas de lo anterior las documenta Boyd-Bowman quien trae citas del uso de los vocablos amarre y amarrar en el siglo XVI en diferentes puntos de América, sitios localizados en lo que hoy son, Chile, Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela. Léxico hispanoamericano del siglo XVI (1972:55).

Esteban Pichardo escribe acerca del verbo amarrar, “Este verbo está tan generalizado que ha dejado sin uso el de Atar; no así el compuesto Desatar”. Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:51). Más adelante ese estudioso escribe que de modo metafórico es “preparar o disponer algún convenio o hecho futuro de manera que el éxito sea infalible”. Esa operación define muy bien el concepto moderno del amarre; aunque en el lenguaje moderno convive con el sustantivo cierre. Este último empujado por el inglés closing.

En la cita ilustrativa del uso, “amarre” se utiliza en sentido metafórico, con un rasgo de algo que se hace a escondidas o de modo subrepticio. Este uso coincide con la acepción recogida en el Diccionario de americanismos (2010), “Acordar con engaño o artificio algo dos o más personas o entidades, en especial un contrato o una licitación”.

A través de la historia el verbo ha aumentado sus acepciones. En América se han creado otras y el habla dominicana sumó alguna. En esta habla amarrarse es casarse. El Diccionario de americanismos trae la información de que en esta habla vale también para embriagarse.

 

9/11/2021

JURUNGAR
“… sino que saldrá de nuestros bolsillos, ya rotos, y cansados de tanto JURUNGARLOS”.

El verbo jurungar procede de las hablas dominicana y venezolana. De este modo lo reconoce el Diccionario de la lengua española cuando asentó esta voz en calidad de propia de los dos países cuyas hablas se mentaron más arriba. El reconocimiento antes señalado se produjo en la edición del año 2001.

Las fuentes bibliográficas apuntan en la dirección de una aparición relativamente reciente para el verbo jurungar en el habla dominicana. Esto inclina a hacer pensar que el origen del verbo se produjo en Venezuela, por lo menos con esta grafía.

La primera noticia del verbo escrito jurungar en un repertorio de voces propias del habla dominicana se encuentra en Del vocabulario dominicano de D. Emilio Rodríguez Demorizi, “Jurungar. Embromar. Punzar. Meter un dedo o algo en una cavidad. Molestar. Pinchar”. (1983:143).

Con anterioridad a esta cita hubo alguna noticia acerca de jurungal con un verbo como sinónimo o equivalente, pinchar. Así se halla en Criollismos de Rafael Brito. Llama la atención que este autor haya escrito jurungal, con una letra ele /l/ al final, si se toma en cuenta que su fuente principal de voces vernáculas procede de la región del Cibao, donde la terminación sería otra y no ele /l/. En esa obra Brito en varias ocasiones presenta las palabras escritas de la forma en que la pronunciaban los lugareños del Cibao, con la letra /i/ en lugar de la erre /r/.

Hay que destacar el tiempo transcurrido entre la primera mención de una voz parecida al verbo y la aparición del verbo mismo en un repertorio de voces.

A don Ángel Rosenblat el origen de la palabra le parece indudable “. . . jurungar se formó por cruce de dos verbos: jurgar (hurgar) y jeringar”. La primera mención escrita de este verbo la encontró este investigador en un escrito del año 1859, escrito jorungar, con el valor de escarbar. Unas líneas más adelante, escribe, “. . . en Venezuela, las Antillas, América Central. . . es frecuente que se emplee. . . “no se la jurungue” [la nariz]. Buenas y malas palabras 1974-II-41). Para “introducirse los dedos en las fosas nasales”, es como el autor de estos comentarios recuerda haber oído en su niñez por primera vez el verbo jurungar.

Como es natural que ocurra en casos como este, una palabra que cobra vigencia en el habla tiende a ampliar su ámbito semántico, porque el hablante, o los hablantes, usan la voz aunque no sepan con exactitud el campo específico que cubre.

En Venezuela en el año 1977 ya se utilizaba la voz en cuestión con el valor de, “hostilizar, molestar, provocar la ira de alguien”. Léxico popular venezolano (1977:189).

En los predios rurales la voz pasó a significar “Escarbar. Provocar a alguien”. Ahí está la palabra del campo, escarbar; junto con la idea de pinchar, punchar, pero en sentido figurado, en tanto acción ejercida pero no físicamente. Cuando el verbo del título sentó reales en el ámbito citadino y por ende culto, la acepción tomó rumbo más elevado, “Hurgar, revolver, escarbar”. Este valor se documentó ya en el año 1912. Diccionario de venezolanismos (1993-II-37).

Más adelante en la lexicografía venezolana registró acepciones insospechadas cuando llegó a “Registrar por curiosidad los objetos de otra persona”. En sentido figurado alcanzó a tipificar, “Investigar algún asunto”. Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:290).

En el habla de la República Dominicana el verbo jurungar adquirió acepciones desconocidas en otros países. “Estropear algo con lo que se ha estado operando. Maniobrar repetidamente con una cosa. Estropearse un aparato o maquinaria”. Llama la atención la proyección del verbo hacia estropear y maniobrar. En estos casos se produjo un salto que solo el tiempo, la distancia, el medio social y el uso en diferentes circunstancias pueden explicar. Diccionario del español dominicano (2013:400).

 

LECHÓN

“Hay que celebrar que los LECHONES de Santiago no son. . .”

Lechones es el plural de lechón. El lechón es un cochinillo que todavía mama. De allí le llega el nombre lechón, pues mama leche. El cerdo tiene fama de ser un animal sucio (cochino), de donde por extensión se califica con este adjetivo a la persona puerca, desaseada. También se usa la palabra lechón en funciones de nombre para el cerdo macho sin importar la edad de este.

Luego de esa entrada obligatoria hay que enfocarse en el lechón de Santiago de República Dominicana. En esa ciudad casi siempre se usa el nombre en plural, “lechones de Santiago”.

Los lechones de Santiago son las “máscaras que acuden al desfile de carnaval vestidos de diablos”. Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:222). Este disfraz casi siempre lleva cuernos (cachos) añadidos a la careta, sobre la frente o la cabeza, porque así era la representación del diablo. En el caso del “Baile de lechones”, en lugar de disfraz de diablo llevan caretas (máscaras) de lechón.

En Santo Domingo, la capital, se llama “diablo cojuelo” al personaje disfrazado que en Santiago se denomina Lechón. Es posible que esta diferencia entre los nombres nunca sea bien explicada, sobre todo por sus motivos. En Montecristi a los personajes disfrazados del período de carnaval llaman de “toros”.

En los últimos tiempos se ha propagado la costumbre de llamar diablo a todos los personajes disfrazados con trajes llamativos y máscaras elaboradas; sobre todo si llevan cuernos y látigo.

 

CHÁCHARA

“. . . la movilidad en el Gran Santo Domingo no es para CHÁCHARAS. . .”

En verdad, en verdad os digo. . . este vocablo del título se incluye en esta columna para aprovechar y tratar el tema de la onomatopeya y el uso de esta en el español dominicano.

Cháchara es palabra de raíz onomatopéyica romance klakk- “charla”.

Para el objeto de esta exposición solo se insistirá sobre la significación “conversación frívola”. Al español llegó del italiano chiàcchiera que en esa lengua era “conversación sin objeto y por mero pasatiempo”. En italiano tienen un verbo para el ejercicio de esta acción, chiachieràre. Al pasar al español pasó con el sonido de /ch/ y no de /k/ como correspondía por el origen.

En portugués J. P. Machado sostiene que cháchara llega a esa lengua desde el español y tiene “etimología obscura” y alude a A. Nascentes que escribe, “El español tiene cháchara que la Academia Española y M. Lübke consideran vocablo onomatopéyico”. [No obstante] L. Erguilaz da un étimo árabe, con significado de “ruido tumulto”. (Versiones españolas de RG).

La onomatopeya alude a la relación existente entre la cosa que se designa y el sonido de la cosa, al ruido, o voces en el caso de algunos animales con la unidad léxica que se crea para imitarlos. La imitación del sonido se hará de acuerdo con los parámetros de la lengua en cuestión.

La representación de algunos sonidos (onomatopeya) cuenta con la aceptación de los segmentos cultos de los hablantes. Esto no es objeción para que en algunas hablas se sientan con derecho de imitar el sonido a su manera. Es clásica en lingüística la diferencia en la representación de los sonidos de los animales en distintas lenguas por las diferencias que estas arrojan.

Los dominicanos para referirse al sancocho que hierve lo hacen diciendo, plopló. El sonido de un disparo de arma de fuego es tituá. Para dar a entender que algo sucede de modo súbito, ¡rián! Pimpán para el golpe propinado, tras, para el desgarre de una tela; tóquiti para el golpe accidental, especialmente si se recibe en la cabeza. Curcur o culcul, para líquido ingerido con rapidez. ¡Fua!, se fue la luz. Algunas de estas onomatopeyas se tomaron de Retablo de costumbres dominicanas (1991:146).

Una vez que estos sonidos se integran en la lengua en cuestión pueden conducirse como palabras, aceptan el plural, por ejemplo. En algunas lenguas pueden dar lugar a verbos. Se piensa que la lengua que crea onomatopeyas con mayor facilidad es el inglés.

 

16/11/2021

MOJIGANGA

“. . . así como acabar con la MOJIGANGA que. . .”

El vocablo del título no lo crearon los dominicanos. Lo que sí han hecho los hablantes de español dominicano es añadir nuevas acepciones a este vocablo.

La palabra mojiganga comenzó en español conocida por boxiganga. No hay que sorprenderse por el cambio experimentado. Recuérdese que la letra jota /j/ no existía todavía a principios del siglo XVII. En el siglo XVIII se conservó el nombre mojiganga solamente en sentido figurado para “farsa, cosa ridícula con que parece que uno se burla de otro”. La palabra del español pasó al catalán y al portugués.

En el Diccionario de autoridades (1732-II-587) aparece escrito mojiganga con la acepción copiada más arriba. Allí se añade, “Fiesta pública que se hace con varios disfraces ridículos, enmascarados los hombres. . .” (Versión moderna RG).

En el español dominicano el reconocimiento de la palabra estudiada aquí se produjo en el año 1940 cuando P. Henríquez Ureña la escribió en plural, mojigangas, con el sentido de “máscaras”; este estudioso agregó, Por extensión, ‘ridiculeces, tonterías, ficciones’. D. Pedro menciona además el verbo “mojiganguear” al que identifica como juguetear.

Cuando Patín Maceo se ocupó de las palabras mojiganga y mojigangas; para la primera la trata de “Barbarismo por máscara”. Trae la locución Estar de mojiganga con el sentido de “Estar en ridiculez”. Para el plural mojigangas, asienta, “Gestos, ademanes, bravatas”.

No hay que olvidar que la semilla de la acepción de la máscara dominicana para mojiganga apareció en el Diccionario de autoridades, con las palabras “disfraces, enmascarados”. En De nuestro lenguaje y costumbres (1967:63) la mojiganga aparece tipificada por, “Algo que hace de hazmerreír”.

Al leer estas significaciones recogidas en el habla para la palabra mojiganga, eso permite que el lector comience a hacerse una idea de la vía por la que se encamina el habla dominicana con respecto a la palabra. Hay que resaltar que en las acepciones que presenta el diccionario oficial de la lengua española el acento está colocado todavía sobre los disfraces y la acción burlona y la obra teatral breve.

El hablante americano de español en México, Panamá y Honduras retuvo el rasgo del disfraz ridículo y el entorno de la fiesta para su mojiganga que es una figura gigante de madera y trapos en las festividades.

El hablante dominicano hizo de mojiganga, “Persona que es objeto de burla o sirve de diversión a otras”. Así mismo usa mojiganga para referirse a, “Falta de seriedad y orden”. Aunque no se ha encontrado en los lexicones, se ha oído y usado mojiganga para calificar a una persona de poca o ninguna valía. Expresarse diciendo que una persona es un o una mojiganga es hacerlo de modo despectivo. Se ha oído decir que un hombre es un mojiganga, sobre todo cuando la compañera de vida es quien lleva la voz cantante.

La palabra mojiganga ha dado pie a varias locuciones bien acreditadas por el uso.En el habla dominicana, “coger de mojiganga, estar de mojiganga, poner de mojiganga, ponerse de mojiganga”. La nota en estas locuciones va de la mofa, a la ridiculez, hasta someter a una persona a la voluntad y capricho de otra.

Puede afirmarse sin riesgo a equivocación que mojiganga ya no se usa para máscara. Si va vestido de manera extravagante puede que se diga que esa persona es o parece una mojiganga. La persona de quien se dice que es mojigangosa es la que presenta características de ridiculez.

Como la palabra ha rodado en el habla americana, no podía faltar alguien que procurara encontrarle un origen diferente al peninsular. D. Fernando Ortiz va a las lenguas bantúes y explica que el brujo nga, nganga vestía de forma ridícula y extravagante, colores chillones, máscara, campanillas y cencerros. Él entiende que de estos personajes sacó el español la mojiganga del teatro. El citado autor trae en auxilio de su teoría abundante material. Glosario de afronegrismos (1924:322-6).  El Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico alude a Ortiz, pero descarta sus teorías.

 

ENTREJUNTA

“Los que dicen poner candados se conforman con que la puerta esté ENTREJUNTA. . .”

La búsqueda que se ha emprendido para dar con las menciones de la palabra del título en diccionarios de la lengua general no ha sido productiva.

La primera mención de la palabra entrejunta en un lexicón aparece en el Diccionario de americanismos (2010) de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Allí se atribuye su uso al habla cubana.

Algo curioso es que al repasar los lexicones de habla cubana no se encontró rastro de esta. La misma tarea se acometió entre los repertorios de habla dominicana. La primera mención del adjetivo “entrejunta” se encontró en el Diccionario del español dominicano (2013:291).

El autor de estos comentarios acerca de la lengua recuerda el uso de la palabra desde los años de su juventud cuando era un adolescente hace más de sesenta años. En el habla familiar se usaba para pedir a alguien que no cerrara completamente una puerta.

El español general conoce el verbo entornar que deriva en el adjetivo entornado, a para “Volver la puerta o la ventana sin cerrarla del todo”.

Es pertinente llegado a este punto hacerse la pregunta acerca de si usar una composición semejante, entrejunta, es acertada para expresar dejar una puerta o una ventana sin cerrarla del todo.

Al revisar el Diccionario de la lengua española, es decir, el de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se encuentra que “entre” puede servir para mentar “Situación en medio de dos o más cosas” o “estado intermedio”. Con respecto del verbo “juntar” este comunica “entornar, cerrar una puerta o una ventana sin echar llave o pestillo”.

Así, ya no cabe sorpresa de que los hablantes de español de Cuba y República Dominicana recurran a entrejuntar para, “Referido a una puerta o ventana, que no está cerrada del todo”.

Si se toma en consideración lo escrito más arriba con respecto a encontrar el vocablo en los lexicones cubanos, esto mueve a pensar que no es un uso antiguo, o, es de uso esporádico. Esa consideración puede aplicarse también a la República Dominicana.

 

Cachafú, criollización

Por Roberto E. Guzmán

CACHAFÚ

“… nos lanza la primera parte de su particular, desenfundan sus CACHAFUSES…”

La palabra cachafú solo se conoce en el habla de los dominicanos. Esto es, tanto la palabra como el significado solo son de conocimiento de los hablantes de español dominicano.

Es desafortunado que los hablantes más jóvenes no sepan qué cosa es un cachafú. La aseveración anterior destaca que en el español dominicano más reciente esa palabra es de escaso uso.

Como sucede a menudo con voces de español diferencial, con el paso del tiempo y del uso el concepto o idea que los hablantes se hacen de la voz del habla esta varía, o se hace difuso. Esto último ha sucedido con esta voz.

Las noticias que se tienen de la voz cachafú indican que ha existido en el español dominicano desde hace más de cien años. No obstante, el primer estudio que recoge la palabra es Del vocabulario dominicano (1983:45), donde puede leerse, “Revólver viejo”. En el Diccionario de dominicanismos (2002:46), aparece únicamente como, “Revólver”.

En el Diccionario de dominicanismos (2010:51) califican el arma de, “Revólver viejo de pistón”. No puede descartarse que en principio el cachafú fuese un arma de fuego de pistón, vale decir, que se ceba con pólvora fulminante contenida en una cápsula.

El autor de estos comentarios recuerda que la voz cachafú se usaba hace más de sesenta años para resaltar el tamaño del arma. En la generalidad de los casos se refería a un revólver no muy moderno, nunca a un arma semiautomática, pistola.

Durante el período de la historia dominicana que se conoce con el nombre de Era de Trujillo, la posesión de armas de cualquier tipo era tan restringido que hasta para disponer de un rifle de perdigones se necesitaba de un permiso expedido por la Secretaría de Interior y Policía. De aquí puede deducirse que el porte y tenencia de arma de fuego sin permiso fuese castigado severamente. El comercio de armas de fuego era muy restringido y controlado.

Una vez terminó ese período antes mencionado se liberalizó la posesión y el comercio de armas de fuego. Lo que puso de moda la palabra fue que en el año 1964 se puso esa voz como título a una revista de humor y sátira política, Cachafú.   Esa revista alcanzó amplísima difusión en el país dominicano y se vendía al pregón por su popularidad. Las caricaturas eran de alta calidad y los escritos se debían en su mayoría a la inventiva de Francisco Álvarez Castellanos.

Esa publicación traía en su portada el dibujo de un arma de fuego de gran tamaño, aunque no parecía que fuera para ser disparada desde el hombro, a lo que se añadía la característica de tener un cañón corto de boca ancha. Es probable que esta gráfica haya influido en la idea que el hablante moderno se forjó del arma.

Mediante la lectura del recuento que aquí consta y las explicaciones añadidas, queda claro que todas las acepciones reproducidas más arriba para cachafú son acertadas.

 

CRIOLLIZACIÓN

“En la CRIOLLIZACIÓN del carnaval dominicano…”

La búsqueda en los diccionarios tradicionales para dar con el vocablo del título ha resultado infructuosa. A pesar de que no se halla registrado el vocablo, puede asegurarse que debería hacérsele un lugar. Es oportuno el uso, y, la formación obedece a las normas de la lengua española. En el desarrollo de esta sección se comprobará lo interesante que resulta en América analizar este vocablo.

Los genes presentes en este vocablo tienen estrecha relación con la palabra criollo. En el Diccionario del español dominicano (2013:223) se encuentran las palabras más cercanas a la del título y estas proveen las pistas para entender lo que criollización significa. En ese diccionario aparece el adjetivo criollizado que es, “Referido a persona, que ha adoptado las costumbres de la República Dominicana”.

En ese diccionario, en la misma página, consta el verbo criollizar(se), “Hacer que un extranjero adquiera las costumbres propias de la República Dominicana”. “Hacer que algo adquiera características propias de la cultura dominicana”. Esta segunda acepción sirve de base para que se argumente que el sustantivo criollización es pertinente.

Todos los vocablos de esta familia tuvieron su origen en “criollo” que en español es una adaptación del portugués crioulo, derivado de criar. En un principio con la voz del portugués se designaba al esclavo nacido en casa de su señor, así como al negro nacido en la colonia, por oposición al procedente de la trata.

El vocablo criollo adquirió mayor importancia y relieve social y político cuando pasó a designar al blanco nacido en las colonias. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980- II- 243-5). En Canarias utilizan el vocablo en cuestión para, “Originario, propio de las islas o de cualquier lugar de ellas, autóctono”. Diccionario diferencial del español de Canarias (1996:424). Esto hace pensar al autor de estas líneas que el vocablo pasó de América a Canarias. Esto así, a pesar de que en la acepción del español de Canarias la palabra criollo lleva huella del concepto portugués acerca de la palabra.

La voz portuguesa crioulo deriva de criadouro que produjo una secuencia hasta llegar a crioilo, crioulo. Antenor Nascentes sostiene que la evolución que se produjo para terminar en la voz conocida en el presente se desarrolló como una consecuencia de la deformación en la elocución del término en boca de los africanos. Dicionário Etimológico da Lingua Portuguesa (1932:223).

La voz pasó a otras lenguas, al francés, créole (kreyol), que entró con una forma hispanizante, crollo en 1598. En Luisiana en el pasado se refería con esa voz a los blancos de origen francés o español. La voz del francés ha producido derivados parecidos por su significación a los españoles mencionados más arriba. Dictionnaire historique de la langue française (2012-I-902). En italiano la voz es créolo, luego de pasar por crioglio, con la misma significación antes citada para Luisiana. Dizionario etimologico della lingua ialiana (1979-I-295).

En inglés ingresó en 1697 Cirole, para transformarse en 1737 en creole tomado del francés, con el valor reconocido antes en Luisiana. Chambers Dictionary of Etymology (2015:233).

La importancia de la palabra criollo en América tiene fuertes matices históricos, pues las independencias de los territorios americanos fueron impulsadas por los criollos. Como es sabido las acepciones de criollo se han ampliado a través de la historia. Un ejemplo de esto es llamar criollo (creole) a la lengua fruto de fusión de una lengua europea y otra indígena negra.

Las voces derivadas de criollo son pertinentes cuando introducen matices adjetivos a nociones existentes; o cuando ensanchan el concepto de lo criollo a nuevos campos, como es el caso de criollización.

Puyar, favela, manoplazo

Por Roberto E. Guzmán

PUYAR

“Si no tienen uno en sus manos PUYANDO 24 horas, inmediatamente se declaran. . .”

“. . . también PUYANDO sus aparatos. . .”

Este uso de puyar es punzante. Hay diversas maneras de puyar, tal y como se comprobará más abajo. La acción de puyar puede herir el cuerpo y en otras ocasiones hiere el espíritu. El verbo deriva del sustantivo puya que apareció temprano en las lenguas romances.

El verbo adquirió temprano en la lengua acepciones asentadas más tarde en los diccionarios para reconocer los usos. Como es de suponer, en América el verbo se hizo de significaciones propias que luego devolvieron al español peninsular.

Algo que se ha observado en el habla de los dominicanos. El verbo puyar y puya son más frecuentes en el habla del pueblo llano; hay más, se empleaba con mayor frecuencia en las conversaciones en las provincias del Cibao que en otras partes del país.

En el origen de puya y del verbo puyar se encuentra una palabra que ha ido de capa caída en el uso, púa. La única púa que se oye y se escribe con frecuencia es la del alambre, alambre de púa.

Puyar(se) en el habla de los dominicanos es usado mayormente para mencionar el “pinchar a alguien con un objeto punzante”. De esta acción más bien suave el puyarse pasó a usarse para un acto intencional, “herir a alguien con un objeto punzante”. Ensanchó su campo de acción y pasó a usarse para dar a entender, “herir a alguien con una arma blanca”.

En tiempos más recientes pasó el verbo a adquirir connotaciones menos concretas, “estimular, incitar a alguien para que realice una acción”. Al incorporar esta acepción, el hablante dominicano lo que hizo fue integrar el uso de otros diez países americanos.

Durante largo tiempo el verbo puyar se usó de manera exclusiva en los predios rurales para “poner una inyección a alguien”.

En el habla contemporánea el verbo puyar ha adquirido acepciones que no poseía en el pasado, “apretar algo, especialmente un botón o una tecla”. La otra acepción que se ha sumado en tiempos recientes es, “manipular un mecanismo, especialmente el motor de un vehículo”.

En la cita puede el lector adivinar que se trata de personas que aprietan teclas o botones de aparatos modernos, especialmente teléfonos celulares u otro tipo de artefactos muy modernos que pueden llevarse consigo a todas partes.

Por medio del recuento de las significaciones del verbo puyar(se) puede observarse como un verbo que existe desde hace siglos en el español internacional ha incorporado en el habla nuevas acepciones menos violentas o sin dolor.

 

FAVELA

“. . . ha sido el de llevar atisbos de paz y progreso a las populosas y marginales comunidades o FAVELAS enquistadas. . .”

Esta palabra se ha integrado con tal ímpetu en el español de todos los días que muchos hispanohablantes no se percatan de que están usando una voz extranjera cuando la usan. Favela es una voz directamente aceptada en los diccionarios del español sin modificación alguna. La voz portuguesa entró en el Diccionario de la lengua española en la edición de 1992. Se escribió “portuguesa” porque así lo escribe ese diccionario, aunque quien esto escribe prefiere llamarla brasileña.

En esa edición de ese diccionario aparece calificada de americanismo con la acepción, “Barraca, chabola”. En la edición del 2014 los redactores del diccionario antes mencionado se pusieron al día. Cambiaron, “Del port. Brasileño favela. 1. En Brasil, barraca, chabola. // 2. En las ciudades brasileñas, barrio marginal de chabolas”.

En la lengua española moderna el portugués o el brasileño no han podido imponer muchas voces. Aparte de saudade es probable que pocos hispanohablantes puedan mencionar otras voces que procedan directamente del brasileño y que se hayan aceptado sin cambio alguno.

La favela tiene una historia curiosa. En brasileño es, “Conjunto de viviendas rústicas, con poca o ninguna infraestructura urbana y carente de servicios públicos, como la recogida regular de basura”. (Versión española RG).

La palabra entró en Brasil al final del siglo XIX después de la Guerra de Canudos, en Bahía. Los soldados en 1897 cansados de esperar por el alojamiento prometido ocuparon los morros más próximos al Ministerio de Guerra. Ese fenómeno inauguró un nuevo modelo de ocupación urbana. Los soldados bautizaron este lugar con el nombre de “morro da favela”, que era el nombre de la elevación donde estuvieron acantonados en Canudos que debía el nombre a la vegetación existente en el lugar.

Favela, en sí, es una leguminosa, un tipo de haba (fava) pequeña, pues favela es el diminutivo de fava, (haba). A origem curiosa das palabras (2003:105-6). (Versión española RG).

Las diferentes lenguas han bautizado estos asentamientos con términos que cobran importancia y definición propias. En francés es bidonville, en inglés tienen slum y shanty town. En español existen varias denominaciones para estos asentamientos urbanos o suburbanos, uno de ellas es “villa miseria”.  

La inventiva del hablante de español dominicano es muy productiva para bautizar este tipo de asentamientos, en República Dominicana los clasifican como barrios, “Monomojao, Salsipuedes, Raboechivo, Nibaje” y otros más, todos muy graciosos y descriptivos.

 

MANOPLAZO

“. . . como si las walkirias tuvieran que ser. . . de un MANOPLAZO”.

Este vocablo forma parte de aquellos cuya formación no es correcta; vale decir, no obedece las reglas que el uso ha impuesto y las normas han establecido. Puede interpretarse formado sobre mano- o sobre manopla. En el examen del vocablo se verá que tiene relación con la mano y no con la manopla.

Es recomendable observar los cambios en las acepciones reconocidas para manoplazo. En ese proceso podrá comprobarse los ajustes que se hicieron en esas acepciones, algunas de acuerdo con los cánones de la lingüística dictados por el paso del tiempo.

Cuando el manoplazo apareció en los repertorios de palabras dominicanas en el año 1930, de la mano de Rafael Brito, fue así, “Golpe dado a mano abierta”. Diez años más tarde cuando D. Pedro Henríquez Ureña se ocupó del asunto solo varió mínimamente la redacción de la acepción, “Golpe dado con la mano abierta”.

Mayor cuidado observaron los redactores del Diccionario del español dominicano en el momento de escribir la acepción, pues tuvieron en cuenta la terminación de la voz manoplazo en el momento de la redacción de la acepción, “Golpe fuerte dado con la mano abierta”.

El rasgo distintivo en esta acepción es la incorporación del adjetivo fuerte que se aviene con lo que las normas aconsejan en el caso de la terminación -azo, especialmente si se tiene en cuenta que esta terminación tiene valor aumentativo. Esta consideración se refuerza cuando se lee para esa terminación, “A veces significa golpe dado con lo designado por la base derivativa”.

Ahí está el manoplazo dominicano cuyo significado se comparte con Puerto Rico. Las características a retener para este golpe son, la mano abierta y la fuerza del golpe.

Popola, achicharrar(se)

Por Roberto E. Guzmán

POPOLA

“Tú eres el rey de la POPOLA, no la dejes sola pa´que no le den una bola”.

La voz popola suena acariciadora. Puede decirse que es una voz dulce; tiene connotación de habla infantil. Popola y popolita hacen recordar nombres que se ofrecen a los niños para denominar partes del cuerpo cuyos nombres entre adultos son vulgares y entre letrados son cultos, suenan raros. El tipo de palabras del título tiene escasa circulación en la expresión escrita; casi siempre se reserva para conversaciones privadas. Las razones para que sea así son variadas.

En la historia reciente de las canciones dominicanas, las letras han dado un gran salto. Ya no se esconden las palabras obscenas. Cada vez se desnuda más el lenguaje y se hace más explícito. El “doble sentido” ha ido desapareciendo. Esto es quizás el resultado de que las palabras moldean el mundo, pero también lo reflejan. “Ahí me planto” es la frase elegida por este redactor para evitar entrar en ese aspecto del tema.

Con respecto de las palabras consideradas obscenas, debe de recordarse que por lo general estas suscitan emociones inexpresadas. Algunas que se publican o se usan en público en la actualidad revisten el sabor de la transgresión; se erigen en una crítica a la falsedad de la fachada moral de la sociedad.

Aunque se viva en sociedad, todas las personas no reaccionan de la misma manera ante el uso de palabras reales para nombrar hechos de la vida. Algunas profesiones tienen sus códigos para denominar algunas acciones; por ejemplo, cohabitación, relación carnal, adulterio, infidelidad, corrupción y estupro son palabras que en la calle reciben otros nombres descarnados que muchas veces muestran el disgusto o desaprobación del acto por medio de la censurada palabra.

Si se toma desde el ángulo lingüístico, la amplitud del vocabulario sexual puede aceptarse como un índice de la vitalidad de la lengua y de la riqueza de la imaginación de los hablantes del país. No puede negarse que la sexualidad ocupa un lugar preponderante en la vida humana y, en consecuencia, existe una gran creatividad; es un área fecunda y dinámica en el habla del humano de a pie.

Durante largo tiempo los diccionarios ignoraron las palabras que se consideraban crudas y con ello fallaban en su misión de transmitir o asentar el conocimiento. C. J. Cela asegura que “la vulva del diccionario no es el coño del pueblo, sino tan solo una parte de él”.  Diccionario secreto (1968-I-13). Se plegaban -los diccionarios- a la prohibición del tabú, que puede provenir del miedo, de la delicadeza y de la decencia. En casos como este es posible escribir que el lenguaje está al servicio del hecho social.

Los hablantes y escribientes de la lengua en esa condición obedecen a varias motivaciones cuando emplean en público palabras proscritas por “los escrúpulos de María gargajo”. No hay que rasgarse las vestiduras ante las palabras malsonantes.

La palabra del título existe desde hace largo tiempo en la lengua dominicana. Lo nuevo con respecto de esta es usarla en público. En algunos casos quienes de ese modo actúan lo hacen para escandalizar, para protestar contra las convenciones sociales que enmascaran la realidad con adornos retóricos y eufemismos. A lo recién mencionado Lacan añade la metonimia y la metáfora como recursos fundamentales en la elaboración de nuevas palabras en general; recurso que puede considerarse aplicable a la terminología sexual “de pueblo”. En el área sexual ocurre lo que Michel Bréal llamaba los “desarrollos peyorativos” del lenguaje.

Algunas actitudes del ser humano se reflejan a través del léxico sexual, tómese por ejemplo el machismo tropical y caribeño para denominar el pene. Todas las palabras elegidas son alusivas a la rigidez de este, a la fortaleza.

La popola tiene otros nombres más indecentes, escandalizadores. Ya más arriba se apuntó que es usado para denominar la vulva durante la niñez porque la realidad impide que se quede sin nombre. Por este medio el uso de este tipo de palabra no se celebra ni se censura.

 

ACHICHARRAR(SE)

“El ACHICHARRAMIENTO de más de noventa por ciento de los aspirantes a profesores…”

En el español dominicano hay dos verbos que tienen relación entre ellos, con acepciones especiales, muy dominicanas. Esos dos verbos en el título, achicharrarse, y, quemarse hasta en su valor semántico dominicano tienen relación.  Más adelante se revisarán las acepciones correspondientes anunciadas y se emitirán juicios con respecto a la redacción de estas.

El verbo achicharrar es un aumentativo de la acción de quemar, eso que en la lengua general se entiende por “quemar en exceso”. Por esa cualidad, en el español dominicano cuando el verbo quemar se usa en una de las acepciones propias de esa variante de español, puede recurrirse al verbo “quemarse”, como en el ejemplo en cabeza de esta sección.

En la cita puede recurrirse a una de las acepciones, “No aprobar un profesor a un alumno en un examen”. “Suspender un alumno un examen”. En el caso específico citado, como un porcentaje elevado de candidatos que no alcanzaron la calificación aprobatoria, el redactor echó manos del verbo achicharrar para elevar el grado del fracaso.

El verbo quemar cuenta con otras significaciones en el español dominicano. “Vender una cosa muy barata”. “Copiar datos, música o imágenes en un disco digital”. “Rozarse alguien el cuerpo con el de otra persona con intención erótica”. Esta son las más usuales, pues hay otras más.

Puede escribirse aquí que el verbo achicharrar debe esa formación a una onomatopeya, el ruido que produce aquello que se quema. En el siglo XVII el verbo era chicharrar, abrasar. De la misma forma en como sucedió con otros verbos, a este se le añadió una vocal /a/ al principio que se integró y derrotó la forma originaria.

En las conversaciones y hasta en programas televisivos algunas personas utilizan el verbo quemar para dar a entender que una persona, especialmente personalidad pública, se sobrexpone a través de los medios de comunicación causando mediante ese proceder una impresión negativa.

Esa podría ser una nueva acepción para el verbo, pues no se ha logrado hacerla entrar en la conceptualización que existe para el verbo.

Del mismo modo que en otras ocasiones, una vez más hay que reconocer que el hablante de español dominicano aprovecha los recursos existentes en la lengua para explotarlos y comunicar de modo elocuente sus sentimientos.