Buhonero, complejo, alcaide/alcalde

Por Roberto E. Guzmán

 BUHONERO

“Para muchos BUHONEROS de la avenida Duarte. . .”

La idea que se tenía acerca del buhonero ha cambiado con el transcurso del tiempo. En principio el buhonero era un vendedor ambulante que se trasladaba de un lugar a otro con sus mercancías. Se le tenía por persona que alababa en exceso el valor de su mercancía, que exageraba la cualidad de sus productos.

En algún momento el buhonero iba a la “plaza del mercado” de los poblados. Para las personas que vivían en poblados alejados de establecimientos comerciales era conveniente comprar del buhonero porque eso les evitaba el penoso viaje por caminos muchas veces difíciles.

Este comerciante al por menor traficaba con productos menores, pequeños y baratos que podían ser adquiridos por los residentes de las zonas rurales. Más adelante en la historia una vez que el buhonero dominicano fijó un punto para sus ventas, aunque fuera al aire libre, dejó de ser ambulante y se especializó en las baratijas. En periódicos dominicanos del siglo XIX se mencionaban estos vendedores ambulantes y se entendía en esos años que esa actividad era una de las favoritas de los inmigrantes de origen sirio, libanés, palestino, inmigrantes conocidos en toda América con el gentilicio de turcos.

Un fenómeno que se ha producido en la circulación de los artículos que comerciaban los buhoneros es que se han “establecido”. Esto es, se han fijado en mercados de pulgas donde venden objetos nuevos, usados y chucherías.

El Diccionario de la lengua española en la segunda acepción para la palabra del título asienta que buhonero es “vendedor ambulante” en República Dominicana y Venezuela. Esto ya no es parte de la realidad dominicana. Los vendedores ambulantes que existen en República Dominicana, son los que negocian con alimentos perecederos. Vale que uno se pregunte si todavía quedan buhoneros que visitan las recónditas zonas rurales del país dominicano.

Los vendedores ambulantes en la actualidad se transportan en motonetas, camionetas, camioncitos, motocicletas y otros tipos de vehículos; hasta el caballo ha sido desechado. En lugar de pregonar sus mercancías a viva voz, lo hacen por medio de altavoces.

El buhonero dominicano pasó a través de varias etapas, quizás vicisitudes. En la edición del Diccionario de la lengua española de 1992 no aparece mención de República Dominicana, ni de Venezuela para el vendedor ambulante o de baratijas. En la edición de ese diccionario del año 2001 viene la mención de Venezuela. Hubo que esperar hasta la edición de 2014 para ver incluida la República Dominicana. Como puede comprobarse por los años citados de las ediciones, hubo que esperar pacientemente para que se hiciese lugar al uso dominicano de la palabra buhonero. Este largo período de espera hay que tomarlo como parte de la cautela que observan las autoridades que cuidan de la lengua general.

 

COMPLEJO

“Mi experiencia como observador y quizás algún COMPLEJO de psiquiatra. . .”

Hay palabras que cobran importancia en el idioma; o, que se introducen en el habla y se hacen importantes, comunes. Algunas veces esas palabras han estado presentes desde largo tiempo en el lenguaje, pero algún acontecimiento le imprime o devuelve notoriedad.

El vocablo del título entró en el habla culta en República Dominicana en la década de los años sesenta del siglo XX. Como sucede con frecuencia en el lenguaje, al popularizarse el vocablo halló espacio en el habla de todos los días; es decir, no solo en el dominio de la esfera culta de hablantes.

Aparejado con esta popularidad el vocablo adquirió una connotación negativa. En esa etapa fue el adjetivo acomplejado el que sirvió para explicar el comportamiento social de muchas personas, especialmente en la actividad política. En esos momentos se usaba el adjetivo para interpretar el inesperado e inexplicable comportamiento político de algunas personas distinto al propio.

Cuando el vocablo complejo entró en el español indicaba acerca de las cosas compuestas de elementos diversos. Más adelante sirvió para referirse a lo complicado. Así anduvo por los meandros del lenguaje hasta que la psicología se apoderó del término.

En psicología se ha adoptado el término para designar el, “Conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto, que perturban su comportamiento”. Diccionario de la lengua española de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Este término ha llegado a tener connotaciones patológicas como consecuencia de su amplio uso entre psicoanalistas y psiquiatras para caracterizar el conjunto de ideas e impulsos que entran en conflicto con otros aspectos de la personalidad. No obstante, este concepto no implica necesariamente anormalidad y puede usarse para caracterizar asociaciones de deseos, impulsos y sentimientos que ocurren en personas normales.

En la cita se usa el término complejo para significar “creerse”. Esto así cuando se hace seguir por un sustantivo precedido del nombre de una profesión. Con esto se expresa que la persona que de este modo se caracteriza “se considera, piensa o supone” que es eso que se designa con el sustantivo. El que se utilice de esta manera no conlleva por necesidad un tono crítico o negativo.

 

ALCAIDE – ALCALDE

“. . . ALCALDE de la referida cárcel”.

Con el auxilio de esta sección se tratará de dejar bien establecida la diferencia entre las funciones de las personas que desempeñan estas dos posiciones, el alcaide y el alcalde.

El amigo chusco sugirió que desde el principio deje claro que el alcaide no es un alcalde de una ciudad de la región del Cibao de la República Dominicana. Durante largo tiempo al alcalde de las ciudades en República Dominicana se denominó síndico. Quizás una de las razones para proceder de este modo era evitar tener que usar la palabra alcalde, por la proximidad fonética que esta guarda con el director del establecimiento penitenciario.

Los dos vocablos proceden del árabe, eso tienen en común. El alcaide entró a tempranas horas en el idioma que terminó por llamarse español. También pasó con la misma grafía al portugués; con una letra /i/ llegó al catalán.

El alcalde no fue más que un juez hasta la Edad Media, época en la que se le sumaron las atribuciones municipales que al final predominaron.

Lo que ha de retenerse con respecto a alcaide, el de la entrometida letra /i/ es que designa a la persona encargada del gobierno de una cárcel.

El alcalde es el del ayuntamiento, el que ejecuta los acuerdos que toma esa corporación.

 

Ser suizo, pelar(se), carrusel, funcionariato

Por Roberto E. Guzmán

SER SUIZO

“… porque no SOMOS SUIZOS ni lo seremos…”

La locución “ser suizo” parece que solo pertenece a los dominicanos. Se escribe “parece”, pues puede manifestarse que se han hecho las diligencias para documentarla en otras hablas y no se ha encontrado rastro de ella. Las obras dedicadas a ofrecer informaciones acerca de estas expresiones no traen noticias acerca de ella.

Las personas, los grupos, acostumbran a conceder o reconocer valores a algunas cosas. Un grupo o país puede constituirse en referente de una idea que una comunidad se hace acerca de ciertas cualidades. Algunos de estos atributos pueden ser negativos o positivos. Con respecto de los referentes los hay en los que el grupo se reconoce o con los que se identifica.

Una locución verbal parecida a la del título que los hablantes cultos de español dominicano usan es “hacerse el sueco”. Con esto se indica disimular, fingir no entender algo. Otra similar es cuando una persona “habla en chino”; esta reconoce que la persona que así habla lo hace en un lenguaje ininteligible. Los ingleses son tenidos por ser puntuales, de allí que a los cobradores se les designe con el nombre de “ingleses”. Los caribeños tienen la reputación de llegar tarde hasta a su entierro, por eso las tardanzas se toman a la ligera en la región del mar Caribe.

Con respecto de los suizos la cualidad que se rememora con la locución es la de ser civilizados, educados, cívicos, mesurados. Todas son características positivas que se les supone como sobresalientes a los ciudadanos de la Confederación Suiza. En esto es muy probable que haya influido una idealización del sistema de gobierno y de la postura de ese país con respecto a los conflictos bélicos, su política de neutralidad.

 

PELAR(SE)

“Partidos y gobiernos que son una jugada de lotería que SE PELA en todos los intentos…”

El verbo pelar ha criado una extensa prole. Esta prolija familia de derivados se ha fortalecido con las locuciones que el hablante ha creado para expresar con gracia sus sentimientos.

Los dominicanos en su habla han añadido nuevas acepciones al verbo. Aquí solo se mencionarán las que se entienden que son de uso más frecuente.

En la cita que figura en cabeza de este comentario el verbo pelarse se usa en sentido figurado del original que es, “no conseguir premio en un juego de azar”. Aquí hay que tomarlo para expresar “no conseguir lo que se desea”. La idea es muy próxima de otra de las acepciones dominicanas, “equivocarse, cometer un error”.

El autor de estas reflexiones acerca del habla de los dominicanos es de la opinión que el primer uso que introdujo el hablante dominicano fue en referencia con relación a un billete de la lotería que no sale premiado.

No se procederá aquí a estudiar o mencionar las otras locuciones formadas por el hablante de español dominicano con apoyo sobre el verbo pelarse, porque son muchas y eso se dejará para otra ocasión.

 

CARRUSEL

“En este CARRUSEL de la autodestrucción…”

“… conmigo no cuenten para un CARRUSEL de la revancha…”

Es muy probable que una gran cantidad de personas que leen la palabra del título piensen que se trata de una voz que procede del francés. Sí, es cierto, la voz ingresó en la lengua española desde el francés, pero la historia no termina ahí.

Todo comenzó con un juego moro que los españoles introdujeron en Nápoles, Italia, en el siglo XVI. En italiano pasó por varias ortografías, hasta llegar a carousello en el 1580. Al francés llegó en el año 1596 carrouselles, para terminar en carrousel en 1620.

El juego a que se aludió más arriba era entre jinetes haciendo evoluciones. Por metonimia en 1740 se designó en París la Place du Carrousel el sitio donde se practicaba el torneo ecuestre. Luego en 1870 pasó a llamarse así al tiovivo de caballitos de madera. Dictionnaire historique de la langue française (2012-I-604).

Del francés pasó al español que lo reconoció con la grafía actual que consta aquí. La palabra ha evolucionado en las diferentes lenguas. En español moderno se usa, como en la cita, para “sucesión de elementos en el espacio y en el tiempo”. Este carrusel puede tomarse con el valor de “fiesta, feria, desfile, exhibición pública”. Entró en el diccionario de la corporación madrileña de la lengua en la edición del año 1992.

Como sucede con frecuencia en las lenguas, con el uso generalizado de la palabra esta adquirió acepciones propias en algunas hablas. En este caso en México y Perú ha servido para mencionar diferentes tipos de fraudes.

El campo de acción del carrusel se ha ampliado, pues al soporte giratorio donde se colocan las diapositivas en un proyector se le conoce con el nombre de carrusel.

En la cita debe asumirse que la utilización de la palabra carrusel hay que tomarla en tanto “exhibición pública, espectáculo”, claro, sin los jinetes.

 

FUNCIONARIATO

“… y la última vez que el FUNCIONARIATO público tuvo alguna posición pública…”

Al examinar esta voz que no aparece en los diccionarios de español internacional se enfocará el estudio sobre la terminación y la posible significación que se atribuye a esta, porque está abierta a interpretación.

Las terminaciones -ato, -ata son de poca productividad aún en el español de América Central continental y de las Antillas. Eso así a pesar de que es precisamente en estas hablas en las que se utilizan con mayor frecuencia.

Tan pronto se entra en contacto con una voz que termina de la forma apuntada se produce en el lector o en el oyente una reacción de poca o ninguna simpatía. Esto se debe a que estos derivados tienen un significado peyorativo; piénsese en chivato, por ejemplo.

Los dominicanos han formado varias voces con este sufijo, con una connotación de disgusto político, “trujillato, balaguerato” y otros que no hace falta mencionar. “Las derivaciones en -ato, -ata denotan dignidad, oficio y a veces tiempo y lugar”. Innovaciones sufijales en el español centroamericano (1987:135).

Desde el momento que se lee funcionariato se piensa que aquello a lo que se alude o se hace referencia, se hace con menosprecio o desdén con respecto de la palabra del español general que más se asemeja a la que se añade la terminación señalada.

No cabe duda de que con la voz del título se remite la memoria a una palabra parecida que se desea denigrar; en este caso se trata de funcionariado que es la clase (¿?) de funcionarios; vale decir, empleados de la administración pública de cierta categoría, profesionales de los cargos públicos.

Con esta terminación se incorpora a la voz creada el significado de oficio, posición, sistema, pero con intención de desacreditar.

Nueva vez hay que celebrar que la inventiva popular encuentre formas de encaminar sus sentimientos por medio del habla que constituye la manera más idónea de expresarse.

 

Chubar, jurunela, jalda

Por Roberto E. Guzmán

CHUBAR

“. . . el PRD no se percató de que los “cívicos le CHUBARON a Bosch. . .”

En los diccionarios de español general o internacional no es posible encontrar el verbo del título. En el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española sí aparece este verbo, pero consta escrito con una uve /v/ para representar el sonido entre la letra U y la A. Al final, que se articule de un modo o de otro es una sutileza articulatoria que ya no se estimula.

No hay que extrañarse que algo como esto ocurra. Hay que pensar que una representación gráfica u otra se use es indiferente en este caso porque el sonido es el mismo. En el pasado se alentó la diferencia de pronunciación entre las dos consonantes, be /b/ y uve /v/.  Este no es el espacio para entrar en detalle acerca de esto. Además, este verbo, chubar, pertenece al habla y muy pocas veces se encontrará en forma escrita.

El verbo es una creación del hablante de español dominicano. No se conoce en ninguna otra variedad de español. Todo dominicano sabe que este verbo sirve especialmente para incitar a los perros a atacar. Expresa la idea de instigar a que animales o personas luchen o a para crear animadversión entre estos.

Quien produce estas observaciones acerca del habla opina que este verbo, chubar, es onomatopéyico. Deriva del sonido con que se incita a los perros al ataque, ¡chu, chu! O al sonido que se emite con los labios proyectados, expulsando el aire de manera forzada, con la mandíbula casi cerrada. Este sonido se usa también para incitar a las bestias a caminar, avanzar o acelerar el paso.

El verbo chubar figura en Criollismos, la obra de R. Brito de 1930, con un sinónimo que se ha adoptado desde esa fecha en forma de acepción, azuzar. Aparece en esa obra con la grafía chubar. En El español de Santo Domingo, P. Henríquez Ureña lo escribe con uve, chuvar. Desde esa fecha en adelante las personas que se han ocupado del verbo lo han escrito con be /b/. Solo el Diccionario de americanismos en época más reciente lo representa con uve /v/.

Hay que resaltar que D. Manuel Patín Maceo no introdujo este verbo en sus obras; en lugar de eso colocó la orden “¡chúbale! Voz para azuzar perros”.

La obra De nuestro lenguaje y costumbres (1967:49) inserta la voz chubai. Esa representación con la /i/ es fiel a la pronunciación de la zona del Cibao en esos años. A su lado pone “chubar” y escribe, “Azuzar los perros. Incitar a pelear a dos personas”.

Más arriba se escribió que chubar es una voz con rasgos fonético onomatopéyicos. Para sostener este aserto se repasaron los lexicones de voces antiguas de la lengua española; luego los del portugués y el francés. Por último, se recurrió al inglés. En esa lengua se encontró el verbo transitivo shoo que en esa lengua se usa para ahuyentar, mandar, echar. Se piensa que de allí proviene el chubar dominicano. Justo es reconocer que esa explicación constaba ya en Aiguna palabra dominicana (2015:75), “(Probablemente del inglés shoo” [espantar animales] durante la ocupación americana del 1916), o del español chus, voz que se usa para llamar el perro”.

La voz en estudio figura en el Diccionario del español dominicano (2013:182). “Incitar a pelear a alguien en contra de otra persona. Azuzar a un animal contra una persona u otro animal”. Vienen estas acepciones acompañadas de una cita de la literatura dominicana y un ejemplo de uso respectivamente.

 

JURUNELA

“Usted puede, haber nacido y haberse criado en la JURUNELA más recóndita. . . “

Jurunela es otra voz creada por el habla dominicana. La voz es invención del habla de los dominicanos; la acepción de la voz es una contribución de la inventiva dominicana.

Con respecto de esta voz hay algunas características que se piensa que hay que ratificar. En el desarrollo de esta sección se expondrá la voz completa y se destacará el rasgo saliente que ha faltado resaltar en los lexicones del habla dominicana. Se repasarán las acepciones en los lexicones del habla dominicana hasta llegar al rasgo que se considera que se ha soslayado.

La voz estudiada en esta sección no tiene larga historia en el español dominicano. Esta aseveración se hace porque no se encontró rastro de esta hasta la publicación de la obra De nuestro lenguaje y costumbres (1967:58) donde se presenta la acepción, “Lugar escabroso; escondido; también lugar de mala fama”. Cuando el autor de estos comentarios tuvo contacto con el uso de esta voz no la conoció por ser un lugar escabroso. Las dos restantes características sí fueron conocidas. Es posible que en el medio rural una jurunela representara un sitio de terreno accidentado, rasgo que puede hacer inhóspito ese paraje.

Carlos Esteban Deive incluyó en su Diccionario de dominicanismos (2002:118) la voz jurunera para “Huronera Chiribitil, covacha. También jurunela”. Se deduce de la redacción de esta acepción que indirectamente Deive propone que el origen de jurunela es huronera. Es posible, pues el hurón también se conoce con el nombre jurón.

No lejos de esta inferencia se encuentra lo escrito por Alberto Membreño, “Jurumela.- Corrupción de huronera. Pieza sucia, pequeña y obscura”. Vocabulario de los provincialismos de Honduras (1897:102).

Hubo que esperar hasta la aparición del Diccionario del español dominicano (2013:400) para que la voz jurunela fuese asentada con cuatro acepciones. “Local o vivienda de pequeño tamaño y en malas condiciones. Lugar donde se da de comer a los animales. Lugar inhóspito. Lugar de diversión considerado de mala reputación”. La última acepción añadida fue la predominante en las ciudades durante años, junto a la vivienda pequeña y en malas condiciones.

Con esta voz sucede algo parecido a lo que se observa con otras palabras. El hablante la abusa. La lleva por encima de la realidad de su significado cuando entiende que una persona no vive en una casa conforme con su condición social. Es una exageración propia del hablante que no debe tomarse al pie de la letra.

Algo que llama la atención con respecto de la voz jurunela es la formación. Esos dos sonidos de letra /u/ próximos unos de otros hacen pensar que pudo tener origen africano. Se han hecho las diligencias pertinentes para documentar esa posibilidad, pero con resultados infructuosos. En cambio, se han encontrado varios sitios con nombres de origen indígena en República Dominicana con este tipo de sonido, ahí está Jumunucú en las cercanías de La Vega. Jumunuco en Jarabacoa. En Cuba existen o existieron sitios con los nombres Jurumú y Jururú. Indigenismos (1977-II- 904).

No puede asegurarse que la voz provenga de una u otra de los posibles orígenes. No se encontró vestigio de un posible origen en el español antiguo. Queda como tarea pendiente.

 

JALDA

“. . . y es por eso que resulta JALDA empinada. . .”

En República Dominicana los citadinos no acostumbran a usar esta palabra. La primera explicación para esto es que eligen otras palabras que representan la misma idea en el ambiente urbano. Las calles serán en “cuesta,” o en “subida”, pero no serán jaldas. Para ese hablante de español dominicano las jaldas son propias de los ambientes rurales.

Esta palabra comenzó en español con la letra inicial hache /h/ que por razones desconocidas derivó en efe /f/ y terminó en falda. Esa falda se conoce como parte del vestuario femenino, aunque no siempre fue solo eso. Existe aún la falda de la montaña, la parte más baja de la ladera, una elevación del terreno o de una montaña.  Esa es la jalda que se menciona en los predios rurales.

En el habla de los dominicanos en los campos se ha oído el uso de jalda para “la parte inferior de un monte” que es la acepción que le reconoció D. Augusto Malaret en Puerto Rico. Esta acepción aparece identificada en el Diccionario de la lengua española. Malaret la trajo en su Diccionario de provincialismos de Puerto Rico (1917:90).

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua española incluye además de Puerto Rico a República Dominicana y Costa Rica como países donde se usa jalda para “ladera de una montaña o monte”. En Puerto Rico se utiliza jalda también para “cuesta empinada”. En sentido metafórico “jalda arriba” se emplea también para “empresa difícil que se lleva a cabo a pesar de los obstáculos”.

Con respecto de la jota /j/ de jalda puede insinuarse que apareció como consecuencia del énfasis del habla rural sobre la letra hache /h/, fenómeno que se produjo también en otras palabras del español. Si los tratadistas se han visto en la obligación de reconocer la representación con la jota /j/ se debe en gran medida a la intervención de A. Malaret, “Nadie dice halda, sino jalda o falda”. Vocabulario de Puerto Rico (1955:195).

Esta explicación con respecto a la ortografía reconocida para jalda no hay que interpretarla en sentido estricto.

Algo que llama la atención, estas dos faldas, la de la indumentaria femenina y la de la montaña, están presentes en español, italiano y portugués. Etymological Dictionary of the Romance Languages. Friedrich Diez (1864:194).

Amargue, esprín, coche/carro, genitalidad

Por Roberto E. Guzmán

 

AMARGUE

“He aquí aquel mundo de trapisondas donde el engaño, el vicio, el amor comprado, el AMARGUE . . .”

La voz amargue es de mucho uso en el español dominicano. Es una voz relativamente nueva si se toma en consideración lo que el concepto tiempo significa en una lengua. En su calidad de sustantivo masculino es de uso exclusivo del español de los dominicanos. No está solo vigente en el habla, sino que puede encontrársela en los periódicos o publicaciones de otro tipo.

En los periódicos ha permanecido en el uso durante largo tiempo sobre todo para referirse a un género de canción. Es un tipo de canción en la que prima la melancolía por el desamor; es una expresión de dolor.

En su calidad de sustantivo el amargue es la “condición de amargo”. El amargue dominicano, por su parte, refleja el sentimiento de amargura, angustia y sufrimiento que en el género musical destaca este sentimiento.

Generalmente las letras que acompañan a estas canciones se refieren al resultado o consecuencia de una decepción o desilusión amorosa. Por eso el hablante de español dominicano recurrió a su poder creativo y acuñó este amargue.

Regularmente cuando se considera el amargue como género musical, se hace por referencia a la bachata.  La bachata es música para bailar y se la considera folclor urbano. Las letras que acompañan la música versan sobre el sentimiento de tristeza profunda causado por la falta de amor.

Más arriba se aludió a que la palabra con el significado que ha alcanzado en el habla se popularizó en fecha reciente, para mayor precisión, en los años de la década de 1980.

El amargue puede definirse como el sentimiento intenso de pena y aflicción. Este sentimiento generalmente es consecuencia de disgusto, desengaño amoroso, de ilusión frustrada, engaño, infidelidad. Se expresa por medio de dolor intenso causado por impresiones afectivas que se manifiestan con quejas amargas y lamentaciones.

 

ESPRÍN

“. . . cadenas, botones, cables, ESPRINES. . . “

La voz del título es una adaptación al español de una voz parecida del inglés. Se la utiliza para denominar el mismo objeto que en inglés. La voz del inglés es spring. Hay que tener en cuenta que la voz del inglés tiene otras significaciones que no se retienen en el uso del esprín en español.

Además de República Dominicana, se conoce y utiliza la voz esprín en Panamá, Puerto Rico, en el español de los Estados Unidos y en Honduras. Este esprín sustituye en el habla de los dominicanos la palabra patrimonial resorte.

Es común que al llevar al español una voz extranjera que comienza por una consonante como ese /s/ seguida de otra consonante, algo que es extraño a los usos del español, la adaptación se acomode al español añadiendo una vocal al principio, como se observa en el caso del esprín. La tilde también es una señal de la españolización.

En los diccionarios diferenciales al ofrecer las equivalencias para la voz del título, pueden leerse dos palabras, resorte y muelle. Vale la pena que se mencione aquí que en el español dominicano un resorte (esprín) es el que tiene forma de espiral. Un muelle se refiere al fabricado de metal que tiene forma plana y combado en su disposición, capaz de recobrar su forma cuando cesa la presión a que se somete. Ejemplo de este muelle es el que se encuentra en la parte inferior de los vehículos automotores para la suspensión y amortiguación de la carrocería y el área de carga.

 

COCHE – CARRO

“. . . a 20 minutos en COCHE desde. . . “

El asunto que concierne las dos palabras del epígrafe ya no es tema de disputa. En esta sección estas dos palabras se examinarán como palabras con diferentes significados del pasado, que ya no se mencionan, aunque existan. Los hablantes de español de las dos orillas han aprendido a convivir con esta realidad.

En “este lado” del Atlántico un carro es un vehículo automóvil; es una máquina para transportar personas. El coche, en cambio, es el tirado por caballo. El primero es un signo del avance de la ciencia, al tiempo que el segundo es una reliquia.

Los hablantes del español peninsular se aferran a su coche. Los americanos no ceden su derecho con respecto del uso del carro.

El coche ha transportado personas durante siglos. El carro americano es menos viejo. El vocablo carro apareció en la lengua española para denominar lo que muchos americanos llaman… vagón. Aunque antes fue un tipo de carreta.

Al carro americano se le hace derivar del mismo carro español, cuyo origen remonta hasta el latín, pasando por el anglo-francés. El nombre angloamericano del vehículo se aplicó por primera vez en el año 1896. Esto se resume diciendo que el coche existía siglos antes que el car.

El carro americano es un automóvil, que es un vehículo que se mueve por sí mismo, provisto de un motor que antes era de combustión interna y que ahora puede ser también eléctrico.

Es muy probable, por no decir seguro, que hay mayor cantidad de hispanohablantes que llaman carro al automóvil, que aquellos que lo hacen con el nombre de coche. Por razones de historia y costumbre ambas palabras están condenadas a coexistir.

Hace mucho tiempo que el idioma de América recurre a sus voces dominadas por las imágenes propias, con las huellas de su modo de ser característico, sin parar mientes en asuntos que pertenecen al pasado.

 

GENITALIDAD

“. . . consideran que las emociones y placeres se obtienen sólo de la GENITALIDAD”.

Voces como la que se colocó a guisa de título de esta sección hay que usarlas con cuidado. Esto así porque es una voz con corta historia. Las autoridades (¿?) de la lengua todavía no le han abierto las puertas de su diccionario.

A pesar de lo ya escrito, hay que añadir que algunos lectores son más afortunados que otros. El autor de estas apostillas acerca del idioma de cada día se cuenta entre los afortunados. Esto así porque cuenta con los recursos bibliográficos a mano y con el tiempo para realizar la búsqueda y enterarse del significado preciso de la voz.

No puede escribirse lo que antes se escribía, es decir, poner sobre una voz nueva el mote “no existe”. No ha sido reconocida por los lexicones oficiales de la lengua, pero los diccionarios del lenguaje moderno sí reconocen la voz. Más abajo se repasarán las acepciones o la acepción con sus variantes de redacción que traen algunos diccionarios actualizados.

El diccionario en que se encontró la primera mención de genitalidad es el Diccionario del español actual (1999-II-2323), con la acepción “sexualidad”; con la nota de que es de escaso uso (raro), y, una cita del año 1975. En el Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:522) le atribuyen la acepción, “Actividad sexual”. La cita que ilustra el uso es de un periódico español de circulación nacional del año 1997.

En la edición del Diccionario de uso del español (2007-I-1450) proponen que genitalidad deriva de genital y asientan en tanto acepción, “Sexualidad desde el punto de vista exclusivamente físico”. Este diccionario utiliza una cita del año 2009 de un periódico español de gran circulación. Esa misma definición usaron los autores del anterior diccionario en Neologismos del español actual (2013:128).

La definición del Diccionario integral del español de Argentina (2008:866) se aleja de las anteriores. La primera acepción es, “Placer sexual que resulta de excitar los genitales”. La segunda, “Funcionamiento de los órganos sexuales que se alcanza plenamente al lograr la madurez”. No ha de olvidarse que estos diccionarios recogen el uso; por lo tanto, si este varía, ellos acomodarán las acepciones consecuentemente en futuras ediciones.

Puede observarse aquí que a pesar de que el concepto no es el mismo en todos los diccionarios, las diferencias no son de consideración. La Real Academia no ha incluido -hasta abril del 2020- la voz del título entre los que se incorporarán en la próxima edición del Diccionario de la lengua española.

Calzada, gadejo

Por Roberto E. Guzmán

CALZADA

“… al terminar las faenas, lo almacenan en depósitos construidos sobre la CALZADA…”

En esta sección se examinará lo concerniente al vocablo del título. Lo interesante con respecto a una de las acepciones de este vocablo es que en República Dominicana siempre se usó con un significado diferente del que señalaba la Real Academia Española. Las ideas esbozadas aquí se expondrán pormenorizadas más abajo.

El origen de la palabra calzada ha sido motivo de debate entre los entendidos de las etimologías. La teoría más socorrida es la que hace derivar la palabra calzada del latín calciata, vía de calx, calcis, piedra para hacer cal. Enciclopedia del idioma (1958-I-867).

Desde largo tiempo la definición que el diccionario oficial de la lengua trae es, “Parte de la calle comprendida entre las dos aceras”.

Durante largo tiempo la palabra calzada se usó en República Dominicana para mencionar la, “Parte lateral y más elevada de la calle por donde transitan los peatones”. Esta definición se encuentra en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Llama la atención que en el diccionario recién mentado no se menciona República Dominicana entre los que usan la palabra para este propósito, constan allí, Venezuela, Bolivia y Paraguay.

  1. Emilio Rodríguez Demorizi en su obra Del vocabulario dominicano (1983:48) asienta que calzada es acera. Ya antes de esta obra D. Manuel Patín Maceo había escrito que calzada era, “Barbarismo por acera”. Dominicanismos (1947:52).

No ha sido posible documentar el motivo por el cual no apareció mencionada la República Dominicana en el Diccionario de americanismos como uno de los países donde se usa la palabra con esa acepción, cuando D. Martín Alonzo en la Enciclopedia del idioma en 1958, citada más arriba, consignó en la acepción número cinco que calzada se usaba en Santo Domingo para acera. Quizás la ausencia se deba al severo juicio de Patín Maceo en su obra.

El autor de estos comentarios recuerda que cuando era adolescente en Santo Domingo se defendía el uso de calzada para la acera porque algunos entendían que derivaba de calzado. Es un hecho cierto que esa fue una etimología aventurada que no se correspondía con la verdad, aunque sí hubo algunos tratadistas que sostuvieron que calzada derivaba del latín calx, talón.

No hay lugar a extender más este examen, aunque sí hay que puntualizar que calzada se usó y todavía se usa en República Dominicana para la acera, aunque algunos estudios y diccionarios no lo consignen.

 

GADEJO

“. . . con perdón de P. y de todo el que crea que insisto con esto por GADEJO . . .”

La voz gadejo no aparece entre las recogidas por el lexicón oficial de la lengua. Sí se encuentra en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Durante largo tiempo los diccionarios eligieron pasar por alto esta voz por el contenido implícito en ella.

La definición que trae ese diccionario es interesante. Inmediatamente después de la voz y entre paréntesis se lee, “Abreviatura de ganas de joder”. Hay que tener en cuenta que en el español peninsular el verbo joder tiene una carga semántica más ofensiva que en el español hispanoamericano.

Debajo de la acepción y, después de la enumeración de países en los que se usa, viene la parte que interesa en esta sección. Se define a gadejo como eufemismo. La acepción es, “Deseo de molestar o fastidiar”.

Se aprovecha aquí la oportunidad que ofrece esta mención al eufemismo para abundar sobre este término, su significación y alcance. El diccionario de la autoridad reconocida de la lengua común lo define de modo escueto, como debe ser, “Manifestación suave y decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura y malsonante”.

Muchas de las palabras en español y otras lenguas romances que comienzan con “eu” llevan en sí el sentido de bien, bueno o, atributos positivos. Este eufemismo es uno de ellos. Procede del griego a través de un “hermano del latín fari”, “que habla bien, que evita las palabras de mal agüero”. Así aparece en Corominas y Pascual, (1980-III-297). El griego euphemismós era “pronunciar una palabra de buen augurio”.

A principios de la segunda mitad del siglo XX (1953) D. Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos, en su definición consignó brevemente las características de esta “manifestación”, que él llama “proceso”, para “evitar la palabra con que se designa algo molesto, sucio, inoportuno, etc.” Obsérvese que antaño lo importante era de “mal agüero” y hace setenta años era “molesto, sucio, inoportuno”. Este orden ilumina acerca de la sociolingüística de cada época.

Hace cien años el eufemismo se usaba era evitar palabra “plebeyas, triviales” y en cambio, mostrar “respeto”; se atenuaba la “evocación penosa”. Se eludía así el tabú social, religioso, moral, supersticioso.

Cada lengua tiene su modo de expresar el concepto en sus palabras, algo que refleja lo que la cultura mantiene. En francés colocan el acento en la “manera atenuada o suavizada para expresar ideas cuya crudeza puede herir”. Los procedimientos a los que recurre el eufemismo son numerosos, entre otros pueden mencionarse, la lítotes, hipérbole, perífrasis, circunlocución, alusión, metaplasmos y otros para transmitir la idea.

Como puede comprobarse mediante estas explicaciones, el eufemismo “disfraza para evitar una palabra socialmente chocante. . .” Diccionario de terminología actual (1981:182).

En Hispanoamérica puede decirse que alcanzan a mencionar lo desagradable, ofensivo, de modo indirecto. Ch. Kany en su obra American-Spanish euphemisms, de 1960, afirma que el populacho recurre al eufemismo mayormente por razones de superstición, mientras las capas cultas lo hacen por delicadeza, urbanidad, decencia o hipocresía. Así se disfraza una verdad hiriente, ofensiva. Es una manifestación de creación incesante que se renueva. Observa este autor que el propósito no es jocoso.

El autor de estas reflexiones acerca de la lengua recuerda que las personas de avanzada edad con menor educación formal evitaban la palabra diablo; en su lugar decían “el enemigo malo”.

Se es consciente de que el eufemismo de la lengua hablada es distinto del usado en la expresión escrita. El gadejo está en la lengua con vocación para permanecer.

Macutear, trabuco, díscolo/discordante

Por Roberto E. Guzmán

MACUTEAR

“Lo que quiere es una policía que no MACUTEE. . . “

Este verbo del título deriva de la voz macuto. El macuto es una cesta tejida, flexible, que se usa (¿usó?) para llevar frutos, vegetales y para recoger granos. Las cuerdas que servían para cargarlo permitían llevarlos también sobre la espalda o colgarlo sobre el hombro. Las cantidades o carga transportadas en un macuto nunca fueron grandes. Cuando se usaba para recoger granos se llevaba sobre el vientre para mayor comodidad y celeridad en la recogida. El uso del macuto casi ha desaparecido y se ha convertido en un objeto del folclor destinado para la venta a turistas.

La difusión de la palabra en el español general quedó circunscrita al objeto descrito más arriba; por eso tardó mucho tiempo para que los europeos reconocieran la palabra o la integraran a su uso. Algunos cronistas de Indias reconocieron macutos en Suramérica; este dato ha de retenerse como una traslación del nombre a un objeto parecido al macuto objeto de este estudio. Este fenómeno fue frecuente en América de esa época. Por eso se han encontrado canoas en otras regiones y muchas otros indigenismos de las Antillas en Tierra Firme.

El verbo macutear parece que es de uso exclusivo de los hablantes de español dominicano. El macuto mismo, según indican los estudios, se usó en Venezuela y República Dominicana. Que conste, lo que es de uso exclusivo de los dominicanos es el uso del verbo, pues la acción es mundial.

Con respecto al origen de la palabra macuto, durante largo tiempo se aceptó que era una voz de origen taíno porque el primer contacto de los colonizadores con la voz fue en las Antillas. Luego cuando se estableció que se conocía también en Venezuela hubo que revisar esa opinión. Pensaron algunos que era voz caribe, aunque por ser conocida en Venezuela y las Antillas, se presume que es arahuaca.

La voz no adquirió vigencia en el español peninsular debido quizás a que al ser una cesta de tejido vegetal flexible no se asemejaba a las existentes en Europa.

  1. Fernando Ortiz argumentó que la palabra macuto tenía antecedentes en lenguas de Angola. Además, arguye él, en idioma congo, nkutu significa saco, bolsa o talego de fibras vegetales.

Todavía en el portugués brasileño del 1948 se conocía la voz macuto, sustantivo masculino para expresar “mentira, inverdade”. La etimología atribuida a la voz era del quimbundo , prefijo plural de cuarta clase más kuto, mentira. Fue término usado entre los negros y hoy (1948) parece haber desaparecido. A influencia africana no portugués do Brasil (1948:235). Versión en español de RG.

Una nota curiosa con rasgos que salen de lo común es la acepción que insertó D. Roque Barcia en su Diccionario general etimológico de la lengua española (1881-III-531), “Masculino americano. Paquetito hecho de yagua, que contiene cera, carne, tabaco, etc.”

No hay explicación para esta definición, pues este autor conocía la obra de Esteban Pichardo.

El macuto antillano era más largo que ancho, con la boca ancha, tejido de guano. Ya se escribió que este macuto servía para recoger en él los granos durante las cosechas. De la actividad de recolección derivó el verbo macutear, que en buen dominicano es sobornar o exigir soborno. Casi siempre quienes solicitan o reciben el macuteo son los empleados públicos, funcionarios y agentes del orden público.

Cuando el macuteo era de sumas importantes de dinero, mi hermano Julio decía que eso era seroneo, de serón, pues las cantidades de dinero no cabían en un simple macuto y se precisaba de un serón para transportarlo. El serón dominicano es “Especie de árgana hecha con fibras de guano que sirve para llevar carga en las caballerías”.  Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:376).

Parece que la práctica del macuteo no ha cesado en la vida cotidiana dominicana; solo ha variado la forma de practicarlo y los montos.

 

TRABUCO

“. . . era un tercer bate de un ´line up´ que contaba con un TRABUCO de formidables bateadores”.

El primer encuentro de los niños y jóvenes dominicanos con el trabuco es por medio de la historia dominicana. En la noche del 27 de febrero de 1844 se asegura que Matías Ramón Mella realizó un disparo con un trabuco para precipitar las acciones. Esa es la acción que se conoce con el nombre de “trabucazo de Mella”.

Por fuerza de la historia los estudiantes se enteran de lo que significa un trabuco. Este trabuco es un arma de fuego prácticamente en desuso. La descripción que hacen los diccionarios es en comparación con una escopeta, más corta que esta, pero con la boca ancha y de mayor calibre.

Procede enseguida que se pase a la explicación con relación a la cita. El sustantivo está usado en sentido metafórico, algo que los dominicanos han logrado en su habla. El traslado que ha hecho el hablante de español dominicano es llamar trabuco a una persona o cosa extraordinaria, así como a un equipo deportivo que destaca por su desempeño. Diccionario del español dominicano (2013:668).

El trabuco de la cita es una alineación extraordinaria de bateadores, que aciertan con el bate y demuestran poder en esta actividad. Este uso de trabuco sorprendería grandemente a otros hablantes de español, pues para la mayoría de hablantes de español el trabucazo es el disparo del trabuco; la herida ocasionada por el disparo del trabuco y en el registro coloquial, la pesadumbre o susto que, por inesperado sobrecoge y aturde.

Como los dominicanos son tan aficionados al deporte del beisbol, el trabuco ha ido más lejos en ese ámbito. Se usa la palabra trabucazo para particularizar un lanzamiento de la pelota o el tiro de esta por uno de los jugadores, cuando alcanza gran velocidad o precisión. Ejemplos son, “Ese pícher tiene un trabuco en el brazo”. “El jardinero central tiró un trabucazo al plato”.

Del mismo modo que ha ocurrido con otros usos del lenguaje, los dominicanos le han imprimido un sentido diferente y exclusivo a una acción. Esto es propio de la riqueza de la lengua. Debe ser motivo de celebración.

 

DÍSCOLO – DISCORDANTE

“Hay temor en la nota DÍSCOLA entre pares ya que se asume que leer no es cosa de hombres”.

No todas las palabras se prestan para ser llevadas a un uso extraordinario, es decir fuera de su ambiente. El ámbito de acción delimita los significados que pueden atribuirse a casi todas las palabras. Hay que ser cauto con el uso de la figura que se llama “uso figurado”.

Las metáforas son bellas, por eso las usan los poetas. Esas son las que consisten en cambios de palabras entre el término concreto y la noción abstracta.

Los poetas disfrutan de una licencia especial para crear tropos, esto es, el uso de palabras con sentido distinto del literal, a condición de que haya alguna semejanza entre el sentido literal y el abstracto.

No es menos cierto que en la vida diaria usamos con mucha frecuencia de las metáforas sin darnos cuenta de ello. Algunas de estas metáforas se han integrado con tanta naturalidad a la lengua que no llaman la atención, pasan inadvertidas.

Con eso de las metáforas puede suceder, guardadas todas las distancias, lo que dijo el personaje de Molière, que no sabía que hablaba en prosa, aquí en lugar de prosa colóquese metáfora.

Con respecto a las notas, en el lenguaje escrito pueden ponderarse varias características, entre ellas las de los sonidos con cierta frecuencia, que con respecto de la calificación y rasgo puede ser discordante, por eso se colocó esta palabra en el título junto al que se critica.

Díscolo es “desobediente, rebelde, indócil, indisciplinado, revoltoso, indomable, indómito, perturbador”. Discordante, por su parte, referido a persona es, que rompe la armonía del conjunto. Si en la cita se usó la palabra “pares”, se supone que ellos y ellas son miembros de un conjunto.

Por fortuna, no se califica de falta de conocimientos el asunto de la elección de una palabra inadecuada en esta situación, es más bien algo relacionado con las dotes poéticas del redactor. No hay lugar a sorpresa, en el español al igual que en otras lenguas son más los eunucos creativos que los productores formales.

Remenión, vitícola/*vinivitícola, dembousero, mansión

Por Roberto E. Guzmán

REMENIÓN

“Entonces, se impone que A. disponga lo inaplazable: un REMENIÓN de la mata militar. . .”

Al leer la palabra, la primera reacción que viene a la mente es saber si la voz del título es la representación escrita de la pronunciación de una palabra que existe en el español general. Para tranquilidad de muchos puede aclararse que no hay tal remeneón en el español internacional.

El remeneón aparece en el español dominicano, Diccionario del español dominicano (2013:596), “Sacudida fuerte y brusca”. Este sustantivo tiene también una aplicación más culta cuando se entiende como “Conjunto de cambios que alteran el orden habitual”.

Si se presta atención a la frase transcrita a guisa de ejemplo del uso al principio de esta sección, se nota enseguida que se trata de introducir cambios en el orden militar.

La forma en que está redactada la oración, así como las expresiones populares en uso aluden al origen del remenión que parece que deriva del sacudión que se da a un árbol para que los frutos maduros caigan. Este sacudión aparece en el Diccionario de la lengua española, diccionario por excelencia de la lengua común. Allí aparece definido, “Sacudida rápida y brusca”.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española registra el remeneón dominicano con una acepción ligeramente diferente, “Movimiento que se causa agitando algo prolongadamente y con fuerza”. Definido de una forma u otra el resultado es el mismo. En buen dominicano, algo cae; o más bien, algo cambia.

Encontrar voces como la del título asentadas con una definición en los diccionarios, es motivo de satisfacción, porque esa acción se ha producido durante largo tiempo en el español dominicano y se la ha mencionado como remenión.

Remeneón aparece recogido por primera vez por D. Manuel Patín Maceo, “Sacudida violenta”. Hay que tener en cuenta que el remeneo reconocido por las autoridades de la lengua es, “Conjunto de movimientos rápidos y continuos”. Mediante la lectura de las acepciones anteriores puede medirse la distancia que separa un concepto del otro.

 

VITÍCOLA – *VINIVITÍCOLA

“. . . o en su residencia en el Valle de Napa, región VINIVITÍCOLA de California. . .”

En algunas ocasiones, a algunos escritores, escribientes y redactores se les “cruzan los cables” y producen un término que es amalgama de otros y con eso desnaturalizan el mensaje. A veces el resultado es risible.

Lo que sucedió en este caso le pasa a cualquier hijo de vecino. . . que no relea con ojo crítico lo que escribe.

Para un dominicano caer en un error de este género es muy fácil porque en el país de los dominicanos se cultiva muy poco la vid, de donde puede concluirse que la viticultura es la actividad de unos pocos, casi excepcional.

Se escribió más arriba risible porque en opinión de quien escribe estos comentarios, el cruce de palabras que originó la *vinivitícola, proviene de la famosa frase del latín, veni, vidi vici, que cada quien escribe a su manera, con muchas faltas que aquí no se reproducirán para no confundir.

 

DEMBOUSERO

“. . . el reconocido derechista, influencer, DEMBOUSERO y negociante. . .”

Los jóvenes lectores pueden encontrar el origen de la voz del título de manera muy fácil. La voz dembow es la que se encuentra adaptada al español en la voz creada. Hasta la voz del inglés antes mentada es reciente.

Como es un vocablo reciente en lengua inglesa, su historia puede documentarse con todos los detalles. Eso no se hará aquí. Es suficiente para los propósitos de este escrito con mencionar que originó en Jamaica como nombre de un ritmo en las últimas décadas del siglo XX.

De Jamaica el ritmo y el nombre pasaron a Nueva York. De allí se internacionalizó el ritmo y con este el nombre el ritmo y el nombre llegaron a República Dominicana.

Al llegar a un país de habla hispana era natural que algunos de sus derivados adquirieran rasgos del español. El vocalista o músico de dembow pasó a llamarse dembousero en el habla de los dominicanos.

No hay que extrañarse de que esta nueva voz reciba la terminación -ero, pues en el español de las Antillas es muy prolífica. Esta terminación proviene del latín -arius y se añade a sustantivos para formar derivados nominales y adjetivos que generalmente se sustantivan.

Con respecto de dembousero lo que hace la terminación de la nueva voz es designar la persona que desempeña el oficio u ocupación de lo que designa la voz primitiva.

 

MANSIÓN

“. . . hoy sería seguro el inquilino de la MANSIÓN de Gascue”.

Es fácil saber cuál es el tema de esta sección. El título señala que versará sobre el vocablo mansión. Se trae a estos comentarios porque lo usan en la frase reproducida para no tener que mencionar con otro vocablo el asiento del poder ejecutivo de la República Dominicana.

La mayoría de los dominicanos que han cursado la educación primaria saben que Gascue es el nombre de un barrio de la ciudad de Santo Domingo.

Usar el vocablo mansión para designar con otro nombre el asiento del poder ejecutivo no es una selección afortunada. Eso se explicará más abajo. El desacierto comienza con el empeño que ponen algunos redactores en introducir (¿acuñar?) nuevos términos para denominar cosas conocidas con otros nombres.

El vocablo mansión tuvo mucho que ver con la detención o parada que se hace en alguna parte, por esto figura en el Diccionario de la lengua española con esta acepción en primera posición. Así consta en el Diccionario de autoridades (1963-II-486), donde la segunda acepción expresa, “Significa también el aposento o pieza destinada de la casa, que sirve para habitar y descansar en ella”. Apunta que deriva del latín mansio. Téngase en cuenta que este diccionario fue compuesto en el año 1732.

La segunda acepción es la que realmente interesa para esta exposición, “Morada, albergue”. En la tercera acepción se toma el vocablo casa para la edificación y se le coloca al lado el adjetivo suntuosa para significar que es grande y costosa. Ha de tenerse en cuenta que la morada es el asiento de la residencia continuada. Albergue que es el otro vocablo usado vale para alojamiento de personas.

No puede olvidarse que el presidente no mora (sin fruta) en ese lugar; no vive allí. Será suntuosa la edificación, pero no es vivienda aunque el presidente permanezca largas horas allí.

El vocablo mansión tiene equivalentes en otras lenguas romances. En portugués es mansão, definida como residencia de grandes dimensiones y lujo excesivo; habitación, morada, domicilio. En italiano sucede otro tanto, mansióne.

No siempre es bueno improvisar. El “palacio” es el asiento del poder ejecutivo en el español dominicano.

Embicar(se), impase

Por Roberto E. Guzmán

EMBICAR(SE) 

“… algunos taxistas que arriman sus vehículos al parque y encuentran un refugio tranquilo para EMBICAR una cerveza…”

Este verbo del español dominicano es más interesante de lo que parece a primera vista. Un elemento que hace este verbo sobresaliente es su origen, y otro, los derivados o relacionados que existen en el español dominicano.

Las dos ideas que se avanzaron en el párrafo anterior se examinarán más abajo. Una de ella se revelará patente a los ojos de los lectores una vez se desarrolle.

El verbo embicar(se) en el español dominicano tiene acepciones propias. En funciones de verbo solo existe en el español dominicano. Para poder llegar a dilucidar el origen del verbo dominicano y su significado hay que remontarse a la historia del español.

El ejercicio que se hará en esta sección no se hace solo para desentrañar el sentido del verbo que es harto conocido por los hablantes del español dominicano, sino para edificar la etimología de un verbo que a simple vista aparece obvio para estos hablantes.

En buen español dominicano embicarse indica que la persona que ejerce la acción bebe del pico de una botella. No hay que sorprenderse de que en el español dominicano las botella tengan pico. Este pico es una extensión del significado del que existe en el español internacional “que tienen en el borde algunas vasijas para que se vierta con facilidad el líquido que contengan”. Lo que figura entre comillas es parte de la quinta acepción de pico que consta en el diccionario oficial de la lengua española. Por tanto, no hay que sorprenderse de que este pico exista en el español dominicano extendido a las botellas.

Si más arriba se escribió algo acerca del verbo que podría ser del origen de este, ahora hay que asegurar que puede resultar sorprendente este origen.

En portugués existe el verbo embicar con varias acepciones, de las cuales se retendrán las que poseen relevancia para esta exposición. La segunda acepción es, empinar el codo (beber); la cuarta es tener riña, contender; la séptima es dirigirse, encaminarse.

Estas acepciones del portugués se traen a colación porque coinciden con las que posee el verbo embicar(se) en el español dominicano.

De acuerdo con lo que trae el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, embicarse es, “Dirigirse apresuradamente a un lugar” (dirigirse, encaminarse); “Embestir alguien a una persona, atacarla”. Y, por último, el más usado en el español dominicano, “Tomarse de forma continuada varios tragos de una bebida”.

Por medio de la lectura de lo explicado en el párrafo retropróximo, de las tres acepciones del verbo en español, dos provienen o coinciden con las del portugués. La acepción que añadió el español es la relativa a beber. Hay que aclarar que casi siempre este verbo “se conjuga con bebidas alcohólicas”.

Una vez se ha llegado a este punto hay que afinar la puntería para explicar cómo es que el pico llega hasta aquí. El pico comenzó por ser el de las aves. De ahí pasó en el español al pico de las montañas. En el año 1244 pasó a ser objeto punzante o “punta”. Más adelante en el español antiguo pasó a ser “punta aguda que tiene alguna cosa”. El último es el pico de la botella.

Este pico, aunque parezca increíble tiene relación con el beso, en francés faire la bise. En el año 1217, en francés, bec pasó a ser la boca humana. De ahí que los franceses den los gros bisous, grandes besos.

Luego de todas las explicaciones y reflexiones al margen, es apropiado reconocer que no se sabe cómo este verbo llegó del portugués al español dominicano con el significado particular que tiene en la última lengua.

Puede aventurarse una explicación. Llegó hace siglos de boca de los marineros portugueses con el sentido propio de la marinería y de ahí los habitantes de la isla La Española lo llevaron a “beber a pico de botella”. Esto es, directamente de la botella o recipiente.

 

IMPASE

“. . . Haití había detenido la construcción de ese canal para que el IMPASE que creó. . .”

Este impase es una adaptación válida del galicismo impasse que es de uso en América. En el español peninsular puede encontrarse usado impás que es otra adaptación válida al español. El español americano se ha decantado por una adaptación que se asemeja más a la escritura del francés, al tiempo que la peninsular se asemeja a la pronunciación del francés.

Para encontrar las acepciones de la palabra del título hay que remitirse a la del francés del modo en que se ha aceptado en español. En el Diccionario de la lengua española de la corporación madrileña de la lengua consta la palabra francesa impasse, en cursiva, con las significaciones que deben reconocerse a las adaptaciones al español. Estas se verán en detalle más abajo. Se adornará el tema con un poco de historia de la palabra francesa.

La palabra impasse está formada por el prefijo in (privativo) que hasta el año 1730 en francés se escribió inpasse. En el siglo XVIII se usó ya la palabra para reemplazar otra conocida en español cul-de-sac, callejón sin salida, calle ciega. Fue Diderot quien un poco más tarde la utilizó con el sentido de “situación de difícil solución”. En español se documentó la voz del francés en el año 1922 de la pluma de E. d´ Ors. Al italiano pasó también para situación sin solución, o sin salida; situación de gran dificultad.

El impase en negociaciones se produce cuando se llega a un “punto muerto, estancamiento, atascamiento”. El diccionario de las autoridades normativas de la lengua española añade a las acepciones anteriores, “compás de espera; detención de un asunto”.

Si la palabra se deja escrita en francés hay que ponerla en cursiva o entre comillas por ser voz extraña a la lengua española. También puede recurrirse a una de las traducciones o adaptaciones a la grafía española aceptadas por el uso culto o las traducciones impuestas por el uso continuado.

Guaguancó, recogedera, pechudo/pechú

Por Roberto E. Guzmán

GUAGUANCÓ

“. . . que también dominaban el gusto popular e igualmente divulgando por la radio (…) como el cha-cha-cha, el danzón, el GUAGUANCÓ. . .”

Esta voz puede resultar extraña a algunos jóvenes. Esa es la razón por la que se trae a estos comentarios. Es una voz interesante que es bien conocida en el español de Cuba.

Algunos estudiosos entienden que la difusión original del guaguancó, es decir el ritmo, fue propiciado por la abolición de la esclavitud en Cuba. Es una forma de rumba que tiene raíz africana; la rumba en sí misma es madre de muchos ritmos y bailes latinos.

El Diccionario de la lengua española reconoce la palabra al incorporarla a su repertorio con una cauta acepción, “Género musical popular con canto y baile”. La palabra ingresó en ese diccionario en la edición del año 2014, la vigesimotercera.

No puede olvidarse que en Cuba al igual que en otras islas del Caribe las celebraciones religiosas profanas se disfrazaron de alusiones cristianas. El baile entre los esclavos además de ser una manifestación de regocijo era una escapatoria a la miserable vida que llevaban. La música, así como otras manifestaciones culturales, se convirtieron en una fusión de expresiones (afro-criollas) afrocubanas.

Los instrumentos originales eran de percusión, tres tumbadoras y una caja. La forma de bailar este ritmo es común a otros ritmos en los que la característica es que la pareja ejecuta movimientos lascivos de caderas y pelvis. La mujer evita al hombre hasta que cede a sus insinuaciones -a distancia- y consiente; esa acción es llamada “vacunao”.

Es una pena que D. Fernando Ortiz no tuviera la oportunidad de buscar el origen de la palabra guaguancó como hizo con tantas otras palabras de Cuba de origen africano. La única pista que se ha encontrado para la palabra en estudio es guanguá, del yoruba, la que como muchas otras palabras de este tipo tiene muchas acepciones, “claro, alumbrado, iluminado, límpido, puro, neto, hueco, espaciado, transparente, terso, abertura”. Diccionario de términos yoruba (2010:76).

Fernando Ortiz con las siguientes palabras describe lo que sabe acerca del término: ”Ignoramos el significado del vocablo; pero no vacilamos en darlo como africano”. Añade, “Nombre de un danzón, que se bailaba en La Habana por 1893”. Glosario de afronegrismos (1924:213).

Por fortuna William Megenney se ocupó de la palabra. La define como “tipo de música guarachosa importada de Cuba”. África en Santo Domingo (1990:177). Trae posibles orígenes africanos en el habla de los kaffir (South África) quienes lo usan para “batir palmas durante un baile, el ruido de una multitud de personas, ingwangwa. En lengua bobangi él encuentra una voz parecida, ngwa ngwa, usado para “puntiagudo”.

Cuba fue una isla con una pujante industria azucarera que requería de mano de obra. Esa mano de obra en su gran mayoría la proveyó el esclavo africano. Con el esclavo vino su lengua además de su cultura. Con esto llegó su costumbre. Como se escribió más arriba, la música derivada de los ritmos africanos en América, se desarrolló en Cuba. Algunos de esos ritmos recibieron nombres originados en lenguas africanas.

El Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-II-27) consigna que el guaguancó es una “modalidad de la rumba cuya parte inicial de canto toma el carácter de un extenso relato. . .” Luego de esa parte entra en la descripción del baile.

A República Dominicana el guaguancó llegó a través de la radio, de los discos. No ha de olvidarse la gran influencia que ejerció Cuba sobre República Dominicana en muchos aspectos, entre ellos la lengua y la música.

La música del guaguancó fue escuchara con frecuencia en República Dominicana y la palabra entró en el habla. El baile o la práctica de esta música en el seno del pueblo no corrió la misma suerte en este país quizás por los atrevidos movimientos que se hacen durante el baile. Esto así quizás por la influencia de la religión, pues no puede olvidarse la gran influencia ejercida por la religión en el país dominicano, sobre todo en la época de esplendor de este ritmo.

 

RECOGEDERA

“. . . recurre al expediente de la RECOGEDERA de firmas. . .”

No se precisa de mucha imaginación para vincular el verbo recoger con la voz del título. Conforme con lo que los diccionarios recogen, el sustantivo del título solo tiene uso en el habla de los dominicanos. La voz no está en el diccionario oficial de la lengua española internacional. Ni siquiera aparece en el diccionario de americanismos confeccionado por las academias de la lengua.

El Diccionario del español dominicano (2013:590) es el que asienta la voz por primera vez. Allí puede leerse una escueta definición como corresponde a un diccionario de este tipo, “Acción y efecto de recoger reiterada o continuadamente”.

Hay que tener en cuenta que en el español general existe la palabra recogida, que es la acción y efecto de juntar personas o cosas. La voz recogedera nunca se usaría para la acción de cosechar granos, cuando para esta acción se dice y escribe recogida.

Con lo escrito en el párrafo retropróximo se desea destacar la diferencia en el habla, pues en la recogedera no se trata de juntar cosas dispersas, sino hacer diligencias para reunir algo inmaterial.

Podría argüirse que en el caso de la recogedera se solicita algo para conseguir, lograr u obtener otra cosa. La acción de la recogedera se caracteriza porque conlleva un tiempo entre el comienzo de la acción y su finalización; esto es, no es un producto obtenido de una vez.

Con lo expuesto más arriba se espera haber explicado el carácter de la acción que en el español dominicano se conoce con el nombre recogedera.

 

PECHUDO – PECHÚ

“¡Qué pechú!”

La voz pechú del español dominicano es moneda corriente. Ha estado en uso desde la primera mitad del siglo XX en el habla de los dominicanos.

Antes de entrar en el estudio del itinerario de la voz hay que señalar que los datos con que se cuenta apuntan a que es una voz que tuvo su origen en el habla dominicana. Hay que destacar que en otras hablas para las personas que están prestas a enfrentar las situaciones enojosas, estas hablas recurren a la frente, así, “dar el frente”.

La voz pechú,a, no se limita a encarar o afrontar las situaciones, sino que lo hace con celeridad, sin detenerse a pensar en los peligros que eso entraña. De algún modo el pechú es atrevido en sus acciones o reacciones.

Se ha insistido en la grafía pechú y hasta pechúo, porque solo en el habla desvirtuada dirá pechudo un hablante de español dominicano. Escrito o dicho de la manera intelectual pierde el sabor y el énfasis, le quita fuerza al sentido propio de la voz.

Más arriba se escribió que la voz del título ha estado en uso desde la primera mitad del siglo XX porque consta en la obra Criollismos de Brito que fue editada en 1930. P. Henríquez Ureña recoge la voz en El español en Santo Domingo, diez años más tarde (1940:192); este intelectual escribe pechudo y consigna “valiente, que presenta el pecho”. Brito por su parte había registrado “arriesgado, animoso”.

Manuel Patín Maceo cuando se ocupa de las voces dominicanas incluye pechú y pechúo en la obra Dominicanismos en el año 1939 y entra en explicaciones pertinentes que ayudan a entender el concepto que encierra la voz. Este estudioso eligió la voz pechúo, a, como representación gráfica del adjetivo; él escribe, “Que intenta hacer algo superior a sus aptitudes o que aspira a una cosa que le es imposible alcanzar. . .”

La voz no permaneció en los límites del habla dominicana, sino que pasó a Puerto Rico donde la documentaron ya en la segunda mitad del siglo XX. Rubén del Rosario menciona la voz en Vocabulario puertorriqueño (1965:99) y recurre solo a la voz pechú para designar la persona temeraria, atrevida; él entiende que en el habla dominicana es pechúo.

Todos los tratadistas del habla dominicana han continuado el camino trillado por los citados autores con ligeras variantes, Algunos autores han añadido el valor de “desvergonzado, inescrupuloso, sinvergüenza” a los significados anteriores; esto sin olvidar consignar “atrevido, valiente”.

El Diccionario del español dominicano (2013:530) además de repetir algo de lo anterior añadió, “persona bravucona, temeraria, poco escrupulosa”.

En Puerto Rico al pechú le han añadido también las características de cariduro, atrevido, arriesgado.

Chivirica, intermitente / parpadeante, cachipa, enganchar

Por Roberto E. Guzmán

CHIVIRICA

“Se ve esa energía de niña inquieta pero obediente. De CHIVIRICA pero inocente”.

Esta voz del epígrafe en el español dominicano tiene más de una acepción. Desempeña funciones de adjetivo y sustantivo; en el habla casi siempre se utiliza en femenino para referirse a la conducta de una persona.

La voz en masculino chivirico existe en Cuba para algo que se come. En El Salvador en funciones de adjetivo se refiere a una cosa bonita, de buena calidad, o, a una persona agradable, simpática.

Con esta voz, chivirica, sucede algo que se ha criticado antes, la acepción que puede considerarse negativa solo se aplica a la mujer, “Mujer desinhibida en su relación con los hombres”; esto es, que actúa con espontaneidad.

La segunda acepción en funciones de adjetivo, se aplica a la persona “muy alegre, a veces extremadamente coqueta y enamoradiza”. Esta acepción expresa que la persona trata de atraer con maneras afectadas o que trata de despertar sentimientos de amor en otra u otras personas.

La voz chivirica tiene relación con otra de mucho uso en el habla dominicana, chiva. Una chiva, referido a mujer es la que tiene una conducta liviana y coqueta. Chiva es un grado superior de chivirica. La chivirica despliega mayor actividad que la chiva. La mujer chiva es menos fiel en sus relaciones amorosas.

De paso vale recordar que chivo es una palabra con muchas acepciones en el español dominicano y contribuye a formar muchas locuciones.

 

INTERMITENTE – PARPADEANTE

“Con sus luces traseras encendidas, PARPADEANTES. . .”

Algunas palabras se asemejan unas a otras, pero no son sinónimas. Hay quienes aseguran que la sinonimia nunca es total. Las dos palabras del título se parecen, no por la forma en cómo se escriben, sino por el significado. Hay que mantener el cuidado de no confundirlas. Esa confusión es lo que ocurrió entre los dos vocablos del título en la frase copiada más arriba. Aquí se verá la diferencia entre ellas.

La intermitencia tiene relación con interrupción y repetición; que enciende y apaga con periodicidad constante. En un vehículo automóvil es la luz lateral para señalar un cambio de dirección, con las características apuntadas.

El parpadeo es la acción y efecto de parpadear que es abrir y cerrar los párpados. Con respecto de la luminosidad es vacilar u oscilar. Con la primera acepción queda en evidencia que es acción de los párpados.

Parpadear es próximo de palpar y de palpitar, del último “tanto por la forma como en el sentido”. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-IV-406).

El parpadeo es de los párpados. Por extensión, se acepta para algunos fenómenos. La intermitencia es con periodicidad y se usa para las señales de los automóviles que cambian de dirección. No hay que confundir las dos nociones.

 

CACHIPA

“. . . para que coloquen filtros en la chimenea. . . pues inunda todo el municipio. . . de la llamada CACHIPA. . .”

Hay una cachipa dominicana que no se conoce en otra variedad de español. De modo implícito se expresa que existen otras cachipas en otras hablas que no significan lo mismo que la dominicana.

Es muy probable que la cachipa dominicana haya recibido influencia de la puertorriqueña. De acuerdo con lo que consigna el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico la voz cachipa apareció ya en el año 1937 estudiada por D. Augusto Malaret.

Algo que refuerza la posibilidad de que cachipa haya pasado de Puerto Rico a República Dominicana es que en el español de Puerto Rico esa voz sirve para mencionar, “bagazo, cachaza, cáscara, cascarón, corteza, paja, pellejo, pelusa, yesca”. De otro modo sirve para mencionar residuo, viruta.

La cachipa dominicana está documentada en el Diccionario del español dominicano (2013:124), y la acepción asignada es, “Resto ligero de material incinerado”. En el español dominicano se usa de modo casi exclusivo para los restos flotantes en el aire de la caña de azúcar quemada en los campos o, los que expulsan las chimeneas de la cita.

Si se enlazan los sinónimos puertorriqueños con la cualidad de la cachipa dominicana se nota la similitud que existe entre aquellos y esta. La cachipa es un resto, ligero. Las propiedades de los sinónimos de la cachipa puertorriqueña son esas, es residuo y es tenue.

  1. Max Uribe en Notas y apuntes lexicográficos (1996:87) trae un artículo dedicado a la voz del título. En este él menciona. “. . . dada la tradicional intercomunicación entre petromacorisanos y puertorriqueños, cabe suponer que el término CACHIPA es sin duda viejo trasplante lexical que por asimilación hubo de quedar convertido, gracias al hablante común de los territorios cañeros del Este, en significante de las pavesas que, en cantidades industriales, despiden las chimeneas de la industria del azúcar, conforme apunta el autor de “mis 500 locos”. (Uribe alude a un artículo publicado por el Dr. Antonio Zaglul en el diario El Caribe, del 11 de marzo de 1980).

Esta cachipa pudo haber entrado también al español dominicano a través de la ciudad de La Romana en cuya industria azucarera los puertorriqueños tuvieron gran influencia.

 

ENGANCHAR

“Esto permitiría que el país se ENGANCHE al creciente uso del hidrógeno para generar electricidad. . .”

De modo general el español hablado se distingue del español escrito porque en el último hay cierto esmero al elegir los vocablos. En el habla entre interlocutores o en público, pueden verse el hablante o disertante y los oyentes; estos por lo general saben o entienden de lo que se habla. La persona que redactó la frase de la cita olvidó ese detalle.

Enganchar, enganche y gancho son vocablos de uso constante en el español dominicano. Los vocablos de esta familia tienen más usos en esa variedad de español que las acepciones aceptadas internacionalmente.

Cuando un hablante de español dominicano desea expresar que suspende o pone una cosa pendiente de otra de modo que no llegue al suelo, usa el verbo enganchar y no colgar. En los casos en que señala que una persona se incorpora a las filas de una institución militar o policial, el verbo favorito es enganchar.

Si en cambio el hablante dominicano desea comunicar que ha sido víctima de un engaño o que logró estafar a otro, dirá, “lo enganchó”.

En el ejemplo de la cita el sustantivo enganche sustituye al sustantivo incorporación, o integración. La palabra gancho es de larga tradición en la República Dominicana; significa en el español dominicano, trampa, ardid. Un gancho es también el dispositivo que se coloca para robar electricidad, obviando que esta sea registrada por el contador.

En los casos en que el dominicano ha acertado a ensartar algo dirá que lo enganchó. De modo parecido recurrirá a este verbo cuando por accidente algo sufre un desgarre, o su persona un rasguño, por ejemplo, en cercas, o al pasar entre objetos puntiagudos, filosos, en los que “se engancha”.

Con la exposición que antecede se espera haber demostrado lo anunciado al principio acerca del verbo enganchar y sus derivados en el habla de los dominicanos.