Cotorra, calipso, andanada / hondanada

Por Roberto E. Guzmán

COTORRA

“La situación no admite COTORRA alguna. . .”

Se presume que la frase de la cita puede producir desazón en la mente de algunos lectores, especialmente si estos no están habituados a practicar el español dominicano. Esta cotorra en este sitio no tiene explicación posible a la luz del español internacional. Más abajo se disiparán estas dudas mediante la explicación del significado de esta “cotorra” en el habla de los dominicanos.

Para el común de dominicanos la cotorra o perico es el animal capaz de hablar, o de aprender a hablar. De allí es de donde, con un poco de exageración, se use para destacar que una persona habla mucho, por eso se dice que habla como una cotorra, o es una cotorra.

Como casi siempre ocurre en las lenguas, especialmente en español, la mujer lleva la peor parte; es decir, que cuando una mujer es una cotorra no solamente puede referirse a su locuacidad, sino a su aspecto, “mujer vieja y fea”. Diccionario del español dominicano (2013:220).

En tanto sustantivo cotorra se entiende entre otras significaciones por “palabrería para convencer a alguien”. De esta específica acepción se desprende la locución adverbial “a cotorra”, para significar “con palabrería, hablando mucho”. La otra locución del mismo tipo es “dar cotorra” que transmite la idea de “convencer con palabrería”.

En dependencia de los países, cotorra puede ser “persona habladora”, mujer soltera, pasando por “conversación larga y fastidiosa” en Venezuela para terminar significando “vulva, mentira, pene”. Es una verdadera pena que el hablante haya llevado el nombre del pobre animal a estos extremos tan alejados de su naturaleza.

Como puede comprobarse mediante la lectura de lo expuesto más arriba, en muchos países interpretarán derecho el mensaje de la cita. La interpretación de la cita es, “La situación no admite palabrerías, conversación para convencer, pues se considerará fastidiosa”.

 

CALIPSO

“. . . aquel que recogió los CALISOS y las chancletas ahogadas . . .”

Esta voz, que se ha recogido con la grafía calipso en los diccionarios produce intriga en el espíritu de los curiosos acerca del idioma. La mayoría de los hablantes de varias lenguas entienden lo que es un calypso, voz extraña al español, que no mantiene relación alguna con lo que representa el calipso dominicano. Este mondongo se desenredará en el curso de esta exposición.

El calipso dominicano, así, con esa entremetida letra pe /p/ en su interior es una sandalia, una “Chancla, zapatilla abierta de plástico con unas tiritas que se colocan entre los dedos”. Ese es el calipso que consigna el Diccionario del español dominicano (2013:133). Esta chancla es una chancleta sin talón, de material blando y ligero.

El calipso que recuerda este curioso del español, que escribe esto, era o es una chancleta que solo llevaba una parte sujetadora de la parte delantera de la suela, que pasaba entre el dedo gordo del pie y el próximo a este, que se dividía en dos tiras más que pasaban a cada lado del pie por encima del empeine, para engarzar por encima del pie a ambos lados y sujetar la suela. Este calipso era fabricado con material sintético blando.

Vale la pena que uno se pregunte cómo el nombre de un ritmo musical termina haciendo de nombre de una sandalia. La única explicación posible es la coincidencia entre el auge de la popularidad del ritmo y el de las descritas sandalias o chancletas. Esta explicación se ofrece ante la realidad de que no hay otra mejor. Además, se puede añadir que se fue testigo de ambos fenómenos, el de la música y el de la aparición del calzado abierto sin talón.

Con alguna relación o sin ella entre el nombre y el objeto, el nombre es un hecho concreto que no admite negación. Este es un ejemplo de cómo el uso puede imponer un nombre por encima de la razón y lograr que este perdure en la memoria de los hablantes.

 

ANDANADA – HONDANADA

“. . . que le ha caído a la autora de la . . . con una HONDANADA de críticas . . .»

Los errores al redactar pueden ser de todas clases y colores. Unos son menores y otros mayores. La suerte para los redactores descuidados es que la inteligencia humana tiende a enmendar las faltas, omisiones y errores. Pero no es justo colocar el fardo de la comprensión del mensaje exclusivamente sobre los hombros de los lectores. El emisor y el receptor tiene cada uno su cuota de responsabilidad para hacer comprensible la comunicación.

El redactor de esta perla fue quien cayó en la hondonada, que es la parte del terreno que está más honda que la que la rodea, como expresa el Gran diccionario de la lengua española.

Para enmendar el texto se propone sustituir el desacierto por la palabra “andanada” que se entiende que de acuerdo con lo que se halla en el diccionario antes mencionado, en este caso puede tomarse en tanto, “fila o capa de cosas colocadas en serie”. La Real Academia de la Lengua expone acepciones que se avienen mejor al propósito de esta enmienda, pues de ellas pueden extraerse palabras esclarecedoras, “Aluvión de palabras o gritos de reprobación”. En el registro coloquial esa corporación entiende que vale para expresar, “Reprensión, reconvención agria y severa”.

Aquí se puede exhibir benignidad y expresar que el error no vale una andanada de censura y desaprobación, aunque sí de amonestación.

Desguañangar, atolladero, engranojarse / engranujarse

Por Roberto E. Guzmán

DESGUAÑANGAR

“No obstante, la DESGUAÑANGÓ, teniendo que recurrir a severos ajustes”.

El verbo desguañangar es importante en el habla de los dominicanos. Es muy usado en las conversaciones y hasta puede trascender a la prensa como demuestra la cita. Tal y como se verá más adelante este verbo ha producido sus sustantivo y adjetivo correspondientes.

En el Diccionario de la lengua española (DLE) la voz desguañangar aparece con la mención de uso en siete países y una región en los que se conoce y usa, pero la República Dominicana no consta en esa lista, aunque figura quizás englobada en la región de las Antillas.

En el Diccionario de americanismos de la misma institución del diccionario más arriba mencionado consta la República Dominicana en la lista. Así se reparó la omisión anterior. En este diccionario aparece con varias acepciones; algunas de ellas que no aparecen en el diccionario oficial de la lengua.

Las acepciones más conocidas para la voz en estudio son, “desvencijar, estropear”. En función de verbo intransitivo pronominal equivale a “desguabinarse”, para el habla de los dominicanos. En otros países el verbo tiene sinónimos que son desconocidos del hablante dominicano. Para los hablantes de español dominicano “descuajaringar” es equivalente de “desguañangar” como afirma el DLE para los siete países y una región como se escribió antes.

El penúltimo verbo mencionado, “descuajaringar” en el habla de los dominicanos sirve para expresar en funciones intransitivas pronominales “Descuidar alguien su aspecto o su forma de vestir”. Así aparece en el Diccionario del español dominicano (2013:252).

Tal y como se señaló antes, el verbo examinado aquí es importante en el habla de los dominicanos porque el adjetivo “desguañangado, da”, referido a persona expresa “debilitada, agotada; desaliñada, descuidada en el vestir”.

Se anunció al principio de esta sección, los derivados del verbo son importantes para el hablante del modo en que puede apreciarse. Desguañangar(se) es “estropear, romper”. Posee otros matices en tanto verbo transitivo, pues es también, “hacer daño a alguien”. En tanto verbo intransitivo pronominal es “estropearse, romperse una cosa”; así como, “hacerse daño una persona”.

El cotejo de “descuajaringado y “desguañangado” permite encontrar que el primero de los dos es “descuidar alguien su aspecto o su forma de vestir”, y el segundo en su segunda acepción, “Referido a persona, desaliñada, descuidada en el vestir”.

En cuanto a las acepciones anteriores para desguañangarse se está de acuerdo; no obstante, se ha oído el verbo usado para una cosa que se desarma con el mal uso, con el abuso, sobre todo en vehículos de motor, que a veces, comienzan a perder piezas. Lo importante en este señalamiento es que las partes no se separan solas, sino por el exceso de uso o por el descuido durante el uso.

Antes de concluir estas notas vale que se pregunte si se ha oído alguna vez la voz “desguañingado” como sinónimo de desguañangado, pero sobre todo para aplicárselo a personas, no a cosas. Es natural que esta voz provenga de “desguañingar”, con sus sustantivo correspondiente “desguañingue”.

 

ATOLLADERO

“. . . podría ayudarnos a sacar el muerto del ATOLLADERO . . .”

El sustantivo atolladero aparece registrado en el Diccionario de la lengua española, que a veces en estos escritos se denomina diccionario oficial del español. Ahí, en ese diccionario se ofrece un equivalente para atolladero, atascadero.

La razón por la que se trae esta palabra a estos comentarios acerca de la lengua es porque en el español dominicano existen algunas palabras relacionadas con atolladero. Entre esas palabras está el “tollo” de los dominicanos, así como tolloso.

El tollo es una “suciedad, desorden”; además, es un “lío, enredo”. Tollosa es la cosa “desordenada, confusa, descuidada” y la persona “que trabaja malamente y sin cuidado”. Todas estas definiciones pertenecen al Diccionario del español dominicano (2013:664).

El “atolladero” internacional es lodazal; en ese aspecto se piensa que existe un punto en que se tocan el atolladero y el tollo. El lodazal es sucio, al tiempo que el tollo es suciedad.

El Diccionario del español actual (1999-I-506), asienta una acepción para atolladero que acerca aún más los conceptos dominicano e internacional de palabras relacionadas. La segunda acepción en ese lexicón es “Situación apurada o comprometida de la que es difícil salir”. Ahí está el “lío, enredo” del tollo dominicano. Esa es la situación incómoda del lío. El enredo del que es difícil salir.

Los dominicanos en su habla utilizan un verbo que no se ha considerado como merece, entollar, que es ensuciar, en su acepción directa, y, de modo figurado es enredar. Este entollar se aproxima al verbo atollar de los costarricenses, quienes usan el último verbo para “meter en un enredo”. Ese es el lío o enredo de los dominicanos.

No todas las veces pueden encontrarse o descubrirse los vínculos y similitudes que existen entre voces del español dominicano y las que pertenecen al español general, pero en este caso la relación se presenta de modo directo y sin duda.

 

ENGRANOJARSE – ENGRANUJARSE

“. . .la piel se me eriza, se me pone de gallina, me ENGRANUJO de arriba abajo”.

El primero de los dos verbos del título es un verbo de uso solamente en el habla de los dominicanos. Así consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Es posible que a otros hablantes de español dominicano le suceda lo que le sucedió al autor de estas notas; hasta la edad adulta no conoció otro verbo que no fuera engranojarse para “erizarse el vello de la piel”.

El verbo engranojarse consta de tres acepciones en el Diccionario de americanismos, para la aparición de sarpullido en la piel, para emocionarse y la que se copió antes.

Algunos diccionarios que se precian de ser de español general ni siquiera se toman la molestia de inventariar el verbo engranujar. Este verbo es “llenarse granos” y “hacerse granuja”.

Es hasta cierto punto natural que el hablante de español dominicano favorezca el modo de expresarse con el verbo engranojarse, porque lo que sucede con su piel se parece a la situación que presenta la piel cuando se llena de granos, cuando en realidad se levantan los vellos, se erizan.

La fuerza de la palabra grano atrajo hacía sí el verbo engranujarse, para formar el verbo dominicano “engranojarse”, pues el hablante no se identificaba con “granu” y, sí con grano, que sugería algo conocido con un significado semejante a lo que el hablante deseaba expresar.

Otra razón para explicar la ausencia del verbo engranujarse del español hablado dominicano es que la palabra “granuja” no es de uso común en esta habla; por lo tanto, el hablante de esta variedad de español no encuentra palabra patrimonial del español para relacionarla con el verbo engranujar. Este fenómeno que se explica, se produce con harta frecuencia en español y hasta en otras lenguas. Algunas palabras que se originaron de este modo terminaron adquiriendo carta de naturaleza en la lengua española.

No hay que escandalizarse si alguien utiliza en español dominicano el verbo engranojarse para significar que el vello se eriza, que la piel adquiere característica parecida a la piel llena de granos.

El verbo engranojarse del español dominicano parece que no es muy viejo, pues no aparece en las obras de recolección de voces dominicanas hasta el año 2002, cuando D. Esteban Deive lo coloca en su Diccionario de dominicanismos (202:85) y lo califica de barbarismo por engranujarse. Este barbarismo es de índole etimológica, pues el verbo lleva en español la base “granu” y no grano como ha pensado el hablante dominicano.

Para concluir con esta voz, puede aducirse que es posible que el hablante de español dominicano haya pensado que este grano de engranojarse es un simple abultamiento pasajero, que produce el vello al erizarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bemberria, bebentina, garantista

Por Roberto E. Guzmán

BEMBERRIA

“. . . repleto de gente en plena BEMBERRIA, gente con ninguna intención. . .”

Cada vez que se halla una voz que solo se conoce en el habla de los dominicanos el autor de estas apostillas celebra la creatividad de los dominicanos; sobre todo en un caso como el de esta voz que se trata de una creación completamente dominicana, pues la voz no se conoce en ningún otro país.

La definición de la bemberria coloca el acento sobre el consumo de bebidas alcohólicas. Es una pena que sea así, porque se presumió que en su origen se encontraba la voz “bembe” que se tomaba como sinónima de labio. Si se sigue esa línea de pensamiento, la bemberria debería ser una reunión donde el objetivo principal sería hablar; es decir, hablar por aquello de bembetear, que es “hablar mucho”. Se creyó que bemberria tenía en sus genes, quiérase o no, la palabra bembe. Tal parece que en este caso el bembe se mueve para beber más que para hablar. Esto es, se toma el bembe, pero no el hablar.

En principio se descartó que la palabra en el origen fuese bembé, así con el acento sobre la última letra E /e/, porque esa voz es propia de la santería y es una “celebración de carácter ritual, que se acompaña con toque de tambores”. Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-I-142).

No es descabellada la idea de que se haya tomado el bembe de bemberria de bembé, pues en Cuba, la voz bembé ha tomado “Por extensión de la que tiene carácter religioso, se da este nombre a cualquier fiesta”. El habla popular cubana de hoy (1982:55).

El bembé fue o es un baile africano. El bembé también es el nombre de un tambor africano. El “bembem es el jubileo real o ruidoso festival de los reyes yorubas o lucumíes”. Glosario de africanismos (1924:52).

Luego de elucubraciones con respecto a la raíz de la voz en cuestión, se hace necesario mencionar algo sobre la terminación antes de poner el punto final a esta sección. Casi todas las terminaciones de palabras en español con -ia, llevan un acento sobre la letra /i/. En este caso no se observa el acento, de donde hay que concluir que es voz original y no derivada de otra.

Al final, puede concluirse que en la palabra bemberria, la raíz proviene de bembé, el baile o fiesta de origen africano. Es motivo de celebración que en el español dominicano existan algunas voces que manifiesten alguna relación con las raíces africanas ocultas en la cultura del pueblo dominicano.

 

BEBENTINA

“Los estados de emergencia no pararon las fiestas y BEBENTINAS . . .”

La voz del título se conoce en tres hablas propias de países bañados por el mar Caribe, Cuba, República Dominicana y Venezuela. El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española asienta la voz bebentina y ofrece un equivalente, borrachera. Más abajo se argumentará con respecto de esta definición, pues no se está de acuerdo con ella.

No se está conforme con llamar borrachera a la bebentina, cuando en realidad la bebentina es una actividad y la borrachera es un efecto. El Diccionario del español dominicano (2013:83) incluye en sus páginas una definición más acorde con la acción que representa la bebentina, “Consumo abundante de bebidas alcohólicas”. La segunda acepción destaca otro aspecto importante de la bebentina, “Reunión en la que se beben bebidas alcohólicas en abundancia”. Ese aspecto es el de varias personas juntarse con el propósito de consumir bebidas alcohólicas.

No puede pasarse por alto que en la bebentina no se menciona el baile, la música o la conversación en la reunión, aunque estos pueden ser ingredientes que contribuyan a apurar mayor cantidad de bebidas alcohólicas, pues hacen el ambiente más propicio para ello.

  1. Pedro Henríquez Ureña trae la palabra bebentina en su obra El español en Santo Domingo (1940:189) y la incluye entre los adjetivos y sustantivos que califica de “abundancial”. De allí hay que colegir que es “beber en abundancia”. En la obra de D. Manuel Patín Maceo “Dominicanismos” él entiende que una bebentina es, “Acción de beber: anoche tuvieron una bebentina”. Dominicanismos (1940:41). En la obra Criollismos de R. Brito aparece bebentina con el sinónimo borrachera. Es posible que en su origen antes de 1930, solo fuera voz adecuada para borrachera y que luego evolucionara revistiendo las características que se han destacado más arriba.

Es obvio que la voz bebentina lleva en su seno el verbo beber, beben, y la terminación –ina. Esta terminación introduce una incongruencia, si se toma al pie de la letra, porque la terminación -ina se conoce en español para poner de relieve el rasgo diminutivo de lo que trata la palabra a la que se añade.

Junto con lo ya señalado en el párrafo retropróximo acerca de la terminación, hay que recordar que esta terminación sirve también el propósito de indicar que el sustantivo en el que se observa “tiene relación con” la palabra de la raíz; es decir, beber.

En el español dominicano se ha oído que una persona está “metida en una bebentina” cuando entra en una etapa de beber sin cesar. A veces esta persona va de sitio en sitio donde se venden bebidas alcohólicas como una diversión y quizás hasta terminar embriagado. En este caso no hay reunión, aunque se puede hacer el recorrido acompañado de una o más personas.

La palabra estudiada aquí recibió el reconocimiento del Diccionario de la lengua española, pues en este puede leerse, “ingestión en exceso de bebidas alcohólicas”; con la marca que es de uso en República Dominicana. Es un sustantivo femenino y siguiendo las pautas de ese diccionario, como no se menciona otro país; eso significa que es palabra propia de los dominicanos.

 

GARANTISTA

“La disposición GARANTISTA de la reforma. . .”

A pesar de que se ha encontrado en varias ocasiones la voz del epígrafe, esta no es de uso general en el español actual. Sin embargo, parece que tiene mayor circulación en algunos países de habla hispana, mientras en otros se la ignora por completo. Las informaciones de que se dispone indican que esta voz se originó en México. Se ha detectado el empleo en Argentina también. En España esporádicamente se encuentra la voz usada.

La definición más sencilla y directa del adjetivo garantista es, “que proporciona garantía”. De esa forma figura en el Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:518).

Los tres ejemplos de uso del recién mencionado diccionario tienen relación con situaciones en los tribunales, de donde se deduce que en el ámbito jurídico es donde tiene preponderancia la voz del título.

Otro rasgo común en los ejemplos es que estos tratan de garantías en sentido figurado, no de garantías en sentido concreto, esto es, se trata de garantizar derechos; no de prestar garantías de cumplir una obligación asumida convencionalmente en lugar de otro.

Puede adelantarse que esta voz no se encuentra en la lista de las que se consideran para incluir en la próxima edición del diccionario oficial de la lengua española. No obstante, si el uso persiste y se amplía, los académicos de la lengua pueden admitir la voz en el futuro.

Pepla / plepla, cachú, bonche

Por Roberto E. Guzmán

 

PEPLA – PLEPLA

“. . . no puedo estar como tú en una esquina . . . hablando PEPLA”.

Esta voz del epígrafe es interesante. Lo es por dos particularidades. Es única en tanto formación y en cuanto significado. La pepla o plepla es creación de la inventiva dominicana.

Es una voz muy precisa, pues solo tiene una acepción indiscutible. Quien escribe estas reflexiones acerca del habla de los dominicanos piensa que la voz es una onomatopeya. Las ideas expuestas más arriba se desarrollarán en detalle más abajo.

El Diccionario del español dominicano (2013:539) trae una acepción, como se anotó antes, “Cosa insustancial sobre la que se habla”. Es un tema que no reviste interés, que no merece ser asunto de conversación. La cita en ese diccionario que ilustra el uso ofrece una equivalencia, vacuencia, que es muy dominicana también. Es un sujeto de charla vacío, sin trascendencia. El diccionario mentado más arriba asienta una acepción para vacuencia, “Disparate, dicho sin sentido o intrascendente”.

La palabra plepla está recogida en el mismo diccionario mencionado antes, página 558, “Cosas intrascendentes sobre las que se habla”. En funciones de sustantivo para una persona es “tonta, alelada”.

Las dos voces aquí examinadas evocan el blablá conocido que la Real Academia define, “Discurso largo y sin sustancia, y a veces con tonterías o desatinos”.

Puede aducirse que el blablá es más serio que la plepla, pues la última no es discurso sino conversación. Esto a menos que se tome el término discurso en un sentido restringido, simplemente como una “serie de palabras y frases empleadas para manifestar lo que se piensa o se siente”.

La sonoridad de la pepla y la plepla llaman la atención y se parece a la cháchara que es una “conversación frívola”, de acuerdo con una de las definiciones que se halla en el diccionario de la docta corporación madrileña de la lengua.

La conversación de la pepla o plepla no es corta; mueve a pensar en la locución adverbial “de pe a pa”, de uso en el habla de los dominicanos para expresar, “De principio a fin, entero”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:379).

Se sostiene aquí que las dos voces, pepla y plepla, traen consigo la idea del sonido de una charla sostenida solo por el ruido, sin sujeto serio, sin contenido.

 

CACHÚ

“Contar los votos es un CACHÚ”

El cachú es una salsa condimentada hecha sobre todo con tomates. Al mercado internacional llegó por medio del comercio impulsado por los Estados Unidos. Se usa directamente, es decir, sin necesidad de calentarla o mezclarla con los alimentos sobre los que se aplica. Se popularizó para aplicársela a las salchichas de los famosos hot dogs o a los no menos famosos hamburgers.

En la actualidad muy pocas personas recuerdan que el ketchup, catsup, catchup proviene de Malasia, donde era kechap y era una salsa de pescado. Esa salsa se conocía allí desde las postrimerías del siglo XVII o principios del siglo XVIII.

Durante largo tiempo en el español dominicano cachú era el animal que tenía los cachos (cuernos) largos. Esa era y es la forma descuidada de decir cachudo. Años atrás en los medios rurales, la palabra favorita era cacho para los cuernos; la última era una palabra más citadina.

Ahora bien, en la cita lo que se lee es una frase popular, “ser un cachú”. Con esta frase el dominicano expresa que eso a lo que se refiere es “fácil o grato”.

No conforme con esa significación, también se usa para llevar al ánimo de la otra persona, “tener aspecto o condición agradable”. El cachú como ingrediente de expresiones no termina ahí, pues el giro “¡qué cachú! indica que “algo o alguien es agradable”.

Si todas las frases anteriores se sirvieron del cachú para dar a entender juicios positivos, no podía faltar una para complacer a las personas que no gustan del cachú, “echar cachú”, locución verbal que se usa para “insultar, ofender o reprender a alguien”. Todas las frases aquí citadas están recogidas en el Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:77).

No puede olvidarse, si la palabra cachú se encuentra en el origen de varias frases, entre ellas algunas hasta cierto punto contradictorias, eso es un indicio de la popularidad que la salsa tiene, si no en la comida, por lo menos en el habla.

 

BONCHE

“Era un BONCHE general que de seguro . . .”

El autor de estos comentarios acerca del idioma recuerda que la primera vez que oyó la voz bonche fue de boca de puertorriqueños. Era una voz que se usaba en Nueva York entre los boricuas que allí vivían y, también entre los que permanecían en la isla. Existe la posibilidad de que la voz tuviese su origen en Nueva York y de allí pasara a la isla.

Es muy probable que los dominicanos hayan adoptado la voz a fuerza de oírla de boca de los puertorriqueños, especialmente cuando departían o eran invitados a fiestas y celebraciones de los boricuas.

El primer bonche que oyó hace muchos años quien esto escribe fue el de reunión de personas para celebrar. Cuando invitaban a un bonche se sabía de antemano que se trataba de integrarse a un ambiente de fiesta que podía ser ruidosa, con música, licores y a veces baile.

Como sucede en las lenguas con muchas voces, estas cambian su significado, ya sea añadiendo nuevos o, perdiendo viejos por falta de uso. En el caso de bonche puede comprobarse algo que ha sucedido con muchas otras voces, que sus acepciones han variado a través del tiempo. Además, ha adquirido acepciones variadas al pasar su uso de un país a otro.

En República Dominicana la voz bonche posee cuatro acepciones que son conocidas en otras hablas. Es una fiesta o reunión festiva; así como una reunión de gente para celebrar algo y una gran cantidad de personas, animales o cosas. Por último, es un manojo o grupo de cosas atadas para mantenerlas juntas.

El Diccionario de americanismos, DAA (2010) reconoce tres acepciones de las mencionadas más arriba. La cuarta acepción, la del manojo de cosas, no constaba en ese lexicón, pero aparece ya en el Diccionario del español dominicano (2013). Esa última acepción constaba en el DAA como de uso en México. Esta corresponde con la primera acepción del inglés para bunch.

Quien escribe estas notas mantiene la tesis de que el ambiente festivo y la celebración se la añadió o creó el puertorriqueño a la voz angloamericana al españolizarla. Como se expresó al principio de esta exposición, los dominicanos adoptaron la voz con las acepciones puertorriqueñas, sobre todo en relación con un grupo de personas reunidas para fiestar.

Hay que celebrar que bonche sea una reunión festiva, con algún ruido, comida y bebidas alcohólicas, en donde la amistad es el mejor ingrediente para la animación.

Pichirrí, picapica, foete / fuete

Por Roberto E. Guzmán

PICHIRRÍ

“Los bancos tienen al dueño cogío por el PICHIRRÍ”.

Esta voz adquirió notoriedad en el habla de los dominicanos cuando una persona muy destacada en el ámbito político la utilizó en público. Este uso en los medios de difusión masiva le confirió importancia a la voz. Para sorpresa de quien escribe estas notas, algunos hablantes de español dominicano no estaban familiarizados con la voz pichirrí.

No puede negarse que pichirrí es una voz que pertenece al ambiente rural, donde las personas suelen llamar de modo diferente a algunas partes de los cuerpos de los animales. Cuando un campesino llama pichirrí a la parte inferior, o terminación de la columna vertebral de un ave, especialmente un pollo o gallina, lo hace para evitar mencionar esa parte por un nombre que no pueda aceptarse porque se considera vulgar o malsonante.

En el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias (2010:1689) figura pichirrí con la definición, “Parte inferior de la columna vertebral”. El Diccionario del español dominicano (2013:545) completó la definición anterior, “Extremo inferior de la columna vertebral del pollo”. Esa definición refleja la mayoría del uso, aunque puede pensarse que no es completa porque en realidad todas las aves tienen esa parte. Hay que retener que en muchas ocasiones las personas que no son versados o no tienen interés en ello, no distinguen entre el pollo y la gallina y utilizan pichirrí tanto para uno como para otro y así debe ser.

Ahora bien, como muchas personas tuvieron contacto con la voz del título cuando esa persona, ahora expresidente de la República, usó la locución “agarrar por el pichirrí”. La voz llamó la atención de los citadinos, pero algunos no entendieron el sentido de la locución.

La locución “agarrar por el pichirrí” expresa la idea, “Tomar desprevenido a alguien” y, “Dominar algo o a alguien e inmovilizarle”. La primera locución refleja una acción de gallinero donde se agarran las aves por el pichirrí para sorprenderlas viniendo de atrás, sin que estas puedan darse cuenta. Además, la segunda idea de la locución es bien servida, pues de ese modo se gobierna el ave, puede dominarse.

Este pichirrí ha producido otras locuciones, “apretar el pichirrí”, “coger por el pichirrí”. La primera transmite la idea de “sancionar, castigar, corregir”. La segunda se usa para, “agarrar al adversario en la parte que más le duele”.

Llamarle pichirrí a esta parte del cuerpo de un ave se ha convertido también en un eufemismo para denominar la parte del cuerpo humano “donde la espalda pierde su nombre”.

Se convirtió la voz en un término jocoso que se transforma en un motivo de reconocimiento a la inventiva del campesino dominicano que es capaz de crear expresiones que transmiten con tanta fidelidad y humor las ideas.

 

PICAPICA

“. . . con la barriga y sus esperanzas de buena vida se circunscribe a figurar en su mente un salami o una PICAPICA . . .”

La voz picapica entró en el español dominicano hace no más de 40 años. O al menos, no se popularizó hasta hace esa cantidad de años. En otros países la palabra picapica designa un árbol, el papel picado o una sustancia que produce mucha picazón.

En República Dominicana picapica es una sardina enlatada con salsa picante añadida. Así mismo sirve esta palabra para designar dos plantas trepadoras. Solo en el habla de los dominicanos se usa esta reiteración del verbo “picar” para llamar a una sardina enlatada. El Diccionario del español dominicano (2013:544) ofrece una definición un poco diferente de la que se sugirió aquí antes, “Sardina enlatada, generalmente con picante añadido”.

Con la reiteración de que el sabor de la sardina produce un fuerte ardor en el paladar, picar, se pondera la sensación ardiente y acre en la boca y la garganta del sabor de la sardina en cuestión.

Durante mucho tiempo en el campo dominicano el arenque y el bacalao fueron alimentos preferidos en la dieta diaria por su fácil conservación sin necesidad de refrigeración debido a la gran concentración de sal en ellos. Otra cosa que contribuía al consumo era que eran dos alimentos con mucho sabor que permeaba cualquier otro tipo de “compaña” y hacía “rendir” los víveres, el arroz, el pan o la pasta que se consumían con estos.

La popularidad a la picapica le llegó también como producto del incremento de los precios de los demás alimentos que competían por el favor del consumidor en el medio rural.

Un locrio de picapica no será un manjar de los dioses, sin embargo, satisface el hambre, provoca sed de tomar que hace que se beba y se llene el vientre. Sacia los sentidos, el sabor como ya se explicó; el olor a producto del mar no puede ser más penetrante. La vista queda premiada con los colores naturales y agregados a la sardina. Esta cadena de acciones apagará los deseos de comer más. Además, el locrio de sardinas es sabroso si se come con hambre o con deseos de saborear algo con gusto fuerte.

 

FOETE – FUETE

“. . . cuya casa era un taller familiar para . . . elaborar FUETES”.

En el título de esta sección se copian dos maneras de mentar el mismo objeto. Ambos vocablos denotan interés en reproducir algún rasgo del origen del vocablo. Este vocablo proviene del francés fouet, cuya historia se examinará más abajo. Aquí se estudiarán, además, las peripecias de este látigo en el habla y la literatura americana. Junto con estos vocablos se mencionarán otros que tienen relación con los dos que son objeto del estudio detallado.

En el baúl de los recuerdos acerca del habla se encuentra el fuete. Eso de llamarle látigo fue un vocablo que se integró mucho más tarde al léxico del autor de estos comentarios. Con esto se pretende destacar que en el uso, en el habla, durante largo tiempo, que el hablante se inclinó por llamar fuete a ese instrumento.

A primera vista puede resultar arriesgado escribir que quizás este vocablo, fuete, entró en el español dominicano, o por lo menos se reafirmó, con la ocupación haitiana de la parte este de la isla La Española entre 1822-1844.

En su origen el fouet fue un instrumento formado de una parte sólida para asirlo y otra flexible, que servía para guiar los animales. En una de sus formas sirvió para incentivar la marcha de los animales. Recuérdese que en la parte este de la isla La Española se desarrolló lo que se ha dado el nombre de “sociedad o economía hatera”. Luego, de esta actividad el fuete pasó a otros usos en el país de los dominicanos. La palabra francesa con esas características entró en esa lengua en el siglo XIV.

En República Dominicana P. Henríquez Ureña cataloga la palabra fuete en tanto “galicismo de origen libresco”. Este filólogo también menciona el verbo “fuetear” en el español dominicano para expresar azotar. De este estudioso se toma la información de que en el siglo XVIII aparece documentada la voz fuetiados, que en palabras de don Pedro “[denuncia] la antigua difusión de la voz afrancesada fuete y del verbo derivado”. El español en Santo Domingo (1940:246)

En el Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas, al tratar la voz fuete, el autor, entre otras informaciones afirma, “Algunos aplican este nombre a todo instrumento de azotar; pero otros le concretan al chucho . . .” Este chucho es el látigo de cuero. (1836:265). Los demás autores que escribieron con posterioridad a Pichardo repitieron lo que él había escrito.

De este fuete derivan en República Dominicana, fueteada, fuetiada, fuetiza, fuetear, cuyos significados pueden deducirse de las terminaciones.

Tolete

Por Roberto E. Guzmán

TOLETE

“. . . el sueldo mínimo de los guardias y militares nada menos que 30,000 TOLETES al mes . . .”

En la oración que se reproduce más arriba se utiliza la voz tolete de modo que representa algo diferente de su significado de origen.

Este tolete de la cita equivale al peso dominicano que posee tantas denominaciones porque de una manera u otra el usuario de la lengua prefiere evitar llamarlo por su nombre y se refiere a este con nombres diferentes, “caña, molongo, tururú, maraca” y otros que ahora no acuden a la memoria. Esta denominación de tolete del peso la comparte el dominicano con los cubanos.

Más interesante que todo lo anterior es la voz tolete y su origen en América. Eso se examinará en detalle para ilustrar el asunto; así como las voces derivadas de tolete.

“Hay que comenzar por el principio”, dice el pueblo y hay que oírlo. La palabra tolete en su origen es la “estaca pequeña y redonda, encajada en el borde de la embarcación, a la cual se ata el remo”. No hay duda de que llegó a América con esa definición, pues existía documentado en la lengua que luego se hizo común desde el siglo XVI, exactamente en 1587. Se tomó del francés tolet que lo tomó quizás de una lengua germánica.

En Europa siguió llamándose escálamo al palo fijo para atar el remo, mientras que en América se prefirió llamarle tolete. A este fenómeno llama el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-VI-534) de “separación geográfica”. Esto puede tomarse como un indicio de popularidad de la palabra tolete en América.

  1. Esteban Pichardo lexicógrafo dominicano de nacimiento asienta en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:581) que tolete en Cuba era sinónimo de garrote, pero más corto, cilíndrico. Anota además que “toletazo” es el golpe dado con el tolete. Hay que destacar, si el tolete había generado un derivado, toletazo, es porque su uso se había generalizado ya como arma, por lo menos en esa isla. No puede olvidarse que a Cuba llegaban las naves procedentes de España y de allí salían a otras partes de América después de hacer escala.

Debe destacarse que el tolete era más corto que el garrote, rasgo que fue seguido por Roque Barcia quien escribe, “palito redondo” para describir el tolete de las embarcaciones menores. Esas caracterizaciones trazan la línea a seguir cuando se denominó tolete el del policía. Ese autor ya consigna el toletazo, “golpe dado con el tolete”. Diccionario de la lengua española (1883-V-157)

Ya en 1924 consigna Constantino Suárez en su Vocabulario cubano (1924:495) no solo el tolete conocido de la marinería, sino que describe en detalle que este forma parte del armamento de la policía municipal. Esto hace que se utilice la palabra con mayor frecuencia aún. No solo señala eso, sino que incluye que tolete es “persona tosca, ruda, de entendimiento tardo”. Ya se usaba también llamar tolete a la “moneda de plata de un duro”.

El tolete continuó su popularidad en el uso, pues Fernando Ortiz en su Nuevo catauro de cubanismos (1923:470) trae no solo los vocablos tolete y toletazo, sino también “toletari”, con una explicación oportuna acerca de su significado. Así se llama al vigilante de policía por llevar un tolete como única arma. Explica que la terminación viene por el arribo del juego vasco pelotari a Cuba.

El vocablo tolete no permaneció en Cuba, pues aparece documentado en Puerto Rico en 1933 en tanto “moneda de un duro”. Esa información está en el Vocabulario de Puerto Rico publicado en 1967, página 277. Hay que destacar que no se utiliza la palabra tolete para el peso moneda nacional, sino para el duro español, de la misma formas que en Cuba.

El uso de tolete se popularizó no solo en las Antillas, pues pasó a Colombia y Venezuela a temprana hora. Llegó su importancia a tal nivel que adquirió otros significados. En Colombia se le acepta o aceptaba como “palo o garrote largo”. También designaba un “pedazo grande de alguna cosa” o simplemente “grande, enorme”, así consta en Colombianismos, de J. Tobón (1953:245).

Una vez que la voz llegó a América del Sur adquirió otras significaciones, más definidas, así como nuevos significados. Venezuela llamó toletazo al trago, copa de licor, tal y como se encuentra en Buenas y malas palabras (1974-II-116), de D. Ángel Rosenblat. Esto sin perder el significado de golpe.  En ese país en las zonas rurales sirvió tolete para denominar un “trozo de árbol”, Vocabulario del hato (1991:210).

En ese país, Venezuela, el tolete aparece como “palo del cual tira la caballería para mover los molinos”. En algunas regiones de Venezuela usan de la voz para un “pedazo, particularmente de algo comestible”. Más adelante en la historia el nombre tolete pasó a denominar al bate del beisbol. Diccionario de venezolanismos (1993-III- 217). El primer toletero que hizo su aparición fue el venezolano para “pendenciero, camorrista”. Diccionario general de americanismos (1942-III-193).

El toletazo en ese país es el golpe fuerte que se da con un palo o garrote, y, en el beisbol es el batazo. De allí que el bateador en ese juego se llame de toletero.  (1993-III-216). Todas estas informaciones están claramente documentadas en el citado diccionario.

Los derivados de tolete para acciones fuera de su estricto campo, marinería, son testimonios de la vigencia del vocablo en el habla. El uso del vocablo tolete para denominar varios objetos, de mucho uso algunos de ellos.

En República Dominicana Henríquez Ureña menciona el “golpe dado con el palo llamado tolete”, toletazo. Con respecto “Al peso como moneda representativa, se le dan nombres burlescos, como en todas partes: tolete, … cáncamo, tulipán, … clavado …” Ese erudito investigador anotó que tolete era garrote y humorísticamente, peso. El español en Santo Domingo (1940:186-222-224). En la obra Dominicanismos de Patín Maceo solo aparece la palabra tolete usada en lugar de “dólar”. Esta obra fue publicada en 1940 en República Dominicana. (1940:199).

Antes de las intervenciones ya mencionadas, Brito había recogido la palabra en su obra Criollismos de 1930. La fecha de la edición de esta obra muestra ya la vigencia del tolete en el habla de los dominicanoS. Eso no es todo, ese autor trae una voz que ha caído en desuso en el habla de los dominicanos, “toletearse”, él escribe, toletiaise representado así la forma de hablar del habitante de la región de Cibao en República Dominicana. Este toletearse es “morir”. La importancia de la mención de este autor y su obra no termina ahí, pues él define el tolete en tanto, “Madero tosco en forma de bastón”. Esta definición difiere de la aceptada por el resto de estudiosos que se ocupan de la voz. Y trae ese nombre, tolete, también para el Dollar.

En tiempos más recientes en el habla de los dominicanos, el tolete, el toletazo, toletear y toletero gozan de vigencia.  El Diccionario del español dominicano (2013:663) reconoce dos acepciones para toletazo. La primera es “golpe contundente dado con un garrote”. La segunda es, “En el beisbol, batazo fuerte”. Con respecto a la primera acepción, “con un garrote”, según el criterio de quien escribe estas notas, no parece corresponder a la realidad de los hechos, pues limita el instrumento usado para propinar el golpe al uso de un garrote, cuando se ha oído que se usa para llamar el golpe del toletazo el que se propina con otros objetos rígidos.

Se ha oído también que una persona que se da un golpe, sobre todo de modo accidental, se da un toletazo, con lo que el nombre ha pasado a otro plano.

Con respecto de la palabra tolete, ese diccionario define el objeto, “garrote corto”. En el caso en que se aplica a persona es, “hombre fuerte y corpulento”; “hombre valiente”. El peso, moneda corriente dominicana se conoce con el nombre tolete; así como el pene.

Toletear es “golpear a alguien con un garrote”. Este verbo se desplazó al área de la actividad sexual y se usa para “realizar el coito”. Nada de extraño si al pene llaman tolete.

Con respecto de la otra palabra relacionada con esta familia de vocablos, toletero, sigue siendo el jugador de béisbol que produce batazos de muchas carreras.

Trúcamelo, molongo, tamizaje

Por Roberto E. Guzmán

TRÚCAMELO

“. . . brincar o saltar el TRÚCAMELO”.

Esta voz que figura en el título es muy probable que esté desapareciendo del vocabulario dominicano. La suposición anterior se emite ante los avances de la tecnología y con ella el cambio de juegos o entretenimientos que los niños practican en la actualidad.

Es una pena que la voz esté en vías de desaparición. El lamento se origina porque es una voz dominicana. Solo se conoce en República Dominicana. La formación de esta y el significado son dominicanos. Aquí se reflexionará acerca de la voz.

El trúcamelo es lo que en español internacional se conoce con el nombre de rayuela. El trúcamelo dominicano mantuvo algunas diferencias con el internacional. Los tejos en República Dominicana se conocen con el nombre de “chatas”. De preferencia la chata se elige de forma circular. El nombre a la chata dominicana le viene de la superficie y forma de este objeto plano, delgado. Esto así para permitir el fácil desplazamiento de la chata durante el juego.

Para iniciar el juego los participantes “se cantean”, es decir, lanzan su chata a la línea o “raya” con el fin de determinar quién será “mano” y quien “manito” y, el orden en que participará cada jugador. Este manito o segundo en el orden se conoce además con el nombre de “trasmano”. El último en jugar, por haber quedado más alejado de la raya será llamado “porra” o “pie”. Las modalidades del juego pueden sufrir algunas variantes que son determinadas por el espacio disponible.

El dibujo de las rayas en el suelo puede variar. Algo que permanece es que se salta en un solo pie y el jugador debe en algún momento decir “trúcamelo”. Hay espacios en el dibujo que le permiten descansar sobre ambos pies.

Se ha reflexionado acerca del nombre del juego en español sin poder dar con una explicación plausible. En inglés el juego es llamado hopscotch, el scotch procede de que esa palabra servía para score, que es puntuación en español. Llama la atención que en el pasado de la lengua inglesa este score fue raya, marca. Este nombre lleva dentro la idea de saltar y obtener puntos.

El nombre internacional rayuela evoca las rayas que se trazan en el suelo. En francés el nombre del juego es marelle que tiene relación con el nombre de la chata (tejo) que en francés antiguo fue merel. El francés tuvo influencia sobre la denominación del juego en Brasil, amarelinha, que alude al tejo antes mencionado en francés (merelie). La terminación es un diminutivo propio del portugués brasileño.

La única explicación ¿plausible? para el nombre trúcamelo del español dominicano es que procede del verbo “trocar” en tanto significa cambiar con el sentido de mudar, pues eso se hace en el juego, cambiar el sitio, mudar la “chata”, ficha que se coloca en el suelo. Por su formación sugiere la voz trúcamelo una orden o desafío, “trúcamelo”, cámbiamelo.

Que el nombre del juego en dominicano proceda de una provocación no es motivo para extrañarse, porque los nombres atribuidos a actividades pueden derivar de cualquier rasgo, cualidad; sobre todo cuando no es el nombre oficial, sino el que resulta de un uso y, más entre niños. Ya más arriba se documentó de dónde proceden los nombres del juego en lenguas otras que la española.

 

MOLONGO

“Lo que no está claro es de dónde van a salir los innumerables MOLONGOS que para esto se necesitan”.

En esta cita en cabeza de esta sección la voz molongo debe interpretarse como equivalente de “peso dominicano”. El peso es una unidad monetaria de muchos países hispanohablantes, por lo tanto, no debe ser motivo de sorpresa que tenga tantos “apodos” diferentes.

El dinero (peso) es una parte importante de la vida humana; como consecuencia de esto es parte de muchas de las conversaciones diarias. Algunos hablantes de español dominicano se divierten llamándole con diferentes nombres.

Los nombres que le son atribuidos al peso varían de acuerdo con la edad del hablante. El peso se designa con nombres que variarán con la época del año y otras circunstancias. La vigencia de algunos de estos nombres es efímera, o bien, solo circulan en algunas capas de la sociedad.

Con respecto de la voz “molongo”, se recuerda que en Santo Domingo hubo una persona que siempre usaba esta voz para mencionar el peso y el dinero. Sus programas de radio fueron escuchados durante unos años. El programa en la radio desapareció con la muerte de su productor.

Para el peso dominicano se ha promovido llamarle oficialmente “Duarte” con el propósito de honrar y mantener vigente la memoria del patricio. Los nombres extraoficiales han sido muchos y mencionar algunos y dejar otros fuera es una tarea sin recompensa.

Ese fenómeno de que la unidad de moneda de un país tenga muchos nombres populares no es exclusivo de República Dominicana, pues sucede en muchos otros países de América.

 

TAMIZAJE

“. . . millones de pruebas diagnósticas para el TAMIZAJE de la población . . .”

Es una pena que la voz “tamizaje” no figure en el Diccionario de la lengua española. Tampoco consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

La contrariedad que se expresa de modo disimulado por la ausencia de la voz tamizaje se produce porque se piensa que es la voz que mejor expresa y se acomoda para transmitir el mensaje que se hace por medio de la voz triage que prima en las salas de primeros auxilios de los Estados Unidos y que ha invadido el español de otros países.

La Academia por excelencia ha concedido la carta de naturaleza al vocablo triaje, cuyo origen no menciona y remite al verbo triar que considera de origen incierto. Ese vocablo -triaje- entró en el lexicón mayor de la lengua en la edición de 2014.

La lengua inglesa reconoce la deuda que tiene con el francés al adoptar crudo el vocablo triage, con una detallada acepción para la acción que se ejecuta en las “salas de emergencias”.

El verbo triar en español es, para los fines que interesan aquí, “escoger, entresacar, separar”. De allí se llega a que la acción del triaje es de escoger, entresacar, separar. En francés el verbo trier es “seleccionar, tamizar, cerner, clasificar”, entre otras significaciones.

En inglés triage cuenta con una primera acepción muy específica para aplicarla en las casos de emergencias médicas, “clasificación y asignación de tratamientos a pacientes. . . de acuerdo a un sistema de prioridades”. En las salas de urgencias médicas, “clasificación de los pacientes según la urgencia de sus necesidades de cuidados”.

Puede deducirse de lo expuesto más arriba que el uso del triaje del español procede del inglés y el origen de la palabra viene del francés, con posible origen del latín. La Real Academia ha adoptado la posición de solo consignar el origen de las palabras cuando este puede establecerse sin lugar a duda.

Se lamenta que el sustantivo correspondiente a la acción del verbo tamizar no se haya abrazado para el uso que del verbo se hace en el ámbito médico de las salas de urgencias.

Allante, boronear, metástasis

Por Roberto E. Guzmán

ALLANTE

“Si no salimos de este círculo vicioso de ALLANTE y movimiento . . .”

La voz allante se incorporó al español dominicano hace muchos años. Durante todo este tiempo ha disfrutado de la preferencia de los hablantes dominicanos. Se recuerda de manera muy clara cuando formaba parte del idiolecto de los estudiantes de escuela intermedia y secundaria. Acompañó a esos hablantes a las aulas universitarias donde continuó en uso. Con posterioridad a este tiempo los narradores integraron la voz al habla de sus personajes como correspondía para representar la clase social y la edad a la que estos pertenecían.

Con respecto de esta voz el estudio no puede limitarse solo al sustantivo, sino que hay que tocar también lo concerniente al verbo, allantar, y el adjetivo allantoso,a que puede desempeñar también funciones de sustantivo.

Es muy probable que esta voz haya aparecido en el habla de los dominicanos en los años cincuenta del siglo XX. Se propone ese período porque Patín Maceo no la consigna en sus trabajos de lexicografía. Además, quien escribe esta apuntaciones recuerda haber comenzado el uso a principios de los años sesenta de ese siglo.

Allantar es persuadir con mentiras; impresionar o deslumbrar a alguien; ostentar, jactarse de algo que no es real. De aquí puede resultar que allante, el sustantivo, sea persuasión con mentiras, ostentación o jactancia de algo que no es real. Luego, el allantoso es la persona que convence a otra u otras por medio del engaño. Cuando se refiere a la persona misma esta es mentirosa impenitente; que aparenta lo que no es.

Se piensa que en el caso de la cita el autor destaca el comportamiento que se despliega para atraer la atención, sin que haya engaño o malicia, para aparentar más de lo que en realidad se representa y que de esta forma se le tome en cuenta.

En este párrafo se desarrollará una posibilidad acerca del origen de la voz allante. Esta puede haber derivado de la locución “de adelante”, (de alante), es decir, de los primeros, de los mejores o más destacados. Hay muchas voces en el español antiguo cuyos prefijos perdieron la firmeza en el sonido de la /d/ intervocálica, hubo desgaste. Esto sucedió de modo documentado en los primeros tiempos de lo que devino en lengua española en la península. Ese fenómeno pudo haber sucedido también en este caso como resultado de la elocución descuidada y rápida, y, de allí que se transformara en allante.

 

BORONEAR

“No había despidos, FASE BORONEABA chelitos para aguantar las penas . . .”

Este verbo hace largo tiempo que se utiliza en el habla de los dominicanos. No solo se utiliza en el habla, sino que se practica en la vida diaria. Es más, puede decirse que es una forma de actuar en política dominicana. No hay una crítica velada en la mención que se hace; es una práctica establecida, tolerada y hasta alentada.

En el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias aparece el verbo boronear con una acepción correspondiente a República Dominicana, “Realizar alguien un trabajo o una actividad extra en la que se gana algo de dinero”. Este uso del verbo en funciones transitivas aparece documentado en el Diccionario del español dominicano (2013:101).

Este verbo del título tiene otra acepción que fue rescatada por el último diccionario mencionado aquí, “Repartir dádivas”. La cita del uso es de un periódico diario con un detalle ilustrativo del uso, pues entra la cita en el detalle de cuándo y cómo se produce este boroneo; esto así en cuanto al origen de los dineros que se boronean, así como el fin que se persigue con este. “Y cuando aceleradamente han adquirido dinero y bienes por cualquier vía, boronean; se hacen de quienes los defiendan; compran conciencias y hacen donaciones”.

Este boroneo, que así se refiere el hablante a la acción de boronear, puede hacerla un jefe que reparte dádivas para así mantener a sus subalternos tranquilos, contentos, y, es una forma de comprometerlos con este proceder para que no haya quejas o denuncias, pues participan del producto del boroneo.

A la acción que describe la última cita el hablante dominicano en su habla llama “picar y boronear”, es decir “hacer como la cotorra, que pica y boronea”. El ejemplo nace de la observación de cómo ese animal come y deja caer parte de lo que come.

El sentido del verbo estudiado aquí, así como del sustantivo, tienen su origen en el sustantivo migaja, pues en algunos países de América, entre ellos República Dominicana, borona es sinónimo de migaja, a tal punto que reemplaza a migaja en la preferencia y el uso.

 

METÁSTASIS

“. . . es otra ventaja que . . . hace METÁSTASIS en otros sectores de la economía”.

En algunas ocasiones estos escritos no se dedican solo a comentar lo que se sale de la norma. Esta sección versará sobre el vocablo del epígrafe porque tiene el don de ubicuidad. Las lecturas diarias dan pie a pensar que se han olvidado otros vocablos que pueden expresar la misma idea.

Con toda propiedad el sustantivo metástasis tuvo su origen en la medicina donde todavía sirve para comunicar el concepto de que un foco canceroso pasa del órgano en que se origina a otro órgano distinto.

En los medios de comunicación se ha observado como el concepto que perteneció a la medicina se trasladó a todos los ámbitos de la actividad humana o del diario vivir.

No hay nada que sea de temer en este tipo de fenómeno en la lengua. Sin embargo, debe señalarse que cuando algo como esto sucede hay varios vocablos que pierden vigencia porque el campo de acción de un vocablo invade otras áreas y arrincona vocablos de larga data en la lengua.

Los genes del vocablo metástasis sugieren la noción de que aquello que experimenta metástasis cambia de lugar. Dependiendo del contexto, en lugar del vocablo del título pueden usarse otros sustantivos o giros de la lengua.

No hay que olvidar que metástasis debe de traer a la mente del lector o del interlocutor una percepción de algo negativo porque en su origen se trataba de un tumor canceroso que se reproducía en otra parte del organismo. Esto se señala porque en el texto se utiliza metástasis para comunicar “ventaja” que se reproduce, como puede constatarse por medio de la lectura del texto citado al principio de esta sección. Este uso se considera desacertado.

Con lo expuesto en el párrafo inmediato a este se transmite la advertencia de reservar el vocablo estudiado aquí para asuntos que conlleven rasgos de negatividad. Además, muchas otras palabras pueden usarse en lugar de metástasis en variados contextos, ejemplo de ellos son, “ampliación, despliegue, difusión, extensión, expansión”. Estas palabras sustituirán a metástasis siempre y cuando el entorno lo permita.

 

Conchero, desescalamiento

Por Roberto E. Guzmán

CONCHERO

“CONCHEROS aumentan pasajes y cumplen a medias medidas contra . . .”

Si alguien que no habla o que no está familiarizado con el español de República Dominicana “se topa” con este “conchero” de la frase, es casi seguro que se quede suspendido en el espacio sideral; es decir, que no entienda.

Solo un hablante de español dominicano puede deducir lo que este conchero significa en la oración que se transcribió a manera de ejemplo del uso.

Para la mayoría de los hablantes de español un conchero es un yacimiento de conchas de moluscos, vale decir, que se relaciona con las conchas de las babosas y los caracoles. La palabra concha representa en algunos países otra cosa que se escoge por no mencionar. Este conchero de los caracoles de otros países se conoce en el país dominicano con el nombre de “conchal” en tanto lugar donde se acumulan conchas de moluscos. El uso y la definición están documentados en el Diccionario del español dominicano (2013:208).

En República Dominicana existe desde hace largo tiempo la voz concho que es conocida de todos los hablantes de esta variedad de español. El concho dominicano alude a dos cosas. Al servicio de transporte colectivo y urbano de pasajeros en carros, y en los últimos tiempos, también en motocicletas que los dominicanos laman de “motores”. La voz concho sirve además para mencionar el vehículo, carro, dedicado al transporte colectivo y urbano de pasajeros.

El conchero del título se creó en época reciente para denominar a la persona que se dedica al trabajo o servicio ya descrito. Como ya existe el “motoconcho”, no se duda que en breve aparezca en el español escrito dominicano la voz “motoconchero” para aplicársela a la persona que se dedica al servicio mencionado, pero en motocicleta. En el caso del vehículo de dos ruedas se ha oído “motoconchista” para el conductor.

La voz conchero se formó añadiendo la terminación -ero al nombre concho para designar a la persona que se encarga de suministrar el servicio de concho. El sufijo -ero es muy productivo en el español antillano para derivados nominales de oficio u ocupación, como sucede en el caso del conchero.

Una acepción de la voz “concho” que ya se estudió con anterioridad en estos escritos es cuando se usa para expresar sorpresa, contrariedad o asombro. Es un equivalente “educado” de coño, pero sin la fuerza ofensiva del último; más bien utilizado como interjección. El concho dominicano en este uso pertenece a la parentela de ¡caramba! cuando indica enfado o extrañeza.

Este concho eufemístico de los dominicanos tiene lazos remotos con la concha de algunos países centroamericanos y con el inglés cunt, pues a pesar de su escritura, la voz del inglés se pronuncia de una manera algo parecida al coño del español latinoamericano. Los brasileños tienen un concho, pero es insulto cuando se usa para expresar vanidoso, engreído.

 

DESESCALAMIENTO

“. . . ha informado que reproduce un DESESCALAMIENTO de la enfermedad . . .”

Las escaladas han subido en la preferencia de los hablantes. Muchos hablantes no reparan en las imitaciones que son inherentes al verbo escalar y, por tanto, al escalamiento, y, como consecuencia, el desescalamiento.

La tendencia que se observa con respecto del uso de esta familia de palabras es algo natural en las lenguas. Una vez que una palabra entra en la lengua, las demás palabras de la misma familia tienden a seguir esos pasos. Se repasarán las acepciones de estas palabras para destacar los límites de sus campos semánticos.

Antes de entrar en otros aspectos del asunto hay que recordar que es una palabra larga. Esto indica el nivel del habla del cual procede la palabra. Este es un ejemplo típico de palabra que usa el registro culto para embellecer sus escritos.

Este desescalamiento tiene estrechos vínculos con escalada, desescalar, desescalada. Esta escalada (escalade) no viene directamente de la escala militar, sino de un uso metafórico de una “estrategia de agravamiento” que se inicia en inglés en los despachos periodísticos y comunicados de los EE. UU. durante la guerra de Vietnam. La desescalation aparece en lengua angloamericana con esta acepción en el año 1965. Los franceses por su parte aportaron la désescalade.

Luego de las intervenciones de estas lenguas extranjeras el español no podía quedarse atrás e introdujo la escalada y la desescalada. Del campo militar y político pasó a otras actividades como la economía y por último en salud pública con el aumento e incidencia de enfermedades.

La palabra escalada consta en el Diccionario de la lengua española desde hace largo tiempo. Desescalada es palabra que no ha entrado al diccionario, no está en la edición impresa de 2014, ni se halla en las consultas en línea. No obstante, algunos diccionarios de uso han aceptado el uso que se ha hecho cada vez más frecuente.

El Diccionario del español actual (1999-I-1516) consigna tanto a desescalar como a desescalada. Para desescalada, sustantivo femenino, escribe, “Disminución en la extensión, intensidad o magnitud [de algo, especialmente de la lucha o la violencia]”. Ese diccionario transcribe un ejemplo de uso de los años 1969 y 1970 relacionados con la guerra de Vietnam. Se presume que fueron estos los años en que comenzó a usarse con este significado.

Con respecto del verbo desescalar la acepción es la apropiada para las funciones verbales, “Disminuir la extensión, intensidad o magnitud [de algo (complemento directo), especialmente de la lucha o la violencia]”. La fecha de la cita de uso en ese diccionario es del año 1981.

En relación con el vocablo desescalamiento, este no aparece en ninguno de los diccionarios consultados. Esto hace presumir que su integración al uso es reciente.

La Fundación del Español Urgente considera aceptable el uso de desescalar y desescalada para las enfermedades, no solo para lucha y violencia; al tiempo que recuerda que para expresar disminución existen en español otros sustantivos que pueden utilizarse, rebaja, decremento, relajación.

Si se desea que el mensaje trascienda, el redactor tiene que elegir vocablos conocidos por todos los lectores. No debe ir a ninguno de los extremos. Esto es, ni demasiados términos rebuscados, ni tampoco voces desconocidas del lector promedio.

Alicate, caballete, journal, gente / hacer gente

Por Roberto E. Guzmán

ALICATE

“. . . es que el sector empresarial deje se ser ALICATE de los presidentes de turno . . .”

Voces como las del título resultan difíciles de documentar en cuanto a la fecha de integración en el habla porque pertenecen al español oral y solo excepcionalmente trascienden a la lengua escrita.

En el desarrollo de esta sección se examinará en cuáles hablas es vigente la voz y las diferentes significaciones que tiene.

En un artículo anterior se propuso una explicación acerca de la razón por la que se piensa que el nombre de esta herramienta se utiliza para transmitir el mensaje que expresa en el español dominicano. Por esa razón no se repite la explicación.

Como es de esperarse, en el habla dominicana la voz será como aparece en el título, alicate, sin la letra ese /s/ al final, pues ambas formas -alicate, alicates- son aceptables para denominar la herramienta.

El uso dominicano ha establecido dos acepciones para la voz estudiada aquí. La primera acepción es compartida por los dominicanos con hablantes de español de otros países; para ser más específicos, con los puertorriqueños. Esta acepción es, “Amigo íntimo, compañero inseparable”. La segunda acepción es solo de uso en República Dominicana, “Persona influyente que consigue que otra se mantenga en su oficio o en su cargo”. Diccionario del español dominicano (2013:29).

Como puede sospecharlo una gran cantidad de lectores al notar la ortografía de la palabra alicate, esta comienza con el artículo árabe hispánico al, lo que denota su origen árabe. Los antecedentes admitidos para esta palabra provienen del árabe hispánico allaqqát del árabe clásico laqqat que era “tenazas” en esa lengua.

En cuanto a la preferencia que cada hablante puede tener para expresar la idea, esta es equivalente de otra voz dominicana, “enllave”, que se ha estudiado ya en estos comentarios. Es muy posible que existan otras voces que expresen la misma idea, pero que no se mencionan en esta ocasión.

 

CABALLETE

Hay algunos caballetes que son más conocidos que otros. Entre los caballetes sobresale primero el caballete de los techos de dos o más vertientes de agua. Luego sigue el de los artistas de la pintura. Otra muy conocida para caballete es la que en el habla dominicana se llama de “burro” que es una simple estructura que sirve para reposar en ella un tablero o pieza que necesita soporte.

Si se trae este caballete a estas reflexiones acerca de la lengua es porque en República Dominicana existe un caballete que no ha recibido tratamiento adecuado.

El caballete dominicano es una parte del ave que se conoce también con el nombre de espinazo. Tiene bien ganada la denominación caballete porque de allí parten en la parte trasera del animal las costillas. Este caballete divide el cuerpo del ave en dos partes que regularmente son iguales. Este uso se ha encontrado en la región central del Cibao, en zonas rurales, así como en el suroeste del país.

 

JOURNAL

“Como ya han investigado algunos JOURNALS de educación . . .”

Hace largo tiempo que algunos periódicos utilizan el término del epígrafe para referirse a un tipo específico de publicación. Se ha notado en el uso de esta voz, extraña a la lengua española, que quienes la usan tratan de conferir a esa publicación un matiz de publicación seria o científica.

Este uso se sitúa lejos de la verdad en lengua inglesa, y desde luego, más lejos aún de la española. A este propósito puede adelantarse que en español existen varias palabras que nombran con exactitud una publicación de este género.

Estas “revistas” generalmente se citan en los periódicos y publicaciones con el nombre en inglés de journal, cuando en realidad es una “revista médica” de carácter científico. Es una “publicación periódica” que rara vez es diaria.

En francés el journal es un periódico que muchas veces es diario, pues es lo que significa journal en francés. En inglés designa algo más que algo diario, pues ha servido de nombre a un registro de operaciones mercantiles diarias, así como a la narración de acontecimientos organizada por días que lleva una persona.

En español se conocen varias palabras relacionadas con la palabra jour del francés, a manera de ejemplos pueden citarse jornal, jornalero, jornada. Jornada y jornal son palabras de larga data que constan ya en el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias (1611:491). Claro, la representación gráfica era iornada y iornal; esto así porque la jota con la representación actual apareció después de la composición del Tesoro. Es pertinente recordar que el nombre “jota” procede del nombre griego de la letra /i/, iota.

 

GENTEHACER GENTE

“. . . allí me HICE GENTE . . .”

La locución verbal “hacer gente” consta en el Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:238) con la definición de uso para, “Dar buena educación y buena posición social y económica”.

En la América hispanohablante la palabra gente significa “persona, individuo, persona decente”. No conforme con lo que el Diccionario de la lengua española trae, el Diccionario de americanismos completa la idea al añadir a lo anterior, “de buen comportamiento”, que es la persona “que es o se comporta del modo debido, como corresponde, correctamente”.

En República Dominicana cuando se desea exagerar las cualidades ya asentadas antes, califican a ese individuo de, “muy gente” y con ello se pondera la educación y la honestidad.

A lo anterior puede agregarse que en las conversaciones entre hablantes de español dominicano se ha oído decir que alguien “se hizo” gente para referirse a “crecer” en un ambiente. Empleado de este modo casi siempre se oyó cuando la persona que hablaba era de extracción humilde y evocaba el amparo recibido de una familia pudiente que lo había ayudado; con el auxilio de esa familia “echaba cuerpo”.