Premio Nacional de Literatura 2019

Por Manuel Matos Moquete

   Desde los primeros inicios de mi vida aprendí con el ejemplo de mis mayores que agradecer era la manifestación más noble del ser humano. Desde el fondo de ese aprendizaje quiero trasladar mi agradecimiento al conjunto de protagonistas que propiciaron el galardón que me honra: Premio Nacional de Literatura 2019.

Debo decir a la Fundación Corripio, al Ministerio de Cultura y al honorable jurado integrado por los rectores de las principales universidades del país y por el director de la Academia Dominicana de la Lengua, que a mis 75 años no me bastará el tiempo que me resta de vida para agradecerles tan elevada distinción, la cual asumo con humildad y responsabilidad, comprometiéndome esta noche a hacerle honor con mis actuaciones y con mi labor literaria y académica.

A mi esposa Lizet Rodríguez, a quien dedico y con quien comparto este premio; a mis hijos biológicos Ninon y José Antonio; y a mis hijos no biológicos Olivier, Li y Lisa, quiero decirles que el valor de este premio es el mensaje que encierra, que con mi ejemplo he tratado de comunicarles siempre: apostar a la potencia de la honestidad, del trabajo y la inteligencia.

A mi familia Matos y Matos Moquete, a mis compueblanos de Tamayo, a mis amigos y colegas, quisiera expresarles mi gratitud por las motivaciones recibidas en las horas y días que en su compañía cercana o lejana, pero siempre condescendiente, he consagrado al ideal de cultura que este premio representa.

Ahora, permítanme un breve relato del trayecto de mis vocaciones hasta el logro de este maravilloso galardón. Excúsenme, que debo hablar de mí, pero, entiendo que, justamente, este es el momento.

Nací con un defecto de fábrica: la ambigüedad vocacional.

A una edad, regularmente los jóvenes van clarificando su vocación. Anclan sus expectativas de futuro a una determinada esfera del saber y el hacer. Yo no. Siempre he estado atraído por una extraña e irregular ambigüedad vocacional.

Desde muy joven viví este conflicto: no sabía —y nunca supe— cuál era mi único y particular centro de interés. He venido cabalgando en la disyuntiva jamás resuelta del gusto por la literatura, por la ciencia y por el compromiso social.

He llevado esa ambigua inclinación hacia varios horizontes de vida lidiando con sus desventajas y sacando provecho de sus ventajas. Por momentos me he sentido confundido y paralizado. Y en ocasiones no he podido evitar pasar por un tipo “raro”, que no se conforma con un solo punto de vista y no se ajusta a un solo tipo de actividad. Pero, las diversas inquietudes me han permitido explorar mundos diferentes y continuamente nuevos.

En mi juventud sentía fascinación por las ciencias experimentales. Quería ser un gran científico, preferiblemente un médico, pero también un químico o un físico. Eso me llevó a elegir en el bachillerato la mención ciencias físicas y naturales. No pude seguir esa vía, pero he conservado el gusto por las ciencias y la tecnología, temas constantes en mis lecturas y en mi producción académica.

Pero mucho antes en Tamayo, en mi niñez, en un ambiente totalmente adverso, sin libros ni referentes letrados en mi familia, inexplicablemente era un compulsivo aficionado a la lectura. No olvido la lejana imagen de un poeta de la familia, el tío Miguelito Moquete , que mi madre evocaba como el hermano poeta que se había ido a Venezuela y de quien de año en año conocíamos noticias suyas cuando se recibía una carta y un dólar en un llamativo sobre orlado con colores postales de las correspondencias del extranjero.

Tampoco puedo escaparme de la imagen de un ogro filantrópico, mi padre Fabián Matos, que me obligaba a ir a la escuela, con amenazas de terribles castigos que urdía en complicidad con las maestras y toda la comunidad. Mucho menos debo ignorar 4 los desvelos de mi madre, Rita Moquete, para que sus seis hijos fueran profesionales, meta que efectivamente logró.

En Tamayo había una bibliotequita municipal que como un oasis en un desierto abría algunas horas a la semana y a la que, pienso, solo yo visitaba asiduamente; pero que, de todas maneras, me permitía leer cosas raras que me desconectaban del estrecho ámbito local. Ahí rumiaba los escasos libros que llegaban, principalmente de una colección consagrada a los papeles de Trujillo, pero también algunas obras de autores desconocidos, totalmente extraños, que con el tiempo supe que les llamaban “clásicos”.

El hecho es que cuando a los 17 años me fui a vivir a Santo Domingo, ya había leído bastante, y a los 19 años, cuando me hice bachiller, me había leído todo lo que leían los jóvenes de la capital del país.

Pero el gusto por la creación literaria me surgió del contacto con las narraciones orales del tipo de las recogidas por el investigador Manuel José Andrade en su obra Folklore de la República Dominicana.

Las oscuras horas nocturnas del Tamayo de mi niñez y adolescencia sin electricidad se hacían livianas alargándose desde la oración hasta la medianoche por los encantos de magistrales contadores de hazañas de brujas, diablos, aparecidos y extraordinarios personajes como Buquí y Malí y Juan Bobo y Pedro Animal, que colmaban mi yerma imaginación del placentero y tenebroso mundo de sorpresas indescriptibles.

Luego, al amanecer volvían los días sin horizontes de la ceñuda rutina de la vida pueblerina y las hoscas tareas de abrevar el ganado, de las siembras y las cosechas, pero alimentados por las creencias de la religiosidad popular. Gracias a las truculentas narraciones nocturnas, la imaginación ya estaba poblada de brujas, zánganos, bacás, luases, espantosas criaturas chupacabras encontradas en los recodos de los caminos y misteriosos personajes que aparecían y desaparecían deambulando por los campos; 5 si no la imagen nigromántica de la presencia y revelación de los muertos en la realidad de los setos y los tejados o en los sueños entregados a pesadillas innombrables.

Y en otras latitudes, los ritos hibridados del vudú y de la iglesia católica, poblados de espíritus malignos y bienhechores hermanados, erguían a exóticas divinidades en ceremonias sacrificiales y a la Virgen y a San Antonio en cultos y procesiones ceremoniosos; a la llegada de la lluvia meses enteros esperada, en bendiciones innombrables por los milagrosos episodios de manifestación de la gracia divina; en alabanzas de glorificación celestial por la portentosa sanación de los inválidos y la abrupta incorrupción y resucitación de los árboles podridos, los animales muertos y la suerte perdida devuelta a base de promesas cumplidas y dones otorgados por Dios y por los dioses múltiples que cohabitaban el territorio sagrado.

Ese es el mundo que narro y describo en mis novelas En el atascadero, Larga Vida, La avalancha y El regreso de Plinio El Mesías.

La dictadura de Trujillo hundió sus garfios en mi tierna adolescencia. La presencia apabullante del régimen me colocó en una situación límite que me obligaba a mirar hacia el lado terrible de la sociedad: miseria, abusos, asesinatos, incluso en el seno familiar, asfixia y carencia de libertad.

Así nací y así crecí. El apego a la vida y a la libertad no era una vocación. Era una obligación, una imperiosa necesidad. El ajusticiamiento del tirano nos tomó prevenidos y volcados hacia lo social y lo político.

En ese momento, sin proponérmelo, sin haberlo decidido, en mi universo personal ya reunía las tres vocaciones: la del científico, el lector-escritor y el promotor social y político. Sin embargo, las circunstancias me obligaron a seguir una sola, dejando de lado, temporalmente las otras dos.

Me involucré terriblemente de lleno en la política por el imperio de la necesidad de libertad y democracia que tenía el país. No hice carrera en el accionar político. En realidad, mis motivaciones profundas y permanentes han sido el compromiso social y el apego a los valores de los derechos humanos.

Por eso, nadie me hable de dictadores a lo Trujillo, a lo Fidel, a lo Chávez o lo Maduro, pero tampoco a lo Trump o lo Bolsonaro, o a los caudillos y los reeleccionistas de capa y espada que prosperan en nuestras tierras como la mala yerba.

Cuando estaba plenamente inmerso en la militancia política, redescubrí la vocación literaria. Empecé a escribir en los periódicos de izquierda, específicamente en el periódico Libertad del MPD; también redactaba octavillas para los sindicatos en apoyo a sus reclamos laborales; y en la cárcel escribí mi primer cuento y un libro de poemas.

Así pude entrelazar dos de mis tres entrañables vocaciones: escritor y promotor social. Faltaba retomar la del científico. En 1975 salí de prisión exiliado hacia Francia, y las circunstancias del momento me llevaron a poner fin a mi accionar político como militante, no así a la vocación social, que siempre se mantiene y que he desarrollado a través de mis labores profesionales y comunitarias.

Ya estaba inmerso en el quehacer literario, y en ese momento, apenas llegado a París, retomé la vocación académica y científica: empecé una extensa carrera de estudios en ciencias del lenguaje (semiótica, lingüística, poética, análisis del discurso, enseñanza de la lengua, etc.) durante ocho años, desde la licenciatura hasta el doctorado.

Desde ese momento la ciencia y la literatura se juntaron para siempre en el bagaje de mis actividades habituales, y están tan sólidamente integradas en mí adentro que investigar, leer y escribir son los actos que dan trascendencia a mi vida.

Esa relación quedó sellada en Paris en la época en que preparaba la tesis doctoral. Mientras investigaba y redactaba elementos de poética, semiótica y lingüística para ese trabajo culminante de mis estudios, utilizaba esos mismos elementos formativos 7 para imaginar y escribir una novela inspirada en mi pueblo Tamayo y en una localidad de Cuba de nombre Somarriba.

En 1982 aprobé el doctorado y regresé al país con mi título de doctor en literatura y con la novela terminada: En el atascadero. Dos años después, sometí esa obra al concurso de literatura de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos ,siendo galardonada con el Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván 1984.

Así, y desde entonces, se cerró el círculo de mis tres vocaciones: soy escritor, soy científico y soy un promotor social y educativo, vocación esta última que ejerzo en las aulas universitarias y a través del Ministerio de Educación en múltiples acciones relacionadas con la educación nacional.

A mi entender, el sentido del galardón que me ha sido otorgado por la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura es el reconocimiento de variadas vocaciones en mi persona. El veredicto que lo justifica revela esa intención en la decisión del jurado.

En mi perfil, la vocación del académico y la del escritor son inseparables. No existe divorcio entre la producción científica y la producción literaria; entre ciencia y literatura.

¿Cuándo me otorgó este premio el jurado estuvo pensando solamente en mi personal condición, o tuvo como referencia el paradigma universal de ilustres personajes que son a la vez artistas, escritores y científicos?

¿Estaría el jurado pensando en los más grandes humanistas de nuestro país, los hermanos Henríquez Ureña: Pedro, Max y Camila, quienes nos enseñaron con sus ejemplares acciones educativas y sus producciones científicas y literarias que en el proyecto humanista pueden confluir la entrega a la labor social, a las letras y a las ciencias?

De ser así, me siento aún más gratificado y honrado por merecer este eximio galardón.

Muchas gracias

26 de febrero de 2019.

El lenguaje de la novela en la obra de Manuel Matos Moquete

Por Bruno Rosario Candelier

 

A Marjorie Félix,

Voz que enaltece la palabra.

   Vamos a abordar la más reciente novela de Manuel Matos Moquete, cuya presencia disfrutamos en este acto académico y, desde luego, el testimonio que él da con la escritura de esta obra.

Conocemos  y valoramos la trayectoria intelectual de Manuel Matos Moquete. En su labor creadora se destaca el rol que ha desempeñado como usuario de la lengua, como estudioso de la palabra y como experto en asuntos lingüísticos vinculados a la enseñanza de la lengua y, naturalmente él tiene en su haber un valioso aporte y un fecundo ejercicio a favor del conocimiento de la lengua. Fue eso justamente lo que le mereció un sillón en esta Academia Dominicana de la Lengua, pero además del usuario ejemplar que hace uso de la palabra en textos discursivos y literarios con singular valoración del lenguaje, pues Matos Moquete ha hecho uso de la palabra con un propósito literario. Justamente incursiona en el ensayo, con valiosos estudios literarios, y en la novela, como también lo hace en poesía para testimoniar su valoración de la expresión estética del lenguaje.

La novela tiene la particularidad de que aborda una dimensión histórica y social como fuente de iluminación para el autor que asume un tema específico, porque se inspira en la realidad de nuestra cultura. Todo novelista, cuando hace una novela, se inspira en la realidad histórica, ambiental, antropológica y social, fenómeno que acontece con la peculiaridad que esa dedicación literaria implica para alguien que se nutre de la realidad y se instala en otra realidad, la realidad verbal; y el resultado es un texto de ficción, y como texto de ficción, el autor cuenta con una libertad y coordenadas y presupuestos estéticos y literarios que dan cierta autonomía y cierta distinción para enfocar una vertiente del lenguaje donde se combinan el conocimiento de la realidad con el conocimiento de la lengua y el testimonio que él quiere dar a partir de sus intuiciones y vivencias. En esta obra se conjugan esos planos del arte del lenguaje.

El tema que Matos Moquete escoge para conformar esta novela es un asunto que reclama la atención a diferentes enfoques conceptuales según la posición ideológica y según la actitud que asuma el autor.

No es la primera vez que Manuel Matos Moquete asume la palabra con un propósito novelístico; es decir, esta no es su primera novela, pero probablemente esta sea la novela en que él logra el más alto desarrollo como novelista en virtud de la conciencia que se manifiesta en esta obra y, cuando digo “la conciencia”, me refiero a la conciencia lingüística y la conciencia literaria que una buena novela reclama. Lo digo por el hecho de que lo que el autor plasma en esta obra y, sobre todo, la forma como lo plasma, es lo que hay que enfocar y valorar, porque se trata de una obra literaria, que refleja a un autor que con conocimiento de lo que es la técnica de la escritura, conocimiento de lo que son los recursos narrativos y, sobre todo, conocimiento de lo que entraña la esencia y el sentido de la palabra.

En varios pasajes de esta novela se nota la actitud del autor cuando aborda la palabra. Él está consciente de lo que asume, de lo que hace y de lo que plasma cuando escribe lo que plantea en esta novela.    Como escritor de ficción, Matos Moquete disfruta lo que está haciendo y no lo disfruta solo porque la sustancia de su temática es un asunto vivencial en su historia personal, sino porque se trata de un autor con conciencia de su lengua, con conciencia de la técnica literaria y con conciencia de lo que quiere expresar. Entonces disfruta enormemente lo que implica para un narrador situarse en la realidad estética y asumir la historia que le sirve de fundamento como un texto para canalizar determinados pensamientos y valoraciones.

En este caso hay un aspecto que quiero subrayar de esta novela de Manuel Matos Moquete. Él titula la obra con una singular combinación, que califica deanti-memoria.

En literatura la forma “anti”, cuando se aplica a “memoria”, no es más que una variante de la memoria, porque hace acopio de todo lo que la memoria entraña para la creación literaria, y justamente lo que escribe nuestro narrador, lo escribe en función de la memoria, en función de esa reserva intelectual, psicológica y espiritual con la que nutre su narrativa y con la que le da fundamento a su creación.

Hay que tener presente que no podemos abordar una novela solo por el contenido, sino que hay que ponderar muy especialmente la forma, y el autor es consciente de lo que estaba haciendo justamente por la consciencia literaria que tiene en su condición de académico de la lengua y escritor de temas discursivos y temas de ficción.

Cuando nuestro distinguido autor da testimonio de lo que él evoca, aquí la palabra “evocación” es clave, porque en varios pasajes de esta novela él acude al procedimiento de la evocación, que no es más que el recuerdo de algo que ya aconteció. Un procedimiento que han usado todos los novelistas que en el mundo han sido, y han seguido hasta cierto punto como referente literario de inspiración en su caso particular. Pongamos como ejemplo la novela de Juan Rulfo, Pedro Paramo, que es un modelo respecto al creador que aborda su propio pasado, hace uso de la evocación y penetra en la intimidad de los personajes para desarrollar el tema de su ficción.

En esta obra narrativa, Manuel Matos Moquete da ejemplo y muestra aquí con cabal dominio lo que implica y significa penetrar en la intimidad de un personaje, auscultar el alma de una criatura imaginaria, y con ese propósito usar los recursos pertinentes, emplear las técnicas literarias apropiadas y valerse de los recursos narrativos adecuados, y entonces la obra tiene una dimensión social y una vertiente literaria con una faceta simbólica.

La novela de Matos Moquete tiene también una dimensión afectiva y una dimensión espiritual. En varios pasajes el autor aprovecha la ocasión para reflexionar, evocar y contrastar la historia que le dio fundamento a su entramado narrativo.  Para lograr esa conexión, desde la sensibilidad del narrador con la realidad de la historia narrada, por un lado el autor acude a su experiencia de vida y, por otro lado, el conocimiento de la lengua del locutor que habla; y en tercer lugar, la ubicación de la realidad y la contextualización de los personajes que él asume como protagonistas de la historia que aquí cuenta. Eso es una magnífica ocasión que Matos Moquete sabe aprovechar muy bien como escritor para auscultar el alma del personaje que se mueve en ese mundo de ficción. No duden ustedes de que se trata de un procedimiento narrativo complicado y exigente. Cuando el narrador cuenta una historia quiere al mismo tiempo ser fiel a los datos con la realidad que ha sucedido y, sobre todo, con la circunstancia particular y personal de los protagonistas; por eso el narrador hace uso de la introspección, y por eso hace uso de la situación afectiva cuando se emociona ya que acude al lenguaje romántico para canalizar algo de intimidad que experimenta el personaje en momentos de soledad, sobre todo, recuerda al amor con la emoción que lo concita. Otra parte importante y significativa en esta narrativa es la reflexión que hace el narrador combinando hechos diversos y teniendo al mismo tiempo presente el respeto a un acontecer, a una historia y a una forma de narración. El narrador aprovecha con mucho acierto y, a veces en pasajes que el lector tendría que ser un lector atento, consciente de lo que capta, y me refiero a un lector con la capacidad de perforar el trasfondo de la palabra en el marco de las emociones entrañables, porque el narrador coteja su propia vida con la vida de los personajes y con la evolución o la transformación que se ha ido operando en él.

En toda novela hay una ley que aplican los buenos narradores. Me refiero a la ley de la transformación. Si no hay una transformación en los personajes, aunque sea en un solo, es una novela fallida. Una de las leyes novelísticas es justamente la plasmación de esa dimensión, de ese efecto que desarrolla la vida en función del proceso y de la evolución que experimentan los seres humanos en el transcurso de su existencia, porque los hombres estamos incardinados a una realidad social, histórica, antropológica, lingüística y cultural. En todos los humanos en algún momento de su vida acontece un hecho que impacta, una circunstancia que lo lleva a vivir lo que Carl Jung llamaba “experiencia cardinal”.

Una experiencia cardinal acontece cuando un suceso terrible, dramático e impactante subyuga la personalidad e influye en nuestro modo de entender y proseguir la vida, así como en la cosmovisión. Por efecto se produce esa transformación que experimentamos en algún momento de la vida, y eso es lo que da lugar al desarrollo de conciencia y a la expansión del espíritu.

Muy oportunamente el narrador de esta novela sabe aprovechar la coyuntura que se le presenta para reflexionar y ponderar cómo ha sido su vida y comprender que algunos proyectos revolucionarios que perturban la mente de muchos jóvenes favorece el proceso de la vida, y en la medida en que se va observando, reflexionando y ponderando el verdadero sentido de la vida, entonces el narrador comprende algo esencial y nos hace ver qué valores, actitudes y principios son irrenunciables, inconmutables e intransferibles.

Hay una dimensión espiritual, que es importante tomarla en cuenta, para el derrotero mismo de la vida, para el desarrollo esencial de nuestra conciencia. La palabra ha de llevarnos siempre al desarrollo de la conciencia porque la palabra, como la propia vida y como la propia lengua, es energía. La palabra entraña una energía proveniente de la energía espiritual del Cosmos.

Nosotros, como todo lo que existe en el Universo, somos energía. La dimensión energética de la palabra, que tiene nuestra creación y todo lo que hacemos, es lo que nos va  a permitir transformar nuestra conciencia y asumir el rol que cada uno debe realizar en la circunstancia en que se mueve para hacer lo que le corresponde en la vida, que siempre está inserta en una realidad social y cultural.

El autor hace esa reflexión en el decurso de los acontecimientos que lo llevan a narrar esta singular historia. Uno de los méritos de Manuel Matos Moquete, con la madurez que ha alcanzado, con la experiencia que le dan los años (porque en su caso particular esas canas reflejos son no solo del paso del tiempo, sino del tesoro de su ascenso en la vida), el resultado de lo que significa pasar por la vida y entender el auténtico sentido de la existencia.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Quizás te expresas como estos usuarios

Por  Tobías Rodríguez Molina

Al leer lo que escriben o al escuchar hablando a  personas que no pertenecen al nivel sociocultural bajo, nos damos cuenta de que son muchos los que se apartan  de  las normas de nuestra lengua española más allá de lo que uno esperaría de usuarios de su nivel. Y al experimentar  esa realidad de parte  de profesionales, muchos de los cuales  han realizado sus estudios en centros universitarios de gran prestigio,  y/o que ocupan cargos de relevancia  en la sociedad, vemos cómo, con cierta celeridad, se adelanta el proceso normal de evolución de nuestra lengua española o castellana.

Los ejemplos que les ofrecemos a continuación pondrán en evidencia nuestra apreciación. Quiero dejar planteado aquí que no quisiera catalogar de “errores” esos usos alejados de las normas, aunque muchos de ellos rondan alrededor de ese calificativo. Entremos en materia sin más preámbulos

Hace unos días, un afamado narrador de nuestro béisbol profesional,  mientras se desarrollaba un partido entre el Escogido y las Águilas, afirmó que “…eso sucede con demasiado frecuencia…”. Ese narrador ignora que la concordancia pide que en ese contexto debe usarse el indefinido “demasiada”, ya que esta palabra funciona como adjetivo al hacer referencia a “frecuencia”, un nombre o sustantivo de género femenino y en singular, por lo cual es necesario que la palabra adjetiva que la modifica o que hace referencia a ella, deba tener la terminación o  concordancia, en femenino y en número singular. Es por esa razón que debió decir: “…eso sucede con demasiada frecuencia…”

A más de un hablante he oído decir “régimenes” manteniendo tanto el acento fonético como el ortográfico (o tilde) como si fuera una palabra sobreesdrújula. Parece que esos hablantes ignoran que en la lengua española no existen palabras simples que sean sobreesdrújulas. Esa es la razón por la cual tenemos que mantener palabras como “espécimen” y “régimen” como esdrújulas cuando las pasamos al plural. Para eso hay que correr el acento una sílaba hacia la derecha para que sigan siendo esdrújulas. Así, ambas palabras ahora serán “especímenes” y “regímenes” y son esdrújulas aunque con una sílaba más que antes de ser plurales.

Creo que este es el momento adecuado para comunicarles que toda palabra sobreesdrújula es una palabra compuesta. Ahora bien, ¿de qué manera se forma ese compuesto? Sencillamente uniendo un verbo con dos o más pronombres llamados enclíticos o pegados al verbo, como en los casos siguientes: “diciéndoselo”, “informándoselo”, “enviándoselas”.  (INTERNET, ¿Por qué el plural de régimen es  “regímenes” y no régimenes?).

Escuchando una noticia concerniente al fuego que consumió parte del estadio Juan Marichal, de Santo Domingo, oí cuando el comunicador dijo: “Hubo una falla eléctrica en el cual los empleados tuvieron que escapar de la zona del   “Séptimo  Cielo”.  Aquí aparecen dos usos alejados de la sintaxis de nuestra lengua española. En primer lugar, no debió usarse “en el cual”, sino “que hizo que”. En segundo lugar, si hubiera que hacer concordancia con “falla eléctrica”, debió haber dicho “en la cual”. Esa falla de concordancia entre antecedente y relativo (que, el cual, la cual, los cuales, las cuales…)  es muy frecuente en los dominicanos.

El domingo 7 de enero de 2018, la Iglesia católica celebró la festividad del bautismo de Jesucristo. Ese día, en el Vaticano, el papa Francisco bautizó a 34 niños. Al hacer referencia a esa actividad, CDN escribió el siguiente titular: “El Papa Francisco bautizó a 34 niños en el Vaticano éste domingo.” Lo primero que llama la atención es que escribieron “Papa” con la p en mayúscula. Parece que al  titulador, seguramente un profesional de la comunicación muy competente, se le olvidó que los términos “papa”, “rey”, “presidente”, etc. cuando acompañan el nombre de la personalidad aludida, no se escriben con letra inicial mayúscula, sino en minúscula. Por esa razón el titular debió ser: “El papa Francisco bautizó a 34 niños…” Solo si se hace referencia, en el curso de la noticia, al papa Francisco con el término “Papa”, esa palabra se iniciaría con letra mayúscula. Por ejemplo, “En un momento de la ceremonia, el Papa se dirigió a los bautizandos  y les dijo…”

Siguiendo con el titular de CDN, en el mismo, haciendo alusión al día de la ceremonia, se dice que se llevó a cabo “éste domingo”.  En esta parte del titular se tildó (se acentuó) “éste”, que no debe llevar la tilde pues funciona como adjetivo y, de acuerdo con la norma, no debe acentuarse en esa función de adjetivo.  Es conveniente que quede claro que, hasta hace unos años, los demostrativos este, ese y aquel, y sus femeninos y plurales, cuando funcionaban en la oración como pronombres, es decir, sin acompañar al nombre pero haciendo referencia a él, se les marcaba la tilde. Pero incluso esa tilde la Real Academia de la Lengua Española la abolió. Por  lo tanto, ni cuando funciona como pronombre, ni mucho menos cuando funciona como adjetivo, se les marcará la tilde.

Hace unos meses, escuchando la Z101 en el horario de 2.30 pm a 5.00 pm, me llamó poderosamente la atención que uno de los comentaristas, con estudios y amplia experiencia en el área de la comunicación, haciendo referencia a la Cooperativa de los maestros dominicanos, pronunciara Coopnama diciendo “Coonapma”. Y si lo hubiera dicho una sola vez, uno hubiera pensado en un  “lapsus”; pero no fue una sola vez que lo pronunció así, sino todas las veces (muchas  veces) que lo escuché dijo “Coonapma”.

En un  titular  aparecido en el fondo de la pantalla de CDN, me imagino que sin darse cuenta el titulador  del disparate que estaba expresando, hace una especie de acusación a diversos sectores en contra del Procurador General de la República. Y todo viene porque a  la palabra “que” no se le marcó el acento ortográfico en el  titular, que les  ofrezco para que lo analicen: “Diversos sectores piden al PGR que informe que influye en el PJ”. Si se acentúa “qué”, la información transmite otro mensaje muy diferente; así, los diversos sectores le piden al PGR que informe qué factores (o quiénes) influyen o manipulan al PJ  del país. Pero con el “que” sin la tilde, se le pide al PGR que informe  que él  influye o manipula el Poder Judicial del país, lo cual constituiría una acusación suficiente para una demanda judicial.

Antes de iniciarse un juego de béisbol entre el Escogido y las Águilas en el Estadio Cibao,  fue entrevistado un destacado y antiguo jugador venezolano de las Grandes Ligas. Al responder una de las preguntas hechas por el entrevistador, él respondió: “Van a haber muchos latinos en el Salón de la Fama en los próximos años.” Ese ilustre venezolano, seguro que, al igual que muchos de sus compatriotas y muchísimos dominicanos, no tiene en cuenta que esa construcción sintáctica con la presencia del verbo haber es impersonal y, por lo mismo, la normativa del español manda que no se pluralice, ya que no tiene sujeto, por lo que el destacado exbeisbolista debió haber dicho: “Va a haber muchos latinos en el Salón de la Fama  en los próximos años.”

Para una mayor ilustración, les presento otras oraciones parecidas a la anterior en su estructura:

  1. Va a hacer cinco años de su graduación como ingeniero.
  2. Debe hacer como cuatro meses que renunció al trabajo que tenía en ese salón.
  3. Deberá haber varios medallistas de este gimnasio en la próxima competencia.
  4. Debió haber más asistentes a la reunión convocada por el doctor Pérez.
  5. Tiene que haber condiciones bien claras y precisas para asistir a ese diálogo.

Fíjense que todos los verbos con que se inician esas cinco oraciones  forman frases verbales con “hacer” o “haber” y por eso   deben aparecer en singular pues forman parte de oraciones sin sujeto. Lo que sigue a cada uno de esos verbos es un complemento directo, que no puede poner a variar el verbo.

A un senador de la República Dominicana se le escuchó decir: “Estuve la oportunidad de reunirme con varios ciudadanos de mi comunidad.” Algo diferente sería decir: “Estuve en una oportunidad reunido con varios ciudadanos de mi comunidad.” Lo que ese senador debió haber dicho fue: “Tuve la oportunidad de reunirme con varios ciudadanos de mi comunidad.”

En un periódico de Venezuela, apareció, haciendo alusión al supuesto diálogo con Maduro, la siguiente expresión: “Aseguró que si se cumplen con estos puntos, será posible continuar con los encuentros.” (El Nacional Home). En esta oración encontramos un  error de sintaxis que tiene que ver con la presencia de “con” seguido de “se cumplen”, ya que en ese caso, el verbo se convierte en impersonal y deberá decirse “se cumple”. Ahora bien, si en esa oración eliminamos “con”, se diría “si se cumplen estos puntos…”  con el verbo  en plural pues concuerda con “estos puntos”, que funciona como sujeto de la oración  “Aseguró que si se cumplen estos puntos será posible continuar con los encuentros.”

En un semejante error de sintaxis cayó un  ministro del Gobierno actual, que ha desempañado elevados cargos  en más de una ocasión y que aspira a cargos de mayor nivel. En una entrevista por CDN, expresó: “No se cumplieron con las normas requeridas para…”. Creo que, si se entendió el análisis sintáctico ofrecido en el ejemplo anterior a este, ustedes estarán en la capacidad de decirle a ese ministro cómo debió haber dicho.

Espero que esos casos que les he presentado en esta ocasión contribuyan a que el empleo de nuestra preciosa lengua española sea en ustedes cada vez mejor y que el esfuerzo por mejorar siga siendo o se constituya en algo permanente.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Mermejo, terminal/terminar, pender de/pender *en, abasto/*a bastos

Por Roberto E. Guzmán

MERMEJO

Esta voz es un dominicanismo por todos los costados. Esto así porque no existe la voz en ninguna otra variante de español conocida. Es una creación de los dominicanos con un significado propio; o mejor, con varios significados.

El Diccionario de americanismos recoge la voz del título con al significado de “dinero”. No puede evitarse el afirmar que antes de leer lo que ese diccionario consigna, ese valor no se conocía para esa voz.

En lugar del significado apuntado más arriba ya se había oído la voz mermejo para ponderar la dimensión o la importancia de algo. De esa manera también la han anotado varias obras dedicadas al estudio del español dominicano.

Una característica que hay que destacar con respeto a esta voz es que en el uso cuando se la ha oído y cuando se la ha usado esta generalmente se antepone al nombre de lo que se va a sopesar. Así se ha oído de boca de los hablantes de español dominicano decir, “En mermejo problema se ha metido”. “Andaba buscándolo con un mermejo cuchillo en la mano”.

De los ejemplos anteriores puede colegirse que el mermejo que se ha conocido significa o significaba “grande, enorme, extraordinario, mayúsculo, voluminoso”.

Con esta intervención se espera contribuir a que en el futuro los lexicógrafos tomen en cuenta las observaciones contenidas en este aparte para incorporarlas a los diccionarios que honran esa denominación.

 

TERMINAL – TERMINAR

“La base del conflicto es la construcción de una TERMINAR de autobuses. . .”

Las dos palabras que figuran en el título tienen una pronunciación muy parecida. Además, en algunas regiones de la República Dominicana pueden provocar mayores problemas por las características del habla de esas regiones. Entre las dos palabras estudiadas aquí solo existe una diferencia, es la consonante final.

Terminar es el infinitivo del verbo que indica poner fin o término a una cosa; consumir o agotar una cosa; tener una cosa fin y otras acepciones afines a estas.

Terminal tiene estrecha relación con la otra palabra en la acepción en que señala el fin o término de una cosa o situación. En el caso específico del texto reproducido a manera de ejemplo, la palabra significa punto extremo de una línea de transporte público.

Para poner fin al asunto de la confusión, se ofrece una clave que puede resolver el asunto. El infinitivo del verbo, como tal, termina con la consonante erre /r/. La otra palabra, la que lleva la ele /l/ al final, es el último sitio adonde llega un servicio de transporte público. No se piensa que sea tan difícil retener estos datos que permiten distinguir el verbo del adjetivo, o nombre. Si se retiene uno de modo firme, la confusión queda eliminada.

 

PENDER DE – PENDER *EN

“. . .consciente de que su corta y agitada vida PENDÍA EN manos de la . . .”

En muchas ocasiones las dudas que asaltan a los redactores con respecto de las preposiciones que deben seguir a algunos verbos les vienen de las palabras del complemento. Esto sucede en algunos casos, como el de la cita, porque el redactor no se da cuenta de que la palabra que sigue a la preposición se usa en sentido figurado. Aquí se analizará el asunto.

El verbo pender acepta más de una preposición para introducir sus complementos. Las preposiciones dependerán del significado que se elija de entre los que posee ese verbo. En esta sección se repasarán las varias acepciones del verbo que obligan a colocar una preposición en lugar de otra.

Sin lugar a dudas, la primera acepción que se reconoce para el verbo pender es, “colgar, suspender”, los dominicanos dirían guindar. Para esta significación la preposición que debe acompañar al verbo es DE. En sentido figurado este verbo indica también, “depender (de) y agarrar(se) (de). En los dos últimos casos la preposición que corresponde es DE.

Pender puede adquirir el sentido de “gravitar, pesar”, de modo que debe hacerse acompañar por la preposición sobre. Ejemplo: “Pende sobre su persona una acusación grave”.

Lo que se observa con respecto de este verbo es algo que sucede con muchos otros verbos, esto es, que cambian el sentido específico dependiendo de la preposición que los acompañe.

 

ABASTO – *A BASTOS

“. . .el dispensario . . .no da A BASTOS para servir a toda la población”.

Algunas palabras por sus similitudes pueden generar confusiones. Las preposiciones contribuyen en algunos casos al lío que se crea entre los vocablos que tienen parecido; esto de las preposiciones proviene de la forma en que el hablante integra en el habla las preposiciones a las palabras que vienen después de las primeras.

Abasto es una sola palabra que consta en todos los diccionarios de español porque es muy común en el habla. Si en la actualidad es palabra del habla diaria, antes lo era aún más.

Esa palabra entre otras significaciones es sinónima de abundancia, y es la provisión de bastimentos, especialmente víveres. En las labores de bordado es la parte secundaria. En Venezuela, informa el Diccionario de la lengua española, es, “tienda pequeña de alimentos”.

Dar abasto” es una locución verbal que expresa, “Dar o ser bastante, bastar, proveer suficientemente”.

El nombre basto por sí solo mantiene varias significaciones, es una carta de la baraja española; es un aparejo de caballería de carga. En funciones de adjetivo es, “grosero, tosco; aplicado a una persona indica que es tosca, de poca delicadeza.

El hábito de la lectura, sobre todo de la buena literatura puede ayudar a evitar este tipo de errores. La diferencia en casos como el que se repasa aquí se presenta cuando se lleva a la escritura lo que se dice en la conversación cotidiana, porque al escribir se hace necesario observar las separaciones y segregar las palabras como tales.

© 2019, Roberto E. Guzmán

 

Vuelco, no volque

Por Tobías Rodríguez Molina

La expresión “latín vulgar” (o popular) hace referencia al conjunto de formas de habla procedentes del latín clásico, el idioma oficial del Imperio Romano, y que eran usadas en las provincias del Imperio  por los soldados y las personas que no tenían un elevado nivel cultural.

Ese latín vulgar era un idioma hablado, vivo y en constante evolución a diferencia del latín clásico, que era el latín escrito culto, propio de la literatura, de la oratoria y de la administración pública. En su evolución, el latín vulgar  fue variando algunas de sus  formas.  Uno de esos cambios consistió en la conversión de las vocales tónicas “o” y  “e” en los diptongos  “ue”  y “ie”, respectivamente, fenómeno que se registró en el  castellano, lengua hija del latín

De ese modo,  en lo  referente a  la “o” tónica, se pasó de “portam” a “puerta”,  de “focum” a “fuego”,  de “pontem” a “puente”, etc. En el caso de la “e” tónica, se dio el cambio de “petram” a “piedra”, de “terram” a “tierra”, de “dentem” a “diente”, etc.  Eso pasó tratándose de los sustantivos, pero el cambio también afectó a una gran cantidad de verbos en cuya base  o raíz estaban presentes la “o” y la “e” tónicas. Es lo que pasó con los verbos, que pasaron,  por la influencia de ese latín vulgar,   de “aprobar” a “apruebo” de “colar” a “cuelo”, de “mover” a “muevo”,  de “contar” a “cuento, etc. ;  y de “defender” a “defiendo”,  de “sentir” a “siento”,  de “confesar” a “confieso”, de  “regar” a “riego”, etc.

Esa diptongación de “o” en “ue” y de “e” en “ie” acontece en los verbos,  en el tiempo  presente del modo indicativo y del modo subjuntivo más el imperativo, cuando esas vocales (o y e), al conjugar esos verbos, son tónicas, es decir, en ellas recaería la mayor fuerza al pronunciarlas en la conjugación. Si no son tónicas, no sucede la diptongación; eso pasa con la primera persona plural de los tiempos en los que esos verbos diptongan, como en “nosotros colamos”,  “que nosotros colemos…”, etc.

Ilustremos mejor este caso de la diptongación mediante la conjugación del verbo “pensar” en el  presente del modo indicativo: yo pienso, tú piensas, él (ella, usted) piensa, nosotros pensamos, ellos (ellas, ustedes) piensan y en  presente del modo subjuntivo: que yo piense, que tú pienses, que él (ella, usted) piense, que nosotros pensemos, que ellos (ellas, ustedes) piensen.

También observemos la diptongación en los verbos con “o” tónica convertida en “ue”. Lo haremos primero en el presente del modo indicativo y luego en el presente del modo subjuntivo: yo cuento, tú cuentas, él (ella, usted) cuenta, nosotros contamos, ellos (ellas, ustedes) cuentan.  Que yo cuente, que tú cuentes, que él (ella, usted) cuente, que nosotros contemos, que ellos (ellas, ustedes) cuenten.

Mi experiencia de docente universitario y de observador de la lengua hablada por los dominicanos de todos los niveles socioculturales,  me ha mostrado que a varios verbos existentes en nuestra lengua española  que exigen la diptongación muchos usuarios dominicanos no los ponen a diptongar.  Es el caso de los verbos renovar, soldar, volcar, volcarse, etc. Estoy casi seguro de que ustedes estarán de acuerdo conmigo en que los verbos “renovar” y “soldar” conjugados en los modos y tiempos en los que en ellos se da la diptongación, muy pocos dominicanos los conjugan, tanto en la lengua hablada como escrita, siguiendo las pautas debidas. Constaten lo que acabo de afirmar con la conjugación  que les ofrezco de esos dos verbos cuando diptongan:

  1. Presente del modo indicativo: yo renuevo, tú renuevas, él (ella, usted) renueva, nosotros renovamos, ellos (ellas, ustedes) renuevan. Presente del modo subjuntivo: que yo renueve, que tú renueves, que él (ella, usted) renueve, que nosotros renovemos, que ellos (ellas, ustedes) renueven. Modo imperativo: renueva tú, renueve él (ella, usted), renovemos nosotros, renueven ellos (ellas, ustedes).
  2. Presente del modo indicativo: yo sueldo, tú sueldas, él (ella, usted) suelda, nosotros soldamos, ellos (ellas, ustedes) sueldan. Presente del modo subjuntivo: que yo suelde, que tú sueldes, que él (ella, usted) suelde, que nosotros soldemos, que ellos (ellas, ustedes suelden. Modo imperativo: suelda tú, suelde él (ella, usted), soldemos nosotros, suelden ellos (ellas, ustedes).

Quiero comunicarles que yo me decidí a escribir este ensayo un día en que escuché a un comentarista, bien conocido en el  ámbito deportivo santiaguero, decir lo siguiente: “Un pelotero de las Aguilas Cibaeñas que venía hacia Santiago sufrió un volque en la carretera Puerto Plata-Santiago.

Yo estoy seguro de que ustedes son   personas que  quieren conducirse como auténticos usuarios del español, tanto escrito como hablado. Para ello, en el caso de esos verbos, principalmente, deberán regirse, eso es algo evidente, por los modelos que les he ofrecido en esta ocasión. De ese modo mejorarán y cuidarán su imagen, y no les pasará lo que le pasó a un competente médico de la ciudad de Santiago de los Caballeros, del cual una joven campesina que apenas sabía leer y escribir, y nativa de un campo próximo a Licey al Medio, se rio de él burlonamente al escucharlo hablar un español lleno de incorreciones. Lo cierto es que  esa joven hablaba un español muy por encima del de ese competente y afamado médico de nuestra ciudad.

Seguro que ya ustedes saben que no está de acuerdo con las reglas de la diptongación decir “sufrió un “volque” en la carretera Duarte”, ni tampoco “sufrió un “volque” en la carretera Puerto Plata-Santiago”. Y ese conocimiento teórico lo proyectarán en sus escritos y en sus expresiones orales.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Asirimbar, especia/especie, turistear, crescendo

Por Roberto E. Guzmán

ASIRIMBAR

Los hablantes de español dominicano renuevan constantemente los recursos de que disponen para expresarse. Esto lo hacen de forma sobresaliente en el uso de las voces que pueden considerarse vernáculas.

Puede observarse una actualización de este tipo en lo concerniente al verbo del título. En esta sección se abundará sobre el verbo que llena un vacío en el habla de los dominicanos, pues el adjetivo y el nombre de la misma familia formaban parte ya del español dominicano.

Los diccionarios de español dominicano hace largo tiempo que asientan la voz “sirimba”. El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias también inventaría esa voz como perteneciente al léxico dominicano. En ese diccionario se reconoce que la voz sirimba es de uso en Cuba y República Dominicana.

La acepción que asienta ese diccionario es, “Desvanecimiento, desmayo”. En lo recién expuesto no hay nada nuevo. Lo nuevo consta en el título de esta sección, pues por fuerza tiene que existir el verbo correspondiente, asirimbar. Esto así porque el diccionario antes mencionado registra la voz “asirimabao, á”. Para esta voz, trae la acepción siguiente: “Referido a persona, distraída, alelada, lela”.

Lo que llama la atención es que no se asienta el verbo asirimbar. Este verbo existe, pues se ha oído en las conversaciones de los nacionales dominicanos especialmente para referirse a medicamentos que ponen aleladas, distraídas, ausentes, a las personas que los usan.

Algo que se ha notado en el uso del nombre sirimba es que hasta donde se ha observado, esta se produce de manera súbita, sin aviso, sin que la víctima del desmayo o desvanecimiento haya percibido señales de que algo raro o diferente le va a ocurrir. Este rasgo se piensa que debe incorporarse en la acepción para sirimba porque en las definiciones para las dos palabras que se ofrecen como sinónimas para su definición esta característica no es intrínseca a ellas.

La sirimba según parece llegó antes a Cuba que a República Dominicana. En el Diccionario de voces cubanas de Constantino Suárez (1921:479) consta como “síncope, ligero desmayo”, Más interesante aún es la descripción que asienta el Diccionario ejemplificado del español de Cuba” (2016-II-441) “Desvanecimiento que sufre una persona debido a una emoción fuerte”. Eso se parece a esos “ataques de nervios” que sufren sobre algunas personas cuando pierden un ser querido. Ese patatús se conoce en el español dominicano como un “yeyo”.

Debe incluirse el verbo asirimbar en los diccionarios de español dominicano tomándose en cuenta lo que se ha explicado m´{as arriba como justificación para ello.

 

ESPECIA – ESPECIE

“. . .llegaban las más extraordinarias mercancías orientales como la seda, las ESPECIES. . .”

Algunas palabras que son semejantes a otras causan muchos inconvenientes a nivel del habla. A veces las confusiones entre ellas entorpecen la comunicación en el nivel de la lengua escrita también.

Antes de comenzar a enderezar el problema entre las dos palabras del título, y explicar las diferencias que existen entre ellas, se expondrá la razón por la cual se piensa que el hablante del español dominicano suele incurrir en este error.

La palabra favorita para los hablantes de español dominicano para denominar los condimentos en general es “sazón(es)”. Este vocablo es el equivalente de “especia”, pues para los dominicanos, especia queda relegada a una época en que Europa procuraba la ruta a los países productores de estas sustancias vegetales aromáticas.

En pocas palabras, especia es un vocablo que pertenece a la historia y no a la realidad diaria de los dominicanos. En otros países prefieren usar la palabra “adobo” para los mismos propósitos que el dominicano usa “sazón”; esto a pesar de que en los diccionarios el adobo aparece definido como “salsa o caldo”.

Con la exposición que se hizo ha quedado claro que especie es un concepto muy diferente y más complicado que especia. Se propone para evitar la confusión, retener en la memoria que la palabra con la A, es el (la) sazón y, con la E es la clase, grupo. De propósito se ha evitado entrar en mayores consideraciones con relación a las diferentes acepciones de las dos palabras del título.

 

TURISTEAR

“. . . a TURISTEAR a expensas de la caja chica. . .”

Este verbo es de incorporación reciente en el Diccionario de la lengua española de la Asociación de Academias. Hizo su aparición en la edición de 2014. Antes de eso ya constaba en el Diccionario de americanismos (2010) de esa asociación.

Con respecto de este verbo se ha hecho merecida justicia porque era de uso generalizado en once países de la América Hispana de acuerdo con lo que escribe el último diccionario mencionado. La acepción que asienta la mentada asociación es la que goza de mayor uso en el español hispanoamericano, “Dicho de una persona: Viajar por placer, visitando varios lugares en poco tiempo”.

El verbo turistear posee otras acepciones en el español americano. Es pasear, deambular sin rumbo o plazo fijo. Otra acepción es, recorrer lugares sin un destino o un plazo fijo. Además, vagar por distintos lugares sin hacer nada.

En República Dominicana llaman turista a la persona que no trabaja, al holgazán; aquella persona que aun cuando percibe un salario en una empresa o dependencia de la administración pública, no desempeña función alguna, es vago. En la mayoría de los casos, esas personas pasan el tiempo deambulando entre los demás, de allí es de donde se desprende el nombre.

Es fácil colegir que la palabra turista en español derivó del inglés tourist, que a su vez nació del inglés tour que se originó del viejo francés de la misma grafía. El origen remoto se remonta al latín tornare. El verbo turistear en español es una creación válida hispanoamericana.

 

CRESCENDO

“. . .regresaban siempre con noticias, que iban siempre CRESCENDO. . .”

En un momento u otro los articulistas y columnistas meten una que otra palabra en lengua extranjera. Los motivos para hacer esto son muy variados. Algunos lo hacen para demostrar sus conocimientos en lengua extraña al español. Otros lo hacen simplemente por “gadejo”.

En muchos de los casos quien escribe se olvida de revisar el significado de esas voces extranjeras y cae en error. En otros casos, sobre todo con los latinismos, los escribientes les anteponen preposiciones que no caben en esas locuciones por la naturaleza misma de estas.

Con respecto de crescendo hay que tener en cuenta que su primer campo de acción corresponde a la música, aunque el italianismo ha pasado a las lenguas internacionales y ha trascendido las fronteras de la música. No puede olvidarse que son muchas las palabras italianas del campo de la música que han pasado a lenguas extrajeras.

Algo que no puede olvidarse es que por ser una voz extraña a la lengua española esta voz, crescendo, debe presentarse en itálica o entre comillas al escribirla cuando se la acompaña de palabras españolas.

Puede escribirse que la voz crescendo está acreditada en el español internacional si se tiene en cuenta que el Diccionario de la lengua española la inventaría, pero lo hace en letra itálica en sus páginas. En el aparte en que ese diccionario reconoce la voz, informa acerca de su origen, voz italiana, derivada del latín crescendo, gerundio de crecer en la última lengua.

En el ámbito de la música consigna ese lexicón que es, “Aumento gradual de la intensidad del sonido”. Crescendo es también la anotación en la partitura que introduce el aumento gradual de la intensidad del sonido. En sentido general sirve para expresar, “Aumento progresivo de algo”. En el habla se pronuncia imitando la forma de hacerlo en italiano, creshendo.

Además de lo anterior, se registra allí la locución adverbial in crescendo que debe interpretarse en tanto, “Con aumento gradual”. Cada lengua acepta la voz italiana con variantes de matices; el inglés entiende que es “aumento gradual en poder y volumen”. El francés no añade nada nuevo a lo ya expuesto. La lengua portuguesa ofrece como sinónimos, “progresión, gradación”, que para el primero de los dos es una ampliación con respecto a las otras lenguas. Estas dos voces deben ser interpretadas con el acompañamiento de aumento, aumento progresivo, gradación progresiva.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Desaciertos lingüísticos, reflejo de cambios en nuestro español

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

Continuando con la temática  de los desaciertos en que incurren muchos de los usuarios del español, tanto empleándolo en forma  oral como escrita,  veamos algunos  “despistes” o desaciertos que guardan relación con usos que están revolucionando nuestra lengua madre en República Dominicana.

En un programa de televisión transmitido por un canal local,  escuchamos lo siguiente: “A las encíclicas se le da el nombre por las primeras palabras que empiezan.” (Alguien de gran cultura, articulista y escritor de renombre).  En esta oración están presentes dos desaciertos. Uno de ellos es el empleo de “le” en lugar de “les” por la concordancia que tiene que darse con “encíclicas”, una palabra plural  que exige que cualquier palabra referida a ella tiene que mostrar concordancia en plural. El segundo desacierto, el desconlasqueísmo, pues empleó un “que” en vez de “con las que”. Debió haber expresado “…por las primeras palabras con las que empiezan.”

Otro caso en el que se refleja la tendencia a los cambios, lo vemos en este fragmento: “…después…, de la forma en que lo digo, importa poco.” Aquí aparece reflejado un caso extraño a nuestra sintaxis, pues ha dicho “de la forma en que lo digo…” poniendo un “de” innecesario,  ya que debió expresar “la forma en que lo digo importa poco.”

Alguien  se expresó de la siguiente manera: ”Todo eso deja dicho en la condición que estamos…”, dejando  evidenciado un cambio en la estructura sintáctica de nuestra lengua española con el llamado “traslaenqueísmo” porque, en su expresión, separa “en” de “que”,  palabras que deberían aparecer seguidas, una junto a la otra, por lo que debió haber expresado “Todo eso deja dicho la condiciٕón  en que estamos. Fijémonos bien que  la frase de relativo “en que” debe aparecer unida y después del sustantivo “condición”, que es la palabra antecedente a la cual se refiere el relativo “en que”.

El “queísmo” hace tiempo que los dominicanos lo hemos entronizado en nuestro español, como aparece en la siguiente oración: “Estoy seguro que tú serás una persona exitosa.” (Profesional del derecho). Esa oración, para que no sea dequeísta, debe redactarse “Estoy seguro de que tú serás una persona exitosa”. A propósito, el queísmo es un fenómeno ampliamente extendido en nuestro país. Ahora bien, si alguien quisiera evitar ese cambio sintáctico, yo le propongo el siguiente mecanismo: Haga la pregunta  ¿De qué estoy seguro? Y también hágala  sin el “de” ¿Qué estoy seguro?  Si nos damos cuenta de que  la pregunta iniciada con “de qué” es la que está  correcta, la afirmación, o respuesta a la pregunta,   debe aparecer  con “de qué”.

Otro reflejo de cambio lo encontramos en lo que yo le he nominado el “desenqueísmo” al eliminarse “en” en una construcción sintáctica como esta: “El día que ella se fue” (Profesional de la comunicación). La formulación de un español castizo debe ser “El día en que ella se fue.”  Pero se está haciendo cada día menos frecuente entre nosotros mantener “en”  cuando se trata de  esa construcción de relativo con expresión de tiempo.

Le oí decir a un profesional de la medicina “La persona que yo saludé…” reflejando el cambio al que un servidor lo ha calificado como “desalaqueísmo”, ya que,  a la expresión de relativo “a la que” le  elimina las palabras  “a la”.  Debió decir “La persona a la que yo saludé…”

Hace pocos días asistí a un acto de graduación  y  se reflejó  en un cien por ciento lo que una vez afirmó el profesor Juan Bosch al decir que “El dominicano no conoce  el  les”.  Lo que yo constaté ese día fue que la directora del centro donde se celebró la graduación, una  persona de elevada cultura, con una excelente dicción y de gran fluidez expositiva,   empleó 9 veces  un “le” que debió haber sido   “les”, y en ningún momento empleó un “les” en la forma debida.  Lean  uno de esos casos: “Le damos la bienvenida a las personas que han venido a escuchar las interpretaciones de estos graduandos.”

Hace un tiempo, yo elaboré un artículo centrado en el tema del “le” y del “les” al cual le di como título “Muchos dominicanos no saben emplear el les. En el mismo se evidenció ampliamente, aunque no en un ciento por ciento,  la percepción del profesor Juan  Bosch.

Existen otros muchos casos que reflejan los cambios lingüísticos que estamos introduciendo  los dominicanos en nuestra lengua española, se podría decir, de forma bastante acelerada, algunos de los cuales ya se  los he ofrecido en otros de mis artículos. Ojalá mis lectores puedan aplicar lo planteado en esta ocasión, tanto en sus escritos como también en sus exposiciones orales.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Baldado (baldao), brochure, «foam», reportajista

Por Roberto E. Guzmán

BALDADO (BALDAO)

Antes de entrar en el meollo del vocablo del título debe hacerse justicia. La noticia acerca de esta voz se debe a la información ofrecida por el académico de número de la Academia Dominicana de la Lengua D. Rafael Peralta Romero quien en compañía de D. Antoliano Peralta Romero ofreció las nociones sobre esta voz.

Baldado (baldao) es el hombre que posee un pene de dimensiones desmesuradas. Es posible que esta voz tenga relación con el baldado más conocido del español que da a entender que una persona tiene un impedimento físico, tal como una lesión o, inutilizada una extremidad o, algún tipo de invalidez. Habrá quien piense que esta desproporción del pene no constituye un impedimento.

El baldado de la lesión en una extremidad se conoce también en el español dominicano, aunque no consta en todos los diccionarios de español dominicano. Por las noticias de los dos baldados tratados en esta sección, se entiende que pertenecen al español del suroeste dominicano.

Solo una obra de entre las publicadas dedicada al español dominicano trae noticias de este baldado. Esta obra no cumple con todos los requisitos para que se la considere un diccionario, pero demuestra una vez más que la labor paciente de una persona puede producir frutos que merecen considerarse.

En la misma región mentada antes, suroeste, dicen que un niñito está baldado cuando los testículos están inflamados sin que haya una explicación inmediata para ello.

Hay que tener en cuenta que en los casos anteriores de los hombres que tienen un pene prominente, de ellos se dice en el español dominicano que están o son lisiados, lo que concurre a reforzar la misma idea de baldado.

 

 BROCHURE

“. . .ni hay BROCHURE educativo”.

Este brochure hace rato que anda de boca en boca y de texto en texto. Parece que tiene el poder de encantar a los hispanohablantes. Lo anterior es cierto, a pesar de que hay que matizarlo debido a que ese galicismo ha penetrado en otras lenguas como se verá más abajo. Se aprovechará la presente ocasión para ilustrar otros aspectos acerca de la voz francesa.

En francés, el sustantivo brochure es femenino. En español puede afirmarse que es un folleto, un libro pequeño u obrita encuadernada, forrada, o sea, un volumen de poca monta. Es una obra impresa de reducido número de páginas. La palabra francesa deriva de broche que es la aguja con que se cosen las páginas de un libro.

En inglés también entró la voz brochure, pero en esa lengua consideran que es un pamphlet. La definición de la voz inglesa es la de una publicación impresa sin carátula, o con una cubierta de papel. Esta voz del inglés no corresponde en todos sus aspectos con el “panfleto” del español. La traducción de la voz brochure del inglés se hace al español con los vocablos folleto o panfleto.

La lengua italiana ofrece una descripción del brochure en tanto obra de pocas páginas, de cubierta sencilla, pegada o cosida, recubierta de papel o de un cartón flexible. En italiano han decidido representar la voz francesa así, brossura. Los brasileños dieron solución al asunto introduciendo una palabra acomodada a su lengua, brochura, que sirve para expresar la idea de folleto, u opúsculo encuadernado.

En el español americano, en Costa Rica, Estados Unidos, Panamá y Puerto Rico, se escribe brochur, que más o menos representa el sonido en español de la voz francesa. El Diccionario de americanismos (2010) registra el brochur (masculino) usado en Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica como un “Folleto o pequeña obra impresa de carácter informativo sobre un determinado tema”. En el diccionario oficial de la lengua española no aparece el brochure escrito de ninguna forma.

 

FOAM

“. . .tal cual botella plástica o como vaso FOAM”.

No es un secreto que la sustancia con que está fabricado el vaso mencionado en la frase citada está escrita en una lengua extraña al español; es una voz del inglés.

Cuando se usa la palabra foam para designar esa sustancia se elige la solución más fácil; es decir, se selecciona la palabra más corta. Esta solución contradice la teoría de que los escribientes prefieren las palabras más largas.

En este caso como en muchos otros de la vida moderna, lo que sucede es que se desconoce la palabra en español para designar el material que corresponde a la voz del inglés. Como en otras ocasiones, el material o sustancia con que está fabricado el recipiente entró al mercado internacional desde costas ajenas a las de habla española, desde allí se propaga esa voz

El vaso que se obtiene con este procedimiento de fabricación es muy ligero y, además, es aislante, cualidad la última que lo hace adecuado para expender bebidas que se conservan durante más largo tiempo a la temperatura deseada.

El inconveniente con el material mencionado con la voz foam es que no es biodegradable, y en consecuencia, contamina el ambiente.

La traducción que se considera más afortunada para el material, foam, es “espuma de poliuretano” y, para la palabra foam, en general es espuma. En el español de los Estados Unidos y Puerto Rico se conoce otro foam, que es la espuma de afeitar.

El poliuretano es una, “Resina obtenida por condensación de poliésteres, caracterizada por su poca densidad”. Diccionario del español actual (2005-II-3607).

Se preconiza la traducción “espuma” por la comodidad y porque se piensa que prenderá mejor en el español que una más exacta, pero más larga. En la cita pudo escribirse “vaso de espuma”.

 

REPORTAJISTA

“. . .en el rol de REPORTAJISTA . . .”

Para una lengua como la española, el vocablo del título es nuevo. Solo tiene unos años en la lengua. Todavía no ha entrado en los diccionarios de español internacional. Se ha hecho la búsqueda en otros diccionarios, pero no se ha encontrado noticia del vocablo.

La palabra que más se asemeja a la del título es reportaje. En sentido lato el reportaje es un género de periodismo informativo. Este reportaje no es solo texto, pues puede ser acompañado de fotografías. En prensa suele llevar una cabeza compleja y va firmado por su autor. Existen varios tipos de reportajes en periódicos impresos. Uno de ellos es el reportaje moderno que es una “narración objetiva, escrita en tercera persona o de manera impersonal”. Diccionario del periodismo (1981:170-1).

El reportaje es una narración que tiene alguna relación con la actualidad. Es esencialmente informativo, como se escribió antes, objetivo en cuanto al modo y redactado en estilo directo. “Se diferencia de la información pura y simple por la libertad expositiva de que goza el reportero”. Géneros periodísticos (1986:65-6).

Con respecto de la terminación -ista este componente de palabra se une a nombres de profesión o doctrina base para indicar que la persona así designada trabaja, se ocupa o tiene esa profesión, y en el caso de la doctrina, que es partidario de ella. De este modo en el caso de las profesiones forma sustantivos

Hay que pensar con respecto de la voz del epígrafe, que se ha tomado como base la palabra reportero que en sí designa al periodista que se dedica a recoger y redactar reportajes.

La única explicación que puede ofrecerse para justificar la creación de la nueva voz es establecer una diferencia entre el reportero y el reportajista. Esta diferencia redundará en beneficio del reportajista por considerar a este/a de mayor categoría que a quien se llama solamente reportero. Quizás más bien se tomó como base la palabra reportaje; pues reportero en sí mismo vale para expresar por su terminación el oficio, profesión, ocupación o puesto.

© 2019, Roberto E. Guzmán

 

Cuál de los dos «aun» se acentúa (2 de 2)

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

Prosiguiendo con  el tema referente a la acentuación o no de ”AUN”, debemos aclarar que, aunque creemos que el criterio fonético es el más lógico y básico en todo lo que se refiere a la  acentuación de nuestra lengua española, es bastante inseguro tratándose de “AUN”, ya que normalmente pronunciamos los dos “AUN” produciendo un  hiato. Por eso no debe rechazarse, al menos por razones prácticas,  el criterio de tipo semántico  o del significado.  Más bien lo creo como el de mayor utilidad por la mayor seguridad que ofrece su aplicación.

Este criterio lo siguen quienes plantean que se acentuará  “AUN”  siempre que se emplee con el significado de todavía, o lo que es lo mismo, siempre que se pueda intercambiar por todavía. Y no se le marcará la tilde cuando solamente  equivale a hasta, incluso, inclusive, y que en ese mismo  caso no  se puede intercambiar por todavía.  (Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña, Gramática Castellana; José Escarpanter, Ortografía Moderna.)

Aplíquese la regla anterior a los siguientes ejemplos: “Aún no ha llegado.”  “No ha llegado aún.”  “Aun sin llegar, ya creíamos que había llegado.”  “Llegaron allí los aún inexpertos.” Llegaron allí los inexpertos aún.”“Llegaron allí aun los inexpertos.”  Si se hacen acertadamente las equivalencias significativas en cada uno de los “AUN”, realizaremos, sin ninguna duda, la acentuación correspondiente en cada caso que se nos presente.

Nos parece de gran utilidad añadir que cuando “AUN” puede ser sustituido por todavía, se pronuncia como bisílabo con hiato y llevará tilde. Constatemos lo que acabamos de expresar mediante el siguiente ejemplo: “Aún está lloviendo.” Aquí se puede hacer la sustitución por todavía,  y se puede notar que se pronuncia el hiato y, por lo tanto,  se le  marca  la tilde.

En el próximo ejemplo veamos si se puede hacer lo mismo que hicimos con el ejemplo anterior: “Le gusta el español, el francés, el italiano y aun el portugués.”  Seguro que se darán cuenta de que ese “aun” no equivale a todavía, no se pronuncia como hiato, sino como diptongo y por eso no se le puede marcar el acento ortográfico o tilde.

Con lo ya expresado anteriormente, queda dicho que para que “AUN” lleve acento ortográfico no tiene que significar solamente todavía, ya que puede significar también hasta, incluso, inclusive y llevar acento ortográfico. De ese modo queda rechazado el errado criterio de quienes en sus gramáticas afirman que cuando “AUN”  equivale  o se puede sustituir por hasta, incluso,  inclusive no se acentúa.

Para que quede bien rebatido el criterio anterior, solo basta analizar el siguiente ejemplo: “Ella dijo que tú eres torpe; aún más dijo. Dijo que eres bruto. En ese ejemplo, “AUN”  se puede intercambiar por todavía pero  también por hasta, incluso, inclusive., y de ese modo nos damos cuenta  de que puede equivaler a hasta, incluso e inclusive  y llevar tilde.  Es, por tanto, errático afirmar que “si AUN equivale a hasta, incluso, inclusive no llevará tilde.”

Y con la finalidad de que se comprenda mejor lo planteado hasta ahora, les presento algunos ejemplos donde aparezca “AUN” con tilde y otros sin tilde. Veamos:

  1. Con tilde: “Aún (todavía) no ha llegado.”  “No ha llegado aún (todavía)” “Dijo que eres medio torpe, y aún (todavía, hasta, incluso, inclusive) más dijo; dijo que eres imbécil.” “Llegaron allí los aún (todavía) inexpertos.”
  2. Sin tilde: “Llegaron allí aun (hasta, incluso, inclusive) los inexpertos.” “Aun (hasta, incluso, inclusive) sin lograr el éxito total, ya creíamos que lo habíamos logrado.”

Resumiendo lo hasta aquí planteado, diremos que para evitar confusiones y tener seguridad a la hora de tildar o no  “AUN”, tenemos que fijarnos que si equivale a solo todavía y también a todavía y al mismo tiempo a hasta, incluso, inclusive, se le marcará el acento ortográfico o tilde. Y no se le marcará el acento ortográfico o tilde si “AUN” solo se puede intercambiar por  hasta, incluso e inclusive.

Espero que la abundancia de ejemplos y explicaciones que les he expuesto en el presente artículo les den mayor seguridad cuando les toque decidirse por la acentuación o no acentuación de “AUN”.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Cuál de los dos «aun» se acentúa (1 de 2)

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

Es muy probable que usted habrá leído y, además, estudiado las más diversas reglas referentes a la acentuación de la palabra “AUN”. Y es posible que haya seguido usted las orientaciones de algún autor que afirme que “AUN” no se acentúa cuando aparece ubicado al principio de la oración y se acentúa si  aparece al final de la oración. Ejemplos: “Aun no ha llegado.”  “No ha llegado aún” (Joaquín Añorga,  Conozca su idioma).

Ese autor, para acentuar esa palabra, ha seguido un criterio sintáctico o de ubicación sintáctica, es decir, que la no acentuación o acentuación de “AUN” dependerá de si está ubicada al principio o al final de la oración.

Ahora bien, el criterio que plantea Añorga no es compartido por la Real Academia de la Lengua Española, tal como se notará en los ejemplos que aparecen en la página 1424 del Diccionario de dicha institución: “Aún está enfermo.” “Está enfermo aún.”

Sin  ninguna  duda que el punto de vista  sintáctico no nos ofrece ninguna seguridad a la hora de marcar o no tilde en el caso que nos ocupa. Lo más que podemos  sostener  es que “cuando “AUN” aparece al final de una oración o proposición, llevará acento ortográfico o tilde”, tal como puede observarse en los siguientes ejemplos: “No se ha ido aún.” “No se ha ido aún  y todos creen que ya se fue.”

Pero no podemos afirmar  que cuando “AUN” no  mantiene esa ubicación no se acentúa. ¿Acaso no es lo mismo decir: “No se ha ido aún” que “Aún no se ha ido.? Está claro que tanto desde el punto de vista fonético como del semántico, en ambas oraciones estamos frente a la misma realidad.  Y tampoco podemos decir que ha habido cambio sintáctico, ya que solo se ha operado un simple cambio de ubicación de  un elemento sintáctico, lo que es normal en la lengua española, pues en ella los componentes oracionales no tienen un lugar fijo como sucede en algunos idiomas.

En este punto del tema que nos ocupa, cabe la pregunta: ¿Qué criterio puede considerarse válido para la acertada acentuación de “AUN”? Recuerde el lector que el acento que se marca en las palabras escritas es un  reflejo del acento que ya existe en la pronunciación de  una palabra. Es por eso que, cuando se habla de palabras agudas, graves y esdrújulas, se hace referencia a sílaba tónica y sílaba átona, y el acento o tilde se marca, cuando haya que marcarlo, encima de una vocal tónica. Es decir, que lo fonético, lo referente al sonido, es lo que está a la base de la acentuación del español y, por lo tanto, debe ser el criterio más seguro y válido para acentuar o no acentuar “AUN”.

Basándonos en ese criterio, puede ofrecerse la siguiente regla: “Cuando “AUN” debe pronunciarse como monosílabo, no se acentuará. En cambio, cuando debe pronunciarse como bisílabo es porque tiene un  hiato formado por la combinación de una vocal abierta y una vocal cerrada tónica, y esa clase de hiato siempre se acentuará ortográficamente en la vocal cerrada, de acuerdo con la norma del español  en lo  concerniente  al acento ortográfico o  tilde.

Aplíquese la regla anterior a los siguientes ejemplos y a cualquier otro semejante que se le presente: “Aun sin estudiar, dominaba esa  materia de su carrera universitaria.”  “Aún no había estudiado y ya dominaba esa materia.” Como en el primer caso el “AUN” se debe pronunciar como monosílabo, no se le marcará el acento a la “u”, pero ya que en el segundo ejemplo se pronuncia como bisílabo, hay que marcarle el acento ortográfico en la “u”, por tratarse de un hiato que exige acento ortográfico obligatorio.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina