Guaymama, fumarse, bovino / bobino

Por Roberto E. Guzmán

GUAYMAMA

Algunos objetos han ido desapareciendo del ambiente dominicano. Las guaymamas no las conocen los jóvenes. La vida moderna “se ha llevado de encuentro” muchas cosas y la guaymama parece que es una víctima más.

La guaymama es o era una sandalia con la suela hecha de parte de la goma (llanta, neumático). Un dominicano podría decirle que era o es una chancleta, pues en el habla descuidada (pero entendible) chancleta es cualquier tipo de calzado que no es zapato ni bota.

Era un placer ver la destreza con que los artesanos fabricaban este tipo de sandalia. Era casi un arte, aquello de cortar la goma con una filosa chaveta, sin desperdiciar corte alguno. Es posible que este tipo de “soleta” todavía pueda conseguirse como una rareza o recuerdo en alguna tienda para turistas.

La representación escrita del nombre del objeto de esta sección puede variar, guaimama, guaima, guaimimama. En este aparte se ha favorecido guaymama, porque este guay se toma en sentido onomatopéyico para representar el grito de dolor.

La explicación más socorrida para el nombre de la sandalia es que debe su nombre a la expresión de dolor que lanza el hijo o la hija cuando recibe un castigo consistente en golpes propinados con la ayuda de una de estas sandalias.

Se ha procurado sin éxito en los diccionarios de español dominicano esta voz. Como no se ha encontrado, se documenta aquí para que conste documentada para los trabajos de los lexicógrafos en el futuro.

Reconoce el autor de estos comentarios la deuda que ha contraído con Minerva de Guzmán, quien con buena intención mencionó la palabra del título.

 

FUMARSE

“. . . estaremos nefastamente condenados a FUMARNOS al . . .”

Este verbo del epígrafe no aparece en los catálogos del español común. Parece que no es tan común como lo cree el dominicano que lo usa. No solo lo usa, sino que se hace entender . . . de otros dominicanos.

La frase retropróxima terminó de modo que da la idea de que es un verbo que solo circula en el habla de los dominicanos. Puede escribirse que es un verbo bien conocido hasta cierto punto, pues ha sido documentado desde hace más de sesenta años.

El Diccionario del español dominicano (2013:325) lo define así: “Soportar a alguien o algo que no resulta agradable”. Ya Patín Maceo había recogido el verbo en 1940.

Con esta noción de aguantar una cosa que molesta o duele lleva todos estos años. Cabe aquí que uno se pregunte porqué se hace sobre el verbo fumar. Una explicación puede ser que al fumar lo que se fuma se acaba; es decir, el cigarrillo, cigarro o tabaco se consume, en consecuencia, desaparece o se transforma.

De ahí puede llegarse a la conclusión de que la situación en la que se encuentra el sujeto que se la

fuma, se hace paciente con la esperanza de verla desaparecer. Implícitamente hay en ello una aceptación de la imposibilidad de cambiar las circunstancias. Acepta la molestia, cuyo grado puede variar, como algo inevitable, contra lo cual nada puede.

Con este “fumarse” hay mucho de tolerar con sufrimiento y, en la mayoría de las ocasiones, en silencio; sin posibilidad de expresar el disgusto que ocasionan los hechos.

Hubo hace unos años una canción popular en que se recurría a alusiones, “el tabaco es fuerte, pero hay que fumárselo”. Muchos de los oyentes entendieron que se mentaba, omitiendo decirlo, a la situación política del momento. Como estas hubo muchas expresiones que veladamente expresaban los padecimientos a que se vio sometida la ciudadanía en una época de triste recordación.

 

BOVINO – BOBINO

“. . . ligado a la Encefalopatía Espongiforme BOBINA . . .”

El sentido común ordena mantener ciertas distancias, no solo con respecto a las actuaciones en sociedad, sino también en la redacción de textos. Lo menos que puede expresarse es que produce tristeza leer la confusión en el empleo de dos palabras patrimoniales del español que se dicen de la misma forma, pero que tienen significados muy distantes.

Bovino, con la uve, V de vaca, V pequeña, V corta, es un adjetivo que refiere a las vacas, con la misma ve y, los toros; es decir, a animales mamíferos, grandes, con cuernos lisos, rumiantes, de cola larga con un mechón en el extremo.

Bobino tiene relación con el verbo bobinar, que en República Dominicana casi siempre se usa en tanto embobinar. La palabra más común de esta familia es bobina que es un cilindro, canuto, carrete o rollo, que es la palabra preferida en el español dominicano. Así podría decirse que el rollo de película, de papel de imprenta o el del componente de circuito eléctrico, todos estos son bobinas de diferentes dimensiones.

Se recuerda que en todas las ciudades dominicanas de alguna importancia existían talleres de rebobinado de motores o componentes eléctricos. Esa labor se anunciaba en letreros visibles para el transeúnte y se recuerda que la ortografía era acertada.

Muchos de estos desaciertos pueden evitarse añadiendo un poco de cuidado en la redacción.

El español y su influencia en el mundo actual

Por Tobías Rodríguez Molina

El  español, al cual también se le denomina castellano por haber nacido  en la región de Castilla, es una lengua romance por derivarse del latín, que era la lengua oficial del imperio romano; es el tercer idioma más hablado en el mundo, detrás del chino mandarín y del inglés, por el número de hablantes que la tienen como lengua.

Es hablado como primera o segunda lengua por unos  500 millones de personas, y es uno de los seis idiomas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Es la lengua oficial de España y de los países que fueron conquistados o colonizados por los españoles; es decir, que es tenida como lengua oficial de los países  de América, exceptuando a Haití, Brasil y los Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de que no es lengua oficial de EE.UU., hay varios estados de este último país en los que la habla un elevado porcentaje de los residentes en Colorado, San Antonio, Texas, La Florida, California, Nueva York, etc.

Es de notar que en el Capitolio ha penetrado el español, como lo indican los siguientes detalles: a. La hija del expresidente Carter tenía un profesor de español que iba a la Casa Blanca a enseñarle esa  lengua.; b. A la toma de posesión del presidente Bush fueron invitadas las merengueras dominicanas Milly Quezada y su hermana Joselín.

De esos dos hechos se puede deducir que el español ha ido ganando terreno en el mundo. Cada vez aumenta su influencia y cada vez son más los que se preocupan por manejar esa lengua, es decir, hablarla y escribirla de acuerdo con el uso y las normas que la caracterizan.

La lengua siempre ha sido el termómetro para medir la cultura de los pueblos; de ahí la importancia de emplear con “propiedad” y “corrección” tanto la lengua oral como la escrita.

Propiedad quiere decir emplear con el significado exacto  las palabras de una lengua. Por eso, cuando empleamos una palabra con un significado que no es el exacto, cometemos lo que es denominado como impropiedad léxica. Si decimos, por ejemplo, “Mi hermano es muy correlativo” caemos en la impropiedad porque correlativo significa “que guarda relación con algo”, por lo que ese término no cabe en ese contexto.

La corrección consiste en emplear la lengua sin errores  de sintaxis, como “me se olvidó” o “ella está media enferma, o “allí hubieron varios brindis de cerveza, o “esos son problemas muy difícil de erradicar. Los tres últimos casos contienen errores de concordancia y el primero, error  del orden de los componentes de una oración.

También hay que mantener  la corrección  en la escritura, evitando los  llamados errores de ortografía, como sería escribir “ilo” o “ermano”, sin la h que les correponde, o cavesa von v y s en lugar de b y  z, o yegaria sin ll y sin tilde, debiendo escribirse llegaría.

Causa mala impresión escuchar a una persona que se expresa en un español repleto de errores en la pronunciación, ya que automáticamente la encasillamos entre las personas de baja categoría cultural y social, siendo muchas veces personas con estudios de posgrado y tenidas como profesionales de renombre.

Por eso debemos preocuparnos todos los hablantes de una lengua por tener dominio de la misma tanto en la oralidad, en lo atinente a la pronunciación y al léxico, que debe ser variado y abundante, para así evitar la repetición de palabras o el empleo de palabras genéricas, como cosa, asunto, cuestión, pendejá, vaina, etc., así como también hay que preocuparse por  la escritura correcta de las palabras,   incluyendo  el adecuado empleo de los signos de puntuación, de los cuales depende, si están bien empleados, una adecuada comprensión de los contenidos del texto.

Es  sabido por muchos que poner bien o mal una coma puede causar lo contrario de lo que se quiere expresar. Ejemplo:  ”No iré el domingo al campo”; en ese ejemplo se indica que la persona que habla o escribe se quedará en la ciudad el domingo; pero si se escribe o se dice: “No, iré el domingo al campo”, se afirma que no se quedará en la ciudad  el domingo, con lo cual se dice lo contrario del caso anterior sin coma.

Ahora bien, ¿cómo lograr dominio de la lengua tanto oral como escrita? El instrumento o ayuda más eficaz y de rendidos beneficios lo constituye la lectura frecuente de libros y textos de escritores que empleen la lengua con riqueza léxica y con total corrección en todos los aspectos de la normativa.

Una persona que lee y lee bien adquiere un mayor grado de cultura y, a la vez, perfecciona su lengua en los aspectos ya indicados de la propiedad y la corrección, y en los siguientes:

  1. Si lee en voz alta, mejora su dicción y adquiere mayor fluidez.
  2. Aumenta su capacidad de comprensión de las ideas, adquiriendo destrezas para discernir entre lo principal o más importante y lo secundario o menos importante.

Todo lector debe tener junto a él un diccionario general de la lengua, que puede decirse que es  el aliado principal de toda  persona, sea estudiante o profesional, inquieta por manejar  cada vez mejor  su lengua y para adquirir  la ampliación de su vocabulario, que lo dotará de la  importantísima riqueza léxica.

Lo anteriormente expresado deja dicho  por qué los profesores se preocupan tanto de que sus alumnos adquieran conciencia de la importancia de la lengua para su vida como estudiantes y de futuros profesionales. Deja entendido, además, cómo una persona  que domina bien la lengua es considerada más capacitada y más culta que otra que no la domina y, en consecuencia, la primera tendrá mayores posibilidades de un buen trabajo por el mayor prestigio en la sociedad y en la empresa en que trabaje y, por eso, podrá tener mayores  posibilidades de ascenso  y de aumentos salariales.

Chichigua, desgaritarse

Por Roberto E. Guzmán

CHICHIGUA

“Las cometas, conocidas en el país como CHICHIGUAS. . .”

Este aparte puede comenzarse por destacar lo sencillo que parece en la actualidad pensar que se llame de cometa a una armazón que alcanza altura modesta, que en República Dominicana era hecha con métodos rudimentarios para diversión de chicos. Esto se escribe como introducción porque la semejanza entre la chichigua dominicana y el cometa, astro, es muy poca.

La palabra chichigua se trae a estas reflexiones acerca del idioma porque esa voz posee otras significaciones en otros países; además, porque su etimología es interesante como se apreciará más adelante.

La chichigua dominicana es muy bien conocida del hablante. No hay lugar a equívoco. El asunto se complica cuando el hablante de español dominicano descubre que hay otras chichiguas. Más sorpresa ocasiona al leer que esa otra chichigua tiene su origen en una lengua azteca. Primero hay que despejar lo concerniente a la chichigua dominicana.

No existe relación alguna entre la chichigua dominicana y la mexicana. La primera mención de chichigua consta en el Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:214), voz indígena, donde puede leerse que en un lugar en Cuba se conoce con este nombre femenino “a una de las clases más pequeñas de cometas”.

Constantino Suárez (españolito), en su Diccionario de voces cubanas (1921:179) trae la pregunta que se hizo quien escribe estas reflexiones acerca de la lengua. Si la voz es de origen indígena “no se usaría como hoy, puesto que no se sabe conociesen estos juguetes los niños indios”.

Cabe aquí otra pregunta. Si los conquistadores (invasores) llevaron tantas voces indígenas de Santo Domingo a tierra firme, ¿Cómo es que no llevaron la voz chichigua con ellos para aparejarla con la voz conocida en México, papalote?, voz del azteca papalotl que en su acepción directa significa mariposa, y por extensión, denomina al juguete cometa.

Tal parece que ese inconveniente no escapó a la agudeza de D. Emilio Tejera, pues en su obra Indigenismos (1977-I-508) transcribe lo que escribe Pichardo en el Diccionario provincial, así como hace mención de las acepciones conocidas para la voz en otros países, con las referencias bibliográficas correspondientes. En Puerto Rico se conoce esta cometa con el nombre de chiringa, Vocabulario de Puerto Rico (1967:147).

Todos los autores mencionados aseguran que se usaba para “cometa pequeña”. Como puede certificarlo cualquier dominicano, hace muchos años que la chichigua dejó de ser el nombre para la cometa pequeña. La chichigua puede muy bien ser un “pájaro” grande. Se usó aquí el vocablo pájaro en tanto sinónimo de chichigua porque así se ha hecho (o se hacía) en el español dominicano.

Mediante la lectura de lo expuesto más arriba puede inferirse que chichigua es voz común para los hispanohablantes de las Antillas, es decir, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.

Chichigua es cosa o cantidad pequeña, insignificante en Colombia y Ecuador. En Guatemala y México es la hembra de un animal que está criando. En El Salvador, Nicaragua, Guatemala y México es ama, nodriza, mujer que amamanta una criatura ajena. Es nombre azteca alterado de chichihualli, teta, mamila. Diccionario de mejicanismos (1895:165). Esto así porque chichi es mamar. Diccionario de aztequismos (1978:67).

Aquí no acaba la historia de la chichigua centroamericana, pues el acortamiento de la voz chichigua con el significado mexicano produjo chichi para teta, en el español y el inglés del Sur de los Estados Unidos. Chichi o chiche es glándula mamaria, seno, teta en New Mexico y el Sur de Colorado. A Dictionary of New Mexico and Southern Colorado (1983:45).

Al final lo que queda es que no hay una sola chichigua. La significación depende del país en que se use la voz. En cuanto al origen indígena de la voz usada en las Antillas, puede decirse que es más bien incierto.

En República Dominicana la chichigua produjo una chichigüita. Se usa esta voz en tanto nombre o adjetivo para aplicárselo a una mujer pequeña de tamaño, que se mueve con rapidez. Con ese nombre aplicado a una mujer de escaso tamaño se pagan las deudas con las chichiguas de otros países. Por el tamaño, mujer pequeña, del modo en que se conoce chichigua en Colombia y Ecuador. Y con respecto al movimiento rápido, se asemeja al desplazamiento (flotación) de la mariposa del azteca. Esto que acaba de destacarse puede ser producto del azar, pero es una realidad.

 

DESGARITARSE

“. . . y así evitarles a mis hijos el engorro de salir DESGARITADOS . . .”

Se resaltará en esta sección una acepción que mantiene el verbo del título que no ha sido debidamente reconocida en los diccionarios diferenciales de español dominicano. Después de la exposición de la acción peculiar con sus características únicas, se citarán varios ejemplos con la esperanza de que los hablantes de español dominicano reconozcan en ellos su práctica habitual.

Antes de continuar hay que apuntar algo en la frase reproducida a guisa de ejemplo del uso de la palabra del título, allí se deslizó un error que se ha observado en otros textos. “Evitarles a mis hijos”. No hace falta el pronombre les incorporado al verbo, si a continuación aparecen los hijos. Bastaba con, “Evitar a mis hijos”.

Desgaritar parece una composición de des- y garete; así podría pensarse al leer con ojos inocentes el verbo. Etimología irreflexiva atribuida ingenuamente motivada por las muchas voces de marinería que han pervivido en América. Esto así si se piensa que en el argot marinero la locución adverbial “al garete” transmite la idea de estar a la deriva, esto es, “sin dirección o propósito fijo” acepción actual, pero que en su origen fue “navegar a la merced de la corriente o del viento”. En resumidas cuentas, desgaritarse se incorporó muy temprano al español.

Corominas y Pascual documentan en su Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-III-94) una larga explicación acerca de la idea que se formó Esteban Pichardo, que coincide con la expuesta más arriba, a pesar de estos etimólogos introducen la posibilidad de que se formara con el prefijo des- y el sustantivo femenino garita, influenciado esto por la significación del portugués del Brasil, de desguaritado.

  1. Esteban Pichardo en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1835:227) al ocuparse de los verbos desgaritar y desgaritarse, reenvía a la palabra garete que se halla en la página 275. Allí sostiene que, “Irse o estar al garete es frase tomada de la marítima en la significación metafórica de perderse, trastornarse, desordenarse o extraviarse alguna cosa, a la cual faltó el rumbo gobierno o cuidado. De aquí el verbo Desgaritar o Desgaritarse, al cual se da en esta isla el mismo significado”.

En el español general el verbo desgaritarse referido a una res es “separarse de la madrina o del sitio”. Es muy probable que de esta acepción más bien rural haya pasado al español dominicano general en tanto “huir o separarse de un grupo”.

Lo que se persigue con estas explicaciones es llegar hasta afirmar que en el español dominicano actual el verbo desgaritarse no solo es “huir o separarse de un grupo”, sino de cualquier sitio o en cualquier circunstancia. Es más, puede aventurarse que desgaritarse mantiene en el habla de los dominicanos un rasgo de precipitación; es decir, huir (aceleradamente, deprisa, velozmente). El dominicano para expresar la idea de la última frase diría, “más rápido que de carrera”.

Se piensa que la persona que se desgarita no dice hacia dónde va. No se toma el tiempo de advertir a los demás hacia dónde se dirige porque su propósito principal es alejarse del lugar o el grupo en que estaba. Quizás ni el mismo sujeto de la acción sabe hacia dónde se dirige.

Todo lo anterior es para dejar en claro que la acepción que se consigna en los diccionarios de español dominicano no está completa con la redacción que incluye separación de un grupo; debe incluirse en la definición, “de un lugar”, y, acomodar la redacción para incluir las características anotadas más arriba.

Pautas para el empleo de la coma, el punto y el punto y coma (2 de 2)

Por Tobías Rodríguez Molina

Usos opcionales de la coma

  1. Un uso opcional es el del caso de la anteposición de elementos sintácticos subordinados, es decir, que son dependientes de la parte principal de la oración y cuya colocación lógica o normal suele aparecer al final de la oración. Ejemplos: a. Al llegar a la casa Pedro lucía completamente fatigado. ; b. Cuando Juan regresó del paseo su madre se puso muy feliz. Fíjense que en la oración a. se puede poner una coma después de “casa”, y en la b. se tiene la opción, no la obligación, de ponerla después de “paseo”.
  2. En las oraciones con elipsis o supresión del verbo, no es obligatorio poner la coma en vez del verbo elidido. Ejemplos: a. Uno de sus primos estudió la carrera de Electrónica y el otro la de Administración. ; b. Javier se radicó en Mao y su tío, en Puerto Plata. Se tiene la opción de poner, en la oración a, una coma después de “otro”  y  en la b., después de “tío”.
  3. También es opcional el uso de la coma delante de “pero”, “mas”, “aunque”. Debemos aclarar, sin embargo, que en las oraciones que tienen esas expresiones, existen cuatro posibilidades u opciones, dependiendo, muchas veces, de la complejidad de la estructura oracional de que se trate y, por supuesto, de gustos estilísticos y de otros factores de difícil precisión. Las opciones son: no poner ningún signo, la coma, el punto y coma o el punto.  Veamos algunos ejemplos: a. Es una persona muy inteligente pero completamente desorganizada. ; b. Le ofrecieron ese trabajo, pero  lo rechazó al instante. ; c. Alberto está  hoy complaciente con todo el mundo; aunque no vayan a  creer que él es siempre así. ; d. Sus notas todo el tiempo habían  sido las peores del curso. Pero, para sorpresa de todos,  su nota final estuvo entre las mejores.

Usos del punto y coma

Este signo de puntuación tiene un solo uso obligatorio y varios que son opcionales.

Uso obligatorio

Aparece este uso obligatorio en estructuras oracionales que tienen coma empleada en el interior de cada estructura enumerada. Ejemplos: a. De su tienda quiero que me  envíe los siguientes artículos: camisas, dos docenas; pantalones, dos docenas; medias, tres docenas; corbatas, dos docenas, y toallas, dos docenas. ; b. En nuestro paseo visitamos las siguientes ciudades: Santo Domingo, la capital dominicana; La Vega, la ciudad olímpica;  Moca, la ciudad del viaducto; Santiago, la ciudad corazón, y Puerto Plata, la novia del Atlántico.  Como pueden ver, en el ejemplo a.   se pone una coma entre el artículo comprado (camisas)  y la cantidad, y punto y coma entre cada artículo y su cantidad y el otro artículo y su cantidad.  En el ejemplo b. , se escribe coma entre la ciudad y el calificativo, y punto y coma entre la ciudad y su calificativo y la otra ciudad y su calificativo.

Usos opcionales

  1. Se emplea punto y coma opcional delante de “pero”, “mas”, “aunque”. (Ver el caso 3 del uso opcional de la coma).
  2. También se usará en forma opcional en las proposiciones yuxtapuestas. Estas son partes de una oración compuesta a la que se le ha eliminado el nexo que indica la relación existente entre ambas partes. Aclaremos lo anterior mediante un ejemplo: “No asistió a la clase de hoy porque estaba aquejado de una fuerte gripe”. Si a esta oración causal le eliminamos el nexo “porque”, la convertimos en dos proposiciones Obsérvenlas: “No asistió a la clase de hoy;  estaba aquejado de una fuerte gripe”. La otra opción en este caso es usar el punto en vez del punto y coma.
  3. Otro empleo del punto y coma  opcional   aparece  delante de “es decir”, “o sea”, “esto es”, “por consiguiente”, “no obstante”, “sin embargo”, cuando estas expresiones unen las dos  partes (o proposiciones) de una oración compuesta.

Las opciones son dos: o punto y coma  o punto. Vean los siguientes ejemplos. a. Amaneció con una fuerte fiebre; sin embargo, eso no le impidió asistir al trabajo. ; b. Está obligado a sacar mejores notas en el próximo examen para liberar la Biología. Por consiguiente, tendrá que concentrarse más en el estudio de esa materia.

Usos del punto

Este signo de puntuación tiene un uso obligatorio y varios opcionales.

Uso obligatorio

Se emplea en forma obligatoria, pudiéramos decir que en teoría, al final de cada oración, sin importar que aparezca en medio de un párrafo, al final del mismo o al final de un escrito. He dicho que “en teoría”, ya que en medio del párrafo, pudiera darse la opción con el punto y coma, y otras veces pudiera haber punto suspensivo al final de la oración. Aclaremos, además, que la oración puede ser gramaticalmente completa o contextualmente completa. Veamos ejemplos de ambos tipos: a. Gramaticalmente completa: Celeste se graduó de bachiller hace un mes. ; b. Contextualmente completa: ¿Ya comenzaste a trabajar, Alberto? –Sí, Daniel. La pregunta es una oración gramaticalmente completa y la respuesta, que es “Sí, Daniel”, es contextualmente completa. (Nota: Recuerden que se marca el punto en las palabras que se abrevian, como en Lic., Ing., Dr.).

Usos opcionales

Se emplea el punto en forma opcional en los mismos casos del uso opcional  del punto y coma. (Ver el punto y coma opcional en los casos 1, 2 y 3).

Ya vieron todos los variados casos que se dan con respecto al uso de esos tres signos de puntuación y el cuidado y la atención que hay que tener para usarlos como es debido.  Yo confío en  que la manera en que les presenté  los aspectos teóricos y los ejemplos para cada caso, y el deseo y el empeño por mejorar de  ustedes, los convertirán en  mejores redactores de textos.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

LA ORTOGRAFÍA NO PUEDE COGER LAS DE VILLADIEGO

El vocablo /villa/ es sustantivo común y por tanto se escribe con inicial minúscula, en tanto que /Diego/ es un antropónimo (nombre de persona)  y demanda la mayúscula inicial. Cuando la palabra /villa/ se antepone a otro sustantivo para denominar un lugar, generalmente entra a formar parte del nombre de ese lugar y entonces exige su mayúscula: Villa Francisca, Villa Trina, Villa Mella, Villa Altagracia.

Una villa, en la provincia de Burgos, España, lleva por nombre Villadiego (una sola palabra). Es cabecera del municipio del mismo  nombre. Esta localidad ha dado origen a la expresión “Tomar las de Villadiego” o “Coger las de Villadiego”.

El Diccionario de la lengua española la clasifica como locución verbal coloquial y la define de este modo: “Ausentarse impensadamente, de ordinario por huir de un riesgo o compromiso”.  Otros agregan el detalle de “marchar apresuradamente, huir de un lugar”.

En el habla dominicana es frecuente el uso de la  expresión “Coger las de Villadiego”, y en el uso oral ninguna complicación presenta, sin embargo, al momento de escribirse surgen las vacilaciones. Recientemente, una dama seguidora del expresidente Medina criticó a quienes habiendo sido candidatos a cargos legislativos por el PLD, una vez elegidos “cogieron la de villa Diego”. Así lo escribió y más lógico fuera que escribiera Villa Diego, aunque el lugar se denomine Villadiego.

El periodista español Javier Ramos, en su “blog” Lugares con historia, dedicado a temas   de historia y  geografía, plantea que la expresión aparece por primera vez en La Celestina, la tragicomedia de Calixto y Melibea, de Fernando de Rojas, donde aparece la frase “tomar las calzas de Villadiego”. Agrega Ramos que autores como Francisco de Quevedo y Covarrubias se han preguntado sobre quién era Villadiego. “Sin embargo, es una hipótesis histórica la que asocia la localidad burgalesa de Villadiego con las persecuciones que sufrieron los judíos en la Edad Media, época en la que se convirtió en una villa de asilo. La condición para disfrutar de refugio allí era llevar una vestimenta específica… hay quien afirma que unas calzas amarillas”. Villadiego se sitúa a unos 38 kilómetros al noroeste de la ciudad de Burgos, y fue fundada, según es tradición, por el conde Don Diego Rodríguez Porcelos, en la segunda mitad del siglo IX, algunos años antes de que el mismo emprendiera la gran obra de la fundación o repoblación de Burgos por mandato del Rey Alfonso III el Magno, hacia el año 884. Así se tituló esta villa, bien porque el Conde Diego la fundara o bien porque fuera su dueño y señor. Actualmente, Villadiego cuenta con cerca de 2,000 habitantes y su gentilicio es  villadieguense.  Pudimos comprobar en Internet que la frase que lo alude es empleada para promoción turística. La invitación es a “Tomar las de Villadiego”. Al pronunciarla, como quiera da, pero al escribirla, recuerde: una sola palabra con inicial mayúscula.

Los nombres propios de personas (Diego, Juan, Pedro…) están sujetos como los sustantivos comunes a cambios morfológicos por composición o derivación de palabras.

Ejemplo: dondiego (De don y  Diego) origina  el nombre de una planta  cuyas  flores se abren al anochecer y se cierran al salir el sol. De ahí: dondiego de día y dondiego de noche. También se le llama dompedro. El vocablo dondiego se asocia de algún modo al significado de mujeriego, por aquello de que don Diego Tenorio era el padre de don Juan Tenorio  (El burlador de Sevilla). Con mayor propiedad, el vocablo donjuán (dos palabras y acento gráfico)  se refiere a un seductor de mujeres. Los adjetivos relacionados con nombres  propios se comportan como palabras comunes: donquijotesco, conchoprimesco.  Como ya termino, le recuerdo: la ortografía no puede tomar las de Villadiego.

 

DE LAS VILLAS, LOS GENTILICIOS

A propósito del artículo “La ortografía no puede coger las de Villadiego”, publicado el pasado domingo (30-8-20), un amigo preguntaba si el gentilicio villadieguense se escribe en una sola palabra porque el nombre del municipio español (Villadiego) también es univerbal. Realmente indagaba en torno al gentilicio de un lugar cuyo nombre se escribe con la palabra Villa antepuesta a otro sustantivo (dos palabras). La respuesta es que el gentilicio se forma con una palabra derivada de la fusión de las dos que integran el  topónimo.  Veamos  estos ejemplos de lugares dominicanos cuya denominación incluye el sustantivo común “villa” más otro vocablo.

villaltagraciano, na.  Natural de Villa Altagracia, municipio de la provincia San Cristóbal. 2. Perteneciente o relativo a Villa Altagracia o a los villaltagracianos.

villaduartiano, na. 1. Natural de Villa Duarte, barrio muy antiguo de la zona metropolitana, ubicado en Santo Domingo Este, provincia Santo Domingo.. 2. Perteneciente o relativo a Villa Duarte o a los villaduartianos.

villaelisense. 1. Natural de Villa Elisa, distrito municipal correspondiente a Guayubín, en la provincia Montecristi. 2. Perteneciente o relativo a Villa Elisa  o a los  villaelisenses.

villafranciscano, na. 1. Natural de Villa Francisca, barrio de Santo Domingo, Distrito Nacional. 2. Perteneciente o relativo a Villa Francisca  o a los  villafraciscanos.  -Marcio Veloz Maggiolo es villafranciscano internacional.

villafundacionero, ra. 1. Natural de Villa Fundación, distrito municipal correspondiente al municipio de Baní. 2. Perteneciente o relativo a Villa Fundación o a los  villafundacioneros.

villagonzaleño, ña. 1. Natural de Villa González, municipio de la provincia Santiago. Perteneciente o relativo a Villa González o a los villagonzaleños. -El renglón más importante  en la economía villagonzaleña es el cultivo del tabaco.

villaisabelino, na. 1. Natural de Villa Isabela, municipio de la provincia Puerto Plata.  2. Perteneciente o relativo a Villa Isabela o a los villaisabelinos. -La historia villaisabelina  se remonta  a la ciudad  fundada el l0 de diciembre de 1493 por el almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje, de la cual solo quedan ruinas.

villajuanense. 1. Natural de Villa Juana, barrio popular de la parte céntrica de Santo Domingo. 2. Perteneciente o relativo a Villa Juana o los villajuanenses. – El escritor Jimmy Sierra fue un ilustre villajuanense.

villamagantense.  1. Natural de Villa Magante, distrito municipal de Gaspar Hernández, provincia Espaillat. 2. Perteneciente o relativo a Villa Magante  o a los villamagantenses.

villamellero, ra. 1. Natural de Villa Mella, comunidad del municipio Santo Domingo Norte,  en la provincia Santo Domingo.  2. Perteneciente o relativo a Villa Mella o a los villamelleros. -Nada como un chicharónvillamellero.

villarivense. 1. Natural de Villa Riva, municipio de la provincia Duarte, región Nordeste.2. Perteneciente o relativo a Villa Riva o a los villarivenses. villarpandero, ra. 1. Natural de Villarpando, distrito municipal correspondiente al municipio Las Yayas de Viajama, en la provincia de Azua. 2. Perteneciente o relativo a Villarpando o a los villarpanderos. – A los villarpanderos no les agrada que su pueblo lleve el nombre del capitán español que propició la persecución y muerte del esclavo Lemba.

villasombrerense. 1. Natural de Villa Sombrero, distrito municipal adscrito  al municipio Baní, en la provincia Peravia. 2. Perteneciente o relativo a Villa Sombrero o a los villasombrerenses.

villatapiense. 1. Natural de Villa Tapia, municipio de la provincia Hermanas Mirabal.  2. Perteneciente o relativo a Villa Tapia o a los villatapienses.

villatrinense. 1.  Natural de Villa Trina o José Contreras, distrito municipal del municipio de Moca, en la provincia Espaillat. El lugar se llamó Villa Trina y desde 1954 su nombre oficial honra al héroe restaurador José Contreras. Sus habitantes se identifican como villatrinenses.

villahermosense . Natural de Villa Hermosa, municipio de la provincia  La Romana.

villavasquense. 1. Natural de Villa Vásquez, municipio de la provincia Montecristi. 2. Perteneciente o relativo a Villa Vásquez o a los villavasquenses.

 

CRITERIOS QUE RIGEN LA FORMACIÓN DE LOS GENTILICIOS

El filósofo Luis F. Cruz Paulino, quien me honra al leer esta columna, ha sugerido explicar cuál es el criterio para la terminación de los gentilicios. En artículos anteriores nos hemos referido a la autoridad facultada para imponer el gentilicio de una nación o localidad cualquiera. El gentilicio es genuina expresión de orgullo territorial, factor sentimental de unidad de los naturales de un lugar determinado. En el caso de un Estado o nación el gentilicio queda explicitado en  su acta constitutiva: “El pueblo dominicano constituye una Nación organizada en Estado libre e independiente, con el nombre República Dominicana”, reza el artículo uno de nuestra  Constitución. El pueblo dominicano es la reunión de todos los dominicanos.

En los municipios, distritos municipales y otras demarcaciones, el gentilicio procede de la población.  Por eso en algunos casos no hay acuerdo acerca de cómo llamar a los naturales, si jamaeros o jamaenses, si micheros o michenses, si hateros o hatomayorenses. ¿Qué autoridad se ocupará de esto? La principal autoridad son los naturales y habitantes de una localidad. Esto no excluye a la autoridad política.

Los sufijos que intervienen en la formación de los gentilicios se remontan a los orígenes mismos de nuestra lengua, con influencia del latín, del griego e incluso de lenguas orientales, pues los gentilicios son tan antiguos como la humanidad.

La Nueva gramática de la lengua española (Asociación Academias de la Lengua Española, Madrid, 2009) en el capítulo titulado “La derivación adjetival y adverbial” dedica un amplio apartado a los adjetivos gentilicios y cita (pág. 533)  los sufijos (terminaciones) con los que se forman normalmente los gentilicios.  Helos aquí:

-aco/aca (austriaco); -ano/ana (italiano);-ata(keniata); -eco/eca (guatemalteco);-ego/ega (manchego); eno/ena (chileno); -ense (bonaerense); eño/eña (limeño); eo/ea (europeo); -ero/era (habanero); -és/esa (cordobés); -eta (lisboeta); -í (iraní); -ín/ina (mallorquín); -ino/ina (granadino); -ita (israelita); -o/ a (ruso); -ol/ola (español);-uno/una (villavicenciuno).

Estas terminaciones se aplican para gentilicios de los más disímiles lugares del mundo, sin tomar en cuenta su lengua o cultura, lo que  importa es que esa es la forma de decirlo en español. De esas terminaciones, seis predominan en los gentilicios dominicanos, y otras nunca se emplearán. Es decir, aquí usamos el sufijo -ano/ana: seibano, higüeyano, nordestano, baorucano (distrito municipal Baoruco, Barahona),  bijano (La Bija, distrito municipal de Villa La Mata), cevicano, mocano.

Empleamos también el sufijo  -ense,  el cual tiene cierto encanto y muchos lo prefieren para sus localidades, aunque les haya tocado otro: hatomayorense, romanense, bohechiense (Bohechìo), bonaense (de Bonao),cabaretense, caletense (de Caleta, distrito municipal  La Romana), tenarense.

Con la terminación eño/eña tenemos puertoplateño, monteplateño, mateño (Villa La Mata), borojoleño  (de Borojol, barrio de la Capital), sureño, maeño. El sufijo ero/era debe ser el más empleado por los dominicanos para crear gentilicios, es de mayor sabor a pueblo. Tenemos: michero (Miches), calderero, caletero (de La  Caleta, distrito municipal de Boca Chica),carreyegüero( de Carrera de Yeguas), castañuelero (de Castañuela) , guaymatero (de Guaymate), nagüero,  sanjuanero.

Una terminación poco frecuente entre nosotros: -és/esa, que se usa para los naturales de Samaná: samanés. Por igual, el sufijo –ino solo lo conocemos en dos gentilicios dominicanos: sabanalamarino (Sabana de la Mar) y bocaíno (de Boca de Yuma).

Un gentilicio cuya terminación no aparece en la Gramática es banilejo.

 

ENTRE “RUYIDO” Y “RUYÍO” SIN PASAR POR  ROÍDO

El doctor Julio Hazim, profesional  de la medicina y experimentado comentarista de televisión, refería recientemente algo relativo al Gobierno y al Partido Revolucionario Moderno y  dijo algo como esto: “No mencionan  a Concepción porque es un ruyío”.

A esta columna no interesa el contenido político ni el valor noticioso de la expresión, sino la arista lexicográfica, enfocada en el vocablo /ruyío/, empleado  en ese contexto  como sustantivo  para describira una persona de deficiente economía y escaso desarrollo social.

Ruyío funciona como sustantivo (Eran todos unos ruyíos y ahora son millonarios) y también como adjetivo (Se casó con un hombre ruyío). En ese uso lingüístico  incide más de una desviación idiomática.  Todo inicia con la corruptela del verbo roer que el hablante de escasa escolaridad cambió a /ruyir/. De ahí expresiones como: El ratón ruye hasta la ropa.  Guardaba  su dinero en un cajón y los ratones se lo ruyeron.

El participio de ese verbo, de factura dominicana, ha de ser “ruyido”. Tenemos entonces la segunda corruptela: es muy propio del habla dominicana la supresión de la –d  en los participios (cansao, cansado; comío, comido; vestío, vestido). Ocurre incluso en sustantivos con esa terminación (candao, candado; deo, dedo, peo, pedo, metío, metido).

Ruyío o ruyido  se emplean en sustitución de roído, un adjetivo formado a partir del participio del verbo roer. Como participio, sirve para formar el pasado compuesto: Un bicho ha roído la sábana. Los conejos han roído la siembra. Como adjetivo, roído se aproxima semánticamente a  corto, despreciable.

El Diccionario académico reserva para roer el siguiente significado: dicho de un animal, cortar con los dientes u otros órganos bucales los alimentos. / Quitar poco a poco con los dientes a un hueso la carne que le quedó pegada. De este verbo tenemos el adjetivo roedor (que roe). También significa que  conmueve, punza o agita el ánimo.  Roedor es también  el nombre de una orden de mamíferos caracterizados por la acción de roer. Recordemos la conjugación del verbo roer. Presente del indicativo: yo  roo, roigo o royo, tú roes, él roe, nosotros roemos, roéis, ellos roen.

Ejemplo

  1. Yo roo (roigo o royo) lo que sea, dijo la rata.
  2. Tú roes y jodes, le dijo el hombre.
  3. La polilla también roe, contestó la rata.
  4. Algunos hombres roen más que nosotras.

El modo subjuntivo  llama la atención. Vea usted:Yo roa, roiga o roya, tú roas, roigas o roya, él  roa, roiga o roya.

Ejemplo: Quieren que yo roa, a ti no te piden que roas;  prefiero que Herrera roa.

El gerundio de roer es royendo. Ej. Las polillas están royendo todo. El  participio  es roído. Ej: Todo ha sido roído.

Note el parecido entre el gerundio de roer (royendo) y el de ruyir (ruyendo).

Es obvio que del verbo roer  es que algunos  hablantes  han sacado el verbo “ruyir”, cuyo participio viene siendo “ruyío” o “ruyido” ,y como  adjetivo  muy empleado –lo  expresamos antes- para referirse a la condición económica   de una persona, cuando ésta es lamentable. Lo que antes era un “descricajado”,  “descacarado” o un “jodío”.

El Diccionario del español dominicano ha incorporado este término escrito con –ll  en vez –y: Rullido. Adjetivo y sustantivo. Referido a persona, en mala situación económica o de salud. Rullir. Roer. El ratón le rulló sus mejores medias de vestir.

Me parece más aproximada a su origen la escritura con –y. Pero lo más importante es que esta corrupción del verbo roer ha dado origen a una familia de palabras propias del habla dominicana. Si los hablantes cultos, caso del doctor Hazim, lo llevan a la televisión, el vocablo refuerza su carta de presentación.

Temas idiomáticos

ECOS Y NARCISOS 

Nunca hubo una serie más larga de «Eñes» dedicada a un aspecto concreto. Hoy prometo concluirla. ¡Que no cunda el pánico! Con referencias mitológicas, el nombre del pánico, ese miedo intenso, que puede volverse contagioso y hacerse colectivo, tiene relación con el miedo que infundía el semidiós Pan por su naturaleza salvaje e irascible. Dicen que no soportaba que lo despertaran de su siesta; a mi modo de ver no le faltaba razón. Morfeo, dios griego del sueño, tampoco estaría de acuerdo; no en vano a dormir le llamamos «estar en los brazos de Morfeo». El nombre de este dios está en el origen del sustantivo morfina, poderoso narcótico y analgésico.

Para la guinda final he reservado dos de mis palabras preferidas. Los amores de los protagonistas destinaron sus nombres a convertirse en bellas palabras. Los celos llevaron a Hera, la diosa esposa de Zeus, a castigar a la bella ninfa Eco, que tenía el don de la palabra, con la pérdida de su elocuencia; Eco solo podía repetir las palabras de los demás. Como nuestro eco, que repite el sonido cuando sus ondas se encuentran con un obstáculo.

El padecer de Eco aumentó cuando se enamoró de Narciso, un pastor presuntuoso, quien, al saberlo, se burló de ella. Esta burla le costó a Narciso el castigo de enamorarse del reflejo que de sí mismo contemplaba en el río y el de dar nombre al narcisismo y a los narcisos, aquellos que se complacen excesivamente en su atractivo o en sus facultades, como si estuvieran enamorados de sí mismos. No me negarán la belleza y el sabor de estas narraciones tradicionales, que forman parte de una cultura ancestral y que hemos heredado con nuestra lengua, salpicada de hermosas palabras que las recuerdan.

 

ARIAS VERBALES

01/09/2020

Hoy nos vamos a meter en harina con el régimen preposicional de algunos verbos. Y ¿en qué consiste este régimen preposicional? Algunos verbos exigen que sus complementos se les unan mediante una preposición determinada. Para construir correctamente una frase con este verbo y su complemento debemos saber cuál es el régimen del verbo; es decir, cuál es la preposición que ese verbo exige. Existen verbos volubles, qual piuma al vento. Los hay que cambian de régimen preposicional según funcionen como pronominales o no. Los hay que tienen doble régimen. Pero metamos las manos en la masa. Vayamos a los ejemplos.

Empecemos por el verbo olvidar, que puede usarse como transitivo (Yo olvidé su regalo de aniversario) o como pronominal (Yo me olvidé de su regalo de aniversario). ¿Han notado el pequeño detalle? No me refiero al «olvido imperdonable», sino a la preposición. El verbo olvidar cambia de régimen sintáctico como de camisa. Cuando es transitivo no lleva preposición (olvidar algo); cuando es pronominal, sí (olvidarse de algo). Y no es el único, no crean. Si nos fijamos en el verbo lamentar, encontramos estructuras sintácticas paralelas. Si lo construimos como transitivo (lamentar algo), no necesitamos preposición (Lamento mi error); en cambio, si lo construimos como pronominal (lamentarse de algo) nos exige la preposición de (Me lamento de mi error).

Para seguir con el símil operístico, existen verbos volubles, qual piuma al vento. Mudan de régimen e di pensier. Hay algunos que funcionan con y sin preposición. Podemos informar a alguien algo (Te informo que no volverá a pasar) o de algo (Te informo de que no volverá a pasar). No sabemos si el duque de Mantua sabía de regímenes verbales, pero bien les podía haber dedicado su famosa aria.

 

DE LA PALABRA A LA ACCIÓN

08/09/2020

Me apasionan las palabras. Su capacidad para evocar y expresar mundos me interesa y me emociona a la vez. No concibo un mundo sin palabras, sin muchas palabras, que nos ayuden a percibirlo, a reconocerlo, a investigarlo, a expresarlo, a cambiarlo. Por eso me preocupan nuestras carencias de vocabulario, especialmente las de nuestros niños. Escribió hace unas semanas en Twitter el doctor Luis Rojas Marcos, psiquiatra, investigador y especialista en sanidad pública, que «las palabras son un alimento vital para el cerebro infantil, y cuantas más, mejor. Las criaturas que crecen entre adultos parlanchines y expresivos hablan y aprenden antes. Las historias en voz alta facilitan la comprensión de conceptos y emociones y estimulan su imaginación». Rodear a los niños de palabras los ayuda a interesarse por su entorno. De la mano de las palabras amplían su mirada, o la profundizan; a más palabras, mayor amplitud, mayor profundidad en la mirada.

De ahí que la lectura sea esencial para enriquecer nuestro acervo léxico. La lectura, a cualquier edad, nos abre el campo de visión; nos pone en contacto con realidades insospechadas, con palabras insospechadas. En nosotros está reconocerlas, averiguar sobre ellas y apropiárnoslas. Cuando nuestro vocabulario crece, cuando comprendemos mejor más palabras, facilitamos también nuestra lectura, puesto que disminuyen las voces desconocidas o dudosas que siempre entorpecen la comprensión fluida de lo que leemos.

El doctor Rojas Marcos nos recuerda que nuestra relación con las palabras empieza muy temprano y que tiene mucho que ver con nuestro entorno. Hablemos con nuestros niños correctamente, hablémosles mucho y bien; y escuchémoslos mucho y bien. Construyamos con ellos un mundo de palabras; ellos se encargarán de pasar de la palabra a la acción.

 

LUGARES EN EL DICCIONARIO

15/09/2020 

Los diccionarios registran información acerca de las palabras de una lengua (o de dos, si son bilingües). Entre los sustantivos, solo registran los comunes; los propios están proscritos. Sin embargo, créanme si les digo que han encontrado un pequeño resquicio por el que colarse en el diccionario. Las locuciones, esos grupos de palabras que funcionan como si se tratara de una sola, les han abierto una pequeña puerta. Un repaso de los que se incluyen en el Diccionario del español dominicano nos servirá para conocerlos.

Entre los topónimos no importa si el lugar es lejano o cercano. Cuando alguien presenta algo muy conocido como si fuera una novedad, decimos que ha descubierto América. Si obligamos a alguien a resolver o a enfrentarse con una situación difícil, se la ponemos en China. En cambio, si es algo fácil de entender o sobradamente conocido, decimos que lo saben hasta los chinos de Bonao. Si la persona a la que nos dirigimos está distraída, decimos que está en la luna de Belén o en la luna de Valencia.

Los nombres de lugar sirven en muchas locuciones para designar productos concretos relacionándolos con su lugar de procedencia (real o ficticio). Si de lo que se trata es de darnos un masaje o de aliviar algún que otro dolor, los antiguos nos recomendarán una friega con sebo de Flandes. Si de higiene infantil se trata, nada más delicado que el jabón de Castilla. Son muy frecuentes los topónimos en las lexías que designan especies de la flora: rosa de Bánica, rosa de Bayahíbe, ébano de Santo Domingo.

Primitivo Herrera, escritor dominicano

Por Segisfredo Infante

 

Un día de tantos me llamó por teléfono móvil el periodista Mario Hernán Ramírez, para preguntarme si acaso sabía algo de Primitivo Herrera. Al comienzo creí que era una broma, de aquellas que suelen gastarse los viejos amigos. Le contesté que al único primitivo que yo conocía en este mundo (y quizás en el otro) era al “Primitivo” Maradiaga, quien fue director técnico de la Selección de Fútbol de Honduras, y una persona humilde que me ha inspirado simpatía casi siempre. Sobre todo en el ya lejano momento en que la “Selección” de Honduras le ganó a la “Selección” de Brasil, creo que en el contexto de una “Copa América”. Incluso en aquel momento, a pesar que soy un hombre demasiado distante de la enajenación futbolera (el verdadero “opio del pueblo”), le dediqué un artículo de agradecimiento al “Primitivo” Maradiaga.

Mario Hernán, con su voz estentórea, me aclaró que estaba hablando en serio, y que Primitivo Herrera había sido un escritor dominicano que se había establecido en Honduras “tal vez por la década del veinte”, y que además le había dedicado algún texto a nuestro gran poeta lírico Juan Ramón Molina. Como Mario Hernán Ramírez es el presidente vitalicio del “Grupo Moliniano” (que ahora se llama “Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina”), me encomendó la tarea de preguntarle al filósofo (y filólogo) dominicano, don Bruno Rosario Candelier, algunos datos importantes relacionados con Primitivo Herrera. La tarea la he asumido porque el año pasado me nombraron con el título de “embajador cultural” del Grupo Moliniano. Nombramiento y juramentación que acepté sin bosticar palabra, en profundo silencio y con mucha  humildad, habida cuenta de la consideración tardía que, durante casi toda mi vida, le he dedicado artículos, menciones, ensayos y homenajes al poeta Molina, desde 1980-1981, en que comencé a publicar unos artículos juveniles –a veces flojos e inmaduros–, en el periódico “El Cronista” de Tegucigalpa. Del mismo modo en que lo he venido haciendo con otros escritores nacionales y regionales, tales como José Cecilio del Valle, Froylán Turcios, Rubén Darío, Paulino Valladares, Heliodoro Valle, Medardo Mejía, “Rafaelita” Contreras, Alfonso Guillén Zelaya, Edilberto Cardona Bulnes, Ramón Oquelí, Litza Quintana y Oscar Acosta, a quienes les he entregado la mayor parte de mi vida de escritor, en lo relacionado con cuestiones nacionales. Especialmente a José Cecilio Díaz del Valle, cuya obra he estudiado casi completamente, publicando, además, dos ediciones de la Antología de José del Valle preparada, durante diez años, por Ramón Oquelí Garay. Y otros textos vallistas adicionales: uno de Pérez Cadalso. Otro de Oscar Soriano. Etc. Etc.

Pues bien. El Dr. Bruno Rosario Candelier, un hombre desprendido como el que más, me envió un “audio” por teléfono de cinco minutos con cuarenta segundos, relatándome detalles claves de la vida del escritor y diplomático Primitivo Herrera, quien nació en Santo Domingo en 1888 y falleció en San Salvador en 1953. Por sus fechas cronológicas podría clasificarse dentro del grupo de poetas “romántico-modernistas” de finales del siglo diecinueve y primeras tres décadas del veinte. Como diplomático hizo carrera desde Puerto Rico, sin especificar el año. En Honduras en 1932. En Guatemala, también, en 1932. En Nicaragua en 1933. Y en El Salvador en 1934.

A cada uno de los países anteriores les dedicó sendos poemarios, todos con el mismo adjetivo: “Puerto Rico Lírico”; “Honduras Lírica”; “Guatemala Lírica”; “Nicaragua Lírica” y “El Salvador Lírico”. Es posible que en el poemario dedicado a Honduras se encuentre algún texto para Juan Ramón Molina, libro difícil de conseguir en estos tiempos, motivo por el cual mi tarea es comparativamente complicada. A menos que el poeta José González lo tenga en su biblioteca privada en la ciudad de La Paz, en consideración que él redactó una reseña sucinta sobre el poeta dominicano, con fotografía incluida, y una dedicatoria manuscrita para el poeta hondureño Luis Andrés Zúñiga, fechada el 16 de mayo de 1932, dato que coincide con el ofrecido por don Bruno Rosario Candelier, quien es actual director de la Academia Dominicana de la Lengua, presidente del Ateneo Insular, líder del Movimiento de Escritores Interioristas, autor de varios libros de filosofía, crítica literaria, novela y ensayo. Don Bruno, en realidad, es un auténtico pensador y amigo personal mío.

Volviendo al tema originario. Primitivo Herrera pertenece al subgrupo de diplomáticos que al pasar por nuestro país dejaron algo de su obra intelectual. Sin perder de vista que su primer libro se tituló “Barca de ensueño” (edición de 1916), al instalarse en Tegucigalpa publicó el texto ya mencionado “Honduras Lírica”. Lo mismo hizo el diplomático e investigador español Luis Mariñas Otero, quien escribió dos libros dedicados a Honduras. También el ensayista, poeta y embajador español Miguel Albero, le dedicó un libro de versos personalísimos al terruño catracho.

(Tegucigalpa, MDC, 20 de septiembre del año 2020. Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 27 de septiembre del 2020, p. 7).

Nota de BRC: Consigno aquí que nuestro valioso académico de la lengua, el escritor dominicano Miguel Collado, bibliógrafo, crítico literario y consultor bibliográfico de la Academia Dominicana de la Lengua, registra el aporte bibliográfico de Primitivo Herrera, a quien consulté antes de enviarle el video del que alude el distinguido autor hondureño, el erudito, pensador, poeta y académico correspondiente de la ADL, don Segisfredo Infante.

 

Socialista de Dios

Por Jorge Juan Fernández Sangrador

 

“Socialista di Dio” es el título de un libro publicado, en 1981, por el periodista Sergio Zavoli, figura notabilísima de la comunicación en Italia. Fue presidente de la RAI, director de diversos y muy populares programas radiofónicos y televisivos, y realizador de entrevistas extraordinariamente interesantes, que fueron retransmitidas en distintos medios y después agrupadas y editadas bajo diferentes títulos. Falleció a principios de agosto en Roma. Tenía 96 años. Lo han enterrado en Rímini, a tan sólo unos pasos de donde descansa su gran amigo Federico Fellini, director de cine.

“Socialista di Dio” fue su primer libro, vencedor del Premio Bancarella, con el que anteriormente habían sido galardonados Hemingway, Guareschi, Pasternak o Fallaci. Al ganador se le entrega una figura de cerámica que representa a san Juan de Dios, español y celestial protector de los libreros.

En el ejemplar que poseo, adquirido en un negocio de venta de libros usados, aparece la firma del autor y la dedicatoria a un amigo suyo. Se ve que ha ido de mano en mano. «Habent sua fata libelli». Y lo de “socialista” y “Dios”, dos vocablos que son presentados por lo general como inconciliables entre sí, con los que un crítico definió a Zavoli, han sido asumidos por éste como «una clave de lectura del libro y de quien lo ha escrito».

En sus 335 páginas, el autor fue vertiendo, párrafo a párrafo, las reflexiones y emociones que los episodios de su propia vida o la de los demás iban suscitando en su abierta personalidad, sensible y altruista, cultivada con sugestivas lecturas de todo tipo, que lo han surtido del bagaje intelectual y literario que se precisa para saber identificar, enjuiciar y expresar lo que está pasando en el interior y en el entorno de los protagonistas del acontecer diario.

Memoria, pasado, futuro, neurociencia, tecnología, ríos, niebla, norte, sur, campo, ciudad, pobreza, espacio sideral, ecología, juventud, violencia, sexo, amor, historia, política, reformismo, evangelio, infinito, Dios, … son realidades pensadas, contrastadas y bella y precisamente dichas por Zavoli. Al pasear por los proporcionados, en cuanto a la extensión, capítulos del libro, el lector siente que se está satisfaciendo dentro de sí un deseo: el de que alguien, que sepa, le muestre cómo ha de mirar, para ver, en su altura, anchura y profundidad, lo que tiene delante. Y es que el discurso de un buen narrador funge siempre de colirio clarificador en la legañosa conjuntivitis que nos aqueja e impide vislumbrar en su diafanidad la verdad de los corazones y de las cosas.

Del periodista, al igual que del maestro y del sacerdote, se espera que sea un zahorí, que rastree y desvele las ocultas corrientes vitales que fluyen bajo la superficialidad y la opacidad de las apariencias. En un famoso micro relato de Eduardo Galeano, un niño, Diego Kovadloff, al que su padre llevó un día al sur, para que viera el mar, extasiado el chiquillo ante la azur hermosura del océano, exclamó, dirigiéndose al padre: «¡Ayúdame a mirar!». Así también al periodista.

Sergio Zavoli publicó, además, varios libros de temática religiosa. Citaré sólo cuatro. Son entrevistas: al cardenal Giacomo Biffi (“Le vere dimensioni dell’universo”), al teólogo Piero Coda (“Se Dio c´è”) y a varias personalidades a las que invitó a participar en un programa que él conducía en la televisión con el título “Credere, non credere”. De ahí el genitivo «di Dio». Al español ha sido traducido solamente, que yo sepa, el libro “Viaggio intorno all’uomo” (Viaje en torno al hombre). Es de entrevistas también. Fabulosos los cuatro.

María Zambrano decía que «el alumno comienza a serlo cuando se le revela la pregunta agazapada dentro, la pregunta que, al ser formulada, es el inicio del despertar de la madurez, la expresión misma de la libertad. No tener maestro es no tener a quién preguntar y, más hondamente todavía, no tener ante quién preguntarse».

Del periodista, al igual que del profesor y del sacerdote, se espera que domine el arte de la geomancia existencial humana y que sepa cómo hacer que el flujo de vida que discurre soterrado, incontenible potencial de energía, desarrollo y fecundidad, emerja pujante, valiéndose de esa suerte de cangilones que son, en la noria de las entrevistas, las preguntas, que Sergio Zavoli realizó con tal maestría que podría decirse que resultan, en ocasiones, más interesantes incluso que las respuestas. Y, si de un periodista esperamos que nos ayude a mirar, esperamos igualmente, y con enormes ansias, pues deseamos poner, en la medida en la que se pueda, cierto orden en nuestro anaquel de cuestiones metafísicas, que nos enseñe a preguntar.

La Nueva España, 6 de septiembre de 2020, p. 24.

 

La obra lexicográfica de Roberto Guzmán

La obra lexicográfica de Roberto Guzmán

EN SUS PUBLICACIONES DE PALABRA EN PALABRA

 

Por Miguelina Medina 

 

Inicio esta reseña con una transcripción de uno de los temas tratados por el autor en esta obra, y que funja como ilustración de lo que será la presentación de la misma, realizada por Fabio Guzmán Ariza:

«DESORDEN – TRASTORNO»  

  1. C., un médico de origen cubano libanés en el Centro de Investigación de Desórdenes del sueño, en Miami.    

   Hace ya un tiempo que los hablantes y escribientes del español están causando un desorden en el seno del español. El desorden lo provoca el mal uso que hacen de esa palabra, en lugar de la otra que aparece en el título. Todo nace de que en inglés la voz disorder se utiliza en asunto de la salud. La voz guarda o tiene algún parecido en su pronunciación con el vocablo desorden del español. En inglés un disorder de la salud es una condición anormal física o mental.  Lo que en inglés es un disorder, en español es un “desarreglo, un trastorno”. Es una anormalidad funcional. Es un estado patológico físico o psíquico. El Diccionario de términos médicos inglés-español, español-inglés de Ruiz Torres, 1986, tiene ese concepto. Tiene ese diccionario ejemplos para ilustrar el uso, tales como “desarreglo afectivo, trastorno del carácter, desarreglo de la conducta, trastorno de la personalidad”. 

   El Diccionario médico español-inglés, inglés-español de Herrera y Grabb (1996) no está tan claro en cuanto a este concepto. Menciona a desarreglo y trastorno como equivalentes, pero el primero que ofrece es desorden. En este punto no fue acertado.  En español el desorden es la confusión y alteración del orden. Se dice y escribe acerca de alguien que tiene “las facultades mentales alteradas”, no desordenadas. En materia de orden y disciplina, el desorden es una perturbación en un grupo, en una reunión o en una comunidad de personas. Es un disturbio que altera la tranquilidad pública. Por último, es un exceso o abuso. En cuanto a trastorno, es una “alteración leve de la salud”. Se habla de trastorno mental. Un trastorno de salud es un síntoma de enfermedades. Cuando una persona sufre un trastorno se le altera la normalidad de la vida. En el aspecto de la salud, si sufre un trastorno se le altera el estado físico o mental. En la lengua común, el desorden es una confusión, un desconcierto, una falta de orden. Hay desarreglo, que fue una de las equivalencias sugeridas por Ruiz Torres, citado antes, cuando se produce una irregularidad en el género de vida.  

 

Historia de la conformación de esta obra

Al hacer la reseña de esta obra es necesario advertir algunos detalles de su historia, pues tiene una historia que contar previo a su conformación como tal. Fabio Guzmán Ariza, en su presentación, cuenta que Roberto Guzmán «está casado con Carol Guzmán, doctora en Antropología» y que «fue precisamente su esposa Carol quien lo persuadió a escribir […], razonándole que le serviría de terapia para la irritación que le causaba el spanglish de los periódicos miamenses. Así comenzó a escribir unos “Comentarios sabatinos” para distribuir entre amigos y conocidos, que al poco tiempo se convirtieron en la columna “De palabra en palabra” publicada semanalmente, primero en los periódicos digitales Los Nuevos Tiempos Digital y Clave Digital, y, hoy día, en el diario digital Acento.com.do». Fabio Guzmán expone que «a esta fecha, Roberto Guzmán lleva nueve años entregando al mundo hispanohablante perlas lingüísticas como las que adornan esta antología, sábado tras sábado, con una regularidad pasmosa y envidiable». Y añade, don Fabio Guzmán, que «es inimaginable una mayor prueba de amor a nuestro idioma» (p. x).

 

De palabra en palabra, antología

    Guzmán Ariza ha expresado que «De palabra en palabra no es una simple recopilación de escritos publicados a lo largo de años que se quiere hacer pasar por una obra». Explica que «hay varios hilos conductores que le dan unidad y coherencia a los artículos que la componen, atándolos en tres temas centrales y recurrentes» (p. x). Leamos la explicación de Fabio Guzmán respecto a estos “hilos conductores” a los que se refiere:

  1. «De palabra en palabraadopta para sí este aforismo¹ del estadounidense Mark Twain en 1888: “La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta es verdaderamente enorme; como el que separa el rayo de la luciérnaga”». Asumido como «tema central» Fabio Guzmán explica que «el autor lo adopta “señalando en artículo tras artículo la necesidad de que el escritor escoja las palabras con milimétrica precisión”».
  2. «El autor desarrolla en su libro el tema: el idioma español tiene un léxico riquísimo que la mayoría de los escritores no aprovechapor sufrir […] de haraganería mental o escasez de conocimientos. El escritor promedio recurre poco a los diccionarios, actuando como si se los hubiesen escondido».
  3. «La penetración del inglés en el español, la que se extiende, a su decir, “como la mala hierba”».

 

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¹ Aforismo: “Máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte”, DLE.

 

Carácter de la obra

Al inicio de la reseña coloqué un artículo que representa el carácter de esta obra, surgida, como ya hemos visto, de la necesidad de orientar y corregir el mal uso del idioma español. Por consiguiente, cuando leemos los temas que desarrolla el autor — explicados por Fabio Guzmán Ariza—, vemos que destacan expresiones disciplinarias y enérgicas. El autor como estudioso de nuestro idioma, en sus investigaciones permanentes, ha encontrado que muchos hablantes usan mal el idioma y propagan este mal uso. El autor llama la atención con amor pero también con fuertes dictámenes. En el primer artículo citado en esta reseña, “DESORDEN – TRASTORNO” (pp. 116, 117), pudimos notar la confrontación de términos mediante las consultas minuciosas a diferentes diccionarios, por parte del autor, y expuestos con sus argumentos correctivos.

Sobre los anglicismos y extranjerismos

Fabio Guzmán puntualiza que «en la obra se adopta la posición de no rechazar de plano todos los anglicismos o extranjerismos, que como sabemos han nutrido al español desde sus comienzos, pero sí la de rechazar los préstamos innecesarios y las contaminaciones sintácticas que fácilmente podrían evitarse con solo buscar la palabra, frase o giro idóneo en español» (p. xi).

«Para entender bien el porqué De palabra en palabra»

Guzmán Ariza expone, además, que «para entender bien el porqué de De palabra en palabra hay que conocer quién es su autor». Y destaca que «Roberto Guzmán es políglota: habla español, inglés, francés, portugués y criollo haitiano; y lee el italiano». Dice que «desde muy joven sintió pasión por las lenguas, especialmente por la suya». Expone que «el autor estudió Lenguas Extranjeras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en las universidades de París y Burdeos». «Desde 1988 vive en Miami Beach, Estados Unidos, donde trabaja de intérprete y traductor para cinco idiomas», puntualizó (pp. ix, x).

Método de estudio utilizado por el autor en esta obra

Fabio Guzmán explica que «el método que utiliza Roberto Guzmán en De palabra en palabra consiste en colocar como tema al comienzo de cada artículo una palabra o frase, cuyo uso luego escribe y examina –con la ayuda de un impresionante repertorio de obras lexicográficas–, y finalmente valora con singular agudeza, humor y sentido común». Dice que «por lo general, cada palabra o frase viene seguida de una cita tomada de la prensa escrita en español de los Estados Unidos […]. La cita ilustra el uso o abuso de la palabra o frase que es objeto de análisis» (p. ix).

 Recomendaciones del autor a los traductores

Fabio Guzmán expone que «el autor recomienda a los traductores no ceder al primer impulso de colocar la palabra que primero le viene a la memoria, sino encontrar la que exprese mejor la idea de acuerdo con el genio de la lengua española, la cual, como se ha dicho, es muy rica».

Testimonio del autor

Durante los últimos doce años mis lecturas han sido solo acerca de las lenguas. Me encanta la lingüística. Me apasiona la lexicología. La lexicografía me llama. La semántica me entretiene. El dominio de las lenguas extranjeras me ha ayudado. Es cierto, leo diccionarios de la A a la Z. A veces leo el mismo más de una vez. Poseo más de 500 diccionarios. No me interesan los reconocimientos. Me basta con el deber cumplido².

Fabio Guzmán Ariza comparte en su presentación una nota especial sobre el autor que quizás está ahí porque, como ya sabemos, toda obra “cumple una función social” y “cada quien encuentra en ella” aunque no busque. “El escritor cuando escribe intuye, recibe ideas que fluyen en el aire buscando un pensamiento en donde posarse” (BRC)³. Cuando Fabio Guzmán escribe que el autor «por compromiso familiar estudió Derecho; por amor, Lenguas Extrajeras» (p. ix), está ayudando a muchos a comprender su propia historia. Quizás esas disciplinas fueron fruto de esos pasos que les estaban destinados para alcanzar esa “espiritualidad fecunda” de la que habla don Bruno Rosario Candelier, maestro del Interiorismo, que “forja la conciencia para asumir la propia vida y entender el sentido” que de otra forma no llegaría a comprender. Es para nutrir ese “pequeño universo” del que nos toca dar testimonio. Ilustro esta reflexión con un ejemplo: Tchaikovsky, el gran músico nacido en 1840, fue inducido a estudiar una carrera por compromiso familiar y luego estudió música su pasión: A los años de su plácida infancia se remontan los primeros estudios teóricos y las primeras experiencias musicales, entre ellas la ópera Don Giovanni de Mozart, que dejó una huella imborrable en el ánimo del muchacho. Desde entonces se dedicó siempre al estudio del arte, aunque, por deseo de su padre, se matriculó en la facultad de derecho de San Petersburgo y, conseguido el título de leyes, aceptó un puesto en el Ministerio de Justicia, en el que, sin embargo, no permaneció mucho tiempo: en 1863 renunció al empleo para poder asistir al curso de composición que Anton Rubinstein impartía en el Conservatorio de San Petersburgo. (https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/chaikovski.htm).

«Sencillo, erudito y genial»

Transcribo de igual forma el texto ilustrativo que cita Fabio Guzmán Ariza en su presentación. Expresa que «no todo en De palabra en palabra es censura y reprobación». Destaca que «hay también buen uso del idioma, admiración por lo ingenioso y lo nuestro». Dice: «Como muestra reproduzco parte del artículo sobre serpentinero, sinónimo de lanzador en la jerga beisbolera latinoamericana» (pp. xi, xii). Y puntualiza que este artículo «es a la vez sencillo, erudito y genial como son los demás artículos de la antología». Consigna que “la Fundación Guzmán Ariza, Pro Academia Dominicana de la Lengua se regocija de haber auspiciado su publicación»: Lo que se trata…es de desentrañar el origen de la palabra, es decir, dar con el motivo que impulsó a alguien  a utilizar el nombre. Las serpentinas son las “tiras de papel arrollada que en días de carnaval u otras fiestas y diversiones se arrojan unas personas a otras, teniéndolas sujetas por un extremo”. Hay que convenir por fuerza que la venerada asociación madrileña de la lengua con esta definición deshizo una serpentina de palabras para poder explicar el concepto. La idea que se encuentra en el origen del término en estudio es que el lanzador lo que lanza son envíos indescifrables, que serpentean, por aquello de que son curvas. La alegoría se comprenderá mejor si el vocablo aludiese a serpiente y no a serpentina o serpentín. Lo que es relativo a la serpiente es lo serpentino(a). Lo que se hace a modo de serpiente, se expresa mediante el adverbio serpentinamente. En poesía lo que serpentea es también serpentino.  El lanzador del béisbol muy probablemente lo que tira son envíos que serpentean, que se mueven formando vueltas y tornos como la serpiente. Hay que alegrarse de que el irrespeto a la lengua le añada más sabor al deporte mencionado. 

En el tema: «HACIA-CON», el autor expresa que «si una persona permanece hermética, es decir, cerrada, no lo hace hacía como escribió el redactor (…que se mantuvo hermético HACIA la prensa durante el proceso judicial…), sino con, porque lo que se destaca es que la persona así mencionada no se abre, no se comunica con los periodistas». Puntualiza que «cuando a una persona se le aplica este calificativo, se le señala por ser muy reservado; si en cambio se usa para objetos o sistemas, entonces es “impenetrable”, que no permite ni la entrada de gas». Explica que «una persona puede ser reservada en su trato con otras o en la comunicación con ellas. Si se escoge demostrar reservas frente a algún grupo de personas, como en el caso de los periodistas, en el caso del texto de la prensa, entonces se muestra reservado frente a la prensa». Y añade: “Todo el inconveniente se resolvía usando con” (p. 183).

Vamos a recordar lo que señaló Fabio Guzmán Ariza como tema central de esta obra: «De palabra en palabra adopta para sí este aforismo: “La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta es verdaderamente enorme; como el que separa el rayo de la luciérnaga”» (ver pág. 2 de esta reseña).

Para terminar, transcribo otro “blanco” (p. xi), como también llamara Fabio Guzmán a estos temas motivadores de estos estudios de nuestro autor. Y es, precisamente, lo que él no desea que el lector haga al leer esta obra: caso omiso (p. 182). Él desea que el hablante y el escritor de la lengua española alcance el refinamiento en sus expresiones verbales, en la elaboración de sus conceptos y en el uso espontáneo de sus vocablos. Bueno, esta reseña, igualmente, podría ser evaluada por el autor, pero estamos en la mejor disposición de corregir nuestras faltas, correcciones que, habiendo entendido las tonalidades del disciplinado autor, y sus contextos, serán como escuchar una melodía de grandes maestros:

 

«HACER CASO OMISO * A – HACER CASO OMISO DE» 

Haciendo caso omiso a las presiones y protestas de los sindicatos de maestros y empleados… Lo que se copió en la oración anterior se tomó de la primera página, del principal artículo del día. Era la primera línea de la página. Se imagina uno que la idea que se hacen los lectores de un periódico así debe ser muy pobre, por lo menos en lo que concierne a la corrección de la lengua. Es una pena que haya aún quien no sepa que la forma correcta de usar la expresión “hacer caso omiso” es con la preposición “de”. No debe confundirse con el simple hacer caso, que puede ir en compañía de las dos preposiciones del título. Para que no se olvide el contenido de la expresión, esta significa “no hacer caso”. Con el verbo hacer y con caso existen otros giros que son muy expresivos de la lengua diaria. Hacer caso (a, de) es prestar atención o mostrar consideración. “Hacer al caso”, menos frecuente que la anterior, es tener la cosa de que se trata relación con lo que se está tratando o interés para ello.

Muchas gracias, señor Roberto Guzmán, por su hermosa labor a favor de la lengua española, de las demás lenguas que conoce y de sus hablantes.

Roberto Guzmán, De palabra en palabra, Santo Domingo,  Fundación Guzmán Ariza pro Academia de la Lengua, 2011. Roberto Guzmán es miembro correspondiente de la ADL.

_______________

² Bruno Rosario Candelier, El genio de la lengua, Santo Domingo, ADL, 2016, p. 402.

³ (BRC): Bruno Rosario Candelier.

Nota: En la actualidad el autor continúa con sus publicaciones semanales. Puede leerse “CORSO FLORIDO”, artículo de Roberto Guzmán, de fecha 4 de agosto de 2020, en Acento.com (https://acento.com.do/opinion/corso-florido-8845376.html).

Rhina P. Espaillat: El olor de la memoria

Por Odalís Pérez

Un aspecto que sobresale como valor en El olor de la memoria de Rhina P. Espaillat es también la cuidadosa selección por parte de la autora, de los temas y modos de ficcionalizar la sustancia narrativa. La puesta en marcha de acciones concurrentes en el arte de contar, nos induce a entender el movimiento progresivo de los personajes y de la fábula misma, tal como se puede estimar en el desarrollo narrativo de La cena de despedida (pp. 87-97) y en Una fábula herbal (pp. 109-113).

La muerte por accidente de Víctor y Francisca remite a la comprensión de una psicología de la pareja y a una visión de la alteridad en la amistad; el registro equilibrado y dialógico entre (2+2) personajes, esto es, Mónica-David, Víctor-Francisca, produce el elemento armónico desde el punto de vista de la distribución actancial en el cuento, pero a la vez la paridad, la contradicción y la des-armonía que como justificación y motivación adquieren su valor desde el punto de vista de la estructura profunda. El accidente donde Víctor y Francisca pierden la vida y que se particulariza en la secuencia final del cuento, conecta con la secuencia inicial final del mismo, creándose de esta suerte un eje sintáctico-semántico de continuidad.

El tipo de redacción y de interlocución utilizado en casi todos los cuentos, de este libro conserva la variedad como pronunciamiento narrativo del mismo, siendo así que el nivel estilístico y formal se sostiene en las líneas de un modelo asimilado a una visión realista y poética motivada como campo de búsqueda y expresión psicológica del personaje y la autora. Pero la variedad de la dicción que es necesariamente la “decibilidad” propia de estos textos narrativos, progresa en los diversos niveles de articulación expresivo-verbal, unificados en los ejes de superficie y profundidad de los siete núcleos conformadores del libro. El dinamismo articulador de la estructura narrativa permite que la concentración de significado progrese como principio organizador del contenido, la trama y los motivos particularizados de cada cuento.

El arte de narrar de Rhina P. Espaillat acentúa de manera específica los siguientes puntos de construcción que definen el conjunto narrativo del libro:

  • Relación entre personaje y mundo narrativo
  • Oposición entre espacio y tiempo de desarrollo
  • Ritmo lento y dinámico establecido por la unidad o la ruptura en el nivel de la superficie narrativa
  • Concentración definida de la línea argumental de relato
  • Enlace entre el modelo poético y el modelo narrativo en el contexto de lo real-imaginario
  • Unidad significante entre personaje, trama y determinación narrativa
  • Diálogo entre miradas e intencionalidades en la relación de los personajes
  • Puesta en crisis del personaje en el universo de elección o selección
  • Particularidad de la escritura narrativa

Estos puntos de constitución reafirman el nivel dialógico, accional y relacional del plano composicional, apoyado por los núcleos temáticos, expresivos y específicos de cada cuento.

Cuando hablamos del elemento dialógico y predicativo de estos textos, debemos tener en cuenta la fábula, la fluencia y la memoria como centros que producen el modo de contar y el modo de significar en este libro. Lo que es la fábula entendida como generante narrativo, aspira a constituirse en fuerza poética, mensaje y universo, tal como se puede leer, interpretar y comprender en el último cuento de este libro, titulado Una fábula herbal (pp. 109-113).

La humanización de la naturaleza y el diálogo sustentado por el lirio y la margarita, pero además, por los elementos del espacio vegetal, activan la contradicción que se sitúa como una crítica a la naturaleza, al medio ambiente y sus entidades conformantes. La autora proyecta en este cuento alegórico y metafórico, las formas de un espíritu que busca lo humano en la línea de una reserva socioética y socioimaginaria del mundo natural.

Los niveles manifestantes de la fábula registran, sin embargo, una tensión caracterizadora de lo que podría ser el equilibrio natural y constitutivo de una estética de los elementos:

“Esa es precisamente la actitud que deseaba descubrir en usted –dijo el lirio- y francamente, la esperaba: es evidente que usted tiene mucho potencial y sólo le falta un poco de orientación para realizarlo. ¿No se le ha ocurrido nunca alterar su forma obsesiva?”

“Pero es que me gusta la simetría radial-contestó la Margarita. Es atractiva a la vista, y me recuerda las cosas que más me placen: el sol, por ejemplo, y la luna.” (op. cit., p. 110).

Importante sería reconocer, de manera específica, todo el orden secuencial en el entendido de una red asimilada a una crítica del orden natural y a una perspectiva neonaturalista asociada a la lectura de un orden holístico y estético del mundo natural. (Véase, pp. 110-112; 112-113). Lo dialógico allí es la mirada constituida por niveles de reconocimiento y actitud. Expresiones como “me gusta la simetría radial”, “se permitió (el lirio) una sonrisa tolerante”, “algún color dramático”, “ese follaje entra y sale, entra y sale”, “había crecido (la margarita) humilde, pero decentemente”, “la música visual”, “diseños que nos prometen armonía”, “había comenzado a concentrar su voluntad”, “producir pétalos sexualmente agresivos”, “cierto aire de violencia y una pizca de pasión religiosa”, “centro amarillo”, “le llegó un gemido desde un montón de abono”, “nada, todo, la vida”, “la metafísica más allá de la angustia individual…” “¿transformarme?…”, ayudan a construir un registro poético-ecológico y estético-ambiental entendido en su extensión e intencionalidad concurrentes e incurrentes.

Rhina P. Espaillat es una educadora, poeta, narradora y traductora dominicana con una larga trayectoria en los Estados Unidos de América, donde vive y reside desde 1939. Conocida por sus actividades literarias y obras poéticas publicadas, la escritora ha sido merecedora también de varios premios y reconocimientos en el ámbito norteamericano. Nuestra autora se ha mantenido ligada también a cierta línea de creación literaria representativa de una búsqueda marcada por la memoria ontológica, tanto en la prosa como a través del verso.

Su obra poética y narrativa merece nuestra atención, por cuanto la misma se ha constituido como espacio lírico y crítico, pero además, como campo y prueba de una literariedad femenina concurrente en una poética de la necesidad y la alteridad. Rhina P. Espaillat entra con El olor de la memoria no solo a la familia de Cedibil, sino también a una familia más larga: a la literatura dominicana de nuestros días y a su comunidad de lectura y de lectores.