Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

LICENCIAR, DOCTORAR Y BACHILLERAR

Son tres verbos relacionados con el mundo académico, pero quizá poco empleados porque comúnmente recurrimos a construcciones perifrásticas equivalentes al valor semántico de estos vocablos: cursé una licenciatura en Letras; estoy haciendo un doctorado en Matemática; terminé mi bachillerato en la escuela Juan XXIII, Higüey.

Los tres son verbos regulares de la primera conjugación, todos son transitivos (la acción se ejerce sobre algo o alguien) y a la vez pronominales, lo que en la escuela de antes se decía reflexivo (la acción recae sobre quien habla). Fui licenciado, me licencié; Fue doctorado en…, se doctoró en…; Lo bachilleró el colegio… se bachilleró…

Licenciar. Se conjuga como anunciar (licencio, licencias, licencié…) En su condición de transitivo significa “Dar permiso o licencia”. La segunda acepción se refiere a “Conferir el grado de licenciado”, y es transitivo, es decir que es una institución académica que te inviste de licenciado. En la sexta acepción el Diccionario académico agrega las iniciales  “prnl.”, que significan: pronominal. Las antepone a la definición “Recibir el grado de licenciado”.

El infinitivo pronominal adquiere la terminación –se: investirse, bañarse, acostarse, licenciarse, doctorarse, bachillerarse.

El participio de licenciar es licenciado, que tiene significados fuera de lo académico: 1. adj. Dicho de una persona: Que se precia de entendida. 2. adj. Que ha sido declarado libre.3. m. y f. Persona que ha obtenido una licenciatura. Se ha licenciado en derecho.

Parecido a licenciado es el adjetivo “licencioso, sa”, el cual se aplica a persona muy libre, atrevida o disoluta. Desde luego, hay licenciados muy licenciosos.

Doctorar. Este verbo es más estricto en su contenido semántico que los otros dos: “1. tr. Graduar de doctor a alguien en una universidad”. También se usa en tauromaquia. Como es pronominal, se podrá decir entonces: Me doctoré en la Universidad de París, en lugar de “Hice un doctorado…”.

Doctor o doctora es alguien que ha recibido el más alto grado académico universitario, esa persona ha sido doctorado o doctorada. En la forma pronominal: Me doctoro, te doctoras, se doctora.

Bachillerar. No es verbo de uso frecuente entre nosotros, pero aquí está, disponible para quien lo necesite. Solemos decir: hizo el bachillerato, cursé el bachillerato, cuando terminé el bachillerato…Pero no se nos ocurre expresar: Se bachilleró en el liceo Padre Daniel; Antes de bachillerarme…; Me bachilleré en el liceo Amelia Ricart…

Bachillerar se define: “Dar el grado de bachiller a alguien. 2. prnl. Tomar el grado de bachiller”. El participio es bachillerado: Nos hemos bachillerado en la misma promoción. Quien no se haya bachillerado no puede ingresar a la UASD.

Para gusto de las feministas el vocablo bachiller tiene su forma femenina bachillera. Ella es bachillera. Para no exagerar, se recomienda usa la forma bachiller para referirse al grado, como se indica en la definición de bachillerar.

Otras curiosidades relacionadas con este término es que deriva del francés “bachelier”, y este del latín medieval “baccalarius”.

La persona que ha cursado o está cursando los estudios de enseñanza secundaria está en bachillerato y no en el “bachiller”, como suelen expresar los estudiantes de ahora, incluidos los universitarios.

El vocablo bachillerato es el indicado para nombrar los estudios de enseñanza secundaria. Tiene afinidad con la palabra bachilleramiento, que es la acción y efecto de bachillerar o bachillerarse.

(Publicado en El Nacional, domingo 14-4-19)

 

¿DEBE MARCARSE EL ACENTO A LOS ACRÓNIMOS?

 El joven periodista Neulyn González, recién iniciado, muestra un interés por los asuntos del lenguaje que no es común en otros profesionales de este tiempo, aun entre los que se dedican o quieren dedicarse a una actividad –la comunicación- cuyo instrumento de trabajo es el idioma.

El acucioso redactor del diario Hoy ha preguntado a esta columna si a los acrónimos se les marca o no el acento. El tema resulta muy pertinente. Acrónimo es un vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras, constituido por el principio de la primera y el final de la última. Ejemplo: motel (motor + hotel); Inespre (Instituto de Estabilización de Precios).

También se forma a partir de siglas, con las que se origina un vocablo que puede pronunciarse como una palabra: sida (síndrome de inmuno deficiencia adquirida).Similar caso es el vocablo Unesco, de la sigla en inglés de Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Tanto “sida” como “Inespre” y “Unesco” son voces llanas terminadas en vocal y de acuerdo a las reglas de nuestro idioma no llevan tilde.

La nomenclatura gremial, caso dominicano, ofrece diversidad de ejemplos de palabras formadas por la fusión de los componentes de un nombre pluriverbal: Sitracode, Sitramiches, Conatra (Confederación Nacional de Organizaciones del Transporte) Fenatrano (Federación Nacional de Transporte Nueva Opción), Asodemu. Todos estos acrónimos han originado una palabra llana terminada en vocal, a la que no le marca el acento. Tampoco se tilda Faprouasd, por ser una voz aguda terminada en la consonante “d”.

Diferente ha de pasar con los acrónimos que terminen en vocal acentuada: Amaprosán (Asociación de Mayoristas de Provisiones de Santiago), Astrapú (Asociación de Transporte Público), Unachosín (Unión Nacional de Choferes Sindicalizados Independientes). Se acentúan como agudas terminadas en –n y en vocal.

De acuerdo a su terminación, y el tono en que se pronuncian, requieren la marca gráfica del acento los acrónimos: bonogás, Tropigás y todos los formados con el vocablo gas al final. Por igual los acrónimos de Industrias Banilejas: Indubán, y de Central Nacional Movimiento Choferil del Transporte, Mochotrán.

 

Ortografía

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial de la Rae y las demás academias de la lengua, señala al respecto lo siguiente:

“En los acrónimos, el acento prosódico suele recaer en la sílaba que cumple con el patrón mayoritario en español para palabras con esa misma configuración…; no obstante, en aquellos que se han incorporado desde otra lengua puede influir también la acentuación etimológica, como se ve en láser, voz llana conforme a su pronunciación en inglés, a pesar de que la mayoría de las palabras españolas terminadas en –er son agudas”. (pág. 581).

Del inglés hemos recibido también los acrónimos: cedé (CD, disco compacto), cederrón (CD-ROM, disco para lectura), devedé (DVD, disco con imagen), emepetrés (MP3), elepé (LP, disco de larga duración).

Por pura gramática española llevan tilde los acrónimos: oenegé (ONG, organización no gubernamental), Indocafé (Instituto Dominicano del Café).

Por el contrario, el acrónimo radar (Del inglés radio detecting and ranging, detección y localización por radio) no precisa marca de acento porque en español es palabra aguda terminada en consonante diferente de –n y de –r.

La sigla de Organización del Tratado del Atlántico Norte se acomoda al patrón silábico del español y se pronuncia como una palabra: OTAN, unos la pronuncian Otan (como llana) y otros Otán (como aguda). Los acrónimos escritos en mayúsculas no requieren tilde.

Los acrónimos lexicalizados (funcionan como una palabra) sí llevan tilde, conforme a las reglas del español. Para más información, consulte a Fundéu (Fundación del Español Urgente).

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

SOLO O ACOMPAÑADO

02 / 04 / 2019

La semana pasada nos propusimos un repaso por algunas «novedades» ortográficas y esta semana nos toca otra supresión de tilde.

Aunque casi todos se quejan, y mucho, de las reglas ortográficas y abogan por suprimirlas (¿?), no hay nada que cueste más esfuerzo cambiar.

Para que nos hagamos una idea, la eliminación de la tilde diacrítica del adverbio solo todavía sigue despertando suspicacias y levantando ampollas. Hay quienes, incluso, han adoptado esta tilde como pendón con cierto regusto a trinchera.

¿Por qué se elimina la tilde del adverbio solo? En primer lugar porque la palabra solo es una palabra llana terminada en vocal que no lleva tilde según las reglas generales en nuestra lengua. Las reglas anteriores, a pesar de esto, imponían el uso de la tilde diacrítica para diferenciar el adverbio solo del adjetivo solo cuando existían dificultades para su interpretación: Los domingos va sólo al cine (‘va solamente al cine’)/ Los domingos va solo al cine (‘sin compañía’).

La actual Ortografía propone aplicar con coherencia las reglas de la tilde diacrítica, que está pensada para distinguir dos palabras idénticas que únicamente se diferencian por su condición de tónicas o átonas. ¿Por qué suprimir la tilde diacrítica en solo? Porque la palabra solo es siempre tónica, independientemente de su función.

Si nos encontramos con alguna ambigüedad, debemos recurrir al contexto; como, por otra parte, hacemos con muchos otros casos comparables. Por ejemplo, no recurrimos a la tilde para aclarar el sentido de bota en El jugador bota la pelota.

Esta novedad ortográfica simplifica la aplicación correcta de la tilde y la hace más coherente. Una excepción menos. Solo hay que pensarlo un poco, solo o acompañado, y empezar a aplicarlo.

 

MENOS TILDES

09 / 04 / 2019

Como hemos recordado en semanas anteriores, la más reciente Ortografía académica suprimió el uso de algunas tildes. Tradicionalmente los llamados pronombres demostrativos masculinos y femeninos (este/a, ese/a, aquel/lla) y sus plurales (estos/as, esos/as, aquellos/as) llevaban tilde diacrítica para diferenciarlos de las mismas formas en función de adjetivos demostrativos. Así escribíamos: Este libro me lo ha regalado ése. Aquél me lo ha regalado esa profesora. En estos ejemplos vemos cómo las formas pronominales ese y aquel llevaban tilde diacrítica y las formas adjetivas (este libro, esa profesora) no.

La razón que ha llevado a la Ortografía académica a proponer la supresión de estas tildes diacríticas es la misma que justificó la supresión de la tilde de solo en función adverbial. Y se trata de una razón bien sencilla: la tilde diacrítica no está concebida para distinguir adjetivos de pronombres o adverbios. Su función es la de distinguir palabras tónicas de átonas, y los demostrativos son siempre tónicos.

Los demostrativos, sean pronombres o adjetivos, son palabras llanas (este/a, ese/a, estos/as, esos/as, aquella/os/as) terminadas en vocal o en consonante –s o palabra aguda terminada en consonante –l (aquel) y, por lo tanto, acomodándose a las reglas generales de la tilde en nuestra lengua no deben llevar acento ortográfico. Como nunca lo han llevado algunas palabras con las que podemos compararlos. El pronombre otro/a (Busca a otra para que resuelva el problema) nunca ha llevado tilde para distinguirlo del adjetivo otro/a (Otra persona más llegó tarde a la reunión).

Las supresiones de tildes que hemos tratado en las últimas Eñes procuran dotar de coherencia a nuestro sistema ortográfico, eliminar excepciones y, en definitiva, facilitar en lo posible su aprendizaje y aplicación cotidiana. La trascendencia de la ortografía para la unidad de nuestra lengua lo merece.

 

DIPTONGOS Y TILDES

16 / 04 / 2019

Uno de los criterios ortográficos que han generado más controversia de la Ortografía académica de 2010 ha sido la supresión de la tilde de, por poner un par de ejemplos, guion o truhan. Este criterio no era nuevo; ya la Ortografía académica de 1999 lo estableció explícitamente. Para analizarlo con detenimiento debemos empezar por saber qué es un diptongo: una secuencia de dos vocales dentro de una misma sílaba (-ie- en cie-lo o -ua- en cuaba).

Las combinaciones de vocal abierta (/a/, /e/, /o/) con vocal cerrada átona (/i/, /u/) o de dos vocales cerradas distintas (/i/, /u/) daban su particular jíbriga. Resulta que, a lo largo y ancho de nuestra inmensa lengua, los hablantes vacilan a la hora de pronunciar estos diptongos; unos los pronuncian como diptongos (guion, truhan) y otros como hiato (gui-ón, tru-hán).

El cocorícamo ortográfico surge aquí. Si las pronunciamos como diptongos, son palabras monosílabas y, según la regla ortográfica general, no llevan tilde: guiontruhan. En cambio, si las pronunciamos como hiato, es decir, separamos las vocales en dos sílabas distintas, son palabras bisílabas y, según la regla ortográfica general, llevan tilde por ser palabras agudas terminadas en vocal: guióntruhán.

La Ortografía académica estableció que estas secuencias de vocales (/a/, /e/, /o/ + /i/, /u/; /i/, /u/ + (/a/, /e/, /o/; /i/ + /u/; /u/ + /i/) siempre se consideraban diptongos a efectos ortográficos, con independencia de que los hablantes concretos las pronunciaran en la misma sílaba o en sílaba distinta. La Ortografía de 1999 lo dejaba a la elección del hablante; la Ortografía vigente establece que esta regla debe aplicarse sin excepciones.

En la próxima Eñe les prometo un repaso por el pequeño grupo de palabras que se han visto afectadas por esta norma. Estar al día evitará que se nos vea el refajo ortográfico.

 

REFAJO ORTOGRÁFICO

23 / 04 / 2019

La Eñe de la semana pasada trataba de la convención ortográfica, ya obligatoria, de considerar como diptongos las secuencias de vocales ai, au, ia, ua, ei, eu, ie, ue, oi, ou, io, uo, iu, ui, siempre que en ellas la vocal cerrada (/i/, /u/) fuera átona. Parece un galimatías, pero no es tan fiero el león como lo pintan: a efectos ortográficos solo afecta a un pequeño grupo de palabras en las que la aplicación de la tilde cambia radicalmente según se consideren bisílabas o monosílabas. Vayamos a la práctica.

Las formas del pasado del verbo criar según la nueva convención ortográfica son monosílabas, puesto que las secuencias -ie- e -io– se consideran diptongos: crie, crio. Se escriben entonces sin tilde precisamente por ser monosílabas; el cambio está en que, hasta 2010, podíamos escribirlas con tilde como bisílabas agudas terminadas en vocal *crié*crió. En este caso están los sustantivos guion y truhan, de uso más común, a los que podemos añadir los más especializados ionpion y prion, y el desusado ruan.

Los pasados de algunos verbos nos traen más ejemplos. Empecemos por el pasado de fiar: El colmadero, que le fio durante semanas, se quejaba así: «Le fie y me quedó mal». Hay ejemplos también en los pasados de huir, freír y reír: Hui antes de que me descubrieran; Frei pastelitos para la picadera; Rio con cada uno de sus cuentos. Más ejemplos, los pasados de guiar, liar piar: Guie a los alumnos por las instalaciones y el profesor los guio a la biblioteca; Lie la ropa en un bulto; Se lio un reperpero en la puerta; Me dio un boche y no pie; La cigüita pio al amanecer.

Ya conocemos la norma, ahora solo nos falta tenerla presente y revisar nuestros escritos para que no se nos vea el refajo ortográfico.

 

Manuel Campos: el “cazador de gazapos” que llega a 101

Por Wanda Méndez

wanda.mendez@listindiario.com

 

Moderación, buen apetito y ejercitar el cerebro constantemente han sido la clave de la longevidad del ingeniero Manuel de Jesús Campos Navarro, quien tiene 101 años de edad.

Campos Navarro es un autodidacta de las matemáticas, y en su niñez prefería cambiar los juguetes que le regalaban por libros.  En su época de estudiante solía corregir al profesor de álgebra.

También ha tenido inclinación por la gramática.  “Soy un cazador de gazapos”, dice. Por eso, nunca le falta un lapicero rojo, con el que va marcando los errores que detecta.   Aprendió a elaborar crucigramas debajo de una mata de limoncillo que había en el patio de la casa donde se crió, desde antes de los 10 años, un hecho que recuerda con emoción.

 

Autodidacta
“Debajo de esa mata de limoncillo yo devoraba la literatura y la matemática, yo solo, aprendí logaritmo y regla de tres”, narra durante la entrevista realizada en su residencia, acompañado de su hija Claris y su nieta Carina.

Vio que con los crucigramas eran admirables las combinaciones que podía hacer.

“No hay otro idioma como el español, que se presentan tantas combinaciones y todavía creo que se puede seguir”,  enfatizó.

Así fue creciendo con esa habilidad, a tal punto que sus amistades lo definían como “la vigía del idioma” y ante cualquier inquietud sobre un tema siempre decían “pregúntenle al oráculo”, refiriéndose a Campos Navarro. Aunque a veces no recuerda algunas fechas y hechos, muestra una mente brillante cuando le toca hablar de sus inicios en el mundo de la matemática y su incursión en los crucigramas. También aprendió a hacer jeroglíficos, de lo cual afirma le genera una gran satisfacción.

Con 101 años, todavía le fascina leer periódicos y libros. En la actualidad está separando en sílabas un libro del escritor Bruno Rosario Candelier para hacer un crucigrama silábico.

Duró alrededor de 30 años haciendo los crucigramas del LISTÍN DIARIO, hasta hace poco más de un año, pero ese don se lo legó a su nieta Carina, quien ha continuado con su obra.  “En buenas manos está el pandero, y mi nieta lo sigue haciendo mejor que yo”, entiende.  De forma esporádica, suele hacer algún crucigrama.

Cuando el equipo de LISTÍN DIARIO llegó a su residencia, Campos Navarro ya estaba sentado en un mueble, preparado para la entrevista, pero de inmediato sus primeras palabras fue enviarle saludos a sus excompañeros de labores.  “Me saludan a Félix Lugo (el editor de diseño)”, expresó. Campos Navarro estuvo activo con los crucigramas hasta hace poco, pero tuvo que retirarse al estar aquejado de problemas de salud que ya ha ido superando.

Se describe como ordenado y sin vicios,  según contó, porque le ha huido al tabaco, y cuando tenía que ingerir algún trago lo hacía con moderación.

“Gozo de buena salud, no me duele nada, siempre tengo buen apetito”, comentó Campos Navarro.

Solo presenta dificultades para moverse solo, por lo que requiere la ayuda de un andador, además tiene deficiencias auditivas, por lo que es necesario hablarle bastante alto y cerca del oído.

Le gusta transmitir los conocimientos adquiridos y hacer el bien a los demás.

Se mantiene con buen ánimo, y comenta que hasta caminando va pensando en las cosas que puede hacer. “Siempre deseo ayudar a los demás. Me gusta que los demás progresen”, expresó.

 

Anécdotas

Narra que como a los 11 años su papá lo envió solo en un ferrocarril a comprar un giro bancario, desde una ciudad a otra, en Colombia, donde vivió con sus padres por tres meses.

Y recuerda que como no pudo hacer la gestión en un día, tuvo que dormir en una posada, y desde allí le mandó un telegrama a su papá diciéndole que iba al otro día.  Como era mucho dinero el que llevaba, dijo que lo guardó debajo de la almohada.

Cuenta también que como tenía la fama de ser una persona de estudios, en una ocasión sus amigos se combinaron para sacarlo de ese  ámbito, llevándolo a un cabaret, para darle una sorpresa.  Señaló que cuando llegaron al lugar los sorprendidos fueron sus amigos, porque las mujeres le fueron encima diciéndole, “pero Campito, hace tiempo que usted no venía por aquí”.

Congreso de la lengua y poesía

Por José Mármol

No pidió permiso. La poesía entró al corazón del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) de la mano del conocido cantautor español Joaquín Sabina.

Formó parte de la mesa que expondría sobre el tema “Poesía y diversidad cultural”, en el teatro San Martín de Córdoba, Argentina, luego de dos primeros días de un congreso estremecido por la calidad de sus protagonistas, desde Mario Vargas Llosa hasta Carmen Riera y Luis García Montero, pasando por una pléyade de estudiosos, académicos y artistas de la palabra de más de una veintena de países de Hispanoamérica, además de España y Estados Unidos, en cuya inauguración, en el recién remodelado Teatro del Libertador General San Martín, tomaron la escena y la palabra el rey Felipe VI y el presidente argentino Mauricio Macri, entre otras personalidades.

De esa mesa lírica formaron parte, además, los poetas María Negroni (Argentina), Elvira Sastre (España), Rafael Oteriño (Argentina), Carlos Schilling (Argentina) y José Mármol (República Dominicana).

Sabina leyó poesía, y la mesa y el público pidieron que también lo hicieran Sastre y Mármol.ç

La docta ciudad de Córdoba acogió, durante los días del 27 al 30 de marzo, el VIII CILE. El congreso, que se celebra cada tres años, tuvo lugar antes en Zacatecas, México, en 1997; luego en Valladolid, España, en el año 2000; le siguió Rosario, Argentina, en 2003; más adelante Cartagena de Indias, Colombia, en 2006; luego se debió celebrar, en 2009, en Valparaíso, Chile, pero un terremoto impidió la llegada de los invitados, habiéndose celebrado en forma virtual; en 2013 se celebró en Ciudad de Panamá, y en 2016 en Puerto Rico.

Los responsables de la organización de este importante evento son el Instituto Cervantes, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que coordinan con los académicos y gobiernos de cada sede o país anfitrión.

El CILE ha sido capaz, en cada una de sus ediciones, de congregar a especialistas en lengua y cultura españolas, académicos, lingüistas, escritores, poetas, periodistas, editores, artistas, cineastas y profesores del español como lengua materna o como segunda lengua.

Procura avivar la conciencia de corresponsabilidad de las personas, gobiernos e instituciones en la proyección y unidad, dentro de la diversidad, de la lengua española, o bien, del idioma castellano, si se prefiere.

El lema general de este VIII CILE fue: “América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento”. Los ejes temáticos en torno a los que giraron las exposiciones, disertaciones, conferencias magistrales y mesas redondas fueron: El español como lengua universal; Lengua e interculturalidad; Retos del español en la educación del siglo XXI; El español y la sociedad digital, y La competitividad del español como lengua para la innovación y el emprendimiento.

Particular atención llamó el acto de puesta en circulación, en el Teatro Real de Córdoba, de la edición conmemorativa, a cargo de las Academias de la Lengua Española y su asociación (Asale), de la novela “Rayuela”, de Julio Cortázar, con la participación de Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Premio Cervantes; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, y el presidente de la Real Academia Española (RAE) Santiago Muñoz Machado.

En el orden académico, la República Dominicana estuvo representada por el doctor Bruno Rosario Candelier, presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, quien presidió la mesa de discusión con el tema “Escribir para ser leído.

La lengua como vehículo de comunicación entre autor y lector”, celebrada en la Universidad Nacional de Córdoba.

El IX CILE 2022 se llevará a cabo en Arequipa, Perú, tierra de la que es oriundo el escritor Mario Vargas Llosa.

3 de abril de 2019.

Anthony Ríos y el chino

Por Miguel Solano

Ese día, vista desde la Solséptima, la mar parecía un cementerio que se elevaba hacia los cielos, sin el conocido canto de los muertos. Si algún barco circulaba era porque regresaba con los asaltados peces, ya cazados y en su cama de hielo. El sol brillaba libremente y la brisa se movía fría y rápida, obligando a las aves a permanecer bajo la protección de las hojas.

Con frecuencia, Anthony Ríos iba a comer costillitas y chofán a un restaurante chino situado en la avenida Rómulo Betancourt, en la capital quisqueyana.

Anthony siempre andaba con un río de lágrimas encima, siempre caminaba con el diluvio bajo sus pies. Y ese 14 de febrero parecía más propicio que ningún otro para que el gran tormento, el amor, se mostrase dueño de cada átomo que componía su cuerpo y le hiciese lagrimear a la velocidad de la luz.

Anthony llamaba a una y a otra y lloraba e imploraba. El chino lo toleraba: ¡Era buen cliente! Y para el parpadear del chino, siempre que deje beneficios, las lágrimas de un cliente pagan por la paz y ciencia, financian la paciencia.

—Hay que aguántalo, gata muuucho.

Pero ese día, en el que los peces parecían venir de ultratumba, Anthony estaba verdaderamente desesperado. Comía y lloraba, aunque lloraba más que lo que comía. Aun así, seguía pidiendo costillitas. Ya en la mesa no cabían más platos y el chino y su esposa solo se susurraban entre ellos:

—Un homble inocente.

El chino, que pocas veces en la vida da consejos, creyó que Confucio le obligaba a romper con su tradición. Como si fuese imitando los pasos de Lao Tse, se le acercó a Anthony:

—Lío, en China, complendemo má y amamo meno.

Anthony lo miró y le dio un trompón de agradecimiento. Le pidió al chino que le prestara el teléfono, el chino lo condujo hacia la oficina. Anthony escribió algunas notas en un pedazo de papel, llamó a la chica y le entonó:

Ni tú ni yo

lo comprendemos

es mejor para convivir

comprender más

y amarse menos.

 

*Del libro de cuentos Los barriles.

 

«Solo voy por café», de Marcia Castillo

Por Miguel Solano

La ciencia solo debe servir para darle belleza y fe a la narrativa y la narrativa para explicar aquel pasado que nunca se entendió, animar las incertidumbres del presente y guiar la ciencia hacia el futuro. Esa debe ser la normativa de su alianza. Marcia Castillo, quien nació en Sánchez, Samaná, en 1976, es doctora en neurología, investigadora en el área de neurociencias y profesora adjunta de la cátedra de neurogeriatría y neurología en el hospital Dr. Vinicio Calventi.

En Solo voy por café, Marcia fue guiada por una sabia intuición y supo convertir sus conocimientos científicos en aliados de la belleza y la fe, elementos estos que el lector espera como espera la mar a la luna para con sus olas intentar alcanzarla, acariciarse las manos.

Sencillo pero único. La estructura narrativa surge de su vinculación con los personajes, con su diaria memoria, que le permitieron el manejo de un estilo sencillo pero único. Marcia escribió algo que no se había escrito nunca y que nunca volverá a escribirse; así danzan los personajes en las historias de sus vaivenes poéticos.

La fina relación entre profesión y vida diaria, entre ver y sentir, entre tocar y sospechar, ilumina esta narrativa y añade una dimensión de travesura a sus personajes. En “Invencibles”, su hermana, llamada puta, hace una premonición que es básicamente, la guía narrativa de Marcia.

… No es que conozca a tantas mujeres, pero yo era el testigo principal de su convencimiento de que la felicidad es hija de la autenticidad y la autenticidad es un terreno fértil para la libertad…

¿Quién puede derrotar a un narrador que se cree libre? “Ni la adversidad más grande apoca su esperanza”, dice Marcia hablando como puta.

Al trazar su opinión, el bien probado Dr. José Silié Ruiz, comenta:

— El escribir el prologo del libro Solo voy por café de alguien con gran talento, que conoce cómo funciona el cerebro, implica una ecuación muy compleja, una tarea honrosa que excita de manera obligatoria nuestra materia gris cerebral, en razón de que la autora pertenece a una generación de neurocientistas jóvenes que con gran competencia son el relevo de los que ya tenemos un tiempo ejerciendo la profesión que implica conocer y analizar el cerebro en sus complejidades…

Y Rafael J. Rodríguez Pérez, concentra en la contraportada su opinión. Aquí una parte:

— En estas páginas rezuma, con toda su carga de simbolismo, crueldad, diversidad, fantasía e impredecibilidad, la existencia humana; pero sus zonas confortables, de mucha luz y mera superficie, sino aquellas que son palpito y sima, viaje difícil al centro del tejido social, tan sensible que basta con rozarlo para despertar gritos que no podrán cesar; cotos en los que abrevan, mente adentro, los demonios que también nos habitan y completan.

En 101 páginas, Marcia Castillo coloca 20 capítulos que contienen entre 10 y 15 párrafos cada uno. Es decir, son cortos; y cada párrafo tiene una extensión de palabras que van desde 54 hasta 126. Es lo que se conoce como el “estilo moderno”. Arranca con una sintaxis impecable: “Ahora yo soy el hombre de la casa. Soy tú, papá. Tengo la cara sucia y espero en la puerta”, dice el personaje de “Pastillas mágicas”. La fonética, resultado de la combinación entre palabras, entre verbos y sustantivos, entre vocales y consonantes, resulta de sutil agrado al paladar de nuestros oídos: “El precipicio abraza la carretera por ambos lados y hace parecer la ruta cual si fuera una garganta…”.

Marcia Castillo arranca en la literatura quisqueyana con estilo único y voz propia. En Solo voy por café, su primera obra publicada, este poeta interiorista reconoce la modernidad en los siguientes rasgos narrativos:

  • Su mundo imaginativo nunca abandona la conexión emocional con ese universo al cual nos sentimos atados y que aún desconocemos.
  • Empezamos a ver en la ciencia presente lo que podría ser en el futuro el alimento con átomos.
  • Sabe rodar en la vastedad de su instinto.
  • Tiene capacidad para reunir las constantes.
  • Cuando se trata del tema, puede bien amasar distancias.
  • La geografía, que Google ha hecho tan difícil de tratar en la narrativa, Marcia la incorpora usando el método interiorista de “colocar los paisajes en la conciencia de los personajes”.

Centro de Espiritualidad “San Juan de la Cruz”

La Torre, Vega/Moca

Abril 20/21 de 2019

«El degüello de Moca»: una recreación novelada

Por Melania Emeterio Rondón

En el habla dominicana es de uso común acogerse al significado de ciertas afirmaciones que se han hecho muy familiares. Algunas de ellas fungen de carta preventiva para evitar que hechos pasados, personales o colectivos, se repitan. Un ejemplo que viene al caso es el siguiente: “Quien no conoce su historia, está obligado a repetirla”. Traigo aquí este pensar sentencioso, a propósito de la publicación de la novela “El Degüello de Moca”, autoría del Dr. Bruno Rosario Candelier, quien la hizo pública al final del año 2018. Quizá con el propósito de que no se olvide el hecho, como en efecto parece, el autor quiso recrearlo y así salvarlo del olvido, usando para ello un género literario que, como la Novela, goza de gran acogida.

El degüello de Moca, que no sabemos si está en los libros de textos de historia dominicana para estudiantes y el profesorado, fue un hecho de desangre y de crueldad que tuvo lugar en la Villa de Moca un miércoles 3 de abril del 1805 a manos de lo tropas haitianas bajo  fervor de su triunfo contra los franceses. El degüello marcó a los habitantes de esta parte de la isla, especialmente a Moca. Este acontecimiento del que hace apenas 214 años, debería ser recordado en la República Dominicana del mismo modo en que Haití celebra los 213 años de su independencia el 1 de enero del 1804.

A pesar de la dimensión de lo ocurrido en Moca, y que fue el producto principalmente de proceder cizañozo del vandalismo de la tropas haitianas, en el imaginario colectivo se da la impresión de que lo sucedido fue una especie de una fábula, o un pretexto para “acuñar odio contra Haití”. Es así como se contribuye a sepultar la historia para salvar al victimario. Es así como se ha olvidado de cuajo que a solo un año de su independencia los haitianos llevaron a cabo uno de los crímenes de odio más atroces y masivos en la historia de pueblos cercanos. El nuestro es un comportamiento de víctima que guarda silencio porque tiene miedo. De este hecho no se quiere hablar, ni siquiera como desagravio que es un derecho y una responsabilidad social e histórica, sobre todo al rememorar la fecha del 3 de abril 1805.

Intuyo que el autor del a Novela “El Degüello de Moca” destaca y reitera en cada página y hasta el cansancio, el hecho histórico del degüello, y la forma en que este se produjo. Aquí el autor está empleando el recurso de “Memoria contra el olvido”. No por casualidad introduce gran cantidad de citas de libros, revistas y periódicos que son fuentes documentales sobre el degüello de Moca. También hace referencia de nombres de personas que son descendientes de los que en esa masacre pudieron sobrevivir.

La narrativa se inicia con una referencia histórica sobre la fundación de la Villa de Moca en octubre del año 1751 cuando un conjunto de pobladores y pobladoras se establecieron en esa llanura despoblada, y luego la hicieron próspera. A ese asentamiento le llamaron Villa Nuestra señora de Moca. Allí construyeron cabañas, viviendas, chozas. También  edificaron un templo católico que luego pasó a ser el símbolo patético del degüello de Moca. En la novela se describen las bondades del lugar: la gente, la flora, la fauna, los recursos acuíferos, la tierra, las usanzas, hábitos y costumbres, la cultura, y como parte del folklore y del entretenimiento popular, la echadera de cuentos, y otras formas de matar el tiempo. Ese conjunto ambiental, ajeno a la proximidad de la desgracia, proyectaba, en placidez bucólica, la armonía de las cosas sencillas.

Convergen en esta novela, antes y después del degüello de Moca, profundas reflexiones sobre el lenguaje, la metafísica, la mística, la religión, lo trascendente, y la búsqueda del sentido de las cosas, todo ello a través de los personajes, según sus disímiles experiencias y sensibilidades en la comprensión de lo reflexionado, pues como bien se reseña “La realidad sutil está velada para el común de la gente, oculta con misterioso velo”. Aquí vienen a escena cuentos y visiones que alientan las fábulas y creencias arraigadas que atizan y justifican el misterio.

Luego de un extenso preámbulo, la narrativa aborda lo que es la esencia de la novela “El Degüello de Moca”, acontecimiento histórico y fatídico que enlutó, un 3 de abril de 1805, la parte oriental de la isla, principalmente a la Villa de Moca. Este asesinato en masa no parece ser un hecho tan común en la historia de convivencia de los pueblos de América, pues hay que destacar el agravante de que se eligiera como escenario el interior del templo católico “Nuestra Señora del Rosario de Moca”.

La síntesis del hecho histórico, ahora novelado, la hace el personaje Juan Francisco, el Sacristán, quien en su condición de Cronista de la Villa de Moca, luego de recabar testimonios, deja saber que “los mocanos habían sido invitados a celebrar, en el templo, un Tedeum en acción de gracias a Dios por la paz que habían logrado los haitianos con respecto a Francia. Iniciado el oficio religioso los haitianos de las tropas de Dessalines comandado por Henri Cristophe cerraron las puertas de la iglesia donde habían concentradas aproximadamente unas 400 personas entre niños, mujeres, y hombres, incluido el párroco que estaba realizando el Te Deum.

“A seguida que fuera iniciado el acto religioso, vino una sangrienta escena donde fueron degolladas todas las personas allí reunidas, a excepción de tres de ellas, incluido un monaguillo que vio el inicio de la acción, y huyó a un lugar muy oculto de la sacristía, y dos mujeres, una que se desmayó y la creyeron muerta, y otra que había quedado debajo de los cadáveres, y también fingió estar muerta. La acción de degüello haitiano se llevó a cabo con sables, puñales, fusiles, bayonetas”.

A la sangrienta orgia se sumó un gran incendio con la quema del templo, donde estaban los cuerpos degollados. También quemaron viviendas cercanas a la iglesia. Tras su salida, las tropas saquearon viviendas de pueblos cercanos, y cometieron violaciones. De forma dramática en la novela se describe, de esta manera, el instante vivido:

“Crujían los sables traspasando costados y costillas. Chirriaban los fusiles atravesando cuerpos y barrigas. Gritaban los niños cuando las bayonetas doblegan sus piernas. Ruedan degolladas las cabezas, y se ven cuerpos tumbados en el suelo. Manos ensangrentadas y rostros mutilados ardiendo con el crepitar del fuego del templo en una macabra escena de cadáveres, sangre y cenizas revueltas” Los feligreses murieron bajo el espanto de una espantosa orgia, y sus despavoridos gritos hicieron del templo un macabro escenario de un horror increíble”

“Los cuerpos acribillados eran un escenario para enloquecer. Todos los sobrevivientes dijeron haber visto cómo los haitianos tiraban los niños hacia arriba y lo ensartaban en bayonetas. Todas las muertes violentas son dolorosas, pero lo que más se lamenta es el hecho de tantos niños degollados en el templo durante la trágica mañana de abril. Tres niños huyen despavoridos hacia la puerta, pero son acribillados por las puntas de las bayonetas. La esencia misma de la mocanidad se estremeció ante la furia de haitianos en su delirio de sangre”

Además de las descripciones, se introducen en la novela varios adjetivos calificativos, y otras expresiones que tienen por finalidad grabar y rememorar solo el instante, sino también a los autores del degüello, y así como los describe: bestias inmundas, y salvajes, endemoniados, furibundos, despiadados, haitianos inmundos, la fiereza de unos salvajes negros, una furia demoniaca, furiosas sed de sangre de los haitianos.

“Lo ocurrido en el tiempo de la Villa Nuestra Señora del Rosario no tiene parangón en la historia de la atrocidad humana. Es como dice el narrador “se aliaron sangre y fuego”. En caso como el narrador, las secuelas derivadas vinieron a ser la tristeza, el miedo colectivo, la paranoia. “No había forma de mitigar el crimen de los haitianos. Allí se habían quemado altares, libros y archivos de la parroquia. Todo esto marcó la vida anteriormente bucólica de esos habitantes” Uno de los personajes dijo: “Aun hay mujeres que permanecen encerradas en sus cabañas”.

En un esfuerzo por explicar el comportamiento de los haitianos, un personaje intervino para decir: “Tenga presente padre Ramón, que los haitianos provienen de tribus caníbales de Africa, matan y degüellan y sacrifican animales y niños para sus rituales de vudú” Reflexionando lo leído, se puede concluir que el degüello de Moca fue el tributo a la confianza del pueblo a la promesa de los haitianos, pues en la narración se hace constar que Cristophe prometió al sacerdote que respetaría la vida de los feligreses. En cambio fue un vil engaño comparable solo con lo ocurrido en la Odisea (la obra de Homero): EL GRAN CABALLO DE TROYA.

Con buena razón, y para el alerta de HOY, uno de los personajes cuenta, de esta manera, su experiencia: cuando escuché de la invitación de los haitianos a un Tedeum, puso en duda la buena fe de los haitianos, y no participó del Tedeum. “También le dije a mi novia que no fuera. Me dio mala espina la invitación de los haitianos. ¿De cuándo a dónde los haitianos creen en nuestra doctrina católica?. Mi párroco me dijo que fuera, y le dije que si, pero mejor me fui al conuco. Culebra no se amarra en lazo. Los haitianos son desleales y traidores, por eso le dije a un antiguo patrón que no aceptara en su finca a los haitianos”

El punto de vista de este personaje hace recordar de modo muy reflexivo el documento “Motivos de Independencia” el cual fue elaborado por los Trinitarios como forma de justificar e impulsar las acciones independentistas. Este documento, al referirse a realidades que no se conocían en esta parte de la isla, destaca con mucha vehemencia que “con los haitianos entró aquí el robo, el engaño, la perfidia, la maldad, el desorden, la destrucción”.

En la esta novela está claramente planteada una suerte de juego provocativo entre la realidad y la ficción. El fino hilo entre estas dos realidades es apenas perceptible pues los crímenes con característica de degüello, así como otras formas de degüello que los haitianos siguen cometiendo en el país, son numerosos e inocultables: mutilaciones de niños, niñas y mujeres por doquier, suplantación, depredación y la quema de lo propio y de lo ajeno. Todas estas son realidades más que documentadas, y su reiteración es un asunto que parece estar en los genes de los haitianos. Y es con estos degolladores históricos que los traidores planean hacer la fusión con nuestro país.

En EL DEGUELLO DE MOCA se advierte que su autor al recrear un hecho tan abominable como este, deja implícita la intención de que el hecho ni se repita, ni se olvide. Es lo que se deprende cuando en el texto se lee: “La matanza diezmó la población mocana. Vamos a contar a nuestros hijos, para que a su vez ellos lo cuenten a los suyos, y estos a sus descendientes, de manera que se conozca el impacto de la sangrienta acción del macabro degüello“. María del Carmen, otro personaje, dijo: “Estoy segura de que nuestros descendientes nunca olvidaran el brutal Degüello de Moca”

Sin embargo vale la pena el alerta, pues para el año 1805 no se habían dado motivos de odio para una acción como el degüello en Moca, pero posteriormente los haitianos con el grito de independencia ideado e impulsado por Juan Pablo Duarte y el movimiento Trinitario no se han sentido a gusto y siguen pendiente, como algo suyo, del territorio dominicano, y de lo que hay en él.

Sepultando este hecho horrendo, como si no hubiera ocurrido, se quiere (como es la tendencia en la actualidad) sacrificar la historia dominicana en aras de buscar forzosamente la asimilación de los haitianos por parte de los dominicanos. Se ha obviado, inclusive, uno de los episodios más sensibles y con carácter de genocidio, que es la cantidad de niños que corrieron igual suerte que los hombres y las mujeres degollados en el templo. A los niños, según se ha dicho repetidamente, los tiraban hacia arriba, y aparaban en las puntas de las bayonetas.

En la novela se resalta que toda la población de Moca para ese entonces era de tez blanca, y que el degüello de Moca fue la bestial masacre concebida por Dessaline para eliminar a la población blanca de la isla. En el degüello murieron los blancos; no pereció ni un negro” Esto era pues el odio racial como lema. A los haitianos, dice otro de los personajes, le mueve el odio racial, con una cultura fundada en la sevicia y la destrucción: odio a los blancos y a los mulatos, con cuya hazaña eliminaron a la población blanca de su territorio y pretendieron hacer lo mismo en el nuestro como lo hicieron en Moca, dijo uno de los personajes.

A su tiempo, el templo y las villas incendiadas fueron edificados nuevamente para hacer cierta la determinación de que “Moca revivirá de sus cenizas”. Estableciendo una relación entre la ficción y la realidad de hoy, cabe preguntarse: ¿Se podrá siempre reconstruir el templo y la vivienda, y revivir así de las cenizas? Es mejor evitar la quema del templo y no tener que llegar al dolor y al desagravio. Hay templos, como la Patria, que cuestan muchos esfuerzos edificar. Los mocanos, en la referencia novelada, pudieron hacerlo, pues el dolor, el luto eterno, la rabia, y la unidad de voluntades frente al enemigo común, los unificó.

Ahora, fuera de del contexto novelístico, los haitianos tienen sobre el país la embestida mayor que algún país haya padecido, pero campea la desunión, el individualismo, indiferencia, la dispersión, y sobre todo la traición para favorecer a los degolladores de Moca que hoy lo siguen haciendo en una diversidad de maneras. Con estas actitudes, incomprensibles a la luz de los hechos de ayer y los de hoy, no solo no nos levantaríamos de nuestras cenizas, sino que podemos sucumbir asfixiados y revolcados en ella.

La decisión de Bruno Rosario Candelier, escritor y académico dominicano, de recrear en una novela un hecho histórico como el degüello de Moca, es un aporte extraordinario a la cultura y a la conciencia histórica del pueblo dominicano. Ojalá que su iniciativa atraiga a otras voluntades a los fines de ver el degüello de Moca llevado al teatro, al cine, al cuento y a la poesía. En la situación que vive el país con una migración haitiana que apabulla y amenaza, esto sería un punto luminoso para el avivamiento.

Porque la fe y la esperanza no deben perderse, concluyo este trabajo asumiendo, desde la novela, la siguiente determinación: “Un nuevo aliento ha de avivar a esta población; una nueva generación de jóvenes audaces va a florecer en esta Villa. Y un inusitado impulso ha de fraguar el derrotero del nuevo destino”.

Melania Emeterio R, abril 2019.

 

 

Tomo VI de las obras completas de León David

Por Leopoldo Minaya

  Pretender daros a conocer la figura y la obra del eminente poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, filósofo y crítico literario don Juan José Jiménez Sabater (León David) constituye una ingenuidad en la que por nada del mundo osaría incurrir. Por un lado, el público que regularmente concurre a los salones de esta Fundación Corripio está constituido regularmente por personas de letras y de pensamiento (o inclinadas a tales frutos del espíritu), entendidas, vigorosas en el razonar y en el decir, la mayoría de las veces con trayectorias individuales acreditadas suficientemente en el panorama de la cultura nacional. Por otro lado, la estatura intelectual y el porte humanístico del personaje y de la obra que me tocan introducir son tan altos, copiosos y destacados… que al extender los brazos ante ustedes con el ofrecimiento no haría, ¨pobre goliardo¨ (como diría Marcel Schwob), sino revertir la frase proverbial de facturación española en la que desde ahora el bosque no dejaría ver el árbol.

Gracias a la Providencia, que no abandona, existen recursos… Y entre los de mejor valía y disponibilidad que podemos hallar en nuestra esplendente lengua castellana están los poco apreciados lugares comunes que, sin embargo, usados con pulsante sinceridad, respaldando con verdad palabra por palabra, y frase exacta con equivalente emoción, se convierten –acaso parafrasee ahora a Paul Henry Lang- en puridades prístinas de inmanente originalidad y discreción. Por eso me atrevo a deciros, sinceramente, que constituye para nosotros motivo de satisfacción y regocijo introducir ante ustedes este tomo VI de las Obras completas de León David, en que el autor se aboca a la consideración y valoración de escritores dominicanos de hogaño y antaño, cada quien preciado verazmente en sus justas dimensiones, como corresponde a un crítico del talante moral y la estatura intelectual del autor de Diotima, Cálamo currente y Al correr de la pluma.

En adición a la icónica imagen de portada estampada por la fina pluma de María Aybar, agraciada artista de los trazos, en que puede verse al poeta y crítico esmeradamente retratado, en compostura introspectiva, meditabunda, desenfadada, sumido en los vórtices de la emoción estética o de la cavilación filosófica, dos partes unidas pero separadas componen la obra. Dos partes, digo. Pedro Henríquez Ureña, Federico García Godoy, Tulio Manuel Cestero, Juan Bosch, Juan Isidro Jimenes Gullón, Franklin Mieses Burgos, Pedro Mir, Manuel del Cabral, Antonio Fernández Spencer, Aída Cartagena, Freddy Gatón Arce, Abigaíl Mejía y Joaquín Balaguer; sus producciones artísticas o intelectuales, son abordadas y estudiadas por nuestro esclarecido glosador tipificándolos como clásicos de la literatura nacional. La excelencia de sus escritos, sus recias personalidades literarias, la vigencia en el tiempo de sus obras… exigen tal clasificación. Iván García Guerra, Higinio Báez Ureña, Manuel Chapuseaux, María Aybar, Náyila Pichardo, José Rafael Lantigua, Bárbara Moreno, Miguel Ángel Fornerín, Carmen Comprés, Catana Pérez, Federico Henríquez Gratereaux y Carlos Esteban Deive, entre otros, se localizan compendiados en esa parte final de la publicación que el autor ha catalogado Los de ahora, un ¨ahora¨ corredizo que fundirá generaciones en los crisoles del tiempo y de la historia, piedras de toque subrepticias pero determinantes en la validez y autenticidad de las obras artísticas y el pensamiento de los hombres.

Este tomo VI es un escogido recorrido crítico por obras y ejecutores de obras no siempre de pareja nombradía en la letras dominicanas. Es esfuerzo intelectual dedicado a resaltar eminencias, esencialidades, carencias y debilidades en el acto creativo… al roce comprobatorio de parámetros instituidos en acervos valorativos que el opinante acredita como valederos y suficientes… por su derivación de un canon primordial ya decantado en el corpus imperecedero de la literatura universal: oficio crítico en su justa dimensión. Pero no deja de ser, a la vez, y más de una vez, crítica… y crítica de la crítica, en jerarquizada taxonomía. Nuestro autor privilegia el abordaje del objeto de arte desde consideraciones y aprestos que apunten a resaltar preeminentemente sus elementos literarios, de técnica artística, de estilo personal, de inmanencia formal. Se opone a quienes se afincan en factores y circunstancias de origen externo para con ellos, de manera en principio irrazonable, revelar el arte como tal. En el ensayo referido a la célebre trilogía de Federico García Godoy, asentándose en Alma dominicana, León David ondea los reclamos de aplicar análisis críticos que desnuden la razón esencial de la entidad artística: la forma, el despliegue monumental al que se insertan ideas y conceptos como piezas complementarias o coadyuvantes de un tapiz inmemorial… Los dictámenes, reiterados, coincidentes, conocidos, generalmente aceptados, en torno a la cristalización de la condición de producto de arte en Alma dominicana por acción y efecto de, verbigracia, sentimientos patrióticos y fervores nacionalistas del medio o del autor, o por su expresión como radiografía ideal de una época determinada –se convence León- no bastan para determinar el peso real específico de la obra, que debe buscarse en la ponderación de su urdimbre de significantes, estructurales elementos de sustentación de un discurso con substancia propia que tiende a mofarse galanamente de las caducidades.

“La crítica” –expresa textualmente León David-, ¨…ha de poner el acento, primero que nada, en sus atributos formales, luego en las referencias extraliterarias a que estos nos remiten; han de privilegiar en todo instante el lado expresivo de la escritura, después el universo de ideas que el discurso insinúa o proclama; primeramente ha de resaltar las particularidades de un tono existencial inconfundible, de unos procedimientos retóricos personales, de un tejido simbólico a cuyo sortilegio nos rendimos, y solo habiendo cumplido a plenitud semejante faena puede, posteriormente, permitirse fisgonear el contexto político, filosófico, histórico y social al que de modo más o menos directo apunta la creación…¨ (fin de la cita). Gozoso es constatar que tales reclamos se revelan cumplidos en su personal escritura, donde la forma se entreteje galante con el caudal de hondos razonamientos e incisivas ideas; todo… expresado en un lenguaje hermoso, vigoroso, elegante, penetrante y profundo. Estas cualidades magnifican su labor. Pero no debe agotarse el oficio de la crítica tan solo en la ponderación y valoración de lo creado por los demás —inquiriendo, desempolvando prejuicios o ideologías, enfocando elementos históricos o epistemológicos, describiendo en la medida de lo posible aciertos y errores, achicando y extendiendo la vara de medir— , la excelencia demanda una coronación: la crítica consumada que nos muestra León David, sin que lo haya dicho, tal vez por su convencimiento de que no resultaría elegante la autovaloración, es la del comentarista y exégeta que al justipreciar y estatuir con sinceridad, sin apartarse de las exactas impresiones que le provocan las obras de arte, crea a su vez también obra de arte con vida independiente y de forma paralela por la excelencia del planteamiento formal, por el brillo de las expresiones y el calado de los conceptos. Oportuna y provechosa para él, aunque no indispensable, es su condición de artista verdadero por cuenta propia. Naturalmente, toda crítica o comentario tiene un carácter referencial, ¡ni siquiera pretender que no sea de tal manera!, pues necesita tomar de obras y hechos originarios los elementos y acciones sobre los que se emitirán juicios y escolios, pero el resultado final en el mejor de los casos será necesariamente una obra o conclusión en la que el crítico o el comentarista despliegue a la postre su condición de artista, plasme las emociones y opiniones en tono armónico y acabado, verdadero y valedero, aún cuando los juicios generales se nos antojen inconclusos por la naturaleza propia de las especulaciones, que nacen siempre estampadas con el sello inherente de lo rebatible.

Como ejemplo de lo que acabamos de enunciar en el párrafo anterior, de la irreductible belleza en la elocución a que se traduce el ensayístico estilo davidiano,  del pulimento esmerado a que somete la frase para dar sensación de certidumbre y plenitud a las ideas expresadas –acaso no sea lo bueno yuxtaposición espaciotemporal de lo bello y lo verdadero en la que, por la fuerza aglutinante del vínculo, lo bello se revela forzosamente verdadero… y lo verdadero se hace bello por la magnificencia de su autoridad—; para dar fe y constancia de tales atributos, de la pulida frase elocuente, he elegido los renglones finales con que el comentarista pone fin a las acotaciones que le causaron la iniciativa del Archivo General de la Nación de poner nuevamente en circulación dos importantes libros agotados (es decir, no disponibles en las estanterías) de la más esmerada bibliografía nacional. Dice León en este caso: ¨Léanse, medítense, estúdiense… Fueron escritos con entereza de corazón y claridad de juicio. Y fueron escritos por un dominicano que, consciente de su propia grandeza, sabía —cómo no iba a saberlo— que al morir conquistaría la gloria suprema reservada a los grandes, la de soportar el doble peso de la losa y de la indiferencia¨. Frase sentenciosa, proverbial, lapidaria, trabajada, que delata el poder arrollador de la palabra una vez colocada por la mano maestra en su justo lugar y en su preciso tiempo.

En todo caso, saludable el oficio crítico de León David sobre las obras, e igualmente saludable su quehacer crítico sobre la crítica. Esos especialistas a los que solemos llamar ¨críticos¨ son lectores entendidos, generalmente de muy amplia cultura y acrisolado gusto, que intentan posicionar en su justo lugar las creaciones del espíritu, ayudando de paso al lector menos avezado a desmadejar la maraña creada por el interés individual, la complacencia de grupos, la ubicuidad propagandística y la facilidad de las vías de comunicación de masas, hoy felizmente pero lamentablemente al alcance de todos. Ellos, los críticos, agregan peso, respaldo y credibilidad a la obra substancial. Por lo mismo, saludable las iniciativas de confrontación de opiniones, procedimientos, dictámenes críticos, en pro del florecer de la cultura y las ideas, confrontación que no implica de manera alguna sometimiento o avasallamiento, más bien diálogo civilizado que redunda, como hemos dicho, en provecho del desarrollo y posicionamiento de la mejor literatura nacional.

Recorriendo con fugaces saltos la obra hoy objeto de presentación -el lector vivaz necesitará mucho más que una protocolar presentación-, en el tomo VI de las Obras Completas de León David se distinguirá el estilo de excepción del maestro Pedro Henríquez Ureña, que el comentarista define como ¨medular¨; su carácter clásico…,    ¨Clasicismo de la más alta estirpe….¨ –apunta León- ¨de cuyas bondades propedéuticas ninguna sociedad culta sabría dispensarse¨; de Tulio Manuel Cestero, León David discurre sobre el posicionamiento cardinal de su novela La sangre dentro de su propia obra y entre las obras de sus coetáneos tanto connacionales como extranjeros; de Juan Bosch, su consabido rigor creativo y la excelencia de su cálamo; de Juan Isidro Jimenes Grullón, la asombrosa actualidad de sus escritos sociológicos y políticos más de siete décadas después de su publicación, actualidad permanente que logra definir la obra meritoria, alejada de las medianías; de Franklin Mieses Burgos su hálito de perfección: ¨Si el aedo…. hubiera visto la luz en alguna urbe continental menos reacia a los estímulos del pensamiento y a la cosecha de las frondosas espigas de la cultura –dice León-, de seguro que el nombre de Franklin Mieses Burgos estaría hoy en boca de cualquier hombre medianamente instruido del planeta, como ocurre con figuras del relieve opimo de un Pablo Neruda, de un César Vallejo o un Jorge Luis Borges¨; de Pedro Mir y Manuel del Cabral, sus respectivas maestrías técnicas y la trascendencia de dos obras que apoyan sus puntales en recursos formales, abrazando de paso el anhelo de la redención de la raza humana, y del segundo su aliento recóndito proveniente de un temporal metafísico; dice León de Antonio Fernández Spencer: ¨Así nos habla el hombre fundamental; así dialoga con nosotros el que de tanto bucear en sus propios abismos encontró el camino por donde retornar, renovado, a la sencillez fecunda de la vida¨; y de Freddy Gatón Arce, un maestro de generaciones: ¨…un hombre para quien la palabra es lugar privilegiado de encuentro con el engaño en que se resume nuestra existencia¨; de Joaquín Balaguer resalta su condición de crítico literario por excelencia, cualidad colocada en esta opinión por encima de sus demás inclinaciones (poesía, historiografía, etc.), en el mundo de las letras y las artes.

Estos fueron –son, quiero decir-, grosso modo, los clásicos, nuestras establecidas autoridades, nuestros mayores en nuestra genealogía cultural.

Entre Los de ahora, sin pretender abarcar la totalidad, destaca León David la excelencia del acometimiento crítico de Nelson Julio Minaya, adhiriéndose a la ya famosa cuanto debatida tesis de este último referida a que Franklin Mieses pudo ser eventualmente maestro de Jorge Luis Borges, divisando que el primero habría hecho despertar al segundo de un letargo silenciario de décadas, exponiendo León las razones por las que se adhiere a tan arriesgada teoría; de Iván García Guerra, el crítico subraya la excelsitud de su prosa, ¨decantada de desorden e impureza¨; de Higinio Báez Ureña, el notable empeño de preservar el aspecto social del canto, a caballo firme sobre la presentación cuidada de la forma; de la literatura de ficción de Manuel Chapuseaux nos dice: ¨…tan límpido y directo el estilo que su lectura se nos hace corta¨.

Sobre María Aybar, en su faceta de escritora, acentúa León… ¨esa dimensión de hechizo, de encantamiento, esa atmósfera mágica que la autora logra materializar¨; de Náyila Pichardo: ¨… el auspicioso desarrollo de un espíritu de formidable y singular talento narrativo¨; de José Rafael Lantigua: ¨…bella y levantada poesía de la que sería ingratitud y agravio prescindir¨.

Con relación a la escritora Bárbara Moreno, León David vislumbra un ¨…lenguaje evocador que jamás rinde tributo al Moloch de la vulgaridad¨; de Miguel Ángel Fornerín, sentencia: ¨Reciedumbre, seguridad, acuidad dialéctica, he aquí algunas de las notas distintivas de un estilo de cavilación que cumple a plenitud los requerimientos harto comprometedores del ensayo¨; en Carmen Comprés encuentra: ¨… un despojamiento verbal y un sentido de la síntesis muy poco frecuentes en los parajes, por lo demás demasiado gárrulos cuando no ampulosos, de las artes poéticas de nuestro país¨; halla en Carlos Esteban Deive: ¨…Prosa condimentada, llena de sabor que paladeamos cual si fuera delicado manjar¨; de Catana Pérez resalta su capacidad de ¨unir a la claridad expositiva el primor de un estilo de encantadora fluidez y sencillo donaire¨; y a propósito de la oratoria de Federico Henríquez Gratereaux pronuncia la verdad siguiente: ¨uno de los más señeros intelectuales de que pueda nuestra nación ufanarse¨.

Es este, en fin, el tomo VI de las Obras completas de León David, que se suma a los cinco tomos anteriores en los que el autor va compilando su copiosa labor intelectual para uso de la posteridad. Los hombres pasan, y hasta las obras pasan, pero hay hombres y obras que quedan permanentemente en la memoria de los otros, en la memoria de Nosotros, porque se impulsan con la cuadriga del espíritu, el esfuerzo, el genio y la inteligencia; de Nosotros… pueblo y suma de generaciones, productos del designio o del planeado azar, pobladores de un mundo misterioso que refleja y nos empapa del aura inaugural de la divina inteligencia.

Leopoldo Minaya

Santo Domingo, 3 de abril de 2019.

 

El camino de Emaús, un relato que consolida la fe

Por Rafael Peralta Romero

  No solo sus discípulos, sino muchas otras personas pudieron ver a Jesús, como hombre de carne y huesos, después que éste superara la muerte e hiciera saber de su Resurrección. Después de esto, Jesús permaneció en el mundo unos cuarenta días, asegura el apóstol Pablo.

Los evangelios canónicos y el relato Hechos de los Apóstoles cuentan las apariciones de Jesús resucitado, y también las documentan otros textos históricos y los llamados evangelios apócrifos.

La vida de Jesús, desde su concepción en una mujer no tocada por varón, está compuesta de hechos excepcionales, revestidos de misterio. Esa cadena de misterios culmina en la Resurrección. Tantos hombres, ilustres unos, poderosos otros, antecedieron a Jesús en la Tierra y de ninguno se ha sabido que haya vuelto a la vida.

Entre los textos bíblicos que dan cuenta de la resurrección de Jesús, ninguno más convincente, para mí, que el relato contenido en el tercer Evangelio (Lucas 24, 13-35). Este pasaje refiere que dos hombres, seguidores de la prédica de Jesús, caminaban desde Jerusalén hasta una aldea llamada Emaús y conversaban sobre lo ocurrido con el nazareno.

Sorprendió a estos señores la aparición repentina de otro caminante, quien fingía no saber nada de lo que hablaban ellos. Era de noche, llegaron a Emaús e invitaron al desconocido a quedarse. Al cenar, ven como parte el pan y se les abren los ojos del entendimiento: era Jesús. Come, habla y se marcha. Los caminantes, uno de ellos llamado Cleofás, a pesar de la hora, regresaron a Jerusalén a comunicar a los once discípulos de Jesús el hecho del que habían sido testigos.

Este capítulo de Lucas narra un hecho histórico, con detalles reales, enmarcados en el tiempo y el espacio. Emaús aparece registrada en los mapas de la época, aunque haya más de una versión respecto de la distancia de Jerusalén.

El relato de Lucas acerca del diálogo por el camino de Emaús encierra profundo significado teológico, por cuanto aporta detalles que robustecen la convicción de la resurrección de Jesús, fenómeno que lo diferencia definitivamente de todos los hombres.

El sentido religioso puro plantea que la fe se basta por sí misma, que no requiere auxilio de la razón. Sin embargo, la resurrección de Jesús da sustento a la fe cristiana. Gente tan grande para el cristianismo como el apóstol Pablo lo ha dicho: “…si Cristo no resucitó vana es nuestra proclamación, es vana nuestra fe”. (I Corintios, 15,13-15).

Cleofás y la otra persona, lamentablemente no identificada, tuvieron la dicha de ser los primeros en contactar a Jesús después de la Resurrección. Antes de eso, se cuenta de la visita al sepulcro de tres mujeres del entorno de Jesús (María Magdalena, Juana y María de Santiago) las cuales encontraron corrida la piedra de la entrada a la cueva. Allí vieron dos seres vestidos de blanco brillante, quienes les dijeron que Jesús había resucitado. Salieron muy extrañadas y confundidas. Luego acudió allí Pedro: “Se asomó y solo vio las sábanas, así que volvió a la casa sorprendido por lo ocurrido”. (Lc. 24, 1-12).

Respecto de las mujeres que fueron a la tumba, apunta el evangelista Mateo que Jesús, en persona, se les apareció y les habló: “Alégrense. Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán”. (Mt, 28,9-10).

Galilea era el lugar de procedencia de Jesús, allí se desarrolló como hombre, allí escogió a los doce discípulos, allí pronunció el célebre Sermón de la Montaña. Había muerto en Jerusalén, centro del poder político, donde acudió a sabiendas de lo que le esperaba.

Tras el aviso de las mujeres, los once discípulos se trasladaron a Galilea. No solo se encontraron con el redivivo Maestro, sino que escucharon de Él este mandato:

“Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28,18-20).

El portentoso misterio de la Resurrección impactó a los propios discípulos. El evangelista Marcos (Mc 16) refiere la aparición de Jesús a María Magdalena y que esta se lo comunicó a los discípulos, pero ellos lo pusieron en dudas.

El cuarto Evangelio, escrito por Juan, abunda en detalles sobre las apariciones de Jesús. Los capítulos 20 y 21 son dedicados al tema. Juan cuenta su llegada junto a Simón Pedro al sepulcro y lo encuentran vacío (Jn 20, 1-8).

Agrega Juan que ese mismo día se presentó Jesús a una reunión de los once, donde permanecían a puerta cerrada, y los saludó diciendo: “La paz esté con ustedes”. Como el discípulo Tomás no estuvo en ese encuentro, y dijera que tenía que ver y tocar a Jesús para creer que estuviera vivo, sucedió ocho días después otra visita. (Jn 20,19-30).

Para Juan no basta un capítulo y extiende las acciones de Jesús resucitado al 21 y último de su Evangelio. Es ahí donde se narra la pesca milagrosa: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Tantos fueron los peces capturados que no podían levantar la red.

Suficientes testimonios hay en torno a la Resurrección. Para mí, podría bastar con el emocionante relato de Lucas según el cual apareció a dos hombres que caminaban hacia la aldea de Emaús. La comprensión ayuda la fe. El hecho narrado en Lucas 24 consolida la fe en Jesucristo.

 

La personalidad carismática de Marcos Antonio Ramos

Por Bruno Rosario Candelier

 

A Roberto Guzmán,

cultor de la palabra con sentido.

   Si hay una persona que es fuente de irradiación de singulares atributos humanos, ese es el doctor Marcos Antonio Ramos, conocido cariñosamente como Tony Ramos, hombre virtuoso, concitador de afectos entrañables y simpatías compartidas.

Tony Ramos es una persona de un singular carisma, y de su palabra, su obra y su conducta se infiere que él se siente un hijo agraciado entre los predilectos del Altísimo y, en tal virtud, exalta la figura de Jesús como el paradigma de la más alta condición divina encarnada en el Hijo del Hombre, como enseña la Biblia, y canaliza su visión del mundo a la luz del ideal evangélico que su credo religioso le inspira.

¿Cuál son los rasgos de distinción de Marcos Antonio Ramos? Es un escritor cubano-americano residente en la ciudad de Miami, Estados Unidos de América (1). En su condición de intelectual y escritor, posee admirables cualidades y, desde luego, es un hombre extraordinario. ¿Por qué digo que Tony Ramos es extraordinario? Por las excelentes condiciones humanas que lo distinguen y enaltecen: hombre bueno y noble, amable, generoso y abierto, con una vocación de servicio y una voluntad de cooperación a toda prueba. Sus notables cualidades humanas llaman la atención desde que uno entra en contacto con él: es un hombre de una sola pieza, leal y solidario.

Quiero subrayar, en este breve resumen de sus atributos, las cualidades intelectuales, morales, estéticas y espirituales que definen a Tony Ramos. Es un intelectual que se preparó para servir a la humanidad, con una definida vocación religiosa y un claro sentido de la espiritualidad trascendente.

A Tony Ramos lo conocí en Moca, en una actividad cultural organizada por el senador de la República, Dr. José Rafael Vargas, quien me lo presentó en mi pueblo natal durante un acto público celebrado en el Teatro Don Bosco (2).

Un buen día, cuando fui a presentar en la Universidad de Miami una obra sobre el español dominicano, allí estaba el destacado profesional cubano a quien lo había invitado el lexicógrafo dominicano, Roberto Guzmán, que es un gran amigo de Tony Ramos. A partir de ese encuentro en Miami comenzamos a tratarnos. Allí tuvimos enjundiosos coloquios compartidos con Roberto Guzmán y Marcos Antonio Ramos, y en esos fructíferos diálogos comencé a calibrar la grandeza de Tony, la bondad espiritual de ese hombre singular, la sabiduría que adornan sus virtudes y, sobretodo, la expresión generosa, genuina y amable de este caballero del buen trato y la conversación amena. Se trata de un hombre cuya alta erudición y cuyo lenguaje impecable atrapan y fascinan, y esos atributos son poco comunes.

Nunca Tony Ramos se ha sentido dominado por el egoísmo, el afán de notoriedad, el deseo de sobresalir. En este distinguido caballero del trato amable y la palabra cordial se manifiestan la bondad y la generosidad con una actitud abierta y compresiva hacia los demás. Destacado intelectual, sobresaliente orador y valioso historiador, Tony Ramos no pasa desapercibido por la notable personalidad metafísica que lo distingue.

Oriundo de Cuba, adquirió su formación intelectual y su desarrollo cultural en el país antillano, y desde muy temprana edad optó por la vocación religiosa, hasta llegar a ser pastor de su iglesia evangélica. Y cuando se impone la revolución comunista en Cuba, al igual que una gran parte de los cubanos, Tony Ramos abandona la isla caribeña y se establece en Miami, donde hace vida social, profesional, cultural, religiosa y espiritual.

Las condiciones intelectuales, profesionales y culturales de Marcos Antonio Ramos, su identificación con la cultura dominicana y su aporte a la historia y la cultura antillana fueros los atributos que la junta directiva de la Academia Dominicana de la Lengua tomó en cuenta para incorporar a Tony Ramos en la clase de miembro correspondiente de nuestra institución, a la ha servido muy generosamente con su apoyo desde Miami y su participación intelectual en la presentación de los diccionarios de nuestra Academia. De hecho, en la Universidad de Miami hemos presentado, gracias al concurso de Tony Ramos, su gestión y su co-participación, el Diccionario del español dominicano y el Diccionario fraseológico del español dominicano, es decir, tenemos la suerte de contar con el apoyo intelectual, material y espiritual de este buen hombre de Dios.

Además, Tony Ramos es un gran amigo de la República Dominicana porque se siente identificado con nuestro país. Cada vez que nos vemos, me reitera su compenetración y su devoción por la historia y la cultura dominicana, sintiéndose cubano-dominicano. A él le gusta hacer que el otro se sienta bien, fruto de la empatía solidaria que lo caracteriza, expresión de la vocación religiosa y espiritual que lo distingue porque él, como hombre amable, entusiasta y servicial, goza de esa alta condición de los seres elevados, distintivo de los espíritus excelsos de la condición humana.

Tony Ramos es un gran conversador. Y lo es porque tiene dominio de la palabra, sabe de todo y, cuando conversa, despliega su erudición y su talento y lo hace de tal forma que atrapa a los dialogantes, de tal manera que uno tiene la tendencia a callar para escucharlo, pero esa manifestación no sucede porque él sea arrogante, egoísta o quiera adueñarse de la situación, puesto que le sale de forma natural y los demás dejamos que hable por los amplios conocimientos que tiene, porque conoce historia, psicología, religión, literatura, política, teología, es decir, tiene una erudición universal con la virtud de compartir lo que sabe. Pocos tienen la dotación intelectual para ser un gran conversador como Tony Ramos, y, dentro de los conocimientos que lo adornan con el dominio de varias disciplinas que ha cultivado, se puede apreciar su formación ecuménica. Además, Tony Ramos es autor de varios libros de historia, literatura y religión. La teología es su campo dominante, y siente pasión por la palabra de Dios, con una genuina disposición intelectual y emocional por comunicar los valores religiosos y espirituales. Es un apasionado de la espiritualidad transcendente y la comunica con fervoroso entusiasmo, pues se nota la raigambre espiritual en su intelectualidad.

Con esa motivación para exponer los valores de la transcendencia, para comunicar la espiritualidad sagrada y dar conocer los ideales del humanismo, especialmente del humanismo transcendente, Marcos Antonio Ramos se ha convertido en un promotor de la espiritualidad bíblica. Así lo revelan sus libros. Así lo evidencian sus conversaciones. Así lo manifiestan sus cátedras, sermones y cartas, y todo lo que hace en la vida. Naturalmente esa faceta de su personalidad carismática se manifiesta en su escritura, en sus disertaciones y en sus obras literarias porque nuestro distinguido académico desarrolló el don de la creación, el don de la escritura y el don de la palabra en alto grado y con una generosa apertura hacia la humanidad. Se puede afirmar que nuestro admirado hombre de letras en un valioso promotor del saber que edifica la conciencia y de la sabiduría que embellece el espíritu.

Este destacado intelectual americano hace honor al uso ejemplar de la palabra; honra a la vocación altruista y generosa; y al asumir la formación intelectual para contribuir al acenso del espíritu, esos atributos enaltecen la personalidad paradigmática de nuestro grandioso y admirable amigo Marco Antonio Ramos a quien le extiendo, con estas palabras que redacto en su honor, mi reconocimiento y mi valoración a su persona por sus admirables atributos y el valioso aporte que ha hecho a favor de nuestra cultura.

En la cosmovisión espiritual de Marcos Antonio Ramos, todo es cauce sutil de lo divino y fuero entrañable de la voluntad del Altísimo. Para Tony Ramos el sentido de la vida se cifra en el servicio altruista como expresión de empatía y solidaridad de su alma amorosa.  Su trayectoria cultural y educativa, centrada en los altos valores del espíritu, y su obra literaria, caudal de su inspiración humanista y religiosa, retratan el alma de este gigante de la vocación solidaria y la conciencia trascendente.

Teólogo, educador, ensayista, académico y predicador, este brillante hombre de letras, antillano universal con vocación humanista, es un modelo del pensador comprometido con el ideal espiritual, y del intelectual consagrado al desarrollo cultural engarzado a la vocación de la trascendencia.

En suma, este admirable cultor de la palabra que edifica y de los valores que transcienden ha consagrado su vida al servicio intelectual, religioso, estético y espiritual a favor del desarrollo de la conciencia.

Bruno Rosario Candelier

Notas:

  1. Marcos Antonio Ramos, en Victoriano Fidel, consignó: “El pueblo de Cuba, entendido no sólo como los habitantes más permanentes del archipiélago cubano sino también, en gran escala, como los que han escogido o se han visto obligados a tomar los caminos del exilio o de la emigración a través de las décadas o hasta de los siglos. Nuestro pueblo ha producido sabios artistas y escritores cuya obra debe de ser asumida ya que constituye parte del patrimonio de la nación. Muchas páginas escritas en el extranjero serán aceptadas como parte de la literatura nacional de la misma manera que las que han surgido en territorio cubano. Un fenómeno similar es el representado por las influencias recibidas de los eruditos y científicos, a quienes podemos también llamar sabios, músicos, cantantes, actrices, actores, etc.” (Raúl Fidel Pino y Marcos Antonio Ramos, Victoriano Fidel, p. 94).
  2. Marcos Antonio Ramos nació en Colón, Matanzas, Cuba. Ha trabajado como pastor protestante y profesor universitario. Reconocido historiador, ha publicado numerosos libros de historia como Panorama del protestantismo de Cuba e Historia de las religiones. Colaboró en la Historia general de América latina, obra publicada por la UNESCO. Miembro numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, académico correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Dominicana de la Lengua.
  3. Los altos atributos intelectuales, religiosos y morales que distinguen a Tony Ramos, enaltecen su condición de académico de la lengua y sus atributos como creador de literatura y promotor de la palabra sagrada.