Pautas para el empleo de la coma, el punto y el punto y coma (1 de 2)

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Es bien sabido que,  por la  estructura sintáctica de la lengua española, hay aspectos de ella que nos resultan dificultosos cuando de aplicar las normas se trata.  Uno de ellos es el que tiene que ver con el empleo de la coma, el punto y el punto y coma. En lo que respecta al uso de los signos de puntuación en general, encontramos en www.divulgaciondinamica.es lo siguiente: “Los signos de puntuación permiten jerarquizar el texto e influir de forma decisiva en el ritmo narrativo además de aportar claridad al mismo eliminando ambigüedades o malentendidos cuando aparecen mal colocados.” De ahí la importancia del buen empleo de los signos de puntuación y, en concreto, de la coma, el punto y el punto y coma.

No hay  dudas de que muchos usuarios tienen serias dificultades con el uso de esos signos de la lengua, y de que  es bastante frecuente en ellos  el empleo de la coma en lugar del punto y coma y aun del punto.  Mi experiencia docente del área de  redacción y de corrector de estilo de libros y tesis,  me lleva a  afirmar que es un usuario excepcional de la lengua aquella persona que en una página de  texto no escriba, más de  una vez, una coma en lugar del punto y coma o del punto.

En esta  ocasión trataré de contribuir a que esta situación se  revierta en su caso si usted es de los que tienen  dificultad con esos signos de puntuación.

Mi opinión con respecto al mal empleo de la coma, el punto y el punto y coma, es que los textos que tratan ese tema no son precisos al presentar las normas a aplicar para el acertado empleo de esos signos, y dejan al que  lee las normas, lleno de dudas e inseguridades. Al respecto, un alumno que hizo un curso de español conmigo y que tenía serias dificultades con la puntuación, me confesó que antes no se atrevía a enviarle ni un papelito a nadie, pero que ya le podía enviar una carta a cualquiera, pues aprendió a usar los signos de puntuación y eso lo llenó de confianza y seguridad en sí mismo a la hora de redactar cualquier texto.

En esta ocasión trataré de quitarles dudas e inseguridades a quienes me lean, presentándoles el uso de cada signo en particular con la parte teórica y ejemplos de cada caso.

Usos de la Coma.  Iniciemos diciendo que la coma tiene varios  usos obligatorios y otros que son opcionales,  como aparece detallado a continuación.

Usos Obligatorios:

  1. Un uso obligatorio es aquel en que se emplea la coma para indicar la separación de cada uno de los componentes de una serie de elementos análogos (semejantes), sean palabras, frases o proposiciones. Ejemplos: a. Naranja, cajuil, piña, melón y guanábana son frutas muy nutritivas. ; b. Por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche tocaba sus canciones preferidas en su guitarra. ; c. Escribía cuentos, leía novelas, escuchaba música clásica y también jugaba tenis.
  2. También se emplea la coma en forma obligatoria para separar partes oracionales que tienen carácter incidental, es decir, aclaratorio del sentido principal de la oración. Ejemplos: a. Los  jóvenes, si los orientan bien, tendrán una conducta correcta. ; b. Tus notas, eso era de esperarse, no fueron tan altas como las del cuatrimestre pasado. ; c. Estudió muy poco y, sin embargo, obtuvo una nota excelente en su examen de Matemáticas II.

Es bueno saber que los incidentales se pronuncian desligados, en cierto modo, del resto de la oración y normalmente en un tono más bajo, y si se suprimen se mantiene una oración completa. Hagamos la prueba con esta sencilla oración: Eso, según parece, tú no lo sabías. Por supuesto, si quitamos el incidental “según parece”, nos queda la oración completa, que es  “Eso tú no lo sabías”.

  1. Además de los casos anteriores, se debe marcar la coma delante de “sino” cuando esa palabra aparece en medio de ideas o contenidos contrapuestos. Ejemplos: a. No estaba concentrado en su tarea, sino distraído dibujando muñequitos. ; b. Este diseño no lo realizó Pedro, sino la arquitecta Lucía Medrano.
  2. También se usa la coma en forma obligatoria en el caso del vocativo. Veamos unos ejemplos: a. Pamela, pásame esa mascota. ; b. Pásame esa mascota, Pamela. ; c. Pásame, Pamela, esa mascota. Fíjense que hay que tener en cuenta la ubicación del  vocativo, pues de eso puede   depender  la cantidad de comas y dónde se escribe(n).
  3. Escribiremos coma, también obligatoriamente, delante de “ya que”, “puesto que”, “en vista de que”, etc., con carácter o sentido consecutivo, es decir, que expresan, en  las proposiciones de una oración compuesta, una relación de causa-consecuencia y que no permiten el empleo del  punto y coma o del punto por el nexo que las relaciona, y porque, por el  sentido que expresan, la una necesita de la otra. Ejemplos: a. Deja de estudiar tanto, ya que has estado muy débil últimamente. ; b. Seguro que obtendrás buenas notas, puesto que has estudiado muy bien el material que te asignaron.
  4. También se usará coma obligatoria delante y después de “es decir”, “o sea”, “esto es”, “por consiguiente”, “en efecto”, “por lo tanto”, “sin embargo”, etc., cuando estas expresiones relacionan partes de una oración simple. Ejemplos: a. Esa joven, es decir, Matilde, trabaja en una empresa de Bonao. ; b. Y Agustín Pérez, en efecto, renunció  como contador de esa compañía. ; c. No le aplicaron correctamente lo que estipula el contrato. Y ella, por consiguiente, reclamó sus derechos.
  5. Se usará también coma obligatoria después de “en afecto”, “es decir”, “o sea”, “esto es”, “por consiguiente”, “por lo tanto”, “sin embargo”, etc., cuando estas expresiones unen partes (o proposiciones) de una oración compuesta. Veamos ejemplos de este caso 7: a. El maquinista está muy cansado; en efecto, los duros trabajos realizados lo afectaron fuertemente. ; b. Renato es un empleado muy competente; es decir, lo que le toca resolver lo realiza a la perfección. ; c. Ella estaba muy cansada; sin embargo, media hora más tarde siguió preparando su examen.  (Continuará)

Clavo, desespere, paniqueado

Por Roberto E. Guzmán

CLAVO

“Ahora nadie en inopia y todos con un CLAVO guardado”.

¿A quién en su sano juicio se le ocurre guardar un clavo? Para que alguien guarde un objeto tan común, ha de ser muy especial o tener un valor sentimental muy elevado.

En verdad se está evitando develar el sentido de este clavo dominicano en esta parte. Más adelante llegará el lugar oportuno para hacerlo. Antes de llegar a esa parte, ha de aumentarse la expectación.

El clavo tiene larga historia en la lengua española. La acepción dominicana del clavo tiene precedentes semejantes en el español de otros países. No obstante, este clavo dominicano reviste características que lo individualizan. Se repasará esto más abajo en detalle.

En México el clavo es dinero, ya sea este en monedas, billetes o en objetos de valor guardados, escondidos. En ese país con ese nombre se designa también el escondrijo donde se guardan cosas.

La característica principal en el clavo dominicano, además de ser guardado, ahorrado, es que esto se hace con la intención de hacer frente a contingencias desagradables, para momentos o situaciones de necesidad.

Puede añadirse a lo que es puramente de la lengua que el clavo en otras regiones del país se llama “puñal”. Las personas que generalmente recurren a esta sana costumbre de ahorrar dinero para los tiempos difíciles son las mujeres. En algunas ocasiones los maridos de esas mujeres están al tanto de que ellas han distraído ese dinero, pues no hay mala intención en ello.

Llama la atención en la elección de las dos palabras dominicanas para el dinero ahorrado y escondido el hecho de que tanto puñal como clavo son objetos que pueden clavarse, hincarse, son objetos que penetran.

Aparte de lo ya consignado el clavo sirve para calificar otras cosas. Por ejemplo, se llamará clavo a la película de mala calidad, que aburre. Según parece esa calificación pasó a otros ámbitos, así lo registra el Diccionario del español dominicano (2013:191), pues incluye las actividades y los libros tediosos entre los que pueden calificarse de clavos.

 

DESESPERE

“. . . en realidad están en un DESESPERE atroz . . .”

La inventiva del hablante de español dominicano puede decirse que no conoce límites. Esto que se afirma se escribe sin desmedro del respeto que merecen las creaciones léxicas que existen en otros países.

Se está en la certeza de que los lectores de estos escritos ya saben que estas líneas tienen dos enfoques. Uno de ellos es el que concierne a la producción semántica de la actividad del habla; del modo en que se hace en esta sección. La otra vertiente de los enfoques tiene por objetivo recordar algunas nociones aceptadas por la mayoría de hablantes cultos.

El hablante dominicano no se conforma con el léxico que ha aprendido a través del tiempo, sino que crea nuevas voces que se ajustan mejor a sus necesidades expresivas.

En otro aparte se examinó la voz desespero. En esta ocasión le toca a desespere. Ambas voces son usadas en funciones de sustantivos. Esto a pesar de que en el español general existe la palabra desesperación.

El Diccionario del español dominicano (2013:253) asienta la voz desespero, “Impaciencia, intranquilidad”. Por medio del concepto que trae ese lexicón puede percibirse la diferencia entre esa voz y la desesperación. La última es la falta total de esperanza.

En el desespere hay agitación producto de la tensión e incertidumbre. Se utiliza la voz para transmitir el estado de ánimo que resulta de una determinada situación o actividad.

Puede aventurarse una explicación para establecer la diferencia entre el desespero y el desespere. Tal y como es posible hacerlo mediante la lectura de lo vaciado antes, el desespero es más suave, la situación emocional se manifiesta más en el interior de la persona. En el desespere trasciende al exterior el estado afectivo. Si lo que se ha expuesto más arriba se considera razonable, valdría la pena hacer un espacio para este desespere en los diccionarios de español dominicano del futuro.

 

PANIQUEADO

“La gente está PANIQUEADA. . .”

En el español regulado y reglado no hay un verbo derivado del nombre pánico que exprese el miedo o temor muy intenso que se siente o experimenta. En lugar de un solo verbo se hace necesario recurrir a una perífrasis con un verbo.

De modo indirecto puede decirse que una persona es “presa de pánico, que esa persona es presa del pánico, que fue paralizada por el pánico, entró en pánico”. Así mismo se dirá o escribirá que algo “causa, provoca, infunde, inspira, despierta pánico”.

No conforme con estos recursos que la lengua ha puesto a disposición del hablante; como producto de la práctica del habla y sobre todo de la escritura, algunas personas no se sienten cómodas con esas vueltas y prefieren disponer de algo más directo para expresar la impresión que sienten bajo los efectos del pánico.

Es de esa actitud de inconformidad de donde se deriva que algunos hablantes hayan sentido la necesidad de abreviar el mensaje y se hayan entregado a la tarea de crear un verbo, paniquear.

La lengua inglesa es muy posible que haya tenido influencia en esta creación del verbo paniquear y del adjetivo paniqueado. En inglés el verbo to panic puede ser transitivo e intransitivo.

Hace ya bastante tiempo que en el habla se usa el verbo y sus derivados. El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española registra el verbo “paniquearse” en funciones de intransitivo pronominal en uso entre los hablantes jóvenes en Estados Unidos, Guatemala, Costa Rica, República Dominicana, Puerto Rico y Ecuador. En México es de uso popular. En estos países se emplea para, “Experimentar pánico, alarmarse”.

En algunos países se utiliza solo para, “Tener pánico por efecto de las drogas”.

Ramplimazo / ramplinazo, papadió, a escondidas / a *escondida, etéreo / estéreo

Por Roberto E. Guzmán

RAMPLIMAZO – RAMPLINAZO

“A pesar del RAMPLIMAZO que yo le había propinado. . .”

En el español dominicano existe este ramplimazo documentado en la literatura. De acuerdo con lo que recuerda quien escribe estas notas acerca del idioma dominicano este había oído una voz con una pequeña diferencia en su ortografía con igualdad de acepciones, ramplinazo.

Es muy probable que la voz primera para el “golpe fuerte que se recibe” fuera la que termina en -nazo (con ene/n/) que cambió a la letra eme /m/, como resultado de la atracción que le hizo la existencia en español de la palabra mazo, con el significado de “martillo grande o, maza pequeña para machacar”. Ha de tenerse en cuenta que los vocablos martillo y mazo son herramientas para golpear; por lo tanto, tienen relación con ramplimazo.

Que algo como lo que se sugiere ocurriera no es un fenómeno raro en las lenguas, pues ha ocurrido y está ampliamente documentado en la historia del español. El más fácil de explicar y de entender es el de vagamundo por vagabundo.

El ramplinazo ha evolucionado a través del tiempo. Comenzó por ser solo el golpe fuerte. Luego pasó a ser la señal que deja el golpe. De ahí a significar la reprimenda severa. Al final llegó hasta a designar el “impulso repentino de hacer algo”, que es una metáfora sedimentada quizás en el rasgo de “inesperado o imprevisto” que consta en su definición.

Por una inexplicable razón o, sin ella, desde la primera vez que se oyó esta voz hace cerca de sesenta y cinco años, se ha identificado el golpe del ramplinazo, ramplimazo con el que se propina con una espada, espadín o machete. Esto así quizás por aquello de “planazo” que es el golpe que se da con la plana del machete o del sable. El propósito o en todo caso el resultado de este tipo de golpes es producir contusiones y no heridas cortantes. El ran/ram de la primera parte de esta voz “suena” como una onomatopeya que mueve a pensar en el sable, el machete y la espada cuando estos golpean.

 

PAPADIÓ

“. . . cierto que se está llevando mucha gente a visitar a PAPADIÓ. . .”

Hay que celebrar que algunos escritores y periodistas rescaten algunas voces del habla diaria que de otro modo caerían en el olvido. Este Papadió es una de ellas.

Se escribió Papadió con pe /p/ inicial mayúscula porque se usa en lugar de simplemente utilizar Dios que es un nombre propio antonomástico, por tanto, pasa a tener las mismas cualidades que el Dios es para la persona que profesa una religión monoteísta.

En la voz del título no hay secreto. Se ha formado utilizando la palabra papá en tanto nombre de alguien protector, de allí que algunas personas al mencionar a esa divinidad lo hagan más cercana a sí mismos, Papadió. Hay quienes para mencionar al dios que reconocen lo hacen llamándolo “El Padre”.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española recoge la voz Papadios en tanto reconocida en Panamá y Venezuela. Una vez más hay que destacar la gran coincidencia que existe entre las voces populares corrientes de República Dominicana y Venezuela.

Queda claro mediante lo expuesto más arriba que una cosa es la representación de la voz para consumo de los eruditos y otra la forma de pronunciarla en las conversaciones de cada día, de allí que quien la usó, la escribió de la manera en que suena en el habla descuidada. La escritura refleja una costumbre típica del habla diaria.

Con lo que se ha escrito aquí y la documentación que se mencionó antes queda preparado el terreno para que se incorpore esta voz a los diccionarios del habla de los dominicanos.

 

A ESCONDIDAS – A *ESCONDIDA

“. . . se está defendiendo, hasta A ESCONDIDA . . .”

Algunas locuciones al escribirlas resultan víctimas de la pronunciación descuidada. Eso a lo que se aludió en la oración anterior parece que ha sucedido en el caso de la locución adverbial de conocimiento general “a escondidas” que en el texto copiado más arriba figura sin la ese /s/ final.

Hay que señalar que la locución del título es muy conocida. El problema que se presenta con esta en la cita es en lo relativo a esa última letra ese /s/, que al decirla “se queda en el buche”, no se enuncia porque no se reconoce de inmediato razón alguna para que la lleve. Puede ser también porque en el habla cotidiana la ese /s/ final desaparece.

A escondidas lleva el mensaje de “escondiéndose, tratando de no ser visto”. Diccionario fraseológico documentado del español actual (2017:307). El Diccionario de uso del español (2007-I-1229) ofrece una equivalencia que se presenta mejor para aclarar el concepto en cuanto al sentido con que se usa en la cita, “ocultamente, ocultándose”.

 

ETÉREO – ESTÉREO

“. . . lo que no puede ser visto, imperceptible, ESTÉREO . . .”

El refinamiento puede llevar al error por exageración. Esa es la impresión que se percibe al leer la frase que a manera de ejemplo engalana esta sección. La refinada ese /s/ colocada fuera de sitio cambia en este caso la significación de la palabra.

De las dos palabras del epígrafe una pertenece al lenguaje culto, al tiempo que la otra comenzó por ser del lenguaje técnico para acabar en el habla común del hablante de a pie. Esto y más se detallará más abajo.

Etéreo es un término que pertenece a la Filosofía. De allí pasó a la literatura. Se ha quedado en las alturas. Comenzó por ser adjetivo relacionado con éter. En el lenguaje literario lo recogieron por la cualidad de sutil, vago, impreciso, sublime. De allí lo llevaron a designar “del cielo”. Todo lo anterior se extrajo del Gran diccionario de la lengua española de Larousse.

El vocablo estéreo tiene un currículo más pedestre. De unidad de medida en su origen se hizo famoso por haberlo adoptado la comodidad del hablante como el apócope de estereofónico. El rasgo definitorio de la estereofonía es que da sensación de relieve a los sonidos.

En el habla de los dominicanos estéreo cobró el valor de sustantivo equivalente de “equipo de sonido estereofónico”. Se popularizó el sistema hasta que dejó de llamar la atención por su omnipresencia.

Etéreo es un palabra de domingo. De día festivo y círculo escogido. Goza por nombrar las cosas que están más allá de la tierra, lo celestial, espiritual. Cuando se utiliza para una cualidad de algo se destaca con este término su falta de sustancia material. De allí es de donde los escritores han tomado el término para llevarlo a significar lo delicado o refinado.

Por lo vaciado en el párrafo retropróximo puede apreciarse la gran distancia que separa los dos vocablos del título. No hay “perdón de Dios” para quien confunde los dos vocablos.

 

Tendencia al empleo del yqueísmo y del ydesqueísmo con “Ojalá”

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Se cuentan por miles (se dice que son 4000) las palabras del castellano que tienen origen árabe, muchas de las cuales empleamos diariamente, como son aceite, almohada, baño, limón, naranja, quintal.

Una de las palabras que proceden de esa lengua y que usamos con frecuencia  es “ojalá”. Esta tiene matiz religioso y significa, por los elementos constituyentes que la forman, “Si Dios quisiera” o “Quiera Dios”. En el uso español expresa un deseo del que habla hacia aquel con quien intercambiamos,   nos comunicamos o en quien pensamos.

Así, cuando decimos “Ojalá que te vaya bien en tu viaje”, expresamos “Queremos que te vaya bien en tu viaje”. Pero por la implicación religiosa que tiene “ojalá”, como lo acabamos de decir,  por su origen árabe, implícitamente queremos significar “Quiera Dios”  o “Nos gustaría que Dios quisiera” que te vaya bien en tu viaje.

Pasando al plano sintáctico, que es lo que quiero exponer esta vez, diremos que la oración “Ojalá que te vaya bien en tu viaje”, está constituida por una oración compuesta de dos proposiciones, una que es la principal, y la otra que  es una subordinada adjetiva con función  de objeto directo. La principal es “Ojalá”=Queremos=Quiera  Dios=Nos gustaría que Dios quisiera; y la subordinada de objeto directo “que te vaya bien en tu viaje.” Esta última, la subordinada, en buen castellano, irá iniciada por “que”. Por esa razón, en toda oración iniciada por “Ojalá” la palabra que le debe seguir es “que”, al igual que como lo hacemos con “Queremos que…”, “Deseamos que…”, “Quiera Dios que…”

Es de notar que ninguno de nosotros dice ni ha oído decir “Queremos y…”, “Queremos y que…”, “Quiera Dios y que…”, pero con el empleo de “Ojalá” sí escuchamos a muchos decir “Ojalá y que…”, “Ojalá y…”, como en los casos siguientes:

  1. Ojalá y que te vaya bien en tu viaje.
  2. Ojalá y te vaya bien en tu viaje.

Al uso que aparece en el ejemplo 1,   se le ha dado el nombre de “yqueísmo”, y al que aparece en el 2, se le ha nominado “ydesqueísmo”.  En el “yqueísmo” se usa indebidamente  “y” delante del “que” que pide la sintaxis, y en el “ydesqueísmo” se elimina  “que” y en  su lugar se emplea  “y”.

Esos dos usos sintácticos, quebrantadores de la sintaxis tradicional del castellano, están apareciendo en el habla dominicana con mucha frecuencia, o mejor dicho, con extremada frecuencia. Para constatar lo que acabo de afirmar, vea y  escuche el canal Telesistema, en su horario de 6 a 8 de la mañana, dedicado a noticias, comentarios y entrevistas. Allí escuchará el “ojalá” con el empleo del “yqueísmo” y del “ydesqueísmo” de parte de una comunicadora.  Lo mismo sucederá en Colorvisión en el programa de 8 a 10, cuando la locuaz y joven comunicadora  usa “ojalá”.  A ambas comunicadoras, con su admirable fluidez expresiva, las escucharemos decir “Ojalá y …”, y “Ojalá y que…” Es muy probable que escuche “Ojalá y que…” en boca de otros muchos comunicadores y usuarios dominicanos, al igual que “Ojalá y…”, aunque también escuchará, como yo escuché en la Z101, y en emisoras de radio y en canales de televisión, el empleo de “Ojalá” en la forma sintáctica que nos dicta la norma, es decir: “Ojalá que…”

Además del “yqueísmo” y del “ydesqueísmo” usado con “Ojalá”, se da, aunque con menor frecuencia, el “desqueísmo”, que consiste en emplear “Ojalá” sin el “que”, como sería “Ojalá llegues temprano a La Vega”.

Está tan metido en el  hábito lingüístico de las dos comunicadores ya mencionadas, el emplear “Ojalá” alejado de la norma sintáctica, que es muy improbable escucharlas decir “Ojalá que…” Aparentemente ese uso lingüístico aparece empleado, tratándose de comunicadores, con mayor frecuencia, en comunicadoras. Y  decimos aparentemente al no existir ningún estudio con valor científico sobre este tópico, por lo cual solo podemos hablar de este fenómeno por simples apreciaciones.

Ahora bien, ¿cuál pudiera ser el origen del uso de “Ojalá y que…” Es probable que ese empleo  provenga de la presencia de una “y” en una oración formada por 3 proposiciones articuladas por la principal representada por “Ojalá”, y dos subordinadas de objeto directo, que a su vez van coordinadas mediante “y”, como lo podemos visualizar en el siguiente ejemplo:

“Ojalá que tengas éxito en tu diligencia y que regreses temprano a tu casa.”

Como se puede ver en ese ejemplo, la segunda proposición tiene “y que” obligatorio por la coordinación existente entre la primera proposición “que tengas éxito en tu diligencia” y la segunda proposición “que regreses temprano a tu casa”. Quizás por algún tipo de “contagio”, provocado por el “y que” de la coordinación,   se  comenzٕó  a emplear “Ojalá” seguido de  “y que” a pesar de no haber coordinación.

De acuerdo a lo antes expuesto, debe quedar claro que la sintaxis del español no permite “y” en la primera subordinada. Por lo tanto, no debe decirse ni:

  1. Ojalá y que te vaya bien.
  2. Ojalá y te vaya bien.

Ni tampoco debe suprimirse “que” después de “Ojalá”. Es por eso que debe decirse:

-Ojalá que te vaya bien. (Pero no: “Ojalá te vaya bien”, como a veces se le escucha decir a algunos usuarios de nuestro “Ojalá” en programas de una alta audiencia).

¿Seremos capaces de rectificar el desacierto de emplear el “yqueísmo” y el “ydesqueísmo” y comenzar a usar a “ojalá” con su “que”, diciendo “Ojalá que…”?

 

 

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

HOY NO ES VIERNES

Ando enredada con la mitología clásica; y, como siempre, con las palabras. Algunas de las nuestras –no podían ser menos como herederas del latín– tienen su origen en los nombres de ciertos personajes mitológicos y presumen de una curiosa historia que nos transporta a relatos ancestrales que forman parte de nuestra cultura.Siete días tiene la semana y cuatro de ellos les deben sus nombres a antiguos dioses. El martes (dies Martis), como hoy, segundo día de la semana, se le dedica a Marte, dios de la guerra, aquel que para los griegos era el dios olímpico Ares, hijo de Zeus y Hera. El mismo origen del adjetivo marcial, relacionado con la guerra y la milicia.

El miércoles (dies Mercuris) honraremos a Mercurio, el mensajero de los dioses; Hermes para los griegos, hijo de Zeus y Maya, ingenioso y buen orador, era venerado como dios del comercio. Calzaba unas sandalias aladas que le ayudaban a cruzar con facilidad las fronteras, incluso aquella que separa la vida de la muerte. También el elemento químico mercurio, metal y líquido, le rinde homenaje por su movilidad.

El jueves (dies Iovis), le llega el turno a Júpiter el Zeus griego, padre de los dioses olímpicos, cuyo nombre está en el origen de la palabra dios.

El viernes (dies Veneris), quinto día de la semana y el más esperado, está dedicado a la diosa romana Venus, la griega Afrodita. Diosa del amor y del erotismo, su nombre latino está en el origen del adjetivo venéreo, relacionado con el placer sexual, y con las enfermedades que se transmiten por contacto sexual; y de su nombre griego surgen el sustantivo y adjetivo afrodisíaco (o afrodisiaco), para referirse a lo que excita o estimula el apetito sexual. Hasta aquí, que hoy no es viernes y el cuerpo lo sabe.

 

EL HILO DE ARIADNA 

Guiada por el hilo de Ariadna sigo recorriendo el laberinto de las palabras con ecos mitológicos. Fue Dédalo el arquitecto más famoso por haber diseñado y construido, por orden de Minos, rey de Creta, el laberinto en cuyas encrucijadas se perdía Minotauro. A este arquitecto y a su obra alude el sustantivo dédalo con el que nos referimos a algo confuso o enredado.

Nada mal nos vendría un atlas para no perdernos en nuestro viaje por el mundo de las palabras mitológicas. Atlas, el titán castigado por el dios Zeus a cargar sobre sus hombros la bóveda celeste, le presta el nombre a este libro formado por una recopilación de mapas (los hay, incluso, de palabras). Imaginen los padecimientos del pobre titán Atlas con las cervicales; por eso la primera de estas vértebras también le rinde homenaje con su nombre. Los titanes, hijos de los dioses Gea y Urano, prestaron su nombre para designar a quien se le reconoce alguna cualidad extraordinaria; con él construimos el adjetivo titánico para describir lo que es desmesurado o excesivo; y el nombre del titanio, elemento químico metálico de gran dureza y resistencia.

Como alguna vez escribí, un recorrido por la lengua es una odisea de palabras; nos embarcamos, según la definición del DLE , en un ‘viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero’. Las peripecias nos esperan en cada recodo del camino, como aquella de descubrir que el sustantivo odisea le debe su ser a la Odisea, el poema de Homero que narra el mítico viaje de regreso de Odiseos desde las costas de Troya a su anhelado hogar, Ítaca. Nuestra odisea con las palabras conduce casi siempre al diccionario, que, como el hilo de Ariadna, nos ayuda a regresar a casa.

 

SIRENAS Y QUIMERAS

El viaje por las palabras y la mitología es largo y está plagado de aventuras. Durante la travesía nos topamos con seres extraordinarios y con sus no menos extraordinarios nombres. Roguemos para que la voluntad de Eolo, señor de los vientos, nos sea favorable y llene nuestras velas con sus impulsos eólicos. En nuestro recorrido encontraremos a los cíclopes, gigantes de un solo ojo en la frente, de fuerza descomunal, que han prestado su nombre a los adjetivos ciclópeo y ciclópico, para describir lo gigantesco o excesivo.

No nos desviarán los cantos de las sirenas, esas ninfas marinas con busto de mujer y cuerpo de ave que pierden a tantos marineros. Cómo sería esa forma de cantar que ha dado el nombre de cantos de sirena a las palabras hermosas y convincentes que encierran una gran capacidad de seducción. Un poco más prosaicas, pero igualmente audibles, son las sirenas de las ambulancias, de los carros de policía o de los camiones de bomberos, o aquellas que anuncian alguna situación de alarma o el final de la jornada laboral. En el mar encontraremos infinidad de medusas –aguamalas o aguavivas también se las llama–, cuyos tentáculos recuerdan a las serpientes venenosas que formaban la cabellera de Medusa, una de las tres gorgonas, que petrificaba a todo aquel que la miraba a los ojos.

Cuando atraquemos y nuestros pies bajen a tierra quizás tengamos la desdicha de encontrarnos con Quimera, un ser mitológico con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Nunca sabremos cuántas quimeras más nos esperan en el camino; las quimeras, imaginaciones y espejismos que aparentan ser verdaderos y que no lo son, no logran desviarnos de este camino de las palabras mitológicas que recorreremos nuevamente la próxima semana.

 

DIOSES Y HÉROES

La mitología clásica está detrás de algunos sustantivos y adjetivos que atribuyen cualidades o comportamientos relacionados con los dioses o los héroes griegos y romanos. Como en tantos aspectos de nuestra cultura, la mitología funciona como punto de referencia, aunque las más de las veces nos pase desapercibida.

El nombre del dios olímpico Dioniso es la raíz de nuestro adjetivo dionisíaco (o dionisiaco), que atribuye a quien se le aplica la naturaleza impulsiva, vitalista y gozadora de Dioniso, dios del vino y la fertilidad. Dioniso tenía a Baco como su correlato latino y, a partir de su nombre, surge el adjetivo báquico, aplicado a aquello relacionado con la ebriedad. Por el contrario, el nombre de Apolo, uno de los dioses olímpicos más poderosos, considerado el dios de la belleza, de la armonía y del equilibrio, está en el origen del adjetivo apolíneo, que se aplica a todo aquello que posee estas cualidades. Si en un hombre queremos destacar la perfección de sus rasgos o de su cuerpo diremos de él que es apolíneo, o lo consideraremos directamente un apolo; incluso, un adonis, comparándolo a la eterna belleza y juventud del dios Adonis.

En cambio, si la cosa no va de belleza sino de fuerza, lo consideraremos un hércules, acordándonos de Hércules, héroe mitológico de extraordinaria fuerza y corpulencia que presta su nombre para construir el adjetivo hercúleo, referido a una persona musculosa y muy fuerte. Cuando, en cambio, lo que destaca es el carácter enamoradizo, lo consideramos un cupido, en referencia a Cupido, dios romano del amor, hijo de la diosa Venus.

 

VIDA Y MUERTE

El hilo conductor de la mitología, como el hilo de Ariadna, nos está sirviendo para repasar un nutrido grupo de hermosas palabras de nuestra lengua que remontan su origen a personajes clásicos. Hablábamos la semana pasada de Cupido, dios romano del amor. Hoy hablaremos de su correspondiente griego, el dios Eros, que está en el origen de nuestros términos erotismo y erótico. En griego la palabra eros se refería al amor sexual, de ahí que funcione como raíz de erotismo ‘amor o placer sexuales’ y de erótico ‘relativo al amor o placer sexuales’ o ‘que excita el deseo sexual’.

Cupido era hijo de la diosa Venus, diosa del amor y la belleza, cuyo nombre usamos como sustantivo común, siempre con minúscula inicial, para referirnos a una mujer muy hermosa considerándola una venus. Su nombre también está en la raíz del adjetivo venéreo, ‘relacionado con el placer o el acto sexual’, y que usamos además para referirnos a las enfermedades de transmisión sexual.

El correlato griego de Venus era Afrodita, diosa nacida de la espuma del mar (les debo los detalles de la historia, que no pueden ser más escabrosos). Su nombre ha dado lugar al adjetivo afrodisíaco (afrodisiaco), aplicado a aquello que estimula el deseo sexual. Como sustantivo se refiere a las sustancias que tienen este efecto (o que dicen tenerlo, vaya usted a saber).

Entre los personajes mitológicos femeninos estaban las Parcas (las Moiras en Grecia), tres hermanas hilanderas que tenían en sus manos el destino de los mortales; una hermana hilaba, la otra devanaba y la última cortaba el hilo de la vida; por eso usamos la palabra parca para referirnos poéticamente a la muerte. Seguro que más de una vez han oído decir que nuestra vida pende de un hilo.

 

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

 LA COMIDA EXTRANJERA SE DISFRUTA EN ESPAÑOL

Este artículo es una variación en torno al tema de los vocablos extranjeros  empleados  al hablar nuestra lengua. Reiteramos que la primera actitud debe ser evitar su uso, pero si la palabra exótica resultara  indispensable, lo que   procede  es   buscar la forma de adaptarla  al castellano. Un  extranjerismo  se hace necesario porque  representa un objeto, una cualidad, una circunstancia o  una acción  que no ha sido nombrada en español.

 

En la entrega anterior   (23-3-2020)  tratamos sobre voces extranjeras relacionadas con el vestir y que ha sido preciso aceptarlas en español (bluyín, de blue jean; esmoquin,  de smoking). Hoy abordaremos   palabras extranjeras relacionadas con el comer  y las circunstancias que rodean  a este placer. Estas  recomendaciones están avaladas por el Diccionario panhispánico de dudas, publicación de la Asociación de academias de la Lengua Española. Veamos:

/Beicon/  (bacon). Del Inglés. Panceta ahumada. Lo que aquí llamamos tocineta. Otra forma  de adaptación es /bacón/, más fiel a la grafía original,  mientras la anterior lo es a la pronunciación.

/Bistec/  (beefsteak). Voz inglesa. Bistec es un perfecto ejemplo de adaptación. Filete de res. Plural: bistecs. Esta adaptación no niega su origen y se ajusta al perfil del español.

No dude usted en llamar /besamel/  o /bechamel/  (del francés béchamel) a la salsa hecha con harina, leche y mantequilla con la que se aderezan algunos platos.  En español es palabra aguda, sin tilde.

En el /apartotel/ (hotel de apartamentos), el  bulevar (del francés boulevard) o  en un  /búngalo/ o /bungaló/  (bungalow)  puede usted  apreciar  el /buqué/ (bouquet) o  aroma de su  vino y más tarde disfrutar de un /capuchino/  (cappuccino). Italiano. Tipo de café.

Si tuviera invitados, no coja estrés, ordene por /cáterin/ (catering). Esta voz inglesa significa servicio de comida. En español adquiere acento de esdrújula. Su plural  no varía: los cáterin.

Sean o no franceses los invitados,  usted puede brindar con /champán/ (champagne). Vino espumoso procedente de la región francesa de Champagne. También se adapta  como /champaña/, grafía más aproximada al francés. La otra gran bebida de Francia es el /coñac/ (cognac). El grupo –gn  en francés suena  eñe, pero esa lengua no tiene el signo –ñ, muy propio del español. De Francia nos llega también la voz /cruasán/  (croissant).  Pan en forma de media luna.

Para comer /espagueti/ no es preciso ir a Roma. (spaghetti). Voz italiana. Pasta alimenticia larga. Lo mismo el  /fuagrás/  (foi-gras). Voz francesa que denomina un plato hecho a base de hígado. Recuerde, no  se pierde /glamur/ (glamour) ni  se deja de ser /gurmé/ (gourmet), porque escriba así estos vocablos.

Viene bien tomarse un /jaibol/ (high ball). Inglés. Bebida alcohólica mezclada con otra, mientras se espera una /lasaña/  (lasagna)  o un platillo de /mozarela/ (mozzarella), queso fresco hecho con leche de  búfala. Si tiene dudas,  consulte al  /sumiller/ (sommelier, en francés). Persona encargada de vinos y licores en un restaurante. Podría recomendarle un /vermú/  (vermout o vermouth). Voz francesa tomada del alemán (wermut).Es licor aperitivo hecho con ajenjo. Para otro momento procede / yogur/ (yoghourt, yogourt). Voz de origen turco.

¿Qué decir de la voz inglesa “whisky”? Los académicos  recomendaron adaptar esta voz  con la grafía /güisqui/, y así aparece en el Diccionario. Pero más adelante a la uve doble (doble ve y mal llamada doble u) se le dio carta de ciudadanía en nuestro idioma  y se  ha reconsiderado   la escritura del nombre que identifica al licor británico: wiski es la forma  recomendada.

Ya lo ha visto usted: comidas y bebidas extranjeras se disfrutan en  nuestra lengua.

 

VACILACIONES Y ACIERTOS PARA NOMBRAR A LA COVID-19

La palabra /covid/ irá desapareciendo de nuestro uso cotidiano  según como la horrible peste  nos vaya dejando en paz. Pero ese acrónimo formado por cinco letras quedará para siempre en la historia de la humanidad, testimoniando la crueldad de una época. Este hecho marcará la historia de la medicina, de la economía,  de la música y los espectáculos artísticos como  de los deportes, sobre todo de aquellos que representan negocios lucrativos, por ejemplo beisbol y fútbol. En consecuencia, la palabra que lo nombra será asunto de interés para los académicos de la lengua española.

En el artículo anterior (19-7-20) hemos planteado el problema del género para  esta voz, formada como un producto de laboratorio   (acrónimo del inglés coronavirus disease, al que se añade el 19 por el año en el que se conoció el primer caso), que trajo al nacer la recomendación  de género femenino.

Sin embargo, en parte del mundo hispano, y más en República Dominicana, se ha preferido  nombrar esta enfermedad con el artículo en masculino. Gran responsabilidad de ello tienen los medios de comunicación. Justo es destacar que EL NACIONAL ha sido la excepción. Este diario se distingue por su persistencia y coherencia en el empleo de la forma femenina: la covid.

Les presento  ejemplos tomados de El Nacional:

– La covid-19 ha causado miles millones de dólares en pérdidas

-La covid debe ser una prioridad y un compromiso

-De acuerdo a Salud Pública, esta mañana la ocupación era el 92 % de las disponibilidades, mientras la covid-19 cobraba seis nuevos fallecidos…

Veamos muestras tomadas de otros diarios, unos con vacilaciones y otros sin preguntarse nada:

-El Covid vino a amargarle el café a la familia

-El tema político y la pandemia del  COVID-19 sacan de la agenda nacional otros asuntos… (Un articulista).

-La abrupta desaceleración de la economía mundial producto  de las medidas adoptadas para  combatir el COVID-19… (Articulista).

-Aunque el coronavirus que causa el covid-19  podría nunca desaparecer y volverse económico, … (Articulista).

-Los desafíos de Luis Abinader se han  multiplicado por  covid-19 (titular)

-Aunque comenzó en China, en estos momentos el  COVID-19 es un asunto global. (Articulista)

-La OMS cree que la vacuna contra el COVID-19 podría estar disponible a mediados de 2021 (Titular).

-Fracasó la estrategia contra el covid y se requiere más toque de queda (Articulista)

-Asonahores pide revelar cifras del COVID-19 por municipios (Titular)

El Gobierno (Presidencia, Ministerio de Salud…) ha preferido la forma masculina:

-Convivir con el COVID-19 de forma segura…

-El Covid-19 y la economía dominicana: Una visión internacional más favorable (Publicación del Banco Central).

Los reportes de Efe, la agencia española de noticias,  han mantenido uniformidad al llamar en  femenino a la terrible enfermedad:

-La ciudad de Nueva York no registró ninguna víctima mortal por la COVID-19 en 24 horas (Efe).

-América Latina y el Caribe llegaron este lunes al segundo lugar mundial en cuanto a fallecimientos por la COVID-19, al superar a EE UU y Canadá…(Efe).

COVID, Covid y covid, con artículos –la o –el, son las formas usadas. El proceso de lexicalización y adopción como una palabra de nuestra lengua dictaminará: covid.  Quizá con su género ocurra lo mismo del sustantivo /sartén/, voz femenina (la sartén) a la que en el habla dominicana se le menciona en masculino. O como el vocablo /pus/, registrado como masculino en el Diccionario y que aquí llamamos en femenino: la pus.

Nombrar a la covid en femenino y con minúscula es un acierto. Recordemos: “La función esencial de la ortografía es garantizar y facilitar la comunicación escrita entre los usuarios de una lengua mediante  el establecimiento de un código común para su representación gráfica”. (Ortografía de la lengua española, RAE-ASALE,  2010, pág. 12)

 

ENTRE EL COVID Y LA COVID: HE AHÍ  EL INTRÍNGULIS

 En algún momento, los académicos de la lengua española intentarán ponerse de acuerdo para  incorporar  formalmente  al léxico del español el nuevo vocablo  /covid/, surgido a propósito de la pandemia coronavirus, causante de la enfermedad covid-19.

El nombre COVID-19  fue  creado por  la Organización Mundial de la Salud en febrero de este año para  llamar a la enfermedad originada por el coronavirus  (acrónimo del inglés coronavirus disease, al que se añade el 19 por el año en el que se conoció el primer caso).

También en febrero, la Fundéu (Fundación del Español Urgente) recomendó  la grafía COVID-19  para el nombre abreviado de la enfermedad por coronavirus. Con mayúsculas, ya que se trata de la sigla inglesa de coronavirus disease, ‘enfermedad del coronavirus’. Dado que contiene el sustantivo enfermedad en su forma inglesa, su género es femenino (la COVID-19, mejor que el COVID-19).

La dificultad para los académicos, pese a la  aseveración de que el vocablo es femenino, es cuánto se ha divulgado  el uso  en masculino, desde todos los ámbitos y tribunas: desde el poder político, desde los púlpitos, desde los medios de comunicación.

El presidente Danilo  como el presidente electo  Luis Abinader han empleado el masculino para nombrar la enfermedad. El ministro de Salud Pública lo ha hecho cada día desde marzo hasta hoy.  La más reciente expresión desde la Presidencia de la República en referencia a la covid es la siguiente:

“Luego de consultar a las autoridades electas, presidente Danilo Medina solicita autorización al Congreso Nacional para declarar nuevamente en estado de emergencia el territorio nacional por 45 días debido a la reciente evolución epidemiológica del COVID-19”.  Es un tuit de  Roberto Rodríguez Marchena.

El presidente Abinader ha dicho: “Desde el inicio de la pandemia del  covid-19, recorro el país en ruta solidaria…”. Ese día  anunció que había sido contagiado de  la covid, pero dicho en masculino.

En los nombres de las enfermedades predomina el femenino porque  la palabra enfermedad  corresponde a ese género: la gripe, la fiebre, la parálisis. Esto varía cuando la situación se denomina  con más de un vocablo, pues predominará el género  del más importante: estado febril,  trastorno mental, el alzhéimer, el párkinson.   Los dos últimos nombres  son masculinos porque la voz que los ha acompañado  es masculina: síndrome.

El  nombre /covid/  ha surgido de un acrónimo y su escritura original ha sido COVID,  pero  su proceso de lexicalización   (conversión en una palabra) ha sido  muy rápido y se asimila como una palabra común del español (como sida, radar, ovni, oenegé…). De ahí que cuando  no se escriba todo en mayúscula  (COVID)  se escribirá  todo en minúscula: covid, nunca Covid.

“Los sustantivos que designan enfermedades son nombres comunes, por lo que deben escribirse con minúscula inicial: acromegalia, cáncer, diabetes, espina bífida,…Solo se escribirán con mayúscula si forman parte de una expresión denominativa que así lo exija (el nombre de una institución u organización, de un congreso, etc). Federación Española de Asociaciones de Espina Bífida e Hidrocefalia”. (Ortografía de la lengua española, 2010, pág. 501).

Esa misma obra, publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española y la Real Academia Española) apunta que en los nombres de enfermedades y síndromes que presentan un complemento preposicional que incluyen el nombre de su investigador o descubridor, se mantiene  la mayúscula característica del nombre propio, pero el sustantivo genérico debe escribirse con minúscula: enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, síndrome de Down, síndrome de Chagas.

La covid, en femenino y minúscula, era el tema, pero faltó algo decir. Seguimos el domingo.

 

PARTIDOS  PIDEN “RECONTEO” DE VOTOS, LA JCE DEBE HACER EL “RECUENTO”

A propósito  de la crisis suscitada tras las elecciones del 15 de mayo,  muchos candidatos  a cargos electivos  han repetido a  través de los medios de comunicación   la necesidad de contar detenidamente los votos   para salvar lo que consideran irregularidades. Con estos reclamos, políticos y periodistas han puesto en boga el vocablo “reconteo”, guardando para después el legítimo, que es recuento.

“PRM  pide reconteo en los tres niveles votación”, titula un diario como noticia principal.  Casi lo mismo, en la misma fecha, trajo otro diario: “PRM pide JCE reconteo manual tres niveles  votos”. Un tercer título, también de primera página: “Junta del Distrito realiza reconteo en 674 colegios”.

La derivación es un procedimiento genuino para crear palabras.  Quienes inventaron el término “reconteo”, han partido de agregar el prefijo “re” al sustantivo  “conteo”, y todo queda –al parecer-  conforme al perfil de la lengua española. Pero el vocablo “reconteo” es una creación innecesaria, pues ya se tiene la palabra que conlleva el caso. Por eso no aparece en el Diccionario académico.

Conteo viene de  contar y significa: cálculo, valoración.  2. m. cuenta (acción de contar). Contar. Del latín  computāre. El Diccionario le guarda estas acepciones: Numerar o computar las cosas considerándolas como unidades homogéneas. Contar los días, las ovejas.

Nuestro idioma  dispone del verbo /recontar/  que significa contar o volver a contar el número de cosas. Contar de nuevo.

El sustantivo derivado de la acción de recontar es  recuento.  A continuación cito las acepciones  con las que aparece en el Diccionario: 1. m. Acción y efecto de volver a contar algo. 2. m. inventario (‖ asiento de las cosas pertenecientes a una persona o comunidad).  3. m. Comprobación del número de personas, cosas, etc., que forman un conjunto.

Es  recomendable que los partidos  y candidatos, si no están de acuerdo con algunos resultados, exijan el “recuento” de votos y  que la prensa  se refiera a esa petición como “recuento”.

 

CONTAR Y RECONTAR LOS VOTOS

 Las opiniones divulgadas  en torno al modo de escrutinio de los votos en las elecciones del domingo  15  evidencian muy claramente la posición política  de quienes sustentan tales opiniones, sean juristas,  tecnólogos o periodistas. El gobierno  de Danilo Medina y su partido, el PLD, han llevado la voz cantante en la defensa del conteo electrónico.

Los  políticos polivalentes –forma elegante de llamar a los oportunistas-  se han dado gusto  en eso de ponerse donde los vean los patronos,  rechazando  el pedido de los partidos de oposición. Para un oportunista lo importante  es ampararse bajo la gracia de quienes reparten bienes públicos en pro de seguir  en el voraz disfrute del poder.

Entendidos en sociología  han considerado  “atípico”  el proceso electoral que se vive en República Dominicana. El Diccionario   académico define ese adjetivo de este modo: “Que por sus caracteres se aparta de los modelos representativos o de los tipos conocidos”.  Significa que estamos ante unas elecciones anormales.

Por eso la comunidad  dominicana está  bajo tensiones. Además de  las crispaciones  que genera un gobierno lanzado a las calles con todos los recursos del Estado al servicio de sus candidatos, se ha agregado la introducción de un sistema de conteo de los sufragios que produce desconfianza en los opositores.

Es ley y tradición en nuestro país que los votos se cuenten en la mesa electoral.  La Ley Electoral  275-97, en sus artículos  126 y 127, así lo establece: “ Terminada la votación, se procederá al escrutinio de los votos, que estará a cargo de cada colegio electoral, sin que éste pueda, en ningún caso, delegar o encomendar sus operaciones a personas extrañas a éste, ni suspenderlas”.

El artículo 127 indica: “Se abrirá la urna y se sacarán de ella las boletas que hubieren sido depositadas, contándolas, para confrontar su número con el de electores que hubieren votado según los inscritos en el formulario especial de concurrentes”.  A partir de que se cuente – manos y ojos- en cada colegio, que se recuente electrónicamente.

Ha sido medianamente sensato el pleno de la Junta Central Electoral  al escuchar el clamor de los partidos y aprobar  el  escrutinio manual de los votos en el cien por ciento de los colegios electorales en el nivel presidencial. De inmediato la medida fue apoyada por el Consejo de la Empresa Privada, aunque no ha satisfecho a los partidos.

Roberto Rosario, presidente de la JCE, dijo  que esta acción procura   “mayor transparencia, tranquilidad y satisfacción al universo de partidos y la sociedad”.  Transparencia es palabra vital para restablecer la  requerida tranquilidad. En República Dominicana está en juego la paz social. El nerviosismo, es obvio,  lo provocan  unas elecciones atípicas.

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AHORRARSE CIERTAS MAYÚSCULAS, A VECES VIENE BIEN

 El uso de la mayúscula inicial  constituye en ocasiones  un problema para quienes a menudo tenemos que escribir, sobre todo por razones de trabajo: periodistas, secretarias, escribientes, abogados, maestros. Al menos en español, lo normal es la minúscula y cuando se recurre a marcar una letra con la mayúscula, obedece a una necesidad. La tendencia actual en nuestra lengua es a disminuir su uso.

La función primordial de la mayúscula en español es  la de distinguir el nombre propio del nombre común. La Ortografía de la lengua española reconoce dos elementos:

  1. a) Los nombres propios genuinos, entre los que se encuentran los nombres de persona  o antropónimos (Andrés, Raúl, Alejandro, Pedro, María) y los nombres propios de lugar  o topónimos (Andalucía, Miches,  Barahona, Higüey).
  2. b) Las expresiones o etiquetas denominativas que, formadas por palabras del léxico común, o por una combinación de léxico común y nombres propios, se refieren a entidades únicas (instituciones, organismos, acontecimientos…) con una función claramente identificativa y singularizadora.

Ejemplos: Asociación de Estudiantes Universitarios de Jaquimeyes, Asociación Pro Bienestar de la Familia, Alcaldía de Santiago, Ministerio de Agricultura, Partido Revolucionario Moderno, Universidad Autónoma de Santo Domingo, Universidad Católica Madre y Maestra, Segunda Guerra Mundial.

En la mayoría de estas  expresiones  predominan los sustantivos comunes, que fuera  de este uso se escriben con minúscula (asociación, desarrollo, estudiantes, partido, alcaldía, ministerio, agricultura, madre, maestra, guerra). Por igual los adjetivos contenidos (revolucionario, moderno, autónoma, católica, segunda, mundial) son de uso común y se escribirán en minúscula cuando no formen parte de una expresión denominativa.

Ahora, los nombres de las instituciones –admito que es una repetición-  se escriben con mayúscula inicial, contrario a como se hace frecuentemente en el periodismo. Se dirá: El Ministerio de Hacienda  pagó la deuda  al Colegio Dominicano de Ingenieros,  Arquitectos y Agrimensores.

La diferencia está en cuando citamos al titular de la dependencia: Entregó el cheque el ministro de Hacienda, Simón Lizardo.

Como en las expresiones que denominan a los partidos políticos y las universidades, por citar las entidades más mencionadas en la prensa,  la palabra común de los órganos de gobierno suele ser parte de su nombre: Congreso Nacional, Cámara de Diputados, Poder Ejecutivo, Suprema Corte de Justicia, Senado de la República, Ejército Nacional, Marina de Guerra, Obispado de La Altagracia. Todas estas expresiones están formadas con palabras del léxico común, pero en estos casos, obviamente, se escribirán con mayúscula inicial.

Sin embargo, las palabras que designan a las personas involucradas en estas funciones siguen siendo nombres comunes, igual que plátano, cuaderno o mesa. Por tanto no necesitan mayúsculas estos términos: senador, diputado, legislador, presidente, juez,  procurador, magistrado, general, coronel, teniente, cabo, almirante, vicealmirante,  capitán de navío, marinero…obispo, monseñor, presbítero, catedral, diácono, monaguillo.

En fin, ahorrarse ciertas  mayúsculas conduce a evitar algunas  faltas de ortografía. Seguiremos con el tema.

 

MAYÚSCULA DE RELEVANCIA O CAPRICHOSA

La publicidad estatal marca con mayúscula  el vocablo “bicentenario”, a propósito de las festividades por los doscientos años   del nacimiento de Juan Pablo Duarte, el fundador de la República Dominicana.  Este uso no se corresponde con ninguna de las funciones lingüísticas de la mayúscula previstas en nuestra lengua.

Esta columna ha venido llamando mayúscula caprichosa al uso  arbitrario de la letra inicial en alta, pero los lingüistas la denominan  bellamente  mayúscula de relevancia, ya que  “…responden únicamente al deseo de poner de manifiesto la especial relevancia que quien escribe otorga al referente designado por la palabra así escrita”.

Las instituciones oficiales  disfrutan el uso de la mayúscula. Y se la colocan a  palabras  y expresiones como ley, decreto, sesión ordinaria, sesión extraordinaria, sesión solemne, señores diputados y  señores senadores.  El Tribunal  Constitucional, por ejemplo, publica un aviso en el que invita a los  actos conmemorativos de su primer aniversario, en los que incluye: Misa de Acción de Gracias, Catedral Primada, Audiencia Solemne y Sala Augusta.

La publicidad comercial abunda en mayúsculas caprichosas, pero no  por razones ideológicas ni de sentimientos, sino muchas veces por descuido o desconocimiento, pero obedeciendo a la tendencia a “mayusculizar” palabras aunque con ello se “minusculice” el idioma.

Instituciones académicas  gustan también del juego de la mayúscula de relevancia. Ejemplo, la Academia de Ciencias publica una convocatoria  a la Asamblea General Ordinaria, a la que son convocados  todos los  Miembros de Número. Fundamenta su  llamado en el Artículo 5 y el Articulo 6 de los Estatutos.

¿Hace falta mayúscula para las palabras artículo, estatutos, miembros, número, ordinaria…?

Todas las palabras destacadas con mayúscula son términos  comunes y  han sido  marcadas  en interés  de revestirlas de un valor  que las diferencia de las  demás. La “Ortografía de la lengua española” señala al respecto lo siguiente:

“La mayúscula está revestida de un cierto valor sacralizador y dignificante, probablemente derivado del uso monumental, solemne y suntuario de sus orígenes. Su prestigio gráfico se evidencia en el significado de la locución con mayúscula (s), que, pospuesta a un adjetivo o a un sustantivo, denota su más alto grado o su más elevada manifestación: tonto con mayúscula (s), amor con mayúscula (s)”.  (Página 514).

La gente común también quiere destacar sentimientos y apreciaciones    valiéndose  de las  mayúsculas. Las esquelas mortuorias constituyen buen ejemplo de ello.  Frecuentemente se ven invitaciones a misa por el Primer Aniversario de la muerte de alguien.  Pero también se dice: Querida Madre, tus Hijos nunca te olvidaremos. O se destaca que: Siempre tuviste Amor para los Tuyos.

Son las mayúsculas de relevancia, que van desde las pompas oficiales hasta las manifestaciones de la gente sencilla.

 

GRINGO,  YANQUI, AMERICANO, ESTADOUNIDENSE

 ¿Qué gentilicio corresponde a los habitantes del gran territorio ubicado en  Norteamérica  y que limita al norte con Canadá y al sur con México? El país  se llama Estados Unidos de América, el cual  declaró su independencia el 4 de julio de 1776, cuando las antiguas colonias enfrentaron al imperio británico con las armas y con la palabra.

¿Por qué les tenemos tan variadas  denominaciones a los  integrantes de esa nación? Echemos un vistazo lexicográfico  bajo la luz del Diccionario  de la lengua española, órgano de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

 

GRINGO, GA 

Este vocablo  (adjetivo) es de etimología discutible. Solemos usarlo con intención despectiva para nombrar a los  naturales de los EUA (Estados Unidos de América). Veamos lo que apunta el Diccionario académico:

  1. 1 coloq. Extranjero, especialmente de habla inglesa, y en general hablante de una lengua que no sea laespañola. U. t. c. s. 2. adj. coloq. Dicho de una lengua: extranjera. U. t. c. s. m. 3. adj. Bol., Chile, Col., Cuba, Ec., El Salv., Hond., Nic., Par., Perú, Ur. y Venestadounidense. U. t. c. s. 4. adj. Ur. inglés (‖ natural de Inglaterra). U. t. c. s. 5. adj. Ur. ruso (‖ natural de Rusia). U. t. c. s. 6. m. y f. Bol., Hond., Nic. y Perú. Persona rubia y de tez blanca. 7. m. coloq. Lenguaje ininteligible.

El origen de gringo ha sido asociado a la palabra “griego” para referir  un lenguaje que no se puede entender y por extensión a personas que hablan cualquier otro idioma que no sea el español. Hay menciones del término «gringo» en textos españoles de  hace siglos, siempre  aplicado a personas  que no hablan  nuestra lengua.

 

YANQUI

Esta voz  es la adaptación del  inglés  “yankee”.  Es como se llama a los naturales  de Nueva Inglaterra, zona de los Estados Unidos de América. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a Nueva Inglaterra o a los yanquis.  3. adj. coloq. estadounidense. Apl. a pers., u. t. c. s.

Es decir, que todos los nacidos en EUA no son yanquis, sino los procedentes de una región del noreste de ese país, la cual  comprende los estados de Maine, Vermont, Nuevo Hampshire, Massachusetts, Connecticut y Rhode Island.

 

AMERICANO, NA

Este  adjetivo se define con tres palabras: Natural de América. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a América o a los americanos.

En la cuarta acepción, el Diccionario lo presenta como sinónimo de  estadounidense. Todos sabemos lo difundido  que está el concepto de identificar con esta palabra a personas y cosas  procedentes de EUA: 5. m. café americano, desayuno americano, fútbol americano…Los  naturales de los demás países de América, incluidos sus líderes, intelectuales y comunicadores, hemos sido bastante concesivos respecto del gentilicio americano, prácticamente se lo cedemos a un solo país, como si nos abrazáramos  a la consigna: “América para los americanos”.

 

NORTEAMERICANO, NA

Lo que dice el Diccionario: 1. adj. Natural de América del Norte. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a América del Norte o a los norteamericanos.

Son norteamericanos los  naturales de México y Canadá, así como los  de Centroamérica, cinco países, son centroamericanos, los de  Suraméricana, suramericanos y los de las Antillas, antillanos. Por tanto, norteamericano no es el gentilicio de los nacidos en EUA. No obstante, por la persistencia de muchos hablantes en  el uso de la palabra con tal sentido, los académicos la  han incorporado  con esa significación: 3. adj. estadounidense.

 

ESTADOUNIDENSE

  1. adj. Natural de los Estados Unidos de América. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a los Estados Unidos de América o a los estadounidenses.

He ahí  el gentilicio de los naturales de EUA.

 

SIN Ñ NO HAY ESPAÑOL, NO SEÑOR

Las veintisiete letras que integran el alfabeto español son importantes porque todas cumplen una función  para articular las palabras con las  que nombramos seres y cosas (sustantivos), expresamos cualidades de esos seres y cosas (adjetivos) o le atribuimos  acciones (verbos).

Sin embargo, vamos a destacar la decimoquinta  letra, acogiendo una sugerencia del doctor Oscar M. Herasme, apreciado amigo y lector de esta columna, quien ha propuesto referir el origen de la eñe.

En toda lengua funciona un aspecto fónico (se percibe por el oído) y a las unidades que lo componen se les llama fonemas, y también  un aspecto gráfico (nos llega por los ojos), son las letras o grafemas.

En la lengua latina, de cuyo alfabeto deriva el del español y de otras lenguas, no figuraba el signo o grafema Ñ, pero sí tenían los  romanos un sonido equivalente. Es muy propio del latín  el uso de la grafía /nn/ para formar palabras como /anno/ que en español derivó en año. Así ha ocurrido con otras palabras.

Conviene citar lo que  indica al respecto la Ortografía de la lengua española, publicación oficial de las academias: “La ñ tiene su origen en la abreviatura del dígrafo nn, que el español medieval escogió  para representar  el nuevo fonema palatal /ñ/, inexistente en latín. Este dígrafo solía escribirse de forma abreviada mediante una sola  n con una virgulilla encima, signo del que surge esta letra, genuinamente española, que también adoptaron el gallego y el vasco”. (Ortografía…2010, Madrid, pág.67).

Este hecho se remonta a períodos anteriores a la invención de la imprenta, cuando  los libros eran manuscritos y los monjes, en los monasterios, se dedicaban a copiar las obras. Para ganar tiempo, si se trataba de la grafía /nn/  los  copistas abreviaban anotando  una n pequeñita sobre la otra.

De  este modo,  la pequeña –n sobre la otra  evolucionó hacia la tilde que le conocemos a la eñe, un signo muy propio de la lengua  española y que ha sido implantado, por la colonización, en algunas   lenguas indígenas de América (quechua, aimara, guaraní…).

Otras combinaciones gráficas del latín también han conducido hacia la letra eñe.  Por ejemplo: mn, gn. Muchas palabras  que en lengua latina llevan la combinación /mn/ evolucionaron  hacia la escritura con eñe, tal el caso de /somnus/, que devino en sueño y  por igual el verbo /somniāre/ del que procede soñar.

El grupo /gn/ suena en latín como la eñe de nuestro idioma, sobre todo cuando aparece en medio de palabra. Buen ejemplo es el vocablo /cognoscĕre/, madre de nuestro verbo conocer y de otros sustantivos y adjetivos: cognición, cognitivo, palabras de pronunciación incómoda, pero que si se articularan conforme a su etimología (con ñ) entonces  resultarían malsonantes.

En algunas lenguas neolatinas  el grupo /gn/ representa lo que para nosotros  el sonido Ñ. Palabra francesa  muy conocida es /champagne/: vino espumoso procedente de la región francesa de Champagne. El nombre de la bebida, como sustantivo común,  se adapta  al español  como /champaña/, grafía más aproximada al francés, pero también  /champán/.

De Francia  también conocemos otra gran bebida  el: /coñac/, originalmente  (cognac, nombre de una región). El grupo –gn  en francés suena  eñe, pero esa lengua no tiene el signo –ñ, como el español.

Del italiano saboreamos  la voz /lasagna/, en la que gn suena eñe, por eso la hemos adaptado al español  como se pronuncia: lasaña. Esto indica que el italiano no tiene el signo Ñ, pero sí el sonido.

De acuerdo a los historiadores de nuestra lengua, la  Ñ apareció entre los siglos XIII y XIV. Vale anotar que junto a los signos de interrogación y entonación en el inicio de la oración, la Ñ es un rasgo distintivo de la lengua de Cervantes y Pedro Henríquez Ureña.

 

PANASIÁTICO, PANEUROPEO, PANAFRICANO Y PANAMERICANO: PANDEMIA

Entre los muchos aportes que del griego ha recibido la  lengua española hay que citar el elemento compositivo /pan-/. Los “elementos compositivos”,  de origen generalmente griego o latino, son segmentos morfológicos que intervienen en la formación de palabras compuestas anteponiéndose o posponiéndose a otro.

Con /pan-/, que significa “totalidad”,  tenemos en español la posibilidad de formar palabras que aplican al vocablo un valor relacionado a multiplicidad, conjunto, amplitud. Veamos algunas de las que registra el Diccionario de la lengua española:

Panamericanismo. Es la junta del elemento compositivo pan- con americanismo.  De este modo se denomina un movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los países americanos. De ahí surgen los adjetivos panamericanos y panamericanista.

El vocablo panteísmo (pan+theos+ismo) denomina un sistema  filosófico de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios. Adjetivos relacionados: panteísta y panteístico.

Pandemia. Oh qué palabra, cuánto dolor encierra. En griego, con este vocablo se ha llamado a una  ‘reunión del pueblo’, y ese uso no está desligado del sentido actual. En medicina: “Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. La OMS ha señalado entre las condiciones para que una infección sea pandemia que  “tenga la capacidad de transmitirse de persona a persona de forma eficaz”. El adjetivo /pandémico, ca/  indica que algo es perteneciente o relativo a la pandemia.

Panafricanismo. (De pan- y africanismo). Movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los países africanos. Panafricano y panafricanista son los adjetivos relacionados.

Y como hay panafricano y panamericano, hay  /panasiático, ca/, el adjetivo que  debería derivar  de “panasiatismo” o “panasianismo”, pero estos vocablos no aparecen en el Diccionario.  Al parecer  no hay un sustantivo para nombrar el movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los países asiáticos. Panasiático: Perteneciente o relativo al conjunto de los países asiáticos. Ejemplo,  Congreso panasiático

Pancromático. Es un adjetivo (De pan- y cromático). En fotografía. Dicho de una placa o de una película: Que tiene una sensibilidad aproximadamente igual para los diversos colores.

Panenteísmo. (De pan+ ‘en’+ theós ‘dios’ e –ismo). Teoría de Karl Krause, filósofo alemán de principios del siglo XIX, según la cual Dios contiene al mundo y este trasciende de Dios.

Panislamismo. (De pan- e islamismo).  Movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los países islámicos.

Panhelenismo. (De pan- y helenismo). En la antigua Grecia, movimiento que propugnaba la unión de los pueblos griegos.

Paneslavismo. (De pan-, eslavo e –ismo).

Movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los pueblos  eslavos.

Adjetivo: paneslavista.

Paneuropeísmo. (De paneuropeo e –ismo). Movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los países europeos. Adjetivos relacionados: paneuropeo y paneuropeísta.

Pangermanismo. (De pan-, Germania e –ismo). Movimiento que promueve la unión y la cooperación entre los países de origen germánico. Este vocablo ha sido  asociado a la doctrina imperialista que proclama la superioridad de los pueblos de origen germánico y procura su unión en una sola nación de tendencia expansionista. Adjetivos: pangermánico y pangermanista.

Panhelenismo. (De pan- y helenismo).  En la antigua Grecia, movimiento que propugnaba la unión de los pueblos griegos.

Panlogismo. (De pan-, el grigo lógos ‘razón’ e –ismo). En la filosofía: Teoría según la cual todo lo real es racional.

Panóptico, ca. (De pan- y el griego optikós ‘óptico’). Es adjetivo. Se dice  de un edificio: Construido de modo que toda su parte interior se pueda ver desde un solo punto. U. t. c. s. m. El Diccionario no registra, como en los otros casos, un sustantivo vinculado.

Panhispanismo.   Movimiento que promueve la unidad y la cooperación entre los países que hablan la lengua española. Adjetivos: panhispánico y  panhispanista.

 

BREVEDADES LEXICOGRÁFICAS

En un día doblemente festivo, les presento un tema  liviano. Para ello les presento un grupo de palabras  con las que se suele incurrir en dudas al momento de escribirlas o pronunciarlas. Son estas: henequén,  bejuco, vejiga, apartotel.

1-Henequén. Quienes hemos vivido la vida rural sabemos lo  que pica un saco de henequén llevado al hombro. Se hace de las pencas de una planta  “amarilidácea”. Es conocido también como saco de pita. El vulgo suele pronunciar “jenequén”,  “jeniquén”, pero es recomendable  henequén.

2- Bejuco. Planta sarmentosa y trepadora, propia de regiones tropicales. También se le llama así a la enredadera o planta trepadora.  Pero este vocablo ha sufrido muchas agresiones: “bujuco” ,” beuco”, “bouco”. Sin embargo,  se recomienda /bejuco/: bejuco indio, bejuco de musú, flaco como un bejuco. Por igual las palabras derivadas: bejucal, bejuquera, bejuquito.

3- Vejiga.  Es el nombre de un órgano muscular y membranoso, a manera de bolsa, que tienen el humano y otros vertebrados y en el cual va depositándose la orina producida en los riñones.  El nombre se ha extendido a otros  objetos, como los globos inflables usados en festividades. Con este vocablo ocurre el fenómeno que los lingüistas llaman ultracorrección, el cual consiste en cambiar formas correctas por otras que el hablante considera son las que proceden. Así  es como algunos  emplean “vehiga” o “veiga”, en lugar de la forma correcta que es /vejiga/. Derivadas: vejigazo, vejiguilla.

4- Pasa lo mismo con el término /jeringuilla/. Instrumento médico usado para inyectar líquidos en el cuerpo. Se ha tornado en un elemento de uso común, por lo cual la palabra ha  sufrido algunas distorsiones: “jiringuilla”, “eringuilla”, “iringuilla”, pero  lo cierto es que la forma  recomendada es /jeringuilla/ o /jeringa/, ya que jeringuilla es diminutivo de  jeringa.

5-Tusar. Según el Diccionario de la lengua  española/tusar/ procede de “tuso”, participio antiguo del verbo tundir. Agrega  el Diccionario que en el español de América es lo mismo que trasquilar. En varios países significa cortar el pelo a alguien, pero en  Argentina, Bolivia,  México, Panamá y Uruguay  se refiere acortar las crines del caballo según un modelo determinado. El Diccionario académico no lo indica, pero en República Dominicana /tusar/ es  recortar las plumas al gallo de pelea. El Diccionario del español dominicano lo confirma.

El verbo /tundir/ es de poco uso, procede del latín “tondēre” que se  traduce  ‘trasquilar’, ‘rapar’, ‘cortar’. “Tondere” era el verbo usado por los latinos para referir el corte del pelo a personas.  Una segunda acepción  incluye esta extraña explicación:  “Cortar o igualar con tijera el pelo de los paños”.

Cortar el pelo a alguien puede referirse con el verbo /tonsurar/ el cual procede del latín  tardío “tonsurāre”, pero esa voz  se la hemos dejado a la Iglesia católica. Durante siglos, se usó  la /tonsura/ para incorporar a un hombre como miembro del clero. Para ello se le cortaba, en forma de círculo,  el pelo de la parte trasera de la cabeza.  Otro verbo vinculado gráfica y semánticamente es /atusar/ que significa recortar e igualar el pelo con tijeras.

6– Apartotel. Este vocablo es un acrónimo, se ha formado por la unión de apartamento y hotel (apart + otel). Se emplea para denominar un hotel de apartamentos.     Pierde la –h de hotel y la fracción –amento, última parte del vocablo apartamento,  por tanto no debe escribirse     “apartahotel”, sino apartotel.

Hasta aquí por hoy, feliz domingo de Restauración.

Poetas de la Academia. José Luis Vega: «Sínsoras»

LAS AGUAS DE LA PARGUERA

En las aguas oscuras de la Parguera

viven miríadas de organismos luminiscentes.

Como a los ángeles, de ordinario, nadie los ve.

Pero todo, todo está lleno de lo que ocultan

desde los bordes de la bahía, y más allá,

hasta el ojo creciente del universo

que pestañea sobre cubierta.

Los canales torcidos de los manglares

fluyen cuajados de tanto hervor,

bajo sus ondas sobrecogidas

nadan legiones efervescentes.

Los pescadores acostumbrados nada comentan

de estos milagros microscópicos

ni se preguntan cuántos cabrían

en la cabeza de un alfiler.

Pero cuando las luces de las casas y las tabernas

laten sin luna al descampado,

si una mano revuelve las negras aguas,

si un cuerpo, grácil o torpe, cae en ellas,

o una lancha las corta con su proa,

ocurre que lo oscuro se ilumina, y el vacío

revela su materia incandescente.

Así es el cielo, un sol aquí, un sol allá,

iluminando a grandes trechos el firmamento

como las luces de las casas y las tabernas

asteriscan la noche de la Parguera.

Así es el cielo, cardumen de galaxias,

ebulliciones, y entre medio,

una inmensa agua negra que en su misterio

nadie sabe qué oculta.

Pero todo, todo está lleno de lo que oculta

hasta los bordes del más allá.

Unos dicen que alas, otros que ánimas,

en verdad algo cuántico,

miríadas de fotones fosforescentes

que cuando fulgen nadie los ve.

Hasta mi corazón tan descreído

está poblado de esta sustancia.

Es una ausencia abrumadora, como la fe.

Si una mano de cálculo la revuelve

o un cuerpo, vivo o muerto, cae en ella;

si un caronte la surca con su barca,

ocurre que lo oscuro se ilumina, y el vacío

revela su materia incandescente.

 

SAN JUAN, LISBOA, 1935

1

Un vapor, de humo quieto,

se aproxima a San Juan;

alguien, asomado a la borda,

ve a Lisboa surgir de turbia espuma.

A esta hora, este día,

una fuerza remota acerca las ciudades.

No es tristeza o nostalgia,

es algo desnombrado

que desencaja el tiempo del espacio.

Certeza de que un canto, un adoquín,

una piedra cualquiera,

vale todas las piedras.

O que todos los ríos son el Tajo

y todas las bahías, la Bahía.

Da lo mismo haber sido un gran puerto imperial

que el puerto de un imperio.

Hace sesenta años que Lisboa o San Juan

eran ciudades tristes.

Más que ciudades eran como un vasto almacén,

(ya saben del olor, la sellada marisma,

del eco y lo sombríos que son los almacenes).

Era como si una contuviese a la otra:

Lisboa, el almacén, San Juan, el eco,

conforme a los tamaños de la historia.

Mas conforme al amor de las ciudades

San Juan guarda a Lisboa.

2.

Reparemos ahora en los viandantes,

el diario bajo el brazo, lazos de pajarita,

los descalzos tirando de sí mismos

o en aquella de pulcra redecilla

que encamina sus pasos al deseo.

¿Quién es tal que vestido de negro,

gafas rotas, sombrero hasta las cejas,

asciende, rodeado de tantos invisibles,

por la calle San Justo, y dice rua,

impasible ante el sol?

¿Quién esotro, corbata de mal gusto,

a cuadros la camisa y tufo a ron,

que por la Rua do Alecrim desciende, y dice calle,

mal guardado a pesar del invernazo?

Dos poetas diversos y distantes.

Uno anhela un Imperio sin imperio,

tan solo los ropajes de la gloria;

otro anhela tan solo el sin imperio,

un peñón sobre el mar de la existencia.

Los poetas, igual que las ciudades,

se contienen los unos a los otros,

son palabra, son lengua,

son vastos almacenes invadidos

de una misma y sutil mercadería.

A nadie, pues, extrañe

que este oscuro viandante de Lisboa,

recién desembarcado, al evocar

su paso por Madeira, sus años africanos

haya inventado al otro y sus tambores;

y aquel, prendido a sus nostalgias,

en Guayama, en San Juan, en la Quimbamba,

al figurar su Ofelia en las Antillas,

se haya sentido luso y habitado.

No es Palés, es Pessoa,

dirán los entendidos cargadores del muelle

al verlos, tambaleantes, calle abajo,

izados por un aire de marina,

de brazo rumbo al río.

 

SÍNSORAS

Cuando muera, iré a la calle de la Cruz.

Bastará este deseo de viandante

y la eficacia del atardecer.

Iré a esa calle que de cielo a cielo

parte en dos la ciudad.

Sabré la cifra de sus adoquines

y por qué su inclinada geografía

me devuelve a Lisboa, a Éfeso,

a cierta esquina de Valparaíso

o a otros puertos translúcidos, sin nombre.

Bajo un paraguas, que nadie me verá,

descenderé silbando hasta la Dársena

donde fondea una barcaza oscura.

En las aguas pesadas y oleosas

habrá restos flotando a duras penas

y unos ojos exactos de aguaviva.

Será a la hora de soltar amarras.

A dónde iré cuando la noche caiga

eso ya no lo sé.

Jorge Juan Fernández Sangrador: León, el pianista

Aunque nació en el seno de una familia de judíos emigrantes del Este de Europa, no era ésta de aquellas que habían sido distinguidas con antepasados notoriamente dotados para la música y con instrumentistas afamados por su virtuosismo. Fue su madre, Bertha, la que tuvo la idea de comprar un piano. Le parecía a ella que, al igual que les había sucedido a muchos inmigrantes en los Estados Unidos, esa podía ser la puerta de acceso a una vida mejor para sus hijos.

En realidad, el piano se adquirió para el mayor, Raymond, que tenía por entonces 9 años de edad, el cual, en cuanto acababa la clase de música, que un profesor le daba en el domicilio de los Fleisher, salía inmediatamente de casa a jugar y se olvidaba del instrumento. Mientras que el pequeño, León, quien, desde el sofá, seguía atentamente las explicaciones, se sentaba al piano cuando éste quedaba libre y trataba de poner en práctica lo que de la lección recién impartida había logrado retener. Tenía solo 4 años. Y así comenzó su carrera como pianista León Fleisher, quien falleció, a causa de un cáncer, el domingo pasado, en Baltimore.

Del currículum académico de León hay que destacar el hecho de que Artur Schnabel lo admitiera como discípulo siendo aún un niño, pues el maestro no recibía a alumnos principiantes, pero el chiquillo daba muestras de poseer un talento extraordinario. León Fleisher entró así a formar parte de un linaje de músicos que se remontaba, a través de Schnabel, Theodor Leschetizky y Carl Czerny, al mismísimo Ludwig van Beethoven.

Es preciso decir que León había tenido en San Francisco, y cuando contaba solo 6 o 7 años de edad, un magnífico profesor de piano, Lev Shorr, junto al que adquirió la técnica, al estilo de los rusos, que lo habilitaría para ser «la trouvaille pianistique du XXe siècle» (el hallazgo pianístico del siglo XX), que fue lo que el director de orquesta Pierre Monteux dijo acerca de él.

Y llegó a ser el gran músico que todos auguraban, hasta que, después de cumplir los 36, León comenzó a sentir que los dedos meñique y anular de la mano derecha giraban hacia abajo y hacia adentro, haciéndosele imposible tocar el piano. Le diagnosticaron distonía focal. Y aunque esta es una disfunción cerebral, él atribuyó su mal al desgaste producido por las muchas horas que diariamente dedicaba a practicar sobre el teclado.

Todo lo que había logrado levantar durante casi cuatro décadas de exitosa actividad musical se derrumbó en un santiamén. Leon quedó sumido en un estado de postración anímica del que no fueron capaces de alzarlo ninguno de los traumatólogos, neurólogos y psiquiatras que visitó. Sin embargo, nadie es desgraciado él solo. Tampoco en esto. Y no era el único en el mundo que se veía súbitamente imposibilitado para la ejecución pianística por la parálisis de una mano. Le había sucedido también a Paul Wittgenstein.

Este, que era un gran pianista y hermano de Ludwig, el pensador y autor del “Tractactus logico-philosophicus”, había perdido una mano en la Primera Guerra Mundial. En vez de desanimarse, se empleó en hacer arreglos en piezas musicales o en encargarlas a compositores famosos, como Richard Strauss, Erich Wolfgang Korngold, Paul Hindemith, Serguei Prokofiev, Maurice Ravel o Benjamin Britten, con el fin de poder seguir tocando, aunque fuese con una mano sola, el instrumento en torno al cual giraba su vida entera. De éstas, la más famosa fue la que escribió para piano y orquesta Maurice Ravel: “Concierto para mano izquierda en re mayor”.

Y así, León, siguiendo el ejemplo de Wittgenstein y de otros músicos con hándicaps en las extremidades superiores, se atuvo al repertorio que podía interpretar con una mano y continuó dando conciertos. Comenzó, además, a impartir clases de piano. Era lo que había hecho con él su profesor Lev Shorr, que también padeció una larga y severa noche oscura, pues tenía un problema serio en la vista. León se sometió, años más tarde, a un tratamiento experimental con bótox y recuperó la movilidad de los dedos atrofiados, tornando a los conciertos en los que tocaba el piano con las dos manos.

El caso era no rendirse, ser útil a los demás y perseverar en esa suerte de sacerdocio de la belleza que es la consagración al cultivo de las artes en la forma en la que a uno le sea dado realizarlo, sin sucumbir jamás ante las adversidades. De ahí el que, en el tuit en el que Julian Fleisher, hijo de León, comunicó la noticia del fallecimiento de su padre, lo definiese en estos términos: «He was a monk who toiled away in the Church of Music» (Fue un monje que trabajó duramente en la Iglesia de la Música).

Y si es vistosa la estela de conciertos y de grabaciones que León deja tras su paso por este mundo, lo es mucho más el ejemplo de fortaleza, resiliencia y afán de superación que les lega, para que no se desalienten ante las contrariedades, a las generaciones venideras.

 

El origen de la creación eminente

UN AUTOR, UN LIBRO, DOS TEORÍAS Y UNA PONDERACIÓN

Por Leopoldo Minaya

   En el primer ensayo dedicado a Rubén Darío en su libro El lenguaje de la creación, don Bruno Rosario Candelier sustenta la tesis de que los grandes creadores, los «que han hecho una obra memorable con alta significación espiritual y estética para todos los tiempos y culturas», han podido elevarse a tales ámbitos gracias a lo que denomina «el impacto del dolor en la conciencia».

Don Bruno atribuye a experiencias traumáticas en la vida del ser humano —vale decir: del artista, del poeta—, especialmente en la infancia, época de formación, la capacidad de desarrollar aptitudes extraordinarias de sintonía con el cosmos como resultado del especial moldeado mental resultante de esas experiencias críticas. Apela a la autobiografía del poeta modernista, extrae hechos y circunstancias que sirven para la sustentación de la teoría, confirma sus asertos por medio de comparaciones y paralelismos, y a esto agrega, como elemento coadyuvante o propiciatorio, la proclividad de ciertas zonas del planeta a recibir y a permitir la circulación de efluvios estelares de espiritualidad en forma de mensajes cósmicos, entre ellos Ávila en España y la ciudad de León en Nicaragua.

La tasación de estas importantes y novedosas especulaciones hallarían tal vez como escollo o contrapartida la muy arraigada creencia de que «el poeta nace, no se hace», refrendada por la expresión «poeta nace, orador se hace», y la reticencia espontánea del poeta a considerarse a sí y a la excelencia de su arte divino como meras consecuencias del albur y de la fatalidad.

Nos parece que las conclusiones de don Bruno relativas a este punto pueden coexistir con la vieja creencia de la excepcionalidad artística como don innato. Personalmente, hallo verdad en su teoría, puesto que un acontecimiento trascendental, altamente impresionante y estremecedor en la vida del artista positivamente puede originar un estado de vigilia permanente que lo haga voltear la mirada y hacerse receptivo a las altas instancias del origen del ser, su misión, su función, su destino y sus ultimidades.

La evaluación individual bien puede hacerla el lector mediante la lectura directa del ensayo de marras, intitulado «La irradiación estelar en la poesía de Rubén Darío», porque pudiera uno estar de acuerdo o no con este u otro de los planteamientos del Maestro interiorista, pero no podría evitar el quedar prendado por la densidad y la solidez de sus exposiciones; de esto quiero dejar constancia aquí: de la admirable manera en que el autor maneja la técnica del ensayo literario, de la destreza embriagante con que sostiene las argumentaciones, cincela la frase y amolda los conceptos; y de la utilización de presupuestos investigativos poco trillados en la crítica hispanoamericana, postulados enriquecidos por la agudeza incisiva de la observación y la opinión inteligente de quien asume con efusión de rabdomante los misterios fundacionales…

En el segundo ensayo con el genio de Darío como figura central en la obra El lenguaje de la creación, don Bruno replantea la teoría del troquelado neuronal del artista de excepción por medio de hechos traumáticos que suscitan un miedo terrífico (los había enumerado en el primero: «suceso estremecedor, golpe en la cabeza, contacto eléctrico, rayo del cielo o dolencia patológica», y los reenumera ahora incluyendo: nacimiento traumático, dolencia nerviosa, un hecho en la infancia…, sin carácter limitativo); episodios catastróficos o miedos terríficos que habilitan o perfeccionan la capacidad del ser para conectarse a efluvios e irradiaciones cósmicas que fomentan y refuerzan el impulso creador.

Este primer presupuesto —continuando con los postulados del autor—  una vez asociado a una visión o perspectiva metafísica en el creador, que deberá auxiliarse además de un conglomerado de imágenes arquetípicas y de los sentidos interiores o de la revelación, dará a luz la cabal expresión poética o la locución trascendente, que se entiende conectada con lo divino (entidad numinosa en todo caso, surtidora de la cósmica sabiduría) a través del subconsciente y del inconsciente individual y colectivo.

La construcción teórica es brillante, compleja, altamente especulativa. El elemento nuevo con respecto al ensayo inmediatamente anterior también referido al autor de Prosas profanas es la afirmación de la existencia de un lenguaje privativo de la expresión poética, que la determina, la cimenta y la conforma; un lenguaje o sistema de símbolos sin el cual no es posible su concreción y materialización portentosa, que finca por sí mismo los puntales sobre los cuales asientan los poetas la arquitectura verbal.

Son los arquetipos: ellos conforman el protoidioma de la poesía, vocablos básicos conectados a las más hondas apelaciones de la raza humana. Ellos manifiestan el atavismo y suscitan la conmoción: sangre, aleteo, cuchillo, lengua, tierra, viento, ceniza, polvo, mar, pira, ojo, frío, madera, vientre, esfera, fuerza, alguien, nadie, vacío, soplo, piedra, redondez, filo, carne, verbo, noche, grito, palabra, abismo…, etc. No creo que haya poeta auténtico que pueda negar la jerarquía de estas misteriosas palabras, de estos denodados símbolos que subyugan y atraen como fuerza centrípeta. Y para muestra, el estremecedor fragmento del poema de Darío, que transcribe el comentarista y transcribo a continuación en aproximada extensión y con pareja devoción (Augurios):

Hoy pasó un águila
sobre mi cabeza,
lleva en sus alas
la tormenta,
lleva en sus garras
el rayo que deslumbra y aterra.
¡Oh, águila!
Dame la fortaleza
de sentirme en el lodo humano
con alas y fuerzas
para resistir los embates
de las tempestades perversas,
y de arriba las cóleras
y de abajo las roedoras miserias.
Pasó un búho
sobre mi frente.
Yo pensé en Minerva
y en la noche solemne.
¡Oh, búho!
Dame tu silencio perenne…

del cual podemos desgajar los vocablos-símbolos siguientes, no enumerados anteriormente: águila, cabeza, ala, tormenta, garra, rayo, deslumbramiento, terror, fortaleza, lodo, tempestad, arriba, cólera, miseria, búho, silencio, perennidad, muerte

No quiero terminar la ponderación de la obra y los esfuerzos del autor, sin antes remachar una apreciación que tenderá tal vez adrede a restar gravedad a mis endebles opiniones, haciéndolas consiguientemente más amenas y ordinarias. Pero no por menos grave la valoración es menos verdadera. Veo en la concomitancia entre la práctica y la prédica, y en el carácter modélico de la instrucción dispensada por el Maestro, la aplicación de un lema vocacional: «Aquí se enseña haciendo y se aprende trabajando», norma que asume consciente o inconscientemente don Bruno Rosario Candelier como teórico, como progenitor y mentor del Interiorismo literario y, en su praxis magisterial, con la puesta en funcionamiento de la importante estructura de creación artística y de pensamiento que es el Ateneo Insular, uno y otro derivados de su esfuerzo y vocación infatigables.

Damos la enhorabuena a esta nueva publicación. Hay en ella una sabiduría elocuente abierta hacia el infinito dispuesta a ofrecerse a quienes se atrevan a atravesar sus páginas. Se suma a las obras previamente enumeradas y a otras sin enumerar, de igual consistencia y calado en la bibliografía del Interiorismo y de su progenitor.

Don Bruno Rosario Candelier persiste, con su altruismo característico, en la formación intelectual, espiritual, moral y estética de sus semejantes y, entre ellos, de los dominicanos… Bello y verdadero es su apostolado. ¡Cómo seduce la reciedumbre de su pensamiento y cómo asombra la magnificencia de sus visiones de poeta!

Con hombres de su talante y de su genio se construye la patria verdadera… Don Bruno Rosario Candelier persiste, con su altruismo característico, en la formación intelectual, espiritual, moral y estética de sus semejantes y, entre ellos, de los dominicanos… Bello y verdadero es su apostolado.

Influencia de Hostos en Pedro Henríquez Ureña

Por Miguel Collado

   En el Ideario de Pedro Henríquez Ureña… se pueden observar las huellas de Eugenio María de Hostos, especialmente cuando Pedro exalta valores tan emblemáticos en la obra hostosiana como la moral, la justicia, la bondad, el trabajo y el honor

Pedro Nicolás Henríquez Ureña, el más brillante de los intelectuales dominicanos de todos los tiempos, nació el 29 de junio de 1884 en la ciudad de Santo Domingo y falleció el 11 de mayo de 1946 en Argentina. Considerado por Jorge Luis Borges un Maestro de América. ¡Era un humanista!

El pensamiento humanístico del prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos (1839-1903) dejó huellas profundas en la obra espiritual de los Henríquez Ureña. Es por lo que no ha de extrañarnos ese influjo en la obra de pensamiento del más ilustre de esa honorable familia: Pedro Henríquez Ureña.

Fue su hermano Max Henríquez Ureña — antes que el puertorriqueño José Ferrer Canales («Pedro Henríquez Ureña y Hostos», publicado en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 4 [7]: 69-75, enero-junio de 2003)— quien primero identificó esa influencia espiritual-intelectual del Gran Maestro en Pedro Henríquez Ureña. Él dice, en su artículo «Maestro y discípulo», publicado en el periódico Listín Diario del 7 de abril de 1967: «[Son] dos altas figuras de la intelectualidad antillana que vale la pena destacar, fueron en vida maestro y discípulo: Eugenio María de Hostos y Pedro Henríquez Ureña».

Max nos explica sabiamente esa relación de maestro-discípulo de Hostos y Pedro del siguiente modo:

«El magisterio ejercido por Hostos en algunos países de nuestra habla y, ante todo, en Santo Domingo, ha tenido y tiene tan intensas proyecciones sobre la América toda, que sus discípulos no fueron siempre, necesariamente, los que oyeron sus lecciones desde un banco de la escuela; muchos de los ardientes defensores de sus doctrinas pedagógicas —continua diciendo Max— fueron, más que otra cosa, seguidores de su ejemplo o lectores apasionados de sus lecciones escritas y recogidas en volumen».

Y he aquí lo interesante, y que le da fundamentación a lo planteado por nosotros en torno a la influencia de Hostos sobre Pedro. Max, el tercer hijo de Salomé Ureña de Henríquez y Francisco Henríquez y Carvajal, afirma: «Así uno de los propagadores de su obra —de la obra de Hostos—, Pedro Henríquez Ureña, aunque formado desde temprano en las ideas de Hostos a través sus lecturas y de las informaciones y comentarios de sus progenitores […] apenas si asistió en 1900 a algunas lecciones dictadas por el Maestro».

Y Max arriba a la siguiente conclusión: «Contados son, sin embargo, aquellos que han dado a conocer, como él —es decir, como Pedro—, las enseñanzas del insigne pensador, a quien no oyó dictar más de quince o veinte lecciones de Sociología».

En su ensayo sobre Hostos titulado «Ciudadano de América» (La Nación, Buenos Aires, 28 de abril de 1935), Pedro Henríquez Ureña expresa su profunda admiración hacia Hostos:

«[El] ansia de justicia y libertad lo enciende para la misión apostólica. […] Pero su ansia de justicia y libertad —ansia humana, física…— se convierte en pensamiento cuyo norte es el bien de los hombres…Vive […] entregado a su meditación filosófica y a su acción humanitaria, embriagado de razón y de moral. Su carácter se define: estoico, según la tradición de la estirpe; severo, puro y ardiente, sin mancha y sin desmayos».

Y al referirse al retorno de Hostos a Santo Domingo en 1900 Pedro confiesa, como corroborando a su hermano Max: «[Lo]conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.».

En el Ideario de Pedro Henríquez Ureña que compilamos y editamos en el año 2002 ―publicado bajo el sello editorial de la Feria Internacional del Libro organizada por el Ministerio de Cultural de Rep. Dom.― se pueden observar las huellas de Eugenio María de Hostos, especialmente cuando Pedro exalta valores tan emblemáticos en la obra hostosiana como la moral, la justicia, la bondad, el trabajo y el honor. Veamos:

Bondad. «La bondad vale más que la verdad, aunque, en el cielo de las ideas puras, manen de la misma fuente».

Justicia. «El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado de justicia al que sólo aspira a su propia perfección intelectual».

Son de honda preocupación tanto para Pedro como para Hostos temas de indudable trascendencia universal: la cultura, la educación, la civilización y el porvenir:

Cultura. «Sigo impenitente en la arcaica creencia de que la cultura salva a los pueblos. Y la cultura no existe, o no es genuina, cuando se orienta mal, cuando se vuelve instrumento de tendencias inferiores, de ambición comercial o política, pero tampoco existe, y ni siquiera puede simularse, cuando le falta la maquinaria de la instrucción».

Educación. «La educación no es sólo obra de la voluntad en calculado ejercicio frente al medio exterior, sino que en ella intervienen elementos psicológicos imprevisibles. Uno sobre todo: el amor».

Civilización. «El ideal de la civilización no es la unificación completa de todos los hombres y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía».

Porvenir. «El problema del porvenir inmediato es poner la riqueza al alcance de todos. La fórmula del porvenir, que es deber de la Sociología esclarecer, será la «socialización de la naturaleza por la humanidad».

Como Eugenio María de Hostos, Pedro Henríquez Ureña también fue un sembrador de saberes, pues en su itinerante vida, residiendo y enseñando en numerosos lugares del continente americano, sus ideas germinaron a través de su prolífica obra intelectual.

Hoy, las tres grandes Antillas (Cuba, República Dominicana y Puerto Rico) con orgullo pueden decir a los cuatro vientos que tres de los más prominentes pensadores de la América hispánica les pertenecen: José Martí (1853-1895), Pedro Henríquez Ureña y Eugenio María de Hostos, respectivamente.