Guaguancó, recogedera, pechudo/pechú

Por Roberto E. Guzmán

GUAGUANCÓ

“. . . que también dominaban el gusto popular e igualmente divulgando por la radio (…) como el cha-cha-cha, el danzón, el GUAGUANCÓ. . .”

Esta voz puede resultar extraña a algunos jóvenes. Esa es la razón por la que se trae a estos comentarios. Es una voz interesante que es bien conocida en el español de Cuba.

Algunos estudiosos entienden que la difusión original del guaguancó, es decir el ritmo, fue propiciado por la abolición de la esclavitud en Cuba. Es una forma de rumba que tiene raíz africana; la rumba en sí misma es madre de muchos ritmos y bailes latinos.

El Diccionario de la lengua española reconoce la palabra al incorporarla a su repertorio con una cauta acepción, “Género musical popular con canto y baile”. La palabra ingresó en ese diccionario en la edición del año 2014, la vigesimotercera.

No puede olvidarse que en Cuba al igual que en otras islas del Caribe las celebraciones religiosas profanas se disfrazaron de alusiones cristianas. El baile entre los esclavos además de ser una manifestación de regocijo era una escapatoria a la miserable vida que llevaban. La música, así como otras manifestaciones culturales, se convirtieron en una fusión de expresiones (afro-criollas) afrocubanas.

Los instrumentos originales eran de percusión, tres tumbadoras y una caja. La forma de bailar este ritmo es común a otros ritmos en los que la característica es que la pareja ejecuta movimientos lascivos de caderas y pelvis. La mujer evita al hombre hasta que cede a sus insinuaciones -a distancia- y consiente; esa acción es llamada “vacunao”.

Es una pena que D. Fernando Ortiz no tuviera la oportunidad de buscar el origen de la palabra guaguancó como hizo con tantas otras palabras de Cuba de origen africano. La única pista que se ha encontrado para la palabra en estudio es guanguá, del yoruba, la que como muchas otras palabras de este tipo tiene muchas acepciones, “claro, alumbrado, iluminado, límpido, puro, neto, hueco, espaciado, transparente, terso, abertura”. Diccionario de términos yoruba (2010:76).

Fernando Ortiz con las siguientes palabras describe lo que sabe acerca del término: ”Ignoramos el significado del vocablo; pero no vacilamos en darlo como africano”. Añade, “Nombre de un danzón, que se bailaba en La Habana por 1893”. Glosario de afronegrismos (1924:213).

Por fortuna William Megenney se ocupó de la palabra. La define como “tipo de música guarachosa importada de Cuba”. África en Santo Domingo (1990:177). Trae posibles orígenes africanos en el habla de los kaffir (South África) quienes lo usan para “batir palmas durante un baile, el ruido de una multitud de personas, ingwangwa. En lengua bobangi él encuentra una voz parecida, ngwa ngwa, usado para “puntiagudo”.

Cuba fue una isla con una pujante industria azucarera que requería de mano de obra. Esa mano de obra en su gran mayoría la proveyó el esclavo africano. Con el esclavo vino su lengua además de su cultura. Con esto llegó su costumbre. Como se escribió más arriba, la música derivada de los ritmos africanos en América, se desarrolló en Cuba. Algunos de esos ritmos recibieron nombres originados en lenguas africanas.

El Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-II-27) consigna que el guaguancó es una “modalidad de la rumba cuya parte inicial de canto toma el carácter de un extenso relato. . .” Luego de esa parte entra en la descripción del baile.

A República Dominicana el guaguancó llegó a través de la radio, de los discos. No ha de olvidarse la gran influencia que ejerció Cuba sobre República Dominicana en muchos aspectos, entre ellos la lengua y la música.

La música del guaguancó fue escuchara con frecuencia en República Dominicana y la palabra entró en el habla. El baile o la práctica de esta música en el seno del pueblo no corrió la misma suerte en este país quizás por los atrevidos movimientos que se hacen durante el baile. Esto así quizás por la influencia de la religión, pues no puede olvidarse la gran influencia ejercida por la religión en el país dominicano, sobre todo en la época de esplendor de este ritmo.

 

RECOGEDERA

“. . . recurre al expediente de la RECOGEDERA de firmas. . .”

No se precisa de mucha imaginación para vincular el verbo recoger con la voz del título. Conforme con lo que los diccionarios recogen, el sustantivo del título solo tiene uso en el habla de los dominicanos. La voz no está en el diccionario oficial de la lengua española internacional. Ni siquiera aparece en el diccionario de americanismos confeccionado por las academias de la lengua.

El Diccionario del español dominicano (2013:590) es el que asienta la voz por primera vez. Allí puede leerse una escueta definición como corresponde a un diccionario de este tipo, “Acción y efecto de recoger reiterada o continuadamente”.

Hay que tener en cuenta que en el español general existe la palabra recogida, que es la acción y efecto de juntar personas o cosas. La voz recogedera nunca se usaría para la acción de cosechar granos, cuando para esta acción se dice y escribe recogida.

Con lo escrito en el párrafo retropróximo se desea destacar la diferencia en el habla, pues en la recogedera no se trata de juntar cosas dispersas, sino hacer diligencias para reunir algo inmaterial.

Podría argüirse que en el caso de la recogedera se solicita algo para conseguir, lograr u obtener otra cosa. La acción de la recogedera se caracteriza porque conlleva un tiempo entre el comienzo de la acción y su finalización; esto es, no es un producto obtenido de una vez.

Con lo expuesto más arriba se espera haber explicado el carácter de la acción que en el español dominicano se conoce con el nombre recogedera.

 

PECHUDO – PECHÚ

“¡Qué pechú!”

La voz pechú del español dominicano es moneda corriente. Ha estado en uso desde la primera mitad del siglo XX en el habla de los dominicanos.

Antes de entrar en el estudio del itinerario de la voz hay que señalar que los datos con que se cuenta apuntan a que es una voz que tuvo su origen en el habla dominicana. Hay que destacar que en otras hablas para las personas que están prestas a enfrentar las situaciones enojosas, estas hablas recurren a la frente, así, “dar el frente”.

La voz pechú,a, no se limita a encarar o afrontar las situaciones, sino que lo hace con celeridad, sin detenerse a pensar en los peligros que eso entraña. De algún modo el pechú es atrevido en sus acciones o reacciones.

Se ha insistido en la grafía pechú y hasta pechúo, porque solo en el habla desvirtuada dirá pechudo un hablante de español dominicano. Escrito o dicho de la manera intelectual pierde el sabor y el énfasis, le quita fuerza al sentido propio de la voz.

Más arriba se escribió que la voz del título ha estado en uso desde la primera mitad del siglo XX porque consta en la obra Criollismos de Brito que fue editada en 1930. P. Henríquez Ureña recoge la voz en El español en Santo Domingo, diez años más tarde (1940:192); este intelectual escribe pechudo y consigna “valiente, que presenta el pecho”. Brito por su parte había registrado “arriesgado, animoso”.

Manuel Patín Maceo cuando se ocupa de las voces dominicanas incluye pechú y pechúo en la obra Dominicanismos en el año 1939 y entra en explicaciones pertinentes que ayudan a entender el concepto que encierra la voz. Este estudioso eligió la voz pechúo, a, como representación gráfica del adjetivo; él escribe, “Que intenta hacer algo superior a sus aptitudes o que aspira a una cosa que le es imposible alcanzar. . .”

La voz no permaneció en los límites del habla dominicana, sino que pasó a Puerto Rico donde la documentaron ya en la segunda mitad del siglo XX. Rubén del Rosario menciona la voz en Vocabulario puertorriqueño (1965:99) y recurre solo a la voz pechú para designar la persona temeraria, atrevida; él entiende que en el habla dominicana es pechúo.

Todos los tratadistas del habla dominicana han continuado el camino trillado por los citados autores con ligeras variantes, Algunos autores han añadido el valor de “desvergonzado, inescrupuloso, sinvergüenza” a los significados anteriores; esto sin olvidar consignar “atrevido, valiente”.

El Diccionario del español dominicano (2013:530) además de repetir algo de lo anterior añadió, “persona bravucona, temeraria, poco escrupulosa”.

En Puerto Rico al pechú le han añadido también las características de cariduro, atrevido, arriesgado.

Chivirica, intermitente / parpadeante, cachipa, enganchar

Por Roberto E. Guzmán

CHIVIRICA

“Se ve esa energía de niña inquieta pero obediente. De CHIVIRICA pero inocente”.

Esta voz del epígrafe en el español dominicano tiene más de una acepción. Desempeña funciones de adjetivo y sustantivo; en el habla casi siempre se utiliza en femenino para referirse a la conducta de una persona.

La voz en masculino chivirico existe en Cuba para algo que se come. En El Salvador en funciones de adjetivo se refiere a una cosa bonita, de buena calidad, o, a una persona agradable, simpática.

Con esta voz, chivirica, sucede algo que se ha criticado antes, la acepción que puede considerarse negativa solo se aplica a la mujer, “Mujer desinhibida en su relación con los hombres”; esto es, que actúa con espontaneidad.

La segunda acepción en funciones de adjetivo, se aplica a la persona “muy alegre, a veces extremadamente coqueta y enamoradiza”. Esta acepción expresa que la persona trata de atraer con maneras afectadas o que trata de despertar sentimientos de amor en otra u otras personas.

La voz chivirica tiene relación con otra de mucho uso en el habla dominicana, chiva. Una chiva, referido a mujer es la que tiene una conducta liviana y coqueta. Chiva es un grado superior de chivirica. La chivirica despliega mayor actividad que la chiva. La mujer chiva es menos fiel en sus relaciones amorosas.

De paso vale recordar que chivo es una palabra con muchas acepciones en el español dominicano y contribuye a formar muchas locuciones.

 

INTERMITENTE – PARPADEANTE

“Con sus luces traseras encendidas, PARPADEANTES. . .”

Algunas palabras se asemejan unas a otras, pero no son sinónimas. Hay quienes aseguran que la sinonimia nunca es total. Las dos palabras del título se parecen, no por la forma en cómo se escriben, sino por el significado. Hay que mantener el cuidado de no confundirlas. Esa confusión es lo que ocurrió entre los dos vocablos del título en la frase copiada más arriba. Aquí se verá la diferencia entre ellas.

La intermitencia tiene relación con interrupción y repetición; que enciende y apaga con periodicidad constante. En un vehículo automóvil es la luz lateral para señalar un cambio de dirección, con las características apuntadas.

El parpadeo es la acción y efecto de parpadear que es abrir y cerrar los párpados. Con respecto de la luminosidad es vacilar u oscilar. Con la primera acepción queda en evidencia que es acción de los párpados.

Parpadear es próximo de palpar y de palpitar, del último “tanto por la forma como en el sentido”. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-IV-406).

El parpadeo es de los párpados. Por extensión, se acepta para algunos fenómenos. La intermitencia es con periodicidad y se usa para las señales de los automóviles que cambian de dirección. No hay que confundir las dos nociones.

 

CACHIPA

“. . . para que coloquen filtros en la chimenea. . . pues inunda todo el municipio. . . de la llamada CACHIPA. . .”

Hay una cachipa dominicana que no se conoce en otra variedad de español. De modo implícito se expresa que existen otras cachipas en otras hablas que no significan lo mismo que la dominicana.

Es muy probable que la cachipa dominicana haya recibido influencia de la puertorriqueña. De acuerdo con lo que consigna el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico la voz cachipa apareció ya en el año 1937 estudiada por D. Augusto Malaret.

Algo que refuerza la posibilidad de que cachipa haya pasado de Puerto Rico a República Dominicana es que en el español de Puerto Rico esa voz sirve para mencionar, “bagazo, cachaza, cáscara, cascarón, corteza, paja, pellejo, pelusa, yesca”. De otro modo sirve para mencionar residuo, viruta.

La cachipa dominicana está documentada en el Diccionario del español dominicano (2013:124), y la acepción asignada es, “Resto ligero de material incinerado”. En el español dominicano se usa de modo casi exclusivo para los restos flotantes en el aire de la caña de azúcar quemada en los campos o, los que expulsan las chimeneas de la cita.

Si se enlazan los sinónimos puertorriqueños con la cualidad de la cachipa dominicana se nota la similitud que existe entre aquellos y esta. La cachipa es un resto, ligero. Las propiedades de los sinónimos de la cachipa puertorriqueña son esas, es residuo y es tenue.

  1. Max Uribe en Notas y apuntes lexicográficos (1996:87) trae un artículo dedicado a la voz del título. En este él menciona. “. . . dada la tradicional intercomunicación entre petromacorisanos y puertorriqueños, cabe suponer que el término CACHIPA es sin duda viejo trasplante lexical que por asimilación hubo de quedar convertido, gracias al hablante común de los territorios cañeros del Este, en significante de las pavesas que, en cantidades industriales, despiden las chimeneas de la industria del azúcar, conforme apunta el autor de “mis 500 locos”. (Uribe alude a un artículo publicado por el Dr. Antonio Zaglul en el diario El Caribe, del 11 de marzo de 1980).

Esta cachipa pudo haber entrado también al español dominicano a través de la ciudad de La Romana en cuya industria azucarera los puertorriqueños tuvieron gran influencia.

 

ENGANCHAR

“Esto permitiría que el país se ENGANCHE al creciente uso del hidrógeno para generar electricidad. . .”

De modo general el español hablado se distingue del español escrito porque en el último hay cierto esmero al elegir los vocablos. En el habla entre interlocutores o en público, pueden verse el hablante o disertante y los oyentes; estos por lo general saben o entienden de lo que se habla. La persona que redactó la frase de la cita olvidó ese detalle.

Enganchar, enganche y gancho son vocablos de uso constante en el español dominicano. Los vocablos de esta familia tienen más usos en esa variedad de español que las acepciones aceptadas internacionalmente.

Cuando un hablante de español dominicano desea expresar que suspende o pone una cosa pendiente de otra de modo que no llegue al suelo, usa el verbo enganchar y no colgar. En los casos en que señala que una persona se incorpora a las filas de una institución militar o policial, el verbo favorito es enganchar.

Si en cambio el hablante dominicano desea comunicar que ha sido víctima de un engaño o que logró estafar a otro, dirá, “lo enganchó”.

En el ejemplo de la cita el sustantivo enganche sustituye al sustantivo incorporación, o integración. La palabra gancho es de larga tradición en la República Dominicana; significa en el español dominicano, trampa, ardid. Un gancho es también el dispositivo que se coloca para robar electricidad, obviando que esta sea registrada por el contador.

En los casos en que el dominicano ha acertado a ensartar algo dirá que lo enganchó. De modo parecido recurrirá a este verbo cuando por accidente algo sufre un desgarre, o su persona un rasguño, por ejemplo, en cercas, o al pasar entre objetos puntiagudos, filosos, en los que “se engancha”.

Con la exposición que antecede se espera haber demostrado lo anunciado al principio acerca del verbo enganchar y sus derivados en el habla de los dominicanos.

Cachumbambé, arrogarse / arrojarse, sebo / cebo

Por Roberto E. Guzmán

CACHUMBAMBÉ

“Uno de los espacios favoritos de la muchachada, con sus chiringuitos, pistas, CACHUMBAMBÉS y verdes explanadas”.

La voz del epígrafe consta en los diccionarios del habla propia de Cuba desde el inventario pionero de D. Esteban Pichardo en 1836. Permaneció largo tiempo como voz exclusiva del habla cubana. Más tarde, con los avances de la tecnología logró salir de la insularidad. Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:119). Su incorporación en el Diccionario de la lengua española ocurrió en la edición de 2001.

Los dominicanos habían oído la voz mucho antes del año 2001, pues la habían recibido a través de canciones y programas radiales provenientes de Cuba.

Quien primero inventarió la voz estudiada aquí fue Pichardo, quien la definió como un juego de muchachos que en su descripción corresponde con lo que los dominicanos conocen con el nombre de subibaja. Naturalmente, este artefacto era de construcción rudimentaria en esa época. Él aventuró una explicación para la voz resonante cachumbambé, “Parece derivado de la voz marítima Cachom y de Bamba, silla o asiento de columpio. En la actualidad se considera que la voz es de origen incierto. Esa explicación de Pichardo no arredró a Fernando Ortiz a arriesgar otra teoría acerca del origen como se verá más adelante.

Fernando Ortiz escribe, “Por la terminación parece africana la palabreja, parienta cercana de bembé, cumbé, zumbé, cucuyé, y otras”. Termina este investigador, “… el madero o tablón, recogido en el vocablo por sus dos primeras sílabas, debe de provenir de cachón, voz marinera … tenía antaño otra [acepción] ´cada uno de los pedazos gruesos de tablón colocados a uno y otro lado de la cabeza del bauprés´”. Con la lectura de estas expresiones él regresa a la primera teoría sobre el origen. Glosario de afronegrismos (1924:82-3).

En el Vocabulario cubano (1919:89) Constantino Suárez registra la voz cachumbambé como caída en desuso. El Diccionario de la lengua española de 2001 presenta una escueta acepción para la voz en cuestión, “Especie de balancín que se usa para entretenimiento infantil”.

En el año 2016, el Diccionario ejemplificado del español de Cuba trae una explicación detallada del aparato, dónde se instala, de qué está hecho, cómo es, y de qué manera se usa. El ejemplo de uso que cita es del año 1978. El autor de estas reflexiones acerca del lenguaje asegura que ha leído la voz aquí estudiada en varias publicaciones periódicas en los últimos veinte años. Con esto queda claro que no es voz en desuso.

 

ARROGARSE – ARROJARSE

“Cuando la religión sale de su ámbito, que es y debe ser privado, tiende a ARROJARSE el derecho de regir la esfera de lo político . . .”

Parece que el verbo arrogar o arrogarse es un tropiezo para muchos hablantes y algunos escribientes. En otras ocasiones se ha analizado cuando lo confunden con el verbo abrogarse. Para despejar las dudas con respecto a los dos verbos que figuran en el título, se procederá primero a estudiar el verbo arrogar(se) y luego el verbo arrojar(se).

El verbo arrogar(se) es atribuir(se), que significa aplicar hechos o cualidades, ya sea a una persona como a una cosa; en la mayoría los casos el uso es hacer esta atribución sin fundamento. Además, es dar o conceder una cosa a una persona; o tomar una cosa para sí. Es también ganar en una competición. Cuando se usa en funciones de verbo pronominal, es apropiarse, tomar para sí alguna cosa, generalmente sin tener en cuenta a su dueño.

Con respecto del verbo arrojar(se), así usado como pronominal es, “Dejarse ir con violencia de lo alto a lo bajo”; esto es, “lanzarse, tirarse hacia lo bajo”. Este verbo posee otras acepciones, pero se dejarán fuera por no ser pertinentes aquí.

Leída a la luz de lo explicado, la cita expresa que la religión “se deja ir con violencia. . . Lo que se desea exponer es lo absurdo que resulta el verbo arrojarse en este contexto, a pesar de que en otras circunstancias y con diferente complemento puede usarse para expresar “empezar precipitadamente”, en el sentido de “resolverse a hacer algo sin reparar en dificultades y riesgos”.

En el texto reproducido más arriba se escribe acerca de “derecho”; por lo tanto, el verbo que correspondía usar era arrogarse, que daría a esta redacción la interpretación de adoptar para sí el derecho de regir la esfera de lo político.

El error en la selección del verbo dio como resultado un disparate que debe evitar cualquier persona cuidadosa.

 

SEBO – CEBO

“. . . abuela derretía un poco de CEBO de carnero, derretido en una cuchara. . .”

Son muchos los escribientes que piensan que las palabras que suenan como una letra ese /s/ al decirlas, son más “finas” cuando se escribe con letra ce /c/ y así tienen mayor probabilidades de acertar en la ortografía de estas. Nada hay más alejado de la verdad que eso.

No debe olvidarse que la letra ce /c/ se asocia con todas las vocales y el valor fonético puede cambiar de acuerdo con la vocal situada después de ella. Sonido de /k/ delante de a, o, u. Otra particularidad es que la letra ce /c/ cobra otro sonido asociada con consonantes, delante de la c misma, o de la hache /h/.

El sebo es como llaman a la grasa sólida de algunos animales herbívoros. El sebo de carnero fue el que más se conoció en República Dominicana y se usó mucho -antaño- para dar “sobos” en algunas partes adoloridas del cuerpo humano. El sebo que más se usó fue el que provenía de Flandes. Quizás porque era o es sólido se calentaba para derretirlo. Tenía la ventaja de que se conservaba con facilidad con todas sus propiedades.

El cebo es la comida con que se engorda, se atrae o se alimenta a los animales. Puede ser también algo artificial para atraer, no solo animales, sino humanos. Este cebo ha alcanzado grado metafórico pues se usa la palabra para referirse a un estímulo que aumenta la intensidad de un sentimiento.

En República Dominicana se habla de “animal de ceba” el que se destina al engorde y no a la reproducción o sacrificio inmediato.

Como siempre se hace, se ruega a los manes de la ortografía para guíe los dedos de todos los escribientes de modo que no incurran en deslices -como este- que deslucen sus escritos.

 

Ortoescritura

Rafael Peralta Romero

 

17/04/2021

PIAR Y OTROS PÍOS

La pasada semana publicamos el trabajo titulado “No lo olvide: monosílabos van sin tilde”, y aunque es bien conocida la norma gramatical según la cual a las palabras de una sola sílaba no se les marca el acento, salvo algunas excepciones, el artículo suscitó comentarios y preguntas. Hoy les tengo una variación sobre el tema, enfocada en el verbo /piar/ y su familia de palabras.

Piar, de origen onomatopéyico, se dice de la acción propia de algunas aves, y especialmente del pollo: “Emitir cierto género de sonido o voz. 2. intr. coloq. Llamar, clamar con anhelo, deseo e insistencia por algo”. Eso indica el Diccionario de la lengua española.
Este verbo se conjuga como /enviar/. Presente de indicativo: envío, envías, envía, pío, pías, pía. Pasado perfecto: envié, enviaste, envió. Así: pie, piaste, pio. Las voces pío, pías, pía se tornan, por fuerza del acento, en bisílabas y como llanas terminadas en vocal y en -s no debe colocárseles tilde, pero excepcionalmente la llevan.

En el presente del subjuntivo se da igual fenómeno: yo píe, tú píes, él o ella píe, nosotros piemos, vosotros pieis, ellos píen.

Observarán que la forma verbal /pie/ (primera persona singular pasado perfecto) es palabra homónima del sustantivo pie (extremidad inferior del cuerpo humano). El vocablo pie (monosílabo y sin tilde) tiene 29 acepciones en el Diccionario académico. Con esta palabra se forman diversas locuciones: pie de amigo (ayuda), pie de atleta (infección en los pies), pie de cabra (palanqueta), pie de imprenta (Expresión de la oficina, lugar y año de la impresión, que suele ponerse al principio o al fin de los libros y otras publicaciones), a pie (loc. adv. Andando o caminando), pie de león (planta herbácea anual, de la familia de las rosáceas, con tallos erguidos), siete pies de tierra (sepultura, hoyo para enterrar un cadáver).
En ningún caso pie lleva tilde.

Entre tanto la voz pío, que corresponde a la primera persona, presente del indicativo del verbo piar (yo pío) coincide en escritura y sonido con otros usos del término con diferentes valores semánticos. Veamos: pío (onomatopeya, grito del pollito): “pío, pío, pío gritan los pollitos/ cuando tiene hambre, cuando tienen frío” (canción infantil).

Las expresiones “no sabe ni pío” y “no dijo ni pío” es posible que se correspondan con el anterior sentido de la palabra pío.

Pío es también sustantivo, nombre de persona: Doce pontífices romanos han usado el nombre Pío, entre ellos san Pío X.

El adjetivo /pío/ equivale a piadoso y es lo contrario de impío (Falto de piedad y de religión). El Diccionario recoge el adjetivo /pion/ (sin acento marcado) y con este significado: “Que pía mucho o con exceso”. En Higüey le dirán que se trata de un apellido, cuya escritura no precisa tilde, lo mismo que Sion, palabra que abunda en la Biblia para nombrar a Jerusalén, o Ruan, ciudad de Francia.

Del grupo de reír (río, presente; rio, pasado), dar (doy, dio), ver (veo, vio), liar (lío, lio) es el verbo fiar (fío, presente; fio, pasado).

Unos ejemplos con formas del verbo fiar:

1-No me fío de nadie.

2-En mi negocio no fío.

3-Nunca se fio de mí ni yo me fie de él.

4-Quien se fíe de los chismosos fracasa.

5-Te aconsejo no fíes, si quieres ver tu negocio crecer.

Seamos píos, nunca impíos.

  

NEVAR Y OTROS VERBOS IMPERSONALES

1/05/2021

La señora relataba un viaje por determinada región del mundo donde las temperaturas son insoportablemente bajas y al emplear el verbo /nevar/fue asaltada por una duda: ¿neva o nieva? De inmediato, una colaboradora, ágil y oportuna, leyó en su celular la conjugación que le señala el Diccionario académico a ese verbo, que en tercera persona singular del presente del indicativo es nieva. (En Alaska nieva casi siempre).

Sorprendió a la dama en cuestión-y también a quien esto escribe- lo que señala la Academia para la conjugación: yo nievo, tú nievas, usted nieva, él nieva, nosotros nevamos, vosotros neváis, ustedes nievan, ellos nievan.

La sorpresa se origina en el hecho de que /nevar/ es un verbo impersonal y sólo lo empleamos en la tercera persona singular, sin el pronombre: nieva, nevó, nevaba, nevaría, nevara o nevase, nevará, nieve (subjuntivo: Iré cuando no nieve).

Nevar es verbo de irregularidad vocálica cuyo modelo de conjugación es acertar (acierto, nievo; acertara, nevara; acertó, nevó…). El significado de todos conocidos es “Caer nieve”, pero el Diccionario guarda otra acepción. Hela aquí: “2. tr. Poner blanco algo dándole este color o esparciendo en ello cosas blancas”.

Deduzco que por eso aparece la conjugación, en todos los tiempos, modos y personas del verbo /nevar/. Solo así puede una persona atribuirse la acción de nevar: Yo nievo las paredes de mi casa cada año; Se nieva el pelo para una actuación teatral.

 

Otros verbos

Este choque con /nevar/ me ha motivado a examinar otros verbos impersonales, los cuales se refieren a acciones muy propias de la naturaleza y no del individuo: tronar, llover, relampaguear, amanecer, anochecer y atardecer.

 Tronar. Lo primero que de /tronar/ indica el Diccionario es que se trata de un verbo intransitivo e impersonal y significa “Haber o sonar truenos”. Su modelo es contar (cuento, trueno; cuenta, truena…). Resulta muy chocante esa primera persona: Yo trueno. Pero también: Nosotros tronamos; ellos truenan.

Hay otras siete acepciones de este vocablo que nada tienen que ver con el trueno. Aquí pongo algunas: 2. intr. Despedir o causar ruido o estampido; como las armas de fuego cuando se disparan.3. intr. coloq. Dicho de una persona: Perder su caudal hasta el punto de arruinarse. U. t. c. prnl.4. intr. coloq. Referirse a algo o a alguien de manera violenta.5. intr. coloq. Reñir con alguien, apartarse de su trato y amistad. Tronó con todos sus vecinos.6. intr. El Salv. y Méx. Dicho de una persona: Fracasar en un intento.7. tr. Cuba, El Salv. y Méx. suspender (? negar la aprobación a un examinando).8. tr. Cuba, El Salv. y Méx. Destituir o despedir a alguien de su cargo o empleo.

Llover. El verbo /llover/ se conjuga como mover. También es impersonal. Significado: “Caer agua de las nubes”. Como impersonal, solo ha de conjugarse en tercera persona, pero el Diccionario lo ofrece en conjugación completa: yo lluevo, tú llueves, él llueve, nosotros llovemos, vosotros llovéis y ellos llueven. Y así en los demás tiempos y modos.

Una segunda acepción registrada en el DLE, podría justificar esas conjugaciones. Lea esto: “Dicho de algunas cosas, como trabajos, desgracias, etc.: Venir, caer sobre alguien con abundancia”. Aun fuere dinero, maldiciones o bendiciones lo que lloviera, sigue siendo impersonal. Relampaguear (Haber relámpagos) es otro verbo impersonal que el Diccionario conjuga en forma personal: relampagueo, relampagueas…pero introduce la siguiente definición: Dicho frecuentemente de los ojos muy vivos o iracundos: Arrojar luz o brillar mucho con algunas intermisiones.

 

¿SE EQUIVOCA EL DICCIONARIO CON LOS VERBOS IMPERSONALES?

8/05/2021

En nuestro artículo de la pasada semana, titulado “Nevar y otros verbos impersonales”, mencionamos los verbos amanecer, anochecer y atardecer, pero no fueron explicados, como ocurrió con nevar, tronar, llover y relampaguear, todos los cuales se refieren a acciones propias de la naturaleza, por lo que resulta chocante conjugarlos en todos los tiempos y modos.

Amanecer. Este verbo se conjuga como agradecer (agradezco, amanezco; agradece, amanece). Tiene las siguientes acepciones, en el Diccionario de la lengua española, publicación oficial de las academias:

intr. impers. Empezar a aparecer la luz del día. Amanece a las ocho. Amanece nublado.2. intr. Llegar o estar en un lugar, situación o condición determinados al aparecer la luz del día. Amanecí en Madrid. Amanecí cansado.3. intr. Dicho de una cosa: Aparecer de nuevo o manifestarse al rayar el día. Amaneció un pasquín en la puerta de Palacio.4. intr. nacer. U. t. en sent. fig.5. intr. Aparecer o presentarse, especialmente de modo inesperado. U. t. c. prnl.6. intr. Am. Mer., Hond., Méx. y Nic. Pasar la noche en vela. U. m. c. prnl.

Pese a indicar, de inicio, que es un verbo impersonal (impers.) el Diccionario presenta la conjugación completa, con sus respectivos pronombres personales. Veamos el presente del indicativo: yo amanezco, tú amaneces, él, ella amanece, nosotros amanecemos, vosotros amanecéis, ellos amanecen.

Como impersonal, debería conjugarse solo en tercera persona, pero con sujeto indeterminado, como ocurre en estos usos: “Ella se irá para siempre cuando amanezca otra vez; “Si amanece y ves que estoy dormida, cállate…”.

Hay que admitirlo, los hablantes del español, no solo en República Dominicana, han venido usando de manera personal el verbo amanecer. Mire estos ejemplos: “Esta noche amanecemos, amanecemos parrandeando”; “Amanecí otra vez entre tus brazos…”. El primer caso corresponde a la primera persona plural, presente, indicativo, mientras el segundo se trata de primera persona singular, pretérito perfecto, también del modo indicativo.

Anochecer. (Del latín noctescere). Se conjuga como agradecer. Tiene cinco acepciones en el DLE. Helas aquí: 1. intr. impers. Empezar a faltar la luz del día, venir la noche.2. intr. Llegar o estar en un paraje, situación o condición determinados al empezar la noche.3. tr. And. Hacer desaparecer algo, hurtarlo.4. tr. p. us. oscurecer ( privar de luz y claridad).5. prnl. poét. Dicho de una cosa: Privarse o quedar privada de luz o claridad.

Aunque es impersonal, tomando en cuenta las otras acepciones, el Diccionario presenta su conjugación regular: anochezco, anocheces…

En los siguientes ejemplos, las formas verbales se circunscriben a la condición de verbo impersonal: “Qué será de ti, /Necesito saber hoy de tu vida /Alguien que me cuente sobre tus días / Anocheció, y necesito saber Que será de ti/”. (Roberto Carlo).
Otro ejemplo: En Europa anochece más temprano que en América, pero en Asia anochece primero que en Europa.

Estos versos de René del Risco Bermúdez (poema No está bien, sin embargo) son buen ejemplo de uso:

“Bien la mujer que siempre me acompaña está bien que llueva, que escampe,
y que anochezca”.

Atardecer. Conjugación como agradecer. También es clasificado como impersonal. Se define: Empezar a caer la tarde. Este verbo no tiene otra significación que no sea la llegada de la tarde, es el único de los siete mencionados en este y el anterior artículo que ha sido conjugado en el Diccionario solo en tercera persona. Aquí está en todos los tiempos y modos: atardece, atardecía, atardeció, atardecerá, atardecería, atardezca, atardeciere.Con la conjugación de los verbos impersonales, parece que los académicos se hayan equivocado, pero no es así, sino que los verbos citados, excepto atardecer, tiene otros valores semánticos.

DECIMONÓNICO, SÍ; PERO ¿VIGESIMONÓNICO?

15 /05/2021

El escritor Avelino Stanley, además de consagrado novelista, ha dedicado tiempo suficiente para la investigación en torno a la novelística dominicana. En esa área ha elaborado una teoría que da a entender claramente cómo se ha desarrollado el arte de componer novelas en nuestro país, desde sus comienzos. Para ello, Stanley ha marcado dos corrientes que han prevalecido en este quehacer a las que el autor de Tiempo muerto ha denominado “canon decimonónico” (siglo XIX) y “canon vigesimonónico” (siglo XX). En el primero se inscriben las novelas descriptivas, ampulosas, abundantes de detalles y en el segundo se registran novelas menos cargadas de información, en las que se rompe la continuidad del tiempo y el narrador deja de ser omnisciente.

Comparto la teoría de mi buen amigo Avelino Stanley, pero tengo una discrepancia de carácter lexicográfico: la denominación “vigesimonónico” no puede aludir al siglo XX (veinte), sino al XXIX (veintinueve). Es obvio que nuestra era aún no ha llegado a esa cifra y por tanto ninguna rama del accionar humano puede presentar características “vigesimonónicas”.

El adjetivo /nono, na/ deriva del latín “nonus” y significa noveno o que ocupa en una serie el lugar número nueve. Tiene uso en la formación de los números ordinales terminados en nueve, como nono, nona, décimonono, decimonono, décimanona, decimonona. Por igual: vigésimo nono, vigesimonono.

De vigesimonono y vigesimonona podrá derivar el adjetivo “vigesimonónico”, y su femenino “vigesimonónica”, los cuales adquirirán notable vigencia a partir del año 2801, cuando inicia el siglo XXIX (veintinueve). Esta palabra ha sido formada a partir de un calco del vocablo decimonónico, cuya terminación se ha agregado a vigésimo.

El Diccionario de la lengua española, publicación oficial de las academias, define el término /decimonónico, ca/ a partir de su etimología: decimonono. Y agrega lo siguiente: adj. Perteneciente o relativo al siglo XIX.

Desde luego, la palabra “vigesimonónica” no está en el Diccionario. Es de esperarse que el día que aparezca será definida de este modo: Perteneciente o relativo al siglo XXIX.

Muchos otros sucesos y actividades humanas podrán ser marcados, si ocurrieran en series, con el número ordinal veintinueve: Vigésimo noveno (o vigesimonoveno) Torneo de Ajedrez; Vigésimo noveno (o vigesimonoveno) Festival de la Canción. Vigesimonovena (o vigésima novena) Feria Internacional del Libro.

Los números ordinales determinan o individualizan al sustantivo en una serie o conjunto ordenado de elementos semejantes. Funcionan por lo común como adjetivos antepuestos al nombre. Ejemplo: “Era el quinto hijo para el mar nacido”. Pero también puede ir pospuesto: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César…”.

Ya hemos puesto ejemplos que ilustran que los números ordinales, a diferencia de los cardinales (dos, tres, cuatro…) presentan diferencia de género: primer mes, primera semana, primer hombre, primera mujer. Por igual: segundo paso, segunda ocasión, cuarto capítulo, cuarta edición, quinto encuentro, quinta conferencia.

Una importante observación académica acerca de los numerales ordinales es la siguiente: “Si el ordinal se escribe en dos palabras, el primer elemento mantiene la tilde que le corresponde como palabra independiente: vigésimo segundo, vigésima cuarta, trigésimo octavo, cuadragésima quinta; pero si se escribe en una sola palabra, el ordinal compuesto,

que resulta ser una voz llana terminada en vocal, debe escribirse sin tilde, pues no le corresponde llevarla según las reglas de acentuación”. (Ortografía de la lengua española, RAE y ASALE, 2010, pág. 676).

Temas idiomáticos

María José Rincón

 

BRÚJULA Y CAMINO

24/05/2021

Cuando acabamos de celebrar el Día Internacional del Libro no podemos olvidar que nos ha tocado vivir un tiempo muy especial. Un tiempo que, como escribe Michèle Petit en El arte de la lectura en tiempos de crisis, nos ha puesto a flor de piel todas las angustias. Muchos nos hemos refugiado, más aún si cabe, en la literatura, en esos libros que nos ayudan a enlazar nuestra historia y a darle sentido a través de las historias de otros. La literatura nos ayuda a repensar lo que se nos hace incomprensible, nos ayuda a apoyarnos en los que ya no están, nos brinda la posibilidad de ser un paso más en el camino, un camino que viene de lejos y al que, por suerte, no le vemos el final. Decía Emily Dickinson que «para viajar lejos no hay mejor nave que un libro».

Cuando sentimos que la realidad nos obliga a abrir los ojos a la fugacidad y a la fragilidad de la vida, nos hacemos conscientes del tiempo. Y los lectores medimos el tiempo en libros. Nunca ha habido un tiempo mejor que este para hacerle caso a Umberto Eco: «Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia! Quien lee habrá vivido cinco mil años. Estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito. La lectura es la inmortalidad hacia atrás».

Cuando somos conscientes del tiempo que se escurre entre nuestras manos, no hay mejor antídoto que aferrarnos a las páginas de un libro. Compadezco a los que aún no han descubierto el íntimo placer de abstraerse del mundo para dejarse llevar a otro más intenso y perdurable construido con palabras que nos sirven de brújula a nuestro regreso.

 

DEJAR PARA MAÑANA

11/05/2021

Una de las palabras más consultadas en el Diccionario de la lengua española en todo el mundo durante el último año es resiliencia. Casi 384,000 hablantes se interesaron por su significado. 36,000 hablantes más la buscaron como *resilencia, pero el diccionario con seguridad les sirvió como orientador ortográfico. Curiosamente las consultas de este sustantivo, que oímos más cada día, pasaron de 28,000 en abril de 2020 a casi 160,000 en enero de 2021. La palabra resiliencia, según la define el Diccionario de la lengua española, se refiere a la ‘capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos’. Sin duda, la situación que nos ha tocado vivir y su prolongación en el tiempo se han convertido en el ambiente ideal para que este sustantivo, de origen latino, pero que ha llegado al español a través del inglés, esté entre los más consultados.

Mencionamos la semana pasada que, entre los términos que más se le acercan en número de consultas, está el verbo procrastinar, que mantiene una media superior a las 10,000 consultas mensuales en el último año, aunque algunas de ellas arrojan un resultado negativo porque el consultor del DLE escribe *procastinar. El verbo procrastinar, referido a eso que hacemos algunos con tanta frecuencia de diferir, aplazar, retrasar el momento de hacer algo, tiene su origen en el latín y en su composición interviene el adverbio latino cras, que significa ‘mañana’, de donde procede esa segunda erre que olvidamos a menudo. En resumen, parafraseando el refrán, se trata de dejar para mañana lo que bien puedes hacer hoy.

Procrastinar no suele dar buenos resultados; cuando se trata de consultar en el diccionario el significado apropiado o la escritura correcta de las palabras, no conviene dejar para mañana lo que tan fácilmente podemos hacer hoy.

 

PUNTO DE APOYO

18/05/2021

La ese líquida, esa que va seguida de una consonante al principio de una palabra, no es natural para la lengua española, por eso acostumbramos a añadir una e delante cuando tenemos que pronunciarla. Ya desde antiguo se daba este fenómeno. Innumerables palabras del latín que pasaron a formar parte del español desde sus orígenes lo hicieron añadiendo esta e protética: escritura de scriptura, estado de status, estrella de stellaescalera de escalaria, espuma de spuma o estadio de stadium. Y así muchas más.

Cuando las palabras o expresiones latinas se han incorporado a nuestra lengua como cultismos y mantienen su grafía de origen, la ese líquida persiste como en la escritura latina original; en estos casos debemos considerar la expresión como un extranjerismo sin adaptar y señalar esta condición con el uso de las cursivas o las comillas: statu quo, lex stricta, sensu stricto.

Cuando los extranjerismos se adaptan a nuestra lengua en su pronunciación, añadimos una e inicial para ayudar a la articulación de la ese inicial original y esa vocal de apoyo se mantiene en la escritura. La integración en nuestra lengua llega al punto de hacernos olvidar que estas palabras tenían ese líquida en su lengua de origen; nos lo recuerdan sus etimologías en el Diccionario de la lengua española: estrés, del inglés stress; espagueti, delitaliano spaghetti; escafandra, del francés scaphandre; o esquí, del noruego ski.

Se trata de un mecanismo de adaptación patrimonial en nuestra lengua que debemos seguir aplicando a los préstamos con eses líquidas, sin olvidar que los préstamos deben cumplir con la condición de ser necesarios. Si ya hay una palabra en nuestra lengua, no hay por qué salir a buscarla en otra.

 

CON UNA CONDICIÓN

25/5/2021

Una lectora se interesa por el modo verbal que debemos usar en las oraciones condicionales; una consulta gramatical apasionante que hay que aclarar al paso. Una oración condicional, generalmente introducida por la conjunción si, expresa la condición que debe cumplirse para que se produzca lo que expresa la oración que la sigue: Si llegas a tiempo, iremos al cine. Para entendernos, a la oración que va encabezada por si, que nos plantea la condición, la llamamos prótasis (Si llegas a tiempo) y a la que indica lo que sucede si se da esta condición la llamamos apódosis (iremos al cine). Quédense con estas denominaciones porque nos serán muy útiles para entender el funcionamiento de las oraciones condicionales.

La elección del tiempo y el modo verbal depende de varios factores. En ella interviene si la condición es considerada posible o no; si se considera realizada en el pasado o poco probable en el presente o el futuro. Ya se estarán dando cuenta de que en gramática no hay una respuesta fácil. Son tantos los matices que tenemos que expresar en la vida que la lengua recurre a toda su complejidad para reflejarlos. Las oraciones condicionales son un ejemplo perfecto.

Empecemos por las condicionales reales. Las llamamos así porque consideramos que la condición que expresan es posible. Los verbos de la prótasis (oración encabezada por si) y de la apódosis se conjugan en indicativo, ya sea en presente o en pasado: Si llegas a tiempo, iremos al cine; Si fallabas, te ganabas un boche; la apódosis puede conjugarse, además, en imperativo: Si lo consigues, prepárate para celebrar.

¿Qué pasa cuando la condición se considera imposible o improbable? La Eñe de la próxima semana nos demostrará que nuestra lengua tiene recursos para expresarlo todo; solo nos pone una condición, demostrarle respeto e interés.

Conduce, brujulear, tejemaní / tejamanil

Por Roberto E. Guzmán

CONDUCE

“. . . detuvo un camión de carga que transitaba con varios productos diferentes a los especificados en el CONDUCE”.

Es un proceso natural en las lenguas que algunos vocablos deriven de otros. Las derivaciones pueden ser de diversos tipos. Unos son ortodoxos y otros menos conformes con la doctrina o prácticas aceptadas de forma general. En algunos casos las formaciones de los nuevos vocablos obedecen a necesidades especiales, a circunstancias que determinan su nacimiento y uso. Con respecto de “conduce” se piensa que se está frente a un caso como el vislumbrado más arriba.

En el origen del verbo conducir está el latín conducere, que era “conducir juntamente”. La idea que transmitía era la de llevar consigo. A través del tiempo el infinitivo del verbo fue definiendo mejor sus caracteres. Una de sus acepciones actuales es transportar algo de una parte a otra.

Se recuerda que el vocablo conduce se usaba en los predios rurales con bastante frecuencia, pues para poder transportar animales en pie se precisaba del conduce del alcalde pedáneo del lugar de donde procedía el animal. Con esto se buscaba controlar el robo de ganado. En los puestos militares a la salida y entrada de las poblaciones los militares allí destacados pedían el conduce de lugar.

Conduce corresponde a la tercera persona del singular del presente del indicativo del verbo conducir, que en América se usa también para tratamiento de respeto, usted.

El vocablo conduce con la significación de documento en que se registra la mercancía que se estrega o transporta se conoce solamente en las Antillas hispanohablantes. El vocablo no ha revestido o conservado idénticas acepciones en estas islas, pues en Cuba se usa en el lenguaje administrativo y es, “Notificación que debe firmar la persona que recibe un documento para que el portador acredite la entrega”. En Puerto Rico es la nota de entrega de una mercancía que firma quien la recibe; en esta se hace constar la mercancía que se entrega. En República Dominicana durante largo tiempo se usó el conduce como documento para certificar la legitimidad de lo transportado.

Por medio de la lectura de las acepciones anteriores para el conduce antillano puede comprobarse que tienen el mismo propósito, servir de documento comprobante de la entrega o transporte de mercancía.

 

BRUJULEAR

“Le encanta a la gente ´BRUJULEAR´en la calle”.

La razón principal para introducir en estas reflexiones el estudio del verbo brujulear es porque se expondrán las características que subyacen en este para determinar que en el habla de los dominicanos este posee un sentido particular.

Desde el principio de este estudio se impone traer la definición que más se acerca a la acepción que se propondrá más adelantes para este verbo. Entre otras el Diccionario de la Lengua Española consigna, “Andar sin rumbo fijo”.

El verbo brujulear que conoce quien escribe estas consideraciones es caminar para perder el tiempo, o, perder el tiempo caminando. No se busca lo que no se ha perdido.

Este verbo posee una locución que se le asemeja, es muy dominicana porque no es de uso en otras hablas; además, ha pasado inadvertida para muchos estudiosos del español dominicano, es, “enderezar esquinas”. Este enderezar esquinas en el habla de los dominicanos es caminar de arriba abajo algunas calles principales. Este verbo se conjugaba con varios propósitos. Uno era mostrarse en público, hacerse notar, estar en el medio, exhibirse. Era o es una actividad que no reportaba o reporta beneficio pecuniario alguno.

El verbo brujulear, por su parte, tenía mucho de perder el tiempo caminando. Quizás algún día alguien con acierto logre incorporar en los lexicones de español dominicano tanto la locución mencionada como el verbo brujulear con una adecuada acepción.

 

TEJEMANÍ – TEJAMANIL

“…antes del comienzo del desmonte para la construcción de las casas de TEJAMANIL…”

En muchas ocasiones los intelectuales cuando escriben embellecen con palabras lo expuesto de tal modo que la representación termina no correspondiendo con la realidad. Algunos escritores de gabinete no han tenido la oportunidad de experimentar la vida rural, de conversar con los campesinos, no han tenido contacto directo con la realidad.  Escriben acerca de una realidad no vivida, sino leída.

Algo de lo escrito más arriba parece que sucede en la oración reproducida más arriba. Con respecto de las palabras del título hay otras consideraciones que deben tomarse en cuenta. Una de ellas es, con las voces del Nuevo Mundo pasó como con los nombres de las plantas y frutos, al llegar a Europa los nombres se asemejaron a los ya conocidos en las lenguas de esos países. Más abajo se expondrán los argumentos para sustentar lo esbozado más arriba.

“El tejamanil es una tablilla de madera que se usa para techar casas, o cobertizos”, “derivado de tlaxamanilli”. Su forma correcta es tajamil”. Diccionario de aztequismos (1978:127). La voz aparece asentada ya por Feliz Ramos en su Diccionario de mejicanismos (1895:475), “Tira delgada de madera para techar”.

Es algo cierto y comprobado que muchos términos taínos pasaron con los españoles a otros territorios del Nuevo Mundo. Es muy probable que voces de otros territorios hayan pasado a la isla La Española en su versión original o con las modificaciones que les introdujeron los españoles. En el caso del tejamanil más parece una interpretación, pues sí era tablilla de madera para techar, pero no de barro.

Es muy probable que la forma de techar con tablitas haya pasado a La Española, pues quien escribe estos comentarios acerca de la lengua vio en República Dominicana hace quizás unos sesenta años los “techos de tablitas”. Recuerda haberlos visto en las cercanías del hotel Montaña, en la carretera que lleva de La Vega a Jarabacoa.

La historia del “tejemaní” o tejamaní dominicano es diferente. Es un método de construcción usado en el suroeste dominicano. Se recuerda haberlo visto en las paredes de algunas casas rústicas; era de ramas secas cruzadas o amarradas entre sí a las que se ponían un enlucido (pañete) de tierra del entorno, de preferencia de caliche, carbonato de calcio, una tierra amarilla con la que se preparaba una mezcla con agua que al secar formaba una capa dura e impermeable.

Emilio Tejera en su obra Indigenismos (1977:141) entiende que en Santo Domingo llaman a las armazones de “palos verticales y varas horizontales, que cubren con lodo o tierra podrida y batida”, tejamaní y palenque. Esto lo escribe cuando se ocupa de las voces bajareque o bahareque.

El Diccionario de cultura y folklore dominicano incluye excremento de vaca en esa mezcla del pañete. Este diccionario entiende que tejamaní es una edificación en las que, “Los techos son de cana o yagua, el suelo de tierra”. (2005:389). Hay quienes aseguran que esas construcciones no tienen ventanas, aunque sí tienen una o dos puertas.

Hay que precisar que se escribió antes tejemaní porque se ha oído así en el habla de los dominicanos. La explicación que el hablante ha encontrado para esta voz se basa en que el sistema de construcción es de madera, ramas secas, entrecruzadas, tejidas, usan madera flexible que pueden entrecruzar y hasta bejucos. El hablante dominicano no conoce de manil, pero sí ha visto el maní, de donde ha elaborado su propia voz para su modo de levantar estas construcciones, tejemaní.

Lo escrito más arriba es una opinión personal. Se ha documentado en la medida de lo posible.

Chiripeo, mancar

Por Roberto E. Guzmán

CHIRIPEO

“Ese es el pan nuestro de cada día de hijos e hijas de familias que practican el CHIRIPEO como modo de vida . . .”

La familia de la palabra del título ha procreado prole. Al finalizar el estudio de esta palabra se mencionarán las demás que pertenecen a la parentela para entender el uso y alcance de estas.

El diccionario que se acepta en tanto oficial de la lengua asienta un chiripeo que se circunscribe al juego de billar. En la acepción correspondiente a chiripeo utiliza la corporación madrileña de la lengua la palabra chiripa a la que define indirectamente como, “suerte favorable que se gana por casualidad”. El alcance de la palabra está limitado al juego de billar en el que el sinónimo es carambola.

Existe un chiripeo puramente dominicano que aparece en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, “Realización de trabajos extra”. El Diccionario del español dominicano trae una acepción más afortunada, “Realización de trabajos ocasionales”, que completa así, “de poca importancia o de escasa remuneración”. Con esta definición se tipifica la actividad con todas sus características.

En Puerto Rico se conoce la chiripa, “trabajo de poca importancia”, “pequeño trabajo que se hace por ajuste”, “algún trabajo de poca monta”, “trabajo extra”. Se separaron las acepciones porque proceden de diferentes fuentes, pero al final redondean la idea de la definición del Diccionario del español dominicano (2013:177).

Con respecto a la chiripa directamente el mentado diccionario de español dominicano la asienta como, “trabajo extra que permite conseguir algún dinero”, “ganancia pequeña”, “empleo modesto de pocas horas”.

La chiripa y el chiripeo han dado origen al chiripero, persona “que no tiene trabajo ni sueldo fijos y se dedica a realizar tareas de escasa importancia o de escasa remuneración”. (Perdónese la repetición).

En la lengua moderna el concepto del chiripeo coincide en algunos aspectos con el empleo informal, lo que algún chusco ha llamado “actividad extracurricular”. Es grande la cantidad de personas que pertenecen a este sector de la economía nacional dominicana.

La chiripa antillana tiene larga historia. D. Augusto Malaret la incluye en su Diccionario de provincialismos de Puerto Rico (1921:58). En esta obra vienen además chiripear y chiripero, todas con las características que las han distinguido hasta estos días. Estas tres palabras reaparecen en Vocabulario de Puerto Rico (1955) del mismo autor.

En República Dominicana Rafael Brito consigna chiripa como “trabajo de poca monta” en el año 1930 cuando publicó su obra Criollismos. Una excepción viene en El español de Santo Domingo, de Henríquez Ureña (1940:187) donde solo aparece chiripero con la acepción, “que acierta de chiripa”.

Cuando Patín Veloz elabora su obra en la década de 1940, asienta las palabras de la familia de chiripa en la que lleva por título Americanismos en el lenguaje dominicano. Allí reconoce que llega al habla dominicana desde Puerto Rico. Chiripa era ya, “ganancia pequeña”. Las demás palabras muestran los rasgos que conservan todavía.

La presión que ejerce la necesidad de ganarse la vida ha empujado a muchos dominicanos a aceptar trabajos ocasionales de escasa remuneración. Este fenómeno social ha mantenido vigente el empleo de las palabras de esta familia en el habla de todos los días.

 

MANCAR

“En cada acto no MANCABA la declaración . . .”

En los diccionarios modernos viene el verbo mancar con la marca de obsoleto. Creo que es una exageración, por lo menos para el habla de los dominicanos, que puede provenir de que las fuentes que fácilmente se usan en estadísticas del uso son las concernientes al español escrito, pues el oral es más difícil de evaluar y menos confiable.

El autor de estas reflexiones acerca del habla dominicana conviene en aceptar que en la actualidad es de poco uso, pero no hace tantos años, solo unos cincuenta, era utilizado en la conversación diaria. Una vez destacada esta observación se pasa al estudio del verbo.

El diccionario “que no manca” en su apreciación es el Diccionario del español dominicano (2013:438-9). En sus páginas precisa con justeza los usos y no falla en sus acepciones. Además, trae la documentación del uso con toda propiedad. Una de las citas data del año 1949 y la otra del año 2003.

En el año 1930 Rafael Brito en Criollismos “manca” al asentar la manera de representar la voz, pues la reproduce como la escucha en el Cibao, mancai, y, anota que es “fallar, errar”. En lo relativo a las equivalencias es certero. Diez años más tarde P. Henríquez Ureña permanece en los linderos del español tradicional y escribe que mancar es “faltar” y se remonta al Cantar del Mio Cid. El español en Santo Domingo (1940:63). Un poco más tarde Patín Maceo al ocuparse de la palabra asienta el uso en Puerto Rico y República Dominicana con el valor de “faltar, errar”.

En el espacio en que se ocupa del verbo mancar, el Diccionario del español dominicano (2013:438-9), inscribe que en tanto verbo transitivo es “errar, fallar”. En sus funciones intransitivas es “Dejar de suceder algo”; así como “Dejar alguien de hacer algo, especialmente cuando se trata de un compromiso”; “Dejar de funcionar algo”; “Errar el blanco de un disparo”.

Puede observarse que este mancar procede en su origen del italiano mancare del siglo XIII. En latín llegó mancus, falto o tullido o falto de un brazo o una mano. Más tarde pasó a “falto de algo” en sentido figurado, algo moral; sustraerse a una obligación moral. Más adelante alcanzó a “no tener éxito”. Después de estas explicaciones compárense las acepciones del Diccionario del español dominicano con lo que acaba de exponerse.

Con respecto a este verbo el autor de estos comentarios ha pensado que el uso dominicano del verbo mancar obedeció a la influencia de personas cultas entre cuyas lecturas se incluía literatura en lengua francesa. Esto cuando se pensaba más en cultivar la cultura por medio de la lectura que aprender una lengua extranjera para los negocios.

A estas consideraciones se ha llegado al comparar los usos del verbo y sus locuciones en francés y la coincidencia de estos con los que se registran en el español dominicano. No se desea alargar demasiado estos argumentos, no obstante, llama la atención las semejanzas para ser fortuitas.

Güiro/güira, ábana/hábana/abana, testaferrato

Por Roberto E. Guzmán

GÜIRO – GÜIRA

“El GÜIRO taíno vino a ser el güiro de hoy”.

El güiro y la güira forman parte importante de lo dominicano. Güiro/a, es una palabra que tuvo su origen en las islas antillanas. La mayoría de los tratadistas aseguran que esta palabra proviene del arahuaco taíno. A tal punto se popularizó la voz taína que los españoles la definieron en parte por el uso a que destinaban el fruto, así escribían que era una “calabaza vinatera”, pues se servían del fruto después de seco para transportar ese líquido.

Esta calabaza (Cucurbita Lagenaria) peninsular terminó convirtiéndose en una vasija antillana, reconocida más por el nombre de jigüera en el habla dominicana que por calabaza vinatera, pues la sed de los aborígenes se centraba en el agua potable y otros ingredientes de la magra dieta taína, más que en el vino.

Parte de la jigüera se usó mucho en las cocinas dominicanas, utilizando parte de esta para hacer instrumentos de cocina, con o sin mangos usado como cazo, cuchara, etc.

No hay extrañeza si la primera documentación acerca del fruto del árbol tropical llegó a conocimiento general por medio de las reseñas de los cronistas “de Indias”. Con la diligencia que caracterizó a algunos residentes de la isla de Cuba, las primeras menciones americanas referentes a las dos palabras del título las produjeron estudiosos cubanos de la lengua americana; así consta en el Diccionario de provincialismos de la isla de Cuba de 1831. Las acepciones acogidas en este diccionario y otros de la misma época eran descripciones del fruto y los usos a que se destinaban.

  1. Esteban Pichardo trae en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:314) una descripción detallada de las voces estudiadas con referencia a la jigüera dominicana. El güiro se ha conocido por otros nombres, bangaño, calabazo, calabacito; en los siglos XVIII y XIX recibió la denominación “calabacito rascador de fandango”.

La primera mención de güiro en una recopilación de voces de uso en el habla de los dominicanos consta en Criollismos de R. Brito, de 1930, quien solo se ocupa de esta voz y escribió, “Instrumento musical hecho de calabazas”.

En República Dominicana se usa indistintamente güiro o güira para el instrumento musical que se hace con el fruto vacío de contenido, seco y con rayas transversales paralelas que se rasgan para producir el sonido característico. Las formas del instrumento pueden variar. Por esta forma de producir el sonido se convierte en un “instrumento de frotación de vasos independientes”. Instrumentos musicales folklóricos dominicanos (1988-I-244). Para producir el sonido se usa el “gancho” o “rascador”.

La que quizás pueda considerarse primera mención de la güira, instrumento musical, es la que hace Pedro Francisco Bonó en El montero. Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:186).

Desde hace largo tiempo güira ha pasado a denominar la cabeza. Según parece esa acepción originó en Cuba; de ahí pasó a Puerto Rico y de allí a República Dominicana. Este orden se propone por las fechas de las menciones en los repertorios de voces en los mencionados países.

Un dato curioso sobre el que vale la pena llamar la atención es que D. Pedro Henríquez Ureña escribe, “Los descubridores escribían con g las palabras indígenas en que existían los diptongos ua, ue, ui: Guacanagarí, Guarionex, Maguá, güiro: es posible que estas palabras no tuvieran g, como no la tenía ninguna en náhuatl, el idioma de los aztecas…”

El español en Santo Domingo (1940:144-5).

 

ÁBANA- HÁBANA- ABANA

Igualmente esqueje de yuca, ABANA de batata . . .”

A pesar de que en título figuran tres palabras, en realidad se pretende estudiar una. El motivo de porqué aparece con tres representaciones es porque no se sabe cuál es la grafía que pertenece a esta voz.

Algunos hablantes de edad avanzada recuerdan haber oído hablar del “ábana de batata”. Solo recuerdan la voz de oídas; por lo tanto, no saben si debe escribirse hábana, con la hache y la tilde para diferenciarla de otras palabras homónimas, o, abana, llana sin acento ni hache.

Algo que recuerda la fuente de la anterior información es que ábana o abana siempre iba acompañada de la palabra batata, pues según parece se asocia directamente con este tubérculo.

En la cita aparece sin hache y sin tilde, pero a veces no se puede confiar en lo que se lee, aunque sea en periódicos. Además, es posible que se conozca la voz de las dos maneras, con acento y sin este.

La información que se ha recogido hasta este momento proviene del Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico, donde aparece escrito ábana y abana, en tanto “bejuco de batata cuyos recortes o trozos sirven de semilla”. Descrito de modo general es, “bejuco usado como semilla”.

No hay duda acerca de la posibilidad de que esta voz pasara de Puerto Rico a República Dominicana, donde se integró al habla de los agricultores. Este tipo de transferencia de voces entre las islas caribeñas hispanohablantes es algo hartamente comprobado mediante las estadísticas. Es un hecho que la voz examinada aquí se conoce en el habla dominicana, pero solo en los medios campesinos, porque pertenece a las labores agrícolas. Quizás por ese ámbito de uso ha permanecido ignorada por algunos estudiosos del lenguaje.

 

TESTAFERRATO

“. . . así como el TESTAFERRATO, sicariato, . . .”

Es parte del proceso natural de las lenguas que estas se sometan a la influencia de las actividades de la vida. Muchísimas palabras que se han incorporado a la lengua a través de la historia de esta han llegado como consecuencia de la necesidad de nombrar una acción nueva que se ha detectado en la vida humana.

Algunas de estas actividades son celebradas por los beneficios que traen a las comunidades; por desventura, otras han recibido nombre propio porque alcanzan notoriedad y hay que designarlas para estigmatizarlas.

La palabra “testaferrato” no ha sido incorporada todavía a la nómina de las que son reconocidas por las autoridades de la lengua con su integración al diccionario oficial. Junto a esta voz aún no reconocida figura en la frase citada una que se incorporó recientemente al diccionario oficial, 2014; es ese sicariato que aparece inmediatamente después de la voz estudiada aquí y cuya definición es, “Actividad criminal desempeñada por sicarios”.

No hay que extrañarse si algunas voces permanecen en la “sala de espera” para su integración al lexicón mayor de la lengua. Eso es parte del proceso normal. Los doctores de la lengua someten las voces de reciente aparición a un período de espera hasta que demuestren que forman parte del uso general. En la actualidad los recursos modernos de la ciencia han puesto a disposición de los estudiosos de la lengua nuevos recursos que permiten aquilatar con mayor precisión los usos en el ámbito hispanohablante y la frecuencia de estas nuevas voces.

En la base de la voz del título aparece una que es conocida del común de los hispanohablantes, testaferro. El testaferro es un presta nombre en contrato, negocio o pretensión que en realidad es de otra persona.

Una posible acepción para el testaferrato es, actividad desempeñada por el testaferro. En algunos casos esta actividad puede ser castigada por las autoridades si contraviene una norma legal.

 

Atisbar, empatar, contratación/contrastación

Por Roberto E. Guzmán

ATISBAR

“. . . echaban los viajes hacia la casa con el mulo con sacos de 320 libras ATISBADOS del producto . . .”

Los lectores siempre están expuestos a sorpresas. Unas pueden ser más agradables que otras. Entre estas algunas resultan desconcertantes. La que se experimenta con este texto pertenece a la última clase.

El verbo que se ha escrito como título de esta sección se infiere de lo que parece que es el participio de este en función de adjetivo. Infortunadamente, el verbo no aparece en las fuentes consultadas. La palabra que sí aparece es atisbo.

La oportunidad que se presenta con el encuentro de la cita se utilizará para presentar algunas posibilidades que se asumen en tanto origen del verbo; o más bien, consecuencias de este.

Antes se mencionó el sustantivo atisbo y se descartó que se encontrara en el origen de la voz usada en la cita porque su significado es, indicio o iniciación débil de una cosa.

Este atisbar que no se conoce quizás se encuentra en el origen de una voz dominicana, timbí, que cuenta con dos acepciones. Referido a persona timbí es “saciado por haber comido abundantemente”. Referido a un lugar es “repleto de gente”.

De la frase copiada puede deducirse que estaban timbo, que es otra voz del español dominicano sinónima de timbí. Se piensa que se trata de expresar que los sacos estaban llenos, repletos del producto.

Lo que se propone es una explicación por el sentido de la frase y las deducciones que pueden hacerse de las voces del español dominicano.

 

EMPATAR

“Aunque la pareja siempre se esforzó por EMPATAR con sectores activos . . .”

El uso del verbo empatar que se observa de la frase transcrita no es frecuente. Precisamente por eso se trae a estas reflexiones acerca del idioma.

Los diccionarios tradicionales reconocen los sentidos del verbo empatar que son más conocidos. A esas acepciones tradicionales los diccionarios generales añaden las más conocidas de Hispanoamérica. En República Dominicana, en el habla, empatar es unir, juntar, añadir, amarrar, pegar.

El uso que se observa en la frase citada puede considerarse una extensión de una o más de estas acepciones. Aquí en este ejemplo de uso se observa como integrarse a los sectores que se mientan. Es una forma de expresar que la pareja se incorpora a ese grupo de personas. La característica está en ese aspecto al referirse a ligarse con otros individuos.

En Nicaragua y Venezuela tienen un uso parecido al que se advierte en la cita, pero es más específico, “enrolarse en una actividad”, así lo define el Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Este uso dominicano podría considerarse como “integrarse a un grupo de personas”.

 

CONTRATACIÓN – CONTRASTACIÓN

“Lo que debería ser un debate sobre ejecuciones y propuestas sometibles (sic) a CONTRASTACIÓN . . .”

Al principio el estudio de las dos palabras del epígrafe parece un ejercicio rutinario porque a simple vista la diferencia entre las dos palabras se proyecta notoria. Más abajo se verá que el sustantivo acreditado para el verbo contrastar es diferente del presentado aquí. Se aprovechará la oportunidad que ofrece este estudio para examinar otros rasgos relacionados con el tema principal.

En el español cotidiano la contratación se reduce a la acción y el efecto de contratar, así como a la escritura firmada por los contratantes. Esta contratación con sus efectos guarda estrecha relación con pactar, convenir, comerciar, hacer contratos o contratas de trabajo. La mayoría de las palabras que se vaciaron aquí proceden del Diccionario de la lengua española de la Real Academia.

Con respecto a la otra voz que aparece en el título, contrastación, se presume que se relaciona con el verbo contrastar que en varias de sus acepciones utiliza el verbo comprobar y el verbo determinar.

La palabra que consta en todos los diccionarios generales con las funciones de sustantivo para lo pertinente a las acciones del verbo contrastar es contraste, que apareció en la lengua en el siglo XVI y que ha permanecido en el uso americano y peninsular a través del tiempo.

El diccionario que sí reconoce el uso de contrastación es el Diccionario de uso del español, que en su origen fue obra de la señora María Moliner. Allí se define este sustantivo como “acción de contrastar”.

El Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos también consigna en sus páginas el sustantivo, a pesar de que el diccionario de las Academias no lo asienta.

Las últimas menciones que constan en esta sección inducen a pensar que es un sustantivo que está en uso, pero que todavía no ha recibido el espaldarazo de las autoridades de la lengua.

El punto final a este asunto se lo coloca el Diccionario integral del español de Argentina (2008:440) cuando define contrastación, “Procedimiento experimental para contrastar una hipótesis o teoría científica con los datos empíricos”. Con la lectura de esta definición puede comprobarse el tipo de operación a que se contrae la contrastación.

Cocal, ñango/a, montear, ramalazo

Por Roberto E. Guzmán

COCAL

“Sembrar todas las costas del país de COCALES . . .”

El vocablo del título es uno que puede provocar equivocaciones. La interpretación que se le dará a este dependerá del país en que se use. En este aparte se verán las acepciones acreditadas por el uso.

Para los hablantes de español dominicano se entiende que este vocablo del título tiene relación con otro de larga historia en el español internacional, coco. El vocablo coco figura en el tomo segundo del Diccionario de la lengua castellana, compuesto por la Real Academia de la Lengua Española del año 1729, con una descripción detallada, “Fruta de un árbol de la India semejante a la palma, la cual antes que le quiten la primera corteza (que es cabelluda y de color castaño) es tan grande como un melón muy grueso. . .” (Adaptación de RG).

De acuerdo con lo que refiere Oviedo, en el tiempo de la llegada de los europeos a América encontraron ya el coco en Centroamérica. Se acepta que el vocablo fue inventado por los portugueses desde la primera visita a la India. El origen del nombre y la historia que hay detrás del vocablo es muy rica en datos curiosos, pues el mismo vocablo, coco, sirvió para mencionar el fantasma usado para amedrentar los niños.

El vocablo coco pasó a todas las lenguas, aunque en algunas hubo de recibir otro elemento explicativo, como en inglés, coconut, porque el mismo vocablo se usaba para el cacao y el coco.

Un cocal en Bolivia y Perú es un “terreno donde se cría o cultiva coca”; así lo asienta el diccionario oficial de la lengua española. Ese diccionario consigna en América Central, Cuba, Ecuador, México, Puerto Rico y Venezuela, un cocal es un cocotal, esto es, “un sitio poblado de cocoteros”.

Por esto de la siembra de coca se expresó al principio de este aparte que había que ser cuidadoso cuando se usa el vocablo cocal.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias añadió a la lista anterior la República Dominicana como país donde un cocal es un cocotal. Algo interesante con respecto del coco, la fruta, es que nada de esta se pierde, ninguna parte del fruto queda sin uso.

 

ÑANGO, A

“Le dan la espalda para que ella lleve a ÑANGO el fruto de la improvisación . . .”

La letra eñe es un signo distintivo de la lengua española. Solo el español tiene esa letra con esa virgulilla encima que representa un sonido que en otras lenguas representan con una combinación de letras. La rayita encima de la ene /n/ al principio fue recta, luego se representó curva, como lo es en la actualidad.

En el español dominicano existen por lo menos treinta y ocho voces que comienzan con esa letra, por lo menos eso es lo que aparece en el Diccionario del español dominicano.

La voz ñango tiene varias significaciones en el español dominicano. Aquí se verán algunas de ellas y especialmente la que se usa en la frase copiada.

En funciones de adjetivo, referido a una cosa o parte del cuerpo, ñango transmite la idea de que esa parte está “inclinada, torcida”. Una persona ñanga es la “contrahecha, deforme, desgarbada”. En los casos en que tiene relación con cosas o personas, es “abundante”.

La última significación de ñango es la menos usada en la actualidad, es el “macuto de guano que se lleva a la espalda”. En la situación que describe la cita, la voz ñango la usan como referencia para mencionar el lugar o la parte del cuerpo de la persona en que de costumbre se lleva el ñango, macuto. Esa es la deducción que se hace de la lectura de la cita. Si no es así, entonces el propósito es de mencionar el macuto en tanto modo de acarreo aludiendo al continente.

 

MONTEAR

“Su vida transcurrió entre los conucos, el MONTEO en los fondos de la sierra . . .”

La primera mención americana del verbo montear aparece en los escritos de Bartolomé de Las Casas, referido a “perseguir al indio cimarrón o alzado”, sitúa esta acción en la isla La Española; obsérvese que solo menciona al indio.

Este verbo deriva de la palabra monte del castellano antiguo, conocida también en el portugués de ese período histórico de la lengua; cuya mención aparece ya en el Cid como “arbolado o matorral de un terreno inculto”.

En español se conoce desde hace largo tiempo la acepción del verbo montear en tanto “buscar la caza en los montes”. Las personas experimentadas en esta labor eran los monteros que recorrían los montes a pie para cazar animales y más adelante en la historia con la evolución hacia la crianza de estos, para cuidarlos.

La labor de montear fue importante en La Española entre los siglos XVI y XIX. Debe recordarse que durante largo tiempo en los montes de la isla La Española existió la crianza libre de ganado que se cazaba básicamente para aprovechar el cuero que se vendía en el comercio intérlope a través de las costas alejadas de los puertos reconocidos y de las autoridades.

En la actualidad ya casi no se practica la acción de montear, es decir, buscar la caza en un monte. Muchas personas utilizan el montear con otros propósitos diferentes a los descritos, simplemente para “andar por el monte o la selva”. El monteador dominicano fue la persona que buscaba y perseguía la caza en los montes.

La versión moderna de montear es un deporte que se practica con la ayuda de motocicletas, es el motorcross, que consiste en un recorrido a través del campo.

 

RAMALAZO

“C. no escapó a sus RAMALAZOS”.

La terminación -azo sugiere acción violenta o golpe. Puede esta terminación introducir aumentativos también. En su origen el vocablo ramalazo sirvió para el golpe dado con el ramal que era un cabo de soga, cuerda. De ahí pasó a representar la señal que dejaba el golpe. En los tiempos modernos se utiliza para mentar un dolor agudo y repentino que se extiende por una parte del cuerpo; por lo general este dolor es pasajero.

Como sucede con muchos otros vocablos de la lengua, este pasó a cubrir otras áreas, esto es, extendió su alcance semántico.

En sentido figurado en el español dominicano el ramalazo llega a aludir a un ataque verbal de una persona acerca de otra. Con ese sentido aparece en el texto escogido para introducir su estudio en esta sección.