Gusano, generalista, intríngulis, elefantiásico, acumulo, inventar

Por Roberto E. Guzmán

GUSANO

Esta palabra se incluye en estos comentarios para recordar que esta designa un objeto de uso de los viajeros. El motivo principal para que esta se incorpore a estos estudios es que en el habla coloquial se designa con el vocablo gusano un objeto que se utiliza para transportar ropa y otros efectos personales.

El gusano en cuestión generalmente es hecho de lona o de otro material flexible y resistente. Es muy útil para transportar efectos personales porque el material de que está fabricado expande y acepta gran cantidad de estos. Una de las ventajas de este gusano es que como es capaz de estirarse puede acomodar mucha ropa en su interior.

Ese gusano es de forma cilíndrica u oblonga, más largo que ancho y tiene por lo general un asa del mismo material que está adherida (cosida) a lo largo para facilitar su manejo. El asa y la forma del objeto son convenientes para que la persona que lo usa pueda pasarlo sobre un hombro y dejarlo descansar sobre su espalda. Es una suerte de saco más largo que estrecho.

Es un tipo de talego de viaje. Esa palabra, gusano, es muy apropiada para designar el objeto descrito más arriba porque este se asemeja a la forma de un gusano blando, alargado.

No ha podido encontrarse esta palabra, la utilizada aquí, inventariada en los diccionarios diferenciales de español americano. Se ha oído de boca de hablantes de español americano y, especialmente de hablantes de español dominicano; por lo tanto, hay que tomarla en cuenta para incluirla en los repertorios de esta variedad de español.

 

GENERALISTA

“. . .con televisiones que compiten por audiencias millonarias con las grandes GENERALISTAS en inglés. . .”

Con respecto del vocablo estudiado en este aparte, se verá el origen de este, el país donde se originó y el uso que lo difundió en el español hasta imponerlo en el español internacional. Además, se comprobará cómo en la especie de la cita se desliza para ampliar su cobertura semántica.

El adjetivo generalista entró en el Diccionario de la lengua española en la edición correspondiente al año 2001, con la misma redacción que posee en la actualidad, “Dicho de una persona: que en su profesión domina un amplio campo de conocimientos”. El ejemplo que ofrece es, “Médico generalista”. Señala en esa sección que puede usarse también como sustantivo.

Todavía permanece fresca en la memoria de quien esto escribe cuando los pacientes procedentes de México preguntaban si el médico que los trataba era un “generalista”. Sin ánimo de enmendarles la plana se les informaba que era un médico de cabecera, un médico de medicina general o, de familia.

En esa ocasión se pensaba ya que era posible que esa voz se generalizara más adelante como consecuencia de la gran cantidad de hablantes que se expresan por medio de la variedad mexicana de español.

La palabra ha tenido fortuna pues como ya se escribió fue integrada en el léxico oficial general en el Diccionario de la lengua española de 2001. La historia del adjetivo no termina ahí, pues en Argentina lo utilizan de un modo más general, “Que abarca y trata un conjunto de conocimientos generales acerca de distintas materias: Proponen una educación generalista. / La información de los periódicos debe ser generalista”. Diccionario integral del español de Argentina (2008:864).

La palabra generalista aparece en el Diccionario del español actual (1999-II-2320) en función de adjetivo en su primera acepción, “De carácter general”. Ese diccionario aporta ejemplos de uso en el ámbito educativo. En la industria de la televisión y desempeñando la labor de nombre también, está documentado en el campo de la medicina.

El Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:521) define el término, “Que se dedica a productos o cuestiones muy variados, de uso o carácter general, o que alcanzan a una gran cantidad de personas”. Este diccionario incluye ejemplos de uso acerca de productos de hipermercados; de emisoras de radio y de un portal electrónico.

Lo que se ha trazado en grandes rasgos es la historia de la voz. Se piensa que aún tiene futuro promisorio en el ámbito de la lengua, pues es posible que más adelante en el tiempo las acepciones oficiales se amplíen.

 

INTRÍNGULIS

“. . .y conocedora de LAS INTRÍNGULIS. . .”

Esta voz que figura a modo de título se ha prestado a través del tiempo para más de un error. Por medio de estos comentarios esos se destacarán y se ofrecerán los remedios para evitarlos.

Antes de continuar es bueno que se recuerde que por su formación y significado la voz analizada aquí no es de uso cotidiano en las conversaciones; es más bien una voz de uso de las esferas de habla culta.

La voz del título entró en el diccionario académico en el año 1884. En la actualidad la Real Academia escribe que el origen de esta es incierto. Eso no es obstáculo para que existan teorías acerca de su formación. La más socorrida sostiene que procede del italiano intingoli, plural de intingolo que es “pócima, salsa”. Al final, la voz estudiada se contaminó con la palabra española intriga, de donde adquirió la grafía actual. (Diccionario etimológico de Corominas y Pascual).

Vale la pena que se recuerde que la voz estudiada equivale a “dificultad o complicación”, que presentan una cosa. O “intención solapada, razón oculta” que se suponen en alguna acción.

Uno de los errores que la voz crea es en cuanto a su género, no es femenina, sino que es vocablo masculino, de allí que sea el intríngulis. Algo que no debe olvidarse es que su plural que no varía la grafía, continúa siendo intríngulis.

 

ELEFANTIÁSICO

“La otra misión del ELEFANTIÁSICO aparato estatal. . .”

Los diccionarios de español solo registran para el vocablo del título que este se refiere a la enfermedad que se conoce con el nombre de elefantiasis. Puede actuar en tanto sustantivo para indicar que es una persona que padece esa enfermedad. Hasta aquí llega la tradición de la lengua reconocida por los lexicones.

Aparte de lo escrito más arriba el uso en algunas ocasiones utiliza este elefantiásico en funciones de adjetivo para destacar el gran tamaño o las grandes dimensiones de algo. Para llegar hasta allí lo que hace quien así se expresa es que con la voz estudiada se refiere al elefante, y sobre todo, al volumen del animal.

Quien así escribe, elefantiásico, olvida que hay otras palabras de buena cepa en el español internacional que sirven para denotar que algo es grande. Si desea mantenerse en el reino animal puede elegir al mastodonte y decir o escribir “mastodóntico”. Mastodonte por sí mismo indica “persona o cosa muy voluminosa”.

Es probable que el sentido de este elefantiásico trascienda en una conversación o en un texto si antes se ha preparado el entorno para que no quepa duda con respecto a lo que se desea comunicar.

 

ACUMULO

“. . .el leonelismo propala el ACUMULO. . .”

Un acumulo es un sustantivo dominicano con características propias. No se creó de la nada, sino que derivó de algunos rasgos  que el verbo acumular posee en el español internacional.

El verbo acumular en su vertiente legal denomina “unir unos procedimientos a otros para que sean resueltos por una sola sentencia o resolución”; así consta en el Diccionario de la lengua española (2014) de la Asociación de Academias.

Los argentinos también han extraído algo de este verbo y en el mismo diccionario mencionado consta que aunque poco usado, para ellos acumular es “imputar algún delito o culpa”.

El acumulo dominicano es una voz que tiene mayor capacidad para ofender, pues en el Diccionario de americanismos de la Asociación antes mencionada este es definido en el ámbito rural, donde nació, con el matiz equivalente de “calumnia”; es decir, es una imputación falsa y maliciosa. En el entorno antes mentado es también “ofensa, injuria”.

Puede comprobarse mediante las acepciones dominicanas ya vaciadas aquí que estas pertenecen más al dominio de la moral que al legal, judicial.

Como resultado del fenómeno de la urbanización que se ha producido en la República Dominicana, el término examinado tiene menos uso en la actualidad. Los avances en los medios modernos de comunicación han enseñado otras formas de insulto.

Como consecuencia de la atracción que ejerció el sustantivo aquí estudiado, el verbo acumular en el español dominicano terminó con el significado propio en el país de “calumniar a alguien”; así consta en el Diccionario del español dominicano (2013:13).

 

INVENTAR

“. . .la idea de que el Presidente pueda INVENTAR con una reforma constitucional. . .”

Este inventar con el significado que se expondrá más abajo pertenece al español de varios países hispanoamericanos. Esto es, no solo los hablantes de español dominicano lo utilizan de ese modo.

El significado particular de este verbo lo comparte el hablante de español de la  República Dominicana con México, Nicaragua, Paraguay, Venezuela. Así consta en el Diccionario de americanismos (2010).

Se usa el verbo inventar para significar, “Decir o hacer cosas descabelladas”. Hay que recordar que descabellado es, “contrario a la razón, al orden o a la prudencia”. Gran diccionario de la lengua española. Esto equivale a decir que inventar es decir o hacer cosas desatinadas, disparatadas, imprudentes, insensatas.

Se presume que los calvos no deben estar contentos con que el adjetivo descabellado sirva para expresar que alguien muestre poca inclinación por la serenidad, el buen juicio, que incurra en acciones absurdas.

Cortados por el mismo filo, en el español dominicano se emplea el adjetivo inventador/a que se aplica a la persona que con frecuencia obra “inventando”. Hace largo tiempo ya que por medio de estas reflexiones se trató este tema del adjetivo. Las personas inventadoras son aquellas que se exponen por sus actuaciones a situaciones de peligro, de riesgo.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Zapatear/zapatazo, gentrificación, astreinte

Por Roberto E. Guzmán

ZAPATEAR – ZAPATAZO

El verbo zapatear mantiene una acepción de uso en el español de los hablantes dominicanos que se relaciona con los significados del verbo zapatear de la manera en que este es conocido por la mayoría de los hablantes de español.

El verbo zapatear en las acepciones correspondientes a la marinería, la esgrima, la cacería y, las personas con los pies calzados, lleva o utiliza en esas definiciones el verbo golpear o el nombre golpe, ya sea esto de modo expreso o sobreentendido.

De allí es de donde los dominicanos han creado un zapatazo que se utiliza en un caso concreto. Este zapatazo dominicano se refiere a la sensación que experimenta un tomador de bebida alcohólica fuerte cuando la ingiere y esta llega y golpea el estómago. Del mismo modo en sentido figurado puede referirse también a la sensación que siente ese sujeto cuando los efectos del alcohol comienzan a afectar el cerebro.

De la forma en que se ha explicado la acepción de este zapatazo, en realidad no hay golpe, pero sí hay una sensación y un efecto que produce la bebida alcohólica en quien la bebe, de allí que la identifiquen con el golpe o ruido del zapatazo material reconocido en el español internacional.

Ah, vale aquí que se recuerde que este zapatazo no ha sido reconocido en los diccionarios de dominicanismos producidos hasta esta fecha. Se confía en que después de documentarlo del modo en que se ha hecho aquí este no pasará inadvertido en el futuro.

 

GENTRIFICACIÓN

“. . .que es la GENTRIFICACIÓN de la zona restaurada. . .”

La voz del título llama la atención porque las primeras letras así juntas –gentri– no evocan idea alguna en el español tradicional. Las tres primeras letras –gen– sí guardan relación con el latín precursor del español actual.

La voz del título procede del inglés, lengua en la que se utiliza sobre todo en asuntos relacionados con el urbanismo. Como es un fenómeno que ocurre en ciudades de casi todo el mundo es natural que a falta de una palabra patrimonial, las diferentes lenguas de los países donde se produce el fenómeno hayan recurrido a adoptar o adaptar la voz gentrification del inglés.

La nueva voz que ha incursionado en el español común ha adquirido tanta importancia que una institución asesorada por la Real Academia de la Lengua Española le ha dedicado un espacio importante a la voz estudiada.

Lo primero que hace esa institución es asegurar que gentrificación es un neologismo válido; esto así porque “es una adaptación adecuada al español del inglés gentrification”.

El Merriam-Webster´s Dictionary define este fenómeno con las siguientes palabras, que traducidas al español terminan de este modo, “proceso de renovación y reconstrucción que acompaña al influjo de personas pudientes y de clase media en un área en deterioro, que a menudo desplaza a los generalmente más pobres residentes anteriores”. (Traducción RG).

La palabra gentrification apareció en inglés en el año 1977, según el mencionado diccionario, formada sobre el inglés gentrify. Este verbo indica “aumento del valor de los bienes raíces en un barrio al convertir un área pobre en una de viviendas más caras”. El verbo se documentó en inglés en el año 1973.

El verbo en sí mismo deriva de gentry que es de larga data en inglés, 1303, que a su vez tiene relación con el viejo francés. Chambers Dictionary of Etymology (2015:428). En italiano han integrado la voz gentry a su uso como palabra extranjera para mencionar a la pequeña nobleza inglesa propietaria de tierras. Dizionario delle parole straniere (1999:112).

Elisenda Bernal, de la Universitat Pompeu Fabra en un estudio publicado en Martes Neológico asegura que el término gentrificación se debe a la socióloga británica Ruth Glass que así bautizó en 1964 al “proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado o devaluado a partir de la reconstrucción o rehabilitación de edificios”. Esa investigadora acota que la entrada en español se documentó en el año 2004.

Cuando en español se admite un neologismo es para evitar tener que recurrir a una perífrasis. El mundo moderno está en constante mutación y esos cambios se reflejan en el léxico. El fenómeno a que se aludió con la voz analizada, si bien recibió su reconocimiento en inglés, lengua que lo denominó, es un proceso que se repite en otras sociedades y, que en consecuencia, necesita de un nombre. La palabra del título dejará de ser un neologismo cuando los hablantes no se sorprendan al oír o leer esa palabra.

De acuerdo con Fundéu BBVA, a la que se aludió antes aunque no se nombró, en español existen otros vocablos propuestos para denominar el procedimiento a que se contrae la gentrification, *elitización residencial es una de ellas, con el inconveniente de que “elitización” no es una palabra integrada todavía al repertorio reconocido de la lengua española, pero puede argüirse que también es un neologismo válido.

 

ASTREINTE

“. . .también se impuso un ASTREINTE de RD$ 5 mil pesos por cada día de retardo. . .”

La voz que aparece resaltada en la cita es probable que produzca muchas preguntas en las mentes de los lectores de español dominicano. En el texto reproducido puede deducirse el significado de esta gracias al entorno en que se encuentra.

La voz pertenece al ámbito jurídico dominicano que la tomó en préstamo hace largo tiempo del francés jurídico. Esta voz se repite en las aulas de derecho, en los tribunales y en los escritos de los abogados y entendidos en esta materia.

Parece que existe una relación o inclinación de afecto de parte de los juristas dominicanos con respecto de esta voz que no les permite renunciar al uso de ella. Se piensa que al contrario de lo que piensan muchas personas, en español existen palabras de buena solera que pueden desempeñar las funciones de este galicismo.

La astreinte es una condena pecuniaria pronunciada a título conminatorio, a razón de tanto por día o mes de retardo contra el deudor de una obligación de hacer o, en algunos casos, de una obligación de dar, para constreñirlos a cumplir. Petit Dictionnaire de Droit (1951:143) Obra publicada por la Editorial Dalloz. Hay que consignar que lo traducido es solo una parte de las explicaciones que trae ese diccionario; eso solo constituye el meollo de las características. (Traducción RG).

En el Petit Robert aparece la voz del francés definida, “Condena al pago de cierta suma de dinero por cada día de retardo en la ejecución de un acto ordenado por una jurisdicción civil”. (2007:164). (Traducción RG).

El galicismo deriva del verbo francés astreindre que puede traducirse por “constreñir, obligar”. De aquí puede que la astreinte , que es el participio pasado sustantivado desde el año 1875 con el significado de “condena pecuniaria que debe pagarse por un retardo”, sea una obligación.

No hay lugar a mostrar sorpresa que en el argot jurídico dominicano permanezcan muchas voces del francés si se tiene en cuenta que durante largos años los tribunales se rigieron por traducciones (no siempre felices) de códigos franceses.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

28 AGO 2018

PARA GUSTOS, COLORES

Cada cierto tiempo se escuchan voces que preconizan la muerte de la lengua española. En estos días he leído a Pedro Delgado Malagón en El Caribe preguntarse si nuestra lengua morirá de pureza, relegada al uso de los intelectuales y artistas, o si morirá desintegrada por la contaminación de las jergas. Me encanta que la pasión por la lengua española, que sin duda demuestra Delgado, sea tema de debate y esté presente en los medios de comunicación, que tanta responsabilidad tienen en la difusión de su buen uso, ya que la lengua es su principal herramienta.

Parece apuntarse don Pedro a los que creen en su agonía. Refiere con detalle un supuesto informe académico dispuesto a modificar hasta lo irreconocible nuestra ortografía. Con tonalidad tremendista habla de inquisición, de mutilación despiadada y de perverso aquelarre, sin parar mientes en que este remedo de reforma académica no es más que una broma barata para afear malos usos ortográficos que circula desde hace años por las redes, y que quizás no merece el mal rato.

La labor de las academias de la lengua española, tan traída y tan llevada, sigue siendo desconocida para muchos hablantes. Entre burlas y veras se propagan bulos muy difíciles de desmontar; sobre palabras admitidas o no, sobre supresión de letras en el abecedario, sobre cambios ortográficos inverosímiles y, sorprendentemente, también sobre inmovilismo a ultranza.

Delgado Malagón habla de la mala ortografía, de las jergas y de la disgregación lingüística como principales responsables de la debacle; tres aspectos (ortografía, léxico y unidad) tan interesantes para el debate que me atrevo a dedicarles algunas de mis próximas Eñes. No tendrán, ya les adelanto, una tonalidad tan oscura como el «Sálvese quien pueda» de don Pedro, pero, para hablantes y gustos, colores.

 

04 SEP 2018

EVIDENCIAS ORTOGRÁFICAS

Esta Eñe de hoy quiere acercarnos a la ortografía, no a sus reglas y excepciones, sino a su razón de ser en el sistema lingüístico. Para ello no hay mejor guía que la Ortografía de la lengua española, un manual académico que debería convertirse en libro de consulta cercano.

Para la escritura disponemos de un conjunto de signos convencionales, es decir, producto de un convenio o pacto antiquísimo para representar el lenguaje oral mediante signos gráficos. Necesitamos además un conjunto de reglas que indiquen cuándo y cómo deben usarse estos signos. Según la definición académica, «este conjunto de normas que regulan la correcta escritura de una lengua constituye lo que llamamos ortografía». No es cosa exclusiva del español: todas las lenguas de cultura tienen su ortografía.

La ortografía, como conjunto de reglas, no es inmutable. Sus convenciones han ido evolucionando con el tiempo según distintos criterios. Nuestras normas ortográficas de hoy no son las mismas que se aplicaban en otras épocas; ni mejores ni peores, adaptadas a los tiempos.

Lo que debemos tener claro es que la ortografía tiene carácter normativo, lo que permite mantener la uniformidad de la representación gráfica del español, independientemente de la persona que escriba, del país en el que viva o haya nacido, de su variedad dialectal o de su acento.

La forma en que nos enseñan ortografía nos hace verla como un galimatías ininteligible de reglas y excepciones, en lugar de transmitirnos que la ortografía nos permite escribir y leer con corrección. Dicen las Academias de la Lengua sobre la ortografía: «No es un simple adorno, sino condición necesaria para el completo desarrollo de la persona, como individuo y como ser anclado en la sociedad, en la medida en que la escritura es hoy fundamental como soporte del conocimiento y como instrumento de comunicación».

11 SEP 2018

DE JERGAS Y ARGOTS

Nos toca seguir con el léxico. Muchos consideran que las variedades léxicas de nuestra lengua representan un riesgo para su futuro. Algunos hablan de jergas o argots para referirse a ellas de modo despectivo. Aclaremos algo.

Los sustantivos jerga y argot comparten dos significados. Usamos estos sustantivos para referirnos a un lenguaje particular que utilizan las personas que comparten oficio o profesión. Así hablamos del argot médico o de la jerga informática. El hecho de que el argot, o la jerga, estén formados por términos especializados hace que, en muchas ocasiones, se convierta en un lenguaje críptico para los que no pertenecen al grupo profesional. Y recuerden que hay grupos profesionales muy «particulares» a los que les viene muy bien que sus propias jergas sean incomprensibles para otros: el argot de la drogadicción o la jerga delincuencial. Precisamente la dificultad para su comprensión hace que usemos los sustantivos jerga y argot para referirnos a cualquier lenguaje difícil de entender, por su incorrección o por su confusión.

Las jergas no son cosa de nuestros tiempos. Han existido desde que la lengua es lengua. Que se lo digan si no a Miguel de Cervantes, en cuyas novelas podemos encontrar el léxico jergal de su tiempo usado de forma magistral. La existencia de las jergas no pone en peligro nuestra lengua. El peligro está en que solo podamos comunicarnos echando mano del vocabulario jergal. Como casi siempre, la responsabilidad está en la cancha de los hablantes. Se trata de ampliar nuestro vocabulario de forma que podamos aprovechar el argot o deshacernos de él a voluntad. Con más y mejores palabras se amplían también nuestros horizontes y, por supuesto, los de nuestra lengua.

18 SEP 2018

¿EN PELIGRO?

Si hay una lengua inmensa en el mundo, esa es la nuestra. Los hispanohablantes debemos ser conscientes de lo que esto implica. Nuestra lengua es inmensa en historia y en extensión; basta saber que se habla como lengua materna en cuatro continentes desde hace siglos. Nuestra lengua es inmensa en hablantes y todos y cada uno de ellos tienen derecho a considerarla propia. Donde más se muestra la amplitud de nuestra lengua es en la pronunciación y en el vocabulario.

¿Significa esto que nuestra lengua está en peligro de disgregación? En mi opinión el español tiene en la riqueza y la variedad su fuerza y su futuro, porque nuestra lengua dispone de las armas que le permiten mantenerse unida.

La ortografía, como sistema estructurado, nos permite conservar la unidad, que no la uniformidad de nuestra lengua. Describe muy bien su importancia social la Ortografía académica: «Gracias a la existencia de una ortografía común leemos los textos de autores de muy diversas áreas geográficas como si tuvieran una misma voz. La unidad ortográfica constituye, pues, el soporte más visible del sentimiento de comunidad lingüística y cultural entre países que se expresan en una misma lengua».

El vocabulario es otro cantar. Su capacidad de adaptación, combinación, creación y muerte es ilimitada. También tiene sus reglas, pero está obligado a responder de inmediato a nuestras necesidades en todas las circunstancias de la vida. Y no hay nada más cambiante y más rico que la vida. El léxico de una lengua no puede quedarse atrás. Los buenos hablantes somos responsables de utilizarlo apropiadamente, de atesorarlo, de enriquecer nuestro bagaje para sacarle el mayor partido posible a nuestras palabras, a nuestras casi infinitas palabras. Unidad y diversidad parecen irreconciliables, pero no lo son en nuestra lengua.

 

25 SEP 2018

JAMÓN Y CASABE

El préstamo lingüístico forma parte esencial del léxico de nuestra lengua. La adopción de palabras procedentes de otras lenguas no es una práctica reciente. Sucede desde que la lengua es lengua por el contacto directo entre hablantes de idiomas distintos o por la influencia cultural, política o económica de una sociedad sobre otra.

Lo que diferencia a unos extranjerismos de otros es la razón por la que se adoptan. Hasta que los españoles llegaron a esta isla la lengua española no se había visto en la necesidad de disponer de una palabra para referirse a la yuca, ni a una especie de pan elaborado a partir de ella, sencillamente porque para ellos no existían ninguna de estas realidades. Cuando las palabras empiezan a hacerse necesarias para designar una nueva realidad el préstamo es la vía más rápida; en un «santiamén» lingüístico yuca y casabe entran a formar parte de nuestro léxico, y como tales empiezan a regirse por las normas gramaticales y ortográficas de nuestra lengua. Incluso sirven de base léxica para crear nuevas palabras (yuquitacasabero), dan origen a locuciones (guayar la yucahacer yuca) o protagonizan refranes a la dominicana: a falta de pan, casabe.

Los préstamos que deben preocuparnos como amantes de nuestra lengua son otros préstamos; aquellos que adoptamos por moda, parejería o, sencillamente, como sucede en la mayoría de los casos, por desconocimiento de nuestras propias palabras. Cuando esto sucede la palabra patrimonial y el préstamo, con el mismo significado, conviven y, a veces, terminan desbancándose una a otra. La Ortografía académica pone un curioso ejemplo histórico: hace siglos el galicismo jamón (del francés jambon) acabó triunfando sobre el patrimonial pernil precisamente en la tierra de los jamones. Ninguno de nosotros sentimos a la palabra jamón como extranjera, porque para la lengua como para los buenos jamones el tiempo no pasa en balde.

 

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

¿QUÉ HACER EN ESPAÑOL CON LAS PALABRAS EXTRAÑAS?

 La primera recomendación frente a los vocablos extranjeros  es evitarlos. Pero cuando éstos resultan  indispensables, o al menos necesarios,  procede recibirlos y  buscar la forma de adaptarlos  al perfil de nuestro idioma. Un vocablo se hace necesario porque  representa un objeto, una circunstancia o  una acción  que no ha sido nombrada en español.

El extranjerismo podría expresar también  una cualidad para la cual no se tiene palabra en  lengua de castellana. Es decir palabras que encierran una valoración sobre personas, cosas, animales o situaciones.

Si nos vamos a quedar con un vocablo procedente de otra  lengua, la actitud más prudente es sustituir grafías ajenas al sistema ortográfico del español, de manera que el vocablo se aproxime a las características del español.

Pongamos por ejemplo que como  en español la letra –q  (cu) solo tiene uso con el dígrafo –qu, o lo que es igual: seguida de las vocales –ue (queso, querer, quemado) y –ui (quiero, quizá, quimera), el nombre del país  árabe   debe escribirse Catar y no Qatar, como prefieren algunos.

Incluso, voces  procedentes del latín pero que no forman parte  del patrimonio léxico del español han presentado dificultades por su grafía ajena al sistema ortográfico castellano, específicamente con la letra -cu, sin formar el dígrafo qu,  y la pretensión  de unos hablantes de emplearla con el sonido  de –k (ca).

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial 2010, apunta al respecto que: “Este uso autónomo del grafema q en representación del fonema /k/, como ya se ha señalado, contradice los intentos por regularizar y simplificar la escritura del español promovidos por la ortografía académica, que ya en 1815 determinó que se escribieran con cu+vocal todas las palabras en las que la secuencia gráfica  qu se correspondiese con la secuencia fónica /ku/, con independencia de la etimología”. (OLE, pág. 615).

Por lo antes expresado es que las voces latinas exequatur, quadrivium y quorum es preferible escribirlas con –cu: execuátur, cuadrívium y cuórum.

La voz inglesa “whisky” entró al español y no parece que vaya a desaparecer, pues el elemento que representa  ha calado muy hondamente  fuera de la cultura escocesa. Esta palabra presentó un problema de adaptación, dado que la –w (uve doble) no  existía en el alfabeto latino y por tanto  no hay palabras, propias del español, que lleven este signo. Del inglés y del alemán, sobre todo, llegaron vocablos iniciados con –w que fueron adaptados  con los sonidos –gu  o –v . Ejemplos: welf (alemán) devino en güelfo y wagon (del inglés) se acuñó como vagón.

Güelfo   es un adjetivo  y se define así: “1. adj. En la Edad Media italiana, partidario de los papas y enfrentado a los gibelinos, defensores de los emperadores de Alemania”.

Siguiendo ese patrón, los académicos  recomendaron adaptar la voz whisky con la grafía güisqui, y así aparece en el Diccionario. Pero más adelante a la uve doble (doble ve y mal llamada doble u) se le dio carta de ciudadanía en nuestro idioma  y se  está reconsiderando   la escritura del nombre que identifica al licor británico. Wiski es la forma considerada más acorde con su etimología, pero aún no la recoge el Diccionario académico.

La voz “kangourou”, procedente del francés  se adaptó al español como canguro, mientras zink  (del alemán) quedó en zinc o cinc.

Hemos de repetir  que el uso de  extranjerismos   es necedad cuando se trata de voces que tienen equivalente en español, pero cuando no ocurre esto, procede acuñar la palabra extraña y someterla al orden  de nuestra lengua.

Del Japón nos  llegó un juego llamado /yudo/, pues escribamos yudo, yudoca y Asoyudo. ¿Por qué escribir “judo” si leemos yudo?

 

 

 

ADAPTACIÓN DE EXTRANJERISMOS AL ESPAÑOL

Ninguna lengua se ha formado de un día para otro. Más bien es resultado de una serie de interacciones entre sujetos que practican  el comercio, la guerra, las migraciones, la dominación de unos sobre otros o un  tipo de relación que implique comunicación e intercambio.

El español se ha formado a partir del latín. Este se extendió por la península ibérica a partir del siglo III antes de Cristo  y  se impuso a las lenguas prerromanas. De ese latín con influencia de las lenguas de la región procede la base léxica del español. Es lo que se denomina léxico heredado o patrimonial.

El latín siguió predominando en Europa  y fue la lengua de cultura por excelencia. Las lenguas romances recurren a ella para cubrir necesidades expresivas. A través del griego llegaron, sobre todo, los términos cultos, propios de la ciencia: biología, filosofía, ortografía, pedagogía.

Hoy el español es una lengua adulta, hablada por más de quinientos millones de personas, solo superada por el mandarín, idioma de los chinos. El contacto del español con otras lenguas (árabe, italiano, inglés, francés, indígenas americanas)   atrajo términos de las mismas  para originar el léxico adquirido.

El comercio, la tecnología, la persistencia de las migraciones, los intercambios artísticos y   deportivos, los nuevos hábitos de consumo e incluso las relaciones  políticas, facilitan el ingreso de términos de otras lenguas que se tornan necesarios en la nuestra.

Se ha llamado préstamo lingüístico a la adquisición de una palabra procedente de otra lengua. Es recomendable recurrir previamente al acervo  lexicográfico del español y localizar  el vocablo indicado, por su valor semántico, para sustituir la voz extraña.

De modo que es preferible decir computadora personal en lugar de “personal computer”; disco compacto y no “compact disc”, cedé  y no cidí (CD), gestor o manejador de redes, en vez de “comunity manager”, restaurante y no “restaurant” o “restorán”..

Algunas palabras y expresiones extranjeras carecen de equivalentes para la traducción o el que aparece dificulta  apreciar el sentido de lo que se quiere expresar.  Es entonces cuando se procede a la acuñación del neologismo. Ese neologismo adaptado asumirá  un comportamiento propio de un vocablo del español, tanto para formar el plural, como el diminutivo  o someterse al accidente de género (femenino, masculino).

Algunos de estos vocablos procedentes del inglés  pudieron ser traducidos, pero los hablantes del español prefirieron aceptarlos por el sonido de su lengua de origen,  y los académicos recomiendan escribirlos de este modo: beisbol, fútbol, líder, mitin, blíster, eslogan, estrés, escáner, estándar…).

Del francés hemos adaptado coñac (en francés cognac), champán (champagne), chofer (chauffeur), garaje (garaje).

Estos ejemplos del italiano:   espagueti (spaghetti, plural de spaghetto), yacusi (yacuzzi), lasaña (lasagna).

Lo que dice la Ortografía de la lengua española: “Las voces extranjeras deben escribirse siempre en los textos españoles con una marca  gráfica que destaque su condición de palabras pertenecientes a otra lengua: preferentemente   en cursiva en la escritura tipográfica (siempre que el texto base esté escrito en redonda; pero en redonda, si el texto base está escrito en cursiva) y entre comillas en los textos manuscritos, donde no es posible establecer la oposición entre la letra redonda y la cursiva. Esta marca gráfica estará indicando que el término  en cuestión  es ajeno a nuestra lengua y que, debido a ello, no tiene por qué atenerse a las convenciones ortográficas españolas ni pronunciarse como correspondería en español a esa grafía”. (pag. 601).

El préstamo o adaptación de términos extraños es una vía de enriquecimiento del español. Eso sí, esto requiere respeto para el perfil de nuestra lengua

Sabichoso, en tanto que, la génesis / el génesis

Por Roberto E. Guzmán

SABICHOSO

La voz del título de los siguientes párrafos se conoce en el habla de los dominicanos. Todas las personas que se han ocupado seriamente de la lexicografía dominicana han consignado esta voz en sus repertorios. El aspecto que se enfocará más abajo es el concerniente a las acepciones que se reconocen y la redacción de estas.

Con respecto a este punto no todos los repertorios de palabras dominicanas concuerdan. El autor de estas apuntaciones introducirá un matiz a lo escrito por varios de los tratadistas del tema, y, reconocerá quién introdujo un elemento esencial en la definición.

Desde el año 1930 en que se editó el Diccionario de criollismos de Ramón Brito acerca de las voces dominicanas, muchos tratadistas de la materia se han limitado a repetir lo que él escribió para sabichoso, “inteligente, habilidoso”.

  1. Emilio Rodríguez Demorizi en Del vocabulario dominicano (1983:229) solo consigna el equivalente que él reconoce para sabichoso, malicioso. Se está de acuerdo con añadir este adjetivo para sabichoso, pues el sabichoso dominicano no es solamente inteligente y habilidoso.

El sabichoso dominicano usa su inteligencia con malicia para actuar astutamente, ocultando la verdadera intención de sus palabras y comportamiento. No se trata solo de habilidad, sino de la intención de engaño.

Se está de acuerdo con lo que vierte el autor del Real diccionario dominicano (2017:310) en que el vocablo sabichoso se aplica a los niños, para reconocer en ellos el grado de inteligencia. Lo que faltó que se añadiera es que ese niño no es solamente inteligente, sino que tiene también la viveza mental para hacer travesuras ingeniosas que por su naturaleza merecen  reprensión y sin embargo se toleran sin castigo.

 

EN TANTO QUE

“. . .EN TANTO QUE identidad cultural”.

Por uno de esos fenómenos de las lenguas, el autor de estas apostillas acerca de la lengua común ha usado esta frase en más de una ocasión. En una ocasión la encontró en un artículo de otra persona y, en ese caso, le llamó la atención.

Fue en ese momento cuando comenzó a preguntarse acerca de la oportunidad del empleo de la frase y en cuáles casos es legítima su utilización. Las respuestas a esas preguntas son el objeto de esta sección. Además al final se señalarán algunas locuciones muy dominicanas en las que figura la palabra tanto.

Tanto puede desempeñar las funciones de adjetivo comparativo, demostrativo; puede actuar como pronombre comparativo, demostrativo; puede ejercer las funciones de adverbio comparativo, demostrativo, y por último, hacer de conjunción.

“En tanto” es una locución adverbial que se usa en lugar de “entretanto”. “Con tanto que” es una locución conjuntiva que equivale a “con tal de que”. “Tanto que” es una locución adverbial que se usa para expresar “así que”. Estas informaciones constan en la “herramienta” informática que ofrece la Real Academia en su Diccionario avanzado.

El Diccionario fraseológico documentado del español actual (2004:951) para “en tanto (que)” escribe que es una locución conjuntiva que significa “mientras” en su primera acepción. Más adelante en la segunda acepción equivale a: “en el aspecto en que”. En la tercera acepción para la locución consigna ese diccionario el valor de,  “en cuanto, o en calidad de”.

El autor de estos comentarios entiende que la locución objeto de estudio de esta sección puede interpretarse por “en su condición de”; “en función de” en algunos casos. Quien esto escribe usa la locución para evitar tener que repetir la palabra “como”.

Las locuciones adverbiales del español dominicano son, “al tanto” para “en conocimiento de”. “Ni tanto” que expresa “no tanto de lo que se espera”. “Nunca tanto” para indicar “ni tanto”. En función de locución adjetiva, “¿qué tanto?” sirve para decir “¿cuánto?”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:473).

En francés tienen locuciones parecidas a las del español tant que, que seguida de un verbo da a entender “en la medida en que”. Esa locución del francés, seguida de un nombre manifiesta “considerado como”. Esas dos son las que más se asemejan a lo tratado aquí. Le nouveau Petit Robert (2007:2504). Ejemplo del último es: “. . .devient concevable en tant que composant. . .” Ejemplo tomado de Logos semantikos Vol. III Sémantique (1981:316).

 

LA GÉNESIS – EL GÉNESIS

“. . .basta recordar la convención. . . infinita y con un pacto en *EL GÉNESIS”.

Aquí hay una palabra que puede admitir dos géneros diferentes. La característica del vocablo génesis es que al cambiar de género cambia de significado. Otra particularidad de esta voz es que tanto en singular como en plural se escribe con la misma escritura (representación gráfica), con la ese /s/ al final.

La génesis, sin inicial mayúscula, es el origen o principio de algo. Las autoridades encargadas de asegurar la unidad de la lengua española explican que es la “serie encadenada de hechos y de causas que conducen a un resultado”. En conclusión, las dos acepciones conducen al mismo fin. Una tomada por el inicio y la otra por la consecuencia. Es la creación o formación de una cosa.

Cuando la palabra génesis es femenina, se refiere al origen creación o formación de algo, de una cosa. Así mismo puede aludir a la, “Fase de formación o conjunto de hechos que forman el principio de algo”. Diccionario de uso del español 2007-I-1449). Puede aducirse que esta génesis es sinónima de “elaboración, formación, gestación”.

El Génesis, masculino y con mayúscula, Génesis, es el primer libro de la Torá o Pentateuco; por lo tanto, es el primer libro del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana. Si el vocablo génesis es masculino, se refiere “al título del primer libro del Antiguo Testamento”. Diccionario panhispánico de dudas (2005:313). El mencionado libro de la Biblia refiere la Creación.

La palabra génesis llega al español proveniente del latín, que a su vez deriva del griego. En esas lenguas significaba “nacimiento, creación, origen”. Además de lo ya explicado –génesis es un elemento compositivo que sirve para significar “origen, principio, proceso de formación”.

En portugués brasileño acontece lo mismo que en español; con el cambio de género de la palabra esta cambia de significación.

Hay que tener en cuenta el género de la palabra cuando se redacta o habla; la mayúscula inicial del vocablo masculino, y, que el plural de cualquiera de ellas no varía, pues en singular y en plural lleva la ese /s/ final.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Chupón, ideologema, correr, cuadraje

Por Roberto E. Guzmán

CHUPÓN

En el título de este aparte figura una palabra con muchas acepciones. Algunas de ellas son de conocimiento general y otras pertenecen al dominio del español de países de la América Hispana. Aquí se mencionará la mayoría de las acepciones, pero se destacarán las que pertenecen al español dominicano, sobre todo las que no han sido registradas en los diccionarios diferenciales de esa variedad de español.

En el español general el chupón es la persona que saca dinero u otro beneficio con astucia y engaño. Así mismo, es el émbolo en las bombas de desagüe.

Es fácil entender que chupón tenga relación con el verbo chupar. El verbo y el sustantivo tienen muchas acepciones. Algunas de ellas propias de algunos países, sobre todo en el registro coloquial. No es posible en este reducido espacio repasarlas todas.

El chupón puede ser en América, el “bobo” de los dominicanos que es de material suave y forma de pezón que se da a los niños para que se entretengan succionándolo. Es además, la succión apasionada que se da en el cuello, así como la marca que esta deja de preferencia en el cuello de la persona objeto de esta. Es la chupada que se da a un cigarro. Con respecto de la naranja es el bagazo que resulta después que se corta horizontalmente y se chupa.

El chupón que no se ha incluido en los diccionarios es el que se usa para adherirlo a piezas lisas cuando se produce el vacío porque este es fabricado de material elástico. Se conoció este chupón en los talleres de mecánica automotor usado para pulir a mano los pistones sobre las válvulas de los motores. Se usa también para mover cristales y espejos cuando hay que colocarlos en espacios reducidos.

Llamaban chupón también a la ventosa en forma de vaso o campana (copa) que se aplicaba sobre la piel de las personas con fines terapéuticos.

 

IDEOLOGEMA

“. . .los grandes IDEOLOGEMAS. . .”

La primera reacción de un lector que no comprende la voz del título es tratar de penetrar su significado descomponiendo la voz en sus partes. Puede pensar el incauto que se trata de una joya de ideología, en el sentido de una ideología de gran valía. Proceder de este modo no conduce a puerto seguro.

Como resultado de las búsquedas que se emprendieron para dar con el significado de la voz, esta parece que es de reciente formación. Es de utilización en literatura, es decir, es una voz culta  que transmite una noción.

Los ideologemas constituyen los principios responsables de la cohesión y la coherencia del discurso social y cultural; eso garantiza al mismo tiempo la comprensión de la propia ideología del discurso. Se considera el ideologema como la fuerza motriz que revela las implicaciones sociales e históricas del texto.

Por medio de esta explicación puede llegarse a la conclusión de que esta voz del título tiene relación con otra más conocida que es ideología. Hay quien sostiene que el ideologema es la representación que se percibe en la obra literaria de la ideología de un sujeto.

Con ayuda de lo vertido más arriba puede el lector hacerse una idea de lo que puede entenderse por esa nueva voz que pertenece al ámbito de la literatura. Con lo escrito precedentemente  no se agota el tema, pues podría escribirse un ensayo acerca del asunto.

 

CORRER

“. . .ya CORREN como candidatos. . .”

Al leer esta cita puede el lector pensar que se trata de unos individuos cobardes que corren con la celeridad de un candidato, de allí que se utilice el adverbio “como” en su redacción. La realidad es que lo que “anda” peor en la frase es el uso del verbo “correr” para lo que hacen las personas que no se desplazan muy de prisa.

La combinación “correr como candidato” es una copia del inglés. En esa lengua es bueno y válido que digan y escriban que alguien run for office, run for a political position, etc. En esos ejemplos el verbo que se usa es el verbo to run que traducido por su primera acepción al español es “correr”.

Lo que no saben esos incautos es que el verbo del inglés también sirve para expresar “participar en una competencia electoral”. Así consta en el Merriam-Webster Dictionary. Esta competición es la que se desarrolla en pos de ocupar una función que se consigue por medio de votos.

El español cuenta con diferentes palabras para expresar de modo derecho lo que trató de comunicar el redactor de la frase copiada, “. . .ya se presentan de candidatos” “. . .ya postulan de candidatos. . .” “. . .ya candidatean como candidatos. . .”

 

CUADRAJE

“. . .un CUADRAJE de conflictos sociales y humanos. . .”

Leer la sección de opinión de un periódico es una experiencia interesante. En ella pueden hallarse muchas voces que no son de uso cotidiano. Algunas son peregrinas invenciones; pero otras resultan muy interesantes porque obedecen a razonamientos de los articulistas y columnistas.

Este cuadraje ofrece la oportunidad de examinar varias voces del español americano de la misma raíz. Además, se emitirá una hipótesis con respecto del significado de la voz del título.

Por alguna razón que no tiene explicación consecutiva, el verbo cuadrar(se) posee en el español de América muchas acepciones diferentes que se manifiestan en los diferentes países. Esas significaciones pueden consultarse en el Diccionario de americanismos (2010).

Porque son muchas las acepciones del verbo cuadrar(se) no pueden tratarse todas en este aparte; solo se mencionarán las que interesan de modo directo para despejar el sentido de este “cuadraje”. En su totalidad el verbo aludido tiene diecisiete acepciones en el diccionario oficial de la lengua española. En sus funciones de verbo pronominal posee cinco acepciones.

El cuadraje que se encuentra en la frase transcrita no se encuentra en ninguno de los diccionarios consultados. No queda más opción que aventurarse a lanzar hipótesis acerca de su sentido en el contexto.

Se piensa que cuadraje equivale a “presentación” cuando esta palabra se utiliza para señalar que algunas cosas se producen. Puede equiparase a “producirse” en los casos en que corresponde a la ocurrencia de circunstancias. Puede aducirse que puede reemplazarse por “aparición” cuando esta es sinónima de “producción” cuando se concitan hechos. Es posible que se refiera a una “combinación” de hechos, situaciones y circunstancias. Puede llegar a sostenerse que es una “coincidencia” de acciones que se conjugan en una ocasión; o que es la “concurrencia” de varias cosas en un momento dado.

Se hace necesario advertir que las equivalencias o sinonimias que se han propuesto para este cuadraje no son el resultado de la aplicación de las acepciones de cuadrar, a menos que no se tome ese verbo como acción de suceso fortuito. Antes de cerrar esta sección es interesante que se examine la terminación del nombre en cuestión, –aje.

La Real Academia expresa que el sufijo –aje procede del francés –age. En esa lengua este afijo es productivo en los tiempos modernos como sufijo de derivación a partir de verbos, La créativité lexicale (1975:168).

En el caso específico de la palabra en estudio hay que convenir en que este sufijo tiene su función para conferirle al derivado la interpretación de “conjunto”; así acaba la cita que encabeza esta sección con el valor de “conjunto de conflictos sociales y humanos”.

Los dominicanos emplean una locución con ayuda del verbo cuadrar; dicen, “no me cuadra”, para referirse a alguna situación, propuesta o circunstancia que no es beneficiosa, conveniente, oportuna, provechosa o ventajosa. Con esa locución se refieren a algo que no es apropiado.

Como es una rareza, se menciona aquí que en el Diccionario de americanismos (2010:697), en el apartado para cuadrar(se) aparece lo que se transcribe; “intr. prnl. RD, Ve. En el dominó, colocar en los extremos la misma piedra para cerrar el juego”. Al autor de estos comentarios le parece que hubo un error tipográfico y se escribió piedra en lugar de pieza. La negrilla es del autor de estos comentarios.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Cachucha, departamentalización, a quemarropa/a quema ropa

Por Roberto E. Guzmán

CACHUCHA

La voz cachucha no tiene secretos para un hablante de español dominicano. Todo buen dominicano sabe que una cachucha es, “Gorra de tela con visera”; Diccionario del español dominicano (2013:124-5). Además de eso gorra es un tipo de ají. Para los españoles de la península la cachucha es un tipo de baile.

El Diccionario de la lengua española escribe que gorra es, “Prenda para cubrir la cabeza, especialmente la de tela, piel o punto con visera”.

El autor de estos comentarios entiende, de acuerdo con las Academias de la Lengua, que si es gorra, tiene visera. La prenda para cubrir la cabeza que no tiene visera es el gorro. Quizás la cachucha es un gorro con visera, o simplemente, una gorra.

Si se ha traído la voz cachucha a estos comentarios no se hace solo para argüir acerca de las definiciones de esta, sino para recordar por este medio otra significación de esa voz. En el español dominicano cachucha corresponde exactamente a lo que el recién mencionado diccionario entiende que es una visera en el español corriente.

Es una cachucha la visera, el parasol que se instala en el exterior de un vehículo para evitar que el sol deslumbre a los ocupantes de ese vehículo, sobre todo al conductor. Esa cachucha iba y va instalada inmediatamente sobre el parabrisas, en la parte delantera de la cabina de las camionetas y camiones. Era además un adorno añadido a la vistosidad del vehículo. Algunos automóviles también las llevaban. En la actualidad muchos camiones llevan este aditamento, pues el parabrisas de estas modernas maquinarias es alto y ancho.

Esta cachucha ha permanecido en el cajón de las palabras, pues los diccionarios de español diferencial dominicano no la han rescatado para inventariarla y definirla.

 

DEPARTAMENTALIZACIÓN

“. . .especialización en el trabajo, DEPARTAMENTALIZACIÓN. . .”

Esta palabra es verdaderamente larga. Por esa característica goza del favor de personas cultas. Es tan larga que se hace difícil enunciarla en el habla, y, esto la hace desaparecer de las conversaciones.

No cabe duda alguna de que esta larga palabra tiene relación con los departamentos que son ramas de la administración pública, de empresas privadas de grandes dimensiones o, de las universidades que son las que con mayor frecuencia cuentan con este tipo de división administrativa en República Dominicana.

La departamentalización es una palabra que no está incluida en el Diccionario de la lengua española publicado por la Asociación de Academias.

A pesar de que las instancias oficiales todavía no han reconocido carta de naturaleza en el seno de la lengua a la luenga palabra, esta aparece en algunos diccionarios de uso y en el Diccionario de americanismos de la misma Asociación que elabora y publica el lexicón oficial antes mentado. Esto presagia que en un futuro no muy lejano entrará en el redil reservado a vocablos reconocidos por las autoridades encargadas de asegurar la unidad del español.

El recién mencionado diccionario asienta que la palabra se usa en Honduras, Costa Rica y Chile para, “Proceso de organizar académicamente una Facultad o centro educativo por departamentos según los campos del saber”. Es también el “Proceso de organizar administrativamente algo en cada uno de los departamentos del país”.

Está reconocida la palabra en cuestión en el Diccionario de uso del español (2007-I-933), con la acepción siguiente, “Acción de departamentalizar”. Esto implica también el reconocimiento del verbo. El verbo sirve para expresar, “Organizar en departamentos”.

El Diccionario del español actual (1999-I-1450) asienta también la voz del título y escribe, “Organización por departamentos”. Hay que mencionar sin demora, que el último diccionario no registra el verbo departamentalizar. El departamento que se mienta aquí corresponde a un “ramo de la administración” o a una “sección o parte diferenciada [de un todo, especialmente de una organización]”.

Si se observa la formación de la nueva palabra, puede presumirse que se formó tomando como base el adjetivo departamental. A esa base le añadieron el sufijo –iza, y, luego una terminación de sustantivo –ción.

Lo que se ha descrito en el párrafo inmediatamente anterior a este es una presunción que se desvirtúa tan pronto se descubre que en inglés existe una voz semejante a la que se comenta aquí, departmentalization; el verbo que le sirve de base al sustantivo en esa lengua sirve para expresar “dividir en departamentos”. (Merriam-Webster Dictionary).

En francés se introdujo este uso de la palabra département, pero a regañadientes y con protestas, el Dictionnaire des Mots Contemporains (1987:156) así lo consigna y lo define como “Servicio o subdivisión de un servicio en una administración, una empresa, etc.” Ese diccionario lo califica de “anglicismo vergonzoso”. En Francia desde hace largo tiempo existe un Département que es una división administrativa del territorio francés bajo la autoridad de un Prefecto.

Hay unos departamentos que se han olvidado, son los que corresponden a las “tiendas por departamentos” que es una denominación que provino del inglés y penetró en español y en francés, así como en otras lenguas.

Es muy posible que la voz del título se haya colado en el español por medio del vocabulario de los expertos que trabajan en administración de empresas y negocios y, que se ocupan de organizar el trabajo de esas organizaciones.

 

A QUEMARROPA – A QUEMA ROPA

“. . .y lo asesinaron A QUEMA ROPA. . .”

Con relativa frecuencia se encuentran casos parecidos al que sirve de tema a esta sección. Aquí se comprueba que quien redactó hizo lo que se ha criticado en otras ocasiones; es decir, alguien toma una locución y le cambia el orden, la secuencia. Al hacer esto no se tiene en cuenta que una locución es un grupo de palabras que constituye un significado único para una determinada función.

“A quemarropa” es una locución que puede considerarse adverbial o adjetiva, según el contexto en que se use. Una locución de acuerdo con la definición que de ella hizo D. Julio Casares es una “combinación estable de dos o más términos, que funcionan como elemento oracional y cuyo sentido unitario, familiar a la comunidad lingüística, no se justifica, sin más, como una suma del significado normal de los componentes”. Diccionario de términos filológicos (1962:268).

Las locuciones adverbiales son las equivalentes a un adverbio; esto es, con función de adverbio; las adjetivas son las equivalentes a un adjetivo.

En cuanto a los disparos “a quemarropa” equivale a “desde muy cerca”. Entre esta locución adverbial y la realidad existe una relación directa y fácil de encontrar. Cuando se realiza un disparo desde muy cerca, el objetivo muestra señales de quemadura como resultado de la explosión que se produce para efectuar el disparo en cuestión. Se impuso la ropa como objeto de la quemadura por transmisión reiterativa. En algunos diccionarios puede leerse que este uso de “a quemarropa” como locución adverbial pertenece solo al verbo disparar.

Es locución adjetiva en el caso en que se usa inmediatamente después del sustantivo masculino “disparo”. Así, por ejemplo, “Recibió un disparo a quemarropa que le causó la muerte”.

La locución objeto de estudio ha adquirido tal fuerza que migró su sentido más allá de su primer objeto, y así puede encontrarse desempeñando la función de locución adverbial, cuando se refiere a la forma de actuar. En estos casos se entiende que la locución actúa para comunicar “de forma brusca y sin rodeos”, esto es “de modo demasiado directo”. Generalmente tiene que ver con la manera de decir algo, “sin preparación”, equivalente a “por sorpresa”. Podría decirse que es sinónima de “de sopetón”, que expresa “de improviso, sin avisar, inesperado”.

Para zanjar este asunto de una vez por todas se transcribe lo que se halla en el Diccionario panhispánico de dudas, “Hoy solo está vigente la grafía en dos palabras, por lo que no debe escribirse *a quema ropa”. (2005:549). (Las negritas son mías, RG).

© 2018, Roberto E. Guzmán

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

PAUTAS PARA LA VIDA

31/8/2018

La lengua tiene sus propios mecanismos gramaticales y léxicos para la creación de nuevas palabras. Eso le permite mantenerse viva y rendirnos servicio. Hoy vamos a fijarnos en un mecanismo gramatical concreto que permite la creación de verbos a partir de nombres y adjetivos. No vayan a creer que esto de formar nuevos verbos se hace a la brigandina. La lengua sigue ciertas pautas morfológicas que muchas vecespasamos por alto.

La reflexión de hoy viene a cuento de un comentario de un lector preocupado (que no desocupado, como el cervantino) al que le sorprende la formación del verbo plastificar, que él considera debería ser *plasticizar. Como modelo propone la formación de comercializar a partir de comercio. Nada es tan sencillo en la lengua. El verbo comercializar se forma a partir del adjetivo comercial (y no del sustantivo comercio) al que se le añade el sufijo -izar. Siguen esta misma vereda morfológica los verbos fiscalizar, globalizar, nacionalizar, centralizar, y tantos otros, formados a partir de un adjetivo terminado en ele.

El sufijo -izar no es el único que forma verbos a partir de adjetivos y sustantivos. Existe también el sufijo -ificar. Muchos de los verbos formados con este sufijo expresan la acción de convertir algo en lo expresado por el adjetivo o sustantivo base: santificarcalcificarmomificarpurificar.

¿Por qué no es entonces nuestro verbo protagonista *plasticificar? Le sucede a plastificar lo mismo que a otros muchos verbos derivados de adjetivos terminados en -ico o de sustantivos terminados en -igo: pierden la última sílaba de la palabra base. Observen, si no, los siguientes verbos: de auténticoautentificar; de códigocodificar; de eléctricoelectrificar. Por tanto, no hay nada raro en de plásticoplastificar.

Por suerte para todos la lengua se adapta a la vida, siempre siguiendo sus propias normas. Mientras sea capaz de hacerlo sin perder su esencia, tendremos lengua para rato.

CIRCUNLOQUIOS

07/8/2018

Decimos de alguien que habla bien o que escribe bien como si fuera un don que le ha caído del cielo. Sin embargo, una expresión correcta, ya sea oral o escrita, tiene mucho que ver con la técnica y la técnica, por suerte para nosotros, puede aprenderse y afianzarse con la práctica.

Las palabras son el componente más numeroso, más rico y más cambiante de una lengua, por eso, enseñar a usarlas apropiadamente parece a veces tarea imposible. Repasando la Guía práctica del español correcto del Instituto Cervantes he seleccionado algunos ejemplos de circunloquios que oímos y leemos con frecuencia y que nos recomiendan evitar.

Para empezar con buen pie no está de más que recordemos que un circunloquio no es más que ‘un rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente’. El Diccionario de la lengua española de la RAE de 1817 lo define como ‘lo que se dice con muchas palabras pudiéndose explicar con menos’.

Estos circunloquios se cuelan hasta en la sopa para sustituir preposiciones, adverbios y verbos hasta hacernos olvidar que, generalmente, el buen estilo prefiere las formas más breves. Sin lugar a dudas mejor dentro que *a lo interno; mucho mejor poder hacer algo que *estar en condiciones de hacer algo; sin duda preferible para que *en aras de con vistas a; mucho mejor saber que *tener conocimiento de algo.

Con estos circunloquios solo añadimos palabras innecesarias que no aportan contenido, matices ni expresividad a lo que decimos. La buena expresión no es solo cuestión de normas: también tiene mucho que ver el estilo.

 

COMO ACADÉMICA Y COMO MUJER

07/08/2018
Como las oscuras golondrinas becquerianas vuelven a sus nidos, vuelven de tanto en tanto las controversias encendidas acerca del sexismo en el lenguaje. No seré yo quien se queje de que, por una vez, el tema de debate sea el buen o mal uso de nuestra lengua. Nuestra responsabilidad como académicos es intentar, al menos, que las discusiones nos acerquen un poco más al conocimiento de cómo funciona nuestra lengua, una estructura delicada y férrea a la par.

Cuando hablamos de la lengua española no conviene olvidar que nuestra lengua es nuestra, pero también de más de quinientos millones de personas que la tienen como medio de expresión y comunicación; no conviene olvidar tampoco que en la lengua el tiempo y la historia son fundamentales; conviene tener siempre presente, además, que el cambio y la adaptación a los hablantes es condición indispensable para que una lengua siga estando viva. Por lo tanto, hablantes, historia, tiempo y cambio son factores fundamentales en la realidad lingüística.

La lucha legítima, necesaria y encomiable por alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, que comparto y practico, debería ser asumida por todos nosotros, y no solo por las mujeres, que somos las principales responsables de que nuestra reivindicación no se diluya en un tira y hala estéril de defensa de lo políticamente correcto.

Discutimos acaloradamente sobre el género de algunos sustantivos, sobre el matiz despectivo de algunas palabras, y perdemos de vista que la lengua es un sistema que se ha conformado para expresar a los hablantes de una comunidad. El contenido de esa expresión es responsabilidad de cada uno de esos hablantes. La lengua expresa a una sociedad sexista, que expresa contenidos sexistas. La vigencia de uso de las expresiones o giros sexistas, como la de las expresiones o giros denigrantes, discriminatorios o racistas, es responsabilidad de los hablantes. No son otros los que las mantienen vigentes.

Ivelisse Prats confiaba el pasado sábado en su columna En plural en la evolución de las academias. Aunque con poco reconocimiento y mucho desconocimiento por parte del público, la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española han avanzado mucho, y lo siguen haciendo, en la eliminación del sesgo masculino de las definiciones y los ejemplos que incluimos en nuestros diccionarios, muy abundante en otras épocas. La Academia Dominicana de la Lengua hizo especial hincapié en esta perspectiva no sexista en el diseño y la redacción de nuestro Diccionario del español dominicano; y lo seguimos haciendo, porque los diccionarios nunca están hechos del todo y nuestro objetivo es que nuestro diccionario de referencia esté a la altura de los tiempos y se acerque a una expresión justa de la sociedad dominicana.

En la columna de Ivelisse Prats leo algunos ejemplos muy acertados para ejemplificar que en la mayoría de los casos el sexismo no está en la lengua, sino en el uso que los hablantes hacen de ella. Se pregunta la columnista por qué, si se aceptan términos como abogada, doctora, arquitecta, o diputada se rechaza el término jefa. Desde luego los términos abogada, doctora, arquitecta o diputada no tienen que aceptarse más o menos que sus correspondientes masculinos. El mecanismo morfológico para formarlos existe desde siempre en la lengua española. Cuando la sociedad los hizo necesarios no hubo más que empezar a usarlos. Si un cataclismo borrara de la faz de la Tierra, y permítanme el sarcasmo, solo a los diputados de sexo masculino, dejaríamos de necesitar el sustantivo masculino diputado, pero eso no significa que dejaría de aceptarse o de ser correcto.

Lo mismo sucede con el par jefe/jefa. Que se rechace el uso de jefa por parte de algunos hablantes, más o menos numerosos o que se tiña el vocablo de ciertas connotaciones más o menos peyorativas no depende de mecanismos lingüísticos, sino de las apreciaciones de los hablantes.

En nuestra mano está trabajar para que esto no suceda, como bien hace doña Ivelisse. El hecho de que tradicionalmente se distinguiera como fórmula de tratamiento entre señor y señora/señorita no es más que una distinción sexista que va perdiendo terreno. Como detalle, no olvidemos que en su momento era habitual, con otras connotaciones, el empleo de señorito. En estos casos el sexismo no está en la lengua, como la fiebre no está en la sábana.

Desde luego cualquier reflexión sobre la lengua española por parte de los buenos hablantes o de quienes aspiran a serlo es bienvenida. Reflexionar sobre la lengua no supone irrespetar a la Real Academia Española, ni a las demás academias de la lengua española en el mundo, entre ellas la Academia Dominicana de la Lengua. Tampoco conviene olvidar que no son las academias de la lengua las que establecen las normas de la lengua española. La lengua española, como todas las lenguas, es un organismo vivo e histórico que se va formando a lo largo de los siglos. Su sistema tiene que ver con su lengua madre, el latín, y con muchos siglos de historia a sus espaldas. Las academias proponen obras de referencia, para eso nacieron, que ayuden a mantener la unidad dentro de la diversidad. La guía académica está a disposición de los hablantes que la requieran a través de sus diccionarios, su gramática, su ortografía, sus corpus y sus servicios de consultas, todos ellos de acceso gratuito y a disposición de todos los hablantes del mundo en la red. Aconsejan y orientan a los hablantes que buscan consejo y orientación. Si usted como hablante no lo necesita o no está interesado, es libre de hacerles caso omiso.

Solo la educación de calidad y la formación de ciudadanos críticos y conscientes puede acercarnos a una sociedad libre de actitudes discriminatorias, sexistas, raciales, sexuales, económicas o de cualquier otra índole. La educación es el primer paso, el más importante. Con ella tendremos armas para favorecer el acceso de las mujeres, en igualdad de condiciones, a los medios de producción y de dirección. Estoy de acuerdo con Ivelisse Prats en que faltan muchas trochas por abrir, pero, como he dicho en otras ocasiones, cuando las mujeres nos eduquemos y trabajemos en igualdad de condiciones no hará falta que nos visibilicen. Ya lo haremos nosotras mismas.

Parece mentira que a estas alturas tenga que decir una y otra vez que como mujer no me siento discriminada, ni poco visible, ni excluida, cuando se habla de los académicos, de los docentes, de los padres de alumnos, de los trabajadores. Tampoco excluyo a mis amigas cuando hablo de mis amigos, ni a mis lectoras cuando hablo de mis lectores, ni a mis jefas cuando hablo de mis jefes. Me disgusta que pretendan obligarme a sentirme discriminada o discriminadora. Me precio de ser buena hablante y de aspirar a serlo cada día mejor. Además de a ser buena hablante aspiro a ser respetuosa. Por ejemplo, me incomoda que me obliguen a ver en el uso del masculino genérico un uso discriminatorio que no he sentido nunca. Y no soy la única. Comparto esta postura con escritoras, historiadoras, lingüistas, periodistas e investigadoras. Estoy segura de que también la comparten muchos hombres que, por otra parte, deberían sentirse igualmente ofendidos porque se les prejuzgue discriminadores.

Nuestra preocupación y nuestra meta debe ser desterrar las actitudes y los contenidos sexistas. Dejémonos de poner en solfa nuestra lengua, que bien sabrá adaptarse a ese cambio, como lo ha hecho a infinidad de cambios en su larga historia, y seguirá estando al servicio de todos. Como filóloga y lexicógrafa, como académica, pero, sobre todo, como mujer creo que la lengua española, si saben enseñarnos a usarla correctamente, es el instrumento fundamental para la igualdad de oportunidades. Entender mejor lo que se lee y expresar mejor nuestro pensamiento y nuestros sentimientos son la clave para avanzar como ciudadanos hacia una sociedad mejor en la que todos nos sentiremos representados y expresados.

 

VERDADES DE PEROGRULLO

14/8/ 2018

Los personajes creados por la cultura popular logran con frecuencia un hueco en la lengua. En la tradición española existe un personaje ficticio denominado Perogrullo que acarrea la no muy apreciada fama de decir simplezas tan obvias que las hace sencillamente innecesarias. Perogrullo además reviste estas obviedades de un matiz trascendente y rimbombante que provoca la hilaridad de quienes lo escuchan.

El nombre del personaje está en el origen del sustantivo perogrullada y la locución verdad de Perogrullo, que el DLE define como ‘verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla’.

Aunque hay referencias anteriores al personaje tradicional, una de las más divertidas la encontramos en boca de Sancho Panza cuando, escéptico, responde a unas supuestas adivinaciones sobre su futuro: «Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus hijos»; a lo que Sancho responde: «Esto yo me lo dijera; no dijera más el profeta Perogrullo». Y fue en una obra de Francisco de Quevedo donde se documenta por primera vez la palabra derivada perogrullada, que el poeta usa para referirse a las «profecías» de Perogrullo. Bastan unos versos del genial autor barroco para hacernos una idea: «El que tuviere tendrá,/ será el casado marido, / y el perdido más perdido/ quien menos guarda más da./ Volárase con las plumas,/ andaráse con los pies, / serán seis dos veces tres».

Verdades de perogrullo, contenidos irrelevantes que Quevedo usa humorísticamente y que suelen provocar hilaridad entre los que los oyen por su misma simpleza. Vigilemos su aparición en nuestros textos.

 

POR UN PAR DE LETRAS

21/8/ 2018

Con un puñado de sonidos se construyen infinidad de palabras con las que tenemos que expresar lo divino y lo humano. No es raro que algunas palabras solo se diferencien entre sí por un par de sonidos, o de letras, si las escribimos. Cuidado, el que la diferencia sea mínima en el sonido o en la grafía no significa que lo sea también en el significado. Una de estas parejas cercanas nos puede servir de ejemplo para tomar conciencia de su existencia y prestar atención cuando las necesitemos.

Los verbos calificar y clasificar son tan cercanos en su expresión que solemos confundirlos. Una ele y una ese son las responsables de la diferencia fonética y gráfica; pero, en lo tocante al significado, es otro cantar. Entre las acepciones de calificar el DLE registra dos que usamos con cierta frecuencia; ‘expresar o declarar un juicio sobre una persona o una cosa’ (Calificó el proyecto de inviable) y ‘juzgar el grado de suficiencia o insuficiencia de los conocimientos de alguien que se examina’ (Calificó a los aspirantes según el baremo establecido).

Sin embargo, clasificar tiene acepciones muy distintas. Como verbo transitivo lo usamos para referirnos a la acción de ‘ordenar o disponer algo por clases’ (Clasifiqué mis libros por género). Para su uso como verbo pronominal el Diccionario de la lengua española registra dos acepciones que son las que a menudo provocan la confusión: ‘obtener determinado puesto en una competición’ (Se clasificó tercero en el torneo de dominó) y ‘conseguir un puesto que permite continuar en una competición o torneo deportivo’ (Nuestra selección se clasificó en los Juegos Panamericanos).

Diferencias morfológicas, sintácticas y de significado que descansan en un par de sonidos (o letras). En nuestra capacidad como buenos hablantes descansa su uso correcto.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

Acentuación de palabras con hiato

Hiato es lo que ocurre cuando  en una palabra hay dos vocales seguidas que pertenecen a sílabas distintas. Para explicar este asunto conviene  recordar el concepto, aparentemente inútil,  de clasificar las vocales en abiertas y cerradas.  Las cerradas son /i/ /u/ y las abiertas /a/ /e/ /o/.

Los hiatos son secuencias de dos vocales que se pronuncian en silabas distintas. Debido al hiato son polisílabas (más de una sílaba) palabras tan breves como oír (o-ír, dos sílabas). Y más aún la forma verbal oía (o-í-a, tres sílabas).

La palabra héroe (hé-ro-e, trisílaba) lleva tilde porque es esdrújula, pero a heroína (he-ro-í-na) se le coloca  en función del hiato. Por la  misma razón que se le marca el acento a heroína se le marca a peledeísta y a cocaína.

De acuerdo a la Ortografía de la lengua española, se consideran hiato,  a efectos de la acentuación gráfica, las combinaciones vocálicas siguientes:

  1. Una vocal cerrada tónica (í, ú) seguida o precedida de una vocal abierta (a, e, o). Ejemplos: María, desvíe, crío, púa, hindúes, búho, caída, reído, prohíbo, aúna, transeúnte.  También, flúor, egoísta, aúllo,  manía, perremeísta.
  2. Dos vocales abiertas distintas (a, e, o). Sucede en las palabras caer, aorta, reactor, herbáceo, loado, roedor. También en los vocablos: poeta, héroe, baitoero, oeste, Bonao, Rafael, Baoruco, teatro.
  3. Dos vocales iguales: azahar, dehesa, chiita, cooperar. También reenviar, loor, reelegir, reembolso…

1-Las palabras con hiato se  acentúan ortográficamente de acuerdo a la siguiente regla:  Las palabras que contienen un hiato formado por una vocal cerrada tónica (ía, íe, ío, úa, úe,  úo, aí, aú, eí, oí). Por eso se le marca el acento a palabras como: serías sabías, desvíen, mío, cacatúa, actúe búho, caídas, raído, oído, transeúnte, a pesar de ser  todas llanas terminadas en vocal o consonante –s, que  ordinariamente no llevan tilde.

Por esa misma razón, llevan tilde las palabras, maíz, baúl,  Raúl, raíz, ataúd, Mijaíl, laúd, tahúr, que son agudas terminadas en consonantes diferentes de –n y –s,  grupo que regularmente no suele llevar acento ortográfico. Por igual, palabras como María, Mejía, río, tío llevan tilde en atención  a la citada regla.

2-Las palabras que incluyen otro tipo de hiato se someten a las reglas generales de acentuación. Así, Jaén, traerás, acordeón, bandoneón,  peleó, Noé, rehén, o chií llevan tilde por ser voces agudas terminadas en –n, -s o vocal. No la llevan por ser agudas terminadas en consonantes diferentes a -n y –s las palabras: Uriel, Rafael, caer, raer, roer, soez, alcohol.

Otras palabras con hiato como Báez, Sáez, Páez, Díaz, Díez, Peláez se acentúan ortográficamente en cumplimiento de la regla general: palabras llanas terminadas en consonante diferente  a –n y –s .

Otras palabras llanas   que llevan hiato no precisan tilde: paella, vean, beato, anchoa, museo, poetas o chiita, Alfau, Abreu, puesto que terminan en vocal, en -n o en –s.

La Ortografía académica hace la siguiente advertencia: “La ausencia de tilde en palabras como  chiita o  en diminutivos como  diita, tiitos  o Rociito responde a la aplicación de las reglas generales de acentuación, pues se trata de voces llanas terminadas en vocal o en –s; por tanto no deben contagiarse con la tilde  que les corresponde a  las palabras de las que derivan: chií se escribe con tilde por ser bisílaba aguda terminada en vocal,  mientras día,  tíos o Rocío llevan acento gráfico por contener un hiato de vocal cerrada tónica y abierta átona”. (Ortografía, página 239).

El Nacional, 29/7/18

CHANCE Y CHANCEAR, NINGUNA RELACIÓN

Pocas palabras extranjeras han mostrado  una capacidad de adaptación al español similar a la del vocablo /chance/, de origen francés, empleado  en nuestro idioma  como equivalente de oportunidad o posibilidad.  Dar chance o pedir chance  encuentran aplicación en múltiples circunstancias, incluyendo actividades tan disímiles como  la relación amorosa, el trabajo o la política.

El Diccionario panhispánico de dudas, publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española,  explica sobre esta palabra lo siguiente:

“chance. Voz tomada del francés o del inglés chance, que significa ‘oportunidad’. Su uso, esporádico en España, está muy extendido en América, donde se emplea en ambos géneros: «No le dan la chance de hacerse a un lado» (O’Donnell Escarabajos [Arg. 1975]); «Siempre había querido estudiar en la Nacional, […] pero la vida nunca le dio el chance» (Gamboa Páginas [Col. 1998]). En Colombia se usa también para designar un tipo de lotería: «Las loterías […] tienen 15 días para fijar el valor máximo que se puede apostar en el chance» (Tiempo [Col.] 18.4.97). Es extranjerismo adaptado, que debe pronunciarse a la española: [chánse, chánze]. Aunque admisible, dada su amplia extensión en América, se recomienda usar con preferencia las voces españolas oportunidad, ocasión o posibilidad, perfectamente equivalentes”.

La adaptación ha resultado tan cómoda que escribimos y pronunciamos este vocablo tal y como  se escribe en francés: chance.

La voz se ha entendido por América y aunque en algunos lugares asume variaciones semánticas, como también alternabilidad de género, entre los dominicanos  se  emplea sólo en masculino (el chance) y limita su valor semántico  al sinónimo de oportunidad, como lo consigna el Diccionario académico: “Oportunidad o posibilidad de conseguir algo. No tiene chance para ese cargo”. Ej.: Si me dan un chance, le demuestro mi capacidad.

Como el inglés también ha tomado el vocablo “chance” con el significado de oportunidad, algunos hablantes de origen hispano, sobre todo mexicanos, han introducido la variante “chanza”, como una corruptela de “chance”, para expresar oportunidad, posibilidad. Tanto que el Diccionario de americanismos  indica que en México, El Salvador y Puerto Rico, chanza es sinónimo de  chance. Así define el vocablo:”Mx, ES, PR. chance, oportunidad”.

Chancear es otra cosa. Tenemos en español el verbo /chancear/, palabra derivada del sustantivo  /chanza/ y la terminación –ear. Es sinónimo de bromear (echar bromas).

Como la palabra primitiva es chanza,  detengámonos en ella. Procede del italiano  “ciancia”  (pronunciado chiancia). El italiano la tomó del germánico “zänzeln” (hablar familiarmente).

Veamos  el  significado de chanza para el español general: 1. f. Dicho festivo y gracioso.2. f. Hecho burlesco para recrear el ánimo o ejercitar el ingenio. Hablar alguien de chanza1. loc. verb. Hablar aparentando sinceridad cuando realmente no habla de veras.

Chanza ha generado el adjetivo /chancero, ra/, aplicado a persona que  acostumbra a bromear, a usar chanzas. Es un chancero, siempre está haciendo chanzas.

Pese a lo que ocurra en otros países, chance  solo guarda relación de paronimia (parecido gráfico o fonético) con las  palabras  chanza y chancear, que sí pertenecen a la misma familia semántica y cuyo valor semántico va por el mismo  orden  en que las empleos los dominicanos.  En sentido estricto, chanche no tiene que ver con chancear.

De ñapa

Para aclarar duda a una lectora,  le informo que el sustantivo /adolescente/ no deriva del verbo adolecer. Difieren tanto gráficamente como semánticamente.

Adolecer  tiene estos significados: 1. tr. desus. Causar dolencia o enfermedad.2. intr. Caer enfermo o padecer alguna enfermedad habitual.3. intr. Tener o padecer algún defecto. Adolecer de claustrofobia. 4. prnl. compadecerse (‖ sentir lástima).

Adolescente. Es persona que  está en la adolescencia, que  es el período de la vida humana que sigue a la niñez y precede a la juventud.

EL GÉNERO EN OTRAS VOCES TERMINADAS EN –ANTE, -ENTE

Al final de la pasada entrega, titulada “Sí, presidenta, como sirvienta y parturienta”,  hemos prometido ahondar en este asunto de las voces  terminadas en –nte que son comunes en cuanto al género,  pero que suscitan controversia porque algunas  aceptan variación  para formar el femenino (cliente/clienta;  comediante/comedianta; dependiente/dependienta; infante/ infanta; intendente/intendenta).

Nuestro principal soporte será la Nueva gramática de la lengua española, publicada  en 2009 por la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Es muy común que los sustantivos y adjetivos terminados en –e  permanezcan con esa terminación  cuando se trata del género femenino, como son los casos de amanuense, artífice, cofrade, compinche, consorte, conserje, cónyuge. Por igual los adjetivos verde, triste, alegre, honorable  y todos los formados con el prefijo –ble (risible, bebible, amable…).

Sin embargo,  algunos sustantivos  terminados en –e admiten  la alternancia de género (jefe/ jefa; nene/nena; cacique/ cacica). Pero nuestro énfasis está en las palabras  procedentes de participios activos, como indica el título del artículo.

Parecerá una reiteración indicar que  son sustantivos y adjetivos de una  sola terminación muchos  terminados en –nte que proceden de participios presentes latinos (abundante, distante, emergente,  decadente, yacente, complaciente, combatiente, durmiente, convaleciente, sonriente, sobreviviente).

Cuando los sustantivos son  iguales para el masculino y el femenino, se usan  modificadores masculinos, los más funcionales de los cuales son los artículos (un estudiante, una estudiante; el paciente, la paciente). Si son adjetivos seguirán  los pasos del sustantivo al que modifican, de acuerdo a los patrones de la lengua española: una ley decadente, un concepto decadente; mostró un rostro sonriente, puso una carita sonriente.

El  contenido  del párrafo 2.5j de la  Gramática ha sido mencionado en cita del artículo anterior: “Se exceptúan  unos pocos pares, como cliente/clienta;  comediante/comedianta; dependiente/dependienta; figurante/figuranta; infante/ infanta; intendente/intendenta; presidente/presidenta; sirviente/sirvienta  y otros recogidos en  los párrafos 2.5 j y siguientes…”. Entonces aquí les presento  el texto referido:

“Se dan algunas oposiciones –ante/ -anta y –(i)ente/-(i)enta, sin connotaciones particulares o significados añadidos, aunque no todas las voces se usan en todos los países hispanohablantes. Se trata de casos  como los siguientes:

Cliente/ clienta; comediante/ comedianta; congregante/ congreganta; dependiente/ dependienta; figurante/ figuranta; intendente/ intendenta; presidente/ presidenta; sirviente/sirvienta”.

Algunos usos varían de un país a otro. En la República Dominicana habrá pocos  hablantes que empleen  clienta, comedianta y otros  sustantivos de este tipo. Pero nadie duda de los niveles de aceptación con los que cuentan  los vocablos sirvienta, parturienta y en menor grado presidenta. En cuanto a  dependienta, en lugar de la dependiente,  en nuestro país da sus primeros pasos, aunque en otros ya camina.

El término farsanta funcionó en algún momento como femenino de farsante (comediante), sin embargo no prosperó lo suficiente y  el femenino se forma agregando  los artículos –la o –una, según sea el contexto (la farsante hizo buena actuación; es una magnífica farsante).

Esta palabra conlleva una precisión. Farsante o farsanta, en su sentido de  actor de teatro, especialmente de comedias, ha caído en desuso. Sin embargo, como adjetivo, con el significado “Que finge lo que no es o no siente”, debe usarse  solo la forma farsante.  Es un farsante; es una farsante.

Los  sustantivos ayudante y asistente (derivados de ayudar  y asistir) se prestan para variaciones de género que implican cambios semánticos. En España se usa “asistenta” como empleada de hogar. El Diccionario académico así lo indica: 10. f. Esp. “Mujer que trabaja haciendo tareas domésticas en una casa sin residir en ella y que cobra generalmente por horas”. Pero el término generalizado es asistente (la asistente, el asistente).

Se considera anticuado el vocablo “ayudanta”, empleado en referencia a “Mujer que realiza trabajos subalternos, por lo general en oficios manuales”, por lo que se recomienda ayudante, común para ambos géneros (la ayudante, el ayudante.)

Hasta el próximo domingo.

El Nacional, 18-8-18

Atiguerearse/tiguerear, cuentero/cuentista, complejizar

Por Roberto E. Guzmán

ATIGUEREARSE – TIGUEREAR

Los dos verbos que se encuentran más arriba son muy dominicanos. El segundo de los dos es más conocido que el primero y se usa con mucha frecuencia en el habla de los dominicanos.

El verbo “atiguerearse” no ha sido documentado aún en los repertorios de voces dominicanas, a pesar de que ningún dominicano argumentará en contra de su existencia, validez y vigencia.

Los dos verbos que constan en el título tienen relación con la palabra tíguere que se utiliza muy frecuentemente en el habla de los dominicanos y que en otros países de Hispanoamérica conocen con el mismo significado, o con uno muy similar.

Dicho sea de paso, el tíguere más orgulloso de su condición es el dominicano. La palabra tíguere engloba las condiciones de “habilidoso y delincuente”. “Se utiliza para referirse a personas que son muy agresivas y habilidosas y que por lo general tienen pocos escrúpulos”. Diccionario dominicano de cultura y folklore (2005:390).

El Diccionario del español dominicano (2013:657) no es más benévolo con el tíguere dominicano pues lo califica de “golfo, descarado o atrevido”.  Hay que convenir en que sí es atrevido, pues se arriesga a decir o a hacer cosas peligrosas; pero no es necesariamente un delincuente. Es más bien un avispado, pues es vivo, despierto, agudo. Es listo, audaz, diligente, persuasivo.

En algunos países prefieren utilizar la palabra tigre para la “persona muy hábil en alguna actividad”. Con esta definición se usa en ocho países de la América Hispana. El autor de esta columna se identifica con la primera acepción para tigre que consigna el Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:459), “persona astuta, viva e inteligente”.

Se espera no causar sorpresa si se escribe que muchos hombres dominicanos se refieren a sí mismos calificándose de tígueres. En esos casos añaden algún calificativo después para perfilar a qué clase de tíguere pertenecen. En esos casos el vocablo tíguere se toma como sinónimo de “persona, individuo”. Por ejemplo, “Soy un tíguere tranquilo”. “Él es un tíguere muy estudioso”. En casos  similares a estos no hay anonimidad con respecto a la persona a la que se refiere el hablante.

La noción de tíguere es tan importante en la cultura dominicana que se ha elaborado más de un libro dedicado a ese tema. Los textos que se han ocupado del asunto enumeran varias clases de tígueres en las cuales no puede entrarse en esta sección.

El verbo tiguerear es más festivo que real. Con él se indica que la persona se divierte, sin que  esa diversión implique algo de censurable o reprobable. La o las personas que tiguerean hacen algo agradable, se distraen, entretienen, recrean.

Regresando al tema principal de este aparte, atiguerearse es hacerse o volverse tíguere, así como mostrar características propias del tíguere, adoptar posturas o conducta de tíguere. Los dos verbos del título desean que alguien los incluya en los diccionarios diferenciales del español dominicano. La literatura dedicada al tema da testimonio de la importancia del concepto y sus palabras derivadas.

 

CUENTERO – CUENTISTA

“En cierta forma, el CUENTERO. . .”

Los dos vocablos del título gozan de legitimidad en el ámbito del español general. En esta parte de estos comentarios se revisarán los dos vocablos, con algo de su historia y se tratará de dejar bien delimitado el campo de acción de estos, con una explicación que se ofrecerá.

La palabra cuentista tiene largos años en el seno de la lengua. En el Diccionario de la lengua española, DRAE, de 1956 se consignó que pertenecía al lenguaje familiar con una connotación negativa en su primera acepción, “Que tiene la mala costumbre de llevar cuentos o chismes de una parte a otra”. La segunda acepción asentaba que vale para masculino y femenino, “Persona que suele narrar o escribir cuentos”. La edición de 1984 del DRAE añadió otra acepción del registro familiar, “Persona que por vanidad o motivo semejante exagera o falsea la realidad”.

La última edición citada registra la palabra cuentero como adjetivo equivalente de cuentista, “que lleva cuentos, chismes o embustes. Añade que puede utilizarse también como sustantivo.

Hubo que esperar la aparición de la edición de 1992 del DRAE para que apareciera cuentístico, ca, adjetivo, “Perteneciente o relativo al cuento o breve narración”. En femenino, cuentística, es “Género narrativo representado por el cuento”.

La fuerza que representa el lenguaje familiar es de tal magnitud que cuentista pasó a ser en el habla el que exagera, falsea, lleva chismes o embustes. De allí que para distinguir a los escritores de los otros, se trató de imponer cuentero para el creador de literatura breve.

En República Dominicana se presentó el caso de que hubo un político elegido Presidente de la República que era un cuentista reconocido internacionalmente y a la vez era un hombre de palabra, cabal. Muchas personas simpatizantes de sus ideas se negaban a llamarle cuentista, pues pensaban que haciéndolo lo ofendían.

En la actualidad en Hispanoamérica hay once países donde cuentero es el que dice mentiras y embustes. En otros seis países es el estafador que embauca sus víctimas con mentiras. En República Dominicana en el ámbito rural el cuentero es, “Persona diestra en el arte de contar cuentos”. Estas informaciones se han extraído del Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias. Como se trata del ámbito rural, se presume que este contar es oral, mediante la palabra hablada.

En la actualidad los académicos de la lengua entienden que el adjetivo cuentista en el registro coloquial se aplica a la persona que acostumbra a contar enredos, chismes o embustes. En funciones de sustantivo es la persona que suele narrar o escribir cuentos. En el registro coloquial continúa haciendo las funciones de sustantivo para ambos géneros, persona que exagera o falsea la realidad por vanidad u otro motivo semejante.

En el habla cotidiana el dominicano dirá que “mete cuentos” el que no es un literato, narrador. Así “escribe o narra cuentos” el que se dedica a la tarea de relatar historias breves.

 

COMPLEJIZAR

“. . .aun inexplicable que COMPLEJIZA la. . .”

Este es un verbo de aparición más bien reciente en la lengua común. Podría argüirse que es una creación culta  y que se usa con mayor frecuencia en la lengua escrita.

Puede alegarse que es un verbo formado tomando como base el adjetivo “complejo”, al que se añade la terminación –izar que es muy favorecida en los niveles cultos del habla, porque entre otras cosas logra componer verbos más largos que ayudan a proyectar apariencia de amplia cultura.

Con respecto al verbo del título la terminación –izar, que procede del latín tardío, lo que hace es denotar una acción cuyo resultado implica el significado del adjetivo que se señaló ya, por su condición de base en el compuesto.

En su condición de verbo de creación y empleo recientes, todavía no ha logrado su incorporación en el diccionario mayor de la institución reguladora de la lengua española.

El diccionario que recoge esta nueva voz, complejizar, es el Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:312). Define el verbo como intransitivo, “Hacer o hacerse complejo [un asunto]”. Junto con este verbo ese diccionario trae también el sustantivo femenino “complejización” que es, “Acción y resultado de complejizar”.

En el lenguaje jurídico se ha encontrado que en lugar de utilizar el verbo aquí estudiado, prefieren “declarar complejo” un asunto para dar a entender que el asunto a que se contrae la declaración se hace complejo, se complica porque tiene varias vertientes, involucra varios delitos, personas o sitios de comisión de los últimos.

© 2018, Roberto E. Guzmán