Chirola, calabazo, cuchucientos

Por Roberto E. Guzmán

CHIROLA

“… se pasará tres años sin salir de la CHIROLA…”.

Hace muchos años ya que la voz chirola pasó a formar parte del léxico de los dominicanos. Se recuerda que al principio se utilizaba la voz con un matiz de picardía, para sonreír ante la posibilidad de acabar encerrado. Más tarde se la tomó más en serio y dejó de ser una voz para referirse con burla al encierro forzoso.

La secuencia de apariciones en la literatura y en los medios escritos sugieren que la voz chirola hizo su aparición en Puerto Rico. La primera documentación encontrada a este respecto es de 1936; así consta en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico.

Al habla de los dominicanos esta voz se sumó bastante temprano, pues ya en el año 1940 M. Patín Maceo la consigna en Americanismos en el lenguaje dominicano. Reconoce este autor en esa obra que chirola es voz vigente en Puerto Rico y en Santo Domingo. Ofrece Patín los sinónimos “chirona, cárcel” para la referida voz.

La velocidad con que se propagó la voz queda confirmada cuando ya en el año 1945 F. Santamaría la recoge en su Diccionario general de americanismos (1942-I-518), para Tabasco, México. La secuencia de los años de estas publicaciones hace pensar que la voz pasó de las Antillas hispanohablantes al continente.

Una vez que penetró en el habla de los centroamericanos era de esperarse que pasara a otras hablas de países adyacentes. En el año 1947 aparece documentada en Panamá El panameño visto a través de su lenguaje (1947:196). En Costa Rica apareció la voz inventariada en el año 2011 en A lo tico costarriqueñismos y otras vainas (2011:94).

Aunque no se ha establecido la posible relación en el origen entre la voz americana chirola y la más antigua chirona, ambas para cárcel, es probable que la americana tenga deuda con la patrimonial que consta en el edición del Diccionario de la lengua española desde el año 1884.

 

CALABAZO

“El higüero es un vegetal de forma ovalada y los campesinos los usan para hacer . . . cucharas y CALABAZOS para cargar agua”.

El progreso económico, unido a los avances industriales determinan la desaparición de algunos objetos y así mismo, eso hacen con algunas palabras que las designan al convertir unos y otras en obsoletos. Con la lectura de la frase anterior puede colegirse lo que se piensa acerca de la palabra del título.

La palabra calabazo casi ha desaparecido del vocabulario activo del hablante dominicano. Un calabazo, el objeto de este nombre, es una rareza en la vida moderna. Subsiste más en la actualidad como artículo de artesanía.

En el español americano hay varios tipos de calabazos. En varios países americanos el calabazo es un tipo de vasija o recipiente.

La palabra calabaza es de origen desconocido; a pesar de esto, existe en los tres romances hispánicos. A través de su historia pasó por diferentes representaciones gráficas, con pequeñas diferencias en su ortografía, algo normal en la evolución de las lenguas.

No puede pretenderse que el calabazo recipiente para líquidos haya tenido su origen en América. Con esta función lo usaban ya los canarios y es probable que de allí pasara a América. La primera documentación americana es de Pichardo quien reconoce el calabazo como instrumento musical conocido también con el nombre de güiro.

El calabazo dominicano, la vasija, se hace de la fruta de la higüera. Se confecciona con el casco seco del fruto de la higuera. Oviedo y Pedro Mártir utilizan el nombre higüero para designar el árbol productor del fruto llamado higüera y advertían estos escritores que no debía de confundirse con higuero o higuera. Lexicografía antillana (1914:305).

El vecino país, Haití, reconoce el recipiente con el nombre kalbas. En esa lengua toman el nombre en tanto sinónimo de recipiente. Es muy probable que a Haití llegara a través del francés calebasse. Los franceses llevaron la voz a África donde una derivación de esta calebassée designa la medida del contenido de una calabaza.

El calabazo americano llegó lejos como puede comprobarse, además de estar presente en ocho países americanos.

 

CUCHUCIENTOS

“Al siguiente recibe en el Palacio a CUCHUCIENTAS gentes”.

El adjetivo cuchucientos, con su correspondiente femenino cuchucientas hace largo tiempo que circula en el habla dominicana. Pero no alcanza a cuchucientos años.

Este adjetivo se utiliza en el habla para mencionar una gran cantidad del sustantivo al que acompaña. Es una cantidad indeterminada que se considera mucha.

Por la forma de expresar la cantidad se colige que siempre viene expresada en plural, será cuchucientos y cuchucientas.

Es oportuno en este lugar introducir otro adjetivo, cuchumil que puede tomarse como una cantidad mayor que cuchucientos, aunque también es indeterminada. Cuchumil se conoce solamente en República Dominicana.

Llama la atención que delante de los dos adjetivos, ciento y mil, se antepone este cuchu- que solo aparece en ellos para adjetivos. Este cuchu- también consta en cuchufleta que se emplea para “cosa insignificante; zapato viejo o deteriorado; persona cuyo nombre no se recuerda”.

Más arriba se consignó que este principio de palabra cuchu- solo se produce delante de estas voces antes enumeradas. La intuición sugiere que este principio de voces imprime un aire festivo a las voces, sobre todo en el de la cuchufleta. En el de las cantidades sugiere un número indeterminado.

Las tres voces que se han mencionado aparecen en otras hablas americanas, no son privativas de los dominicanos.

Número / numerito, enfogonarse, pavita

Por Roberto E. Guzmán

NÚMERO – NUMERITO

“… pero después de un tiempo los participantes vuelven a una rutina y uno se cansa de siempre los mismos NUMERITOS…”.

Hay números y numeritos. Los hay que no llevan cifras en sí. Algunos números aluden a

parecidos con el signo al mencionarlo. Más abajo se escribirá sobre algunos de ellos. Algunos números son internacionales; otros son conocidos en áreas más restringidas.

Hay números dominicanos que no se conocen en otras hablas, ni siquiera en hablas americanas.

Ejemplo de un número dominicano con apellido es el famoso “número quebrado” conocido en lotería. Es el número cuya cifra o cifras centrales son ceros. Esto es, si tiene tres cifras, el cero ocupa el lugar de las decenas, si tiene cuatro, el cero ocupa el lugar de las decenas o las centenas, o ambos a la vez.

El número que se anunció al principio y del cual se adelantó que no es signo es el que significa o puede sustituirse por “posición”. Este número dominicano no se refiere al lugar ordinal en una serie.

El número a que se ha aludido más arriba es el que se hace, ejecuta o efectúa durante el sexo o los instantes que preceden el coito u otras actividades a que se entregan los participantes a este tipo de actividad.

En otras oportunidades se ha resaltado la fecundidad y dinámica de la creación del hablante en materia de sexualidad. Esto es natural si se piensa que la sexualidad ocupa un lugar preponderante en el disfrute de la vida. De la importancia de esta actividad en la vida social puede deducirse que en este aspecto el lenguaje está al servicio del hecho social.

Algo que corre parejo con la práctica sexual es el disfraz con que se arropan los nombres de las posiciones que se adoptan o los nombres que se asignan a las prácticas sexuales. Esta conducta obedece a las normas morales (¿?) que impone un segmento de la sociedad.

Estos “números” o “numeritos” del español dominicano son los nombres que se destinan a enmascarar las actividades sexuales que se practican en la intimidad, casi siempre en pareja.

Algunas de estas voces tienen una connotación festiva, pero otras son para tomarlas muy en serio. Una de que ya casi no se oye mencionar es el otrora famoso salto del tigre. Otra que tuvo su apogeo en fecha más reciente que la anterior es la del gaveteo. De la misma época de la última fue la de la carretilla. Una forma de excitar un hombre a una mujer es dando brocha. Esta locución verbal consta en el Diccionario del español dominicano (2013:107), “Frotar el pene contra los genitales de una persona”.

Hay posiciones internacionales que se reconocen por la referencia al número elegido para mentarla, que tiene relación con la postura que adoptan los involucrados, ejemplo de esto es el famoso sesenta y nueve. Este número denomina el contacto buco genital simultáneo en una pareja. Cuando el hablante pone en palabras las situaciones, hace lo que Julio Cortázar llamaba nombrar para apresar; esto es, aprehender la idea en el acto.

La voz número generalmente refiere a la actividad de lo que se presume de conocimiento general; numerito, a su vez, es aquella que se sale de la rutina a la que se entregan las personas con una buena dosis de creatividad y variedad.

 

ENFOGONARSE

“Más allá de los apagones que han ENFOGONADO a la población pobre. . .”

Con respecto del verbo enfogonarse es fácil deducir que se relaciona estrechamente con la palabra fogón. El fogón es el lugar del calor, de la candela. Los recursos modernos han desplazado el fogón de algunas cocinas, pero la imagen sobrevive con nostalgia en la mente del dominicano.

El verbo enfogonarse tiene relación indirecta con el verbo dominicano descalentarse. Ese verbo dominicano aparece escrito con esa letra ese /s/ trabada entre la primera vocal y la consonante siguiente, pero en el habla cotidiana no se pronuncia, sino que se dice y oye decalentarse. La acepción más socorrida para este verbo es “enojarse mucho”. Como puede observarse por la composición de este verbo dominicano, aquí aparece el calor -calentarse- del fogón.

El verbo del título -enfogonarse- es ponerse como un fogón. Subirle al sujeto la temperatura corporal producto del enojo.

Conforme con los resultados de la búsqueda con relación a este verbo del título este apareció en Puerto Rico antes que en República Dominicana. El Tesoro del español de Puerto Rico documenta el uso en el año 1936. Después de ese año permaneció en el uso y fue recogido en los repertorios de lexicografía puertorriqueña.

Quien escribe estas reflexiones se atreve a expresar que el verbo llegó a conocimiento del hablante de español dominicano con posterioridad al año 1961.  Con anterioridad a esa fecha no se usaba en el habla de los dominicanos el verbo en cuestión. Al caer la dictadura de Trujillo, los viajes de los dominicanos se incrementaron al levantarse las restricciones para conseguir pasaportes. Esto avivó el intercambio entre los dos pueblos antillanos, puertorriqueños y dominicanos. Al calor de ese trato, entre otras cosas, se adoptó esa voz en el léxico dominicano.

La documentación que trae el Diccionario del español dominicano (2013:286) en la literatura dominicana para enfogonarse data del año 2011. Antes de ese año la única mención que se ha encontrado en los diccionarios diferenciales de español dominicano corresponde al Diccionario de dominicanismos (2002:85), donde se asienta que es de uso en Puerto Rico y la acepción asignada es, “Encolerizarse, enfurecerse, enojarse”.

En la hora presente el verbo del título pertenece a las dos hablas mencionadas, pues los dominicanos lo han adoptado como suyo.

 

PAVITA

“… muchos se echan una PAVITA al medio día…”.

El pavo se presume que no debe faltar en la mesa de Navidad de una familia pudiente. Aunque parezca raro, en el pasado en Europa los pobres en la época navideña comían ganso. Luego de la producción industrial del pavo y la congelación de este, el pavo se ha hecho asequible a los presupuestos de muchas familias.

El pavo, el animal, es oriundo de México, por lo que en tiempo pasado se conoció con el nombre de “pavo de Indias”. Estas Indias se refiere adonde llegó Colón en el año 1492. Los españoles llevaron el pavo a Europa en el siglo XVI.

En México se le conoce este animal con el nombre guajolote, nombre que alude a su tamaño y forma. Hay que tener en cuenta que la palabra ha pasado a la lengua moderna para comunicar el mensaje de “tonto, bobo”. Guajolote proviene de huey-xololt. La última palabra significa también “bufón, chistoso”. Diccionario de aztequismos (1978:80).

En inglés se nombró este animal turkey, pues el pavo llegó a Inglaterra en el año 1540 desde Madagascar, vía Turquía. Cincuenta años después de su introducción en Europa ya el pavo formaba parte de las festividades navideñas.

La hembra del pavo es la pava y al animal juvenil se designa pavito, pavita, según su sexo. Hay quienes aseguran que en Cuba y República Dominicana se conoce esta gallinácea con el nombre guanajo. La última palabra en el español de esos dos países significa, dicho de una persona, “tonta, boba”. Al pavo se atribuye ser un animal poco inteligente por la tendencia que manifiesta a huir en pánico cuando se le inquieta.

En el español dominicano el nombre pavo, va, transmite la idea de “adolescente”. El femenino pava se usa también para un sombrero de ala ancha y copa baja hecho de fibra vegetal. La pavita de la cita al principio de esta sección corresponde a “siesta breve”. La pava menciona en el habla dominicana la siesta o sueño breve. “Echar una pavita” es dar una dormidita, echarse a descansar.

El nombre pava ha dado origen a varias locuciones en el español dominicano, “ya la pava no pone donde ponía”, que indica que las cosas han cambiado. “Fuñir la pava”, es molestar o importunar con insistencia. “Echar una pava” es dormitar.

Carajo, tropezón / trompezón, buchú

Por Roberto E. Guzmán

CARAJO

“El muchachito que cuida los autos y la niña que es Julia (o es Luisa) y dice gustar de las canciones de una CARAJA llamada Yuri”.

El vocablo carajo tiene larga historia en la lengua española. Es un vocablo que ha provocado controversias con respecto de su origen; al punto que la conclusión ha terminado con una declaración de “origen incierto”.

Como consecuencia de que el carajo peninsular se perfiló para sostener el sentido de pene, durante largo tiempo los diccionarios evitaron registrar el vocablo. D. Martín alonso recoge el uso en español de esta palabra desde el principios del siglo XV. Cuando entró en la lengua no se escribía con la ortografía actual. Diccionario medieval español (1986-I-621).

El carajo dominicano no coincide con el peninsular en su proyección. Las probabilidades apuntan hacia una introducción en época de la colonia por medio del lenguaje de la marinería en el momento del encuentro de civilizaciones en el siglo XV.

El carajo dominicano se desmarcó del peninsular, pues no se retuvo en el habla de los dominicanos para mencionar el pene. De lo que se supone que fue su origen retuvo algunos rasgos como se verá más adelante en las locuciones que se mencionarán.

En sus funciones de sustantivo carajo sirve para referirse a una persona insignificante, inútil; alguien de quien se evita usar su nombre para rebajarlo aún más. Algo que llama la atención es que tiene un femenino, caraja.

Una locución que llama poderosamente la atención es la sustantiva “carajo a la vela”. Lo destacable en esta locución es que aparece la vela que se presume que alude a la de las embarcaciones. Puede decirse que así se llama a la persona insignificante, inútil; al añadir el “apellido” a la vela se acentúa su futilidad. La persona así llamada era generalmente un “sin oficio”.

Otro aspecto desarrollado por el carajo dominicano es el de la distancia. La locución adjetiva “casa del carajo” indica que se trata de un lugar muy lejano o de difícil acceso.

Otra vertiente por la que se derivó el carajo dominicano es el de la ponderación de una situación o de las cualidades de una persona. Armarse la del carajo es locución que pondera el grado que alcanza una situación que degenera cuando llega al desorden.

No todo lo que toca el carajo dominicano es negativo, pues referido a una persona del carajo destaca que es “muy buena, extraordinaria”. En ese sentido más… que el carajo, referido a una persona o cosa, significa que tiene una cualidad en grado sumo.

Con la enumeración anterior no se agotó la fraseología derivada de carajo. Se presentó una muestra que permite evaluar su importancia en el habla de los dominicanos.

Las vertientes por la que derivaron las locuciones mencionadas con sentidos disímiles son testimonios de la vigencia del carajo. Como ha de suponerse, no todas aparecieron al mismo tiempo, sino que se desarrollaron con el uso.

Naturalmente, carajo, por sí solo se utiliza para reaccionar ante “accidente, contrariedad, contratiempo, disgusto, percance, sorpresa”. En esos casos funciona en tanto exclamación.

 

TROPEZÓNTROMPEZÓN

Cuando no es el fin de la carrera administrativa o la edad de retiro es algún TROPEZÓN político. . .”

En el título se encuentra la muy conocida palabra tropezón que posee sentido propio y figurado. Al lado está la voz trompezón que no es reconocida como descendiente legítima del castellano primigenio. Más abajo se verá porqué existe el trompezón y la razón del apoyo que encontró entre los hablantes.

Hay muchos tropezones. El más conocido es el que da una persona en un obstáculo, andando. Una cosa es impedida porque tropieza en un estorbo. Hay tropezón si se advierte defecto o dificultad en la ejecución de algo. Dos personas tropiezan una con otra cuando se encuentran casualmente. Estos son los más usuales, aunque no son todos.

En un pasado no muy lejano en los predios rurales y entre las personas de menor educación de las ciudades dominicanas se acostumbraba a decir trompezón.

Para que el hablante incurriera en este tipo de error es muy probable que dos motivos influyeran. El primero es el que en español hay otras palabras que comienzan son la sílaba trom-. Ejemplo de esto es trompada, que se usa con mucha frecuencia.

Existe otra razón, esta de índole histórica. El Diccionario de Autoridades (1732) registra en sus páginas, entropezar, entropezado. La variante entropezón la usó Quevedo. La forma trompezar la usó también P. Bartolomé de Las Casas. Existió además el verbo tronpeçar. Diccionario de castellano antiguo (2002:284).

Hay otro tropezón -trompezón- que existió en el habla rústica de los dominicanos. Se aplicaba al embarazo de una mujer fuera del matrimonio o antes de tener pareja conocida y aceptada. Ha de tomarse aquí la prominencia del vientre como el resultado del tropezón. Como el resultado del golpe del tropiezo.

En el habla de los dominicanos hay otro tropezón. Se ha oído de boca de algunos hablantes de esta variedad de español. Con la palabra tropezón se refieren a un escalón, uno solo; que a veces no forma parte de una escalera, generalmente a la entra o acceso de un lugar.

Quizás no haga falta recordarlo, pero se hace. Los cambios y actualizaciones en las lenguas toman más tiempo en llegar a conocimiento de los habitantes del campo; de allí que no debe causar sorpresa que el trompezón haya subsistido más largo tiempo en ese medio que en los centros urbanos.

 

BUCHÚ

“Debemos parar la práctica que cuando un partido pasa por el gobierno se queda BUCHÚ…”

El que está buchú no lo muestra en las mejillas. Aunque tenga grandes cachetes puede que no esté buchú. Para entender qué cosa llaman los dominicanos buchú hay que buscar la explicación en otro sitio y no en la cara.

La voz dominicana tiene una explicación lógica y sencilla. Guarda estrecha relación la voz buchú con la palabra buche del español general. En la lengua española de conocimiento internacional el buche tiene varios significados. La frecuencia del uso ha reducido esta palabra a la de los animales y de las personas. Se soslayarán algunos aspectos del estudio de buche reduciéndolo solo a lo esencial en el habla dominicana para los fines de esta exposición.

El hablante de español dominicano presume que la persona que es buchú tiene las mejillas grandes o las tiene infladas, abultadas. Cuando lleva esta consideración más allá de su terreno propio y se la aplica a una cosa, entiende por ello que es porque ha aumentado el volumen, la cantidad, el contenido.

Si al hablar se aplica a una persona el adjetivo de buchú, al hablarse de su condición financiera, entonces la interpretación obligada es que esa persona es adinerada. No hay que sorprenderse de que se extienda el uso para aplicar el adjetivo a una organización, institución o grupo; en ese caso hay que tomarlo por enriquecida, acaudalada, opulenta.

Como buchú, buchudo, da, desempeña funciones de adjetivo; en el habla descuidada termina siendo en femenino, buchúa.

Se presume que este adjetivo fue incorporado al habla en el habla de los campesinos, pues ellos son quienes “tientan” el buche de las aves al comprarlas para saber si el peso se debe a una sobrealimentación repentina y son solo “buche y plumas”.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

GÜIRO O HIGÜERO, PERO NO CALABAZA

27/11/2021

Similar a como ocurre con la castaña (nuez de cáscara dura, fruto del castaño) y el buempán o pan de fruta (fruto voluminoso, parido por el árbol del pan) se presentan vacilaciones para nombrar el producto del güiro o higüero.

La última palabra es la más empleada en el habla dominicana, seguida de güiro, sin olvidar que algunos hablantes usan el vocablo calabaza para nombrar el mismo elemento.

Veamos lo que sobre /calabaza/ dice el Diccionario de la lengua española: 1. f. calabacera (? planta). 2. f. Fruto de la calabaza, muy vario en su forma, tamaño y color, por lo común grande,   redondo y con multitud de pipas o semillas. 3. f. calabacino. Calabacero, ra. 1. m. y f. Persona que vende calabazas. 2. f. Planta anual de la familia de las cucurbitáceas, con tallos rastreros muy largos y cubiertos de pelo áspero, hojas anchas y lobuladas y flores amarillas. Su fruto es la calabaza.

Calabacino. Tallo rastrero y flores amarillas son dos detalles significativos para no llamar calabaza al higüero. Calabaza es ahuyama.

De Wikipedia, he tomado la siguiente nota: “El término «calabaza» es de origen hispánico y se usa de manera genérica para definir a una gran variedad de frutos de las cucurbitáceas, como los calabacines, los zapallos, los zucchinis, los zapallitos, el ayote, el pipián, la auyama y el butternut”.

Se llama /calabacero/ a la planta que produce calabazas como a la persona que la vende. Pero eso no ocurre en el español dominicano, a no ser los que celebran el “jalogüin”.

 

Al definir la palabra /higüero/, el Diccionario académico solo dice “en República Dominicana: güira (? árbol)”.

En cambio, /güira/ es clasificada como “Voz antillana, forma ant. hibuera, higüera”. Y la define así: “1. f. Ant. Árbol tropical de la familia de las bignoniáceas, de cuatro a cinco metros de altura, con tronco torcido y copa clara. Tiene hojas sentadas, opuestas, grandes y acorazonadas, flores axilares, blanquecinas, de mal olor, fruto globoso o alargado y de diversos tamaños según las subespecies, de corteza dura y blanquecina, llena de pulpa blanca con semillas negras, del cual, serrado en dos partes iguales, hacen los campesinos de América tazas, platos, jofainas, etc”. Es evidente que esta definición corresponde al higüero.

Es importante notar la similitud entre esa definición y la que ofrece el Diccionario del español dominicano para el sustantivo /higüero/.

Hela aquí: “árbol perenne de hasta 5 m de altura con largas ramas extendidas hojas aovadas con el ápice agudo, flores amarillas grandes y fruto de corteza dura”. Lo extraño es que así también define la /higüera/.

Me parece que esta definición debería corresponder a la forma masculina, es decir a higüero, nombre del árbol. En la acepción dos define /higüera/ como una vasija hecha con la cáscara seca del fruto del higüero. Higüeral es un lugar poblado de higüeros.

Calabazo. Recipiente hecho con la fruta del higüero, generalmente para transportar agua. En algunas regiones se llama morro.

El Diccionario del español dominicano llama /güira/, así en femenino, al “Árbol perenne de hasta 5 metros de altura, con largas ramas extendidas, hojas aovadas con ápice agudo, flores amarillas con fruto de corteza dura; se usa en medicina tradicional y su fruto se utiliza para hacer vasijas”. Lo mismo que higüero.

Güiro. En lo que respecta al instrumento musical, distan mucho las definiciones del Diccionario oficial de la lengua (Instrumento musical popular que tiene como caja una calabaza de güiro) y la que se tiene en el español dominicano (instrumento con una serie de ranuras sobre las que se frota un objeto). Aquí esa voz es femenina: güira.

 

14/12/2021

INCONGRUENCIAS APARENTES

Determinada relación entre dos palabras, tanto por el sentido que expresan como por coincidencias gráficas o fónicas, estimula en algunos hablantes la tendencia a buscar orígenes comunes entre esos vocablos. Otros usuarios del idioma, en cambio, consideran que es incongruente que vocablos para ellos con afinidad semántica, no observen esa semejanza en la escritura.

A continuación, les presento cinco pares de palabras que guardan entre sí relaciones de algún tipo y que algunos hablantes les encuentran a una de ellas falsas etimologías: 1-Vaca/becerro, 2-voz/bocina, 3-bandido/vándalo,  4-vocalizar/boca, 5 vasto/bastante, basta.

1-La palabra /vaca/ deriva del latín “vacca”. Es la hembra del toro. En cambio, /becerro, becerra/ se considera de origen desconocido. Se define como “Cría de la vaca hasta que cumple uno o dos años o poco más”.

2-Tengo un amigo que defiende ardorosamente la similitud etimológica entre los términos /voz/ y /bocina/. Mi amigo cree que una palabra deriva de la otra, pero no es así. Veamos: /voz/ procede del latín vox, vocis. Se define: Sonido producido por la vibración de las cuerdas vocales.

Aunque /bocina/ también viene del latín “bucina”, ‘trompeta’, nada la vincula a /voz/, a no ser que la voz se amplifique por medio de la bocina. Tiene ocho acepciones, les presento algunas:

  1. f. Instrumento de forma cónica con el que se refuerza el sonido emitido, muy útil para hablar desde lejos.2. f. En un automóvil y otros vehículos, dispositivo mecánico o electrónico que emite señales acústicas.3. f. cuerno (? instrumento musical).4. f. caracola (? concha que produce un sonido como de trompa). 5. f. En los aparatos telefónicos, parte a la que se aplica la boca al hablar, para recoger la voz.6. f. Pabellón con que se reforzaba el sonido en los gramófonos.8. f. Cuba, Méx. y R. Dom. altavoz.

3-Cándido Martínez, infaltable lector de esta columna, ve, como muchos, que bandido y vándalo son voces sinónimas. Se extraña de que una se escriba con be (b) y la otra con uve (v). La voz /bandido/ es definida en el Diccionario de la lengua española del modo siguiente: 1. m. y f. Malhechor, delincuente.2. m. y f. Persona sin escrúpulos, que engaña o estafa. 3. m. y f. Persona que roba en los despoblados, salteador de caminos. 4. adj. Fugitivo de la justicia proclamado por bando. Se trata del participio del verbo bandir, el cual deriva del italiano “bandire”, ‘proscribir’, ‘desterrar’.

La palabra /vándalo/ procede del latín tardío Vandalus ‘vándalo, persona de un pueblo procedente de Escandinavia’. 1. adj. Dicho de una persona: Que comete acciones propias de gente salvaje y destructiva. U. t. c. s.2. adj. Dicho de una persona: De un pueblo bárbaro de origen germánico oriental procedente de Escandinavia. U. t. c. s.3.adj. Perteneciente o relativo a los vándalos. 4. adj. Perteneciente o relativo al vándalo (? lengua). Léxico vándalo.5. m. Lengua germánica oriental que hablaban los vándalos.

4- La palabra /vocal/ sí que se relaciona con /voz/, pero, aunque la voz salga por la boca, nada tiene que ver una con la otra.  Vocal procede del latín  “vocalis” y significa perteneciente o relativo a la voz. 2. adj. Que se expresa materialmente con la voz, hablando o cantando. De voz deriva el verbo /vocalizar/: Articular con precisión las vocales, consonantes y sílabas de las palabras para hacer plenamente inteligible lo que se habla o se canta. 2. intr. En cuanto a /boca/, del latín “bucca”. 1. f. En una persona o en un animal, abertura anterior del tubo digestivo, situada en la cabeza y que da entrada a la cavidad por donde conecta con el aparato respiratorio.

5- Porque /vasto/ signifique “Dilatado, muy extendido o muy grande”, no hay que esperar que /bastante/ sea de la misma familia de palabras y por tanto deba escribirse con uve (v). ¡Basta con eso! Vasto viene del latín “vastus”. A su vez, del griego, por vía del latín vulgar, llegó al castellano el verbo “bastare”, ‘llevar, sostener un peso’. Bastar es ser suficiente y proporcionado para algo. Abundar.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

23/11/2021

SE TRATA DE QUE NOS ENTIENDAN

Como en un folletín antiguo, dejamos en suspenso la semana pasada el melodrama de los dos puntos. Hoy llegaremos al final apuntando un uso, o abuso, de los dos puntos que debemos desterrar de nuestros escritos. Es muy importante tener siempre presente que los signos de puntuación nos ayudan a situar los límites entre las unidades que forman un texto. Sirven, por tanto, como organizadores de lo que escribimos: ponen las cosas en su sitio.

Si los empleamos mal, esta función delimitadora se difumina y provoca el efecto contrario:

los signos de puntuación mal usados pueden entorpecer e, incluso, tergiversar la lectura. Así también sucede con los dos puntos cuando abusamos de ellos, es decir, cuando los incluimos varias veces en el mismo enunciado. Imaginen una frase como la siguiente:

*La excursión incluye varias opciones: visitas culturales: museos, exposiciones, sitios históricos, y actividades al aire libre: senderismo, acampada, observación de aves. Los primeros dos puntos nos indican que se van a exponer las opciones que nos ofrece esta excursión, pero, a partir de ahí, todo parece en el mismo plano, no sabemos dónde empieza una cosa o dónde termina. Esta sensación la produce la acumulación de comas y de dos puntos, que, en lugar de ayudar a aclarar, confunde.

Prueben a usar solo los primeros dos puntos de introducción y a no recurrir a ellos en el mismo enunciado. Disponen de muchas opciones para lograrlo y el resultado será más claro. ¿Qué tal así? La excursión incluye varias opciones: visitas culturales a museos, exposiciones o sitios históricos; actividades al aire libre, como senderismo, acampada, u observación de aves.

¿O así? La excursión incluye varias opciones: visitas culturales (museos, exposiciones, sitios históricos) y actividades al aire libre (senderismo, acampada, observación de aves).

Se trata de que nos entiendan. Los signos de puntuación no deben dificultar la comprensión de nuestro mensaje; deben ayudar a que nuestro mensaje se comprenda mejor.

 

30/11/2021

PUERTAS AL CAMPO 

Contar las palabras de una lengua es como tratar de ponerle puertas al campo. El Diccionario de la lengua española apunta que la expresión poner puertas al campo nos viene muy bien para ‘dar a entender la imposibilidad de poner límites a lo que no los admite’, y las palabras no suelen admitirlos de buena gana.

En esto del cálculo de las palabras de una lengua solo pueden venir a echar una mano los diccionarios. Mal que nos pese a los que los hacemos, ningún diccionario registra todas las palabras de una lengua; muchos de ellos ni siquiera aspiran a hacerlo.

El Diccionario de la lengua española, en el que trabajan todas las academias de la lengua española del mundo, y que cuenta ya con veintitrés ediciones, incluye casi 95,000 palabras y más de 195,000 acepciones. El Diccionario de americanismos documenta aproximadamente 70,000 palabras y 120,000 acepciones de uso americano. Para hacernos una idea de la complejidad del léxico de una lengua como la nuestra, basta añadir a estos datos los que refleja el Diccionario del español dominicano: más de 10,000 entradas y más de 14,000 acepciones. No crean que es suficiente con hacer una sencilla suma. Recuerden que muchas de estas palabras serán comunes y se diferenciarán en el sentido con el que las usamos.

Se suele decir que para calcular el léxico de una lengua se le añade un 30 % al que se encuentra en los diccionarios. Utilizando solo el dato del Diccionario de la lengua española de las academias obtendríamos unas 125,000 palabras, y seguiríamos teniendo la seguridad de que muchas habrían quedado sin contar. Y ahora les propongo que se detengan a pensar por un momento cuántas de esas palabras conocen y cuántas manejan.

 

7/12/2021

ELEGANTES Y FUNCIONALES

Circula en las redes sociales un mensaje protagonizado por la palabra pedigüeñería y los «firuletes» que la acompañan. Una sola palabra nos reta a dominar nuestro teclado, sobre todo a los que no lo tienen configurado en español. En ella encontramos el punto sobre la i, la diéreses sobre la u (ü), la inconfundible virgulilla de la ñ y la tilde sobre la í.

El punto sobre la i, la novena letra de nuestro abecedario, no siempre estuvo ahí. Sus antepasadas griega y latina no llevaban punto. En las lenguas romances empezó a usarse el punto para distinguir la i de las letras contiguas. El punto le da su personalidad a este «dedo meñique del alfabeto», una greguería del gran Ramón Gómez de la Serna. La virgulilla de la eñe nace de la abreviatura de la doble nn en el español medieval que se representaba como ñ. En latín no existía el sonido de nuestra eñe, así que se echó mano de esta abreviatura para representarlo.

Encontramos además dos signos ortográficos que le otorgan a la letra sobre la que los colocamos un valor especial: la tilde y la diéresis. La tilde indica que estamos ante la sílaba tónica de la palabra y la diéresis, también llamada crema, señala que la u sobre la que se coloca tiene valor fónico y debe pronunciarse.

No estoy de acuerdo en eso de aplicarles el nombre despectivo de «firuletes», referido al adorno superfluo y de mal gusto. La elegancia de la virgulilla, la personalidad del punto, la sonoridad de la tilde y la sutilidad de la diéresis están lejos de ser de mal gusto; además cumplen puntualmente su misión de facilitar la lectura correcta y la interpretación adecuada de los textos escritos. ¿Qué más les podemos pedir?

 

EL SARPULLIDO DE LA COMA

14/12/2021

Un amigo querido me confiesa que las comas le producen sarpullido. El tamaño diminuto de la coma no impide que sea la protagonista de muchas de nuestras dudas ortográficas cuando redactamos. Como para tantas otras cosas, no hay recetas mágicas para usar bien la coma; solo nos queda ir familiarizándonos poco a poco con los contextos en los que aparece, porque para cada sarpullido hay un ungüento.

En lo que a la coma respecta, no conviene ni pasarse ni quedarse corto. El acierto con la coma estriba tanto en escribirla cuando va como en dejar de escribirla cuando no va. Y en estas dos últimas frases tienen el primer ungüento que nos recetan hoy para el sarpullido de la coma. No usamos coma entre las partes de la oración coordinadas por las conjunciones ni… ni… Ni usted ni yo volveremos a poner una coma entre ellas. Tampoco escribimos coma entre los miembros de la coordinación copulativa tanto… como. Tanto usted como yo vamos aprendiendo poco a poco más detalles para soltarnos con la coma. Con la ortografía no conviene ni tener miedo ni lanzarse a la piscina sin agua. La maestría con la coma depende tanto del conocimiento como de la práctica.

Un ungüento distinto para un sarpullido diferente: escriban coma cuando se trate de separar las partes de la construcción copulativa no solo…, sino… No solo conviene aprenderse la teoría, sino también ponerla en práctica.

No le tengan miedo a la coma; con un poco de respeto es suficiente. No solo consiste en elegir las palabras, sino en dominar los signos de puntuación. Ni la coma ni sus usos podrán con nosotros.

 

Rámpano, mamey

Por Roberto E. Guzmán

RÁMPANO

“Y por otro lado, las enfermedades como la fiebre amarilla, el RÁMPANO o el paludismo. . .”

El estudio de esta voz permitirá exponer algunas ideas personales. La inserción de este tipo de consideraciones en estos escritos es algo que se ha convertido en costumbre.

La voz rámpano es muy dominicana. Esto es, la creación de la voz fue obra de los hablantes de español dominicano. El significado que le fue asignado a la voz se ajusta muy bien a algo desconocido para una voz semejante.

En la cita que encabeza esta sección el redactor de la frase trata a rámpano como una enfermedad. Nunca antes se había leído un uso como este. Eso no significa que no fuese una enfermedad; se la conocía más bien por la cicatriz que dejaba la úlcera. Hay que aclarar que cuando el autor de estos comentarios entró en contacto con esta voz el rámpano ya no era la úlcera resistente a los remedios de otra época; quizás por esto solo se conocía la señal que dejaba.

El lexicógrafo que primero se ocupó de esta voz fue Patín Maceo, “Úlcera fragedénica de los países tropicales, y que ordinariamente se produce de la rodilla al pie”. Dominicanismos (1940:174). El término fragedénico es obsoleto en la lengua común y en medicina significa “Que corroe”. Diccionario general etimológico de la lengua española (1881-II-656).

A lo citado D. Emilio Rodríguez Demorizi añade, “Llaga en las piernas, azote de las tropas españolas durante la guerra de la Restauración”. Del vocabulario dominicano (1983:221). Como era de esperarse de D. Emilio, introdujo una nota sobre historia dominicana en la descripción de la voz.

Una de las características de este tipo de úlcera la destaca el Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:331), al agregar “…es difícil de curar”.

La descripción más detallada del rámpano la trae el mataburro cibaeño, Aiguna palabra dominicana (2015:316), “Úlcera de la piel, a consecuencia de una herida complicada, o un tropezón severo, casi siempre en los pies y las piernas, y que tarda mucho en curarse”.

Más arriba se aludió al hecho de llamar con el nombre rámpano la señal o cicatriz que deja(ba) la úlcera maligna que corroía los tejidos próximos y la carne. Hay que pensar que este era un problema importante de salud porque se complicaba cuando todavía no se conocía el antibiótico e incluso antes de la penicilina. En los pueblos pequeños o en los campos se trataba con pomadas o polvo de sulfatiazol.

El problema adquirió tal proporción que en el habla la voz rámpano pasó a expresar, “Problema grave que no se consigue solucionar”.

En el aspecto social llegó a considerarse una enfermedad típica de los moradores de los campos. De allí, si la persona presentaba cicatrices en las piernas, sobre todo las mujeres, se las consideraba campesinas o de origen campesino. Adquirió así un cariz despectivo o de clasificación social.

 

MAMEY

“. . . en esta exposición acoge en su círculo cromático el rojo intenso, amarillo oro, MAMEY. . .”

En la actualidad los dominicanos casi no usan el vocablo mamey para referirse a la fruta. En lugar de eso llaman zapote a la fruta de este tipo. Tanto mamey como zapote son vocablos que entraron en la lengua castellana desde las orillas americanas. Este origen hace del vocablo materia de interés para los hispanoamericanos.

Desde el principio hay que dejar bien entendido que el tratamiento que se hace de los nombres de estas frutas es puramente lingüístico y no se trata desde la perspectiva botánica.

Desde que los españoles llegaron al Nuevo Mundo se maravillaron de la abundancia de árboles frutales, así como de la exquisitez de algunas de estas que eran ponderadas con exaltación.

El P. Las Casas escribe, “La fruta que los indios llamaban mameyes; esta fruta es de olor y sabor fruta de reyes. . .” Le concede tal importancia a la fruta que entra en una detallada descripción de esta.

Se conoció la fruta con el nombre de mamei o mameyo, Se la conoce con el nombre en latín Mammea Americana. De acuerdo con D. Roque Barcia, el nombre proviene “del latín mamma, teta, por semejanza de forma entre los frutos de este árbol y un pezón”. Diccionario general etimológico de la lengua española (1881-III-608). Esta es una negación del origen indígena del nombre de la fruta.

“En la parte occidental de Cuba se le dice “Mamey de Santo Domingo”, para distinguir del “Mamey colorado”, al que los indios llamaron Sapote, como aún se le conoce en muchas partes…” Lexicografía antillana (1914:362).

Las descripciones de la fruta pueden variar un poco, sobre todo con respecto a los colores. La pulpa puede ser considerada amarilla rojiza. No faltará quien defina el color de la masa de la fruta como “color ladrillo”. En esto del color de la masa del fruto hay que observar cuidado porque hay una gran variedad de mameyes y el color de la parte comestible del fruto varía.

En República Dominicana se conoce el color mamey. Si a un hablante de español dominicano lo colocan en la situación de definir el color es probable que dude. No obstante, si se colocan uno al lado de otro, el amarillo, el anaranjado y el mamey ese hablante no vacilará al elegir o señalar cada uno de ellos.

El nombre mamey participa en una locución verbal conocida, “acabarse el mamey”, que destaca que “llega a su fin la situación o el objeto del que se hacía uso y usufructo”. Existe además la frase coloquial “ser un mamey” que se usa para dar a entender que “algo es fácil de conseguir o lograr”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:298-9). El hablante de español dominicano usa la palabra mamey para, “persona de trato fácil”. El terreno poblado de mameyes se conoce con el nombre de mameyal o mameyar. Diccionario del español dominicano (2013:437).

Platanú / platanuses, romo, decricaje

Por Roberto E. Guzmán

PLATANÚ – PLATANUSES

“… los PLATANUSES de Cotuí…”

Los dominicanos son muy proclives a consumir plátano. Naturalmente el plátano americano, no el peninsular. El último también se consume, pero en menor cantidad.

El plátano ocupa un lugar tan importante en la cultura dominicana que el poder de bateo de los jugadores dominicanos de beisbol en las ligas de los Estados Unidos se conoce con el nombre de platano power. Antes de llegar a ese punto, los dominicanos eran reconocidos en Nueva York con el nombre de “los plátanos”.

La introducción que antecede resalta la importancia del plátano en la cultura y la historia de los dominicanos; esto a través del consumo de la musácea. De aquí puede deducirse que no hay sorpresa acerca de que la voz platanú descienda de plátano. Esto es, existe relación directa entre esta voz extraña al español general y la muy conocida plátano. Solo en República Dominicana podía producirse algo así.

El platanú es un, “Personaje del carnaval dominicano cuyo disfraz se compone de muchas hojas de plátano que le cubren el cuerpo”. Diccionario del español dominicano (2013:557).  Otro rasgo de esta voz que llama la atención es el plural que le ha asignado el hablante, platanuses.

 

ROMO

“… sobre todo las multitudes de la pobreza, con muchas personas que prefieren, en lugar de libros, la cerveza, el ROMO y los estilos desinhibidos de diversión”.

“… y no que les entreguen mendrugos para que coman tres días, y se beban uno o dos o diez potes de ROMO.”

Según parece a algunos hablantes y bebedores de ron no les bastó con que ese licor se conociera con un monosílabo. Quizás de allí salió la idea de llamarlo romo también. Más adelante en esta sección se lanzará una idea acerca del origen de esa voz.

La producción y consumo de ron ha ido en aumento con el paso de los años. De la misma manera en que ha sucedido con otras bebidas espirituosas, en los últimos tiempos se ha visto un incremento de consumo en el mercado de rones añejados. Esto ha impulsado a la industria ronera a añejar cada vez más algunos de sus productos para complacer el exigente gusto de algunos aficionados al ron de mayor calidad.

Las informaciones de que se disponen por medio de los diccionarios de etimología sugieren que la palabra ron procede del inglés dialectal rumbullion “tumulto” por las refriegas que ocasionaba el efecto del consumo de este licor. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-V-62-3).

En francés el nombre rhum se encuentra desde 1688. Entró primero al inglés en el 1654 rum. La clave para el romo de los dominicanos y venezolanos se encuentra en el nombre que recibió por esos años el licor, rumbo. En francés se conoció también con la variante rumme, cercano también al nombre cariñoso, romo.

Algunos etimólogos han encontrado una metonimia entre rumbustion, pleito, riña, en tanto alusión a los efectos de la bebida y el nombre que terminó imponiéndose, sobre todo en la isla Barbuda. Dictionnaire historique de la langue française (2012-III- 3091-2).

Don Augusto Malaret en Provincialismos de Puerto Rico considera la palabra romo vulgar, y sin más explicaciones, ofrece en cambio la original ron. Esta puede considerarse la primera mención de romo en una obra sobre lexicografía americana.

En la historia más reciente el vocablo romo aparece en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española como conocido en Puerto Rico y República Dominicana, con la mención de que es de poco uso. Se podría argumentar contra esta calificación con respeto del uso, pero la frecuencia en el habla es difícil de evaluar. Es posible y probable que sea de poco uso en la expresión escrita.

Con respecto al uso del vocablo o al conocimiento de lo que significa; en Venezuela saben del vocablo para llamar con ese nombre al, “Ron, aguardiente de caña y en general cualquier clase de bebida alcohólica”. Así consta en el Diccionario de venezolanismos (1993-III-74). Obsérvese que en ese diccionario al final de la acepción añadieron, “y en general cualquier clase de bebida alcohólica”. Esto denota la generalización de su uso. En esa obra se menciona la primera documentación del año 1859. El Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:434) entiende que romo es, “Bebida alcohólica fuerte semejante al brandy, preparada con aguardiente de caña destilado”.

En el Diccionario de hispanoamericanismos (1997:406) aparece de nuevo el romo para, “Ron, aguardiente destilado de caña”. Ahí se menciona empleado el nombre en Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela.

Se desconoce la razón por la que Venezuela no aparece mencionada en el Diccionario de americanismos entre los países donde el ron se conoce con el nombre romo.

 

DECRICAJE

“… y los numerosos asuntos del DESCRICAJE del clima se evaporan…”

En algunas ocasiones algunos redactores piensan que añadiendo una letra ese /s/ intercalada entre una vocal y la consonante siguiente se convierte una voz impura en una legítima.

La aclaración del primer párrafo de este escrito viene a cuento porque en el curso de este se verá que no hay tal palabra *descricaje. No puede existir una letra ese /s/ en esa posición porque la voz del título la creó el hablante llano del español dominicano.

La voz usada por los hablantes de español dominicano es decricaje. Escrita de este modo consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. De acuerdo con ese diccionario tiene dos acepciones conocidas.

Lo primero que debe quedar bien establecido es que esa voz es netamente dominicana, tanto por su formación, como por su significado. La primera acepción se refiere a cosas o personas y al “estado lamentable de estas”. La segunda acepción alude al “agotamiento, extenuación de alguien”.

En general las voces nuevas se forman sobre voces ya conocidas que les sirven de base. Se piensa que quizás la voz del título tiene algo que ver con la voz crica que el Diccionario de la lengua española define así, “partes pudendas de la mujer”. Los académicos no pudieron encontrar un término más elegante para disfrazar el coño.

La experiencia que se puede compartir con respecto de esta voz es que quien escribe estos comentarios cuando oyó por primera vez la voz decricaje y el verbo decricajar pensó que procedía de Puerto Rico. La idea que vino a la mente fue la de tomar las voces en cuestión en tanto expresión de dolor. Es fácil imaginar porqué, si se piensa en lo explicado más arriba. Se pensó en algo que se rompía, -metafóricamente- se desgarraba.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

30/10/2021

CONVIENE EVITAR EL INFINITIVO INDEPENDIENTE

Al final del acto de reconocimiento que le han tributado, el señor Pérez se dirige al podio, tras el saludo de rigor, inicia con la palabra “Agradecer…”  y finaliza de este modo: “Para terminar, exhortar a esta institución a …”.  El acto concluye cuando la maestra de ceremonias dice: “Por último, invitar a los presentes a un brindis…”

En otro acto, alguien dirá: “Advertir a los hermanos alejarse del pecado y llamar al arrepentimiento…”. En un tercer podio: “Iniciar la apertura del debate y proponer una comisión…”

Las palabras agradecer, exhortar, invitar, advertir, llamar, iniciar y proponer son verbos en infinitivo, la forma no personal del verbo, que en nuestra lengua tiene las terminaciones -ar, -er o -ir.

El modo infinitivo funciona como el nombre del verbo y ejerce a plenitud su rol gramatical cuando aparece conjugado, es decir en forma personal. Ejemplo: agradezco, exhorto, invitamos, advertiré, llamo, iniciamos, proponemos.

Podemos emplear el infinitivo en perífrasis verbales, valiéndonos de otro verbo en forma personal, por ejemplo: “Quiero agradecer”,   “Para terminar, exhorto a esta institución a…”.  “Por último, deseamos invitar a los presentes a un brindis…”

Otros ejemplos: “Me permito advertir a los hermanos a que se alejen del pecado y quiero llamar al arrepentimiento…”. “Vamos a iniciar la apertura del debate y debemos proponer una comisión…”.

Los lingüistas han llamado “infinitivo independiente” al uso que hemos señalado en el que el verbo aparece en forma impersonal, como el caso de “Recomendar a nuestros clientes…”, en lugar de “Recomendamos a nuestros clientes…”.

Debo precisar que lo aquí escrito no constituye una declaración de guerra contra el infinitivo, pues hay unos usos de los que resulta difícil prescindir. (Dos infinitivos en esta oración). Tomando en cuenta las funciones que asume, han sido clasificados en infinitivos verbales e infinitivos nominales.

De la Nueva gramática de la lengua española, publicación oficial de las Academias, cito la siguiente puntualización sobre el grupo verbal:

“Los infinitivos verbales forman grupos sintácticos de este tipo. Constan, por tanto, de un núcleo verbal al que pueden seguir muy diversos complementos: directos, indirectos, de régimen o circunstanciales, como en encender la luz, prestárselas, viajar al extranjero en vacaciones, haber entendido correctamente, etc. La presencia de un sujeto expreso o explícito sea posverbal (encender él la luz) o preverbal (él encender la luz), está muy restringida en español…” (Edición 2009, pág. 1964).

Agrega el texto académico que los grupos verbales infinitivos aparecen principalmente en cuatro tipos de construcciones, que son: a) Perífrasis verbales, b) Oraciones subordinadas, c) Otras construcciones independientes no oracionales y d) Oraciones independientes.

Los infinitivos nominales son llamados así porque funcionan como sustantivo, como en “La mirada turbia y fría, un poco lento el andar”. Poseen las propiedades morfológicas y sintácticas propias de los sustantivos (los cantares de gestas, Cantar de los cantares; a pesar de los pesares). Es común que cuando el infinitivo aparece seguido de un artículo, funciona como sustantivo (El amar y el querer).

Hay mucho que decir en torno al infinitivo, pero el espacio aconseja que no siga. Solo recordaré el infinitivo compuesto que se forma con el infinitivo del verbo haber y el participio del   verbo que se conjuga; por ejemplo: haber estado, haber vivido, haber terminado.

 

7/11/ 2021

ANTAÑO Y HOGAÑO, LO PASADO Y LO PRESENTE

Una apreciada amiga, tras leer el pequeño libro titulado “De los sucesos gustosos que vivió don Quijote en Santo Domingo”, de nuestra autoría, ha reclamado la explicación de algunos términos que aparecen en la obra. El personaje principal del texto -un cuento extenso- responde a las características de don Quijote, el héroe creado por Miguel de Cervantes y habla como éste.

Al final del relato aparece un glosario donde se señala escuetamente el significado de vocablos arcaicos empleados en nuestra publicación, tal cual han sido usados en el libro Don Quijote de la Mancha. Pero entre las 24 expresiones y palabras que contiene el glosario no fueron incluidas estas: antaño y hogaño, de donde ha partido el amistoso reclamo. Las presento:

Antaño. Procede del latín “ante annum”. Es un adverbio demostrativo. El Diccionario académico le señala las siguientes acepciones:

  1. adv.  En un tiempo pasado. Hoy no se trabaja como antaño.
  2. El tiempo pasado. (Se usa normalmente precedido de

preposición). Costumbres de antaño.

  1. adv. dem. desus. En el año precedente. 4. m. Tiempo pasado. Recuerdos de un antaño lejano.

Es una palabra patrimonial de nuestra lengua y guarda fidelidad a su origen, las voces latinas “ante annum”. De anterior + año resulta antaño.

Les presento algunos ejemplos de su empleo en el cuento citado:

1-”…os agregaría que he tenido  ojos para una sola mujer, mi inolvidable Dulcinea del Toboso, de quien antaño  llegué  a proclamar que para ella he nacido”.

2- “Más vale el necio en su casa que el sabio en la ajena, Lorenza, pues acaece que no estoy yo haciendo donaire y la risa sorprende a vuestra merced, a quien antaño no se le viera un guiño con el gozo, cual si de mi boca hubiese manado expresión jocosa”.

3-“Refieren los cronistas que don Alonso exudaba satisfacción, lo cual se mostraba en la adquisición de músculos que  colmaban sus pieles, de antaño escasas de carne, y si de algo se lamentaba era de no haber tenido antes el tipo de trato que estableció con Morena Sierra”.

Hogaño. También se escribe ogaño. Deriva de la expresión latina “hoc año”, que significa “en este año”. Como la anterior, es un adverbio demostrativo, cuya primera acepción en el Diccionario de la lengua española indica: En la época actual.  La historia que narra esa novela bien pudiera acaecer hogaño.

  1. La época actual. Con más previsión nos hubiéramos ahorrado los problemas de hogaño.
  2. En el año presente. El siguiente es un ejemplo tomado del cuento “De los sucesos gustosos que vivió don Quijote en Santo Domingo”: “Ya que, antaño como hogaño, he declarado sobre las dueñas que suelen ser impertinentes, fruncidas y melindrosas, cúmpleme explicaros las diferencias que encuentro entre la dueña y la ama de una estancia”.

Estas son las voces arcaicas contenidas en el pequeño libro con sus equivalentes en el español actual:

1-Ínsula. Isla. 2-Sansón Carrasco. Personaje de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. 3-Prestancia. Distinción. 4-Válame, exclamación. Válgame, del verbo valer.5-Mesmo. Mismo. 6-Veredes. Verás. 7-Magín. Cabeza.  8-Luenga.Larga.  9-Agora. Ahora. 10-A fe mía, juramento que refuerza lo dicho. 11-Cuidadoso. Preocupado (arcaísmo).12-Albarda. Árganas. 13- Repostería. Despensa.

14-Adoquiera. Dondequiera. 15- Bene quidem (latinismo) muy bien, de acuerdo. 16-Cebolludo. Grueso, tosco. 17-Aguamanil. Vasija casera. 18-Pluguiere. Forma del verbo placer, subjuntivo, futuro, tercera persona. 19-Donaire.Dicho gracioso. 20-Melindrosa. Presuntuosa.

21-Melindre. Actuación con excesiva delicadeza y escrúpulo. 22-Deo gratia. A Dios gracia. 23-Truje. Traje, del verbo traer, pasado perfecto, indicativo, primera persona. 24-Plugo.Tercera persona, pretérito perfecto, verbo placer. Plació.

Del verbo placer, hay mucho más que decir en la próxima entrega.

 

13/11/2021

EL VERBO PLACER TIENE SUS COMPLEJIDADES

En la columna de la semana pasada del 31 de octubre de 2021 nos referimos a palabras arcaicas empleadas en nuestro cuento “De los sucesos gustosos que vivió don Quijote en Santo Domingo” y prometimos referirnos hoy a algunas formas del verbo /placer/ contenidas en esa obra.

Quizá no sobre recordar que la palabra /placer/ no es solamente un verbo, sinónimo de agradar, sino también un sustantivo. El Diccionario de la lengua española define ese sustantivo de este modo: Goce o disfrute físico o espiritual producido por la realización o la percepción de algo que gusta o se considera bueno.

Tres intervenciones de don Quijote en el cuento citado incluyen sendas formas del verbo placer, con diferencias de tiempo y de persona. A continuación, las frases que las contienen:

1-Plazca a Dios que vuestra merced comprenda que a ese tipo de venta me refiero y por demás que vuestra cortesanía sea suficiente para conducirme hasta ese lugar.

2- “Pero como ahora plugo a la Providencia grandísimo favor otorgarme, lo que queda por decir es: cuando te den vaquilla, corre con la soguilla”.

3-Lorenza, paréceme hermosa y acogedora la estancia, pero decidme, si a vuestra merced pluguiere, ¿es vuestra merced la dueña o es la ama de ella?

Plazca, plugo y pluguiere son formas del verbo placer. Plazca corresponde a la primera persona presente del modo subjuntivo. En el segundo caso, tenemos /plugo/ que funciona como tercera persona singular (él, ella) del pasado perfecto, el cual tiene otra forma de uso más generalizado: plació. (Plugo a mi padre que así fuera / Plació a mi padre que así fuera). El pronombre usted, aunque se trata de la segunda persona, requiere los verbos en tercera: Plació a usted la propuesta / Plugo a usted la propuesta.

En cuanto a la forma /pluguiere/corresponde a la tercera persona singular (él, ella), futuro, del modo subjuntivo que para el uso común es placiere, pero conserva este uso arcaizante. Lo mismo rige para el pronombre usted: Si a usted pluguiere o placiere…

Placer deriva del latín “placere”. Significa agradar o dar gusto. Está clasificado como intransitivo, lo cual se dice de los verbos que se construyen sin complemento directo; p. ej., nacer, morir, correr.

Placer es el modelo de conjugación de /complacer/: yo plazco (complazco), tú places (complaces), él plació (complació), él plugo (complugo).

Conjugación

  • Presente del indicativo: yo plazco, tú places, él place, nosotros placemos, vosotros placéis, ustedes placen, ellos placen.
  • Pretérito perfecto: yo plací, tú placiste, el plació o plugo, usted plació o plugo, nosotros placimos, vosotros placisteis, ustedes placieron, ellos placieron.
  • Pretérito perfecto compuesto: yo he placido, tú has placido…
  • Pretérito imperfecto: yo placía, tú placías, él placía, nosotros placíamos, vosotros placíais, ustedes placían, ellos placían.
  • Pretérito pluscuamperfecto: yo había placido…
  • Pretérito anterior: yo hube placido…
  • Futuro: yo placeré, placerás, placerá, placeremos, placeréis, placerán…
  • Futuro compuesto: yo habré placido, habrás placido, habrá placido…

.El modo subjuntivo. Presente: plazca, plazcas, plazca, plazcamos…

. Futuro subjuntivo: placiere, placieres, placiere o pluguiere, placiéremos, placiereis, placieren.

El intríngulis más palpable con este verbo es que la conjugación académica no va a la par con el uso. ¿Quién dice, por ejemplo, “Yo plací”? En la práctica asume las características de verbo pronominal, pues demanda pronombres reflexivos que concuerdan con el sujeto. Más varían los pronombres que las derivaciones verbales. Por ejemplo: Me place, te place, le place, nos place, os place, les place.

Placer tiene una gran competencia en el verbo gustar, que es transitivo: Me gusta tu libro. Quizá falte algo por agregar.

 

21/11/2021

LÍNEAS SOBRE EL ARTE DE ESCRIBIR

Hace poco tiempo sostuve un encuentro en la Casa de la Cultura de Higüey para hablar sobre el arte de escribir. Me ha parecido interesante compartir en esta columna el esquema que guio mi exposición. Aquí está:

1- ¿Qué quiero decir?  Es lo primero que debe preguntarse quien pretenda escribir. Con esta actividad, se busca expresar sentimientos y emociones. Transmitir ideas o argumentos que buscan convencer a los demás de que piensen como quien escribe o acepten sus planteamientos sobre determinado asunto.

2- ¿Cómo lo voy a decir? El escritor o aspirante a serlo, y solo él, sabrá la forma de escritura por la que habrá de optar: narrativa, dramática, poética o expositiva (ensayo, artículo, monografía).

3-Define tus propósitos. La forma se relaciona con los objetivos. Algunas ideas demandan ser expresadas en un poema, otras en una hoja volante o un comunicado.

4-Exponer. La exposición es la forma válida para instruir, enseñar, informar. Es la forma de los escritos didácticos, periodísticos y de todo escrito que procure explicar algo, como los prospectos que acompañan a los productos farmacéuticos o los discursos proclamados de toda tribuna.

5- Componer, describir y narrar. Se componen poemas, se describen lugares, cosas y personas, se narran hechos reales o imaginarios que constituyen materia prima de cuentos y novelas. Las tres acciones procuran deleitar, provocar el goce estético. Son indispensables para la escritura literaria.

6-Cual que sea la forma, el instrumento será la lengua. La clave esencial para escribir es construir bien cada oración. Agregar otras oraciones y así logramos los párrafos. Todo libro comienza con una oración. El énfasis debe estar en la sintaxis.

7-Escribir conlleva conocer su lengua. Claridad y orden son requisitos fundamentales. El escrito confuso no cumple su cometido: no informa ni instruye ni entretiene.

8-Ortografía. No es la condición principal de la escritura, pero la más visible. La falta ortográfica es a la escritura como las laceraciones de la piel al cuerpo humano. En tanto, la falta de claridad y orden (sintaxis) puede compararse con la insuficiencia de órganos vitales.

9-Posescritura. Revisión. Escribir a solas, revisar con otros. Un experto ha dicho que escribir es un proceso a puertas cerradas y revisar se hace a puertas abiertas. Quien escribe necesita que su texto sea revisado. Primero lo hace el autor hasta dar por terminada su obra, luego un corrector verá los errores que el autor no vio.

10-Escribir es producto del pensar, que es organizar las ideas. Demanda disciplina y dedicación. La escritura inicia con el pensar, del pensar surge el plan de trabajo.

11-Escribir puede tener aspecto utilitario y laboral (cartas, informes, seminarios, propuestas, reseñas…), reflexivo (artículo, ensayo), artístico (poemas, cuentos, novelas, dramaturgia…). Cada uno sabrá para qué quiere escribir. En cada caso se precisa cuidar la forma. Que lo escrito se ajuste al propósito.  Unos escritos serán objetivos y se circunscriben a la realidad, otros permiten la subjetividad, con la incursión de sentimientos y apreciaciones.

12-Escribir demanda leer, escuchar, asimilar.

Recomendaciones:

  1. a) Procurar la economía de palabras. Es señal de que se sabe escribir (ejemplo: En vez de “Se produjo una herida en el dedo pulgar de la mano derecha”, “Se hirió el pulgar derecho). Se le llama concisión.
  2. b) Precisión. Usar la palabra indicada para cada caso. Perro en vez de “unidad canina”; El hecho ocurrió en La Enea, Higüey, mejor que en la provincia Altagracia; Un obispo, mejor que un prelado católico.
  3. c) El escritor tiene que mirar a su entorno, ahí están los temas para escribir.
  4. d) Hay temas universales, pero en toda cultura serán tratados con particular enfoque.

De palabra en palabra

Por Roberto Guzmán

 

19/10/2021

CUIDO

“. . . es una cabeza con actitud, con muchísima pasión, empeño, calidad, CUIDO, amor”.

El Diccionario de la lengua española en su definición de cuido no ofrece sorpresa alguna, para comenzar asienta que es la, “Acción de cuidar”. Esa redacción es antigua y ha sido de uso continuado. No puede criticarse. Cuando amplía el concepto; esa corporación en su definición escribe, “especialmente de cosas materiales”.

Se ha traído este sustantivo a la atención del hablante de español dominicano y del lector interesado, porque en esta habla ese sustantivo recibe una utilización especial que es más especializada que la recibida en el habla general.

El habla de los dominicanos se empeña en establecer la diferencia que entiende que existe entre cuidado y cuido. El cuidado reviste características de atención con miras a prevenir. La mayoría de las veces se utiliza para advertir acerca de algo o alguien. El cuido también es atención continuada en la mente de este hablante de español.

En el cuido se reúnen las diligencias que se encaminan a proporcionar bienestar al objeto del cuido. Se torna en una actitud de una persona que busca un resultado en el objeto de su acción.

 

BRETERO

“. . . adquirieron fama de ser “algo” fantoches, BRETEROS o mete cuentos”.

La voz brete tiene una larga historia en la lengua española. Covarrubias entendía que era el potro en que se daba tormentos a los delincuentes. Metafóricamente pasó a significar “estrechez, aprieto”. Estas metáforas dieron lugar desde el año 1611 a las locuciones “meter a uno en un brete o estar metido en un brete”. Todavía en nuestros días brete conserva entre sus acepciones, “aprieto”; “prisión estrecha”.

El hablante de español dominicano casi no usa el sustantivo o adjetivo bretero en sus conversaciones. Esta voz procede del español propio de Cuba. Como otras tantas voces cubanas, esta llegó a conocimiento de los dominicanos gracias al constante y continuado trato entre los habitantes de estas dos islas. El bretero es la persona que provoca brete, es decir, que alborota. Además, es chanchullero.

En el habla de los dominicanos sí se usa la voz brete que se encuentra en el origen de la del título. En el habla dominicana el brete es, “desorden, confusión”. Estas equivalencias para la voz brete es la que consigna el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

En el citado diccionario figuran otras significaciones para la voz brete que son de uso en otros países de Hispanoamérica. El Diccionario del español dominicano (2013:106) es más fiel a los usos contemporáneos del español dominicano y por ello trae otras acepciones para brete, “agitación, ajetreo constante” y “discusión”.

La primera mención de una voz parecida a brete en un repertorio de voces dominicanas aparece en Criollismos de R. Brito (1930), donde se encuentra bréjete con la acepción primera de brete, “Desorden, tumulto, aprieto”.

Brete se halla por primera vez enumerado entre las voces del habla culta en El español en Santo Domingo (1940:59) en tanto “dificultad: estar en un brete”. En Dominicanismos de Patín Maceo está como “porfía, contienda de palabras”. Con una acepción muy parecida figura en el Diccionario de la Lengua Española, 2014, “Cuba. Discusión acalorada entre dos o más personas”.

Todavía en el año 1967, en De nuestro lenguaje y costumbres, pág.42, la voz inventariada es bréjete y allí se lee para el significado, “Chisme. Enredo”.

Brete y brégete se encuentran en el Diccionario de dominicanismos de Deive (2002:41); este investigador reconoce a brégete con el valor de “Discusión, riña, pendencia” y cita una frase que documenta el uso. La cita pertenece a una obra publicada en los años sesenta. Esta observación se introduce porque está escrita con letra ge /g/, brégete.

La primera mención en un repertorio americano de una voz parecida a brete es bregeta, que entre otras acepciones lleva la de “necedad, molestia”.Vocabulario de los provincialismos de Honduras (1897:23). Esta pudo quizás dar lugar a la aparición más tarde de brégete en el español dominicano, si se toma en cuenta la similitud entre esas dos voces.

La primera mención que se ha encontrado del brete y bretero cubanos están en el Nuevo cautaro de cubanismos (1923:90); ahí para brete puede leerse, “enredo, trastorno, alboroto”. Para la voz bretero D. Fernando Ortiz escribe, “El amigo de bretes, enredos, trastornos. Si los clásicos hicieron matrero, tretero y cuatrero, los cubanos hemos hecho un bretero de buena ley”.

El brete cubano no permaneció sin cambios, pues en el Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-I-177) es, “Noticia, verdadera o falsa, que da origen a una situación confusa y desagradable”. En su segunda acepción es, “Discusión acalorada entre dos o más personas”. El bretero es, “Persona muy dada a la discusión”. “Persona dispuesta a participar en cualquier actividad por curiosidad o esnobismo”. Mediante la lectura de estas acepciones puede observarse el movimiento del uso.

En el habla en Venezuela brete comparte con el habla dominicana la acepción de “agitación, ajetreo incesante”. Allí existe brejetería y brejetero.

 

26/10/2021

RADIOBEMBA

“. . . las informaciones falsas estuvieron manejadas por RADIOBEMBA”.

Este nombre femenino es graciosísimo. Llama la atención de los hablantes de lengua extranjera tan pronto logran entender la formación. Los hablantes de variedades de español diferentes de los países donde se usa esta voz muestran sorpresa e interés al descubrir la existencia de la voz del título.

La voz radiobemba quizás nació solo como una forma hilarante de llamar los rumores. Está formada de dos voces de orígenes diferentes. La voz radio que es componente en esta voz procede del aparato de telecomunicaciones que recibe y transmite mensajes a través de las ondas hertzianas. La segunda parte, bemba, es el labio prominente que suelen tener algunos animales y que denomina también por extensión el de algunas personas.

En la actualidad más que el rumor, noticia o comentario, radiobemba es la manera en que se propagan esas informaciones no confirmadas. Cuando la voz incursionó en el habla fue porque iba de “boca en boca” y se esparcía con inesperada rapidez. A pesar de los avances tecnológicos radiobemba no ha perdido el poder de difusión; lo que ha hecho es incorporar los nuevos medios a su modo de operar.

Con el paso del tiempo radiobemba no es solo rumor, es también una forma de detractar. Cuando no llega al grado de detractar algo o a alguien, sirve para sembrar dudas con respecto a la respetabilidad de una persona o a las intenciones de una decisión.

Radiobemba entró en el diccionario oficial de la lengua en la edición del año 2014. En la edición impresa la voz radiobemba envía a consultar la voz radio para encontrar allí su acepción.

El Diccionario de la lengua española escribe que la voz radiobemba se usa en Panamá, Cuba y República Dominicana. Es muy posible que la voz haya nacido en Cuba y que de allí pasara a República Dominicana. Esto así porque los cubanos son muy conocidos por su capacidad inventiva para crear y divulgar nuevas voces con carácter jocoso para designar hechos serios de la vida diaria.

La primera mención que se ha encontrado de la voz estudiada aquí figura en el Diccionario de cubanismos (1972:168) donde aparece escrito radio-bemba, “Sistema de difusión oral de noticias y rumores”. El Diccionario mayor de cubanismos (1999:587) asienta que radiobemba se usa para designar a la persona chismosa; así como al rumor mismo. En el Diccionario del español de Cuba (2000:449) se entiende que radiobemba, “Se usa para referirse a una fuente de información que difunde noticias no oficiales o rumores no comprobados”.

Ya en el Diccionario de hispanoamericanismos (1997:390) se indicaba que la voz en cuestión se usaba para “rumor, chisme; chismoso”. Ese diccionario añadió a Costa Rica a la lista anterior, pero dejó fuera a República Dominicana. Trae citas documentales de uso en literatura de autores cubano y panameño.

Aunque la voz radiobemba es de uso en el habla dominicana, el reconocimiento oficial tardó en aparecer, pues la primera mención encontrada corresponde al Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:331), “Es la noticia que corre de boca en boca en un barrio o en un pueblo. Se utiliza para identificar o nombrar una conducta relacionada con chismes y rumores políticos”. En el Diccionario de dominicanismos (2010:190) el autor reproduce lo copiado más arriba del Diccionario de cubanismos de 1972 y menciona la fuente.

El Diccionario del español dominicano (2013:584) solo asienta la escritura “radio bemba” como locución sustantiva. En la primera acepción es la, “Persona o cualquier otra fuente que difunde rumores y chismes con rapidez”. La segunda acepción es, “Información que se difunde mediante rumores”. Se ha observado que radiobemba ha dejado de usarse con propósitos humorísticos y que cada vez más se toma en serio como medio de difusión que infunde temor.

 

BEIGE

“El traje BEIGE de Biden. . .”

La paleta de los pintores es capaz de crear matices, tonalidades y colores sin fin. Las personas que no son versadas en los menesteres de los colores pueden distinguir pocos colores. Hasta puede decirse que son incapaces de notar las diferencias entre algunos colores si no los ven unos junto a otros.

Este color, beige, con este nombre fue desconocido durante largo tiempo en la lengua española. El uso (la imitación) lo impuso en la edición del año 1992, año de celebración del gran encuentro de civilizaciones. En ese año entró con la acepción “marrón claro”; esto es, apoyándose en otra palabra que como beige procede del francés, color el último que permaneció largo tiempo fuera del diccionario oficial porque se prefería llamarlo castaño.

El color beige es conocido con ese nombre en inglés y portugués brasileño. En italiano también usan la palabra para el color. Cortellazo- Zolli,Dizionario etimologico della lingua italiana (1984-I-128).

Aunque no sea todo lo exacto que podría desearse, el hablante dominicano hace tiempo que resolvió el asunto llamando este color “crema”, que en el diccionario oficial de la lengua se entiende que es un “blanco amarillento”. Como dice el chusco, este crema depende del color de donde se extrae o reduce.

Los diccionarios de todas las lenguas consultadas registran que es de origen obscuro, a pesar de que existen varias teorías. Los franceses dicen que se desprendió de otra palabra más larga del italiano, bombagia. En su origen designaba el color de la lana natural, de un gris amarillento. Hay tratadistas que consideran que el color, marrón pálido, era el color natural del algodón y la lana. La lengua inglesa ha documentado la entrada de la palabra en el año 1858. Los hablantes de portugués brasileño arreglaron a su manera la grafíabege.

Con este color ha sucedido lo mismo que ha pasado con el caqui. No se encuentra ya en estado puro. Le añaden otros tintes al beige básico que desnaturalizan el color y los legos no pueden discernir qué clase de color representa el beige natural.

 

 

 

2/10/2021

CHERCHA

“. . . fue elaborado y aprobado en medio de una CHERCHA mediocre. . .”

El vocablo chercha es uno, pero el colorido se lo añade cada una de las hablas donde se usa. Las distancias entre los sentidos que lleva el vocablo en los distintos países no son enormes. El hablante de cada uno de esos países le ha imprimido unas pinceladas de tinte nacional que representa la idiosincrasia propia del hablante. Lo que acaba de describirse a grandes rasgos se analizará más abajo.

La palabra del título consta en el diccionario académico desde por lo menos la edición de 1947. La acepción en esa edición de ese diccionario era, para Honduras, chacota. Para Venezuela, burla, zumba. El vocablo no figuraba en la edición de 1914.

La primera mención de chercha en una obra acerca de voces particulares a un país se remonta a Hondureñismos, vocabulario de provincialismos de Honduras (1897:49), “Charla de la gente del pueblo”. El significado de la palabra no ha permanecido inmune al paso del tiempo y al uso constante; hace unos años pasó en Honduras a tomársela por, “Burla o broma en medio de alegría y carcajada, es lo mismo que chacota”; esto es, añadió la bulla al grupo de personas. Diccionario de hondureñismos (2013:45). Otros rasgos sumados son, “celebración, intrascendencia de la conversación”; por último, se asimiló a “mentira”. En Panamá se han conformado con mantener la palabra dentro de los límites de, “broma, burla”.

En el primer párrafo se expresó que cada país había contribuido a dejar su huella en el significado de chercha a través del uso. Los dominicanos, en su habla, a las características anteriores agregaron a la palabra la sinonimia “juerga, jolgorio”. La chercha es una “reunión de personas parlanchinas y bulliciosas”. Con esto se incorpora el rasgo de conversaciones largas entre varias personas.

A todo lo anterior los venezolanos en su habla añadieron “risas” que se interpreta en tanto manifestación de la alegría expuesta en otras hablas. Diccionario de venezolanismos (1983-I-336). Otra cualidad que aparece en esa habla sobre la broma o burla, “se le hace a una persona”. Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:164).

Por medio del examen precedente puede comprobarse la forma en que las hablas y el tiempo han influido en el concepto que se tiene de una palabra, chercha, que generalmente se la tiene por intrascendente. A pesar de esos retoques al concepto de la palabra, esta ha permanecido con su definición centrada en los mismos límites.

Antes de concluir con el tema de la chercha se desea exponer una idea acerca del origen del sustantivo chercha y el verbo cherchar. Se piensa que puede tener origen onomatopéyico. En inglés, por ejemplo, existe chitchat, (aquí piénsese en cher-cha) para conversaciones sin importancia. El francés tiene varias palabras por ese estilo, chuchote, es una de ellas. El nombre chercha pudo ser retenido por el hablante por el sonido de la continuada conversación; sobre todo, cuando al principio la definición no incluía el ruido y todo lo demás que se sumó más tarde. Esto es solo una idea y no tiene más fundamento que lo expuesto más arriba.

 

AMARRE

“. . . donde sus miembros sean elegidos por el sufragio puede garantizar sin AMARRES politiqueros. . .”

En el español de la actualidad hay más de un amarre; esto es, hay varios amarres que dependen del entorno en que se utiliza el vocablo. El verbo del español y del portugués guardan estrecha relación con la lengua francesa. No hay que dudar que la frecuencia del verbo en el habla de los dominicanos se vincule con el léxico de la marinería.

La preponderancia del verbo y sus derivados no es asunto reciente. Este verbo arrinconó los demás verbos del español que tienen un significado semejante, tales como atar, ligar, sujetar.

El verbo amarrar llegó al español desde el francés amarrer. En francés el verbo solo tiene uso náutico. El verbo amarrar entró en español a mediados del siglo XV. Derivados de este verbo son, amarra, amarradero, amarre. En portugués J. P. Machado entiende que a esa lengua llegó en el siglo XIV; trae la cita de la época. Dicionário etimológico da língua portuguesa (1967-I-224).

Se escribió más arriba que el verbo y varios de sus derivados tienen relación directa con la marinería. No debe pensarse que todos los pasajeros que llegaron en las primeros viajes al Nuevo Mundo eran marineros. No lo eran, pero a pesar de eso no puede olvidarse que la travesía duraba alrededor de cuarenta y cinco días.

Las naves que surcaban el Atlántico no eran tan cómodas como las modernas. Los pasajeros se veían en la obligación de reunirse por motivo del escaso espacio, así como por las incomodidades propias del viaje. Durante ese tiempo, forzadospor las circunstancias los pasajeros se familiarizaban con el léxico de la marinería. Una vez en tierra usaban esos términos en sus actividades cotidianas.

Las pruebas de lo anterior las documenta Boyd-Bowman quien trae citas del uso de los vocablos amarre y amarrar en el siglo XVI en diferentes puntos de América, sitios localizados en lo que hoy son, Chile, Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela. Léxico hispanoamericano del siglo XVI (1972:55).

Esteban Pichardo escribe acerca del verbo amarrar, “Este verbo está tan generalizado que ha dejado sin uso el de Atar; no así el compuesto Desatar”. Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:51). Más adelante ese estudioso escribe que de modo metafórico es “preparar o disponer algún convenio o hecho futuro de manera que el éxito sea infalible”. Esa operación define muy bien el concepto moderno del amarre; aunque en el lenguaje moderno convive con el sustantivo cierre. Este último empujado por el inglés closing.

En la cita ilustrativa del uso, “amarre” se utiliza en sentido metafórico, con un rasgo de algo que se hace a escondidas o de modo subrepticio. Este uso coincide con la acepción recogida en el Diccionario de americanismos (2010), “Acordar con engaño o artificio algo dos o más personas o entidades, en especial un contrato o una licitación”.

A través de la historia el verbo ha aumentado sus acepciones. En América se han creado otras y el habla dominicana sumó alguna. En esta habla amarrarse es casarse. El Diccionario de americanismos trae la información de que en esta habla vale también para embriagarse.

 

9/11/2021

JURUNGAR
“… sino que saldrá de nuestros bolsillos, ya rotos, y cansados de tanto JURUNGARLOS”.

El verbo jurungar procede de las hablas dominicana y venezolana. De este modo lo reconoce el Diccionario de la lengua española cuando asentó esta voz en calidad de propia de los dos países cuyas hablas se mentaron más arriba. El reconocimiento antes señalado se produjo en la edición del año 2001.

Las fuentes bibliográficas apuntan en la dirección de una aparición relativamente reciente para el verbo jurungar en el habla dominicana. Esto inclina a hacer pensar que el origen del verbo se produjo en Venezuela, por lo menos con esta grafía.

La primera noticia del verbo escrito jurungar en un repertorio de voces propias del habla dominicana se encuentra en Del vocabulario dominicano de D. Emilio Rodríguez Demorizi, “Jurungar. Embromar. Punzar. Meter un dedo o algo en una cavidad. Molestar. Pinchar”. (1983:143).

Con anterioridad a esta cita hubo alguna noticia acerca de jurungal con un verbo como sinónimo o equivalente, pinchar. Así se halla en Criollismos de Rafael Brito. Llama la atención que este autor haya escrito jurungal, con una letra ele /l/ al final, si se toma en cuenta que su fuente principal de voces vernáculas procede de la región del Cibao, donde la terminación sería otra y no ele /l/. En esa obra Brito en varias ocasiones presenta las palabras escritas de la forma en que la pronunciaban los lugareños del Cibao, con la letra /i/ en lugar de la erre /r/.

Hay que destacar el tiempo transcurrido entre la primera mención de una voz parecida al verbo y la aparición del verbo mismo en un repertorio de voces.

A don Ángel Rosenblat el origen de la palabra le parece indudable “. . . jurungar se formó por cruce de dos verbos: jurgar (hurgar) y jeringar”. La primera mención escrita de este verbo la encontró este investigador en un escrito del año 1859, escrito jorungar, con el valor de escarbar. Unas líneas más adelante, escribe, “. . . en Venezuela, las Antillas, América Central. . . es frecuente que se emplee. . . “no se la jurungue” [la nariz]. Buenas y malas palabras 1974-II-41). Para “introducirse los dedos en las fosas nasales”, es como el autor de estos comentarios recuerda haber oído en su niñez por primera vez el verbo jurungar.

Como es natural que ocurra en casos como este, una palabra que cobra vigencia en el habla tiende a ampliar su ámbito semántico, porque el hablante, o los hablantes, usan la voz aunque no sepan con exactitud el campo específico que cubre.

En Venezuela en el año 1977 ya se utilizaba la voz en cuestión con el valor de, “hostilizar, molestar, provocar la ira de alguien”. Léxico popular venezolano (1977:189).

En los predios rurales la voz pasó a significar “Escarbar. Provocar a alguien”. Ahí está la palabra del campo, escarbar; junto con la idea de pinchar, punchar, pero en sentido figurado, en tanto acción ejercida pero no físicamente. Cuando el verbo del título sentó reales en el ámbito citadino y por ende culto, la acepción tomó rumbo más elevado, “Hurgar, revolver, escarbar”. Este valor se documentó ya en el año 1912. Diccionario de venezolanismos (1993-II-37).

Más adelante en la lexicografía venezolana registró acepciones insospechadas cuando llegó a “Registrar por curiosidad los objetos de otra persona”. En sentido figurado alcanzó a tipificar, “Investigar algún asunto”. Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:290).

En el habla de la República Dominicana el verbo jurungar adquirió acepciones desconocidas en otros países. “Estropear algo con lo que se ha estado operando. Maniobrar repetidamente con una cosa. Estropearse un aparato o maquinaria”. Llama la atención la proyección del verbo hacia estropear y maniobrar. En estos casos se produjo un salto que solo el tiempo, la distancia, el medio social y el uso en diferentes circunstancias pueden explicar. Diccionario del español dominicano (2013:400).

 

LECHÓN

“Hay que celebrar que los LECHONES de Santiago no son. . .”

Lechones es el plural de lechón. El lechón es un cochinillo que todavía mama. De allí le llega el nombre lechón, pues mama leche. El cerdo tiene fama de ser un animal sucio (cochino), de donde por extensión se califica con este adjetivo a la persona puerca, desaseada. También se usa la palabra lechón en funciones de nombre para el cerdo macho sin importar la edad de este.

Luego de esa entrada obligatoria hay que enfocarse en el lechón de Santiago de República Dominicana. En esa ciudad casi siempre se usa el nombre en plural, “lechones de Santiago”.

Los lechones de Santiago son las “máscaras que acuden al desfile de carnaval vestidos de diablos”. Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:222). Este disfraz casi siempre lleva cuernos (cachos) añadidos a la careta, sobre la frente o la cabeza, porque así era la representación del diablo. En el caso del “Baile de lechones”, en lugar de disfraz de diablo llevan caretas (máscaras) de lechón.

En Santo Domingo, la capital, se llama “diablo cojuelo” al personaje disfrazado que en Santiago se denomina Lechón. Es posible que esta diferencia entre los nombres nunca sea bien explicada, sobre todo por sus motivos. En Montecristi a los personajes disfrazados del período de carnaval llaman de “toros”.

En los últimos tiempos se ha propagado la costumbre de llamar diablo a todos los personajes disfrazados con trajes llamativos y máscaras elaboradas; sobre todo si llevan cuernos y látigo.

 

CHÁCHARA

“. . . la movilidad en el Gran Santo Domingo no es para CHÁCHARAS. . .”

En verdad, en verdad os digo. . . este vocablo del título se incluye en esta columna para aprovechar y tratar el tema de la onomatopeya y el uso de esta en el español dominicano.

Cháchara es palabra de raíz onomatopéyica romance klakk- “charla”.

Para el objeto de esta exposición solo se insistirá sobre la significación “conversación frívola”. Al español llegó del italiano chiàcchiera que en esa lengua era “conversación sin objeto y por mero pasatiempo”. En italiano tienen un verbo para el ejercicio de esta acción, chiachieràre. Al pasar al español pasó con el sonido de /ch/ y no de /k/ como correspondía por el origen.

En portugués J. P. Machado sostiene que cháchara llega a esa lengua desde el español y tiene “etimología obscura” y alude a A. Nascentes que escribe, “El español tiene cháchara que la Academia Española y M. Lübke consideran vocablo onomatopéyico”. [No obstante] L. Erguilaz da un étimo árabe, con significado de “ruido tumulto”. (Versiones españolas de RG).

La onomatopeya alude a la relación existente entre la cosa que se designa y el sonido de la cosa, al ruido, o voces en el caso de algunos animales con la unidad léxica que se crea para imitarlos. La imitación del sonido se hará de acuerdo con los parámetros de la lengua en cuestión.

La representación de algunos sonidos (onomatopeya) cuenta con la aceptación de los segmentos cultos de los hablantes. Esto no es objeción para que en algunas hablas se sientan con derecho de imitar el sonido a su manera. Es clásica en lingüística la diferencia en la representación de los sonidos de los animales en distintas lenguas por las diferencias que estas arrojan.

Los dominicanos para referirse al sancocho que hierve lo hacen diciendo, plopló. El sonido de un disparo de arma de fuego es tituá. Para dar a entender que algo sucede de modo súbito, ¡rián! Pimpán para el golpe propinado, tras, para el desgarre de una tela; tóquiti para el golpe accidental, especialmente si se recibe en la cabeza. Curcur o culcul, para líquido ingerido con rapidez. ¡Fua!, se fue la luz. Algunas de estas onomatopeyas se tomaron de Retablo de costumbres dominicanas (1991:146).

Una vez que estos sonidos se integran en la lengua en cuestión pueden conducirse como palabras, aceptan el plural, por ejemplo. En algunas lenguas pueden dar lugar a verbos. Se piensa que la lengua que crea onomatopeyas con mayor facilidad es el inglés.

 

16/11/2021

MOJIGANGA

“. . . así como acabar con la MOJIGANGA que. . .”

El vocablo del título no lo crearon los dominicanos. Lo que sí han hecho los hablantes de español dominicano es añadir nuevas acepciones a este vocablo.

La palabra mojiganga comenzó en español conocida por boxiganga. No hay que sorprenderse por el cambio experimentado. Recuérdese que la letra jota /j/ no existía todavía a principios del siglo XVII. En el siglo XVIII se conservó el nombre mojiganga solamente en sentido figurado para “farsa, cosa ridícula con que parece que uno se burla de otro”. La palabra del español pasó al catalán y al portugués.

En el Diccionario de autoridades (1732-II-587) aparece escrito mojiganga con la acepción copiada más arriba. Allí se añade, “Fiesta pública que se hace con varios disfraces ridículos, enmascarados los hombres. . .” (Versión moderna RG).

En el español dominicano el reconocimiento de la palabra estudiada aquí se produjo en el año 1940 cuando P. Henríquez Ureña la escribió en plural, mojigangas, con el sentido de “máscaras”; este estudioso agregó, Por extensión, ‘ridiculeces, tonterías, ficciones’. D. Pedro menciona además el verbo “mojiganguear” al que identifica como juguetear.

Cuando Patín Maceo se ocupó de las palabras mojiganga y mojigangas; para la primera la trata de “Barbarismo por máscara”. Trae la locución Estar de mojiganga con el sentido de “Estar en ridiculez”. Para el plural mojigangas, asienta, “Gestos, ademanes, bravatas”.

No hay que olvidar que la semilla de la acepción de la máscara dominicana para mojiganga apareció en el Diccionario de autoridades, con las palabras “disfraces, enmascarados”. En De nuestro lenguaje y costumbres (1967:63) la mojiganga aparece tipificada por, “Algo que hace de hazmerreír”.

Al leer estas significaciones recogidas en el habla para la palabra mojiganga, eso permite que el lector comience a hacerse una idea de la vía por la que se encamina el habla dominicana con respecto a la palabra. Hay que resaltar que en las acepciones que presenta el diccionario oficial de la lengua española el acento está colocado todavía sobre los disfraces y la acción burlona y la obra teatral breve.

El hablante americano de español en México, Panamá y Honduras retuvo el rasgo del disfraz ridículo y el entorno de la fiesta para su mojiganga que es una figura gigante de madera y trapos en las festividades.

El hablante dominicano hizo de mojiganga, “Persona que es objeto de burla o sirve de diversión a otras”. Así mismo usa mojiganga para referirse a, “Falta de seriedad y orden”. Aunque no se ha encontrado en los lexicones, se ha oído y usado mojiganga para calificar a una persona de poca o ninguna valía. Expresarse diciendo que una persona es un o una mojiganga es hacerlo de modo despectivo. Se ha oído decir que un hombre es un mojiganga, sobre todo cuando la compañera de vida es quien lleva la voz cantante.

La palabra mojiganga ha dado pie a varias locuciones bien acreditadas por el uso.En el habla dominicana, “coger de mojiganga, estar de mojiganga, poner de mojiganga, ponerse de mojiganga”. La nota en estas locuciones va de la mofa, a la ridiculez, hasta someter a una persona a la voluntad y capricho de otra.

Puede afirmarse sin riesgo a equivocación que mojiganga ya no se usa para máscara. Si va vestido de manera extravagante puede que se diga que esa persona es o parece una mojiganga. La persona de quien se dice que es mojigangosa es la que presenta características de ridiculez.

Como la palabra ha rodado en el habla americana, no podía faltar alguien que procurara encontrarle un origen diferente al peninsular. D. Fernando Ortiz va a las lenguas bantúes y explica que el brujo nga, nganga vestía de forma ridícula y extravagante, colores chillones, máscara, campanillas y cencerros. Él entiende que de estos personajes sacó el español la mojiganga del teatro. El citado autor trae en auxilio de su teoría abundante material. Glosario de afronegrismos (1924:322-6).  El Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico alude a Ortiz, pero descarta sus teorías.

 

ENTREJUNTA

“Los que dicen poner candados se conforman con que la puerta esté ENTREJUNTA. . .”

La búsqueda que se ha emprendido para dar con las menciones de la palabra del título en diccionarios de la lengua general no ha sido productiva.

La primera mención de la palabra entrejunta en un lexicón aparece en el Diccionario de americanismos (2010) de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Allí se atribuye su uso al habla cubana.

Algo curioso es que al repasar los lexicones de habla cubana no se encontró rastro de esta. La misma tarea se acometió entre los repertorios de habla dominicana. La primera mención del adjetivo “entrejunta” se encontró en el Diccionario del español dominicano (2013:291).

El autor de estos comentarios acerca de la lengua recuerda el uso de la palabra desde los años de su juventud cuando era un adolescente hace más de sesenta años. En el habla familiar se usaba para pedir a alguien que no cerrara completamente una puerta.

El español general conoce el verbo entornar que deriva en el adjetivo entornado, a para “Volver la puerta o la ventana sin cerrarla del todo”.

Es pertinente llegado a este punto hacerse la pregunta acerca de si usar una composición semejante, entrejunta, es acertada para expresar dejar una puerta o una ventana sin cerrarla del todo.

Al revisar el Diccionario de la lengua española, es decir, el de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se encuentra que “entre” puede servir para mentar “Situación en medio de dos o más cosas” o “estado intermedio”. Con respecto del verbo “juntar” este comunica “entornar, cerrar una puerta o una ventana sin echar llave o pestillo”.

Así, ya no cabe sorpresa de que los hablantes de español de Cuba y República Dominicana recurran a entrejuntar para, “Referido a una puerta o ventana, que no está cerrada del todo”.

Si se toma en consideración lo escrito más arriba con respecto a encontrar el vocablo en los lexicones cubanos, esto mueve a pensar que no es un uso antiguo, o, es de uso esporádico. Esa consideración puede aplicarse también a la República Dominicana.

 

Temas idiomáticos

02/11/2021

COMPAÑEROS DE CAMINO

Dice el Diccionario de la lengua española que una estatua es una ‘obra de escultura labrada a imitación del natural’. Los que gustamos de pasear nos topamos con estatuas de personajes ilustres, o no tanto, de los que muchas veces desconocemos casi todo.

En estos días he recorrido las calles de la ciudad española de Salamanca y he disfrutado en cada recodo de un encuentro con poetas, novelistas y personajes literarios con un vínculo especial con la ciudad; santa Teresa de Jesús, frente a su casa salmantina; san Juan de la Cruz, junto al convento donde vivió; Luis de Góngora, estudiante en la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas del mundo; fray Luis de León, siempre frente a su pórtico plateresco, cerca del aula donde impartió docencia y a donde regresó, con su inolvidable «decíamos ayer», luego de su cautiverio por la Inquisición.

Tomamos un descanso junto a la novelista Carmen Martín Gaite, cerca de su casa natal, o un café en su mesa habitual del Novelty con el narrador Gonzalo Torrente Ballester; nos emocionamos ante Miguel de Unamuno frente a la casa donde cerró los ojos definitivamente al horror que se avecinaba.

Los personajes literarios también se han adueñado de rincones acogedores. La Celestina nos recibe en un umbrío jardín asomado sobre la muralla, que nos transporta a un imaginario huerto de Calisto y Melibea, no en vano Fernando de Rojas, el autor de la Tragicomedia, fue estudiante en Salamanca; cerca de allí, por las orillas del Tormes, Lázaro parece acercarse al verraco con el que pronto su amo le enseñará la dureza del mundo.

La literatura puebla las calles y se convierte en un aliciente más, no solo para el agotador figureo en Instagram, sino para interesarnos por creadores y creaturas. 

09/11/2021

UN SIGNO VERSÁTIL

Unas semanas atrás anticipábamos la utilidad de los signos de puntuación hablando de los dos puntos (:). La duda más recurrente se refiere a la escritura de la palabra que sigue a los dos puntos: ¿mayúscula o minúscula?

Repasémoslo mientras aprendemos los usos de los dos puntos. Se escribe con minúscula la primera palabra de la enumeración o expresión que hemos anticipado con el signo. Lo planeamos así: mañana de playa, tarde de lectura. Para participar solo tienen que venir preparados: libro, toalla y ganas de disfrutar.

Entre las funciones de los dos puntos está conectar dos oraciones que se relacionan entre sí con un vínculo de dependencia. En esto se parecen al punto y coma (;) y pueden alternar con él a gusto del que escribe. La Ortografía de la lengua española habla de cuatro relaciones expresadas por este signo; en todos estos casos, después debemos escribir en minúscula.

Podemos expresar una relación causa-efecto: Se presentó tarde y malhumorado: no lo vuelvo a invitar. Este signo nos permite además establecer que lo expresado tras los dos puntos se considera una conclusión o un resumen de lo anterior: La playa estaba desierta y el mar en calma: fue una mañana preciosa. Recurrimos a ellos cuando se trata de explicar o a detallar lo que hemos expresado antes: La tarde fue inolvidable: alrededor de un buen café leímos y hablamos de libros. Por último, podemos indicar con ellos una relación de oposición: No fue un día cualquiera: fue un día perfecto.

Con todo esto no se agotan las posibilidades que nos brindan los dos puntos: son un signo versátil que conviene aprender a manejar bien. ¿Me acompañan a hacerlo?

16/11/2021

PALABRAS Y PENSAMIENTOS

No se confundan: el objetivo primero de la escritura no es escribir bien. El objetivo de la escritura es propiciar que el lector entienda lo que el que escribe quiere decir. Por eso, nunca están de más los signos de puntuación que, con su versatilidad, nos ofrecen un sinfín de posibilidades para expresar con claridad las relaciones que se establecen entre nuestras frases.

Los dos puntos son un buen ejemplo; como protagonistas de un melodrama ortográfico, casi siempre menospreciados, están dispuestos a destaparse y a demostrarnos su valía. ¿Qué haríamos sin ellos cuando necesitamos introducir literalmente en nuestro texto palabras o pensamientos? Es lo que conocemos como discurso directo. Se sirve principalmente de los dos puntos como signo de puntuación y, en general, de un verbo de lengua o de pensamiento. En la variedad y la propiedad está el gusto; elijan entre los muchos que nos proporciona la lengua el que más se ajuste a sus necesidades expresivas: decir, expresar, manifestar, repetir, declarar, opinar, describir, exponer, explicar, preguntar, inquirir, responder, contestar, refutar, pensar, reflexionar, etc.

Mediante discurso directo incluimos en lo escrito las citas literales que reproducen textualmente las palabras de alguien: Así lo aconsejaba don Quijote: «Anda despacio; habla con reposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala». También los pensamientos: Cerró el libro y pensó: «Debí decidirme antes a leer el Quijote». Las palabras o pensamientos que reproducimos deben aparecer entrecomilladas y, por supuesto, las comillas deben ser angulares.

Ya habrán notado en los ejemplos que, en estos contextos, siempre escribimos con inicial mayúscula la palabra que sucede a los dos puntos. Hasta aquí, un apunte de lo que debemos hacer; la semana que viene, un apunte de lo que debemos dejar de hacer.