En la voz del silencio de Jit Manuel Castillo

Por Luis Quezada

 

Un estudio de su poesía a la luz de

la teología y la mística

 

Teología mística en la lírica de fray Jit Manuel Castillo de la Cruz, ofm.

 

Augurio

de una Palabra

que se resiste al silencio;

metáfora de la Luz

donde muere El poema

Con esta estrofa, cierra Yit Manuel Castillo de la Cruz, poeta místico de la Orden de los Frailes Menores (OFM), su poemario “EN LA VOZ DEL SILENCIO”, compuesto por 75 poemas, de los cuales el último da el nombre a su libro.

Un epígrafe de Octavio Paz, acompaña a este poema 75 de la obra en cuestión: “Damos vueltas en el vientre animal, en el vientre espiritual, en el vientre temporal. Encontrar la salida: el poema” (Octavio Paz, Hacia el poema).

Bruno Rosario Candelier, en su emblemática obra “La dolencia divina” (Pág.309) califica a Yit Manuel Castillo de la Cruz como “un genuino poeta” y “un auténtico místico”.

Como buen franciscano, dedica su obra “a San Francisco de Asís, con infinita gratitud, mi más auténtico Maestro en este itinerario espiritual, que va desde Ti hasta Ti: “Mi Dios y mi Todo” (Pág.19).

Esta obra de Yit Manuel Castillo de la Cruz fue merecedora del Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña de Henríquez 2018, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana.

Jit es autor de varias obras, pero desde mi óptica teológica, el trabajo de mayor envergadura es “La interculturalidad, un nuevo paradigma de evangelización” con un subtítulo provocador: “para un mundo postmoderno, plural y multiétnico”. Pero, “En la voz del silencio” constituye sin dudas, su mayor aporte como poeta místico. Entremos, pues en materia, desentrañando esta cantera místico-poética.

 

  1. El poeta siempre habla y utiliza la palabra porque viene primero del silencio:

“Vengo de vuelta del silencio” (Alborada, 97)

 

  1. Toda poesía es testimonio de un viaje del poeta hacia el interior de si mismo, donde el que entra no es el mismo cuando sale:

“Doy testimonio de mi;

quien entró al umbral del ocaso

no es el mismo que sale.  (Crepúsculo, 96)

 

  1. Ese viaje interior, enciende la vida de tal manera, que uno se transforma afectivamente y queda mudo, pues sobra la palabra:

Como la lumbre en la hoguera

me transfiguré en caricia

y he quedado sin palabras”. (Crepúsculo, 96)

 

  1. El poeta que viaja interiormente y se encuentra con el Absoluto, vive una experiencia mística que el poeta solamente puede traducir con esta expresión lírica:

“…ver mi rostro en Tus ojos” (Ocaso, 95)

 

  1. Hay un dilema en el poeta; el vive y habla por la palabra, pero cuando viaja profundamente por su interior y descubre lo inefable, lo único que puede hablar es el silencio:

“Mi mudez

no es el silencio cómplice

que se complace en el mal

ni el indiferente

de quien ya no se irrita…

 

  1. ¿Por qué callar?, titula Yit su poema 71 y responde en su última estrofa:

Porque me sobran las palabras;

lloro junto a Ti tu partida

y callo por respeto a Tu amor.

 

  1. La experiencia mística que experimenta el contemplativo no es permanente, sino variable, fluctuante, viene y se va; entra y sale; aparece y desaparece. El poeta lo expresa hermosamente:

“Como la ola

entre el mar y la arena

viene y se va sin motivo

así eres Tú:

te vas sin razón alguna

y así sin razón

es también como vuelves”.

 

  1. Queda pues, en el místico una “añoranza”, que hace sentir todo lo que mira, observa, toca y palpa, hasta el punto de que aquello que es pura materia inerte, le hace expresar un hálito de espíritu:

“Si cuando miras las piedras

les tiembla el corazón” (Añoranza,92)

 

  1. Por eso, para el poeta místico, todo su cantar es silente, aunque de vez en cuando lo balbuce con palabras, pues ante la voz de la palabra, él sabe que le gana en profundidad:

En el mudo silencio

de mi espacio vacío

te encuentro

sembrado en Ti

también soy la LUZ

aunque parezca Tu sombra

 

 

 

  1. Jit describe hermosamente su camino interior como un “viaje al abismo” en su hermoso poema 67, inspirado en una rúbrica del maestro Eckhart:

Quemo las naves de moradas y certezas…

Viajo al abismo sin formas…

 

  1. Y al final de este poema, traduce la experiencia que le pone en aquella encrucijada de la poeta mística cuando decía “vivo sin vivir en mi/ y tan alta vida espero/ que muero porque no muero”. Yit lo expresa a su manera:

Experimento cuanto somos

en el lento fluir de la vida

al hilo de la muerte

 

  1. El dilema del poeta místico es este:

De una Palabra

Que se resiste al silencio;

Y de un silencio que evoca una palabra que le exprese.

 

  1. ¿Por qué este callar de aquel que tiene el talento para hablar, para expresar la palabra? Yit lo expresa así:

“En el mudo silencio

de mi espacio vacío

te encuentro (Sin Palabras, 91)

 

  1. Y añade que la experiencia mística lo enraiza de tal manera en el Amado, que logra proyectarlo a pesar de sus limitaciones:

“sembrado en Ti

también soy la LUZ

aunque parezca Tu sombra” (Sin Palabras, 91)

 

  1. El poeta que es místico o el místico que es poeta, hace un viaje al Abismo, quema las naves de sus moradas y certezas, viaja hacia lo profundo del ser y experimenta algo insondable, al filo de la vida y la muerte:

“Quemo las naves de moradas y certeza

en un éxodo irreversible…

Viajo al abismo sin forma…

Experimento cuanto somos

en el lento fluir de la via

al hilo de la muerte”… (Viaje al Abismo, 90)

 

  1. Por vivir al filo de la mística, el poeta percibe cada vez más que su palabra, que por su propia textura es rebelde, se vuelve silente y que cada vez que intenta expresarlo, ya no le surge el poema:

Rebelde, la palabra

inasible, el sujeto

aguerrida, la preposición,

dócil, el verbo

preclara, la metáfora

oscuro, el símil

pulido, el verso

vibrante, el ritmo

consumada, la estrofa

condensado, el misterio

reverente, el silencio.

Fracasado el intento:

no surge El poema. (Palabra Silente, El Poema, p.89)

 

  1. Transparencia, su poema 65, es el mayor reflejo de esa “esencia abismal” donde se sumerge el poeta místico:

Quiero romper todas mis máscaras

y los espejos que la habitan.

Ir al fondo de la piel y de la sangre

que yace por detrás de los ojos.

Con los poros abiertos

transpirar Tu presencia

de dentro afuera y de dentro adentro

más hondo que el suspiro

donde se gesta mi anhelo (Transparencia, p.88)

 

  1. La hondura existencial que vive el poeta místico, le hace consciente de que algo se ha roto dentro de él, en esa búsqueda sin límites de una presencia consumada:

Algo de mi se marchó súbitamente

para no volver.

Te busco

en la playa sin arena

en el río sin orillas

en la ola que se hunde

en el beso sin labios.

Eres una presencia consumada

al otro lado de la vida. (Roto, p.87)

 

  1. El místico expresa poéticamente “la crudeza del barro” ante “el misterio del Eter”, como “alfarero del vacío” o “como arcilla sin corazón ni forma, literalmente hueca”.

 

  1. El místico hace que su poesía exprese toda una danza cósmica, como Jit Manuel lo hace magistralmente en “Icaro”:

Yo vi al sol pelearse con la luna

incendieando en su seno

a todas las estrellas

Yo sufría el hurto de la noche

y desde un rincón inédito del universo

Te añoraba en otro cielo estrellado. (Icaro, p.83)

 

  1. El místico, al acercarse a la llama del amor, se hace muy sensible por sus debilidades y caídas, por su fragilidad y debilidad, que solamente atina a clamar: Misericordia.

Mis caídas

aguaron Tus ojos:

era la lluvia.

Toqué mi propio fondo:

…lavado en sollozos.

Rocío en la tierra

el llanto en mis ojos

¡Misericordia! (Ahogado entre lágrimas, p.82)

 

  1. El dilema mayor que experimenta el místico es la dialéctica presencia-ausencia:

No es Tu presencia

lo que temo.

Es al dolor que persiste

cuando te marchas. (Temor de Dios, p.80)

 

  1. En “Mi dolor de Tu silencio”, el poeta expresa con palabras aquella presencia callada que aparece y se ausenta:

No guardo ya memoria de Tu voz:

solo recuerdo el eco de Tu ausencia. (p.80)

 

  1. El poeta ante el Misterio que contempla, tiene permanentemente presente su indignidad:

Solo quise ser hombre/ un pedazo de carne/ transfigurado en el dolor.

No he sido otra cosa/ que polvo que camina sobre el polvo.

¿Será también obra suya/ esta arcilla que soy? (Angel caído, p.79)

 

  1. El poeta se mira en el Misterio como en un espejo:

Me miro en Sus pupilas/ y no me reconozco. (Frente a mi, p.78)

 

  1. Eso le hace anhelar el vaciado de si mismo, para llenarme de esa Presencia que nos plenifica:

Déjame sin mi/ puéblame contigo.

A solas con el Solo/ en mi soledad todos caben.

¿De dónde esta Presencia/ que me deja tan ausente? (Plegaria, p.77)

 

  1. “Afasia”, su penetrante poema 53, comienza con el dilema del poeta que es místico:

Quisiera no tener palabras

Pero, ¿cómo detener este torrente/ de profundidades ocultas/ que revienta mis riberas? (p.76)

 

  1. La experiencia del místico esta muy bien expresada en el título de su poema 52: “entremos más adentro en la espesura”, y allí el ser del poeta se siente “seducida por la esperanza”. (p.75)

 

 

  1. El poeta místico experimenta su vivencia como un verdadero “retorno al origen”:

Como río que regresa del mar/ vuelvo al Origen. (p.74)

 

  1. Llega un momento, que el poeta se aleja de la palabra, porque quiere solamente “el silencio en los éxtasis”:

Torrente de palabras/en la cresta de la ola.

Y más adentro aún/ el absoluto silencio. (p.73)

 

  1. El místico entra en una relación íntima de miradas, donde uno se refleja y mira en el otro:

Por detrás de Tus ojos/ transparencia del misterio.

Por delante de Tus ojos/ el Tú que trasciende las miradas. (Dentro de Tus ojos, p.72)

 

  1. En su poema 48, “Danza cósmica”, “despertamos a otros mundos/apenas sospechados”. (p.71)

La frase de Plotino le sirve de inspiración:

“Y al danzar esta danza, uno ve la Fuente de la Vida, la Fuente de la Inteligencia, el Principio del Ser, la Causa del Bien, la Raíz del alma”.

 

  1. Su poema 47, “Contemplación”, es una verdadera joya lírica de lo que significa contemplar:

Contemplo/mi/soledad/en/tus/ojos/abismales.

Soy una chispa de amor/encendida en Tu mirada.

(p.70)

 

  1. La Contemplación nos transforma en un “NOSOTROS”:

Tú no eres Tú/ ni yo soy yo/ Somos otros, es decir:/ lo mismo. (p.69)

 

  1. Esta compenetración que efectúa la contemplación produce un verdadero “naufragio del lenguaje”, como expresa su poema 45:

Mirar la mirada/en una sola pupila./Visión y vidente:/ Sin recuerdos ni ausencias. (p.68)

 

  1. El místico vive una experiencia transformante tan intensa, que un poema de Jit, “Llamaradas”, lo expresa con una brevedad absolutamente cautivante:

Consumido en llamaradas,

Renacer como el fénix,

en la pira de Tus cenizas.

Oír mis propios gemidos

y deshelar mis entrañas

en Tu susurro de amor. (p.66)

 

Esto me hace recordar la belleza lírico-mística de Alfonsina Storni, en su poema “El divino amor”, cuando dice:

Te ando buscando amor que nunca llegas…

Sálvame, amor, y con tus manos puras,

Trueca este fuego en límpidas dulzuras

Y haz de mi leño una rama verde.

  1. Citando Jit a la mística Hadewijch de Amberes, ¿cómo se unen estas dos mitades del alma?, nos entrega el poema 43, donde el encuentro con el Otro es prácticamente una nueva recreación, una nueva obra de alfarería divina:

En un golpe de alas

para que no me hieran Tus caricias

poso mis labios en Tus manos.

Desdibujas mi piel con Tus dedos

para negar que fuiste Tú el artista

que me reesculpió con mis retazos. (p.66)

 

  1. El hontanar del místico ews la intimidad amorosa. Jit la describe con un lirismo estremecedor:

Solos, Tú y yo

frente a Frente

el Uno ante el otro.

sinceramente yo, simplementa Tú.

Frente a frente íntimos

sabiéndonos amados. (p.65)

 

  1. Para Jit, la mística es un éxtasis de “Mirada con mirada, alma con Alma:

Para ver a Dios donde está

cuando se mira en mi alma (p.64)

 

  1. Su poema 40 es una respuesta a la pregunta sobre lo que busca un místico:

gustar en la fuente sellada

el secreto del Amor. (p.63)

 

  1. “Remover astillas”, su poema 39, expresa que la experiencia mística conmsiste en dejarse escu4lpir para hacerse uno con Aquel que nos modela:

Quitar cuanto sobre para lograr la escultura

pulir en mí Tu imagen oculta.

Despertar en el cuerpo sin los sentidos

del Uno al Todo

y del Todo al Uno. (p.62)

 

  1. El poema 38, “Anhelo silente” expresa cuúl es el anhelo del místico:

Anhelo

ser en Ti palabra silente (p.61)

 

  1. Su poema 37, “Una ráfaga de ternura”, intenta responder a la célebre pregunta de San Agustín, ¿qué es lo que amo cuando yo te amo?:

Pronuncias mi nombre:

ardiendo vives y me haces vivir. (p.60)

  1. La dialéctica sonoro-silente que experimenta el místico, está muy bien expresada en su poema 36, de manera tal que el místico maneja dos lenguajes: el SONORO (¡Que hable la palabra!) y el SILENTE (¡Que hable el silencio!)

Arriba, sonoro,

Por dentro, silente. (p.59)

 

  1. La mística para Jit es un “misterioso batir de alas”, como denomina él su poema 35, que expresa lo que busca el místico, inspirado en una frase de Génesis 16,13, donde Agar dice: “No hay duda que he visto a aquel que me ve”:

Entre aleteos anhelantes

busco Tu rostro y Tu mirada (p.58)

 

  1. “Hay un ardor en el pecho”, su límpido poema 34, tiene una claridad y profundidad mística, que debemos escucharlo como si fuera una verdadera sinfonía mística:

Esa pasión no es mía

aunque me abrasa.

Viene de lo alto

y está muy adentro.

Es tan honda

que me trasciende.

Me devora y me funde.

Su misterio me habita

me posee y me integra.

Soy todo fuego

y Tú eres la fuente ígnea

que me enciende. (p.57)

 

  1. Su poema 32 articula lo que El es en mi y lo que yo soy en El:

Soy en Ti

Interioridad en expansión

Eres en mí

El pluriverso en vilo… (p.55)

 

  1. Para el ístico, la noche oscura se convierte siempre en alborada, como expresa su poema 30:

Ya no es lo mismo.

Todas mis noches se siembran de estrellas

Mi densa oscuridad

Está poblada de constelaciones.

Cierro mis ojos para sentirTe. (p.53)

 

  1. Aun en el sufrimiento, el místico experimenta el goce:

“Nos unimos en la alborada

Yo me derramé en lágrimas

Tú me acompañaste con el rocío. (p.52)

 

  1. Para Jit, la mística es un movimiento de acercamiento entre dos seres: “Voy desde ti hasta ti”, citando el autor a Benjamín González Buelta:

Entre tus cuencas me baño

y renazco entre tus ondas (p.50)

 

  1. Friedrich Nietzsche, citado por Jit, muestra en sus arrebatos de locura, lo que traduce mejor la experiencia mística:

¿Cómo fuimos capaces de bebernos todo el mar?

¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte?

 

  1. Quiero expresar ahora diferentes caras de la experiencia mística, traducidas por la lírica de Jit:

Primera cara: Venciste:

Forcejeas y me seduces…

Mis temores duermes serenos

en el corazón de Tu ser. (p.48)

 

Segunda cara: Identidad

Aprenderé a ser yo

sin dejar de ser Tú (p.47)

Tercera cara: Intimidad

Imploro Tu mirada

para verme en Tus pupilas (p.46)

 

Cuarta cara: Despertar

Quiero sentirme presente

para sentir Tu presencia

porque duermes en cada cosa

soñando que yo despierto (p.44)

 

Quinta cara: Deseo y vértigo

Me atenaza el vértigo de tu amor (p.43)

 

Sexta cara: Preguntas previas

¿Qué será de mí

Cuando seamos UNO en un abrazo transfinito?

¿Acaso, ya no sería yo

Ni Tú Aquel a quien tanto amo? (p.40)

 

Séptima cara: Germinando

Algo se abre paso en mi interior.

Se rompen cáscaras

de heridas ancestrales (p.38)

 

Octava cara: Gemidos interiores

Creo, amo, espero

entre gemidos interiores

que yo mismo desconozco (p.37)

 

Novena cara: Luz y Tinieblas

Soy luz intermitente

A veces

ilumino el movimiento de la noche

para esconderme de Ti.

Otras veces

nado entre tinieblas

perdido en las sombras

de Tus aguas

que me encubren. (p.36)

 

Décima cara: Ser en muerte

En la muerte (esto lo digo yo para construir con los versos de Jit la mejor definición del momento antropológico de la muerte):

¡todo mi ser

despierta a la Vida! (p.35)

 

Undécima cara: Metáforas

Al amanecer…

Al atardecer…

Al anochecer…

Despierto y te descubro luminoso

entre la vida y la muerte

danzando el cosmos

por fuera y por dentro. (p.34)

 

Duodécima: Paradoja

¿Puede una luciérnaga

ocultarse a la noche?

Tampoco yo puedo

esconderme a Tu misterio. (p.30)

 

Décimo-tercera: Ser hoguera

Anhelo ser hoguera…

Consumirme contigo

en un bosque maternal (p.29)

 

Décimo-cuarto: Oscura perplejidad

Cuando aparece mi amado, ¿con qué ojo he de mirarle?:

Me ves en el amor

Te veo en el deseo (p.27)

 

Décimo-quinta: Total desnudez

Pretensión de la nada:

abrazar al Todo y seguir viviendo.

Hambre infinita

en un saco de miseria (p.26)

 

Décimo-sexta: Síntesis del poeta místico

Más que palabra,

anhelo ser silencio.

Acalla mi voz

Para que alcance a testimoniar

cuanto siento y recibo (p.25)

 

Décimo-séptima: Espera ansiosa

Algún día

me abrazarás por dentro…

Aquilatarme en Ti, volcán incandescente (p.24)

 

CONCLUSIÓN: LA TOTALIDAD DE LAS PALABRAS

La mejor manera de concluir el poemario místico de Jit Manuel Castillo de la Cruz, es con su poema inicial.

WITTGESTEIN, el famoso filósofo del lenguaje y la totalidad de las palabras, nos enseñó una lógica que es certera en el camino de la conciencia mística:

Exterioridad…Palabra…Interioridad…Silencio…Misterio.

Jit, en su riqueza lírica, lo expresa así:

Gustar la PALABRA

En el silencio de todas las lenguas.

Aquella que ni se pronuncia ni se escribe.

La que balbucea el MISTERIO

Y lo hace presente. (P.23)

Estoy totalmente convencido, que ante la lírica mística de Jit Manuel, estamos delante de un gigante de la poesía y de un “buzo” de las profundidades místicas.

Ante el MISTERIO, la TOTALIDAD DE LAS PALABRAS tiene un nombre: LA VOZ DEL SILENCIO.

Sábado 22 de junio de 2019

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *