Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

LICENCIAR, DOCTORAR Y BACHILLERAR

Son tres verbos relacionados con el mundo académico, pero quizá poco empleados porque comúnmente recurrimos a construcciones perifrásticas equivalentes al valor semántico de estos vocablos: cursé una licenciatura en Letras; estoy haciendo un doctorado en Matemática; terminé mi bachillerato en la escuela Juan XXIII, Higüey.

Los tres son verbos regulares de la primera conjugación, todos son transitivos (la acción se ejerce sobre algo o alguien) y a la vez pronominales, lo que en la escuela de antes se decía reflexivo (la acción recae sobre quien habla). Fui licenciado, me licencié; Fue doctorado en…, se doctoró en…; Lo bachilleró el colegio… se bachilleró…

Licenciar. Se conjuga como anunciar (licencio, licencias, licencié…) En su condición de transitivo significa “Dar permiso o licencia”. La segunda acepción se refiere a “Conferir el grado de licenciado”, y es transitivo, es decir que es una institución académica que te inviste de licenciado. En la sexta acepción el Diccionario académico agrega las iniciales  “prnl.”, que significan: pronominal. Las antepone a la definición “Recibir el grado de licenciado”.

El infinitivo pronominal adquiere la terminación –se: investirse, bañarse, acostarse, licenciarse, doctorarse, bachillerarse.

El participio de licenciar es licenciado, que tiene significados fuera de lo académico: 1. adj. Dicho de una persona: Que se precia de entendida. 2. adj. Que ha sido declarado libre.3. m. y f. Persona que ha obtenido una licenciatura. Se ha licenciado en derecho.

Parecido a licenciado es el adjetivo “licencioso, sa”, el cual se aplica a persona muy libre, atrevida o disoluta. Desde luego, hay licenciados muy licenciosos.

Doctorar. Este verbo es más estricto en su contenido semántico que los otros dos: “1. tr. Graduar de doctor a alguien en una universidad”. También se usa en tauromaquia. Como es pronominal, se podrá decir entonces: Me doctoré en la Universidad de París, en lugar de “Hice un doctorado…”.

Doctor o doctora es alguien que ha recibido el más alto grado académico universitario, esa persona ha sido doctorado o doctorada. En la forma pronominal: Me doctoro, te doctoras, se doctora.

Bachillerar. No es verbo de uso frecuente entre nosotros, pero aquí está, disponible para quien lo necesite. Solemos decir: hizo el bachillerato, cursé el bachillerato, cuando terminé el bachillerato…Pero no se nos ocurre expresar: Se bachilleró en el liceo Padre Daniel; Antes de bachillerarme…; Me bachilleré en el liceo Amelia Ricart…

Bachillerar se define: “Dar el grado de bachiller a alguien. 2. prnl. Tomar el grado de bachiller”. El participio es bachillerado: Nos hemos bachillerado en la misma promoción. Quien no se haya bachillerado no puede ingresar a la UASD.

Para gusto de las feministas el vocablo bachiller tiene su forma femenina bachillera. Ella es bachillera. Para no exagerar, se recomienda usa la forma bachiller para referirse al grado, como se indica en la definición de bachillerar.

Otras curiosidades relacionadas con este término es que deriva del francés “bachelier”, y este del latín medieval “baccalarius”.

La persona que ha cursado o está cursando los estudios de enseñanza secundaria está en bachillerato y no en el “bachiller”, como suelen expresar los estudiantes de ahora, incluidos los universitarios.

El vocablo bachillerato es el indicado para nombrar los estudios de enseñanza secundaria. Tiene afinidad con la palabra bachilleramiento, que es la acción y efecto de bachillerar o bachillerarse.

(Publicado en El Nacional, domingo 14-4-19)

 

¿DEBE MARCARSE EL ACENTO A LOS ACRÓNIMOS?

 El joven periodista Neulyn González, recién iniciado, muestra un interés por los asuntos del lenguaje que no es común en otros profesionales de este tiempo, aun entre los que se dedican o quieren dedicarse a una actividad –la comunicación- cuyo instrumento de trabajo es el idioma.

El acucioso redactor del diario Hoy ha preguntado a esta columna si a los acrónimos se les marca o no el acento. El tema resulta muy pertinente. Acrónimo es un vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras, constituido por el principio de la primera y el final de la última. Ejemplo: motel (motor + hotel); Inespre (Instituto de Estabilización de Precios).

También se forma a partir de siglas, con las que se origina un vocablo que puede pronunciarse como una palabra: sida (síndrome de inmuno deficiencia adquirida).Similar caso es el vocablo Unesco, de la sigla en inglés de Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Tanto “sida” como “Inespre” y “Unesco” son voces llanas terminadas en vocal y de acuerdo a las reglas de nuestro idioma no llevan tilde.

La nomenclatura gremial, caso dominicano, ofrece diversidad de ejemplos de palabras formadas por la fusión de los componentes de un nombre pluriverbal: Sitracode, Sitramiches, Conatra (Confederación Nacional de Organizaciones del Transporte) Fenatrano (Federación Nacional de Transporte Nueva Opción), Asodemu. Todos estos acrónimos han originado una palabra llana terminada en vocal, a la que no le marca el acento. Tampoco se tilda Faprouasd, por ser una voz aguda terminada en la consonante “d”.

Diferente ha de pasar con los acrónimos que terminen en vocal acentuada: Amaprosán (Asociación de Mayoristas de Provisiones de Santiago), Astrapú (Asociación de Transporte Público), Unachosín (Unión Nacional de Choferes Sindicalizados Independientes). Se acentúan como agudas terminadas en –n y en vocal.

De acuerdo a su terminación, y el tono en que se pronuncian, requieren la marca gráfica del acento los acrónimos: bonogás, Tropigás y todos los formados con el vocablo gas al final. Por igual los acrónimos de Industrias Banilejas: Indubán, y de Central Nacional Movimiento Choferil del Transporte, Mochotrán.

 

Ortografía

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial de la Rae y las demás academias de la lengua, señala al respecto lo siguiente:

“En los acrónimos, el acento prosódico suele recaer en la sílaba que cumple con el patrón mayoritario en español para palabras con esa misma configuración…; no obstante, en aquellos que se han incorporado desde otra lengua puede influir también la acentuación etimológica, como se ve en láser, voz llana conforme a su pronunciación en inglés, a pesar de que la mayoría de las palabras españolas terminadas en –er son agudas”. (pág. 581).

Del inglés hemos recibido también los acrónimos: cedé (CD, disco compacto), cederrón (CD-ROM, disco para lectura), devedé (DVD, disco con imagen), emepetrés (MP3), elepé (LP, disco de larga duración).

Por pura gramática española llevan tilde los acrónimos: oenegé (ONG, organización no gubernamental), Indocafé (Instituto Dominicano del Café).

Por el contrario, el acrónimo radar (Del inglés radio detecting and ranging, detección y localización por radio) no precisa marca de acento porque en español es palabra aguda terminada en consonante diferente de –n y de –r.

La sigla de Organización del Tratado del Atlántico Norte se acomoda al patrón silábico del español y se pronuncia como una palabra: OTAN, unos la pronuncian Otan (como llana) y otros Otán (como aguda). Los acrónimos escritos en mayúsculas no requieren tilde.

Los acrónimos lexicalizados (funcionan como una palabra) sí llevan tilde, conforme a las reglas del español. Para más información, consulte a Fundéu (Fundación del Español Urgente).

El camino de Emaús, un relato que consolida la fe

Por Rafael Peralta Romero

  No solo sus discípulos, sino muchas otras personas pudieron ver a Jesús, como hombre de carne y huesos, después que éste superara la muerte e hiciera saber de su Resurrección. Después de esto, Jesús permaneció en el mundo unos cuarenta días, asegura el apóstol Pablo.

Los evangelios canónicos y el relato Hechos de los Apóstoles cuentan las apariciones de Jesús resucitado, y también las documentan otros textos históricos y los llamados evangelios apócrifos.

La vida de Jesús, desde su concepción en una mujer no tocada por varón, está compuesta de hechos excepcionales, revestidos de misterio. Esa cadena de misterios culmina en la Resurrección. Tantos hombres, ilustres unos, poderosos otros, antecedieron a Jesús en la Tierra y de ninguno se ha sabido que haya vuelto a la vida.

Entre los textos bíblicos que dan cuenta de la resurrección de Jesús, ninguno más convincente, para mí, que el relato contenido en el tercer Evangelio (Lucas 24, 13-35). Este pasaje refiere que dos hombres, seguidores de la prédica de Jesús, caminaban desde Jerusalén hasta una aldea llamada Emaús y conversaban sobre lo ocurrido con el nazareno.

Sorprendió a estos señores la aparición repentina de otro caminante, quien fingía no saber nada de lo que hablaban ellos. Era de noche, llegaron a Emaús e invitaron al desconocido a quedarse. Al cenar, ven como parte el pan y se les abren los ojos del entendimiento: era Jesús. Come, habla y se marcha. Los caminantes, uno de ellos llamado Cleofás, a pesar de la hora, regresaron a Jerusalén a comunicar a los once discípulos de Jesús el hecho del que habían sido testigos.

Este capítulo de Lucas narra un hecho histórico, con detalles reales, enmarcados en el tiempo y el espacio. Emaús aparece registrada en los mapas de la época, aunque haya más de una versión respecto de la distancia de Jerusalén.

El relato de Lucas acerca del diálogo por el camino de Emaús encierra profundo significado teológico, por cuanto aporta detalles que robustecen la convicción de la resurrección de Jesús, fenómeno que lo diferencia definitivamente de todos los hombres.

El sentido religioso puro plantea que la fe se basta por sí misma, que no requiere auxilio de la razón. Sin embargo, la resurrección de Jesús da sustento a la fe cristiana. Gente tan grande para el cristianismo como el apóstol Pablo lo ha dicho: “…si Cristo no resucitó vana es nuestra proclamación, es vana nuestra fe”. (I Corintios, 15,13-15).

Cleofás y la otra persona, lamentablemente no identificada, tuvieron la dicha de ser los primeros en contactar a Jesús después de la Resurrección. Antes de eso, se cuenta de la visita al sepulcro de tres mujeres del entorno de Jesús (María Magdalena, Juana y María de Santiago) las cuales encontraron corrida la piedra de la entrada a la cueva. Allí vieron dos seres vestidos de blanco brillante, quienes les dijeron que Jesús había resucitado. Salieron muy extrañadas y confundidas. Luego acudió allí Pedro: “Se asomó y solo vio las sábanas, así que volvió a la casa sorprendido por lo ocurrido”. (Lc. 24, 1-12).

Respecto de las mujeres que fueron a la tumba, apunta el evangelista Mateo que Jesús, en persona, se les apareció y les habló: “Alégrense. Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán”. (Mt, 28,9-10).

Galilea era el lugar de procedencia de Jesús, allí se desarrolló como hombre, allí escogió a los doce discípulos, allí pronunció el célebre Sermón de la Montaña. Había muerto en Jerusalén, centro del poder político, donde acudió a sabiendas de lo que le esperaba.

Tras el aviso de las mujeres, los once discípulos se trasladaron a Galilea. No solo se encontraron con el redivivo Maestro, sino que escucharon de Él este mandato:

“Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28,18-20).

El portentoso misterio de la Resurrección impactó a los propios discípulos. El evangelista Marcos (Mc 16) refiere la aparición de Jesús a María Magdalena y que esta se lo comunicó a los discípulos, pero ellos lo pusieron en dudas.

El cuarto Evangelio, escrito por Juan, abunda en detalles sobre las apariciones de Jesús. Los capítulos 20 y 21 son dedicados al tema. Juan cuenta su llegada junto a Simón Pedro al sepulcro y lo encuentran vacío (Jn 20, 1-8).

Agrega Juan que ese mismo día se presentó Jesús a una reunión de los once, donde permanecían a puerta cerrada, y los saludó diciendo: “La paz esté con ustedes”. Como el discípulo Tomás no estuvo en ese encuentro, y dijera que tenía que ver y tocar a Jesús para creer que estuviera vivo, sucedió ocho días después otra visita. (Jn 20,19-30).

Para Juan no basta un capítulo y extiende las acciones de Jesús resucitado al 21 y último de su Evangelio. Es ahí donde se narra la pesca milagrosa: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Tantos fueron los peces capturados que no podían levantar la red.

Suficientes testimonios hay en torno a la Resurrección. Para mí, podría bastar con el emocionante relato de Lucas según el cual apareció a dos hombres que caminaban hacia la aldea de Emaús. La comprensión ayuda la fe. El hecho narrado en Lucas 24 consolida la fe en Jesucristo.

 

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

CUANDO LO ANÓNIMO SE VUELVE APÓCRIFO

Poemas, cuentos y novelas han  trascendido  fronteras idiomáticas y  temporales sin que se hayan  conocido sus autores. En la historia de la literatura se les conoce como “anónimos”. Quizá sus creadores no se propusieran ese anonimato, pero las circunstancias en que fueron escritas y publicadas determinaron  que esas obras se hayan  divulgado sin el nombre del autor.

El famoso “Soneto a Cristo crucificado” ha sido atribuido a varios autores clásicos inclinados por la poesía mística: San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y hasta el poco  místico Lope de Vega. Algunos  filólogos, entre ellos el dominicano Pedro Henríquez Ureña, han  dado pruebas documentales de que el célebre soneto fue compuesto por   fray  Miguel de Guevara,  religioso agustino del siglo XVI.

El vocablo /anónimo, ma/  tiene las siguientes definiciones en el Diccionario de la lengua española:  (Del latìn tardío anony̆mus, y este del gr. ἀνώνυμος anṓnymos).  1. adj. Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. U. t. c. s. m. 2. adj. Dicho de una persona, especialmente un autor: De nombre desconocido o que se oculta. U. t. c. s. m. 3. adj. Indiferenciado, que no destaca de la generalidad. Gente anónima.4. m. Carta o papel sin firma en que, por lo común, se dice algo ofensivo o desagradable.

¿Han visto? “Algo ofensivo o desagradable”.

Lo malo del texto anónimo en la literatura es que  no retribuye al autor la gloria o fama que le correspondía por su acierto  creativo.  Obra de proyección universal sin autor  conocido es “Las mil y una noches”, magnífico conjunto de cuentos, fábulas y otros relatos, unidos por un hilo argumental: la amenaza de muerte de la joven Scheherezade, personaje narrador.

Un ícono de la poesía hispánica, el Poema del Mio Cid, es obra anónima, como lo es también la muy leída novela picaresca “Lazarillo de Tormes”.

La anonimia ha afectado, incluso, los libros sagrados. El Corán, de los musulmanes, es de autor desconocido, a diferencia de la Biblia, de judíos y cristianos, cuyos textos tienen autores, aunque  frecuentemente los exégetas y traductores usan la expresión “libro atribuido a …”.

Los Evangelios, que versan sobre la vida y doctrina de Jesucristo, se han visto amenazados por textos no necesariamente legítimos. De ahí que los sabios de la Iglesia católica hayan  separado los considerados verdaderos de los otros.  A unos se les llama canónicos y a otros apócrifos.

El vocablo /apócrifo, fa / es definido por el Diccionario académico del modo siguiente:

“(Del lat. tardío apocry̆phus, y este del gr. ἀπόκρυφος apókryphos ‘oculto’).1. Adj. Falsa o fingido. Un conde apócrifo.2. adj. Dicho de una obra, especialmente literaria: De dudosa autenticidad en cuanto al contenido o a la atribución. U. t. c. s. m.3. adj. Dicho de un libro de la Biblia: Que no está aceptado en el canon de esta. Los evangelios apócrifos. U. t. c. s. m”.

Son varios los evangelios apócrifos,  escritos en los primeros siglos del cristianismo en torno a la figura de Jesús de Nazaret, atribuidos algunos a figuras tan controversiales como Judas Iscariote.

Apócrifo, según su etimología griega,   incluye los conceptos  ‘lejos’,  ‘oculto’. En  latín (apócryphus) originalmente significaba «ocultar lejos», y luego fue derivando en «oculto, obscuro». De ahí que el término haya  sido empleado, en el mundo religioso, para calificar textos de dudosa autenticidad.

En el Derecho, la prueba escrita disfruta de  gran aceptación, pero si se trata de un documento anónimo, se desvanece su capacidad de convencimiento. Es ahí donde lo anónimo se vuelve apócrifo: dudoso, oscuro, no confiable.

(Publicado en El NACIONAL, el 17-3-19)

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

  CRUZADA POR LA LECTURA

En un país con profundo atraso educativo, un plan intenso de lectura será importante factor de cambio. Porque con acciones, no con discurso, es como se deshacen entuertos, se cambia el mundo o se mejora la sociedad. El país se ha llenado de licenciados que no saben construir una oración. Algunos y algunas pregonan la caducidad de la ortografía.

Unos teóricos creen que el principal problema de la sociedad dominicana es la crisis de energía eléctrica, otros estiman que es el desempleo; otros y otras se centran en la equidad de género como el asunto que demanda mayor atención. Pero el principal problema dominicano es la profunda crisis de la educación. Somos un pueblo de maleducados.

El Ministerio de Educación concibió y anunció la Cruzada Nacional por la Lectura, programa amplio y novedoso que incluye la distribución de más 800 ejemplares de libros, de autores nacionales, entre estudiantes de la escuela secundaria. Los textos, clasificados de acuerdo a grado y edad, llegarán gratuitamente a los alumnos.

Una inversión superior a 280 millones de pesos no podía pasar inadvertida y un suplidor objetó la asignación de la impresión al editor que la había obtenido. Cuestión de intereses económicos, se entiende. Otro hecho, más simple que ese, contribuyó a frenar el programa. Me refiero a la inclusión, entre los libros a divulgar de la novela “Ruinas”.

Esa obra, sobre la vida de Salomé Ureña, fue escrita por Rafael García Romero, director de Cultura del MINERD. Este yerro del funcionario ha servido para que algunos y algunas pongan en evidencias las lacras de que adolecen. Han salido a flote, como la basura cuando llueve, inquina, envidia y ganas de dañar reputaciones.

No han tenido intención política las saetas y mofas contra la Cruzada Nacional por Lectura. Los comentaristas de esa área ni los partidos de oposición han buscado motivos para criticar la acción anunciada por el ministro de Educación, Andrés Navarro, y que él mismo decidió aplazar para corregir las fallas detectadas.

Han sido escritores y escritoras, poseídos del mal pecho y alérgicos al triunfo ajeno, quienes tomaron la suspensión momentánea del programa de lectura para mostrar sus baldaduras emocionales. Se solazan con la idea de que ha fracasado la valiosa iniciativa. Han esgrimido argumentos necios y viles para justificar su actitud.

El ministro Andrés Navarro debe saber que el proyecto es plenamente válido y que siendo una acción de gobierno, aplicada como debe ser, habrá de convertirse en una obra patriótica.

Ninguna tarea de ese ministerio, en las presentes circunstancias, tiene semejante vocación de trascendencia. La Cruzada por la Lectura se justifica.

15 de febrero de 2019

 

SI DE STALIN, ESTALINISTA; DE SPINOZA,  ESPINOCISTA

El trabajo de  corregir notas  (estilo, gramática, ortografía) en un periódico ocasiona algunas incertidumbres, pero si se trata de material noticioso el corrector se constituye en autoridad y elimina palabras, frases y párrafos y todo queda mejor.

Cuando le toca a uno revisar artículos o ensayos que se publicarán en un diario, la situación cambia. Más que incertidumbre, angustia hube de sentir al revisar un ensayo, en cuatro entregas, de un acreditado intelectual, publicado en el suplemento Areíto, del diario Hoy. Versa el enjundioso texto sobre la filosofía de Baruch Spinoza,  a propósito de  un  libro de la  filósofa Elsa Saint-Amand Vallejo.

El problema era simple, de carácter lexicográfico. Pero un problema simple se torna en complejo si  quien lo siente no dispone de la solución o si teniéndola no se dispone a aplicarla por algún temor. Esto último fue mi caso.  El filósofo que analizaba el libro “La utopía materialista de Spinoza”, de la profesora Saint-Amand, comenzó llamando “espinosista” a los seguidores del filósofo holandés nacido en 1632:

“Desde mi punto de vista el continuo ontológico espinosista transpuesto al mundo político es injustificable e inconsecuente a la luz…”

“A mi entender -hasta prueba en contrario- la libertad espinosista solo equivale ontológicamente a necesidad y por tanto dista de ser la de algún ser humano”.

Visité la escuela de filosofía de la UASD en busca de orientación.  Luego, pude consultar al autor de los trabajos sobre Spinoza. Escuchó mis razones con sobrada tolerancia cuando le argumenté que en español la /z/  cambia a /c/ en palabras derivadas: pedazo, pedacito; Somoza, somocista.

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial de las academias, recomienda que  los sustantivos y adjetivos derivados de nombres de personas y de lugares  no adaptados al español, deben conservar las características  gráficas  del nombre del que proceden para facilitar la identificación de la persona o de los lugares aludidos. Ejemplos:

Beethoveniano (de Beethoven), picassiano (de Picasso), trostkista (de Trostky),  flaubertiano (Flaubert), shakesperiano (de Shakesperare).   De acuerdo con esto, de Spinoza, pudiera ser “spinozista”. En otras  lenguas (italiano, francés…)  las voces derivadas  de Spinoza mantienen la /z/: Spinozianas.

Sin embargo,   esos vocablos derivados de los nombres citados, están sujetos a variación por su adaptación al español, pues todos llevan una terminación propia de nuestra lengua. El mejor ejemplo  de esto se encuentra en las voces derivadas  del apellido de Joseph Stalin.

Estalinista, estalinismo o estaliniano son vocablos  del español. El Diccionario define a estalinista de este modo: 1. adj. Perteneciente o relativo a Stalin o al estalinismo.2. adj. Partidario del estalinismo. Apl. a pers., u. t. c. s.

Estalinismo. 1. m. Régimen comunista totalitario impuesto por Stalin en la Unión Soviética en el siglo XX.

El Diccionario académico incorpora el vocablo /espinosista/ definido de este modo: 1. adj. Fil. Perteneciente o relativo al espinosismo. 2. adj. Fil. Seguidor del espinosismo.

A su vez /espinosismo/  es definido por DLE así: m. Fil. Doctrina representada por Benito Espinosa, filósofo holandés del siglo XVII, que consiste en afirmar la unidad de sustancia, considerando los seres como modos y formas de la sustancia única.

Un  filósofo que se llame Benito Espinosa le parece a uno que sea español, dominicano, cubano…pero ocurre que  Baruch Spinoza ha sido llamado de distintas maneras ( Baruch de Espinoza,  Benedict, Benito o Benedicto  Spinoza o Espinosa), según las distintas traducciones de su nombre. Cierto que  los españoles lo prefieren como  Benito Espinosa. Y  Fernando L. Ferrand, el filósofo que escribió el ensayo sobre el libro de Elsa Saint-Amand, siguió ese modelo, y emplea la voz /espinosista/, registrada en el Diccionario académico.

Como  la forma más conocida es Spinoza, yo, amparado en dos preceptos de nuestra lengua, opino que  el derivado debe ser “espinocista”, variando la z como  en somocista, y comenzando con  /e/ como en estalinista.

(Publicado en el EL NACIONAL, DOMINGO 17-2-19)

 

INSISTENCIA CON LAS MAYÚSCULAS Y UNA RECOMENDACIÓN DE FUNDÉU BBVA

Los iletrados podrían ignorar las letras mayúsculas, pero  a muchos profesionales (ay, los abogados) parece  resultarles  imposible  prescindir del uso generoso  de la letra alta al principio de palabras que no lo requieren.

Lo natural es que las palabras se escriban con minúsculas, sin embargo se ha determinado emplear mayúscula para marcar  algunos vocablos, como los nombres propios. Las instituciones, por ejemplo, se denominan con palabras comunes que asumen la mayúscula  en la formación de sus nombres.

Ocurre con órganos estatales, partidos políticos, universidades: Congreso Nacional, Cámara de Diputados, Poder Ejecutivo, Suprema Corte de Justicia, Senado de la República, Ejército Nacional, Armada Dominicana, Obispado de la Altagracia. Todas estas expresiones están formadas con palabras del léxico común, pero en estos casos, obviamente, se escribirán con mayúscula inicial.

Sin embargo, las palabras que designan a las personas involucradas en  funciones  de dirección  de las  entidades siguen siendo voces comunes, igual que plátano, cuaderno o mesa. Por tanto no necesitan mayúsculas estos términos: senador, diputado, legislador, presidente, juez,  procurador, magistrado, rector, general, coronel, teniente, cabo, almirante, vicealmirante,  capitán de navío, marinero…obispo, monseñor, presbítero, catedral, diácono, monaguillo.

Los lingüistas llaman mayúscula de relevancia a la que hemos venido llamando mayúscula caprichosa.  Los casos más frecuentes ocurren con los cargos públicos. Escritores, magistrados, columnistas de diarios, relacionistas… escriben  todos los días con mayúscula inicial las palabras ministro, presidente, senador, embajador,  alcalde, general, monseñor. Algunos colocan la mayúscula inicial al término presidente, aunque no se trate del primer mandatario.

La Ortografía de la lengua española señala al respecto lo siguiente:

“La mayúscula está revestida de un cierto valor sacralizador y dignificante, probablemente derivado del uso monumental, solemne y suntuario de sus orígenes. Su prestigio gráfico se evidencia en el significado de la locución con mayúscula (s), que, pospuesta a un adjetivo o a un sustantivo, denota su más alto grado o su más elevada manifestación: tonto con mayúscula (s), amor con mayúscula (s)”.  (Página 514).

Igual con el papa

Por si quedan dudas, les agrega algunas partes de la recomendación correspondiente al  20 de febrero del 2019 de la Fundación del Español Urgente, institución asesorada por la Real Academia Español en su interés por mejorar el uso del español en los medios de comunicación. Se titula  “7 claves de redacción para la cumbre del Vaticano”. Helas aquí:

Con motivo de la cumbre que se celebra en el Vaticano entre el jueves 21 y el domingo 24 de febrero para abordar el problema de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica, se ofrecen las siguientes claves de redacción:

  1. El excardenal, en una sola palabra

El sustantivo excardenal, con el que se hace referencia a aquel cardenal que ha sido secularizado, se escribe sin espacio ni guion entre el prefijo ex- y el sustantivo al que precede: «El Vaticano expulsó a Theodore McCarrick, el excardenal estadounidense acusado de abusos sexuales».

  1. La expresión tolerancia cero, sin comillas

La expresión tolerancia cero, preferible a cero tolerancia, no necesita comillas. Si a continuación se especifica aquello hacia lo que se muestra o exige que no haya tolerancia alguna, lo habitual es emplear las preposiciones con, hacia, a o para, mejor que tolerancia cero contra.

  1. La Iglesia católica, con ce minúscula

Aunque el sustantivo Iglesia se escribe con mayúscula inicial cuando alude a la institución, los adjetivos que lo acompañan se escriben con minúscula.

  1. El papa, con minúscula inicial

Tanto papa como pontífice se escriben con minúscula inicial, ya aparezcan dichos tratamientos acompañados del nombre propio o de manera aislada.

23 de febrero de 2019

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

GÉNERO Y VARIACIÓN DE SIGNIFICADO DE ALGUNAS PALABREAS

El ingeniero Alejandro Merino, en cuya cabeza el estudio de nuestra lengua  merece sitio  a parte. Él ha sugerido el tema  en torno a un grupo de palabras homónimas  que varían el significado  según que se empleen en masculino o en femenino.

Precisamente el género  indica que son palabras diferentes  dos que se escriben de la misma manera pero tienen diferente origen y significado. Veamos: el orden, la orden; el cólera, la cólera; el editorial, la editorial; el génesis, la génesis;  el guía, la guía; el cabeza, la cabeza; el moral, la moral; el levita, la levita;  la atalaya,  el atalaya; el margen, la margen; el guardia, la guardia, el esperma, la esperma, el cura, la cura, el corte, la corte.

1-Cólera.  Procede del latín  cholĕra, bilis. En femenino significa: 1. f. Ira, enojo, enfado. Y en masculino es el nombre de una  enfermedad gastrointestinal epidémica.

2-Editorial .Como adjetivo es igual para ambos géneros: política editorial,  consejo editorial.  Es masculino  cuando se refiere al artículo no firmado que expresa la opinión de un medio de comunicación sobre un determinado asunto: el editorial de hoy.  En femenino, suele nombrar  a una casa editora: Editorial Gente.

2- Génesis. Masculino, origen o principio de algo. El libro de la Biblia que cuenta el origen del mundo  es el Génesis.  Pero en forma femenina significa: serie encadenada de hechos y de causas que conducen a un resultado (Hay que buscar la génesis del problema).

3- Guía. Femenino.  De guiar, es aquello que dirige o encamina. Tratado en que se dan preceptos para encaminar o dirigir en cosas, ya espirituales o abstractas, ya puramente mecánicas. En masculino guía es sinónimo de volante (pieza del automóvil). El Diccionario presenta otras acepciones de guía en masculino, citemos una más: Persona autorizada para enseñar a los forasteros las cosas notables de una ciudad, o para acompañar a los visitantes de un museo y darles información sobre los objetos expuestos.

4- Cabeza. La cabeza es la parte superior del cuerpo, en la que está situado el cerebro. Es sustantivo  masculino para indicar persona de mayor responsabilidad en una familia que vive reunida.

5-Moral- Femenino.  Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.  f. Conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico. Moral es también un árbol oriundo de Asia, de la familia de las moráceas cuyo   fruto es la mora.

6-Levita. El levita es para judíos un sacerdote dedicado al servicio del templo. Mientras la levita es una prenda masculina de etiqueta, más larga y amplia que el frac.

7- Atalaya. Torre hecha comúnmente en lugar alto, para registrar desde ella el campo o el mar. Se ha llamado el atalaya  al hombre destinado a registrar desde la atalaya y avisar de lo que descubre.

8-Margen. Femenino.  Extremidad y orilla de una cosa. Margen del río, del campo.  En masculino: Espacio que queda en blanco a cada uno de los cuatro lados de una página manuscrita, impresa, grabada.

 

9- Guardia (femenino). Acción de guardar . f. Conjunto de soldados o gente armada que asegura la defensa de una persona o de un puesto. . f. Defensa, custodia, protección. Cuando se trata de un miembro de la guardia, asume el masculino: un guardia, el guardia.

10- Esperma. Semen. Es de ambos géneros cuando se  refiere a la  sustancia de las abejas para hacer velas. Cera.

11- Cura.   Sacerdote  católico. En femenino, cura es lo mismo que  curación.

-12- Corte. Masculino.  Acción y efecto de cortar o cortarse.  Sección por donde ha sido cortada una pieza de carne, un embutido, etc. Este jamón tiene buen corte. Cambia femenino cuando se refiere a   Medio que se toma para cortar diferencias y poner de acuerdo a quienes están discordes. Tribunal de justicia: la corte.

 

EL ORDEN NO SE ESTABLECE CON UNA ORDEN

El artículo anterior se refirió  a un grupo de palabras homónimas  cuyo  significado  varía  según que se empleen en masculino o en femenino. De esa lista hemos discriminado  el vocablo /orden/para resaltar su amplio valor semántico.

El Diccionario de la lengua española  atribuye veintiuna acepciones a esta palabra, tanto en género masculino como femenino,  y registra treinta y cinco  locuciones  formadas con este vocablo, en las que también  se intercalan los usos en masculino y femenino: el orden de batalla , el orden del día, a la orden, de orden, la real orden.

El vocablo /orden/ procede  del latín  ordo. Su primera acepción  es  como voz masculina: “Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde”. Siguen estas: 2. m. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. 3. m. Regla o modo que se observa para hacer las cosas.

El orden tiene que ver también con el ámbito de materias o actividades en el que se enmarca alguien o algo.” En el orden social”.  “En el orden político”.  La sexta acepción, también en masculino,  se refiere al nivel o categoría que se atribuye a alguien o algo. “Es un profesional de primer orden”.

Algunas acepciones  y  locuciones  corresponden a la arquitectura. Por ejemplo: Cierta disposición y proporción de los cuerpos principales que componen un edificio.

En  botánica  y zoología, se denomina orden (en masculino) a “cada uno de los grupos taxonómicos en que se dividen las clases y que se subdividen en familias. Orden de los artiodáctilos”.

En la  lingüística se habla del orden gramatical, mientras en  la  música se trata de una cuerda de un instrumento musical, o grupo de dos o tres cuerdas, que representan una única nota y se tocan de una sola vez.

En la religión católica conocemos  como orden uno de los siete sacramentos, que reciben los obispos, presbíteros y diáconos. El orden episcopal, el orden sacerdotal.

Femenino

El más conocido uso en femenino  del vocablo orden (la orden, una orden) se vincula al sentido de “mandato que se debe obedecer, observar y ejecutar”. Sin embargo,  antes que esa acepción (número 17), en el Diccionario académico aparece esta: 16. f. Instituto religioso aprobado por el papa y cuyos individuos viven bajo las reglas establecidas por su fundador o por sus reformadores, y emiten votos solemnes.

Esas son las llamadas órdenes religiosas (salesianos, jesuitas, mercedarios…). Pero también se mencionan en femenino  “Cada uno de los institutos civiles o militares creados para premiar por medio de condecoraciones a las personas con méritos relevantes”. La Orden de Duarte, Sánchez y Mella, la Orden de Cristóbal Colón, la Orden de Alfonso X el Sabio.

Nos referimos a la orden cuando pedimos al camarero de un restaurante algo para comer o beber. Lo  curioso es que  de acuerdo al Diccionario ese uso se limita a tres países: Cuba, México y República Dominicana.

Aunque la referencia al orden sacerdotal se emplea en masculino, en la  vigésima acepción de  la palabra se plantea lo siguiente: “20. f. Rel. Cada uno de los grados del sacramento del orden, que se van recibiendo sucesivamente y constituyen ministros de la Iglesia”. Es decir que podríamos decir de un religioso que “Ya recibió la orden de diácono y se prepara para la orden de presbítero”.

También se aplica el femenino (la orden) para nombrar cada una de las filas de granos que forman la espiga.

 

¿POR QUÉ  LOS DOMINICANOS LLAMAMOS “TAJO” A LA CARNE?

Los estudiosos de la lengua atribuyen origen rural al uso de la palabra /tajo/  con el significado de carne.  Hasta hace  pocas décadas  la mayoría de la población dominicana  vivía en el campo. Como  los campesinos hemos emigrado hacia los centros urbanos y escribimos en periódicos y  libros, firmamos decretos y cartas pastorales, aprobamos leyes y dictamos cátedras universitarias, es de presumirse que el vocablo tajo,  carne comestible,   se haya asentado en nuestro hábitat.

De verdad, la voz tajo deriva del verbo /tajar/  y el Diccionario de la lengua española  le atribuye las siguientes acepciones:

  1. m. Corte hecho con instrumento adecuado.2. m. Sitio hasta donde llega en su faena la cuadrilla de operarios que trabaja avanzando sobre el terreno; como la de mineros, segadores, taladores, etc.3. m. Escarpa alta y cortada casi a plomo. 4. m. Filo o corte. 5. m. Pedazo de madera grueso, por lo regular afirmado sobre tres pies, que sirve para partir y picar la carne sobre él. 6. m. tajuelo (‖ banco rústico). 7. m. Trozo de madera grueso y pesado sobre el cual se cortaba la cabeza a los condenados. 8. m. coloq. tarea (‖ trabajo que debe hacerse en tiempo limitado). 9. m. coloq. Lugar en el que se trabaja. Me voy al tajo.10. m. Esgr. Corte que se da con la espada u otra arma blanca, llevando el brazo de derecha a izquierda. 11. m. Zam. tabla de lavar. 12. m. C. Rica. cantera (‖ sitio de donde se saca piedra). 13. m. desus. Corte  o hechura de un vestido.

Ninguna de las acepciones hace referencia a carne, pero sí a trozo, pedazo, corte. La asociación podría ser que un trozo de carne es un tajo. Pero hay otros detalles  que ayudan a la aproximación. Por ejemplo, el verbo tajar significa “Dividir algo en dos o más partes con un instrumento cortante”.

El participio de ese verbo es tajado, que al hacer la función de adjetivo asume el femenino tajada: “1. adj. Dicho de una costa, de una roca o de una peña: Cortada verticalmente y que forma como una pared. 2. f. Porción cortada de algo, especialmente de carne cocinada”.

Ya ven,  en la segunda acepción aparece el vocablo carne. Es decir, una  tajada es una porción de carne. Bien sabido es que en  el habla dominicana predomina  para tajada el significado de  pedazo de una naranja. Se ha hecho extensivo el término, como sustantivo,  para indicar  los beneficios que recibe una persona –generalmente un funcionario público- en una negociación  que implica recursos del erario: “La obra no sirvió, pero al  ministro no le importa porque  ya cogió su tajada”.

El participio activo del verbo tajar es tajante: que taja.  El Diccionario lo registra así: 1. adj. Que taja. 2. adj. Concluyente, terminante, contundente. 3. m. carnicero (‖ persona que vende carne). ¡Eureka!  Ahí está, en la tercera acepción,  tajante es sustantivo y equivale a carnicero.

La Nueva gramática de la lengua española, página 481, cuando  trata de las voces terminadas en –nte (originadas en el participio activo)  indica lo siguiente: “Entre los muchos nombres de oficio  en –nte perdidos  o poco usados, cabe señalar aprovechante, bailante, (hoy bailarín, bailador, bailaor y bailón, de sentido distinto), musicante o trabajante. Con el sentido del actual carnicero se usaban antiguamente  tajante y cortante”.

Si tajante equivale a carnicero, no es de extrañar que lo que vende sea tajo, es decir carne. (Publicado en EL NACIONAL  el domingo 6.1.19)

 

METURA

Sin la “metura” la comida está incompleta

En la gastronomía de la pobreza no se emplea el vocablo guarnición, que eso (arroz, yuca, ñame, plátanos, batata o yautía)  sirve como elemento principal al que hay que buscarle una metura. El  sello clasístico  del comer impone también su terminología.

En la gastronomía del buen vivir la guarnición es cosa secundaria, porque  el componente  principal  es proteína de origen animal: carnes, pescado o marisco. ¿Con qué lo prefiere?, suele preguntar el camarero del restaurante, luego de que el cliente haya seleccionado pescado, carne o marisco. A seguidas podría precisar las opciones: puré de papas, papas salteadas, vegetales o arroz blanco.

En la casa del pobre, la esposa preguntará: ¿Con qué nos vamos a comer los víveres? Y remacha: Aquí no hay nada de metura. “Trozos sin metura,  está fuerte eso…”, responderá el hombre. La metura se marida con lo que en otras mesas se llama guarnición. El Diccionario académico define guarnición de este modo: “Complemento, generalmente de hortalizas, legumbres, etc., que se sirve con la carne o el pescado”. Procede del verbo guarnir.

Tengo testimonios de personas procedentes de diferentes regiones del país que emplean el vocablo metura  para nombrar a la parte de la comida que otros llaman compaña e incluso grasa. En Miches y otros puntos del Este, metura es término común.

El Diccionario del español dominicano no reconoce  el vocablo metura, aunque sí su sinónimo /compaña/. Pero su definición resulta incompleta: “Guarnición de un plato principal”.  Para el común de los hablantes, compaña es el componente proteínico y no los frutos de origen vegetal.  Aunque el aguacate, por su contenido graso, ha sido empleado –gastronomía de la pobreza-  como compaña o metura.  Se le menciona con  el apelativo “chicharrón de bosque”.

El vocablo metura no  aparece en el Diccionario de la lengua española ni  la registra don Max Uribe en su célebre diccionario de dominicanismos.  Tampoco  ha sido incorporado en el Diccionario del español dominicano. Aunque, bueno, hay que señalar que  esta obra, auspiciada por la Academia Dominicana de la Lengua,  recoge la forma /mestura/ con  las siguientes  acepciones: mezcla, rural. 2. Carne o frituras que acompañan al plato básico de arroz y habichuelas.

La  palabra metura como  su parónima /mestura/ se presumen  derivadas –o corruptela- de mixtura, voz procedente del latín que significa: 1. f. Mezcla, juntura o incorporación de varias cosas. 2. f. Pan de varias semillas. 3. f. Med. Poción compuesta de varios ingredientes.

Voces y ecos: «El sueño era Cipango» (2 de 2)

Por Rafael Peralta Romero

 

(2 de 2)

“El sueño era Cipango”, de Bruno Rosario Candelier, no es una novela fantástica, pero es rica en elementos fantásticos, en los que encuentra especial cabida el personaje principal de la mitología dominicana, que es la ciguapa.

No es una novela histórica, aunque se haya alimentado de  hechos de tal naturaleza, realizados por personas reales. De ninguna manera puede asociarse al documentalismo, sino que  Rosario ha sumado a los sucesos y personas reales las acciones y personajes   necesarios para cumplir su  propósito: una obra de creación, que es el fin primario de todo arte, y la literatura es arte.

La atmósfera corresponde al siglo quince en la isla Española, agitada por  la carga de vicios, ambiciones y pasiones procedentes del reino de Castilla.

Rosario ha tomado de pretexto de la fundación de La Isabela, con las  consiguientes  acciones nefastas de los conquistadores, el saqueo de las riquezas naturales,  el sojuzgamiento a los nativos, las diferencias políticas entre ellos  (roldanistas y colombistas), las protestas de los aborígenes encabezados por Caonabo y otras acciones derivadas de las  circunstancias políticas y de las condiciones materiales de existencia en la colonia, para edificar un sólido edificio literario en el que ha alojado  el corpus doctrinal interiorista.

La  siguiente reflexión   ilustra sobre el contenido político de la obra: -Qué ironía –dice fray Texada- con la cruz, el signo de redención, trajimos la espada, el signo de  opresión.

Podría decirse, a modo de conclusión,   que “El sueño era Cipango” es una novela perfectamente tramada para cuya composición el autor ha empleado una carta de navegación, a diferencia de los novelistas que suelen decir que no elaboran  guía ni mapa conceptual para trabajar sus obras, sino que las componen de acuerdo a como le vayan afluyendo los hechos.

Es bien sabido que las narraciones de largo aliento le demandan al autor un plan de trabajo, lo cual le facilitará  la creación de un mundo en el que nada falte ni nada sobre y al final todo quede como tenía que quedar.

Bruno ha creado una novela ceñida a un marco histórico,  ambientada en un diminuto espacio geográfico y comprometido con una particular filosofía estética y un ideal de la creación literaria. Este libro es producto de reflexiones profundas y todos los argumentos empleados en su elaboración  están destinados a conducir el componente activo de la obra, que es la trascendencia.

Historia, fantasía y  metafísica confluyen armoniosamente, canalizadas por la técnica de novelar, para  lograr “El sueño era Cipango”, una novela diestramente estructurada.

(A publicarse el viernes 11.1.19)

Voces y ecos: «El sueño era Cipango»

Por Rafael Peralta Romero

Hace dos años me correspondió comentar, en un coloquio, la novela “El sueño era Cipango”, de Bruno Rosario Candelier, publicada en 2002 con el sello del Ateneo Insular. Preparé entonces una exposición mayor de 2000 palabras  y hoy les presento un extracto  de unas 400 palabras.

Lo mítico, lo místico y lo metafísico, atributos fundamentales del  pensamiento interiorista, aparecen a largo de la obra, aunque mezclados  en controversias  por cuestiones de orden material,  como el desmedido apetito de los castellanos para lograr riquezas y la vileza de sus ideas con respecto al trato que merecían los indios capturados y esclavizados.

Rosario ha escogido la villa de La Isabela como escenario  de los sucesos que cuenta,  aunque la obra tiene una atmósfera de novela histórica, el autor  no se limita a las condiciones de la aldea fundada por Cristóbal Colón el  l0 de diciembre de 1493,  sino que  dota a dicha demarcación de las características requeridas para el desarrollo  de su múltiple trama.

Multitud de personas, autoridades municipales, militares y sacerdotes de diversas órdenes  aparecen en La Isabela. He aquí unos detalles, según Bruno Rosario Candelier, sobre la celebración de la primera misa en territorio americano el 6 de enero de 1494.

Esta novela se corresponde plenamente con la ortodoxia del género. En veinte capítulos, Rosario Candelier  desarrolla una  diversidad de hechos  fundamentados  en lo que cuenta la historia dominicana a partir de la incursión de los europeos en 1492.  La obra parte del segundo viaje del almirante  y el hecho real de la fundación de una ciudad en la costa norte de la isla Española.

Un personaje narrador va desenrollando la madeja constituida por hechos que pasaron realmente y por otros que aunque no ocurrieron pudieron haber acaecido, pues Bruno  hace perfecta aleación de lo real con lo imaginado para dar cumplimiento a la necesidad de dotar a los sucesos que cuenta de unidad temática y equilibrio argumental.

En esta novela  hay uso provechoso del diálogo. Aparece  la conversación coloquial, como en toda obra narrativa, pero predomina el diálogo estructurado, que obedece al propósito de emitir ideas que procuran ahondar en tópicos de trascendencia, lo cual identifica a El sueño era Cipango como una novela de ideas, más que de anécdotas.

La función de los diálogos en esta novela hace honor  al  espíritu didáctico de  los diálogos platónicos, lo cual resulta proporcional al talante de un escritor  que ha bebido con fruición en las fuentes de la filosofía griega, con especial  detenimiento en Platón para quien  el diálogo formó  parte  esencial de su método de filosofar. Falta  por decir.

(Publicado  en EL NACIONAL el viernes 4.1.19)

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

PUERTA: ¿LA ABERTURA O LA PIEZA QUE TAPA LA ABERTURA?

No se trata de un asunto tan complejo como “ser o no ser”, planteado por William Shakespeare en su drama Hamlet. Tampoco es comparable a  determinar   el destino final  de las almas que se han apartado de sus  cuerpos,  como exclama el poeta Amado Nervo: “¡Qué noche tan callada, qué limbos tan inciertos! ¡Oh! Padre de los vivos, ¿a dónde van los muertos, a dónde van los muertos, Señor, a donde van?”.

En conversación entre amigos, que casi siempre son buenas, surgió un infrecuente interrogante: ¿Cuál es la puerta, el hueco  que sirve para entrar y salir   o es la parte     que tapa el hueco?

La puerta se abre y se cierra, pero la puerta también se instala, se cae, se compra, se fabrica, se desmonta, se pinta, se cambia.

Cuando la puerta se abre queda dicho que  el armazón que la cubre ha sido movido hacia un lado para dejar libre la abertura y por tanto se puede entrar y salir. Pero  instalar una puerta es labor de carpinteros que colocan  una pieza  que cubre el hueco.

El  objeto que se coloca en la puerta – que también  llamamos  puerta-  puede ser de madera, de cartón,  de cristal o de metal, ya que su constitución y calidad dependen de la  edificación donde se vaya a colocar.

Cuando cae una  puerta o alguien derriba una puerta se habla del objeto, por lo común rectangular, soportado por bisagras que se instala en el acceso de un local o habitación. El hueco por el que entramos nunca se cae, nadie lo derriba, no se traba, no se condena.

Por igual, cuando la puerta se cierra es porque  ha sido movida por  alguna fuerza, si no es eléctrica, debió intervenir   el viento, pero como el vacío es inmóvil, el viento solo  zarandea la hoja material, tangible, que cubre el hueco cuando se cierra.

“La puerta se cerró detrás de ti / y nunca más volviste a aparecer,/ dejaste abandonada la ilusión/ que había en mi corazón por ti”. Así canta Lucho Gatica en un bolero, repetido por otros artistas. Ahí tocamos el valor simbólico de la puerta, expresado también en la apertura de la misma: “Las puertas están siempre abiertas para usted”. Y se extiende hasta  la suprema expresión que envuelve la dicotomía “puertas del cielo” y “puertas del averno”.

La puerta puede ser una vía de escape: “Burló la vigilancia y salió por la puerta trasera”. También un valladar: “La corrupción de detiene en la puerta de mi despacho”.

Si alguien  destroza una porción de una pared  para permitir  acceso a su vivienda o empresa ¿ha hecho una puerta? ¿O esperará que vengan los herreros a colocar  un armazón de hierro que correrá hacia un lado según que se quiera permitir o impedir el paso?

Les transcribo  lo que al respecto  expone el Diccionario de la lengua española. Forme usted su respuesta a las preguntas planteadas:

Puerta (Del latín porta).1. f. Vano de forma regular abierto en una pared, una cerca, una verja, etc., desde el suelo hasta una altura conveniente, para poder entrar y salir por él. 2. f. Armazón de madera, hierro u otra materia, que, engoznada o puesta en el quicio y asegurada por el otro lado con llave, cerrojo u otro instrumento, sirve para impedir la entrada y salida, para cerrar o abrir un armario o un mueble.

  1. f. Agujero o abertura que sirve para entrar y salir por él, como en las cuevas, vehículos, etc.4. f. Entrada a una población, que antiguamente era una abertura en la muralla. 5. f. Arco de triunfo, erigido en el lugar donde hubo una antigua puerta (‖ entrada a una población). 6. f. En el fútbol y otros deportes, portería.

 

VERBOS QUE SIGUEN EL MODELO DE  AVERIGUAR

 En el artículo anterior hemos planteado la división que asumen, desde el punto de vista del acento, los verbos terminaos en –uar. Y hemos señalado la división entre los que siguen el modelo de actuar, que forma hiato con las vocales úo, –úa, úe, mientras que el grupo que tiene  el verbo averiguar como paradigma forma diptongo: averiguo, averiguas, desaguo, desaguas.

Como actuar se comportan estos verbos: perpetuar (perpetúo, perpetúes),  individuar (individúo, individúes), atenuar (atenúo, atenúes).  Como ven, algunas formas de estos verbos  guardan gran parecido con sustantivos y adjetivos de la misma familia de  palabras.  Gráficamente las diferencia la tilde y lexicalmente, el contexto en que se emplee cada vocablo. Por ejemplo: perpetúo y  perpetúa  no deben confundirse con el adjetivo perpetuo y su femenino perpetua. La forma verbal individúo,   sinónimo de especificar, concretar, no ha de confundirse con su parónimo individuo, que es un sustantivo equivalente a persona.

El énfasis de este artículo ha de  estar  en  que no todos los verbos terminados en    –uar  siguen el  modelo actuar.  Actúa también en esa función el verbo /averiguar/, cuya desinencia prescinde del hiato y  prefiere  el diptongo: averiguo, averiguas, averigua…averigüe, averigüemos.     De modo que los terminados en –uar  son dos grupos, cuya acentuación depende, no de la base o raíz, sino de la desinencia o final.

Vale recordar lo apuntado por el  Diccionario panhispánico de dudas,  publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española.  Es  decir que  si en el verbo de que se  trate la /u/ de la sílaba final va precedida de las consonantes  /g/ (guar) o /c/ (cuar), sigue el modelo de averiguar, es decir con diptongo (averiguo).

Efectivamente, en la página 77 del  DPD se lee lo siguiente:  “En general, los verbos que terminan en -guar y en -cuar (salvo anticuar) se acentúan según este modelo de conjugación; el resto de los verbos terminados en -uar (salvo estatuar) se acentúan como actuar: actúo [aktúo], actúas [aktúas], etc. Son excepción los verbos adecuar, colicuar, evacuar, licuar y promiscuar, para los que se admiten ambos modelos de conjugación”.

En atención a esta regla es que en los verbos licuar, adecuar y evacuar, aunque se  admiten las dos formas (licúo, licuo; adecúo, adecuo; evacúo, evacuo) aconsejamos  la que forma diptongo (licuo, adecuo y evacuo).

Veamos algunos verbos  que siguen el modelo averiguar: Desaguar (desaguo, desaguas, desagüe),  amortiguar (amortiguo, amortiguas, amortigüe, amortigües), aguar (aguo, aguas, agüe, agües), atestiguar (atestiguo, atestiguas, atestigüe, atestigües).

El verbo /menguar/ también se comporta como averiguar, es decir que en presente del indicativo –lo mismo que en los casos anteriores-  se dirá menguo, menguas, mengua, menguamos, menguáis, menguan. Todos con diptongo. El modo subjuntivo  forma  diptongo y lleva una diéresis en los casos en los que aparezca la vocal –e  precedida de –u: averigüe, averigües, averigüe, averigüemos,   averigüéis,  averigüen. Lo  mismo para el verbo menguar: mengüe,  mengües,  mengüe,  mengüemos,  mengüéis,   mengüen.

Lo expresado en el precedente párrafo debe regir para la conjugación de los verbos siguientes: apaciguar (apaciguo, apaciguas,  apacigüe, apacigües); santiguar  (santiguo, santiguas, santigüe, santigües);  desambiguar (desambiguo, desambiguas, desambigüe, desambigües);  deslenguar (deslenguo, deslenguas, deslengüe, deslengües). Deslenguar es quitar a alguien  la lengua.  Fraguar (fraguo, fraguas, fragüe, fragües).

En la primera persona del pretérito perfecto de cada verbo que sigue el modelo averiguar, se precisa también la diéresis y una tilde en la vocal –é: averigüé, santigüé, mengüé,  apacigüé, fragüé…).

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

POR FALTA DE CONSEJO METIERON EL CONCEJO EN LA CONSTITUCIÓN

Esta columna ha estado a punto de incurrir en injusticia contra los periodistas por la reiteración  en los medios de comunicación de un uso inadecuado del sustantivo /concejo/. Es cierto, mis colegas repiten con frecuencia el error, pero no lo han inventado ellos, sino que  la distorsión nació con la Constitución  proclamada en 2010. Cuando se escribe “concejo de regidores” o “concejo municipal” a esa palabra se le está dando el valor semántico correspondiente a /consejo/.

Con la voz concejo (con c) se nombra al ayuntamiento o corporación municipal. El Diccionario de la lengua española  la define

así: Principio del formulario

“concejo. Del lat. concilium. 1. m. casa consistorial.2. m. ayuntamiento (‖ corporación municipal). 3. m. municipio. 4. m. Sesión celebrada por los individuos de un concejo.

El Panhispánico de dudas, otro diccionario  editado por  Asociación de  Academias de la Lengua Española, especifica que concejo “procede del latín concilium  (reunión o asamblea), y no debe confundirse con consejo (órgano para asesorar o tomar decisiones). Los miembros de un concejo son concejales; los de un consejo, consejeros”.

El vocablo /consejo/ (con s) procede del latín  consilium. Significa: “1. m. Opinión que se expresa para orientar una actuación de una determinada manera. 2. m. Órgano colegiado con la función de asesorar, de administrar o de dirigir una entidad. Consejo económico y social, escolar. 3. m. Reunión de los miembros de un consejo. La decisión se tomó en el último consejo de administración”.

Las empresas organizadas son regidas por un consejo de administración, las universidades tienen su consejo académico o consejo universitario (caso de la UASD), el Poder Judicial  cuenta con un órgano superior que es el Consejo del Poder Judicial y la contraparte, el Ministerio Público, es orientada por  el Consejo Superior del Ministerio Público.

El Poder Ejecutivo, con todo y lo unipersonal que se muestra, somete propuestas y  escucha planteamientos del Consejo de Ministros, instituido por el artículo 137 de la Constitución. Antes se llamó Consejo de Gobierno.

Vista la segunda acepción de la palabra consejo (órgano colegiado con la función de asesorar, de administrar o de dirigir una entidad) resulta fácil  inferir que  el ente colegiado con función  normativa, reglamentaria y de fiscalización integrado por los regidores sea un consejo, que lo es. Los  regidores constituyen el Consejo Municipal.

El Consejo Municipal y la Alcaldía,  el  órgano el ejecutivo,   son las dos columnas del Concejo (gobierno municipal). Esta última palabra  no requiere ni soporta  el adjetivo  “municipal” ni el sintagma adjetival “de regidores”. Basta con la voz Concejo. De ahí que  se aconseje (de consejo) no emplear expresiones como las siguientes:

1-Concejo de regidores del ayuntamiento de Santiago estará presidido por  Héctor Martínez.

2- Escogen bufete directivo Concejo Municipal de….

3–Fulano  Tal  es el nuevo presidente del Concejo de Regidores de…

Menos aconsejable es que tal uso se inscriba en un documento oficial como lo es el acta  de sesiones de un ayuntamiento: “El secretario del Concejo Municipal del honorable Ayuntamiento Municipal de Santiago certifica elección del bufete….”

¿Quién ha sido el responsable de introducir  en el léxico edilicio  la locución redundante “concejo de regidores”? Nada menos que la Ley Suprema, hecha por hombres y mujeres pasibles de equivocarse, sobre todo si no piden consejo. El artículo 201 reza de este modo:

“El gobierno del Distrito Nacional y el de los municipios estarán cada uno a cargo del ayuntamiento, constituido por dos órganos complementarios entre sí, el Concejo de Regidores y la Alcaldía. El Concejo de Regidores es un órgano exclusivamente normativo, reglamentario…”.

Ahí está el maco. El Concejo es el gobierno municipal. En el Concejo caben el Consejo de Regidores y la Alcaldía.

 

¿QUÉ HACER EN ESPAÑOL CON LAS PALABRAS EXTRAÑAS?

La primera recomendación frente a los vocablos extranjeros  es evitarlos. Pero cuando éstos resultan  indispensables, o al menos necesarios,  procede recibirlos y  buscar la forma de adaptarlos  al perfil de nuestro idioma. Un vocablo se hace necesario porque  representa un objeto, una circunstancia o  una acción  que no ha sido nombrada en español.

El extranjerismo podría expresar también  una cualidad para la cual no se tiene palabra en  lengua de castellana. Es decir palabras que encierran una valoración sobre personas, cosas, animales o situaciones.

Si nos vamos a quedar con un vocablo procedente de otra  lengua, la actitud más prudente es sustituir grafías ajenas al sistema ortográfico del español, de manera que el vocablo se aproxime a las características del español.

Pongamos por ejemplo que como  en español la letra –q  (cu) solo tiene uso con el dígrafo –qu, o lo que es igual: seguida de las vocales –ue (queso, querer, quemado) y –ui (quiero, quizá, quimera), el nombre del país  árabe   debe escribirse Catar y no Qatar, como prefieren algunos.

Incluso, voces  procedentes del latín pero que no forman parte  del patrimonio léxico del español han presentado dificultades por su grafía ajena al sistema ortográfico castellano, específicamente con la letra -cu, sin formar el dígrafo qu,  y la pretensión  de unos hablantes de emplearla con el sonido  de –k (ca).

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial 2010, apunta al respecto que: “Este uso autónomo del grafema q en representación del fonema /k/, como ya se ha señalado, contradice los intentos por regularizar y simplificar la escritura del español promovidos por la ortografía académica, que ya en 1815 determinó que se escribieran con cu+vocal todas las palabras en las que la secuencia gráfica  qu se correspondiese con la secuencia fónica /ku/, con independencia de la etimología”. (OLE, pág. 615).

Por lo antes expresado es que las voces latinas exequatur, quadrivium y quorum es preferible escribirlas con –cu: execuátur, cuadrívium y cuórum.

La voz inglesa “whisky” entró al español y no parece que vaya a desaparecer, pues el elemento que representa  ha calado muy hondamente  fuera de la cultura escocesa. Esta palabra presentó un problema de adaptación, dado que la –w (uve doble) no  existía en el alfabeto latino y por tanto  no hay palabras, propias del español, que lleven este signo. Del inglés y del alemán, sobre todo, llegaron vocablos iniciados con –w que fueron adaptados  con los sonidos –gu  o –v . Ejemplos: welf (alemán) devino en güelfo y wagon (del inglés) se acuñó como vagón.

Güelfo   es un adjetivo  y se define así: “1. adj. En la Edad Media italiana, partidario de los papas y enfrentado a los gibelinos, defensores de los emperadores de Alemania”.

Siguiendo ese patrón, los académicos  recomendaron adaptar la voz whisky con la grafía güisqui, y así aparece en el Diccionario. Pero más adelante a la uve doble (doble ve y mal llamada doble u) se le dio carta de ciudadanía en nuestro idioma  y se  está reconsiderando   la escritura del nombre que identifica al licor británico. Wiski es la forma considerada más acorde con su etimología, pero aún no la recoge el Diccionario académico.

La voz “kangourou”, procedente del francés  se adaptó al español como canguro, mientras zink  (del alemán) quedó en zinc o cinc.

Hemos de repetir  que el uso de  extranjerismos   es necedad cuando se trata de voces que tienen equivalente en español, pero cuando no ocurre esto, procede acuñar la palabra extraña y someterla al orden  de nuestra lengua.

Del Japón nos  llegó un juego llamado /yudo/, pues escribamos yudo, yudoca y Asoyudo. ¿Por qué escribir “judo” si leemos yudo?

 

CIENTO DIEZ PALABRAS EXTRAÑAS ADAPTADAS AL ESPAÑOL

En las entregas correspondientes a los domingos 16 y 23 de septiembre nos hemos referido al tratamiento que ha de darse en nuestra a los extranjerismos. La adaptación es   la forma recomendada cuando es inevitable que la voz extraña de que se trate sea empleada al hablar español. Hemos compilado algunas muy importantes, las cuales presentamos a continuación:

1-Abu Dabi (de Abu Dhabi), capital de los Emiratos Árabes. La versión entre paréntesis corresponde al uso en inglés. 2- a capela (a cappella). Voz italiana, cantar sin acompañamiento. 3-accésit (accesit). Latinismo que se significa “se acercó”.

4-adenda (addenda). Voz latina. Documento que se agrega. Uso en femenino.

5-álbum (album). Latinismo. Plural: álbumes. 6-alegro (allegro). Voz italiana. Indica viveza en el pasaje musical.7-alzhéimer (Alzheimer). Alemán. Aunque procede de nombre propio, pasa a común y va en  minúscula.

8-antidopaje (antidoping). Dopaje, de doping. 9-acuario (acuarium). Latinismo adaptado. 10-auditorio (auditorium). Latinismo11-bádminton (badminton). Inglés. Deporte con raquetas. 12-beicon (bacon). Inglés. Panceta ahumada. Lo que aquí llamamos tocineta.

13- bacón. Es otra forma  de adaptación, más fiel a la grafía mientras la anterior lo es a la pronunciación. 14-Baviera (Bayern). Alemán. Ciudad alemana. Bávaro es su gentilicio, pero se descarta la grafía Bavaria.15-bazuca (bazooka). Voz inglesa. Lanzagranadas.

16-bistec (beefsteak). Voz inglesa. Perfecto ejemplo de adaptación. Filete de res. Plural bistecs. 7-beis (beige). Del francés. Color castaño claro. 18-beisbol o béisbol (base ball). 19-Belice (Belize) Inglés. País centroamericano. Es palabra llana.

20-besamel o bechamel (del francés béchamel). Salsa hecha con harina, leche y mantequilla. 21-superventas (best seller) .Inglés. Es traducción. 22- bléiser (blazer). Voz inglesa. Chaqueta deportiva de tela.

23-blíster (blister). Inglés. Paquete con una lámina transparente. Usemos este modelo para el anglicismo clúster, adaptado por la tilde. 24-bloc (block). Voz inglesa. Conjunto de hojas de papel pegadas pero que se pueden desprender. 25-bloque (block)  Voz, inglesa., cuando se refiere a la pieza de cemento para construir casas.

26-bitácora (voz en español para el anglicismo blog). 27-blúmer  (bloomer).Voz inglesa. Prenda de vestir femenina. 28-bluyín (blue jean). Voz inglesa. Pantalón vaquero. 29-búmeran o bumerán (boomerang). Anglicismo. Arma que retorna.

30- bulevar (boulevard).Voz francesa. Calle ancha con árboles y paseos. 31-buqué (bouquet). Voz francesa, aroma del vino. 32-baipás (by-pass). Expresión inglesa. Conexión artificial  para salvar obstrucción de una vena. 33-búngalo o bungaló (bungalow). Voz inglesa.  Casa pequeña.

34- buró (bureau). Francés. Mueble para escribir. En política, órgano colegiado de dirección. 35-cácher (catcher). Voz inglesa. Por igual, pícher (de pitcher). Plural: cácheres, pícheres. 36-capuchino (cappuccino). Italiano. Tipo de café. 37- carné (carnet). Voz francesa.

38-cáterin (catering). Voz inglesa. Servicio de comida. 39-champán (champagne). Francés. Vino espumoso procedente de la región francesa de Champagne. 40-champaña, champán. Grafía más aproximada al original francés. 41- chifonier (chiffonnier). Voz francesa. Cómoda alta con cajones.

42-chofer (chauffeur) .Francés. Persona que conduce vehículos como oficio. 43-cloche (clutch) Voz inglesa. En español  hay equivalente: embrague. RD y otros países prefieren el anglicismo adaptado.  44-coctel o cóctel (cocktail). Voz inglesa. Bebida hecha de licores mezclados.

45-coñac (cognac). Francesa. Bebida de ese país. 46-colaje (collage). Voz francesa. Técnica pictórica que consiste en pegar materiales diversos. 47-cuplé (couplet). Francesa. Canción corta y ligera. 48-cruasán (croissant). Voz francesa.  Pan en forma de media luna.

49-crupier (croupier). Voz francesa. Empleado de casino que reparte cartas. 50-disyóquey (disc jockey). Voz inglesa. Persona que pone discos en fiestas, discotecas o la radio. 51-dólar (dollar). Voz inglesa. Moneda de Estados Unidos y otros países.

52-dosier (dossier). Voz francesa. Conjunto de documentos sobre un asunto. 53-escúter (scooter). Voz inglesa. Ciclomotor, vehículo de motor, de  dos ruedas, parecido a motocicleta pero diferente. 54-eslogan (slogan). Voz inglesa. Lema publicitario. Plural: eslóganes.

55-esmog (smog). Voz inglesa, compuesta de humo y nube.56-esnob, esnobismo (snob). Voz inglesa. Que imita las maneras de otros. 57-esmoquin (smoking). Voz inglesa. Traje formal. Plural: esmóquines. 58-espagueti (spaghetti). Voz italiana. Pasta alimenticia larga.

59-estrés (stress) Voz inglesa. Tensión. De esta palabra derivan estresar, estresado, estresante. 60-estriptis (striptease). Voz inglesa, espectáculo erótico. 61- filin (feeling). Voz inglesa. Sentimiento.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

¿QUÉ HACER EN ESPAÑOL CON LAS PALABRAS EXTRAÑAS?

 La primera recomendación frente a los vocablos extranjeros  es evitarlos. Pero cuando éstos resultan  indispensables, o al menos necesarios,  procede recibirlos y  buscar la forma de adaptarlos  al perfil de nuestro idioma. Un vocablo se hace necesario porque  representa un objeto, una circunstancia o  una acción  que no ha sido nombrada en español.

El extranjerismo podría expresar también  una cualidad para la cual no se tiene palabra en  lengua de castellana. Es decir palabras que encierran una valoración sobre personas, cosas, animales o situaciones.

Si nos vamos a quedar con un vocablo procedente de otra  lengua, la actitud más prudente es sustituir grafías ajenas al sistema ortográfico del español, de manera que el vocablo se aproxime a las características del español.

Pongamos por ejemplo que como  en español la letra –q  (cu) solo tiene uso con el dígrafo –qu, o lo que es igual: seguida de las vocales –ue (queso, querer, quemado) y –ui (quiero, quizá, quimera), el nombre del país  árabe   debe escribirse Catar y no Qatar, como prefieren algunos.

Incluso, voces  procedentes del latín pero que no forman parte  del patrimonio léxico del español han presentado dificultades por su grafía ajena al sistema ortográfico castellano, específicamente con la letra -cu, sin formar el dígrafo qu,  y la pretensión  de unos hablantes de emplearla con el sonido  de –k (ca).

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial 2010, apunta al respecto que: “Este uso autónomo del grafema q en representación del fonema /k/, como ya se ha señalado, contradice los intentos por regularizar y simplificar la escritura del español promovidos por la ortografía académica, que ya en 1815 determinó que se escribieran con cu+vocal todas las palabras en las que la secuencia gráfica  qu se correspondiese con la secuencia fónica /ku/, con independencia de la etimología”. (OLE, pág. 615).

Por lo antes expresado es que las voces latinas exequatur, quadrivium y quorum es preferible escribirlas con –cu: execuátur, cuadrívium y cuórum.

La voz inglesa “whisky” entró al español y no parece que vaya a desaparecer, pues el elemento que representa  ha calado muy hondamente  fuera de la cultura escocesa. Esta palabra presentó un problema de adaptación, dado que la –w (uve doble) no  existía en el alfabeto latino y por tanto  no hay palabras, propias del español, que lleven este signo. Del inglés y del alemán, sobre todo, llegaron vocablos iniciados con –w que fueron adaptados  con los sonidos –gu  o –v . Ejemplos: welf (alemán) devino en güelfo y wagon (del inglés) se acuñó como vagón.

Güelfo   es un adjetivo  y se define así: “1. adj. En la Edad Media italiana, partidario de los papas y enfrentado a los gibelinos, defensores de los emperadores de Alemania”.

Siguiendo ese patrón, los académicos  recomendaron adaptar la voz whisky con la grafía güisqui, y así aparece en el Diccionario. Pero más adelante a la uve doble (doble ve y mal llamada doble u) se le dio carta de ciudadanía en nuestro idioma  y se  está reconsiderando   la escritura del nombre que identifica al licor británico. Wiski es la forma considerada más acorde con su etimología, pero aún no la recoge el Diccionario académico.

La voz “kangourou”, procedente del francés  se adaptó al español como canguro, mientras zink  (del alemán) quedó en zinc o cinc.

Hemos de repetir  que el uso de  extranjerismos   es necedad cuando se trata de voces que tienen equivalente en español, pero cuando no ocurre esto, procede acuñar la palabra extraña y someterla al orden  de nuestra lengua.

Del Japón nos  llegó un juego llamado /yudo/, pues escribamos yudo, yudoca y Asoyudo. ¿Por qué escribir “judo” si leemos yudo?

 

 

 

ADAPTACIÓN DE EXTRANJERISMOS AL ESPAÑOL

Ninguna lengua se ha formado de un día para otro. Más bien es resultado de una serie de interacciones entre sujetos que practican  el comercio, la guerra, las migraciones, la dominación de unos sobre otros o un  tipo de relación que implique comunicación e intercambio.

El español se ha formado a partir del latín. Este se extendió por la península ibérica a partir del siglo III antes de Cristo  y  se impuso a las lenguas prerromanas. De ese latín con influencia de las lenguas de la región procede la base léxica del español. Es lo que se denomina léxico heredado o patrimonial.

El latín siguió predominando en Europa  y fue la lengua de cultura por excelencia. Las lenguas romances recurren a ella para cubrir necesidades expresivas. A través del griego llegaron, sobre todo, los términos cultos, propios de la ciencia: biología, filosofía, ortografía, pedagogía.

Hoy el español es una lengua adulta, hablada por más de quinientos millones de personas, solo superada por el mandarín, idioma de los chinos. El contacto del español con otras lenguas (árabe, italiano, inglés, francés, indígenas americanas)   atrajo términos de las mismas  para originar el léxico adquirido.

El comercio, la tecnología, la persistencia de las migraciones, los intercambios artísticos y   deportivos, los nuevos hábitos de consumo e incluso las relaciones  políticas, facilitan el ingreso de términos de otras lenguas que se tornan necesarios en la nuestra.

Se ha llamado préstamo lingüístico a la adquisición de una palabra procedente de otra lengua. Es recomendable recurrir previamente al acervo  lexicográfico del español y localizar  el vocablo indicado, por su valor semántico, para sustituir la voz extraña.

De modo que es preferible decir computadora personal en lugar de “personal computer”; disco compacto y no “compact disc”, cedé  y no cidí (CD), gestor o manejador de redes, en vez de “comunity manager”, restaurante y no “restaurant” o “restorán”..

Algunas palabras y expresiones extranjeras carecen de equivalentes para la traducción o el que aparece dificulta  apreciar el sentido de lo que se quiere expresar.  Es entonces cuando se procede a la acuñación del neologismo. Ese neologismo adaptado asumirá  un comportamiento propio de un vocablo del español, tanto para formar el plural, como el diminutivo  o someterse al accidente de género (femenino, masculino).

Algunos de estos vocablos procedentes del inglés  pudieron ser traducidos, pero los hablantes del español prefirieron aceptarlos por el sonido de su lengua de origen,  y los académicos recomiendan escribirlos de este modo: beisbol, fútbol, líder, mitin, blíster, eslogan, estrés, escáner, estándar…).

Del francés hemos adaptado coñac (en francés cognac), champán (champagne), chofer (chauffeur), garaje (garaje).

Estos ejemplos del italiano:   espagueti (spaghetti, plural de spaghetto), yacusi (yacuzzi), lasaña (lasagna).

Lo que dice la Ortografía de la lengua española: “Las voces extranjeras deben escribirse siempre en los textos españoles con una marca  gráfica que destaque su condición de palabras pertenecientes a otra lengua: preferentemente   en cursiva en la escritura tipográfica (siempre que el texto base esté escrito en redonda; pero en redonda, si el texto base está escrito en cursiva) y entre comillas en los textos manuscritos, donde no es posible establecer la oposición entre la letra redonda y la cursiva. Esta marca gráfica estará indicando que el término  en cuestión  es ajeno a nuestra lengua y que, debido a ello, no tiene por qué atenerse a las convenciones ortográficas españolas ni pronunciarse como correspondería en español a esa grafía”. (pag. 601).

El préstamo o adaptación de términos extraños es una vía de enriquecimiento del español. Eso sí, esto requiere respeto para el perfil de nuestra lengua