Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

YA NADIE PODRÁ CONTRA EL MASCULINO DE SARTÉN

4/09/2021

Una presentadora de televisión promueve una marca de sartenes y son apreciables el entusiasmo y la naturalidad con los que proclama: “Estos maravillosos sartenes…”. Emplea dos referentes masculinos (estos y maravillosos) para el sustantivo /sartén/. Está muy convencida de que ese vocablo es voz masculina, por eso asegura que “son hechos en Italia”.  La terminación de “hechos” es clara terminación masculina.

Después vendrá “Sofríalo en /un/ sartén”, “¿Que tal funciona /el/ sartén de hierro colado?”, “Recetas fáciles para preparar /al/ sartén”. Pueden ver: artículo masculino “un”, artículo masculino “el” y el vocablo “al”, que es la contracción de la preposición a + artículo el.

Así decimos, pues se considera tener “el sartén por el mango”, lo cual permitió en un tiempo darse una bailadita en el bar “El Sartén” y a falta de horno, tostar el pan “en un sartén” o seguir este consejo: “Cocina en tu sartén eléctrico”.

Sartén es, de acuerdo con lo que hemos visto, un “recipiente de cocina, generalmente de metal, de forma circular, poco hondo y con mango largo, que sirve sobre todo para freír”. Así define la palabra el Diccionario de la lengua española. El principal código de nuestro idioma lo señala como voz femenina: la sartén, una sartén.

En algunos lugares de América, e incluso de España, se usa como masculino. República Dominicana se cuenta entre los países en los que predomina el uso masculino de este vocablo. No obstante, el Diccionario panhispánico de dudas, también publicación oficial, apunta respecto de este vocablo que “en el habla culta general de España es femenino”. Esa misma obra agrega que en América se alternan los dos géneros con predominio del masculino. El ejemplo que pone ha sido tomado de la novela “Solo cenizas hallarás”, del dominicano Pedro Vergés: “Fregó el sartén y los platos”.

El Diccionario del español dominicano, editado por la Academia Dominicana de la Lengua, 2013, ha incorporado el vocablo /sartén/ con el mismo significado que le atribuye el Diccionario académico, pero de inicio coloca la marca “m”, que quiere decir masculino.

Ilustra su definición con un ejemplo capturado en el libro “Memorias del teniente Veneno”, del poeta Abelardo Vicioso: “Se pudrían y se llenaban de moscas antes de que los echaran al sartén para comerlos”.

Los académicos recomiendan la forma femenina: la sartén por el mango; Fríelo en una sartén. Pero, definitivamente, los hablantes dominicanos, escritores incluidos, prefieren la forma masculina. Usted tiene derecho a escoger. Aunque advierto: ya aquí nadie podrá contra el masculino de sartén

Lo contrario

Contrario a lo que ocurre con sartén (de femenino a masculino) hacemos los dominicanos con el sustantivo /pus/, generalizado como masculino (el pus) y que entre nosotros nadie duda en emplearlo como femenino (la pus).

Aquí les transcribo la definición del Diccionario académico: “1. m. Líquido espeso de color amarillento o verdoso, segregado por un tejido inflamado, y compuesto por suero, leucocitos, células muertas y otras sustancias. En algunos lugares de Am., u. t. c. f“.

La letra “m” al principio de la definición indica que es masculino. Observe esta acotación: “En algunos lugares de Am., u. t. c. f“,  deja dicho que en esos lugares “úsase también como femenino”. Hasta hace poco tiempo el Diccionario solo apuntaba que en Chile era femenino, ya incluye “algunos lugares”. Entre esos está República Dominicana, pues el uso femenino de la palabra pus es una marca del habla criolla, incluidos los hablantes cultos, entre ellos los profesionales de la salud. La lengua no escapa a la costumbre.

 

11/09/2021

Apalabrar y acceder

Para hablar en buen español

El escritor Miguel Solano, gran amigo y cofrade para viajar a los encuentros del movimiento interiorista, y la también amiga Francia Polanco, antigua compañera de trabajo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, se han dirigido a esta columna para sugerir temas. Solano propone que nos refiramos al verbo “apalabriar”, mientras la voz uasdiana nos señala que nunca hemos escrito con relación a “lista/listado, acceder/accesar”.

Comienzo por responder al colega Solano que la forma “apalabriar”, que él ha escuchado a un amigo, es una deformación del verbo /apalabrar/, el cual es definido por el Diccionario de la lengua española del siguiente modo: “Dicho de dos o más personas: Concertar de palabra algo”.

Es del grupo de verbos formados, por necesidad, agregando la vocal /a/ al inicio de un sustantivo, tales como: apalancar (Levantar, mover algo con ayuda de una palanca), acanalar (Dar a algo forma de canal), acampar (Detenerse y permanecer en despoblado, en el campo), apalear (Dar golpes con palo u otra cosa semejante), acariciar (Hacer caricias a alguien), acaramelar (Bañar de azúcar en punto de caramelo), acartonarse (Hacer que algo o alguien tome la forma del cartón).

En el habla criolla está admitida, por fuerza de uso, la forma /apalabrear/, que el Diccionario del español dominicano la define del siguiente modo: Concertar algo de palabra. “No se preocupe compadre.

Esa compra ya la hemos apalabreado”. La tendencia al menor esfuerzo que se aplica en otros verbos terminados en -eara los que se suele cambiar por -iar, ha originado el uso vicioso de “apalabriar”.

Entre los verbos formados a partir de agregar /a/ delante de un sustantivo quiero mencionar al siempre recordado /asillarse/, el cual me remite a mi origen semirrural.

No ha sido incorporado por el Diccionario académico, pero sí por el de la Academia Dominicana de la Lengua. Significa sentarse una persona. Ha sido común, en el uso hogareño, invitar a un visitante a sentarse con la expresión: Asíllese.

Diferente es cuando se trata de colocar la silla a una caballería: ensillar. “Le dije al muchacho que ensillara el caballo, pero qué va”.

Acceder, sí

El verbo /acceder/, procedente del latín, y por tanto de pura estirpe castellana, ha soportado las conspiraciones del indeseado anglicismo “accesar”, el cual ha buscado la forma de inscribirse en la lista de palabras de nuestro idioma.

De acuerdo al Diccionario académico, este vocablo tiene cuatro acepciones, que son: D1. intr. Consentir en lo que alguien solicita o quiere.2. intr. Ceder en el propio parecer, conviniendo con un dictamen o una idea de otro, o asociándose a un acuerdo.3. intr. Entrar en un lugar o pasar a él.4. intr. Tener acceso a algo, especialmente a una situación, condición o grado superiores, o llegar a alcanzarlos. Acceder a la presidencia, a la educación.

Lista y listado

La palabra /lista/designa, entre otras cosas una “Enumeración, generalmente en forma de columna, de personas, cosas, cantidades, etc., que se hace con determinado propósito. Tendremos lista de estudiantes, lista de bodas, lista de empleados, lista de libros o la lista de compra.

A unos usuarios del idioma les dio con llamar /listado/, lo cual ha preocupado a nuestra amiga Francia Polanco, quien ahora pregunta si es que ya ha sido reconocido ese vocablo.

Desde siempre, /listado/ ha sido el participio del verbo listar (hacer lista), pero también es un adjetivo que aplicado a una persona significa: Alistada, sentada o escrita en lista. 2. adj. Que tiene listas. Una tela listada.

Hay una tercera acepción en la que el término /listado/ adquiere la categoría de sustantivo, equivalente a lista o enumeración. Es preferible lista.

 

18/9/2021

SANCOCHITO DE TEMAS LEXICOGRÁFICOS

Me temo que no sea un menú gourmet el que ofrece la columna de hoy, pero no olvidemos que un sancochito suele caer bien. Dos asuntos componen esta entrega. Con el primero respondemos al lector que ha sugerido referirnos a las palabras que terminan en /pendio/. Las palabras para examinar son estipendio, vilipendio, dispendio, expendio y compendio.

Estipendio.  Este vocablo procede del latín “stipendium”. Significa: 1. m. Paga o remuneración que se da a alguien por algún servicio. 2. m. Tasa pecuniaria, fijada por la autoridad eclesiástica, que dan los fieles al sacerdote para que aplique la misa por una determinada intención. Tenemos el verbo estipendiar que se refiere a dar estipendio.

Vilipendio. Deriva del verbo vilipendiar. Significa desprecio, falta de estima, denigración de alguien o algo. Su origen está en el verbo latino “vilipendere”.

Dispendio. Procede del latín  dispendium. El Diccionario de la lengua española le atribuye dos acepciones: 1. m. Gasto, por lo general excesivo e innecesario. 2. m. Uso o empleo excesivo de hacienda, tiempo o cualquier caudal.

Expendio. Este sustantivo deriva del verbo castellano expender. Seis acepciones le guarda el Diccionario académico. Cito estas: 1. m. Arg., Cuba, Méx., Par.,Perú, Ur. y Ven.

En comercio, venta al por menor. 2. m. El Salv.  Establecimiento autorizado para la venta de licor  nacional. 3. m. Méx. estanquillo (? tienda pequeña).

Expender procede del verbo  expendere, que en latín significa ‘pesar’, ‘pagar’. Se define así: 1. tr. Gastar, hacer expensas. 2. tr. Vender efectos depropiedad ajena por encargo de su dueño. 3. tr.  Despachar billetes de ferrocarril, de espectáculos,  etc. 4. tr. Vender al menudeo.

Compendio. Viene de compendium. En nuestra lengua, con este sustantivo se nombra una breve exposición, oral o escrita, de lo más sustancial de una materia. Del latín nos llegó también el verbo /compendiar/, cuyo origen está en compendiare.

 Segundo tema

La diferencia entre los verbos posar, aposar y apozarse constituye el fundamento de esta segunda parte. Más de uno ha vacilado al momento de emplear uno de estos vocablos, pues a pesar de las similitudes gráficas y fonéticas guardan muchas diferencias semánticas.

Empezamos por/posar/ 1. Procede del latín “pausare”, equivalente a ‘cesar’, ‘detener’, ‘reposar’,  pausar.

Reproduzco algunas de las ocho acepciones con las que aparece en el Diccionario académico: 1. tr. Soltar la carga que se trae a cuestas, para   descansar o tomar aliento. 2. tr. Poner suavemente. 3. intr. Alojarse u hospedarse en una posada o casa  particular.  4. intr. Descansar, asentarse o reposar. 5. intr. Dicho de un ave u otro animal que vuela, o de un avión o un aparato astronáutico: Situarse en un lugar o sobre una cosa después de haber volado.

Ejemplo: La paloma se posó en la ventana.

Este verbo tiene un homónimo, es decir, se escriben y suenan de la misma forma: posar 2. Con el numerito (superíndice), el Diccionario le da a /posar/ dos entradas, pues no se trata de una palabra con varios significados, sino de dos palabras. Este /posar2/ viene del francés  “poser”. Es la palabra que corresponde emplear cuando nos referimos a la  acción de permanecer en determinada postura para retratarse o  servir de modelo a un pintor.

El verbo /aposar/ es sinónimo de  posar 1. Ejemplo: Se aposó en la mecedora y se durmió. Pozo es una perforación en la tierra para buscar una vena de  agua y además el lugar en donde los ríos tienen mayor profundidad. Cuando el agua se acumula en algún sitio, decimos que se apoza, del verbo apozarse. En algunos países se dice también /empozarse/, cuando  el agua   queda detenida formando pozas o charcos

 

RAZONES POR LAS QUE “GANDÍO” ES PURO DOMINICANISMO

25/09/2021

El adjetivo /gandío/, que se aplica mayormente a la persona que demuestra interés exagerado por cosas materiales, es un dominicanismo por partida doble.

Los lingüistas han señalado que una palabra adquiere esa condición por la vía lexicográfica o por la vía semántica. El dominicanismo léxico es un vocablo que no figura en el repertorio del español general, pero que tiene uso en el habla criolla y la mayoría conoce su significado. Por ejemplo: brigandina (forma de hacer las cosas) y zafacón (cesto de basura).

Cuando a un vocablo propio de la lengua general se le otorga un valor semántico diferente, estamos en presencia de un dominicanismo semántico. Ejemplo: china (naranja), cuero (prostituta).

Entiendo que /gandío/ es un término criollo por su morfología. Se ha originado a partir del adjetivo gandido, el cual es definido en el Diccionario de la lengua española de la siguiente manera: 1. adj. Zam. Cansado, fatigado. 2. adj. Col., Cuba y R. Dom. Comilón, hambrón. 3. adj. desus. Hambriento, necesitado.

Gandido es el participio de gandir que significa “Masticar el alimento y tragarlo”. Este verbo está en desuso. Nada tiene que ver la acción de “masticar alimento y tragarlo” con el significado que se le otorga en el habla dominicana a la voz /gandío/.

El Diccionario del español dominicano no registra el vocablo /gandío/, sino gandido al cual atribuye como primera acepción: “Referido a persona o a vehículo, que se desplaza muy deprisa”. En segunda acepción, indica lo siguiente: “Referido a persona, comilona, glotona”. En la tercera acepción es cuando aparece la relación semántica con avaricioso, que lo quiere todo.

A esto último se refieren los dominicanos cuando dicen de una persona que es /gandía/ y no gandida. La referida publicación, obra de la Academia Dominicana de la Lengua, apoya la definición de gandido en una frase tomada de la novela La Sangre, de Tulio M. Cestero: Y si la madre o la consorte le reprochaban “qué gandi(d)o eres”, replica risueño “lo mismo era papá y no murió del estómago”. Procede anotar que el novelista escribió /gandío/, pero los académicos agregaron, entre paréntesis la letra -d.

Pienso que en la segunda edición del DED esta definición debe ser revisada.

La forma gandido no encuentra uso en el habla dominicana. Si bien el vocablo /gandío/ es una corruptela por omisión de la -d, muy extendida en el habla popular dominicana (tupío/ tupido, candao/candado, partío/partido), ha adquirido por su uso entre los dominicanos, la característica de un vocablo único, no una palabra originada por la deformación de otra.

Ni siquiera los hablantes cultos asocian a /gandío/ con el participio de gandir, verbo desusado y no conocido en nuestro ámbito. “El que quiera más es un gandío”, suele decirse. O también: “Lo quiere todo para él, es un gandío”. El femenino está bien determinado: Gandía. “No he visto mujer más gandía que esa”.

Gandío (tres sílabas) lleva una tilde diacrítica determinada por los propios hablantes, pues nadie, en nuestro país, la pronunciará con diptongo: gandio (dos sílabas).

El Diccionario fraseológico del español dominicano, de Bruno Rosario Candelier, con aval de la Academia Dominicana de la Lengua, le da entrada al vocablo /gandío/, así escrito, aunque la frase que cita no es la más empleada por los hablantes dominicanos: “quien no lo sepa es un gandío”. Se aparta del más difundido valor semántico de esta palabra: codicioso, ambicioso, egoísta. Por hoy basta, quien pida más es un gandío.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

Casualidad o chiripa, pero aquí chepa

Se suele atribuir a los académicos, las complicaciones y aparentes dificultades que se presentan en el uso de nuestro idioma, pero no siempre son justas tales imputaciones. Más bien somos los hablantes del castellano quienes propiciamos    esos intríngulis, sobre todo en el uso de las palabras, y a los lexicógrafos no les queda otra opción que incorporar los vocablos con el valor semántico   que le ha asignado cada comunidad, entre las 21 naciones que tienen esta lengua como su sistema de comunicación.

El hecho de que el español sea hablado en tantos países, tan distantes como de Europa a las Antillas, contribuye a la diversidad léxica y la consiguiente aplicación de matices y peculiaridades que van acordes con el carácter y avatares de cada pueblo.

Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Uruguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela son los países que tienen como lengua oficial el español o castellano, con casi 500 millones de hablantes.

Se estima en  580 millones de personas las que hablan el español,  incluyendo países en los que se usa esta lengua en apreciable medida, como los Estados Unidos de América, donde cerca de 60 millones hablan español. En estos datos se encuentra la explicación de que tengamos dos o tres  palabras para referir el mismo objeto, situación o acción, lo cual molesta a algunas personas.En el español general tenemos la voz /casualidad/ que se define como “Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar”. En el habla dominicana esa palabra tiene un refuerzo en /chepa/. El Diccionario del español dominicano (DED)  (2013) la define de este modo: Casualidad afortunada, buena suerte.

Contamos también con la locución adverbial /de chepa/ para indicar que algo ha sucedido por casualidad, por suerte: Me encontraron de chepa, pues iba a salir.

Carambola es el nombre de una fruta, del árbol carambolo. El vocablo tiene siete acepciones en el Diccionario y les transcribo las dos últimas:  6. f. Casualidad favorable. 7. f. coloq. Doble resultado que se alcanza mediante una sola acción.  8. f. coloq. Enredo, embuste o trampa para alucinar y burlar a alguien.

El  diccionario dominicano solo define este vocablo como  “fruto del carambolo”.

Lo que no puede esperarse de un hablante dominicano es el empleo del vocablo /chiripa/ como sinónimo de casualidad. Sin embargo, el Diccionario académico recoge este término, tipificado como de origen incierto, y definido así: carambola (? casualidad favorable). Una segunda acepción refiere: En el juego de billar, suerte favorable que se gana por casualidad.

La locución adverbial /de chiripa/ ratifica el sentido de casualidad: “No perdí el tren de chiripa”. Aquí diremos: No me dejó la guagua de chepa.

Para los dominicanos, chiripa es un   empleo modesto al que se dedica poco tiempo y del que, en consecuencia, se percibe poco ingreso. El DED apunta que es un trabajo extra que le permite algún ingreso a la persona.  Ganancia pequeña.

Tanta fuerza tiene el término en el habla dominicana, que ha generado el verbo chiripear, que no es otra cosa que realizar trabajos ocasionales de poca importancia o de escasa remuneración. También el sustantivo chiripeo que es la acción y efecto de chiripear, vale decir  realización de trabajos de poca importancia o de escasa remuneración. ¿Y cómo llamar al hombre que vive del chiripeo?  Pues, chiripero. Funciona como sustantivo y otras veces como adjetivo. Se dice de la persona que no tiene trabajo fijo y se dedica a tareas ocasionales y de poca importancia. Ya ve usted, quién crea los intríngulis.

 

JOSÉ MÁRMOL Y LA POESÍA EN RD: TRADICIÓN Y RUPTURA

7/08/2021

En otro artículo, he comentado seis ensayos de José Mármol en torno a problemas filosóficos de nuestro tiempo: identidad, modernidad, posmodernidad, lo virtual, lo real, verdad y posverdad. Están incluidos en el volumen Paradoja identitaria y escritura poética, perteneciente a la Colección Ergo de Literatura Dominicana Contemporánea, 2021.

En esa misma publicación aparecen los ensayos titulados “Poesía y diversidad en un mundo globalizado” y “Tradición y ruptura en la poesía de los siglos XX y XXI. Dinámica de sus movimientos”.

El primero de estos trabajos viene revestido de persistente sabor filosófico, porque se trata de una visión desde esa óptica la que emplea el autor. De inicio, plantea que la poesía es la máxima expresión estética de la lengua. Por esa razón considera que, al hablar de poesía, ya se habla de diversidad.

Mármol afirma que la poesía, por su capacidad de expresividad, “constituye una poderosísima herramienta de comunicación social, siendo al mismo tiempo, una de las más admiradas e inmanentes manifestaciones de la literatura, y también del habla popular, en todos los tiempos y en todas las culturas”. (pág.156).

Hay en la poesía una relación pensamiento-sentimiento que conduce al autor del ensayo a explicar que la poesía evoca su concreción en el poema como hecho de lenguaje, como un concreto de pensamiento, a lo que se agrega  la condición subjetiva de concreto sentimiento. Para concluir, Mármol destaca la poesía como un acto verbal de libertaria resistencia frente a las injusticias: “Más allá de los conflictos de todo género, de las pugnas supremacistas de las lenguas, las culturas y las naciones, y de las amenazas globales, estamos en el deber de defender la vigencia de la poesía, en su calidad de la más elevada expresión estética de una lengua…” (pág.163). El octavo y último ensayo contenido en el libro que les comento trata de la trayectoria del quehacer poético dominicano, tomando en cuenta movimientos, tendencias, rupturas y cambios que hayan incidido en la forma de la poesía. Mármol estima compleja la relación de ruptura en la tradición poética y por igual asegura que hay una tradición de rupturas. “Esta dinámica afinca sus fundamentos originales en la asimilación y rechazo de los ismos en boga, especialmente en Europa, en el siglo XIX”.

Después de la impronta dejada por el modernismo, filosofía poética liderada por el nicaragüense Rubén Darío, primer ismo que influyó en nuestras letras, entrado  el siglo XX,  se presentará “el mosaico” de ideas, movimientos, rupturas y otros fenómenos que imprimieron en la poesía dominicana una dinámica cuya herencia hoy -siglo XXI- vivimos. Aunque le cuelga el adjetivo “cuestionado”, Mármol señala el vedrinismo (1912) como el punto de partida, en orden cronológico, de los cambios en la poesía dominicana.

A este le siguen el postumismo (1918-21), el grupo Los Nuevos (1936), los Independientes del 40, la Poesía Sorprendida (1943), Generación del 48, Generación del 60, Joven poesía o Poesía de posguerra, Independientes del 70, grupo Y punto (1970), pluralismo (1974), generación del 80 y los talleres literarios, el interiorismo (1990 hasta la actualidad) y el contextualismo (1993). “Las ideas de estos ismos y posturas estéticas individuales o generacionales -sostiene Mármol- van a ser asimiladas o rechazadas por los jóvenes poetas que gravitarán en la primera y segunda décadas del siglo XXI” (pág. 170).

Hay mucho que ver en este ensayo para conocer el devenir de la creación poética en República Dominicana, cuya dinámica ha permitido “…el eterno retorno de la tradición en la ruptura y la ruptura dentro de la tradición”. El autor recalca este concepto con un juicio categórico: “Así tiene lugar la convergencia en la divergencia en la evolución poética dominicana”. (pág. 186).

LOS “RESTOS MORTALES” Y OTROS PLURALES 

14/08/2021

El apreciado amigo y escritor Víctor Escarramán ha dirigido una comunicación a esta columna cuyo texto se transcribe a continuación: Estimado columnista, escritor y amigo. Ante todo, aspiro a que su vida y la de familia discurran en salud y paz en este tiempo pandémico que nos gastamos. Le escribo para plantear una inquietud, dada su especialidad en el conocimiento de la lingüística y en su interés en la promoción del mejor español académico y del español dominicano, que semanalmente promueve en su columna Orto-escritura.

Me activa la curiosidad escuchar y leer reiteradas veces en medios de comunicación y en los hablantes, el uso del plural, cuando se van a referir al proceso de sepultura de un fallecido.  Y es que, se ha convertido en un canon la expresión: sus restos—se refieren al muerto—serán sepultados el día ZZ, a las XX: 00 horas, en el cementerio YYYY. YYYY.

La inquietud brota con la parte “sus restos”, como refiriendo que el cadáver no es uno, sino un conjunto de restos (partes) del mismo cadáver del mismo cuerpo. Es conocido que el cuerpo con su cabeza, tronco y extremidades es uno, donde cada órgano es parte complementaria de ese cuerpo que forma esa unidad. En la forma en que se enuncia, semeja que al momento del fallecimiento alguien había descuartizado el cuerpo: extrayéndole el corazón (un resto), separando la cabeza, otro, extirpando los pulmones; le habrían cortado las piernas, los brazos, etc. Entonces, si el cuerpo humano, aunque es un conjunto de órganos, al momento del fallecimiento es una unidad monolítica, que será sepultada como un solo, el cuerpo de la persona ¿De dónde nace la necesidad de pluralización “sus restos serán sepultados” en vez de, “su cuerpo o el cuerpo será sepultado”? Atento a sus comentarios, afectuosos saludos, Víctor Escarramán.

Plurales inherentes

La misiva del doctor Escarramán ha motivado las siguientes acotaciones, fundamentadas en el acápite 3.8 de la Nueva gramática de la lengua española (NGLE), titulado “Preferencias morfológicas o léxicas por el singular o por el plural”.

Algunos nombres solo se usan en singular (singulariatamtum). El singular “es parte esencial de su significado”. Los académicos los llaman “Singulares y inherentes”, y entre ellos entran: caos, grima, salud, sed y tino… y debería entrar el vocablo /gente/, el cual dice más en singular que en plural.

La palabra /cariz/ se considera de ese grupo, pero de acuerdo a la morfología puede pluralizarse en carices, como matices, de matiz.

Los nombres no contables deben asimilarse a los singulares inherentes. En algunos países como México y España pluralizan palabras como fútbol, baloncesto o electricidad. Pero no es propio de todos los hablantes de nuestra lengua.

Como hay singulares inherentes, tenemos los plurales inherentes, que es el tema de nuestro comentario: albricias, fauces, arras, exequias, funerales, bodas, provisiones (no se cuentan las provisiones) ¿y las exequias cuántas son?

Todos los sustantivos en plural no conllevan cuantificación. Mire estos casos: apuros, calamidades, tinieblas. Nadie dirá un numeral para estos plurales. Creo que ese fenómeno se ha dado con el sustantivo /resto/ y su plural /restos/. Lo mismo ocurre con los escombros. Digamos que se derriban dos edificios contiguos y lo que queda es escombros, pero si se cayera el del frente se hablará también de los escombros.

Ahora quiero citar la Gramática: “Son muy numerosas las expresiones idiomáticas que contienen sustantivos usados solo en plural. Entre las nominales pueden mencionarse artes marciales, cuidados intensivos, frutos secos, ejercicios espirituales. Son también muy numerosas las locuciones preposicionales adverbiales y adjetivas que incluyen un sustantivo plural”. (NGLE, 2009, página 173).

 

DESVELAR Y DEVELAR, PERO NO DESVELIZAR

21/08/2021

Es una duda recurrente, cíclica podría decirse. Los escritores J. Agustín Concepción, Max Uribe y Rafael González Tirado tuvieron que responder muchas consultas de los medios de comunicación para indicar la palabra correcta al denominar la acción de descubrir algo que permanecía oculto o tapado.

La abundancia de casos se encuentra al descubrir un retrato, una tarja o un busto, ceremonia que implica retirar un paño con el que se suele cubrir el objeto de que se trate para darlo por inaugurado, instalado o colocado. Pero hay un detalle: nadie emplea en estas situaciones los verbos inaugurar, instalar o colocar, pues el preferido -y es válido- es desvelar.

El verbo /desvelar2/ aparece con dos entradas en el Diccionario académico, y supongo que en los demás. En cada caso la palabra aparece con un numerito, como se usa en matemática cuando una cifra se eleva a una potencia dada. En lingüística ese numerito se llama superíndice.

La  primera vez que aparece /desvelar1/ trae como significado lo siguiente: 1. tr. Impedir el sueño a alguien, no dejarlo dormir. U. t.c.prnl. Si tomo café, me desvelo con mucha facilidad.2. prnl. Poner gran cuidado y atención en lo que se tiene a cargo o se desea hacer o conseguir.

La segunda vez, con el número dos “elevado”, y que es otra palabra, aunque se escriba igual que la anterior, significa: 1. tr. Descubrir algo oculto o desconocido, sacarlo a la luz. Desveló el nombre del ganador. U. t. c. prnl.2. tr. Am. Quitar el velo que cubre algo. Desvelar el rostro,  un retrato, una placa conmemorativa.

Como puede verse, en la segunda palabra es que está lo que hacemos cuando dejamos descubierta una escultura, una efigie o la placa que identifica un edificio. El significado se extiende a elementos no físicos que han sido descubiertos: complot, plan, fraude, amoríos.

La palabra /velo/, de la que se ha formado el verbo desvelar (des  y velar) tiene trece acepciones, la primera de las cuales es  “Cortina o tela que cubre algo”. Son muchos los vocablos del español formados a partir de agregar el prefijo /des/ a otra palabra para indicar negación o significado contrario al de la palabra base: deshonra, despegar, deshielo, desabastecimiento, desalambrar…

¿Y qué pasa con el verbo /develar/ que ha perdido la/s/ del prefijo des? Develar procede del latín  develare que también significa  ‘descubrir’, ‘levantar el velo’. No obstante, el Diccionario refiere al verbo desvelar2, Eso significa que  prefiere este  último. De modo que tanto se desvela una tarja como se devela, pero es preferible la primera.

Ya ven que son dos verbos y los correspondientes derivados (desvelado, desvelamiento; develado, develamiento…). Lo malo es que la fuente para engrosar la duda no se detiene ahí, pues el desconocimiento de la forma estándar parió dos verbos terminados en -izar, que se inventan cuando la necesidad lo impone o cuando se desconoce el término ya establecido en nuestra lengua.

Al verbo /desvelar/ se le ha pegado, a fuerza de repetición, el hijo bastardo /desvelizar/. Los académicos de la lengua le atribuyen la creación a Guatemala, Nicaragua y República Dominicana.

Por si fuera poco, el indeseado develizar genera – o degenera- a develizar, atribuido en el Diccionario de la lengua española a Nicaragua y República Dominicana.

Quizá este artículo haya descorrido o quitado el velo para descubrir el origen de las dudas recurrentes respecto del verbo a emplear para denominar esa acción. En buen castellano es preferible desvelar. Lo otro… bueno.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

NOMBRES PROPIOS QUE TAMBIÉN SON COMUNES

Hace unos nueve años, publiqué en este diario un artículo titulado “Divertimento con los apellidos”, en el cual mostramos que muchos apellidos son homónimos de términos que  tienen sentido léxico, es decir son palabras comunes con las que  se mencionan cosas, lugares, plantas, situaciones, procedimientos, animales, accidentes geográficos, partes del cuerpo, entidades abstractas o  metales.

El de hoy, es también una diversión, pues citaré nombres de personas que han sido tomados de sustantivos -y hasta adjetivos- comunes que designan cosas, seres, fenómenos de la naturaleza, deidades, funciones,  acciones, por igual  nombres que se conocieron  primero  por países y regiones.

Es muy evidente que rosa, margarita, orquídea, violeta y hortensia son flores, mientras la flor se define como “brote de muchas plantas, formado por hojas de colores, del que se formará el fruto”. Y flores son también dalia, camelia, jacinto, clavel y melisa, todos los cuales funcionan como nombres de personas, escritos con mayúscula inicial.

Quizá sorprenda saber que /carmen/   es una palabra común, al menos en Granada, donde se denomina con esta palabra a una quinta o huerto con jardín. El culto a la Virgen del Carmen, una de las advocaciones con que se alaba a santa  María, la madre de Jesucristo,  es responsable de que tantas mujeres en el mundo sean llamadas de este modo.

El nombre procede de la veneración a María en el Monte Carmelo, ubicado  en Israel. Según un diccionario bíblico, Carmelo o Carmen derivan de la palabra hebrea Karmel o Al-Karem, la cual se traduce como “jardín de Dios”.

De la religión viene también Ángel, Presbiterio (parte de la iglesia), Mártires, Obispo, Santo, Gracia, Confesor (sacerdote), Pastor, Trinidad, Diosa, Deogracia, Cruz, Crucita, Inmaculada (sin mancha), Evangelista, Rosario, Sagrario, Providencia, Fe, Natividad, Esperanza, Caridad y Salvador.

Los nombres terminados en -o son ordinariamente masculinos, pero algunos, por lo que significan, han servido para nombrar mujeres: Rosario (rezo a santa María), Sagrario (lugar sagrado), Socorro (ayuda), Milagro (acción portentosa), Consuelo (alivio de la pena), Amparo (protección), Rocío (lluvia tenue) y Remedio (medicina).

Como rosario, amparo y socorro, en santa María encuentran motivos los nombres Piedad (devoción por las cosas santas), Dolores, Virgen, Concepción, Reina, Mercedes (plural de merced, favor).

Fenómenos de la naturaleza prestan sus nombres a las personas: aurora, luz, alba (amanecer), luna, mar, sol, estrella.

El vocablo alba es también sinónimo de blanca, y en esta función es, por tanto, un adjetivo, como lo son también blanca, pura, cándida, clara, marina, digna, iluminada, amable, aquilino (rostro largo y delgado), argentina (relativo a plata), paulino (relativo a san Pablo), justo, bienvenido, augusto, máximo, silvestre, facundo (de fácil hablar), linda, bruno (nombre de un árbol, también de color oscuro) todos los cuales, escritos con inicial mayúscula, fungen como nombres de personas.

Muchas personas llevan nombres de países, que no necesariamente tienen valor semántico en nuestra lengua: América, Argentina, Francia, Grecia, Germania, Albania, Bolivia, Colombia, Bélgica, Argelia, África, Asia, Australia, Oceanía, Filadelfia, Virginia, Janeiro, Italia, Helvecia, Lusitania, Nápoles, Austria, Kenya, Israel, Nairobi, Belén. Siriaco (relativo a Siria), Delia (natural de Delos, Grecia).

Las siguientes palabras son sustantivos y adjetivos comunes usados para nombrar personas: Olivo (nombre de árbol), León, Ventura, Petra (nombre de planta), Erinia (deidad griega), Paloma, Patria, Patricia, Patricio, Lucía (del verbo lucir), Modesto (adjetivo), Amado (adjetivo), Domingo, Norma (regla), César (emperador romano), Rey, Reyes, Delfín (pez, primogénito de un rey) Delfina (mujer del delfín). Se agrega Julio que antes de denominar al sexto mes correspondía a una autoridad romana de igual nombre.

Ya lo ha visto usted, este tema es una diversión.

 

¿ES CÓVID O COVID? ¿LLANA O AGUDA?

Muchas serán -y ya son- las consecuencias del coronavirus de 2019, agente responsable de la terrible enfermedad denominada COVID-19.

Su escritura se corresponde con la sigla inglesa de “coronavirus disease”, enfermedad del coronavirus. Dado que contiene el sustantivo enfermedad en su forma inglesa, se ha recomendado que su género sea femenino (la COVID-19, mejor que el COVID-19). Lo que sí creo es que la fuerza del uso hará prevalecer el masculino.

Como es un acrónimo, formado a partir de la expresión “coronavirus disease”, se suele escribir por completo en mayúsculas. Pero dada su sobrada presencia en todos los niveles de lengua, el vocablo se ha lexicalizado (se hizo parte del español) por lo que puede escribirse en minúsculas. Se recomienda no dejar la inicial mayúscula porque se trata de un nombre común: covid-19. Fundéu defiende el guion como parte del nombre establecido y cita la Ortografía de la lengua española cuando explica: “…en aquellas piezas léxicas constituidas por una combinación de segmentos de cifras y letras se han venido separando tradicionalmente dichos segmentos con guion”.

Lo recomendable en el género: la cóvid o la covid; en grafía: COVID o covid (también cóvid).En su versión en línea, el Diccionario de la lengua española incorporó esta palabra indicando antes de la definición “m. o f”, que quiere decir masculino y femenino. Luego la define de este modo: Med. Síndrome respiratorio agudo producido por un coronavirus.

Entonces vamos a lo prosódico. ¿Cuál será la recta pronunciación de esta nueva palabra?

Los hablantes del español están divididos entre la pronunciación aguda /covíd/ y la llana /cóvid/

Algunos creen, entre ellos la Fundéu, que es mayoritaria la forma aguda, es decir con el acento en la última sílaba, aunque no se le marque. La pronunciación /cóvid/, con la fuerza de entonación en la penúltima sílaba se asocia al inglés. Sin embargo, no son -o no somos- pocos los hablantes del español que desde el inicio del fenómeno adoptaron la forma llana /cóvid/. Será difícil acoger una forma única, y como ha ocurrido con el género (enfermedad de la covid-19) que contra lógica se ha impuesto el masculino (el covid-19), las academias habrán de admitir las escrituras llana (cóvid) y aguda (covid), aunque se prefiera esta última. Ya ha ocurrido con otras palabras, tomadas de otras lenguas, tal el caso de élite o elite (Minoría selecta o rectora).

De algo podemos estar seguros: si la pronunciamos como llana, debemos colocar tilde, aunque en otras lenguas no la lleve. Aplicaremos la regla de las llanas terminadas en consonante diferente a /n/ y /s/, es decir, acentuaremos gráficamente a cóvid igual que hacemos con lápiz, árbol, cáliz, áspid (culebra), túnel, ángel, mármol, cérvix (útero) y los apellidos López, Gómez, Sánchez, Pérez o Féliz.

Quien la pronuncie como aguda, debe recordar al momento de escribir esta palabra, que no se le marca el acento como ocurre con cerviz (cabeza),cariz, verdad, ardid, David, salud, enfermedad, bondad, maldad, venid, tapiz, feliz o variz. 

Medusa y merluza

Medusa es un animal marino. El Diccionario académico la define así: Una de las dos formas de organización en la alternancia de generaciones de gran número de celentéreos cnidarios y que corresponde a la fase sexuada, que es libre y vive en el agua. Su cuerpo recuerda por su aspecto acampanado a una sombrilla con tentáculos colgantes en sus bordes. En tanto que de merluza el Diccionario dice: 1. f. Pez teleósteo marino, anacanto, muy apreciado por su carne, de color gris plateado, que alcanza hasta un metro de longitud, de mandíbula prominente y dientes finos, y que abunda en las costas de España.

 

Ortoescritura

Rafael Peralta Romero

 

17/04/2021

PIAR Y OTROS PÍOS

La pasada semana publicamos el trabajo titulado “No lo olvide: monosílabos van sin tilde”, y aunque es bien conocida la norma gramatical según la cual a las palabras de una sola sílaba no se les marca el acento, salvo algunas excepciones, el artículo suscitó comentarios y preguntas. Hoy les tengo una variación sobre el tema, enfocada en el verbo /piar/ y su familia de palabras.

Piar, de origen onomatopéyico, se dice de la acción propia de algunas aves, y especialmente del pollo: “Emitir cierto género de sonido o voz. 2. intr. coloq. Llamar, clamar con anhelo, deseo e insistencia por algo”. Eso indica el Diccionario de la lengua española.
Este verbo se conjuga como /enviar/. Presente de indicativo: envío, envías, envía, pío, pías, pía. Pasado perfecto: envié, enviaste, envió. Así: pie, piaste, pio. Las voces pío, pías, pía se tornan, por fuerza del acento, en bisílabas y como llanas terminadas en vocal y en -s no debe colocárseles tilde, pero excepcionalmente la llevan.

En el presente del subjuntivo se da igual fenómeno: yo píe, tú píes, él o ella píe, nosotros piemos, vosotros pieis, ellos píen.

Observarán que la forma verbal /pie/ (primera persona singular pasado perfecto) es palabra homónima del sustantivo pie (extremidad inferior del cuerpo humano). El vocablo pie (monosílabo y sin tilde) tiene 29 acepciones en el Diccionario académico. Con esta palabra se forman diversas locuciones: pie de amigo (ayuda), pie de atleta (infección en los pies), pie de cabra (palanqueta), pie de imprenta (Expresión de la oficina, lugar y año de la impresión, que suele ponerse al principio o al fin de los libros y otras publicaciones), a pie (loc. adv. Andando o caminando), pie de león (planta herbácea anual, de la familia de las rosáceas, con tallos erguidos), siete pies de tierra (sepultura, hoyo para enterrar un cadáver).
En ningún caso pie lleva tilde.

Entre tanto la voz pío, que corresponde a la primera persona, presente del indicativo del verbo piar (yo pío) coincide en escritura y sonido con otros usos del término con diferentes valores semánticos. Veamos: pío (onomatopeya, grito del pollito): “pío, pío, pío gritan los pollitos/ cuando tiene hambre, cuando tienen frío” (canción infantil).

Las expresiones “no sabe ni pío” y “no dijo ni pío” es posible que se correspondan con el anterior sentido de la palabra pío.

Pío es también sustantivo, nombre de persona: Doce pontífices romanos han usado el nombre Pío, entre ellos san Pío X.

El adjetivo /pío/ equivale a piadoso y es lo contrario de impío (Falto de piedad y de religión). El Diccionario recoge el adjetivo /pion/ (sin acento marcado) y con este significado: “Que pía mucho o con exceso”. En Higüey le dirán que se trata de un apellido, cuya escritura no precisa tilde, lo mismo que Sion, palabra que abunda en la Biblia para nombrar a Jerusalén, o Ruan, ciudad de Francia.

Del grupo de reír (río, presente; rio, pasado), dar (doy, dio), ver (veo, vio), liar (lío, lio) es el verbo fiar (fío, presente; fio, pasado).

Unos ejemplos con formas del verbo fiar:

1-No me fío de nadie.

2-En mi negocio no fío.

3-Nunca se fio de mí ni yo me fie de él.

4-Quien se fíe de los chismosos fracasa.

5-Te aconsejo no fíes, si quieres ver tu negocio crecer.

Seamos píos, nunca impíos.

  

NEVAR Y OTROS VERBOS IMPERSONALES

1/05/2021

La señora relataba un viaje por determinada región del mundo donde las temperaturas son insoportablemente bajas y al emplear el verbo /nevar/fue asaltada por una duda: ¿neva o nieva? De inmediato, una colaboradora, ágil y oportuna, leyó en su celular la conjugación que le señala el Diccionario académico a ese verbo, que en tercera persona singular del presente del indicativo es nieva. (En Alaska nieva casi siempre).

Sorprendió a la dama en cuestión-y también a quien esto escribe- lo que señala la Academia para la conjugación: yo nievo, tú nievas, usted nieva, él nieva, nosotros nevamos, vosotros neváis, ustedes nievan, ellos nievan.

La sorpresa se origina en el hecho de que /nevar/ es un verbo impersonal y sólo lo empleamos en la tercera persona singular, sin el pronombre: nieva, nevó, nevaba, nevaría, nevara o nevase, nevará, nieve (subjuntivo: Iré cuando no nieve).

Nevar es verbo de irregularidad vocálica cuyo modelo de conjugación es acertar (acierto, nievo; acertara, nevara; acertó, nevó…). El significado de todos conocidos es “Caer nieve”, pero el Diccionario guarda otra acepción. Hela aquí: “2. tr. Poner blanco algo dándole este color o esparciendo en ello cosas blancas”.

Deduzco que por eso aparece la conjugación, en todos los tiempos, modos y personas del verbo /nevar/. Solo así puede una persona atribuirse la acción de nevar: Yo nievo las paredes de mi casa cada año; Se nieva el pelo para una actuación teatral.

 

Otros verbos

Este choque con /nevar/ me ha motivado a examinar otros verbos impersonales, los cuales se refieren a acciones muy propias de la naturaleza y no del individuo: tronar, llover, relampaguear, amanecer, anochecer y atardecer.

 Tronar. Lo primero que de /tronar/ indica el Diccionario es que se trata de un verbo intransitivo e impersonal y significa “Haber o sonar truenos”. Su modelo es contar (cuento, trueno; cuenta, truena…). Resulta muy chocante esa primera persona: Yo trueno. Pero también: Nosotros tronamos; ellos truenan.

Hay otras siete acepciones de este vocablo que nada tienen que ver con el trueno. Aquí pongo algunas: 2. intr. Despedir o causar ruido o estampido; como las armas de fuego cuando se disparan.3. intr. coloq. Dicho de una persona: Perder su caudal hasta el punto de arruinarse. U. t. c. prnl.4. intr. coloq. Referirse a algo o a alguien de manera violenta.5. intr. coloq. Reñir con alguien, apartarse de su trato y amistad. Tronó con todos sus vecinos.6. intr. El Salv. y Méx. Dicho de una persona: Fracasar en un intento.7. tr. Cuba, El Salv. y Méx. suspender (? negar la aprobación a un examinando).8. tr. Cuba, El Salv. y Méx. Destituir o despedir a alguien de su cargo o empleo.

Llover. El verbo /llover/ se conjuga como mover. También es impersonal. Significado: “Caer agua de las nubes”. Como impersonal, solo ha de conjugarse en tercera persona, pero el Diccionario lo ofrece en conjugación completa: yo lluevo, tú llueves, él llueve, nosotros llovemos, vosotros llovéis y ellos llueven. Y así en los demás tiempos y modos.

Una segunda acepción registrada en el DLE, podría justificar esas conjugaciones. Lea esto: “Dicho de algunas cosas, como trabajos, desgracias, etc.: Venir, caer sobre alguien con abundancia”. Aun fuere dinero, maldiciones o bendiciones lo que lloviera, sigue siendo impersonal. Relampaguear (Haber relámpagos) es otro verbo impersonal que el Diccionario conjuga en forma personal: relampagueo, relampagueas…pero introduce la siguiente definición: Dicho frecuentemente de los ojos muy vivos o iracundos: Arrojar luz o brillar mucho con algunas intermisiones.

 

¿SE EQUIVOCA EL DICCIONARIO CON LOS VERBOS IMPERSONALES?

8/05/2021

En nuestro artículo de la pasada semana, titulado “Nevar y otros verbos impersonales”, mencionamos los verbos amanecer, anochecer y atardecer, pero no fueron explicados, como ocurrió con nevar, tronar, llover y relampaguear, todos los cuales se refieren a acciones propias de la naturaleza, por lo que resulta chocante conjugarlos en todos los tiempos y modos.

Amanecer. Este verbo se conjuga como agradecer (agradezco, amanezco; agradece, amanece). Tiene las siguientes acepciones, en el Diccionario de la lengua española, publicación oficial de las academias:

intr. impers. Empezar a aparecer la luz del día. Amanece a las ocho. Amanece nublado.2. intr. Llegar o estar en un lugar, situación o condición determinados al aparecer la luz del día. Amanecí en Madrid. Amanecí cansado.3. intr. Dicho de una cosa: Aparecer de nuevo o manifestarse al rayar el día. Amaneció un pasquín en la puerta de Palacio.4. intr. nacer. U. t. en sent. fig.5. intr. Aparecer o presentarse, especialmente de modo inesperado. U. t. c. prnl.6. intr. Am. Mer., Hond., Méx. y Nic. Pasar la noche en vela. U. m. c. prnl.

Pese a indicar, de inicio, que es un verbo impersonal (impers.) el Diccionario presenta la conjugación completa, con sus respectivos pronombres personales. Veamos el presente del indicativo: yo amanezco, tú amaneces, él, ella amanece, nosotros amanecemos, vosotros amanecéis, ellos amanecen.

Como impersonal, debería conjugarse solo en tercera persona, pero con sujeto indeterminado, como ocurre en estos usos: “Ella se irá para siempre cuando amanezca otra vez; “Si amanece y ves que estoy dormida, cállate…”.

Hay que admitirlo, los hablantes del español, no solo en República Dominicana, han venido usando de manera personal el verbo amanecer. Mire estos ejemplos: “Esta noche amanecemos, amanecemos parrandeando”; “Amanecí otra vez entre tus brazos…”. El primer caso corresponde a la primera persona plural, presente, indicativo, mientras el segundo se trata de primera persona singular, pretérito perfecto, también del modo indicativo.

Anochecer. (Del latín noctescere). Se conjuga como agradecer. Tiene cinco acepciones en el DLE. Helas aquí: 1. intr. impers. Empezar a faltar la luz del día, venir la noche.2. intr. Llegar o estar en un paraje, situación o condición determinados al empezar la noche.3. tr. And. Hacer desaparecer algo, hurtarlo.4. tr. p. us. oscurecer ( privar de luz y claridad).5. prnl. poét. Dicho de una cosa: Privarse o quedar privada de luz o claridad.

Aunque es impersonal, tomando en cuenta las otras acepciones, el Diccionario presenta su conjugación regular: anochezco, anocheces…

En los siguientes ejemplos, las formas verbales se circunscriben a la condición de verbo impersonal: “Qué será de ti, /Necesito saber hoy de tu vida /Alguien que me cuente sobre tus días / Anocheció, y necesito saber Que será de ti/”. (Roberto Carlo).
Otro ejemplo: En Europa anochece más temprano que en América, pero en Asia anochece primero que en Europa.

Estos versos de René del Risco Bermúdez (poema No está bien, sin embargo) son buen ejemplo de uso:

“Bien la mujer que siempre me acompaña está bien que llueva, que escampe,
y que anochezca”.

Atardecer. Conjugación como agradecer. También es clasificado como impersonal. Se define: Empezar a caer la tarde. Este verbo no tiene otra significación que no sea la llegada de la tarde, es el único de los siete mencionados en este y el anterior artículo que ha sido conjugado en el Diccionario solo en tercera persona. Aquí está en todos los tiempos y modos: atardece, atardecía, atardeció, atardecerá, atardecería, atardezca, atardeciere.Con la conjugación de los verbos impersonales, parece que los académicos se hayan equivocado, pero no es así, sino que los verbos citados, excepto atardecer, tiene otros valores semánticos.

DECIMONÓNICO, SÍ; PERO ¿VIGESIMONÓNICO?

15 /05/2021

El escritor Avelino Stanley, además de consagrado novelista, ha dedicado tiempo suficiente para la investigación en torno a la novelística dominicana. En esa área ha elaborado una teoría que da a entender claramente cómo se ha desarrollado el arte de componer novelas en nuestro país, desde sus comienzos. Para ello, Stanley ha marcado dos corrientes que han prevalecido en este quehacer a las que el autor de Tiempo muerto ha denominado “canon decimonónico” (siglo XIX) y “canon vigesimonónico” (siglo XX). En el primero se inscriben las novelas descriptivas, ampulosas, abundantes de detalles y en el segundo se registran novelas menos cargadas de información, en las que se rompe la continuidad del tiempo y el narrador deja de ser omnisciente.

Comparto la teoría de mi buen amigo Avelino Stanley, pero tengo una discrepancia de carácter lexicográfico: la denominación “vigesimonónico” no puede aludir al siglo XX (veinte), sino al XXIX (veintinueve). Es obvio que nuestra era aún no ha llegado a esa cifra y por tanto ninguna rama del accionar humano puede presentar características “vigesimonónicas”.

El adjetivo /nono, na/ deriva del latín “nonus” y significa noveno o que ocupa en una serie el lugar número nueve. Tiene uso en la formación de los números ordinales terminados en nueve, como nono, nona, décimonono, decimonono, décimanona, decimonona. Por igual: vigésimo nono, vigesimonono.

De vigesimonono y vigesimonona podrá derivar el adjetivo “vigesimonónico”, y su femenino “vigesimonónica”, los cuales adquirirán notable vigencia a partir del año 2801, cuando inicia el siglo XXIX (veintinueve). Esta palabra ha sido formada a partir de un calco del vocablo decimonónico, cuya terminación se ha agregado a vigésimo.

El Diccionario de la lengua española, publicación oficial de las academias, define el término /decimonónico, ca/ a partir de su etimología: decimonono. Y agrega lo siguiente: adj. Perteneciente o relativo al siglo XIX.

Desde luego, la palabra “vigesimonónica” no está en el Diccionario. Es de esperarse que el día que aparezca será definida de este modo: Perteneciente o relativo al siglo XXIX.

Muchos otros sucesos y actividades humanas podrán ser marcados, si ocurrieran en series, con el número ordinal veintinueve: Vigésimo noveno (o vigesimonoveno) Torneo de Ajedrez; Vigésimo noveno (o vigesimonoveno) Festival de la Canción. Vigesimonovena (o vigésima novena) Feria Internacional del Libro.

Los números ordinales determinan o individualizan al sustantivo en una serie o conjunto ordenado de elementos semejantes. Funcionan por lo común como adjetivos antepuestos al nombre. Ejemplo: “Era el quinto hijo para el mar nacido”. Pero también puede ir pospuesto: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César…”.

Ya hemos puesto ejemplos que ilustran que los números ordinales, a diferencia de los cardinales (dos, tres, cuatro…) presentan diferencia de género: primer mes, primera semana, primer hombre, primera mujer. Por igual: segundo paso, segunda ocasión, cuarto capítulo, cuarta edición, quinto encuentro, quinta conferencia.

Una importante observación académica acerca de los numerales ordinales es la siguiente: “Si el ordinal se escribe en dos palabras, el primer elemento mantiene la tilde que le corresponde como palabra independiente: vigésimo segundo, vigésima cuarta, trigésimo octavo, cuadragésima quinta; pero si se escribe en una sola palabra, el ordinal compuesto,

que resulta ser una voz llana terminada en vocal, debe escribirse sin tilde, pues no le corresponde llevarla según las reglas de acentuación”. (Ortografía de la lengua española, RAE y ASALE, 2010, pág. 676).

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

  

13/3/2021

NUERO… NO HAY; YERNA, TAMPOCO 

Lo primero que ha de expresarse en este artículo es el interés por introducir una precisión en torno a las palabras /nuera/ y /yerno/ y los viciosos cambios de género que en ocasiones las afectan. Pero no deja de provocar una reflexión el tratamiento que le da el Diccionario de la lengua española al definir los referidos vocablos. Ya veremos.

Para expresar el femenino de un ente vivo o de los elementos referidos a ellos (artículo, adjetivo), lo ordinario en el español es el cambio de terminación. Así, tenemos de perro, perra; niño, niña; chivo, chiva, bello, bella, pequeño, pequeña.

No podemos ignorar, sin embargo, que en algunos seres el masculino y el femenino presentan notable diferencia morfológica, fenómeno denominado heteronimia. De tal modo que la hembra del caballo se denomina yegua y no como el procedimiento habitual de nuestra lengua de mantener la base de la palabra y sólo variar el final.

Lo mismo ocurre con hombre, mujer; toro, vaca; carnero, oveja; padre, madre; compadre, comadre; rey, reina.

El Diccionario académico define lacónicamente el término heteronimia: “Relación que se establece entre dos heterónimos, p. ej., toro/vaca”.

Al consultar el adjetivo /heterónimo, ma/, encontramos que procede del griego (hetero, diferente; onomo, nombre) y se define así:1. adj. Ling. Dicho de un vocablo: Que se opone a otro de distinta raíz en algún rasgo morfológico, normalmente el género. Caballo es heterónimo de yegua.

Nuera y yerno son términos heterónimos, pues parten de raíces diferentes. Todos creemos que nuera es, con respecto a una persona, la esposa o pareja de un hijo de esa persona. Por igual, creemos que yerno es el esposo o marido de nuestra hija.

Sin embargo, el Diccionario oficial de nuestra lengua nos guarda estas sorpresas: nuera, (del lat. nurus, con cruce de suegra en las vocales).1. f. “Cónyuge femenino del hijo o de la hija de una persona”.

O sea, que la nuera (mujer) puede llegar a nuestra casa tanto de la mano del hijo (hombre) como de la hija (mujer).

Como para no dejarnos gachos, la publicación académica define el vocablo yerno de este modo: “m. Cónyuge masculino de la hija o del hijo de una persona”.

Esto deja dicho que el yerno (hombre) no es solo el marido de tu hija (mujer), sino que de este modo se ha de llamar también al “marido” de tu hijo (hombre).

La reflexión que se origina aquí se centra en la pregunta siguiente: ¿Hasta dónde tenemos que aceptar todo lo que diga el Diccionario? Es evidente que las definiciones de nuera y yerno arrastran pesada carga ideológica, identificadas con las corrientes que pregonan la exaltación de la homosexualidad. Pero ese es otro asunto.

Por hoy nos limitamos a recordar que la mujer relacionada maritalmente con el hijo de una persona es /nuera/ y que el hombre relacionado con la hija de esa persona es /yerno/.

 Bejuco y vejiga

Para completar el espacio, les recuerdo a quienes aún dudan que se escribe y pronuncia /bejuco/ la palabra con la que se denomina a la planta sarmentosa y trepadora, propia de regiones tropicales. Nunca “bujuco” ni “buhuco” ni “bojuco”, sino /bejuco/.

Parecida deformación ocurre con el vocablo /vejiga/ con el que se nombra un órgano interior que tienen los seres humanos y muchos otros animales vertebrados. Es una bolsa en la cual se deposita la orina producida en los riñones.

Algunos hablantes parecen temer a la pronunciación de la jota y buscan formas que creen más “finas”, tales como “veiga” o “vehiga”, dejando de lado la forma correcta, que es vejiga.

 

6/03/2021

DE CONCEBIR, CONCEPCIÓN; DE CONCEDER, CONCESIÓN

 Tema recurrente de esta columna ha sido el diferenciar las palabras de otras con las que guardan alguna semejanza gráfica o semántica, fenómeno al que los lingüistas llaman paronimia. Cuando dos o más palabras se parecen entre sí se dice que son parónimas. Ejemplos: intersección (cruce), intercesión (mediación) e intercepción (estorbo, detención).

Hoy les presento otros casos de parónimas que generan vacilación en hablantes cultos: concesión, concepción; enólogo, etnólogo; reto, recto y resto. Veamos:

Concesión. (Procede del latín. concessio, -onis). 1. f. Acción y efecto de conceder. 2. f. Acción y efecto de ceder en una posición ideológica o en una actitud adoptada. El vocablo tiene otras acepciones y les cito la cuarta: 4. f. Der. Otorgamiento que una empresa hace a otra, o a un particular, de vender y administrar sus productos en una localidad o país distinto.
Concesión es la acción de conceder, vale decir, dar, otorgar, hacer merced y gracia de algo. Este vocablo guarda gran afinidad con cesión (de ceder). Dar, transferir o traspasar a alguien una cosa, acción o derecho.

Concepción. (Del latín conceptio, -onis). 1. f. Acción y efecto de concebir. Por antonomasia la concepción de María, la madre de Jesús. Cuando se refiere a la fiesta con que anualmente celebra la Iglesia católica el dogma de la inmaculada concepción de María, se escribe Concepción, con mayúscula. Enólogo, ga. Es la persona entendida en enología. Con esta palabra, compuesta de vino y -logía, se denomina el conjunto de conocimientos relativos a la elaboración de los vinos. Aunque es propia de hablantes cultos, en ocasiones la prosodia se trastorna y lleva a confundirla con otro vocablo parecido en grafía y en sonido, pero muy disímil semánticamente. Etnólogo, ga. Especialista en etnología.

La etnología es definida en el Diccionario académico como la ciencia que estudia comparativamente los orígenes y expresiones de la cultura de los pueblos, a partir de los datos proporcionados por la etnografía.

Reto. Del verbo retar. 1. m. Provocación o citación al duelo o desafío. 2. m. Acción de amenazar. “Cuando en bélico reto de muerte, sus cadenas de esclavos rompió”.

Recto. Este vocablo tiene doce acepciones en el Diccionario de la lengua española. Les presento a continuación seis. Que no se inclina a un lado ni a otro, ni hace curvas o ángulos. Línea, trayectoria recta.2. adj. Dicho de un tipo de vestido o de una parte de él: Que es de corte sencillo, sin pinzas, pliegues, etc. Pantalón recto. Falda, manga recta.3. adj. Dicho de una persona: Severa, consigo y con los demás, en el cumplimiento de normas morales y de conducta.4. adj. Dicho del carácter o de la moral de una persona: Justo o severo.5. adj. Dicho del sentido de una palabra o una frase: Primitivo o literal, a diferencia del traslaticioo figurado.6. adj. Anat. Dicho del intestino: Correspondiente a la última porción, que termina en el ano. (Se usa más como sustantivo).

Resto. (De restar).. Parte que queda de un todo. En el juego de pelota y otros deportes, acción y efecto de restar. Dep. En el juego de pelota y otros deportes, sitio donde se resta. En matemática: Resultado de la operación de restar.

El vocablo restos, en plural, se emplea frecuentemente para referirse a los residuos o sobras de comida. Y peor aún para citar a lo que queda de las personas una vez que el espíritu ha volado a lo ignoto: restos mortales.

 

20/3/2021

HIBERNAR E INVERNAR: ¿SON PALABRAS SINÓNIMAS? 

Nuestro idioma tiene su ladito complicado y en ocasiones es preciso centrarse en la búsqueda del intríngulis. Quizá ocasione alguna dificultad determinar la relación semántica que pueda haber entre los verbos /hibernar/ e /invernar/, en adición al parecido fonético que presentan, es decir, son palabras homófonas.

Estos verbos son partes de sendas familias de palabras vinculadas todas al vocablo /invierno/, con el cual se nombra una estación del año. Veamos y comparemos, tomando como base lo que en cada caso señala el Diccionario de la lengua española.

Hibernación. (Del latín hibernatio, onis).1. f. Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas.2. f. En animales, tanto vertebrados como invertebrados, sueño invernal.3. f. Estado semejante a la hibernación de los animales que se produce en las personas artificialmente por medio de drogas apropiadas con fines anestésicos o curativos.

Hibernar. (Del latín hibernare).1. intr. Pasar el invierno, especialmente en estado de hibernación.
Hibernal. (Del latín. Hibernalis).adj. invernal.

Hibernizo, za. De hibierno.adj. p. us. Perteneciente o relativo al invierno.

La voz /hibierno/ que procede del latín “hibernum”, aunque esté en desuso, es equivalente a invierno. Hibierno pudiera ser el vocablo líder entre el grupo de los que inician -hib, y es el que más evidencia el parentesco de este grupo con la voz invierno.Invierno. (De ivierno, y este del lat. [tempus] hibernum ‘[estación] invernal’).1. m. Estación del año que, astronómicamente, comienza en el solsticio del mismo nombre y termina en el equinoccio de primavera.2. m. Época más fría del año, que en el hemisferio boreal corresponde a los meses de diciembre, enero y febrero, y en el austral a los de junio, julio y agosto.3. m. En la zona ecuatorial, donde las estaciones no son apreciables, temporada de lluvias que dura aproximadamente unos seis meses, con algunas intermitencias y alteraciones.4. m. coloq. Ven. aguacero (? lluvia repentina).Invernáculo. (Del latín, hibernaculum).m. invernadero (? recinto para el cultivo de plantas). Está claro que con este vocablo podemos nombrar a esos espacios destinados a la producción de frutos comestibles y que tanto bien han proporcionado a la economía y alimentación de los dominicanos.

Invernada. Estación de invierno. Es el tiempo de las temperaturas muy bajas, de las heladas y de las lluvias excesivas o de las tormentas de nieve, todo según el país de que se trate.
Invernal. Relativo al invierno.

Invernar. (De invierno).intr. Pasar el invierno en un lugar.2. intr. Arg., Chile y Ur. Dicho del ganado: Pastar en los invernaderos.3. tr. Ur. Engordar al ganado con buenas pasturas.
Invernizo, za. 1. adj. Perteneciente o relativo al invierno. 2. adj. Que tiene las propiedades del invierno. Invernadero. (De invernar y -dero).1. m. Recinto en el que se mantienen condiciones ambientales adecuadas para favorecer el cultivo de plantas.2. m. Paraje destinado a que pasten los ganados en invierno.

Efecto invernadero. 1. m. Elevación de la temperatura de la atmósfera próxima a la corteza terrestre, por la dificultad de que se disipe la radiación calorífica, debido a la presencia de una capa de gases, especialmente dióxido de carbono, procedentes de las combustiones industriales y otras actividades.3. m. desus. Sitio a propósito para pasar el invierno, y destinado a este fin.

Ortoescritura

Rafael Peralta Romero

 

CONCORDANCIAS COMPLEJAS

23/01/2021

 Es norma bien sabida que en buen español el sujeto y el verbo deben concordar en número y persona. Ella dijo que vendrá / Ella y él dijeron que vendrán. Como la lengua no es un cuerpo rígido, natural es que se presenten situaciones lingüísticas en las que la concordancia no resulte tan cómoda como en “Fellito juega con la bola”.

Algunos sustantivos que representan colectividad son propicios para generar dudas respecto de la concordancia entre sujeto y verbo. No me refiero a colectivos como: grupo, ejército, ganado, patrulla, todos los cuales conllevan verbo en singular igual que si se tratase de una persona física (El grupo se divirtió en grande; El ejército vigila la frontera; El ganado fue trasladado a la otra cerca; Una patrulla intervino para controlar la situación).

Veamos lo que ocurre con el colectivo /mayoría/. Para esto me valgo del Libro de estilo de la lengua española (publicación de la Real Academia Española, 2018, pág. 58).
Caso como la mayoría de los asistentes, cantidad de personas…

  1. la mayoría de los asistentes aprobó/aprobaron. En general, con sujetos compuestos por elementos como la mayoría y complementos en plural, se admite la concordancia con el verbo en singular y en plural: La mayoría de los asistentes aprobó/aprobaron la propuesta.

 

Ocurre lo mismo con el resto de, el X por ciento de, un millón de, la mitad de, la mayor parte de, la totalidad de, un tercio de, un grupo de, un conjunto de, un montón de, un sinfín de, una serie de, una ristra de, un total de, un aluvión de, un puñado de, un número de, una gran cantidad de, un par de…

  1. la mayoría vinieron/vino. También se admiten las dos opciones cuando se omite el complemento: La mayoría vinieron /vino.
  2. la mayoría de las personas son. Cuando el verbo es copulativo se considera más adecuado establecer la concordancia en plural: la mayoría de las personas son sinceras; Buena parte de los turistas estaban agotados; El 10 % de los alumnos son mayores de treinta años.
    d. cantidad de personas vinieron. Con elementos sin determinante delante, como infinidad de, cantidad de, multitud de o gran número de, es más normal la concordancia en plural: Existen infinidad de posibilidades de que vuelvan a darle el premio; Cantidad de personas vinieron; multitud de especies están en peligro; gran número de personas acudieron…

Casos como pareja, gente, ejército…:

  1. La gente vino pronto. A pesar de que nombres como pareja, gente, ejército, manada… se refieren a varias entidades, deben concordar en singular con el verbo: La gente vino pronto, no La gente vinieron pronto; La pareja está encantada, no La pareja están destrozados. No obstante, en oraciones distintas contiguas con sujeto implícito es posible poner el verbo en plural: La gente vino pronto. Estaban deseando ver el concierto.
  2. Estábamos allí toda la familia. Cuando estos nombres colectivos incluyen al hablante o al interlocutor, es posible, sobre todo en la lengua coloquial, establecer la concordancia en 1ª. o en 2ª. Persona del plural: Estábamos allí toda la familia; La gente de letras debería argumentar con facilidad.
  3. Estopa dará un concierto en Guatemala. Salvo que el plural esté marcado por otros elementos, los nombres propios que designan conjuntos de entidades concuerdan en singular: EE. UU. presentará (no presentarán) un veto en la ONU (frente a los EE. UU. presentarán un veto en la ONU). Se dice, por la misma razón, Estopa dará un concierto en Guatemala (frente a Los estopa darán un concierto…).

 

30/01/2021

El aparente choque de plural y singular genera vacilaciones para establecer concordancia entre sujeto y verbo en casos en los que intervienen los sustantivos tipo, clase, especie, gama, género, variedad y otros afines. Veamos algunos ejemplos:

1A-Este tipo de situaciones /traen/ consecuencias.

1B-Este tipo de situaciones /trae/ consecuencias.

Aunque el núcleo del sujeto es singular (Este tipo…) se admite la concordancia con el verbo en tercera persona del plural (traen), pero para “descomplejizar” se admiten ambas formas.

2A- Esta clase de personas no /puede/ ser confiable.

2B- Esta clase de personas no /pueden/ ser confiables.

3A-Una gama de colores que /resulta/ atractiva.

3B- Una gama de colores que /resultan/ atractivos.

4A- Se /vio/ todo género de competiciones.

4B- Se /vieron/ todo género de competiciones

5A-Una variedad de canciones /alegró/ el ambiente.

5B-Una variedad de canciones /alegraron/ el ambiente.

El Libro de estilo de la lengua española, publicación académica de 2018, refiere que: En construcciones en las que verbo ser une un elemento en singular y otro en plural, se suele establecer la concordancia en plural independientemente de la posición de los elementos”.

Y aporta los siguientes ejemplos: Las nuevas leyes son el verdadero problema; El verdadero problema son las nuevas leyes. “Aun así, es posible también la concordancia en singular en algunos casos: Los nachos con queso es/ son un aperitivo ideal; El precio es/son 50 euros; Veinte años no es/son nada”.

Agrega el Libro de estilo que si uno de los dos elementos unidos por el verbo ser es un pronombre personal, atrae siempre la concordancia del verbo: El culpable soy.

Y si ambos elementos son pronombres personales, lo más normal es establecer la concordancia con el primero si está en primera o segunda persona (Yo no soy tú; Tú no eres yo). Se produce variación cuando el primer pronombre es de tercera persona, aunque es más normal la concordancia en primera o segunda persona: Ella no es/eres tú; Él no es/soy yo.

 

Las Águilas

Algunos sustantivos asumen la condición de nombres colectivos porque pasan a nombrar una entidad colectiva: Águilas Cibaeñas, Tigres del Licey, Estrellas Orientales, Gigantes del Cibao, Leones del Escogido, Toros del Este, Estados Unidos de América. La norma indica que estos nombres colectivos conllevan verbo en singular: Águilas Cibaeñas entrena para Serie del Caribe; Tigres del Licey ha ganado más series; Toros del Este tiene futuro, Estados Unidos salió de Donald Trump.

En cada caso el verbo aparece en singular (entrena, ha, tiene, salió) y aunque los sujetos de estas oraciones están formados por elementos plurales representan entidades únicas.

Diferente será cuando se les coloque, como se estila en el habla coloquial, un artículo delante, obviamente que en plural. En tal caso, se impone la forma plural del verbo: Las Águilas Cibaeñas representan RD en Serie del Caribe. Los Estados Unidos libran lucha contra la covid-19.

Resulta incómodo lograr la concordancia entre sujeto y verbo formados por elementos en plural, aun se trate de un nombre colectivo. Podemos escribir: Leones fue vencido temprano, pero no Los Leones fue vencido temprano, pues el artículo plural (Los) exige verbo y adjetivo en plural (fueron vencidos).

De paso anotamos que tanto en el nombre del gran país del Norte como de los conjuntos deportivos mencionados, el artículo no forma parte de la denominación, por lo cual se recomienda escribirlo con inicial minúscula si no aparece al inicio de una oración.

NOMBRES DE LOS DIENTES

06/02/2021

Los nombres de los dientes recuerdan la naturaleza animal de los seres humanos. Nos diferenciamos de los otros en que podemos hablar y pensar, además de estar dotados de sentimientos. En muchas acciones nos parecemos a los animales irracionales, sobre todo en las funciones biológicas y ciertas necesidades. El comer, por ejemplo, es una necesidad animal que los humanos podemos convertir en un acto social.

Por la condición original del acto de comer, nuestros dientes cumplen funciones específicas que han permitido a los especialistas del área agruparlos y nombrarlos en consonancia con esas funciones y las características que presentan las piezas dentales. Los nombres y roles remiten a nuestra condición animal.

Los nombres son: incisivos, caninos y molares más los premolares. Los incisivos, cuatro en el conjunto superior y cuatro en el inferior, tienen la función de cortar. Son como pequeñas hachas. “Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma”, escribió a su hijo el poeta Miguel Hernández cuando el bebé tenía cinco dientes “como cinco jazmines adolescentes”.

El adjetivo /incisivo/, de acuerdo al Diccionario de nuestra lengua, significa “Apto para abrir o cortar. Punzante, mordaz”. Con los dientes incisivos cortamos un trozo de alimento (una salchicha, por ejemplo) mientras sostenemos una parte que no llevaremos a la boca de inmediato. Comer un guineo maduro precisa de los incisivos, pero no así masticar majarete o un helado, nueces o coditos.

En los caninos, ahí sí que hay rastros de animalidad. Ese adjetivo deriva de can, que es sinónimo de perro. Muchos son los que llaman “colmillos” a estos cuatro dientes agudos, terminados en punta, y no es por casualidad. El Diccionario académico define el vocablo /canino/ del siguiente modo: “1. Adj. Perteneciente o relativo al can. Raza canina. 2. Propio de un perro. Hambre canina.3. colmillo (diente agudo)”. Una cuarta acepción define a canino como excremento de perro.

El canino es la pieza dental ideal para desgarrar o ripiar algunos alimentos, como la carne, sobre todo si no se dispone de cuchillo para cortarla. Quien pela una caña con la boca necesita el auxilio de los dientes caninos, y por igual quien destapa una gaseosa a puro diente, ha de recurrir a esas piezas. Con los caninos, entonces, no solo se rasga, sino que se logran otros actos animales.

Desgarrar es sinónimo de rasgar, una de cuyas acepciones indica que consiste en producir una incisión con un instrumento cortante. Despedazarlos es lo que hacen tigres y leones con mansos animalitos que se atraviesan en su camino. Lo mismo nosotros, pero con diferencias de formas.

Es bueno ver lo que dice el DLE sobre el sustantivo /can/: perro. Esta voz deriva del latín “canis”, que es como en la lengua madre del español se denomina a ese animal. En nuestra lengua, el adjetivo por excelencia relacionado con perro (aunque exista perruno) es canino: hambre canina, raza canina, unidad canina, alimento canino.

Los molares, que junto a los premolares pasan de veinte, tienen como función triturar los alimentos. Los llamamos comúnmente muelas, para más vincularlos al acto de moler. Muelas son para moler. Podríamos comer, sin los incisivos ni caninos, almendras, mangú, arroz, pero muy difícil si carecemos de los dientes trituradores, es decir los molares. El verbo triturar se define así: Moler o desmenuzar una materia sólida, sin reducirla enteramente a polvo. Eso hacemos con las muelas.

¿Es cierto que por sus nombres y funciones los dientes recuerdan nuestra naturaleza animal?

 

13/02/2021

DE CÓMO MANGÚ LLEGARÁ AL DICCIONARIO ACADÉMICO

Las palabras no son del aire, como expresa una canción; las palabras son de los hablantes, así lo demuestra la realidad. La vigencia de un vocablo depende del uso que del mismo hagan los usuarios de la lengua a que corresponda. La voz /mangú/, por ejemplo, forma parte del patrimonio lexicográfico de los dominicanos, así como el objeto que representa resulta infaltable en nuestra cultura gastronómica.

Denominamos /mangú/ al apreciado puré de plátano de verde, macerado con mantequilla u otra grasa comestible, preferiblemente aceite de oliva. Se suele acompañar con huevos, salami o queso frito y en su defecto… con lo que haya. La compaña varía según la condición económica de quien lo prepara, como también incide el factor geográfico y otras circunstancias.

El origen de la palabra no ha sido bien establecido, pero el plato constituye un elemento bien conocido y apreciado tanto en la mesa del rico como en la del pobre, del ilustrado como del iletrado, en hoteles calificados como en fondas y comedores modestos.

Como las palabras son de todos, todos tenemos derecho a emplearlas, promoverlas y defenderlas. En estos días hemos visto el anuncio de una campaña para lograr que el término /mangú/ sea incluido en el Diccionario de la lengua española. Los promotores de la cruzada lo llaman Diccionario de la Real Academia.

La actividad, alentadora y plausible, ha partido del centro comercial Jumbo. Solo un error se advierte en la estrategia de la campaña: han olvidado que en la República Dominicana funciona una institución llamada Academia Dominicana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española.

Las academias correspondientes trabajan junto a la RAE para elaborar el Diccionario académico, la Gramática, la Ortografía y todos los demás documentos y publicaciones destinados a regular, fortalece y perfeccionar el uso de la lengua española. Estas instituciones están en todos los países de habla hispana, además de Filipinas (antigua colonia de España) y -aunque parezca extraño- en los Estados Unidos de América, donde habitan alrededor de cincuenta millones de hablantes del español.

Estas instituciones constituyen la Asociación de Academiasde la Lengua Española, cuyo presidente suele ser el director de la RAE, como lo es en este momento Santiago Muñoz Machado.

Conste que los delegados de todas las academias correspondientes tienen voz y voto, ya sea remitiendo sus opiniones y propuestas desde sus respectivos países o reunidos en Madrid, cuando es necesario.

Debe alentar a los promotores de la cruzada en favor del vocablo /mangú/ que éste ha sido incluido -tenía que ser- en el Diccionario del español dominicano, publicación oficial de la Academia Dominicana de la Lengua, aparecida en 2013.

En ese Diccionario ha sido incorporada con la siguiente definición:
“1.m. Puré hecho de plátano verde hervido y aceite o mantequilla”.

El DED incluye un ejemplo tomado de la novela Uña y carne, de Marcio Veloz Maggiolo, el cual dice: “Eran las diez de la noche y un plato de mangú con salchichón le esperaba como siempre en su escritorio”.

Una segunda definición indica:

  1. Persona débil o influenciable.

De tan popular el mangú, se ha creado la expresión “Volverse un mangú”, la cual se aplica a la persona que ha quedado aturdida, que se ha vuelto incapaz de actuar. Cuando se compara a una persona “blandita” con el mangú, no es elogio para la persona, pero sí para el alimento.

Pienso que el dominicanismo mangú será incorporado al Diccionario académico, pues califica para ello, pero dudo que se logre por efectos de farandulearía.

 

Ortoescritura

Rafael Peralta Romero

 

TARVIA, NO TALVIA; ENTARVIAR, NO ENTALVIAR

19/12/2020

El ingeniero Ramón Alburquerque, con la agudeza que lo caracteriza, divulgó el 13 de diciembre de 2020 el siguiente tuit: “Talvia era el nombre o sigla de la empresa que aplicó asfalto por primera vez a partir de 1918 y colocaba sus letreros o vallas TARVIA en las obras, que derivó en TALVIA”. Confieso que no tenía en agenda componer un artículo sobre este asunto, pero el comentario de Alburquerque me provocó una reflexión que dio origen a este texto. Leí las respuestas y comentarios al tuit de Alburquerque y de ellos escojo la de Confesor Castillo: “Tarvia era el nombre del producto que utilizaban para el asfaltado. La empresa se llamaba Barrett Industries. Fuente: barrettindustries.com/about-barrett/…».

Otra opinión juiciosa indica que “TARVIA es la marca de un producto usado para cubrir calles y carreteras. Fabricado por la Barrett Manufacturing Co., NY., lo mercadeaba bajo el lema «buenos caminos a bajo costo».

Alguien tuiteó una versión muy lógica para determinar el origen de la palabra: TAR= alquitrán, VIA= camino o vía. La Barrett Manufacturing Co fue la empresa contratada en la era de Trujillo para el asfaltado de las calles de Santo Domingo.

Este detalle remite a la escritura de la palabra como TARVIA y no TALVIA, de conformidad con su etimología. El vocablo es de uso habitual en el habla dominicana, pese a ello no está registrado en el Diccionario de la lengua española.
Vale apuntar que la palabra ha sido incorporada al Diccionario del español dominicano, publicación de la Academia Dominicana de la Lengua. La definición me luce muy escueta e insuficiente: «asfalto, alquitrán».TARVIA ha sido definida como una mezcla sólida y compacta de hidrocarburos y minerales que se emplea en el pavimento de calles y carreteras.» TARVIA es la marca de un producto usado para cubrir calles y carreteras. Fabricado por la Barrett Manufacturing Co., NY., lo mercadeaba bajo el … Ver más.

Creo pertinente presentarles un apunte de don Max Uribe, autor del Diccionario de dominicanismos y americanismos. Dice: “El doctor Carlos Curiel, escritor de múltiple cultura y de esmerado y limpio estilo, ha hecho llegar a nuestras manos su obra Semblanza del siglo XX, de reciente edición…Juntamente con la misma tuvo él a bien remitirnos una nota explicativa del significado de la voz tarvia así como de algunas locuciones que con dicha voz suelen construirse. Dice así la nota:

-Tarvia. Del inglés tar: brea, alquitrán. De ahí tarpauling, tela embreada o alquitranada, lo que la hace impermeable y a propósito para proteger cargamentos.” (Ed. Librería Trinitaria, 2008, pág. 582).

El comentario del profesor Curiel fortalece la apreciación de que la palabra se escribe /tarvia/ (con erre) y no /talvia/ (con ele). Y en consecuencia, el verbo derivado ha de seguir la misma suerte: entarviar y no entalviar. Del verbo /entarviar/ derivan el gerundio /entarviando/ y el participio /entarviado/, además de las formas provenidas de su conjugación (entarvio, entarviamos, entarvié, entarviaré…)

De modo que diremos: Están entarviando las calles del pueblo, qué bueno.

Por igual: Solo han entarviado la calle principal. El participio /entarviado/ puede fungir como sustantivo: El entarviado de la carretera se llevará un mes. Tarvia, entarviar, entarviado y otras de la familia son voces del español dominicano cuya grafía tiene deudas con el inglés (tar, alquitán). Por eso recomendable tarvia, no talvia; entarviar, no entalviar.

 

TROTAR Y GALOPAR, TAMBIÉN ANDONEAR Y ESCAPEAR

09/01/2021

Consiste, lo enumerado en el título, de cuatro acciones propias del caballo, pero el asunto a tratar no es hípico o ecuestre, sino lexicográfico. Los dos primeros verbos ostentan carta de ciudadanía en el español general, pero los otros se limitan al habla dominicana. La persistencia en el uso de /andonear/ y /escapear/ sugiere la atención de los académicos y estudiosos de la lengua. Veamos el Diccionario de la lengua española:

1-Trotar. 1. intr. Dicho de un caballo: Ir al trote. 2. Dicho de una persona: Cabalgar en caballo que va al trote.

El sustantivo trote deriva del verbo trotar. Es definido: Modo de caminar acelerado, natural a todas las caballerías, que consiste en avanzar saltando, con apoyo alterno en cada bípedo diagonal, es decir, en cada conjunto de mano y pie contrapuestos.
Ser trotón o trotona no es condición favorable de una cabalgadura, por el zangoloteo a que es sometido quien la monta.

1-Galopar. (Del francés galoper). Es lo que hace el caballo cuando va a galope. Esta última voz es definida así: Marcha rápida de una caballería, más veloz que el trote, que consiste en avanzar saltando y manteniendo en algún momento las cuatro patas en el aire. El verbo galopar tiene una variante en /galopear/, de uso no generalizado, pero con mejor suerte que /trotear/, reservado a hablantes dominicanos de poca escolaridad.
3- Algunas cabalgaduras tienen una condición favorable y grata a sus propietarios: caminan (no correr) con movimientos ágiles. Los dominicanos citamos esa acción con el verbo /andonear/, pero el Diccionario académico no la registra. Tampoco el Diccionario del español dominicano.

Pero hay esperanza, pues el adjetivo /andón, andona/ sí ha sido incorporado al código lexicográfico oficial. Así lo presenta: Cuba, Pan. y R. Dom. Dicho de una caballería: Que anda mucho.

En junio de 1977 publiqué el poemario infantil Niño y poesía, del poema “Mi padre” (pág. 15) cito estos versos en los que utilizo con naturalidad el verbo /andonear/, traído del ambiente donde me crié. Allí es habitual hablar de la acción de andonear atribuida a un equino.

“Mi padre se va montado / en su mula que andonea…”

4-Escapear. No está en el Diccionario. Lo más próximo es el sustantivo /escape/, que se refiere a la acción de escapar o escaparse, especialmente de una situación de peligro. Pero cuando se habla de /escapear/ no se piensa en huir, salir de un encierro o un peligro, sino que es una cabalgadura la que ejerce la acción de /escapear/. Se puede admitir que se trata de una corruptela del verbo escapar, en cuya tercera acepción el Diccionario apunta: Hacer correr a un caballo con extraordinaria violencia.

Alguien podría escapar de un lugar o de una situación sin que necesariamente sea con rapidez o violencia, pero cuando se dice que un caballo escapea implica velocidad en su desplazamiento. Tanto, que ha dado origen a este dicho popular: “Ese preña una yegua al escape”. Suele decirse para resaltar la edad de un muchacho a quien alguien cree niño o más joven de lo que aparenta.

En el Diccionario del español dominicano aparece el verbo /escapear/ con tres acepciones, ilustradas con ejemplos de autores dominicanos. La segunda acepción dice: “Poner un caballo al galope”. Cita un ejemplo tomado de la obra Merengue, de Miguel Ángel Jiménez: “El que se trepaba con mayor agilidad sobre los árboles; el que mejor escapeaba un caballo al pelo y el más guapo”. En la tercera acepción se define a escapear como “Andar o escapar con rapidez”. El ejemplo de uso procede de la novela La sangre, de Tulio M. Cestero: “Los viajeros, satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas”.

Los verbos andonear y escapear esperan por los académicos.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

28/11/2020

PALABRAS “HINCHAUBRES”

Esta columna se honra con presentar una colaboración del escritor Sélvido Candelaria, de quien puede asegurarse ostenta una plena conciencia de la lengua. Su obra publicada (Novelas, cuentos, poesía, ensayos…) lo demuestra, pero para ello bastaría el artículo que a continuación se lee: Como se estila en estos tiempos, acabo de participar en una especie de seminario o conversatorio por la red cibernética, con motivo del día dedicado a enaltecer nuestra piedra semipreciosa llamada, larimar. Y, precisamente, por tratarse del símbolo de identidad que representa para nosotros esta gema (única en el mundo, sólo encontrada, hasta ahora, en la República Dominicana) me chocó la terminología utilizada por uno de los participantes, quien se empeñó olímpicamente en denigrar nuestra esencia cultural, con la intercalación, cada dos palabras, de términos extraños, fácilmente sustituibles por sus contrapartidas en español. Entre ellos sobresalió, por lo reiterado de su uso, uno que ya me jincha la ubre como decía Ma’mercedes, mi abuela.

“Este webinar”, “el próximo webinar” “otros webinares” eran parte de las expresiones que brotaban de su boca como canción en vellonera controlada por un borracho amargado. “Webinar” es la palabreja de moda en estos tiempos. Su verdolagueada propagación, se la debemos tanto al confinamiento impuesto por las medidas sanitarias como al deseo desmesurado de algunos por parecer chic; “al día”, con las novedades que nos impone la globalización conceptual. Si a este vocablo le añadimos los “foodtrucks”, el “marketing”, los “sponsors”, los “influencers” y otros torturadores anglicismos, conformaríamos el armazón del “discurso novedoso” de cualquier “cágame la traba” enganchado a comunicador u orientador, en estos días.

Al escuchar la expresión por primera vez, yo, nacido y criado al lado del mar, cuando el pescado de tercera se regalaba y pocas personas se interesaban en tomarlo, la asocié a un reguero de huevas, como los que dejaban los pescadores en la playa, al extirpar las vísceras de la captura diaria. Pero no. Busco un poco, y me doy cuenta de que está construida con dos estructuras idiomáticas foráneas: web y seminar. Y entonces me entra por razonar… “si tenemos red para web y seminario para seminar, ¿por qué no podemos construir nuestro propio neologismo? Redinar o redinario (este último me gusta más), serían dos buenos ejemplos, si lo que deseamos es “innovar”. Porque bien podríamos decir “seminario en la red” o “conversatorio en la red” y sería perfectamente entendible. Además, como que sonaría mejor, pues, hasta rítmicas me parecen esas expresiones. Pero dije que no. Tenemos que andar buscando siempre las cuatro patas y media al expresivo gato de nuestro idioma. No nos conformaremos nunca con reconocer que solo tiene cuatro, aunque lo suficientemente sólidas para mantenerlo erguido y maullando a través de sus 77 vidas.

¿Sería demasiado pedir menos agresividad en el diario golpeteo a los cimientos de nuestra cultura? Espero ver el día en que los modismos de otros idiomas, por nais que nos parezcan, no sean metidos a la fuerza, en el redil de nuestros giros significantes… bueno… al ritmo que vamos, parece que habré de seguir soñando y sufriendo. Ha de ser la penitencia que me imponen por ocupar un espacio en este mundo de conexiones instantáneas y descerecrónicas (por aquello de “desnutrición cerebral crónica”).
“Es la vida”, diría un considerado francés, en tertulia con sus amigos dominicanos, en el Palacio de la Esquizofrenia.

 

6/12/2020

ESTÁ DICHO: SOMOS LO QUE HABLAMOS

La lengua solventa a los seres humanos sus necesidades de comunicación. Mediante este valioso instrumento, expresamos deseos, sentimientos, o requerimientos. Gracias a la lengua juzgamos, informamos, preguntamos, declaramos, congratulamos o convencemos.

Pero no solo eso, sino que por la lengua puede el ser humano expresarse a sí mismo, ya no solo pedir agua o comida, anunciar que se marcha o decir su nombre, sino justamente mostrar la persona lo que es, verter sus interioridades, denotar si es egoísta o generoso, si es creyente o incrédulo, si es ignorante o ilustrado, si es resuelto o timorato, en fin…mostrarse. De ahí lo ajustada de la sentencia: “¡Raza de víboras! ¿Cómo podéis vosotros decir cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mt. 12,34-35). Si la facultad del habla nos diferencia de otros seres y de las cosas, el habla particular nos permite expresarnos, en primer término como individuos, y en segunda instancia como pueblo o comarca. Un elemento de primera importancia para esa expresión es la fraseología, de manera que para la búsqueda de la expresión colectiva, nada más indicado que hurgar en el repertorio de locuciones, frases, giros y adagios de los que emplean los hablantes de una nación.

Hay frases para cada situación. Y fungen de auxiliares del pensamiento y de la comunicación. Muchas veces pueden servir de muletas a discapacitados verbales que logran sacar a flote un pensamiento, apoyados sobre este modo de hablar. No hay dudas de que resulta más cómodo hablar con una frase hecha que detenerse a inventarla. ¿De qué modo podría mejor articular su pensamiento un hombre de vida llana y elemental que quiera aconsejar a su hijo respecto de la conveniencia de guardar silencio frente a determinada situación? Simple, le dirá: “Mi hijo, en boca callada no entran moscas”. Otro hombre que guarde menos aprecio por el muchacho y quizá vinculado a la causa que éste ha criticado, lo dirá de otro modo: “Por la boca muere el peje”. Lo cual, obviamente, envuelve una amenaza. Estas reflexiones encuentran un válido punto de apoyo al hojear y ojear el Diccionario fraseológico del español dominicano, publicado por la Academia Dominicana de la Lengua, 2016, con la firma de Bruno Rosario Candelier, Roberto Guzmán e Irene Pérez. Este Diccionario representa una auténtica descripción de la idiosincrasia dominicana, formulada mediante estos recursos lingüísticos de cuyo empleo no es ajeno ningún sector social, sin importar, incluso, su nivel de lengua. Por ejemplo, Joaquín Balaguer, político y escritor que fuera paradigma de hablante culto, se valió de este medio para acentuar en la mente de las masas, no precisamente cultas, su plan reeleccionista. Dijo alguna vez: “No es conveniente cambiar de caballo cuando se está vadeando un río”.

Con esta frase dejaba de lado todo el armazón retórico que la acompañaba. Aun más, como el verbo “vadear” no es de uso común en el habla dominicana, la gente lo tradujo a “pasar” y el lema devino en “No es conveniente cambiar de caballo cuando se está pasando un río”.

Y siguiendo con Balaguer, ese hombre de fina estampa, en conversación con la prensa, empleó la locución verbal “hacer pupú fuera del cajón” para rechazar, con sobrada vehemencia, un acto de un adversario político. Muchas frases y adagios nos han llegado de otros ámbitos (“Árbol que nace torcido nunca sus ramas endereza”), pero en locuciones y giros “ay, mamá”, ahí sí hay dominicanidad.

Se ha hablado suficientemente acerca del papel del lenguaje en la formación de la conciencia humana, y a propósito observo que en la fraseología tiene el hombre una vía cómoda para emitir juicios, declarar deseos o dictar sentencias y sobre todo para revelar quién es, vale decir expresarse a sí mismo.La fraseología sirve de auxilio para el pensamiento e implica la concepción de una colectividad acerca del mundo, de la sociedad, de la moral, de la divinidad y de todo otro elemento de la cosmovisión que incide sobre la conciencia social y que se expone mediante el lenguaje.

 

12/12/2020

ALINEAR ALINEO [ALINÉO], ALINEAS [ALINÉAS], ALINEA [ALINÉA]

Si su vehículo muestra alguna inestabilidad en el rodamiento debe ser sometido a /alineación/. Incluso, el hecho de cambiarle las llantas demanda que se /alinee/.
Una vez en el taller, el técnico en alineación le responderá: “Nosotros lo /alineamos/ en breve tiempo”. Usted insiste en preguntar: ¿En qué tiempo lo /alinean/? El operador de la máquina le dirá: Yo /alineo/ ese carro en media hora. Entonces, usted ordena: alinéelo.
Un español que andaba en lo mismo dice: El centro donde yo /alineaba/ ha cerrado, ¿vosotros alineáis electrónicamente? – Claro, nosotros /alineamos/ con tecnología moderna. Y el extranjero concluye: –Pues aquí /alinearé/ mi coche o mejor, lo /alinearéis/ vosotros. – Sin duda, lo /alinearemos/.

El verbo /alinear/ sufre en el habla de muchos dominicanos alteraciones que lo diferencian de la conjugación correspondiente al español general. Semánticamente se observa que el uso más generalizado entre nosotros es el referente a la mecánica, pese a que en el Diccionario de la lengua española aparecen otras acepciones antes que esa. Veamos:
1-Colocar tres o más personas o cosas en línea recta. U. t. c. prnl.2. tr. Incluir a un jugador en las líneas de un equipo deportivo para un determinado partido. 3. tr. Vincular a una tendencia ideológica, política, etc. U. t. c. prnl.4- Mec. Ajustar en línea dos o más elementos de un mecanismo para su correcto funcionamiento.

La cuarta acepción (edición 23ª del DLE) predomina en el español dominicano sobre las otras. De ésta derivan los sustantivos alineación y alineamiento.
El Diccionario no registra el significado que aquí le otorgamos a la palabra /alineación/ en relación con los automóviles. He aquí lo que dice la publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

  1. f. Acción y efecto de alinear. 2. f. Trazado de calles y plazas. 3. f. Línea de fachada que sirve de límite a la construcción de edificios al borde de la vía pública. 4. f. Acción y efecto de formar o reunir ordenadamente un cuerpo de tropas. 5. f. Disposición de los jugadores de un equipo deportivo según el puesto y función asignados a cada uno para determinado partido.

Respecto al vocablo /alineamiento/ la publicación académica refiere hacia /alineación/. De su lado, el Diccionario del español dominicano, registra alineación (en sentido del uso en beisbol, orden en que los peloteros aparecen en la lista de bateo). Alineamiento es definida por la importante obra de la Academia Dominicana de la Lengua DED como alineación del tren delantero de un vehículo. Esta publicación no incluye el verbo alinear.

Para advertir sobre ciertas incorrecciones, es necesario reproducir textualmente lo que explica el Diccionario panhispánico de dudas sobre la conjugación del verbo alinear. Hela aquí: En todas las formas en las que el acento recae en la raíz aline-, la vocal tónica es la -e-: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa], alinee [alinée], etc. Son, pues, incorrectas las formas en las que, por influjo del sustantivo línea, se desplaza el acento a la -i-: alíneo, alíneas, alínea, alínee, etc., así como su pronunciación con cierre de la /e/ átona resultante en /i/: [alínio], [alínias], [alínia], [alínie], etc., pronunciación que a veces llega a reflejarse en la escritura. Los mismos errores deben evitarse en el resto de los verbos acabados en -linear, como delinear, desalinear, entrelinear, interlinear y linear.

Conviene tomar en cuenta estas observaciones para andar por la línea al conjugar el verbo alinear. Y alinee su vehículo antes de emprender el viaje.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

Ortografía

El apellido, esa parte del nombre propio que nos identifica como miembros de una familia, por su rol de antropónimo debe escribirse con mayúscula inicial, aunque esté expresado con sustantivos tan comunes como madera, puente, puerta o mesa, río, mata.

Por sus mismos orígenes, algunos apellidos han adquirido la preposición /de/ (de León); otros llevan además los artículos –la o -el, según el género (de la Cruz, del Castillo); y también unos llevan el artículo –la antepuesto (La Luz, La Guardia).

Con frecuencia vemos apellidos escritos con la preposición en mayúscula y en algunos casos lo propician los portadores de ese nombre familiar (De Castro, De Óleo). Pero aún más, algunos colocan mayúscula al artículo –la en apellidos que llevan este vocablo entre la –de y el sustantivo (De La Cruz, De La Rosa). ¿Procede poner mayúsculas en las preposiciones y los artículos de los apellidos?

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial de la Asociación de Academias de la Lengua Española y la Real Academia Española, indica al respecto que si un apellido español comienza por preposición, o por preposición y artículo, estos se escriben con minúscula cuando acompañan al nombre de pila: Fernando del Campo, Luis de Torres, Juana de la Rosa; pero, si se omite el nombre de pila, la preposición debe escribirse con mayúscula: señor De Torres, De la Rosa, Del Campo… (Edición 2010, pág. 467).

Cuando se invierte el orden de nombre y apellido, como para archivo o referencia bibliográfica, y el apellido precede al nombre de pila o se prescinde él, se empleará mayúscula inicial en la preposición. Ejemplo: De la Rosa Carpio, Ramón; De León, Osiris; De Castro, Aníbal.

Los apellidos que empiezan por artículo /La/, que no son muchos, deben escribirse siempre con mayúscula inicial, vayan o no acompañados del nombre: calle La Guardia, Pedro La Guardia; Milton La Hoz, señora La Hoz, José La Luz, Horacio La Madrid. Lo mismo va para los apellidos: La Torre, La Vega, La Rubia, La Parra, La Huerta, La Calle, La Blanca, La Merced…

El aeropuerto local de Nueva York ha sido nombrado La Guardia en honor al alcalde Fiorello La Guardia. Una calle en Santo Domingo se denomina La Guardia, igual que una ciudad de España. En cada caso La/ en mayúscula.

Procede insistir en el detalle relativo a los apellidos que llevan preposición y artículo, y reiterar que estas dos partículas se escriben con minúscula si van junto con el nombre: Félix de la Rosa, Santiago de la Cruz, Rosa Francia de la Mota, Laura de la Nuez, Jacinto de la Concha, Félix de la Vega, don Quijote de la Mancha.

Los apellidos que llevan preposición y artículo masculino (el) se someten, como en cualquier expresión común, al fenómeno llamado contracción: de + el se trueca en –del. En este grupo entran: del Toro, del Castillo, del Cristo, del Rosario, del Monte, del Pino, del Risco, del Río. Cuando se mencionan sin el nombre de pila asumen la mayúscula en /Del/: Del Toro, Del Castillo…

Provocan mucha tentación para ser alterados, por gusto o capricho, los apellidos que solo llevan la preposición delante del sustantivo. Las tendencias son a escribir la –d con mayúscula (De Camps, De Castro…) o colocar un apóstrofo D’, como ha hecho mi apreciada colega Nexcy D’ León, cuyo apellido verdadero es de León. Otros con -d: de Soto, de Torres, de Óleo (sin apóstrofo), de Luna, de Silva, de Dios, de Aza (sin apóstrofo).

El sustantivo base del apellido puede estar en plural y, desde luego, el artículo debe concordar: Apolinar de los Santos, Waldo de los Ríos, Bartolomé de las Casas, María Antonieta de las Nieves.

La mujer que quiera colocar el apellido de casada a continuación del suyo, si el del marido comienza con la preposición -de, la segunda vez va en mayúscula: María López de De León, Rebeca Núñez de De Peña, Petra de Del Castillo.

10/10/2020

Los prefijos son elementos que colocados delante de una palabra dan origen a una nueva (re + formar: reformar). Resultan muy productivos para el enriquecimiento de nuestra lengua. Comparten ese honor con los sufijos, más beneficiosos aun, pues se colocan al final de la palabra y derivan muchas otras (ero+jardín: jardinero, y por igual con los infijos, los cuales llevan la partícula modificadora en el medio (pie+ ec+ito: piecito).

El tema ha sido tratado antes en esta columna, pero conviene insistir, sobre todo con los prefijos.

Observe, por ejemplo, las distintas formas en que aparece escrito el vocablo referido a un pasado presidente de la República, usando la palaba base precedida del prefijo /ex/. Lo he visto de todas estas formas: ex Presidente, ex presidente, ex–presidente ex–Presidente, ex/Presidente… pero también de la forma correcta: expresidente.

Alguna vez el uso se acomodó a la colocación de /ex/ separada de sustantivos que se refieren a ocupaciones, cargos, parentescos alterables y otras situaciones de las personas. De ahí que aún persista la rutina de colocar el prefijo separado de la palabra base como suele ocurrir en ex presidente.

De acuerdo a la Ortografía de la lengua española, es preferible “asimilar el comportamiento gráfico de ex al de los demás prefijos, de manera que se escriba unido a la base cuando esta sea una sola palabra (exministro, expresidente, excónsul, exnovio, exsuegra, etec) y separado de ella en aquellos casos en que la base sea pluriverbal (ex alto cargo, ex teniente coronel, ex primer ministro…) pauta que ya reflejan los ejemplos reales de uso que se acaban de aportar”. (Ortografía, 2010, pág. 538).

Los prefijos aparecerán soldados a la palabra aunque ésta se haya compuesto con otro prefijo, por ejemplo, reelección está formada por el prefijo /re/ más el sustantivo /elección/, pero resiste la colocación del prefijo anti: antirreelección. Por igual, rector más vice aporta vicerrector, y quien haya salido de ese cargo es un exvicerrector, así también exvicepresidente, con correspondiente femenino ambos.

Del prefijo /anti/ vale apuntar que es un prefijo más y que por tanto se escribe unido a la palabra base y forma una nueva, por tanto escribiremos: antilavado, antinarcóticos, antieconómico, anticorrosivo, antiético, anticiclónica.

Este prefijo presenta una particularidad cuando la palabra a la que precede inicia con mayúscula porque es, por ejemplo, un antropónimo: anti-Trujillo; anti-Peña Gómez, pro-OMS. También se escribirán con guion si la palabra es nombre topónimo: anti-China, anti-República Dominicana…

Conviene recordar que los prefijos actúan a favor de los usuarios de la lengua, ya sea hablada o escrita. Si la partícula se antepone a un verbo crea otro: ante+poner: anteponer; infra+valorar: infravalorar, re+dirigir, poner, tocar, diseñar, fundar, abrir, inventar, escribir,…y muchos verbos, forma otros muchos iniciados con re.

Al sustantivo le resultan amigables los prefijos, por igual sufijos, para reproducirse: contrarreforma, prosalud, antivirus, vicealmirante, teleconferencia, megapuerto, multicentro, megacentro.

Prefijos agregados a adverbios originan otros adverbios: ante+ayer: anteayer, súper + bien: superbién. Usted puede agregar el adverbio súper a otros adverbios, aun fuese usted el primero en usarlo: superlejos, supercerca, supertemprano, supertarde. Lo mismo que si lo agregara a un adjetivo: superbello, superfeo, superbueno.

Apropósito del adjetivo, es otro socio del prefijo en la constitución de palabras: prohaitiano, progringo, cuasifiscal, suprarrenal, subregional, subacuático, prenatal.

Para concluir le recuerdo que /ex/ no se suelda si el nombre al que modifica es pluriverbal. Ejemplos: ex primera base, ex jardinero central, ex sargento mayor, ex arzobispo metropolitano, ex primer ministro, ex vice primer ministro, ex general de brigada, ex procurador fiscal, ex primera dama, ex juez de la instrucción.

 

UNA MISIVA DE CÉSPEDES Y LOS PRONOMBRES LE, LES

17/10/2020

A propósito del artículo “Ortografía de los apellidos que llevan artículo y/o preposición”, publicado el 4 de octubre 2020, nos ha remitido una atenta misiva el doctor Diógenes Céspedes, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua. A continuación la reproduzco:

Tu artículo sobre la ortografía de los apellidos es el tipo de trabajo que debe divulgarse para escolares, universitarios y público lego. Así pueden recortar el artículo y consultarlo cada vez que quiera.

Sigue por esa ruta.

Hay dos temas de vital importancia que nuestros escritores, académicos y público general no dominan cuando escriben.

Te los doy para posterior desarrollo:

El uso de le y les como pronombres en singular y plural. La gran confusión se produce cuando la anáfora o antecedente está muy alejada como sujeto del complemento o atributo o complemento al que remite le o les. El usuario se pierde y olvida si va el le/les en singular o plural.

O cuando aparentemente el sujeto de la oración está tácito o sobreentendido, como en el famoso título del cuento de Rulfo: Diles que no me maten. Los usuarios se comen la ese de diles, que remite a los soldados que van a ejecutar el fusilamiento.

Ahora no recuerdo si la anáfora del título de la novela de Matos Moquete, Dile adiós a la época, remite a un sujeto tácito singular o plural; y 2) merece un artículo de divulgación el uso de los pronombres posesivos en plural cuando el poseedor está en singular.

Un ejemplo ilustrativo: todas las noches y de día también escucho y veo a los programeros de radio y televisión darles las gracias a los televidentes o radioyentes por permitirles entrar hasta sus hogares.

En puridad de lógica semántica los televidentes y oyentes, ni juntos ni por separado tienen hogares. Por lo tanto, hay que decir permítanos entrar a su hogar, aunque el sujeto poseedor esté en plural, pues él solo posee un hogar. Y en caso de que tenga una casa secundaria en La Romana o Jarabacoa, no pueden estar viendo tv simultáneamente en el hogar de esas dos ciudades, porque no tiene el don de la ubicuidad.

Este es un artículo que deberá ser muy iluminador para el usuario y con muchos ejemplos de cómo resolver ese asunto, pues no siempre a un poseedor en plural va lo poseído en plural.

Le y les

El uso y mal uso de los pronombres personales átonos /le/, /la/, /lo/ y sus formas en plural /les/, /las/, /los/ constituye una piedra de tropiezo. En unas regiones predomina el uso incorrecto de LO, mientras en otras es LA y creo que tanto en España como en América el empleo vicioso de LE afecta a mayor número de hablantes.

Le y les corresponden al complemento indirecto (dativo). Por ello, la norma culta del español estándar establece el uso de estas formas para ejercer dicha función, independientemente del género del sustantivo al que se refiere el pronombre: “Hablé con el abogado y le expliqué el caso”. “Le dije a mi esposa la verdad”.

El plural LES. Este pronombre se emplea en plural (LES) cuando el complemento al que se refiere también es plural: “Les aseguro que quien cree tiene vida eterna” (Juan 6, 47). “En verdad les digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo…” (Juan 12, 24). En ambos casos, el sujeto hablante (Jesús) es singular y los oyentes (los discípulos) es plural.

Si el sujeto hablante fuera plural (nosotros) y el destinatario del mensaje singular, LE permanece en singular: “Le pedimos al Señor que le conceda el descanso eterno…”. “Queremos recordarle a nuestro presidente que las bases del partido siguen aquí abajo”.
Hemos de continuar.

 

GENTILICIOS Y TOPÓNIMOS

14/11/2020

El gentilicio sale del topónimo como el retoño de los troncos. O como el calor del fuego, conforme ha dicho Gustave Flauber para describir la correspondencia entre la forma y el fondo de un texto. La relación entre el nombre del lugar y la palabra designada para llamar a sus naturales es indisoluble.

En algunos casos –muy pocos- la dependencia se da a lo inverso: el gentilicio ha generado el topónimo, es decir un pueblo o una nación da origen a una entidad organizada políticamente (república, imperio, municipio, ciudad…) la cual asume el nombre por el cual se conocía a ese grupo humano. En esta circunstancia el gentilicio no es derivado, sino absoluto.
Los investigadores Dolores García Padrón y Marcial Morera Pérez afirman, en este sentido, que los topónimos España, Italia, Berbería, Rusia, Francia y Maquetía derivan de los gentilicios ab-solutos hispanos, ítalo, bereber, ruso, franco y maqueto, respectivamente. “No es el gentilicio, pues, el que deriva del topónimo, sino el topónimo el que deriva del gentilicio: Berbería, por ejemplo, no es denominación absoluta, sino denominación relativa o derivada. Una denominación que lo que viene a significar es algo así como ‘lo que emana activamente del concepto bereber’, especializado en función locativa, como fontanería, por ejemplo, que no significa otra cosa que ‘lo que emana activamente del concepto fontane-ro’, también especializado en función locativa3. (ONOMÁZEIN, revista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 31 junio de 2015: 81 – 98).

El gentilicio es tan inseparable del topónimo que perdura aunque el lugar cambie de nombre: damero (de Duvergé), juananuñense (de Salcedo), jobero (de Gaspar Hernández), tubanero (de Padre las Casas). Son algunos casos de nuestro pequeño país, donde los nombres de lugares se han originado por circunstancias, hechos o expresiones de la naturaleza. Tenemos pueblos llamados por nombres de árboles, accidentes geográficos (valle, sabana, loma), ríos, hato, puerto, mar. Topónimos taínos han prevalecido para nombrar nuestros ríos: Ozama, Quisibaní, Boyá, Duey, Maguá; ocurre por igual con algunas localidades: Higüey, Bonao, Baoruco, Mao.

Consecuencia de la colonización europea en nuestra isla, una fuente apreciable de topónimos ha sido el santoral católico. Los lingüistas denominan hagiotopónimos a los topónimos originados en nombres de santos: Santiago, Santo Domingo, San Juan. En nuestro país tenemos combinaciones de nombres indígenas con los traídos por los colonizadores: San Juan de la Maguana, San Pedro de Macorís, San Francisco de Macorís, Santa Cruz de Mao, San Rafael del Yuma.

Otros hagiotopónimos han sido unidos con otras palabras vinculantes con expresiones históricas o geográficas: Santa Cruz de El Seibo, Santa Cruz de Barahona, San Fernando de Montecristi, San Felipe de Puerto Plata, San José de Los Llanos, San José de las Matas, San Antonio de Guerra.

En Europa prevalecen gentilicios procedentes del latín originados en los tiempos de dominación del Imperio romano (antes de Cristo). Países y ciudades guardan la huella histórica mediante gentilicios que alternan con los proporcionados por el nuevo nombre del lugar. Son los casos de lusitano (de Portugal), helvecio (de Suiza), gaditano (de Cádiz), complutense (de Alcalá de Henares).

La cultura anglosajona no escapa a la influencia latina en materia de gentilicios. Comencemos por esa misma palabra que procede del latín “anglosaxo”. Se dice de la persona de procedencia y lengua inglesas. Veamos estos tres casos de ciudades del Reino Unido: cantabrigiense (Cambridge), oxoniense (Oxford), plimutense (Plymouth).
En nuestra América tenemos gentilicios derivados del latín. Por ejemplo: fluminense (de Río de Janeiro, Brasil).

¿Y qué decir del gentilicio dominicano? ¿Qué existió primero, la República Dominicana o su gentilicio? Les cuento el próximo domingo.

 

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

Ortografía

El apellido, esa parte del nombre propio que nos identifica como miembros de una familia, por su rol de antropónimo debe escribirse con mayúscula inicial, aunque esté expresado con sustantivos tan comunes como madera, puente, puerta o mesa, río, mata.

Por sus mismos orígenes, algunos apellidos han adquirido la preposición /de/ (de León); otros llevan además los artículos –la o -el, según el género (de la Cruz, del Castillo); y también unos llevan el artículo –la antepuesto (La Luz, La Guardia).

Con frecuencia vemos apellidos escritos con la preposición en mayúscula y en algunos casos lo propician los portadores de ese nombre familiar (De Castro, De Óleo). Pero aún más, algunos colocan mayúscula al artículo –la,  en apellidos que llevan este vocablo entre la –de y el sustantivo (De La Cruz, De La Rosa). ¿Procede poner mayúsculas en las preposiciones y los artículos de los apellidos?

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial de la Asociación de Academias de la Lengua Española y la Real Academia Española, indica al respecto que si un apellido español comienza por preposición, o por preposición y artículo, estos se escriben con minúscula cuando acompañan al nombre de pila: Fernando del Campo, Luis de Torres, Juana de la Rosa; pero, si se omite el nombre de pila, la preposición debe escribirse con mayúscula: señor De Torres, De la Rosa, Del Campo… (Edición 2010, pág. 467). Cuando se invierte el orden de nombre y apellido, como para archivo o referencia bibliográfica, y el apellido precede al nombre de pila o se prescinde él, se empleará mayúscula inicial en la preposición. Ejemplo: De la Rosa Carpio, Ramón; De León, Osiris; De Castro, Aníbal.

Los apellidos que empiezan por artículo /La/, que no son muchos, deben escribirse siempre con mayúscula inicial, vayan o no acompañados del nombre: calle La Guardia, Pedro La Guardia; Milton La Hoz, señora La Hoz, José La Luz, Horacio La Madrid. Lo mismo va para los apellidos: La Torre, La Vega, La Rubia, La Parra, La Huerta, La Calle, La Blanca, La Merced…

El aeropuerto local de Nueva York ha sido nombrado La Guardia en honor al alcalde Fiorello La Guardia. Una calle en Santo Domingo se denomina La Guardia, igual que una ciudad de España. En cada caso La/ en mayúscula.

Procede insistir en el detalle relativo a los apellidos que llevan preposición y artículo, y reiterar que estas dos partículas se escriben con minúscula si van junto con el nombre: Félix de la Rosa, Santiago de la Cruz, Rosa Francia de la Mota, Laura de la Nuez, Jacinto de la Concha, Félix de la Vega, don Quijote de la Mancha.

Los apellidos que llevan preposición y artículo masculino (el) se someten, como en cualquier expresión común, al fenómeno llamado contracción: de + el se trueca en –del. En este grupo entran: del Toro, del Castillo, del Cristo, del Rosario, del Monte, del Pino, del Risco, del Río. Cuando se mencionan sin el nombre de pila asumen la mayúscula en /Del/: Del Toro, Del Castillo…

Provocan mucha tentación para ser alterados, por gusto o capricho, los apellidos que solo llevan la preposición delante del sustantivo. Las tendencias son a escribir la –d con mayúscula (De Camps, De Castro…) o colocar un apóstrofo D’, como ha hecho mi apreciada colega Nexcy D’ León, cuyo apellido verdadero es de León. Otros con -d: de Soto, de Torres, de Óleo (sin apóstrofo), de Luna, de Silva, de Dios, de Aza (sin apóstrofo). El sustantivo base del apellido puede estar en plural y, desde luego, el artículo debe concordar: Apolinar de los Santos, Waldo de los Ríos, Bartolomé de las Casas, María Antonieta de las Nieves. La mujer que quiera colocar el apellido de casada a continuación del suyo, si el del marido comienza con la preposición -de, la segunda vez va en mayúscula: María López de De León, Rebeca Núñez de De Peña, Petra de Del Castillo.

10/10/2020

Los prefijos son elementos que colocados delante de una palabra dan origen a una nueva (re + formar: reformar). Resultan muy productivos para el enriquecimiento de nuestra lengua. Comparten ese honor con los sufijos, más beneficiosos aun, pues se colocan al final de la palabra y derivan muchas otras (ero+jardín: jardinero, y por igual con los infijos, los cuales llevan la partícula modificadora en el medio (pie+ ec+ito: piecito). El tema ha sido tratado antes en esta columna, pero conviene insistir, sobre todo con los prefijos. Observe, por ejemplo, las distintas formas en que aparece escrito el vocablo referido a un pasado presidente de la República, usando la palaba base precedida del prefijo /ex/. Lo he visto de todas estas formas: ex Presidente, ex presidente, ex–presidente ex–Presidente, ex/Presidente… pero también de la forma correcta: expresidente. Alguna vez el uso se acomodó a la colocación de /ex/ separada de sustantivos que se refieren a ocupaciones, cargos, parentescos alterables y otras situaciones de las personas. De ahí que aún persista la rutina de colocar el prefijo separado de la palabra base como suele ocurrir en ex presidente.

De acuerdo a la Ortografía de la lengua española, es preferible “asimilar el comportamiento gráfico de ex al de los demás prefijos, de manera que se escriba unido a la base cuando esta sea una sola palabra (exministro, expresidente, excónsul, exnovio, exsuegra, etec) y separado de ella en aquellos casos en que la base sea pluriverbal (ex alto cargo, ex teniente coronel, ex primer ministro…) pauta que ya reflejan los ejemplos reales de uso que se acaban de aportar”. (Ortografía, 2010, pág. 538).

Los prefijos aparecerán soldados a la palabra aunque ésta se haya compuesto con otro prefijo, por ejemplo, reelección está formada por el prefijo /re/ más el sustantivo /elección/, pero resiste la colocación del prefijo anti: antirreelección. Por igual, rector más vice aporta vicerrector, y quien haya salido de ese cargo es un exvicerrector, así también exvicepresidente, con correspondiente femenino ambos.

Del prefijo /anti/ vale apuntar que es un prefijo más y que por tanto se escribe unido a la palabra base y forma una nueva, por tanto escribiremos: antilavado, antinarcóticos, antieconómico, anticorrosivo, antiético, anticiclónica.

Este prefijo presenta una particularidad cuando la palabra a la que precede inicia con mayúscula porque es, por ejemplo, un antropónimo: anti-Trujillo; anti-Peña Gómez, pro-OMS. También se escribirán con guion si la palabra es nombre topónimo: anti-China, anti-República Dominicana…

Conviene recordar que los prefijos actúan a favor de los usuarios de la lengua, ya sea hablada o escrita. Si la partícula se antepone a un verbo crea otro: ante+poner: anteponer; infra+valorar: infravalorar, re+dirigir, poner, tocar, diseñar, fundar, abrir, inventar, escribir,…y muchos verbos, forma otros muchos iniciados con re.

Al sustantivo le resultan amigables los prefijos, por igual sufijos, para reproducirse: contrarreforma, prosalud, antivirus, vicealmirante, teleconferencia, megapuerto, multicentro, megacentro. Prefijos agregados a adverbios originan otros adverbios: ante+ayer: anteayer, súper + bien: superbién. Usted puede agregar el adverbio súper a otros adverbios, aun fuese usted el primero en usarlo: superlejos, supercerca, supertemprano, supertarde. Lo mismo que si lo agregara a un adjetivo: superbello, superfeo, superbueno. Apropósito del adjetivo, es otro socio del prefijo en la constitución de palabras: prohaitiano, progringo, cuasifiscal, suprarrenal, subregional, subacuático, prenatal. Para concluir le recuerdo que /ex/ no se suelda si el nombre al que modifica es pluriverbal. Ejemplos: ex primera base, ex jardinero central, ex sargento mayor, ex arzobispo metropolitano, ex primer ministro, ex vice primer ministro, ex general de brigada, ex procurador fiscal, ex primera dama, ex juez de la instrucción.

 

UNA MISIVA DE CÉSPEDES Y LOS PRONOMBRES LE, LES

17/10/2020

A propósito del artículo “Ortografía de los apellidos que llevan artículo y/o preposición”, publicado el 4 de octubre 2020, nos ha remitido una atenta misiva el doctor Diógenes Céspedes, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua. A continuación la reproduzco:

Tu artículo sobre la ortografía de los apellidos es el tipo de trabajo que debe divulgarse para escolares, universitarios y público lego. Así pueden recortar el artículo y consultarlo cada vez que quiera. Sigue por esa ruta. Hay dos temas de vital importancia que nuestros escritores, académicos y público general no dominan cuando escriben.

Te los doy para posterior desarrollo: El uso de le y les como pronombres en singular y plural. La gran confusión se produce cuando la anáfora o antecedente está muy alejada como sujeto del complemento o atributo o complemento al que remite le o les. El usuario se pierde y olvida si va el le/les en singular o plural. O cuando aparentemente el sujeto de la oración está tácito o sobreentendido, como en el famoso título del cuento de Rulfo: Diles que no me maten. Los usuarios se comen la ese de diles, que remite a los soldados que van a ejecutar el fusilamiento. Ahora no recuerdo si la anáfora del título de la novela de Matos Moquete, Dile adiós a la época, remite a un sujeto tácito singular o plural; y 2) merece un artículo de divulgación el uso de los pronombres posesivos en plural cuando el poseedor está en singular. Un ejemplo ilustrativo: todas las noches y de día también escucho y veo a los programeros de radio y televisión darles las gracias a los televidentes o radioyentes por permitirles entrar hasta sus hogares. En puridad de lógica semántica los televidentes y oyentes, ni juntos ni por separado tienen hogares. Por lo tanto, hay que decir permítanos entrar a su hogar, aunque el sujeto poseedor esté en plural, pues él solo posee un hogar. Y en caso de que tenga una casa secundaria en La Romana o Jarabacoa, no pueden estar viendo tv simultáneamente en el hogar de esas dos ciudades, porque no tiene el don de la ubicuidad. Este es un artículo que deberá ser muy iluminador para el usuario y con muchos ejemplos de cómo resolver ese asunto, pues no siempre a un poseedor en plural va lo poseído en plural. Saludos cordiales, Diógenes.

 

Le y les

El uso y mal uso de los pronombres personales átonos /le/, /la/, /lo/ y sus formas en plural /les/, /las/, /los/ constituye una piedra de tropiezo. En unas regiones predomina el uso incorrecto de LO, mientras en otras es LA y creo que tanto en España como en América el empleo vicioso de LE afecta a mayor número de hablantes. Le y les corresponden al complemento indirecto (dativo). Por ello, la norma culta del español estándar establece el uso de estas formas para ejercer dicha función, independientemente del género del sustantivo al que se refiere el pronombre: “Hablé con el abogado y le expliqué el caso”. “Le dije a mi esposa la verdad”. El plural LES. Este pronombre se emplea en plural (LES) cuando el complemento al que se refiere también es plural: “Les aseguro que quien cree tiene vida eterna” (Juan 6, 47). “En verdad les digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo…” (Juan 12, 24). En ambos casos, el sujeto hablante (Jesús) es singular y los oyentes (los discípulos) es plural. Si el sujeto hablante fuera plural (nosotros) y el destinatario del mensaje singular, LE permanece en singular: “Le pedimos al Señor que le conceda el descanso eterno…”. “Queremos recordarle a nuestro presidente que las bases del partido siguen aquí abajo”.