Discurso de recepción a Rafael Peralta Romero

Por Tony Raful Tejada

   Hoy recibimos  como nuevo miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, al escritor, periodista y académico, Rafael Peralta Romero. Nacido en Miches, República Dominicana, el tres de diciembre de 1948. Es miembro  correspondiente de la Academia y del grupo Mester de Narradores, adscrito a esta corporación.  Ha tenido  un largo y productivo ejercicio como comunicador social, editor de secciones, ejecutivo, columnista y corrector de estilo de varios diarios nacionales. Fue Sub director  de Información y Prensa de la Presidencia de la República,  Director de Relaciones Publicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y otras instituciones. Tiene 14 libros publicados.

    Rafael Peralta Romero  estudió comunicación social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y al mismo tiempo ha laborado como profesor de las escuelas de Letras y Comunicación Social de esa institución.

Se cuenta entre los más destacados autores de literatura para niños de la República  Dominicana, además de ocuparse del aspecto teórico de la misma, a través de conferencias y artículos. Ha ofrecido numerosas exposiciones sobre temas diversos vinculados a la cultura, al lenguaje, a la historia, a la literatura infantil, a la ortografía, a la narrativa y a la poesía.

Su discurso de ingreso para su incorporación como miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, titulado, “Concurrencia de libertades y restricciones en el uso de la lengua española”, es un formidable alegato para el abordaje de la libertad de los hablantes del idioma español, en el sentido de crear cuantos términos y vocablos,  sean requeridos por una necesidad léxica comunicacional para nombrar seres y cosas, denominar cualidades de los elementos de uso de la palabra. El proceso de formación de las palabras está condicionado a las necesidades comunicativas de la sociedad, tal y como establece  Mario López Asenio, en su interesante trabajo titulado “Morfología, proceso de formación de palabras”, “Como el español es una lengua romance, las palabras más usadas provienen del latín. A estas palabras se les llama patrimoniales. Junto a ellas se han ido incorporando nuevas palabras de diferentes procedencias: germanismos, arabismos, italianismos… y hoy día, especialmente, anglicismos. Estas palabras se conocen como préstamos... hay un grupo de palabras de creación individual (un autor la inventa) o colectiva (la sociedad) que se incorporan al idioma para hacer referencia a realidades nuevas o desconocidas. A estas se las conoce como neologismos, tanto las patrimoniales como los préstamos como los neologismos son sometidas a los procesos que tiene la lengua para  crear nuevos vocablos”.

“La Morfología es la parte de la Gramática que se ocupa de la forma y la categoría gramatical de las palabras.  Las palabras se clasifican según sus propiedades morfológicas, en dos grupos: las invariables (preposiciones y conjunciones), y las palabras variables (sustantivos, adjetivos, verbos….b) según sus propiedades sintácticas. Utilizando este criterio, distinguiremos las siguientes clases de palabras: determinante, pronombre, sustantivo o nombre, adjetivo, verbo, adverbio, preposición y conjunción. En resumen, los principales procesos de formación de nuevas palabras son los siguientes: A partir de palabras primitivas: derivación, composición y parasíntesis, Los préstamos, Los neologismos, procesos transformativos: Las siglas, la acrónimia y el acortamiento y la revitalización.”

Rafael Peralta Romero propone priorizar la necesidad de comunicarnos enriqueciendo la lengua en la creación  de  palabras que nos resulten necesarias, citando las limitaciones de las libertades léxicas para nombrar seres y cosas. Es el elemento referencial de las restricciones, el enfoque de la necesidad, cuando habla de generar voces nuevas “a partir de otras ya existentes en nuestra lengua, y en algunos casos por la adopción y castellanización de vocablos procedentes de otra lengua y que carecen de equivalente en la nuestra”.

En su discurso de ingreso a la Academia, Peralta Romero, divide su exposición  en seis secciones alusivas  a la temática escogida, en la primera expone el marco introductorio, en el segundo, rinde homenaje al académico y maestro de la palabra, Ramón Emilio Reyes, fallecido, a quien reemplaza en el sillón marcado con la letra C de la Academia. Las notas sobre Ramón Emilio Reyes, resaltan  su trascendencia literaria, el reconocimiento de su obra y la valía de sus aportes lingüísticos y culturales. Por igual evoca a los antecesores, el poeta Freddy Gatón Arce, el autor de “Además, son muchos los humildes de mi tierra” un texto antológico de la poesía dominicana, el padre Oscar Robles Toledano, una de las plumas más culta que hayamos tenido,  y Federico Llavería, fundador de la Academia.  En la tercera sección, Peralta Romero hace una reflexión sobre el equilibrio de la libertad y el peso normativo de las reglas en el lenguaje. La libertad como esencia no puede ser absoluta porque transgrede el orden mínimo necesario de articulación y de convivencia. La defensa de las pautas gramaticales, las compara con las reglas de tránsito, porque nadie puede conducir un automóvil en una ciudad carente de señales. Y pone el ejemplo de quienes ignoran la tilde que marca el acento de las palabras o que dejan alegremente la labor a las computadoras, desconociendo que la categoría gramatical de muchas palabras, depende de la silaba en la cuales se haya colocado el acento ortográfico, Peralta Romero hace  hincapié  en el problema que se crea al cambiar el sonido de la J jota por el de la consonante Y ye, lo cual se muestra de manera sistemática en generaciones anteriores. Y pone ejemplos ilustrativos. Y explica  que quienes escriben con J deberían leer pijama, siendo una incoherencia decir piyama y escribir pijama, pijama y soya la escribimos con J y las pronunciamos con Ye.  Peralta habla de un posible complejo de inferioridad lingüística que llevamos dentro. Me parece interesante su criterio para una discusión más profunda, pero los ejemplos son reveladores,   Japón se escribe con J, pero  nadie lo pronuncia  Yapón, aquí no se produce la sustitución fonética, sin embargo de Japón  nos llega la palabra Yudo, que nosotros escribimos Judo, Judoca. El Hospital Metropolitano de Santiago, cuyas siglas es HMS, al cual se le añadido el acrónimo de HOMS, le llaman JOMS, para “que parezca de fuera”, dice Peralta Romero, en el sentido de que, lo de fuera tiene una supuesta valoración superior de calidad, lo cual no es necesariamente cierto, pero delata ese complejo de inferioridad, como reflejo de una inequidad sicológica de identidad.

El Lic. Peralta Romero hace una clasificación  en relación con el tema lingüístico, evocando los espectros definitorios de la política y haciendo acopio de disquisiciones de acuerdo con el enfoque diferenciado de la lengua. Estarían los “conservadores”, a quienes se les llama puristas, y quienes se apegan  al caudal lexicográfico del español y se niegan a dar cabida a neologismos y adaptaciones de vocablos procedentes de otras lenguas. Por otro lado estarían los “anárquicos”, calificados como tales, a quienes sostienen la anulación de las normas ortográficas y prescinde de los signos de puntuación, pura y simplemente.   En cierta medida es así, pero hay que advertir que el lenguaje poético tiene licencias creadoras propias, su propio universo morfológico y criptográfico, y tanto en   modelos renovadores de versificación como en textos narrativos, la anulación  o no observancia de normas ortográficas, en algunos casos, no obedece a desconocimientos de las normativas, sino  a elaboraciones semánticas y creativas, a provocaciones  y rupturas  escriturales dentro del campo artístico.

Su aseveración de que, quien encarna la anarquía, al menos alberga en sus genes, vocación para actitudes viciadas al desconocer los controles académicos, es relativa por cuanto tanto el orden como la anarquía, son moldes sociales e ideológicos de valores taxativos, remitidos al universo social como respuestas a necesidades e impugnaciones, que en el caso concreto del lenguaje, pueden disociar, transgredir, alterar, en un escenario divergente, censurable, irreverente, pero no genético.

Una posición que el académico Peralta Romero llama intermedia  y que representaría acciones democráticas y progresistas  en política, sería en la lengua  la que  aceptaría  la adaptación de neologismos, sobre todo si no tiene equivalentes en nuestra lengua, como “baipás”, “estrés”, “escáner”. Por igual  acepciones aplicadas en el habla local,  voces existentes en el español, citada por Peralta Romero, como llamarle “china” a la naranja, “cuero” a la prostituta, “lechosa” a la papaya, significando que la máxima elevación de ese grupo es la capacidad de ver o propiciar la capacidad de enriquecimiento léxico, mediante la derivación, la composición y parasíntesis.

En la quinta sección de su ponencia, el Lic. Peralta Romero, hace una provechosa definición del recurso llamado composición. Palabras como quita lodo, quita piedras o quita hojas, igual que cubrecama, quita manchas, sacacorchos,  matarrata o hiede viva, constituye un proceso  morfológico de palabras a partir de la unión de dos o  más vocablos, de dos o más bases compositivas cultas o de la combinación de palabra  y base compositiva. Señalando  que la norma académica no contradice la libertad de los hablantes para formar palabras a partir de la unión de dos o más vocablos, de dos o más base compositivas cultas o de la combinación de palabra y base compositiva.

Es interesante como Peralta Romero  define la necesidad del  lenguaje, su utilidad práctica, cuando dice, que toda realidad, acción, objeto o cualificación requiere de una palabra que la designe y si faltara ese vocablo en nuestro idioma, hay que crearlo. Ahí, dice Peralta, radica la libertad del hablante. Un ejemplo  muy revelador es la palabra “batidor”, que usamos los dominicanos para definir  un entramado de alambres para soportar el colchón en algunas camas. Dentro de las definiciones en el diccionario académico la palabra batidor, que tiene 10 acepciones, ninguna se refiere al entramado de alambres. Cita Peralta Romero la Nueva Gramática de la lengua española, el concepto de derivación se usa con dos sentidos en la lingüística contemporánea. En el primero más amplio, derivación se opone a flexión, y los fenómenos que abarca la morfología derivativa o morfología léxica se oponen  los que caracterizan a la flexiva. En ese sentido el concepto de derivación engloba también el de composición y el de parasíntesis. En el segundo sentido más restrictivo, el concepto de derivación se refiere tan solo a los procedimientos de formación de palabras, por medio de afijos, ya sean prefijos, sufijos o interfijos.

La parte seis define la morfología, el estudio de la estructura interna de las palabras, incluyendo las variantes que presenta las palabras, los segmentos que lo componen y la forma en que se combinan, explicando que se divide a la vez en morfología flexiva y morfología léxica o derivativa. Todo un sumario de ejemplos basados en la Gramática académica, explicando como a partir de un verbo se obtiene por derivación un grupo de sustantivos y uno de adjetivos.  Todo el trabajo enfocado en como las locuciones nominales dan lugar a derivados adjetivales, medio ambiental, de medio ambiente, bien hablado, mal hablado, bienvenido de bien venido, malcriado, mal criado. El ponente cita que la Gramática académica acoge el adjetivo medalaganario, formado en República Dominicana a partir de la locución  “me da la gana”. Y dice que como tenemos la libertad de crear adverbios a partir de agregar el sufijo mente, a un adjetivo, ha adquirido carta de presentación el adverbio medalaganariamente.

Dice el académico Peralta  Romero que los verbos son indispensables en el idioma. Es la única categoría gramatical capaz de expresar una idea por sí sola. Váyase, Entre. De modo que si de un concepto, de una situación, de una cualidad, se desprende una acción y carecemos de verbo para referirla, hemos de crearlo, no sólo es la libertad sino la necesidad.

La parte siete, explica y sostiene que nuestras creaciones de palabras no tienen que subordinarse al español peninsular, ni considerarse al menos. Dice Peralta Romero que la diversidad no contradice la unidad del español, sobre todo si las comunidades de hablantes parten de lo que tenemos para enriquecerlo. Hay un criterio  incisivo que apunta Peralta Romero cuando al referirse a la creación de palabras, indica que es poco lo que puede afectar la unidad de la lengua española a pesar de las diferencias que pueda  suscitar, puesto que el español en América se sostiene sobre zapatas tan firmes como el ordenamiento gramatical y la ortografía. Pienso que este criterio  delimita cualquier confusión o resistencia a la libertad necesaria de nuevas palabras y términos dentro del idioma español.

Recibimos en este  augusto recinto de la lengua, del idioma,  de la palabra reluciente de  la ilustración, en proceso magno de renovación perenne, al nuevo miembro de número de la  Academia Dominicana de la Lengua, Rafael Peralta Romero. Bienvenido al recinto sagrado del idioma, a la defensa de su esencia primigenia de comunicación  y a su evolución en el  desarrollo cultural y social de los pueblos.

«Concurrencia de libertades y restricciones en el uso de la lengua española», discurso de ingreso de Rafael Peralta Romero

Sr. Dr. Bruno Rosario Candelier

Director de la Academia Dominicana de la Lengua

Señores académicos, queridos familiares, apreciados amigos:

 

UNO

Con gran complacencia comparezco a este augusto foro para realizar una acción que  además de satisfacer un requisito inexorable de las academias de la lengua española, constituye una razón de suficiente importancia para considerarme afortunado, no obstante estar en la plena conciencia de que la función que a partir de hoy asumo anda  muy divorciada de la fortuna material, cuya búsqueda afanosa tanto perturba a la sociedad de hoy.

Me presento ante ustedes, honorables académicos, queridos familiares, apreciados amigos y colegas, algo sobrecogido, altamente agradecido y plenamente decidido a afrontar las responsabilidades que conlleva ser miembro de número de una institución que tiene como objetivo primordial la preservación y defensa del nuestro idioma, recurso que nadie debe dudar consiste en la primera condición para la identidad de una nación. He dicho que me siento sobrecogido y quizás una situación tan personal no requiera ser ampliada, por ajena a lo que me corresponde hacer desde este podio, pero quizás resulte visible el que me recorran los temores. Conste que  no  me apremia la aprensión de quien ha traicionado a su maestro o amigo, y luego es perseguido por su conciencia, más bien me asalta el temor de que la emoción  que suscita  este excepcional momento de mi vida conspire contra la razón y  me haga conducir  estas palabras por sendas no deseadas.

La de altamente agradecido, he señalado también como otra condición que me embarga. Debo  proclamar con pleno júbilo mi gratitud al Altísimo y a los académicos que depositaron sus votos para honrarme con esta elección. Debo agradecer, en igualdad de sentimiento, a los académicos que se abstuvieron de sufragar, porque esa actitud resalta el sentido democrático de la elección y me ayuda a recordar que ningún humano lleno de defectos debe esperar acogida de  consenso, sobre todo si la lidia ocurre entre seres pensantes, como al efecto son los integrantes de esta corporación.

Me he propuesto hablar con ustedes acerca de la libertad que tenemos los hablantes del español de crear las palabras que nos resulten necesarias para nombrar seres y cosas, denominar acciones o expresar cualidades de los elementos de los que hablamos. También he de referirme a las limitaciones de esas libertades léxicas, tomando en cuenta el genio de nuestro idioma y la aspiración de la mayor unidad posible entre quienes usamos esta importante lengua para comunicarnos.

Con el solo enunciado del tema es fácil percibir que el discurso girará en torno a la derivación de palabras, que con sus variantes parasíntesis y composición, representan el recurso más auténtico y legítimo para generar voces nuevas a partir de otras ya existentes en nuestra lengua, y en algunos casos por la adopción y castellanización de vocablos procedentes de otra lengua y que carecen de equivalente en la nuestra.

Antes de profundizar en el tópico fundamental de este discurso, debo hacer un alto atendiendo a una pauta protocolar que rige en las 22 academias de la lengua española, en el acto de incorporación de un nuevo miembro numerario. Se trata de la honrosa referencia al académico que le precedió en el sillón que ha de ocupar el recipiendario.

En mi caso se trata del maestro de la palabra Ramón Emilio  Reyes, novelista, cuentista, poeta y lingüista, a quien durante once años correspondiera el sillón marcado con la letra C. También ocuparon este asiento, en orden cronológico descendiente: Freddy Gatón Arce, poeta, periodista y novelista;  Oscar Robles Toledano, sacerdote, hombre de vastos conocimientos, políglota y erudito, quien fuera catedrático en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo,  y Federico LLaverías, uno de los doce miembros de número fundadores de la Academia, quien  durante  33 años fue secretario perpetuo de esta institución.

 

DOS

El doctor Ramón Emilio Reyes, fallecido el 25 de diciembre de 2017, tomó posesión del sillón C en el año 2002 con el discurso titulado “El lenguaje de la Generación del 48″.  Le respondió, en nombre de la corporación, el poeta Lupo Hernández Rueda, también fallecido el pasado año, por cuya ausencia fue elegido quien les habla. El cambio de sillón ha sido un mero acuerdo administrativo.

Reyes nació en Santo Domingo el 29 de julio de 1935. Se recibió de doctor en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Luego se graduó de Lingüística, Estilística y Literatura Hispanoamericana en el instituto Caro y Cuervo y en la Universidad de los Andes,  Bogotá, Colombia.

En Indiana University, de Norteamérica, realizó estudios de postgrado en Literatura Norteamericana Moderna y Cultura Hispánica. Hizo estudios avanzados de Asistencia Legal en la Universidad de Puerto Rico y en Estados Unidos. Obtuvo el doctorado en Derecho Internacional Privado en Atlantic International University. Reyes laboró como corrector, redactor y columnista en publicaciones tan importantes como  El Caribe, Listín Diario, La Noticia y el periódico El País, de Miami (Estados Unidos). Fue profesor de Literatura y Lengua Española en las universidades Autónoma de Santo Domingo, Nacional Pedro Henríquez Ureña y New York State University.

Ramón Emilio Reyes presentó credencial como escritor al publicar, en 1961, su primera novela, El Testimonio, texto de tema bíblico que fue parte de una corriente literaria surgida en la postrimería de la tenebrosa Era de los Trujillo. Otras obras son: El Cerco (novela breve); Los amantes libres (novela breve); La estafa de seda y Después del amor (también novelas breves). Después de consolidar su nombre como novelista, en el marco de la discreción que caracterizó su accionar, dio a conocer La Tierra y otros cuentos; La muerte de Sila (monólogo dramático), La Cena (cuento incluido en la Antología del Centenario de Vicente Blasco Ibáñez).También escribió  ensayos y conferencias, entre los cuales destacan: Jorge Guillén, el Mundo y las Cosas; El Lenguaje poético de la Generación del 48; Poesía de Juan Ramón Jiménez; El nacimiento de la prosa; Teatro Español del Siglo de Oro; La imagen de José Asunción Silva; Jorge Luis Borges y el Cine; Teatro breve y novela de Estados Unidos; Grandes textos de la literatura; Poesía de Puerto Rico; La poesía cultural de Hugo Gutiérrez Vega; El lenguaje universal de Walt Whitman; La novela española contemporánea; Novela de Arturo Pérez Reverte y Novela de Carmen Martin Gaite.

En su biografía no se mencionan premios ni reconocimientos, incluso su nombre no aparece en algunos diccionarios de autores dominicanos. Acaso su galardón más preciado  haya sido la dedicación al trabajo intelectual sin espectacularidad, sin estridencias, sin guerrerismos y sin cabildeos en procura de distinciones. Nadie puede asociarlo al tipo de escritor que gestiona o  exige preseas y reconocimientos, pues se limitaba a escribir la obra, y lo hacía con pulcritud y sin prisa. Prueba de su paciencia en el quehacer literario es la publicación, en 2013, de la novela La luz se ha refugiado en el sendero, escrita en 1958. La editó el sello Círculo Rojo, de España, según se comunica en una nota que aparece en la página web de la Academia Dominicana de la Lengua. Se informa, además, que la obra formaba parte del ciclo novelístico de tema bíblico que, al inicio de la década de los 60 del siglo XX, cobró auge en las letras dominicanas con obras de esa vertiente narrativa escritas, además de Reyes, por Marcio Veloz Maggiolo y Carlos Esteban Deive. La luz se ha refugiado en el sendero aborda el tema de la dictadura de Trujillo, la figura del dictador y las adversidades sufridas por el pueblo durante ese régimen de horrores. La dimensión simbólica de los personajes se vincula a importantes referencias sociales, políticas y culturales de la época.

Las obras  publicadas  de Ramón Emilio Reyes  dan cuenta de  su talento literario, su conocimiento de la lengua y el manejo del arte literario en varios géneros. Reyes  fue,  ante todo, un hombre de bien y un académico  laborioso. Siempre con una mesura que lo aproximaba a la timidez.

 

TRES

La libertad es un atributo indispensable para los seres humanos, diríase que sin esta prerrogativa la vida resulta incompleta y engorrosa. “Somos responsables porque somos libres”,  ha escrito Jaime Balmes, filósofo y teólogo español del siglo XIX.

De lo dicho por el pensador ibérico se infiere que la responsabilidad implica la oportunidad  de escoger entre dos o más opciones antes de actuar y que probablemente la decisión adoptada conlleve alguna restricción, pues hay una correspondencia entre el albedrío y las restricciones.

La organización de la vida en sociedad demanda el establecimiento de normas, las cuales suelen ser poco gratas. Las reglas de tránsito, por ejemplo, sobre todo si contradicen nuestro interés inmediato, resultan desagradables y se tornan en tormentos para algunos espíritus que se definen  libertarios. ¿Acaso pueda alegarse que esas  regulaciones conllevan limitaciones a la libertad de circulación que corresponde a los ciudadanos?

Nada hay más parecido a las reglas de tránsito que las pautas gramaticales. ¿Quién disfruta conducir un automóvil  en una ciudad carente de señales, semáforos o agentes de tráfico?  Me parece que  en esto solo  encontrarán placer quienes gozan  andar  en el desarreglo.  Quizá no sea aventurado afirmar que quien se solaza en el desorden lleva la conciencia atropellada,  y es lícito  intuir que ha de ser  un sujeto patológico. Referiré un caso sencillo, que encierra libertad y restricción en el uso del idioma. A quienes se permiten ignorar alevemente la tilde que marca el acento de las palabras, o que dejan  esa labor a la computadora, puedo mostrarles decenas de tríadas de palabras cuya categoría gramatical depende de la sílaba en la que se haya colocado el acento ortográfico, acción que a su vez determina la forma en que habrá de pronunciarse el vocablo. De modo que podremos escribir:

 

  1. a) Médico b) Medico       c) Medicó
  2. a) Vómito b) Vomito       c) Vomitó
  3. a) Prólogo b) Prologo       c) Prologó
  4. a) Título             b)Titulo           c)  Tituló
  5. a) Diálogo b) Dialogo       c) Dialogó

 

Se aprecia con facilidad que en cada caso el  primer vocablo es un sustantivo  y  palabra esdrújula; el segundo  es forma  verbal, primera persona, presente del indicativo del verbo  cuya base representan (medicar, vomitar, prologar, titular, dialogar) y el  tercer grupo corresponde al pasado perfecto, tercera persona, singular, modo indicativo del verbo en cuestión. No hay libertad absoluta en la tildación de las palabras, el acento radica en la pronunciación y se marca para facilitar la lectura cuando se trata de la lengua escrita. La tilde, como los signos de puntuación, tiene por función  dotar a lo escrito del sabor y la naturalidad de la lengua hablada.  Otra cosa, ¿quién dijo que en la lengua española los signos de interrogación y de entonación al inicio de la oración han sido suprimidos? ¡Eso nunca! Se trata de elementos propios de nuestra lengua, parte  importante de su carácter, dignos de ser imitados por otros sistemas lingüísticos. La libertad de suprimirlos en que osan algunos es un vicio y como todo vicio favorece el desorden y el desconcierto.

A propósito del aspecto fónico procede señalar como una desvirtuación la libertad que se otorgan muchos dominicanos al cambiar el sonido de la J (jota) por el de la consonante Y (ye), lo cual se muestra como corriente en cascada en nombres de personas de unas décadas hacia acá. Digamos que la norma académica no puede arrogarse el derecho de interferir en la escogencia del nombre para una criatura, pues se trata de una indiscutible prerrogativa de los progenitores. Quien declara al recién nacido ante el oficial de estado civil podría nombrarlo conforme al patrón de su preferencia, incluida la amplia oferta de nombres iniciados con J tan usados últimamente: Joel, John, Jony, Josanny, Josiris, Janel, Josemy, Julissa, Jeremy, Jolesimy, Jazmín, Janet, Jansel, Jessica, Jeneisi, Jamiris, Jocasty, July, Jensi, Joheli, Joanna, Joahn.

La libertad de quienes escogen estos nombres o de quienes los lleven, termina cuando se pretende que quienes traten a estas personas, deben pronunciar tales  apelativos con el sonido de ye, siendo como es, la letra inicial una jota. Similar exceso es requerir que nombres que se escriben con G inicial como Geanilda, Georgina, Gisel, Gina o Gilda sean pronunciados Yanilda, Yoryina, Yisel, Yina.

El vicio llega más allá de los nombres propios y nos afecta en el uso de palabras  comunes como piyama y soya, que mientras las pronunciamos como ye las escribimos con  jota. Pijama o piyama son grafías válidas para denominar esta prenda de vestir, vocablo  que en algunos países  es masculino y que en otros, entre ellos República Dominicana, México y Centroamérica, es femenino. Cada hablante le colocará los determinantes según su preferencia. La restricción única está en el aspecto fónico: quienes la escriben con J deberían leer pijama. Pero es una incoherencia decir piyama y escribir pijama.

De verdad, los dominicanos somos concesivos y respetuosos  frente a las lenguas extranjeras de las que tomamos alguna palabra prestada. Justamente la consonante J es la víctima más propicia cuando se cuela cierto complejo de inferioridad lingüística que llevamos dentro. De Japón -algunos deberían pronunciar Yapón- nos ha llegado un sistema de defensa personal que con el proceso de transliteración vino a llamarse yudo, aunque por extrañas influencias aquí  escribimos el vocablo con J (judo, judoca, Fedojudo), pero leemos yudo, yudoca y Fedoyudo.

Para los responsables de esta tendencia verbal, el sonido de la J aparece si la palabra comienza con H. Un ejemplo bien visible se encuentra en Santiago de los Caballeros. Allí está el importante Hospital Metropolitano de Santiago, cuya sigla es HMS, al  que le han acomodado el acrónimo HOMS, mientras médicos como pacientes, periodistas como autoridades, y gente que da este centro como referencia para ubicar direcciones,  le llaman JOMS, para que parezca “de fuera”. Esa libertad es un vicio.

 

CUATRO

En los debates acerca del tema lingüístico afloran con la frecuencia y el fervor que caracterizan a las discusiones políticas, puntos de vistas tan diferenciados que permiten clasificar a los intervinientes en conservadores, revolucionarios y anarquistas. En lo relativo a la lengua, a los conservadores se les llama puristas. Estos se apegan al caudal lexicográfico del español y se oponen a dar cabida a neologismos y adaptaciones de vocablos procedentes de otras lenguas.

Alguien que reclama  ausencia de controles académicos en el uso de la lengua, que proclama necesaria la anulación de las normas ortográficas, que prescinde de los signos de puntuación o en vez de colocarlos los tira al desgaire, es un  individuo que encarna la anarquía o al menos alberga en sus genes  vocación  para actitudes viciadas.

La posición intermedia, como las acciones democráticas y progresistas en la política, propenden a aceptar la adaptación de neologismos, sobre todo si no tienen equivalentes en nuestra lengua (baipás, estrés, escáner), aceptan acepciones aplicadas en el  habla local a voces existentes en el español (cuero, prostituta; china, naranja; lechosa, papaya). Pero la máxima elevación de ese grupo – en el cual quisiera contarme- es la capacidad de ver y propiciar el enriquecimiento léxico mediante la derivación, la composición y la parasíntesis.

 

CINCO

A propósito de las intensas nevadas registradas  en los Estados Unidos de América a principios de  enero pasado,  leí  una nota de la agencia de noticias  Efe que informaba acerca del trabajo realizado por las  maquinarias dedicadas a recoger nieve: “Las   unidades quitanieves estarán en estado de alerta para desplegarse por Nueva York  cuando sea necesario” (Hoy, 4-1-18, Pág. 9B). Quitanieves, escrito en una sola palabra, nombra un artefacto para limpiar de nieve las vías.

Aquí no necesitamos  tal aparato, pero el vocablo  nos enseña a nombrar, si la inventáramos, una máquina  quitalodo, quitapiedras o quitahojas, voces  que por el momento nadie verá en el Diccionario las cuales, como quitanieves, corresponden a la estructura verbo más sustantivo, igual que   cubrecama, quitamanchas, sacacorchos, matarrata o  hiedevivo. Ese  es el recurso llamado composición. Con este proceso morfológico se forman palabras a partir de la unión de dos o más vocablos, de dos o más bases compositivas cultas o de la combinación de palabra y base compositiva. La norma académica no contradice la libertad de los hablantes para formar palabras, más bien  orienta esa potestad y  la encauza conforme al perfil de nuestro idioma. El léxico está sujeto a influencias extralingüísticas, como el origen mismo de la lengua española, que fue producto de acciones políticas del imperio romano en su afán de dominio. En tal sentido, el léxico recibe influencia del devenir político, económico, tecnológico, pero siempre aguijoneado por la necesidad comunicativa de los hablantes.

El origen de las palabras obedece en gran medida a circunstancias y realidades concretas. Por eso unas palabras aparecen y otras desaparecen. Por ejemplo, hace dos o tres décadas los dominicanos conocimos el vocablo bíper (del inglés beeper). La evolución tecnológica ha traído otros recursos para la localización de personas y el aparatito así denominado desapareció, pero ha dejado  como herencia el verbo bipear  (toque telefónico breve que significa llámame). Por igual se llama bíper a la acción de bipear.

No siempre los hablantes del español estarán pendientes de que los vocablos que emplean en su vida de relación hayan sido incorporados al Diccionario de la lengua española, de hecho el predominio de concepciones puristas ha retardado la inclusión de muchos términos de uso habitual, por lo que es de esperarse  que los académicos estén – o estemos- al tanto de cómo habla la gente para dar cabida a sus palabras en el repertorio oficial. Es la orientación que rige las academias de la lengua española.

Hay quienes se quejan  de la normativa, y por lo común el  lamento suele ser injustificado,  puesto que  la normativa guía, entre otros aspectos,  acerca de la escritura de las palabras creadas por los hablantes tomando en cuenta el origen de estas. El español dominicano, para citar un ejemplo, se ha enriquecido a partir de una marca de vehículo utilitario, aparecido en los años cuarenta del siglo XX, presumo que el primer todoterreno conocido aquí. Me refiero a Jeep, que se pronuncia yip, y por un acomodo fonético los dominicanos lo hemos llevado a yipe, voz de la cual han derivado yipecito, yipeta, yipetón, yipetudo, yipetocracia.

Es que toda realidad, acción, objeto o cualificación requiere de una palabra que la designe y si faltara ese vocablo en  nuestro idioma, hay que crearlo. Ahí radica la libertad del hablante. El condicionamiento viene dado en que primero ha de recurrirse al patrimonio  léxico del español para emplear la palabra correspondiente.

¿Quién les diría a los dominicanos que esa pieza metálica, mayormente de alambre, que han llevado las camas como soporte del colchón  había de llamarse batidor?  En el diccionario académico esta palabra aparece con diez acepciones y ninguna se refiere  a un entramado de alambres para soportar el colchón en algunas camas. La palabra batidor, como muchas otras de uso regional, convive con los vocablos del español general.

Estamos bordeando el tema de la derivación, pero falta precisar algunas nociones, a la luz de la doctrina lingüística. Cito al respecto la Nueva gramática de la lengua española: “El concepto de derivación se usa con dos sentidos en la lingüística  contemporánea. En el primero, más amplio, derivación se oponea flexión,  y   los fenómenos que abarca la morfología derivativa o morfología léxica se oponen a los que caracterizan a la flexiva, como se explica en el 1.5. En este sentido, el concepto de derivación engloba también el de composición y el de parasíntesis. En el segundo sentido, más  restrictivo, el concepto de derivación se refiere tan solo a los procedimientos de formación de palabras por medio de afijos (ya sean prefijos, sufijos o interfijos) simples”. (NGLE, pág. 337).

 

SEIS

El estudio de la estructura interna de las palabras corresponde a la rama de la gramática que se denomina morfología, la cual incluye las variantes que presentan las palabras, los segmentos que las componen y la forma en que se combinan. Este apunte es importante para  comprender que esta rama de estudios se divide en morfología flexiva y morfología léxica o derivativa.

La morfología flexiva se refiere a variaciones de la palabra que implican cambios de contenido de tipo gramatical (género, número, caso)  cuando  se  refiere a sustantivos y adjetivos;  modo, persona, tiempo, número, cuando se trata de verbos.  Con la morfología flexiva se obtienen variantes gramaticales de una palabra  que no tienen entradas en el diccionario. Del verbo dormir, por ejemplo, tendremos  entre otras variantes flexivas: duermo, dormimos, durmieron, durmiera, dormiré, durmiendo…mientras que  con la morfología léxica obtenemos realmente nuevas palabras: dormitorio, dormida, dormidera, dormidero, dormitiva, dormilón, dormido, durmiente.

Este ejemplo  ilustra de como a partir del verbo dormir hemos obtenido por derivación un grupo de  sustantivos (los primeros  cinco)  y uno de  adjetivos (los tres últimos).   A propósito de la derivación de sustantivos,  vale referir que la  palabra base para formar un nuevo sustantivo puede ser un verbo, un adjetivo u otro sustantivo. Entre los patrones más productivos, la Gramática académica cita  los siguientes:

Ejemplos con verbos: Comprar + a > compra, caminar + ata > caminata,  asesinar + ato > asesinato, hartar (se) + azgo> hartazgo, rendir + ción> rendición, llamar + da > llamada, matar + dero> matadero.

Un amplio grupo de verbos prestan sus bases para formar sustantivos con la terminación  – miento, la cual resulta tan productiva como – ción. La terminación  miento varía en -mento.  Ejemplo: Alumbramiento (de alumbrar), alzamiento (de alzar), casamiento (de casar), bastimento (de bastir, abastecer).

Ejemplos con nombres: Estoque + ada> estocada, profesor +ado> profesorado, andamio +aje > andamiaje, califa +ato > califato, pera +al > peral, pelo + ambre> pelambre,  vela + amen > velamen.

Ejemplos con adjetivos: Bobo + ada> bobada,  bueno + dad > bondad, manso + edumbre> mansedumbre, tonto + ería > tontería, viejo + ez> vejez.

La que antecede es solo una breve porción de  las terminaciones o sufijos que permiten formar sustantivos  deverbales, deadjetivales o   denominales que aparecen en la página 338 de la Gramática.  Hay terminaciones para indicar ocupaciones (panadero, soldador, modista, oculista)  tendencias y doctrinas (marxismo, platonismo, cristianismo),   actitudes y cualidades personales (atrevimiento, mecenazgo, finura, imbecilidad), lugares para determinadas cosas (caserío, basurero, comisaría, gasolinera).

El sufijo –ero/era comparte  con –dor/dora el privilegio de ser los más productivos en nombres de ocupaciones y oficios.  De acuerdo a estos patrones aplicamos a algunos extranjerismos adaptados las terminaciones que nos permiten crear nuevas palabras. Así tenemos:

  1. a) Blog (del inglés, sitio web personal) ofrece bloguero y bloguera (persona que crea o gestiona un blog).
  2. b) Tuit (también del inglés, mensaje digital enviado a través de la red Twiter) ofrece el adjetivo tuitero (que envía tuits)   y  el verbo tuitear (comunicarse por medio de tuits).
  3. c) De rap (estilo musical de origen africano), rapero (quien realiza este tipo de música). Pueden apreciar en bloguero, tuitero y rapero la terminación correspondiente a quien realiza determinada labor, igual que panadero, peluquero, jornalero, tabaquero.

Las derivaciones siguen a veces caminos caprichosos, aunque marcados por las pautas gramaticales. Es el caso del sustantivo pan, del cual deriva panadería (lugar donde se fabrica o se vende pan), panadero (quien lo hace y quien lo vende), panera (recipiente para poner pan), pero nunca llamamos panería -parece lógico que así fuera- al  sitio donde se procesa el pan ni  panero o panera a quien lo vende. Esta tendencia es propia del universo de los hablantes del español.

Pero una combinación de lo estándar con lo propio dominicano ocurre  con los derivados de la palabra cuero, a partir de la variación semántica que  adquiere esa palabra en el español dominicano, que es también una forma de crear palabras aunque gráficamente sea el mismo vocablo. Veamos:

cuero (piel de los animales)

cuerero (fabricante de objetos de cuero).

cuerazo (golpe con el cuero, igual a latigazo).

cuerear (preparar los cueros, procesarlos)

cuerería (no aparece en el Diccionario de la lengua española). Pero  deriva de cuero, en el habla dominicana. Es una libertad que nos hemos tomado los dominicanos para denominar un lugar donde se ejerce la prostitución. Los otros  usos –excepción de cuerería- los consigna el DEL, la libertad que nos hemos permitido los dominicanos es semántica, desde el punto morfológico todos los usos se ajustan al genio de la lengua.

La intención despectiva se vale de la terminación –ero para emplear palabras con esa intención: cuquero  en vez de obstetra,  loquero, en lugar de psiquiatra o guitarrero  por no decir guitarrista. Pero es diferente la  actitud sicológica de quien habla cuando emplea el vocablo ronero para referirse a un fabricante de ron. Una compañía dominicana que procesa esa bebida insiste en promover su tradición en el ramo. En la televisión, como en la prensa,  destaca : “Cinco generaciones de maestros roneros…”.

De una publicación periódica extraigo esta muestra:

-“Los maestros roneros de Brugal: Herencia familiar…”

-“Así lo expresan los cuatro maestros roneros o máster blender, que actualmente laboran en Brugal& Compañía. Ellos son…”

-Gustavo Eduardo Ortega Zeller, “El más joven de los maestros roneros de Brugal y el único de la quinta generación…”. (Listín Diario  21 de junio de 2009).

Con el vocablo ronero, se denomina al fabricante de ron, es decir se trata de un sustantivo, y  en los ejemplos citados este vocablo  viene antecedido del adjetivo maestro, palabra que empleamos más como sustantivo: maestros roneros.  Pero ronero es también adjetivo (relativo o propio del ron). Así deberá  ser incorporada, en algún momento, en el Diccionario académico.

Entonces pasamos a hablar directamente de los adjetivos formados por derivación. Son muchos los adjetivos con que cuenta nuestro acervo  lexicográfico que han derivado de sustantivos, de verbos o de otras categorías gramaticales, incluyendo los propios adjetivos, cuyo grado superlativo aporta nuevos vocablos terminados en –ísimo, ísima (grandísimo, bellísima, santísima…).

Los adjetivos procedentes  de nombres suelen  adoptar las siguientes terminaciones: -al  (de término , terminal; centro, central), -ano (de huerto, hortelano; de Higüey, higüeyano), -ar ( montículo, monticular; espectáculo, espectacular),  -ario (banco, bancario), -ico (de metal, metálico; vandalismo, vandálico), -ista (socialismo, socialista),  -ístico (museo, museístico), -ivo (de deporte, deportivo), -izo (paja, pajizo), -oso ( aceite, aceitoso; leche, lechoso).

También tenemos la oportunidad de formar adjetivos a partir de verbos y para ello el uso sugiere las  siguientes terminaciones: -ble (vender, vendible; masticar, masticable), -dero (casar, casadero; pasar, pasadero), -dizo (huir, huidizo;  enfermar, enfermizo), -dor (ensordecer, ensordecedor; atesar, atesador), nte (sorprender, sorprendente; cantar, cantante), -orio (definir, definitorio; consultar, consultorio).   (NGLE,pág. 506).

Los adjetivos denotan nociones como semejanza (lechoso, de ahí el nombre que hemos creado para la fruta llamada papaya), nociones de tendencia o propensión (asustadizo), intensificación del concepto, actitud muy  propia del habla dominicana (grandísimo, feísimo, inteligentísimo), pero también indican estos adjetivos nociones para llevar a cabo una acción (estimulante, agravante). La calificación implica en otros casos la capacidad de un objeto o persona para recibir una acción (lavable, temible, objetable) y por igual  incluye la noción de  posesión o existencia (fiebroso, afanoso, baboso).

Las locuciones nominales también dan lugar a derivados adjetivales: medioambiental  (de medio ambiente), bienhablado (bien hablado), malhablado (mal hablado), bienvenido (bien venido), malcriado (mal criado), malhechor (mal hechor) y      malhumorado (mal humor), malpechoso (de mal pecho).

La libertad de crear palabras surte sus efectos en los registros académicos. Quiero citar con satisfacción que la Gramática académica  acoge el adjetivo medalaganario, formado en República Dominicana a partir de la locución “me da la gana”.  Y como tenemos la libertad de crear  adverbios a partir de agregar el sufijo /mente/ a un adjetivo, ha adquirido carta de presentación el  adverbio  medalaganariamente.

A propósito de autores dominicanos, cuando el poeta Ramón Francisco  compuso los versos que rezan: “Atesador, atesador, ateso los batidores” no indagó si el vocablo “atesador” aparecía o no en el Diccionario,  pero sí estaban seguros, él y el arquetipo descrito en el poema, que  la terminación –dor sirve para denominar oficios. Ya nos hemos referido al vocablo batidor en la acepción que lo emplea el poema La patria montonera.

Los verbos son elementos indispensables en el idioma. Es la única categoría gramatical capaz de expresar una idea por sí sola: ¡Váyase!; ¡Entre! De modo que si de un concepto, de una situación, de una cualidad… se desprende una acción y carecemos de verbo para referirla, hemos de crearlo, no es solo la libertad, sino la necesidad.

Hay en nuestra lengua dos procedimientos morfológicos  para derivar verbos a partir de adjetivos, de adverbios, de sustantivos o de otros verbos. El primer procedimiento es la sufijación.  Veamos los siguientes ejemplos:

Con adjetivos: limpio + ar: limpiar; ancho + ar: anchar; escaso + ear: escasear, amarillo + ear: amarillear y también amarillar; cristiano + izar: cristianizar.

Con sustantivos: favor + ecer: favorecer; cristal + izar: cristalizar; momia + ificar: momificar; droga + ar: drogar; perro + ear: perrear.

Los  adverbios se prestan, en menor medida, para formar verbos: de  atrás + ar  deriva atrasar.

Algunos verbos se han formado por sufijación  de otros verbos: correr + etear ha dado corretear. El español dominicano ha generado el verbo brincolear, derivado de brinco que a su vez ha generado el verbo brincar.

Hay un segundo procedimiento para la formación de verbos, muy empleado en la lengua coloquial. Me refiero a la parasíntesis, que consiste en agregar un prefijo y un sufijo a la palabra base, es decir una partícula al inicio y otra al final del verbo de que se trate.

Con  la adición de afijos discontinuos,  del sustantivo perro podemos formar el verbo emperrar o emperrarse, el sustantivo emperramiento y el adjetivo emperrado. Estos vocablos en el  español dominicano  muestran  gran diferencia semántica  con el español estándar. De emperrarse  se lee en el Diccionario lo siguiente: 1. prnl. coloq. Obstinarse, empeñarse en algo.

Del adjetivo  tonto  adicionando  el prefijo /a/ y el sufijo /ar/  obtenemos atontar. Del adverbio lejos, con similar procedimiento ganamos el verbo  alejar. Del adjetivo sucio + en +ar: ensuciar.  De Jaula, con el prefijo /en/  y el sufijo /ar/  obtenemos enjaular.  Por igual del adjetivo raro  tenemos  enrarecer;  de  peor  empeorar.

Con este procedimiento los dominicanos hemos creado el verbo endrogar o endrogarse, empleado en lugar de drogar o drogarse, que son los de uso general.

Hablando de verbos  formados por sufijos y prefijos, es imposible no referirse a los formados por el más poderoso de los prefijos: re.  Este prefijo, en boca de líderes y gerentes,  es capaz de refundar, reestructurar, redefinir, reorientar, reencauzar o  rediseñar según que se trate de  negocios, gremios, universidades o el Estado mismo. La partícula se presta también para formar sustantivos y adjetivos vinculados semánticamente a estos y muchos otros verbos: refundación, reestructuración, reencauzamiento o reencauce,…rediseño. Lo mismo para adjetivos: refundado, reestructurado, reencauzado,…rediseñado.

Quiero enfatizar en el uso del prefijo –re delante de dos verbos en particular: postular y elegir. Los sustantivos reelección y repostulación guardan una íntima correspondencia en lo político, pues la primera depende en primer término de la segunda. En lo gramatical, los une la condición de dependientes del prefijo “re”, con el que se forman palabras que implican la repetición del sentido del vocablo original.

Del grupo formado a partir del verbo “postular”  (presentar candidato para un cargo) más la partícula “re”, de lo cual derivan  “respostular” (verbo), “repostulación (sustantivo) y “repostulado” (adjetivo).

La 23ª edición del Diccionario de la lengua española no incluye este grupo de palabras, pero la necesidad comunicacional, impuesta por la práctica política, ha llevado a un uso cotidiano de estos términos.  La realidad política indica que quien no es postulado no puede alcanzar la posición electiva. Al final del mandato, el  funcionario que aspira a seguir en un cargo electivo, deberá ser postulado de nuevo. En cada ocasión  en que   presente candidatura será postulado. Quizá por eso los académicos no le dan importancia a “repostular” y “repostulación”. Quien se postula de nuevo puede ser rechazado o reelegido. El grupo formado con “elegir” más  el prefijo “re”, sí ha  contado con la bendición académica. Veamos: Reelegir. 1.tr. Volver a elegir. (Se  conjuga como pedir. Tiene un  participio irregular: reelecto y  su participio regular es  reelegido).

Reelección, una palabra que tanta repercusión ha tenido en la vida  de muchos pueblos del mundo, que ha sido responsable de sangre, lágrimas y otros pesares, lingüísticamente queda reducida a una definición de cinco palabras: f. Acción y efecto de reelegir.

Dicen que la política se nutre de realidades. La lengua, por igual,  se desarrolla  a partir de realidades. Es una realidad que los dominicanos, gracias al prefijo “re” empleamos  el  verbo “repostular”, así  como “repostularse” (forma pronominal).

Es una realidad, en política, que quien  quiera ser electo (elegido) deberá ser postulado. Quien  aspire a repetir en el cargo  será también postulado, pero si fuera electo de nuevo sería “reelecto” o “reelegido”.  Parece que para llegar a  estos participios, “repostulado” constituye un puente.

No puede haber “reelección” sin  repetir la postulación. Un principio lingüístico importante se basa en la economía verbal. Repostular evita  la forma “postular de nuevo” o “repetir la postulación”. Mientras tanto, en la norma lingüística de los dominicanos seguirá apareciendo el grupo formado por el verbo “postular” más el prefijo “re”.

El esfuerzo por derivar verbo de otro verbo  no siempre proporciona buenos resultados. Por ejemplo, del verbo /ver/ ha derivado el sustantivo visión, no es necesario,  por tanto,  el verbo *visionar.  Por igual, de explotar obtuvimos explosión ¿para qué entonces el verbo *explosionar? El sustantivo apertura ha derivado etimológicamente de abrir,  pero no se aconseja el uso del verbo *aperturar, inventado en el ambiente bancario.  En igual situación andan *resolutar, frente a resolver, del cual deriva resolución.

A partir del verbo abollar, que con la partícula compositiva   /dura/ se forma   abolladura, se ha derivado  el verbo desabollar (des+ abollar) para quitar  las abolladuras, sobre todo a los automóviles. El técnico en esta materia es un desabollador, palabra  con la que el Diccionario académico denomina un “instrumento que emplean los hojalateros para quitar las abolladuras de las placas metálicas”. El sufijo –dor  es muy importante para denominar  ocupaciones y oficios (limpiador,  soldador…) Los vocablos  enyesador (derivado de yeso +en +dor;  empajillador, derivado de pajilla + em + dor no aparece tampoco en el Diccionario. Son producto de la parasíntesis.

Tampoco reconoce nuestra  principal publicación lexicográfica el vocablo /desabolladura/ ¿Cómo vivir entre tantos vehículos sin los talleres de desabolladura?

Un buen ejemplo de verbo obtenido por el método parasintético  es ensortijar, resultado de colocar al sustantivo sortija  la terminación  /ar/  y el prefijo /en/ = ensortijar.  De ahí el sustantivo ensortijamiento (formación de sortijas en el cabello) y el adjetivo ensortijado.

 

SIETE

Con lo dicho en torno a la derivación estamos llegando al final, pero no se termina de golpe y porrazo, pues no es grato eso. Porrazo es golpe con una porra, algo muy parecido a la macana, por lo que es fácil intuir que porrazo y macanazo son muy afines. Los dominicanos conocemos mucho de macanazos y de otras palabras terminadas en –azo.

Tenemos terminaciones en -azo, derivadas de coyunturas políticas y sociales: gacetazo, paquetazo, granadazo, madrugonazo, cacerolazo.  Otros vocablos se refieren a golpes, aunque no precisamente dados con el objeto que ha servido de base para formar la nueva palabra: cajetazo, coñazo, totazo, trancazo, tablazo, guantazo. Sin dudas que la derivación, con sus variantes,  es el procedimiento más idóneo para enriquecer nuestro idioma a partir de sus propias células, pero esto no niega la eficacia de vocablos que llegan por diferentes vías.

Las voces procedentes de otras lenguas en unos casos serán traducidas al español: computer, computador; mouse, ratón, desktop, escritorio.  En otros casos procede la adaptación morfológica (incluido el plural) y así adaptamos  voces procedentes de otras lenguas como:   clúster, clústeres; espray, espráis.  Por igual hemos acuñado los  neologismos (stress, estrés; bypass, baipás; scanner,  escáner; leader,  líder). De algunas de estas palabras se han derivado otras de  puro corte castellano: estrés, estresar, estresado; escáner, escanear, escaneado, escaneo; líder, lideresa, liderar, liderazgo, liderato.

Cuando se da  nueva acepción a vocablos ya existentes del español, estamos contribuyendo, al menos semánticamente, si no lexicográficamente,  al ensanchamiento de nuestra lengua. Es lo que ocurre en el habla dominicana con las voces cuero (prostituta), china (naranja), (bachata, nombre de un género musical) o mona (gallo de traquear). Nuestras creaciones de palabras no tienen que subordinarse al español peninsular ni considerarse  al menos. La diversidad no contradice la unidad del español, sobre todo si las comunidades de hablantes parten de lo que tenemos para enriquecerlo. Parece paradójico que la riqueza léxica del español, dada la cantidad de países donde es hablado y las variantes regionales en esas naciones, se torne en problema, mínimo quizá, que dificulta la comunicación en algunos casos. La libertad  léxica  -alegarán algunos-  podría afectar la unidad de nuestra lengua, ya que existen diferencias entre el español hablado en América y el de España,  e incluso hay matices muy resaltantes de uno a otro país hispanoparlante, tanto en  el aspecto fónico como en el léxico. De  todos modos el idioma español crece sin que la diversidad constituya obstáculo significativo. La unidad del idioma es uno de los compromisos de  las academias. “Este ideal de unidad ha inspirado la vocación panhispánica que preside las obras que se vienen publicando en los últimos años: la Ortografía de la lengua española (1999), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Manual de la Nueva gramática y el Diccionario de americanismos, obras  todas ellas del trabajo mancomunado de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias” (Ortografía de la lengua española, Presentación, pág. xxxvii).

A este respecto quiero recordar unas palabras de  Günter Haensch,    de su ponencia “La lexicografía del español de América en el umbral del siglo XXI”,  presentada  en el Encuentro Internacional sobre el Español de América, efectuado en Bogotá, Colombia, en 1991. Dice el  lingüista alemán: “En esta ponencia he querido demostrar que la lexicografía  del español de América necesita una doble renovación que consiste, por una parte, en reconocer la existencia de grandes diferencias del léxico  entre el español peninsular y el americano, y dentro del español de América, diferencias que no se pueden eliminar ni callándolas ni minimizándolas, ni tampoco ensalzando con actitudes triunfalistas un grado o  tipo de unidad que no existe. No se deben marginar los elementos léxicos propios del español de América, sino que hay que integrarlos en el inmenso caudal léxico del castellano; sin embargo, para poder integrarlos hay que conocerlos mediante una descripción exacta y completa”. (El español de América hacia el siglo XX, Tomo I, 1991,  Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá,  p. 76).

La iniciativa de crear  palabras  es poco lo que  puede afectar la unidad de la lengua española, a pesar de las diferencias léxicas que  pueda suscitar, puesto que nuestra  lengua se sostiene sobre zapatas tan firmes como el ordenamiento gramatical y por la ortografía.

El  ideal del crecimiento de la lengua española sin menoscabo de su genio queda perfectamente expresado en este párrafo de los Estatutos de la Academia Dominicana de la Lengua,  referente  a sus fines: “Tiene por primordial objetivo la defensa y el cultivo del idioma español, común de los dominicanos.  Debe velar, por ello, porque su natural crecimiento no menoscabe su unidad y que sea conforme a su propia índole y su desarrollo histórico”.

En el uso de la lengua castellana las libertades son complementadas por las restricciones. Hay una sana correspondencia entre ellas, que  permite considerar que el hablante del español disfruta de libertad para crear y adaptar  términos, erosionar el orden gramatical, rebautizar los seres y las cosas o  dotar de un valor semántico particular a los vocablos existentes, siempre para satisfacer necesidades de comunicación, pero esa libertad es condicional.

Rafael Peralta Romero

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 13 de febrero de 2018

 

BIBLIOGRAFÍA

1- Nueva gramática de la lengua española, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Tomo I, Espasa Libros, Madrid, 2009.

2-Ortografía de la lengua española, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Espasa, Madrid, 2010

3-Diccionario de términos filológicos, Fernando Lázaro Carreter, Gredos, Madrid, 2008.

4– Diccionario de la lengua española, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 23ª  edición, Espasa, Madrid, 2014

5-Diccionario del español dominicano, Academia Dominicana de la Lengua  y Fundación Guzmán Ariza, Santo Domingo, 2013

6- Günter Haensch y otros,  El español de América hacia el siglo XX, Tomo I, 1991,  Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá, ).

 

Refranero del español dominicano: refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas

Por Bruno Rosario Candelier

 

Identificación y acarreo de paremias

Con el nombre de paremias se conocen las variantes fraseológicas expresadas en refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas. El conjunto de nuestras paremias, que nuestro pueblo bautiza con el nombre de refranes, constituyen el meollo de esta quinta obra lexicográfica publicada por la Academia Dominicana de la Lengua.

La confección de este refranero implicó tres años de labor lexicográfica en el acarreo de refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas. En mi condición de director de la ADL y coordinador del equipo lexicográfico de la institución, instruí a los colaboradores con la base teórica y la orientación lingüística para ejecutar las tareas pertinentes con un criterio operativo en la realización de esta obra de estudios idiomáticos. El acarreo de las paremias de diccionario implicaba diferenciar los rasgos semánticos de las susodichas paremias (refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas), mediante el auxilio de una guía que el equipo lexicográfico aplicó en el expurgo de las fuentes primarias (obras literarias, textos periodísticos y voces de la oralidad) en procura de las expresiones paremiológicas del español dominicano, tanto en el plano literario como en la cultura viva del pueblo, formalizadas en los diversos modismos idiomáticos usadas en las obras de nuestros escritores o pronunciadas en los variados escenarios de la lengua viva, en los medios de comunicación y en los diversos ambientes populares. Esta obra se funda, por tanto, en el uso de refranes del español dominicano.

Con la orientación lexicográfica pertinente, la labor de acarreo de las expresiones paremiológicas se hizo en busca de las idiolexías del español dominicano que este Diccionario de refranes, editado con el auspicio de la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua, ofrece a quien pueda interesar. Con este refranero completamos el abanico fraseológico de nuestro lenguaje, con las cinco vertientes paremiológicas registradas en esta obra.

Indagamos, leímos y curcuteamos obras narrativas de autores nacionales en busca de las expresiones idioléxicas, lo mismo en textos de poesía y ficción, que en periódicos y revistas. Y puse particular atención a la oralidad, fuente viva de refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios. Cada una de las variantes paremiológicas del abanico fraseológico fue enfocada con el siguiente criterio:

   Máxima: Señala lo que hace que las cosas sean. Y en tal virtud, es  un principio que orienta la conducta: “El ojo del amo engorda al caballo”.

   Sentencia: Advierte lo que las cosas deben ser, por lo cual es norma o patrón que ampara una determinación: “Delante de ahorcado no se debe mencionar el lazo/la soga”.

   Adagio: Indica lo que las cosas son y, en ese sentido, es un conocimiento fundado en hechos de la vida: “Culebra no se amarra en lazo”.

 Proverbio: Muestra lo que las cosas generan, razón por la cual es una pauta inspirada en su naturaleza: “Por la fruta se conoce el árbol”.

Refrán: Señala lo que las cosas enseñan, en cuya virtud entraña un concepto derivado de una experiencia de vida: “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

Además de definir cada paremia, presentamos ejemplos para que se entienda mejor cada variante paremiológica. También se explica el modo operativo y la estructura del esquema para definir cada variante paremiológica con ejemplos oportunos:

aguas

las aguas se aclaran con el tiempo. máx. Señala que a una situación turbia, de la que no se tiene una percepción clara, es mejor darle larga.

 

filo

filo a la mocha que hay cañas que cortar. sent. Consigna lo que se debe hacer para conseguir lo que se quiere, como el hecho de fajarse a trabajar: “…reaccionó pronto y se puso a sacar más filo a la mocha, que había cañas que cortar y mandarla para el ingenio. Ahora que se vuelve a la posición anterior, el panorama le pertenece de nuevo por entero…” (OGil, “Orlando”, L. D., 25/01/16/5A).

 

agrias

las agrias no se pagan. adg. Indica que se hace lo que conviene: “El pasado lunes en el Comité Político quedó claro que las agrias no se pagan y que la alta dirección puede hacer jugo con las dulces” (OGil, “Orlando”, L. D., 4/08/17/6A).

 

venganza

la venganza no es buena consejera. prov. Enseña a no hacerle lo mismo a quien nos ha ocasionado un daño: “Al PLD, como a las Paola, le manda uno a decir siempre: “por favor” y “gracias” (ser humilde) y a releer atentos el refranero popular… “la venganza nunca es buena, mata el alma, la envenena” (PMckinney, “Bulevar”, L. D., 12/01/16/10A).

 

mal

no hay mal que por bien no venga. ref. Enseña que una adversidad suele tornarse favorable: “Cientos de ratas fueron encontradas muertas a causa de las aguas, (…) y que motivó al general Príncipe Tenebroso a opinar que “No hay mal que por bien no venga, pues solo así podían morir tantos ratones juntos…” (RPeraltaRomeroResiduos146).

En el taller de orientación explicaba los ejemplos, al tiempo que aclaraba las dudas con las instrucciones pertinentes para la realización de las tareas. Las expresiones idiomáticas llamadas “refranes” comprenden las paremias cuyo estudio se conoce con el nombre de paremiología, vertiente del lenguaje que en la lengua española tiene una importante tradición por la dimensión ilustradora, sintetizada y edificadora de los refranes. A las expresiones idiomáticas las denominé  “idiolexías”, que es lo mismo que decir, ‘modismos idiomáticos’.

Con el caudal de las expresiones idioléxicas que conforman los modismos idiomáticos de nuestro lenguaje confeccionamos este refranero integrado por refranes, adagios, máximas, sentencias y proverbios, modalidades del decir que fundan esta nueva obra de la ADL. En el Diccionario fraseológico del español dominicano dimos a conocer locuciones, frases y giros idiomáticos (1), cuyas idiolexías completamos en esta obra.

Con esta orientación iniciamos la confección de este diccionario paremiológico cuya realización tuvo tres procesos: recopilación de expresiones idiomáticas, definición de sus significados y, en múltiples casos, ilustración de su uso con ejemplos de las expresiones idioléxicas.

 

Naturaleza de las paremias

Paremia es la palabra que designa al conjunto de refranes que usan los hablantes de la lengua. El refranero comprende el caudal de paremias, y el conjunto de las expresiones paremiológicas llamados idiotismos o modismos idiomáticos, constituye una herencia de la lengua española compartida por los hablantes de las diversas variedades del español en el mundo hispánico. Por eso el perfil del refranero no es solo una expresión de la lengua general sino también una muestra de las variantes geográficas de nuestro idioma con sus formas peculiares en el habla del español dominicano.

El habla se forma con los vocablos con que se forman las combinaciones léxicas y sus valores semánticos que la gramática clasifica en frases, oraciones y párrafos. El lenguaje está preñado de formas paremiológicas que llamamos locuciones, frases, giros, refranes, adagios, máximas, sentencias y proverbios. El conjunto de esas expresiones idiomáticas o paremias, que el autor de esta obra llama idiolexías, nuestro pueblo lo identifica como refranes.

Hay dos clases de paremias: las simples (locuciones, frases y giros) y las complejas (refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios). Estas últimas tienen en común una dimensión semántica que entrañan una lección, una enseñanza, un principio, un sentido profundo, una verdad moral y una sabiduría existencial. Las primeras expresiones idiomáticas (locuciones, frases y giros) las presentamos en el Diccionario fraseológico del español dominicano; y las segundas (refranes, adagios, sentencias, proverbios y máximas) figuran en este Diccionario de refranes, que completa el caudal de las expresiones idiomáticas que usan los hablantes dominicanos de todas las edades, condiciones sociales, niveles culturales, modalidades expresivas y variantes dialectales.

Los adagios entrañan un conocimiento de la realidad; las máximas, un principio orientador; las sentencias, una pauta de conducta; los proverbios, una enseñanza moral; y los refranes, una sabiduría inspirada en la experiencia de la vida.

El redactor y los colaboradores de este Diccionario de refranes siguieron las instrucciones impartidas para confeccionar este refranero con las idiolexías que conforman las paremias del español dominicano. Cumplimos tareas específicas para el expurgo de las fuentes (obras literarias, textos periodísticos) y voces de la oralidad (expresiones de la calle, localizables en tiendas, colmados, colmadones, discotecas, bares, templos, peluquerías, escuelas, oficinas, cafeterías, centros médicos, restaurantes, estadios deportivos) y, desde luego, en la radio, la tv y la red electrónica de internet.

Los textos de ilustración se consignaron de la siguiente forma: la palabra clave y el ejemplo están escritos en negritas; definición del significado de la paremia, seguido de dos puntos; la paremia donde aparece en el párrafo va entre comillas, y se escribe con letras en versalitas; y al final, entre paréntesis, va la inicial del nombre del autor, sus apellidos completos, una palabra clave del título de la obra en cursivas y la indicación de página, sin margen). La fuente bibliográfica se consigna en la bibliografía final (2).

    El autor de esta obra aplicó una metodología de trabajo que se resume en el siguiente decálogo operativo que orienta al lector:

  1. Expurgo y presentación de las paremias, idiolexías o expresiones idiomáticas leídas, usadas o escuchadas.
  2. Tras cada expresión idiomática se consigna su definición.
  3. Se selecciona el párrafo donde aparece la susodicha paremia para mostrarlo como ejemplo de uso.
  4. Si la paremia se ha tomado de un libro, periódico o revista, se cita su uso con el ejemplo que sirve de ilustración.
  5. En cada ejemplo se consigna la fuente de procedencia, cuya ficha bibliográfica aparece en la bibliografía final.
  6. La palabra clave y las paremias se marcan en letras negritas.
  7. Si la paremia presenta más de una vertiente interpretativa se consignan con números en negritas.
  8. Cada ejemplo se coloca en orden alfabético en el diccionario.
  9. Las expresiones idiomáticas se clasifican de acuerdo con su modalidad (refrán, adagio, máxima, sentencia y proverbio).
  10. Esta plataforma de trabajo unifica criterios con rigor metodológico para la calidad de la investigación paremiológica.

Cada una de las paremias presentadas fue revisada cuidadosamente en beneficio del rigor lexicográfico de este refranero o lexicón paremiológico. En la confección de esta obra lexicográfica apliqué diez consideraciones operativas:

  1. El orden de la ficha bibliográfica se hizo de esta forma: nombre del autor, título del libro (con letras en cursivas), lugar de publicación, editora, año de publicación y página.
  2. A cada refrán le precede una palabra clave.
  3. Al término del refrán va un punto.
  4. A seguidas se consigna su clasificación en minúscula.
  5. A continuación se presenta la definición o la descripción del significado del refrán.
  6. Al término de la definición se colocan los dos puntos que anuncian el ejemplo.
  7. Se muestra como ilustración un párrafo donde aparece el uso del refrán, que en la cita se destaca en versalitas.
  8. El ejemplo se pone entre comillas y se da la procedencia.
  9. La fuente de referencia se consigna entre paréntesis con la inicial del nombre, los dos apellidos del autor, una palabra clave del artículo o el libro citado y la fecha de edición. La ficha bibliográfica va en la bibliografía final.
  10. En esta obra paremiológica estudiamos los modismos idiomáticos de la expresión vertidos en las paremias, es decir, refranes, adagios, sentencias, máximas y proverbios.

El conjunto de las paremias o idiolexías se usan en la lengua escrita y en la lengua coloquial de la oralidad. El refranero condensa la sabiduría popular, y el campesino matiza y complementa su conversación con refranes y dichos populares. Dada la riqueza expresiva de las paremias, el hablante común tiene una fe inmensa en las formas de expresión paremiológica. Ya Sancho, como auténtico hombre del pueblo, decía que su único caudal eran los refranes (3); y el campesino dominicano, fiel a esa tradición popular, conoce y emplea un dicho sentencioso para cada situación. Cuando, por ejemplo, desea expresar la pretensión de superioridad del hombre de la ciudad, no vacila en afirmar que “el sabio vive del fruto, y el bruto, de su conuco” (4). Según Emilio Rodríguez Demorizi, el refrán era un recurso habitual en nuestra poesía popular tradicional. Abundaba en las letrillas de los primeros tiempos de la República, de 1844 a 1861, y luego en las décimas de Juan Antonio Alix, “quien mejor y más largamente espigó en la vasta sementera del refranero criollo” (5).

Los modismos y dichos populares constituyen un modo de expresión de nuestro pueblo y una forma de expresión de su idiosincrasia porque esa forma de hablar, como los modos sentenciosos, no solo son muy del gusto de los sectores populares, sino que revelan una faceta de su talante cultural. Al respecto, escribía Juan de Valdez: “Lo mejor que los refranes tienen es ser nacidos en el vulgo” (6); y Gonzalo Correas afirmaba que “de refranes se han fundado muchos cantares y, al contrario, de cantares han quedado muchos refranes” (7). El soneto de Ramón Emilio Jiménez lo confirma:

 

La guapa moza campesina, cuya

comprensión de la vida es nada estrecha,

aunque ya herida por oculta flecha

le dice al hombre del que aún no es suya:

 

No hace un lazo una hebra de cabuya,

un solo grano no hace cosecha,

un solo machetazo no hace brecha,

ni un solo día basta para ser tuya”.

Pero al instante el ánimo responde

del campesino, que su amor no esconde,

y el labio se abre al corazón sincero:

De un solo grano se formó la mata,

es una sola bala la que mata,

y una sola palabra la que espero” (8).

 

El apego a esas formas de expresión sigue vivo en los sectores populares, especialmente en la población rural, donde el criollismo conserva sus raíces originales. Las mismas formas métricas tradicionales se prestan mejor para la incorporación de las paremias. Cuartetas, seguidillas y pareados, las formas más típicas de la lírica folklórica, resultan un eficaz instrumento, como dice Carlos H. Magis, para satisfacer el gusto popular por el decir sentencioso, que suele emplear los recursos fundamentales de la expresión poética tradicional: metrificación, rimas, imágenes (9).

Tanto el refrán, como las restantes expresiones idioléxicas, tienen un perfil social ya que las paremias obedecen a la condición espacio-temporal de la cultura que la genera. Por ejemplo, el refrán “tanto vales, cuanto tienes” refleja parte de la cosmovisión de la mentalidad de la sociedad donde tiene vigencia dicha expresión, es decir, proyecta una situación en donde el valor del dinero prima sobre la esencia de la persona.

 

De refranes y dichos populares

“Esto también lo sabe casi azul Domitila,/la domadora de Compadre Mon, la que suave,/abre sus manos de patio, y siente que se llenan/de las barbas de Mon, y siente que sus dedos/se pueblan de refranes, y el pueblo en ellos cabe,/igual que todo el cielo cabe en una ventana” (10).

En uno de sus discursos políticos decía Juan Bosch que los dominicanos de su tiempo no hablan como lo hacían los de tiempos anteriores, y precisaba que hasta hace algunos años “aquí se oían muchos refranes que hoy no se oyen” (11). Pues bien, en esta obra hemos recogido no solo los refranes actualmente en uso, sino los refranes del pasado que figuran en libros de autores dominicanos.

En efecto, de tiempo en tiempo se puede apreciar que la forma de hablar varía en virtud de la naturaleza cambiante de la sociedad y el habla de sus hablantes y, en cuanto a los refranes y dichos, siguen teniendo vigencia, aunque algunos usos pierden su sentido primordial. Como el refrán tiene una vinculación con la vida campesina conserva muchos rasgos de la cultura tradicional. El refranero condensa reflexiones realistas y prácticas comunes de los hablantes ante acciones humanas, hechos naturales o acontecimientos sociales. El refrán es fruto del sentido común socializado, de la experiencia colectiva avalada por una tradición inveterada y reproducida por cada generación que repite y reafirma la verdad del dicho agudo y la reflexión de la expresión sentenciosa. En el refrán brota el alma del pueblo con su filosofía natural, su postura ante la vida y sus aspiraciones, su humanismo, su modo de reaccionar, positivo o negativo, ante tal o cual ocurrencia. Cada refrán, sentencia, adagio, máxima o proverbio versan sobre situaciones concretas y encierran un axioma de las verdades entendidas como tales: “Loro viejo no aprende a hablar”, dice una antigua expresión que alude a quien debiendo hacer algo no lo hace por falta de habilidad.

El refrán está vinculado a la tradición cultural de una comunidad, en cuya virtud está enraizado en el alma del pueblo. De ahí su carácter tradicional, su matiz folklórico y su gracia popular. El estudio de las paremias, con sus refranes, proverbios, adagios, máximas y sentencias, se denomina paremiología. Los dichos y refranes forman parte del acervo cultural del pueblo, ya que es parte sustantiva de su cultura viva, y como tienen un carácter tradicional, heredado y asimilado, conservan fórmulas estereotipadas, frases fijas, giros lexicalizados, clichés estilísticos y recursos expresivos fosilizados integrados al caudal lingüístico de la comunidad donde operan. La carga significativa que encierran las paremias está formada por valores socialmente aceptados -mitos, creencias, prejuicios, actitudes, supersticiones, leyendas- y que constituyen la sal de la vida del lenguaje de los hombres y mujeres del pueblo, matizando la conversación, modulando la intención expresiva, enriqueciendo el lenguaje coloquial con su singular decir.

El triple carácter patrimonial, convencional y tradicional de las paremias consolida una carga conceptual sutilmente refrendada por diversos aspectos ideológicos, imaginativos, morales, estéticos, imaginativos, afectivos y espirituales, a pesar de la petrificación de su contenido o la fosilización de su forma, de manera que las paremias connotan proyecciones interiores de la cosmovisión y cultura del pueblo que las usa y recrea -prejuicios sociales, supersticiones, tabúes-. Por esa razón, no siempre hay que aceptar como bueno y válido el significado de las paremias que encierra la cantera de la expresión idiomática popular. Ciertamente, entre las gentes del pueblo, el contenido de un refrán contiene una verdad indiscutible, y la fe ciega que depositan en esa manifestación lingüística los llevan a creer y compartir plenamente sus postulados. De ahí que la labor del lexicógrafo y, sobre todo, la del maestro y el escritor ha de consistir en valorar el alcance de esas expresiones tradicionales y fundar las antiguas verdades de una sabiduría inveterada.

Enfocadas las paremias como hechos de lengua en su expresión idiomática, se deben apreciar sus valores semánticos y el carácter lexicalizado de su composición. La expresión “carácter lexicalizado” alude a su condición de frase hecha, es decir, fija, invariable y repetida. Si enfocamos las paremias como una manifestación estilística en virtud de los rasgos expresivos implicados, es preciso ponderar sus connotaciones comunicativas, sus componentes afectivos y su contenido espiritual, atendiendo a su marca coloquial potenciada por la rica cantera del saber expresivo tradicional, valiosa fuente de recursos popularizados. Tal es el valor que tienen para literatos, profesores y lexicógrafos las paremias del lenguaje.

La palabra “popularizado” remite los sectores populares, y es justamente en esos sectores donde el uso de dichos v refranes tiene más vigencia, es decir, en la comunicación oral popular, sobre todo en el ámbito rural, donde el lenguaje corriente se impregna de expresiones paremiológicas. De ahí que algunos escritores que acuden al acervo lingüístico tradicional, especialmente los que hacen una literatura culta popularizada inspirada en el registro de lo propio, incorporan a su producción coplas y refranes de la cultura popular. Ese es un procedimiento al que acuden narradores, dramaturgos y ensayistas para aprovechar el matiz expresivo de las paremias y otras expresiones folklóricas como un medio para captar la esencia del alma popular, reflejar su idiosincrasia y expresar el sentir vivo del pueblo para obtemperar la simpatía popular.

La literatura dominicana tiene valiosas obras con expresiones paremiológicas. En esta obra hemos citado refranes usados en textos poéticos de Juan Antonio Alix, Ramón Emilio Jiménez, Manuel del Cabral, Huchi Lora y Benjamín García; cuentos de José Ramón López, Juan Bosch, Artagnan Pérez Méndez, Rafael Peralta Romero y Emelda Ramos; novelas de Alfredo Fernández Simó, Marcio Veloz Maggiolo, Ángel Garrido, Emilia Pereyra y Manuel Salvador Gautier; obras dramáticas de Franklin Domínguez, Manuel Rueda, Máximo Avilés Blonda, Iván García y Jovanny Cruz; estudios y ensayos de Pedro Henríquez Ureña, Ramón Emilio Jiménez, Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui Cabral y Orlando Gil, entre otros. Los refranes condensan la sabiduría popular y, por su carácter tradicional, son anónimos, conceptuosos y breves.

El refrán tiene una impronta sociocultural. Sus implicaciones sociales, políticas, antropológicas y espirituales los convierten en signos portadores de variados sentidos y mensajes. En un campo de La Vega, y esto lo registro en mi libro Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, le oí decir a un campesino esta expresión: “El sabio vive del bruto, y el bruto, de su conuco” (12). Y lo decía con gesto de humildad, consciente de lo que estaba diciendo, y del puesto, que según su apreciación, ocupaba en la sociedad. Justamente los refranes tienen su origen en un hecho concreto y se aplican a hechos similares, y su importancia es indiscutible por el rol que desempeñan en el lenguaje coloquial.

Naturalmente, no se debe confundir el refrán, típica expresión paremiológica, con la frase conceptuosa o deslumbrante, como esta que escuché de una película brasileña: “Mi vida se detuvo en el tiempo”, o esta otra, de factura literaria: “El tiempo es lento para el corazón que espera”. El campesino dominicano es ducho en crear y repetir refranes y expresiones paremiológicas. De labios de nuestros campesinos he oído varias expresiones paremiológicas: “El burro sabe a quién tumba, y el demonio, a quién se lleva”, para indicar que uno sabe lo que hace y a quién lo hace; “Tú eres el níspero del Cerro” alude a una persona muy vieja; “Mala carcoma tienes tú al lado” significa que no puedes hacerle vagamunderías a su compañero. La significación de las siguientes son obvias: “Más vale paso que dure, que trote que canse” (es preferible ir despacio sin cansarse, que ir rápido y terminar agotado); “aquí tiene uno que bailar al son que le tocan” (hay que hacer lo que establece la casa o el jefe); “el que sabe de mondongo, que desenrede esta tripa” (señala que  el portador del conocimiento resuelva el problema); “cada cual sabe dónde amarra su caballo” (advierte que uno sabe lo que tiene que hacer y cómo lo hace); “ese gallo no canta en tu gallinero” (señala a quien está fuera de su ambiente natural).

Conocedor del rol de los refranes en el talante de nuestro pueblo, Manuel del Cabral escribió: “Y se agiganta mucho más tu historia/en la alcancía de mi memoria,/loro de los refranes, triunfo de las mujeres,/cuando volando las cabalgaduras,/eran sobre las lomas y las llanuras/un tiroteo los amaneceres” (13).

Los refranes, máximas, sentencias, adagios y proverbios formalizan la sabiduría del pueblo (14) y, como en los cuentos de caminos, resumen la experiencia de vida, el conocimiento de la realidad y los saberes heredados. Condensan vivencias, anhelos y normas de vida, que se consignan con una pauta de escritura (15). Según la estimación de Pablo Mckinney, a los señores (se refiere a los actuales dirigentes políticos en el poder) los refranes y cuentos de la sabiduría popular deberían decirles algo, por ejemplo: “Tanto fue el cántaro a la fuente, hasta que se rompió”, o aquello de “tanto sobó el diablo a su hijo, hasta que le sacó un ojo”, o “Lo mucho hasta Dios lo ve” (16).

Los refranes revelan una filosofía pragmática, realista y vivencial de la vida cotidiana, fundada en hechos reales y experiencias vividas, que al ser internalizados en la conciencia y usados en el lenguaje con su connotación semántica, proyectan el sistema de creencias, actitudes y valores del pueblo que los crea, usa y pronuncia (17).

En las paremias se refleja la idiosincrasia del pueblo y por ende la psicología de sus hablantes con las manifestaciones antropológicas de la comunidad donde el dicho popular o el refrán oportuno tienen vigencia. Por eso en esta obra se proyecta, a través de nuestros refranes, una radiografía del alma dominicana, que el autor de esta obra va desgranando e interpretando en las correspondientes idiolexías con el ejemplo adecuado. Por ejemplo, el refrán “en el ruido de las espuelas va el coraje de los jinetes” se retrata el alma nacional mejor que cualquier tratado de sociología o cualquier estudio sociopolítico.

En su dimensión lingüística, sociológica y literaria las paremias registran, perfilan y plasman lo que una comunidad de hablantes entiende, usa y expresa. Porque un refrán no es solo una simple paremia del lenguaje, sino una singular forma de ver las cosas y una peculiar manera de explicar el mundo.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, R. D., 7 de enero de 2018.

Notas:

  1. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, Diccionario fraseológico del español dominicano, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2016.
  2. Rafael Peralta Romero, Residuos de sombra, Santo Domingo, Cocolo Editorial, 1997. Claudio Acosta, “Qué se dice”, Hoy, 15/07/14/2A. Marino Berigüete, 13 cuentos supersticiosos del Sur, Santo Domingo, Centenario, 1999. P. Mckinney, “El bulevar de la vida”, Listín Diario, 12/01/16/10A. César Medina, “Fuera de cámara”, Listín Diario, 13/01/16/2A.
  3. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II, XLIII.
  4. Adagio escuchado por el autor de esta obra en Bacuí, paraje rural de la provincia de La Vega, R. D., en el año de gracia de 1964.
  5. Emilio Rodríguez Demorizi, Refranero dominicano, Roma, Stab tipográfica, 1950, p. 35.
  6. Juan de Valdez, Diálogo de la lengua, Madrid, Espasa, 1953, p. 15.
  7. Gonzalo Correas, Arte grande de la lengua castellana, Madrid, Conde de la Viñaza, 1903, p. 258.
  8. Ramón Emilio Jiménez, Savia dominicana, Santiago, Rep. Dominicana, El Diario, 1931, p. 169.
  9. Carlos H. Magis, La lírica popular contemporánea, México, El Colegio de México, 1969, p. 368.
  10. Manuel del Cabral, Obra poética completa, Santo Domingo, Alfa y Omega, 1976, p. 100.
  11. Juan Bosch, Vanguardia del pueblo, Santo Domingo, 24/03/1982, p. 4.
  12. Bruno Rosario Candelier, Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, Barcelona, España, UCMM, 1977, p. 190.
  13. Manuel del Cabral, Obra poética completa, p. 50.
  14. B. Rosario Candelier, Ensayos lingüísticos, Santiago, UCMM, 1990, p. 235.
  15. Los ejemplos de ilustración siguen esta pauta: la palabra clave y la paremia en negritas; la definición del significado seguido de dos puntos; el párrafo de ilustración citado entre comillas y la paremia donde aparece su uso se consigna en versalitas. Al final se coloca entre paréntesis sin márgenes la inicial del nombre del autor, sus apellidos, una palabra clave del título de la obra y la página donde figura el uso. La bibliografía registra la fuente de los refranes en libros, revistas y periódicos.
  16. Pablo McKinney, “El bulevar de la vida”, Listín Diario, 18/07/17/12A.
  17. El autor de esta obra consigna que, como fuente de la oralidad, escuchó varios programas de radio y tv en procura de refranes usados por los voceros de la comunicación social, entre los cuales cito a Mons. Freddy Bretón en “Comunicación y vida”; Julio Hazim, en “Revista 110”; Manolo Ozuna en “El mañanero”; Melton Pineda en “Buenas tardes, país”; Delis Herasme en “Amaneciendo con Delis Herasme”; Consuelo Despradel en “Tempranito con Consuelo”; Juan Grullón, en “La esquina de Juan”; Cristian Casablanca, en “Mente maestra”; Álvaro Arvelo, en “El gobierno de la mañana”; Pablo Mckinney, en “El sol de la mañana”; y Héctor Arias (El Talibán), en “El poder de la gente”.

Bibliópata, elefantiasis, brégete/bréjete apagón, informativo

Roberto E. Guzmán

BIBLIÓPATA

“Todo BIBLIÓPATA la conoce. . .”

La voz del epígrafe no aparece recogida en ninguna de las obras consultadas. No puede esconderse que se simpatiza con la palabra, a pesar de que puede resultar difícil de interpretar para muchos hablantes de español.

Además, hay una parte de la voz compuesta que hace difícil que esta se admita sin reparos. Se considera que la voz del epígrafe está compuesta del prefijo biblio- y lo que puede considerarse una terminación, parte del sufijo –patía, que es un componente de palabra que procede del griego pathos, que significa que sufre de una enfermedad o, enfermedad.

En español existe ya el vocablo bibliómano que se utiliza para denominar a la persona que siente pasión por los libros. Hay también en español la bibliomanía que es la afición desmedida a tener muchos libros.  El bibliófilo es un amante de los libros o que se aficiona a los que son raros o agotados.

Entre una y otra de las palabras enumeradas más arriba lo que se encuentra es que se diferencian por una gradación en cuanto a la intensidad del sentimiento que experimenta la persona aficionada a los libros.

Una persona no tiene que ser calificada de padecer una enfermedad por el solo hecho de mostrar inclinación a atesorar libros. No es justo que se califique de enfermo por los libros a aquel que muestra preferencia por poseerlos. No se puede negar que hay personas que muestran tendencia a reunir colección de libros, y, puede considerarse sano a condición de que no se apegue con demasía a esta actividad.

La búsqueda de la voz bibliópata en Google da como resultado que en el glosario de bibliografía aparece definida en tanto, “un bibliófilo para el que el amor de los libros se ha convertido en una obsesión (incluye libreros y coleccionistas)”.

No pude negarse que quien estos comentarios escribe es propenso a reunir libros que lee y consulta con regularidad, de allí la simpatía que experimenta por el vocablo.

 

ELEFANTIASIS

“. . . responsables de la ELEFANTIASIS estatal. . .”

La elefantiasis es una enfermedad, síndrome, que consiste en un “aumento desproporcionado, enorme”, así comienza la definición de la enfermedad.

La palabra está formada con una obvia alusión al paquidermo, que denomina a un grupo de mamíferos caracterizados por una piel muy gruesa y dura. El endurecimiento y engrosamiento de la piel, a su vez, es una particularidad de la mencionada enfermedad.

La palabra elefantiasis fue tomada del latín elephantiasis, que en su momento  la tomó de una voz griega muy parecida a la del latín y el español. La terminación –sis en español, sobre todo en medicina, significa “estado irregular” o “enfermedad”. Generalmente se la hace preceder de otra vocal, en este caso, de /a/.

Todo lo que antecede se menciona para destacar que el aumento desproporcionado y engrosamiento que caracterizan esta enfermedad se presta muy bien para que se la use en sentido figurado para aplicársela a una burocracia gubernamental como se hace en la cita, que crece más allá de sus verdaderas necesidades.

 

BRÉGETE– BRÉJETE

“. . . la razón principal del BREJETE. . .”

Sucede en más ocasiones de las que uno desearía aceptar que un acento (tilde) que no se marca puede traer confusión en la interpretación del mensaje.

Las voces bréjete y brégete son dominicanismos totales, tanto por la formación de la palabra, como por su significado. Los demás hablantes de español quizás no tienen idea de lo que un hablante de español dominicano expresa cuando utiliza la voz bréjete, así con la tilde sobre la primera letra /e/. Ese bréjete significa “escándalo, barullo”. De estas dos formas en que aparece en el título es como se consigna en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias.

El Diccionario del español dominicano (2013:105) inventaría la voz dominicana, tanto con una letra /g/, brégete, como con la jota /j/ bréjete. Para esta voz el DED trae cuatro acepciones. En las dos grafías la tilde aparece sobre la primera letra /e/.

La primera es “trajín, afán”. La segunda es “discusión, riña, pendencia”. La tercera es “barullo, alboroto”. La cuarta, “chisme, enredo”.

Además del sustantivo, el DED consigna el verbo bregetear que en opinión personal de quien esto escribe deriva del mencionado sustantivo, con los equivalentes verbos, “trajinar, trabajar afanosamente”. Recoge, así mismo otro nombre de la misma familia, bregeteo, con el significado de “trajín, afán”.

No puede desestimarse la importancia de las tildes. Existen ejemplos famosos de malentendidos que han surgido desencadenados por la falta de un acento marcado.

El académico Rafael Peralta Romero en su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua ponderó la importancia de las tildes. Debajo se reproduce lo resaltado:

  1. a) Médico b) Medico       c) Medicó
  2. a) Vómito b) Vomito       c) Vomitó
  3. a) Prólogo b) Prologo       c) Prologó
  4. a) Título             b)Titulo           c)  Tituló
  5. a) Diálogo b) Dialogo       c) Dialogó

No hace falta añadir comentario alguno porque estas palabras leídas expresan las diferencias. Ellas cambian el sentido de lo expresado, así como las categorías gramaticales a las que pertenecen.

 

APAGÓN INFORMATIVO

“. . . que fue revertida después de un APAGÓN INFORMATIVO de tres días”.

Muchos de los vocablos del habla cotidiana cobran vigencia debido a circunstancias que llevan a que estos se utilicen de forma continuada. En el título hay un vocablo, apagón, que forma parte de la vida diaria de los dominicanos.

La expresión del título se estudiará en el cuerpo de esta sección. Se analizará si después de utilizar el sustantivo apagón, hace falta que se explique a qué se refiere la palabra.

El sustantivo masculino apagón no debe la terminación –ón solamente a que la acción a que se refiere sea grande, como sugiere de primera impresión. Se debe más bien a que es repentino.

Además, este apagón se debe a causas extrañas, que escapan al control de quien utiliza los servicios. Como se intuye por la terminación, la suspensión del servicio también es de grandes proporciones.

En el caso del apagón informativo que duró tres días, es muy probable que la salida de operaciones del sitio o página informativa haya sido sin aviso previo, es decir, de manera repentina y que conllevó el cese de las actividades normales.

En muchas ocasiones los dominicanos piensan que los apagones eléctricos solo se producen en el sistema de distribución de esa energía en República Dominicana. El fenómeno ocurre en otros países también.

No sería motivo de sorpresa si la palabra apagón extiende su manto léxico a otras áreas, como por ejemplo, si una persona dice que sufrió un “apagón mental”, para aludir a la suspensión de la memoria, de manera súbita y temporal, que la persona percibe por perder el hilo de la conversación, o por no ser capaz de recordar una palabra en el momento preciso. Hay que prepararse para otros apagones.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Madrevieja, bulto, comprar, segmento

Roberto E. Guzmán

MADREVIEJA

Hace largo tiempo que en la República Dominicana existe una comunidad que se llama Madrevieja o Madre Vieja. Las dos formas de escribir el nombre aparecen hasta en los letreros que la identifican.

Esta comunidad se encuentra en la provincia de San Cristóbal, en el suroeste del país. Está en la margen oriental del río Nigua que baña al municipio cabecera de la provincia que lleva el mismo nombre de la provincia.

El autor de estos comentarios acerca del idioma entiende que debe escribirse ese nombre, Madrevieja, en una sola palabra, pues eso, madrevieja,  significa “cauce del río”. No ha de olvidarse que la mentada comunidad está junto al cauce del río. Se sostiene así que ese es el origen del nombre.

El dato que se menciona acerca del significado del sustantivo madrevieja se obtuvo en el Vocabulario popular andaluz, de Francisco Álvarez Curiel, en la página 143. En el caso del nombre del sitio, por su condición de nombre propio, se escribirá con una letra mayúscula como se hizo más arriba.

Un hallazgo de este género resulta divertido si se piensa que el origen de ese nombre quizá lo tiene la comunidad desde los tiempos de la colonia cuando algún andaluz anduvo por esos lugares. Alguien pudo pensar que escrito en una sola palabra era un sinsentido y comenzó a representarlo en dos palabras separadas.

No hay que olvidar que en el español general existe en el nivel coloquial la locución verbal,  “salir o salirse de madre un arroyo o un río” que es desbordarse, salir de los bordes y causar las aguas una inundación.

 

BULTO

“. . . con honrosas excepciones, han sido un BULTO, una falsa estrategia. . .”

El uso de la voz bulto que puede observarse en la frase transcrita es un dominicanismo por su sentido, es decir, que solo se conoce con ese significado en la República Dominicana.

Con ese valor del habla dominicana aparece recogido en el Diccionario de americanismos (2010:306), “cuento, mentira, alarde”.

Cuando se leyó por primera vez la frase reproducida más arriba, se pensó que se trataba de un uso diferente, tendente a “distraer” la atención, para que desempeñase las funciones de entretenimiento, para que la atención fuese dirigida a lo que se menciona como bulto.

El Diccionario del español dominicano (2013:113) asienta otra significación que no se conoce en los demás lexicones, con el sentido de “escándalo”. Para ilustrar esta utilización trae una cita de la obra Antología narrativa (2007:274) de Iván García Guerra.

Es bueno tomar nota de que a las interpretaciones “cuento, mentira, alarde” que aparecen en el DAA del 2010 mencionado antes, el DED del 2013 deja fuera la palabra “cuento” en tanto equivalente y añade “allante” que debe interpretarse aquí como “persuasión con mentiras”, que es la manera en que lo define en su primera acepción el DED (2013:30).

 

COMPRAR

“. . . prácticas que ya no COMPRA el mundo presente. . .”

¿Qué es eso de comprar prácticas? ¿De dónde sale esa nueva costumbre? ¿Qué desean expresar las personas que usan el verbo comprar en casos como este? Todas estas preguntas serán respondidas en el desarrollo de este tema en esta sección.

Las únicas prácticas que se compran son las de las oficinas de los profesionales que venden el ejercicio de sus profesiones con las listas de clientes y los contactos, cuando estos deciden retirarse o cesar en ese trabajo.

La forma de la redacción de la cita de esta sección está escrita en español, pero con una interferencia del inglés. Las prácticas a las que alude el texto de la cita son las acciones de algunas personas.

El verbo comprar en este lugar no tiene cabida. Comprar en español ha guardado sus acepciones principales desde hace siglos y ellas son, adquirir una cosa con dinero; o dar dinero o regalos a una o varias personas para conseguir un fin, esto indebidamente.

Más arriba se escribió que había en la cita interferencia del inglés. Esto así porque en esa lengua han incluido una acepción que no ha alcanzado al español. Esa acepción del verbo comprar en inglés –to buy– es la que se refiere a “aceptar, admitir, aprobar, creer”.

En algunas ocasiones este tipo de desliz se cuela por medio de las traducciones o adaptaciones que aparecen en las informaciones periodísticas. En otros casos se debe a aquellos articulistas y columnistas que acostumbran a leer en inglés algunas informaciones y luego pasan al español de modo crudo lo que leyeron en lengua inglesa.

Es más, se piensa que en inglés cuando una persona se deja convencer, permite que lo engañen o es muy crédulo, puede decirse que “compró” eso de que se trata. En español hay que evitar este uso.

 

SEGMENTO

“. . .afecta en su vida diaria grandes SEGMENTOS de la población. . .”

La palabra segmento hace tiempo que logró vigencia. Es una palabra favorita de los “conductores” de programas televisivos. Se la considera un término culto en los casos en que reemplaza a otros vocablos como se leerá más abajo.

Desde su origen se ha tenido esta palabra como un ejemplo del registro culto del habla española. Cuando ingresó en el español a principios del siglo XVIII entró con ese calificativo.

El vocablo estudiado aquí posee tres acepciones generales en tres diferentes áreas del saber humano, lingüística, mecánica y zoología. Además, se han reconocido dos acepciones muy específicas, una en geometría y la otra en economía. Con la mención de las áreas del saber en las que se reconoce, con sus acepciones, el uso de segmento, no hace falta entrar en detalles.

La acepción que merece consideración es a la que la Real Academia dio su sanción aprobatoria en economía, “Cada uno de los grupos homogéneos diferenciados a los que se dirige la política comercial de una empresa”. Esta lexía compleja “segmento de mercado”, que consta en el diccionario de las academias apareció en la edición de 2001.

La primera acepción que se encuentra en el Diccionario de la lengua española es general, “porción o parte cortada o separada de una cosa, de un elemento geométrico o de un todo”. Con respecto de esta acepción hay mucho espacio para argüir. Esto así porque si se trata de objetos materiales, no hay inconveniente en denominar segmento esa parte “cortada o separada”. No es  tan fácil admitir esa denominación en los casos en que se hace una abstracción (para separar) una porción o parte de un concepto, de algo intangible.

Una vez expuesto el inconveniente, se hace necesario aceptar que la tendencia en el habla es a ampliar el campo de acción del sustantivo. Algunos autores niegan rotundamente la posibilidad de utilizar segmento en tanto equivalente de sector y consideran este uso como impropio. No falta quien entienda que usar segmento para personas sea una forma despectiva de llamarlas, porque implica una visión lineal de estas.

El Diccionario de uso del  español (2012:2677) introduce una subacepción a la primera acepción de la voz segmento, esta reza así: “Cada una de las partes en que se divide algo no material”. La mayoría de los ejemplos de uso de segmento de este modo, se refieren a “segmento de la población”. Llama la atención que un ejemplo con “segmento de población” sea el que emplea el diccionario Merriam-Webster´s del inglés americano.

El Novo Diciónario Aurélio da língua portuguesa (1986:1561) en la redacción de la primera acepción usa la palabra “sección” para referirse a la “porción”. La segunda acepción en ese diccionario es, “porción bien delimitada, destacada de un conjunto”.

El movimiento que se observa es a tolerar el uso con respecto de la población, pensando que es una ampliación de la acepción en economía que tiene el vocablo en relación con el mercado.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Moché/moché, éxtasis/éctasis, papabocó

Roberto E. Guzmán

 

MOCHÉ-MOCHÉ

Todos los dominicanos han escuchado esta locución adverbial. Es de alguna forma una locución reiterativa, pues moché por sí sola equivale en el habla dominicana a “a medias”. La locución adverbial “a la moché” expresa en el habla dominicana, “a la mitad, a medias o partes iguales”, Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:319).

La razón principal por la que se trae a estos comentarios este adverbio y la locución del título es para abundar sobre el posible origen de estos. Este tema se ha tomado siguiendo una sugerencia de un estudioso del español dominicano y gran conocedor de lenguas extranjeras.

La persona que sugirió el tema entiende que la locución tiene relación con la lengua francesa. Él opina que ese moché es una deformación (desgaste) en español del francés moitié, que se pronuncia mwatyé.

La otra posibilidad que existe es que moché provenga del verbo mochar que es una forma menos elegante de cortar. Es preciso evaluar las dos posibilidades.

En abono a la posibilidad de que la locución adverbial derive del francés, se debe recordar que moitié implica que se divide en dos partes iguales. Cuando los dominicanos convienen en dividir los gastos de algo, acuerdan hacerlo en partes iguales y en ese caso utilizan la locución moché-moché.

Si se piensa que el verbo mochar en el uso dominicano corresponde a cortar o recortar, esa acción no conlleva la idea de que lo que se mocha o corta resulte o termine en partes iguales. Ahora bien, la idea de mochar con el sentido de contribuir  existe en la variedad del español de otros países, como por ejemplo en México, donde es “contribuir con algo a una causa”. Aunque no se especifique en la definición, se piensa que la contribución a que alude la acepción se hace en dinero, aunque esta pueda ser en especie.

En beneficio de la tesis de que procede del francés se puede aducir que en esa lengua se muestra conformidad para que la noción de mitad no sea en partes iguales o exactamente iguales y se da por satisfecho si las porciones son muy semejantes. En español se hace otro tanto cuando no se trata de valores o cosas contables.

En lengua francesa existe la locución adverbial moitié-moitié que expresa la idea de compartir. Al principio en francés se decía moitié à moitié que entrañaba la idea de dividir en partes iguales.

Se piensa que cuando el hablante de español dominicano utiliza la locución moché-moché lo que manifiesta es el deseo de que se divida el objeto a que se contrae la acción. Es probable que el propósito del hablante al emplear el moché-moché esté influenciado en el habla moderna por la idea del inglés fifty-fifty que sí es dividir en partes iguales. En inglés existe también la expresión chip in que significa contribuir. A su vez, el verbo to chip significa cortar con un instrumento de cortar pesado (¿mochar?).

No debe descartarse la posibilidad de que este moché-moché provenga del francés, si se piensa que la voz francesa antes mencionada y su expresión comienzan con la sílaba “mua” que en español no es principio de palabra alguna. Hay que considerar que en español corriente solo existe una voz traída del italiano que comienza así. La otra palabra es una onomatopeya del sonido del beso.

La posibilidad de que la locución tenga su origen en la lengua francesa se hace pensando en los veintidós largos años del gobierno haitiano en la parte este de La Española, que entre otras medidas de carácter obligatorio impuso el uso del francés en la administración pública. Ojalá hubiese otros indicios que pudieran avalar esta teoría; de todos modos no es descabellada la hipótesis  y no puede descartarse sin argumentos de peso en contra.

 

ÉXTASIS – ÉCTASIS

“. . . en el consumo de cocaína, anfetamina y *ÉCTASIS. . .”

Las dos palabras del título tienen carta de naturaleza en español. Sin embargo, los significados de ambas son muy diferentes. Antes de continuar hay que reconocer que en el teclado las letras equis /x/ y ce /c/ son vecinas, por lo que el error al escribir una por otra puede provenir de una distracción al pulsar las teclas.

Éctasis es el “alargamiento de una sílaba breve para la cabal medida de un verso”, así lo define D. Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos (1962:153).

El vocablo éxtasis posee varias acepciones. Entre esas acepciones la más usada es en poesía; en la que corresponde en religión a un estado del alma en la unión mística con dios. Es también en un grado menor el sentimiento de una persona dominada por un sentimiento de alegría.

La última acepción que se integró al lexicón oficial del español  para éxtasis es la de droga sintética que produce efectos alucinógenos y afrodisíacos. Aparece por primera vez en la edición del Diccionario de la lengua española de 2014.

Esta droga se la conoce también con el nombre de “droga del amor”. De acuerdo con la información que trae el Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:461) esta fue inventada en Alemania en 1987. Las estadísticas de uso indican que esta droga es preferida por los jóvenes.

El tipo de error que se encontró en la cita refuerza lo que se ha escrito por medio de estos escritos muchas veces antes, que después de terminar hay que releer lo que se escribe para corregir pequeñas distracciones y erratas.

 

PAPABOCÓ

“. . .el papabocó. . .”

La voz que encabeza esta sección es una combinación de dos vocablos; uno del español,  papá, y el otro del criollo haitiano bokò o bòkò. El significado se explicará más abajo, así como el origen atribuido a la voz del criollo haitiano.

En el Diccionario del español dominicano (2013:516), aparece la voz del título definida así, “Brujo, hombre con poderes mágicos”. La segunda acepción trata la voz en tanto locución sustantiva, “Persona con influencia y autoridad”.

Un bocó es, En el vudú dominicano, brujo, sacerdote, hougán”, de acuerdo con el Diccionario del español dominicano (2013:94).

Como puede deducirse por la redacción de las entradas en el mencionado diccionario, el origen de la voz procede del criollo haitiano. C. Esteban Deive en el Diccionario de dominicanismos, (2002:154), lo expresa en estos términos, “Es término procedente del creole haitiano relacionado con el vudú”.

  1. Emilio Rodríguez Demorizi en su libro Lengua y folklore en Sato Domingo (1975:232) escribe que el bocó es “un curandero de guangá”. El guangá (wanga) es una enfermedad que no puede ser curada por medios tradicionales. Para lograr su propósito el bocó utiliza “bebedizos y botellas”. Esta “botella” es un medicamento hecho artesanalmente de productos naturales.

El bòkò es un sacerdote del voodo que se ocupa de los dos aspectos, el del hechizo malo y del bueno. Es un brujo y la voz del haitiano se usa también en términos peyorativos; es un curandero del vodoo. Haitian English dictionary (2000:84). Traducción y adaptación RG.

En lengua haitiana la voz bòkò cuenta con muchos sinónimos dependiendo del aspecto que se desee destacar, ya sea el bueno o el malo.

La voz procede de la lengua de los ewé del sudeste de Gana. La voz aparece también escrita bokò en haitiano. En lengua ewè es bokono, que designa al brujo, adivino; en lengua hausa es boka que sirve para nombrar al médico (curandero), esa lengua se habla en Níger y Nigeria.  En lengua fon, que se habla en Benín, se relaciona con gbokonu, que es medicina. Lexicréole (2001:39)

No cabe duda de que la voz bocó viene de las lenguas africanas y al habla dominicana se integró por medio del haitiano, es pues, un haitianismo en el habla de los dominicanos. De lo anterior puede deducirse que papábocó es un dominicanismo.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Valiosa ayuda para conocer nuestro idioma

Por Rafael Peralta Romero

Ramón Tejeda Read, con la paciencia y la discreción que lo caracterizan, ha publicado un libro que bien merece llamar la atención. Se trata de Mi breve historia de la lengua española, una obra que incluye algo más que lo que el autor llama “mi breve historia”, pues además del origen y evolución del español, incluye la visión de Tejeda y sus observaciones e interpretaciones en torno al largo proceso de formación de la lengua de Castilla y su expansión por el mundo.

“Esta obra va dirigida a ilusionar, a despertar cariño y respeto por la lengua que hablamos y por las lenguas de todos los pueblos del mundo, que también tienen su historia”, apunta el autor en el prólogo. Y con tal aspiración da muestra de sobrada modestia, pues este libro tiene un peso específico notorio y, según me parece, puede ser muy útil para estudiantes universitarios como secundarios y para el maestro que enseña lengua y literatura en cualquier nivel.

Es una historia de la lengua vista en conjunto, como se estudia esa materia, ya que aborda la historia social y política de España, sin obviar –porque no es posible- la incidencia del imperio romano en el devenir del mundo cuando (siglos III, IV y V antes de Cristo) invadía y conquistaba pueblos a los que imponía su cultura, y en consecuencia su lengua.

Ramón Tejeda Read, maestro por formación universitaria, es autor de obras literarias, Premio Nacional de Cuentos 2013 con su obra “Delivery”. Ha publicado otros libros. Pero lo más importante es la forma como explica los fenómenos políticos y económicos que motivaron la ocupación de Hispania (península Ibérica) por parte de los romanos. Cuando lo hace recuerda al maestro Juan Bosch. Se pregunta “¿Qué fue a buscar el Imperio Romano a la Península Ibérica o Hispania?”. Y responde:

“1.Los romanos fueron a Hispania a quitarse el dolor de cabeza que representaban los cartagineses para sus propósitos de controlar todo el mar Mediterráneo y terminaron en una guerra de conquista que duró doscientos años: del 218 antes de Cristo, al año 19 de la misma época. 2. Que en esos doscientos años Roma colonizó la Península Ibérica casi completa, y 3. Que con la colonización ocurrió lo que se denomina latinización o romanización de la Península, palabras que quieren decir implantación de la lengua y la cultura de Roma en un territorio” (pág. 18).

Tejeda resalta también, en la formación y crecimiento de nuestra lengua, el papel jugado por la literatura, como factor esencial en esa historia. La literatura es hija de la lengua y entre ambas existe una relación de interdependencia, hay una efectiva consustanciación.

Cada capítulo recoge la relación de la época y los autores de la lengua española: Cervantes, Alfonso X, Poema del Mío Cid, Juan Ruiz, el clérigo picaresco, el infante Juan Manuel hasta llegar a Gabriel García Márquez, como un autor cumbre del español moderno.

En doce capítulos (222 páginas) que él llama “partes”, el autor describe con reposado acierto y atildado sentido pedagógico el nacimiento y crecimiento del español clásico para marcar con la creación de la Real Academia Española, en 1713, el nacimiento del español moderno. También cita la fundación de las academias de América.

Ramón Tejeda Read se muestra meticuloso y agudo. Su libro abarca una visión del idioma español desde su tiempo primitivo hasta ahora, con referencias a problemáticas actuales, sobre todo las derivadas de las migraciones y las luchas por la sobrevivencia, fenómeno que incide notablemente en la presencia del español en las más insospechadas geografías.

El libro Mi breve historia de la lengua española merece ser bien recibido. Hacía falta. Es un valioso aporte para conocer nuestro idioma.

El diccionario del alma dominicana

 

Por José Rafael Lantigua

Orlando Gil, César Medina, Alfredo Freites y Pablo McKinney son los cuatro columnistas del diarismo dominicano que con mayor frecuencia hacen uso, en sus artículos, de la fraseología del habla dominicana.

Lo demuestra la publicación del Diccionario Fraseológico del Español Dominicano y lo confirma el propio director de la Academia Dominicana de la Lengua, Bruno Rosario Candelier. Las frases peculiares del español que hablamos los habitantes de esta media isla han sido utilizadas por escritores, periodistas y hablantes de cualquier estamento social, pero para poder construir el armazón extraordinariamente valioso de este novedoso diccionario sus autores han debido recurrir a los diarios y revistas, y a las producciones literarias, como fuentes directas para localizar las idiolexías del habla criolla, que como bien explica Rosario Candelier constituyen “una rica veta idiomática de nuestra creatividad lingüística”.

Muchas de estas expresiones son propias del habla cotidiana dominicana, pero las hay que proceden de España, Cuba, Puerto Rico, Argentina, y que en razón, pensamos nosotros, del contacto con las culturas de esos pueblos, fundamentalmente a causa de la migración o de la escucha de su lenguaje a través de emisiones radiales, o medios como el cine y el arte, hemos registrado en nuestra factura idiomática, muchas desde hace largos decenios.

Cuando Orlando Gil escribe en su imprescindible columna diaria en Listín: “Si fueran honestos y soltaran el buche, como se dice, se conociera la verdadera opinión de las partes…”, está aprovechando esa locución del habla criolla para sugerir que se diga la verdad. Si César Medina, en otra columna de obligada lectura, escribe: “Afiló cuchillo para su propia garganta porque perdió de Leonel, que aprovechó la brecha para reelegirse en 2008”, lo que está diciendo con esa locución verbal es que la persona en referencia actuó contra sí misma. Alfredo Freites, por ejemplo, escribe: “…los miembros del Comité Político blanco y regidores santiagueses dejaron al alcalde Gilberto Serulle más solo que la una”. Pues dejar a alguien “más solo que la una” significa que lo abandonaron en medio de un proceso. En su sabrosa columna, Pablo Mckinney apunta: “El PLD ha llegado a creer que el maco e’peje porque nada” y lo que nos está explicando con fraseología criolla el autor del bulevar es que no se puede confundir una cosa con otra por su apariencia.

Y así las cosas. Hemos de encontrar muchas locuciones, frases, adagios y giros –que forman los idiolemas o frasemas- en este importante diccionario que acaba de producir la Academia de la Lengua, que ha dejado para una segunda edición las paremias, o sea las máximas, proverbios y refranes. Este es el primer diccionario fraseológico dominicano, lo cual es un logro indiscutible de nuestra bibliografía lingüística, sobre todo como comentábamos con algunos escritores que le ha sucedido igual, sirve no solo para consulta, sino que uno lo lee como si se tratase de una obra literaria cualquiera, permitiéndonos de este modo profundizar en el conocimiento de las expresiones fraseológicas que se utilizan en todos los medios sociales y que tienen carácter popular por lo usual que resultan sus menciones en el habla cotidiana.

Hemos puesto los ejemplos de los columnistas citados por ser los que mayores entradas tienen en este diccionario, pero la obra está llena de ejemplos de escritores y periodistas reconocidos y de algunos que ni siquiera sospechan que aquí se colocan sus escritos como ejemplos de uso de la fraseología criolla. Rafael Peralta Romero, que es un escritor reconocido escribe en una de sus obras lo siguiente: “Jugar con esa gente es ponerte de matojos para que los perros te meen”. Y esa frase que de seguro es común escucharla en su nativa Miches lo que significa es que una persona se ofrece para el escarnio o el abuso. Extraigo esta frase de José Báez Guerrero de su columna en El Día: “Platón, en su peor pifia, quiso legislar sobre poesía…y eso, cualquier monaguillo lo entiende”. Y lo que quiso decirnos el reconocido escritor y periodista es que cualquier persona puede comprender un asunto. Y como esta búsqueda entusiasma –ya lo comprobará el lector que decida asumir la adquisición de esta obra fundamental– me encuentro con esta locución sustantiva de Mario Emilio Pérez (que es habitué de la fraseología dominicana que bien conoce): “Esta mujer uno la mira, y como que se acaba de una vez. Otro más atrevido le gritó: Ave María, pero que chin de mujer”. Esta estampa de Mario Emilio nos muestra con palabras criollas que la mujer era de baja estatura. Ligia Minaya escribe en uno de sus cuentos: “…pero Lucía que ha sido siempre más terca que una mula cimarrona, no quiso escuchar mis reclamos…” Y lo que Ligia quiere decir es que Lucía tenía siempre una actitud obstinada. Claudio Acosta en su columna en Hoy, aludiendo a un conocido caso, escribe: “…vivirá donde se le informó al juez…que lo haría, pero que quiere mantenerse en bajo perfil”. Lo que el destacado columnista quiere dejar sentado es que esa persona de quien habla va a permanecer al margen del figureo y la exhibición.

Y la lista de ejemplos es larga. Veo citas de escritores y periodistas de talla como por igual de las nuevas generaciones, tales Juan Bosch, Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo, Manuel Salvador Gautier, Alfredo Fernández Simó, Manuel Matos Moquete, Adriano Miguel Tejada, Franklin Gutiérrez, Miguel Guerrero, José Ramón López, Tulio Cestero, Joaquín Balaguer, Aristófanes Urbáez, Jacinto Gimbernard, José Miguel Soto Jiménez, Emelda Ramos, Francisco Nolasco Cordero, Xiomarita Pérez, Dinorah Coronado, Manuel Mora Serrano, Ubi Rivas, Roberto Marcallé Abreu, entre otros muchos. Pero, creo que este diccionario es de Orlando Gil que está citado en casi todas sus páginas. Es asombroso el empleo que este reputado columnista hace del habla dominicana en sus artículos diarios, de redacción impecable y de una destreza analítica sorprendente.

El Diccionario Fraseológico del Español Dominicano es el producto de largos meses de investigación de una tripleta formidable: Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, este último un lingüista francomacorisano residenciado en Miami que ha reunido en libro sus artículos publicados en medios digitales, bajo el título “De palabra en palabra”, que funciona como un diccionario porque como tal ha sido recopilado, y que descubro con sorpresa y agrado ya que no conocía la impronta de este profesional de la UASD con estudios en París y Burdeos. A los tres ha correspondido esta tarea sin igual que me refiere al formidable Diccionario Fraseológico documentado del Español Actual, con locuciones y modismos españoles, de la autoría de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, publicado en 2004.

La gestión de Bruno Rosario Candelier como director de la Academia Dominicana de la Lengua tiene tres puntos luminosos que bastan para su consagración como tal. Primero, introdujo cientos de vocablos del español dominicano y de expresiones de nuestro lenguaje en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE y en el Diccionario de Americanismos, una labor sin antecedentes, facilitada sobre todo por la apertura de la Real Academia que decidió, hace algunos lustros, democratizar su dinámica y coproducir sus diccionarios junto a todas las casas que se cobijan bajo el techo de la docta corporación. En la gestión de Bruno el habla dominicana ha sido incorporada, por primera vez, al español universal. Segundo, el Diccionario del Español Dominicano, cuya investigación y recopilación dirigió María José Rincón y que es una pieza imprescindible en nuestra bibliografía, de uso obligado de todo escritor y lector nuestro. Y en tercer lugar, este diccionario fraseológico que no tiene parangón en nuestra historia cultural al recoger expresiones que forman parte del “alma dominicana” y que confirman, como anota Bruno, “que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural” y que “la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo”. Debemos festejar este acontecimiento.

José Rafael Lantigua, exministro de Cultura de la República Dominicana (D. Libre 28-5-16).

Poemas de dolor, amor y angustias

Por José Enrique García

 ¿Quién es Leobaldo Pichardo Saldaña?

Leobaldo Pichardo Saldaña nace en Santo Domingo el 26 de mayo de 1894 y muere el 28 de abril de 1967. Tenía setenta y tres años. Nace en el umbral de la muerte de Ulises Heureaux (Lilís), cubre la etapa inmediata de las guerras internas, las montoneras. Cuando se produce la Intervención Norteamérica de 1916, tiene veinte y dos años. Es bien adulto para la época en que el país regresa a la lucha interna: bolos y coludos. Espectador de primer orden cuando cae el gobierno de Horacio Vázquez y se inicia la dictadura trujillista, y su vida cruza la caída de ese régimen, y entra a los umbrales de la democracia y finaliza en los tiempos en que perviven las influencias de la Segunda Intervención Norteamérica que le tocó vivir directamente y todas las convulsiones sociales y políticas que acontecieron después del 1960. Se trata de un testigo esencial de su tiempo. Bachiller en Filosofia y Letras en 1928. Doña Francisca Serrulle, su segunda esposa, se casó con ella en 1944, nos ofreció estas informaciones: Leía mucho y escribía. Trabajó en Rentas Internas. Asistía a una tertulia en la La cafetera del Conde. Asistían a ella estos escritores, que ella recuerda aún, Antonio Fernández Spencer, Fernando Valerio, Víctor Garrido, Fabio Fiallo, Freddy Gatón Arce, Freddy Prestol Castillo, Héctor Incháustegui Cabral, Patín Maceo. Todos eran muy jóvenes, Leobaldo era de los más viejos, recuerda. Gozaba de mucha simpatía. Escribía la décima alusiva a eventos deportivos, del programa Amalgama de la pelota que conducía Max Reynoso, finalizó diciendo.

Mario Penzo, nieto, destinatario de estos papeles, en su libro El hijo de misterio, inédito, nos ofrece informaciones que permiten hacernos de una imagen posible del poeta, posible ya que el misterio lo rodeó y hasta hoy llega ese aliento. Y, de igual modo, estas informaciones nos ayudan a determinar el tiempo en que escribió.

  Papá Leobaldo debe haber aprendido el oficio de panadero o comerciante. Él nunca me habló de esta etapa de su vida, sin embargo, tengo constancia de que se graduó de bachiller en el 1928, es decir, con una edad de 34 años, lo cual confirma la falta de escuela anunciada por don Francisco Veloz, A mi abuelo debe haberle sucedido lo mismo que a éste último, de que tuvo que usar pantalones cortos hasta los 15 ó 16 años, lo cual también conllevaba que en esa etapa de la vida estaban obligados a acostarse antes de las mueve de la noche y no podían participar en los bailes, que constituían una de las más gratas actividades.

   Mario Penzo en la búsqueda de los orígenes y trayectoria de sus ancestros, va conformando, con pormenores, la imagen de su abuelo:

Los relatos que nos han llegado por vía oral es que a Papá Leobaldo le encantaba el mar (ver la alusión al mar, en su primer poema La epopeya del mar NE) y entre sus actividades se encontraba la de tirarse al mar cuando llegaban los barcos extranjeros y llegar nadando, mar abierto hasta ellos, donde los tripulantes les tiraban pan. El arte era atrapar el pan en el aire. Antes que se mojara, con la boca y retornar, a la orilla para allí comérselo.

Y continúa recuperando la imagen de su abuelo:

No sabemos muchas cosas más de su infancia, pero si nos contaron que estando el matadero cerca de los actuales rompeolas del Puerto de Santo Domingo y  que allí se echaban al mar los desperdicios de los animales sacrificados y, en consecuencia, la zona se llenaba de tiburones, Papá Leobaldo apostaba con la gente por dinero, a que se atrevía a cruzar a nado de una orilla a otra, generando así frecuentemente un dinero de bolsillo.

Otra de las facetas de este personaje, que el autor de El hijo de misterio rescata, la encontramos en el juego de pelota. Era un excelente jugador de béisbol. Sobre este aspecto, son muchas las informaciones que recoge en su investigación, como ésta que encuentra en La misericordia y sus contornos, libro de Francisco Veloz Molina, padre de Marcio Veloz Maggiolo. La formación en 1906, del primer equipo de base ball en la ciudad de Santo Domingo con jugadores dominicanos y extranjeros. Esta empresa la emprende Manolo Lapresa, miembro de la Compañía de Variedades. Y estos otros datos: El antiguo play “Gimnasio escolar”, que se extendía desde la Pina hasta la esquina “Cambronal” en el frente norte y hasta los arrecifes en la parte sur, Y allí, Leobaldo, lanzador, jugó con estos equipos: Colón en 1913, Nuevo Club en 1914, Legalistas, 1914 y con el equipo del Licey desde 1914 al 1917.

En el año 1913, funda el club de ajedrez de Santo Domingo. Se le considera el primer campeón del juego ciencias en el país. Testimonia Tongo Sánchez. En la Catedral de Santo Domingo, el 24 de junio de 1916, se casa con Noemí Vicioso. Tenía 22 años, ella, catorce. En la introducción a sus versos nos deja esta descripción suya de sí mismo: “Estos versos que han vivido dentro de mí y que han llegado a exteriorizarse, son los únicos que le han restado a mi soledad un día de silencio, y son los únicos que han transformado mi vida de ogro en una gran humanidad”.

Con esas informaciones nos acercamos al personaje. Desde luego, atrevemos su vida, la que construyó en esos setenta y tres años está plena de aconteceres públicos y de situaciones íntimas. Ahora bien, como lo biográfico en la creación literaria, opera como estímulo, no como substancias, nos quedamos con la poesía, su poesía, que es lo que, finalmente, permanece como huella, como testimonio.

Análisis de la poesía

Los poemas que integran este libro mantienen la misma disposición de los versos que su autor adopto. Trabajamos con el original y seguimos fielmente dicha disposición, de modo que lo que el lector encontrará en cada uno una transcripción exacta del original. Responden a estructura  clásicas: estrofas, versos medidos, unos: otros a estrofas irregulares y versos libres van desde el soneto: Cuadro al óleo, El camino, Presidente, En todo español camina España, Un soneto que estaba hecho en tus ojos al caligrama: La copa, El obelisco.

Los poemas por los asuntos que se poetizan  podemos ubicarlos en estos renglones:

  1. Poemas románticos y naturalista
  2. Poemas creacionistas y surrealistas
  3. poemas patrióticos e históricos
  4. poemas de la intimidad
  5. poemas metafísicos
  6. poemas experimentales
  1.    El libro contiene unos poemas esencialmente románticos en los que se ponen en evidencia la preeminencia del yo; un yo que subraya elementos íntimos del poeta que se desborda en el amor profesado y el amor invocado y, de igual manera el amor idealizado. Veamos: En el amor de las mariposas, se asienta un yo que ve la vida de los seres humanos semejante al proceso de  vida de la mariposa: frágil, leve, efímera. Estados propios del más entrañable romanticismo. En el poema La tragedia, leemos: Después…nada, Una dama gentil /que paso cerca de la ventana/ sin mirar mi desventura. Evidente rasgo romántico que abraza la totalidad del poema, en el soneto titulado Cuadro al oleo –que recrea la postura de una mujer sobre un lecho, motivo tan caro a este movimiento- la adjetivación fundamenta  la tendencia y crea la atmosfera, tan indispensable a este tipo de poesía. Así: hermosa, prisionera tenue, triste, cruel, venturosa, desnuda, tenue, breve, quejumbrosa son adjetivos que imponen el tono romántico. En Naves de tristezas en el mar de tu cielo, Osamenta mística, Princesita encontramos bien explicito ese romanticismo que nos toca a todos.

Hay en Adúltera un auténtico poema naturalista. La yuxtaposición que se establece entre el nombre del personaje, Esmeralda, la forma de vida que vive, la conduce al fango: Esmeralda, taciturna con cara de placer/ya no vales nada… Ya no vales nada. De la piedra verde preciosa al eczemas y forúnculos… En El físico encontramos igual tendencia: El mundo sabe que me voy/y nadie viene a despedirme.

2. Vestida de campo la mañana se asesina/desastrosamente en un clavo de mi ventana, son los primeros verso de este poema, un texto genuinamente creacionista. En sentido amplio, el poema responde a una expresión  donde claridad, imaginería e inventiva se desenvuelve en juego. Observemos esta otra imagen: mientras tanto, allá,  a lo lejos, /en la guillotina del horizonte, /el sol partió en dos/ la misma nos recuerda a Vicente Huidobro, Horizonte cuadrado. De ahí la relación que existe entre esos apuntes teórico y su práctica, en el poema El ojo de la conciencia volvemos a encontrar esta expresión poética: El sueño se ha hecho dueño absoluto/ de las cosas del mundo. Pura imagen surrealista que invoca, a la vez al creacionismo.

En este apartado agrupamos los poemas: Amor a la patria, La epopeya del mar. Los dos poseen una sustancia común: la conexión telúrica. El primero se adentra en la fundación de la República partiendo de un acontecimiento central: la gesta de independencia conducida por los Padres de la Patria: La Patria está hecha / De ella surge el descanso de la horrenda lucha/ de ella salió la Paz bostezando. Ahora  el poema no queda en la necesaria y normal loas a la gesta y a sus hacedores, sino que se mueve por vericuetos de incertidumbres que el mismo hecho, gestos de seres humanos, conlleva. Es la dialéctica del evento lo que trasunta en el poema: La independencia ha muerto…/ Pero ha muerto en la muerte para inmortalizarse / en la vida

La Epopeya del mar poetiza la presencia del Memphis en aguas del Caribe, sobre todo su hundimiento. Tumba es el mar para ese navío pleno de travesías y aventuras,

 

Sus olas imponentes

Alzáronse con fragoroso  estruendo

Y una tras otras trágicas

Insondables…rugiendo

Sorda y tenebrosamente a lo lejos…

Mientras en un reflujo

Desapareció por un instante la mole

grisácea del Crucero.

 

Y con este motivo, paralelo, el poema se vuelve un transparente canto del mar que toca las orillas de Santo Domingo.

  1. Este renglón, muy bien representado, recoge esos poemas que recrean asunto muy propios del ámbito personal e íntimo del poeta, como: Elsa, Enigma, Epifonema, Sepan todos que eres Reina, Noemí y, desde luego, A mi madre. Este último trata un tema bien común, abordado por incontables escritores, entrañable a la vida del personaje es y recurrente la manifestación de afectos que se expresa de disimiles formas. Ahora, lo que resalta, y resulta a la vez, es que los lugares comunes, por momentos inevitables dada la naturaleza del asunto, aquí se disuelven en un poetizar en el que la legitimidad del sentimiento se nos muestra honesta y, esencialmente, sincera. El hijo asume la vida de la madre que se deshace en los días ordinarios. Singular poema que ha que integrarlo a la tradición del tema.  Madre, los años negros han quebrado tus cabellos blancos/ han acabado con todo lo que tenían en tu rostro de mujer.
  2. Todo es metafísico. Ese aliento, de alguna manera, sostiene a todo poema verdadero, imprime ese acento que posibilita la permanencia en el discurrir.  Ahora, laten temas y asuntos  que por sí mismo poseen esa naturaleza, como la muerte. Y, precisamente, en este poemario, hay dos textos ejemplares: Suicidio y Las palabras de un muerto después de muerto.

 

Conclusiones generales

Una vez leído estos poemas, llegamos a esta conclusión, las cuales responde a la realidad misma, es decir, a los poemas mismos:

  1. Encontramos en estos poemas, a un poeta que no buscó en la poesía un medio de pasar las horas,  una juguetería, sino que la escribió con pasión  y conocimiento.
  2. Hay una clara conciencia en el poeta, de la estructura. No son simples versos uno detrás de otro, sino la construcción de una imagen dramática en cada caso, en la que todos los elementos se relacionan en procura de esa imagen.
  3. Los recursos predominantes: las imágenes, las metáforas son de una trasferencia ejemplar, y siempre en busca de la originalidad.
  4. Se adelantan en la experimentación, los caligramas no aparecen, de forma sistemática hasta el Pluralismo de Manuel Rueda.
  5. Hay que incluir en la historia de la literatura dominicana a este nombre, y en la antología que se vayan editando a muchos de estos poemas.
  6. El poeta nace en 1894 y muere en 1967. Tenía 73 años. Se hace bachiller en 1928. Tenía para entonces 34 años y escribe La epopeya del mar en 1927. Un poema que lo representa, pues en el mismo se encuentra el mismo pulso de sus poemas  posteriores. Hay en él, pues, madurez expresiva. De modo que con estas informaciones podemos llegar a la conclusión que ya en los años veinte era un poeta hecho. Y tomando como base la fecha de algunos de sus papeles, que no aparecen en este libro, llegamos a la conclusión que estos poemas se escribieron en la década del veinte, treinta y cuarenta, correspondiente a la vigencia de los movimientos Postumismo, Independientes del 40 y Poesía Sorprendida. Poeta en sí, desconocido en su tiempo, y muchos años después de su muerte. Pero poeta que desde su silencio participa de la vanguardia dominicana, y desde su Las palabras de un muerto después de muerto despierta a los porvenires.

Expresión de la belleza y el sentido en la poesía de Antonio Machado

Por Bruno Rosario Candelier

El aliento emocional del paisaje

    Cuando Antonio Machado vino al mundo en Sevilla, España, en el año de 1875, el Simbolismo se estaba gestando en Francia cuya lengua y cultura estudió y enseñó el poeta español en varios institutos de su patria. El afamado autor de Soledades (1) murió en Collioure, Francia, en 1939, exiliado de su país al término de la Guerra Civil Española.

Antonio Machado amaba entrañablemente a su tierra, su paisaje, su gente, su historia. De ahí la presencia de la dimensión sensorial de los viviente. Su lírica es un canto al paisaje castellano, tema que concitó su sensibilidad estética en textos de inspiración y gracia. Además de lo que perciben sus sentidos, Machado describe lo que siente, al poetizar la realidad circundante. Paisaje, emoción y reflexión se funden en su expresión lírica con tal intensidad y dramatismo que la realidad geográfica se interioriza en su conciencia mediante el concurso de la imagen poética o, como dice Francisco Caudet, en Machado “la realidad real, a través de la mediación poética, se vuelve una realidad mitificada” (2).

La poetización del paisaje en Antonio Machado, como se aprecia en Campos de Castilla,  constituye una recreación de sus vivencias en Soria, Baeza, Segovia y Madrid, poblaciones donde residió y ejerció la docencia literaria. Su poesía evidencia la actitud empática del poeta hacia la naturaleza en una identificación emocional con el entorno geográfico. Antonio Machado se había doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y todo su saber filológico lo vertió en hermosas descripciones del paisaje castellano. En su identificación emocional con el paisaje, nuestro poeta siente que la realidad del mundo determina lo que acontece en el interior de la persona lírica. Según esta estimativa, el valor de las cosas lo establece el interior de la persona, al tiempo que la realidad se hace significativa y simbólica para el sujeto contemplador: “Y viendo cómo lucían / miles de blancas estrellas, / pensaba que todas ellas / en su corazón ardían” (“El poeta”).

El poeta sevillano formó parte de la Generación del 98 y escribió poesía, prosa y teatro, aunque su nombradía le llegó por la belleza de su poesía, dando a la literatura el perfil topográfico de España que su tierra le inspiraba con el acento emocional del paisaje. Los adjetivos que el poeta emplea en “Campos de Soria”, como “oscuros encinares”, “ariscos pedregales”, “llanos plomizos”, revelan el estado emocional que concita el paisaje para el fermento estimulante de la creación.  La realidad que el poeta describe ya no es la realidad objetiva que aprecian sus sentidos, sino la realidad interiorizada que transmuta su sensibilidad al conjuro de sus vivencias entrañables. Escribe el poeta en “Campos de Soria”:

Es el campo ondulado, y los caminos

ya ocultan los viajeros que cabalgan

en pardos borriquillos,

ya al fondo de la tarde arrebolada

elevan las plebeyas figurillas,

que el lienzo de oro del ocaso manchan.

Mas si trepáis a un cerro y veis el campo

desde los picos donde habita el águila,

son tornasoles de carmín y acero,

llanos plomizos, lomas plateadas,

circuidos por montes de violeta,

con las cumbres de nieve sonrosada.

(…) y tras la yunta marcha

un hombre que se inclina hacia la tierra,

y una mujer que en las abiertas zanjas

arroja la semilla.

Bajo una nube de carmín y llama,

en el oro fluido y verdinoso

del poniente, las sombras se agigantan.

(“Campos de Soria”)

   Un sentimiento de ternura muy hondo, entrañable y rotundo, se anida en el alma del poeta que fija su mirada en la luna, los pájaros, el monte, los olivos… Con esa mirada dulce y tierna, se siente compenetrado sensorial, afectiva y espiritualmente con las cosas, como les acontece a las personas que tienen una empatía amorosa hacia lo viviente para asumir y expresar su encanto con su maravilla y esplendor. Cree Machado que la belleza del mundo no la valoramos bien ya que borramos con nuestra visión mezquina la realidad esplendorosa de las cosas: “Nosotros enturbiamos / la fuente de la vida, el sol primero, /con nuestros ojos tristes, con nuestro amargo rezo, / con nuestra mano ociosa, / con nuestro pensamiento /-se engendra en el pecado, / se vive en el dolor-. ¡Dios está lejos!” (“Los olivos”).

Entre Antonio Machado y el paisaje hay una transferencia afectiva mediante la cual el poeta confiere a la realidad sensorial su particular impronta emocional: “Conmigo vais, campos de Soria, / tardes tranquilas, montes de violeta,/ alamedas del río, verde sueño / del suelo gris y de la parda tierra,/ agria melancolía / de la ciudad decrépita,/ me habéis llegado al alma”(“Campos de Soria”).

   Antonio Machado estaba dotado del “dolorido sentir” de que hablaba Garcilaso con una honda empatía cósmica ya que la naturaleza le brindaba el aliento contra la desolación y el hastío. En poemas como “A un olmo seco” se advierte, tras la descripción sensorial, la revelación de su estado interior, que lucha contra la actitud triste y vacía, contrapuesta a la actitud depresiva de un Omar Khayyam, en procura de una disposición abierta y promisoria, con la savia de la esperanza, que es el aliento del optimismo para vivir la vida con sentido: 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador,

 y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo, en el hogar, mañana,

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera también,

hacia la luz  y hacia la vida,

otro milagro de la esperanza.

Lenguaje, reflexión y creación poética

En Antonio Machado, amor y paisaje se fusionan en tan cordial simbiosis que la vivencia de la dolencia divina se consustancia con el crepúsculo, la encina, los olivos, la noria, el camino, el río, el mar…tan reiterados que esos vocablos se perciben como si fueran términos machadianos por el vínculo emocional de su lírica y el acento personal de su vinculación empática con el sentimiento que desmaya los sentidos. Paisaje, emoción y amor constituyen una realidad entrañable en nuestro poeta hasta volverse sustancia de la realidad estética, que es la realidad interior que recrea y embellece este sevillano universal:

Mi corazón está donde ha nacido,

no a la vida, al amor,

cerca del Duero…

(“Los sueños dialogados”)

   En su diálogo con la naturaleza, Machado explora lo que subyace en fenómenos y elementos para enfatizar el sentido de la vida o la razón de la existencia, pues enlaza, a la belleza inspiradora, la intuición que nace de la experiencia existencial, dando un aliento profundo a la expresión poética para imprimirle belleza y sentido:

Apenas desamarrada

 la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera,

se canta: no somos nada.

 Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera.

 Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría.

 (Yo pensaba: ¡el alma mía!)

 Y me detuve un momento,

 en la tarde, a meditar…

¿Qué es esta gota en el viento

 que grita al mar: soy el mar?

 (“Orillas del Duero”).

   La realidad de la vida, que a cada quien aguijonea según su talante y actitud, le sirve a Machado de inspiración, como hace de los lugares comunes, que dota de sentido simbólico, como hace con los caminos, las encinas, los álamos, el crepúsculo, los olivos, los ríos…: 

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero,

a lo largo del sendero…

-La tarde cayendo está-.

“En el corazón tenía

la espina de una pasión;

logré arrancármela un día:

ya no siento el corazón”.

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

(“Orillas del Duero”)

   Decía Antonio Machado que el poeta debe reflejar en su creación un pensamiento o una cosmovisión. Y esa disposición intelectual, que da trascendencia a la poesía, se manifiesta de la siguiente manera:

1) Su poesía se nutre de la realidad física del contorno, del mundo natural que sus ojos contemplan. Y en actitud comprehensiva y estética, interioriza el paisaje en la conciencia para fundir su aliento con las cosas.

2) Valora la dimensión sensorial y la dimensión interior de la realidad enfatizando su connotación metafísica.

3) Esa forma de asumir lo real, que enfatiza su dimensión interior y trascendente, es una manera de significar lo que debe ser el hombre para sus semejantes y las cosas: una presencia espiritual y luminosa.

Así lo entendió Antonio Machado y así vivió el sentido de la poesía. En el poema en honor a Francisco Giner de los Ríos, a través del cual expresa: “Sed lo que he sido/ entre vosotros: alma”, frase que le atribuye a su ilustre compatriota, con lo que condensa su visión poética de lo real, clave para entender la trascendencia machadiana:

Como se fue el maestro,

la luz de esta mañana me dijo: van tres días

que mi hermano Francisco no trabaja.

¿Murió?…Sólo sabemos

que se nos fue por una senda clara,

diciéndonos: hacedme

un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido

entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,

los muertos mueren y las sombras pasan;

lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas

Y hacia otra luz más pura

partió el hermano de la luz del alba,

del sol de los talleres,

el viejo alegre de la vida santa.

…Oh, sí, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

 a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas…

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

(“A don Francisco Giner de los Ríos”)

   El sentimiento de angustia, que atormenta al hombre pensante, aparece en la poesía de Machado con el peso lacerante en la conciencia. El poeta que piensa, pone a reflexionar con su poesía. Pensar, como poetizar, es un fenómeno de conciencia. Y angustiarse también, actividad que aumenta cuando el hombre sopesa el sentido de la existencia, el vacío aniquilador, la sed que el agua no mitiga con la invisible gravitación de la fuerza sobrenatural y el contraste con la luz que contrapone la sombra anuladora: “Abel palpaba su cuerpo enflaquecido. / ¿El que todo lo ve no le miraba?/ ¡Y esta pereza, sangre del olvido!/ ¡Oh, sálvame, Señor!/ Su vida entera,/ su historia irremediable aparecía / escrita en blanda cera./ ¿Y ha de borrarte el sol del nuevo día?/ Abel tendió su mano / hacia la luz bermeja / de una caliente aurora de verano, /  ya en el balcón de su morada vieja./ Ciego, pidió la luz que no veía. / Luego llevó, sereno,/ el limpio vaso, hasta su boca fría,/ de pura sombra -¡oh, pura sombra!- lleno”(“Muerte de Abel Martín”).

Por suerte, el poeta halla en la poesía un antídoto contra la angustia de la nada, el vacío y la muerte. A todos nos atormenta el dolor, el horror al vacío, la soledad y la nada. Pero afortunadamente contamos con mediaciones auxiliares que mitigan sus efectos anonadantes, como un ideal de vida, la fe en el más allá, el amor y la creación artística en virtud de una llama que afirma la existencia y le da sentido y sustancia a la vida. En esa onda de reflexión, apreciamos que los temas filosóficos de Machado -el ser, el tiempo y la nada- reflejan su reacción ante la realidad angustiante y asume la poesía como alternativa, es decir, como vía para afirmar la vida y el entusiasmo, como medio para fincar la fe en el propio destino, como faro para testimoniar lo que alienta y entusiasma. Por eso su convicción de que todo obedece a algo, justifica cuanto sucede en el mundo:

Todo cambia y todo queda,

piensa todo, y es a modo,

cuando corre, de moneda,

un sueño de mano en mano.

Tiene amor rosa y ortiga,

y la amapola y espiga

le brotan del mismo grano.

Armonía: todo canta en pleno día.

Borra las formas del cero,

torna a ver, brotando de su venero,

las vivas aguas del ser.

(“Al Gran Pleno o Conciencia Integral”)

   A los poetas les atrae la belleza y el sentido porque anhelan sentir el encanto de las cosas y descorrer el velo que empaña la visión de lo real más allá de los datos sensoriales. Creía Machado que la poesía esclarece el misterio. Tuvo la intuición de que todo se devora a sí mismo, según la visión del tren en imagen apocalíptica con que explora el enigma del tiempo: “Entre montes de almagre y peñas grises, / el tren devora su raíl de acero” (“Galerías”).

La famosa espinela que popularizó Joan Manuel Serrat en la canción no solo proyecta algunos de los términos predilectos de Machado, sino que revela una verdad poética inspirada en la experiencia personal del creador que visualiza su concepción del mundo como un proceso en permanente realización, con la convicción de que nosotros hacemos que las cosas sean, siendo cada vivencia irrepetible y fugaz, como se aprecia en “Proverbios y cantares”:

 

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

Poesía, hondura y trascendencia

Entendía Antonio Machado que solo se canta lo que se pierde, es decir, lo que genera nostalgia en el corazón y añoranza en el alma. La poesía es una creación y los poetas crean para compensar nostalgias, frustraciones y añoranzas, pues según dijera Carl J. Jung, los deseos provienen de nuestras frustraciones, y el poeta, que suele soñar lo que no parece imposible, crea realidades poéticas que enriquecen la realidad. Por eso los poetas hacen de dolores y desdichas la sustancia de su obra y, con las penas y los sueños, la argamasa de su inspiración. De ahí la presencia del amor en la lírica, pues la experiencia enseña que el amor no solo teje los más hermosos sueños, sino las penas y los sufrimientos más intensos. La poesía de amor, la veta lírica más fecunda en las letras universales, combina las dos grandes apelaciones de la creación poética: las penas y los sueños. Escribió nuestro poeta en “Canciones a Guiomar”:

 

Uno: mujer y varón,

aunque gacela y león,

llegan juntos a beber.

El otro: no puede ser

amor de tanta fortuna:

dos soledades en una,

ni aun de varón y mujer.

    Para consuelo del ser humano, los dolores suelen encontrar un desahogo, una forma de canalización que permite obviar las penas o mitigar sus efectos angustiantes y a veces tiene el hombre el poder para transmutarlos en expresiones creadoras, como lo han conseguido los poetas que en el mundo han sido. Desde luego, la miel del poeta, según Antonio Machado, se labra con la pasta de “los dolores viejos” y tiene como objetivo alumbrar “la honda cripta del alma”, o como escribe en “Anoche cuando dormía”: “Anoche cuando dormía/ soñé, ¡bendita ilusión!,/ que una colmena tenía/dentro de mi corazón;/y las doradas abejas/iban fabricando en él,/con las amarguras viejas/blanca cera y dulce miel.

Y el dolor que atraviesa su corazón le hace pensar en Dios,  precisamente cuando se siente afligido por la pena y la nostalgia. Justamente cuando sufrimos, sentimos la necesidad de comprensión, ternura y protección, y si no la encontramos en nuestros semejantes, acudimos a Dios o a una Fuerza Superior en busca de consuelo. En su dolor escribe Machado: “Anoche cuando dormía/soñé, ¡bendita ilusión!,/ que un ardiente sol lucía/dentro de mi corazón./Era ardiente porque daba/calores de rojo hogar,/y era sol porque alumbraba/y porque hacía llorar./Anoche cuando dormía/soñé, ¡bendita ilusión!,/que era Dios lo que tenía/dentro de mi corazón”. Con el sentimiento del dolor aflora en el poeta el sentimiento del carpem diem, que sabe traducir en expresiones antitéticas: “Pero una doble eternidad presiento,/ alegre salmo y lúgubre lamento / de una infinita y bárbara tortura…”, pues todo viviente aprende que la vida no es vida sin tormento.  Pero a pesar de las adversidades e infortunio, Machado tenía un sentimiento vitalista y radiante, una actitud positiva y tenaz, partiendo de que la vida es bella y el mundo amable y, al sentir el aliento de la esperanza y la luz de la creación, asume cada experiencia con la disposición resuelta y optimista de hacer lo que hay que hacer porque hasta la nada lo es todo si ella funda la sustancia del poema:

 

Viví, dormí, soñé y hasta he creado

-pensó Martín, ya turbia la pupila-

un hombre que vigila

el sueño, algo mejor que lo soñado.

Mas si un igual destino

aguarda al soñador y al vigilante,

a quien trazó caminos,

y a quien siguió caminos, jadeante,

al fin, sólo es creación tu pura nada,

tu sombra de gigante,

el divino cegar de tu mirada.

(“Muerte de Abel Martín”)

 

Ese sentimiento vitalista en Machado, que suele anidarse en el alma de los contemplativos, desemboca en el destino último del hombre. En una clara evocación de fray Luis de León, nuestro poeta alude a la “música olvidada” que inspira en los hombres sabios, como dice Machado, “las pocas palabras verdaderas”: “Tal vez la mano, en sueños, / del sembrador de estrellas, / hizo sonar la música olvidada / como una nota de la lira inmensa,/ y la ola humilde a nuestros labios vino,/ de unas pocas palabras verdaderas” (“Renacimiento”). Toda la angustia de Machado, toda su búsqueda, todo su afán culmina en Dios, la más alta apelación de la conciencia humana. Nuestro poeta confiesa en el poema LXXVII, de “Galerías”, que se sentía deambular por el mundo como un lunático sin sentido, como un “pobre hombre en sueños, / siempre buscando a Dios entre la niebla”. Esa inquietud revela el mundo interior de Machado, su sensibilidad trascendente pareja a su sensibilidad estética. Su amorosa atención al mundo circundante, su descripción de lugares y momentos con su manera diáfana de describir paisaje y circunstancia para atrapar el sentido de las cosas le da al mismo tiempo un matiz clásico, romántico y simbolista a su expresión poética. Y, sobre todo, un sentido de belleza trascendente como pocos poetas lo proyectan.

Antonio Machado entendía que al poema hay que dotarlo de un pensamiento o una cosmovisión. Con ese fin observa el mundo, lo interroga, siente con las cosas y capta sus efluvios. Por su mente desfilan las interrogantes que aguijonean la inteligencia y la sensibilidad de científicos y filósofos, de contemplativos y poetas sobre fenómenos y criaturas, con los hechos que concitan curiosidad o asombro, como el misterio de la Creación, que el poeta expresa en forma lírica y estética, simbólica y profunda, mediante la intuición del aliento interior que lo motiva:

 

¿Quién puso, entre las rocas de ceniza,

para la miel del sueño,

esas retamas de oro

y esas  azules flores del romero?

La sierra de violeta y, en el poniente,

el azafrán de cielo,

¿quién ha pintado? ¡El abejar, la ermita,

el tajo sobre el río, el sempiterno

rodar del agua entre las hondas peñas,

y el rubio verde de los campos nuevos,

y todo, hasta la tierra blanca y rosa

al pie de los almendros! (“Galerías”)

 

A su vocación poética, Machado aunaba su tendencia contemplativa, y aunque no era un místico, tenía una valoración mística del mundo que canalizaba exaltando la dimensión cósmica de lo viviente, vivificando la presencia espiritual de lo viviente con la que se identificaba visceralmente para hacer del paisaje y su contorno físico fuente de intuiciones y vivencias que internalizaba en la conciencia.

El sentimiento de lo divino, que da fundamento a la lírica española y sustancia a la sensibilidad espiritual, lo sintió Antonio Machado como una llamarada en el centro de su corazón o como una secreta apelación de su conciencia, intensa y rotunda, sentimiento que engarzó al paisaje exterior de su tierra y al paisaje interior de su alma que transmutó en realidad estética cuyas sensaciones expresó en su lírica con tanto acierto que ha servido para enseñar lo hermoso que es sentir un vínculo entrañable y amoroso entre el corazón humano y el corazón del mundo en una empatía gozosa, cordial y luminosa.

 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Movimiento Interiorista

La Vega, Santo Cerro, 27 de enero de 2018

Notas:

  1. Antonio Machado publicó Soledades (1903), Galerías y otros poemas (1907), Campos de Castilla (1917), Cancionero apócrifo (1928), Nuevas canciones (1930), Poesía de la guerra (1939) y otros textos en prosa.
  2. Ver Antonio Machado, Antología comentada, Madrid, Ediciones de la Torre, 1999, p. 165. Selección, introducción y notas de Francisco Gaudet.
  3. Ver Miguel de Santiago, Antología de poesía mística española, Barcelona, España, Verón Editores, 1998.