El sentimiento de lo divino En la obra de Jalil Gibrán

Por Bruno Rosario Candelier

 

Sólo regresarán a la Eternidad

los que en la tierra la buscaron”.

(Jalil Gibrán)

“Más allá de todo, el Absoluto”(BRC)

A

Oscar de León Silverio,

buscador del Todo en su poetizar.

 

Orígenes de Alejandría, quien naciera en el año 184 de nuestra era cristiana, es el primer teólogo de la Iglesia Católica, y ese celebrado pensador cristiano murió en el año 253 en el Líbano, donde sembró su última semilla, y en esa agraciada tierra del Oriente su siembra espiritual fructificaría siglos después en uno de los místicos del Catolicismo oriental con el nacimiento en 1883de quien sería narrador, poeta y ensayista conocido en el mundo de las letras con el nombre de Jalil Gibrán.

Este valioso escritor representa en las letras árabes una singular vertiente de la mística oriental. Jalil Gibrán nació en el Líbano el 6 de enero de 1883 y murió en New York, Estados Unidos de América, el 10 de abril de 1931. En su medio siglo de de vida publicó una docena de libros donde revela una clara valoración de lo Absoluto en obras como El loco, La tempestad, El profeta, Arena y espuma, El Hijo del Hombre y El vagabundo.

Los místicos se distinguen por un hondo sentimiento de lo divino que se traduce en una valoración de lo sagrado, una empatía hacia todo y una ponderación de lo viviente como signo y cauce de lo Eterno, vocación que canalizan en la búsqueda de lo Absoluto mediante la contemplación de fenómenos y cosas. Y expresan una mirada amorosa hacia los demás con una genuina actitud afectiva y espiritual de comprensión y piedad. Ese talante emocional, intelectual y espiritual lo reflejan los escritores místicos en sus cuentos, novelas, dramas, poemas y ensayos, como lo constatamos en las narraciones, poemas y reflexiones de Jalil Gibrán, así como en sus edificantes parábolas literarias, tan típicas de la cultura oriental, y también en sus hermosas Cartas de amor.

El místico está transido de un sentimiento de amor por todos los seres y las cosas. Nuestro poeta entendía que el amor divino se formaliza en una vida consagrada al cultivo de la espiritualidad. Así lo comprendió Jalil Gibrán y así fue su vida, que la consagró a la búsqueda de lo Absoluto  mediante el cultivo de lo divino. Las personas con elevadas inclinaciones espirituales suelen tener una conciencia del “más allá”, signo, fuero y cauce de la vocación trascendente (1).

La búsqueda de lo divino, que es una tendencia natural en el místico, se expresa en cada individuo de acuerdo con su peculiar talante. La nostalgia de Dios se atiza ante el esplendor del Cosmos o ante el fulgor de la belleza, que sacude nuestra sensibilidad y el fondo oculto de nuestra interioridad. Esa singular apelación acontece de un modo especial en los narradores y poetas, que están dotados de una sensibilidad profunda y de una capacidad para expresar la belleza y el sentido de fenómenos, cosas y hechos, pues como dice Gibrán en “El poeta” este “es un árbol regado por el río de la Belleza,/ dador de los frutos que anhela el corazón hambriento./ Es un ruiseñor que alivia el espíritu/ abatido con sus bellas melodías./ Es una blanca nube que surge tras el horizonte/ asciende y crece para colmar la faz del cielo./ Entonces cae sobre las flores en el territorio de la vida,/ abriendo sus pétalos para que penetre la luz” (2).

La sensibilidad estética y espiritual de Jalil Gibrán se percibe en sus cuentos y poemas. Se trata de una sensibilidad inclinada a lo trascendente, como se aprecia en unas composiciones que tienen como objetivo transmitir un mensaje de amor, una valoración de la vida y una reflexión sobre la existencia humana:

 

En lo profundo de mi alma

hay una canción sin palabras:

una canción que reside

en la semilla de mi corazón.

Se resiste a mezclarse

con la tinta del pergamino.

Encierra mi cariño

en un hálito transparente

y vuela, pero no sobre mis labios

(“Canto del alma”).

 

En este poeta árabe la emoción estética se convierte en fuente de revelación del ser. Es decir, la poesía le sirve a este escritor libanés para filosofar, hacer una teología de lo viviente, y sentir y vivir el sentimiento de lo sagrado. Y se ve a sí mismo como la expresión de una potencia superior que la refleja en su creación. En “Canto del alma”, expresa:

 

Cuando contemplo mis ojos interiores

veo la sombra de su sombra.

Cuando toco las yemas de mis manos

percibo sus vibraciones.

Las acciones de mis manos

buscan su presencia

como un lago debe reflejar

las estrellas resplandecientes.

Mil lágrimas las revelan

como las luminosas gotas de rocío

revelan el secreto de una rosa mustia.

Es un canto compuesto por la contemplación

y publicado por el silencio

y rehuido por el clamor

y plegado por la verdad

y repetido por los sueños

y comprendido por el amor

y ocultado por el despertar

y entonado por el alma.

 

Su poema es un canto de amor a las criaturas de la Creación, como lo han sentido los iluminados, místicos y santos de todas las tendencias contemplativas, desde san Francisco de Asís a Carol Wojtyla, pasando por Jalal-Udim Rumi, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Thomas Merton y Clara Janés. Al sentir que es parte de la Totalidad, los místicos se compenetran con todo, lo sienten todo y lo valoran todo, pues como dijera Heráclito de Éfeso, todo viene del Todo, todo se transforma en Todo y todo vuelve al Todo.

Según una respetable tradición mística, Dios habita en las almas de los hombres, y quienes sienten la llamarada de lo divino buscan la pureza seráfica, se desapegan de los bienes materiales para vivir libres de ambiciones y tendencias que desnaturalizan la condición humana para hacer del barro humano de su cuerpo una vasija digna del soplo divino. El poeta así lo expresa en “El canto de la flor”:

 

Soy la afectuosa palabra pronunciada

y repetida por la voz de la naturaleza.

Soy una estrella caída desde la azul bóveda

del cielo a la verde alfombra

Soy la hija que los elementos

y el invierno han engendrado;

que la primavera ha dado a luz.

Fui acunada en el regazo del verano

y dormí en el lecho del otoño.

Al alba me uno a la brisa

para anunciar la llegada de la luz.

Al atardecer me uno a las aves

para despedir a la luz.

(…)

Y miro hacia arriba para ver solo la luz

y nunca hacia abajo para ver la sombra.

Esta es la sabiduría

que el hombre debe perseguir.

 

La búsqueda mística en Jalil Gibrán, como muestran en su vida y en su obra los espirituales del Oriente, procura el conocimiento del bien para sentir el Ser divino en lo viviente. Esa búsqueda se expresa, desde el punto de vista literario, en un uso lingüístico privilegiado en el empleo de determinadas expresiones simbólicas y en una vida cifrada en actitudes y acciones compartidas, como la perseverancia en un ideal y la espera contra toda esperanza, como se vislumbra en la Divina comedia, de Dante Alighieri. En esa búsqueda y en la plasmación de ese ideal, nuestro poeta siente que da continuidad a la realización humana a través de las edades y las mutaciones, como lo testimonió en “El canto del hombre”:

He estado aquí desde el principio

y aquí estoy aún.

Y aquí me quedaré hasta el fin del mundo,

pues no hay final para mi ser

transido de dolor.

He vagado por el cielo infinito

y por el mundo ideal

y floté en el firmamento.

Pero aquí estoy,

prisionero de la medición.

Escuché las enseñanzas de Confucio

y la sabiduría de Brahma.

Me senté junto al Buda bajo el Árbol de la Ciencia.

Sin embargo aquí estoy,

existiendo con ignorancia y herejía.

Estaba en el Sinaí

cuandoYaveh se aproximó a Moisés.

Contemplé los milagros del Nazareno en el Jordán.

Estaba en Medina cuando Mahoma la visitó.

Sin embargo, aquí estoy prisionero del desconcierto.

(…)

Ansío envejecer y alcanzar el momento

de mi retorno a Dios.

¡Sólo entonces mi corazón se saciará!

 

Insuflado por el fuego de la dolencia divina, Gibrán exhala un entusiasmo por la vida y se llena de amor por criaturas y elementos, comenzando por la naturaleza circundante. En sus poemas, cartas y relatos evoca los cedros del Líbano, los jardines de Bsharret, los arroyos de su tierra natal. Sus loas a la naturaleza los canta al estilo de los salmos bíblicos, que como expresión de la experiencia humana vuelta hacia Dios, constituyen un canto de oración con sus símbolos monosémicos, su tono realista y sus valores melodiosos, como se advierte en “El canto de la lluvia”:

 

Soy las húmedas hebras de plata

lanzadas del cielo por los dioses.

La naturaleza me lleva

para adornar sus campos y valles.

Soy las bellas perlas,

arrebatadas a la corona de Ishtar

por mi hija del Alba

para embellecer los jardines.

Cuando lloro las colinas ríen.

Cuando estoy abatido las flores se regocijan.

Cuando estoy agobiado,

todo sonríe con alborozo.

(…)

La voz del trueno proclama mi llegada.

El arco iris anuncia mi partida.

(…)

Golpeo suavemente las ventanas

con mis delicados dedos,

y mi anuncio es una canción de bienvenida.

Todos pueden oírme,

pero sólo los sensibles me comprenden.

 

Una iluminación interior le revela la presencia de lo trascendente en lo inmanente. Y su sentido místico amplía su comprensión del mundo a la luz de su inteligencia sutil. La mística espiritualista, a diferencia de la mística materialista o la mística naturalista, genera una actitud religiosa entre el hombre, Dios y el Cosmos, y un deseo de contemplación. Dice Jalil Gibrán:

 

Cuando llegues a lo más alto

de ti mismo,

sólo desearás por desear;

y sólo tendrás hambre

por el hambre misma;

y tendrás sed de una sed mayor (3).

 

Como forma de conocimiento y fragua de valoración de lo sagrado, la mística propicia un camino especial para la apreciación de los misterios del hombre y el Cosmos. En la dialéctica de la naturaleza, el poeta libanés advierte el concierto de las oposiciones: “No se puede llegar al alba, sino por el sendero de la noche”.

Tiene Jalil Gibrán hallazgos conceptuales sorprendentes, verdades poéticas que delatan su intuición profunda: “Lo real, en nosotros, guarda silencio. Lo adquirido es lo que habla mucho”. O este otro hallazgo de su intuición en el que desarticula nuestras vanas pretensiones temporeras:

 

Los árboles son poemas

que escribe la tierra en el cielo;

los abatimos y los transformamos en papel

para consignar en él nuestro vacío interior.

 

Sus cavilaciones interiores constituyen comprimidos de belleza y reflexión, que es una de las cualidades de la alta literatura: “Cuando das la espalda al sol,/ no ves más que tu sombra./Cuando llegues al corazón de la vida,/ descubrirás belleza en cada cosa,/incluso en los ojos ciegos a la belleza./Vivimos solo para descubrir la belleza./Todo lo demás es una forma de la espera”.

En el fondo de sus intuiciones estéticas y místicas hay, además del valor literario y conceptual de la expresión, un trasfondo espiritual en una dosis de compenetración intelectual y afectiva con los principios que encarnan un ideal de lo Absoluto. Jalil Gibrán era sensible a la belleza y al misterio, como han sido los contemplativos, los santos y los iluminados. Más aún, en el poeta del Líbano se fusionan las dos tendencias místicas fundamentales: la occidental, que concibe a Dios como trascendente al Cosmos, a quien se puede llegar mediante una ascesis y una purificación de los sentidos para el arrebato contemplativo; y la oriental, que concibe a Dios como algo inmanente al Cosmos, en cuya virtud todo participa del Todo (4).

La posición de Jalil Gibrán la habían asumido para entonces los simbolistas franceses, entre ellos Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Valéry, tendencia espiritual que entonces formaba parte de la corriente epocal de principios del siglo XX, cuando Jalil Gibrán comienza a estar presente en el escenario literario internacional.

En su diálogo e interacción con la naturaleza, el poeta libanés siente la presencia de lo divino en los elementos naturales, y hay en su poesía una sensualidad limpia, genuina y cálida fusionada a una intención cósmica. Contempla y admira la huella de lo sagrado, vale decir, el hálito de lo Eterno en cada criatura viviente, y esa llama mística que late en su interior lo mueve a la contemplación de lo trascendente.

En Lágrimas y sonrisas, Jalil sostiene que la belleza es “lo que cautiva el alma”, y aunque se siente apelado por la belleza sensorial, singularmente la de la mujer, también siente la honda apelación de la llama sutil del fondo espiritual de lo existente. Esa dimensión trascendente se refleja también en su narrativa, en la que conjuga los valores de la poesía y los principios de la narratología. En “La sombra” apreciamos esas cualidades literarias y el aluvión simbólico de sus alusiones:

Cierto día de junio la hierba dijo a la sombra de un olmo:

  -Te mueves tan seguido de derecha a izquierda que perturbas mi paz.

  -Yo no -respondió la sombra. Mira hacia el cielo. Verás un árbol que se mueve por el viento de Este a Oeste entre el Sol y la Tierra.

   Y la hierba elevó la mirada y por primera vez observó el árbol y dijo en su corazón:

   -¿Por qué, pues, existe una hierba más alta que yo?

   Luego calló (5).

El texto de Jalil Gibrán es revelador. La sombra es la proyección de uno mismo. Al lado tenemos nuestro propio espejo y no lo sabemos. La hierba no había visto otra realidad que no fuera la propia, y por eso su desconcierto cuando advierte que otras realidades la rodean, incluso cualitativamente superiores. “La sombra” apunta al desconocimiento de una realidad por falta de visión, por ausencia de perspectiva, producto de un egocentrismo que nos vuelve indiferentes a la convivencia. La sombra nos da la perspectiva de la luz, nos sugiere su existencia, pues como dijera Paul Valéry en “Cementerio marino”, ‘toda claridad exige una mitad de sombra’. Eso también lo intuyó Jalil Gibrán.

Lo mismo en “La sombra”, como en la mayoría de sus textos, Jalil Gibrán revela un mensaje simbólico y místico, y a su través plantea verdades interiores como un llamado a la reflexión, ponderando el valor de la vida y del mundo desde una vertiente espiritual y estética.

Escritor modelo de sencillez y profundidad, Jalil Gibrán pertenece al linaje de poetas que asumen el canto creador como un cauce de la búsqueda de lo Absoluto con intención humanizada y trascendente. En uno de sus Dichos espirituales, escribió:“Si no fuera por la vista y el oído, la luz y el sonido no serían nada más que confusión y pulsaciones en el espacio. De la misma manera, si no fuera por el corazón que ama, tú hubieras sido un leve polvo llevado y desparramado por el viento”.

Los narradores y poetas, de cualquier tendencia estética y de cualquier lengua o cultura, usan las palabras para formalizar sus intuiciones y vivencias con un fin artístico y simbólico. Los narradores y poetas místicos, como los iluminados y los santos, usan las palabras para darle sentido a la búsqueda de lo divino y, sobre todo, para plasmar la mística del Logos, cauce y destino de una profunda apelación creadora. Jalil Gibrán lo sentía y sabía, y en todo lo que escribió tuvo siempre presente que el don de la palabra y el talento creador se nos dieron para entender el valor de fenómenos y cosas a la luz del ideal del sentido que ilumina la conciencia y nos conecta irremediablemente con la Fuente primordial de la Divinidad.

 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Movimiento Interiorista

Santiago, Centro Belarmino, 25 de enero de 2020.

Notas:

  1. William Ralph Inge habla de “a dim conciousness of the ‘beyond’ which is part of our nature as human beingns” (“Una clara consciencia del ‘más allá’, expression de nuestra naturaleza que se humaniza”), en Christian mysticism, London, Methuem, 1989, p. 5.
  2. Los textos de Jalil Gibrán proceden de Obras completas, Barcelona, Cosmolibro, 1982, T. I, II, III. Esta nota y las siguientes son del libro Lágrimas y sonrisas.
  3. Esta nota y las siguientes proceden del libro Arena y espuma.
  4. Loreina Santos Silva, “Mi cantar de cantares: Una vía a lo Absoluto”, en El Cuervo,no. 1, Aguadilla, Puerto Rico, enero-junio de 1989, p. 67.
  5. Del libro El vagabundo, en Obras completas.

 

 

 

 

 

Función del adverbio y su supuesta invariabilidad

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Es sorprendente que los textos de español  no  nos ofrecen información precisa y completa acerca del   adverbio. Al acudir a  Internet creía, al ser una fuente moderna de información, que encontraría bien precisado lo referente al adverbio. Pero no fue posible quedar complacido pues las informaciones que uno encuentra allí son limitadas en extremo. En www.juntadeandalucia.es se dice sobre el adverbio que “El adverbio es la parte invariable de la oración que modifica el significado del verbo.” Ahí tenemos una pobre y limitada definición del adverbio.

En Babelnet.sbg.ac.at se afirma sobre el adverbio: “Es la parte de la oración que modifica el significado del verbo o de otras palabras.” Aquí se encuentra otro limitadísimo concepto del tan  importante elemento de nuestra lengua.

Consultando textos no tan modernos, encontramos también sorprendentes limitaciones, aun tratándose de personalidades de renombre y autores de libros de gramática. Nos dicen algunos de esos autores, al comenzar a hablar sobre el adverbio, que este es una palabra que nunca cambia de forma, pero luego afirman que algunos adverbios admiten los sufijos del diminutivo y del superlativo,  o también la apócope. Ante esa aparente contradicción y limitadísimo alcance del adverbio que ellos nos ofrecen,  tratemos de ver cuál es la verdadera realidad del adverbio.

Consultando  algunos autores de textos de gramática, encontramos que Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña se refieren al adverbio con bastante precisión al aspecto formal del adverbio cuando dicen que es una forma invariable en cuanto que no tiene accidentes de género y número. (Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña, Gramática Castellana, Segundo curso, p. 160).

En vista de eso que ellos afirman, creo que no se les puede atribuir contradicción cuando  hacen referencia a las formas apocopadas del adverbio muy, de mucho; cuán, de cuánto, etc. (Idem, p. 168). Lo mismo puede afirmarse cuando vemos que esos autores admiten la existencia de diminutivos en el adverbio, como aparece en  tempranito, despacito, prontito, cerquita… (Idem, p. 169).

Sí creemos que hay contradicción, o al menos imprecisión, en aquellos autores que afirman, por un lado, que no sufre modificaciones  morfológicas, que nunca cambia de forma, para luego decir que existe la posibilidad de que algunos adverbios admitan sufijos del diminutivo y del superlativo: despacito, ahorita, tempranísimo, lejísimos, etc. (José Escarpanter, Moderna Gramática Española, págs. 178-181).

Los mismos indicios de contradicción encontramos en las autoras Lacau-Rosetti. Dicen ellas que el adverbio es una palabra invariable, pero también afirman que sufre apócope delante  del adjetivo o adverbio: cuán, de cuánto; muy, de mucho. Sostienen, además, que tienen  grado superlativo: tempranísimo, lejísimos, etc. (Lacau-Rosetti, Castellano II, P168)

A las anteriores consideraciones habría que añadir otro detalle muy importante referente al aspecto formal del  adverbio, el cual no aparece contemplado en los textos de gramática del español que uno maneja. Me refiero a lo que podría llamarse “variación cuasi genérica” del adverbio cuando aparece con sufijo  diminutivo. Al respecto  es de notarse que, cuando el mismo  termina en o (temprano, despacio), el sufijo diminutivo termina también en o: tempranito, despacito. En cambio, si el adverbio termina en a (cerca, ahora), el sufijo diminutivo conserva esa a en su terminación: cerquita, ahorita.

Las anteriores consideraciones dan a entender que el adverbio, en su aspecto formal, tiene un comportamiento en cierto modo parecido al del adjetivo, ya que admite el grado superlativo (tempranísimo),  apócope (cuán),  diminutivo (ahorita), y tiene terminación “cuasi genérica” (cerquita) en muchos de los adverbios. Y todo eso deja dicho  que el concepto de la invariabilidad del adverbio es muy relativo y no siempre ha sido expuesto con la debida precisión y de forma abarcadora. Eso ha quedado evidenciado con los datos que ya se les han ofrecido. Pero hay más, y eso lo podemos notar cuando leemos lo que nos dicen algunos autores de textos con respecto a la función del adverbio.

Así, si consultamos a José Escarpanter (op. cit., p. 178), encontramos que nos dice que el adverbio es una palabra  que complementa al verbo, al adjetivo y también puede complementar a otro adverbio.

Del mismo tenor son las expresiones de las Lacau- Rosetti  cuando afirman que el adverbio es modificador  de verbo,  adjetivo o de otro adverbio. (Lacau-Rosetti, op. cit., p. 178). Ambos autores  se quedan limitados con respecto a la función del adverbio.

Uno de los autores que ofrecen una información un poco más completa acerca del adverbio, en su aspecto funcional, es Roca Pons. El afirma que el adverbio es una parte de la oración que modifica al verbo, al adjetivo o a otro adverbio, y luego añade que los adverbios no afectan necesariamente a una de las tres palabras indicadas, ya que pueden modificar, además, a una oración entera.  Ejemplo: “Seguramente tu amigo no te había dicho  la verdad.” (Roca Pons, Introducción a la Gramática, págs. 313, 323).

Llama la atención que ninguno de los autores consultados ni siquiera hace  referencia a la posibilidad de que el adverbio pudiera modificar también a un sustantivo. Ante ese hecho, cabe la pregunta: ¿Acaso no puede el adverbio modificar también al sustantivo?

Una referencia  a esa posibilidad  se encuentra en el artículo “Algunas Precisiones Sobre El Adverbio”, de la autoría de Mercedes Rodríguez de  Rodríguez, aparecido en el libro El Español Al Día, p. 205.  Veamos lo que ella plantea: “¿Se limita el papel modificador del  adverbio al verbo, al adverbio y a otro adverbio? Creemos que no, sino que algunos adverbios pueden modificar también al nombre.”

A  nuestro entender, sí puede hacerlo. Y vamos a decir que esa es otra de sus funciones aunque no aparezca mencionada  en los textos de gramática del español.

Veamos, al respecto, algunos ejemplos de oraciones con adverbios de cantidad modificando sustantivos.  A. “Ellos comen más arroz que habichuelas.” B. “Ellas comen menos habichuelas que arroz.” C. “Encontraron que ella tenía más sangre de lo normal.”

Fijémonos que en ninguno de los casos puede decirse  que los  adverbios más y menos están modificando al verbo, sino al sustantivo.

¿Y qué decir de los ejemplos “El siempre hombre tuvo temor de enfrentarse a su rival.” Y “El nunca hombre se atrevió a  enfrentarse a su rival.”? En los dos casos, un adverbio de tiempo está modificando al sustantivo hombre.

Las reflexiones que hemos presentado a su consideración deben haber dejado aclarado que, tanto en el aspecto formal (la llamada invariabilidad del adverbio) como en el aspecto funcional (su alcance o poder modificador), es necesario que los textos que nos informan sobre nuestra lengua española le dediquen más tiempo, espacio y profundidad al tratamiento del adverbio. Esa palabra de tanto valor en las lenguas así lo amerita.

Culipandear(se), pote, conformación

Por Roberto E. Guzmán

CULIPANDEAR(SE)

“. . . son ambivalentes y dan muchos CULIPANDEOS al momento de. . .”

El autor de estas reflexiones acerca de la lengua puede dar fe de que conoce el adjetivo o nombre culipandeado o culipandiao desde hace muchos años. Ese culipandiao tenía relación directa con la postura que la persona adoptaba al estar de pie (del dominicano parado).

El culipandiao era la persona que sacaba hacia atrás las nalgas, que las proyectaba hacia la parte posterior del cuerpo, pose que no obedecía necesariamente a la intención de hacerlo. No debe de olvidarse que pandear es torcer en el medio (en el cuerpo humano, cintura).

Luego aprendió quien esto escribe que la postura del cuerpo humano o el verbo habían dado pie a otro tipo de aplicación. Esa nueva acepción llevó el verbo a una acción que indica torcer la conducta.

Conforme con lo que consigna el Diccionario de la lengua española (2014-I-692), el verbo culipandear en Cuba y Venezuela es, “Evadir con astucia una dificultad prevista para no enfrentarla”. En los dos países antes mencionados, más Honduras, el verbo expresa, “Dicho de una persona: Acobardarse, echarse atrás o arrepentirse de algo que iba a hacer”.

En República Dominicana y Puerto Rico el verbo indica, “No respetar alguien la palabra dada, cambiar de opinión”. Esto aparece en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias. Allí mismo se atribuye a Puerto Rico que en funciones de verbo intransitivo pronominal corresponde a, “Mover una mujer rítmicamente el trasero al caminar”.

El Diccionario del español dominicano (2013:232) endereza algo del verbo, pues consigna, “Mover la cadera al caminar”, que se ajusta más a lo que se había oído en conversaciones en español dominicano. Además, ese diccionario añade otras dos de las acepciones anteriores, con excepción de la que implica que la persona se acobarda, que no tiene cabida en el español dominicano.

De esta manera el culipandear termina siendo el, “Movimiento de las caderas al caminar”. Con todo el respeto debido, se piensa que el contoneo de las caderas merece que en el culipandeo se consigne que es intencional, aunque puede resultar natural también. Algo que puede agregarse es que ese culipandeo llama la atención y a veces al hacerlo intencionalmente se exagera.

Lo que se persigue con estas acotaciones es influir en la opinión de los lexicógrafos para que modifiquen de alguna manera las definiciones que se han mantenido hasta ahora y, que se incorpore el culipandeo que se expuso al principio para la postura natural del cuerpo humano en algunas personas, tomándose en cuenta las características apuntadas.

 

POTE

“. .  y que empeñan su conciencia por un pica pollo, $300 pesos, un POTE de ron. . .”

Algunas palabras que se presume que se refieren a una cantidad de líquido determinado por el nombre que recibe el contenedor no es tan preciso como podría esperarse, pote es uno de ellos. Uno de los problemas que se presenta es que el vocablo pote es muy impreciso en sí mismo, tal y como lo reconoce el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias, “Recipientes de diversos tamaños y formas. . .” Ese mismo diccionario reconoce que en República Dominicana un “pote de ron” es una “botella de ron”. Cabe que uno se pregunte si decir una botella de ron es más preciso que un pote de ron. No hay que esperar por la respuesta del inocente. Es la misma imprecisa cantidad de contenido. Pero con diferente nombre.

La tarea de ser más preciso quizás es cuesta arriba, pero eso no arredra. Todo el asunto quedará entre el pote, el frasco y la botella. Esto es, quedará en familia. Es probable que el asunto se reduzca a la costumbre de utilizar una u otra palabra para designar el mismo recipiente.

De acuerdo con lo que se encuentra en la Revista dominicana de folklore, No. 1, de marzo de 1975, p. 93, en un artículo firmado por J. A. Cruz Brache, “La botella es la medida para líquidos más corriente en el país. Su contenido equivale a 700cc”.

En quince países de habla hispana un pote es un “recipiente de diversos tamaños y formas”. En República Dominicana un pote es una forma de llamar “una botella de ron”.

Se ha escrito mucho acerca del entorno y las palabras; de la forma en que los sentidos de estas cambian conforme con los otros vocablos que rodean a esa palabra en esa situación. No cabe duda, si en un bar un dominicano pide “un pote”, le servirán una botella de ron y no una de refresco o agua. El sitio, entorno físico, impone el significado de este pote. Con la palabra pote se refiere en general el dominicano a la botella de ron que contiene los 700 cc que se mencionaron más arriba, pues la más grande se conoce como “un litro”. Debe dejarse bien claro que este no es el lugar para tratar la jerga de los bebedores habituales.

 

CONFORMACIÓN

“. . .desempeñó un rol determinante para la CONFORMACIÓN de la Ley. . .”

La palabra del título posee poder de atracción; eso se escribe porque con más frecuencia de la debida los redactores se decantan por esta cuando tienen opciones más precisas para transmitir el mensaje que tratan de hacer llegar a otros.

Algunas personas piensan que conformar tiene relación con con-formar; es decir, formar con o “formar parte, ser parte”, esa idea que hoy muchos hablantes expresan con “hacer parte”, por participar.

Como puede deducirse con facilidad, el sustantivo femenino conformación tiene relación con el verbo formar que tiene larga historia en el castellano. Conformación llega al castellano procedente del latín conformatio, conformationis. En su origen se refería solo a la “colocación, distribución de las partes que forman una cosa”. “Hasta el sol de hoy” la redacción del sustantivo ha permanecido sin cambios en los diccionarios.

Este sustantivo llegó a América en el siglo XVI. Así consta en una acta del cabildo de Caracas. (Léxico hispanoamericano del siglo XVI (1971:213).

Si la persona a la que se refería el redactor de la cita participó en la redacción de la ley, ese verbo, redactar, es el que debió aparecer. En un registro menos elevado pudo escribirse que la persona mencionada participó en la redacción de la ley. La persona mentada tuvo una participación destacada en la elaboración de la ley. Con este sustantivo se imprime un rasgo de mayor importancia al trabajo realizado.

Lo recomendable con el verbo conformar y el sustantivo conformación es reservarlos solo para sus funciones específicas de la manera en que se ajustan a sus definiciones.

Rellenar, rozar / rosar, a bordo, preguntar / cuestionar, doyén / decano

Por Roberto E. Guzmán

RELLENAR

“. . . y la RELLENÓ por andar llegando tarde. . .”

Es bueno que se haga constar que el objeto de la acción, la, se refiere a una mujer. De allí deriva la importancia que tiene el estudio del verbo; esto es, estudiado en un caso como el de la cita en que este se aplica a una persona.

Antes de entrar en materia con respecto al significado del verbo en la frase reproducida más arriba, hay que aclarar que no se trata de dar de comer en exceso a una persona, que es una acepción conocida del verbo.

Rellenar mantiene una acepción en el habla de los dominicanos que no se conoce en ninguna otra habla de español. De acuerdo con lo que escribe el Diccionario del español dominicano (2013:596), rellenar es, “Reprender severamente”.

No conforme con poder contar con el verbo con ese significado, el hablante de español dominicano se ha ingeniado para hacer más descriptiva la acción y ha creado varias locuciones verbales muy bien conocidas en el ambiente dominicano.

Rellenar como a una longaniza fue la primera locución que se incorporó al habla, seguida de rellenarle el cachimbo. Más tarde, con los adelantos de la gastronomía se añadió rellenar como a un pavo.

Si bien es cierto que la acepción, copiada antes, que se reconoce para el verbo es exacta, no es menos cierto que en algunos casos las circunstancias hacen pensar que el verbo va más allá de “reprender severamente”. Sube de grado para expresar el sentimiento de alguien que insulta a una persona, con algún tipo de fundamento, como consecuencia de haber incurrido la persona insultada en una acción reprensible. Con las palabras que se expresan durante este “rellenar” se profieren expresiones ofensivas y humillantes.

Quizás merece que se pondere la posibilidad de añadir al verbo rellenar, en los repertorios de voces dominicanas, los matices que se ha introducido en esta sección.

 

ROZAR – ROSAR

“Sus pies ROSABAN el piso al caminar”.

Los dos verbos del título pertenecen al español internacional. El primero de los dos es de mayor uso; el segundo posee una sola acepción muy específica.

El verbo rozar posee más de diez acepciones acreditadas en el español internacional, al tiempo que rosar solo tiene una.

El significado más conocido del verbo rozar es el que mal escribió el redactor, es el que en el diccionario de la corporación madrileña de la lengua reza así, “Dicho de una cosa: tocar pasando y oprimiendo ligeramente la superficie de otra o acercándose mucho a ella”.

Con respecto del verbo rosar, sirve únicamente para “caer rocío” y como tal es impersonal e intransitivo. Estas dos cualidades hacen que este verbo tenga menos uso que el otro.

 

A BORDO

“. . .cuando un joven A BORDO DE una motocicleta. . .”

En algunas ocasiones las personas que escriben para consumo de muchos lectores tratan de refinar demasiado su español y llegan a incurrir en exageraciones. Una de estas es la que se observa en la frase de la cita.

La locución adverbial “a bordo” tuvo su origen en las embarcaciones navales. Las naves, barcos, fueron los primeros en aceptar la locución para dar a entender que eso de que se trata está dentro de la embarcación. Esto así porque las naves son las que tienen bordo, que son los costados o bordes exteriores de estas.

Con el desarrollo y frecuencia de los viajes por otros medios de transporte la locución extendió su alcance a personas o cosas “dentro de una embarcación”. El adverbio “dentro” indica “en el interior”, “en la parte interna”.

Este “dentro” con su significado apuntado antes deja fuera de uso la locución “a bordo” para una motocicleta, pues los ocupantes de la motocicleta van “en” motocicleta. El asunto que se plantea con respecto de las locuciones o adverbios para describir cómo viajan los ocupantes de los medios de transporte varía de una lengua a otra. Con esto se advierte que no hay una correspondencia estricta al llevar la idea de una lengua a otra.

 

PREGUNTAR – CUESTIONAR

“. . .afirmó C. al ser CUESTIONADO sobre las críticas. . . “

Hace mucho tiempo que el uso de estos dos verbos ha hecho de estos verbos sinónimos en todas las ocasiones. Cuestionar tiene una significación específica que no puede sustituirse con la ayuda del verbo preguntar.

El verbo preguntar corresponde a la acción de interrogar; esto es, hacer preguntas a alguien para que ese alguien responda lo que sabe sobre un asunto. En forma de interrogación puede exponerse un asunto. De esa forma puede indicarse duda sobre ese asunto. Es pedir que le contesten.

Cuestionar es controvertir un punto dudoso, proponiendo las razones, pruebas y fundamentos de una y otra parte. Además, es poner en duda lo afirmado por alguien. Es discutir.

Existe la posibilidad de que el uso del verbo cuestionar en español en lugar del verbo preguntar provenga de una influencia del inglés, lengua en la que el verbo to question corresponde al verbo preguntar en español.

 

DOYÉN – DECANO

“El rabí M., DOYÉN de todos nosotros. . .”

La voz del título no cuenta con el asentimiento de los hablantes de español para que se la considere una palabra auténtica del léxico hispano. Ni siquiera el acento que le colocaron a esa voz logra hacerla entrar en el redil del español legítimo.

La voz doyen pertenece al francés y al inglés. Al inglés llegó desde el francés medio, que en antiguo francés era deien. Este doyen francés tiene un doblete que se asemeja muchísimo a una palabra del español, dean; que en español es deán. Aunque no sea obvio desde el principio el deán fue en su origen el jefe de un grupo de diez. El deán español viene del latín decanus que era el jefe de diez monjes en un monasterio.

En español debe usarse la palabra decano para expresarse de modo correcto. En el español actual el decano es el miembro más antiguo de una comunidad, cuerpo o junta, etc. En las universidades el decano preside una facultad, aunque no sea el miembro más antiguo.

Derivada de la palabra decano es decanato que son las dependencias destinadas oficialmente al decano para el desempeño de sus funciones; así como el período de tiempo en que desempeña sus funciones el decano.

Tarantín, atacado, malsano, na / mal sano, extorsión / *extorción

Por Roberto E. Guzmán

 

 TARANTÍN

¿Cómo olvidar que detrás de cada caseta, TARANTÍN, mostrador o . . .”

La voz tarantín es producto de la imaginación de los dominicanos. Es una creación de los hablantes de español dominicano. No se la conoce en ningún otro país de habla española.

La terminación -tín de esta voz puede interpretarse de dos maneras. Puede ser un diminutivo como sucede en otros casos en que se presenta en el español de todos los días. Hay que tener en cuenta que en el español dominicano el diminutivo -tín no es corriente, común, de uso frecuente.

Esta terminación podría ser tomada también con carácter despectivo. Algo pequeño, de mala calidad, endeble, frágil y rudimentario puede recibir esta terminación para denotar el poco aprecio o consideración que de eso se tiene. Con este dejo despectivo se conoce o conocía en el país dominicano el cafetín, que era un sitio de expendio y consumo de bebidas alcohólicas de mala reputación.

El inconveniente con la voz tarantín es que no hay otra que se asemeje a esta que pueda catalogarse de originaria sin el diminutivo o terminación. El escritor de la cita sugiere de modo implícito el vocablo “mostrador” que es un tablero, mesa alta para servir en cafetería y locales semejantes en tanto sinónimo de tarantín.

El español dominicano tiene otras palabras del género o las características que se le atribuyen a tarantín. Una de ellas es friquitín que es un “puesto callejero donde se preparan y sirven frituras”. Con respecto de esta definición no se está totalmente de acuerdo porque las frituras no se sirven, se venden. En estos puestos no hay mesas ni sillas. Las frituras se entregan en las manos en papel o en fundas. No hay platos ni cubiertos. Es probable, si estos puestos se han modernizado como consecuencia de la competencia de precios con los picapollos, que en la actualidad “sirvan” sus productos.

Los recuerdos de los friquitines que se conservan en la memoria son de un fogón con leña o carbón, una paila con aceite, una mesa sobre la que se colocaban los productos sin terminar y una bandeja en la que se colocaban las frituras una vez cocidas.

El tarantín es un “puesto de venta callejero”. Es una “construcción rústica realizada con materiales muy pobres”. Es tan endeble el tarantín que uno no sabe si debe llamarlo “construcción”. La fragilidad o provisionalidad del tarantín es una de sus características. Se arguye acerca de la palabra “construcción” porque los elementos utilizados para “parar” el tarantín no son los adecuados para una construcción, sino que se hace con lo que “aparece”. Parar aquí significa poner algo en posición vertical. El tarantín en la mayoría de los casos se hace de materiales recuperados (ya usados anteriormente).

 

ATACADO

Esta voz parece que ha pasado inadvertida en las investigaciones acerca del español dominicano. El verbo atacar(se) se ha consignado en el Diccionario del español dominicano (2013:55) como corresponde, con tres acepciones y una locución verbal.

No obstante, ninguna de las acepciones allí recogidas sirve para explicar el uso que en el habla dominicana se hace del participio en función de adjetivo que figura en el título. Más abajo se abundará sobre esto.

En varias situaciones el hablante de español dominicano entiende que se encuentra en una situación que puede caracterizar diciendo que está atacado. Ha de tenerse en cuenta que este atacado no tiene relación alguna con sentirse embestido.

Este atacado tiene que ver con la situación en que se encuentra una persona que está bajo presión. Sobre todo, que actúa contra el tiempo. Que está nervioso y apresurado. Cuando las circunstancias ponen en tensión a la persona y la empujan a acelerar sus acciones de cualquier tipo que estas sean, esta persona está atacada. Ni por un momento ha de pensarse que el sujeto está ata(s)cado.

Este atacado merece un espacio en los repertorios de voces dominicanas con las explicaciones o sinónimos pertinentes.

 

MALSANO, NA – MAL SANO

“Posteriormente, surge la MAL SANA campaña de desinformación. . .”

Una cosa es con guitarra y otra es con violín. Este adagio, sentencia moral breve, generalmente “indica que hay varias maneras de hacer o decir algo dependiendo de las circunstancias”.

Malsano es un adjetivo que modifica al sustantivo que “acompaña” en la oración transcrita a modo de ejemplo del mal uso. Esto es, escribió mal sano en dos palabras; entonces, no se corresponde con las circunstancias del sentido de la frase. En el caso específico debió aparecer en una sola palabra.

Malsano en una sola palabra es un adjetivo que transmite la idea de que eso de que se habla o escribe es “moralmente dañoso”. Produce o puede producir perjuicio, lesión o detrimento.

Malsano en una sola palabra realiza las funciones de adjetivo y de preferencia se aplica a ambiente, países, climas y por extensión a situaciones o circunstancias; como el conjunto de actos, medidas y esfuerzos de una campaña de llevar al conocimiento del público ideas y sucesos por medio de la información.

En los casos específicos en que alude a ambientes que dañan la salud, malsano es sinónimo de insalubre, porque atenta o perjudica el bienestar físico y mental de las personas.

Cuando mal sano se escribe en dos palabras se refiere al estado de salud de alguien. En realidad, en los casos en que se desea comunicar una noticia acerca de la salud de alguien, casi siempre se hace utilizando la palabra buena o mala. “Está en salud”. “Disfruta de buena salud”.

Una persona puede estar sano o enfermo. Eso de expresarse diciendo o escribiendo que alguien está “mal sano” casi no se estila en el español moderno, porque solo cabe en casos muy contados. “Él está mal sano; estaba mejor cuando estaba enfermo”.

En la actualidad el adjetivo malsano no solo se usa para la salud física o psíquica. Ha extendido su empleo a “lo que no se considera adecuado o correcto”. Diccionario integral del español de Argentina (2008:1107).

 

EXTORSIÓN – *EXTORCIÓN

“La nueva EXTORCIÓN. . .”

No hay lugar a rasgarse las vestiduras por el error en la ortografía de la palabra resaltada en la cita. En la emisión de los sonidos en el habla de muchísimos países, para articular las dos voces del título no se hace distinción alguna.

A pesar de lo escrito más arriba, no puede dejar de censurarse el desliz porque la voz escrita con la letra ce /c/, *extorción, no se conoce en el español corriente. Aquí se expondrá un poco de la historia de la palabra extorsión en español y se verá cómo se escribe esa palabra en otras lenguas que tienen lazos con el español.

Torsión, con ese /s/, es la acción y el efecto de torcer o torcerse, con ce /c/. La oración inmediatamente anterior a esta tiene el propósito de señalar la posible confusión que generan estas palabras de la misma familia en las que unas se escriben con eses y otras con ces. En algunos casos de este tipo la forma de representar por escrito la palabra que expresa la idea es un cultismo y eso influyó en su representación gráfica.

La palabra extorsión apareció en el siglo XVII, derivado de extorquere, “sacar algo por la fuerza”, de donde el significado de extorsionar termina así, “causar o cometer extorsión”.

El portugués ha permanecido más cerca del latín, pues conserva el verbo extorquir, pero el sustantivo femenino es extorsao. Lo importante aquí es reparar en la letra ese /s/ en el sustantivo.

El francés tiene también un verbo cercano al latín, extorquer y, el nombre femenino extorsion, con ese /s/. En esa lengua reconocen que el nombre lo tomaron del bajo latín extorsio.

Con estas informaciones puede entenderse mejor el o los orígenes de la confusión en la forma de escribir algunas de las palabras de esta familia.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

DON QUIJOTE, CELESTINA Y DON JUAN TENORIO

 La obra literaria tiene vocación de  perpetuidad, o a eso se aspira, al menos. Las que cuentan hechos y enfocan conflictos sociales se valen de personajes, los cuales son como las personas, pero con los rasgos más acentuados. Tarea  importante para autores de obras narrativas (novela, cuento…) y obras dramáticas (drama, comedia, tragedia…) es la caracterización de los personajes.

Tres obras de la literatura española han creado personajes  que conviven en el mundo como si fuesen personas. De sus nombres se han derivado  verbos, adjetivos y otros sustantivos que han engrosado el acervo de nuestra lengua.

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes;  La Celestina o la Tragicomedia de Calisto y Melibea, de  Fernando de Rojas, y El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, son las obras a las que me refiero.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, novela, se publicó en los inicios del siglo XVII (1605 y 1615). Tiene decenas de personajes, los principales de los cuales son Don Quijote y Sancho Panza. Veamos las palabras derivadas del nombre del protagonista, de acuerdo al Diccionario académico:

El sustantivo /quijote/: 1. m. Hombre que, como el héroe cervantino, antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas.  2. m. Hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino.

Otros sustantivos /quijotada/ f. Acción propia de un  quijote. /Quijotería/: 1. f. Modo de proceder de un quijote.

El adjetivo /quijotesco/ y su forma femenina tiene estas acepciones: 1. adj. Perteneciente o relativo a don Quijote de la Mancha.2. adj. Propia de don Quijote de la Mancha o de un quijote.3. adj. Semejante a don Quijote de la Mancha, por sus acciones o por su aspecto

La mujer que posee las cualidades morales de un quijote  es denominada       /quijotesa/.

Los adjetivos aceptan convertirse en adverbios si se les agrega la terminación –mente, así nace el adverbio de modo /quijotescamente/: adv. Con quijotismo. Otro adjetivo es /quijotil/: Perteneciente o relativo al quijote.

¿Pero qué es quijotismo? (De quijote +-ismo): 1. m. Exageración en los sentimientos caballerosos. 2. m. Engreimiento, orgullo.

El escudero de don Quijote también ha generado palabras. El Diccionario registra /sanchopancesco, ca/: 1. adj. Propio de Sancho Panza, escudero de don Quijote. 2. adj. Falto de idealidad, acomodaticio y socarrón.

 

Celestina

Esta obra dramática, compuesta,  en el XV, apareció inicialmente como La comedia  de Calisto y Melibea. En ediciones sucesivas, predominó el personaje Celestina, una alcahueta cuyo rol en la trama es notorio. Veamos las palabras que ha incorporado el Diccionario a partir de esta obra.

El sustantivo común  /celestina/: Por alusión  a Celestina, personaje de la Tragicomedia de Calisto y Melibea. 1. f. alcahueta (‖ mujer que concierta una relación amorosa).2. f. irón. Persona que facilita o promueve de manera encubierta contactos con fines políticos, comerciales o de otro tipo.

Y claro, el sustantivo /celestinaje/  nombra la acción de celestinear. Por igual /celestinazgo/ se refiere a la acción de celestinear.

Celestinear. Significa ejercer o practicar la función propia de una celestina.

También se tiene el adjetivo /celestinesco/ y su forma femenina con la significación de perteneciente o relativo al personaje de la Celestina o a una celestina. 2. adj. Propio de una celestina.

 

El burlador de Sevilla

El burlador de Sevilla  recoge  la historia de don Juan Tenorio,  el personaje más universal del teatro español. Data de 1630. Esta obra de Triso de Molina tiene como personaje principal a un sujeto mujeriego y  burlador de las mujeres.

El nombre del personaje de Tirso de Molina ha generado cinco palabras a nuestro idioma. Veamos: /donjuán/ (sustantivo) incorporada al Diccionario con el significado de   “1. Seductor de mujeres. 2. m. dondiego”. Por igual el verbo /donjuanear/: “intr. Hacer de donjuán”. El adjetivo  /donjuanesco, ca/  que significa “Propio de un donjuán o tenorio”.

Igualmente, el  sustantivo /donjuanismo/  ha servido para nombrar el “Conjunto de caracteres y cualidades propias de don Juan Tenorio, personaje de varias obras de ficción”.

El quinto vocablo  es /tenorio/, sustantivo masculino, con el que se denomina al “Hombre mujeriego, galanteador, frívolo e inconstante”.

 

¿POR QUÉ ES DE USO RESTRINGIDO EL VERBO RESUCITAR?

 Resucitar es un verbo de uso limitado.  A diferencia, por ejemplo,  de  comer, defecar, dormir,  despertar y otros muchos que son “conjugados” por todos los humanos y demás seres del reino animal,  el verbo resucitar, por su significación de “Devolver la vida a un muerto”, incluye una acción no aplicable en la realidad material.

Gramaticalmente corresponde al modelo de la primera conjugación: yo resucito, tú resucitas, él resucita, nosotros resucitamos, vosotros resucitáis, ustedes y ellos resucitan…Pero hay una observación  de carácter teológico-religioso para con este verbo que restringe su aplicación.

El Diccionario de la lengua española explica en la etimología de este verbo que procede del  latín  tardío “resuscitāre”, y este del latín re- ‘re-‘ y suscitāre: ‘levantar’, ‘avivar’.  Resucitar aparece con tres acepciones: 1. tr. Devolver la vida a un muerto. 2. tr. coloq. Restablecer, renovar, dar nuevo ser a algo. 3. intr. Dicho de una persona: Volver a la vida.

El origen del vocablo  está  ligado a /suscitar/ (Del latín suscitāre) y que en español equivale a levantar, promover. Con esa palabra más el prefijo re-  se formó en latín resuscitare, la cual en su evolución hacia el castellano perdió  la consonante –s al final de la sílaba /sus/.

Nuestra lengua cuenta con otros verbos que guardan afinidad con resucitar. Veamos: reaparecer, renacer, revivir, resurgir, reanimar, vivificar, estimular, animar, tonificar, reconfortar. Solo afinidad, pero no sinonimia.

La excepción podría   ser /revivir/  (Del latín revivĕre) que tiene las siguientes acepciones: 1. intr. Resucitar (‖ volver a la vida). 2. intr. Dicho de quien parecía muerto: Volver en sí.3. intr. Dicho de una cosa: Renovarse o reproducirse. Revivió la discordia.4. tr. Evocar, recordar. Revivió los días de su infancia

 Resurrección

Del verbo resucitar ha devenido el sustantivo resurrección, con el que se afinca  el criterio teológico que toca al verbo resucitar. Estas son las acepciones que ha recogido el Diccionario académico para este vocablo: 1. f. Acción de resucitar. 2. f. por antonomasia, resurrección de Jesucristo. 3. f. Pascua de Resurrección.

Como se aprecia, en la tercera acepción  la palabra  se escribe  con mayúscula  inicial, como es norma para los vocablos relacionados con lo divino. Por igual, Domingo de Resurrección.

Devolver la vida a una persona  fallecida resulta contrario a las leyes de la naturaleza. Sin embargo, la fe cristiana se fundamenta en la Resurrección de Jesucristo. Vale recordar estas palabras del apóstol san Pablo: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre ustedes  que no hay resurrección de muertos?  Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.  Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”. (1 Corintios 15:12-17).

La  alusión de Pablo a la resurrección de todos los muertos, en el día del juicio final es parte del credo cristiano.

Un sustantivo relacionado con  resurrección es /resucitación/  el cual se emplea en la medicina. Se define: “Acción de volver a la vida, con maniobras y medios adecuados, a los seres vivos en estado de muerte aparente”. Despertar al paciente que ha sido sometido a anestesia general es un acto de resucitación.

Otras palabras relacionadas son /revivificación/  que es “Acción y efecto de revivificar”. Y revivificar: tr. Vivificar, reavivar.

En definitiva, los vocablos resucitar (verbo), resurrección (sustantivo) y resucitado (adjetivo) son casi exclusivos de Jesucristo y quizá de las  personas (tres, al menos) a las que Él sacó de entre los muertos.

 FREDDY GATÓN ARCE: ANTE TODO,  ESCRITOR

 Cuando  hablan o  escriben  acerca de la personalidad literaria de Freddy Gatón Arce, muchos se empeñan, hasta la  ofuscación,  en llamarlo poeta, periodista, novelista,  ensayista y abogado. Es cierto que obtuvo título de doctor en derecho,  pero yo nunca lo llamaría abogado. Que haya  sido poeta –y de los buenos-, novelista y periodista dificultan, y resulta injusto, por demás, citarlo  por alguno de estos roles.

No solo poeta, no solo novelista, no solo ensayista, no solo periodista, Freddy Gatón Arce ha sido un maestro de la palabra. Maestro de la palabra hay que llamarlo para diferenciarlo del montón de quienes  han escrito o escribimos en cualquiera de los cuatro géneros mencionados. Prócer de la palabra hay que denominarlo  para marcar su firmeza en la defensa de las ideas democráticas y la crítica ante  los abusos de los poderosos.

De ahí que Enrique A. Cabrera Vásquez, poeta y periodista, por demás petromacorisano como FGA, haya emprendido la valiosa tarea  de escribir el ensayo “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras”, con el que se ha propuesto contribuir al conocimiento   de la calidad de este  gran escritor, de cuya obra, sobre todo la periodística,  considera no ha sido justamente  valorada.

“Freddy Gatón Arce fue multifacético en su activismo social y cultural y la entrega a causa noble y altruista.  No desmayó en ese ejercicio, lo asumió como un sacerdocio sin sopesar las consecuencias. Fue un ciudadano transparente y un periodista limpio y ejemplar. Es más, considero que su obra periodística no ha sido bien valorada y estimada, pues su afán en esa dirección fue altamente significativo”. (pág. 78).

Un buen periodista  no puede ser indiferente a  la literatura ni a  la historia. Al fin y al cabo,  periodismo es historia,  historia inmediata, claro. Ambos entroncan con la literatura en cuanto al uso de la lengua para informar o convencer.

Me resulta difícil hablar de Gatón Arce sin inmiscuirme con deliberada parsimonia en los artículos y ensayos que publicara como opinión editorial de El Nacional. Por fortuna,  Cabrera Vásquez, en el presente libro, traza una visión total de la personalidad literaria del autor de Vlía. Para internarse en el cosmos poético de FGA, Cabrera hurga en el amplio espectro de las múltiples  corrientes y filosofías  de la creación, expresadas a través de movimientos y tendencias y se permite ubicar el gran poema gatoniano como surrealista, aunque apunta que luego nuestro autor emigró hacia otras corrientes poéticas.

La tercera dimensión en torno a Gatón Arce (además de periodismo y poesía) que aborda Cabrera es la novelística, fundamentado en las obras “La guerrillera Sila Cuásar” y “La canción de la Hetera”: ”Una muestra de su capacidad para incursionar en diferentes géneros”, sentencia Cabrera. A seguidas ofrece la sinopsis de cada una.

El libro de Cabrera Vásquez constituye un justo homenaje a un preclaro escritor, quien amó  la democracia y  las libertades públicas  con similar intensidad de su dedicación al buen decir.

Constante en sus editoriales: fue la  persistente  denuncia a la violación a la ley por parte de funcionarios, exigencia para respeto a los derechos individuales, fue  firme en la crítica, sereno en los conflictos.

Cabrera ha demostrado con este interesante ensayo que  Freddy Gatón Arce profesó fidelidad a las palabras y por igual  a los buenos sentimientos. “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras” es  una obra bien concebida y bien desarrollada y contribuirá  a posicionar  en su justa dimensión a un escritor cabal que ejerció el arte de escribir con los más elevados fines. Saludemos con razonable alborozo este magnífico aporte de Enrique Cabrera Vásquez. ¡Enhorabuena!

(Extraído del prólogo)

La segunda década del siglo XXI no ha terminado

El primer domingo de junio de 2014, esta columna publicó un artículo titulado “¿Es lo mismo década que decenio? En el que se incluye la explicación en torno a cuándo comienza la década y  cuándo termina. A propósito del inicio de 2020, la prestigiosa publicación BB News divulgó una un texto para exponer el mismo asunto.  Dado que persisten  las dudas,  abordamos nuevamente el asunto. A continuación  un extracto de lo publicado en 2014:

Decenio y década no son exactamente sinónimos, como no deberían serlo  siglo y centuria. Pero el Diccionario de la lengua española no es explícito y creo que peca de parquedad.

Decenio  es definido como “Período de diez años”. Pero con el vocablo década la imprecisión  es mayor. Veamos:  1. f. Serie de diez. 2. f. En el Ejército, conjunto de diez hombres. 3. f. Período de diez días. 4. Período de diez años referido a las decenas del siglo.

Es decir que en la cuarta acepción es que se refiere al elemento más conocido con ese nombre.

Es el Diccionario panhispánico de dudas, que introduce unas puntualidades  para diferenciar estos vocablos,   dice al respecto:   “Los términos década y decenio significan, ambos, ‘período de diez años consecutivos’; pero mientras que decenio se usa para designar el período de diez años comprendido entre dos años cualesquiera, década designa en especial el período de diez años referido a cada una de las decenas del siglo (años diez, veinte, treinta, etc.)”.

Década y siglo

En cuanto a las diez décadas de cada siglo, cada una de ellas comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0; así, la primera década del siglo xx es la que va de 1901 a 1910; la segunda, de 1911 a 1920; la tercera, de 1921 a 1930. Ese es el concepto estricto de década.

Es habitual utilizar expresiones como los años veinte, la década de los treinta, los cuarenta, etc., referidas a los decenios que comprenden los años de cada siglo que tienen la misma cifra en su decena; así, la expresión “los años veinte” alude conjuntamente a los años comprendidos entre 1920 y 1929, ambos inclusive.

Pero esta diferenciación no ocurre con los términos siglo y centuria. El diccionario los presenta  como sinónimos, aunque a mí me deje pensando que centuria  es un período de cien años  comprendido entre dos años cualesquiera, como 1914-2014; 1863-1963.

Así mismo he creído que  siglo, no es solo un  período de 100 años, sino  que  es una de las diez partes del milenio y cubre del año que termina en 01 hasta el que termina en 00, es decir: siglo I (01- 100); siglo II (101-200); siglo XIX (1801-1900); siglo XX (1901-2000); siglo XXI (2001-2100). La  misma orientación  aplicada para diferenciar década y decenio, puede emplearse para siglo y centuria.

 

BBC NEWS

Una parte de lo publicado por BBC News:

Se acerca el fin del año y tal vez ya estés preparando los festejos para despedirlo y darle la bienvenida a uno nuevo. Pero si estás pensando que con el final de 2019 también se termina una década, puede que tengas que hacer las cuentas de nuevo, al menos lingüística y matemáticamente hablando.

Esta es una confusión que inundó las redes sociales este mes y que incluso llevó a la Real Academia Española a salir a aclararlo. ¿Se termina una década con 2019 y empieza una nueva en 2020?

La RAE respondió que la nueva década empezará en 2021 porque «cada década comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0». «Así, la primera década del siglo XXI es la que va de 2001 a 2010; la segunda, de 2011 a 2020, etc.», añade la RAE citando al Diccionario Panhispánico de dudas.

«La RAE lo deja bastante claro y es una cuestión matemática. La década no empieza con el año 0. Se empieza a contar desde el año 1», le dice a BBC Mundo Eugenio Manuel Fernández Aguilar, físico y divulgador científico español.

(Publicado 5-1-20, EL NACIONAL)

MASCULINO, FEMENINO Y OTROS DETALLES

Lo habitual  en español es que los  sustantivos sean masculinos o femeninos.  Si   se trata  de seres animados, lo común  es que el sustantivo adopte una  forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos.

Esta diferenciación  puede hacerse  por el uso de  terminaciones añadidas a una misma raíz, como ocurre, por ejemplo,  en gato/gata, profesor/profesora, niño/niña, conde/condesa, zar/zarina. También  puede ser por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del sujeto  de que se trate  como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera.

Si el referente del sustantivo es un objeto  inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, año, árbol) o solo femenino (casa, calle, democracia).

Veamos unos casos que se salen de los patrones antes mencionados. Me refiero a sustantivos terminados en –z (zeta) o en –l (ele). La norma académica ha establecido que  si el vocablo masculino termina en una de estas consonantes “son normales y correctas” las formas invariables.

Así,  será correcto anteponer  el artículo /la/  a las palabras  juez, concejal, apóstol, fiscal, alférez, oficial, coronel, general, albañil, aprendiz, edil, mariscal… para formar el femenino, vale decir  cuando se trata de una mujer quien ejerce alguna de estas funciones.

Cobra cierto auge la  tendencia a formar el femenino  agregando la  vocal –a al  final de la palabra, sobre todo en  voces como  juez/ jueza, concejal/concejala,   coronel/coronela, general/generala, albañil/albañila, aprendiz/ aprendiza. Los hablantes son los dueños del idioma, por eso el uso generalizado puede determinar  la variación de las reglas.

ES importante, sin embargo, observar cierta mesura frente a la ola de innovaciones que determinados  grupos – ¿y determinadas grupas?-  quieren imponer en nuestra lengua. Las variaciones, en primer lugar, deben ajustarse al perfil del español, sin que su aplicación provoque incisiones.

La palabra coronel, por ejemplo, resulta fácil convertirla en femenino agregando –a, pero es preferible emplearla para el masculino y para el femenino y que los elementos variantes que la acompañen indiquen el género de la persona de quien se habla: La coronel Matos; el coronel Peralta.

Respecto de la voz mariscal, el Diccionario de la lengua española especifica que es masculina. Transcribo la primera acepción de esta palabra:

  1. En la milicia antigua, oficial muy importante, inferior al condestable, que era juez del Ejército y tenía a su cargo el castigo de los delitos y el gobierno económico, y cuyo título conservaron luego los sucesores de los que lo habían sido en los reinos de Castilla, Andalucía, etc

En algunos países  se emplea /fiscala/ para referirse a la mujer  que representa y ejerce el ministerio público en los tribunales. En nuestro país seguimos apegados a la mejor tradición: La  nueva fiscal Rosalba Ramos…También tenemos una procuradora fiscal en Santiago.

La voz fiscal es también adjetivo y como tal  no varía nunca su terminación por el género: procuradora fiscal, paquete fiscal, política fiscal. Lo mismo ocurre  con las voces oficial y general.  Como sustantivos hacen el femenino con la anteposición de los artículos –la o -una: Es una oficial correcta y disciplinada.  Es una general del Ejército.

En algún caso, se ha introducido  el vocablo /oficiala/, incorporado por el Diccionario académico, con el siguiente significado: “m y f. Persona que se ocupa o trabaja en un oficio”.

En  cuanto a /generala/ resulta curioso lo que  apunta el código oficial de nuestra lengua. Lo cito a continuación: “1. f. Mil. Toque de tambor, corneta o clarín para que las fuerzas de una guarnición o campo se pongan sobre las armas. 2. f. Arg. y Bol. Advocación de la Virgen reconocida con el grado militar de general. 3. f. coloq. p. us. Mujer del general”.

Gracias por su lectura. Hasta el próximo domingo.

(Publicado 12-1-20)

PALABRAS LLANAS CON TILDE: SÉNIOR Y JÚNIOR

Sénior y júnior son palabras de nuestro idioma y sus orígenes se remontan al latín, la lengua madre del castellano. El complejo de inferioridad lingüística  del que adolecen muchos dominicanos los ha llevado a pronunciar estos vocablos como si procedieran del inglés. La primera manifestación de la manía ha sido prescindir de la tilde, una marca muy propia del español. La segunda, es pronunciar “sínior”, en lugar de sénior, y la tercera manía se manifiesta en sustituir fonéticamente la jota de júnior por la consonante –y (ye) para decir “yúnior”. La cuarta  señal de la anglomanía se nota en la formación del plural, ya que en vez de agregar –es como rige  en español para las palabras terminadas en consonante (séniores y júniores) los anglófilos escriben “seniors”  y “juniors”.

Recientemente (10-1-2020) la FundéuBBVA, institución española que vela por el buen uso de nuestra lengua, divulgó una recomendación en torno al empleo de la palabra /sénior/, precisando que es llana y por su terminación se escribe con tilde.

“La palabra sénior alude principalmente a los profesionales que tienen más experiencia que otros o a los deportistas de edad o categoría superior. De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, su uso se ha revitalizado por influencia del inglés, aunque no por ello deja de ser una voz española, de modo que se le aplican las normas generales de acentuación y se escribe sin resalte tipográfico, es decir, sin comillas ni cursiva”, escribió Fundéu BBVA.

Citó  la Nueva gramática de la lengua española, para precisar que el plural se  forma   con la adición de -es, esto es, séniores, no séniors. Agrega que  en las construcciones en aposición, lo habitual es que este segundo elemento permanezca invariable: miembros sénior, directivos sénior, deportistas sénior…

La  voz sénior procede del latín /senior/ que es un término  comparativo  del adjetivo  /senex/ que en la lengua de los romanos  significa “viejo, anciano”.

El Diccionario de la lengua española define ese vocablo de este modo: 1. adj. U. pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que esta es mayor que otra emparentada con ella, generalmente su hijo, y del mismo nombre.2. adj. Dicho de un deportista: De la categoría y edad superiores. U. t. c. s.3. adj. Perteneciente o relativo al deportista sénior. Categoría sénior.4. adj. Superior en categoría y experiencia a quienes desempeñan la misma profesión o cargo. Analista sénior.

El apellido Senior es palabra aguda y por eso no se le marca el acento, pronunciado en la última sílaba: niór.

Júnior y no yúnior

Del latín viene también /iunior/, vale decir “más joven”. El Diccionario académico la define así: 1. adj. U. pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que esta es más joven que otra emparentada con ella, generalmente su padre, y del mismo nombre. 2. adj. Dicho de un deportista: De categoría y edad inmediatamente inferiores a las del sénior. U. t. c. s.3. adj. Perteneciente o relativo al deportista júnior. Campeonato júnior.4. adj. Inferior en categoría y experiencia a quienes desempeñan la misma profesión o cargo.

El Diccionario Panhispánico de dudas, publicación académica, ha incorporado la voz  júnior con estas precisiones:

“júnior. 1. Voz procedente del comparativo latino iunior (‘más joven’), cuyo uso actual en español se ha revitalizado por influjo del inglés junior. En español debe escribirse con tilde por ser voz llana terminada en consonante distinta de -n o -s (→ tilde2, 1.1.2). Aunque está notablemente extendida la pronunciación inglesa [yúnior], en español debe decirse [júnior], tal como se escribe, con sonido /j/ inicial, de forma análoga al término eclesiástico junior (pron. [juniór]), que procede del mismo étimo latino (→ junior)”.

 

Variaciones sobre  Júnior y junior

El pasado domingo, en artículo titulado  “Palabras llanas con tilde: sénior y júnior”, explicamos el origen latino de estos vocablos, los cuales son parte, de pleno derecho, de la lengua castellana. La publicación causó algunas sorpresas, pues muchos hablantes entienden que estas  palabras proceden  del inglés, lengua en la que también se emplean, sin la tilde, obviamente.

Con  la palabra sénior el caso es simple, basta con colocarle la tilde y pronunciar como se escribe: gerente sénior, redactor sénior…

En  cuanto /júnior/ hay que decir que el empleo de este vocablo resalta peculiaridades del habla dominicana.

En el habla inglesa se estila  agregar la palabra  /junior/ al nombre propio de una persona cuyo padre  es llamado de igual forma: Sammy Davis junior. En República Dominicana el adjetivo júnior  ha sido convertido en nombre de persona,  escrito con J, pero  pronunciado con Y (yúnior).

Cientos de dominicanos llevan este nombre, independientemente de cómo sean llamados sus progenitores y sin observar la advertencia  de que para que suene  Yúnior debe escribirse con la letra ye y llevar la marca del acento en la vocal /ú/.

Tan arraigado está ese hábito lingüístico que un niño de doce años (Ángel Vladimir, un nieto) cuando mataron al abogado Yúniol Ramírez, por investigar las mafias en la OMSA, me preguntó: “¿Por qué al que mataron le escriben el nombre con  -y de payaso, si Júnior se escribe con J? Uno de sus amigos y compañero de clase lleva por nombre Júnior, pero lo llaman Yúnior.

Tengo la presunción de que en España, si alguien tuviera el nombre Júnior, además de que le colocarán la tilde en la ú, lo pronunciarán con J, la misma jota de junio, Julio, Javier, Jaragua, Jacinto, Jacobo, jabón y joder.

La forma habitual de escribir Junior, nombre de persona, sugiere en español que la palabra es aguda y que por tanto la fuerza de entonación estará en la última sílaba: “juniór”.

Una palabra poco conocida en nuestra lengua es precisamente /junior/ (aguda), cuyo origen  se remonta también al latín: iunior ‘más joven’. El Diccionario académico define junior de este modo: m. y f. En la vida religiosa cristiana, persona que, después de haber hecho el noviciado, realiza un período de formación espiritual.

Recuerdo de los tiempos de infancia el Catecismo junior, pronunciado con j y  como voz aguda.  Nada extraño sería que los estudiantes de hoy les trasladasen el acento a la penúltima sílaba (ju), aunque no lo marcaran.

En la Internet he encontrado otro ejemplo adecuado del uso del término junior como voz aguda. Helo aquí:  El Club Deportivo Popular Junior F.C. S.A., conocido como Junior de Barranquilla o simplemente Junior e igualmente por su antiguo nombre Atlético Junior, es un club de fútbol con sede en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Fue fundado el 7 de agosto de 1924, convirtiéndose en el tercer club más antiguo del país.​

Una carta

A continuación transcribo la misiva remitida por el profesor Francisco Bernardo Regino, a propósito de la columna correspondiente al domingo pasado (19-1-20).

Estimado don Rafael:

  1. NEÓFITO. Definitivamente, reconozco que soy un lector júnior frente a un maestro sénior que escribe para bien enseñar. Me doy cuenta que soy un padre sénior con respecto a mi hijo que es un júnior, por tener igual nombre. Antes me creía “sinior” y a él “yunior”, ignorando la riqueza de nuestra lengua.
  2. ANGLOFILO. ¡Qué anglófilo he sido por ignorancia! Eso es lo bueno de ser un ignorante sénior, que puedo transformarme en un sabio júnior, con tan buen maestro sénior.

Reciba mi primer saludo para este nuevo año con el afecto y respeto de siempre.  Bernardo Regino.

(Publicados domingos 19 y 26 de enero 2020)

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

POBLADORES DE SIEMPRE

17/12/2019

Las palabras indígenas americanas adoptadas por la lengua española representan un gran patrimonio léxico. Nos hablan de historia y de tiempo y nos ayudan a nombrar la realidad americana. La naturaleza antillana, su descripción y su aprovechamiento hicieron necesaria la adopción de las palabras que la designaban. El español adoptó el término caribe sabana para referirse a las amplias llanuras poco arboladas; se sirvió del tainismo manigua para designar el terreno poblado de espesos arbustos tropicales; necesitó del arahuaco cayo para nombrar las islas arenosas del mar de las Antillas; y del taíno conuco para describir las plantaciones agrícolas. Y con los nombres de los entornos naturales llegaron también los nombres de los protagonistas de la fauna.

Ni la manigua, ni la sabana ni los cayos serían lo mismo sin sus pobladores naturales. Los sobrevuelan el totí (caribe) y el guaraguao (caribe). En el atardecer los ilumina la suave luz azulada de los cocuyos (caribe). Las aguas del Caribe guardan el extraordinario tesoro del manatí (caribe o arahuaca) y del carey (taíno) y los ríos esconden el comestible dajao (taíno). En las montañas corren las hutías (arahuaco), grandes roedores antillanos.

La naturaleza antillana también guarda pequeñas sorpresas no tan agradables. Que se lo digan si no a los que han sufrido la picadura de un guabá (taíno) o el azote insistente de los jejenes (arahuaco) o de las niguas (taíno). El que levanta el más humilde bohío o la edificación urbana más sofisticada sigue teniendo presente al comején (arahuaco antillano). Los indigenismos antillanos, para suerte, placer y orgullo de todos los que hablamos español, siguen vivos y sueltos.

 

PALABRAS DEL ALMA

24/12/2019

 Una gran amiga me recuerda en su felicitación navideña que la vida cambia en un instante y sin aviso. Hacemos bien cuando prestamos atención a las palabras de los amigos. Para esta que les escribe el año ha pasado de aquí para allá, empeñándome en lo que más me gusta: estudiar y hablar de las palabras.

El amor por las palabras me llevó en junio a la Feria del libro de Madrid, dedicada a la República Dominicana, donde brilló nuestra forma de hablar y de crear en español. Volví a enamorarme de las palabras del Cantar de mío Cid al contemplarlo por primera vez en su forma originaria. Mi amor por las palabras dio sus frutos en la publicación de mi nuevo libro De la eñe a la zeta. Mi amor por las palabras y por los diccionarios me llevó a Sevilla al XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, de donde regresé cargada de proyectos para el nuevo año que se acerca.

Este año las palabras me llevan y me traen. En un instante de paz, mientras el tiempo pasa entre pucheros navideños, echo la vista atrás a este año que se nos acaba y recuerdo que me ha traído momentos en los que las palabras me han dado la espalda. He perdido a una gran amiga, que solía llamarme «su académica». Aunque hay pérdidas para las que no tenemos palabras propias, hoy me las presta el poeta de Orihuela:

A las aladas almas de las rosas

Del almendro de nata te requiero

Que tenemos que hablar de muchas cosas

Compañero del alma, compañero

 

SIN FECHA EN EL CALENDARIO

31/12/2019

 Último día del año, un día que nos inclina a pasar las hojas del calendario que termina y las del que se avecina. ¿Se han parado alguna vez a pensar en el propio calendario, ese objeto que registra nuestro sistema de representación del correr de los días?

La palabra calendario procede del latino calendarium, y esta, a su vez, deriva del latín kalendae, palabra con la que los romanos designaban al primer día de cada mes. De la palabra calenda deriva el verbo calendar, para referirnos, según lo define el Diccionario de la lengua española, a la acción de ‘poner en las escrituras, cartas u otros documentos la fecha o data del día, mes y año’; un sinónimo curioso de fechar. En el español de América hemos creado calendarizar, derivado de calendario: ‘programar las fechas de determinadas actividades durante un periodo de tiempo’.

En nuestra lengua el calendario también se llama almanaque. En el DLE rastreamos su origen hasta el árabe hispano almanáh, y descubrimos que procede del árabe clásico munáh ‘alto de caravana’. Nuestro diccionario académico explica la metáfora aludiendo a la costumbre de los pueblos semíticos de comparar los astros y sus rutas con las rutas de los camellos en las caravanas.

Que el calendario o el almanaque que comenzaremos mañana esté repleto de encuentros con nuestros seres queridos, de libros pendientes de leer o releer, de experiencias de las que aprender o que compartir, de nuevas palabras; en definitiva, que el año próximo esté lleno de vida y amor, que, recuerden, no tiene horario ni fecha en el calendario.

 

FANTASMA CON PEDIGRÍ

7/01/2020

 El hecho de que una palabra no esté registrada en el diccionario no implica necesariamente que no exista. A esto tendríamos que añadir, con cierta ironía, «y viceversa». Y es que algunos casos demuestran que la inclusión de una palabra en un diccionario no significa necesariamente que esa palabra exista. Las palabras fantasma se cuelan en las páginas de los diccionarios casi siempre como consecuencia de un error o de una serie de errores, y traen a maltraer a los lexicógrafos; los textos en los que nos basamos para documentar las palabras pueden jugarnos una mala pasada.

Pedro Álvarez de Miranda, en su artículo «Palabras y acepciones fantasma en los diccionarios de la Academia», detalla lo difícil que es detectarlas y rastrear cómo llegaron a infiltrarse en el diccionario. Un ejemplo que documenta Álvarez de Miranda es el supuesto sustantivo amarrazón, ‘conjunto de amarras’, registrado en 1726 por el Diccionario de autoridades como término náutico. Este primer diccionario académico avalaba amarrazón con su aparición en la aventura del barco encantado del Quijote, donde el caballero manchego afirmaba: «…debemos embarcarnos y cortar la amarra con que este barco está atado». Álvarez de Miranda rastrea la errata hasta una edición de 1655 en la que se leía «y cortar la amarraçon que este barco está atado». La ortografía académica suprimió muy pronto la ç, que pasó a ser z, pero el fantasma, con pedigrí nada menos que cervantino, ya se había colado en el diccionario.

Como concluye Álvarez de Miranda, «los fantasmas, los de las sábanas blancas, se aparecen y desaparecen. Lo malo de estos otros, de los fantasmas de diccionario es que […] en vez de desaparecer, hay que hacerlos desaparecer. Me pregunto si lo lograremos algún día».

DE LA MANO

14/01/2020

En mis talleres ortográficos los participantes suelen reconocer que la coma es el signo de puntuación cuyo uso les provoca más problemas. Y no son los únicos. La misma Ortografía de la RAE afirma, en el apartado dedicado a la coma, que «dada la diversidad de contextos en los que aparece y la variedad de usos que presenta, no es extraño que sea también el signo de puntuación que más dudas plantea». A los buenos hablantes no les sirve de consuelo el que la dificultad de la coma sea mal de muchos y aspiran a usarla correctamente.

A mi entender, la dificultad de la coma estriba en la relación esencial entre puntuación y sintaxis. Es decir, para puntuar correctamente debemos dominar las relaciones sintácticas. Lamentablemente a la sintaxis se le dedica cada vez menos y peor atención en la formación escolar y esto se traduce en serias dificultades a la hora de comprender cómo funciona nuestra lengua. La función de la coma es fijar los límites de las unidades lingüísticas inferiores al enunciado en la jerarquía lingüística, como la oración o el sintagma. Si no sabemos cuáles son esas unidades, difícilmente podremos emplear la coma adecuadamente.

Si a esto le añadimos que la coma en algunos contextos es opcional y que, en otros, es obligatoria, la dificultad aumenta. Que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Como para tantos otros aspectos de la lengua, la buena lectura ayuda. Un repaso por lo que aprendimos de sintaxis en la etapa escolar tampoco sienta mal. Y si no lo aprendimos, manos a la obra. Sintaxis y coma siempre van de la mano; aprender de una redundará en beneficio de la otra.

 

ELOGIO DE LA PÁMPARA

21/01/2020

No nos cansaremos nunca de repetir que la lengua está viva, aunque algunos preconicen cada día su desintegración. Su esencia es el cambio, precisamente lo que le permite adaptarse a la velocidad del rayo a las necesidades de sus hablantes. Que este cambio nos guste o nos disguste es lo de menos.

Las palabras aparecen, desaparecen, e incluso reaparecen, al ritmo de la vida. No solo se trata de la muerte de antiguas palabras o de términos que nunca llegaron a fraguar en el gusto de los hablantes; o del surgimiento de nuevas palabras de la nada o procedentes de otras lenguas; a veces el cambio está en la aparición de nuevos significados, usos o valoraciones de las palabras que ya teníamos.

Algún día, si alguien no lo está haciendo ya, tendremos que analizar la huella léxica de la música urbana y cuál será la pervivencia de esa huella, empezando por esta nueva acepción del adjetivo urbanona. La difusión de algunas voces o expresiones de uso restringido en determinados sectores socioculturales aumenta precisamente por aparecer en las letras de la música urbana. Esta reflexión surge de la palabra pámpara, tan traída y llevada por los intérpretes de este género, bien como palabra comodín para referirse a aquello que no queremos o no podemos nombrar (algo así como sucede con vaina, nuestro comodín por excelencia); bien como parte de la locución estar en la pámpara o con la pámpara prendida, para referirse a ‘estar en una situación envidiable’.

 

SIGUIENDO LA PISTA

28/01/2020

 

En el español dominicano coloquial y en entornos juveniles parece haber aumentado el uso del sustantivo pámpara. Y digo parece porque, para que tenga efectos en el diccionario, el incremento en el uso debe mantenerse en el tiempo y documentarse. Tomemos el Diccionario de la lengua española de la RAE o, mejor aún, entremos en la página electrónica que lo aloja. Busquemos pámpara. No lo encontramos. Vayamos ahora al Diccionario de americanismos de la ASALE o accedamos a él en línea. Repetimos la búsqueda. Encontramos que pámpara (variante de pámpana) se usa en el español rural de Puerto Rico para referirse a la flor del guineo.

El Diccionario del español dominicano (en papel, todavía no lo tenemos disponible en línea) no incluye esta palabra. Sin embargo, si seguimos buscando, el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico nos confirma la acepción de ‘flor del guineo’. Si seguimos indagando encontramos su relación con el sustantivo pámpana, que sí está registrada en el DLE con el sentido de ‘hoja de la vid’. Puede ser un hilo del que tirar.

¿Será posible que el término pámpara o su variante pámpana se usen también en el español dominicano rural con el sentido que hemos encontrado para Puerto Rico? La suposición de nada nos sirve si no podemos documentar este uso. Aunque así fuera, habría que rastrear el hilo desde la supuesta pámpara rural ‘flor del guineo’ hasta la pámpara urbana usada como palabra comodín.

Ahora le toca a la lengua española

Por Arturo Pérez-Reverte

    No me había dado cuenta hasta que hace unos días, mientras lamentaba las incorrecciones ortográficas de una cuenta oficial en Twitter de un ministerio, leí un mensaje que acababan de enviarme y que me causó el efecto de un rayo. De pronto, con un fogonazo de lucidez aterradora, fui consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento. El mensaje decía, literalmente: «Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él».

No fue la estupidez del concepto lo que me asombró  –todos somos estúpidos de vez en cuando, o con cierta frecuencia–, sino la perfecta formulación, por escrito, de algo que hasta entonces me había pasado inadvertido: un fenómeno inquietante y muy peligroso que se produce en España en los últimos tiempos. En determinados medios, sobre todo redes sociales, empieza a identificarse el correcto uso de la lengua española con un pensamiento reaccionario; con una ideología próxima a lo que aquí llamamos derecha. A cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda. Según esta perversa idea, escribir mal, incluso expresarse mal, ya no es algo de lo que haya que avergonzarse. Al contrario: se disfraza de acto insumiso frente a unas reglas ortográficas o gramaticales que, al ser reglas, sólo pueden ser defendidas por el inmovilismo reaccionario para salvaguardar sus privilegios, sean éstos los que sean. Ello es, figúrense, muy conveniente para determinados sectores; pues cualquier desharrapado de la lengua puede así justificar sus carencias, su desidia, su rechazo a aprender; de forma que no es extraño que tantos –y de forma preocupante, muchos jóvenes– se apunten a esa coartada o pretexto. No escribo mal porque no sepa, es el argumento. Lo hago porque es más rompedor y práctico. Más moderno.

Todo eso, que ya por sí es inquietante, se agrava con la utilización interesada que de ello hacen algunos sectores políticos, en esta España tan propensa secularmente a demolerse a sí misma. Jugando con la incultura, la falta de ganas de aprender y la demagogia de fácil calado, no pocos trileros del cuento chino se apuntan a esa moda, denigrando por activa o pasiva cualquier referencia de autoridad lingüística; a la que, si no se ajusta a sus objetivos políticos inmediatos, no dudan, como digo, en calificar de reaccionaria, derechista e incluso fascista, términos que en España hemos convertido en sinónimos. Con el añadido de que a menudo son esos mismos actores políticos los que también son incultos, y de este modo pretenden enmascarar sus propias deficiencias, mediocridad y falta de conocimientos. Otras veces, aunque los interesados saben perfectamente cuáles son las reglas, las vulneran con toda deliberación para ajustar el habla a sus intereses específicos, sin importarles el daño causado.

Tampoco el sector más irresponsable o demagógico del feminismo militante es ajeno al problema. Resulta de lo más comprensible que el feminismo necesario, inteligente, admirable –el disparatado, analfabeto y folklórico es otra cosa–, se sienta a menudo encorsetado por las limitaciones de una lengua que, como todas las del mundo, ha mantenido a la mujer relegada a segundo plano durante siglos. Aunque es conveniente recordar que el habla es un mecanismo social vivo y cambiante, pero también forjado a lo largo de esos siglos; y que las academias lo que hacen es registrar el uso que en cada época hacen los hablantes y orientar sobre las reglas necesarias para comunicarse con exactitud y limpieza, así como para entender lo que se lee y se dice, tanto si ha sido dicho o escrito ahora como hace trescientos o quinientos años. Por eso los diccionarios son una especie de registros notariales de los idiomas y sus usos. Forzar esos delicados mecanismos, pretender cambiar de golpe lo que a veces lleva centurias sedimentándose en la lengua, no es posible de un día para otro, haciéndolo por simple decreto como algunos pretenden. Y a veces, incluso con la mejor voluntad, hasta resulta imposible. Si Cervantes escribió una novela ejemplar llamada La ilustre fregona, ninguna feminista del mundo, culta o inculta, ministra o simple ciudadana, conseguirá que esa palabra cervantina, fregona, pierda su sentido original en los diccionarios. Se puede aspirar, de acuerdo con las academias, a que quede claro que es un término despectivo y poco usado –cosa que la RAE, en este caso, hace años detalla–, pero jamás podrá conseguir nadie que se modifique el sentido de lo que en su momento, con profunda ironía y de acuerdo con el habla de su tiempo, escribió Cervantes. Del mismo modo que, yéndonos a Lope de Vega, cualquier hablante debe poder encontrar en un diccionario el sentido de títulos como La dama boba o La villana de Getafe.

   Se está llegando así a una situación extremadamente crítica. Del mismo modo que se ha logrado que partidarios o defensores sinceros del feminismo sean tachados de machistas cuando no se pliegan a los disparates extremos del feminismo folklórico, a los defensores de la lengua española, de sus reglas ortográficas y gramaticales, de sus diccionarios y de su correcto uso, se les está colgando también la etiqueta de reaccionarios y derechistas –lo sean o no– por oposición a cierta presunta o discutible izquierda que, ajena a complejos lingüísticos, convierte la mala redacción y la mala expresión en argumentos de lucha contra el encorsetamiento reaccionario de una casta intelectual que –aquí está el principal y más dañino argumento– mantiene reglas elitistas para distanciarse del pueblo que no ha tenido, como ella, el privilegio de acceder a una educación (como si ésta no fuera gratuita y obligatoria en España hasta los dieciséis años). Del mismo modo que, según marca esta tendencia, quien no se pliega al chantaje del feminismo folklórico es machista y todo machista es inevitablemente de derechas, quien respeta las reglas del idioma es reaccionario, está contra la libertad del pueblo, y por consecuencia es también de derechas. Pues, como todo el mundo sabe, no existen machistas de izquierdas, ni maltratadores de izquierdas, ni taurinos de izquierdas, ni acosadores de izquierdas, ni tampoco cumplidores de las reglas del idioma que lo sean. Resumiendo: como toda norma es imposición reaccionaria y todo acto de libertad es propio de la izquierda, quien defiende las normas básicas de la lengua es un fascista. En conclusión, todo buen y honrado antifascista debe escribir y hablar como le salga de los cojones. O de los ovarios.

No sé si los españoles somos conscientes –y me temo que no– de la gravedad de lo que está ocurriendo con nuestro idioma común. Del desprestigio social de la norma y el jalear del disparate, alentados por dos factores básicos: la dejadez e incompetencia de numerosos maestros (algunos ejercicios escolares que me remiten, con preguntas llenas de faltas ortográficas y gramaticales, de atroz sintaxis, son para expulsar de la docencia a sus perpetradores), que tienen a los jóvenes sumidos en el mayor de los desconciertos, y el infame oportunismo de la clase política, que siempre encuentra en la demagogia barata oportunidad de afianzar posiciones. Pero no pueden tampoco eludir su responsabilidad los medios informativos; sobre todo las televisiones, donde hace tiempo desapareció la indispensable figura del corrector de estilo –un sueldo menos–, y que con tan contumaz descaro difunden y asientan aberraciones lingüísticas que desorientan a los espectadores y destrozan el habla razonablemente culta. Y más, teniendo en cuenta que el Diccionario de la Lengua Española no lo hace sólo la RAE, sino también las academias de 22 países de habla hispana (de ahí tantas palabras que llaman la atención o indignan a quienes ignoran ese hecho), abarcando el habla no sólo de 50 millones de españoles que nos creemos dueños y árbitros de la lengua, sino de 550 millones de hispanohablantes, muchos de los cuales ven con estupor nuestro disparate suicida y perpetuo.

Tampoco la Real Academia Española, todo hay que decirlo, es ajena a los daños causados y por causar. En vez de afirmar públicamente su magisterio, explicando con detalle el porqué de la norma y su necesidad, exponiendo cómo se hacen los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, dando referencias útiles y denunciando los malos usos como hace la Academia Francesa, en los últimos tiempos la Española vacila, duda y a menudo se contradice a sí misma, desdiciéndose según los titulares de prensa y las coacciones de la opinión pública y las redes sociales, intentando congraciarse y no meterse en problemas.    Esa pusilanimidad académica que algunos miembros de la institución llevamos denunciando casi una década ante la timorata pasividad de otros compañeros, ese abandono de responsabilidades y competencias, esa renuncia a defender el uso correcto –y a veces hasta el simple uso a secas– de la lengua española, ese no atreverse a ejercer la autoridad indiscutible que la Academia posee, envalentonan a los aventureros de la lengua. Y crecidas ante esa pasividad y esos complejos, cada día surgen nuevas iniciativas absurdas, a cuál más disparatada, para que la RAE elimine tal acepción de una palabra, modifique otra y se pliegue, en suma, a los intereses particulares y, lo que es peor, a la ignorancia y estupidez de quienes en creciente número, con la osadía de la ignorancia o la mala fe del interés político, se atreven a enmendarle la plana. Por eso, en el contexto actual, pese a que de las nueve mujeres académicas admitidas en tres siglos seis han ingresado en los últimos ocho años, pese a su formidable e indispensable labor para quienes hablan la lengua española, la Academia es considerada por muchos despistados –basta asomarse a Twitter– una institución reaccionaria, machista, apolillada y autoritaria. Cuando en realidad, gracias a algunos de sus académicos, sólo es una institución acomplejada, indecisa y cobarde.

Y ojo. Aquí no se trata de banderitas y pasiones más o menos nacionales. Aquí estamos hablando de un patrimonio lingüístico de extraordinaria importancia; un tesoro inmenso de siglos de perfección y cultura. De algo que además nos da prestigio internacional, negocio, trabajo y dinero. Hablamos de una lengua, la española, que es utilizada por cientos de millones de hispanohablantes que hasta hoy, gracias precisamente a la Real Academia Española y a sus academias hermanas, manejan la misma Ortografía, la misma Gramática y el mismo Diccionario; cosa que no ocurre con ninguna otra lengua del mundo. Constituyendo así entre todos, a una y otra orilla del Atlántico, un asombroso milagro panhispánico. Un espléndido territorio sin fronteras. Una verdadera patria común, cuya auténtica y noble bandera es El Quijote.

Publicado el 24 de junio de 2018, en XL Semanal.

 

Publicaciones de la Academia: La doble negación del español dominicano

ANA MARCHENA SEGURA

LA DOBLE NEGACIÓN DEL ESPAÑOL DOMINICANO

 

Por Miguelina Medina

   Esta obra es una investigación sobre las formas de negación, con énfasis en la doble negación y sus variantes en el español dominicano. Este tipo de negación ha sido catalogado como una forma no canónica del español, contrario a las lenguas criollas en las que esta construcción constituye un rasgo universal, independientemente de la lengua del sustrato o del superestrato. La doble negación representa uno de los fenómenos del español dominicano que amerita un análisis lingüístico, dialectal y social actualizado. Expresa la autora, en sus palabras previas al desarrollo de este estudio, que para los estudiosos de las lenguas, la diatopía dominicana reviste un gran interés tanto por arrojar luz en torno al tema de la génesis del español caribeño, como por representar un reto constante a las corrientes teóricas y metodológicas de la lingüística.

El corpus de esta investigación proviene de entrevistas realizadas a 24 hablantes nativos distribuidos según criterios diatópicos y sociológicos. Los datos responden a un análisis estadístico mediante el cual se correlacionan las formas de la negación con variables lingüísticas y extralingüísticas con el fin de describir y explicar cuáles son los factores que promueven la aparición de una u otra estructura negativa: negación simple vs. negación doble [(neg+v) vs. (neg+v…neg)], y a la vez dar cuenta del perfil diatópico y social de los hablantes que hacen uso de estas construcciones, con énfasis en la negación doble.

Los resultados de la investigación, dice la autora, prueban que los hablantes dominicanos disponen en su repertorio de patrones sintácticos para expresar el acto de negar: la negación simple y la negación doble, con sus respectivas variantes sintácticas. Explica la autora que la estructura sintáctica predominante para expresar la negación corresponde a la negación simple, mientras que la negación doble parece asociarse con un uso pragmático que marca el nivel de pertenencia de la información para el hablante; es decir, la información expresada por este debe formar parte de su competencia enciclopédica y por ello solo es posible expresarla desde un “yo” en función del sujeto experimentador, testigo y actante de la acción. Esa construcción con doble negación predomina en el discurso declarativo con verbos estativos, que conllevan información veraz, real e incuestionable. Por lo tanto, su emisión ocurre con verbos en estado inmutable, en tiempo presente y en modo indicativo. Desde el punto de vista extralingüístico la doble negación está presente en todas las zonas dialectales de la República Dominicana, y es más favorecida por hombres adultos, añade la autora en esta obra.

Veamos cómo fue desarrollado este estudio del cual lo escrito anteriormente es una manera de resumen con que, muy apropiadamente, la autora inicia su investigación, pues, consciente o no, logra su objetivo: hacernos interesar por su lectura y el sentido de su obra.

  1. Descripción del fenómeno lingüístico: la negación dominicana

Explica la autora que la negación consiste en expresar la falsedad, irregularidad o no realización de un hecho, concepto o proposición. Y el más común de los recursos o procedimientos gramaticales que se utilizan para llevar a cabo este acto de negar se obtiene anteponiendo un adverbio de negación, principalmente no, al verbo, cuyo resultado es una oración que declara la inadecuación entre sujeto y predicado, o de la proposición entera con la realidad. Citando a Schwegler (1996) y a Ortiz López (2007) dice que la expresión de la negación dominicana se puede realizar siguiendo varios patrones sintácticos: negación preverbal (uso canónico) (6); doble negación enfática o uso canónico (7a-b)  y negación preverbal + palabras de negación absoluta (nunca, nada, jamás, tampoco) (8) (dejo íntegra la enumeración de los acápites del libro,  para mejor seguimiento si se desea consultar):

(6) Yo no canto.

(7) a. Yo no canto, no.

  1. Yo no conozco ese lugar, no.

(8) a. Yo no canto nunca/nada/jamás/tampoco.

Por lo tanto, la doble negación dominicana, dice la autora, consiste en una construcción en la cual aparece la negación seguida por el verbo y otra  negación sin pausa entre el no final y el resto de la frase como se muestra en el siguiente acápite:

(8) b. Yo no sabía eso no (neg + v + neg)

Explica que esta negación es diferente a la de la forma estándar en la cual la partícula negativa se repite fuera del resto de la oración como en (7 a-b) (p.24).

La doble negación, sigue explicando, se caracteriza por su completa integración fonosintáctica dentro del enunciado  (citando a Schwegler 1996), y puede aparecer en los siguientes contextos sintácticos: oración simple (8c), oración compleja con varias expresiones (8d-e), oración seguida por apelativos (8f) o sintagmas topicalizados con reduplicación (8g), y con términos de polaridad negativa (8h):

(8)  c. Bueno, eso yo no sé decirlo no.

  1. Mañana no me da tiempo pa’venir a trabajal no.
  2. No me dijo que no venía no.
  3. No sabré decirlo no, señor.
  4. No la quiero no, esa cosa.
  5. Por aquí casi nunca la usan así no.

La doble negación ha llamado la atención de los estudiosos, dice la autora, a raíz del debate en torno a la génesis del español del Caribe que surge a partir de la década del 70. Estos estudiosos han asociado este rasgo con un posible lenguaje pancriollo formado en el español del Caribe. Se basan en la existencia de esa misma estructura de doble negación en criollos de base portuguesa, como el santomense, annobonense y el principense. Este fenómeno se ha registrado en otros dialectos afrocaribeños: afrocubano, el palenque en San Basilio en Colombia, el choco colombiano y el portugués de Brasil. Se ha documentado también en Argentina, zona donde no hay evidencia de la existencia de rasgos criollos. (Cita a: Granda 1968–; Otheguy 1973; Valkohff 1966, Perl 1985, 1989a; Megenney 1982,1985, y otros. Ver p. 25).  Añade que también se atestigua esta estructura sintáctica en lenguas tipológicamente distintas a las criollas y africanas, como en muchas lenguas romances, tal como el francés, el italiano y el portugués brasileño.

II Revisión bibliográfica

Para este estudio la autora realizó una amplia investigación bibliográfica. Sobre la estructura sintáctica de la doble negación dominicana (8c-h) (ver p. 24 del libro) dice que esta no fue documentada en el primer trabajo descriptivo del español dominicano (Henríquez Ureña en 1940): “El primer lingüista en mencionar la doble negación en el español dominicano fue Jimenes Sabater (1975:170), quien la catalogó como “una peculiaridad morfosintáctica del español dominicano”. Dice que este trabajo no ofrecía información sobre la distribución diatópica y diastrática, y postuló que el uso de dicha estructura es una variante estilística que agrega un matiz de convicción sobre lo que se niega o se afirma (Jimenes Sabater 1975:164). Y así, cita la autora otros postulados: Megenney (1985, 1990) en torno al español afrodominicano; a Lipski (1994) compara textos literarios y análisis de datos demográficos de las inmigraciones haitianas, por lo que pone en duda las conclusiones de Megenney (1990) aunque reconoce la contribución o influencia de lenguas africanas en otros niveles lingüísticos (pp. 26-29).

III Justificación de la investigación

Dice la autora que el habla vernácula de la República Dominicana manifiesta unas características lingüísticas innovadoras que la distinguen de los demás dialectos hispano-caribeños. Una de esas características es la doble negación sin pausa, la cual no ha sido descrita y explicada cabalmente: “Los estudios que hay en la actualidad no proveen datos suficientes que documenten diatópica ni sociolingüísticamente el estatus de este fenómeno dominicano”. Lipski (1994), Megenney (1990), Shwegler (1996), Ortiz López (2007) presentan limitaciones (p.30): “La limitaciones que presentan estos estudios previos, nos llevan a retomar el tema”.

Para algunos estudiosos,  las inquietudes de esta autora no ed necesario exponerlas, pero lo son, pues las razones de la autora para tomar la decisión de realizar esta investigación “con la que obtuvo el grado de maestría por la Universidad de Puerto Rico”, como se lee en la contraportada del libro; y además fue su motivación, tanto emocional como intelectual y social, que es muy importante para cualquier uso de la palabra con sentido creador, como ha expresado en reiteradas ocasiones, en sus discursos y en sus libros, el doctor Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua. En su estructura y contenido esta obra es una creación y tiene la belleza de una obra de arte.

En su comentario sobre este estudio dice el doctor Rosario Candelier: “Esta obra de Ana Marchena Segura (…) presenta una valiosa contribución al estudio de una variante del español en América que registra nuestro lenguaje. Las formas de negación usadas en el español dominicano centran la atención de esta investigación, escrita con rigor metodológico, base documental y acierto expositivo, índice del talento intelectual de la profesora azuana. El fundamento de esta obra radica en el hecho de que el habla peculiar de los dominicanos tiene unas características socio-culturales que tipifican su lenguaje con singular rasgo dialectal, como la doble negación sin pausa, que esta obra describe con precisión lingüística y brillantez conceptual mediante la evidencia de datos diatópicos y sociolingüísticos de este fenómeno del español dominicano”.

IV Preguntas de la investigación

Este estudio presenta preguntas a responder, lo cual es una guía para su entendimiento. Las mismas responden a variables sociales y lingüísticas.

Variables diatópicas: 1. ¿Cuál es la distribución diatópica de las construcciones de negación (simple/doble)? 2. ¿Se pueden establecer algunas isoglosas en torno al fenómeno?

Variables sociológicas: 3. ¿Cuál es la distribución según el género y la generación de los hablantes, de las construcciones de negación (simple/doble)? 4. ¿Cuál es la distribución sociolectal de la doble negación? 5. ¿Qué sociolectos la favorecen?

Variables lingüísticas: 6. ¿Están motivadas las construcciones de negación (simples y dobles) por variables internas de lengua? (El contexto oracional, clase se oración, la clase semántica del verbo, tiempo verbal, el modo verbal, el aspecto verbal, la presencia/ausencia del sujeto, la clase de sujeto, la clase de pronombre en función de sujeto…).

Para esas interrogantes la autora propone “un acercamiento sociolingüístico/variacionista de los datos”.  La sociolingüística variacionista estudia las lenguas en su contexto social (Labov 1972) (p. 99).

Expongo los resultados lingüísticos y sociolingüísticos de este estudio conjuntamente con parte de los discursos previos que hace la autora en cada sección, didácticos, valorativos de los hablantes y de la lengua, que muestran a una autora interesada con toda su pasión a que esta investigación sea entendida en distintos niveles educacionales de los lectores que se pongan en contacto con esta obra.

V Resultados lingüísticos

El componente sintáctico, al igual que los aspectos fonéticos y léxicos, es susceptible a la variación. La variación no se produce sin hablantes, y los hablantes están adscritos a una sociedad; por tanto la función eminentemente social del lenguaje exige que se correlacionen la variabilidad de los esquemas gramaticales con sus realizaciones de acuerdo con los rasgos sociales de los usuarios (Serrano 1999). No obstante este innegable carácter social de la lengua, en el estudio de la variación sintáctica no puede pasarse directamente a la valoración de los factores sociológicos sin haber antes analizado y determinado los contextos lingüísticos que concurren en el fenómeno.

La dirección que sigue esta investigación tiene dos pasos: primero, se examinaron las variables lingüísticas que podrían afectar la aparición y/o producción de la doble negación; y después se analizan las variables sociales y su posible influjo de este fenómeno.

De las 24 entrevistas se obtuvo un corpus de 1168 (100%) formas de negación: 1,111 (95%) negación simple, 57 (5%) doble negación.

Ejemplos de negación doble. Según la variable estructura verbal. Cuadro 7.  (18a-c). Página 53. (Solo muestro la negación doble. Y la enumeración la dejo íntegra):

  1. E: ¿Lo chocó (a un burro en la carretera)?

I: No, no llegué no, porque tuve la agilidá de cuando el animal quería

devolverse, a mí me dio tiempo para…hacer un giro a la izquierda.

(M/52/S.D./chofer).

  1. E:… ¿No hay agua, entonces, allí?

I: No hay agua potable en la comunidad no. (F/53/Este/conserje)

  1. E: ¿Y por ahí no han salido culebras?

I: No, no, no se ha vihto culebra poique con la fumigación casi no hay na’no.  Se

muerento’ah (M/55/Norte/jardinero).

Explicación de los resultados del cuadro 8: Del total de 57/1168 (5%), se observó que el mayor porcentaje lo obtuvo la estructura neg+v+compl+neg  con 34 (59.6%) casos como en (18b), seguida por la forma neg+v (18a), con 21 casos (36.8%) (ver cuadro 8).

  Estructuras de doble negación. Cuadro 8. Página 54: neg+v+neg [21 (36.8%)]. neg+v+compl+neg [34 (59.6%)]. neg+v+advneg+neg (2) (esta se excluyó por porcentaje bajo). Total 57.

Estas son las diversas estructuras que esta variante manifiesta, lo cual evidencia que en este dialecto los hablantes disponen en su repertorio de una variedad de patrones sintácticos para expresar la negación.

Ejemplos de negaciones dobles y aspecto léxico. Verbos estativos dentro de una estructura de neg+v+neg. Página 81:

(58) a. No, no, no tengo pensado no. (M/50/S.D./Economista).

  1. Bonita y nosomo casado no. (M/58/Este/chofer).
  2. No me recuerdo no qué año…(F/39/Sur/ingeniera).
  3. Oh, no eh fácil no. (F/42/Este/contable).

He transcrito solo una parte para mostrar método, datos y resultados. Es recomendable ver el texto original de la obra para ampliar y conocer con minuciosidad este excelente estudio.

VI Resultados sociolingüísticos

“La lengua es una forma de conducta social, como tal, creada y moldeada por los seres humanos. La lengua desarrolla diferenciaciones internas que corresponden a los parámetros que caracterizan a los diferentes subgrupos que constituyen el sistema social. Al correlacionar los fenómenos de variación con las características sociológicas de los hablantes y las comunidades del habla a los que estos pertenecen, una vez considerados todos los factores lingüísticos que pueden motivar o no la variación, podemos explicar y describir dicho fenómeno desde una perspectiva más abarcadora y completa (Serrano 1999)”.  Así en el contexto físico en que ocurre la  comunicación las relaciones entre los participantes, y tanto sus características sociales adscritas (generación, género, etnicidad) como las adquiridas (nivel de escolaridad, socioeconómico, etc.) han demostrado reflejarse en comportamientos lingüísticos diferenciados, expresa la autora.

Aún con la certeza de que los factores sociales afectan, en mayor o menor grado, la conducta lingüística de los hablantes, los resultados de las investigaciones también han demostrado que no todos los fenómenos de variación son sensibles a estos tipos de condicionamiento social. Lo que podría favorecer o no un fenómeno en particular en una sintopía específica, con unos hablantes de un sector etario definido, no necesariamente coincide o se comporta de la misma manera con los hablantes de otro lugar con características sociológicas similares. Esto se debe a que esos factores no son universales; en cambio, son particulares en cada comunidad. Por ello, las relaciones que se establezcan entre la variación y estos, no deben considerarse como resultado de causa/efecto (Milroy y Milroy 1996).

Los grupos no son completamente homogéneos porque la conducta lingüística de uno o más de los hablantes puede desviarse de la del promedio del grupo y por tanto no corresponde a lo expresado en la regla variable, dice la autora: “Con cierta frecuencia los estudios cuantitativos representan los valores numéricos totales para todos los individuos de un grupo o subgrupo, lo que oculta posibles diferencias entre estos individuos” (p. 100).

(A) Diatopía de la negación: Negaciones y zonas geográficas

Negación simple: [261 (23.5%) Capital]. [273 (24.6%) Zona Norte]. [314 (28.3%) Zona Sur]. [263 (23.7%) Zona Este] Total 1,111.

Negación doble: [12 (21%) Capital]. [18 (31.6%) Zona Norte]. [14 (24.6%) Zona Sur]. [13 (22.8%) Zona Este]. Total 57.

Explicación de los resultados: De los datos anteriores (p. 101, cuadro 22) se puede afirmar: 1. Que la doble negación se extiende por todo el país. 2. El fenómeno se documenta en todas las zonas dialectales dominicanas. 3. La región con mayor número de casos fue la Norte con 18 (31.6%) casos compuestos por Santiago y Puerto Plata.

Cuando se analizaron las emisiones de la doble negación por hablantes se encontró que hay hablantes de distintas regiones que no emitieron ninguna oración con doble negación durante la entrevista grabada: dos pertenecen al Norte y dos pertenecen al Sur. Dice la autora que esto no implica que esos informantes no posean la doble negación como parte de su gramática. Lo que sí pone de manifiesto es la complejidad sociolingüística y pragmática que enmarca este fenómeno.

(B) Variables sociológicas: Estructura de negación y variable género

Negación simple: [506 (45.5%) Hombres]. [605 (54.5%) Mujeres] Total 1,111.

Negación doble: [40 (70%) Hombres]. [17 (30%) Mujeres] Total 57.

Explicación de los resultados: La variación lingüística patrocinada por esta variable ha llamado siempre la atención a los estudiosos. Muchos han argumentado que las diferencias lectales que manifiestan los hombres y las mujeres no son provocadas por la diferencia de género (Smith 1985), sino más bien por los roles sociales impuestos por las comunidades donde estos se desarrollan (p. 102). Si se parte del supuesto de que la doble negación dominicana representa una forma no estándar y “extraña” dentro del mundo hispánico (Schwegler 1996) y que la negación simple representa la forma canónica y de prestigio, “y si seguimos los planteamientos de Milroy (1993) y López Morales (2009) quienes sostienen que las mujeres están más vinculadas a la forma estándar y que los varones tienden a apartarse de la norma, encontramos en el dialecto dominicano que este hecho parece cumplirse: las mujeres actúan de manera conservadora frente a la variante doble, mientras los hombres la favorecen”. A pesar de estos datos, no se puede argüir que esta diferencia porcentual se deba a que las mujeres dominicanas tengan mayor conciencia lingüística de la estigmatización de la doble negación, añade la autora.

No quiero concluir sin citar algunas palabras del doctor Luis Ortiz López, autor del prólogo, donde afirma: “La autora investiga de manera sistemática, con profundidad metodológica y con el rigor cuantitativo y cualitativo, las conductas lingüísticas de los dominicanos a través de una muestra diatópica y diastrática del país, no recogida hasta la fecha. Explica el fenómeno mediante un acercamiento al propio sistema lingüístico que lo posibilita, y propone respuestas pragmáticas y sociolingüísticas para el comportamiento del mismo. No hay duda que estamos ante el primer trabajo global sobre el fenómeno, la evidencia más contundente y precisa, el análisis más amplio y profundo y ante las conclusiones más completas y abarcadoras. Este libro se une a la bibliografía de los grandes dialectólogos dominicanos”.

Por mi parte, puedo utilizar palabras generales para catalogar el libro: grandioso, porque habla de nuestro país; apasionado, porque me toca cuando leo estudios de campo. La autora deslumbra con su delicada sensibilidad y profundidad con la que ha investigado cada detalle de este fenómeno de la doble negación del español dominicano. Al hurgar estudios que le preceden como base para sus teorías y planteamientos, valora al mismo tiempo los trabajos de los demás y su aporte, t muestra a una estudiosa del español dominicano. Todo esto es parte de la confianza que ella va generando en nosotros hasta leer los resultados y  conclusiones, y  nos hace calificarlo como bueno y válido. Nos hace sentirlo como libro de consulta enciclopédica, y su honestidad  muestra, por consiguiente, la seriedad de su autora, que nos hace enmarcarla en ese pensamiento que va de la obra a la persona. Al especificar las limitaciones de la investigación, casi imperceptibles, nos muestra su alta fidelidad a la ciencia de la investigación; pero no se queda ahí no,  sino que sugiere que las mismas sean salvadas o subsanadas en trabajos posteriores. Felicitaciones a la autora, y a la Academia Dominicana de la Lengua por publicar tan interesante investigación lingüística. Recomiendo tener cuidado a quienes se pongan en contacto con esta obra si van a extraer ejemplos para colocarlos en estudios fuera del contexto de la doble negación y la negación simple, ya que las estructuras demostradas por la autora son muy claras y precisas. Quiero resaltar a los dominicanos, siempre dispuestos a la colaboración, sin la cual no hubiera sido posible el estudio, hasta el punto de compartir sana y espontáneamente sus intimidades: “Bonita y no somo casado no” (p. 81).

Del estudio resalto esta expresión determinativa de la autora: “No obstante este innegable carácter social de la lengua, en el estudio de la variación sintáctica no puede pasarse directamente a la valoración de los factores sociológicos sin haber antes analizado y determinado los contextos lingüísticos que concurren en el fenómeno” (p. 52).

Y este gran aporte, que lo traduzco en que no todo se ha dicho, que, al contrario, el universo de investigación en la doble negación del español dominicano tiene puertas que podrían ser desconocidas.

Ana Marchena Segura, La doble negación del español dominicano. La interfaz lingüística, dialectal y social, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2011.

Publicaciones de la Academia: Origen de la palabra chopa

RAFAEL GONZÁLEZ TIRADO

ORIGEN DE LA PALABRA CHOPA

Por Miguelina Medina

Muchos son los estudiosos dominicanos que recogen el significado de la palabra “chopa” y muchos los interesados en conocer el origen de esta palabra que en el habla dominicana se instaló “desde largas décadas “, como dice el autor de esta obra, con el significado de “sirvienta, criada”, igualmente “moza deshonesta”, entiéndase esta última como “cierto tipo de prostituta” quizás con carencia de “profesionalidad”. El autor ha consultado diversas fuentes donde se registran estas definiciones y usos del vocablo como son Manuel Patín Maceo, Emilio Rodríguez Demorizi, Consuelo Oliver viuda Germán, Carlos Esteban Deive, y el DLE. Otras incluyen testimonios de allegados que a su vez los obtuvieron de sus ancestros. Prevalece en este estudio la fidelidad a la ciencia de la investigación. El autor ofrece al lector el conocimiento adquirido y expone, además, su conclusión, la acepción que considera más cercana al origen de la palabra estudiada según los datos de su investigación.

La Academia Dominicana de la Lengua, en voz de Bruno Rosario Candelier, y el presidente del Consejo de Directores de la Universidad del Caribe, expresan en la “Presentación a dos voces” que han hermanado su plan editorial y bibliográfico para brindar a los investigadores y estudiosos del país “este interesante discurrir a través de tantas páginas de textos literarios y de historia, de diccionarios y de enciclopedias, de trabajo de campo, en largas y pacientes jornadas para ofrecernos la máxima aproximación al origen de un vocablo de matices semánticos y de ricas derivaciones entre los dominicanos”.

Rastreo del vocablo en otras hablas hispanas

Dice el autor que Joan Corominas, en su Diccionario etimológico (Madrid, Editorial Gredos, 1954),  “recoge un uso familiar de la expresión chopo, como ‘fusil’, y consigna que fue empleada por Bretón de los Herreros, fallecido en el 1873”. Y dice  que este diccionario “agrega que en el 1884 la Academia dijo que es probable que venga del italiano shioppo, pronunciado en muchos dialectos  s-chioppo (chiopo)”. Explica que al ser doble, la /p/ se pronuncia con más intensidad, y que en español sería: /s/-quiopo o /s/ kiopo. Comparte el autor que quien lo “arrimó al vocablo italiano”, en una de las tertulias familiares celebradas en su casa, fue el poeta y cronista de elegante pluma,  Sergio Vicioso Peguero -de seudónimo Meusel (Miúsel)- “nacido en 1906 y fallecido en  1977 en Santo Domingo” (pp. 26, 27).

Según el autor que mediante el rastreo del susodicho vocablo conoció diversas voces y sus orígenes y se ha aproximado a sus derivaciones o familia de palabras, a lo largo de una geografía que va desde Italia hasta Chile. Estas voces son: chopa, chope, chopo, chopear.

Veamos la voz chopa: 1. Es un pez marino, pequeño, semejante al dorado, color gris metálico, con manchas oscuras longitudinales. 2. Es también cobertizo que se coloca en la popa de las embarcaciones junto al asta de la bandera. Y estas dos acepciones, dice el autor, no provienen de un mismo origen. El nombre del pez se deriva del gallego choupa y este del latín clupea: “sábalo”; mientras que el término referido al cobertizo de la embarcación corresponde al latín clupeus, que significa “escudo”, algo así como ‘protección’. En Tabasco, México, se tiene como una variante de chospó, nombre vulgar de la flor del apompo o zapote de agua (pachiraaquatica) y principalmente del jilosúchil (pachirainsignis) o tumbilé. También pez de río semejante a la tenguayaca (p. 23).

Igualmente rastreó chopo: Nombre con que designa varias especies de álamos. Fue tomado del latín populus que significa “álamo”.  Y otro chopo que es un fusil de origen italiano. En esa lengua se dice schioppo, una voz de nivel coloquial: “cargar con el chopo”, equivale a ‘cargar con el fusil’.

Por otro lado, un uso con terminación indiferente es chope, que el autor del libro encontró en Chile, de género masculino. Allí significa “palo con un extremo plano para sacar de la tierra los bulbos y raíces y para otros usos en el campo”.  Y genera el verbo “chopear”, que es ‘trabajar con el chope’. También es “garfio”, dice el autor, instrumento de hierro curvo y puntiagudo para agarrar algún objeto. Además, ‘puñetazo’. “Chopazo” es golpe dado con el chope.

Primeros usos en Santo Domingo

*En la búsqueda de los asientos del vocablo el autor advirtió que dicho término no estaba marcado socialmente en las primeras décadas del siglo XX, que era una dicción de empleo común, de lengua coloquial sin matices despectivos, y que el devenir trajo la peyoración” (p. 20).

Cita el autor de esta obra al escritor y académico dominicano Marcio Veloz Maggiolo, entre los escritores citados,  y dice que este “recuerda que en el siglo XIX Juan María Veloz era llamado ‘Boca de Chopa’ por “su capacidad verbal para regaño y la discusión, es decir, por una ‘boca dura’, y que Veloz Maggiolo se preguntaba a sí mismo si lo llamaban así por alusión al fusil”. Dice González Tirado, que esto podría ser, teniendo en cuenta que hacia la mitad  del siglo pasado (siglo XX), se puso de moda llamar “lengua de máuser”  (otra arma de fuego) a las personas que son rápidas y agresivas en las discusiones o en acusar u ofender sin miramiento alguno.

Cita igualmente a Rafael Martínez, arquitecto y estudiante de lenguas modernas de la UASD, quien le contó la siguiente anécdota: que conoció a un señor de raza negra llamado Octavio Vega, morador de Villa Francisca. Cerca de Borojol, fallecido de 90 y pico de años alrededor de 1999, que con frecuencia les decía a sus nietos cuando salían a la calle de noche: “No me vayan a chopear, para que luego no me vengan aquí con un fusil”, refiriéndose al embarazo, a la ‘barriga’, producto de los lances fáciles e irresponsables.

*Shop/shopping: Expresa el autor que se han hecho deducciones, por aproximación fonética o coincidencia de situaciones en el orden histórico-social, con respecto a que “chopa” proviene del inglés shop/shopping, que significa “tienda/compra”. Que nuestros lexicógrafos no identifican el origen del vocablo, solo saben que llegó. Dice también que se afirma que el vocablo fue introducido durante la primera intervención armada de los americanos en la República Dominicana (1916-1924). A esto objeta el autor que se ha hecho “por simple apreciación, sin investigación adecuada”. Aunque no descarta que esto podría ser así, no encontró esa opinión en ninguno de los susodichos estudiosos, “solo se dice por la calle”. El autor exploró en Samaná, por el uso del inglés en la zona que queda al noroeste de la ciudad de Santa Bárbara, sector poblado por esclavos libertos traídos de Estados Unidos de América y que Jean Pierre Boyer ubicó en esa parte de la península a principios del siglo XIX, tras la ocupación haitiana de la parte Este de la isla. Hurgó también en San Pedro de Macorís, en razón de las migraciones de habla inglesa establecidas en las plantaciones de caña. Igualmente hizo en otros lugares sin encontrar resultados.

Considera el autor las siguientes frases y algunas palabras, de dos o más lenguas ya que, pese a no ofrecer el origen de las voces incluidas, “orientan y auxilian en las investigaciones” (pp. 30-37):

  1. “Cargar el chopo”: Es utilizada en países de habla hispana con el significado de “cargar con el fusil”, Diccionario Espasa Ilustrado (1999);DLE (2001); Vox, Diccionario general ilustrado de la lengua española (1970).
  2. “Cargar con el chopo”: Equivale a “hacer servicio militar o la guerra”. Diccionario del español actual (con una nota del Diccionario para un macuto (1964). de Rafael García Serrano.
  3. Schioppo: “fusil”, del italiano. Enciclopedia del idioma, de Martín Alonso, tomo I.
  4. “Chopo”: del italiano schioppo, que a su vez vino del latín “stlo-ppus”, que significa “ruído”. Diccionario enciclopédico Quillet.
  5. “Escopeta”:flinte (alemán), escoppette (francés), shotgun (inglés), shioppo (italiano): “arma de fuego portátil con uno o dos cañones”. Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado (Amelinca). Y entre sus artículos este diccionario incluye la palabra ‘chopo’: describe la especie botánica en primer y ‘fusil’ al final.
  6. “Escopeta” (esp.) igual a shioppo (ital.),  femenino en ambas lenguas. Para fusil: fucile, ambos masculinos. Diccionario LilliputLangenscheidt, español italiano.

Dice el autor que “chopo”, en inglés, como lengua coloquial, equivale a ‘fusil’, vocablo que en esa lengua parece ajeno a la especie botánica: poplar: álamo.

 Conclusiones del autor

  1. “Queda claro que ‘chopo’ se refiere al arma de fuego. Y es sumamente aventurada la afirmación de que “chopa” proviene de shop-shoping sin ninguna fuente de confirmación”.  Dice el autor, que el dato aportado por Veloz Maggiolo es suficiente para afirmar que la palabra ingresó a nuestra habla muchas décadas antes de la primera intervención norteamericana al suelo patrio. Y añade: “La influencia ánglica era muy débil para aquella época. Y si hubiera llegado directamente del inglés con el significado de fusil, escopete o rifle, “chopa” en el español dominicano sería anglicismo fantasma.
  2. “No me parece más que una afirmación alegre y peregrina adjudicar al inglés la palabra ‘chopa’ (de shop-shopping) en el habla criolla. Me parece comprensible asumirla como un italianismo y, en el orden de la léxico-génesis, me inclino por la ‘escopeta’”.

Previo a esta conclusión, el autor expresó, primero, que expuso estas ideas resumidas en el XII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en San Juan de Puerto Rico del 12 al 15 de noviembre de 2002, y que al finalizar la charla un académico panameño le expresó que el vocablo “chopo” existe en la región de Chiriquí, de donde él proviene, que allí los campesinos dicen Busca tu chopo para que vayamos de cacería (se trata de un fusil muy viejo de un solo cartucho). Y además, le compartió que este vocablo se extiende al departamento de Chocó, en Colombia, donde también la llaman “escopeta maricona”. “Préstame tu chopa” es frase de chanzas entre amigos refiriéndose a la mujer cuando el amigo no tiene esposa. Y, segundo, previo a esta conclusión expresó el autor que en Santo Domingo los soldados se afanaban en cargar con las ‘chopas’ y sus consecuencias favorables: aprovisionadoras de multitud de facilidades y de encantos, una forma de financiar el entretenimiento, como deberíamos suponer en el léxico de los neoliberales, del libre comercio y del mundo globalizado de negocios a la medida de aquellos que sobredimensionaban las riquezas.

Verdaderamente que a este estudio, y a su autor Rafael González Tirado, hay que expresarles admiración y agradecimiento, a él y a todos los que colaboraron con él desde sus vivencias, pues hizo un recorrido del vocablo de una manera magistral. Es un magnífico aporte dar a conocer el origen de este vocablo que desde ya se establece con una nueva consciencia en las mentes de los dominicanos. Produce gran satisfacción aprender que dicho vocablo en las primeras décadas del siglo XX no tenía un uso marcado socialmente y mucho menos peyorativo, es decir, que era de un uso común. Llama la atención, una vez más, el  comportamiento de los dominicanos en la exclusividad de su manera de adoptar las hablas de cualquier cultura; el dominicano tiene la intrínseca forma de descomponerla hasta que sienta que lo satisface en el alma. La fuerza conceptual del autor, producto de sus estudios lingüísticos y sociolingüísticos, direcciona a los dominicanos al conocimiento. En mi reflexión, pienso que luego que un concepto se le inserta en el alma y en la convicción a los dominicanos es difícil erradicarlo; pero es grandioso contar con estos estudios para saber, porque quizás la misma palabra, en su dimensión mistérica, tome su rumbo y ella misma dirija lo que desea y en su uso haga dar la vuelta y regresar al origen de su definición y su pudor. Quizás también le regrese su pudor a las pobres muchachas desamparadas de protección que necesitan producir para hacerle frente a la miseria, como lo registra en su obra Al amor del bohío, Ramón Emilio Jiménez (p. 14); y como le hace honor Gregorio Elías Penzo, samanés, con los siguientes versos (p. 16): “Triste residuo social/la pobre trabajadora,/vil zafacón de sinónimos:/la criada, la fregona,/la sirvienta, la cocinera, la doméstica, la chopa…”.  Rafael González Tirado, Origen de la palabra chopa en el habla de los dominicanos, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua/UNICARIBE, 2011.