Pichirrí, picapica, foete / fuete

Por Roberto E. Guzmán

PICHIRRÍ

“Los bancos tienen al dueño cogío por el PICHIRRÍ”.

Esta voz adquirió notoriedad en el habla de los dominicanos cuando una persona muy destacada en el ámbito político la utilizó en público. Este uso en los medios de difusión masiva le confirió importancia a la voz. Para sorpresa de quien escribe estas notas, algunos hablantes de español dominicano no estaban familiarizados con la voz pichirrí.

No puede negarse que pichirrí es una voz que pertenece al ambiente rural, donde las personas suelen llamar de modo diferente a algunas partes de los cuerpos de los animales. Cuando un campesino llama pichirrí a la parte inferior, o terminación de la columna vertebral de un ave, especialmente un pollo o gallina, lo hace para evitar mencionar esa parte por un nombre que no pueda aceptarse porque se considera vulgar o malsonante.

En el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias (2010:1689) figura pichirrí con la definición, “Parte inferior de la columna vertebral”. El Diccionario del español dominicano (2013:545) completó la definición anterior, “Extremo inferior de la columna vertebral del pollo”. Esa definición refleja la mayoría del uso, aunque puede pensarse que no es completa porque en realidad todas las aves tienen esa parte. Hay que retener que en muchas ocasiones las personas que no son versados o no tienen interés en ello, no distinguen entre el pollo y la gallina y utilizan pichirrí tanto para uno como para otro y así debe ser.

Ahora bien, como muchas personas tuvieron contacto con la voz del título cuando esa persona, ahora expresidente de la República, usó la locución “agarrar por el pichirrí”. La voz llamó la atención de los citadinos, pero algunos no entendieron el sentido de la locución.

La locución “agarrar por el pichirrí” expresa la idea, “Tomar desprevenido a alguien” y, “Dominar algo o a alguien e inmovilizarle”. La primera locución refleja una acción de gallinero donde se agarran las aves por el pichirrí para sorprenderlas viniendo de atrás, sin que estas puedan darse cuenta. Además, la segunda idea de la locución es bien servida, pues de ese modo se gobierna el ave, puede dominarse.

Este pichirrí ha producido otras locuciones, “apretar el pichirrí”, “coger por el pichirrí”. La primera transmite la idea de “sancionar, castigar, corregir”. La segunda se usa para, “agarrar al adversario en la parte que más le duele”.

Llamarle pichirrí a esta parte del cuerpo de un ave se ha convertido también en un eufemismo para denominar la parte del cuerpo humano “donde la espalda pierde su nombre”.

Se convirtió la voz en un término jocoso que se transforma en un motivo de reconocimiento a la inventiva del campesino dominicano que es capaz de crear expresiones que transmiten con tanta fidelidad y humor las ideas.

 

PICAPICA

“. . . con la barriga y sus esperanzas de buena vida se circunscribe a figurar en su mente un salami o una PICAPICA . . .”

La voz picapica entró en el español dominicano hace no más de 40 años. O al menos, no se popularizó hasta hace esa cantidad de años. En otros países la palabra picapica designa un árbol, el papel picado o una sustancia que produce mucha picazón.

En República Dominicana picapica es una sardina enlatada con salsa picante añadida. Así mismo sirve esta palabra para designar dos plantas trepadoras. Solo en el habla de los dominicanos se usa esta reiteración del verbo “picar” para llamar a una sardina enlatada. El Diccionario del español dominicano (2013:544) ofrece una definición un poco diferente de la que se sugirió aquí antes, “Sardina enlatada, generalmente con picante añadido”.

Con la reiteración de que el sabor de la sardina produce un fuerte ardor en el paladar, picar, se pondera la sensación ardiente y acre en la boca y la garganta del sabor de la sardina en cuestión.

Durante mucho tiempo en el campo dominicano el arenque y el bacalao fueron alimentos preferidos en la dieta diaria por su fácil conservación sin necesidad de refrigeración debido a la gran concentración de sal en ellos. Otra cosa que contribuía al consumo era que eran dos alimentos con mucho sabor que permeaba cualquier otro tipo de “compaña” y hacía “rendir” los víveres, el arroz, el pan o la pasta que se consumían con estos.

La popularidad a la picapica le llegó también como producto del incremento de los precios de los demás alimentos que competían por el favor del consumidor en el medio rural.

Un locrio de picapica no será un manjar de los dioses, sin embargo, satisface el hambre, provoca sed de tomar que hace que se beba y se llene el vientre. Sacia los sentidos, el sabor como ya se explicó; el olor a producto del mar no puede ser más penetrante. La vista queda premiada con los colores naturales y agregados a la sardina. Esta cadena de acciones apagará los deseos de comer más. Además, el locrio de sardinas es sabroso si se come con hambre o con deseos de saborear algo con gusto fuerte.

 

FOETE – FUETE

“. . . cuya casa era un taller familiar para . . . elaborar FUETES”.

En el título de esta sección se copian dos maneras de mentar el mismo objeto. Ambos vocablos denotan interés en reproducir algún rasgo del origen del vocablo. Este vocablo proviene del francés fouet, cuya historia se examinará más abajo. Aquí se estudiarán, además, las peripecias de este látigo en el habla y la literatura americana. Junto con estos vocablos se mencionarán otros que tienen relación con los dos que son objeto del estudio detallado.

En el baúl de los recuerdos acerca del habla se encuentra el fuete. Eso de llamarle látigo fue un vocablo que se integró mucho más tarde al léxico del autor de estos comentarios. Con esto se pretende destacar que en el uso, en el habla, durante largo tiempo, que el hablante se inclinó por llamar fuete a ese instrumento.

A primera vista puede resultar arriesgado escribir que quizás este vocablo, fuete, entró en el español dominicano, o por lo menos se reafirmó, con la ocupación haitiana de la parte este de la isla La Española entre 1822-1844.

En su origen el fouet fue un instrumento formado de una parte sólida para asirlo y otra flexible, que servía para guiar los animales. En una de sus formas sirvió para incentivar la marcha de los animales. Recuérdese que en la parte este de la isla La Española se desarrolló lo que se ha dado el nombre de “sociedad o economía hatera”. Luego, de esta actividad el fuete pasó a otros usos en el país de los dominicanos. La palabra francesa con esas características entró en esa lengua en el siglo XIV.

En República Dominicana P. Henríquez Ureña cataloga la palabra fuete en tanto “galicismo de origen libresco”. Este filólogo también menciona el verbo “fuetear” en el español dominicano para expresar azotar. De este estudioso se toma la información de que en el siglo XVIII aparece documentada la voz fuetiados, que en palabras de don Pedro “[denuncia] la antigua difusión de la voz afrancesada fuete y del verbo derivado”. El español en Santo Domingo (1940:246)

En el Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas, al tratar la voz fuete, el autor, entre otras informaciones afirma, “Algunos aplican este nombre a todo instrumento de azotar; pero otros le concretan al chucho . . .” Este chucho es el látigo de cuero. (1836:265). Los demás autores que escribieron con posterioridad a Pichardo repitieron lo que él había escrito.

De este fuete derivan en República Dominicana, fueteada, fuetiada, fuetiza, fuetear, cuyos significados pueden deducirse de las terminaciones.

Tolete

Por Roberto E. Guzmán

TOLETE

“. . . el sueldo mínimo de los guardias y militares nada menos que 30,000 TOLETES al mes . . .”

En la oración que se reproduce más arriba se utiliza la voz tolete de modo que representa algo diferente de su significado de origen.

Este tolete de la cita equivale al peso dominicano que posee tantas denominaciones porque de una manera u otra el usuario de la lengua prefiere evitar llamarlo por su nombre y se refiere a este con nombres diferentes, “caña, molongo, tururú, maraca” y otros que ahora no acuden a la memoria. Esta denominación de tolete del peso la comparte el dominicano con los cubanos.

Más interesante que todo lo anterior es la voz tolete y su origen en América. Eso se examinará en detalle para ilustrar el asunto; así como las voces derivadas de tolete.

“Hay que comenzar por el principio”, dice el pueblo y hay que oírlo. La palabra tolete en su origen es la “estaca pequeña y redonda, encajada en el borde de la embarcación, a la cual se ata el remo”. No hay duda de que llegó a América con esa definición, pues existía documentado en la lengua que luego se hizo común desde el siglo XVI, exactamente en 1587. Se tomó del francés tolet que lo tomó quizás de una lengua germánica.

En Europa siguió llamándose escálamo al palo fijo para atar el remo, mientras que en América se prefirió llamarle tolete. A este fenómeno llama el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-VI-534) de “separación geográfica”. Esto puede tomarse como un indicio de popularidad de la palabra tolete en América.

  1. Esteban Pichardo lexicógrafo dominicano de nacimiento asienta en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:581) que tolete en Cuba era sinónimo de garrote, pero más corto, cilíndrico. Anota además que “toletazo” es el golpe dado con el tolete. Hay que destacar, si el tolete había generado un derivado, toletazo, es porque su uso se había generalizado ya como arma, por lo menos en esa isla. No puede olvidarse que a Cuba llegaban las naves procedentes de España y de allí salían a otras partes de América después de hacer escala.

Debe destacarse que el tolete era más corto que el garrote, rasgo que fue seguido por Roque Barcia quien escribe, “palito redondo” para describir el tolete de las embarcaciones menores. Esas caracterizaciones trazan la línea a seguir cuando se denominó tolete el del policía. Ese autor ya consigna el toletazo, “golpe dado con el tolete”. Diccionario de la lengua española (1883-V-157)

Ya en 1924 consigna Constantino Suárez en su Vocabulario cubano (1924:495) no solo el tolete conocido de la marinería, sino que describe en detalle que este forma parte del armamento de la policía municipal. Esto hace que se utilice la palabra con mayor frecuencia aún. No solo señala eso, sino que incluye que tolete es “persona tosca, ruda, de entendimiento tardo”. Ya se usaba también llamar tolete a la “moneda de plata de un duro”.

El tolete continuó su popularidad en el uso, pues Fernando Ortiz en su Nuevo catauro de cubanismos (1923:470) trae no solo los vocablos tolete y toletazo, sino también “toletari”, con una explicación oportuna acerca de su significado. Así se llama al vigilante de policía por llevar un tolete como única arma. Explica que la terminación viene por el arribo del juego vasco pelotari a Cuba.

El vocablo tolete no permaneció en Cuba, pues aparece documentado en Puerto Rico en 1933 en tanto “moneda de un duro”. Esa información está en el Vocabulario de Puerto Rico publicado en 1967, página 277. Hay que destacar que no se utiliza la palabra tolete para el peso moneda nacional, sino para el duro español, de la misma formas que en Cuba.

El uso de tolete se popularizó no solo en las Antillas, pues pasó a Colombia y Venezuela a temprana hora. Llegó su importancia a tal nivel que adquirió otros significados. En Colombia se le acepta o aceptaba como “palo o garrote largo”. También designaba un “pedazo grande de alguna cosa” o simplemente “grande, enorme”, así consta en Colombianismos, de J. Tobón (1953:245).

Una vez que la voz llegó a América del Sur adquirió otras significaciones, más definidas, así como nuevos significados. Venezuela llamó toletazo al trago, copa de licor, tal y como se encuentra en Buenas y malas palabras (1974-II-116), de D. Ángel Rosenblat. Esto sin perder el significado de golpe.  En ese país en las zonas rurales sirvió tolete para denominar un “trozo de árbol”, Vocabulario del hato (1991:210).

En ese país, Venezuela, el tolete aparece como “palo del cual tira la caballería para mover los molinos”. En algunas regiones de Venezuela usan de la voz para un “pedazo, particularmente de algo comestible”. Más adelante en la historia el nombre tolete pasó a denominar al bate del beisbol. Diccionario de venezolanismos (1993-III- 217). El primer toletero que hizo su aparición fue el venezolano para “pendenciero, camorrista”. Diccionario general de americanismos (1942-III-193).

El toletazo en ese país es el golpe fuerte que se da con un palo o garrote, y, en el beisbol es el batazo. De allí que el bateador en ese juego se llame de toletero.  (1993-III-216). Todas estas informaciones están claramente documentadas en el citado diccionario.

Los derivados de tolete para acciones fuera de su estricto campo, marinería, son testimonios de la vigencia del vocablo en el habla. El uso del vocablo tolete para denominar varios objetos, de mucho uso algunos de ellos.

En República Dominicana Henríquez Ureña menciona el “golpe dado con el palo llamado tolete”, toletazo. Con respecto “Al peso como moneda representativa, se le dan nombres burlescos, como en todas partes: tolete, … cáncamo, tulipán, … clavado …” Ese erudito investigador anotó que tolete era garrote y humorísticamente, peso. El español en Santo Domingo (1940:186-222-224). En la obra Dominicanismos de Patín Maceo solo aparece la palabra tolete usada en lugar de “dólar”. Esta obra fue publicada en 1940 en República Dominicana. (1940:199).

Antes de las intervenciones ya mencionadas, Brito había recogido la palabra en su obra Criollismos de 1930. La fecha de la edición de esta obra muestra ya la vigencia del tolete en el habla de los dominicanoS. Eso no es todo, ese autor trae una voz que ha caído en desuso en el habla de los dominicanos, “toletearse”, él escribe, toletiaise representado así la forma de hablar del habitante de la región de Cibao en República Dominicana. Este toletearse es “morir”. La importancia de la mención de este autor y su obra no termina ahí, pues él define el tolete en tanto, “Madero tosco en forma de bastón”. Esta definición difiere de la aceptada por el resto de estudiosos que se ocupan de la voz. Y trae ese nombre, tolete, también para el Dollar.

En tiempos más recientes en el habla de los dominicanos, el tolete, el toletazo, toletear y toletero gozan de vigencia.  El Diccionario del español dominicano (2013:663) reconoce dos acepciones para toletazo. La primera es “golpe contundente dado con un garrote”. La segunda es, “En el beisbol, batazo fuerte”. Con respecto a la primera acepción, “con un garrote”, según el criterio de quien escribe estas notas, no parece corresponder a la realidad de los hechos, pues limita el instrumento usado para propinar el golpe al uso de un garrote, cuando se ha oído que se usa para llamar el golpe del toletazo el que se propina con otros objetos rígidos.

Se ha oído también que una persona que se da un golpe, sobre todo de modo accidental, se da un toletazo, con lo que el nombre ha pasado a otro plano.

Con respecto de la palabra tolete, ese diccionario define el objeto, “garrote corto”. En el caso en que se aplica a persona es, “hombre fuerte y corpulento”; “hombre valiente”. El peso, moneda corriente dominicana se conoce con el nombre tolete; así como el pene.

Toletear es “golpear a alguien con un garrote”. Este verbo se desplazó al área de la actividad sexual y se usa para “realizar el coito”. Nada de extraño si al pene llaman tolete.

Con respecto de la otra palabra relacionada con esta familia de vocablos, toletero, sigue siendo el jugador de béisbol que produce batazos de muchas carreras.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

Ortografía

El apellido, esa parte del nombre propio que nos identifica como miembros de una familia, por su rol de antropónimo debe escribirse con mayúscula inicial, aunque esté expresado con sustantivos tan comunes como madera, puente, puerta o mesa, río, mata.

Por sus mismos orígenes, algunos apellidos han adquirido la preposición /de/ (de León); otros llevan además los artículos –la o -el, según el género (de la Cruz, del Castillo); y también unos llevan el artículo –la antepuesto (La Luz, La Guardia).

Con frecuencia vemos apellidos escritos con la preposición en mayúscula y en algunos casos lo propician los portadores de ese nombre familiar (De Castro, De Óleo). Pero aún más, algunos colocan mayúscula al artículo –la en apellidos que llevan este vocablo entre la –de y el sustantivo (De La Cruz, De La Rosa). ¿Procede poner mayúsculas en las preposiciones y los artículos de los apellidos?

La Ortografía de la lengua española, publicación oficial de la Asociación de Academias de la Lengua Española y la Real Academia Española, indica al respecto que si un apellido español comienza por preposición, o por preposición y artículo, estos se escriben con minúscula cuando acompañan al nombre de pila: Fernando del Campo, Luis de Torres, Juana de la Rosa; pero, si se omite el nombre de pila, la preposición debe escribirse con mayúscula: señor De Torres, De la Rosa, Del Campo… (Edición 2010, pág. 467).

Cuando se invierte el orden de nombre y apellido, como para archivo o referencia bibliográfica, y el apellido precede al nombre de pila o se prescinde él, se empleará mayúscula inicial en la preposición. Ejemplo: De la Rosa Carpio, Ramón; De León, Osiris; De Castro, Aníbal.

Los apellidos que empiezan por artículo /La/, que no son muchos, deben escribirse siempre con mayúscula inicial, vayan o no acompañados del nombre: calle La Guardia, Pedro La Guardia; Milton La Hoz, señora La Hoz, José La Luz, Horacio La Madrid. Lo mismo va para los apellidos: La Torre, La Vega, La Rubia, La Parra, La Huerta, La Calle, La Blanca, La Merced…

El aeropuerto local de Nueva York ha sido nombrado La Guardia en honor al alcalde Fiorello La Guardia. Una calle en Santo Domingo se denomina La Guardia, igual que una ciudad de España. En cada caso La/ en mayúscula.

Procede insistir en el detalle relativo a los apellidos que llevan preposición y artículo, y reiterar que estas dos partículas se escriben con minúscula si van junto con el nombre: Félix de la Rosa, Santiago de la Cruz, Rosa Francia de la Mota, Laura de la Nuez, Jacinto de la Concha, Félix de la Vega, don Quijote de la Mancha.

Los apellidos que llevan preposición y artículo masculino (el) se someten, como en cualquier expresión común, al fenómeno llamado contracción: de + el se trueca en –del. En este grupo entran: del Toro, del Castillo, del Cristo, del Rosario, del Monte, del Pino, del Risco, del Río. Cuando se mencionan sin el nombre de pila asumen la mayúscula en /Del/: Del Toro, Del Castillo…

Provocan mucha tentación para ser alterados, por gusto o capricho, los apellidos que solo llevan la preposición delante del sustantivo. Las tendencias son a escribir la –d con mayúscula (De Camps, De Castro…) o colocar un apóstrofo D’, como ha hecho mi apreciada colega Nexcy D’ León, cuyo apellido verdadero es de León. Otros con -d: de Soto, de Torres, de Óleo (sin apóstrofo), de Luna, de Silva, de Dios, de Aza (sin apóstrofo).

El sustantivo base del apellido puede estar en plural y, desde luego, el artículo debe concordar: Apolinar de los Santos, Waldo de los Ríos, Bartolomé de las Casas, María Antonieta de las Nieves.

La mujer que quiera colocar el apellido de casada a continuación del suyo, si el del marido comienza con la preposición -de, la segunda vez va en mayúscula: María López de De León, Rebeca Núñez de De Peña, Petra de Del Castillo.

10/10/2020

Los prefijos son elementos que colocados delante de una palabra dan origen a una nueva (re + formar: reformar). Resultan muy productivos para el enriquecimiento de nuestra lengua. Comparten ese honor con los sufijos, más beneficiosos aun, pues se colocan al final de la palabra y derivan muchas otras (ero+jardín: jardinero, y por igual con los infijos, los cuales llevan la partícula modificadora en el medio (pie+ ec+ito: piecito).

El tema ha sido tratado antes en esta columna, pero conviene insistir, sobre todo con los prefijos.

Observe, por ejemplo, las distintas formas en que aparece escrito el vocablo referido a un pasado presidente de la República, usando la palaba base precedida del prefijo /ex/. Lo he visto de todas estas formas: ex Presidente, ex presidente, ex–presidente ex–Presidente, ex/Presidente… pero también de la forma correcta: expresidente.

Alguna vez el uso se acomodó a la colocación de /ex/ separada de sustantivos que se refieren a ocupaciones, cargos, parentescos alterables y otras situaciones de las personas. De ahí que aún persista la rutina de colocar el prefijo separado de la palabra base como suele ocurrir en ex presidente.

De acuerdo a la Ortografía de la lengua española, es preferible “asimilar el comportamiento gráfico de ex al de los demás prefijos, de manera que se escriba unido a la base cuando esta sea una sola palabra (exministro, expresidente, excónsul, exnovio, exsuegra, etec) y separado de ella en aquellos casos en que la base sea pluriverbal (ex alto cargo, ex teniente coronel, ex primer ministro…) pauta que ya reflejan los ejemplos reales de uso que se acaban de aportar”. (Ortografía, 2010, pág. 538).

Los prefijos aparecerán soldados a la palabra aunque ésta se haya compuesto con otro prefijo, por ejemplo, reelección está formada por el prefijo /re/ más el sustantivo /elección/, pero resiste la colocación del prefijo anti: antirreelección. Por igual, rector más vice aporta vicerrector, y quien haya salido de ese cargo es un exvicerrector, así también exvicepresidente, con correspondiente femenino ambos.

Del prefijo /anti/ vale apuntar que es un prefijo más y que por tanto se escribe unido a la palabra base y forma una nueva, por tanto escribiremos: antilavado, antinarcóticos, antieconómico, anticorrosivo, antiético, anticiclónica.

Este prefijo presenta una particularidad cuando la palabra a la que precede inicia con mayúscula porque es, por ejemplo, un antropónimo: anti-Trujillo; anti-Peña Gómez, pro-OMS. También se escribirán con guion si la palabra es nombre topónimo: anti-China, anti-República Dominicana…

Conviene recordar que los prefijos actúan a favor de los usuarios de la lengua, ya sea hablada o escrita. Si la partícula se antepone a un verbo crea otro: ante+poner: anteponer; infra+valorar: infravalorar, re+dirigir, poner, tocar, diseñar, fundar, abrir, inventar, escribir,…y muchos verbos, forma otros muchos iniciados con re.

Al sustantivo le resultan amigables los prefijos, por igual sufijos, para reproducirse: contrarreforma, prosalud, antivirus, vicealmirante, teleconferencia, megapuerto, multicentro, megacentro.

Prefijos agregados a adverbios originan otros adverbios: ante+ayer: anteayer, súper + bien: superbién. Usted puede agregar el adverbio súper a otros adverbios, aun fuese usted el primero en usarlo: superlejos, supercerca, supertemprano, supertarde. Lo mismo que si lo agregara a un adjetivo: superbello, superfeo, superbueno.

Apropósito del adjetivo, es otro socio del prefijo en la constitución de palabras: prohaitiano, progringo, cuasifiscal, suprarrenal, subregional, subacuático, prenatal.

Para concluir le recuerdo que /ex/ no se suelda si el nombre al que modifica es pluriverbal. Ejemplos: ex primera base, ex jardinero central, ex sargento mayor, ex arzobispo metropolitano, ex primer ministro, ex vice primer ministro, ex general de brigada, ex procurador fiscal, ex primera dama, ex juez de la instrucción.

 

UNA MISIVA DE CÉSPEDES Y LOS PRONOMBRES LE, LES

17/10/2020

A propósito del artículo “Ortografía de los apellidos que llevan artículo y/o preposición”, publicado el 4 de octubre 2020, nos ha remitido una atenta misiva el doctor Diógenes Céspedes, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua. A continuación la reproduzco:

Tu artículo sobre la ortografía de los apellidos es el tipo de trabajo que debe divulgarse para escolares, universitarios y público lego. Así pueden recortar el artículo y consultarlo cada vez que quiera.

Sigue por esa ruta.

Hay dos temas de vital importancia que nuestros escritores, académicos y público general no dominan cuando escriben.

Te los doy para posterior desarrollo:

El uso de le y les como pronombres en singular y plural. La gran confusión se produce cuando la anáfora o antecedente está muy alejada como sujeto del complemento o atributo o complemento al que remite le o les. El usuario se pierde y olvida si va el le/les en singular o plural.

O cuando aparentemente el sujeto de la oración está tácito o sobreentendido, como en el famoso título del cuento de Rulfo: Diles que no me maten. Los usuarios se comen la ese de diles, que remite a los soldados que van a ejecutar el fusilamiento.

Ahora no recuerdo si la anáfora del título de la novela de Matos Moquete, Dile adiós a la época, remite a un sujeto tácito singular o plural; y 2) merece un artículo de divulgación el uso de los pronombres posesivos en plural cuando el poseedor está en singular.

Un ejemplo ilustrativo: todas las noches y de día también escucho y veo a los programeros de radio y televisión darles las gracias a los televidentes o radioyentes por permitirles entrar hasta sus hogares.

En puridad de lógica semántica los televidentes y oyentes, ni juntos ni por separado tienen hogares. Por lo tanto, hay que decir permítanos entrar a su hogar, aunque el sujeto poseedor esté en plural, pues él solo posee un hogar. Y en caso de que tenga una casa secundaria en La Romana o Jarabacoa, no pueden estar viendo tv simultáneamente en el hogar de esas dos ciudades, porque no tiene el don de la ubicuidad.

Este es un artículo que deberá ser muy iluminador para el usuario y con muchos ejemplos de cómo resolver ese asunto, pues no siempre a un poseedor en plural va lo poseído en plural.

Le y les

El uso y mal uso de los pronombres personales átonos /le/, /la/, /lo/ y sus formas en plural /les/, /las/, /los/ constituye una piedra de tropiezo. En unas regiones predomina el uso incorrecto de LO, mientras en otras es LA y creo que tanto en España como en América el empleo vicioso de LE afecta a mayor número de hablantes.

Le y les corresponden al complemento indirecto (dativo). Por ello, la norma culta del español estándar establece el uso de estas formas para ejercer dicha función, independientemente del género del sustantivo al que se refiere el pronombre: “Hablé con el abogado y le expliqué el caso”. “Le dije a mi esposa la verdad”.

El plural LES. Este pronombre se emplea en plural (LES) cuando el complemento al que se refiere también es plural: “Les aseguro que quien cree tiene vida eterna” (Juan 6, 47). “En verdad les digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo…” (Juan 12, 24). En ambos casos, el sujeto hablante (Jesús) es singular y los oyentes (los discípulos) es plural.

Si el sujeto hablante fuera plural (nosotros) y el destinatario del mensaje singular, LE permanece en singular: “Le pedimos al Señor que le conceda el descanso eterno…”. “Queremos recordarle a nuestro presidente que las bases del partido siguen aquí abajo”.
Hemos de continuar.

 

GENTILICIOS Y TOPÓNIMOS

14/11/2020

El gentilicio sale del topónimo como el retoño de los troncos. O como el calor del fuego, conforme ha dicho Gustave Flauber para describir la correspondencia entre la forma y el fondo de un texto. La relación entre el nombre del lugar y la palabra designada para llamar a sus naturales es indisoluble.

En algunos casos –muy pocos- la dependencia se da a lo inverso: el gentilicio ha generado el topónimo, es decir un pueblo o una nación da origen a una entidad organizada políticamente (república, imperio, municipio, ciudad…) la cual asume el nombre por el cual se conocía a ese grupo humano. En esta circunstancia el gentilicio no es derivado, sino absoluto.
Los investigadores Dolores García Padrón y Marcial Morera Pérez afirman, en este sentido, que los topónimos España, Italia, Berbería, Rusia, Francia y Maquetía derivan de los gentilicios ab-solutos hispanos, ítalo, bereber, ruso, franco y maqueto, respectivamente. “No es el gentilicio, pues, el que deriva del topónimo, sino el topónimo el que deriva del gentilicio: Berbería, por ejemplo, no es denominación absoluta, sino denominación relativa o derivada. Una denominación que lo que viene a significar es algo así como ‘lo que emana activamente del concepto bereber’, especializado en función locativa, como fontanería, por ejemplo, que no significa otra cosa que ‘lo que emana activamente del concepto fontane-ro’, también especializado en función locativa3. (ONOMÁZEIN, revista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 31 junio de 2015: 81 – 98).

El gentilicio es tan inseparable del topónimo que perdura aunque el lugar cambie de nombre: damero (de Duvergé), juananuñense (de Salcedo), jobero (de Gaspar Hernández), tubanero (de Padre las Casas). Son algunos casos de nuestro pequeño país, donde los nombres de lugares se han originado por circunstancias, hechos o expresiones de la naturaleza. Tenemos pueblos llamados por nombres de árboles, accidentes geográficos (valle, sabana, loma), ríos, hato, puerto, mar. Topónimos taínos han prevalecido para nombrar nuestros ríos: Ozama, Quisibaní, Boyá, Duey, Maguá; ocurre por igual con algunas localidades: Higüey, Bonao, Baoruco, Mao.

Consecuencia de la colonización europea en nuestra isla, una fuente apreciable de topónimos ha sido el santoral católico. Los lingüistas denominan hagiotopónimos a los topónimos originados en nombres de santos: Santiago, Santo Domingo, San Juan. En nuestro país tenemos combinaciones de nombres indígenas con los traídos por los colonizadores: San Juan de la Maguana, San Pedro de Macorís, San Francisco de Macorís, Santa Cruz de Mao, San Rafael del Yuma.

Otros hagiotopónimos han sido unidos con otras palabras vinculantes con expresiones históricas o geográficas: Santa Cruz de El Seibo, Santa Cruz de Barahona, San Fernando de Montecristi, San Felipe de Puerto Plata, San José de Los Llanos, San José de las Matas, San Antonio de Guerra.

En Europa prevalecen gentilicios procedentes del latín originados en los tiempos de dominación del Imperio romano (antes de Cristo). Países y ciudades guardan la huella histórica mediante gentilicios que alternan con los proporcionados por el nuevo nombre del lugar. Son los casos de lusitano (de Portugal), helvecio (de Suiza), gaditano (de Cádiz), complutense (de Alcalá de Henares).

La cultura anglosajona no escapa a la influencia latina en materia de gentilicios. Comencemos por esa misma palabra que procede del latín “anglosaxo”. Se dice de la persona de procedencia y lengua inglesas. Veamos estos tres casos de ciudades del Reino Unido: cantabrigiense (Cambridge), oxoniense (Oxford), plimutense (Plymouth).
En nuestra América tenemos gentilicios derivados del latín. Por ejemplo: fluminense (de Río de Janeiro, Brasil).

¿Y qué decir del gentilicio dominicano? ¿Qué existió primero, la República Dominicana o su gentilicio? Les cuento el próximo domingo.

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

¡QUÉ FALTA NOS HACE!

27/10/2020

A comienzos de un gélido enero allá por 1920 los titulares del periódico El País comunicaban a los madrileños el fallecimiento de Benito Pérez Galdós: «Don Benito ha muerto. ¡Viva Galdós! Ha muerto el hombre, viva el escritor; vivirá en sus obras mientras viva el mundo». En este año 2020, digno de la realidad novelada de don Benito, conmemoramos el centenario de su muerte.

Muchos de los que hablamos y leemos en español descubrimos la magia de la novela con las obras de Galdós; como Luis Cernuda cruzamos con su obra «el umbral de un mundo mágico, la otra realidad que está tras esta». ¡Y qué realidad! La realidad de la España que veía morir el sigo XIX y nacer el XX, con toda su «confusión y nerviosas inquietudes», contada en nada menos que en 77 novelas. En ellas la Historia, esa que escribimos con mayúscula, en palabras de Galdós «comúnmente artificiosa y recompuesta», convive con la historia, esa que que escribimos con minúscula; como bien retrata Gullón, las pequeñas historias de amor, celos, traición y codicia trenzadas con los avatares históricos de una nación. María Zambrano nos invita a leer la inmensa galería de perspectivas sobre la condición humana que Galdós nos ha construido en sus relatos: «Recorrerlas todas una a una sería aleccionadora visión de cómo una humana vida, por ajena, exenta que pueda estar ante la historia, está enredada en ella».

Galdós estaba convencido de que la literatura debía «reflejar esta turbación honda, esta lucha incesante de principios y de hechos que constituyen un maravilloso drama de la vida actual». ¡Qué falta nos hace don Benito para que nos cuente este 2020 confuso y desconcertante!

 

COJAMOS IMPULSO

3/11/2020

La reflexión de una de las más recientes AM de Inés Aizpún me recordó la pregunta de una de mis alumnas en un taller literario dedicado al poeta Rubén Darío. Se preguntaba cómo podía explicarse la amplia cultura del poeta nicaragüense habiéndose formado en un pequeño pueblo sin acceso a centros de enseñanza destacados. Sin duda, a Rubén Darío en su escuela de León le enseñaron a leer. Y cuando nos enseñan a leer, no solo a juntar letras con dificultad, adquirimos un poder extraordinario que nos va a acompañar a lo largo de nuestra vida y de cuyo potencial nos convertimos en los principales responsables.

Ni que decir tiene que esto no significa renunciar a una enseñanza de calidad, especialmente la pública y gratuita, que nos acerque al conocimiento de la ciencia, de la historia o de las tecnologías, pero no debemos olvidar que todo lo que aprendemos en la escuela, y lo que seguiremos aprendiendo con los años, estará mediatizado por la calidad de nuestra comprensión lectora. La lectura, y con ella la escritura y la expresión oral, son esenciales para la adquisición y para la transmisión del conocimiento. Si renunciamos a que nuestros niños dominen la lectura, más allá, insisto, de aquello de «la m con la a, ma», estaremos renunciando a un poder extraordinario para comprender el mundo y para transformarlo. Sin esperar los resultados de las pruebas de desempeño escolar, experimentamos cotidianamente que no sabemos leer. Conviene recordar que el Diccionario de la lengua española define leer como ‘pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados’. Sin duda la clave está en dar el salto del «pasar la vista» al «comprender». ¿Y si aprovecháramos los retos de 2020 para coger impulso y dar ese salto?

 

LUCIDOS CON ORGULLO

10/11/2020

Consulta un lector sobre la ortografía de nombres propios y sobrenombres o apodos. Los nombres propios, que designan a un único individuo, como los que aplicamos a las personas, deben escribirse con inicial mayúscula: Manuel, por ejemplo, como nuestro lector interesado en la ortografía. No solo son nombres propios los que aplicamos a las personas; también nombramos con ellos a nuestras mascotas: Mi perra se llama Canela. Miguel de Cervantes hizo a los perros Cipión y Berganza protagonistas de una de sus novelas. En los entornos familiares o de amistad solemos cambiar el nombre propio por el hipocorístico. Llamamos así a la abreviatura o adaptación cariñosa de un nombre propio. El Diccionario de la lengua española nos recuerda que la palabra tiene su origen en el griego hypokoristikós, que significa ‘acariciador’. Estos hipocorísticos, aunque afectuosos y confianzudos, también deben escribirse con inicial mayúscula: los Guillermos serán Memos; las Altagracias, Taticas; los Antonios serán Toños; las Dolores, Lolas.

Los apodos son también nombres propios. Se crean para designar a una persona concreta, a veces tomando como punto de partida una característica física o un rasgo de la personalidad, como los de la pareja real Felipe el Hermoso y Juana la Loca; o como los de la pareja, esta vez de la realeza merenguera, Fefita la Grande y Toño Rosario, el Cuco. La inicial mayúscula es obligatoria, tanto en el nombre como en el apodo. Sin embargo, observamos en los ejemplos anteriores cómo el artículo que aparece a veces junto al apodo se escribe con inicial minúscula.

Cuando nombre y apodo se escriben juntos, solo debemos recurrir a la coma para separarlos cuando el sobrenombre puede usarse de forma independiente: Luis Polonia, la Hormiga atómica, o Miguel Tejada, la Guagua. Luzca orgulloso su apodo, si así lo desea, pero demuestre que sabe escribirlo correctamente.

 

VÍNCULOS PODEROSOS

17/11/2020

La lengua española es extensa tanto geográficamente como en número de hablantes. Los que la hablamos debemos ser conscientes de que existen muchas formas de hablar correctamente nuestra lengua. Las variedades regionales son características de nuestra lengua, forman parte de su historia y de su patrimonio; nos enriquecen a todos y debemos aprender a conocerlas y a valorarlas.

Cuando hablamos con alguien que maneja una variedad regional distinta a la nuestra siempre encontraremos un acento sonoro que nos llama la atención, una forma curiosa de pronunciar, algún que otro detalle que nos parece extraño en la estructura de la frase, muchas palabras y expresiones diferentes de las nuestras. No conviene olvidar que si nuestro interlocutor se expresa en una variedad regional distinta a la nuestra seguramente estará experimentando la misma extrañeza con nuestra forma de hablar. Recuerden que, en lengua, como en tantas otras cosas de la vida, diferente no significa incorrecto. La historia de nuestra lengua es muy larga, muestro idioma ha recorrido extensos territorios y se ha adaptado a ellos y a sus hablantes. Ha recibido influencia en distintas medidas de las lenguas que se hablan en esos territorios. La vida y la realidad de sus hablantes le ha ido confiriendo rasgos de personalidad que la caracterizan en cada zona. Esta diversidad cultural la enriquece y debemos asumirla y valorarla como lo que es, un patrimonio valioso para todos los que hablamos español, un patrimonio del que sentirnos orgullosos, independientemente de la variedad en la que nos expresemos.

Cuando los dominicanos nos sentimos orgullosos de nuestra forma de hablar, de nuestras palabras tradicionales, de nuestro acento peculiar, compartimos ese orgullo con millones de hispanohablantes, de cualquier rincón del planeta, que sienten los vínculos poderosos que se establecen cuando nos sabemos hablantes de una misma lengua materna.

 

Geólogos y geómetras de las palabras

Por Jorge J. Fernández Sangrador

 

El lexicógrafo Alain Rey falleció el pasado 28 de octubre, en París, a la edad de 92 años. Había nacido en Pont-du-Château (Puy-de-Dôme), en el seno de una familia sumamente católica. De su padre, bibliófilo, heredó la pasión por los libros y las palabras.

Allá por 1945, Paul Robert, “pied-noir” y heredero de una rica familia de Orléansville (departamento de Argel), insatisfecho por lo limitados que eran los diccionarios, reducidos a meros elencos de palabras ordenadas alfabéticamente, decidió acometer una empresa léxica lo más amplia y completa posible, tomando como referencia el diccionario de Émile Littré (1801-1881).

Alain Rey participó en tan extraordinario proyecto lexicográfico ya desde sus inicios. Y de ahí salió “le Dictionnaire alphabétique et analogique de la langue française”, en seis volúmenes, concluido en 1964. Hubo luego otras dos ediciones: en 1985 (rebautizado con el nombre de “Le Grand Robert”) y en 2001. En 1967 se publicó “Le Petit Robert”. En 1971, “Le Robert Micro”. En 1974, “Le Petit Robert 2. Dictionnaire des noms propres”. En 1978, “Le Robert & Collins Senior”. En 1979, “le Dictionnaire des expressions et locutions”. En 1992, “le Dictionnaire historique de la langue française”. En 2005, “le Dictionnaire culturel en langue française”. Y no paran de sacar cosas al mercado.

La vida de aquellos lexicógrafos fue admirable. Ya la de Émile Littré, el autor de “le Dictionnaire de la langue française”, es como para llevarla al cine. De hecho, él mismo escribió un libro acerca del modo de realización de su magna obra. Existe una edición en español: “Cómo hice el Diccionario”.

Todo lo que Littré llevaba dentro de sí era algo fuera de serie: lecturas de gramáticas de lenguas antiguas y modernas, traducciones de clásicos, redacciones de ensayos sobre filosofía, historia, sociología y crítica literaria. Había estudiado medicina, pero le faltaba lenguaje para expresarse, para explicarse a sí mismo y para comunicarse con los demás con la amplitud que él quería. Littré consideraba que el bagaje léxico con el que él operaba era insuficiente para verter hacia afuera su riquísimo mundo interior.

Y lo mismo le sucedía a Paul Robert, que era de formación jurídica. Mientras escribía una tesis en economía política sobre los cítricos en el mundo y su desarrollo en Argelia observó que le faltaba vocabulario para formular lo que realmente deseaba decir y que los diccionarios que tenía a mano no le suministraban lo que él esperaba de ellos, y eso que eran el viejo Littré y los seis volúmenes del Larousse.

Así que se puso a hacer uno con etimologías, equivalencias, extranjerismos y referencias a autoridades, y comenzó a trabajar en su “Dictionnaire général des mots et des associations d’idées”, que luego se convirtió en “le Dictionnaire alphabétique et analogique de la langue française”, y, finalmente, en “Le Grand Robert de la langue française”.

Paul Robert fundó, en 1951, la “Société du Nouveau Littré”, y creó un equipo estupendo de lingüistas. Jóvenes. Estaba, entre ellos, Alain Rey, quien, por entonces tenía solo 24 años y había estudiado en la Facultad de Letras y en la Escuela de Ciencias Políticas de París. Debían ayudarlo a concluir su obra, de la que, en 1950, había presentado el primer fascículo ante la Academia francesa.

En aquel equipo inicial estaba Josette Debove, con la que luego se casó Alain Rey. Todos ellos trabajaban denodadamente para que el pensamiento humano pudiese expresarse y desplegarse valiéndose de la hermosura y versatilidad de la lengua francesa, a partir de ella misma, en su relación con otros códigos escritos y en sus inagotables posibilidades para la comunicación, según las edades y los distintos usos de los francoparlantes.

Alain Rey, cultivó, desde el amor a las palabras, las matemáticas, el medievalismo, el periodismo, el arte, la literatura, la economía y la gastronomía. Sobre todo, y siempre, esta última. Era un Rabelais de nuestro tiempo. Le interesaban, al estilo de los renacentistas, los tratados antiguos en latín, griego, hebreo y árabe. Escribió las biografías de Émile Littré y de Antoine Furètiere (1619-1618), quien dejó el derecho para dedicarse a la religión y a la lengua, a la Palabra y a las palabras.

Se ha dicho que “Le Petit Robert” habría que encuadrarlo entre las acciones que precedieron a mayo del 68 o que giraron en torno a él, pues se aprecia, entre los conductores del proyecto lexicográfico una indisimulada inquietud por evidenciar la relación existente entre lenguaje, sociedad y actualidad. Como se ha dicho más arriba, Paul Robert y Alain Rey provenían del mundo del derecho, de la política y de la economía.

Y es que, junto al saber enciclopédico, poseían una aguda sensibilidad para detectar lo que realmente le interesaba al ciudadano de hoy y una enorme creatividad. El programa radiofónico que Rey mantuvo, entre 1993 y 2006, en “France Inter”, es un ejemplo que ilustra lo que acabo de exponer. Se titulaba “Le Mot de la fin”. Lograba condensar en un vocablo, explicado brevemente, el acontecer diario. Era, como decía William Blake, ver un mundo en un grano de arena y un paraíso en una flor silvestre. Y para ser tan certero y preciso en la definición y calificación del todo, reduciéndolo a un punto, es preciso ser no sólo un geólogo que indague la historia y la evolución de las palabras, sino un geómetra también que sepa mostrar la magnitud de cada una de éstas en lo concreto del tiempo y del espacio (La Nueva España, 8 de noviembre de 2020, p. 26).

 

Incertidumbres de la imaginación

Por Miguel Solano

 

Lo que Rafael Peralta Romero hizo fue internar al laureado poeta Víctor Villegas en un manantial de dudas sin que aparezca una sola gota de muestra, pero todos sentimos que esas incertidumbres emanan del pozo divino llamado imaginación. La historia se hizo novela y la novela se hizo historia. El lector, finalmente, sin sentir dolor o angustia emocional, termina aceptándola en ambas formas. Debido a la capacidad de conflictos que tienen los grupos humanos, las organizaciones religiosas crearon a Dios como el incausado. No hay que explicar su existencia, basta con reconocer su necesidad. Así la cadena de causación se detiene en un Ser que no es contingente y que es la causa última de todos los demás. Y para que los humanos entendieran que en Él terminan todos los conflictos, fue creado eterno e infinito. El hombre crea a Dios y luego pone a Dios a crearlo a él. Una de las dos es verdad, aunque cuánticamente ninguna de las dos lo es.

Rafael Peralta Romero escribe su novela en forma de prosa, Víctor Villegas compuso sus poemas en forma de versos. En el lenguaje, el verso tiene todas las perfecciones en grado sumo. Y como decir es más perfecto que no decir, el verso se apoderó de la música para existir en todos los instantes. Cuando uno hablaba con Villegas eso era lo que sentía.  Eran historias que, como canto de la mar, jamás te abandonaban. Y Rafael Peralta Romero atrapó en una novela toda su esencia, a tal punto que al leerla respiramos su oxígeno.

Don Bruno Rosario Candelier, el líder del Ateneo Insular, fundador del Movimiento Interiorista y actual director de la Academia Dominicana de la Lengua, elaboró las 7 leyes de la novela. Cuando leo una novela la examino en base a esas leyes, que son estas.

1- Ley de la verosimilitud, que apunta a la credibilidad de la ficción narrativa… De manera que si el universo novelesco es totalmente inventado, debe dar la apariencia de realidad, y si es totalmente histórico (verídico), debe dar la apariencia de ficción (fabulación).

2- Ley del eje conflictivo, consiste en fundar el material en hechos conflictivos que derivan de enfrentamientos dramáticos.

3- Ley de los orígenes, implica una búsqueda de los orígenes. Se trata de indagar las raíces de la historia que se narra.

4- Ley de la incógnita, establece que toda novela ha de fundarse en la revelación de la historia de un modo oculto.

5- Ley de la novedad, va al meollo mismo de la novela, consiste en contar algo nuevo…que aconteció en la realidad real o en la realidad imaginaria.

6- Ley de la transformación, que consiste en que las vidas de los personajes sufren o gozan una transformación. Es la ley vital ligada al final de la narrativa.

7- Ley de la atracción, que consiste en que la narración y la forma de narrarla debe atrapar el apetito de los lectores. Esa está ligada a la vida misma de la obra poética.

Como ustedes pueden ver, la primera ley es la verosimilitud, pero resulta que Rafael Peralta Romero logra una narración sin verosimilitud y, sin embargo, es encantadora. La novela, de 11 capítulos y 134 páginas, está narrada en primera persona. Víctor Villegas es quien habla.

Villegas y yo nos hicimos amigos en la Academia Dominicana de la Lengua. El poeta milita en mi vida y yo soy un militante de su memoria. Le sugerí a Aurelia Castillo que la Tercera Feria del Libro de Escritores de San Pedro de Macorís fuera dedicada a Víctor Villegas y se usara como base para las actividades la novela Memorias de Enárboles Cuentes, en la que Rafael Peralta Romero narra la vida de ese extraordinario personaje.

 

El arte de escribir: Bruno Rosario Candelier

Por José Silié Ruiz

 

Capacidad de pensar en conceptos y capacidad de pensar en imágenes

Al momento se está formado la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores, es una gestión para aglutinar a todos los médicos dominicanos que son escritores en el país y el exterior, si usted tiene esa grata experiencia de escribir en cualquier género de la escritura y es médico, siéntase usted más que bienvenido y desde ya está invitado a formar parte de este grupo de profesionales de la salud, que bajo la motorización de los colegas doctores Reynolds Pérez (Jochy), Frank Espino y María Zunilda Núñez, le estamos dando forma a la naciente sociedad de médicos amantes de escribir.

En una pasada reunión y como primera actividad del grupo gestor, tuvimos la gran dicha y el alto honor de auspiciar una conferencia-conversatorio sobre el arte de escribir con el Dr. Bruno Rosario Candelier, él es un ciudadano prominente, que preside desde el 2002 la Academia Dominicana de la Lengua, y que por su labor cultural y lingüística ha recibido honrosos premios nacionales e internacionales.

Vamos a resumir su amplio currículo, en el hecho de que es de los dominicanos que más libros ha escrito sobre el tema de la lingüística, la creación, la educación, ya usted se puede imaginar la titánica obra de este quijote dominicano, quien ocupa una silla en la Real Academia Española.

Inició su conferencia planteando que toda persona o todo profesional que se dedique a la escritura, se debe a la fe que tiene en sí mismo. Con su experiencia concluye que hay miles de personas que tienen condiciones y talento para la creación, pero no producen nada. Nos hizo la pregunta: ¿Ustedes creen que es cierto que carecen de formación?, no. ¿Porque no tienen la suficiente motivación para iniciarse en la escritura?, tampoco. ¿Porque sienten que no pueden aportar algo nuevo?, tampoco.

La mayoría de las personas con capacidades creativas que no se lanzan a una actividad inventora, es porque no tienen fe en sí mismos. Pues quienes tienen fe en ellos mismos, se convencen, pueden testimoniar y compartir sus propias visiones del mundo con los demás.

Señaló que todos podemos idear, que todos somos capaces de producir en las múltiples actividades de la creación. Tenemos todos inteligencias, entonces se puede desarrollar el poder de la creatividad, que se manifiesta cuando hacemos conciencia de que contamos con esa condición de poder imaginar.

Es la percepción de la realidad, pero por sobre todo poder captar el sentido profundo que pueda tener esa realidad. Los escritores no hacen más que eso, atreverse a comunicar su percepción de la realidad.

Hay que preparase, pues para decir algo usted tiene que tener la adecuada forma de hacerlo, estimulando la naturaleza de nuestra imaginación para conectarlo con la realidad. Nuestra propia conciencia es una fuente de creación. Cuando escribimos estamos expresando nuestra fantasía, nuestra sensibilidad y la naturaleza de nuestra imaginación.

Hay dos aspectos de gran importancia cuando vamos a crear, el primero la capacidad de pensar en conceptos y el segundo la capacidad de pensar en imágenes. ¿Quienes piensan en conceptos? Son los científicos, los pensadores, los que transmiten algún mensaje de la realidad, los sociólogos, historiadores, etc., todo el que da testimonio de la realidad a partir de un concepto.

En cambio hay un grupo numeroso de seres humanos, que no piensan en conceptos, sino que piensan en imágenes, este segmento de la población son los artistas, pintores, arquitectos, poetas, dramaturgos, músicos, etc., para esto se necesita una dotación singular de la inteligencia, donde áreas especiales del cerebro se estimulan.

Enfatizó el expositor, que se hace vital y necesaria en cada creación la intuición, que nos conecta con esa realidad que permanentemente está emitiendo sonidos, imágenes, aspectos sensibles y suprasensibles, para estimular la creación humana, y que nos permite enriquecernos intelectualmente.

Deseo agradecer públicamente las elogiosas palabras del distinguido amigo mocano, acerca de mi persona y mi producción como escritor, un abrazo fraterno. Les confieso que fue una experiencia gratísima el “dilectar” junto a nuestro equivalente en su obra, al prominente maestro español Marcelino Menéndez Pelayo, el homólogo en nuestra versión dominicana, lo es el Dr. Bruno Rosario Candelier.

Tarea de las Academias en el mundo actual: diálogo con académicos americanos

Por Bruno Rosario Candelier

  Muy buenas tardes, don Marco Lucchesi. Saludos, Daniela Montello. En primer lugar quiero agradecer y felicitar, en nombre de la Academia Dominicana de la Lengua, a la dirección de la Academia Brasileña de Letras por la convocatoria de este diálogo con directores de Academias de Hispanoamérica. El propósito que ustedes persiguen sin duda va a redundar en beneficio de nuestra cultura, a favor de nuestras respectivas lenguas, la española y la portuguesa y, desde luego, a favor del desarrollo del pensamiento y la creatividad. Eso quiere decir, naturalmente, que lo que podamos plantear aquí tiene varios propósitos y posibles ponderaciones y efectos, entre los cuales figura la valoración del rol de las academias en el seno de cada una de las comunidades de hablantes, así como en el estímulo al estudio de la lengua y el cultivo de las letras.

La Academia Brasileña de Letras, presidida por don Marco Lucchesi,  han convocado este encuentro centrado, fundamentalmente, en lo que pueden hacer las academias de la lengua a favor de la sociedad en una etapa tan dura como la que estamos viviendo por las condiciones adversas de la pandemia viral. Desde que se fundaron las academias de la lengua en nuestro mundo hispánico esas valiosas instituciones tienen una función específica con relación a la defensa del idioma, el estudio de la palabra y el cultivo de las letras. Su accionar es un puente de comunicación con el mundo, ya que la lengua es la gran ventana para la cultura porque no solo conocemos y hablamos, sino que pensamos, escribimos, sentimos y creamos mediante la palabra. Y a través de la creación literaria, que es la expresión estética del lenguaje y el cauce privilegiado de la creatividad desde la palabra, y de la hondura trascendente desde la creación teopoética, pues los pueblos en general y los hablantes en particular tienen la ocasión de contar con el aporte de sus intelectuales, pensadores y poetas, que se convierten automáticamente en voceros de su pueblo, de su tierra y su cultura en tanto canalizan las manifestaciones socioculturales, en tanto formalizan sus intuiciones y vivencias, y en tanto dan testimonio de lo que realmente motiva o inspira en determinadas circunstancias epocales, como la que estamos viviendo en este etapa de duro confinamiento y fuerte restricción económica y social.

En estas adversas circunstancias, todos estamos viviendo un momento histórico terrible y riesgoso, por una impiadosa pandemia viral que está afectando el normal desenvolvimiento de la humanidad, no solo con la muerte, aniquilante y terrible, sino también con el cambio del estilo de vida que restringe la relación social. Todos hemos tenido que recogernos en nuestros hogares. Todos hemos tenido que modificar nuestro hábito de trabajo, vivencia y comunicación. Y todos hemos experimentado duros momentos de miedo, tensión y ansiedad

Esta pandemia, desde luego, ha enaltecido y privilegiado la comunicación telemática en función de la nueva realidad que nos ha tocado vivir porque no solamente hay conferencias virtuales, sino que hay también docencia virtual y comunicación mediante notas de voz, o grabación de videos o el uso frecuente de correos electrónicos y mensajes por wasap o por Instagram o por Facebook.  Y entonces las instituciones culturales t las academias tenemos también que usar las redes sociales y la plataforma de la tecnología electrónica para ponernos en comunicación con nuestro público, con nuestros colegas, amigos y relacionados a través de las instituciones lingüísticas, literarias, docentes y culturales, y también con la realidad social. Y entonces de alguna manera esta nueva vertiente de la realidad está modificando el estilo de vida y, sobre todo, la función que debemos realizar, que se debe seguir manteniendo con métodos diferentes de comunicación, acción y creación.

Las funciones académicas de las que hablaba el distinguido director de la Academia Hondureña de la Lengua, don Francisco Arellano, al comentar el rol de las academias -funciones que compartimos todas las academias en el mundo-, son acciones y realizaciones que debemos seguir proyectando en nuestra comunidad a través de los medios virtuales. Esa es una dimensión que antes no se contemplaba tanto como ahora, porque en nuestras academias realizamos actividades con la participación presencial del público y ahora no podemos hacer ese tipo de convocatoria; de hecho, están cerrados nuestros locales y en estos momentos no celebramos actividades con participación presencial y, entonces, necesariamente, tenemos que organizar actividades con mediación virtual y eso, de alguna manera, modifica el procedimiento tradicional, la metodología que seguíamos anteriormente y que debemos variar ahora con el procedimiento telemático.

Este encuentro virtual que usted, don Marco, acaba de formalizar, esta convocatoria electrónica de las Academias de la Lengua y las Letras, sin duda es un gran ejemplo y una gran iniciativa de su parte, y yo no dudo de que será en beneficio de nuestra cultura y que nosotros, los académicos debemos aprovechar esta coyuntura y continuar nuestro trabajo a favor de nuestra lengua y nuestras letras. Hasta ahora hemos estado publicando libros en formato físico, pero ya tendremos que acudir a la publicación de libros electrónicos. Hasta ahora habíamos organizado coloquios, tertulias, conferencias, talleres, con la participación presencial, física, de las personas. Ahora debemos seguir haciendo esas actividades mediante los recursos electrónicos, y a mí me parece, desde la labor que realizamos y promovemos en nombre de nuestra academia con el apoyo de nuestros colegas, estamos convencidos de que hemos de enfatizar la dimensión estética y espiritual de la palabra para estimular la creación literaria.

La creación literaria tiene en la literatura española una hermosa y fecunda tradición mística, que obtuvo su nivel de excelencia en la obra poética de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús. Entonces la dimensión mística de la palabra es una proyección que, desde la existencia de los pensadores presocráticos de la antigua Grecia la intuición del Logos de la conciencia tuvo una gran acogida y una gran participación en función de lo que la Palabra inspira y genera. Ese luminoso concepto que originalmente intuyera Heráclito de Éfeso, cuando advirtió que los seres humanos contamos con una singular dotación espiritual que se manifiesta en la palabra, a través de la cual se canalizamos nuestra capacidad de pensar, intuir, hablar y crear. Y entonces, en función de esas atribuciones que todos los seres humanos contamos con el poder de la creatividad es algo bellísimo que nos enaltece como creaturas divinas, porque somos una emanación de la Divinidad y, sn tal virtud, entonces estamos llamados a enaltecer la función de la conciencia y potenciar la función de la sensibilidad a la luz de los altos ideales del espíritu que nos permite ser mejores seres humanos, para que podamos cumplir con la misión que cada ser humano, desde su propia circunstancia y condición, puede realizar en beneficio de sus semejantes. Esa es una función que también está al alcance de las academias de la lengua para hacer de nuestro mundo un espacio que sea creativo, grato, edificante, provechoso y luminoso.

Muchísimas gracias, a usted, don Marco Lucchesi por esta convocatoria y que Dios nos siga bendiciendo a todos.

 

—MARCO LUCCHESI: Muchísimas gracias, don Bruno, casi cierro los ojos y le digo con san Juan de la Cruz:

 

En una noche oscura

con ansias y amores inflamados

oh dichosa ventura

salí sin ser notada

estando ya mi casa sosegada

a oscuras y en celada…

 

Usted habló exactamente de la mística de la palabra, pero después volvió al Logos, es decir, lo que sería una de las mayores tradiciones del Occidente. Me gustó mucho eso. Y también me gustaría poner en evidencia cuando usted supo reconocer el momento en que nosotros vivimos una especie de transformación antropológica. Es decir, no es solamente una cuestión de ahora; por eso y por otras razones difíciles de la pandemia; pero lo que la pandemia también trae, en muchos sentidos, algunos retos fundamentales y la transformación antropológica que vamos viviendo nosotros, no solo por los medios de uno, sino por la necesidad de comunicación. Eso me parece también una temperatura muy importante, un baricentro, no un entro, pero un baricentro porque hay muchas fuerzas ahí que se apoyan las unas con las otras y ahí está exactamente el arma más importante del tiempo, este que estamos viviendo con mucho dolor, con muchas dificultades. Al hambre estamos volviendo, casi todos, a la geografía del hambre.

Bueno, hay que hacer muchas cosas. Nosotros, por ejemplo, en la Academia estamos poniendo en la canasta básica un libro, porque la gente, ahora, los más pobres, los más desvalidos, si tienen hambre, no se puede jugar con el hambre de la gente; pero también elegir que la presencia de los libros pueda también responder por otra hambre para hacer un hilo de oro como hablaron la señora Margarita Vásquez, de la Academia Panameña, el señor Francisco Arellano y usted. Muchísimas gracias, por sus bellísimas ponencias y un abrazo muy particular a Bruno (¿Le puedo llamar así por nombre o le vuelvo a decir a usted?), un hermano. Muchas gracias, de verdad.

—BRC: Muy amable de su parte, don Marco. Muchísimas gracias.

—MARCO LUCCHESI: Le iba a hablar de Pedro Mir, pero no es el caso. Muchas gracias, de verdad.

—BRC: Siempre. Siempre a su disposición.

—MARCO LUCCHESI: Un abrazo.

—BRC: Igual para usted. Bendiciones del Altísimo. ¡Salud y vida!

(Encuentro de la Academia Brasilera de Letras con Academias de América Latina, Plataforma virtual de Zoom, 6 de octubre de 2020).

Trúcamelo, molongo, tamizaje

Por Roberto E. Guzmán

TRÚCAMELO

“. . . brincar o saltar el TRÚCAMELO”.

Esta voz que figura en el título es muy probable que esté desapareciendo del vocabulario dominicano. La suposición anterior se emite ante los avances de la tecnología y con ella el cambio de juegos o entretenimientos que los niños practican en la actualidad.

Es una pena que la voz esté en vías de desaparición. El lamento se origina porque es una voz dominicana. Solo se conoce en República Dominicana. La formación de esta y el significado son dominicanos. Aquí se reflexionará acerca de la voz.

El trúcamelo es lo que en español internacional se conoce con el nombre de rayuela. El trúcamelo dominicano mantuvo algunas diferencias con el internacional. Los tejos en República Dominicana se conocen con el nombre de “chatas”. De preferencia la chata se elige de forma circular. El nombre a la chata dominicana le viene de la superficie y forma de este objeto plano, delgado. Esto así para permitir el fácil desplazamiento de la chata durante el juego.

Para iniciar el juego los participantes “se cantean”, es decir, lanzan su chata a la línea o “raya” con el fin de determinar quién será “mano” y quien “manito” y, el orden en que participará cada jugador. Este manito o segundo en el orden se conoce además con el nombre de “trasmano”. El último en jugar, por haber quedado más alejado de la raya será llamado “porra” o “pie”. Las modalidades del juego pueden sufrir algunas variantes que son determinadas por el espacio disponible.

El dibujo de las rayas en el suelo puede variar. Algo que permanece es que se salta en un solo pie y el jugador debe en algún momento decir “trúcamelo”. Hay espacios en el dibujo que le permiten descansar sobre ambos pies.

Se ha reflexionado acerca del nombre del juego en español sin poder dar con una explicación plausible. En inglés el juego es llamado hopscotch, el scotch procede de que esa palabra servía para score, que es puntuación en español. Llama la atención que en el pasado de la lengua inglesa este score fue raya, marca. Este nombre lleva dentro la idea de saltar y obtener puntos.

El nombre internacional rayuela evoca las rayas que se trazan en el suelo. En francés el nombre del juego es marelle que tiene relación con el nombre de la chata (tejo) que en francés antiguo fue merel. El francés tuvo influencia sobre la denominación del juego en Brasil, amarelinha, que alude al tejo antes mencionado en francés (merelie). La terminación es un diminutivo propio del portugués brasileño.

La única explicación ¿plausible? para el nombre trúcamelo del español dominicano es que procede del verbo “trocar” en tanto significa cambiar con el sentido de mudar, pues eso se hace en el juego, cambiar el sitio, mudar la “chata”, ficha que se coloca en el suelo. Por su formación sugiere la voz trúcamelo una orden o desafío, “trúcamelo”, cámbiamelo.

Que el nombre del juego en dominicano proceda de una provocación no es motivo para extrañarse, porque los nombres atribuidos a actividades pueden derivar de cualquier rasgo, cualidad; sobre todo cuando no es el nombre oficial, sino el que resulta de un uso y, más entre niños. Ya más arriba se documentó de dónde proceden los nombres del juego en lenguas otras que la española.

 

MOLONGO

“Lo que no está claro es de dónde van a salir los innumerables MOLONGOS que para esto se necesitan”.

En esta cita en cabeza de esta sección la voz molongo debe interpretarse como equivalente de “peso dominicano”. El peso es una unidad monetaria de muchos países hispanohablantes, por lo tanto, no debe ser motivo de sorpresa que tenga tantos “apodos” diferentes.

El dinero (peso) es una parte importante de la vida humana; como consecuencia de esto es parte de muchas de las conversaciones diarias. Algunos hablantes de español dominicano se divierten llamándole con diferentes nombres.

Los nombres que le son atribuidos al peso varían de acuerdo con la edad del hablante. El peso se designa con nombres que variarán con la época del año y otras circunstancias. La vigencia de algunos de estos nombres es efímera, o bien, solo circulan en algunas capas de la sociedad.

Con respecto de la voz “molongo”, se recuerda que en Santo Domingo hubo una persona que siempre usaba esta voz para mencionar el peso y el dinero. Sus programas de radio fueron escuchados durante unos años. El programa en la radio desapareció con la muerte de su productor.

Para el peso dominicano se ha promovido llamarle oficialmente “Duarte” con el propósito de honrar y mantener vigente la memoria del patricio. Los nombres extraoficiales han sido muchos y mencionar algunos y dejar otros fuera es una tarea sin recompensa.

Ese fenómeno de que la unidad de moneda de un país tenga muchos nombres populares no es exclusivo de República Dominicana, pues sucede en muchos otros países de América.

 

TAMIZAJE

“. . . millones de pruebas diagnósticas para el TAMIZAJE de la población . . .”

Es una pena que la voz “tamizaje” no figure en el Diccionario de la lengua española. Tampoco consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

La contrariedad que se expresa de modo disimulado por la ausencia de la voz tamizaje se produce porque se piensa que es la voz que mejor expresa y se acomoda para transmitir el mensaje que se hace por medio de la voz triage que prima en las salas de primeros auxilios de los Estados Unidos y que ha invadido el español de otros países.

La Academia por excelencia ha concedido la carta de naturaleza al vocablo triaje, cuyo origen no menciona y remite al verbo triar que considera de origen incierto. Ese vocablo -triaje- entró en el lexicón mayor de la lengua en la edición de 2014.

La lengua inglesa reconoce la deuda que tiene con el francés al adoptar crudo el vocablo triage, con una detallada acepción para la acción que se ejecuta en las “salas de emergencias”.

El verbo triar en español es, para los fines que interesan aquí, “escoger, entresacar, separar”. De allí se llega a que la acción del triaje es de escoger, entresacar, separar. En francés el verbo trier es “seleccionar, tamizar, cerner, clasificar”, entre otras significaciones.

En inglés triage cuenta con una primera acepción muy específica para aplicarla en las casos de emergencias médicas, “clasificación y asignación de tratamientos a pacientes. . . de acuerdo a un sistema de prioridades”. En las salas de urgencias médicas, “clasificación de los pacientes según la urgencia de sus necesidades de cuidados”.

Puede deducirse de lo expuesto más arriba que el uso del triaje del español procede del inglés y el origen de la palabra viene del francés, con posible origen del latín. La Real Academia ha adoptado la posición de solo consignar el origen de las palabras cuando este puede establecerse sin lugar a duda.

Se lamenta que el sustantivo correspondiente a la acción del verbo tamizar no se haya abrazado para el uso que del verbo se hace en el ámbito médico de las salas de urgencias.

Desaciertos de una entrenadora de profesores

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Hace varias semanas comencé a escuchar en uno de los canales por donde se transmitía el interesante entrenamiento dirigido a nuestros profesores dominicanos. Al escuchar un primer desacierto de una entrenadora lo anoté y seguí escuchando la exposición y anoté otros desaciertos más que les presentaré a continuación.

  1. Empleo de le-les: Esta variante del pronombre de tercera persona se emplea como objeto indirecto y tiene concordancia con el referente. Si el referente es singular se empleará le. Ejemplo: Le envié el libro a María. En este caso se usa “le” porque el referente, María, es singular.

En cambio, si el referente fuera plural, usaríamos “les”. Ejemplo: A los niños les encantan los dibujos. Al ser el referente  niños plural por esa razón se escribió “les” en plural.

Se les presentan a ustedes algunos de los casos en que la entrenadora usó en forma desacertada “le” en lugar de “les”, que sería lo correcto: a. Importa mucho el uso que le demos a los recursos; b) Para que ellos respondan las preguntas que le hacemos”; c) Le voy a dar a ustedes 30 segundos para que reflexionen.

La entrenadora empleó quince variantes de las cuales empleó 5 “le” (33.3 por ciento) bien empleados, mientras que usó 10 “le” en vez de “les” (66.7 por ciento) mal empleadas.

  1. Empleo de aquí-acá: De acuerdo con la norma del castellano, se emplea “aquí” cuando queremos significar “en este lugar” y “acá” cuando queremos significa “hacia este lugar”. En las cinco veces que empleó el adverbio demostrativo “acá´”, debió usar “aquí”,  ya que todas las veces quiso emplear “en este lugar”. De las cinco veces, en una empleó “aquí” (20 por ciento) en forma acertada, y en 4 veces empleó “acá” (80 por ciento) en lugar de “aquí”, es decir, en forma desacertada.
  2. Empleo del queísmo: Se emplea el “queísmo” cuando a la expresión “de que” le eliminamos el “de”. En este caso sintáctico, la entrenadora usó dos construcciones oracionales queístas, una de las cuales fue la siguiente: Estoy convencida que (debe ser “de que”) es conveniente resolver situaciones prácticas.
  1. Empleo del desenqueísmo: Se tiene una construcción desenqueísta cuando a la expresión “en que” le eliminamos “en”. La expositora usó la siguiente oración: Debes hacer una valoración de las condiciones que llegan. Debió  decir: “Debes hacer una valoración de las condiciones en que llegan”. Ese empleo del desenqueísmo está ampliamente extendido en  el habla de los dominicanos, de tal manera que lo raro es que alguien lo emplee acertadamente.
  1. Empleo de “por ende”. Ahora mismo escuché en una clase por televisión el “por ende”. Es una realidad el excesivo empleo del “por ende” que prácticamente todos los entrenadores y ahora también los profesores, lo están empleando en vez de decir “por consiguiente”, “por eso”, “por tanto”, “por lo tanto”, “en consecuencia” “por esa razón, etc.

Casi todos los entrenadores que escuché  emplean la palabra “puntual” debiendo usar mejor un término  sinónimo  de esa palabra, cuyo significado no todo el mundo entiende o capta con precisión. ¿No sería mejor  en vez de decir “Les voy a presentar de manera puntual lo siguiente”, decir “Les voy a presentar de manera precisa, exacta, bien delimitada lo siguiente?

  1. Empleo de “con base en”: La entrenadora usó muy bien esa expresión en la frase “con base en las situaciones creadas, a diferencia de la mayoría de usuarios que casi todos hubieran dicho “en base a las situaciones creadas”.

Ojalá que muchos de esos  desaciertos desaparezcan del léxico de muchos de los entrenadores y los profesores que en este período están dirigiendo la enseñanza de los niños y adolescentes dominicanos.