Poetas de la Academia

 Andrés L. Mateo

Al margen del venerable Heráclito

 

Lo único perpetuamente estático

es la nostalgia.

Dicho esto, por supuesto,

al margen del venerable Heráclito.

Contra el tiempo se diluyen las cosas.

 “En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace”

-dijo el poeta-

Regresas y ha cambiado lo que antes era tuyo

menos en la nostalgia

en la que igual las cosas permanecen

a pesar del círculo implacable que el vivir arrasa.

Todavía la luz sucede a la luz

cuando vuelvo al viejo barrio.

Ha pasado algún tiempo.

 

Pero soy todavía el niño cruel que cazaba mariposas,

y hasta que el ángel venga esperaré sonreído

en una esquina del barrio San Juan Bosco,

ardiendo de inquietud con mi rama en la mano.

 

¡Fui implacable!

Jamás tuve más cierto en mi memoria

las batallas ganadas

el día ardiente del verano

lejano y próximo

en el cual fui el rayo de tinieblas

que mataba mariposas y era feliz.

 

Y me veo regresar en la nostalgia

no como el que ahora soy

sino como el que fui.

 

Bajé desde mí mismo

encontrando aquel niño de tenue corazón

de alborozado rostro

que con su rama desflecaba

las durezas de una tierra en la cual

el mal no estaba escrito todavía.

 

Ha pasado algún tiempo.

Cambia todo

hasta la rancia sentencia

del venerable Heráclito.

Menos en la nostalgia

donde no hay antes ni después

y el olvido nunca construye su morada.

Y nada puede transformar lo dado,

lo vivido.

Al margen del Venerable Heráclito.

(Andrés L. Mateo, “Poesía”, Areíto, Hoy, 21/12/2019/5)

 

Bruno Rosario Candelier

El ágape inmortal

 

A

Andrés L. Mateo

 

La luz alumbra porque relumbra,

fuero y cauce de un designio establecido.

Si la rosa “florece porque florece”,

el estiércol repugna por lo que tiene.

Entre la A y la Z cabe todo,

tanto del mundo sutil,

como de la prosaica galera.

Y todo vuelve a su origen,

como intuyó el presocrático cuando vio

que el río fluye incesante hacia su fuente.

Lo que permanece es el ágape, Andrés,

el ágape sagrado y divino

al que nos convocan.

Ya lo dijo Heráclito en su día:

“Todo viene del Todo, y todo vuelve al Todo”.

Nada cambia, si el amor preside la mirada,

mientras la vida pauta el rumbo

con sus señales secretas.

 

Lo que la luz revela es el halo

que perfila el sentido.

A la luz sucede otra luz,

la que despliega el manto

inconsútil del misterio.

 

En nosotros pervive el niño que con su enigma

Aflora desde el fondo ignoto del pasado.

En el poema late el miedo que troquela

circuitos y neuronas

como vestigio de una culpa irredenta

o como el látigo inclemente

que señala, acusa o recrimina.

Un soterrado miedo o un trauma secreto

con su larva da culpa o su inmarcesible

llama hacen al poeta.

 

No es la nostalgia la que inspiran tus dolientes versos,

ni la palabra que representa, cuestiona o curcutea.

Es la fragua de una pasión insumisa y traviesa

del niño que con dolor recuerda

una gozos a crueldad contra inocentes mariposas,

que no puede revertir

porque lo hecho, como lo dicho,

irremediablemente queda detenido en el tiempo,

a pesar del transcurso de los días y las penas,

a merced de la distante y lumbrosa luna,

o a despecho de las impertérritas

y calladas piedras.

Desde el fondo de ti

late el reclamo de lo que no muere.

Lo que fue, lo que se hizo o dijo,

no cambia con el tránsito de las noches,

porque nada pierde su esencia y su sentido.

El venerable Heráclito lo supo,

como tú lo presientes compungido,

pues ni la secreta nostalgia,

ni el olvido cómplice,

cortejan las cosas que suceden,

sino el ágape inmortal

que las redime.

(Bruno Rosario Candelier, “Poesía”, Areíto, Hoy, 28/12/2019/5).

 

 

 

 

Vida de repliegue

Por Segisfredo Infante

 Son muchos los estudios realizados sobre la vida y la obra heterogénea de Fray Luis de León (1527-1591), que pareciera innecesaria una apostilla más sobre este capítulo de la literatura castellana en particular. E hispanoamericana en general. Pero resulta que cuando uno se detiene a releer el poema “Vida Retirada” que venimos leyendo, justamente, desde nuestros tiempos de primer año de secundaria en el Instituto Central “Vicente Cáceres”, la necesidad imperativa de reflexionar sobre el personaje y su obra, se vuelve como una recurrencia del espíritu en una época transida de prisas y anomalías estresantes.

En las primeras décadas del siglo veintiuno hemos llevado una vida tan precipitada, violenta y desbocada, que a veces pareciera que la humanidad pierde el rumbo que se requiere para la convivencia colectiva, la “Razón” razonadora, la búsqueda de la virtud y el indispensable acto de detenerse en el camino a balancear los recorridos previos y a meditar serenamente sobre el sentido de la existencia misma. A la par de la sensibilidad poética es conveniente digerir y asumir algo del saber filosófico con el propósito de meditar en torno de las cosas trascendentes, en tanto en cuanto que fueron filósofos como René Descartes y Ortega y Gasset quienes sugirieron la estrategia de parar la intensa marcha de los quehaceres cotidianos (incluso de la guerra) a fin de detenerse a meditar y a escribir en un recodo del camino de la “Historia”.

Fray Luis de León, además de sensibilidad poética poseía conocimientos teológicos, filosóficos y científicos. Mantenía, como todos sabemos, una cátedra erudita en la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas. También hizo traducciones del hebreo al latín y a la “lengua vulgar”, particularmente del libro “El Cantar de los Cantares” y del “Libro de Job”, que aparentemente le generó problemas con algunos colegas quisquillosos que lo acusaron de cosas baladíes. Sobre todo por su origen de judío sefardita converso, lo que facilitó la calumnia y que además el poeta fuera a parar con sus huesos a la cárcel durante tres o cuatro años. También Madre Teresa de Jesús (amiga de Fray Luis) era una recia escritora de origen sefardita, que la condujo a enfrentarse con serios problemas fraguados por algunos celosos y recelosos “hermanos” suyos, de esos que miran posibles adversarios hasta en los alimentos de cada día, valiéndose de dogmas fingidos o extremadamente rígidos, carentes de amor y de misericordia judeocristiana.

“Vida Retirada” es uno de los poemas más conocidos, pero también más profundos, de Fray Luis de León. Veamos algunos versos: “!Qué descansada vida// la del que huye el mundanal ruïdo,// y sigue la escondida// senda por donde han ido// los pocos sabios que en el mundo han sido.” (…) “Que no le enturbia el pecho// de los soberbios grandes el estado,// ni del dorado techo// se admira, fabricado// del sabio moro// en jaspes sustentado.” (…) “No cura si la fama// canta con voz su nombre pregonera;// ni cura si encarama// la lengua lisonjera// lo que condena la verdad sincera.” (…) “!Oh campo, oh monte, oh río!// ¡Oh secreto seguro deleitoso!// Roto casi el navío,// a vuestro almo reposo// huyo de aqueste mar tempestuoso.” (…) “Vivir quiero conmigo,// gozar quiero del bien que debo al cielo,// a solas, sin testigo, libre de amor, de celo,// de odio, de esperanzas, de recelo.”

Los cuatro últimos versos arriba citados, contienen una propuesta teológica casi mística de este singular poeta del renacimiento español. Actitud que cultivará más tarde, en forma sistemática y mucho más condensada, el poeta y pensador Fray Juan de la Cruz, ex-alumno de Luis de León y discípulo directo de la mencionada “Santa Teresa de Jesús”. Los tres autores aquí aludidos fueron difamados y acusados de alguna temeridad, por rencillas de una orden religiosa (la dominica) con inclinaciones inquisitoriales, que era rival en contra de ellos: Los agustinos y los carmelitas descalzos. Pero mientras Fray Luis de León prefirió enfrentar las acusaciones en un largo juicio de cinco años aproximados, “San Juan de la Cruz” siguió el camino de Aristóteles de fugarse de la cárcel; o de alejarse del lugar de la intriga. Quizás porque el pensador y poeta intuía que su tiempo de vida en la tierra era muy corto, y que su tarea de teólogo místico, y de consejero, era demasiada intensa.

No sabemos si acaso las enseñanzas de aquellos tres personajes tienen validez en un mundo tan desequilibrado, megalómano o precipitado como el nuestro. O que quizás precisamente por eso, recobran una gran actualidad. En todo caso vale la pena sumergirse en las posibilidades de la “soledad sonora” de Juan de Yepes (o “San Juan de la Cruz”); en los castillos interiores de “Santa Teresa de Jesús”; o en la “Vida Retirada” de Fray Luis de León. Por cierto que la “soledad sonora” juanista ha sido recuperada por uno de los más grandes filósofos españoles del siglo veinte. Me refiero a Xavier Zubiri, quien también era amigo del sosiego y del silencio que merece el cultivo de la “Filosofía” escrita con “F” mayúscula esencial. Resulta evidente que desde aquí se derivan una serie de posibilidades de pensamiento sosegado, meditativo, realista y profundo. ¡!Sea!!

Tegucigalpa, MDC, 22 de diciembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 29 de diciembre de 2019, Pág. Siete). (Igualmente se reproduce en el diario digital “En Alta Voz”).

La expresión femenina en el movimiento interiorista

Por Ofelia Berrido

   El Movimiento Interiorista surge de una realidad y sociedad nueva proveniente del fin del siglo XX y los albores del siglo XXI con todo lo que significa su contexto social, político y religioso. El fin del siglo XX se caracterizó por una pérdida de fe. Se desplomaron las creencias tradicionales, se cuestionó todo hasta las últimas consecuencias y se puso en duda la existencia de la realidad pura; muchos pensadores declararon el fin de las ideologías y las utopías; las culturas extranjeras penetraron sigilosa y profundamente a través de la Internet. Época de paradojas: de soledad entre el tumulto; de consumismo rampante entre la pobreza; de redes sociales basadas en una comunicación excesiva y superficial…

Así, con este escenario de fondo surge como una necesidad el Movimiento Interiorista creado por Bruno Rosario Candelier en Moca, República Dominicana, para incentivar en los escritores el cultivo de la realidad trascendente, la expresión del impacto que lo real produce en la conciencia y la plasmación de los valores interiores, así como el enfoque de la dimensión interna y mística de lo viviente y todo lo que pueda contribuir al desarrollo de la conciencia espiritual. El movimiento creció y se expandió como lo hacen las flores silvestres con rapidez y bases sólidas por América y Europa.
En su expresión femenina, el Movimiento Interiorista está conformado por un singular y talentoso conglomerado de creadoras: dada la importancia del hecho, el objetivo de este escrito es brindarles una muestra de la literatura de mujeres interioristas. Me hubiera gustado mencionarlas a todas, pero son muchas y el espacio breve. Pura Emeterio Rondón (+), crítica literaria, interiorista experta en lengua y literatura, Premio Nacional de Ensayo 1992, determinó que allí donde la realidad no es imaginaria, sino concreta, el ideal interiorista puede llevarse a cabo para profundizar en la esencia del acontecer (Emeterio, 2017, p. 320).

Quiero hacer énfasis en Carmen Pérez Valerio, cofundadora del movimiento, escritora, pedagoga y directora del Departamento de Publicaciones de la PUCMM, pues después de Bruno Rosario Candelier estimo que es la más clara exponente de la filosofía del movimiento junto con Pedro Gris y Fausto Leonardo Henríquez. Perciban en “Vaguedad de la memoria” el estilo único de la poeta que con voz encantada vincula su mundo personal al universal:

“He vagado por las calles cantando mis pasos recogiendo sueños/ adentrándome a la tarde, a la dejadez, a la entrega./ Minúsculos seres derretidos me miran desde la sombra y me poseen./ Todo vibra y confluye,/ río que se desborda en este abismo de los sentidos./ El horizonte agoniza y me suma a su muerte/ expandida en superficie y noche./ Desnudas de alas desciendo a la marisma/ y me sorprendo olfateando el gusano/ en el vaho humedecido de vuelta a la luz (Pérez, 2001).”

Transitemos por la poética de la intuitiva Carmen Comprés, oriunda de Moca, cofundadora y representante vital del movimiento. La escritora se hace una con la naturaleza y oferta versos plenos de sentido, cargados de imágenes y voces antiquísimas:

“Puse el puente/a mi espalda/ Crucé sobre las hojas/ levanté la sombra./ Hubo un olor a tierra ausente./ Y me senté sobre este suelo de fugas inmanentes./ En este espacio/ de pie mi sombra./ La noche sobre mi espalda/ Y esta desnudez transforma cada después en un absurdo/ Cuento las huellas/ El abismo/ Este ruido… giro y a la vuelta el fulgor de la aurora llama la sombra/ Siento el tímido roce de tus huellas/ El leve ruido sin cesar se torna impaciente/ En mi tan solo la embriaguez eterna/ Y tu ausencia…”

La exquisita poeta Sally Rodríguez, también, cofundadora surge de la tierra fértil de Moca con una poesía penetrante y desgarradora: “Llueve/ Quiero que llueva/ Que me deshaga yo/ Que se deshaga la angustia/ Que me ciñe/ Que muera la flor/ y la extraña mujer/ Todo debe morir quiero viento y lluvia.”

Argelia Aybar, poeta de Santiago de los Caballeros, residente en Miami. Primer premio en el Concurso de Médicos Escritores 1994, Medalla de Oro al Mérito Profesoral del Consejo Nacional de Educación Superior. Vive en el recogimiento introspectivo desde donde surge el lenguaje poético que materializa el sentido de su obra sin igual:

“[…] La tarde se desliza en lluvia/ memoria que se funde en agua/ yo lejos de mí, despojada de mí girando humedad/ espacios de sagrados líquidos/ el sonido serpentea en este cuarto vacío/ miradas translúcidas me perforan/ de mi perenne carne brota un lirio/ debajo de este cielo de aguas suspendidas/ Me mojo, solo mi barro está empapado/ yo en verdad estoy seca, sosegada y sedienta no recuerdo,/ todavía el instante futuro que olvidé a la orilla de esta lluvia… (Aybar, 2001).”

Rossalina Benjamín, oriunda de Miches, residente en New York, nació poeta. Premio Nacional de Poesía Joven de la Feria Internacional del Libro, Santo Domingo 2011, Mención particular Premio Mundial de Poesía Nosside, Italia 2014, Mención de honor Premio Mundial de Poesía Nosside, Italia 2015 y Premio Letras de Ultramar 2018. Esta joven mujer de espíritu indomable y versos brutales es dueña de una voz de peso e intuición interiorista. En un juego de búsquedas y encuentros su canto brota de las entrañas con la naturalidad del aliento que da vida para escapar de la muerte rotunda. He aquí una estrofa de “Anónima y salvaje” del libro “Manual para asesinar narcisos” (2012):

“Mi angustia naufraga en la mugre de la ciudad mirando al suelo. / Ahora puedo hablar de antiguas soledades. / Yo, que he vuelto del principio, / con sangre inocente y resina de duros árboles entre las uñas, / con esta cabellera inmensa/ y descarada como un sí en pleno rostro. ”

Altagracia Pérez de Pytel, de Santiago Rodríguez, escritora y periodista. Actualmente, reside en el alto norte, en el lugar de las nieves. Esta mujer de espíritu sutil y puro canta avivada por una inspiración lírica que da sentido a su existencia:

“Allá, en tus cabellos, las montañas y el fuego. / Allá, también los bosques y la pradera. / En tu alma, solo el silencio y el frío… (Pérez, 2001)” Mónica Galleano, argentina que hemos hecho nuestra, pedagoga de las mejores, novelista y poeta con su dilatada sensibilidad, afinada y grácil lírica, entrega los siguientes versos:

“No supe el origen de esta gota de cielo/ y de este húmedo sosiego./ No advertí el soplo del paso/ que eternamente/ dejaría una huella en mi corazón (2001).”
Johanna Goede, poeta de Puerto Plata con versos al estilo japonés, aborda el misterio: “No sé qué es el mar/ si un mundo de lágrimas/ o una gota de eternidad (Goede, 2001)”.

Por otro lado, y respecto a la narrativa interiorista, lo humano se ve a sí mismo con expresiones exactas para lo que se pretende decir cabalgando en una forma que surge desde la ideación misma de la obra. Vislumbremos la evidencia de cómo Zaida Corniel profundiza en los estratos de la existencia a través de “Testamento suicida” de título tan fuerte como su contenido. Obtuvo el Primer lugar del Concurso de Narrativa del Ateneo Minerva Mirabal (1982). Su prosa cautivadora nos deja sin aliento:

“Me levantaré ausente del mundo. El sol anunciará el día, pero no querré despertar; la noche volverá a mis ojos que se abrirán para buscar el silencio, las sombras, los ronquidos del miedo y esa luna que se colará por la ventana y me vestirá de luceros. Ahora la tierra me espera. Negra y profunda me espera. Allí estaré cuando olvide mi último aliento. (Corniel, 2001). ”

Surquemos, ahora, la narrativa de Emilia Pereyra, novelista, cuentista, ensayista, historiadora y periodista, Premio Nacional de Periodismo 2019, originaria de Azua de Compostela, residente en Santo Domingo. Dueña de una escritura directa, clara y una sensibilidad superior que se manifiesta en todo lo que escribe. Sondeemos este fragmento de “Adriana, en cualquier tarde”.

[…] Se estremeció. Su miedo era casi tangible; se enroscaba en cada fibra de su largo y desgarbado cuerpo y aunque su mente mandara otra cosa no obedecía. En poco tiempo sus ojos se anegaron y un brillo acuoso apareció en su rostro. Muchos se volvieron para ver, motivados por el ruido de sus roncos sollozos. Miradas de asombro de reproche, de lástima le cayeron encima como copiosa lluvia de acero (Pereyra, 2001).

Interesante resulta la narrativa de Kenia Mata Vega, psicóloga y profesora, que ausculta los meandros populares.

Por otro lado, el mundo ensayístico del interiorismo cuenta con una fuerte representación de escritoras, entre ellas: Pura Emeterio, María José Rincón, Carmen Pérez Valerio, Emilia Pereyra, Melania Emeterio Rondón, Roxana Amaro, Camelia Michel, Rita Díaz, Jennet Tineo y Josanny Moní…

Las creadoras del Movimiento Interiorista penetran en la esencia de la vida, conocen una realidad diferente de la cotidiana y se produce un despertar a un nivel superior de conciencia. ¡Felicidades mujeres del Movimiento Interiorista por conmemorar un año más de creación y de frutos perdurables!

El secreto del monje de Arnaldo Espaillat Cabral: una novela histórica con una lección ejemplar

Por Bruno Rosario Candelier

El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral, es una novela histórica, lo que supone que el autor tuvo que explorar obras de historia para documentar el contenido. El autor dio muestra de una profunda capacidad para curcutear el trasfondo de hechos del pasado, y con eso demostró tener la condición de historiador y novelista al mismo tiempo, porque se trata de combinar dos modalidades diferentes y, sobre todo, enlazar una historia a la ficción, que tiene una finalidad diferente de la historiografía. El historiador da cuenta de hechos del pasado, ya que no trabaja como trabajan los novelistas, y los novelistas, cuando escriben una obra de ficción, tienen la virtualidad de inventar; de hecho, una novela, como obra de ficción, es una obra de invención. Toda ficción implica una invención de mundos imaginarios. Pero si se trata de una novela histórica, el novelista no puede inventarlo todo, sino que tiene que fundamentarse en el pasado, acudir a hechos reales del pasado, pues tiene que documentar lo que dice y eso implica muchas horas de estudios y de lectura.

Me imagino las tantas horas de estudio que Arnaldo Espaillat dedicó a la investigación para darle fundamento a lo que cuenta y fabula; porque como creador de una ficción tiene que darle fundamento a los datos históricos de tal manera que el lector los asuma como creíbles y confiables, de manera que al leer la novela nos sintamos orientados por una investigación con fundamento. Evidentemente, el autor tiene una madurez que se la da la edad, pero también una madurez que se la dan los estudios y las lecturas, así como la experiencia de vida. En esta novela se nota una riqueza documental, una riqueza expresiva y una riqueza literaria en su formalización, y ese solo hecho le acredita a su autor un lugar de importancia en la galería de los novelistas dominicanos.

Los que hemos trabajado en el estudio de la novelística y en la escritura de una novela nos damos cuenta del rigor con que hay que asumir la palabra, el rigor con que hay que abordar un dato histórico y, desde luego, del rigor en la plasmación de una historia con la caracterización de los personajes y la descripción de los ambientes con la elegancia, el nivel intelectual y la profesionalidad que implica la creación literaria en este tiempo, y digo en este tiempo porque la historia de la literatura tiene un rico caudal de obras ejemplares, y hay una tradición riquísima que debemos conocer quienes nos embarcamos en la realización de una narrativa en el ámbito de la ficción. Entonces, ese primer aspecto, el del historiador que asume la palabra con un propósito ficticio es ejemplar en esta segunda novela del doctor Arnaldo Espaillat Cabral.

Otro aspecto que a mí me llamó la atención de esta obra es el nivel del lenguaje que usa el escritor. Esta novela está escrita con un lenguaje exquisito. Es admirable el uso ejemplar de la palabra que el autor emplea para confeccionar esta novela. En nuestra condición de hablantes tenemos la posibilidad de hacer uso de variados niveles del lenguaje, y en ese aspecto hay un nivel culto, un estilo esmerado, que es el que emplea el autor con la particularidad de que cuando él hace uso de ese nivel culto de la expresión, no busca  palabras obtusas ni difíciles, sino que busca las palabras de la lengua española correspondientes al alto nivel de la expresión idiomática, y eso le otorga una riqueza expresiva a esta obra, justamente por la calidad de la expresión, la belleza del lenguaje, la armonía de la escritura y la propiedad con que nuestro prestante autor hace uso de la palabra, y es oportuno reconocer este hecho porque ustedes no van a encontrar una palabra mal empleada, ni siquiera expresiones redundantes o malsonantes, sino que hay un uso adecuado, ponderado, elegante y culto, como se puede apreciar en los pasajes narrativos con hermosas descripciones.

El hecho de describir una casa o un paisaje supone un talento por parte del escritor, y a mí me sorprende la forma correcta y elegante como lo hace el narrador de esta novela, que escribe con una elegancia del lenguaje que, independientemente de la historia que cuenta, del contenido que narra y de la trama que articula para convertir los hechos y los conflictos en una novela, me llama la atención la lucidez del lenguaje para hacernos sentir el encanto del pasaje o lo peculiar del ambiente en que él hace uso de la palabra con elegancia y, desde luego, con propiedad y corrección a la luz de lo que pauta la ortografía y la gramática de la lengua española.

Hay también en esta novela de Arnaldo Espaillat Cabral un tercer aspecto que merece destacarse en la valoración de esta obra. ¿Cuál es ese aspecto? Es un aspecto sutilmente desarrollado por el narrador, como es la dimensión de la espiritualidad. En esta novela fluye un nivel de espiritualidad que se manifiesta en las actitudes de los personajes y en la reacción que el narrador canaliza en sus parlamentos cuando caracteriza personajes y situaciones, y se puede percibir ese nivel de espiritualidad, indicador del desarrollo intelectual, estético y espiritual del autor por la madurez que tiene, por esa capacidad de observación de la realidad, por esa singular potencia de su sensibilidad y su conciencia para sintonizar con el mundo, para lograr una empatía física y metafísica con fenómeno y cosas, y para identificarse de una manera entrañable con sus personajes. Los buenos narradores , y Arnaldo Espaillat ha demostrado que lo es, viven lo que narran, se compenetran emocional y espiritualmente con cada una de las situaciones que enfocan, y lo hacen de una manera tan vital, tan consciente, tan entrañable (no hay otra palabra más adecuada para expresar esa afinidad), que se da desde su sensibilidad y su conciencia con la historia que narra, con los personajes que describe y con las situaciones que le sirven de marco referencial para situar la sustancia de una narrativa, que repito,  nuestro narrador lo hace de una manera ejemplar.

Lo que quiero plantear de esta novela, que se manifiesta en la trama de la narrativa, en la técnica de la narración, en el estilo del lenguaje, en la capacidad de la sintonía del autor con lo que narra, es la motivación profunda que él plantea en la sustancia de esta obra. Los narradores viven la historia que asumen para contarla, y cuando la viven de una manera emocional, intelectual y espiritual, se nota en lo que escriben, se percibe la intención en lo que cuentan y el trasfondo en lo que narran.

Ustedes van a sentirse identificados con esta historia justamente por esa identificación emocional y espiritual que el narrador expresa cuando asume la palabra y cuando narra la historia en la formalización de esta narrativa. Los tres aspectos señalados son suficientes para afirmar que el autor de esta obra ha logrado una grandiosa novela, y fíjense que se trata de un autor que no procede del mundo literario, sino de un autor que procede del ámbito médico, y que en la etapa madura de su vida, con tiempo para investigar, con tiempo para meditar, con la experiencia para darnos una lección de vida, da testimonio de lo que él percibe de la realidad y de la historia, de lo que él percibe del mundo circundante y de su interior profundo, y, sobre todo, da el testimonio de toda una dimensión espiritual, intelectual y estética que lo motiva a él a escribir y dar a conocer sus intuiciones y vivencias. Él es un ejemplo para toda persona que quiera asumir su propia historia, que quiera asumir su propia palabra, que quiera asumir su cosmovisión y plasmarla en una historia narrativa para convertirla en novela. Es hermoso ese testimonio ha dado Arnaldo Espaillat Cabral al escribir El secreto del monje. Sobre todo, su creación sirve de mucho aliento para las personas que, en su adultez de la vida, tienen sustancia y motivo para testimoniar su propia experiencia a favor del desarrollo intelectual, estético y espiritual.

Hay obras que vienen pautadas por una fuerza ancestral o un mandato del destino. En esa onda se inscribe El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral. A los datos históricos y socio-culturales, se suma la intuición del autor cuando aborda el interregno biográfico del tercer almirante de las Indias, Luis Colón, en la órbita del gran dramaturgo español fray Gabriel Téllez, mediante una fusión de historia, biografía, ensayo y ficción con loa que enfoca una faceta desconocida en la bibliografía hispánica.

Al apreciar la identificación del narrador con sus personajes -empatía narrativa que otorga vigor y calidad a la sustancia de la narración- el autor de esta historia novelada ausculta la huella de una conducta carente de principios morales, fraguada por unos relevantes personajes de nuestra historia colonial, acierto que otorga a esta obra un contenido edificador y un halo de belleza a la luz de los ideales, cosmovisión y cultura del distinguido profesional dominicano.

En el entramado narrativo de la obra se expone una tesis sobre el origen de don Juan Tenorio, protagonista de El burlador de Sevilla que, al concitar la atención del lector, constituirá un reto para el intelecto acucioso a medida que vaya desentrañando el secreto del monje. El narrador ausculta el alma de los personajes, índice y motor de una historia intrigante. Sugiere el narrador la hipótesis de que la imaginación de frayGabriel Téllez, el monje español que vivió en nuestro país y que se dio a conocer como Tirso de Molina, se inspiró en la vida de Luis Colón, que alimentó lo que hiciera Juan Tenorio, prototipo del personaje universal conocido por la degradación moral del amor y las costumbres. El hombre que inspira la narración de esta historia fue un personaje funesto que dio rienda suelta a sus actuaciones indecorosas y fementidas con un manejo nefasto de sus inclinaciones morbosas, índice y cauce de una personalidad aberrada.

Con la lectura de esta novela, el lector podrá disfrutar el sentido estético cifrado en la descripción de los frescos espacio-temporales de la sociedad colonial dominicana, y también vivir la fruición espiritual de una sabia lección cifrada con hondura conceptual y trascendente. Imaginación y objetividad, historia y ficción, belleza y reflexión jalonan esta narración de un fascinante período de la historia colonial dominicana en la que Arnaldo Espaillat Cabral devela algunos de sus misterios con la maestría del diestro narrador y la experiencia de vida del agraciado autor de El secreto del monje.

Una corriente subterránea de espiritualidad fluye en esta novela, que muestra este pasaje:

-A mi concepto, es factible formular dos versiones: Una podría proyectar que el personaje que representa a don Juan Tenorio está basado en el comportamiento biográfico de una persona real, que residía en Sevilla, de la cual fray Gabriel Téllez tuvo conocimiento. Y la otra, por el contrario, plasmaría la idea de que don Juan es la creación primaria, original, de un arquetipo.

Se inclina un poco y enfatiza:

-Una ficción concebida por el autor. El prototipo de un personaje universal, degradado en el aspecto moral y sociológico del amor, cuyo principal objetivo y afán es ultrajar el honor de la mujer, para su burla y escarnio. Sin experimentar escrúpulo ni cargo de conciencia, al dar por sentado que un acto de contrición al final de su vida lo salvará de las llamas del infierno.

Aspira profundo y advierte:

-Por eso, cada vez que su criado Catalinón le reprocha su mala conducta, él responde: “¿Y tan largo me lo fiais?”. Queriendo decir: No te preocupes, soy joven, tengo muchos años por delante, ya podré arrepentirme. Olvidando que la misericordia Divina perdona, pero no exonera del castigo por el daño provocado (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje, Santo Domingo, Editora Búho, 2019, p. 26).

El aliento primigenio del léxico patrimonial del castellano pervive en la narración y la descripción de esta obra, conforme se puede apreciar en el siguiente ejemplo:

“El grupo se dispersa, examinan el más mínimo detalle, abren la puerta del lavabo, revisan unos libros que se encuentran apilados sobre una mesita y, sin pronunciar una palabra, se vuelven hacia el profesor que, distraído, explaya la vista a través de la ventana que se abre hacia el este.

En esa época, cuando el casco urbano contaba con muy pocas edificaciones –expresa-, desde esta ventana fray Gabriel Téllez podía ver el Alcázar, la catedral, la Real Audiencia y la Torre del Homenaje.

Hace una pausa y continúa:

-Imagino que fray Gabriel Téllez, al aspirar las brisas que se levantan del Ozama, ensimismado, sin poner atención al vuelo de las gaviotas ni a las velas de los balandros que a diario surcan el estuario, al construir sus metáforas, remedaba la figura de don Juan mientras urdía el entramado de El burlador de Sevilla (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje,  p. 107).

Un trasfondo conceptual y estético alienta la energía sutil que concita el talento creador del autor, según se manifiesta en la siguiente ilustración:

“La ciudad duerme, las horas pasan, y en lo alto del farallón tañe la campana para anunciar el despertar de un nuevo día. Y, poco a poco, sobre el manto brumoso de las aguas aparece una tenue claridad que cambia el gris pizarra por un oro azafrán.

Abrigados con grueso capote, los tripulantes del barco montan guardia en cubierta. Bajo fuerte tensión, el capitán Arteaga está en el puente desde la madrugada. Los oficiales que le acompañan no saben a qué atribuir su extraña actitud.

De improviso, tropas armadas marchan por el empedrado de Las Damas hasta el Convento de Santa Clara y se estacionan a su entrada. Otras bajan por la cuesta que lo separa del antiguo Colegio de Gorjón. Se distribuyen por el antepuerto para cubrir la parte posterior del huerto y un grupo con faroles se coloca frente a la Cueva de las Golondrinas para prevenir cualquier intento de escape. (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje, p. 279).

Hermosa obra narrativa con un contenido edificador y una adecuada formalización, esta novela de Arnaldo Espaillat Cabral enseña que la conducta indecorosa es una mancha que el paso del tiempo no limpia, ni el pasado entierra.

 

Bruno Rosario Candelier

Coloquio sobre El secreto del monje

Santo Domingo, PUCMM/ADL, 26/11/2019.

La sonrisa del monje y el secreto compartido

Por Eduardo Gautreau de Windt

 

Cualquiera de nosotros, por académico o formal que sea, por adusto o realista, constantemente va de la realidad a la ficción y de su ficción a la realidad de los demás. Y es la realidad la fuente primaria de toda ficción: películas, anécdotas, novelas… Todas son historias que surgen del diario vivir. Hasta la propia historia, la misma historia tiene algo de ficción. Primero, porque la cuentan generalmente los vencedores, y aquellos relatores plasman su visión, su enfoque, de acuerdo a los datos que disponen en su momento y a su (im) parcialidad. Y, por más imparcial, por más científica que ella pretenda ser, se ha demostrado que su percepción es influenciada por circunstancias externas a los hechos mismos, dependiendo de condicionantes políticas, sociales, económicas, etc. Si además consideramos que hay motivaciones humanas, imperfecciones del relato historiográfico que no pueden explicarse, que dejan huecos al contarla… ahí entonces, con intuición, con imaginación, con el análisis del hecho humano, yéndonos de la realidad pura y simple, claro está en base a la investigación histórica, podemos reconstruir esa narración incompleta, explicándonos muchas de las cosas de aquellas realidades que no hemos vivido. Ese es el rol de la novela histórica. Y en eso radica su importancia y su aporte.

En El secreto del monje, Arnaldo Espaillat Cabral, luego de una exhaustiva investigación documental, nos construye una narración fascinante, abarcadora, de amplios matices históricos y que nos ubica en la génesis de una obra de carácter universal, develando un gran secreto. Así desde Santo Domingo de Guzmán a la España continental del siglo XVI, navegando por la historia universal y la historia del arte, la lengua y la religión, el autor nos abre un abanico de posibilidades casi inauditas. Con fray Gabriel Téllez, el célebre Tirso de Molina, como referencia de fondo, y como eje central su obra teatral “El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, el autor nos ensambla una trama de varias vertientes: geopolítica poscolonial, historia colonial, literaria universal; todas relativas al mundo iberoamericano, a partir de la conspiración de las autoridades coloniales de Cuba y Puerto Rico contra la República Dominicana, en el contexto de la lucha independentista Cuba(pág. 34). Este es el pretexto histórico con el que se da la gran subtrama: a partir del encuentro, en 1881, en la fortaleza Ozama, entre dos militares interesados en la historia, mejor aún, en la historia del arte. (pág 30). Entonces, de la política vernácula, marcada siempre, igual que ahora, por la inacabable lucha por el poder, y sus tejemanejes y conspiraciones, se salta a la geopolítica. Pero todo esto será secundario, aunque historia, real, verdadera… es la trama en la que hay que escarbar para llegar al filón de oro, la tesis de Espaillat Cabral que lo impulsa a escribir El secreto del monje: en la que hay secretos de alta política, militar, de estado, internacionales; secreto de creación literaria y secretos pasionales de personajes históricos de importancia universal. El secreto de un monje, fray Gabriel Téllez, inmortalizado con el pseudónimo de Tirso de Molina, por un personaje imperecedero, universal: Don Juan Tenorio, es el meollo y razón de ser de esta obra (pág. 110).

Distinguiremos, entonces, para el análisis dos planos narrativos fundamentales:

  1. El plano superficial, que constituye el hilo conductor o trama de la gran narración: la cooperación militar entre el general del ejército dominicano Ernesto Bengoni, erudito y patriota, y el capitán de navío de la armada española Rodrigo Arteaga Fuenleal, gallardo, culto y preparado. Ambos finalmente logran con una operación secreta evitar un conflicto internacional, aun corriendo riesgos personales, en beneficio de nuestro país.

Dicha trama se desarrolla por la actuación e interacción directa de los personajes. Y en esta, moviéndose en el tiempo, se relatan pequeñas tramas colaterales de importancia terciaria que le dan cuerpo y sabor al relato; a saber: el desembarco de Punta Cana y la batalla del Cabao; la historia de la cacica Zameaca o india Catalinay el español Miguel Díaz; la conformación de la orden de los Mercedarios (pág. 15) , el misterio de los restos del gran almirante Cristóbal Colón; hasta el breve abordaje narrativo sobre el poeta y cortesano español conde de Villamediana (pág. 49), la vida del padre Miguel Mañara, de Córcega  (pág. 22), y la vida del insigne y travieso Lope de Vega (pág. 45), por no desmenuzar más.

  1. El planos profundo, objetivo primordial del autor, y que surge de los labios de los personajes de la novela, la narración de la vida y las peripecias del intenso don Luis Colón de Toledo, III almirante de las Indias, hijo de Don Diego Colón y Doña María Álvarez de Toledo y Rojas, Virreyes de Santo Domingo. A quien seguimos, de la mano del autor, y gracia a la erudición del general Bengoni desde su nacimiento en Santo Domingo, en 1522, hasta la España de Felipe IV, y más allá, hasta su muerte en Oran, Algeria, en 1572. Paseándonos, ampliamente por la corte del virreinato de Santo Domingo, con sus intríngulis, y la vida de nuestra virreina María de Toledo y sus ejecutorias de estado, hasta presentarnos a la tristemente célebre prisionera del Alcázar, María de Orozco, hermosamente inmortalizada por nuestro Manuel Rueda, amor eterno de Don Luis, primer duque de Veragua.

 

Uniendo magistralmente todos estos relatos, nos amalgama una novela a manera de una matrioska o caja china; o, mejor aún, al mejor estilo de las mil y una noche, en donde se suceden una a una las distintas historias, de forma secuencial y lógica, de tal modo que cada una va aclarando y dándole respuesta a las interrogantes surgidas, a la vez que nos abre un nuevo portal, sin perder el hilo conductor del relato y, mejor todavía, sin dejar caer la trama, más bien incrementando su tensión narrativa. Así nos lleva de la ficción de la realidad a la realidad de la ficción, desarrollando su tesis, al dibujarnos de manera cierta y verás la naturaleza de dos personajes: uno real, de carne y huesos, que pertenece a nuestra historia, por ende a la historia universal, y el otro, etéreo, inmaterial, fruto de la imaginación creadora de un extraordinario dramaturgo; y de manera argumental, y convincente, nos interrelaciona a ambos, de forma sagaz y atrevida, hasta desafiante, diría yo. Luis Colón y de Toledo, primer duque de Veragua, primer duque de la Vega, segundo marqués de la Jamaica y III almirante de las Indias, travieso y abusador consuetudinario y reconocido disoluto y mujeriego, ¿acaso modelo e inspirador para el Don Juan Tenorio inmortal de Tirso de Molina?

En esta novela, al revelarnos “el secreto”, el autor enlaza la ficción de una obra teatral universal, que es a la vez una realidad, fruto de la pluma del gigante español, con la realidad fascinante de una posibilidad histórica de la España imperial y, además, el Santo Domingo del s. XVI. Admitir solo la posibilidad, de que está hipótesis sea verdad, nos coloca en el mapa mundi de la historia, con H mayúscula y de la literatura y el teatro universal.

Lo más interesante de la hipótesis es, que a manera de una hipótesis científica, cosa no ajena al autor, es una propuesta basada en investigación histórica documental y en análisis intuitivo y racional. Veamos… Una hipótesis se elabora en base a sospechas observacionales; el análisis de los hechos, en caso de una cuestión histórica, y el cotejo de las pruebas existentes. El autor hace galas de sus conocimientos de la historia colonial y de España, y nos pasea por lugares, acontecimientos y por las vidas de personajes reales, entrelazados en unas secuencias de una apasionante ficción lógica y verosímil… Para demostrar su novedosa e impactante teoría.

No son pocos los enigmas y misterios que de manera ambiciosa, mas no pretenciosa, el autor se atreve a descifrar: aborda sin desenfadado el polémico tema de los genuinos restos del gran Almirante Don Cristóbal Colón. De forma detallada, y ficcionando, de manera responsable y osada, con personajes históricos reales, nos detalla sus razones, las cuales, si llamaran la atención a estudiosos y eruditos, aquellos conocedores de la Historia, atendiendo a los argumentos planteados aquí, podrían ser objeto de, al menos, un debate serio, sino una investigación científica de estirpe histórica e internacional.

(Para muestra, este botón: Pág 92- 93)

Por medio de dos personajes, uno principal, casi alter ego del autor, y otro episódico y muy secundario, hombre de ciencias, en la novela, Espaillat Cabral se explaya en analizarnos y esclarecernos, mediante datos históricos investigados, y, lo más importante, el análisis crítico pormenorizado que lo lleva a atar cabos, de manera lógica, racional e intuitiva, como antes dije, logrando tener una trama amena, muy interesante y de probables motivos de revisión y debate, hoy, de todo aquel pasado que nos habla, pero que no es tarea fácil interpretar.

El secreto del monje, que muy bien podría titularse los secretos del…,el autor no escatimó esfuerzos investigativos siendo la obra de un erudito hombre de ciencias, así en plural, conocedor de la Historia, con mayúscula, y, sobre todo, inquieto pensador que no conforme con observar la realidad y reflexionar sobre la misma, la registra con donaire y presteza, con excelente dominio de la lengua y el lenguaje, articulando una obra novelada o una novela histórica, que resiste el análisis histórico, científico y literario de la posteridad.

Por último, al trasladarnos a la corte de Felipe IV, el autor destaca la importancia sociopolítica de la obra teatral El burlador de Sevilla y convidado de piedra, de Tirso de Molina, que, de acuerdo a la situación social y política de la Corona, deviene en ser una denuncia de la situación imperante en la España de la época; por lo que Espaillat Cabral redimensiona la obra, más allá de lo artístico y teatral, y destaca su personaje principal, Don Juan Tenorio, como un símbolo para las Cortes españolas, para la sociedad española, para el mundo hispanohablante y a la vez universal, trascendiendo los tiempos, los mares y las naciones; de ahí que la obra de Tirso de Molina se eleva como un faro de luz crítico contra los desmanes del placer y del abuso la indolencia, la indiferencia de los sujetos ligados a la alta sociedad y al poder.

 

El secreto del monje

Por Luis Quezada

 

Cuando las coincidencias se convierten en evidencias

De Luis Colón a un tal Juan Tenorio

 

Acotación teológica

En una loma de Palestina llamada La Flor (que en hebreo se dice Nazaret) vivió en el siglo I de nuestra era un tal Jesús, campesino galileo, hijo de una tal Miryam y de un tal Yosef.

 

Miryam es un nombre conformado por dos vocablos hebreos, mir-yam, que significa luz (mir) sobre el mar (yam). De ahí el apelativo latino Stella Maris, Estrella del mar.

   

¡Esta vez en el mar no habrá tormenta! (Última frase de El secreto del monje)

Cuando las coincidencias se convierten en evidencias

De Luis Colón a un tal Juan Tenorio

 

Sorprendido, el licenciado López Fournier expresa: “Tras escuchar su rimero de pruebas, las coincidencias han dejado de ser coincidencias para constituir un rastro de evidencias tangibles, que a semejanza de un hilo de Ariadna nos conducen a la fuente primaria” (El secreto del monje, p.262).

 I. UNA MIRADA DE ACERCAMIENTO AL AUTOR DE “EL SECRETO DEL MONJE”

El Dr. Arnaldo Espaillat Cabral, para muchos pioneros y padre de la oftalmología moderna en nuestro país, quizás por su condición de especialista en la visión, tiene un ojo experimentado para novelar la historia y para historificar la novela.

Es un hombre atraído por la CIENCIA y la LITERATURA. Por su talante científico, se fija en la HISTORIA. Por su vocación literaria, se fija en la NARRATIVA, específicamente la NOVELA. Para decirlo en una frase, tiene “ojos” para la historia y para la literatura.

A sus 88 años de existencia, después de un largo servicio científico al país desde la Oftalmología, entrega a la nación dos frutos maduros de su vocación literaria, que desde ya lo consagran con un nombre elocuente, en cualquier antología de la novela dominicana.

Ya con 77 años de edad, en el año 2008, publica su primera novela histórica, “La Tumba vacía”, con más de 700 páginas, publicada por el Banco Central de la República Dominicana.

Y a los 88 años de edad, el 19 de septiembre de 2019, nos entrega su segunda creación narrativa, “El secreto del monje”, con 293 páginas, publicada por la Academia de Ciencias de la República Dominicana, institución que había presidido en tres ocasiones.

El impacto de ambas publicaciones ha sido ponderado por excelentes comentarios de los críticos literarios dominicanos. Un escritor nuestro, Roberto Marcallé Abreu considera estas dos entregas del Dr. Arnaldo Espaillat Cabral como “las más apasionantes novelas históricas que se hayan escrito en la República Dominicana”.

Pienso que la HISTORIA le marca por las circunstancias que conforman su vida.

Nace en Mao en 1931, apenas comenzando la llamada “Era de Trujillo”, en la cual vivirá los primeros 30 años de su vida. El hecho trágico de que su padre fuera asesinado por el régimen trujillista, le marca como ser humano y como intelectual. El haber nacido y crecido en la ciudad de los bellos atardeceres, pudo haberle inspirado en su inconsciente personal a la ficción literaria, para la cual tiene un dominio magistral.

En 1956, a los 25 años de edad, se gradúa de médico en la Universidad de Santo Domingo. Su tesis tuvo que ver con algo que el vulgo llama “bomba de tiempo”: los aneurismas. Para un servidor, esto tiene una resonancia especial, pues he visto partir de forma inesperada tres personas amigas, por causa de los aneurismas.

En 1960 viaja a Barcelona, a estudiar en el famoso Instituto Barraquer. España está omnipresente en sus dos novelas históricas.

Iniciando la década de los setenta del siglo pasado funda el Instituto Espaillat Cabral, centro oftalmológico especializado, caracterizándose el mismo desde sus inicios por su servicio docente (estaba afiliado a la UASD) y su servicio social.

El Dr. Arnaldo Espaillat Cabral es un hombre de dos siglos: Hasta ahora, de sus 88 años de vida, 70 pertenecen al siglo XX y 18 al siglo XXI. Y ha sido en estos 18 años cuando ha sorprendido al país con dos novelas que pueden ser consideradas modélicas en su técnica narrativa. En el otoño de su vida, el Dr. Espaillat Cabral inició su primavera literaria.

Académico consagrado, educador de generaciones, médico con sentido humano, nos enseña a ver físicamente las cosas, pero también nos enseña a ver espiritualmente la vida, echando una mirada retrospectiva a la historia dominicana, no desde la fría historiografía, sino desde la cálida narrativa. Si una vez identificó el Instituto Espaillat Cabral que fundó como ciencia, arte y amor, también su impronta literaria lleva esta triple marca indeleble. En alguna parte leí que su autor preferido es Homero, el poeta historiador, quien siendo ciego compuso La Ilíada y la Odisea. Arnaldo Espaillat Cabral, el novelista historiador, que curando la vista también nos regala ojos para mirar el pasado, deleitándonos con su estética narrativa, que ya empieza a ser cualificada como excelente en la literatura dominicana.

II. VISUALIZANDO COINCIDENCIAS QUE SE TORNAN EVIDENTES EN SUS DOS ENTREGAS NARRATIVAS

Al leer pausadamente sus dos entregas novelísticas, uno percibe una multiplicidad de coincidencias, pues de su novela precedente (La tumba vacía) aparecen incorporados muchos elementos históricos narrativos en su segunda novela (El secreto del monje). Vayan pues algunos ejemplos fugaces:

  • Ambas presentan como un lugar emblemático de su trama narrativa la Torre del Homenaje.
  • Ambas presentan sus diálogos y parte de sus personajes en el siglo XIX.
  • La anexión a España aparece referida en ambas obras.
  • José Antonio Salcedo, primer presidente de la patria restaurada, es citado en ambas narrativas. Incluso, Fari Rosario dice, refiriéndose a “La tumba vacía” que “el personaje más real de esta novela es José Antonio Salcedo.
  • Muchos otros personajes del período anexión-restauración-segunda república, aparecen en ambas novelas: Pedro Santana, Meriño, Ulises Heureaux, para citar algunos.
  • Aparece citado en la narrativa sin mencionar el nombre, el decreto de San Fernando, emitido durante el gobierno del Padre Meriño (p.31).

El doctor Espaillat Cabral, aunque publica su primavera literaria en su otoño existencial, no es un improvisado en la narrativa a última hora. El mismo relató una vez, refiriéndose a su primera novela, que desde 1957 completó los primeros borradores de la obra; al ser torturado por la tiranía, su obra es quemada, pero la recupera gracias a unos pliegos conservados en un baúl de su madre”.

III. EL TÍTULO: PRIMERA LLAMADA DE ATENCIÓN

Cuando a un exégeta le llega un texto literario con un título que lo encabeza, las primeras preguntas que le vienen a la mente se refieren al título mismo.

Al llegar esta novela histórica a nosotros con el sugestivo título de EL SECRETO DEL MONJE, surgen de inmediato en nuestra imaginación dos preguntas: ¿cuál secreto? ¿qué monje? Entonces, el exégeta se dispone a leer el texto, buscando la explicación de tal título. Es el primer jalón que uno le da a la obra.

IV. UN MONJE Y UN SECRETO

La novela histórica de Arnaldo Espaillat Cabral nos habla de un monje de la Orden de la Merced (mercedarios) llamado fray Gabriel Téllez, que escribió bajo el pseudónimo de Tirso de Molina, y autor de una obra de teatro titulada El burlador de Sevilla.

En la p.16 de la novela, el autor cita la fundación de la primera ciudad del nuevo mundo, a la que bautiza con el nombre de La Isabela, fundada por el propio almirante Cristóbal Colón. ¿Será casualidad o causalidad que la Jornada Primera de El Burlador de Sevilla inicie con una mujer llamada Isabela? Para un teólogo bíblico, este nombre tiene una connotación muy especial: Isabel en hebreo Ishabetel es un nombre compuesto por tres partes: Isha (mujer) – bet (casa) – El (nombre más antiguo que la Biblia le da a Dios). Ishabetel significa: Mujer casa de Dios. Precisamente, Juan Tenorio, el personaje protagónico de El Burlador de Sevilla no tendrá oportunidad para el arrepentimiento, pues se convierte en un burlador de las mujeres, es decir un burlador de la casa de Dios.

V. ¿NOVELA HISTÓRICA O HISTORIA NOVELADA?

La narrativa del doctor Espaillat Cabral acentúa tantas precisiones históricas, que nos hace pensar si en realidad estamos ante una novela histórica o una historia novelada.

Valgan algunos ejemplos de un sinnúmero de precisiones históricas que aparecen en esta narrativa:

  • Los primeros religiosos que se establecieron en la isla no fueron los franciscanos ni los dominicos, sino los mercedarios (p.17)
  • Que Alonso Díaz Moreno, quinto abuelo por vía materna del libertador Simón Bolívar residió en nuestra isla, en la población de Higuey; pero también vivieron radicados en Higuey Simón Bolívar el Viejo y Simón Bolívar el Mozo, bisabuelo y abuelo por vía paterna del Libertador (p.18).
  • Que a principios del siglo XVII, en 1616, vino una segunda presencia de cinco mercedarios a la isla, uno de ellos era fray Gabriel Téllez, que escribió bajo el pseudónimo de Tirso de Molina, a quien se atribuye la obra El burlador de Sevilla (p.19).
  • Que el Juan Tenorio de El burlador de Sevilla no pudo estar inspirado en Miguel Mañara, “acaudalado aristócrata de Sevilla que llevó una vida turbulenta”, como aducen ciertos ensayistas, pues la primera presentación de El burlador de Sevilla casi coincide con el nacimiento de Miguel Mañara. La narrativa expresa: “¿Cómo su vida, por pecaminosa que fuera, podía servir de modelo, si la obra fue escrita antes de que él naciera?” (p.25).
  • Cómo la estadía de fray Gabriel Téllez coincide con la vida en esta colonia de don Luis Colón Toledo, hijo de Diego Colón y doña María de Toledo, nieto de Cristóbal Colón
  • Como la Torre del Homenaje fue construida por Nicolás de Ovando y sirvió de alojamiento a Diego Colón y María de Toledo, hasta que construyeron el Alcázar (p.29).
  • El autor transmite sus precisiones y apreciaciones históricas a través de las teorías que expone el profesor Isaac Espinoza, que a partir de la p.66 entra en el escenario de la narrativa.
  • Las precisiones históricas sobre el llamado Sermón de Montesinos (p.75).

En resumen y para no ser extenso, la obra está saturada de precisiones históricas que me obligan a pensar que estamos más ante una historia novelada que ante una novela histórica.

VI: LOS PLANOS CRONO-HISTÓRICOS DE LA NOVELA

La novela se trenza en tres planos crono-históricos:

  • Época colonial: siglos XV, XVI y principalmente XVII.
  • Época de la Segunda República, después de la Guerra de Restauración: XIX (1881 en adelante).
  • Época actual: sobre todo, el pasado siglo XX, con la visita del Papa Juan Pablo II a la República Dominicana.

Tanto la dedicatoria como el epílogo de la novela, centrados en la visita del Papa Juan Pablo II, son las que inspiran esta novela histórica.

Los diálogos de la narrativa se circunscriben en la época de la Segunda República, a partir de 1881.

El tema que desarrolla la narrativa se ubica en la época colonial, básicamente en el siglo XVII.

  • NUEVE CAPITULOS: NUEVE PASOS PARA DESENTRAÑAR UN SECRETO

La narrativa de “El secreto del monje” parece una verdadera sinfonía, que va incrementando el suspenso, así como los acordes de una partitura van in crescendo, hasta provocar un clímax que mantiene hasta el final la intriga, el interés y el deseo de lector de no soltar la obra hasta que se clarifiquen los planteamientos que la narrativa va desarrollando con una textura de avidez impresionante.

Hay que esperar pacientemente la p.110, perteneciente al Cap.4 (El Convento de la Merced), para conocer el secreto que va tejiendo la obra: “Don Juan Tenorio, en El Burlador de Sevilla, protagoniza la vida de Luis Colón Toledo”. El profesor Isaac Espinoza, que aparece como cicerone a partir del Cap.3 (El Alcázar) es el personaje de ficción que va clarificando “el secreto del monje”. Pienso que con mucha sapiencia, el doctor Espaillat Cabral crea al profesor Espinoza para poder dilucidar en una trama literaria toda una serie de planteamientos históricos que son verdaderamente novedosos algunos y otros con agudo sentido crítico, presentados en una narrativa no solamente creativa sino bien lograda en todos los aspectos literarios, que hacen de esta novela histórica, un modelo de narrativa en la reciente literatura dominicana.

MUCHAS GRACIAS

26 de noviembre de 2019

Manifiestos literarios de la República Dominicana

Por José Rafael Lantigua

 

Los movimientos literarios no siempre parten de premisas conceptuales firmes y, en muchos casos, suelen apartarse —desde la realidad objetiva del quehacer literario— de los elementos de pensamiento que les han servido de indicadores primigenios y de formulación teórica.

Ocurren ambigüedades, incoherencias y discontinuidades, entre lo que expresa una declaración de principios y lo que sostiene la práctica de los miembros de un movimiento literario. El caso dominicano reconfirma esta situación, común en otras latitudes. El Postumismo, por ejemplo, se afianzó y proyectó, a partir —y como proposición fundamental— de la obra de Moreno. El Manifiesto Postumista fue escrito por Andrés Avelino (Moreno despreciaba las normativas), y aunque posee indicadores conceptuales que subyacen en la obra de Moreno Jimenes no sirve de marco teórico referencial ni absoluto para producir un análisis ni literario ni histórico ni ideológico, sobre los alcances y los aportes del Postumismo. De hecho, Moreno no refrendó el manifiesto escrito por Avelino.

Es un caso muy sui generis, pero, de cualquier modo, el Postumismo es la obra de un hombre, de su fundador, y Avelino con su Manifiesto no logra conformar ni proyectar en su adecuada dimensión la realidad literaria objetiva de lo que fue y ha significado el Postumismo como movimiento literario. Moreno hizo con su Postumismo lo que le dio la gana. Desde luego, cuando Avelino escribe: “..no podemos seguir siendo súbditos de una aristocracia intelectual que no nos pertenece…Debemos ser tan sólo aristócratas de nuestra democracia”, retrata y advierte lo que hará Moreno con su poesía, su sentido de libertad, su estrategia distanciada de la “aristocracia” literaria, de esa “democracia” que anuncia una expresión libre de las “surrapas de Verlaine, de Mallarmé, de Tristan, de Laforgue”, que luego, constituirían —junto a otros— soles iluminados y no los “soles apagados que no nos iluminarán” que pregonaba Avelino y que, con toda seguridad, era el pensamiento de Moreno transbordado.

Antes de Moreno fue Vigil Díaz y su Vedrinismo, un pensar literario más personalizado que el de Moreno. Vigil fue un hombre solitario, con un solo acólito, Zacarías Espinal, que ni siquiera publicó libros. Moreno tuvo seguidores fieles, independientemente de la calidad de sus producciones poéticas. Vigil no constituyó un movimiento, y lo que podría calificarse como su “manifiesto”, no es más que un conjunto de citas de varios de sus escritos. Vivió con su “música íntima” y dejó que “derramara su veneno el crótalo y su baba el caracol”. Sus cabriolas verbales estaban advertidas en su pensamiento: “Por lo que toca a la estética del futuro, ésta será amétrica, astringente y wagneriana, por no decir que será la divina armonía del desorden”. Vigil fue un aeda perdido en las exquisiteces de su vivaz imaginación y no dejó elementos suficientes que permitieran considerar sus ideas literarias, si las tuvo, como conformadoras de una escuela, cosa que además él nunca se propuso como tal.

La Poesía Sorprendida y la Generación del 48 no produjeron manifiestos formales. El chileno Alberto Baeza Flores le escribió su proclama a La Poesía Sorprendida (como Avelino se la escribió a Moreno), aunque en el empeño estuvo la mano sapiente de Freddy Gatón Arce (Anotemos que Baeza siempre admiró y defendió a Moreno, lo que no sucedió con el resto de los sorprendidos, algunos de los cuales la emprendieron contra Moreno duramente, negándole reconocimientos y llamándole “poeta mostrenco y consabido”). Empero, el centro de ese manifiesto sin firmas de La Poesía Sorprendida fue adoptado religiosamente por sus integrantes, de modo que todo parece indicar que rubricaron sus sentencias: “Estaremos por una poesía nacional nutrida en la universal, única forma de ser propia…con el mundo misterioso del hombre, universal, solitario e íntimo, creador siempre”. Los sorprendidos estaban abiertamente contra los postumistas. Surgían contra “eso” que Moreno representó: el color local, el arte autóctono, el no-reconocimiento de vocablos poéticos, la perpetuación de la obra por sí misma al margen de certámenes y recitales. La Poesía Sorprendida, sin embargo, reunió al grupo más importante de creadores poéticos de toda nuestra literatura.

La Generación del 48, que sí fue una generación, aunque sus miembros no suscribiesen una filosofía poética común y sus producciones fueran dadas a conocer casi en su totalidad en los decenios posteriores al cuarenta, constituyó un grupo muy fraterno sin haber tampoco producido manifiesto alguno. Su pensamiento literario hay que extraerlo de los editoriales que publicaban en sus publicaciones. Los del 48 son el eslabón perdido entre la fuerza gravitante del postumismo de Moreno y la grandeza proyectiva de los sorprendidos que conforman el grupo mayor de la poesía dominicana, junto con los que fueron llamados Independientes del 40 (Anoto: en medio de todas las generaciones, siempre han existido independientes). Esa generación podríamos compararla con una caminata “por la calle del medio” que produjo una poética de altos vuelos en algunos de sus integrantes —Lupo, Gatón Arce, Villegas, Valera Benítez—, pero que como resumen y mecanismo mediador, si así pueda llamársele, no estructuró una conciencia literaria de sustentación vigorosa a pesar de la variable calidad de sus componentes.

Creo que como movimientos literarios formales sólo pueden considerarse como tales, visto desde sus respectivos ángulos conceptuales, el Postumismo, La Poesía Sorprendida, la Generación del 48 y el Pluralismo. Y si reducimos la cuota, nos quedaríamos con el Postumismo y el Pluralismo, que son los únicos que producen manifiestos literarios; los únicos, además, aparte del inexistente vedrinismo, que tienen cabezas formales y definitivas, que no admitieron nunca otros liderazgos: Moreno Jimenes y Manuel Rueda. El Pluralismo es la impronta de su máximo creador y exponente. No hubo nada más. Son grupos muy similares en su composición y proyección, aunque el manifiesto pluralista fuera presentado en público con gran fanfarria y firmado por personalidades representativas de la poesía, la narrativa y la música. Moreno dejó a Avelino que hiciese su manifiesto. El poeta mayor hizo el suyo que expuso en varios de sus libros, pero especialmente en Evangelio americano (1942) y hasta en aspectos de las Bases del Instituto de la Poesía Osvaldo Bazil, de San Cristóbal (1953). Manuel Rueda produjo una extensa conferencia en la Biblioteca Nacional en la noche del 22 de febrero de 1974 que marcó el punto de partida del Pluralismo, cuya existencia fue efímera. Cada cual tomó su rumbo. Pero, esa conferencia quedó sellada como el más extenso manifiesto de grupo literario alguno en nuestra historia. El Pluralismo, obra de un hombre como el Postumismo que adversaba, es con toda seguridad el movimiento literario dominicano que, a pesar de su carácter tan controversial, posee la mayor solidez teórica y se recubre de la más dinámica y fortalecida sustentación motivacional. Aún cuando surgiese con imperfecciones, que algunos sacan a la luz de cuando en vez con propósitos mezquinos, el Postumismo es nuestra gran escuela literaria. Con Moreno se estaba a favor o en contra, pero nadie podía ignorar su evangelio poético. La Poesía Sorprendida arremetió contra sus postulados estéticos y ensambló un cuadro de principios y de creación formal que, como acción trascendente y vanguardista, repobló de luces y aciertos la poética dominicana.

Los Nuevos, de La Vega, fue un resabio provinciano para buscar tonos agudos a una orquestación vanguardista en ciernes. Sólo Rubén Suro alcanzó nombre. Su hermano Darío se ubicó en la pintura, y el resto se quedó construyendo historias comarcales. El Frente Cultural, La Isla, El Puño, entre otros, constituyeron apenas colectividades literarias unidas al calor de una coyuntura guerrera —en medio o después de la guerra— que más que manifiestos literarios produjeron comunicados políticos, y que más que movimientos literarios formales levantaron un discurso para la guerra, en el marco de un casual abrazo temático y estilístico. Todo, en el furor de una poesía comprometida que, por suerte, dejó como estela luminosa el testimonio valorado y coherente de sólidos oficiantes del verso en una época que exigió de ellos esas luces y esos compromisos, de las que algunos, seamos francos, terminaron abjurando y escondiendo sus poemas de entonces. Sus integrantes son los que conocemos como la Generación del 60, que siempre he dividido en dos: la formada antes del 65, y la que se construyó en medio de la guerra y de la posguerra. Ambos grupos se unen en un espacio temporal y en un propósito común. Un grupo que merece reconocimiento es el de la Metapoesía del psicoanalista Jorge Piña, cuyo manifiesto fue publicado en Biblioteca, el suplemento que dirigíamos entonces en el desaparecido Última Hora. La poesía como metalenguaje. Fue un grupo prácticamente de dos personas: Piña y su esposa la poeta Karina Rieke.

Luego de todos estos grupos y movimientos literarios sólo existe otro importante: la Generación de los 80. No hubo manifiesto alguno. Como casi siempre sucede, las coordenadas de ese grupo fueron diseñadas en sus escritos de prensa por su principal exponente: José Mármol. Como los sorprendidos frente a Moreno, los ochentistas marcaron la raya de Pizarro frente a los sesentistas. “Poética del ser”: un entronque vitalísimo con la filosofía. Los setenta, donde hubo un líder indiscutible, René Rodríguez Soriano, no conformaron generación. Muchos sesentistas escribieron su mejor obra en ese periodo. Tampoco después de los ochenta se han definido generaciones. Sólo voces. El Interiorismo de Bruno Rosario Candelier ha sido el movimiento literario de mayor permanencia y con mayor cantidad de adeptos. Su doctrina poética se encuentra en varios de las decenas de libros publicadas por este grupo, donde fueron a militar miembros de otras promociones literarias de distintas décadas, junto a nuevos. Las promociones, generaciones y movimientos son de especial importancia en cualquier historia literaria, pero la obra es individual, la poesía tiene nombre y apellido. Y sus alturas y descensos no llevan el doctorado de su grupo al final de cada poema. Es sólo un simple dato.

Libros

Manifiestos literarios de la República Dominicana

Andrés L. Mateo

Biblioteca Nacional, 1984. 81 págs.

Contribución al estudio del pensamiento literario dominicano y una referencia para el investigador. (Existe otra edición ampliada de 1997).

 

Evangelio americano

Domingo Moreno Jimenes

Librería Dominicana, 1942. Sin numeración de págs.

Moreno no escribió manifiestos. El del Postumismo fue escritura de Andrés Avelino. Parte de su pensamiento se encuentra en esta plaquette.

 

La Poesía Sorprendida. Colección completa 1943-1947

Editora Cultural Dominicana, 1974

Sin numeración de págs.

Reunión de todas las ediciones de la revista que llevaba el nombre del grupo, los poemarios que se publicaron en la misma y los cuatro números de “Entre las soledades”, la revista que le continuó.

 

La Generación del 48. Dos volúmenes

Lupo Hernández Rueda

CPFeria del Libro, 1998. 923 págs.

La historia y la poesía de los once integrantes de esta generación, publicado a los cincuenta años de formación del grupo estimulado por doña María Ugarte.

 

Almanaque Dadá

Richard Huelsenbeck

Tecnos, 1992. 132 págs.

El movimiento Dadá, creado en el marco de la Primera Guerra Mundial, buscaba enfrentarse a todo lo establecido. Este almanaque recoge esa revuelta negativa que hoy es solo depósito de museo.

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José Rafael Lantigua-Manifiestos literario de la República Dominicana

Diario Libre 4-1-2020.

 

 

«Anacaona» de Ofelia Berrido, una ofrenda estética y simbólica

Por Bruno Rosario Candelier

 

Escucha este susurro

que corre por los montes

entre la niebla que cubre la luna

sobre el cañaveral encarnado”.

(Ofelia Berrido, Anacaona)

 

El aporte que Ofelia Berrido ha hecho con la creación de Anacaona tiene una particularidad singular, pues al abrir el libro el lector podrá apreciar unas hermosas fotos con imágenes bellísimas que enaltecen la calidad del poemario, una manera estética de subrayar la intención artística de la autora.

Centrada en la trayectoria de una reina indígena, esta obra indica que la autora tuvo que investigar, hacer una investigación histórica para documentar los datos sobre el personaje. No es un personaje de ficción, sino de la realidad histórica dominicana.

Ofelia Berrido, que tiene sensibilidad estética, talento poético y conciencia espiritual, ha sabido aunar esas tres facetas en esta obra poética para deleitarnos y transmitirnos una enseñanza peculiar ya que ella reinterpreta estética y espiritualmente el rol de Anacaona para situarla históricamente en su época y, sobre todo, nos hace entender el significado emocional, intelectual y espiritual de lo que fue Anacaona, de lo que ella hizo y lo que sufrió en vida en razón de lo que históricamente le aconteció.

Voy a comentar tres aspectos en esta obra poética de Ofelia Berrido: En primer lugar, la imbricación histórica que la autora hace del personaje con la realidad social, la realidad antropológica y la realidad cultural de la etapa colonial en la que se enmarca la vida de Anacaona. Ofelia tiene la virtud, la gracia o el don de entender el trasfondo histórico, estético y espiritual  de lo que era, realizó y significó Anacaona.

Es sorprendente como la emisora de estos versos lo logra, porque es una obra de creación poética, no un libro de historia, con el que procura transmitir a través de su lírica el trasfondo emocional y espiritual de una vida del pasado. Ofelia Berrido asume el personaje desde la perspectiva poética y, entonces, para iluminarnos, para orientarnos hacia su intención, curcutea el trasfondo que subyace en la herencia ancestral que se supone que ha fluido, que ha pervivido a través del tiempo en diferentes manifestaciones de la naturaleza. La primera de esas manifestaciones fue la lengua, porque Anacaona era taína y la raza taina aportó al español dominicano múltiples voces que conforman en el español dominicano el tainismo de nuestra habla, porque comprende el conjunto de palabras, voces y términos heredados del lenguaje de los tainos, que enriquecieron la lengua española y que fue el primer testimonio léxico de una lengua indígena de América que penetra en la lengua española, que llevan los españoles a Europa y que se extiende en el español americano. Es la primera vez que esto acontece en esta tierra, en este ámbito americano. La labor de Ofelia Berrido es importante porque ella, al asumir vocablos tainos que consigna en sus poemas, de alguna manera está ponderando el alcance de esas palabras y el significado que esas voces tenían y que se conservan en nuestra cultura.

Un segundo aspecto importante es la dimensión cósmica que Ofelia Berrido asigna al personaje histórico de Anacaona. Nuestra poeta valora en Anacaona el vínculo necesario para que continúe una visión del mundo a través del tiempo, el impacto de una raza y de la cultura de un pueblo en nuestro pueblo. Nuestra académica siente el eco de Anacaona en el agua, en la tierra, en las flores, en las estrellas, en las montañas, en todo. Y trata de valorar e interpretar lo que ella siente como poeta al ponderar al personaje histórico de Anacaona, y ese es un dato muy importante en esta obra de Ofelia Berrido.

Un tercer aspecto es la dimensión estética, porque se trata de una obra de poesía. Ofelia logra plasmar la belleza de las palabras en las expresiones que usa al describir a esta mujer. Y logra impresionarnos con el lenguaje y el estilo de su creación.

Otro aspecto importante es la dimensión espiritual que ella enfatiza en virtud de la tendencia mística que hay en la sensibilidad de Ofelia Berrido. De ahí la condición espiritual que le permite sintonizar con esa dimensión profunda de un personaje, que ella asume como poeta y que interpreta con el sentido antropológico, lingüístico y cultural que significó Anacaona en la cultura de nuestros aborígenes.

Con el lenguaje de la versificación moderna y la técnica de la creación poética, Ofelia Berrido plasma en Anacaona una hermosa obra de poemas embellecidos con fotografías artísticas en homenaje lírico, estético y simbólico a una reina, Anacaona de Jaragua, y a una raza, la taína de Quisqueya, con el arte de la imagen y el concepto de las palabras, articuladas en una ofrenda de amor y valoración del legado espiritual de los taínos a la cultura nacional y americana.

Ofelia Berrido (1) es una singular creadora cuyo talento literario, impregnado de una honda vocación espiritual, canaliza el testimonio de sus intuiciones y vivencias con un entusiasmo desbordante. “Entusiasmo” viene del griego En Theos, que significa ‘estar en Dios’, porque eso es lo que refleja Ofelia, un vínculo entrañable con la fuente de la Divinidad, de la que todos procedemos.

En esta obra poética, titulada Anacaona, la prestante autora ausculta “el espíritu antillano” a cuyo través resalta la huella cultural y espiritual legada por los aborígenes de Quisqueya, encarnada en los fluidos del agua, la tierra, los árboles y los montes, amén de la herencia idiomática del tainismo cifrado en voces y términos de la lengua taína, como lo canaliza la sensibilidad estética y espiritual de la agraciada autora de este poemario, enriquecido con impresionantes imágenes fotográficas que potencian la calidad de la edición yel valor significativo y simbólico de las imágenes poéticas.

Unos versos de salutación inician el poemario de Ofelia Berrido para ambientar la descripción del ambiente y la sustancia del contenido (2):

 

Mujer, espíritu antillano,

aliento, mar y loma.

Areíto mañanero,

murmullo de río bravío

en noche cerrada.

(OBerridoAnacaona227).

 

Nuestra poeta ausculta la voz de las cosas (“Escucha este susurro/que corre por los montes”) y en esta inspiración lírica y estética tiene la capacidad para sentir la voz secreta del Cosmos, la huella inmemorial de una herencia cultural conectada con el Numen del Universo, es decir, con la sabiduría espiritual del Cosmos, que nuestra creadora capta y expresa en virtud de su singular conexión con lo viviente:

 

Ya nada alienta las ilusiones.

La realidad violenta se perpetúa

en la vibración del látigo que es viento

y en el sollozo nocturno de la espesura.

(OBerridoAnacaona228).

 

A la luz de la herencia taína, cuyo aliento genesíaco fluye en la sensibilidad de nuestra agraciada poeta, se puede percibir la manera como ella explora la identidad de la cultura aborigen que encontraron los españoles cuando se asentaron en esta isla de Quisqueya:

El mundo se contempla

entre el humo hiriente de la leña.

Los devotos de la caña y del oro se acechan…

Buscan la energía de vida,

las raíces mismas de la tierra

(OBerridoAnacaona229).

 

Como un remedo del tainismo, que conforma la base léxica de la lengua de los taínos, la autora retoma voces de los antepasados de esta isla para orillar su cultura, su idiosincrasia y su talante:

 

Hijos de la palabra originaria

confinada a la tortura, a la historia cruel,

palabra que reina en el silencio que acecha

bajo la tonadilla del colibrí iluminado:

las ilusiones rotas.

(OBerridoAnacaona230).

 

Entonces Ofelia Berrido evoca la creación artísticadel areíto, la canción con la que nuestros aborígenes testimoniaban sus inquietudes estéticas y espirituales dando cuenta de la naturaleza de lo viviente y de las circunstancias que conformaban su existir:

 

Tus cánticos nocturnos aún se escuchan

y el areíto revive en tu voz.

¡Oh, Anacaona, Anacaona!…

Te elevaste para descender en ti misma,

convertida en relámpago y trueno…

en flor de caña, aleteo de pájaro y tambor

(OBerridoAnacaona231).

 

Ofelia Berrido siente un profundo amor por la raza del pueblo que habitaba esta tierra a raíz del descubrimiento y la conquista y, en tal virtud, le duele sus dolencias y sufre sus pesadumbres, pues como genuina poeta participa del “dolorido sentir” que Garcilaso de la Vega atribuía a los poetas. Y lo que siente, sufre y goza lo desplaza hacia la naturaleza como una forma de mitigar el dolor y la pasión que la subyugan:

 

¡Oh, Anacaona! ¡Anacaona!…

Tu pueblo duerme en el agua encendida,

en el gemido del higüero,

en el sudor de la danza mortificada

y en las manos vacías

   Identificada emocionalmente con el alma taína, la emisora de estos emotivos versos  añora el sentido de un pueblo que vivía hermanado con la naturaleza, compenetrado con el agua y la tierra, con la lluvia y el bosque, con la luna y las estrellas:

Quiero mantener la azada en mi mano

y en ella el Universo.

Y así, descubrirte en la unidad de las cosas,

en lo ilimitado de la esencia

y en el flujo del tiempo

(OBerridoAnacaona235).

 

Compenetrada con la esencia de las cosas e impregnada del espíritu de lo viviente, Ofelia se siente una con el Universo: vibra con el esplendor cósmico y parece extasiarse cuando su alma entra en sintonía con el alma de las cosas, aliento que comparte con los espíritus taínos que fluyen en su sangre, atizan su conciencia y concitan su sensibilidad. Al igual que los aborígenes prehispánicos de otros pueblos americanos, los taínos de La Española vivían en armonía con la naturaleza, signo de una conciencia cósmica impregnada de sabiduría y espiritualidad, con la que sintoniza Ofelia, según revelan estos amartelados versos de inspiración mística:

 

Fuego primaveral que se expande

en la música de las esferas, en el follaje,

en el brote del capullo

y en el vuelo alegre de la cigua palmera.

(OBerridoAnacaona236).

 

Heredera de la fuerza ancestral que siente recibir de la misma Anacaona (“Tu herencia es joya sagrada”), participa del fluir de las cosas al igual que el niño que se compenetra con el alma de las cosas, como el místico que comulga con el ser peculiar de fenómenos y criaturas, como los primitivos que vivían compenetrados con la naturaleza sintiendo lo que las cosas son y lo que sus datos sugieren:

 

Oye el llanto y las plegarias

del peñasco oculto en el bosque.

Ya no se escuchan poemas.

El eco de la memoria ancestral

se ha convertido en silencio…

Voces amordazadas por el tiempo.

(OBerridoAnacaona237).

 

Entonces la poeta, sintiéndose conmovida por el destino cruel que padeció la raza aborigen, adolorida con dolor de cuerpo, alma y espíritu, canta estremecida, compungida en su interior profundo y sofocada por el llanto, lo que malogró al pueblo taíno de Quisqueya:

 

Se desploma el cielo encendido.

Sobre los inocentes cae el sueño de la ilusión

desde las cúspides del ego infecundo.

Yucahu encamina a los parecidos a Coaibai,

morada de los eternos goces.

(OBerridoAnacaona240).

 

Sabe nuestra querida y admirada poeta que la vida continúa. Ella siente que todo se entremezcla con el Todo, y todo deja una huella perenne en la tierra y sus vivientes, en el alma de quienes han continuado el derrotero de la vida y, como supervivencia espiritual, el legado de los primeros habitantes que en esta isla antillana pervive y fluye:

 

Pero en la oscuridad cerrada de la noche

la luz de las estrellas alienta el alma…

El huevo germinal estalla, el ave cae,

la cima de la montaña observa.

La sinfonía se hace eternaen el centro

de las cuatro esquinas del Universo.

(OBerridoAnacaona241).

 

Anacaona, protagonista de esta obra (3), inspira el canto de Ofelia, que exalta la huella de esta singular taína por lo cual asume su legado, retoma su herencia lingüística, estética y espiritual, y escribe un poema emocionado sobre la figura legendaria de ese primor de lo viviente que fue Anacaona. Con el tono de lamento de los antiguos profetas bíblicos la poeta interiorista invoca el aliento del espíritu taíno y ausculta en el fuero sagrado de los misterios el pasado indígena de nuestro pueblo aborigen:

Anacaona, madre de las aguas,

dioses de los vientos aplaquen sus furias.

Noche y día, muerte y vida mantengan su armonía.

Reanima en mí el alma taína que aviva la tierra

para penetrar realidades profundas,

develar los misterios de la tierra con una azada llena de vida.

(OBerridoAnacaona242).

   La poeta sabe que nada se pierde en el Universo, sino que otra forma y otro sentido dan aliento a la vida, tizón a la palabra y valor a la idea:

 

En las profundidades la semilla crece y se eleva

asciende desde el fondo oscuro hacia la extensión celeste

y alimenta el fruto que hospeda.

(OBerridoAnacaona243).

 

Concluye la poeta su emotivo canto valorando el legado del pueblo taíno que dio a la lengua española los primeros vocablos del léxico antillano, y a la cultura dominicana un hermoso legado artesanal y artístico dando a la herencia biológica el sentido de su legado genético y, al espíritu, el aliento de sutrascendencia mística:

 

Hoy lo vital es como entonces,

danza del follaje y canto, viento, aliento,

soplo incesante de vida que penetra,

acción tranquila y persistente en el tiempo.

(OBerridoAnacaona244).

 

Cuando la poeta evoca el murmullo del Ozama procura atrapar “la voz que trepa las alturas del silencio” y con ese aliento emocional, fragua de su inspiración estética y cauce de su torrente espiritual, recrea la huella que pervive entre nosotros.

Ofelia Berrido expresa una identificación emocional y espiritual con el legado de nuestros aborígenes. Exalta nuestra poeta la herencia cultural taína en una evocación poética y nostálgica del legado genético, artístico, lingüístico y artesanal con esta ofrenda lírica y estética, mística y simbólica que recrea en este homenaje a Anacaona el legado cultural que los aborígenes de Quisqueya aportaron al alma nacional mediante su creación poética, embellecida con hermosas imágenes fotográficas de Juan de los Santos, Alejandra Oliver, Jiny Elena Ramos, Carmen Inés Bencosme, Parmelia Matos de Calventi, Dennise Morales Pou y Pedro Genaro Rodríguez. La participación de los citados artistas refuerza la visión interior de la lírica de Ofelia y la percepción exterior de las impresionantes fotos que conforman el entramado artístico con hondas resonancias estéticas y espirituales.

Poeta por vocación, interiorista por sensibilidad, y creyente por convicción, nuestra distinguida académica Ofelia Berrido cultiva la palabra con un claro sentido estético y espiritual, y hace de su inteligencia sutil y su talento literario un testimonio edificante y luminoso del sentido trascendente de vida y creación.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 3 de diciembre de 2019.

 

Notas:

  1. Ofelia Berrido, oriunda de Santiago de los Caballeros, vino al mundo dotada de un fecundo aliento espiritual y estético, que canaliza en sus creaciones literarias, inspirada en el ideario del Interiorismo, movimiento literario al que pertenece y promueve. Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, forma parte del grupo de narradores Mester de la Academia y coordina la Tertulia literaria de la Academia.
  2. Ofelia Berrido, Anacaona, Santo Domingo, Colección “En la interior bodega”, no. 10 del Ateneo Insular, Editora Búho, 2019, p. 227. Las restantes citas son de esta edición.
  3. Entre las obras de Ofelia Berrido figuran dos novelas y dos poemarios.

 

Otros casos y otros usuarios alejados de las normas (2 de 2)

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

 

En la continuación de la temática ya  iniciada,  les seguimos ofreciendo una abundante variedad de usos no acordes con las normas de nuestro español, empleados por personas de diferentes niveles culturales y residentes en las más diversas latitudes.

-En un comentario aparecido en las redes, alguien haciendo referencia a una interpretación de la canción “Malagueña salerosa” de parte de la mexicana Estela Núñez, escribió: “Una magistral interpretación de Estela Núñez que decolla como siempre con su registro vocal singular…”  Lo primero que salta a la vista es que al verbo “descollar” se le eliminó la “s”. Lo segundo es que ese verbo “descollar” (sobresalir)  pertenece a un grupo de verbos de la lengua española que, cuando se conjugan en el presente del modo indicativo y del subjuntivo, y también del imperativo, convierten la  “o” en el  diptongo “ue” cuando  esa vocal recibiría la fuerza tónica al ser pronunciada. Es por esa razón que no se dice “ella descolla”, sino “ella descuella”; por lo que, cuando se conjuga ese verbo en presente del modo indicativo lo haremos como sigue:

Yo descuello, tú descuellas, él (ella, usted) descuella, nosotros descollamos, ellos (ellas, ustedes) descuellan.  Como se pude ver, en el caso de “nosotros descollamos” no existe la diptongación, ya que la fuerza tónica en la pronunciación no recae en esa vocal “o” del verbo en esa persona gramatical, sino en la “a” de la sílaba “lla”.

.-En otros ensayos ya les he expuesto lo extendida que está la práctica de la personalización del verbo “haber” en República Dominicana. Pero esa realidad se manifiesta no únicamente en nuestro país, sino también en España y en casi todos los países de América de habla castellana, como está registrado en el estudio titulado: “Pluralización del verbo haber impersonal en el español hablado culto”, llevado a cabo en las ciudades de Bogotá, Buenos Aires, Caracas, La Habana, La Paz, Lima, Madrid, México, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Chile y Sevilla.

-Un comentarista deportivo santiaguero, en su sección “Lo que pasó hoy”, escribió: “…una parte de los beneficios que les deja su empresa en el año…lo dedica a palear…las necesidades del área deportiva…” El comentarista destaca así los aportes del propietario de una banca de apuestas al deporte, y no debió escribir “les”, sino “le”, ya que  en la noticia solo aparece como referente el dueño de la banca, por lo cual  en ese caso la concordancia tiene que darse en singular. Así lo demanda la norma en casos como ese. En cuanto al verbo “palear”, se puede decir que es bastante frecuente, en un sector de escasa cultura, el empleo de ese verbo en lugar de “paliar”,  que es el que pide ese contexto semántico.

-En la continuación del tema, leamos lo que contestó alguien ante una pregunta aparecida en una entrevista: “Para mí que las agencias de carros son las más importantes; son los que nos facilitan nuestro medio de transporte, siempre y cuando se pueda acceder a ellas como futuro comprador.” Ese entrevistado tiene dificultad con la concordancia aplicada a  los relativos, ya que aunque en la primera parte realizó muy bien la concordancia entre  “las agencias de carros” y el predicativo “importantes”, a seguidas quebrantó la norma, pues se desvió de la pista correcta y puso a concordar indebidamente el relativo “los que” con “carros” en vez de hacerlo con “las agencias de carros”. Por eso escribió “son los que” en lugar de “son las que”. Pero se encarriló al expresar “cuando se pueda acceder a ellas”, poniendo a concordar de nuevo a “ellas” con “las agencias de carros”, como lo demanda  la  norma en esos casos.

-Otro entrevistado respondió lo siguiente ante la pregunta que se le formuló: “Los supermercados son los más importantes ya que sin ellos se nos sería muy difícil conseguir los alimentos.”  A ese texto le falta una coma delante de “ya que” y le sobra el pronombre “se”.  Posiblemente eso último sucedió porque la persona entrevistada pensaba expresar “se nos haría muy difícil conseguir nuestros alimentos”, pero cometió el lapsus “sería” por “haría”.

-El siguiente caso registra un fenómeno lingüístico al que un servidor le ha dado el nombre de “traslaenqueísmo”, que se está introduciendo ampliamente entre los usuarios dominicanos. Veamos de qué se trata. Un habitante de un sector de Moca, después del paso del huracán María, indicó: “Ustedes pueden ver en las condiciones que estamos aquí, en esta comunidad.” Para mantener el orden de las palabras indicado por la sintaxis del castellano, ese señor debió decir: “Ustedes pueden ver las condiciones en que estamos aquí, en esta comunidad.” Debemos tener claro que esa es una construcción de relativo y  que, en esas construcciones, tienen que aparecer juntas las palabras que las constituyen y en  el sitio que les corresponde para mantener claro y preciso el mensaje que se quiere transmitir.

-Un estudiante  de término de la carrera de Derecho, en la tesis que él le presentó a un corrector de estilo, expresó: “Queda evidenciado la alta tasa de niños y niñas a los cuales se le coarta el derecho a la educación.” Lo primero que se observa es que debió escribir “evidenciada”, pues ese adjetivo concuerda con “tasa”, palabra sustantiva a la que modifica o califica. En segundo lugar, “les” es lo que  pide la concordancia y no “le” porque se hace referencia  a  “niños y niñas”, que son nombres plurales.

-También otro estudiante, en su tesis a ser corregida, escribió lo siguiente: “A  la institución que nos referimos, es el Senado romano.” En ese ejemplo aparece  el fenómeno al que yo le he dado el nombre de “traslaalaqueísmo”  pues traslada o separa del lugar que le corresponde en el orden sintáctico de esa oración, el relativo “a la que”.  La frase, en buen español, debe ser: “La institución a la que nos referimos…”

-En un canal de televisión de la ciudad de Santiago de los Caballeros, escuchamos a un profesional y político expresar: “Tú conoces con la intensidad que nosotros nos manejamos.” En este hablante apareció el fenómeno lingüístico al que le he llamado “traslaconqueísmo”, que consiste en la traslación o separación de la preposición “con”  del relativo  “que” (= la cual,  la que). Nuestra sintaxis pide que se siga el siguiente orden de las palabras y frases al tratarse de ese relativo: “Tú conoces la intensidad con que (=con la que, con la cual) nosotros nos manejamos.”

Por el momento me conformo con los casos que esta vez les he presentado, con los cuales espero haberlos orientado en cuanto al buen empleo del español. Debo decirles que mi deseo de siempre es que, en sus escritos y en su comunicación oral con los demás, la imagen que ustedes proyecten ante ellos sea cada vez más apreciada.

Tirarse, recatado/rescatado

Por Roberto E. Guzmán

TIRARSE

“Usted puede caminar por cualquiera de sus aceras y tendrá que TIRARSE a la calle. . . “

Algunos de los usos dominicanos de este verbo tienen explicaciones lógicas, al tiempo que otros escapan a explicaciones racionales. El hablante dominicano comparte con los hablantes de español americano algunas de las acepciones que mantiene este verbo del título, otras son “puras” del español dominicano.

No contento con la utilización del verbo, el hablante dominicano ha formado varias locuciones que merecen mención en esta sección; entre estas se mencionarán las que son exclusivas de esta variante de español.

Para arrojar, echar y otros, el hablante de español dominicano prefiere el verbo tirar; piénsese en los letreros que rezan, “No tire basura”. No son pocas las bromas que los dominicanos juegan con respecto del verbo tirar; por ejemplo, el hecho de que no “hace disparos”, sino que “tira tiros”, que es una característica del habla nacional dominicana compartida con otras hablas americanas.

En el español escrito no es raro que se exageren las expresiones, sobre todo los verbos, para llamar la atención del lector. Esto que acaba de anotarse es lo que se piensa que ocurre con el verbo del título en la cita que adorna esta sección.

Otros verbos más neutros en su colorido hubiesen podido describir la acción del transeúnte que desciende a la calle, o que abandona la acera, que baja de la calzada dominicana para ocupar el espacio reservado al tránsito de vehículos.

El espectro de acción del verbo tirar es ancho y propio del dominicano. Una autoridad puede tirar una ley o resolución, que en español internacional sería promulgar, divulgar. No hay que mostrar extrañeza si este tirar equivale a “dejar a alguien en un lugar determinado”; esto es, depositar o colocar rápidamente a una persona sin mucho cuidado en un sitio.

Hay más sorpresa cuando se comprueba que tirar puede expresar la acción de “acarrear”. Ejemplo de esto es, “tirar varios viajes de arena un conductor o un camión”. En funciones de verbo pronominal sirve para transmitir la idea de, “Ponerse una prenda de vestir rápida y descuidadamente”. Entra en contradicción esta acepción con el sustantivo “tire” que pondera la vestimenta elegante o lucida que lleva una persona, “¡Qué tire te has dado!”.

Con el significado de “someterse a algo que requiere tiempo”, en los casos de leer un libro completo, ver programas de televisión o escuchar la radio durante largo tiempo. El verbo en la cita puede interpretarse también con el sentido de “atreverse” que es otro valor, pues el bajar a la calle implica riesgo y la acción denota atrevimiento.

Tirarse, de nuevo, puede manifestar “mantener querella, o diferencias” con alguien. De este modo una persona dice que no quiere malquistarse con otra si usa el verbo en sentido de negación. “No me tiro con él porque no quiero perder mi trabajo”.

Algunas de las locuciones que se forman con la ayuda del verbo tirar son muy coloridas. Piénsese en “tirar paqueticos”, que se utiliza para, “Presumir ante los demás de una cosa que se estrena”. También se emplea para presumir de conocimientos o mostrarlos. “Tirarse a muerto” para abatirse o para, sustraerse, disimular y evitar participación en alguna actividad. “Tirar para arriba”, es, “despilfarrar, malgastar”, así como “despedir de modo violento o sin miramiento a una persona”; también cortar unilateralmente de modo abrupto una relación amorosa una persona sin tomar en consideración los sentimientos de la otra.

Con lo vaciado aquí no se agotan las acepciones del verbo ni se enumeran todas las locuciones. Las palabras que aparecen en negrillas las ha añadido el autor de estos comentarios para que se tomen en consideración. Las citas son sacadas del Diccionario del español dominicano y del Diccionario fraseológico del español dominicano.

 

RECATADO – RESCATADO

“La novela es excelente, para no ser RESCATADO en mi apreciación”.

Decían los viejos que “al mejor escribano se le va un borrón”. Los dos vocablos de esta sección son dispares en sus significados, aunque en la escritura haya semejanza. Puede decirse que el “error es de oído”; es decir, que no se hizo la distinción por medio del contexto y se procedió a escribir de acuerdo con el oído.

En el habla descuidada no se distingue entre los dos vocablos del título; esto así porque pronunciar esas letras eses /s/ trabadas entre una vocal y un sonido consonántico cuesta trabajo para una persona que no cuida de su elocución.

Para el adjetivo recatado, las doctas corporaciones de la lengua hace largo tiempo que lo definen en tanto “circunspecto, cauto”. Así fue desde el siglo XVIII hasta el siglo XX. Luego se le añadió la posibilidad de asimilarlo a honesto, modesto. Esta característica de la honestidad en el Diccionario de la lengua española se atribuyó a las mujeres. En la actualidad se reconoce como recatada la mujer que es pudorosa, modesta.

Recatar en la acepción que interesa para los fines de esta sección es comportarse con cautela y prudencia. La persona recatada es prudente, cauta, decorosa, reservada, actúa con modestia y es discreta en sus actuaciones.

El verbo rescatar, de donde deriva rescatado, se usó en principio para recobrar mediante el pago de un precio o por fuerza los cautivos o las plazas retenidos por el enemigo. De allí que se pagara un rescate, es decir, una suma de dinero o una cantidad en especies.

En tiempos más recientes el uso ha extendido el radio de acción del verbo para transmitir la idea de liberar a las personas de peligro, daño, trabajo, molestia, opresión. En la enumeración puede apreciarse como transita el verbo de daño y peligro a nociones que son más fáciles de sobrellevar, trabajo, molestia.

Además, el verbo rescatar puede adquirir características parecidas a las del verbo recuperar en los casos en que se trata de cosas que han pasado a manos ajenas.

Con esta extensión puede percibirse cómo el estilo de vida ha extendido el alcance del verbo. En la vida moderna evitar peligro, daño, trabajo, molestia y opresión ha logrado tal importancia que salvar a los seres humanos de estas penas se hace mediante el verbo rescatar. La persona a quien se le evita estos sufrimientos se considera que ha sido rescatada.

La influencia del verbo rescatar se extendió y el uso ha llegado a rescatar cosas perdidas, olvidadas o estropeadas, para volver a usarlas. Se ha tocado con este verbo hasta el tiempo, cuando se habla o escribe de recobrar el tiempo o la ocasión perdidos.

Luego de las explicaciones anteriores, resulta obvio que el adjetivo que cabía para imprimir sentido a la frase reproducida más arriba era recatado, aunque no resulta clara la intención. ¿Cauto?