Aplatanar(se) / tropicalizar, magma, vinculatoriedad

Por Roberto E. Guzmán

 

APLATANAR(SE) – TROPICALIZAR

“Las autoridades dominicanas tienen que, si se quiere, APLATANAR las recomendaciones. . .”

Este verbo no guarda secreto para los habitantes de las Antillas Mayores de habla hispana. Además, puede casi asegurarse que muchos hispanohablantes de otras latitudes pueden entender el mensaje que el verbo transmite. Esto así porque han estado expuestos al contacto con los hispanohablantes de las Antillas.

Sería interesante poder determinar en cuál de las islas se originó el uso del verbo. Es muy probable que los dominicanos fueran quienes originaron el uso porque son quienes más plátanos comen en el Caribe. Esto significa que el plátano es una parte importante de la vida de los dominicanos. De una forma u otra, en Nueva York a los dominicanos algunos hispanos los llaman los “plátanos” por el gran consumo que hacen de esa musácea.

La “traducción” al español general de aplatanarse es acriollar(se) y, mayormente se usa para aplicárselo a los extranjeros que se acostumbran o adoptan los gustos de los dominicanos.

Hasta el momento en que se encontró en esta cita, el verbo solo se había encontrado aplicado a personas. En el caso específico de la cita se usa para recomendaciones, es decir, para propuestas o medidas planteadas como apropiadas. En la cita debe interpretarse este aplatanarse en tanto adaptar las recomendaciones al medio dominicano.

Esto tipo de uso podría considerarse como un ensanchamiento del campo semántico. No hay necesidad de exagerar el hecho, pues los lexicógrafos casi siempre están atentos a este tipo de fenómenos para determinar si se convierten en una práctica y en consecuencia, consignarla en los nuevos repertorios.

El plátano dominicano, que no es el guineo, ha dado lugar a varias locuciones muy populares en el habla de los dominicanos. Hay una que llama la atención porque se interpreta de modo diferente en Puerto Rico y República Dominicana. “Tener alguien la mancha del plátano” en Puerto Rico es manifestar la naturaleza o carácter del puertorriqueño típico. “Tener [todavía] la mancha del plátano” es para los dominicanos mostrar alguien su origen campesino mediante comportamiento o gustos.

No puede olvidarse que en España se conoce con el nombre “plátano” lo que en otras latitudes es llamado banana. Se ha observado que en la actualidad los dominicanos consumen muchos guineos verdes hervidos. Esos son llamados “guineítos” o “guineítos verdes”. Algunas personas prefieren llamarlos bananos, así en masculino, para diferenciarlos de los que se consumen sin cocer que continúan con el nombre de bananas.

El otro verbo que figura en el título, tropicalizar, existió en el uso de los dominicanos. Se usaba para aplicárselo a los aparatos que eran fabricados con estándares especiales para que pudieran usarse en los países tropicales.

En muchos casos esos enseres del hogar estaban protegidos desde la fábrica para resistir la herrumbre o soportar la humedad del ambiente que impera en los países de las zonas del trópico. Se recuerda, por ejemplo, los radio receptores de mayor duración eran los tropicalizados porque aseguraban más larga vida útil.

Este último verbo no aparece en los diccionarios diferenciales con este valor. Quizás esto se deba a que el verbo cayó en desuso con los avances de las ciencias y la tecnología.

 

MAGMA

“Pero LA MAGMA intelectual y vital. . .”

Algunas personas que escriben en los medios de comunicación masiva escriben con la intención de llamar la atención por medio de figuras innovadoras. Eso es lo que parece que sucedió en la frase copiada a guisa de ejemplo en esta sección. “Magma intelectual y vital” no pertenece al español de todos los días. Como ocurre con frecuencia en casos como este, se expone quien de ese modo escribe a incurrir en error.

La palabra “magma” termina en letra a /a/, pero no es femenina. Eso ocurre en contados casos del español. Ocurre casi siempre en palabras tomadas del griego, lengua en la que era mágma, con referencia a pasta, ungüento.

Entre otras palabras del español en las que la última letra es a /a/, y sin embargo son masculinas, pueden mencionarse algunas cuyos géneros marcamos correctamente como masculino sin percatarnos de ello, “mapa, paradigma, organigrama, programa”.

En el español moderno magma posee tres acepciones principales. Materia residual y espesa que resulta después de exprimir las partes más fluidas de una sustancia. Es también la masa ígnea existente en el interior de la tierra. Por último, es una “mezcla confusa”.

Magma es voz masculina, a pesar de que termina en letra a /a/, como se señaló antes. Cuando se escribe o se dice magma, hay que acompañar la voz de un artículo o adjetivo en masculino. Debió ser “EL magma intelectual y vital”, aceptando este magma con el significado de “esencia, sustancia importante de una idea, extracto”.

Con este tipo de error detectado en la cita se producen dos efectos. Los lectores que no tienen nociones firmes acerca del género de la palabra del título quedan confundidos. Los que sí saben cuál es el género de magma, quedan disgustados.

Lo que procede que se haga en casos como estos es hacer lo que aconseja la académica María José Rincón de manera constante; en caso de duda, acuda a los diccionarios, que para eso están.

 

VINCULATORIEDAD

“. . .principio de VINCULATORIEDAD procesal. . .”

La voz del título es larga. Circula en medios de habla culta. Su uso ocurre mayormente en el campo jurídico. Esta voz es de relativa reciente aparición. Se hace necesario examinar el uso para determinar cuál es la acepción que puede reconocérsele. Todo lo esbozado en las oraciones anteriores se ampliará en el curso de esta exposición.

Ha de tenerse en cuenta que en la frase que se reproduce en cabeza de este escrito “vinculatoriedad” aparece catalogado de “principio”. Esto le confiere un rasgo especial a la voz, la constituye en un término de contenido específico.

Desde el principio se hace constar que este estudio de la voz es puramente lingüístico y que no pretende trazar pautas o aclarar conceptos en cuanto al aspecto jurídico o legal.

No puede pasarse por alto que esta voz es larga en demasía. Mantiene lazos de semejanza con el vocablo “vínculo” que es un sustantivo cuyo sentido principal es señalar unión o atadura entre personas o cosas.

Le añadieron un sufijo para que la voz en cuestión sea un sustantivo y no conforme con ello le metieron un infijo, por eso resultó con la longitud que se destacó antes.

En República Dominicana entró esta voz hace quizás unos diez años, traída de legislaciones y jurisprudencias extranjeras. Los diccionarios que se han consultado no reconocen la voz.

Por las noticias que se han recabado acerca de la voz del título, esta ha de aceptarse con el valor de “obligatoriedad”. Esto muy probablemente se desgaja de las acepciones que se admiten para el verbo vincular. Una de ellas es, “sujetar a una obligación”. Se piensa que en la cita puede interpretarse que se refiere al principio de sujeción, esto es, “sometimiento a la disposición del proceso”.

Según parece este vinculatoriedad procede del sistema legal llamado en inglés common law, en el que un precedente jurisprudencial puede erigirse o invocarse con fuerza vinculante o persuasiva para que un juez o corte decida casos de un modo semejante, cuando estos les son sometidos a su consideración. Este common law se traduce al español en tanto derecho común (ley no escrita), derecho consuetudinario o jurisprudencial.

Yompear, carburar, empalizada / palizada

Por Roberto E. Guzmán

YOMPEAR

Este verbo yompear ya está documentado en el Diccionario del español dominicano (2013:710) como corresponde, “Conectar la batería descargada de un vehículo a la de otro para lograr que arranque”. En dominicano dirían, “para que prenda”.

Si se trae a estos comentarios es porque el español dominicano no cesa de enriquecer sus voces con nuevas acepciones. Más adelante se abundará sobre esas innovaciones.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española del año 2010 ya había consignado el verbo por su uso en Panamá y República Dominicana, con la grafía también yumpear.

Este verbo se ha adoptado del inglés to jump, que en el caso específico de la conexión entre vehículos lleva start y hace to jump start. En inglés entró con esas funciones en el año 1973, pues hay que tener en cuenta que en esa lengua posee más de una acepción.

Tal y como se anunció más arriba los jóvenes citadinos dominicanos en su habla han ensanchado el campo de acción del verbo yompear, Algunos de los nuevos usos se parecen a otros que existen en inglés, sin que necesariamente se plieguen a los del habla angloamericana.

Se ha observado que se le ha ensanchado el verbo yompear para que en su uso exprese “proveer ayuda”. Esta ayuda según parece puede ir desde suministrar fondos, hasta pasar carga de batería de un celular a otro. Hay quienes lo usan hasta para mostrar apoyo moral.

No hay que sorprenderse acerca de la variedad de acepciones que manifiesta el verbo si se tiene en cuenta que anda de boca en boca entre jóvenes. Habrá que esperar un tiempo prudente para que se asienten y se hagan firmes los usos o caigan en el olvido algunos. Nada de lo que se ha mencionado con respecto de este verbo es raro, pues son fenómenos que ocurren normalmente en las lenguas.

 

CARBURAR

El verbo carburar que se presenta a manera de título para esta sección tiene acepciones en el español dominicano que son desconocidas en otras hablas.

Como sucede con mucha frecuencia, esas acepciones proceden de la creatividad de los hablantes jóvenes que se las ingenien para nutrir desde su posición el acervo común del habla nacional.

En muchos casos los hablantes jóvenes recurren a nuevas acepciones para palabras que son de solera en el español general porque andan en busca de renovar sus hablas. Tienen estos hablantes la características de no ser conformistas. Entre los jóvenes son los estudiantes quienes con mayor frecuencia inventan nuevas acepciones a viejas palabras, sin que estas ensanchamientos, ampliaciones o desplazamientos tengan vocación de permanencia.

A pesar de lo expresado en la última frase, se hace necesario precisar algunas de esas voces porque la literatura moderna y la prensa las utilizan. En el caso de la literatura el uso se hace para reflejar de modo auténtico el habla de los personajes; en el caso de la prensa el propósito es imprimir color local a las descripciones.

La descripción de una situación de uso del verbo carburar es el método considerado idóneo para ilustrar la significación que se desea destacar aquí.

Cuando un compañero de aula no mostraba su inteligencia de manera inmediata, o por cualquiera otra razón, algunos estudiantes expresaban esta falta de estudio o de disposición al aprendizaje gastándole bromas. Una de ellas consistía en decir que “no carburaba”.

Como resulta fácil de colegir, este carburar se tomaba en tanto habilidad para entender, pensar, calcular; era cuando se mostraba disposición en el aula para responder preguntas planteadas, para resolver problemas formulados por el profesor.

Podría manifestarse que era una muestra del habla estudiantil de un momento o período que necesariamente no perdura en el tiempo, porque otra ola de estudiante reemplaza muchas de esas voces con nuevas.

Ese tipo de habla es una forma particular de lenguaje de una comunidad lingüística; es lo que los estudiosos del lenguaje llaman sociolecto, vocablo que se usa en lingüística para denominar el conjunto de características comunes que identifican a un grupo de hablantes que posee un elemento social común.

 

EMPALIZADA – PALIZADA

“Esa fea PALIZADA debe desaparecer. . .”

Los hablantes de español dominicano conocen mucho mejor la empalizada (empalizá) que la palizada. Esto así porque como se verá más adelante era y es más fácil construir una empalizada que una palizada.

Eran muy frecuentes en el pasado las empalizadas para marcar o dividir propiedades. Además, no puede dejar de mencionarse que en un merengue muy viejo se mencionaba varias veces la voz empalizá. Se conocía como el Merengue de la empalizá.

De lo antes expuesto puede deducirse que los dos vocablos del título pertenecen al español general, pero que su significado es diferente; en consecuencia, hay que poner atención cuando se usa uno u otro.

No puede ocultarse que produce placer poder traer de nuevo a estos comentarios una palabra que fue muy usada en el habla de los dominicanos del pasado.

Habrá quien piense que está muy presente en la actualidad, pero hay que pensar que en las ciudades usan bastante las palabras verja, cerca, pared y otras para denominar las divisiones levantadas para marcar límites entre terrenos y asegurarse privacidad.

Con los dos vocablos del título ha sucedido algo muy común en las lenguas, los significados de estas no permanecen estáticos. Estos mudan de uso o adquieren sentidos figurados. Más abajo se detallará el proceso pertinente a estos dos vocablos.

Para comenzar hay que subrayar que la palizada es el sitio cercado de estacas. Además, es una defensa construida de estacas y tierra aplanada para contrarrestar desbordes de agua. Por último, después de la significación en heráldica que no viene al caso, es en el lenguaje militar, empalizada.

La empalizada es la obra hecha de estacas. La empalizá dominicana comenzó en los campos, hecha de palos hincados unos muy cerca de otros, o unidos por medios rudimentarios y plantados en el suelo. La designación se generalizó y, de la hecha de palos puntiagudos, de donde le viene el nombre, pasó a las cercas construidas de maderas y otros materiales. Esto así, por lo menos, en el  habla de los dominicanos.

La palabra para la designación de la verja existe en otras lenguas, escrita de una forma muy parecida a palizada; en inglés es palisade, en francés es palissade. Todas las lenguas que conocen un concepto con este nombre reconocen que proviene del provenzal.

Con respecto al uso que de palizada se hace en el texto, la propiedad en este depende de la intención del redactor. Si se refería al sitio o lugar, es palizada. Si deseaba mencionar la cerca o verja, entonces debió escribir empalizada.

Intelectuales y profesionales están introduciendo cambios en el relativo

Por Tobías Rodríguez Molina

Se sabe con evidente fundamento que los idiomas son pasibles de cambios, de evolución, a pesar de las normas que presionan para que esas entidades comunicativas se rijan por cauces que logren la unidad de sus usuarios. Pero a pesar de ese intento de unificación, es un hecho que  mientras haya usuarios de una lengua, habrá cambios y  lo más que pueden   lograr las normas  es  que los mismos sucedan con una mayor lentitud.

Es innegable que  en este momento de la existencia del español que empleamos  los dominicanos, tanto  intelectuales, aun académicos, como también profesionales de diversas áreas, están introduciendo cambios en el mismo, uno de los cuales es el que  se está dando en la estructura del relativo, como lo veremos después que ofrezcamos una definición del relativo, tomada de Wikipedia:

“Los pronombres relativos son un tipo de pronombre que se usa para iniciar una oración e introducen una oración subordinada adjetiva de la que forman parte. Usualmente se considera que los pronombres relativos ocupan la posición del especificador de la oración y, por tanto, la oración de relativo que encabezan puede ser vista como un sintagma complementario.”

Pasemos a ver, mediante una cantidad considerable de ejemplos, la mayoría de cambios que se le están introduciendo al pronombre relativo:

  1. “…ese grupo empezó a moverse y frente al sitio que nos reuníamos vivía Franklin Mieses Burgos.” (Tony Raful Tejada, en entrevista que le hizo Bruno Rosario Candelier). Este prominente intelectual y académico es una muestra fehaciente de que el relativo está experimentando verdaderos cambios en su configuración. En este caso se ha reducido el relativo “en que” a “que” en la parte de la oración que dice “frente al sitio que nos reuníamos…”, que debe ser “frente al sitio en que nos reuníamos…” A esa ausencia de “en” en el relativo “en que” un servidor le ha llamado “desenqueísmo”.
  1. “Cosa extraña, porque Borges en esa época no gozaba del aprecio que goza ahora.”(Bruno Rosario Candelier, en entrevista a Tony Raful Tejada). Este prominentísimo y distinguido intelectual (crítico literario de primer orden, prolijo escritor, creador del movimiento interiorista, director de la Academia Dominicana de la Lengua, etc.) constituye el más fuerte aval para fundamentar el presente artículo. El cambio que Bruno introdujo en ese ejemplo tiene que ver con el relativo “del que” en función de complemento, el cual nuestro ilustre académico  lo redujo a “que”. Creo que  en buen castellano, Bruno debió expresar “…Borges en esa época no gozaba del aprecio del que goza ahora.”
  1. “Artículo 44.1. Son inviolables el hogar, el domicilio y cualquier recinto privado de la persona, salvo en los casos que se ordenaba la entrada por la autoridad judicial competente…” (Fabio Guzmán Ariza, El lenguaje de la Constitución dominicana). Este otro eminente abogado y académico me da la mano con un fragmento que me ayuda a sustentar mi tesis sobre los cambios del relativo o la transformación que este está experimentando en el uso de muchos intelectuales. Veamos un fragmento de lo escrito por Guzmán Ariza: “…salvo en los casos que se ordenaba la entrada por la autoridad judicial competente…” Al igual que en el caso de Tony Raful, este académico reduce el relativo “en que” a  solo “que”, cayendo en el llamado  “desenqueísmo”.  El debió haber escrito: “…salvo en los casos en que (=en los que) se ordenaba la entrada por la autoridad competente…”
  1. “Margarita es una persona que yo conozco desde hace mucho tiempo.” (Marino Zapete, Entrevista a Margarita Cedeño). Este veterano comunicador también mutiló un relativo, pues expresó “que” en vez de “a la que”, produciendo lo que se puede llamar “desalaqueísmo” por haber eliminado “a la” a la expresión “a la que”. Zapete debió decir: ”Margarita es una persona a la que yo conozco desde hace mucho tiempo.”
  1. “También se cruceteaban entre la cara de la gente los mimes, esa especia de múscidos, que se les había dado ese nombre no se sabe porqué.” (Avelino Stanley, novela Equis, p. 183). Este distinguido escritor dominicano también ha introducido cambios en las frases del relativo, esta vez empleando un “desalosqueísmo”, pues eliminó “a los” al relativo “a los que” en la expresión “…esa especie de múscidos, a los que se les había dado ese nombre no se sabe porqué.”
  1. “Justo en ese momento que la vecina rascaba ya el fondo del caldero.” (Idem. P. 96). Avelino ofrece otro aporte a mi tesis, pues elimina “en” al relativo “en que”, produciendo en su texto literario el “desenqueísmo “, que  hemos visto en otros autores ya citados anteriormente.  Su fragmento, sin esa mutilación del desenqueísmo, se debe escribir: “Justo en ese momento en que la vecina rascaba ya el fondo del caldero.”
  1. “Esta es la situación que se encuentra esta comunidad.” (Reportera de un canal capitalino). Como se puede ver, se está haciendo frecuente en una elevada  cantidad de usuarios la eliminación de la preposición “en” del relativo “en que”; así es como se genera el “desenqueísmo”, que vimos en el caso 1, en un uso de Tony Raful; en el caso 3, de Guzmán Ariza;  en el caso 6, de parte de Avelino Stanley, y en este caso 7, en que debió la reportera expresar “Esta es la situación en que (=en la cual) se encuentra esta comunidad.
  1. “Se está dirigiendo a un recinto que funcionan cuatro colegios electorales.” (Reportera de Colorvisión). También en esta reportera se da el “desenqueísmo” que, como acabamos de afirmar, se está generalizando entre los usuarios de nuestro castellano. Ella hubiera evitado ese cambio si hubiera dicho: “Se está dirigiendo a un recinto en que (=en el que) funcionan cuatro colegios electorales.”
  1. “Se dan cuenta en el descalabro que está la política…” (Articulista de La Información, profesor universitario con doctorado). Este distinguido articulista introdujo en este ejemplo el llamado “traslaenqueísmo”, que consiste en separar “en” del relativo “en que” en la frase “…en el descalabro que está la política.” La oración , usando el relativo de acuerdo con las normas, quedará redactada del siguiente modo: ”Se dan cuenta del descalabro en que está la política.”
  1. “Ante ese descalabro que está la sociedad dominicana, ¿qué debemos hacer? (Idem). Esta vez, el profesor usa el ya bastante frecuente caso del “desenqueísmo” al usar sin “en” el relativo “en que”. Como ya es fácil suponer, debió escribir “Ante ese descalabro en que está la sociedad dominicana, ¿qué debemos hacer?
  1. “Ese fue el músico que yo me inicié tocando.” (Guitarista en un programa de arte, CDN). El guitarrista también está introduciendo cambios en el relativo, pues usó un relativo mutilado. Sin mutilación, la oración se debe redactar “Ese fue el músico con el que (=con quien) yo me inicié tocando.”
  2. “Habrá justicia en la medida que la sociedad lo permita.” (Un culto exprocurador de la Suprema Corte de Justicia, en Aeromundo). Este exprocurador también se cuenta entre quienes están introduciendo cambios en el relativo del español con el desenqueísmo, al decir “Habrá justicia en la medida que…”, debiendo decir “Habrá justicia en la medida en que…”
  1. “En la forma en que está concebido el voto automatizado es un simple programa de conteo de votos.” (Editorial de Diario Libre, noviembre 18, 2019). En ese editorial aparece el ya mencionado “traslaenqueísmo” al trasladar o separar el relativo “en que”. La construcción sintáctica debe ser: “La forma en que está concebido el voto automatizado es un simple programa de conteo de votos.” No debe iniciarse con “En la forma”,  pues ese “En” pertenece al relativo “en que”, palabras que deben aparecer seguidas.
  1. “Hay que tener en cuenta con las enfermedades que ellos llegan.” (Doctora parte de la dirigencia de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, Santo Domingo, R. D.). En este caso tenemos el llamado “traslaconqueísmo”, que consiste en separar o trasladar “con” de “que” del relativo “con que”. Empleando el relativo de acuerdo con las normas, esa doctora debió haber expresado “Hay que tener en cuenta las enfermedades con que ellos llegan.”
  1. “Me conmovió por la pena que ellas están pasando.” (Señora de Santiago, R.D., del nivel social alto.). Al partir o separar el relativo “por que” en “por” y “que” se da lugar al “traslaporqueísmo. El relativo, si se sigue la norma, debe quedar junto al decir: “Me conmovió la pena por que (=por la que) ellas están pasando.”

Después de haber visto la abundancia de usos alejados de las normas sintácticas referentes a la estructura del relativo, de parte de una gran variedad  de usuarios, incluyendo a prominentes académicos, que a la vez son escritores y literatos de un  elevado sitial, queda evidenciado que los cambios que se le están introduciendo  al relativo  llegaron  para quedarse. Ello así porque ese sector es el que mueve los cambios que se dan en las lenguas, y eso  lo estamos constatando entre nosotros.

 

Corso florido, salivita, clivaje

Por Roberto E. Guzmán


CORSO FLORIDO

El corso que interesa para estos escritos es el desfile con carroza, con personas disfrazadas, etc. El Diccionario de la lengua española registra esa palabra con ese significado, sin el etcétera, y menciona siete países en los que se conoce esa palabra. No aparece en esa mención el nombre República Dominicana.

Llama la atención esta ausencia porque el “corso florido” fue un momento histórico vivido por la población dominicana. Hubo un gran despliegue publicitario nacional y hasta internacional durante varios días en República Dominicana para celebrar el acontecimiento de este corso florido.

Ese gran desfile de carrozas a lo largo de lo que era la avenida George Washington en ese entonces se celebró en el año 1955 para que formara parte de los festejos conmemorativos de los 25 años de la Era de Trujillo.

Se está seguro de que en los periódicos locales de esa época, El Caribe, La Nación, consta el uso constante de la combinación “corso florido”, algo sin precedentes por la importancia que el régimen le imprimió a la celebración de la apoteosis.

En este corso hubo un desfile de carruajes, vehículos, carrozas preparadas para ese fin. Las personas que participaron en estas carrozas estaban disfrazadas con motivos alusivos al tema de las carrozas.

En honor a la verdad no puede decirse que se recuerden las flores, aunque quizás las hubo, que le confirieran el adjetivo al corso. Es posible que se usara este participio en sentido metafórico para referirse a la belleza de la reina del corso y a la bella corte de jóvenes; o a lo selecto del séquito y de los participantes.

El uso que prevaleció en la época a que se alude obedecía a la costumbre de magnificar las actividades del régimen imperante, dando por firme que la palabra corso es más “florida” que el pedestre carnaval.

Ya sea de una forma o de otra, hay que hacer un espacio para el vocablo “corso” en los diccionarios de español dominicano, y, de esa forma lograr que se incorpore a la República Dominicana en la lista en el lexicón oficial de la lengua española entre los países que utilizan o utilizaron ese vocablo.

 

SALIVITA

Es muy fácil darse cuenta de que la palabra colocada a guisa de título es un diminutivo de saliva. La pregunta normal que se hace quien la lee en estas reflexiones es, ¿Qué busca esta salivita aquí?

En esta sección se presentará lo que se presume que es un uso exclusivo de los dominicanos.

Los hablantes de español dominicano conocen la frase, “Con paciencia y salivita. . .un elefante a una hormiguita”. Hay quienes toman esta salivita en calidad de lubricante, mientras otros la toman en tanto palabra con poder para convencer.

Cuando algunos objetos no están bien pegados, los hablantes dominicanos lo expresan diciendo, “Eso está pegado con saliva”. De su entorno físico directo, la locución verbal ha pasado a ser usada en sentido figurado, como por ejemplo en los casos en que una persona que ejerce funciones en la administración pública se considera que no tiene buen asidero en la posición por una u otra razón, lo expresan con la misma locución.

En cuanto a la “salivita”, esta posee sus significaciones sin relación con el líquido que segregan las glándulas salivares. Esta salivita tiene su propio destino, desempeñar funciones de “cantidad diminuta” en cuanto a líquidos se refiere.

No es raro oír a un dominicano decir, “Lo que quedaba de ron en esa botella era una salivita”. Como puede observarse por medio del ejemplo y de muchos más que pudieran citarse para ejemplarizar los usos. En estos no hay referencia alguna a la saliva en sí, cuando se usa el diminutivo salivita. No se exagera si se añade que esta salivita es una cantidad despreciable de líquido. Casi siempre la salivita es lo que queda como último vestigio en un recipiente, que por efecto de su índole ocupa el fondo del recipiente.

Se piensa que esta salivita merece una consideración especial en los diccionarios de español dominicano, con una acepción aparte para ella.

 

CLIVAJE

“. . . disputaban desde CLIVAJES ideológicos . . .”

En algunas ocasiones los columnistas, analistas y otras personas que escriben en las secciones de opinión de los periódicos recurren al empleo de terminología de conocimiento de unos pocos. A veces traen a un campo nuevo una palabra de un léxico especializado. Al hacer esto el lector puede pensar, si conoce la palabra, que se trata de un uso metafórico. Muchos otros se quedan sin entender porque no tienen el hábito de consultar un diccionario cuando leen un periódico.

Eso que se esbozó más arriba se presume que ha sucedido en la cita. Clivaje no consta en el diccionario oficial de la lengua común. Esta voz solo consta en los diccionarios publicados por la Editorial Larousse.

La acepción consignada en esos mencionados diccionarios reconoce que procede del francés clivage, que es un sustantivo masculino que pertenece al campo de la mineralogía. La acepción es, “Operación que consisten en separar las partes defectuosas de un diamante u otra piedra y corregir su forma”.

Lo simpático con relación a la voz francesa es que posee ese significado, pero además aparece consignada con otra significación de uso en sentido figurado desde 1932, “separación por planos, por niveles”. Trae un ejemplo de uso, “Clivages políticos, ideológicos”. Esta información se tomó del Nouveau Petit Robert de la langue française (2007:450). Se catalogó de simpático el asunto porque en el español no se consigna la acepción en sentido figurado; sin embargo, esa es precisamente la que se usa en la cita, que corresponde al ejemplo del diccionario francés.

En francés la palabra tiene larga historia, cuenta con un verbo y existe un aparato que lleva un nombre especializado para la operación. Además de su uso en mineralogía, en esa lengua se la emplea en cirugía.

En lugar de la voz poco adaptada y de muy limitado uso, se propone en el caso de la cita sustituirla por tamizaje, que equivale a “seleccionar con cuidado”. No se propone depurar porque tiene una inclinación a separar lo malo de lo bueno, o simplemente a dejar fuera lo nocivo. Muchas otras posibilidades son factibles, pero eso implicaría un cambio radical de la redacción.

Saltapatrás, conversionista, comicios / elección

Por Roberto E. Guzmán


SALTAPATRÁS

“. . . hacerte que otorgues un poder a un SALTAPATRÁS . . .”

Hay que comenzar con algo cierto acerca de la voz del título. Esta es una voz que lleva una connotación despectiva. Se la conoce en el español americano. Además, en República Dominicana adquirió una acepción propia, así como en Perú. Por último, el autor de estas apostillas ha oído otra acepción en el habla dominicana que no se ha reconocido todavía. Todas estas significaciones se examinarán más abajo.

En el español ¿oficial? existe otra voz muy parecida que es la reconocida. En el español internacional la voz reconocida que se anunció antes es saltatrás, que remite a tornatrás. El diccionario oficial de las Academias define esta palabra, “En la América colonial, descendiente de mestizos y con caracteres propios de una sola de las razas originarias”. Vale que se recuerde que la persona mestiza es la nacida de padre y madre de razas diferentes; especialmente se usó para descendientes de blanco e india o de indio y blanca.

La voz saltapatrás referida a persona adquiere más fuerza con la ortografía que la caracteriza. Esto se añade porque ese “pa”, de para, insertado entre al verbo saltar y el adverbio atrás destaca con mayor fuerza el salto hacia atrás que aleja al sujeto de lo blanco, significando con esto lo puro.

Los rasgos que se concitan en la persona considerada saltapatrás es sobre todo el color de la piel que indica la mezcla de razas. Algunos etnólogos califican este salto como una “regresión” por sus rasgos, es una retrocesión a lo alejado de una sola raza. De la misma forma que sucedió con otros asuntos en las colonias, con este fenómeno se produjo toda una clasificación de matices de colores y rasgos, cuarterón, quinterón, etc.

En Perú saltapatrás es una bebida alcohólica fuerte y de mala calidad. Puede interpretarse que el nombre en este ámbito sugiere que quien la bebe salta hacia atrás, o, a la mala calidad de la bebida.

En la República Dominicana, referido a una persona saltapatrás indica que ella pertenece a una clase social humilde. Con esta acepción consta en el Diccionario de americanismos, así como en el Diccionario del español dominicano.

El uso que oyó en el pasado quien escribe estas notas tiene relación con la conducta sexual de un hombre. Saltapatrás es en relaciones homosexuales entre hombres, quien sobre todo “recibe” o, está más interesado en recibir que reciprocar; es decir, es el hombre que desempeña el papel femenino en las relaciones homosexuales. La voz en sí misma explica el movimiento y la posición del sujeto en el acto sexual.

Ya pasó a la historia la época en que los diccionarios no consignaban las relaciones consideradas pecaminosas por las personas religiosas. Todo tiene su nombre y merece que se asiente para que permanezca por lo menos como referencia de su existencia. La labor del lexicógrafo no es evitar las palabras malsonantes o las que implican conducta diferente de la suya.

 

CONVERSIONISTA

“. . . centran su actividad eclesial en la labor evangelizadora y CONVERSIONISTA”.

En algunas ocasiones la lengua no sigue una línea recta para hacer las derivaciones a que son sometidos muchos de los vocablos de esta. En otras ocasiones el diccionario oficial no registra en su inventario el vocablo que se procura, pero aparece mencionado en una acepción o ejemplo.

El problema que se presenta con el vocablo conversionista pertenece a eso que acaba de esbozarse. Ese vocablo específicamente no figura en los diccionarios consultados. Hay que entender que eso no significa que no existe. Desde que alguien lo usa, este existe; sobre todo si la composición está acorde con los cánones de la lengua. Algo que puede intuirse de lo antes expresado es que el vocablo ha tenido poca circulación.

En esta sección se desarrollará una hipótesis acerca de la razón que impulsó al redactor a elegir este vocablo entre los demás que tenía a su disposición. Al hacer esto se examinará el vocablo.

Por el entorno en que se encuentra “conversionista”, “actividad eclesial y labor evangelizadora”, hay que deducir que este conversionista tiene vínculos con “convertir”. Naturalmente este último verbo en su acepción de “ganar a alguien para que profese o practique una religión”.

Una vez expuesto lo que consta en el último párrafo lo más natural sería pensar que se seleccionaría el adjetivo convertidora, labor convertidora. El redactor descartó esa opción porque en el español moderno los hablantes y escribientes han reservado el adjetivo recién mencionado para “aparatos, dispositivos, sistemas”.

En español existe el nombre conversión para la acción y el efecto de convertir o convertirse. Existe el adjetivo y sustantivo converso para la persona convertida a una religión distinta a la que tenía. El problema con el adjetivo y sustantivo converso es que durante largo tiempo se ha usado para aplicárselo a los judíos que se convertían al cristianismo en los siglos XIV, XV y XVI. Se le otorgó un destino específico a la palabra converso que en la práctica la sacó de otros usos.

En el habla y en la escritura se ha encontrado el participio “convertido” para referirse a la persona que ha pasado de una religión a otra, especialmente de la religión católica a otra cristiana. Al resultado a que se llega es que el conversionista es una persona o acción que desempeña labores de conversión. El sufijo -ista cuando se aplica a una persona indica que esta es partidaria de una doctrina o, si la palabra base trata de una profesión que ella trabaja en esa.

Como puede apreciarse por medio de la lectura de lo presentado más arriba, la opción por la que se decantó el redactor de la cita es plausible. Es de lamentarse que la voz conversionista no haya contado con el patrocinio constante de los hablantes y escribientes, pues se piensa que hay situaciones en que es un recurso útil.

 

COMICIOS – ELECCIÓN

“. . . que afectan la participación de las mujeres de cara a los presentes COMICIOS ELECTORALES . . .”

Con cada torneo electoral se repite el yerro que se comprueba en la cita. Muchos redactores olvidan el significado de comicios y le asestan un golpe repetido al añadirle electoral a seguidas.

La palabra comicios siempre lleva la letra ese /s/ al final. Se la considera plural y la definición en el diccionario oficial de la lengua española es, “Elecciones para designar cargos políticos”. Esa es la primera acepción actual, pues en el pasado ese diccionario colocaba en primer lugar la que correspondía a la, “Junta que tenían los romanos para tratar de los negocios públicos”. La segunda acepción era, “Reuniones y actos electorales”.

A través de la lectura de las acepciones reproducidas puede comprobarse que la prioridad se ha reconocido en beneficio de lo actual, es decir, las elecciones en sí mismas y la especialización en cuanto al propósito de estas elecciones, para designar cargos públicos.

En la actualidad todavía se hace alusión a los comicios romanos con idéntica redacción, a la que se ha añadido “y, por extensión, otras reuniones”.

La palabra comicios deriva del latín comitia plural de comitium que era el lugar donde el pueblo se reunía en asamblea. Cuando se recurrió a la etimología de comicios llamó la atención que el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico enviaba a buscar el origen en el verbo “ir”. Esto se explica cuando se aprende que la palabra estudiada procede de un compuesto de ire y com- con el sentido de juntamente. Entre las funciones de esos comicios se contaba la de elegir los cargos públicos. En español entró en el año 1612.

En la frase copiada se observa que las dos palabras son empleadas una inmediatamente tras la otra y la segunda con la intención de modificar o ampliar la primera. Esto se destaca con el propósito de que no se piense o aduzca que el escritor tuvo la intención de imprimir sentido completo o de añadir expresividad a la oración. Ahí hay redundancia viciosa de vocablos.

Cuidado e importancia del buen manejo de las palabras parónimas

Por Tobías Rodríguez Molina


Al ser las palabras parónimas muy parecidas entre sí, su empleo exige del usuario poner sumo cuidado a la hora de emplearlas, pues escribirlas de una u otra manera nos puede  llevar  a expresar algo diferente a lo que queremos transmitir a los demás. De ahí la importancia de la correcta escritura de la palabra que debemos emplear en cualquier tipo de escrito aunque sea un simple papelito o una pequeña nota. Veamos, antes de ofrecer unos cuantos pares de dichas palabras y oraciones con  dichos pares,  la definición tradicional  de palabras parónimas: “Son aquellas que se escriben y se pronuncian de forma parecida, pero cuyos significados son diferentes.” (Wikipedia). La propia definición nos deja indicado lo riesgoso que puede ser cualquier descuido que tengamos al usar una u otra palabra por la semejanza o igualdad en la pronunciación de muchos de esos pares de palabras, especialmente los hablantes ubicados fuera de España, pues en algunos casos pronunciamos igual varios pares de parónimas. Ejemplo: rayo-rallo; tasa-taza; cocía-cosía;haya-halla.

Pasemos a ver varios grupos de esas palabras de uso bastante frecuente en el español de todas las latitudes:

-rebelarse: oponerse, poner resistencia a algo o a alguien. (Se rebeló contra la orden del maestro.)

revelarse: dar a conocer, descubrir algo que se desconocía. (Se reveló el secreto que ella guardaba.)

-tubo: tubería, pieza para conducir un fluido. (Ese tubo vino  torcido y no se pudo emplear.)

tuvo: pasado  del verbo tener.( El tuvo  que frenar al llegar a esa esquina.)

-rayo: descarga eléctrica. (El rayo rompió parte del rancho del campesino.)

rallo: del verbo rallar. (Yo rallo la yuca para fabricar el cazabe.)

-asar: cocer al fuego. (Ten mucho cuidado al asar esa carne de puerco.)

azar: algo fortuito, casualidad. (Los juegos de azar no son aconsejables.)

-tasa: del verbo tasar; precio, valor de algo. (La tasa del dólar está subiendo en R.D.)

taza: recipiente, vasija. (Me brindaron café en una preciosa taza.)

-haya: del verbo haber.  (Esperamos que haya muchas personas buscando mi producto.)

halla: del verbo hallar (encontrar). (Si él no halla  ese producto  comprará el mío.)

aya: mujer que cuida niños. (Esa aya cuida muy bien a  los niños.)

-habría: del verbo haber. (Ella habría llegado primero que tú si se hubiera esforzado un poco más.)

abría: del verbo abrir. (Manuel abría la puerta con cuidado si alguien tocaba el timbre.)

-herrar: colocar hierro. (Su oficio principal es herrar las patas de los  caballos.)

errar: cometer un error. (Errar no es de tontos, sino  de todos.)

-hecho: del verbo hacer; acontecimiento. (Juan siempre ha hecho los mejores dibujos.)

echo: del verbo echar. (Si echo eso por aquí, me sale por allá.)

-basto: rústico, tosco. (Esa pintura es de un pintor basto.)

vasto: amplio, extenso. (El terreno que acaba de adquirir Pedro  es muy vasto.)

-sita: ubicada, situada. (Esa casa está sita en la calle Duarte de Moca.)

cita: del verbo citar;  acuerdo, notificación. (Tengo una cita con mi urólogo.)

-cocía: del verbo cocer (cocinar). (Ella cocía la carne como a todos les agradaba).

cosía: del verbo coser. (Daniela cosía las faldas con suma delicadeza.)

Evitar los malentendidos y las informaciones erráticas debe ser una tarea pendiente en todo buen usuario de la lengua. Por eso todo el cuidado y el esfuerzo que pongamos en el presente tema de las palabras parónimas, nos traerá la merecida recompensa.

 

Yaniquequero, candidato, a, desempleado – cesante, disrupción

Por Roberto E. Guzmán

YANIQUEQUERO

“. . . donde las personas socializan alrededor de [ese] YANIQUEQUERO . . .”

No cuesta mucho esfuerzo para un hablante de español dominicano dar con el significado de la voz del título; esto así porque puede fácilmente descubrir en su base al famoso yaniqueque.

La voz yaniqueque aparece en los diccionarios diferenciales de español dominicano y en el Diccionario de americanismos como corresponde. El Diccionario del español dominicano (DED) consigna una definición del yaniqueque que refleja la realidad de este, “Torta frita hecha con masa de harina de trigo, sal y mantequilla”.

La receta del yaniqueque como muchas de las comidas dominicanas con el transcurso del tiempo ha sufrido modificaciones en su composición. El que se compra en la calle es el que más se asemeja al de la definición del DED; es el menos elaborado y puede decirse que es el original y primitivo, pues este alimento nació en las capas sociales de escasos recursos que es la que cocina con los ingredientes básicos. En la actualidad hay quienes le añaden levadura, huevo y hasta queso. Sobra señalar que los ingredientes se amasan y la masa así lograda se fríe en aceite.

El Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:420) afirma que el yaniqueque se originó entre los cocolos de San Pedro de Macorís, de allí “pasó a Sabana de la Mar con el nombre de Johnniecake y luego se popularizó en la capital y otros pueblos como yoniqueque”. Hay que tener en cuenta que este diccionario menciona un yoniqueque y un Johnny Cake.

Este último diccionario es el que reconoce al yaniquequero como, “La persona que prepara y vende yaniqueques en las esquinas”. Claro, no solo en las esquinas, pero el más popular es el que se vende “en la calle”. Este yaniqueque que se vende en “frituras” es el más popular es, “una torta fina de harina de trigo cocida en aceite”.

Como puede comprobarse mediante la lectura de lo que antecede en esta sección, el yaniqueque es muy popular en los barrios populosos de personas de escasos recursos económicos.

El nombre del alimento es la representación del sonido en español de Johnny Cake, así como lo es la representación gráfica de este sonido. Esto así por la dificultad que presenta la pronunciación en español de la letra jota /j/ del inglés. Como el yaniquequero es quien prepara y vende el yaniqueque, la forma de escribir el derivado de yaniqueque está sometida a los usos de la lengua en las islas antillanas y América Central; es decir, agregando la terminación -ero a la base.

La terminación -ero, del latín -arius, “se añade a sustantivos para formar derivados nominales, sustantivos, y, adjetivos que generalmente se sustantivan”. Innovaciones sufijales en el español centroamericano (1987:13). Esa obra asegura que “expresa al agente que trabaja con el objeto primitivo, o al hombre que lo produce”. Esto puede aplicarse a yaniquequero.

 

CANDIDATO, A

“Ese joven es un buen candidato para ti” es una frase que se oía a menudo y que quizás aún puede oírse en algunos círculos sociales. Este candidato no pretende alcanzar un puesto electivo, ni premio alguno como quedará despejado después de las explicaciones. (Lo del premio es discutible). No anda este candidato tras dignidad u honor. Puede admitirse que aspira a una distinción personal.

El “candidato” dominicano se conoce en otras hablas de Hispanoamérica. Es una persona a quien se considera que reúne buenas condiciones para convertirse en novio o esposo. No hace falta que el candidato exprese sus deseos; a veces son terceras personas quienes recomiendan su candidatura a desempeñar esas funciones.

En algunas situaciones el candidato es propuesto, o en otras, él se convierte en pretendiente a convertirse en el novio o enamorado de la otra persona.

La palabra se trae a estas reflexiones acerca de la lengua española en República Dominicana porque los lexicones dedicados a este tipo de voces no la han consignado.

Las costumbres han evolucionado mucho con respecto a la forma en que las personas presentan sus pretensiones amorosas. En las sociedades pueblerinas de antaño había un consejo deliberativo de señoras, sin título, que se encargaba de oficiar para hacer los arreglos y encaminar las relaciones entre jóvenes solteros, eran oficiosas celestinas. Ellas se encargaban de procurar los encuentros a pedido de los interesados o motu proprio. Era esa una época en la que las relaciones se presumía que terminaran ante un oficiante o, un Oficial del Estado Civil.

No hace falta que se escriba, pero se hace, que luego de esta intervención los lexicógrafos incluyan en los diccionarios de español dominicano esta palabra con la acepción que se ha descrito.

 

DESEMPLEADO – CESANTE

“. . . miles de jóvenes que cursaron una profesión universitaria y una carrera técnica y permanecen CESANTES”.

El punto central de esta exposición es examinar la palabra cesante en la cita, pero no puede dejar de mencionarse que esto de cursar una profesión levanta ronchas.

Se cursa una carrera, porque cursar es estudiar una o más materias en un centro docente. Se elige una profesión técnica o de otro tipo.

Desempleada es la persona que no tiene empleo. Puede estar desempleado por decisión personal o porque sus diligencias para conseguir empleo han resultado infructuosas. El desempleado puede que nunca antes haya tenido una ocupación o actividad remuneradas.

Cesante es una palabra que puede actuar en funciones de adjetivo o sustantivo y vale tanto para la masculino como para el femenino. Es el empleado a quien se deja sin empleo, sin que en ello intervenga su voluntad. Por la definición que se ha escrito con respecto de la situación del cesante, resulta obvio que tuvo un empleo hasta que lo privaron de este.

No cabe duda de que en la redacción de la cita el autor de esta incurrió en un error. Debió escribir, “permanecen desempleados”.

 

DISRUPCIÓN

“. . . con la capacidad del Reino Chino de DISRUMPIR su economía”. “. . . los costos de una DISRUPCIÓN . . .”

Toda la familia de las dos palabras resaltadas en las citas ha llegado al español desde el inglés. No hay motivo para rechazar la entrada de ellas en el español, porque tienen antecedentes en lengua latina que fue de donde la tomaron los angloparlantes en el siglo XVIII. No es posible olvidar que el latín es la madre nutricia del español; por lo tanto, por su origen puede legitimarse esa adopción en la lengua española.

Las dos palabras resaltadas en la cita tienen en español relación con el verbo romper, que llega de rumpere también del latín. “El sustantivo disrupción, el adjetivo disruptivo y el menos frecuente verbo disrumpir son adecuados para aludir a un modo de hacer las cosas que supone ´una rotura o interrupción brusca´. . .” (Cita extraída del portal de Fundéu).

El portal recién mencionado recuerda que el adjetivo disruptivo entró en el Diccionario de la lengua española en el año 1970. Se añade que el sustantivo disrupción tuvo que esperar hasta la edición del 2014 para que se le concediera la entrada.

Algo que desea subrayarse es que las acepciones en español para esta familia de palabras son redactadas de manera que en ellas se reconoce que la ruptura o interrupción es brusca; por tanto, no debe usarse en los casos en que se habla o escribe acerca de procesos de realización paulatina.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

TORRES, CASTILLOS Y PESTILLOS

La buena lectura es un buen método, pero no el único, para aprender nuevas palabras. También es divertido y productivo dejarse atrapar por sus redes. Las palabras nunca están aisladas. Se entrelazan por su origen, por su historia, por su significado, por su función, por su gramática, por su ortografía… Tejen y entretejen relaciones que nos llevan de unas a otras. La semana pasada fuimos recorriendo las que se mueven por el tablero de ajedrez. Algunas se mantienen ahí; otras han desbordado los límites del juego para adquirir acepciones aplicadas a la vida diaria.

Ya sabemos que cada una de las casillas del damero se denomina escaque. ¿Qué hay más cotidiano que tratar de eludir nuestra participación en una tarea o en un compromiso compartido? Si nos queremos referir a ello coloquialmente, tenemos el precioso verbo escaquearseCada vez que hay que limpiar el patio se escaquea; No te escaquees y aporta en el serrucho.

Los hay que se escaquean y los hay que se enrocan. En el ajedrez hay un movimiento en el que el rey y la torre (o roque) del mismo color cambian de posición simultáneamente. Es el único movimiento en que el roque levanta los pies del suelo, y lo hace para proteger al rey; así decimos que el rey se enroca. Cuando pasamos del tablero a la vida, podemos enrocarnos en nuestra opinión sin considerar las razones divergentes, como si eligiéramos una posición defensiva detrás de la torre. Podemos encastillarnos en nuestro parecer, como si nos encerráramos en un castillo para hacernos fuertes. Podemos empestillarnos, trancarnos con nuestro punto de vista detrás de una puerta y echar el pestillo. La obstinación debe ser una actitud frecuente; no hay más que repasar las opciones preciosas que la lengua nos proporciona para referirnos a ella.

 

NATURALEZA HÍBRIDA

Cuando conocemos a alguien que está aprendiendo español, solemos compadecernos de él. ¡Ay, los verbos! Y no nos falta razón. La conjugación verbal de nuestra lengua es compleja y cuesta dominarla con maestría; incluso a los que la hablamos como lengua materna. Ni siquiera es fácil para las formas del verbo que no se conjugan, las llamadas formas no personales del verbo (el infinitivo, el gerundio y el participio) que, aunque no se conjuguen, tienen también sus periquitos a la hora de usarlas correctamente.

Centrémonos en el infinitivo. Como nos describe la Nueva gramática de la lengua española, su marca formal es la terminación en -r precedida de la vocal correspondiente a cada conjugación (-ar, primera; -er, segunda; -ir, tercera). No cambia de persona, ni de tiempo, ni de modo, ni de aspecto, ni de número, pero eso no lo simplifica.

El interés del infinitivo es que funciona, como nos dice Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, como sustantivo y como verbo a la vez. Observemos cómo funciona el infinitivo leer en esta frase: Al leer el cuento, María recordó su infancia. Su significado es el de un verbo: ‘comprender la significación de lo escrito’. Va introducido por una preposición y un artículo como los sustantivos: al leer; y, como ellos, funciona en esta frase como complemento. Como verbo tiene sujeto (María) y objeto directo (el cuento). Comparen, si no, con el verbo, este sí conjugado, de la oración principal (María recordó su infancia): sujeto, María; objeto directo, su infancia.

Una estructura paralela en las dos proposiciones nos ayuda a darnos cuenta de la naturaleza híbrida de nuestro infinitivo. El hecho de que no se conjugue no le quita ni pizca de su complejidad.

 

HASTA EL ÚLTIMO SUSPIRO

 ¿Qué significa ampliar nuestro vocabulario? La respuesta parece sencilla: aprender nuevas palabras que se sumen a las que ya conocemos. Lo que no resulta tan sencillo es comprender lo que lleva aparejado este aprendizaje. El complejo camino que tenemos que recorrer parte de reconocer los sonidos que forman la palabra (en la lengua hablada) además de su ortografía (en la lengua escrita). Pasa por la comprensión de su significado (o de sus significados, que ya sabemos que las palabras nos reservan muchas sorpresas) y por su adopción para nuestro propio uso.

Con esto no hemos llegado al final de nuestra ruta. Para aprender adecuadamente una palabra nueva hay que comprender también sus características gramaticales, que permiten que la utilicemos en nuestra expresión oral o escrita; hay que saber cuáles son las relaciones, morfosintácticas y de significado, que establece con otras palabras. Por si esto fuera poco, como con las personas, hay que conocer sus valores; en el caso de nuestras amigas las palabras, sus valores connotativos y sociales (si son vulgares, despectivas, jergales, formales, locales, urbanas…). Estos valores, que condicionan su uso tanto o más que su propio significado, no se los asignan los diccionarios. Los usuarios las tiñen con ellos; los diccionarios los registran para ayudarnos a usarlas (o a descartarlas) correctamente. Añadir una nueva palabra en nuestras árganas léxicas significa que la reconocemos, la adoptamos y sabemos usarla en los contextos lingüísticos y sociales correctos en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Nuestra relación intuitiva y espontánea con el español, nuestra lengua materna, debe completarse y profundizarse en nuestra etapa escolar (¡tan importante!) con una relación analítica. Sin embargo, no olvidemos, que el camino no se acaba en la escuela. Nuestro recorrido sigue; no en vano nuestra lengua nos acompaña hasta el último suspiro.

Poetas de la Academia: Tony Raful Tejada

Mirándote bailar

 

Remo en las burbujas de las esferas

Mundo flotante de las aguas que acampan en tus ojos

Corolario de fugas en las briznas de las olas

Cielo violáceo que rasga en cuarzo y piélago los sonidos

Leve luz de duende suspendida en el abismo

Contigo están los pájaros que aparejan la neblina

La primavera designada de tus alas

La luna blanda que columpian los amantes

Los susurros de las ninfas que han partido

el embeleso de un breve tiempo en las mejillas

 

En el principio fue la danza

Verbo

danza errante del terso crispar del sueño

Primero fue la danza de las energías

voluta acechanza de una montura de soles

Imágenes armoniosas de la Creación

en puntillas y amor de gala esparciendo la luz

Canción que ondea la ciega marea del corazón

Maja florecida en el ojo azul del mar

 

En el principio fue el verbo

danza solícita  que llena de andantes

un corredor translúcido  de candilejas y frontispicios.

 

Todavía atestiguas el asombro y su doncel de luminiscencia

atavío vecino de cigarras y arpas

nido de rocío y lucero

en la torre  alta del viento y de los besos

Quiero tu fugaz concha de aurora

tu incendio de manos y piernas y surco

atestar de rumores la sombría eternidad

 

Citas urgidas del fuego y la utopía

Llegas a mis sienes dormidas

Eclosión de alabastro

retentiva  del colibrí y la libélula

memoria del vino que se adentra en el alma

Oh danzarina confinada al florilegio

Penélope danza en un idilio que teje primaveras

 

Un embalaje de calandrias desteje la alborada en tu cuerpo

Vas como los pájaros sin detener la locura

Fuegos fatuos de la hermosura

Las alburas de lino que son lienzos de una gaviota vespertina

Bosquecillo agridulce donde riman cardúmenes y gorjeos

Connubio del sollozo alado y el amor que asoma

cuaja doncella locamente tu destello

 

Concierto esmaltado en aurora de ardor y brío

es llama cándida la que tiñe de luz el firmamento

atuendo de despojos divino

¿Dónde habitas cuando danzas?

En qué cielo airado hizo su mudanza nacarada

el vuelo de la garza magna

En cuál augusta soledad  los céfiros en loco devaneo

llenaron de primores un dosel de amores

 

Yo sé que los sonidos son quejidos trovadores

vívidos colores en dulcísimo acorde

Albur y crisol de una acrobacia de ondinas

cascabel hendido de tu cuerpo esquivo

 

La noche es breve cuando bailas

atinan la armonía y el  ocio dulce

en la sutil envoltura fosforescente

 

Qué purpuro señorío hace del verbo música

qué histrión en naufragio de ángel hace inocente

El polvo virgen del cielo ya vencido

el candor animal en la orilla exangüe

el pincel nonato de la memoria

Hay sibilas que inquietan el futuro

La altura jubilosa del asombro rítmico

quema pulsaciones en un lecho de miradas

La danza tiende en alto su gozo bajo el edén

 

Es tiempo sin puerto

ondulación primordial

El alma palpa las centellas

Es real la danza cuando nos arroba

Festeja la moza fugaz su boceto de infinitud

La creación fascinante del sosiego y el azar

 

Trazo bruñido de la ballerina

embriagada luz de la hondura y el vacío

te abismas en istmos y helechos silbantes

Alta delicia  canoros paraísos  arrebol acicalado

 

 

Aliso el jardín en su verde velada de orquídeas

La orquídea la más esbelta dama del ensueño

Ardida en mirabel de primor ciego

 

Si danzas las orquídeas danzan asidas a tu cuello llameante

Son colgaduras incólumes del mismo sueño

elipses de un confesionario de bellezas

Eres vértigo y vaivén en el absorto espacio

Lengua de canoas y sirenas frágiles

gestos y cuerpos sublevados mansamente

placidez excelsa  en cascadas abstraídas

Dime tú que trenzas el instante y su fulgor

suspende acaso el mar su pórtico de cardúmenes

 

Cuando  tú danzas  urgida de oleajes

mirador sumido de corales y malváceas

cimbreante la piel   los brazos  anudados

como bajeles en la guarida de la mar

nos cubre el esplendor taciturno de los acantilados

La amapola pálida del amanecer

 

Tiembla la ballerina en mí

Auspicio paradisíaco

umbrales de arrobamiento

Me alzaré en los flancos de la imagen

y la música se hará mujer

que acopla y oscila en otras riberas

Un sufragio de acuarelas

Risco curvo

Color de alumbre y algas

Donde husmea dulcemente la danza

su alta vigilia de amores

El poder de las palabras

Por Jorge Juan Fernández Sangrador

“El poder de las palabras” (Le pouvoir des mots) es el título del documental canadiense que La 2 de Televisión Española retrasmitió, el sábado 4 de julio, en el programa “La noche temática”. Su contenido permanecerá accesible en el sitio web “RTVE A la Carta” hasta el domingo 19 de julio.

Se trata de una producción de Télimagin, realizada por Yves Bernard y Mélanie P. Pelletier en 2010, y, aunque han transcurrido diez años desde entonces, no ha perdido ni interés ni actualidad, pues las cuestiones que allí se plantean no periclitan jamás: ¿a qué se debe la extraña fuerza de las palabras?, ¿la tienen en sí mismas?, ¿cómo se explica que puedan provocar sentimientos tan poderosos en los oyentes?, ¿de dónde proceden?, ¿son sus portadores los autores de las mismas o son solo hábiles mensajeros?

Todo esto ya se lo preguntaban los israelitas respecto de los profetas. Las palabras que proferían, ¿eran suyas o de Otro?, ¿tenían fundamento sus predicciones y amenazas?, ¿de dónde provenía aquel ímpetu agitador y desestabilizador? La palabra, compendio de todas, era, confesaba uno de ellos, un fuego encendido en sus entrañas, incontenible, purificador e iluminador; un rugido de león, que espanta a quien lo escucha, porque, cuando Dios habla, ¿quién no se estremece?

En torno a la cosa pública, han existido personajes con unas dotes extraordinarias para la oratoria. Los ha habido famosísimos. Persuasivos, carismáticos, elocuentes, gesticulantes, altisonantes, golpeadores, perturbadores, prolépticos, galvanizadores, convincentes, argumentadores, icónicos, contundentes, provocadores… con las palabras.

Y junto a esas grandes figuras, de ayer y de hoy, de verbo fluido, incisivo y vector, latitan los redactores de discursos, quienes, en la sombra, conocen las anfractuosidades de la mente del personaje que ha de comparecer ante el público, su ideología, su léxico, sus tics y mil particularidades de su personalidad que él mismo ignora.

Son capaces de desarrollar en extensas derivaciones pensamientos germinales del orador, que es lo que nos suele suceder a todos cuando, en la medida en la que vamos expresando nuestras ideas, estas se amplían, se asocian con otras, se enriquecen en los refregamientos y evolucionan. “Thinking in progress”.

Los redactores de discursos asumen vicariamente la tarea de concebir, dilatar, transfundir, propalar palabras, pensamientos y sentires que son en realidad de otro, aunque se puede decir que también son suyos. ¿O no? Y es en este punto exactamente en el que queda en suspenso aquel que, ante la Biblia, se pregunta por su real autoría: si es palabra de los hombres, ¿cómo puede serlo también de Dios?

La Nueva España, 12 de julio de 2020, pp. 26-27.