BRUNO ROSARIO CANDELIER: “DIÁLOGO DE LA CULTURA DE AMÉRICA LATINA”

Me complace participar con esta charla telemática en este “Diálogo de la cultura de América Latina”, convocado por don Marco Lucchesi, presidente de la Academia Brasileña de Letras. Me parece muy oportuna, de parte de don Marco, la convocatoria de este diálogo en razón de la circunstancia, de la peculiar circunstancia que estamos viviendo en este doloroso período de pandemia y encierro a consecuencia del efecto negativo del coronavirus que está afectando al mundo entero.

Pues bien, un hecho cierto que se puede inferir de esta dolorosa circunstancia es habernos dado cuenta de que antes vivíamos felices y no lo sabíamos. ¿Qué implica eso? Bueno, que ahora estamos lamentando, en primer lugar, el riesgo para nuestra salud del contacto humano entre personas en diferentes ambientes, lo que antes no percibíamos o lo que antes no implicaba riesgo. Ciertamente, en la historia de la humanidad ha habido muchas pandemias y, en cada circunstancia adversa que provoca una pandemia, los seres humanos tienen que recogerse y aislarse. Y digo que han ocurrido muchas pandemias porque la misma historia así lo confirma. De hecho, en tiempo de Jesús, por ejemplo, ocurrió la pandemia terrible de la lepra. Los que tenemos la edad de adulto mayor, pues, vivimos en nuestra infancia una pandemia fruto de la viruela y nuestros padres vivieron en su infancia la pandemia que produjo una gripe malísima, la llamada “gripe española” al término de la primera guerra mundial que, naturalmente, afectó a millones de seres humanos. Es decir, cada cierto tiempo hay pandemias. En la película “Lo que el viento se llevó”, inspirada en la novela de Margaret Michel, que es uno de los mejores filmes que se han realizado en la historia de la cinematografía, hay el relato de una pandemia y se nota cómo la gente tenía que ocultarse en la casa y evitar el contacto para no tener contagio del virus gripal que mató mucha gente hacia finales del siglo XIX. En fin, traigo a colación ese detalle por la idea que señalé al principio de que antes vivíamos felices y no lo sabíamos. Significa, entonces, que esto debe servirnos de reflexión, no solo para reconocer lo que somos, sino sobre todo, para ponderar lo que podemos hacer en función de nuestras inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales, y, naturalmente, eso es fruto del Logos.

El Logos de la conciencia fue ideado por Heráclito de Éfeso, uno de los antiguos pensadores presocráticos, quien habló por primera vez del Logos y asignó a esa energía de la conciencia el nombre de Logos, en cuya virtud podemos hablar, pensar, intuir y crear. Y esas cuatro manifestaciones de nuestra capacidad intelectual, enaltecen la condición humana y, desde, luego, nos permiten testimoniar nuestras intuiciones y vivencias con un propósito creador. De hecho, en este período de pandemia mucha gente ha tenido que reflexionar y pensar en su propia situación. En primer lugar, disfrutar la soledad, la soledad que tan poco estimula nuestra cultura. La contemplación, el silencio, la soledad son factores indispensables, muy importantes para el conocimiento de nosotros mismos, para la observación de la realidad, para uno auscultarse a sí mismo y, sobre todo, para ponernos en contacto con los efluvios de la Creación y, desde luego, con las manifestaciones suprasensibles de los mundos sutiles, porque nosotros estamos instalados en una realidad, en una particular realidad. Todos tenemos un punto de contacto con el Universo y, desde ese punto de contacto con el Universo, tenemos acceso a una dimensión de la realidad que solo nosotros conocemos y, por consiguiente, si tomamos consciencia de que tenemos un punto de contacto con el Universo en cuya virtud podemos percibir determinadas manifestaciones sensoriales y suprasensibles, no solo se fortalece nuestra comprensión del mundo, sino nuestra capacidad cognitiva y nuestra vocación creadora. Desde luego, eso nos permitirá tener consciencia de un poder creador que tenemos para lo cual, naturalmente, se necesita tener fe: fe en uno mismo, fe en el propio talento creador, fe en la capacidad de testimoniar una visión del mundo que pueda iluminar a otros, a valorar la vida y nuestro propio ser y de lo que podemos hacer por los demás, porque justamente cada ser humano puede hacer algo por los demás. No solamente estamos llamados a desarrollarnos a nosotros mismos para crecer material y espiritualmente, sino que también podemos contribuir a hacer mejor nuestra sociedad. Eso es algo que nos puede enseñar este período de pandemia: ¿qué podemos hacer por los demás?, ¿qué podemos hacer por nuestros vecinos?, ¿qué podemos hacer por nuestra comunidad?, sobre todo, ¿qué podemos crear de manera que haya un aporte de nuestra conciencia, un aporte de nuestra sensibilidad, un aporte de nuestra intuición para hacer mejor y más placentera y más significativa la vida humana? Para eso, naturalmente, es importante, adquirir conciencia social, conciencia cultural y conciencia espiritual, el sentido del valor de la cultura, el sentido de la idiosincrasia de nuestra lengua, de la idiosincrasia de los pueblos y las lenguas de otras culturas, lo que sería factible y posible, y de una mayor posibilidad de acción, si logramos cierto desarrollo intelectual, estético y espiritual y, en lo posible, si podemos lograr el sentido de la iluminación. ¿Iluminación para qué? Para tener una mejor comprensión de lo viviente. ¿Iluminación para qué? Para tener una concepción adecuada de la naturaleza. ¿Iluminación para qué? Para tener una mejor comprensión de lo humano. Para tener una adecuada valoración de un ideal, un ideal de vida; iluminación para tener una auténtica y genuina compresión de lo viviente a la luz de lo divino.

Nosotros estamos hechos a imagen y semejanza del Creador del mundo, somos parte de la misma Divinidad ya que somos una emanación de la Divinidad. Tener consciencia de eso es algo muy importante para nosotros ponderar la alta significación de la vida humana con un sentido de respeto, con una amorosa visión de la realidad y de la existencia, con una valoración del amor y la sabiduría, dos aspectos claves para tener un mejor y más grato sentido de la vida. Porque, ciertamente, como escribiera Manuel Mejía Vallejo, en un tango llamado “Volver”, cantado por el famoso cantante argentino Carlos Gardel, se dice que “no es un soplo la vida”. Y, efectivamente, no es un mero soplo la vida. ¿Por qué? Porque encarnamos en nuestra condición humana el soplo del Espíritu, que es inmarcesible, y que enaltece nuestra condición humana. En tal sentido es importante tomar consciencia de estos aspectos que he comentado y esa es la importancia de este “Diálogo de la cultura de la América latina” convocado por don Marco Lucchesi, presidente de la Academia Brasileña de Letras, a quien le agradezco esta invitación cuya participación la hago en nombre de la Academia Dominicana de la Lengua. Agradecido por esta invitación, les habló Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua. Muy buenas tardes a todos ustedes y espero que sigamos avanzando en nuestro derrotero hacia la luz. ¡Feliz jornada!

Academia Dominicana de la Lengua, 13 de agosto de 2020.

 

 

JUAN DANIEL BALCÁCER ENCOMIA NOVELA DE MONS. FREDDY BRETÓN

Monseñor Freddy Bretón

Santiago

Apreciado Monseñor:

Hace días que deseaba escribirle, primero para felicitarlo por su obra Los entresijos del viento. Novela intencionalmente eólica (Santo Domingo, 2020), recientemente galardonada con el prestigioso “Premio Nacional Feria del Libro, Eduardo León Jimenes”; y, segundo, para –nada más apropiado frente a un sacerdote- confesarle que la lectura de su magnífico texto constituyó para mí una experiencia estética y espiritual sobremanera enriquecedora.

Esta última semana en que compartí la lectura de su novela con la de otros textos más afines con mi trabajo de historiador, resultó para mí verdaderamente estimulante, toda vez que su obra me permitió aproximarme a su universo particular, que tan magistral e ingeniosamente aparece delineado en la misma. En cuanto se refiere a algunos acontecimientos históricos que marcaron el alma colectiva dominicana, lo mismo que la subconsciencia de nuestra generación, puedo afirmar que uno de los motivos por los que más me identifiqué con su novela es que ambos, por separado, y en diferentes circunstancias, compartimos similares vivencias.

Nací en Santiago (1949) y mi familia salió de allí hacia 1960, estableciéndose en la capital, en donde viví una etapa crucial de mi adolescencia. Fui testigo del ajusticiamiento de Trujillo, de las convulsiones sociales post dictadura y luego de la revolución y guerra patria de abril de 1965, acontecimientos que evidentemente dejaron profundas huellas en mi persona. Tras finalizar la guerra, salí hacia New York en donde residí por espacio de diez años; de manera que también allí, como estudiante, no solo participé en las protestas contra la guerra de Viet Nam, sino que me identifiqué con las luchas que propugnaban por el fin del apartheid prevaleciente en la sociedad estadounidense. Presencié, además, la eclosión del movimiento hippy junto con las manifestaciones culturales que en esa época adversaban el establishment y que fueron etiquetadas como “contracultura”.

La Moca de su época infantil y adolescente, bucólica, pastoril y eminentemente rural, que usted ha cincelado cual escultor de la época helenística, la conocí someramente. Pero el Santiago de mi niñez, pese a que era un centro urbano más desarrollado que Moca y poblados aledaños, no distaba mucho de ciertas costumbres y tradiciones que usted rememora y rescata en su obra. (Por ejemplo, todavía en 1960, cuando mi familia salió de Santiago, recuerdo algunas recuas de mulos transportando por las calles ya asfaltadas diversos tipos de mercancías, así como también el trueque que ocasionalmente hacían campesinos en nuestra casa de pollos, gallinas y víveres por ropa ya en desuso).

Pero esta carta no es acerca de mi persona, sino que está motivada por Los entresijos del viento. Desde la primera página quedé atrapado por su elegante, sencillo, limpio y erudito estilo literario. Igual impacto me produjo la admirable manera en que ha logrado combinar el cuento breve, poesía y prosa de forma tal que el resultado es una nueva creación singularmente original en el ámbito de la narrativa criolla. Sus reflexiones filosóficas, espirituales y místicas, así como sus referencias a hechos históricos, a la sabiduría y al arte populares, invitan a hondas meditaciones y constituyen otros ingredientes que tornan su novela en una novedosa expresión de la narrativa social y de ficción en nuestro país.

En la medida en que me adentraba en su obra, las figuras del viento, el río profundo o río de la vida (cuyo incesante fluir rememora el río de Heráclito), así como las referencias a los espejos, la noche y la vigilia (temas que atormentaban a Borges), no solo me deslumbraron, sino que me cautivaron y emocionaron sobremanera. Al borde de todos mis sueños/ corre un pequeño río/ Llega y se estaciona/ sin tiempo/ el suave canto de cristal risueño… El río de la vida asoma una y otra vez a lo largo del texto, y así aprendemos que, del costado de Cristo crucificado, como si se tratara de una inagotable fuente cristalina, emana “todo el caudal precioso/ de aquel río profundo” que habrá de conducirnos a lo inefablemente eterno.

El capítulo final, “Barlovento”, es de una belleza y profundidad filosóficas sencillamente extraordinarias. Como también yo me siento en el crepúsculo de mi vida, al principio creí que era yo quien me confesaba en una suerte de testamento final: “Ahora que se achican mis días salpicados de inequívocas señales del ocaso, siento ya corto el aliento y apenas distingo si las familiares chicharras suenan afuera o en mi propia cabeza. Solo diré que me conformo con soñar lo que fue y lo que vendrá. Esperar y soñar no es tarea desdeñable para concluir mi periplo”. Su poema Hacia la fiesta es un canto de esperanza que prefigura el paradisíaco más allá del que hablan los evangelios. Estimo que gran parte del contenido de su hermoso libro no es ficción, sino que más bien es una manifestación concreta de sus convicciones y de su acendrada fe en el “Padre de la armonía” que finalmente habrá de mostrar el camino hacia “la Patria celestial”.

Le pido disculpas, monseñor, por esta extensa misiva que le sustrae tiempo a su labor pastoral; mas no quiero dejar de aprovechar la ocasión para agradecerle infinitamente haberme introducido al maravilloso mundo que se descubre leyendo Los entresijos del viento.

Sin otro particular, le saluda, con sentimientos de distinción y admiración,

Juan Daniel Balcácer

Santo Domingo, 25 de junio de 2020.

CHARLA DE MARÍA JOSÉ RINCÓN EN FUNDACIÓN ERWIN WALTER PALM

(https://www.facebook.com/99321856747/videos/595315397763966/)

8 de julio 2020, 7.00pm.

 

¿CÓMO HABLA LA CIUDAD DE SANTO DOMINGO?

 

La introducción al conversatorio estuvo a cargo de José Enrique del Monte, quien dio las gracias a los invitados y expresó que “estos diálogos son dedicados a la ciudad y cómo se relacionan con los distintos elementos de la cultura, aquellos elementos intangibles que son los que definen un territorio y dan las características que pueden ser identificadas por usuarios visitantes y residentes permanentes”. Dijo que la Ciudad Colonial de Santo Domingo “es Primada de América y hemos tenido 500 años de evolución de una cultura que hoy nos enorgullece”.  “Nos interesa determinar ¿cuántos tipos de hablas pueden existir en la ciudad de Santo Domingo? ¿Cómo se diseminan en el territorio? ¿Quiénes forman parte de un grupo determinado que utiliza giros y vocablos específicos? ¿Qué tan rica es la lengua urbana y cuál es su dinamismo? ¿Cómo se incorpora el habla de la calle a la lengua formal? ¿Tiene cada barrio su propia jerga que lo identifica? ¿Cuáles son los espacios públicos donde el habla urbana se manifiesta con fuerza? ¿Qué influencias tiene esta manera de hablar?”, señalaba José Enrique del Monte, moderador de este diálogo virtual, y puntualizó que “a través de estas preguntas se pretende hacer un mapa mental de cómo la lengua se apropia del territorio y hasta dónde influye generar fronteras o vínculos?”.

 

María José Rincón es filóloga de la Universidad de Sevilla, nacida en Sevilla, España, y residente en Santo Domingo desde 1992. Es doctora en Filología y Lexicógrafa por la Universidad de Educación a Distancia de Madrid y miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua.

 

María José Rincón, al tomar la palabra, dijo lo siguiente: “En su presentación, José Enrique del Monte nos propuso «Cómo se habla en Santo Domingo»”, y yo quiero proponer «Cómo hablamos en Santo Domingo», porque a veces nos cuesta reconocernos a nosotros mismos y la lengua es un rasgo de nuestra identidad. Y luego, yo voy a aterrizar en la Dialectología, así nos complementamos un poco. Y, como mi especialidad es la lexicografía —que es hacer diccionario—, voy a hacer un poquito de referencia al Diccionario del español dominicano y cómo sus matices sociolingüísticos y dialectológicos se reflejan en el diccionario”.

 

Rincón señaló que “todo el mundo piensa que una académica debe defender que la lengua es algo estable, monolítico y rígido, y eso no es así. Ese es uno de esos mitos que hay relacionados con la Academia. Por eso yo pongo ahí que la lengua, fundamentalmente, es amplia. Yo digo que la lengua española es extensa e intensa: es extensa en historia y es extensa en territorio: es decir, tiene muchos siglos de historia y mucha amplitud geográfica y humana; eso necesariamente tiene que tener como consecuencia que es una lengua muy variable. Por lo que me gusta empezar es por decir que mucha gente piensa que las variaciones, las diferencias, los matices, son algo negativo, y es exactamente lo contrario: la variedad, la riqueza, el cambio es lo que es fundamental para la lengua, eso es lo que le da la riqueza, esa es la gran riqueza de la lengua española. Por eso yo pongo aquí (se refiere a su presentación gráfica) «asúmelo, la lengua es cambio»”, puntualizó la académica. Explicó que “si la Academia Dominicana de la Lengua hizo un diccionario en el 2013, y hoy en el 2020 falta la mitad de las palabras, pues, hay que asumirlo porque esa es la realidad de la lengua, saber que eso es así y si no fuera así la lengua no funcionaría. La lengua, fundamentalmente, es cambio”.

María José citó un pensamiento del venezolano Ángel Rosenblat que dice: «Las divergencias son solo pequeñas ondas en la superficie de un inmenso océano», lo que se refiere a las variedades entre unos territorios y otros. Explicó que nos encanta diferenciarnos, saber que eso es lo que nos caracteriza y ponemos siempre el acento en esa diferencia, pero generalmente esas diferencias son lo menos en el gran océano de la lengua. Dijo que “más de un 80 por ciento de nuestro patrimonio léxico —es decir, de nuestro vocabulario— es común”. Y señaló que “por eso logramos entendernos de una punta a otra del Continente americano, de un lado a otro del océano atlántico”. Sin embargo, apuntó María José, “a pesar de que, fundamentalmente la lengua es cambio, tiene sus mecanismos para mantener la unidad: la unidad tiene mucho que ver con la actitud, tiene que ver mucho con esa disposición que tiene el hablante para analizar su propio sistema lingüístico, es decir, para analizar cómo habla”. Dijo que en República Dominicana —y en muchos otros sitios— tenemos una asignatura pendiente.

¿Cómo hablamos los dominicanos?  Explicó María José Rincón que ante la pregunta frecuente que ella recibe de «¿por qué hablamos tan mal, los dominicanos?», ella responde: «¿Quién ha dicho que los dominicanos hablan mal? No lo entiendo, eso lo dice usted, no lo diga de mí porque no es mi opinión». Agregó que “hay dominicanos que hablan mal, pero como hay de cualquiera otra nacionalidad que hablan muy mal. El hablar bien o mal no tiene que ver con la variedad lingüística que uno utiliza, tiene que ver con las oportunidades de formación, con el dominio de tu instrumento lingüístico, que se aprende en la escuela”. Y agregó: “Evidentemente si tu entorno social favorece ese aprendizaje te va a ir mejor, con más facilidad, pero no es imprescindible”, añadió. Dijo que “generalmente la escuela te tiene que dar esas herramientas y si la escuela es mejor, si tu formación es mejor, esas herramientas te van a ayudar a mejorar tu instrumento lingüístico por ti mismo, a tener autoestima lingüística”. Y puntualizó: “Por eso yo insisto mucho en la autoestima lingüística: tenemos que enseñarle a nuestra gente que nosotros no hablamos mal, como se habla en República Dominicana no tiene nada que ver con que sea mal o bien, tiene que ver con unas características determinadas”.  Enseñó la filóloga que “esos mecanismos propios que tiene la lengua para mantener la unidad, no es la uniformidad —que no es deseable en la lengua, que no la homogeneidad—, no se trata de que todos hablemos igual, ni de que desechemos las diferencias por arriba —es decir, por el registro culto— o por abajo —por el registro coloquial— o por el registro popular o por el registro jergal; se trata de mantener la unidad de la lengua”. Explicó que “esos mecanismos de unidad son: 1. La ortografía. 2. El sistema fonético, tan potente de la lengua española. 3. El sistema morfológico y el sintáctico, con pocos cambios, casi imperceptibles. 4. El sistema léxico, que es el océano de la lengua, ahí cabe todo, y precisamente cabe todo porque la lengua crea palabras porque tiene que expresar la vida. La vida cambia, el tiempo cambia; si la lengua no es capaz de expresar a los nuevos hablantes, pues, la lengua muere y no es ese el espíritu de la lengua”.

La lexicógrafa explicó algunas características del habla de los dominicanos. Dijo: “Ustedes se van a reconocer con: 1. El seseo: seseamos, que no es que confundimos la s con la c, eso viene de un proceso fonético de la Edad Media y no es que nos confundimos, siempre hemos hablado así, se trata de que es nuestro sistema fonético”. Mencionó que “como lengua materna hablan 580 millones de hablantes, aproximadamente, sesean 540 millones. Es decir, los raros son los que no sesean. Es decir, dejen de sentirse «¡ah, que nosotros seseamos!», el español es seseante. 2. La aspiración de la –s, eso es lo nosotros popularmente decimos ‘nos comemos las s’, las aspiramos. Eso también viene de muy antiguo”. 3. La eliminación de las –s. Esos rasgos no nos los hemos inventado en la República Dominicana, ni como dice la gente «de lo jóvene de ahora». Esos rasgos vienen dentro de la historia del español desde antes de llegar a territorio americano; aquí fue donde por primera vez se habló, pero ya todos estos rasgos venían ahí, nosotros hemos seguido históricamente desarrollando esos rasgos, y la suma de todos esos rasgos hace que se nos caracterice. 4. El yeísmo: distinguidores de la y y de la ll —elle—. Y no existen, creo que lo último que escuché fue a mi abuelo. Hace años que no oigo a nadie distinguir la y de la ll. 5. La caída de la d intervocálica: eso de «cansao», «encontrao». 5. La aspiración de –h, eso de decir que estoy «jarto», eso procede de la Edad Media, de los orígenes de la historia de la lengua castellana. 6. La neutralización de la l y la r, algunos tiran hacia la l y otros tiran hacia la r en posición implosiva, muy dominicana. 7. Vocalización de l / h, la i cibaeña, la vocalización de esa l y de esa r. 8. La ultracorrección se relaciona con la sociolingüística. La ultracorrección es el hablante que tiene consciencia de que ese rasgo quizás no es el aceptado, entonces fuerza su forma de hablar de tal manera que corrige donde no hay que corregir. Por eso se llama ultracorrección. Eso es cuando ponemos la s donde no va”, como decir Asna, por Ana.

María José Rincón expresó que “esos rasgos fonéticos a la hora de hacer un diccionario —aunque sea un diccionario de uso— tiene que establecer una determinada norma ortográfica”. Puso como ejemplo la palabra «balsié», que al investigar en el español dominicano muchas novelas y páginas de internet encontró “cinco variantes: «Balsié», «Balcié», «Barsié», «Barcié», «Baisié»”. “¿Cuál de todas esas va al diccionario?”, dijo. “Son cinco que reflejan todas las posibles variantes y hay que elegir una. Evidentemente se trata de elegir, pues, la variante etimológica —si es que hay etimología— o la variante más usada o la variante más frecuente o la variante que usan los autores cultos. Solo como muestra de lo que se puede uno encontrar con esos rasgos”, destacó María José.

Nuestra académica expuso que “también están los rasgos morfosintácticos, como son: «Ello hay», eso es muy dominicano”. Nuevamente enfatiza: “Eso no nos lo inventamos aquí, eso es un rasgo que se daba allá en la Edad Media, nosotros lo seguimos diciendo, en otros sitios se perdió, aquí se mantiene, muy estigmatizado, se considera del registro no culto, pero ahí está”. Otro ejemplo que puso fue la “etimología popular de decir «estábanos demasiado lejos»”. “Esa me encanta —dijo— porque esa es la desinencia verbal llevada a una explicación que tenga razón,  Y es que, si somos «nosotros», por qué vamos a decir «estábamos», podemos decir «estábanos». Eso es una etimología popular llevada a la gramática, perfecta”.  Otro ejemplo que agregó fue “«Yo no sé, no», esa doble negación dominicana, también es muy antigua. Bueno, pues aquí tiene esa característica”. “La colocación del pronombre personal sujeto después del «ya»”, es otro ejemplo que puso Rincón: “«Ya tú sabe», tiene mucho que ver ese «ya», no es siempre”. Igualmente trajo “eso de ponerle sujeto a los infinitivos, que son formas no personales del verbo: aquí decimos «Antes de nosotros salir», y le ponemos un sujeto a la forma no personal del verbo”. Explicó otro rasgo que es “la reorganización de un paradigma verbal: si yo digo «ustedes son mis panas», estoy en un nivel coloquial y sin embargo les estoy hablando en “usted”. Expresó que “el que no conoce otro paradigma verbal lo ve perfecto, segunda persona; pero el que ha aprendido a hablar en un paradigma verbal diferente oye el «ustedes son» como un tratamiento de cortesía, y sin embargo aquí ha perdido ese matiz porque nosotros no decimos «vosotros sois», nunca lo dijimos, sino decimos «ustedes son», tanto para la expresión de cortesía como para la expresión coloquial”.

Para explicar “el léxico”, María José Rincón habló del diccionario diferencial, que registra ese uso diferente del español dominicano diferente al español general, que es un diccionario de uso”. Dijo que “también los hay de normas. Lo que hay que saber es cuál es que uno está usando para no pedirle peras al olmo, es decir, para no pedir la norma al que es de uso o viceversa”.  Explicó que “un diccionario de uso registra qué decimos, registra cómo lo decimos, generalmente no registra cómo deberíamos decirlo, casi siempre solo se responsabiliza del uso ortográfico”. Ejemplificó con la palabra «casimente» y dijo que “en República Dominicana todos decimos «casimente», y «casimente», analizándolo en la lengua es una expresión incorrecta porque los adverbios que se construyen con ‘mente’ se construyen con la forma femenina del adjetivo a la que se le añade ‘mente’; pero resulta que ‘casi’ no es un adjetivo femenino sino un adverbio, entones morfológicamente es una incorrección gramatical, pero léxicamente se usa. ¿Está en el Diccionario del español dominicano? Sí, porque es un diccionario de uso”, apuntó.

María José especificó que “si usted va a escribir o a hablar un discurso académico, o yo, que estoy haciendo esta exposición coloquialmente —y muy a gusto con todos ustedes—pero tratando de mantener un registro culto, evidentemente tengo que proscribir de mi forma de hablar «casimente» porque tengo que usar otro registro, necesariamente”. “Ese es el uso”, señaló. “Todo eso se combina, pero a mí me gusta que no sea María José que lo diga, entonces me he buscado una autoridad que nadie me va a objetar, que es Cervantes, en El Quijote, hablando de cómo habla Sancho y de cómo habla el Quijote: «Cuando algunos no entiendan estos términos importa poco, porque el uso los irá introduciendo con el tiempo para que con facilidad se entienda y eso es enriquecer la lengua sobre quien tiene el poder, el vulgo y el uso»”.  Mostró Rincón otros “ejemplos de las cosas que léxicamente se diferencian en el español dominicano”, como son la siguientes: “«prigilio», busque que no lo van a encontrar en otro sitio”.  Explicó que “no solo tenemos palabras diferentes, tenemos acepciones diferentes. Por ejemplo: el adjetivo «cenizo», «esperanza». «Esperanza» es una palabra clásica del español patrimonial, antiquísima, pero para nosotros tiene un significado añadido que es el del insectito verde, el saltamonte”.

La académica hispana-dominicana puntualizó que “en el diccionario hay unas abreviaturas que todos nos saltamos y que la mayoría de nosotros no sabemos lo que significan, que ahí es donde entran la Dialectología y la Sociolingüística en el diccionario, que son esas pequeñas abreviaturas que nos dicen cuál es el registro en el que se usan las palabras”. Dijo que “el español dominicano tiene algunas, tiene un sistema básico, pero tiene algunas”. En este ejemplo, de la palabra que María José presentó en pantalla, ella dijo: “Yo no la voy a decir porque como ustedes están viendo ahí, esa palabra tiene una connotación, esa connotación social, ese registro social, esa palabra que no nos atrevemos a decir —como la niña que demostró que era inteligente—  en determinados contextos, en determinadas situaciones de comunicación, tiene una marca, y esa marca en el Diccionario —generalmente, si ustedes se leen las instrucciones del diccionario y el diccionario es bueno— te marca que esa palabra tú tienes que saber en qué situación social la vas a decir”.  Así explicó, y mostró gráficamente, que “se puede hablar de variación estilística —que es esa variante diafásica de la que hablan los lingüistas— o esa variación sociocultural que es ese nivel diastrático o la connotación o la valoración social que esa palabra tiene”.  María José Rincón mencionó “algunas cifras en las que se puede ver el universo que significa esa riqueza léxica: el Diccionario del español dominicano tiene 10900 entradas de uso propio, aunque lo compartimos con otros dialectos, con otras variedades; acepciones casi 14000; locuciones 4250 —que es aquello de «guindar lo teni», o sea dos palabras que no significan las dos palabras, sino otra cosa diferente: «guindar lo teni» no es ni «guindar» ni es «tenis» es otra cosa diferente, eso es una locución—, el español dominicano es muy rico en locuciones; registramos 400 extranjerismos establecidos — quizás no tanto como creemos, hay muchos flotantes que van y vienen por moda—; de flora y fauna por ejemplo tenemos 1300, esas son esas palabras añejas de la lengua, ahí hay mucho indigenismo, por eso es tan importante la potenciación de esa cultura ecológica para que todas esas palabras, ese patrimonio léxico no se pierda. Por ejemplo, la pelota: hay 400 términos relacionados con la pelota”. Añadió que ella siempre dice que el diccionario es un edificio de apartamento y a cada palabra se le dedica un apartamento pequeño, unos viven en un estudio, en una habitación, otros viven en un penthouse. Dijo: “«vaina», «tirar» o «palo» yo les puse ahí que tiene un penthouse, porque ahí en esa casa hay acepciones de 30, 40, 50 acepciones diferentes, algunas palabras diferentes generadas por la propia variedad y riqueza del idioma”.  “¿Cómo todo eso se estudia a lo largo de la geografía en un determinado contexto físico? Ahí es donde ustedes se dan cuenta de la complejidad de la Sociolingüística y la complejidad de la Dialectología”, puntualizó.

Para concluir, y como un “motivo de reflexión”, María José Rincón expresó lo siguiente: “¿Cómo las hablas jergales o las hablas populares tienen como misión fundamental distinguirse del grupo, marcar territorio y generalmente son muy difíciles de seguirles la pista? Porque están diseñadas para que no les sigan la pista, están diseñadas para distinguir al grupo, para que el que viene de fuera no entienda, para marcar el territorio y por eso es tan complejo y hay tan pocos estudios de hablas jergales, en general, a lo largo de la historia de la lengua”.

 

CONFERENCIA VIRTUAL DE MANUEL NÚÑEZ ASENCIO EN LA PUCMM

“Los aportes de Pedro Henríquez Ureña a los estudios de la lengua y la literatura”

Por Manuel Núñez Asencio, miembro de la ADL

6 de julio de 2020, 3:00 pm

   “Bienvenidos a la virtualidad”. Con esas palabras dio inicio a la reunión virtual, organizada por la Escuela de Lengua de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en Santo Domingo, coordinada por el profesor José Alejandro Rodríguez. Dio la bienvenida a los participantes de la conferencia titulada “Los aportes de Pedro Henríquez Ureña a los estudios de la lengua y la literatura”. Dicha conferencia se realizó en ocasión del 136.º aniversario del natalicio de Pedro Henríquez Ureña. El conferencista invitado es el académico Manuel Núñez Asencio, miembro numerario de la Academia Dominicana de la Lengua, quien compartió con estudiantes de la carrera de Educación y otros invitados sus conocimientos sobre el ilustre escritor dominicano.

José Alejandro Rodríguez, coordinador de la reunión y profesor de dicha universidad, expresó que estas reuniones virtuales son “las tendencias de ahora en adelante y tenemos que acostumbrarnos a esta operatividad”. Luego de reunidos los participantes, el profesor expresó que “cada año la PUCMM realiza en conmemoración al natalicio de Pedro Henríquez Ureña” y que “este año, a pesar de la situación de pandemia que estamos viviendo no quisimos dejar pasar por alto este encuentro. Agradecemos a la Academia Dominicana de la Lengua en la persona de su director, doctor Bruno Rosario Candelier, por habernos permitido tener como invitado a Manuel Núñez, miembro de la ADL, y hoy nos honra con su distinguida presencia”.

El profesor Rodríguez leyó breve semblanza del conferencista invitado en la cual destacaba que “es licenciado en Literaturas Modernas y Lingüística por la Universidad de Paris; completó los cursos del doctorado en Texas; en su ejercicio profesional ha sido director del departamento de Filosofía y Letras en la Universidad Tecnológica de Santiago; es profesor de lingüística y literatura. Ha sido profesor de la Maestría de Lingüística Aplicada, en INTEC y la Universidad Autónoma de Santo Domingo; es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española; de la Academia de Ciencias y responsable de la Comisión Lingüística; es profesor en la Maestría de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma”.

Al tomar la palabra el conferencista Manuel Núñez expuso: “Para mí es un gran honor hablar de Pedro Henríquez Ureña porque es la máxima figura intelectual, con una vida singular, porque es un hombre que se forma en el seno de una de las familias más importantes de las letras nacionales, que es la familia de Salomé Ureña y de Francisco Henríquez y Carvajal”. Expresó que “desde su comienzo como intelectual Pedro se destacó como una figura excepcional”. Basado en una crítica literaria que se hiciera sobre la vida de Pedro Henríquez Ureña, Núñez Asencio cuenta que “siendo Pedro un niño de once años se le preguntó en la escuela, delante de unos invitados que estaban ante el director de la clase, que cuál era la capital de Curazao y, desde luego, nadie sabía en el salón de clases, ni siquiera quien hizo la pregunta tenía la claridad de cuál era la capital de Curazao y Pedro dijo que la capital de Curazao era Willemstad. Y esto desde luego despertó la curiosidad, porque desde su infancia es un personaje excepcional”. Otro dato anecdótico que citaba el académico es que “siendo Pedro un niño fue a comprar las obras de Shakespeare y el librero le dijo «llama a tu papá», porque realmente un niño de doce años no suele leer a Shakespeare; sin embargo, cuando el padre fue, Federico Henríquez y Carvajal, le entregó tanto a él como a Max, su hermano, las obras completas de Shakespeare”.

Explicó Manuel Núñez que en “esa familia en la cual surgió, su madre, Salomé Ureña, la gran poeta de la República Dominicana, tenía en su casa un salón literario con sus alumnas”. Dijo que todas esas mujeres que se dedicaron a la educación, que fueron alumnas de Salomé, sirvieron de base a la educación infantil de Pedro, y en ese ambiente intelectual se fue fraguando la personalidad de Pedro Henríquez Ureña al punto de que la propia Salomé le escribió un poema diciendo que su niño era «el soldado», que su niño era «adelantando», que iba a ser parte de una nueva estirpe intelectual en la República Dominicana”.

Dijo Núñez que Pedro Henríquez Ureña “salió joven del país, salió a los dieciséis años en el momento en que Juan Isidro Jimenes, amigo de su padre, tuvo exiliado, durante los últimos años de la dictadura de Ulises Heureaux: Henríquez y Carvajal se tuvo que ir a Cabo Haitiano, y Salomé, que padecía de tuberculosis, estaba en Puerto Plata. Pedro aprendió francés en Cabo Haitiano y aprendió a leer y a escribir el francés perfectamente. Y, entonces, tan pronto Pedro llegó al bachillerato, Francisco Henríquez y Carbajal decidió enviarlo para su educación a los Estados Unidos, cuando Henríquez y Carvajal tenía el cargo de Canciller de la República”. Explicó que “en esa primera estancia Pedro aprendió inglés, asistió a muchas de las conferencias en los Estados Unidos y al año siguiente se fueron a La Habana, y allí continuó sus estudios y posteriormente se fue a México”. Dijo que Pedro publicó su primer libro en La Habana que se llama Ensayos críticos, y en esos ensayos ya se presentaba como un maestro, y cuando llegó a México se convirtió en una especie de Sócrates del grupo”. Explicaba que “a partir de ahí comenzó la carrera de Pedro, un hombre que fue un gran lector, uno de los grandes paradigmas de América. Posteriormente en México hizo la carrera de Derecho y estuvo ligado a todo lo que fue la publicación y la difusión de las letras hispanoamericanas”.

Manuel Núñez explicó que Pedro Henríquez Ureña inició los estudios de nuestra habla con el libro El español en Santo Domingo, que es la primera monografía dialectal sobre una lengua en el Continente americano. Expresó que Pedro Henríquez Ureña “es al mismo tiempo un historiador de la cultura, de las letras, de la escultura, de la pintura, y se propuso hacer la historia de la cultura hispanoamericana”. Dijo que Henríquez Ureña era también “un creador porque escribió volúmenes como Los cuentos de la nana Lupe, que escribió obras de teatro y poemas y crítica literaria, lo cual, indudablemente, lo convierte en un importante literato”.  Señaló que la obra de Pedro Henríquez Ureña tiene un carácter múltiple: también es un gramático, escribió junto con Amado Alonso dos volúmenes de Gramática de la lengua española” y “participó igualmente en todo lo que es el sistema de enseñanza de la lengua española en América”. “Es decir que toda esa multiplicidad en la obra de Henríquez Ureña se da justamente porque él lo vio como una necesidad”, apuntó.

Manuel Núñez destacó de Pedro Henríquez Ureña “que el peso mayor de su obra está en su concepción de la hispanidad.  La concepción de Henríquez Ureña se funda en que la hispanidad es lo que une a las patrias de la América hispánica”. Explicó que “mucha gente piensa que la hispanidad no debe ser considerada como un elemento fundacional; sin embargo, él trabajó profundamente el papel de la hispanidad y dijo «estos territorios, territorios que se hayan unido por la lengua, por la cultura, por la historia, por el comercio, por el mestizaje, forman parte de una comunidad». Expuso que “nosotros formamos parte de una comunidad, una comunidad que nos une con Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela, Colombia y con el resto del continente y esa comunidad fue enfocada por Pedro como el mecanismo esencial por el cual él tenía que trabajar”. Explicó que Pedro Henríquez Ureña “entendía que esa comunidad nos obligaba a una Magna Patria, y de hecho tuvo la concepción de que éramos parte de un gran conglomerado y que la hispanidad no es un asunto de raza; o sea que la hispanidad no estaba en el color de la piel, del indio ni del blanco, ni del negro, sino que la hispanidad era lo que se había fraguado como historia cultural entre nosotros porque la cultura no es un asunto biológico”. Explicó que “la cultura es un asunto de historia, de lengua, de costumbre, de hábitos, de creencias”. O sea, todo ese orden en el cual se fragua nuestra libertad constituye nuestra cultura y él entendía que esa hispanidad ya se había desgajado en España al punto de que hoy en día ocho de cada diez hispanohablantes están en el Continente americano”.

Añadió el expositor que “el español es la lengua de este continente, y la hispanidad es lo que nos identifica a todos nosotros como parte de ese conglomerado, como parte de ese conjunto de culturas que en algún punto, por razones históricas, estuvieron unidas porque nosotros éramos parte de una comunidad mayor que era el Virreinato de Santo Domingo, y ese virreinato tenía incidencia en Cuba, Puerto Rico y Venezuela, y luego es parte del Virreinato de la Nueva España en México”. Apuntó que “siempre hemos estado formando parte de ese conjunto y durante tres siglos formó una cultura, y esa cultura es la que se llama Cultura de la Hispanidad”. Explicó que Pedro Henríquez Ureña entendió que “esa cultura era la base de toda su consideración” y por eso trabajó en esa visión para darle contenido a esa visión, para darle concreción a esa visión que él tenía.

Destacó Núñez que Pedro Henríquez Ureña escribió Santo Domingo en las letras coloniales, un libro en el cual escribe la historia de las letras en el Continente. Destacó también la poesía de sor Leonor de Ovando. Expuso que “los primeros antípodas de una cultura de las letras se dan en Santo Domingo. Santo Domingo es el solar de las primeras universidades, la Universidad Santo Tomás de Aquino en 1538 del siglo XVI, también la Universidad Santiago de la Paz. Es aquí donde comienza a enseñarse por vez primera la lengua española y es también el asiento, dice Pedro, de los primeros ayuntamientos, las primeras ciudades, las primeras casas de la confección de la moneda. Los primeros ingenios en La Vega, el ingenio de Gonzalo de Vellosa”. Añade el académico que “Santo Domingo tiene primacía en todas las áreas en lo que es la civilización occidental en América”.

Explicó el conferenciante que “primacía también tiene en lo que es el derecho: es aquí donde surgió la primera rebelión del hombre autóctono en América, la rebelión del cacique Enriquillo de 1519 a 1538, una rebelión que termina con el Tratado de Paz entre Carlos V y el cacique Enriquillo. Firmó con el Rey Carlos V las paces, primeras paces que dan origen al derecho en América”. Dijo que “también Santo Domingo es el lugar de la primera rebelión de los esclavos en América, en el ingenio de don diego Colón: en 1520 se rebeló Lemba y marca la primera reclamación del derecho del hombre africano en América”.

“Es decir que tenemos la primacía que nos dan a nosotros toda una tradición de que por aquí debiera empezar esa restricción de lo que era la ‘Magna Patria’, y por eso él inicia ese libro con las letras coloniales en Santo Domingo, y posteriormente en el año 1938 publica un libro sobre el español en Santo Domingo en el cual descubre por primera vez las características de la lengua española que se habla en Santo Domingo”.  Posteriormente, según Núñez, Pedro Henríquez Ureña “escribió otro libro referente a las zonas dialectales en el Continente”. Explicó que Henríquez Ureña dijo que “el español en América tenía cuatro grandes zonas dialectales: 1. La zona mexicana, que iba desde México hasta Nicaragua (no incluía a Panamá porque Panamá tiene un español del Caribe). 2. La zona de Sudamérica, que está la América andina donde está Perú, Colombia, Ecuador, parte de Venezuela. 3. La zona rioplatense con el español de Río la Plata, el español de Uruguay y Argentina. 4. Y catalogó la zona chilena como una zona exclusiva de Chile”. Expresó Manuel Núñez que “esta descripción del español en la forma en que él habla, conforme a las lenguas indígenas que estén próximas a la lengua española, hace una descripción pormenorizada de lo que es el español en América”.

Comentó el ensayista y académico dominicano que posteriormente Henríquez Ureña “comienza a escribir su magna obra que fue Historia de la cultura en América hispánica”, y que todo esto constituye básicamente el ideario: es decir, El español en Santo domingoSanto Domingo en las letras colonialesEl español en América y luego Historia de la cultura en América, constituyen los libros básicos que definen el recorrido que Pedro Henríquez Ureña hace de lo que es esa ‘Magna Patria’; y luego, pues, además, en la búsqueda de la identidad son los Seis ensayos en busca de nuestra expresión.

Manuel Núñez señaló que Pedro Henríquez Ureña “también habla de lo que es la ‘utopía’ de América y dice que esa ‘utopía’ tiene que venir porque América está cimentada por tres elementos internacionales de la cultura latina en Occidente: 1. En primer lugar, el Descubrimiento de América: el transporte del mundo europeo en América, comienza en esta isla de La Española. 2. En segundo lugar está lo que es el Renacimiento y llega a América justamente de parte de los españoles y queda plasmado, en el caso dominicano, con una catedral gótica, la Catedral de Santo Domingo; y muchos edificios que dan cuenta de esa presencia arquitectónica en todo lo que fue el Renacimiento, en el caso americano grandes obras en este Continente en el siglo XVI y en la antigua ciudad de Santo Domingo que él tenía como patrimonio más importante. 3. Y  está la Revolución Francesa, que es el ideal revolucionario que va a implementarse en toda América, que va a ser parte del sentir de la utopía, de la necesidad que tienen los hispanoamericanos de mejorar el ideario intelectual de todo lo que es la obra peninsular”.

Manuel Núñez destacó otros elementos de la obra de Pedro Henríquez Ureña: su tesis doctoral fue, básicamente, sobre la versificación de la lengua española, una tesis doctoral considerada uno de los hitos más importantes en todo lo que fue la tradición en América, porque Pedro estudió el proceso de la diversificación del español e incluso fue uno de los iniciadores más importantes de los estudios sobre El romancero de España en América, a partir de un pequeño trabajo que publicó en Buenos Aires sobre los romances en Santo Domingo”. Dijo que Emma Garrido de Boggs escribió un volumen sobre los romances de las leyendas que estaban en El español de Santo Domingo y que eran cantados por los habitantes de Santo Domingo: «Mambrú se fue a la guerra», «Mi abuela tenía un pedal». Luego el escritor español Enmanuel Andrade recogió los cuentos de «Juan Bobo y Pedro Animal»”.  Expresó el académico que “fue Pedro Henríquez Ureña quien le dio a estos antropólogos la posibilidad de explorar profundamente lo que sería toda la herencia de la cultura oral dominicana”.

Subrayó Núñez que Henríquez Ureña “también fue quien inició los estudios de valoración de nuestros literatos y el ensayo que escribió sobre Manuel de Jesús Galván y Enriquillo ha sido de las bases de su aporte”. Dijo que esta obra fue traducida al inglés por el gran literato inglés Robert Green y al mismo tiempo la traducción al francés de la obra Enriquillo”. “Es decir que Pedro Henríquez Ureña abrió la República Dominicana al resto del Continente”.  Añadió que Pedro Henríquez Ureña, además, es considerado Maestro de América por lo que fueron sus alumnos, porque la obra de Pedro, además de los 14 volúmenes que ha publicado el Ministerio de Cultura —sobre su obra lingüística, sus ensayos, su obra historiográfica, su obra gramatical—, también hay seis volúmenes de correspondencias que es también muy importante y que muestra gran parte de su labor pedagógica, su labor intelectual, correspondencia con grandes escritores de América; y todos ellos  testimonian la obra de Pedro”. Comentó que Jorge Luis Borges, uno de los grandes poetas y cuentistas de Argentina, en la recopilación que se hizo de las obras de Pedro Henríquez Ureña —prologadas por Borges—, dedica un ensayo a Pedro Henríquez Ureña diciendo que su obra socrática, lo que él hizo como maestro oral, además de su obra escrita, es tan importante en todo el Continente que ha dejado una pléyade de alumnos que hablan de lo que fue la obra de Pedro. Esa “gran cantidad de alumnos propalaron las enseñanzas que han hecho que su obra se mantenga porque es la obra de un gran dominicano y un gran panamericano”, apuntó el académico.

Al finalizar la ponencia, el profesor José Alejandro Rodríguez dio las gracias al expositor Manuel Núñez, expresando que él se siente satisfecho con su compatriota.

—Estudiante (F): Realmente es impresionante lo que escribe Pedro Henríquez Ureña. Son ensayos bien largos, y me sorprende que él fue un ensayista moderno, y más que la estructura del texto es la manera de como plantea lo que tiene que ver con la utopía de América, toda la base que él expone en la mayoría de sus ensayos.

—Manuel Núñez: Sí, él tenía una visión enciclopédica del ensayo. Es decir, esencialmente cuando abordaba un tema él tenía agotado todo lo que él hace en su bibliografía. Cuando uno examina la bibliografía de Pedro Henríquez Ureña se da cuenta de que cuando él abordaba un tema lo hacía con la conciencia de dejar un aporte, aunque después lleguen otros y lleguen más lejos, pero tenía un aporte y por eso su obra se mantiene.

—Estudiante (M): Analizando el hecho de que él no se pudo radicar en Europa yo me planteaba la siguiente pregunta: ¿Hubiese sido el pensamiento de Pedro Henríquez Ureña el mismo, con esa visión utópica de América moderna, o no lo hubiese sido?

—Manuel Núñez: No era posible quedarse en Europa. Pedro Henríquez Ureña nace en 1884 y muere en 1946. Es decir, durante su vida de 62 años hay dos guerras mundiales, la primera de 1914 a 1918 con la Paz de Versalles, y la segunda del 1939 a 1945. Prácticamente la vida de él está signada por dos guerras mundiales que se dieron en Europa.

 

FABIO GUZMÁN ARIZA DA A LA PUBLICIDAD LA TERCERA EDICIÓN DEL PROCEDIMIENTO EN DEFECTO EN MATERIA CIVIL Y COMERCIAL

El jurista, escritor y académico de la lengua Fabio J. Guzmán Ariza, presidente de la firma Guzmán Ariza Abogados Consultores, acaba de publicar la tercera edición de la obra El procedimiento en materia civil y comercial después de las reformas de la Ley 845 de 1978. Ese título, que forma parte de la Colección Monografías de Editora Judicial, fue publicado por primera vez en 1981, reimpreso en 1996 y su segunda edición en el 2010. Es un clásico de la bibliografía jurídica dominicana, cuyo contenido ha sido actualizado y ampliado con la jurisprudencia y doctrina de la última década. Producto de un agudo trabajo de investigación, su contenido examina, de manera crítica e interpretativa, el procedimiento en defecto tal y como quedó modificado por la Ley 845 de 1978 y, de manera especial, aquellos aspectos que se prestan a interpretaciones contradictorias.

El autor parte del criterio de que el procedimiento en defecto constituye una garantía establecida por la ley en beneficio del litigante que no ha sido oído en justicia. Además, profundiza en los modos de protección con que cuenta la parte que no ha acudido al juicio: el procedimiento especial ante el tribunal, los requisitos particulares de las sentencias dictadas en defecto y el recurso de oposición.

Fabio J. Guzmán Ariza es abogado, escritor, editor y miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua. Actualmente preside el bufete Guzmán Ariza. También es editor de la revista Gaceta Judicial y presidente de su consejo editorial. También preside la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua y Fundéu-Guzmán Ariza, que se encarga de las orientaciones léxicas y gramaticales de la lengua española. Es autor o coautor, entre otras, de las obras El lenguaje de la Constitución Dominicana; Modelos para las SRL y EIRL; Repertorio de la jurisprudencia civil, comercial e inmobiliaria de la República Dominicana; Ley No. 108-05 de Registro Inmobiliario, con sus modificaciones, reglamentos y normas complementarias, concordados e indexados y Diccionario del español dominicano.

 

FABIO GUZMÁN ARIZA PARTICIPA EN LA PRESENTACIÓN DEL DPEJ

La Real Academia Española (RAE) presentó, en una actividad telemática, la versión digital del Diccionario panhispánico del español jurídico (DPEJ), con la participación de académicos de la lengua y juristas y funcionarios judiciales de todo el mundo hispánico mediante la aplicación electrónica del Start Zoom.

La edición en línea del DPEJ es una obra lexicográfica sobre la lengua del derecho con el lenguaje jurídico de la comunidad hispanoamericana, vinculado a las legislaciones de los países que la conforman. Ya está disponible para su consulta gratuita en línea electrónica. La obra fue presentada en un encuentro virtual con la participación del director de la RAE y presidente de la ASALE, Santiago Muñoz Machado, y el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), de España,  Carlos Lesmes. En el acto también intervino el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien ponderó la admirable labor de la Real Academia Española en una obra que se ha calificado de monumental. El presidente de ASALE subrayó que “no existe justicia sin lengua y que su buen uso es la irrenunciable tarea a la que están abocadas las fuerzas civiles”.

Nuestro jurista y académico numerario, Fabio Guzmán Ariza, representó a la Academia Dominicana de la Lengua en esa actividad virtual, cuyo texto formalizado en su correspondiente video para el acto de presentación fue el siguiente: “Saludos desde la Republica Dominicana. Para la Academia Dominicana de la Lengua y para quien les habla ha sido un gratísimo privilegio colaborar en la preparación del Diccionario panhispánico del español jurídico, cuya versión digital se estrena en esta fausta jornada. Por mucho que se haya dicho, es de justicia repetir que se trata de una obra monumental, fruto del empeño mancomunado de cientos de profesionales del derecho y de la lexicografía de todo el mundo hispanohablante, que han trabajado bajo la sabia y tenaz dirección de don Santiago Muñoz Machado. Los juristas somos una subespecie de la raza humana que vive de las palabras: se podría decir que somos verbíboros, que nuestro quehacer se concretiza en el uso de nuestro idioma y en la discusión, muchas veces vehemente, del significado, alcance y pertinencia de las voces que lo componen. De ahí la capital importancia de que a partir de hoy todos tengamos acceso a este valioso texto de referencia, que recoge el léxico jurídico del castellano universal. ¡Enhorabuena a todo el equipo!”, dijo emocionado Guzmán Ariza.

Durante su intervención, Santiago Muñoz Machado elogió la participación de nuestro académico con las siguientes palabras: “Don Fabio Guzmán Ariza, de la Academia Dominicana de la Lengua, tiene todo mi afecto y admiración por su gran cultura lingüística; él emite todas las tardes de todos los días un comunicado sobre el buen uso del español en el mundo del derecho principalmente, pero también de la lengua en general”.

Al término de la actividad, el director de la Academia Dominicana de la Lengua, Bruno Rosario Candelier, en comunicación al director de la Real Academia Española, lo felicitó por la excelente organización de la video-conferencia y el valioso aporte del DPEJ y, desde luego, por sus presentación desde la Real Academia Española en Madrid. El acto académico fue variado, con la intervención de los representantes de las Academias de la Lengua e instituciones jurídicas del mundo hispánico, estupendamente logrado en todos los aspectos electrónicos.

Madrid/Santiago de los Caballeros, 2 de julio de 2020.

LA DIMENSIÓN ESTÉTICA Y ESPIRITUAL DE LA CREACIÓN POÉTICA

Era una mañana calurosa, pero un domingo florido con el júbilo por la tertulia sobre lírica mística de los poetas mocanos Juan Santos y Rocío Santos, autores de sendos libros de poesía mística, La llama perpetua y Una gota en el mar, respectivamente. Según Juan Santos, autor de La llama perpetua, en su caminar por la vida “nacen mis poemas, resultado de intuiciones y vivencias en un tiempo donde capturamos la realidad poética y plasmamos en palabras el significado profundo que intuimos”.

Destacó el joven poeta que “cuando prestamos atención a nuestra realidad circundante y a lo que con nosotros ocurre, nos damos cuenta de que podemos extraer temas importantes, verdades ocultas, mensajes que no son de nuestra autoría sino que son susurros de la plenitud, de la energía primaria y del más allá”. Leyó tres de sus poemas con los que confirma su valoración intelectual, estética y espiritual.

En su turno, la poeta Rocío Santos hizo un llamado a interiorizar en la conciencia “para hacer un momento de silencio porque de esa manera se descubren muchas cosas que con palabras es difícil expresar. Lo que hacemos los poetas es un intento de pintar con palabras una experiencia espiritual que no se puede describir cabalmente, hay que vivirla”.

Luego de leer dos poemas, la joven Rocío Santos afirmó que “cuando lees una frase que te da dentro, que te llena, es porque te está tocando la verdad, y cuando la verdad toca simplemente, en silencio, resuena dentro de la persona; por eso no es coincidencia que la palabra “libro” sea igual a la palabra “libre”. Libro entraña libertad, así que vamos a tratar de interiorizar y ver que lo que se trata realmente es de estar aquí”.

Ambos poemarios fueron comentados por el director de la Academia Dominicana de la Lengua y presidente del Ateneo Insular, Bruno Rosario Candelier, quien al referirse a la creación de los autores de La llama perpetua y de Una gota en el mar dijo que “Las palabras producen un eco en el corazón humano, la poesía es la expresión estética del lenguaje y la poesía mística es la expresión de la dimensión espiritual de la conciencia que ahonda en las manifestaciones interiores y genera una vivencia estética y una fruición espiritual que el ser humano puede experimentar cuando se pone en contacto con la realidad sensorial, cuando abre su inteligencia y su sensibilidad para vivir y expresar lo que siente y percibe de la realidad que los poetas manifiestan en la creación poética”.

Entonces sugerimos que, como hacen los hermanos Santos, se siga escribiendo “ya que no solo por su edad sino por sus talentos pueden aportar al arte de la creación poética el testimonio de su visión religiosa y mística del mundo”, y les expresé mi satisfacción por el aporte de su palabra y los alenté a que sigan testimoniando lo que experimentan porque con lo que han hecho evidencian la dotación estética y espiritual para plasmar la expresión más genuina de nuestra conciencia”. Y añadí: “A veces la gran poesía resulta indescifrable porque se escribe en un lenguaje diferente al lenguaje ordinario que hablamos, porque el lenguaje de la poesía, que es el lenguaje de las imágenes, es complejo, y hay que estudiarlo para entender las complejidades poéticas de la palabra en su más alto nivel, porque se trata de la expresión de la intuición y de la revelación, y con nuestra intuición nos ponemos en contacto con la dimensión interna y profunda de la realidad, y mediante la revelación recibimos irradiaciones de la trascendencia con las señales y verdades de la sabiduría espiritual del Universo”.

Al finalizar el coloquio, que en su momento celebramos en la Biblioteca Municipal “Gabriel Morillo”, de Moca, algunos de los presentes expresaron su intención de estudiar el arte de la creación poética para potenciar su desarrollo intelectual, estético y espiritual.

 

JOSÉ MIGUEL SOTO JIMÉNEZ PONE A CIRCULAR UN NUEVO LIBRO

El escritor, político, embajador, militar y académico de la lengua, José Miguel Soto Jiménez, presentó su más reciente libro titulado Dominicaneando: Los tres nombres del después de siempre, donde recoge artículos sobre temas sociales, políticos, antropológicos, lingüísticos, literarios y culturales vinculados la realidad nacional.

José Miguel Soto Jiménez, actualmente embajador en Emiratos Árabes, dedica esta obra al pueblo dominicano y en ella destaca que “con la fuerza inadvertida de su propia suerte, ha sobrevivido a sus grandes crisis y derrumbes centenarios para continuar librando, a brazo partido, las batallas tremendas de su mismo destino, entre las calamidades catastróficas de la esperanza, y las consecuencias milagreras de su voluntad”, según reza la dedicatoria.

Este destacado militar y académico nació en Santiago de los Caballeros el 2 de marzo de 1956. Ingresó a las Fuerzas Armadas, en el Ejército Nacional, en 1973, y tras escalar todos los rangos militares, fue Ministro de las Fuerzas Armadas.

Nuestro académico ha publicado las siguientes obras: Evasión (1974), Dualidades (1975), Poemas al abuelo (1977), Cantos de hierro (1978), Testimonios (1977), Areíto del Simú (1979), Mentiras y fundamentos para una historia (1980), Colonialigrama (1981). Semblanza de los adalides militares de la Independencia (1980- 1982), La Revolución de Juan Sánchez Ramírez (1982), Campañas militares de la Independencia, en colaboración con el General E.N. ® Ramiro Matos González. Efemérides militares de la Independencia, en colaboración con el General E.N. ® Ramiro Matos González. El corrido de los taitas (1994). Cronología militar de la Independencia, en colaboración con el General E.N. ® Ramiro Matos González. Los motivos del machete (2001). Memorias de Concho Primo (2006). Memorial de la guazábara (2010). Malfiní. Radiografía de un magnicidio (Estudio forense de la muerte de Trujillo, 2010). Doctrina militar: Seguridad, defensa y democracia (2015) y Dominicaneando (2020).

Entre otros galardones, obtuvo el premio Eduardo León Jimenes, por el libro Los motivos del machete  (2001). Ha recibido varias condecoraciones por su mérito militar y decenas de placas de reconocimiento de organismos militares nacionales y extranjeras, así como de organizaciones e instituciones civiles por su desempeño intelectual y castrense.  Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, de la Academia Dominicana de la Historia y del Instituto San Martiniano.

Santo Domingo, 20 de junio de 2020.

PONDERAN EL USO DE VOCABLOS RELACIONADOS CON LA PANDEMIA

De Fabio J. Guzmán Ariza <fabio@fundeu.do>, Santiago, Rep. Dom.,  27/05/20

¡Saludos, Javier! Espero que tú y tu familia se encuentren tan bien como pueda esperarse en estos tiempos de crisis y peste.

Vi parte del video (¡no vídeo!) de la última junta de la Fundéu BBVA. Me extrañó que nadie comentara que se podría justificar el género masculino del cóvid (¡no la covid!) en razón de que el referente principal del acrónimo COVID es disease, que en español es el mal (al igual que la enfermerdad). La palabra inglesa disease no tiene género –no es ni masculina ni femenina- y su traducción puede ser masculina (si se traduce como el mal) o femenina (si se traduce como la enfermedad).

Creo que en la Rep. Dominicana y en gran parte de Hispanoamérica se usa y se continuará usando “el cóvid”.

Un fuerte abrazo,

Fabio


De Javier Lascurain <jlascurain@fundeu.es>, Madrid, 27/05/20

Muchas gracias, Fabio.

Expondré ese punto de vista. Creo que en el ámbito médico prefieren traducir ese “disease” por “enfermedad” antes que por “mal” y de ahí la preferencia por el femenino. Pero lo estudiaremos.

Un abrazo fuerte

Javier

 

De Fabio J. Guzmán Ariza <fabio.guzman@academia.org.do>

Querido Javier:

No sé si es porque prefiero las palabras cortas a las largas, porque soy viejo o simplemente porque me suena mejor, pero si a mí me dieran a traducir del inglés el término “coronavirus disease” (COVID), preferiría decir “el mal del coronavirus” a “la enfermedad del coronavirus”, siguiendo el patrón de los muchos otros males que registra el Diccionario de la lengua española:  ‘el mal caduco’, ‘el mal de Alzheimer’, ‘el mal de Parkinson ‘, ‘el mal de bubas ‘, ‘el mal de Chagas ‘, ‘el mal de la rosa ‘, ‘el mal de Loanda’, ‘el mal de madre’, ‘el mal de montaña’, ‘el mal de orina’, ‘el mal de piedra’, ‘el mal de san Lázaro’ y ‘el mal francés’. De manera que no creo que se pueda decir, como se ha argumentado, que la COVID-19 sea preferible a el COVID-19 porque la de la sigla equivale a disease, que es ‘la enfermedad’: esa d puede corresponder igualmente (si no mejor) a ‘el mal’, que es de género masculino. Donde sí veo que hay fundamento es en preferir la pronunciación aguda de covid a la llana (cóvid). En español las palabras terminadas en d son generalmente agudas (edad, sociedad, Madrid…), no llanas. Sin embargo, en la República Dominicana por razones que desconozco se ha impuesto rápidamente la pronunciación llana.

Un abrazo, Fabio

 

 De Francisco Javier Pérez<franciscojavierperezh@gmail.com>

 Amigo, Fabio:

Espero que tú y tu familia se encuentren bien en momentos tan difíciles. Como me pones en copia, respondo diciéndote que coincido palabra por palabra sobre lo que señalas en torno al uso en español de “el covid”. Esta mañana, en la siempre magnífica reunión de Fundéu, fui el único que hice reparar en el uso en masculino y casi siempre con pronunciación aguda, no solo en Hispanoamérica, sino también en España. Jorge Busto y Pilar García Mouton también apostaron en algo por esta opción. Me ha resultado curioso que privara el criterio terminológico-médico por sobre el uso de la calle. La discusión es muy interesante y seguirá abriendo alternativas hasta que se instale la forma más natural en nuestra lengua: el covid.

La explicación sobre el “disease” es tan débil que en Chile, reporta el secretario de la Academia Chilena, el lingüista Guillermo Soto, que ya escriben “el covit”.

Decía Lezama, que lo maravilloso de la lengua era el destino afortunado de su uso.

Un fuerte abrazo para ti y para el resto de amigos y colegas que aparecen en copia.

 

Francisco Javier Pérez

Secretario general

Asociación de Academias de la Lengua Española

ASAMBLEA ELECCIONARIA EN LA ACADEMIA DOMINICANA

   El recién pasado 19 de junio de 2020 tuvo lugar en la Academia Dominicana de la Lengua la asamblea eleccionaria de los miembros numerarios de la institución para elegir a las autoridades académicas para el período 12 de octubre de 2020 al 12 de octubre de 2023.

El doctor Manuel Núñez Asencio, miembro numerario y académico encargado de la Asamblea Eleccionaria de la ADL, emitió el siguiente documento que da cuenta del resultado de las votaciones de los miembros de número de la ADL: “A las 11.00 de la mañana del viernes 19 de junio de 2020 tuvo lugar la Asamblea Eleccionaria de la Academia Dominicana de la Lengua, convocada según establecen los Estatutos mediante comunicación firmada el 8 de junio de 2020 por el Dr. Manuel Núñez Asencio en nombre de la corporación para elegir a los integrantes de la Junta Directiva de la ADL correspondiente al período 12 de octubre de 2020-12 de octubre de 2023, cuyos votantes consignaron sus votos a favor del académico Dr. Bruno Rosario Candelier, como director, y como miembros de la Junta Directiva a los académicos Dr. Federico Henríquez Gratereaux, subdirector; Dr. Manuel Núñez Asencio, secretario; Dr. José Enrique García, tesorero; Lic. Juan José Jimenes Sabater, bibliotecario; y vocales, Dr. Franklin Domínguez y Lic. Rafael Peralta Romero. Fueron firmantes de esta votación los académicos numerarios Federico Henríquez Gratereaux, S. E. Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Marcio Veloz Maggiolo, Manuel Núñez Asencio, Dennis R. Simó, Juan José Jimenes Sabater, José Enrique García, Franklin Domínguez, José Rafael Lantigua, José Miguel Soto Jiménez, María José Rincón, Tony Raful Tejada, Rafael Peralta Romero, Ana Margarita Haché de Yunén, Fabio Guzmán Ariza, Ricardo Miniño Gómez y Bruno Rosario Candelier, conforme los votos emitidos que obran en mi poder. Lo que certifico y doy fe en mi condición de encargado de la Asamblea Eleccionaria de la Academia Dominicana de la Lengua. Dado el 19 de junio de 2020 en el Salón de Actos de la Academia Dominicana de la Lengua, de la calle Mercedes no. 204, Ciudad Colonial, Santo Domingo, República Dominicana”.

Dr. Manuel Núñez Asencio

Académico numerario de la ADL

Encargado de la Asamblea Eleccionaria