Despepitar, guabinoso

Por Roberto E. Guzmán

DESPEPITAR

“Lo hizo para colocar en su puesto de maestra a una jovencita del poblado que había DESPEPITADO”.

Es natural que algunas palabras circulen más que otras. Una de las razones para que esto sea así puede provenir del origen de algunos de estas voces. Algunas de ellas cargan un fardo de censura muy pesado por su origen.

En el caso del verbo del título al usarlo el hablante pensó que era menos ofensivo que los otros que circulan en medios restringidos por la moral y las buenas costumbres. No se percataban de que este verbo de todas formas aludía a una parte pudenda de la anatomía de la mujer.

No hay que tomar el verbo despepitar en su sentido derecho. Es una forma de dar a entender que un hombre ha dispuesto de la virginidad de una mujer. Este tipo de acción o resultado de esta se conoce en las hablas de diferentes maneras. Algunas más crudas que otras.

El uso dependerá, al final, del medio en que se emplee. Los hombres jóvenes desafortunadamente piensan que mientras más soez es la voz empleada, más valor tiene para transmitir el mensaje.

No hay lugar a sorpresa si algunos hablantes de español dominicano no pueden reconocer todas las voces vernáculas. Es imposible que haya alguien que esté en capacidad de recordarlas todas.

Después de leer lo que antecede, es fácil saber que este verbo del título tiene estrecha relación con la voz pepita, que para muchas personas en diferentes hablas es el clítoris.

 

GUABINOSO

“… un libro GUABINOSO, taimado, condescendiente…”

Hace largo tiempo que los dominicanos conocen un pez por el nombre guabina. El nombre es internacional, consta en el Diccionario de la lengua española de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Es un pez de agua dulce, más aún, de río; así lo consigna el diccionario recién mencionado. En la descripción que esa corporación hace del pez está la clave del uso de guabinoso.

Como puede deducirse de la introducción de este tema, el objetivo de esta sección es centrar la exposición sobre el pez sin dejar fuera las palabras derivadas. Además, se revisarán las palabras derivadas del nombre del pez, al tiempo que se mencionarán los países en los que se usan. No faltará aquí una revisión al origen de la palabra.

El diccionario mencionado más arriba asienta además de la descripción del pez el sustantivo guabina aplicado a la, “Persona que, interesadamente y con frecuencia, cambia de parecer o filiación política, o que se abstiene de tomar partido”. Califica de despectivo el nombre aplicado a una persona y escribe que es de uso en Cuba.

Según parece el pez en cuestión era difícil de capturar o de manipular; esta propiedad fue la que sirvió de base para que se aplicara su nombre a la persona que se caracterizó más arriba. Hay que tener en cuenta que guabina (guavina) es un género, por lo tanto, existen diferentes especies.

En Puerto Rico y Venezuela la locución adjetiva “más resbaloso que la guabina” es aquella, “hábil para salir airosa de cualquier situación”. Ha de tenerse en cuenta que no se la considera despectiva. Por tanto, la locución subió de categoría.

En los usos indicados más arriba se encuentra el germen del adjetivo guabinoso de uso en varios países americanos.

Ya a principios del siglo XX D. Augusto Malaret recoge no solo el nombre del pez, tal como lo hizo antes Esteban Pichardo. Además, produce la frase que se transcribió más arriba. Diccionario de provincialismos de Puerto Rico (191917:81). Ambos autores cuyos nombres figuran aquí reconocen el origen americano del nombre del animal. Diccionario casi razonado de vozes y frases cubanas (1936:285).

En el año 1921 Constantino Suárez entra en una interesante explicación del uso de guabina aplicado a una persona, “Dícese a la persona que procura congraciarse con todo el mundo, aplaudiendo todas las opiniones por encontradas que sean, sin sentir entusiasmo por ninguna”. Más importante aún, escribe que se han derivado de esta voz “guabinear, guabineo y guabineador”. Vocabulario cubano (1921:254).

En Cuba se ha continuado con el uso de guabinear en tanto “abstenerse una persona, por conveniencia, de tomar partido entre bandos con opiniones contrarias, especialmente en política”. De allí que el guabineo sea la actitud o comportamiento del que guabinea. Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-II-23-24).

En Venezuela es el país que el Diccionario de americanismos (2010) mienta como el único en que se emplea la voz guabinoso para, “Persona que evita tomar decisiones o enfrentar una responsabilidad”. “Escurridizo” es como D. Ángel Rosenblat define al guabinoso al estudiar las voces del español de Venezuela. Buenas y malas palabras (1974-IV-123).

En el último país mencionado, el uso de guabinear, guabineo y guabinoso ha continuado. A la cualidad que implica ser guabinoso se ha añadido la precisión “evadiéndose constantemente de ellas”; se refiere a evitar situación difícil, comprometedora, o responsabilidad. Diccionario del habla actual de Venezuela (1994:257).

El Diccionario de venezolanismos (1983-I-486) introdujo algunos matices a guabinear que deben retenerse, “No definirse y evadir circunstancias con astucia para evitar tomar posición o partido”. Ha de resaltarse el rasgo, “con astucia”. De nuevo cuando trata el adjetivo guabinoso recurre al término “escurridizo” de Rosenblat y agrega, persona “lista, astuta”.

La palabra aborigen guabina aparece por primera vez de la pluma de Las Casas, en tanto pez hallado en La Española. Deja entrever que era un alimento preferido y saludable. De la misma forma que procedió este autor con respecto a frutos y animales, comparó la guabina con un pez conocido, la trucha.

Llegado a este punto del desarrollo de las voces estudiadas, hay que volver a la frase trascrita. En ella no se alude a una persona, como era de esperarse, sino a un libro que es guabinoso. Como si no fuera suficiente, a seguidas de guabinoso el redactor escribe, “taimado, condescendiente”. Eso refuerza el concepto formado acerca del guabinoso, pues algunos rasgos son comunes a las tres palabras al final de la cita.

Antes de concluir esta exposición hay que agregar en el habla dominicana se conoce el pez, pero las voces derivadas de su nombre no son de uso ordinario. Este es el resultado de la búsqueda en los diccionarios de palabras utilizadas en el español dominicano.

No puede dejarse pasar la oportunidad de introducir en este escrito un dato curioso acerca de los indigenismos. Las palabras que comienzan con la sílaba gua– suman más ciento ochenta (180). No debe olvidarse que esta es la representación gráfica que los hablantes de España eligieron para trasladar en papel los sonidos que oyeron de boca de los aborígenes.

Boletín núm. 187 de la Academia Dominicana de la Lengua, marzo de 2022

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BOLETÍN DIGITAL NÚM. 187 DE MARZO DE 2022

Tranque, macana

Por Roberto E. Guzmán

TRANQUE

“Aquí viene otro TRANQUE”.

En el español dominicano hay más de un tranque. Además, el verbo trancar reviste características especiales en el español dominicano que lo distinguen de las demás variedades de español. Esta es una oportunidad para tratar bajo un solo título toda la familia de trancar, incluyendo la tranca dominicana que es muy especial.

La voz tranca es considerada una “voz patrimonial del castellano y el portugués”; con esas palabras introducen el tema Corominas y Pascual en su muy celebrado Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1982-V-593). Esta palabra es de origen incierto. En un principio el verbo fue atrancar en el siglo XIV. Hacia el siglo XIII ya se usaba para “atascar, obturar, represar”. En el siglo XV se encuentran documentos en los que la puerta estaba cerrada con una grand tranca.

En los campos dominicanos hasta hace unos 65 o 70 años se podía encontrar casas que tenían las trancas como las describió Covarrubias, “Barra de madera fuerte que atraviesa las puertas por dentro. . .”

Como era de esperarse, en América se añadieron algunas acepciones a la voz tranca bastante alejadas de su origen. En el registro coloquial en Argentina desde hace muchos años una tranca es una borrachera. D. Rufino J. Cuervo trae esa acepción también entre bogotanos para “borrachera en que se dan trancos”. Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (1955:561).

En Argentina se encuentra la tranca para cerrar la puerta de un corral; así como, “La acción de embriagarse”, en su segunda acepción. Diccionario de argentinismos del siglo XIX (2006:309). La tranca de embriaguez se usa en otros países además de Argentina, en Bolivia y Chile. En República Dominicana Dña. Consuelo Olivier recoge tranca para borrachera. De nuestro lenguaje y costumbres (1967:78). Durante algún tiempo tranca se usó para llamar así el peso dominicano.

En América el verbo trancar con el sentido de cerrar es de uso en Costa Rica, Cuba, Nicaragua, Puerto Rico y Venezuela: hasta entre los isleños de Luisiana en los Estados Unidos fue de uso.

En el español dominicano hay una tranca que no se conoce en otras hablas, ni siquiera de las Américas. Esta tranca es, “Referido a persona, muy competente o talentosa”. La aparición de esta acepción para la persona valiosa y competente puede asegurarse que es relativamente reciente; esto así porque la primera mención en un lexicón con esta acepción viene en el Diccionario de dominicanismos de Carlos Esteban Deive, quien define a esta persona, “Persona fuerte, inteligente, de carácter”.

Se puede avanzar la tesis de que la palabra tranca para “inteligente estudioso” nació en el idiolecto de los jóvenes estudiantes al final de los años cincuenta o principios de los años sesenta del siglo XX.

El verbo trancar en el habla de los dominicanos no es simplemente encerrar, pues también se usa para encarcelar; o por lo menos, detener un representante de la autoridad a una persona. De ahí el famoso ¡tránquelo! de las órdenes arbitrarias.

Desde el momento en que la tranca era grande y fuerte podía preverse que terminaría denominando también el pene en el habla vulgar de los dominicanos.

Una vez repasado todo lo anterior puede enfocarse el interés en el tranque. La primera acepción que destaca sobre las demás para este tranque es la que se refiere al obstáculo o impedimento que entorpece. De allí era previsible que llegara al sentido metafórico que ha alcanzado en República Dominicana y Puerto Rico donde sirve para expresar, “Situación problemática cuya solución no se vislumbra”.

Este mismo tranque sirve para expresar cuando en un juego, especialmente en el dominó, las jugadas terminan por no haber más fichas en manos de los jugadores de las pintas que reposan al final de las colocadas en la mesa de juego.

La tranca alumbró otra voz en el español americano. El trancazo es un golpetazo que el español peninsular asumió como uno propinado con una tranca. Desde que el hablante de español dominicano entendió que la tranca es grande y fuerte, transfirió este golpe a cualquier golpe fuerte propinado con ayuda de algo o solo como efecto de la acción humana con mucha fuerza en una generalización del golpetazo peninsular. Este trancazo se generalizó en toda Hispanoamérica.

Se concluye aquí el estudio de tranca, trancazo y tranque con sus respectivos significados del habla general, americana y dominicana.

 

MACANA

“Esa MACANA que anida en cada corazón…”

El vocablo macana lo encontró el europeo en lo que devino más tarde en ser llamado América. Parece que el vocablo tuvo fortuna porque transitó rápidamente en el Nuevo Mundo; es decir, se mencionó en América del Sur tanto como lo había sido ya en las Antillas. El vocablo es muy interesante en el español americano; puede asegurarse que es fundamental en el español dominicano pues ha servido, entre otros usos, para formar locuciones de uso en el habla cotidiana.

El vocablo macana figura en el siglo XVI en escritos acerca del Nuevo Mundo. Ha habido diferencias en cuanto al origen del vocablo macana, si el encuentro de este se produjo en la lengua de los aborígenes taínos o en Tierra firme. El P. Las Casas afirma que de La Española se llevó al continente. D. Fernando Ortiz encontró una voz parecida, makana, en dialectos bantúes.

Para orgullo de los dominicanos puede consignarse aquí que D. Emilio Tejera en Indigenismos, asentó la historia completa del vocablo estudiado aquí. (1977-II-920-944).

El Diccionario de autoridades publicado en 1732 trae noticia de la macana, “Arma hecha de madera fuerte, del tamaño y figura de un alfanje, al que solían añadir una punta de pedernal, de la cual usaban los indios antes de que conociesen ni tuviesen hierro”. (1963-V-443). Versión español moderno, RG.

Durante largo tiempo varios diccionarios incurrieron en la ligereza de escribir para la definición de la macana, “garrote grueso”, hasta que se percataron de que todos los garrotes con gruesos.

Algunos diccionarios “se curan en salud” al escribir que la voz macana proviene del arahuaco-caribe. Al escribir de este modo cubren la posibilidad de que se conociese tanto en Tierra Firme como en las islas.

La macana dominicana en tiempos modernos es un, “Arma policial que consiste en un garrote corto”. De allí pasó a usarse para significar “fuerza física, reloj grande o lujoso”; por último, “pene”. No hay que sorprenderse de que la voz macana haya llegado a usarse para mencionar el pene si se piensa en la descripción, “grande, garrote”. La fórmula “macana” Se usa para alentar a alguien para que imponga su autoridad o haga uso de la fuerza”.

¿Sabes usar el punto y coma?

Por Tobías Rodríguez Molina

 Como es sabido por la mayoría de los que conocemos y  usamos el  español,  existen en este idioma aspectos  que a muchos usuarios les presentan serias dificultades. Uno de ellos es el referente a  los signos de puntuación. En mi empeño de paliar esa dificultad, hace un tiempo presenté un artículo  en el que se ofrecieron  pautas y ejemplos abundantes referentes al uso de la coma, el punto y el punto y coma. Lo hice así, pues creo que esos son los tres signos de puntuación de más difícil manejo entre todos ellos, y muchos no saben diferenciar cuándo hay que usar uno y no el otro, ni en un caso de la coma que es opcional, qué tipo de construcción permite esa opcionalidad,  ni cuándo se puede emplear uno o el otro  indistintamente, es decir, haciendo uso de la opción de usar o el punto y coma o el punto cuando lo permite la sintaxis. Hoy me concentraré en ofrecerles textos en los que sus autores usan coma debiendo haber empleado punto y coma o punto, como lo exige la estructura oracional de esos textos. Les presentaré, además, un caso en el  que se emplea el punto y coma en vez de la coma,  que es el signo de puntuación a usarse en ese caso, como veremos luego. Copiaré una variedad de 12 ejemplos tomados los seis primeros de estudiantes universitarios de la ciudad de Santiago de los Caballeros, tres de articulistas de un periódico de esta ciudad, uno de ONAMET, uno del semanario  Camino, y el último, de un boletín católico.

Pasemos a ver los diferentes textos, seguidos de mis reflexiones y orientaciones  gramaticales sobre los mismos.

  1. “Cada domingo es recurrente que los seguidores de la Iglesia católica se reúnan en las capillas o iglesias de sus comunidades para celebrar la Santa Misa, esta actividad tiene como centro la consagración del pan y el vino, así como también la lectura litúrgica del día.” (Estudiante). Como pueden ustedes constatar, entre “Misa” y “esta” se debe usar preferentemente el punto y podría permitirse el punto y coma, pero ese no es un caso del uso de la coma.
  1. “No deberíamos conformarnos con lo más simple, deberíamos buscar nuevas opciones…” (Estudiante). Este es un caso de oraciones o proposiciones de las llamadas yuxtapuestas, es decir, de proposiciones colocadas una junto a la otra sin un nexo que las una, que podría ser “sino” seguido por “que”; pero sin el nexo, la norma exige punto y coma para indicar la yuxtaposición. Actualmente las yuxtapuestas también permiten el uso del punto.
  1. “El Gobierno frecuentemente da  cosas que ya no están aptas para el consumo, sin embargo, muchas personas reciben eso sin saber absolutamente nada sobre los daños que pueda acarrearles.” (Estudiante). En este caso, “sin embargo” relaciona dos partes oracionales o proposiciones cada una con estructura oracional completa y con significado bien preciso y delimitado, por lo que antes de “sin embargo” no se usará la coma, sino el punto y coma o el punto.
  1. “Los niños en las escuelas se están intoxicando, no se sabe la verdadera causa de que eso suceda (Estudiante). Esta vez estamos frente a un caso de proposición yuxtapuesta, ya que falta el nexo, que en este caso puede ser la “y” que marcaría la coordinación o el “pero” o el “sin embargo” adversativo. Por esa razón se escribe punto y coma o punto en el lugar de esa coma.
  1. “Un típico ejemplo podría ser  cuando ocurre un accidente de tránsito en un lugar en que no hubo testigo alguno, desde que comienzan a llegar las personas al lugar del accidente, todos empiezan a comentar y especular sobre lo que sucedió.” (Estudiante). Esta vez. la  yuxtaposición que escribió ese estudiante, indicada por la coma y la ausencia de un nexo    entre alguno y desde, no permite la coma y ya ustedes saben que los  dos signos que  se pueden usar en forma opcional en casos parecidos a ese, es el punto y coma o el punto.
  1. “Para concretizar más, destacaríamos uno de los hechos más importantes y sobresalientes; como es el usurpar funciones y niveles sociales en la vida diaria.”(Estudiante). Adviertan que la tendencia en los casos que les he presentado, y también en la generalidad de los textos que uno encuentra escritos por articulistas, es poner coma en lugar del punto y coma y en este caso, el usuario escribió punto y coma en vez de la coma, que en cierto modo, contradice la tendencia dominante, tal como hemos visto en los cinco casos anteriormente presentados.
  1. “Se mantiene la vigilancia al desarrollo y evolución del huracán Irma, dicho sistema es un huracán categoría 3…” (ONAMET).  De nuevo estamos frente al caso de proposiciones yuxtapuestas, que hemos visto que no llevarán coma,  sino punto y coma o punto.
  1. “El vertedero de Tamboril…ha sufrido un cambio en los vientos debido a los fuertes fríos que han afectado la región norte de nuestro país, todo esto ha creado que la humareda se extienda hacia la ciudad de Santiago…”(Articulista de La Información). También en este ejemplo se emplea indebidamente la coma en una yuxtapuesta, que lo es por la ausencia de una “y” coordinante u otro tipo de estructura sintáctica que evite la yuxtaposición.
  1. “La población dominicana durante la Segunda República apenas llega a los doscientos mil habitantes (1865-1916) es la época de las revoluciones, el patrimonialismo y el clientelismo.”(Profesor universitario y articulista de La Información). Después de la fecha no aparece marcado ningún signo de puntuación y , además,  aparece  el verbo “es” en minúscula, lo cual indica que se creyó que no había que escribir punto antes de “es”, siendo ese el signo de puntuación requerido en una estructura sintáctica de ese tipo. Me parece que se puede tener como incidental, con coma antes y después, la expresión “durante la Segunda República”. En mi caso personal, yo tomaría la opción de usar esas dos comas.
  1. “No importa cuán buenos seamos en lo académico, si no tenemos una formación humana de calidad, no llegaremos a ser ese profesional que la sociedad espera…” (Semanario Camino, noticia de una actividad). En este ejemplo hizo falta marcar un punto y coma o un punto antes de la proposición condicional, iniciada con “si no tenemos,  y no una coma. Con esa coma se dificulta la comprensión de lo que se quiere expresar y alguien que lea el texto titubea y se pierde en la lectura.  Recuerden que siempre se ha dicho que los signos de puntuación son los auxiliares de la lectura y de la comprensión. Por lo tanto, un buen escritor debe manejar bien las normas y el uso adecuado de esos signos.
  1. “El don del Espíritu nos ayuda a realizar cada una de las obras agradables al Señor, iniciando con una conversión de corazón, pidamos a Dios que nos envíe su Espíritu Santo para iluminarnos con su santa Palabra.” (Guía Mensual, Plan Pastoral de la Iglesia católica, mayo 2018). La coma que aparece delante de “pidamos” evidentemente que no está bien empleada, pues el contexto indica un cambio de idea, ya que la primera parte constituye una afirmación de algo dado como una realidad y la segunda parte, iniciada por pidamos, representa una sugerencia. Ambas partes tienen una estrecha relación, pues se está desarrollando una misma temática, pero cada una de ellas transmite un mensaje diferente mediante una estructura sintáctica propia y completa en sí misma. Por esa razón, el punto es el signo que necesariamente tenemos que emplear en el lugar en que aparece esa coma ya mencionada. Ni siquiera el punto y coma se debe emplear en ese caso, ya que la estructura de ese texto no se ajusta a ningún caso en los que se puede usar el punto y coma.
  1. “En el mundo medieval era difícil el ejercicio del derecho, estos tenían una concepción divina, colocada por encima de cualquier dimensión terrenal.” (Profesor universitario con doctorado, historiador y articulista). ¿Qué les parece esa coma colocada entre “derecho” y “estos tenían”? Esa coma se puede mantener si usamos un “pues” o un “ya que” antes de “estos”. De lo contrario hay que escribir un punto y coma o un punto en ese lugar.

Como se ha podido constatar por los ejemplos ofrecidos en esta ocasión,  muchos dominicanos escritores de textos presentan serias dificultades a la hora de marcar el punto y especialmente el punto y coma, que es el signo que quise rastrear esta vez. Me  luce que existe poca preocupación, por no decir dejadez, en muchos comunicadores de ideas y  correctores de estilo, como si ignoraran la importancia capital de un  correcto empleo de los signos de puntuación. En estas notas vimos que existen casos de uso opcional, especialmente entre el punto y coma y el punto, pero es bueno saber que no todo punto  es intercambiable con el punto y coma. Además, entre la coma, el punto y el punto y coma la intercambiabilidad es sumamente escasa y se reduce, casi exclusivamente, y muy pocas veces, a la estructura sintáctica que tiene “pero”. Es conveniente, pues, para manejar adecuadamente los importantísimos signos de puntuación, que se haga un esfuerzo sostenido, acudiendo a las fuentes, muy escasas y muy inseguras por cierto, que nos puedan  ayudar en esta tarea.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

22/02/2022

PALABRAS MALSONANTES (CONTINUACIÓN)

(El escritor Sélvido Candelaria continúa con sus apreciaciones sobre las palabras  consideradas “malsonantes” por los académicos de la lengua española. El domingo 9 de enero de 2022 se publicó la primera entrega). A continuación, el escrito de Candelaria:

Las llamadas palabras malsonantes (vea usted qué paradoja) casi siempre son las que se refieren a acciones o elementos que tienen que ver con las actividades más naturales del ser humano. Antes vimos el verbo usado para señalar actos coprológicos que, quizás por el hedor que provocan, no son bien vistas en los círculos refinados; sin embargo (y seguimos con lo antojadizamente discriminante que son los clasificadores de las palabras) dentro de sus mismas nomenclaturas, los señores censores, se vuelven un disparate. Por ejemplo:

No sabemos si por la impresionante apología que hizo don Francisco de Quevedo y Villegas sobre la palabra culo, esta, a pesar de ser el conducto natural para que se realice la acción de defecar, en las definiciones básicas, no aparece tachada de “malsonante” ni de “vulgarismo”; a lo más que se llega es a la benigna calificación de coloquial. Ilustro eso con copias textuales desde el diccionario de la RAE.

Culo

Del lat. culus.

  1. m. Conjunto de las dos nalgas.2. m. En algunos animales, zona carnosa que rodea el ano.3. m. ano.

Ahora bien, a partir de ahí, los mismos eruditos de la Academia, comienzan a enmarañar el asunto.

El culo del mundo

  1. m. coloq. Lugar muy lejano.

a tomar por culo, o por el culo

  1. locs. advs. malsons. vulgs. a hacer puñetas. Manda ese trabajo a tomar por culo y búscate otro.
  2. locs. advs. malsons. vulgs. Muy lejos. Lanzó el balón a tomar por culo.

Con el culo al aire

  1. loc. adv. malson. coloq. En situación comprometida por haberse descubierto algo. Su actuación nos dejó con el culo al aire.

Confundir el culo con las témporas

  1. loc. verb. malson. coloq. confundir la velocidad con el tocino.

dar por culo, o por el culo

  1. locs. verbs. malsons. vulgs. sodomizar.

¿Alguien me puede explicar cuál es la razón que se argumenta para determinar por qué en unos casos, la misma palabra es, “bien sonante” y, en otras, “malsonante”?

Lo mismo con la palabra singar.

Según el mataburros, este verbo se manifiesta en dos acepciones:

 

Singar

  1. intr. Mar. Remar con un remo armado en la popa de una embarcación, manejado de tal modo que produzca un movimiento de avance.
  2. intr. malson. Cuba, R. Dom. y Ven. Realizar el coito.

Notemos que casi siempre, cuando se refiere a un acto consustancial a la naturaleza humana, las palabras son señaladas como “malsonante”, no obstante  tener las mismas grafías y el mismo sonido (además, en este caso, de la genial analogía que se hace en la última acepción, con el primer significado) de otras que son dadas como buenas y válidas, al no aplicársele ningún sambenito.

Esto es lo que me ha llevado a pensar en una conjura contra ciertos conceptos, por intereses muy particulares. Una conjura que, sin embargo, no incluye la palabra más fea, rastrera y malsonante que pueda existir en nuestro idioma (y en cualquier otro) por el contenido de dolor e inhumanidad que descarga al pronunciarse o escribirse: hambre.

 

29/02/2022

VOCES TAÍNAS QUE NO SOSPECHAMOS QUE LO SON

En conversación reciente con el doctor Max Puig Miller, salió a relucir la cuestión de las palabras indígenas de la isla de Santo Domingo que han tenido mayor repercusión y uso universal. Sin escrutinio alguno coincidimos en que la voz /huracán/ supera a todas. A seguidas el distinguido intelectual mencionó el vocablo /tabaco/ como una de las voces de nuestros antepasados más divulgadas en el mundo, yo, aunque menos seguro que él, asentí.

“Viento muy impetuoso y temible que, a modo de

torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las  zonas de calma tropicales, donde suele tener origen. Así la define el Diccionario de la lengua española. Esta definición guarda estrecha vinculación con el concepto de huracán usado en la lengua taína.

El escritor Rafael García Bidó, citando al cronista  Gonzalo Fernández de Oviedo, explica de este modo la etimología taína de la palabra huracán: “hu es viento, ra energía, can centro; huracán es viento concéntrico”. (Voces de bohío/ Vocabulario de la cultura taína, Archivo General de la Nación, Santo Domingo, 2010, pág. 82).

Esta voz criolla ha sido traducida a más de una docena de lenguas y en casi todas conserva lo esencial de su grafía original: hurricane, inglés; ouragan, en  francés, furacao, portugués; uragano, italiano; furacán, gallego; hurrikan (húngaro y otras lenguas europeas).

En cuanto a la palabra /tabaco/ hay detalles que señalar. El Diccionario académico ubica su origen en el árabe clásico (?ub[b]aq) y asegura que antes del descubrimiento de América se aplicó ese nombre “a la olivarda, el eupatorio y otras hierbas medicinales que mareaban o adormecían; cf. Atabaca”.

García Bidó, en la obra citada, transcribe una explicación atribuida al padre Las Casas que concluye de este modo: “… tenían otra manera de yerba como propias de lechugas, y éstas secaban al sol y al fuego, y hacían de unas hojas de árbol secas un rollete como se hace un mosquete de papel y metían dentro de aquella yerba y encendían el mosquete  por una parte, y por la otra sorbían o atraían el humo hacia adentro del pecho, lo cual les causaba un adormecimiento en las carnes y en todo el cuerpo, de manera que no sentían hambre ni cansancio, y estos mosquetes llamaban tabacos” ( pág. 121).

La lengua taína fue la primera encontrada por los europeos, quienes contribuyeron a divulgarla. Otro factor que contribuyó a la expansión de términos taínos fue que esta etnia pobló otras islas (Puerto Rico, Bahamas, Cuba). La lexicógrafa María José Rincón, académica de la lengua, ha apuntado setenta palabras taínas en el Diccionario de la lengua.

Entre los nombres comunes (cosas, animales, alimentos, frutos agrícolas) tenemos y empleamos una amplia colección de vocablos de origen indígena que ni siquiera sospechamos que lo sean. Algunas de esas voces se han internacionalizado, tales como: manatí (mamífero marino), hamaca (cama colgante), coa (herramienta agrícola para hoyar en conucos),  barbacoa (espacio alto para guardar cosas; asadero) y caoba (árbol de madera muy apreciada).

Otros sustantivos heredados de nuestros aborígenes que  resultan indispensables son: yuca, hutía, mapuey, batey, conuco,  casabe, cacique, areíto, caney, bohío, canoa, batata, ají, maíz, jagua, bija, higüero, maní, lerén, algodón, cabuya, yautía, guanábana, guáyiga, anón, lambí, fotuto, tereque, henequén y  guayo.

La palabra /cana/ (variedad de palmera cuyas pencas sirven para techar) ha ganado vasta divulgación en el exterior, pero la guardaré para el próximo domingo, el cual versará sobre topónimos taínos (nombre de lugar) y antropónimos (nombre de personas).

 

5//02/2022

¿SERÁ PUNTA CANA EL TOPÓNIMO TAÍNO MÁS FAMOSO?

En el artículo anterior, titulado “Voces taínas que no sospechamos que lo son”, nos referimos a las palabras comunes del vocabulario indígena con mayor propagación en el español general, entre las cuales sobresalen  huracán y tabaco.

La palabra /topónimo/, procedente del griego, significa “Nombre propio de lugar”, y toponimia la rama que estudia los nombres propios. Hoy continuamos con las voces taínas, específicamente con las empleadas por nuestros aborígenes para nombrar lugares: regiones, pueblos, ríos.

Al momento de llegar los europeos, el gobierno de la isla estaba distribuido en cinco cacicazgos: Marién (cacique Guacanagarí), Maguá (Guarionex), Maguana (Caonabo), Higüey (Cayacoa) y Jaragua (Bohechío).

Al menos cuatro provincias llevan nombres procedentes de la cultura indígena: Azua (del cacicazgo de Maguana), Baoruco (sierra en el cacicazgo de Jaragua), y una (San Pedro de Macorís) que recuerda a los indios macorijes. “Macorix: Una comarca del norte y noreste de la isla, en la Cordillera Septentrional, donde vivía el pueblo de los macorijes”. (García Bidó, Voces de bohío. Vocabulario de la cultura taína, Archivo General de la Nación, 2010, pág.97).

Entre los municipios importantes que llevan nombres taínos se cuentan: Higüey, Moca, Nagua, Samaná, Cotuí, Neiba, Dajabón, Jimaní, Bonao, todos cabeceras de provincia.  A estos se suman Jarabacoa, Jánico, Jamao, Tamayo, Bohechío, Licey, Bánica, Jima, Manabao, Baracoa, Yaguate, Nisibón, Baitoa, Jaragua,Bayahibe (distrito municipal de  La Altagracia), Guananico (de Puerto Plata), Cutupú (distrito La Vega). Podría agregarse a Bayaguana, porque ese nombre resulta de la unión de Bayajá y Yaguana, pueblos taínos, destruidos por el gobernador Osorio.

Tenemos municipios que llevan nombre indígena combinado con otro hispano: San José de Ocoa, San Pedro de Macorís, San Francisco de Macorís, Azua de Compostela, Santa Cruz de Mao y Santa Cruz de El Seibo, San Juan de la Maguana y San Rafael del Yuma.

No se sorprenda de que el nombre Gualey (sector de  Santo Domingo) proceda de la cultura indígena, como también Guajimía (cañada en Santo Domingo Oeste).  Macao (pueblo de indios en Higüey) es hoy punto turístico.

Los cuatro ríos principales de República Dominicana conservan nombres indígenas: Yaque del Norte, Yaque del Sur, Yuna y Ozama. Pero otros muchos:  Ámina (río de Mao), Anamuya (de Higüey), Azuí o Asuí (río de Hato Mayor), Bacuí (rio y localidad de La Vega), Baiguate, (río de  Jarabacoa), Yuna y Camú (La Vega), Yuma (San Rafael del Yuma), Cumayasa (río de La Romana), Artibonito (río en la frontera), Licey (río de La Vega; municipio Santiago), Nagua (río de ese municipio), Seibo (río), Jamao (en el municipio de igual nombre),Higuamo (San Pedro de Macorís, se une al Casuí y al Macorix).

¿Por qué no son Babeque y Quisqueya (nombres de la isla) o batey (plaza taína y luego hábitat de trabajadores cañeros) o Higüey (municipio que comprende importante zona turística) los topónimos indígenas más conocidos en el mundo?

Sucede que el vocablo común/cana/, con el que se denomina una variedad de palmera que sirve para techar y para artesanía, figura en el inventario léxico de García Bidó (obra citada, pág.36) como voz taína. Por la abundancia de este árbol en un cabo o punta de la costa correspondiente a Higüey, el lugar vino a llamarse Punta Cana.

Es, sin duda, el principal destino turístico de la República Dominicana y uno de los más importantes del Caribe. Tan famoso es el sitio que algunos visitantes creen que es el nombre del país o que se trata de una isla. No fue un antropónimo indígena, pero la palabra clave sí lo es.

 

12/02/2022

NACIMIENTO DE UN NOVELISTA

Con “Teresita, la historia de un gran amor”, Claudio R. Bermúdez se inicia como novelista. El nacimiento de un novelista llega parejo con la creación de la novela.

Bermúdez ha estructurado una trama a partir de hechos singulares recogidos en el pueblo ficticio de Los Uveros, que no es tan ficticio porque resulta fácil descubrir que se trata de Miches, en una atmósfera que corresponde a los años 1970 y 80. Predomina el realismo, pero el autor ha sabido aderezar su obra con estilo donairoso, revelador de que se ha preparado para el trabajo de escribir, que no resulta el más cómodo. Veamos el párrafo inicial de la novela:

Pudo salvar su vida con un raudo salto a la cuneta. Al estar tirado en el suelo, estupefacto aún, como preguntando, ¿qué pasó?, con los ojos nublados, una rata pasó por encima de su cuerpo y de otro salto supo que seguía vivo. Se sacudió. Ya de pie, subió de nuevo al camino y trató de organizar en la mente lo sucedido. Recordó que solo vio el celaje de un auto que por milésima de segundo casi lo atropella. No llegó a identificar ni marca del vehículo, ni numeración de placa, mucho menos al conductor. Prosiguió su camino tratando de olvidar el hecho. Nada más pensaba en su amada Teresita.

Justamente, la obra toma como pretexto el noviazgo de Jaime y Teresita para referir de forma grácil el modo de vivir de la comunidad. Vida, costumbre, léxico de la gente de Los Uveros discurren a lo largo del texto, de 138 páginas. Lo que aquí se cuenta, allí ocurrió, pero el novelista -para ser novelista- no toma fotografías de los hechos, sino que los dibuja y los desdibuja. Ninguna novela debe asumir como compromiso la fidelidad a la realidad histórica, pues no hace falta ni conviene. La historia es una ciencia y su compromiso es con la verdad, la novela es una obra de arte y su fin es el deleite estético. Claro, todo novelista -o quien quiera serlo- observa su entorno, anota en su conciencia y a veces en papel lo que ve y oye.

Bermúdez ha vertido sus recuerdos de adolescente criado a la orilla de la mar, en la costa atlántica, en ese pueblo encantador que para entonces era solo de sus nativos. Salen a relucir la integración familiar, la vida sana entre  amigos y vecinos,  y más que eso, la presencia de personas cuyo pintoresquismo los convertía en  personajes. El neonovelista los ha incorporado a su obra porque se dio cuenta de que estos andaban reclamando un autor que lo hiciera, que no solo a Pirandello le ha pasado.

Cada personaje de esta obra tuvo su arquetipo (modelo) en la realidad y los micheros los descubrirán de inmediato, pero qué bueno que quienes no conocieron esta etapa de la vida pueblerina los ubiquen en el plano de la imaginación.

¿Qué ocurrió con los amores de Jaime y Teresita?  De niños eran vecinos, sus padres vislumbraron que se amarían, se hicieron novios y parecían felices, pero vinieron los conflictos.  No diré qué pasó, mejor digo  que no puede haber novela sin conflicto.

Precisamente, bienvenida sea Teresita, la historia de un gran amor, primera novela de Claudio Rafael Bermúdez Peralta, quien con esta obra presenta su tesis de grado para investirse de novelista. Ahora le falta escribir otra que supere la primera y eso  lo ayude a liberarse del síndrome de la novela única, el cual ha afectado a importantes novelistas dominicanos (Galván, Cestero, Marrero, Vergés…). Enhorabuena.

 

19/02/2022

NOMBRES DE ENFERMEDADES Y ÓRGANOS, ¿POR QUÉ LAS DIFERENCIAS?

Muchos se lo han preguntado: ¿Por qué a la inflación del hígado se llama hepatitis y no higaditis? Por igual podrían cuestionarse la relación entre dermatitis y un mal de la piel o por qué denominar otitits a la inflamación en los oídos.

Les adelanto que no se trata de incongruencias, sino resultados de hechos sociales y políticos y la inevitable presencia de la lengua, cual que sea, en todo acto humano: en el placer, en el dolor, en el arte, en la guerra, en la religión… en la ciencia.

Justamente en la ciencia, la lengua griega ha influido en muchas otras, en buena medida en el castellano. Los nombres de las ciencias y las profesiones proceden mayormente del griego: zoología, psicología, antropología, ortopedia, ortografía, pedagogía, odontología, geometría, neurología…

La voz anatomía procede del griego, pero ingresó al español por vía del latín tardío “anatomía”, y significa ‘disección’ o ‘descripción anatómica’. Este artículo pretende ser una “disección lexicográfica” de vocablos de la anatomía humana y la relación de sus nombres en español con las voces que se refieren a su estado de enfermedad o inflamación.

Iniciemos con hepatitis (del griego hepatos, hígado e -itis, inflamación). Con la voz hepatitis se nombra la inflación del hígado. La raíz hepatos- es importante para entender otros nombres relacionados con el hígado: hepatología (rama que se especializa en ese órgano), hepatólogo (especialista en hígado).

Otitis es la inflamación del oído, palabra que proviene del griego “otos”, de ahí que en la farmacología la raíz oto- sea empleada para crear nombres de productos destinados a la salud del órgano de la audición. El especialista de los oídos (oto-) generalmente lo es también de la nariz (rino-), de la laringe (lárynx, -yngos)   y se le llama otorrinolaringólogo.

De la raíz griega /dermat-/ se forman palabras castellanas relacionadas con la piel (dermatitis, dermatología, dermatólogo…) aunque la capa que cubre los músculos se nombre con una palabra procedente del latín: pellis. No tenemos una voz “pielitis”, aunque sí   /mielitis/, del griego myelós, médula. Es como se denomina la inflamación de la médula espinal.

Con la voz /celulitis/ se nombra mayormente la acumulación de grasa en ciertas partes que produce rugosidad en la piel. Sin embargo, por su morfología (De célula e -itis) debería inflamación de la célula. (Célula deriva del latín científico cellula).  En una segunda acepción, el Diccionario de la lengua española define /celulitis/ de este modo: Inflamación del tejido conjuntivo subcutáneo.

Algunos hablantes se refieren a la inflamación de un tendón como “tendonitis”, derivación que parece lógica, pero el Diccionario académico no registra esa palabra, sino /tendinitis/.

Es mejor que una inflamación en la vagina sea llamada /vaginitis/, como tiene que ser (De vagina e -itis). Vagina procede del latín y equivale a ‘vaina’. ¿Vainitis? No, mejor vaginitis. Similar ocurre con su contraparte /prostatitis/ para referirse a la inflamación de la próstata.

Artritis es la inflamación de las articulaciones, nos llegó por el latín que a su vez la tomó del griego “árthron”, que es ‘articulación’. Muchas otras voces hispanas relacionadas con las articulaciones emplean la raíz artr-, ejemplo: artrosis, artrología, artropatía…).

¿Cómo llamar a la inflamación de la vejiga? ¿Vejiguitis? No, por favor: cistitis (inflamación de la vejiga de la orina). Viene del latín científico “cystitis”, y este del grigo  kýstis ‘vejiga’ e  ‘-itis’.

La parte interior de la nariz (la mucosa) también se inflama. Lo conocemos como /rinitis/, (De rino- e -itis). Rino, del griego, nariz.

¿Será que el colon es una cola? Su inflamación se llama colitis. Viene del griego “Kólon”, pero no tenemos claro por qué es colitis y no colonitis. Un intríngulis de la lengua.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

MÁS QUE UN SÍMBOLO

La palabra mangú es más que un símbolo para los dominicanos

En febrero del año pasado una campaña publicitaria de los supermercados Jumbo nos sorprendió preguntando «¿Sabías que la palabra mangú no aparece en el diccionario?». Curiosamente a lo largo del año 2021 el sustantivo mangú fue la palabra más consultada por los dominicanos entre las que no estaban registradas en este diccionario, solo superada por teteo. Esta iniciativa publicitaria puso en marcha una acción conjunta de CCN y Jumbo, el Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía y la Academia Dominicana de la Lengua para proponer la inclusión de mangú en el Diccionario de la lengua española.

En diciembre de 2021 vimos aparecer mangú entre las entradas incorporadas al Diccionario de la lengua española en su actualización anual. Y los dominicanos hemos seguido buscándola en el diccionario; de hecho, es la palabra más buscada por los dominicanos en el último mes. Casi tanto como otras, hermosísimas y relacionadas con la época navideña, que desplazaron a teteo, como soñarcabalgatainfancia o prosperidad.

Una palabra más o menos se pierde en el mar desbordante de palabras que es un diccionario del español. Sin embargo, cuando la palabra habla de nosotros, de quiénes somos, de nuestro pasado y de nuestro presente, se convierte en un símbolo del aprecio por nuestras expresiones, por lo que aportamos de distintivo, pero también por lo que compartimos con tantos que hablan nuestra misma lengua. Esa es la trascendencia real de que mangú esté en el DLE. Esta iniciativa nos ha mostrado que el compromiso social de las empresas puede ser un buen aliado para promocionar el buen uso del español, para animar a valorar nuestra lengua, para promover la lectura. No dejemos que se quede solo en un símbolo.

 

25/01/2022

UNA TRAMPA PRODIGIOSA

Recién salida de una exposición asombrosa, modesta en su exterior y resplandeciente en su interior, renuevo mi pasión por las letras, por las palabras, por los libros

El viaje no es solo el traslado de un sitio a otro. El viaje es la transformación que ese traslado opera en nosotros. Si la lectura es un viaje, leer no es solo recorrer hileras de letras y pasar páginas; leer es la transformación que esas letras y esas páginas operan en nosotros.

Recién salida de una exposición asombrosa, modesta en su exterior y resplandeciente en su interior, renuevo mi pasión por las letras, por las palabras, por los libros. La Universidad de Sevilla organiza «Imago mundi. Libros para tiempos de barbarie y civilización». En su introducción leo: «Cada cierto tiempo el mundo se para. Entonces algunos en el mundo observan, leen el mundo y tratan de representarlo».

Conforme escribo estas líneas pienso que debe haber algunos leyendo el mundo y tratando de representarlo, porque, sin duda, en estos tiempos hemos visto al mundo pararse. La mayoría de las representaciones de este mundo nuestro serán recogidas en los libros.

No se dejen engañar por la fragilidad aparente del libro. El libro guarda en sí mucho poder. Desde que las letras nos permitieron dejar de confiar en nuestra memoria imprecisa y leer y releer las voces más diversas, hemos conquistado el tiempo. Emilio Lledó nos dijo una vez que «el libro es, sobre todo, un recipiente donde reposa el tiempo. Una prodigiosa trampa con la que la inteligencia y la sensibilidad humana vencieron esa condicio´n efi´mera, fluyente, que llevaba la experiencia del vivir hacia la nada del olvido».

Este viaje por la «Imago mundi» me ha recordado la magia que atesora ese objeto humilde, extraordinario, que hemos heredado y sobre cuyas alas se extienden, como dijo Borges, la memoria y la imaginación.

 

1/02/2022

NO VOLVERÁN A SER LOS MISMOS

Se trata de ponerse metas alcanzables durante el año

Ya bien entrado el mes de enero ha llegado la hora de ponernos en serio con los propósitos –que no resoluciones– para 2022. No sé si entre los que se han trazado para este año se encuentra aprender más sobre nuestra lengua. Si ni siquiera se les había pasado por la cabeza esta idea, los invito a mejorar la ortografía, acrecentar y afianzar el vocabulario o habituarse a la lectura. Cualquiera de estos objetivos puede ayudarnos a desenvolvernos mejor con las palabras. Tomen lápiz y papel, celular, tableta o computadora y dispónganse a anotar pequeñas metas que puedan ir alcanzando cada semana.

Deben elegir objetivos concretos, útiles y realistas. Si se trata de ortografía, elijan cada semana una palabra de esas que siempre les provocan dudas; manoséenla, consúltenla en el diccionario, escríbanla unas cuantas veces, aprendan las razones que hay detrás de su escritura correcta. Palabra a palabra irán salvando esos escollos.

Si se trata de conocer más voces, busquen cada semana un término desconocido que hayan oído o leído por ahí; búsquenlo en el diccionario, aprendan sus sentidos y sus usos; incorpórenlo a su conversación diaria, aunque sea de relajo; háganlo suyo.

Si se trata de lectura, nada más fácil. Pónganse una meta poco ambiciosa. Pueden organizarse, por ejemplo, reservando un periodo de tiempo diario para leer. No tienen que ser dos horas; bastaría para empezar con dedicar quince minutitos de nada. Róbenselos a WhatsApp, por ejemplo, y me lo agradecerán. Tienen la opción de marcarse un número concreto de páginas para cada día. No importa el formato, lo verdaderamente importante es que la lectura pasará a ser parte de su vida diaria. Ni ustedes ni su lengua volverán a ser los mismos.

 

8/02/2022

SALDAR UNA DEUDA

Hoy quiero saldar una deuda, aunque toda una carrera no me permitirá saldar las que he contraído con don Manuel Seco, quien falleció el pasado 16 de diciembre en Madrid. Don Manuel Seco Reymundo nos ayudó, y nos seguirá ayudando, a resolver escollos e inseguridades en el uso de la lengua española gracias a su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, cuya consulta aconsejo fervientemente a todos aquellos que escriban y quieran hacerlo con corrección.

Ingresó en la Real Academia Española como miembro de número en 1980 para ocupar el sillón A. Rafael Lapesa, otro gigante de la filología, le respondió por parte de la Academia. Pronunció Seco el extraordinario discurso titulado Las palabras en el tiempo: los diccionarios históricos, que pueden leer en la página electrónica de la RAE (www.rae.es). Pocos sabían tanto como él de diccionarios históricos. Desde el Seminario de Lexicografía de la RAE trabajó durante treinta y un años en el Diccionario histórico del español, pasando desde redactor a director.

Escribió una de las obras de mesilla de noche para los que nos dedicamos a esto tan raro de hacer diccionarios. Todos los lexicógrafos del español hemos bebido, o deberíamos haberlo hecho, en la fuente de sus Estudios de lexicografía española.

Lexicógrafos o no, todos los que hablamos español tenemos un diccionario de referencia fundamental en los fabulosos dos tomos de su Diccionario del español actual, que dirigió y redactó con Olimpia Andrés y Gabino Ramos, una obra imprescindible, concienzuda e innovadora. Manuel Seco no solo nos enseñó cómo hacer diccionarios; también nos enseñó a tener siempre presente que, como él dijo alguna vez, «Una lengua es patrimonio de una comunidad, y quien la hace y la deshace es mayoría».

 

15/02/2022

LA AVENTURA DE VIVIR

Coincidir es más que estar de acuerdo

Coincidí con Inés Aizpún hace unos días. Y coincidí con ella en más de una acepción del verbo coincidir. Concurrimos simultáneamente al auditorio de Unibe convocadas por esta universidad y por la Fundación Felipe González para escuchar al expresidente del Gobierno de España hablar sobre gobernanza y globalización. Desde luego yo no había logrado zafarme aún de la extraña sensación de volver a la normalidad, aunque fuera descafeinada. Coincidí con ella además en el sentido figurado de ‘estar de acuerdo en una idea, opinión o parecer sobre algo’. Y lo sé porque Aizpún se hizo eco en su AM del hincapié que hizo González en la prioridad de la educación como clave para el desarrollo humano.

Felipe González le pidió a la universidad que se centrara en educar sobre la condición humana. El conocimiento científico es esencial y prioritario, el conocimiento técnico también; pero ninguno de esos conocimientos, ni ningún otro, se sustentan si olvidamos el conocimiento sobre la naturaleza, el carácter, el pensamiento, la imaginación o los sueños; sobre todo aquello que nos hace humanos, para bien y para mal. Recordó González, con su don para contar, que, como suele suceder, se ha aquilatado con el paso de los años, que Aristóteles, Shakespeare y Cervantes siguen tan vigentes como el día en que tomaron el calamus aquel y la pluma estos para narrarse a sí mismos y también a nosotros, que los leemos –¿?– muchos siglos después.

¿Estará esta universidad de ahora preparada para asumir el reto? ¿Estará la universidad de nuestros días dispuesta a hacerse cargo de formar profesionales, de cualquier área – incluso, mientras más técnica mejor– que tengan presente la condición humana? ¿Por qué no una lectura de Don Quijote como materia transversal para salir al mundo preparados para la aventura de vivir?

 

Perfil del español dominicano, de Bruno Rosario Candelier

«Perfil del español dominicano: el plano sincrónico de nuestro español,

del español que hablamos y que escribimos hoy en el país».

 

Por José Enrique García 

 

Generalidades 

La primera nota que vino a mis manos para trazar estos párrafos, esta disquisición general, se halla en lo siguiente: Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, dilatado investigador de nuestra realidad lingüística y literaria, al pensar este libro acudió a los orígenes de la investigación científica que podemos definir con esta palabra:  observación, la que, a su vez, requería de puntear, marcar, señalar, contemplar para que se constituya en testimonio: una metodología primigenia aún útil para la consecución de un libro como Perfil del español dominicano. Voces y expresiones del habla criolla.

Así, anotando, subrayando, atrapando, intuyendo, escarbando, concretando en la línea la oralidad ordinaria del pueblo dominicano, todo aquello que vio, sintió, olió, oyó, percibió: los latidos de los sentidos, palpitan y confluyen en el cuerpo temático de este libro.

Lápiz, lapicero, pluma, el instrumento que a la mano tuviese, se siente y advierte en estas páginas, lo que posee una importancia no relativa, pues estos gestos metodológicos señalan e imprimen esa inmediatez, esa cercanía, en suma, esa sincronía; esencia entera del libro. En brevedad: es un texto esencialmente sincrónico.

Desde luego, elemental máxima, no hay sincronía sin diacronía, lo diacrónico es lo primero, y en ese primero, descansa lo sincrónico. De lo que se trata es que el cuerpo del texto, sustentador, asiento tiene en los puntos paralelos sincrónicos, lo que le imprime su sello, su naturaleza.

La práctica metodológica que conduce a la recopilación de las informaciones pertinentes, a las razones lingüísticas, a la característica de la materia: el lenguaje actual dominicano, se afirma en estos medios: libros, periódicos, revistas, folletos, alocuciones de radio y televisión, que van desde la especulación filosófica hasta la jardinería, deporte, farándula… todas las formas del decir y escribir posible aparecen en estas páginas.

La bibliografía general del libro, contabiliza 404 publicaciones, las que cubren las más variadas formas y medios. Estos 404 textos proporcionan un fuerte y decidido rigor científico, imprimiéndole total legitimidad a la obra.

Libro, reiteramos, pensado. De ahí su coherencia, manifestada en una vértebra que norma su estructura: todas las partes que lo integran, aun aquellas que, en apariencia nos ofrece una distancia de esa médula, nos referimos a los temas de naturaleza literaria. Estos no contienen distanciamientos, al contrario, partes íntimas son del tejido intrínseco de la obra. Ahora con una inclinación bien especificada, bien dirigida: subrayar los elementos lingüísticos que en ellos se articulan y presencia esa sincronía del lenguaje dominicano: propósito primario de esta obra que se explicita en esta proporción: presentar, en un plano, el estado -aunque siempre en movimiento- del español dominicano de las últimas décadas.

El núcleo central de Perfil del español dominicano: el plano sincrónico de nuestro español, del español que hablamos y que escribimos hoy en el país.

Antecedentes 

Bruno Rosario Candelier dando continuidad a una justa metodología, apegado a patrones o a exigencias científicas, acude o sintetiza los antecedentes de su estudio.

Los antecedentes fundamentales, también los de segundo y los de tercer orden, abarcan, prácticamente, los textos que de una forma u otra han abordado este tema, especialmente, en el ámbito lexical. De modo que inicia con El español en Santo Domingo, de Pedro Henríquez Ureña, raíz primaria de los estudios filológicos hasta nuestros días.

Hay en el libro de Pedro Henríquez Ureña, para ejemplificar, un elemento clásico porque marca el comportamiento o carácter del léxico dominicano para esa época, un rasgo muy distintivo de nuestro español: la preeminencia de arcaísmos. Ese rasgo es significativo porque a medida que surgen los estudios siguientes hasta llegar a este libro de Rosario Candelier, vemos cómo fue evolucionando ese carácter, esa esencia del lenguaje dominicano, y cómo van desplazándose en algunos elementos que son constitutivos en un momento determinado.

Después del libro de Pedro Henríquez Ureña, siguiendo la cronología, nos encontramos con el libro de Manuel Patín Maceo, que hizo significativo aporte al estudio lexicográfico dominicano y al español en sentido general.

Otro elemento, ya de manera más tangencial pero significativo, es el trabajo de Ramón Emilio Jiménez, quien se detuvo a través de su texto literario en el léxico dominicano y, desde luego, también llegó a escribir un libro específico del español.

Otro estudio, en el orden cronológico, se circunscribe a los aportes de Emilio Rodríguez Demorizi, que se detuvo a ver nuestro español de manera consciente

Un estudio fundamental que Bruno Rosario Candelier reseña, ampliamente, es Más datos del español dominicano, de Max Arturo Jimenes Sabater. Jimenes Sabater, siguiendo las huellas de Pedro Henríquez Ureña, escribe un libro determinante de este fluir. Es un momento también importante, desde el ángulo científico, el abordaje de nuestro idioma.

En Orlando Alba, reseñado también, tenemos un genuino estudioso del español sincrónico dominicano. Vida, la suya, dedicada al estudio de nuestro español y que Rosario Candelier, en este libro describe y asienta. Dentro de estos antecedentes, justo tratamiento, reconoce los aportes, hartos significativos, de María José Rincón.

Hasta ahí, son los libros fundamentales que pertenecen a ese fluir de los estudios del español dominicano de manera científica, objetiva.

Bruno Rosario Candelier en este apartado de su libro, además de esos estudios fundamentales, se apoya y reseña y da espacio, como es necesario, a todos aquellos estudios que sobre lexicografía fueron sucediéndose de manera sistemática en el tiempo. Asimismo, da espacio a aquellas personas que han abordado este aspecto: carácter del español dominicano de las últimas décadas. Todos, al fin y al cabo, son los que proporcionan sostén a la propuesta de Bruno Rosario Candelier, porque este estudio, en suma, constituye una continuidad de todas esas reflexiones que sobre nuestro lenguaje han fluido en los últimos tiempos.

El léxico 

Expresa Bruno Rosario Candelier: «En la base de la variante idiomática dominicana subyace la creación de voces criollas y significados peculiares en vocablos de la lengua común, atributo propio de las variantes de una lengua. El léxico dominicano conserva voces antiguas, como “tutumpote” (poderoso, magnate), “aguaitar” (observar), “alpargata” (zapatilla), “curcutear” (indagar), “gobernalle” (timón) o “maipiola” (celestina), voces usuales entre los hablantes del pueblo; y ha creado vocablos originales, como “chopa” (sirvienta), “chepa” (casualidad) o “pariguayo” (tonto)» (p. 89).

A manera de ejemplo, nos detenemos en el capítulo titulado «Creaciones léxicas del habla criolla». Este comprende varios apartados en torno a la lexicografía. Aspectos de la lengua que contribuye, de una manera sustancial y definitoria, a la creación del carácter general de una lengua, y muy especial a su carácter sincrónico, en este caso del español dominicano.

Como es del conocimiento general, y también inmediato, donde se experimentan mayores flexibilidades, cambios, es en el aspecto lexical de la lengua. La palabra se afirma, desaparece, se adormece, temporalmente, y muere, otras asaltan abruptamente el primer plano y se convierten en recurrentes, en elementos conductuales, el léxico, fundamentalmente, contribuye a la formación de una conducta lingüística contemporánea o sincrónica. Dentro de este vasto mundo, tenemos los vocablos que se comportan como dominicanismos, determinado por el aspecto semántico, en nuestro caso, dominicanismos semánticos: palabra de la lengua general que en el habla del país adquieren significados diferentes al consignado en el lenguaje general. A este espacio, Bruno Rosario Candelier le imprime un amplio tratamiento en muchas de sus modalidades. Para ejemplificar, un apartado que titula vocablos con peculiares valores semánticos, ratifica esa realidad ya aludida, es decir, el dominicanismo semántico.

Con respecto al título Perfil del español dominicano. Voces y expresiones del habla criolla, es un título, sí, pero también su temática central. En este sentido, la masa mayor dentro del mundo de la parte lexicográfica, porque es ella donde se producen los mayores cambios, las mayores transformaciones que van a dar o a confirmar esa entidad en un momento determinado. Esto así porque los cambios fonéticos son distantes. Los fonemas son lentos en producirse. Solamente en el ámbito de los alófonos, en esos rasgos particulares que, más bien funcionan dentro de los idiolectos, o sea, en el habla de cada quien, es que se desparraman porque están en consonancia con la conformación orgánica del hablante, pero esas variantes de sonidos no son significativas a la hora de producir significado.

En tal sentido, los cambios fonológicos, los que marcan las significaciones, son muy escasos, se dan de vez en cuando, y eso toma tiempo. Un hecho de naturaleza fonológica que pertenece al carácter del español dominicano, como también a otros ámbitos de la lengua española, que en nosotros es muy marcado, y que existe, nos referimos a la eliminación del fonema S cuando se encuentra en posición implosiva; esto está antecediendo a un fonema oclusivo, generalmente. Por ejemplo: “pasta”, como pata, esa pérdida de la S lleva a la confusión: si es una pasta dental o pata de los animales o de una mesa. Ahí hay un hecho fonológico que es distintivo del español dominicano. Por ejemplo, la palabra “asma”, esa que está en una posición oclusiva se elimina y se convierte en “ama”, del sustantivo se pasa al verbo, de una enfermedad pasamos a un estado afectivo, el amor. El contexto va a determinar a qué palabra nos estamos refiriendo: si es al “asma”, la enfermedad del sistema respiratorio, o ama, una forma del verbo “amar”. Ahí usted encuentra un hecho fonológico distintivo, propio del español dominicano.

Mas no es la norma, difícil que se produzcan esos fenómenos fonológicos, toma tiempo para que ocurra y cuando no acontece queda dentro de las estructuras normales de la lengua general, porque en el ámbito de la fonética, los alófonos, simples variantes fónicas.

Por otra parte, en este sentido, el ámbito temático científico donde se afirma este libro es en la lexicografía, ahí sí tenemos muchos cambios y mutaciones enormes que van sucediéndose de manera muy continua y progresiva. Y este aspecto de la lengua, en este libro, Bruno Rosario Candelier, el autor se desplaza por todas las manifestaciones lexicográficas existentes. Por ejemplo, el léxico de Castilla, el tainismo, el habla popular campesina, las creaciones léxicas, el lenguaje de la calle, el lenguaje de las redes sociales, tan al día y profuso de estos tiempos; los vocablos y dichos criollos, anglicismos en el habla dominicana… todas las gamas posibles donde se manifiesta el léxico están recogidas en este libro. De modo que vamos a encontrar unas vastas consideraciones lexicales que convierten esta obra en un libro de consulta, de estudio, una obra indispensable para conocer el comportamiento del lenguaje dominicano actual.

Un rasgo significativo a destacar, además de los ya señalados, se encuentra en esos 404 textos consultados ya que en ellos encontramos una muestra altamente significativa de la literatura dominicana escrita en sus distintos géneros en las últimas décadas pues de esos textos se extrajo la sustancia misma del cuerpo temático del libro. De modo pues, que la literatura dominicana contemporánea también participa de esa sincronía.

Finalmente, uno de los atributos de este libro se encuentra en su tramado expresivo, en el que prima la comunicación sin afeites, ni retorcimientos pujados, exento de fastuosidad lexical inútil y fastidiosa. Es, dentro de sus muchos valores a destacar, aunque se trata de una materia como es la filología, en sus distintas ramas, como esta, la lingüística donde las especialidades abundan. Pero por naturaleza, el que está seguro de lo que tiene y, más aún, de su pulso; se la ingenia para encontrar el punto de equilibrio entre lo muy especializado y la majestad de lo sencillo puro.

Cómo hablamos los dominicanos, de Orlando Alba

Por Ana Margarita Haché de Yunén

 

Agradezco a la Academia Dominicana de la Lengua, en especial a su director, el Dr. Bruno Rosario Candelier, y al equipo que ha organizado esta actividad, la invitación para participar en este interesante coloquio sobre el español dominicano. Ya habrán podido observar en el programa que nos corresponde reseñar el libro Cómo hablamos los dominicanos del destacado investigador dominicano Orlando Alba.

Alba estudió Filosofía en el Seminario Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo y Teología en la Universidad de Laval, Quebec, Canadá. Se licenció en Educación en la Universidad Católica Madre y Maestra; completó una maestría en Lingüística Hispánica en la Universidad de Puerto Rico y se doctoró en Filología Española en la Universidad Complutense de Madrid.

Estudió bajo la tutela de destacados profesores como, por ejemplo: Rafael Lapesa, Manuel Alvar, Humberto López Morales, María Vaquero y Amparo Morales. En 1985 obtuvo una beca Fulbright de investigación, donde tuvo el honor de trabajar con el padre de la sociolingüística William Labov y sus colaboradores, David Sankoff y Shana Poplack, lo que le permitió profundizar en la metodología sociolingüística con el concepto de regla variable que explica cómo se produce la variación lingüística y qué factores intervienen en ella. En 1974 se inició como profesor en la Universidad Católica Madre y Maestra; diecisiete años después partió hacia Estados Unidos y en la Brigham Young Unversity en Provo, Utah, trabajó como académico de Lingüística Hispánica en el Departamento de Español y Portugués durante 27 años.

Es miembro de número a la Academia de Ciencias de la República Dominicana, miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro distinguido de la Asociación Lingüística de América Latina (ALFAL), de la cual fue tesorero, para el periodo 1999-2005. Ha publicado más de treinta artículos académicos y alrededor de veinte libros. Entre ellos se destacan los siguientes libros: Para comunicarnos mejor. Respuestas a cuestiones lingüísticas (Santo Domingo, 2019); Una mirada panorámica al español antillano (Santo Domingo, 2016); Observación del cambio lingüístico en tiempo real (Santo Domingo, 2014); Nombres propios de persona en la República Dominicana (Santo Domingo, 2013); La identidad lingüística de los dominicanos (Santo Domingo, 2009); Lengua y béisbol en la República Dominicana (Santo Domingo, 2006); Cómo hablamos los dominicanos (Santo Domingo, 2004) para citar unos cuantos.

A partir de estas obras y desde su cátedra universitaria, ha formado numerosos investigadores dominicanos y dominicanistas, que han seguido su impronta y que continúan sus pasos en cuanto a la descripción científica del español dominicano. La extraordinaria labor investigativa de Alba ha sido reconocida, dentro y fuera de República Dominicana, y le ha valido homenajes, designaciones y condecoraciones. Entre estos, cabe destacar el libro Estudios de Lengua y Lingüística Española con el que sus colegas y exalumnos lo homenajearon con motivo de su retiro en el 2018.

El libro que nos ocupa reseñar salió a la luz en 2004 auspiciado por el Grupo León Jimenes en su colección Centenario para festejar los cien años de la empresa.

Consta de 9 capítulos antecedidos por una presentación de dicho empresarial, unas palabras preliminares del autor y un prólogo escrito por el destacado académico Humberto López Morales, en ese momento, director de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Estos acápites iniciales sirven de marco contextual de la obra y ayudan al lector a comprender la intención del autor y la tesis que va a sustentar a través de los nueve capítulos subsiguientes. Como muy bien afirma el Grupo León Jimenes en la presentación, su publicación constituye un homenaje al instrumento básico de comunicación que empleamos los dominicanos y representa un esfuerzo de esta empresa para contribuir a la reflexión sobre nuestra identidad; estos propósitos permean las 395 páginas del libro, materializándolos a cabalidad en cada una de ellas.

En sus palabras preliminares, Alba nos advierte que, y cito: “Este trabajo no pretende ser una investigación académica, dotada de un riguroso formato y de un complejo aparato bibliográfico. Ha sido escrito con fines simplemente divulgativos, pensando en el público general y, sobre todo, en profesores y estudiantes de español. Su objetivo consiste en ofrecer un acercamiento sencillo y objetivo al habla dominicana desde una perspectiva sociolingüística. Y para que la presentación sea recibida con mayor facilidad por el lector no especializado, se ha intentado mantener la redacción alejada de tecnicismos no imprescindibles, así como de la formalidad de citas y notas incómodas, y de cualquier otro recurso erudito innecesario. Esto no impide, sin embargo, que los comentarios y las observaciones que se realizan se apoyen en testimonios tomados de la lengua oral”. Con ese fin, se han aprovechado principalmente muchos de los materiales que Alba ha reunido durante más de 25 años de trabajo y que han servido de base para diferentes publicaciones, así como las informaciones, de conocimiento más o menos general, contenidas en la bibliografía disponible sobre el tema.

Esta advertencia sirve para atraer al lector, que pudiera estar interesado en el tema, pero temeroso de adentrarse en una temática repleta de conceptos y términos desconocidos. Tiene también un carácter democratizador al intentar y, sobre todo, lograr que su obra sea accesible a un público general, sin que con ello lo infantilice o desvirtúe la rigurosidad metodológica propia de un trabajo científico. Luego de los consabidos, pero bien justificados agradecimientos, Alba confiesa que “alberga la ilusión de que la lectura de su libro ayude a obtener una visión general, clara y auténtica de la realidad lingüística dominicana y que se sentiría satisfecho si las ideas expuestas en él contribuyeran, al menos un poquito, a la autoestima de muchos dominicanos que viven arrastrando una especie de complejo de culpabilidad porque creen que su conducta verbal no es correcta”. Concluye afirmando que “nuestro modo de hablar es nuestra principal tarjeta de identidad y que debe ser motivo de orgullo nacional”. Con estas afirmaciones, devela la tesis que está presente en toda la obra y que muy bien explicita en las conclusiones que aparecen en el capítulo 6.

En el Prólogo de la obra, Humberto López Morales califica a Cómo hablamos los dominicanos como un libro singular. Basa su elogio en el hecho de que sin ser una obra especializada, escrita por un especialista para otros especialistas, siempre repleta de tecnicismos y de complejos cuadros estadísticos y, además, sin poder ser catalogada como obra de divulgación que, con la intención de hacerla comprensible al público general, aparece llena de ingenuidades o inexactitudes, propias de aficionados; en fin, que, sin ser una cosa ni la otra, cumple con su objetivo de ser una obra de consulta para especialistas y legos, pues se trata, y cito, “de un libro hecho por un auténtico especialista (su producción bibliográfica lo pregona sobradamente), pero pensado y realizado para todo tipo de lector. Y lo ha conseguido”. Efectivamente, este hecho es uno de los tantos aciertos de esta obra.

El capítulo uno es de carácter introductorio. En él, Orlando Alba presenta el propósito central de este libro, que no es otro que “ofrecer algunas ideas sobre la identidad de la atractiva modalidad lingüística hispánica que se habla en la República Dominicana, con la esperanza de que el lector obtenga una visión de conjunto del habla del país desde una perspectiva sociolingüística”. Creo, sin temor a equivocarme, que dicho propósito se ha cumplido y con creces.

En este capítulo introductorio, se ofrece al lector una caracterización global del español dominicano y se exponen brevemente sus orígenes andaluces y canarios. Luego, explica un concepto clave del libro: la variación lingüística y la define como un rasgo inherente, esencial y necesario de la estructura de todo sistema lingüístico. Clasifica sus diferentes tipos y pasa a definir lo que es la conciencia lingüística y la relaciona con los conceptos de prestigio y estigma, inseguridad lingüística, lengua, dialecto, sociolecto y estilo.  Este capítulo es clave para comprender la interpretación que hace el autor de los datos recolectados y que aparecerán en los capítulos 2, 3, 4, 5 y 6; también es esencial para conocer los fundamentos teórico-metodológicos en los que se sostiene la obra. Su argumentación se basa en el concepto de regla variable del modelo variacionista que se opone a la variación libre. Detrás de esta perspectiva, se encuentra el andamiaje epistemológico de William Labov y que el subtítulo de la obra: “Un enfoque sociolingüístico” nos lo recuerda y no lo deja mentir.

En los siguientes cinco capítulos (2, 3, 4, 5 y 6), Orlando Alba describe científicamente el español dominicano a partir de datos de sus investigaciones y otros aportados por estudios de reconocidos lingüistas del mundo hispánico; las propias corresponden a informantes dominicanos de diferentes niveles socioculturales y fueron obtenidas a través de sus muchos años dedicados al estudio de la variante nacional. En todos estos capítulos, que constituyen el núcleo central de la obra, se destaca el interés del autor, ya explicitado en sus palabras preliminares, de hacer comprensible la terminología propia de la sociolingüística a los lectores aficionados. A saber, el título de cada capítulo va seguido de dos puntos que explican los tecnicismos usados para denominarlos. Por ejemplo, capítulo 2. Rasgos fonéticos: la pronunciación, capítulo 3. Rasgos morfosintácticos: la forma de las palabras y de las oraciones, y así con los demás capítulos. Igualmente, a través de los diferentes capítulos aparecen secciones explicativas iniciales que crean en el lector el armazón necesario para entender los fenómenos y procesos lingüísticos a los que se alude. Una manifestación de esto se verifica en las páginas 32-40 que explican, de manera clara y sencilla, la producción y organización de los sonidos del español.

El capítulo 2, correspondiente a los rasgos fonéticos, es uno de los más extensos, lo que evidencia la predilección del autor por esta temática. De hecho, gran parte de sus investigaciones giran alrededor del nivel fonético-fonológico. Esta sección se inicia, como ya hemos dicho, con explicaciones sobre la producción y organización de los sonidos del español; le sigue la presentación de los fenómenos vocálicos propios del habla popular, en los que no se detiene demasiado, por no ser el foco de sus estudios. Luego profundiza en los procesos que afectan a las consonantes, tratando la pronunciación de la jota, de la /d/ intervocálica, de la /s/ final de sílaba, de la /l/ y la /r/ implosivas y de la /n/ en posición de coda. La descripción de estos fenómenos sociolingüísticos que caracterizan el habla dominicana viene sustentada con datos estadísticos extraídos de sus numerosas investigaciones. Trae a colación, de manera pertinente, otras investigaciones de estudiosos del mundo hispánico, así como también se refiere a trabajos realizados por otros dominicanos como Pedro Henríquez Ureña, Arturo Jiménez, Sabater, Rafael Núñez Cedeño, Pablo Golibart, Carlisle González, Eliana Martínez y una servidora.

Este capítulo es un sí mismo un gran aporte al estudio del español dominicano por los hallazgos encontrados, a saber: la aspiración de la /s/ como la variante prestigiosa, la importante incidencia del factor sociocultural en la elisión de la /s/, la mayor retención de dicha sibilante en el habla de las mujeres, la influencia de los factores lingüísticos como el acento o la consonante siguiente en la retención de la /s/ final de sílaba o de palabra, la ultracorrección y la hipercorrección, la comparación de la pronunciación de la /s/ en la conversación libre y en los noticieros, la estigmatización de la vocalización cibaeña y su prestigio encubierto, el resumen de los fenómenos estudiados clasificados según su estima social y, de manera especial, el carácter innovador con el que clasifica y valora, desde el punto de vista sociolingüístico, nuestra habla.

Si un fenómeno caracterizador del habla dominicana debiera haber sido tratado con mayor profundidad y rigor científico es la entonación, al que Alba le dedica solo una página, no sin antes reconocer las puntualizaciones hechas por Jiménez Sabater y avizorar los alentadores estudios experimentales del investigador y exalumno suyo, Erik Willis. El mismo Alba, conocedor de su limitación, cataloga los estudios de fonética acústica requeridos para el estudio de la entonación, diciendo que se trata de un “campo prácticamente inexplorado” hasta el 2004, fecha de publicación de su obra.

El capítulo 3 aborda los rasgos morfosintácticos característicos del español dominicano, con las adecuadas explicaciones para los lectores aficionados y la presentación del andamiaje que provee los conocimientos previos necesarios para comprender los rasgos con valor diferenciador de la nuestra variante, con el entendido de que ellos no son necesariamente exclusivos de nuestra habla.

Entre los fenómenos estudiados por Orlando Alba se encuentran los siguientes: el uso del morfema –ico/a para el diminutivo, la presencia del pronombre sujeto en contextos donde la concordancia permite la recuperación de la persona gramatical, la no inversión del orden sujeto-verbo en las oraciones interrogativas, el uso del neutro ello junto a la forma hay, la personificación y consecuente pluralización de haber y hacer, el valor focalizador del verbo ser, el uso preferente del pretérito simple en lugar de la forma compuesta correspondiente, la ausencia de la preposición a como marcador de persona en el caso de los verbos transitivos, los pronombres personales inacentuados, los pronombres posesivos, la doble negación y las formas de tratamiento. El análisis de estos fenómenos es producto de una adecuada recolección de la información, donde está presente el tratamiento estadístico de dichos datos. Asimismo, en su interpretación, el autor retoma trabajos de otros estudiosos, como Jimenes Sabater, Amparo Morales, Armin Schwegler e Irene Pérez Guerra. Cabe destacar en este capítulo el agudo análisis que realiza Alba al abordar la recuperación de la información del plural ante la pérdida de la /s/ implosiva como marca de plural. Este hecho lingüístico ya fue abordado por Jiménez Sabater, a quien le preocupaba lo que llamó confusión entre la oposición singular-plural producto de la elisión de la /s/ de naturaleza morfémica. En su caso, lo valora como, y cito, “un conato de readaptación de la categoría de número en el español dominicano”. La interpretación de Alba presenta las alternativas que la misma lengua española posee para desambiguar la posible confusión entre plural y singular. Ellas pueden ser de carácter morfológico, sintáctico o semántico.

El capítulo 4 se refiere a los rasgos léxicos, es decir, el vocabulario. Es la sección más extensa; tiene un total de 185 páginas. Se inicia con las explicaciones de lugar para que el lector comprenda los datos y el análisis presentados. Se abordan los arcaísmos, los marinerismos, los indigenismos, los afronegrismos, los anglicismos, la influencia haitiana, el léxico de la pelota, el léxico disponible, la densidad léxica en las noticias, la onomástica, la toponimia, los refranes y frases hechas.

Definitivamente, en este capítulo se comprueba la calidad investigativa de Alba y sus aportes al estudio del léxico dominicano. La recolección de los datos de los estudios de disponibilidad y densidad léxicas que, bien domina el autor, le permiten llegar a conclusiones fiables y válidas. Muchos de esos estudios fueron realizados bajos proyectos de investigación de naturaleza panhispánica, lo que permite comparar el vocabulario de los dominicanos con el habla de Madrid, Puerto Rico, México, Cuba y Chile.

En este acápite es importante destacar las conclusiones a las que arriba Alba, y que puede catalogarse como estudios en tiempo real, al analizar la predominancia de los arcaísmos, indigenismos, marinerismos y africanismos examinados por Pedro Henríquez Ureña. Este destacado lingüista se refirió al matiz arcaico del vocabulario usado por los dominicanos. En este sentido, Orlando Alba construye una argumentación que le permite concluir que “en la actualidad el arcaísmo no parece constituir un rasgo significativo ni tampoco exclusivo del vocabulario de los dominicanos”. Con relación a sus estudios sobre los marinerismos a partir de la recolección de datos en Santiago, Alba sostiene que se puede “afirmar con fundamento que el componente léxico de origen marinero en el español dominicano es modesto cuantitativamente, pero sumamente valioso e importante desde el punto de vista de la significación social de muchas de sus unidades”.

Sobre los indigenismos, el autor de Cómo hablamos los dominicanos concluye que “en la actualidad, la mayoría de los estudiosos concuerda en que la influencia de las lenguas indígenas sobre el español americano es insignificante… Tal situación, válida en general para toda Hispanoamérica, es aún más obvio para República Dominicana”.

Los indigenismos estudiados por Alba parecen estar marcados por el factor sociocultural en el español de Santiago; el uso y la comprensión de vocablos antillanos son exclusivos del habla de informantes del nivel sociocultural denominado bajo, mientras que los vocablos del quechua, náhuatl y la lengua caribe caracterizan al habla del nivel sociocultural alto.

Para el estudio de los africanismos, el autor elaboró un cuestionario de unas 171 entradas; sus datos muestran que el dialecto dominicano tiene un índice de vigencia más alto que en Puerto Rico. Sin embargo, la mayoría de esas palabras pertenecen al léxico pasivo de los hablantes encuestados.

Los estudios de disponibilidad léxica realizados por este distinguido lingüista permiten la comparación con otros lugares del mundo hispánico; sus datos muestran la compatibilidad léxica entre el dialecto dominicano y los demás dialectos comparados (Madrid, Chile, Puerto Rico y México), destacando que es mayor de la que se suele creer, aunque varíe según el centro de interés. Sobre los anglicismos, Alba parte de la hipótesis de que se trata de uno de los rasgos más notables del español dominicano actual. Para su estudio, adopta la noción de anglicismo que López Morales conceptualizó en 1999 con relación al léxico de Puerto Rico. Al analizar la densidad léxica de 25 conversaciones libres de informantes dominicanos, Alba concluye que cifra de anglicismos es notoriamente baja, lo que “no parece indicar un alto valor funcional de esas unidades léxicas dentro del uso ordinario, conversacional, del español dominicano”. Ahora bien, al examinar los resultados de acuerdo con el nivel sociocultural, se observa que el grupo alto aventaja al bajo en una proporción de 3 a 1. Frente a esta realidad, el autor de Cómo hablamos los dominicanos concluye diciendo que, y cito: “el hecho de que el grupo de mayor estatus social sea el más permeable y propenso al préstamo es un indicio de que el empleo de anglicismos constituye un fenómeno prestigioso en el español dominicano”.

En este capítulo, Alba presenta una investigación sobre disponibilidad léxica que realizó en 1995 con una muestra de 347 estudiantes pertenecientes a once universidades dominicanas. Producto de la técnica de asociación de palabras para cada uno de los dieciséis campos estudiados, este lingüista pudo determinar que el 5.7 % de los vocablos disponibles eran anglicismos, cifra menor que el 8.1 % obtenido por López Morales para Puerto Rico, pero superior al 4.29% de Madrid, según los datos de Benítez. En el español dominicano, los tres centros de interés particularmente ricos en anglicismos fueron medios de transporte, juegos y diversiones y vestido. En este campo de estudio, Alba ha sido pionero, marcando la pauta para que nuevos investigadores continúen estos análisis.

Sobre el léxico de la pelota, Alba presenta datos preliminares de las investigaciones que luego aparecen publicadas en el libro Lengua y béisbol en la República Dominicana en 2006. Cabe destacar que, en el libro que reseñamos, los datos fueron recolectados a partir de una prueba asociativa de palabras. Alba señala que, cuando se les pidió a estudiantes universitarios dominicanos las palabras relacionadas con el béisbol que acudían a su memoria, de cada cuatro palabras, una era un anglicismo. Asimismo, destaca la presencia de dobles léxicos en competencia, es decir, de pares de palabras equivalentes, una de las cuales es un anglicismo y otra no lo es, aunque, en varios casos, el anglicismo era la primera opción que venía a la mente del informante.

En cuanto a la influencia haitiana, Alba reconoce que se trata de un fenómeno de contacto lingüístico muy poco estudiado; en este caso, se refiere a las tareas que la lingüista Irene Pérez Guerra ha planteado al respecto. Salvo una investigación de Luis Ortiz titulada El español y el criollo haitiano: contacto lingüístico y adquisición de segunda lengua, el estudio de la influencia haitiana en el habla dominicana sigue siendo una tarea pendiente para los nuevos investigadores.

El capítulo 5 aborda el tema de la inseguridad lingüística de los dominicanos. Reconoce el aporte inicial a esta temática realizado por González Tirado, quien planteó el llamado complejo de inferioridad de los dominicanos. Luego de algunas precisiones y explicaciones de los conceptos de inseguridad y lealtad lingüísticas, el autor presenta los datos de investigaciones realizadas por Alvar en 1986, Turley en 1998 y las suyas. Concluye diciendo que los resultados demuestran una complejidad mayor que lo que se le suele asignar a esta temática. Todo ello le sirve de acicate para la publicación de su obra La identidad lingüística de los dominicanos en el 2009, la cual comenté ampliamente en el Coloquio de la Lengua que organizara esta Academia el 10 de octubre de 2013.

Alba concluye en el capítulo 6 con la siguiente tesis: “el español utilizado por los dominicanos es fundamentalmente el mismo que se habla en todas partes, pero coloreado por unos rasgos superficiales que le dan una apariencia peculiar en sus diferentes niveles, el fonético, el morfosintáctico y el léxico-semántico”.

Con esta importante conclusión, Orlando Alba pasa a explicar el concepto de lengua estándar y suscribe la noción de español estándar, entendido como un sistema inclusivo, no exclusivo y constituido por un conjunto de posibilidades que admite diferentes realizaciones. Al mismo tiempo, sostiene que “es indudable que la base unitaria sobre la que se sustenta en español estándar es abrumadoramente mayoritaria en comparación con el componente diferenciador, idea que le sirve de apoyo a su tesis sobre el español dominicano. Luego de un recorrido sintético por los rasgos diferenciadores de la variante dominicana, Alba ratifica que no hay un español mejor, sino un español de cada sitio para las exigencias de cada sitio. Trae a colación una afirmación de su maestro Manuel Alvar (1996): el español mejor es el que hablan las gentes instruidas de cada país: espontáneo, sin afectación, correcto sin pedantería, asequible por todos los oyentes.

Todo lo anterior le permite concluir contundentemente que “el español ideal de los dominicanos debe ser la modalidad culta, la utilizada por las personas instruidas o educadas del país, y no un modelo extranjero”. Al respecto, es muy válida su idea de que “aceptar la imposición de la norma de un lugar sobre la de otro supone un craso desconocimiento de la esencia social de la lengua, que adquiere en cada país su color peculiar”.

A seguidas, como buen maestro, advierte sobre la aberración que constituiría la enseñanza de la variante española en las escuelas dominicanas. En este sentido, es categórico al decir que “aparte de que por razones teóricas resulta totalmente improcedente el intento de la escuela de proponer como modelo una modalidad extranjera, en la práctica tal empeño es inútil y está inevitablemente condenado al fracaso”.

Para finalizar, Alba responde la pregunta que da origen al título del libro, diciendo que “desde el punto de vista de la lengua como instrumento comunicativo, hay que decir que hablamos bien, ya que nos entendemos, podemos comunicarnos, no solo con los demás dominicanos sino también con los hispanos del resto del mundo”.

Asimismo, agrega que, desde la perspectiva de la lengua como fenómeno social, “se tiene que admitir que los dominicanos hablamos como debemos hablar, en decir, como lo que somos, como dominicanos, y no como mexicanos, españoles ni peruanos”.

Los capítulos 7, 8 y 9 se tratan de apéndices que revelan el grado de rigor y sistematicidad que caracteriza a Alba. El siete presenta una muestra de textos conversacionales que constituyen los materiales en los que se basan los análisis del libro. Los capítulos 8 y 9 ponen a la disposición del lector dos extensas bibliografías; la primera versa sobre el español dominicano y la segunda es de carácter general. Reflejan también el dominio y el conocimiento que durante años este investigador ha acumulado producto de la lectura de los trabajos de otros lingüistas.

Cómo hablamos los dominicanos sintetiza la obra precedente de Alba, pero, al mismo tiempo, proyecta sus futuras investigaciones.  El léxico, la inseguridad lingüística son temas que luego Alba abordará a profundidad en libros posteriores, a saber, Observación del cambio lingüístico en tiempo real (Santo Domingo, 2014); Nombres propios de persona en la República Dominicana (Santo Domingo, 2013); La identidad lingüística de los dominicanos (Santo Domingo, 2009); Lengua y béisbol en la República Dominicana (Santo Domingo, 2006).

La obra que reseñamos se publicó justamente a los treinta años de la primera edición de Más datos sobre el español de la República Dominicana de Max Arturo Jiménez Sabater, quien a su vez publicó su obra 35 años después de El español en Santo Domingo de Pedro Henríquez Ureña. Esta secuencia de obras corresponde a lo que podría llamarse una historiografía de los estudios sobre el español dominicano. Ella da cuenta de dinamismo de la lengua y recoge el cambio de la variante dominicana casi en tiempo real ya que Alba tuvo el acierto de comparar fenómenos lingüísticos relativos al léxico que fueron estudiados por Henríquez Ureña; véase por ejemplo el caso de los tainismos y arcaísmos. De igual forma, lo hizo Alba con relación a la pronunciación de la /s/ implosiva analizada por Jiménez Sabater. Cabe destacar también que cada obra refleja el contexto sociodemográfico del momento de su producción, que va desde una población básicamente rural a una mayoritariamente urbana. Compárense las características socioeconómicas de los informantes de cada estudio y se verá cómo reflejan el proceso de urbanización de la vida dominicana. Por otro lado, la línea de tiempo que se dibuja a partir de estas tres obras es también un fiel exponente de la metodología que los dialectólogos y sociolingüistas manejaban y tenían a la disposición en la época en que realizaron sus investigaciones. En ese sentido, el muestreo, la recogida de datos, con su posterior procesamiento y técnicas estadísticas para su análisis, corresponden en Cómo hablamos los dominicanos al aparato metodológico de la sociolingüística en el que la fiabilidad y validez de los datos resultan de la teoría variacionista y de sus métodos. Estas observaciones, lejos de disminuir las investigaciones de los dialectólogos, pretenden calificarlos como verdaderos exponentes de su tiempo, resaltando su importancia y las contribuciones de sus estudios. Sin ellos, la obra que hoy reseñamos no tendría el valor que tiene como resultado de la continuidad propia de los estudios lingüísticos que, como afirma Giovanni Parodi: “en un afán científico de corte acumulativo, busca engarzar la investigación con el pensamiento científico de sus maestros”. Esa aspiración se lleva a cabo en un sentido verticalista e inclusivo, donde el nuevo trabajo se apoya en los hallazgos del precedente.

Podría decirse que el objetivo fundamental de este libro consistía en responder de forma sencilla la pregunta que da título al libro reseñado ¿Cómo hablamos los dominicanos? En ese sentido, dicha interrogante ha sido respondida a cabalidad con el rigor del especialista que conoce la sociolingüística tanto conceptual como metodológicamente. Además, ha sido explicada con la claridad de quien, dominando la ciencia, tiene la competencia de hacerla accesible a los interesados en conocer un aspecto fundamental de la identidad dominicana, que es nuestra habla. Esta obra es fuente de consulta obligatoria para todo investigador que se interese en estudiar el español dominicano. Para conocer su impacto, cabe mencionar también que la misma se encuentra disponible en 48 bibliotecas alrededor del mundo, según los datos del Worldcat, el mayor catálogo bibliográfico que existe en línea. Asimismo, cuenta con más de 7,700 descargas desde los archivos académicos de la Universidad de Brigham Young. Dada su calidad, este libro fue propuesto para el Premio Real Academia Española 2005, según consta en el Catálogo de la Biblioteca de la Real Academia, Legado Dámaso Alonso.

Por todos estos méritos, sugerimos que esta obra sea de lectura indispensable no solo para lingüistas, profesores y estudiantes de lengua española, sino para científicos sociales, comunicadores y diplomáticos que con su accionar enarbolan la bandera de la identidad dominicana, muchas veces, desconociendo el valor de nuestra habla.

 

Ana Margarita Haché

Coloquio del Español Dominicano

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 18 y 19 de enero de 2022.

 

Entrevista a Bruno Rosario Candelier sobre la Academia Dominicana de la Lengua

(https://web.facebook.com/MiCulturaRD/videos/217093249748058)

   En el marco de la Semana del Libro y la Lengua Española, que celebra el Ministerio de Cultura de la República Dominicana, el director de la Academia Dominicana de la Lengua fue invitado para hablar de la Academia. Fernando Berroa, director de la Feria Internacional del Libro, condujo la entrevista. Tuvo lugar mediante la plataforma para videoconferencia Zoom y transmitida al instante por la red social de Facebook Live del Ministerio de Cultura. «Hoy damos continuidad a la Semana del Libro y la Lengua Española —expresó Fernando Berroa—, un conjunto de actividades programadas en torno al libro, la lectura y a los escritores. Tiene que ver con la cultura panhispánica, en el marco de la celebración, este 23 de abril, Día Internacional del Libro». Y subrayó: «En esta ocasión tenemos una entrevista con don Bruno Rosario Candelier, una eminencia, doctor de las letras dominicanas. Es el actual presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, adscrita a la Real Academia Española. Es, también, Premio Nacional de Literatura y presidente del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular. Don Bruno Rosario Candelier, con más de 60 libros publicados, desde estudios lingüísticos hasta novelas, crítica literaria y ensayos».

—Fernando Berroa: Buenas noches, don Bruno, ¿cómo está? 

—Bruno Rosario Candelier: Muy buenas noches, Fernando Berroa, me complace conversar esta noche contigo y, desde luego, vamos a hablar de los temas que tú planteaste, comenzando por la lengua. Ciertamente la lengua es el más alto bien, el más importante tesoro cultural, base de la cultura, porque es, justamente, mediante la lengua como se crea el saber, el conocimiento del mundo, el conocimiento de la realidad, la plasmación de las intuiciones y vivencias que conciben los escritores, y todos los saberes, en todas las áreas de las artes, las ciencias y las humanidades. De manera que es fundamental la lengua. Y por la importancia que tiene la lengua, justamente, en 1713 se fundó la Real Academia Española, justamente para enaltecer el valor de la lengua, el alcance de la palabra, la importancia de nuestro idioma. Y a partir del siglo XIX se empezaron a crear, en toda Hispanoamérica, las Academias de la Lengua afiliadas a la Real Academia Española. Y todas las Academias lo que hacen es, justamente, darle continuidad, apoyo y cooperar con los proyectos ortográficos, gramaticales y lexicográficos de la Real Academia Española, con relación a nuestra propia lengua. Porque la misión de las Academias es, justamente, fomentar el estudio de la lengua y el cultivo de las letras. Esa ha sido una tarea que hemos asumido las Academias en el mundo hispánico.

—FB: ¿De qué tiempo es la Academia Dominicana de la Lengua?  

—BRC: Se fundó el 12 de octubre de 1927 en Santo Domingo. Un grupo intelectuales de esa época conformaron los primeros académicos de la lengua. Tradicionalmente se han incorporado a la Academia de la Lengua, escritores de todos los géneros literarios (poesía, novela, cuento, ensayo, crítica literaria); y, desde luego, también estudiosos de la lengua.  «La Real Academia Española (RAE) se fundó en 1713 y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), en 1951», consignó Rosario Candelier, quien también señaló que «nuestra lengua es compleja». Apuntó que «todos los idiomas tienen una complejidad que hay que estudiar». Dijo que «normalmente, los hablantes aprendemos la lengua sin estudiarla, porque la lengua se aprende de oídas». Los niños, donde crecen, en el lugar donde se educan, aprenden a hablar la lengua como la hablan sus mayores, como la hablan los padres o como la hablan los vecinos».

Para hablar la lengua no hay que estudiarla, pero para hablarla bien, hay que estudiarla, señaló don Bruno Rosario Candelier.

Por esa razón, desde que se entra a la escuela, hay que estudiar la lengua española, que es la lengua que hablamos, porque cada país tiene su lengua. Los países que tienen otros idiomas también la estudian, y se estudia hasta en la universidad, y más allá, porque hay muchos aspectos que hay que estudiar cuando se trata de una lengua. Hay aspectos gramaticales, como la normativa de la escritura, cuando se combina una palabra con otra; hay aspectos ortográficos, como la escritura de una palabra, que se somete a una pauta lexicográfica y ortográfica; hay aspectos fonéticos, respecto a la pronunciación; y hay estudios lexicográficos vinculados con el sentido y la forma de una palabra, porque hay una forma de pronunciarla y una forma de escribir la palabra. Pero, además, cada palabra tiene un significado y hay palabras con más de un significado. A esos múltiples significados en la lexicografía se les llama “acepciones”, es decir, que hay palabras que tienen más de una acepción, es decir, más de un significado. Y eso es parte de la riqueza de nuestra lengua. La lengua española tiene una riqueza asombrosa, en términos de cantidad y de calidad. De hecho, los hispanohablantes tenemos la suerte de que, en la etapa de nuestra historia, la lengua española se ha convertido en la segunda lengua más estudiada en el mundo. De hecho, en todos los Continentes se estudia la lengua española, pues millones de hablantes están interesados en conocer la lengua española y eso, naturalmente, nos beneficia a nosotros porque indica que están valorando la lengua que heredamos de nuestros mayores.  Heredamos una lengua hermosísima de nuestros antepasados castellanos y, naturalmente, nuestra obligación es, como hablantes de una variedad de la lengua española en América que se llama “español dominicano”, nosotros, los hablantes dominicanos, estamos en el deber de cultivar esa lengua, conocerla y estudiarla.

—FB: Excelente, don Bruno. Quiero que, en ese mismo orden, usted explique lo que es una «variante dialectal», ya que todos en la cultura hispánica hablamos español, pero que hay variantes del mismo idioma y por eso en República Dominicana se habla un español distinto a como se habla en Puerto Rico o en Chile o en México.

—BRC: Tú acabas de mencionar a Chile. Si tú hablas con un chileno y él te menciona la palabra «guagua» o «guagüita», ese vocablo no tiene el mismo significado que tiene entre nosotros. Entre nosotros «guagua» significa ‘un vehículo de servicio público para transporte’, En cambio, en Chile «guagua» o «guagüita» se aplica a un ‘bebé’, es decir, a un ‘niño pequeñito’. También mencionaste a México. En ese país azteca hay palabras que allá tienen un significado y esas mismas palabras aquí tienen otros significados, como la palabra “cuero”. Pero eso pasa en todos los países del mundo. Y en todos los países del mundo hispánico se da ese mismo fenómeno.

—FB: ¿Y se puede hablar, don Bruno —usted como presidente de una de las Academias de la Lengua—, tomando como génesis el «castellano de Castilla», luego se denomina «español», de cuál variante dialectal es la más correcta?

—BRC: No se puede hablar de que hay una variante dialectal mejor que otra. Todas tienen la misma categoría, el mismo valor. ¿Cuál categoría? La categoría de variante, como acabas de decir, es una variante de la lengua española. El español que se habla en Colombia es una variante del español americano en ese ámbito geográfico. Pero lo mismo se puede decir de la variante que se habla en Puerto Rico, en México, en Costa Rica o en Honduras. Es decir, cada país genera su propia variante. ¿Por qué ocurre eso? Porque los hablantes tienen la capacidad de creación. El poder de creación está en cada hablante. Y cada comunidad de hablantes tiene variadas creaciones. Si cada hablante puede crear, entonces, una comunidad de hablantes genera una gran variedad, porque ya no se trata de un solo hablante.

—FB: Claro, es lo que se denomina el «idiolecto»: que cada persona, cada individuo, puede crear vocablos propios, en una semántica de invención creativa, que es lo que hacen muchos. Por ejemplo, cuando hablamos de Trilce, ¿qué significa «Trilce», ese título tan extraño de ese libro y cómo las palabras están utilizadas allí, en una connotación semántica que es un invento de ese creador.

Rosario Candelier consintió con Berroa. Explicó que «eso es lo que enriquece a la lengua». Dijo que «en los pueblos hay peculiaridades idiomáticas que conviene estudiar y ponderar, como los rasgos léxicos y semánticos del español dominicano, que nuestra Academia estudia, promueve y valora». Hizo referencia de su libro Perfil del español dominicano, que publicó en el 2020, y dijo que «en ese libro se encuentran manifestaciones de la variante del español dominicano, que es hermoso, rico y peculiar». Berroa mostró el libro en pantalla y le expresó al Maestro: «Aquí lo tenemos, don Bruno, como hemos leído otras obras suyas, queríamos leer lo último». Y orgulloso, el Maestro a su alumno agradeció el gesto: «Gracias».

—BRC: Lo que estoy diciendo de nuestra variante idiomática, lo puedo decir de todas las variantes del español en América.

—FB: Me gustaría que les explicara, a quienes nos sintonizan, esos temas que usted aborda en su libro —analizando las palabras dominicanas—y usted dice que hay dominicanismos léxicos y semánticos y de combinaciones léxico-semánticas. Por ejemplo, un dominicanismo léxico como «bachata», «chivirica»; semántico: «palomo», «demagogia»; léxico-semántico: «chapeadora», que usted lo resalta en su libro. Entonces, me gustaría que usted profundizara un poquito y conceptualizara esa parte que para mí es muy importante.

—BRC: Con mucho gusto, Berroa. Una palabra tiene una forma y un sentido. Cuando un hablante o una comunidad de hablantes inventa un vocablo, eso se llama una «creación léxica»; y entonces podríamos hablar, si es creado en nuestro país, de un «dominicanismo léxico», como por ejemplo la palabra “mangú” o “chiripero”. Ahora bien, si se trata de una palabra que existe en la lengua española, conocida en el mundo hispánico —qen España, en México o en Argentina—, y a esa palabra los dominicanos le inventamos otro significado, eso se llama «variante semántica», entonces es un «dominicanismo semántico». Ejemplificó con las palabras «palomo», «lámina» y «pariguayo».  Dijo que «palomo» alude a un ‘jovenzuelo’. O, por ejemplo, una «lámina», como una foto que se pone en la pared. Normalmente una lámina presenta una ‘figura que llama la atención’ —como un paisaje—. Pero si tú le dices a una mujer «esa es una lámina», ya no se trata de la figura que representa un cuadro, sino que significa ‘mujer hermosa’.

—FB: Exacto. Y también cuando los jóvenes dicen que «esa mujer es una máquina», ese también es un «dominicanismo léxico».

—BRC: Sí, hay muchos dominicanismos léxicos. La verdad es que somos creadores. Hay centenares de dominicanismos léxicos y dominicanismos semánticos. Repito, el «dominicanismo léxico» se refiere a la creación de una nueva palabra, que no existe en la lengua española. Y el «dominicanismo semántico» alude a un nuevo sentido endosado a una palabra ya existente. Y hemos creado muchos. A raíz de la intervención militar norteamericana creamos voces inspiradas en el inglés. «Fiesta», en inglés, se dice «party». De la expresión «partywatch» se formó «pariguayo», un dominicanismo. Pero «pariguayo» tiene el significado de ‘tonto’, ‘zamuro’, ‘estúpido’, de ‘una persona que le falta talento’; y el origen se debe a que, un dominicano le dice al guardián americano que entre a bailar, y él le dice: «I am a partywatch», ‘Yo soy un observador de la fiesta, alguien que la está cuidando’. Fíjate cómo se forman las palabras. Significa que el genio dominicano es creativo.  La creación de palabras entraña un poder generativo en los hablantes, porque cuando hablamos creamos, indicó Rosario Candelier: «Cada vez que hablamos estamos creando. Los hablantes cuando hablan son creadores: creadores de nuevas formas, creadores de giros idiomáticos, de formas diferentes y peculiares, y eso le da riqueza a nuestra lengua. Y eso hay que estudiarlo. Por eso en la Academia Dominicana de la Lengua, tenemos un equipo lexicográfico que se encarga de estudiar la lengua española. En el año 2013 publicamos el Diccionario del español dominicano. En ese Diccionario están las principales voces de nuestra habla. De hecho, en este momento, el equipo lexicográfico de la ADL, está trabajando en la actualización del Diccionario. ¿Por qué? Bueno, porque hay palabras que no se incorporaron y, tú puedes imaginar que tenemos cientos de vocablos dominicanos, creados por el hablante dominicano. Hay cientos de dominicanismos léxicos y semánticos. Y la aspiración es tratar de incluir todas las palabras posibles, es decir, las voces de nuestro vocabulario, que es muy amplio. Ese Diccionario tiene unas 11,000 palabras dominicanas; pero hay más todavía, que aparecerán en la segunda edición».

—FB: Sí, porque también hay un fenómeno de los jóvenes hablantes. Por ejemplo, los jóvenes tienen una jerga juvenil, de dialecto entre ellos, que aportan el español y cada año se van creando más palabras.

—BRC: Sí, cada nueva promoción de hablantes, cada pueblo del país, cada comunidad tiene novedades idiomáticas que ellos aportan. Pero no siempre esas novedades idiomáticas creadas por los jóvenes, entra con permanencia en el caudal de la lengua, porque muchas voces que crean esos sectores juveniles, desaparecen. Cuando una palabra deja de usarse, desaparece; a menos que, algún escritor la haya consignado en algún relato, o en un reporte periodístico, y, entonces, ahí podría ya registrarse. Por esa razón la Real Academia Española, para admitir una nueva palabra no la admite por el hecho de que esté de moda. No, espera un tiempo. Porque hay decenas de palabras que inventan los jóvenes y luego desaparecen porque los usuarios la abandonan.

—FB: Don Bruno, me gustaría que usted hablara de esa labor que realizan en la Academia Dominicana de la Lengua, en torno a la confección de diccionario.  

—BRC: Cuando estudiamos una palabra, la sometemos a discusión para que los académicos hagan su aporte. Y, desde luego, hay un equipo lexicográfico que se encarga de definirla e ilustrarla. La lexicografía es la ciencia del lenguaje que se encarga de estudiar la palabra, para hacer un diccionario. Esa es la función del lexicógrafo: incorporar en el diccionario una nueva palabra, definir esa palabra, darle forma de acuerdo al sentido que los hablantes le asignan a esa palabra. Por esa razón, cuando la Real Academia recibe la propuesta de una palabra, de un país determinado, para aceptarla exige, además del criterio del tiempo, y que se use, por lo menos, en tres países esa palabra. Por ejemplo, la palabra «mangú». La palabra «mangú» es una creación del español dominicano. Ahora, esa palabra se usa en Puerto Rico y en Norteamérica.  Lo importante para centrarnos en el sentido lexicográfico de una palabra es, en primer lugar, lograr una definición con propiedad, con rigor y con claridad y, desde luego, con corrección, porque hay que definirla gramaticalmente y hay que definirla de acuerdo con el sentido que le dan los hablantes, puntualizó Rosario Candelier. Y no siempre conocemos la etimología de una palabra. En este momento, uno de los grandes aportes que va a hacer la Real Academia Española, al mundo hispánico, es la confección del Diccionario histórico de la lengua española y en ese Diccionario, cada palabra tiene su relación con la cultura, la sociedad, la historia, la etimología, el uso que le han dado diferentes hablantes y escritores a lo largo del tiempo. Y hay palabras, por ejemplo, que en la etapa primordial de nuestra lengua, cuando surgió el castellano, tenían un significado que ahora ya no lo tiene, porque han variado. El español que nosotros usamos tiene una cantidad de vocablos que forman parte de lo que se llama el léxico patrimonial de la lengua española, que es un detalle muy importante. Hay palabras que usaron nuestros antepasados y aún se siguen usando, como «curcutear». ¿Tú has escuchado esa palabra, «curcutear»?

—FB: Sí, «Curcutear» es como ‘manosear’.

—BRC: Sí, pero también es ‘investigar’, ‘averiguar’, ‘escarbar’. Esa es una palabra del léxico patrimonial del castellano antiguo. Y así hay muchas palabras del léxico patrimonial que usamos. Por ejemplo «aldaba». La juventud de ahora no sabe lo que es una aldaba. Tú eres bastante joven, pero yo supongo que tú la conoces, por tus inquietudes idiomáticas. ¿La has escuchado esa palabra?

—FB: Sí, una aldaba es un tipo de cerradura.

—BRC: Exactamente, pero un joven no tiene ni idea.

—FB: No, no, ni un joven de mi edad siquiera. Yo tengo 37 años y es un arcaísmo, prácticamente, «aldaba».

—BRC: Exactamente. ¿Por qué? Porque ya la aldaba no existe. La aldaba se usaba en la puerta de madera; pero ya, normalmente, se usa otro tipo de cerradura, no la aldaba. Entonces, como esa palabra, hay muchas que van desapareciendo. Entonces, el lenguaje es riquísimo. Si tú abres el Diccionario publicado por la Real Academia Española, tiene unas 95,000 palabras. El hablante culto dominicano tal vez llega a dominar 20,000 palabras; el hablante culto (escritores, intelectuales, estudiosos). Pero el hablante común, el hablante del pueblo llano (del pueblo que habla pero que no ha estudiado), apenas se maneja con 1,500 palabras, tal vez 2,000 palabras. Y el estudiante promedio, de bachillerato, tal vez llega a 2,500 palabras. Y, de hecho, la mayoría de los profesionales jóvenes, que son licenciados, tienen una pobreza léxica, conocen muy pocas palabras. en general, los hablantes dominicanos tenemos una pobreza léxica, es decir, un conocimiento reducido del vocabulario. Y parte de nuestro nivel precario se debe a que tenemos un léxico pobre.

—FB: Claro, y esas son lagunas de nuestro sistema educativo.

—BRC: Exactamente, y esa es una deficiencia que tiene nuestro sistema educativo. Cuando yo estudiaba en la primaria, el profesor asignaba cada semana varias palabras que debíamos aprender. Si no se le asigna lectura al estudiante, no se enriquece su vocabulario. Si no se le asignan tarea para investigar a la lengua española, para aumentar el vocabulario, no va a enriquecer su léxico. Los escritores de los años 40, 50 y 60 del siglo XX, tenían un desarrollo intelectual fruto de una escuela que enseñaba. Hay graduados universitarios con una maestría y un doctorado, pero eso es en el papel, no en la formación. Y entonces eso nos preocupa en la Academia, eso es lo que nosotros tratamos de motivar, de incentivar el amor a nuestra lengua, de incentivar el interés por nuestra cultura, de incentivar el desarrollo de las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales. La mejor forma del desarrollo intelectual es mediante la lectura. El libro se inventó para eso. Porque el libro es un testimonio del hallazgo intelectual de un escritor, donde canaliza lo que ha investigado y lo que conoce. El conocimiento del mundo se plasma en los libros.

Fernando Berroa: Eso le iba a decir, don Bruno, nosotros que somos docentes de diversos niveles, debemos fomentar esa pasión por la palabra escrita. Porque ahora el facilismo de los medios digitales ha matado eso de que un estudiante, un profesional, consulte en el diccionario porque todo lo tienen en esa plataforma que es Internet […] Recuerdo la odisea que pasé para entender la palabra «metafísica» pues tuve que desempolvar un diccionario En ese proceso de investigación yo tuve que leer varios teóricos.  Entonces, eso me hizo crecer una pasión por la lectura. Y hasta el sol de hoy yo soy un buscador en el diccionario, en sus diferentes vertientes: el Panhispánico de dudas, el de la RAE. Ahora, mire, en ese sentido, don Bruno, le quiero hacer una pregunta: y es que, yo buscando, como escritor, resolviendo problemas idiomáticos a la hora de redactar, buscando la perfección estética en lo que escribo, me he dado cuenta del gran aporte que ustedes han hecho en la versión electrónica del Diccionario de la Real Academia Española, yo encuentro muchas palabras dominicanas de entrada, como «pariguayo», eso me hace sentir orgulloso, que una palabra inventada en República Dominicana está en el Diccionario de la lengua española.  

—BRC: Cada Academia propone a la Real Academia Española la incorporación de un nuevo vocablo. En la RAE la reciben, pero ¿la aceptan automáticamente? No. En primer lugar, en la Real Academia hay un equipo lexicográfico que estudia esa palabra y pondera, no solamente la existencia del vocablo como tal, sino la definición. Cuando ese equipo aprueba esa palabra, entonces, la pasa a los académicos. De manera que se trata de un estamento que primero pasa por un equipo especializado. Si ese equipo rechaza esa palabra, ni se toma en cuenta. Cuando el equipo especializado la propone al pleno de los académicos, el pleno toma la decisión de incorporarla o de rechazarla. Y eso, naturalmente, es un proceso largo. Yo he estado en sesiones académicas de la Real Academia Española, en representación de la Academia Dominicana, y me he dado cuenta de lo complicado que es. ¿Por qué? Porque una palabra, por ejemplo, en la definición, puede aparecer un académico que diga «Este adjetivo con que está definida esta palabra no es apropiada». Entonces comienza una discusión de nuevo para ver cómo definir esa palabra, o con qué verbo definirla, si se trata de un verbo. Porque normalmente los verbos se definen con otros verbos, los sustantivos se definen con sustantivos, los adjetivos con adjetivos. Entonces, como se trata de un proceso técnico, especializado en lexicografía, por eso se consulta, primero, al estamento lexicográfico; que hay especialistas, en ese estamento, es decir, doctores en lexicografía, que tienen un dominio cabal de la lengua, que conocen la historia de la lengua, que conocen la etimología de las palabras, que conocen la semántica de las palabras. Por ejemplo, la semántica es una dimensión de la lingüística que se encarga de estudiar el significado de los vocablos. Y así cada rama tiene su peculiaridad, y cuentan con especialistas en la materia. Tener una especialidad en lingüística, y dentro de las ramas de lingüística, supone haber estudiado muchos años.

—FB: La RAE creó una Maestría de Lexicografía.

—BRC: Sí, tienen una Maestría en Lexicografía, justamente para fomentar el estudio de la palabra, el conocimiento de la palabra, por la importancia que tiene la palabra. La palabra es clave, es la base de la lexicografía. Y una palabra tiene su historia, tiene su significado, tiene su pronunciación y, sobre todo variantes, tiene variantes semánticas.

Con su anhelo de enseñar a las personas sobre la historia de la ADL, el comunicador también preguntó al Director sobre los anteriores presidentes que ha tenido la Academia, y del Boletín anual este leyó los nombres de todos los que le han precedido desde su fundación.  Cada cierto tiempo hemos contado con grandes humanistas. Por ejemplo, al principio del siglo XX contamos con Pedro Henríquez Ureña. A mediados del siglo XX contamos con eminencias como Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Pedro Troncoso Sánchez, Héctor Incháustegui Cabral, Emilio Rodríguez Demorizi o Manuel Rueda, que fueron miembros de la Academia. Hemos contado con lumbreras del pensamiento y de la sensibilidad en el plano de la literatura, en el uso de la palabra y el cultivo del lenguaje. 

—BRC: Cada generación de escritores ha dado eminentes poetas: Máximo Avilés Blonda, por ejemplo, un poeta de la generación de 1948, ¡una eminencia!

—FB: ¡De la poesía y de teatro también!

—BRC: Y del teatro también, ¡de la poesía y del teatro, efectivamente. Y así como ese, ha habido varios escritores sumamente importantes.   «Tenemos grandes escritores en nuestra literatura que han honrado el legado lingüístico, el legado literario, que hemos recibido de nuestros antepasados; que han honrado el cultivo de la palabra mediante lecturas, mediante el conocimiento de la realidad, mediante el dominio de la palabra, dando testimonio de sus intuiciones y de sus vivencias, que es lo que hacen todos los escritores: canalizar lo que piensan, canalizar lo que sienten, canalizar lo que intuye, a partir de la observación de la realidad. Claro, como tienen un conocimiento de la palabra, pues, pueden plasmarla creadoramente».  «Cuando un hablante tiene conciencia de que lo que él observa de la realidad, de lo que él conoce del mundo solo lo conoce él… Porque, óyeme, Berroa: tenemos un punto de contacto con el Universo, y ese punto de contacto es exclusivo, único, singular. Lo que tú percibes del mundo, nadie más lo percibe. Porque el mundo es infinito. Y si tú tienes consciencia de lo que tú percibes del mundo solo lo percibes tú y que tú puedes testimoniarlo, eso te da capacidad para convertirte en creador, si tú tienes fe en tu propio talento, en la perspectiva del universo que la vida te ofrece. A cada uno el universo nos ofrece un mundo infinito, múltiples posibilidades para testimoniar nuestra visión del mundo, nuestra percepción de la realidad. Y eso es lo que testimoniamos los escritores, eso que percibimos, eso que nos seduce del universo. Porque el mundo está lleno de sensaciones que nos seducen, que seducen nuestra sensibilidad, que seducen nuestro intelecto, que seducen nuestras intuiciones, y entonces podemos testimoniar el sentido que percibimos de las cosas. Y esa es la grandeza de la palabra y del poder idiomático que encarnamos los hablantes».

—Fernando Berroa: Don Bruno, usted fundó uno de los más potentes movimientos literarios dominicanos, el Interiorismo. Me gustaría que nos hablara de ese movimiento.

—Bruno Rosario Candelier: Fundé el Ateneo Insular en 1990, que es el brazo orgánico del Movimiento Interiorista. Y desde el principio doté a esa agrupación de escritores de un ideario estético que sirviera de fuente de creación, que le llamé Interiorismo. ¿Por qué? Porque postulamos que cada uno ausculte su propia interioridad para testimoniar el impacto que lo real imprime en su conciencia. Pero, además, observar la realidad para intuir su sentido, pues el escritor ha de observar la dimensión interna y mística de lo viviente para dar con el sentido profundo y trascendente. Y, en tercer lugar,  desde nuestra sensibilidad profunda podemos entrar en conexión con las irradiaciones del Universo para recibir, mediante el inconsciente colectivo, imágenes, estelas, verdades, mensajes y sentidos con verdades de muy antiguas esencias que vienen de la sabiduría espiritual del Universo, que llamo Numen, y de la sabiduría sagrada del más allá, que llamo Nous. Todo eso es posible que los individuos dotados de alta conciencia espiritual puedan tener acceso a ese nivel profundo, entonces podrían testimoniar verdades que iluminan, como lo ha hecho Leopoldo Minaya, uno de nuestros grandes poetas que ha aportado el Movimiento Interiorista. De manera que, a través del Interiorismo estamos implantando una nueva sensibilidad, eminentemente espiritual, que contribuye a la iluminación de la conciencia y al desarrollo de los altos valores de la conciencia humana. Por ese aporte el Diccionario de la lengua española incorporó a su caudal de voces el sentido de interiorismo en su vertiente literaria.

-Fernando Berroa: «Muchísimas gracias, don Bruno, por deleitarnos con su sapiencia. Para nosotros es un placer tenerlo en la programación de la Lengua Española, en homenaje a Cervantes y de todos los literatos de nuestro idioma.

 

Un servicio lingüístico de la Academia Dominicana

La Academia Dominicana de la Lengua ofrece varios servicios lingüísticos para mejorar el conocimiento lexicográfico, gramatical y ortográfico de nuestra lengua mediante artículos periodísticos o respuestas a consultas, tarea que comprende la redacción de temas lexicográficos (María José Rincón y Roberto Guzmán), temas ortográficos (Rafael Peralta Romero y Miguel Collado) y temas gramaticales (Fabio Guzmán Ariza y Ruth Ruiz), publicados en diferentes medios de la prensa nacional o de la plataforma electrónica, además de la publicación de libros y boletines sobre lengua y literatura. Entre los libros queremos resaltar los siguientes:

 

Fabio Guzmán Ariza, Miembro de número: De palabra en palabra, de Roberto Guzmán

La Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua se complace en presentar al país esta obra sobra temas lingüísticos publicada con su patrocinio: De palabra en palabra, del académico dominicano Roberto E. Guzmán. En ella, el autor recopila en orden alfabético una selección de los penetrantes artículos sobre el léxico español que escribe semanalmente, desde 2004 hasta la fecha, para el diario electrónico Clave Digital, y que han sido reproducidos en otros medios, incluyendo la ciberpágina de nuestra Academia Dominicana de la Lengua (www.academia.org.do).

El método que utiliza Roberto Guzmán en De palabra en palabra consiste en colocar como tema (quizá valdría mejor decir como “blanco”) al comienzo de cada artículo una palabra o frase, cuyo uso luego describe y examina –con la ayuda de un impresionante repertorio de obras lexicográficas-, y finalmente valora con singular agudeza, humor y sentido común. Por lo general, cada palabra o frase viene seguida de una cita tomada de la prensa escrita en español de los Estados Unidos, donde vive desde hace años el autor. La cita ilustra el uso o abuso de la palabra o frase que es objeto de análisis y vale, además, como anunciación de la “materia prima” que, en su momento, sirvió para incitar el interés del autor.  Y para entender bien el porqué de De palabra en palabra, hay que conocer quién es su autor, qué ha estudiado, dónde vive y a qué se dedica. Roberto Guzmán es políglota: habla español, inglés, francés, portugués y criollo haitiano; y lee el italiano. Desde joven, sintió pasión por las lenguas, especialmente por la suya, estimulado durante sus estudios de nivel intermedio y secundario –como suele suceder- por un inolvidable profesor de español que le sirvió de guía y mentor: el Dr. Rafael Antonio Rojas. Por compromiso familiar estudió Derecho; por amor, Lenguas Extranjeras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en las universidades de París y Burdeos. Desde 1988 vive en Miami Beach, Estados Unidos, donde trabaja de intérprete y traductor para cinco idiomas. Está casado con Carol Guzmán, doctora en Antropología.

   De palabra en palabra no es una simple recopilación de escritos publicados a lo largo de años que se quiere hacer pasar por una obra. Varios hilos conductores le dan unidad y coherencia a los artículos que la componen, atándolos en tres temas centrales y recurrentes, contrario a lo que sucede con las antologías tipo “cajón de sastre” que a menudo se publican en nuestro medio.

Las circunstancias de la vida de Roberto Guzmán explican la presencia del tercer gran hilo conductor de la antología: la penetración del inglés en el español, la que se extiende, a su decir, “como la mala hierba”, por dos razones: la primera, exógena, es la hegemonía económica y científica del mundo angloparlante; y la segunda, endógena, es la postura claudicante de los propios hispanohablantes, que no valoran la riqueza de su lengua; sino que, al contrario, la consideran intrínsecamente inferior.

En la obra se adopta la posición –correctísima, a nuestro parecer- de no rechazar de plano todos los anglicismos o extranjerismos, que como sabemos han nutrido al español desde sus comienzos, pero si la de rechazar los préstamos innecesarios y las contaminaciones sintácticas que fácilmente podrían evitarse con solo buscar la palabra, frase o giro idóneo en español. En ese orden, el autor recomienda a los traductores no ceder al primer impulso de colocar la palabra que primero le viene a la memoria, sino encontrar la que exprese mejor la idea de acuerdo con el genio de la lengua española, la cual, como se ha dicho, es muy rica. A fin de cuentas, quien recurre sin necesidad a la frase o palabra extranjera delata su propia ineptitud u holgazanería lingüística, o infravalora su idioma natal. Por desgracia, el despreciar el español es un fenómeno muy arraigado en las capas pudientes dominicanas, donde abundan los bien llamados pseudobilingües, suyo rasgo distintivo es hablar y escribir igualmente de mal dos idiomas. Guacanagarí aún vive entre nosotros.

Son numerosos los artículos que versan sobre el abuso de los extranjerismos. En el libro se examinan todos los “sospechosos de siempre”: desde amateur por aficionado, hasta versus por contra o frente a, pasando por boom (auge), discutir (conversar, comentar, estudiar), ignorar (hacer caso omiso), mandatorio (obligatorio), santuario (refugio), shopping center o mall (centro comercial), sommelier (sumiller) y muchos otros más.

No todo en De palabra en palabra es censura y reprobación, sin embargo. Hay también buen uso del idioma, admiración por lo ingenioso y lo nuestro, y buen humor. (Roberto E. Guzmán, De palabra en palabra, Santo Domingo, Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua, 2011, p. ix).

 

Bruno Rosario Candelier: Fabio Guzmán Ariza y El lenguaje de la Constitución

Todo lo que tiene existencia individual posee una composición similar a la configuración del Universo. Ese es un principio de la física cuántica que se aplica a todo lo que existe, a lo que tiene vida en la realidad de la naturaleza y a lo que produce el ser humano como consecuencia de su talento creador. Todo formaliza un microcosmos y todo lo que creamos también tiene la condición de microcosmos, como cada ser humano es un pequeño universo; pero como universo debe someterse a la configuración total de lo viviente, como también ha de someterse lo que nosotros creamos. Por eso contamos con el Logos, es decir, con la energía interior de la conciencia a través de la cual plasmamos nuestra capacidad de reflexión, expresión y creación. El Logos del hombre, fuente del lenguaje, genera la energía creadora que en esencia es fuente de la conciencia y fuente de la creación humana.

El lenguaje, por tanto, es la creación humana primordial; es decir; lo que el hombre crea con la palabra obedece al pattern o patrón arquetípico del modelo universal; por eso decía Aristóteles que la ciencia y el arte responden a una imitación de la naturaleza, clave para articular el código de todas nuestras creaciones, comenzando por el lenguaje, que es la creación primordial de nuestra dotación creadora.

Pues bien, la ciencia del lenguaje tiene la competencia lingüística para determinar el valor de conceptos e imágenes desde el punto de vista del lenguaje, pero corresponde a cada una de las ciencias delimitantes y consignar el área de su especialidad. Los lingüistas no conocemos la terminología de las ciencias jurídicas como la conocen los juristas; lo mismo podría decirse de las demás ciencias, de manera que, en una obra como la que presentamos, concurren dos disciplinas científicas, la de la lengua y la del derecho, ya que se centra en la Constitución de la República, que es una cara de la expresión jurídica del Estado. Para suerte de nuestro país, Fabio Guzmán Ariza se ha preparado en esas dos áreas del saber, el derecho y la lengua, y se ha dedicado a estudiar el lenguaje en la Constitución, que es la temática primordial de El lenguaje de la Constitución Dominicana, obra que damos a conocer con el respaldo de nuestra institución. Esta obra de Fabio Guzmán Ariza pone en evidencia el talento lingüístico de un jurista que aborda con acierto analítico y precisión interpretativa el estudio de la Constitución de la República desde el punto de vista de su redacción gramatical. Ha motivado a nuestro autor a escribir dicha obra el hecho de que al leer nuestra carta fundamental encuentra numerosos errores de redacción, algo inconcebible en un texto de tanta importancia. Vale anotar que antes de la proclamación de la Constitución de la República, Fabio Guzmán Ariza y el suscrito hicimos, en no0mbre de la Academia Dominicana de la Lengua, un conjunto de recomendaciones a los funcionarios responsables de la Constitución de la República, y nos ofrecimos para realizar de manera gratuita la revisión de su texto final, pero razones de tiempo impidieron que se llevara a cabo esa tarea. (Fabio J. Guzmán Ariza, El lenguaje de la Constitución Dominicana, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2012, pp. xi-xiii) (BRC).

 

María José Rincón González: De la eñe a la zeta

La tarde de mi ingreso en la Academia Dominicana de la Lengua le dediqué mi discurso al primer diccionario monolingüe del español, el Tesoro de la lengua castellana. Tanto disfrutamos con el genio de Sebastián de Covarrubias que Inés Aizpún me propuso encargarme de una columna semanal en Diario Libre que se dedicara a temas lingüísticos con el mismo tono desenfadado de aquella tarde académica. Nació así, allá por 2010, la Eñe. Lo que parecía una asignación de corto aliento, por aquello de que a pocos parece interesarles la corrección lingüística, se ha consolidado gracias a los lectores. Este libro recopila las Eñes publicadas durante ocho años y las pone a su disposición para su lectura, relectura o consulta. El estudio de la lengua española y su defensa forman parte esencial de mi trabajo en la Academia, donde tengo asignada la letra zeta. En la divulgación del conocimiento y buen uso de nuestra lengua, de la que soy una apasionada como filóloga y lexicógrafa, mi tarea va, sin duda, De la eñe a la zata. (María José Rincón González).

   Canoa: el primer americanismo. Una de las características definidoras de la lengua española es su amplia difusión geográfica. La complejidad de las múltiples variaciones geográficas de nuestra lengua no puede compararse con ninguna otra lengua moderna occidental. Para los hablantes la diferenciación de la lengua en los distintos países se hace evidente fundamentalmente en la pronunciación y en el vocabulario.

El léxico americano tiene unos componentes muy interesantes: las palabras procedentes de las lenguas amerindias; palabras originarias del continente americano, indigenismos que nacieron en América y se insertaron en nuestra lengua para nombrar realidades hasta ese momento desconocidas, y que usaron nuestra lengua para difundirse en otras lenguas como el francés o el inglés.

La primera palabra americana nacida en América que se incluye en el español es canoa, palabra procedente de la lengua taína. Es sorprendente comprobar que ya aparece como entrada en el primer diccionario de dedicado al español. Elio Antonio de Nebrija la registra entre las primeras dieciocho mil palabras españolas de su Diccionario español-latino en 1495. Solo habían pasado tres años desde ese primer contacto entre las lenguas indígenas americanas y el español. Desde entonces el flujo de ida y vuelta no ha dejado de producir nuevas palabras, nuevas acepciones de palabras patrimoniales, de enriquecer el caudal léxico del que disponemos los hispanohablantes.  Con el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, publicado en 2010, y disponible en línea de forma gratuita, podemos acercarnos y disfrutar de la inmensa riqueza del caudal léxico que américa ha creado para el español. (María José Rincón González, De la eñe a la zeta, Santo Domingo, Editora Judicial, 2019, pp. ix y 2).

 

Rafael Peralta Romero, miembro de número: Orto-escritura

No sé por qué habiendo nacido en un pueblo pequeño, apartado y con escaso desarrollo educativo y cultural, para colmo en el seno de una familia con escasa formación escolar, desde los estudios medios se alojó en mi conciencia la preocupación por la escritura correcta. Ya cuando cursaba los estudios universitarios me atrevía a enviar cartas a los diarios comentando hechos y usos del idioma, tanto en medios de comunicación, como en letreros públicos y otras formas de expresión.

Recurro a estos recuerdos para explicar qué persigo al escribir cada semana una columna destinada a tratar asuntos propios del idioma español. ORTO-ESCRITURA se publica cada domingo en el diario El Nacional. Comenzó divulgando normas de escritura, a partir de un manual elaborado que tenía como base la Ortografía de la lengua española, publicación oficial de la Real Academia Española y ASALE. En ese manual mi mayor aporte consistía en resumir las reglas ortográficas y agregarles ejemplos asimilables del español de nuestro país por el hablante dominicano. Cuando se acabó el contenido del manual, la columna había despertado interés de los lectores, entonces surgieron temas lingüísticos relacionados con nuestra realidad, señalando erosiones al perfil de nuestra lengua en el habla cotidiana y por igual en letras de canciones y mensajes publicitarios.

Una de las primeras publicaciones en esa onda pudo ser el comentario sobre la canción “Lágrimas negras”, de Miguel Matamoros, la cual cuenta la historia de cómo alguien -claro, una mujer- nutrió las ilusiones del artista cubano: “Aunque tú me has dejado en el abandono / Aunque tú has muerto todas mis ilusiones/ En vez de maldecirte con justo encono/ en mis sueños te colmo de bendiciones”.

Al compositor se le ocurrió -y no por ignorancia- usar el participio del verbo morir (muerto) cuando tenía que emplear el del verbo matar (matado). A ritmo de son o de bolero, el tema es cantado y bailado por mucha gente, sin que se someta a ningún juicio al autor por otorgar al verbo morir el valor semántico correspondiente a matar, como hacen los polleros dominicanos que venden “pollos vivos y matados”, a sabiendas de que lo contrario de vivo es muerto. Esta columna persigue combatir falsedades ampliamente repetidas. Ejemplos: los nombres propios no tienen ortografía, los artistas de la palabra tienen licencia para escribir como quieran o en las mayúsculas no se coloca acento ortográfico. Son “reglas” muy repetidas entre los hablantes del español dominicano. A esto se agrega la tendencia a suprimir los signos de interrogación y de entonación al principio de la frase. Esta columna ha sido reiterativa con este asunto. Quizá nuestra tendencia más reiterada haya sido la diferenciación de voces de parecida grafía o sonido, llamadas parónimas por los lingüistas. Los cursos de español, el nivel medio y el universitario, se limitan a definir el concepto de paronimia, con ejemplos tan tontos como “bota” y “bata” o “carro” y “caro”. Sin embargo, la verdadera anarquía gramatical radica en confundir “estracto” con “estrato”, “concepción” con “concesión”, “sección” con “sesión” y “cesión”.

El día que esta columna explicó que no es lo mismo “lívido” (adjetivo) que “libido” (sustantivo), hubo reacciones muy sentidas procedentes de lectores que tuvieron la sinceridad de decir que desconocían que fueran dos palabras. Es mucha la gente que se refiere al deseo sexual con una palabra esdrújula: el lívido (esdrújula y con v) o “el líbido” (esdrújula y con b). La localización de puntos débiles en el habla o la escritura de personas consideradas educadas, por el grado académico alcanzado, ha sido un objetivo persistente de nuestra columna. Apena observar cómo periodistas, locutores, abogados y dirigentes políticos al intervenir en radio o televisión usan formas verbales como “renovo” (renuevo), “descolla” (descuella) o “solda” (suelda). Presentar los modelos de conjugación agregando grupos de verbos que siguen ese paradigma ha estado muy presente en esta columna.

Afortunadamente, los lectores han respondido muy favorablemente y muchos de ellos sugieren temas a tratar o formulan preguntas. Todas las respuestas son orientadas por las publicaciones académicas oficiales, sugiriendo como lícitas, en algunos casos, libertades que se permiten los hablantes en consonancia con las necesidades de comunicación. Ejemplo, usar el verbo amanecer en forma personal: “Esta noche amanecemos, amanecemos parrandeando”.

En fin, esta columna se escribe para promover el buen uso del idioma español, sin menospreciar las formas propias del habla dominicana, a la vez que recordamos a los hablantes las prerrogativas que les asisten al hablar o escribir, así como las restricciones que les impiden vulnerar las normas que puedan herir el genio de nuestra lengua.

 

Rita Díaz, miembro correspondiente: Diccionario de símbolos

La Academia Dominicana de la Lengua publicó el Diccionario de símbolos, de Bruno Rosario Candelier, director de nuestra institución de la palabra.

Con la ayuda de un equipo de colaboradores quienes recibieron del autor la orientación lexicográfica como la base teórica y metodológica para realizar esta obra lingüística. Para la confección de este diccionario les asignó tareas para el expurgo de las fuentes (obras literarias y textos periodísticos) a la luz de la cultura dominicana.

La confección del Diccionario de símbolos implicaba un conocimiento del concepto de símbolo, de la simbología y de la simbolización, singular nivel de expresión del lenguaje, interior y complejo, ya que el símbolo no es algo que acontece en la realidad objetiva, como un libro, un caballo o un florero, sino que se trata de vocablos de nuestra lengua que representan significados y connotaciones peculiares, como las voces “espada”, “lámpara” o “cordero”, que admiten una representación simbólica, metafísica y espiritual mediante un proceso de simbolización, ya que la significación simbólica no es algo sensorial sino intangible. “El símbolo no es visible como una cruz o una lanza, aunque esas dos palabras contienen y expresan una connotación simbólica”, advirtió el autor.

Dijo también que la cultura crea símbolos, los escritores usan símbolos y el Universo es un símbolo.  Y hay que saber interpretar esa dimensión simbólica de la cultura y el lenguaje, inserta en el caudal de voces de nuestra lengua, para lo que hay que entender el pensamiento intuitivo m sutil y simbólico de poetas y narradores, así como la vertiente intuitiva del lenguaje no poético, pero con valor simbólico. El símbolo añade un nuevo valor a las cosas: “Todo tiene valor y todo tiene sentido, pero el símbolo es otro valor agregado a la palabra que representa al objeto asumido como tal, como la copa o la cruz”, dijo Rosario Candelier. Con ese fin impartió instrucciones al equipo de trabajo asignándole tareas, como búsqueda y expurgo de las obras literarias (textos periodísticos, históricos, religiosos, críticos y místicos) y de algunas fuentes secundarias (como diccionarios que guarden relación con la identidad y la cultura a través de los símbolos). En todas las áreas del saber humano hay símbolos, que son creados e interpretados por el hombre. La mitología, la religión, la literatura, el derecho, la historia, la música, la arquitectura, la mística, el periodismo, la agricultura, la filosofía, la astrología, todas las disciplinas tienen un caudal de símbolos. Subrayó el autor de la obra que en todas las ramas del saber y en los diferentes ámbitos de los diversos conocimientos se encuentra una singular simbología, y cada lengua tiene la suya. En la cultura dominicana hay variados símbolos que este diccionario describe y ejemplifica.

La fuente literaria de la narrativa, la poesía, el teatro y el ensayo aportó el material de ilustración: “A la cultura de una lengua le corresponde identificar la expresión simbólica de determinadas voces y expresiones de sus hablantes. La dimensión simbólica tiene una dimensión sutil, es decir, que no es algo que van a contactar físicamente, sino que existe a nivel de la representación de esa abstracción en el plano de la realidad estética y la realidad espiritual. Es en el ámbito espiritual, en el ámbito interior donde funciona el símbolo”, puntualizó el autor. La elaboración de un diccionario de símbolos conlleva la exploración simbólica en su dimensión lingüística, histórica, literaria, social y cultural. La riqueza de sentidos de los símbolos en la historia de una cultura es relevante, y una de las dimensiones fundamentales es su realización en el fuero de los textos escritos, en especial los literarios, consigna el autor de este glosario de símbolos en su introducción.

Para la elaboración de este diccionario concebimos estas tareas:

El equipo de trabajo, compuesto por redactores y colaboradores, tuvo una ingente tarea: Búsqueda y expurgo de las fuentes primarias (obras literarias, periodísticas, históricas, religiosas y místicas), las fuentes secundarias (como diccionarios similares que guarden relación con la identidad y la cultura a través de los símbolos). Determinación de la estructura lexicográfica en ejemplos específicos. Selección del material a incluir en el diccionario simbólico, con las definiciones y las ilustraciones correspondientes a este tipo de repertorio. Revisión de las voces, sus definiciones y sus ejemplificaciones.

El lenguaje es el medio expresivo más adecuado del hablante para consignar lo que dice, escribe, crea o inventa, comenzando por su propia expresión, por la creación de mundos imaginarios y de imágenes y símbolos que conforman una obra de creación. “Desde antiguo los poetas creen, y lo creen porque lo viven, que con su creación inventan un mundo verbal que formalizan en imágenes y símbolos, aunque estén conscientes de que la suya no sea una creación ex nihilo, es decir, de la nada, como fue la Creación originaria del mundo según el relato bíblico. La de los narradores, dramaturgos y poetas es una creación que tiene su base en la tradición, el lenguaje y la memoria, a la que se suman imaginación, intuiciones y vivencias. Identificada la entrada o palabra clave, que se consigna como voz simbólica, escrita con letras mayúsculas y en negritas, se aplican las pautas del siguiente decálogo: 1. Definición del significado básico o valor literal de la palabra. 2. Descripción del valor metafórico.3. Identificación del valor simbólico. 4. Clasificación según el ámbito del saber (ling., med., rel., lit., folk., psic., fil., mit., met., míst., teol., astr., agr., dep., mús., arq., der., fís., hist., antr., etc.). 5. Clasificación hecha con abreviaturas en negritas. 6. Ejemplificación o ilustración literaria (citada textualmente de una obra). 7. El ejemplo de ilustración se escribe entre comillas y se cita la fuente. 8. La palabra clave que aparece en la cita, se destaca con letras en negritas. 9. Si se ponen varios ejemplos, se enumeran. 10. Los tres niveles (básico, metafórico y simbólico) se consignan con números en negritas”, escribió el autor de esta obra que la Academia Dominicana de la Lengua ofrece al país.

 

Sélvido Candelaria, miembro correspondiente: Diccionario de mística

Los diccionarios son herramientas que se utilizan en todas las profesiones, y que puede servir hasta… para condenar a una persona, según nos dice en una atinada selección ilustrativa que ha utilizado para presentar el Diccionario fraseológico del español dominicano el consagrado narrador, lingüista y comunicador, Rafael Peralta Romero. “El escritor español José Antonio Millán cuenta que la Justicia de Vizcaya condenó a unos jóvenes por llamar «cipayos» a unos policías. El primer juez que tomó la causa buscó la palabra en el Diccionario de la lengua española y observó que significaba: «Soldado de la India de los siglos XVIII y XIX». Esto no parecía un insulto, y no los condenó. Pero más tarde la corte volvió a tomar el diccionario y observó una segunda acepción: «Secuaz a sueldo». Eso era insultante dirigido a un policía. Los jóvenes fueron declarados culpables”.

Sírvame, pues, este preámbulo para introducir mi participación en la presentación del Diccionario de mística, del Dr. Bruno Rosario Candelier. Los diccionarios podrían hacer la diferencia en muchos otros aspectos, pero he querido escoger este dato sobre su auxilio a la justicia ordinaria para resaltar lo que muy poco se menciona de los diccionarios: su característica de canon justiciero. El diccionario viene a ser como una recopilación de leyes que, en base al uso de giros y expresiones, va estableciendo una comunidad de hablantes. He escuchado a abanderados de la mal llamada “igualdad de género” echar pestes contra “el grupo de misóginos que impone las reglas” en el idioma español, por tratar de imponer el uso de palabras con desinencias que apuntan a “favorecer” el género masculino, y quiero aprovechar mi acotación anterior para recalcar que las reglas del idioma español se establecen después que la práctica de sus usuarios ha señalado una constante, no al revés. Ni más ni menos, esto ha hecho el director de la Academia Dominicana de la Lengua, al recopilar una serie de vocablos y frases que, el uso especializado de los creadores literarios, ha establecido como referentes de aspectos místicos.

Existen diccionarios que recogen palabras específicas utilizadas en los diferentes ámbitos del quehacer humano. Tenemos diccionarios de filosofía, de periodismo, de medicina, de mecánica, eróticos, de autores, culturales, religiosos, astronómicos, marítimos y este Diccionario de mística, que si bien no es exclusivo dentro del tema, viene a constituir una novedad, tanto en el ámbito de la lengua en que ha sido escrito, como en el procedimiento utilizado para ello, pues no solo se circunscribe a definir las palabras desde diferentes perspectivas, sino que transcribe textos en los cuales podemos ver esas palabras utilizadas dentro del contexto donde se hace la definición, instruyendo al profano y ayudando al iniciado a interpretar los conceptos con mucho más eficacia, algo sumamente importante en un tema tan escabroso como la mística. Sus significados han sido explicados por Rosario Candelier en estas palabras: “La mística implica, como búsqueda de lo divino, una contemplación hacia adentro, hacia la esencia del ser, hacia la Fuente creadora e inspiradora de todo, hacia el Misterio que arroba y anonada” (Diccionario de mística, p. XI). El filólogo mocano ha estructurado un texto de consulta indispensable para todo aquel que se interese por el tema de la mística, pero, sobre todo, para los creadores literarios quienes pueden encontrar una guía referencial y un manual esclarecedor de dudas, respecto a la materia. Con más de 200 entradas y unas 1500 notas de textos donde aparecen giros y expresiones de simbolismo místico creados por 23 escritores, y con la autorizada interpretación de cada una de ellas, el autor nos entrega una herramienta fundamental para incursionar en este complejo campo.

Veamos un ejemplo: “LUCIÉRNAGA. 1. Pajarillo que en las noches proyecta una luz parpadeante que hace temblar a la misma sombra con su hacha de lumbre”. El texto escogido es del escritor Artagnan Pérez Méndez, de su obra Allá. “La noche estaba oscura penetrada por luciérnagas que, jugando en espirales de luz, hacían tartamudear las sombras…”. (Si abrimos este diccionario vamos a encontrar en cualquier página unas definiciones elaboradas con el lenguaje técnico y preciso que regularmente se usa en la lexicografía. Pero en ciertos términos, la sensibilidad estética traiciona al perito y la poesía fluye a borbotones poniendo un toque de arrobamiento, donde se ha quitado algo de precisión) 2. Imagen de la vocación de sabiduría y amor del alma del místico”. En esta ocasión se usa un extracto del poema “Grito”, de Lourdes Billini Mejía, para ilustrar: “Si por el contrario/alas plañideras amortiguan mi tránsito/collares de espuma/ alumbrarán mi senda/… ¿Qué hiciste luciérnaga del beso de paz/que ofrecí al amado? 3. “Fuente luminosa de lo divino mismo”. Ahora, desde el poema “Gota de luz”, se usan unos versos de Rocío Santos para ilustrar. “Eres la luciérnaga que me alumbra oscuro /¡Trae tu paso a este espacio!/¡Trae tu espacio hacia este cansancio!/En mí el respiro es la aurora de tus alas!” 4. “Figuración simbólica del misterio que la noche engendra”.  De Tulio Cordero, en su obra “Noche”, son los versos que respaldan este concepto: “¿Quién ha lamido/de esta noche/las luciérnagas? / Cenizas temblorosas, muertas de vergüenza/Venidas de la muerte” (Ob. cit., p. 242).

Así, durante el parsimonioso recorrido que deberá hacerse por el sendero de sus páginas, habremos de encontrar un caudal de conocimientos acumulados en más de 5 décadas de estudios sobre este tema; los mismos que han sido puestos a nuestra entera disposición, por la bondad y el altruismo de este distinguido humanista dominicano, quien ha hecho, a través de su magisterio, un ingente esfuerzo por enseñar el buen uso de la lengua a todos los estratos de nuestra sociedad y en todos los ámbitos del quehacer humano. Tan meritorio aporte debe ser aprovechado y agradecido en grado sumo, como agradezco yo el honor de haber sido escogido para esta presentación.

 

Ruth Ruiz, miembro correspondiente: Fundéu, la ADL y el uso del español en los medios

El 19 de julio de 2016 se produce la puesta en marcha de Fundéu Guzmán Ariza con el objetivo de impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación de la República Dominicana con el apoyo y asesoría de la Academia Dominicana de la Lengua. Esta entidad surge de un acuerdo alcanzado en mayo de ese año entre la Fundación del Español Urgente (hoy FundéuRAE) y la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua con el fin de establecer aquí un servicio dirigido a periodistas y medios de comunicación para que estos puedan resolver las dudas más frecuentes sobre el uso correcto del español, tal como ha venido haciendo FundéuRAE en España.

La labor principal de Fundéu GA consiste en hacer recomendaciones sobre el lenguaje utilizado en los medios de comunicación dominicanos y responder las consultas lingüísticas individuales que se le sometan por correo electrónico, las redes sociales u otras vías. En la redacción de las recomendaciones se citan frases y expresiones tomadas de los medios de comunicación para ejemplificar los errores lingüísticos que se detectan, explicar en qué consisten tales errores de acuerdo con las normas lingüísticas y cómo corregirlos siguiendo las pautas académicas. Los temas de las recomendaciones se inspiran, por lo general, en los titulares sobre los sucesos noticiosos del momento. Así, suelen tratar desde la escritura adecuada de títulos y cargos hasta consejos lingüísticos sobre los términos y expresiones relacionados con las fiestas de fin de año, pasando por el léxico de la Semana Santa, la escritura adecuada de los nombres de huracanes y tormentas, alternativas en español a extranjerismos innecesarios, las palabras de la moda y los deportes o los términos ligados a la pandemia de covid-19.

También se enfocan con especial interés los errores ortográficos y gramaticales que se observan con mayor frecuencia en las informaciones periodísticas, tales como el empleo incorrecto de las preposiciones al intercambiar unas por otras, uso deficiente de los signos de puntación, en especial los usos incorrectos de la coma (como la que separa el sujeto del predicado); la escritura de palabras prefijadas y compuestas con guion o espacio en casos en los que esta grafía no es pertinente; el empleo innecesario de resaltes tipográficos como cursivas o comillas en palabras que no los necesitan, o la ausencia de estos en los casos fijados por la norma ortográfica, así como el uso alternado de palabras homófonas y de términos que por su semejanza se prestan a confusión.

Las constantes consultas que se reciben a diario son un claro indicio del interés creciente entre los lectores por el buen uso del español y de la variedad de temas que pueden dar origen a las dudas lingüísticas, como, por ejemplo: ¿cuál es el plural de dembow?; ¿PUCMM es sigla o acrónimo?; ¿por qué llamados así al jabón de cuaba?; ¿qué significa rayano en el español dominicano? (‘persona natural o habitante de la línea fronteriza entre la República Dominicana y Haití’); ¿cómo se escribe: alianza público-privado o alianza público-privada?, ¿… y el plural de las siglas?

Tras cinco años de labor ininterrumpida, Fundéu Guzmán Ariza ha emitido unas setecientas recomendaciones lingüísticas, las cuales se publican en su página web, se difunden en las redes sociales y se envían por correo electrónico en un boletín que cuenta con cerca de once mil suscriptores dentro y fuera de la República Dominicana.

 

Domingo Caba, miembro correspondiente: La RAE ante el doble género gramatical 

   Las propuestas para el uso de una lengua no sexista encuentran su rechazo o entran en contradicción con lo planteado y prescrito por la Real Academia Española (RAE) en dos de sus textos fundamentales: el Diccionario panhispánico de dudas (2005) y la Nueva gramática de la lengua española (2010), ambos de carácter panhispánico y consensuados por la Asociación de Academias de la Lengua Española. «En los sustantivos que designan seres animados –se lee en el Diccionario panhispánico de dudas – el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar a la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es un animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente –amplía el precitado lexicón- los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un conjunto formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas».

  En relación con la sistemática y persistente campaña que con el propósito de “desmaculinizar” la lengua,  desarrolla y ha desarrollado durante años el movimiento feminista, la RAE., en el texto antes referido, apunta lo siguiente: « A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: “Decidió  luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras…”. Se olvida de que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo –y debió– decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros”».

Aludir a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y las ciudadanas),  con el afán de no incurrir en la supuesta “discriminación lingüística” constituye, según el Diccionario panhispánico de dudas,  una “innecesaria  costumbre”, generadora de “engorrosas repeticiones”, las que, unidas al deseo de mitigar la pesadez de la expresión que esas repeticiones provocan, se tratará de evitar mediante “la creación de soluciones artificiosas” que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos”.

Sobre el mismo tema, y en iguales o parecidos términos se expresa la RAE, en una de sus más recientes obras, la Nueva gramática de la lengua española, publicada en marzo del 2010: «El masculino es en español el GÉNERO NO MARCADO, y el femenino, el MARCADO. En la designación de personas y animales, los sustantivos de género masculino se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, pero también para designar a toda la especie, sin distinción de sexos, sea en singular o en plural. Así, están comprendidas las mujeres en Un estudiante universitario tiene que esforzarse muchos hoy en día para trabajar y estudiar a la vez. Se abarca asimismo a las osas en El oso es un animal plantígrado. Estos casos –aclara la Nueva gramática – corresponden al USO GENÉRICO del masculino. Sin embargo, razones extralingüísticas (subrayado nuestro, D.C) o contextuales pueden dar a entender que se habla solo de varones…».

En relación con el uso frecuente de los dobles genéricos, la docta corporación lingüística sostiene que: «En el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas por sustantivos que manifiesten los dos géneros: los alumnos y las alumnas; A todos los chilenos y a todas las chilenas; tus hijos y tus hijas… El circunloquio es innecesario, puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es explícito para abarcar a los de uno y otro sexo. Se prefiere, Los alumnos se examinarán; Es una medida que beneficia a todos los chilenos; ¿Cómo están tus hijos?».

La doble mención genérica, de acuerdo con el criterio académico, solo es admisible, cuando se interpreta como señal de cortesía en ciertos usos vocativos: señoras y señores; amigas y amigos; damas y caballeros, etc.

 

 Ofelia Berrido, miembro correspondiente: Tertulia “Letras de la Academia”

La Academia Dominicana de la Lengua, bajo la dirección del doctor Bruno Rosario Candelier, creó la Tertulia “Letras de la Academia”, coordinada por la doctora Ofelia Berrido. Durante un quinquenio, cada sábado a las 5:00 pm, esta Academia recibía en su seno a destacados escritores en conferencias presentadas por los académicos de la institución e invitados especiales. Esta tertulia es un espacio que propicia la reflexión, el debate de opinión y genera acuerdos sobre asuntos que atañen a la lengua, la literatura y ciencias afines que impactan a nuestra sociedad.

Para estas tertulias se cuenta con la colaboración y el apoyo de reconocidos intelectuales, artistas y científicos: hombres y mujeres abiertos al debate. La presentación de estos invitados tiene un sabor de voz autorizada, es decir, es altamente valorada por los contertulios. Se alternan los invitados con miembros de la Academia, de otras instituciones y escritores independientes. Las reuniones brindan como beneficio a los escritores y al público la posibilidad de compartir con grandes figuras de las letras y de participar en edificantes debates entre miembros de diferentes escuelas y tendencias. Por otro lado, la espiritualidad y la racionalidad siempre están presentes como representantes de la dualidad de la vida integrada y forman parte importante del tiempo de estas reuniones.

La Academia Dominicana de la Lengua, sede de la tertulia, es un lugar de intercambio de conocimientos e ideas, donde se enseña, se aprende, y se comparte. Se despierta el interés y en ocasiones hasta se provoca el compromiso de la gente acude con las más variadas motivaciones. En la Tertulia “Letras de la Academia” se discuten temas sobre la lengua, la literatura y ciencias afines y coadyuva a que se aborde la cultura con entusiasmo, como algo sustancial que nos nutre y nos permite socializar con figuras importantes mientras pasamos un momento provechoso y ameno.

La Tertulia Letras de la Academia celebró en la sede de la Academia Dominicana de la Lengua su V Aniversario. Durante su primer quinquenio más de 50 escritores dictaron conferencias en esta tertulia. Hemos reconocido a las personas que con su trabajo desinteresado y su aporte contribuyeron al éxito de esta instancia cultural de la Academia También reconocimos a los escritores, artistas plásticos e intelectuales de las diferentes ramas del saber que con sus presentaciones y sus intercambios han ayudado a promover la literatura y la cultura a través de la Tertulia “Letras de la Academia”.

 

Miguel Collado, miembro correspondiente: Notículas gramaticales*

Conociendo es, en gerundio, el modo del verbo conocer que nos remite a la acción, al acto mismo en que tiene lugar la adquisición de conocimiento. Y ese es el propósito que perseguimos con la serie denominada «Notículas gramaticales» que hemos venido publicando en las redes sociales desde hace algún tiempo y que ha concitado un inesperado interés entre los lectores. Notículas porque son breves notas, apuntes que no buscan competir con lo limitado del tiempo del que, por la rutina acelerada, dispone la gente. Pretendemos contribuir a crear conciencia sobre el uso correcto de la lengua española, motivando a sus hablantes a respetar su normativa gramatical al momento de hablar o de escribir. Se corresponde ese interés con el objetivo principal de la Academia Dominicana de la Lengua: «favorecer el estudio de nuestra lengua y el cultivo de las letras para cuidar su esencia originaria, impulsar su desarrollo y alentar el cauce creativo del genio idiomático, asegurando su cohesión y su vigor».

La realización de estudios en el campo de la normativa gramatical del idioma español y la publicación de artículos en los medios de comunicación son algunas de las actividades llevadas a cabo por dicha corporación para alcanzar ese objetivo.

El contenido de la serie de “Notículas gramaticales” es, casi en su totalidad, extraído del Diccionario de la lengua española (23ª. ed. Madrid, España: Real Academia Española, 2014), que abreviamos así: DLE. Con las primeras notículas comenzamos a difundir el abecedario español, transcribiendo las definiciones de cada una de las 27 letras que lo conforman e ilustrando con ejemplos propios de la cotidianidad hispanoamericana y, en algunos casos, de la realidad lingüística dominicana.

Además del DLE, para la elaboración de las notículas gramaticales consultamos las siguientes obras lingüísticas editadas por la Real Academia Española: Nueva gramática de la lengua española, Ortografía de la lengua española, Diccionario panhispánico de dudas, Ortografía escolar de la lengua española, El buen uso del español, Diccionario del estudiante (Secundaria y bachillerato) y el Diccionario de americanismos, entre otras. También hemos consultado obras lexicográficas editadas por académicos dominicanos: Diccionario de dominicanismos, de Carlos Esteban Deive; Diccionario de dominicanismos y americanismos, de Max Uribe; y el Diccionario del español dominicano, de María José Rincón González y Bruno Rosario Candelier.

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*Esta serie de “Notículas gramaticales” son difundidas por el bibliógrafo Miguel Collado, Consultor Bibliográfico y académico correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, a través del periódico digital dominicano Olympus Digital y de diversos espacios virtuales en la plataforma de Facebook. Esta serie cuenta con el aval de la Academia Dominicana de la Lengua.