Voces y ecos: «El sueño era Cipango»

Por Rafael Peralta Romero

Hace dos años me correspondió comentar, en un coloquio, la novela “El sueño era Cipango”, de Bruno Rosario Candelier, publicada en 2002 con el sello del Ateneo Insular. Preparé entonces una exposición mayor de 2000 palabras  y hoy les presento un extracto  de unas 400 palabras.

Lo mítico, lo místico y lo metafísico, atributos fundamentales del  pensamiento interiorista, aparecen a largo de la obra, aunque mezclados  en controversias  por cuestiones de orden material,  como el desmedido apetito de los castellanos para lograr riquezas y la vileza de sus ideas con respecto al trato que merecían los indios capturados y esclavizados.

Rosario ha escogido la villa de La Isabela como escenario  de los sucesos que cuenta,  aunque la obra tiene una atmósfera de novela histórica, el autor  no se limita a las condiciones de la aldea fundada por Cristóbal Colón el  l0 de diciembre de 1493,  sino que  dota a dicha demarcación de las características requeridas para el desarrollo  de su múltiple trama.

Multitud de personas, autoridades municipales, militares y sacerdotes de diversas órdenes  aparecen en La Isabela. He aquí unos detalles, según Bruno Rosario Candelier, sobre la celebración de la primera misa en territorio americano el 6 de enero de 1494.

Esta novela se corresponde plenamente con la ortodoxia del género. En veinte capítulos, Rosario Candelier  desarrolla una  diversidad de hechos  fundamentados  en lo que cuenta la historia dominicana a partir de la incursión de los europeos en 1492.  La obra parte del segundo viaje del almirante  y el hecho real de la fundación de una ciudad en la costa norte de la isla Española.

Un personaje narrador va desenrollando la madeja constituida por hechos que pasaron realmente y por otros que aunque no ocurrieron pudieron haber acaecido, pues Bruno  hace perfecta aleación de lo real con lo imaginado para dar cumplimiento a la necesidad de dotar a los sucesos que cuenta de unidad temática y equilibrio argumental.

En esta novela  hay uso provechoso del diálogo. Aparece  la conversación coloquial, como en toda obra narrativa, pero predomina el diálogo estructurado, que obedece al propósito de emitir ideas que procuran ahondar en tópicos de trascendencia, lo cual identifica a El sueño era Cipango como una novela de ideas, más que de anécdotas.

La función de los diálogos en esta novela hace honor  al  espíritu didáctico de  los diálogos platónicos, lo cual resulta proporcional al talante de un escritor  que ha bebido con fruición en las fuentes de la filosofía griega, con especial  detenimiento en Platón para quien  el diálogo formó  parte  esencial de su método de filosofar. Falta  por decir.

(Publicado  en EL NACIONAL el viernes 4.1.19)

Tony Raful o la omnipresente simbología de la luz

(Lectura de Danza del amor y los mandalas)

Por Leopoldo Minaya

   Para palpar lo inasible y auscultar lo insondable… ha revelado su presencia el poeta sobre el cosmos. Filósofo, teólogo, sacrílego y mundano, su mirada devela enigmas al soplo de lo intuitivo, enigmas que recrea y relanza redivivos cuando planta y faena en el suelo fecundo del Arcano. Justa medida… por justa medida. Todo cuanto existe, todo cuanto “es”, todo cuanto “no es” —memoria o mansedumbre o risco llameante— se constituye o en piedra de toque o en materia de su arte.

Impulsado por la energía volitiva del espíritu que inquiere, el poeta busca las verdades últimas por senderos ignorados no siempre apegados a los principios de la lógica, independientes de la fe, recelosos de la razón; valga decir: por las  veredas de la emoción trascendente, del sentir eminente y de la arrebatadora hermosura.

En estos atributos, y en este objetivo —búsqueda y planteamiento de axiomas universales—, se fundamenta el corpus poético “Danza del amor y los mandalas”, de Tony Raful, excelso cantor de “Freya” y “Eurídice”², rapsoda del tiempo y de la luz, auriga del sueño intemporal y de los símbolos.

Ante todo, ¿qué es un mandala?, vocablo no siempre de significación obvia para nosotros, renuevos de Occidente, pobladores de la historia y el tiempo rectilíneos:“Mandala —dice la nota introductoria en que se logra distinguir el refulgente estilo del poeta— es una palabra sánscrita, de origen hindú, es un vocablo mágico que significa círculo. En su interior gravitan el inconsciente y el consciente del ser humano según Carl Jung. Significa un abastecimiento de energías para influir en el destino humano. Un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar la mente, se le privilegia como un espacio sagrado. El mandala te ayuda a curar la fragmentación síquica y espiritual y a manifestar tu creatividad, así como a reconectarte con tu ser esencial. Es un viaje hacia tus esencias. La danza del amor es infinita y nace de los mandalas, sus prodigios y sortilegios como naves del laberinto, donde el poeta toca los tambores del renacimiento, la fosforescente imagen de sí mismo, bajo el fulgor de sus versos y el ígneo destello de su poesía”.

Con esta acotación (que alcanza sin duda los linderos sublimes del poema), Raful emprende la concretización de su arquitectura verbal. Emplea en ella conceptos comunes al budismo y al hinduismo, como el mandala,  sumándolos a elementos del cristianismo, del catolicismo y  del pensamiento laico que subyacen en su amplia formación humanística. Aborda la interpretación del misterio de lo bello… como justificante para descifrar la belleza del misterio en caudales pinceladas inquisitorias en la “Danza del amor”, poema central que da título a la entera publicación. El lector, en esta pieza de incalculables proporciones, no puede sino imaginar al aeda sentado al borde del cosmos, formulando interrogantes perentorias en nombre de la raza humana: un acto de conversación superior o con todos los hombres o con ese Ente generador, ese algo, ese alguien, ese círculo, esa complejidad dimensional, esa fuerza, esa cognición suma, ese instinto, ese mandala… que le sirve de silente interlocutor:

 

¿Quién es el ser?

¿No es la conciencia sobreactuando?

En doble nivel de preceptos y de fuerzas infinitas,

¿puede el ser crear el sentido?

¿Erigir dioses y que éstos, creados, sigan creando?

¿Cuánto dura el ser?

El ser existe si existe la conciencia,

la conciencia existe si existe el diálogo crítico interior.

¿La conciencia es la fe?

No hay fe sin conciencia pero hay conciencia sin la fe.

¿Se desdobla la conciencia?

 

Intento divalente, a mi parecer, pues demanda análogamente el absoluto delineamiento del ser al través de la conciencia como modo de alcanzar autoconocimiento —del “yo” individual y el colectivo al saberse o al determinarse lo que realmente podrían ser—, y la anhelada substanciación de lo divino en el acto probable de responder.

Técnicamente, “Danza de amor y los mandalas” es un poema compuesto, resultante de la superposición de enunciados, aseveraciones e interrogaciones que encuentran en el Amor —fuerza suprema que vivifica y aniquila— su hilo conector en cuanto al fondo…  En cuanto a la forma, lo será el ritmo: verdad oculta  del sentido. En lo tocante a lo primero, el texto puede subdividirse en un número determinado de apelaciones esenciales, entre las cuales en una rápida asomada se pueden distinguir:

(Apelación de la calidad y el atributo):

 

Yo suelo ser el elegido

del mandala que sostiene círculos y diagramas.

(Apelación de la duda formal):

¿No es envoltorio lúdico el verbo?

¿Y la palabra, no es articulación confusa

del ser indefinido que apenas percibe

del todo, minúscula esencia,

tropel fugaz de imágenes?

(Apelación del uno múltiple):

¿Quién soy yo?

Yo soy el otro aludido

su entorno del albur sorprendido,

el lenguaje, el signo, la cultura,

rudimentos confusos adheridos.

(Apelación de la redención animal):

¿Son los animales todos, seres ofendidos?

Digo, sin objetivos, expresión bruta

de vivir sin alcanzar asiento,

formas superiores de embelesamiento.

¿Quién dijo que ellos serían adorno, utilidad, alimento?

(Apelación de la identidad, o reflexiva):

¿Dónde el ser se define distinto

si la conciencia no detiene el asalto del primate

esencial,

de la bestia libre que serpentea laderas?

(Apelación del samsara):

El mandala refulge en líneas concéntricas

oficio de Buda y capuchinos del Tíbet

manipulan el sol y lo fragmentan en espigas doradas,

gobiernan la luz y la miel del reposo.

¿Pero escapan de la rueda de vidas y muertes?

En cuanto a los compases, nótese la musicalidad cautivante con que el poema rompe: “Numinoso el canon del verbo y el escriba, / tiempo flamígero de volada palabra / donde el ser reverdece la vida / y la muerte es enigma disuelto…”.     Un ritmo apoyado en un pie trisílabo —en esta magistral entrada, predominantemente anapéstico— que unido al sentido emblemático y de identificación colectiva, la voz de todos, convierte el poema en una suerte de himno:

 

Numinó / so-el cá / non del vér / bo…y el escriba, (Verso 1)

tiempo flamígero / de volá / da palá / bra   (Verso 2)

donde el sér / reverdé / ce la ví / da  (Verso 3)

y la muér / te es eníg / ma disuél / to… (Verso 4)

 

De hecho, los dos últimos versos de esta primera muestra son decasílabos hímnicos perfectos, el metro preferido en las versificaciones tradicionales de las lenguas derivadas del latín para componer este género de cantos, como su nombre lo indica, algo que puede comprobarse en la composición tomada como Himno Nacional dominicano:

Quisqueyá/ nos valién/ tes, alcé/ mos…

Y que encontraremos con frecuencia, fragmentado, empotrado o in extenso, en todo el recorrido de la “Danza”, que se aboca sin embargo a un  ritmo más moderno y variado:

Dónde el sér / se defí / ne distín / to (Verso 34)

¿Quién otór / ga sentí / do a los ás / tros? (Verso 72)

¿Qué-extrá / ña versión / de otros mún / dos? (Verso 132)

no meré / ce perdér / la memó / ria  (Verso 155)

Complementado por las modalidades dactílicas y anfibráquicas, es decir, el mismo pie trisílabo con el acento rítmico movido a la primera o a la segunda sílaba:

Juégo de / trópos que in / súfla va / cíos   (Verso 11)

del tódo,/ minúscu / la esén / cia (Verso 15)

O combinándose con otras reproducciones fónicas de entre dos y cuatros emisiones tonales… Locución y elocución confabulándose para revestir el discurso poético de altos niveles líricos; de la excepcional musicalidad tan solo reservada al entusiasmo y la exaltación de los himnos.  Porque eso es “Danza del amor y los mandalas”: un himno lleno de vibrante energía que despliega en su grafía y eufonía los trazos inmanentes a la altura de su numen y la profundidad de sus conceptos.

En Tony Raful hay una exuberancia de recursos lingüísticos y conceptuales que seducen las interioridades de la sensorialidad humana, usados a un tiempo con soltura y naturalidad, y exentos de superficialidades y afectaciones como soñara Pushkin. En el decir, el enunciar y el inquirir se revelan la pulcritud expresiva, el estilo delicado, la incomparable belleza de las locuciones. ¿Qué es la belleza, sino el comprobante irrefutable de cuanto nos resulta trascendente, verdadero en sí o valedero?:

 

¿Quién irisa la oscura flor del mar?

¿Quién fabula la brizna del terciopelo y la sepultura?

Un amor que destella y se enreda en la luna,

¿en qué instante se llena de vírgenes dormidas

violines de hueso, humo errante, clámide de polvo?

¿En qué lago azul se asila la belleza,

el otoño y sus corceles de vencido marfil o aceituna?

¿Se sostiene un pensamiento más de un ciclo lunar?

¿Somos frailes y asesinos

santos y malvados, torturadores y torturados?

¿Abdica la gnosis frente a la armadura de la noche absoluta?

 

El artista fija siempre el objeto de su canto (de todos los cantos que conforman su volumen lírico) en la trascendencia espacio-temporal, ente transformador más allá de formas y sonidos. Se vale del amor, la sensualidad, la metamorfosis de lo cotidiano, la contemplación de lo bello, el asombro, el éxtasis, la catarsis… “El Genio Poético es el hombre verdadero”, como enunciara Blake, “y las formas de todas las cosas están derivadas de ese Genio”.¹  En la expresión: “Si tú sonríes el mundo cambia” se advierte al instante el deseo de subversión traducido en halago sugestivo o conminatorio; deseo que se hace transformación efectiva, “realidad irreal” porque la capacidad de mutación reside además en la mirada y el alma y la aspiración del observante… vale decir: del poeta.

La energía del espíritu transfigura todo lo que toca: eslabona las imágenes como piezas de un rompecabezas. ¿Qué sucede si tú sonríes y el mundo cambia? La respuesta la da el verso subsiguiente: “El oro y la tierra no los necesito”,  y continúa ese fluir de posibilidades elaborando el tejido del discurso en que una transformación promueve otra transformación hasta que el poeta o agota el contenido conceptual o retoma el condicionante inicial, en un rebote retórico que originará a su vez nueva sucesión de sobrecogimientos e imágenes:

 

(Imaginando si tú sonríes)

Si tú sonríes el mundo cambia,

el oro y la tierra no los necesito.

Sirenas y luces para tu esbeltez tersa

silbando bajo la rama en tu costado.

Vegeto el ocio de contemplarte.

Si tú sonríes, el cegador desmayo

suspende la palabra y boca floridas.

Todo el universo cabe en una esquina,

atento al ojo que aguarda y besa

el lábaro alado de tu belleza.

 

En verdad, el goce en la contemplación de lo excepcionalmente bello concretiza y encuadra toda forma de aprehensión de las esencias universales, puridades que el ser toca sin tocar al asalto de la mirada (física o espiritual) y al martirio de la temporalidad y la expectación, que aguijonean dulcemente como pequeñas muertes.

Pero si todo deriva del Genio Poético, y si entiendo que “salvo en el amor el ser no existe, es engañifa” (verso 152)³, ¿quién soy yo? Después de todo, “Yo suelo ser el elegido / del mandala que sostiene círculos y diagramas”, nos dice el bardo en los versos 8 y 9 de la oración primordial. “Yo suelo ser el elegido” –repite en el verso 161-, “…de la poesía náufrago y del naufragio punto de partida” (verso 162). El poeta se busca. En un poema anterior, intitulado “Si no fuera quien soy”, empieza a perfilarse: es él… todos los poetas en un acto de cosmogónica representación; él, que habla al Universo, a los dioses y a los hombres; es el oficio mismo de la Poesía. Pero no afirma lo que es: niega lo que no es, y así, por el recurso recatado de la doble negación llega a la afirmación ulterior, en una suerte de rodeo, y separa la paja del cereal. “Si no fuera quien soy” –dice convencido- “no enlazaría alas en las gotas del rocío”. Y continúa:

…no tendría el ritmo breve del torbellino

que refulge y esplende el cristal de las aguas.

No agitaría el pañuelo

como una garza de luz rosada

que baila sobre las espumas rotas del cielo,

arrebol que finge su pulpa de nirvana.

Si no fuera quien soy

no buscaría el recinto violeta de la llama

el plenilunio donde detúvose la fresa pálida

              de tu ternura,

las lecturas de Octavio Paz y su Piedra de Sol,

los versos centinelas y su telar romancesco,

el amor vivido a sorbos de lumbre y esmeralda.

Si yo no fuera quien soy

no tocaría el pretil ni su floración de orquídeas,

ese talle esbelto de flor en el jardín,

no tentaría tu esfera de cañada clara,

no besaría la rosa trémula del ardor lascivo…..

 

En tal virtud (parafraseando los postulados por vía de la antítesis): Por ser quien soy…. enlazo alas, tengo el ritmo breve del torbellino, agito esta garza de luz que es mi pañuelo, busco el recinto violeta de la llama, el plenilunio, la fresa de tu ternura, el poema, el amor…  Pero por el mismo motivo, es decir, por ser quien soy, el Poeta y todos los poetas: toco pretiles floreados, el talle (tu talle), tu esfera de cañada y, sobre todo,  la rosa trémula del ardor lascivo, un símbolo tan hermoso y tan preciso este último, una metáfora tan cristalina… que no necesita explicación alguna, salvo que el mismo poeta, en la prolongación del arrebato gozoso del acto creativo, del toque o la contemplación, pueda agregar otras tres metáforas que amplíen la duración e intensidad de la sacudida…

…ese lazo furioso de alondras y sombras,

golpe de olas,

escarchas de limbo y alba

en el abismo de la herida que me nombra.

…con el objetivo de entroncar la imagen sensual a la imagen ideal de ansia de autodescubrimiento y avidez de iluminación, como símbolos que se intersecan en la imagen tercera de un abismo e, irremisiblemente, en la dicotomía sensoria del placer y el dolor. ¡Visión! El poeta, la herida y las cuatro últimas metáforas: Visnú con sus cuatro brazos que sostienen la flor de loto, la rosa del placer, del mandala, de la resurrección.

 

Y quedan explicadas de paso la condición sagrada, la condición sacrílega y la condición mundana del poeta.

Porque, en primer término, ¿qué simboliza un abismo? Una herida atávica y ancestral (y hay placer y dolor en el hormigueo de las heridas). Y, en segundo término, ¿qué representa un abismo? Vértigo: esa mezcla insólita de perdición de profundidad y de salvación de altura en el disfrute de la sensación de desfallecimiento (y hay placer y dolor en el desfallecimiento). ¿Y el sentir de la carne, ese otro abismo, ese séptimo sentido, a la vez placer y dolor de nuestro espíritu, y que se repite continuamente en la danza del amor…, qué simboliza?

Arribando al forzoso desenlace, el poeta se define en un tono más desenfadado, pero no menos misterioso:

Yo soy estas palabras, esta dicha, esta sortija,

el tiempo amarillo del olvido,

espacio sacro o laberinto encantado,

el inconsciente colectivo de Jung,

esta danza circular del amor y el mandala

que el pájaro tinto del vino revolotea sobre

                      mi cabeza

al pie de sonajeros, sátiros y basiliscos.

La poesía de Tony Raful se desenvuelve indistintamente entre el sueño y la realidad; el poeta se pasea de uno a otro lado sin necesidad de dormir o despertar. Su poesía es fulgor y plenitud. Conceptos y categorías como “espejismo”, “desmayo”, “cristal”, “deslumbramiento”, “agua”, “plenilunio”, le son connaturales. Tony Raful es el poeta de los encantos oníricos, los misterios del tiempo y la simbología de la luz, siempre presente, siempre pudiente. El poeta puede “escapar por la pendiente azul que la noche ondula y el altozano planta con estambres”, y hacerlo en un caballo de luz que galopa hacia el pasado. No todos pueden seguirlo o alcanzarlo por semejantes parajes de vuelo y ensoñación. Por tanto, esta lectura de “Danza del amor y los mandalas” es sólo una aproximación admirativa, un segundo acercamiento rendido a la producción de este poeta dominicano universal; un punto de partida para nuevas y mejores discusiones; un motivo para que posibles lectores se adentren en la espesura de su himno. Con una sola aclaración: hacedlo por vuestra propia cuenta y riesgo: ante el fulgor ontológico y el peso de las palabras, he tenido que apartar el libro varias veces de mi rostro, por temor a que el centelleo me dejase ciego:

“Oh, poesía

                        que rielas de jaguares la barca del alba

                        y de mi corazón.”4

 

Notas:

¹ William Blake, “All religions are one”, Principio Uno.

² Tony Raful, Visiones del Escriba, 1983.

³ Siempre que aparezcan versos numerados, corresponden al poema central que da nombre al libro.

4.Tony Raful, Danza del amor y los mandalas,  Madrigal, p. 77.

Apuntes sobre «El degüello de Moca», novela de Bruno Rosario Candelier

Por Nikolay Polozháev

El libro de Bruno Rosario Candelier, El degüello de Moca, es un libro que se presenta en la misma portada como una novela histórica, anunciándose de esta manera las dos vertientes principales de esta obra: una ficción literaria y a la vez un libro verídico que trata sobre un período de la historia de la nación dominicana. Digo la nación dominicana porque no se trata sólo de los asuntos domésticos de un pueblo particular, sino de una tragedia histórica que vivió todo un pueblo que pocos años después se convertiría en una nación independiente. Lo que pasó en Moca en el 1805 no fue simplemente un accidente local, sino parte de lo que estaba pasando a toda la población de lo que hoy en día conocemos como la República Dominicana. Lo particular de Moca fue quizás el exagerado grado de crueldad, aunque en otros pueblos la tragedia también fue no menos dramática. Por esto se puede decir que la historia de Moca es una ventana a través de la cual se ve la historia de la nación entera de esa época, lo que agranda y destaca la importancia de esta obra para todo dominicano y para aquel que quiera conocer la historia de este país.

Aparte de estas dos vertientes anunciadas, que caracterizan el género de la obra, al leerla uno no puede dejar de percibir desde las primeras páginas, otras dimensiones potentes del análisis intelectual de este libro. Una de esas dimensiones es la filosofía que empieza a tratarse desde el primer capítulo de la novela.

Esta filosofía, a su vez, tiene diferentes líneas. La línea principal del análisis filosófico es, sin duda, lo espiritual. Desde las primeras páginas donde se describe la llegada de un grupo de futuros mocanos a la villa que recibe un nombre simbólico de la Villa de Nuestra Señora del Rosario de Moca, empieza a marcarse esa dimensión. Fue como una analogía de la llegada del pueblo de Moisés a su destino después de una larga travesía. Y no es la única analogía con los hechos de la historia universal que se deja ver a través de la novela.

La fe estuvo explicita allí desde el primer momento. E igual que el pueblo de Moisés, el primer pueblo mocano creía que los problemas se habían acabado por el hecho de terminar la travesía y encontrar tu tierra prometida, mientras que las verdaderas pruebas lo estaban esperando en un futuro incierto.

Esa vertiente espiritual está presente prácticamente en todas las páginas del libro. Pero no fue la única. Una de las demás líneas filosóficas fue destacar la inocencia. No sólo la inocencia de la pareja que conocemos desde el comienzo de la narración: José Francisco y Margarita. Aunque esto es lo que vemos, apenas empezando la lectura, en la escena donde José ve a Margarita bañarse. Las palabras exactas: “Era una noche de luna llena cuando disfruté la espléndida escena con el relumbrante cuerpo de esa hermosa mozuela mientras se bañaba”. A partir de ahí esta pareja va descubriendo la dimensión erótica de su relación, pero lo hacen de una manera totalmente sana, lo que acusa en ellos dos la auténtica inocencia de adolescentes.

Más adelante el autor nos descubre la inocencia de otro tipo -la del pueblo mocano naciente-, contando por la boca de los mismos personajes las relaciones a veces cómicas, a veces tiernas, a veces hasta conflictivas, pero el lector percibe la imagen de un pueblo virgen, en su gran mayoría exento de maldades.

En el tercer capítulo se descubre una dimensión que poco se discute en los libros históricos -una especie de nostalgia por lo desconocido. Esto sucedió cuando los jóvenes protagonistas de la novela visitaron una cueva en las lomas: “Me sentí inmerso en una especie de portal secreto desde donde podía ver y revivir el pasado estando en el presente, y fue entonces cuando pensé que había sido bendecido y privilegiado por haber conocido un lugar prodigioso como aquella furnia aborigen…”.

Estas palabras de José Francisco son testimonio de una vivencia que muchas personas han tenido en algún momento de su vida. Es una nostalgia por algo de lo que estamos separados por el espacio o por el tiempo, algo que quizás nunca conocimos, pero lo sentimos misteriosamente en algunos momentos o lugares. En caso de José Francisco esto fue algo místico, porque él sintió la presencia de un espíritu que algunos autores llaman egregor del pueblo, que era de un pueblo al que no pertenecía. O sea, la memoria genética estaba excluida. Era algo realmente místico. Y no es menos real por esto, porque mucha gente da testimonios de algo parecido.

En la primera parte del libro el autor nos da un master class de la poesía. Los personajes hablan de la poesía con mucha frecuencia, descubriendo poco a poco los conceptos básicos del arte, demostrándolos con ejemplos fabulosos de versos clásicos.

La segunda parte que consta de cuatro capítulos, cuenta los detalles de la masacre. Probablemente la peor masacre en comparación con otros pueblos de la parte hispana de la isla en esa orgía sangrienta del año 1805. El número de víctimas del degüello de Moca se acerca a un 10% del total de las masacres de aquel año, mientras que la población de Moca era mucho menor en relación con la población total de los pueblos masacrados. Cabe una analogía con los crímenes de lo nazi en la Segunda Guerra Mundial. Una crueldad inconcebible para una persona mínimamente normal. Una analogía con la excepción de que el pueblo alemán fue desnazificado después de la Guerra, y la mayoría de aquel pueblo tenía ideas confusas de lo que pasaba en la realidad. En tanto que la población haitiana todavía está esperando su “desnazificación”. Las escenas explicitas del libro ponen los cabellos de punta. Hacen pensar en el asomo de las fuerzas malignas de las Tinieblas, y no exactamente como metáfora, sino algo realmente diabólico. Esta percepción de la complicidad de las fuerzas malignas se fortalece por el hecho de que la gran parte de las víctimas fue masacrada en la iglesia, que a su vez fue incinerada al final de la masacre. Es como una marca satánica que fue impresa a ese crimen contra la humanidad.

La tercera parte es la que da la esperanza de que las fuerzas malignas ni ahora, ni en el futuro, podrán destruir un pueblo cuya fuerza se nutre de la fe cristiana y del conocimiento de su propia historia.

El libro cuenta tantas historias particulares, está tan rico en cuanto al lenguaje que usa, está tan cargado de filosofía, psicología, historia, poesía e incita al lector a pensar en tantas cosas y a conocer más sobre la historia, que obviamente tiene un valor muy especial para todo lector y, muy específicamente, para los jóvenes.

De mi parte puedo sugerir que se haga una edición con muchos más ejemplares para poder incluir este libro en las bibliotecas de las escuelas y universidades del país, y recomendarlo como un libro de lectura en los cursos de la historia dominicana y la literatura. Para este fin la Academia Dominicana de la Lengua puede establecer unas conversaciones con la dirección de los Ministerios de la Educación y de la Cultura. En caso de realizarse esta sugerencia, yo recomendaría incluir en la próxima edición una parte que haga el recuento de las demás masacres del año 1805, aunque no tan detalladamente como el degüello de Moca.

Encuentro del Movimiento Interiorista, Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz

La Torre de El Caimito, 28 de diciembre de 2018.

El degüello de Moca

Padre Jesús María Tejada

Bohío (Casa), Haití (Tierra Alta), Quisqueya (…?), La Española, son los nombres de la isla incomparablemente más bella, variada, completa y rica de las Antillas (y del mundo para un servidor), pero  atropellada  sin piedad durante 527 años. En ella se cometió una de las tantas barbaries que recuerda la historia: El Degüello de Moca. Recordar ese hecho leyendo la novela del Dr. Bruno Rosario Candelier, hace pensar.

Según la obra literaria los haitianos fueron sicópatas sanguinarios, crueles, despiadados, dominados por un odio racial diabólico. En Haití actuaron  durante  23 meses de guerra a sangre y fuego.  En Moca ¿por qué? Aquí nadie los esclavizó. ¿Por qué son blancos? ¿Porque están en la misma isla? Estas últimas dos condiciones no justifican ningún tipo de ataque.

A pesar de su actuación tan horripilante permitámonos  pensar que ellos no escogieron ser violentos y genocidas. Tal vez son el producto de la crueldad esclavista a que estuvieron sometidos, aparte de herencias ancestrales, muy  diferentes de las costumbres de un pueblo religioso y sencillo como el de Moca. Ellos  nacieron indignados. Su origen no los invitaba a ser pacíficos. Empezaron su guerra de liberación de la esclavitud quemando todos los cañaverales, ciudades  y pueblos, en 1802, al enfrentar a Leclerc  que llegó con el poderoso ejército (58,545 soldados) enviado por Napoleón. Estaban rabiosos contra los blancos, residentes y llegados. Ven a los blancos como los monstruos de la crueldad. Los blancos son la imagen del mismo diablo, que se lo figuran blanco. “Plus blanc que le diable”, más blanco que el diablo, es su expresión espontánea. Su decisión fue arrasar con todos ellos.

Los médicos y los sacerdotes fueron los únicos blancos a quienes  Toussaint Louverture ordenó perdonarles la vida. Antes habían matado incluso a  mulatos. Necesitaban médicos, y eran respetuosos de lo sagrado. Pero ya Toussaint había muerto en Francia cuando Dessalines y sus huestes  encontraron una feligresía blanca de gente inocente en Moca el 3 de abril de 1805. Por eso tanto aquí como en Santiago   asesinaron también al sacerdote.  La gente de Moca estaba libre de todo racismo hasta la ingenuidad. Fueron sorprendidos.  Es que el odio que afectó a los haitianos durante la esclavitud y la guerra,  seguía, y con una fuerte connotación racial. Es verdad que entre ellos también eran crueles.  Al mismo Dessalines lo hicieron pedazos en las calles de Puerto Príncipe cuando lo asesinaron por su tiranía al ejercer el poder. Desde pequeños sufrieron los espantos de las atrocidades. El hombre es él y sus circunstancias, según Ortega y Gasset.

Busquemos algo más en favor de una respuesta al porqué de su comportamiento sanguinario y genocida en Moca. A lo mejor quisieron decir de ese modo atroz que este país les pertenecía porque habían vencido a los franceses que en la isla esclavizaban. Pero resulta que en estas dos terceras partes de la isla la población no es de haitianos y franceses. Es una población muy diferente. Es fruto de una realidad histórica que no se puede borrar. Tal vez les resulte duro aceptar que al momento de ellos empezar a formar un pueblo en la isla  a la que fueron traídos  en sus ancestros,  ya existía un pueblo que empezó a formarse el 6 de diciembre de 1492, con una mezcla de taínos, europeos, mestizos (blanco-indio) y luego, africanos,  mulatos (blanco-negro) y alcatraces (indio-negro). ¡Qué riqueza de genes! Un modelo para el mundo entero de integración sin racismo.

Aquí empezó el germen del primer pueblo de integración de razas de todos los que existen en el continente. Y en la fecha de la independencia de Haití,  el pueblo dominicano tenía 302 años hablando español. Un papel mojado en Basilea, que declaraba también la parte oriental propiedad de Francia, no puso a hablar en francés o en dialecto  a los dominicanos. Aquí estaban unidos por  una religión diferente del vudú y del calvinismo; tenían una serie de costumbres y valores que no se prestaban a confusión. Este pueblo no era de burbujas. Fue colonia como todas las naciones de América, y después independiente, y antes que Cuba. Tanto en Riswick, 1697,  como en Basilea, 1795,  se le quiso tratar sin ningún respeto como un pedazo de tierra que Francia negociaba a su conveniencia. Los haitianos no habían podido estudiar la realidad histórica de esta isla porque todo el tiempo se lo pasaban en el trabajo forzado hasta la muerte. Los habitantes de esta isla eran y se llamaron oficialmente  “Dominicanos” desde 1621, con Cédula Real otorgada por Felipe III, rey de España. Pero así no se remediaba el error de ordenar al gobernador Osorio en 1605 desalojar los pueblos del norte, Monte Cristi, Puerto Plata, etc., con las denominadas “devastaciones de Osorio”. Los corsarios y piratas, franceses, se adueñaron entonces, sin la objeción de los  pobladores, que se concentraron especialmente en Santo Domingo, de la parte occidental incluida la isla Tortuga, base de operaciones del saqueo. Aunque no les faltó la rivalidad de corsarios y piratas ingleses y holandeses. Antes y después de esa fecha muchos dominicanos emigraban especialmente hacia Cuba buscando respiro ante las adversidades provocadas por los advenedizos bandoleros. Las  devastaciones no  fueron  para evitar que los cibaeños leyesen de los piratas  Biblias  protestantes. A los cibaeños les iba mejor el negocio con los bandoleros que con las autoridades de Santo Domingo. Por eso tuvieron que ser obligados a dejar  Montecristi, Puerta Plata y demás pueblos para irse a Monte Plata. Ahí el desarrollo no iba a ser igual. Sólo pudieron trasladar cien mil cabezas de ganado. Y de eso hace más de cuatrocientos años. Si a este pueblo lo hubiesen dejado en paz, ¿qué sería hoy? Siguieron defendiendo, a pesar de  tantas vicisitudes en su historia,  su identidad, que no es fanatismo nacionalista. No se debe hacer coro, pues,  a ningún chantaje populista que quiera desconocer la dignidad de los dominicanos. Los dominicanos, a diferencia de Cuba, Puerto Rico y cualquier nación de América, sufrieron siempre un  descomunal atropello.

Pero este pueblo, aun en el período de la España Boba, en que experimentó un total abandono, supo defender su identidad.  Así lo demostró en Palo Hincado con un habitante de Cotuí a la cabeza, Juan Sánchez Ramírez. Venció a Ferrand, general francés, en 1808. Aunque el hecho se preste a diversas interpretaciones. Era un pueblo de valores humanos extraordinarios a pesar de la indefensión y precariedades.  En ese período los dominicanos tuvieron que enderezar con su sangre los entuertos cometidos por un gobierno colonial. Ser de una nación y poseer un techo son derechos incuestionables. Desde sus orígenes los dominicanos defendieron su existencia, sus derechos.

Lamentablemente también tuvieron que empuñar las armas, no para invadir a nadie, sino para defender la dignidad de la propia identidad. Tuvieron que rechazar, peleando, las invasiones, la ocupación (1822-44), e incluso el intento descabellado de Santana de volver a ser colonia, tal vez por la obsesión del peligro haitiano que tenía.  Moca dio ejemplo a toda la nación  el 2 de mayo de 1861. Duarte había sentenciado para  la independencia  que esto era de los dominicanos o se hundía la isla; es decir, de los dominicanos o de nadie. Al desaparecer la raza pura de los taínos, no se llamaron haitianos, y obviamente tampoco se inventaron un gentilicio de  Bohío, ni de La Española, sino de la Capital, dominicanos. Los que habitaban la isla, que llamaban “Haití”,  por las elevaciones de sus terrenos, eran taínos, denominados así de acuerdo a su raza, no al terreno.  Durante unos 350 años a este pueblo nunca lo dejaron en paz.

Al independizarse los haitianos quisieron para ellos  la isla entera. Para alcanzar ese objetivo  tenían que hacer desaparecer a los dominicanos. Decidieron darse  a la tarea. Ya en 1801 andaba Toussaint por aquí confeccionando una constitución insular. Aquí los habitantes no eran franceses ni haitianos, aunque el color de su piel era variado, pero dominicanos siempre. Al año siguiente de su independencia los haitianos empezaron a poner en macha sus propósitos. Necesitaban más territorio porque estaban divididos con tres  presidentes: Pétion, Dessalines y Christophe. Estos dos  invadieron en 1805.

Los cubanos, los puertorriqueños, etc., podían  existir. A los dominicanos, que fueron los primeros en América,  se les quiso negar el derecho a la existencia. ¿Y por qué incluso en pleno siglo XXI los problemas de Haití se quieren resolver con menoscabo de los dominicanos? Hay que resolverlos con la ayuda de todos  y  sin menoscabo de nadie. Si los dominicanos deciden que hasta las áreas verdes desaparezcan como en Haití, que autoricen a los haitianos a invadir, para que toda la isla se convierta en una perfecta imagen de un desierto africano a pesar de ser el centro de la vegetación exuberante de Las Antillas. Pero que eso lo decidan los dominicanos, aunque  la forma justa de ayudar a Haití, siempre tan sufrido,  no tiene que ser apoyando un círculo vicioso de miseria, de odio y violencia, y menos causando daño a otra nación.

Según el libro del Éxodo, escapar de la esclavitud hacia la libertad implica cruzar un largo desierto de carencias y conflictos. Haití sigue sintiendo esa verdad en carne propia. ¡Qué daño les hizo la esclavitud! No han podido superar sus consecuencias negativas. Todo intento de ayuda debe ser dirigido a la aceptación por parte de ellos de un proceso de liberación del rencor y la violencia. Que abandonen la actitud de querer  resolver sus problemas acabando con otros, con otros seres humanos, dominicanos o haitianos. Ellos, como pueblo,  empezaron su existencia donde sus ancestros fueron llevados, y como nadie nace ilegal, nacieron con el derecho a su cuna. Esa es la historia que nadie puede quitar. Que no se produzcan fuerzas incontrolables ni engendros como los que en el degüello de Moca perpetraron barbaridades primitivas que espantan tan sólo recordarlas. Que logren otra forma de ir adelante  para superar un estado fallido después de tantos años.

Hay personas que hacen de esa situación de los haitianos  un negocio. ¡Qué manera de ayudarlos y de complicarles la existencia a los vecinos! Hoy día suenan  voces extrañas, extravagantes, que exigen a los dominicanos que paguen los platos que no han roto. A los que pervirtieron el destino maravilloso de esta isla no se les puede reclamar nada porque ya no existen. Ellos articularon la esclavitud, la depredación y destrucción de la naturaleza, masacraron  las perspectivas que invitaban a una historia diferente y dejaron la secuela que hoy sufrimos en ambos lados. Todos debemos rechazar la forma con la que se dio origen a una porción de los  habitantes de esta isla después de la llegada de los europeos. Ojalá los tiranos de hoy puedan ser controlados en sus arrebatos paranoicos, para que se frenen las nuevas injusticias  con las que se pisotea la dignidad del  ser humano.

Desde el odio no se puede construir nada bueno.  Las personas y los pueblos tienen necesidad de una apertura recíproca. Mirar en seguida a los que piensan distinto como enemigos potenciales que hay que  destruir es una anormalidad que perjudica a los mismos que la experimentan y consienten. Parece que los haitianos querían barrer con este pueblo, cuyas raíces estaban debajo de los árboles del bosque que pretendían destruir.

Sin embargo, si los dominicanos se permitiesen hoy la ley del talión y actuasen como Trujillo en 1937, también serían como Trujillo y como Dessalines y demás forajidos que lo acompañaron en el degüello de Moca. El mundo, a pesar de las cosas que aún causan indignación, ha avanzado. Ya nadie puede darse el lujo de actuar salvajemente. Que la historia sea maestra de la vida, pero con muchos discípulos, para que nos ayudemos mutuamente en orden a unas relaciones dignas que nos hagan más humanos y felices a todos.

Individual y colectivamente no podemos ser cualquier cosa. No podemos jugar con nuestra personalidad ni con nuestra identidad. Despreciar y perder la herencia que ha costado tanto sacrificio a los que nos han precedido, ¡jamás! Que si hay “RUINAS” sean sólo “memorias venerandas de otros días \ SOBERBIOS MONUMENTOS \ del pasado esplendor reliquias frías”,  pero no ruinas de los valores dominicanos. Muchos dominicanos y dominicanas incluso tienen que irse al extranjero, pero aquí está su país. Aquí no son extranjeros. Aquí nadie es llamado “latino”, “beaner” o “extracomunitario” en sentido peyorativo y discriminatorio. Por los  sudores vertidos en el extranjero, llegan anualmente a esta nación millones de dólares en remesas. En este país quieren que reposen hasta sus cenizas. ¡Qué fidelidad!  A ellos-as el reconocimiento. Son de un país donde nunca faltarán hombres como el general Gregorio Luperón y mujeres  como María Trinidad Sánchez, Ercilia Pepín…, ejemplos de dignidad.  Siempre serán bendecidos por el que en esta isla los llamó a una existencia digna. Hay que unir todas las energías positivas, para recuperar en esta isla la maravilla que en la historia fue estropeada.  jmtejdasdb@hotmail.com

«El degüello de Moca»: novela histórica de la Villa Heroica de Bruno Rosario Candelier

Por Luis Quezada

Hurgando en los orígenes de la Mocanidad y el Interiorismo.
Reflexión epistemológica de una novela singular.
Un ensayo crítico de carácter filosófico

Una tragedia histórica construye una Villa Heroica

Quiero tener a través de este ensayo crítico un acercamiento epistemológico, es decir, desde la óptica propiamente filosófica, a una novela que quiero catalogar de singular, porque partiendo de una retrospectiva que nos hace ir a los orígenes, nos catapulta a una prospectiva preñada de una gran riqueza en su ethos cultural, la cual se fraguó a partir de una perspectiva, que en su momento fue una verdadera tragedia, que pudo convertirse en retranca y, sin embargo, se convirtió en palanca, en acicate para el crecimiento cultural y espiritual de un pueblo que labró a partir de ese momento su marca de heroicidad, laboriosidad e interioridad, que se expresa en su religiosidad, espiritualidad, pero también en su fecunda creación literaria, a través de generaciones de poetas, cuentistas, novelistas, ensayistas y escritores literarios de fecunda trayectoria.

La novela El degüello de Moca, de Bruno Rosario Candelier, nos brinda a través de la creación literaria una tesis antropológica que podemos resumir así: “El degüello fue el crisol donde se forjó el blasón de la Mocanidad”.

Su impacto con el tiempo será tan grande que desde ahora esta obra se presenta como la gran novela histórica de la Mocanidad.

  1. Contenido: Buscando los orígenes

Tres partes, con 13 capítulos, repartidos en el orden 5-4-4, constituyen el contenido de esta novela, que va a los orígenes de la Mocanidad, que el autor los presenta en doble faceta: los orígenes históricos, de aquella localidad que desde el principio se le llamó con el nombre de Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca, y que el autor fecha un 7 de octubre de 1751 “cuando escogimos el predio donde decidimos establecernos”. La otra cara son los orígenes espirituales, que surge a partir de una tragedia, ocurrida el miércoles 3 de abril de 1805, es decir, 54 años después de la fundación de aquella nobel villa.

  1. Estructura narrativa: Descubriendo dos rutas ideológicas

Nacimiento…Sangre…Reto

Villa…Templo…Mocanidad

Dos coordenadas atraviesan toda la novela, articulándose entre sí armoniosamente, en un trenzado ideológico muy bien tramado.

De una vida frugal, bucólica, que disfrutaba de estar enclavada en un verdadero jardín, “hermoso rincón del paraíso, aunque no lo sepamos” (p.155), pasó por una prueba horripilante de sangre, que despertó como SOS todas las fibras de su ser interior, fortaleciendo sus músculos espirituales y desarrollando un ethos cultural muy especial, marcado por la valentía, la heroicidad, el patriotismo, la laboriosidad y la espiritualidad de sus paisanos, que lo convierte en un reto permanente, en un despertar que no nos volverá a agazapar ingenuamente, pues desarrolló en nosotros una agudeza histórica crítica, que nos hace ser los primeros en el llamado clamoroso de la Patria.

Paralelamente se fragua una ecuación que cristaliza nuestro ethos cultural. La Villa junto al Templo son el anverso y el reverso de la Mocanidad. Una no existe sin la otra. Toda la estructura narrativa de la novela resalta estas dos conjunciones ideológicas, que sirven de ruta para forjar la identidad mocana.

Como muy acertadamente lo expresó en sus palabras de presentación de la obra el Dr. José Rafael Vargas, Bruno Rosario Candelier se ha convertido en un novelista de “los orígenes”. Primero con su novela El sueño era Cipango (1998), que plantea los orígenes de la dominicanidad, y 20 años después con El degüello de Moca (2018), donde plantea los orígenes de la Mocanidad.

Estamos, por tanto, ante un novelista “genesíaco”, que hurga en los orígenes, buscando las raíces de nuestra identidad.

La trama narrativa tiene dos líneas ideológicas que se entrecruzan armónicamente:

  • Nacimiento… Sangre… Reto
  • Villa… Templo… Mocanidad

Estas dos líneas ideológicas dan lugar a las tres partes de la novela.

La PRIMERA PARTE constituye una radiografía geográfica y cultural de Moca, pues geográficamente presenta La Villa (cap. 1), La Loma (cap. 3) y El Campo (cap. 4); y culturalmente perfila su ethos a través de las hermosas “reflexiones trascendentes” del cap.2. El último capítulo es un eslabón para unir la primera con la segunda parte de la novela; me refiero al capítulo titulado “Antecedentes de la ignominia”.

La SEGUNDA PARTE tiene básicamente dos caras interrelacionadas: EL HECHO (el degüello de Moca, cap. 6) y LOS TESTIMONIOS (de los tres sobrevivientes, caps.7, 8 y 9).

La TERCERA PARTE se basa en la conjunción armoniosa entre EL TEMPLO y LA VILLA, en su etapa de construcción y reconstrucción, que cristalizan el ethos de la Mocanidad.

 

  1. LOS PERSONAJES DE LA NOVELA

Es una novela autobiográfica, pues el personaje central de la misma es el autor que la escribe, que se presenta como sacristán del TEMPLO y cronista de la VILLA, dos oficios ligados a la mutual indisociable de la Mocanidad y que adopta el nombre de Juan Francisco del Valle, escribano de esta historia.

En el primer capítulo, un párrafo lo expresa elocuentemente: “Alguna vez nuestros descendientes querrán conocer los orígenes de nuestro pueblo y los primeros pobladores de esta Villa cuya crónica inicio desde esta fecha en mi condición de cronista de Moca, redacción que inicio a los 50 años de su fundación” (p.13). Y el último capítulo afirma con mayor insistencia su doble función, “en mi condición de sacristán del susodicho templo. Y, desde luego, en mi enaltecedora condición de cronista de la Villa de Moca, honrosa tarea que la historia me habrá de reconocer” (p.223).

Al escribir esta novela histórica, Bruno Rosario Candelier ha pasado a formar parte de ese selecto club de cronistas de Moca, entre los cuales hay que citar a Elías Jiménez, Julio Jaime Julia, Artagnan Pérez Méndez, Adriano Miguel Tejada, José Abigail Cruz Infante, Rubén Lulo Gitte, José Rafael Lantigua, José Rafael Vargas, Eduardo García Michel, Ayanes Pérez Méndez, Pablo Michel, Radhamés Rodríguez y Mariano García, entre otros.

Sus dos obras recientes, Lumbre de la Mocanidad, que aborda el arte literario en la Villa Heroica, y El degüello de Moca”, novela histórica de la Villa Heroica, lo catapultan como uno de los consagrados cronistas de Moca.

El segundo personaje es Margarita Jiménez, que será su gran interlocutora emocional y espiritual, pues lo absorbe su belleza exterior y su vocación interior espiritual.

En tercer lugar, aparecen los nombres ancestrales de las familias originales de Moca: Miguel Ángel GOMEZ, Pedro Antonio GARCIA, Manuel ROJAS, Manuel CAMACHO, José BRETÓN, Pedro ALIX, Quintino GUZMÁN, Marino TEJADA, Ramón COMPRÉS, Ángel MORILLO, Nicolás RODRÍGUEZ y José LÓPEZ (p.12).

En cuarto lugar, aparece el nombre del padre Antonio Henríquez, “recién llegado a nuestro pueblo” cuando “arribamos al primer año de la fundación de la Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca” (p.23).

En quinto lugar, aparece Josefina Rosario, a quien en la poza de Guaucí vieron completamente desnuda. Más adelante aparece una joven mulata, esclava ayudante de las criadas, a la que vieron desnuda salir del río.

En sexto lugar, aparece Cristina Mendoza, una mujer que dice “creer en todo” y que anuncia que “cosas increíbles están sucediendo en nuestra Villa”. Más adelante aparece citado su esposo Ramón.

En séptimo lugar, aparece el padre Pedro Geraldino, párroco de la Iglesia del Rosario cuando se realiza el degüello.

En octavo lugar aparece una pareja, Rosaura y su marido Pascual Rosario. También menciona una comadre Ana.

En noveno lugar, aparece un tal Pancho, “el hombre más valiente que hay en esta Villa”; Antonio Candelier, un terciario de la orden franciscana. Aparecen también Manuela, hija de Alfonso y Miguelina, humildes labriegos de esta Villa. Más adelante menciona los casos de una tal Lucía, la comadre Alfonsina, Juana la adivina, llamada en otro lugar Juana la Curiosa, Domitila la curandera, Carlita, la hija mayor del terrateniente de este pueblo, Alicia, don Rodrigo, Margarita y Aurora, un hombre feo que se llevó una muchacha, Rosa la cuentera, esposa de Benito, y un gran potentado que mató a uno de sus esclavos por enamorarle a su mujer. Sin duda alguna, “antecedentes de la ignominia” no solamente es el capítulo más largo de la novela (13 páginas), sino el que menciona la mayor cantidad de nombres de compueblanos que vivían en la Villa.

En décimo lugar aparece Henri Christophe, responsable de la masacre de Moca, María del Carmen Bueno Quezada, Ruth Figueroa, el monaguillo Fernando López, las tres Marías (María del Valle, María del Orbe y María del Villar), Ramona Dolores y Remigia Ciriaco.

En undécimo lugar, aparece el nuevo párroco de la Villa después del degüello, padre Ramón de los Santos. Cita de paso a don Bernardo Bueno, padre de María del Carmen, la Taberna Marta, un tal Andrés Texada y su prometida Margarita de Salas; más adelante aparece mencionada María Isabel, madre del monaguillo Fernando López.

En duodécimo lugar, aparece el padre Jesús del Monte; más adelante fray Pablo María, sacerdote auxiliar; los sacerdotes Casimiro Tavares y Andrés Ramírez, don Pedro Gutiérrez y su esposa Justina de Gutiérrez; José Antonio Bretón, prometido de María del Carmen Bueno; y una tal Mariana, a la que un dibujante le hizo un retrato sobre un rústico cartón.

En décimo tercer lugar, aparecen los nombres de los poetas Alberto Tejada, Mercedes Castillo y María Santos; los narradores Benjamín Collado y Mariela Rosario; por último, el teólogo Pablo Quezada.

Hay nombres de la literatura universal que aparecen citados en la novela: san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, fray Luis de León, san Agustín, Platón, los Padres de la Iglesia, Heráclito de Éfeso, fray Miguel de Guevara, Antonio de Nebrija, Cervantes a través de Don Quijote, Angelus Silesius, fray Ramón Pané, Leucipo de Abdera, Hipócrates, el padre Juan Vásquez, Leonardo de Vinci, Goethe, Rumi, Pablo de Tarso, san Francisco de Asís, Garcilaso de la Vega, William Blake, el Tao de la mística china, así como algunas citas bíblicas (Jeremías, Macabeos, Marcos, Apocalipsis, etc.).

Si hiciéramos un cuadro sinóptico de las tres partes de la novela y los personajes que más trascienden en cada uno, tendríamos la siguiente relación:

 

PARTES DE LA NOVELA PERSONAJES DE LA NOVELA
Primera Parte Juan Francisco del Valle y Margarita Jiménez
Segunda Parte Juan Francisco del Valle (ausente del degüello) y fray Pedro Geraldino (víctima del degüello) y sobre todo María del Carmen Bueno Quezada, Ruth Figueroa y el monaguillo Fernando López (sobrevivientes del degüello).
Tercera Parte El Padre Jesús del Monte (nuevo párroco después del degüello) y Juan Francisco del Valle

 

  1. TEXTOS HISTÓRICOS Y LITERARIOS INSPIRADORES

Diez citas de mocanos cronistas, historiadores y conocedores del ethos cultural de la Villa Heroica, enmarcan cada una de las tres partes de la novela. Hay una cita preambular, de Freddy Bretón Martínez, tomada de su libro El apellido Bretón en la República Dominicana, donde atestigua de una ascendiente suya, María del Carmen Bueno, que “se salvó debajo de los cadáveres, en el degüello de Moca”.

En la PRIMERA PARTE de la novela, la primera cita es del mayor tradicionalista mocano, Elías Jiménez, que nos cuenta del primer templo que existió en la Villa de Moca: “La primera iglesia construida de tablas de palma y techada de cana subsistió hasta mediados del año 1805, año en que fue destruida para borrar de ella los sangrientos vestigios del degüello”.

La segunda cita es del mayor historiador mocano, don Julio Jaime Julia, cuyo libro Notas para la historia de Moca, se ha constituido hasta ahora, en la “biblia histórico-literaria de nuestro pueblo”. La cita recuerda los orígenes de Moca y la indignación que causó la abominación y desolación del degüello.

La tercera cita está tomada del libro Ese Moca desconocido, escrito por Artagnan Pérez Méndez. Se centra en la cifra del historiador García de 500 personas asesinadas en el degüello, cifra que considera un poco exagerada. Y la cuarta cita, tomada del libro Asombrado por los valores, escrito por el sacerdote Jesús María Tejada, subraya que el macabro degüello no fue un aruñazo, pues la gente acudía masivamente a la iglesia y más tratándose de una convocatoria para una celebración-acontecimiento: la victoria sobre los franceses”.

En la SEGUNDA PARTE, aparecen tres citas en el pórtico de la misma. La primera es del reconocido académico, historiador y jurista mocano Adriano Miguel Tejada, en su obra Diario de la Independencia, quien subraya que los mocanos fuimos llevados como ovejas inocentes al matadero: “Todos obedecieron creyendo que se iba a proclamar algún indulto o gracia a favor de ellos, y el indulto fue degollarlos a todos luego que se verificó la reunión prevenida, como a ovejas encorraladas” (p. 93).

La segunda cita es de Eduardo García Michel, tomada de su obra Al amanecer, la niebla”, donde subraya que aquel “canto fúnebre de la muerte”, que fue el degüello, nos convirtió “en un abrir y cerrar de ojos” en “un total y enorme cementerio…con cuerpos mutilados y salpicados, esparcidos, doblados, retorcidos, destruidos y cercenaos en medio de un danza macabra alucinante”. Y concluye diciendo que “era gente de Moca que caía, alevosamente sorprendida” (p. 94).

La tercera cita, de Iván Carvajal, en Tribuna Mocana, que “el macabro 3 de abril de 1805 es algo que siempre estará latente en la sensibilidad del hijo de esta fértil Villa y jamás perdonará a los emisarios del vudú que irrumpieron en la sagrada interioridad de un templo para cometer tan espantosa masacre” (p. 94).

El hecho de que la tragedia de una Villa se materializara en la interioridad de un templo, denota desde el punto de vista epistemológico, la construcción mental del autor, que une:

Tragedia…Villa…Interioridad…Templo

Las dos primeras expresan una fuerte materialidad histórica y social; las dos últimas una fuerte espiritualidad mítica, metafísica y mística, como gusta señalar el autor.

La TERCERA PARTE de la novela presenta de introito dos citas.

La primera, de Ramón Amado Guzmán, hace hincapié en que “los pacíficos pobladores de Moca, alentados por el alma de la raza, se recluían en la casa de Dios, y no obstante lo sagrado del recinto, recibieron los ultrajes más crueles de las hordas desenfrenadas…la paz de la aldea sufrió entonces una de las conmociones más hondas…la población de Moca que en aquella época dejaba discurrir su vida consagrada a las faenas del campo, favorecido por el privilegio de las mejores tierras del solar quisqueyano”, recibe “la acometida brutal de una legión negra” (p. 153). La segunda cita es de Pablo Michel, en Perfiles mocanos de ayer, donde compara la tragedia con un poderoso ciclón que arrasó y sembró de destrucción y muerte lo que encontró a su paso. Y afirma que “a casi 200 años de ocurrido el degüello de Moca, su evocación todavía provoca en nosotros sensaciones de angustia y náuseas” (p. 154).

Angustia y náuseas nos recuerdan las dos expresiones típicas del existencialismo ateo, cuyo mayor exponente literario ha sido Jean Paul Sartre. La vida, al no tener sentido, crea una angustia ontológica que desemboca en la náusea existencial. El ethos cultural de la Mocanidad, lejos de la angustia y la náusea, están cimentadas en aquello que Ernst Bloch llamó “el principio esperanza”, cimentado en aquello que Gabriel Marcel denominó “el misterio del ser”.

El párrafo de mayor densidad filosófica de la novela lo constituye la respuesta que Juan Francisco, el cronista y sacristán, pero también iniciador de un grupo que él lo llama “núcleo de irradiación estética, filosófica y espiritual para el desarrollo cultural de esta Villa” (p.191), le da al poeta Alberto Tejada, que previamente lo venía cuestionando sobre “la diferencia entre mito, metafísica y mística” (p. 204), ante la pregunta ¿qué es la nada? Juan Francisco responde: “La nada no existe…todo viene del Todo y todo vuelve al Todo…No existen el vacío ni la nada…El vacío y la nada son dos horrores de una visión existencial…El vacío no existe ya que todo está lleno de lo que oculta, como han intuido los poetas místicos”.

Ante la “insoportable levedad del ser” de Milán Kundera, el autor propone la insondable profundidad del ser, pues la Vida es un misterio, entendiendo esta expresión como dimensión profunda de sentido. Juan Francisco tirará la línea de Pizarro para enmarcar el ámbito de la metafísica y de lo místico: “La metafísica es la búsqueda del sentido; y la mística es la búsqueda de lo divino” (p. 207).

El erotismo de la novela, que aparece disperso en el transcurrir de las tres partes, tiene mucho que ver con la dimensión mística, último horizonte del ethos cultural de la novela.

Ante la pregunta de Mercedes Castillo, “¿por qué los poetas místicos son eróticos?” (p.207), Juan Francisco responde genialmente: “El sentimiento erótico es parte de nuestra naturaleza y de nuestra sensibilidad, que la puso Dios. Los poetas místicos fundan la expresión de su visión mística en imágenes eróticas, que es la forma de aproximarse al amor sagrado, al ágape divino, que usan como cauce de su amor” (pp. 207-208). Y añade: “Todos los poetas místicos usan el lenguaje del amor, comenzando por el gran teopoeta del Oriente, el persa Hallal-udin-Rumi, el equivalente a nuestro san Juan de la Cruz en la literatura española. Si lees un poeta místico, tú sientes que le está cantando al amor de una mujer, pero es a Dios a quien le está cantando” (p. 208).

Al pasar de la metafísica a la mística, el autor cruza de la filosofía a la teología, ámbito que no quiero sobrepasar en este breve ensayo.

Finalmente, hay un refrán que dice que “no hay mal que por bien no venga”. Cristina Mendoza, uno de los personajes de la novela, lo expresa con singular claridad: “la mancha negra”…se convirtió en la mecha que “reencenderá la lumbre de la Mocanidad y el cauce de la Dominicanidad” (p.214). Creo que esta frase sintetiza toda la búsqueda del ethos cultural cifrada en la novela histórica de la Villa Heroica.

 

  1. SIETE PALABRAS PARA UN NOMBRE: Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca

    El autor resalta a lo largo de la novela, desde el principio hasta el final, un gran acierto histórico: el verdadero y completo nombre de esta Villa Heroica. Comienza y culmina llamando a este conglomerado con el nombre de Villa Nuestra Señora del Rosario de Moca (pp. 13 y 223).

Es por tanto un pueblo que nace bajo la catolicidad, amparado en la vocación mariana, unido a la espiritualidad del Santo Rosario y donde el pueblo nace y crece alrededor del Templo dedicado a su patrona, que ha visto a lo largo del tiempo 4 construcciones diferentes:

  • La ermita, creada en el paraje que lleva su nombre, cerca de Estancia Nueva
  • La iglesia de tablitas, donde se escenificó el degüello
  • La iglesia de madera, posterior al degüello
  • La iglesia de mampostería, inaugurada en 1929.

La novela de Bruno Rosario Candelier solamente hace alusión a la segunda y tercera citadas, es decir, la anterior y posterior al degüello.

 

  1. Una novela autobiográfica: El Interiorismo está en los orígenes de la Villa

Con el genio y la creación literaria, la novela sitúa el Interiorismo en los orígenes mismos de la Mocanidad.

En dos capítulos, uno de la primera parte (cap.2, Reflexiones trascendentes) y otro de la tercera parte (cap.12, Inquietudes estéticas y espirituales), el ethos de la Mocanidad aparece finamente trabajado en los caps. 10 y 11, dedicados a la construcción del Templo y la reconstrucción de la Villa. Pero para el autor, el Jnteriorismo es presentado como parte intrínseca del ethos de la Mocanidad.

El autor le hace decir al cronista y sacristán Juan Francisco del Valle: “Siempre he deseado en mis adentros pulir el cauce de la interioridad de un pueblo tan noble y rico en espiritualidad” (p.191).

Al iniciar el capítulo “Inquietudes estéticas y espirituales”, donde presenta un conversatorio con los miembros del grupo místico que había formado, Juan Francisco del Valle dice: “Vamos a hacer de nuestro grupo un núcleo de irradiación estética, filosófica y espiritual para el desarrollo cultural de esta Villa” (p. 191).

Más adelante, Juan Francisco del Valle prosigue diciendo: “Me preocupa el destino de mi pueblo y, con inquietudes intelectuales, estéticas y espirituales decidí formar un grupo con interesados en los temas del Trascendente para nuestro mejor derrotero” (p. 191).

  1. Lumbre de la Mocanidad: lo positivo de un hecho horrendo

Bruno Rosario Candelier plantea a lo largo de su novela una clara tesis sobre el ethos cultural de la Mocanidad: “El degüello fraguó el orgullo de la Mocanidad” (p. 209).

La última frase que da vueltas a la tesis nuclear de la novela aparece al final del penúltimo párrafo de la misma: “El degüello de Moca, tanto como adversidad, con el tiempo se convirtió en un desafío para seguir forjando, con entusiasmo ferviente y animoso empeño, el blasón de la Mocanidad”.

En teología, simplemente decimos: “Dios escribe derecho en renglones torcidos…Dios sabe sacar de los males, bienes”: Laboriosidad y creatividad, trabajo y fiesta definen al mocano. Por eso, la novela termina diciendo: “El resto de la historia, según el protocolo establecido, fue cuestión de coser y cantar”. Verdaderamente estamos, ante una novela singular.

 

CONCLUSIÓN: Los orígenes… La Oscuridad… La luminosidad

El degüello, en lugar de convertirse en la retranca o retraso de la Mocanidad, se convirtió en el reto de la Mocanidad.

Partir de los orígenes, marcados por el templo, ya que la Villa lleva el nombre de su templo; pasar por la mayor oscuridad que fue la masacre provocada por el degüello, escenificada en el templo; y culminar con la luminosidad que encendió las energías y fibras íntimas del ethos cultural de los mocanos, se fragua con la construcción del templo y reconstrucción de la Villa. Una frase feliz de la novela cristaliza la fecunda sinergia entre la Villa y el Templo: “El meridiano de la Mocanidad pasa por la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Moca” (p. 220).

Lo que intentó sepultar y ensombrecer la vida de una villa, se convirtió en lo que “ha dado sustancia y sentido a la Mocanidad” (p.176).

La tragedia no se convirtió en abatimiento, sino en aliento. Quiero concluir mi reflexión, no con una consideración filosófica más, sino con una reflexión teológica final, pues se trata de un ethos cultural cimentado en la religiosidad, la espiritualidad y la mística.

El degüello fue el aldabonazo histórico que forjó a la Villa Heroica, hasta el punto que podemos concluir con una frase atrevida pero certera: ¡GRACIAS, SEÑOR, POR EL DEGÜELLO!, como lo expresa el siguiente salmo que nace de las entrañas mismas de la novela que estamos comentando, como un verdadero mosaico de frases entresacadas del texto mismo. De ahí que para facilitar la búsqueda, ponemos al lado de dónde tomamos cada frase del salmo. Lo que hago es convertir en prosa poética la narrativa hermosa de esta novela histórica.

 

Las voces del lenguaje místico en la lírica de Jit Manuel Castillo

Por Bruno Rosario Candelier

A la doctora Nina Bruni,

luminoso cauce de lo divino.

   Llama la atención el hecho de que un poeta asuma la palabra con el aliento, el entusiasmo y la espiritualidad como lo hace el sacerdote franciscano, poeta interiorista y escritor místico Jit Manuel Castillo de la Cruz en una obra de poesía en la que, para entender y profundizar el sentido trascendente que plantea, hay que disponer no solo de formación literaria, sino de una capacidad espiritual y una sutil sensibilidad trascendente y que, desde luego, al tratarse de una creación especial, como es la poesía mística, requiere una mayor disciplina de la conciencia para disfrutar, en el plano de la palabra, en el plano de la estética y en el plano de la espiritualidad, lo que un poemario de esta categoría revela desde el centro mismo de las apelaciones espirituales.

Una clave de la poesía mística es acudir a términos contrapuestos de realidades contradictorias para lograr que se armonicen bajo la llama del amor ante el aletazo del misterio y la iluminación del sentido, para lo cual hace falta que el autor tenga una alta intuición y, sobre todo, posea lo que san Juan de la Cruz llamaba “inteligencia mística”, que supone compenetrarse con el sentido espiritual en la dimensión sagrada de fenómenos y cosas, que son las señales de la Divinidad. Este poemario se inscribe en la tradición poética de la lírica mística. En nuestro país tenemos autores que han sido dotados de una especial sensibilidad espiritual para canalizar el don de la palabra poética a la luz de la mística.

En la década de 1940 surgen en nuestro país dos poetas dominicanos que cultivan el sentido estético y místico en una obra poética que los convierte en precursores de la lírica mística en las letras dominicanas. Me refiero a Martha María Lamarche y Máximo Avilés Blonda.

Y en la década de 1970 el sacerdote-poeta Freddy Bretón Martínez asume el cultivo de la creación teopoética con cuya obra se convierte en el introductor de la poesía mística en las letras dominicanas. Posteriormente emprenden el cultivo de la lírica mística los presbíteros dominicanos Tulio Cordero, Fausto Leonardo Henríquez, Roberto Miguel Escaño y Jit Manuel Castillo, autores de una luminosa creación teopoética, a la que hay que sumar la poesía mística de las dominicanas Teresa Ortiz, Gloria Nolasco y Rocío Santos.

Pues bien, el título del libro de Jit Manuel Castillo, En la voz del silencio, tiene dos palabras que dan cuenta de su onda mística: “voz” y “silencio”. Y cuatro voces poéticas con las cuales nuestro poeta aborda y despliega poéticamente su vivencia mística.

En primer lugar, el poeta le pone atención a su voz personal. Vamos a identificar la primera voz como la voz que testimonia al sujeto contemplador. Quiero aclarar que se trata de una voz poética, es decir, de alguien que asume el mundo con actitud contemplativa, pues lo asume de una manera diferente, porque contempla la realidad sensorial para nutrirse y crear a partir de esta sustancia interior con que su espíritu se alimenta cuando se pone en contacto con la realidad. Todos los seres vivientes estamos en contacto con la realidad y en ese contacto establecemos un vínculo, una relación que nos proporciona los datos sensoriales de las cosas. El contemplador asume la realidad, se nutre de ella y trata de entenderse a sí mismo, de descubrir su propio ser y su propia voz, porque él va a testimoniar lo que captan sus sentidos. Él va a articular con la palabra lo que percibe su sensibilidad, que valora su inteligencia y hace una combinación adecuada de lo que aporta la sensibilidad y pauta la inteligencia para tratar de entenderse a sí mismo y entender el mundo. En la página 37 de esta obra se percibe claramente la voz de quien escribe:

Engendrado en ternura

germiné como el óvulo

de un amor seminal

en el útero de la tierra.

Sé de una promesa:

quien floreció ayer

fructificará mañana.

Si no viene un sembrador

vendrá una abeja

una mariposa o el viento

para fecundarme con su hurto.

Creo, amo, espero

entre gemidos interiores

que yo mismo desconozco.

   Son “gemidos interiores” subyacentes en el hondón de la sensibilidad del poeta, gemidos que nacen como una expresión de ese contacto con el mundo, y entonces fluyen el amor, la sabiduría, la percepción que el poeta tiene desde el alma de su propio ser sobre el alma del mundo.  Como poeta que asume la palabra con una intención estética, el escritor trata de plasmar lo que siente, y tiene una voz singular y diferente de la voz común, de la voz que tenemos todos, y esa voz la usa para testimoniar su hermosa percepción del mundo desde la óptica de su sensibilidad espiritual, desde la onda de su formación cristiana y desde la pauta de su orientación teológica.

La segunda voz que aprecio en esta obra es la voz objetiva que testimonia lo contemplado, es decir, la voz que refleja lo que el poeta percibe, la realidad que lo ha motivado. La realidad es una, pero la realidad tiene múltiples manifestaciones y laderas, de tal manera que cada ser humano, instalado en la misma realidad, tiene una percepción diferente en atención a su percepción singular y peculiar; cada uno puede testimoniar el ángulo del Universo que percibe, el punto de contacto que su sensibilidad conecta con una faceta de lo viviente, y eso es hermoso saber que es así. Siempre hay nuevas manifestaciones de la realidad que cambian, y fluyen las emanaciones que parten del centro mismo de la Divinidad, y esas emanaciones divinas se concretizan en realidades materiales y se formalizan en las palabras, de tal manera que esas realidades sensibles nos van a alimentar. Por eso cada día es hermoso y elocuente; cada día sentimos la luz del mundo como una luz nueva; por eso podemos siempre percibir cosas nuevas en el Universo de lo viviente y testimoniar esas realidades con un sentido estético, con un sentido poético y un sentido místico, y es lo que hace Jit Manuel Castillo de la Cruz en esta obra que la escribe justamente para dar a conocer su percepción del Universo:

Me desprendo del sueño de una hoguera

que quiere nombrarse a sí misma.

Desvivido en la luna

logro integrar mis tinieblas:

pronuncias mi nombre:

ardiendo vives y me haces vivir.

   En medio de las tinieblas, en medio de las sombras que impiden una percepción lúcida de las cosas, nuestro poeta percibe un rayo de luz, una luz que viene de la Divinidad, porque los poetas místicos no solo ven el mundo poéticamente, sino que ven el mundo místicamente y, en tal virtud, pueden percibir del conjunto de las manifestaciones de lo viviente la señal que empata la vinculación del mundo al centro mismo de la Creación, a la fuente primordial de todo lo viviente, y eso es parte de lo que distingue la singularidad de un autor que asume la poesía como testimonio místico de su visión del mundo.

La tercera voz en este poemario es la voz mística que Jit Manuel asume para aproximarse al fuero del Contemplado, es decir, la señal de que la realidad del Universo, siendo una realidad infinita, es la expresión cabal y reveladora de la Lumbre de la Divinidad.

Como poeta, el creador asume la palabra y trata de plasmar lo que su sensibilidad percibe y, sobre todo, lo que su intuición aprecia. Los poetas son los autores que usan la palabra con un sentido estético a través del cual canalizan sus intuiciones y vivencias. Entonces, pueden sintonizar no solo las manifestaciones sensoriales de lo viviente, sino las dimensiones suprasensibles de la realidad cósmica. Como poetas han desarrollado en su sensibilidad un circuito que les permite establecer una singular conexión con la dimensión incorpórea del Universo en virtud de unas condiciones interiores de su inteligencia sutil y de su intuición profunda, porque cuentan con unos mecanismos de la conciencia para ponerse en contacto con el mundo de lo no visible.

Todos nosotros tenemos la posibilidad de ponernos en contacto con el mundo de lo visible, porque para eso contamos con los sentidos sensoriales; pero los poetas pueden ponerse en contacto con dimensiones suprasensibles ya que profundizan en la dimensión trascendente de la realidad mediante los sentidos metafísicos, que son los sentidos interiores, y pueden acercarse al mundo del misterio, al ámbito de la trascendencia y acceder a lo que los antiguos griegos llamaban el Numen, refiriéndose a ese caudal del Universo que registra la sabiduría acumulada a lo largo de la historia, porque todo está acumulado, y el Cosmos tiene una sabiduría, y los poetas tienen los dispositivos intuitivos del cerebro para entrar en conexión con ese nivel profundo, con esa capa profunda del Universo donde está todo archivado, conforme ha enseñado la ciencia de la física cuántica, de que todo está registrado; pero lamentablemente no todos podemos tener acceso a ese caudal de la sabiduría cósmica.

A través de las imágenes y de símbolos, los poetas formalizan sus misteriosas percepciones de ese mundo sutil ya que pueden entrar en conexión con ese ámbito misterioso del Universo, asumir esa sabiduría secreta y traducirla para nuestra comprensión mediante el arte de la poesía. Además los poetas, especialmente los poetas místicos, tienen otro don singular y sorprendente; un don que no tienen todos los hombres, sino solo los poetas místicos y los santos, como es el don de poder subir más alto y llegar a la región del Nous.

En la disciplina que estudia las manifestaciones espirituales de Universo se habla del Nous como la capa que está más allá de lo visible, más allá del ultramundo. Platón le llamaba a ese ámbito de la realidad metafísica “El mundo ideal”, al que solo llegan los poetas metafísicos. Pero más allá del “mundo ideal” hay el ultramundo del Nous, donde solo pueden acceder los místicos y los santos. Allí reside, en ese ámbito misterioso y lejano, el fuero más cercano a la Divinidad, el ámbito de donde proviene la sabiduría divina a la que los poetas místicos pueden acceder en virtud de la condición especial de su conciencia ya que tienen una alta sensibilidad, honda y profunda, que nosotros, los que no somos poetas, no entendemos y nos desconcierta, y nos preguntamos: ¿cómo es posible que los poetas místicos pueden decir esas verdades sublimes? ¿Cómo es posible que puedan canalizar verdades de muy antiguas esencias de la alta espiritualidad divina? ¿Cómo es posible que puedan articular en palabras o en imágenes complejas esa realidad misteriosa del Universo, que parece provenir de la fuente misma de la Divinidad? Ese es un don que tienen los poetas místicos y que, poseedor de ese atributo divino, lo tiene también nuestro admirado poeta interiorista Jit Manuel Castillo de la  Cruz. Este agraciado varón vino al mundo dotado de esa gracia, con esa elevada dotación espiritual, signado por ese singular aliento divino, porque es una gracia proveniente de la alta prosapia divina. Jit Manuel Castillo tiene la gracia sacerdotal, que quizás sea la más alta gracia que un ser humano puede recibir. Tiene también la gracia estética en virtud de la cual puede canalizar la creación poética. Y tiene la gracia mística, que es otra gracia elevadísima que lo distingue. Por eso tenemos que inclinarnos respetuosos y reverentes ante la presencia de Jit Manuel Castillo. Su poemario En la voz del silencio revela el sentido místico de lo viviente bajo la onda espiritual y trascendente de la entonación amorosa de su sensibilidad profunda:

Gustar la palabra

en el silencio de todas las lenguas.

Aquella que ni se pronuncia

 ni se escribe.

La que balbucea el misterio

y lo hace presente.

   En la alta literatura se habla de la existencia de un protoidioma: es el lenguaje de la creación, una especie de pre-verbo, expresión a la que nosotros, hablantes ordinarios y simples mortales, no tenemos acceso, pero los seres privilegiados, como los místicos, los iluminados y los santos, conocen la voz “que balbucea el misterio y lo hace presente”.

¿Pueden ustedes imaginar lo que implica ese poder y lo que esa gracia entraña para un sacerdote, un poeta o un iluminado?

   Balbucir el misterio y hacerlo presente”, es decir, sentirlo y revelarlo, como lo ha hecho Jit Manuel: testimoniar lo que percibe del más allá, canalizar los efluvios de la Creación y formalizarlos en hermosas imágenes y reveladores símbolos. Permanentemente hay unos efluvios que emanan de la fuente primordial de la Vida, que es la Divinidad. Millones de emanaciones divinas esperan por la palabra para comunicarnos un mensaje de muy antiguas esencias; pero si no tenemos la inteligencia mística o la alta sensibilidad espiritual para entender el significado profundo en su más alta dimensión, según captan y entienden los poetas místicos y los iluminados, no podremos percibir el luminoso caudal de una sabiduría de estirpe divina.

La cuarta voz que revela Jit Manuel es la voz universal, es decir, la voz cósmica que testimonia al Contemplado. Hay un poeta español que vivió un tiempo en Puerto Rico llamado Pedro Salinas, quien escribió un poemario con el título de El Contemplado, refiriéndose a Dios. Ese hermoso poemario es un canto al Contemplado, es decir, una loa a la Divinidad. Eso hace peculiar y distintivo a ese singular poema místico porque canta el sentimiento de amor a lo divino que el poeta siente y canaliza cuando expresa lo que vive, y eso mismo sentimiento le da un signo de distinción a este poemario de Jit Manuel Castillo de la Cruz, quien testimonia la huella del Contemplado a la luz de su experiencia mística.

“Plegaria”, poema que refleja la alcurnia de lo divino, proyecta las connotaciones de una singular visión mística de lo viviente:

Déjame sin mí

puéblame contigo.

A solas con el solo

en mi soledad todos entran.

¿De dónde esta presencia

que me deja tan ausente?

Tu claridad me refleja

como espejo de tu sombra.

 

En ese hermoso, profundo y extraordinario poema fluye un soplo de lo Alto, y ese soplo, que los hebreos llaman ruah, baja a la tierra y halla en esta criatura privilegiada que encarna Jit Manuel Castillo la voz que lo capta y testimonia para dicha de nuestra literatura, para el desarrollo de nuestra tradición poética y para una cabal realización de lo que entraña la lírica mística, como la que cultiva nuestro agraciado poeta: una poesía inspirada en la llama de lo divino.

Para hacer una poesía inspirada en lo divino, hay que sentir esa vinculación con la potencia de la Creación, desde el hondón de la sensibilidad, con el aliento de lo divino mismo, y experimentar esa entrañable apelación desde el fuero de la conciencia para captar y vibrar con la esencia de la Llama que nos vincula al centro mismo de la Divinidad.

Esta hermosa obra de Jit Manuel Castillo encarna atributos estéticos y espirituales de una singular huella de la estirpe divina.

Bruno Rosario Candelier

Coloquio sobre En la voz del silencio

Santo Domingo, ADL, 15 de septiembre de 2018.

 

Carnaval, absolver/absorber, posliberal/*postliberal

Por Roberto E. Guzmán

CARNAVAL

“. . .pero lo que es en apoyo popular ya su CARNAVAL pasó”.

El carnaval comenzó en la historia con rasgos de celebración religiosa que después mudó a celebración pagana. En la actualidad es más una fiesta popular bulliciosa, celebrada en las calles, con música y bebidas alcohólicas e ingestión inmoderada de comidas, si el presupuesto personal alcanza para ello.

De la noción primera el carnaval cambió a designar una reunión bulliciosa y desordenada, que era o es una de las características de la celebración del carnaval. En República Dominicana la palabra carnaval ha adquirido sentidos que no posee en otros países. Esas acepciones exclusivas del habla de los dominicanos se explicarán más abajo.

Hace años ya, por medio de estos escritos se desarrolló el sentido de la palabra carnaval en el español dominicano en tanto “serie de acciones, hechos, que se hacen, aunque no conduzca a un fin feliz”.

El carnaval que se adivina en la frase transcrita es el que se refiere a un momento o época, que puede tener relación con la vida de una persona o con un período de la historia de algo. Generalmente se refiere a un período dichoso. Se usa con frecuencia para aludir a los años en que alguien despliega sus mejores atributos, sobre todo las mujeres. Se utiliza en sentido negativo, “Ya a esa mujer se le acabó su carnaval”.

La palabra carnaval procede del italiano carnèvale. La palabra en italiano procede de carnelevare, que es un compuesto de carne y levare, la última voz significa “quitar”. En español ya antes existían los vocablos carnestolendas y antruejo que se usaban en lugar de carnaval, especialmente para referirse a los tres días que preceden al miércoles de cenizas.

El vocablo carnestolendas se compone de carnis, carne y tollendus gerundivo de tollere, “quitar, retirar”. La preponderancia del vocablo carnaval ocurrió en la época del Renacimiento.

El Diccionario fraseológico del español dominicano (2016: 99) asienta este carnaval, ya su/tu/mi carnaval pasó, como locución verbal que “Indica que algo ha concluido, o que alguien se hace viejo”.  Esa acepción sintetiza muy bien las situaciones que se expusieron más arriba.

 

ABSOLVER – ABSORBER

“La historia me ABSORBERÁ . . .”

La historia no puede absorber cosa alguna. La frase que se ha hecho famosa por su frecuente repetición es, “la historia me absolverá”. Esta frase la hizo famosa Fidel Castro Ruz cuando escribió una pequeña obra con ese título para defender sus acciones del “Asalto al Moncada” y exponer sus puntos de vista políticos. Los dos verbos, absolver y absorber, son muy diferentes en sus significados. Esas diferencias se destacarán en el cuerpo de este aparte.

La forma más expedita para zanjar el asunto es exponer las acepciones del verbo absolver, pues son menos. Se piensa que al hacer esto, lo que permanece fuera de esa esfera de acción de ese verbo caerá en el campo del otro.

Absolver es dejar a una persona libre de un cargo u obligación. Declarar inocente a un procesado. En asuntos religiosos es perdonar el confesor los pecados a un penitente. Gran diccionario de la lengua española (2007).

Absorber es atraer y retener una sustancia sólida o líquida, un gas, un líquido o vapor. Es consumir totalmente algo. En materia comercial o política es integrar una organización a otra, con la desaparición de la primera. Es, entre personas, atraer una toda la atención de otra u otras. Las otras acepciones corresponden al campo de la biología y la física.

Los ámbitos de las significaciones son claros. Si se retienen los de un de un verbo, los del otro se afirman por eliminación.

 

POSLIBERAL – *POSTLIBERAL

“. . . frente al modelo POSTLIBERAL y democrático vigente. . .”

Llama la atención que personas eruditas permanezcan en el pasado cuando se trata de la ortografía de la lengua española. Se considera un deber para alguien que escribe con regularidad en un periódico que este se mantenga al día con respecto de las recomendaciones y normas de la ortografía española.

No hay que olvidar que los lectores en muchísimas ocasiones aceptan como bueno y válido lo que leen, sobre todo en el estilo, si son escritos de personas que gozan de prestigio en los círculos intelectuales.

Post- y su variante pos- son prefijos del latín post-, que significa “detrás de” o “después de”. Este pos- es una forma simplificada del prefijo latino post-. La Ortografía académica recomienda emplear la forma pos- cuando la base léxica comienza por una consonante que dificulta la articulación en español.

El Diccionario panhispánico de dudas es muy claro cuando aclara, “se recomienda usar la forma simplificada pos- en todas las palabras compuestas que incorporen este prefijo, incluidas aquellas en las que el prefijo se une a voces que empiezan por vocal (aunque en ese caso la articulación de la -t- presente menos dificultades): posmoderno, posdata”.

Se recomienda con vehemencia a los periodistas, columnistas y articulistas actualizarse para no servir de mal ejemplo. Los escritos por la prensa sirven de modelo para muchos lectores. Los articulistas y columnistas tienen un deber similar al de los periodistas.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Continuando con aquí y acá

Por Rafael T. Rodríguez Molina

En los diferentes idiomas existen términos que no todos los usuarios emplean con el valor significativo que se les ha asignado. Eso pasa en la lengua española con los adverbios aquí y acá. Y como  el español se habla en muchos países, y en regiones distantes en países grandes en extensión territorial, existen mayores probabilidades de que se dé la variedad en el  significado. Eso sucede con nuestro idioma español, por la gran cantidad de países donde se habla, como lo veremos en el caso de aquí y de acá.

Entrando en materia, comencemos deslindando los campos en relación con “aquí” y “acá”. Para ello, se puede partir de la siguiente definición: “Aquí y acá son adverbios de lugar que tienen el mismo significado básico. Sin embargo, ambos tienen matices que diferencian a uno y a otro.  Aquí significa “en este lugar, y tiene sentido estático”; acá, por su parte, significa “para este lugar, hacia este lugar, y tiene sentido dinámico, de movimiento”. (INTERNET, Significado de aquí y acá). Otros significados de estos dos adverbios no los trataremos en esta ocasión.

Veamos algunos ejemplos en los que emplearemos “aquí” con el sentido estático propio del mismo: 1. Yo estoy aquí, en mi casa.  2. Yo resido aquí, en la ciudad de Santiago de los Caballeros. 3. Yo soy nativo de aquí, de Licey al Medio. 4. Mis hijos estudiaron aquí, en la PUCMM. Ustedes podrán notar el sentido estático expresado por “aquí”  en cada una de las  cuatro oraciones.

Fijémonos en varios ejemplos con el empleo de “acá”: 1. Ven para acá que yo estoy en mi casa. 2. Acércate un poco para acá para tomarte bien la medida de la blusa. 3. Martín vendrá para acá la semana próxima. 4. Hacia acá se dirige un fuerte ciclón con un poderoso  poder destructivo.  Sin ninguna duda, se puede notar el sentido dinámico de “acá” en esos ejemplos.

Ahora bien,  como lo advertimos anteriormente, no en todos los países de habla española, al igual que en diferentes usuarios particulares  de ese idioma, se usan esos dos adverbios  con el sentido que en su origen tienen. Es decir,  no se guían por el sentido estático de “aquí”, por lo cual usan “acá” en lugar de “aquí”  aun para el sentido estático de ese adverbio. Es por esa razón que en algunos países, y algunos hablantes  en particular,  dicen:   1.  Estoy acá, en mi casa. 2. Acá, en este canal, tenemos interesantísimos programas. 3. Acá, en esta Universidad, ofrecemos carreras necesarias para el desarrollo del país.

En realidad, en algunas regiones  de habla castellana se usa casi  exclusivamente “acá” en lugar de “aquí”, como es el caso de Río de la Plata y los Andes, en Argentina, en donde “acá” asume los dos  sentidos, el estático y el dinámico de esos  dos adverbios. Y, según algunas opiniones, en Chile está penetrando ampliamente el mismo uso que se le da en parte de Argentina. No obstante, en la mayoría de países, como España, Costa Rica, Colombia, México, Ecuador,  etc., mayoritariamente se usa “aquí” y “acá” en su sentido estático y dinámico, respectivamente.

En lo que respecta a la República Dominicana, mayoritariamente empleamos  esos dos adverbios en la forma usual de la mayoría de españoles y latinoamericanos: “aquí” en  su sentido estático y “acá” en su sentido dinámico. Sin embargo, se escucha con cierta frecuencia a hablantes que, aparentemente influenciados por usuarios  de otras regiones, o “contagiados”, como afirman algunos comentaristas de esta temática y nativos de diferentes regiones de América, están usando “acá” en los dos sentidos ya aludidos, excluyendo de su registro lingüístico el “aquí”.

Es de notar que, cuando se busca en Internet o se estudia algún curso de francés, la traducción que se le da al adverbio francés  “ici”  es “aquí”,  y  la interjección “voici” la traducen por “he aquí”. (GOOGLE: Traducir ici y voici al español).

Consultando sobre estos dos adverbios de lugar en Internet, me pareció extraño encontrarme con que algunos comentaristas latinoamericanos  asimilan el uso de “aquí” a las mujeres o a los gays, mientras que en República Dominicana,  hay quienes  atribuyen el uso de “acá” a cierto complejo de inferioridad que induce a imitar a extranjeros, o a pedantería intelectualoide  de origen no muy preciso.

A los dominicanos inclinados a usar “acá” en vez de “aquí”,  les debe ser de utilidad e interesante que, cuando visiten cualquier centro comercial, plaza o  supermercado de nuestro país, constaten que en ninguno encontrará un letrero con la palabra “acá”, como “Acá se pagan la luz y el agua”, sino que todos los letreros aparecerán con  “Aquí”.  Por ejemplo, en el Supermercado La Sirena, del Embrujo, Santiago, se encuentran alrededor de 30 letreros y en todos ellos se emplea “Aquí”.  Y lo mismo sucede en iglesias, farmacias, salones de belleza y en todo tipo de negocio por pequeño que sea. Eso es un reflejo contundente de que el dominicano, en su mayoría,  lleva “en su sangre” y en su conciencia lingüística el “aquí”-

Con estos apuntes sobre “aquí” y “acá” como ampliación de otro  ensayo que les ofrecí en otro momento, he querido orientarlos en cuanto a su uso en nuestro país y en otras partes de habla castellana. Y tengan en cuenta que tiene más categoría de dominicano el “aquí” para el sentido estático, es decir, significando en este lugar, y no el “acá”, como algunos, aparentemente por esnobismo, o de forma inconsciente, comienzan a introducir en nuestro español dominicano.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

La muletilla “entonces” (tonces)

Por Rafael T. Rodríguez Molina

Permítanme que inicie el tema de hoy ofreciéndoles la siguiente definición de muletilla: “Una muletilla es una palabra o frase que se repite mucho por hábito, llegando en ocasiones al extremo de no poder decir nada sin ella.. y la misma no tiene ningún contenido significativo.  (WIKIPEDIA)

En esta ocasión les traigo otra muletilla frecuentemente usada por muchos hablantes, de la cual son  pocos los que se han  librad de ella. Recuerdo que, al finalizar un año escolar en el Colegio San Francisco de Asís, donde yo desempeñé la función de profesor de Español del 2do. Curso del bachillerato, asistimos a un pasadía programado con motivo de ese final de curso. Allí mis alumnos sacaron a relucir que yo empleaba en exceso el conector de ideas “entonces”, que muchas veces, según me dijeron a unanimidad, yo convertía  en “tonces” de forma rutinaria.

Lo extraño parece ser que el “muletillero” no se da cuenta de ese fenómeno del empleo de muletillas.. Yo fui uno  que, por lo menos en esa época de mi labor docente, fui víctima de las redes del mal uso que le daba a ese utilísimo conector de ideas. Y yo creo que se le hace  un favor al que cae en esta fea y distractora práctica, que hace que no prestemos  atención a las ideas presentadas por el maestro o el expositor, por estar contando las veces que bombardean nuestros oídos con sus muletillas. Yo tuve que padecer esa situación de parte de un ilustre profesor que me impartió una materia durante mi carrera de Educación en la PUCMM, de Santiago de los Caballeros. No pasaban cinco palabras sin dijera “noveldá”, y en una hora de clases decía más de 100  veces “noveldá”.

Les presento un texto en el que intentaré reproducir  un fragmento parecido a la forma en que un  empleador de muletillas se comunicaría con sus alumnos.

Entones, como les estuve diciendo ayer, me estoy dando cuenta de que, tonces, ustedes están entendiendo el tema que, entonces, iniciamos la semana pasada. Entonces, es bueno que ustedes sigan prestando la atención que, tonces, hasta ahora han brindado a mis explicaciones. Entonces quiere decir que si ustedes siguen con ese comportamiento positivo y esa actitud hacia la superación, tonces van a obtener altas calificaciones y , entonces, sus padres y también la dirección del colegio, se pondrán, tonces, orgullosos de ustedes, mi muy estimados alumnos. Entonces, manos a la obra y verán que todos saldremos ganando y, entonces, el dinero y el esfuerzo que se está invirtiendo en su formación, entonces no han sido en vano.

Ya les he presentado, aparte de esta del “entonces”, la muletilla  del “es decir” y la  del “pues”. Existen  otras muchas como: efectivamente, vale, esto…, este…, así que, ¿entienden?, además, digamos, ¿sabes?, etc., que ya ustedes están enterados de  que no podemos usarlas en exceso, sino como un recurso moderado de transición o relación de ideas.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Tocar, *extractivismo, actuar/accionar

Por Roberto E. Guzmán

TOCAR

“. . .el sentir generalizado. . . es que a la madre le TOCABAN 20 años de prisión”.

Las frases que se transcriben más arriba permitirán examinar lo que el verbo tocar significa en este contexto. Junto con este verbo se traerán otros del mismo ámbito que poseen valores especiales en el español dominicano.

La importancia que tienen los verbos que se examinarán en esta sección es que no han sido tratados o recogidos con anterioridad en los lexicones y estudios que se ocupan de las palabras que poseen acepciones particulares en el español dominicano.

En la frase en que se usa el verbo tocar, este adquiere el valor del verbo corresponder, en los casos en que el último verbo se utiliza para referirse a “la cantidad de tiempo en prisión que debe recibir cada participante o persona por su cuota de responsabilidad en el hecho delictivo”. La última parte de la acepción se aviene con la adecuación a su grado de culpabilidad.

Otro verbo que posee acepción especial en el español dominicano es el verbo echar cuando se emplea para referirse a la imposición de una sentencia que conlleva prisión cuando una persona es declarada culpable por un tribunal. Ejemplo de este uso es, “Debieron echarle 20 años de prisión”.

La historia de verbos con significados dominicanos diferentes al español común no termina ahí, pues el verbo cantar también adquiere el sentido del verbo echar cuando lo ejerce un juez respecto de la condena a reclusión que dicta contra una persona.  “El juez le cantó 20 años de cárcel”.

Otro verbo que se usa al hablar de sentencias dictadas por los tribunales es el verbo caber. En el habla de los dominicanos es posible oír que alguien dice, “Por ese homicidio le caben 30 años de prisión”. Con esto se expresa que la persona de quien se habla es pasible de recibir una condena a prisión por ese período.

No hay que criticar con vehemencia a las personas que se valen de los verbos destacados, pues son válidos en el español dominicano; sobre todo si se emplean rodeados de palabras que no dejan dudas con respecto de su significado. Debe observarse precaución cuando se habla o se escribe para un público que no es exclusivamente de dominicanos, pues se corre el riesgo de no ser comprendido.

 

*EXTRACTIVISMO

“. . .trajo la esclavitud, el colonialismo, el EXTRACTIVISMO. . .”

Algunos hispanohablantes piensan que las palabras largas significan cultura; de allí que mientras más larga sea la palabra utilizada, mayor cultura reflejará el resultado de lo dicho o escrito.

Otra tendencia que contribuye a la creación de voces como la que consta en el título, es la de valerse de ciertas terminaciones socorridas en el español derecho, tal como -ismo, para añadírsela a adjetivos que ni existen en el español común para formar así sustantivos de la clase del que se observa en el epígrafe. Lo esbozado en las oraciones anteriores se detallará más adelante.

Por la compañía en que se encuentra la voz desconocida sometida a estudio, ha de presumirse que se trata de algo que tiene que ver con la historia de países sometidos a colonización. Este *extractivismo es muy posible que tenga relación con el verbo extraer. Esa es una conjetura que se hace porque algunos países conquistados fueron despojados de sus riquezas naturales sin miramiento con respecto de la preservación de la naturaleza.

Hubo que recurrir a la lengua inglesa para encontrar un adjetivo y un sustantivo que se asemejan a la extraña voz del título, es extractive, que en esa lengua indica que “se relaciona o implica extracción: que tiende o resulta en la extracción de recursos naturales sin establecer criterios de reposición. Mediante la lectura de la acepción de la voz del inglés puede comprobarse lo bien que esta se acomoda a la explotación minera.

Hay que rogar a los manes de la lengua española para que los articulistas no obliguen a sus lectores a emprender búsquedas en diccionarios de lenguas extranjeras para entender lo que debió ser escrito en español.

 

ACTUAR – ACCIONAR

“. . .en esta patria nuestra en la que ACCIONAMOS. . .”

Los dos verbos que figuran en el título son confundidos en su empleo por algunos articulistas. La confusión se extiende al infinitivo sustantivado, pues algunas personas recurren a “accionar”, en lugar de “actuar” en las hipótesis en que el verbo no se conjuga, sino que sirve para mentar la acción. Algunos redactores piensan que el verbo accionar tiene una cobertura semántica más dilatada que actuar, pero lo contrario es lo cierto. Más abajo se repasarán las acepciones de ambos verbos.

Antes de pasar al repaso de las acepciones se hace necesario constatar que el uso en los últimos tiempos tiende a hacer del verbo accionar algo más que lo que este fue en el español tradicional. Este uso que se advierte ha dado lugar a que en algunos diccionarios modernos la redacción de las acepciones, especialmente para accionar, se hayan introducido cambios.

Tradicionalmente el verbo accionar se refería solo a poner un mecanismo en funcionamiento y a los gestos y movimientos. Así ha permanecido en el diccionario de las academias.

Al revisar la redacción del verbo accionar en el Diccionario integral del español de Argentina (2008:35) en su segunda acepción puede leerse, “Comportamiento o actuación de una persona, un grupo o una institución”.

Hace unos años que la tendencia se encamina hacia las nuevas acepciones, pues el Diccionario del español actual (1999:51) además de las acepciones tradicionales asienta lo siguiente: “Entablar una acción”. “Actuar [una persona o cosa]”. Nótese lo general que es la redacción en estas dos acepciones. Ese diccionario anota como raro, pero reconoce que accionar se usa como sinónimo de actuar.

Además de los sentidos tradicionales, el verbo actuar ha adquirido nuevas acepciones como resultado de refinamiento de algunas de las originales. Entre otras pueden mencionarse, producir efecto (influir) una persona o cosa sobre algo o alguien; esta ampliación es el resultado de las nuevas redacciones que son un reconocimiento de los usos en el habla. El diccionario oficial de la lengua reconoce que actuar vale para “poner en acción”. Los términos usados en esta acepción podrían dejar fuera el verbo accionar con respecto a “poner en funcionamiento”.

Con respecto a los dos verbos del título hay que retener la propensión que se advierte. Según parece existe inclinación a que ambos verbos arropen varias de las acepciones que fueron privativas de uno u otro.

En la utilización de uno u otro verbo de los dos estudiados aquí, lo más sano es mantenerse con apego a lo tradicional para no incurrir en exageración alguna y así no caer en un uso que contravenga el sentido esencial de ambos.

© 2019, Roberto E. Guzmán