El ejemplo

Hemos oído hablar una y otra vez de la genialidad literaria de Miguel de Cervantes. Logró relatarse a sí mismo y a su tiempo y, al mismo tiempo, trascenderse y trascenderlo tan magistralmente que, en su obra, nos ha relatado a todos; y, cuando decimos a todos, nos referimos a todos. En esto consiste la excepcional universalidad de Cervantes. Cuando lo leemos, y es el mejor homenaje que puede hacérsele a un escritor, nos reconocemos a cada paso. En más ocasiones de las que nos gusta admitir, nos vemos reflejados para mal y tenemos que asumir lo poco que hemos cambiado en estos cuatrocientos años que han pasado ya desde que el manco inmortal nos dejó.

Hoy, como tributo personal, quiero compartir con ustedes un fragmento de una de sus Novelas ejemplares. Si la magnitud del Quijote los abruma, no duden en abrir boca con ellas. No se arrepentirán. La ironía de Cervantes salta a cada línea. Lean, si no, las palabras de Preciosa, la protagonista de La gitanilla:

«Coheche, vuesa merced, señor teniente; coheche y tendrá dineros, y no haga usos nuevos, que morirá de hambre. Por ahí he oído decir (…) que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y para pretender otros cargos.

-Así lo dicen y lo hacen los desalmados -replicó el teniente-, pero el juez que da buena residencia no tendrá que pagar condenación alguna, y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro.

-Habla vuesa merced muy a lo santo, señor teniente -respondió Preciosa-; ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias».

Tenía razón Cervantes cuando en el prólogo afirmaba que les había dado el nombre de ejemplares porque «si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso». Unos sacan el ejemplo de la experiencia de Preciosa y otros, los menos, siguen al teniente.

© 2016, María José Rincón.

Un abril muy especial

Llega abril y con él, este 2016, la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, Príncipe de los ingenios. Por esos azares de la historia que parecen redactados por el mejor novelista, también en abril de 2016 conmemoraremos el cuarto centenario de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega, mestizo y capitán de su Majestad. Alcalá de Henares, en tierras españolas, y Cuzco, en tierras peruanas, los vieron nacer. Los dos convirtieron la lengua española en su patria. Con ella nos hicieron pasar muy buenos ratos y nos enseñaron a conocernos mejor. Ambos contribuyeron con su pluma a que nuestra lengua haya llegado al lugar que ocupa hoy: una lengua de cultura, internacional, hermosa, con una historia muy interesante a sus espaldas y con un futuro que apunta prometedor.

Arturo Úslar Pietri, uno de los grandes escritores venezolanos, nos llamó el Reino de Cervantes. Gregorio Salvador, mi admirado académico, toma prestada la denominación para su Noticias del Reino de Cervantes, en el que recopila artículos periodísticos dedicados al español. Don Gregorio le dedica el libro a Manuel Seco, a quien, con mi anuencia y respeto, nombra notario mayor de este reino. Manuel Seco, mi lexicógrafo de cabecera, dijo una vez que «una lengua es patrimonio de una comunidad, y quien la hace y la deshace es la masa, la mayoría».

Y aquí empieza nuestra responsabilidad, la de los hablantes, la de los simples mortales, si nos comparamos con los que llevo mencionados. Somos nosotros los que tenemos la palabra para transmitir esta lengua que nos han legado innumerables generaciones. Piensen, si no, en aquello que escribió Javier Marías, uno de mis novelistas preferidos: «La lengua es lo único que poseemos todos, incluso en las peo­res circunstancias. La tienen por igual los pobres y los ricos, los sabios y los ignorantes, los sanos y los enfermos, los de izquierdas y los de derechas». Seguro que nos reconocemos en alguno.

© 2016, María José Rincón.

Debilidad por los detalles

Ya habrán notado que siento debilidad por la redacción de los titulares. La concisión no siempre es sencilla. El esfuerzo presiona al redactor. Hay que ser apropiado, conciso y, por si esto fuera poco, hay que captar la atención del lector. Nada de esto se aleja mucho de lo que pretendemos cualquiera de nosotros cuando escribimos. Para lograrlo no basta con una buena ortografía; ni siquiera con un vocabulario amplio y  con la pericia suficiente para usarlo apropiadamente. Para que todo encaje es imprescindible manejar bien la gramática.

Vamos con un ejemplo; un mensaje periodístico en las redes sociales: «Lanza canción grosera contra una periodista que usa palabras sexuales». Dejando de lado la selección del adjetivo sexual (que yo habría sustituido por obsceno), centrémonos en la comprensión del mensaje. ¿Logran aclararse? ¿Quién usa esas palabras sexuales? ¿La canción o la periodista?

El malentendido está provocado por un uso incorrecto del orden de palabras. La oración subordinada de relativo que usa palabras sexuales funciona como un adjetivo y debe acompañar al sustantivo al que califica, en este caso, canción. Puesto que estamos ante una oración explicativa nos servimos de las comas para delimitarla: «Lanza canción grosera, que usa palabras sexuales, contra una periodista”. Los signos de puntuación son nuestros grandes aliados en la gramática. Y si lo querían aun más breve: «Lanza canción obscena contra una periodista».

Una adecuada selección léxica, conocimientos gramaticales, apoyo ortográfico de los signos de puntuación, y un titular, que podría parecer simple a primera vista, gana muchos quilates lingüísticos. No es tan difícil. Prueben a prestar atención a los detalles.

© 2016, María José Rincón.

 

Cosas veredes

Como saben ustedes, tengo el honor y la responsabilidad de ser miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española. Miembro, que no *miembra. Miembro, según el DRAE, aparte de otras acepciones  en las que más de uno estará ya pensando, es el ‘individuo que forma parte de un conjunto, comunidad o corporación’.

Una sola palabra que lleva a más de una confusión con su género gramatical. Se trata de un sustantivo epiceno, que designa un ser animado con una forma única, indistintamente del sexo. Cada sustantivo epiceno tiene su propio género gramatical. Los hay masculinos (miembro, personaje) y femeninos (persona, víctima). Y un epiceno masculino puede referirse a un hombre o a una mujer (Irene Pérez Guerra y Margarita Haché son miembros de número de la Academia); y, claro, un epiceno femenino también (La víctima, un conductor joven, sufrió varias lesiones).

No podemos olvidar nunca que, aunque los referentes tengan un sexo determinado, la construcción de la frase no se hace en relación con ellos, sino en relación con el género gramatical de las palabras. Si el epiceno es masculino, aunque su referente sea una mujer, la concordancia tiene que ser en masculino, y viceversa; serán, por tanto, el miembro elegido, aunque sea una mujer, y la víctima rescatada, aunque sea un hombre. Es verdad que el uso ha extendido la utilización de algunos epicenos como comunes en cuanto al género. Es lo que sucede cuando utilizamos la construcción la miembro de la Academia. Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con otros epicenos; no usamos *la personaje, *el víctima, ni mucho menos *el víctimo, *el persona, ni mucho menos *el persono. Y todavía no he oído a nadie rasgándose las vestiduras por ello. Aunque cosas veredes…

© 2016, María José Rincón.

 

 

El "Diccionario fraseológico del español dominicano" es una realidad

Bajo los ruidos de una campaña electoral  que embrutece a un pueblo precisamente urgido de educación; en la víspera de un acto de falsa investidura de  un plan de alfabetización que pintaba  como un programa  adecuado y oportuno;  cuando la palabra de los líderes sirve más para desconstruir que para construir, ha llegado quizá con forzada discreción el Diccionario fraseológico del español dominicano.

Es obra de la Academia Dominicana de la Lengua y se publica con el valioso auspicio de la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia, que preside el lingüista y jurista Fabio J. Guzmán Ariza. El acto de lanzamiento tuvo efecto el  jueves 14 de abril  en la Casa de las Academias, en la calle Mercedes 204.  Tiene  586 páginas.

Aunque el autor por excelencia es el pueblo dominicano, actuaron como redactores del libro los lingüistas  Bruno Rosario Candelier, director de la Academia; Irene Pérez Guerra, miembro de número, y Roberto Guzmán, miembro correspondiente. Con ellos intervino un equipo de colabores entre los que figuran Teresa Ayala, Lourdes Reyes, Mariela Guzmán, Mikenia Vargas, Perla Guerrero, Karla Tejeda, Rita Díaz, Inés Méndez, Valentina Flaquer y Francisco Rosario.

La revisión estuvo a cargo de Ruth J. Ruiz Pérez, mientras las fuentes fundamentales de información han sido la lengua viva de los hablantes, expresada en forma oral, además de los usos fraseológicos extraídos de periódicos, revistas y las obras literarias de autores dominicanos, mayormente cuentos y novelas publicados.

Rosario Candelier explicó al respecto que: “En los  libros, revistas y periódicos  donde, además de la oralidad, rastreamos  frases, locuciones, giros y adagios del español dominicano, he podido apreciar que los articulistas de prensa y los autores de obras de ficción que incorporan frases y locuciones a sus escritos son los que sienten una mayor identificación con el lenguaje de su pueblo y, en tal virtud, se  pueden tipificar como los autores nacionales que experimentan  una genuina identificación emocional con el alma dominicana y la expresión de nuestra gente, lo que confirma que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural. Y ya sabemos que la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo”.

Esta afirmación me ofrece una particular satisfacción –ruego dispensa por decirlo aquí-  ya que en  el acto de presentación del Diccionario el propio doctor Rosario Candelier  mencionó mi nombre como el autor literario citado con el mayor número de frases, seguido del novelista Manuel Salvador Gautier. El libro más citado es la novela “Guazábara”, de Alfredo Fernández Simó.

Entre los articulistas de periódicos los que más aparecen –dijo Rosario- son Orlando Gil, César Medina, Alfredo Freites y Pablo Mckinney. Pero en la obra aparece todo quien haya empleado locuciones, frases, giros y  adagios de los que emplean los hablantes dominicanos. Estos usos son denominados por los lingüistas como “idiolemas o frasemas”. Un segundo grupo    está compuesto por proverbios y refranes  y se denomina  “paremias”. Con estas últimas se formará un segundo tomo del Diccionario.

El campo de la fraseología constituye una singular faceta de la peculiaridad idiomática de nuestra lengua, ya que el cultivo y la creación de expresiones idiomáticas revelan aspectos entrañables del genio lingüístico  de nuestros hablantes. Esto ha dicho Bruno Rosario  y me parece  enteramente cierto.

Creo que este Diccionario fraseológico  puede servir como espejo para que los dominicanos apreciemos lo que somos –pues somos lo que hablamos- y para los de otras latitudes   que quieran conocernos, esta es una obra fundamental.

©2016, Rafael Peralta Romero.

 

Milañar – imagenología – repertorio

MILAÑAR

De la familia de este verbo dominicano los diccionaristas han recogido algunas voces. El verbo en sí no ha encontrado su espacio en los repertorios. Se repasarán las voces ya inventariadas en las recopilaciones y se expondrá lo relativo a este verbo para acreditarlo.

El sustantivo milaña aparece ya en la obra Dominicanismos de D. Patín Maceo, cuya segunda edición data de 1947. Allí aparece en tanto ‘parte muy pequeña de una cosa’. Registra esa obra también el adjetivo milañero, ra, que es, ‘tacaño, mezquino, largo como pelo de huevo’. Consta allí que se usa también como sustantivo.

Ya D. Pedro Henríquez Ureña en 1940 había señalado que las terminaciones –aña. –eña, en República Dominicana habían ayudado a formar sustantivos, tales como milaña, ‘porción ínfima’.

Emilio Rodríguez Demorizi en Del vocabulario dominicano (1983), añade a esa obra la voz milaña, ‘parte muy pequeña de una cosa’, las voces: ‘Milañoso, el que da milañas, tacaño. Milañero. Miserable’.

La palabra milañita con función de sustantivo diminutivo femenino aparece en el Diccionario de dominicanismos, publicado en su segunda edición en el año 2002 por Carlos Esteban Deive, con la acepción siguiente: ‘Persona o cosa pequeñísimas’. Reproduce este autor las acepciones correspondientes a milañero, ra y milañoso, sa.

El vocablo milaña está documentado desde principios del siglo XX, pues aparece documentado en la novela Guanuma, de F. García Godoy, publicada en 1914. Se presume que por esta mención bibliográfica se la atribuyen a la región del Cibao en la República Dominicana. Este dato se deduce de la entrada para milaña en el Diccionario de dominicanismos (2010) de Orlando Inoa.

“Entre hablantes de comunidades del Sur y el Suroeste, por lo demás, hemos percibido el término milañoso por milañero (tacaño, miserable), así como el diminutivo milañita, por poquedad, cosa poquísima”. (…) “Hablantes hay que suelen emplear el citado diminutivo no sólo con referencia a objetos o cosas, sino además con relación  a la endeblez, a la pequeña o desmirriada persona de alguien”. La cita se tomó de Notas y apuntes lexicográficos (Americanismos y dominicanismos) (1996) de D. Max Uribe y, como se nota incluye otras zonas dominicanas además del Cibao.

Como puede observarse mediante los dos párrafos inmediatamente anteriores a este, las voces mencionadas aquí son de uso general en República Dominicana, si a esto se suma el empleo que de milañoso hace Moscoso Puello en Cañas y bueyes.

Milaña es considerado sustantivo femenino en el Diccionario del español dominicano (2013), como equivalente de ‘tacañería’.

Ahora bien, ¿dónde está el verbo milañar? Este verbo está sentado en el recuerdo de quien esto escribe. Fue una palabra aprendida en la niñez cuando uno se quejaba de la poca cantidad que recibía de algo: “Él milaña el dulce; lo que me ha dado es casi nada”. Como puede observarse, las palabras milaña y milañoso están documentadas en la literatura dominicana. Las demás voces aun cuando no cuentan con ese aval han pasado de generación en generación en el habla de los dominicanos, por lo tanto, son vocablos patrimoniales.

Es un fenómeno que ocurre en las lenguas que los sustantivos se encuentren en el origen de verbos formados tomando como base a aquellos. El fenómeno inverso se produce también.
IMAGENOLOGÍA  

“Instalados en los modernos centros LMC los CT Scans (tomografía axial computarizada), son un instrumento importante de IMAGENOLOGÍA médica que completa el. . .”

Quien redactó este pasaje olvidó que en español está aceptado hace ya un buen tiempo que se represente en lengua española ese scan por escáner. Sin embargo, dio muestras de buen trabajo al investigar y dar con la palabra resaltada que es una imagen fiel del tiempo que se tomó para hacer su labor.

Lo que tradujo el/la autor/a del texto fue la voz imaging del inglés. Con ese vocablo del inglés se hace referencia a cualquier procedimiento diagnóstico que se realiza mediante imagen.

Las palabras de este tipo están relacionadas con las terminologías precisas de ciencias que están ligadas al sistema conceptual de estas, que establecen las relaciones entre términos y nociones. Las equivalencias entre los términos de lenguas diferentes, a veces disímiles, se logra subordinándolas a la armonización de las nociones. Si se trata de crear un término para una noción nueva, lo más atinado es recurrir a los recursos propios de la lengua, respetando la morfología del español.

El español es una lengua adulta que no muestra inseguridad idiomática y puede adoptar, españolizar y adaptar términos técnicos sin temor alguno, a condición de que ese recurso sea legítimo y pertinente. Con ese tipo de adecuación se cumple con el cometido de mantener en armonía la lengua con el progreso científico.

La nueva palabra imagenología se creó a partir de imagen y se le añadió el logos de los griegos. La Real Academia de la Lengua Española en el año 1992 asentó en su diccionario un vocablo diferente al del título, imaginología, que desafortunadamente evocaba quizás más la imaginación que la imagen.

En la actualidad, de acuerdo con la redacción en la edición del 2014 del Diccionario de la lengua española, la imagenología es: ‘Estudio y utilización clínica de las imágenes producidas por los rayos X, el ultrasonido, la resonancia magnética, etc.’

De todos modos, lo que se pretende es mencionar con ese nuevo vocablo todos los recursos de la tecnología moderna que sirven para hacer diagnósticos mediante imágenes, llámense radiografía, resonancia magnética, ecografía, y otras.

Lo más importante en casos como el presente es que el mensaje transcienda, que el lector u oyente comprenda lo que se transmite con el neologismo. Estas voces técnico-científicas se propagan mejor a través de los escritos y, el tiempo dará su veredicto.

REPERTORIO

“. . .son un instrumento importante de la imagenología médica que completa el REPERTORIO actual de equipos y pruebas de diagnóstico que tiene el. . .”

Algunas palabras se hacen tan frecuentes que algunas personas -hasta profesionales de la escritura- llegan a pensar que estas pueden utilizarse en contextos que les son ajenos. Especialmente esto sucede en los casos en que el campo semántico tiende a ampliarse en la práctica de los hablantes. En otros casos la realidad es que el habla, norma loquendi, va trazando el camino que debe seguir la representación escrita de las acepciones.

En cuanto a la palabra del título, existe ya una tendencia recogida en algunos diccionarios a extender el concepto que abarca. Se observará la redacción tradicional y la que corresponde al ensanchamiento mencionado antes.

El concepto original se reducía a un conjunto limitado por la similitud, obras teatrales, musicales. Así como a la colección de obras de una misma clase. Pasó más tarde a ser una lista, registro o índice abreviado de cosas notables y otras informaciones.

En la actualidad los diccionarios redactan de manera más liberal la última acepción, sobre todo destacando esa palabra que se resaltó en negrita, cosa. El Diccionario del español actual (1999) se mantuvo dentro de los límites anteriores pues solo admite que se use el vocablo para: ‘Conjunto o serie de [cosas homogéneas]’.

La presentación que trae el Diccionario de uso del español actual de Clave (1997), en su tercera acepción es: ‘Colección o recopilación de cosas’. El próximo paso lo muda el Diccionario integral del español de Argentina (2008), cuya redacción de la segunda acepción es: ‘Conjunto variado de cosas’. (Negritas mías, R.G).

El remate inocente (¿?) lo trajo el Diccionario de la lengua española (2014), al incluir una acepción en la que utiliza la palabra cosa, aunque modificada por el vocablo notable. Así terminó el proceso para que luego de que fueron cosas homogéneas y, más tarde cosas particularizadas, terminaran siendo solo cosas. El diccionario Clave mencionado conserva la colección o recopilación, pero abre el campo a cosas. No conforme, el diccionario argentino citado amplía el concepto haciendo que las cosas sean variadas.

Para comprender mejor el alcance de esta evolución, ha de recordarse que cosa es palabra que puede referirse a algo concreto, abstracto, real o mental; solo el contexto precisará mejor el significado. De todos modos, resulta extraño que alguien escriba que una clínica cuenta con un repertorio de equipos. Quedaría mejor servido el mensaje si se escribe que la clínica cuenta con una serie de equipos modernos de avanzada tecnología.

© 2016, Roberto E. Guzmán.

 

 

 

 

Domingo de Ramos, Semana Santa y otras mayúsculas

Los días de la semana, como sustantivos comunes que son, se escriben con minúscula (lunes, martes, viernes, domingo…). Por igual, los meses no requieren  mayúscula  en su escritura (enero, febrero, mayo…).

Pero –eso sí-  estas palabras se escribirán con mayúscula inicial cuando formen parte de expresiones denominativas que así lo requieran, como festividades, fechas históricas, espacios urbanos (Domingo de Ramos, autopista Seis de Noviembre).

La Ortografía de la lengua española indica que “los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades, sean civiles, militares o religiosas  se escriben con mayúscula inicial”.

A propósito de esa norma es que traemos el nombre Semana Santa o Semana Mayor,  definida como  semana última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. El período de siete días que le precede se denomina Semana de Pasión.

También se escribirá con mayúscula inicial el Domingo de Lázaro, o Domingo de Pasión, que es el quinto domingo  de Cuaresma, que precede al Domingo de Ramos, que es el último,  con el que se inicia la Semana Mayor. En el pasado, era Viernes de Dolores.

Este período concluye con el Domingo de Resurrección, festividad llamada también  Pascua de Resurrección del Señor.  En el pasado se hablaba de Domingo de Gloria.

Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo  son días clave en la conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo. Su escritura exige mayúscula.

Pascua

Recordamos más la Pascua de Navidad  con la que celebramos el  nacimiento de Cristo y otros hechos relacionados.  Se extiende desde la Natividad hasta el día de Reyes, inclusive.

Con este sustantivo se nombra  la fiesta más solemne de los hebreos, que celebraban a la mitad de la luna de marzo, en memoria de la libertad del cautiverio de Egipto.

Para los cristianos la ocasión más solemne es la Pascua de Resurrección.  La Pascua Florida es lo mismo que Pascua de Resurrección.  En la Iglesia católica, fiesta solemne de la Resurrección del Señor, que se celebra el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo.

Pascua del Espíritu Santo.  La otra gran festividad con este nombre es la Pascua de Pentecostés, que recuerda  la venida del Espíritu Santo sobre  los apóstoles, reunidos  en la casa donde Jesús tuvo con ellos su última cena.

Otras palabras

Otras palabras y expresiones relacionadas con la Semana Santa, por la solemnidad que encierran, sugieren  escribirse con mayúscula, pero la realidad de la norma ortográfica es otra. En Triduo sacro, Misa crismal o Sermón de las siete palabras podría emplearse mayúscula  inicial  en la primera palabra de cada denominación, pero no es indispensable.

La misa,  ceremonia católica  que consiste en el sacrificio del cuerpo y de la sangre de Cristo que bajo las especies de pan y vino renueva el sacerdote en el altar, asume variantes de nombre, según  las especificaciones que la orienten. En cada caso se escribe con minúscula: misa cantada (celebrada con canto), misa concelebrada  (celebrada conjuntamente por varios sacerdotes), misa conventual (misa mayor que se dice en los conventos), misa de campaña (se celebra al aire libre para fuerzas armadas), misa de cuerpo presente (se dice por lo regular estando presente el cadáver), misa del gallo (se dice a medianoche al comenzar la madrugada del día de Navidad) y misa crismal ( la que oficia el obispo de cada diócesis para bendecir los óleos).

© 2016, Rafael Peralta Romero.

Pachuché – dejar saber – minuta

PACHUCHÉ

El vocablo que figura como título de esta sección resulta simpático al oído, por lo menos para quien esto escribe. Hasta puede uno atreverse a decir que es eufónico. Además de lo ya escrito, se incluye en estos comentarios porque es una voz auténticamente dominicana. Esta voz consta solo en algunos de los diccionarios del español dominicano. No obstante eso, se recordará aquí una acepción que se ha omitido en esos lexicones.

El pachuché es un ‘cigarrillo liado artesanalmente’. Es una voz usada y reconocida en los predios rurales. Esa acepción reproducida más arriba es la que consta en el DED, Diccionario del español dominicano (2013). En la segunda edición de la obra De nuestro lenguaje y costumbres (1971), la Sra. Consuelo Olivier entiende que es un ‘cigarro que hacen envolviendo el tabaco en papel a mano’. Estos datos se tomaron del Diccionario de dominicanismos de Orlando Inoa, (2010).

El Diccionario de cultura y folklore, de Paulino y Castro, (2005), consigna algunos detalles sobre la fabricación del pachuché. Era un cigarrillo, pues estaba envuelto en papel blanco “de pulpería”, es decir, muy fino. Se pegaba el papel con saliva y, si mal no se recuerda, el extremo por donde se iba a encender, el papel se dejaba más largo que la carga de tabaco para retorcerlo sobre sí mismo.

Los cigarrillos hace más de sesenta años eran muy baratos, sobre todo los de fabricación nacional. La persona que recurría a confeccionarse sus propios cigarrillos, pachuchés, era un campesino de muy escasos recursos, “un pata por el suelo” (pata pu´el suelo). Generalmente era un “echa días” (jornalero) que andaba vestido muy pobremente.

Por la descripción que se ha hecho del sujeto que fumaba se comprende que el interés está en indicar que a esa persona se la llamaba pachuché. Ser un pachuché era un término despectivo que se aplicaba al necesitado, al que solo poseía su fuerza de trabajo.

En este caso que se trae a la atención, se ha operado un tropo en el que la similitud material entre la pobreza del cigarrillo se ha trasladado a la persona por la semejanza de los pobres recursos, de la rusticidad.

Aquí se opera una transferencia, un desplazamiento del nombre de la cosa a la persona. El hombre se convierte con ese nombre en el representante de la pobreza, de la misma forma en que lo es el pachuché para el fumador. Como puede apreciarse la figura está bien motivada por la proximidad que existe entre la precariedad económica del individuo y el valor del objeto.

DEJAR SABER

“Un amigo me escribe desde Cuba para DEJARME SABER que el “paquete” (artilugio con grabaciones digitales) de la pasada semana ya contenía todos los filmes. . .”

La vía de penetración más expedita de la asimilación, de préstamos y calcos es la expresión oral. Cuando estas llegan a la expresión escrita, eso significa que se han asentado ya en la lengua de recepción y constituyen un asentamiento residual. La fijación ha operado en la lengua de recepción; de esto no hay duda, especialmente  cuando estos fenómenos se manifiestan en el español escrito.

En los casos en que se detecta uno de estos fenómenos es porque el escribiente permite entrever una inseguridad idiomática que no se debe a su desconocimiento del idioma, sino a una penetración de otra lengua que conoce.

Este tipo de reproducción en español de una estructura ajena al espíritu de la lengua española es uno de los más peligrosos modos de penetración que pueda existir.

Cuando se lleva al español una expresión hecha de una lengua extranjera, en este caso del inglés al español, lo que se hace es que se corrompe el español. Este “dejar saber” es una reproducción en español de la muy frecuente expresión del inglés let me know.

Constituye motivo de pesar que una persona que publica en español de manera periódica en un diario de gran circulación permita que su español manifieste una intrusión como esta. La riqueza de la expresividad del español hace innecesario el recurso a copiar expresiones que proceden de lenguas extrañas.

Para demostrar la inutilidad de acudir al inglés, a continuación se proponen algunas alternativas españolas para no tener que claudicar. La lista es enumerativa y no exhaustiva: avísame, infórmame, dime, anúnciame, comunícame, dame noticia de, notifícame, hazme partícipe de, hazme saber.

Después de esta enumeración de soluciones del español, se concluye con una interrogación: ¿Hacía falta ir hasta el inglés para expresar la idea?

 

MINUTA

“. . .según la MINUTA de su reunión de diciembre en la que por unanimidad las aumentaron. . .”

No será la primera vez, pero ojalá fuera la última. Esa frase de frustración se expresa ante la desconsideración que tuvo el redactor de utilizar un vocablo reconocido del español como equivalente de uno parecido del inglés. No hay motivo para rasgarse las vestiduras por esto, pues de todos modos pudo referirse a un significado auténtico del español.

La palabra minuta significa muchas cosas, pero la menos conocida es la que el redactor trató de expresar. Aquí se repasarán las significaciones en el español general, así como en el español de América para concluir con la explicación acerca del origen de la confusión.

La razón por la que se escribió más arriba que no había necesidad de rasgarse las vestiduras por el empleo que se hace de la palabra del título es porque el entendimiento del hombre se refleja en el lenguaje y de este modo contribuye a modificarlo. Como se verá más adelante, el uso de “minuta” del modo en que se ve en la cita es el producto del fenómeno social en el país en que con esa acepción se acepta, pues en esa comunidad es comprensible y aceptable. Esto así porque obedece al carácter funcional del lenguaje.

La función principal del lenguaje es comunicar, informar. Ese es el destino particular del lenguaje. En la prensa diaria esa es la función predominante. Ese cometido es una condición del lenguaje y se logra mediante el uso de términos convencionales. Si el comunicador social cede y utiliza el español estrecho de su país, falla al propósito de transmitir el mensaje para comprensión general.

El vocablo en estudio proviene del latín. En esa lengua denotaba lo que era menudo, de ahí que otras palabras de la misma familia sirvan para ese propósito. En esa línea de derivados en español se acepta que minuta sea “extracto, borrador, apuntación, nota”. Eso que se menciona aquí es lo aceptado en la comunidad internacional de hablantes de español.

En América la voz examinada posee significaciones que implican el menudo tamaño, la brevedad que se sugirió antes. En República Dominicana son pescados pequeños. En Guatemala, Honduras y El Salvador es el refresco hecho con hielo desmenuzado. En otros países el nombre corresponde a una lista de comida rápida, o a un pescado limpio, listo para cocinar.

En inglés en plural, minutes sirve para mentar el acta de una reunión. En francés el escrito que contiene lo decidido en una reunión es el procés-verbal o compte-rendu. Los demás minute del francés no tienen nada que ver con las actas, aunque sí con las reuniones.

La clave del uso en la cita se encuentra en el español de México y solo se inventaría en el Diccionario del español usual en México (2002). Allí se lee en la segunda acepción: ‘Resumen de lo discutido y decidido en una reunión o en una junta, a partir del cual se elabora el acta correspondiente: tomar la minuta.

A lo anterior hay que añadir que minuta sirve para ‘borrador o extracto de un documento’. Así lo consigna el Gran diccionario de la lengua española de Larousse. Tal vez el redactor se refería a esto y no a un acta acabada de la reunión que menciona. Si así fuere, debió usar uno de los vocablos mencionados, borrador, apunte, esbozo para evitar equívocos.

© 2016, Roberto E. Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ojos que sí ven

Llega marzo y con él las conmemoraciones del Día de la Mujer. Estos días con nombre propio solo sirven para recordarnos compromisos que debemos mantener todos los días. La defensa de la igualdad de las mujeres no es cosa de un día. La discriminación por razón del sexo sigue tan asentada entre nosotros que cambiar esquemas es cosa de cada día, de cada postura, de cada actitud.

Esta postura personal puede plasmarse de muchas formas, porque nos queda mucha tarea por delante en todos los ámbitos. Hay quien opina que el sexismo se manifiesta en los géneros gramaticales; quizás porque no han entendido del todo cómo funciona la lengua.

Yo elijo otra postura. Tal vez menos evidente pero, sin duda, tan militante y tan comprometida como la que otros enarbolan. Yo elijo la defensa del acceso en igualdad de condiciones a una educación de calidad para las mujeres. La educación de calidad, cuando lo es, lleva aparejado el uso correcto y prestigioso de la lengua. Y, con el dominio de la lengua, la capacidad de expresar, de compartir, de crear, de reclamar, de exigir. Y, casi tan importante, la libertad de servirnos de esa educación, según nuestra capacidad, en todas las facetas: personal, laboral, académica, creativa, investigadora, directiva, política, ciudadana. Y que a igual desempeño, recibamos igual compensación e igual reconocimiento y respeto. Solo así seremos visibles las mujeres. Y cuando las mujeres seamos visibles, la lengua, que siempre ha sido materna, lo será más que nunca y como debe serlo: en los contenidos. Ojos que sí ven, corazón que sí siente.

© 2016, María José Rincón.

 

Capú – caucus – escénico

CAPÚ

Esta voz del español dominicano solo aparece en una locución verbal, hacer capú, que consiste en ‘darle un manotazo en el brazo a alguien para conseguir que suelte lo que lleva en la mano y quitárselo’.  Lo que consta a manera de cita es extraído del Diccionario del español dominicano (2013).

Por la referencia de 1915 que avala la inclusión en el mencionado diccionario, la locución es de larga data en el español dominicano. El autor de estas líneas recuerda haber jugado al capú hace más de cincuenta y cinco años. El golpe en los recuerdos no era en el brazo, sino en el dorso de la mano o en la muñeca y se hacía de modo sorpresivo.

El principal motivo para traer esta voz a estos estudios es porque se piensa que, al igual que muchas otras voces del español antillano, esta tiene raíces en las lenguas africanas.

Fernando Ortiz registra la voz capú cuyo significado coincide con la voz sambé que es un juego. Conforme con la opinión de este estudioso, es ‘voz africana, acaso del calabar’ que por su nombre se sitúa en el sur de Nigeria. Lo que se avanza aquí proviene del Glosario de afronegrismos, publicado por primera vez en 1924 y reeditado en 1990.

Este “calabar” es el que ha dado lugar a carabalí por metátesis. Así se denomina a los descendientes de esclavos de esa región que algunas personas se han empeñado en distinguir por tener un color de piel negro opaco.

El sambé era un juego infantil. Entre otras cosas, escribe F. Ortiz, ‘. . .sambé que no lo vi, y el preguntado, si no tenía el distintivo pagaba prenda o recibía algún golpe en castigo’. (Las negritas son mías).

De esta relación del juego de niños se deduce que el capú era el golpe; por lo tanto, en la locución señalada del español dominicano el capú es el golpe (manotazo) en el brazo, según el Diccionario del español dominicano. El niño que deseaba evitar las consecuencias del juego decía antes de ser sorprendido “fuera capú”.

El Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005) de Paulino y Castro llama el juego “capú y no te abaje” y hace referencia al libro La Misericordia y sus contornos, 1894-1916 (1967). Es posible que la forma de jugar al capú haya evolucionado con el tiempo y que todas las descripciones con relación al golpe y al sitio en que este se propinaba sean exactas.

Resulta interesante hurgar en el pasado de algunas de estas voces del español dominicano y examinar el posible origen de estas.

 

CAUCUS

“Las asambleas o CAUCUSES de Iowa serán los que desaten la verdadera contienda. . .”

Esta voz del título es ajena a la lengua española. Cuando se la usa en español es para referirse a algo muy específico que sucede en un país extraño al habla española y, para respetar lo particular de lo que refleja esa voz se la utiliza tal cual. Ha sido muy empleada en español durante los últimos meses con ocasión de las elecciones primarias que se desarrollan en los Estados Unidos de Norteamérica.

Algunas precisiones se hacen necesarias con respecto al uso de la voz extranjera en el español corriente. Como sucede en muchas ocasiones parecidas, estas voces no siguen un patrón de uso predeterminado en lengua española.

En la oración copiada a modo de ejemplo de uso, la palabra del inglés americano aparece utilizada en plural formado añadiéndole la terminación -es. Esa es una tendencia que se ha usado en otras ocasiones para palabras de origen latino. En el caso de la voz sometida a estudio, caucuses es el plural en inglés.

La voz es de origen incierto pero se emplea en los Estados Unidos para reuniones de grupos. No solamente la reunión la hace un grupo de personas con el propósito de elegir candidatos, sino también para decidir acerca de las políticas a seguir.

El mismo día en que apareció publicada la noticia de la cual se extrajo la oración reproducida, Fundéu se ocupó de sentar las bases acerca del uso de la voz. El plural de la palabra es invariable. Esto así, porque el plural en español de las palabras extranjeras que terminan en –s solo varía su terminación cuando son monosilábicas o agudas.

Se ha hecho tan frecuente el uso de la palabra estudiada en el español común que no hace falta resaltar el vocablo estudiado con comillas ni en cursiva.

ESCÉNICO

“. . .los viajeros podrán tomar la ruta ESCÉNICA a través de la bahía de Biscayne. . .”

Muchas de las palabras del español tienen amigos pocos sinceros en otras lenguas. La palabra que se encuentra destacada en la cita es una de esas de engañoso parecido que mueve a equívocos. El uso desacertado, especialmente en este caso, se expondrá en lo que sigue.

En el español corriente, escénico es lo perteneciente o relativo a la escena. Esta a su vez, en el teatro, es el lugar en que se representa  la obra; es el sitio decorado para la representación. En una obra de teatro es la parte en que se divide un acto, etc. También tiene acepciones acerca de películas. Es, así mismo, algo digno de atención o lugar de un suceso.

No hay necesidad de extender la enumeración de las palabras de la familia de escénico que nada tienen en común con lo que pretendió comunicar el redactor de la reseña.

El asunto de la confusión nace de la proximidad que existe entre voces del inglés y palabras del español. Una de ellas es scene del inglés que en algunos casos debe traducirse por panorama, vista. En otras situaciones hay que trasladar al español esta idea mediante el vocablo ambiente, paisaje. Además, puede ser situación en las hipótesis en que cabe por el entorno en que se encuentra.

En algún sitio leyó u oyó el redactor la voz scenic y la llevó al español de la forma más parecida al inglés, que muchas veces antes se ha escrito que es la solución más fácil, pero no la más apropiada.

En el caso de la cita, debió ser ruta panorámica, para referirse así a la extensión de terreno o paisaje que se abarca con la vista, que muestra un amplio sector del campo visible. Pudo escribir, ruta de bello paisaje, u otra redacción que expresara la noción en español. Pudo recurrir a bella vista y redactar algo adecuado.

© 2016, Roberto E. Guzmán.