Mística: “Dar a luz la luz”

Por Luis Quezada Pérez

 

Maestro Eckhart (1260-1328)

Itinerario de la interiorización hacia la iluminación

 

“Deja de buscar fuera;

Deja de buscar maestros;

Busca dentro de ti mismo

Y encontrarás al Maestro”.

     Maestro Eckhart

 

Un acercamiento a la mística del Maestro Eckhart

  1. Para Eckhart, la MÍSTICA es un doble movimiento:

“ENTRAR dentro de uno para ENCONTRARSE con el SER, que es AMOR; y SALIR hacia fuera de uno para ENCONTRARSE con los seres y testimoniar ese AMOR”.

  1. Eckhart señala que la mística es un encuentro donde el místico dice: “Eureka, lo he encontrado. Hemos conocido el Amor”.
  2. Un dato interesante que se encuentra en los escritores místicos importantes como Eckhart, Juan Tauler y Enrique Suso, es la relación entre la profundidad de la experiencia espiritual y la dinámica del amor solidario.
  3. En uno de sus sermones alemanes, Eckhart dice que “cuanto más el ser humano llega al fondo y a lo más íntimo de su ser, tanto más se derrama plenamente sobre las criaturas, porque aquello que descubre, experimenta y encuentra es por esencia comunicable, de manera que cuánto más penetra el ser humano en su mundo interior, más le urge comunicar lo contemplado hacia el mundo exterior, pues el resultado más efectivo de esa interiorización es la dinámica del amor”.
  4. En otra parte de sus sermones, Eckhart expresa: “Cuando el ser humano fluye totalmente en Dios, no puede dejar de comunicar algo que no sea amor”.
  5. La contemplación le lleva a Eckhart a desarrollar una poderosa conciencia y sensibilidad social. Es conocida su frase: “Quien no da al otro lo que es del otro no come su propio pan, sino el suyo y el del otro”.
  6. Eckhart está convencido de que “hay que contemplar para amar”. Por eso, a mayor contemplación, mayor comunicación: “Mientras más contemplas más comunicas hacia el mundo externo lo que has encontrado”.
  7. De ahí que Eckhart define la mística como “una búsqueda interior y una comunicación exterior”. La mística es un camino de búsqueda interior para contemplar el Sentido y de acercamiento y proximidad exterior para comunicar y testimoniar el Sentido contemplado.
  8. Eckhart dice que “el Sentido no es algo sino Alguien y que ese Alguien es la plenitud del Ser”. Y que “la esencia de ese-Alguien-Plenitud-del-Ser es el Amor. Por eso, encontrarse con Él no es aislarse, sino identificarse con Él para comunicarle, porque el amor es intrínsecamente comunicable, no aislable”. “El amor, sostiene Eckhart es de por si expresivo, comunicativo, difusivo”.
  9. Es conocida también su frase: “La mística es la vida en el Amor y el Amor en la vida”.
  10. La contemplación, aunque estemos solos, no nos lleva a la soledad, pues al descubrir la fuente del ser que es el Ser-Amor, nos vuelve cercanos, próximos a los demás; nos hace ser compañía, familia, solidaridad, cercanía. “La intimidad con el Ser se convierte en proximidad con las criaturas”.
  11. La mística, según Eckhart, produce el verdadero conocimiento del ser: “Conocer es asomarse a la interioridad para acercarse a la exterioridad”.
  12. Eckhart bebió de la fuente de Agustín para acercarnos a la interioridad. Recordemos que “Las Confesiones” de Agustín son una verdadera narrativa filosófica y teológica de la interioridad”.
  13. Fue de Agustín que Eckhart aprendió lo del “Magister interior”: “El Ser enseña desde dentro del ser. Por eso, para aprender, hay que entrar. Y se entra, no para aislar, sino para salir de otro modo hacia los demás seres”.
  14. “Esa aparente soledad del místico le lleva al mayor grado de acercamiento a las criaturas”.
  15. La dialéctica interior-exterior de la mística viene dinamizada por el flujo del amor. Eckhart dice: “Amar a Dios sobre todas las cosas solamente se descubre entrando en sí mismo. Si te amaras realmente desde el fondo de ti mismo, amarías a todos los hombres como a ti mismo”.
  16. Para Eckhart, la interioridad es necesaria para vivir la existencia auténtica. Retomo aquí aquella frase de Daniel Beltré López, que es muy eckartiana: “Convencidos de que lo mejor de la vida lo llevamos dentro”.
  17. Veamos ahora una aproximación al planteamiento místico-metafísico de Eckhart para acercarse al Misterio.
  18. A la mística de Eckhart se le ha llamado mística metafísica.
  19. Alguien ha dicho que la mística de Eckhart tiene “sabor franciscano” y su metafísica tiene “sabor tomista”.
  20. Pienso que su mística está poderosamente influida por San Agustín, que lo hace construir una teología apofática: “Ante Dios, ya no hay palabras; solamente contemplar y celebrar”.
  21. Eckhart arguye: “La razón no puede razonar a Dios, porque El es supra-racional, está por encima de la razón. Es una trampa querer racionalizar a Dios. Dios es razonable pero no racional”.
  22. ¿Qué busca un místico?, se pregunta Eckhart; y se responde a si mismo: “Busca el Ser, busca el Amor”. Es como escarbar en la arena del desierto buscando agua. Si el místico busca el Ser-Amor, busca lo más sano, profundo, esencial y primordial de la existencia humana. Un místico vive en una dimensión profunda de sanidad existencial.
  23. Y esa búsqueda contemplativa no debe ser algo extraordinario, ni el místico hacer cosas extraordinarias. En la cotidianidad de la vida está la verdadera mística.
  24. “Un místico es un creyente del Amor. Solo el amor nos hace creer (influencia de Eckhart en Hans Urs von Balthasar, que dijo: “Solo el amor es digno de fe”).
  25. Los místicos son los verdaderos cirujanos de la introspección, más que los psicólogos. Se pregunta Eckhart: “Qué buscamos cuando nos metemos dentro de nosotros mismos? Tres cosas: El sentido, la felicidad, el amor.
  26. Eckhart señala que “el hombre padece una nostalgia por el Ser; “el ser tiene anhelo del Ser”.
  27. El Ser no hay que buscarlo fuera, sino dentro: “Dios no está fuera de ti, pues es como una fuente que mana de ti, rebosante”.
  28. “Descubrir el Ser es descubrir el Amor. El amor es la energía que lo une todo. Somos amor”.
  29. La mística de Eckhart es metafísica: está centrada en el ser.
  30. Eckhart estaba obsesionado con tres palabras: nada-ser-Ser
  31. Es famoso su planteamiento metafísico: “El Ser sacó de la nada el ser para que llegara a ser parte del Ser”.
  32. “La Mística es un encuentro con el Ser, dentro del ser, para que el ser llegue al Ser”.
  33. La metafísica de Eckhart está cimentada en Platón, Plotino y Proclo.
  34. La trayectoria existencial, seral para Eckhart es esta: De la nada al ser en el Ser para el Ser”.
  35. Las frases de Eckhart son verdaderos acertijos: “En el ser humano, lo profundo de su ser, no es su ser, sino el Ser”. Esto es muy agustiniano: Deo intimo, intimo meo, Dios está más dentro de mi que yo mismo, pues El es la ultimidad de mi mismidad.
  36. “Somos una nada que aspira al Ser” dice Eckhart en su obra El fruto de la nada.
  37. Es clarísimo que el maestro Eckhart bebió de la filosofía de Plotino y de Agustín.
    • Plotino: “Todo es Uno”
    • Agustín: “El Uno es Amor”
    • Conclusión de Eckhart: “Todo es Amor”
  38. La frase del evangelio de Juan (“Que todos sean uno”), se convirtió en una obsesión metafísica en Eckhart.
  39. Decía: “La unificación es la meta del camino místico. Venimos de El, somos en El y vamos a El. El hombre es Dios “por gracia” y Dios es Dios “por naturaleza”.
  40. Estas frases fueron tildadas en su tiempo de panteístas y le hicieron vivir un calvario, pues un hombre que amaba la Iglesia, comenzó a tildársele de hereje.
  41. Leer superficialmente a Eckhart es peligroso, pues él caminó sobre la cuerda haciendo equilibrio, y no todos podemos hacerlo de igual manera.
  42. En realidad, Eckhart no fue pan-teista (todo es Dios) sino pan-en-teista (Todo en Dios).
  43. Dice Eckhart: “El ser trasciende el ser porque culmina en el Ser”. Eso no es panteísmo, sino panenteísmo.
  44. Su camino místico está basado en lo que él llamó el desasimiento (gelazenheit”). El desasimiento consiste en dejar atrás el ser para encontrarse con el Ser.
  45. Su famosa máxima “hay que contemplar para amar”, la fundamentó bíblicamente en el famoso pasaje de Lucas 10, 38-42, referido a dos mujeres, Marta y María. El comentario de Eckhart está totalmente divorciado de la exégesis tradicional que se hace sobre este texto, la cual contrapone contemplación y compromiso. Para Eckhart, Marta y María no son dos tipos de personas, una activa y otra contemplativa, sino dos aspectos del ser cristiano que deben coexistir en una misma persona. Todos debemos ser Marta y María.
  46. Eckhart movió su pensamiento místico-metafísico a través de paradojas que sacadas de contexto, pueden generar confusión: “No puede verse más que por la ceguera”; “conocer por el no entendimiento”; “comprender por la sin razón”. Eckhart es un gigante de la mística, de la metafísica y de la teología.
  47. Juan Tauler decía refiriéndose a su maestro Eckhart: «Él hablaba desde el punto de vista de la eternidad, y vosotros lo habéis entendido según el tiempo».
  48. Por eso, para Eckhart, la mística era como un parto difícil, doloroso y delicado. En frase feliz de él: “La mística consiste en dar a luz la Luz”. Su mística es por tanto mayéutica: “dar a luz” el Misterio en nosotros.
  49. Eckhart veía la mística como un proceso dosificado, ordinario, de simplicidad, donde hay que ir despacio: “La mucha luz es como la mucha oscuridad: no deja ver”.
  50. Eckhart afirmaba: “Si hurgamos dentro de nosotros mismos, al fondo encontraremos una luz que nos disipa toda duda”.

Entrada de Meister Eckhart en la iglesia de Erfuert, con la inscripción “Das Licht leuchtet in der Finsternis, und die Finsternis hat es nicht erfasst” (“La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no prevalecieron contra ella”)

  1. Eckhart bebió de Orígenes la metáfora de la luz.
  2. Según Orígenes, “puesto que nuestra vida es una noche, tenemos necesidad de una lámpara. La lámpara es la palabra: Tus palabras, Señor, son lámparas para el camino, luz en mi sendero, salmo 119.
  3. Eckhart aplica las categorías bíblicas del éxodo y el exilio a la creación y la existencia humana: “La vida es un exilio (creación) del Ser del cual salimos y es un éxodo (descreación) de los seres al Ser hacia donde volvemos”.
  4. La mística consiste en “dejar a Dios ser Dios en nosotros”.
  5. Siguiendo el planteamiento bíblico eckhartiano, “cada criatura es una palabra de Dios”. La idea central y sublime del Meister Eckhart es la posibilidad del nacimiento de la Palabra en el alma, es decir la vinculación entre el alma y Dios mediante el Nacimiento del Verbo. “Si la Palabra se hizo carne en Jesús, la Palabra se encarna para siempre en toda realidad creada”.
  6. El desasimiento es la muerte mística, un morir antes de morir, un dejar-de-ser-para-Ser.
  7. El tema de la muerte fue tratado por Eckhart con una profundidad inusitada. Para él, “la muerte no existe, porque para Dios no existe”. Dios es A-MOR, es decir, sin muerte. La muerte no es un “adiós” (despedida) sino un “A Dios” (encuentro). Lo que llamamos muerte “es cerrar los ojos al espacio-tiempo y abrirlo a la eternidad, donde ya no hay espacio ni tiempo”.
  8. Eckhart murió en 1328 con el estigma de ser acusado de hereje. Desde el capítulo general de la Orden de Predicadores del año 1980 se comenzaron diversas iniciativas con el fin de lograr la rehabilitación del Maestro Eckhart. En 1992, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, recibió una solicitud por parte de los Dominicos para que dicho órgano levantara la condena contra Meister Eckhart. El veredicto que recibió Timothy Radcliffe, entonces Maestro General de los Predicadores, consistió en tres proposiciones fundamentales:
  • El Maestro Eckhart no necesita ninguna rehabilitación.
  • Su doctrina está en perfecta consonancia con la doctrina católica.
  • Es un teólogo digno de recomendación.
  1. Tras la Segunda Guerra Mundial el interés por Eckhart se trasladó al ámbito filosófico, sobre todo cuando Heidegger afirmó que mientras meditaba en el ser, leyó frecuentemente los escritos del maestro dominico.
  2. La mística desafía la razón analítica. La sobrepasa, porque expresa la dimensión del espíritu, aquel momento en el que el ser humano se descubre a sí mismo como parte de un Todo, como proyecto infinito y misterio abismal, inexpresable.
  3. Bien notaba el filósofo y matemático Ludwig Wittgenstein en la proposición VI de su Tractatus logico-pilosophicus: «lo inexpresable se muestra, es el místico». Y termina en la proposición VII con esta frase lapidaria: «Sobre lo que no podemos hablar, debemos callar».
  4. Decía Xavier Zubiri, que :”sin Eckhart sería totalmente inexplicable el origen de la filosofía moderna”.
  5. Sus planteamientos sobre la Creación como algo esencial al Ser de Dios, ha creado muchas polémicas: “Crear es una expresión consustancial del ser de Dios que es Amor. En realidad, Dios crea desde el primer instante de eternidad en el que el propio Dios es y es Dios”.
  6. También es evidente su influencia en autores como Angelus Silesius, donde incluso influye en su conversión al catolicismo.
  7. Hay que esperar al siglo XIX y al curioso connubio de romanticismo alemán con el idealismo para un redescubrimiento de los escritos de Eckhart, por medio de filósofos como Franz von Baader. Así llegó a influir en los filósofos más eminentes del idealismo: Fichte, Friedrich Schelling y Hegel.[71]Schopenhauer reconoció en diversas ocasiones la influencia de Eckhart en su pensamiento: «Estos son mis compañeros espirituales: Eckhart y Taulero»[]

La profundidad y universalidad de la enseñanza de Eckhart ha atraído a los buscadores de la verdad cristiana y no cristiana por igual. Su visión radical y penetrante lo convierte en un punto de referencia natural para una comprensión genuinamente ecuménica.

                                           

Poemas de Andrés L. Mateo y Bruno Rosario Candelier

AL MARGEN DEL VENERABLE HERÁCLITO”

Por Andrés L. Mateo

 

Lo único perpetuamente estático es la nostalgia.

Dicho esto, por supuesto,

al margen del venerable Heráclito.

Contra el tiempo se diluyen las cosas.

“En la vida todo es ir a lo que tiempo deshace”

 -dijo el poeta-.

Regresas y ha cambiado lo que antes era tuyo

menos en la nostalgia

en la que igual las cosas permanecen

a pesar del círculo implacable que el vivir arrasa.

Todavía la luz sucede a la luz.

Cuando vuelvo al viejo barrio

ha pasado algún tiempo.

Pero soy todavía el niño cruel que cazaba mariposas,

Y hasta que el ángel venga esperaré sonreído

en una esquina del barrio San Juan Bosco,

ardiendo de inquietud con mi rama en la mano.

¡Fui implacable!

Jamás tuve más cierto en mi memoria

las batallas ganadas

el día ardiente del verano

lejano y próximo en el cual fui el rayo de tinieblas

que mataba mariposas y era feliz.

Y me veo regresar en la nostalgia

no como el que ahora soy

sino como el que fui.

Bajé desde mí mismo

encontrando aquel niño de tenue corazón

de alborozado rostro que con su rama desflecaba

las durezas de una tierra en la cual

el mal no estaba escrito todavía.

Ha pasado algún tiempo.

Cambia todo

hasta la rancia sentencia del venerable Heráclito.

Menos en la nostalgia donde no hay antes ni después

y el olvido nunca construye su morada.

Y nada puede transformar lo dado, lo vivido.

Al margen del Venerable Heráclito.

 

 

 

“EL ÁGAPE INMORTAL”

 

Por

Bruno Rosario Candelier

 

A

Andrés L. Mateo

La luz alumbra porque relumbra,

fuero y cauce de un designio establecido.

Si la rosa “florece porque florece”,

el estiércol repugna por lo que tiene.

 

Entre la A y la Z cabe todo,

tanto del mundo sutil,

como de la prosaica galera.

Y todo vuelve a su origen,

como intuyó el presocrático cuando vio

que el río fluye incesante hacia su fuente.

 

Lo que permanece es el ágape,

el ágape sagrado y divino

al que nos convocan.

 

Ya lo dijo Heráclito en su día:

“Todo viene del Todo, y todo vuelve al Todo”.

Nada cambia, si el amor preside la mirada,

mientras la vida pauta el rumbo

con sus señales secretas.

 

Lo que la luz revela es el halo

que perfila el sentido.

 

A la luz sucede otra luz,

la que despliega el manto

inconsútil del misterio.

 

En nosotros pervive el niño que con su enigma

aflora desde el fondo ignoto del pasado.

 

En el poema late el miedo que troquela

circuitos y neuronas

como vestigio de una culpa irredenta

o como el látigo inclemente

que señala, acusa o recrimina.

 

Un soterrado miedo o un trauma secreto

con su larvada culpa

 o su inmarcesible llama hacen al poeta.

 

No es la nostalgia la que inspiran los dolientes versos,

ni la palabra que retrata, cuestiona o curcutea.

 

Es la fragua de una pasión insumisa y traviesa

del niño que con dolor recuerda

una gozosa crueldad contra inocentes mariposas,

que no puede revertir

porque lo hecho, como lo dicho,

irremediablemente queda detenido en el tiempo,

a pesar del transcurso de los días y las penas,

a merced de la distante y lumbrosa luna,

o a despecho de las impertérritas

y calladas piedras.

 

Desde el fondo de ti

late el reclamo de lo que no muere.

 

Lo que fue, lo que se hizo o dijo,

no cambia con el tránsito de las noches,

porque nada pierde su esencia y su sentido.

 

El venerable Heráclito lo supo,

como tú lo presientes compungido,

pues ni la secreta nostalgia,

ni el olvido cómplice,

cortejan las cosas que suceden,

sino el ágape inmortal

que las redime.

 

 

Lo originario en la poesía de Andrés L. Mateo

Por Bruno Rosario Candelier

 

Realidad, intuición de lo originario y creación 

Los poetas suelen percibir, desde la onda intuitiva de su conciencia, la faceta singular y peculiar de lo existente mediante una percepción múltiple y simultánea de las cosas con el sentido inherente de fenómenos y vivencias. Esta afirmación tiene cabal cumplimiento en la creación literaria de Andrés L. Mateo, que tiene un ejercicio poético valioso y ejemplar.

Mediante el concurso de los sentidos percibimos la dimensión sensorial de la realidad que hiere nuestra sensibilidad, base de la intuición y caudal de las percepciones que nutren la creatividad. Para la comprensión de lo real los sentidos captan los rasgos de las cosas y la inteligencia realiza una operación intelectual que llamamos intelección (palabra que procede de intus légere, que significa ‘leer dentro’ de las cosas), lo que entraña una lectura de la realidad, pero esa comprensión interior de las cosas genera imágenes y conceptos que representan la cosa. Pensamos en conceptos que elaboramos con nuestras intuiciones y reflexiones sobre las cosas, pero los poetas traducen esos conceptos en imágenes sensoriales para hacer sentir lo que concitó su sensibilidad y su conciencia intuitiva.

Mientras los hablantes ordinarios pensamos en conceptos, los poetas piensan en imágenes con las cuales formalizan su intuición, y ese procedimiento lo usan quienes recrean lo que captan sus sentidos e inventan una nueva realidad con los recursos del lenguaje. La sensibilidad tiene su propia percepción de la realidad y, por una operación intelectual del entendimiento, los objetos son pensados y convertidos en conceptos, y en el proceso de la creación poética, esos conceptos se traducen en imágenes sensoriales, como explica Kant (1). Mediante la imagen el poeta formaliza su visión de lo real y el lenguaje de las imágenes da forma a la sustancia que sintetiza el sentido de percepciones e intuiciones. La poesía no reproduce la realidad, sino la operación imaginativa que realiza la intuición poética.

La intuición es determinante en la creación del poema. Como recurso de la inteligencia, la intuición capta el sentido de la realidad sensorial, pues como lo revela la etimología de intuir (que viene del latín intus ire, que es ‘ir dentro’ de lo real), operación que realiza la inteligencia para captar la esencia y el sentido, lo que permite entender el significado de fenómenos y cosas. Cuando el poeta escribe deja correr su intuición, que es la llave para abrir las compuertas de lo real y entender el misterio de lo existente o sentir la belleza sutil de la forma. Captar poéticamente el mundo es aprehenderlo en su valor profundo, razón por la cual los creadores revelan sus percepciones entrañables, que suele ser veraz, auténtico, peculiar e irrepetible.

La poesía es el aliento estético y espiritual que formalizan las palabras para crear con ellas una belleza sutil o una verdad profunda a la luz de una experiencia singular. O dicho de otra forma: la poesía da forma y sustancia al aliento espiritual de una vivencia profunda fundada en una experiencia de vida. Como obra del lenguaje, la poesía es una creación verbal que hace de una experiencia personal una vivencia estética o una verdad trascendente, dando sentido al aliento espiritual de una inspiración fecunda.

Poiein en griego es crear, y de poiein viene poiesis, palabra que dio origen a poesía, siendo la poesía una creación verbal de una realidad estética y espiritual. Con su creación el poeta afirma su percepción del mundo y testimonia su aliento creador. Su testimonio no da lugar a dudas porque opera con la intuición, facultad que percibe lo real en su esencia rotunda y permanente.

Cuando Paul Valery afirma que “toda claridad exige una mitad de sombra” o que “la larva hila donde fluía el llanto” está testimoniando una inspiración que atrapó su intuición estética. Al escribir lo que su sensibilidad percibe con la autoridad que dan las percepciones intuitivas, su enunciado constituye una certificación de su percepción auténtica y veraz porque nace de su contacto personal y genuino con las cosas. Estoy hablando del poeta original, del que funda su creación en sus propias intuiciones, no del que escribe a partir de la inspiración ajena. En su relación con lo real, en cuya virtud se instala en la realidad, el poeta se vincula con lo existente, sin mediación de nada que no sean su intuición, su sensibilidad, lenguaje y su pasión. La esencia del poetizar es la certificación de una percepción, que la intuición atrapa con sus antenas perceptivas, el lenguaje formaliza con sus signos y la pasión alienta con sus emociones entrañables.

La poesía entraña una intuición de lo originario. La intuición se pone en contacto con lo real, con lo que percibe la sensibilidad profunda. La obra poética deviene una interpretación intuitiva de la realidad. Por esa razón el poeta auténtico no imita sino que revela su percepción de las cosas desde su sensibilidad, con la que se pone en comunión con lo viviente. El poeta fija su atención en la naturaleza, en una actividad propia del contemplador, y el acto de la contemplación, que puede quedarse en lo sensorial o alcanzar los efluvios inmateriales, es esencial para crear el poema. Cuando los poetas asumen el objeto de su contemplación –theorein llamaban los griegos al acto estético de la contemplación– están en capacidad de formular una visión filosófica, trascendente o mística del mundo. Y en ese nivel de la contemplación la poesía perfila una cosmovisión que a menudo se adelanta a las especulaciones filosóficas y a los hallazgos científicos. Y el poeta, como recreador de vivencias y pasiones, elabora su pensamiento en imágenes, dando sustancia y sentido a la forma estética con que expresa sus sensaciones y vivencias.

Al respecto Antonio Fernández Spencer escribió: “El poeta es un intérprete intuitivo del mundo. […] un pensador que sueña sus pensamientos. Su concepción del Universo la dona en forma de sueños […] Los poetas y los filósofos coinciden muchas veces porque se proponen conocer la totalidad. Toda poesía es entregada por el poeta como afirmación” (2).  En su visión estética el poeta nos muestra su percepción de la realidad con la certeza de su propia contemplación, que tiene una percepción de las cosas desde la dimensión sensorial hasta su ladera sublime. La verdad que su intuición revela, afirma el modo como la realidad se le manifiesta en su íntima urdimbre, y con su decir poético, se instala en el origen de lo existente o, como dice Fernández Spencer, “en el primer día del conocimiento” (3), que es el conocimiento intuitivo.

Con su conocimiento intuitivo, el poeta sabe lo que capta y con su expresión, dice lo que siente y comunica su percepción con la fuerza de sus vivencias entrañables. Puede dudar de algún fenómeno de lo real, pero no de su modo de percibir y testimoniar lo real. La poesía arranca de la contemplación de lo viviente  plasma la percepción de la manifestación original de la cosa en su expresión intelectual, espiritual y estética. El poeta no pretende conocer la realidad de la naturaleza como la explora el científico o la enfoca el filósofo, sino testimoniar el sentido que su intuición percibe desde su estado de contemplación estética. Siente la belleza que embriaga su sensibilidad y con ella la forma que atrapa su contemplación. Y al contemplar lo que conmueve su sensibilidad se produce la emoción de la belleza nutrida en el sentido de conceptos, y esa emoción conduce a la admiración del objeto que la inspira. Cuando la belleza es intensa y profunda también alienta el sentimiento de lo espiritual, y ya dijo Platón que la belleza conduce a Dios (4). En el Simposio Platón habla de “lo bello o lo divino mismo” (Simposio, 211 E).

Cada ser humano está llamado a sentir el mundo experimentando el asombro original, el aliento prístino, la emoción primaria que concita y estremece la sensibilidad ante las sensaciones de las cosas. Los poetas asumen el mundo con la inocencia de quien ve la dimensión primordial de lo viviente, incluso la del hombre que, aun con la conciencia desgarrada, cree y canta contra toda esperanza, instalándose en el estadio original de lo viviente, volviendo al momento auroral de la sorpresa del misterio, poniéndose en contacto con lo viviente para atrapar la imagen primordial del mundo en el punto en que la revelación se hace misteriosa y mágica, sagrada y profunda en su esplendor sensorial, y en ese instante se despiertan los sentidos con el ansia de atrapar la incógnita de lo real en busca de certezas reveladas por la intuición que, como creía Henri Bergson, hace posible la captación de lo esencial de fenómenos y cosas (5). Escribe nuestro poeta sobre el instante mágico del “asombro en una llama”:

 

Vistió el fuego con pieles adornadas.

Lo hizo sentar junto a su cueva.

En su propio lecho de tierra

le acomodó una estancia.

Y, tomados de la mano,

recorrieron un largo camino.

Otros fuegos lo amaron,

pero aquel fuego pequeño, remoto,

que hizo esculpir el asombro en una llama

siguió siendo su infancia.

 

Platón llamó Eros a esa fuerza insaciable y recurrente del anhelo de conocer la dimensión ontológica de la cosa, y fue la palabra el instrumento que certificó esa búsqueda de los sentidos y ese afán de la conciencia. Como el Adán del Paraíso bíblico, el hombre dio estatura creativa a sus sensaciones y hallazgos, y se volvió poeta, recreando estéticamente el mundo, recubriendo con forma verbal primorosa los datos sensoriales que pueblan el universo material de lo viviente.

Filólogo, ensayista, poeta, novelista y profesor, Andrés L. Mateo (Santo Domingo, 1946) tiene en su haber un fecundo ejercicio intelectual con un sólido prestigio fundado en la hondura de su pensamiento, la belleza de su prosa y la impronta de su estilo fluyente, armonioso y cautivante. Creador de poesía y ficción, su obra literaria proyecta un mundo de resonancias clásicas y modernas en que las palabras, centro de sus apelaciones estéticas, traducen el manadero de su sensibilidad profunda.

Cuando los poetas sienten la llamada de la creación tienden a instalarse en el estadio original, prístino y puro de lo viviente en que las cosas acontecen para vivir y sentir la emoción de la vivencia primordial, como experimenta el alma enamorada al descubrir la llama de la pasión con la que disfruta el fulgor de lo viviente bajo la frescura de lo genuino y peculiar en su manifestación sensible, o quienes atrapan el esplendor de lo viviente bajo la apariencia de la forma en su belleza esplendorosa, como lo hace Andrés L. Mateo:

 

Si, porque una mano temblorosa

dibujaba en el fondo una cueva,

era la mismidad de lo cazado.

En mi infancia primera

no tenía dios.

Y fui lo que podía

allí donde la arcilla

modelaba lo humano,

y lo humano

se plasmaba en la arcilla.

Yo, era nosotros,

y cien brazos unidos era lo que una fiera.

 

Los factores de la creación poética, que aplica el creador, son los siguientes: 1. Mediante la sensibilidad establece un punto de contacto con el Universo, hecho que le permite captar los datos sensoriales de las cosas y los fluidos suprasensibles de la realidad sutil. 2. Los datos de la realidad material que perciben los sentidos nutren la sustancia que conforman los fenómenos de conciencia, que a su vez articulan la gestación de imágenes y conceptos, base de la creación poética. 3. Los datos de la realidad sensible sustentan la realidad estética que a su vez fundamenta la creación literaria. 4. Mediante los artificios del lenguaje las percepciones de la realidad objetiva se transmutan en imágenes sensoriales y figuraciones simbólicas. 5. Los modelos arquetípicos de la imaginación, como sueños, obsesiones y utopías, a través de la voz personal canalizan la voz del Universo en su esplendor viviente.

 

Intuición poética y conciencia de lo real

Nuestro poeta y académico ha formalizado en su poesía los factores de la creación poética con la conciencia del intelectual preparado y la intuición del creador genuino que asume la palabra con el arte del lenguaje y la gracia de la creación:

 

¿Qué viejo sílex duerme

bajo esta mano mía?

¿Qué pequeño cuchillo ceremonial, mortuorio, pezuñado,

cúbito

radio

carpo

Hizo una mano=>   matacarpo                       libre

falanges

falanginas

falangetas

e hizo el hombre?

El agua

En la infancia del tacto           la piedra

lo esplendoroso fue==>         el fuego

el barro

el árbol

siglos inmemoriales

en que el hombre

pudo tocar las cosas sin nombrarlas.

Pacto

Tacto======è    acto

sentido-infancia

 

La creación poética es por tanto una forma del arte altamente ponderada por nuestro creador que ha hecho de su sensibilidad estética una fuente de participación creadora y de vínculo entrañable con lo real. La sensibilidad estética que nuestro poeta revela en su creación, la sensibilidad espiritual y la conciencia cósmica que proyecta en su lírica, manifiestan tres niveles apreciables para la valoración de la poesía de Andrés L. Mateo, que ha sabido captar y valorar las percepciones de las cosas o los fluidos suprasensibles de la realidad en su íntima urdimbre. Las percepciones de la sensibilidad, mediante el concurso del lenguaje, la intuición y la pasión, constituyen los datos que conforman la realidad estética, la sustancia que articula el poema y los signos que perfilan los símbolos de su creación.

Andrés L. Mateo escribe siguiendo el dictado de su sensibilidad, que se enriquece en su contacto con el mundo, y asume la palabra como expresión de lo que tamizan sus sentidos en su vínculo con lo viviente, y en tal virtud su poesía se imanta del poder sensorial, fresco y genuino, que descubre nuestro poeta cuando atrapa el aliento primigenio de las cosas testimoniando la percepción que le deslumbra con la presencia luminosa, erótica y espiritual del Cosmos en su dimensión original, pura y prístina. Se trata de una lírica que se funda en percepciones primarias, frescas y auténticas, mediante el aliento peculiar de lo real que su poetizar plasma con asombro y ternura ante el acontecer de lo viviente:

 

Su lomo de ira fría

la desnudez

el rostro de centella que se desdobla

y mira desde mí con sus mil ojos,

el instante del agua.

¿Qué signo ha de atraparlo

en la página pétrea?

¿Soy yo quien llega o me acabo de ir

en su plato bruñido?

 

Desde su creación lírica Andrés L. Mateo proyecta la voz poética que da cuenta de los rasgos sensoriales de las cosas y expresa, desde la onda de su sensibilidad empática, lo que le atrae y emociona a partir del aliento virginal de lo viviente. De ahí que su sensibilidad refleja una apertura sensorial, abierta y plena, a lo originario, y por ese don singular de su sensibilidad sabe intuir la forma peculiar y singular de lo existente:

 

Mira como descubro

los mundos de tu cuerpo

cuando se me despeña

el plumaje de sangre.

Soy la pequeña herida

que te clavó a la tierra

y abrió tu torbellino

en la puerta de nadie.

De recorrer tu cuerpo

otros cuerpos te he dado.

 

Si se mira poéticamente todo lo que existe es bello, singular y trascendente, como es nuestra percepción del mundo en su estado originario. Para tener una vivencia similar a la vivencia originaria en el estadio adulto, hay que sentir poéticamente el mundo para lo cual han de darse las siguientes condiciones:

  1. Tener una sensibilidad caudalosa, abierta y empática hacia lo viviente.
  2. Establecer un punto de contacto con el Universo.
  3. Enfocar en el contacto con el mundo la dimensión singular y peculiar de fenómenos y cosas, que es su faceta exclusiva.
  4. Entender que en nuestras percepciones sensoriales podemos captar el sentido y la dimensión profunda de las cosas.
  5. Saber que podemos expresar, mediante el arte de la creación, nuestra visión peculiar del mundo con belleza y sentido.

El lenguaje de la lírica es, en la poesía de Andrés L. Mateo, un instrumento de su sensibilidad, y la misma creación es cauce de la belleza y fuero del sentido. La poesía es para este valioso creador la confluencia del aliento estético, el sentimiento erótico y el sentido cósmico que se integran en su poetizar bajo la cópula la belleza y el misterio:

 

Hunde su pica el frío

hasta el grito del hueso,

y la cola del sol muere de olvido.

Todo encendido,

todo,

entre dos cuerpos.

 

La vitalidad expresiva, ardiente y sensual de su decir lírico insufla un aura remozada a la percepción que sus sentidos atrapan y hace del lenguaje un medio para asumir e interpretar poéticamente el mundo en su dimensión inédita, sorprendente y asombrosa:

 

En tu cuerpo

el sol deja vivir

un poco de la noche.

Lenguas de fuego

lo recorren dormido.

 

La disposición de asumir el dimensión prístina de lo viviente conlleva las siguientes actitudes: a. Una disposición abierta, emocionada, de coparticipación con lo existente. b. Una atención privilegiada a las manifestaciones de la naturaleza. c. Una ponderación de lo bello y lo bueno del mundo con un sentimiento de comprensión y empatía. d. Un entusiasmo lírico impregnado de emoción entrañable. e. Una vocación de pureza expresiva, con el despliegue de los sentidos en sintonía con lo natural.

Esas actitudes líricas, estéticas y simbólicas, las podemos apreciar en la poesía de Andrés, que hace del poema un encuentro con lo natural:

 

Pálido sol calcáreo

retira una a una

las vendas de las sombras.

La ventana del mundo se hace inmensa.

El hombre vive:

abre y cierra un paréntesis.

 

La realidad del poema no es esta o aquella realidad palpable por los sentidos en su visión fragmentada del mundo. Los significados polisémicos que las palabras expresan entraña una percepción múltiple y simultánea de las cosas, que la expresión poética formaliza en imágenes y símbolos concitando un valor estético a su contenido (6).

 

Te llamas infinito

transparencia.

Te llamas mar

y agua que sobre el mar te llamas.

Torrente

pan

escarabajo y lodo

alas hendidas

descarnación y fuego.

 

La fuerza del poema viene dada por la verdad que la intuición perfila y la forma que le da belleza a la intuición estética. No importa la dimensión que las sensaciones fragüen, sino la impronta emocional que sacude la interioridad. Cuando una realidad arrebata la sensibilidad, no es necesario entenderla sino contemplarla, sentirla y vivirla, disfrutando su belleza, su esplendor o su aura subyugante:

 

Hacha que se desviste

y edifica la epifanía del surco.

La lengua de obsidiana hiende la tierra frívola,

mientras dos manos torpes rasgan su sexo oculto.

En el morral al hombro

la memoria del hueso

clava una estaca fina.

La tierra gime como una puta hueca.

 

Cuando en el principio las cosas fueron hechas al conjuro del aliento creador, la palabra hizo realidad el poder creador del Verbo, el Logos de la conciencia, intuido por Heráclito de Éfeso y explicado por san Juan en su texto bíblico de San Juan, y, como en el principio de los tiempos, cuando cada ser humano descubre el aliento virginal de lo existente, se le revela al hablante la palabra que testimonia el aliento puro de las cosas o crea una nueva realidad estética, como lo hace Andrés cuando se instala en las sensaciones primordiales:

 

Página blanca, alada,

fluye desde la única boca carnicera;

guiño del pensamiento

clava la oreja ígnea

de mis años de hombre.

Por ella voy y vengo,

trepándome en mí mismo,

horrorizado de ser,

en la palabra,

el otro que estoy siendo.

 

La clave para entender y valorar la creación poética de Andrés L. Mateo está en la búsqueda del sentido prístino que alienta y nutre su obra lírica. La voz poética que revela su creación pretende asir el sentido primordial de lo viviente, la onda originaria de las cosas como si anhelara sentir como sintieron los primeros hombres al experimentar esas sensaciones primarias con que nuestros antepasados sintieron en su contacto con las cosas. Y esa actitud genesíaca de lo viviente generó en Andrés L. Mateo una voz original y auténtica, un estilo singular de calidad impecable y la escritura de una belleza ejemplar:

 

Algo que brilla

me acompaña en el cielo.

He dicho luna.

Entre reflejo y asombro

siento que así debe llamarse.

Desvanecido en el charco

del camino

ahora observo mi rostro.

Luna, vuelvo a decir,

porque siento

 que así debe llamarse.

 

Rasgos de una creación original

Podemos sintetizar los rasgos de la poesía de Andrés L. Mateo en estos atributos:

1) Actitud o disposición sensorial, intelectual, afectiva, imaginativa y espiritual de enfocar la dimensión prístina de lo real con un lenguaje afín a ese principio originario, que se traduce en una forma pulcra, diáfana, original, límpida y abierta a los efluvios de las cosas en su frescura primordial, y ese ha sido el acierto poético de Andrés L. Mateo: “Soy la aventura improbable/anclada en ese puñado/de sílabas que me nombran./Escupitajo, bostezo del mar/Dios de las islas/ojo que capitula allá en la aurora/epifanía despeñada /agonía que cree morir/en su cruel llama,/parto sin madre de su propia trama”.

2) Esa disposición de su intuición subyace en su obra poética y recubre su visión del mundo con un aliento fresco, auténtico y genuino que lo convierte en un escritor singular y señero en las letras dominicanas: “El hombre de las islas,/llegado en la resaca del mar /que despereza salobres amaneceres,/cuartea la piel/y enlaza el aire y el fuego./Dios de las islas/tu improbable aventura no ha sido todavía”. 

3) Mediante su intuición estética, Andrés ha asumido el mundo como lo han hecho los poetas primordiales que han captado el encanto originario y prístino de lo viviente en su esplendor radiante. Al expresar el mundo con el lenguaje de la mitopoesía, se intuye su encanto originario, puro y mágico: “El girasol no tiene boca/ pero abre lejanías /y adentro de sus ojos /hay un fuego dormido”.

4) La palabra adquiere en su poesía su significación más profunda y luminosa ya que el poeta canta su emoción ante la sensación de la vivencia primordial, por lo cual dota al lenguaje de un sentido refrescante y luminoso haciendo de su visión del mundo una expresión viva y multívoca con su percepción múltiple y simultánea de las cosas: “Brizna de luz/relámpago amarillo./Miro en el girasol tantos espejos,/que me quedo y me voy en un celaje./Tiéndome en el estruendo/del amarillo que huye/y siento un sol más vivo /partiendo el firmamento. 

5) Con el lenguaje de la poesía, unas veces en forma realista y otras al modo surrealista, Andrés L. Mateo busca expresar la naturaleza de lo viviente captando las sensaciones primordiales que las cosas imprimen en su sensibilidad para atrapar su esencia fresca y el sentido prístino del mundo: “Vengo del girasol,/hay bestias amarillas dentro de mí latiendo./Sé que no tiene boca/pero abre lejanías./Tiene un fuego dormido”.

Andrés L. Mateo ha realizado una admirable repristinización del sentido primario de las sensaciones con una intención poética, haciendo de la emoción estética una fuente creativa del poema, desbordado por la onda de la ternura cósmica y prevalido del lenguaje de la creación poética en forma estética, simbólica y espiritual.

   Nuestro poeta es un artista de la palabra, es decir, un creador de una realidad estética, simbólica y espiritual, como lo confirma su poemario La infancia del signo (7) donde plasma, en forma original y auténtica, el modo como las criaturas se relacionan con las cosas, fenómenos y elementos, como acontecía en los tiempos primordiales en que los hombres tocaban las cosas sin nombrarlas mediante la participación de los sentidos en contacto con la realidad sensorial de lo viviente en actitud abierta, libre, pura, fresca y prístina. Gracias a su sensibilidad empática y abierta, Andrés L. Mateo hace de la poesía una fuente de inspiración creadora en su contacto con lo real, un instrumento estético para el desarrollo de la sensibilidad y un bien interior al servicio del crecimiento intelectual, estético y espiritual.

 

Bruno Rosario Candelier

Coloquio de la Academia Dominicana de la Lengua

Santiago de los Caballeros, PUCMM, 28 de febrero de 2004.

 

Notas:

  1. Emmanuel Kant, “Estética trascendental”, en Crítica de la razón pura, Buenos Aires, Sopena, 1966, p. 66.
  2. A. Fernández Spencer, A orillas del filosofar, Santo Domingo, Arquero, 1960, p. 49.
  3. Ibídem, p. 50.
  4. Platón, Simposio, 211 D.
  5. Henri Bergson, Introducción a la metafísica, Buenos Aires, Leviatán, 1956, p. 78.
  6. Cfr. Ethel Krauze, Cómo acercarse a la poesía, México, Ed. Limusa, 1997, p. 47.
  7. Los poemas que ilustran el presente estudio proceden del poemario inédito de Andrés L. Mateo, La infancia del signo, Santo Domingo, 2004.

Desguabinar(se), féretro / sarcófago, rosca izquierda

Por Roberto E. Guzmán

 

DESGUABINAR(SE)

“La ´triste verdad´ es que la pandemia ha DESGUABINADO la industria . . .”

El verbo desguabinar(se) no pertenece solamente al español dominicano. Los dominicanos comparten la palabra con los cubanos, panameños y puertorriqueños. La diferencia entre estos países surge con respecto de las acepciones que se le han reconocido.

Antes de adentrarse en el estudio propio de la palabra, hay que mencionar que en el español reconocido por la Real Academia aparece un verbo con una grafía que no es muy alejada de la de desguabinarse, es el verbo desguabilar que lleva consigo acepciones parecidas a las del verbo estudiado aquí.

La Real Academia en su diccionario entiende que el verbo desguabilar es de uso en Honduras y Nicaragua. En ambos países significa, “Destrozar o desmontar desordenadamente un aparato eléctrico o un automóvil”. En Honduras sirve para expresar “desvencijar”, que sigue a las acepciones anteriores por su parecido. Las demás acepciones de Nicaragua no se mencionan porque no guardan relación con los significados ya señalados.

Este desvencijar en su primera acepción se define entre otras características por, “desconcertar las partes de algo que estaban y debían estar unidas”. El verbo es de uso también en República Dominicana con el significado ya mencionado.

En el Diccionario de americanismos (DAA) para el verbo del título se consigna que en Cuba y Panamá es, “Desarmar(se), deshacer(se), descalabrar(se) una persona algo o alguien”. Esos usos son conocidos en el habla de los dominicanos en funciones transitivas, al tiempo que en funciones intransitivas pronominales es, “Desarmarse o deshacerse una cosa”; que es un uso reconocido en Cuba y Panamá.

El último diccionario mencionado, para Puerto Rico ofrece verbos equivalentes para desguabinar(se), “desvencijar, acobardarse, rendirse”; así como “causar daño”. El verbo desguabinar, en tanto intransitivo en el español dominicano es “desfallecer”. Esta acepción es exclusiva de los dominicanos en su habla.

El verbo desguabinar ha procreado descendencia en República Dominicana, el adjetivo desguabinado, da cuya significación se deduce del verbo con facilidad, excepto cuando se aplica a una persona, en cuyos casos es “maltrecha, en malas condiciones físicas” o, “cansada, debilitada”. El sustantivo correspondiente es desguabine que se utiliza para “Falta de fuerzas”. Algo que llama la atención con respecto a este sustantivo es que en el DAA se consigna “deguabine”, sin la ese /s/, lo que refleja con fidelidad la forma de enunciarlo un dominicano en su habla. La definición que consta para esa voz es, “agotamiento, cansancio extremo”.

Los dos verbos mencionados desde el principio en esta sección, desguabilar, desguabinar, son  conocidos en América desde hace más de ochenta años. D. Francisco Santamaría en su Diccionario general de americanismos (1942-I-567) los menciona. El verbo desguabilar entró en el diccionario oficial de la lengua española en la edición del año 2001.

En el diccionario de americanismos de Santamaría, 1942, para desguabilar solo constaba Cuba con el sentido de “desarreglar, decuajaringar”. Desguabinar se conocía en Puerto Rico y en Tabasco, México, para “desencuadernar, desarmar, desvencijar, dislocar”. Mediante la lectura de lo que antecede puede comprobarse como las acepciones y los países han cambiado. Estos cambios forman parte de fenómenos naturales propios de las lenguas vivas.

 

FÉRETRO – SARCÓFAGO

“Al llegar el SARCÓFAGO fue colocado en capilla ardiente . . .”

Hay que imaginar todo el inconveniente que tuvieron las personas que transportaron el sarcófago. Las dificultades para el transporte se mencionan porque el sarcófago es una “obra por lo común de piedra que se construye levantada del suelo para dar en ella sepultura al cadáver de una o más personas”.

Con la definición anterior que se ha sacado del diccionario académico de la lengua española, puede uno darse cuenta enseguida de que eso de llevar un sarcófago a una capilla de una iglesia o, a una cámara para velar un cadáver o tributarle honras fúnebres es un traslado que linda en lo imposible.

En el título se incluyó la palabra féretro porque es la caja en que se deposita o lleva a enterrar un muerto. Pudo también escribirse ataúd, que es una caja ordinariamente de madera para los mismos propósitos. En algunos países usan la palabra cajón para designar el mismo objeto, es decir, para denominar la caja de madera para enterrar o incinerar el cadáver.

El vocablo que se elige para llamar el recipiente en que se coloca el cuerpo sin vida depende en muchos casos de los recursos económicos del fallecido o de sus familiares.

En el cuerpo de esta sección se han mencionado tres voces diferentes para denominarlo y cada una de ellas tiene origen diferente. Ataúd proviene del árabe hispánico; caja del latín y sarcófago del griego a través del latín, así como féretro.  Ha de tenerse en cuenta que sarcófago no es necesariamente sinónimo de mausoleo, a menos que aquel sea un sepulcro suntuoso, esto es, grande y costoso.

Hay que observar mayor cuidado al redactar para no llegar a describir situaciones casi imposibles de practicar en la realidad, por no escribir imposible, como sucedió en la cita.

 

ROSCA IZQUIERDA

¿Quién podrá volver a convencer al querido ROSCA IZQUIERDA de . . .”

Un individuo “rosca izquierda” es aquel “que suele llevar la contraria, conflictiva, de trato difícil o quisquilloso”. Solo en el habla de los dominicanos se emplea la locución sustantiva, adjetiva para aplicársela a una persona con ese significado. Diccionario del español dominicano (2013:609). Cuando se aplica a una cosa con ella se expresa que gira en sentido contrario a las manecillas del reloj.

Hay que tener cuidado con el uso de la locución en algunos países, pues si se califica a un hombre “de rosca izquierda”, se comunica que ese hombre es homosexual, así como decir o escribir que el hombre es “de izquierda”. No siempre la izquierda es política.

Con la rosca y con la izquierda hay que observar cautela. Con la izquierda por la connotación que tiene esa orientación en política. Con rosca porque es “actividades sexuales que realizan más de dos personas juntas”. Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-II-408). De acuerdo con lo que consigna el Diccionario del español de Cuba (2000:468) a esa actividad llaman de “cuadro”. El habla cubana se sirve de la palabra rosca para indicar que alguien se extralimita, “pasarse de rosca”. Diccionario mayor de cubanismos (1999:605).

La rosca tiene su incursión en política, pues en Venezuela se llama con el sustantivo la “camarilla que ejerce predominio económico, político o de cualquier índole, en forma exclusiva”, sin alusiones a grupo dominicano alguno. Además, en Venezuela usan la locución verbal “darle rosca” en sentido figurado para aplicado a cosa, significar “usarlo mucho”. Diccionario de venezolanismos (1993-III-77-8).

Con el sentido de camarilla señalado para Venezuela, se emplea también en siete países más, conforme escribe el Diccionario de americanismos del 2010 de ASALE.

Planchar, challenge

Por Roberto E. Guzmán

 

PLANCHAR

” Los han PLANCHADO”. [Los habitantes de un lugar esperaban la construcción de obras].

El verbo planchar se encuentra en esta frase utilizado de una manera que no refleja su significado de origen. El modo en que se usa aquí comenzó en México y entró en el Diccionario de la lengua española en la edición correspondiente al año 2001.

En México se acepta este verbo con el sentido de, “Dejar a alguien esperando”. Antes de lograr su entrada en el lexicón mayor de la lengua, este tipo de uso ya había logrado llegar a otras variantes del español americano.

En el habla de los dominicanos D. Emilio Rodríguez Demorizi recoge la palabra plancha para expresar “desplante”. Así consta en la obra Del vocabulario dominicano (1983:206).

El autor de estas notas puede dar testimonio de que en el habla de los jóvenes se usaba desde los años sesenta del siglo XX la locución verbal “hacer plancha” para significar, “Dejar a alguien plantado, darle un plantón”. Esta locución da a entender, “no cumplir con lo convenido”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:407).

La locución era de uso en República Dominicana para “dejar esperando” desde los años sesenta del siglo XX. Ser usaba sobre todo en los casos en que una persona no asistía a una cita convenida con anterioridad. En México la recoge D. Francisco Santamaría en su Diccionario general de americanismos (1942-II-499). Esta fecha de edición del mencionado diccionario da a entender que en ese país se conocía desde antes de ese año.

En la actualidad el verbo planchar tiene otras acepciones en el español reconocido por las Academias. El verbo y el sustantivo plancha han formado locuciones en los diferentes países de habla hispana.

Algunas de estas significaciones junto con las locuciones se han incorporado a los diccionarios académicos de acuerdo con la categoría y sentido correspondientes. En Cuba, por ejemplo, el verbo planchar es, “romper la relación amorosa con alguien”. En el registro coloquial en ese país expresa, “excluir a alguien de una tarea en equipo”; “rechazar una idea o una propuesta por considerarla inadecuada”. En El Salvador sirve para decir, tener un hombre relaciones sexuales con una mujer.

Tengo un amigo soltero de edad avanzada que presume de llevar a la cama a señoras añosas que fueron reinas y concursantes en certámenes de belleza. En tono jocoso le he dicho que “está planchando arrugas”. Mediante la lectura de lo expuesto más arriba puede comprobarse que la acción primitiva de pasar la plancha caliente sobre la ropa llegó lejos.

 

CHALLENGE

“. . . no escriben, ni hacen CHALLENGE, ni publican fotografía al respecto”.

“. . . prefieren el reality show, la comedia, hacer de un CHALLENGE un festival de ridiculez”.

La introducción de una voz extranjera es una claudicación en la redacción en español en las frases transcritas más arriba. Sin necesidad de llegar a extremos en esta sección se repasarán los diferentes casos en los que en inglés se utiliza challenge y la palabra española que debe usarse en esos casos, que no es una sola, para así servir el propósito de transmitir con exactitud el mensaje.

Hasta el presente los traductores y autores de noticias refritas del inglés han interpretado la palabra del inglés con el uso exclusivo de dos vocablos del español, “desafío, reto”. Esa limitación denota falta de imaginación y de análisis.

Como la voz es extranjera, extraña al español tradicional, hay que comenzar despejando sus orígenes en esas lenguas de las cuales procede, pasando por la que la ha popularizado en el mundo, para llegar a su intromisión al español.

En inglés la voz challenge existe desde el siglo XIV. Provino del antiguo francés, del siglo XI, con el sentido de défi, que corresponde al español desafío. Al francés regresó transformada en el siglo XVI, en el campo deportivo. Es con el sentido figurado como se la encuentra con mayor frecuencia en las lenguas modernas. En el español se ha traducido casi siempre por dos palabras, desafío y reto. Ese desafío perteneció a la Edad Media y luego revivió en las competencias deportivas en el siglo XIX, cuando se entregaban trofeos a los vencedores. Como un dato curioso puede mencionarse que el verbo retar pasó por un período en que se consideró arcaísmo léxico en el español peninsular. El español americano lo trajo al uso actual.

En el mundo moderno en español deben evaluarse las situaciones en las que se presenta la voz del inglés para no permanecer traduciendo siempre por las dos palabras antes mencionadas, cuando en realidad esas no transmiten exactamente el mensaje.

Al evaluar los “desafíos” de la naturaleza, por ejemplo, puede constatarse que no se trata en puridad de “desafíos”, sino de pruebas, obstáculos, dificultades que el ser humano tiene que vencer o a los que tiene que sobreponerse.

Si se trata de algo como una tarea que debe cumplirse o realizarse y esta presenta problemas, no hay necesidad de decir que es un reto o desafío, sino simplemente que es un problema que hay que resolver.

En algunos casos sencillos, puede representarse el famoso challenge simplemente como tarea, si se considera que es complicada la tarea, puede usarse tarea difícil. Si no es una tarea, es posible que se use un término más general, cosa difícil, algo que hay que resolver.

Otra opción que se presenta en español es utilizar la palabra empresa, si se tiene en cuenta que una empresa, según el Diccionario de la lengua española es, “Acción o tarea que entraña dificultad . . .” Al definir el término empresa la Real Academia al final escribe, “. . . cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo”.

En otros casos lo que en inglés denominan un challenge no es más que una prueba, que puede ser adornada con algunos calificativos, como prueba difícil, porque es algo que expone al sujeto a prueba ante una situación en que debe demostrar su suficiencia.

Si requiere decisión puede considerarse que el actor está en un trance.

A veces se trata simplemente de oportunidades que presenta el destino o la vida y no hay lugar a escandalizar con respecto a eso.  Esas oportunidades ofrecen la ocasión de demostrar aptitudes o de mostrar creatividad, ingenio, inteligencia, sin que haya necesidad de recurrir a más de lo mismo.

En el ámbito tecnológico muchas veces se trata de hacer frente a exigencias, apremios que surgen como consecuencia de los adelantos y expectativas de los consumidores.

En política internacional se recurre en inglés a la voz en cuestión cuando en español puede traducirse el panorama de la acción, algo que puede definirse como una amenaza, o, un peligro. Esto claro, dependerá de la gravedad de las acciones o de la terminología empleada al describirla.

Si las acciones son más serias, hay que describirlas o evaluarlas en su real dimensión y escribir que se trata de un ataque u ofensiva. Entre personas es muy posible que lo que afronta una persona sea una simple oposición que puede obedecer a una rivalidad o competencia que se ha de encarar.

Se recuerda en este lugar que se mencionó antes que la voz inglesa entró desde temprano en el mundo de los deportes, allí se habla de competición, sin necesidad de escribir o decir la voz del inglés. Los deportistas pueden participar en una competencia.

La misma receta puede aplicarse para la palabra challenger, vale decir, antes de traducir pensar, analizar, ponderar, evaluar y luego decidir cuál es la palabra del español que representa mejor eso de lo que se habla.

Algunas semejanzas entre el español panameño y el dominicano

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Hace unos días, me interesé en conocer las características del  español hablado  en  Panamá. En esa búsqueda encontré bastantes aspectos, más de los que yo esperaba, que son  coincidentes con el español que hablamos los dominicanos y que veremos en el presente artículo.  Detallaré cada una de las similitudes de esas dos hablas latinoamericanas, algo que creo  interesante  para  los lectores de este medio, que, al igual que a mí, es muy probable que les parezcan extrañas tantas semejanzas entre el español hablado en dos países con distancias  considerables como las existentes entre ellos. Esas características las encontré principalmente en Wikipedia.org/Español panameño y en otras fuentes encontradas en Internet. Veamos  a seguidas esas características del español de los panameño, que son coincidentes con el español de los dominicanos.

  1. Las vocales se nasalizan cuando están próximas a una consonante nasal. (San Juan). Ese mismo fenómeno se registra en República Dominicana. (Santiago, Santo Domingo).
  2. En Panamá tienen la aspiración de /s/ (=/h/) al final de sílaba o de palabra. Ejemplo: ¿Cómo estás? = ¿Cٕómo ehtah? En un estudio realizado por el investigador y lingüista  Orlando Alba, se encontró que un porcentaje muy elevado de ese tipo de /s/ se produce en nuestro país con “s” aspirada. (Los amigos míos deben ser tus amigos.= Lo hamigoh míos deben ser tu hamigoh).
  3. En su empleo de la lengua se da la supresión de la “r” de los infinitivos verbales: reír= reí; llorar=llorá. Este caso de la supresión de esa “r” acontece también  en nuestra habla aunque únicamente en algunas regiones de República Dominicana. (planchar=planchá; comer= comé).
  4. Allá hay supresión de la “d” intervocálica, como en morado=morao; apurado=apurao; comido=comío. Ese uso lingüístico también lo tenemos en República Dominicana en todos los estratos socioculturales. (perdido=perdío; pelado=pelao).
  5. Ellos tienen la elisión frecuente de la “s” final de sílaba y de palabra. Ejemplo: Algunos niños=alguno niños. También entre nosotros los dominicanos existe un porcentaje bastante elevado de elisiones, como sería el caso de “decisiones muy importantes=decisiones muy importante; los domingos=los domingo”.
  6. Por efecto de la elisión de la /s/ final de sílaba, algunos hablantes panameños utilizan /se/ como marcador plural, pero está limitado a palabras que terminan en vocal tónica, como “café=cafese; maní=manise.) Ese mismo uso se registra en República Dominicana: “ají=ajise”; “calié=caliese”.
  7. En ese país centroamericano también se registra el acortamiento de algunas preposiciones y adverbios. Por ejemplo, “donde=onde; adonde=aonde; para=pa”. En nuestro país tenemos ese uso, que también acontece en adjetivos y sustantivos femeninos, como “pelada (sustantivo y adjetivo)=pelá; quedada=quedá;  patada=patá;  quebrada (sustantivo y adjetivo)=quebrá”.
  8. Los panameños hacen un gran uso de apócopes, como serían los casos de “profesor=profe; la televisión=la tele; la discoteca=la disco; bicicleta=bici; la computadora=la compu”. Los dominicanos nos comportamos en nuestra habla igual que ellos realizando apócopes en esas mismas palabras y en otras de ese mismo tipo, como “el supermercado=el súper”.
  9. En Panamá no se suele invertir el sujeto en las preguntas. Véanse los siguientes ejemplos: ¿Qué tú quieres? ¿Cómo tú te llamas? También es común eliminar el sujeto en las preguntas. Ejemplos: ¿Qué quieres? ¿Cómo te llamas?  Esa misma es la manera de nosotros los dominicanos expresarnos en ese tipo de preguntas. Ejemplo: ¿Cuándo tú te vas de viaje? ¿Cómo tú regresaste del colegio?  Y con eliminación del sujeto ¿Cuándo te vas de viaje?
  10. Allá se usa mucho la palabra “vaina” para referirse a cosa o asunto. En esos mismos casos la usamos los dominicanos.
  11. Ellos tienen en su español el seseo y nosotros también lo tenemos: “Esperanza=esperansa; canción=cansión”.
  12. En su español se da el intercambio de “r” por “l”. Aquí tenemos ese mismo intercambio y también el de “l” por “r”. (cuerda=cuelda; palma=parma).
  13. En ese país hay cambio de “e” a “i” en el hiato “ea”. (Menudear=menudiar). Los dominicanos tenemos ese mismo uso lingüístico. (pedalear=pedaliar); pataleaba=pataliaba
  14. Al igual que en la mayoría de los países de América Latina, en Panamá emplean los verbos “haber” y “hacer” en forma personal, lo cual también es propio del habla dominicana.

Por la existencia de tantas semejanzas entre el español de los panameños y el de  los dominicanos,  parecería que son dos países con fronteras comunes. Además,  es seguro que a  alguien de República Dominicana que visite ese país e interactúe con los nativos de allí, le será fácil entenderse con ellos. La única posibilidad de que haya alguna dificultad para la comprensión entre ambos puede generarse en el uso de términos propios de ellos y que los dominicanos no conocemos o los que son dominicanismos y ellos no conocen, lo cual es normal entre hablantes de países diferentes.

Cotorra, calipso, andanada / hondanada

Por Roberto E. Guzmán

COTORRA

“La situación no admite COTORRA alguna. . .”

Se presume que la frase de la cita puede producir desazón en la mente de algunos lectores, especialmente si estos no están habituados a practicar el español dominicano. Esta cotorra en este sitio no tiene explicación posible a la luz del español internacional. Más abajo se disiparán estas dudas mediante la explicación del significado de esta “cotorra” en el habla de los dominicanos.

Para el común de dominicanos la cotorra o perico es el animal capaz de hablar, o de aprender a hablar. De allí es de donde, con un poco de exageración, se use para destacar que una persona habla mucho, por eso se dice que habla como una cotorra, o es una cotorra.

Como casi siempre ocurre en las lenguas, especialmente en español, la mujer lleva la peor parte; es decir, que cuando una mujer es una cotorra no solamente puede referirse a su locuacidad, sino a su aspecto, “mujer vieja y fea”. Diccionario del español dominicano (2013:220).

En tanto sustantivo cotorra se entiende entre otras significaciones por “palabrería para convencer a alguien”. De esta específica acepción se desprende la locución adverbial “a cotorra”, para significar “con palabrería, hablando mucho”. La otra locución del mismo tipo es “dar cotorra” que transmite la idea de “convencer con palabrería”.

En dependencia de los países, cotorra puede ser “persona habladora”, mujer soltera, pasando por “conversación larga y fastidiosa” en Venezuela para terminar significando “vulva, mentira, pene”. Es una verdadera pena que el hablante haya llevado el nombre del pobre animal a estos extremos tan alejados de su naturaleza.

Como puede comprobarse mediante la lectura de lo expuesto más arriba, en muchos países interpretarán derecho el mensaje de la cita. La interpretación de la cita es, “La situación no admite palabrerías, conversación para convencer, pues se considerará fastidiosa”.

 

CALIPSO

“. . . aquel que recogió los CALISOS y las chancletas ahogadas . . .”

Esta voz, que se ha recogido con la grafía calipso en los diccionarios produce intriga en el espíritu de los curiosos acerca del idioma. La mayoría de los hablantes de varias lenguas entienden lo que es un calypso, voz extraña al español, que no mantiene relación alguna con lo que representa el calipso dominicano. Este mondongo se desenredará en el curso de esta exposición.

El calipso dominicano, así, con esa entremetida letra pe /p/ en su interior es una sandalia, una “Chancla, zapatilla abierta de plástico con unas tiritas que se colocan entre los dedos”. Ese es el calipso que consigna el Diccionario del español dominicano (2013:133). Esta chancla es una chancleta sin talón, de material blando y ligero.

El calipso que recuerda este curioso del español, que escribe esto, era o es una chancleta que solo llevaba una parte sujetadora de la parte delantera de la suela, que pasaba entre el dedo gordo del pie y el próximo a este, que se dividía en dos tiras más que pasaban a cada lado del pie por encima del empeine, para engarzar por encima del pie a ambos lados y sujetar la suela. Este calipso era fabricado con material sintético blando.

Vale la pena que uno se pregunte cómo el nombre de un ritmo musical termina haciendo de nombre de una sandalia. La única explicación posible es la coincidencia entre el auge de la popularidad del ritmo y el de las descritas sandalias o chancletas. Esta explicación se ofrece ante la realidad de que no hay otra mejor. Además, se puede añadir que se fue testigo de ambos fenómenos, el de la música y el de la aparición del calzado abierto sin talón.

Con alguna relación o sin ella entre el nombre y el objeto, el nombre es un hecho concreto que no admite negación. Este es un ejemplo de cómo el uso puede imponer un nombre por encima de la razón y lograr que este perdure en la memoria de los hablantes.

 

ANDANADA – HONDANADA

“. . . que le ha caído a la autora de la . . . con una HONDANADA de críticas . . .»

Los errores al redactar pueden ser de todas clases y colores. Unos son menores y otros mayores. La suerte para los redactores descuidados es que la inteligencia humana tiende a enmendar las faltas, omisiones y errores. Pero no es justo colocar el fardo de la comprensión del mensaje exclusivamente sobre los hombros de los lectores. El emisor y el receptor tiene cada uno su cuota de responsabilidad para hacer comprensible la comunicación.

El redactor de esta perla fue quien cayó en la hondonada, que es la parte del terreno que está más honda que la que la rodea, como expresa el Gran diccionario de la lengua española.

Para enmendar el texto se propone sustituir el desacierto por la palabra “andanada” que se entiende que de acuerdo con lo que se halla en el diccionario antes mencionado, en este caso puede tomarse en tanto, “fila o capa de cosas colocadas en serie”. La Real Academia de la Lengua expone acepciones que se avienen mejor al propósito de esta enmienda, pues de ellas pueden extraerse palabras esclarecedoras, “Aluvión de palabras o gritos de reprobación”. En el registro coloquial esa corporación entiende que vale para expresar, “Reprensión, reconvención agria y severa”.

Aquí se puede exhibir benignidad y expresar que el error no vale una andanada de censura y desaprobación, aunque sí de amonestación.

Desguañangar, atolladero, engranojarse / engranujarse

Por Roberto E. Guzmán

DESGUAÑANGAR

“No obstante, la DESGUAÑANGÓ, teniendo que recurrir a severos ajustes”.

El verbo desguañangar es importante en el habla de los dominicanos. Es muy usado en las conversaciones y hasta puede trascender a la prensa como demuestra la cita. Tal y como se verá más adelante este verbo ha producido sus sustantivo y adjetivo correspondientes.

En el Diccionario de la lengua española (DLE) la voz desguañangar aparece con la mención de uso en siete países y una región en los que se conoce y usa, pero la República Dominicana no consta en esa lista, aunque figura quizás englobada en la región de las Antillas.

En el Diccionario de americanismos de la misma institución del diccionario más arriba mencionado consta la República Dominicana en la lista. Así se reparó la omisión anterior. En este diccionario aparece con varias acepciones; algunas de ellas que no aparecen en el diccionario oficial de la lengua.

Las acepciones más conocidas para la voz en estudio son, “desvencijar, estropear”. En función de verbo intransitivo pronominal equivale a “desguabinarse”, para el habla de los dominicanos. En otros países el verbo tiene sinónimos que son desconocidos del hablante dominicano. Para los hablantes de español dominicano “descuajaringar” es equivalente de “desguañangar” como afirma el DLE para los siete países y una región como se escribió antes.

El penúltimo verbo mencionado, “descuajaringar” en el habla de los dominicanos sirve para expresar en funciones intransitivas pronominales “Descuidar alguien su aspecto o su forma de vestir”. Así aparece en el Diccionario del español dominicano (2013:252).

Tal y como se señaló antes, el verbo examinado aquí es importante en el habla de los dominicanos porque el adjetivo “desguañangado, da”, referido a persona expresa “debilitada, agotada; desaliñada, descuidada en el vestir”.

Se anunció al principio de esta sección, los derivados del verbo son importantes para el hablante del modo en que puede apreciarse. Desguañangar(se) es “estropear, romper”. Posee otros matices en tanto verbo transitivo, pues es también, “hacer daño a alguien”. En tanto verbo intransitivo pronominal es “estropearse, romperse una cosa”; así como, “hacerse daño una persona”.

El cotejo de “descuajaringado y “desguañangado” permite encontrar que el primero de los dos es “descuidar alguien su aspecto o su forma de vestir”, y el segundo en su segunda acepción, “Referido a persona, desaliñada, descuidada en el vestir”.

En cuanto a las acepciones anteriores para desguañangarse se está de acuerdo; no obstante, se ha oído el verbo usado para una cosa que se desarma con el mal uso, con el abuso, sobre todo en vehículos de motor, que a veces, comienzan a perder piezas. Lo importante en este señalamiento es que las partes no se separan solas, sino por el exceso de uso o por el descuido durante el uso.

Antes de concluir estas notas vale que se pregunte si se ha oído alguna vez la voz “desguañingado” como sinónimo de desguañangado, pero sobre todo para aplicárselo a personas, no a cosas. Es natural que esta voz provenga de “desguañingar”, con sus sustantivo correspondiente “desguañingue”.

 

ATOLLADERO

“. . . podría ayudarnos a sacar el muerto del ATOLLADERO . . .”

El sustantivo atolladero aparece registrado en el Diccionario de la lengua española, que a veces en estos escritos se denomina diccionario oficial del español. Ahí, en ese diccionario se ofrece un equivalente para atolladero, atascadero.

La razón por la que se trae esta palabra a estos comentarios acerca de la lengua es porque en el español dominicano existen algunas palabras relacionadas con atolladero. Entre esas palabras está el “tollo” de los dominicanos, así como tolloso.

El tollo es una “suciedad, desorden”; además, es un “lío, enredo”. Tollosa es la cosa “desordenada, confusa, descuidada” y la persona “que trabaja malamente y sin cuidado”. Todas estas definiciones pertenecen al Diccionario del español dominicano (2013:664).

El “atolladero” internacional es lodazal; en ese aspecto se piensa que existe un punto en que se tocan el atolladero y el tollo. El lodazal es sucio, al tiempo que el tollo es suciedad.

El Diccionario del español actual (1999-I-506), asienta una acepción para atolladero que acerca aún más los conceptos dominicano e internacional de palabras relacionadas. La segunda acepción en ese lexicón es “Situación apurada o comprometida de la que es difícil salir”. Ahí está el “lío, enredo” del tollo dominicano. Esa es la situación incómoda del lío. El enredo del que es difícil salir.

Los dominicanos en su habla utilizan un verbo que no se ha considerado como merece, entollar, que es ensuciar, en su acepción directa, y, de modo figurado es enredar. Este entollar se aproxima al verbo atollar de los costarricenses, quienes usan el último verbo para “meter en un enredo”. Ese es el lío o enredo de los dominicanos.

No todas las veces pueden encontrarse o descubrirse los vínculos y similitudes que existen entre voces del español dominicano y las que pertenecen al español general, pero en este caso la relación se presenta de modo directo y sin duda.

 

ENGRANOJARSE – ENGRANUJARSE

“. . .la piel se me eriza, se me pone de gallina, me ENGRANUJO de arriba abajo”.

El primero de los dos verbos del título es un verbo de uso solamente en el habla de los dominicanos. Así consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Es posible que a otros hablantes de español dominicano le suceda lo que le sucedió al autor de estas notas; hasta la edad adulta no conoció otro verbo que no fuera engranojarse para “erizarse el vello de la piel”.

El verbo engranojarse consta de tres acepciones en el Diccionario de americanismos, para la aparición de sarpullido en la piel, para emocionarse y la que se copió antes.

Algunos diccionarios que se precian de ser de español general ni siquiera se toman la molestia de inventariar el verbo engranujar. Este verbo es “llenarse granos” y “hacerse granuja”.

Es hasta cierto punto natural que el hablante de español dominicano favorezca el modo de expresarse con el verbo engranojarse, porque lo que sucede con su piel se parece a la situación que presenta la piel cuando se llena de granos, cuando en realidad se levantan los vellos, se erizan.

La fuerza de la palabra grano atrajo hacía sí el verbo engranujarse, para formar el verbo dominicano “engranojarse”, pues el hablante no se identificaba con “granu” y, sí con grano, que sugería algo conocido con un significado semejante a lo que el hablante deseaba expresar.

Otra razón para explicar la ausencia del verbo engranujarse del español hablado dominicano es que la palabra “granuja” no es de uso común en esta habla; por lo tanto, el hablante de esta variedad de español no encuentra palabra patrimonial del español para relacionarla con el verbo engranujar. Este fenómeno que se explica, se produce con harta frecuencia en español y hasta en otras lenguas. Algunas palabras que se originaron de este modo terminaron adquiriendo carta de naturaleza en la lengua española.

No hay que escandalizarse si alguien utiliza en español dominicano el verbo engranojarse para significar que el vello se eriza, que la piel adquiere característica parecida a la piel llena de granos.

El verbo engranojarse del español dominicano parece que no es muy viejo, pues no aparece en las obras de recolección de voces dominicanas hasta el año 2002, cuando D. Esteban Deive lo coloca en su Diccionario de dominicanismos (202:85) y lo califica de barbarismo por engranujarse. Este barbarismo es de índole etimológica, pues el verbo lleva en español la base “granu” y no grano como ha pensado el hablante dominicano.

Para concluir con esta voz, puede aducirse que es posible que el hablante de español dominicano haya pensado que este grano de engranojarse es un simple abultamiento pasajero, que produce el vello al erizarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

Papel y responsabilidad del maestro de lengua española

Por Tobías Rodríguez Molina

 

La palabra “didáctica” proviene etimológicamente del término adjetival griego “didactikos-a-on”, que traducido al español significa “lo referente a la enseñanza.”

En sentido general, se puede definir la Didáctica como “la ciencia de la enseñanza”. Y esa puede ser una definición de Didáctica General al igual que esta otra: “Es la ciencia que ofrece normas generales que conducen a avivar las ideas o a comunicarlas al alumno.”

También podemos hacer alusión a una definición de Didáctica Especial sobre la cual diríamos que es “aquella que trata de las normas referentes a la enseñanza de una materia en particular.”

En ese sentido podemos hablar de la Didáctica Especial de la Lengua Española como “la didáctica que trata de las normas referentes a la enseñanza de la lengua o idioma español.”

Para dejar bien aclarado lo que puede entenderse por enseñanza de la lengua, examinemos lo que es el aprendizaje de la lengua, pues debe quedar claro que esas son dos realidades distintas.

El hombre, ser social por naturaleza, nace, crece, se desarrolla en una comunidad que habla una lengua. Esa comunidad le transmite al hombre, en  forma espontánea, esa lengua de su comunidad. Es decir, el hombre la recibe sin ser sometido a un entrenamiento o sistema de enseñanza y sin hacer un esfuerzo consciente de su parte.

Al llegar a este punto, debemos aclarar que es posible que la comunidad conozca algunos principios escolarizados que guíen en algo la marcha de ese aprendizaje, aunque los que los conozcamos les hagamos poco caso. Nos referimos fundamentalmente al principio sicológico-didáctico que dice que “no se deben repetir al niño las palabras y construcciones gramaticales  como él las dice, sino en su forma correcta”. La razón por la cual eso debe evitarse es evidente: si las repetimos igual que él, le estamos infundiendo formas incorrectas y le retardamos, por el refuerzo negativo, el aprendizaje de las correctas.

Por otra parte, nos damos cuenta de que  el aprendizaje espontáneo, al estar limitado a la lengua oral matizada con las imperfecciones lingüísticas que generalmente posee la comunidad de hablantes,  no le basta al hombre para conocer, usar y dominar adecuadamente la lengua. Por eso tratamos de mejorar ese aprendizaje, el cual es resultado de una labor escolarizada. Esto es, es producto de la enseñanza escolarizada de la lengua, siendo la escuela la institución a la que la comunidad le ha encomendado esa trascendental tarea.

La escuela tiene, para llevar a cabo esa labor, a los maestros, que son el complemento insustituible del aprendizaje de la lengua. Ellos son los agentes responsables de que los hombres conozcan, usen y dominen adecuadamente la lengua nacional.

A continuación pasaremos a ver la responsabilidad del maestro en su labor de la enseñanza de la lengua.

Si el maestro de lengua española tiene como misión lograr que los miembros de la comunidad conozcan, usen y dominen adecuadamente la lengua, nos damos cuenta de que la responsabilidad en esa tarea es enorme, crucial.

Claro está que a la escuela le toca una gran cuota de responsabilidad para el logro del aprendizaje de la lengua, ya que ella debe lanzar a la docencia a maestros bien preparados en el área de español. Además, la escuela debe crear óptimas condiciones físicas, materiales y espirituales y orientar y vigilar la enseñanza de la lengua.

Pero la responsabilidad más inmediata la tiene el maestro, pues es él quien tiene que vérsela cara a cara con el alumno  y con  sus dificultades, inquietudes  y problemática social y comunitaria concreta.

Es por eso que el maestro debe estar adornado de un conjunto de cualidades sin las cuales su labor quedaría reducida grandemente.

Veamos algunas de esas cualidades:

  1. Querer su profesión. Es decir, estar enamorado de su profesión de maestro; sentirse a gusto en la profesión de maestro de lengua española. Este es el requisito número uno en cualquier profesión existente, y sin el cual los demás requisitos tendrían poco sentido.
  2. Poseer condiciones físicas y humanas suficientes para llevar a cabo su trabajo. Este requisito pide, entre otras cosas, que el maestro tenga salud física y mental; además, espíritu de sacrificio, paciencia y buen trato, en un grado tal que le permitan cumplir eficientemente su ardua y delicada labor.
  3. Conocer bien la lengua que enseña. Si ese es el objeto de su enseñanza, se sobreentiende que tiene que conocerla adecuadamente. Pero no solamente conocerla en un plano puramente teórico, libresco. No. También encierra el término “conocer” la idea de buen uso, oral y escrito, de la lengua.
  4. Conocer y dominar el arte o didáctica de la lengua. Es decir, el maestro debe saber adecuar el contenido y los métodos al nivel intelectual de los alumnos. ¿De qué servirían los alimentos si no supiéramos cómo se preparan y se comen? Algo así pasaría con los conocimientos de la lengua. No basta con poseerlos; hay que saber transmitirlos a los demás de forma que los asimilen.

Creo que amerita que ampliemos lo que dijimos anteriormente sobre la necesidad de que el maestro conozca bien la lengua que enseña.

La finalidad del aprendizaje y la enseñanza de la lengua es lograr un desenvolvimiento adecuado, de parte del usuario de la lengua, para que pueda recibir y llevar a los demás la información deseada en cada situación lingüística.

Ahora bien, el dominio de la lengua, como vimos antes, no se adquiere espontáneamente en su totalidad. Se hace necesario, para mejorar esa adquisición, un proceso de entrenamiento, el cual precisa del concurso del hablante.

Ese proceso tiene, para cualquier hablante “culto”, y mucho más para el maestro, tres niveles básicos:

  1. Lectura constante de diferentes obras escritas;
  2. Sometimiento activo a un proceso continuo de conocimiento de la lengua; y
  3. Recibir la influencia, mediante consulta, conversación, etc., de hablantes distinguidos o de renombre. Esto así, ya que el ideal lingüístico es “conocer la lengua y usarla como lo hace el hablante culto.”

Si “nadie da lo que no tiene”, el maestro de lengua española debe tener lo que tiene que dar.

Ahora bien, si el maestro de lengua española debe llevar a sus alumnos hacia el ideal lingüístico, es decir, al uso de la forma culta, ¿cómo enfrentará él  el caso de alumnos cuya lengua sea, por ejemplo, la dialectal cibaeña o sureña? ¿ Tomará una postura de censura o de aceptación?

Lo primero que tenemos que tener completamente claro es si un dialecto goza de sanción social positiva o negativa. En el caso del dialecto cibaeño, es fácil constatar que nuestra sociedad lo sanciona en forma negativa. El argumento demostrativo pude estar en muchos de nosotros, que una vez fuimos hablantes “cibaeños” y hoy  somos hablantes “cultos”.

Por tanto, frente a una forma lingüística que no goza de sanción social positiva, el maestro debe enseñar, transmitir, la forma general que puedan entender todos los hablantes de la comunidad nacional e internacional que conozca la lengua de que se trate.

Además, ya la lengua regional la sabe el alumno y le damos más, lo enriquecemos más, en el aspecto cultural y lingüístico, si le transmitimos la lengua general o culta.

El problema que se le plantea al maestro es cómo va a lograr llevar a los alumnos de su dialecto natural, que lo marca tan  intensamente, a un nuevo dialecto, el dialecto culto o forma lingüística empleada por los integrantes  del nivel  sociocultural más elevado de la comunidad.

En esa labor, el maestro, lejos de insultar o ridiculizar al alumno que todavía no domina la forma lingüística que algún día dominará, debe saber que el proceso de asimilación de ese nuevo dialecto será largo y no se deben violentar las etapas.

Debe, por lo tanto, orientar al alumno  con sumo cuidado y paulatinamente. El paso por las diferentes etapas escolares y por las exigencias que le van imponiendo al alumno  sus responsabilidades sociales y profesionales tendrán la última palabra.

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

28/11/2020

PALABRAS “HINCHAUBRES”

Esta columna se honra con presentar una colaboración del escritor Sélvido Candelaria, de quien puede asegurarse ostenta una plena conciencia de la lengua. Su obra publicada (Novelas, cuentos, poesía, ensayos…) lo demuestra, pero para ello bastaría el artículo que a continuación se lee: Como se estila en estos tiempos, acabo de participar en una especie de seminario o conversatorio por la red cibernética, con motivo del día dedicado a enaltecer nuestra piedra semipreciosa llamada, larimar. Y, precisamente, por tratarse del símbolo de identidad que representa para nosotros esta gema (única en el mundo, sólo encontrada, hasta ahora, en la República Dominicana) me chocó la terminología utilizada por uno de los participantes, quien se empeñó olímpicamente en denigrar nuestra esencia cultural, con la intercalación, cada dos palabras, de términos extraños, fácilmente sustituibles por sus contrapartidas en español. Entre ellos sobresalió, por lo reiterado de su uso, uno que ya me jincha la ubre como decía Ma’mercedes, mi abuela.

“Este webinar”, “el próximo webinar” “otros webinares” eran parte de las expresiones que brotaban de su boca como canción en vellonera controlada por un borracho amargado. “Webinar” es la palabreja de moda en estos tiempos. Su verdolagueada propagación, se la debemos tanto al confinamiento impuesto por las medidas sanitarias como al deseo desmesurado de algunos por parecer chic; “al día”, con las novedades que nos impone la globalización conceptual. Si a este vocablo le añadimos los “foodtrucks”, el “marketing”, los “sponsors”, los “influencers” y otros torturadores anglicismos, conformaríamos el armazón del “discurso novedoso” de cualquier “cágame la traba” enganchado a comunicador u orientador, en estos días.

Al escuchar la expresión por primera vez, yo, nacido y criado al lado del mar, cuando el pescado de tercera se regalaba y pocas personas se interesaban en tomarlo, la asocié a un reguero de huevas, como los que dejaban los pescadores en la playa, al extirpar las vísceras de la captura diaria. Pero no. Busco un poco, y me doy cuenta de que está construida con dos estructuras idiomáticas foráneas: web y seminar. Y entonces me entra por razonar… “si tenemos red para web y seminario para seminar, ¿por qué no podemos construir nuestro propio neologismo? Redinar o redinario (este último me gusta más), serían dos buenos ejemplos, si lo que deseamos es “innovar”. Porque bien podríamos decir “seminario en la red” o “conversatorio en la red” y sería perfectamente entendible. Además, como que sonaría mejor, pues, hasta rítmicas me parecen esas expresiones. Pero dije que no. Tenemos que andar buscando siempre las cuatro patas y media al expresivo gato de nuestro idioma. No nos conformaremos nunca con reconocer que solo tiene cuatro, aunque lo suficientemente sólidas para mantenerlo erguido y maullando a través de sus 77 vidas.

¿Sería demasiado pedir menos agresividad en el diario golpeteo a los cimientos de nuestra cultura? Espero ver el día en que los modismos de otros idiomas, por nais que nos parezcan, no sean metidos a la fuerza, en el redil de nuestros giros significantes… bueno… al ritmo que vamos, parece que habré de seguir soñando y sufriendo. Ha de ser la penitencia que me imponen por ocupar un espacio en este mundo de conexiones instantáneas y descerecrónicas (por aquello de “desnutrición cerebral crónica”).
“Es la vida”, diría un considerado francés, en tertulia con sus amigos dominicanos, en el Palacio de la Esquizofrenia.

 

6/12/2020

ESTÁ DICHO: SOMOS LO QUE HABLAMOS

La lengua solventa a los seres humanos sus necesidades de comunicación. Mediante este valioso instrumento, expresamos deseos, sentimientos, o requerimientos. Gracias a la lengua juzgamos, informamos, preguntamos, declaramos, congratulamos o convencemos.

Pero no solo eso, sino que por la lengua puede el ser humano expresarse a sí mismo, ya no solo pedir agua o comida, anunciar que se marcha o decir su nombre, sino justamente mostrar la persona lo que es, verter sus interioridades, denotar si es egoísta o generoso, si es creyente o incrédulo, si es ignorante o ilustrado, si es resuelto o timorato, en fin…mostrarse. De ahí lo ajustada de la sentencia: “¡Raza de víboras! ¿Cómo podéis vosotros decir cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mt. 12,34-35). Si la facultad del habla nos diferencia de otros seres y de las cosas, el habla particular nos permite expresarnos, en primer término como individuos, y en segunda instancia como pueblo o comarca. Un elemento de primera importancia para esa expresión es la fraseología, de manera que para la búsqueda de la expresión colectiva, nada más indicado que hurgar en el repertorio de locuciones, frases, giros y adagios de los que emplean los hablantes de una nación.

Hay frases para cada situación. Y fungen de auxiliares del pensamiento y de la comunicación. Muchas veces pueden servir de muletas a discapacitados verbales que logran sacar a flote un pensamiento, apoyados sobre este modo de hablar. No hay dudas de que resulta más cómodo hablar con una frase hecha que detenerse a inventarla. ¿De qué modo podría mejor articular su pensamiento un hombre de vida llana y elemental que quiera aconsejar a su hijo respecto de la conveniencia de guardar silencio frente a determinada situación? Simple, le dirá: “Mi hijo, en boca callada no entran moscas”. Otro hombre que guarde menos aprecio por el muchacho y quizá vinculado a la causa que éste ha criticado, lo dirá de otro modo: “Por la boca muere el peje”. Lo cual, obviamente, envuelve una amenaza. Estas reflexiones encuentran un válido punto de apoyo al hojear y ojear el Diccionario fraseológico del español dominicano, publicado por la Academia Dominicana de la Lengua, 2016, con la firma de Bruno Rosario Candelier, Roberto Guzmán e Irene Pérez. Este Diccionario representa una auténtica descripción de la idiosincrasia dominicana, formulada mediante estos recursos lingüísticos de cuyo empleo no es ajeno ningún sector social, sin importar, incluso, su nivel de lengua. Por ejemplo, Joaquín Balaguer, político y escritor que fuera paradigma de hablante culto, se valió de este medio para acentuar en la mente de las masas, no precisamente cultas, su plan reeleccionista. Dijo alguna vez: “No es conveniente cambiar de caballo cuando se está vadeando un río”.

Con esta frase dejaba de lado todo el armazón retórico que la acompañaba. Aun más, como el verbo “vadear” no es de uso común en el habla dominicana, la gente lo tradujo a “pasar” y el lema devino en “No es conveniente cambiar de caballo cuando se está pasando un río”.

Y siguiendo con Balaguer, ese hombre de fina estampa, en conversación con la prensa, empleó la locución verbal “hacer pupú fuera del cajón” para rechazar, con sobrada vehemencia, un acto de un adversario político. Muchas frases y adagios nos han llegado de otros ámbitos (“Árbol que nace torcido nunca sus ramas endereza”), pero en locuciones y giros “ay, mamá”, ahí sí hay dominicanidad.

Se ha hablado suficientemente acerca del papel del lenguaje en la formación de la conciencia humana, y a propósito observo que en la fraseología tiene el hombre una vía cómoda para emitir juicios, declarar deseos o dictar sentencias y sobre todo para revelar quién es, vale decir expresarse a sí mismo.La fraseología sirve de auxilio para el pensamiento e implica la concepción de una colectividad acerca del mundo, de la sociedad, de la moral, de la divinidad y de todo otro elemento de la cosmovisión que incide sobre la conciencia social y que se expone mediante el lenguaje.

 

12/12/2020

ALINEAR ALINEO [ALINÉO], ALINEAS [ALINÉAS], ALINEA [ALINÉA]

Si su vehículo muestra alguna inestabilidad en el rodamiento debe ser sometido a /alineación/. Incluso, el hecho de cambiarle las llantas demanda que se /alinee/.
Una vez en el taller, el técnico en alineación le responderá: “Nosotros lo /alineamos/ en breve tiempo”. Usted insiste en preguntar: ¿En qué tiempo lo /alinean/? El operador de la máquina le dirá: Yo /alineo/ ese carro en media hora. Entonces, usted ordena: alinéelo.
Un español que andaba en lo mismo dice: El centro donde yo /alineaba/ ha cerrado, ¿vosotros alineáis electrónicamente? – Claro, nosotros /alineamos/ con tecnología moderna. Y el extranjero concluye: –Pues aquí /alinearé/ mi coche o mejor, lo /alinearéis/ vosotros. – Sin duda, lo /alinearemos/.

El verbo /alinear/ sufre en el habla de muchos dominicanos alteraciones que lo diferencian de la conjugación correspondiente al español general. Semánticamente se observa que el uso más generalizado entre nosotros es el referente a la mecánica, pese a que en el Diccionario de la lengua española aparecen otras acepciones antes que esa. Veamos:
1-Colocar tres o más personas o cosas en línea recta. U. t. c. prnl.2. tr. Incluir a un jugador en las líneas de un equipo deportivo para un determinado partido. 3. tr. Vincular a una tendencia ideológica, política, etc. U. t. c. prnl.4- Mec. Ajustar en línea dos o más elementos de un mecanismo para su correcto funcionamiento.

La cuarta acepción (edición 23ª del DLE) predomina en el español dominicano sobre las otras. De ésta derivan los sustantivos alineación y alineamiento.
El Diccionario no registra el significado que aquí le otorgamos a la palabra /alineación/ en relación con los automóviles. He aquí lo que dice la publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

  1. f. Acción y efecto de alinear. 2. f. Trazado de calles y plazas. 3. f. Línea de fachada que sirve de límite a la construcción de edificios al borde de la vía pública. 4. f. Acción y efecto de formar o reunir ordenadamente un cuerpo de tropas. 5. f. Disposición de los jugadores de un equipo deportivo según el puesto y función asignados a cada uno para determinado partido.

Respecto al vocablo /alineamiento/ la publicación académica refiere hacia /alineación/. De su lado, el Diccionario del español dominicano, registra alineación (en sentido del uso en beisbol, orden en que los peloteros aparecen en la lista de bateo). Alineamiento es definida por la importante obra de la Academia Dominicana de la Lengua DED como alineación del tren delantero de un vehículo. Esta publicación no incluye el verbo alinear.

Para advertir sobre ciertas incorrecciones, es necesario reproducir textualmente lo que explica el Diccionario panhispánico de dudas sobre la conjugación del verbo alinear. Hela aquí: En todas las formas en las que el acento recae en la raíz aline-, la vocal tónica es la -e-: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa], alinee [alinée], etc. Son, pues, incorrectas las formas en las que, por influjo del sustantivo línea, se desplaza el acento a la -i-: alíneo, alíneas, alínea, alínee, etc., así como su pronunciación con cierre de la /e/ átona resultante en /i/: [alínio], [alínias], [alínia], [alínie], etc., pronunciación que a veces llega a reflejarse en la escritura. Los mismos errores deben evitarse en el resto de los verbos acabados en -linear, como delinear, desalinear, entrelinear, interlinear y linear.

Conviene tomar en cuenta estas observaciones para andar por la línea al conjugar el verbo alinear. Y alinee su vehículo antes de emprender el viaje.