La conciencia de identidad en Marcio Veloz Maggiolo

Por Bruno Rosario Candelier

 

En la tertulia “Letras de la Academia”, que coordina Ofelia Berrido en la Academia Dominicana de la Lengua, escuchamos testimonios de primera mano en la voz viva y elocuente de Marcio Veloz Maggiolo, distinguido novelista, ensayista y académico dominicano, lo que nos permitió confirmar aspectos esenciales de este grandioso escritor mediante la radiografía espiritual del ilustre escritor.

Es importante consignar que Marcio Veloz Maggiolo (Santo Domingo, 1936) tiene 50 años de vida literaria. Medio siglo de vida fecunda mediante el cultivo de la palabra con aciertos luminosos en varios géneros literarios. Cultivar un género con éxito entraña un gran aporte. Cuando un escritor se maneja en diferentes géneros, como Marcio Veloz, revela el dominio de la palabra y las técnicas de creación en poesía, cuento, novela, teatro, ensayo y crítica literaria, amén de investigaciones científicas y artículos periodísticos en los cuales proyecta el genio de su talento y el sello de su creatividad (1).

Marcio Veloz Maggiolo ejerce el oficio de la palabra al servicio del desarrollo literario, científico y cultural dominicano. Y ha sido la novela el género que ha cultivado con mayor cultivo y consagración. Como novelista ha estado vinculado a la realidad sociocultural dominicana. En ningún momento ha sido un escritor aéreo, sino inspirado en la realidad social. Ha sabido desechar los riesgos de una escritura idealizada desde el mundo intelectual de la realidad estética, que suele ser una tentación y que es un peligro para que un escritor se aparte de la realidad histórica, antropológica y social, pero el escritor que se debe a su sociedad y que nació con la sensibilidad abierta y porosa al mundo circundante se siente vinculado con su tierra, su historia y su cultura, atento a cuanto acontece en el mundo, como efectivamente ha estado Veloz Maggiolo como escritor, cuando desde joven comenzó a escribir obras literarias para testimoniar su visión del Mundo y contribuir al desarrollo de la literatura dominicana y lo ha hecho con tanta eficacia que él, desde que emergió al escenario literario nacional, se convirtió en el líder intelectual de la Generación del 60, a la que pertenece. Su obra activó esa generación, dando aliento a la actividad creadora de un conjunto de escritores. Marcio Veloz es el novelista dominicano que en esta etapa de la historia literaria de Santo Domingo y de Hispanoamérica nos representa internacionalmente por la categoría de su obra literaria.

Como escritor, Veloz Maggiolo es el creador que ha cifrado en la expresión de la identidad nacional la inspiración de su trabajo intelectual y literario. Al enfocar la experiencia creadora del líder intelectual de la Generación del 60 en este encuentro académico, nos complace afirmar que él es el novelista dominicano más fecundo, más importante y más calificado de las letras dominicanas contemporáneas (2).

Cuando en 1970 organicé en Moca el Primer Coloquio de la Novela Dominicana, invité a Marcio Veloz Maggiolo para que presentara la ponencia central sobre el proceso novelístico nacional, puesto que para esa fecha ya nuestro novelista gozaba de un alto prestigio nacional (3). En aquel coloquio memorable del Ateneo de Moca dijimos que nuestro escritor desentraña, desde el ánfora del lenguaje, la voz de nuestro pueblo con el acento de lo propio mediante el abordaje del sentido de nuestra identidad en obras de ficción y ensayo. Como escritor ausculta en el trasfondo de las palabras el acento entrañable en la raíz expresiva del alma colectiva con la savia nutricia de la esencia nacional. En efecto, este valioso creador ha cifrado, en la búsqueda de la identidad nacional, la clave y la inspiración de su trabajo literario y, en tal virtud, Marcio Veloz es el literato dominicano que con más conciencia del lenguaje ha fundado su quehacer creativo en las raíces expresivas de la lengua y la cultura dominicanas. Y ese logro obedece a varios factores que concurren en la persona y en la vocación literaria de nuestro novelista.

Creador, promotor e investigador científico, literario y cultural, su obra ha contribuido al crecimiento y la renovación de las letras dominicanas con una copiosa bibliografía en todos los géneros literarios. Galardonado con el Premio Nacional de Literatura y otros altos honores literarios, nuestro académico ha consagrado su vida a favor de la conciencia de nuestra identidad cultural.

La clave de su obra literaria, centrada en las raíces de nuestra identidad, se ha desplegado en numerosos textos de poesía, ensayo y ficción que su obra explora desde la veta creativa de la memoria, la experiencia vivencial del barrio y la fuente expresiva del lenguaje para atrapar diversas vertientes de la vida antropológica, social y cultural del pueblo dominicano. Se trata de la asunción de la cultura caribeña y antillana, que ha canalizado en hechos, ambientes y personajes con su concreción en las raíces lingüísticas, afectivas y espirituales de nuestra idiosincrasia nacional (4).

No es el resultado de una casualidad, ni mucho menos de un brote fortuito de su talento creador, lo que él ha hecho con la palabra en su fecunda trayectoria literaria. Su obra es producto de una preocupación consciente, disciplinada y dirigida, porque no ha sido un creador que se ha conformado con la revelación de la intuición para escribir, puesto que se ha fajado a investigar, para nutrir con los datos complementarios, su obra intelectual y literaria. Él se formó intelectualmente bajo una disciplina rigurosa y metódica, con las exigencias que establece el rigor académico. Estudió filosofía, literatura, antropología e historia. La filosofía es altamente exigente, como lo es la literatura, la antropología o la historia, disciplinas que exigen muchas lecturas, observación e investigación. El narrador consciente se documenta para hacer una buena novela y ustedes pueden estar seguros de que Marcio Veloz, cuando escribe, acude a la historia, a la sociología, a la antropología y a la lengua misma para empaparse y sobre todo para darle fundamento conceptual a sus elucubraciones estéticas o a sus invenciones imaginarias porque, aunque una novela es una obra de ficción, el escritor que finca su sensibilidad en la realidad sociocultural, nutre su invención imaginaria con los datos de la realidad social, histórica y cultural de su sociedad. Por esa razón, él es el novelista que ha hecho literatura con el mayor vínculo sociocultural, fundando su narrativa en las raíces expresivas de la lengua y la cultura de nuestro país.

Apelado por una poderosa vocación literaria, consciente de su talento intelectual y prevalido de su don como escritor, Marcio Veloz es paradigma de una vida consagrada al cultivo de la inteligencia y la sensibilidad a favor del desarrollo intelectual, estético y espiritual de nuestro pueblo. Cuenta con más de treinta libros publicados, centenares de artículos y estudios en periódicos y revistas y ha dictado numerosas conferencias en congresos nacionales e internacionales. Su trayectoria creadora asume y potencia la tradición literaria nacional y motoriza el desarrollo de nuestra novelística, no sólo con una amplia ejecutoria narrativa, sino con una edificante obra generadora de corrientes narrativas, como la novela bíblica de 1960 y la novela experimental de 1970.

Formado bajo la lectura de los clásicos antiguos y modernos, titular de una Licenciatura en Filosofía por la Universidad de Santo Domingo y un Doctorado en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, su medio siglo de vida literaria lo ha consagrado al desarrollo de las letras dominicanas con una clara conciencia de la identidad nacional. Apelado por el trabajo productivo y la creación estética, que ha sabido combinar armoniosamente, su sentido de la realidad lo ha convertido en un intelectual objetivo y coherente. Lo mismo en sus ensayos discursivos que en sus textos de ficción, Marcio Veloz revela al erudito documentado, al teórico informado, al creador de una prosa limpia, esmerada y culta y, desde luego, al intelectual con su sensibilidad puesta en la realidad histórica, antropológica y cultural del pueblo dominicano.

La veta creativa de sus obras de ficción asume hechos y reflexiones, tramas e invenciones, caracteres e imágenes fraguados por el talento de un creador arraigado, actualizado y entusiasta, estimulado por la necesidad de testimoniar su propia percepción del Mundo con sus valoraciones e intuiciones originales y auténticas.

Nuestro académico adquiere conciencia de su lengua, la española, con la que descubre que está instalado en una cultura, la dominicana, cuya identidad explora, perfila y atesora en su memoria, a la que acude como fuente nutricia de sus ensayos y ficciones. Ese trípode conceptual de su obra literaria (lengua, identidad y memoria) finca la esencia de su creación, en cuya calidad justifiqué su incorporación como Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua y su nominación al Premio Cervantes, el más alto galardón de las letras hispánicas.

Con su aporte al ensayo y la ficción, Veloz Maggiolo recrea su valoración de la realidad social, histórica y cultural, canaliza sus invenciones imaginarias y enseña que tanto vale una adecuada estimación de los datos sensoriales de la realidad circundante, como una pertinente canalización de las intuiciones estéticas en tanto expresión de la realidad real, subjetiva y trascendente mediante una cabal interpretación de los valores esenciales. Su obra literaria confirma que cualquier vertiente de la experiencia es fuente provechosa para la creación de una obra hecha con talento e intuición.

El manadero de la experiencia ha nutrido la vocación creadora de Veloz Maggiolo, que ha captado su sello peculiar, aprovechando lo que acontece en el ámbito barrial desde sus callejuelas y contornos, expresando con su voz personal la dimensión universal de la vivencia humana y potenciando la veta fecundante de la memoria. El hecho de asumir recuerdos y vivencias, personales y vicarias, que fundamentan sus creaciones narrativas inspiradas en personajes y hechos reales, confirma la validez de una narrativa asumida como una obra de creación y testimonio, al recrear la vida social de un pueblo, como el dominicano, con la idiosincrasia distintiva de su mentalidad, enfocada como “memoranza”, término de su invención que alude a ‘memoria’ y ‘añoranza’, para sugerir su representación simbólica. Así recrea el dato local en hechos de lengua o de cultura a los que les asigna un valor general para expresar no sólo la identidad cultural sino la identificación entrañable de un creador con la condición humana, atributo singular de la obra de nuestro destacado narrador y académico.

   Para entender y valorar la obra literaria de Marcio Veloz Maggiolo hay que considerar tres aspectos importantes: 1. La asunción de la vertiente objetiva, subjetiva y trascendente de la realidad con su dimensión expresiva, simbólica y sublime para el desarrollo de la ficción mediante el concurso de las fórmulas compositivas de la creación. 2. Incorporación de vivencias fincadas en la realidad social de la experiencia humana, imprimiendo a la realidad local una connotación universal y a su contenido singular un valor general mediante los recursos modernizantes de la narración. 3. Uso de la imaginación, la intuición y la memoria como recurso para la conformación de un universo verbal asumido como réplica simbólica de nuestra realidad.

Su trayectoria literaria acopia y recrea los recursos más actualizados del quehacer intelectual y artístico. Desde sus primeras creaciones, su obra ha estado en la vanguardia literaria. En 1960, Veloz Maggiolo publica El Buen Ladrón, obra que inaugura el ciclo bíblico de la novela dominicana, implantando el modo de ficción subjetiva en la novelística nacional. Además del modo de ficción realista, que practicó en La vida no tiene nombre y en Nosotros los suicidas, aplicó el modo de ficción imaginaria en Los ángeles de hueso y en Biografía difusa de Sombra Castañeda y cultivo el modo de ficción trascendente en La mosca soldado. Su más importante aporte a las letras dominicanas no consiste, como se ha dicho, en la aplicación de recursos modernizantes y fórmulas experimentales del novelar, que sin duda ha sido una contribución fecunda de su parte, sino la implantación de un nuevo modo de ficción que abrió la esfera de lo imaginario para ampliar las posibilidades creativas, temáticas y formales, en el ámbito de la fabulación. En efecto, Marcio Veloz abrió las compuertas del Subjetivismo: aplicó el Simbolismo en El Buen Ladrón, el Surrealismo en Los Ángeles de hueso y el Realismo mágico en Biografía difusa de Sombra Castañeda. Se trata de la implantación de una veta creadora que amplió el horizonte creativo con su apertura imaginaria y subjetiva. Y en novelas neorrealistas, como El hombre del acordeón, plasmó su visión del Mundo cimentada en la realidad sociocultural criolla con historias y personajes de diferentes sectores populares de la vida nacional. En La mosca soldado, mediante el modo de ficción trascendente, ahondó en la veta de la espiritualidad metafísica, al tiempo que incursionó en la antropología cultural como materia y sustancia de una novela reveladora y sorprendente. Al tiempo que incorpora a la literatura una visión espiritual del Mundo, aplica nuevos procedimientos en su formalización. De esa manera el cultivo de temas nacionales, que comprende la mayoría de su producción novelística y que forma parte de la tradición vernácula de la novela, lo aprovecha nuestro autor para canalizar su cosmovisión y renovar el género novelesco en las letras nacionales.

Su primera novela de tema nacional, La vida no tiene nombre, recrea las aventuras de los gavilleros del Este mediante la descripción de paisajes nativos y el enfoque de hechos históricos que contribuyeron a conformar el perfil de lo dominicano en la conciencia nacional. Mediante descripciones oportunas y diálogos caracterizadores, Veloz Maggiolo perfila rasgos sociográficos, con sus conflictos políticos, sus expresiones culturales, el lenguaje y la caracterización de sus personajes.

La aplicación de técnicas y recursos renovadores, que tuvo una gestión precursora en las novelas de Carlos Federico Pérez y Ramón Lacay Polanco, Marcio Veloz contribuyó a la implantación de la modernidad en la novelística dominicana con el empleo de retrospecciones, monólogo interior, corrientes de conciencia, superposición de niveles temporales y espaciales, confluencia de planos narrativos, metalenguaje, enfoque del punto de vista y la perspectiva narrativa y otros recursos, como se puede apreciar en La vida no tiene nombre, De Abril en adelante o Materia prima. Asimismo, su obra de testimonio, como Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas; de crítica literaria, como Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo; de investigación científica, como Arqueología prehistórica de Santo Domingo; o de ensayo, como Identidad y memoria, revelan al investigador y analista con una obra representativa de nuestro desarrollo intelectual.

Marcio Veloz encarna la conciencia de nuestra identidad nacional desde la lengua, la antropología y la literatura. El uso ejemplar de la palabra y la aplicación creativa de los recursos narrativos, entre otros méritos lingüísticos y literarios, otorgaron a nuestro académico la categoría de escritor de la lengua española, que esta Academia de la Lengua celebra al festejar los 50 años de la vida creadora del novelista dominicano.

Es importante, en consecuencia, valorar los factores que han influido en su creación literaria. El primero de esos factores es su apelación creadora, que apreciamos en los siguientes aspectos:

La voz de la historia, expresada en la dimensión antropológica, sociográfica y psicológica del pueblo dominicano, que su obra interpreta, recrea y potencia.

La voz de la intrahistoria, que asume y proyecta en las vivencias cotidianas del barrio, desde el cual recrea el aliento emocional de sus historias entrañables. La voz de la intrahistoria se proyecta a partir de las vivencias cotidianas que él ha captado, sobre todo en las entrañas de los barrios populares que, como entidad social o demográfica, están presentes en las novelas de nuestro autor con el aliento emocional que lo caracteriza, a partir de la vida de determinados protagonistas inspiradores de su ficción.

La voz de lo viviente, que su sensibilidad espiritual atrapa, dando forma y sustancia a su intuición profunda. Se trata de la voz del Cosmos, expresada a través de efluvios trascendentes, que su sensibilidad percibe y canaliza en sus cuentos y novelas.

Hacer la creación que ha hecho Marcio Veloz conlleva una determinada concepción, que alienta y distingue su obra literaria. Nuestro autor pondera y destaca el valor singular de las cosas, especialmente de las cosas simples, sencillas, comunes y corrientes de la vida, expresado en anécdotas, ocurrencias y vivencias entrañables. Muchos pensarán cómo un novelista tiene la capacidad para captar determinados detalles, aprovechar el testimonio de personas conocidas que relataban historias y que de alguna manera estimulaba su vocación creadora para la gestación de más de una novela inspiradas en esas vivencias, personales y vicarias, o mediante contactos y lecturas. En ese sentido valora y exalta la herencia fresca de la cultura viva, con la que tanto se ha compenetrado, porque Marcio ha tenido el la virtud de compenetrarse con la fuerza telúrica y la herencia cultural para captar la impronta de la lengua y la huella de la historia y asimilar la manera de ser y de sentir del pueblo dominicano, que ha sido una manera reveladora como se manifestó su vocación por la identidad con ese sentimiento de identificación con la cultura y sus valores peculiares.

El segundo factor enriquecedor de su obra literaria es la concepción intelectual que fundamenta su creación, canalizada en estos rasgos:

Ponderación del valor de las cosas simples y sencillas, para auscultar el sentido y la connotación emocional en el hombre común o dominicano típico.

Valoración de la herencia histórica de la cultura viva con la fuerza telúrica, la tradición local, la impronta de la lengua y la manera peculiar de ser y de sentir del comportamiento colectivo con su aliento espiritual.

Conformación de una metafísica de lo existente asumida y recreada con el aporte de su imaginación, su memoria y su intuición, desde la experiencia de la vida, de los hechos dolorosos, de las frustraciones sociales.

Esa disposición de su talento y su sensibilidad viene desde su primera obra literaria, con el influjo de recursos neorrealistas, simbolistas y surrealistas. El Simbolismo aporta los procedimientos de ocultación mediante oportunas técnicas de creación, que le da categoría de visión subjetiva, por cuanto el autor tiene que meterse en ese mundo imaginario, como lo hizo en El Buen Ladrón, para denunciar la realidad dura en la época de la dictadura, denuncia que no podía hacer directamente para no correr riesgo. Los gobiernos tiránicos, como el de Trujillo, no tienen contemplación con los adversarios de su régimen y los escritores, para cumplir su función de crítica al sistema injusto o a la realidad indeseable, se valen de una denuncia subrepticia y sutil, canalizada mediante el lenguaje simbólico que el lector inteligente capta e interpreta.

El tercer aspecto es la sensibilidad, que en Marcio presenta estos rasgos:

Posee un vigoroso talante social y espiritual por el cual actúa y crea una obra amplia, edificante y densa.

Experimenta una sintonía con la propia realidad socio-cultural al dar cuenta de sus manifestaciones esenciales.

Establece una identificación emocional con la idiosincrasia cultural, que su palabra asume y recrea para reflejar lo que piensa y siente los sujetos de su creación. Mediante su inclinación para identificarse emocional e intelectualmente con algunas de las expresiones de nuestra realidad sociocultural, en virtud de ese sentido de compenetración con lo dominicano y que se manifiesta con obras fehacientes y concretas, con el testimonio de un profundo amor por esta tierra, dando a conocer lo que somos, proyectándonos a través de diversos hechos de ficción.

Tiene una sensibilidad empática y doliente que le permite sentir lo viviente desde su aura singular y su impacto en la realidad social, antropológica y cultural, que su intuición capta y expresa. Paralelamente perfila una especie de mística al modo oriental, porque de alguna manera expresa, con la actitud del creador iluminado, el aporte de su sensibilidad ante hechos dolorosos o frustraciones sociales, que él expresa como vocero de la sociedad. El novelista conoce lo peculiar de la sociedad y, en tal virtud, da mejor testimonio de lo singular y lo distintivo de una determinada comunidad, a partir de lo que atrapa desde el subsuelo de la palabra en los hechos colectivos. Efectivamente nos identifica con su palabra como integrantes de una sociedad y de una cultura. Todo esto es posible en virtud de la sensibilidad poderosa que distingue a Marcio Veloz, puesto que posee un vigoroso talante social, espiritual y estético.

El novelista tiene una sensibilidad especialmente porosa para captar las manifestaciones sociográficas de su mundo, de su historia, de su ambiente, y Marcio la tiene en grado sumo. Vino a la vida con el don para captar y sentir la realidad sociográfica en sus manifestaciones esenciales, en sus expresiones más genuinas; por esa razón, en virtud de ese talante tan singular que posee, ha podido experimentar una sintonía con nuestra cultura, desarrollándose en él esa identificación emocional con la mentalidad de nuestro pueblo. Él no está más allá ni más acá de nuestra mentalidad, sino que sabe captar sus manifestaciones desde la vertiente expresiva, como es la lengua y desde su vertiente sociocultural, como es el comportamiento colectivo según manifiesta la realidad histórica y la realidad social de nuestro pueblo. Incluso de la realidad natural, porque tiene también la sensibilidad para captar las manifestaciones de la Naturaleza, da detalles del ambiente, los espacios donde se desarrolla la historia, el dato propio del ámbito circundante. Eso hay que atribuirlo a esa sensibilidad empática que distingue a Marcio Veloz, que le ha permitido sentir con el Mundo, captar el aura singular de lo existente y expresar el impacto que la realidad social y cultural ha inyectado en su sensibilidad de una manera profunda, como lo expresa su creación que, además, ha sido muy extensa, en términos de cantidad, y muy intensa, en términos de calidad.

Una dimensión muy importante que le asigna una categoría a las novelas de Marcio Veloz Maggiolo es la cosmovisión, que proyecta a través de sus personajes o mediante las acciones de sus novelas. Los grandes novelistas se distinguen por la incorporación de una cosmovisión en su obra narrativa. La cosmovisión marca una visión del Mundo, una actitud reflexiva con trasfondo filosófico, porque da cuenta de cómo es la realidad y de porqué asume tal o cual posición ante la realidad y junto a esa reflexión el narrador articula a su creación principios estéticos de varios movimientos literarios.

Marcio Veloz introdujo en la literatura dominicana un nuevo modo de ficción. Northrop Frye desarrolló el concepto de que la creación literaria puede clasificarse en dos grandes modos de ficción: el modo de ficción realista y modo de ficción subjetiva. Yo sostengo que hay un tercer modo de ficción, que es el trascendente. Pues bien, antes de la aparición de Marcio Veloz en nuestras letras se había implantado el modo de ficción realista y, en poesía, el modo de ficción imaginaria. La Poesía Sorprendida introdujo en el ámbito de la creación poética el modo de ficción subjetiva, que Marcio Veloz lo aplicó a la narrativa dominicana. En El Buen Ladrón aplicó ese modo de ficción subjetiva, mediante los recursos que fecundan el brote de lo imaginario a partir de la incorporación de determinados procedimientos tan especializados, como los vinculados al Neorrealismo, el Simbolismo y el Surrealismo.

Todos esos factores nutren su obra de creación, por lo cual nuestro autor explaya, desde la lengua, la historia y la cultura, las siguientes notas:

Funda su obra literaria en las manifestaciones esenciales de la identidad nacional, que asume como centro de sus apelaciones creadoras y la fuente inspiradora de su obra de ficción y ensayo con un propósito esclarecedor y edificante mediante una cosmovisión, sustancia conceptual de la historia de sus narraciones y la conducta de sus personajes.

Explora y explaya los fenómenos de la condición humana, que integra a sus relatos y sus crónicas con facetas de la idiosincrasia y la mentalidad del hombre criollo, con los atributos de la historia y el lenguaje dominicano desde los cuales ausculta con los sentidos interiores, como la memoria en todas sus vertientes, que usa como depositaria de cuanto el hombre hace, imagina y piensa.

Combina los recursos patrimoniales del lenguaje con los procedimientos modernizantes de la narración literaria, con lo que hace de la Modernidad una vía renovadora y creativa.

Articula a su creación diferentes principios estéticos de varios movimientos literarios con un adecuado manejo de las técnicas y los recursos del novelar, mediante los diversos modos de ficción aplicados a la narrativa.

Integra a su obra conocimientos antropológicos, sociológicos, históricos y culturales que, aunados a su formación intelectual, enriquecen su intuición estética, potencian su imaginación creadora y fecundan su sabiduría espiritual.

La obra de Marcio Veloz Maggiolo refleja una alta calidad y eso es producto de la fortaleza intelectual y de la conciencia espiritual que lo enaltece. Con esa conciencia espiritual y estética, la obra de Marcio Veloz Maggiolo constituye una fuente indispensable para conocer la esencia de nuestra idiosincrasia. Su aporte al desarrollo de la literatura dominicana ha sido por su consagración a la vida intelectual. En él hay un ideal de creación y, cuando un creador tiene en su pecho un ideal, cuenta con la fuerza inspiradora para crear obras ejemplares con calidad, hondura y belleza, pues su creación encarna los valores que las instituciones educativas y culturales están llamadas a cultivar para impulsar el desarrollo humanístico.

Marcio Veloz Maggiolo es un paradigma de los valores que una institución como la Academia Dominicana de la Lengua ha de promover para potenciar el desarrollo de las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales del pueblo dominicano.

Como Juan Rulfo en México, Alejo Carpentier en Cuba, Miguel Ángel Asturias en Guatemala o Augusto Roa Bastos en Paraguay, Marcio Veloz Maggiolo en República Dominicana ha captado y expresado la idiosincrasia de nuestro pueblo expresada en historias y vivencias bajo la forma de poesía y ficción. Y lo ha hecho desde la intrahistoria del barrio, las vetas de la memoria y los secretos de la palabra, interpretando con acierto luminoso y sentido edificante el meollo de nuestra identidad en prosa densa y cautivante, logro que lo convierte en eminente representante de la literatura nacional.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, Ciudad Colonial, 9 de enero de 2008.

 

Notas:

  1. Autor de numerosos libros de novela, cuentos, poesía, teatro, crítica literaria y ensayo científico y literario, Marcio Veloz Maggiolo (Santo Domingo, 1936), mereció en 1996 el Premio Nacional de Literatura. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, ha obtenido numerosos galardones en los diferentes géneros literarios. Entre sus lauros figuran su nominación al IV Premio de Novela de la Editorial Siruela de Madrid, por su novela La mosca soldado, finalista con otras novelas de renombrados escritores de América y España o la designación con su nombre de la Feria Internacional del Libro celebrada en 2006 en República Dominicana.
  2. Es Marcio Veloz Maggiolo el novelista dominicano que nos representa en la actualidad internacional, junto con Pedro Henríquez Ureña como filólogo, Juan Bosch como cuentista y Manuel del Cabral como poeta.
  3. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Tendencias de la novela dominicana, Santiago de los Caballeros, PUCMM, 1988, pp.75ss.

Memoria y creación en Marcio Veloz Maggiolo

Por Bruno Rosario Candelier

 

Apelado por la vocación literaria, creador consciente de su rol de escritor y celoso cultor de la palabra en obras de poesía, ficción y ensayo, Marcio Veloz Maggiolo es ejemplo de una vida consagrada al cultivo de la inteligencia, la imaginación y la sensibilidad en favor del desarrollo cultural de la nación.

Poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y crítico literario, cuenta con más de treinta libros publicados, centenares de artículos y estudios en la prensa y numerosas conferencias en congresos nacionales e internacionales. Galardonado con los más importantes premios y reconocimientos literarios nacionales, su trayectoria creadora asume, recrea y potencia la tradición literaria nacional y motoriza el desarrollo de la novelística dominicana, no sólo con una ejecutoria narrativa significativa sino como inspirador de tendencias narrativas, como la novela bíblica y la novela experimental, o como guía intelectual de la Generación del 60, que encabeza.

Formado bajo la inspiración de los clásicos antiguos y modernos, titular de una licenciatura en filosofía por la Universidad de Santo Domingo y un doctorado en historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, su medio siglo de fecunda vida literaria le hizo merecedor del Premio Nacional de Literatura, presea que consagra a los más connotados autores de las letras dominicanas.

Atrapado entre el deber del trabajo productivo y la apelación inexorable de las Musas, su sentido de la realidad lo ha convertido en un intelectual con los pies en la tierra, y lo mismo en sus artículos periodísticos que en sus textos de poesía y ficción, se revela al escritor de garra, al teórico informado, al creador sometido a disciplina y método, al autor de prosa limpia, edificante y culta, y al hombre con los sentidos puestos en la realidad natural, histórica, antropológica y cultural del pueblo dominicano.

La veta creadora que anima la escritura de Marcio Veloz Maggiolo alienta hechos y reflexiones, tramas e intuiciones, caracteres e imágenes, situaciones y personajes tamizados por la fragua de un creador actualizado y entusiasta, impulsado por la necesidad de testimoniar su visión del mundo y estampar su estimación y su criterio siempre auténtico, espontáneo y  original.

Con su aporte al ensayo y la ficción, Veloz Maggiolo asume y formaliza su punto de contacto con el Universo, canaliza sus percepciones y valoraciones y nos ha enseñado que tanto vale una correcta captación de los datos sensoriales que aporta la realidad circundante, cuanto una adecuada transmisión de las invenciones fabulosas de la imaginación en tanto expresión de la realidad subjetiva o la interpretación de la esencia de las cosas con los fluidos entrañables e intangibles de la realidad trascendente.

Su percepción de la realidad confirma que si se mira correctamente toda vivencia es hermosa, inspiradora y productiva, y cualquier ámbito de la experiencia humana es manadero fecundo de creaciones artísticas para el creador con intuición, sensibilidad y pasión. El barrio siempre ha estado presente en la concepción del mundo y en la experiencia de vida de Marcio Veloz Maggiolo, y con sus vivencias barriales ha captado no sólo lo que acontece entre sus callejuelas y contornos, sino además la voz universal de la experiencia humana. El hecho de asumir vivencias personales, recuerdos de un barrio como efectivamente han sido muchas de sus novelas, que se han inspirado en personajes, ocurrencias y vivencias de su barrio predilecto, confirma la validez de una experiencia singular, tal vez personal y peculiar, como fuente de inspiración de una obra que finca su historia en lo que el autor pudo vivir, porque asume el barrio como índice simbólico de una totalidad con  sentido universal. Ahí está la clave que asigna al dato local o regional un valor general para atrapar la voz universal de la condición humana, mérito que tiene nuestro autor en la historia literaria dominicana. 

Perfil de un talante creativo 

   La clave para entender y valorar la obra literaria de Marcio Veloz Maggiolo está en la percepción de estos tres aspectos:

  • Asunción de la vertiente subjetiva, interna y simbólica de la creación literaria como dimensión expresiva mediante el concurso de la imaginación, la fabulación y las fórmulas mitificadas de la creación.
  • Incorporación de las vivencias entrañables inspiradas en la vida y la experiencia del barrio, dando a su valor local una dimensión universal y a su contenido singular una cosmovisión general presentados con los recursos modernizantes de la narración.
  • Uso creativo de la memoria como recurso de composición, como sustancia temática y como medio inspirador de vivencias y obsesiones en la conformación de la realidad estética y la configuración novelística.

Como creador de novelas Marcio Veloz se inicia en 1960 con El Buen Ladrón y justamente con esa obra no sólo comienza el ciclo bíblico de la novelística dominicana sino que inaugura –y esto se dice por primera vez- un nuevo Modo de Ficción en la novelística dominicana. Además del realista, existe el modo de ficción subjetivo y el modo de ficción trascendente, pero hasta la aparición de El Buen Ladrón sólo se había cultivado en nuestra novelística el modo realista de ficción, que nuestro autor alternaría, con otras obras suyas, en diferentes novelas de su producción.

La creación de El Buen Ladrón tuvo como influjo lecturas de novelas bíblicas como las de Pär Lägerkvist, Sholem Asch y Roger Van Aerde que el mentor intelectual de la Generación del ´60, Antonio Fernández Spencer, diera a conocer a los entonces jóvenes creadores de Santo Domingo. La censura que había establecido la dictadura de Trujillo obligaba a los autores a buscar una vía de expresión indirecta, traslaticia y simbólica, para canalizar desahogos e inquietudes sin riesgos de la propia vida. De esa manera se hacía una crítica soterrada al régimen cuando se relataban los abusos de la Roma imperial y de la guardia pretoriana. Pero lo más importante, desde la  perspectiva histórica de la creación literaria, no era la crítica velada o subrepticia a un régimen opresor, sino la apertura estética que entrañaba la formalización de un nuevo modo de ficción.

Correspondería, pues, a Marcio Veloz Maggiolo renovar y modernizar la novelística dominicana. Ya la poesía lo había logrado con la implantación del Subjetivismo que introdujeron los poetas de la Poesía Sorprendida en la década de los ‘40 del siglo XX con Franklin Mieses Burgos a la cabeza. Ya Juan Bosch había logrado para la cuentística nacional en la década de los ‘30 la renovación con Camino real, pero tanto el cuento como la novela seguían encadenados al Realismo histórico, costumbrista, criollista y social, y por tanto precisaban de una apertura estética que ampliara su espacio creativo, y esa misión la cubriría Marcio Veloz Maggiolo. El más importante aporte creativo que Marcio Veloz ha hecho a las letras dominicanas no consiste, como se ha dicho, en la aplicación que él ha logrado, formidablemente por cierto, de los recursos modernizantes y las fórmulas renovadoras y experimentales de la novelación, sino en la implantación en la novelística dominicana de un nuevo modo de ficción que abrió las compuertas de la imaginación y los recursos mitificantes de la creación para ampliar las posibilidades creativas, temáticas y formales, en el ámbito de la novelación.

Con su ejecutoria novelística, la más vigorosa entre los creadores dominicanos, aparece además una cosmovisión en su universo novelesco al tiempo que implanta un nuevo modo de ficción. En efecto, con su novela inaugura una nueva etapa en la novelística dominicana. Rompe con la novela realista y abre las compuertas del Subjetivismo en la novela dominicana: aplica el Simbolismo en El Buen Ladrón, el Surrealismo en Los ángeles de Hueso  y el Realismo mágico en Biografía difusa de Sombra Castañeda. Se trata de una nueva vertiente creativa, una nueva sensibilidad, una nueva veta creadora que amplía el horizonte literario con su apertura subjetivista e imaginativa. Y al mismo tiempo incorpora una visión del mundo a la literatura nacional con nuevos recursos en su formalización.

De esa manera, el cultivo de los temas nacionales, que comprende la mayoría de su vasta producción novelística y que forma parte de la tradición vernácula de la novela, es aprovechado por nuestro autor, tanto para canalizar su visión de la vida y el mundo, cuanto para renovar la factura del género novelesco en las letras dominicanas. Con su lectura de novelas europeas asimiló las formas modernizantes de la novelación, y la lectura de novelas norteamericanas prohijó en él la valoración de los temas nacionales.

Justamente fueron novelas norteamericanas que inspiraron en Marcio Veloz la narración de su primera novela de tema nacional que emprende en La vida no tiene nombre, obra basada en las aventuras de los gavilleros del Este. No solamente hay en esa singular novela la descripción de paisajes nativos sino el despliegue de hechos históricos que contribuyeron a conformar la fisonomía de lo dominicano en la conciencia nacional.

En su primera etapa de formación, en plena década de los ´50, Marcio Veloz comenzó a leer a los grandes novelistas norteamericanos, entre ellos a William Faulkner y John Steinbeck, autores que daban la dimensión de una sociedad –la del Sur de los Estados Unidos de Norteamérica- con problemas similares a nuestros avatares históricos. Esa temática influyó en nuestro autor para darle forma a los asuntos vernáculos que de alguna manera habían gravitado en el desarrollo de nuestra idiosincrasia histórica, política y cultural. Fue así como en Montana, novela en la que un presidiario evocaba sus años de juventud, inspiró a Veloz Maggiolo el personaje y la historia que narra en La vida no tiene nombre.  El propio Veloz Maggiolo escribió la siguiente revelación: “Como si algo hubiera de quedar de esta temática norteamericana que se enarbolaba en Montana, La vida no tiene nombre se desarrolla entre el ámbito que genera la intervención armada de 1916, y el que surge con el enfrentamiento del hombre dominicano contra una situación histórica que cercena su libertad y adultera los principios de su identidad nacional. Partiendo de la novela norteamericana, Montana me llevó, paradójicamente, a mi primera novela de tema nacional” (1).

A través de su narrativa, Veloz Maggiolo busca perfilar la dimensión de una sociedad, con sus problemas sociopolíticos, sus rasgos sociográficos y culturales, sus personajes populares, aspectos que logra plasmar con el auxilio de los más avanzados recursos de la novelación. Ese trabajo de acopio de recursos renovadores contribuyó a que se implantara en la novelística dominicana la modernidad con el empleo de recursos como retrospección,  monólogo interior, corriente de conciencia, superposición de niveles temporales y espaciales, confluencia de planos narrativos, metalenguaje, punto de vista y perspectiva narrativa y otros recursos modernizantes de la novelación, como se puede apreciar en La vida no tiene nombre, De abril en adelante o Materia prima.

Asimismo, sus creaciones de testimonio, como Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas, o de crítica literaria, como Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo, o de investigación científica, como Arqueología prehistórica de Santo Domingo, revelan al creador amante de su pueblo, conocedor de su intrahistoria, su lenguaje y su cultura. 

La memoria como veta creadora 

   Dotado de una asombrosa intuición, Marcio Veloz Maggiolo siente verdadera pasión por la memoria, una prodigiosa facultad intelectual con que la naturaleza dotó de manera generosa a este valioso escritor dominicano. Marcio Veloz ha privilegiado la memoria, con la imaginación y el lenguaje, para fundar un cosmos narrativo que finca en la sustancia de las vivencias el núcleo inspirador de la realidad estética de sus ficciones.

La potencia del alma por medio de la cual se retiene y recuerda lo pasado, como define  el Diccionario de la Real Academia Española a la memoria, ha aportado a nuestro autor una veta estimulante y creativa, como cantera de vivencias del pasado, como fuente nutricia de creaciones de ficción y ensayo, o como punto de partida para apoyar o gestar creaciones colindantes. Llama la atención el uso que nuestro escritor ha consignado a la memoria, que me permite configurarla en las siguientes consideraciones:

  1. La memoria como fuente de referencias temáticas. Marcio Veloz Maggiolo tiene una memoria privilegiada hasta el punto de asombrar con los datos que recuerda de sus vividuras barriales en la infancia o durante su juventud, en las etapas de estudiante, evocando los nombres y los apellidos de sus condiscípulos con anécdotas que conoció o que le contaron, narrando situaciones y acontecimientos del pasado que recuerda con precisión y verismo en numerosos artículos periodísticos o en ficciones.
  2. La variante sinonímica de la memoria.  Al hacer uso de la memoria, Marcio Veloz pondera las variantes léxicas de recuerdos, evocaciones, añoranzas, rememoración, memorial, memorioso, etc., con su contraparte inevitable del olvido, en diferentes textos cuyo contenido ha sido revivido en su memoria, lo que ha concitado su justa preocupación por nuestra literatura olvidada.
  3. Simbiosis entrañable de memoria y añoranza. Su relación con la memoria ha sido tan raigal en su espíritu, que ha creado un término que estrenó cuando laborábamos en la edición de “Coloquio”, el Suplemento Cultural de El Siglo. Me refiero al vocablo memoranza, que es una fusión de memoria y añoranza, en una compenetración emocional engarzada por la querencia, la nostalgia y las vivencias soterradas en el hondón de la sensibilidad.
  4. La función de la memoria como sentido interior.  Contamos con la imaginación, la intuición, el instinto, el sentido común y la memoria, que son los sentidos interiores o sentidos metafísicos que se diferencian de los sentidos físicos o corporales. Un escritor desarrollado, y Marcio Veloz es un magnífico ejemplo, es quien hace con la palabra un aporte intelectual, científico o estético, para la mejor comprensión, valoración o interpretación de la realidad, y en esa función hace acopio de las vivencias y el lenguaje, además de los sentidos interiores entre los cuales juega un papel estelar la memoria para plasmar en la escritura sueños, obsesiones y pasiones. Ya se sabe que la memoria es la depositaria de cuanto queda como resultado de lo que hacemos o decimos, y la escritura no funciona sin el auxiliar indispensable de esa facultad humana.
  5. La participación de la memoria en la conformación de la realidad estética. Lo que llamamos realidad estética, que es esa sustancia interna, profunda y entrañable que amasamos con nuestras vivencias y pasiones, es imposible construirla sin el concurso de la memoria, fundamental para entender el mundo interior de un escritor, clave para interpretar la obra literaria de Veloz Maggiolo, que ha hecho de la memoria una especie de materia prima para sus creaciones.
  6. Cosmovisión fundada en la memoria barrial. La visión de la vida y el mundo, que los alemanes llaman Weltannschauung, la articula Marcio Veloz con la sustancia de los recuerdos de su barrio de Villa Francisca. La cosmovisión es la más importante instancia intelectual de una obra literaria porque perfila la dimensión filosófica de la existencia, y los pocos autores dominicanos que la conforman, entre los cuales figura nuestro autor, saben que es el nivel noético de una escritura, y en el caso singular de Veloz Maggiolo, ha formalizado la visión de la vida en su novelística sintiendo y expresando el mundo desde la perspectiva barrial como memoria de una existencia traducida en rumores, angustias, dolores, sueños y anhelos. Con su memoria barrial reconstruye el mundo que su sensibilidad tamiza con su aliento.
  7. La memoria vicaria como alternativa de experiencias. Marcio Veloz hace uso de lo que en su momento llamé memoria vicaria que hace que el recuerdo ajeno despierte o fecunde la memoria propia, experiencia que puede usarse como recurso o fuente creativa para usufructuar la memoria ajena con provecho. Obviamente no podemos protagonizar o compartir las experiencias de los demás, ni siquiera las que se realizan en nuestra más cercana contemporaneidad o coterraneidad, por lo cual es oportuno y provechoso acudir a la vivencia de quienes ejecutaron o vivieron determinadas experiencias ajenas a nosotros.
  8. Contrapunto de la memoria reflexiva. Me parece significativa en Marcio Veloz lo que llamo memoria reflexiva que defino como aquella que arranca del archivo de las vivencias y que le permite a su poseedor formular reflexiones, consideraciones o especulaciones de carácter crítico o interpretativo a partir de un suceso que se evoca como núcleo temático para perfilar un cuadro interpretativo del tejido social, antropológico o sicológico de una realidad histórica o cultural plasmada en textos de testimonio o ensayo. Veamos la siguiente ilustración: “Del rumor se vivía entonces. Cuando llegué a las aulas del Liceo Presidente Trujillo recorrí los pasillos. Subí al lugar en donde estaba el piano con el que practicaba el coro. Supe que también allí recalaban los condenados del Liceo, estudiantes que como Gamaliel Castro eran más inquietos de lo que la Era soportaba, y que se pasaban gran parte del tiempo junto al piano en donde entablaban, al fin y al cabo, amistad deportiva con Virgilio Travieso, quien con su cara seria, no escondía su admiración y afecto por estos tipos inteligentes que iban en contra de la corriente trujillista. Entonces no lo entendía, pero ahora veo perfectamente “el revés de la trama” (2).
  9. Ponderación de la memoria generativa. Marcio Veloz se ha caracterizado por el uso de la memoria generativa que es la que usa la base de los recuerdos como núcleo generador de caracteres, situaciones y fenómenos concebidos a partir de una palabra inspiradora o una frase aportada por la fuente memorística y que le sirve a nuestro autor para crear nuevos textos de ficción. El siguiente texto de la autoría de Veloz Maggiolo sirve de ejemplo: “Se cuenta la historia de un pobre espejo que cuando vio la luz después de un siglo, cobró vida propia y determinóse a imaginar paisajes. De ahí que un día saliera de la estancia y se fuera a recorrer caminos con la finalidad de reunir para sí imágenes. Su memoria se transformó en siluetas que pasaban; su marco atrapaba todo tipo de seres. Bajó a las márgenes del arroyo y dejó que entre el cristal y el azogue desportillado se metieran las ninfas de las que hablaron tanto los griegos en épocas distantes. Lleno de vestales y náyades, preguntó a las imágenes por su pasado y éstas, sonriendo, dieron paso a un tiempo inespecífico, un tiempo sin soldaduras ni peso, incapaz de ser explicado por las luces de las aguas mismas. Con la escapada de las imágenes, el espejo moría de pena”.
  10. La memoria como fuente creativa.  Al igual que Homero o Borges, Veloz Maggiolo acude a la memoria como veta creadora, como fuente de inspiración, como núcleo fecundante de testimonios y narraciones y es por tanto el escritor dominicano que ha fundado un cosmos narrativo y un corpus literario con el aporte de la memoria como recurso y sustancia de un decir que da sentido y significación a los recuerdos.

Marcio Veloz Maggiolo se distingue entre los creadores dominicanos (3) porque ha dado vida al cauce de recuerdos y vivencias. Ha hecho de su escritura el medio de expresión de temas nacionales. Ha implantado un nuevo modo de ficción en nuestra novelística y la ha convertido en canal de una cosmovisión creando al mismo tiempo un módulo de aplicación de los recursos modernizantes de la novelación.

Con su creación literaria, con su ejecutoria novelística, con su aporte a la imaginación y la sensibilidad, Marcio Veloz Maggiolo ha potenciado el profundo valor de las motivaciones creadoras del espíritu y lo ha puesto al servicio del desarrollo cultural del país, contribución que lo enaltece y lo distingue entre los escritores y académicos con una obra literaria impregnada de erudición, sabiduría y humanismo.

 

Bruno Rosario Candelier

Movimiento Interiorista del Ateneo Insular

Moca, Rep. Dominicana, 16 de abril de 1994.

 

Notas:

  1. Marcio Veloz Maggiolo, “Influjo norteamericano en La vida no tiene nombre, en “Coloquio”, Suplemento Cultural de El Siglo, Santo Domingo, 19 de mayo de 1989, p. 8.
  2. Marcio Veloz Maggiolo, “Recuerdos menos que floridos”, en Listín Diario, Santo Domingo, 13 de junio de 1993, p. 3.
  3. La fecundidad creadora de Marcio Veloz Maggiolo es ejemplo de un creador consagrado al quehacer literario con disciplina, vocación y entrega.

(En Bruno Rosario Candelier, Lenguaje, identidad y tradición en las letras dominicanas, Santo Domingo, UNAPEC, 2004, pp. 398-407).

Trayectoria creadora de Marcio Veloz Maggiolo

Por Bruno Rosario Candelier

Marcio Veloz Maggiolo (Santo Domingo, 1936-2021) consagró su vida al trabajo creador y al desarrollo del arte, la ciencia y la literatura. La clave de su obra literaria, centrada en la búsqueda de nuestra identidad cultural, la desplegó en numerosos textos de poesía, ensayo y ficción, y en su obra ensayística enfocó la veta de la memoria como base del cultivo de los sentidos interiores para canalizar la significación de la vida histórica, antropológica, social, literaria y cultural del Caribe insular hispánico como representación de la cultura antillana, dando cuenta de acontecimientos que fincan su razón de ser en las raíces intelectuales, afectivas y espirituales con trascendencia estética y simbólica.

   Autor de numerosos libros de novela, cuentos, poesía, teatro, crítica literaria y ensayo, Marcio Veloz Maggiolo mereció en 1996 el Premio Nacional de Literatura. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, obtuvo numerosos galardones en los diferentes géneros literarios. Entre sus lauros sobresale su nominación al IV Premio de Novela de la Editorial Siruela de Madrid, por su novela La mosca soldado, que llegó a finalista con otras novelas de renombrados escritores de América y España.

Apelado por la vocación literaria, consciente de su rol de escritor, Veloz Maggiolo es ejemplo de una vida consagrada al cultivo de la inteligencia y la sensibilidad. Publicó más de treinta libros, centenares de artículos y estudios en la prensa y ofreció numerosas conferencias en congresos nacionales e internacionales. Su trayectoria creadora motoriza el desarrollo de la novelística dominicana e hispanoamericana, no solo con una grandiosa ejecutoria narrativa, sino como inspirador de tendencias narrativas, como la novela bíblica y la novela experimental, y como guía intelectual de la Generación del 60, que encabezaba. Es el representante dominicano en la pléyade de los grandes narradores hispanoamericanos.

Formado bajo la inspiración de los clásicos antiguos y modernos, titular de una licenciatura en filosofía por la Universidad de Santo Domingo y un doctorado en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, con más de medio siglo de fecunda vida literaria. Apelado por el trabajo productivo, orientaba con su talento de teórico informado, creador de prosa limpia, ejemplar y culta.

Mediante la aplicación de recursos renovadores contribuyó a la implantación de la modernidad en las letras dominicanas con el empleo de los recursos de retrospección, monólogo interior, corriente de conciencia, superposición de niveles temporales y espaciales, confluencia de planos narrativos, metalenguaje, punto de vista de los personajes, perspectiva narrativa y otros recursos, como se puede apreciar en La vida no tiene nombre, De abril en adelante o Materia prima. Asimismo, sus creaciones de testimonio y de ensayo, como Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas, o de crítica literaria, como Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo, o de investigación científica, como Arqueología prehistórica de Santo Domingo, revelan al investigador y escritor con una obra representativa de nuestro país.

Fue subsecretario de Estado de Cultura, director del Departamento de Investigaciones del Museo del Hombre Dominicano, del Departamento de Antropología e Historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, del Departamento de Extensión Cultural de la UASD y del Museo de las Casas Reales. Además, fue embajador en México, Perú y Roma. Entre los múltiples galardones que recibió por su obra creativa figuran: Premio Nacional de Poesía (1961) con Intus; Premio Nacional de Novela (1962) con El buen ladrón; Premio Nacional de Novela (1981) con Biografía difusa de Sombra Castañeda; Premio Nacional de Cuento (1981)con La fértil agonía del amor; Premio Nacional de Novela (1990) con Materia prima; Premio Nacional de Novela (1992) con Ritos de Cabaret; Premio Nacional de Literatura (1996) y Premio Feria Nacional del Libro (1997) con Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas. Parte de su obra narrativa y ensayística ha sido traducida al inglés, italiano, francés y alemán.

Entre sus obras publicadas figuran El sol y las cosas (1957), El buen ladrón (1960), Creonte y seis relatos (1961), Intus (1962), El prófugo (1962), Judas – El buen ladrón (1962), La vida no tiene nombre (1965), Los ángeles de hueso (1966), Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo (1969), De abril en adelante (1975), Sobre cultura dominicana (1977), De dónde vino la gente (1978), Sobre cultura y política cultural en la República Dominicana (1980), Biografía difusa de Sombra Castañeda (1981), La palabra reunida (1981), Novelas cortas (1981), La fértil agonía del amor (1981), Apearse de la máscara (1986), Florbella (1986), Cuentos, recuentos y casicuentos (1986), Poemas en ciernes y Retorno a la palabra (1986), Materia prima (1990), Ritos de cabaret (1992), El Jefe iba descalzo (1993), Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas (1996). El hombre del acordeón (2003), La mosca soldado (2014), El fuerte de La Navidad (2017), El jefe iba descalzo (2018), Palimpsesto (2020) y otras.

Marcio Veloz Maggiolo, en su calidad de escritor de la lengua española, se destacaba por el uso ejemplar de nuestro idioma y la aplicación admirable de los recursos compositivos. En virtud de sus méritos personales, científicos, artísticos, lingüísticos y literarios, el aporte intelectual y estético de este valioso creador enalteció el estudio de la lengua y el cultivo de las letras dominicanas, que la Academia Dominicana de la Lengua se honraba al tenerlo como miembro de número de esta grandiosa institución.

 

¿Un ciempiés sin cien pies? (1 de 2)

Por Tobías  Rodríguez Molina

Con bastante frecuencia leemos en ensayos, noticias, tesis, monográficos y otros escritos, frases como estas: a) -Ese señor es catalogado por mucha gente como un sin vergüenza; b) –Les dijeron que trabajaran hasta  el medio día;  c) -Un sin número de personas se presentaron aquí ese día.

Para orientar a algunos usuarios de nuestra lengua española, me pareció útil presentarles varios pares de palabras o frases, muchas de las cuales  no todos manejan a la perfección al momento de escribirlas.

  1. No es verdad, como dice todo el mundo, que el ciempiés, a pesar de la gran cantidad de patas que le vemos, tiene cien pies.
  2. El porciento que le darán de ganancia en la compañía donde trabaja, hará que cuente los dólares por cientos.
  3. Un sinnúmero de jugadores, que otrora fueron estupendos prospectos, tienen sus uniformes raídos y sin número.
  4. El sinsabor que está pasando ante el triste suceso acaecido la semana pasada, lo tiene sin sabor de la vida.
  5. Ella luce muy bien, sobre todo últimamente, después que está luciendo entre sus amigas su nuevo sobretodo.
  6. Con el sinfín que compró hace poco en la mejor ferretería de la ciudad de Santiago, ha cortado exitosamente un sin fin de cosas.
  7. Ayer vino desde La Vega con un afín de parte de su madre, a fin de que le concedan el permiso para cortar su gigantesca mata de caoba.
  8. Si haces las cosas con placer, te vas a complacer grandemente por el positivo resultado de tus acciones.
  9. Tú te acuestas tranquilo si durante los días de sufrimiento, llevas tu cruz a cuestas lleno de conformidad cristiana.
  10. Ese marido, cumpliendo con el compromiso de su unión sagrada y cristiana, adora siempre a Dora y por eso la trata bien.
  11. Ese alcalde, a pesar de que es uno de los alcaldes más eficientes en su labor municipal,  todavía no ha arreglado toda vía que se daña en el municipio.
  12. Los habitantes de esa pujante comunidad cometieron una sinrazón al acusarlo sin razón de algo que él no hizo.
  13. Manuel, un entusiasta y cumplidor joven estudiante de nuestra familia, ha probado una enorme alegría después del curso aprobado con notas sobresalientes.
  14. Anselmo, con la destreza que lo caracteriza, ha trazado magistralmente el diseño que le encomendaron, pero lo entregó atrasado.
  15. Ella siempre ha sido una mujer sincera y por eso les dijo la verdad: es imposible que ella haga una vela para iluminar su altar sin cera.
  16. Escuchó el concierto ofrecido en el Gran Teatro del Cibao con cierto desencanto pues le pareció que algunos músicos tocaron con sus instrumentos desafinados.
  17. No acierto a saber, y eso me tiene desconcertado, atormentado, lo que le sucedió a cierto señor muy apreciado por mí.
  18. Un comerciante minorista de una comunidad campesina, estimado y querido por todos los comunitarios, es timado por algunas personas sin conciencia.
  19. De cierto economista, muy versado en los conocimientos propios de su especialidad, me informaron que inexplicablemente se extravió en un desierto.
  20. Tuvo que salir a porfiar con uno de esos clientes tramposos por fiar artículos sin ninguna garantía.
  21. Ese señor me causó un gran disgusto pues, sin avisarme, ha llegado a mi casa bien temprano con un allegado que tiene fama de vividor y haragán.
  22. A las once de la mañana ya ha cavado, y todavía son las once de las mañana, varias zanjas pero aún no ha acabado la tarea del día.

Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino

Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Deberíamos leer, meditar, rumiar, con cierta frecuencia, este dicho de José Martí tan lleno de riqueza y enseñanzas. Es bueno que aparezca ante nuestros ojos y ante nuestra conciencia de manera constante. Debería colgar, con letras bien legibles, junto a nuestra mesa de trabajo o de estudio. O escribirlo algunas veces en algunas páginas de nuestra libreta de apuntes o en nuestro celular. Aunque lo mejor sería esculpirlo en nuestro ser más íntimo hasta que se haga vida en nosotros.

Seguro que todos hemos oído a infinidad de personas injuriar, maldecir a su país, nuestro país, renegar de él y cobijarse bajo otras banderas.  Esos hacen exageradas y mal traídas  comparaciones con otros pueblos y con su pueblo, al  cual rechazan y al otro lo adoran.  Todo lo de su país es malo, pésimo, y lo del que adoptan es bueno, maravilloso, estupendo, excelente. En el examen que le hacen al suyo le ponen una nota bien baja. Al otro un inmenso CIEN.

No soportan ni el calor de su pueblo, ni el frío.  No  visten, ni calzan con esas porquerías elaboradas o mal hechas por los “mediocres” de aquí. No fuman cigarrillos hechos en su “despreciable” y atrasado país, ni van a un cine de su pueblo natal, pues le parecen atrasados. !“No “ombe”¡ Lo de aquí es basura. Lo de ellos son exquisiteces”, afirman desafiantes.

¿Se ha visto alguna vez que el pichón de pato se aleje del lado  de  su madre, porque le parece  fea, para mudarse a la casa de la bella pava real? Quizás su madre sea fea, pero es su madre.

Tampoco deja el niño a su mamá, ajada por el hambre y viviendo en una casucha de yaguas y cubierta de harapos, para irse a vivir a casa de  una elegante, rica  y bien vestida dama, en una ostentosa mansión, donde hay de todo y bueno.

Es que lo nuestro, aunque sea inferior a lo de otro, toca más fuertemente las fibras de nuestro ser, de nuestra naturaleza.

¡Qué poco vale el que desprecia su vino agrio para saborear, muchas veces mendigándolo, el vino dulce ajeno¡ Habría que afirmar,  contundentemente, que el que hace semejante cosa es un traidor, un imbécil, un flojo, un despreciable, un  cobarde. Para todos sabe, o debe saber mejor, lo nuestro supuestamente malo que lo  ajeno tenido como bueno. La ropa de tela mala, por lo barata, de un campesino le cubre mejor y le es más útil que el riquísimo traje, hecho al último grito de la moda, del artista de cine o del civilizado diplomático.

Nuestro país tiene deficiencias en el orden político, educativo, cultural, social, económico. Seremos subdesarrollados. Otras muchas naciones están por encima de  nosotros en casi todos los órdenes; pero no por eso el nuestro  deja de valer para nosotros. Es nuestro y como nuestro vale.

Juan Pablo Duarte sabía que su terruño dominicano marchaba pésimamente. La situación que se veía y vivía andaba mal. Estaba realmente agria. Y conocía otros países que marchaban enormemente mejor que nosotros.  Pero no renegó de la  tierra que lo vio nacer,   que le dio vida. Al contrario, si más se hundía nuestro país  y más flotaban los otros, más se sacrificaba y se  desvelaba por él.  Más lo amaba, pues era  el suyo.

Eso vale. Eso es ser grande. Esa es la correcta actitud de un ser humano recio y con conciencia limpia, pura. Así se comportan los valientes a diferencia de  los cobardes y mediocres.

¿Que ahora también tenemos deficiencias y nos ahogan las dificultades?  ¿Que todo anda al revés? Pues ¡a la carga¡ Esas deficiencias son nuestras. Pesan sobre nuestros hombros y no podemos tirarlas al suelo ni dejárselas a otros, sino que a todos   nos toca arrimar el hombro para, por lo menos,  enderezarlas o por lo  menos paliarlas.

Tenemos que luchar para que nuestro vino sea más dulce. Pero si sigue siendo agrio a pesar de los enormes esfuerzos por endulzarlo, ese es nuestro vino  y así lo beberemos hasta que, con tesonero afán y sin tregua, por la vía correcta, legal y democrática, le quitemos el mando a los que se han dedicado a buscar su beneficio personal por  vías torcidas y protegidos por el manto de la impunidad,  haciendo nuestro vino cada vez más agrio.

Piche, triquiñuelear, botija

Por Roberto E. Guzmán

PICHE

“Ese era precisamente lugar del PICHE de la guagua”. (Así en el original).

La vida moderna, una vez más, se ha encargado de borrar las huellas del “piche de guagua” que dicho o escrito de esta manera trae el personaje a la memoria de quienes ya han experimentado algunos años de vida.

En el habla popular el lanzador en el beisbol podía llamarse piche, de esa forma, sin interrupción intrusa de la letra te de pitcher. El piche de la guagua era una persona que desempeñaba funciones importantes en el transporte público, sobre todo interurbano.

Por mucho que uno se devane las meninges para encontrar una explicación para la formación de la palabra piche, no dará con una explicación plausible para todos los hablantes. El piche era el cobrador en los autobuses cuando a este tipo de transporte todavía no había llegado el sistema capitalista de inversión y explotación.

El piche recibía el pago de los usuarios, de algún modo los ayudaba a subir al autobús, les devolvía el vuelto sobre lo percibido en exceso en efectivo y de algún modo les indicaba si había cupo en el medio de transporte. Si había necesidad anunciaba las paradas solicitadas por los usuarios.

En la época en que los piches eran imprescindibles los autobuses solo tenían una puerta de embarque y desembarque. El piche se mantenía cerca de esa puerta para ayudar a bajar sin percances y verificar que el pasajero había pagado por el servicio hasta esa parada.

El piche no recibía ni entregaba recibo por las sumas recibidas. Por fuerza de las circunstancias el piche tenía que ser una persona de confianza del propietario del autobús. En esa época no se lleva control estricto de los ingresos o egresos.

La modernidad y el capitalismo casi han acabado con el pobre piche. Apenas se oye algunas veces la voz de un piche llamando la ruta y parada de los autobuses.

 

TRIQUIÑUELEAR

“. . . una verdadera dictadura constitucional para lo cual TRIQUIÑUELEÓ, torció . . .”

Con mayor frecuencia que la deseada los articulistas acuden a su imaginación para acuñar voces, entre ellas verbos que no tienen carta de naturaleza en la lengua, por eso son creaciones. En la mayoría de las veces estas creaciones tienen vínculos sólidos con palabras patrimoniales del español internacional. En otras ocasiones el redactor del texto que despliega la nueva y desconocida voz lo que buscan en realidad es llamar la atención del lector. En ambos casos el redactor merece que se respete su derecho.

La palabra que se encuentra en el origen del verbo del título es triquiñuela que tiene historia en el español. Se integró esta al repertorio académico de palabras en el año 1843.

La triquiñuela es un escape o efugio para disimular la verdad, para eludir la instancia que se hace sobre un asunto. Es una evasión para sortear una dificultad. Es una astucia que se emplea para algún fin. Las palabras con las que se han definido el concepto se han tomado en préstamo de la terminología de la Real Academia.

El Gran diccionario de la lengua española de Larousse menciona que la palabra triquiñuela es onomatopéyica. En este sentido sigue lo escrito en el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Corominas y Pascual. Ahí se ha colocado la palabra triquiñuela entre las que tienen relación con tris como sonido de detonación, que viene junto con traque y trique.

La triquiñuela es un recurso diestro en el cual se encubre un engaño con el fin de conseguir algo; es pues un ardid, artimaña, treta o truco. En la forma en que se usa es un subterfugio.

Es muy posible que en la frase citada pudieran usarse algunos de los sinónimos que se han ofrecido para la triquiñuela, retenidos en tanto verbos, el que sobresale de inmediato es engañar, seguido de mentir, confundir. No hacía falta que el redactor creara un verbo cuando podía usar cualquiera de los ofrecidos. Pudo también utilizar el sustantivo modificando la redacción.

 

BOTIJA

“. . . cuando el erario público ha sido la BOTIJA de muchos enriquecimientos ilícitos . . .”

No hay lugar a sorprenderse si algunas personas nunca han oído la palabra botija. Es una palabra de poco uso en la actualidad. La vida moderna, con las operaciones bancarias cotidianas han dejado atrás la botija como depósito de seguridad para valores. Los refrigeradores relegaron al olvido las botijas en tanto reservorios de agua fresca.

Una botija era una tinaja, generalmente hecha de barro con la barriga más ancha que la boca y el fondo. En las viviendas dominicanas de las zonas rurales mantenían las tinajas en un lugar fresco para conservar el agua de beber.

Las personas ricas de antaño conservaban su dinero en botijas ocultas, generalmente enterradas. Tan pronto como una persona rica de la zona rural enfermaba de gravedad, la pregunta que se hacían los familiares era, ¿Dónde esconde la botija?

En siete países de Centroamérica y el Caribe usan de la palabra botija en tanto sinónimo de “tesoro oculto o enterrado”. La palabra en cuestión consta en la locución verbal “decirle a uno (hasta) botija verde” que es un insulto.

Los dominicanos también utilizan la palabra botijuela para referirse específicamente a una “botija ocultada en un muro o en la tierra con monedas de la época colonial”, así la define el Diccionario de la lengua española.

La palabra botija pasó al portugués y al catalán. Es del mismo origen de la palabra bouteille del francés. Todas estas palabras tienen el origen común del latín butticula que era el diminutivo de buttis. De allí sale también la bota, recipiente de cuero con forma de bolsa, provisto de boquilla para beber. Dicionário etimológico da língua portuguesa, José Pedro Machado (1967-I-454). El mismo origen tiene la botella del inglés bottle y del italiano bottiglia; en provenzal fue botelha.

Ñeca, ajustar, coaching, ring

Por Roberto E. Guzmán

ÑECA

“. . . hasta el momento hemos visto la misma ÑECA . . .”

Esta voz del epígrafe es otra creación del hablante de español dominicano. Es muy precisa en su significado. La voz tiene dos significaciones en el español dominicano, pero se presume por la redacción de la frase transcrita que se refiere a la ñeca menos usada. Se repasarán las dos acepciones de ñeca en el español dominicano.

En la frase reproducida la voz ñeca se usa para no mencionar una cosa desagradable con la que se tiene que vivir desde el nacimiento hasta la muerte. Esta ñeca es un producto del ser vivo. Casi nadie quiere tener que usar la palabra que es la reconocida por todos y por eso se la evita llamándola de muchas otras formas. Con el comentario escrito no hace falta que se utilice la palabra directa que se encubre al usar el nombre ñeca.

Se trata de los residuos de la comida después de hecha la digestión; expelido a través del ano. La palabra muy conocida, mierda, es malsonante de cualquier modo que se la use, por eso se evita. Cuando se usa delante de menores de edad, sobre todo de niños se la llama caca o pupú. La última palabra es muy conocida en República Dominicana, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Panamá. En otras palabras, es excremento humano.

Antes de terminar se recuerda que ñeca es también el femenino de ñeco que se usa para referirse a la persona “que tiene una o las dos manos anquilosadas”; “que le falta o tiene inutilizado un dedo, una mano o un brazo”.

 

AJUSTAR

“. . . nos AJUSTÓ una sarta de impuestos que todavía estamos pagando . . .”

Llama la atención la forma en que se utiliza el verbo ajustar en la frase citada. La forma en que se emplea ese verbo en esta frase pertenece al habla de los dominicanos de forma exclusiva. Por más señas, el valor de este verbo usado de este modo no ha sido reconocido por los estudios acerca del español dominicano hechos hasta esta fecha.

Naturalmente el uso es tan frecuente que el hablante de español dominicano no se percata de que lo usa de este modo. Claro, la forma de enunciarlo es sin la ese /s/, ajutar.

En el habla informal se favorece este uso del verbo cuando se trata de imponer un juez una pena a una persona condenada por algún hecho reñido con la ley. Así se dirá, “Le ajutaron tantos o cuantos años de cárcel a Fulano por el delito que cometió”.

De la misma manera en el registro informal se usa cuando se habla de propinar golpes, inferir u ocasionar heridas, así se dice también que, “Le ajutó tres palos y dos puñaladas”.

Mediante la lectura de los ejemplos se nota enseguida que el uso es cotidiano y que los hablantes entienden a perfección el mensaje que se transmite con el uso del verbo ajustar empleado de esa manera.

 

COACHING

“. . . ya que se trata de los COACHING de los procesos electorales . . .”

Algunas voces extranjeras tienen mayor fortuna que otras en español. Esta del título parece que ha entrado para permanecer y reemplazar otras.

Hasta hace relativamente poco tiempo la voz del inglés que había sentado reales en el habla era otra de esta familia, coach, que era o es muy usada en el beisbol. Piénsese que hay coach de primera, de tercera, de bateo y pitcheo. Los dos últimos no son más que entrenadores; a los dos primeros se les llama también pilotos.

Aunque parezca extraño la voz del inglés deriva de la diligencia de dos puertas, coach, que trascendió a otras lenguas y al español entró a través del coche, nuestro carro. El avance de la voz pasó del vehículo que conduce las personas a la “persona que conduce”. En inglés con el énfasis en la persona llegó en tanto tutor. De allí pasó a las actividades deportivas para ayudar en el entrenamiento del personal deportivo en calidad de asistente. En tiempos más recientes se ha encontrado el coach desempeñando funciones de entrenador personal para todo tipo de actividades.

En las universidades y en la vida profesional hay coach que motivan a las demás personas a superarse, a alcanzar los objetivos que se proponen.

El coaching se refiere al método que se utiliza para ayudar, enseñar y entrenar a una persona o a un grupo de personas para lograr alguna meta. Entre las actividades que lleva a cabo quien se dedica al coaching está la de asesorar, trazar la trayectoria que llevará a la consecución del objetivo.

Es probable que el uso en español de las palabras del inglés tenga mucho que ver el evitar utilizar la palabra entrenador o entrenamiento porque se pierde con estas palabras el aspecto teórico del acompañamiento y labor del coach.

 

RING

“Bajo fuerte presión internacional tuvo que salir del RING . . .”

El ring del inglés tiene muchas denominaciones en lengua española. Lo único que las palabras del español no logran es igualar la brevedad de la voz del inglés. Dependiendo del ámbito en que se usa se le llama cuadrilátero, ensogado o en dos sílabas, lona.

En la narración de una pelea pugilística en muchas ocasiones el narrador con el deseo de mantener al público al tanto de lo que sucede en al área de pelea, es natural que eche manos de la voz ring para continuar con las incidencias del encuentro.

Lo que mueve o motiva al narrador a usar una u otra de las opciones del español es lo que desee destacar en el instante en que narra. Si escribe tiene mayor latitud. Si cae dirá a la “lona”. Cuando suben es al “cuadrilátero”, allí se enfrentan los púgiles. Las cuerdas que limitan la zona de pelea en los laterales son las sogas, de allí que se diga a veces “ensogado”.

Algo que llama la atención es la gran cantidad de palabras o locuciones del pugilismo que han pasado al español general. Poner a alguien “fuera de combate” o noquearlo son dos que han trascendido el ámbito de las peleas de boxeo. A alguien que vapulean se dirá que “le dieron con el cubo del agua”. En los momentos en que una persona desiste de modo forzoso de un proyecto, muchos dirán que “tiró la toalla”.

Estas palabras y locuciones son solo una muestra de las muchas más que pertenecen al dominio general. Por medio de esta integración puede el observador darse cuenta del número de aficionados que tiene el deporte o profesión del pugilismo.

Chucho, desarrabalización

Por Roberto E. Guzmán

CHUCHO

“A Emilio lo torturaron con CHUCHOS y palos. . .”

Esta denominación para el látigo o fuete tiene larga historia en el español antillano. El Tesoro léxico canario-americano (2010:318) escribe que esta voz es americana, es decir, que apareció primero en América. De acuerdo con las noticias y documentos de que se dispone su origen se produjo en las islas antillanas. De ahí pasó a Venezuela.

De América la voz llegó luego a las Islas Canarias. Los autores del Tesoro antes mencionado entienden que la voz chucho deriva de chuzo. En opinión de quien escribe estas notas, quizás se produjo como una deformación del sonido de la letra zeta /z/ del español peninsular en la segunda sílaba de chuzo.

La primera noticia que se tiene de la voz chucho recogida en un diccionario es en el Diccionario de provincialismos de la isla de Cuba (1831). En ese lexicón se recoge la acepción, “Látigo que usa el jinete cuando monta a caballo”. Hay que reparar de inmediato en que la definición que ofrece esa obra está orientada por la situación en que se usa el instrumento.

Cuando D. Esteban Pichardo se ocupa de la voz en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas, publicado por primera vez en 1836 redacta la acepción correspondiente señalando el uso, “Látigo o instrumento de azotar hecho de vergajo o cuero retorcido, que va adelgazando hacia la punta”. En esa definición entra la forma y el material con que se fabrica el chucho. En acepciones aparte aprovecha el diccionarista la oportunidad para mencionar otros usos de la voz chucho.

Ya en el año 1916, D. Augusto Malaret al escribir acerca del chucho en su Diccionario de provincialismos de Puerto Rico, en la página 59 reduce la definición a cuatro palabras, “Látigo de cuero retorcido”, que muy bien puede ser el chucho que se conocía en Puerto Rico en esa época y menciona que era de uso también en Cuba. Cuando este autor publicó   el Vocabulario de Puerto Rico (1955:151) reprodujo la acepción anterior, pero consignó que era de uso en las Antillas y Venezuela. Esta mención sirve de testimonio de la expansión de la voz.

En el Diccionario de voces cubanas (1921:186), D. Constantino Suárez trae una definición más lata para el chucho, “Toma este nombre cualquier forma de látigo, y algunos lo hacen extensivo a denominar el vergajo y las disciplinas”. Para la etimología de la voz presenta “achuchar”, que equivale a azuzar. Esta palabra, disciplina, denomina un azote que servía de instrumento de penitencia.

La tipificación del chucho comienza a liberalizarse en el Nuevo catauro de cubanismos de D. Fernando Ortiz, cuya primera edición data de 1923. Allí aparece en tanto “Látigo hecho de un vergajo retorcido y por extensión cualquier tipo de látigo” (1923:214). De la lectura de esta definición se infiere que a cualquier tipo de látigo se llama(ba) en Cuba chucho.

En República Dominicana D. Rafael Brito no lo recoge en su obra Criollismos de 1930. Quien lo presenta por primera vez es D. Pedro Henríquez Ureña en El español en Santo Domingo publicado por primera vez en 1940. Solo trae la mención de que es látigo y menciona el uso en Cuba y Venezuela.

Después de que D. Pedro lo mencionó todos los lexicógrafos ulteriores hacen constar la voz chucho en sus obras porque esta mantiene su vigencia en el habla de los dominicanos.

Algo que puede comprobarse con facilidad es que en el habla un chucho es cualquier instrumento flexible que sirve para azotar, los hay de cuero, de soga, de alambres retorcidos y algunos cuentan con nombre propio en el español dominicano como el “güevo de toro” que en el español internacionalizado se llama de vergajo.

El portugués brasileño tiene una palabra igual, chucho, pero para otros usos. Una de esas voces que se parece a la estudiada aquí por su significado y procedencia es el chucho usado en algunas zonas agrícolas para designar un palo puntiagudo con que el labrador abre en la tierra un hueco, donde luego depositará la semilla. Eso parece mucho a la coa de los taínos. Al igual que Corominas y Pascual sugieren para el origen del chucho caribeño la palabra chuzo, en portugués brasileño dicen que la voz deriva de chuço. Novo Aurélio O Dicionário da Língua Portuguesa Século XXI (1999:464).

 

DESARRABALIZACIÓN

“. . . con esta acción nos ayudan al proceso de DESARRABALIZACIÓN y adecentamiento. . .”

La voz del título es más que larga. Decirla causa problemas, escribirla toma tiempo. Hasta leerla cansa. El autor de estos comentarios acerca de la lengua no duda en pensar y publicar que debe ser una voz creada por el segmento culto de la población hablante de español dominicano.

El verbo desarrabalizar solo se conoce en República Dominicana. Este verbo tiene en el habla de los dominicanos una acepción muy precisa en el Diccionario de americanismos, “deshabitar un núcleo de población, especialmente ocupado por personas de pocos recursos económicos, y eliminar sus viviendas con el fin de desarrollar en él proyectos urbanísticos u obras civiles”. Con la lectura de la acepción se nota que es larga y llega desde el lado de la devastación.

Ya en el Diccionario del español dominicano (2013:248) la definición del verbo procede desde el ángulo positivo, “Acondicionar una zona urbana mediante la eliminación de infraviviendas o de puestos callejeros”. En esta caracterización se olvidó consignar el desarrollo de proyectos urbanísticos. No hay que sorprenderse de que sea así, porque en muchos casos no se construyó proyecto alguno, sino que se mejoró el paisaje para consumo de los incautos.

El sustantivo desarrabalización guarda relación estrecha con el verbo arrabalizar, pues sirve para mencionar el proceso mediante el cual se ejecuta la acción contraria.

Se hace necesario aquí mencionar el verbo arrabalizar. En muchos casos se utiliza para destacar que una parte de una población se convierte en arrabal, es decir, en una zona donde viven personas descuidadas, se acumula basura en las calles y resalta la falta del ornato público.

Tanto el verbo como el sustantivo mencionados más arriba tienen estrecho vínculo con la palabra arrabal que designa un barrio fuera del recinto de la población a que pertenece. Hubo un momento en la historia de las palabras en que el arrabal y el barrio fueron sinónimas.

La palabra arrabal procede del hispanoárabe rabád; la primera documentación data del año 1146, con lo que se entiende que es palabra antiquísima en la lengua. La palabra arrabalero se hizo de un cariz negativo, persona “que se comporta y habla de manera zafia”, persona de modales groseros o toscos, carente de tacto en su comportamiento. Con este tipo de creación léxica se estigmatizó al arrabal al hacerlo asiento de personas de la conducta señalada.

En tiempos modernos se han mejorado los métodos de llevar a cabo los planes de desarrabalización. En algunos países los llaman de beautificación, tomando en préstamo parte de la lengua francesa que llega al español desde las riberas del inglés. Es una manera de embellecer el panorama urbano; sin que se entre aquí en detalle.

Hay que celebrar una vez más que la inventiva del dominicano ha podido acuñar dos verbos y un sustantivo para mencionar con exactitud los procedimientos que se describieron más arriba.

Desvíos normativos en Tiempo muerto

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Hace un tiempo salió publicado en las ciberpáginas de la Academia Dominicana de la Lengua el artículo “El desenqueísmo y el desalaqueísmo en Tiempo Muerto de Avelino Stanley, en el cual se ofrecieron datos sobre esos dos fenómenos lingüísticos, el primero de los cuales  puede afirmarse que ha ido tomando presencia abundante en el español de los dominicanos.

Al inicio de ese artículo expresé mi extrañeza de que en esa  obra de Avelino aparecieran tantos desaciertos normativos, de los cuales prometí ocuparme en un artículo futuro, y de eso se tratará en esta ocasión.

Ante ese panorama de la abundancia de fallos   ortográficos y algunos de sintaxis, creo que pueden plantearse varias hipótesis sobre esa realidad. Esas hopótesis se presentan a continuación.

  1. El autor del libro no buscó un corrector de estilo pensando que no hacía falta porque él manejaba su idioma español a la perfección. Y por eso la Editora Búho, pensando que eso era cierto, no corrigió ni una coma.
  2. El buscó un corrector de estilo, pero no conocía la competencia del mismo, y, al creer en la capacidad del corrector, confió en que este  haría bien su trabajo; pero se puede demostrar su incompetencia por la baja calidad del  trabajo realizado.
  3. La Editora Búho no tenía a alguien competente que revisara el material que le entregó Avelino aunque ya hubiera sido corregido por un excelente corrector de estilo. Eso es parte de su responsabilidad.
  4. No se explica cómo la Editorial Cocolo dejó que fuera puesto en circulación ese libro con tantos fallos de normativa.
  5. Avelino no le dio aunque fuera un vistazo rápido a su libro antes de la impresión definitiva creyendo  que no era necesario confiado en la competencia de la Editora Búho.
  6. El jurado que le otorgó el Premio Nacional de Novela 1997 no tuvo en cuenta la abundancia de usos alejados de la normativa del español.
  7. Existió otro factor, aparte del excelente contenido y las abundantes y bien logradas figuras literarias, que movió al Jurado a otorgar el Premio Nacional de Novela 1997 a esa obra saturada de usos gramaticales alejados del correcto manejo de nuestro rico idioma español.

Después de planteadas esas hipótesis, se pasará a desarrollar la temática anunciada en el titular. Se verá en detalles los catalogados de “desvíos normativos” en Tiempo Muerto. Las citas están tomadas de la segunda reimpresión del año 1999.

  1. “Hay que moverse porque sino, cuando uno viene a ver, en vez de uno, serán dos los que se mueren. (pág. 133). En la p. 182 aparece un caso semejante: “Mamá, cálmese porque sino habrá que sedarla…” En la página 168 aparece otro “sino” que deber escribirse “si no” ¿Qué les parecen esos  “sino” que no son  adversativos? En ese contexto se trata de la expresión condicional negativa “si no”, como en “Si no puede venir Juan que venga Juana.” Un “sino” puede emplearse muy bien en “No pudo venir Juan, sino Juana.” Sin embargo, en la página 65 aparece escrito “si no”, debiendo escribirse “sino”, como aparece en el siguiente ejemplo: “…muchas de las normas…nunca me fueron consultadas, si no impuestas.” Por tratarse del  nexo adversativo, debió escribir “sino”.
  2. En la página 12 escribió “aveces” todo unido debiendo ser “a veces”.
  3. Otros casos de unión de palabras que deben escribirse separadas los encontramos en las páginas 11,  17 y 124. En la 11 apareció unido “porqué” debiendo escribirse “por qué”. Veamos: “No sabía porqué nos miraban tanto toda esa gente que estaban ahí.” En la 17 expresó: “Sus cantos, no sé porqué, me hacían recordarte.” Mientras que en la página 124 se lee la siguiente expresión: “Hasta pensé, no sé porqué, que mi tío podía estar en ese Central Romana. Está bien patente que en esos tres casos  hay que escribir “por qué”. Un “porqué unido puede aparecer en “No sé el porqué de su tardanza.”
  4. Parece extraño que palabras bastante comunes en su uso el autor las escribiera separadas debiendo ir unidas, como en los casos siguientes: 1. “No había perdedera porque donde quiera que uno doblaba, ahí aparecían las chimeneas del ingenio.” (p. 125). Otros “donde quiera” así, separados, aparecen en las páginas 137 (Donde quiera que se encuentre) y 208 (Por donde quiera saltaban saludos…). 2. Algo semejante lo encontramos en la palabra mediodía,  escrita “medio día” en dos partes. Veamos: “La comida del medio día, papabuelo, tú sabes que casi nunca te la llevaba.” (p. 128). Debe escribirse “mediodía”, pues se hace referencia a un período del día, que es “el mediodía” y no a la mitad del día,  que sería “medio día”.
  5. Hay ausencia de “les”.  En su lugar, el autor emplea erradamente “le”. Les presento los siguientes ejemplos: a. “Cuando venían a presionar, se le recogía algo entre todos los vecinos y se le daba.” (p. 178). b. “Nosotros mismos tuvimos que construirle las letrinas.” (p. 178). c. “Luego supe que a esas viviendas le llamaban barracón.”  En esos tres casos  el referente de la acción verbal es plural, por lo cual en todos ellos hay que escribir “les”. También se usó “le” en vez de “les” en las  páginas 184, 185 y
  6. En el capítulo 13 (páginas 58-61), aparecen 6 vocativos sin la coma. Véanse algunos de ellos: “¡Hay mi hija! (p. 59); “¡Hay Dios mío! (p. 60);  “Dígame María.” (p. 60). También falta la coma del vocativo  en las páginas 38, 97, 132, 145 y 199,  y en muchos otros vocativos.
  7. Se encuentran varios términos interrogativos y exclamativos sin la tilde a pesar de que deben llevarla por la exigencia del acento diacrítico. Veamos algunos de esos casos: “Tú sabes como son los muchachos.” (p.193); “Que miren a ver donde encuentro a Jacob.” (p. 58); “Apenas percibía como los fogones…comenzaban a perder fuerza…” (p. 71). También se encuentran casos de ese mismo tipo en las páginas 96,  98, 111, 113, 115, 116, 133, 177, 193…
  8. En la página 145 hay un “qué” con esa tilde, pero debe ser “que”. Allí se lee “La verdad qué extraño tu caso.” Otro “que” que no debe tildarse lo encontramos en la página 53: “¿Qué por qué digo eso? Aparece también un “como” sin tilde y  que debe escribirse con ella, ya que es una palabra  (p. 19). Dice así: “…mira como estoy de sudada.”
  9. Se encuentra un “ti” con tilde: “A tí lo que te pasa es que vives apoyándolo.” (p. 55). Y también a un “si” que debe escribirse con tilde no se le marcó: “…ahora si usted va a ver.” (p. 217). Se le puso tilde a un “aun” que no va acentuado: “…aún cuando un inconveniente surja…persistiré.” (p. 66).
  10. En el empleo de la puntuación, en el libro hay reflejo de serias deficiencias. Ya vimos en el punto 6 la ausencia abundante de la coma en el vocativo, y existen otros muchos casos que no voy a citar, tanto en vocativos como en otros muchos casos. Pero hay que destacar la dificultad con que se maneja el buen uso del punto y coma, empleando en su lugar la coma. Visualicemos esa realidad con algunos ejemplos y la gran cantidad de páginas donde aparece ese no uso del punto y coma.  Veamos:

_”El no era blanco, sin embargo trataba a los negros con desprecio.” Antes de “sin embargo” se debe escribir un punto y coma, y una coma después de ese enlace, como sigue: “El no era blanco; sin embargo, trataba a los negros con desprecio.”

_”Los cañaverales cambiaron su color verde, parecían una cama inmensa de algodón gris.” (p. 89). Entre verde y parecían se escribirá un punto y coma, aunque también puede admitirse el uso del punto.

_”Así es la vida, mi hija, mira lo dulce que es la caña y lo dulce que es el azúcar.” (p. 51). Antes de “mira” es inadmisible una coma. Pudiera ser un punto y coma o un punto.

_Esa abundante  ausencia  del punto  y coma lo encontramos en las páginas 82, 110, 112, 113, 117, 118, 126, 129, 183, 195, 212, 217…

  1. Hay constancia del mal empleo de algunos verbos, como los que aparecen en las siguientes expresiones: “…has una cita, pídele que te permitan visitarlos…” (p. 136). Esa forma verbal “has” proviene del verbo “hacer” y por eso debe escribirse “haz”. En esa misma página  aparece ese mismo  verbo “hacer” usado en plural aunque  está siendo  empleado  como impersonal, como es el ejemplo que ofreceré,  por lo cual debe conjugarse  en la tercera persona del singular. Veamos: “Yo sé que es una tarea ardua; que deben hacer cientos o miles con ese apellido…” Además,  confundió el verbo “hacer” con “haber”, pues debió emplear “debe haber”  y no “deben hacer”.
  2. No se supo mantener la correcta concordancia entre algunos verbos y sus sujetos en algunos casos. Fijémonos en los siguientes: a. “Todo eso con el propósito de que se conozca en el mundo entero las situaciones ya dadas.”(p. 172). Debe darse la concordancia entre “las situaciones ya dadas” y el verbo “se conozcan”; b. “…de cada uno de los hechos que se denuncia hay pruebas fehacientes.”(p. 174). Tiene que haber concordancia entre “los hechos” y “se denuncian”.

Seguro que en Tiempo Muerto hay otros quebrantamientos del español. Pero  los ya  ofrecidos son suficientes  para que se  cumpla una o varias de las hipótesis planteadas al inicio de este artículo. Confieso que me sorprendió, y me apena profundamente, que Avelino Stanley, a quien le tengo un gran aprecio, publicara este libro  con la abundancia de desvíos normativos que se encuentran en su interesante y  valiosa obra.

Para los que escriben o aspiran a escribir, les presento lo que apareció en unas notas que redacté para un taller dirigido a periodistas de Puerto Plata, referente a la corrección: “En este tipo de redacción deben tenerse en cuenta los aspectos normativos. La gente no perdona las incorrecciones a quien debe expresarse correctamente. Donde abundan las incorrecciones, se juega con el prestigio…” (La Redacción Periodística, Tobías Rodríguez Molina).

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

  

13/3/2021

NUERO… NO HAY; YERNA, TAMPOCO 

Lo primero que ha de expresarse en este artículo es el interés por introducir una precisión en torno a las palabras /nuera/ y /yerno/ y los viciosos cambios de género que en ocasiones las afectan. Pero no deja de provocar una reflexión el tratamiento que le da el Diccionario de la lengua española al definir los referidos vocablos. Ya veremos.

Para expresar el femenino de un ente vivo o de los elementos referidos a ellos (artículo, adjetivo), lo ordinario en el español es el cambio de terminación. Así, tenemos de perro, perra; niño, niña; chivo, chiva, bello, bella, pequeño, pequeña.

No podemos ignorar, sin embargo, que en algunos seres el masculino y el femenino presentan notable diferencia morfológica, fenómeno denominado heteronimia. De tal modo que la hembra del caballo se denomina yegua y no como el procedimiento habitual de nuestra lengua de mantener la base de la palabra y sólo variar el final.

Lo mismo ocurre con hombre, mujer; toro, vaca; carnero, oveja; padre, madre; compadre, comadre; rey, reina.

El Diccionario académico define lacónicamente el término heteronimia: “Relación que se establece entre dos heterónimos, p. ej., toro/vaca”.

Al consultar el adjetivo /heterónimo, ma/, encontramos que procede del griego (hetero, diferente; onomo, nombre) y se define así:1. adj. Ling. Dicho de un vocablo: Que se opone a otro de distinta raíz en algún rasgo morfológico, normalmente el género. Caballo es heterónimo de yegua.

Nuera y yerno son términos heterónimos, pues parten de raíces diferentes. Todos creemos que nuera es, con respecto a una persona, la esposa o pareja de un hijo de esa persona. Por igual, creemos que yerno es el esposo o marido de nuestra hija.

Sin embargo, el Diccionario oficial de nuestra lengua nos guarda estas sorpresas: nuera, (del lat. nurus, con cruce de suegra en las vocales).1. f. “Cónyuge femenino del hijo o de la hija de una persona”.

O sea, que la nuera (mujer) puede llegar a nuestra casa tanto de la mano del hijo (hombre) como de la hija (mujer).

Como para no dejarnos gachos, la publicación académica define el vocablo yerno de este modo: “m. Cónyuge masculino de la hija o del hijo de una persona”.

Esto deja dicho que el yerno (hombre) no es solo el marido de tu hija (mujer), sino que de este modo se ha de llamar también al “marido” de tu hijo (hombre).

La reflexión que se origina aquí se centra en la pregunta siguiente: ¿Hasta dónde tenemos que aceptar todo lo que diga el Diccionario? Es evidente que las definiciones de nuera y yerno arrastran pesada carga ideológica, identificadas con las corrientes que pregonan la exaltación de la homosexualidad. Pero ese es otro asunto.

Por hoy nos limitamos a recordar que la mujer relacionada maritalmente con el hijo de una persona es /nuera/ y que el hombre relacionado con la hija de esa persona es /yerno/.

 Bejuco y vejiga

Para completar el espacio, les recuerdo a quienes aún dudan que se escribe y pronuncia /bejuco/ la palabra con la que se denomina a la planta sarmentosa y trepadora, propia de regiones tropicales. Nunca “bujuco” ni “buhuco” ni “bojuco”, sino /bejuco/.

Parecida deformación ocurre con el vocablo /vejiga/ con el que se nombra un órgano interior que tienen los seres humanos y muchos otros animales vertebrados. Es una bolsa en la cual se deposita la orina producida en los riñones.

Algunos hablantes parecen temer a la pronunciación de la jota y buscan formas que creen más “finas”, tales como “veiga” o “vehiga”, dejando de lado la forma correcta, que es vejiga.

 

6/03/2021

DE CONCEBIR, CONCEPCIÓN; DE CONCEDER, CONCESIÓN

 Tema recurrente de esta columna ha sido el diferenciar las palabras de otras con las que guardan alguna semejanza gráfica o semántica, fenómeno al que los lingüistas llaman paronimia. Cuando dos o más palabras se parecen entre sí se dice que son parónimas. Ejemplos: intersección (cruce), intercesión (mediación) e intercepción (estorbo, detención).

Hoy les presento otros casos de parónimas que generan vacilación en hablantes cultos: concesión, concepción; enólogo, etnólogo; reto, recto y resto. Veamos:

Concesión. (Procede del latín. concessio, -onis). 1. f. Acción y efecto de conceder. 2. f. Acción y efecto de ceder en una posición ideológica o en una actitud adoptada. El vocablo tiene otras acepciones y les cito la cuarta: 4. f. Der. Otorgamiento que una empresa hace a otra, o a un particular, de vender y administrar sus productos en una localidad o país distinto.
Concesión es la acción de conceder, vale decir, dar, otorgar, hacer merced y gracia de algo. Este vocablo guarda gran afinidad con cesión (de ceder). Dar, transferir o traspasar a alguien una cosa, acción o derecho.

Concepción. (Del latín conceptio, -onis). 1. f. Acción y efecto de concebir. Por antonomasia la concepción de María, la madre de Jesús. Cuando se refiere a la fiesta con que anualmente celebra la Iglesia católica el dogma de la inmaculada concepción de María, se escribe Concepción, con mayúscula. Enólogo, ga. Es la persona entendida en enología. Con esta palabra, compuesta de vino y -logía, se denomina el conjunto de conocimientos relativos a la elaboración de los vinos. Aunque es propia de hablantes cultos, en ocasiones la prosodia se trastorna y lleva a confundirla con otro vocablo parecido en grafía y en sonido, pero muy disímil semánticamente. Etnólogo, ga. Especialista en etnología.

La etnología es definida en el Diccionario académico como la ciencia que estudia comparativamente los orígenes y expresiones de la cultura de los pueblos, a partir de los datos proporcionados por la etnografía.

Reto. Del verbo retar. 1. m. Provocación o citación al duelo o desafío. 2. m. Acción de amenazar. “Cuando en bélico reto de muerte, sus cadenas de esclavos rompió”.

Recto. Este vocablo tiene doce acepciones en el Diccionario de la lengua española. Les presento a continuación seis. Que no se inclina a un lado ni a otro, ni hace curvas o ángulos. Línea, trayectoria recta.2. adj. Dicho de un tipo de vestido o de una parte de él: Que es de corte sencillo, sin pinzas, pliegues, etc. Pantalón recto. Falda, manga recta.3. adj. Dicho de una persona: Severa, consigo y con los demás, en el cumplimiento de normas morales y de conducta.4. adj. Dicho del carácter o de la moral de una persona: Justo o severo.5. adj. Dicho del sentido de una palabra o una frase: Primitivo o literal, a diferencia del traslaticioo figurado.6. adj. Anat. Dicho del intestino: Correspondiente a la última porción, que termina en el ano. (Se usa más como sustantivo).

Resto. (De restar).. Parte que queda de un todo. En el juego de pelota y otros deportes, acción y efecto de restar. Dep. En el juego de pelota y otros deportes, sitio donde se resta. En matemática: Resultado de la operación de restar.

El vocablo restos, en plural, se emplea frecuentemente para referirse a los residuos o sobras de comida. Y peor aún para citar a lo que queda de las personas una vez que el espíritu ha volado a lo ignoto: restos mortales.

 

20/3/2021

HIBERNAR E INVERNAR: ¿SON PALABRAS SINÓNIMAS? 

Nuestro idioma tiene su ladito complicado y en ocasiones es preciso centrarse en la búsqueda del intríngulis. Quizá ocasione alguna dificultad determinar la relación semántica que pueda haber entre los verbos /hibernar/ e /invernar/, en adición al parecido fonético que presentan, es decir, son palabras homófonas.

Estos verbos son partes de sendas familias de palabras vinculadas todas al vocablo /invierno/, con el cual se nombra una estación del año. Veamos y comparemos, tomando como base lo que en cada caso señala el Diccionario de la lengua española.

Hibernación. (Del latín hibernatio, onis).1. f. Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas.2. f. En animales, tanto vertebrados como invertebrados, sueño invernal.3. f. Estado semejante a la hibernación de los animales que se produce en las personas artificialmente por medio de drogas apropiadas con fines anestésicos o curativos.

Hibernar. (Del latín hibernare).1. intr. Pasar el invierno, especialmente en estado de hibernación.
Hibernal. (Del latín. Hibernalis).adj. invernal.

Hibernizo, za. De hibierno.adj. p. us. Perteneciente o relativo al invierno.

La voz /hibierno/ que procede del latín “hibernum”, aunque esté en desuso, es equivalente a invierno. Hibierno pudiera ser el vocablo líder entre el grupo de los que inician -hib, y es el que más evidencia el parentesco de este grupo con la voz invierno.Invierno. (De ivierno, y este del lat. [tempus] hibernum ‘[estación] invernal’).1. m. Estación del año que, astronómicamente, comienza en el solsticio del mismo nombre y termina en el equinoccio de primavera.2. m. Época más fría del año, que en el hemisferio boreal corresponde a los meses de diciembre, enero y febrero, y en el austral a los de junio, julio y agosto.3. m. En la zona ecuatorial, donde las estaciones no son apreciables, temporada de lluvias que dura aproximadamente unos seis meses, con algunas intermitencias y alteraciones.4. m. coloq. Ven. aguacero (? lluvia repentina).Invernáculo. (Del latín, hibernaculum).m. invernadero (? recinto para el cultivo de plantas). Está claro que con este vocablo podemos nombrar a esos espacios destinados a la producción de frutos comestibles y que tanto bien han proporcionado a la economía y alimentación de los dominicanos.

Invernada. Estación de invierno. Es el tiempo de las temperaturas muy bajas, de las heladas y de las lluvias excesivas o de las tormentas de nieve, todo según el país de que se trate.
Invernal. Relativo al invierno.

Invernar. (De invierno).intr. Pasar el invierno en un lugar.2. intr. Arg., Chile y Ur. Dicho del ganado: Pastar en los invernaderos.3. tr. Ur. Engordar al ganado con buenas pasturas.
Invernizo, za. 1. adj. Perteneciente o relativo al invierno. 2. adj. Que tiene las propiedades del invierno. Invernadero. (De invernar y -dero).1. m. Recinto en el que se mantienen condiciones ambientales adecuadas para favorecer el cultivo de plantas.2. m. Paraje destinado a que pasten los ganados en invierno.

Efecto invernadero. 1. m. Elevación de la temperatura de la atmósfera próxima a la corteza terrestre, por la dificultad de que se disipe la radiación calorífica, debido a la presencia de una capa de gases, especialmente dióxido de carbono, procedentes de las combustiones industriales y otras actividades.3. m. desus. Sitio a propósito para pasar el invierno, y destinado a este fin.