Cratilo, de Platón: el libro de los nombres

Por Rafael Peralta Romero

  En esta jornada dedicada al pensamiento de Platón en la que el doctor Bruno Rosario Candelier pone a uno a competir fuera de su liga, como se diría en el beisbol, me corresponde comentar el libro Cratilo, original del sabio de Atenas que vivió entre 428 y 347 antes de la Era Cristiana.

Hay libros de los que previo a su lectura, conocemos parte de su argumento, hemos escuchado a otras personas hablar de ellos e incluso podemos haber aprendido alguna frase para citar, pero otros textos nos llegan como la visita que no tocó el timbre, sin referencia alguna. Una experiencia similar, queridos amigos,  me acaba de ocurrir con Cratilo,  una magnífica compilación  de ideas que para mí, hasta hace unos días, permanecía inédita, por no decir desconocida.

Esta obra ha sido desarrollada  a partir de la técnica del diálogo, recurso  mediante el cual la literatura platoniana ha recorrido el mundo y ha marcado su impronta en todas las filosofías, desde la antigüedad griega hasta nuestros días.

He examinado la primera edición, correspondiente a la colección Griegos y latinos de la Editorial Losada, Buenos Aires, 2006. La traducción es obra de Claudia Mársico, quien  además  ha escrito una aguda introducción y las valiosas notas al pie de página.

Las personas o personajes que intervienen en estos coloquios son Sócrates (Atenas, 470 a.C. – id., 399 a.C), Hermógenes  (siglo V a. C., discípulo de Sócrates. Uno de los maestros de Platón),  y Cratilo (un filósofo griego de finales del siglo V a. C).

La cuestión fundamental  se centra en el nombre de las cosas, pero con dos vertientes: naturalismo y convencionalismo. Las conversaciones giran en torno a si la forma de nombrar las cosas y a las personas parte de la naturaleza de esos entes y una presunta relación entre la palabra que los nombra y la esencia de los mismos o si la denominación se produce por una acción racional que es producto de una convención.

Platón empieza por un diálogo  aparentemente trunco entre Crátilo y Hermógenes en el que este último pregunta: “¿Quieres, entonces, que consultemos también a Sócrates, que está aquí, acerca de este argumento?”

Se le plantea el asunto a Sócrates, incluyendo el detalle de que Hermógenes cree que Crátilo se burla de él por la analogía que hace de su nombre. En su respuesta, Sócrates incluye la idea de que  “…el de los nombres no  resulta ser un pequeño tema de aprendizaje”.

Cratilo había  dicho a Hermógenes que ese no podía ser su nombre, dado su fracaso  para la obtención de bienes materiales, ya que Hermógenes  significa “de la estirpe de Hermes”, y esa deidad estaba asociada a la suerte y actuaba  como protectora de la obtención de riquezas. (Mársico, nota 9, p. 85).

Al respecto, Sócrates apunta lo siguiente: “Sin embargo, como antes decía, es difícil saber respecto de este tipo de asunto, así que tras ponerlos en común, es preciso investigar si es como dices o como dice Cratilo”. (p. 85). La preocupación de Hermógenes por el significado de su nombre y lo que al respecto piensa Cratilo, aparecerá de nuevo casi al final del libro. Sócrates le responde: “En rigor, parece que Hermes es algo relacionado con el lenguaje, al menos en un punto, pues al ser hermeneuta (hermeneús), mensajero, artificioso y engañoso en sus argumentos y también comerciante, toda esta actividad es una capacidad basada en el lenguaje. Entonces, como decíamos  también anteriormente, ‘hablar’ (eírein) es utilizar el lenguaje…Por ambas cosas el nominador nos colocó a este dios como si fuera el que piensa el decir, esto es el lenguaje: ‘Hombres, quien pensó el hablar (eírein emésato) podría ser llamado con toda justicia por ustedes Eiremés’. Pero ahora nosotros, embelleciendo el nombre, según creemos, lo llamamos ‘Hermes’” (p.141).

En el fondo está la idea de la “adecuación de los nombres”, de acuerdo con la cual conocer  los nombres permite conocer las cosas. El Cratilo  contradice esa posición y Claudia Mársico, la traductora, asegura que de este modo despeja “…el terreno para el desarrollo de la Teoría de las Formas, señalando que el lenguaje puede servir para mostrar lo real, pero también es habitualmente vehículo para el error”. (p. 11).

Conviene acotar que la Teoría de las Formas  es una cuestión propia  de la filosofía de Platón. Parte  de la existencia de  un mundo de cosas sensibles, (mundo sensible) y otro que no se puede percibir por medio de los sentidos (mundo inteligible) donde habitan las ideas.

En el mundo de las ideas, considera Platón en su obra Fedón,   no existen la dualidad ni el cambio; es el mundo de lo que realmente es. En oposición a éste nos encontramos el mundo sensible, o realidad aparente, la cual es reflejo del primero y en el cual nos hallamos.

Los estudiosos de la filosofía han  estimado que el Cratilo corresponde a la etapa de la transición hacia madurez de su autor, previo a  la escritura de su célebre obra “Política”. Algunos asocian la época de composición de estos diálogos con el juicio que llevó a Sócrates  a la muerte (399 a C.), esto a propósito de la cita de Eutifrón  en el parlamento 396d (pág. 115)  y una segunda alusión en el 399ª (pág. 120).

En la primera de estas intervenciones, Hermógenes advierte que Sócrates  profetiza como los posesos. Sócrates responde: “Realmente, Hermógenes, hago responsable a Eutifrón Prospaltio de que esta sabiduría  me sobreviniera, porque desde el amanecer he estado mucho con él y le presto oídos. Me temo, entonces,  que  estando él poseído, no sólo me haya llenado los oídos de sabiduría demónica, sino que también haya cautivado mi alma. Me parece, entonces, que debemos actuar así: hoy la usamos e investigamos  el resto acerca de los nombres, y mañana, si están ustedes también de acuerdo, la conjuraremos tras encontrar a alguien hábil para purificar estos asuntos, ya sea alguno de los sacerdotes o de los sofistas”.     (pág. 115).

Sin embargo, las conjeturas en torno a este asunto son muchas. Válido es el criterio de que a través de Cratilo Platón critica a otros filósofos y que esta obra guarda conexión con sus libros “Protágoras” y “Fedón”. En resumidas cuentas, el tema de los nombres y en consecuencia, la función del lenguaje para la comunicación, es el asunto predominante en estos diálogos, reforzado mediante la  controversia naturalismo/ convencionalismo.

Hermógenes, no obstante aceptar los razonamientos de Sócrates, no puede convencerse –dice- de que la “…la adecuación del nombre sea otra cosa que convención y consenso, porque me parece que si alguien le coloca el nombre a algo, ese es el adecuado”. (pág. 85).

En el naturalismo cada cosa tiene un nombre,  mientras en el convencionalismo los nombres se consideran parte de procesos más complejos y amplios.

“El nombre es parte del decir, porque los hombres dicen sus argumentos nombrando”, explica Sócrates, quien se vale del método dialéctico para que sus  interlocutores descubran la razón de su argumentación. (pág.93). Veamos este ejemplo:

SÓCRATES: Y al que sabe preguntar y responder ¿lo llamas de algún otro modo que dialéctico?

HERMÓGENES: No, sino que así lo hago.

SÓCRATES: Por lo tanto, la labor del carpintero es hacer un timón supervisado por el piloto, si es que el timón va a ser de buena calidad.

HERMÓGENES: Evidentemente.

SÓCRATES: Y, según parece, la del nominador es hacer el nombre con la supervisión del hombre dialéctico, si es que  va  a imponer bien los nombres.

HERMÓGENES: Eso es.

SÓCRATES: En consecuencia, es posible que no sea algo vulgar, como tú crees, la imposición del nombre, ni propio de varones vulgares ni improvisados”. (pág. 101).

A propósito de estos parlamentos, Claudia Mársico apunta lo siguiente: “Acercándose al corolario del argumento, se plantea que no cualquiera puede poner nombres y se adelanta un punto que  será útil contra el naturalismo: la nominación depende del conocimiento de lo real, de modo que de haber adecuación entre lenguaje y realidad, de todos modos hace falta el dialéctico”. (Nota 35, pág. 101).

Cratilo es un libro clave para conocer el pensamiento de Platón, como para apreciar su particular forma de escribir, con la que atribuye a otros pensadores las ideas que desea expresar sobre el asunto de que se trate: “Es posible, en todo caso, querido Hermógenes, que los primeros que instauraron los nombres no fueran mediocres, sino meteorólogos y hombres sagaces” (pág. 127).

Como lo que he preparado es más un informe de lectura que cualquier otra cosa, en vez de conclusión tiene un final. He invitado a Jorge Luis Borges para que me preste su voz. De su  poema  El Golem, inspirado en el Crátilo, de Platón,  leo tres estrofas. Helas aquí: 

 

EL GOLEM

Jorge Luis Borges

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
Sombra insinúan en la vaga historia,
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.

*Un golem es, en el folclore medieval y la mitología judía, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada (normalmente barro, arcilla o un material similar). Normalmente es un coloso de piedra. En hebreo moderno, el nombre proviene de la palabra “guélem” (גלם, … Es más, la primera existencia del golem se remontaría a los orígenes ..WIKIPEDIA

(Palabras de Rafael Peralta Romero sobre el libro Cratilo, de Platón, leídas en el encuentro del Movimiento Interiorista, efectuado el 17 de junio de 2017, en Santo Cerro, La Vega, Rep. Dominicana).

Clave de sol: estridencias en el “Parque Valle”

Por Segisfredo Infante

    La primera vez que leí la expresión “contaminación sónica”, salió de la pluma de doña Gloria Leticia de Lázarus (QEPD). Hace pocos meses la leí, nuevamente, en una de las columnas de este mismo periódico. Y entonces recordé de inmediato a “Doña Lety”, con quien tuve la oportunidad de conversar varias veces. Ella era una mujer de facciones y modales muy finos, que a veces se disparaba con frases cargadas de humor y luego con cierta incomodidad, sobre todo cuando unos estudiantes de secundaria, que pernoctaban frente a su edificio, evitaban que conciliara el sueño por los ruidos excesivos que producían los tambores de la banda estudiantil. Por cierto que doña Leticia de Lázarus me informó, en cierta ocasión, que nosotros dos éramos parientes. Pero nunca me explicó por qué lado de la génesis humana derivaba nuestro parentesco. Aunque ahora mismo sí lo comprendo.

El caso es que en nuestro tiempo la contaminación sónica es como el pan amargo de cada día, “obsequiado” por personas que no respetan, ni remotamente, el derecho a la tranquilidad relativa de los demás. Los ruidos ensordecedores comenzaron con el “rock-and-roll” pesado de finales de los años sesentas y comienzos de la década del setenta del siglo veinte. En nuestros días el asunto se conecta con el traído y llevado “reguetón”, el cual se escucha, a todo volumen, en los autobuses urbanos e interurbanos; en los taxis; en los almacenes; en los parques; en los mercados; en los vecindarios; e incluso en algunos restaurantes de hoteles de “alta categoría”, en donde se imponen los gustos supuestamente musicales de algunos empleados de tales establecimientos, en perjuicio de los clientes educados que pagan por los servicios a cambio de ser irrespetados al verse en la tremenda circunstancia de escuchar los monótonos y espantosos ritmos. Es evidente que existe y persiste un grave problema de desvalorización transitoria en los valores más íntimos de la humanidad entera; especialmente en los países atrasados como el nuestro.

Un ejemplo específico de lo afirmado, lo hemos venido observando desde hace un par de años en el “Parque Valle” de Tegucigalpa, un pequeño recodo de paz custodiado por una bella estatua, bien cincelada, del pensador y estadista centroamericano don José Cecilio Díaz del Valle. Lo del recodo de paz es una especie de metáfora contradictoria en tanto que unos estudiantes de secundaria se instalan casi todas las tardes (desde el mediodía) par sonar sus tambores y otros instrumentos mal sintonizados. No sabemos a qué colegio de segunda enseñanza pertenecen. Ni tampoco interesa averiguarlo. El problema es que tales estudiantes pareciera que nunca asisten a sus clases, ya que desde los meses de febrero y marzo de cada año pasan ahuyentando a los transeúntes con las estridencias de sus instrumentos hipotéticamente musicales. Inclusive terminan las fiestas patrias y ellos y ellas continúan durante el mes de noviembre y parte de diciembre con sus típicos escándalos tamborileros, produciendo toda clase de contaminación sónica.

Pero es que ocurre que las estridencias afectan a todo el vecindario. En primer lugar porque se instalan frente a la iglesia de “San Francisco” y frente al Museo de Historia Militar (en el viejo “Convento de San Diego”), haciendo imposible cualquier servicio religioso diurno y cualquier conversación histórica o académica. Seguidamente obstruyen la posibilidad de preguntar por el precio de un libro; o por la encuadernación del mismo; porque el ruido ensordecedor de tales “estudiantes” lo impide, ahuyentando a los clientes de varios establecimientos que pagan impuestos. No se puede visitar, además, la estatua del sabio Valle, en tanto que el guía y los posibles turistas estarían imposibilitados para intercambiar preguntas y respuestas. Las autoridades pertinentes debieran encontrarle una solución a este problema que afecta severamente la parte más antigua del casco histórico de Tegucigalpa, en donde los visitantes pasan huyendo de las estridencias ensordecedoras de estos muchachos, sin oficios ni beneficios estudiantiles. Una posibilidad es trasladarlos hacia algún rincón del “Estadio Nacional”. O hacia las laderas del “Birichiche”, donde los verdaderos estudiantes del Instituto Central hacíamos ejercicios físicos a comienzos de los años setentas. No estamos en contra de entrenar, profesionalmente, a las bandas marciales para las celebraciones de las fiestas patrias. De lo que estamos en contra (por quejas de todo el vecindario de la zona) es del uso y del abuso de tales bandas que atentan contra la tranquilidad de la persona humana. Y que van en perjuicio de los verdaderos valores musicales de todos los tiempos. Así que debiéramos neutralizar la tiranía del ruido!!

Tegucigalpa, MDC, 02 de julio del año 2017. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 09 de julio del 2017, Pág. Seis).

Barlovento: búsqueda de “armonía”

Por Segisfredo Infante

      Es uno de los conceptos más interesantes en la música, en la poesía, en la prosa y en las relaciones amistosas. El vocablo “armonía” proviene del latín y del griego, y se relaciona con situaciones simples como el ensamblaje de dos o más cosas diferentes. O con la juntura de piezas de madera o de cualquier otro elemento. Presumo que este concepto podría aplicarse a la política y a la economía, en el contexto de sociedades sobrias, con capacidad de negociar aquello que a veces pareciera innegociable. A propósito de esto hace pocas semanas publiqué un artículo titulado “Sinfonía del despegue económico”, en donde, sin mencionarlo, introduzco por alusión metafórica el concepto de armonía, al señalar que los diversos subconjuntos de una orquesta sinfónica, bajo la batuta de un buen director, se interceptan y se relacionan entre sí, produciendo melodías y armonías hermosas que podrían gustar a todo mundo. Claro está, hablo aquí de sociedades maduras. Y uno de mis sueños es que Honduras logre madurar algún día, cercano o lejano.

Un término conceptual contrario al de armonía es el de “discordia”, con el cual trabajaron varios de los primeros filósofos griegos, presocráticos o preplatónicos; e incluso el mismo Aristóteles, para señalar una cierta duplicidad de las cosas en los procesos de configuración del ser y de los seres. Sin embargo, los pitagóricos estaban obsesionados con el concepto de “armonía”, a pesar que uno de ellos descubrió la “irracionalidad” de la raíz cuadrada del número dos. No se aceptaban, por aquellos remotos siglos, los números “irracionales”. Tampoco los números “imaginarios”.

Sea como fuere a los pensadores maduros de cualquier sociedad, les interesa el bienestar de la mayor parte de ciudadanos. Incluso la posible felicidad. En la búsqueda de este bien supremo del hombre (y de Dios) coincidieron los más importantes profetas del desierto y los más destacados filósofos griegos, entre ellos Sócrates y sus seguidores directos e indirectos. Sin embargo, en los siglos modernos e hipermodernos que corren, a pesar de los avances científicos y de las coincidencias filosóficas y políticas de los grandes pensadores, ha ocurrido que el fanatismo de cualquier índole, la irracionalidad extrema, la xenofobia, el cazabrujismo, las obsesiones ideológicas y el racismo, se han impuesto en las almas de algunos ideólogos y dirigentes, generando deshumanización y desolación en los países, en las naciones y en el planeta entero. El siglo veinte estuvo cuajado de estas desoladoras evidencias, con las resacas consiguientes para el brumoso siglo veintiuno. Hay individuos que a pesar de los profundos desastres de las décadas recientes, originados por sus propias ideologías, siguen empeñados en sus confusiones y “exterminios” ideológicos, infiriéndoles daños a todos los individuos que pretenden mantener una cierta autonomía en sus formas y contenidos de pensamiento, en que a veces los daños son masivos, al grado que terminan despedazando a sus propios seguidores, tal como lo hicieron, sin ningún escrúpulo y rubor, los totalitarismos de extrema derecha y de extrema izquierda, que han sido estudiados por escritores de altos vuelos como Hannah Arendt.

Los obsesivos anti-históricos (que pretenden unilateralizar el pasado histórico) perciben la búsqueda de armonía como un error o un defecto. Cuando se les sugiere la gran posibilidad de una negociación o de una conciliación extrajudicial, por decir algo, la toman, perversamente, como una debilidad de parte del adversario, que debe ser aprovechada para destruirlo innecesariamente. Nunca se les ocurre que al empujar las cosas hasta las últimas consecuencias, se meten en un pantano o en un callejón sin salida. Las sociedades inmaduras producen hombres y mujeres inmaduros, incapaces de negociar; o enemigos jurados de la armonía encaminada a la búsqueda del bien, de griegos y troyanos.

Nosotros somos de la opinión que si en un conflicto existen las más mínimas posibilidades de negociar, hay que aprovecharlas al máximo, honrando los acuerdos escritos o hablados, porque “la palabra” debe ser respetada. No hay que pasarse de listos creyendo, con falsas lógicas, que los demás son meros ignorantes. Por ejemplo, cuando un dirigente político (léase impolítico) dice que nunca va a respetar los papeles públicos que él mismo ha firmado, se deduce de inmediato que tal individuo es incapaz de respetarse a sí mismo, y que en consecuencia lógica se encuentra dispuesto a irrespetar a todo mundo, incluyendo a sus más cercanos seguidores. Un individuo de tal naturaleza es altamente peligroso para la sociedad hondureña y para cualquier sociedad. Incluso es peligroso para el otro dirigente político titiritero (que también se las pasa de listo), que presume que tiene amarrado a su muñeco transitorio, por siempre. Los dos se están engañando el uno al otro, en una extraña mezcla de “anticomunismo” y de “izquierdismo” fingidos. En este punto vuelvo a subrayar que lo correcto es la línea virtuosa y valiente del “justo medio” entre dos extremos, que hace más de dos mil trescientos años sugirió el filósofo Aristóteles, a fin de evitar los excesos y los defectos que provienen de la irracionalidad “animal” y “vegetal”. Es la misma línea moderada que buscaba el gran estadista don José del Valle.

Tegucigalpa, MDC, 02 de julio del año 2017.  (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 06 de julio del 2017, Pág. Cinco).

 

Diálogo con Goethe

Por Segisfredo Infante

Al fin he decidido, después de tantos años, comenzar a hojear una especie de voluminosa biografía de Johann Wolfgan von Goethe (1749-1832), escrita por Peter Eckermann. Quizás lo hago por tres razones: La primera es que se trata de uno de mis escritores más respetados y queridos desde que era un muchacho. No recuerdo si de mi primera o de mi segunda juventudes. (La segunda juventud es la de los años veintes, de cada individuo más o menos racional). Otra razón entra en ligamen con mi actual estatuto otoñal, cargado de problemas de salud y de otras falencias concomitantes, que me conllevan a observar la vida y el mundo desde una perspectiva amplia, rica pero trunca, bastante análoga a la del señor Goethe, en una extraña mezcla de optimismos y profundos desencantos. La tercera razón consiste en que desde mi punto de vista personal,Goethe era un filósofo diríamos que genuino, que nunca desarrolló ninguna teoría filosófica, ni mucho menos un sistema cerrado, por haber “caído” atrapado en los brazos encantadores de las musas literarias, especialmente de la poesía, la novela y el teatro, con el mayor de los éxitos posibles. Un clásico moderno en el pleno sentido del término.

Decía el controversial don Miguel de Unamuno que hay cosas que “de puro sabido se olvidan”. Tal pareciera ser mi casocon el gran escritor alemán. Digo “pareciera” en tanto en cuanto he citado su nombre en veintenas de artículos y ensayos a lo largo de mi azarosa y a veces precaria existencia. Incluso lo mencioné, de la mejor manera posible, en un artículo bastante dubitativo relacionado con un libro del filósofo español-estadounidense contemporáneo, ya fallecido, don George Santayana, que en inglés lleva por título: “Three Philosophical Poets: Lucretius, Dante, and Goethe”. De los tres grandes poetas trabajados por Santayana, sólo el señor Goethe me parece un filósofo desperdiciado, en tanto que nunca pudo liberarse del canto de las musas y sirenas, y de cierta tendencia cientificista, que es más propia, que quede constancia, de los epistemólogos que de los literatos. En cuanto a Santayana deseo subrayar que me unen algunas cosas esenciales con este filósofo norteamericano-español, que supo imprimir realce a una especie de edad de oro en la filosofía de la Universidad de Harvard, en una sociedad por demás admirable, que hoy por hoy pareciera como lejana de todo pensamiento trascendente de alcance universal. Pero este es un tema que he conversado conmis amigos Josué Danilo Molina y Wilder Guerrero.

A propósito de diálogos recuerdo haber conversado muchas veces sobre la obra principal de Wolfgan von Goethe,con mi gran amigo (casi mi maestro natural y padre adoptivo) el poeta y ensayista ya fallecido don Roque Ochoa Hidalgo. De lo primero que conversamos, en repetidas tardes de vino, café y música clásica, fue de la bellísima novela “Los trabajos del joven Werther” (1774), una novela de juventud goetheana. Después nos detuvimos a analizar los momentos más profundos de la obra dramática “Fausto”, publicada por el autor en dos partes. Al “Fausto” conflictivo siempre retornaré, en tanto que el padre YAVÉ y la salud  me lo permitan. Frente a Roque Ochoa Hidalgo, que era un hombre maduro y entrado en años, mientras yo era un simple muchacho, asumí, por respeto y por prudencia, la actitud socrática de casi no saber nada de nada, especialmente en lo que concierne a los filósofos existencialistas y de la “existencia”. La misma actitud que asumí, recientemente, en una humilde charla sobre la vida enigmática y la posible obra de Sócrates, frente a un grupo de invitados de varias logias masónicas respetables, y de amigos y parientes católicos cristianos (y de algunos agnósticos) de Tegucigalpa.

Mis diálogos indirectos con el autor del “Fausto” y de cierta teoría de la luz, casi nada tienen que ver con el libro “Conversaciones con Goethe” del erudito Eckermann, pues apenas he comenzado, lo repito, a hojear su voluminoso texto, aunque siempre lo he tenido cerca de mis manos. Supongo que de haberlo conocido en forma personal me hubiese ocurrido la experiencia del poeta, judío-alemán, Heinrich Heine (1797-1856), que se puso nervioso por nunca encontrar la mejor manera de iniciar una conversación con el genial Von Goethe, quien era respetado por el mismo filósofo Guillermo Hegel. Imagino que tal nerviosismo y timidez domesticada podría ocurrirme de presentarse la ocasión de conversar con el filósofo y filólogo actual don Bruno Rosario Candelier, y su grupo de amigos interioristas. He aquí mi primera grada en dirección al pensamiento poético y dramático de Johann Wolfgan vonGoethe, como también la coloqué sobre el tema del “Barroco”.

Tegucigalpa, MDC, 21 de mayo del año 2017. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 28 de mayo del 2017, Pág. Seis).

Bruno Rosario Candelier y su dimensión continental (anotaciones rápidas)

Por Segisfredo Infante(*)

   En algún ensayo he expresado, en forma quizás atrevida, que mi reino es el reino de los libros impresos, en tanto que sus páginas condensan el espíritu universal, en las esferas abstractas y concretas. Esta idea más o menos virreinal se encuentra entrelineada en las antiguas escrituras bíblicas, y de algún modo en el pensamiento hegeliano; como entrelineadas se encuentran, en este brevísimo discurso, las concepciones filosóficas ratiovitalistas, hoy personalizadas. Por eso en el marco del libro concreto he comenzado a leer la obra impresa del doctor don Bruno Rosario Candelier; por lo menos aquellos de sus formidables textos que hasta este momento he tenido a mi alcance.

Creo que un primer libro suyo que llegó a mis manos, el 18 de septiembre del año 2016, desencadenó en mi espíritu una sutil emoción cargada de extraña alegría, al enterarme que en alguna ínsula de América Latina se hablaba y escribía sobre Metafísica, como parte de la gran Filosofía, sin ningún prejuicio y sin ningún rubor. Me refiero al luminoso libro “Metafísica de la conciencia; el logos en la pantalla del cosmos”, escrito por “Don Bruno”, y publicado por la editorial “Ateneo Insular”, que he compartido con algunos de mis amigos del Grupo de Estudio y Reflexión “Kurt Gödel”, en Tegucigalpa. A la par de este libro inusitado, o casi inmediatamente después, tuve entre mis manos “El logos en la conciencia; lenguaje, conceptualización y creatividad” (del año 2010). Igualmente “La Mística en América; contemplación, poesía y espiritualidad” (también del año 2010), uno de los mejores textos que he leído sobre mística poética; y otros volúmenes interioristas relacionados con la pluma de nuestro escritor abordado, y con las plumas de la pequeña constelación de sus buenos amigos y colegas identitarios.

He declarado en mis escritos, en varias oportunidades, que soy lento para leer, digerir y escribir Filosofía. Como quizás (pero sólo quizás) soy rápido para escribir, más o menos sobre la marcha, cuestiones periodísticas, de estructura y de coyuntura. Sin embargo, en una primerísima aproximación a la obra filológica y filosófica de los quehaceres meditativos de “Don Bruno”, puedo conjeturar que por dentro de su discurso subyace una especie de “razón poética” poderosa e inmarcesible, y emparentada, quizás directa o indirectamente, con la “razón poética” trabajada durante décadas por la filósofa española doña María Zambrano. Creo que es un nexo interesante que he encontrado en estas primeras y tímidas aproximaciones, aun cuando tal vez se trate de un nexo apenas entrevisto e inconsistente de parte mía, desde el punto de vista de la lógica del discurso respectivo de ambos escritores. Porque en primera instancia he encontrado un lenguaje hermoso y exuberante en la prosa de don Bruno Rosario Candelier, en su exquisito libro “El logos en la conciencia”, que es difícil de parangonar con otros escritores en lengua castellana. Sobre todo por la carga lírico-filosófica de sus conceptos y nociones. Seguidamente hay sobriedad categorial, al margen del lirismo, en su libro aludido “Metafísica de la conciencia” (2016). A lo que habría que añadir que he comenzado a sumergirme en el mundo místico de la poética interiorista en sus diversos momentos: el prehispánico, el castellano, el dominicano y el americano en general, en varias lenguas, por mediación de un conjunto de poetas mayormente desconocidos en Honduras, habida cuenta que en mi terruño suelen circular (con muy raras excepciones) antologías poéticas nacionales y extranjeras, varias veces excluyentes, agrupadas con estándares sociológicos y políticos, dejando por fuera a poetas y narradores de gran profundidad interior, ligados tal vez al quehacer metafísico. Naturalmente que hay escritores hondureños importantes, de distintas tendencias y estilos, sobre los cuales me gustaría hablar, positivamente, en otro momento.

En este punto debo confesar que sin darme por enterado, había previamente compartido con “Don Bruno”, la idea especial que en el ánimo del Hombre pensante coexisten condiciones físicas y metafísicas, ya sean producto de los “efluvios universales”, de la herencia biológica o de creaciones históricas del Hombre mismo, concebido como individuo y como colectividad. Al respecto pronuncié un brevísimo discurso, excesivamente breve,  en Santa Rosa de Copán (una ciudad del occidente de Honduras), el jueves 14 de julio del año 2016, titulado “Física y Metafísica de la Luz”, al momento de presentar por primera vez mi libro “Fotoevidencia del Sujeto Pensante” (septiembre del año 2014); un libro de filosofía especulativa, con algunos giros epistemológicos. El discursito aludido copaneco fue publicado en la Revista Histórico-Filosófica “Búho del Atardecer” número nueve, de agosto-septiembre del año 2016, página tres, que he traído a Ustedes.

Dentro de una perspectiva abarcadora, desprejuiciada, es sugerible que un buen día, sea lejano o cercano, detengamos nuestras miradas de lectores impenitentes sobre algunos conceptos e ideas claves que se sustentan en la obra de don Bruno Rosario Candelier, tales como el concepto de “logos”, o como el concepto de “numen”, que se remontan a los orígenes de la filosofía y del pensamiento griegos. Así como también sobre sus nociones y frases conceptuales como “energía divina”, “conciencia”, “energía metafísica del universo”, “creatividad”, “mística”, “revelaciones”, “verdades metafísicas”, “energía erótica”, “interiorismo”, “creación teopoética”, “animicultura” y “energía lingüística”, que son como constantes de su pensamiento propio, filosófico-metafísico, por aquello de los neologismos y de las expresiones recargadas con nuevas afinidades semánticas. Y sin cuyas conceptualizaciones sería poco menos que imposible comprender el discurso candelariano. Como asimismo se traduciría en una especie de afán improductivo el hecho de leer e interpretar la poesía interiorista hispanoamericana (vieja, nueva y reciente), sin intentar comprender, previamente, ese hermoso lenguaje candelariano antes aludido.

Como si se tratara de un pie de página indispensable, tengo la impresión que don Bruno Candelier es uno de los más importantes pensadores de la América Latina actual, en los terrenos filológicos, filosóficos y poéticos. Por eso, forzando las analogías, podría arriesgar la hipótesis que la dimensión de “Don Bruno” sólo es comparable, en este momento histórico, con la del filósofo y fenomenólogo colombiano don Germán Vargas Guillén, sin perder la óptica que ambos escritores son muy diferenciados entre sí, tanto por los senderos bifurcados semi-borgeanos que ambos transitan, como por los lenguajes respectivos que les caracterizan. Siempre en la noción del pie de página quiero agradecer a “Don Bruno” por citar, en alguno de sus renglones, un artículo mío, y por mencionar el título de mi libro “Fotoevidencia del Sujeto Pensante”. Como igualmente agradezco, en grado sumo, a la venerable Academia Dominicana de la Lengua”, por invitarme a Santo Domingo. También agradezco, humildemente, a mis correligionarios políticos de Honduras, por auxiliarme en forma indirecta en este viaje.

Este es el momento preciso para subrayar otro agradecimiento, infinito por cierto, que trata de mi incorporación como miembro correspondiente a la Academia Dominicana de la Lengua, hecho extraordinario que me honra, más allá de lo pensado, y me convierte en un ciudadano por adopción, de la República Dominicana, un país con el cual mi deuda moral, e intelectual, habrá de ser permanente. Mil gracias a todos Ustedes, que son tan finos conmigo.

Por último he venido a Ustedes, queridos amigos e intelectuales dominicanos: académicos, pensadores, poetas y narradores de ambos sexos, con un libro de filosofía especulativa: “Fotoevidencia del Sujeto Pensante”. Y con tres libros de poesía bajo mis alas. Me refiero a “Paciente Inglés; reflexiones en el cine”; “De Jericó, el relámpago”; y “Correo de Mr. Job”, para compartirlos brevemente, en la medida de lo que sea posible. Sospecho que en alguna fecha remota mis andanzas librescas, y espirituales, serán más detectables en los anaqueles de República Dominicana, en el Estado de Israel y en la Biblioteca del Congreso en Washington, que en los archivos fragmentarios de Honduras, mi dolorosa “tierruca amada”, tal como lo diría el escritor uruguayo-hondureño, ya fallecido, don Oscar Falchetti. ¡¡Bendita sea la tierra de don Pedro Henríquez Ureña, don Bruno Candelier y de todos Ustedes!!. (S.I.).

Santo Domingo, República Dominicana, viernes 23 de junio del año 2017. En las instalaciones de la Academia Dominicana de la Lengua.

            (*) Breve discurso pronunciado por Segisfredo Infante en la “Casa de las Academias” de Santo Domingo, República Dominicana, en el “Homenaje” de ingreso como miembro correspondiente a la Academia Dominicana de la Lengua, con la asistencia de los académicos de número, de los integrantes del Grupo de Escritores Interioristas y del “Ateneo Insular”. El texto se publicó en el suplemento “La Tribuna Cultural” de Tegucigalpa, del diario La Tribuna, el domingo 09 de julio del 2017, bajo la coordinación de Juan Ramón Martínez.

Entrevista a María José Rincón por Pinky Pintor

José Enrique Pintor (Pinky Pintor) es un reconocido director y productor de cine y televisión y ejecutivo de medios de comunicación. Es el director corporativo de producción del Grupo de Medios Electrónicos Corripio (canal 11, canal 39, canal 2 y la emisora 95.7) y su productora ha participado en los proyectos audiovisuales más importantes de los últimos tiempos.

José Enrique Pintor: María José, ¿Qué hemos heredado (en el ámbito de la lengua) de la cultura taína?

María José Rincón: Realmente en la lengua, las partes que se hereda de la cultura taina serían las palabras, fundamentalmente los vocablos. Los vocablos indígenas van perdiendo cada vez más vigencia. Muchos de los vocablos indígenas que tenemos en el español no podemos distinguir si son tainos o son pertenecientes a otras lenguas del área, porque había una familia de lenguas en el habla. Muchas veces no decimos términos tainos, sino términos antillanos, porque no sabemos distinguir si son de una lengua o de otra, pero sí, fundamentalmente son las palabras y, además tiene la importancia de que las palabras tainas fueron las que entraron al español como prestamos indígenas y, por tanto, con el español adaptado se fueron moviendo en toda América y a lo largo de otros países y otras lenguas. Eso quiere decir que son los indigenismos que más disfunción tienen en la lengua española.

JEP: ¿Cuál es la característica del español hablado en República Dominicana?

MJR: La primera característica es el rango fonético, que es relativo a la pronunciación, y lo más importante de eso es que ningunas de las que tenemos es propia de nosotros, exclusiva de nosotros; sino que la compartimos con otras variedades del español americano.

El seseo fundamentalmente, que es una distinción entre los fonemas “s” y “c”. Es la relajación de las consonantes en posición final de silabas. Es eso que nosotros decimos “comernos la “s” al final de la silaba”. Ese es otro rasgo característico.

Otro interesante y también muy antiguo es la aspiración de lo que decimos la “h”, pero realmente es la aspiración de la “f” inicial que aquí se mantiene. Eso vino ya como rasgo del español que llegó aquí, solo que aquí se mantuvieron, en otros sitios se han perdido. Esos son los rasgos fundamentales.

JEP: Todos son fonéticos.

MJR: Fundamentalmente fonética.

Morfosintaxis, o sea, lo que es la gramática es muy poco permeable a los cambios. El rasgo fundamental está en la supresión de la segunda persona del plural en el tratamiento. Nosotros no decimos “vosotros”, usamos el pronombre de segunda persona en plural y tampoco usamos la forma verbal que corresponde con esa segunda persona del plural. Entonces, nuestro sistema pronominal y  nuestro sistema verbal se han visto reducidos en una de las formas. Es lo que en otras áreas del español ha llegado al voceo.

Ese es el único rasgo morfosintáctico decolado, es decir, generalizado en todo el español dominicano. Y el léxico fundamentalmente es nuestra gran personalidad, porque ahí es donde sí es un sistema abierto en el que podemos mostrar creatividad.

JEP: ¿A qué entiende que se debe el estilo popular del habla del dominicano?

MJR: Lo del estilo popular creo que es sesgada, porque se llama estilo popular a la forma coloquial de hablar, pero también hay una forma formal en el dominicano. Es un cambio de registro, lo que pasa es que quizás por nuestro carácter, por el carácter del país, por el carácter de la gente el estilo coloquial se extiende a circunstancias que en otros países, en otro contexto, en otras sociedades no utilizaría ese estilo coloquial. En el español dominicano hay los dos estilos: el coloquial y el formal, si lo queremos decir así. Quizás nosotros nos permitimos el coloquial en una amplitud de situaciones, es decir, nosotros somos menos formales a la hora de hablar, pero tenemos los dos estilos.

JEP: El dominicano es creativo con su lengua. Se inventa expresiones y palabras.

MJR: Sin duda, todos los hablantes son creativos. El dominicano es creativo porque la lengua española le permite ese rango de libertad a la hora de crear nuevos términos, pero al mismo tiempo porque suma esa misma influencia de los términos indígenas, pero también de los términos africanos y los préstamos de otras culturas. Incluso de los mismos términos patrimoniales de nuestra lengua que lo vamos mesclando, sumando y vamos creando nuevas palabras que nunca habían existido, pero que se hacen de uso común de todos los hablantes y, por lo tanto, pasan a formar parte del acervo. Sin duda la creatividad es extraordinaria.

Yo estuve consultando el diccionario de americanismos y sacando numeritos encontré dos mil acepciones que están marcadas solo de usos dominicanos. Son dos mil en exclusiva. Es difícil tener ya algo en exclusiva en una comunidad de quinientos millones, pero nosotros lo tenemos.

JEP: ¿Qué influencias externas tiene el dominicano a la hora de adoptar palabras o estilos en el habla?

MJR: Esa es una tendencia general de la lengua, el adoptar palabras de otros idiomas para contextos nuevos o a veces por desconocimientos de las que se tienen en el propio.

Nosotros tenemos un grupo fundamental de préstamos: los históricos, que son esos que hemos hablado, que son los indígenas y los términos africanos.

Hay otra parte de una historia más reciente, que es el préstamo haitiano. Eso está poco estudiado, pero lo tenemos y ya de forma más cercana, sobre todo, entre el siglo XX y siglo XXI fundamente el préstamo del inglés. Hubo una época de cultura en que fundamentalmente era el francés y eso ha dejado sitio a los anglicismos. Esas son las principales influencias para el español dominicano y no solo para el dominicano, sino para el español en el mundo.

JEP: ¿Hablan de forma distinta en distintos lugares del país? ¿A qué se debe?

MJR: Hay mucha teoría sobre eso y muy poco estudiando aún. Nos falta gente que tenga ganas de investigar todo eso que está pendiente, pero ya desde Pedro Henríquez Ureña se planteó una zonificación del país, fundamentalmente la división fue norte-sur, se hablaba del valle del cibao. Hay característica del cibao dentro de la República Dominicana que son propias del cibao y, además, que sí son casi exclusiva del país; esa famosa “i” cibaeña. Henríquez Ureña achacaba eso a que el cibao era un valle en ese entonces aislado todavía, con pocas comunicaciones y que, por lo tanto, había desarrollado rasgos que no se compartían con el resto del país. Eso es históricamente.

Después siempre se habla de unas series de rasgos que se manifiestan más o menos. No hay nada distintivo, la diferencia está en el grado. Por ejemplo, un rasgos que también es propio nuestro es la inseguridad a la hora de pronunciar la “l” o la “r” en esa posición final de silaba, define mucho si eres de una zona u otra del país. Es una cuestión de grados.

JEP: ¿Podemos estar orgullosos en cuanto a la forma de hablar del dominicano?

MJR: Debemos sentirnos orgullosos. Nuestra lengua es rica, nuestra aportación a la lengua española en la parte que a nosotros nos toca dentro de esa gran comunidad es una aportación rica, creativa y de respeto. El problema está que para que los hablantes valoren su propia variedad lingüística y la defiendan; la formación de la lengua española debe ser muy importante. Ahí es que siempre tenemos un gran obstáculo para ese desarrollo del orgullo por nuestra propia forma de hablar y por nuestra variedad lingüística.

Tenemos una variedad lingüística de la que tenemos que estar orgullosos, el problema es que si no nos forman como buenos hablantes, capaces de usar de una forma correcta esa variedad lingüística y a valorarla, nunca nos vamos a sentir orgullosos, porque el orgullo es algo que se inculca con el conocimiento. Si no conocemos de lo que tenemos que sentirnos orgullosos, jamás lo vamos a valorar. Con la lengua española pasa mucho.

JEP: ¿Qué influencia tiene la forma de hablar en los otros ámbitos artísticos?

MJR: Es mucho generalizar, pero sí es verdad que en literatura lo que se hace mucho es adaptar el lenguaje que se usa al personaje que lo está usando. El hecho de que se permita que aparezcan personajes en lo que su propia característica ese estilo coloquial de hablar, ese registro a la hora de usar el lenguaje da acceso a ese tipo de lenguaje a la novela. El reto está en que un autor llamado culto sea capaz de manejar ese registro.

Yo creo que el pistoletazo de salida para eso lo dio La maravillosa vida de Oscar Wilde, en el que el registro es el principal personaje de la novela y creo que muchas de nuestras novelas estarían incluidas. Si eso refleja al personaje, si eso refleja la historia, el ambiente es correcto. Lo que no debe hacerse es porque esa sea la única aportación interesante de la creación. Siempre el registro coloquial es más rico que el formal, siempre es más variado, siempre es más juguetón, da más posibilidades de crear. El formal siempre está restringido a una serie de códigos que lo limitan mucho, quizás por eso es rico.

En nuestra literatura histórica se usa el registro coloquial, pero en nuestra literatura histórica se trabaja más con las diferencias de registros, por ejemplo, ciudad rural, ámbito de la ciudad, ámbito de lo rural. Pongamos a nuestros cuentos tradicionales. Siempre el personaje campesino es el que aportaba esa nota de color local. Ahora lo que se busca es las diferencias de registros sociales y culturales, porque el personaje dejó de ser campesino contra ciudad para ser distintos estrato dentro de la misma sociedad ciudadana.

JEP: ¿El dominicano tiene palabras “únicas” para ciertas cosa, ¿Por qué y de dónde nacen?

MJR: Eso en lengua es muy difícil de decirlo, sobre todo ahora, porque las palabras no están quietas, ni se atienen a fronteras, ni a límites, ni a barreras políticas, ni de ningún tipo. Yo me atrevo muy poco a decir que tenemos una palabra en exclusiva, pero sí tenemos algunas.

Fíjate ayer estaba mirando y, por ejemplo, “enllave” o “enllavar” en el sentido que lo decimos son dos verbos muy peculiares nuestros y parece que son muy exclusivos nuestros. Probablemente eso tenga un límite temporal y alguien lo adopte por ahí y se van a llevar a ser patrimonio de otros hablante. Siempre hablamos del “concón”, “concho”, “chin”, “mangú”, uno que era de nuestro patrimonio y es un afronegrismo que era la bachata, dejó de serlo. Eso es un orgullo, son palabras que aportamos. Cuando uno crea obras nuevas, exporta también la palabra como la obra, cuando tú produces préstamos para otras zonas quiere decir que estás creando.

Lo que pasa es que eso no ha sido creado. Es una forma reducida de una expresión cotidiana. Ha sido creado desde que el hablante lo dice. El hecho para que una palabra exista es nada más que se produzca y que se generalice el hecho por los hablantes. Otra cosa es que si nosotros la hemos creado, nos la hemos inventado desde cero o simplemente es derivada de otra. Yo tengo un caso muy peculiar, que es la expresión dominicana muy juvenil, muy coloquial, que es “un tro” refiriéndose a mucho. La gente piensa que “un tro” viene del inglés “truck”, otros dicen que es del francés. Pero no, el “tro” es un arcaísmo.

Para ejemplificarte lo difícil que es decir que una palabra es solo nuestra o que una palabra es un préstamo hay que hacer todo un ejercicio de estudio de una lengua en una palabra tan sencilla como “tro”.

Este “tro” juvenil que todo el mundo le critica tanto a nuestros jóvenes, no es nada más que un arcaísmo que viene desde los orígenes patrimoniales del idioma, que es el “tro”, que era el lugar donde se almacenaba el grano cuando se recogía y aquí se traslada, se mantiene en el lenguaje campesino. Esa cultura nos queda tan lejos a todos, que vamos perdiendo las palabras, sin embargo, la palabra sobrevive en la boca de nuestros jóvenes y sin saber lo criticamos porque creemos que es un préstamo del inglés o del francés. La palabra “tro” es dominicana por su aplicación, por su uso, por su registro, pero el noventa por ciento del léxico del español es compartido entre todos. Una breve onda en el océano del lenguaje es lo diferente, por eso podemos seguir la conversación aunque seamos de distintas variedades.

Santo Domingo, ADL, 29 de junio de 2017.

Presentación del poeta hondureño Segisfredo Infante

Por Manuel Núñez

   Para la academia dominicana de la  lengua es un alto honor recibir al poeta y escritor Segisfredo Infante (1956). Miembro de número de la Academia de la lengua de Honduras,  miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española, y quien, además, ha sido honrado como miembro de número de la Academia de Geografía e Historia de Honduras. Periodista, historiador, poeta, editor de la revista Caxa Real. En su país obtuvo el premio Nacional de periodismo Froylán Turcios. Su prosa ha sido recogida en las obras siguiente: Un homenaje y cinco presentaciones (1991), Los alemanes en el Sur (1993),  El libro en Honduras (1993), Pesquisas literarias (1993), Foto evidencia del sujeto pensante (2014). Espulgar en las procelosas prosas de este polígrafo resulta indispensable para describir las menudencias de su pensamiento.

Como poeta ha publicado las obras siguientes: Antinomias de café (Tegucigalpa, Colección Conejo 18),  Paciente inglés (Tegucigalpa, Universidad Nacional de Honduras, 2001),  Correo Mr. Job (Tegucigalpa, Editorial Universitaria, 2005),  Del Jericó, el relámpago (Tegucigalpa, E. Universitaria, 2005).

A lo largo de su vida, el señor Infante ha recibido diversos reconocimientos. Quiero destacar el que le concedió el gobierno español que le otorgó la Orden al Mérito Civil el 2 de diciembre del año pasado, entre otras distinciones.

Como pensador Segisfredo Infante ha hecho en sus prosas una descripción de los males que aquejan a su país, y de lo que ha sido el recorrido del pensamiento en Hispanoamérica. Hemos pasado de una desgarradora lucha por establecer la naturaleza de nuestra identidad. En el caso  especialísimo de Honduras, donde confluyen la aportación indígena, española y africana las batallas verbales han sido encarnizadas. Hay que anotar que, además, de las variopintas conformaciones raciales, las diferencias culturales, lingüísticas pertenecientes a los distintos grupos de lo que constituye el Estado de Honduras, nos tropezamos con torpes interpretaciones que quieren deshacer el estado de cosas; el resultado histórico. Sobre ese aspecto hay enjundiosas reflexiones en las investigaciones de Marvin Barahona,  Evolución histórica de la identidad nacional, (Tegucigalpa, Editorial Universitaria, 1991) y en Linda Newson “la población indígena bajo el régimen colonial” (Mesoamérica, 9) basándose en exámenes antropológicos, análisis de las proporciones demográficas de grupos  del país. En su faena de historiador, Segisfredo Infante ha metido el escalpelo en estos intríngulis, y en gracia de esclarecer ha escrito no pocos ensayos. A saber: “Cultura y Mestizaje en Choluteca”. En: Presencia Universitaria, 20, 146. Pero lo que resulta verdaderamente esclarecedor es que Segisfredo ha evitado las trampas de estos debates que han servido para que una porción de la población del país se sienta víctima de la otra.

En lo que toca a las guerras de pensamiento, venida  tras estas luchas por la identidad luego de nuestras independencias, que fue el combate al  sistema capitalista, representado por el advenimiento de una clase política e intelectual seducida por la destrucción del sistema y por la implantación del sistema que los socialistas tenían en sus cabezas, de cuyos resultados catastróficos tenemos abundante cosecha. En el Libro Negro del Comunismo, dado a la estampa en 1997, por un conciliábulo de historiadores encabezados por Stephane Courtois,  Nicolás Werth, Jean Louis Panne, Karel Bartosek y otros importantes historiógrafos se subrayan con pelos y señales todo el horror vivido por ese totalitarismo.

El libro había retomado el informe escrito por Ilya Ehrenburg y Vassili Grossman en 1947, en la antigua Unión Soviética. Para implantar esas utopías se  hizo pasar a todas esas poblaciones por el experimento de las horcas caudinas de las grandes hambrunas, los campos de trabajos forzados,  en esas faenas murieron entre 75 a 85 millones de personas, y la indagación incluye a la antigua Unión Soviética, Europa del Este, China, Vietnam, Camboya y el resto del mundo socialista. Todo ese debate se halla presente en las prosas de Infante, y sobre esa pilastra esencial que ha sido el gran desafío de estas generaciones, Segisfredo Infante  ha roto todas sus lanzas por la democracia, aun cuando no era la moda defenderla y aun cuando ante la montaña de escombros, todavía hay personas, socios ideológicos de esos ideales,  que reclaman el derecho a seguir experimentando e idealizando los horrores vividos.

En esos  debates copiosos  ha participado Segisfredo Infante. Su prosa sigue a pie juntillas el pulso mental en el que ha vivido sus país. Tras deslindarse muy clamorosamente por cierto,  de aquellos intelectuales de su país que vivieron en esas arenas movedizas de lo que Raymond Aron llamó el opio de los intelectuales, Infante acompaña a la intelectualidad hondureña a los claros del bosque, y así llegamos a este banco de nieblas, que se ha llamado postmodernidad,  Que se inspira de las grandes transformaciones de la poesía, venidas de las vanguardias, transvanguardias, la beat generation estadounidense y las remociones estilistas aportadas por los grandes precursores de la poesía hispanoamericana: Octavio Paz, Nicanor Parra, Oliveiro Girondo,  César Vallejo y otros eminentes poetas.  Infante hace el distingo entre dos vertientes:

  • “una posmodernidad que intenta negar todas las herencias intelectuales del pasado;
  • otra posmodernidad emparentada con la semiótica, el vitalismo y la fenomenología, que sabe distanciarse con prudencia de todos los dogmas cerrados, unidimensionales, sin negar para nada la importancia histórica e intelectual de los sistema de pensamiento elaborado a lo largo y ancho del sinuoso devenir de las grandes civilizaciones humanas (El paciente inglés, pág. 10)

En esos laberintos mentales ha vivido Infante.

La poesía de Segisfredo Infante

Segisfredo Infante es uno de los mayores poetas hondureños. Al leer sus libros notamos paladinamente los elementos que constituyen la calidad literaria de la poesía.

En primer lugar, el ansia de innovación lingüística y estilística. En  su poemario  “El paciente inglés” el poeta se inspira de la dicción y de los personajes del teatro, para, impregnado de estas libertades, transformar su propia poética. He aquí una muestra clamorosa:  

Hablo y nadie me escucha

Ni siquiera el autor de la novela

Que hizo de mí, de estos despojos

Un personaje a medias

Soy un Lawrence de Arabia, con sus siete pilares

Un conde transilvano. Un falso espía

Que ha sido como nadie difamado

Sólo sé del amor y de arena

Solo seremos polvo y solo polvo

 La riqueza interpretativa de sus versos, donde se hace acopio de los debates, las ideas, las controversias y los remezones de este mundo ancho y ajeno. En Míster Job, el poeta simboliza las libertades y reencarnaciones del actor que  representa, y sumergiéndonos en las miríadas interpretativas:

Yo pregunto a la brisa de Yahvé, inconstante:

¿Quién es aquel que pulula en la energía más negra que bordea el Universo de cascaras indecisas?

¿Es el Bien o es el Mal?

¿Hacia dónde la energía nos empuja?

He aquí que nosotros escuchamos el sonido  imperceptible de la nada

Más allá del huevo material

Rodeado de un vacío inexplorado.

Comparto ese dolor. Ese misterio

De hombre pequeñito

En los mares gaseosos del abismo.

  • En su libro  De Jericó, el relámpago Segisfredo Infante centra la renovación del poema en su capacidad para reformar la percepción de la realidad, enriqueciendo sus posibilidades expresivas. He aquí un espécimen extraído de este poemario.

 

CUARTA PARTE (B)

El mar. He visto el mar.

El Mare Nostrum.

El mar es imposible.

Por imposible hermoso.

El mar es parecido al vaivén del  Poema

o al quejido de un barco de madera.

Extraviado en la noche. 

Hace treinta años vino al país el poeta hondureño Roberto Sosa (1930-2011).  En 1976, todavía me hallaba en el bachillerato, asistí entonces a la lectura que hizo en la Biblioteca Nacional, de dos de sus libros más importantes: Un mundo para todos dividido  y  Los pobres. Era en aquel momento, fornido, calvo, con el pelo entrecano. Se parecía increíblemente a Nicolás Lenin, y en gracia de ese parecido adoptó, según consta en las fotos postreras, la gorra de los jefes del soviet y se dejó una perilla, que, lo emparentaba con León Trotsky. Su poesía descarnada, sin floripondios era muy parecida a  los poemas Hans Magnus Enzensberger o a la poesía sentenciosa de Heberto Padilla. En una reunión de academias de la lengua en Colombia, supe que había fallecido de un infarto fulminante.  Hoy tengo la suerte de conocer la obra de Segisfredo Infante, que se ha libertado de todas las mancuernas ideológicas que atenazaron a esa generación y nos trae las claridades, la riqueza mental, la desazón y la esperanza del mundo que nos ha tocado llevar a cuestas, y traspasarle como un florón a las generaciones venideras.

El entusiasmo por la lengua (a propósito de los cien años de Manuel Campos Navarro)

Por Bruno Rosario Candelier

   Las emotivas palabras de Karina Sánchez Campos pronunciadas con fervoroso entusiasmo para festejar los cien años de vida de su querido abuelo don Manuel Campos Navarro constituyen un hermoso testimonio no solo del afecto familiar sino de la impronta afectiva, intelectual y espiritual que su centenario pariente imprimió en su sensibilidad y su conciencia, como lo ha evidenciado en su hermoso discurso, bien articulado, con un trasfondo afectivo y bien sentido, formalizado con la precisión del buen decir y el encanto de su encantadora dicción.

Yo debí conocer a Manuel Campos Navarro hacia el año 1949 o 1950, porque en esa etapa de mi vida (cuando viví en Guaucí, un campo de Moca, tendría unos ocho o nueve años) y diariamente me trasladaba al pueblo para conocer aspectos del discurrir citadino de nuestra comunidad.  En el trayecto de Guaucí a la ciudad estaba en construcción la fortaleza de Moca. Como muchacho curioso entraba, correteaba y en algún momento debí encontrarme con Campos Navarro porque él era el arquitecto que dirigió esa construcción en esa época.

No recuerdo la fecha exacta cuando lo contacté aquí, en la Academia Dominicana de la Lengua, de la cual él es miembro correspondiente, y probablemente el motivo de nuestro encuentro fue la inquietud que él siempre ha mostrado por la lengua.

Efectivamente, desde que llegó a esta institución él se puso a nuestra disposición, dio denotaciones y detalles de que realmente tiene un conocimiento de la ortografía y de la gramática. Conocimiento poco común, inclusive en nuestros intelectuales, porque su inquietud y su curiosidad lingüística es resultado de lo que se llama “conciencia de lengua” que él adquirió desde muy joven, porque normalmente las inclinaciones intelectuales, espirituales y estéticas se adquieren a temprana edad, y él ha dado múltiples demostraciones no solo de su amor a la lengua española, sino del conocimiento preciso del vocabulario, del dominio cabal de la ortografía, del uso pertinente de las pautas gramaticales que él tiene ante tantas manifestaciones que a los hablantes se nos presentan cuando se trata de usar con propiedad un vocablo, cuando hay que escribir con corrección una palabra o hay que combinar un conjunto de palabras para formar una oración y, sobre todo, cuando se trata de hacer un uso ejemplar de la lengua.

Personalmente yo experimenté esa sorpresa cuando conocí a Campos Navarro en esta institución, porque fueron muchas las veces que le pasaba textos de mucha gente que me trae sus creaciones para que corrijamos esos trabajos. A menudo no tengo el tiempo para revisar esa producción y se la pasaba a él y me daba cuenta del detalle y la meticulosidad con que don Manuel asumía ese trabajo, se entregaba con una fervorosa devoción a la revisión y corrección, porque como dijo Karina, a él le apasiona la lengua y esa pasión la demostró haciendo lo que hay que hacer cuando uno experimenta una vocación y siente una identificación con un ideal, con un propósito de vida. y en don Manuel esa pasión se concretó en la lengua española.

La identificación que Campos Navarro ha sentido por nuestra institución se ha evidenciado en una particular devoción por el cumplimiento de las tareas que esta corporación le asigna. Se puso a nuestro servicio y su capacidad de trabajo se ha manifestado con una disciplina ejemplar para nosotros. Él normalmente viene los martes a cumplir con sus tareas. Es el primero en llegar a esta sede de la Academia Dominicana de la Lengua y es el último en retirarse. Aquí pasa todo el día trabajando en tareas idiomáticas sin señal de cansancio, lo que es lo admirable en un hombre de su edad. Imagínense ustedes con 90, 95, 100 años de vida con una capacidad de trabajo inalterable, permanente y ejemplar.

¿Qué significa eso? Que hay una energía especial en él, y esa energía le viene dada por un entusiasmo. La palabra “entusiasmo” significa ‘estar en Dios’, etimológicamente eso es lo que indica ese vocablo de nuestra lengua. Entusiasmo viene de la expresión griega “entheos” que significa “en Dios”.

El entusiasmo es un aliento divino que tiene toda persona que experimenta una vocación por algo grandioso. Toda persona que experimenta una pasión para consagrar su talento, su energía y su creatividad es señal de ese aliento divino, es evidencia de ese entusiasmo, de ese “en-theos”.

Hay entonces un vínculo entrañable, una conexión divina cuando una persona posee entusiasmo. El aliento que entraña el entusiasmo se puede dar en cualquier actividad humana, no solo en el ámbito intelectual, estético y espiritual. En cualquier rama del saber, en cualquier oficio práctico de la vida: en el hogar, en el trabajo, en la calle, donde sea. Si asumimos lo que hacemos con entusiasmo eso genera, sin duda, un efecto transformador, y en Campos Navarro el entusiasmo ha estado presente, concitando en él la vocación que lo ha distinguido y que le ha permitido consagrar el talento con que fue dotado justamente con entusiasmo. Por eso, lo que ha hecho y lo que hace, lo hace bien. Esa actitud de consagración a lo que hace es realmente admirable en el hombre que en esta fecha celebra cien años.

Eso es lo que le ha permitido a él potenciar la vitalidad que tiene, porque nosotros somos una constitución física y espiritual que se combina por el cuerpo, el alma y el espíritu. La vitalidad es un reflejo del aliento del alma que llega al cuerpo y en una coparticipación con el espíritu, todo eso se combina en nuestro ser, y quien lo asume como debe asumirlo, como lo ha hecho Campos Navarro, se traduce en salud, en eficiencia, en adecuación de la energía creadora, la palabra oportuna y el aliento fecundante y ejemplar.

Su bella nieta Karina Sánchez Campos ha dado testimonio de que lo que él ha significado en su vida y de lo que él ha hecho de manera ejemplar para ella; y ha sido ejemplar justamente por la forma como él asumió lo que recibió en la vida. Además de la vida, los seres humanos recibimos dones especiales para realizar lo que la vida implica, para plasmar lo que hay que hacer en función de la vocación, de las inquietudes y de los ideales y, desde luego, lo que hacemos en función de esa llamada, esa apelación o esa vocación.

Entonces, esa relación entre la energía, la palabra y la acción, que se establece desde la propia conciencia con la propia vocación, con la energía de vida, con la realidad de lo viviente y la energía de la creación es una combinación que da siempre resultados positivos y todo lo que él ha hecho, lo ha hecho con esa disposición amorosa, con esa apertura de su sensibilidad y de su conciencia para dar el testimonio y canalizar una demostración de lo que ha podido hacer en función de lo que ha recibido.

Cada uno de nosotros está llamado a multiplicar el don que ha recibido con una vocación y una participación, porque debemos contribuir a hacer mejor nuestro mundo, a que cada uno crezca intelectual y espiritualmente. y eso lo podemos hacer todos en el área en la que nos movemos o nos desempeñamos.

El ejemplo que ha dado Manuel Campos Navarro con lo que hace, con la dotación intelectual que recibió, con la vocación creadora que ha enaltecido su quehacer es un magnífico ejemplo que esta Academia ha valorado y, desde luego, pondera y agradece y encomia.

Nosotros estamos altamente agradecidos por todo lo que don Manuel Campos Navarro ha hecho por nuestra lengua, en bien de nuestra institución y a favor de nuestro país.

Eso solo es suficiente para que le testimoniemos a él ese sentimiento de gratitud, de admiración, de simpatía por lo que él significa, por lo que ha aportado y por lo que, no cabe duda, seguirá aportando en función de esa disposición de su sensibilidad y su conciencia, de ese entusiasmo, de esa alta dotación intelectual y espiritual que lo distingue y lo enaltece. ¡Muchísimas gracias, don Manuel, por todo lo que ha hecho por nosotros!

Santo Domingo, ADL, 11 de julio de 2017.

Dundo/a, cualquerizar/cualquerización, precariado, sincerizarse

DUNDO/A

La palabra dundo tiene varias acepciones en el español dominicano. De acuerdo con el criterio de quien esto escribe hay una de esas acepciones que debe tomarse en cuenta, pues no ha recibido toda la atención que merece.

El Diccionario del español dominicano (2013) considera que es en sus funciones de adjetivo y referido a persona, “que tiene el uso normal de los sentidos parcialmente alterado”; más adelante en la segunda acepción en funciones de adjetivo asienta “Referido a persona, lela, tonta”.

La primera acepción la comparten los dominicanos con seis países más de Hispanoamérica. La segunda acepción señalada más arriba es común a cuatro países de la América hispana. En el Diccionario de americanismos (2005), no se menciona la República Dominicana entre los países que utilizan la voz dundo/a con ese valor.

La obra Aiguna palabra dominicana (2015:120) recoge la voz del título con un significado pertinente conforme con el criterio de quien estas líneas escribe. Ese libro usa las voces, “Mariado. Tonto”. Para los fines de este examen la palabra que interesa es “mareado” en el sentido de sentir mareo, con malestar en el estómago que puede venir acompañado de náuseas o vértigo. Con ese significado recuerda haberla escuchado el autor de estas líneas.

No cabe duda de que esta omisión será subsanada en ediciones futuras de los lexicones antes mencionados.

 

CUALQUERIZAR – CUALQUERIZACIÓN

“. . .la CUALQUERIZACIÓN nos arropa. . .”

En el título aparece un verbo que es desconocido de la mayoría de los lectores, se trata de cualquerizar; además hay allí también una voz que se presume que se utiliza en funciones de sustantivo en la frase reproducida, cualquerización. Este sustantivo puede hacerse del gusto de los intelectuales porque es largo.

Más adelante se explicará lo que se entiende por estas voces que aún no aparecen asentadas en los inventarios reconocidos del español común. Después se abundará acerca de cualquier/a, para explicar sus funciones y su plural. Esto se ilustrará con ejemplos.

Un cualquiera es una persona sin importancia. Como siempre sucede en estos casos, una cualquiera es una mujer que se dedica a la prostitución, o, en el mejor de los casos, una mujer que se hace fácil llevar a las relaciones sexuales. Los conceptos con respecto de la mujer demuestran un sexismo denigrante.

Del hecho de que “cualquiera” en sus funciones de sustantivo sea un “insignificante” hace pensar que el significado del verbo sea atribuir poca importancia a la persona así calificada. De esta suerte el sustantivo cualquerización será el reconocimiento de la pobre condición de una persona o grupo de personas de escaso o ningún prestigio, poder o influencia.

De alguna manera el verbo cualquerizar hace pensar en “ningunear” que comenzó en México, si mal no se recuerda, y al cabo de un tiempo relativamente corto hubo que admitir en el español internacional por el uso intensivo que de este se hacía. Además, se granjeó ese puesto por la propiedad de su formación y la oportunidad de su empleo.

Con respecto a cualquiera. No debe olvidarse que el plural para el adjetivo es cualesquiera. Ejemplo, “Cualesquiera sean las circunstancias, se hará justicia”. Cuando se pluraliza el sustantivo, se hace del modo normal del español, es decir, añadiendo una ese /s/ a la palabra en singular. “No les hagas caso, que son unas cualquieras”.

 

PRECARIADO

“”. . .usan el concepto de PRECARIADO para. . .”

El Diccionario de la lengua española no ha registrado aún la voz del título en sus páginas. Cuando se hace una consulta en línea, en lugar de llevar a la voz del título, la vigesimotercera edición envía a la palabra más próxima, precarizar, que allí se recoge de este modo, “Convertir algo, especialmente el empleo, en precario, inseguro o de poca calidad”.

Fundéu valora el vocablo del título llamándolo “neologismo válido” por su formación, y lo define, “sector social que se ve sometido a inestabilidad e incertidumbre laboral prolongadas y que no percibe ingresos o estos son muy bajos”.

Con la intención de abundar acerca de la necesidad del término, la institución antes mencionada escribe, “En España, el precariado engloba un sector social constituido por personas de muy diversa condición y que no pertenecen necesariamente al proletariado. . .” Esta frase separa ese sector social del proletariado.

La obra Neologismos del español actual (2013) que incorpora en sus páginas las palabras que “solo se han podido documentar en textos escritos entre 1990 y 2013”, consigna la voz del título en sus páginas de este manera, “precariado (quizá acrónimo de preca[rio] y [proleta]riado m. Sector social formado por desempleados y trabajadores con trabajo inestable y bajos ingresos”, (2013:186).

No cabe duda alguna de que la voz del título se encuentra en el camino correcto para ser admitida en el sanctasanctórum de la lengua española.

 

SINCERIZARSE

“. . .exige SINCERIZARSE para comprender. . .”

La composición de este verbo se parece mucho a otros que han aparecido en el español, que han hecho buena carrera en el seno del español hablado, que han hecho su transición al escrito y, que han terminado aceptados por los hablantes cultos de la lengua, y en consecuencia, por las autoridades que velan por la unidad de la lengua común.

Este proceso que se ha esbozado en el párrafo anterior es el itinerario que recorre una voz nueva en las corrientes de la lengua. Al principio se descarta la nueva voz, se califica de ajena a las buenas costumbres idiomáticas. Más tarde se tolera la voz, para luego de un tiempo en que ella exhibe permanencia, termina consagrada por las Academias que cuidan de las buenas costumbres de la lengua común.

La buena fortuna de este verbo dependerá del uso que de este hagan las plumas reconocidas; de la insistencia del empleo que de ella se haga y de la diversidad de fuentes que se sirvan de esta. Hasta la fecha en que se escribe este comentario ninguno de los diccionarios consultados reconoce la existencia de la voz en estudio.

El verbo que sí se encuentra en todos los diccionarios consultados es sincerarse, que tal como lo hace el verbo sincerar, proviene de la palabra sincero, que a su vez lo hace del latín sincerus. El verbo sincerar está documentado en español desde el año 1677 y fue tomado del latín tardío sincerare. Conforme con lo que expresa el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, vol. V, pág. 256, el verbo sincerar es “palabra ajena a los demás romances, salvo el italiano sincerare”.

En casos como el que se examina en esta sección, la mejor decisión es no utilizar el verbo del título, y, en su lugar usar el verbo sincerarse para expresar, “Mostrar abiertamente un tema por muy espinoso que sea”. O para comunicar, “Adoptar una serie de medidas con el fin de enmendar cosas consideradas perjudiciales y que se mantenían ocultas”. Esta es la forma en que se usa en el español dominicano este verbo. Así lo registra el Diccionario de americanismos (2010).

El Diccionario de la lengua española (2014:2016) para el verbo sincerarse recoge la acepción siguiente, “Hablar sinceramente con alguien, especialmente contándole algo que se mantenía oculto”.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

Regendear, ballotage, novel/*nóvel/nobel/*nóbel, acarrear

REGENDEAR

Regendear es un verbo dominicano por todos sus costados. Se debe admitir, al introducirlo en estos comentarios que su uso es muy limitado en el español dominicano. Las noticias acerca de ese verbo llegan desde el suroeste de la República Dominicana.

El verbo se usa(ba) para dar a entender que alguien camina(ba) por vías poco frecuentadas. Es sinónimo de otro verbo de características dominicanas también, callejonear. Al traer este otro verbo se arroja luz sobre el significado del anterior, pues es, o era, andar o caminar, dirigirse de un sitio a otro a través de callejones.

Hay que tener en cuenta que estos callejones eran o son muy angostos, por los que solo podían o pueden transitar personas a pie o a caballo. En algunos casos estos callejones funcionan o funcionaban para permitir el acceso a propiedades que se encontraban situadas detrás de las que tenían más fácil entrada.

Estos callejones no tienen (tenían) pavimento alguno y, el centro de ellos está o estaba hecho de tierra y, en algunos casos algunas piedras agregadas. Los animales cuadrúpedos también frecuentan o frecuentaban estos callejones, a veces hasta solos. Eran o son vías tan estrechas que los automotores de cuatro ruedas no podían o pueden circular por ellos. En la actualidad las motocicletas sí pueden trasladar personas por ellos.

En un principio estos callejones fueron frecuentes en los predios rurales. En la actualidad se los encuentran también en barrios populosos donde no hay planificación o donde no hay reglamentación sobre las construcciones.

Se han hecho las diligencias pertinentes para localizar este verbo en los lexicones del español de la República Dominicana o de otro país americano, y, los esfuerzos han sido infructuosos.      Habrá que tenerlo en cuenta para incluirlo en los repertorios del español diferencial dominicano del futuro.

 

BALLOTTAGE

“El BALLOTAGE del sistema electoral francés. . .”

La palabra del título es francesa, pero se la conoce en el ámbito internacional con el significado que esta tiene en esa lengua. Para el hablante de español es una comodidad por el ahorro de esfuerzo y tiempo que significa, esto es, con su significado reemplaza dos vocablos del español.

A los orientadores de la lengua común no les quedó más remedio que aceptar la voz extraña en el seno del español. Como se ha hecho en muchos otros casos, los miembros de las Academias decidieron adaptar el sonido de la voz francesa a la grafía del español.

En el Diccionario de la lengua española entró en la edición del año 1992 escrito así, balotaje, con mención de la etimología del francés ballotage y, en esa edición rezaba, “Amér. escrutinio, recuento de votos”. En el español común existen algunas voces tradicionales que se asemejan a la voz del francés, se trata de “balota” y “balotar” la primera es “bolilla que algunas comunidades usan para votar”; y la segunda “votar con balotas”. La balota deriva del francés ballotte.

En la edición vigésima segunda, del 2001, el diccionario antes mentado asentó a balotaje en tanto, “En el sistema electoral, segunda vuelta que se realiza entre los dos candidatos más votados cuando nadie ha obtenido la mayoría requerida”. En esa edición se atribuyó la acepción e introducción de la voz francesa a los argentinos, bolivianos paraguayos y uruguayos.

La edición del 2014 del antes mencionado diccionario varió un poco la acepción y dejó fuera la mención de países en los que se usa, ni siquiera alude a América. La nueva redacción es, “En algunos sistemas electorales, segunda votación que se lleva a cabo entre los dos candidatos más votados en la primera, cuando ninguno ha obtenido la mayoría requerida”. Se nota enseguida que la última redacción es más precisa.

El Diccionario integral del español de Argentina (2008:204) recoge ballotage, también balotage o balotaje con la definición siguiente, “Segunda vuelta electoral que se realiza entre los dos candidatos más votados cuando en la primera vuelta ninguno ha obtenido la mayoría requerida”. El Diccionario del español de Argentina (2000:73) consignaba ballotage con una caracterización parecida a las anteriores. Lo que merece destaque es que es votación no solo entre candidatos, sino también para adoptar una decisión. El balotaje llega al campo del deporte en una segunda ronda de partidos.

En el Uruguay el Diccionario del español del Uruguay (2011:112) escribe balotaje y la acepción es similar a las anteriores. Con esta ortografía los uruguayos se acogieron a la adaptación de las Academias.

En francés la voz ballotage está documentada desde el año 1520, pero escrita de la forma antigua. Después de 1835 adquirió la connotación de segunda vuelta en los casos similares a los que recogen los diccionarios de español, Dictionnaire historique de la langue française (2012:289).

Para concluir, la forma moderna y consensuada es balotaje, sobre todo si se escribe para un grupo internacional de lectores.

 

NOVEL – *NÓVEL – NOBEL – *NÓBEL

“. . .si a pesar de ello surgieran aquí también NÓVELES figuras. . .”

La confusión no es nueva. Esta se produce por el empeño en establecer la diferencia entre el “novato” de la palabra en español y el apellido noruego que sirve para denominar los premios. Más abajo se examinará en detalle todo el asunto para tratar de zanjarlo de una vez por todas. ¡Ah!, el problema es con la tilde sobre la letra /o/ en las dos palabras.

En español novel sirve para nombrar a una persona o calificarla de principiante o inexperto en una actividad determinada. Este novel en el español de República Dominicana se conoce con la locución adjetiva/sustantiva “pino nuevo” Diccionario del español dominicano (2013:550).

Novel se pronuncia con el acento tónico sobre la última sílaba, es decir, sobre la vocal /e/. No lleva la tilde porque de acuerdo con las reglas que existen en español para marcar los acentos si el vocablo es agudo en su pronunciación y termina en letra ele /l/ no lleva señal alguna.

El apellido Nobel, así, con mayúscula inicial, lleva el mayor esfuerzo al pronunciarlo sobre la última sílaba, por tanto tampoco lleva acento, tilde, marcado.

Las dos palabras correctas se enuncian del mismo modo por aquello de que la uve /v/ y la be /b/ se pronuncian del mismo modo. En el plural no hay lugar a cambiar la acentuación, por lo tanto será “noveles figuras”.

 

ACARREAR

“. . .que le ACARREÓ fama internacional”.

El verbo acarrear es un verbo transitivo con varias acepciones. En los usos en que el verbo acarrear se refiere a mercancías, cosas, su significado esencial es transportar, llevar de un lugar a otro.

Ahora bien, cuando ese verbo no se refiere a  cosas tangibles, entonces solo se entiende por ocasionar, producir, y en la gran mayoría de los casos se refiere a situaciones molestas, a traer consigo daños, perjuicios o desgracias.

No se recuerdan circunstancias en las que el verbo acarrear se utilice para traer consigo, generar consecuencias agradables. Esto es más que nada un asunto de uso y frecuencia. Esto no significa que no pueda efectuar buenos resultados.

De algún modo existe una tendencia a destinar el verbo acarrear en el sentido de provocar efectos negativos.

© 2017, Roberto E. Guzmán.