Poetas de la Academia. José Luis Vega: «Sínsoras»

LAS AGUAS DE LA PARGUERA

En las aguas oscuras de la Parguera

viven miríadas de organismos luminiscentes.

Como a los ángeles, de ordinario, nadie los ve.

Pero todo, todo está lleno de lo que ocultan

desde los bordes de la bahía, y más allá,

hasta el ojo creciente del universo

que pestañea sobre cubierta.

Los canales torcidos de los manglares

fluyen cuajados de tanto hervor,

bajo sus ondas sobrecogidas

nadan legiones efervescentes.

Los pescadores acostumbrados nada comentan

de estos milagros microscópicos

ni se preguntan cuántos cabrían

en la cabeza de un alfiler.

Pero cuando las luces de las casas y las tabernas

laten sin luna al descampado,

si una mano revuelve las negras aguas,

si un cuerpo, grácil o torpe, cae en ellas,

o una lancha las corta con su proa,

ocurre que lo oscuro se ilumina, y el vacío

revela su materia incandescente.

Así es el cielo, un sol aquí, un sol allá,

iluminando a grandes trechos el firmamento

como las luces de las casas y las tabernas

asteriscan la noche de la Parguera.

Así es el cielo, cardumen de galaxias,

ebulliciones, y entre medio,

una inmensa agua negra que en su misterio

nadie sabe qué oculta.

Pero todo, todo está lleno de lo que oculta

hasta los bordes del más allá.

Unos dicen que alas, otros que ánimas,

en verdad algo cuántico,

miríadas de fotones fosforescentes

que cuando fulgen nadie los ve.

Hasta mi corazón tan descreído

está poblado de esta sustancia.

Es una ausencia abrumadora, como la fe.

Si una mano de cálculo la revuelve

o un cuerpo, vivo o muerto, cae en ella;

si un caronte la surca con su barca,

ocurre que lo oscuro se ilumina, y el vacío

revela su materia incandescente.

 

SAN JUAN, LISBOA, 1935

1

Un vapor, de humo quieto,

se aproxima a San Juan;

alguien, asomado a la borda,

ve a Lisboa surgir de turbia espuma.

A esta hora, este día,

una fuerza remota acerca las ciudades.

No es tristeza o nostalgia,

es algo desnombrado

que desencaja el tiempo del espacio.

Certeza de que un canto, un adoquín,

una piedra cualquiera,

vale todas las piedras.

O que todos los ríos son el Tajo

y todas las bahías, la Bahía.

Da lo mismo haber sido un gran puerto imperial

que el puerto de un imperio.

Hace sesenta años que Lisboa o San Juan

eran ciudades tristes.

Más que ciudades eran como un vasto almacén,

(ya saben del olor, la sellada marisma,

del eco y lo sombríos que son los almacenes).

Era como si una contuviese a la otra:

Lisboa, el almacén, San Juan, el eco,

conforme a los tamaños de la historia.

Mas conforme al amor de las ciudades

San Juan guarda a Lisboa.

2.

Reparemos ahora en los viandantes,

el diario bajo el brazo, lazos de pajarita,

los descalzos tirando de sí mismos

o en aquella de pulcra redecilla

que encamina sus pasos al deseo.

¿Quién es tal que vestido de negro,

gafas rotas, sombrero hasta las cejas,

asciende, rodeado de tantos invisibles,

por la calle San Justo, y dice rua,

impasible ante el sol?

¿Quién esotro, corbata de mal gusto,

a cuadros la camisa y tufo a ron,

que por la Rua do Alecrim desciende, y dice calle,

mal guardado a pesar del invernazo?

Dos poetas diversos y distantes.

Uno anhela un Imperio sin imperio,

tan solo los ropajes de la gloria;

otro anhela tan solo el sin imperio,

un peñón sobre el mar de la existencia.

Los poetas, igual que las ciudades,

se contienen los unos a los otros,

son palabra, son lengua,

son vastos almacenes invadidos

de una misma y sutil mercadería.

A nadie, pues, extrañe

que este oscuro viandante de Lisboa,

recién desembarcado, al evocar

su paso por Madeira, sus años africanos

haya inventado al otro y sus tambores;

y aquel, prendido a sus nostalgias,

en Guayama, en San Juan, en la Quimbamba,

al figurar su Ofelia en las Antillas,

se haya sentido luso y habitado.

No es Palés, es Pessoa,

dirán los entendidos cargadores del muelle

al verlos, tambaleantes, calle abajo,

izados por un aire de marina,

de brazo rumbo al río.

 

SÍNSORAS

Cuando muera, iré a la calle de la Cruz.

Bastará este deseo de viandante

y la eficacia del atardecer.

Iré a esa calle que de cielo a cielo

parte en dos la ciudad.

Sabré la cifra de sus adoquines

y por qué su inclinada geografía

me devuelve a Lisboa, a Éfeso,

a cierta esquina de Valparaíso

o a otros puertos translúcidos, sin nombre.

Bajo un paraguas, que nadie me verá,

descenderé silbando hasta la Dársena

donde fondea una barcaza oscura.

En las aguas pesadas y oleosas

habrá restos flotando a duras penas

y unos ojos exactos de aguaviva.

Será a la hora de soltar amarras.

A dónde iré cuando la noche caiga

eso ya no lo sé.

Jorge Juan Fernández Sangrador: León, el pianista

Aunque nació en el seno de una familia de judíos emigrantes del Este de Europa, no era ésta de aquellas que habían sido distinguidas con antepasados notoriamente dotados para la música y con instrumentistas afamados por su virtuosismo. Fue su madre, Bertha, la que tuvo la idea de comprar un piano. Le parecía a ella que, al igual que les había sucedido a muchos inmigrantes en los Estados Unidos, esa podía ser la puerta de acceso a una vida mejor para sus hijos.

En realidad, el piano se adquirió para el mayor, Raymond, que tenía por entonces 9 años de edad, el cual, en cuanto acababa la clase de música, que un profesor le daba en el domicilio de los Fleisher, salía inmediatamente de casa a jugar y se olvidaba del instrumento. Mientras que el pequeño, León, quien, desde el sofá, seguía atentamente las explicaciones, se sentaba al piano cuando éste quedaba libre y trataba de poner en práctica lo que de la lección recién impartida había logrado retener. Tenía solo 4 años. Y así comenzó su carrera como pianista León Fleisher, quien falleció, a causa de un cáncer, el domingo pasado, en Baltimore.

Del currículum académico de León hay que destacar el hecho de que Artur Schnabel lo admitiera como discípulo siendo aún un niño, pues el maestro no recibía a alumnos principiantes, pero el chiquillo daba muestras de poseer un talento extraordinario. León Fleisher entró así a formar parte de un linaje de músicos que se remontaba, a través de Schnabel, Theodor Leschetizky y Carl Czerny, al mismísimo Ludwig van Beethoven.

Es preciso decir que León había tenido en San Francisco, y cuando contaba solo 6 o 7 años de edad, un magnífico profesor de piano, Lev Shorr, junto al que adquirió la técnica, al estilo de los rusos, que lo habilitaría para ser «la trouvaille pianistique du XXe siècle» (el hallazgo pianístico del siglo XX), que fue lo que el director de orquesta Pierre Monteux dijo acerca de él.

Y llegó a ser el gran músico que todos auguraban, hasta que, después de cumplir los 36, León comenzó a sentir que los dedos meñique y anular de la mano derecha giraban hacia abajo y hacia adentro, haciéndosele imposible tocar el piano. Le diagnosticaron distonía focal. Y aunque esta es una disfunción cerebral, él atribuyó su mal al desgaste producido por las muchas horas que diariamente dedicaba a practicar sobre el teclado.

Todo lo que había logrado levantar durante casi cuatro décadas de exitosa actividad musical se derrumbó en un santiamén. Leon quedó sumido en un estado de postración anímica del que no fueron capaces de alzarlo ninguno de los traumatólogos, neurólogos y psiquiatras que visitó. Sin embargo, nadie es desgraciado él solo. Tampoco en esto. Y no era el único en el mundo que se veía súbitamente imposibilitado para la ejecución pianística por la parálisis de una mano. Le había sucedido también a Paul Wittgenstein.

Este, que era un gran pianista y hermano de Ludwig, el pensador y autor del “Tractactus logico-philosophicus”, había perdido una mano en la Primera Guerra Mundial. En vez de desanimarse, se empleó en hacer arreglos en piezas musicales o en encargarlas a compositores famosos, como Richard Strauss, Erich Wolfgang Korngold, Paul Hindemith, Serguei Prokofiev, Maurice Ravel o Benjamin Britten, con el fin de poder seguir tocando, aunque fuese con una mano sola, el instrumento en torno al cual giraba su vida entera. De éstas, la más famosa fue la que escribió para piano y orquesta Maurice Ravel: “Concierto para mano izquierda en re mayor”.

Y así, León, siguiendo el ejemplo de Wittgenstein y de otros músicos con hándicaps en las extremidades superiores, se atuvo al repertorio que podía interpretar con una mano y continuó dando conciertos. Comenzó, además, a impartir clases de piano. Era lo que había hecho con él su profesor Lev Shorr, que también padeció una larga y severa noche oscura, pues tenía un problema serio en la vista. León se sometió, años más tarde, a un tratamiento experimental con bótox y recuperó la movilidad de los dedos atrofiados, tornando a los conciertos en los que tocaba el piano con las dos manos.

El caso era no rendirse, ser útil a los demás y perseverar en esa suerte de sacerdocio de la belleza que es la consagración al cultivo de las artes en la forma en la que a uno le sea dado realizarlo, sin sucumbir jamás ante las adversidades. De ahí el que, en el tuit en el que Julian Fleisher, hijo de León, comunicó la noticia del fallecimiento de su padre, lo definiese en estos términos: «He was a monk who toiled away in the Church of Music» (Fue un monje que trabajó duramente en la Iglesia de la Música).

Y si es vistosa la estela de conciertos y de grabaciones que León deja tras su paso por este mundo, lo es mucho más el ejemplo de fortaleza, resiliencia y afán de superación que les lega, para que no se desalienten ante las contrariedades, a las generaciones venideras.

 

El origen de la creación eminente

UN AUTOR, UN LIBRO, DOS TEORÍAS Y UNA PONDERACIÓN

Por Leopoldo Minaya

   En el primer ensayo dedicado a Rubén Darío en su libro El lenguaje de la creación, don Bruno Rosario Candelier sustenta la tesis de que los grandes creadores, los «que han hecho una obra memorable con alta significación espiritual y estética para todos los tiempos y culturas», han podido elevarse a tales ámbitos gracias a lo que denomina «el impacto del dolor en la conciencia».

Don Bruno atribuye a experiencias traumáticas en la vida del ser humano —vale decir: del artista, del poeta—, especialmente en la infancia, época de formación, la capacidad de desarrollar aptitudes extraordinarias de sintonía con el cosmos como resultado del especial moldeado mental resultante de esas experiencias críticas. Apela a la autobiografía del poeta modernista, extrae hechos y circunstancias que sirven para la sustentación de la teoría, confirma sus asertos por medio de comparaciones y paralelismos, y a esto agrega, como elemento coadyuvante o propiciatorio, la proclividad de ciertas zonas del planeta a recibir y a permitir la circulación de efluvios estelares de espiritualidad en forma de mensajes cósmicos, entre ellos Ávila en España y la ciudad de León en Nicaragua.

La tasación de estas importantes y novedosas especulaciones hallarían tal vez como escollo o contrapartida la muy arraigada creencia de que «el poeta nace, no se hace», refrendada por la expresión «poeta nace, orador se hace», y la reticencia espontánea del poeta a considerarse a sí y a la excelencia de su arte divino como meras consecuencias del albur y de la fatalidad.

Nos parece que las conclusiones de don Bruno relativas a este punto pueden coexistir con la vieja creencia de la excepcionalidad artística como don innato. Personalmente, hallo verdad en su teoría, puesto que un acontecimiento trascendental, altamente impresionante y estremecedor en la vida del artista positivamente puede originar un estado de vigilia permanente que lo haga voltear la mirada y hacerse receptivo a las altas instancias del origen del ser, su misión, su función, su destino y sus ultimidades.

La evaluación individual bien puede hacerla el lector mediante la lectura directa del ensayo de marras, intitulado «La irradiación estelar en la poesía de Rubén Darío», porque pudiera uno estar de acuerdo o no con este u otro de los planteamientos del Maestro interiorista, pero no podría evitar el quedar prendado por la densidad y la solidez de sus exposiciones; de esto quiero dejar constancia aquí: de la admirable manera en que el autor maneja la técnica del ensayo literario, de la destreza embriagante con que sostiene las argumentaciones, cincela la frase y amolda los conceptos; y de la utilización de presupuestos investigativos poco trillados en la crítica hispanoamericana, postulados enriquecidos por la agudeza incisiva de la observación y la opinión inteligente de quien asume con efusión de rabdomante los misterios fundacionales…

En el segundo ensayo con el genio de Darío como figura central en la obra El lenguaje de la creación, don Bruno replantea la teoría del troquelado neuronal del artista de excepción por medio de hechos traumáticos que suscitan un miedo terrífico (los había enumerado en el primero: «suceso estremecedor, golpe en la cabeza, contacto eléctrico, rayo del cielo o dolencia patológica», y los reenumera ahora incluyendo: nacimiento traumático, dolencia nerviosa, un hecho en la infancia…, sin carácter limitativo); episodios catastróficos o miedos terríficos que habilitan o perfeccionan la capacidad del ser para conectarse a efluvios e irradiaciones cósmicas que fomentan y refuerzan el impulso creador.

Este primer presupuesto —continuando con los postulados del autor—  una vez asociado a una visión o perspectiva metafísica en el creador, que deberá auxiliarse además de un conglomerado de imágenes arquetípicas y de los sentidos interiores o de la revelación, dará a luz la cabal expresión poética o la locución trascendente, que se entiende conectada con lo divino (entidad numinosa en todo caso, surtidora de la cósmica sabiduría) a través del subconsciente y del inconsciente individual y colectivo.

La construcción teórica es brillante, compleja, altamente especulativa. El elemento nuevo con respecto al ensayo inmediatamente anterior también referido al autor de Prosas profanas es la afirmación de la existencia de un lenguaje privativo de la expresión poética, que la determina, la cimenta y la conforma; un lenguaje o sistema de símbolos sin el cual no es posible su concreción y materialización portentosa, que finca por sí mismo los puntales sobre los cuales asientan los poetas la arquitectura verbal.

Son los arquetipos: ellos conforman el protoidioma de la poesía, vocablos básicos conectados a las más hondas apelaciones de la raza humana. Ellos manifiestan el atavismo y suscitan la conmoción: sangre, aleteo, cuchillo, lengua, tierra, viento, ceniza, polvo, mar, pira, ojo, frío, madera, vientre, esfera, fuerza, alguien, nadie, vacío, soplo, piedra, redondez, filo, carne, verbo, noche, grito, palabra, abismo…, etc. No creo que haya poeta auténtico que pueda negar la jerarquía de estas misteriosas palabras, de estos denodados símbolos que subyugan y atraen como fuerza centrípeta. Y para muestra, el estremecedor fragmento del poema de Darío, que transcribe el comentarista y transcribo a continuación en aproximada extensión y con pareja devoción (Augurios):

Hoy pasó un águila
sobre mi cabeza,
lleva en sus alas
la tormenta,
lleva en sus garras
el rayo que deslumbra y aterra.
¡Oh, águila!
Dame la fortaleza
de sentirme en el lodo humano
con alas y fuerzas
para resistir los embates
de las tempestades perversas,
y de arriba las cóleras
y de abajo las roedoras miserias.
Pasó un búho
sobre mi frente.
Yo pensé en Minerva
y en la noche solemne.
¡Oh, búho!
Dame tu silencio perenne…

del cual podemos desgajar los vocablos-símbolos siguientes, no enumerados anteriormente: águila, cabeza, ala, tormenta, garra, rayo, deslumbramiento, terror, fortaleza, lodo, tempestad, arriba, cólera, miseria, búho, silencio, perennidad, muerte

No quiero terminar la ponderación de la obra y los esfuerzos del autor, sin antes remachar una apreciación que tenderá tal vez adrede a restar gravedad a mis endebles opiniones, haciéndolas consiguientemente más amenas y ordinarias. Pero no por menos grave la valoración es menos verdadera. Veo en la concomitancia entre la práctica y la prédica, y en el carácter modélico de la instrucción dispensada por el Maestro, la aplicación de un lema vocacional: «Aquí se enseña haciendo y se aprende trabajando», norma que asume consciente o inconscientemente don Bruno Rosario Candelier como teórico, como progenitor y mentor del Interiorismo literario y, en su praxis magisterial, con la puesta en funcionamiento de la importante estructura de creación artística y de pensamiento que es el Ateneo Insular, uno y otro derivados de su esfuerzo y vocación infatigables.

Damos la enhorabuena a esta nueva publicación. Hay en ella una sabiduría elocuente abierta hacia el infinito dispuesta a ofrecerse a quienes se atrevan a atravesar sus páginas. Se suma a las obras previamente enumeradas y a otras sin enumerar, de igual consistencia y calado en la bibliografía del Interiorismo y de su progenitor.

Don Bruno Rosario Candelier persiste, con su altruismo característico, en la formación intelectual, espiritual, moral y estética de sus semejantes y, entre ellos, de los dominicanos… Bello y verdadero es su apostolado. ¡Cómo seduce la reciedumbre de su pensamiento y cómo asombra la magnificencia de sus visiones de poeta!

Con hombres de su talante y de su genio se construye la patria verdadera… Don Bruno Rosario Candelier persiste, con su altruismo característico, en la formación intelectual, espiritual, moral y estética de sus semejantes y, entre ellos, de los dominicanos… Bello y verdadero es su apostolado.

Influencia de Hostos en Pedro Henríquez Ureña

Por Miguel Collado

   En el Ideario de Pedro Henríquez Ureña… se pueden observar las huellas de Eugenio María de Hostos, especialmente cuando Pedro exalta valores tan emblemáticos en la obra hostosiana como la moral, la justicia, la bondad, el trabajo y el honor

Pedro Nicolás Henríquez Ureña, el más brillante de los intelectuales dominicanos de todos los tiempos, nació el 29 de junio de 1884 en la ciudad de Santo Domingo y falleció el 11 de mayo de 1946 en Argentina. Considerado por Jorge Luis Borges un Maestro de América. ¡Era un humanista!

El pensamiento humanístico del prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos (1839-1903) dejó huellas profundas en la obra espiritual de los Henríquez Ureña. Es por lo que no ha de extrañarnos ese influjo en la obra de pensamiento del más ilustre de esa honorable familia: Pedro Henríquez Ureña.

Fue su hermano Max Henríquez Ureña — antes que el puertorriqueño José Ferrer Canales («Pedro Henríquez Ureña y Hostos», publicado en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 4 [7]: 69-75, enero-junio de 2003)— quien primero identificó esa influencia espiritual-intelectual del Gran Maestro en Pedro Henríquez Ureña. Él dice, en su artículo «Maestro y discípulo», publicado en el periódico Listín Diario del 7 de abril de 1967: «[Son] dos altas figuras de la intelectualidad antillana que vale la pena destacar, fueron en vida maestro y discípulo: Eugenio María de Hostos y Pedro Henríquez Ureña».

Max nos explica sabiamente esa relación de maestro-discípulo de Hostos y Pedro del siguiente modo:

«El magisterio ejercido por Hostos en algunos países de nuestra habla y, ante todo, en Santo Domingo, ha tenido y tiene tan intensas proyecciones sobre la América toda, que sus discípulos no fueron siempre, necesariamente, los que oyeron sus lecciones desde un banco de la escuela; muchos de los ardientes defensores de sus doctrinas pedagógicas —continua diciendo Max— fueron, más que otra cosa, seguidores de su ejemplo o lectores apasionados de sus lecciones escritas y recogidas en volumen».

Y he aquí lo interesante, y que le da fundamentación a lo planteado por nosotros en torno a la influencia de Hostos sobre Pedro. Max, el tercer hijo de Salomé Ureña de Henríquez y Francisco Henríquez y Carvajal, afirma: «Así uno de los propagadores de su obra —de la obra de Hostos—, Pedro Henríquez Ureña, aunque formado desde temprano en las ideas de Hostos a través sus lecturas y de las informaciones y comentarios de sus progenitores […] apenas si asistió en 1900 a algunas lecciones dictadas por el Maestro».

Y Max arriba a la siguiente conclusión: «Contados son, sin embargo, aquellos que han dado a conocer, como él —es decir, como Pedro—, las enseñanzas del insigne pensador, a quien no oyó dictar más de quince o veinte lecciones de Sociología».

En su ensayo sobre Hostos titulado «Ciudadano de América» (La Nación, Buenos Aires, 28 de abril de 1935), Pedro Henríquez Ureña expresa su profunda admiración hacia Hostos:

«[El] ansia de justicia y libertad lo enciende para la misión apostólica. […] Pero su ansia de justicia y libertad —ansia humana, física…— se convierte en pensamiento cuyo norte es el bien de los hombres…Vive […] entregado a su meditación filosófica y a su acción humanitaria, embriagado de razón y de moral. Su carácter se define: estoico, según la tradición de la estirpe; severo, puro y ardiente, sin mancha y sin desmayos».

Y al referirse al retorno de Hostos a Santo Domingo en 1900 Pedro confiesa, como corroborando a su hermano Max: «[Lo]conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.».

En el Ideario de Pedro Henríquez Ureña que compilamos y editamos en el año 2002 ―publicado bajo el sello editorial de la Feria Internacional del Libro organizada por el Ministerio de Cultural de Rep. Dom.― se pueden observar las huellas de Eugenio María de Hostos, especialmente cuando Pedro exalta valores tan emblemáticos en la obra hostosiana como la moral, la justicia, la bondad, el trabajo y el honor. Veamos:

Bondad. «La bondad vale más que la verdad, aunque, en el cielo de las ideas puras, manen de la misma fuente».

Justicia. «El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado de justicia al que sólo aspira a su propia perfección intelectual».

Son de honda preocupación tanto para Pedro como para Hostos temas de indudable trascendencia universal: la cultura, la educación, la civilización y el porvenir:

Cultura. «Sigo impenitente en la arcaica creencia de que la cultura salva a los pueblos. Y la cultura no existe, o no es genuina, cuando se orienta mal, cuando se vuelve instrumento de tendencias inferiores, de ambición comercial o política, pero tampoco existe, y ni siquiera puede simularse, cuando le falta la maquinaria de la instrucción».

Educación. «La educación no es sólo obra de la voluntad en calculado ejercicio frente al medio exterior, sino que en ella intervienen elementos psicológicos imprevisibles. Uno sobre todo: el amor».

Civilización. «El ideal de la civilización no es la unificación completa de todos los hombres y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía».

Porvenir. «El problema del porvenir inmediato es poner la riqueza al alcance de todos. La fórmula del porvenir, que es deber de la Sociología esclarecer, será la «socialización de la naturaleza por la humanidad».

Como Eugenio María de Hostos, Pedro Henríquez Ureña también fue un sembrador de saberes, pues en su itinerante vida, residiendo y enseñando en numerosos lugares del continente americano, sus ideas germinaron a través de su prolífica obra intelectual.

Hoy, las tres grandes Antillas (Cuba, República Dominicana y Puerto Rico) con orgullo pueden decir a los cuatro vientos que tres de los más prominentes pensadores de la América hispánica les pertenecen: José Martí (1853-1895), Pedro Henríquez Ureña y Eugenio María de Hostos, respectivamente.

José Rafael Lantigua: aporte de Enriquillo Sánchez

Enriquillo Sánchez es una de las grandes figuras intelectuales de ese segmento crucial y emblemático de nuestra historia literaria que va del año 1966, cuando ha ocurrido ya ese destello de osadía guerrera que fue la guerra patria de abril de 1965, hasta finalizar el siglo veinte.

Durante poco más de treinta años, Sánchez teje, con extrema unción –valga el término- una personalidad de cuatro facetas distintivas que son las que sirven hoy para evaluar su trayectoria como creador literario y como intelectual, propiamente dicho. Cuatro facetas que enhebran un quehacer al que se dedicó en cuerpo y alma, pero del cual, al mismo tiempo, parece como que siempre intentaba renegar. Esas facetas son la del narrador, la del poeta, la del ensayista y la del articulista de prensa.

Sánchez es el más joven de los escritores emergentes al finalizar la contienda civil abrileña, cuando apenas tenía diecinueve años de edad. Es probable que, desde un tiempo anterior que no podemos precisar, digamos entre los dieciséis y dieciocho años, ya estuviese forjando sus primeras creaciones literarias, pero es entrando en los diecinueve cuando ingresa a El Puño, el grupo literario del cual surgen los principales representantes de esa época –y los que construirían una obra mayor en las décadas siguientes- formado por los poetas y narradores Miguel Alfonseca y René del Risco Bermúdez, el narrador, poeta, ensayista y antropólogo Marcio Veloz Maggiolo, el narrador y crítico de cine Armando Almánzar Rodríguez, el actor y dramaturgo Iván García, y el poeta y ensayista literario Ramón Francisco.

Aunque construyó una obra poética muy personal y, sin dudas, trascendente, Enriquillo Sánchez se abre al campo literario como cuentista. En ninguno de los dos casos hizo una obra realmente extensa, pero sí –como ya he dicho en otro lugar- densa y profunda en el caso poético, y ahora señalo que experimental, innovadora y contrastante, en el ejercicio de la narrativa breve. En ambos casos, Sánchez es un autor con características muy particulares. Como cuentista, que fue su oficio literario primigenio, no publicó nunca su obra en libro, y como poeta, a pesar de escribir poesía desde que era un veinteañero, es en 1983, casi dos décadas después de iniciarse en la literatura, cuando publica su primer libro. Tenía ya 36 años de edad.

Su producción cuentística está formada por 26 cuentos: sólo 13, justo la mitad, los publica en vida –en suplementos culturales y en antologías varias, pero nunca los recoge en libro- y los otros trece cuentos vienen a ser publicados dos años después de su muerte, o sea en 2006. De manera que, si nos atenemos a la información que nos ofrece el bibliógrafo Miguel Collado, la obra cuentística de Enriquillo Sánchez dada a conocer entre 1962 y 2002 –cuatro décadas- es de apenas trece cuentos. Eso es lo que se conocía de él hasta su muerte, ocurrida en julio de 2004. Otros trece cuentos se entregan póstumamente para que aparezcan en el volumen Rayada de pez como la noche, con sus relatos completos, publicados por la Biblioteca Nacional en 2006.

Enriquillo parecía casi siempre desestimar su obra, fundamentalmente la narrativa: “Antiquísimas narraciones breves, ésas que andan por ahí sin que yo apenas las recuerde”. Empero, es con el cuento por donde inicia su camino literario, obteniendo a los diecinueve años de edad, en 1966, dos menciones de honor en el que hemos denominado mítico concurso del grupo La Máscara, marcador de toda la pauta narrativa que se ofertaría en los años siguientes y hasta nuestros días. En ese certamen, Sánchez daría a conocer sus dos primeras producciones cuentísticas: “Epicentro de la bruma” y “Flor de los sepulcros”. De ahí en adelante, el escritor se hizo un habitué de concursos y suplementos culturales; algunas antologías comenzaron a reconocerlo como un narrador relevante, al tiempo que su carrera como poeta, director del suplemento Palotes de la revista ¡Ahora! (suceso indiscutible de la vida literaria de aquel momento histórico) y, en el último tramo de su vida, como ensayista y articulista de luces notables y paradigmáticas, mostraban a un intelectual diverso, profundo y controversial. ¿Cuáles son las características que distinguen a este importante escritor como cuentista? Enumeramos cinco razones que merecen ser consideradas al momento de enjuiciar este aspecto del ejercicio literario de Sánchez:

El demiurgo narrador. Lo denominamos en otra parte “el esqueleto demiúrgico dentro de una prosa narrativa solemne y confluyente”. Enriquillo Sánchez inserta los trazos poéticos en su narrativa, los hace confluir en el entramado de su narración con una fortaleza hierática que irrumpe con propiedad en la misma, otorgándole un giro muy propio. La entidad poética penetra la narración para abrillantar y consolidar su objetivo, sosteniendo el argumento bajo una dialéctica que dinamiza el nivel de significación del relato.

El juego de la metáfora. Sánchez juega con los redaños de sus narraciones. Los hace girar, moverse, aclimatarse, centellear, bajo el ritmo lúdico de sus historias. La articulación de sus argumentos tiene en la metáfora del signo su presencia predominante. El narrador formula una semántica argumental que se busca y encuentra en los contrapuntos eficaces de una imaginación pertinaz.

La trama existencial. Sánchez no es un cuentista anecdótico, de puras recreaciones vitales ni de escritura originada en los asuntos simples de la memoria. Aunque se sustente en realidades o en trasuntos de época, las suyas son narraciones que se vigorizan tras un discurso existencial dramático o de secuencia onírica. El narrador crea una complejidad tensionante en la medida en que nomina el suceso y posibilita su aprehensión. Sánchez no es un cuentista al uso, es un narrador que desplaza su historia sobre una visión de absurdos, creando una marca de identidad que atraviesa la psiquis del lector para horadar su entendimiento y sus convenciones sobre el arte cuentístico.

La narración posmoderna. Sucede que Sánchez es hijo del boom narrativo sesentista. Su carrera se inicia justo cuando irrumpe la cuentística de Cortázar, Rulfo, Onetti, Donoso, García Márquez y demás oficiantes de aquella década prodigiosa. Alguno entre ellos habrá de influenciar su ejercicio narrativo, presumo que, sobre todo, Cortázar – a quien incluso rinde homenaje en uno de sus cuentos- de forma directa, por lo que resulta evidente la etiqueta cortazariana en varios de sus relatos. Empero, alcanzo a ver una distinción en la obra cuentística de Sánchez, y es su desenvolvimiento tonal y estilístico que intenta contraponerse al cuento del boom –que, valga señalarlo, transmite una inviolable herencia al cuento dominicano de los sesenta- y, en consecuencia, comunica un sentido de modernidad ajeno a la especificidad literaria de la época, y más bien reaccionando de algún modo contra la misma, aunque –valga repetirlo- sin dejarse de ver, aun fuese a contraluz, en el espejo cortazariano que tanto invade sus narraciones. En este orden creo que si el boom define la modernidad en la cuentística hispana, Enriquillo Sánchez se sobrepone a la heredad y formula un rito posmoderno en su tratamiento y valoración.

La sentencia en el carril vernáculo. Sánchez recorre un círculo de distancias y acercamientos en su narrativa, moviéndose entre la conceptuación y los arquetipos populares. Es un estado recurrente en su obra, porque se sitúa igual en la creación poética y lo deja traslucir incluso en el ámbito ensayístico. El concepto como voz sentenciosa que enuncia un registro narrativo, y el lenguaje popular, nativo, que libera la narración de su configuración social o ética para provocar un efecto de contrapunto, entre el decir ficcional y el tráfico de vocablos o ideas de corte criollo.

Enriquillo Sánchez dejó una obra cuentística breve, pero sumamente relevante. Junto a su poesía y a su ensayística (incluyendo en esta última parte sus memorables artículos de prensa), constituye una obra original, en permanente búsqueda de su identidad temática y estilística, enriquecida en su conjunto por la perspicacia poética del autor y su bien definida estela estética, y por el diestro y penetrante manejo de trama y personajes, a los cuales pone a jugar con sus abalorios narrativos, con su impronta lúdica y firmemente contrastante. Aún así, sostengo el criterio de que Enriquillo fue mucho más que sus libros. Fue el intelectual más brillante y completo de su generación y de generaciones posteriores. Su amplia cultura, su dominio de la lengua, su estilo literario, sus conceptualizaciones vigorosas, sus haberes intelectuales, son valores de un legado que han de sobrevivir en nuestra historia cultural por encima de ignorancias, despropósitos y extravíos.

 

Origen histórico de la palabra “cuero”

EN EL ESPAÑOL DOMINICANO COMO SINÓNIMO DE PROSTITUTA

Por Diógenes Céspedes

Por extraño que parezca, es Pedro Henríquez Ureña (PHU, de ahora en adelante) el primero que documenta la existencia del vocablo “cuero” por primera vez en nuestra cultura en un estudio lexicográfico sobre nuestro español dominicano, si no yerro. La palabra “cuero” figura en El español en Santo Domingo (Buenos Aires: Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana, 1940) y en la segunda edición facsimilar publicada en Santo Domingo (Taller, 1975, pp.  172 y 217). 

  • 1Antecedentes. En el Vocabulario español-latino(Madrid: RAE, 1989 [1495], de Antonio de Nebrija, figura la palabra “cuero”, pero sin la acepción de prostituta o puta, o los eufemismos de mujer pública o de la mala vida, aunque figuran “ramera” y “rameruela”. Tampoco figura, con la misma acepción peyorativa el vocablo “cuero” en Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española (Ed. de Felipe C. B. Maldonado y Manuel Camarero. Madrid, Castalia, Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica, 1995 [1611], pp. 379-380. La versión 23.3 en línea del DRAE en su entrada 12 dice que únicamente en Puerto Rico y República Dominicana el vocablo “cuero” significa prostituta, aunque en la entrada 6 especifica que en Ecuador y Venezuela tiene el significado de «mujer que es amante de un hombre»,con lo que hay cierto parentesco con la acepción 12 (1).

Pedro Henríquez Ureña

  • 2. Tampoco encontré en las obras de la picaresca española o en autores del Siglo de Oro ningún rastro documentado del referido vocablo con semejante significado antifemenino. Hurgué en los libros contentivos de los informes y discursos del siglo XVII y XVII sobre la mala vida en nuestra Colonia y no encontré nada: Carlos Esteban Deive. La mala vida. Delincuencia y picaresca en la colonia española de Santo Domingo (Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana, 1988) y Frank Moya Pons: La vida escandalosa en Santo Domingo en los siglos XVII y XVIII(Santiago de los Caballeros: UCMM, 1976).Según el Diccionario de americanismos, en «Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico vulgar; Bolivia, despectivo; y Cuba, obsoleto, “cuero” es sinónimo de prostituta, y le añade la acepción de“cuerín”. (Lima: Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010, p. 715, entrada IV.1). 
  • 3. En los distintos países de habla española, el vocablo “prostituta” y sus variantes está dicho de manera distinta a estos cuatro países. En el caso de las tres Antillas, se justifica la migración de la palabra “cuero” y la pregunta sería dónde surgió primero y luego estudiar las causas de su migración. Pero en países tan alejados de las Antillas como Ecuador y Bolivia, la semejanza es sorprendente. Como consecuencia de lo apuntado más arriba, hasta que no encuentre el fundamento documental incontrastable, conjeturo y concluyo en que la aparición del vocablo “cuero” como sinónimo de prostituta, puta, ramera, meretriz, mujer pública, mujer de vida alegre y mujer de la mala vidaha debido aparecer primero en nuestro país en el discurso oral y luego en el escrito a mediados o a finales del siglo XIX. Por las razones a continuación se oirá y leerá. 
  • 4. El primer intento de diccionario dominicano titulado por su autor, Rafael Brito P., Diccionario de criollismos(San Francisco de Macorís: ABC, 1930), no documenta el vocablo “cuero”, aunque trae, sin embargo, un sinónimo poco usado en la actualidad, pero quizá empleado todavía en algún rincón del Cibao adentro: “gumarra”(p. 90), definido como “mujer de vida alegre”. Un moralismo de la lengua explique quizá la ausencia del vocablo “cuero” en el diccionario de Brito, muy leído y consultado en su tiempo por la intelectualidad dominicana e incluso por traer como apéndice, antes que el diccionario mismo, dos obras escritas en el español cibaeño: “La criolla”, comedia chistosa en tres actos y “Un proceso célebre (justicia ordinaria)”, especie de sainete, de la escritora salcedense Mélida Delgado de Pantaleón, repleto de esos giros criollos. El prólogo de la obra, escrito por un posible pariente de Brito, el profesor, legislador y político trujillista Pablo Pichardo, es un ejemplo de moralismo de la lengua. Igual que el prólogo del autor, que también busca el favor de la recién instalada dictadura de Trujillo: «… al divulgar todos nuestros más típicos criollismos, sirvan estos de correctivo para limpiar de ellos mismos la conversación tanto familiar como popular.» (P. 7). Aunque en abono a Brito hay una reivindicación de lo que los lingüistas llamamos “el uso”, concepto que resuelve, sin moralismo ni estética de la lengua, la comunicación entre un sujeto que emite un discurso y otro que lo recibe: «Es necesario haber convivido entre nuestros campesinos para interpretarlos, porque con sus términos vulgares se saben desempeñar y difícilmente se engañan.» (P. 8).

Frank Moya Pons

  • 5. Por extraño que parezca, es Pedro Henríquez Ureña (PHU, de ahora en adelante) el primero que documenta la existencia del vocablo “cuero” por primera vez en nuestra cultura en un estudio lexicográfico sobre nuestro español dominicano, si no yerro. La palabra “cuero” figura en “El español en Santo Domingo”(Buenos Aires: Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana, 1940) y en la segunda edición facsimilar publicada en Santo Domingo (Taller, 1975, pp.172 y 217). Lo que sorprende es que a una distancia de diez años (que es un abrir y cerrar de ojos en materia de evolución lingüística) el vocablo “cuero” no figure en Brito, y sí en PHU, quien, al llegar al país en 1931 a colaborar con Trujillo como Superintendente de Enseñanza, realizó varios viajes por el país con el objetivo de recabar datos acerca de la situación del español dominicano. He aquí la explicación que ofrece PHU al dar a la luz su obra: «Escribí el presente trabajo durante los años 1935 y 1936; después le he hecho adiciones y retoques. El anejo que lo acompaña, La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo, está publicado desde 1936 (…) Mi tesis principal es que al español de Santo Domingo lo caracteriza su aire antiguo, que en ocasiones llega al arcaísmo. Para demostrarlo he reunido ejemplos –muy fáciles de encontrar– de palabras, giros, frases proverbiales y refranes.» (P. 7). 
  • 6. ¿Qué aporta PHU sobre cómo y cuándo surgió el vocablo “cuero” para sustituir al estándar prostituta y a la palabra común puta? En el capítulo XIII titulado Morfología, apartado 86 sobre “significados nuevos, que existen en gran parte de la zona del Caribe”, incluye a “cuero” dentro del traslado de significación, pero en la obra en su conjunto no trabaja el autor la filología u origen histórico del vocablo. Esta es la primera aparición: «El aumentativo, una forma masculina puede servir para aplicarse al sexo femenino: un mujerón(o una mujerona), un putón(o una putona). Otra palabra de forma masculina puede servir para designar mujer: un cuero o una cuero ‘una mujer pública’.» (Cap. XIII, citado, p. 172). Esta es la segunda aparición: «cuero ‘prostituta’: «… un ‘cuero’ o ‘una cuero’; en México, cuero se emplea como adjetivo o como sustantivo y significa meramente ‘hermosa’, pero se considera expresión de mal tono.» (P. 217). Dígalo si no él, que vivió de 1906 a 1926 en Veracruz y en la capital mexicana, con el intervalo (1914-21) de Nueva York, Chicago, París, Madrid y Minnesota, en cuya universidad se doctoró. 
  • 7. El hallazgo del vocablo “cuero” por parte de PHU se sitúa entre 1931-33, si no antes, durante su viaje de 1911 a su país. Su redacción es de 1935 y 1936. Con todo el material oral y escrito que se llevó de Santo Domingo compuso su libro de 1940 a su regreso a Buenos Aires en 1933, luego de una breve estancia en París para visitar a su padre y hermanos, no sin antes haber renunciado, en alta mar, al puesto de Superintendente de Enseñanza y se exilió de nuevo en Buenos Aires, para no morir de asfixia moral, como Hostos. Dicho de otro modo: Brito no integró ese traslado de significación de la palabra “cuero” a su diccionario quizá por prurito moral, pero cuando PHU lo observa en la conversación, sobre todo de los hombres y discretamente usado por las mujeres para censurar la práctica de los esposos y los hijos de visitar prostíbulos, ya dicho vocablo era de uso generalizado en el registro oral, no así en el escrito, fuera periodístico o literario.

¿Cuál es el estatuto actual del vocablo “cuero”, en Ecuador, Puerto Rico, Bolivia, República Dominicana y Cuba y, en el caso de esta antilla mayor, qué palabras desplazaron el uso obsoleto del referido término?

(1) REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23ª ed., [versión 23.3 en línea. ] <https: //del.rae.es> [24 de mayo de 2020]

(Reproducido del periódico Hoy, Santo Domingo, 29 de agosto de 2020).

José Enrique García: La geografía poética de Freddy Gatón Arce

La lengua primero

Freddy Gatón Arce, desde sus inicios, asume la creación como un acto de palabra, lo que lo convirtió en un poeta de la lengua española. Si una clasificación buscamos, esa le corresponde. La lengua lo conforma y define. Es su instrumento, morada y, sobre todo, destino. Conciencia de ello tenía como hombre, como lector y más como escritor. Sustancias, motivos, conflictos, personajes, contextos estaban supeditados a esa identidad, que los abrazas a todos. La lengua, sangre de vida y, por tanto, sangre de sus poemas. Bien sabía que sin una labor demorada de la palabra no podía ser testimonio, como lo es. Y aún más…

Poseía plena conciencia del lenguaje, no únicamente como instrumento expresivo, sino como magma que posibilita entrar en los recónditos de las condiciones humanas y echar fuera lo que palpita en contradictorio, los horrores, los nudos, las tortuosidades, y también lo bello y hermoso que convive igualmente con lo otro. Freddy es lenguaje porque bien sabía que lo único que posibilitaba ser en los otros en los tiempos es concretizarse en las articulaciones, en las vocales y consonantes, en los ámbitos de las significaciones que siempre están presentes, latiendo en cada uno de los vocablos que nos pertenecen por haber nacido en esa lengua.

 

El crítico de sí mismo

Esa conciencia del hecho poético hace que el crítico que lleva consigo se acreciente de tal manera que se convierte en obsesión extrema. En este sentido, me detengo en estos rasgos biográficos. Su método de trabajo, en forma sumaria, es este: colocaba un rollo de papel periódico en el rolo de la máquina e iba sacando versiones y versiones de cada poema, y como tirillas las iba colocando una al lado de la otra. Leía y leía, tachaba, subrayaba, añadía; un ritual, con el diccionario bien cerca. Este procedimiento de autocorrección marcó su práctica, excepto en Vlía, poema escrito de un tirón de inconsciencia consiente, que conducía a la serenidad expresiva deseada: el poema.

 

Conciencia de misión

Había en Freddy una misión muy personal y muy literaria, y muy histórica: escribir una obra que primero sea en la lengua española, para ser entonces testimonio de su tierra, única forma de ser en sí mismo y testimonio en los otros.

Y sobre estas premisas levantamos esta reflexión que tiene asiento en la concretizada obra y en lo que ella contiene y refleja. Enmuy buena parte ella, la geografía dominicana se testimonia. Teje el poeta un verdadero mapa poético con rasgos significativosde distintas regiones del país. Veamos:

 

El Sur

El Sur tiene espacio en la obra de Gatón Arce. Se asienta en sus versos con su tragedia legendaria. En “Tres veces el Sur”, la tierra se hace propicia para reflexionar sobre la condición humana, de los que allí habitan yde todos nosotros. En él leemos:

 

El polvo del Sur está más cerca de la muerte que nosotros

Y este Sur, ahora personaje, aparece en “Magino Quezada”. Pero no es el hombre, sino un símbolo de los hombres y las mujeres que nacen, crecen, viven, y, sobre todo, permanecen en aquel espacio de soledades compactas esperando lo definitivo y cierto: la muerte. Porque las personas permanecen apegadas a la tierra del nacer, no andan lejos del sitio de volver.

 

Porque cien veces cien

Llego a la aldea, y Magino Quezada me espera.

¨Aquí no hay la costumbre de engañar¨. Enseguida me digo que tú no estás, ni están tus ojos, ni tus manos para guiarme por estos laberintos del Sur

 

El Este

Como introito y apoyo, en Y con auer tanto tiempo reproduce el poeta una crónica que da cuenta de la fundación de un símbolo de esta región, y de la isla misma, la Virgen de la Altagracia. Reproducimos un fragmento: “El templo de Nuestra Señora de Higuey en la Ysla es el primer santuario que hicieron los católicos en ella, quando las católicas armas de V.M. la conquistaron en su principio, con que viene a ser el santuario primero de estas Yndias”.

Es el poemario dedicado a la tierra del nacer. Recuéstase del recuerdo, honra a los padres, a los vecinos, al patio en que jugueteaba. Recrea el horizonte casi sin tropiezo que imprime la morfología de la región íntegra y que da razón a la tierra y sus gentes; porque el Este es aire suelto, viento desplazándose por llanuras y cañaverales.

Allá abajo el carbón

El abismo aborrascando su errante cuello de niebla En un como alear de pájaro oscuros y blancos Allá por el asiento del Este.

La Línea Noroeste

La Línea Noroeste palpita en El poniente. Pueblos y poblados levantados en esta zona del país, así como en la frontera y el mar Atlántico. Monte Cristi, Santiago Rodríguez, Valverde, Mao. Accidentes de la tierra: las montañas, las serranías, ríos, el mar. El ámbito entero de una geografía singular en la que imponen  su dominio la guasábara y el cambrón.  El chivo brusco, y las infinitas leyendas brotadas de batallas. Otro morir que iguala las luchas desde la conquista Hasta las huellas del centauro pie de José Martí, desde las lanzas punitivas de la Limonada contra los usurpadores hasta la impotencia Del imperio español en estas tierras y aguas. Y más: las guerras fratricidas, y el merengue de La Línea.

El Cibao

Esta zona la representa el poema “La leyenda de la muchacha”. En él se recrea el idílico valle del Cibao en una conjunción de amores entre dos jóvenes cuando la paz reinaba sobre tierra y hombre por imposición de ella misma. Él lo soñado y deseado,  el estado ideal para vivir como Dios manda. Toma, pues, el poeta el tiempo del reconcilio  de los primigenios en una tierra, sin duda, bendecida por flores, frutos, agua, suave viento  y dulce cielo:

Corrían los tiempos en que la paz
Avecinaba el milagro de la hermosura,
En que la doncellez dilataba los corazones,
En que los niños se regocijaban de andar

Con los pies descalzos sobre las guijas
De los manantiales tersos y flacos de mi pueblo.

 

Es el amor posible en la tierra.

 En esa región poblada de bienes,

desde el cielo arriba, siempre claro y limpio,

 hasta la espesura espesa y verde abajo;

desde el ámbito donde los pájaros en vuelo reinan;

 es la tierra para los amores verdaderos,

 para la vida verdadera;

es el inicio que se va transformando

inevitablemente con la violación de la paz primera.

 

Zona central del país: San Francisco de Macorís, Pimentel

En 1980 Freddy Gatón Arce publica Son guerras y amores. Con este poemario inicia la última jornada creativa, la que cubre el periodo en que él recoge sacos, pantalones, chalinas, los echa en la parte de atrás del pequeño Fiat y se va a Pimentel y regala aquel montón de cosas que utiliza más. Adquiere el normal pantalón, el como suéter, pues ya no tiene que ir a la entrega definitivamente a la creación. Y surge este libro cuyo motivo central recoge esencias de esa zona del país en que vivió buen tiempo, la atmosfera de aquella tierra, plena de sembradíos de arroz, cacaotales y cafetales.

Y algunos tropezamos después con un Sujeto

Durante otro viaje por la Costa Norte:

Empero yo luego quise, solo,

Por mi parte también descubrir papiros y descifrar signos,

(Cualesquiera papiros y cualesquiera signos)

Y pude saber lo que quizás pensó e hizo

O lo que dejó de pensar y de hacer

Ese Desconocido, que también era suma y no resta

De rostro y vidas:

Por lo cual doy noticia de ello…

   El tono dominante corresponde a la crónica. Pero no a la crónica de los gruesos eventos humanos, sino de los nimios de la vida ordinaria, esos que nos acontecen con la necesidad y urgencia de prolongar la vida cumpliendo rituales que nos vienen de lejos. Así el poema, partiendo de una anécdota u ocurrencia de una niña, se adentra con persistencia y certeza en el mundo que hacemos cada instante.

 

Se va tomando nota de que demorado en redor de la aldea,

mordiente, carnal, el día trae su epopeya en

quijongos, marimbas, atabales,

tamboras, güiras, maracas, panderetas,

Santo Domingo. Zona Oriental

Las alusiones a la ciudad de Santo Domingo y zonas aledañas son copiosas en obra integra. En La moneda del Príncipe, su último poemario, calles de la ciudad capital son motivos directos: El Conde, la Mella. Ahora donde encuentra asiento, serenidad de intención, la de dejar estampada la crónica geográfica, es en el poemario Los ríos hacen voca. Estos poemas responden a ese lado de la ciudad, a esa zona geográfica que conserva en su morfología rasgos muy propios de lo primero. Humus indígenas aún se perciben por esos rumbos, así lo canta ese fragmento titulado “Por debajo de tierra”, cuyo motivo medular se encuentra en ese fluir de agua que aún no sale a superficie, el rio brujulea:

El río se sumió,

Sus aguas misteriándose.

Por el llano costero del Caribe

Nada noticia ni nadie brujulea nostalgias.

 

 

Freddy Bretón, «Los entresijos del viento»

Por Miguelina Medina

   En la puesta en circulación de una novela escuché decir a alguien: «Es un ensayo», a la pregunta de «¿Qué te parece esta novela?». Al leer una obra literaria, todos tenemos una opinión sobre la misma, o diversas opiniones.

Para exponer mi opinión sobre esta obra he realizado, devotamente, una lectura de “hipertexto”. Y  recomiendo este tipo de lectura a esta obra, pues de esta manera podemos disfrutar en su totalidad su contenido, comprender el sentido que llenó el alma del autor en su propósito y la belleza sutil de sus palabras, y de las palabras naturales expresadas en su narración. Cada término, cada música referida, cada poema, cada cielo, cada descripción cruda o cada metáfora… todos los recursos narrativos utilizados por el autor nos pueden sorprender en un mundo en cuyo espacio quisiéramos quedarnos y no volver. Es uno de los efectos más transcendentes que ocurre al lector en esta obra. Es esta emoción lo que ocurrió en la “Transfiguración de Jesús” con tres de sus discípulos: «Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías» (Mat. 17:1-9). Al leer esta obra experimentamos una catarsis y luego volvemos al camino que nos asignó el Cielo, como le fue asignado al autor, al cual él estuvo siempre asido, y hoy puede decir al final del camino que ha vencido los obstáculos. Lo dice uno de sus narradores auxiliares: “Pequeña historia de un camino de piedras”: “Cuando comenzó a recorrerlo iba bien calzado, pero los zapatos se gastaron pronto, debiendo continuar descalzo. Llegó a estar tan lastimado, que en consecuencia dejaba ensangrentadas las piedras y el polvo. Miró una vez hacia atrás y no vio más que el fuego del sol estrellándose contra las rocas. Volvía la mirada hacia delante y sabía que le esperaba por igual ardiente sol, espina y piedra. Pero no se arredró y haciendo caso omiso de todo lo demás prosiguió su camino. Solo a veces le enviaba el Señor el consuelo de alguna brisa fresca, que el caminante agradecía tanto como las horas de calor más sofocante. Así resistió años y años. Subiendo un día una empinada cuesta de agudas rocas, notó que de nuevo le sangraban los pies; pero él, acezando, continuó la marcha hasta que no pudo más y tuvo que sentarse a recobrar el aliento […]. Ya en lo alto, el Señor le mostró algo hermoso: volvió la cara hacia atrás y vio que en cada lugar en donde con sus pies heridos había dejado ensangrentadas las piedras, había brotado una flor; podía incluso respirar en la brisa su agradable perfume. Tiempo después murió el hombre de Dios a mitad de la otra subida. Y era tan notable el olor en el espacio, que todos los transeúntes –a pie o en vehículos veloces– se detenían a contemplar todo el camino aquel, esplendorosamente florecido” (Dositeo, pp. 330, 331).

La necesidad de entender la obra en su máxima sublimidad nos creará los “hipervínculos”,  que son las palabras y términos desconocidos, palabras que nos llevarán a las consultas de las mismas en Internet, son los llamados ‘enlaces’ o ‘links’ (https://es.wikipedia.org/wiki/Hiperenlace). Cada lector encontrará los suyos propios,  pues la obra está llena de la vasta cultura del autor, el cual a su vez la cede a los personajes o narradores auxiliares. Vale la pena vencer la “inmensidad del océano” y salir de la “lectura lineal”, en esta obra. De esta manera clasifico algunos “hipervínculos” para ilustrarlos, como ejemplos generales: musicales, cantantes, costumbres, mitología, fabulas, obras literarias, poetas, narradores, países, culturas, todos enmarcados en el propósito narrativo concebido por el autor.  Un ejemplo de la lectura investigativa permanente en la que nos envuelve el autor es el siguiente: “Del caballo de papá solo supimos las noticias, pues no nos tocó conocerlo ‘en persona’; sería algo sólo comparable con Bucéfalo de Alejandro o a Babieca el del Cid” (p. 137).

El autor nos da, además, otras señales de cómo debemos transitar en su obra. Leamos una de las creaciones de otro de sus personajes auxiliares de los cuales se atavió el autor para esta narrativa, metafórica y simbólica a la vez. “El pez estético”, Prisca, pp. 262, 263:

“–Sabrás –le dijo el pez fornido– que todo pez viene al agua con alguna inclinación dominante. No sé cuál será la tuya, pero mi pasión es la estética. No me contengo, soy verdaderamente esclavo de la belleza. Cruzaron por entre un cardumen de pececitos que semejaban brillantes monedas de plata. Pasaron también junto al feo pez guanábana. Divisaron luego un pequeño grupo de diminutos peces hermosos, en el centro del cual estaba un multicolor y de grácil figura. 

   Los dos peces disimularon su presencia entre abundantes plantas acuáticas, mientras el pez mayor susurraba al adolescente: 

   –Observa y verás lo que es maestría.  

  Al instante salió como un misil y, en un parpadeo, se tragó al hermoso pez ante el asombro de los demás habitantes marinos […]”.  

 

Sobre el género literario  

Para analizar el género literario de esta obra, vayamos a la pista central (tenue, pero clarividente) con la cual nuestro autor nos conduce a la estructura narrativa de su obra. Luego del relato anterior, “El pez estético” -páginas 262 y 263-, el personaje principal, el narrador, alerta: «Pero se me pasó decirles que no podemos darle vía franca a la avispada Prisca, pues sería como volver a poner a Sherezada ante el sultán de Las mil y una noches». El autor de Los entresijos de viento ha utilizado la técnica que utilizó el autor de  Las mil y una noches. ¿Cuál es esa técnica? Relato enmarcado y marco narrativo. Veamos estas dos citas sobre estos aspectos:

(A) Las mil y una noches​ es una célebre recopilación medieval de cuentos tradicionales del Oriente Medio, que utiliza la forma del relato enmarcado. El núcleo de estas historias está formado por un antiguo libro persa llamado Hazâr afsâna (mil leyendas). El compilador y traductor de estas historias folclóricas al árabe es, supuestamente, el cuentista Abu Abd-Allah Muhammad el-Gahshigar, que vivió en el siglo IX. La historia principal sobre Scheherezade, que sirve de marco a los demás relatos, parece haber sido agregada en el siglo XIV para servir de marco narrativo.

Son relatos que surgen uno del otro, es decir, al contarse uno de repente surge otro relato y ese otro, crea otro cuento hasta que termina el primero como cajas encerradas en otras cajas.  Las historias son muy diferentes, incluyen cuentos, historias de amor tanto trágicas como cómicas, poemas, parodias y leyendas religiosas.

(https://es.wikipedia.org/wiki/Las_mil_y_una_noches).

(B) La narración enmarcada o relato-marco es una técnica literaria que consiste en la inclusión de uno o varios relatos dentro de una narración principal. No debe confundirse con el marco narrativo.

A grandes rasgos, se pueden distinguir dos usos de la narración enmarcada. En el primero, la narración principal ocupa la mayor  parte y la narración enmarcada tiene una duración breve. En el segundo tipo, la narración principal funciona como un contenedor para incluir varias narraciones enmarcadas, las cuales ocupan el grueso del espacio de la obra.  En cuanto al segundo tipo, la narración suele consistir en un personaje o un grupo de personajes que se reúnen para contar y escuchar historias. En el libro de Las mil y una noches, la reina Scheherazada (sic) relata una serie de cuentos fantásticos a su esposo, el Sultán, a lo largo de muchas noches. Muchos de estos cuentos son, a su vez, narraciones enmarcadas. Es habitual el uso de una narración enmarcada como la narración principal. Por ejemplo, una manera bastante usada es introducir al inicio de la historia a dos personajes, uno que cuenta al otro la historia que realmente es la importante para el espectador   (https://es.wikipedia.org/wiki/Narraci%C3%B3n_enmarcada).

Parafraseo el concepto para ilustrar mi observación: En Los entresijos del viento la historia principal sobre el narrador, llamado Federico (ver págs. 107 y 249), sirve de marco a los demás relatos. O de otra manera: el autor, bajo el marco biográfico del personaje, relata los cuentos que seleccionó para contar sus peripecias y los impactos de su conciencia al transitar la vida. Estos relatos, todos, tienen sus estructuras propias. Anteriormente expresé que el “narrador nos alerta”, pues él nos muestra su técnica narrativa, él no está contando la historia de su personaje principal en la historia del personaje principal de Las mil y una noches, por eso él dice: “Pero se me pasó decirles que no podemos darle vía franca a la avispada Prisca, pues sería como volver a poner a Sherezada ante el sultán de Las mil y una noches” (p. 263). Y aunque la comparación hace referencia igualmente a la relación Sherezada-Sultán y Prisca-Personaje, es una manera de ponernos en contacto con la técnica seleccionada por el autor y que él quiere dejar claro que no está haciendo lo mismo, aunque lo haya tomado como referencia para su obra.

Esta técnica de «relato enmarcado» la utilizó también Pedro Henríquez Ureña en su libro de cuentos para niños: Los cuentos de la Nana Lupe. Se puede leer en su Presentación lo siguiente: “Los cuentos de la Nana Lupe son un conjunto de historias, cuyos protagonistas, los niños Mariquita y Nachito, en compañía de un duendecito maravilloso: Don Yo de Córdoba, entran en contacto con la naturaleza y sus animales” (Pedro Henríquez Ureña, Santo Domingo,  Susaeta Ediciones Dominicanas, s/año). Ambas obras, no son definidas por sus autores como novelas, quizás por sus diseminados relatos, pero narran la historia de unos personajes y en ella se da seguimiento a sus acciones y peripecias, a una narrativa con estructura novelística, aún sean infantiles —Las mil y una noches se puede leer en versión infantil también.

¿En dónde se entrelazan estos relatos y cuentos de Los entresijos del viento con la historia principal de la novela, en esta técnica del «relato enmarcado»? 

Se entrelazan en la trama del recorrer el camino nuestro personaje. Todos estos relatos, cuentos, poemas, anécdotas, alegorías son parte de los impactos sufridos por el autor para la reflexión profunda que izó finalmente con éxito al final de su camino. Él luchó con los “vientos” de todo tipo, y los fue definiendo en los subtítulos de los capítulos, llamándolos por sus nombres: Voces en el viento, Banderas al viento, Aires urbanos, Ventolera, Bóreas, Viento recio, Siroco, Vientos alisios, Barlovento; llamando a su lucha, además, “Cara al viento”, dejándose llevar primero en  “Aires de pájaros”. Al llegar a la cúspide, el personaje pudo engrandecer el camino transitado. Es con esta historia que el autor quiere incentivar fervientemente al prójimo, al que ama entrañablemente como a Dios, para que no desmaye en su camino ni se desvíe. Ese es el gran propósito de su novela. Volvamos al relato primero con el que inicié este estudio, para ver este camino y su propósito, para ver el alma de esta obra y de nuestro personaje-narrador-autor.   

Luego, al final de la novela, magistralmente el autor retoma a todos sus personajes o narradores auxiliares y se enmarca con ellos en una conversación terminal de sus tiempos, no sin antes llevar a cuestas sus últimas penas, anhelos y esperanzas, donde muestra también sus incertidumbres sobre ese nuevo mundo desconocido en el cual vivirá eternamente, mundo incierto pero en el cual debemos poner nuestra fe desde del inicio de nuestra vida consciente. Es lo que quiere decirnos el autor. Así es el fin de la obra. Cuenta que algunos ya se han ido al cielo, también parece una despedida. Esta conversación es la que le da el cierre total al género, esta enmarcación de su narrativa, lo cual lo hace con el propósito de no dejar dudas de su ficción.

Sobre el contenido de la historia 

Entremos ahora al contenido, hagámoslo con la grandeza con que fueron relatados estos relatos, cuentos y anécdotas.  El autor subtitula y define su obra con estas tres palabras: “Novela intencionalmente eólica”. Sobre el término “Novela”: ya hablamos del género; “intencionalmente” nos indica que esta obra fue planificada con el mismo sentido con que es narrada, su tono enfático, dulce, cruel, verídico, libre, de ficción; sus voces denotan del autor una conciencia sufrida por su alta sensibilidad y  enaltecida por los desiertos vencidos, por su misión cumplida por lo cual espera ya partir: “En verdad, todavía no hablo con los muertos, pero los añoro” (p. 366). La estructura narrativa, ya analizada, no es casual ni su manera de narrar ni los cuentos ni los relatos. Todos fueron planificados y elegidos aunque nos parezcan a veces una cascada de cuentos que nos baña demasiado.

La razón de narrar más de cientos cincuenta relatos es producto del sentimiento del personaje expresado en el párrafo anterior. En mi lectura, en la página 279 —de 369—tenía ya contados 129 relatos, y luego ya dejé de contarlos.  Ahora entendamos “eólica”: a) El  DLE dice que “eólico, ca” significa, en su cuarta acepción: “Producido o impulsado por el viento (https://dle.rae.es/e%C3%B3lico?m=form). b) En otra cita de Internet dice que “En la mitología griega, Eolo  es el nombre de tres personajes distintos”  (https://es.wikipedia.org/wiki/Eolo). Por otro lado dice: “La mitología griega es el conjunto de mitos y leyendas pertenecientes a la cultura de la Antigua Grecia, que tratan de sus dioses y héroes, la naturaleza del mundo, los orígenes y el significado de sus propios cultos y prácticas rituales” (https://es.wikipedia.org/Mitolog%C3%ADa_griega).

El autor trabaja el término “eólica” en estos dos sentidos: En el sentido simbólico es el ‘efecto’ del viento en su trajinar por la vida y en el del ‘mito’ es el vencimiento de los tabúes literarios, con la honestidad narrativa hasta el final, engrandeciendo de esta manera nuestra literatura dominicana y la literatura universal. La alta investidura eclesial del autor la marca, indiscutiblemente, al vencer los tabúes, los mitos, “intencionalmente”. Con su voz alecciona a todos los creadores y lo hace por el amor inmenso, por el respeto, que siente por la humanidad y la naturaleza, mostrado en todo momento en su obra. Leamos los siguientes fragmentos de sus relatos:  (pp. 297-298) ¡Válgame Dios del cielo! Doblamos a la derecha y empezamos a encontrar frondosas mujeres negras (dijeron que de Curaҫao), sentadas en las aceras, casi como Dios las echó al mundo. Llegamos a la iglesia, que era de planta poligonal y fuimos rodeándola, buscando la entrada. En eso alcanzamos a ver lo que solo de oídas conocíamos. Era el mediodía, y muchas mujeres –con escasísima ropa– metidas en vitrinas hacían visajes a los transeúntes; sostenían una cantina en la mano, de donde comían mientras bailaban. Nos encontramos con una en la calle y, como nos pareció conocida, la saludamos en español; nos preguntó que de dónde éramos y le dijimos que de la República Dominicana. Como ella daba señales de incredulidad, yo le dije que mirara la pequeña bandera que tenía la gorra de uno del grupo. Ella añadió, como por decir algo: 

–Pero no tiene el escudito… –En eso voceó la que estaba en la primera vitrina–:María, ¿pasa argo? –Nuestra interlocutora contestó que no pasaba nada.   

(p. 75) Como fuimos caminando a pie desde el pueblo y yo andaba calzado con unos tenis, ásperos y rotos, me hirieron en el arco de un pie. Después de este inolvidable baño se me infectó dicha extremidad, de manera que para continuar las obligaciones de mi ministerio tuve que inventar un nuevo estilo litúrgico: el de la garza. Durante un tiempo tuve que celebrar y predicar sosteniéndome en el pie izquierdo, mientras el derecho descansaba sobre una silla. Pero a propósito de creatividad litúrgica, quizá debamos llamar ‘misa rítmica’ a la que celebré una vez en una zona de grandes arrozales […]. De pie o sentados daba igual: la gente no cesaba de manotearse mientras golpeaba el piso con los pies. Aquello era puro ritmo. Bien sabía yo que se trataba de los mosquitos. 

En todo momento de su lectura debemos recordar que esta obra es una novela, aunque en todo momento quienes conocen al autor lo asocien permanentemente con esta historia biográfica narrada. En mi caso no me ha costado mucho trabajo ya que la vida real del autor no la conozco y he podido ver al personaje de su ficción,  aunque he reconocido algunos datos biográficos reales porque incluye nombres reales que conozco. De todos modos, no podemos asegurar que todos los relatos son verídicos o que todos son de ficción. Esta técnica de utilizar copilotos o narradores auxiliares le permite al autor adjudicar historias reales, irrepetibles, de la vida, no necesariamente suya; pero la urgencia de levantar su voz para sanarlas o enaltecerlas no le permite dejarlas guardadas. Y que oiga quienes pueden escuchar las voces escondidas, porque las hay, y también es un anhelo del autor, que escuchemos esas voces en la intimidad del silencio.

Recomiendo que esta obra se coloque en todos los museos del país, pues llegará el tiempo en que se añorará mucho más que en este tiempo. Los jóvenes querrán hurgar en la historia, reencontrar su pueblo o encontrar sentido a sus vidas, tal vez. El autor ha dado testimonios trascendentes en su narrativa, por su especial sensibilidad, mostrada con su lenguaje, indispensable para elevarnos, desde la conciencia precoz del niño que fue. El autor capta voces de la memoria del Universo, llamado Numen, como nos ha enseñado el maestro del Interiorismo, Bruno Rosario Candelier, y las ha colocado aquí para que no se olviden, porque siguen sin morir en el mundo real de los tiempos.

Sobre los personajes en la narrativa   

En esta obra, el autor atavió a su personaje principal, y narrador, de otros personajes —como ya he venido explicando— que he llamado “personajes auxiliares”. Estos son: Doroteo, Dositeo, Prisca y Delgadina, a los cuales le ha dado incluso carácter y sicología en sus narrativas e historias. Esto es parte de la técnica descrita anteriormente en este estudio.  Otros personajes son los alegóricos, animales, que utiliza el autor para sacar el dolor profundo y hacer empatía con el dolor de la sociedad. Magistralmente sensible, hermosa y dolorosa es esta alegoría que transcribiré a continuación. No cabe duda de la grandeza del alma del autor y de su sensibilidad troquelada. En el marco de la música perfecta de un concierto de Beethoven, y bajo una descripción excelsa, el autor nos deja elevados y solo al cabo de un momento podemos regresar con nuestras lágrimas. Es  un cielo, una transfiguración  literaria, que solo es posible tocar por medio de la fascinación o el éxtasis junto al  conocimiento total la perfecta carne del lenguaje. Leamos juntos y completa: “La vaca que empezó a amar a Beethoven” (pp. 144, 145), luego vayamos a escuchar el concierto completo (añado que comprobé la época en que fue compuesta esta pieza y, efectivamente, ya Beethoven estaba casi completamente sordo, como lo dice el autor. Fue escrito en 1806 y ya desde 1801 Beethoven había perdido el 60 por ciento de la audición. Podemos comprobar esta nota en los siguientes enlaces de Wikipedia: (https://es.wikipedia.org/wiki/Concierto_para_viol%C3%ADn_(Beethoven) (https://www.abc.es/cultura/musica/abci-cual-causa-sordera-beethoven-2019021):

Vialáctea pastaba sosegadamente; alta, robusta y en extremo pacífica (tanto, que había nacido sin cuernos). Yo la miraba aventar la nariz mientras su enorme lengua segaba la yerba. Distraída en la rutina de su oficio fue acercándose a mi casa. Rozaba, al pasar, las florecillas rojas y amarillas; sus pezuñas esquivaban las piedras, dormidas como ovejas en el prado. Se detuvo luego, y continuaba mordiendo la yerba verde. Sin levantar la cabeza alzó una oreja; desde mi balcón le llegaba el concierto para violín en re mayor, de Beethoven, que iba ya por el segundo movimiento. Alzó luego la cabeza, y un brillante hilito de baba quedó suspendido entre la boca y la grama. Me llamó la atención el hecho de que, siendo más bien lento el inicio del segundo movimiento (un largheto), ella suspendiera todo para escucharlo –al parecer– atentamente. 

Mantuvo la cabeza en alto y las orejas en dirección hacia la música (ella nunca sabría que Beethoven tuvo que usar grandes cuernos para escuchar su música). Estuvo así algunos instantes. Bajó después la cabeza y seguía mordisqueando el pasto; a veces giraba los ojos y dejaba de masticar, quedando algunas ramitas verdes pegadas alrededor de su boca. 

Cuando el violín solista entró en la parte más tierna, levantó de nuevo las orejas; ahora le brillaban los enormes ojos. Así estuvo embelesada, como siguiendo el violín en su diálogo con la orquesta, sobre todo cuando éste se volvía un hilito tenue o un fino metal cimbreante, apoyado sólo en un leve pizzicato. Entró luego el rondó del tercer movimiento. Cuando subía de tono el diálogo del violín con la orquesta, la vaca se mostraba intranquila y hasta escarbaba el suelo con sus pezuñas, como piafando.  

Algo escuchó de la cadenza final, pero con la irrupción de contrabajos y timbales se estremeció el animal; la asaltó quizá algún temor congénito, lejanas reminiscencias de ruedos, de arena. Tal vez sintió el tropel de una manada de toros salvajes… Lo cierto es que, dando una súbita estampida, se retiró de la escena justo cuando el director –enfurecido– pareció hundir el estoque en los lomos del toro para dar fin al concierto.      

Hermosa coincidencia de las garzas blancas y el tractor del arado: dos escritores interioristas en el impacto de su sensibilidad infantil en diferentes épocas. Lo atribuyo al “Inconsciente Colectivo” de Carl Jung, del que he aprendido en el Interiorismo:   

Freddy Bretón en voz del personaje principal (pp. 364, 365): 

Me crie viendo las garzas blancas vestir con peplo blanco la negrísima tierra v recién arada, con el olor a raíces en el aire. Escuché a los aradores animando a sus bueyes: «Sube, Lucero; Azabache, baja…», Yo mismo deposité luego, pendiente de la lluvia, la simiente en el suelo, y la cubrí de tierra con mi propio pie descalzo. Vinieron luego los otros tiempos y sacaron de circulación los pacientes y laboriosos bueyes. Las garzas se adaptaron y, aunque con ruido de fondo, continuaron buscando lombrices y gusanos. Con todas esas vivencias de la tierra, fiel a mis orígenes rurales, escribí siendo aun joven algo brevísimo que intitulé El Arado: 

 

Soñé con tractores fuertes y eficaces 

y con trilladoras muy sofisticadas; 

tú, en cambio,

dejaste el arado en mis manos. 

Yo lo he sostenido invierno y verano. 

Y ahora que llego al final de mis años 

con las venas tiesas y el pulso cansado 

traigo la cosecha, como lo has mandado: 

Gozosa esperanza, y la conciencia en calma. 

Y del pobre arado traigo solamente 

callos en el alma. 

 

 Testimonio de Miguel Solano (transcripción del enlace de Youtube citado al final):  

Cuando uno tiene una vivencia, esa vivencia va a nuestra alma como imagen, pero para expresar esas imagen se necesita un lenguaje, y ese lenguaje tiene que tener un alto contenido de conciencia de la lengua porque tiene que expresar la palabra exacta para extraer esa imagen. Entonces, ¿qué resulta? Yo soy un niño, yo tengo más o menos siete, ocho años, y mi padre compró un tractor que fue, yo creo que el aparato más bonito que yo jamás haya visto. Ese tractor llegó para arar la tierra, para arar los sembradíos, para arar la calle  y entonces este tractor va caminando, lleva su arado y lleva toda la tierra revolcándola, toda la tierra revolcándola y yo me quedaba mirando esa imagen, ¡y toda una serie de garzas blancas detrás de esas tierras revoloteadas! Todo aquello yo lo veía, yo lo veía todo aquello como cientos, miles, millones de mujeres que, acostadas desnudas, esperaban ser embarazadas, esa era la tierra. Entonces esas imágenes duraban en mi conciencia años —quince, veinte años— porque yo no tenía las palabras para expresar el contenido de esas imágenes. Ahora, entro al Interiorismo, y el Interiorismo me permite ver hacia adentro, me permite ser honesto conmigo mismo, me permite extraer  la voz de la humanidad y entonces ya, con ese instrumento, con ese manejo de la lengua, yo vuelvo a la imagen, a esa imagen que había vivido en mi vida durante nada más y nada menos que ¡cuarenta años!, porque yo la vi cuando tenía siete u ocho años. Y entonces escribo, describo la imagen y la describo en un poema que se llama “Hallazgo”. Y el poema dice así: Solo quien le hizo/ el amor a su negra/ sabe lo que disfruta el arado/ cuando surca la tierra (https://www.youtube.com/watch?v=VKlX9fVzuyE , 26 de julio de 2019).

   “Vertiente estética literaria”: Valoración de Bruno Rosario Candelier a Los entresijos del viento, en la puesta de circulación de la novela. Teatro don Bosco de Moca, 6 de febrero de 2020, 7:00pm.  

¿Qué hace monseñor Freddy Bretón con esta novela? Pues, que asume su propia vida, asume la historia de su familia, asume la historia de su paraje, asume el caudal de las vivencias que han nutrido su sensibilidad y su conciencia para escribir esta novela. De tal manera que eso le da a la obra una vitalidad, una autenticidad y una verosimilitud a lo que escribe. Fíjense que digo que es un autor de novela. Al decir que es un autor de una novela estoy diciendo que hace una obra de ficción. La novela forma parte de la ficción, y la ficción implica, por el contenido y el significado de esa palabra, una invención. Y no hay una contradicción en lo que digo aplicado a la novela de monseñor Freddy Bretón porque ciertamente es una novela autobiográfica, y en tal virtud es una novela histórica o una historia novelada. Lo que indica que a los datos verídicos, históricos, auténticos que nutrieron su capacidad de fabulación el autor naturalmente tuvo que inventar algo. Lo primero que inventa el narrador es el lenguaje, porque el narrador de una novela o de un cuento la sustancia de lo que escribe se lo da la misma realidad: la realidad de su historia, la realidad que asume como sustancia para su creación y eso lo asume, lo recoge de la realidad, sobre todo auxiliándose de la memoria.  Una obra como esta es fruto de que el autor tiene memoria, de tal manera que si él no hubiese tenido memoria, no hubiera podido escribir la novela que escribió, porque tiene mucho de autobiográfico, recoge la historia de su familia. Y eso, naturalmente, habla bien del autor porque supo aprovechar todo lo que él vivió y conoció en su infancia. El centro de todo es su vida, es la vida del propio narrador, una trayectoria existencial que comienza con los primeros años de su vida para lo cual, naturalmente, se vale de la memoria. Y entonces, el hecho de acudir al pasado, el hecho de revitalizar lo que conoció y experimentó en cada momento de su vida es lo que le ha dado a él, digamos, el estímulo, la motivación y el impulso para escribirla.

 

Discurso magistral del autor al final de la novela, en voz de su personaje principal, narrador y poeta (pp. 367-369) 

Sé  que la plegaria de los humildes será brisa fresca para mis velas extenuadas. Tras la purificación necesaria presiento el paraíso, pero no me lo imagino sin amigas y amigos alegres, solidarios. O sin aliento femenino: unas manos, un corazón, un regazo. ¿Cómo podría haber un cielo sin la airosa palma real, o sin los recios guayacanes? ¿Sin infinitos bosques con olor a cedro y a sabina, sin aves y melodías que aniden en ellos? ¿Habría felicidad perfecta sin valles ondulantes, con sus diminutas flores silvestres? Y, por supuesto, no espero nada sin el cielo de mi infancia, de nubes blancas, de azul profundo y transparente. Tampoco entendería un paraíso sin ángeles o papalotes zumbando alegres, mientras avanzan retozando con el viento […]. Ahora, en la indiscutida ancianidad en que casi toco el final con mis lánguidas manos, me contentaría con musitar siquiera algo parecido a las cosas que escribí en mi segunda o tercera juventud…

   

Padre de la armonía:

yo sé bien que tu voz divaga por el mundo.

Te canta suavemente la brisa en los pinares,

o en los vientos que rozan las rocas de la altura.

Padre del Universo,

del que soy parte mínima:

preste yo mi voz a tus cantares,  como lo hace la fuente

o el arroyo en las piedras;

que no solo a las aves  les fue encomendado

cantar tus maravillas.

Sea todo mi ser el instrumento

en que hagas resonar  tus melodías.

Viva yo de tu amor,  tu armonía perfecta,

mientras voy, peregrino

hacia tu fiesta.

 

Muchas gracias, Mons, Freddy Bretón, los lectores han escuchado sus voces (Freddy Bretón, Los entresijos del viento, Santo Domingo, Amigos del Hogar, 2019).

 

Eduardo García Michel: El arzobispo

Por Eduardo García Michel 

Hay que tener valor para narrar las vicisitudes que describe monseñor, limitaciones, prejuicios, carencias, vergüenzas, vacíos. Y para reírse, con proverbial espontaneidad, de sí mismo y de la humanidad.

Hay que ser imaginativo para afirmar que el viento, incorpóreo, transparente y fluido, posee cosas ocultas, escondidas. Eso lo afirma el arzobispo.

En épocas pasadas hubiera dado lugar a un llamado de la inquisición para aclarar el sentido de algunos términos, o, por lo menos, a una reconvención. No porque dijera nada malo, sino porque lo expresara en tono tan humano. ¡Guardar la apariencia, hermano!

¿Para qué y adónde pudiera el viento llevar esas cosas si carece de bolsillos o compartimentos estancos? ¿Será que no tienen peso y fluyen disimuladas en la enigmática corriente?

El arzobispo afirma que el viento sí las lleva, pues tiene entresijos. E intenta demostrarlo. Por su alta dignidad, deberíamos creerle (se presume). Loco sé que no está, aunque al igual que a mí, o a cualquier otro, pudiera patinarle un poco la chaveta.

Habría que recordarle al arzobispo que el aireamiento público de sus debilidades de homo sapiens, puede que resulte incompatible con la representación de la divinidad monoteísta que encarna.

Pero ¡qué va! Monseñor se empeña en poner de relieve y en destacar que es tributario de la naturaleza imperfecta de la que todos estamos hechos, en vez de resaltar sus propias derivaciones divinas. Tal vez quiere significar que su ministerio es para los humanos. ¡Quién dice que Cristo no lo fuera!

El alto prelado, con trazos de fino humor, desmitifica la jerarquía eclesiástica que le fue conferida al pregonar que no es lo mismo ser obispo que arzobispo, al igual que chivo no es igual que “arrrchivo”. Y divulga la noticia de que, apoyado en un solo pie y haciendo un triángulo con la otra pierna, imitaba la figura del pelícano. ¡Vaya graciosa imagen la del obispo!

El asunto no queda ahí, pues demuestra, sin huellas prosaicas, que a los obispos se les presentan necesidades inesperadas en medio de la celebración de actos solemnes, verbigracia el Viernes Santo, cuya radicalidad amerita multiplicar el derrame del incienso para que no huela lo que inadvertidamente sale.

Decir esas cosas, se las trae; es ir muy lejos. Esos sí que son asuntos del viento.

Lo anterior viene a cuento porque el arzobispo de Santiago, Monseñor Freddy Bretón, escribió una novela fantástica, titulada Los entresijos del viento, que describe su propia y meritoria historia, narrada con precisión, buen uso del lenguaje, maestría e inspiración, en la que emergen los principios y valores en que fue educado. Al empezar a leerla, se sucumbe a su encanto.

La obra ilustra el modo de vida, las costumbres pueblerinas y de los campos del Cibao de mediados del siglo pasado.

Yo, que vivía en el pequeño pueblo de Moca más o menos en los mismos años en que se desarrolla la novela, aseguro que capta con nitidez y veracidad la situación, atmósfera, costumbres, creencias, valores de aquel entonces. Él lo vivió. Yo lo percibí casi de la misma manera. El libro es novela, también historia.

La trama empieza cuando el hoy arzobispo Freddy Bretón, siendo niño, vivía con alegría y decoro en un campo de Moca, cercano a Licey al Medio, rodeado de pobreza material, provisto de riqueza espiritual. La obra encadena episodios fantásticos que solo un niño con mente aguzada y poderosa capacidad de observación y de memoria, pudiere haber retenido en su mente.

En los maestros rurales y pueblerinos del Cibao central de esos años, existían condiciones superbas que los convertían en magníficos educadores: preparación, apostolado por la enseñanza, dedicación, sacrificio e impartición de clases en pequeños grupos. Era enseñanza casi individualizada.

Los entresijos del viento son un canto a la superación personal. Parecería un milagro que un niño que se criara, como fue su caso, con las restricciones económicas, escasa comunicación con las urbes y atraso del medio rural que afectaba al lar familiar y al contorno, al tiempo que disfrutaba de la amplitud y libertad que proporcionaban aquellas praderas y campos, pudiera iniciar, desde la nada, una meritoria y trascendente escolaridad, carrera universitaria, altos estudios teológicos, hasta alcanzar, no sin antes pasar por Roma, la dignidad de arzobispo.

Hay que tener valor para narrar las vicisitudes que describe monseñor, limitaciones, prejuicios, carencias, vergüenzas, vacíos. Y para reírse, con proverbial espontaneidad, de sí mismo y de la humanidad.

Esta novela de Freddy Bretón es una obra de arte. Sorprendente, atrevida, mundana, no solo para los parámetros de un eclesiástico. Profundamente cristiana, de una humanidad tan auténtica, veraz, que conmueve los intersticios del alma. Junto a la extraordinaria pluma de monseñor, destaca su humildad ejemplar.

El arzobispo – diariolibre.com

Luis Quezada Pérez: «El secreto del monje», novela histórica de Arnaldo Espaillat Cabral

Cuando las coincidencias se convierten en evidencias

De Luis Colón a un tal Juan Tenorio

Dedicatoria

A Miriam, una persona muy especial en la vida del Dr. Arnaldo Espaillat Cabral

 

Acotación teológica

En una loma de Palestina llamada La Flor (que en hebreo se dice Nazaret) vivió en el siglo I de nuestra era un tal Jesús, campesino galileo, hijo de una tal Miryam y de un tal Yosef.

מריה Miryam es un nombre conformado por dos vocablos hebreos, mir-yam, que significa luz (mir) sobre el mar (yam). De ahí el apelativo latino Stella Maris, Estrella del mar.
   

“La sombra del Galileo”, de Gerd Theissen, novela histórica sobre Jesús de Nazaret

 

¡Esta vez en el mar no habrá tormenta! (Última frase de El secreto del monje)

Cuando las coincidencias se convierten en evidencias

De Luis Colón a un tal Juan Tenorio

 

Sorprendido, el licenciado López Fournier expresa: “Tras escuchar su rimero de pruebas, las coincidencias han dejado de ser coincidencias para constituir un rastro de evidencias tangibles, que a semejanza de un hilo de Ariadna nos conducen a la fuente primaria” (El secreto del monje, p.262). 

  1. UNA MIRADA DE ACERCAMIENTO AL AUTOR DE LA NOVELA

El Dr. Arnaldo Espaillat Cabral, para muchos pionero y padre de la oftalmología moderna en nuestro país, quizás por su condición de especialista en la visión, tiene un ojo experimentado para novelar la historia y para historificar la novela.

Es un hombre atraído por la CIENCIA y la LITERATURA. Por su talante científico, se fija en la HISTORIA. Por su vocación literaria, se fija en la NARRATIVA, específicamente la NOVELA. Para decirlo en una frase, tiene “ojos” para la historia y para la literatura.

A sus 88 años de existencia, después de un largo servicio científico al país desde la Oftalmología, entrega a la nación dos frutos maduros de su vocación literaria, que desde ya lo consagran con un nombre elocuente, en cualquier antología de la novela dominicana. Ya con 77 años de edad, en el año 2008, publica su primera novela histórica, “La Tumba vacía”, con más de 700 páginas, publicada por el Banco Central de la República Dominicana.Y a los 88 años de edad, el 19 de septiembre de 2019, nos entrega su segunda creación narrativa, “El secreto del monje”, con 293 páginas, publicada por la Academia de Ciencias de la República Dominicana, institución que había presidido en tres ocasiones.

El impacto de ambas publicaciones ha sido ponderado por excelentes comentarios de los críticos literarios dominicanos. Un escritor nuestro, Roberto Marcallé Abreu considera estas dos entregas del Dr. Arnaldo Espaillat Cabral como “las más apasionantes novelas históricas que se hayan escrito en la República Dominicana”. Pienso que la HISTORIA le marca por las circunstancias que conforman su vida. Nace en Mao en 1931, apenas comenzando la llamada “Era de Trujillo”, en la cual vivirá los primeros 30 años de su vida. El hecho trágico de que su padre fuera asesinado por el régimen trujillista, le marca como ser humano y como intelectual. El haber nacido y crecido en la ciudad de los bellos atardeceres, pudo haberle inspirado en su inconsciente personal a la ficción literaria, para la cual tiene un dominio magistral.

En 1956, a los 25 años de edad, se gradúa de médico en la Universidad de Santo Domingo. Su tesis tuvo que ver con algo que el vulgo llama “bomba de tiempo”: los aneurismas. Para un servidor, esto tiene una resonancia especial, pues he visto partir de forma inesperada tres personas amigas, por causa de los aneurismas.

En 1960 viaja a Barcelona, a estudiar en el famoso Instituto Barraquer. España está omnipresente en sus dos novelas históricas. Iniciando la década de los setenta del siglo pasado funda el Instituto Espaillat Cabral, centro oftalmológico especializado, caracterizándose el mismo desde sus inicios por su servicio docente (estaba afiliado a la UASD) y su servicio social.

El Dr. Arnaldo Espaillat Cabral es un hombre de dos siglos: Hasta ahora, de sus 88 años de vida, 70 pertenecen al siglo XX y 18 al siglo XXI. Y ha sido en estos 18 años cuando ha sorprendido al país con dos novelas que pueden ser consideradas modélicas en su técnica narrativa. En el otoño de su vida, el Dr. Espaillat Cabral inició su primavera literaria.

Académico consagrado, educador de generaciones, médico con sentido humano, nos enseña a ver físicamente las cosas, pero también nos enseña a ver espiritualmente la vida, echando una mirada retrospectiva a la historia dominicana, no desde la fría historiografía, sino desde la cálida narrativa. Si una vez identificó el Instituto Espaillat Cabral que fundó como ciencia, arte y amor, también su impronta literaria lleva esta triple marca indeleble. En alguna parte leí que su autor preferido es Homero, el poeta historiador, quien siendo ciego compuso La Ilíada y la Odisea. Arnaldo Espaillat Cabral, el novelista historiador, que curando la vista también nos regala ojos para mirar el pasado, deleitándonos con su estética narrativa, que ya empieza a ser cualificada como excelente en la literatura dominicana.

  1. VISUALIZACIÓN DE COINCIDENCIAS QUE SE TORNAN EVIDENTES EN SUS DOS ENTREGAS NARRATIVAS

Al leer pausadamente sus dos entregas novelísticas, uno percibe una multiplicidad de coincidencias, pues de su novela precedente (La tumba vacía) aparecen incorporados muchos elementos históricos narrativos en su segunda novela (El secreto del monje). Vayan pues algunos ejemplos fugaces:

  • Ambas presentan como un lugar emblemático de su trama narrativa la Torre del Homenaje.
  • Ambas presentan sus diálogos y parte de sus personajes en el siglo XIX.
  • La anexión a España aparece referida en ambas obras.
  • José Antonio Salcedo, primer presidente de la patria restaurada, es citado en ambas narrativas. Incluso, Fari Rosario dice, refiriéndose a “La tumba vacía” que “el personaje más real de esta novela es José Antonio Salcedo.
  • Muchos otros personajes del período anexión-restauración-segunda república, aparecen en ambas novelas: Pedro Santana, Meriño, Ulises Heureaux, para citar algunos.
  • Aparece citado en la narrativa sin mencionar el nombre, el decreto de San Fernando, emitido durante el gobierno del padre Meriño (p.31).

El doctor Espaillat Cabral, aunque publica su primavera literaria en su otoño existencial, no es un improvisado en la narrativa a última hora. El mismo relató una vez, refiriéndose a su primera novela, que desde 1957 completó los primeros borradores de la obra; al ser torturado por la tiranía, su obra es quemada, pero la recupera gracias a unos pliegos conservados en un baúl de su madre”.

  • EL TÍTULO: PRIMERA LLAMADA DE ATENCIÓN

Cuando a un exégeta le llega un texto literario con un título que lo encabeza, las primeras preguntas que le vienen a la mente se refieren al título mismo.

Al llegar esta novela histórica a nosotros con el sugestivo título de EL SECRETO DEL MONJE, surgen de inmediato en nuestra imaginación dos preguntas: ¿cuál secreto? ¿Qué monje? Entonces, el exégeta se dispone a leer el texto, buscando la explicación de tal título. Es el primer jalón que uno le da a la obra.

  1. UN MONJE Y UN SECRETO

La novela histórica de Arnaldo Espaillat Cabral nos habla de un monje de la Orden de la Merced (mercedarios) llamado fray Gabriel Téllez, que escribió bajo el pseudónimo de Tirso de Molina, y autor de una obra de teatro titulada El burlador de Sevilla.

En la p.16 de la novela, el autor cita la fundación de la primera ciudad del nuevo mundo, a la que bautiza con el nombre de La Isabela, fundada por el propio almirante Cristóbal Colón. ¿Será casualidad o causalidad que la Jornada Primera de El Burlador de Sevilla inicie con una mujer llamada Isabela? Para un teólogo bíblico, este nombre tiene una connotación muy especial: Isabel en hebreo Ishabetel es un nombre compuesto por tres partes: Isha (mujer) – bet (casa) – El (nombre más antiguo que la Biblia le da a Dios). Ishabetel significa: Mujer casa de Dios. Precisamente, Juan Tenorio, el personaje protagónico de El Burlador de Sevilla no tendrá oportunidad para el arrepentimiento, pues se convierte en un burlador de las mujeres, es decir un burlador de la casa de Dios.

  1. ¿NOVELA HISTÓRICA O HISTORIA NOVELADA?

La narrativa del doctor Espaillat Cabral acentúa tantas precisiones históricas, que nos hace pensar si en realidad estamos ante una novela histórica o una historia novelada. Valgan algunos ejemplos de un sinnúmero de precisiones históricas que aparecen en esta narrativa:

  • Los primeros religiosos que se establecieron en la isla no fueron los franciscanos ni los dominicos, sino los mercedarios (p.17)
  • Que Alonso Díaz Moreno, quinto abuelo por vía materna del libertador Simón Bolívar residió en nuestra isla, en la población de Higüey; pero también vivieron radicados en Higüey Simón Bolívar el Viejo y Simón Bolívar el Mozo, bisabuelo y abuelo por vía paterna del Libertador (p.18).
  • Que a principios del siglo XVII, en 1616, vino una segunda presencia de cinco mercedarios a la isla, uno de ellos era fray Gabriel Téllez, que escribió bajo el pseudónimo de Tirso de Molina, a quien se atribuye la obra El burlador de Sevilla (p.19).
  • Que el Juan Tenorio de El burlador de Sevilla no pudo estar inspirado en Miguel Mañara, “acaudalado aristócrata de Sevilla que llevó una vida turbulenta”, como aducen ciertos ensayistas, pues la primera presentación de El burlador de Sevilla casi coincide con el nacimiento de Miguel Mañara. La narrativa expresa: “¿Cómo su vida, por pecaminosa que fuera, podía servir de modelo, si la obra fue escrita antes de que él naciera?” (p.25).
  • Cómo la estadía de fray Gabriel Téllez coincide con la vida en esta colonia de don Luis Colón Toledo, hijo de Diego Colón y doña María de Toledo, nieto de Cristóbal Colón
  • Como la Torre del Homenaje fue construida por Nicolás de Ovando y sirvió de alojamiento a Diego Colón y María de Toledo, hasta que construyeron el Alcázar (p.29).
  • El autor transmite sus precisiones y apreciaciones históricas a través de las teorías que expone el profesor Isaac Espinoza, que a partir de la p.66 entra en el escenario de la narrativa.
  • Las precisiones históricas sobre el llamado Sermón de Montesinos (p.75).

En resumen y para no ser extenso, la obra está saturada de precisiones históricas que me obligan a pensar que estamos más ante una historia novelada que ante una novela histórica.

  1. LOS PLANOS CRONO-HISTÓRICOS DE LA NOVELA

La novela se trenza en tres planos crono-históricos:

  • Época colonial: siglos XV, XVI y principalmente XVII.
  • Época de la Segunda República, después de la Guerra de Restauración: XIX (1881).
  • Época actual: sobre todo, el pasado siglo XX, con la visita del Papa Juan Pablo II a la República Dominicana.

Tanto la dedicatoria como el epílogo de la novela, centrados en la visita del Papa Juan Pablo II, son las que inspiran esta novela histórica.

Los diálogos de la narrativa se circunscriben en la época de la Segunda República, a partir de 1881. El tema que desarrolla la narrativa se ubica en la época colonial, básicamente en el siglo XVII.

  • NUEVE CAPÍTULOS: NUEVE PASOS PARA UN SECRETO

La narrativa de “El secreto del monje” parece una verdadera sinfonía, que va incrementando el suspenso, así como los acordes de una partitura van in crescendo, hasta provocar un clímax que mantiene hasta el final la intriga, el interés y el deseo de lector de no soltar la obra hasta que se clarifiquen los planteamientos que la narrativa va desarrollando con una textura de avidez impresionante. Hay que esperar pacientemente la p.110, perteneciente al Cap.4 (El Convento de la Merced), para conocer el secreto que va tejiendo la obra: “Don Juan Tenorio, en El Burlador de Sevilla, protagoniza la vida de Luis Colón Toledo”. El profesor Isaac Espinoza, que aparece como cicerone a partir del Cap.3 (El Alcázar) es el personaje de ficción que va clarificando “el secreto del monje”. Pienso que con mucha sapiencia, el doctor Espaillat Cabral crea al profesor Espinoza para poder dilucidar en una trama literaria toda una serie de planteamientos históricos que son verdaderamente novedosos algunos y otros con agudo sentido crítico, presentados en una narrativa no solamente creativa sino bien lograda en todos los aspectos literarios, que hacen de esta novela histórica, un modelo de narrativa en la reciente literatura dominicana.

Santo Domingo, PUCMM, 26 de noviembre de 2019.