Palabras de familia

Mi querida profesora de tejido, a quien como a todas las profesoras, le gustan las cosas bien hechas, me mostró hace unos días un titular que rezaba como sigue: «El estereotipo de los problemas del nuero y la suegra al cine». Su lectura me recordó aquello de la familia de palabras. Para este caso hablamos también de palabras de familia.

No sé si se han dado cuenta de que cada uno de nosotros, como miembros de una familia, puede ser llamado de muy distinta manera según la relación a la que nos queramos referir. Yo, por ejemplo, soy al mismo tiempo hija, nieta, hermana, esposa, madre, cuñada, tía, sobrina, prima y nuera (y está en veremos si llegaré a ser suegra, consuegra, abuela o, incluso, bisabuela). Nuera, que no *yerna. Y si fuera un hombre sería yerno, que no *nuero. Yerno y nuera son los sustantivos que en nuestra lengua nos sirven para referirnos a las parejas o a los cónyuges (que no *cónyugues) de los hijos. Yerno es lo que en lingüística conocemos como el heterónimo de nuera; dos palabras distintas, con orígenes distintos, que se oponen solo por el género (como en los casos, y sin ánimo de comparar, de yegua/caballo o vaca/toro).

En algunas zonas de España y de Hispanoamérica (y de que nuestro país está incluido entre ellas da fe el anterior titular) echamos mano a veces de aquello de  nuero y yerna. Son una muestra de expresión coloquial que debemos desterrar de la expresión cuidada, sobre todo si se trata de un titular de prensa.

Nuestra industria cinematográfica está tomando vuelo. Aunque para el cine la imagen es primordial, las palabras no deben quedarse atrás. Que no sean ellas las que lastren su ascenso.

© 2016, María José Rincón.

 

Metan las narices en la lengua

Ya saben eso de la economía de la lengua. El máximo significado con el mínimo esfuerzo. A veces esa economía nos pone en jaque. Acérquense, si no, a la pareja de homófonos (puesto que se pronuncian igual) injerir/ingerir. Una sola letra de diferencia, dos palabras distintas. Como en todas las parejas, sus componentes comparten algunas cosas y difieren en otras. Sirvámonos del Diccionario académico para deshacer el entuerto.

Injerir, del latín inserere, significa ‘meter una cosa en otra’. Ingerir, del latín ingerere, significa ‘introducir por la boca la comida, bebida o medicamentos’. Ambos son verbos irregulares. Para conjugarlos correctamente podemos servirnos del modelo de conjugación del verbo sentir.

Todas las formas del verbo injerir se escriben con jota: Injieren un nuevo apartado en el informe. También, y con la misma ortografía, lo podemos usar como intransitivo pronominal para expresar que alguien se entromete o se inmiscuye en algo; para esto se construye con la preposición en: No es acertado injerirse en los problemas ajenos. Del verbo injerir, el sustantivo injerencia, la muy frecuente acción de entrometerse donde a uno no lo llaman: Siempre se critica la injerencia extranjera.

 Todas las formas del verbo ingerir se escriben con ge: Ingieren el mismo jarabe todas las mañanas. Del verbo ingerir, el sustantivo ingestión (ojo, no existe *ingerencia): La ingestión de ciertas setas puede provocar envenenamiento. Un cultismo latino, injerido hace tiempo en nuestra lengua desde el inglés, es también miembro de esta familia: ingesta. Originalmente ingesta se refería al conjunto de alimentos y bebidas que se ingieren: La ingesta de líquidos debe ser adecuada. A esta acepción ha añadido la de ‘acción de ingerir’, que lo convierte en sinónimo de ingestión: En las dietas hay que controlar la ingesta de azúcar. 

Injiéranse todo lo que quieran en la lengua; para eso es nuestra. El único requisito es hacerlo con respeto y conocimiento.

© 2016, María José Rincón.

 

Alinear: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa]

Si su vehículo muestra alguna inestabilidad en el rodamiento debe ser sometido a /alineación/. Incluso, el hecho de cambiarle las llantas demanda que se /alinee/.

Una vez en el taller,  el dueño le responderá: “Nosotros lo /alineamos/ en breve tiempo”. Usted insiste en preguntar: ¿En qué tiempo lo /alinean/? El operador de la máquina le dirá: Yo /alineo/ ese  carro en media hora. Entonces, usted ordena: alinéelo.

Un  extranjero que andaba  en lo mismo dice: el centro donde yo /alineaba/ ha cerrado, ¿vosotros alineáis electrónicamente? – Claro, nosotros /alineamos/ con tecnología moderna.  –Pues aquí /alinearé/  mi coche o mejor, lo /alinearéis/ vosotros.  – Sin duda, lo /alinearemos/.

El verbo  /alinear/ sufre en el habla de muchos dominicanos alteraciones que  lo diferencian de la conjugación  correspondiente al español general. Semánticamente se observa que el uso más generalizado entre nosotros  es el referente a la mecánica, pese a que en el Diccionario de la lengua española aparecen otras acepciones antes que esa. Veamos:

1-Colocar tres o más personas o cosas en línea recta. U. t. c. prnl.2. tr. Incluir a un jugador en las líneas de un equipo deportivo para un determinado partido. 3. tr. Vincular a una tendencia ideológica, política, etc. U. t. c. prnl.4– Mec. Ajustar en línea dos o más elementos de un mecanismo para su correcto funcionamiento.

La cuarta acepción (edición 23ª del DLE) predomina aquí sobre las otras. De ésta derivan  los sustantivos alineación y alineamiento.

El Diccionario  no registra  el significado que aquí le otorgamos a la palabra /alineación/  en relación con los automóviles. He aquí lo que dice:

  1. f. Acción y efecto de alinear.2. f. Trazado de calles y plazas.3. f. Línea de fachada que sirve de límite a la construcción de edificios al borde de la vía pública.4. f. Acción y efecto de formar o reunir ordenadamente un cuerpo de tropas.5. f. Disposición de los jugadores de un equipo deportivo según el puesto y función asignados a cada uno para determinado partido.

Respecto al vocablo /alineamiento/ la publicación académica refiere   hacia /alineación/. De su lado, el Diccionario del español dominicano registra alineación (en sentido del uso en beisbol, orden en que los peloteros aparecen en la lista de bateo).

Alineamiento  es definida por el DED como  alineación del tren delantero de un vehículo. Esta obra no incluye el verbo  alinear. 

Para advertir sobre ciertas incorrecciones, es  necesario reproducir textualmente lo que explica el Diccionario panhispánico  de dudas    sobre la conjugación del verbo alinear. Hela aquí:

En todas las formas en las que el acento recae en la raíz aline-, la vocal tónica es la -e-: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa], alinee [alinée], etc. Son, pues, incorrectas las formas en las que, por influjo del sustantivo línea, se desplaza el acento a la -i-: alíneo, alíneas, alínea, alínee, etc., así como su pronunciación con cierre de la /e/ átona resultante en /i/: [alínio], [alínias], [alínia], [alínie], etc., pronunciación que a veces llega a reflejarse en la escritura. Los mismos errores deben evitarse en el resto de los verbos acabados en -linear, como delinear, desalinear, entrelinear, interlinear y linear.

© 2016, Rafael Peralta Romero.

¿Qué haríamos sin lectores?

¿Qué haríamos sin los lectores? Rosa, siempre atenta, consulta sobre la ortografía de rehusar/reusar.

Reusar, compuesto por el prefijo re- y el verbo usar, no debe llevar hache intercalada.  Lo mismo sucede con su sinónimo reutilizar. El hecho de que se reúnan dos vocales no exige una hache. Rehusar, ‘rechazar, no aceptar algo’, a pesar de su similitud, no tiene ningún parentesco con reusar. Procede del latín refusare, y de esa ahí su hache.

Por una vez la hache no es la mala de la película ortográfica. En el verbo rehusar la mayor dificultad está en la tilde. Algunas de sus formas llevan el acento en la raíz, es decir, en la parte del verbo que no cambia con la conjugación. Conjuguen: rehusé, rehúsan, rehusamos… Cuando el acento está en la raíz verbal (rehus-)  tenemos que recordar que /eu/ es un hiato, formado por una vocal abierta átona (e) y una vocal cerrada tónica (ú). En estos casos siempre debemos colocar la tilde sobre la vocal cerrada, aunque no lo exijan las reglas generales . La hache es más muda que nunca: no nos libera de la obligación de usar la tilde en el hiato.

Si vamos más allá de la ortografía el verbo rehusar tiene más cosas que enseñarnos gramaticalmente Es un verbo transitivo, que se construye con complemento directo sin preposición: Rehusó el premio. Es incorrecto usarlo con las preposiciones a o de: *Rehúsan a colaborar en la exposición. También es un error utilizarlo como pronominal: *Se rehúsan a participar en la carrera.

¿Quién nos iba a decir que una sola pregunta nos iba a dar tanto juego? Sorpresas te da la lengua (casi tantas como la vida). Gracias, Rosa, por tus dudas de buen hablante. Y recuerda: rehúsa estas incorrecciones.

© 2016, María José Rincón.

Isabel la Católica, Pedro el Cruel, Diomary la Mala…

Leí recientemente en un diario el siguiente titular: “Diomary La mala, abrazada a la buena suerte en su tierra.” El artículo  “la”aparece en mayúscula mientras  el adjetivo “mala”, que es lo que diferencia a esa persona de las otras así nombradas, aparece en minúscula.  Lo correcto  habría sido: Diomary la Mala…

La Ortografía de la lengua española, publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española,  señala al respecto que los sobrenombres “son calificativos que siempre deben ir acompañados del nombre propio. Se escriben con mayúscula inicial y van precedidos de un artículo en minúscula.

La publicación académica pone los siguientes ejemplos: Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica y Jack  el Destripador.  Ese  adjetivo con su respectivo artículo delante, hace la función de apellido. A estos nombres podemos agregar los de Fernando el Católico (esposo de Isabel), la hija de ambos Juana I de Castilla quien, por su estado de salud, pasó a llamarse Juana la Loca, mientras su esposo ha sido  identificado como Felipe el Hermoso.

La regla se aplica también para Herodes el Grande (rey de Israel, perseguidor de Jesús),  Pedro el Grande (zar de Rusia)  y el controversial Pedro I de Castilla quien asumió el trono con  ese nombre,  pero sus comportamientos  determinaron que pasara  a la historia como Pedro el Cruel, aunque sus  simpatizantes lo denominen Pedro el Justo.

Los periodistas que suelen mencionar al pícher  Pedro Martínez con el sobrenombre  de Pedro el Grande, tienen también  que observar esta regla.

En cuanto a Pedro el Cruel es título de una novela del autor de esta columna, cuyo personaje principal lleva ese nombre, en honor a la  crueldad que lo caracteriza.

Hablando de novelas, tenemos el  nombre Juanita la Larga, del siglo XIX, escrita por el español Juan Valera.  De España nos llega también el personaje  Antoñito el Camborio, poema de Federico García Lorca, de pura esencia gitana. Está basado en la muerte de  Antonio Torres Heredia. Aquí reproduzco una estrofa:

“¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.”

Entre los apóstoles de Jesús, al menos dos se conocen con  nombres formados a partir de este modelo: Santiago el Mayor y  Santiago el Menor. Como todos los nombres que he citado, sin importar ocupación, categoría  o rango, se escribirán  los de aquellos cuya identidad esté compuesta por  un sustantivo propio, un artículo y un adjetivo: Toña la Negra, Amara  la Negra, Quico el Presidente, José el Calvo.

Apodos y alias

Hay diferencia entre apodo y sobrenombre. Los apodos y  alias  se basan muchas veces en  rasgos de las personas. En unos casos se usan junto al nombre, separados por una coma,  y en otros en sustitución de este. Ejemplos: Lola Flores, la Faraona; Fernando Villalona, el Mayimbe; Sandro, el Gitano; Casandra Damirón, la Soberana; Tetelo Vargas, el Gamo.

Otra forma es colocar el apodo entre paréntesis a continuación del nombre, con mayúscula, la palabra principal. Ejemplo: Johnny Ventura (el Caballo); Joaquín Guzmán (el Chapo) o Pascual Cordero Martínez (el Chino).

Es frecuente escribir apodos entre guiones a seguidas del nombre y antes del apellido: Rafael –Fafa- Taveras, Teófilo –Quico- Tabar, Fausto –Ceja-Rodríguez, Federico –Quique- Antún.

La Ortografía académica recomienda en  lugar de guiones, comillas: Ernesto “Che” Guevara; Víctor “Ito” Bisonó; Eulalio “Lalo” Almonte.  Hasta aquí por hoy, si alguien me fuera a tildar de necio, por favor que lo escriba así: Rafael el Necio.

© 2016, Rafael Peralta Romero.

Recuerden las sílabas

¿Recuerdan aquello de la división de las palabras en sílabas? Aunque pueda parecerlo, no se trata simplemente de un ejercicio escolar. Las sílabas son esenciales para el uso correcto de la tilde o para la separación de una palabra a final de línea. La estructura de la lengua española exige que todas las sílabas contengan una vocal. La dificultad la plantean las consonantes, sobre todo cuando hay más de una.

Pongamos como ejemplo algunos grupos de consonantes que se consideran inseparables: pr, br, tr, gr, y también pl, bl, cl, entre otros. Por regla general forman sílaba con la vocal que los sigue (pla-to, co-bra, tra-go, a-pre-ciar).

Algunos casos de palabras compuestas o con prefijo se apartan de esta regla de división silábica. Prueben a dividir en sílabas las palabras sublime y sublingual. En la primera el resultado de la división es su-bli-me; la segunda, en cambio, separa las consonantes b y l puesto que está formada por el prefijo sub- y el adjetivo lingual: sub-lin-gual.

Existe el caso curioso que forman las consonantes -tl- cuando aparecen juntas. Su separación silábica puede ser distinta según el lugar de procedencia del hablante. El sustantivo atleta se separa como at-le-ta en muchas partes de España y América; en otras áreas españolas y americanas, sin embargo, la separan como a-tle-ta. Prueben, por ejemplo, con atlántico. La forma en que haga la división puede delatar su lugar de procedencia. No se apure; ambas posibilidades son correctas.

Tener el privilegio de ser hablante de una lengua tan extensa, tan antigua y, permítanme la licencia, tan intensa como la nuestra tiene estas cosas. Las variantes aportan riqueza, también dificultades, aunque no serán insalvables siempre que nos sigamos entendiendo.

© 2016, María José Rincón.

Una de murciélagos

Los hablantes, dueños de la lengua, convierten a menudo los diccionarios en blanco de sus críticas. El Diccionario de la lengua española, por su longevidad, debe ostentar el récord. La crítica es un ejercicio saludable, pero, para que sea productiva, es aconsejable que conozcamos bien lo que criticamos.

El DLE refleja los cambios en las palabras y en su valoración incluyendo varias versiones de la misma palabra. He oído a muchos rasgarse las vestiduras por la aparición de murciégalo en el Diccionario. ¿Están locos estos académicos? ¿Lo correcto no es murciélago? Aprendamos con este ejemplo algunos trucos útiles para aprovechar el diccionario.

En el DRAE digital la etimología aparece en color verde. La palabra española para nombrar a este pequeño mamífero procede del latín mus ‘ratón’ y caecŭlus, diminutivo de caecus ‘ciego’. Algo tan tierno como ratón cieguito. Si lo analizamos, el resultado correcto evolutivamente es murciégalo. Pero los hablantes, con el tiempo, le han ido perdiendo el gusto y han dejado de usarla; el Diccionario lo registra incluyendo la abreviatura desus. (desusada) y haciendo notar que se la considera vulgar (con la abreviatura vulg.).

La demostración de esta evolución la encuentran si consultan la palabra que finalmente se impuso: murciélago. Verán que procede de murciégalo. Los hablantes desechan una palabra “correcta” e imponen una “incorrecta”. No es tan raro. El diccionario no hace más que registrar el hecho.

Aunque parezca una incongruencia, los diccionarios nunca tienen la última palabra. Siempre podemos mejorarlos. Un apunte. En la definición académica de murciélago habría que matizar lo de insectívoro. Aunque los insectívoros son los más comunes, hay murciélagos (antes murciégalos) que se alimentan de flores, frutos e, incluso, de sangre.

© 2016, María José Rincón.

Cebiche, ceviche, sebiche o seviche: ¿con cuál me quedo?

Las normas que rigen para la preservación y buen uso de nuestra lengua  no se han hecho por caprichos de los académicos. No obstante, cada cierto tiempo aparecen –y aparecerán-  personas que la emprendan contra  las academias y contra  la ortografía.

Esas personas, generalmente periodistas y escritores, pasan por alto que son los hablantes, con sus prácticas lingüísticas,  los responsables de muchos fenómenos gramaticales y ortográficos revestidos de rareza.

El hecho de que  los hablantes hispanoamericanos no distinguen en su pronunciación las letras s, z, c ha generado situaciones de carácter ortográfico que conllevan que algunas palabras aparezcan con más de una forma de escritura.

Por ejemplo, escribimos zapato y pronunciamos  “sapato”, escribimos cielo y pronunciamos “sielo”, escribimos corazón y pronunciamos “corasón”, escribimos Zaragoza  y decimos “saragosa”. Igual ocurre con una diversidad de palabras.

La Ortografía de la lengua española (2010)  registra una lista de voces, originariamente escritas  con /z/ o /c/,  a las que se ha trasladado  en su escritura  la pronunciación con /s/. La función de la Academia en estos casos es recomendar la grafía que considere más idónea, atendiendo a la etimología de cada palabra.

En el Diccionario, esos vocablos aparecerán con remisiones hacia la forma recomendada, que será la que aparezca definida.  Por ejemplo, la voz  /biznieto, ta/ aparece sin definición, y remite a /bisnieto/  la cual se define como  hijo del nieto de una persona.

A continuación les ofrezco una selección de palabras de uso frecuente que presentan duplicidad de escritura. En cada caso, la primera es la forma recomendada.

Bizcocho/biscocho (dulce preparado con harina, huevos y azúcar). Casabe/cazabe (torta de yuca o mandioca). Cascorvo-va/cazcorvo-va (patizambo, patizamba). Cebiche o ceviche/sebiche o seviche (plato hecho de pescado adobado, típico de algunos países americanos). Cingalés-sa/singalés-sa (de Sri Lanka, antiguo Ceilán). Crizneja/crisneja (trenza de pelo). Curazao/Curasao (isla del Caribe).

Cuzco/Cusco (lugar de Perú). Epazote/epasote (planta aromática).Lisa/liza (nombre de un pez).Manisero/manicero (vendedor de maní). Mezcolanza/ mescolanza (mezcla).Parduzco/pardusco (que tiende al color pardo). Pretencioso-sa/pretensioso-sa (presuntuoso).

Sábila/zábila (planta medicinal, áloe). Santafesino-na/santafecino-na (de Santa Fe).Verduzco-ca/verdusco-ca (que tira a verde oscuro).Zamuro/samuro (ave rapaz diurna que se alimenta de carroña).

En el habla dominicana, zamuro es un adjetivo: persona tímida, introvertida, apendejada.

Zapote/sapote (árbol y fruto). Zonzo-za/sonso-sa (tonto).Zopilote/sopilote (ave carroñera parecida al buitre).

En lo que respecta  al grupo de palabras con las que se puede nombrar  el plato  preparado de pescado o marisco crudo en adobo, puede crear confusión el hecho de que sean cuatro los vocablos. Lo primero ha de ser descartar las que llevan el grafema /v/ y preferir las escritas con /b/.

Quedaríamos con cebiche y sebiche, sin embargo, por el trato que le da el Diccionario académico a cada palabra,  es preferible quedarse con la primera: cebiche.

Se considera anomalía que una palabra tenga más de una forma de escribirse. La aspiración es ir eliminando algunos usos para que predomine la forma que prefieran los hablantes. La unidad, en este sentido, es muy importante para nuestra lengua.

© 2015, Rafael Peralta Romero.

Errores que enseñan

La inmediatez y la brevedad definen Twitter. Si, en nuestros tiempos, estoy casi resignada a la inmediatez, todavía sigo agradeciendo en lo que vale, ya lo decía Gracián, la brevedad.

Por sano hábito de hablante rastreo malos usos lingüísticos; por deformación profesional no puedo evitar señalar los errores con los que me topo. La inmediatez de las redes es mi aliada: una cita del mensaje difundido con un pequeño comentario que ayuda a ver el error y, si quedan caracteres, una explicación de cómo corregirlo y evitar incurrir de nuevo en él.

Los que siguen a Letra Zeta en Twitter (@letra_zeta) saben de mis consejos y mis truquitos (que no tips) para mejorar la escritura o el vocabulario en las redes. ¿Quieren saber cuántas respuestas he recibido a todos estos mensajes? Solo dos.

La ausencia de la tilde diacrítica en la palabra aún, adverbio de tiempo, en un anuncio de Visa; mi retuit haciéndolo notar; la respuesta del equipo de comunicación de Visa, casi inmediata, agradeciendo el mensaje y asegurando que se tendría  en cuenta en el futuro.

La tilde incorrecta en el monosílabo dio en un titular de El Día; mi tuit, su respuesta inmediata agradeciendo la observación y el retiro del tuit con el error.

Todos aprendemos y todos mejoramos en nuestro desempeño. Demostramos además que nos interesa nuestra lengua, que valoramos el trabajo bien hecho y que respetamos a los que nos leen.

Lo que me preocupa, aunque lamentablemente no me sorprende, es la escasez de reacciones. Todos los demás han dado la callada por respuesta. Incluso han seguido enviando el mensaje con el error. Cuán difícil es aprender, que debe ser el objetivo, cuando no se reconocen los errores.

© 2016, María José Rincón.

Mi propia biblia

Aunque todavía esperamos la visita de los Reyes Magos de Oriente, y algunos incluso la de la Vieja Belén, es hora de que dejemos las festividades atrás y nos pongamos manos a la obra con nuestros propósitos para este 2016.

¿Que ninguno de ustedes incluyó entre sus objetivos para este año el mejorar su ortografía, su vocabulario o su expresión oral y escrita? Me lo imaginaba. No se preocupen, la lista de propósitos sigue abierto y, si no, para eso está “Eñe” aquí.

Arranquemos con las mayúsculas para solventar la duda de un lector. Los nombres con los que nos referimos a los libros considerados sagrados por algunas religiones deben escribirse con mayúscula inicial; así el Corán, el Talmud, la Biblia o cualquiera de sus libros, como el Génesis o el Levítico, incluso su denominación de Sagrada(s) Escritura(s).

La palabra biblia en su acepción de texto sagrado de los cristianos debe llevar mayúscula inicial, pero esa misma palabra se escribe en minúscula cuando la usamos con cualquiera de sus otras acepciones. Por ejemplo, si nos referimos a una obra que cierto grupo considera como imprescindible o modélica: Ese manual es la biblia de los contables; o, con inspiración popular, para referirnos a la sabiduría de alguien: Esa niña es una biblia.

Después de casi seis años creo que me van  conociendo; no les sorprendo si me confieso devota de Miguel de Cervantes o elijo el Quijote, este también en mayúsculas, como mi biblia personal. Eso no me impide, es más, me obliga, como miembro de la cofradía cervantina, a demostrar respeto por la ortografía.

© 2016, María José Rincon.