El aporte espiritual de Jorge Juan Fernández Sangrador

Por Bruno Rosario Candelier

 

El presente año de 2020 será recordado, entre otros hechos relevantes, por el impacto trágico y traumático de la pandemia del Covid-19, especialmente en Europa y América, pero como todo lo malo tiene algo bueno, este año también ha concitado una mayor conciencia de la condición humana, pues ha hecho que revaloremos lo bien que vivíamos aunque no lo sabíamos, y ha despertado la vocación creadora de muchas personas en diferentes disciplinas y artes de la creatividad. Y entre las realizaciones positivas de este año quiero destacar la publicación dominical de los enjundiosos artículos del padre Jorge Juan Fernández Sangrador en el periódico La Nueva España, de Asturias. Y, desde luego, justo es reconocer el aporte a la reflexión interior que sus escritos generan en la conciencia intelectual, moral, estética y espiritual de sus lectores (1). 

   El presbítero Jorge Juan Fernández Sangrador (2) publica cada domingo un artículo en el periódico asturiano La Nueva España, en cuyos textos enfoca, desde la base de su formación sacerdotal, teológica y cristiana, la dimensión religiosa de la condición humana y la vertiente de la religiosidad en sus variadas manifestaciones a través del arte, la ciencia, los libros, la creación espiritual y la palabra.

El sentido profundo de los conceptos implicados en religión, religioso y religiosidad, proveniente del vocablo latino religare, significa ‘unir’, lazo que entraña un vínculo de empatía y solidaridad con lo viviente para hacer más amable la vida y más fecunda la existencia compartida. Eso lo sabe, lo vive y lo proclama el sacerdote Jorge Juan, que se vale de su alta formación intelectual, teológica y mística para hacer de la palabra el cauce solidario de lo que reconoce como “el hecho religioso diario”, como tituló su primer libro, fuero y cauce de su honda vocación religiosa, de su profunda convicción espiritual y de la razón entrañable que hermana a hombres, pueblos y culturas a la luz de la espiritualidad humana. 

   Por ejemplo, en su artículo “Morada de la belleza”, una hermosa y refrescante reflexión sobre el sentido estético, este iluminado pastor de lo sagrado, el sacerdote Fernández Sangrador, nos brinda un banquete espiritual con el aderezo teológico de la reflexión mediante la cual ausculta la dimensión interior de la belleza para describir y abordar el anhelo profundo del creyente, de cuyo texto reproduzco dos párrafos al final de este comentario, ya que revela la sensibilidad estética y espiritual del padre Jorge Juan. El presbítero y escritor canaliza su sabiduría divina en este y en tantos artículos periodísticos mediante los cuales ausculta el centro mismo “Donde mora la belleza” (La Nueva España, 26 de abril de 2020, p. 35), al tiempo que enseña, edifica y alienta (3).

Hondura espiritual, interiorización de lo divino y belleza mística reflejan la inteligencia sutil y la sensibilidad trascendente de Jorge Juan Fernández Sangrador, como se aprecia en el artículo sobre Etty Hillesum  titulado “La casa de Etty” (La Nueva España, 3 de mayo de 2020, p. 36). Hondura espiritual, interiorización religiosa y belleza mística proyectan sus escritos, como ese artículo dedicado a Etty Hillesum.

Elocuente texto revelador de su alta conciencia lingüística es el artículo “Lexicógrafos” (La Nueva España, 10 de mayo de 2020, p. 19).  Y el artículo sobre Julio Verne no solo es edificante y luminoso, sino oportuno y revelador de su sólida formación intelectual y su honda sabiduría espiritual (La Nueva España, 26/07/2020, p. 29).

El artículo sobre León Fleisher, que ilustra la superación física de un músico que padeció en los dedos de la mano derecha una distonía focal, aborda el ejemplo de una voluntad férrea ante una inesperada minusvalía física, y al mismo tiempo enseña, como es la intención didáctica del ilustre autor de este episodio, el impacto del sentido moral en la conciencia, índice y cauce del poder de la voluntad ante la aparición de una adversidad, que casi siempre afecta no solo en el aspecto físico y moral, sino en el aspecto material, organizativo, operativo y social, lo que sirve de motivación para no rendirse ante contratiempos y dificultades, lección de sentido moral que este artículo del padre Fernández Sangrador nos comunica (La Nueva España, 9 de agosto de 2020, p. 19).

En su artículo titulado “Kamala” (La Nueva España, 30/08/20), a pesar del costado político del tema a propósito de las elecciones en USA, fluye un enfoque objetivo, original y novedoso, índice y señal de su actitud equidistante de las pasiones humanas que dividen a los hombres.

Su hermoso y aleccionador artículo “Invisible belleza”, del 13 de septiembre de 2020, es un ánfora de sabiduría sagrada, que Jorge Juan despliega en su brillante exégesis del libro de Antoine de Saint-Exupery, El Principito, grandioso texto de honda y reveladora inspiración para hacer de la vida una veta del sentido trascendente con belleza incluida.

Desde antiguo, los contemplativos, teólogos y teopoetas inspirados en los principios fundados en la teología cristiana y la doctrina católica, han creído y afirmado que el Logos de la conciencia es una dotación divina, concepto originalmente ideado por Heráclito de Éfeso y secundado por Juan el Evangelista.  Y, desde luego, reafirmado por teólogos y poetas místicos, desde santa Teresa de Jesús hasta Karol Wojtyla, quienes confirman esa intuición espiritual, que más bien parece una revelación divina. De ahí la profunda inspiración de Fernández Sangrador, que se emparenta con la iluminación sagrada de san Francisco de Asís y la inteligencia mística de san Juan de la Cruz, dos santos inspiradores y cultores de lo divino.

En su artículo “Mortandad léxica” (La Nueva España, 25 de octubre de 2020, p. 33), el presbítero Fernández Sangrador, con su devoción por la palabra, escribió: “«Y Dios vio que era muy bueno», se repite sucesivamente en el capítulo 1 del libro bíblico del Génesis ante la contemplación de las obras convocadas a la existencia por la disposición de diversificarse y de multiplicarse, en virtud del poder que les otorgó la Palabra única, que preexiste al Universo. Ella es generadora de las otras palabras, variadas y polivalentes, por medio de las cuales esa Palabra primordial ha ido dándose a conocer, a entender y a amar, y con las que el ser humano asigna nombres a las realidades, visibles e invisibles, que se hallan ante él, pues, de no hacerlo, acabará sucediendo aquello que Carl Linnaeus advertía: «Nomina si nescis, perit et cognitio rerum» (“Si ignoras los nombres de las cosas, desaparece también lo que sabes de ellas”).

El padre Jorge Juan Fernández Sangrador es un pensador y místico de la trascendencia, como se puede apreciar en su audio sobre Marcel, una vía de comunicación -el audio- de gran impacto en la actualidad, dado a conocer el 28 de octubre de 2020, entre otros títulos y mensajes que nuestro eminente sacerdote-escritor usa para canalizar sus inquietudes intelectuales, espirituales y estéticas.

Llama la atención cómo este pensador asturiano sabe husmear libros curiosos, en inglés, francés y español, que sin ser obras de ficción lo parecen por la temática abordada y el tratamiento formal y, sobre todo, por el lenguaje impecable del sacerdote-escritor y, en la mayoría de los casos, perfila la faceta espiritual que su sensibilidad mística ausculta en temas aparentemente triviales y comunes, como el artículo del 18 de octubre de 2020 titulado “Mudlarks y el Camino de Santiago”, que Jorge Juan, con su olfato teológico, percibe la obra que inspira, el sentido que edifica y la belleza que embriaga.

El 25 de octubre de 2020 le escribí el siguiente mensaje al distinguido presbítero asturiano: “La formación intelectual pasa por una conciencia de lengua, como lo confirma usted en este artículo inspirado en el grandioso novelista castellano Miguel Delibes cuya inquietud léxica, al igual que la suya, se refleja en el amor a las palabras que el pueblo llano usa y reconoce. El proceso cambiante de los vocablos, según los cambios sociales, se manifiesta en la desaparición de voces, que pasan a formar parte del léxico arcaico de nuestra lengua, como se aprecia en su artículo “Mortandad léxica”, del 25 de octubre de 2020, publicado en La Nueva España. El texto de ilustración que usted eligió es muy apropiado y convincente, a propósito del centenario de Miguel Delibes: ««Me temo que muchas de mis propias palabras, de las palabras que yo utilizo en mis novelas de ambiente rural, como por ejemplo aricar, agostero, escardar, celemín, soldada, helada negra, alcor, por no citar más que unas cuantas, van a necesitar muy pronto de notas aclaratorias como si estuviesen escritas en un idioma arcaico o esotérico, cuando simplemente he tratado de traslucir la vida de la Naturaleza y de los hombres que en ella viven y designar al paisaje, a los animales y a las plantas por sus nombres auténticos»». Su afirmación de “que no solo se mueren los pueblos, sino también las palabras que les dieron vida”, es una verdad irrebatible que nos pone a meditar sobre la brevedad de la vida de hombres, palabras y realizaciones humanas con la consecuente cogitación sobre el sentido trascendente de la vida. Muchísimas gracias por su profundo y edificante artículo, y también por hacerme partícipe de sus escritos. Bendiciones del Altísimo”.

La profunda sensibilidad lexicográfica de Jorge Juan es una expresión de su gran empatía por las palabras, que las asume como índice y cauce de la Palabra primordial y, en tal virtud, pondera a quienes se dedican al estudio de las voces como señal de la riqueza espiritual inherente en vocablos y expresiones, como se aprecia en su artículo del 8 de noviembre de 2020, “Geólogos y geómetras de las palabras”, publicado en La Nueva España, dedicado al cultor de las palabras Alain Rey, que este destacado presbítero exalta en reconocimiento a su inmenso servicio a la cultura idiomática del sabio francés.

Su artículo sobre Ennio Morricone (“Morricone secreto: Los salmos”, La Nueva España, 22/11/20/21) revela la hondura interior de su valoración sagrada. De ese artículo reproduzco la siguiente cita: “Morricone apreciaba enormemente la extraordinaria belleza poética de los salmos. Hay en ellos “poesía escondida”, decía, cuyo origen se encuentra más allá de nuestros horizontes inmediatos, en un “Lugar” al que él confesaba elevarse con el pensamiento, y, cuando se hallaba en el trance de tener que verter esa experiencia de trascendencia en locución humana, encontraba que la poesía le resultaba más adecuada que la prosa. Estimaba Morricone que, si bien es verdad que Dios, inefable e inaccesible, se ha relacionado con nosotros por medio de la encarnación de Jesucristo, nos ha concedido, no obstante, la posibilidad de que construyamos, con el material de las palabras, aun siendo limitadas, un puente por el que podamos aproximarnos a él. Y esa función de mediación es la que realiza la poesía sálmica, que es, además, oración pura, acompañada de música, porque es para ser cantada, y de silencio”.  Hermosa, profunda y elocuente señal de la conexión del padre Jorge Juan con la sabiduría mística, que revela su inteligencia sutil. Este artículo sobre Ennio Morricone  revela, como la mayoría de sus escritos, que el padre Jorge Juan está pendiente de lo que, en el plano intelectual, estético y espiritual del ámbito cultural, periodístico, editorial, musical y religioso, sucede en Europa, con singular atención a la faceta luminosa de la espiritualidad sagrada. Índice de un espíritu atento a lo divino, y también de un misionero de la palabra que orienta, edifica y enaltece. Su intuición de lo trascendente le acompaña en cuanto observa, valora y escribe.

La sabiduría bíblica, su sólida formación intelectual y su vasta cultura literaria le dan, a los escritos del padre Fernández Sangrador, una densidad espiritual de alta estirpe sagrada. Su artículo “Biblia y literatura” (La Nueva España, 20/12/20/26) habla de cuatro escritores actuales para quienes la Biblia ha sido una fuente de su inspiración, a pesar de que se confiesan indiferentes al sentido religioso, pero reconocen el peso del texto bíblico con la moral que imprime a la vida y la visión trascendente de una elevada conciencia interior. El impacto de la Historia Sagrada en la cosmovisión y la conducta de los pueblos, subyace en el ‘hecho religioso diario’ que mueve la sensibilidad y el intelecto del sacerdote-escritor que cada semana nos ilumina y orienta, desde la tribuna periodística de La Nueva España, con su hermoso y edificante artículo de honda sabiduría sagrada y de alta valoración del aliento invisible.

El aporte literario semanal del ilustrado presbítero español aborda el fenómeno religioso y místico desde sus manifestaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales, sin obviar ninguna expresión social, política, científica o artística y, en cada entrega dominical aflora la luz que anida en su alma, la sabiduría que atesora su espíritu y la fecunda sensibilidad amorosa y empática de su corazón sacerdotal.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Moca, Rep. Dominicana, 20 de diciembre de 2020.

 

Notas:

  1. Un buen día del año de gracia de 2019 tuve la dicha de recibir la visita del gallardo sacerdote asturiano, el reverendo Jorge Juan Fernández Sangrador, en mi oficina de Moca, donde resido. Grata fue mi sorpresa cuando el ilustre presbítero, a quien conocí ese día, me dijo que había sido director de la Biblioteca de Autores Cristianos, de Madrid; que fue profesor de Teología en la Universidad de Salamanca y es el vicario general de la Diócesis de Oviedo, y autor de varios libros, entre ellos El hecho religioso diario, que me obsequió.

 

  1. El padre Jorge Juan Fernández Sangrador nació en Cangas de Onís (Asturias) en 1958 y fue ordenado sacerdote en esa misma ciudad en 1982. Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, licenciado en Ciencias Bíblicas, por el Pontificio Instituto Bíblico, de Roma, y en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Es vicario general de la diócesis de Oviedo y canónigo de la Santa Iglesia Catedral. En la Universidad Pontificia de Salamanca fue director del Instituto Superior de Ciencias de la Familia, profesor de Orígenes del Cristianismo y Patrología, director espiritual del Colegio Mayor Santa María para sacerdotes estudiantes en la universidad y secretario del Curso de Teología para Sacerdotes. Dirigió la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y la Biblioteca de Publicaciones de la Conferencia Episcopal Española. El papa Benedicto XVI lo nombró experto para la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia» (2008), y, con fecha 10 de octubre de 2009, consultor del Pontificio Consejo de la Cultura. Su nombramiento fue renovado por el papa Francisco hasta 2021.  Es el rector-capellán de la Universidad de Oviedo y vicario general de la Diócesis de Oviedo. Laboró en varias parroquias asturianas y dirigió los centros teológicos de la diócesis. Fue distinguido con el premio de periodismo “Ángel Herrera Oria” por sus publicaciones en La Nueva España. Sus libros son los siguientes:El hecho religioso diario; La Sagrada Escritura en la Iglesia; Metodología para el estudio de Orígenes del Cristianismo y Patrología; Medicina, familia y calidad de vida; Orígenes de la comunidad cristiana de Alejandría.

3. A continuación reproduzco parte de su artículo “Donde mora la belleza”: “La actual epidemia de coronavirus ha golpeado a la Iglesia duramente en su carne, pues ella es, en el tiempo y en el espacio, la prolongación de la encarnación de Cristo, y el sentido del tacto no es ajeno a la vivencia de la fe. Para la comunidad cristiana, que reconoce la acción eficaz de la gracia de Cristo en los signos sacramentales, no es cosa menor el que sus miembros se vean privados de la posibilidad del abrazo fraterno, del contacto con las santas imágenes, de las abluciones con agua bendecida, de las unciones con los óleos consagrados y de la fuerza que se comunica por la imposición de las manos. Y, sobre todo, un cristiano no asumirá jamás el que se le prive del Pan que es alimento para el camino, fuego encendido en el corazón, generador de vida nueva y principio de inmortalidad, ni de la celebración del Día de la resurrección de Cristo, el Día del Señor”. Luego subraya: “El creyente, sin embargo, siente ganas de ver, gustar, tocar, oler y oír la belleza que ha hecho del templo su morada, anhela deambular por el atrio del santuario, deleitarse contemplando la nobleza de su construcción y la delicadeza con la que han sido manufacturados sus enseres, aspirar la fragancia que exhalan el incienso y las azucenas, ser recibido como huésped en el recinto sacro, cumplir la ofrenda más pura que quepa realizar, dar las gracias por el don inmenso de la que es vida verdadera, festejar con otros la alegría de saberse salvado, saborear anticipadamente las delicias de los bienes que se esperan y recrearse en la escucha de aquella declaración de la que Dios no se desdice jamás: «Esta es mi mansión por siempre; aquí viviré, porque la deseo» (Salmo 131)” (Jorge Juan Fernández Sangrador, La Nueva España, 26 de abril de 2020, p. 35).

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