Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

23/11/2021

SE TRATA DE QUE NOS ENTIENDAN

Como en un folletín antiguo, dejamos en suspenso la semana pasada el melodrama de los dos puntos. Hoy llegaremos al final apuntando un uso, o abuso, de los dos puntos que debemos desterrar de nuestros escritos. Es muy importante tener siempre presente que los signos de puntuación nos ayudan a situar los límites entre las unidades que forman un texto. Sirven, por tanto, como organizadores de lo que escribimos: ponen las cosas en su sitio.

Si los empleamos mal, esta función delimitadora se difumina y provoca el efecto contrario:

los signos de puntuación mal usados pueden entorpecer e, incluso, tergiversar la lectura. Así también sucede con los dos puntos cuando abusamos de ellos, es decir, cuando los incluimos varias veces en el mismo enunciado. Imaginen una frase como la siguiente:

*La excursión incluye varias opciones: visitas culturales: museos, exposiciones, sitios históricos, y actividades al aire libre: senderismo, acampada, observación de aves. Los primeros dos puntos nos indican que se van a exponer las opciones que nos ofrece esta excursión, pero, a partir de ahí, todo parece en el mismo plano, no sabemos dónde empieza una cosa o dónde termina. Esta sensación la produce la acumulación de comas y de dos puntos, que, en lugar de ayudar a aclarar, confunde.

Prueben a usar solo los primeros dos puntos de introducción y a no recurrir a ellos en el mismo enunciado. Disponen de muchas opciones para lograrlo y el resultado será más claro. ¿Qué tal así? La excursión incluye varias opciones: visitas culturales a museos, exposiciones o sitios históricos; actividades al aire libre, como senderismo, acampada, u observación de aves.

¿O así? La excursión incluye varias opciones: visitas culturales (museos, exposiciones, sitios históricos) y actividades al aire libre (senderismo, acampada, observación de aves).

Se trata de que nos entiendan. Los signos de puntuación no deben dificultar la comprensión de nuestro mensaje; deben ayudar a que nuestro mensaje se comprenda mejor.

 

30/11/2021

PUERTAS AL CAMPO 

Contar las palabras de una lengua es como tratar de ponerle puertas al campo. El Diccionario de la lengua española apunta que la expresión poner puertas al campo nos viene muy bien para ‘dar a entender la imposibilidad de poner límites a lo que no los admite’, y las palabras no suelen admitirlos de buena gana.

En esto del cálculo de las palabras de una lengua solo pueden venir a echar una mano los diccionarios. Mal que nos pese a los que los hacemos, ningún diccionario registra todas las palabras de una lengua; muchos de ellos ni siquiera aspiran a hacerlo.

El Diccionario de la lengua española, en el que trabajan todas las academias de la lengua española del mundo, y que cuenta ya con veintitrés ediciones, incluye casi 95,000 palabras y más de 195,000 acepciones. El Diccionario de americanismos documenta aproximadamente 70,000 palabras y 120,000 acepciones de uso americano. Para hacernos una idea de la complejidad del léxico de una lengua como la nuestra, basta añadir a estos datos los que refleja el Diccionario del español dominicano: más de 10,000 entradas y más de 14,000 acepciones. No crean que es suficiente con hacer una sencilla suma. Recuerden que muchas de estas palabras serán comunes y se diferenciarán en el sentido con el que las usamos.

Se suele decir que para calcular el léxico de una lengua se le añade un 30 % al que se encuentra en los diccionarios. Utilizando solo el dato del Diccionario de la lengua española de las academias obtendríamos unas 125,000 palabras, y seguiríamos teniendo la seguridad de que muchas habrían quedado sin contar. Y ahora les propongo que se detengan a pensar por un momento cuántas de esas palabras conocen y cuántas manejan.

 

7/12/2021

ELEGANTES Y FUNCIONALES

Circula en las redes sociales un mensaje protagonizado por la palabra pedigüeñería y los «firuletes» que la acompañan. Una sola palabra nos reta a dominar nuestro teclado, sobre todo a los que no lo tienen configurado en español. En ella encontramos el punto sobre la i, la diéreses sobre la u (ü), la inconfundible virgulilla de la ñ y la tilde sobre la í.

El punto sobre la i, la novena letra de nuestro abecedario, no siempre estuvo ahí. Sus antepasadas griega y latina no llevaban punto. En las lenguas romances empezó a usarse el punto para distinguir la i de las letras contiguas. El punto le da su personalidad a este «dedo meñique del alfabeto», una greguería del gran Ramón Gómez de la Serna. La virgulilla de la eñe nace de la abreviatura de la doble nn en el español medieval que se representaba como ñ. En latín no existía el sonido de nuestra eñe, así que se echó mano de esta abreviatura para representarlo.

Encontramos además dos signos ortográficos que le otorgan a la letra sobre la que los colocamos un valor especial: la tilde y la diéresis. La tilde indica que estamos ante la sílaba tónica de la palabra y la diéresis, también llamada crema, señala que la u sobre la que se coloca tiene valor fónico y debe pronunciarse.

No estoy de acuerdo en eso de aplicarles el nombre despectivo de «firuletes», referido al adorno superfluo y de mal gusto. La elegancia de la virgulilla, la personalidad del punto, la sonoridad de la tilde y la sutilidad de la diéresis están lejos de ser de mal gusto; además cumplen puntualmente su misión de facilitar la lectura correcta y la interpretación adecuada de los textos escritos. ¿Qué más les podemos pedir?

 

EL SARPULLIDO DE LA COMA

14/12/2021

Un amigo querido me confiesa que las comas le producen sarpullido. El tamaño diminuto de la coma no impide que sea la protagonista de muchas de nuestras dudas ortográficas cuando redactamos. Como para tantas otras cosas, no hay recetas mágicas para usar bien la coma; solo nos queda ir familiarizándonos poco a poco con los contextos en los que aparece, porque para cada sarpullido hay un ungüento.

En lo que a la coma respecta, no conviene ni pasarse ni quedarse corto. El acierto con la coma estriba tanto en escribirla cuando va como en dejar de escribirla cuando no va. Y en estas dos últimas frases tienen el primer ungüento que nos recetan hoy para el sarpullido de la coma. No usamos coma entre las partes de la oración coordinadas por las conjunciones ni… ni… Ni usted ni yo volveremos a poner una coma entre ellas. Tampoco escribimos coma entre los miembros de la coordinación copulativa tanto… como. Tanto usted como yo vamos aprendiendo poco a poco más detalles para soltarnos con la coma. Con la ortografía no conviene ni tener miedo ni lanzarse a la piscina sin agua. La maestría con la coma depende tanto del conocimiento como de la práctica.

Un ungüento distinto para un sarpullido diferente: escriban coma cuando se trate de separar las partes de la construcción copulativa no solo…, sino… No solo conviene aprenderse la teoría, sino también ponerla en práctica.

No le tengan miedo a la coma; con un poco de respeto es suficiente. No solo consiste en elegir las palabras, sino en dominar los signos de puntuación. Ni la coma ni sus usos podrán con nosotros.

 

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