Yompear, carburar, empalizada / palizada

Por Roberto E. Guzmán

YOMPEAR

Este verbo yompear ya está documentado en el Diccionario del español dominicano (2013:710) como corresponde, “Conectar la batería descargada de un vehículo a la de otro para lograr que arranque”. En dominicano dirían, “para que prenda”.

Si se trae a estos comentarios es porque el español dominicano no cesa de enriquecer sus voces con nuevas acepciones. Más adelante se abundará sobre esas innovaciones.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española del año 2010 ya había consignado el verbo por su uso en Panamá y República Dominicana, con la grafía también yumpear.

Este verbo se ha adoptado del inglés to jump, que en el caso específico de la conexión entre vehículos lleva start y hace to jump start. En inglés entró con esas funciones en el año 1973, pues hay que tener en cuenta que en esa lengua posee más de una acepción.

Tal y como se anunció más arriba los jóvenes citadinos dominicanos en su habla han ensanchado el campo de acción del verbo yompear, Algunos de los nuevos usos se parecen a otros que existen en inglés, sin que necesariamente se plieguen a los del habla angloamericana.

Se ha observado que se le ha ensanchado el verbo yompear para que en su uso exprese “proveer ayuda”. Esta ayuda según parece puede ir desde suministrar fondos, hasta pasar carga de batería de un celular a otro. Hay quienes lo usan hasta para mostrar apoyo moral.

No hay que sorprenderse acerca de la variedad de acepciones que manifiesta el verbo si se tiene en cuenta que anda de boca en boca entre jóvenes. Habrá que esperar un tiempo prudente para que se asienten y se hagan firmes los usos o caigan en el olvido algunos. Nada de lo que se ha mencionado con respecto de este verbo es raro, pues son fenómenos que ocurren normalmente en las lenguas.

 

CARBURAR

El verbo carburar que se presenta a manera de título para esta sección tiene acepciones en el español dominicano que son desconocidas en otras hablas.

Como sucede con mucha frecuencia, esas acepciones proceden de la creatividad de los hablantes jóvenes que se las ingenien para nutrir desde su posición el acervo común del habla nacional.

En muchos casos los hablantes jóvenes recurren a nuevas acepciones para palabras que son de solera en el español general porque andan en busca de renovar sus hablas. Tienen estos hablantes la características de no ser conformistas. Entre los jóvenes son los estudiantes quienes con mayor frecuencia inventan nuevas acepciones a viejas palabras, sin que estas ensanchamientos, ampliaciones o desplazamientos tengan vocación de permanencia.

A pesar de lo expresado en la última frase, se hace necesario precisar algunas de esas voces porque la literatura moderna y la prensa las utilizan. En el caso de la literatura el uso se hace para reflejar de modo auténtico el habla de los personajes; en el caso de la prensa el propósito es imprimir color local a las descripciones.

La descripción de una situación de uso del verbo carburar es el método considerado idóneo para ilustrar la significación que se desea destacar aquí.

Cuando un compañero de aula no mostraba su inteligencia de manera inmediata, o por cualquiera otra razón, algunos estudiantes expresaban esta falta de estudio o de disposición al aprendizaje gastándole bromas. Una de ellas consistía en decir que “no carburaba”.

Como resulta fácil de colegir, este carburar se tomaba en tanto habilidad para entender, pensar, calcular; era cuando se mostraba disposición en el aula para responder preguntas planteadas, para resolver problemas formulados por el profesor.

Podría manifestarse que era una muestra del habla estudiantil de un momento o período que necesariamente no perdura en el tiempo, porque otra ola de estudiante reemplaza muchas de esas voces con nuevas.

Ese tipo de habla es una forma particular de lenguaje de una comunidad lingüística; es lo que los estudiosos del lenguaje llaman sociolecto, vocablo que se usa en lingüística para denominar el conjunto de características comunes que identifican a un grupo de hablantes que posee un elemento social común.

 

EMPALIZADA – PALIZADA

“Esa fea PALIZADA debe desaparecer. . .”

Los hablantes de español dominicano conocen mucho mejor la empalizada (empalizá) que la palizada. Esto así porque como se verá más adelante era y es más fácil construir una empalizada que una palizada.

Eran muy frecuentes en el pasado las empalizadas para marcar o dividir propiedades. Además, no puede dejar de mencionarse que en un merengue muy viejo se mencionaba varias veces la voz empalizá. Se conocía como el Merengue de la empalizá.

De lo antes expuesto puede deducirse que los dos vocablos del título pertenecen al español general, pero que su significado es diferente; en consecuencia, hay que poner atención cuando se usa uno u otro.

No puede ocultarse que produce placer poder traer de nuevo a estos comentarios una palabra que fue muy usada en el habla de los dominicanos del pasado.

Habrá quien piense que está muy presente en la actualidad, pero hay que pensar que en las ciudades usan bastante las palabras verja, cerca, pared y otras para denominar las divisiones levantadas para marcar límites entre terrenos y asegurarse privacidad.

Con los dos vocablos del título ha sucedido algo muy común en las lenguas, los significados de estas no permanecen estáticos. Estos mudan de uso o adquieren sentidos figurados. Más abajo se detallará el proceso pertinente a estos dos vocablos.

Para comenzar hay que subrayar que la palizada es el sitio cercado de estacas. Además, es una defensa construida de estacas y tierra aplanada para contrarrestar desbordes de agua. Por último, después de la significación en heráldica que no viene al caso, es en el lenguaje militar, empalizada.

La empalizada es la obra hecha de estacas. La empalizá dominicana comenzó en los campos, hecha de palos hincados unos muy cerca de otros, o unidos por medios rudimentarios y plantados en el suelo. La designación se generalizó y, de la hecha de palos puntiagudos, de donde le viene el nombre, pasó a las cercas construidas de maderas y otros materiales. Esto así, por lo menos, en el  habla de los dominicanos.

La palabra para la designación de la verja existe en otras lenguas, escrita de una forma muy parecida a palizada; en inglés es palisade, en francés es palissade. Todas las lenguas que conocen un concepto con este nombre reconocen que proviene del provenzal.

Con respecto al uso que de palizada se hace en el texto, la propiedad en este depende de la intención del redactor. Si se refería al sitio o lugar, es palizada. Si deseaba mencionar la cerca o verja, entonces debió escribir empalizada.

Corso florido, salivita, clivaje

Por Roberto E. Guzmán


CORSO FLORIDO

El corso que interesa para estos escritos es el desfile con carroza, con personas disfrazadas, etc. El Diccionario de la lengua española registra esa palabra con ese significado, sin el etcétera, y menciona siete países en los que se conoce esa palabra. No aparece en esa mención el nombre República Dominicana.

Llama la atención esta ausencia porque el “corso florido” fue un momento histórico vivido por la población dominicana. Hubo un gran despliegue publicitario nacional y hasta internacional durante varios días en República Dominicana para celebrar el acontecimiento de este corso florido.

Ese gran desfile de carrozas a lo largo de lo que era la avenida George Washington en ese entonces se celebró en el año 1955 para que formara parte de los festejos conmemorativos de los 25 años de la Era de Trujillo.

Se está seguro de que en los periódicos locales de esa época, El Caribe, La Nación, consta el uso constante de la combinación “corso florido”, algo sin precedentes por la importancia que el régimen le imprimió a la celebración de la apoteosis.

En este corso hubo un desfile de carruajes, vehículos, carrozas preparadas para ese fin. Las personas que participaron en estas carrozas estaban disfrazadas con motivos alusivos al tema de las carrozas.

En honor a la verdad no puede decirse que se recuerden las flores, aunque quizás las hubo, que le confirieran el adjetivo al corso. Es posible que se usara este participio en sentido metafórico para referirse a la belleza de la reina del corso y a la bella corte de jóvenes; o a lo selecto del séquito y de los participantes.

El uso que prevaleció en la época a que se alude obedecía a la costumbre de magnificar las actividades del régimen imperante, dando por firme que la palabra corso es más “florida” que el pedestre carnaval.

Ya sea de una forma o de otra, hay que hacer un espacio para el vocablo “corso” en los diccionarios de español dominicano, y, de esa forma lograr que se incorpore a la República Dominicana en la lista en el lexicón oficial de la lengua española entre los países que utilizan o utilizaron ese vocablo.

 

SALIVITA

Es muy fácil darse cuenta de que la palabra colocada a guisa de título es un diminutivo de saliva. La pregunta normal que se hace quien la lee en estas reflexiones es, ¿Qué busca esta salivita aquí?

En esta sección se presentará lo que se presume que es un uso exclusivo de los dominicanos.

Los hablantes de español dominicano conocen la frase, “Con paciencia y salivita. . .un elefante a una hormiguita”. Hay quienes toman esta salivita en calidad de lubricante, mientras otros la toman en tanto palabra con poder para convencer.

Cuando algunos objetos no están bien pegados, los hablantes dominicanos lo expresan diciendo, “Eso está pegado con saliva”. De su entorno físico directo, la locución verbal ha pasado a ser usada en sentido figurado, como por ejemplo en los casos en que una persona que ejerce funciones en la administración pública se considera que no tiene buen asidero en la posición por una u otra razón, lo expresan con la misma locución.

En cuanto a la “salivita”, esta posee sus significaciones sin relación con el líquido que segregan las glándulas salivares. Esta salivita tiene su propio destino, desempeñar funciones de “cantidad diminuta” en cuanto a líquidos se refiere.

No es raro oír a un dominicano decir, “Lo que quedaba de ron en esa botella era una salivita”. Como puede observarse por medio del ejemplo y de muchos más que pudieran citarse para ejemplarizar los usos. En estos no hay referencia alguna a la saliva en sí, cuando se usa el diminutivo salivita. No se exagera si se añade que esta salivita es una cantidad despreciable de líquido. Casi siempre la salivita es lo que queda como último vestigio en un recipiente, que por efecto de su índole ocupa el fondo del recipiente.

Se piensa que esta salivita merece una consideración especial en los diccionarios de español dominicano, con una acepción aparte para ella.

 

CLIVAJE

“. . . disputaban desde CLIVAJES ideológicos . . .”

En algunas ocasiones los columnistas, analistas y otras personas que escriben en las secciones de opinión de los periódicos recurren al empleo de terminología de conocimiento de unos pocos. A veces traen a un campo nuevo una palabra de un léxico especializado. Al hacer esto el lector puede pensar, si conoce la palabra, que se trata de un uso metafórico. Muchos otros se quedan sin entender porque no tienen el hábito de consultar un diccionario cuando leen un periódico.

Eso que se esbozó más arriba se presume que ha sucedido en la cita. Clivaje no consta en el diccionario oficial de la lengua común. Esta voz solo consta en los diccionarios publicados por la Editorial Larousse.

La acepción consignada en esos mencionados diccionarios reconoce que procede del francés clivage, que es un sustantivo masculino que pertenece al campo de la mineralogía. La acepción es, “Operación que consisten en separar las partes defectuosas de un diamante u otra piedra y corregir su forma”.

Lo simpático con relación a la voz francesa es que posee ese significado, pero además aparece consignada con otra significación de uso en sentido figurado desde 1932, “separación por planos, por niveles”. Trae un ejemplo de uso, “Clivages políticos, ideológicos”. Esta información se tomó del Nouveau Petit Robert de la langue française (2007:450). Se catalogó de simpático el asunto porque en el español no se consigna la acepción en sentido figurado; sin embargo, esa es precisamente la que se usa en la cita, que corresponde al ejemplo del diccionario francés.

En francés la palabra tiene larga historia, cuenta con un verbo y existe un aparato que lleva un nombre especializado para la operación. Además de su uso en mineralogía, en esa lengua se la emplea en cirugía.

En lugar de la voz poco adaptada y de muy limitado uso, se propone en el caso de la cita sustituirla por tamizaje, que equivale a “seleccionar con cuidado”. No se propone depurar porque tiene una inclinación a separar lo malo de lo bueno, o simplemente a dejar fuera lo nocivo. Muchas otras posibilidades son factibles, pero eso implicaría un cambio radical de la redacción.

Saltapatrás, conversionista, comicios / elección

Por Roberto E. Guzmán


SALTAPATRÁS

“. . . hacerte que otorgues un poder a un SALTAPATRÁS . . .”

Hay que comenzar con algo cierto acerca de la voz del título. Esta es una voz que lleva una connotación despectiva. Se la conoce en el español americano. Además, en República Dominicana adquirió una acepción propia, así como en Perú. Por último, el autor de estas apostillas ha oído otra acepción en el habla dominicana que no se ha reconocido todavía. Todas estas significaciones se examinarán más abajo.

En el español ¿oficial? existe otra voz muy parecida que es la reconocida. En el español internacional la voz reconocida que se anunció antes es saltatrás, que remite a tornatrás. El diccionario oficial de las Academias define esta palabra, “En la América colonial, descendiente de mestizos y con caracteres propios de una sola de las razas originarias”. Vale que se recuerde que la persona mestiza es la nacida de padre y madre de razas diferentes; especialmente se usó para descendientes de blanco e india o de indio y blanca.

La voz saltapatrás referida a persona adquiere más fuerza con la ortografía que la caracteriza. Esto se añade porque ese “pa”, de para, insertado entre al verbo saltar y el adverbio atrás destaca con mayor fuerza el salto hacia atrás que aleja al sujeto de lo blanco, significando con esto lo puro.

Los rasgos que se concitan en la persona considerada saltapatrás es sobre todo el color de la piel que indica la mezcla de razas. Algunos etnólogos califican este salto como una “regresión” por sus rasgos, es una retrocesión a lo alejado de una sola raza. De la misma forma que sucedió con otros asuntos en las colonias, con este fenómeno se produjo toda una clasificación de matices de colores y rasgos, cuarterón, quinterón, etc.

En Perú saltapatrás es una bebida alcohólica fuerte y de mala calidad. Puede interpretarse que el nombre en este ámbito sugiere que quien la bebe salta hacia atrás, o, a la mala calidad de la bebida.

En la República Dominicana, referido a una persona saltapatrás indica que ella pertenece a una clase social humilde. Con esta acepción consta en el Diccionario de americanismos, así como en el Diccionario del español dominicano.

El uso que oyó en el pasado quien escribe estas notas tiene relación con la conducta sexual de un hombre. Saltapatrás es en relaciones homosexuales entre hombres, quien sobre todo “recibe” o, está más interesado en recibir que reciprocar; es decir, es el hombre que desempeña el papel femenino en las relaciones homosexuales. La voz en sí misma explica el movimiento y la posición del sujeto en el acto sexual.

Ya pasó a la historia la época en que los diccionarios no consignaban las relaciones consideradas pecaminosas por las personas religiosas. Todo tiene su nombre y merece que se asiente para que permanezca por lo menos como referencia de su existencia. La labor del lexicógrafo no es evitar las palabras malsonantes o las que implican conducta diferente de la suya.

 

CONVERSIONISTA

“. . . centran su actividad eclesial en la labor evangelizadora y CONVERSIONISTA”.

En algunas ocasiones la lengua no sigue una línea recta para hacer las derivaciones a que son sometidos muchos de los vocablos de esta. En otras ocasiones el diccionario oficial no registra en su inventario el vocablo que se procura, pero aparece mencionado en una acepción o ejemplo.

El problema que se presenta con el vocablo conversionista pertenece a eso que acaba de esbozarse. Ese vocablo específicamente no figura en los diccionarios consultados. Hay que entender que eso no significa que no existe. Desde que alguien lo usa, este existe; sobre todo si la composición está acorde con los cánones de la lengua. Algo que puede intuirse de lo antes expresado es que el vocablo ha tenido poca circulación.

En esta sección se desarrollará una hipótesis acerca de la razón que impulsó al redactor a elegir este vocablo entre los demás que tenía a su disposición. Al hacer esto se examinará el vocablo.

Por el entorno en que se encuentra “conversionista”, “actividad eclesial y labor evangelizadora”, hay que deducir que este conversionista tiene vínculos con “convertir”. Naturalmente este último verbo en su acepción de “ganar a alguien para que profese o practique una religión”.

Una vez expuesto lo que consta en el último párrafo lo más natural sería pensar que se seleccionaría el adjetivo convertidora, labor convertidora. El redactor descartó esa opción porque en el español moderno los hablantes y escribientes han reservado el adjetivo recién mencionado para “aparatos, dispositivos, sistemas”.

En español existe el nombre conversión para la acción y el efecto de convertir o convertirse. Existe el adjetivo y sustantivo converso para la persona convertida a una religión distinta a la que tenía. El problema con el adjetivo y sustantivo converso es que durante largo tiempo se ha usado para aplicárselo a los judíos que se convertían al cristianismo en los siglos XIV, XV y XVI. Se le otorgó un destino específico a la palabra converso que en la práctica la sacó de otros usos.

En el habla y en la escritura se ha encontrado el participio “convertido” para referirse a la persona que ha pasado de una religión a otra, especialmente de la religión católica a otra cristiana. Al resultado a que se llega es que el conversionista es una persona o acción que desempeña labores de conversión. El sufijo -ista cuando se aplica a una persona indica que esta es partidaria de una doctrina o, si la palabra base trata de una profesión que ella trabaja en esa.

Como puede apreciarse por medio de la lectura de lo presentado más arriba, la opción por la que se decantó el redactor de la cita es plausible. Es de lamentarse que la voz conversionista no haya contado con el patrocinio constante de los hablantes y escribientes, pues se piensa que hay situaciones en que es un recurso útil.

 

COMICIOS – ELECCIÓN

“. . . que afectan la participación de las mujeres de cara a los presentes COMICIOS ELECTORALES . . .”

Con cada torneo electoral se repite el yerro que se comprueba en la cita. Muchos redactores olvidan el significado de comicios y le asestan un golpe repetido al añadirle electoral a seguidas.

La palabra comicios siempre lleva la letra ese /s/ al final. Se la considera plural y la definición en el diccionario oficial de la lengua española es, “Elecciones para designar cargos políticos”. Esa es la primera acepción actual, pues en el pasado ese diccionario colocaba en primer lugar la que correspondía a la, “Junta que tenían los romanos para tratar de los negocios públicos”. La segunda acepción era, “Reuniones y actos electorales”.

A través de la lectura de las acepciones reproducidas puede comprobarse que la prioridad se ha reconocido en beneficio de lo actual, es decir, las elecciones en sí mismas y la especialización en cuanto al propósito de estas elecciones, para designar cargos públicos.

En la actualidad todavía se hace alusión a los comicios romanos con idéntica redacción, a la que se ha añadido “y, por extensión, otras reuniones”.

La palabra comicios deriva del latín comitia plural de comitium que era el lugar donde el pueblo se reunía en asamblea. Cuando se recurrió a la etimología de comicios llamó la atención que el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico enviaba a buscar el origen en el verbo “ir”. Esto se explica cuando se aprende que la palabra estudiada procede de un compuesto de ire y com- con el sentido de juntamente. Entre las funciones de esos comicios se contaba la de elegir los cargos públicos. En español entró en el año 1612.

En la frase copiada se observa que las dos palabras son empleadas una inmediatamente tras la otra y la segunda con la intención de modificar o ampliar la primera. Esto se destaca con el propósito de que no se piense o aduzca que el escritor tuvo la intención de imprimir sentido completo o de añadir expresividad a la oración. Ahí hay redundancia viciosa de vocablos.

Yaniquequero, candidato, a, desempleado – cesante, disrupción

Por Roberto E. Guzmán

YANIQUEQUERO

“. . . donde las personas socializan alrededor de [ese] YANIQUEQUERO . . .”

No cuesta mucho esfuerzo para un hablante de español dominicano dar con el significado de la voz del título; esto así porque puede fácilmente descubrir en su base al famoso yaniqueque.

La voz yaniqueque aparece en los diccionarios diferenciales de español dominicano y en el Diccionario de americanismos como corresponde. El Diccionario del español dominicano (DED) consigna una definición del yaniqueque que refleja la realidad de este, “Torta frita hecha con masa de harina de trigo, sal y mantequilla”.

La receta del yaniqueque como muchas de las comidas dominicanas con el transcurso del tiempo ha sufrido modificaciones en su composición. El que se compra en la calle es el que más se asemeja al de la definición del DED; es el menos elaborado y puede decirse que es el original y primitivo, pues este alimento nació en las capas sociales de escasos recursos que es la que cocina con los ingredientes básicos. En la actualidad hay quienes le añaden levadura, huevo y hasta queso. Sobra señalar que los ingredientes se amasan y la masa así lograda se fríe en aceite.

El Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005:420) afirma que el yaniqueque se originó entre los cocolos de San Pedro de Macorís, de allí “pasó a Sabana de la Mar con el nombre de Johnniecake y luego se popularizó en la capital y otros pueblos como yoniqueque”. Hay que tener en cuenta que este diccionario menciona un yoniqueque y un Johnny Cake.

Este último diccionario es el que reconoce al yaniquequero como, “La persona que prepara y vende yaniqueques en las esquinas”. Claro, no solo en las esquinas, pero el más popular es el que se vende “en la calle”. Este yaniqueque que se vende en “frituras” es el más popular es, “una torta fina de harina de trigo cocida en aceite”.

Como puede comprobarse mediante la lectura de lo que antecede en esta sección, el yaniqueque es muy popular en los barrios populosos de personas de escasos recursos económicos.

El nombre del alimento es la representación del sonido en español de Johnny Cake, así como lo es la representación gráfica de este sonido. Esto así por la dificultad que presenta la pronunciación en español de la letra jota /j/ del inglés. Como el yaniquequero es quien prepara y vende el yaniqueque, la forma de escribir el derivado de yaniqueque está sometida a los usos de la lengua en las islas antillanas y América Central; es decir, agregando la terminación -ero a la base.

La terminación -ero, del latín -arius, “se añade a sustantivos para formar derivados nominales, sustantivos, y, adjetivos que generalmente se sustantivan”. Innovaciones sufijales en el español centroamericano (1987:13). Esa obra asegura que “expresa al agente que trabaja con el objeto primitivo, o al hombre que lo produce”. Esto puede aplicarse a yaniquequero.

 

CANDIDATO, A

“Ese joven es un buen candidato para ti” es una frase que se oía a menudo y que quizás aún puede oírse en algunos círculos sociales. Este candidato no pretende alcanzar un puesto electivo, ni premio alguno como quedará despejado después de las explicaciones. (Lo del premio es discutible). No anda este candidato tras dignidad u honor. Puede admitirse que aspira a una distinción personal.

El “candidato” dominicano se conoce en otras hablas de Hispanoamérica. Es una persona a quien se considera que reúne buenas condiciones para convertirse en novio o esposo. No hace falta que el candidato exprese sus deseos; a veces son terceras personas quienes recomiendan su candidatura a desempeñar esas funciones.

En algunas situaciones el candidato es propuesto, o en otras, él se convierte en pretendiente a convertirse en el novio o enamorado de la otra persona.

La palabra se trae a estas reflexiones acerca de la lengua española en República Dominicana porque los lexicones dedicados a este tipo de voces no la han consignado.

Las costumbres han evolucionado mucho con respecto a la forma en que las personas presentan sus pretensiones amorosas. En las sociedades pueblerinas de antaño había un consejo deliberativo de señoras, sin título, que se encargaba de oficiar para hacer los arreglos y encaminar las relaciones entre jóvenes solteros, eran oficiosas celestinas. Ellas se encargaban de procurar los encuentros a pedido de los interesados o motu proprio. Era esa una época en la que las relaciones se presumía que terminaran ante un oficiante o, un Oficial del Estado Civil.

No hace falta que se escriba, pero se hace, que luego de esta intervención los lexicógrafos incluyan en los diccionarios de español dominicano esta palabra con la acepción que se ha descrito.

 

DESEMPLEADO – CESANTE

“. . . miles de jóvenes que cursaron una profesión universitaria y una carrera técnica y permanecen CESANTES”.

El punto central de esta exposición es examinar la palabra cesante en la cita, pero no puede dejar de mencionarse que esto de cursar una profesión levanta ronchas.

Se cursa una carrera, porque cursar es estudiar una o más materias en un centro docente. Se elige una profesión técnica o de otro tipo.

Desempleada es la persona que no tiene empleo. Puede estar desempleado por decisión personal o porque sus diligencias para conseguir empleo han resultado infructuosas. El desempleado puede que nunca antes haya tenido una ocupación o actividad remuneradas.

Cesante es una palabra que puede actuar en funciones de adjetivo o sustantivo y vale tanto para la masculino como para el femenino. Es el empleado a quien se deja sin empleo, sin que en ello intervenga su voluntad. Por la definición que se ha escrito con respecto de la situación del cesante, resulta obvio que tuvo un empleo hasta que lo privaron de este.

No cabe duda de que en la redacción de la cita el autor de esta incurrió en un error. Debió escribir, “permanecen desempleados”.

 

DISRUPCIÓN

“. . . con la capacidad del Reino Chino de DISRUMPIR su economía”. “. . . los costos de una DISRUPCIÓN . . .”

Toda la familia de las dos palabras resaltadas en las citas ha llegado al español desde el inglés. No hay motivo para rechazar la entrada de ellas en el español, porque tienen antecedentes en lengua latina que fue de donde la tomaron los angloparlantes en el siglo XVIII. No es posible olvidar que el latín es la madre nutricia del español; por lo tanto, por su origen puede legitimarse esa adopción en la lengua española.

Las dos palabras resaltadas en la cita tienen en español relación con el verbo romper, que llega de rumpere también del latín. “El sustantivo disrupción, el adjetivo disruptivo y el menos frecuente verbo disrumpir son adecuados para aludir a un modo de hacer las cosas que supone ´una rotura o interrupción brusca´. . .” (Cita extraída del portal de Fundéu).

El portal recién mencionado recuerda que el adjetivo disruptivo entró en el Diccionario de la lengua española en el año 1970. Se añade que el sustantivo disrupción tuvo que esperar hasta la edición del 2014 para que se le concediera la entrada.

Algo que desea subrayarse es que las acepciones en español para esta familia de palabras son redactadas de manera que en ellas se reconoce que la ruptura o interrupción es brusca; por tanto, no debe usarse en los casos en que se habla o escribe acerca de procesos de realización paulatina.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

TORRES, CASTILLOS Y PESTILLOS

La buena lectura es un buen método, pero no el único, para aprender nuevas palabras. También es divertido y productivo dejarse atrapar por sus redes. Las palabras nunca están aisladas. Se entrelazan por su origen, por su historia, por su significado, por su función, por su gramática, por su ortografía… Tejen y entretejen relaciones que nos llevan de unas a otras. La semana pasada fuimos recorriendo las que se mueven por el tablero de ajedrez. Algunas se mantienen ahí; otras han desbordado los límites del juego para adquirir acepciones aplicadas a la vida diaria.

Ya sabemos que cada una de las casillas del damero se denomina escaque. ¿Qué hay más cotidiano que tratar de eludir nuestra participación en una tarea o en un compromiso compartido? Si nos queremos referir a ello coloquialmente, tenemos el precioso verbo escaquearseCada vez que hay que limpiar el patio se escaquea; No te escaquees y aporta en el serrucho.

Los hay que se escaquean y los hay que se enrocan. En el ajedrez hay un movimiento en el que el rey y la torre (o roque) del mismo color cambian de posición simultáneamente. Es el único movimiento en que el roque levanta los pies del suelo, y lo hace para proteger al rey; así decimos que el rey se enroca. Cuando pasamos del tablero a la vida, podemos enrocarnos en nuestra opinión sin considerar las razones divergentes, como si eligiéramos una posición defensiva detrás de la torre. Podemos encastillarnos en nuestro parecer, como si nos encerráramos en un castillo para hacernos fuertes. Podemos empestillarnos, trancarnos con nuestro punto de vista detrás de una puerta y echar el pestillo. La obstinación debe ser una actitud frecuente; no hay más que repasar las opciones preciosas que la lengua nos proporciona para referirnos a ella.

 

NATURALEZA HÍBRIDA

Cuando conocemos a alguien que está aprendiendo español, solemos compadecernos de él. ¡Ay, los verbos! Y no nos falta razón. La conjugación verbal de nuestra lengua es compleja y cuesta dominarla con maestría; incluso a los que la hablamos como lengua materna. Ni siquiera es fácil para las formas del verbo que no se conjugan, las llamadas formas no personales del verbo (el infinitivo, el gerundio y el participio) que, aunque no se conjuguen, tienen también sus periquitos a la hora de usarlas correctamente.

Centrémonos en el infinitivo. Como nos describe la Nueva gramática de la lengua española, su marca formal es la terminación en -r precedida de la vocal correspondiente a cada conjugación (-ar, primera; -er, segunda; -ir, tercera). No cambia de persona, ni de tiempo, ni de modo, ni de aspecto, ni de número, pero eso no lo simplifica.

El interés del infinitivo es que funciona, como nos dice Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, como sustantivo y como verbo a la vez. Observemos cómo funciona el infinitivo leer en esta frase: Al leer el cuento, María recordó su infancia. Su significado es el de un verbo: ‘comprender la significación de lo escrito’. Va introducido por una preposición y un artículo como los sustantivos: al leer; y, como ellos, funciona en esta frase como complemento. Como verbo tiene sujeto (María) y objeto directo (el cuento). Comparen, si no, con el verbo, este sí conjugado, de la oración principal (María recordó su infancia): sujeto, María; objeto directo, su infancia.

Una estructura paralela en las dos proposiciones nos ayuda a darnos cuenta de la naturaleza híbrida de nuestro infinitivo. El hecho de que no se conjugue no le quita ni pizca de su complejidad.

 

HASTA EL ÚLTIMO SUSPIRO

 ¿Qué significa ampliar nuestro vocabulario? La respuesta parece sencilla: aprender nuevas palabras que se sumen a las que ya conocemos. Lo que no resulta tan sencillo es comprender lo que lleva aparejado este aprendizaje. El complejo camino que tenemos que recorrer parte de reconocer los sonidos que forman la palabra (en la lengua hablada) además de su ortografía (en la lengua escrita). Pasa por la comprensión de su significado (o de sus significados, que ya sabemos que las palabras nos reservan muchas sorpresas) y por su adopción para nuestro propio uso.

Con esto no hemos llegado al final de nuestra ruta. Para aprender adecuadamente una palabra nueva hay que comprender también sus características gramaticales, que permiten que la utilicemos en nuestra expresión oral o escrita; hay que saber cuáles son las relaciones, morfosintácticas y de significado, que establece con otras palabras. Por si esto fuera poco, como con las personas, hay que conocer sus valores; en el caso de nuestras amigas las palabras, sus valores connotativos y sociales (si son vulgares, despectivas, jergales, formales, locales, urbanas…). Estos valores, que condicionan su uso tanto o más que su propio significado, no se los asignan los diccionarios. Los usuarios las tiñen con ellos; los diccionarios los registran para ayudarnos a usarlas (o a descartarlas) correctamente. Añadir una nueva palabra en nuestras árganas léxicas significa que la reconocemos, la adoptamos y sabemos usarla en los contextos lingüísticos y sociales correctos en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Nuestra relación intuitiva y espontánea con el español, nuestra lengua materna, debe completarse y profundizarse en nuestra etapa escolar (¡tan importante!) con una relación analítica. Sin embargo, no olvidemos, que el camino no se acaba en la escuela. Nuestro recorrido sigue; no en vano nuestra lengua nos acompaña hasta el último suspiro.

Rejón, tecato, trinitense / trinitario, peatonalización / peatonización

Por Roberto E. Guzmán

REJÓN

“Ver cómo los parroquianos seleccionaban perros exhibidos en REJONES. . .”

La voz rejón se conoce poco en las zonas urbanas en República Dominicana. Es (o era) una voz corriente en el habla rural; más específicamente entre los aficionados a la lidia de gallos.

De acuerdo con lo que entiende quien redacta estos comentarios, el rejón es una jaula individual para gallos de pelea. Es posible, no obstante, que otro animal menos apreciado sea encerrado en un rejón, pero el “titular” del rejón es el gallo de gallera. Esto así en República Dominicana.

La mayoría de las obras dedicadas a recoger las voces del habla dominicana fueron elaboradas por personas citadinas desde gabinetes, guiados por textos anteriores a los suyos y con el auxilio de hablantes de las ciudades.

Esto fue así hasta que se trabajó en el Diccionario del español dominicano que es un diccionario de largo aliento, obra de un equipo que recopiló todo lo anterior y curcuteó en el habla rural. Por estos rasgos y otros más, el rejón entró en los anales del español dominicano documentado.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española había anotado ya la voz estudiada aquí como de uso en Cuba y Puerto Rico con la misma significación que posee en República Dominicana. La referencia dominicana no apareció en ese lexicón. La omisión quedó subsanada como se explicó más arriba.

En ninguno de los diccionarios de español de Cuba pudo encontrarse mención del rejón. La voz está debidamente documentada en el español de Puerto Rico. Según parece la voz aquí estudiada tiene relación con “reja” que es un armazón en sí, como lo es el rejón.

El rejón es una jaula que puede mudarse de ubicación. Tiene cinco o seis lados y se coloca sobre el suelo, la tierra. El gallo en el rejón queda aislado de sus congéneres. El animal tiene poco espacio en el rejón y puede accederse a él levantando el rejón, o si tiene una parte que se abre, o una puerta, abriéndolas para llegar hasta el ejemplar. No se mantiene al gallo en el rejón por largo tiempo; se saca de allí para ejercitarlo. Se muda el rejón de sitio a conveniencia para exponer el animal al sol o protegerlo de la inclemencia del tiempo. El rejón se utiliza generalmente durante el período de entrenamiento.

El rejón más fácil de fabricar es cuadrado o rectangular, aunque puede ser redondo. El material más fácil para fabricarlo es el de tela metálica de gallinero. Dentro del rejón el gallo no está amarrado y allí se alimenta con todo el cuidado que requiere el momento.

 

TECATO

El TECATO, el alcohólico, el desempleado. . .”

La voz tecato circula en el habla de los hispanohablantes desde hace más de cuarenta y cinco años. El autor de estas notas acerca del idioma puede certificar este período de tiempo porque la escuchó por primera vez en Puerto Rico. En esa época la voz no era de conocimiento de todos los hablantes dominicanos, sino de un grupo de estos.

Cuando se oyó la voz por primera vez se me explicó que era de uso entre los jóvenes y menos jóvenes para designar a las personas que consumían drogas. Al llamar de ese modo a una persona se imprimía un rasgo despectivo a la voz.

En Puerto Rico está documentada la voz desde el año 1957 para designar al adicto a la heroína. Ya en el año 1984 abarca a un adicto a cualquier tipo de droga. Como consecuencia del ensanchamiento del ámbito de su definición y campo semánticos, se hizo necesario añadirle un complemento y, así nace que se utilice, “tecato de cemento, de heroína, de cocaína, etc.” Para estos datos se consultó en línea el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico.

En el año 2010 cuando se elaboró el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se atribuyó a la voz tecato la acepción, “persona drogadicta”. Con ese valor se la conoce en El Salvador, República Dominicana y Puerto Rico. Ese diccionario reconoce que en tanto adicto a la heroína la voz es de conocimiento en México y Puerto Rico en varios registros de los hablantes de esos países.

 

TRINITENSE – TRINITARIO

“. . .capitalismo y esclavitud (1944) del TRINITARIO Eric Williams . . .”

No hay que extrañarse de que cualquier cosa que tenga relación con “trinidad”, los dominicanos la asocien con “trinitario”. Esto así porque en la historia dominicana hay momentos en que se mencionan a los trinitarios como parte importante de la gesta independentista.

Desde temprana edad los dominicanos quedan condicionados a pensar que todo lo que tenga algo que ver con la palabra trinidad al mencionársele se haga con la palabra trinitario en funciones de adjetivo o sustantivo. Esto claro, sin olvidar a la Santísima Trinidad de la Iglesia católica, pues los miembros de esa orden son trinitarios.

Eso que se describió en el primer párrafo es lo que se presume que ocurrió en la cita que encabeza este escrito. Más abajo se entrará en las explicaciones.

El gentilicio y sustantivo trinitense es el que se usa para referirse a los naturales de Trinidad y Tobago. Con el adjetivo se da a entender que algo es relativo o perteneciente a Trinidad y Tobago.

Por desventura el Diccionario de la lengua española no reconoce a los trinitarios dominicanos que fueron los gestores de la independencia de los dominicanos en el año 1844. En cambio, ese diccionario entiende que son trinitarios los naturales de Trinidad que es una villa de la provincia de Santa Clara en Cuba. Hay trinitarios en Bolivia y Uruguay.

Al final de cuentas lo que hay que retener es que los naturales de Trinidad y Tobago tienen el monopolio de la designación trinitense.

 

PEATONALIZACIÓN – PEATONIZACIÓN

“La PEATONIZACIÓN provocó un completo. . .”

“Las palabras no nos pertenecen”, se oye decir con frecuencia. Esto es cierto, pero las creaciones muchas veces obedecen a hacer más preciso el idioma común, o, para ajustarlo a las circunstancias. Lo difícil es delimitar cuándo obedece la creación a veleidades y cuándo es producto de una necesidad.

Peatonización se desprende de peatonizar, según parece. En su calidad de palabra peatonización no ha logrado reunir todas las condiciones para elevarse y ser reconocida. Esto sobre todo porque todavía tiene competencia en el campo de “convertir en peatonal una vía pública que antes fue vehicular”. Reservar para peatones una vía que antes fue vehicular también. Ahí está peatonalizar que disputa el sitial de preferencia en el habla.

La pugna entre los dos verbos peatonizar y peatonalizar no ha terminado; por esto tampoco termina la lucha entre peatonización y peatonalización. El uso está dividido entre las palabra larga, el uso culto (¿?), y las más cortas que parece que reflejan el habla popular. No hay que olvidar que el uso es la mayor autoridad en la lengua, por eso las autoridades se inclinan ante él.

De una manera o de otra, la idea que transmite una u otra de las dos palabras, así como el verbo asociado a esta es claro y, no deja lugar a duda. Al final, se aconseja que se siga la pauta de las Academias y se emplee peatonalizar y peatonalización.

Chupasangre, buscón, levantamiento

Por Roberto E. Guzmán

 

CHUPASANGRE

El vocablo del título es un nombre. El Diccionario de la lengua española no reconoce este vocablo en sus páginas. En el Diccionario de americanismos de la misma academia que elabora el lexicón mayor de la lengua, figura el vocablo chupasangre en su calidad de uso en tres países de Hispanoamérica. En Guatemala y Chile es, “Persona que vive a expensas de otra”. En El Salvador designa al abogado. En esos países el término acepta los géneros masculino y femenino.

Hay que subrayar que el vocablo es de conocimiento de los dominicanos. Se ha usado a través del tiempo en el habla de los dominicanos, aunque la mayoría de los repertorios diferenciales de español dedicados al español dominicano no lo hayan inventariado.

En el habla dominicana el “chupasangre” es el usurero. Es la persona que presta dinero “al módico” veinte por ciento o a otro interés exagerado. Es un prestamista que presta dinero a un interés muy elevado.

Se denomina de esta manera porque se considera que le roba la vida a la víctima de su negocio de explotación. El origen del vocablo nace de que en el español general se entiende que “chupar la sangre” es, “Ir quitando o mermando la hacienda ajena en provecho propio”.

La idea que se forma el dominicano es que la sangre es la savia de la vida, el elemento vivificador. Cuando una persona presta a un interés excesivo y obtiene lucro desmedido con esto, el hablante de español dominicano entiende que roba la hacienda ajena y así acaba con la vida del otro.

Ante la certeza de la existencia del término se invita a los lexicógrafos dominicanos a que tomen en cuenta el vocablo aquí estudiado para que lo incorporen a sus inventarios de léxicos diferenciales.

 

BUSCÓN

“La explotación sexual aparece (…) tras la figura del BUSCÓN que se asemeja al “chulo” dominicano. . .”

El buscón del habla de los dominicanos hace largo tiempo que está documentado. En esta ocasión se trae de nuevo a estas reflexiones la voz buscón porque la cita recuerda a un personaje de ese nombre y características que había quedado en el tintero.

Los buscones que han logrado su entrada en los diccionarios de español dominicano son aquellos que realizan gestiones administrativas; los que procuran pasajeros para los autobuses, así como los que refieren casos a un abogado. Se considera en esta categoría también al que busca, entrena y supervisa los jugadores de beisbol que muestran aptitudes para la vida profesional en esa actividad.

El buscón que faltaba es el que se menciona en la cita. El tipo de diligencia que este desempeña se vislumbra por medio de las palabras usadas en la frase citada. Este sujeto se dedica a buscar mujeres para que estas se dediquen a la prostitución.

Como resultado de las informaciones recabadas de personas con experiencia en este tipo de actividades este buscón introduce jóvenes mujeres al oficio intuido y, las referencias obtenidas explican que algunas de ellas son prácticamente subastadas entre clientes de grandes recursos económicos. En ocasiones sus diligencias terminan con las gestiones que se han mencionado.

Sin necesidad de ser un experto en estas lides, pueden hallarse algunas diferencias entre este buscón y los otros personajes que se le asemejan en esta tarea, como son el chulo y el maipiolo.

El chulo no solo busca la mujer para otros, sino que más que nada la explota, le quita el dinero a cambio de protección. Esta labor de protección mueve a pensar que la mujer víctima de este chulo se desempeña en un nivel social bajo de la escala social.

La voz maipiolo/a es más difusa. Se califica de esta manera no solo a la persona que ejerce como oficio las funciones de intermediario entre la mujer y el cliente, sino también, en algunos casos, la que sirve de celestina entre personas, algo que no conlleva pago por servicio.

Se aboga por este medio para que se introduzca una nueva acepción a la conceptualización del término buscón, pues se ha explicado que el buscón (¿sexual?) es una realidad en la sociedad dominicana y como tal hay que hacerle un espacio en los diccionarios de español dominicano. Si no se considera adecuado una nueva acepción, por lo menos una subacepción.

 

LEVANTAMIENTO

“La dirección de inspectoría de la JCE se encargará de hacer un LEVANTAMIENTO de las transgresiones. . .”

En varias ocasiones se ha encontrado el sustantivo masculino levantamiento utilizado de una manera de puede catalogarse de poco ortodoxa. El ejemplo que encabeza esta sección es un ejemplo de este empleo fuera de lo común.

El uso que se hace de levantamiento en la cita sale de lo que se ha mantenido durante largo tiempo entre los que se reconocen como tradicionales. El diccionario oficial de la lengua reconoce cuatro acepciones para este sustantivo. El verbo levantar cuenta con treinta y cuatro acepciones en ese mismo diccionario.

Para no alargar demasiado este estudio no se procederá a examinar ni enumerar todas esas acepciones, sino que se pasará a exponer en qué consiste este uso dominicano y de dónde se presume que procede.

Como conclusión de las observaciones del uso a través del tiempo, por “hacer un levantamiento” habrá que entenderlo de acuerdo con el entorno. En casos muy rebuscados corresponde a hacer un trabajo de “auditoría”. En casos generales hay que aceptarlo en tanto “examen” que se ejerce sobre las funciones de una persona o institución.

En las hipótesis que se ajustan al primer caso, parecido a una auditoría, puede concretarse a una revisión sobre el comportamiento de un funcionario en el desempeño de sus funciones, o de una institución, departamento u otra dependencia.

En la cita, por la forma de la redacción, se presume que se procederá a hacer un recuento de las transgresiones, aunque puede agregarse que puede que esto implique una evaluación de estas.

En un empleo ligero puede retenerse el levantamiento con el significado de “recoger información” con respecto de lo que constituye su fin primordial.

Puede comprobarse con la lectura de esta exposición que el concepto “levantamiento” en casos en que se usa de los modos descritos más arriba, puede transitar a través de un amplio campo de posibilidades.

Es posible que si su uso continúa se perfilará mejor y sus contornos se harán más definidos y, eso hará posible que alcance validez y hasta reconocimiento oficial en el seno de la lengua.

Comiquería, conuquismo

Por Roberto E. Guzmán

 

COMIQUERÍA

“. . .al decir esa COMIQUERÍA se quedó muy serio”.

Es fácil dar con la raíz de la voz del título. Está relacionada con la palabra cómico que es bien conocida en el habla internacional. Los dominicanos usan la palabra cómico sin retener el matiz que la separa de humorista o humorismo.

Cuando el cómico es la persona, es aquella que hace reír. El humorista es la persona que se expresa o actúa con humor, tomando la última palabra, humor, con el significado de descubrir y manifestar lo divertido. En los casos en que el hablante de español dominicano usa indistintamente una u otra de las dos palabras definidas, lo hace tomando en cuenta el resultado de la actividad, “hacer reír”.

En el español internacional una comiquería es la reunión o el conjunto de cómicos. El Diccionario de americanismos no registra la voz comiquería entre aquellas que son de uso o que se conocen en el español hispanoamericano.

A pesar de lo que se escribe al final del párrafo anterior, el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico asienta la voz comiquería, “Dichos o hechos que hacen reír. Comicidad.” Es algo harto conocido que los puertorriqueños y los dominicanos utilizan muchas voces comunes que no pertenecen al español internacional.

Tal y como lo presenta este Tesoro, la voz comiquería es la que reemplaza a comicidad en el habla de los puertorriqueños, así como en la de los dominicanos.

Como era de esperarse, el Diccionario del español dominicano (2013:206) le hizo un espacio a la voz comiquería, “Acto o acción cómica o que provoca risa”.

En el habla de los dominicanos se ha producido una extensión de la voz comiquería. Se la usa para mostrar desdén acerca de una acción de una persona, aunque el agente de la acción actúe de modo serio o se exprese de manera formal.

Ha de entenderse que en el caso que se retiene aquí esta es una manera de descalificar la actuación o expresión de una persona, de allí que pueda escucharse a veces, “Esas son comiquerías de ese Fulano”. Por la explicación retropróxima se entiende que esta comiquería no mueve a risa, sino al menosprecio con que se toma lo que de ese modo se califica.

Existe otra situación en la que se utiliza comiquería. Es en los casos en que una persona emplea tácticas dilatorias para incorporarse a una tarea sin manifestarlo de palabras, sino de acción, siendo moroso; en esos casos y en otros parecidos se ha oído a una o más de las partes involucradas en una tarea que le dicen al barajador, “Mengano, déjate de comiquerías y ven a trabajar”.

Lo que acaba de exponerse puede apuntarse como una variante de la acepción ya copiada o como una “subacepción” separada de la anterior, si es que no se desea consignarla como una acepción totalmente diferente de la ya señalada.

 

CONUQUISMO

“. . .donde analizaban la quema y el CONUQUISMO”.

No hay lugar a hesitación con respecto a la palabra que se encuentra en el origen de la que se presenta en el título. Este conuquismo deriva de conuco. Es natural entonces que al entrar en el estudio de este conuquismo se comience por conuco.

El Diccionario de la lengua española, el de la RAE, consigna la voz conuco con tres acepciones. La primera acepción se la considera antillana, la segunda es común a Cuba, República Dominicana y Venezuela. La tercera es privativa de Cuba.

El citado diccionario ha modificado la cantidad de acepciones para reconocer los significados que se han atribuido al conuco. La primera acepción que entró en el mencionado diccionario fue la cubana, “Parcela de tierra que concedían en Cuba los dueños a sus esclavos para que estos la cultivaran por su cuenta”. Así aparece en la página 276 de la edición decimocuarta de 1914 de ese lexicón. Ya antes D. Roque Barcia reconocía la voz en su Diccionario general etimológico con dos acepciones. La primera era, “Casa de labranza con tierras para sembrar el maíz, alubias, etc.” La segunda, “La tierra en que se siembran los granos y legumbres con que se mantiene la gente en una casa de campo” (1890-I-1041).

Por medio de la lectura de las redacciones de estas acepciones se nota que para esta palabra D. Roque no siguió en esta ocasión la pauta trazada por Esteban Pichardo en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:180). El último trae detalles acerca de la voz que van más allá de una simpe acepción. Usa palabras como, “heredad miserable de poco terreno con su bojío”. Es el terreno señalado “por el dueño de las haciendas grandes a cada negro para que le trabaje y atienda los días festivos, gozando de sus productos como usufructuario condicional o especial”. Acota este lexicógrafo que no sabe a ciencia cierta si la voz procede del aborigen de las Antillas o de África por su terminación y consigna la variante cunuco.

No huelga recordar que la voz conuco aparece ya en los escritos de Bartolomé de Las Casas y Gonzalo Fernández de Oviedo. Estos dos cronistas, “escriben claramente que es palabra de Santo Domingo. P. Henríquez Ureña…la tiene creo que acertadamente, por vocablo taíno”. Indigenismos (1977-I-460).

  1. Fernando Ortiz no desperdició la ocasión que le proporcionó Pichardo para introducir una larga exposición de trece páginas en su Glosario de africanismos (1924:121-133) y así reivindicar el origen africano de la palabra conuco. Durante largo tiempo la Real Academia de la Lengua solo mencionaba que la voz era americana, pero en la actualidad reconoce el origen taíno.

En República Dominicana hace largo tiempo que se reconoce el conuco como una pequeña parcela de terreno destinada al cultivo de frutos menores. El campesino que lo cultiva puede vivir allí sin ser necesariamente propietario de la tierra. El conuco se consideró durante largo tiempo como un lugar de cultivo de subsistencia realizado por una sola persona o con ayuda de la familia inmediata.

En República Dominicana después de la caída del régimen de Trujillo comenzó a usarse una palabra que era de poco uso hasta entonces, “minifundio”, que era lo opuesto a otra palabra de mucho contenido político, latifundio. La caracterización del conuco y del minifundio coinciden en gran medida.

La palabra conuco ha dado pie a varias derivadas, “conuquito” que es un diminutivo que en muchos casos usa el campesino para referirse al suyo con acento cariñoso. “Conuqueo” es el trabajo que se realiza en el conuco. “Conuquero,a” es la persona que labora en el conuco, así como aquella que vive en este. En Venezuela el conuquero era quien fundaba o labraba un conuco. Glosario de voces indígenas de Venezuela (1921:89).

  1. Francisco Javier Pérez documenta la voz conuco en Venezuela, Diccionario histórico del español de Venezuela (2011-I-331). Las características principales son, “pequeño terreno; cerca del rancho campesino; destinado a cultivos menores; para consumo familiar”. Este estudioso añade, “el uso metafórico que hace que la voz designe el órgano sexual femenino en ámbitos coloquiales”.

Otra intervención de conuco en el español dominicano es “vara conuquera” que es una medida que fue de uso en los campos dominicanos y que ha caído víctima de los avances de la ciencia. Esta es, “medida de longitud equivalente a 98,73 pulgadas”. Diccionario del español dominicano (2013:690). Aquí hay lugar a pensar que el adoptar una medida con este nombre era un indicio de la prevalencia de los conucos en el sistema y escala de cultivo en el campo dominicano.

Otro indicio de la importancia del conuco en el español dominicano es la incorporación de la palabra al léxico del campesino. D. Bruno Rosario Candelier, refiere que en Bacuí, provincia de La Vega, un campesino le advirtió, “El sabio vive del bruto, y el bruto, de su conuco”. Este adagio traduce un sentimiento profundo. Es desafortunado que algunas personas tuerzan las expresiones diciendo que algunas mujeres “viven de su conuco”, lo que da lugar a una interpretación aviesa.

De lo expuesto más arriba puede considerarse que el conuquismo es el minifundismo de las islas Antillanas. El sufijo -ismo que se añade a la raíz (¿?) del conuco, conu-, da a entender que se refiere en este caso al sistema de explotación agrícola que obedece a la escala de conuco o, donde prevalece este tipo de cultivo.

 

Bañar, pirueta, bacanal, hilaridad

Por Roberto E. Guzmán

 

BAÑAR

El verbo bañar se emplea en República Dominicana de una manera que no se hace en otros países de habla hispana. Ese será el tema de esta sección. Se explicarán los casos y los significados que adquiere ese verbo con esos usos.

Uno de esos empleos del verbo bañar es de uso nada menos que en el beisbol. Se recuerda haber oído y hasta dicho que la pelota bañó al jugador. ¿Cuándo baña la pelota al jugador que se supone que la atrape?

Esto sucede en los momentos en que la pelota “sobrevuela” al jugador que infructuosamente trata de agarrarla. Por la descripción se deduce que la pelota va en el aire en los casos en que “baña” al jugador. Cuando la pelota “baña” al jugador del cuadro o de uno de los campos no se debe a un mal cálculo del jugador defensivo, sino a que resulta imposible que la alcance.

En el otro caso el verbo bañar del español dominicano no se usa para lavar algo que se sumerge en un líquido que generalmente es uno de los propósitos del verbo. Este uso no está documentado en los diccionarios de voces de uso del habla dominicana. En las situaciones en que se utiliza el verbo de este modo es para indicar que algo, especialmente dinero, ha llegado o lo posee alguien en abundancia o demasía.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española trae el verbo con este uso con la mención de que se emplea en República Dominicana, pero la definición es, “Recibir alguien mucho dinero”. La diferencia que se desea establecer es que no solo es recibir o percibir una cantidad considerable de dinero, sino que puede referirse a un estado. No se refiere a una circunstancia pasajera o temporal, la persona “bañada en cuartos” puede tener ese caudal desde hace tiempo.

Lo que se expone aquí es una opinión educada. No se pretende con esta invalidar la que consta en el mencionado diccionario, sino que se considere lo expuesto aquí para añadir, no para enmendar.

 

PIRUETA

“. . .allanan el camino para PIRUETAS fraudulentas. . .”

Las piruetas que ocupan la atención de los académicos de la lengua se ciñen a los brincos, vueltas (volteretas) que ejecutan las personas. También tiene relación con las acrobacias de un aviador. La última pirueta es la del caballo, cuando el jinete lo obliga a vuelta rápida alzándose sobre las patas traseras.

Por lo mencionado en el párrafo anterior las piruetas mencionadas en el diccionario oficial de la lengua se limitan a las de las personas sobre sí mismos o, como piloto de avión o jinete de caballo.

Los sujetos de estas piruetas son personas en funciones de agentes de ellas. Esta palabra se ha traído a estos comentarios porque en República Dominicana pirueta posee un uso que ha escapado a los estudiosos del español dominicano; claro está, usada en sentido figurado, que es como aparece en la frase que se usa a modo de ejemplo. El detalle se ofrece más abajo.

Ha de notarse que la pirueta es fraudulenta, es decir, es una operación que consiste en un cambio o desvío en algún negocio que se ejecuta para desorientar y sacar ventaja. Es una estratagema, una hábil artimaña, hecha con el fin de engañar.

El autor de estos comentarios certifica que ha oído el empleo de esta “pirueta” en conversaciones; más aún, recuerda haber utilizado la palabra con ese valor. Por tanto, esta pirueta clama por un espacio en los diccionarios de español dominicano del futuro.

 

BACANAL

“Se desatan en cambio vahídos y estertores de UN BACANAL. . .”

Bacanal es una palabra de larga data en el español; entró al castellano en la primera mitad del siglo XVII.  La palabra desempeña las funciones de adjetivo y sustantivo. Cuando es sustantivo es de género femenino. El Diccionario de le lengua española la define, “Orgía con mucho desorden y tumulto”.

La palabra procede del latín Bacchanal, -alis, que deriva de Bacchus, del griego Bákhos, Baco, y, eran fiestas en honor a este dios mitológico del vino y los placeres. Las fiestas de Grecia pasaron a Roma donde se prohibió su celebración en el año 186 antes de nuestra era.

Por extensión el significado pasó de las fiestas en honor a Baco, a designar cualquier fiesta en la que se cometen grandes excesos.

Como dato curioso puede mencionarse que las bacanales llegaron a Brasil en el siglo XIX. En el estado Pernambuco Baco era homenajeado durante la Pascua con banquetes, procesión y cánticos. La Iglesia católica en 1869 consiguió prohibir la realización de estas fiestas. A origen curiosa das palabras (2003:27).

Lo que se deseaba dejar bien claro desde el principio es que el sustantivo es femenino. Como se trata de unas fiestas, es natural que al aplicarle el adjetivo a una tumultuosa celebración se utilice también el femenino. Generalmente se utiliza en plural, bacanales.

 

HILARIDAD

“A fin de dar HILARIDAD a mis razonamientos, me permito presentar varias. . .”

No cabe duda alguna, hay que reír. Esa es la invitación que realiza el redactor de la frase transcrita. No hay que llamarse a engaño por los razonamientos, pues esos son serios. En esta sección se examinará la poca consistencia aparente que existe entre algunas palabras con respecto de su ortografía y su significado, y, sobre todo, la que se produce en la cita.

Con hache o sin ella el sonido de las palabras en español es el mismo. Esa es la razón por la que muchas personas piensan que esa letra no tiene utilidad alguna. Las personas que así piensan están en buena compañía porque algunos académicos piensan de la misma forma y hasta renombrados y laureados escritores han expresado su apoyo a la salida de la letra del alfabeto español.

Todo lo anterior viene a cuento porque esa letra -la hache /h/- es la que ha provocado la hilaridad que se mencionó antes.

Es cierto que se “pierde el hilo de la conversación” cuando se borra el tema o ilación en un discurso. Esta ilación se refiere a la trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso. En gramática se utiliza el adjetivo ilativo para referirse a una oración subordinada que expresa la consecuencia lógica o natural de lo afirmado en la principal.

Del mismo modo de lo expuesto más arriba, se pierde el hilo de un discurso, de un razonamiento, en el momento o sitio en que se deja de seguirlos.

La palabra hilo proviene del latín fílum, de ahí que lleve la letra hache /h/, del mismo modo que la palabra “hijo” que desciende de una palabra del latín con letra efe /f/ al principio. El hilo entró al castellano en el siglo XIII. De esta familia son las hilanderas, la hilacha. No se olvide que una hilera es una fila. Ilación a su vez proviene del latín illatio, -onis, que como puede observarse no lleva la letra efe /f/ delante.

Antes de concluir hay que recordar que hilaridad procede de latín hilaritas que es expresión de gozo y satisfacción del ánimo, así como risa que provoca algo que se ve o se oye.

Se invita al final de esta exposición a que las personas presten atención a la ortografía de las palabras y, en caso se dudas, que busquen la forma en que se escriben las palabras de la misma familia. Ah, la consulta de un diccionario ayuda también.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

26/05/2020

HE AQUÍ EL VERBO «HABER»

 

Hace unos días nuestra diaria «AM» se titulaba «Abrir o no abrir; he ahí la cuestión». Algunos lectores me han consultado sobre ese uso concreto del verbo haber. Empecemos por recordar que el verbo haber tiene como misión principal la de ser el verbo auxiliar para conjugar los tiempos compuestos de los demás verbos. ¿Cómo funciona? A la forma conjugada de haber se le suma el participio del verbo principal. Si queremos formar el futuro compuesto de cantar, conjugamos haber en futuro y le añadimos el participio de cantarhabrá cantado. Además de esta función de apoyo, también puede conjugarse como verbo impersonal, con las acepciones de ‘existir’ (Hay dudas ortográficas fáciles de aclarar) o de ‘ser necesario o conveniente’ (Hay que leer más). Existe además un uso no impersonal de haber con el sentido de ‘tener, poseer, apoderarse’ que entra en juego en la expresión que provoca las dudas de los lectores.

Esta frase tiene su origen en una de las más célebres de la literatura universal; aquella con la que Hamlet abre su monólogo en la tragedia de William Shakespeare: «Ser o no ser; he ahí el dilema (o la cuestión)». El verbo haber aquí está conjugado en segunda persona singular del imperativo. Es como si el indeciso príncipe de Dinamarca nos dijera desde el escenario: «Ten aquí el dilema» o «Aquí tienes el dilema».

Cuando lo usamos como verbo auxiliar haber no nos aporta significado; su tarea es la de mostrarnos la conjugación del verbo principal. Sin embargo, no olvidemos que, en ocasiones, puede funcionar como verbo principal y que, como cualquier otro, tiene sus significados propios. Además es un verbo muy productivo a la hora de formar locuciones curiosas que bien merecen que las recordemos. He aquí mi compromiso para la próxima semana.

 

2/06/2020

NO HAY DE QUÉ

En nuestra lengua los verbos auxiliares tienen una misión muy importante. El verbo haber se faja con los tiempos compuestos y eso provoca que sea uno de los más usados. No es su única tarea. Hoy nos proponemos prestarles atención a algunas locuciones curiosas y verlo actuar como protagonista. Para empezar, recordemos que las locuciones son combinaciones de palabras que funcionan como si de una sola se tratara; tanto su forma como su significado quedan fijados por el uso.

Nuestro objetivo es conocer lo habido y por haber sobre este verbo tan particular. He aquí la primera locución, lo habido y por haber, que utilizamos cuando nos queremos referir a la totalidad de algo, lo real y lo imaginado, lo posible y lo probable. Para lograr este objetivo tendremos que habérnoslas con el diccionario; es decir, tendremos que enfrentarnos con él y exprimirle toda su información sobre el verbo haber y sus locuciones. Muchos opinan que es difícil aprovechar al máximo las posibilidades del diccionario, pero no hay tal (no es cierto, esta afirmación carece de fundamento). No hay más que ver que con un poco de paciencia y práctica puede convertirse en nuestro mejor aliado. No hay de qué quejarse. Basta con dedicarle tiempo, leer sus instrucciones y consultarlo con frecuencia. Por supuesto, debemos saber elegir un buen diccionario; algunos no hay por dónde agarrarlos.

Si logramos que la consulta atenta del diccionario se convierta en una práctica cotidiana que acompañe nuestra lectura y nuestra escritura, nuestro uso de la lengua mejorará sin duda. No hay más que pedir. Hoy nos ha ayudado a repasar las locuciones protagonizadas por el verbo haber. Solo nos queda darle las gracias; y él nos responderá: «No hay de qué».

9/06/2020

 

AL RITMO DE LA VIDA

Durante esta primavera el Diccionario de la lengua española de la Real Academia ha logrado un récord absoluto de consultas. La versión en línea, fácil y gratuita, ha registrado cien millones de consultas durante abril. Dice la RAE que este número representa un incremento de más de un 30 % en relación con meses anteriores, cuando todavía no imaginábamos lo que significaba estar confinados; nada menos que cuarenta millones de consultas más que en febrero. Parece que la cuarentena nos ha acercado al diccionario y los lexicógrafos tienen que responder a esta demanda. Ya no hay que esperar años para que una nueva edición le coja el paso a la lengua. Las actualizaciones en las ediciones digitales van, casi, al ritmo de la vida. Como cada jueves, se celebra en la sede madrileña de la Real Academia Española el pleno en el que se repasan las palabras y acepciones que van a entrar, o no, en el diccionario, con asistencia de académicos españoles y americanos. Así se viene haciendo desde 1713; y la crisis sanitaria no lo ha impedido. Desde hace semanas el pleno se celebra de forma virtual; incluso el tradicional del 23 de abril, en homenaje a Miguel de Cervantes, y el que cada año presiden los reyes de España. El método de trabajo se adapta, pero la tarea no se detiene.

De eso sí que sabemos los lexicógrafos. Las palabras de la pandemia piden paso. Hay que revisar las acepciones y las definiciones de las que ya están en el DLE (confinar, mascarilla, morgue); hay que analizar la posible incorporación de otras que no están y, desgraciadamente, se nos han hecho muy necesarias (coronavirus, cuarentenear, desescalada, desconfinamiento); y otras que ya utilizábamos, pero que ahora nos resultan imprescindibles (videollamada, videoconferencia). Ojalá que el neologismo covidianidad sea solo un ave de paso y nunca anide en nuestro diccionario.

16/6/2020

 

AJEDREZ Y PALABRAS

Ostento entre mis lectores a algún que otro ajedrecista. No sé si lo dará el juego del ajedrez, pero suelen hacer gala de propiedad en el hablar. Más de una vez me han replicado que no se dice ficha sino pieza. Les demostraré de lo que hablo. Si nos atenemos a lo que dice el Diccionario de la lengua española, la ficha es ‘generalmente plana y delgada’ mientras que la pieza es una ‘figura’. Si la propiedad en el hablar busca utilizar cada palabra con su sentido peculiar y exacto, bien vale el ejemplo. El paseo por el diccionario me reservaba, como siempre, alguna que otra sorpresa, como la de descubrir que las piezas del ajedrez pueden llamarse también trebejos, como cualquier humilde herramienta.

Al léxico particular de este juego le debemos un puñado de palabras hermosas. La superficie del damero o tablero está compuesta por sesenta y cuatro casillas que alternan el blanco y el negro. Cada una se denomina escaque, palabra que llegó al español a través del árabe y a este a través del pelvi, un dialecto persa. Entre las piezas, las más numerosas son los peones, palabra que en latín vulgar significaba ‘soldado de a pie’. Ocho peones negros y ocho blancos hay sobre un tablero. Entre las grandes está la torre, que siempre camina en línea recta y bien apegada al tablero, como le corresponde por su naturaleza; puede denominarse también con la palabra roque, préstamo que siguió la misma ruta lingüística desde el persa, donde significaba ‘carro de guerra’. Mi preferida siempre será la sonora alfil, ligera y sutil con su paso diagonal, pero poderosa, no en vano en pelvi, su lengua de origen, denominaba al elefante. Otras palabras del ajedrez han saltado del tablero a la vida cotidiana. Les propongo conocerlas la próxima semana.