Carajo, tropezón / trompezón, buchú

Por Roberto E. Guzmán

CARAJO

“El muchachito que cuida los autos y la niña que es Julia (o es Luisa) y dice gustar de las canciones de una CARAJA llamada Yuri”.

El vocablo carajo tiene larga historia en la lengua española. Es un vocablo que ha provocado controversias con respecto de su origen; al punto que la conclusión ha terminado con una declaración de “origen incierto”.

Como consecuencia de que el carajo peninsular se perfiló para sostener el sentido de pene, durante largo tiempo los diccionarios evitaron registrar el vocablo. D. Martín alonso recoge el uso en español de esta palabra desde el principios del siglo XV. Cuando entró en la lengua no se escribía con la ortografía actual. Diccionario medieval español (1986-I-621).

El carajo dominicano no coincide con el peninsular en su proyección. Las probabilidades apuntan hacia una introducción en época de la colonia por medio del lenguaje de la marinería en el momento del encuentro de civilizaciones en el siglo XV.

El carajo dominicano se desmarcó del peninsular, pues no se retuvo en el habla de los dominicanos para mencionar el pene. De lo que se supone que fue su origen retuvo algunos rasgos como se verá más adelante en las locuciones que se mencionarán.

En sus funciones de sustantivo carajo sirve para referirse a una persona insignificante, inútil; alguien de quien se evita usar su nombre para rebajarlo aún más. Algo que llama la atención es que tiene un femenino, caraja.

Una locución que llama poderosamente la atención es la sustantiva “carajo a la vela”. Lo destacable en esta locución es que aparece la vela que se presume que alude a la de las embarcaciones. Puede decirse que así se llama a la persona insignificante, inútil; al añadir el “apellido” a la vela se acentúa su futilidad. La persona así llamada era generalmente un “sin oficio”.

Otro aspecto desarrollado por el carajo dominicano es el de la distancia. La locución adjetiva “casa del carajo” indica que se trata de un lugar muy lejano o de difícil acceso.

Otra vertiente por la que se derivó el carajo dominicano es el de la ponderación de una situación o de las cualidades de una persona. Armarse la del carajo es locución que pondera el grado que alcanza una situación que degenera cuando llega al desorden.

No todo lo que toca el carajo dominicano es negativo, pues referido a una persona del carajo destaca que es “muy buena, extraordinaria”. En ese sentido más… que el carajo, referido a una persona o cosa, significa que tiene una cualidad en grado sumo.

Con la enumeración anterior no se agotó la fraseología derivada de carajo. Se presentó una muestra que permite evaluar su importancia en el habla de los dominicanos.

Las vertientes por la que derivaron las locuciones mencionadas con sentidos disímiles son testimonios de la vigencia del carajo. Como ha de suponerse, no todas aparecieron al mismo tiempo, sino que se desarrollaron con el uso.

Naturalmente, carajo, por sí solo se utiliza para reaccionar ante “accidente, contrariedad, contratiempo, disgusto, percance, sorpresa”. En esos casos funciona en tanto exclamación.

 

TROPEZÓNTROMPEZÓN

Cuando no es el fin de la carrera administrativa o la edad de retiro es algún TROPEZÓN político. . .”

En el título se encuentra la muy conocida palabra tropezón que posee sentido propio y figurado. Al lado está la voz trompezón que no es reconocida como descendiente legítima del castellano primigenio. Más abajo se verá porqué existe el trompezón y la razón del apoyo que encontró entre los hablantes.

Hay muchos tropezones. El más conocido es el que da una persona en un obstáculo, andando. Una cosa es impedida porque tropieza en un estorbo. Hay tropezón si se advierte defecto o dificultad en la ejecución de algo. Dos personas tropiezan una con otra cuando se encuentran casualmente. Estos son los más usuales, aunque no son todos.

En un pasado no muy lejano en los predios rurales y entre las personas de menor educación de las ciudades dominicanas se acostumbraba a decir trompezón.

Para que el hablante incurriera en este tipo de error es muy probable que dos motivos influyeran. El primero es el que en español hay otras palabras que comienzan son la sílaba trom-. Ejemplo de esto es trompada, que se usa con mucha frecuencia.

Existe otra razón, esta de índole histórica. El Diccionario de Autoridades (1732) registra en sus páginas, entropezar, entropezado. La variante entropezón la usó Quevedo. La forma trompezar la usó también P. Bartolomé de Las Casas. Existió además el verbo tronpeçar. Diccionario de castellano antiguo (2002:284).

Hay otro tropezón -trompezón- que existió en el habla rústica de los dominicanos. Se aplicaba al embarazo de una mujer fuera del matrimonio o antes de tener pareja conocida y aceptada. Ha de tomarse aquí la prominencia del vientre como el resultado del tropezón. Como el resultado del golpe del tropiezo.

En el habla de los dominicanos hay otro tropezón. Se ha oído de boca de algunos hablantes de esta variedad de español. Con la palabra tropezón se refieren a un escalón, uno solo; que a veces no forma parte de una escalera, generalmente a la entra o acceso de un lugar.

Quizás no haga falta recordarlo, pero se hace. Los cambios y actualizaciones en las lenguas toman más tiempo en llegar a conocimiento de los habitantes del campo; de allí que no debe causar sorpresa que el trompezón haya subsistido más largo tiempo en ese medio que en los centros urbanos.

 

BUCHÚ

“Debemos parar la práctica que cuando un partido pasa por el gobierno se queda BUCHÚ…”

El que está buchú no lo muestra en las mejillas. Aunque tenga grandes cachetes puede que no esté buchú. Para entender qué cosa llaman los dominicanos buchú hay que buscar la explicación en otro sitio y no en la cara.

La voz dominicana tiene una explicación lógica y sencilla. Guarda estrecha relación la voz buchú con la palabra buche del español general. En la lengua española de conocimiento internacional el buche tiene varios significados. La frecuencia del uso ha reducido esta palabra a la de los animales y de las personas. Se soslayarán algunos aspectos del estudio de buche reduciéndolo solo a lo esencial en el habla dominicana para los fines de esta exposición.

El hablante de español dominicano presume que la persona que es buchú tiene las mejillas grandes o las tiene infladas, abultadas. Cuando lleva esta consideración más allá de su terreno propio y se la aplica a una cosa, entiende por ello que es porque ha aumentado el volumen, la cantidad, el contenido.

Si al hablar se aplica a una persona el adjetivo de buchú, al hablarse de su condición financiera, entonces la interpretación obligada es que esa persona es adinerada. No hay que sorprenderse de que se extienda el uso para aplicar el adjetivo a una organización, institución o grupo; en ese caso hay que tomarlo por enriquecida, acaudalada, opulenta.

Como buchú, buchudo, da, desempeña funciones de adjetivo; en el habla descuidada termina siendo en femenino, buchúa.

Se presume que este adjetivo fue incorporado al habla en el habla de los campesinos, pues ellos son quienes “tientan” el buche de las aves al comprarlas para saber si el peso se debe a una sobrealimentación repentina y son solo “buche y plumas”.

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