Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

DON QUIJOTE, CELESTINA Y DON JUAN TENORIO

 La obra literaria tiene vocación de  perpetuidad, o a eso se aspira, al menos. Las que cuentan hechos y enfocan conflictos sociales se valen de personajes, los cuales son como las personas, pero con los rasgos más acentuados. Tarea  importante para autores de obras narrativas (novela, cuento…) y obras dramáticas (drama, comedia, tragedia…) es la caracterización de los personajes.

Tres obras de la literatura española han creado personajes  que conviven en el mundo como si fuesen personas. De sus nombres se han derivado  verbos, adjetivos y otros sustantivos que han engrosado el acervo de nuestra lengua.

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes;  La Celestina o la Tragicomedia de Calisto y Melibea, de  Fernando de Rojas, y El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, son las obras a las que me refiero.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, novela, se publicó en los inicios del siglo XVII (1605 y 1615). Tiene decenas de personajes, los principales de los cuales son Don Quijote y Sancho Panza. Veamos las palabras derivadas del nombre del protagonista, de acuerdo al Diccionario académico:

El sustantivo /quijote/: 1. m. Hombre que, como el héroe cervantino, antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas.  2. m. Hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino.

Otros sustantivos /quijotada/ f. Acción propia de un  quijote. /Quijotería/: 1. f. Modo de proceder de un quijote.

El adjetivo /quijotesco/ y su forma femenina tiene estas acepciones: 1. adj. Perteneciente o relativo a don Quijote de la Mancha.2. adj. Propia de don Quijote de la Mancha o de un quijote.3. adj. Semejante a don Quijote de la Mancha, por sus acciones o por su aspecto

La mujer que posee las cualidades morales de un quijote  es denominada       /quijotesa/.

Los adjetivos aceptan convertirse en adverbios si se les agrega la terminación –mente, así nace el adverbio de modo /quijotescamente/: adv. Con quijotismo. Otro adjetivo es /quijotil/: Perteneciente o relativo al quijote.

¿Pero qué es quijotismo? (De quijote +-ismo): 1. m. Exageración en los sentimientos caballerosos. 2. m. Engreimiento, orgullo.

El escudero de don Quijote también ha generado palabras. El Diccionario registra /sanchopancesco, ca/: 1. adj. Propio de Sancho Panza, escudero de don Quijote. 2. adj. Falto de idealidad, acomodaticio y socarrón.

 

Celestina

Esta obra dramática, compuesta,  en el XV, apareció inicialmente como La comedia  de Calisto y Melibea. En ediciones sucesivas, predominó el personaje Celestina, una alcahueta cuyo rol en la trama es notorio. Veamos las palabras que ha incorporado el Diccionario a partir de esta obra.

El sustantivo común  /celestina/: Por alusión  a Celestina, personaje de la Tragicomedia de Calisto y Melibea. 1. f. alcahueta (‖ mujer que concierta una relación amorosa).2. f. irón. Persona que facilita o promueve de manera encubierta contactos con fines políticos, comerciales o de otro tipo.

Y claro, el sustantivo /celestinaje/  nombra la acción de celestinear. Por igual /celestinazgo/ se refiere a la acción de celestinear.

Celestinear. Significa ejercer o practicar la función propia de una celestina.

También se tiene el adjetivo /celestinesco/ y su forma femenina con la significación de perteneciente o relativo al personaje de la Celestina o a una celestina. 2. adj. Propio de una celestina.

 

El burlador de Sevilla

El burlador de Sevilla  recoge  la historia de don Juan Tenorio,  el personaje más universal del teatro español. Data de 1630. Esta obra de Triso de Molina tiene como personaje principal a un sujeto mujeriego y  burlador de las mujeres.

El nombre del personaje de Tirso de Molina ha generado cinco palabras a nuestro idioma. Veamos: /donjuán/ (sustantivo) incorporada al Diccionario con el significado de   “1. Seductor de mujeres. 2. m. dondiego”. Por igual el verbo /donjuanear/: “intr. Hacer de donjuán”. El adjetivo  /donjuanesco, ca/  que significa “Propio de un donjuán o tenorio”.

Igualmente, el  sustantivo /donjuanismo/  ha servido para nombrar el “Conjunto de caracteres y cualidades propias de don Juan Tenorio, personaje de varias obras de ficción”.

El quinto vocablo  es /tenorio/, sustantivo masculino, con el que se denomina al “Hombre mujeriego, galanteador, frívolo e inconstante”.

 

¿POR QUÉ ES DE USO RESTRINGIDO EL VERBO RESUCITAR?

 Resucitar es un verbo de uso limitado.  A diferencia, por ejemplo,  de  comer, defecar, dormir,  despertar y otros muchos que son “conjugados” por todos los humanos y demás seres del reino animal,  el verbo resucitar, por su significación de “Devolver la vida a un muerto”, incluye una acción no aplicable en la realidad material.

Gramaticalmente corresponde al modelo de la primera conjugación: yo resucito, tú resucitas, él resucita, nosotros resucitamos, vosotros resucitáis, ustedes y ellos resucitan…Pero hay una observación  de carácter teológico-religioso para con este verbo que restringe su aplicación.

El Diccionario de la lengua española explica en la etimología de este verbo que procede del  latín  tardío “resuscitāre”, y este del latín re- ‘re-‘ y suscitāre: ‘levantar’, ‘avivar’.  Resucitar aparece con tres acepciones: 1. tr. Devolver la vida a un muerto. 2. tr. coloq. Restablecer, renovar, dar nuevo ser a algo. 3. intr. Dicho de una persona: Volver a la vida.

El origen del vocablo  está  ligado a /suscitar/ (Del latín suscitāre) y que en español equivale a levantar, promover. Con esa palabra más el prefijo re-  se formó en latín resuscitare, la cual en su evolución hacia el castellano perdió  la consonante –s al final de la sílaba /sus/.

Nuestra lengua cuenta con otros verbos que guardan afinidad con resucitar. Veamos: reaparecer, renacer, revivir, resurgir, reanimar, vivificar, estimular, animar, tonificar, reconfortar. Solo afinidad, pero no sinonimia.

La excepción podría   ser /revivir/  (Del latín revivĕre) que tiene las siguientes acepciones: 1. intr. Resucitar (‖ volver a la vida). 2. intr. Dicho de quien parecía muerto: Volver en sí.3. intr. Dicho de una cosa: Renovarse o reproducirse. Revivió la discordia.4. tr. Evocar, recordar. Revivió los días de su infancia

 Resurrección

Del verbo resucitar ha devenido el sustantivo resurrección, con el que se afinca  el criterio teológico que toca al verbo resucitar. Estas son las acepciones que ha recogido el Diccionario académico para este vocablo: 1. f. Acción de resucitar. 2. f. por antonomasia, resurrección de Jesucristo. 3. f. Pascua de Resurrección.

Como se aprecia, en la tercera acepción  la palabra  se escribe  con mayúscula  inicial, como es norma para los vocablos relacionados con lo divino. Por igual, Domingo de Resurrección.

Devolver la vida a una persona  fallecida resulta contrario a las leyes de la naturaleza. Sin embargo, la fe cristiana se fundamenta en la Resurrección de Jesucristo. Vale recordar estas palabras del apóstol san Pablo: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre ustedes  que no hay resurrección de muertos?  Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.  Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”. (1 Corintios 15:12-17).

La  alusión de Pablo a la resurrección de todos los muertos, en el día del juicio final es parte del credo cristiano.

Un sustantivo relacionado con  resurrección es /resucitación/  el cual se emplea en la medicina. Se define: “Acción de volver a la vida, con maniobras y medios adecuados, a los seres vivos en estado de muerte aparente”. Despertar al paciente que ha sido sometido a anestesia general es un acto de resucitación.

Otras palabras relacionadas son /revivificación/  que es “Acción y efecto de revivificar”. Y revivificar: tr. Vivificar, reavivar.

En definitiva, los vocablos resucitar (verbo), resurrección (sustantivo) y resucitado (adjetivo) son casi exclusivos de Jesucristo y quizá de las  personas (tres, al menos) a las que Él sacó de entre los muertos.

 FREDDY GATÓN ARCE: ANTE TODO,  ESCRITOR

 Cuando  hablan o  escriben  acerca de la personalidad literaria de Freddy Gatón Arce, muchos se empeñan, hasta la  ofuscación,  en llamarlo poeta, periodista, novelista,  ensayista y abogado. Es cierto que obtuvo título de doctor en derecho,  pero yo nunca lo llamaría abogado. Que haya  sido poeta –y de los buenos-, novelista y periodista dificultan, y resulta injusto, por demás, citarlo  por alguno de estos roles.

No solo poeta, no solo novelista, no solo ensayista, no solo periodista, Freddy Gatón Arce ha sido un maestro de la palabra. Maestro de la palabra hay que llamarlo para diferenciarlo del montón de quienes  han escrito o escribimos en cualquiera de los cuatro géneros mencionados. Prócer de la palabra hay que denominarlo  para marcar su firmeza en la defensa de las ideas democráticas y la crítica ante  los abusos de los poderosos.

De ahí que Enrique A. Cabrera Vásquez, poeta y periodista, por demás petromacorisano como FGA, haya emprendido la valiosa tarea  de escribir el ensayo “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras”, con el que se ha propuesto contribuir al conocimiento   de la calidad de este  gran escritor, de cuya obra, sobre todo la periodística,  considera no ha sido justamente  valorada.

“Freddy Gatón Arce fue multifacético en su activismo social y cultural y la entrega a causa noble y altruista.  No desmayó en ese ejercicio, lo asumió como un sacerdocio sin sopesar las consecuencias. Fue un ciudadano transparente y un periodista limpio y ejemplar. Es más, considero que su obra periodística no ha sido bien valorada y estimada, pues su afán en esa dirección fue altamente significativo”. (pág. 78).

Un buen periodista  no puede ser indiferente a  la literatura ni a  la historia. Al fin y al cabo,  periodismo es historia,  historia inmediata, claro. Ambos entroncan con la literatura en cuanto al uso de la lengua para informar o convencer.

Me resulta difícil hablar de Gatón Arce sin inmiscuirme con deliberada parsimonia en los artículos y ensayos que publicara como opinión editorial de El Nacional. Por fortuna,  Cabrera Vásquez, en el presente libro, traza una visión total de la personalidad literaria del autor de Vlía. Para internarse en el cosmos poético de FGA, Cabrera hurga en el amplio espectro de las múltiples  corrientes y filosofías  de la creación, expresadas a través de movimientos y tendencias y se permite ubicar el gran poema gatoniano como surrealista, aunque apunta que luego nuestro autor emigró hacia otras corrientes poéticas.

La tercera dimensión en torno a Gatón Arce (además de periodismo y poesía) que aborda Cabrera es la novelística, fundamentado en las obras “La guerrillera Sila Cuásar” y “La canción de la Hetera”: ”Una muestra de su capacidad para incursionar en diferentes géneros”, sentencia Cabrera. A seguidas ofrece la sinopsis de cada una.

El libro de Cabrera Vásquez constituye un justo homenaje a un preclaro escritor, quien amó  la democracia y  las libertades públicas  con similar intensidad de su dedicación al buen decir.

Constante en sus editoriales: fue la  persistente  denuncia a la violación a la ley por parte de funcionarios, exigencia para respeto a los derechos individuales, fue  firme en la crítica, sereno en los conflictos.

Cabrera ha demostrado con este interesante ensayo que  Freddy Gatón Arce profesó fidelidad a las palabras y por igual  a los buenos sentimientos. “Freddy Gatón Arce vuela en arcoíris de palabras” es  una obra bien concebida y bien desarrollada y contribuirá  a posicionar  en su justa dimensión a un escritor cabal que ejerció el arte de escribir con los más elevados fines. Saludemos con razonable alborozo este magnífico aporte de Enrique Cabrera Vásquez. ¡Enhorabuena!

(Extraído del prólogo)

La segunda década del siglo XXI no ha terminado

El primer domingo de junio de 2014, esta columna publicó un artículo titulado “¿Es lo mismo década que decenio? En el que se incluye la explicación en torno a cuándo comienza la década y  cuándo termina. A propósito del inicio de 2020, la prestigiosa publicación BB News divulgó una un texto para exponer el mismo asunto.  Dado que persisten  las dudas,  abordamos nuevamente el asunto. A continuación  un extracto de lo publicado en 2014:

Decenio y década no son exactamente sinónimos, como no deberían serlo  siglo y centuria. Pero el Diccionario de la lengua española no es explícito y creo que peca de parquedad.

Decenio  es definido como “Período de diez años”. Pero con el vocablo década la imprecisión  es mayor. Veamos:  1. f. Serie de diez. 2. f. En el Ejército, conjunto de diez hombres. 3. f. Período de diez días. 4. Período de diez años referido a las decenas del siglo.

Es decir que en la cuarta acepción es que se refiere al elemento más conocido con ese nombre.

Es el Diccionario panhispánico de dudas, que introduce unas puntualidades  para diferenciar estos vocablos,   dice al respecto:   “Los términos década y decenio significan, ambos, ‘período de diez años consecutivos’; pero mientras que decenio se usa para designar el período de diez años comprendido entre dos años cualesquiera, década designa en especial el período de diez años referido a cada una de las decenas del siglo (años diez, veinte, treinta, etc.)”.

Década y siglo

En cuanto a las diez décadas de cada siglo, cada una de ellas comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0; así, la primera década del siglo xx es la que va de 1901 a 1910; la segunda, de 1911 a 1920; la tercera, de 1921 a 1930. Ese es el concepto estricto de década.

Es habitual utilizar expresiones como los años veinte, la década de los treinta, los cuarenta, etc., referidas a los decenios que comprenden los años de cada siglo que tienen la misma cifra en su decena; así, la expresión “los años veinte” alude conjuntamente a los años comprendidos entre 1920 y 1929, ambos inclusive.

Pero esta diferenciación no ocurre con los términos siglo y centuria. El diccionario los presenta  como sinónimos, aunque a mí me deje pensando que centuria  es un período de cien años  comprendido entre dos años cualesquiera, como 1914-2014; 1863-1963.

Así mismo he creído que  siglo, no es solo un  período de 100 años, sino  que  es una de las diez partes del milenio y cubre del año que termina en 01 hasta el que termina en 00, es decir: siglo I (01- 100); siglo II (101-200); siglo XIX (1801-1900); siglo XX (1901-2000); siglo XXI (2001-2100). La  misma orientación  aplicada para diferenciar década y decenio, puede emplearse para siglo y centuria.

 

BBC NEWS

Una parte de lo publicado por BBC News:

Se acerca el fin del año y tal vez ya estés preparando los festejos para despedirlo y darle la bienvenida a uno nuevo. Pero si estás pensando que con el final de 2019 también se termina una década, puede que tengas que hacer las cuentas de nuevo, al menos lingüística y matemáticamente hablando.

Esta es una confusión que inundó las redes sociales este mes y que incluso llevó a la Real Academia Española a salir a aclararlo. ¿Se termina una década con 2019 y empieza una nueva en 2020?

La RAE respondió que la nueva década empezará en 2021 porque «cada década comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0». «Así, la primera década del siglo XXI es la que va de 2001 a 2010; la segunda, de 2011 a 2020, etc.», añade la RAE citando al Diccionario Panhispánico de dudas.

«La RAE lo deja bastante claro y es una cuestión matemática. La década no empieza con el año 0. Se empieza a contar desde el año 1», le dice a BBC Mundo Eugenio Manuel Fernández Aguilar, físico y divulgador científico español.

(Publicado 5-1-20, EL NACIONAL)

MASCULINO, FEMENINO Y OTROS DETALLES

Lo habitual  en español es que los  sustantivos sean masculinos o femeninos.  Si   se trata  de seres animados, lo común  es que el sustantivo adopte una  forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos.

Esta diferenciación  puede hacerse  por el uso de  terminaciones añadidas a una misma raíz, como ocurre, por ejemplo,  en gato/gata, profesor/profesora, niño/niña, conde/condesa, zar/zarina. También  puede ser por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del sujeto  de que se trate  como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera.

Si el referente del sustantivo es un objeto  inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, año, árbol) o solo femenino (casa, calle, democracia).

Veamos unos casos que se salen de los patrones antes mencionados. Me refiero a sustantivos terminados en –z (zeta) o en –l (ele). La norma académica ha establecido que  si el vocablo masculino termina en una de estas consonantes “son normales y correctas” las formas invariables.

Así,  será correcto anteponer  el artículo /la/  a las palabras  juez, concejal, apóstol, fiscal, alférez, oficial, coronel, general, albañil, aprendiz, edil, mariscal… para formar el femenino, vale decir  cuando se trata de una mujer quien ejerce alguna de estas funciones.

Cobra cierto auge la  tendencia a formar el femenino  agregando la  vocal –a al  final de la palabra, sobre todo en  voces como  juez/ jueza, concejal/concejala,   coronel/coronela, general/generala, albañil/albañila, aprendiz/ aprendiza. Los hablantes son los dueños del idioma, por eso el uso generalizado puede determinar  la variación de las reglas.

ES importante, sin embargo, observar cierta mesura frente a la ola de innovaciones que determinados  grupos – ¿y determinadas grupas?-  quieren imponer en nuestra lengua. Las variaciones, en primer lugar, deben ajustarse al perfil del español, sin que su aplicación provoque incisiones.

La palabra coronel, por ejemplo, resulta fácil convertirla en femenino agregando –a, pero es preferible emplearla para el masculino y para el femenino y que los elementos variantes que la acompañen indiquen el género de la persona de quien se habla: La coronel Matos; el coronel Peralta.

Respecto de la voz mariscal, el Diccionario de la lengua española especifica que es masculina. Transcribo la primera acepción de esta palabra:

  1. En la milicia antigua, oficial muy importante, inferior al condestable, que era juez del Ejército y tenía a su cargo el castigo de los delitos y el gobierno económico, y cuyo título conservaron luego los sucesores de los que lo habían sido en los reinos de Castilla, Andalucía, etc

En algunos países  se emplea /fiscala/ para referirse a la mujer  que representa y ejerce el ministerio público en los tribunales. En nuestro país seguimos apegados a la mejor tradición: La  nueva fiscal Rosalba Ramos…También tenemos una procuradora fiscal en Santiago.

La voz fiscal es también adjetivo y como tal  no varía nunca su terminación por el género: procuradora fiscal, paquete fiscal, política fiscal. Lo mismo ocurre  con las voces oficial y general.  Como sustantivos hacen el femenino con la anteposición de los artículos –la o -una: Es una oficial correcta y disciplinada.  Es una general del Ejército.

En algún caso, se ha introducido  el vocablo /oficiala/, incorporado por el Diccionario académico, con el siguiente significado: “m y f. Persona que se ocupa o trabaja en un oficio”.

En  cuanto a /generala/ resulta curioso lo que  apunta el código oficial de nuestra lengua. Lo cito a continuación: “1. f. Mil. Toque de tambor, corneta o clarín para que las fuerzas de una guarnición o campo se pongan sobre las armas. 2. f. Arg. y Bol. Advocación de la Virgen reconocida con el grado militar de general. 3. f. coloq. p. us. Mujer del general”.

Gracias por su lectura. Hasta el próximo domingo.

(Publicado 12-1-20)

PALABRAS LLANAS CON TILDE: SÉNIOR Y JÚNIOR

Sénior y júnior son palabras de nuestro idioma y sus orígenes se remontan al latín, la lengua madre del castellano. El complejo de inferioridad lingüística  del que adolecen muchos dominicanos los ha llevado a pronunciar estos vocablos como si procedieran del inglés. La primera manifestación de la manía ha sido prescindir de la tilde, una marca muy propia del español. La segunda, es pronunciar “sínior”, en lugar de sénior, y la tercera manía se manifiesta en sustituir fonéticamente la jota de júnior por la consonante –y (ye) para decir “yúnior”. La cuarta  señal de la anglomanía se nota en la formación del plural, ya que en vez de agregar –es como rige  en español para las palabras terminadas en consonante (séniores y júniores) los anglófilos escriben “seniors”  y “juniors”.

Recientemente (10-1-2020) la FundéuBBVA, institución española que vela por el buen uso de nuestra lengua, divulgó una recomendación en torno al empleo de la palabra /sénior/, precisando que es llana y por su terminación se escribe con tilde.

“La palabra sénior alude principalmente a los profesionales que tienen más experiencia que otros o a los deportistas de edad o categoría superior. De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, su uso se ha revitalizado por influencia del inglés, aunque no por ello deja de ser una voz española, de modo que se le aplican las normas generales de acentuación y se escribe sin resalte tipográfico, es decir, sin comillas ni cursiva”, escribió Fundéu BBVA.

Citó  la Nueva gramática de la lengua española, para precisar que el plural se  forma   con la adición de -es, esto es, séniores, no séniors. Agrega que  en las construcciones en aposición, lo habitual es que este segundo elemento permanezca invariable: miembros sénior, directivos sénior, deportistas sénior…

La  voz sénior procede del latín /senior/ que es un término  comparativo  del adjetivo  /senex/ que en la lengua de los romanos  significa “viejo, anciano”.

El Diccionario de la lengua española define ese vocablo de este modo: 1. adj. U. pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que esta es mayor que otra emparentada con ella, generalmente su hijo, y del mismo nombre.2. adj. Dicho de un deportista: De la categoría y edad superiores. U. t. c. s.3. adj. Perteneciente o relativo al deportista sénior. Categoría sénior.4. adj. Superior en categoría y experiencia a quienes desempeñan la misma profesión o cargo. Analista sénior.

El apellido Senior es palabra aguda y por eso no se le marca el acento, pronunciado en la última sílaba: niór.

Júnior y no yúnior

Del latín viene también /iunior/, vale decir “más joven”. El Diccionario académico la define así: 1. adj. U. pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que esta es más joven que otra emparentada con ella, generalmente su padre, y del mismo nombre. 2. adj. Dicho de un deportista: De categoría y edad inmediatamente inferiores a las del sénior. U. t. c. s.3. adj. Perteneciente o relativo al deportista júnior. Campeonato júnior.4. adj. Inferior en categoría y experiencia a quienes desempeñan la misma profesión o cargo.

El Diccionario Panhispánico de dudas, publicación académica, ha incorporado la voz  júnior con estas precisiones:

“júnior. 1. Voz procedente del comparativo latino iunior (‘más joven’), cuyo uso actual en español se ha revitalizado por influjo del inglés junior. En español debe escribirse con tilde por ser voz llana terminada en consonante distinta de -n o -s (→ tilde2, 1.1.2). Aunque está notablemente extendida la pronunciación inglesa [yúnior], en español debe decirse [júnior], tal como se escribe, con sonido /j/ inicial, de forma análoga al término eclesiástico junior (pron. [juniór]), que procede del mismo étimo latino (→ junior)”.

 

Variaciones sobre  Júnior y junior

El pasado domingo, en artículo titulado  “Palabras llanas con tilde: sénior y júnior”, explicamos el origen latino de estos vocablos, los cuales son parte, de pleno derecho, de la lengua castellana. La publicación causó algunas sorpresas, pues muchos hablantes entienden que estas  palabras proceden  del inglés, lengua en la que también se emplean, sin la tilde, obviamente.

Con  la palabra sénior el caso es simple, basta con colocarle la tilde y pronunciar como se escribe: gerente sénior, redactor sénior…

En  cuanto /júnior/ hay que decir que el empleo de este vocablo resalta peculiaridades del habla dominicana.

En el habla inglesa se estila  agregar la palabra  /junior/ al nombre propio de una persona cuyo padre  es llamado de igual forma: Sammy Davis junior. En República Dominicana el adjetivo júnior  ha sido convertido en nombre de persona,  escrito con J, pero  pronunciado con Y (yúnior).

Cientos de dominicanos llevan este nombre, independientemente de cómo sean llamados sus progenitores y sin observar la advertencia  de que para que suene  Yúnior debe escribirse con la letra ye y llevar la marca del acento en la vocal /ú/.

Tan arraigado está ese hábito lingüístico que un niño de doce años (Ángel Vladimir, un nieto) cuando mataron al abogado Yúniol Ramírez, por investigar las mafias en la OMSA, me preguntó: “¿Por qué al que mataron le escriben el nombre con  -y de payaso, si Júnior se escribe con J? Uno de sus amigos y compañero de clase lleva por nombre Júnior, pero lo llaman Yúnior.

Tengo la presunción de que en España, si alguien tuviera el nombre Júnior, además de que le colocarán la tilde en la ú, lo pronunciarán con J, la misma jota de junio, Julio, Javier, Jaragua, Jacinto, Jacobo, jabón y joder.

La forma habitual de escribir Junior, nombre de persona, sugiere en español que la palabra es aguda y que por tanto la fuerza de entonación estará en la última sílaba: “juniór”.

Una palabra poco conocida en nuestra lengua es precisamente /junior/ (aguda), cuyo origen  se remonta también al latín: iunior ‘más joven’. El Diccionario académico define junior de este modo: m. y f. En la vida religiosa cristiana, persona que, después de haber hecho el noviciado, realiza un período de formación espiritual.

Recuerdo de los tiempos de infancia el Catecismo junior, pronunciado con j y  como voz aguda.  Nada extraño sería que los estudiantes de hoy les trasladasen el acento a la penúltima sílaba (ju), aunque no lo marcaran.

En la Internet he encontrado otro ejemplo adecuado del uso del término junior como voz aguda. Helo aquí:  El Club Deportivo Popular Junior F.C. S.A., conocido como Junior de Barranquilla o simplemente Junior e igualmente por su antiguo nombre Atlético Junior, es un club de fútbol con sede en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Fue fundado el 7 de agosto de 1924, convirtiéndose en el tercer club más antiguo del país.​

Una carta

A continuación transcribo la misiva remitida por el profesor Francisco Bernardo Regino, a propósito de la columna correspondiente al domingo pasado (19-1-20).

Estimado don Rafael:

  1. NEÓFITO. Definitivamente, reconozco que soy un lector júnior frente a un maestro sénior que escribe para bien enseñar. Me doy cuenta que soy un padre sénior con respecto a mi hijo que es un júnior, por tener igual nombre. Antes me creía “sinior” y a él “yunior”, ignorando la riqueza de nuestra lengua.
  2. ANGLOFILO. ¡Qué anglófilo he sido por ignorancia! Eso es lo bueno de ser un ignorante sénior, que puedo transformarme en un sabio júnior, con tan buen maestro sénior.

Reciba mi primer saludo para este nuevo año con el afecto y respeto de siempre.  Bernardo Regino.

(Publicados domingos 19 y 26 de enero 2020)

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

POBLADORES DE SIEMPRE

17/12/2019

Las palabras indígenas americanas adoptadas por la lengua española representan un gran patrimonio léxico. Nos hablan de historia y de tiempo y nos ayudan a nombrar la realidad americana. La naturaleza antillana, su descripción y su aprovechamiento hicieron necesaria la adopción de las palabras que la designaban. El español adoptó el término caribe sabana para referirse a las amplias llanuras poco arboladas; se sirvió del tainismo manigua para designar el terreno poblado de espesos arbustos tropicales; necesitó del arahuaco cayo para nombrar las islas arenosas del mar de las Antillas; y del taíno conuco para describir las plantaciones agrícolas. Y con los nombres de los entornos naturales llegaron también los nombres de los protagonistas de la fauna.

Ni la manigua, ni la sabana ni los cayos serían lo mismo sin sus pobladores naturales. Los sobrevuelan el totí (caribe) y el guaraguao (caribe). En el atardecer los ilumina la suave luz azulada de los cocuyos (caribe). Las aguas del Caribe guardan el extraordinario tesoro del manatí (caribe o arahuaca) y del carey (taíno) y los ríos esconden el comestible dajao (taíno). En las montañas corren las hutías (arahuaco), grandes roedores antillanos.

La naturaleza antillana también guarda pequeñas sorpresas no tan agradables. Que se lo digan si no a los que han sufrido la picadura de un guabá (taíno) o el azote insistente de los jejenes (arahuaco) o de las niguas (taíno). El que levanta el más humilde bohío o la edificación urbana más sofisticada sigue teniendo presente al comején (arahuaco antillano). Los indigenismos antillanos, para suerte, placer y orgullo de todos los que hablamos español, siguen vivos y sueltos.

 

PALABRAS DEL ALMA

24/12/2019

 Una gran amiga me recuerda en su felicitación navideña que la vida cambia en un instante y sin aviso. Hacemos bien cuando prestamos atención a las palabras de los amigos. Para esta que les escribe el año ha pasado de aquí para allá, empeñándome en lo que más me gusta: estudiar y hablar de las palabras.

El amor por las palabras me llevó en junio a la Feria del libro de Madrid, dedicada a la República Dominicana, donde brilló nuestra forma de hablar y de crear en español. Volví a enamorarme de las palabras del Cantar de mío Cid al contemplarlo por primera vez en su forma originaria. Mi amor por las palabras dio sus frutos en la publicación de mi nuevo libro De la eñe a la zeta. Mi amor por las palabras y por los diccionarios me llevó a Sevilla al XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, de donde regresé cargada de proyectos para el nuevo año que se acerca.

Este año las palabras me llevan y me traen. En un instante de paz, mientras el tiempo pasa entre pucheros navideños, echo la vista atrás a este año que se nos acaba y recuerdo que me ha traído momentos en los que las palabras me han dado la espalda. He perdido a una gran amiga, que solía llamarme «su académica». Aunque hay pérdidas para las que no tenemos palabras propias, hoy me las presta el poeta de Orihuela:

A las aladas almas de las rosas

Del almendro de nata te requiero

Que tenemos que hablar de muchas cosas

Compañero del alma, compañero

 

SIN FECHA EN EL CALENDARIO

31/12/2019

 Último día del año, un día que nos inclina a pasar las hojas del calendario que termina y las del que se avecina. ¿Se han parado alguna vez a pensar en el propio calendario, ese objeto que registra nuestro sistema de representación del correr de los días?

La palabra calendario procede del latino calendarium, y esta, a su vez, deriva del latín kalendae, palabra con la que los romanos designaban al primer día de cada mes. De la palabra calenda deriva el verbo calendar, para referirnos, según lo define el Diccionario de la lengua española, a la acción de ‘poner en las escrituras, cartas u otros documentos la fecha o data del día, mes y año’; un sinónimo curioso de fechar. En el español de América hemos creado calendarizar, derivado de calendario: ‘programar las fechas de determinadas actividades durante un periodo de tiempo’.

En nuestra lengua el calendario también se llama almanaque. En el DLE rastreamos su origen hasta el árabe hispano almanáh, y descubrimos que procede del árabe clásico munáh ‘alto de caravana’. Nuestro diccionario académico explica la metáfora aludiendo a la costumbre de los pueblos semíticos de comparar los astros y sus rutas con las rutas de los camellos en las caravanas.

Que el calendario o el almanaque que comenzaremos mañana esté repleto de encuentros con nuestros seres queridos, de libros pendientes de leer o releer, de experiencias de las que aprender o que compartir, de nuevas palabras; en definitiva, que el año próximo esté lleno de vida y amor, que, recuerden, no tiene horario ni fecha en el calendario.

 

FANTASMA CON PEDIGRÍ

7/01/2020

 El hecho de que una palabra no esté registrada en el diccionario no implica necesariamente que no exista. A esto tendríamos que añadir, con cierta ironía, «y viceversa». Y es que algunos casos demuestran que la inclusión de una palabra en un diccionario no significa necesariamente que esa palabra exista. Las palabras fantasma se cuelan en las páginas de los diccionarios casi siempre como consecuencia de un error o de una serie de errores, y traen a maltraer a los lexicógrafos; los textos en los que nos basamos para documentar las palabras pueden jugarnos una mala pasada.

Pedro Álvarez de Miranda, en su artículo «Palabras y acepciones fantasma en los diccionarios de la Academia», detalla lo difícil que es detectarlas y rastrear cómo llegaron a infiltrarse en el diccionario. Un ejemplo que documenta Álvarez de Miranda es el supuesto sustantivo amarrazón, ‘conjunto de amarras’, registrado en 1726 por el Diccionario de autoridades como término náutico. Este primer diccionario académico avalaba amarrazón con su aparición en la aventura del barco encantado del Quijote, donde el caballero manchego afirmaba: «…debemos embarcarnos y cortar la amarra con que este barco está atado». Álvarez de Miranda rastrea la errata hasta una edición de 1655 en la que se leía «y cortar la amarraçon que este barco está atado». La ortografía académica suprimió muy pronto la ç, que pasó a ser z, pero el fantasma, con pedigrí nada menos que cervantino, ya se había colado en el diccionario.

Como concluye Álvarez de Miranda, «los fantasmas, los de las sábanas blancas, se aparecen y desaparecen. Lo malo de estos otros, de los fantasmas de diccionario es que […] en vez de desaparecer, hay que hacerlos desaparecer. Me pregunto si lo lograremos algún día».

DE LA MANO

14/01/2020

En mis talleres ortográficos los participantes suelen reconocer que la coma es el signo de puntuación cuyo uso les provoca más problemas. Y no son los únicos. La misma Ortografía de la RAE afirma, en el apartado dedicado a la coma, que «dada la diversidad de contextos en los que aparece y la variedad de usos que presenta, no es extraño que sea también el signo de puntuación que más dudas plantea». A los buenos hablantes no les sirve de consuelo el que la dificultad de la coma sea mal de muchos y aspiran a usarla correctamente.

A mi entender, la dificultad de la coma estriba en la relación esencial entre puntuación y sintaxis. Es decir, para puntuar correctamente debemos dominar las relaciones sintácticas. Lamentablemente a la sintaxis se le dedica cada vez menos y peor atención en la formación escolar y esto se traduce en serias dificultades a la hora de comprender cómo funciona nuestra lengua. La función de la coma es fijar los límites de las unidades lingüísticas inferiores al enunciado en la jerarquía lingüística, como la oración o el sintagma. Si no sabemos cuáles son esas unidades, difícilmente podremos emplear la coma adecuadamente.

Si a esto le añadimos que la coma en algunos contextos es opcional y que, en otros, es obligatoria, la dificultad aumenta. Que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Como para tantos otros aspectos de la lengua, la buena lectura ayuda. Un repaso por lo que aprendimos de sintaxis en la etapa escolar tampoco sienta mal. Y si no lo aprendimos, manos a la obra. Sintaxis y coma siempre van de la mano; aprender de una redundará en beneficio de la otra.

 

ELOGIO DE LA PÁMPARA

21/01/2020

No nos cansaremos nunca de repetir que la lengua está viva, aunque algunos preconicen cada día su desintegración. Su esencia es el cambio, precisamente lo que le permite adaptarse a la velocidad del rayo a las necesidades de sus hablantes. Que este cambio nos guste o nos disguste es lo de menos.

Las palabras aparecen, desaparecen, e incluso reaparecen, al ritmo de la vida. No solo se trata de la muerte de antiguas palabras o de términos que nunca llegaron a fraguar en el gusto de los hablantes; o del surgimiento de nuevas palabras de la nada o procedentes de otras lenguas; a veces el cambio está en la aparición de nuevos significados, usos o valoraciones de las palabras que ya teníamos.

Algún día, si alguien no lo está haciendo ya, tendremos que analizar la huella léxica de la música urbana y cuál será la pervivencia de esa huella, empezando por esta nueva acepción del adjetivo urbanona. La difusión de algunas voces o expresiones de uso restringido en determinados sectores socioculturales aumenta precisamente por aparecer en las letras de la música urbana. Esta reflexión surge de la palabra pámpara, tan traída y llevada por los intérpretes de este género, bien como palabra comodín para referirse a aquello que no queremos o no podemos nombrar (algo así como sucede con vaina, nuestro comodín por excelencia); bien como parte de la locución estar en la pámpara o con la pámpara prendida, para referirse a ‘estar en una situación envidiable’.

 

SIGUIENDO LA PISTA

28/01/2020

 

En el español dominicano coloquial y en entornos juveniles parece haber aumentado el uso del sustantivo pámpara. Y digo parece porque, para que tenga efectos en el diccionario, el incremento en el uso debe mantenerse en el tiempo y documentarse. Tomemos el Diccionario de la lengua española de la RAE o, mejor aún, entremos en la página electrónica que lo aloja. Busquemos pámpara. No lo encontramos. Vayamos ahora al Diccionario de americanismos de la ASALE o accedamos a él en línea. Repetimos la búsqueda. Encontramos que pámpara (variante de pámpana) se usa en el español rural de Puerto Rico para referirse a la flor del guineo.

El Diccionario del español dominicano (en papel, todavía no lo tenemos disponible en línea) no incluye esta palabra. Sin embargo, si seguimos buscando, el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico nos confirma la acepción de ‘flor del guineo’. Si seguimos indagando encontramos su relación con el sustantivo pámpana, que sí está registrada en el DLE con el sentido de ‘hoja de la vid’. Puede ser un hilo del que tirar.

¿Será posible que el término pámpara o su variante pámpana se usen también en el español dominicano rural con el sentido que hemos encontrado para Puerto Rico? La suposición de nada nos sirve si no podemos documentar este uso. Aunque así fuera, habría que rastrear el hilo desde la supuesta pámpara rural ‘flor del guineo’ hasta la pámpara urbana usada como palabra comodín.

Ahora le toca a la lengua española

Por Arturo Pérez-Reverte

    No me había dado cuenta hasta que hace unos días, mientras lamentaba las incorrecciones ortográficas de una cuenta oficial en Twitter de un ministerio, leí un mensaje que acababan de enviarme y que me causó el efecto de un rayo. De pronto, con un fogonazo de lucidez aterradora, fui consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento. El mensaje decía, literalmente: «Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él».

No fue la estupidez del concepto lo que me asombró  –todos somos estúpidos de vez en cuando, o con cierta frecuencia–, sino la perfecta formulación, por escrito, de algo que hasta entonces me había pasado inadvertido: un fenómeno inquietante y muy peligroso que se produce en España en los últimos tiempos. En determinados medios, sobre todo redes sociales, empieza a identificarse el correcto uso de la lengua española con un pensamiento reaccionario; con una ideología próxima a lo que aquí llamamos derecha. A cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda. Según esta perversa idea, escribir mal, incluso expresarse mal, ya no es algo de lo que haya que avergonzarse. Al contrario: se disfraza de acto insumiso frente a unas reglas ortográficas o gramaticales que, al ser reglas, sólo pueden ser defendidas por el inmovilismo reaccionario para salvaguardar sus privilegios, sean éstos los que sean. Ello es, figúrense, muy conveniente para determinados sectores; pues cualquier desharrapado de la lengua puede así justificar sus carencias, su desidia, su rechazo a aprender; de forma que no es extraño que tantos –y de forma preocupante, muchos jóvenes– se apunten a esa coartada o pretexto. No escribo mal porque no sepa, es el argumento. Lo hago porque es más rompedor y práctico. Más moderno.

Todo eso, que ya por sí es inquietante, se agrava con la utilización interesada que de ello hacen algunos sectores políticos, en esta España tan propensa secularmente a demolerse a sí misma. Jugando con la incultura, la falta de ganas de aprender y la demagogia de fácil calado, no pocos trileros del cuento chino se apuntan a esa moda, denigrando por activa o pasiva cualquier referencia de autoridad lingüística; a la que, si no se ajusta a sus objetivos políticos inmediatos, no dudan, como digo, en calificar de reaccionaria, derechista e incluso fascista, términos que en España hemos convertido en sinónimos. Con el añadido de que a menudo son esos mismos actores políticos los que también son incultos, y de este modo pretenden enmascarar sus propias deficiencias, mediocridad y falta de conocimientos. Otras veces, aunque los interesados saben perfectamente cuáles son las reglas, las vulneran con toda deliberación para ajustar el habla a sus intereses específicos, sin importarles el daño causado.

Tampoco el sector más irresponsable o demagógico del feminismo militante es ajeno al problema. Resulta de lo más comprensible que el feminismo necesario, inteligente, admirable –el disparatado, analfabeto y folklórico es otra cosa–, se sienta a menudo encorsetado por las limitaciones de una lengua que, como todas las del mundo, ha mantenido a la mujer relegada a segundo plano durante siglos. Aunque es conveniente recordar que el habla es un mecanismo social vivo y cambiante, pero también forjado a lo largo de esos siglos; y que las academias lo que hacen es registrar el uso que en cada época hacen los hablantes y orientar sobre las reglas necesarias para comunicarse con exactitud y limpieza, así como para entender lo que se lee y se dice, tanto si ha sido dicho o escrito ahora como hace trescientos o quinientos años. Por eso los diccionarios son una especie de registros notariales de los idiomas y sus usos. Forzar esos delicados mecanismos, pretender cambiar de golpe lo que a veces lleva centurias sedimentándose en la lengua, no es posible de un día para otro, haciéndolo por simple decreto como algunos pretenden. Y a veces, incluso con la mejor voluntad, hasta resulta imposible. Si Cervantes escribió una novela ejemplar llamada La ilustre fregona, ninguna feminista del mundo, culta o inculta, ministra o simple ciudadana, conseguirá que esa palabra cervantina, fregona, pierda su sentido original en los diccionarios. Se puede aspirar, de acuerdo con las academias, a que quede claro que es un término despectivo y poco usado –cosa que la RAE, en este caso, hace años detalla–, pero jamás podrá conseguir nadie que se modifique el sentido de lo que en su momento, con profunda ironía y de acuerdo con el habla de su tiempo, escribió Cervantes. Del mismo modo que, yéndonos a Lope de Vega, cualquier hablante debe poder encontrar en un diccionario el sentido de títulos como La dama boba o La villana de Getafe.

   Se está llegando así a una situación extremadamente crítica. Del mismo modo que se ha logrado que partidarios o defensores sinceros del feminismo sean tachados de machistas cuando no se pliegan a los disparates extremos del feminismo folklórico, a los defensores de la lengua española, de sus reglas ortográficas y gramaticales, de sus diccionarios y de su correcto uso, se les está colgando también la etiqueta de reaccionarios y derechistas –lo sean o no– por oposición a cierta presunta o discutible izquierda que, ajena a complejos lingüísticos, convierte la mala redacción y la mala expresión en argumentos de lucha contra el encorsetamiento reaccionario de una casta intelectual que –aquí está el principal y más dañino argumento– mantiene reglas elitistas para distanciarse del pueblo que no ha tenido, como ella, el privilegio de acceder a una educación (como si ésta no fuera gratuita y obligatoria en España hasta los dieciséis años). Del mismo modo que, según marca esta tendencia, quien no se pliega al chantaje del feminismo folklórico es machista y todo machista es inevitablemente de derechas, quien respeta las reglas del idioma es reaccionario, está contra la libertad del pueblo, y por consecuencia es también de derechas. Pues, como todo el mundo sabe, no existen machistas de izquierdas, ni maltratadores de izquierdas, ni taurinos de izquierdas, ni acosadores de izquierdas, ni tampoco cumplidores de las reglas del idioma que lo sean. Resumiendo: como toda norma es imposición reaccionaria y todo acto de libertad es propio de la izquierda, quien defiende las normas básicas de la lengua es un fascista. En conclusión, todo buen y honrado antifascista debe escribir y hablar como le salga de los cojones. O de los ovarios.

No sé si los españoles somos conscientes –y me temo que no– de la gravedad de lo que está ocurriendo con nuestro idioma común. Del desprestigio social de la norma y el jalear del disparate, alentados por dos factores básicos: la dejadez e incompetencia de numerosos maestros (algunos ejercicios escolares que me remiten, con preguntas llenas de faltas ortográficas y gramaticales, de atroz sintaxis, son para expulsar de la docencia a sus perpetradores), que tienen a los jóvenes sumidos en el mayor de los desconciertos, y el infame oportunismo de la clase política, que siempre encuentra en la demagogia barata oportunidad de afianzar posiciones. Pero no pueden tampoco eludir su responsabilidad los medios informativos; sobre todo las televisiones, donde hace tiempo desapareció la indispensable figura del corrector de estilo –un sueldo menos–, y que con tan contumaz descaro difunden y asientan aberraciones lingüísticas que desorientan a los espectadores y destrozan el habla razonablemente culta. Y más, teniendo en cuenta que el Diccionario de la Lengua Española no lo hace sólo la RAE, sino también las academias de 22 países de habla hispana (de ahí tantas palabras que llaman la atención o indignan a quienes ignoran ese hecho), abarcando el habla no sólo de 50 millones de españoles que nos creemos dueños y árbitros de la lengua, sino de 550 millones de hispanohablantes, muchos de los cuales ven con estupor nuestro disparate suicida y perpetuo.

Tampoco la Real Academia Española, todo hay que decirlo, es ajena a los daños causados y por causar. En vez de afirmar públicamente su magisterio, explicando con detalle el porqué de la norma y su necesidad, exponiendo cómo se hacen los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, dando referencias útiles y denunciando los malos usos como hace la Academia Francesa, en los últimos tiempos la Española vacila, duda y a menudo se contradice a sí misma, desdiciéndose según los titulares de prensa y las coacciones de la opinión pública y las redes sociales, intentando congraciarse y no meterse en problemas.    Esa pusilanimidad académica que algunos miembros de la institución llevamos denunciando casi una década ante la timorata pasividad de otros compañeros, ese abandono de responsabilidades y competencias, esa renuncia a defender el uso correcto –y a veces hasta el simple uso a secas– de la lengua española, ese no atreverse a ejercer la autoridad indiscutible que la Academia posee, envalentonan a los aventureros de la lengua. Y crecidas ante esa pasividad y esos complejos, cada día surgen nuevas iniciativas absurdas, a cuál más disparatada, para que la RAE elimine tal acepción de una palabra, modifique otra y se pliegue, en suma, a los intereses particulares y, lo que es peor, a la ignorancia y estupidez de quienes en creciente número, con la osadía de la ignorancia o la mala fe del interés político, se atreven a enmendarle la plana. Por eso, en el contexto actual, pese a que de las nueve mujeres académicas admitidas en tres siglos seis han ingresado en los últimos ocho años, pese a su formidable e indispensable labor para quienes hablan la lengua española, la Academia es considerada por muchos despistados –basta asomarse a Twitter– una institución reaccionaria, machista, apolillada y autoritaria. Cuando en realidad, gracias a algunos de sus académicos, sólo es una institución acomplejada, indecisa y cobarde.

Y ojo. Aquí no se trata de banderitas y pasiones más o menos nacionales. Aquí estamos hablando de un patrimonio lingüístico de extraordinaria importancia; un tesoro inmenso de siglos de perfección y cultura. De algo que además nos da prestigio internacional, negocio, trabajo y dinero. Hablamos de una lengua, la española, que es utilizada por cientos de millones de hispanohablantes que hasta hoy, gracias precisamente a la Real Academia Española y a sus academias hermanas, manejan la misma Ortografía, la misma Gramática y el mismo Diccionario; cosa que no ocurre con ninguna otra lengua del mundo. Constituyendo así entre todos, a una y otra orilla del Atlántico, un asombroso milagro panhispánico. Un espléndido territorio sin fronteras. Una verdadera patria común, cuya auténtica y noble bandera es El Quijote.

Publicado el 24 de junio de 2018, en XL Semanal.

 

Publicaciones de la Academia: La doble negación del español dominicano

ANA MARCHENA SEGURA

LA DOBLE NEGACIÓN DEL ESPAÑOL DOMINICANO

 

Por Miguelina Medina

   Esta obra es una investigación sobre las formas de negación, con énfasis en la doble negación y sus variantes en el español dominicano. Este tipo de negación ha sido catalogado como una forma no canónica del español, contrario a las lenguas criollas en las que esta construcción constituye un rasgo universal, independientemente de la lengua del sustrato o del superestrato. La doble negación representa uno de los fenómenos del español dominicano que amerita un análisis lingüístico, dialectal y social actualizado. Expresa la autora, en sus palabras previas al desarrollo de este estudio, que para los estudiosos de las lenguas, la diatopía dominicana reviste un gran interés tanto por arrojar luz en torno al tema de la génesis del español caribeño, como por representar un reto constante a las corrientes teóricas y metodológicas de la lingüística.

El corpus de esta investigación proviene de entrevistas realizadas a 24 hablantes nativos distribuidos según criterios diatópicos y sociológicos. Los datos responden a un análisis estadístico mediante el cual se correlacionan las formas de la negación con variables lingüísticas y extralingüísticas con el fin de describir y explicar cuáles son los factores que promueven la aparición de una u otra estructura negativa: negación simple vs. negación doble [(neg+v) vs. (neg+v…neg)], y a la vez dar cuenta del perfil diatópico y social de los hablantes que hacen uso de estas construcciones, con énfasis en la negación doble.

Los resultados de la investigación, dice la autora, prueban que los hablantes dominicanos disponen en su repertorio de patrones sintácticos para expresar el acto de negar: la negación simple y la negación doble, con sus respectivas variantes sintácticas. Explica la autora que la estructura sintáctica predominante para expresar la negación corresponde a la negación simple, mientras que la negación doble parece asociarse con un uso pragmático que marca el nivel de pertenencia de la información para el hablante; es decir, la información expresada por este debe formar parte de su competencia enciclopédica y por ello solo es posible expresarla desde un “yo” en función del sujeto experimentador, testigo y actante de la acción. Esa construcción con doble negación predomina en el discurso declarativo con verbos estativos, que conllevan información veraz, real e incuestionable. Por lo tanto, su emisión ocurre con verbos en estado inmutable, en tiempo presente y en modo indicativo. Desde el punto de vista extralingüístico la doble negación está presente en todas las zonas dialectales de la República Dominicana, y es más favorecida por hombres adultos, añade la autora en esta obra.

Veamos cómo fue desarrollado este estudio del cual lo escrito anteriormente es una manera de resumen con que, muy apropiadamente, la autora inicia su investigación, pues, consciente o no, logra su objetivo: hacernos interesar por su lectura y el sentido de su obra.

  1. Descripción del fenómeno lingüístico: la negación dominicana

Explica la autora que la negación consiste en expresar la falsedad, irregularidad o no realización de un hecho, concepto o proposición. Y el más común de los recursos o procedimientos gramaticales que se utilizan para llevar a cabo este acto de negar se obtiene anteponiendo un adverbio de negación, principalmente no, al verbo, cuyo resultado es una oración que declara la inadecuación entre sujeto y predicado, o de la proposición entera con la realidad. Citando a Schwegler (1996) y a Ortiz López (2007) dice que la expresión de la negación dominicana se puede realizar siguiendo varios patrones sintácticos: negación preverbal (uso canónico) (6); doble negación enfática o uso canónico (7a-b)  y negación preverbal + palabras de negación absoluta (nunca, nada, jamás, tampoco) (8) (dejo íntegra la enumeración de los acápites del libro,  para mejor seguimiento si se desea consultar):

(6) Yo no canto.

(7) a. Yo no canto, no.

  1. Yo no conozco ese lugar, no.

(8) a. Yo no canto nunca/nada/jamás/tampoco.

Por lo tanto, la doble negación dominicana, dice la autora, consiste en una construcción en la cual aparece la negación seguida por el verbo y otra  negación sin pausa entre el no final y el resto de la frase como se muestra en el siguiente acápite:

(8) b. Yo no sabía eso no (neg + v + neg)

Explica que esta negación es diferente a la de la forma estándar en la cual la partícula negativa se repite fuera del resto de la oración como en (7 a-b) (p.24).

La doble negación, sigue explicando, se caracteriza por su completa integración fonosintáctica dentro del enunciado  (citando a Schwegler 1996), y puede aparecer en los siguientes contextos sintácticos: oración simple (8c), oración compleja con varias expresiones (8d-e), oración seguida por apelativos (8f) o sintagmas topicalizados con reduplicación (8g), y con términos de polaridad negativa (8h):

(8)  c. Bueno, eso yo no sé decirlo no.

  1. Mañana no me da tiempo pa’venir a trabajal no.
  2. No me dijo que no venía no.
  3. No sabré decirlo no, señor.
  4. No la quiero no, esa cosa.
  5. Por aquí casi nunca la usan así no.

La doble negación ha llamado la atención de los estudiosos, dice la autora, a raíz del debate en torno a la génesis del español del Caribe que surge a partir de la década del 70. Estos estudiosos han asociado este rasgo con un posible lenguaje pancriollo formado en el español del Caribe. Se basan en la existencia de esa misma estructura de doble negación en criollos de base portuguesa, como el santomense, annobonense y el principense. Este fenómeno se ha registrado en otros dialectos afrocaribeños: afrocubano, el palenque en San Basilio en Colombia, el choco colombiano y el portugués de Brasil. Se ha documentado también en Argentina, zona donde no hay evidencia de la existencia de rasgos criollos. (Cita a: Granda 1968–; Otheguy 1973; Valkohff 1966, Perl 1985, 1989a; Megenney 1982,1985, y otros. Ver p. 25).  Añade que también se atestigua esta estructura sintáctica en lenguas tipológicamente distintas a las criollas y africanas, como en muchas lenguas romances, tal como el francés, el italiano y el portugués brasileño.

II Revisión bibliográfica

Para este estudio la autora realizó una amplia investigación bibliográfica. Sobre la estructura sintáctica de la doble negación dominicana (8c-h) (ver p. 24 del libro) dice que esta no fue documentada en el primer trabajo descriptivo del español dominicano (Henríquez Ureña en 1940): “El primer lingüista en mencionar la doble negación en el español dominicano fue Jimenes Sabater (1975:170), quien la catalogó como “una peculiaridad morfosintáctica del español dominicano”. Dice que este trabajo no ofrecía información sobre la distribución diatópica y diastrática, y postuló que el uso de dicha estructura es una variante estilística que agrega un matiz de convicción sobre lo que se niega o se afirma (Jimenes Sabater 1975:164). Y así, cita la autora otros postulados: Megenney (1985, 1990) en torno al español afrodominicano; a Lipski (1994) compara textos literarios y análisis de datos demográficos de las inmigraciones haitianas, por lo que pone en duda las conclusiones de Megenney (1990) aunque reconoce la contribución o influencia de lenguas africanas en otros niveles lingüísticos (pp. 26-29).

III Justificación de la investigación

Dice la autora que el habla vernácula de la República Dominicana manifiesta unas características lingüísticas innovadoras que la distinguen de los demás dialectos hispano-caribeños. Una de esas características es la doble negación sin pausa, la cual no ha sido descrita y explicada cabalmente: “Los estudios que hay en la actualidad no proveen datos suficientes que documenten diatópica ni sociolingüísticamente el estatus de este fenómeno dominicano”. Lipski (1994), Megenney (1990), Shwegler (1996), Ortiz López (2007) presentan limitaciones (p.30): “La limitaciones que presentan estos estudios previos, nos llevan a retomar el tema”.

Para algunos estudiosos,  las inquietudes de esta autora no ed necesario exponerlas, pero lo son, pues las razones de la autora para tomar la decisión de realizar esta investigación “con la que obtuvo el grado de maestría por la Universidad de Puerto Rico”, como se lee en la contraportada del libro; y además fue su motivación, tanto emocional como intelectual y social, que es muy importante para cualquier uso de la palabra con sentido creador, como ha expresado en reiteradas ocasiones, en sus discursos y en sus libros, el doctor Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua. En su estructura y contenido esta obra es una creación y tiene la belleza de una obra de arte.

En su comentario sobre este estudio dice el doctor Rosario Candelier: “Esta obra de Ana Marchena Segura (…) presenta una valiosa contribución al estudio de una variante del español en América que registra nuestro lenguaje. Las formas de negación usadas en el español dominicano centran la atención de esta investigación, escrita con rigor metodológico, base documental y acierto expositivo, índice del talento intelectual de la profesora azuana. El fundamento de esta obra radica en el hecho de que el habla peculiar de los dominicanos tiene unas características socio-culturales que tipifican su lenguaje con singular rasgo dialectal, como la doble negación sin pausa, que esta obra describe con precisión lingüística y brillantez conceptual mediante la evidencia de datos diatópicos y sociolingüísticos de este fenómeno del español dominicano”.

IV Preguntas de la investigación

Este estudio presenta preguntas a responder, lo cual es una guía para su entendimiento. Las mismas responden a variables sociales y lingüísticas.

Variables diatópicas: 1. ¿Cuál es la distribución diatópica de las construcciones de negación (simple/doble)? 2. ¿Se pueden establecer algunas isoglosas en torno al fenómeno?

Variables sociológicas: 3. ¿Cuál es la distribución según el género y la generación de los hablantes, de las construcciones de negación (simple/doble)? 4. ¿Cuál es la distribución sociolectal de la doble negación? 5. ¿Qué sociolectos la favorecen?

Variables lingüísticas: 6. ¿Están motivadas las construcciones de negación (simples y dobles) por variables internas de lengua? (El contexto oracional, clase se oración, la clase semántica del verbo, tiempo verbal, el modo verbal, el aspecto verbal, la presencia/ausencia del sujeto, la clase de sujeto, la clase de pronombre en función de sujeto…).

Para esas interrogantes la autora propone “un acercamiento sociolingüístico/variacionista de los datos”.  La sociolingüística variacionista estudia las lenguas en su contexto social (Labov 1972) (p. 99).

Expongo los resultados lingüísticos y sociolingüísticos de este estudio conjuntamente con parte de los discursos previos que hace la autora en cada sección, didácticos, valorativos de los hablantes y de la lengua, que muestran a una autora interesada con toda su pasión a que esta investigación sea entendida en distintos niveles educacionales de los lectores que se pongan en contacto con esta obra.

V Resultados lingüísticos

El componente sintáctico, al igual que los aspectos fonéticos y léxicos, es susceptible a la variación. La variación no se produce sin hablantes, y los hablantes están adscritos a una sociedad; por tanto la función eminentemente social del lenguaje exige que se correlacionen la variabilidad de los esquemas gramaticales con sus realizaciones de acuerdo con los rasgos sociales de los usuarios (Serrano 1999). No obstante este innegable carácter social de la lengua, en el estudio de la variación sintáctica no puede pasarse directamente a la valoración de los factores sociológicos sin haber antes analizado y determinado los contextos lingüísticos que concurren en el fenómeno.

La dirección que sigue esta investigación tiene dos pasos: primero, se examinaron las variables lingüísticas que podrían afectar la aparición y/o producción de la doble negación; y después se analizan las variables sociales y su posible influjo de este fenómeno.

De las 24 entrevistas se obtuvo un corpus de 1168 (100%) formas de negación: 1,111 (95%) negación simple, 57 (5%) doble negación.

Ejemplos de negación doble. Según la variable estructura verbal. Cuadro 7.  (18a-c). Página 53. (Solo muestro la negación doble. Y la enumeración la dejo íntegra):

  1. E: ¿Lo chocó (a un burro en la carretera)?

I: No, no llegué no, porque tuve la agilidá de cuando el animal quería

devolverse, a mí me dio tiempo para…hacer un giro a la izquierda.

(M/52/S.D./chofer).

  1. E:… ¿No hay agua, entonces, allí?

I: No hay agua potable en la comunidad no. (F/53/Este/conserje)

  1. E: ¿Y por ahí no han salido culebras?

I: No, no, no se ha vihto culebra poique con la fumigación casi no hay na’no.  Se

muerento’ah (M/55/Norte/jardinero).

Explicación de los resultados del cuadro 8: Del total de 57/1168 (5%), se observó que el mayor porcentaje lo obtuvo la estructura neg+v+compl+neg  con 34 (59.6%) casos como en (18b), seguida por la forma neg+v (18a), con 21 casos (36.8%) (ver cuadro 8).

  Estructuras de doble negación. Cuadro 8. Página 54: neg+v+neg [21 (36.8%)]. neg+v+compl+neg [34 (59.6%)]. neg+v+advneg+neg (2) (esta se excluyó por porcentaje bajo). Total 57.

Estas son las diversas estructuras que esta variante manifiesta, lo cual evidencia que en este dialecto los hablantes disponen en su repertorio de una variedad de patrones sintácticos para expresar la negación.

Ejemplos de negaciones dobles y aspecto léxico. Verbos estativos dentro de una estructura de neg+v+neg. Página 81:

(58) a. No, no, no tengo pensado no. (M/50/S.D./Economista).

  1. Bonita y nosomo casado no. (M/58/Este/chofer).
  2. No me recuerdo no qué año…(F/39/Sur/ingeniera).
  3. Oh, no eh fácil no. (F/42/Este/contable).

He transcrito solo una parte para mostrar método, datos y resultados. Es recomendable ver el texto original de la obra para ampliar y conocer con minuciosidad este excelente estudio.

VI Resultados sociolingüísticos

“La lengua es una forma de conducta social, como tal, creada y moldeada por los seres humanos. La lengua desarrolla diferenciaciones internas que corresponden a los parámetros que caracterizan a los diferentes subgrupos que constituyen el sistema social. Al correlacionar los fenómenos de variación con las características sociológicas de los hablantes y las comunidades del habla a los que estos pertenecen, una vez considerados todos los factores lingüísticos que pueden motivar o no la variación, podemos explicar y describir dicho fenómeno desde una perspectiva más abarcadora y completa (Serrano 1999)”.  Así en el contexto físico en que ocurre la  comunicación las relaciones entre los participantes, y tanto sus características sociales adscritas (generación, género, etnicidad) como las adquiridas (nivel de escolaridad, socioeconómico, etc.) han demostrado reflejarse en comportamientos lingüísticos diferenciados, expresa la autora.

Aún con la certeza de que los factores sociales afectan, en mayor o menor grado, la conducta lingüística de los hablantes, los resultados de las investigaciones también han demostrado que no todos los fenómenos de variación son sensibles a estos tipos de condicionamiento social. Lo que podría favorecer o no un fenómeno en particular en una sintopía específica, con unos hablantes de un sector etario definido, no necesariamente coincide o se comporta de la misma manera con los hablantes de otro lugar con características sociológicas similares. Esto se debe a que esos factores no son universales; en cambio, son particulares en cada comunidad. Por ello, las relaciones que se establezcan entre la variación y estos, no deben considerarse como resultado de causa/efecto (Milroy y Milroy 1996).

Los grupos no son completamente homogéneos porque la conducta lingüística de uno o más de los hablantes puede desviarse de la del promedio del grupo y por tanto no corresponde a lo expresado en la regla variable, dice la autora: “Con cierta frecuencia los estudios cuantitativos representan los valores numéricos totales para todos los individuos de un grupo o subgrupo, lo que oculta posibles diferencias entre estos individuos” (p. 100).

(A) Diatopía de la negación: Negaciones y zonas geográficas

Negación simple: [261 (23.5%) Capital]. [273 (24.6%) Zona Norte]. [314 (28.3%) Zona Sur]. [263 (23.7%) Zona Este] Total 1,111.

Negación doble: [12 (21%) Capital]. [18 (31.6%) Zona Norte]. [14 (24.6%) Zona Sur]. [13 (22.8%) Zona Este]. Total 57.

Explicación de los resultados: De los datos anteriores (p. 101, cuadro 22) se puede afirmar: 1. Que la doble negación se extiende por todo el país. 2. El fenómeno se documenta en todas las zonas dialectales dominicanas. 3. La región con mayor número de casos fue la Norte con 18 (31.6%) casos compuestos por Santiago y Puerto Plata.

Cuando se analizaron las emisiones de la doble negación por hablantes se encontró que hay hablantes de distintas regiones que no emitieron ninguna oración con doble negación durante la entrevista grabada: dos pertenecen al Norte y dos pertenecen al Sur. Dice la autora que esto no implica que esos informantes no posean la doble negación como parte de su gramática. Lo que sí pone de manifiesto es la complejidad sociolingüística y pragmática que enmarca este fenómeno.

(B) Variables sociológicas: Estructura de negación y variable género

Negación simple: [506 (45.5%) Hombres]. [605 (54.5%) Mujeres] Total 1,111.

Negación doble: [40 (70%) Hombres]. [17 (30%) Mujeres] Total 57.

Explicación de los resultados: La variación lingüística patrocinada por esta variable ha llamado siempre la atención a los estudiosos. Muchos han argumentado que las diferencias lectales que manifiestan los hombres y las mujeres no son provocadas por la diferencia de género (Smith 1985), sino más bien por los roles sociales impuestos por las comunidades donde estos se desarrollan (p. 102). Si se parte del supuesto de que la doble negación dominicana representa una forma no estándar y “extraña” dentro del mundo hispánico (Schwegler 1996) y que la negación simple representa la forma canónica y de prestigio, “y si seguimos los planteamientos de Milroy (1993) y López Morales (2009) quienes sostienen que las mujeres están más vinculadas a la forma estándar y que los varones tienden a apartarse de la norma, encontramos en el dialecto dominicano que este hecho parece cumplirse: las mujeres actúan de manera conservadora frente a la variante doble, mientras los hombres la favorecen”. A pesar de estos datos, no se puede argüir que esta diferencia porcentual se deba a que las mujeres dominicanas tengan mayor conciencia lingüística de la estigmatización de la doble negación, añade la autora.

No quiero concluir sin citar algunas palabras del doctor Luis Ortiz López, autor del prólogo, donde afirma: “La autora investiga de manera sistemática, con profundidad metodológica y con el rigor cuantitativo y cualitativo, las conductas lingüísticas de los dominicanos a través de una muestra diatópica y diastrática del país, no recogida hasta la fecha. Explica el fenómeno mediante un acercamiento al propio sistema lingüístico que lo posibilita, y propone respuestas pragmáticas y sociolingüísticas para el comportamiento del mismo. No hay duda que estamos ante el primer trabajo global sobre el fenómeno, la evidencia más contundente y precisa, el análisis más amplio y profundo y ante las conclusiones más completas y abarcadoras. Este libro se une a la bibliografía de los grandes dialectólogos dominicanos”.

Por mi parte, puedo utilizar palabras generales para catalogar el libro: grandioso, porque habla de nuestro país; apasionado, porque me toca cuando leo estudios de campo. La autora deslumbra con su delicada sensibilidad y profundidad con la que ha investigado cada detalle de este fenómeno de la doble negación del español dominicano. Al hurgar estudios que le preceden como base para sus teorías y planteamientos, valora al mismo tiempo los trabajos de los demás y su aporte, t muestra a una estudiosa del español dominicano. Todo esto es parte de la confianza que ella va generando en nosotros hasta leer los resultados y  conclusiones, y  nos hace calificarlo como bueno y válido. Nos hace sentirlo como libro de consulta enciclopédica, y su honestidad  muestra, por consiguiente, la seriedad de su autora, que nos hace enmarcarla en ese pensamiento que va de la obra a la persona. Al especificar las limitaciones de la investigación, casi imperceptibles, nos muestra su alta fidelidad a la ciencia de la investigación; pero no se queda ahí no,  sino que sugiere que las mismas sean salvadas o subsanadas en trabajos posteriores. Felicitaciones a la autora, y a la Academia Dominicana de la Lengua por publicar tan interesante investigación lingüística. Recomiendo tener cuidado a quienes se pongan en contacto con esta obra si van a extraer ejemplos para colocarlos en estudios fuera del contexto de la doble negación y la negación simple, ya que las estructuras demostradas por la autora son muy claras y precisas. Quiero resaltar a los dominicanos, siempre dispuestos a la colaboración, sin la cual no hubiera sido posible el estudio, hasta el punto de compartir sana y espontáneamente sus intimidades: “Bonita y no somo casado no” (p. 81).

Del estudio resalto esta expresión determinativa de la autora: “No obstante este innegable carácter social de la lengua, en el estudio de la variación sintáctica no puede pasarse directamente a la valoración de los factores sociológicos sin haber antes analizado y determinado los contextos lingüísticos que concurren en el fenómeno” (p. 52).

Y este gran aporte, que lo traduzco en que no todo se ha dicho, que, al contrario, el universo de investigación en la doble negación del español dominicano tiene puertas que podrían ser desconocidas.

Ana Marchena Segura, La doble negación del español dominicano. La interfaz lingüística, dialectal y social, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2011.

Publicaciones de la Academia: Origen de la palabra chopa

RAFAEL GONZÁLEZ TIRADO

ORIGEN DE LA PALABRA CHOPA

Por Miguelina Medina

Muchos son los estudiosos dominicanos que recogen el significado de la palabra “chopa” y muchos los interesados en conocer el origen de esta palabra que en el habla dominicana se instaló “desde largas décadas “, como dice el autor de esta obra, con el significado de “sirvienta, criada”, igualmente “moza deshonesta”, entiéndase esta última como “cierto tipo de prostituta” quizás con carencia de “profesionalidad”. El autor ha consultado diversas fuentes donde se registran estas definiciones y usos del vocablo como son Manuel Patín Maceo, Emilio Rodríguez Demorizi, Consuelo Oliver viuda Germán, Carlos Esteban Deive, y el DLE. Otras incluyen testimonios de allegados que a su vez los obtuvieron de sus ancestros. Prevalece en este estudio la fidelidad a la ciencia de la investigación. El autor ofrece al lector el conocimiento adquirido y expone, además, su conclusión, la acepción que considera más cercana al origen de la palabra estudiada según los datos de su investigación.

La Academia Dominicana de la Lengua, en voz de Bruno Rosario Candelier, y el presidente del Consejo de Directores de la Universidad del Caribe, expresan en la “Presentación a dos voces” que han hermanado su plan editorial y bibliográfico para brindar a los investigadores y estudiosos del país “este interesante discurrir a través de tantas páginas de textos literarios y de historia, de diccionarios y de enciclopedias, de trabajo de campo, en largas y pacientes jornadas para ofrecernos la máxima aproximación al origen de un vocablo de matices semánticos y de ricas derivaciones entre los dominicanos”.

Rastreo del vocablo en otras hablas hispanas

Dice el autor que Joan Corominas, en su Diccionario etimológico (Madrid, Editorial Gredos, 1954),  “recoge un uso familiar de la expresión chopo, como ‘fusil’, y consigna que fue empleada por Bretón de los Herreros, fallecido en el 1873”. Y dice  que este diccionario “agrega que en el 1884 la Academia dijo que es probable que venga del italiano shioppo, pronunciado en muchos dialectos  s-chioppo (chiopo)”. Explica que al ser doble, la /p/ se pronuncia con más intensidad, y que en español sería: /s/-quiopo o /s/ kiopo. Comparte el autor que quien lo “arrimó al vocablo italiano”, en una de las tertulias familiares celebradas en su casa, fue el poeta y cronista de elegante pluma,  Sergio Vicioso Peguero -de seudónimo Meusel (Miúsel)- “nacido en 1906 y fallecido en  1977 en Santo Domingo” (pp. 26, 27).

Según el autor que mediante el rastreo del susodicho vocablo conoció diversas voces y sus orígenes y se ha aproximado a sus derivaciones o familia de palabras, a lo largo de una geografía que va desde Italia hasta Chile. Estas voces son: chopa, chope, chopo, chopear.

Veamos la voz chopa: 1. Es un pez marino, pequeño, semejante al dorado, color gris metálico, con manchas oscuras longitudinales. 2. Es también cobertizo que se coloca en la popa de las embarcaciones junto al asta de la bandera. Y estas dos acepciones, dice el autor, no provienen de un mismo origen. El nombre del pez se deriva del gallego choupa y este del latín clupea: “sábalo”; mientras que el término referido al cobertizo de la embarcación corresponde al latín clupeus, que significa “escudo”, algo así como ‘protección’. En Tabasco, México, se tiene como una variante de chospó, nombre vulgar de la flor del apompo o zapote de agua (pachiraaquatica) y principalmente del jilosúchil (pachirainsignis) o tumbilé. También pez de río semejante a la tenguayaca (p. 23).

Igualmente rastreó chopo: Nombre con que designa varias especies de álamos. Fue tomado del latín populus que significa “álamo”.  Y otro chopo que es un fusil de origen italiano. En esa lengua se dice schioppo, una voz de nivel coloquial: “cargar con el chopo”, equivale a ‘cargar con el fusil’.

Por otro lado, un uso con terminación indiferente es chope, que el autor del libro encontró en Chile, de género masculino. Allí significa “palo con un extremo plano para sacar de la tierra los bulbos y raíces y para otros usos en el campo”.  Y genera el verbo “chopear”, que es ‘trabajar con el chope’. También es “garfio”, dice el autor, instrumento de hierro curvo y puntiagudo para agarrar algún objeto. Además, ‘puñetazo’. “Chopazo” es golpe dado con el chope.

Primeros usos en Santo Domingo

*En la búsqueda de los asientos del vocablo el autor advirtió que dicho término no estaba marcado socialmente en las primeras décadas del siglo XX, que era una dicción de empleo común, de lengua coloquial sin matices despectivos, y que el devenir trajo la peyoración” (p. 20).

Cita el autor de esta obra al escritor y académico dominicano Marcio Veloz Maggiolo, entre los escritores citados,  y dice que este “recuerda que en el siglo XIX Juan María Veloz era llamado ‘Boca de Chopa’ por “su capacidad verbal para regaño y la discusión, es decir, por una ‘boca dura’, y que Veloz Maggiolo se preguntaba a sí mismo si lo llamaban así por alusión al fusil”. Dice González Tirado, que esto podría ser, teniendo en cuenta que hacia la mitad  del siglo pasado (siglo XX), se puso de moda llamar “lengua de máuser”  (otra arma de fuego) a las personas que son rápidas y agresivas en las discusiones o en acusar u ofender sin miramiento alguno.

Cita igualmente a Rafael Martínez, arquitecto y estudiante de lenguas modernas de la UASD, quien le contó la siguiente anécdota: que conoció a un señor de raza negra llamado Octavio Vega, morador de Villa Francisca. Cerca de Borojol, fallecido de 90 y pico de años alrededor de 1999, que con frecuencia les decía a sus nietos cuando salían a la calle de noche: “No me vayan a chopear, para que luego no me vengan aquí con un fusil”, refiriéndose al embarazo, a la ‘barriga’, producto de los lances fáciles e irresponsables.

*Shop/shopping: Expresa el autor que se han hecho deducciones, por aproximación fonética o coincidencia de situaciones en el orden histórico-social, con respecto a que “chopa” proviene del inglés shop/shopping, que significa “tienda/compra”. Que nuestros lexicógrafos no identifican el origen del vocablo, solo saben que llegó. Dice también que se afirma que el vocablo fue introducido durante la primera intervención armada de los americanos en la República Dominicana (1916-1924). A esto objeta el autor que se ha hecho “por simple apreciación, sin investigación adecuada”. Aunque no descarta que esto podría ser así, no encontró esa opinión en ninguno de los susodichos estudiosos, “solo se dice por la calle”. El autor exploró en Samaná, por el uso del inglés en la zona que queda al noroeste de la ciudad de Santa Bárbara, sector poblado por esclavos libertos traídos de Estados Unidos de América y que Jean Pierre Boyer ubicó en esa parte de la península a principios del siglo XIX, tras la ocupación haitiana de la parte Este de la isla. Hurgó también en San Pedro de Macorís, en razón de las migraciones de habla inglesa establecidas en las plantaciones de caña. Igualmente hizo en otros lugares sin encontrar resultados.

Considera el autor las siguientes frases y algunas palabras, de dos o más lenguas ya que, pese a no ofrecer el origen de las voces incluidas, “orientan y auxilian en las investigaciones” (pp. 30-37):

  1. “Cargar el chopo”: Es utilizada en países de habla hispana con el significado de “cargar con el fusil”, Diccionario Espasa Ilustrado (1999);DLE (2001); Vox, Diccionario general ilustrado de la lengua española (1970).
  2. “Cargar con el chopo”: Equivale a “hacer servicio militar o la guerra”. Diccionario del español actual (con una nota del Diccionario para un macuto (1964). de Rafael García Serrano.
  3. Schioppo: “fusil”, del italiano. Enciclopedia del idioma, de Martín Alonso, tomo I.
  4. “Chopo”: del italiano schioppo, que a su vez vino del latín “stlo-ppus”, que significa “ruído”. Diccionario enciclopédico Quillet.
  5. “Escopeta”:flinte (alemán), escoppette (francés), shotgun (inglés), shioppo (italiano): “arma de fuego portátil con uno o dos cañones”. Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado (Amelinca). Y entre sus artículos este diccionario incluye la palabra ‘chopo’: describe la especie botánica en primer y ‘fusil’ al final.
  6. “Escopeta” (esp.) igual a shioppo (ital.),  femenino en ambas lenguas. Para fusil: fucile, ambos masculinos. Diccionario LilliputLangenscheidt, español italiano.

Dice el autor que “chopo”, en inglés, como lengua coloquial, equivale a ‘fusil’, vocablo que en esa lengua parece ajeno a la especie botánica: poplar: álamo.

 Conclusiones del autor

  1. “Queda claro que ‘chopo’ se refiere al arma de fuego. Y es sumamente aventurada la afirmación de que “chopa” proviene de shop-shoping sin ninguna fuente de confirmación”.  Dice el autor, que el dato aportado por Veloz Maggiolo es suficiente para afirmar que la palabra ingresó a nuestra habla muchas décadas antes de la primera intervención norteamericana al suelo patrio. Y añade: “La influencia ánglica era muy débil para aquella época. Y si hubiera llegado directamente del inglés con el significado de fusil, escopete o rifle, “chopa” en el español dominicano sería anglicismo fantasma.
  2. “No me parece más que una afirmación alegre y peregrina adjudicar al inglés la palabra ‘chopa’ (de shop-shopping) en el habla criolla. Me parece comprensible asumirla como un italianismo y, en el orden de la léxico-génesis, me inclino por la ‘escopeta’”.

Previo a esta conclusión, el autor expresó, primero, que expuso estas ideas resumidas en el XII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en San Juan de Puerto Rico del 12 al 15 de noviembre de 2002, y que al finalizar la charla un académico panameño le expresó que el vocablo “chopo” existe en la región de Chiriquí, de donde él proviene, que allí los campesinos dicen Busca tu chopo para que vayamos de cacería (se trata de un fusil muy viejo de un solo cartucho). Y además, le compartió que este vocablo se extiende al departamento de Chocó, en Colombia, donde también la llaman “escopeta maricona”. “Préstame tu chopa” es frase de chanzas entre amigos refiriéndose a la mujer cuando el amigo no tiene esposa. Y, segundo, previo a esta conclusión expresó el autor que en Santo Domingo los soldados se afanaban en cargar con las ‘chopas’ y sus consecuencias favorables: aprovisionadoras de multitud de facilidades y de encantos, una forma de financiar el entretenimiento, como deberíamos suponer en el léxico de los neoliberales, del libre comercio y del mundo globalizado de negocios a la medida de aquellos que sobredimensionaban las riquezas.

Verdaderamente que a este estudio, y a su autor Rafael González Tirado, hay que expresarles admiración y agradecimiento, a él y a todos los que colaboraron con él desde sus vivencias, pues hizo un recorrido del vocablo de una manera magistral. Es un magnífico aporte dar a conocer el origen de este vocablo que desde ya se establece con una nueva consciencia en las mentes de los dominicanos. Produce gran satisfacción aprender que dicho vocablo en las primeras décadas del siglo XX no tenía un uso marcado socialmente y mucho menos peyorativo, es decir, que era de un uso común. Llama la atención, una vez más, el  comportamiento de los dominicanos en la exclusividad de su manera de adoptar las hablas de cualquier cultura; el dominicano tiene la intrínseca forma de descomponerla hasta que sienta que lo satisface en el alma. La fuerza conceptual del autor, producto de sus estudios lingüísticos y sociolingüísticos, direcciona a los dominicanos al conocimiento. En mi reflexión, pienso que luego que un concepto se le inserta en el alma y en la convicción a los dominicanos es difícil erradicarlo; pero es grandioso contar con estos estudios para saber, porque quizás la misma palabra, en su dimensión mistérica, tome su rumbo y ella misma dirija lo que desea y en su uso haga dar la vuelta y regresar al origen de su definición y su pudor. Quizás también le regrese su pudor a las pobres muchachas desamparadas de protección que necesitan producir para hacerle frente a la miseria, como lo registra en su obra Al amor del bohío, Ramón Emilio Jiménez (p. 14); y como le hace honor Gregorio Elías Penzo, samanés, con los siguientes versos (p. 16): “Triste residuo social/la pobre trabajadora,/vil zafacón de sinónimos:/la criada, la fregona,/la sirvienta, la cocinera, la doméstica, la chopa…”.  Rafael González Tirado, Origen de la palabra chopa en el habla de los dominicanos, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua/UNICARIBE, 2011.

Poetas de la Academia

 Andrés L. Mateo

Al margen del venerable Heráclito

 

Lo único perpetuamente estático

es la nostalgia.

Dicho esto, por supuesto,

al margen del venerable Heráclito.

Contra el tiempo se diluyen las cosas.

 “En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace”

-dijo el poeta-

Regresas y ha cambiado lo que antes era tuyo

menos en la nostalgia

en la que igual las cosas permanecen

a pesar del círculo implacable que el vivir arrasa.

Todavía la luz sucede a la luz

cuando vuelvo al viejo barrio.

Ha pasado algún tiempo.

 

Pero soy todavía el niño cruel que cazaba mariposas,

y hasta que el ángel venga esperaré sonreído

en una esquina del barrio San Juan Bosco,

ardiendo de inquietud con mi rama en la mano.

 

¡Fui implacable!

Jamás tuve más cierto en mi memoria

las batallas ganadas

el día ardiente del verano

lejano y próximo

en el cual fui el rayo de tinieblas

que mataba mariposas y era feliz.

 

Y me veo regresar en la nostalgia

no como el que ahora soy

sino como el que fui.

 

Bajé desde mí mismo

encontrando aquel niño de tenue corazón

de alborozado rostro

que con su rama desflecaba

las durezas de una tierra en la cual

el mal no estaba escrito todavía.

 

Ha pasado algún tiempo.

Cambia todo

hasta la rancia sentencia

del venerable Heráclito.

Menos en la nostalgia

donde no hay antes ni después

y el olvido nunca construye su morada.

Y nada puede transformar lo dado,

lo vivido.

Al margen del Venerable Heráclito.

(Andrés L. Mateo, “Poesía”, Areíto, Hoy, 21/12/2019/5)

 

Bruno Rosario Candelier

El ágape inmortal

 

A

Andrés L. Mateo

 

La luz alumbra porque relumbra,

fuero y cauce de un designio establecido.

Si la rosa “florece porque florece”,

el estiércol repugna por lo que tiene.

Entre la A y la Z cabe todo,

tanto del mundo sutil,

como de la prosaica galera.

Y todo vuelve a su origen,

como intuyó el presocrático cuando vio

que el río fluye incesante hacia su fuente.

Lo que permanece es el ágape, Andrés,

el ágape sagrado y divino

al que nos convocan.

Ya lo dijo Heráclito en su día:

“Todo viene del Todo, y todo vuelve al Todo”.

Nada cambia, si el amor preside la mirada,

mientras la vida pauta el rumbo

con sus señales secretas.

 

Lo que la luz revela es el halo

que perfila el sentido.

A la luz sucede otra luz,

la que despliega el manto

inconsútil del misterio.

 

En nosotros pervive el niño que con su enigma

Aflora desde el fondo ignoto del pasado.

En el poema late el miedo que troquela

circuitos y neuronas

como vestigio de una culpa irredenta

o como el látigo inclemente

que señala, acusa o recrimina.

Un soterrado miedo o un trauma secreto

con su larva da culpa o su inmarcesible

llama hacen al poeta.

 

No es la nostalgia la que inspiran tus dolientes versos,

ni la palabra que representa, cuestiona o curcutea.

Es la fragua de una pasión insumisa y traviesa

del niño que con dolor recuerda

una gozos a crueldad contra inocentes mariposas,

que no puede revertir

porque lo hecho, como lo dicho,

irremediablemente queda detenido en el tiempo,

a pesar del transcurso de los días y las penas,

a merced de la distante y lumbrosa luna,

o a despecho de las impertérritas

y calladas piedras.

Desde el fondo de ti

late el reclamo de lo que no muere.

Lo que fue, lo que se hizo o dijo,

no cambia con el tránsito de las noches,

porque nada pierde su esencia y su sentido.

El venerable Heráclito lo supo,

como tú lo presientes compungido,

pues ni la secreta nostalgia,

ni el olvido cómplice,

cortejan las cosas que suceden,

sino el ágape inmortal

que las redime.

(Bruno Rosario Candelier, “Poesía”, Areíto, Hoy, 28/12/2019/5).

 

 

 

 

Vida de repliegue

Por Segisfredo Infante

 Son muchos los estudios realizados sobre la vida y la obra heterogénea de Fray Luis de León (1527-1591), que pareciera innecesaria una apostilla más sobre este capítulo de la literatura castellana en particular. E hispanoamericana en general. Pero resulta que cuando uno se detiene a releer el poema “Vida Retirada” que venimos leyendo, justamente, desde nuestros tiempos de primer año de secundaria en el Instituto Central “Vicente Cáceres”, la necesidad imperativa de reflexionar sobre el personaje y su obra, se vuelve como una recurrencia del espíritu en una época transida de prisas y anomalías estresantes.

En las primeras décadas del siglo veintiuno hemos llevado una vida tan precipitada, violenta y desbocada, que a veces pareciera que la humanidad pierde el rumbo que se requiere para la convivencia colectiva, la “Razón” razonadora, la búsqueda de la virtud y el indispensable acto de detenerse en el camino a balancear los recorridos previos y a meditar serenamente sobre el sentido de la existencia misma. A la par de la sensibilidad poética es conveniente digerir y asumir algo del saber filosófico con el propósito de meditar en torno de las cosas trascendentes, en tanto en cuanto que fueron filósofos como René Descartes y Ortega y Gasset quienes sugirieron la estrategia de parar la intensa marcha de los quehaceres cotidianos (incluso de la guerra) a fin de detenerse a meditar y a escribir en un recodo del camino de la “Historia”.

Fray Luis de León, además de sensibilidad poética poseía conocimientos teológicos, filosóficos y científicos. Mantenía, como todos sabemos, una cátedra erudita en la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas. También hizo traducciones del hebreo al latín y a la “lengua vulgar”, particularmente del libro “El Cantar de los Cantares” y del “Libro de Job”, que aparentemente le generó problemas con algunos colegas quisquillosos que lo acusaron de cosas baladíes. Sobre todo por su origen de judío sefardita converso, lo que facilitó la calumnia y que además el poeta fuera a parar con sus huesos a la cárcel durante tres o cuatro años. También Madre Teresa de Jesús (amiga de Fray Luis) era una recia escritora de origen sefardita, que la condujo a enfrentarse con serios problemas fraguados por algunos celosos y recelosos “hermanos” suyos, de esos que miran posibles adversarios hasta en los alimentos de cada día, valiéndose de dogmas fingidos o extremadamente rígidos, carentes de amor y de misericordia judeocristiana.

“Vida Retirada” es uno de los poemas más conocidos, pero también más profundos, de Fray Luis de León. Veamos algunos versos: “!Qué descansada vida// la del que huye el mundanal ruïdo,// y sigue la escondida// senda por donde han ido// los pocos sabios que en el mundo han sido.” (…) “Que no le enturbia el pecho// de los soberbios grandes el estado,// ni del dorado techo// se admira, fabricado// del sabio moro// en jaspes sustentado.” (…) “No cura si la fama// canta con voz su nombre pregonera;// ni cura si encarama// la lengua lisonjera// lo que condena la verdad sincera.” (…) “!Oh campo, oh monte, oh río!// ¡Oh secreto seguro deleitoso!// Roto casi el navío,// a vuestro almo reposo// huyo de aqueste mar tempestuoso.” (…) “Vivir quiero conmigo,// gozar quiero del bien que debo al cielo,// a solas, sin testigo, libre de amor, de celo,// de odio, de esperanzas, de recelo.”

Los cuatro últimos versos arriba citados, contienen una propuesta teológica casi mística de este singular poeta del renacimiento español. Actitud que cultivará más tarde, en forma sistemática y mucho más condensada, el poeta y pensador Fray Juan de la Cruz, ex-alumno de Luis de León y discípulo directo de la mencionada “Santa Teresa de Jesús”. Los tres autores aquí aludidos fueron difamados y acusados de alguna temeridad, por rencillas de una orden religiosa (la dominica) con inclinaciones inquisitoriales, que era rival en contra de ellos: Los agustinos y los carmelitas descalzos. Pero mientras Fray Luis de León prefirió enfrentar las acusaciones en un largo juicio de cinco años aproximados, “San Juan de la Cruz” siguió el camino de Aristóteles de fugarse de la cárcel; o de alejarse del lugar de la intriga. Quizás porque el pensador y poeta intuía que su tiempo de vida en la tierra era muy corto, y que su tarea de teólogo místico, y de consejero, era demasiada intensa.

No sabemos si acaso las enseñanzas de aquellos tres personajes tienen validez en un mundo tan desequilibrado, megalómano o precipitado como el nuestro. O que quizás precisamente por eso, recobran una gran actualidad. En todo caso vale la pena sumergirse en las posibilidades de la “soledad sonora” de Juan de Yepes (o “San Juan de la Cruz”); en los castillos interiores de “Santa Teresa de Jesús”; o en la “Vida Retirada” de Fray Luis de León. Por cierto que la “soledad sonora” juanista ha sido recuperada por uno de los más grandes filósofos españoles del siglo veinte. Me refiero a Xavier Zubiri, quien también era amigo del sosiego y del silencio que merece el cultivo de la “Filosofía” escrita con “F” mayúscula esencial. Resulta evidente que desde aquí se derivan una serie de posibilidades de pensamiento sosegado, meditativo, realista y profundo. ¡!Sea!!

Tegucigalpa, MDC, 22 de diciembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 29 de diciembre de 2019, Pág. Siete). (Igualmente se reproduce en el diario digital “En Alta Voz”).

La expresión femenina en el movimiento interiorista

Por Ofelia Berrido

   El Movimiento Interiorista surge de una realidad y sociedad nueva proveniente del fin del siglo XX y los albores del siglo XXI con todo lo que significa su contexto social, político y religioso. El fin del siglo XX se caracterizó por una pérdida de fe. Se desplomaron las creencias tradicionales, se cuestionó todo hasta las últimas consecuencias y se puso en duda la existencia de la realidad pura; muchos pensadores declararon el fin de las ideologías y las utopías; las culturas extranjeras penetraron sigilosa y profundamente a través de la Internet. Época de paradojas: de soledad entre el tumulto; de consumismo rampante entre la pobreza; de redes sociales basadas en una comunicación excesiva y superficial…

Así, con este escenario de fondo surge como una necesidad el Movimiento Interiorista creado por Bruno Rosario Candelier en Moca, República Dominicana, para incentivar en los escritores el cultivo de la realidad trascendente, la expresión del impacto que lo real produce en la conciencia y la plasmación de los valores interiores, así como el enfoque de la dimensión interna y mística de lo viviente y todo lo que pueda contribuir al desarrollo de la conciencia espiritual. El movimiento creció y se expandió como lo hacen las flores silvestres con rapidez y bases sólidas por América y Europa.
En su expresión femenina, el Movimiento Interiorista está conformado por un singular y talentoso conglomerado de creadoras: dada la importancia del hecho, el objetivo de este escrito es brindarles una muestra de la literatura de mujeres interioristas. Me hubiera gustado mencionarlas a todas, pero son muchas y el espacio breve. Pura Emeterio Rondón (+), crítica literaria, interiorista experta en lengua y literatura, Premio Nacional de Ensayo 1992, determinó que allí donde la realidad no es imaginaria, sino concreta, el ideal interiorista puede llevarse a cabo para profundizar en la esencia del acontecer (Emeterio, 2017, p. 320).

Quiero hacer énfasis en Carmen Pérez Valerio, cofundadora del movimiento, escritora, pedagoga y directora del Departamento de Publicaciones de la PUCMM, pues después de Bruno Rosario Candelier estimo que es la más clara exponente de la filosofía del movimiento junto con Pedro Gris y Fausto Leonardo Henríquez. Perciban en “Vaguedad de la memoria” el estilo único de la poeta que con voz encantada vincula su mundo personal al universal:

“He vagado por las calles cantando mis pasos recogiendo sueños/ adentrándome a la tarde, a la dejadez, a la entrega./ Minúsculos seres derretidos me miran desde la sombra y me poseen./ Todo vibra y confluye,/ río que se desborda en este abismo de los sentidos./ El horizonte agoniza y me suma a su muerte/ expandida en superficie y noche./ Desnudas de alas desciendo a la marisma/ y me sorprendo olfateando el gusano/ en el vaho humedecido de vuelta a la luz (Pérez, 2001).”

Transitemos por la poética de la intuitiva Carmen Comprés, oriunda de Moca, cofundadora y representante vital del movimiento. La escritora se hace una con la naturaleza y oferta versos plenos de sentido, cargados de imágenes y voces antiquísimas:

“Puse el puente/a mi espalda/ Crucé sobre las hojas/ levanté la sombra./ Hubo un olor a tierra ausente./ Y me senté sobre este suelo de fugas inmanentes./ En este espacio/ de pie mi sombra./ La noche sobre mi espalda/ Y esta desnudez transforma cada después en un absurdo/ Cuento las huellas/ El abismo/ Este ruido… giro y a la vuelta el fulgor de la aurora llama la sombra/ Siento el tímido roce de tus huellas/ El leve ruido sin cesar se torna impaciente/ En mi tan solo la embriaguez eterna/ Y tu ausencia…”

La exquisita poeta Sally Rodríguez, también, cofundadora surge de la tierra fértil de Moca con una poesía penetrante y desgarradora: “Llueve/ Quiero que llueva/ Que me deshaga yo/ Que se deshaga la angustia/ Que me ciñe/ Que muera la flor/ y la extraña mujer/ Todo debe morir quiero viento y lluvia.”

Argelia Aybar, poeta de Santiago de los Caballeros, residente en Miami. Primer premio en el Concurso de Médicos Escritores 1994, Medalla de Oro al Mérito Profesoral del Consejo Nacional de Educación Superior. Vive en el recogimiento introspectivo desde donde surge el lenguaje poético que materializa el sentido de su obra sin igual:

“[…] La tarde se desliza en lluvia/ memoria que se funde en agua/ yo lejos de mí, despojada de mí girando humedad/ espacios de sagrados líquidos/ el sonido serpentea en este cuarto vacío/ miradas translúcidas me perforan/ de mi perenne carne brota un lirio/ debajo de este cielo de aguas suspendidas/ Me mojo, solo mi barro está empapado/ yo en verdad estoy seca, sosegada y sedienta no recuerdo,/ todavía el instante futuro que olvidé a la orilla de esta lluvia… (Aybar, 2001).”

Rossalina Benjamín, oriunda de Miches, residente en New York, nació poeta. Premio Nacional de Poesía Joven de la Feria Internacional del Libro, Santo Domingo 2011, Mención particular Premio Mundial de Poesía Nosside, Italia 2014, Mención de honor Premio Mundial de Poesía Nosside, Italia 2015 y Premio Letras de Ultramar 2018. Esta joven mujer de espíritu indomable y versos brutales es dueña de una voz de peso e intuición interiorista. En un juego de búsquedas y encuentros su canto brota de las entrañas con la naturalidad del aliento que da vida para escapar de la muerte rotunda. He aquí una estrofa de “Anónima y salvaje” del libro “Manual para asesinar narcisos” (2012):

“Mi angustia naufraga en la mugre de la ciudad mirando al suelo. / Ahora puedo hablar de antiguas soledades. / Yo, que he vuelto del principio, / con sangre inocente y resina de duros árboles entre las uñas, / con esta cabellera inmensa/ y descarada como un sí en pleno rostro. ”

Altagracia Pérez de Pytel, de Santiago Rodríguez, escritora y periodista. Actualmente, reside en el alto norte, en el lugar de las nieves. Esta mujer de espíritu sutil y puro canta avivada por una inspiración lírica que da sentido a su existencia:

“Allá, en tus cabellos, las montañas y el fuego. / Allá, también los bosques y la pradera. / En tu alma, solo el silencio y el frío… (Pérez, 2001)” Mónica Galleano, argentina que hemos hecho nuestra, pedagoga de las mejores, novelista y poeta con su dilatada sensibilidad, afinada y grácil lírica, entrega los siguientes versos:

“No supe el origen de esta gota de cielo/ y de este húmedo sosiego./ No advertí el soplo del paso/ que eternamente/ dejaría una huella en mi corazón (2001).”
Johanna Goede, poeta de Puerto Plata con versos al estilo japonés, aborda el misterio: “No sé qué es el mar/ si un mundo de lágrimas/ o una gota de eternidad (Goede, 2001)”.

Por otro lado, y respecto a la narrativa interiorista, lo humano se ve a sí mismo con expresiones exactas para lo que se pretende decir cabalgando en una forma que surge desde la ideación misma de la obra. Vislumbremos la evidencia de cómo Zaida Corniel profundiza en los estratos de la existencia a través de “Testamento suicida” de título tan fuerte como su contenido. Obtuvo el Primer lugar del Concurso de Narrativa del Ateneo Minerva Mirabal (1982). Su prosa cautivadora nos deja sin aliento:

“Me levantaré ausente del mundo. El sol anunciará el día, pero no querré despertar; la noche volverá a mis ojos que se abrirán para buscar el silencio, las sombras, los ronquidos del miedo y esa luna que se colará por la ventana y me vestirá de luceros. Ahora la tierra me espera. Negra y profunda me espera. Allí estaré cuando olvide mi último aliento. (Corniel, 2001). ”

Surquemos, ahora, la narrativa de Emilia Pereyra, novelista, cuentista, ensayista, historiadora y periodista, Premio Nacional de Periodismo 2019, originaria de Azua de Compostela, residente en Santo Domingo. Dueña de una escritura directa, clara y una sensibilidad superior que se manifiesta en todo lo que escribe. Sondeemos este fragmento de “Adriana, en cualquier tarde”.

[…] Se estremeció. Su miedo era casi tangible; se enroscaba en cada fibra de su largo y desgarbado cuerpo y aunque su mente mandara otra cosa no obedecía. En poco tiempo sus ojos se anegaron y un brillo acuoso apareció en su rostro. Muchos se volvieron para ver, motivados por el ruido de sus roncos sollozos. Miradas de asombro de reproche, de lástima le cayeron encima como copiosa lluvia de acero (Pereyra, 2001).

Interesante resulta la narrativa de Kenia Mata Vega, psicóloga y profesora, que ausculta los meandros populares.

Por otro lado, el mundo ensayístico del interiorismo cuenta con una fuerte representación de escritoras, entre ellas: Pura Emeterio, María José Rincón, Carmen Pérez Valerio, Emilia Pereyra, Melania Emeterio Rondón, Roxana Amaro, Camelia Michel, Rita Díaz, Jennet Tineo y Josanny Moní…

Las creadoras del Movimiento Interiorista penetran en la esencia de la vida, conocen una realidad diferente de la cotidiana y se produce un despertar a un nivel superior de conciencia. ¡Felicidades mujeres del Movimiento Interiorista por conmemorar un año más de creación y de frutos perdurables!

El secreto del monje de Arnaldo Espaillat Cabral: una novela histórica con una lección ejemplar

Por Bruno Rosario Candelier

El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral, es una novela histórica, lo que supone que el autor tuvo que explorar obras de historia para documentar el contenido. El autor dio muestra de una profunda capacidad para curcutear el trasfondo de hechos del pasado, y con eso demostró tener la condición de historiador y novelista al mismo tiempo, porque se trata de combinar dos modalidades diferentes y, sobre todo, enlazar una historia a la ficción, que tiene una finalidad diferente de la historiografía. El historiador da cuenta de hechos del pasado, ya que no trabaja como trabajan los novelistas, y los novelistas, cuando escriben una obra de ficción, tienen la virtualidad de inventar; de hecho, una novela, como obra de ficción, es una obra de invención. Toda ficción implica una invención de mundos imaginarios. Pero si se trata de una novela histórica, el novelista no puede inventarlo todo, sino que tiene que fundamentarse en el pasado, acudir a hechos reales del pasado, pues tiene que documentar lo que dice y eso implica muchas horas de estudios y de lectura.

Me imagino las tantas horas de estudio que Arnaldo Espaillat dedicó a la investigación para darle fundamento a lo que cuenta y fabula; porque como creador de una ficción tiene que darle fundamento a los datos históricos de tal manera que el lector los asuma como creíbles y confiables, de manera que al leer la novela nos sintamos orientados por una investigación con fundamento. Evidentemente, el autor tiene una madurez que se la da la edad, pero también una madurez que se la dan los estudios y las lecturas, así como la experiencia de vida. En esta novela se nota una riqueza documental, una riqueza expresiva y una riqueza literaria en su formalización, y ese solo hecho le acredita a su autor un lugar de importancia en la galería de los novelistas dominicanos.

Los que hemos trabajado en el estudio de la novelística y en la escritura de una novela nos damos cuenta del rigor con que hay que asumir la palabra, el rigor con que hay que abordar un dato histórico y, desde luego, del rigor en la plasmación de una historia con la caracterización de los personajes y la descripción de los ambientes con la elegancia, el nivel intelectual y la profesionalidad que implica la creación literaria en este tiempo, y digo en este tiempo porque la historia de la literatura tiene un rico caudal de obras ejemplares, y hay una tradición riquísima que debemos conocer quienes nos embarcamos en la realización de una narrativa en el ámbito de la ficción. Entonces, ese primer aspecto, el del historiador que asume la palabra con un propósito ficticio es ejemplar en esta segunda novela del doctor Arnaldo Espaillat Cabral.

Otro aspecto que a mí me llamó la atención de esta obra es el nivel del lenguaje que usa el escritor. Esta novela está escrita con un lenguaje exquisito. Es admirable el uso ejemplar de la palabra que el autor emplea para confeccionar esta novela. En nuestra condición de hablantes tenemos la posibilidad de hacer uso de variados niveles del lenguaje, y en ese aspecto hay un nivel culto, un estilo esmerado, que es el que emplea el autor con la particularidad de que cuando él hace uso de ese nivel culto de la expresión, no busca  palabras obtusas ni difíciles, sino que busca las palabras de la lengua española correspondientes al alto nivel de la expresión idiomática, y eso le otorga una riqueza expresiva a esta obra, justamente por la calidad de la expresión, la belleza del lenguaje, la armonía de la escritura y la propiedad con que nuestro prestante autor hace uso de la palabra, y es oportuno reconocer este hecho porque ustedes no van a encontrar una palabra mal empleada, ni siquiera expresiones redundantes o malsonantes, sino que hay un uso adecuado, ponderado, elegante y culto, como se puede apreciar en los pasajes narrativos con hermosas descripciones.

El hecho de describir una casa o un paisaje supone un talento por parte del escritor, y a mí me sorprende la forma correcta y elegante como lo hace el narrador de esta novela, que escribe con una elegancia del lenguaje que, independientemente de la historia que cuenta, del contenido que narra y de la trama que articula para convertir los hechos y los conflictos en una novela, me llama la atención la lucidez del lenguaje para hacernos sentir el encanto del pasaje o lo peculiar del ambiente en que él hace uso de la palabra con elegancia y, desde luego, con propiedad y corrección a la luz de lo que pauta la ortografía y la gramática de la lengua española.

Hay también en esta novela de Arnaldo Espaillat Cabral un tercer aspecto que merece destacarse en la valoración de esta obra. ¿Cuál es ese aspecto? Es un aspecto sutilmente desarrollado por el narrador, como es la dimensión de la espiritualidad. En esta novela fluye un nivel de espiritualidad que se manifiesta en las actitudes de los personajes y en la reacción que el narrador canaliza en sus parlamentos cuando caracteriza personajes y situaciones, y se puede percibir ese nivel de espiritualidad, indicador del desarrollo intelectual, estético y espiritual del autor por la madurez que tiene, por esa capacidad de observación de la realidad, por esa singular potencia de su sensibilidad y su conciencia para sintonizar con el mundo, para lograr una empatía física y metafísica con fenómeno y cosas, y para identificarse de una manera entrañable con sus personajes. Los buenos narradores , y Arnaldo Espaillat ha demostrado que lo es, viven lo que narran, se compenetran emocional y espiritualmente con cada una de las situaciones que enfocan, y lo hacen de una manera tan vital, tan consciente, tan entrañable (no hay otra palabra más adecuada para expresar esa afinidad), que se da desde su sensibilidad y su conciencia con la historia que narra, con los personajes que describe y con las situaciones que le sirven de marco referencial para situar la sustancia de una narrativa, que repito,  nuestro narrador lo hace de una manera ejemplar.

Lo que quiero plantear de esta novela, que se manifiesta en la trama de la narrativa, en la técnica de la narración, en el estilo del lenguaje, en la capacidad de la sintonía del autor con lo que narra, es la motivación profunda que él plantea en la sustancia de esta obra. Los narradores viven la historia que asumen para contarla, y cuando la viven de una manera emocional, intelectual y espiritual, se nota en lo que escriben, se percibe la intención en lo que cuentan y el trasfondo en lo que narran.

Ustedes van a sentirse identificados con esta historia justamente por esa identificación emocional y espiritual que el narrador expresa cuando asume la palabra y cuando narra la historia en la formalización de esta narrativa. Los tres aspectos señalados son suficientes para afirmar que el autor de esta obra ha logrado una grandiosa novela, y fíjense que se trata de un autor que no procede del mundo literario, sino de un autor que procede del ámbito médico, y que en la etapa madura de su vida, con tiempo para investigar, con tiempo para meditar, con la experiencia para darnos una lección de vida, da testimonio de lo que él percibe de la realidad y de la historia, de lo que él percibe del mundo circundante y de su interior profundo, y, sobre todo, da el testimonio de toda una dimensión espiritual, intelectual y estética que lo motiva a él a escribir y dar a conocer sus intuiciones y vivencias. Él es un ejemplo para toda persona que quiera asumir su propia historia, que quiera asumir su propia palabra, que quiera asumir su cosmovisión y plasmarla en una historia narrativa para convertirla en novela. Es hermoso ese testimonio ha dado Arnaldo Espaillat Cabral al escribir El secreto del monje. Sobre todo, su creación sirve de mucho aliento para las personas que, en su adultez de la vida, tienen sustancia y motivo para testimoniar su propia experiencia a favor del desarrollo intelectual, estético y espiritual.

Hay obras que vienen pautadas por una fuerza ancestral o un mandato del destino. En esa onda se inscribe El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral. A los datos históricos y socio-culturales, se suma la intuición del autor cuando aborda el interregno biográfico del tercer almirante de las Indias, Luis Colón, en la órbita del gran dramaturgo español fray Gabriel Téllez, mediante una fusión de historia, biografía, ensayo y ficción con loa que enfoca una faceta desconocida en la bibliografía hispánica.

Al apreciar la identificación del narrador con sus personajes -empatía narrativa que otorga vigor y calidad a la sustancia de la narración- el autor de esta historia novelada ausculta la huella de una conducta carente de principios morales, fraguada por unos relevantes personajes de nuestra historia colonial, acierto que otorga a esta obra un contenido edificador y un halo de belleza a la luz de los ideales, cosmovisión y cultura del distinguido profesional dominicano.

En el entramado narrativo de la obra se expone una tesis sobre el origen de don Juan Tenorio, protagonista de El burlador de Sevilla que, al concitar la atención del lector, constituirá un reto para el intelecto acucioso a medida que vaya desentrañando el secreto del monje. El narrador ausculta el alma de los personajes, índice y motor de una historia intrigante. Sugiere el narrador la hipótesis de que la imaginación de frayGabriel Téllez, el monje español que vivió en nuestro país y que se dio a conocer como Tirso de Molina, se inspiró en la vida de Luis Colón, que alimentó lo que hiciera Juan Tenorio, prototipo del personaje universal conocido por la degradación moral del amor y las costumbres. El hombre que inspira la narración de esta historia fue un personaje funesto que dio rienda suelta a sus actuaciones indecorosas y fementidas con un manejo nefasto de sus inclinaciones morbosas, índice y cauce de una personalidad aberrada.

Con la lectura de esta novela, el lector podrá disfrutar el sentido estético cifrado en la descripción de los frescos espacio-temporales de la sociedad colonial dominicana, y también vivir la fruición espiritual de una sabia lección cifrada con hondura conceptual y trascendente. Imaginación y objetividad, historia y ficción, belleza y reflexión jalonan esta narración de un fascinante período de la historia colonial dominicana en la que Arnaldo Espaillat Cabral devela algunos de sus misterios con la maestría del diestro narrador y la experiencia de vida del agraciado autor de El secreto del monje.

Una corriente subterránea de espiritualidad fluye en esta novela, que muestra este pasaje:

-A mi concepto, es factible formular dos versiones: Una podría proyectar que el personaje que representa a don Juan Tenorio está basado en el comportamiento biográfico de una persona real, que residía en Sevilla, de la cual fray Gabriel Téllez tuvo conocimiento. Y la otra, por el contrario, plasmaría la idea de que don Juan es la creación primaria, original, de un arquetipo.

Se inclina un poco y enfatiza:

-Una ficción concebida por el autor. El prototipo de un personaje universal, degradado en el aspecto moral y sociológico del amor, cuyo principal objetivo y afán es ultrajar el honor de la mujer, para su burla y escarnio. Sin experimentar escrúpulo ni cargo de conciencia, al dar por sentado que un acto de contrición al final de su vida lo salvará de las llamas del infierno.

Aspira profundo y advierte:

-Por eso, cada vez que su criado Catalinón le reprocha su mala conducta, él responde: “¿Y tan largo me lo fiais?”. Queriendo decir: No te preocupes, soy joven, tengo muchos años por delante, ya podré arrepentirme. Olvidando que la misericordia Divina perdona, pero no exonera del castigo por el daño provocado (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje, Santo Domingo, Editora Búho, 2019, p. 26).

El aliento primigenio del léxico patrimonial del castellano pervive en la narración y la descripción de esta obra, conforme se puede apreciar en el siguiente ejemplo:

“El grupo se dispersa, examinan el más mínimo detalle, abren la puerta del lavabo, revisan unos libros que se encuentran apilados sobre una mesita y, sin pronunciar una palabra, se vuelven hacia el profesor que, distraído, explaya la vista a través de la ventana que se abre hacia el este.

En esa época, cuando el casco urbano contaba con muy pocas edificaciones –expresa-, desde esta ventana fray Gabriel Téllez podía ver el Alcázar, la catedral, la Real Audiencia y la Torre del Homenaje.

Hace una pausa y continúa:

-Imagino que fray Gabriel Téllez, al aspirar las brisas que se levantan del Ozama, ensimismado, sin poner atención al vuelo de las gaviotas ni a las velas de los balandros que a diario surcan el estuario, al construir sus metáforas, remedaba la figura de don Juan mientras urdía el entramado de El burlador de Sevilla (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje,  p. 107).

Un trasfondo conceptual y estético alienta la energía sutil que concita el talento creador del autor, según se manifiesta en la siguiente ilustración:

“La ciudad duerme, las horas pasan, y en lo alto del farallón tañe la campana para anunciar el despertar de un nuevo día. Y, poco a poco, sobre el manto brumoso de las aguas aparece una tenue claridad que cambia el gris pizarra por un oro azafrán.

Abrigados con grueso capote, los tripulantes del barco montan guardia en cubierta. Bajo fuerte tensión, el capitán Arteaga está en el puente desde la madrugada. Los oficiales que le acompañan no saben a qué atribuir su extraña actitud.

De improviso, tropas armadas marchan por el empedrado de Las Damas hasta el Convento de Santa Clara y se estacionan a su entrada. Otras bajan por la cuesta que lo separa del antiguo Colegio de Gorjón. Se distribuyen por el antepuerto para cubrir la parte posterior del huerto y un grupo con faroles se coloca frente a la Cueva de las Golondrinas para prevenir cualquier intento de escape. (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje, p. 279).

Hermosa obra narrativa con un contenido edificador y una adecuada formalización, esta novela de Arnaldo Espaillat Cabral enseña que la conducta indecorosa es una mancha que el paso del tiempo no limpia, ni el pasado entierra.

 

Bruno Rosario Candelier

Coloquio sobre El secreto del monje

Santo Domingo, PUCMM/ADL, 26/11/2019.

La sonrisa del monje y el secreto compartido

Por Eduardo Gautreau de Windt

 

Cualquiera de nosotros, por académico o formal que sea, por adusto o realista, constantemente va de la realidad a la ficción y de su ficción a la realidad de los demás. Y es la realidad la fuente primaria de toda ficción: películas, anécdotas, novelas… Todas son historias que surgen del diario vivir. Hasta la propia historia, la misma historia tiene algo de ficción. Primero, porque la cuentan generalmente los vencedores, y aquellos relatores plasman su visión, su enfoque, de acuerdo a los datos que disponen en su momento y a su (im) parcialidad. Y, por más imparcial, por más científica que ella pretenda ser, se ha demostrado que su percepción es influenciada por circunstancias externas a los hechos mismos, dependiendo de condicionantes políticas, sociales, económicas, etc. Si además consideramos que hay motivaciones humanas, imperfecciones del relato historiográfico que no pueden explicarse, que dejan huecos al contarla… ahí entonces, con intuición, con imaginación, con el análisis del hecho humano, yéndonos de la realidad pura y simple, claro está en base a la investigación histórica, podemos reconstruir esa narración incompleta, explicándonos muchas de las cosas de aquellas realidades que no hemos vivido. Ese es el rol de la novela histórica. Y en eso radica su importancia y su aporte.

En El secreto del monje, Arnaldo Espaillat Cabral, luego de una exhaustiva investigación documental, nos construye una narración fascinante, abarcadora, de amplios matices históricos y que nos ubica en la génesis de una obra de carácter universal, develando un gran secreto. Así desde Santo Domingo de Guzmán a la España continental del siglo XVI, navegando por la historia universal y la historia del arte, la lengua y la religión, el autor nos abre un abanico de posibilidades casi inauditas. Con fray Gabriel Téllez, el célebre Tirso de Molina, como referencia de fondo, y como eje central su obra teatral “El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, el autor nos ensambla una trama de varias vertientes: geopolítica poscolonial, historia colonial, literaria universal; todas relativas al mundo iberoamericano, a partir de la conspiración de las autoridades coloniales de Cuba y Puerto Rico contra la República Dominicana, en el contexto de la lucha independentista Cuba(pág. 34). Este es el pretexto histórico con el que se da la gran subtrama: a partir del encuentro, en 1881, en la fortaleza Ozama, entre dos militares interesados en la historia, mejor aún, en la historia del arte. (pág 30). Entonces, de la política vernácula, marcada siempre, igual que ahora, por la inacabable lucha por el poder, y sus tejemanejes y conspiraciones, se salta a la geopolítica. Pero todo esto será secundario, aunque historia, real, verdadera… es la trama en la que hay que escarbar para llegar al filón de oro, la tesis de Espaillat Cabral que lo impulsa a escribir El secreto del monje: en la que hay secretos de alta política, militar, de estado, internacionales; secreto de creación literaria y secretos pasionales de personajes históricos de importancia universal. El secreto de un monje, fray Gabriel Téllez, inmortalizado con el pseudónimo de Tirso de Molina, por un personaje imperecedero, universal: Don Juan Tenorio, es el meollo y razón de ser de esta obra (pág. 110).

Distinguiremos, entonces, para el análisis dos planos narrativos fundamentales:

  1. El plano superficial, que constituye el hilo conductor o trama de la gran narración: la cooperación militar entre el general del ejército dominicano Ernesto Bengoni, erudito y patriota, y el capitán de navío de la armada española Rodrigo Arteaga Fuenleal, gallardo, culto y preparado. Ambos finalmente logran con una operación secreta evitar un conflicto internacional, aun corriendo riesgos personales, en beneficio de nuestro país.

Dicha trama se desarrolla por la actuación e interacción directa de los personajes. Y en esta, moviéndose en el tiempo, se relatan pequeñas tramas colaterales de importancia terciaria que le dan cuerpo y sabor al relato; a saber: el desembarco de Punta Cana y la batalla del Cabao; la historia de la cacica Zameaca o india Catalinay el español Miguel Díaz; la conformación de la orden de los Mercedarios (pág. 15) , el misterio de los restos del gran almirante Cristóbal Colón; hasta el breve abordaje narrativo sobre el poeta y cortesano español conde de Villamediana (pág. 49), la vida del padre Miguel Mañara, de Córcega  (pág. 22), y la vida del insigne y travieso Lope de Vega (pág. 45), por no desmenuzar más.

  1. El planos profundo, objetivo primordial del autor, y que surge de los labios de los personajes de la novela, la narración de la vida y las peripecias del intenso don Luis Colón de Toledo, III almirante de las Indias, hijo de Don Diego Colón y Doña María Álvarez de Toledo y Rojas, Virreyes de Santo Domingo. A quien seguimos, de la mano del autor, y gracia a la erudición del general Bengoni desde su nacimiento en Santo Domingo, en 1522, hasta la España de Felipe IV, y más allá, hasta su muerte en Oran, Algeria, en 1572. Paseándonos, ampliamente por la corte del virreinato de Santo Domingo, con sus intríngulis, y la vida de nuestra virreina María de Toledo y sus ejecutorias de estado, hasta presentarnos a la tristemente célebre prisionera del Alcázar, María de Orozco, hermosamente inmortalizada por nuestro Manuel Rueda, amor eterno de Don Luis, primer duque de Veragua.

 

Uniendo magistralmente todos estos relatos, nos amalgama una novela a manera de una matrioska o caja china; o, mejor aún, al mejor estilo de las mil y una noche, en donde se suceden una a una las distintas historias, de forma secuencial y lógica, de tal modo que cada una va aclarando y dándole respuesta a las interrogantes surgidas, a la vez que nos abre un nuevo portal, sin perder el hilo conductor del relato y, mejor todavía, sin dejar caer la trama, más bien incrementando su tensión narrativa. Así nos lleva de la ficción de la realidad a la realidad de la ficción, desarrollando su tesis, al dibujarnos de manera cierta y verás la naturaleza de dos personajes: uno real, de carne y huesos, que pertenece a nuestra historia, por ende a la historia universal, y el otro, etéreo, inmaterial, fruto de la imaginación creadora de un extraordinario dramaturgo; y de manera argumental, y convincente, nos interrelaciona a ambos, de forma sagaz y atrevida, hasta desafiante, diría yo. Luis Colón y de Toledo, primer duque de Veragua, primer duque de la Vega, segundo marqués de la Jamaica y III almirante de las Indias, travieso y abusador consuetudinario y reconocido disoluto y mujeriego, ¿acaso modelo e inspirador para el Don Juan Tenorio inmortal de Tirso de Molina?

En esta novela, al revelarnos “el secreto”, el autor enlaza la ficción de una obra teatral universal, que es a la vez una realidad, fruto de la pluma del gigante español, con la realidad fascinante de una posibilidad histórica de la España imperial y, además, el Santo Domingo del s. XVI. Admitir solo la posibilidad, de que está hipótesis sea verdad, nos coloca en el mapa mundi de la historia, con H mayúscula y de la literatura y el teatro universal.

Lo más interesante de la hipótesis es, que a manera de una hipótesis científica, cosa no ajena al autor, es una propuesta basada en investigación histórica documental y en análisis intuitivo y racional. Veamos… Una hipótesis se elabora en base a sospechas observacionales; el análisis de los hechos, en caso de una cuestión histórica, y el cotejo de las pruebas existentes. El autor hace galas de sus conocimientos de la historia colonial y de España, y nos pasea por lugares, acontecimientos y por las vidas de personajes reales, entrelazados en unas secuencias de una apasionante ficción lógica y verosímil… Para demostrar su novedosa e impactante teoría.

No son pocos los enigmas y misterios que de manera ambiciosa, mas no pretenciosa, el autor se atreve a descifrar: aborda sin desenfadado el polémico tema de los genuinos restos del gran Almirante Don Cristóbal Colón. De forma detallada, y ficcionando, de manera responsable y osada, con personajes históricos reales, nos detalla sus razones, las cuales, si llamaran la atención a estudiosos y eruditos, aquellos conocedores de la Historia, atendiendo a los argumentos planteados aquí, podrían ser objeto de, al menos, un debate serio, sino una investigación científica de estirpe histórica e internacional.

(Para muestra, este botón: Pág 92- 93)

Por medio de dos personajes, uno principal, casi alter ego del autor, y otro episódico y muy secundario, hombre de ciencias, en la novela, Espaillat Cabral se explaya en analizarnos y esclarecernos, mediante datos históricos investigados, y, lo más importante, el análisis crítico pormenorizado que lo lleva a atar cabos, de manera lógica, racional e intuitiva, como antes dije, logrando tener una trama amena, muy interesante y de probables motivos de revisión y debate, hoy, de todo aquel pasado que nos habla, pero que no es tarea fácil interpretar.

El secreto del monje, que muy bien podría titularse los secretos del…,el autor no escatimó esfuerzos investigativos siendo la obra de un erudito hombre de ciencias, así en plural, conocedor de la Historia, con mayúscula, y, sobre todo, inquieto pensador que no conforme con observar la realidad y reflexionar sobre la misma, la registra con donaire y presteza, con excelente dominio de la lengua y el lenguaje, articulando una obra novelada o una novela histórica, que resiste el análisis histórico, científico y literario de la posteridad.

Por último, al trasladarnos a la corte de Felipe IV, el autor destaca la importancia sociopolítica de la obra teatral El burlador de Sevilla y convidado de piedra, de Tirso de Molina, que, de acuerdo a la situación social y política de la Corona, deviene en ser una denuncia de la situación imperante en la España de la época; por lo que Espaillat Cabral redimensiona la obra, más allá de lo artístico y teatral, y destaca su personaje principal, Don Juan Tenorio, como un símbolo para las Cortes españolas, para la sociedad española, para el mundo hispanohablante y a la vez universal, trascendiendo los tiempos, los mares y las naciones; de ahí que la obra de Tirso de Molina se eleva como un faro de luz crítico contra los desmanes del placer y del abuso la indolencia, la indiferencia de los sujetos ligados a la alta sociedad y al poder.