Dominio del acento diacrítico de estudiantes al finalizar Español 2 en la PUCMM

Por Tobías Rodríguez Molina

En el transcurso de los dos niveles de español que cursan los estudiantes de la PUCMM, se les entrena en la redacción del ensayo expositivo y del argumentativo en la materia Español 1, y en Español 2 se les orienta, en lo referente a la  redacción de textos, principalmente  en la preparación y elaboración de un informe, que presentarán al profesor. Ese informe   constituye el material fundamental para la evaluación del Español 2  y  con él  se da por terminado el ciclo de estudio del español universitario.

Para la redacción del presente  artículo se tomaron los datos concernientes a las palabras, tanto monosílabas como bisílabas, sujetas a la tilde diacrítica, aparecidas en el   informe presentado por 25 alumnos que finalizaron Español 2 en  la PUCMM. Al momento de redactar y presentar ese  informe, ya la Real Academia Española de la Lengua había dictaminado la no acentuación de “solo” con valor adverbial y los pronombres  demostrativos “este, ese, aquel, estos, esos, aquellos, y esta, esa, aquella, estas, esas y aquellas”. Solamente, en la lista de los bisílabos que llevan acento diacrítico, se mantuvieron los interrogativos y exclamativos “cómo, cuándo, dónde, cuáles, quiénes y el  trisílabo adónde”.

Y en lo concerniente a los monosílabos sujetos al acento diacrítico, quedaron  vigentes los siguientes: tú (pronombre), él (pronombre), mí (pronombre),  sí (pronombre y adverbio),  sé (verbo),  dé (verbo),   té (bebida), qué (interrogativo y exclamativo),  quién (interrogativo y exclamativo), cuál (interrogativo y exclamativo), cuán (adverbio interrogativo y exclamativo).

Del empleo correcto o incorrecto  de esas palabras con tilde diacrítica, de parte de los 25 estudiantes que finalizaron el segundo curso de español del Ciclo Básico (Español 2) se tratará en este artículo, como ya fue indicado.

Se pasa a continuación a presentar el empleo del  acento diacrítico que hicieron en su informe  los 25 alumnos:

-18 estudiantes emplearon mayor cantidad de palabras correctas que incorrectas, un indicio muy positivo de su acercamiento al dominio de ese aspecto de la normativa acentual.

-De esos 18 estudiantes, 5 tuvieron correctas todas las palabras  empleadas. (De ellos, 1 empleó 6 palabras; 2 emplearon 5, y 2 emplearon 4 palabras), algo también positivo.

-De los 5 alumnos que tuvieron todas las palabras correctas, 3 pasaron el Español 2 en  A, y 2 lo pasaron en  B.

-De los que tuvieron  1 palabra incorrecta, 3 terminaron Español 2 en A, y 1 lo  pasó en B.

-De los 18 estudiantes que tuvieron la mayor cantidad de palabras correctas, aparte de los 5 que las tuvieron todas correctas:

1 tuvo 7 correctas y 1 incorrecta (87.5% correctas)

1 tuvo 6  correctas y 1 incorrecta (85.7% correctas)

3 tuvieron 4 correctas y 1 incorrecta (80.0% correctas)

1 tuvo 6 correctas y 2 incorrectas (75.0% correctas)

-4 estudiantes tuvieron más palabras incorrectas que correctas: (2-4, 3-2, 3-4, 3-4), algo que se pude considerar como negativo, pues fallaron en más del 50% de las usadas.

-3 tuvieron igual cantidad de palabras correctas e incorrectas: (4-4, 3-3, 2-2), también algo negativo, fallaron en un 50% de las palabras empleadas.

En total, los estudiantes emplearon154 palabras sujetas a la tilde diacrítica, de las cuales 104 (67.5%) fueron tildadas  correctamente  y 50 (32.5%)  fueron tildadas incorrectamente.

Es importante destacar que durante el período de  asistencia que presta el profesor para preparar y elaborar el informe, salen a relucir constantemente esas palabras a las que se les aplica la tilde diacrítica, y los pares correspondientes que no deben ser acentuados; además, el profesor orienta sobre las normas para su buen empleo. Por esa razón, se puede afirmar que el hecho de haber fallado en un 32.5% por ciento al emplear ese tipo de palabra, es excesivo y, por eso mismo  es negativo que  solamente  las acentuaron correctamente en  un 67.5   por ciento,  pues con ese porciento  el grupo, tomado  en conjunto y en ese aspecto ortográfico,  hubiera obtenido una nota equivalente a una D. Sin embargo, hay que destacar que de los 25 estudiantes, que emplearon 2 o más palabras a las que había que aplicar la tilde diacrítico, 18  tuvieron mayor cantidad de usos correctos, y que de esos 18,  la cantidad de 5 estudiantes  emplearon todas las palabras correctamente. Además, de esos 5 que tuvieron todas las palabras correctas, 3 pasaron Español 2 con la sobresaliente nota de A, y 2 de ellos obtuvieron B.

En conclusión, por el hecho de que  una parte considerable de los estudiantes que finalizan el español en el  Ciclo Básico continúan teniendo serias lagunas en el manejo de la normativa acentual, tendrán que continuar, de algún modo, prestándole atención a ese  problema si quieren terminar su carrera sin que sean contados entre los profesionales mediocres de nuestro país. Quiero resaltar que todavía recuerdo a un especialista en su área profesional a quien le serví de corrector de estilo de un libro que publicó. Aún  no he podido desterrar de mi mente el sello de mediocridad que se me quedó gravado, por el hecho de que, en  alrededor de la mitad del libro, encontré páginas con una cantidad de errores, de todo tipo, mayor de 35 errores y en  una de ellas tuvo 60 errores, algo inconcebible en un especialista de cualquier área del saber.

 

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

26/05/2020

HE AQUÍ EL VERBO «HABER»

 

Hace unos días nuestra diaria «AM» se titulaba «Abrir o no abrir; he ahí la cuestión». Algunos lectores me han consultado sobre ese uso concreto del verbo haber. Empecemos por recordar que el verbo haber tiene como misión principal la de ser el verbo auxiliar para conjugar los tiempos compuestos de los demás verbos. ¿Cómo funciona? A la forma conjugada de haber se le suma el participio del verbo principal. Si queremos formar el futuro compuesto de cantar, conjugamos haber en futuro y le añadimos el participio de cantarhabrá cantado. Además de esta función de apoyo, también puede conjugarse como verbo impersonal, con las acepciones de ‘existir’ (Hay dudas ortográficas fáciles de aclarar) o de ‘ser necesario o conveniente’ (Hay que leer más). Existe además un uso no impersonal de haber con el sentido de ‘tener, poseer, apoderarse’ que entra en juego en la expresión que provoca las dudas de los lectores.

Esta frase tiene su origen en una de las más célebres de la literatura universal; aquella con la que Hamlet abre su monólogo en la tragedia de William Shakespeare: «Ser o no ser; he ahí el dilema (o la cuestión)». El verbo haber aquí está conjugado en segunda persona singular del imperativo. Es como si el indeciso príncipe de Dinamarca nos dijera desde el escenario: «Ten aquí el dilema» o «Aquí tienes el dilema».

Cuando lo usamos como verbo auxiliar haber no nos aporta significado; su tarea es la de mostrarnos la conjugación del verbo principal. Sin embargo, no olvidemos que, en ocasiones, puede funcionar como verbo principal y que, como cualquier otro, tiene sus significados propios. Además es un verbo muy productivo a la hora de formar locuciones curiosas que bien merecen que las recordemos. He aquí mi compromiso para la próxima semana.

 

2/06/2020

NO HAY DE QUÉ

En nuestra lengua los verbos auxiliares tienen una misión muy importante. El verbo haber se faja con los tiempos compuestos y eso provoca que sea uno de los más usados. No es su única tarea. Hoy nos proponemos prestarles atención a algunas locuciones curiosas y verlo actuar como protagonista. Para empezar, recordemos que las locuciones son combinaciones de palabras que funcionan como si de una sola se tratara; tanto su forma como su significado quedan fijados por el uso.

Nuestro objetivo es conocer lo habido y por haber sobre este verbo tan particular. He aquí la primera locución, lo habido y por haber, que utilizamos cuando nos queremos referir a la totalidad de algo, lo real y lo imaginado, lo posible y lo probable. Para lograr este objetivo tendremos que habérnoslas con el diccionario; es decir, tendremos que enfrentarnos con él y exprimirle toda su información sobre el verbo haber y sus locuciones. Muchos opinan que es difícil aprovechar al máximo las posibilidades del diccionario, pero no hay tal (no es cierto, esta afirmación carece de fundamento). No hay más que ver que con un poco de paciencia y práctica puede convertirse en nuestro mejor aliado. No hay de qué quejarse. Basta con dedicarle tiempo, leer sus instrucciones y consultarlo con frecuencia. Por supuesto, debemos saber elegir un buen diccionario; algunos no hay por dónde agarrarlos.

Si logramos que la consulta atenta del diccionario se convierta en una práctica cotidiana que acompañe nuestra lectura y nuestra escritura, nuestro uso de la lengua mejorará sin duda. No hay más que pedir. Hoy nos ha ayudado a repasar las locuciones protagonizadas por el verbo haber. Solo nos queda darle las gracias; y él nos responderá: «No hay de qué».

9/06/2020

 

AL RITMO DE LA VIDA

Durante esta primavera el Diccionario de la lengua española de la Real Academia ha logrado un récord absoluto de consultas. La versión en línea, fácil y gratuita, ha registrado cien millones de consultas durante abril. Dice la RAE que este número representa un incremento de más de un 30 % en relación con meses anteriores, cuando todavía no imaginábamos lo que significaba estar confinados; nada menos que cuarenta millones de consultas más que en febrero. Parece que la cuarentena nos ha acercado al diccionario y los lexicógrafos tienen que responder a esta demanda. Ya no hay que esperar años para que una nueva edición le coja el paso a la lengua. Las actualizaciones en las ediciones digitales van, casi, al ritmo de la vida. Como cada jueves, se celebra en la sede madrileña de la Real Academia Española el pleno en el que se repasan las palabras y acepciones que van a entrar, o no, en el diccionario, con asistencia de académicos españoles y americanos. Así se viene haciendo desde 1713; y la crisis sanitaria no lo ha impedido. Desde hace semanas el pleno se celebra de forma virtual; incluso el tradicional del 23 de abril, en homenaje a Miguel de Cervantes, y el que cada año presiden los reyes de España. El método de trabajo se adapta, pero la tarea no se detiene.

De eso sí que sabemos los lexicógrafos. Las palabras de la pandemia piden paso. Hay que revisar las acepciones y las definiciones de las que ya están en el DLE (confinar, mascarilla, morgue); hay que analizar la posible incorporación de otras que no están y, desgraciadamente, se nos han hecho muy necesarias (coronavirus, cuarentenear, desescalada, desconfinamiento); y otras que ya utilizábamos, pero que ahora nos resultan imprescindibles (videollamada, videoconferencia). Ojalá que el neologismo covidianidad sea solo un ave de paso y nunca anide en nuestro diccionario.

16/6/2020

 

AJEDREZ Y PALABRAS

Ostento entre mis lectores a algún que otro ajedrecista. No sé si lo dará el juego del ajedrez, pero suelen hacer gala de propiedad en el hablar. Más de una vez me han replicado que no se dice ficha sino pieza. Les demostraré de lo que hablo. Si nos atenemos a lo que dice el Diccionario de la lengua española, la ficha es ‘generalmente plana y delgada’ mientras que la pieza es una ‘figura’. Si la propiedad en el hablar busca utilizar cada palabra con su sentido peculiar y exacto, bien vale el ejemplo. El paseo por el diccionario me reservaba, como siempre, alguna que otra sorpresa, como la de descubrir que las piezas del ajedrez pueden llamarse también trebejos, como cualquier humilde herramienta.

Al léxico particular de este juego le debemos un puñado de palabras hermosas. La superficie del damero o tablero está compuesta por sesenta y cuatro casillas que alternan el blanco y el negro. Cada una se denomina escaque, palabra que llegó al español a través del árabe y a este a través del pelvi, un dialecto persa. Entre las piezas, las más numerosas son los peones, palabra que en latín vulgar significaba ‘soldado de a pie’. Ocho peones negros y ocho blancos hay sobre un tablero. Entre las grandes está la torre, que siempre camina en línea recta y bien apegada al tablero, como le corresponde por su naturaleza; puede denominarse también con la palabra roque, préstamo que siguió la misma ruta lingüística desde el persa, donde significaba ‘carro de guerra’. Mi preferida siempre será la sonora alfil, ligera y sutil con su paso diagonal, pero poderosa, no en vano en pelvi, su lengua de origen, denominaba al elefante. Otras palabras del ajedrez han saltado del tablero a la vida cotidiana. Les propongo conocerlas la próxima semana.

Ortoescritura: La comida extranjera se disfruta en español

Por Rafael Peralta Romero

   Este artículo es una variación en torno al tema de los vocablos extranjeros  empleados  al hablar nuestra lengua. Reiteramos que la primera actitud debe ser evitar su uso, pero si la palabra exótica resultara  indispensable, lo que   procede  es   buscar la forma de adaptarla  al castellano. Un  extranjerismo  se hace necesario porque  representa un objeto, una cualidad, una circunstancia o  una acción  que no ha sido nombrada en español.

En la entrega anterior   (23-3-2020)  tratamos sobre voces extranjeras relacionadas con el vestir y que ha sido preciso aceptarlas en español (bluyín, de blue jean; esmoquin,  de smoking). Hoy abordaremos   palabras extranjeras relacionadas con el comer  y las circunstancias que rodean  a este placer. Estas  recomendaciones están avaladas por el Diccionario panhispánico de dudas, publicación de la Asociación de academias de la Lengua Española. Veamos:

/Beicon/  (bacon). Del Inglés. Panceta ahumada. Lo que aquí llamamos tocineta. Otra forma  de adaptación es /bacón/, más fiel a la grafía original,  mientras la anterior lo es a la pronunciación.

/Bistec/  (beefsteak). Voz inglesa. Bistec es un perfecto ejemplo de adaptación. Filete de res. Plural: bistecs. Esta adaptación no niega su origen y se ajusta al perfil del español.

No dude usted en llamar /besamel/  o /bechamel/  (del francés béchamel) a la salsa hecha con harina, leche y mantequilla con la que se aderezan algunos platos.  En español es palabra aguda, sin tilde.

En el /apartotel/ (hotel de apartamentos), el  bulevar (del francés boulevard) o  en un  /búngalo/ o /bungaló/  (bungalow)  puede usted  apreciar  el /buqué/ (bouquet) o  aroma de su  vino y más tarde disfrutar de un /capuchino/  (cappuccino). Italiano. Tipo de café.

Si tuviera invitados, no coja estrés, ordene por /cáterin/ (catering). Esta voz inglesa significa servicio de comida. En español adquiere acento de esdrújula. Su plural  no varía: los cáterin.

Sean o no franceses los invitados,  usted puede brindar con /champán/ (champagne). Vino espumoso procedente de la región francesa de Champagne. También se adapta  como /champaña/, grafía más aproximada al francés. La otra gran bebida de Francia es el /coñac/ (cognac). El grupo –gn  en francés suena  eñe, pero esa lengua no tiene el signo –ñ, muy propio del español. De Francia nos llega también la voz /cruasán/  (croissant).  Pan en forma de media luna.

Para comer /espagueti/ no es preciso ir a Roma. (spaghetti). Voz italiana. Pasta alimenticia larga. Lo mismo el  /fuagrás/  (foi-gras). Voz francesa que denomina un plato hecho a base de hígado. Recuerde, no  se pierde /glamur/ (glamour) ni  se deja de ser /gurmé/ (gourmet), porque escriba así estos vocablos.

Viene bien tomarse un /jaibol/ (high ball). Inglés. Bebida alcohólica mezclada con otra, mientras se espera una /lasaña/  (lasagna)  o un platillo de /mozarela/ (mozzarella), queso fresco hecho con leche de  búfala. Si tiene dudas,  consulte al  /sumiller/ (sommelier, en francés). Persona encargada de vinos y licores en un restaurante. Podría recomendarle un /vermú/  (vermout o vermouth). Voz francesa tomada del alemán (wermut).Es licor aperitivo hecho con ajenjo. Para otro momento procede / yogur/ (yoghourt, yogourt). Voz de origen turco.

¿Qué decir de la voz inglesa “whisky”? Los académicos  recomendaron adaptar esta voz  con la grafía /güisqui/, y así aparece en el Diccionario. Pero más adelante a la uve doble (doble ve y mal llamada doble u) se le dio carta de ciudadanía en nuestro idioma  y se  ha reconsiderado   la escritura del nombre que identifica al licor británico: wiski es la forma  recomendada.

Ya lo ha visto usted: comidas y bebidas extranjeras se disfrutan en  nuestra lengua.

Poetas de la Academia

POEMAS DE SEGISFREDO INFANTE

(Correspondiente de la ADL en Honduras)

 

BARBRA STREISAND

Toda la tristeza de este mundo

y toda la dulzura süave

en una sola melodía.

 

Mil veces la he escuchado.

Han caído ideogramas. Otros han aparecido.

Las cosas y los trenes

se han ido relativos, en fuga al desamparo.

Mi corazón se ha desgastado.

Pero esa melodía

sigue intacta…

Intacta como ayer. (Los “Beatles”).

 

Y es que hablo de “Mujer enamorada”

cantada desde el centro de una nariz semítica,

nerviosa, dolorosa, tan fina y planetaria.

 

Escuché esa canción, por vez primera,

en un tiempo de dogmas insalvables

a punto de morir.

La tierra quebradiza estaba escéptica, inmediata.

De todo me reía. De todo me quejaba.

Leía un poco a Turcios y a Medardo.

A Borges, Sigmund Freud y Octavio Paz.

El “Fausto” estaba ahí, desencantado. Fastidiado.

El “Hamlet” medieval, irónico, dudoso, universal, moderno.

(Tenía veinte años. Y algo más).

También leía a Eliot, a Gasset, Del Valle, Oquelí, Miguel

Cervantes.

A Paul Eluard y Kafka. A Joyce. Vallejo. Eclesiastés. De todo.

Las hojas más resecas, el suelo acariciaban.

Los macuelizos medardeanos, empero, florecían.

Mi amigo Roque Hidalgo estaba ahí. (María Callas).

 

En medio de un sin fin de desencantos fríos,

llegó aquella “Mujer enamorada”, susurrando:

“La vida es un momento en el espacio”. Nada más.

Besaba, para mí, las cosas infinitas, los acordes,

con tonos serafínicos en una tarde limpia,

con sabor a desierto de Bersheva,

con agua del Mar de Tiberíades,

la brisa de las flores de Sharón,

el Monte de Carmelo irrumpiendo el “Mare Nostrum”

donde el profeta Elías, según cuentan, hablaba con Yavé.

 

La canción. Mi canción,

subiendo en espirales irisados hasta el cielo,

con rimas vacilantes sin medida ni tiempo,

hacía llevadera

aquella subsistencia fragilísima, más o menos absurda.

 

He aquí una historia de intuiciones, y desfondes,

de un tiempo sensitivo, personal, deshilachado, casi eterno.

Pues érase una vez un universo, de creencias que caían

como nieve imperfecta de apurado otoños.

 

Nadie sabe. Ni ella misma.

Que hace más de veinte años

este hacedor de versos y de prosas analíticas

adeuda a la canción purísima

un poco de su vida y del poema posmoderno.

Y que anda por el mundo, semi-ausente,

mezclando luz y sombra de tranvías

que viajan tan veloces marchando hacia el olvido.

(El muro de Berlín, desde aquel tiempo, me era indiferente).

(Nota: Este poema de Segisfredo Infante se encuentra en el libro

Paciente Inglés: reflexiones en el cine, págs. 27-29, publicado

por la Editorial Universitaria de la UNAH, en marzo del año 2001.

 

 

KAREN CARPENTER

Por tu voz

que es más linda que el sonido de la lira

he conocido el cielo aquí en la Tierra.

 

En tu garganta fulge

el vellocino de oro

que buscaron los griegos mitológicos.

 

Pienso que subsistes

–que habitas para siempre—

en el fondo de un sencillo corazón.

 

Es cierto

–lirio de las manos de Yavé—

que te fuiste extinguiendo poco a poco

con aquella insoportable

levedad de todo ser…(Kundera).

Pero vives

en el más hondo susurro

del aire primaveral.

 

Por la brisa de tu voz

(la de Streisand, y de Sky Davis también)

he pensado que el amor puede ser cierto;

que el planeta nuestro es paraíso

y que el Hombre en general es bueno.

 

Tu voz

manantial de certidumbre clara.

Tan espontánea. Bella. Tan distante.

Que los conservatorios gimen

el nunca haberte cobijado.

 

El sollozo y la completa dicha

se armonizaron nítidos, perfectos,

en la línea ondulada de tu voz.

Tu alma, tu sonrisa y canto

fabricados con el polvo celestial

iluminaron la flaca adolescencia

de nuestros años insípidos, ya idos.

 

Te fuiste

como nos vamos todos para siempre.

Y sin embargo, queda aquí,

tu vellocina voz

en un recodo sacro

de mi “pagano” corazón,

grabada en terciopelo de arco iris.

(Bien lo sabe Degrández).

 

Ya nada va quedando

del ruido de este siglo;

pero tu sobrio canto

querubínico

se expande suavecito

(mejor que los violines y las mieles esporádicos)

sobre la piel de las galaxias

en estado de fuga.

 (Nota: También este poema se encuentra en el libro

Paciente inglés: reflexiones en el cine, de Segisfredo

Infante –págs. 25-26–, Editorial Universitaria

de la UNAH, marzo 2001.

 

Amor a los diccionarios

Por Jorge J. Fernández Sangrador

 

En el loft en el que transcurrían sus días reinaba ese controlado desorden en el que suelen vivir las personas interesantes, al más puro estilo Einstein, al que se le atribuye el dicho de que si una mesa abarrotada es síntoma de una mente caótica, ¿de qué tipo de mente lo es un escritorio vacío?

La impresión de desorden en el domicilio neoyorkino, en Greenwich Village, de Madeline Kripke se debía a que los rimeros de libros se alzaban por doquier. Poseía 20.000 volúmenes, de los que la mayor parte eran diccionarios y obras sobre diccionarios y lenguaje. No faltaban tampoco los retratos de lexicógrafos y los periódicos conservados con la ingenua esperanza de que, en un futuro improbable, pudieran ser releídos, o consultados, u ordenados.

Sus predilectos eran los diccionarios de términos jergales, tan frecuentes entre los angloparlantes, a los que ellos denominan, en su idioma, “slang”. En la biblioteca de Madeline había recopilaciones de los vocablos que usan los cowboys, los marineros, los soldados, los del circo, los estafadores, los carceleros o los vagabundos, por poner solo algunos ejemplos.

La fascinaban las palabras. Cada palabra. Todas las palabras. Cuando era niña, anotaba las que le resultaban nuevas, sugestivas, incomprensibles y significativas. Se las aprendía de memoria. Las repasaba. Supongo que sabría aquello de que para retener una palabra hay que haberla olvidado nueve veces.

Nació, en 1943, en New London (Connecticut), en el seno de una familia judía, aunque creció en Omaha (Nebraska), en donde su padre, Myer Samuel Kripke, era rabino de una comunidad conservadora. De niña, le gustaba estar sola o retirada en su habitación, entregada a la lectura: «Leía y leía y leía y leía y leía”, comentaba.

Hasta que un día, cursando ella quinto, sus padres le regalaron un “Webster’s Collegiate Dictionary”, produciéndose una inflexión en su vida: «Ya podía leer en cualquiera de los niveles que yo quisiera». Fue entonces cuando comenzó a aprender diariamente diez o quince palabras, que apuntaba en un cuaderno y repasaba y repasaba hasta lograr incorporarlas definitivamente a su acervo lingüístico. Y así durante años.

El escritor y pensador estadounidense Ralph Waldo Emerson sostenía que «no es un mal libro, para leer, un diccionario. No contiene banalidades, ni explicaciones superfluas, y está repleto de sugerencias, de materia prima para posibles poemas y narraciones». Lo cual es verdad. Decía Carlo Maria Martini, el jesuita que fue cardenal arzobispo de Milán, que, en su adolescencia, su lectura preferida era la de un diccionario.

Ahora bien, en el cultivo de ese afecto y dedicación al logos juega una función determinante, además de la escuela, la familia. Habría que ver cómo eran las conversaciones a la hora de comer en casa de Madeline, con su padre, Myer Samuel, el rabino, erudito en la escrituras sagradas del judaísmo y en el talmud; su madre, Dorothy, educadora y autora de libros para niños; su hermana, Netta, especialmente dotada para las lenguas, la música y la psicoterapia; su hermano, Saúl, que aprendió hebreo, él solo, cuando tenía 6 años, leyó las obras completas de Shakespeare con 9, escribía teoremas con 17 y ahora es profesor de Lógica y Filosofía en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Madeline falleció en abril a causa de complicaciones ocasionadas por el coronavirus. Nadie sabe a dónde irá a parar su amorosamente cuidada y especializada biblioteca de diccionarios, a cuyo incremento, clasificación, contemplación y lectura dedicó su vida entera, mostrándose así verdadera hija y heredera del pueblo de Israel, constituido depositario del “dabar” de Dios, es decir, de su palabra, dada a conocer en la biblia, en las tradiciones recibidas de los antepasados y por la diversidad de lenguas con las que nos comunicamos unos con otros.

La Nueva España, domingo 21 de junio de 2020, p. 24

Pedro Alejandro Batista, Genealogía y personalidad de Nicolás de Jesús cardenal López Rodríguez

Por Miguelina Medina

 

“Investigando la historia de los López y los Rodríguez, y escudriñando la forma de actuar de Nicolás de Jesús López Rodríguez, podemos afirmar, sin lugar a dudas, que esta le viene en gran parte de sus ancestros y sus propias vivencias en el seno familiar” (Pedro Alejandro Batista)¹

El autor de esta obra, Pedro Alejandro Batista, «lleva varios años componiendo los troncos genealógicos de la provincia de Espaillat, siendo esta la primera obra en este contexto. Es sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros; ha sido párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Moca, de la cual expresó el cardenal: “Esta iglesia tiene un significado muy especial para mí familia, ya que muchos de mis ancestros, fueron bautizados, casados y sepultados aquí (Moca, 2011)”», (p. 18).

Expresa el autor que “profundizar en este tema es arduo y profundamente agotador”. Pero, pese a este gran trabajo “agotador” que él expresa, también reconoce que “al mismo tiempo la satisfacción es plena cuando se ha arribado a los objetivos o metas propuestas”. Esta meta alcanzada él la expone concisa y clara: “presentar la genealogía del cardenal Nicolás López Rodríguez, partiendo del origen canario de sus cuatro abuelos, nativos de Estancia Nueva, y, a través de ella, estudiar su personalidad”. Y nos explica cómo llegó a su objetivo (p. 107). Veamos:

Resumen de la investigación (pp. 107-111)

“Lo que se ha logrado en esta investigación”

1.-El autor explica que “lo primero fue presentar el contexto de cómo las islas Canarias han dejado un fuerte legado en la composición social de la nacionalidad dominicana desde el descubrimiento de América hasta nuestros días, y cómo se ha mantenido esta herencia entre nosotros”. Explica, además, que esta herencia “se logra olfatear en las propias costumbres, lengua y habla de varios sectores de nuestro pueblo”. Dice también que se puede observar esta herencia en “el arte culinario y la música de los isleños, sobre todo en los campos de algunos pueblos fundados por los canarios”.

2.-En segundo lugar dice que “para llegar a la demostración de la tesis de que la familia del cardenal López Rodríguez es de ascendencia canaria, recurrimos a los movimientos o recopilación de la parte Este de la isla Hispaniola en los tres primeros siglos de la vida colonial y a la distribución geográfica de las familias canarias en la isla”.

3.-Expresa que de esta manera pudo ver “cómo llega a Moca José Guzmán, el barón del Atalaya, al final del siglo XVIII tras el Tratado de Basilea formando parte de esa prolija familia mocana, que le ha dado grandes hijos a dicho pueblo”.

4.-Además expone el autor: “quisimos presentar los arzobispos, y obispos descendientes de las familias canarias que poblaron esta isla, en cuya tradición se inserta más recientemente el cardenal”.

“Tronco de los López”

5.-Por otro lado, explica el autor: “escudriñamos las primeras informaciones de las familias López y Rodríguez en los documentos escritos a los que hemos tenido acceso y, dentro de lo posible, las hemos enriquecido con datos de los registros civiles y eclesiales a nuestro alcance”. Consigna nuestro autor que “para el año 1721 ya se encontraban estas familias en Santiago de los Caballeros en las Revueltas de los capitanes contra las disposiciones del gobernador colonial”, y “luego en el censo del ganado en 1742”. Dice que “en 1773 se encuentra la pareja de esposos capitán don Gregorio López, tronco canario de los López, y Juana Fernández de Barrios, fundando la ermita de Nuestra Señora del Rosario en Moca, cuyo hijo Juan López Fernández de Barrios es el primer sacerdote titular de dicha ermita, que por razones desconocidas llega a Montecristi en 1783”. Explica que se puede ver “cómo y cuándo se funda la villa de Moca, los troncos de los López, Salcedo y Rodríguez llegados desde la hidalga ciudad de Santiago de los Caballeros, específicamente a las comunidades de Estancia Nueva y Santa Rosa, al igual que varias familias emparentadas con el cardenal”. Entre estas familias menciona el autor a “los Taveras, Guzmán, Torres y Valerio” (refiere el autor a los deslindes anexos para verlos en detalle). Explica que se puede ver también “cómo José Ramón López Fernández de Barrios, uno de los hijos de don Gregorio y Juana Fernández, se ubica en San José de las Matas, formando esa hermosa familia en la sierra”; y cómo así llega “a Manuel López Fernández de Barrios, otro hijo de don Gregorio, quien casa con Lorena Fernández Rodríguez, cuyo hijo José Ramón López Fernándeztatarabuelo del cardenal y muy conocido como Ramón, nace en Estancia Nueva aproximadamente en 1795”; allí este “casa con Gregoria Pérez Rodríguez y nace entre sus hijos José Ramón López Pérezbisabuelo, conocido como José, quien casa con Josefa Caba Guzmán”, quienes son “los padres de Segundo López Caba, abuelo paterno del cardenal, quien nace en Estancia Nueva el 13 de mayo de 1860”; este último “casa el 6 de julio de 1894 con Mercedes Salcedo Vásquez y procrean  nueve hijos, siendo el primero Ramón Perfecto López Salcedopadre del cardenal, quien nace el 18 de abril de 1895 y casa con Delia Ramona Rodríguez Rodríguez el 9 de febrero de 1924, de cuyo matrimonio nacen 16 hijos, entre ellos, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez”.

Explica Pedro Alejandro Batista que “a través de otras investigaciones descubrió el tronco canario de Mercedes  Salcedo Vásquez, la abuela paterna del cardenal: el Dr. José Salcedo, médico canario que llegó a Santiago durante los años de 1700 y casó con Juana Valerio. Su hijo, Pedro Salcedo Valerio, casa con Juana Morel de Santa Cruz, y tuvieron a Fernando Salcedo Morel de Santa Cruz, casado con su prima María Gómez Salcedo, de Moca, siendo estos cuartos (sic) abuelos del cardenal”. Sigue explicado el autor que “los tatarabuelos del cardenal, Federico Salcedo Gómez y María  de Jesús Guzmán Rodríguez ya residían en La Ermita, Moca, cuando se casaron en 1841. La abuela paterna del cardenal, Mercedes, nace el 20 de octubre de 1873, hija de Fernando Salcedo Guzmán y Magdalena Vásquez Lizardo bisabuelos paternos, y casa con Segundo López Caba”. Expresa el autor que “de esta familiaridad encontramos lazos sanguíneos muy interesantes: los Vásquez, Cáceres y de la Masa, quienes también están emparentados con los Rodríguez y varios familiares de los López del cardenal”, y expresa que descubrió que “estos mismos lazos aplican por otra vía a los PP.José Benito y Luis Daniel Taveras Hernández así como al Dr. Marino Vinicio Castillo Rodríguez (Vincho), quien también es pariente por línea paterna y materna del cardenal”.

“Tronco canario de los Rodríguez”

6.-El autor investigó que los Rodríguez tienen su tronco canario en don Juan Rodríguez, oriundo de La Orca de Gran Canarias, y Estefanía Díaz Betancourt. Su nieto José Rodríguez Abréucuarto abuelo materno del cardenal, nace aproximadamente en 1778 y casa con Elena Gómez Parcel. Estos emigran a Puerto Rico y al regresar a la isla, llegan desde Santiago de los Caballeros a la comunidad de Santa Rosa en Moca, fundando esa estirpe de los Rodríguez Gómez”. Dice que su hijo Domingo de Jesús, el tatarabuelo materno del cardenal, casa el 27 de noviembre de 1844 con Margarita Comprés Lizardo, hermana de madre de los Vásquez Lizardo, y de esta unión nacen en Estancia Nueva los dos bisabuelos maternos del cardenal.

7.-“Incidencia de las familias López Salcedo y Rodríguez en la sociedad dominicana”. Así nos dice el autor (p. 109):

Presentamos, entonces, la incidencia de las familias López Salcedo y Rodríguez en la sociedad dominicana, de una gallardía puesta a prueba en diferentes épocas de la vida nacional dominicana,  mencionando otros ascendientes familiares que le han dado esplendor a la sociedad dominicana y han luchado por ella, como fueron por la línea de los López Salcedo y Rodríguez: Manuel Altagracia Cáceres Fernández (Memé), Ramón Cáceres Vásquez (Mon), Horacio Vásquez Lajara, Antonio de la Maza Vásquez, Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti), Héctor García-Godoy Cáceres y, antes de ellos por los Salcedo: Tito, Pedro y Juan de Jesús Salcedo, así como Máximo Grullón Salcedo, héroes de la Independencia y la Restauración de la República. Entre los Rodríguez específicamente mencionamos a Doroteo, Julio, y, principalmente, a Juancito Rodríguez, hermanos del abuelo materno del cardenal, más el hijo de Juancito, José Horacio Rodríguez, primo hermano de doña Delia Rodríguez, la madre del cardenal. Ellos destacaron por su valiente lucha antitrujillista, aunque es evidente que toda esa familia Rodríguez sufrió fuertes ataques de la dictadura. También presentamos a tres hermanos López Rodríguez y a dos familiares, condecorados con la Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella.

Sobre la “personalidad del cardenal”

8.-Pedro Alejandro Batista nos dice que con todo lo anterior expuesto “prepara las bases para culminar señalando la personalidad del cardenal, y cómo esta le viene de sus ancestros. Demostrado en algunas de sus exposiciones al hablar de su propia familia y de sí mismo, las de su hermano, Dr. Agustín López Rodríguez, y la de un compañero suyo en la vida ministerial, como fue Mons. Francisco José Arnaiz” (p. 109).

“La faceta religiosa del cardenal López Rodríguez”

9.-En la secuencia lógica de su investigación, el autor expresa que se “enfocó en la faceta religiosa del cardenal López Rodríguez y cómo esta fue influida grandemente pos sus ancestros”. Y dice que encontró la “línea levítica del lado de los López a través de los sacerdotes siguientes: *Juan López Fernández de  Barrios, hermano del cuarto abuelo del cardenal, Manuel López Fernández de Barios; su sobrino, José Eugenio Espinosa Azcona (1799-1882), cura de San José de las Matas por 48 años. Este es hermano de María Petronila Espinosa Azcona, cuyo nieto Emilio Santelises, y su tataranieto, Ricardo Santelises Pellerano, fueron sacerdotes. *Contemporáneamente, Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito, quien fue arzobispo de Santiago, Santo Domingo e Higüey —quien desconocía este parentesco, al igual que el mismo cardenal y su familia—, el P.Pascual Torres Torres, del mismo tronco familiar que Mons. Polanco Brito, y los hermanos José Benito y Luis Daniel Taveras Hernández —estos tres últimos también emparentados entre sí por múltiples vías— y el actual arzobispo de Santiago de los Caballeros, Freddy Antonio Bretón Martínez. Por la línea de los Salcedo está el P.Honorio Liz Salcedo y su hermano P.Santiago Liz Salcedo, bisnietos del Gral. Francisco Antonio Salcedo (Tito), héroe de la Independencia. *Por el lado de los Rodríguez están el P.Joaquín Rodríguez Grullón (1871-1936), hijo de un restaurador mocano, Eusebio Rodríguez, y Martina Grullón, como posible pariente, y también el P.Plinio Comprés Fermín, sds (1936-2006)” (pp. 109-110).

“Llamado al sacerdocio del P. Nicolás de Jesús”

10.-Explica el autor que “a través de un compañero en su vida sacerdotal, Juan Antonio Flores Santana”, pudo apreciar “la religiosidad de los padres del cardenal”. “Asimismo, al narrar su propia experiencia en la infancia y adolescencia, pudimos acercarnos un poco al llamado al sacerdocio del P.Nicolás de Jesús, señalando luego, sucintamente, cómo este fue ocupando posiciones importantes dentro de la jerarquía eclesial a temprana edad hasta llegar a cardenal”, añade el autor.

“Apéndices con deslindes y dispensas”

11.-El autor también explica que “incluyó apéndices con deslindes adicionales de los López, los Salcedo, los Rodríguez y familias relacionadas, junto con algunas actas  y dispensas” y que se encuentran como anexos. Dice que este “análisis contribuyó a despejar, a posteriori, incógnitas sobre el origen y parentesco de algunos familiares principales y a confirmar o enriquecer los datos de muchos”. Dice que este análisis también le ha “permitido apreciar aún más la costumbre tan arraigada en épocas pasadas, sobre todo entre españoles, de casarse entre la misma familia, entre primos, —como lo muestra la gran cantidad de dispensas por impedimento de consanguinidad mencionadas— y también entre familias de sectores cercanos, creando así parentescos múltiples entre sí”.

12.-Cita el libro de Mons. Freddy Bretón   

Queremos citar a Mons. Freddy Bretón en la introducción de su mencionado libro El apellido Bretón en la República Dominicana, refiriéndose a este trabajo de investigación: “He pasado de la ignorancia de muchas cosas a la alborozada conciencia de raíces perdidas o al gozo del hallazgo de parientes repentinos. He ido de sorpresa en sorpresa, comprobando documentalmente […] tradiciones orales” de estas familias (p. 110).          

A continuación veamos las informaciones un poco más detalladas

“Personalidad de José Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez”

Sobre “el nombre de Nicolás”. Expresa el autor que “recurrir a medios sencillos para tener una noción rápida de la personalidad de un ser humano […] puede llevarnos a resultados curiosos”. Dice el autor que al consultar el nombre de Nicolás en El libro de los nombres, de Luis Tomás Melgar, encontró que el nombre Nicolás significa lo siguiente –entre algunas de las definiciones—: una persona que tiene las ideas claras y suele saber exactamente qué hacer en cada circunstancia […]. Sin embargo, explica  Batista, que “para entender y comprender mejor a la persona hay que analizar su genealogía, comportamientos familiares, mitos o patrones preestablecidos, sus orígenes, cultura, entre otros, y cómo descendiente de canarios o insulares, el cardenal López Rodríguez ha recibido esa herencia que corre por las venas”. Y dice que los documentos a los que ha tenido acceso le “confirman que han sido hombres de trabajo, respetuosos, de una sola cara”.

Sobre la “influencia familiar del cardenal”. El autor expone: “investigando la historia de los López y los Rodríguez y escudriñando la forma de actuar de Nicolás de Jesús López Rodríguez,  podemos afirmar, sin lugar a dudas, que esta le viene en gran parte de sus ancestros y sus propias vivencias en el seno familiar”. Dice que apoya esta afirmación en los “escritos y entrevistas concedidas a varios periodistas, en un escrito de su hermano Agustín sobre la vida de su madre, como también a lo externado por compañero sacerdotes muy allegados a él”.

1.-“Lo expresado por el cardenal en sus escritos”

Es seguro que me he equivocado en más de una ocasión, pero el Señor sabe que en todo momento he querido ser un hombre auténtico, sin dobleces, sin mentiras ni hipocresías, que no se compadecen con mi forma de ser; fiel a la palabra dada, abierto a todos, con una especial predilección por los jóvenes(“En la homilía que pronunciara en la Catedral Primada de América, con ocasión de sus bodas de plata sacerdotales el 18 de marzo de 1986”).

Afirma el autor que con estas palabras “él mismo retrató su personalidad” (p. 92). Y añade que “un año anterior, el cardenal, al pronunciar las palabras centrales de un acto dedicado a su madre, doña Delia Rodríguez Rodríguez, expuso su visión  sobre la maternidad, elogiando a su madre por su sencillez, el patrimonio que ha regalado a la sociedad dominicana con una fecunda prole de 16 hijos, ocho varones y ocho hembras, a los que se suman numerosos nietos y bisnietos, que coronaban los 83 años que cumpliría en esos días”. Y explica, además, el autor, que “en ese contexto el cardenal aprovechó la ocasión para señalar la vocación maternal y, al mismo tiempo llamaba la atención sobre la confabulación internacional, muy bien organizada y financiada, promovida por médicos sin conciencia, que se dedicaban a la tarea de tronchar vidas humanas concebidas o a evitar su concepción recurriendo a los anticonceptivos, llegando hasta el abominable crimen del aborto”. “En ese sentido afirmaba que son millones de víctimas de estos genocidas de nuevo cuño todos los años”, apunta el autor  (p. 92).             

Pedro Alejandro Batista expresa que el cardenal “evidenciaba la gratitud al coraje de su madre”, cuando expresó: 

Los que hemos tenido la suerte de contar con una madre generosa que desafió peligros, riesgos personales e incluso vaticinios gravemente preocupantes sobre su propia vida, de parte de autorizados médicos, en el caso de eventuales embarazos futuros, jamás daremos gracias suficientes a Dios por su coraje, por no habernos rechazado, por haber querido ella que nos «sentásemos al banquete de la vida», en una palabra por no haber permitido que se frustraran culpablemente los planes del Señor sobre determinadas personas.

Y dice que según pudo “deducir de la entrevista con su tía, doña Altagracia López Salcedo, desafió al médico vegano que le dijo que el hijo que venía en camino iba a nacer con marcadas deficiencias y que debía prepararse porque estaba en juego su vida”. Y expresa el autor que “dicho anuncio llenó de pesar el corazón de esta madre cristiana, la cual subió con prontitud a Santo Cerro, a ofrecer una promesa por la criatura que llevaba en su vientre”. Explica que “este sería su décimo parto; después del mismo llegarían seis criaturas más, para sumar sus dieciséis hijos. Nicolás de Jesús ocupa el séptimo lugar entre los varones, pues después de él solo estaba Francisco José (Franco). Las siguientes cinco fueron mujeres” (p. 92).

 2.-“un escrito de su hermano Agustín sobre la vida de su madre”

Otro testimonio que resalta el autor sobre la vocación maternal de la madre del cardenal es el siguiente: “El Dr. Agustín López Rodríguez en una biografía de su madre doña Delia, corrobora lo expuesto por el cardenal sobre su vocación maternal y sus convicciones cristianas al reseñar que cuando nació su hermana Socorro Ondina, a mediados de la década de 1930, la salud de doña Delia quedó muy deteriorada, llegando a pesar 70 libras. El médico recomendó no tener más hijos, pues corría el riesgo de perder la vida. Es cuando se dirige al memorable padre Fantino buscando su consejo, el cual fue: confiar en Dios, dos años más tarde, nace Nicolás de Jesús”.

“Tú estás en el mundo porque yo fui una mujer valiente” (doña Delia Rodríguez Rodríguez)

Esta hermosa frase, recogida y consignada por el autor en esta obra, la expresaba la madre del cardenal “cuando este comenzó a tener uso de razón” (p. 93). “Doña Delia falleció a los 92 años de edad, luego de ver a su hijo ordenarse sacerdote y ser consagrado obispo, arzobispo y cardenal”, según expone P. A. Batista (ver p. 93).

Pedro Alejandro Batista recoge, además, otros datos que él entiende “tuvieron influencia en la vida familiar” del cardenal, los cuales son ofrecidos por don Agustín en la biografía mencionada. Dice que este “recuerda los valores humanos y las virtudes que les inculcaron desde niños a sus hijos don Perfecto y doña Delia, además de la importancia que le daban a su educación”: «por eso se explica que la mayor parte de ellos alcanzaran una formación académica de nivel universitario», entre los que se encuentran numerosos profesionales, tales como médico, arquitecto, farmacéutico, dentista, abogado, sacerdote, veterinario y optómetra”. Y distingue la virtud de que «Doña Delia sentía complacencia cuando ofrecía ayuda a la gente necesitada y eso la convirtió en una mujer de servicio», consigna el autor de las palabras reseñadas por don Agustín (p. 93).

3.-“lo externado por compañeros sacerdotes muy ligados a él”

Pedro Alejandro Batista expone que “en un extenso artículo publicado en el Listín Diario en 2011, «Los cincuenta años de vida sacerdotal», Mons. Arnaiz detalla la vida sacerdotal y la obra del cardenal López Rodríguez, del cual tomamos algunas acotaciones acerca de su personalidad”.

“Al reseñar su designación como obispo en 1978, señala” (p. 94):

Tenía ya fama de dinámico y tenaz, de incapaz de dobleces, de firme y resuelto, de fiel y cumplidor, de limpio de mente y cálido de trato, de altamente dotado y eclesiásticamente bien preparado […]. En su ordenación como Obispo sus palabras programáticas enardecieron a los miles de personas que abarrotaron el Estadio de San Francisco de Macorís. En ellas se reveló nítidamente ya su temple de líder y su capacidad organizativa, delineando un plan de acción, amplio y concreto, incisivo y visionario, al que se atendría 

“Refiriéndose a los 25 años como arzobispo de Santo Domingo, destaca” (pp. 94-95):

Los tiempos que abarca su arzobispado entre nosotros no han sido mansos ni fáciles ni lo siguen siendo. Con frecuencia el acontecer nacional se ha encrespado y el horizonte se ha anubarrado y ha habido entonces que llamar a la cordura y aportar luz, función que jamás ha esquivado nuestro Cardenal. A despecho de críticas favorables o adversas su voz firme y responsable jamás ha faltado y siempre ha estado disponible y dispuesto a ofrecer su persona para salir airosos de nuestros continuos atolladeros políticos.

López Rodríguez no sabe de frivolidades, devaneos y condescendencias en el pensar. Le fascina buscar y dar con la verdad y transmitirla fielmente. Poco amigo de retóricas y rodeos le gusta ir directamente al tuétano de las cosas y comunicar con sencillez y claridad sin rehuir jamás responsabilidades propias.

“la familia López Rodríguez y la tiranía de Trujillo”

“En otro orden, es importante reseñar algunos pormenores sobre la familia López Rodríguez y la tiranía de Trujillo”. Dice el autor que en una entrevista concedida a la periodista Wendy Santana en 2010, el cardenal compartió muchos datos interesantes sobre este período, entre los cuales afirmó (p. 95):

Mi familia fue maltratada, pero más lo fue el pueblo y todas estas mujeres admirables y heroínas que uno se inclina ante todas ellas, todas de gran dignidad, mujeres que les mataron a sus novios, sus esposos, sus hijos, y otras que sufrieron en carne propia la tortura por ser opuestas al régimen.

El autor consigna, basado en la susodicha entrevista, que el cardenal “Destaca que «Trujillo es una pesadilla para la historia»”, y lamenta mucho «ver gente defendiendo lo que no puede defender»” (p. 96). Expresa que “las vivencias difíciles que sufrieron tantos familiares cercanos, y la entereza con que las enfrentaron, fueron moldeando el temperamento del futuro cardenal”. Y dice “por eso, no ha de extrañarnos lo que expresa en 2012 a la periodista Norys Sánchez sobre la vida política, desvelando así su firme y fuerte carácter” (p. 96):

Soy un hombre de una gran libertad de espíritu. Conmigo no se mete nadie, político o no político. Tengo mis convicciones, tengo una formación profesional muy seria. En el mundo político hay de todo, hay gente de gran capacidad, de una gran valía, hay gente también no tan capacitada, hay gente mediocre, dirán que también nosotros tenemos, y en efecto, se puede hacer cualquier afirmación de esas, pero me siento con absoluta libertad frente a cualquier persona.

 

El doctor Bruno Rosario Candelier, en su discurso de valoración literaria de esta obra, en la puesta en circulación del libro en Moca, el 15 de noviembre de 2019, expresó:

Esta es una obra fundamental para nuestro pueblo, para conocer, incluso, la historia de Moca esta obra da muchas luces. Hay muchos datos, muchas referencias, muchos detalles sobre el comportamiento de nuestro pueblo al través de las personalidades que el padre Batista enfoca en esta obra aunque, desde luego, él centra su trabajo de investigación en la genealogía y la personalidad de López Rodríguez, porque él eligió a ese protagonista, a ese personaje como el protagonista de su investigación genealógica. Quien hace una investigación genealógica automáticamente se remonta a los orígenes, es decir a la etapa inicial de algo, y en este caso de una persona, puede ser de una familia o de un pueblo. El hecho de rastrear los orígenes de una persona supone un trabajo de investigación inmenso. Yo me imagino las horas de trabajo, de estudio, de exploración, de curcuteo que hizo el padre Pedro Alejando para confeccionar este libro porque cuando ustedes lo tengan en sus manos se van a dar cuenta de tantos detalles. El hecho de organizar el origen de tantas familias mocanas en esta obra, yo mismo me preguntaba: ¿Y cómo pudo encontrar esos datos? ¿Qué virtud tiene el padre Pedro Batista para olfatear el dato preciso que dé cuenta de un detalle que sirva como calificador de un personaje, que nos revele la idiosincrasia de un pueblo, que nos revele detalles históricos, lingüísticos, antropológicos en ese estudio genealógico de tantas familias como él exploró  para dar como resultado esta obra que se llama Genealogía y personalidad de Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez? Al hablar de la personalidad de López Rodríguez, naturalmente, se trata de una personalidad carismática como, sin duda,  lo fue Cardenal López Rodríguez, un hombre que tuvo un peso histórico, religioso, cultural, eclesiástico en nuestro país por el peso intelectual y moral y espiritual que había heredado de su familia. Aquí, en esta obra podemos apreciar el tremendo influjo de una familia en la formación de un niño, en la formación de una persona, en el derrotero que alguien asume y proyecta a través de su conducta y de su obra […]. Puedo apreciar en este libro una redacción impecable, es decir el autor de esta obra sabe usar la palabra, tiene conocimiento del lenguaje, lo usa con propiedad, con rigor, con precisión y, por supuesto, se ajusta a la normativa gramatical y ortográfica en todo momento […].

Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez expresa en su comentario incluido en esta obra lo siguiente:

Tal como expresa el Rvdo. Padre Alejandro Batista en la introducción de este libro, hace varios años acepté gustosamente una invitación que me hizo para asistir a las fiestas patronales de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de la ciudad de Moca, donde él ejercía para entonces las funciones de párroco, ocasión en la cual, mientras sosteníamos un cambio de impresiones de carácter general, le manifesté que mis cuatro abuelos eran mocanos y que yo tenía la creencia de que descendían de canarios.

Como es natural, tratándose de un experto en genealogía, al parecer al padre Batista se le ocurrió de inmediato la generosa idea de investigar a profundidad, por los medios a su alcance las raíces históricas de mi familia […].

Es digno de mención el hecho de que, como resultado de ese loable esfuerzo, el padre Batista ha realizado una labor encomiable, sobre todo si se tiene en cuenta lo difícil que es en nuestro país tener acceso a ese tipo de datos e informaciones, principalmente debido al precario estado de conservación en que se encuentran numerosos archivos nacionales. Esto equivale a decir que, si el propósito perseguido por este sacerdote era el de darme una sorpresa muy agradable, ciertamente lo ha logrado con creces.

Por consiguiente, quero dejar constancia de mi caluroso reconocimiento y eterna gratitud al Rvdo. Padre Pedro Alejandro Batista, por su excelente trabajo, el cual valoro y aprecio con toda la extensión de la palabra, ya que en lo adelante nuestra familia puede contar con una orientación precisa de sus raíces ancestrales incluso muchos años antes de que nuestro país naciera como República soberana e independiente.

Monseñor Jesús María De Jesús Moya, Obispo emérito de San Francisco de Macorís (sic), escribió lo siguiente en el prólogo de esta obra:

El querido padre Pedro Alejandro Batista, eficiente formador de nuestros futuros sacerdotes en nuestro Seminario Mayor, ha querido que yo le haga el prólogo a una riquísima genealogía y personalidad de nuestro muy amado cardenal López Rodríguez.

Querido padre Alejandro, tú no te imaginas lo mucho que te agradezco el que hayas tenido la confianza de confiarme este prólogo de esta genealogía de una egregia figura a la que yo personalmente admiro y quiero tanto […].

No es posible explicar en un breve  prólogo tantas vivencias, tantos ejemplos en los once años de compañerismo en el Seminario, y la cercanía espiritual y pastoral en los cincuenta y seis años que llevamos como sacerdotes, y tantos años como obispos y Nicolás como cardenal, que ha sido la mayor bendición para la República Dominicana, sin mencionar todos los servicios a él confiados, tanto en el Consejo Episcopal Latinoamericano, como en el Vaticano en diversas y variadas Congregaciones.

¿Cómo puede uno valorar al escritor de tantas obras, de tantos temas y cómo ponderar al honrado y sincero comunicador? Cuando se le oye, a la primera frase ya usted entiende y descubre lo que él dice y cómo entiende lo que dice.

El planificador pastoral: solo pongo un ejemplo. Al ser nombrado Obispo de san Francisco de Macorís escribió su primera Carta Pastoral a la Diócesis, en la que anuncia una completa planificación pastoral que lo abarca y contiene todo. Al llegar yo a la Diócesis en 1984, lo que hice en los veinte y ocho años que pasé coordinando esta Iglesia local fue darle cumplimiento práctico a lo ya planificado. Y miren, no tocó el crecimiento de la Iglesia primada de América que refleja en el Cardenal López Rodríguez al gerente perfecto y al pastor incansable.

Al leer despacio, nos vamos a encontrar en esta genealogía una serie de importantes familias y de preciosos valores por sus aportes a la grandeza de esta República.

Para terminar, quiero resaltar las bellas fotografías incluidas en esta obra, impresionante emoción estética que nos regala. Muchas gracias, al autor, por esta majestuosidad.

“La satisfacción es plena cuando se ha arribado a los objetivos o metas propuestas”. (Pedro Alejandro Batista).

La memoria vicaria

Por Marcio Veloz Maggiolo

(Para Bruno Rosario Candelier)

   Cuando Luis Martín Gómez me hizo aquella suculenta entrevista para su programa de televisión, publicada luego en la prensa nacional, en los comentarios de algunos lectores salió a relucir lo que llamaba en aquel momento “la memoria vicaria”. Los lectores pidieron explicaciones, y ahora, con los años y de vuelta a la pantalla donde aún están “frizadas” las preguntas, contesto en el momento en que voy pensando en pasajes de un cuento basado en la interacción posible  de esa memoria.

Fue Bruno Rosario Candelier quien una vez me puso al tanto de que yo usaba con frecuencia la que él llamaba “memoria vicaria”, o sea la memoria del otro, pero que pasada a tu conciencia ya no es del otro sino tuya por adscripción, porque lo que haces con ella es transformarla, usándola para forjar con ella una memoria diferente, que no es ni la real, ni la que heredaste. Pero dicho así parece fácil.

Un personaje puede surgir de tu propia experiencia y lo conoces sólo en una faceta del recuerdo. Entonces lo escoges para reconstruirlo en un texto aunque sepas muchas cosas sobre el mismo, pero no todas. Cuando has intentado meterlo en un texto literario empiezas a pensarlo de otro modo y, entonces, si tienes al lado un coetáneo, alguien que conocía el personaje en la realidad, es éste quien al darte nuevas informaciones que no has vivido, pero que han sido contemporáneas, te permite construir un ser que, basado en la realidad, es otro, porque ambas memorias, la tuya y la que recibes, terminan complementándose, y ese complemento es el que te ayuda a cincelar un personaje que ya no es el real, sino su base misma; un personaje que aun viviente, como pasa muchas veces, se reconoce él mismo en trazos, en trozos, en acciones que son parecidas a las de la realidad que viviera o viviéramos; un personaje que sufrirá la inventiva y a veces hasta la invectiva del escritor. La memoria vicaria busca, entre las opiniones ajenas, aquellas que se acomodan a la redacción y a la creatividad. Los recuerdos del otro pueden ser una búsqueda personal, pero igualmente llegan sin que el otro se lo proponga, formando parte de una memoria que estaba casi muerta y que ahora, con la del amigo o con el informante inadvertido, renace y toma forma literaria.

Todo escritor, y principalmente los novelistas, acuden con frecuencia a la memoria vicaria, la que surge en ocasiones sin proponértelo, como cuando en un ratón que busca el queso encuentras en un recuerdo ajeno manera o modo de completar el tuyo, enriqueciendo de modo tal al personaje que a veces él mismo sería incapaz de reconocerse.

La memoria vicaria funciona como una base para la reconstrucción de los personajes, pero es rescate de los mismos cuando alguien aporta experiencias que compartías y que no recordabas. Hace ya unos años un viejo y querido amigo que aparece en una de mis novelas como un líder barrial en el aspecto erótico, me regañó acremente diciéndome que nunca intentó suicidarse cuando su padre se dio cuenta de sus amores clandestinos con una joven prostituta; además me corrigió aseverando que la chica que yo mencionaba como su adorada ilusión, no se cortó las venas por él. Penetraba él en mi memoria ya consolidada y tan mía como la de él, que era ahora la auténtica, para descargarme el regaño con una sonrisa. Cuando le expliqué que había copiado su aventura a mi modo entendió que el personaje de la novela, en cuanto ya fue escrito, dejaba de ser él, y que si se identificaba, y peor, lo proclamaba, muchos pensarían que lo narrado por mí era cierto, y tendría que enfrentar una parte de su biografía totalmente imaginaria, de la cual, él, en carne y hueso, nunca participó.

Sonriendo me dijo que entonces estaba mintiendo a costa de él, y tuve que explicarle, me mentía a costa del personaje vicario, porque lo había transformado gracias a viejas conversaciones que aseguraban que él, en verdad, había participado en los hechos casi del modo en que yo los reconstruía.

Un personaje tiene, como se ve, profundas raíces vicarias: las que buscamos para entender mejor lo que vamos a crear, y las que están de viejo dentro de nosotros gracias a arcaicas informaciones que nunca decidimos poner en claro porque servían notoriamente para que la imaginación floreciera a su modo, que es al fin y al cabo uno de los atributos mayores del narrador.

(Marcio Veloz Maggiolo, “El correr de los días”, Listín Diario, Santo Domingo, 28 de noviembre de 2014).

Entrevista a monseñor Freddy Bretón sobre su novela: «Me mueve a escribir lo mismo que me mueve a vivir»

Por Wendy Almonte 

El Caribe, 8 junio de 2020

 

Monseñor Freddy Bretón Martínez ha publicado más de 10 libros de cuentos, poesías, ensayos y novela. Conquistó el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes con la novela Los entresijos del viento.

 

   Santiago.- A la par con su vocación sacerdotal, Monseñor Freddy Bretón Martínez cultivó el arte de escribir. Estando en el seminario, cuando tenía 16 años, leyó en un acto público un poema que había escrito, marcando así el inicio de su incursión en la literatura.

El arzobispo metropolitano de Santiago le ha “robado tiempo al descanso” para escribir en medio de sus ocupaciones pastorales, y a la fecha ha publicado más de diez libros de cuentos, poesías, ensayos y, recientemente, su primera novela Los entresijos del viento, con la que conquistó el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes.

Para Bretón Martínez, recibir este premio ha resultado una sorpresa absoluta, algo diverso en medio de la pandemia, pero, además, un espaldarazo a su trabajo y un reconocimiento a la obra de su padre y madre, familiares, profesores, y tantas otras personas que han influido en él.

 

   En una ocasión dijo que el viento es el principal protagonista de esta novela, ¿por qué lo es?

Creo que el protagonista es el viento. Es un decir, pero el libro lleva por subtítulo “novela intencionalmente eólica”. Quizá se pueda decir que está vertebrada sobre ese elemento tan especial, sutil y necesario para la vida. De hecho, la obra inicia y se termina con el viento. Pero no digo más, para que pueda verlo el lector. ¿De qué trata? El jurado la llamó “ficción autobiográfica”. Es la vida de uno y de muchos.

 

   La obra trata de las interioridades y peripecias de alguien, ¿ese alguien es usted mismo?

Fundamentalmente sí. Pero por vía de la memoria vicaria he asumido otras muchas experiencias ajenas, reales o ficticias, que vuelven al protagonista y a los demás personajes como una especie de “personalidad corporativa”.

 

   ¿Qué tanto de ficción y realidad tiene la novela?

No lo sé con exactitud, pero tiene realidad por los cuatro costados. Hay cosas en ella que parecen ficticias y no lo son; entre nosotros, como se sabe, a menudo la realidad supera a la ficción.

 

   ¿Por qué en sus obras emerge mucho la narrativa de vivencias de infancia?

Será porque uno habla de lo que vive. Contamos la infancia y la vida. Creo que es herencia familiar.

 

   ¿Qué mensaje quiere llevar con esta obra literaria?

Ninguno en particular. Entiendo que toda vida, aun la más humilde, merece ser contada. ¿Para qué la contamos? En este caso, principalmente para disfrutar al escribirla y para que algún lector también la pueda disfrutar.

 

   ¿Con cuál género, en los que ha escrito, se siente más identificado?

Con todo. Pero empecé por la poesía.

 

   ¿Qué le mueve a escribir?

Creo que lo mismo que me mueve a vivir.

 

  ¿Planifica las historias al detalle antes de escribirlas o las deja surgir sobre la marcha?

Puede comenzar como una simple idea que va buscando un modo de expresión, y que se perfila poco a poco, o mucho a mucho, hasta encontrar su forma momentáneamente final. O tal vez, verdaderamente final.

 

   ¿Cómo mezcla su labor pastoral con la literaria?

Es problemático. Hace muchos años, un venerable eclesiástico me amonestaba paternalmente: “No tomes tiempo de la labor pastoral para escribir. Yo escribo, pero lo hago de noche”. Tiempo después me enteré de que los compañeros de casa de este eclesiástico deseaban que escribiera de día, pues cuando ejercía su labor escritural nocturna, amanecía de mal humor. Esto, no obstante, he tenido que robarle algún tiempo al descanso, pues debo cumplir con mi deber pastoral. Pero nada impide que haya tomado alguna nota bajo un árbol, mientras descansaba brevemente el mulo; o en la carretera, mientras voy de viaje.

 

   ¿Por qué se interesa un sacerdote en incursionar en la novela y la poesía?

“Cada uno nace con lo suyo”, decían nuestros mayores. Quien tiene el don de escribir, busca la ocasión para hacerlo; y con ello dice y se dice. Necesita expresarse y lo hace con el género literario que más le cuadre.

 

   ¿Se apoya en el país el arte literario?

No sé si suficientemente, pero creo que hay buenas señales. El mismo Premio Feria Nacional del Libro E. León Jimenes es muestra de ello.

 

   ¿Qué cree que hace falta para incentivar el arte de escribir?

Fortalecer la educación desde el hogar hasta la universidad, enseñando especialmente a valorar el gran tesoro que es el propio idioma y los demás idiomas.

 

   ¿Se identifica con un estilo narrativo?

El que se parezca más a la vida, sin mucho artificio; cuidadoso, pulido, pero no manierista. Si de lectura se trata, se supone que debo leer de todo. El confinamiento, por ejemplo, hizo que volviera a leer “La noche oscura”, de san Juan de la Cruz; o el “Diálogo de la Divina Providencia”, de santa Catalina de Siena. Pero también, las casi mil páginas de la novela Tú no matarás (2018), de la española Julia Navarro.

 

 

Los entresijos del viento, de Freddy Bretón: Una novela con sabor campesino salpicada de poesía espiritual

Por Luis Quezada

 

Moca, uno de los 5 municipios que conforman la provincia Espaillat (junto a Cayetano Germosén, San Víctor, Jamao al Norte y Gaspar Hernández), consta a su vez de 7 distritos municipales: José Contreras, Juan López, Las Lagunas, Canca la Reyna, El Higuerito, Monte de la Jagua y La Ortega.

Es en el distrito municipal de Canca la Reyna, donde se inicia el desarrollo de esta sapiencial novela campesina, salpicada de poesía espiritual, en la cual sentimos la “brisa suave” del Espíritu, que nos empuja a vivencias enceronadas de valores y sanas tradiciones.

En Canca, una familia – los Bretones – de profundas raíces ancestrales y espirituales, hilvana esta historia contada por uno de sus miembros, con un tono jocoso y un salero criollo, que hace apetecible su lectura, provocando seguidilla al más cuajado lector de narrativa.

Desde el inconsciente literario, la novela se construye desde una estructura septenaria, como expresión de plenitud y perfección, que nos deleita a todo lo largo de sus 369 páginas, en las cuales intercala 64 poemas suyos, sin contar los que inserta de otros autores en el cuerpo mismo de la narración, todos muy bien trenzados y cruzados en el texto de la novela.

Freddy Antonio de Jesús Bretón Martínez respiró desde pequeño sanidad familiar. Su narrativa es expresión elocuente de la bendición que ha sido para él haber nacido en el campo. En esta novela, Freddy Bretón, más que volver al campo, se muestra en ella como fiel a sus orígenes rurales. Podría decirse sin exagerar que toda su vida transpira el campo.

Mons. Freddy Bretón es nuestro pastor y nuestro poeta místico. Pero también es nuestro narrador con sabor y olor a campo. Todo lo que hace y escribe Mons. Freddy Bretón lo hace y escribe con sabrosura y sabiduría.

La jocosidad sapiencial aparece a cada instante a todo lo largo de esta hermosa narrativa. En un breve párrafo introductorio, nos advierte con mucho salero: “Supongo que conviene, al internarse en esta obra, tener a mano la rosa de los vientos o tal vez mejor el GPS”.

ENTRESIJOS y VIENTO son las dos palabras que definen esta novela intencionalmente eólica como la ha subtitulado su autor. LOS ENTRESIJOS constituyen la materia (usando la terminología aristotélica), pues ellos expresan las dificultades, las complicaciones así como las cosas ocultas que están en el interior de nuestras vivencias. El VIENTO constituye la forma, la sustancia que anima y da aliento permanente al quehacer de la existencia.

Por otra parte, su identidad campesina es tan arraigada, que baña también su espiritualidad y toda su esperanza. Mons. Freddy Bretón no se imagina el cielo sin la belleza del campo: “¿Cómo podría haber un cielo sin la airosa palma real, o sin los recios guayacanes? ¿Sin infinitos bosques con olor a cedro y a sabina, sin aves y melodías que aniden en ellos? ¿Habría felicidad perfecta sin valles ondulantes, con sus diminutas flores silvestres? (p.367).

La novela nos deja en el paladar y en el espíritu un dulce sabor a confiar, esperar y agradecer. Por eso, quiero ir finalizando con el último trozo de una “Cancioncita para despertar la confianza”. Dice:

Y después de estos combates

mi Dios

y de tanto caminar,

yo iré

por el soplo de tu Espíritu

a la Patria Celestial.

Al paso del tiempo, cuando ya Freddy Bretón esté disfrutando eternamente de la alegría de los bienaventurados, muchos quizás lo recordarán como el pastor y el poeta chichigua, y quizás esto explique la razón última de que la novela sea intencionalmente eólica, ya que su narrativa comienza en el primer párrafo con un tal Felipe, que “tenía encumbrado un enorme pájaro que bramaba benigna con un rugido grave y sonoro” (p.13), hasta llegar al último párrafo de la novela, donde el autor expresa: “No espero nada sin el cielo de mi infancia, de nubes blancas, de azul profundo y transparente. Tampoco entendería un paraíso sin ángeles o papalotes zumbando alegres, mientras avanzan retozando con el viento” (p.368).

Es verdad. El viento atraviesa toda la novela. Dice el autor: “Es evidente que, después de sentirme brisa altanera que jugueteaba en las cumbres, he llegado a ser un susurro apenas perceptible (p.366). Esa ventolera es el mayor signo de su personalidad. Por eso, en un párrafo de introito, el autor afirma: “En este libro relato las interioridades y peripecias de alguien, quizá las del viento. Creo que está por verse aún quien es el verdadero protagonista de esta historia” (p.7).

Cuando uno ve la estructura de la obra expresada en el índice, uno se convence de que en ella todo es viento: Banderas al viento…Voces en el viento…aires urbanos…Ventolera…Otros aires…Bóreas, el soplo del norte…Viento recio…Siroco, el aliento del Sahara…Aires sureños…Cara al viento…Esperando el viento favorable…Vientos alisios…Barlovento.

Debo confesar el apartado que él titula “Vientos alisios”, fue el que más disfruté, por la enorme jocosidad que le imprimió al mismo, a través de tres personajes reales que conoció el autor como son Doroteo (El Doro), Prisca y el buen Dositeo.

Para darles un “trailler” de la jocosidad permanente que irradia esta novela, me permitiré del mismo texto, mostrarles algunos botones. (Leer directamente algunos pasajes en “Vientos alisios”).

Puedo decir, arrimando el hombro a mi parcela teológica, que Freddy Bretón es un hombre-viento, un hombre-soplo, un hombre-Espíritu.

Los entresijos de la vida, no le han impedido a Freddy Bretón que el viento sople donde quiere y nos lleve, como brisa suave, a disfrutar de la belleza esplendorosa de la vida.

Esta novela constituye un verdadero vademécum de la existencia humana, que transita movida por el viento, superando todas las adversidades.

La pasión seráfica de Martha María Lamarche: sabiduría mística y creación teopoética

Por Bruno Rosario Candelier

 

A

Karina Sánchez Campos,

Cultora de los ideales que trascienden.

 

Martha María Lamarche vino a la vida en la capital parisina con el advenimiento del siglo XX, en el año 1900, y en el 1935 publicó su primer poemario, Cauce hondo, donde anunciaba la veta sagrada de su visión mística del mundo, que reiteraría en Retozos de luz (1950) y en otros poemas publicados en periódicos y revistas.

Sebastián Robiou Lamarche, sobrino de la poeta, escribió: “Martha había sido una mujer de mucha sensibilidad, de una inquieta búsqueda espiritual y de un firme propósito de trascendencia cultural” (1).

En el enjundioso prólogo a la obra poética de Martha María Lamarche, la poeta dominicana y académica de la lengua Ángela Hernández, afirmó: “Martha María Lamarche, a lo largo de su vida, procura gestar una armonía, una forma de unidad y trascendencia que, en lo recóndito, le resultará ardua, demostrándose, una vez más, que ciertas honduras e inquietudes humanas solo encuentran alivio y manifestación por los senderos del arte, la música y la poesía. Lo cierto y patente es que en la poesía de Martha María Lamarche, caracterizada por la concisión, el lirismo y la firmeza expresiva, el misticismo y la emoción religiosa exhuman una delicada sensualidad” (2).

Cultora de arte, militante de la fe religiosa y creadora de poesía mística, Martha María Lamarche se mantuvo al margen de las estridencias sociopolíticas. Ángela Hernández lo dice así: “Tal vez ella, como Emily Dickinson, eligió ignorar las turbulencias del mundo y recluirse en otra suerte de ático, que no la separaba del prójimo, pero sí de los asuntos extremadamente perturbadores de la vida pública”. Y añade: “…en dos poemarios inéditos, En desbocado símbolo y Vino de Engandi, en donde su poesía conquista singularidad, al ofrecer una nítida lectura de los movimientos de su vida interior, perfilados en dos líneas de creación: la existencial y la mística” (3).

Y Julio Jaime Julia consignó: “Martha María Lamarche fue un alma de excepción, un temperamento exquisito que aportó al medio en que le tocó actuar el acervo de su generosa riqueza de espíritu, el patrimonio de la trémula sensibilidad que distinguió como rasgo sobresaliente el tesoro de su ceñida obra creadora, el decoro de su genuina aristocracia mental” (4).

 

La sabiduría mística de Martha María Lamarche

Es cautivante la visión mística del mundo que aflora en la creación poética de Martha María Lamarche. Digo cautivante por la firme vocación religiosa de la agraciada poeta capitaleña. La creación poética tiene una dimensión intelectual, afectiva y espiritual y, cuando el aliento trascendente atiza la sensibilidad de su creador, suele concitar la dimensión mística de lo viviente.

La intuición de una inteligencia sutil y una sensibilidad estremecida explica la hondura estética y espiritual de la lírica teopoética de Lamarche. En su creación, como en su concepción intelectual y estética, lo que le da razón y sentido a la vida posa con el aliento expresivo de sus vivencias y el caudal revelador de sus intuiciones. Para Martha María Lamarche era importante despertar la conciencia espiritual, la base donde suele posarse el sentido de la vida.

La valoración de lo sagrado como expresión y reflejo de lo divino afloran en la lírica de esta agraciada mujer. La dimensión inasible de la angustia y la indolencia es en Martha María tema de su creación, que amasa con lenguaje refinado y simbólico, y su actitud aflora como signo y eco de su opción espiritual y su destino trascendente. La soledad que nace de la convicción, la fe que amortigua la apelación erótica, la entrega consagrada a un ideal espiritual canalizan su pasión entrañable, y en su obra fluyen, a veces subrepticiamente, a veces matizada en emociones abiertas, los sentimientos de una mujer que hace de su arte, de su fe y de su vida el lábaro sagrado de un aliento superior. El fuego sagrado y el júbilo interior que revelan su creación teopoética encarnan la llama sagrada y la pasión seráfica de la creatividad lírica, estética y simbólica de esta grandiosa creadora. “La voz silencia” refleja ese aliento consentido que enciende su sensibilidad y atiza su conciencia:

 

Si Tú no estás, la voz silencia

y el tacto hiere la armonía.

La luz y el aroma cimbrean

en la hendidura de la arboleda,

y no hinchen de vida el arrullo del nido.

El viento no decora la canción,

y en los vitrales la fría luna

en la extensión vacía de la noche llora.

 

Si tú no estás, la voz silencia.

Te quiero…y ¡absorbido!

Lleno de calor, irradiando dentro de mí,

como los abismos de sagradas eflorescencias

vibrantes en las venas mías

en un gigante rutilar de vida.

(En desbocado símbolo, p. 46).

 

Políglota y creadora, nuestra poeta cultivaba la pintura, tocaba el piano, dibujaba y escribía poemas, que endosaba a su fervorosa práctica cristiana, pues asistía a misa cada día y compartía con su familia de la alta clase capitaleña su saber, su sensibilidad estética, su vocación espiritual y su sentido humanizante y trascendente. “Herido el cerebro” con las irradiaciones estelares de la trascendencia, Martha María Lamarche tuvo experiencias místicas, que describe en “Felicidad”, y probó las “uvas divinas” con el vino de Engandí y, embriagada de amor y del éxtasis místico que su vocación contemplativa disfrutaba bajo el hechizo de la luz, alumbraba su conciencia con el conjuro de la dolencia divina y el entusiasmo del aliento superior de lo sagrado, como se puede apreciar en “Vivo”:

 

Vivo embriagada

y llena de ti…

pues me das el vino

de cada viñedo.

 

Vino de tus uvas,

vino de Engandi,

dado de tus manos

por cada denuedo!

 

Que alocada estoy

y fuera de mí…

pues bebo delicias

y tu dicha heredo.

 

Dado por tus manos,

dado a mí…

Mira que aturdida

¡y arrobada quedo!

(En desbocado símbolo, p. 60).

 

La dimensión interior de su lírica, fecunda y luminosa, da cuenta de la mente sutil de la agraciada poeta y del talento creador de su inspiración mística. Las imágenes visuales, sonoras y pictóricas de su lírica revelan su sensibilidad estética, que potencia la obra de su talento poético, fraguada bajo la orientación mística de su espiritualidad católica, índice y cauce de elevada conciencia trascendente, como lo ilustra el poema titulado “Felicidad”:

 

El aluvión de cosas y de seres

siempre atrás, atrás se han de quedar;

ya nada enturbiará mi eterna dicha,

nada, ni nadie, nunca ya jamás.

 

El que dibuja de oro las auroras

y en sangre los ocasos… y al azar

entorna y cierra los azules cielos,

y siempre da, da de su lagar.

 

Ahora, me ha cogido en su regazo,

-aprisco de rumores sin tallar-

y al estrecharme fuerte entre sus brazos

me hizo sentir de su alma el palpitar.

 

Ya nada enturbiará mi eterna dicha

nada, ni nadie, nunca ya jamás…

(En desbocado símbolo, p. 62).

 

“Mi amado”, título de uno de sus poemas, es también la expresión con que la poeta nombra al Padre de la Creación, y sintiéndose la nada entre la nada, la emisora lírica de estos versos, impregnada de la luz de la sabiduría mística, revela lo que da sentido y coherencia a la vida espiritual de la contemplativa poeta, que es el amor:

 

Silencio y medito. Profundo misterio

en que solo veo la nada de mi vida,

y un piélago inmenso que todo lo absorbe

su vida infundiendo la vida en mi ser.

 

Y viene tan bello el Amado mío,

que todo bullicio en redor se acalla,

se juntan las manos, los ojos se entornan.

¡Por dentro la estancia es árbol florido!

 

Y como el pinar me he prendido toda.

¿Por qué si eres Alba has prendido así?

…Al besarme Tú el nimbo de oro

¡de tu blanca veste se ha trocado en luz!

 

Y del que llegó de prístino albor,

tan quieto y callado, tan suave sin par,

quien, luego, dijera volcán en su pecho

¡y que su habla torna en fragua de amor!

(En desbocado símbolo, p. 63).

 

El júbilo que impregna el corazón del místico ha enardecido sus alas en el corazón de nuestra poeta, pues habiendo bebido el vino sagrado del Amado su vida florece con la lumbrosa savia de la fuente eterna, impregnada “del efluvio raro” del divino embrujo, hecho entusiasmo vertido en la expresión sonora del alma tocada por la luz:

 

Ya no hay murmurio en mi palomar,

el leve retozo, el vuelo fugaz

de las blancas alas, reposando están

junto al verde borde del cáliz en paz.

 

Y estoy como vaso ardiente de sed;

¡Contiene mi vida un gran florecer!

Un ansia infinita de reverdecer

en esta mañana de dulce embriaguez.

 

Del efluvio raro brotado de Ti,

creció la corola apretada en mí.

No hubo mes más bello que este de abril,

pues toda aromada del Amado fui.

 

Y ahora, yo soy como estrella azul,

dorada de vida, mecida por tu

olímpica mano; que con gran quietud

lleva en las entrañas tu carga de luz.

(En desbocado símbolo, p. 65).

 

Con En desbocado símbolo (p. 68), la búsqueda mística refleja una senda de luz y de sombras, que subyace en la fuente del decir místico:

 

Senda de fraguas: hace mucho tiempo

renazco en cada reverberación

de tus rojizas y candentes luces

que encajan lenguas en mi corazón.

 

Y no sabes que entonces soy hermosa…

porque preludio el cándido arrullar

del ave que reposa en breve instante

y el vuelo emprende sobre ignoto mar!

 

Y yo pregunto a las rojizas fraguas,

porqué besan con fuego el corazón…

y siento que ellas con delirio me aman

y quieren rosas de mi floración.

 

Y por este minuto de martirio

que da la gloria efímera y audaz,

sendero que mis pasos vas cerrando,

bendito sea por la eternidad!

 

El lenguaje arquetípico, el del protoidioma de la creación, con el formato expresivo de la mística y el protologema de la teopoética, alienta la más excelsa creación, que aflora, rediviva y elocuente, la voz lírica y mística de Martha María Lamarche:

 

Acuérdate, ¡oh Amado!

que en horas bonancibles,

en susurro amoroso

me he revelado entera:

ya no entiendo el porqué

de los vientos que queman,

de los vientos ligeros,

de los que van alegres…

¡Acuérdate!

Ya no entiendo el porqué,

¡oh Amado divino!

Solo tu antorcha veo

en el mar infinito,

solo tu amor siento

en tibia llamarada

dentro del corazón

(En desbocado símbolo, p. 69).

 

En el trasfondo de toda creación subyace el soplo del aliento primordial de lo viviente, que la lírica de Martha María Lamarche asume y recrea en “Como la espiga”:

 

El alma se balancea

al soplo de la brisa;

como la espiga.

 

En busca de luz alza

el tallo de su inquieta y frágil vida,

como la espiga.

 

Para que el Sol dibuje

de oro sus granos que el viento abanica,

como la espiga.

Luego, el raudal de oro

se desparrama prófugo en la vía,

como la espiga.

(En desbocado símbolo, p. 74).

 

La iluminación mística, que atiza la sensibilidad y enciende la conciencia, abre la inteligencia a la más luminosa de las apelaciones trascendentes, como se manifiesta en “Mi vaso”:

En el agua estancada

del vaso de mi vida

hay reflejos del gran azul

con centellas de oro… ¡las estrellas!

 

Y el verde del boscaje

y el plumón blanco de las nubes

a veces, la hacen semejar

el cuadro de un exótico pintor.

 

Rebota el agua

cuando la brisa la acaricia fuerte,

y entonces, de mi gran vaso floral

se desparrama lo superfluo

y cae a tierra musitando quejas

(En desbocado símbolo, p. 78).

 

Los místicos sufren ataques bestiales de las fuerzas malignas del Averno y, en virtud de las coordenadas de sus células cerebrales, abiertas para percibir las irradiaciones cósmicas, son embestidas por diversas entidades mediante presiones, tormentos, aullidos, visiones que los contemplativos sufren y debilitan la resistencia de sus nervios. En “Viento” la poeta revela que mediante la furia de la brisa una fuerza extraña pretende abatirla:

 

Viento: llegas tan fresco, suave y reposado,

que adormeciendo vas mi pensamiento;

Viento, que las mejillas hazme refrescado,

¿de qué país tan bello llegas alborozado?

¡Mira, como has puesto mis cabellos!

Viento, inútil es que ahora al hogar

entres y hagas crujir el ventanal;

¿piensas tú que tu aullido he de temer?

Me rio y digo: ¡déjame ver!

Viento, mis manos y mis pies has vuelto fríos;

pero en mis pensamientos

voy musitando locos versos míos

(En desbocado símbolo, p. 84).

 

En el epílogo del libro En desbocado símbolo, Sebastián Robiou Lamarche rezuma el ideario espiritual de su ilustre tía: “En pocas palabras, para Martha María Lamarche la poesía era el medio para alcanzar a Dios” (p. 133). Lamarche hizo de la creación poética no solo el cauce de su sensibilidad estética y espiritual, sino el fuero de su más alto aliento, la vocación teopoética, índice de su sabiduría espiritual y lábaro de la llama fecunda de su vocación sagrada. Impregnada del rayo sagrado del amor divino, a Martha María le bastó esa llama sutil en su corazón para sentir el fulgor de lo viviente y darle sentido y dirección a su vida, centrada en la pasión divina. En “La lectura ahogada” aflora el aliento apocalíptico que la poeta combina genialmente con la orientación mística de la Khábalah, la frescura estética del Simbolismo y el rejuego popular de la jerigonza:

 

Solo quedamos la superficie plana

de la Torre de Babel.

Los números eran siete. Túnel de un camino

irremisiblemente largo y quebrado.

Sonámbulas de siete ojos pares,

cansadas de la muerte de cosas que encadenan,

arrojamos números a la atmósfera,

números geométricos, y construimos

ciudades cubistas con torres y puertos de mar.

Lágrimas del viento goteaban dentro,

y la piedad se desdobla fuera…

Y el eco, en su divertimiento revelaba

estos siete signos en simbólica luces:

bajo las volutas azules, una fronda dorada,

en la fronda, un pálido rayo lunar,

en la luna, misteriosos guiños de almas,

en las almas, la ardilla danzarina y locuaz,

en la danza, aleros de techumbres rojos,

en los aleros, una gota incorruptible de agua,

y en el agua, el naufragio del triste Pierrot…

Sonámbulas de siete ojos pares,

solo quedamos la superficie

 plana de la Torre de Babel.

(En desbocado símbolo, p. 49).

 

La idea de la nada activa en la poeta una intuición mística con hondura sutil:

 

Nuestra nada es arcilla de eternidad.

 

Sugiere esa expresión que somos barro con alto destino. Y también recrea a la conocida teoría de que Dios crea de la nada. En este poema la poeta retoma antiguas enseñanzas pitagóricas y bíblicas, y fluyen en su visión mística del mundo verdades con muy sabias esencias, índice de que la autora tuvo acceso al Nous, fuente luminosa de antiquísima sabiduría mística, según manifiesta en “Salmo de nuestra nada”. Vale la pena subrayar el acierto espiritual de su intuición mística:

 

Nuestra nada es arcilla de eternidad,

Dios baja a nuestros valles

y hace de ellos cordilleras de su gloria.

Nuestra nada es silencio de los mundos.

Silencio en los éxtasis,

silencio donde solo sopla el latido universal.

Nuestra nada es fuente de agua

en espíritu de holocausto,

holocausto cruzando a la eternidad.

Nuestra nada es milagro de acción,

amor universal, abecedario de letras,

ciencias, artes, filosofía…

Génesis de inspiración, poliedro de luz.

Nuestra nada, es orfandad de soberbia,

es órgano en manos del Hacedor,

verdad, raíz, victoria, fecundidad de soles,

movimiento perfecto de una secreta ley armónica

que es su principio y su fin.

(En desbocado símbolo, p. 51).

 

El trigo, vocablo con simbólica connotación cristocéntrica, fecunda la inspiración de esta iluminada cultora de la lírica teopoética:

 

Con este trigo llovido ahora es mi regreso,

yo he de hacer coda de eternidad para mi cabeza.

No es bronce, ni hierro, barro ni arcilla,

es trigo en flor, suave y fino

como el querer del viento alígero

que en espirales va ensortijando

las manos frías que están desnudas.

Con este trigo sabré obrar con humildad.

Oh sé: no es jugar, lanzar al aire nieblas quiméricas.

Discierno el Ser de esta gran dádiva.

Sé que podría, formando lirios, llevarlo oculto.

Pero yo sé que el trigo henchido es llama pura

de la materia crujiente y hosca por el dolor…

con este trigo llovido ahora en mi regazo,

y esta compacta raíz que implora,

y esta ignota fuerza que rige,

y este saber firme que asienta,

y este torrente ágil que llama,

y el movimiento siempre ascendente

de este querer con el querer divino…

Con este trigo llovido ahora en mi regazo,

yo he de hacer coda de eternidad / para mí.

(En desbocado símbolo, p. 52).

 

Elocuente signo de la voz secreta del Cosmos y del aliento sublime de lo Eterno, como en “Olvido de luz y de penumbra”:

 

 

El silencio existe en la inaudita sombra

de la voz exaltada,

quisiéramos hablar y el silencio solloza,

quisiéramos gritar y la voz se nos ahoga.

Tras la viva luz de los mediodías

el silencio vive en la ceguera violeta

de la pupila levemente apagada.

El silencio tras los vagos temblores

preludia el prodigio de los cauces reales,

y la poesía es silencio fluido de milenios distantes

madurado en el tiempo de luces.

El silencio de la soledad,

en los olvidados jardines interiores,

es cintillo del ocaso en penumbra.

(En desbocado símbolo, p. 54).

 

La creación teopoética de Martha María Lamarche expresa un canto de amor con el fervor que la poeta dominicana vive en su experiencia espiritual ante el esplendor del mundo. Imaginación fecunda y luminosa en la fragua de sus figuraciones estéticas, y también cauce de la sagrada sabiduría espiritual mediante las irradiaciones estelares de ardorosa inspiración divina.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, R. Dom., 6 de junio de 2020.

 

Notas:

  1. “Presentación” de Sebastián Robiou Lamarche, en Martha María Lamarche, En desbocado símbolo, San Juan de Puerto Rico, Editorial Punto y Coma, 2014, p. 3.
  2. Ángela Hernández, “Las claves y los símbolos de Martha María Lamarche”, En desbocado símbolo, p. 9.
  3. Ángela Hernández, “Las claves y los símbolos de Martha María Lamarche”, En desbocado símbolo, pp. 10 y 12.
  4. Julio Jaime Julia, Haz de luces, Santo Domingo, CIPAF, 1990, p. 50.