Isabel la Católica, Pedro el Cruel, Diomary la Mala…

Leí recientemente en un diario el siguiente titular: “Diomary La mala, abrazada a la buena suerte en su tierra.” El artículo  “la”aparece en mayúscula mientras  el adjetivo “mala”, que es lo que diferencia a esa persona de las otras así nombradas, aparece en minúscula.  Lo correcto  habría sido: Diomary la Mala…

La Ortografía de la lengua española, publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española,  señala al respecto que los sobrenombres “son calificativos que siempre deben ir acompañados del nombre propio. Se escriben con mayúscula inicial y van precedidos de un artículo en minúscula.

La publicación académica pone los siguientes ejemplos: Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica y Jack  el Destripador.  Ese  adjetivo con su respectivo artículo delante, hace la función de apellido. A estos nombres podemos agregar los de Fernando el Católico (esposo de Isabel), la hija de ambos Juana I de Castilla quien, por su estado de salud, pasó a llamarse Juana la Loca, mientras su esposo ha sido  identificado como Felipe el Hermoso.

La regla se aplica también para Herodes el Grande (rey de Israel, perseguidor de Jesús),  Pedro el Grande (zar de Rusia)  y el controversial Pedro I de Castilla quien asumió el trono con  ese nombre,  pero sus comportamientos  determinaron que pasara  a la historia como Pedro el Cruel, aunque sus  simpatizantes lo denominen Pedro el Justo.

Los periodistas que suelen mencionar al pícher  Pedro Martínez con el sobrenombre  de Pedro el Grande, tienen también  que observar esta regla.

En cuanto a Pedro el Cruel es título de una novela del autor de esta columna, cuyo personaje principal lleva ese nombre, en honor a la  crueldad que lo caracteriza.

Hablando de novelas, tenemos el  nombre Juanita la Larga, del siglo XIX, escrita por el español Juan Valera.  De España nos llega también el personaje  Antoñito el Camborio, poema de Federico García Lorca, de pura esencia gitana. Está basado en la muerte de  Antonio Torres Heredia. Aquí reproduzco una estrofa:

“¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.”

Entre los apóstoles de Jesús, al menos dos se conocen con  nombres formados a partir de este modelo: Santiago el Mayor y  Santiago el Menor. Como todos los nombres que he citado, sin importar ocupación, categoría  o rango, se escribirán  los de aquellos cuya identidad esté compuesta por  un sustantivo propio, un artículo y un adjetivo: Toña la Negra, Amara  la Negra, Quico el Presidente, José el Calvo.

Apodos y alias

Hay diferencia entre apodo y sobrenombre. Los apodos y  alias  se basan muchas veces en  rasgos de las personas. En unos casos se usan junto al nombre, separados por una coma,  y en otros en sustitución de este. Ejemplos: Lola Flores, la Faraona; Fernando Villalona, el Mayimbe; Sandro, el Gitano; Casandra Damirón, la Soberana; Tetelo Vargas, el Gamo.

Otra forma es colocar el apodo entre paréntesis a continuación del nombre, con mayúscula, la palabra principal. Ejemplo: Johnny Ventura (el Caballo); Joaquín Guzmán (el Chapo) o Pascual Cordero Martínez (el Chino).

Es frecuente escribir apodos entre guiones a seguidas del nombre y antes del apellido: Rafael –Fafa- Taveras, Teófilo –Quico- Tabar, Fausto –Ceja-Rodríguez, Federico –Quique- Antún.

La Ortografía académica recomienda en  lugar de guiones, comillas: Ernesto “Che” Guevara; Víctor “Ito” Bisonó; Eulalio “Lalo” Almonte.  Hasta aquí por hoy, si alguien me fuera a tildar de necio, por favor que lo escriba así: Rafael el Necio.

© 2016, Rafael Peralta Romero.

Recuerden las sílabas

¿Recuerdan aquello de la división de las palabras en sílabas? Aunque pueda parecerlo, no se trata simplemente de un ejercicio escolar. Las sílabas son esenciales para el uso correcto de la tilde o para la separación de una palabra a final de línea. La estructura de la lengua española exige que todas las sílabas contengan una vocal. La dificultad la plantean las consonantes, sobre todo cuando hay más de una.

Pongamos como ejemplo algunos grupos de consonantes que se consideran inseparables: pr, br, tr, gr, y también pl, bl, cl, entre otros. Por regla general forman sílaba con la vocal que los sigue (pla-to, co-bra, tra-go, a-pre-ciar).

Algunos casos de palabras compuestas o con prefijo se apartan de esta regla de división silábica. Prueben a dividir en sílabas las palabras sublime y sublingual. En la primera el resultado de la división es su-bli-me; la segunda, en cambio, separa las consonantes b y l puesto que está formada por el prefijo sub- y el adjetivo lingual: sub-lin-gual.

Existe el caso curioso que forman las consonantes -tl- cuando aparecen juntas. Su separación silábica puede ser distinta según el lugar de procedencia del hablante. El sustantivo atleta se separa como at-le-ta en muchas partes de España y América; en otras áreas españolas y americanas, sin embargo, la separan como a-tle-ta. Prueben, por ejemplo, con atlántico. La forma en que haga la división puede delatar su lugar de procedencia. No se apure; ambas posibilidades son correctas.

Tener el privilegio de ser hablante de una lengua tan extensa, tan antigua y, permítanme la licencia, tan intensa como la nuestra tiene estas cosas. Las variantes aportan riqueza, también dificultades, aunque no serán insalvables siempre que nos sigamos entendiendo.

© 2016, María José Rincón.

Una de murciélagos

Los hablantes, dueños de la lengua, convierten a menudo los diccionarios en blanco de sus críticas. El Diccionario de la lengua española, por su longevidad, debe ostentar el récord. La crítica es un ejercicio saludable, pero, para que sea productiva, es aconsejable que conozcamos bien lo que criticamos.

El DLE refleja los cambios en las palabras y en su valoración incluyendo varias versiones de la misma palabra. He oído a muchos rasgarse las vestiduras por la aparición de murciégalo en el Diccionario. ¿Están locos estos académicos? ¿Lo correcto no es murciélago? Aprendamos con este ejemplo algunos trucos útiles para aprovechar el diccionario.

En el DRAE digital la etimología aparece en color verde. La palabra española para nombrar a este pequeño mamífero procede del latín mus ‘ratón’ y caecŭlus, diminutivo de caecus ‘ciego’. Algo tan tierno como ratón cieguito. Si lo analizamos, el resultado correcto evolutivamente es murciégalo. Pero los hablantes, con el tiempo, le han ido perdiendo el gusto y han dejado de usarla; el Diccionario lo registra incluyendo la abreviatura desus. (desusada) y haciendo notar que se la considera vulgar (con la abreviatura vulg.).

La demostración de esta evolución la encuentran si consultan la palabra que finalmente se impuso: murciélago. Verán que procede de murciégalo. Los hablantes desechan una palabra “correcta” e imponen una “incorrecta”. No es tan raro. El diccionario no hace más que registrar el hecho.

Aunque parezca una incongruencia, los diccionarios nunca tienen la última palabra. Siempre podemos mejorarlos. Un apunte. En la definición académica de murciélago habría que matizar lo de insectívoro. Aunque los insectívoros son los más comunes, hay murciélagos (antes murciégalos) que se alimentan de flores, frutos e, incluso, de sangre.

© 2016, María José Rincón.

Cebiche, ceviche, sebiche o seviche: ¿con cuál me quedo?

Las normas que rigen para la preservación y buen uso de nuestra lengua  no se han hecho por caprichos de los académicos. No obstante, cada cierto tiempo aparecen –y aparecerán-  personas que la emprendan contra  las academias y contra  la ortografía.

Esas personas, generalmente periodistas y escritores, pasan por alto que son los hablantes, con sus prácticas lingüísticas,  los responsables de muchos fenómenos gramaticales y ortográficos revestidos de rareza.

El hecho de que  los hablantes hispanoamericanos no distinguen en su pronunciación las letras s, z, c ha generado situaciones de carácter ortográfico que conllevan que algunas palabras aparezcan con más de una forma de escritura.

Por ejemplo, escribimos zapato y pronunciamos  “sapato”, escribimos cielo y pronunciamos “sielo”, escribimos corazón y pronunciamos “corasón”, escribimos Zaragoza  y decimos “saragosa”. Igual ocurre con una diversidad de palabras.

La Ortografía de la lengua española (2010)  registra una lista de voces, originariamente escritas  con /z/ o /c/,  a las que se ha trasladado  en su escritura  la pronunciación con /s/. La función de la Academia en estos casos es recomendar la grafía que considere más idónea, atendiendo a la etimología de cada palabra.

En el Diccionario, esos vocablos aparecerán con remisiones hacia la forma recomendada, que será la que aparezca definida.  Por ejemplo, la voz  /biznieto, ta/ aparece sin definición, y remite a /bisnieto/  la cual se define como  hijo del nieto de una persona.

A continuación les ofrezco una selección de palabras de uso frecuente que presentan duplicidad de escritura. En cada caso, la primera es la forma recomendada.

Bizcocho/biscocho (dulce preparado con harina, huevos y azúcar). Casabe/cazabe (torta de yuca o mandioca). Cascorvo-va/cazcorvo-va (patizambo, patizamba). Cebiche o ceviche/sebiche o seviche (plato hecho de pescado adobado, típico de algunos países americanos). Cingalés-sa/singalés-sa (de Sri Lanka, antiguo Ceilán). Crizneja/crisneja (trenza de pelo). Curazao/Curasao (isla del Caribe).

Cuzco/Cusco (lugar de Perú). Epazote/epasote (planta aromática).Lisa/liza (nombre de un pez).Manisero/manicero (vendedor de maní). Mezcolanza/ mescolanza (mezcla).Parduzco/pardusco (que tiende al color pardo). Pretencioso-sa/pretensioso-sa (presuntuoso).

Sábila/zábila (planta medicinal, áloe). Santafesino-na/santafecino-na (de Santa Fe).Verduzco-ca/verdusco-ca (que tira a verde oscuro).Zamuro/samuro (ave rapaz diurna que se alimenta de carroña).

En el habla dominicana, zamuro es un adjetivo: persona tímida, introvertida, apendejada.

Zapote/sapote (árbol y fruto). Zonzo-za/sonso-sa (tonto).Zopilote/sopilote (ave carroñera parecida al buitre).

En lo que respecta  al grupo de palabras con las que se puede nombrar  el plato  preparado de pescado o marisco crudo en adobo, puede crear confusión el hecho de que sean cuatro los vocablos. Lo primero ha de ser descartar las que llevan el grafema /v/ y preferir las escritas con /b/.

Quedaríamos con cebiche y sebiche, sin embargo, por el trato que le da el Diccionario académico a cada palabra,  es preferible quedarse con la primera: cebiche.

Se considera anomalía que una palabra tenga más de una forma de escribirse. La aspiración es ir eliminando algunos usos para que predomine la forma que prefieran los hablantes. La unidad, en este sentido, es muy importante para nuestra lengua.

© 2015, Rafael Peralta Romero.

Errores que enseñan

La inmediatez y la brevedad definen Twitter. Si, en nuestros tiempos, estoy casi resignada a la inmediatez, todavía sigo agradeciendo en lo que vale, ya lo decía Gracián, la brevedad.

Por sano hábito de hablante rastreo malos usos lingüísticos; por deformación profesional no puedo evitar señalar los errores con los que me topo. La inmediatez de las redes es mi aliada: una cita del mensaje difundido con un pequeño comentario que ayuda a ver el error y, si quedan caracteres, una explicación de cómo corregirlo y evitar incurrir de nuevo en él.

Los que siguen a Letra Zeta en Twitter (@letra_zeta) saben de mis consejos y mis truquitos (que no tips) para mejorar la escritura o el vocabulario en las redes. ¿Quieren saber cuántas respuestas he recibido a todos estos mensajes? Solo dos.

La ausencia de la tilde diacrítica en la palabra aún, adverbio de tiempo, en un anuncio de Visa; mi retuit haciéndolo notar; la respuesta del equipo de comunicación de Visa, casi inmediata, agradeciendo el mensaje y asegurando que se tendría  en cuenta en el futuro.

La tilde incorrecta en el monosílabo dio en un titular de El Día; mi tuit, su respuesta inmediata agradeciendo la observación y el retiro del tuit con el error.

Todos aprendemos y todos mejoramos en nuestro desempeño. Demostramos además que nos interesa nuestra lengua, que valoramos el trabajo bien hecho y que respetamos a los que nos leen.

Lo que me preocupa, aunque lamentablemente no me sorprende, es la escasez de reacciones. Todos los demás han dado la callada por respuesta. Incluso han seguido enviando el mensaje con el error. Cuán difícil es aprender, que debe ser el objetivo, cuando no se reconocen los errores.

© 2016, María José Rincón.

Mi propia biblia

Aunque todavía esperamos la visita de los Reyes Magos de Oriente, y algunos incluso la de la Vieja Belén, es hora de que dejemos las festividades atrás y nos pongamos manos a la obra con nuestros propósitos para este 2016.

¿Que ninguno de ustedes incluyó entre sus objetivos para este año el mejorar su ortografía, su vocabulario o su expresión oral y escrita? Me lo imaginaba. No se preocupen, la lista de propósitos sigue abierto y, si no, para eso está “Eñe” aquí.

Arranquemos con las mayúsculas para solventar la duda de un lector. Los nombres con los que nos referimos a los libros considerados sagrados por algunas religiones deben escribirse con mayúscula inicial; así el Corán, el Talmud, la Biblia o cualquiera de sus libros, como el Génesis o el Levítico, incluso su denominación de Sagrada(s) Escritura(s).

La palabra biblia en su acepción de texto sagrado de los cristianos debe llevar mayúscula inicial, pero esa misma palabra se escribe en minúscula cuando la usamos con cualquiera de sus otras acepciones. Por ejemplo, si nos referimos a una obra que cierto grupo considera como imprescindible o modélica: Ese manual es la biblia de los contables; o, con inspiración popular, para referirnos a la sabiduría de alguien: Esa niña es una biblia.

Después de casi seis años creo que me van  conociendo; no les sorprendo si me confieso devota de Miguel de Cervantes o elijo el Quijote, este también en mayúsculas, como mi biblia personal. Eso no me impide, es más, me obliga, como miembro de la cofradía cervantina, a demostrar respeto por la ortografía.

© 2016, María José Rincon.

Da igual "cardíaco" que "cardiaco", "policíaco" que "policiaco"

 Hay quienes se preocupan -quizá  usted también- por la pronunciación de un grupo de adjetivos, nadie sabe cuántos, que  se forman a partir de añadir el sufijo /íaco, iaco/ y sus formas femeninas a determinados sustantivos.

Para algunos la duda está en si debe decirse, por ejemplo, policíaco (po-li-cí- a-co) o policiaco (po-li-ciá- co).

En el primer caso, con la fuerza de entonación en la sílaba /cí/, no hay diptongo, sino hiato, la palabra tiene cinco sílabas y por la posición de la sílaba acentuada, es  esdrújula.

En el segundo caso, la fuerza de entonación se ha traslado a la vocal /a/ y por tanto hay un diptongo: ciá.  El vocablo tiene cuatro sílabas y se anota en el grupo de las  llanas por lo cual no se le marca el acento.

Lo que hemos observado del adjetivo “policíaco” o  “policiaco”, derivado del sustantivo policía,  es válido para “austríaco” o “austriaco”, de Austria, y que constituye el gentilicio para los naturales de ese país de Europa.

Otros  ejemplos que nos llegan a la memoria son: iliaco o ilíaco, cardiaco o cardíaco, maniaco o maníaco, elegiaco o elegíaco.  Cada vocablo de estos  suscita en algún momento la duda sobre  la forma correcta  en que ha de decirse. Pero el problema no es tal, no amerita  preocupación, pues ambas formas son aceptadas.

Al respecto,  transcribo lo que explica  el Diccionario panhispánico de dudas, obra de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

La acentuación etimológica latina es –íaco [í – a – ko], con hiato entre las dos vocales en contacto; pero también es correcta la acentuación llana –iaco [iá – ko], con diptongo en lugar de hiato. En el español americano, la norma culta prefiere la acentuación esdrújula ([maníako]); en el español de España es más corriente la pronunciación llana ([maniáko]). Se recomienda adecuar la grafía a la pronunciación, de modo que quien pronuncie un hiato escriba -íaco y quien pronuncie un diptongo escriba –iaco”. (pág. 349).

En nuestro país predomina  la acentuación esdrújula para  estas palabras (cardíaco, policíaco) lo cual indica que estamos en el marco de la norma culta para el español de América.

Pero fíjese  en lo que hace el Diccionario de la lengua española, lo cual no deja de ser pauta  para todos los hablantes.  Respecto del gentilicio de Austria, a  la palabra que da entrada es /austriaco, ca/ (sin tilde, por ser llana). En esa misma entrada, anota que también se dice/austríaco/ (tilde en trí, palabra esdrújula).

En cuanto al vocablo relativo a la policía, la entrada es /policíaco, ca/ (tilde en  cí, palabra esdrújula) y apunta  el Diccionario que también se dice /policiaco/ (diptongo, palabra llana).

El Diccionario privilegia la forma /ilíaco1, ca/  (con tilde) y anota que también se dice /iliaco/ (con diptongo).  En  Anatomía, esto es perteneciente o relativo al ilion, un hueso de la cadera.

Lo mismo ocurre con /cardíaco, ca / (con tilde) y  el DLE  señala que también se dice /cardiaco/ (sin tilde, diptongo).

Lo más recomendable con estas palabras es procurar coordinación entre la escritura y la pronunciación. Si usted quiere decir “car- dí- a- co”, entonces póngale tilde. No exija a nadie que pronuncie “po-li-cí- a-co” si usted no colocó la tilde, y por tanto escribió “policiaco”. Nuestro idioma es asi.

© 2015, Rafael Romero Peralta.

 

Que el futuro nos pille leyendo

Faltan unos días para despedir este 2015 teresiano y cervantino. Para la Academia Dominicana de la Lengua ha sido el año del reencuentro con los clásicos. Nos lo hemos tomado en serio: diez talleres con los que hemos recorrido desde el Cantar de Mío Cid, primera obra literaria conocida en español, hasta el extraordinario aliento poético de San Juan de la Cruz y su Cántico espiritual. Como todo lo bueno, la lectura da seguidilla, así que 2016 nos pillará leyendo.

Todos hemos aprendido; un clásico, como decía Italo Calvino, nunca termina de decir lo que tiene que decir. A través de estos talleres he reafirmado mi convicción de que debemos trabajar para el futuro. Los jóvenes que se están formando como lectores hoy serán los lectores y escritores de mañana.

Un asiduo lector de Diario Libre decidió regalarle el Lazarillo de Tormes a su hija Eleonora, que ha cumplido quince años recientemente. Un regalo que nos habla bien del padre y de la hija. Otra amiga lectora, Marian, quien acaba de cumplir nueve años, me contaba de su éxito escolar con un cuento de su autoría titulado “La gallareta que se equivocaba”.

Eleonora y Marian son el futuro. Con su afición por la lectura se están formando como mejores personas y sentando los cimientos que les servirán como impulso en todo lo que decidan emprender. Decía Dostoyevski: “Déjennos ustedes solos y sin libros y enseguida nos haremos un lío, nos extraviaremos”. Y así nos va desde que nos hemos apartado de los libros.

Estos jóvenes lectores serán los que lleven las riendas de nuestro mundo mañana; y el mañana (un día como hoy es aún más evidente) está a la vuelta de la esquina. No los dejemos sin libros. Felices nuevas lecturas para todos y que el futuro los pille leyendo.

© 2015, María José Rincón.

En Belén con los pastores

Navidad, tiempo de aguinaldos. Una palabra de origen incierto que, al parecer, procede de la frase latina hoc in anno, ‘en este año’, que aparecía desde antiguo en los cánticos populares con los que se celebraba la llegada de un año nuevo. El aguinaldo es el regalo navideño, pero también la fiesta que nos reúne en torno a estos días.  Que levante la mano quien no lleve ya más de uno en el cuerpo este diciembre. Y que no falten.

Costumbres y palabras que se enlazan para evocarnos la Navidad. Algunas, como aguinaldo, nacieron en los lejanos tiempos del latín y comparten esta lengua madre con la mayoría de las voces de nuestra lengua.

Hay una que nació cuando un pequeño pueblo de Palestina le prestó su nombre a una representación que emula sus calles y sus personajes.

Los belenes, nacimientos, portales o pesebres, como se les llama en lo largo del mundo que habla español, bullen poblados de pastores, molineras, labriegos, lavanderas, y todo un ecosistema de ovejas, vacas, bueyes y mulas que nos huelen a campo y a infancia.

Quizás este bullicio ayudó a que belén sumara a sus acepciones las de ‘confusión’ o ‘desorden’. Más difícil me resulta dar razón de por qué los que están en Babia están también en Belén con los pastores.

Los belenes forman parte de nuestra tradición, aunque cada día escaseen más, vencidos por el abeto iluminado. Sea junto al belén o al arbolito, que la Nochebuena los encuentre junto a sus seres queridos y les traiga, al menos, dos palabras hermosas: salud y paz.

© 2015, María José Rincón.

 

Entre chivos y cabras: bien de bien

Hace unos días observaba  a un simpático animador de un programa de televisión en uno de los concursos  en los que pone a participar a sus invitados. En un caso había que responder  la pregunta: ¿cuál  es el animal que ofrece sexo a cambio de comida?  Ente las opciones de respuesta estaba lo que el animador se esforzaba en llamar “la cabra macho”, que era la correcta.

Me pareció inútil su esfuerzo,  pues antes de que ese conductor de programas naciera, al macho de la cabra se le ha llamado “cabro” y “cabrón”.

Cabra (del latín capra) es la hembra de la familia de los caprinos. El Diccionario de la lengua española la define así:

1.f. Mamífero rumiante doméstico, como de un metro de altura, muy ágil para saltar y subir por lugares escarpados, con pelo corto, áspero y a menudo rojizo, cuernos vueltos hacia atrás, un mechón de pelos largos colgante de la mandíbula inferior y cola muy corta. 2. f. Hembra de la cabra, algo más pequeña que el macho y a veces sin cuernos.

En la lengua española  hay algunos nombres que mencionan igual al femenino que al masculino, se denomina “epiceno”, que originalmente significa “común”. Ejemplo de esto son los siguientes vocablos: bebé, lince, pantera, víctima, perdiz, tiburón, persona, miembro.

Pero cabra no está en ese grupo, pues para eso está la voz “cabro”. De  “cabrón” dice el Diccionario: macho de la cabra.

Entra el chivo

En la República Dominicana y  otros países de Hispanoamérica el vocablo “chivo” se ha impuesto sobre cabro o cabrón, igual que chiva sobre cabra.   El Diccionario académico, 23ª edición,   registra  el sustantivo chivo y su forma femenina chiva, con estas acepciones:

  1. m. y f. Cría de la cabra, desde que no mama hasta que llega a la edad de procrear.2. m. Cuba, Nic., R. Dom., Ur. y Ven. cabrón (‖ macho de la cabra).

El Diccionario panhispánico de dudas, obra de la Asociación de Academias de la Lengua Española, hace la siguiente precisión en torno a cabra y cabro:

Cabra. 1. ‘Rumiante de pequeño tamaño con cuernos curvados hacia atrás’. La forma cabra se emplea como epiceno femenino para referirse a cualquier animal de la especie, sea macho o hembra: «También se mostraron otros animales, como cabras, caballos y aves ornamentales» (Tiempo [Col.] 1.12.87). Para designar específicamente al macho se usan, en la lengua general, las expresiones macho cabrío, cabrón o chivo; no obstante, en algunos países americanos y algunas regiones de España se emplea también el masculino cabro, normal en el español medieval y clásico: «Cabras silvestres y uno que otro cabro cimarrón».

De ningún modo piense el simpático animador que lo estoy tomando de chivo expiatorio (macho cabrío que el sumo sacerdote sacrificaba por los pecados de los israelitas). Sólo aspiramos a la perfección en el uso de nuestro idioma.

Quemar o quemarse

Una apreciada amiga sugiere  hablar de verbo quemar  o quemarse, cuyo significado  es abrasar o consumir con fuego. Sin embargo,  en la acepción de reprobar un estudiante una asignatura o  el curso, es un puro dominicanismo.  Dominicanismo semántico, debo decir, pues ese verbo,  sobre todo como transitivo,  tiene empleo muy común en el español general.

Como dice la amiga,  quemarse es peligroso en cualquier aspecto.  Parece que los dominicanos lo hemos tomado de su sentido simbólico, difundido por las religiones, de quemarse en el fuego del infierno para  aquellos que no  pasen la prueba del juicio final.  Los exámenes son un juicio al que se somete el estudiante…

© 2015, Rafael Peralta Romero.

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