María José Rincón y Emilia Pereyra: diálogo virtual sobre Benito Pérez Galdós

Centro Cultural de España y Embajada de España

(https://www.youtube.com/watch?v=aG3KuztIn5w)

 

 Por Miguelina Medina   

     Pautada para ser presentada como dos conferencias, esta actividad fluyó como un diálogo espontáneo, ameno, profesional y lleno de conocimiento. La académica María José Rincón fue la moderadora de este diálogo, quien desde las plataformas del Centro Cultural de España en Santo Domingo y la Embajada de España, dio la bienvenida a todos los participantes virtuales: “Esta actividad del Centro Cultural de España y de la Embajada de España, en el marco de la celebración de la Semana de España, no podía ser menos que nos detuviéramos un momento a recordar la extraordinaria figura personal, humana y literaria de Benito Pérez Galdós, en este año en el que estamos conmemorando el primer centenario de su fallecimiento”.

María José Rincón es filóloga, lexicógrafa, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y, según sus propias palabras, una apasionada de la palabra, de la palabra hablada, pero también de la palabra escrita, “y no hay una palabra escrita con más potencia y más universalidad que la palabra escrita literaria”. Para este diálogo virtual, que tuvo lugar el 15 de octubre de 2020, a las cinco de la tarde, María José Rincón estuvo acompañada por la escritora y académica Emilia Pereyra, de quien expresó lo siguiente: “He querido que me acompañe hoy Emilia Pereyra, a quien le tengo muchísimo aprecio; es mi colega como miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, pero, además, es comunicadora, es ensayista, es Premio Nacional de Periodismo 2019 y, muy importante para el tema que vamos a hablar aquí hoy, es novelista. Tiene una novela histórica extraordinaria, El grito del tambor, publicada por Alfaguara”.

María José Rincón expuso que Benito Pérez Galdós fallece un tres de enero de 1920 y el periódico El País publica este titular: «Don Benito ha muerto. Viva Galdós. Ha muerto el hombre. Viva el escritor. Vivirá en sus obras mientras viva el mundo». Creo que es un acierto extraordinario darse cuenta de que los escritores sobreviven en sus obras y que permanecerán, mientras haya lectores que tengan interés por leerlos”. Para introducir la figura de Galdós, María José Rincón leyó una “parte dedicada a Galdós del poema «Díptico español», que escribió Luis Cernuda, poeta español del grupo de la Generación del 27: «¿Tenías once, diez años al descubrir sus libros?/ Niño eras cuando un día / en el estante de los libros paternos/ hallaste aquéllos./ Abriste uno/ y las estampas tu atención fijaron;/ las páginas a leer comenzaste/ curioso de la historia allí ilustrada./ Y cruzaste el umbral de un mundo mágico,/ la otra realidad está tras ésta:/ con tantos personajes creados para siempre/ por su genio generoso y poderoso./ Héroes amados en un mundo heroico,/ la red de tu vivir entretejieron con la suya,/ tantos que habría de revelarte/ el escondido drama del vivir cotidiano:/ la plácida existencia real y, bajo ella,/ el humano tormento, la paradoja de estar vivo»”.

La lexicógrafa expresó que “si algo nos gusta, cuando amamos a un autor, es tener mucho material para disfrutar de él”. Dijo que sin duda Galdós representa la novela de finales del siglo XIX, representa ese extraordinario cambio literario generacional que representa la entrada, la ilusión del Realismo en la novela, desde luego, esencial”.  De sus datos biográficos compartió, además, que “Galdós nace en Las Palmas de Gran Canaria –vamos a decir que para España es un territorio periférico y mucho más en la época de Galdós–, en 1843, en el seno de una familia humilde, pero que vivía razonablemente bien, con muchos hermanos. Es un niño que recibe una educación básica, pero es un niño inquieto, sensible al que le gusta la música, le gusta dibujar, le gusta pintar; y de repente, encontramos a Galdós trasladado a Madrid, a estudiar derecho, con dieciocho años. Imagínese lo que supone para este joven encontrarse de repente con la gran urbe, la transformación en todos los sentidos que suponía Madrid, en la mitad del siglo XIX, la transformación social, urbanística, política y de las ideas”. Dijo que “todo eso que él captó, con esa extrema sensibilidad con la que él venía, por su personalidad, por su carácter, se refleja en su novela”.

Señaló que “en Galdós hay dos hitos interesantes que son: primero el descubrimiento de la gran urbe, de la variedad de caracteres de personalidades, de tipos sociales que se pueden encontrar en cualquier sitio, pero en la urbe capital de España en plena transformación, como lo era Madrid en ese momento, tiene la materia prima indiscutible.  El segundo hito es esa dedicación al periodismo: creo que la vida a pie de calle, el acercarse a la realidad, el conocer a la gente de tú a tú, el conocer cómo habla la gente, la gente de todos los niveles, de todos los sectores sociales, de todos los tipos de educación, es fundamental para ese dominio del lenguaje que adquiere con el ejercicio respetuoso del periodismo”: Cuando uno respeta su propia herramienta de trabajo, enriquece extraordinariamente ese caudal, y Pérez Galdós, con eso, creo que aumentó la capacidad lingüística que él debía tener, probablemente por sus lecturas, por su formación, pero también en ese ejercicio cotidiano de la pluma”.  Expuso que “Galdós fue el traductor de Los papeles de Pickwick, de Dickens, que muchos hemos descubierto después de muchos años”. Dijo que “era un hombre de una cultura extraordinaria y, sin embargo, a veces, su figura se refleja en un hombre castizo, en el mal sentido de la palabra, como un hombre provinciano, de un ámbito muy restringido”. Destacó que cuando viajó por Europa conoció a la intelectualidad de su época, leyó las literaturas y que “sin duda, ese potencial cultural le sirvió también para abrirse mentalmente a todas las influencias de su época y lo centró en eso que es tan importante en la segunda mitad del siglo XIX: el Realismo en la novela”.

Rincón González consignó que “Galdós es universal, y si no queremos decir ‘universal’, vamos a decir que es uno de los grandes escritores en lengua española”: “A mí me gusta hablar no de literatura española –señaló–, no de literatura dominicana, no de literatura mexicana; me gusta hablar de literatura en español, porque si algo tenemos los que somos dueños del español como lengua materna es ser hablantes de una lengua internacional. Y si tenemos el gran lujo de poder decir desde España que García Márquez, Juan Bosch, Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, son escritores en lengua española, ¿por qué un lector dominicano, un lector americano, no va a atesorar a Galdós como uno de los grandes escritores de la literatura en español?”. 

Emilia Pereyra 

En la exposición de sus criterios, durante el diálogo, Emilia Pereyra puntualizó que sobre Galdós hay que decir tantas cosas, “sobre todo para mí que me resulta un personaje y un autor tan importante por lo que representa para la literatura, pero también para el periodismo”. Dijo que “hay que recordar que Benito Pérez Galdós es un autor de quien nos comenzaron a hablar en la escuela, en los primeros años de nuestra formación, pues también fue un gran periodista y tuvo un ejercicio prolongado de unos diez años escribiendo crónicas sobre las cortes y haciendo otros tipos de trabajos, como críticas –incluso sobre arte–, y yo creo que fue, justamente, este ejercicio lo que lo fue preparando para luego emprender la gran tarea de escribir novelas realistas y novelas históricas que es un campo fascinante no solamente para mí, sino también para otros autores”.  “Realmente Galdós se sumergió en la vida para entender la vida, pero también para convertirla en material literario, que él lo entendió perfectamente”: “Fíjate que en el discurso que él pronuncia para ingresar a la Real Academia Española, él deja muy clara esa mirada, lo que es el Realismo y la novela, y dice en ese discurso algo así: “Imagen de la vida es la novela, y el arte de componerla estriba en reproducir caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico, que nos constituye y nos rodea; y el lenguaje, que es la marca de la raza; y las viviendas, que son signos de familia; y la vestidura, que diseña los últimos trazos internos de la personalidad, todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza”. 

Expuso con brillantez Emilia Pereyra que “este autor reproduce en este discurso su visión, su particularísima mirada sobre lo que es la escritura de novela, cada detalle”. Dijo que “así lo reflejó, en todas esas formidables novelas que escribió”. Pereyra expresó que “ese conocimiento de la dinámica, de la política, de las coberturas de los acontecimientos se iban sucediendo o el que le tocaba hacer, luego se reflejan también en todas esas discusiones y confrontaciones que aparecen en sus novelas y en los mismos Episodios nacionales”.

Expresó que Galdós “no solamente fue un conocedor de la cultura, de la vida en la capital española, porque viajó por toda España, incluso, y viajó, no en primera clase, viajó en tercera clase justamente para entrar en relación con ese tipo de público que quería reflejar”. Expresó, además, que Galdós conoció otras literaturas: podía leer en francés, en inglés, y conoció la literatura francesa de su época e, incluso, fue un gran lector de grandes autores como Balzac, Dickens y Flaubert. Expresó que “quizás muchas personas de estas últimas generaciones no se dan cuenta del valor extraordinario que tiene Galdós para la cultura española, pero también para los hablantes de todo el mundo, para la literatura en sentido general, porque es una figura que se puede parangonar con otras, como Balzac, que es un escritor francés de gran repercusión”.

 

   Según Emilia Pereyra, hay algo que hay que destacar de Galdós y es su extraordinaria disciplina que tenía este hombre

—Fíjate, Emilia –dijo María José-, déjame darte el dato, que lo tengo aquí anotado porque hay que leerlo para creerlo: Galdós escribió 77 obras de ficción, 46 episodios nacionales y 31 novelas.

—Emilia Pereyra: Eso es insólito. Sin hablar de las obras de teatro, que son varias, María José.

—María José: Sin hablar de las obras de teatro ni de las crónicas periodísticas.

—Emilia Pereyra: Era tan fecundo que es inconcebible que pueda haberlo sido, pero realmente él lo logró a base de disciplina y talento, porque tenía una capacidad extraordinaria para que las palabras le fluyeran. Le fluían constantemente.

—María José: Sí. De hecho, le permitió vivir de la escritura.

—Emilia Pereyra: Claro, en una época en que no todo el mundo podía hacerlo. Y hay que decir que, a pesar de esa gran producción, muy valorada en sentido general, tiene obras que se consideran maestras, y a pesar de todo eso no le concedieron el Premio Nobel, porque surgen tipos de cuestionamientos en ciertas generaciones y, sin embargo, son las siguientes generaciones las que valoran de una manera serena y pueden sopesar la trascendencia de su obra. Fíjate que en este centenario se han hecho una serie de eventos en torno a la obra de Galdós para resaltar su importancia como autor fundamental de España y para la cultura hispanoamericana y yo creo que ya la figura de Galdós se ha valorado en su justa medida. Y muchísimos escritores que tienen mucho crédito en nuestro ámbito literario han expresado su satisfacción, su celebración en torno a la obra de Benito Pérez Galdós. Lo ha hecho, por ejemplo, Mario Vargas Llosa. Se han publicado biografías, se han dictado conferencias para celebrar la obra de Galdós y se ha estado promoviendo: “Creo que ha llegado el momento en que realmente la figura de Benito Pérez Galdós brilla como nunca, aunque hay que decir que en muchos momentos de la vida literaria, él ha sido valorado debidamente por críticos importantísimos, por lectores, ha sido también leído en las escuelas, ha sido analizado, ha sido valorado, yo creo que forma parte de la Marca España también a esta altura del juego”.

 

Preguntas y respuestas

—María José: Nos pregunta Gabriela Read que, ante una obra tan prolífica, y tú que lo digas, Gabriela, ¿por dónde podemos comenzar a leer a Galdós? Fortunata y Jacinta, mi novela favorita de Galdós. Galdós tiene 8000 personajes (alguien se atrevió a contar los personajes de Galdós). Su obra es un microcosmos, y dentro de su obra Fortunata y Jacinta es un microcosmos extraordinario en el que están reflejados todos los caracteres, todas las pasiones, todos los momentos diferentes de sentimientos, de pensamientos y reflexiones de la vida del hombre. Por eso es tan universal Galdós. Pero si nos gusta mucho la historia tenemos esa extraordinaria serie que son los Episodios nacionales. ¿Tú por dónde empezarías, Emilia?

—Emilia: Bueno, tú sabes mi preferencia por la novela histórica, pero te voy a conceder toda la razón, cuando hablas de Fortunata y Jacinta creo que es una buena novela para introducirse en el cosmos creativo de Galdós y también hay que decir que su primera novela es La Fontana de Oro, que es una novela inicial, luego él va a seguir avanzando y dando muestra de su progreso como novelista, pero creo que sí que a Galdós hay que comenzar a leerlo por Fortunata y Jacinta. Él logró algo que no es tan fácil de conseguir cuando se escribe: conjugar en la memoria histórica, la memoria particular y la memoria emocional que es la que realmente la que enriquece los caracteres, María José. Es decir, un escritor que se precie de trabajar esos personajes a fondo. Y para trabajar la historia emocional el autor tiene que sumergirse en toda esa emocionalidad colectiva y en la suya propia que está viviendo en ese entorno y, entonces es lo que puede dotar de profundidad. A mí me parece esto un aspecto fascinante de la obra de cualquier autor, pero en Galdós se puede percibir muy bien, tú notas la profundidad que tienen sus personajes, la profundidad emocional, la profundidad de sus caracteres, son muy particulares y eso demanda un trabajo de orfebrería profunda para lograr completar esos perfiles de una manera total que puedan enlazar y conquistar al lector. Cuando tú lees un texto de Galdós puedes apreciar que se ha deslizado sin cortapisas esa fluidez, ese trazo elegante, socarrón que va enriqueciendo, va pespunteando el texto y me parece que eso es extraordinario.

María José expresó que “la lectura tiene la capacidad de abrir puertas, de abrir ventanas, mirar hacia otros mundos, de alejarnos un poco de nuestra realidad, pero también de hacer como hizo Galdós, acercarlo profundamente a nuestra realidad en el ánimo de comprenderlo –a veces nos alejamos irónicamente–, como él y como Cervantes, siempre con ternura, porque hay que ser felices también, la lectura nos debe ayudar a ser felices. Yo quiero terminar –agregó– con una cita del propio Galdós en una entrevista que él dio ya cerca del final de su vida, me parece de una grandeza extraordinaria, él sabía que era un autor de éxito entre sus lectores, pero también él sabía que era un autor a veces menospreciado por autores coetáneos, pero él lo dijo así, Emilia, era un grande sin duda: «Yo imagino, sin embargo, un tiempo en que cambiarán de parecer los que hoy empiezan a verme como un viejo maniático, obstinado en tomar en serio las luchas del siglo XIX y en ver por todas partes supervivencias del Absolutismo. Es eso que llamamos posteridad y tiene la virtud de sumar el juicio de varias generaciones sobre lo que valga la pena de ser leído, cuando mi estilo y el de todos no valgan por la sorpresa de la novedad, sino por otras cualidades más permanentes».  

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