Sobre el ojo de la lengua de Jennet Tireno

Por Miguelina Medina 

 

Al hacer la presentación de esta obra lo primero que haré es poner de manifiesto el espíritu del pensamiento natural y analítico de la autora, y con ello a ella misma.

Jennet Tineo tiene en su interior una fuerza que es un don natural. Esa fuerza natural está en ella ejercitada. Así, de una manera natural, a este tesoro, le hizo cercos de protección con sus aprendizajes impactantes. Con más fortalezas que debilidades, y reconociendo lo mismo en los demás, desvaneció males a su alrededor para apartar su conciencia, delicada y sutil, de las contaminaciones naturales del camino. La firmeza de su pensamiento muestra una persona que analiza consecuencias antes de encaminar sus decisiones. Sus metas, pues, las recorrerá sin vueltas atrás. Eso es grandioso, porque desvanece las posibles culpas de los dejos de los años conglomerados en la inercia. El alma de Jennet Tineo está llena de sabios años y su elevado espíritu está grabado en su pensamiento.

La arquitectura discursiva de Jennet Tineo en la presentación de su obra

La integración de la Arquitectura con la poética discursiva de nuestra autora demuestra que ella ha percibido más informaciones de las que hay en las periferias de la lengua. Por eso ha visto al artista dentro del “ojo de la lengua” y dentro de su propia lengua. Ella se lanza sobre unos ojos que ella puede ubicar porque conoce el interior profundo de las cosas. Y a las orillas de la profundidad las deja quietas, en esta obra. Veamos el paralelismo en la idea que nos transmite el título “Sobre el ojo de la lengua”: ‘En el ojo del ciclón’.

¿Qué es el ojo de un ciclón? “Es una región con simetría prácticamente circular, que se encuentra en el centro de un ciclón tropical fuerte. En él se deja entrever cielo despejado, y justo en el eje de simetría los vientos son leves […]. Allí se registra la presión más baja a nivel de la superficie, y en la tropósfera media se dan las temperaturas más altas…El mecanismo exacto que genera el ojo es todavía un tema de debate entre científicos. Una explicación posible es que el ojo es el resultado de un gradiente de presión vertical, asociado con el debilitamiento y dispersión radial del viento tangencial […]”. (https://www.meteored.com.ar/noticias/ciencia/el-ojo-del-huracan-que-es-y-por-que-se-forma-bandas-exteriores-lluvia-presion-ciclon-viento-tormenta.html).

Si trasladamos estas definiciones, todos estos términos son símbolos que se adecúan a lo que nuestra autora quiere transmitir con su discurso.

En este libro no hay hipótesis, hay la exposición de un argumento y lo soportan los estudios en los cuales ella se ha basado. “Sobre el ojo de la lengua” pone de manifiesto la estructura de las conceptualizaciones de su autora y el riesgo que hay que tomar en cuenta para prevenir que esta estructura se derribe o sufra daños entre posibles tormentas que, además, vienen con vientos, temperaturas variables y miedos en quienes la habitan.

Aunque analizada, de una manera espontánea ella utiliza el conocimiento que obtuvo al ver la Arquitectura por dentro. Experta camina sobre los temas interiores, diseños y fórmulas que a la realidad debe llevar y que, incluso, debe estar acreditada para construir sus edificaciones. Es decir, nuestra autora, al conocer el riesgo de sus afirmaciones, toma las medidas de seguridad para proteger su estudio.

Todo el estudio con el que nuestra autora presenta su obra está lleno de una arquitectura única, un elaborado discurso y fluido ensayo. Su estructura está sin riesgos, sola una Fuerza es superior a ella, y no es riesgo, es Verdad. Y si algo puede parecer debilidad, es poesía. Y en esto es que la autora ha especializado magistralmente sus conceptos. En su ensayo analiza obras literarias de una gran analista de la palabra simbólica, metafísica, inspirada, intuida y revelada, y obras poéticas que son el sostén de sus argumentos.

 

Afirmación del ensayo y su conclusión  

  En su afirmación, “el lenguaje simbólico en la poesía: una puerta a la creación del mundo físico a través de espíritu de la palabra”, nuestra autora quiere consignar que “maniobrar la lengua, sus sonidos, el idioma en sus signos, la palabra desde un punto más que el intelecto, es aprender a sembrar las semillas de nuevas realidades: nuevos espacios-tiempos, que convocan en sí mismos nuevas sociedades, y en ellas un nuevo espíritu” (p. 7).  

Una sutil tristeza ha acompañado a la autora en estas conclusiones, pues está adherida a una esperanza profunda llena de amenes. Quien ama a la palabra ama a los demás. Nuestra autora, fuerte como es, sabe que a pesar de tomar todas las medidas de seguridad, sobre su obra hay una Fuerza impredecible, pero jamás incomprensible, pues sabe que el ojo de Dios está sobre toda fuerza que vemos y que no vemos y solo Él las controla, como aquel que controló el viento que sopló fuerte en la barca: Jesús (Marcos 4:39): “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento y se hizo grande bonanza”.

Como poeta que es, nuestra autora nos introduce a su discurso y nos conduce con su “lenguaje único, el que cada quien lleva dentro cuando se le toca”. Sus conceptos los adorna, a veces, con “danzas” y en la mayoría de las ocasiones nos hace entender las líneas de sus pentagramas, sus silencios, sus signos y, por supuesto, las claves, porque sin claves, las notas en los pentagramas no tienen sonidos, los acallan los ruidos del ciclón cuando cesa. Pero todo es bueno en la palabra. Esto ella lo sabe. Lo podemos ver en su propio metafórico lenguaje y simbólicas palabras:

 

“El poeta es quien lee poesía en las hojas de los árboles, 

es el que escucha poesía en el silbido del viento. 

Es un mito. 

El poeta es un poema que se escribe en las manos del tiempo, 

el velo descorrido de la verdad interna, 

es la voz tatuada en todas las gotas de la lluvia, una noche cualquiera; 

el poeta tiene en la mirada un simpático artefacto multiusos 

que algunas veces atrapa objetos 

para pulverizarlos y extirparles un secreto, 

y otras atrapa vibraciones, la nada, el eco del silencio”, (p. 32).

 

Desglose del ensayo

Sobre el ojo de la lengua es un libro que está construido con ensayos, creados por la autora para estudiar obras literarias de diferentes escritores. Y digo construido porque la autora creó cada uno de esos ensayos en su tiempo aislado, nos los creo con el objetivo inicial de conformar este libro. Podemos ver las fechas de las publicaciones y el ambiente en el cual fue publicado o leído. Desde el año 2012 hasta el año 2016 fueron expuestos a los lectores. El libro, Sobre el ojo de la lengua, fue publicado en 2016, significa, entonces, que nuestra autora, y solo ella, conocedora de cada estructura, podía conformar su libro porque la estructura secuencial ensayística que tiene es, como si se hubiera constituido cada estudio con el objetivo de construir su ensayo general. Si le quitáramos las fechas, por ejemplo, no notaríamos las diferentes épocas en que fueron escritos, porque los conceptos no ofrecen ninguna notoriedad de estar desvirtuados del criterio argumentativo de su ensayo, cuyo título podemos leer en la segunda página de este comentario o página 7 de la obra. Algunos, muy expertos, podrían encontrar diferencias de tiempos en la manera de exponer de la autora, pues algunos estudios los ha colocado no en el orden secuencial de las fechas, sino en el orden en que los necesitó para argumentar.

   La autora hace la siguiente afirmación: “El lenguaje simbólico en la poesía es una puerta a la creación del mundo físico a través de espíritu de la palabra”.

Ella se ausculta: “¿Por qué sentimos dentro ese impulso hacia la creación?”. Y se responde: “Este universo conocido es, en su infinita complejidad, obra de todas las mentes, por tanto, esto que llamamos realidad es creación colectiva que continúa creciendo, tiene en su interior un pálpito inquebrantable e inamovible, una vibración que va formando un curso y un discurso”. Luego expresa: “La palabra es el símbolo gráfico y sonoro que nos vincula a nuevas realidades. Ella, en sí misma es el impulso de la creación. La palabra es un puente, el espacio medio entre lo manifiesto y lo no manifiesto”.

La autora nos está diciendo que “el universo es el conjunto de todas las creaciones” que “en él hay una vibración que cursa y discursa y por esta razón algo nos impulsa a escribir y es esa misma palabra creada que tiene su propia fuerza y ejerce su propia fuerza en los creadores para ser plasmada. Y esa palabra es lo que lo hace entendible, es la que descifra las grabaciones del universo; es decir, es el medio para entender lo cifrado en él”. Dice que “es el vínculo que nos mueve en los dos mundos, el creado y el que visualiza la creación, el creador”. Así es que lo traduzco, haciendo una paráfrasis de sus palabras.

 

 Desarrollo de los conceptos  

  1. Por otro lado, la autora expone que “más allá del espíritu que cada época evoca existen valores esenciales a los que el escritor (y todo artista) aspira a experimentar en su obra” (p. 7). Y explica que “en la poesía existen muchas corrientes y en ellas un sinfín de experiencias y formas de vivir el arte poético”.  Dice también que “la tradición nos plantea un cuerpo denso de características y cualidades que han servido de guía a la ruptura y a la heterogeneidad, que las nuevas formas de expresión, nos plantea”. Y añade que “no hay ruptura, novedad, creación sin la base firme de una tradición” y que esta tradición, “más que el conjunto de técnicas o formulas del pasado, son el aire mismo del que se sirve el poeta para encontrar desde ese latido una nueva realidad simbólica”.

En estos criterios la autora expresa nuevamente que “la palabra tiene un poder visible dentro del mundo ya creado, un poder cincunscrito en la reverberación de ese mundo, no visible, no audible, percibida en un estado sutil de la conciencia” y que “los poetas estamos llamados a crear a través de la palabra a envasar esas emociones en la composición poética”.

  1. La autora expone también que “se defiende la idea de que la principal finalidad del arte es la búsqueda de la belleza”. Y trae a su reflexión la siguiente pregunta: “¿Es realmente la búsqueda de la belleza la razón primera del llamado poético al interior de la humanidad?” (p. 8).

Jennet Tineo sostiene que “al comprender el poder intrínseco de las palabras como símbolo gráfico y sonoro que vinculan lo manifiesto y lo no manifiesto, entendemos el valor no visto del arte poético”. Y enfatiza que este valor es “un valor escondido que pocos poetas conocen desde una conciencia despierta”. Señala que “muchas veces la poesía es ejercicio de afirmación personal y experimento del ser social lo que la relega a ser objeto dentro de un panorama material que contiene a sí mismo el mecanismo para desecharla una vez no responda a su tiempo-espacio-cultura, cuando el hacedor de mundos, que hay detrás de la palabra, se activa conscientemente en el que escribe”. Y añade: “entonces ese recipiente de palabras, que es el poema, es permanente vibración, ola constante que crea dentro y fuera de la mente colectiva”.

Con esta explicación la autora nos está diciendo también que ese “hacedor de mundos que hay detrás de la palabra” es ese “valor escondido que se activa cuando entendemos el poder intrínseco de la palabra como símbolo gráfico”. A eso se refiere la autora, y con ello enfatiza la afirmación de su ensayo que dice: “El lenguaje simbólico en la poesía es una puerta a la creación del mundo físico a través de espíritu de la palabra”.

III. La autora retoma el concepto de la tradición en la creación poética, es base de su estudio también. Ella expresa y valora la historia de las creaciones en sus contextos como base natural de los tiempos y continúa en el mismo que no se detiene, por lo cual trae sus conceptos, los ha entrelazado y desenlazado en su visión metafísica de mundo y de quien se vincula a él de la misma manera. Por eso ella dice que “pocos poetas conocen desde una conciencia despierta” ese “símbolo sonoro y gráfico que es la palabra”. Leamos este concepto: “Entre la tradición y la ruptura como ciclos rotatorios en las artes, existe un gran zafacón y unos archivos muertos” –dice– y que “los ciclos son falsas señales de evocación: la verdadera búsqueda no debe ser hacia la diferencia sino hacia el mejor entendimiento, tener una conciencia plena del uso del arte para comunicar y con eso impulsar un nivel superior en los seres” (p. 8).

[Y en este instante me voy a detener brevemente para recalcar la fortaleza interior de Jennet Tineo. Percibo que, de niña, cuando expresaba sus inquietudes y reacciones, ante las cosas que le asombraban, fue escuchada con respeto. Y recordé las palabras de valoración de don Bruno Rosario Candelier a los niños de la Escuela Primaria El Algarrobo, cuando hacían preguntas (Moca, 9 de octubre de 2019). Les decía con ternura que “quien aprende es quien pone atención”: “¿Quién aprende? Aprende quien pone atención, porque cuando ponemos atención se activa la memoria, se activa nuestro intelecto. Se desarrolla nuestra capacidad de actuar cuando ponemos atención. Entonces poner atención es la clave del éxito en el mundo de los estudios, en la tarea de estudiar y de prepararse” (https://www.diariolibre.com/revista/cultura/rosario-candelier-analiza-cuento-de-bosch-ante-estudiantes-mocanos-OB14738251).  A nuestra autora, la delicada intuición la acompaña desde niña].

 

  1. Ella expresa, además, que “todas las artes son espacios de comunicación abiertos sometidos a la interpretación”, pero “el arte debe buscar expresar el principio único desde todos sus componentes y temas: es esta la forma de abrir las alas del espíritu humano”. Explica que “el manejo del mensaje en el caso de la poesía se da como en otras artes, en grados y estos grados está basado en el uso óptico de los materiales que componen la obra” (pp. 8, 9).

 

Los términos estilísticos que forman la arquitectura discursiva de Jennet Tineo van   provocando deleites al lector y lo rinde a caminar por toda la obra. Les inquieta a conocer esto que ella quiere transmitir, que quiere esclarecer en el entendimiento de los demás y enhebrarlos con su honda reflexión.  En su exposición señala que “la utilización de la palabra en su apreciación formal es su primer grado desde su significación y su relación con las demás palabras”. Afirma que “más allá de esto está la vibración sonora, lo que provoca como música en el tiempo”, lo que hace que “el mensaje quede impregnando las metáforas y aliteraciones, las analogías que también van a llamarnos hacia un territorio novedoso “donde el símbolo extiende su reino quedando codificado en el espacio textual una sustancia de múltiples caras”.

 

La escritora presenta, en su concepción simbólica de la poesía, un sentimiento poético con el que eleva sus conceptos a la belleza. Ya no solo convence, ella puede entender a los poetas porque ella misma es de esos poetas que ha estudiado: poetas de musas y silencios postrados. En una disciplinada observación de su derredor ella ha depositado su conocimiento con una estructura bien equilibrada. Ella maneja la voluntad de su ensayo. Mas, pueda que su poesía y ella, a veces, tengan que ser iguales pues no podrá siempre dominarla porque es impetuosa y madre. Parecería que su visión interior tiene secretos a granel y los contiene. Ella se apoya en este género literario para expresar lo que ha percibido dentro de ella misma como la inmensa verdad de la poesía, y lo hace por medio de los estudios que se hace acompañar para sostener su afirmación: estudios de un gran ensayista, y sus propios estudios sobre la adecuación simbólica natural de los grandes poetas. Pero “no todos accederán” a lo que ella está transmitiendo porque es necesario abrir la sensibilidad del entendimiento a la sabiduría superior de los demás, como lo ha hecho ella. Luego de expresarse en su concepto ensayístico, nuestra poeta descansa, pues cumplió con su compromiso espiritual de elevar el espíritu de los demás. Algo muy hermoso que da el sentido final a su obra.

 

  1. Nuestra ensayista expone, finalmente, que “en la modernidad la ruptura se da desde los difusos límites entre los géneros literarios y entre las artes”. Dice que“todo comienza a cohabitar fusionándose y despertando una heterogeneidad que se extiende sobre las estructuras posibles de los movimientos de tradición, llegado a proponer un cuerpo estético sin borde o cuyos bordes son movibles que dejan un espacio para la subjetividad en la actividad creadora y en esta palabra enfocamos al individuo y no desde el campo que compone su experiencia individual para entender el mundo”.  Y añade que es en “ese punto donde es su presencia la fuerza primordial del enfoque creativo, donde se invoca una libertad que permite a la prosa crecer dentro del verso, a la novela ser poema y al poema ser cuento” y puntualiza que “este es un síntoma de una nueva compresión ya no solo del arte poético y literario sino de la evolución desde un conocimiento más docto del lenguaje y su símbolo”.

 

Las obras de los poetas y ensayistas estudiadas por Jennet Tineo en su estudio:

 

  1. Ontología de la palabra, de Karina Rieke, dominicana, nuestra ensayista la presenta con la siguiente expresión: “El misterio del alma humana en Ontología de la palabra”, y dice: “encontrar esa verdad que nos habita es una de las funciones más evidentes del lenguaje, de la palabra. El lenguaje y el pensamiento no son entes pasivos en el desarrollo del fenómeno humano, muy al contrario, son los ingredientes activos que nos transmutan, nos recuerdan y nos construyen” (pp. 12, 13):

 

                    “El disminuido espacio come el cuerpo         

la palabra que hace alzar la cara 

para ver el transcurso de lo inevitable 

hasta que encuentren unos labios aferrarse 

y no sean los míos”.

“Ahí están 

los que mueren noche tras noche 

amándose hasta garabatear 

en su cuerpo su misma defunción 

y aquí estamos los otros 

los que reventamos de envidia por un beso 

aunque sea ajeno”. 

“Hurgo el mundo 

para no sentirme tan sola 

habito estas palabras 

para no morirme con mi muerte”.

 

  1. La intuición trascendente (Creación metafísica estética y simbólica), de Bruno Rosario Candelier, de la que Jennet Tineo la presenta identificándoles “Las musas de fuego”: “Hojas de un libro-tierra son levantadas por las manos-aire, en busca de un pensamiento-fuego, tallado en el papel que llegan a la mente-agua”. Y dice: “para generar una idea en ustedes, resalto las siguientes líneas reflexivas escritas por su autor: “En el sentido cósmico confluyen la corriente armónica, la fuera telúrica, la potencia erótica y la energía divina que integra la esencia de lo viviente” (p. 40).

 

Nuestra ensayista consigna que “en esa forma de expresarlo vemos a qué se refiere cada elemento: la corriente armónica podría simbolizarse como el elemento aire, la potencia telúrica, tal como indica al elemento tierra, la potencia erótica al elemento fuego y la energía divina al elemento agua, porque tal como el agua, es capaz de tomar formas y recipientes diferentes, múltiples cuerpos vivos”. Dice que “Bruno Rosario Candelier logra esto a través de estudio profundo a poetas excelsos, creadores distintos” y que “comenzando con cuatro jinetes de la palabra, cada uno aborda un caballo metafísico singular”. Veamos cómo ella lo expresa:

 

*“El bardo a quien dedica el primer estudio titulado «La vertiente metafísica y estética en la lírica de Ruben Darío, representa en su obra y creación al elemento aire»: eleva una antorcha de aire con los símbolos de su lenguaje-torbellino, nos habla del barquero interior, la ventada oscura, tal como subraya Rosario Candelier en estos versos del poeta” (p. 41): “Y contra el mar los remos, del barquero interior que maneja hacia puertos, que mirar sólo pueden no los ojos abiertos. Hablo de aquellos ojos que piden transparencia, los que la noche llenan tan hondos de presencia”.   

 

**“Mortal hechizo el que nos espera con el segundo jinete, caballero del fuego, a quien Bruno Rosario Candelier le dedica el segundo estudio del libro, bajo el título «La sensibilidad metafísica en la lírica de Pablo Neruda». El autor nos vincula en su análisis al decir apasionado del poeta chileno, muestra cómo las musas del fuego perpetúan el ardor del amor, de la muerte, del dolor, de los deseos y sus múltiples galerías. Al hablar de la creación nerudiana, Rosario Candelier la vivifica en tres grandes apelaciones, a las que denomina la pasión estética, la pasión erótica y la pasión cósmica” (p. 42):

 

“Y que yo pueda al fin, correr en fuga loca 

inundando las tierras como un río terrible 

desatando estos nudos, ay Dios mío, estos nudos 

destrozando, quemando, arrastrando 

como una lava loca lo que existe 

correr fuera de mí mismo, perdidamente 

libre de mí, furiosamente libre 

¡Irme Dios mío, irme!”. 

 

***“El tercer jinete viene montado en un Caballo de tierra, cuyos movimientos nos estremecen. Se trata de un poeta dominicano, a quien Bruno Rosario Candelier le dedica su tercer estudio titulado «Visión social y metafísica en la poesía de Manuel del Cabral”La afinación de su voz poética con la vibración telúrica nos queda clara en su obra, esto es ampliamente subrayado en este estudio (La intuición trascendente, p. 44):

 

“Tu caballo 

hubiera sido siempre una bestia cualquiera. 

Tal vez sin estas cosas los muchachos con sueño 

ya hubieran enterrado tu pistola, tu espuela; 

todo lo que en tu cuerpo y en tu aire 

es la tierra que quiso no quedarse dormida”. 

 

La autora expresa que “Bruno Rosario Candelier potencia nuestro conocimiento desde el yo-carne hasta el yo-espíritu”, al señalar lo siguiente (p. 45):

 

 “Sensorialmente no es fácil situarnos en la realidad que contemplamos puesto que tenemos los cinco sentidos físicos, como la vista, el oído, el olfato, gusto, el tacto, que son una especie de antenas que nos conectan con la realidad y nos permiten tener una comprensión física de lo existente. Es comprobable la existencia de una realidad que captamos con los sentidos corporales cuando percibimos los datos sensoriales de las cosas. Pero al mismo tiempo contamos en nuestra interioridad con poderes especiales como, por ejemplo intuición, la memoria y la imaginación”. 

****Finalmente dice nuestra autora: “así abordamos al cuarto jinete, que llega montado en su caballo de agua, salado, flexible, poderoso y mutable. El estudio dedicado a este poeta dominicano se titula «La conexión metafísica en la lírica de Manuel Rueda»”, poeta dominicano. Y expone que “en el primer poemario de este autor, La criatura terrestre, Bruno Rosario Candelier nos dice que encontraremos «una manera singular de señalar y perfilar el efecto de la tierra, el agua, el fuego y el aire en la sensibilidad y la conciencia, la forma como imprimen su huella en la sensibilidad física y espiritual»” (pp. 45, 46):

 

“Como frutos guardados en bandejas de alabastros, 

como tierra abonada a los sonidos 

así oía laúdes en corrientes de plata reclinados. 

Y volcanes seráficos: 

toda la geología, los perfiles del astro, mar 

el mar meciendo tu riqueza de navío que no arriba 

que mece, que es cadena azul, que es mulso azul, 

ágil sobre otro muslo tembloroso”.

 

Toquemos un último poeta, para completar esta presentación de Sobre el ojo de la lengua, de Jennet Tineo, a quien agradecemos sensiblemente su excelsa manera de ser.

 

  1. Ella analiza Mi infierno, poemario de Elsa Báez. Y lo presenta con el título “Cuando el amor es un oscuro gesto que lacera la palabra” (p. 125). Dice que “la palabra soledad se yergue viva y salva dentro de las muchas que sustentan nuestra lengua y el lenguaje íntimo del alma”. Expresa que “la soledad puede experimentarse desde la poesía como un personaje que susurra expresiones tibias y melancólicas a los oídos del artista”.  “La poesía nos hiere –dice Jennet Tineo–, nos abre de tajo la situación del cuerpo emocional y esa apertura, fisura, quiebre, está casi siempre llena de un magma pasional, de un fuego provocador que mata o purifica, de ese infierno donde clavamos por instinto el caudal de nuestros miedos y deseos”. Leamos los siguientes versos que ella cita, de la poeta Elsa Báez (p. 125):

 

“Me gusta que te entregues a mis labios 

y te estampes en mi lengua 

deslizándote por mi garganta 

caminando por el pecho 

mientras con frenesí 

abrazo tu aroma y exhumo tu presencia”. 

 

Jennet Tineo tiene un engranaje de fórmulas conceptuales que podríamos llamarle ciencia, y su pensamiento analítico trasciende hacia una belleza espiritual que produce un encanto, porque ella es una artista de la palabra que enaltece la palabra y el alma a quien la lee. Hasta podemos sentir que, si no nos explica los versos, podríamos darles las mismas explicaciones que ella les da. Es maravilloso. Y así termino con estos versos de Elsa Báez, expuestos por nuestra autora (p. 125):

 

“No pasa un instante 

Sin que el entorno me agite las cadenas. 

Se muda a otra boca a otros ojos y me tortura. 

                                      ¿Quién dijo que el demonio es masculino 

y que el infierno está debajo de nuestros pies? 

Se siente dentro, cerca del pecho 

     ardiendo…                 

 

    Muchas gracias, Jennet Tineo, por tu inmensa luz. Todo es brillante en tu obra.

(Jennet Tineo, Sobre el ojo de la lengua, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2016).

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