Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

 

Casualidad o chiripa, pero aquí chepa

Se suele atribuir a los académicos, las complicaciones y aparentes dificultades que se presentan en el uso de nuestro idioma, pero no siempre son justas tales imputaciones. Más bien somos los hablantes del castellano quienes propiciamos    esos intríngulis, sobre todo en el uso de las palabras, y a los lexicógrafos no les queda otra opción que incorporar los vocablos con el valor semántico   que le ha asignado cada comunidad, entre las 21 naciones que tienen esta lengua como su sistema de comunicación.

El hecho de que el español sea hablado en tantos países, tan distantes como de Europa a las Antillas, contribuye a la diversidad léxica y la consiguiente aplicación de matices y peculiaridades que van acordes con el carácter y avatares de cada pueblo.

Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Uruguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela son los países que tienen como lengua oficial el español o castellano, con casi 500 millones de hablantes.

Se estima en  580 millones de personas las que hablan el español,  incluyendo países en los que se usa esta lengua en apreciable medida, como los Estados Unidos de América, donde cerca de 60 millones hablan español. En estos datos se encuentra la explicación de que tengamos dos o tres  palabras para referir el mismo objeto, situación o acción, lo cual molesta a algunas personas.En el español general tenemos la voz /casualidad/ que se define como “Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar”. En el habla dominicana esa palabra tiene un refuerzo en /chepa/. El Diccionario del español dominicano (DED)  (2013) la define de este modo: Casualidad afortunada, buena suerte.

Contamos también con la locución adverbial /de chepa/ para indicar que algo ha sucedido por casualidad, por suerte: Me encontraron de chepa, pues iba a salir.

Carambola es el nombre de una fruta, del árbol carambolo. El vocablo tiene siete acepciones en el Diccionario y les transcribo las dos últimas:  6. f. Casualidad favorable. 7. f. coloq. Doble resultado que se alcanza mediante una sola acción.  8. f. coloq. Enredo, embuste o trampa para alucinar y burlar a alguien.

El  diccionario dominicano solo define este vocablo como  “fruto del carambolo”.

Lo que no puede esperarse de un hablante dominicano es el empleo del vocablo /chiripa/ como sinónimo de casualidad. Sin embargo, el Diccionario académico recoge este término, tipificado como de origen incierto, y definido así: carambola (? casualidad favorable). Una segunda acepción refiere: En el juego de billar, suerte favorable que se gana por casualidad.

La locución adverbial /de chiripa/ ratifica el sentido de casualidad: “No perdí el tren de chiripa”. Aquí diremos: No me dejó la guagua de chepa.

Para los dominicanos, chiripa es un   empleo modesto al que se dedica poco tiempo y del que, en consecuencia, se percibe poco ingreso. El DED apunta que es un trabajo extra que le permite algún ingreso a la persona.  Ganancia pequeña.

Tanta fuerza tiene el término en el habla dominicana, que ha generado el verbo chiripear, que no es otra cosa que realizar trabajos ocasionales de poca importancia o de escasa remuneración. También el sustantivo chiripeo que es la acción y efecto de chiripear, vale decir  realización de trabajos de poca importancia o de escasa remuneración. ¿Y cómo llamar al hombre que vive del chiripeo?  Pues, chiripero. Funciona como sustantivo y otras veces como adjetivo. Se dice de la persona que no tiene trabajo fijo y se dedica a tareas ocasionales y de poca importancia. Ya ve usted, quién crea los intríngulis.

 

JOSÉ MÁRMOL Y LA POESÍA EN RD: TRADICIÓN Y RUPTURA

7/08/2021

En otro artículo, he comentado seis ensayos de José Mármol en torno a problemas filosóficos de nuestro tiempo: identidad, modernidad, posmodernidad, lo virtual, lo real, verdad y posverdad. Están incluidos en el volumen Paradoja identitaria y escritura poética, perteneciente a la Colección Ergo de Literatura Dominicana Contemporánea, 2021.

En esa misma publicación aparecen los ensayos titulados “Poesía y diversidad en un mundo globalizado” y “Tradición y ruptura en la poesía de los siglos XX y XXI. Dinámica de sus movimientos”.

El primero de estos trabajos viene revestido de persistente sabor filosófico, porque se trata de una visión desde esa óptica la que emplea el autor. De inicio, plantea que la poesía es la máxima expresión estética de la lengua. Por esa razón considera que, al hablar de poesía, ya se habla de diversidad.

Mármol afirma que la poesía, por su capacidad de expresividad, “constituye una poderosísima herramienta de comunicación social, siendo al mismo tiempo, una de las más admiradas e inmanentes manifestaciones de la literatura, y también del habla popular, en todos los tiempos y en todas las culturas”. (pág.156).

Hay en la poesía una relación pensamiento-sentimiento que conduce al autor del ensayo a explicar que la poesía evoca su concreción en el poema como hecho de lenguaje, como un concreto de pensamiento, a lo que se agrega  la condición subjetiva de concreto sentimiento. Para concluir, Mármol destaca la poesía como un acto verbal de libertaria resistencia frente a las injusticias: “Más allá de los conflictos de todo género, de las pugnas supremacistas de las lenguas, las culturas y las naciones, y de las amenazas globales, estamos en el deber de defender la vigencia de la poesía, en su calidad de la más elevada expresión estética de una lengua…” (pág.163). El octavo y último ensayo contenido en el libro que les comento trata de la trayectoria del quehacer poético dominicano, tomando en cuenta movimientos, tendencias, rupturas y cambios que hayan incidido en la forma de la poesía. Mármol estima compleja la relación de ruptura en la tradición poética y por igual asegura que hay una tradición de rupturas. “Esta dinámica afinca sus fundamentos originales en la asimilación y rechazo de los ismos en boga, especialmente en Europa, en el siglo XIX”.

Después de la impronta dejada por el modernismo, filosofía poética liderada por el nicaragüense Rubén Darío, primer ismo que influyó en nuestras letras, entrado  el siglo XX,  se presentará “el mosaico” de ideas, movimientos, rupturas y otros fenómenos que imprimieron en la poesía dominicana una dinámica cuya herencia hoy -siglo XXI- vivimos. Aunque le cuelga el adjetivo “cuestionado”, Mármol señala el vedrinismo (1912) como el punto de partida, en orden cronológico, de los cambios en la poesía dominicana.

A este le siguen el postumismo (1918-21), el grupo Los Nuevos (1936), los Independientes del 40, la Poesía Sorprendida (1943), Generación del 48, Generación del 60, Joven poesía o Poesía de posguerra, Independientes del 70, grupo Y punto (1970), pluralismo (1974), generación del 80 y los talleres literarios, el interiorismo (1990 hasta la actualidad) y el contextualismo (1993). “Las ideas de estos ismos y posturas estéticas individuales o generacionales -sostiene Mármol- van a ser asimiladas o rechazadas por los jóvenes poetas que gravitarán en la primera y segunda décadas del siglo XXI” (pág. 170).

Hay mucho que ver en este ensayo para conocer el devenir de la creación poética en República Dominicana, cuya dinámica ha permitido “…el eterno retorno de la tradición en la ruptura y la ruptura dentro de la tradición”. El autor recalca este concepto con un juicio categórico: “Así tiene lugar la convergencia en la divergencia en la evolución poética dominicana”. (pág. 186).

LOS “RESTOS MORTALES” Y OTROS PLURALES 

14/08/2021

El apreciado amigo y escritor Víctor Escarramán ha dirigido una comunicación a esta columna cuyo texto se transcribe a continuación: Estimado columnista, escritor y amigo. Ante todo, aspiro a que su vida y la de familia discurran en salud y paz en este tiempo pandémico que nos gastamos. Le escribo para plantear una inquietud, dada su especialidad en el conocimiento de la lingüística y en su interés en la promoción del mejor español académico y del español dominicano, que semanalmente promueve en su columna Orto-escritura.

Me activa la curiosidad escuchar y leer reiteradas veces en medios de comunicación y en los hablantes, el uso del plural, cuando se van a referir al proceso de sepultura de un fallecido.  Y es que, se ha convertido en un canon la expresión: sus restos—se refieren al muerto—serán sepultados el día ZZ, a las XX: 00 horas, en el cementerio YYYY. YYYY.

La inquietud brota con la parte “sus restos”, como refiriendo que el cadáver no es uno, sino un conjunto de restos (partes) del mismo cadáver del mismo cuerpo. Es conocido que el cuerpo con su cabeza, tronco y extremidades es uno, donde cada órgano es parte complementaria de ese cuerpo que forma esa unidad. En la forma en que se enuncia, semeja que al momento del fallecimiento alguien había descuartizado el cuerpo: extrayéndole el corazón (un resto), separando la cabeza, otro, extirpando los pulmones; le habrían cortado las piernas, los brazos, etc. Entonces, si el cuerpo humano, aunque es un conjunto de órganos, al momento del fallecimiento es una unidad monolítica, que será sepultada como un solo, el cuerpo de la persona ¿De dónde nace la necesidad de pluralización “sus restos serán sepultados” en vez de, “su cuerpo o el cuerpo será sepultado”? Atento a sus comentarios, afectuosos saludos, Víctor Escarramán.

Plurales inherentes

La misiva del doctor Escarramán ha motivado las siguientes acotaciones, fundamentadas en el acápite 3.8 de la Nueva gramática de la lengua española (NGLE), titulado “Preferencias morfológicas o léxicas por el singular o por el plural”.

Algunos nombres solo se usan en singular (singulariatamtum). El singular “es parte esencial de su significado”. Los académicos los llaman “Singulares y inherentes”, y entre ellos entran: caos, grima, salud, sed y tino… y debería entrar el vocablo /gente/, el cual dice más en singular que en plural.

La palabra /cariz/ se considera de ese grupo, pero de acuerdo a la morfología puede pluralizarse en carices, como matices, de matiz.

Los nombres no contables deben asimilarse a los singulares inherentes. En algunos países como México y España pluralizan palabras como fútbol, baloncesto o electricidad. Pero no es propio de todos los hablantes de nuestra lengua.

Como hay singulares inherentes, tenemos los plurales inherentes, que es el tema de nuestro comentario: albricias, fauces, arras, exequias, funerales, bodas, provisiones (no se cuentan las provisiones) ¿y las exequias cuántas son?

Todos los sustantivos en plural no conllevan cuantificación. Mire estos casos: apuros, calamidades, tinieblas. Nadie dirá un numeral para estos plurales. Creo que ese fenómeno se ha dado con el sustantivo /resto/ y su plural /restos/. Lo mismo ocurre con los escombros. Digamos que se derriban dos edificios contiguos y lo que queda es escombros, pero si se cayera el del frente se hablará también de los escombros.

Ahora quiero citar la Gramática: “Son muy numerosas las expresiones idiomáticas que contienen sustantivos usados solo en plural. Entre las nominales pueden mencionarse artes marciales, cuidados intensivos, frutos secos, ejercicios espirituales. Son también muy numerosas las locuciones preposicionales adverbiales y adjetivas que incluyen un sustantivo plural”. (NGLE, 2009, página 173).

 

DESVELAR Y DEVELAR, PERO NO DESVELIZAR

21/08/2021

Es una duda recurrente, cíclica podría decirse. Los escritores J. Agustín Concepción, Max Uribe y Rafael González Tirado tuvieron que responder muchas consultas de los medios de comunicación para indicar la palabra correcta al denominar la acción de descubrir algo que permanecía oculto o tapado.

La abundancia de casos se encuentra al descubrir un retrato, una tarja o un busto, ceremonia que implica retirar un paño con el que se suele cubrir el objeto de que se trate para darlo por inaugurado, instalado o colocado. Pero hay un detalle: nadie emplea en estas situaciones los verbos inaugurar, instalar o colocar, pues el preferido -y es válido- es desvelar.

El verbo /desvelar2/ aparece con dos entradas en el Diccionario académico, y supongo que en los demás. En cada caso la palabra aparece con un numerito, como se usa en matemática cuando una cifra se eleva a una potencia dada. En lingüística ese numerito se llama superíndice.

La  primera vez que aparece /desvelar1/ trae como significado lo siguiente: 1. tr. Impedir el sueño a alguien, no dejarlo dormir. U. t.c.prnl. Si tomo café, me desvelo con mucha facilidad.2. prnl. Poner gran cuidado y atención en lo que se tiene a cargo o se desea hacer o conseguir.

La segunda vez, con el número dos “elevado”, y que es otra palabra, aunque se escriba igual que la anterior, significa: 1. tr. Descubrir algo oculto o desconocido, sacarlo a la luz. Desveló el nombre del ganador. U. t. c. prnl.2. tr. Am. Quitar el velo que cubre algo. Desvelar el rostro,  un retrato, una placa conmemorativa.

Como puede verse, en la segunda palabra es que está lo que hacemos cuando dejamos descubierta una escultura, una efigie o la placa que identifica un edificio. El significado se extiende a elementos no físicos que han sido descubiertos: complot, plan, fraude, amoríos.

La palabra /velo/, de la que se ha formado el verbo desvelar (des  y velar) tiene trece acepciones, la primera de las cuales es  “Cortina o tela que cubre algo”. Son muchos los vocablos del español formados a partir de agregar el prefijo /des/ a otra palabra para indicar negación o significado contrario al de la palabra base: deshonra, despegar, deshielo, desabastecimiento, desalambrar…

¿Y qué pasa con el verbo /develar/ que ha perdido la/s/ del prefijo des? Develar procede del latín  develare que también significa  ‘descubrir’, ‘levantar el velo’. No obstante, el Diccionario refiere al verbo desvelar2, Eso significa que  prefiere este  último. De modo que tanto se desvela una tarja como se devela, pero es preferible la primera.

Ya ven que son dos verbos y los correspondientes derivados (desvelado, desvelamiento; develado, develamiento…). Lo malo es que la fuente para engrosar la duda no se detiene ahí, pues el desconocimiento de la forma estándar parió dos verbos terminados en -izar, que se inventan cuando la necesidad lo impone o cuando se desconoce el término ya establecido en nuestra lengua.

Al verbo /desvelar/ se le ha pegado, a fuerza de repetición, el hijo bastardo /desvelizar/. Los académicos de la lengua le atribuyen la creación a Guatemala, Nicaragua y República Dominicana.

Por si fuera poco, el indeseado develizar genera – o degenera- a develizar, atribuido en el Diccionario de la lengua española a Nicaragua y República Dominicana.

Quizá este artículo haya descorrido o quitado el velo para descubrir el origen de las dudas recurrentes respecto del verbo a emplear para denominar esa acción. En buen castellano es preferible desvelar. Lo otro… bueno.

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