La Academia y el estudio de la lengua

Por Rafael Peralta Romero

   La Academia Dominicana de la Lengua no es un centro de enseñanza donde acuden unos alumnos provistos de cuadernos y lápices a tomar clases, en este caso, digamos, de gramática. Como la Real Academia Española y las demás corporaciones que funcionan en cada país de Hispanoamérica, Filipinas y Estados Unidos de América, la nuestra ejerce  más bien un apostolado de  la palabra.

La enseñanza en el aula conduce al educando -niño o adolescente- al descubrimiento de esa herramienta tan esencial para los seres humanos que es la lengua. La Academia, en cambio, ejerce un influjo que abarca al alumno, al maestro, a los padres y a los que ya dieron por terminado su ciclo de estudios formales. Ese magisterio se coloca muy encima de los parámetros del sistema educativo, porque pone a los individuos a descubrir en la lengua un manantial de recursos que proporcionan deleite espiritual y a la vez los encauza por la vía de ampliar su capacidad de entendimiento, además de descubrir la grandeza, y también privilegio, que representa un manejo adecuado de la lengua.

Para la ADL, respaldar el conocimiento de nuestra lengua constituye una responsabilidad. Responsabilidad asumida en libertad, como lo plantea el filósofo Fernando Savater: “Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando” (Ética para Amador, p. 82). La Academia cumple esta función por medio de coloquios, talleres, tertulias, conferencias y análisis de obras literarias o de contenido formativo en torno a la lengua y la literatura.

Todo apostolado implica hacer campaña en pro de una causa o doctrina. En sus salones, como fuera de ellos, y al  mismo tiempo por su página de consulta en la web, nuestra Academia esparce la normativa que le da consistencia al idioma español y las recomendaciones prácticas para su buen uso. El punto clave es sembrar entre los dominicanos la provechosa simiente de la  conciencia de la lengua, partiendo de la premisa de que la persona se posee a sí misma en la medida que posee su lengua. Así lo entiende la ADL cuando promueve  -y lo hace con buena frecuencia- actos destinados  a insertar en los dominicanos el interés por un mejor empleo del español. La intención predominante en  estos encuentros es la valoración y el aprecio por la lengua española y el compromiso que frente a la misma han de asumir los hablantes y los profesionales que se valen de ella como principal herramienta de trabajo. Es cuestión de ética mayormente para escritores, periodistas y educadores el conocer, e incluso enseñar,  las normas gramaticales.

Hay algo más trascendente. Nadie dude que el cultivo de la lengua y la literatura faciliten desarrollar la energía interior de la conciencia. La idea de conciencia implica conocimiento, saber, reflexión. En su libro La conciencia del lenguaje, Bruno Rosario Candelier, lo explica de esta manera: “Darse cuenta de lo que las cosas significan, de lo que hace el pensamiento y del proceso que realiza quien piensa y crea, es el rol de la  conciencia cuyo ejercicio conlleva el concurso de la intuición, la memoria, la imaginación, la tradición y el  lenguaje” (La conciencia del lenguaje, p. 118).

La Academia quiere, con sus actos, que los ciudadanos, particularmente quienes  buscan el conocimiento, entiendan que el  lenguaje es, y tiene que ser, un asunto substancial, de primera importancia, para todo estudio, dado que es el vehículo indispensable para la expresión del pensamiento y un ente determinante para que los seres humanos aprehendan el mundo exterior y expresen su mundo interior. La conciencia de la lengua implica el desarrollo de una actitud reflexiva en torno de esta facultad humana que nos diferencia de los otros seres vivos. La adquisición de la lengua es un proceso social, que se torna tan  natural que antes de los seis años un ser humano ha logrado un cúmulo de palabras que le permite expresar sus necesidades, sobre todo las biológicas. Pero el ser humano tiene necesidades de carácter espiritual,  cuya satisfacción  es clave para su vida de relación: vivir con los demás, enunciar pensamientos, divulgar sentimientos, manifestar sus preocupaciones  y expresarse artísticamente. Es aquí donde hemos de caer en la cuenta de la importancia de cobrar conciencia de lo que es el idioma, porque más allá de la utilidad  en la expresión de necesidades (pedir agua o comida, por ejemplo), tenemos que la lengua es el instrumento básico para revelar nuestro mundo interior y nuestras aptitudes.

La Academia no solo estudia la lengua en forma abstracta, sino que también se ocupa de los textos literarios, los cuales emplea para ilustrar, sobre todo en el área lexicográfica, los contenidos de las publicaciones académicas. La dominicana y las academias de los otros países forman con la de España, la Asociación de Academias de la Lengua Española, que es la autoridad que vela por el perfeccionamiento del español y que se expresa a través de las  publicaciones  institucionales: Diccionario de la lengua española, Gramática, Ortografía, Diccionario panhispánico de dudas.

La conciencia de la lengua nos sitúa en un compromiso con ésta, lo cual conlleva una demostración de amor hacia nuestro sistema de comunicación, y un justo respeto que nos hace reflexionar sobre la normativa ortográfica o nos despierta preocupación sobre otros aspectos, digamos aspectos léxicos, como la propiedad, o aspectos sintácticos, como la concordancia. Para el logro de esos objetivos trabaja la Academia Dominicana de la Lengua. En eso radica su apostolado.

©2017, Rafael Peralta Romero.

 

El "Diccionario fraseológico del español dominicano" es una realidad

Bajo los ruidos de una campaña electoral  que embrutece a un pueblo precisamente urgido de educación; en la víspera de un acto de falsa investidura de  un plan de alfabetización que pintaba  como un programa  adecuado y oportuno;  cuando la palabra de los líderes sirve más para desconstruir que para construir, ha llegado quizá con forzada discreción el Diccionario fraseológico del español dominicano.

Es obra de la Academia Dominicana de la Lengua y se publica con el valioso auspicio de la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia, que preside el lingüista y jurista Fabio J. Guzmán Ariza. El acto de lanzamiento tuvo efecto el  jueves 14 de abril  en la Casa de las Academias, en la calle Mercedes 204.  Tiene  586 páginas.

Aunque el autor por excelencia es el pueblo dominicano, actuaron como redactores del libro los lingüistas  Bruno Rosario Candelier, director de la Academia; Irene Pérez Guerra, miembro de número, y Roberto Guzmán, miembro correspondiente. Con ellos intervino un equipo de colabores entre los que figuran Teresa Ayala, Lourdes Reyes, Mariela Guzmán, Mikenia Vargas, Perla Guerrero, Karla Tejeda, Rita Díaz, Inés Méndez, Valentina Flaquer y Francisco Rosario.

La revisión estuvo a cargo de Ruth J. Ruiz Pérez, mientras las fuentes fundamentales de información han sido la lengua viva de los hablantes, expresada en forma oral, además de los usos fraseológicos extraídos de periódicos, revistas y las obras literarias de autores dominicanos, mayormente cuentos y novelas publicados.

Rosario Candelier explicó al respecto que: “En los  libros, revistas y periódicos  donde, además de la oralidad, rastreamos  frases, locuciones, giros y adagios del español dominicano, he podido apreciar que los articulistas de prensa y los autores de obras de ficción que incorporan frases y locuciones a sus escritos son los que sienten una mayor identificación con el lenguaje de su pueblo y, en tal virtud, se  pueden tipificar como los autores nacionales que experimentan  una genuina identificación emocional con el alma dominicana y la expresión de nuestra gente, lo que confirma que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural. Y ya sabemos que la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo”.

Esta afirmación me ofrece una particular satisfacción –ruego dispensa por decirlo aquí-  ya que en  el acto de presentación del Diccionario el propio doctor Rosario Candelier  mencionó mi nombre como el autor literario citado con el mayor número de frases, seguido del novelista Manuel Salvador Gautier. El libro más citado es la novela “Guazábara”, de Alfredo Fernández Simó.

Entre los articulistas de periódicos los que más aparecen –dijo Rosario- son Orlando Gil, César Medina, Alfredo Freites y Pablo Mckinney. Pero en la obra aparece todo quien haya empleado locuciones, frases, giros y  adagios de los que emplean los hablantes dominicanos. Estos usos son denominados por los lingüistas como “idiolemas o frasemas”. Un segundo grupo    está compuesto por proverbios y refranes  y se denomina  “paremias”. Con estas últimas se formará un segundo tomo del Diccionario.

El campo de la fraseología constituye una singular faceta de la peculiaridad idiomática de nuestra lengua, ya que el cultivo y la creación de expresiones idiomáticas revelan aspectos entrañables del genio lingüístico  de nuestros hablantes. Esto ha dicho Bruno Rosario  y me parece  enteramente cierto.

Creo que este Diccionario fraseológico  puede servir como espejo para que los dominicanos apreciemos lo que somos –pues somos lo que hablamos- y para los de otras latitudes   que quieran conocernos, esta es una obra fundamental.

©2016, Rafael Peralta Romero.

 

Domingo de Ramos, Semana Santa y otras mayúsculas

Los días de la semana, como sustantivos comunes que son, se escriben con minúscula (lunes, martes, viernes, domingo…). Por igual, los meses no requieren  mayúscula  en su escritura (enero, febrero, mayo…).

Pero –eso sí-  estas palabras se escribirán con mayúscula inicial cuando formen parte de expresiones denominativas que así lo requieran, como festividades, fechas históricas, espacios urbanos (Domingo de Ramos, autopista Seis de Noviembre).

La Ortografía de la lengua española indica que “los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades, sean civiles, militares o religiosas  se escriben con mayúscula inicial”.

A propósito de esa norma es que traemos el nombre Semana Santa o Semana Mayor,  definida como  semana última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. El período de siete días que le precede se denomina Semana de Pasión.

También se escribirá con mayúscula inicial el Domingo de Lázaro, o Domingo de Pasión, que es el quinto domingo  de Cuaresma, que precede al Domingo de Ramos, que es el último,  con el que se inicia la Semana Mayor. En el pasado, era Viernes de Dolores.

Este período concluye con el Domingo de Resurrección, festividad llamada también  Pascua de Resurrección del Señor.  En el pasado se hablaba de Domingo de Gloria.

Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo  son días clave en la conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo. Su escritura exige mayúscula.

Pascua

Recordamos más la Pascua de Navidad  con la que celebramos el  nacimiento de Cristo y otros hechos relacionados.  Se extiende desde la Natividad hasta el día de Reyes, inclusive.

Con este sustantivo se nombra  la fiesta más solemne de los hebreos, que celebraban a la mitad de la luna de marzo, en memoria de la libertad del cautiverio de Egipto.

Para los cristianos la ocasión más solemne es la Pascua de Resurrección.  La Pascua Florida es lo mismo que Pascua de Resurrección.  En la Iglesia católica, fiesta solemne de la Resurrección del Señor, que se celebra el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo.

Pascua del Espíritu Santo.  La otra gran festividad con este nombre es la Pascua de Pentecostés, que recuerda  la venida del Espíritu Santo sobre  los apóstoles, reunidos  en la casa donde Jesús tuvo con ellos su última cena.

Otras palabras

Otras palabras y expresiones relacionadas con la Semana Santa, por la solemnidad que encierran, sugieren  escribirse con mayúscula, pero la realidad de la norma ortográfica es otra. En Triduo sacro, Misa crismal o Sermón de las siete palabras podría emplearse mayúscula  inicial  en la primera palabra de cada denominación, pero no es indispensable.

La misa,  ceremonia católica  que consiste en el sacrificio del cuerpo y de la sangre de Cristo que bajo las especies de pan y vino renueva el sacerdote en el altar, asume variantes de nombre, según  las especificaciones que la orienten. En cada caso se escribe con minúscula: misa cantada (celebrada con canto), misa concelebrada  (celebrada conjuntamente por varios sacerdotes), misa conventual (misa mayor que se dice en los conventos), misa de campaña (se celebra al aire libre para fuerzas armadas), misa de cuerpo presente (se dice por lo regular estando presente el cadáver), misa del gallo (se dice a medianoche al comenzar la madrugada del día de Navidad) y misa crismal ( la que oficia el obispo de cada diócesis para bendecir los óleos).

© 2016, Rafael Peralta Romero.

Alinear: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa]

Si su vehículo muestra alguna inestabilidad en el rodamiento debe ser sometido a /alineación/. Incluso, el hecho de cambiarle las llantas demanda que se /alinee/.

Una vez en el taller,  el dueño le responderá: “Nosotros lo /alineamos/ en breve tiempo”. Usted insiste en preguntar: ¿En qué tiempo lo /alinean/? El operador de la máquina le dirá: Yo /alineo/ ese  carro en media hora. Entonces, usted ordena: alinéelo.

Un  extranjero que andaba  en lo mismo dice: el centro donde yo /alineaba/ ha cerrado, ¿vosotros alineáis electrónicamente? – Claro, nosotros /alineamos/ con tecnología moderna.  –Pues aquí /alinearé/  mi coche o mejor, lo /alinearéis/ vosotros.  – Sin duda, lo /alinearemos/.

El verbo  /alinear/ sufre en el habla de muchos dominicanos alteraciones que  lo diferencian de la conjugación  correspondiente al español general. Semánticamente se observa que el uso más generalizado entre nosotros  es el referente a la mecánica, pese a que en el Diccionario de la lengua española aparecen otras acepciones antes que esa. Veamos:

1-Colocar tres o más personas o cosas en línea recta. U. t. c. prnl.2. tr. Incluir a un jugador en las líneas de un equipo deportivo para un determinado partido. 3. tr. Vincular a una tendencia ideológica, política, etc. U. t. c. prnl.4– Mec. Ajustar en línea dos o más elementos de un mecanismo para su correcto funcionamiento.

La cuarta acepción (edición 23ª del DLE) predomina aquí sobre las otras. De ésta derivan  los sustantivos alineación y alineamiento.

El Diccionario  no registra  el significado que aquí le otorgamos a la palabra /alineación/  en relación con los automóviles. He aquí lo que dice:

  1. f. Acción y efecto de alinear.2. f. Trazado de calles y plazas.3. f. Línea de fachada que sirve de límite a la construcción de edificios al borde de la vía pública.4. f. Acción y efecto de formar o reunir ordenadamente un cuerpo de tropas.5. f. Disposición de los jugadores de un equipo deportivo según el puesto y función asignados a cada uno para determinado partido.

Respecto al vocablo /alineamiento/ la publicación académica refiere   hacia /alineación/. De su lado, el Diccionario del español dominicano registra alineación (en sentido del uso en beisbol, orden en que los peloteros aparecen en la lista de bateo).

Alineamiento  es definida por el DED como  alineación del tren delantero de un vehículo. Esta obra no incluye el verbo  alinear. 

Para advertir sobre ciertas incorrecciones, es  necesario reproducir textualmente lo que explica el Diccionario panhispánico  de dudas    sobre la conjugación del verbo alinear. Hela aquí:

En todas las formas en las que el acento recae en la raíz aline-, la vocal tónica es la -e-: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa], alinee [alinée], etc. Son, pues, incorrectas las formas en las que, por influjo del sustantivo línea, se desplaza el acento a la -i-: alíneo, alíneas, alínea, alínee, etc., así como su pronunciación con cierre de la /e/ átona resultante en /i/: [alínio], [alínias], [alínia], [alínie], etc., pronunciación que a veces llega a reflejarse en la escritura. Los mismos errores deben evitarse en el resto de los verbos acabados en -linear, como delinear, desalinear, entrelinear, interlinear y linear.

© 2016, Rafael Peralta Romero.

Isabel la Católica, Pedro el Cruel, Diomary la Mala…

Leí recientemente en un diario el siguiente titular: “Diomary La mala, abrazada a la buena suerte en su tierra.” El artículo  “la”aparece en mayúscula mientras  el adjetivo “mala”, que es lo que diferencia a esa persona de las otras así nombradas, aparece en minúscula.  Lo correcto  habría sido: Diomary la Mala…

La Ortografía de la lengua española, publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española,  señala al respecto que los sobrenombres “son calificativos que siempre deben ir acompañados del nombre propio. Se escriben con mayúscula inicial y van precedidos de un artículo en minúscula.

La publicación académica pone los siguientes ejemplos: Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica y Jack  el Destripador.  Ese  adjetivo con su respectivo artículo delante, hace la función de apellido. A estos nombres podemos agregar los de Fernando el Católico (esposo de Isabel), la hija de ambos Juana I de Castilla quien, por su estado de salud, pasó a llamarse Juana la Loca, mientras su esposo ha sido  identificado como Felipe el Hermoso.

La regla se aplica también para Herodes el Grande (rey de Israel, perseguidor de Jesús),  Pedro el Grande (zar de Rusia)  y el controversial Pedro I de Castilla quien asumió el trono con  ese nombre,  pero sus comportamientos  determinaron que pasara  a la historia como Pedro el Cruel, aunque sus  simpatizantes lo denominen Pedro el Justo.

Los periodistas que suelen mencionar al pícher  Pedro Martínez con el sobrenombre  de Pedro el Grande, tienen también  que observar esta regla.

En cuanto a Pedro el Cruel es título de una novela del autor de esta columna, cuyo personaje principal lleva ese nombre, en honor a la  crueldad que lo caracteriza.

Hablando de novelas, tenemos el  nombre Juanita la Larga, del siglo XIX, escrita por el español Juan Valera.  De España nos llega también el personaje  Antoñito el Camborio, poema de Federico García Lorca, de pura esencia gitana. Está basado en la muerte de  Antonio Torres Heredia. Aquí reproduzco una estrofa:

“¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.”

Entre los apóstoles de Jesús, al menos dos se conocen con  nombres formados a partir de este modelo: Santiago el Mayor y  Santiago el Menor. Como todos los nombres que he citado, sin importar ocupación, categoría  o rango, se escribirán  los de aquellos cuya identidad esté compuesta por  un sustantivo propio, un artículo y un adjetivo: Toña la Negra, Amara  la Negra, Quico el Presidente, José el Calvo.

Apodos y alias

Hay diferencia entre apodo y sobrenombre. Los apodos y  alias  se basan muchas veces en  rasgos de las personas. En unos casos se usan junto al nombre, separados por una coma,  y en otros en sustitución de este. Ejemplos: Lola Flores, la Faraona; Fernando Villalona, el Mayimbe; Sandro, el Gitano; Casandra Damirón, la Soberana; Tetelo Vargas, el Gamo.

Otra forma es colocar el apodo entre paréntesis a continuación del nombre, con mayúscula, la palabra principal. Ejemplo: Johnny Ventura (el Caballo); Joaquín Guzmán (el Chapo) o Pascual Cordero Martínez (el Chino).

Es frecuente escribir apodos entre guiones a seguidas del nombre y antes del apellido: Rafael –Fafa- Taveras, Teófilo –Quico- Tabar, Fausto –Ceja-Rodríguez, Federico –Quique- Antún.

La Ortografía académica recomienda en  lugar de guiones, comillas: Ernesto “Che” Guevara; Víctor “Ito” Bisonó; Eulalio “Lalo” Almonte.  Hasta aquí por hoy, si alguien me fuera a tildar de necio, por favor que lo escriba así: Rafael el Necio.

© 2016, Rafael Peralta Romero.

Cebiche, ceviche, sebiche o seviche: ¿con cuál me quedo?

Las normas que rigen para la preservación y buen uso de nuestra lengua  no se han hecho por caprichos de los académicos. No obstante, cada cierto tiempo aparecen –y aparecerán-  personas que la emprendan contra  las academias y contra  la ortografía.

Esas personas, generalmente periodistas y escritores, pasan por alto que son los hablantes, con sus prácticas lingüísticas,  los responsables de muchos fenómenos gramaticales y ortográficos revestidos de rareza.

El hecho de que  los hablantes hispanoamericanos no distinguen en su pronunciación las letras s, z, c ha generado situaciones de carácter ortográfico que conllevan que algunas palabras aparezcan con más de una forma de escritura.

Por ejemplo, escribimos zapato y pronunciamos  “sapato”, escribimos cielo y pronunciamos “sielo”, escribimos corazón y pronunciamos “corasón”, escribimos Zaragoza  y decimos “saragosa”. Igual ocurre con una diversidad de palabras.

La Ortografía de la lengua española (2010)  registra una lista de voces, originariamente escritas  con /z/ o /c/,  a las que se ha trasladado  en su escritura  la pronunciación con /s/. La función de la Academia en estos casos es recomendar la grafía que considere más idónea, atendiendo a la etimología de cada palabra.

En el Diccionario, esos vocablos aparecerán con remisiones hacia la forma recomendada, que será la que aparezca definida.  Por ejemplo, la voz  /biznieto, ta/ aparece sin definición, y remite a /bisnieto/  la cual se define como  hijo del nieto de una persona.

A continuación les ofrezco una selección de palabras de uso frecuente que presentan duplicidad de escritura. En cada caso, la primera es la forma recomendada.

Bizcocho/biscocho (dulce preparado con harina, huevos y azúcar). Casabe/cazabe (torta de yuca o mandioca). Cascorvo-va/cazcorvo-va (patizambo, patizamba). Cebiche o ceviche/sebiche o seviche (plato hecho de pescado adobado, típico de algunos países americanos). Cingalés-sa/singalés-sa (de Sri Lanka, antiguo Ceilán). Crizneja/crisneja (trenza de pelo). Curazao/Curasao (isla del Caribe).

Cuzco/Cusco (lugar de Perú). Epazote/epasote (planta aromática).Lisa/liza (nombre de un pez).Manisero/manicero (vendedor de maní). Mezcolanza/ mescolanza (mezcla).Parduzco/pardusco (que tiende al color pardo). Pretencioso-sa/pretensioso-sa (presuntuoso).

Sábila/zábila (planta medicinal, áloe). Santafesino-na/santafecino-na (de Santa Fe).Verduzco-ca/verdusco-ca (que tira a verde oscuro).Zamuro/samuro (ave rapaz diurna que se alimenta de carroña).

En el habla dominicana, zamuro es un adjetivo: persona tímida, introvertida, apendejada.

Zapote/sapote (árbol y fruto). Zonzo-za/sonso-sa (tonto).Zopilote/sopilote (ave carroñera parecida al buitre).

En lo que respecta  al grupo de palabras con las que se puede nombrar  el plato  preparado de pescado o marisco crudo en adobo, puede crear confusión el hecho de que sean cuatro los vocablos. Lo primero ha de ser descartar las que llevan el grafema /v/ y preferir las escritas con /b/.

Quedaríamos con cebiche y sebiche, sin embargo, por el trato que le da el Diccionario académico a cada palabra,  es preferible quedarse con la primera: cebiche.

Se considera anomalía que una palabra tenga más de una forma de escribirse. La aspiración es ir eliminando algunos usos para que predomine la forma que prefieran los hablantes. La unidad, en este sentido, es muy importante para nuestra lengua.

© 2015, Rafael Peralta Romero.

Da igual "cardíaco" que "cardiaco", "policíaco" que "policiaco"

 Hay quienes se preocupan -quizá  usted también- por la pronunciación de un grupo de adjetivos, nadie sabe cuántos, que  se forman a partir de añadir el sufijo /íaco, iaco/ y sus formas femeninas a determinados sustantivos.

Para algunos la duda está en si debe decirse, por ejemplo, policíaco (po-li-cí- a-co) o policiaco (po-li-ciá- co).

En el primer caso, con la fuerza de entonación en la sílaba /cí/, no hay diptongo, sino hiato, la palabra tiene cinco sílabas y por la posición de la sílaba acentuada, es  esdrújula.

En el segundo caso, la fuerza de entonación se ha traslado a la vocal /a/ y por tanto hay un diptongo: ciá.  El vocablo tiene cuatro sílabas y se anota en el grupo de las  llanas por lo cual no se le marca el acento.

Lo que hemos observado del adjetivo “policíaco” o  “policiaco”, derivado del sustantivo policía,  es válido para “austríaco” o “austriaco”, de Austria, y que constituye el gentilicio para los naturales de ese país de Europa.

Otros  ejemplos que nos llegan a la memoria son: iliaco o ilíaco, cardiaco o cardíaco, maniaco o maníaco, elegiaco o elegíaco.  Cada vocablo de estos  suscita en algún momento la duda sobre  la forma correcta  en que ha de decirse. Pero el problema no es tal, no amerita  preocupación, pues ambas formas son aceptadas.

Al respecto,  transcribo lo que explica  el Diccionario panhispánico de dudas, obra de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

La acentuación etimológica latina es –íaco [í – a – ko], con hiato entre las dos vocales en contacto; pero también es correcta la acentuación llana –iaco [iá – ko], con diptongo en lugar de hiato. En el español americano, la norma culta prefiere la acentuación esdrújula ([maníako]); en el español de España es más corriente la pronunciación llana ([maniáko]). Se recomienda adecuar la grafía a la pronunciación, de modo que quien pronuncie un hiato escriba -íaco y quien pronuncie un diptongo escriba –iaco”. (pág. 349).

En nuestro país predomina  la acentuación esdrújula para  estas palabras (cardíaco, policíaco) lo cual indica que estamos en el marco de la norma culta para el español de América.

Pero fíjese  en lo que hace el Diccionario de la lengua española, lo cual no deja de ser pauta  para todos los hablantes.  Respecto del gentilicio de Austria, a  la palabra que da entrada es /austriaco, ca/ (sin tilde, por ser llana). En esa misma entrada, anota que también se dice/austríaco/ (tilde en trí, palabra esdrújula).

En cuanto al vocablo relativo a la policía, la entrada es /policíaco, ca/ (tilde en  cí, palabra esdrújula) y apunta  el Diccionario que también se dice /policiaco/ (diptongo, palabra llana).

El Diccionario privilegia la forma /ilíaco1, ca/  (con tilde) y anota que también se dice /iliaco/ (con diptongo).  En  Anatomía, esto es perteneciente o relativo al ilion, un hueso de la cadera.

Lo mismo ocurre con /cardíaco, ca / (con tilde) y  el DLE  señala que también se dice /cardiaco/ (sin tilde, diptongo).

Lo más recomendable con estas palabras es procurar coordinación entre la escritura y la pronunciación. Si usted quiere decir “car- dí- a- co”, entonces póngale tilde. No exija a nadie que pronuncie “po-li-cí- a-co” si usted no colocó la tilde, y por tanto escribió “policiaco”. Nuestro idioma es asi.

© 2015, Rafael Romero Peralta.

 

Entre chivos y cabras: bien de bien

Hace unos días observaba  a un simpático animador de un programa de televisión en uno de los concursos  en los que pone a participar a sus invitados. En un caso había que responder  la pregunta: ¿cuál  es el animal que ofrece sexo a cambio de comida?  Ente las opciones de respuesta estaba lo que el animador se esforzaba en llamar “la cabra macho”, que era la correcta.

Me pareció inútil su esfuerzo,  pues antes de que ese conductor de programas naciera, al macho de la cabra se le ha llamado “cabro” y “cabrón”.

Cabra (del latín capra) es la hembra de la familia de los caprinos. El Diccionario de la lengua española la define así:

1.f. Mamífero rumiante doméstico, como de un metro de altura, muy ágil para saltar y subir por lugares escarpados, con pelo corto, áspero y a menudo rojizo, cuernos vueltos hacia atrás, un mechón de pelos largos colgante de la mandíbula inferior y cola muy corta. 2. f. Hembra de la cabra, algo más pequeña que el macho y a veces sin cuernos.

En la lengua española  hay algunos nombres que mencionan igual al femenino que al masculino, se denomina “epiceno”, que originalmente significa “común”. Ejemplo de esto son los siguientes vocablos: bebé, lince, pantera, víctima, perdiz, tiburón, persona, miembro.

Pero cabra no está en ese grupo, pues para eso está la voz “cabro”. De  “cabrón” dice el Diccionario: macho de la cabra.

Entra el chivo

En la República Dominicana y  otros países de Hispanoamérica el vocablo “chivo” se ha impuesto sobre cabro o cabrón, igual que chiva sobre cabra.   El Diccionario académico, 23ª edición,   registra  el sustantivo chivo y su forma femenina chiva, con estas acepciones:

  1. m. y f. Cría de la cabra, desde que no mama hasta que llega a la edad de procrear.2. m. Cuba, Nic., R. Dom., Ur. y Ven. cabrón (‖ macho de la cabra).

El Diccionario panhispánico de dudas, obra de la Asociación de Academias de la Lengua Española, hace la siguiente precisión en torno a cabra y cabro:

Cabra. 1. ‘Rumiante de pequeño tamaño con cuernos curvados hacia atrás’. La forma cabra se emplea como epiceno femenino para referirse a cualquier animal de la especie, sea macho o hembra: «También se mostraron otros animales, como cabras, caballos y aves ornamentales» (Tiempo [Col.] 1.12.87). Para designar específicamente al macho se usan, en la lengua general, las expresiones macho cabrío, cabrón o chivo; no obstante, en algunos países americanos y algunas regiones de España se emplea también el masculino cabro, normal en el español medieval y clásico: «Cabras silvestres y uno que otro cabro cimarrón».

De ningún modo piense el simpático animador que lo estoy tomando de chivo expiatorio (macho cabrío que el sumo sacerdote sacrificaba por los pecados de los israelitas). Sólo aspiramos a la perfección en el uso de nuestro idioma.

Quemar o quemarse

Una apreciada amiga sugiere  hablar de verbo quemar  o quemarse, cuyo significado  es abrasar o consumir con fuego. Sin embargo,  en la acepción de reprobar un estudiante una asignatura o  el curso, es un puro dominicanismo.  Dominicanismo semántico, debo decir, pues ese verbo,  sobre todo como transitivo,  tiene empleo muy común en el español general.

Como dice la amiga,  quemarse es peligroso en cualquier aspecto.  Parece que los dominicanos lo hemos tomado de su sentido simbólico, difundido por las religiones, de quemarse en el fuego del infierno para  aquellos que no  pasen la prueba del juicio final.  Los exámenes son un juicio al que se somete el estudiante…

© 2015, Rafael Peralta Romero.

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