Gracias

LEÓN DAVID

Gracias

Gracias te doy por mi palabra,
Por la indeclinable claridad de mis pupilas,
Por el misterio de mis manos,
Por la fecundidad de mis blancos insomnios;
Gracias te doy por el camino,
Por el guijarro, el polvo, el agua, el viento,
Por la nostalgia de los atardeceres
Que se escurren en la ancestral quejumbre de la playa;
Gracias, también, por la brisa
Que sostiene en sus manos la ligera cometa
De mi infancia;
Gracias te doy por la lluvia,
La lluvia que despierta ese aroma de tierra humedecida
Que se oculta en mi carne,
Gracias te doy por las palomas,
Por el árbol y el sol, por el calor y el frío,
Por la noche mojada de preguntas,
Por la sencilla verdad de la mañana;
Gracias por el delirio de este instante que afirma,
Más allá de la duda y la certeza,
La razón de la espiga.
Gracias, en fin,
Por el recuerdo,
Por el país remoto de los cuentos,
Por el enigma de un barco de papel
Que viene desde siempre remontando el silencio…
Gracias, mi corazón, mi vida, mis añoros,
Por enseñarme a ser este que soy,
Este que simplemente sabe
Dar las gracias.

Entrevista a Ofelia Berrido

Por Emilia Pereyra

   Ofelia Berrido es una narradora, poeta y ensayista hechizada por el oficio, quien confiesa que “sin escribir moriría” y que no dedica su tiempo “a destruir a ninguna obra”.

Es una intelectual y creadora multifacética que acumula grandes experiencias en diversos campos, las cuales ensanchan las perspectivas de sus miradas sobre la vida y el arte literario.

Ella escribe incesantemente, aunque no publica con frecuencia. Pero hace poco ha entregado a la bibliografía dominicana su poemario Anacaona, dedicado al gran cacique taíno que desde la niñez le encandiló la imaginación y el deseo de conocer más sobre esa mujer impar de los remotos tiempos de la “conquista” y la colonización.

En relación a su trayectoria y a su honda manera de pensar sobre el oficio al que se entrega con razón y pasión, se ha expresado para Ruta de letras de Diario Libre.

Ha publicado recientemente el libro de poemas Anacaona, un personaje de nuestra historia. ¿Qué la convocó a su escritura?

Desde que supe de Anacaona en las clases de Historia, durante mi niñez, quedé prendada de la estatura de su figura. La fuerza vital que transmitía su imagen en mi mente me inspiraba. He leído acerca de Anacaona toda la literatura que me fue posible obtener; pero un día comprendí que los que fueron testigos presenciales de su época no dejaron muchas evidencias escritas. Pero los hechos hablan… Cacica de uno de los más importantes cacicazgos (Jaragua), luego de la muerte de su hermano el cacique Bohechio; y la de Caonabo cacique de Maguana de quien enviudó se convirtió en una cacica poderosa. El solo hecho de que los españoles al referirse a ella lo hicieran con el nombre de “reina” y que la consideraran una amenaza para sus fines colonialistas, nos indica el tipo de mujer y líder que era. A tal extremo que se vieron en la necesidad de urdir un plan macabro para acabar con su liderazgo cuyo funesto resultado fue su muerte en la horca y el asesinato de unos 80 caciques menores y parte de su pueblo (Matanza del Jaragua). La gran huella que debió quedar para la posteridad fue borrada, asunto entendible si consideramos la conocida frase de escritor británico George Orwell: “La historia la escriben los vencedores”.

Anacaona forma parte de mí como descendiente taína que siente orgullo de sus raíces. Ella vive en la imaginación de nuestro pueblo y así, un día cualquiera sin haberlo planificado me senté a escribir los versos que publiqué en el poemario que precisamente titulé Anacaona. Esa es a grandes rasgos la historia de Anacaona, que llegó a feliz término con la colaboración de Parmelia Matos de Calventi (mi hija) y un grupo de importante de fotógrafos dominicanos cuyos trabajos sumaron valor al texto: Juan de los Santos, Alejandra Oliver, Jiny Elena Ramos, Carmen Inés Bencosme, Parmelia Matos, Dennise Morales Pou y Pedro Genaro Rodríguez.

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? ¿Qué tiempo le tomó?

¡Quizás demasiado! Yo tiendo a madurar mucho lo que escribo. Terminé Anacaona en el año 2015. Ya ni recuerdo cuándo lo inicié. Escribí algunas estrofas y a medida que pasaba el tiempo y las releía, crecía el poema en longitud e intensidad. Al terminar, les envié el libro a José Enrique Delmonte y a Pura Emeterio Rondón para que si les gustaba, escribieran el prólogo y el epílogo, respectivamente. Luego, se lo hice llegar a Mayra Johnson y a María Teresa Ruiz de Catrain para el relato visual y el prefacio.

Tengo una anécdota acerca de este poema: antes de convertirlo en libro le enseñé la primera versión en hojas sueltas a Catharina Vanderplats de Vallejo, doctora en Filosofía de la Universidad de Montreal, quien se encontraba en el país realizando una investigación sobre la cacica para un libro que luego publicó el Banco Central en el 2015; para entonces, mi libro como tal todavía no había sido creado y solo existía el poema en una versión primaria. A ella le gustó y lo citó en su obra, a pesar de que aquella versión era diferente de la que finalmente publiqué.

Una vez terminado el poemario me comuniqué con José Enrique García, uno de los mejores editores del país, para que hiciera la revisión editorial propia del período pre-publicación. Finalmente, inicié la búsqueda de patrocinio. Acudí a varias instituciones que acostumbran a publicar este tipo de trabajos; les gustaba, pero se trataba de una obra costosa con portada dura, hojas satinadas de gran tamaño y el costo de impresión era alto. Pero su momento llegó cuando en el año 2019, el Ministerio de Medio Ambiente aceptó patrocinarlo dado su naturaleza pues se sustenta en nuestras playas, bosques, flora, fauna y la fértil tierra que acuñó en su seno a esta valiente cacica representante de la mujer dominicana. El Ministerio aportó el apoyo económico para su publicación y gracias a ello hoy circula y está de venta en la librería Cuesta.

Se le reconoce como poeta, novelista y ensayista. Son facetas muy distintas que usted maneja con fluidez. ¿Cómo lo logra? 

Soy muy inquisitiva en cuanto a las razones de la existencia y el mundo que nos rodea y eso me hace leer mucho en busca de respuestas. La lectura ha sido mi fuente de inspiración y del poco o mucho dominio que pueda tener en cualquier rama o género. He sido una lectora empedernida toda mi vida. Desde muy pequeña empecé a leer. Cuando leo clasifico los libros con estrellas, los subrayo, marco en colores, escribo en sus bordes, cuestiono, asiento o niego las observaciones que en ellos se encuentran. Al leer, tengo un verdadero diálogo con el autor o los personajes que desde las páginas de las obras me hablan y convocan. Hay libros que me han cautivado de tal manera que los he leído reiteradas veces y en cada lectura encuentro nuevos caminos de interpretación. No tengo géneros preferidos, pero opto por los autores de profundidad; los que me muestran lo fundamental de la vida y me hacen entenderla, los que me marcan. Son ellos los que me han enseñado a escribir. Disfruto leer más que nada en el mundo, con la excepción de escribir. Sin escribir moriría. 

Pero también se formó como médico y es docente. ¿Cómo ha logrado ese grado de versatilidad?

Creo que la infancia marca a uno. De pequeña viví muchos años en el extranjero y para entonces estaban de moda las series Dr. Kildare y Ben Casey, ambos eran médicos muy carismáticos y compasivos que influyeron en mí. Salvar vidas, poder arrancar a mis congéneres de las manos de la muerte se convirtió en mi objetivo principal. Me gradué de médico, luego realicé las especialidades de gineco obstetricia y oncología ginecológica y trabaje 15 años en medicina pública y privada. Luego, estudié Recursos Humanos y realicé una maestría en Administración de Empresas. Pero el tiempo pasa y la vida es breve… Cambié de rumbo como lo he hecho varias veces en mi vida. Cada cambio es como una muda, otra vida con nuevas e invaluables experiencias.

Actualmente, estoy en la fase de presentación de tesis del Doctorado de Español: Lingüística y Literatura de la Pucmm. Soy amante del conocimiento. Me estimula mucho aprender cosas nuevas. Sobre el aspecto docente… Empecé a dar clases desde que era estudiante universitaria. Fui monitora de Histología en la UASD; desde entonces, siempre he impartido docencia en el área de educación superior. Actualmente, soy docente de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Pucmm); laboro, además, en la Universidad Iberoamericana (Unibe) desde el 2011 en el área de Negocios Internacionales y posgrado; en la UNPHU laboré por un quinquenio y ejercí como directora del Departamento de Tecnología Educativa, la Unidad de Evaluación y Desarrollo Docente y de la revista Aula, además de impartir docencia en el área de posgrado y de laborar como formadora de formadores del Modelo Educativo.

Creo firmemente en que todos los seres humanos poseemos diferentes talentos para desarrollar, pero la mayoría de las personas deciden dedicarse a una sola área durante toda su vida. Todos tenemos la opción de decidir qué queremos hacer, por qué y cómo. Ninguna manera es mejor que la otra, sencillamente son diferentes formas de vivir, pero en mi caso la vivencia de diferentes roles me ha permitido desarrollarme en los campos que me apasionan, mantener pleno el deseo de vivir y ser feliz.

¿En qué momento de su vida decidió que debía dedicarse a la literatura?

Escribo desde los trece años y leo desde mucho antes. La literatura no ha sido una decisión, es simplemente parte de mi vida como lo es comer o dormir. Ahora, si me pregunta desde cuándo decidí publicar, ese es otro asunto. Mantuve la novela El Sol Secreto en una gaveta de mi escritorio por más de diez años y no fue sino hasta el 2006 que decidí publicarla; antes, el temor a la crítica despiadada me impedía hacerlo. Es por ello que al escribir sobre las obras de otros autores elijo hacerlo sobre los libros que de ellos me cautivan, aquellos que creo que aportan y que me parece que están bien escritos. Cuando un libro no me atrae lo termino de leer por respeto al trabajo del autor, pero no dedico mi tiempo a destruir a ninguna obra. No me siento cómoda denigrando el trabajo de otro. El tiempo dirá si ese libro perdurará en el tiempo o si ese autor evolucionará y escribirá en el futuro una gran obra. En varias ocasiones me han llamado para que haga una lista de los 100 mejores libros dominicanos. Para mí es una tarea imposible. Primero, no he leído todo lo escrito, así que corro el riesgo de ser injusta; segundo, cada tipo de literatura tiene su público.

¿Le ha resultado complicado desarrollarse como escritora? 

Escribo mucho, más de lo que publico. Pero publicar y ponerlo a circular eso sí ha sido difícil. Sería fácil si tuviera una casa editorial que se ocupara de todo y como escritora solo me dedicara a escribir. Los escritores dominicanos somos perseverantes con nuestro oficio, pero las facilidades de una buena editorial que promocione los escritores y sus obras internacionalmente son escasas. La mayoría de nuestros escritores tienen que trabajar fuera del mundo literario. Lo que reduce el tiempo que de otra manera dedicarían a escribir. Pero aman lo que hacen, sienten pasión por su oficio y se entregan de lleno.

Y su participación en el Movimiento Interiorista, ¿qué le aporta? 

Cuando publiqué mi primera novela se la envié a los escritores que yo leía y admiraba, a los que eran considerados maestros de la ensayística y la novelística dominicana. Entre ellos estaba Bruno Rosario Candelier, creador del Movimiento Interiorista. Él leyó la novela, le gustó su contenido por tratarse de una historia escrita desde las profundidades del ser. Me llamó para comunicarme lo que le había parecido el libro y me invitó a las reuniones del Ateneo Insular. Desde ese momento (abril del 2006) soy miembro del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular fundado el 28 de julio de 1990 que me ha aportado conocimiento y apoyo. Don Bruno, escritor de orden superior, para mí uno de los mejores ensayistas y críticos dominicanos, es un ejemplo de dedicación y disciplina.

Escritora interiorista lo soy desde las raíces mismas de mi ser; lo que escribo se refiere a cómo el mundo impacta la conciencia y cómo ella se manifiesta. El Ateneo Insular, sede del Movimiento Interiorista, es una escuela para los escritores que a él acuden; allí se debaten ideas, se estudian los más destacados escritores del mundo y sus obras; se presentan, estudian y se realizan críticas constructivas de las obras de los miembros, siempre respetando la libertad creativa de cada escritor. El Movimiento Interiorista anida en su seno los cultores de este tipo de literatura. Don Bruno, Premio Nacional de Literatura y director de la Academia Dominicana de la Lengua, ha dedicado su vida a promover la literatura dominicana y a captar nuevos miembros en todos los rincones del país y en otras regiones del mundo como lo son Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Con 30 años de existencia, el Movimiento Interiorista con Bruno Rosario Candelier a la cabeza junto a los demás fundadores del Movimiento, ha aportado a la literatura dominicana escritores y obras de importancia.

¿Habrá más novelas de Ofelia Berrido? ¿Escribe otras?

La novelística es mi debilidad. He acabado la próxima novela a publicar. Estoy en el proceso de edición y reedición. Releo mucho lo escrito: le sumo, le resto…, y vuelvo al proceso una y otra vez hasta que siento que no tengo nada más que aportar. Luego, se la paso al editor oficial del texto en cuestión antes de publicarla. Sin embargo, tengo dos libros de ensayos que deseo publicar primero y espero que estén listos para finales del 2020: Fábrica de Cavilaciones (ensayos filosóficos), sería el primero, y luego otro de “Ensayos críticos”.

¿A qué aspira como escritora dominicana, caribeña?

A que la buena literatura dominicana sea promovida y reconocida en el resto del mundo. A que los jóvenes dominicanos tengan acceso a la literatura de forma gratuita. A que el libro esté absolutamente libre de impuestos (y esto se cumpla), y a que tengamos bibliotecas físicas y digitales en todos los rincones del país.

¿Quiénes han sido sus maestros o maestras en la literatura? 

Para mí la palabra “maestro” se refiere a los maestros de la sabiduría sagrada; de hecho, mis lecturas preferidas son los libros sagrados de todas las religiones. Así que mencionaré algunas de las personas que admiro y leo y que me sirven de guía o ejemplo a seguir en el ámbito de la escritura. Ellos son los griegos, los existencialistas, los filósofos, los poetas malditos, entre otros. Si he de dar nombres, mencionaré algunos sin ningún tipo de orden ni prioridad: Platón, Aristóteles, Homero, Dogen, D. T. Suzuki, T. Deshimaru, Katsuki Sekida, Nietzsche, Ortega y Gasset, C. J. Jung, M. Foucault, Martin Buber, Hans Kung, Wen Tu, Spinoza, Camus, Sartre, Dostoievski, Marcel Proust, Flaubert, Rainer María Rilke, T.S. Elliot, Rudyard Kipling, William Butler Yeats, Marguerite Yourcenar, Gabriela Mistral, Aldous Huxley, William Faulkner, Goethe, Chateubriand, Kafka, Stanislaw Lem, Asimov, Mark Epstein, George Steiner, Jorge Luis Borges, Jose Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa. Mencionar a los dominicanos es difícil. La memoria es frágil y temo olvidar mencionar personas que uno lee porque admira su obra… Pero me voy a arriesgar citando algunos, a sabiendas de que tengo muy mala memoria: Salomé Ureña, Pedro Henríquez Ureña, Jeannette Miller, Ángela Hernández, Emilia Pereyra, Ylonka Nacidit Perdomo, Carmen Imbert, Martha Rivera, Juan Bosch, Bruno Rosario Candelier, León David, Marcio Veloz Maggiolo, Federico Henríquez Gratereaux, Jorge Tena Reyes, Andrés L. Mateo, M. Matos Moquete, José Enrique García, Diógenes Céspedes, Enerio Rodríguez, Odalis Pérez, Luis Arambilet, Manuel Núñez, José Rafael Lantigua… Ese es el problema de los nombres, son muchos y la memoria frágil.

 

¿Una obra que la haya marcado?

Crimen y Castigo de Fiodor Dostoievski.

¿Qué le preocupa de esta etapa que vive la humanidad? 

El caos global en que vivimos inmersos; la pobreza y la ignorancia generadoras de todo tipo de males que traen como resultado la injusticia y la indebida distribución de bienes. El que aún existan naciones que se crean con el derecho de dirigir el destino de la humanidad para su propio beneficio. La manipulación del hombre por el hombre; la pérdida de valor de la vida humana, pero más que nada me preocupa en esta época de la Inteligencia Artificial (IA), la desaparición del ser humano tal y como lo conocemos.

Una amplia hoja de vida

Ofelia Berrido, novelista, ensayista, poeta, crítica literaria, pedagoga, médico gineco-obstetra, oncóloga y gestora cultural. Nació en Santiago, República Dominicana el 26 de julio de 1951. Es autora de las novelas El Sol Secreto, El Infiel y los poemarios Pájaros del olvido y Anacaona. Se encuentran en vías de publicación Fábrica de Cavilaciones y Ensayos críticos. Sus ensayos han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales y en libros como Las Amazonas del Siglo XXI: ensayo escrito para libro Heroínas en Lienzos –Palabras y Sueños, Ministerio Público, Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional, Editora Corripio; La Narrativa interiorista: para Fundamentos de la estética del Interiorismo de Bruno Rosario Candelier, entre otros. Múltiples antologías locales e internacionales recogen y tratan sus novelas, ensayos y poesías, entre ellos las de los críticos Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua; Sara Rosell de la Universidad de Iowa, Estados Unidos; Catherina Vanderplaats de Vallejo de la Universidad de Concordia, Canadá; Carmen Cañete Quesada, Florida Atlantic University…

Fue fundadora del taller literario “La Mancha Indeleble” avalado por la Academia Dominicana de la Lengua y dirigió la Tertulia Letras de la Academia de la Académica Dominicana de la Lengua por un quinquenio. Actualmente publica ensayos y artículos de opinión -como colaboradora- para la revista literaria Areíto del periódico HOY con temas literarios y filosóficos de profundidad y para el periódico digital español LatinPress.

Labora como consultora de Planificación, Gerencia estratégica y Recursos Humanos para empresas locales e internacionales. Ejerció como directora del Departamento de Tecnología Educativa; Directora de la Unidad de Evaluación y Desarrollo Docente; directora de la Revista Aula y Miembro del Comité Editorial de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) donde fundó, dirigió y fue `parte del equipo de formadores de formadores del Programa de Certificación Docente del Modelo Educativo UNPHU (2015- 2018). Fue docente de las asignaturas “Gerencia estratégica” y “Planificación estratégica”, entre otras, para la maestría de Administración de Empresas y la maestría de Proyectos de la misma institución.

Por otra parte, Berrido es docente desde el 2011 del BBA y el MBA de la Escuela Internacional de Negocios de UNIBE-FIU; además, es profesora adjunta del área de Literatura y Letras de la misma institución. Labora además como docente en la Universidad Pontificia Madre y Maestra donde imparte las materias de Español II, Literatura y Cine.

Es graduada de doctora en Medicina por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con una especialidad en Ginecología y Obstetricia de la Escuela de Residencias Médicas de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia -UASD-, y una subespecialidad en Oncología Ginecológica de la mismas instituciones, así como cursos en la Universidad de Río Piedras, Puerto Rico y en el Hospital John Hopkins, Baltimore, USA. Cuenta con una Maestría en Administración de Negocios (MBA) por la prestigiosa “Braniff School of Management of the University of Dallas” con una mención en negociaciones y Diplomados Docentes y en el área de Tecnología Educativa de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).

Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua; miembro del Grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua; miembro del Ateneo Insular y de su Comité Intelectual. Miembro de la AEGRD (Asociación de escritores y guionistas de República Dominicana) y miembro de SingularityU (Singularity University), Capítulo de República Dominicana, entre otras membrecías.

Ha publicado recientemente el poemario Anacaona, inspirado en la gran cacica taína.

Artículo de Diario Libre. 20/02/2020

 

Concepción teológica de orígenes

Por Luis Quezada

 

El teólogo más original, creativo y controvertido en 2,000 años de cristianismo

“En el origen está el Amor. El Amor es por naturaleza creador de vida.

Dios ama creando y crea amando”

 

  1. Orígenes de Alejandría (Alejandría, 185 – Tiro, 253) es el teólogo más original, creativo y controvertido del Cristianismo en 2,000 años.
  2. Al lado de Orígenes (siglo III), solamente San Agustín (siglo IV) y Tomás de Aquino (siglo XIII).
  3. En este trabajo vamos a acercarnos al “giro origeniano” de la teología.
  4. Orígenes decía que la Teología tiene dos fuentes: la VIDA y la BIBLIA. Hay que ir como Rebeca, cada día, a beber en esas dos fuentes.
  5. Orígenes plantea que la teología es el esfuerzo humano de sincronizar armoniosamente la razón y el corazón, para acercarnos al Misterio. Decía: “Nadie entiende con el corazón, a menos quetenga la razón abierta y totalmente concentrada”.
  6. Cifró el misterio de Dios en la Trinidad. Se adelantó a Agustín en la reflexión trinitaria. Orígenes decía: “Todo salió del PADRE, por el HIJO, en el ESPIRITU SANTO. Todo regresa en el ESPIRITU SANTO, por el HIJO, al PADRE”.
  7. El cristiano Orígenes es fruto de dos influencias: una testimonial (su padre, Leónidas de Alejandría, que murió mártir) y otra intelectual (su maestro fue Clemente de Alejandría).
  8. Orígenes se le considera el padre de la exégesis. “Al texto hay que ir con amor, humildad y la mente en blanco, para extraer de él la sabiduría que viene de Dios”.
  9. Se le considera también como el primer gran sistematizador de la teología cristiana. Planteó los temas fundamentales: Protología, Escatología, Trinidad, Cristología, Pneumatología
  10. En la PROTOLOGIA, planteó la pre-existencia de las almas. Su tesis protológica fundamental es esta: “Todo existe desde siempre en el ser de Dios”.
  11. Es famosa en su reflexión sobre el Génesis, la visión que tiene de la Creación. Dice: “El Creador hizo todas las cosas para que existieran, y si las cosas fueron hechas para que existieran, no pueden dejar de existir”.
  12. Hace falta, al mismo tiempo, observar con Sœur C. Blanc: “Si Orígenes considera generalmente la preexistencia como probable, rechaza claramente la metempsicosis y la reencarnación” (Orígenes, Comentario sobre san Juan, T. I, SC 120, París, 1966, p. 30).
  13. En la ESCATOLOGIA, planteó la “apokatastásis”, es decir, la reconciliación total de lo creado en Dios. Su tesis clave es esta: “Todo lo que existe, no dejará de existir y terminará en Dios, la fuente de donde procede y hacia dónde se dirige”.
  14. Para Orígenes, nada en la creación se pierde, porque sería una “derrota de Dios”.
  15. En la concepción de Orígenes, eso que llamamos infierno no puede ser ni la “condenación eterna” ni tampoco la “aniquilación eterna”. El lo percibe como una dimensión de purificación.
  16. Orígenes es tan controversial, que es el teólogo cristiano que tiene más admiradores y más adversarios.
  17. Baste un ejemplo. Erasmo de Rotterdam, el célebre humanista del Renacimiento decía: “Aprendo más de una página de Orígenes que de diez de Agustín”.
  18. Jean Daniélou, uno de los mejores comentaristas del alejandrino, dice: “Orígenes es el primer pensador cristiano que intentó llevar el esfuerzo de la inteligencia humana a sus límites extremos en la investigación del misterio. Estos límites los pasó más de una vez; pero ello era tal vez necesario para que se los pudiera fijar exactamente. En una época en que no estaban aún determinados, probó a ver hasta dónde podía llegar la inteligencia humana. Ello constituye la grandeza de su tentativa».
  19. Con respecto al tema de la TRINIDAD, no cabe duda que Orígenes fue el gran inspirador de Agustín. Dice: “La Trinidad es el ser de Dios, que es amor y vida. Dios genera permanentemente amor y vida”.
  20. Orígenes fue controversial hasta en temas tan triviales como el ayuno.
  1. Quasten, un especialista en los Padres de la Iglesia afirma que “Orígenes es el primer exegeta de la Iglesia católica que hizo obra científica”. Se agrega, siguiendo siempre a Quasten, que “escribió sobre todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento bajo tres formas diferentes: scholia, breves explicaciones de pasajes difíciles, homilías y comentarios”.
  1. Aunque tarde o temprano, se le imputa, siempre con Quasten, una responsabilidad mayor en todas las “exageraciones del alegorismo medieval”, subrayando que “algunos de sus procedimientos de interpretación simbolista caen en la extravagancia”. Se recuerda con insistencia los errores filosóficos y doctrinales que le reprocharon, después de su muerte, varios papas y concilios, al punto de anatematizarlo: la preexistencia de las almas, el subordinacionismo, y la apocatástasis.
  2. Todo el mundo, sin embargo, se pone de acuerdo para alabar su genio, la sinceridad de su fe, su conocimiento de las Escrituras, y su coraje en la persecución, hasta el martirio. Atanasio, el gran defensor de Nicea, ¿no hablaba ya del “sabio y laborioso Orígenes”, a la vez que nos invitaba a “no confundir, en las opiniones de Orígenes, la opinión que él cita para refutarla, con la suya propia”. Con razón Orígenes es la cabeza de los padres apologistas.
  3. Orígenes se dio cuenta que su tradición cultural griega era el principal obstáculo para comprender plenamente la Biblia, que procede de una matriz oriental. Decía: Culturalmente, soy griego; espiritualmente, soy semita”.
  4. Sus presupuestos filosóficos hay que buscarlos en el platoniamo, neoplatonismo, en Filón de Alejandría y en los gnósticos.
  5. Orígenes nos expuso las normas de su exégesis en su célebre tratado Peri Archôn, o Tratado de los Principios, redactado antes de su partida de Alejandría, hacia los años 220-231. La exégesis de Orígenes ha sido considerada tradicionalmente como alegórica. El principio a partir del cual todos los pasajes de la Escritura tienen un sentido figurado y extraño a la concepción cristiana primitiva. Es el principio de la alegoría universal. Orígenes está tan penetrado de este principio que no duda en escribir: Todo lo que está en la Escritura es misterio”. El alegorismotiende a negar y a descartar la historia.
  1. Orígenes es el primero en insistir que la Biblia es primariamente un texto literario y que hace falta estudiarlo científicamente como texto literario. Dice Daniélou que “Orígenes es el primer gran maestro de la exégesis: todos aquellos que vinieron después, incluso los que reaccionaron contra él, como san Jerónimo, le deben casi todo, en todos los campos. En una palabra,¿qué sería hoy la exégesis sin Orígenes?”
  2. Su HEXAPLOS es un verdadero monumento a la exégesis.Es una sinopsis en 6 columnas, partiendo de las tres lenguas originales y las 3 mejores traducciones en griego. Algunos consideran que fue un fino lingüista y que puso la zapata de lo que más tarde se llamarían los métodos histórico-críticos.
  3. Como padre apologista, fue el mayor defensor del Cristianismo en el siglo III. Su obra más famosa es Contra Celsum (Contra Celso), escrita en la cárcel, 8 libros escritos para responder al neoplatónico filósofo griego Celso.
  4. Orígenes, llamado por sobrenombre Adamancio (hombre de acero), por su proverbial capacidad de trabajo,de su inmensa producción—más de seis mil títulos, según Epifanio de Salamina—, se ha conservado sólo una exigua parte. Escribió obras de carácter apologético, dogmático y ascético, pero la mayor parte gira en torno a la Sagrada Escritura. Estudió todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento.
  5. De su incansable actividad como predicador son testimonio el medio millar de homilías que hoy se le atribuyen.
  6. En 250, durante la persecución de Decio, Orígenes fue arrestado y torturado cruelmente. Debilitado por los sufrimientos padecidos, murió algún año después. No tenía 70 años.
  7. San Jerónimo, en su Epístola 33, cita los títulos de 320 libros y de 310 homilías de Orígenes. Lamentablemente la mayor parte de esta obra se perdió, pero incluso lo poco que queda de ella le convierte en el autor más prolífico de los primeros tres siglos cristianos. Su radio de intereses se extiende de la exégesis al dogma, a la filosofía, a la apologética, a la ascética y a la mística. Es una visión fundamental y global de la vida cristiana.
  8. Escribió, según testimonio de San Jerónimo, alrededor de 800 obras, la mayoría referidas a comentarios sobre la Biblia. Fue proverbial entre sus contemporáneos su gran capacidad para el trabajo, al punto de recibir el Sus obras sobre la Biblia se dividen en tres categorías: Escolios, es decir, explicaciones a pasajes difíciles; Homilías, prédicas tendentes a ilustrar libros enteros de las Escrituras, y Comentarios, examen sistemático de los textos.
  9. Hay que tener en cuenta que, según la teología sacramental, Orígenes no podía recibir las órdenes por ser eunuco, ya que se castró él mismo en su juventud, en un arrebato de ascetismo.

 

El lenguaje de la creación, de Bruno Rosario Candelier

Por Leopoldo Minaya 

   El magisterio intelectual de don Bruno Rosario Candelier sostiene su marcha edificante con la reciente publicación de la colección de ensayos titulada El lenguaje de la creación,  rótulo que cohesiona una enérgica labor desplegada en triple vertiente:  la reflexión teórica que indaga en las profundidades de la cognición, el estudio literario en que la especulación intuitiva o racional asume rol de piedra de toque que no excluye su propia valoración, y una conversación abierta al mundo en la que el mundo construye a fuerza de cotidianidad la vivencia de la lengua, experiencia vital esta última que juega a revestir en este libro ya forma dialógica —epistolar o conversacional— o francamente enunciativa.  Ese magisterio intelectual o, igualmente, este sacerdocio magisterial de luengas décadas y variadas disciplinas de don Bruno Rosario Candelier —de la crítica a la filología,  del ensayo a la narración, de la didáctica a la promoción cultural, de la orientación estilística a la creación de escuela de pensamiento y expresión— ha dejado y deja todavía trazas imborrables en el orbe iberoamericano en el que discurre su influyente personalidad con una inspiración humanística de acendradas aposturas universales. La marcha que iniciara en 1967 con la fundación de un grupo literario en la ciudad de Santiago, y continuara en 1975 con la publicación de La poesía de Emilio García Godoy como texto de evaluación, ha ido acrecentándose con la entrega de sustanciosas obras entre las que cabe destacar: Lo popular y lo culto en la poesía dominicanaEnsayos críticosLa imaginación insularLa creación mitopoéticaEnsayos lingüísticosPoética interiorEl ideal interior…, como muestrario apenas inicial de una corriente vigorosa de apariencia inagotable que con caudal expresivo empapado de hondura conceptual y belleza formal desemboca en 2019 en la publicación de El lenguaje de la creación, volumen que ahora nos ocupa.

El autor, por su condición de lingüista y cultor literario —indagador  de la certidumbre  y el arcano del idioma—, por exigencia del análisis especializado, y por escogencia  de la modalidad del ensayo sobre la del tratado; prioriza en El lenguaje…, el estudio y la ejecución de aquella creación en que interviene un discurso léxico frente a otras formas de creación no lingüísticas (danza, música, escultura, pintura, arquitectura, ciertos modos de realización teatral…) que cuentan también con lenguajes particulares de creación fuera del determinado campo de la lingüística pero dentro de las lindes de la semiología, aunque sin excluirlas plenamente, antes bien ejemplificándolas cuando en los escritos resulte necesario.

Como vemos, el leitmotiv o referente esencial en esta obra es la creación en la Palabra, el lenguaje en función de lengua, la lengua en atribuciones de lenguaje, ese tramo en que los conceptos de lenguaje y lengua se fusionan para apuntalar el ejercicio hacedor humano y… sobrehumano: las crónicas judeocristianas fincan la substanciación del mundo en unas cuantas palabras vertidas por ensalmo: «Dijo Dios: “Haya luz” y hubo luz»; «Dios llamó a la luz “Día” y a las tinieblas “Noche”». En la tradición mítica de los mayas, inscrito en el Popol vuh, se lee desenfadadamente: «Llegó aquí entonces la palabra»…  Estos fueron trabajos providenciales; los hombres — ¿más modestos?— creaban a su vez leyendas y epopeyas en las que no pocas veces erigían a las propias deidades.

Al discurrir sobre la lectura, primeramente tiéndese a ponderar las dotes de ensayista de nuestro autor; es como decir: sus dotes de pensador, de estilista y de juzgador.  Una actividad asumida con ardor entrañable y con verdadera pasión por el vocablo y el concepto nos revela una voluntad al servicio de los altos valores del espíritu, del intelecto y de la fraternidad humanos. El autor consigue transmitir en cada caso la fruición que el ideal genera en los adentros de su individualidad, amplificándolo cual si se tratase de caja de resonancia.  Ideal de belleza y perfección formal que pretende la Verdad, prístina e impoluta, como corolario sustantivo…  Para esto exhibe un bagaje cultural, intelectual y artístico decididamente sin parangón en las letras nacionales en cuanto resume un saber milenario que se organiza en los entronques de permeables presupuestos filosóficos y se abre a expectativas multívocas que rebasan los límites de la tirante racionalidad.

…Con la creación del lenguaje, en algún momento de su sinuosa evolución  (tal vez por razones de sobrevivencia, como se aduce desde finales del siglo XVIII), la humanidad ha podido, con cualificada legitimidad, reclamar rodaja de participación en el lenguaje de la creación, ese reino del logos esencial que materializa la idealidad figurada… y que vuelca en la realidad objetiva las íntimas certidumbres del ente generador. Dicho como para subrayar, el ser humano se apodera con propiedad del lenguaje de la creación en el instante en que emplea conciencia y capacidad cognitiva en la confección de un sistema de información que le permita organizar lógicamente el mundo adyacente y luego, peldaño tras peldaño, compendiar mundos nuevos de representación sígnica y simbólica al través de la reflexión, la intuición, el razonamiento, la imaginación, la inspiración, la abstracción… Si bien la substanciación de la lengua es acto cardinal de creación, la manipulación de la misma es propiciadora de una creación sobre la creación, formulación de taxonomía avanzada que podría develar otra creación aún más trascendente y a todas luces superior.  En el apuntalamiento y estímulo de esta forma última de creación en que puede el hombre enaltecer su condición natural se encuentran las razones que espolean el trabajo intelectual de don Bruno Rosario Candelier y, consecuentemente, la publicación de una obra como El lenguaje de la creación, donde se manifiesta la característica ejemplar o modélica con que deja el maestro plasmadas sus enseñanzas.

Don Bruno preconiza el conocimiento y el dominio acabado de la lengua como punto de partida para una creación revestida de singularidad, que deberá exhibir dos atributos fundamentales: belleza expositiva y sustantividad de significado, correspondientes a dos aspectos primarios de la obra de arte o de pensamiento: forma y fondo. En redonda lógica, no puede ser de otra manera.  El razonamiento enjundioso y el juicio más acertado carecerán del impacto necesario para convencernos a cabalidad —de entrada, al menos— cuando se hallen reducidos en eficacia por la circunstancia de una deficiente y cojeante exposición. De manera inversa, los más primorosos aderezos formales parecerán a nuestros oídos pomposas vaciedades cuando se haya descuidado la carga conceptual. Un equilibro de cúspide en ambas instancias garantiza una creación de orden trascendente, aquella que impacta indeleblemente  en la sensibilidad de nuestros espíritus y —superando al tiempo— en el flujo inagotable de las generaciones venideras.

Naturalmente, ese equilibrio entre aspecto formal y peso conceptual (que demanda proporcionalidad directa en la obra artística) puede sufrir alteraciones y hasta comportar proporcionalidad inversa en la obra técnica o científica, por lo cual acierta don Bruno Rosario al estatuir en El lenguaje de la creación la diferencia entre ambos discursos recurriendo a la naturaleza de la fuente: «Nuestros pensamientos se manifiestan en imágenes y conceptos, y pensar en imágenes o pensar en conceptos va a pautar la diferencia entre el pensador y el artista. El pensador reflexiona ante las cosas y, en tal virtud, hace filosofía, ciencia, tratados, estudios y ensayos. El artista se impresiona ante las cosas y, en tal virtud, escribe poesía, ficciones, compone creaciones pictóricas, arquitectónicas o musicales. Lo que indica que existe una belleza del pensamiento y una belleza de la forma, que el creador [concreta] en diferentes artes según su inclinación sensorial, afectiva y espiritual».

Muchas y variadas son las preocupaciones del autor en la obra: lingüísticas, didácticas, morales, filosóficas, ontológicas… dispuestas en conjunto interrelacionado que señala como aguja imantada, al experto como al apenas iniciado, la senda por donde habráse de ver la base vivencial transformada en acto eminente de creación  intelectual, espiritual o artística.

El tono predominante en El lenguaje de la creación es el del Maestro que maneja con habilidad la materia tratada, dispensando el conocimiento directamente al discípulo  en ocasiones; a veces a un maestro interpuesto para beneficio del acto de enseñanza…  Correspondencia entre lo predicado y lo elaborado: nuestro autor enseña, reclama y ejercita una escritura tensa (pero dúctil a la vez, válida la paradoja) en la que los conceptos escogidos por su reciedumbre  se hilvanan bellamente y armoniosamente, pero a la vez con corrección y propiedad, desenvoltura particular de quien ha consagrado toda una vida al cultivo del arte literario y al estudio de la lengua.  «Propiedad» y «Corrección» son entendidas por don Amado Alonso y don Pedro Henríquez Ureña de manera unánime: la primera como «adecuación interna de la frase al pensamiento que se ha querido expresar»; la segunda como «adecuación externa a las formas admitidas socialmente como las mejores».

He aquí la justificación de la insistencia del autor de El lenguaje de la creación  en el dominio de los que denomina «los tres códigos de la lengua» (el vocabulario, la gramática, la ortografía); la insistencia en el conocimiento de lo que designa «las tres perspectivas de la palabra»: a) la vertiente formal… «que funda el encanto de la expresión en su dimensión sonora y elocuente», b) la belleza conceptual… «que se funda en el sentido de fenómenos y cosas», y c) la dimensión trascendente… «que alude a la energía interior que los vocablos sugieren en virtud de su relación con el trasfondo de las cosas y los fenómenos de la conciencia», todo dicho en sus ajustadas palabras; y, por último, la insistencia en la observación de decálogos de fondo y de contenido para que se mantenga la debida orientación en cada singladura del lance escritural.  Estas recomendaciones las hace de manera reiterada, señal del propósito marcadamente pedagógico de sus disertaciones, porque todo aprendizaje implica y demanda, por esencia, al par de la imitación,  la gimnasia necesaria e implícita  en  la acción de repetición.

¿Imitación hemos dicho? «Imitación» parece ser palabra prohibida dentro de los criterios modernos que glorifican una originalidad a ultranza. Imitación es vocablo contrapuesto a creación: mimesis frente a poiesis, por tanto, cada estudio u opinión sobre el fenómeno de la creación tiende a suscitar en nosotros una reflexión paralela sobre el hecho de la imitación, porque de manera irracional todo lo antitético nace unido por naturaleza.  Pero, en la especie, entre creación e imitación ¿cuál es la regla y cuál resulta la excepción?  Platón y Aristóteles, con discordantes precisiones, consideraban el arte… o como imitación de una Forma esencial o como imitación de la naturaleza, enfatizando el último de ellos la primacía de conjunto de lo que se crea a partir de lo imitado. Miguel de Unamuno, en su conferencia de Málaga, el 22 de agosto de 1906, se inclina por la irreverencia: «En el orden de la literatura, los espíritus que pasan por más originales han sido los mayores plagiarios». Reflexionamos: difícilmente podamos jactarnos de puridad creativa en nuestras realizaciones, porque somos seres miméticos por naturaleza y creadores por excepción. Verbigracia, los autores que cuentan con la palabra como materia prima tienen en sus manos un recurso de todos, de la colectividad, aprendido por imitación en sus tonos, matices, significaciones, convencionalismos, arbitrariedades: los dramaturgos copian escenas y diálogos reales o verosímiles; poetas y narradores calcan pautas rítmicas y estructuras preestablecidas en la morfología de la lengua…

Piaget teorizó sobre las consabidas imitación y repetición en la adquisición de conocimientos, asociando tales prácticas a una inteligencia «sensomotora» en el individuo. Tal forma de aprendizaje, tal «saber hacer asimilado» se traslada a la producción de la obra de arte o de pensamiento como sustentáculo, de forma tal que a la postre lo que llamamos desembarazadamente «nuestra creación», sin ningún tipo de reparos, es en verdad una combinación proporcionada de imitación (que es un desprendimiento de la colectividad y de la naturaleza) e individualidad (que es un desprendimiento de la manera única en que cada ente reacciona y hunde sus raíces en la realidad y en los misterios del mundo, en sus territorios explorados e inexplorados).

Así, se nos antoja una distinción entre creación en sentido lato, es decir, la obra terminada en la que lo propio y lo colectivo se sincretizan en proporcionalidad variable; y la creación en sentido estricto, vale decir: la parte original que podría segregarse de la obra realizada tipificándose como sustrato distintivo aportado por la inventiva individual.

Dada una u otra circunstancia, al enfatizar en la «intuición del sentido», El lenguaje de la creación encarece el  ingrediente individualizador en el acto creativo, forma de enriquecer y balancear la mimesis que nos arropa de manera primigenia en tanto seres humanos. Ante la general impersonalidad, lo propio es sustancia salvadora, resultante de experiencias que imprimen sello único al objeto creado, vivencias inéditas provocadas por nuestra singular sensibilidad. Tal forma de enriquecedora originalidad se desprende, repetimos, de la manera en que  como individuos reaccionamos ante lo conocido y lo desconocido.  La prédica candelierista dispensa esta verdad dividiendo los sentidos del hombre en «exteriores» e «interiores», siendo los exteriores o corporales las facultades ordinarias, por lo general comunes a todos, que nos permiten aprehender la realidad «real» (el sonido, la imagen, la temperatura, lo duro o lo blando, la emanación de la materia y la substancia), y los interiores (entre ellos, ampliándose, marcadamente: la intuición,  la memoria, la imaginación, la inspiración, el sentido cogitativo y el afectivo), que facilitan nuestra interconexión con una ultra realidad  no mostrable a los sentidos ordinarios;  que nos nutren de experiencias situadas más allá de las fronteras meramente físicas; que conectan lo ya revelado a lo no revelado del cosmos, viabilizando percepciones inéditas que podrían remontarnos a estados de elevación espiritual o de supra consciencia. La intuición, a nuestro ver,  es el sentido que ausculta el Sentido de la conciencia cósmica, ya desde nuestra perspectiva individual, ya hacia ella (nótese que no hay redundancia alguna en el intento de definición: el primer “sentido” entendido como capacidad de captación, el segundo, destacado con mayúscula, entendido como finalidad o razón de ser de una entidad, lo que predetermina su movimiento); por eso el rol de primer orden tanto de la intuición, de la memoria y de la imaginación sensible en la aventura creativa como generadora de «originalidad», entendida esta no como ordinario cambio de praxis, o de estado regular, o boga, o modalidad, sino como reacción privativa e íntima del ser al rozar contra la Totalidad de la que forma parte en materialidad, esencialidad o irradiación. Los estudios literarios presentados en El lenguaje de la creación corresponden a autores dominicanos, con las excepciones del genio nicaragüense Rubén Darío —que recibe doble atención—  y el filósofo hondureño Segisfredo infante. Cada uno de los estudios ameritaría atención particular, pero habremos de detenernos en esta ocasión en al menos tres de ellos y en las percepciones cardinales que los apoyan…

Harto difícil resultaría encontrar otra ponderación tan valiosa y detallada de la labor  de nuestra más encumbrada poetisa, expresada además con igual gracejo y erudición; labor literaria que escolia don Bruno Rosario Candelier en las tres connaturales facetas de su personaje: como madre, como poeta, como educadora.  En la primera de ellas logra ciertamente nuestra Salomé Ureña levantar una respetada familia de intelectuales dominicanos: sus hijos Max, Camila y Pedro son referentes obligados en las letras y en la educación de estas latitudes. Educadora y poeta, puso al servicio del anhelo de realización de la patria tamañas capacidades. Y enfatiza don Bruno: «Su motivación fundamental fue el desarrollo material y espiritual de su país, y se valió del magisterio y la poesía para sembrar esa inquietud trascendente e inyectar el aliento de su acción transformadora».  El espíritu del escoliasta vibra en sintonía con las aspiraciones de realización social de la poeta estudiada, forma de manifestarle a la distancia devoción admirativa por el caudal magnificente que alcanza recibir y compartir a plenitud… hasta que el rigor y la ecuanimidad privativos de su oficio crítico, y su propia honradez personal,  le dejan ver en el poema «Mi ofrenda a la patria» de la autora… «un doliente testimonio de una actitud angustiosa que denuncia la indolencia de la clase dirigente y la discordia como trasfondo entre sus compatriotas», entre otras apreciaciones de parecido jaez.  En efecto, el magno canto a la patria que es casi toda esta poesía, hermoso y grandilocuente, fue tobogán de prominentes expectativas y hondas desesperanzas, fluctuación percibida con facilidad en el entramado de sus mejores versos: esfuerzo sobrehumano por sostener el ideal de esa suerte de utopía que parece solo alcanzar cristalización no mucho más allá de los himnos y tonadas de cantores y poetas…  Pero, a nuestro juicio, ¡tal vez valga decirlo!, es precisamente la ingenuidad el elemento salvador para la posteridad de la obra de Salomé  (la capacidad de hundirse donde los otros se alzan, y de erguirse donde los otros sucumben, cincela la excepcionalidad del alma del poeta, que nace envuelta en una cápsula cristalina); la ingenuidad, la candidez… y, en la especie, esa elaborada estilización neoclásica que evita la conversión en libelo farragoso de un discurso vehemente, doliente, inspirado y generoso.

En el primer ensayo dedicado a Darío en El lenguaje de la creación, don Bruno Rosario Candelier sustenta la tesis de que los grandes creadores, los «que han hecho una obra memorable con alta significación espiritual y estética para todos los tiempos y culturas», han podido elevarse a tales ámbitos gracias a lo que denomina «el impacto del dolor en la conciencia». Don Bruno atribuye a experiencias traumáticas en la vida del ser humano —vale decir: del artista, del poeta—, especialmente en la infancia, época de formación, la capacidad de desarrollar aptitudes extraordinarias de sintonía con el cosmos como resultado del especial moldeado mental resultante de esas experiencias críticas. Apela a la autobiografía del poeta modernista, extrae los hechos y circunstancias que sirven para la sustentación de la teoría, confirma sus asertos por medio de comparaciones y paralelismos, y a esto agrega, como elemento coadyuvante o propiciatorio,  la proclividad de ciertas zonas del planeta a recibir y a permitir la circulación de efluvios estelares de espiritualidad en forma de mensajes cósmicos, entre ellos Ávila en España y la ciudad de León en Nicaragua. La tasación de estas importantes y novedosas especulaciones hallarían tal vez como escollo o contrapartida la muy arraigada creencia de que «el poeta nace, no se hace», refrendada por la expresión «poeta nace, orador se hace», y la reticencia espontánea del poeta a considerarse a sí y a la excelencia de su arte divino como meras consecuencias del albur y de la fatalidad. Nos parece más bien que las conclusiones de don Bruno relativas a este punto pueden coexistir con la vieja creencia de la excepcionalidad artística como don innato. Personalmente hallo verdad en su teoría, puesto que un acontecimiento trascendental, altamente impresionante y estremecedor en la vida del artista positivamente puede originar un estado de vigilia permanente que lo haga voltear la mirada y hacerse receptivo a las altas instancias del origen del ser, su misión, su función, su destino y sus ultimidades.  La evaluación individual bien puede hacerla el lector mediante la lectura directa del ensayo de marras, intitulado «La irradiación estelar en la poesía de Rubén Darío», porque pudiera uno estar de acuerdo o no con este u otro de los planteamientos del Maestro, pero no podría evitar el quedar prendado por la densidad  y la solidez de sus exposiciones; de lo que quiero realmente dejar constancia aquí: de la admirable manera en que el autor maneja la técnica del ensayo literario, de la destreza embriagante con que sostiene las argumentaciones, cincela la frase y amolda los conceptos; y de la utilización de presupuestos investigativos tan poco trillados en la crítica hispanoamericana, postulados enriquecidos por la agudeza incisiva de la observación y la opinión  inteligentes de quien asume con efusión de rabdomante los misterios fundacionales…

En el segundo ensayo con el genio de Darío como centro en El lenguaje de la creación, el Maestro del Interiorismo replantea la teoría del troquelado neuronal del artista de excepción por medio de hechos traumáticos que suscitan un miedo terrífico (los había enumerado: «un suceso estremecedor, un golpe en la cabeza, un contacto eléctrico, un rayo del cielo o una dolencia patológica», y los reenumera incluyendo: nacimiento traumático, dolencia nerviosa, un hecho en la infancia…, sin carácter limitativo); episodios catastróficos o miedos terríficos que habilitan o perfeccionan la capacidad del ser para conectarse a efluvios e irradiaciones cósmicas que fomentan y refuerzan el impulso creador.  Este primer presupuesto —continuando con los postulados del autor— una vez asociado a una visión o perspectiva metafísica en el creador, que deberá auxiliarse además de un conglomerado de imágenes arquetípicas y de los sentidos interiores o de la revelación, dará a luz la cabal expresión poética o la locución trascendente, que se entiende conectada con lo divino (entidad numinosa en todo caso, surtidora de la cósmica sabiduría) al través del subconsciente y del inconsciente individual y colectivo. La construcción teórica es brillante, compleja y altamente especulativa. El elemento nuevo con respecto al ensayo inmediatamente anterior también referido al autor de Prosas profanas es la afirmación de la existencia de un lenguaje privativo de la expresión poética, que la determina, la cimenta y la conforma; un lenguaje o sistema de símbolos sin el cual no es posible su concreción y materialización portentosa, que finca por sí mismo los puntales sobre los cuales asientan los poetas la arquitectura verbal. Son esos los arquetipos: ellos conforman el protoidioma de la poesía. Son los vocablos básicos conectados a las más hondas apelaciones de la raza humana. Ellos manifiestan el atavismo y suscitan la conmoción:   sangre, aleteo, cuchillo, lengua, tierra, viento, ceniza, polvo, mar, pira, ojo, frío, madera, vientre, esfera, fuerza, alguien, nadie, vacío, soplo, piedra, redondez, filo, carne, verbo, noche, grito, palabra, vocablo, abismo… etc. No creo que haya poeta auténtico que pueda negar la jerarquía de estas misteriosas palabras, de estos denodados símbolos que subyugan y atraen como fuerza centrípeta.  Y para muestra, el estremecedor fragmento del poema de Darío, que transcribe el comentarista y transcribo a continuación en igual extensión y con pareja devoción (Augurios):

 

Hoy pasó un águila
sobre mi cabeza,
lleva en sus alas
la tormenta,
lleva en sus garras
el rayo que deslumbra y aterra.
¡Oh, águila!
Dame la fortaleza
de sentirme en el lodo humano
con alas y fuerzas
para resistir los embates
de las tempestades perversas,
y de arriba las cóleras
y de abajo las roedoras miserias.

Pasó un búho
sobre mi frente.
Yo pensé en Minerva
y en la noche solemne.
¡Oh, búho!
Dame tu silencio perenne,
y tus ojos profundos en la noche
y tu tranquilidad ante la muerte.
Dame tu nocturno imperio
y tu sabiduría celeste,
y tu cabeza cual la de Jano
que, siendo una, mira a Oriente y Occidente…

 del cual podemos desgajar los vocablos-símbolos siguientes, no enumerados anteriormente: águila, cabeza, ala, tormenta, garra, rayo, deslumbramiento, terror, fortaleza, lodo, tempestad, arriba, cólera, miseria, búho, silencio, perennidad,  muerte, imperio, sabiduría, Jano, Oriente, Occidente…

No quiero terminar la ponderación de la obra sin antes remachar una apreciación que tenderá tal vez adrede a restar gravedad a mis endebles opiniones, haciéndolas consiguientemente más amenas y ordinarias. Pero no por menos grave la valoración es menos verdadera. Veo en la concomitancia entre la práctica y la prédica, y en el carácter modélico de la instrucción dispensada por el Maestro, la aplicación de un lema vocacional: «Aquí se enseña haciendo y se aprende trabajando», norma que asume consciente o inconscientemente don Bruno Rosario Candelier como teórico, como progenitor y mentor del interiorismo literario y, en su praxis magisterial, con la puesta en funcionamiento de la importante estructura de creación artística y de pensamiento que es el Ateneo Insular, uno y otro derivados de su esfuerzo y  vocación infatigables.

Damos la enhorabuena a esta publicación. Hay en ella una sabiduría elocuente abierta hacia el infinito dispuesta a ofrecerse a quienes se atrevan a atravesar sus páginas. Se suma a las obras previamente enumeradas y a otras sin enumerar, de igual consistencia y calado en la bibliografía del Interiorismo y de su progenitor.  Don Bruno Rosario Candelier persiste, con su altruismo característico, en la formación intelectual, espiritual, moral y estética de sus semejantes y, entre ellos, de los dominicanos… Bello y verdadero es su apostolado. ¡Cómo seduce la reciedumbre de su pensamiento y cómo asombra la magnificencia de sus visiones de poeta!

Conciudadanos: es con hombres de su talante y de su genio que se construye la patria verdadera…

Visita institucional del director de la RAE y presidente de la ASALE al Caribe y Centroamérica

Del 14 de febrero al 2 de marzo de 2020

El director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de las Academias de la Lengua Española (ASALE), Santiago Muñoz Machado, realizará una visita institucional a siete academias de la lengua española de Centroamérica y el Caribe, en particular las de CubaPanamáNicaraguaGuatemalaEl SalvadorHonduras y la República Dominicana, que se desarrollará entre el 14 de febrero y el 2 de marzo.

El periplo se inscribe en la acción panhispánica que desarrolla la RAE desde la presidencia de la ASALE, e inaugura la ronda oficial de visitas del presidente a todas las corporaciones integradas en la ASALE, una vez cerrado el ciclo del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española y del XVI Congreso de la ASALE, celebrados ambos el año pasado en Córdoba (Argentina) y Sevilla, respectivamente.

Desde esa perspectiva la visita del director de la RAE, en su condición de presidente de la ASALE, tiene cinco objetivos fundamentales:

  • Reforzar la unidad y el buen uso de nuestra lengua, hoy patrimonio común de 580 millones de personas, a través del trabajo conjunto de las veintitrés Academias de la Lengua Española de América, Filipinas, Guinea Ecuatorial y España que constituyen la ASALE. El trabajo que impulsa y lleva a cabo la RAE, junto con las Academias de la Lengua radicadas en cuatro continentes, en favor de la unidad diversa del español, de su cuidado y de su fortaleza, es una cuestión de Estado, porque constituye un servicio público de extraordinaria relevancia por sus implicaciones políticas, diplomáticas, sociales, culturales, educativas y jurídicas. Adicionalmente, el compromiso de los gobiernos debe ir acompañado del compromiso y la colaboración de la sociedad civil, imprescindibles para que las Academias puedan cumplir su función. Esta circunstancia convierte a la RAE y a las Academias de la Lengua en las instituciones culturales más importantes del ámbito iberoamericano, pues gestionan un bien de valor universal, al que se conectan otros políticos, jurídicos y sociales de primer orden.
  • Conocer directamente lasituación, proyectos y actividades de cada una de las academias.
  • Mantener encuentros con altos representantes de los gobiernosde cada una de las naciones a fin de asegurar el sostenimiento de sus respectivas Academias de la Lengua y el apoyo en el desarrollo de su labor. Este compromiso constituye un fundamento básico de la relación de las Academias con el Estado en su función al servicio de la unidad de la lengua española desde el respeto a su esencial diversidad.
  • Realizar actividades públicas(conferencias, encuentros…) que pongan de manifiesto el interés general del trabajo académico y refuercen la presencia social de cada Academia en su país.
  • Impulsar los proyectos panhispánicosen curso en el ámbito de la ASALE, especialmente el intenso programa de acción aprobado en el congreso de Sevilla, con incidencia en tres proyectos de particular relevancia: la 24.ª edición del Diccionario de la lengua española, de concepción totalmente digital, la versión en línea del Diccionario panhispánico del español jurídico —obra respaldada por la Cumbre Judicial Iberoamericana y la última Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno— y  el proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial, además de comenzar la preparación del programa del IX Congreso Internacional de la Lengua Española, que tendrá lugar en Arequipa (Perú) en 2022.

De acuerdo con ello, cada una de las siete Academias ha preparado la agenda de la visita institucional del presidente de la ASALE, con el apoyo de la Embajada de España.

 

 

 

El sentimiento de lo divino En la obra de Jalil Gibrán

Por Bruno Rosario Candelier

 

Sólo regresarán a la Eternidad

los que en la tierra la buscaron”.

(Jalil Gibrán)

“Más allá de todo, el Absoluto”(BRC)

A

Oscar de León Silverio,

buscador del Todo en su poetizar.

 

Orígenes de Alejandría, quien naciera en el año 184 de nuestra era cristiana, es el primer teólogo de la Iglesia Católica, y ese celebrado pensador cristiano murió en el año 253 en el Líbano, donde sembró su última semilla, y en esa agraciada tierra del Oriente su siembra espiritual fructificaría siglos después en uno de los místicos del Catolicismo oriental con el nacimiento en 1883de quien sería narrador, poeta y ensayista conocido en el mundo de las letras con el nombre de Jalil Gibrán.

Este valioso escritor representa en las letras árabes una singular vertiente de la mística oriental. Jalil Gibrán nació en el Líbano el 6 de enero de 1883 y murió en New York, Estados Unidos de América, el 10 de abril de 1931. En su medio siglo de de vida publicó una docena de libros donde revela una clara valoración de lo Absoluto en obras como El loco, La tempestad, El profeta, Arena y espuma, El Hijo del Hombre y El vagabundo.

Los místicos se distinguen por un hondo sentimiento de lo divino que se traduce en una valoración de lo sagrado, una empatía hacia todo y una ponderación de lo viviente como signo y cauce de lo Eterno, vocación que canalizan en la búsqueda de lo Absoluto mediante la contemplación de fenómenos y cosas. Y expresan una mirada amorosa hacia los demás con una genuina actitud afectiva y espiritual de comprensión y piedad. Ese talante emocional, intelectual y espiritual lo reflejan los escritores místicos en sus cuentos, novelas, dramas, poemas y ensayos, como lo constatamos en las narraciones, poemas y reflexiones de Jalil Gibrán, así como en sus edificantes parábolas literarias, tan típicas de la cultura oriental, y también en sus hermosas Cartas de amor.

El místico está transido de un sentimiento de amor por todos los seres y las cosas. Nuestro poeta entendía que el amor divino se formaliza en una vida consagrada al cultivo de la espiritualidad. Así lo comprendió Jalil Gibrán y así fue su vida, que la consagró a la búsqueda de lo Absoluto  mediante el cultivo de lo divino. Las personas con elevadas inclinaciones espirituales suelen tener una conciencia del “más allá”, signo, fuero y cauce de la vocación trascendente (1).

La búsqueda de lo divino, que es una tendencia natural en el místico, se expresa en cada individuo de acuerdo con su peculiar talante. La nostalgia de Dios se atiza ante el esplendor del Cosmos o ante el fulgor de la belleza, que sacude nuestra sensibilidad y el fondo oculto de nuestra interioridad. Esa singular apelación acontece de un modo especial en los narradores y poetas, que están dotados de una sensibilidad profunda y de una capacidad para expresar la belleza y el sentido de fenómenos, cosas y hechos, pues como dice Gibrán en “El poeta” este “es un árbol regado por el río de la Belleza,/ dador de los frutos que anhela el corazón hambriento./ Es un ruiseñor que alivia el espíritu/ abatido con sus bellas melodías./ Es una blanca nube que surge tras el horizonte/ asciende y crece para colmar la faz del cielo./ Entonces cae sobre las flores en el territorio de la vida,/ abriendo sus pétalos para que penetre la luz” (2).

La sensibilidad estética y espiritual de Jalil Gibrán se percibe en sus cuentos y poemas. Se trata de una sensibilidad inclinada a lo trascendente, como se aprecia en unas composiciones que tienen como objetivo transmitir un mensaje de amor, una valoración de la vida y una reflexión sobre la existencia humana:

 

En lo profundo de mi alma

hay una canción sin palabras:

una canción que reside

en la semilla de mi corazón.

Se resiste a mezclarse

con la tinta del pergamino.

Encierra mi cariño

en un hálito transparente

y vuela, pero no sobre mis labios

(“Canto del alma”).

 

En este poeta árabe la emoción estética se convierte en fuente de revelación del ser. Es decir, la poesía le sirve a este escritor libanés para filosofar, hacer una teología de lo viviente, y sentir y vivir el sentimiento de lo sagrado. Y se ve a sí mismo como la expresión de una potencia superior que la refleja en su creación. En “Canto del alma”, expresa:

 

Cuando contemplo mis ojos interiores

veo la sombra de su sombra.

Cuando toco las yemas de mis manos

percibo sus vibraciones.

Las acciones de mis manos

buscan su presencia

como un lago debe reflejar

las estrellas resplandecientes.

Mil lágrimas las revelan

como las luminosas gotas de rocío

revelan el secreto de una rosa mustia.

Es un canto compuesto por la contemplación

y publicado por el silencio

y rehuido por el clamor

y plegado por la verdad

y repetido por los sueños

y comprendido por el amor

y ocultado por el despertar

y entonado por el alma.

 

Su poema es un canto de amor a las criaturas de la Creación, como lo han sentido los iluminados, místicos y santos de todas las tendencias contemplativas, desde san Francisco de Asís a Carol Wojtyla, pasando por Jalal-Udim Rumi, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Thomas Merton y Clara Janés. Al sentir que es parte de la Totalidad, los místicos se compenetran con todo, lo sienten todo y lo valoran todo, pues como dijera Heráclito de Éfeso, todo viene del Todo, todo se transforma en Todo y todo vuelve al Todo.

Según una respetable tradición mística, Dios habita en las almas de los hombres, y quienes sienten la llamarada de lo divino buscan la pureza seráfica, se desapegan de los bienes materiales para vivir libres de ambiciones y tendencias que desnaturalizan la condición humana para hacer del barro humano de su cuerpo una vasija digna del soplo divino. El poeta así lo expresa en “El canto de la flor”:

 

Soy la afectuosa palabra pronunciada

y repetida por la voz de la naturaleza.

Soy una estrella caída desde la azul bóveda

del cielo a la verde alfombra

Soy la hija que los elementos

y el invierno han engendrado;

que la primavera ha dado a luz.

Fui acunada en el regazo del verano

y dormí en el lecho del otoño.

Al alba me uno a la brisa

para anunciar la llegada de la luz.

Al atardecer me uno a las aves

para despedir a la luz.

(…)

Y miro hacia arriba para ver solo la luz

y nunca hacia abajo para ver la sombra.

Esta es la sabiduría

que el hombre debe perseguir.

 

La búsqueda mística en Jalil Gibrán, como muestran en su vida y en su obra los espirituales del Oriente, procura el conocimiento del bien para sentir el Ser divino en lo viviente. Esa búsqueda se expresa, desde el punto de vista literario, en un uso lingüístico privilegiado en el empleo de determinadas expresiones simbólicas y en una vida cifrada en actitudes y acciones compartidas, como la perseverancia en un ideal y la espera contra toda esperanza, como se vislumbra en la Divina comedia, de Dante Alighieri. En esa búsqueda y en la plasmación de ese ideal, nuestro poeta siente que da continuidad a la realización humana a través de las edades y las mutaciones, como lo testimonió en “El canto del hombre”:

He estado aquí desde el principio

y aquí estoy aún.

Y aquí me quedaré hasta el fin del mundo,

pues no hay final para mi ser

transido de dolor.

He vagado por el cielo infinito

y por el mundo ideal

y floté en el firmamento.

Pero aquí estoy,

prisionero de la medición.

Escuché las enseñanzas de Confucio

y la sabiduría de Brahma.

Me senté junto al Buda bajo el Árbol de la Ciencia.

Sin embargo aquí estoy,

existiendo con ignorancia y herejía.

Estaba en el Sinaí

cuandoYaveh se aproximó a Moisés.

Contemplé los milagros del Nazareno en el Jordán.

Estaba en Medina cuando Mahoma la visitó.

Sin embargo, aquí estoy prisionero del desconcierto.

(…)

Ansío envejecer y alcanzar el momento

de mi retorno a Dios.

¡Sólo entonces mi corazón se saciará!

 

Insuflado por el fuego de la dolencia divina, Gibrán exhala un entusiasmo por la vida y se llena de amor por criaturas y elementos, comenzando por la naturaleza circundante. En sus poemas, cartas y relatos evoca los cedros del Líbano, los jardines de Bsharret, los arroyos de su tierra natal. Sus loas a la naturaleza los canta al estilo de los salmos bíblicos, que como expresión de la experiencia humana vuelta hacia Dios, constituyen un canto de oración con sus símbolos monosémicos, su tono realista y sus valores melodiosos, como se advierte en “El canto de la lluvia”:

 

Soy las húmedas hebras de plata

lanzadas del cielo por los dioses.

La naturaleza me lleva

para adornar sus campos y valles.

Soy las bellas perlas,

arrebatadas a la corona de Ishtar

por mi hija del Alba

para embellecer los jardines.

Cuando lloro las colinas ríen.

Cuando estoy abatido las flores se regocijan.

Cuando estoy agobiado,

todo sonríe con alborozo.

(…)

La voz del trueno proclama mi llegada.

El arco iris anuncia mi partida.

(…)

Golpeo suavemente las ventanas

con mis delicados dedos,

y mi anuncio es una canción de bienvenida.

Todos pueden oírme,

pero sólo los sensibles me comprenden.

 

Una iluminación interior le revela la presencia de lo trascendente en lo inmanente. Y su sentido místico amplía su comprensión del mundo a la luz de su inteligencia sutil. La mística espiritualista, a diferencia de la mística materialista o la mística naturalista, genera una actitud religiosa entre el hombre, Dios y el Cosmos, y un deseo de contemplación. Dice Jalil Gibrán:

 

Cuando llegues a lo más alto

de ti mismo,

sólo desearás por desear;

y sólo tendrás hambre

por el hambre misma;

y tendrás sed de una sed mayor (3).

 

Como forma de conocimiento y fragua de valoración de lo sagrado, la mística propicia un camino especial para la apreciación de los misterios del hombre y el Cosmos. En la dialéctica de la naturaleza, el poeta libanés advierte el concierto de las oposiciones: “No se puede llegar al alba, sino por el sendero de la noche”.

Tiene Jalil Gibrán hallazgos conceptuales sorprendentes, verdades poéticas que delatan su intuición profunda: “Lo real, en nosotros, guarda silencio. Lo adquirido es lo que habla mucho”. O este otro hallazgo de su intuición en el que desarticula nuestras vanas pretensiones temporeras:

 

Los árboles son poemas

que escribe la tierra en el cielo;

los abatimos y los transformamos en papel

para consignar en él nuestro vacío interior.

 

Sus cavilaciones interiores constituyen comprimidos de belleza y reflexión, que es una de las cualidades de la alta literatura: “Cuando das la espalda al sol,/ no ves más que tu sombra./Cuando llegues al corazón de la vida,/ descubrirás belleza en cada cosa,/incluso en los ojos ciegos a la belleza./Vivimos solo para descubrir la belleza./Todo lo demás es una forma de la espera”.

En el fondo de sus intuiciones estéticas y místicas hay, además del valor literario y conceptual de la expresión, un trasfondo espiritual en una dosis de compenetración intelectual y afectiva con los principios que encarnan un ideal de lo Absoluto. Jalil Gibrán era sensible a la belleza y al misterio, como han sido los contemplativos, los santos y los iluminados. Más aún, en el poeta del Líbano se fusionan las dos tendencias místicas fundamentales: la occidental, que concibe a Dios como trascendente al Cosmos, a quien se puede llegar mediante una ascesis y una purificación de los sentidos para el arrebato contemplativo; y la oriental, que concibe a Dios como algo inmanente al Cosmos, en cuya virtud todo participa del Todo (4).

La posición de Jalil Gibrán la habían asumido para entonces los simbolistas franceses, entre ellos Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Valéry, tendencia espiritual que entonces formaba parte de la corriente epocal de principios del siglo XX, cuando Jalil Gibrán comienza a estar presente en el escenario literario internacional.

En su diálogo e interacción con la naturaleza, el poeta libanés siente la presencia de lo divino en los elementos naturales, y hay en su poesía una sensualidad limpia, genuina y cálida fusionada a una intención cósmica. Contempla y admira la huella de lo sagrado, vale decir, el hálito de lo Eterno en cada criatura viviente, y esa llama mística que late en su interior lo mueve a la contemplación de lo trascendente.

En Lágrimas y sonrisas, Jalil sostiene que la belleza es “lo que cautiva el alma”, y aunque se siente apelado por la belleza sensorial, singularmente la de la mujer, también siente la honda apelación de la llama sutil del fondo espiritual de lo existente. Esa dimensión trascendente se refleja también en su narrativa, en la que conjuga los valores de la poesía y los principios de la narratología. En “La sombra” apreciamos esas cualidades literarias y el aluvión simbólico de sus alusiones:

Cierto día de junio la hierba dijo a la sombra de un olmo:

  -Te mueves tan seguido de derecha a izquierda que perturbas mi paz.

  -Yo no -respondió la sombra. Mira hacia el cielo. Verás un árbol que se mueve por el viento de Este a Oeste entre el Sol y la Tierra.

   Y la hierba elevó la mirada y por primera vez observó el árbol y dijo en su corazón:

   -¿Por qué, pues, existe una hierba más alta que yo?

   Luego calló (5).

El texto de Jalil Gibrán es revelador. La sombra es la proyección de uno mismo. Al lado tenemos nuestro propio espejo y no lo sabemos. La hierba no había visto otra realidad que no fuera la propia, y por eso su desconcierto cuando advierte que otras realidades la rodean, incluso cualitativamente superiores. “La sombra” apunta al desconocimiento de una realidad por falta de visión, por ausencia de perspectiva, producto de un egocentrismo que nos vuelve indiferentes a la convivencia. La sombra nos da la perspectiva de la luz, nos sugiere su existencia, pues como dijera Paul Valéry en “Cementerio marino”, ‘toda claridad exige una mitad de sombra’. Eso también lo intuyó Jalil Gibrán.

Lo mismo en “La sombra”, como en la mayoría de sus textos, Jalil Gibrán revela un mensaje simbólico y místico, y a su través plantea verdades interiores como un llamado a la reflexión, ponderando el valor de la vida y del mundo desde una vertiente espiritual y estética.

Escritor modelo de sencillez y profundidad, Jalil Gibrán pertenece al linaje de poetas que asumen el canto creador como un cauce de la búsqueda de lo Absoluto con intención humanizada y trascendente. En uno de sus Dichos espirituales, escribió:“Si no fuera por la vista y el oído, la luz y el sonido no serían nada más que confusión y pulsaciones en el espacio. De la misma manera, si no fuera por el corazón que ama, tú hubieras sido un leve polvo llevado y desparramado por el viento”.

Los narradores y poetas, de cualquier tendencia estética y de cualquier lengua o cultura, usan las palabras para formalizar sus intuiciones y vivencias con un fin artístico y simbólico. Los narradores y poetas místicos, como los iluminados y los santos, usan las palabras para darle sentido a la búsqueda de lo divino y, sobre todo, para plasmar la mística del Logos, cauce y destino de una profunda apelación creadora. Jalil Gibrán lo sentía y sabía, y en todo lo que escribió tuvo siempre presente que el don de la palabra y el talento creador se nos dieron para entender el valor de fenómenos y cosas a la luz del ideal del sentido que ilumina la conciencia y nos conecta irremediablemente con la Fuente primordial de la Divinidad.

 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Movimiento Interiorista

Santiago, Centro Belarmino, 25 de enero de 2020.

Notas:

  1. William Ralph Inge habla de “a dim conciousness of the ‘beyond’ which is part of our nature as human beingns” (“Una clara consciencia del ‘más allá’, expression de nuestra naturaleza que se humaniza”), en Christian mysticism, London, Methuem, 1989, p. 5.
  2. Los textos de Jalil Gibrán proceden de Obras completas, Barcelona, Cosmolibro, 1982, T. I, II, III. Esta nota y las siguientes son del libro Lágrimas y sonrisas.
  3. Esta nota y las siguientes proceden del libro Arena y espuma.
  4. Loreina Santos Silva, “Mi cantar de cantares: Una vía a lo Absoluto”, en El Cuervo,no. 1, Aguadilla, Puerto Rico, enero-junio de 1989, p. 67.
  5. Del libro El vagabundo, en Obras completas.

 

 

 

 

 

Función del adverbio y su supuesta invariabilidad

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Es sorprendente que los textos de español  no  nos ofrecen información precisa y completa acerca del   adverbio. Al acudir a  Internet creía, al ser una fuente moderna de información, que encontraría bien precisado lo referente al adverbio. Pero no fue posible quedar complacido pues las informaciones que uno encuentra allí son limitadas en extremo. En www.juntadeandalucia.es se dice sobre el adverbio que “El adverbio es la parte invariable de la oración que modifica el significado del verbo.” Ahí tenemos una pobre y limitada definición del adverbio.

En Babelnet.sbg.ac.at se afirma sobre el adverbio: “Es la parte de la oración que modifica el significado del verbo o de otras palabras.” Aquí se encuentra otro limitadísimo concepto del tan  importante elemento de nuestra lengua.

Consultando textos no tan modernos, encontramos también sorprendentes limitaciones, aun tratándose de personalidades de renombre y autores de libros de gramática. Nos dicen algunos de esos autores, al comenzar a hablar sobre el adverbio, que este es una palabra que nunca cambia de forma, pero luego afirman que algunos adverbios admiten los sufijos del diminutivo y del superlativo,  o también la apócope. Ante esa aparente contradicción y limitadísimo alcance del adverbio que ellos nos ofrecen,  tratemos de ver cuál es la verdadera realidad del adverbio.

Consultando  algunos autores de textos de gramática, encontramos que Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña se refieren al adverbio con bastante precisión al aspecto formal del adverbio cuando dicen que es una forma invariable en cuanto que no tiene accidentes de género y número. (Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña, Gramática Castellana, Segundo curso, p. 160).

En vista de eso que ellos afirman, creo que no se les puede atribuir contradicción cuando  hacen referencia a las formas apocopadas del adverbio muy, de mucho; cuán, de cuánto, etc. (Idem, p. 168). Lo mismo puede afirmarse cuando vemos que esos autores admiten la existencia de diminutivos en el adverbio, como aparece en  tempranito, despacito, prontito, cerquita… (Idem, p. 169).

Sí creemos que hay contradicción, o al menos imprecisión, en aquellos autores que afirman, por un lado, que no sufre modificaciones  morfológicas, que nunca cambia de forma, para luego decir que existe la posibilidad de que algunos adverbios admitan sufijos del diminutivo y del superlativo: despacito, ahorita, tempranísimo, lejísimos, etc. (José Escarpanter, Moderna Gramática Española, págs. 178-181).

Los mismos indicios de contradicción encontramos en las autoras Lacau-Rosetti. Dicen ellas que el adverbio es una palabra invariable, pero también afirman que sufre apócope delante  del adjetivo o adverbio: cuán, de cuánto; muy, de mucho. Sostienen, además, que tienen  grado superlativo: tempranísimo, lejísimos, etc. (Lacau-Rosetti, Castellano II, P168)

A las anteriores consideraciones habría que añadir otro detalle muy importante referente al aspecto formal del  adverbio, el cual no aparece contemplado en los textos de gramática del español que uno maneja. Me refiero a lo que podría llamarse “variación cuasi genérica” del adverbio cuando aparece con sufijo  diminutivo. Al respecto  es de notarse que, cuando el mismo  termina en o (temprano, despacio), el sufijo diminutivo termina también en o: tempranito, despacito. En cambio, si el adverbio termina en a (cerca, ahora), el sufijo diminutivo conserva esa a en su terminación: cerquita, ahorita.

Las anteriores consideraciones dan a entender que el adverbio, en su aspecto formal, tiene un comportamiento en cierto modo parecido al del adjetivo, ya que admite el grado superlativo (tempranísimo),  apócope (cuán),  diminutivo (ahorita), y tiene terminación “cuasi genérica” (cerquita) en muchos de los adverbios. Y todo eso deja dicho  que el concepto de la invariabilidad del adverbio es muy relativo y no siempre ha sido expuesto con la debida precisión y de forma abarcadora. Eso ha quedado evidenciado con los datos que ya se les han ofrecido. Pero hay más, y eso lo podemos notar cuando leemos lo que nos dicen algunos autores de textos con respecto a la función del adverbio.

Así, si consultamos a José Escarpanter (op. cit., p. 178), encontramos que nos dice que el adverbio es una palabra  que complementa al verbo, al adjetivo y también puede complementar a otro adverbio.

Del mismo tenor son las expresiones de las Lacau- Rosetti  cuando afirman que el adverbio es modificador  de verbo,  adjetivo o de otro adverbio. (Lacau-Rosetti, op. cit., p. 178). Ambos autores  se quedan limitados con respecto a la función del adverbio.

Uno de los autores que ofrecen una información un poco más completa acerca del adverbio, en su aspecto funcional, es Roca Pons. El afirma que el adverbio es una parte de la oración que modifica al verbo, al adjetivo o a otro adverbio, y luego añade que los adverbios no afectan necesariamente a una de las tres palabras indicadas, ya que pueden modificar, además, a una oración entera.  Ejemplo: “Seguramente tu amigo no te había dicho  la verdad.” (Roca Pons, Introducción a la Gramática, págs. 313, 323).

Llama la atención que ninguno de los autores consultados ni siquiera hace  referencia a la posibilidad de que el adverbio pudiera modificar también a un sustantivo. Ante ese hecho, cabe la pregunta: ¿Acaso no puede el adverbio modificar también al sustantivo?

Una referencia  a esa posibilidad  se encuentra en el artículo “Algunas Precisiones Sobre El Adverbio”, de la autoría de Mercedes Rodríguez de  Rodríguez, aparecido en el libro El Español Al Día, p. 205.  Veamos lo que ella plantea: “¿Se limita el papel modificador del  adverbio al verbo, al adverbio y a otro adverbio? Creemos que no, sino que algunos adverbios pueden modificar también al nombre.”

A  nuestro entender, sí puede hacerlo. Y vamos a decir que esa es otra de sus funciones aunque no aparezca mencionada  en los textos de gramática del español.

Veamos, al respecto, algunos ejemplos de oraciones con adverbios de cantidad modificando sustantivos.  A. “Ellos comen más arroz que habichuelas.” B. “Ellas comen menos habichuelas que arroz.” C. “Encontraron que ella tenía más sangre de lo normal.”

Fijémonos que en ninguno de los casos puede decirse  que los  adverbios más y menos están modificando al verbo, sino al sustantivo.

¿Y qué decir de los ejemplos “El siempre hombre tuvo temor de enfrentarse a su rival.” Y “El nunca hombre se atrevió a  enfrentarse a su rival.”? En los dos casos, un adverbio de tiempo está modificando al sustantivo hombre.

Las reflexiones que hemos presentado a su consideración deben haber dejado aclarado que, tanto en el aspecto formal (la llamada invariabilidad del adverbio) como en el aspecto funcional (su alcance o poder modificador), es necesario que los textos que nos informan sobre nuestra lengua española le dediquen más tiempo, espacio y profundidad al tratamiento del adverbio. Esa palabra de tanto valor en las lenguas así lo amerita.

Culipandear(se), pote, conformación

Por Roberto E. Guzmán

CULIPANDEAR(SE)

“. . . son ambivalentes y dan muchos CULIPANDEOS al momento de. . .”

El autor de estas reflexiones acerca de la lengua puede dar fe de que conoce el adjetivo o nombre culipandeado o culipandiao desde hace muchos años. Ese culipandiao tenía relación directa con la postura que la persona adoptaba al estar de pie (del dominicano parado).

El culipandiao era la persona que sacaba hacia atrás las nalgas, que las proyectaba hacia la parte posterior del cuerpo, pose que no obedecía necesariamente a la intención de hacerlo. No debe de olvidarse que pandear es torcer en el medio (en el cuerpo humano, cintura).

Luego aprendió quien esto escribe que la postura del cuerpo humano o el verbo habían dado pie a otro tipo de aplicación. Esa nueva acepción llevó el verbo a una acción que indica torcer la conducta.

Conforme con lo que consigna el Diccionario de la lengua española (2014-I-692), el verbo culipandear en Cuba y Venezuela es, “Evadir con astucia una dificultad prevista para no enfrentarla”. En los dos países antes mencionados, más Honduras, el verbo expresa, “Dicho de una persona: Acobardarse, echarse atrás o arrepentirse de algo que iba a hacer”.

En República Dominicana y Puerto Rico el verbo indica, “No respetar alguien la palabra dada, cambiar de opinión”. Esto aparece en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias. Allí mismo se atribuye a Puerto Rico que en funciones de verbo intransitivo pronominal corresponde a, “Mover una mujer rítmicamente el trasero al caminar”.

El Diccionario del español dominicano (2013:232) endereza algo del verbo, pues consigna, “Mover la cadera al caminar”, que se ajusta más a lo que se había oído en conversaciones en español dominicano. Además, ese diccionario añade otras dos de las acepciones anteriores, con excepción de la que implica que la persona se acobarda, que no tiene cabida en el español dominicano.

De esta manera el culipandear termina siendo el, “Movimiento de las caderas al caminar”. Con todo el respeto debido, se piensa que el contoneo de las caderas merece que en el culipandeo se consigne que es intencional, aunque puede resultar natural también. Algo que puede agregarse es que ese culipandeo llama la atención y a veces al hacerlo intencionalmente se exagera.

Lo que se persigue con estas acotaciones es influir en la opinión de los lexicógrafos para que modifiquen de alguna manera las definiciones que se han mantenido hasta ahora y, que se incorpore el culipandeo que se expuso al principio para la postura natural del cuerpo humano en algunas personas, tomándose en cuenta las características apuntadas.

 

POTE

“. .  y que empeñan su conciencia por un pica pollo, $300 pesos, un POTE de ron. . .”

Algunas palabras que se presume que se refieren a una cantidad de líquido determinado por el nombre que recibe el contenedor no es tan preciso como podría esperarse, pote es uno de ellos. Uno de los problemas que se presenta es que el vocablo pote es muy impreciso en sí mismo, tal y como lo reconoce el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias, “Recipientes de diversos tamaños y formas. . .” Ese mismo diccionario reconoce que en República Dominicana un “pote de ron” es una “botella de ron”. Cabe que uno se pregunte si decir una botella de ron es más preciso que un pote de ron. No hay que esperar por la respuesta del inocente. Es la misma imprecisa cantidad de contenido. Pero con diferente nombre.

La tarea de ser más preciso quizás es cuesta arriba, pero eso no arredra. Todo el asunto quedará entre el pote, el frasco y la botella. Esto es, quedará en familia. Es probable que el asunto se reduzca a la costumbre de utilizar una u otra palabra para designar el mismo recipiente.

De acuerdo con lo que se encuentra en la Revista dominicana de folklore, No. 1, de marzo de 1975, p. 93, en un artículo firmado por J. A. Cruz Brache, “La botella es la medida para líquidos más corriente en el país. Su contenido equivale a 700cc”.

En quince países de habla hispana un pote es un “recipiente de diversos tamaños y formas”. En República Dominicana un pote es una forma de llamar “una botella de ron”.

Se ha escrito mucho acerca del entorno y las palabras; de la forma en que los sentidos de estas cambian conforme con los otros vocablos que rodean a esa palabra en esa situación. No cabe duda, si en un bar un dominicano pide “un pote”, le servirán una botella de ron y no una de refresco o agua. El sitio, entorno físico, impone el significado de este pote. Con la palabra pote se refiere en general el dominicano a la botella de ron que contiene los 700 cc que se mencionaron más arriba, pues la más grande se conoce como “un litro”. Debe dejarse bien claro que este no es el lugar para tratar la jerga de los bebedores habituales.

 

CONFORMACIÓN

“. . .desempeñó un rol determinante para la CONFORMACIÓN de la Ley. . .”

La palabra del título posee poder de atracción; eso se escribe porque con más frecuencia de la debida los redactores se decantan por esta cuando tienen opciones más precisas para transmitir el mensaje que tratan de hacer llegar a otros.

Algunas personas piensan que conformar tiene relación con con-formar; es decir, formar con o “formar parte, ser parte”, esa idea que hoy muchos hablantes expresan con “hacer parte”, por participar.

Como puede deducirse con facilidad, el sustantivo femenino conformación tiene relación con el verbo formar que tiene larga historia en el castellano. Conformación llega al castellano procedente del latín conformatio, conformationis. En su origen se refería solo a la “colocación, distribución de las partes que forman una cosa”. “Hasta el sol de hoy” la redacción del sustantivo ha permanecido sin cambios en los diccionarios.

Este sustantivo llegó a América en el siglo XVI. Así consta en una acta del cabildo de Caracas. (Léxico hispanoamericano del siglo XVI (1971:213).

Si la persona a la que se refería el redactor de la cita participó en la redacción de la ley, ese verbo, redactar, es el que debió aparecer. En un registro menos elevado pudo escribirse que la persona mencionada participó en la redacción de la ley. La persona mentada tuvo una participación destacada en la elaboración de la ley. Con este sustantivo se imprime un rasgo de mayor importancia al trabajo realizado.

Lo recomendable con el verbo conformar y el sustantivo conformación es reservarlos solo para sus funciones específicas de la manera en que se ajustan a sus definiciones.

Rellenar, rozar / rosar, a bordo, preguntar / cuestionar, doyén / decano

Por Roberto E. Guzmán

RELLENAR

“. . . y la RELLENÓ por andar llegando tarde. . .”

Es bueno que se haga constar que el objeto de la acción, la, se refiere a una mujer. De allí deriva la importancia que tiene el estudio del verbo; esto es, estudiado en un caso como el de la cita en que este se aplica a una persona.

Antes de entrar en materia con respecto al significado del verbo en la frase reproducida más arriba, hay que aclarar que no se trata de dar de comer en exceso a una persona, que es una acepción conocida del verbo.

Rellenar mantiene una acepción en el habla de los dominicanos que no se conoce en ninguna otra habla de español. De acuerdo con lo que escribe el Diccionario del español dominicano (2013:596), rellenar es, “Reprender severamente”.

No conforme con poder contar con el verbo con ese significado, el hablante de español dominicano se ha ingeniado para hacer más descriptiva la acción y ha creado varias locuciones verbales muy bien conocidas en el ambiente dominicano.

Rellenar como a una longaniza fue la primera locución que se incorporó al habla, seguida de rellenarle el cachimbo. Más tarde, con los adelantos de la gastronomía se añadió rellenar como a un pavo.

Si bien es cierto que la acepción, copiada antes, que se reconoce para el verbo es exacta, no es menos cierto que en algunos casos las circunstancias hacen pensar que el verbo va más allá de “reprender severamente”. Sube de grado para expresar el sentimiento de alguien que insulta a una persona, con algún tipo de fundamento, como consecuencia de haber incurrido la persona insultada en una acción reprensible. Con las palabras que se expresan durante este “rellenar” se profieren expresiones ofensivas y humillantes.

Quizás merece que se pondere la posibilidad de añadir al verbo rellenar, en los repertorios de voces dominicanas, los matices que se ha introducido en esta sección.

 

ROZAR – ROSAR

“Sus pies ROSABAN el piso al caminar”.

Los dos verbos del título pertenecen al español internacional. El primero de los dos es de mayor uso; el segundo posee una sola acepción muy específica.

El verbo rozar posee más de diez acepciones acreditadas en el español internacional, al tiempo que rosar solo tiene una.

El significado más conocido del verbo rozar es el que mal escribió el redactor, es el que en el diccionario de la corporación madrileña de la lengua reza así, “Dicho de una cosa: tocar pasando y oprimiendo ligeramente la superficie de otra o acercándose mucho a ella”.

Con respecto del verbo rosar, sirve únicamente para “caer rocío” y como tal es impersonal e intransitivo. Estas dos cualidades hacen que este verbo tenga menos uso que el otro.

 

A BORDO

“. . .cuando un joven A BORDO DE una motocicleta. . .”

En algunas ocasiones las personas que escriben para consumo de muchos lectores tratan de refinar demasiado su español y llegan a incurrir en exageraciones. Una de estas es la que se observa en la frase de la cita.

La locución adverbial “a bordo” tuvo su origen en las embarcaciones navales. Las naves, barcos, fueron los primeros en aceptar la locución para dar a entender que eso de que se trata está dentro de la embarcación. Esto así porque las naves son las que tienen bordo, que son los costados o bordes exteriores de estas.

Con el desarrollo y frecuencia de los viajes por otros medios de transporte la locución extendió su alcance a personas o cosas “dentro de una embarcación”. El adverbio “dentro” indica “en el interior”, “en la parte interna”.

Este “dentro” con su significado apuntado antes deja fuera de uso la locución “a bordo” para una motocicleta, pues los ocupantes de la motocicleta van “en” motocicleta. El asunto que se plantea con respecto de las locuciones o adverbios para describir cómo viajan los ocupantes de los medios de transporte varía de una lengua a otra. Con esto se advierte que no hay una correspondencia estricta al llevar la idea de una lengua a otra.

 

PREGUNTAR – CUESTIONAR

“. . .afirmó C. al ser CUESTIONADO sobre las críticas. . . “

Hace mucho tiempo que el uso de estos dos verbos ha hecho de estos verbos sinónimos en todas las ocasiones. Cuestionar tiene una significación específica que no puede sustituirse con la ayuda del verbo preguntar.

El verbo preguntar corresponde a la acción de interrogar; esto es, hacer preguntas a alguien para que ese alguien responda lo que sabe sobre un asunto. En forma de interrogación puede exponerse un asunto. De esa forma puede indicarse duda sobre ese asunto. Es pedir que le contesten.

Cuestionar es controvertir un punto dudoso, proponiendo las razones, pruebas y fundamentos de una y otra parte. Además, es poner en duda lo afirmado por alguien. Es discutir.

Existe la posibilidad de que el uso del verbo cuestionar en español en lugar del verbo preguntar provenga de una influencia del inglés, lengua en la que el verbo to question corresponde al verbo preguntar en español.

 

DOYÉN – DECANO

“El rabí M., DOYÉN de todos nosotros. . .”

La voz del título no cuenta con el asentimiento de los hablantes de español para que se la considere una palabra auténtica del léxico hispano. Ni siquiera el acento que le colocaron a esa voz logra hacerla entrar en el redil del español legítimo.

La voz doyen pertenece al francés y al inglés. Al inglés llegó desde el francés medio, que en antiguo francés era deien. Este doyen francés tiene un doblete que se asemeja muchísimo a una palabra del español, dean; que en español es deán. Aunque no sea obvio desde el principio el deán fue en su origen el jefe de un grupo de diez. El deán español viene del latín decanus que era el jefe de diez monjes en un monasterio.

En español debe usarse la palabra decano para expresarse de modo correcto. En el español actual el decano es el miembro más antiguo de una comunidad, cuerpo o junta, etc. En las universidades el decano preside una facultad, aunque no sea el miembro más antiguo.

Derivada de la palabra decano es decanato que son las dependencias destinadas oficialmente al decano para el desempeño de sus funciones; así como el período de tiempo en que desempeña sus funciones el decano.

Tarantín, atacado, malsano, na / mal sano, extorsión / *extorción

Por Roberto E. Guzmán

 

 TARANTÍN

¿Cómo olvidar que detrás de cada caseta, TARANTÍN, mostrador o . . .”

La voz tarantín es producto de la imaginación de los dominicanos. Es una creación de los hablantes de español dominicano. No se la conoce en ningún otro país de habla española.

La terminación -tín de esta voz puede interpretarse de dos maneras. Puede ser un diminutivo como sucede en otros casos en que se presenta en el español de todos los días. Hay que tener en cuenta que en el español dominicano el diminutivo -tín no es corriente, común, de uso frecuente.

Esta terminación podría ser tomada también con carácter despectivo. Algo pequeño, de mala calidad, endeble, frágil y rudimentario puede recibir esta terminación para denotar el poco aprecio o consideración que de eso se tiene. Con este dejo despectivo se conoce o conocía en el país dominicano el cafetín, que era un sitio de expendio y consumo de bebidas alcohólicas de mala reputación.

El inconveniente con la voz tarantín es que no hay otra que se asemeje a esta que pueda catalogarse de originaria sin el diminutivo o terminación. El escritor de la cita sugiere de modo implícito el vocablo “mostrador” que es un tablero, mesa alta para servir en cafetería y locales semejantes en tanto sinónimo de tarantín.

El español dominicano tiene otras palabras del género o las características que se le atribuyen a tarantín. Una de ellas es friquitín que es un “puesto callejero donde se preparan y sirven frituras”. Con respecto de esta definición no se está totalmente de acuerdo porque las frituras no se sirven, se venden. En estos puestos no hay mesas ni sillas. Las frituras se entregan en las manos en papel o en fundas. No hay platos ni cubiertos. Es probable, si estos puestos se han modernizado como consecuencia de la competencia de precios con los picapollos, que en la actualidad “sirvan” sus productos.

Los recuerdos de los friquitines que se conservan en la memoria son de un fogón con leña o carbón, una paila con aceite, una mesa sobre la que se colocaban los productos sin terminar y una bandeja en la que se colocaban las frituras una vez cocidas.

El tarantín es un “puesto de venta callejero”. Es una “construcción rústica realizada con materiales muy pobres”. Es tan endeble el tarantín que uno no sabe si debe llamarlo “construcción”. La fragilidad o provisionalidad del tarantín es una de sus características. Se arguye acerca de la palabra “construcción” porque los elementos utilizados para “parar” el tarantín no son los adecuados para una construcción, sino que se hace con lo que “aparece”. Parar aquí significa poner algo en posición vertical. El tarantín en la mayoría de los casos se hace de materiales recuperados (ya usados anteriormente).

 

ATACADO

Esta voz parece que ha pasado inadvertida en las investigaciones acerca del español dominicano. El verbo atacar(se) se ha consignado en el Diccionario del español dominicano (2013:55) como corresponde, con tres acepciones y una locución verbal.

No obstante, ninguna de las acepciones allí recogidas sirve para explicar el uso que en el habla dominicana se hace del participio en función de adjetivo que figura en el título. Más abajo se abundará sobre esto.

En varias situaciones el hablante de español dominicano entiende que se encuentra en una situación que puede caracterizar diciendo que está atacado. Ha de tenerse en cuenta que este atacado no tiene relación alguna con sentirse embestido.

Este atacado tiene que ver con la situación en que se encuentra una persona que está bajo presión. Sobre todo, que actúa contra el tiempo. Que está nervioso y apresurado. Cuando las circunstancias ponen en tensión a la persona y la empujan a acelerar sus acciones de cualquier tipo que estas sean, esta persona está atacada. Ni por un momento ha de pensarse que el sujeto está ata(s)cado.

Este atacado merece un espacio en los repertorios de voces dominicanas con las explicaciones o sinónimos pertinentes.

 

MALSANO, NA – MAL SANO

“Posteriormente, surge la MAL SANA campaña de desinformación. . .”

Una cosa es con guitarra y otra es con violín. Este adagio, sentencia moral breve, generalmente “indica que hay varias maneras de hacer o decir algo dependiendo de las circunstancias”.

Malsano es un adjetivo que modifica al sustantivo que “acompaña” en la oración transcrita a modo de ejemplo del mal uso. Esto es, escribió mal sano en dos palabras; entonces, no se corresponde con las circunstancias del sentido de la frase. En el caso específico debió aparecer en una sola palabra.

Malsano en una sola palabra es un adjetivo que transmite la idea de que eso de que se habla o escribe es “moralmente dañoso”. Produce o puede producir perjuicio, lesión o detrimento.

Malsano en una sola palabra realiza las funciones de adjetivo y de preferencia se aplica a ambiente, países, climas y por extensión a situaciones o circunstancias; como el conjunto de actos, medidas y esfuerzos de una campaña de llevar al conocimiento del público ideas y sucesos por medio de la información.

En los casos específicos en que alude a ambientes que dañan la salud, malsano es sinónimo de insalubre, porque atenta o perjudica el bienestar físico y mental de las personas.

Cuando mal sano se escribe en dos palabras se refiere al estado de salud de alguien. En realidad, en los casos en que se desea comunicar una noticia acerca de la salud de alguien, casi siempre se hace utilizando la palabra buena o mala. “Está en salud”. “Disfruta de buena salud”.

Una persona puede estar sano o enfermo. Eso de expresarse diciendo o escribiendo que alguien está “mal sano” casi no se estila en el español moderno, porque solo cabe en casos muy contados. “Él está mal sano; estaba mejor cuando estaba enfermo”.

En la actualidad el adjetivo malsano no solo se usa para la salud física o psíquica. Ha extendido su empleo a “lo que no se considera adecuado o correcto”. Diccionario integral del español de Argentina (2008:1107).

 

EXTORSIÓN – *EXTORCIÓN

“La nueva EXTORCIÓN. . .”

No hay lugar a rasgarse las vestiduras por el error en la ortografía de la palabra resaltada en la cita. En la emisión de los sonidos en el habla de muchísimos países, para articular las dos voces del título no se hace distinción alguna.

A pesar de lo escrito más arriba, no puede dejar de censurarse el desliz porque la voz escrita con la letra ce /c/, *extorción, no se conoce en el español corriente. Aquí se expondrá un poco de la historia de la palabra extorsión en español y se verá cómo se escribe esa palabra en otras lenguas que tienen lazos con el español.

Torsión, con ese /s/, es la acción y el efecto de torcer o torcerse, con ce /c/. La oración inmediatamente anterior a esta tiene el propósito de señalar la posible confusión que generan estas palabras de la misma familia en las que unas se escriben con eses y otras con ces. En algunos casos de este tipo la forma de representar por escrito la palabra que expresa la idea es un cultismo y eso influyó en su representación gráfica.

La palabra extorsión apareció en el siglo XVII, derivado de extorquere, “sacar algo por la fuerza”, de donde el significado de extorsionar termina así, “causar o cometer extorsión”.

El portugués ha permanecido más cerca del latín, pues conserva el verbo extorquir, pero el sustantivo femenino es extorsao. Lo importante aquí es reparar en la letra ese /s/ en el sustantivo.

El francés tiene también un verbo cercano al latín, extorquer y, el nombre femenino extorsion, con ese /s/. En esa lengua reconocen que el nombre lo tomaron del bajo latín extorsio.

Con estas informaciones puede entenderse mejor el o los orígenes de la confusión en la forma de escribir algunas de las palabras de esta familia.