«El secreto del monje», de Arnaldo Espaillat Cabral

UNA NOVELA HISTÓRICA CON UNA LECCIÓN EJEMPLAR

 Por Bruno Rosario Candelier

    El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral, es una novela histórica, lo que supone que el autor tuvo que explorar obras de historia para documentar el contenido. El autor dio muestra de una profunda capacidad para curcutear el trasfondo de hechos del pasado, y con eso demostró tener la condición de historiador y novelista al mismo tiempo, porque se trata de combinar dos modalidades diferentes y, sobre todo, enlazar una historia a la ficción, que tiene una finalidad diferente de la historiografía. El historiador da cuenta de hechos del pasado, ya que no trabaja como trabajan los novelistas, y los novelistas, cuando escriben una obra de ficción, tienen la virtualidad de inventar; de hecho, una novela, como obra de ficción, es una obra de invención. Toda ficción implica una invención de mundos imaginarios. Pero si se trata de una novela histórica, el novelista no puede inventarlo todo, sino que tiene que fundamentarse en el pasado, acudir a hechos reales del pasado, pues tiene que documentar lo que dice y eso implica muchas horas de estudios y de lectura.

Me imagino las tantas horas de estudio que Arnaldo Espaillat dedicó a la investigación para darle fundamento a lo que cuenta y fabula; porque como creador de una ficción tiene que darle fundamento a los datos históricos de tal manera que el lector los asuma como creíbles y confiables, de manera que al leer la novela nos sintamos orientados por una investigación con fundamento. Evidentemente, el autor tiene una madurez que se la da la edad, pero también una madurez que se la dan los estudios y las lecturas, así como la experiencia de vida. En esta novela se nota una riqueza documental, una riqueza expresiva y una riqueza literaria en su formalización, y ese solo hecho le acredita a su autor un lugar de importancia en la galería de los novelistas dominicanos.

Los que hemos trabajado en el estudio de la novelística y en la escritura de una novela nos damos cuenta del rigor con que hay que asumir la palabra, el rigor con que hay que abordar un dato histórico y, desde luego, del rigor en la plasmación de una historia con la caracterización de los personajes y la descripción de los ambientes con la elegancia, el nivel intelectual y la profesionalidad que implica la creación literaria en este tiempo, y digo en este tiempo porque la historia de la literatura tiene un rico caudal de obras ejemplares, y hay una tradición riquísima que debemos conocer quienes nos embarcamos en la realización de una narrativa en el ámbito de la ficción. Entonces, ese primer aspecto, el del historiador que asume la palabra con un propósito ficticio es ejemplar en esta segunda novela del doctor Arnaldo Espaillat Cabral.

Otro aspecto que a mí me llamó la atención de esta obra es el nivel del lenguaje que usa el escritor. Esta novela está escrita con un lenguaje exquisito. Es admirable el uso ejemplar de la palabra que el autor emplea para confeccionar esta novela. En nuestra condición de hablantes tenemos la posibilidad de hacer uso de variados niveles del lenguaje, y en ese aspecto hay un nivel culto, un estilo esmerado, que es el que emplea el autor con la particularidad de que cuando él hace uso de ese nivel culto de la expresión, no busca  palabras obtusas ni difíciles, sino que busca las palabras de la lengua española correspondientes al alto nivel de la expresión idiomática, y eso le otorga una riqueza expresiva a esta obra, justamente por la calidad de la expresión, la belleza del lenguaje, la armonía de la escritura y la propiedad con que nuestro prestante autor hace uso de la palabra, y es oportuno reconocer este hecho porque ustedes no van a encontrar una palabra mal empleada, ni siquiera expresiones redundantes o malsonantes, sino que hay un uso adecuado, ponderado, elegante y culto, como se puede apreciar en los pasajes narrativos con hermosas descripciones.

El hecho de describir con elegancia y primor una casa o un paisaje supone un talento por parte del escritor, y la forma correcta y elegante como lo hace el narrador de esta novela, independientemente de la historia que cuenta, el contenido que narra y la trama que articula para convertir los hechos y conflictos en una novela, llama la atención la belleza del lenguaje para hacernos sentir el encanto del pasaje o lo peculiar del ambiente que presenta con propiedad y corrección a la luz de la ortografía y la gramática de la lengua española.

Hay también en esta novela de Arnaldo Espaillat Cabral un tercer aspecto que merece destacarse en la valoración de esta obra. ¿Cuál es ese aspecto? Es un aspecto sutilmente desarrollado por el narrador, como es la dimensión de la espiritualidad. En esta novela fluye un nivel de espiritualidad que se manifiesta en las actitudes de los personajes y en la reacción que el narrador canaliza en sus parlamentos cuando caracteriza personajes y situaciones, y se puede percibir ese nivel de espiritualidad, indicador del desarrollo intelectual, estético y espiritual del autor por la madurez que tiene, por esa capacidad de observación de la realidad, por esa singular potencia de su sensibilidad y su conciencia para sintonizar con el mundo, para lograr una empatía física y metafísica con fenómeno y cosas, y para identificarse de una manera entrañable con sus personajes. Los buenos narradores , y Arnaldo Espaillat ha demostrado que lo es, viven lo que narran, se compenetran emocional y espiritualmente con cada una de las situaciones que enfocan, y lo hacen de una manera tan vital, tan consciente, tan entrañable (no hay otra palabra más adecuada para expresar esa afinidad), que se da desde su sensibilidad y su conciencia con la historia que narra, con los personajes que describe y con las situaciones que le sirven de marco referencial para situar la sustancia de una narrativa, que repito,  nuestro narrador lo hace de una manera ejemplar.

Lo que quiero plantear de esta novela, que se manifiesta en la trama de la narrativa, en la técnica de la narración, en el estilo del lenguaje, en la capacidad de la sintonía del autor con lo que narra, es la motivación profunda que él plantea en la sustancia de esta obra. Los narradores viven la historia que asumen para contarla, y cuando la viven de una manera emocional, intelectual y espiritual, se nota en lo que escriben, se percibe la intención en lo que cuentan y el trasfondo en lo que narran.

Ustedes van a sentirse identificados con esta historia justamente por esa identificación emocional y espiritual que el narrador expresa cuando asume la palabra y cuando narra la historia en la formalización de esta narrativa. Los tres aspectos señalados son suficientes para afirmar que el autor de esta obra ha logrado una grandiosa novela, y fíjense que se trata de un autor que no procede del mundo literario, sino de un autor que procede del ámbito médico, y que en la etapa madura de su vida, con tiempo para investigar, con tiempo para meditar, con la experiencia para darnos una lección de vida, da testimonio de lo que él percibe de la realidad y de la historia, de lo que él percibe del mundo circundante y de su interior profundo, y, sobre todo, da el testimonio de toda una dimensión espiritual, intelectual y estética que lo motiva a él a escribir y dar a conocer sus intuiciones y vivencias. Él es un ejemplo para toda persona que quiera asumir su propia historia, que quiera asumir su propia palabra, que quiera asumir su cosmovisión y plasmarla en una historia narrativa para convertirla en novela. Es hermoso ese testimonio ha dado Arnaldo Espaillat Cabral al escribir El secreto del monje. Sobre todo, su creación sirve de mucho aliento para las personas que, en su adultez de la vida, tienen sustancia y motivo para testimoniar su propia experiencia a favor del desarrollo intelectual, estético y espiritual.

Hay obras que vienen pautadas por una fuerza ancestral o un mandato del destino. En esa onda se inscribe El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral. A los datos históricos y socio-culturales, se suma la intuición del autor cuando aborda el interregno biográfico del tercer almirante de las Indias, Luis Colón, en la órbita del gran dramaturgo español fray Gabriel Téllez, mediante una fusión de historia, biografía, ensayo y ficción con loa que enfoca una faceta desconocida en la bibliografía hispánica.

Al apreciar la identificación del narrador con sus personajes -empatía narrativa que otorga vigor y calidad a la sustancia de la narración- el autor de esta historia novelada ausculta la huella de una conducta carente de principios morales, fraguada por unos relevantes personajes de nuestra historia colonial, acierto que otorga a esta obra un contenido edificador y un halo de belleza a la luz de los ideales, cosmovisión y cultura del distinguido profesional dominicano.

En el entramado narrativo de la obra se expone una tesis sobre el origen de don Juan Tenorio, protagonista de El burlador de Sevilla que, al concitar la atención del lector, constituirá un reto para el intelecto acucioso a medida que vaya desentrañando el secreto del monje. El narrador ausculta el alma de los personajes, índice y motor de una historia intrigante. Sugiere el narrador la hipótesis de que la imaginación de fray Gabriel Téllez, el monje español que vivió en nuestro país y que se dio a conocer como Tirso de Molina, se inspiró en la vida de Luis Colón, que alimentó lo que hiciera Juan Tenorio, prototipo del personaje universal conocido por la degradación moral del amor y las costumbres. El hombre que inspira la narración de esta historia fue un personaje funesto que dio rienda suelta a sus actuaciones indecorosas y fementidas con un manejo nefasto de sus inclinaciones morbosas, índice y cauce de una personalidad aberrada.

Con la lectura de esta novela, el lector podrá disfrutar el sentido estético cifrado en la descripción de los frescos espacio-temporales de la sociedad colonial dominicana, y también vivir la fruición espiritual de una sabia lección cifrada con hondura conceptual y trascendente.  Imaginación y objetividad, historia y ficción, belleza y reflexión jalonan esta narración de un fascinante período de la historia colonial dominicana en la que Arnaldo Espaillat Cabral devela algunos de sus misterios con la maestría del diestro narrador y la experiencia de vida del agraciado autor de El secreto del monje.

Una corriente subterránea de espiritualidad fluye en esta novela, que muestra este pasaje:

-A mi concepto, es factible formular dos versiones: Una podría proyectar que el personaje que representa a don Juan Tenorio está basado en el comportamiento biográfico de una persona real, que residía en Sevilla, de la cual fray Gabriel Téllez tuvo conocimiento. Y la otra, por el contrario, plasmaría la idea de que don Juan es la creación primaria, original, de un arquetipo.

Se inclina un poco y enfatiza:

-Una ficción concebida por el autor. El prototipo de un personaje universal, degradado en el aspecto moral y sociológico del amor, cuyo principal objetivo y afán es ultrajar el honor de la mujer, para su burla y escarnio. Sin experimentar escrúpulo ni cargo de conciencia, al dar por sentado que un acto de contrición al final de su vida lo salvará de las llamas del infierno.

Aspira profundo y advierte:

-Por eso, cada vez que su criado Catalinón le reprocha su mala conducta, él responde: “¿Y tan largo me lo fiais?”. Queriendo decir: No te preocupes, soy joven, tengo muchos años por delante, ya podré arrepentirme. Olvidando que la misericordia Divina perdona, pero no exonera del castigo por el daño provocado (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje, Santo Domingo, Editora Búho, 2019, p. 26).

El aliento primigenio del léxico patrimonial del castellano pervive en la narración y la descripción de esta obra, conforme se puede apreciar en el siguiente ejemplo:

“El grupo se dispersa, examinan el más mínimo detalle, abren la puerta del lavabo, revisan unos libros que se encuentran apilados sobre una mesita y, sin pronunciar una palabra, se vuelven hacia el profesor que, distraído, explaya la vista a través de la ventana que se abre hacia el este.

En esa época, cuando el casco urbano contaba con muy pocas edificaciones –expresa-, desde esta ventana fray Gabriel Téllez podía ver el Alcázar, la catedral, la Real Audiencia y la Torre del Homenaje.

Hace una pausa y continúa:

-Imagino que fray Gabriel Téllez, al aspirar las brisas que se levantan del Ozama, ensimismado, sin poner atención al vuelo de las gaviotas ni a las velas de los balandros que a diario surcan el estuario, al construir sus metáforas, remedaba la figura de don Juan mientras urdía el entramado de El burlador de Sevilla (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje,  p. 107).

Un trasfondo conceptual y estético alienta la energía sutil que concita el talento creador del autor, según se manifiesta en la siguiente ilustración:

“La ciudad duerme, las horas pasan, y en lo alto del farallón tañe la campana para anunciar el despertar de un nuevo día. Y, poco a poco, sobre el manto brumoso de las aguas aparece una tenue claridad que cambia el gris pizarra por un oro azafrán.

Abrigados con grueso capote, los tripulantes del barco montan guardia en cubierta. Bajo fuerte tensión, el capitán Arteaga está en el puente desde la madrugada. Los oficiales que le acompañan no saben a qué atribuir su extraña actitud.

De improviso, tropas armadas marchan por el empedrado de Las Damas hasta el Convento de Santa Clara y se estacionan a su entrada. Otras bajan por la cuesta que lo separa del antiguo Colegio de Gorjón. Se distribuyen por el antepuerto para cubrir la parte posterior del huerto y un grupo con faroles se coloca frente a la Cueva de las Golondrinas para prevenir cualquier intento de escape. (Arnaldo Espaillat Cabral, El secreto del monje, p. 279).

Hermosa obra narrativa con un contenido edificador y una adecuada formalización, esta novela de Arnaldo Espaillat Cabral enseña que la conducta indecorosa es una mancha que el paso del tiempo no limpia, ni el pasado entierra.

Bruno Rosario Candelier

Coloquio sobre El secreto del monje

Santo Domingo, PUCMM/ADL, 26/11/2019.

La onda luminosa de Daniel Beltré López

EL ORBE SUTIL DE UNA VIVENCIA AMOROSA

 

Por Bruno Rosario Candelier

 

Toda penumbra se agota.

Nada supera a la luz”.

(Daniel Beltré López)

 

A

Marjorie Félix,

una voz inmersa en lo divino.

 

Estética de una sensibilidad estremecida

Daniel Beltré López es un reconocido abogado de la capital dominicana que nos ha sorprendido con la publicación de un poemario revelador, luminoso y refrescante por el tratamiento lírico de su lenguaje, la hondura conceptual de su temática y la belleza inspiradora de su contenido. Me refiero al libro No es un soplo la vida (1).

Cuando Daniel Beltré habla de “la palabra poética” alude a la singular creación lírica, estética y simbólica del arte del buen decir, en tanto expresión de una singular intuición y una peculiar inspiración que desentraña el sentido de lo viviente y comunica verdades de una peculiar prosapia sagrada. Los poetas son partícipes de intuiciones profundas y amanuenses de revelaciones divinas, porque tienen acceso a la sabiduría espiritual del Numen del Cosmos y a la sabiduría sagrada del Nous de lo Alto. El Numen es una palabra griega que comprende la sabiduría espiritual del Universo. Y el Nous, también de origen griego, alude a la sabiduría divina, y los poetas místicos, así como los santos, iluminados y profetas, son canales para comunicar parte de la sabiduría divina.

La lírica de Daniel Beltré López confirma que entre la poesía y la mística hay una comunión afectiva, imaginativa y espiritual que comparten sendas manifestaciones de la sensibilidad estremecida y la conciencia sutil. Algo del místico tienen los poetas; y algo del poeta tienen los místicos. Daniel Beltré participa de los susodichos atributos estéticos y espirituales que enaltece su talento creador.

Mediante sus intuiciones y vivencias asumidas como la sustancia de su creación poética, Daniel Beltré recrea expresiones socioculturales de la realidad dominicana como veta inspiradora de su lírica. En estos poemas de amor humano y divino nuestro poeta canta lo que estremece su corazón y proclama lo que atiza su conciencia a la luz de sus intuiciones y verdades poéticas.

Sostiene Werner Jaeger en Paideia, un magnífico tratado sobre los ideales de la cultura griega, que la visión helenística de la antigua Grecia comienza con Hesíodo, para quien el influjo del espíritu era esencial en la creación poética. “Es el “espíritu”, en su sentido original, el verdadero spiritus, el aliento de los dioses que él mismo pinta como una verdadera experiencia religiosa y que recibe, mediante una inspiración personal, de las musas, al pie del Helicón. Las musas explican su fuerza inspiradora cuando Hesíodo las invoca como poeta: “En verdad sabemos decir mentiras cuando semejan verdades, pero sabemos también, si queremos, revelar la verdad”. Así se expresa en el preludio de la Teogonía” (2).

Hay tres apelaciones que concitan la orientación espiritual de la conciencia humanística, que Daniel Beltré aplica en su lírica, y que son: el desarrollo de la conciencia estética mediante la potencia del Logos; la activación de la conciencia reflexiva mediante el cultivo de verdades profundas; y el cultivo de la conciencia mística mediante la onda sagrada de lo viviente a favor de la espiritualidad, herencia de la literatura española y la religión católica, fuero de nuestro cultura.

El poemario de Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, es el testimonio estético, reflexivo y espiritual de un poeta inmerso en la vorágine de la realidad social, con sólida formación intelectual y conciencia lingüística como un virtuoso cultor de la palabra (3).  En “Génesis” nuestro poeta despliega el abanico de las apelaciones que concitan su sensibilidad estética y espiritual:

 

Si los ojos germinan en los ojos,

si las manos se comen sus propias caricias,

si las palabras tiemblan entre cristales escondidos,

entre magias que sustraen el instinto;

si un alud de misterios nos controla

e inmoviliza los caminos de la lengua,

borrando la vieja memoria de las rosas,

el canto que sobrevivió a la última batalla,

los desencuentros de la mirada abatida por la espera,

la lluvia que rebozara los suspiros de la tarde abandonada,

de la tarde rota, de la tarde herida por la ausencia vital

 que ajara por siempre los inmaculados trillos

de aquel rostro vuelto secreto e innombrable

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 23).

 

Mediante las voces peculiares del español criollo engarzadas a la pauta culta del buen decir, Daniel Beltré expresa en varios de sus poemas los rasgos típicos de una vida consuetudinaria con lo que eleva y trasciende el curso de los días y las noches que hacen de la existencia una estancia gozosa. En tal virtud, emplea con donaire el léxico peculiar del habla criolla (anafe, tranca, tinaja) y voces del léxico patrimonial del castellano antiguo (aljibe, baranda, epistolario), según escribe en “Nuestra casa”, cauce de su cosmovisión cultural, fuero de su ensoñación lírica y eco de su sensibilidad espiritual:

Esta casa no fue su tinaja ni su espejo,

ni el viejo anafe dormido en sus penumbras,

la tranca que vigiló la noche

o el bastidor copiado en mi pequeño cuerpo.

Esta casa no fue su baranda,

ni su aljibe, ni su zócalo esperando

 en un firmamento horadado por pisadas de fantasmas.

No es verdad que tan solo fuimos el silencio

 amontonado de la mesa

o una maleta de cartón donde cupo

 holgadamente el universo de nuestras fantasías,

un cuchillo, una planchita sumida

en la hoguera que precedió a la liturgia del domingo.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, pp. 32 -33).

 

En esta obra poética desfilan las cosas que hacen de la vida una huella memorable. Se trata de una visión sociográfica, estética y espiritual de lo que sucede en el mundo en cuyo trasfondo fluye la dimensión sutil de lo viviente bajo el aliento del amor engarzado a lo divino. En “Todo” nuestro poeta es un notario de lo que sucede en la vida:

 

La savia que venció los ronquidos del viento,

la luna laminada sobre la mesa

 que nos diera la mañana,

un ladrido lleno de sol,

la piedra doblada por el agua,

un chorro de nube llenando la tarde,

el sol biselado por la lengua

 de una nocturnidad dulce y ancha,

las flores abultadas de aroma,

las aguas cantando en la ventana,

el caño clonando el almendro,

la lluvia, ¡oh la lluvia en la hora del beso!

La abundancia del pan, el silencio,

la mirada reposando en los temblores de las luciérnagas,

el polen movido por la palabra,

las ausencias que vaciaron de rostros la memoria y cargaron con los

recuerdos construidos desde los andamios del juego;

la redención de la sonrisa,

las manos cobijando el destino de las flores mientras el rocío

enjuaga las estrellas y deja al descubierto

las acuarelas del horizonte. También tú.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 37).

    Nuestro poeta tiene conciencia de su conexión afectiva y espiritual con el alma de las cosas. Mantiene intacto esa condición connatural de los niños, que viven el mundo según el modo mitificado  y místico. En su armoniosa relación con la realidad, los niños, los poetas y los místicos, hablan con las cosas, se identifican con las cosas y se sienten ser las cosas. En su ponderación mística de lo viviente, comparten el fluir de fenómenos y cosas, y sienten que forman parte de todo con el aliento superior de cuanto existe. Ya dijo Heráclito de Éfeso que todo forma parte del Todo, y todo vuelve al Todo. Y, como le acontece a la persona lírica de este poemario, poetas y místicos descubren que Dios fue primero, y el aliento divino también será lo último, como canta emocionado nuestro poeta en “Solo vuela sin olvidar el barro”, donde se le revela el sentido sutil de lo viviente y, a su través, la Llama sagrada que enciende e ilumina:

 

Una mañana desperté multiplicado e inocente;

descubriéndome dueño de las flores

 comencé a besarlas sin ahorros,

a proclamarme adorador de espinas.

Entonces descubrí que Dios

 fue primero un amador de rosas,

que un día recibió la noticia perfecta:

el alma nos da el rocío que lava el pecado.

Yo te encontré en el momento exacto;

te vi convertir en refugio mi costado,

te vi perforando con latidos y miradas;

así ingresaste al juego,

al ardor de la sonrisa y al tacto.

Ahora conoces formas y silencios,

el ruido de las hojas y los colores,

la magia fecunda de los girasoles,

la arena dormida en la hamaca de los siglos

y el dibujo divino de las gaviotas.

Has aprendido a besar a diario el cielo

 en los ajados universos de los orígenes.

Ya no reclamo mi atesorada condición de nido humano,

solo quiero que vueles sin olvidar el barro.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 73).

 

Mística de una conciencia sutil

En el poema recién transcrito hay una frase que el poeta tira al desgaire, pero contiene una intuición mística de su conciencia sutil. Escribió Daniel Beltré: “El alma nos da el rocío que lava el pecado”. Y purifica la conciencia para sentir el fluir de lo viviente con la luz que otorga el Altísimo a quien vive con su conciencia tranquila.  Al advertir, como buen padre que vela por la educación de su hijo, Daniel Beltré apuntala el sentido de la vida, los ideales que forjan la conciencia espiritual de lo viviente; los peligros que conspiran contra el desarrollo armonioso de la vida, y lo que da sentido y consistencia, según expresa en una reflexión realista y oportuna en sede moral, operativa y trascendente, según apunta en su poema “Daniel”:

Hijo, tú no has llegado para descifrar arcanos de reyes fetichistas,

para resguardar memorias quebradas

ni poderes malentendidos.

No has venido como prestidigitador, behique, mago o sabio,

sino como espada forjada en la llama del amor

y la palabra.

Jamás pondrás tu boca en altares de cemíes,

de dioses muertos;

ni ejercerás como felón, orate o eunuco.

No temerás si el fuego cerca tu morada

o si alguna corona absurda te confinara en fosa de fieras,

porque legiones de ángeles soplarán

incienso hasta espantar el mal,

hasta que llegue el canto.

Yo estaré ahí.

Es cierto que no vienen conmigo dones celestiales,

pero te abrazaré en la hora de todo juicio,

llevando la fe como armadura,

y si alguna fiera escapare al conjuro,

dejando libres sus hambrientas fauces,

le lanzaré mi corazón para saciar su ira;

y si el fuego se avivare amenazante,

lo aplacaré con los humedales de mi piel,

hasta que se haga el misterio que anuncia el auxilio.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 74).

 

En “Dalia”, símbolo de la vida y cauce del destino común, el emisario de estos versos enumera lo que hace del mundo su mejor fotograma enfocado desde la vertiente estética y simbólica con enaltecimiento de la sensibilidad y dignificación de la conciencia:

 

Para ti las alamedas,

la suma de las lilas y las flores,

el verde sosegado de los bosques,

la lluvia viajera de las tardes,

la fiesta de espejos de la noche,

los quejidos del cielo,

las hamacas marinas,

los campanarios habladores,

el trino que ablanda las mañanas

 entre danzas de fugados arcoíris;

las ventiscas que santifican los rostros perdidos

en el agujero de la espera,

las aguas mensajeras de los dioses.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 77).

 

El motor de esta obra es el amor; el motivo de esta obra es la vida; el aliento de esta obra es el encanto del mundo; y el trasfondo espiritual de esta obra es el venero sagrado que subyace en todo lo viviente. Al modo de la domna angelicata de los antiguos neoplatónicos, Daniel Beltré exalta la figura femenina cuya presencia transfigura su mirada con el fulgor que desmaya los sentidos y el estremecimiento que sacude sus entrañas, fuero y cauce de lo divino mismo:

 

Apura, aun no te esperen los dioses,

ven galopando en tu húmedo corcel de sangre,

que cuando relinche

no habrá corazón divino

capaz de sublevarse a tu alado celaje,

a tu rostro prohijado por el viento.

Los dioses se sabrán huérfanos de alianzas

cuando todas las flores se arrodillen a tu paso.

Entonces, no habrá dios que resista

el rito abrumador de los aromas,

el embate encantado de los colores

capaz de herir en tu nombre como saeta invencible

 forjada por fuegos celestiales.

Marcha sobre las cenizas de tu batalla,

o tan solo, ordénale al sol que disponga mi regreso.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 85).

 

El trofeo que el sujeto lírico exhibe, orondo y jubiloso, lo acredita a su pacto con la energía divina que opera en cuanto sucede en el mundo, porque nada sucede por azar, como decía Leucipo de Abdera, sino por razón del ordenamiento divino, que nuestro poeta acata para seguir recibiendo, “libre de la furia bendita”, lo que su corazón anhela:

 

Ven,

desciende al barro que me espera;

apresúrate que me reclama el hades,

o quizás, el limbo perdido de los paraísos.

Todo está consumado,

no ha demorado un solo dios en labrar el pacto.

Ven,

que comienza a posarse sobre mi alma

 un tropel de endiosadas mariposas,

las últimas hojas del árbol prohibido,

el canto testifical de los espíritus,

el trino seco de la lluvia que me columpia

 en los brazos del tiempo.

Encuéntrame,

he logrado engañar a las deidades.

Puedes al fin abrazarme, libre de la furia bendita desafiada.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 90).

 

Con el talento que lo distingue y la intuición que lo enaltece, Daniel Beltré se enseñorea sobre las cosas, y canta lo que su corazón ilumina con su onda amorosa, pues si “no es un soplo la vida”, algo grandioso la entroniza que la conciencia sutil privilegia.

La idea del pecado, que tanto lastra el goce de la vida, subyuga el fuero de la sensibilidad y frena la libre elección en sus sensaciones infinitas. Así lo lamenta el poeta cuando enfoca lo que provoca la acción que la conciencia reprocha:

 

El pecado es herencia infinita y gruesa,

inaceptable a beneficio de inventario.

El hombre es legatario puro y simple

 de un vicio interminable,

de una condena de siglos a la que no se renuncia,

lavada con sangre, amenizada con fuego,

auspiciada en ausencia del tercer día.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 126).

 

El poeta reprocha el dictamen que consigna volver al polvo, según el estatuto bíblico (Pulvis es, et in pulverem reverteris) y lamenta que el polvo carezca de conciencia como legatario de nuestro destino inminente, pues parece marginar lo que reserva el más allá:

 

Volver al polvo es un viaje desprovisto de piedad,

una prueba inútil para corroborar la vida.

El polvo en realidad no nos espera,

no se ha preparado para el encuentro,

no podría prepararse por más vida que lo pueble,

porque el polvo no conoce del lenguaje,

ni de signos verdaderamente redentores.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 133).

   Los visionarios de las irradiaciones estelares perciben fenómenos que atacan la mente sin misericordia, pero tienen también la forma de contrarrestar sus efectos perniciosos. Nuestro poeta lo sabe, y lo consigna en “Dehiscencia”:

 

La noche viene herida a mi costado.

Mana espanto como efluvios enfurecidos.

Son largos los gemidos, también la grima.

Salto a la cruz para exorcizar a Ápate

que viene montada sobre tormenta de rayos.

La verdad lleva filos,

trasciende a la noche: lo sabe la luna.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 163).

 

En “Tabor”, nuestro poeta rememora la experiencia mística que relata el texto bíblico y parece resumir la misteriosa carga del destino con cuanto concita el parto cósmico y el dolor del tránsito inexorable:

 

Va cargado de delirios, de besos exhaustos,

danzas que agonizan en lo hondo del recuerdo,

miradas que estallaron como petardos hambrientos de ruidos,

efluvios de amores cadavéricos,

sonrisas echadas del paraíso y una legión de tactos vencidos.

Un manojo de girasoles desolado se ha fugado

al cerco del domingo;

va volando, cargado de lágrimas,

de besos moribundos,

de palabras asaetadas, heridas;

cargado de oraciones rotas,

de caminos hundidos, de zarzas, de olvidos.

Un manojo de girasoles ha llegado volando,

su vieja carga ha venido en ser semilla;

ya nada detendrá al polen.

(Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, p. 174).

   Tres apelaciones convocan la vocación poética de Daniel Beltré: la mujer, la naturaleza y Dios, y esa tríada de su llamada interior se une en el amor bajo el fuero de su sensibilidad profunda, en una obra que hace de la palabra el centro de su inspiración sagrada.  Su valoración de Dios no es la del místico religioso, como Bartolomé Lloréns o Leopoldo Minaya, sino la del místico agnóstico, como Jorge Luis Borges o Pedro José Gris, pero igual da un hermoso testimonio, lírico y simbólico de la huella de lo divino en la condición humana.

Aunque nuestro agraciado poeta se inspira en el tango inmortalizado en la voz de Carlos Gardel que escribiera Manuel Mejía Vallejo, “No es un soplo la vida”, en este hermoso y cautivador poemario se alude al amor que desmaya los sentidos, y también al espíritu inmarcesible que enaltece la conciencia humana. Nuestro poeta tiene la intuición mística de advertir que el asombro es la antesala del misterio, ámbito inconsútil de lo eterno: “Huérfano de cielos/entre mutilados horizontes,/sobre tapices movedizos que insistían en tragarse mi asombro” (“Misterio”).

Todo tiene un sentido, una razón de ser y un destino. Y, sobre todo, un final hacia el derrotero establecido por el ordenamiento irrevocable. Así lo consigna Daniel Beltré en la intuición mística signada en esta frase: “Nada nos lleva por las entrañas misteriosas de los limbos” (“El indoblegable afán de los sueños”).

Este poemario de Daniel Beltré está cuajado de metáforas sorprendentes, símbolos deslumbrantes, lenguaje estilizado y florido, y, para dicha de nuestras letras, con novedosas imágenes impregnadas de un pensamiento profundo. Se trata, en síntesis, de una creación poética cuya belleza lírica desata hondura conceptual con refinada expresión y amartelado sentido. Belleza del pensamiento en la belleza de la forma, con el chispazo de intuiciones rutilantes y el misterioso fulgor en la llama del amor con el aliento inveterado y luminoso de lo divino mismo.

 

Bruno Rosario Candelier

Estudio de No es un soplo la vida

Moca, Rep. Dominicana, 25 de julio de 2020.

 

Notas:

  1. Daniel Beltré López, No es un soplo la vida, Santo Domingo, Santuario, 2019.
  2. Werner Jaeger, Paideia, México, FCE, 1971, 2da. edición, 83 y 151.
  3. Natural de Santo Domingo, Daniel Beltré nació en 1957, ejerce la profesión de abogado y escribe y publica estudios y artículos sobre temas sociales, políticos y culturales en los que evidencia el virtuosismo del lenguaje con una sólida formación intelectual, estética y espiritual.

 

 

Metodología  redaccional

Por Tobías Rodríguez Molina

Todos los que tenemos cierto nivel cultural nos vemos precisados a tener que escribir de vez en cuando. Y es lógico, evidentemente, que cuando escribimos tenemos la intención de comunicar algo a quien o a quienes leen lo que escribimos. También es indiscutible que mientras mejor realizado está nuestro escrito, mayor efectividad comunicativa se logra.

De lo anteriormente expresado se deduce que, cuando se afirma que algo está mejor o peor realizado, hacemos alusión a un patrón o guía que nos sirve de punto de referencia. Por eso, si algo está bien, es porque fue realizado de acuerdo con ese patrón; si algo está regular, la razón hay que buscarla en que le faltó algo para compaginar con el patrón; y si algo está mal, es que está en desacuerdo, en su totalidad o en gran medida, con el patrón o modelo al que había que adaptarse. Eso mismo hay que aplicárselo a cualquier clase de escrito que realicemos.

Ahora bien, no todos los escritos tienen los mismos  requisitos, las mismas exigencias. Claro está que no. Un papelito que le enviamos a un compañero de trabajo o de estudio, o a un hermano o pariente cualquiera, contiene un mensaje que puede ser de gran interés, pero las exigencias formales, lexicales y estilísticas se reducen a la más mínima expresión. Sin embargo, una carta, un artículo, una conferencia, un análisis crítico de una obra o texto, etc., sí deben ser realizados siguiendo una metodología o conjunto de normas.

A una metodología de la redacción o conjunto de normas para realizar un escrito es a lo que me voy a referir en las líneas que siguen.

Debo advertir, sin embargo, que esta metodología debe aplicarse, propiamente hablando, a un artículo, una charla, una conferencia, o a un trabajo que se nos asigne, en una materia determinada, tanto a nivel de bachillerato como a nivel universitario.

Lo primero que hay que tener en cuenta es “sobre qué voy a hablar” a los lectores u oyentes. En sentido general, ese “sobre qué” se refiere a la rama del saber a la cual me voy a referir: geografía, historia, lingüística, agricultura, turismo, deportes, etc.

Otro paso en la metodología nos llevará a la concretización o delimitación del tema, o lo que es lo mismo “de qué voy a hablar”. Es decir, hay que precisar a cuál aspecto de la geografía, de la historia, de la lingüística me voy a referir o a tratar, a lo cual podríamos llamar “el tópico”.

Antes de continuar es conveniente preguntarse si uno siente atracción por ese tema o tópico, pues de lo contrario es mejor elegir otro que nos simpatice más o que nos sea de más fácil manejo, siempre y cuando el tema no nos haya sido impuesto.

También tenemos que tener presente “qué me puede ayudar a decir o escribir lo que quiero”, esto es, cuáles fuentes me pueden auxiliar para reunir los datos referentes al tema que voy a desarrollar. Esta es la etapa que se puede llamar “búsqueda de información”. Uno podrá darse cuenta de si podrá  reunir datos de cierto peso y de si podrá expresar las ideas con una adecuada profundidad, dependiendo siempre de un con junto de factores como serían, por ejemplo, la atracción que siento hacia esa faceta del saber, los estudios que he realizado en torno al tema, las fuentes de información-revista, libros, especialistas- que uno puede consultar en el transcurso de la preparación de nuestro escrito.

El siguiente paso responde a la pregunta “de qué manera dispondré lo que escribiré o diré”. Esta es la etapa que en la que se debe confeccionar aunque sea un sencillo esquema de las ideas básicas a las que nos interesa referirnos y el sentido en que queremos referirnos a ellas. Dejo aclarado que los esquemas de este tipo, a los cuales llamaremos “esquemas de trabajo” son flexibles, es decir, no tenemos que seguirlos en forma rígida, pues constituyen una especie de borrador. Por eso probablemente eliminaremos ideas que pensábamos desarrollar e introduciremos otras que no habíamos previsto.

A continuación comenzaremos la redacción del trabajo. Nos encontramos en la etapa que llamaremos “realización del borrador”, que todos sabemos que es algo provisional que hay que revisar y retocar varias veces por las imperfecciones que normalmente que hay que ir eliminando. En la “revisión y corrección” hay que eliminar las ambigüedades, puliremos las frases y construcciones sintácticas, revisaremos la puntuación, la acentuación, la concordancia, la escritura de palabras problemáticas. También nos cuidaremos de que no haya repetición innecesaria de las mismas palabras. Si descubrimos ese fallo, tenemos que hacer la sustitución por otras sinónimas o equivalentes en la significación. Con ello evitaremos la llamada “pobreza léxica o de vocabulario”.

Después de esa revisión y corrección, más algunos retoques estilísticos, ya tenemos realizado lo que queríamos producir. Esa es nuestra obra, nuestro producto, “nuestro escrito”, que nos habrá enriquecido considerablemente y con el cual enriqueceremos a otros.

Desparpajar, chata, es . . . que, fólder

Por Roberto E. Guzmán

DESPARPAJAR

“. . .DESPARPAJÓ una parte de la riqueza. . .”

El uso del verbo desparpajar que se observa en la frase citada más arriba es un ejemplo de una práctica del español dominicano para este verbo. Como podrá leerse más abajo, el uso ha atribuido a este verbo una acepción diferente a la del español general. Más aun, con la significación con que se usa este verbo en una situación como la de la cita, es un uso que solo puede constatarse en el habla de los dominicanos.

El uso a que se alude en el párrafo anterior en calidad de exclusivo de los hablantes de español dominicano no se aleja demasiado de una de las acepciones generales del verbo. Lo enunciado más arriba se examinará en detalle más abajo.

El verbo desparpajar es usado en el habla de los dominicanos y, hasta en textos, con un sentido que no se conoce en otros países. En el modo dominicano de expresarse este desparpajar es “gastar dinero desordenadamente”.

Este es el lugar adecuado para recordar que “desparpajo” en República Dominicana es “desorden”, Diccionario del español dominicano (2013:256). De ahí que de manera inconsciente el hablante en República Dominicana establezca la relación y haga de desparpajar un verbo con una acepción especial, como se explicó más arriba. Esto se comprueba por medio de la lectura de la cita que encabeza esta sección.

En el español internacional desparpajar es desparramar, verbo que sirve para transmitir la idea de malbaratar, malgastar la hacienda; sin que se olvide el rasgo de la facilidad con que se deshace la riqueza que se menciona en la cita.

En los diccionarios diferenciales del español dominicano habrá que tomar en cuenta lo que se ha expuesto aquí.

 

CHATA

Hace largo tiempo que no se oye ni se lee la voz del epígrafe con el significado que se distinguirá en esta sección. Se han revisado los diccionarios usuales en busca de la acepción a que se alude más arriba, pero ello sin resultado.

Se considera pertinente recordar, antes de continuar, que la voz chata cuenta con varias significaciones que no son del conocimiento y uso general. En México es un tipo de orinal para enfermos que no pueden incorporarse. En Honduras y Nicaragua es chata la mujer de nalgas planas.

En República Dominicana es chata la mujer que tiene poco seno. Una chata es también una botella pequeña y aplastada de vidrio o metal para contener licor. Una persona chata es la cobarde. Es una modalidad de softbol. Con ese nombre se conoce la piedra (guijarro) aplastada que se utiliza para jugar al tejo. En la lidia de gallos es el gallo que se utiliza para ejercitar a los otros gallos de pelea.

De la última chata mencionada en el último párrafo inmediatamente anterior a este se piensa que deriva el “chata” del boxeo. Este “chata” es el que sirve al boxeador profesional para practicar los movimientos de ofensa y defensa. Durante estas prácticas el chata y el boxeador que así entrena suben al cuadrilátero protegidos para no lastimarse.

Quizás el nombre le viene a esta persona de que el chata se supone que no sea de relevancia, que no se destaque; aunque se han dado casos de chatas que han llegado a ser grandes pugilistas. Podría ser llamado “chata” por la forma de la nariz, en la que el puente de esta queda aplastado (achatado), es poco prominente. No debe olvidarse que al deporte o profesión del boxeo se les llama “de las narices chatas”.

A menos que lo expuesto más arriba pueda ser rebatido porque es erróneo; debe retenerse en el español dominicano la palabra chata como un sustantivo masculino para designar al boxeador que sirve a otro para practicar su pericia pugilística defensiva y ofensiva.

 

ES . . . QUE

La mala costumbre es vieja. Ha formado hábito. Al principio el galicismo fue desaconsejado. Más tarde fue condenado. Así permaneció durante algunos años, hasta que llegó el momento en que la costumbre se convirtió en ley.

En el desarrollo de esta sección se verán los diferentes casos en que se incurre en el “exgalicismo” de utilizar innecesariamente ese “es que” tal cual o envuelto con otras palabras que enmascaran el galicismo, pero no lo disfrazan.

En la mayoría de los casos es sobreabundante como se verá en el desarrollo de esta sección. Se verá el porqué, pues inmediatamente después del uso abusivo de esas frases se propondrán las soluciones más cortas, directas y adecuadas.

Por el calificativo que se ha utilizado más arriba para tipificar la liviandad puede colegirse el origen de este “es que”, que procede del francés c´est… que. Con ayuda de este se destaca el sujeto o un complemento de la oración en que se usa.

Más abajo se reproducirán algunas oraciones en las que aparece de varias formas la mencionada desviación del buen estilo de la lengua española. Los ejemplos son extraídos de las publicaciones diarias dominicanas.

“A eso es que se refiere . . .”  Es mejor. A eso se refiere . . .

Es por eso que la clase. . .”  Es más elegante, Por ello la clase . . . Por eso la clase . . .

“. . . desde la fe es que . . .”  Es más adecuado. Desde la fe . . .

Por eso es que los minoritarios tendrán . . .” En mejor estilo. Por eso los minoritarios . . .

“. . . hacia ese abismo es que nos pretenden llevar . . .” Hacia ese abismo pretenden llevarnos . . .

Es por eso que la inversión . . .” Por eso la inversión . . .

“En ese contexto es que se produce el pacto”. Más claro y directo, “En ese contexto se produce…”

Con la redacción que se propone las frases adquieren mayor fuerza, son más directas y expresan el sentido de modo más patente. Al final lo propuesto es más hispano, remeda menos el estilo de redacción extraño al espíritu de la lengua.

 

FÓLDER

“. . . que no se encuentren en el FOLDER . . .”

En la mayoría de los casos en que la lengua española ha adoptado (copiado, aceptado), tomado en préstamo palabras provenientes de lenguas extranjeras actuales, el uso y los conocedores de la lengua se ocupan de marcar la sílaba tónica con una tilde para que el hablante sepa como la enuncia.

Como consecuencia de esa práctica el anglicismo fólder entró al español escrito con la tilde, acento marcado, para que no haya duda en cuando a como pronunciar la voz inglesa. Quedan ya muy pocas personas que al decir la voz folder lo hagan imitando el sonido de erre inglesa al final.

No hay que rasgarse las vestiduras ante un error con respecto a la ortografía en español de una voz extranjera naturalizada en la lengua común en el año 1992, pues fue en ese año cuando la Real Academia le hizo un espacio en el lexicón mayor. La acepción era, “Amér. carpeta, cubierta con que se resguardan los legajos”.

La acepción actual que aparece en la edición del diccionario mencionado es todavía con la mención de que es un uso americano, ofreciendo carpeta como traducción y entre paréntesis, “útil de escritorio”.

Quien escribe estas reflexiones acerca de la lengua recuerda que nunca ha usado la palabra carpeta para la cubierta doblada de cartón que se usa para guardar papeles sueltos en sus más de sesenta años de hablante consciente. Esto para subrayar que a la voz del inglés le tomó muchos años para que se la admitiera en el diccionario mayor de la lengua española. Este préstamo puede considerarse tomado como consecuencia del prestigio del inglés o por la proximidad e influencia del angloamericano en Hispanoamérica.

Carpeta es una palabra de larga data en español que llegó desde el francés carpette, proveniente del italiano a través del inglés. Antes de terminar; en el español estadounidense se usa carpeta para alfombra. Se califica este uso de contravención a las buenas costumbres del español.

En América se seguirá usando fólder para lo que se definió y la carpeta permanecerá en el olvido.

(No se añade que se deja carpeta para que la minoría de hablantes españoles de la Península designen el fólder).

Aplatanar(se) / tropicalizar, magma, vinculatoriedad

Por Roberto E. Guzmán

 

APLATANAR(SE) – TROPICALIZAR

“Las autoridades dominicanas tienen que, si se quiere, APLATANAR las recomendaciones. . .”

Este verbo no guarda secreto para los habitantes de las Antillas Mayores de habla hispana. Además, puede casi asegurarse que muchos hispanohablantes de otras latitudes pueden entender el mensaje que el verbo transmite. Esto así porque han estado expuestos al contacto con los hispanohablantes de las Antillas.

Sería interesante poder determinar en cuál de las islas se originó el uso del verbo. Es muy probable que los dominicanos fueran quienes originaron el uso porque son quienes más plátanos comen en el Caribe. Esto significa que el plátano es una parte importante de la vida de los dominicanos. De una forma u otra, en Nueva York a los dominicanos algunos hispanos los llaman los “plátanos” por el gran consumo que hacen de esa musácea.

La “traducción” al español general de aplatanarse es acriollar(se) y, mayormente se usa para aplicárselo a los extranjeros que se acostumbran o adoptan los gustos de los dominicanos.

Hasta el momento en que se encontró en esta cita, el verbo solo se había encontrado aplicado a personas. En el caso específico de la cita se usa para recomendaciones, es decir, para propuestas o medidas planteadas como apropiadas. En la cita debe interpretarse este aplatanarse en tanto adaptar las recomendaciones al medio dominicano.

Esto tipo de uso podría considerarse como un ensanchamiento del campo semántico. No hay necesidad de exagerar el hecho, pues los lexicógrafos casi siempre están atentos a este tipo de fenómenos para determinar si se convierten en una práctica y en consecuencia, consignarla en los nuevos repertorios.

El plátano dominicano, que no es el guineo, ha dado lugar a varias locuciones muy populares en el habla de los dominicanos. Hay una que llama la atención porque se interpreta de modo diferente en Puerto Rico y República Dominicana. “Tener alguien la mancha del plátano” en Puerto Rico es manifestar la naturaleza o carácter del puertorriqueño típico. “Tener [todavía] la mancha del plátano” es para los dominicanos mostrar alguien su origen campesino mediante comportamiento o gustos.

No puede olvidarse que en España se conoce con el nombre “plátano” lo que en otras latitudes es llamado banana. Se ha observado que en la actualidad los dominicanos consumen muchos guineos verdes hervidos. Esos son llamados “guineítos” o “guineítos verdes”. Algunas personas prefieren llamarlos bananos, así en masculino, para diferenciarlos de los que se consumen sin cocer que continúan con el nombre de bananas.

El otro verbo que figura en el título, tropicalizar, existió en el uso de los dominicanos. Se usaba para aplicárselo a los aparatos que eran fabricados con estándares especiales para que pudieran usarse en los países tropicales.

En muchos casos esos enseres del hogar estaban protegidos desde la fábrica para resistir la herrumbre o soportar la humedad del ambiente que impera en los países de las zonas del trópico. Se recuerda, por ejemplo, los radio receptores de mayor duración eran los tropicalizados porque aseguraban más larga vida útil.

Este último verbo no aparece en los diccionarios diferenciales con este valor. Quizás esto se deba a que el verbo cayó en desuso con los avances de las ciencias y la tecnología.

 

MAGMA

“Pero LA MAGMA intelectual y vital. . .”

Algunas personas que escriben en los medios de comunicación masiva escriben con la intención de llamar la atención por medio de figuras innovadoras. Eso es lo que parece que sucedió en la frase copiada a guisa de ejemplo en esta sección. “Magma intelectual y vital” no pertenece al español de todos los días. Como ocurre con frecuencia en casos como este, se expone quien de ese modo escribe a incurrir en error.

La palabra “magma” termina en letra a /a/, pero no es femenina. Eso ocurre en contados casos del español. Ocurre casi siempre en palabras tomadas del griego, lengua en la que era mágma, con referencia a pasta, ungüento.

Entre otras palabras del español en las que la última letra es a /a/, y sin embargo son masculinas, pueden mencionarse algunas cuyos géneros marcamos correctamente como masculino sin percatarnos de ello, “mapa, paradigma, organigrama, programa”.

En el español moderno magma posee tres acepciones principales. Materia residual y espesa que resulta después de exprimir las partes más fluidas de una sustancia. Es también la masa ígnea existente en el interior de la tierra. Por último, es una “mezcla confusa”.

Magma es voz masculina, a pesar de que termina en letra a /a/, como se señaló antes. Cuando se escribe o se dice magma, hay que acompañar la voz de un artículo o adjetivo en masculino. Debió ser “EL magma intelectual y vital”, aceptando este magma con el significado de “esencia, sustancia importante de una idea, extracto”.

Con este tipo de error detectado en la cita se producen dos efectos. Los lectores que no tienen nociones firmes acerca del género de la palabra del título quedan confundidos. Los que sí saben cuál es el género de magma, quedan disgustados.

Lo que procede que se haga en casos como estos es hacer lo que aconseja la académica María José Rincón de manera constante; en caso de duda, acuda a los diccionarios, que para eso están.

 

VINCULATORIEDAD

“. . .principio de VINCULATORIEDAD procesal. . .”

La voz del título es larga. Circula en medios de habla culta. Su uso ocurre mayormente en el campo jurídico. Esta voz es de relativa reciente aparición. Se hace necesario examinar el uso para determinar cuál es la acepción que puede reconocérsele. Todo lo esbozado en las oraciones anteriores se ampliará en el curso de esta exposición.

Ha de tenerse en cuenta que en la frase que se reproduce en cabeza de este escrito “vinculatoriedad” aparece catalogado de “principio”. Esto le confiere un rasgo especial a la voz, la constituye en un término de contenido específico.

Desde el principio se hace constar que este estudio de la voz es puramente lingüístico y que no pretende trazar pautas o aclarar conceptos en cuanto al aspecto jurídico o legal.

No puede pasarse por alto que esta voz es larga en demasía. Mantiene lazos de semejanza con el vocablo “vínculo” que es un sustantivo cuyo sentido principal es señalar unión o atadura entre personas o cosas.

Le añadieron un sufijo para que la voz en cuestión sea un sustantivo y no conforme con ello le metieron un infijo, por eso resultó con la longitud que se destacó antes.

En República Dominicana entró esta voz hace quizás unos diez años, traída de legislaciones y jurisprudencias extranjeras. Los diccionarios que se han consultado no reconocen la voz.

Por las noticias que se han recabado acerca de la voz del título, esta ha de aceptarse con el valor de “obligatoriedad”. Esto muy probablemente se desgaja de las acepciones que se admiten para el verbo vincular. Una de ellas es, “sujetar a una obligación”. Se piensa que en la cita puede interpretarse que se refiere al principio de sujeción, esto es, “sometimiento a la disposición del proceso”.

Según parece este vinculatoriedad procede del sistema legal llamado en inglés common law, en el que un precedente jurisprudencial puede erigirse o invocarse con fuerza vinculante o persuasiva para que un juez o corte decida casos de un modo semejante, cuando estos les son sometidos a su consideración. Este common law se traduce al español en tanto derecho común (ley no escrita), derecho consuetudinario o jurisprudencial.

Yompear, carburar, empalizada / palizada

Por Roberto E. Guzmán

YOMPEAR

Este verbo yompear ya está documentado en el Diccionario del español dominicano (2013:710) como corresponde, “Conectar la batería descargada de un vehículo a la de otro para lograr que arranque”. En dominicano dirían, “para que prenda”.

Si se trae a estos comentarios es porque el español dominicano no cesa de enriquecer sus voces con nuevas acepciones. Más adelante se abundará sobre esas innovaciones.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española del año 2010 ya había consignado el verbo por su uso en Panamá y República Dominicana, con la grafía también yumpear.

Este verbo se ha adoptado del inglés to jump, que en el caso específico de la conexión entre vehículos lleva start y hace to jump start. En inglés entró con esas funciones en el año 1973, pues hay que tener en cuenta que en esa lengua posee más de una acepción.

Tal y como se anunció más arriba los jóvenes citadinos dominicanos en su habla han ensanchado el campo de acción del verbo yompear, Algunos de los nuevos usos se parecen a otros que existen en inglés, sin que necesariamente se plieguen a los del habla angloamericana.

Se ha observado que se le ha ensanchado el verbo yompear para que en su uso exprese “proveer ayuda”. Esta ayuda según parece puede ir desde suministrar fondos, hasta pasar carga de batería de un celular a otro. Hay quienes lo usan hasta para mostrar apoyo moral.

No hay que sorprenderse acerca de la variedad de acepciones que manifiesta el verbo si se tiene en cuenta que anda de boca en boca entre jóvenes. Habrá que esperar un tiempo prudente para que se asienten y se hagan firmes los usos o caigan en el olvido algunos. Nada de lo que se ha mencionado con respecto de este verbo es raro, pues son fenómenos que ocurren normalmente en las lenguas.

 

CARBURAR

El verbo carburar que se presenta a manera de título para esta sección tiene acepciones en el español dominicano que son desconocidas en otras hablas.

Como sucede con mucha frecuencia, esas acepciones proceden de la creatividad de los hablantes jóvenes que se las ingenien para nutrir desde su posición el acervo común del habla nacional.

En muchos casos los hablantes jóvenes recurren a nuevas acepciones para palabras que son de solera en el español general porque andan en busca de renovar sus hablas. Tienen estos hablantes la características de no ser conformistas. Entre los jóvenes son los estudiantes quienes con mayor frecuencia inventan nuevas acepciones a viejas palabras, sin que estas ensanchamientos, ampliaciones o desplazamientos tengan vocación de permanencia.

A pesar de lo expresado en la última frase, se hace necesario precisar algunas de esas voces porque la literatura moderna y la prensa las utilizan. En el caso de la literatura el uso se hace para reflejar de modo auténtico el habla de los personajes; en el caso de la prensa el propósito es imprimir color local a las descripciones.

La descripción de una situación de uso del verbo carburar es el método considerado idóneo para ilustrar la significación que se desea destacar aquí.

Cuando un compañero de aula no mostraba su inteligencia de manera inmediata, o por cualquiera otra razón, algunos estudiantes expresaban esta falta de estudio o de disposición al aprendizaje gastándole bromas. Una de ellas consistía en decir que “no carburaba”.

Como resulta fácil de colegir, este carburar se tomaba en tanto habilidad para entender, pensar, calcular; era cuando se mostraba disposición en el aula para responder preguntas planteadas, para resolver problemas formulados por el profesor.

Podría manifestarse que era una muestra del habla estudiantil de un momento o período que necesariamente no perdura en el tiempo, porque otra ola de estudiante reemplaza muchas de esas voces con nuevas.

Ese tipo de habla es una forma particular de lenguaje de una comunidad lingüística; es lo que los estudiosos del lenguaje llaman sociolecto, vocablo que se usa en lingüística para denominar el conjunto de características comunes que identifican a un grupo de hablantes que posee un elemento social común.

 

EMPALIZADA – PALIZADA

“Esa fea PALIZADA debe desaparecer. . .”

Los hablantes de español dominicano conocen mucho mejor la empalizada (empalizá) que la palizada. Esto así porque como se verá más adelante era y es más fácil construir una empalizada que una palizada.

Eran muy frecuentes en el pasado las empalizadas para marcar o dividir propiedades. Además, no puede dejar de mencionarse que en un merengue muy viejo se mencionaba varias veces la voz empalizá. Se conocía como el Merengue de la empalizá.

De lo antes expuesto puede deducirse que los dos vocablos del título pertenecen al español general, pero que su significado es diferente; en consecuencia, hay que poner atención cuando se usa uno u otro.

No puede ocultarse que produce placer poder traer de nuevo a estos comentarios una palabra que fue muy usada en el habla de los dominicanos del pasado.

Habrá quien piense que está muy presente en la actualidad, pero hay que pensar que en las ciudades usan bastante las palabras verja, cerca, pared y otras para denominar las divisiones levantadas para marcar límites entre terrenos y asegurarse privacidad.

Con los dos vocablos del título ha sucedido algo muy común en las lenguas, los significados de estas no permanecen estáticos. Estos mudan de uso o adquieren sentidos figurados. Más abajo se detallará el proceso pertinente a estos dos vocablos.

Para comenzar hay que subrayar que la palizada es el sitio cercado de estacas. Además, es una defensa construida de estacas y tierra aplanada para contrarrestar desbordes de agua. Por último, después de la significación en heráldica que no viene al caso, es en el lenguaje militar, empalizada.

La empalizada es la obra hecha de estacas. La empalizá dominicana comenzó en los campos, hecha de palos hincados unos muy cerca de otros, o unidos por medios rudimentarios y plantados en el suelo. La designación se generalizó y, de la hecha de palos puntiagudos, de donde le viene el nombre, pasó a las cercas construidas de maderas y otros materiales. Esto así, por lo menos, en el  habla de los dominicanos.

La palabra para la designación de la verja existe en otras lenguas, escrita de una forma muy parecida a palizada; en inglés es palisade, en francés es palissade. Todas las lenguas que conocen un concepto con este nombre reconocen que proviene del provenzal.

Con respecto al uso que de palizada se hace en el texto, la propiedad en este depende de la intención del redactor. Si se refería al sitio o lugar, es palizada. Si deseaba mencionar la cerca o verja, entonces debió escribir empalizada.

Intelectuales y profesionales están introduciendo cambios en el relativo

Por Tobías Rodríguez Molina

Se sabe con evidente fundamento que los idiomas son pasibles de cambios, de evolución, a pesar de las normas que presionan para que esas entidades comunicativas se rijan por cauces que logren la unidad de sus usuarios. Pero a pesar de ese intento de unificación, es un hecho que  mientras haya usuarios de una lengua, habrá cambios y  lo más que pueden   lograr las normas  es  que los mismos sucedan con una mayor lentitud.

Es innegable que  en este momento de la existencia del español que empleamos  los dominicanos, tanto  intelectuales, aun académicos, como también profesionales de diversas áreas, están introduciendo cambios en el mismo, uno de los cuales es el que  se está dando en la estructura del relativo, como lo veremos después que ofrezcamos una definición del relativo, tomada de Wikipedia:

“Los pronombres relativos son un tipo de pronombre que se usa para iniciar una oración e introducen una oración subordinada adjetiva de la que forman parte. Usualmente se considera que los pronombres relativos ocupan la posición del especificador de la oración y, por tanto, la oración de relativo que encabezan puede ser vista como un sintagma complementario.”

Pasemos a ver, mediante una cantidad considerable de ejemplos, la mayoría de cambios que se le están introduciendo al pronombre relativo:

  1. “…ese grupo empezó a moverse y frente al sitio que nos reuníamos vivía Franklin Mieses Burgos.” (Tony Raful Tejada, en entrevista que le hizo Bruno Rosario Candelier). Este prominente intelectual y académico es una muestra fehaciente de que el relativo está experimentando verdaderos cambios en su configuración. En este caso se ha reducido el relativo “en que” a “que” en la parte de la oración que dice “frente al sitio que nos reuníamos…”, que debe ser “frente al sitio en que nos reuníamos…” A esa ausencia de “en” en el relativo “en que” un servidor le ha llamado “desenqueísmo”.
  1. “Cosa extraña, porque Borges en esa época no gozaba del aprecio que goza ahora.”(Bruno Rosario Candelier, en entrevista a Tony Raful Tejada). Este prominentísimo y distinguido intelectual (crítico literario de primer orden, prolijo escritor, creador del movimiento interiorista, director de la Academia Dominicana de la Lengua, etc.) constituye el más fuerte aval para fundamentar el presente artículo. El cambio que Bruno introdujo en ese ejemplo tiene que ver con el relativo “del que” en función de complemento, el cual nuestro ilustre académico  lo redujo a “que”. Creo que  en buen castellano, Bruno debió expresar “…Borges en esa época no gozaba del aprecio del que goza ahora.”
  1. “Artículo 44.1. Son inviolables el hogar, el domicilio y cualquier recinto privado de la persona, salvo en los casos que se ordenaba la entrada por la autoridad judicial competente…” (Fabio Guzmán Ariza, El lenguaje de la Constitución dominicana). Este otro eminente abogado y académico me da la mano con un fragmento que me ayuda a sustentar mi tesis sobre los cambios del relativo o la transformación que este está experimentando en el uso de muchos intelectuales. Veamos un fragmento de lo escrito por Guzmán Ariza: “…salvo en los casos que se ordenaba la entrada por la autoridad judicial competente…” Al igual que en el caso de Tony Raful, este académico reduce el relativo “en que” a  solo “que”, cayendo en el llamado  “desenqueísmo”.  El debió haber escrito: “…salvo en los casos en que (=en los que) se ordenaba la entrada por la autoridad competente…”
  1. “Margarita es una persona que yo conozco desde hace mucho tiempo.” (Marino Zapete, Entrevista a Margarita Cedeño). Este veterano comunicador también mutiló un relativo, pues expresó “que” en vez de “a la que”, produciendo lo que se puede llamar “desalaqueísmo” por haber eliminado “a la” a la expresión “a la que”. Zapete debió decir: ”Margarita es una persona a la que yo conozco desde hace mucho tiempo.”
  1. “También se cruceteaban entre la cara de la gente los mimes, esa especia de múscidos, que se les había dado ese nombre no se sabe porqué.” (Avelino Stanley, novela Equis, p. 183). Este distinguido escritor dominicano también ha introducido cambios en las frases del relativo, esta vez empleando un “desalosqueísmo”, pues eliminó “a los” al relativo “a los que” en la expresión “…esa especie de múscidos, a los que se les había dado ese nombre no se sabe porqué.”
  1. “Justo en ese momento que la vecina rascaba ya el fondo del caldero.” (Idem. P. 96). Avelino ofrece otro aporte a mi tesis, pues elimina “en” al relativo “en que”, produciendo en su texto literario el “desenqueísmo “, que  hemos visto en otros autores ya citados anteriormente.  Su fragmento, sin esa mutilación del desenqueísmo, se debe escribir: “Justo en ese momento en que la vecina rascaba ya el fondo del caldero.”
  1. “Esta es la situación que se encuentra esta comunidad.” (Reportera de un canal capitalino). Como se puede ver, se está haciendo frecuente en una elevada  cantidad de usuarios la eliminación de la preposición “en” del relativo “en que”; así es como se genera el “desenqueísmo”, que vimos en el caso 1, en un uso de Tony Raful; en el caso 3, de Guzmán Ariza;  en el caso 6, de parte de Avelino Stanley, y en este caso 7, en que debió la reportera expresar “Esta es la situación en que (=en la cual) se encuentra esta comunidad.
  1. “Se está dirigiendo a un recinto que funcionan cuatro colegios electorales.” (Reportera de Colorvisión). También en esta reportera se da el “desenqueísmo” que, como acabamos de afirmar, se está generalizando entre los usuarios de nuestro castellano. Ella hubiera evitado ese cambio si hubiera dicho: “Se está dirigiendo a un recinto en que (=en el que) funcionan cuatro colegios electorales.”
  1. “Se dan cuenta en el descalabro que está la política…” (Articulista de La Información, profesor universitario con doctorado). Este distinguido articulista introdujo en este ejemplo el llamado “traslaenqueísmo”, que consiste en separar “en” del relativo “en que” en la frase “…en el descalabro que está la política.” La oración , usando el relativo de acuerdo con las normas, quedará redactada del siguiente modo: ”Se dan cuenta del descalabro en que está la política.”
  1. “Ante ese descalabro que está la sociedad dominicana, ¿qué debemos hacer? (Idem). Esta vez, el profesor usa el ya bastante frecuente caso del “desenqueísmo” al usar sin “en” el relativo “en que”. Como ya es fácil suponer, debió escribir “Ante ese descalabro en que está la sociedad dominicana, ¿qué debemos hacer?
  1. “Ese fue el músico que yo me inicié tocando.” (Guitarista en un programa de arte, CDN). El guitarrista también está introduciendo cambios en el relativo, pues usó un relativo mutilado. Sin mutilación, la oración se debe redactar “Ese fue el músico con el que (=con quien) yo me inicié tocando.”
  2. “Habrá justicia en la medida que la sociedad lo permita.” (Un culto exprocurador de la Suprema Corte de Justicia, en Aeromundo). Este exprocurador también se cuenta entre quienes están introduciendo cambios en el relativo del español con el desenqueísmo, al decir “Habrá justicia en la medida que…”, debiendo decir “Habrá justicia en la medida en que…”
  1. “En la forma en que está concebido el voto automatizado es un simple programa de conteo de votos.” (Editorial de Diario Libre, noviembre 18, 2019). En ese editorial aparece el ya mencionado “traslaenqueísmo” al trasladar o separar el relativo “en que”. La construcción sintáctica debe ser: “La forma en que está concebido el voto automatizado es un simple programa de conteo de votos.” No debe iniciarse con “En la forma”,  pues ese “En” pertenece al relativo “en que”, palabras que deben aparecer seguidas.
  1. “Hay que tener en cuenta con las enfermedades que ellos llegan.” (Doctora parte de la dirigencia de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, Santo Domingo, R. D.). En este caso tenemos el llamado “traslaconqueísmo”, que consiste en separar o trasladar “con” de “que” del relativo “con que”. Empleando el relativo de acuerdo con las normas, esa doctora debió haber expresado “Hay que tener en cuenta las enfermedades con que ellos llegan.”
  1. “Me conmovió por la pena que ellas están pasando.” (Señora de Santiago, R.D., del nivel social alto.). Al partir o separar el relativo “por que” en “por” y “que” se da lugar al “traslaporqueísmo. El relativo, si se sigue la norma, debe quedar junto al decir: “Me conmovió la pena por que (=por la que) ellas están pasando.”

Después de haber visto la abundancia de usos alejados de las normas sintácticas referentes a la estructura del relativo, de parte de una gran variedad  de usuarios, incluyendo a prominentes académicos, que a la vez son escritores y literatos de un  elevado sitial, queda evidenciado que los cambios que se le están introduciendo  al relativo  llegaron  para quedarse. Ello así porque ese sector es el que mueve los cambios que se dan en las lenguas, y eso  lo estamos constatando entre nosotros.

 

Corso florido, salivita, clivaje

Por Roberto E. Guzmán


CORSO FLORIDO

El corso que interesa para estos escritos es el desfile con carroza, con personas disfrazadas, etc. El Diccionario de la lengua española registra esa palabra con ese significado, sin el etcétera, y menciona siete países en los que se conoce esa palabra. No aparece en esa mención el nombre República Dominicana.

Llama la atención esta ausencia porque el “corso florido” fue un momento histórico vivido por la población dominicana. Hubo un gran despliegue publicitario nacional y hasta internacional durante varios días en República Dominicana para celebrar el acontecimiento de este corso florido.

Ese gran desfile de carrozas a lo largo de lo que era la avenida George Washington en ese entonces se celebró en el año 1955 para que formara parte de los festejos conmemorativos de los 25 años de la Era de Trujillo.

Se está seguro de que en los periódicos locales de esa época, El Caribe, La Nación, consta el uso constante de la combinación “corso florido”, algo sin precedentes por la importancia que el régimen le imprimió a la celebración de la apoteosis.

En este corso hubo un desfile de carruajes, vehículos, carrozas preparadas para ese fin. Las personas que participaron en estas carrozas estaban disfrazadas con motivos alusivos al tema de las carrozas.

En honor a la verdad no puede decirse que se recuerden las flores, aunque quizás las hubo, que le confirieran el adjetivo al corso. Es posible que se usara este participio en sentido metafórico para referirse a la belleza de la reina del corso y a la bella corte de jóvenes; o a lo selecto del séquito y de los participantes.

El uso que prevaleció en la época a que se alude obedecía a la costumbre de magnificar las actividades del régimen imperante, dando por firme que la palabra corso es más “florida” que el pedestre carnaval.

Ya sea de una forma o de otra, hay que hacer un espacio para el vocablo “corso” en los diccionarios de español dominicano, y, de esa forma lograr que se incorpore a la República Dominicana en la lista en el lexicón oficial de la lengua española entre los países que utilizan o utilizaron ese vocablo.

 

SALIVITA

Es muy fácil darse cuenta de que la palabra colocada a guisa de título es un diminutivo de saliva. La pregunta normal que se hace quien la lee en estas reflexiones es, ¿Qué busca esta salivita aquí?

En esta sección se presentará lo que se presume que es un uso exclusivo de los dominicanos.

Los hablantes de español dominicano conocen la frase, “Con paciencia y salivita. . .un elefante a una hormiguita”. Hay quienes toman esta salivita en calidad de lubricante, mientras otros la toman en tanto palabra con poder para convencer.

Cuando algunos objetos no están bien pegados, los hablantes dominicanos lo expresan diciendo, “Eso está pegado con saliva”. De su entorno físico directo, la locución verbal ha pasado a ser usada en sentido figurado, como por ejemplo en los casos en que una persona que ejerce funciones en la administración pública se considera que no tiene buen asidero en la posición por una u otra razón, lo expresan con la misma locución.

En cuanto a la “salivita”, esta posee sus significaciones sin relación con el líquido que segregan las glándulas salivares. Esta salivita tiene su propio destino, desempeñar funciones de “cantidad diminuta” en cuanto a líquidos se refiere.

No es raro oír a un dominicano decir, “Lo que quedaba de ron en esa botella era una salivita”. Como puede observarse por medio del ejemplo y de muchos más que pudieran citarse para ejemplarizar los usos. En estos no hay referencia alguna a la saliva en sí, cuando se usa el diminutivo salivita. No se exagera si se añade que esta salivita es una cantidad despreciable de líquido. Casi siempre la salivita es lo que queda como último vestigio en un recipiente, que por efecto de su índole ocupa el fondo del recipiente.

Se piensa que esta salivita merece una consideración especial en los diccionarios de español dominicano, con una acepción aparte para ella.

 

CLIVAJE

“. . . disputaban desde CLIVAJES ideológicos . . .”

En algunas ocasiones los columnistas, analistas y otras personas que escriben en las secciones de opinión de los periódicos recurren al empleo de terminología de conocimiento de unos pocos. A veces traen a un campo nuevo una palabra de un léxico especializado. Al hacer esto el lector puede pensar, si conoce la palabra, que se trata de un uso metafórico. Muchos otros se quedan sin entender porque no tienen el hábito de consultar un diccionario cuando leen un periódico.

Eso que se esbozó más arriba se presume que ha sucedido en la cita. Clivaje no consta en el diccionario oficial de la lengua común. Esta voz solo consta en los diccionarios publicados por la Editorial Larousse.

La acepción consignada en esos mencionados diccionarios reconoce que procede del francés clivage, que es un sustantivo masculino que pertenece al campo de la mineralogía. La acepción es, “Operación que consisten en separar las partes defectuosas de un diamante u otra piedra y corregir su forma”.

Lo simpático con relación a la voz francesa es que posee ese significado, pero además aparece consignada con otra significación de uso en sentido figurado desde 1932, “separación por planos, por niveles”. Trae un ejemplo de uso, “Clivages políticos, ideológicos”. Esta información se tomó del Nouveau Petit Robert de la langue française (2007:450). Se catalogó de simpático el asunto porque en el español no se consigna la acepción en sentido figurado; sin embargo, esa es precisamente la que se usa en la cita, que corresponde al ejemplo del diccionario francés.

En francés la palabra tiene larga historia, cuenta con un verbo y existe un aparato que lleva un nombre especializado para la operación. Además de su uso en mineralogía, en esa lengua se la emplea en cirugía.

En lugar de la voz poco adaptada y de muy limitado uso, se propone en el caso de la cita sustituirla por tamizaje, que equivale a “seleccionar con cuidado”. No se propone depurar porque tiene una inclinación a separar lo malo de lo bueno, o simplemente a dejar fuera lo nocivo. Muchas otras posibilidades son factibles, pero eso implicaría un cambio radical de la redacción.

Saltapatrás, conversionista, comicios / elección

Por Roberto E. Guzmán


SALTAPATRÁS

“. . . hacerte que otorgues un poder a un SALTAPATRÁS . . .”

Hay que comenzar con algo cierto acerca de la voz del título. Esta es una voz que lleva una connotación despectiva. Se la conoce en el español americano. Además, en República Dominicana adquirió una acepción propia, así como en Perú. Por último, el autor de estas apostillas ha oído otra acepción en el habla dominicana que no se ha reconocido todavía. Todas estas significaciones se examinarán más abajo.

En el español ¿oficial? existe otra voz muy parecida que es la reconocida. En el español internacional la voz reconocida que se anunció antes es saltatrás, que remite a tornatrás. El diccionario oficial de las Academias define esta palabra, “En la América colonial, descendiente de mestizos y con caracteres propios de una sola de las razas originarias”. Vale que se recuerde que la persona mestiza es la nacida de padre y madre de razas diferentes; especialmente se usó para descendientes de blanco e india o de indio y blanca.

La voz saltapatrás referida a persona adquiere más fuerza con la ortografía que la caracteriza. Esto se añade porque ese “pa”, de para, insertado entre al verbo saltar y el adverbio atrás destaca con mayor fuerza el salto hacia atrás que aleja al sujeto de lo blanco, significando con esto lo puro.

Los rasgos que se concitan en la persona considerada saltapatrás es sobre todo el color de la piel que indica la mezcla de razas. Algunos etnólogos califican este salto como una “regresión” por sus rasgos, es una retrocesión a lo alejado de una sola raza. De la misma forma que sucedió con otros asuntos en las colonias, con este fenómeno se produjo toda una clasificación de matices de colores y rasgos, cuarterón, quinterón, etc.

En Perú saltapatrás es una bebida alcohólica fuerte y de mala calidad. Puede interpretarse que el nombre en este ámbito sugiere que quien la bebe salta hacia atrás, o, a la mala calidad de la bebida.

En la República Dominicana, referido a una persona saltapatrás indica que ella pertenece a una clase social humilde. Con esta acepción consta en el Diccionario de americanismos, así como en el Diccionario del español dominicano.

El uso que oyó en el pasado quien escribe estas notas tiene relación con la conducta sexual de un hombre. Saltapatrás es en relaciones homosexuales entre hombres, quien sobre todo “recibe” o, está más interesado en recibir que reciprocar; es decir, es el hombre que desempeña el papel femenino en las relaciones homosexuales. La voz en sí misma explica el movimiento y la posición del sujeto en el acto sexual.

Ya pasó a la historia la época en que los diccionarios no consignaban las relaciones consideradas pecaminosas por las personas religiosas. Todo tiene su nombre y merece que se asiente para que permanezca por lo menos como referencia de su existencia. La labor del lexicógrafo no es evitar las palabras malsonantes o las que implican conducta diferente de la suya.

 

CONVERSIONISTA

“. . . centran su actividad eclesial en la labor evangelizadora y CONVERSIONISTA”.

En algunas ocasiones la lengua no sigue una línea recta para hacer las derivaciones a que son sometidos muchos de los vocablos de esta. En otras ocasiones el diccionario oficial no registra en su inventario el vocablo que se procura, pero aparece mencionado en una acepción o ejemplo.

El problema que se presenta con el vocablo conversionista pertenece a eso que acaba de esbozarse. Ese vocablo específicamente no figura en los diccionarios consultados. Hay que entender que eso no significa que no existe. Desde que alguien lo usa, este existe; sobre todo si la composición está acorde con los cánones de la lengua. Algo que puede intuirse de lo antes expresado es que el vocablo ha tenido poca circulación.

En esta sección se desarrollará una hipótesis acerca de la razón que impulsó al redactor a elegir este vocablo entre los demás que tenía a su disposición. Al hacer esto se examinará el vocablo.

Por el entorno en que se encuentra “conversionista”, “actividad eclesial y labor evangelizadora”, hay que deducir que este conversionista tiene vínculos con “convertir”. Naturalmente este último verbo en su acepción de “ganar a alguien para que profese o practique una religión”.

Una vez expuesto lo que consta en el último párrafo lo más natural sería pensar que se seleccionaría el adjetivo convertidora, labor convertidora. El redactor descartó esa opción porque en el español moderno los hablantes y escribientes han reservado el adjetivo recién mencionado para “aparatos, dispositivos, sistemas”.

En español existe el nombre conversión para la acción y el efecto de convertir o convertirse. Existe el adjetivo y sustantivo converso para la persona convertida a una religión distinta a la que tenía. El problema con el adjetivo y sustantivo converso es que durante largo tiempo se ha usado para aplicárselo a los judíos que se convertían al cristianismo en los siglos XIV, XV y XVI. Se le otorgó un destino específico a la palabra converso que en la práctica la sacó de otros usos.

En el habla y en la escritura se ha encontrado el participio “convertido” para referirse a la persona que ha pasado de una religión a otra, especialmente de la religión católica a otra cristiana. Al resultado a que se llega es que el conversionista es una persona o acción que desempeña labores de conversión. El sufijo -ista cuando se aplica a una persona indica que esta es partidaria de una doctrina o, si la palabra base trata de una profesión que ella trabaja en esa.

Como puede apreciarse por medio de la lectura de lo presentado más arriba, la opción por la que se decantó el redactor de la cita es plausible. Es de lamentarse que la voz conversionista no haya contado con el patrocinio constante de los hablantes y escribientes, pues se piensa que hay situaciones en que es un recurso útil.

 

COMICIOS – ELECCIÓN

“. . . que afectan la participación de las mujeres de cara a los presentes COMICIOS ELECTORALES . . .”

Con cada torneo electoral se repite el yerro que se comprueba en la cita. Muchos redactores olvidan el significado de comicios y le asestan un golpe repetido al añadirle electoral a seguidas.

La palabra comicios siempre lleva la letra ese /s/ al final. Se la considera plural y la definición en el diccionario oficial de la lengua española es, “Elecciones para designar cargos políticos”. Esa es la primera acepción actual, pues en el pasado ese diccionario colocaba en primer lugar la que correspondía a la, “Junta que tenían los romanos para tratar de los negocios públicos”. La segunda acepción era, “Reuniones y actos electorales”.

A través de la lectura de las acepciones reproducidas puede comprobarse que la prioridad se ha reconocido en beneficio de lo actual, es decir, las elecciones en sí mismas y la especialización en cuanto al propósito de estas elecciones, para designar cargos públicos.

En la actualidad todavía se hace alusión a los comicios romanos con idéntica redacción, a la que se ha añadido “y, por extensión, otras reuniones”.

La palabra comicios deriva del latín comitia plural de comitium que era el lugar donde el pueblo se reunía en asamblea. Cuando se recurrió a la etimología de comicios llamó la atención que el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico enviaba a buscar el origen en el verbo “ir”. Esto se explica cuando se aprende que la palabra estudiada procede de un compuesto de ire y com- con el sentido de juntamente. Entre las funciones de esos comicios se contaba la de elegir los cargos públicos. En español entró en el año 1612.

En la frase copiada se observa que las dos palabras son empleadas una inmediatamente tras la otra y la segunda con la intención de modificar o ampliar la primera. Esto se destaca con el propósito de que no se piense o aduzca que el escritor tuvo la intención de imprimir sentido completo o de añadir expresividad a la oración. Ahí hay redundancia viciosa de vocablos.

Cuidado e importancia del buen manejo de las palabras parónimas

Por Tobías Rodríguez Molina


Al ser las palabras parónimas muy parecidas entre sí, su empleo exige del usuario poner sumo cuidado a la hora de emplearlas, pues escribirlas de una u otra manera nos puede  llevar  a expresar algo diferente a lo que queremos transmitir a los demás. De ahí la importancia de la correcta escritura de la palabra que debemos emplear en cualquier tipo de escrito aunque sea un simple papelito o una pequeña nota. Veamos, antes de ofrecer unos cuantos pares de dichas palabras y oraciones con  dichos pares,  la definición tradicional  de palabras parónimas: “Son aquellas que se escriben y se pronuncian de forma parecida, pero cuyos significados son diferentes.” (Wikipedia). La propia definición nos deja indicado lo riesgoso que puede ser cualquier descuido que tengamos al usar una u otra palabra por la semejanza o igualdad en la pronunciación de muchos de esos pares de palabras, especialmente los hablantes ubicados fuera de España, pues en algunos casos pronunciamos igual varios pares de parónimas. Ejemplo: rayo-rallo; tasa-taza; cocía-cosía;haya-halla.

Pasemos a ver varios grupos de esas palabras de uso bastante frecuente en el español de todas las latitudes:

-rebelarse: oponerse, poner resistencia a algo o a alguien. (Se rebeló contra la orden del maestro.)

revelarse: dar a conocer, descubrir algo que se desconocía. (Se reveló el secreto que ella guardaba.)

-tubo: tubería, pieza para conducir un fluido. (Ese tubo vino  torcido y no se pudo emplear.)

tuvo: pasado  del verbo tener.( El tuvo  que frenar al llegar a esa esquina.)

-rayo: descarga eléctrica. (El rayo rompió parte del rancho del campesino.)

rallo: del verbo rallar. (Yo rallo la yuca para fabricar el cazabe.)

-asar: cocer al fuego. (Ten mucho cuidado al asar esa carne de puerco.)

azar: algo fortuito, casualidad. (Los juegos de azar no son aconsejables.)

-tasa: del verbo tasar; precio, valor de algo. (La tasa del dólar está subiendo en R.D.)

taza: recipiente, vasija. (Me brindaron café en una preciosa taza.)

-haya: del verbo haber.  (Esperamos que haya muchas personas buscando mi producto.)

halla: del verbo hallar (encontrar). (Si él no halla  ese producto  comprará el mío.)

aya: mujer que cuida niños. (Esa aya cuida muy bien a  los niños.)

-habría: del verbo haber. (Ella habría llegado primero que tú si se hubiera esforzado un poco más.)

abría: del verbo abrir. (Manuel abría la puerta con cuidado si alguien tocaba el timbre.)

-herrar: colocar hierro. (Su oficio principal es herrar las patas de los  caballos.)

errar: cometer un error. (Errar no es de tontos, sino  de todos.)

-hecho: del verbo hacer; acontecimiento. (Juan siempre ha hecho los mejores dibujos.)

echo: del verbo echar. (Si echo eso por aquí, me sale por allá.)

-basto: rústico, tosco. (Esa pintura es de un pintor basto.)

vasto: amplio, extenso. (El terreno que acaba de adquirir Pedro  es muy vasto.)

-sita: ubicada, situada. (Esa casa está sita en la calle Duarte de Moca.)

cita: del verbo citar;  acuerdo, notificación. (Tengo una cita con mi urólogo.)

-cocía: del verbo cocer (cocinar). (Ella cocía la carne como a todos les agradaba).

cosía: del verbo coser. (Daniela cosía las faldas con suma delicadeza.)

Evitar los malentendidos y las informaciones erráticas debe ser una tarea pendiente en todo buen usuario de la lengua. Por eso todo el cuidado y el esfuerzo que pongamos en el presente tema de las palabras parónimas, nos traerá la merecida recompensa.