Erre que erre

¿A que no habían imaginado que esto de la erre podía llegar tan lejos? Tradicionalmente se la denominaba como ere, si se trataba del sonido simple, y erre si se trataba del sonido múltiple. La nueva Ortografía académica aclara muy bien que el nombre de la letra no tiene que ver con los distintos sonidos que representa; nos recomienda que desechemos esta distinción de nombres y determina, por coherencia con lo que ocurre con otras letras, que su nombre es único: erre. Así tendremos que deletrear res como erre-e-ese y aro como a-erre-o. Prueben a hacerlo correctamente también cuando mencionen algunas siglas muy habituales: una ARS es una a-erre-ese; una ARL es una a-erre-ele.

No crean que esto se queda aquí. Cuando formamos una palabra compuesta valiéndonos de un prefijo y una palabra simple que empieza por erre pueden producirse dos casos curiosos ortográficamente.

Si en la palabra compuesta resultante el sonido vibrante múltiple queda en posición intervocálica debe representarse, según la regla, con el dígrafo rr: contrarreforma, virreina. La posición en la que queda el sonido después de la composición manda. No importa que la palabra base se escriba con una sola erre inicial: reforma/contrarreforma, reina/virreina. Esta erre doble, que así se llama, no puede separarse cuando escribimos; si nos coincide con el final de una línea debemos mantenerla en la misma sílaba: co-/rro, ta-/rro. Solo nos resta tener siempre presente que sí separan las dos erres en dos sílabas distintas si el prefjo termina en -r: hiperrealista se separaría hiper-/realista; superracional, super-/racional.

Ya les dije la semana pasada que el protagonismo de la erre estaba asegurado. Quién nos iba a decir que una sola letra iba a dar tanto de sí. En un sistema tan complejo como la lengua española hasta los más pequeños detalles son significantes.

© 2016, María José Rincón.

 

 

 

 

 

Pequeño gran protagonista

El protagonismo en el nombre de las letras se lo llevan siempre la be, la uve o la ye. No son las únicas de cuyas denominaciones podemos aprender. La humilde letra erre tiene su propia historia: una historia que está lejos de ser simple.

La letra erre representa en nuestra lengua dos sonidos: un sonido apicoalveolar vibrante simple y un sonido apicoalveolar vibrante múltiple. Es la diferencia que oyen entre la erre de caro y la de carro. No se asusten con lo de apicoalveolar; con esta palabra nos referimos a que, para articular la erre, acercamos la punta de la lengua a los alvéolos, que son los huecos en los que se insertan los dientes.

¿De qué depende que el sonido de la erre sea vibrante simple o múltiple? De la posición que ocupe en la palabra. Si la encontramos entre vocales o precedida de una consonante que no sea n, l o s representa el sonido vibrante simple: loro, gruta. También representa una vibrante simple cuando la encontramos en final de sílaba o de palabra: tarta, cantar.

En cambio, si ocupa una posición inicial en la palabra o tras las consonantes n, l o s, representa el sonido vibrante múltiple: república, honradez, israelí, alrededores. Cuando de lo que se trata es de representar este sonido vibrante múltiple entre dos vocales debemos recurrir al dígrafo (dos letras que representan un sonido) rr: gorro, marrón.

Lo del nombre de esta letra también ha traído cola. Como en otras cuestiones que tradicionalmente nos provocaban dudas, la nueva Ortografía académica nos ayuda a dejar las cosas claras. Pero eso será ya cuestión de la semana que viene.

© 2016, María José Rincón.

 

Curioso – voyeurismo – inmolarse

CURIOSO

El adjetivo curioso mantiene en español sus significados bien sentados desde hace largos años. Algunos de ellos son de larga data; otros se han incorporado más recientemente. En el español de América el adjetivo posee acepciones propias de esas latitudes. Aquí se estudiarán algunas de esas específicas significaciones y se ponderará la ausencia en los diccionarios diferenciales de una que corresponde al español dominicano.

Entre las acepciones que posee el adjetivo del título están, entrometido. Curioso se llama a la persona que se interesa por aprender. Denomina este sustantivo a quien va limpio y bien arreglado. Así se llama lo que atrae la  atención por su rareza.

Ya el Diccionario de la lengua española de la Real Academia ha recogido una acepción venezolana que se conoce también en España en el registro coloquial.  Es cuando se usa para referirse a quien hace las cosas con habilidad y esmero.

En Hispanoamérica desde finales del siglo XX se llama de curioso al curandero, de acuerdo con lo que asienta el Diccionario de regionalismos de la lengua española (1998). Una definición más detallada incluye el Diccionario del habla actual de Venezuela (1994), cuya redacción es así: ‘Persona que sin ser médico se dedica a curar personas utilizando métodos empíricos’. En ese mismo diccionario se encuentra una acepción que se parece ya a la que se presentará como dominicana más abajo. ‘Aplicado a una persona, que tiene habilidad para realizar muchas labores’.

El sentido de “persona que hace de curandero” lo recoge el Diccionario de americanismos (2010) e incluye entre los países que utilizan la voz, a República Dominicana, Venezuela, Perú, Puerto Rico y algunas zonas de Colombia. Con el significado de “habilidad para trabajos manuales” se conoce en Venezuela, como se mentó antes, en Perú y Costa Rica. Conforme con lo que escribe D. Emilio Rodríguez Demorizi, curioso es “que es diestro en trabajos manuales”. Así consta en Del vocabulario dominicano (1983).

En el 1940, D. Pedro Henríquez Ureña en su libro El español en Santo Domingo, escribe que curioso corresponde a “entendido, ingenioso”. Entendía este respetado maestro que comprendida de esta manera, la palabra pertenecía a los arcaísmos del habla culta.

El hablante dominicano introduce un matiz a la acepción que concierne a la persona que puede realizar varios oficios, pues comprende que no es experto en ninguna de esas labores. Este dato se toma del Diccionario de dominicanismos (2010), que a su vez lo tomó de la segunda edición de la obra De nuestro lenguaje y costumbres (1971).

Ahora bien, ¿cuál es la acepción dominicana olvidada por los lexicógrafos? Es la que alude a curioso en tanto persona que es capaz de arreglar aparatos diversos, carros, televisores, relojes, neveras y, casi cualquier cosa “a que le meta mano”. La pista sobre este “curioso” la ofrece el libro Aiguna palabra dominicana (2015). Lleva esta obra el subtítulo Un mataburro cibaeño.

Para concluir se incluye un dato curioso, es decir, raro, que llama la atención. En portugués brasileño se inscribe una acepción relacionada con la práctica de conocimientos empíricos en medicina. Curiosa, adjetivo sustantivado de curioso, denomina a la “partera sin acreditación legal”.

 

INMOLARSE

“Un suicida SE INMOLÓ en una concurrida calle de Estambul, matando a al menos cinco personas, según el gobernador de la ciudad. Otras 36 personas resultaron heridas. . .”

El lenguaje que se utiliza en los periódicos debe ser claro para que lo entienda todo lector. Por necesidad, esto entraña sencillez y corrección, en castellano preciso y elegante. Quien escribe en un periódico será consciente de que su estilo o, por lo menos, su construcción y selección de palabras se convierte en modelo. Se preconiza así una belleza formal, acompañada de una adecuada selección del léxico.

La concurrencia de factores geográficos, sociales y económicos, entre otros, ha propiciado los contactos del hispanohablante con el idioma inglés. No obstante, deben evitarse la actitud mimética o servil, las mezclas espurias, la subordinación a la semántica de otro idioma, pues esto constituye una renuncia  a la autenticidad del idioma propio.

La lectura de la cita es un ejemplo patente de lo que debe evitarse. En la oración se emplea el verbo inmolarse de manera impropia, con una significación que no posee en español, valga la redundancia. En el desarrollo se examinará el significado del verbo en español y se mencionará su semejante del inglés.

El verbo inmolar en español entraña el sacrificio de la vida u otro bien, ya sea por una causa o un ideal, o por el bien de otras personas. Las definiciones que se encuentran en los diccionarios de lengua española no incluyen el daño material a bienes ajenos o lesiones a otras personas. El suicidio simple y sencillo no alcanza la categoría de inmolación.

En consecuencia con lo explicado más arriba, los atentados terroristas suicidas no revisten los caracteres de actos de inmolación. El terrorista suicida trata de causar el mayor dolor posible, la destrucción de grandes proporciones para atemorizar a los habitantes. La inmolación, en cambio, es un sacrificio individual.

Los ejemplos más memorables son los actos de inmolación de los monjes budistas cuando los hacían en público y mediante el fuego. Lo que se persigue con estas acciones es llamar la atención sobre alguna injusticia, situación o estado que afecta a muchas personas.

En inglés, además de “ofrecerse en sacrificio”, es a menudo, matarse o destruirse mediante fuego.

VOYEURISMO

El viernes, él admitió los cargos de VOYEURISMO.

Voyeurismo es una palabra internacional. Se la ha adoptado como tal en varias lenguas extrañas al francés. Según parece la desviación que implica el voyeurismo es conocida en muchas latitudes y, lo que han hecho las lenguas es adaptarlas a su pronunciación. En español las autoridades de la lengua se empeñaron en hacer la pronunciación más fácil y propusieron la grafía voyerismo.

El voyerismo es la actitud propia del voyerista, y este, a su vez, es la persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas. La voz deriva del voyeur que es el mirón que espía secretamente aspectos eróticos de otros. Todas estas voces descienden del verbo ver en francés, voir, con el sufijo de agente -eur.

En el francés del siglo XVII el voyeur era el curioso que venía a Versalles para ver al rey y la corte. La literatura francesa guarda las relaciones de estas personas que no se sabe a ciencia cierta si veían a estos personajes o si solamente recibían relatos de los demás. Estos datos se han tomado del Dictionnaire de la langue française classique, de Dubois y Lagane (1960).

El voyeur observa  a través de una cerradura, de un resquicio, de una rendija y, en la vida moderna incluso con la ayuda de medios tecnológicos para ver a distancia. El voyeur es pues un espectador atraído por una curiosidad malsana.

La palabra del francés es tan internacional que si se la representa en esa lengua se la reconoce tanto como la mala costumbre que también es internacional.

Los dominicanos tienen una voz privativa para designar a la persona que se excita con esta actividad: el brechero. Este adjetivo que funciona como sustantivo también, deriva del vocablo brecha que es la rotura o abertura irregular que aparece generalmente en una pared. Esto es, la voz dominicana coloca el énfasis sobre el sitio a través del cual el individuo logra observar movido por su curiosidad malsana.

© 2016, Roberto E. Guzmán.

 

 

 

 

 

 

El ejemplo

Hemos oído hablar una y otra vez de la genialidad literaria de Miguel de Cervantes. Logró relatarse a sí mismo y a su tiempo y, al mismo tiempo, trascenderse y trascenderlo tan magistralmente que, en su obra, nos ha relatado a todos; y, cuando decimos a todos, nos referimos a todos. En esto consiste la excepcional universalidad de Cervantes. Cuando lo leemos, y es el mejor homenaje que puede hacérsele a un escritor, nos reconocemos a cada paso. En más ocasiones de las que nos gusta admitir, nos vemos reflejados para mal y tenemos que asumir lo poco que hemos cambiado en estos cuatrocientos años que han pasado ya desde que el manco inmortal nos dejó.

Hoy, como tributo personal, quiero compartir con ustedes un fragmento de una de sus Novelas ejemplares. Si la magnitud del Quijote los abruma, no duden en abrir boca con ellas. No se arrepentirán. La ironía de Cervantes salta a cada línea. Lean, si no, las palabras de Preciosa, la protagonista de La gitanilla:

«Coheche, vuesa merced, señor teniente; coheche y tendrá dineros, y no haga usos nuevos, que morirá de hambre. Por ahí he oído decir (…) que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y para pretender otros cargos.

-Así lo dicen y lo hacen los desalmados -replicó el teniente-, pero el juez que da buena residencia no tendrá que pagar condenación alguna, y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro.

-Habla vuesa merced muy a lo santo, señor teniente -respondió Preciosa-; ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias».

Tenía razón Cervantes cuando en el prólogo afirmaba que les había dado el nombre de ejemplares porque «si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso». Unos sacan el ejemplo de la experiencia de Preciosa y otros, los menos, siguen al teniente.

© 2016, María José Rincón.

Un abril muy especial

Llega abril y con él, este 2016, la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, Príncipe de los ingenios. Por esos azares de la historia que parecen redactados por el mejor novelista, también en abril de 2016 conmemoraremos el cuarto centenario de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega, mestizo y capitán de su Majestad. Alcalá de Henares, en tierras españolas, y Cuzco, en tierras peruanas, los vieron nacer. Los dos convirtieron la lengua española en su patria. Con ella nos hicieron pasar muy buenos ratos y nos enseñaron a conocernos mejor. Ambos contribuyeron con su pluma a que nuestra lengua haya llegado al lugar que ocupa hoy: una lengua de cultura, internacional, hermosa, con una historia muy interesante a sus espaldas y con un futuro que apunta prometedor.

Arturo Úslar Pietri, uno de los grandes escritores venezolanos, nos llamó el Reino de Cervantes. Gregorio Salvador, mi admirado académico, toma prestada la denominación para su Noticias del Reino de Cervantes, en el que recopila artículos periodísticos dedicados al español. Don Gregorio le dedica el libro a Manuel Seco, a quien, con mi anuencia y respeto, nombra notario mayor de este reino. Manuel Seco, mi lexicógrafo de cabecera, dijo una vez que «una lengua es patrimonio de una comunidad, y quien la hace y la deshace es la masa, la mayoría».

Y aquí empieza nuestra responsabilidad, la de los hablantes, la de los simples mortales, si nos comparamos con los que llevo mencionados. Somos nosotros los que tenemos la palabra para transmitir esta lengua que nos han legado innumerables generaciones. Piensen, si no, en aquello que escribió Javier Marías, uno de mis novelistas preferidos: «La lengua es lo único que poseemos todos, incluso en las peo­res circunstancias. La tienen por igual los pobres y los ricos, los sabios y los ignorantes, los sanos y los enfermos, los de izquierdas y los de derechas». Seguro que nos reconocemos en alguno.

© 2016, María José Rincón.

Debilidad por los detalles

Ya habrán notado que siento debilidad por la redacción de los titulares. La concisión no siempre es sencilla. El esfuerzo presiona al redactor. Hay que ser apropiado, conciso y, por si esto fuera poco, hay que captar la atención del lector. Nada de esto se aleja mucho de lo que pretendemos cualquiera de nosotros cuando escribimos. Para lograrlo no basta con una buena ortografía; ni siquiera con un vocabulario amplio y  con la pericia suficiente para usarlo apropiadamente. Para que todo encaje es imprescindible manejar bien la gramática.

Vamos con un ejemplo; un mensaje periodístico en las redes sociales: «Lanza canción grosera contra una periodista que usa palabras sexuales». Dejando de lado la selección del adjetivo sexual (que yo habría sustituido por obsceno), centrémonos en la comprensión del mensaje. ¿Logran aclararse? ¿Quién usa esas palabras sexuales? ¿La canción o la periodista?

El malentendido está provocado por un uso incorrecto del orden de palabras. La oración subordinada de relativo que usa palabras sexuales funciona como un adjetivo y debe acompañar al sustantivo al que califica, en este caso, canción. Puesto que estamos ante una oración explicativa nos servimos de las comas para delimitarla: «Lanza canción grosera, que usa palabras sexuales, contra una periodista”. Los signos de puntuación son nuestros grandes aliados en la gramática. Y si lo querían aun más breve: «Lanza canción obscena contra una periodista».

Una adecuada selección léxica, conocimientos gramaticales, apoyo ortográfico de los signos de puntuación, y un titular, que podría parecer simple a primera vista, gana muchos quilates lingüísticos. No es tan difícil. Prueben a prestar atención a los detalles.

© 2016, María José Rincón.

 

Cosas veredes

Como saben ustedes, tengo el honor y la responsabilidad de ser miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española. Miembro, que no *miembra. Miembro, según el DRAE, aparte de otras acepciones  en las que más de uno estará ya pensando, es el ‘individuo que forma parte de un conjunto, comunidad o corporación’.

Una sola palabra que lleva a más de una confusión con su género gramatical. Se trata de un sustantivo epiceno, que designa un ser animado con una forma única, indistintamente del sexo. Cada sustantivo epiceno tiene su propio género gramatical. Los hay masculinos (miembro, personaje) y femeninos (persona, víctima). Y un epiceno masculino puede referirse a un hombre o a una mujer (Irene Pérez Guerra y Margarita Haché son miembros de número de la Academia); y, claro, un epiceno femenino también (La víctima, un conductor joven, sufrió varias lesiones).

No podemos olvidar nunca que, aunque los referentes tengan un sexo determinado, la construcción de la frase no se hace en relación con ellos, sino en relación con el género gramatical de las palabras. Si el epiceno es masculino, aunque su referente sea una mujer, la concordancia tiene que ser en masculino, y viceversa; serán, por tanto, el miembro elegido, aunque sea una mujer, y la víctima rescatada, aunque sea un hombre. Es verdad que el uso ha extendido la utilización de algunos epicenos como comunes en cuanto al género. Es lo que sucede cuando utilizamos la construcción la miembro de la Academia. Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con otros epicenos; no usamos *la personaje, *el víctima, ni mucho menos *el víctimo, *el persona, ni mucho menos *el persono. Y todavía no he oído a nadie rasgándose las vestiduras por ello. Aunque cosas veredes…

© 2016, María José Rincón.

 

 

El "Diccionario fraseológico del español dominicano" es una realidad

Bajo los ruidos de una campaña electoral  que embrutece a un pueblo precisamente urgido de educación; en la víspera de un acto de falsa investidura de  un plan de alfabetización que pintaba  como un programa  adecuado y oportuno;  cuando la palabra de los líderes sirve más para desconstruir que para construir, ha llegado quizá con forzada discreción el Diccionario fraseológico del español dominicano.

Es obra de la Academia Dominicana de la Lengua y se publica con el valioso auspicio de la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia, que preside el lingüista y jurista Fabio J. Guzmán Ariza. El acto de lanzamiento tuvo efecto el  jueves 14 de abril  en la Casa de las Academias, en la calle Mercedes 204.  Tiene  586 páginas.

Aunque el autor por excelencia es el pueblo dominicano, actuaron como redactores del libro los lingüistas  Bruno Rosario Candelier, director de la Academia; Irene Pérez Guerra, miembro de número, y Roberto Guzmán, miembro correspondiente. Con ellos intervino un equipo de colabores entre los que figuran Teresa Ayala, Lourdes Reyes, Mariela Guzmán, Mikenia Vargas, Perla Guerrero, Karla Tejeda, Rita Díaz, Inés Méndez, Valentina Flaquer y Francisco Rosario.

La revisión estuvo a cargo de Ruth J. Ruiz Pérez, mientras las fuentes fundamentales de información han sido la lengua viva de los hablantes, expresada en forma oral, además de los usos fraseológicos extraídos de periódicos, revistas y las obras literarias de autores dominicanos, mayormente cuentos y novelas publicados.

Rosario Candelier explicó al respecto que: “En los  libros, revistas y periódicos  donde, además de la oralidad, rastreamos  frases, locuciones, giros y adagios del español dominicano, he podido apreciar que los articulistas de prensa y los autores de obras de ficción que incorporan frases y locuciones a sus escritos son los que sienten una mayor identificación con el lenguaje de su pueblo y, en tal virtud, se  pueden tipificar como los autores nacionales que experimentan  una genuina identificación emocional con el alma dominicana y la expresión de nuestra gente, lo que confirma que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural. Y ya sabemos que la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo”.

Esta afirmación me ofrece una particular satisfacción –ruego dispensa por decirlo aquí-  ya que en  el acto de presentación del Diccionario el propio doctor Rosario Candelier  mencionó mi nombre como el autor literario citado con el mayor número de frases, seguido del novelista Manuel Salvador Gautier. El libro más citado es la novela “Guazábara”, de Alfredo Fernández Simó.

Entre los articulistas de periódicos los que más aparecen –dijo Rosario- son Orlando Gil, César Medina, Alfredo Freites y Pablo Mckinney. Pero en la obra aparece todo quien haya empleado locuciones, frases, giros y  adagios de los que emplean los hablantes dominicanos. Estos usos son denominados por los lingüistas como “idiolemas o frasemas”. Un segundo grupo    está compuesto por proverbios y refranes  y se denomina  “paremias”. Con estas últimas se formará un segundo tomo del Diccionario.

El campo de la fraseología constituye una singular faceta de la peculiaridad idiomática de nuestra lengua, ya que el cultivo y la creación de expresiones idiomáticas revelan aspectos entrañables del genio lingüístico  de nuestros hablantes. Esto ha dicho Bruno Rosario  y me parece  enteramente cierto.

Creo que este Diccionario fraseológico  puede servir como espejo para que los dominicanos apreciemos lo que somos –pues somos lo que hablamos- y para los de otras latitudes   que quieran conocernos, esta es una obra fundamental.

©2016, Rafael Peralta Romero.

 

Milañar – imagenología – repertorio

MILAÑAR

De la familia de este verbo dominicano los diccionaristas han recogido algunas voces. El verbo en sí no ha encontrado su espacio en los repertorios. Se repasarán las voces ya inventariadas en las recopilaciones y se expondrá lo relativo a este verbo para acreditarlo.

El sustantivo milaña aparece ya en la obra Dominicanismos de D. Patín Maceo, cuya segunda edición data de 1947. Allí aparece en tanto ‘parte muy pequeña de una cosa’. Registra esa obra también el adjetivo milañero, ra, que es, ‘tacaño, mezquino, largo como pelo de huevo’. Consta allí que se usa también como sustantivo.

Ya D. Pedro Henríquez Ureña en 1940 había señalado que las terminaciones –aña. –eña, en República Dominicana habían ayudado a formar sustantivos, tales como milaña, ‘porción ínfima’.

Emilio Rodríguez Demorizi en Del vocabulario dominicano (1983), añade a esa obra la voz milaña, ‘parte muy pequeña de una cosa’, las voces: ‘Milañoso, el que da milañas, tacaño. Milañero. Miserable’.

La palabra milañita con función de sustantivo diminutivo femenino aparece en el Diccionario de dominicanismos, publicado en su segunda edición en el año 2002 por Carlos Esteban Deive, con la acepción siguiente: ‘Persona o cosa pequeñísimas’. Reproduce este autor las acepciones correspondientes a milañero, ra y milañoso, sa.

El vocablo milaña está documentado desde principios del siglo XX, pues aparece documentado en la novela Guanuma, de F. García Godoy, publicada en 1914. Se presume que por esta mención bibliográfica se la atribuyen a la región del Cibao en la República Dominicana. Este dato se deduce de la entrada para milaña en el Diccionario de dominicanismos (2010) de Orlando Inoa.

“Entre hablantes de comunidades del Sur y el Suroeste, por lo demás, hemos percibido el término milañoso por milañero (tacaño, miserable), así como el diminutivo milañita, por poquedad, cosa poquísima”. (…) “Hablantes hay que suelen emplear el citado diminutivo no sólo con referencia a objetos o cosas, sino además con relación  a la endeblez, a la pequeña o desmirriada persona de alguien”. La cita se tomó de Notas y apuntes lexicográficos (Americanismos y dominicanismos) (1996) de D. Max Uribe y, como se nota incluye otras zonas dominicanas además del Cibao.

Como puede observarse mediante los dos párrafos inmediatamente anteriores a este, las voces mencionadas aquí son de uso general en República Dominicana, si a esto se suma el empleo que de milañoso hace Moscoso Puello en Cañas y bueyes.

Milaña es considerado sustantivo femenino en el Diccionario del español dominicano (2013), como equivalente de ‘tacañería’.

Ahora bien, ¿dónde está el verbo milañar? Este verbo está sentado en el recuerdo de quien esto escribe. Fue una palabra aprendida en la niñez cuando uno se quejaba de la poca cantidad que recibía de algo: “Él milaña el dulce; lo que me ha dado es casi nada”. Como puede observarse, las palabras milaña y milañoso están documentadas en la literatura dominicana. Las demás voces aun cuando no cuentan con ese aval han pasado de generación en generación en el habla de los dominicanos, por lo tanto, son vocablos patrimoniales.

Es un fenómeno que ocurre en las lenguas que los sustantivos se encuentren en el origen de verbos formados tomando como base a aquellos. El fenómeno inverso se produce también.
IMAGENOLOGÍA  

“Instalados en los modernos centros LMC los CT Scans (tomografía axial computarizada), son un instrumento importante de IMAGENOLOGÍA médica que completa el. . .”

Quien redactó este pasaje olvidó que en español está aceptado hace ya un buen tiempo que se represente en lengua española ese scan por escáner. Sin embargo, dio muestras de buen trabajo al investigar y dar con la palabra resaltada que es una imagen fiel del tiempo que se tomó para hacer su labor.

Lo que tradujo el/la autor/a del texto fue la voz imaging del inglés. Con ese vocablo del inglés se hace referencia a cualquier procedimiento diagnóstico que se realiza mediante imagen.

Las palabras de este tipo están relacionadas con las terminologías precisas de ciencias que están ligadas al sistema conceptual de estas, que establecen las relaciones entre términos y nociones. Las equivalencias entre los términos de lenguas diferentes, a veces disímiles, se logra subordinándolas a la armonización de las nociones. Si se trata de crear un término para una noción nueva, lo más atinado es recurrir a los recursos propios de la lengua, respetando la morfología del español.

El español es una lengua adulta que no muestra inseguridad idiomática y puede adoptar, españolizar y adaptar términos técnicos sin temor alguno, a condición de que ese recurso sea legítimo y pertinente. Con ese tipo de adecuación se cumple con el cometido de mantener en armonía la lengua con el progreso científico.

La nueva palabra imagenología se creó a partir de imagen y se le añadió el logos de los griegos. La Real Academia de la Lengua Española en el año 1992 asentó en su diccionario un vocablo diferente al del título, imaginología, que desafortunadamente evocaba quizás más la imaginación que la imagen.

En la actualidad, de acuerdo con la redacción en la edición del 2014 del Diccionario de la lengua española, la imagenología es: ‘Estudio y utilización clínica de las imágenes producidas por los rayos X, el ultrasonido, la resonancia magnética, etc.’

De todos modos, lo que se pretende es mencionar con ese nuevo vocablo todos los recursos de la tecnología moderna que sirven para hacer diagnósticos mediante imágenes, llámense radiografía, resonancia magnética, ecografía, y otras.

Lo más importante en casos como el presente es que el mensaje transcienda, que el lector u oyente comprenda lo que se transmite con el neologismo. Estas voces técnico-científicas se propagan mejor a través de los escritos y, el tiempo dará su veredicto.

REPERTORIO

“. . .son un instrumento importante de la imagenología médica que completa el REPERTORIO actual de equipos y pruebas de diagnóstico que tiene el. . .”

Algunas palabras se hacen tan frecuentes que algunas personas -hasta profesionales de la escritura- llegan a pensar que estas pueden utilizarse en contextos que les son ajenos. Especialmente esto sucede en los casos en que el campo semántico tiende a ampliarse en la práctica de los hablantes. En otros casos la realidad es que el habla, norma loquendi, va trazando el camino que debe seguir la representación escrita de las acepciones.

En cuanto a la palabra del título, existe ya una tendencia recogida en algunos diccionarios a extender el concepto que abarca. Se observará la redacción tradicional y la que corresponde al ensanchamiento mencionado antes.

El concepto original se reducía a un conjunto limitado por la similitud, obras teatrales, musicales. Así como a la colección de obras de una misma clase. Pasó más tarde a ser una lista, registro o índice abreviado de cosas notables y otras informaciones.

En la actualidad los diccionarios redactan de manera más liberal la última acepción, sobre todo destacando esa palabra que se resaltó en negrita, cosa. El Diccionario del español actual (1999) se mantuvo dentro de los límites anteriores pues solo admite que se use el vocablo para: ‘Conjunto o serie de [cosas homogéneas]’.

La presentación que trae el Diccionario de uso del español actual de Clave (1997), en su tercera acepción es: ‘Colección o recopilación de cosas’. El próximo paso lo muda el Diccionario integral del español de Argentina (2008), cuya redacción de la segunda acepción es: ‘Conjunto variado de cosas’. (Negritas mías, R.G).

El remate inocente (¿?) lo trajo el Diccionario de la lengua española (2014), al incluir una acepción en la que utiliza la palabra cosa, aunque modificada por el vocablo notable. Así terminó el proceso para que luego de que fueron cosas homogéneas y, más tarde cosas particularizadas, terminaran siendo solo cosas. El diccionario Clave mencionado conserva la colección o recopilación, pero abre el campo a cosas. No conforme, el diccionario argentino citado amplía el concepto haciendo que las cosas sean variadas.

Para comprender mejor el alcance de esta evolución, ha de recordarse que cosa es palabra que puede referirse a algo concreto, abstracto, real o mental; solo el contexto precisará mejor el significado. De todos modos, resulta extraño que alguien escriba que una clínica cuenta con un repertorio de equipos. Quedaría mejor servido el mensaje si se escribe que la clínica cuenta con una serie de equipos modernos de avanzada tecnología.

© 2016, Roberto E. Guzmán.

 

 

 

 

Domingo de Ramos, Semana Santa y otras mayúsculas

Los días de la semana, como sustantivos comunes que son, se escriben con minúscula (lunes, martes, viernes, domingo…). Por igual, los meses no requieren  mayúscula  en su escritura (enero, febrero, mayo…).

Pero –eso sí-  estas palabras se escribirán con mayúscula inicial cuando formen parte de expresiones denominativas que así lo requieran, como festividades, fechas históricas, espacios urbanos (Domingo de Ramos, autopista Seis de Noviembre).

La Ortografía de la lengua española indica que “los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades, sean civiles, militares o religiosas  se escriben con mayúscula inicial”.

A propósito de esa norma es que traemos el nombre Semana Santa o Semana Mayor,  definida como  semana última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. El período de siete días que le precede se denomina Semana de Pasión.

También se escribirá con mayúscula inicial el Domingo de Lázaro, o Domingo de Pasión, que es el quinto domingo  de Cuaresma, que precede al Domingo de Ramos, que es el último,  con el que se inicia la Semana Mayor. En el pasado, era Viernes de Dolores.

Este período concluye con el Domingo de Resurrección, festividad llamada también  Pascua de Resurrección del Señor.  En el pasado se hablaba de Domingo de Gloria.

Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo  son días clave en la conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo. Su escritura exige mayúscula.

Pascua

Recordamos más la Pascua de Navidad  con la que celebramos el  nacimiento de Cristo y otros hechos relacionados.  Se extiende desde la Natividad hasta el día de Reyes, inclusive.

Con este sustantivo se nombra  la fiesta más solemne de los hebreos, que celebraban a la mitad de la luna de marzo, en memoria de la libertad del cautiverio de Egipto.

Para los cristianos la ocasión más solemne es la Pascua de Resurrección.  La Pascua Florida es lo mismo que Pascua de Resurrección.  En la Iglesia católica, fiesta solemne de la Resurrección del Señor, que se celebra el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo.

Pascua del Espíritu Santo.  La otra gran festividad con este nombre es la Pascua de Pentecostés, que recuerda  la venida del Espíritu Santo sobre  los apóstoles, reunidos  en la casa donde Jesús tuvo con ellos su última cena.

Otras palabras

Otras palabras y expresiones relacionadas con la Semana Santa, por la solemnidad que encierran, sugieren  escribirse con mayúscula, pero la realidad de la norma ortográfica es otra. En Triduo sacro, Misa crismal o Sermón de las siete palabras podría emplearse mayúscula  inicial  en la primera palabra de cada denominación, pero no es indispensable.

La misa,  ceremonia católica  que consiste en el sacrificio del cuerpo y de la sangre de Cristo que bajo las especies de pan y vino renueva el sacerdote en el altar, asume variantes de nombre, según  las especificaciones que la orienten. En cada caso se escribe con minúscula: misa cantada (celebrada con canto), misa concelebrada  (celebrada conjuntamente por varios sacerdotes), misa conventual (misa mayor que se dice en los conventos), misa de campaña (se celebra al aire libre para fuerzas armadas), misa de cuerpo presente (se dice por lo regular estando presente el cadáver), misa del gallo (se dice a medianoche al comenzar la madrugada del día de Navidad) y misa crismal ( la que oficia el obispo de cada diócesis para bendecir los óleos).

© 2016, Rafael Peralta Romero.