Claves narrativas en la obra de Rafael Peralta Romero

Por Bruno Rosario Candelier

A Manuel Salvador Gautier,
cauce de creaciones ejemplares.

Claves de la intuición creadora

Rafael Peralta Romero es el creador epónimo de Miches, apacible pueblo del lejano Este, que ha dado al país cuatro escritores importantes, comenzando con Rafael Peralta Romero y siguiendo con Sélvido Candelaria, Rossalinna Benjamín y Josanny Moní. Es decir, ese paraje esteño es ya un polo literario en la geografía cultural dominicana, puesto que tiene presencia y significación en el cultivo de las letras.

En efecto, este reconocido periodista, narrador y estudioso del lenguaje (1) ha puesto su atención a los hechos que narra en cuentos y novelas, así como a la forma correcta de las palabras en el aspecto gramatical y ortográfico; y tiene el mérito de publicar una columna periodística en El Nacional, donde aborda temas de nuestro lenguaje.

La dimensión intelectual de este valioso académico de la lengua se manifiesta en su instinto narrativo, literario y lingüístico. El instinto narrativo de Rafael Peralta Romero se perfila en su capacidad de ver en hechos y fenómenos el patrón ancestral que plasma al modo primordial del comportamiento de los predecesores.

Como escritor, Peralta Romero tiene tres singulares condiciones. En primer lugar, posee un instinto creador que le permite aprovechar hechos y anécdotas como sustancia de su narrativa; en segundo lugar, un instinto lingüístico mediante el cual capta y valora la faceta idiomática de voces y expresiones; y, en tercer lugar, un instinto narrativo para captar la clave de historias y pasiones. ¿Qué quiero significar con la mención de esos tres instintos? Su instinto creador se manifiesta en una fecunda vocación para la ficción, para inventar mundos imaginarios y crear ficciosas fábulas. Fabular es crear una nueva realidad articulada en el lenguaje. Cuando Peralta Romero fabula, atribuye rasgos y facetas a nuevas vertientes de la realidad, generando una dimensión significativa para la narrativa. Es decir, crea y recrea facetas inéditas en la realidad ficticia, y esa es una singular cualidad de quien tiene talento intuitivo para la ficción. De hecho, la palabra ficción quiere decir invención. Quien inventa con el lenguaje, crea una obra de ficción, que es un tipo de fabulación. La primera fabulación que hace el hombre es inventar nuevas realidades verbales y eso es un atributo de los narradores de garra, que lo llevan a crear nuevas realidades imaginarias, aunque tengan un fundamento en hechos reales o sean de factura imaginaria. Ese instinto creador se manifiesta en el hecho de asignar sentido a la narración, aspecto importante porque el narrador literario, para distinguirse del periodista, el sociólogo o el historiador, tiene que atribuirle un cauce convincente a lo que inventa. Normalmente el periodista no le busca el sentido a lo que narra, ya que cuenta lo que ocurre y nada más; y el narrador historiográfico tiene que ajustarse a la realidad de lo que aconteció; pero el narrador de literatura no solo cuenta lo que ocurre, igual que el periodista o el sociólogo o el historiador, sino que además presenta otra dimensión a los hechos y peripecias, que cifra en el sentido de acontecimientos y anécdotas y, desde luego, presenta en su narrativa la dimensión que aborda un modo de edificación y trascendencia. Rafael Peralta Romero cuenta no solo por contar, sino que cuenta para edificar, dimensión que supera la mera referencia anecdótica.

Dije también que él tiene un instinto lingüístico, como lo ha demostrado no solo en la dimensión metalingüística de varios pasajes narrativos, o en la explicación de algunos vocablos en su narrativa, sino que también publica artículos sobre el lenguaje dando cuenta de su interés por el valor de la palabra. Peralta Romero valora lo que las palabras son como estructura léxica, fonética y semántica, y por lo que significan su forma y su sentido, que enfoca a la luz del lenguaje del buen decir, señal de una cabal preocupación en este buen hombre que, en su condición de intelectual y escritor, tiene una alta conciencia lingüística.

Pocos escritores dominicanos dan notaciones de un dominio de la normativa del lenguaje, de tal manera que la mayoría tienen que valerse de un corrector de estilo para que le corrija su obra, hecho que evidencia una falta de preocupación por el instrumento de comunicación y creación. Lo que estoy diciendo es un mal generalizado en los escritores dominicanos, disposición que debemos asumir como un reto para que se desarrolle la conciencia del lenguaje ya que nosotros, como escritores, intelectuales, profesores, académicos, comunicadores, usuarios ejemplares del idioma, tenemos en el lenguaje el canal de creación y, por consiguiente, hemos de dominar esa herramienta, no ya de manera superficial, sino con pleno conocimiento de los códigos de nuestra lengua.

Pues bien, al enfocar las claves narrativas en la novelística de Rafael Peralta Romero, voy a abordarlas pautas de creación que aplica en su literatura de ficción. Como buen narrador, nuestro distinguido periodista y novelista aplica una pauta narrativa para vertebrar sus relatos, cuentos y novelas, según procedo a detallar a continuación:

1. Uso de formas arquetípicas (enfoque del suceso cardinal que explica el comportamiento primordial).

2. Creación de expresiones simbólicas (simbolización de lo acontecido asociándolo a la fuerza ancestral que remite al inconsciente colectivo).

3. Interiorización de la conciencia (instalación del sujeto narrativo en el interior de los hechos o de los personajes para percibir el sentido de los acontecimientos).

4. Dramatización del hecho contundente (formalización de un lenguaje estremecedor que concite la identificación del lector).

5. Intuición de verdades narrativas (creación de verdades metafísicas que iluminan la conciencia).

En primer lugar, he podido apreciar en la novelística de Peralta Romero el uso de formas arquetípicas, es decir, el enfoque narrativo de un hecho que, al abordarlo, procura el suceso cardinal que le da novedad a las peripecias, una forma de explicar el comportamiento primordial de los predecesores, ya que según este procedimiento, los narradores experimentan la necesidad de contar las cosas como sucedieron al principio, es decir, procuran hallar el patrón del hecho que asumen como parangón primordial para apreciar la manera como lo hicieron los que nos precedieron, y eso implica cierta profundización en el sentido de la narración.

En segundo lugar, hay una creación de connotaciones simbólicas con la vocación de simbolizar hechos asociados a la fuerza ancestral, que remite al inconsciente colectivo.

En tercer lugar, el instinto narrativo conduce a Peralta Romero a curcutear en el interior de su conciencia, como podría advertir un lector agudo. Correlativamente, parte de la clave narrativa en nuestro narrador es la interiorización de la conciencia. En algunos de sus pasajes narrativos, el sujeto narrativo a ratos ausculta la conciencia del narrador, una forma de instalarse en los propios personajes para percibir el sentido de los acontecimientos. En estos textos hay datos para entender la filosofía de la narración subyacente en la narrativa de Peralta Romero.

En cuarto lugar hay una dramatización del hecho acontecido. Ya que se trata de una novela, en ella se narran varios hechos; en un cuento se narra un solo hecho; en un relato se narran dos o más hechos, que forman una historia; y en una novela se narran dos o más historias mediante episodio que narran varios hechos, aunque haya un hecho protagónico, que es el que guía al narrador para articular su trama en torno a ese hecho.

Y en quinto lugar, en las claves narrativas de este narrador aprecio una intuición de verdades de hechos, como hace la poesía, que ausculta verdades poéticas en las vivencias en procura de un esclarecimiento, que la narrativa efectúa en pos de verdades metafísicas, y esas verdades siempre iluminan la conciencia.

Técnicas de composición narrativa

Lo más importante en cualquier narración no es solo lo que cuenta, sino la forma como se cuenta, y esa forma se manifiesta en el empleo de técnicas y procedimientos narrativos. ¿Cuáles son las técnicas en las novelas de Rafael Peralta Romero?

1. Empalme de un hecho real con un suceso evocado. Mediante este procedimiento, nuestro autor combina el pasado y el presente en una asociación de hechos que el narrador empalma al mundo circundante: “Ráfagas de ayer lejano asoman tímidas ante el recuerdo. Una voz remota, insegura, quiere decirme el poema que yo escribí desde el claustro materno y cuyo olvido ha provocado una de las penas más íntimas de mi vida. Un niño llamado Lucas habría estado presente con otros familiares cuando mi madre exclamó un conjunto de frases que coparon de extrañeza y asombro a los presentes, tanto por lo poético como por lo conceptuosos. “Mi tía habla lenguas extrañas”, habría expresado el niño Lucas. “Misericordia, misericordia”, dijeron los adultos. Pienso que ese primer poema pude habérselo dedicado a Gilbert, pero es hasta ahora una especulación, una corazonada. Su hazaña marca el inicio de la ocupación gringa y ésta termina en el año de mi nacimiento y no creo que sea pura casualidad. No, no puede ser fortuita, pues la historia se mueve como un sistema en el que todos sus componentes actúan conforme a una correlación” (2).

2. Enfoque de la dimensión inédita de fenómenos y cosas, como sentir la música de lo viviente en medio de la naturaleza, una forma de poner en sintonía su sensibilidad espiritual con el aliento cósmico del mundo, como se pone de inferir del siguiente pasaje: “En un bosque poblado de uveros y almendros, frente a la Playa del Muerto, muy cerca del centro de la Ciudad, había unos árboles extraños, su rareza consistía en que producían música. Pero no me digas que todos los árboles lo hacen. Si claro, el origen de la música parte del movimiento de los árboles combinados con el viento, pero aquello era diferente. Brotaban verdaderas melodías, como conjunto de violines y flautas. Allí me pasaba horas deleitándome con esos conciertos naturales y todos los visitantes observaban silencio para disfrutar mejor el espectáculo. Yo vi allí músicos que acudieron con papeles pentagramados para copiar las bellas composiciones regaladas por la naturaleza. Iba mucha gente, pero a mi madre no le despertó gran interés aquello, salvo que no fuera para alegrarse de saber que cuando yo estaba allí, permanecía quieto como una estatua y que no me daba con inventar nada. De verdad, la música ejercía sobre mí un efecto seductor, quizás embriagante” (3).

3. Relación de los meandros mitificados de la realidad sociocultural, con la que da sustancia y sentido a su novelación: “La ciencia del bruto es estar callado, se oyó decir a una voz firmemente varonil, era un hombre con gran dominio de la escena, ancho de pecho, con brazos vigorosos y rojizos, hablaba rodeado de compueblanos que se desplazaron para ver el juicio. Él procedía de la zona del crimen y dijo lo que dijo, porque según él, la misma noche en que mataron a Dino Bidal la esposa de quien hablaba tuvo una visión, de acuerdo con la cual pasó Dino Bidal por el camino, frente a la casa, quejándose ay, ay, iba quejándose, añade el hombre, pero a la hora de la revelación ya lo habían matado. Ella, cuando nos despertamos por la mañanita me preguntó, después de contármelo “¿Tú crees que lo hayan matado?” Yo le respondí: “Yo no sé, la vida está llena de misterios”. En Guaco todo el mundo tiene la boca amarrá y yo no tengo que ser el lengua suelta, porque yo sé cómo son las cosas. Si a mí me hubieran encontrado esa noche, de seguro estuviera yo metido en el lío, porque yo soy que le guardo el bote a la guardia, o le guardaba, pues ni lo permita la Virgen que me vuelva a meter en eso. Pero, sea como sea, fue una muerte atroz. Yo siempre he dicho que el hombre debe morir cuando llegue su hora, aunque a veces hay muertes que el hombre se las busca” (4).

4. Narración objetiva, dramática y concitadora, concebida y realizada para exacerbar el ánimo del lector y lograr que se identifique con la trama de la narración de una historia vinculada a la realidad natural, social y cultural, como el mar, afín a la vida en Miches, y al caudal de intuiciones y vivencias de sus protagonistas, como su experiencia marina ya que es natural que en un habitante de Miches el mar esté presente en su visión del mundo porque ha crecido junto al mar, lo que indica que Peralta Romero escribe alimentado por vivencias conocidas desde niño: “El tiburón no usó toda su capacidad de movimiento, tal parece que se encontraba confundido, como si teniendo facultad de raciocinio se percatara de que cometió un error. El tiburón lucía fuera de sí, mientras el hombre actuaba conforme se moviera el pez, y lo hacía con derroche de agilidad y tino, tal vez confiando demasiado en sus brazos, recios como palo de guayabo. La gente de la costa siempre ha creído que el tiburón solo ataca después que se vira, lomo abajo, debido a que la mandíbula superior es más larga que la inferior, nunca podría morder, por eso todos corearon el grito en el momento, quizás el único, en que le animal enseñó su panza blanca, pues consideraron contados los días de Dino Bidal. O quizás las horas. Pero qué va, después de ese movimiento del pez, el hombre sacó sus reservas de destreza y dando un brinco montó sobre el lomo del tiburón como si de un cuadrúpedo se tratara. El pez aprovechó entonces para cambiar la dirección de su cuerpo y emprendió el nado mar adentro, que en el habla de los costeños es mar afuera. Pero las situaciones de grandes dificultades vuelven a los hombres valientes o más creativos, según lo que demanda la circunstancia y Dino Bidal no tenía otro camino que vencer a su enemigo antes que éste dispusiera de él” (5).

5. Narración de una temática vinculada a las vivencias cotidianas. La suya es una novelística inspirada en la experiencia social, histórica y cultural de su pueblo por lo cual, siendo de Miches, comarca esteña ubicada a la vera del mar, lógico es que el tema marino sea usual en su narrativa, con lo que esa dimensión de la naturaleza está presente en sus cuentos, relatos y novelas. La suya es una narración natural, fresca, limpia, espontánea y fluyente, libre de artificios compositivos y, por ende, de fácil percepción y comprensión. La técnica que usa el narrador es el empalme de un hecho real con un suceso evocado, eso quiere decir que de la realidad de la vida cotidiana puede surgir un hecho y ese hecho puede llamarle la atención al narrador, pero ese hecho después de asociarlo con un hecho del pasado que evoca, lo vincula al hecho presente, esa es una técnica narrativa apropiada que emplea a la que le saca provecho en sus creaciones; mediante ese procedimiento narrativo él combina el pasado y el presente en una asociación de acontecimiento que el narrador empalma al mundo circundante. Fíjense cómo el narrador contando un hecho se distrae entre comillas porque le llama la atención la música de la naturaleza, entonces indica que su sensibilidad está abierta para sentir las voces de las cosas.: “Ráfagas de ayer lejano asoman tímidas ante el recuerdo. Una voz remota, insegura, quiere decirme el poema que yo escribí desde el claustro materno y cuyo olvido ha provocado una de las penas más íntimas de mi vida. Un niño llamado Lucas habría estado presente con otros familiares cuando mi madre exclamó un conjunto de frases que coparon de extrañeza y asombro a los presentes, tanto por lo poético como por lo conceptuosos. “Mi tía habla lenguas extrañas”, habría expresado el niño Lucas. “Misericordia, misericordia”, dijeron loa adultos. Pienso que ese primer poema pude habérselo dedicado a Gilbert, pero es hasta ahora una especulación, una corazonada. Su hazaña marca el inicio de la ocupación gringa y ésta termina en el año de mi nacimiento y no creo que sea pura casualidad. No, no puede ser fortuita pues la historia se mueve como un sistema en el que todos sus componentes actúan conforme a una correlación” (6). Esa es una muestra de ese empalme de un hecho real a un suceso evocado; evocado no quiere decir imaginario, sino recordado.

6. Auscultación de la dimensión natural de fenómenos y cosas. Esta técnica entraña una manera de sentir el fluir de lo viviente en medio de la naturaleza, es decir, una forma de poner en sintonía la sensibilidad espiritual del narrador con el aliento cósmico del mundo, como se puede inferir del siguiente pasaje: “En un bosque poblado de uveros y almendros, frente a la Playa del Muerto, muy cerca del centro de la ciudad, había unos árboles extraños, su rareza consistían en que producían música. Pero no me digas que todos los árboles lo hacen. Sí, claro el origen de la música parte del movimiento de los árboles combinado con el movimiento, pero aquello era diferente. Brotaban verdaderas melodías como conjunto de violines y flautas. Allí me pasaba horas disfrutando de esos conciertos naturales y todos los visitantes observaban silencio para disfrutar mejor del espectáculo. Yo vi allí músicos que acudieron con papeles pentagramados para copiar las bellas composiciones regaladas por la naturaleza. Iba mucha gente, pero a mi madre no le despertó gran interés aquello, salvo que no fuera para alegrarse de saber que cuando yo estaba allí. Permanecía quieto como una estatua y que no me daba con inventar nada. De verdad, la música ejercía sobre mí un efecto seductor, quizás embriagante” (7).

7. Revelación de los entresijos socioculturales de la realidad cotidiana, es decir, el narrador conoce la realidad porque la ha vivido en su contacto directo con el mundo, con lo que ha sucedido. No vive inmerso en burbujas o conchas de cristal, sino que es un conocedor de la realidad social, histórica y cultural, y trata de captar la sustancia y el sentido de su experiencia de vida para llevarla a la novela, como lo ilustra el siguiente ejemplo:“La ciencia del bruto es estar callado, se oyó decir a una voz firmemente varonil, era un hombre con gran dominio de la escena, ancho de pecho, con brazos vigorosos y rojizos, hablaba rodeado de compueblanos que se desplazaron para ver el juicio. Él procedía de la zona del crimen y dijo lo que dijo, porque según él, la misma noche en que mataron a Dino Bidal la esposa de quien hablaba tuvo una visión, de acuerdo con la cual pasó Dino Bidal por el camino, frente a la casa, quejándose ay, ay, iba quejándose, añade el hombre, pero a la hora de la revelación ya lo habían matado. Ella cuando nos despertamos por la mañanita me preguntó, después de contármelo “¿Tú crees que lo hayan matado?” Yo le respondí: “Yo no sé, la vida está llena de misterios”. En Guaco todo el mundo tiene la boca amarrá y yo no tengo que ser el lengua suelta, porque yo sé cómo son las cosas. Si a mí me hubieran encontrado esa noche, de seguro estuviera yo metido en ese lío, porque yo soy que le guardo el bote a la guardia, o le guardaba, pues ni lo permita la Virgen que me vuelva a meter en eso. Pero, sea como sea fue una muerte atroz. Yo siempre he dicho que el hombre debe morir cuando llegue su hora, aunque a veces hay muertes que el hombre se la busca” (8).

8. Interiorización en la trama de escenas y personajes, es decir, en una narración realizada para que el lector se identifique con la trama de la narración de una historia con implicaciones humanas, como el siguiente pasaje:“El tiburón no usó toda su capacidad de movimiento, tal parece que se encontraba confundido, como si teniendo facultad de raciocinio se percatara de que cometió un error. El tiburón lucía fuera de sí, mientras el hombre actuaba conforme se moviera el pez, y lo hacía con derroche de agilidad y tino, tal vez confiando demasiado en sus brazos, recios como palo de guayabo. La gente de la costa siempre ha creído que el tiburón solo ataca después que se vira, lomo abajo, debido a que la mandíbula superior es más larga que la inferior, nunca podría morder, por eso todos corearon el grito en el momento, quizás el único, en que le animal enseñó su panza blanca, pues consideraron contados los días de Dino Bidal. O quizás las horas. Pero qué va, después de ese movimiento del pez, el hombre sacó sus reservas de destreza y dando un brinco montó sobre el lomo del tiburón como si de un cuadrúpedo se tratara. El pez aprovechó entonces para cambiar la dirección de su cuerpo y emprendió el nado mar adentro, que en el habla de los costeños es mar afuera. Pero las situaciones de grandes dificultades vuelven a los hombres valientes o más creativos, según lo que demanda la circunstancia y Dino Bidal no tenía otro camino que vencer a su enemigo antes que éste dispusiera de él. Por de pronto, el tiburón se encaminaba a su propio hábitat mientras el hombre se apartaba del suyo. Sabía que pelear en terreno del enemigo nunca ha resultado ventajoso, porque hasta el ambiente se torna hostil. De los tiburones, jamás se oyó historia grata y Dino Bidal lo conocía más que nadie, aunque disimulara su temor, si acaso lo albergaba. Todo su corazón, todas las células de su cuerpo, su espíritu todo, sobrecogidos, actuaron a una y dictaron, en el instante preciso, la recomendación que el momento demandaba, y el brazo firme y vigoroso del gladiador levantó el agudo cuchillo y lo clavó en el cuerpo del pez, en el punto medio entre la espalda y la cabeza y repitió la acción, hasta ver que la sangre restaba cristalinidad al agua y que su enemigo declinaba hacia los lados como un barco perforado en el fondo, cundo se hunde. Se agarró de las aletas, quiso detener la marcha, ahora sin rumbo, como pájaro con el vuelo interrumpido. “Ahora la sangre llamará a otros tiburones”, se dijo y actuó con prontitud para arrastrar hacia la orilla el casi cadáver de la temida bestia de los mares. Lo logró nadando con un brazo al tiempo que sujetaba con el otro la cola del moribundo. Cuando lo tendió sobre la arena, sacudió su cuerpo, sin soltar el cuchillo, abrió los brazos, miró hacia arriba y expresó con marcada fuerza interior: “Carajo, yo sé que tú no me fallas” (9).

9. Temas, historias y anécdotas vinculados a las vivencias cotidianas. Peralta Romero es un novelista que escribe sobre historias, hechos, sucesos, acontecimientos del mundo que le ha tocado vivir; por esa razón, su novelística está basada en la experiencia social, histórica y cultural de su pueblo. Este es un detalle importante porque él da cuenta de lo que ha vivido en su comunidad de origen y eso lo convierte, automáticamente, en un narrador dominicano por la temática que cuenta y, desde luego, por el lenguaje que usa. Miches, una comunidad marina de nuestro país, está presente en toda la narrativa romérica. Desde luego, su novelística tiene los rasgos de una narración natural, fresca, limpia, espontánea y fluyente, libre de artificios compositivos y, por ende, de fácil captación y comprensión: “Por de pronto, el tiburón se encaminaba a su propio hábitat mientras el hombre se apartaba del suyo. Sabía que pelear en terreno del enemigo nunca ha resultado ventajoso, porque hasta el ambiente se torna hostil. De los tiburones, jamás se oyó historia grata y Dino Bidal lo conocía más que nadie, aunque disimulara su temor, si acaso lo albergaba. Todo su corazón, todas las células de su cuerpo, su espíritu todo, sobrecogidos, actuaron a una y dictaron, en el instante preciso, la recomendación que el momento demandaba, y el brazo firme y vigoroso del gladiador levantó el agudo cuchillo y lo clavó en el cuerpo del pez, en el punto medio entre la espalda y la cabeza y repitió la acción, hasta ver que la sangre restaba cristalinidad al agua y que su enemigo declinaba hacia los lados como un barco perforado en el fondo, cundo se hunde. Se agarró de las aletas, quiso detener la marcha, ahora sin rumbo, como pájaro con el vuelo interrumpido. “Ahora la sangre llamará a otros tiburones”, se dijo y actuó con prontitud para arrastrar hacia la orilla el casi cadáver de la temida bestia de los mares. Lo logró nadando con un brazo al tiempo que sujetaba con el otro la cola del moribundo. Cuando lo tendió sobre la arena, sacudió su cuerpo, sin soltar el cuchillo, abrió los brazos, miró hacia arriba y expresó con marcada fuerza interior: “Carajo, yo sé que tú no me fallas” (10).

Recursos y procedimientos narrativos

Otro aspecto importante en la obra de Peralta Romero son los procedimientos narrativos, en los que aprecio un aporte, a mi juicio, de nuestro admirado escritor. ¿Qué aporte ha hecho este narrador a la narrativa dominicana? Veamos.

1. Procedimiento de verificación colateral. Es decir, cuando escribe, igual que cuando habla o cuenta un hecho, Peralta Romero va describiendo el hecho y, para que se entienda mejor, lo aborda en sus contornos como si le diera la vuelta al asunto, dando la impresión de que se sale de lo que está diciendo, que lo hace como un procedimiento al que le saca provecho, y eso no lo aprendió en ningún libro, ya que es su manera de decir y contar las cosas. A eso le llamo procedimiento de verificación colateral. Vamos a presentar un ejemplo de lo que esta manera de narrar enuncia: “Al regresar a casa, tras la jornada de trabajo, notó que el recibimiento de su esposa no tuvo la calidez de cada día. Más tarde supo que ella le había dejado una carta en la mesita de noche. Para que no se volara, fue pisada con una estatuilla, que de ordinario no iba en ese lugar. Ángel Amado comenzaba a intrigarse. Apareció algo extraño en la atmósfera hogareña. Se portaba como si la carta hubiese sido un objeto ardiente. Que sí era ardiente, pero jamás para quemar las manos. Si quemaba habría de lacerar más allá de la piel. Tomó la carta con miedo y leyó”.“Amado sintió considerable alteración en los movimientos del corazón, cuando entró a su correo electrónico y descubrió que en la lista de mensajes aparecía uno enviado por Yiraisis. “Vaya, me ha escrito”, expresó con sobresalto interior. Poco faltó para emular la emoción de Arquímedes cuando exclamaba: “¡Eureka!” El estímulo tuvo mayor justificación por el enunciado del asunto: En mi soledad te busco”, qué mejor de ahí. “La esperanza no ha muerto –reflexionó- ella está lejos, pero sigue pensando en mí, y qué frase más hermosa y rica de contenido la que le ha motivado el deseo de verme” (11).

2. Imbricación de datos de la realidad natural y la realidad social. Es decir, cuando cuenta un hecho, busca la relación del hecho con la naturaleza, que lo inserta en un ámbito natural, como se puede apreciar en esta muestra: “Acepta la idea, atribuida a García Márquez y repetida por Amado, de que venimos al mundo con los polvos contados, y polvo que se pierde, no se recupera. Repite la frase con naturalidad, lo que hubiera sido imposible en el pasado. También ha aprendido a clasificar los polvos: sencillo, todo incluido y polvo gritado. Como si pretendiera desquitarse todo el tiempo –dos décadas- en que le fue prohibido chillar durante el coito, grita como becerra herida y expresa ardientemente deseos, ruegos, agradecimientos y hasta maldiciones. Por ejemplo: “Maldito, ¿por qué tú no apareciste antes para que me hicieras venir de esta manera?”. La pausa fue suficiente. Solo hablaron hacia dentro. En el instante, se esparcieron en el ambiente las notas que sacaba del teclado un pianista, y se miraron con ternura. -¿No dirás nada? –expresó ella. –Te he oído, ahora me deleita esa música que complementa tu presencia. -¿Sabes una cosa? –dijo de nuevo la mujer. –No la sé, pero tú me la dirás, siempre me dices algo bueno” (12).

3. Narración desde el punto de vista del narrador y la perspectiva de la sociedad. Es una narración en la que el narrador, cuando narra un hecho, puede contarlo desde el punto de vista de él o de un personaje y desde el punto de vista de algo que no son los narradores sino la ideología, la cultura, la idiosincrasia, es decir, la perspectiva desde la cual se narra, una diferencia sutil que a veces no es fácil diferenciarla pero son dos aspectos diferentes. El empleo del narrador omnisciente, que da cuenta de lo que se ve y lo que no se ve, que el novelista maneja con la destreza de un experimentado narrador: “La arena frente al cuartel fue el primer elemento que llamó la atención cuando llegaron a Guaco. El hoyo que sirvió para el primer entierro de Dino Bidal no quedó cubierto del todo y fue la primera comprobación por parte del Magistrado Lavandier de las informaciones de que disponía. Pensó en el perrito de que le habló Leticia Bidal, la hija de la víctima, y de la sospecha tonta que le manifestó la mujer cuando lo visitó para informarle la desaparición de su padre. “El perrito tenía razón”, pensó el Magistrado Lavandier. Tras el breve examen de la arena removida, en el lugar que señalara el perrito, de inmediato se dirigieron a la zona de manglares, penetrando por el caño, conducidos por Arismendy Mercedes, donde los familiares de DinoBidal verificaron la verdad de sus conjeturas y de lo informado hasta el momento por los testigos. Cavar en el lugar señalado por Arismendy, en medio de llantos y sobrecogimientos, condujo a la verdad más temida, que yacía bajo el cieno. No fue suficiente la astucia del cabo Martínez, todo quedó al descubierto, a pesar del fango y de lo oscuro. Esconder la verdad viene a ser, la mayor de las veces, tan difícil como retener el agua en un recipiente perforado, pero el cabo Martínez no estaba dispuesto a entender estas cosas. El cuerpo fue desenterrado y entregado por las autoridades a los deudos. Previamente el legista certificó las causas de la muerte precisando que Dino Bidal recibió golpe contuso en el cráneo y heridas punzantes en el tórax. El Magistrado Lavandier apreció la distancia del cuartel al manglar y recordó el magullón de Lorenzo Paredes, obtenido cuando cargaba el bote usado para penetrar hasta el recóndito espacio donde los guardias sepultaron por segunda vez a Dino Bidal” (13).

 4. Uso del recurso de la intertextualidad, con el que endosa a un hecho local algún pasaje memorable de una obra literaria, como la experiencia de Jonás con la ballena, según el texto bíblico. En la intertextualidad se va sobreponiendo o insertando historias diferentes a un texto narrativo mediante un hilo de conductor de diferentes situaciones con el manejo del tiempo y los personajes. Y a veces se dan superposiciones que robustecen la intertextualidad: “Por la playa de Juan Dolio andaba yo con mis cofrades una vez que apareció una ballena en la orilla, se varó entre rocas y entorpecida por la dificultad del retorno, murió. Quizás fuera una ballena diferente, un espíritu de contradicción, que en vez de entregar su cuerpo al océano, prefirió entregarlo a la tierra, si hubiese sido un ser humano, poeta tendría que ser. Lo cierto es que esta ballena le habían extirpado las vísceras, de modo que quedó bastante hueca y quién si no yo habría contado la historia de Jonás y siempre tuve envidia de esa hazaña. Convine con los demás muchachos que cerraran el vientre del animal cuando yo entrara. ¡Plaf! Sonaron las dos piezas de barriga cuando se juntaron y mis amigos intentaron mover el enorme cetáceo para echarlo al agua. Por ahí estaban Pedro Mir y Paquito Domínguez Charro, que eran jóvenes juiciosos, con cierto grado de madurez y detuvieron la operación. Dentro, ya me faltaba el aire y el olor no era el más grato. Durante muchos días algunos no me llamaron Chino, sino Jonás. Pedro Mir, como bien decía Paquito, era “un pagano incorregible”, se burló de forma más fina e inteligente, porque era un muchacho de inteligencia graciosa y un fino cultivador de la ironía. Y decía cosas como esta: “Oráculo de Yahvé, he aquí que envío a mi siervo Chino para continuar la obra de Jonás, y atravesará el océano en el vientre de una ballena muerta para llevar mi mensaje a los incrédulos, levántate Chino, permanecerás tres días y tres noches en el vientre del cetáceo, pero yo estaré contigo” (14).

5. Empleo del metalenguaje como recurso narrativo. Se hace metalenguaje cuando se alude al lenguaje mediante la explicación de una palabra o un asunto idiomático. El narrador comenta en qué consiste el recurso que está empleando o algunos términos que usa, manejados como recurso narrativo: “Por la playa de Juan Dolio andaba yo con mis cofrades una vez que apareció una ballena en la orilla, se varó entre rocas y entorpecida por la dificultad del retorno, murió. Quizás fuera una ballena diferente, un espíritu de contradicción, que en vez de entregar su cuerpo al océano, prefirió entregarlo a la tierra, si hubiese sido un ser humano, poeta tendría que ser. Lo cierto es que esta ballena le habían extirpado las vísceras, de modo que quedó bastante hueca y quién si no yo habría contado la historia de Jonás y siempre tuve envidia de esa hazaña. Convine con los demás muchachos que cerraran el vientre del animal cuando yo entrara. ¡Plaf! Sonaron las dos piezas de barriga cuando se juntaron y mis amigos intentaron mover el enorme cetáceo para echarlo al agua. Por ahí estaban Pedro Mir y Paquito Domínguez Charro, que eran jóvenes juiciosos, con cierto grado de madurez y detuvieron la operación. Dentro, ya me faltaba el aire y el olor no era el más grato. Durante muchos días algunos no me llamaron Chino, sino Jonás. Pedro Mir, como bien decía Paquito, era “un pagano incorregible”, se burló de forma más fina e inteligente, porque era un muchacho de inteligencia graciosa y un fino cultivador de la ironía. Y decía cosas como esta: “Oráculo de Yahvé, he aquí que envío a mi siervo Chino para continuar la obra de Jonás, y atravesará el océano en el vientre de una ballena muerta para llevar mi mensaje a los incrédulos, levántate Chino, permanecerás tres días y tres noches en el vientre del cetáceo, pero yo estaré contigo” (15).

En algunas de sus novelas, como en Pedro el cruel, el narrador presenta varias voces y eso le da vitalidad y verismo, por los matices sugerentes y las versiones y expresiones diferentes de cada locutor, en cada parlamento, que aporta una manera peculiar de compartir la realidad de los hechos. El narrador omnisciente lo sabe todo y puede penetrar en el interior de los personajes, como lo hace con naturalidad Peralta Romero.

Como escritor, Peralta Romero suscribe estéticas de tres movimientos literarios: usa el lenguaje popular, y ese hecho hace que él, como narrador, se vincule al Criollismo, por los datos del habla criolla; plantea la vinculación entre la realidad y la fantasía de los protagonistas, lo que lo vincula al Realismo mágico; y por la interiorización en la conciencia de sus personajes, se convierte en un escritor del Interiorismo.

Estamos, sin duda, ante un singular narrador, creador de una ejemplar obra de ficción y, desde luego, titular de un rico arsenal narrativo hermosamente fraguado.

Bruno Rosario Candelier
Encuentro del Movimiento Interiorista
Santo Cerro, Ateneo Insular, 24 de julio de 2016.

Notas:

1. Rafael Peralta Romero formó parte del Grupo de Literatura Infantil “Pedro Henríquez Ureña”, que coordinara Oscar Holguín-Veras bajo la inspiración del ideario interiorista del Ateneo Insular en la capital dominicana. Oriundo de Miches, estudió en el seminario diocesano de Licey al Medio y en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde se graduó de periodismo. Ha publicado: Ella y tú, Santo Domingo, Ed. Gente, 2015. Diablo azul, Santo Domingo, Gente, 1992. Círculo de espera, S, Domingo, Ed. Nacional, 2012.  Residuos de sombra, S. Domingo, Cocolo Ed., 1997.  Los tres entierros de Dino Bidal, S. D, Manatí, 2000.  Cuentos de visiones y delirios, S. Domingo, Gente, 2001.  Memorias de Enárboles Cuentes, S. D., Manatí, 2004. El conejo en el espejo, Santo Domingo, Ferilibro, 2006. Cuentos de niños y animales,  S. Domingo, Norma, 2007. Punto por punto, Santo Domingo, Ed. Colonial, 2008.  De cómo Uto Pía encontró a Tarzán, S. D., SM, 2009.  A la orilla de la mar, Santo Domingo, Gente, 2011.Pedro el Cruel, Santo Domingo, Ed. Nacional, 2013.  La paloma dálmata, S. Domingo, Ed. CP, 2015.
2. Rafael Peralta Romero, Memorias de Enárboles Cuentes, pp. 101-102.
3. Rafael Peralta Romero, Ibídem, 62.
4. Rafael Peralta Romero, Los tres entierros de Dino Bidal, Santo Domingo, Editorial Gente, 2009, pp. 100-101
5. Rafael Peralta Romero, Ibídem, pp. 36.
6. Rafael Peralta Romero, Ella y tú, Santo Domingo, Ed. Gente, 2015, p. 153.
7. Rafael Peralta Romero, Ella y tú, pp. 78.
8. Rafael Peralta Romero, Los tres entierros, p. 84.
9. Rafael Peralta Romero, Memoria de Enárboles Cuentes, S. D., Manatí, 2004. p. 50.
10. Rafael Peralta Romero, Los tres entierros, p. 37.
11. Rafael Peralta Romero, Ella y tú, p. 79.
12. Rafael Peralta Romero, Ella y tú, 50.
13. Rafael Peralta Romero, Los tres entierros, p. 85.
14. Rafael Peralta Romero, Memoria de Enárboles Cuentes, p. 50.
15. Rafael Peralta Romero, Ibídem, p. 69.

Metafísica de la conciencia a la luz de la literatura

Por Sélvido Candelaria

Es indiscutible que Bruno Rosario Candelier vino al  mundo con el don de la enseñanza bajo el brazo. Su talante de hombre comedido pero persuasivo, puede dar fe de ello; sin embargo, lo que confirma este postulado, a mi entender, es la huella escrita que, a través de sus libros, va dejando en su paso por la vida.

El gran maestro no es aquel que más conocimientos tiene, sino quien está en capacidad de transmitir con naturalidad y eficiencia lo que conoce, haciendo del proceso enseñanza-aprendizaje una acción de permeabilidad y absorción espontánea de parte del receptor y, por otro lado, algo de sublime disfrute por parte del transmisor.  En las actividades que desarrolla el doctor Rosario Candelier, ambas cosas suceden con la mayor naturalidad. Y algo que se puede notar, siguiendo el rastro de sus obras (y que dice mucho de su grandeza), es la renovación constante de sus formas y métodos para adaptarse al cambiante mundo donde interactúa, sin adjurar de sus originales convicciones.

“La imaginación, atributo enalteciente del hombre, es el aliento fecundante de la creación, y en aquellos productos en los que se aprecia un claro arrebato de la imaginación hay un soplo fabulante y creador. La palabra imaginación, emparentada léxica y semánticamente con la latina machina (que conocemos en una expresión como Deus ex machina y que da origen a las palabras maquinar e imaginar) es un término de ilustre ascendencia en la historia literaria, juntamente con los vocablos afines fantasía, ficción, fabulación, en los que anida la idea de inventar, fabular, maquinar o imaginar y en las que, por modo artístico, hay una intervención de los extraordinarios poderes humanos: la facultad de crear una ‘segunda realidad’, la realidad imaginaria o ‘la otra realidad’, diferente de la realidad objetiva y externa –con la que se fusiona en el realismo maravilloso– y que a veces alcanza, en su máxima expresión creadora, el nivel fantástico de lo maravilloso con todas sus insospechadas connotaciones y resonancias” (1)

“La intuición es la fuente de toda creación y, de hecho, hay consideraciones básicas en torno a este concepto y también variadas interpretaciones. “Intuir” viene de intus, vocablo latino que significa ‘dentro’, y de iré, que en latín quiere decir ‘ir o entrar’. “Intuir” implica ‘ir dentro’, es decir, compenetrarse con la sustancia de una cosa para captar y entender su esencia y su sentido. De “intuir” formamos el sustantivo “intuición”, que es el acto de captar el sentido de fenómenos y cosas, tras el proceso de interiorización en su esencia. La intuición nos da un conocimiento de la faceta interna de las cosas, no un conocimiento de su manifestación visible, que captan los sentidos corporales. Penetra en lo que sensorialmente no se ve. Los datos sensoriales que percibimos con nuestros sentidos físicos, como la vista, el gusto, el olfato, el tacto y el oído, es la apariencia de las cosas, pero en todo lo existente hay una dimensión interna, profunda y esencial, que captan los sentidos metafísicos, por lo cual a esa dimensión interior llega los radares de la intuición”. (2)

Estos párrafos, con el sello inconfundible de su autor, parecen venir de la misma obra. No obstante, han sido escritos con más de 30 años de diferencia: el primero en la obra La imaginación Insular, publicada en 1984 y el segundo, Metafísica de la Conciencia, que hoy presentamos ante ustedes. En ambos podemos detectar la invariable esencia del escritor y su didáctica. Ahora bien, cuando nos adentramos a conocer ambas obras, encontramos que los recursos y las formas han variado, en la última,  para lograr una adecuación a los tiempos y mantener vigencia de lo clásico.

En este nuevo libro que hoy se nos entrega, encontraremos los sesudos y pragmáticos planteamientos de su autor tal y como se presentaron en aquel de 1984 que conquistara el primer galardón nacional para su autor, en los Premios Siboney de Ensayos. No obstante, teniendo en cuenta la transformación de la sociedad en el lapso transcurrido entre ambas publicaciones, el Director de la Academia Dominicana de la Lengua, echa mano a recursos innovadores para plantear sus enseñanzas, como son las entrevistas, diálogos y correos electrónicos con el fin de introducir la interactividad como medio para remozar el canal transmisor.

En su nueva obra, el fundador del Ateneo Insular y el Movimiento Interiorista, viene a sumergirnos en un baño de interioridad profunda al hurgar en los recónditos espacios de la conciencia. Metafísica de la Conciencia es su título y en ella aborda este sensible tema, desde diferentes encuadres, pero enfocado siempre en su esencialidad respecto a la acción creadora.

Serían muchos los aspectos a resaltar en las 538 páginas y 34 apartados  de  este libro. Sin embargo tan someramente como me lo exige el espacio asignado en esta actividad, haré énfasis en “Metafísica de la conciencia a la luz de la Literatura”.

Indudablemente que pocos `preceptistas de la lengua española han hecho el énfasis del autor que comentamos, cuando se trata de establecer la importancia de la intuición en el proceso creador. El doctor Rosario Candelier se ha empeñado en desmenuzar este indispensable elemento en el proceso creativo, y lo aborda con fruición y hondura en el nuevo tratado que nos entrega.

“La intuición es el poder del intelecto para penetrar al interior de la cosa” (3) establece el reconocido profesor. Y partiendo de esta concepción es que el formulador del corpus teórico del Movimiento Interiorista, en el presente texto, se desgrana en explicaciones detalladas, estableciendo una línea clara de acción que puede servir de fundamento en la creatividad de bisoños y establecidos escritores.

“Mediante el cauce intuitivo de la sensibilidad podemos enfocar tres aspectos vinculados con la percepción de lo real:

1. El sujeto contemplador, que es el individuo que observa las cosas, enfoca la dimensión sensorial de lo existente.

2. El objeto de la contemplación, que es la realidad que se contempla, es la sustancia de lo contemplado.

3. La relación que se establece entre el sujeto contemplador y la realidad de lo contemplado, genera una fuente de imágenes y conceptos.

Es importante esa relación porque de ella va a depender la creación. Para esa relación es clave establecer un proceso de interiorización, ya que, para crear, debemos interiorizarnos con la realidad, es decir, procurar un entendimiento con la realidad mediante una especial vinculación con la sustancia de lo contemplado”. (4)

Con pautas como estas, el autor nos va señalando, capítulo por capítulo de su libro, los pasos a seguir para conseguir un buen posicionamiento ante la tentación y el reto que representan la famosa página en blanco. Esa página que aún en la realidad de su inexistencia mantiene en vilo al creador por el solo hecho de imaginarla. El solo hecho de sistematizar un procedimiento para arrancar con la producción de una obra literaria, es ya un enorme aporte al futuro creador que se debate entre el escozor de producirla y la duda de cómo hacerla.

En cada uno de los apartados que conforman esta obra, se plantea, se argumenta y se sostiene, lo indispensable que resulta la intuición en el proceso creador artístico, llegando al momento en que el autor la establece como un aspecto indispensable al producir una obra perdurable.

“Mediante un proceso contemplativo, el sujeto creador se abstrae del mundo circundante y se concentra en su vivencia para lograr la compenetración con lo viviente. Entraña ese proceso un estado de enamoramiento que debe experimentar con la realidad para que la misma realidad se entregue. El creador debe compenetrarse con la realidad que le inspira para lograr una compenetración plena y profunda con el hecho, el objeto o el fenómeno de contemplación, única manera de sentir, captar y expresar… Las obras genuinas que han triunfado, los textos literarios que han tenido éxito, han sido producto de las intuiciones y vivencias del creador” (5)

De aquí, nos atrevemos a decir que Metafísica de la Conciencia, es una obra de capital importancia, no sólo para quienes seguimos los propósitos de creación artística según los parámetros interioristas, sino para cualquier escritor que ande buscando una base sólida en el inicio de su carrera o en consolidarla. Ante el inconmensurable beneficio que este tratado sobre el proceso creativo nos puede brindar, solo habremos de inclinar reverencialmente la cabeza y decirle a su autor:

¡Gracias, profesor Rosario Candelier por este nuevo fruto de su intelecto que añade un nuevo galardón a su fecundidad humanística!

1. Bruno Rosario Candelier, La imaginación insular, Santo Domingo, Editora Taller, 1984, pág. 11
2. Bruno Rosario Candelier, Metafísica de la conciencia, Santo Domingo, Editora Amigo del Hogar, pág. 49
3. Bruno Rosario Candelier, Metafísica de la conciencia, Santo Domingo, Editora Amigo del Hogar, pág. 57
4. Bruno Rosario Candelier, Metafísica de la conciencia, Santo Domingo, Editora Amigo del Hogar, pág. 51
5. Bruno Rosario Candelier, Metafísica de la conciencia, Santo Domingo, Editora Amigo del Hogar, pág. 53

Conciencia y creación en Metafísica de la conciencia

Por Emilia Pereyra

El maestro Bruno Rosario Candelier ha publicado un nuevo libro titulado Metafísica de la conciencia, con el subtítulo El logos en la pantalla del cosmos en que cede juicios y convicciones sobre diversos temas, da respuestas y reflexiona acerca de aspectos fundamentales de los tópicos antes expuestos y de otros esenciales, relacionados con la creación literaria y la cantera espiritual que alienta al ser humano y se expresa en diferentes esferas de la vida.

Esta compilación de exposiciones ensayísticas, respuestas e intercambios de opiniones expresados hasta en mensajes electrónicos acerca de temáticas sobre las cuales se delibera y discute especialmente en los encuentros del Movimiento Interiorista, durante las sesiones del Ateneo Insular, ambos fundado por el mismo Rosario Candelier, resulta una lectura ineludible y esclarecedora para quien desee conocer los fundamentos teóricos de esta corriente literaria o profundizar en ella.

Son ventiladas exhaustivamente materias como la conciencia, el inconsciente, el inconsciente colectivo, la metafísica, el Universo y su magna abundancia, generosidad y sabiduría, la intuición, el Logos, el Numen, la memoria cósmica, la voz interior de la conciencia, la energía creadora, el lenguaje y entre otros tópicos, cuyo conocimientos nos proporcionan comprensión acerca de aspectos esenciales del mundo invisible que gobiernan nuestras vidas en los planos cotidianos y elevados.

A través de la lectura del libro de 537 páginas, y dada la hondura de sus planteamientos, se hace ostensible que el ensayista, reconocido lingüista, pensador, narrador y poeta, es un contemplativo de dilatada trayectoria, quien durante mucho tiempo se ha dedicado a cavilar con avidez y gran capacidad reflexiva y caleidoscópica, sobre los temas transcendentes mencionados y ha fijado su atención crítica en la producción de escritores de distintas generaciones y latitudes.

Nuestro autor abre la compilación con un introito, en que explica que el concepto de conciencia y las implicaciones de esta facultad cognitiva son fundamentales para comprender al ser humano. Es un valioso activo de esta obra la claridad expositiva de Rosario Candelier, quien en estas páginas, como en muchos otros de sus textos, ejerce de maestro y no solo comparte sus conocimientos con entusiasmo y espíritu dador. Además, sustenta muchos de sus razonamientos haciendo referencias a concepciones sobre las temáticas filosóficas de pensadores y figuras reconocidas como Servio Tulio Cicerón, Heráclito, Platón, André Martinet  y Carl Gustave Jung, entre muchos otros.

El ensayista inicia cada exposición con una dedicatoria dirigida a resaltar las dotes espirituales e intelectuales de integrantes del Movimiento Interiorista y de otros creadores cuyas obras armonizan con los principios de esta corriente, que cuenta con importantes seguidores en la República Dominicana y en el exterior.

Rosario Candelier posee el gran mérito de dedicarse, con fruición, entusiasmo y espíritu generoso, a indagar y a desentrañar las honduras del inconsciente, los maravillosos resortes y canteras que activan la creación y a proyectar la importancia del lenguaje, así como a mostrar los estrechos vínculos que unen la espiritualidad y la fundación de lo nuevo, lo distinto o singular en materia literaria.

En la actualidad, no existe en estos lares el caso de otro pensador literario y filosófico que haya focalizado su atención en el interés de auscultar temas tan profundos y de considerable relevancia como Bruno Rosario Candelier que se ha dado como misión casi monacal la incalculable labor de estudiar, reflexionar  y difundir sus vastos conocimientos y reflexiones sobre los intangibles mecanismos que gobiernan el consciente, el inconsciente y  el Universo y que se reflejan en la creación, sin la cual no existirían la literatura ni otras facetas en las que destellan la inteligencia, la sensibilidad y la intuición del género humano.

Si bien nuestro autor alude en innumerables disertaciones a los aportes de pensadores y creadores transcendentales de otras latitudes con igual dedicación fija su analítica mirada en obras de escritores y poetas de su terruño, por lo cual en este mismo texto encontramos fragmentos de la producción poética de aedas interioristas como son Ángel Rivera Juliao, Ramón Antonio Jiménez, Carmen Comprés, Jennet Tineo, Carmen Pérez Valerio, Sally Rodríguez, Pedro José Gris, Tulio Cordero, Carmen  Clara Janés y de otros creadores como Feddy Bretón, Karol Wojtyla, Máximo Avilés Blonda, Octavio Paz, Manuel Rueda, Antonio Fernández Spencer, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, quienes han dejado constancia en sus producciones de sus vivencias creadoras, místicas y extáticas.

El ensayista documenta sus exposiciones con ejemplos de singulares experiencias creativas vividas por poetas, y en este orden nos dice: “Hay autores de poesía, como Ramón Antonio Jiménez, Carmen Comprés o Noé Zayas, que saben darle forma y sentido a cuanto experimentan en el fuero de su conciencia, ya que tienen la capacidad para hacer de sus experiencias interiores una creación en virtud del poder creativo de su inteligencia sutil” (p.158).

Así, por ejemplo, bajo el título de Conciencia de la intuición trascendente, Rosario Candelier deja registrada una vivencia de Ramón Antonio Jiménez, escritor contemplativo, quien contó en un encuentro interiorista lo siguiente:  “…Que hace dos semanas, estando solo en casa, algo sucedió que de pronto pasé a un nivel superior que no es donde yo digo que estoy siempre escuchando la música; algo sucedió que cesó la música y todo era energía, colores danzando de una manera extraordinaria y entonces yo estaba en un estado de conciencia muy sutil y ya no había música, y no quería salir de ese estado” (p.222).

Entonces la poeta interiorista Carmen Comprés comentó: “A lo mejor ya no la escuchabas pero la veías”. Jiménez respondió: “Ya no era la visión que siempre había tenido, era diferente; el árbol perdió la forma, y era la legión de la energía pura. Entonces, tomando en cuenta que el sonido -he hablado también de lo que es el plano causal, que es el plano de la energía donde la esencia se expresa como sonoridad, como música- y no en vano san Juan el evangelista decía que en el principio era el Verbo, y era el sonido porque las cosas están hechas de sonidos, pero allí no había sonido, cesó la música y yo estaba consciente; sabía que no sería capaz de hablar, y por eso digo que no sé qué fue lo que sucedió” (págs.222 y 223).

En referencia a la narrativa, Rosario Candelier alude a los fenómenos que posibilitan la creación, al indicar que las “redes neurológicas de las mentes dispuestas para concebir y formalizar cautivantes mundos de ficción, como los que plasmaron Miguel de Cervantes, Alejo Carpentier y Juan Rulfo, evidencian que tenían unos circuitos internos aptos para canalizar hondas intuiciones de sentido y de belleza en el arte de la creación narrativa. Es decir, cada actividad creadora, lo mismo en poesía y ficción que en la exégesis interpretativa, implica una determinada conformación de las células cerebrales, unas singulares destrezas lingüísticas y una peculiar apelación para la vocación científica, artística o pragmática” (p.190).

Ha sido edificante encontrar en el libro el testimonio de Rosario Candelier acerca de cómo surgió su vocación literaria. “…Recuerdo vivamente que desde niño llegó a mi mano un libro de un historiador dominicano de Santiago de los Caballeros llamado Enrique Deschamps. Este autor de Santiago de los Caballeros publicó en 1907 en Barcelona, España, el libro República Dominicana: Directorio y guía general (2). Cuando leí el capítulo titulado ‘Movimientos literarios’ me llamó poderosamente la atención la participación de los grandes hombres de letras de nuestro país” (p.145), contó.

El autor pondera elogiosamente a escritores significativos de finales del siglo XIX y principios del XX, entre los cuales menciona a Manuel de Jesús Galván, Fernando Arturo de Meriño, Emiliano Tejera, César Nicolás Penson, Federico García Godoy y a Max y Pedro Henríquez Ureña.

Recuerda que durante la lectura del capítulo ya aludido se dijo: “Trataré de ser como uno de esos escritores”. “Desde entonces, agrega, quise ser escritor, actividad a la que me consagré por vocación. En la escuela no se orientaba sobre la vocación literaria y creo que ahora tampoco se hace. Lo cierto es que comencé a leer y a escribir. Una cosa importante: quien quiera ser escritor, tiene que leer mucho y ser un observador de la realidad. Hay que observarlo todo, conocerlo todo, experimentarlo todo” (p.145).

En esa incesante búsqueda de conocimientos ha hallado Rosario Candelier el concepto del Logos, descrito como “la capacidad para hacer uso de la palabra”, la energía interior de la conciencia. En virtud del Logos, señala el autor, “tenemos el poder de la mente, y mediante ese poder podemos pensar, reflexionar, hablar y crear. Si podemos reflexionar, hablar y crear es por el Logos, de tal manera que las criaturas del Universo que carecen de Logos no pueden hablar, ni reflexionar, ni intuir, ni crear. Ni los animales ni las plantas tienen Logos, por lo que no pueden hablar, reflexionar, ni crear, aunque se pueden expresar” (p.98).

En relación al Numen, Rosario Candelier explica que es la cantera de la sabiduría espiritual del Universo a la que pueden acceder poetas, contemplativos y místicos. Y evoca que ha dicho que los poetas metafísicos y los místicos, en virtud de un cordón umbilical espiritual que tienen en uno de los circuitos de su cerebro, se ponen en contacto con la fuente numénica ya que han desarrollado la sensibilidad trascendente.

Agrega que a través de ese cordón umbilical les llega a estos aedas un torrente de verdades profundas de la cantera del infinito en el caudal de imágenes y símbolos arquetípicos procedentes de las emanaciones cósmicas. “Por eso, argumenta el pensador, los poetas metafísicos y místicos son poetas privilegiados” (p.98).

Rosario Candelier explica con minuciosidad los intangibles involucrados en el extraordinario fenómeno de la creación y señala: “Cuando nos disponemos a crear, activamos la conciencia y, desde luego, se despliega la energía creadora mediante la energía interior del lenguaje. Normalmente el escritor se dispone a escribir cuando siente una particular apelación, es decir, una llamada que nace de su interior y le impulsa a crear y eso es la energía de la conciencia. Es importante ponderar ese poder de la conciencia cuando intentemos instalarnos en el fuero de nuestra conciencia para reflexionar y darnos cuenta de que desde nuestra atalaya mental tenemos la capacidad para pensar el mundo, para pensar que pensamos y testimoniarlo desde nuestra perspectiva” (p.159).

 Conciencia y creación

Acota nuestro ensayista que el ideario interiorista de la creación sugiere la contemplación de lo viviente mediante la instalación del sujeto contemplativo en la interioridad de las cosas y en el espejo de la conciencia, en las que se conjugan la conciencia interior y la conciencia trascendente, y a continuación precisa que es importante dirigir la contemplación hacia la interioridad, porque allí reside la esencia de cuanto es.

En alusión al Logos, nuestro ensayista sostiene que gracias a este don reflexionamos, intuimos y creamos lo que concibe nuestra inteligencia. A propósito sostiene que el sentido de las cosas es una dimensión intangible a la que llega la intuición.

Es sabido, y así lo explica Rosario Candelier, que para los antiguos griegos, Logos es palabra, idea, imagen y concepto, dado que entraña el principio espiritual que funda el lenguaje y la energía interior de la conciencia.

“Heráclito, el antiguo pensador presocrático, concibió el Logos como una energía divina, y esa energía interior se realiza en la palabra cuando hablamos, pensamos, escuchamos y escribimos, que son las cuatro artes del lenguaje. La energía del Logos, en tanto aliento espiritual de la conciencia, procede directamente de la Divinidad” (p.6).

Es dable resaltar que el Logos, es desde el punto de vista de Rosario Candelier, el aliento que une al ser humano con la Divinidad, el principio espiritual del pensamiento y el germen generativo de la creatividad.

Y continúa argumentando nuestro pensador: “En tal virtud, el Logos nos proporciona la convicción para actuar, el entusiasmo de la inspiración para crear y la motivación de la voluntad para conducirnos en la vida porque el Logos propicia el aliento fecundante de la fe, el motivo inspirador del entusiasmo y el impulso fecundante de la creatividad. La fe que tenemos en nosotros mismos, la fe en la Energía Superior del Cosmos, la fe en la vida, el amor y el ideal manan del Logos creante del Espíritu. Especialmente el Logos propicia la iluminación de la conciencia”.  Se infiere, pues, que sin Logos no existirían las obras literarias ni las invenciones que impactan y en muchos casos transforman la vida de la humanidad” (p.6).

El prosista explica con diafanidad que todo ser humano viene al mundo con varios dones, puesto que al recibir el don de la vida, recibe también los dones de la palabra, la reflexión, el amor y la creatividad.

En relación a la lengua, el ensayista sostiene que el hombre la inventó cuando experimentó la necesidad de crear y testimoniar su propia percepción del mundo mediante la intuición y la valoración de lo existente.

En ese sentido, explica: “El Logos no solo es la base de nuestro lenguaje y de nuestra cultura; es también el canal mediante el cual encauzamos la reserva espiritual que atesora la memoria colectiva de la humanidad. Todos podemos ser creadores en cualquier vertiente de la realidad. La creatividad no se refiere solo al acto de producir literatura o crear conceptos mediante el cultivo de la palabra; se refiere a todo lo que podemos inventar en la plasmación de cualquier acto o producto que podemos generar en el área en que nos desempeñamos” (p.7).

Rosario Candelier cita al filósofo francés Henri Bergson, ganador del Premio Nobel de Literatura en1927, quien en su libro Introducción a la metafísica, plantea quela obra de creación es fruto de la intuición, la que requiere situarse, por un esfuerzo de la intuición, en el interior de la realidad concreta a fin de “captar lo que tienen de único y de inexpresable para lo cual debemos compenetrarnos con la sustancia que ha de servir de inspiración para la creación porque las cosas hablan, la realidad tiene un susurro, una voz, una señal, un sentido que esperan el contacto del sujeto creador para abrirse, para entregarse” (p.52).

Como hemos podido percibir en esta presentación sobre los aspectos Conciencia y creación en Metafísica de la conciencia, el maestro Bruno Rosario Candelier le aporta a la sociedad un texto iluminador, substancia de raigambre profunda que nos provee conocimientos, reflexiones y acotaciones, expresados de manera directa, entusiasta y docta.

Por ende, si abrevamos con sentido reflexivo en sus ricos afluentes, este texto nos ayudará a  transitar y a vivir con consciencia de causa y efectos, a experimentar con mayores certidumbres y a comprender los anchurosos caminos de la creación y de sus conexiones indisolubles con la consciencia, la inconsciencia, la fuente divina y otras canteras cuasi inescrutables e intangibles que gobiernan la existencia y repercuten en los confines de Universo y en la vastedad del espacio cuántico, pues como nos enseña la vida misma todos somos uno y cada uno de nosotros forma parte del todo.

Notas

1. Bruno Rosario Candelier, Metafísica de la conciencia, Santo Domingo, Amigo del Hogar, 2016, p. 6.
2. Ibídem,p. 7.
3. Ibídem,p. 52
4. Ibídem, p.98
5. Ibídem, p. 145.
6. Ibídem, p. 158.
7. Ibídem, p. 159.
8. Ibídem, p.190.
9. Ibídem, págs.222 y 223.

La conciencia a la luz de la neurología

Por José Silié Ruiz

El distinguido intelectual Lic. Bruno Rosario Candelier, hoy nos entrega su más reciente libro “Metafísica de la Conciencia”, la que muy honrosamente para mí, nos lo dedica. La enjundiosa obra, es concedida este atardecer a la “intelligentsia” dominicana, teniendo este servidor el muy alto honor de presentarla, junto a otros distinguidos pensadores. Se han necesitado más de 15,000 millones de años de evolución de la materia y la energía para lograr un órgano como el cerebro, con capacidades funcionales creativas tan complejas como son la interpretación de una fuga de Bach, la construcción de las pirámides, el techo de la Opera de Paris por Chagall, el Guernica de Picasso, el desarrollo de una ecuación sobre equivalencia entre materia y energía, por Einstein, Resonancias espectroscópicas, y la nanotecnología. Pero, entre todas sus capacidades neuronales, se destaca por encima de todo lo demás, lo más importante: la palabra, expresión de superioridad biológica y universal, a la que hoy hacemos homenaje, máxime a las “buenas’ palabras.

Creo que cometo ante ustedes un sacrilegio mayor, casi parecido al de los dioses del Olimpo, al aceptar presentar esta obra sobre metafísica, compendio que es de mucha envergadura y complejidad para éste neurólogo, que es un simple admirador de la poesía, y en puridad de verdad me siento caer en la “temeridad” de Faetón, el hijo de Helios (el Sol) y de Climena. Habiéndole dado su padre permiso y, más de 4,000 millones de años de evolución de la vida sobre el planeta Tierra para guiar el carro del sol durante un día, estuvo a punto, por su inexperiencia, de abrasar el universo. Pero todo el que escribe admira a los escritores, el que sólo habla, puede rectificar y hasta negar lo dicho; pero lo escrito, escrito está, ahí radica la razón, es por la admiración al consagrado y prolífico escritor, lo que me motiva a realizar este acto de “bravura” de atreverme a presentar esta obra.

El autor con más de una treintena de producciones intelectuales lo convierten en un referente muy importante de la intelectualidad nacional. Es un verdadero incitador intelectual e insuperable maestro, se me antoja reconocerlo en nuestro terruño como el Ortega y Gasset dominicano. Ha realizado una titánica faena de información y formación filosófica que nunca ha interrumpido, en notas, artículos, tertulias, talleres, conferencias, que por numerosas prefiero resumir sus resultados, son “trascendentes”.

Cuando el Lic. Bruno Rosario, muy gentilmente me pidió que presentara la obra, jamás me imaginé en la tarea que me embarcaba. “La Metafísica de la Conciencia”, obra de 537 páginas, es una obra en verdad “compleja” por el tema, pero escrita en un sencillo y correcto español. En su página inicial como dedicatoria él señala: “A José Silié Ruiz, Cultor de la conciencia que edifica”, este dedicatorio homenaje viniendo del Presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, lo aprecio en su amplia dimensión y lo agradezco desde el hondón de mi corazón. Si hacemos una definición simple de lo que es la metafísica, podemos decir que es la parte de la filosofía que enfoca el estudio del ser, la naturaleza y estructuras de la realidad. Desde la antigua Grecia se trataban estos temas, teniendo en Aristóteles uno de su más ilustre representante. Importante es, que en esa época constituía el saber más elevado al cual una persona podía pretender llegar, creo que aun con el paso de los siglos no ha variado mucho esa apreciación y sustento de que todavía hoy, se necesitan condiciones de lucidez mental superiores para manejar el tema. Se hacen necesarias tener esas emanaciones divinas a las que se refiere el autor en esta obra, es ese “todo” que entraña una perspectiva de conciencia para asumir la vida, la creación y el destino, eso tan especial que ofrece el aliento inspirador para hacer de “la palabra” el cauce metafísico, estético y simbólico en conexión con la llama de la Conciencia infinitiva.

Señala el prominente literato en la introducción de su obra: “De ahí que lo más importante con que cuenta la inteligencia humana es el poder intuitivo de esta facultad intelectiva que hace posible la existencia de la

conciencia. La intuición conforma, con la memoria, la imaginación, la estimativa y el sentido común, los sentidos interiores de la inteligencia humana, de los que depende nuestra capacidad de percepción, reflexión, expresión, valoración y creación. De hecho, el arte, la ciencia, la filosofía, la mística y la espiritualidad con todo lo que ha creado la humanidad a lo largo de la historia, se ha podido hacer por el poder de la intuición, que capta la vertiente profunda de fenómenos y cosas y, sobre todo, ayuda a captar y perfilar su valor y su sentido”. Creo que estos juicios son el “lato sensum” de este enjundioso tratado. Esta obra es una mezcla de: intelectualidad superior, sensorialidad, interiorismo, estética, espiritualidad, poética, misticismo, revelaciones, fruiciones espirituales, fulgores y por encima de todo de una gran sensibilidad humana.

Como la obra trata de la “conciencia”, el autor establece desde el principio la diferencia entre “consciencia” y “conciencia”, procedentes ambas de raíces latinas, se trata de dos vocablos afines. “Consciencia” significa –conocimiento-, mientras que “conciencia” alude al -órgano del conocimiento-. Por tanto puedo decir: “Tengo consciencia de que poseo conciencia”. En sus 34 capítulos los temas de: la intuición, el lenguaje, el Logos, la creación y la espiritualidad fueron mis preferidos. En sus más de 80 referencias el autor me honra citando cuatro de mis escritos.

El cerebro es el que nos da nuestra identidad, el que seamos quiénes somos y nos hace diferentes y únicos. Cada ser humano es particular, nadie tiene igual cerebro que el otro. Es un sistema cerrado en permanente actividad, capaz de construir imágenes del mundo exterior pero siempre en base a nuestras propias experiencias, eso es lo que nos hace particulares. Esa existencia propia es producto de siglos de evolución. Al nacer un niño no lo enseñamos a chupetear, esto viene en su código cerebral. Las neuronas y las sinapsis son tan eficientes que el cerebro utiliza solo 12 vatios de energía, donde la mayoría de esa energía consumida, es para mantener un adecuado campo eléctrico a través de las neuronas y los neurotransmisores, que mediante los axones generan señales químicas y eléctricas que duran una fracción de segundo. La conciencia como las emociones y el “yo”, son estados funcionales del cerebro. Las neuronas tienen oscilaciones, vibraciones que forman una especie de danza; dependiendo del sitio que se produzcan generan pensamientos, emociones y la conciencia. La simultaneidad de esta actividad neuronal es la base de la cognición.

En el capitulo “El lenguaje de la conciencia metafísica” dedicado a la distinguida intelectual y gran amiga Ofelia Berrido señala el autor: “Una introducción a la metafísica de la conciencia implica el abordaje del lenguaje de la conciencia. Podemos hablar de la relación con la conciencia consigo misma, es decir podemos auscultar nuestra propia conciencia. La mayor parte de nuestros pensamientos son inconscientes, pero el conocimiento realmente firme es el conocimiento consciente, que viene determinado por la lengua y el desarrollo de la mente, de tal manera que es el desarrollo de la lengua lo que determina la gestación de nuestra conciencia”. Puesto que la evolución se caracteriza por el cambio, el tema nos obliga a una investigación evolutiva de la mente moderna. Comenzará la cuestión en determinar en qué forma se fue transformando la mente humana con el transcurso del tiempo. Merlin Donald, se aprestó a dar una respuesta exhaustiva en su trabajo “Origins of the Modern Mind”, publicado en 1991. Sus influencias forjaron la llamada arqueología cognitiva, y sobre esta materia la Universidad de Cambridge, Inglaterra, celebra un congreso anual.

Es preciso indicar que la primera evolución cognitiva advino con la aparición de los primeros humanos (los primeros Homos), hace dos millones de años. Utilizaban herramientas líticas simétricas, lo que significa una mente radicalmente nueva, dotada de capacidad para la representación intencionada. Es decir, que la conciencia ha evolucionado paralelamente a la evolución biológica del Homo sapiens y con ese avance, el cerebro humano en particular, se ha transformado dramáticamente.

El proceso evolutivo, condujo a la aparición de humanos con cerebros cada vez más complejos, capaces probablemente de producir vivencias conscientes. Al alcanzar el cerebro un alto índice de complejidad, surgió una mente autoconsciente, probablemente durante la evolución de los homínidos. Esta mente “autoconsciente” proporcionó los mecanismos necesarios para la síntesis de las variadas y sumamente complejas pautas espaciotemporales de la actividad neuronal del cerebro. Pero con el cerebro y la mente humana surgió también la posibilidad de transcender al mundo del momento, hasta entonces incuestionable.

Algunos estudiosos del cerebro han esbozado dos grandes formas de ¨conciencia¨, las cuales están entrelazadas. Una, que tiene que ver con las emociones y las percepciones y la que de manera lógica se nutre de las informaciones que recibimos de nuestros sentidos, es la llamada conciencia primaria. La segunda planteada, es la conciencia extendida, relacionada con la cultura y las representaciones abstractas que aprendemos del mundo actual. El hombre moderno, desde hace esos dos millones de años ha evolucionado para soñar, logrando pensar en imágenes, dando inicio a la primera revolución cognitiva, en ese período sólo existía la conciencia episódica (nuestras experiencias vividas). No sin razón tenemos representado en el (homúnculo) área motora de nuestro cerebro, la boca y la lengua de mayor tamaño que todo el resto del cuerpo. En esta obra, son citados más de 20 poemas, pues bien sabemos que son ellos los bardos los que son capaces de hacernos comprender muchas de las complejidades del pensamiento. Este desarrollo sensorial nos permite hablar hoy del “homo aesteticus”, ese que padece el síndrome de la sensibilidad y el arte.

Los bebes, antes del primer año se reconocen en un espejo, esta capacidad es parte de eso que llamamos conciencia Ese aforo cerebral, hace que nos planteemos numerosos cuestionamientos. El cerebro físico es producto de una evolución, pero “la mente” que es inmaterial ¿de dónde surgió?, dónde se esconden esas experiencias subjetivas, ¿cuál es la base fisiológica de la subjetividad? No la ha podido replicar la computadora, cómo el humano tiene la capacidad de ¨ver¨ sin ojos, de ¨oír¨ sin oídos, ¿cómo valoramos los sueños? , esa es la subjetividad de la conciencia que hasta hoy no la podemos explicar.

Si me pidieran definir la personalidad de Bruno Rosario, yo diría que es de: una fuerte y amplia curiosidad intelectual, de una actividad incasable, de una vigorosa creencia en el hombre, con la más incondicional entrega a su vocación por la enseñanza y la creación filosófica, con una extraordinaria generosidad espiritual y un inmenso amor a la verdad y a la libertad. Soy de la creencia que esta obra “Metafísica y conciencia”, hace un encaje magistral entre el accionar cerebral, lo inteligente, la creatividad, el lenguaje, la poética, lo cósmico, la sensibilidad, lo psicológico, lo espiritual y la conciencia como ninguna otra producción nacional que mi lucidez conozca. Para el autor mil felicitaciones, por entregarnos este enjundioso tratado, donde se complejiza la palabra humana, el pensamiento superior, la relación con el Cosmos, el concepto iluminado, el raciocinio, la creatividad, lo excelso, y una muy amplia explicación de lo que constituyen las manifestaciones metafísicas de nuestro intelecto, esa la que su súmmum, es la “palabra”, la que nos hace superiores en la escala biológica por permitirnos razonar, comunicarnos, planear, intelectualizar, aprender, recordar y crear. En esta obra muy acabada, se revisan muchos de los medios que la originan y cómo lograr esas enriquecedoras y trascedentes formas reflexivas de encontrar la verdad consciente, racional y estética del pensamiento, en la amplitud de la metafísica de la conciencia, muchas gracias.

La voz mística de Jit Manuel Castillo: cauce estético y simbólico de la llama divina

Por Bruno Rosario Candelier
 
A Rafael Peralta Romero,
Cultor y guardián de las voces con sentido.

 

Sin mí
puéblame contigo.
A solas con el solo
en mi soledad todos entran.
¿De dónde esta presencia
que me deja tan ausente?
Tu claridad me refleja
como espejo de tu sombra”.

(Jit Manuel Castillo, “Plegaria”)

    Encontrar un genuino poeta que también sea un auténtico místico es una grata y auspiciosa coincidencia que pocas veces acontece en el ámbito de la literatura. Esa doble dotación espiritual se ha manifestado con elegancia y primor en la obra y la persona de Jit Manuel Castillo, singular portalira en las letras dominicanas. Oriundo de Santo Domingo, pertenece a la Orden de los frailes franciscanos y escribe poesía, narrativa y ensayo. Forma parte del Movimiento Interiorista y es cultor de una hermosa lírica mística (1).

En efecto, este creador dominicano y sacerdote franciscano vino al mundo dotado de la gracia poética y la gracia mística, dones que se potenciaron con la gracia sacerdotal que lo enaltece, triple condición amartelada en la palabra divina, la acción humanizada y la creación teopoética con alta irradiación trascendente, lírica, mística y simbólica que su poesía canaliza en hermosos y densos versos henchidos de amor, belleza y sabiduría.

El lenguaje de la lírica es un abrevadero inagotable y luminoso para encauzar la onda sublime que encierra el misterio de lo eterno, que el caudal lírico y simbólico revela mediante llama sutil de la inteligencia mística y la veta fecunda de la conciencia trascendente, cauce de la intuición espiritual que la palabra poética atrapa y promueve. En la lírica mística, el lenguaje no es solo un brocal del pozo de la samaritana, sino un espejo de la trascendencia y un vínculo con la Divinidad.

El aliento divino que subyace en la creación teopoética también encauza la belleza simbólica de una visión iluminada, por lo cual la palabra de este sacerdote-poeta inspira fascinación y hondura. Su poesía es un fino cauce del éxtasis transformante, con algo de la revelación trascendente y mucho de la redención final. En la luz de su lenguaje poético refulge un cautivante sentido que edifica y enciende. Y la Llama que purifica, con el entusiasmo que enciende, se posa con su aleteo sutil en las imágenes y los símbolos de su extasiada lírica.

Las grandes creaciones literarias, especialmente la literatura inspirada en el sentimiento de lo divino, como el “Cántico del Universo”, de san Francisco de Asís o el “Cántico espiritual”, de san Juan de la Cruz, paradigmáticos textos de las letras universales, evidencias son de la creación poética de inspiración religiosa, en las que ha abrevado nuestro agraciado poeta, junto a las grandes obras clásicas y modernas de las letras universales.

Un dato significativo, en este poemario de Jit Manuel Castillo es el epígrafe que trae cada poema, con el detalle de que la frase que preside cada texto corresponde al sentido orillado en el poema y a un autor místico de las letras universales, con la excepción de una ilustre dominicana, la poeta mística Martha María Lamarche.

Desde el pórtico del poemario En la voz del silencio se vislumbra en la persona lírica la huella transformante de la mística, cuya vivencia modifica la visión del mundo y concita una conducta coherente con la iluminación de esa singular vivencia, ya que, después de experimentar la inmortal dolencia, no deja igual a quien ha sido tocado por la Presencia, como se aprecia en “Crepúsculo”:

Doy testimonio de mí
quien entró al umbral del ocaso
no es el mismo que sale.
Penetré al misterio del crepúsculo
y petrificado en su volcán
me consumió un beso compasivo.
Tocado por los sueños y la ternura
me transfiguré en pasión y caricia
y he quedado sin palabras.

(En la voz del silencio, p. 10).

En efecto, el poeta queda sin palabras, tras la experiencia arrobadora, extática y transformante. Arde el alma del poeta en el fuego del misterio, y todo cuanto ve, hace o anhela, está marcado por la singular llama divina que impacta su sensibilidad, expande su conciencia y atraviesa su decir. En ese discurrir interior fluye la vida mística, que ha pautado la existencia de Jit Manuel Castillo de la Cruz, no solo por su vocación sacerdotal, sino por su dotación espiritual y estética, como lo revelan los encendidos versos fraguados en el fuego del amor divino (2).

Sabe el poeta franciscano que la lírica mística trabaja con el lenguaje de los símbolos y las figuraciones literarias para decir lo indecible de la experiencia mística a la luz del impacto intelectual, emocional y espiritual que, como en la pasión del amor, desmaya los sentidos y cautiva el alma con la dulce sensación de una singular vivencia trascendente.

En esa peculiar experiencia interior fluye la búsqueda mística, que es la búsqueda de lo Absoluto, mediante la cual el poeta dominicano vive la más alta apelación de los sentidos, al tiempo que expresa, con el ardor de una luminosa vocación redentora, lo que subyuga su sensibilidad y enajena su conciencia. Cuando regresa de la inmortal dolencia, como es la genuina dolencia divina, su alma contagia las cosas con su peculiar energía, y todo parece responder al “fuego sagrado” que lo abrasa, incita y purifica. Entonces, el mundo le parece diferente al contemplador de lo viviente. En tanto expresión de la Energía infinita, la Conciencia mística lo cambia todo: no solo porque todo viene de Todo y hacia el Todo vuelve, como intuyeran los iluminados y contemplativos de las diferentes culturas de Oriente y Occidente, sino porque en esa comunión entrañable con la Fuente primordial del Cosmos las cosas adquieren una singular connotación simbólica y el afortunado contemplativo se transforma y se ilumina: “¿Puede una luciérnaga / ocultársele a la noche?”, se pregunta extasiado el poeta, y de inmediato se responde: “Tampoco yo puedo esconderme a Tu misterio”.

En esa integración cósmica bajo la subyugación de la experiencia espiritual se resuelve la angustia del místico. En su anhelo de lo divino, Castillo de la Cruz vive imantado al fulgor de lo divino y experimenta la indecible ‘deificación’ en el centro mismo de su alma, en cuya virtud participa del “gozoso sentir” que experimentan los  iluminados y los místicos. Ya no es el “doloroso sentir” de los poetas, según la intuición estética de Garcilaso de la Vega, sino el “gozoso sentir” de los místicos que atribuyo a los contempladores de lo divino. De ahí la inmensa alegría y el júbilo entrañable que destila el alma del místico, como se manifiesta en este poeta interiorista, que canaliza en la gozosa entonación de sus versos la radiosa expresión del corazón enamorado al sentirse elegido y enaltecido por la potencia esencial de lo viviente, que encauza en la expresión mística de lo divino. El esplendor del mundo aflora límpido y puro en el lenguaje del poeta villaduarteño, que compensa el sentimiento de anonadación espiritual ante el arrebato del Misterio que concita su honda devoción por el Creador del Mundo. Sabe nuestro poeta manejar las imágenes que dan cuenta de su estado emocional y, con su amorosa mirada mística, asume los datos sensoriales de las cosas, según testimonia en “Luz y tinieblas”, que canaliza con la advertencia del epígrafe de santa Teresa de Jesús (“Si te perdieres, mi amada./alma, buscarte has en Mí”), para cantar conmovido por el sentimiento que horada su alma estremecida:

Soy luz intermitente.
A veces
ilumino el movimiento de la noche
para esconderme de Ti
tras un brillo que enloquece.
Otras veces
solo nado entre tinieblas
perdido entre las sombras
de Tus aguas que me encubren.

(En la voz del silencio, p. 26).

Bajo su pulcra mirada escrutadora, que es una mirada de amor, del limpio amor sagrado, el sacerdote-poeta experimenta, al tiempo que vive su pasión de amor, “gemidos interiores” como el dolor de la Creación, que según el vidente de Patmos, gime y sufre. Pero nunca ese dolor suplanta ni avasalla al júbilo místico, la ternura universal, ni el lenguaje simbólico, los tres rasgos del perfil distintivo de la creación teopoética, que En la voz del silencio de Jit Manuel Castillo, formaliza soberanamente en el fuero de la sede literaria (3). Una sabiduría divina destilan estos amartelados versos del místico poeta interiorista que calza y perfila esta lírica entrañable. Y una empatía cósmica concita el aliento de su alma encendida en la fragua de lo sagrado, vínculo de la gracia que convierte el amor en quejido y el dolor en luz bajo el fuego de lo divino. Con la sensorialidad de lo viviente el poeta se hace uno con el Todo, según canta en “Nos unió el llanto”:

Nos unió el llanto en la alborada
yo me derramé en lágrimas
Tú me acompañaste con el rocío.
Y por tus ojos entreabiertos
se fugó una estrella solitaria
pañuelo de mi alma herida.

(En la voz del silencio, p. 47).

Para el que vive místicamente el mundo, que es vivirlo bajo el aliento de lo divino, todo es pasión, armonía y entrega. Se vive así místicamente el mundo como expresión de lo sagrado a la luz de la irradiación de lo celeste. Jit Manuel lo sabe y lo siente porque ha sido imantado por la llama sutil de la Presencia infinita y la pasión inmortal de la dolencia divina. Y ha experimentado la inexorable transformación que vive la conciencia del místico. Así lo expresa el poeta franciscano en “Ya no es lo mismo”, por lo cual unos versos de san Juan de la Cruz (“¡Oh noche que guiaste/¡Oh noche amable más que la alborada!”), acuartela la mirada que purifica los sentidos y, como el niño atemorizado ante el miedo de la Caperucita, evoca el lenguaje del cuento infantil, que usa como mediación de sus cogitaciones interiores:

Ya no es lo mismo
todas mis noches se siembran
 de estrellas mi densa oscuridad
está poblada de constelaciones.
Cierro los ojos para mejor sentirte.

(En la voz del silencio, p. 48).

En efecto, quienes han experimentado la sublime sensación de la experiencia mística ven lo que el común de los mortales no atisba, y vive lo que ha sido reservado a iluminados y contemplativos, que viven el fulgor de la celeste llama. Es un “fuego divino” que atiza el hondón de la sensibilidad y la purifica el sentido bajo el crisol de lo sagrado. En “Hay un ardor en mi pecho” escribe el poeta:

Hay un ardor en mi pecho
no me pertenece y me quema.
Esa pasión no es mía
me abrasa y viene de lo Alto
aunque está bien adentro.
En lo profundo
tan honda que me trasciende.
Es devoradora y me funde.
Su misterio me habita
me posee    me integra.

(En la voz del silencio, p. 52).

Entonces el poeta experimenta extrañas, profundas y contradictorias señales. Entre antítesis y paradojas resuelve el poeta la ambivalencia de su lenguaje y la “contradicción” de la “soledad sonora” o la “tiniebla encendida” de los grandes místicos que en el mundo han sido. Sin buscar nada lo tiene todo y, como el Poverello de Asís, no quiere nada para tenerlo todo. El fundador de la Orden Franciscana, a la que pertenece Jit Manuel Castillo de la Cruz, es un paradigma de santidad y ternura, y de su corazón impregnado de amor divino, brotó la poesía que canta en sus tiernas cancioncillas, rociada de la llama mística de lo viviente, que este seguidor de su vida imita y cultiva en su lírica teopoética bajo la fragua del sentido. En “Temor de Dios” nuestro poeta expresa su visión iluminada:

 No es tu presencia lo que temo.
Es al dolor que persiste
cuando me dejas.
Devuélveme a Ti
aunque me duela.
Es como único soporto no sentirte.

(En la voz del silencio, p. 78).

Y en un aparente juego de palabras, propio de la paradoja muy del gusto de la mística, el poeta expresa el anhelo de ser para la luz, viviendo en medio de la sombra bajo el fulgor del misterio, como escribe en el poema “En tu ausencia”. El anhelo de “otro cielo estrellado”, para aludir al ámbito sutil de la trascendencia, hace suspirar su alma irredenta cuando se siente abandonado, solo y triste:

En tu ausencia, ni las arañas me visitan
para tejer su amor en mi abandono.
En mi abandono, ni las arañas se agitan
para expresar por tu ausencia mi dolor.
En mi dolor me detengo en las arañas
para disimular tu abandono.

(En la voz del silencio, p. 86).

En el poemario En la voz del silencio, título traslaticio y simbólico de una cautivante creación teopoética, el emisor de estos encendidos versos canta el hallazgo que emociona al poeta, anonadado ante el Misterio y arrobado ante la Presencia que le revela el Sentido y la entrañada Luz de la Hermosura. En “Plegaria”, que sirve de epígrafe a este estudio, el poeta canta el sentimiento místico de compenetración con lo divino que, con el lenguaje simbólico de la paradoja, expresa la conmoción que lo desconcierta ante el Fulgor del Misterio:

Sin mí
puéblame contigo.
A solas con el solo
en mi soledad todos entran.
¿De dónde esta presencia
que me deja tan ausente?
Tu claridad me refleja
como espejo de tu sombra”.

(En la voz del silencio, “Plegaria”).

Desde los tiempos antiguos los poetas creen, y lo creen porque lo viven, que con su creación verbal crean un mundo verbal que formalizan en sus imágenes y símbolos, aunque estén conscientes de que la suya no es una creación ex nihilo, es decir,  de la nada, como fue la Creación del Mundo según el relato bíblico. La de los narradores y poetas es una invención que tiene su base en la tradición, el lenguaje y la memoria, aunque participan la imaginación del creador con sus intuiciones y vivencias, ya que el lenguaje forma parte de la cultura colectiva de una comunidad con sus mitos, tradiciones y costumbres.

Los escritores han evidenciado que con la palabra pueden formalizar su capacidad simbólica, como lo vive el niño a través de procesos que experimenta en su confrontación con el mundo sensorial de lo existente. El lenguaje deviene un instrumento indispensable de relación y connotación que la creación formaliza. Con la palabra encauzamos nuestra visión del mundo, que lo representamos en el lenguaje discursivo y directo, o traslaticio, metafísico y simbólico.

Desde nuestra instalación en el mundo establecemos un vínculo con las cosas y, mediante el arte del lenguaje, lo recreamos, representamos y simbolizamos. Intuimos, conceptualizamos y simbolizamos lo que pensamos, que formalizamos en imágenes y conceptos con el concurso del lenguaje (verbal, pictórico o musical) y reproducimos nuestra percepción de las cosas y creamos un nuevo orbe nominal con los signos y los símbolos de nuestro lenguaje. Y como el lenguaje es una creación, tenemos la sensación -y el primero en tenerla es el niño- de que nos apropiamos del mundo por el lenguaje que lo representa, y por eso Adán aparece en el Jardín del Edén nombrando las cosas, una forma de apropiarse de ellas nominalmente. Los poetas, que con su lenguaje recrean la realidad de lo visible y lo invisible, representan con las palabras no solo lo que acontece en el mundo interior de su conciencia y en el mundo exterior de lo existente, sino lo que subyace en la apariencia de las cosas puesto que la creación poética capta su esencia y su sentido. Y, además, perfilan la dimensión metafísica y simbólica de lo viviente. Mediante el lenguaje canalizan lo que su intuición percibe, lo que la revelación les dicta o lo que su creatividad genera mediante su visión de lo incorpóreo. Y, desde luego, la representación simbólica que atribuyen a las cosas. Justamente por el lenguaje asume el hombre el mundo, como lo hace el niño desde sus primeros balbuceos, y al nombrar y recrear las cosas el hablante las confirma, y al confirmarlas y simbolizarlas, las conjura con la magia verbal de los vocablos y el acierto expresivo de los símbolos (4).

Hay realidades sensoriales (piedra, lluvia, gorrión), intelectuales (concepto, intuición, criterio), imaginativas (mito, fantasía, ilusión), afectivas (amor, atracción, rechazo), morales (pauta, ley, ordenamiento) y espirituales (fe, contemplación, éxtasis). Los símbolos se forman con realidades sensoriales, y a las referencias objetivas, concretas y tangibles, les asignamos un nuevo sentido. Por esa razón los símbolos tienen una concreción referencial, constatable y visible y, en tal virtud, facilitan su comprensión, a pesar de la connotación metafísica que entrañan, pues siendo realidades sensibles, encarnan una faceta suprasensible, por lo cual implican un nivel de representación intelectual y de irradiación espiritual superior a la evidencia de su materialidad física. En Jit Manuel Castillo de la Cruz la luz es símbolo de la llama divina, que anhela entrañablemente para mitigar la sombra que lo anula, según revela en su poema “Entre tinieblas”:

Luz es lo único que pido:
enciende mi corazón con Tu espíritu
y disipa el vacío que me envuelve.
¿Para qué finalmente un horizonte
si en la oscuridad de Tu vientre
me descubro tu hijo muy amado?

(En la voz del silencio, p. 13).

El poeta acude a las manifestaciones sensoriales vinculadas a la luz (Sol, hoguera, fuego, alborada, crepúsculo) para canalizar la honda pasión de su sensibilidad espiritual, con la obvia alusión a la Llama infinita, como expresa en “Ser hoguera”:

Anhelo ser hoguera
abrasada entre árboles.
Consumirme Contigo
en un bosque maternal.
Mas el miedo me quiebra
detiene mis pasos
hacia el sol llameante
y anula mis pisadas.

(En la voz del silencio, p. 21).

Con la connotación simbólica de su visión mística del mundo, en “Luz y tinieblas” el poeta interiorista procura conciliar los opuestos de luz y sombra, las dos coordenadas en las que desenvuelve su sensibilidad espiritual:

Soy luz intermitente.
A veces
ilumino el movimiento de la noche
para esconderme de Ti.
Otras veces
nado entre tinieblas
perdido en las sombras
de Tus aguas
que me encubren.

(En la voz del silencio, p. 55).

Al respecto conviene advertir que hay palabras que parecen abstractas y no lo son, como el silencio, que no es una ausencia, una irrealidad o una abstracción. El silencio es una entidad sensible, sonora y elocuente. Mediante el silencio escuchamos la voz interior de la conciencia, la voz entrañable de las cosas y la voz sutil de efluvios y emanaciones de la cantera cósmica o de la Divinidad. Por eso el silencio tiene una dimensión estética, simbólica y mística, como la siente y la vive fray Jit Manuel Castillo, según plasma en su hermoso poemario místico. Se trata de voces intangibles (silencio, soledad, contemplación), que generan efectos especiales en el hondón de la sensibilidad profunda.

   La vertiente simbólica del lenguaje entraña un conocimiento metafísico del mundo y una valoración mística de lo viviente. Todo lo que sensorialmente existe puede ser objeto de simbolización. El símbolo es la representación icónica de un concepto metafísico, de un significado trascendente o de una manifestación del inconsciente personal o colectivo. Y el símbolo arquetípico, como el más alto índice de la espiritualidad trascendente, es el modelo primordial del psiquismo humano y de la sabiduría espiritual del Numen, que la poesía metafísica y la creación teopoética suelen convocar.

“En la clara penumbra”, término contrastante para aludir a su anhelo profundo, la voz lírica explora las cosas vinculadas a la luz, símbolo de su alta aspiración mística, para significar que su vida tiene un destino y, su creación, un alto sentido:

Soy una llama
y me alargo para alcanzarte.
Pero mientras más me consumo
más me alejo de Ti.
Sin quemarme, no sentiría el calor
que confirma Tu presencia.
Ahora comprendo: estás en mí
en cada vano intento por alcanzarte.

(En la voz del silencio, p.85).

Los poemas están llenos de símbolos y la literatura mística es un caudal de connotaciones simbólicas. Lo que importa es entender el significado de cada símbolo ya que cada voz simbólica tiene una connotación metafísica o mística. El Universo es un caudal de símbolos que constantemente emanan de la cantera cósmica y de la Divinidad, la fuente primordial de símbolos, mensajes, señales, estelas, emanaciones y sonidos con valor simbólico. De hecho, Dios y el Cosmos se comunican simbólicamente como ha sabido entenderlo el autor de esta obra.

Poesía intuitiva, mística y simbólica la de Jit Manuel, revela una onda de sabiduría y una estela de espiritualidad edificante y trascendente. Cuando un poema, una ponencia o una palabra de luz contribuyen a la expansión de la conciencia, hay una irradiación divina que amplía el horizonte espiritual y una honda sutil que potencia la gracia divina. La lírica de Jit Manuel revela una conexión directa, no solo con la faceta mística de lo viviente y la vertiente metafísica de la realidad cósmica, sino con la realidad esencial, pura y primordial. La mística es la más alta creación de la conciencia por la conexión que entraña con la Fuente originaria.

Se siente en este poemario que su iluminado creador es un canal de energía con una frecuencia activada en la Energía pura, un canal de Dios, como lo evidencia su lírica teopoética a través de sus símbolos arquetípicos. Quién escribe en símbolos es un vaso comunicante con lo divino mismo porque Dios habla en símbolos a través de las sutiles emanaciones de la Trascendencia. Y el alma es la puerta por la cual fluye lo divino cuando está conectada con la Fuente. Llega la iluminación y con ella el amor divino desde la fragua de lo viviente. Y como corolario, la sabiduría que edifica y la belleza que conmueve.

La obra de este poeta franciscano es un vivo reflejo del esplendor del mundo, pero un reflejo que sorprende al mismo Reflejado. Quien habla en símbolos es un canal de lo trascendente para encauzar sabias palabras con mensajes eternos, como se manifiesta ejemplarmente en  el poemario En la voz del silencio.

Por eso, al término del poemario el poeta queda “Sin palabras” ya que, en la aparente contradicción de su anhelo infinito, sintiéndose sombra, se abre a la luz ya que el derrotero final de su ruta implica fundirse con la Luz:

En el mudo silencio
de mi espacio vacío
te encuentro
sembrado en Ti
también soy la LUZ
aunque parezca Tu sombra.

(En la voz del silencio, p. 93).

Como genuino cultor de la singular vivencia del espíritu, la persona lírica que habita en Jit Manuel Castillo experimenta en el fuero entrañable de la ‘realidad sagrada’ la comunión mística con la Divinidad, y cuando regresa de la singular vivencia de lo inefable, vuelve impregnado de la sabiduría que nutre su decir con el halo secreto de lo Eterno y, en gesto de generosidad y entrega, comparte su emoción estética y su fruición espiritual en esta obra inspirada en el lenguaje del amor sagrado bajo la onda sutil de la llama que ilumina, el aliento que embriaga y la voz que cautiva.

Bruno Rosario Candelier
Encuentro del Movimiento Interiorista
Moca, Ateneo Insular, 22 de octubre de 2016.

 Notas:

1. Jit Manuel Castillo de la Cruz nació en el barrio de Villa Duarte, Santo Domingo Este, el 18 de junio de 1974. Cursó estudios de filosofía en el Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó, del Intec, entre 1993-1996. Hizo un bachillerato en artes, mención filosofía, en la Universidad Central de Bayamón, Puerto Rico, y obtuvo una maestría en Divinidad por el Centro de Estudios de los Dominicos del Caribe, en la Isla del Encanto. En el año 2011 hizo un posgrado en teología pastoral de evangelización por el Instituto Teológico Franciscano en Petrópolis, Brasil. Impartió docencia en la rama de filosofía en el Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó y en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, y teología en la Universidad Católica de Santo Domingo. Es asesor de las Comunidades Eclesiales de Base. En el vigésimo certamen literario de la Universidad Central de Bayamón ganó el primer lugar en poesía y cuento, y el segundo lugar en ensayo. Autor de la novela El apócrifo de Judas Izcariote, forma parte del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular. Reside en Puerto Rico donde hace vida pastoral y literaria.

2. El poemario En la voz del silencio, primer libro de creación poética de Jit Manuel Castillo, refleja la dimensión mística en su temática y la belleza formal en su lenguaje.

3. Esta creación poética, interiorista y mística, aporta un nuevo aliento que nutre y potencia el cultivo de la lírica teopoética en las letras dominicanas, cuyo autor, Jit Manuel Castillo de la Cruz, comparte con los presbíteros dominicanos Freddy Bretón, Tulio Cordero, Fausto Leonardo Henríquez y Roberto Miguel Escaño, la plantilla de sacerdotes y poetas místicos, que el Movimiento Interiorista impulsa, estimula y promueve.

4. Bruno Rosario Candelier, Ensayos lingüísticos, Santiago, PUCMM, 1990, pp. 247ss.

Entaponar/entaponamiento – *precinto electoral – completar/*completizar – ciber

ENTAPONAR – ENTAPONAMIENTO

“. . . se han transformado en un verdadero mercado que contribuye al eterno ENTAPONAMIENTO del sector”.

Es ya un asunto conocido que cada país tiene una manera peculiar de denominar el atasco vehicular que se produce en las vías públicas de tránsito.

En República Dominicana dirán que hubo un tapón en la fluidez del tránsito terrestre. Este tapón ha de tomarse en el sentido de entorpecimiento u obstrucción en la circulación vehicular. Con las expresiones y explicaciones anteriores se pretende demostrar que el verbo y el nombre del título están bien formados y, en consecuencia, merecen el reconocimiento de la lexicografía.

En este tapón antes mencionado encuentra su origen el verbo entaponar que es de pura cepa dominicana; aunque no conste en ninguno de los diccionarios dedicados al habla de los dominicanos. En este verbo puede argüirse que se expresa lo que sucede o actúa (en forma) de tapón, “en tapón”, más la terminación –ar del verbo.

En tanto fenómeno natural, el verbo llama por un sustantivo que denomine el efecto o resultado del impedimento o dificultad en el flujo vehicular. La creatividad popular no tardó en producir el entaponamiento.

Las dos voces del título son moneda corriente en el español dominicano. A tal punto esto es realidad que los hablantes y estudiosos del español dominicano no detectaron la singularidad de las voces. Como consecuencia de lo anterior hay que aceptarlos en el habla y en la escritura dominicanas.

Del mismo modo en que se ha procedido en otras ocasiones, en esta se llama la atención de los diccionaristas para que tomen nota de este vocablo y lo consignen en los futuros diccionarios diferenciales.

*PRECINTO ELECTORAL

“. . .dependiendo la cantidad de votantes que tenga cada PRECINTO ELECTORAL. . .”

Como paso previo, antes de adentrarse en el tema de la sección, ha de tenerse en cuenta que el gerundio “dependiendo de” funciona como adverbio. De la manera en que se ha expuesto antes, este llama por la preposición de que no aparece en la cita.

El error del precinto lleva la señal de historia muchas veces repetida. Precinto en español es un sello o atadura para mantener cerrada una cosa de forma que si se rompe, se note. Una vez destacada esta acepción queda demostrado que eso de “precinto electoral” es un disparate.

Más abajo se examinará de donde procede la confusión y, cuál fue la palabra que debió usar el periodista en este caso.

Como tantas otras equivocaciones esta también viene del inglés. En esa lengua la voz precinct es la que por su parecido propicia el desacierto. En lengua inglesa esa palabra corresponde al español recinto que en español significa espacio cerrado por unos límites.

Como la voz del inglés por su parecido con la del español, se la toma por la semejanza y se incurre en error en los casos en que se traduce por *precinto policial, cuando se refiere en realidad a la estación, destacamento, comisaría de policía, o a la jurisdicción de esas.

En otras circunstancias la palabra del inglés se traduce de manera distinta a lo ya mencionado, pero esos casos se dejarán fuera de este escrito para no abrumar a los que no están expuestos a estas barbaridades. Tómese el último vocablo de la oración anterior con su valor de “dicho disparatado”.

La voz del inglés en el contexto de la cita corresponde en español a la “circunscripción de sufragantes, distrito electoral”. En iglesias y catedrales es “recinto”. Con relación a ciudades y lugares de habitantes es, “alrededores, afueras, barriadas”.

Si todos los recipientes de bebidas alcohólicas en la República Dominicana tuvieran un precinto, se haría más difícil adulterarlas sin que los compradores se percataran de los hechos. Este precinto es un sello que el fabricante coloca para seguridad del consumidor.

COMPLETAR – *COMPLETIZAR

“. . .la corrupción ha estado vinculada a las actuaciones de los funcionarios públicos. . . pero hoy día SE COMPLETIZA porque utilizan técnicas más sofisticadas. . .”

Antes de entrar en el meollo del asunto de esta sección vale la pena que se revise el acierto en la selección de la palabra “técnica”. En lugar de eso pudo escribir el articulista “procedimientos, recursos, medios, métodos”. La palabra técnica trae consigo un tufillo a mecánica, a las actividades relacionadas con la construcción y fabricación de cosas, o, con ciencias aplicadas a lo mencionado.

Ya en ocasiones anteriores se ha escrito acerca de la necesidad que sienten algunos escribientes de crear nuevas palabras. En algunos casos, se ha argumentado, la creación responde a una necesidad; en otras ocasiones son el fruto de la ignorancia o la necedad.

En el pasado de la lengua pueden encontrarse muchos ejemplos de nuevas voces que son más largas que las originales que tratan de reemplazar. Algunas de estas tuvieron influencia de la lengua francesa. En el caso presente en esta sección hay un rasgo que evoca esta posibilidad, pues se nota la incorporación de las dos letras iz en tanto infijo en medio del verbo del español tradicional.

Si cupiese como explicación podría proponerse que con este nuevo verbo lo que pretendió su creador fue hacer “más completa” la acción a que se refiere para, si se puede, perfeccionarla. Es posible que lo que buscaba el autor de las frases transcritas fuera destacar “acabar por completo” el proceso de la corrupción, en el sentido de agregarle mayor eficacia a la acción a que se refiere.

Aunque se pretenda suplir explicaciones para encontrar el origen de una creación de este género no cabe duda de que la razón es muy personal del autor y permanece sin reflejar una necesidad de la lengua.

No se escribe aquí que la extraña voz no exista, sino que todavía no es reconocida por la mayoría de los hablantes. Parece una creación aventurada sin futuro promisorio.

CIBER

“. . . y acerca de las preocupaciones mutuas, en materia de CIBERSEGURIDAD”.

La ciencia, el avance tecnológico y el progreso en general han impulsado el uso de palabras que llevan este ciber en su composición. No sobra que se recuerde que el desarrollo de las actividades en el campo cibernético provino de los países más desarrollados científicamente y, que la divulgación se operó desde la lengua inglesa.

En la actualidad se reconoce a ciber- en tanto elemento compositivo. Este elemento compositivo proviene del inglés cyber-. Ya en el diccionario académico del año 2001 aparecieron asentadas las palabras ciberespacio, cibernauta,  cibernética como sustantivo y, cibernético, ca como adjetivo.

El uso ha ido incorporando vocablos formados con este ciber-, como por ejemplo, ciberataque, cibercafé, cibercentro, cibercomercio, ciberdelito, ciberdelincuente, cibercultura, ciberespacio, ciberperiodismo, ciberlenguaje, ciberguerra, cibersexo, ciberseguridad, ciberterrorismo y cibertienda. La lista no termina ahí, pues se irán incorporando en el futuro más voces.

Hay que destacar que algunas de estas palabras no han sido reconocidas por los diccionarios generales de la lengua española. En su mayoría son adaptaciones de voces del inglés para situaciones, hechos o circunstancias de la vida moderna.

© 2016, Roberto E. Guzmán.

La mujer en la narrativa de Manuel Salvador Gautier

Por Miguel Solano

Para oficializar mi ingreso en el grupo de narradores de la Academia Dominicana de la Lengua, conocido como Mester, pronuncié un discurso titulado “Protagonismo oculto de la mujer en la narrativa Dominicana”. La tesis esencial del discurso fue demostrar que la mujer se había ocultado en la narrativa para adueñarse del control de los protagonistas y de esa forma explicar la historia de los hechos tales y como ocurrieron a partir de acontecimientos que fueron generados por el amor, un hijo predilecto de la poesía, la música y la libertad del pueblo quisqueyano. Tres mujeres, que en el transcurrir del tiempo resultaron ser las mismas, actuaron en tres obras tomadas como ejemplos de lo que el autor quería demostrar.

En “El Sueño era Cipango”, de Bruno Rosario Candelier, una diosa indígena llamada Toeya fue la diseñadora del “Misterio de la Fe Creadora”, que así llamo esta aparición misteriosa de la mujer en el mundo creativo. En “TIEMPO para HEROES”, de Manuel Salvador Gautier, la hacedora del milagro lo fue Zaida Guerrero y en “Las Lágrimas de mi Papá”, la mujer que se apoderó del destino del protagonista lo fue Josefina Rodríguez de Solano. Aquí nos interesa ocuparnos, única y exclusivamente, de las mujeres en la narrativa de Manuel Salvador Gautier.

Pues bien, “Tiempo para Héroes” son cuatro novelas. La primera, “El Atrevimiento”, tiene 242 páginas, en esa parte, Zaida Guerrero no aparece. En la segunda, “Pormenores del Exilio”, con 240 páginas, nuestra protagonista oculta inicia su vida en la página 13. La Tercera, con 217 páginas, lleva como título “La Convergencia” y la cuarta, con 130 páginas, tiene por nombre y apellido “Monte Adentro”.

El propio Don Manuel Salvador Gautier confiesa, en una conferencia titulada “El arte y la técnica en la novela”, dada en la Biblioteca República Dominicana, el 26 de julio de 2007, que “Tiempo para Héroes se inicia en Santo Domingo, en el momento en que su protagonista principal, Guarionex Pérez, pelea con un compañero de escuela en enero de 1958 y termina cuando éste muere en julio de 1959. El pleito hace que Guarionex sea enviado a Santiago, donde conoce al otro protagonista, Publio José Santamaría; allá, sin proponérselo saca a su tío Tutín Tejera de un atolladero; el tío, un rico empresario, agradecido, paga su viaje a Nueva York…y así sigue. Lo curioso es que, cuando la comencé, no sabía que todo esto iba a suceder. No había establecido una trama a seguir. Fui creando los episodios, las situaciones y las intrigas según escribía la novela”.

Don Manuel Salvador Gautier, nuestro laureado novelista y Coordinador del Grupo Mester, fue poseído por una maravillosa mujer que se hizo con todo el coraje, la belleza, la inteligencia y la astucia que debía tener una luchadora contra la maquinaria criminal de la tiranía Trujillo-Balaguerista. Y esa mujer reaparece, en su mismo rol de protagonista oculta, en las demás obras.

Liliana Nadal, en “Un árbol para esconder mariposas” aparece en la imaginación de Tian, el protagonista, con un extraordinario poder, podríamos decir que con el mayor poder que una mujer puede tener sobre las ilusiones de un hombre, pues aparece como su fuente inspiradora para su masturbación: ¡Qué sacro santo poder!

Liliana tiene que luchar contra esa mezcla de estupor y desaliento que significan el tener una relación no aceptada ni por la familia ni por la sociedad. Y esa relación la concluye sembrando un árbol para comenzar a comprender, hecho que aparece como una profecía en el nacer y surgimiento de Barack Obama como líder mundial y presidente de Los Estados Unidos de Norteamericano.

Doña Esclarí Pallares y Huguet es la protagonista oculta en “Dimensionando a Dios”, quien aparece en un monólogo que Don Felipe Aguedó, tutor de Juan Pablo Duarte, el protagonista, sostiene sobre ella, pues le ha sido ofrecida como posible esposa. Esclarí tiene como misión el asegurarse de que la empresa de su padre sea administrada por una persona con la capacidad suficiente para generar las ganancias que se necesitan para conseguir la libertad de su pueblo y como le fue ofrecida en matrimonio al señor Felipe Aguedó, negocia con éste el acuerdo, demostrando en el proceso, aunque realizado en la década del 1820, una capacidad de negociación propia de la literatura de crecimiento individual que inició su Boom por los años 1980. Lo maravilloso de esa capacidad de negociación demostrada por Esclarí es que, aunque se adelanta 160 años, no ofende al lector, pues envuelve su requerimiento en una obra de amor y por amor: La lucha por la libertad. Tan pronto Esclarí aparece en la novela la obra toma su real dimensión: Juan Pablo Duarte encuentra su camino hacia la liberación de su conciencia y de su patria, de esa Quisqueya que había abandonado. Así su regreso por la libertad de su amado pueblo se hace lúcido y esplendoroso.

Estas mujeres han penetrado hasta el dormitorio creativo de Manuel Salvador Gautier y han purificado el oxígeno de sus dramas. Ninguna de ellas ha tenido excusas a la hora de defender la poesía, a la hora de defender la música, la libertad, el amor y la Patria.

Se entregan con pasión, con placer, con voluntad a la causa abrazada. No hay dudas en ellas, no vacilan, no son personajes enfermizos, criaturas sin desenfrenos, sino que son mujeres con un claro discernimiento acerca del bien y el mal, dones que quizás MSG no les concedió, pero que supo desarrollarles, como ese de que aceptan la fácil moral de su siglo, pero exigiendo siempre purificarla hacia un estado de libertad superior.

No le tienen horror a la soledad. A las mujeres de MSG amarlas no es un error, compadecerlas no está aceptado porque ellas no sufren de ceguera del corazón, de sordera del alma o de mudes de la conciencia, porque ellas, cuando se trata del Amor y de la Fe, aprendieron a hablar lenguas puras.

¿Cómo llegó, en el sicológico mundo de sus personajes, MSG, a concebir mujeres de esta estirpe, quisqueyanas de esta clase? O, ¿cómo mujeres de esta estirpe, quisqueyana de esta clase, lograron penetrar en las necesidades espirituales de MSG?

Para mí, resulta una bellísima especulación imaginarme a MSG, con 11 años, oculto en un oscuro rincón de su casa materna leyendo a “La dama de las camelias”, de Alejandro Dumas. Allí, como Armando Duval, lloró hasta el delirio los padecimientos de Margarita Gautier, vivió su amor y lo sufrió. Y en su subconsciente debió haberse formado la idea de no hacer, jamás, a ningún ser humano llorar como él lloró, sufrir como él sufrió, amar sí, pero amar causas que el amor impulse, no causas que el amor destruya. Y Margarita Gautier sufrió tanto, que aun en sus momentos fuertes, sus argumentos eran una muestra dolorosa de su debilidad. Especulo que fue así, por oposición, como concibió la idea de que sus mujeres fuesen personajes que:

1-Tengan causas sociales a las que asocien su amor, a la que unan su evolución espiritual.

2- Que sean mujeres con capacidad para imponer sus criterios y lograr el triunfo de la poesía, la música y la libertad como fuerzas asociadas al amor, al sentimiento que nos redime.

3- Que sean mujeres con capacidad para obligar al hombre que les ha profesado su amor, a asumir las causas que ellas defienden.

4- Son mujeres con una preparación profesional admirable, sin importar el tiempo histórico.

5- Si sumamos las características que identifican a las mujeres de MSG, podemos resumirlas en una: son la antítesis de Margarita Gautier.

6- Solo hay una condición de Margarita Gautier de la cual MSG no pudo librarse, -¡y es bueno que así sea!-, esa característica es la belleza, el extraordinario encanto de la cortesana francesa.

7- Las mujeres de MSG, como Penélope, no son tejedoras de décadas, sino batalladoras de días, en cierta forma, compactas, seguras de sí mismas, sólidas como columnas del palacio social en construcción.

©Miguel Solano

La fascinación de la rosa, novela de Manuel S. Gautier

Por Ofelia Berrido

Esta obra novelística se inicia con una percepción cruda dirigida al lector. Se nos echa en cara ser pulga, animal que se nutre de otro animal: un perro callejero que deambula buscando comida en la basura. Simbolismo de una sociedad salvaje que se nutre de lo peor. Organismo al cual nos aferramos con garras para seguir adelante a como dé lugar. Chupar y chupar es la salida de sobrevivencia, porque lo otro, según nos dice…”es esperar que el perro se rasque y nos aplaste o nos lance en el vacío con una sacudida de su lomo”. No hay escapatoria en el mundo de esta percepción de Manuel Salvador Gautier.

Me sorprende y entusiasma conocer esta nueva faceta del autor: La profundidad y el alejamiento del mundo real cotidiano e histórico a que nos tiene acostumbrados en sus obras previas. Se muestra un Gautier reflexivo que penetra un universo de pensamiento mucho más complejo y se despoja de todos los tabúes ancestrales para reconocerse transformado por una nueva conciencia. El autor de la obra se abre a nuevas experiencias en un lenguaje mítico cosmogónico lleno de simbolismos.

No sé si la ideación de esta obra ha sido la clave que ha abierto las puertas de su nuevo imaginario o si es la madurez de un hombre en búsqueda lo que le ha llevado por nuevos senderos, pero el cambio es radical.

La obra está dividida en dos partes que pudiéramos catalogar como dos planos fuertemente diferenciados: la “realidad cotidiana” y el “realismo mágico” que a medida que avanza la trama se integran para formar la “única realidad”. La primera, nos muestra al Gautier conocido que se desplaza con facilidad en el dominio de la técnica que ha hecho de él un laureado escritor: diálogos naturales y espontáneos que intercalados con el uso del monólogo interior dan verosimilitud a lo narrado; una unidad lingüística manifiesta en enunciados bien estructurados a través de una coherencia y cohesión entre los hechos nos permite entender lo comunicado y hacer una lectura fluida sin exabruptos; una narrativa límpida que se desplaza de forma admirable; excelentes descripciones que nos permiten situarnos con comodidad en un telón de fondo bien constituido con párrafos breves y bien armados. Estas descripciones y la ambientación justa, ensamblados junto a diálogos apropiados y precisos, dan el tono perfecto a cada situación. El tiempo interno de la historia y el tiempo externo o histórico donde sucede se engarzan para convertir el tiempo en un personaje que define destinos. En esta obra el tiempo y espacio son el absoluto, lo inmutable donde todo es posible: Se trata de la ontología divina.

Hay varios recursos que nos llaman la atención: la facilidad con que el escritor puebla su novela de personajes con motivaciones claras que se internan y retiran de la historia con naturalidad; el uso frecuente de anglicismos al estilo Borges le dan una nota cosmopolita y define los grupos sociales que los emplea; y el uso notorio de sus conocimientos arquitectónicos y retratos de ciertas costumbres de nuestro país.

Pero pasemos al argumento: Federico Nadal el protagonista, un hombre solitario, abandonado por su esposa y descuidado por sus hijos se enfrenta a un hecho inesperado: una mujer entra a su vida para cambiarla de raíz. Termina el tedio y la dama se convierte en una puerta que lo lleva por un nuevo sendero. Se enamora. La musa es un pretexto que la vida le ofrece para provocar una transformación. Ella antes de aceptar su amor le exige que supere varios retos. El escritor utiliza el recurso cardinal de las novelas griegas, bizantinas y de caballerías: las pruebas. Esta novela de aventuras utiliza el esquema argumental arquetípico donde el héroe debe vencer los obstáculos que la vida le brinda para lograr alcanzar lo que busca: la meta final que se presenta como el amor de sus sueños. Luisa Escobar es la “Dulcinea del Toboso” de esta obra. Las aventuras en las que se ve envuelto Federico tienen un aura especial, son hazañas vividas con intensidad y entrega por el alto significado que encierran: el logro de la espiritualidad y de ahí el carácter único de cada aventura a que se expone.

Tres son las pruebas: primero, sobreponerse al mundo físico a través de la acción. De esta prueba sale airoso evidenciando su bondad y compasión, pero son las restantes aventuras las que hacen del libro una obra diferente a todo lo escrito por el autor… Una de ellas le muestra el mundo del vudú, y luego el cristianismo en el viaje que realiza desde el Este de la isla hacia Haití y luego, el regreso que cierra el círculo. Federico experimenta la fuerza de los elementos y se estremece tras cada prueba. Nota su sostenida transformación y tras cada superación recibe una rosa como símbolo del ascenso espiritual.

El tema religioso es tratado con respeto y sin los prejuicios que con frecuencia son manejados. El protagonista visita un templo vudú y al ver el ceremonial se sorprende de lo que ve y piensa…

“Me mira fijamente; no comprende la razón por la cual niego un lugar donde cada objeto natural o construido es receptáculo de la divinidad. Los arboles, los bohíos, la enramada, el piso de tierra de este lado del riachuelo, son el templo…”

Esto nos hace recordar las catedrales góticas como la de Chartres, y hasta la nuestra “La Catedral Primada de América”, hechas por artesanos virtuosos de la arquitectura sagrada, símbolo de la naturaleza y el universo con las columnas posicionadas como arboles del bosque al lado del sendero y los techos… bóvedas de crucerías como ramas que se entrecruzan. Tierra, naturaleza viva, fecundidad, fruto, vida y renacer…

Federico no se suma a la nueva realidad religiosa con que se encuentra sino que esta le sirve de catalizador para enfrentar sus propios fantasmas. Entiende claramente la simbiosis de culturas y está listo para conocer lo que se le presenta.

Lo que toca emocionalmente a Federico no es la aventura misma sino el significado transcendente que esta pueda tener y el cómo impactará su vida. Federico se enfrenta a lo desconocido para restablecer el orden perdido: Busca encontrar la felicidad malograda, pero en el proceso se descubre a sí mismo y descubre lo que para el protagonista es la necesidad de una religión que vea al ser humano como parte de la naturaleza y no separado de ella.

Esta obra se trata de la relación entre la aventura y el autoconocimiento del que habla Georg Simmel o como diría Carlos García Gaul: “esta aventura es en el fondo un asunto privado”.

“La fascinación de la rosa”, novela de aventuras de Manuel Salvador Gautier, es el viaje interior de iniciación de Federico Nadal: un viaje que tarde o temprano realizaremos todos…

Artículo publicado en la Revista literaria “Areito”
Periódico Hoy
Sábado 19 de mayo de 2012

Toda la vida, la historia como estrategia narrativa

Por Fernando Cabrera

El libro reciente del escritor Manuel Salvador Gautier, Premio Nacional de Novela 1995 otorgado por la Secretaria de Educación, Bellas Artes y Culto, 435 páginas, editado en los talleres de Editora Corripio, es un extraordinario esfuerzo de compendio de los anhelos y frustraciones de varias generaciones de dominicanos. Entre sus interesantes páginas de forma sistemática, reiterativa, incisiva y consciente, se van hilando lugares de nostalgia tanto físicos como ideológicos.

Hondas referencias de heroísmo y dolor a través de más de seis décadas de discurrir (1932-1992). Sesenta y dos años de soledad y donde todos los agentes históricos, con sus nombres y apellidos (se pueden observar en la portada, ambientados por el óleo de 1963 Hombre y Tambor de Paul Giudicelli: Rafael Leonidas Trujillo, Joaquín Balaguer, Rafael Bonnelly, Juan Bosch, Antonio Guzmán Fernández, Salvador Jorge Blanco y Donald Reid Cabral. Todos van desfilando con sus vestiduras de odio o redención, marcándonos de forma inexorable igual que lo hace el tiempo.

Tan intenso es el aroma de los hechos, de las implicaciones de los sucesos acecidos en la realidad dominicana recién pasada, que en la mayor parte de la obra resulta transparente, cuando no irrelevante, el drama de ficción que el autor presenta como eje axial de la novela. Importa más el devenir de Manolo Tavárez Justo o el contenido de la arenga radial pronunciada por José Francisco Peña Gómez a favor de la gesta constitucionalista de 1965, que el destino fatal o feliz de Juan Manuel Serra, “Chuchú”, personaje principal de Toda la vida. Dicho personaje y su familia, con una Idalia que al final se nos acerca a la Doña Ursula de Gabriel García Márquez, en suerte de criollos “Forrest Gump”, celebrada presentación cinematográfica que le valiera el segundo Oscar al actor Tom Hanks, son presentados como elementos motorizadores de primer orden en el escenario socio-político nacional.

Desde su privilegiada posición de familia perteneciente a la clase alta capitalina se van involucrando, en paradoja, como contrapeso a un accionar represivo e injusto, representado primero por Trujillo, luego por los esbirros adeptos a la idea de prolongación de la nefasta era, a los gestores del golpe de estado de 1963 y posteriormente, por Balaguer, a raíz de su ascenso al poder gracias al apoyo logístico de los Estados Unidos de América en su segunda invasión a nuestro territorio y posteriores reelecciones en la década del 70.

Siempre algún miembro de la distinguida familia, sobre todo “Chuchú”, aparece involucrado en alguna noble, desinteresada o heroica gestión, en cada suceso relevante. El autor se las ingenia para colocarlos en posiciones determinantes: luchadores anti-trujillistas, miembros o simpatizantes del movimiento 14 de junio, combatientes de la guerra de abril, patrocinadores de la oposición política encabezada por el Partido Revolucionario Dominicano durante los 12 años de gobierno Reformista, etc.

De lo anterior se deduce que no es casual que gran parte del presente análisis se refiera a vinculaciones históricas de la obra. El autor nos sujeta, quizás dejándose arrastrar más por una arraigada vocación de Herodoto que por inclinaciones de trapecistas de fábulas imposibles o por la devoción por lo lúdico en la palabra. Son importantes las aportaciones del autor en Toda la vida, para el entendimiento de un período tan históricamente determinante como éste, pues permiten un acceso diferente, ameno, didáctico, a los hechos, que bien podría ser aprovechado por nuestros académicos en los centros de enseñanza tanto del nivel de bachillerato como universitario. Lo anterior es, claro, a sabiendas de que se trata de una versión particular que puede, por lo sugestivo de todo mirar humano, ser cuestionada; sobre todo a partir de que en Toda la vida la realidad concreta se confunde en nebulosa con los elementos imaginarios y afectivos con los cuales el autor reviste personajes, escenarios y situaciones.

La utilización de la historia como recurso literario es totalmente válida en memorias y biografías, sin embargo, puede resultar peligrosa, por lo absorbente, en la novela. En este género lo importante será, como refiere Milán Kundera, la indagación de la vida, de la experiencia humana vertida en personajes creados, en la trama de carácter esencialmente ficticia narrada, donde la realidad presta esquemas referenciales característicos, elementos de verosimilitud. La trama respetará solo las leyes dictadas por su propio universo interior. La novela se debe percibir flotante, como melodía de jazz, con patrón previsible a voluntad del creador, alejada de todo afán documentalista.

La preponderancia de los hechos en Toda la vida hace que la historia abandone por momentos su función contextual, de sustentación, para pasar en orden protagónico a convertirse en propósito argumental. Por lo anterior, más que como novela histórica este texto podría ser percibido en ocasiones como historia novelada, donde los personajes de ficción son acomodados a la realidad para completar el punto de vista (a favor o en contra, sentido o sufrido) del narrador omnisciente que es en todo momento el autor.

En las novelas como Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván, Sobre Héroes y Tumbas, de Ernesto Sábato, Sólo Cenizas Hallarás, de Pedro Vergés, incluso en La Insoportable Levedad del Ser, de un Kundera agobiado por la invasión Rusa a su país natal, Checoslovaquia, las situaciones temporales sirven como justificantes de la psicología de los personajes, el uso de relaciones históricas tiene una valoración distinta y una incidencia de menor cuantía, que precisamente permiten un mayor vuelo de la imaginación de los autores, con lo cual enfrenta mayores riesgos personales, tentaciones y, por lo tanto, más íntimos hallazgos. Todo debido a que el lenguaje como tal no es sólo medio, sino meta.

Dado el indiscutible oficio de escritor y la intuición estética que Gautier muestra al armar un epopéyico conjunto de obras coherentes, fascinantes, con una escritura depurada y comunicativa, y dado los significativos logros acumulados hasta el momento (también alcanzó el premio nacional de novela de 1994 con su tetralogía Tiempo para héroes) es seductora la posibilidad de una obra suya de absoluta ficción o, al menos, de mayor preponderancia de los imaginario sobre circunstancias temporales.

El Caribe, 18 de enero de 1997
Suplemento Literario

 

Aporte narrativo de Manuel Salvador Gautier

Por Rafael Peralta Romero

En cierta ocasión, en medio de una tertulia que se celebra al final de la semana cultural ArteMiches, en junio de cada año, un joven dirigió una pregunta a Manuel Salvador Gautier en la que insinuaba que la  poca proyección de los escritores dominicanos en el exterior era debida quizá a la ausencia de autores  de  suficiente calidad para ello.

Gautier, que suele ser humilde y comedido,  respondió en forma enfática su valoración de la literatura dominicana, incluyendo en su respuesta un juicio sobre sí mismo con expresión “Yo soy un escritorazo”. Y a mí me ha gustado  esa apreciación gotieriana porque creo que es verdad. Su obra, que es rica en volumen y consistente en valor literario,  está ahí para justificarlo.

Manuel Salvador Gautier ejerció a plenitud la profesión de arquitecto desde 1955,  cuando egresó de la Universidad de Santo Domingo,  y al mismo tiempo fue diseñando en su conciencia  un proyecto  literario de múltiples dimensiones, del  cual se han desprendido  casi docena y media de novelas.

A principio de la década de los 90, Gautier comenzó a publicar novelas. Desde entonces a la fecha, ha publicado  unas dieciséis  obras de este género, la más reciente de las cuales es  “Gregorio y su mundo perfecto”, 2016.

A continuación las obras narrativas publicadas por Gautier:

1-EL ATREVIMIENTO. 2-PORMENORES DEL EXILIO. 3-LA CONVERGENCIA. 4-MONTE ADENTRO, 1993. 5-TODA LA VIDA, 1995. 6-SERENATA, 1999. 7-BALANCE DE TRES, 2002. 8-HISTORIAS PARA UN BUEN DÍA, 2003. 9-EL ASESINO DE LAS LLUVIAS, 2006. 10-UN ÁRBOL PARA ESCONDER MARIPOSAS, 2009. 11-DIMENSIONANDO A DIOS, 2010. 12-LA FASCINACIÓN DE LA ROSA, 2010. 13-TRES COSAS TE OFREZCO, 2011. 14-EL MISTERIO DE LA CORBATA VERDE, 2012. 15-LA MALA MAÑA, 2014. 16-GREGORIO Y SU MUNDO PERFECTO, 2016.

Dada la amplitud de la  producción novelística de Gautier,  conviene  un enfoque  generalizado, aunque  haré particularizaciones con algunas obras y he incluido opiniones de otros autores en torno a libros específicos de este prolífico autor.

Algunos novelistas y cuentistas persisten en el empeño de construir obras narrativas al margen de la realidad, esa misma realidad que viene a menudo repleta de hechos y situaciones mucho más novedosos y extraños que aquellos que pueda crear la imaginación.

Prescindir de la anécdota en la composición de la obra narrativa ha formado parte de una corriente que, a mi modo de ver, puede complacer a críticos y especialistas literarios, pero nunca a los lectores de cuentos y novelas, quienes buscan emociones en las historias  y desean que éstas les cuenten algo que los toque interiormente.

Los historiadores, cuando pretenden para la historia la frialdad de las ciencias exactas, desdeñan los detalles de la intrahistoria. Quizás porque no se sustenta en pruebas documentales y se le trata despectivamente como anécdota. La intrahistoria se alimenta a veces de menudencias, de hechos pequeños que no siempre trascienden, lo cual no niega su importancia intrínseca.

Pero el desprecio de la anécdota no es exclusivo de los cientistas sociales, pues como dije antes, hay corrientes en la literatura de ficción que pretenden prescindir de ella para referir hechos imaginarios y narraciones literarias que no cuenten, sino que sugieran.

Desde luego, que la literatura no deja de ser creación porque el autor se haya fundamentado en hechos y personas reales para diseñar sus personajes y atribuirles los hechos que constituirán la trama de una novela, de un cuento, un drama teatral o el guion de una película.

La novela, por ejemplo, es el género que más se nutre de la historia, sin que sus propósitos y su forma de elocución puedan confundirse con esa ciencia. La función de una y de otra están claramente definidas y diferenciadas, no obstante las coincidencias que pueden encontrarse.

Nunca un historiador revela tan detenidamente las interioridades de una persona, como lo hace el novelista con sus personajes, que al fin y al cabo son personas proyectadas con otras perspectivas. El buen escritor ha de tener mucho de sicólogo para penetrar en el personaje y escrutar lo más íntimo, peculiar y útil de éste para realizar su trabajo de creación.

Escribir una novela conlleva el despliegue de inteligencia, imaginación, formación y dedicación.  La primera necesidad que  ha de satisfacer un escritor que se proponga incursionar en la novelística, debe  ser  mirar lo que ocurre o ha ocurrido en su entorno, penetrar en ello, captarlo, asimilarlo, transformarlo, procesarlo y devolverlo a la sociedad como obra de arte.

En  varias de las novelas de  Manuel Salvador Gautier, los personajes han sido tomados de la realidad, pero observando y dimensionando aspectos que a  los historiadores poco importan. Lo hace como un maestro  en el arte de bucear en el alma humana y revelar interioridades de la misma, que debe ser propósito de todo hacedor de personajes.

La diferencia entre un historiador y un novelista podría cifrarse en que  mientras el primero  relata los hechos  registrados y comprobados, el segundo  elabora su obra  a partir  de hechos que han pasado,  hechos que pasan y hechos que podrían pasar.

Bruno Rosario Candelier,  en su ensayo Fundamentos de la novelística de Manuel Salvador Gautier, ha señalado lo siguiente:

“Hay también una estrecha relación entre historia y mito. Todo novelista se vincula de alguna manera con esos dos aspectos de la cultura y la sociedad: con la historia, porque se nutre de la realidad y se alimenta de los hechos del pasado, aún más si se trata de un novelista que recrea la historia como lo ha hecho Gautier; pero al ser novelista y no historiador, el creador de ficciones tiene cierta relación con el mito, por lo que esa dimensión de la cultura antropológica comporta para la literatura”. (1)

Con la tetralogía “Tiempo para héroes”, Gautier adquirió el sello de autor de novelas históricas,  consideración que se acentuó  sobre todo con las novelas “Toda la vida”, “Serenata”, “Dimensionando a Dios”, “Balance de tres” e “Historias para un buen día”. Pero  hay que decir que mejor que escribir novelas históricas, Gautier erige sus obras  sobre cimientos  de hechos reales a los que trata como ha de tratar un novelista  la realidad.

Sélvido Candelaria considera que “Tiempo para héroes”  trata de la biografía secreta del autor,  mientras  Fari Rosario apunta que  “Gautier asume la literatura como un benevolente arte que le permite aproximarse al ser y a las encrucijadas históricas  del hombre dominicano”  (2).

Escribir una novela ceñido  a acontecimientos reales y serle fiel a fechas, nombres, lugares, ocurrencias y situaciones es un esfuerzo inútil. Escribir una novela sin derecho a la invención debe ser  un tremendo suplicio.

“La historia es pues, –afirma José Alcántara Almánzar- el telón de fondo de la novela, aunque me parece que sería una camisa de fuerza hablar de este caso de novela histórica en el sentido estricto” (3)

Algo más complejo todavía  es  observar  en la novela un rechazo  a la realidad. Esta apreciación corresponde a  Rosario Candelier y llama la atención porque él la plantea como una paradoja. Se rechaza la realidad, infiero, y se fabula a partir  de esa misma realidad, que es lo que hace Gautier.   “Porque la novela encierra –dice Bruno-  un profundo rechazo a la realidad, sobre todo a la faceta  indeseable de la realidad. Ese rechazo a la realidad nefasta es lo que mueve la vocación de ficción del ser humano…” (4).

De modo que Gautier  trata en sus novelas  los avatares de los dominicanos  en lucha por las libertades ante la opresión de la dictadura de Trujillo,  enfoca los levantamientos  guerrilleros para derrocar la tiranía, se ocupa de la  primera invasión  de Estados Unidos a nuestro territorio,  en una novela nos cuenta la vida  de Salomé Ureña y su esposo Francisco Henríquez y Carvajal y por igual dimensiona la figura del padre de la patria, Juan Pablo Duarte, en otra novela.

Muy recientemente ha publicado una novela, primera de una saga,  “Gregorio y su mundo perfecto”, que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se inició en nuestro país la construcción del sistema de comunicación vial, tanto por carretera como  ferroviaria.

En torno a esta novela  me permito  incluir un juicio de Miguel Solano:

“Manuel Salvador Gautier puso sobre el papel a Gregorio Riva, el Quisqueyano que viabilizó el ferrocarril Sánchez -Samaná. Un personaje con un peso emocional que lleva al lector no equívoco. Es un hombre de negocios, coherente, pero no tan transparente y predecible, técnica que le permite al lector penetrar en la mente del actor con gracia y profundidad. La trama tiene una belleza que rompe y encadena lo mágico de la soledad”.  (Miguel Solano, El Laurel, mayo 25, 2016).

Gautier   diferencia claramente  lo real de lo ficticio, pero aplica perfectamente las técnicas narrativas cuando quiere que lo real parezca ficticio o que lo ficticio se acepte como real.

Componer obras de ficción con la inclusión de personajes reales  puede conllevar    para el autor riesgos de   calificaciones    amargas.  El ser llamado  mendaz,  iconoclasta o atrevido  serían las diatribas de menor rango.  Pero para estructurar sus   novelas, Gautier ha   manejado a la perfección  la aleación  de los  hechos reales  con los fingidos.

Escribir una novela sobre la principal figura de la historia dominicana, sin replicar las versiones que nos presentan a Duarte como un elemento etéreo y angelical, y por igual sin caer  en actitudes que pudiesen menoscabar  la imagen del Patricio,  constituía, sin duda, un  reto inmenso.

Algo parecido ha ocurrido con la novela Serenata.   Esta novela se ocupa de aspectos singulares de la vida del matrimonio formado por Salomé Ureña y Francisco Henríquez y Carvajal, a quienes, como personas reales  y protagonistas de hechos sobresalientes,  hemos conocido a través de la educación formal. Pero en ellos aparecen comportamientos y peculiaridades, y sus vidas se hacen dignas de ser contadas desde la óptica literaria.…”

Gautier ha revelado de la familia Henríquez Ureña lo que no han dicho los historiadores. Crea y recrea los hechos que ocurrieron en esta familia, y aunque en la obra brota el lirismo y la gracia creativa, el autor se ciñe a hechos reales en los que coliden lo dulce y lo amargo, la fortuna y el desamparo,  el éxito y la derrota.

Desde este punto de vista, podría decirse que Serenata describe una realidad, pero no es historia; se vale de la ficción, pero no es mentira. Aun más, con esta novela Gautier eleva hechos de la historia local a la condición de universales, partiendo de los elementos sempiternos en la creación literaria: amor, ambición, traición, adulterio, angustia, vanidad, espera.

Gautier ha demostrado acendrada  devoción hacia las historias que colocan en certera dimensión a las figuras heroicas.

Es lo que ha hecho en sus novelas de tema histórico, para lo cual   no  copia la realidad, sino que la capta  con visión de artista, hasta penetrar a estratos a los que la mirada del historiador   no busca llegar. Pío Baroja,  novelista y ensayista español,  apuntó: “…en la novela y en todo arte literario, lo difícil es inventar, más que nada inventar personajes que tengan vida y que nos sean necesarios sentimentalmente para algo.

A estos detalles argumentales, hemos de agregar el vivificante dramatismo con que se cuentan los hechos, con claro dominio de la técnica narrativa, y la presencia de un nivel de estilo propio de las grandes creaciones.

Gautier luce una prosa nítida, aderezada con salpiques de poesía, y esto, junto al manejo de los hechos y situaciones, que como en el caso de Serenata, le permite justificar su incursión en las intimidades de la familia Henríquez Ureña, para desmitificarla y mostrar sus grandezas y también sus pequeñeces.

Con esta novela, Gautier plantea una provocación a la historia y a los historiadores. Y desafía también a los escritores que no ven en nuestro entorno temas dignos de sus creaciones y se pierden, por tanto, de la oportunidad de ofrecer su visión de nuestra sociedad a través de sus obras.

La novela “Toda la vida”, que sucedió a la tetralogía en orden de aparición,  se fundamenta también en hechos históricos y según explica el autor  se centra en los acontecimientos nacionales ligados a situaciones personales de un grupo de hombres y mujeres en un periplo que  va  desde la década de 1930, cuando nace el personaje principal, hasta la de 1990, cuando  éste reflexiona sobre sus experiencias. Sesenta años de la historia política dominicana, con Trujillo, Balaguer y el PRD, incluidos.

En un ensayo sobre esta obra, el escritor René Rodríguez Soriano, afirma que aunque  no sea la verdadera historia, “Toda la vida constituye la historia novelada de los anhelos, apetencias y frustraciones de una generación de dominicanos que aún no ha perdido sus esperanzas de levantar su voz por encima de toda una mole de escaparates y estandartes que no necesariamente alumbran con luz propia, o, en otras palabras, la luz que ellos creen que es la mejor o más adecuada”  (5).

Para terminar con las novelas de  tema histórico  hay que citar a “Balance de tres”,  aparecida en 2002,  en la que Gautier se adentra en el imborrable capítulo de la primera invasión gringa a nuestro país.

Tras preguntarse con cuáles trozos de la realidad fue compuesta esta novela, la ensayista Pura Emeterio señala algunos referentes advirtiendo que “en esta novela, como en toda obra de ficción,  funcionan los procesos alquímicos que mezclan elementos del mundo exterior y sus representaciones, con el  mundo subjetivo, que sirve de base” (6).

Bien se ha dicho que Gautier distingue entre el hecho y la fábula. Tan suficiente es su manejo de la técnica narrativa que no solo hace fina mixtura de los  hechos reales con la ficción, sino que puede crear tramas, personajes y situaciones a partir de la silueta de sujetos reales, aunque éstos  no aparezcan en primer plano.  A propósito de “Historias para un buen día”, obra en que  coliden los límites del relato y la novela, el poeta Juan Freddy Armando  ha planteado lo siguiente:

“Nuestros viejos caudillos –Santana, Lilís, Báez,Trujillo- reviven en la punta de los dedos de Gautier, no como fueron, sino como el autor nos los pinta, dándoles rasgos de carácter acordes con la trama de sus historias sin que se desnaturalicen, dejando de ser ellos para regresar de ese espejo cóncavo o convexo a ser otra vez ellos, hechos a mano por el autor” (7). No todo en la obra de Gautier se fundamenta en la historia social y política de la República Dominicana. No hay que olvidar que se trata de un autor de larga militancia  en el Movimiento Interiorista y por algún lado  tiene que asomar la influencia de esta filosofía creativa.

Ya desde la novela Serenata la crítica literaria María del Carmen Prosdocimi observaba, en 1999, “el cultivo de la interioridad y la trascendencia”. La escritora argentina, estrechamente vinculada a la literatura dominicana, apuntó en torno a Gautier y el interiorismo,  lo siguiente:

“Frente a las corrientes sociorrealistas  y experimentales, la nueva estética hace hincapié en las vertientes y facetas de la realidad que no se corresponden ni con la realidad objetiva ni con la imaginaria, para llegar a una realidad trascendente y metafísica”. (8)

Tanto en las tertulias del Movimiento Interiorista, como en conversaciones particulares, he apreciado el gusto con el que  Gautier se refiere a su novela “El asesino de las lluvias”, como de inspiración interiorista.

Bruno Rosario Candelier lo admite  con estas palabras: “Sus novelas tienen una dimensión histórica, como Toda una vida, o biográfica, como Serenata. En El asesino de las lluvias predomina una dimensión axiológica, ente lo antropológico y lo psicológico, que se mueve en tres vertientes: lo estético, lo cósmico y lo metafísico…” (9).

Fernando Cabrera, destacado crítico de arte y literatura, lo expresa en forma más directa que el padre del interiorismo. Dice: “Reitero, Gautier en El asesino de las lluvias permanece leal a su vinculación interiorista, toda vez que en esta obra importan tanto los aspectos biográficos y los hechos concretos como –y esto con preeminencia- preocupaciones míticas, místicas y metafísicas que recuperan los preceptos del movimiento referido”. (10).

Esta exposición se está haciendo larga, y peor que eso,  me temo que resultará incompleta.  No quiero despedirme sin señalar “La fascinación de la rosa”,  novela  publicada en 2010, como otra de las obras de carácter espiritual de Manuel Salvador Gautier. Me permito transcribir el asombro expresado por la escritora interiorista  Ofelia Berrido ante este acontecimiento literario:

“Me sorprende y  entusiasma conocer esta nueva faceta del autor: La profundidad y el alejamiento del mundo real cotidiano e histórico a que nos tiene acostumbrados en sus obras previas.  Se muestra un Gautier reflexivo que penetra un universo de pensamiento mucho más complejo y se despoja de todos  los tabúes ancestrales para  reconocerse transformado por una nueva conciencia. El autor de la obra se abre a nuevas experiencias en un lenguaje mítico, cosmogónico lleno de simbolismos”. (11)

Mi apreciación sobre la obra de Manuel Salvador  Gautier y su  aporte a la narrativa dominicana  ha sido esparcida a lo largo de esta disertación. Sin duda que su obra lo ubica entre los grandes escritores dominicanos de todos los tiempos. Es un novelista de oficio, tanto que Juan José Ayuso, poeta y ensayista,  opina que a “ lo mejor no es el mejor, pero profesional, y bueno,  es el único”. (12).

Para terminar y reafirmar que  de quien hablo se trata de un escritorazo,  me auxiliaré de una  certera opinión del  ensayista y poeta José Mármol, la cual suscribo plenamente:

“Manuel Salvador Gautier es un escritor auténtico, porque  ha asumido el oficio con pasión, con adicción y con espíritu de inevitable condena, parecida a la del mito griego de Sísifo, en la perspectiva literaria del escritor y pensador argelino Albert Camus. Gautier es un escritor porque reinventa la realidad a través de la fantasía y de la palabra, porque persigue con la ficción ponerse a salvo, y también poner a salvo al lector, de la perruna y horrorosa vida cotidiana…” (13)

Notas bibliográficas

1- Un instante de certidumbre, editor Isael Pérez, Edit. Santuario, Santo Domingo, 2014, pág. 22.

2- Ibídem, pág. 287.

3- ib pág. 57

4- Ib. pág. 23

5- Ib. pág. 95

6- Ib. pág.  172

7- Ib. pág.   228

8- Ib. pág.  117

9- Ib. pág.  239

10- Ib pàg. 264

11- “Areito”, periódico Hoy,  19 de mayo de 2012

12- Ib. pág.  318

13- Ib. pág.  309.

©Rafael Peralta Romero