La concordancia en los colectivos y otros casos

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Uno de los medios gramaticales de relación interna en la oración es la concordancia, la cual constituye un elemento de reacción porque las condiciones en que se verifica no son iguales para los miembros en que se da la concordancia. Eso quiere decir que uno de ellos impone la concordancia a la que tiene que someterse el de inferior jerarquía sintáctica. Por ejemplo, el sustantivo, como categoría superior al adjetivo, le impone a este los morfemas de género y número. Y lo mismo sucede con otras palabras que estén en concordancia.

Es evidente que existen unas leyes o reglas gramaticales que rigen la concordancia. Esas leyes resultan de las relaciones que se dan entre las diferentes categorías gramaticales.

A partir de aquí se puede definir la concordancia como la igualdad de género y número entre el sustantivo y sus modificadores (con excepción del complemento), y la igualdad de número y persona entre el verbo y su sujeto.

Ahora bien, esas leyes generales de la concordancia no se aplican en todos los casos, uno de los cuales es el de los nombres colectivos y otros casos a los  que suele llamárseles casos especiales de concordancia. En esos casos  se suele dar, con mayor frecuencia, la concordancia de sentido, en vez de la concordancia gramatical.

Pero antes de  continuar creemos  conveniente ofrecer una  definición de los nombres colectivos; veamos la siguiente:

“El nombre colectivo o sustantivo colectivo es el sustantivo que en singular expresa una colección o agrupación de objetos, animales o personas semejantes, en contraposición a los nombres individuales, (p. ej., alumnado es un nombre colectivo, mientras que alumno es individual).” (Wikipedia). Los siguientes son algunos ejemplos de nombres colectivos:

Avispero (conjunto de avispas); equipo (conjunto de personas que juegan en grupo); cardumen (conjunto de peces); enjambre (conjunto de abejas); gente (conjunto de personas); tropa (conjunto de soldados).

Veamos a continuación algunos de los casos de empleo más frecuente de los colectivos:

  1. Cuando el nombre es colectivo y va seguido del complemento en plural, el cual especifica ese nombre colectivo, el verbo puede ir en plural o en singular. Véanse los siguientes ejemplos:

La tropa de soldados  llegaron  muy cansados. (En este caso la concordancia se ha hecho con el complemento “de soldados”).

La tropa de soldados llegó muy cansada. (Aquí se hizo la concordancia con “la tropa”).

Pero si no va seguido del complemento, es preferible emplear el verbo en singular. Observe este ejemplo:

La tropa llegó muy cansada.

  1. Siguiendo con los nombres colectivos, cabe añadir que sustantivos como “mitad”, “parte”, “resto” y otros semejantes, aplicados a un conjunto de individuos, presentan la posibilidad de la concordancia en singular o plural. Veamos los siguientes ejemplos.

La mitad de los tripulantes evitaron la desgracia.

La mitad de los tripulantes evitó la desgracia.

  1. Si las palabras que acompañan al colectivo no aumentan la idea de pluralidad, sino que, por el contrario, la disminuyen, la concordancia en plural parece difícil o imposible. Mediante los siguientes ejemplos, se puede constatar lo que se acaba de decir:

La muchedumbre, conmovida por el hecho, lloró amargamente.

Aquel grupo, entre todos los miembros, había provocado esa situación.

  1. Si las palabras que acompañan al colectivo aumentan la idea de pluralidad, la concordancia en plural parece más factible o posible. Véase el siguiente ejemplo.

Aquel grupo de asistentes, preocupados por lo que estaba pasando, salieron despavoridos del salón.

Pasaremos a continuación a ver  otros casos de concordancia.

  1. El autor de una obra puede emplear la primera persona del plural, al cual se le llama el plural de  modestia. Observe  este  ejemplo:

Nosotros creemos (opinamos) que eso es algo injusto.

  1. Dos o más sustantivos pueden considerarse como una unidad  y concertar en singular. Véase el siguiente ejemplo:

La entrada y salida de aviones fue suspendida.

Pero si a cada sustantivo se le antepone el artículo, se impone la forma plural. Vea este ejemplo:

La entrada y la salida de aviones fueron suspendidas.

  1. Los sustantivos femeninos que empiezan con “a tónica” van precedidos por artículos masculinos (el, un) cuando se usan en singular. Fíjese  en los  ejemplos siguientes:

Tiene el (un) alma de ángel.

El (Un) águila vuela alto, muy alto.

Pero cuando el sustantivo  va acompañado de demostrativos, se emplea el femenino. Vea los próximos ejemplos:

Esa alma que tienes es pura, limpia, celestial.

Esta águila surcó los cielos de la montaña.

  1. Si un adjetivo va detrás de dos o más sustantivos y se refiere a ambos, concuerda con ellos    en plural. Pero si se refiere solo al último, concuerda con este. Observe los ejemplos referentes a este caso:

El muchacho y la muchacha, asustados, salieron corriendo. (Hay que tener en cuenta que si hay un sustantivo masculino, el adjetivo concuerda en género con el masculino).

Estudió geografía y gramática española. (Solo estudió gramática española, no geografía española).

  1. Hay casos en que un adjetivo debe aparecer en masculino aunque el referente sea femenino.    Vea ejemplos de este caso:

Tu criatura (femenino) está precioso,  rosado, frondoso (adjetivos masculinos por tratarse de un niño).

Su majestad (femenino) llego contento (masculino porque  se trata del rey).

  1. En oraciones con el verbo ser, como las siguientes, se emplea el verbo complementario en plural. Fijarse  bien en  los ejemplos:

Yo soy de los que defienden tu derecho a la protesta pacífica.

Tú eres de las que trabajan con entusiasmo.

Como se ha podido observar por los variados casos presentados, el sentido se impone normalmente por encima del valor gramatical tanto en la relación sustantivo y adjetivo, así como también en la relación sujeto y verbo. Además, hay casos en que se sugiere un tipo de concordancia, dejando al gusto o subjetividad del usuario el empleo de una o de la  otra. Espero contribuir a que empleemos  de la forma debida los  colectivos y los demás casos  de concordancia cuando   aparezcan en los  escritos que produzcamos.

Cachanchán / canchanchán, aguaje

Por Roberto E. Guzmán

 

CACHANCHÁN – CANCHANCHÁN

“Ellos también se rindieron a las energías desplegadas por las aspiraciones de su CACHANCHÁN . . .”

La voz del epígrafe no es una de larga historia en el español dominicano. Lo que le falta en tiempo de uso lo compensa con el uso intenso que de ella se hace en las conversaciones. Hasta en las reseñas, notas y artículos periodísticos se hace amplio uso de esta voz. Con esto último se destaca el salto que ha dado del habla a la literatura periodística. El último rasgo le confiere mayor permanencia y popularidad, pues los periódicos escritos y radiales son de amplia difusión en la República Dominicana.

La documentación recogida en el Tesoro léxico canario-americano (2010:214) señala que la palabra del título tuvo su origen en Cuba. D. Fernando Ortiz la consigna en su Nuevo catauro de cubanismos de 1923, pág. 101, donde él anota que significa, “Alcahuete. Servidor político incondicional”.  Ya antes Augusto Malaret había escrito que era usada en “jerga de politicastros”, en Cuba para, “Alcahuete, hombre de confianza”.

La palabra del título entró en el Diccionario de la lengua española (DLE) en la vigésima segunda edición, (2001-I-382) con la anotación de que era de uso en Cuba en el registro coloquial para expresar desprecio para, “Persona adulona, servil”.

La voz en cuestión permaneció en el uso y como tal aparece en los repertorios de voces cubanas. En el Diccionario ejemplificado del español de Cuba (2016-I-196) está catalogada con la marca gramatical de adjetivo y sustantivo como despectiva para, “Persona que adula o da la razón a otra, generalmente por servilismo o por interés personal”. (Subrayado de RG). En Puerto Rico el cachanchán no es más que un vago.

El Diccionario de americanismos (DAA) del 2010 incluye la República Dominicana (RD) junto a Cuba como los países donde se usa cachanchán para significar halaleva, con el señalamiento de que es de poco uso en ambos países. Este halaleva es un término anotado como obsoleto en ese diccionario que expresa, “Persona que adula a otra por interés o por servilismo”. Para RD ese lexicón escribe que cachanchán es la persona “que gusta de la juerga, de los tragos”. En otras palabras, es persona que parece inseparable de otra; cercana en amistad, trato o confianza.

Mediante el uso que se ha observado en el habla de los dominicanos, se piensa que la voz cachanchán no tiene ese rasgo despectivo tan pronunciado como lo tiene en el habla de los cubanos. El hablante dominicano se sirve de la voz para dar a entender que el cachanchán es una persona que acompaña a otra, que es su incondicional, que es su amigo; sin que ello implique que sea su subordinado. Se tiene entendido que el cachanchán dominicano es más un compañero de tragos, fiestas, actividades de la persona a quien acompaña, al tiempo que el cachanchán cubano es servil y adulón.

En República Dominicana se ha favorecido la voz canchanchán en el habla; si se observa con cuidado, tiene una letra ene /n/ extra en la primera sílaba. Es posible que esto haya sucedido como un efecto de la influencia del “can” a que son dados los hablantes de español dominicano. Para este vocablo el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española refiere que, en República Dominicana y Cuba, corresponde a adulón, na, en tanto sustantivo y adjetivo. La segunda acepción con la única función de sustantivo es, “Compinche, cómplice, compañero”. Repárese que con esta grafía no aparece en Puerto Rico.

Luego de haber leído lo que antecede, puede hacerse el ejercicio de buscar la razón que movió a los lexicógrafos a asentar las dos grafías con acepciones tan próximas una de otra. Solo bajo la influencia del uso pudo imponer estas dos grafías.

La intensidad en el uso de las palabras varía de acuerdo con las circunstancias. Esto puede notarse cuando se observa que se registró por primera vez la voz cachanchán en el año 1923 y su incorporación en el DLE en el 2001 fue luego de 60 años. Más tarde, en el año 2010 el DAA considera la voz de uso en tres países, con variantes en cuanto a su significación. En RD el uso aumentó a finales del siglo XX y ha continuado así a principios del siglo XXI.

 

AGUAJE

“. . . ya que ha ocurrido un AGUAJE en el acatamiento al recogimiento . . .”

Este vocablo de mucho uso en el español dominicano llamó la atención de quien escribe estas líneas desde cuando era un adolescente. Desde esos años despertó curiosidad el posible origen de este vocablo, pues a veces uno no se conforma con saber el significado de una voz, sino que desea además saber de dónde proviene.

Este vocablo como muchos otros pertenece a muchas variantes de español y no representa la misma noción en todas. En América puede observarse una tendencia en cuanto a lo que expresa el vocablo; es decir, existe cierta afinidad en cuanto al significado que se le atribuye; en casi todos los casos son solo pálidos matices de diferencias.

El Diccionario de la lengua española conoce de la palabra aguaje, pues está registrada en sus páginas con quince acepciones. Para los fines de esta exposición se retendrán las que interesan, las relativas al español de la cuenca del mar Caribe.

En Cuba, República Dominicana y Venezuela aguaje es “alarde, jactancia”. En Cuba y Puerto Rico se usa para llevar la idea de “bravuconada”. D. Ángel Rosenblat en Buenas y malas palabras (1974-I-63) escribe que un torero puede ser aguajero, “aficionado a los lances espectaculares, amigo de las morisquetas o del relumbrón”. En esa vena venezolana aguaje es un sustantivo masculino con el sentido, “Alarde o jactancia de lo que no se es o no se tiene”. Los testimonios de uso para ese país se remontan al año 1939. En ese país el aguajero está documentado en literatura desde el año 1966. Diccionario de venezolanismos (1983-I-16-7).

Como sucede en las lenguas, con el vocablo aquí estudiado en Cuba se ha observado una evolución en los significados que el uso le asigna. Allí se recogió en tanto “ostentación, pose. Bravuconería”. El habla popular cubana de hoy (1982:33). También añadió la acción del bravucón, que como puede observarse se conocía en Puerto Rico desde el año 1923. D. Augusto Malaret trae la voz aguaje en su Diccionario de provincialismos de Puerto Rico (1923:18), “Amenaza que no tiene valor. Mentira”. Estas dos acepciones las documentó en el Vocabulario de Puerto Rico (1955:80). Hay que señalar que la acepción de “mentira” como tal ha perdido fuerza. Más tarde en Cuba la voz se enriqueció y pasó a ser “alboroto o agitación que produce un acontecimiento inesperado”.

Ha de prestarse atención al empleo de aguaje que se hace en la cita, pues debe aceptarse en tanto pose de acatamiento al recogimiento. Es un “hacer creer” a los demás, una actitud afectada. Es una postura o conducta “con que se engaña a alguien”. La frase entrecomillada se extrajo del Diccionario de hispanoamericanismos (1997:29), donde se la usa para definir el aguaje.

No hay que olvidar que el aguajero no existe documentado en Cuba; es propio de Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, corresponde al individuo “que hace o dice aguajes”. Hay que dejar ahí lo concerniente a aguajero porque existe bastante material para dedicarle un aparte.

Ortoescritura

Rafael Peralta Romero

 

TARVIA, NO TALVIA; ENTARVIAR, NO ENTALVIAR

19/12/2020

El ingeniero Ramón Alburquerque, con la agudeza que lo caracteriza, divulgó el 13 de diciembre de 2020 el siguiente tuit: “Talvia era el nombre o sigla de la empresa que aplicó asfalto por primera vez a partir de 1918 y colocaba sus letreros o vallas TARVIA en las obras, que derivó en TALVIA”. Confieso que no tenía en agenda componer un artículo sobre este asunto, pero el comentario de Alburquerque me provocó una reflexión que dio origen a este texto. Leí las respuestas y comentarios al tuit de Alburquerque y de ellos escojo la de Confesor Castillo: “Tarvia era el nombre del producto que utilizaban para el asfaltado. La empresa se llamaba Barrett Industries. Fuente: barrettindustries.com/about-barrett/…».

Otra opinión juiciosa indica que “TARVIA es la marca de un producto usado para cubrir calles y carreteras. Fabricado por la Barrett Manufacturing Co., NY., lo mercadeaba bajo el lema «buenos caminos a bajo costo».

Alguien tuiteó una versión muy lógica para determinar el origen de la palabra: TAR= alquitrán, VIA= camino o vía. La Barrett Manufacturing Co fue la empresa contratada en la era de Trujillo para el asfaltado de las calles de Santo Domingo.

Este detalle remite a la escritura de la palabra como TARVIA y no TALVIA, de conformidad con su etimología. El vocablo es de uso habitual en el habla dominicana, pese a ello no está registrado en el Diccionario de la lengua española.
Vale apuntar que la palabra ha sido incorporada al Diccionario del español dominicano, publicación de la Academia Dominicana de la Lengua. La definición me luce muy escueta e insuficiente: «asfalto, alquitrán».TARVIA ha sido definida como una mezcla sólida y compacta de hidrocarburos y minerales que se emplea en el pavimento de calles y carreteras.» TARVIA es la marca de un producto usado para cubrir calles y carreteras. Fabricado por la Barrett Manufacturing Co., NY., lo mercadeaba bajo el … Ver más.

Creo pertinente presentarles un apunte de don Max Uribe, autor del Diccionario de dominicanismos y americanismos. Dice: “El doctor Carlos Curiel, escritor de múltiple cultura y de esmerado y limpio estilo, ha hecho llegar a nuestras manos su obra Semblanza del siglo XX, de reciente edición…Juntamente con la misma tuvo él a bien remitirnos una nota explicativa del significado de la voz tarvia así como de algunas locuciones que con dicha voz suelen construirse. Dice así la nota:

-Tarvia. Del inglés tar: brea, alquitrán. De ahí tarpauling, tela embreada o alquitranada, lo que la hace impermeable y a propósito para proteger cargamentos.” (Ed. Librería Trinitaria, 2008, pág. 582).

El comentario del profesor Curiel fortalece la apreciación de que la palabra se escribe /tarvia/ (con erre) y no /talvia/ (con ele). Y en consecuencia, el verbo derivado ha de seguir la misma suerte: entarviar y no entalviar. Del verbo /entarviar/ derivan el gerundio /entarviando/ y el participio /entarviado/, además de las formas provenidas de su conjugación (entarvio, entarviamos, entarvié, entarviaré…)

De modo que diremos: Están entarviando las calles del pueblo, qué bueno.

Por igual: Solo han entarviado la calle principal. El participio /entarviado/ puede fungir como sustantivo: El entarviado de la carretera se llevará un mes. Tarvia, entarviar, entarviado y otras de la familia son voces del español dominicano cuya grafía tiene deudas con el inglés (tar, alquitán). Por eso recomendable tarvia, no talvia; entarviar, no entalviar.

 

TROTAR Y GALOPAR, TAMBIÉN ANDONEAR Y ESCAPEAR

09/01/2021

Consiste, lo enumerado en el título, de cuatro acciones propias del caballo, pero el asunto a tratar no es hípico o ecuestre, sino lexicográfico. Los dos primeros verbos ostentan carta de ciudadanía en el español general, pero los otros se limitan al habla dominicana. La persistencia en el uso de /andonear/ y /escapear/ sugiere la atención de los académicos y estudiosos de la lengua. Veamos el Diccionario de la lengua española:

1-Trotar. 1. intr. Dicho de un caballo: Ir al trote. 2. Dicho de una persona: Cabalgar en caballo que va al trote.

El sustantivo trote deriva del verbo trotar. Es definido: Modo de caminar acelerado, natural a todas las caballerías, que consiste en avanzar saltando, con apoyo alterno en cada bípedo diagonal, es decir, en cada conjunto de mano y pie contrapuestos.
Ser trotón o trotona no es condición favorable de una cabalgadura, por el zangoloteo a que es sometido quien la monta.

1-Galopar. (Del francés galoper). Es lo que hace el caballo cuando va a galope. Esta última voz es definida así: Marcha rápida de una caballería, más veloz que el trote, que consiste en avanzar saltando y manteniendo en algún momento las cuatro patas en el aire. El verbo galopar tiene una variante en /galopear/, de uso no generalizado, pero con mejor suerte que /trotear/, reservado a hablantes dominicanos de poca escolaridad.
3- Algunas cabalgaduras tienen una condición favorable y grata a sus propietarios: caminan (no correr) con movimientos ágiles. Los dominicanos citamos esa acción con el verbo /andonear/, pero el Diccionario académico no la registra. Tampoco el Diccionario del español dominicano.

Pero hay esperanza, pues el adjetivo /andón, andona/ sí ha sido incorporado al código lexicográfico oficial. Así lo presenta: Cuba, Pan. y R. Dom. Dicho de una caballería: Que anda mucho.

En junio de 1977 publiqué el poemario infantil Niño y poesía, del poema “Mi padre” (pág. 15) cito estos versos en los que utilizo con naturalidad el verbo /andonear/, traído del ambiente donde me crié. Allí es habitual hablar de la acción de andonear atribuida a un equino.

“Mi padre se va montado / en su mula que andonea…”

4-Escapear. No está en el Diccionario. Lo más próximo es el sustantivo /escape/, que se refiere a la acción de escapar o escaparse, especialmente de una situación de peligro. Pero cuando se habla de /escapear/ no se piensa en huir, salir de un encierro o un peligro, sino que es una cabalgadura la que ejerce la acción de /escapear/. Se puede admitir que se trata de una corruptela del verbo escapar, en cuya tercera acepción el Diccionario apunta: Hacer correr a un caballo con extraordinaria violencia.

Alguien podría escapar de un lugar o de una situación sin que necesariamente sea con rapidez o violencia, pero cuando se dice que un caballo escapea implica velocidad en su desplazamiento. Tanto, que ha dado origen a este dicho popular: “Ese preña una yegua al escape”. Suele decirse para resaltar la edad de un muchacho a quien alguien cree niño o más joven de lo que aparenta.

En el Diccionario del español dominicano aparece el verbo /escapear/ con tres acepciones, ilustradas con ejemplos de autores dominicanos. La segunda acepción dice: “Poner un caballo al galope”. Cita un ejemplo tomado de la obra Merengue, de Miguel Ángel Jiménez: “El que se trepaba con mayor agilidad sobre los árboles; el que mejor escapeaba un caballo al pelo y el más guapo”. En la tercera acepción se define a escapear como “Andar o escapar con rapidez”. El ejemplo de uso procede de la novela La sangre, de Tulio M. Cestero: “Los viajeros, satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas”.

Los verbos andonear y escapear esperan por los académicos.

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

 SIN EXCUSAS

22/12/2020

En la actualización de 2020 del Diccionario de la lengua española no todo es pandemia y crisis sanitaria. La gastronomía, cada vez más popular y más global, se adueña de las nuevas entradas del diccionario.

Nos proponen los populares nachos, típicamente mexicanos, ‘trozo triangular de tortilla de maíz’ y aprendemos que la palabra procede del nombre del cocinero mexicano Nacho Anaya. Hay lugar para las delicias orientales, como el sabroso falafel (o faláfel) ‘bolas fritas de pasta de garbanzos u otras legumbres’ o el suculento tayín, un guiso norteafricano muy especiado que se cocina en particular cazuela con tapa a la que también llamamos tayín. También el sustantivo wok comparte la designación del utensilio de cocina (‘sartén ancha y profunda con asas utilizada en la cocina oriental para saltear’) con la del plato que en él se prepara. Descubrimos que el italianismo carpacho (‘plato de lonchas muy finas de carne o pescado aliñadas que se come crudo’) procede del apellido del pintor veneciano Vittore Carpaccio, porque la creación del plato estuvo inspirada en una exposición que se le dedicó a este pintor en su ciudad natal a mediados del XX.

Si consultan la nueva versión del Diccionario de la lengua española descubrirán que habla de nosotros. Consulten la nueva acepción de chenchén, ‘plato propio de la República Dominicana, elaborado con harina de maíz, aceite, sal y coco’. El chenchén y la discusión están servidos. Aparecerán tantas recetas de chenchén como cocineros.

Después de este banquete no nos vendrá mal practicar algo de zumba. El sustantivo zumba, masculino o femenino, también ha sido incluido en el diccionario para referirse a la práctica deportiva que combina el baile con ritmos latinos y los ejercicios aeróbicos. Se acabaron las excusas, sobre todo con la que se nos viene encima en estas fechas.

 

A LOMOS DE LOS LIBROS

29/12/2020

En mi 2020 los viajes han sido los protagonistas. He vuelto a recorrer las llanuras manchegas bajo un sol tórrido que me derretía los sesos contemplando en lontananza la figura amenazante de los molinos de viento. Me he pateado las calles y comercios de Madrid buscando el mejor género y he visto la vida pasar ante la mesa de un café y una humeante taza de chocolate. He cruzado la selva tropical buscando un lugar donde fundar una familia cerca del mar. He contemplado el Mediterráneo desde las orillas de Creta, temblando ante la idea del monstruo que habita el laberinto; he oteado el horizonte desde las alturas de Delfos preguntándome sobre el destino. He saboreado un coctel en un elegante hotel neoyorquino; al salir, las ardillas de Central Park me han recordado a las esfinges. En Moca he conocido historias que bien podrían escribir los antiguos griegos. Me he visto rodeada por la feraz naturaleza de la isla Española mientras abría trochas en la manigua inclemente y escuchaba palabras que en nuestra lengua nunca habían sido dichas. En París, de café en café, he añorado las calles de Buenos Aires. Bajo el aguacero he perseguido una botella de ron para beber con los amigos viendo anochecer sobre La Habana desde una azotea. He sentido el sonido del viento sobre los llanos de la Patagonia. He recorrido una y otra vez todos los caminos de la lengua, desde San Millán hasta Silos. De la mano de Miguel de Cervantes, de Benito Pérez Galdós, de Gabriel García Márquez, de Jorge Luis Borges, de Homero, de Dorothy Parker, de José Hierro, de Aída Cartagena, de Gonzalo Fernández de Oviedo, de Julio Cortázar, de Leonardo Padura, de Gabriela Mistral, de muchos y muchos diccionarios, he surcado todos los senderos a lomos de los libros y he dejado atrás confinamientos y toques de queda. ¡Que 2021 nos encuentre rodeados de libros!

 

DESCUBRIR Y DISFRUTAR

05/01/2021

¿Cuántos de nosotros hemos incluido libros en nuestra carta a los Reyes Magos? ¿Cuántos de nuestros niños les habrán pedido libros? De la respuesta podemos sacar algunas conclusiones sobre nosotros, sobre nuestra forma de estar en el mundo y de ser padres.

No nacemos con un libro debajo del brazo. No nacemos sintiendo pasión por la lectura. No nacemos con el hábito de la lectura. El amor por los libros y por lo que en ellos leemos se construye día a día. La primera piedra, y quizás también la segunda y la tercera, es tarea de los padres . Nuestros niños se interesan por los libros con curiosidad innata cuando su cercanía y la de personas que leen les pica la curiosidad. Descubren que los libros atraen la atención y pueden absorbernos, que ayudan a que nos relacionemos con el mundo, con el que está cerca y con otros muy lejanos.

Hay muchos hogares sin libros. Aunque es cierto que los libros son costosos y que vendría muy bien un buen plan de fomento de la lectura, no siempre la razón de la ausencia de los libros es económica. Hay mucho de desinterés, de carencias en la formación, de desconocimiento y de empobrecimiento cultural y humano. La pasión y el hábito de la lectura no los construye el profesor en la escuela; su tarea es mantenerlos y enriquecerlos. La pasión y el hábito de la lectura no los construyen las instituciones oficiales o culturales; su tarea es fomentarlos, hacerlos más accesibles para todos con igualdad de oportunidades. La pasión y el hábito de la lectura los construyen nuestros padres, incluso cuando todavía no sabemos leer, cuando cada noche antes de ir a dormir, cada tarde lluviosa, cada rato de espera, cada momento libre abren un libro ante nosotros y nos invitan a ver el mundo con ojos curiosos, apasionados, críticos, comprometidos, divertidos; en fin, cuando nos invitan a descubrir y a disfrutar de la vida que atesoran los libros.

 

NO SOMOS INFALIBLES

12/01/2021

Sancho Panza recrimina a don Quijote su afán por corregir los errores que comete al hablar y se queja de que le reproche a cada rato sus «voquibles», por querer decir sus «vocablos». Del mismo pie que don Quijote cojeamos algunos.

Nuestra lengua nos brinda un extenso abanico de posibilidades para referirnos a los errores, no solo a los lingüísticos. En el Diccionario de la lengua española descubriremos que un error puede ser ‘un concepto equivocado o juicio falso’, ‘una acción desacertada o equivocada’ o una ‘cosa hecha erradamente’. Vinculado con el sustantivo error nuestra lengua nos ofrece el verbo errar, con una peculiar conjugación. (Si se les atraganta, el diccionario puede ayudarles a salir a flote). De errar surge el sustantivo yerro, con una definición con regusto antiguo en el diccionario de la RAE: ‘Falta o delito cometido, por ignorancia o malicia, contra los preceptos y reglas de un arte, y absolutamente, contra las leyes divinas y humanas’.

Para referirnos a un error podemos elegir además los sinónimos confusión o fallo, o incluso el americanismo falla. Un error intrascendente puede considerarse peccata minuta, un leve traspié sin consecuencias o un lapsus insignificante, pero los errores pueden ser también garrafales, groseros o inexcusables; para estos reservamos los sustantivos aberración o atrocidad. Todos cometemos falencias (‘engaño, error’), precisamente porque somos falibles. Nadie es infalible (‘que no puede errar’), pues cada hijo de vecino puede cometer un error, caerincurrir o incidir en él; incluso muchos reincidimos en nuestros errores; otros, echando mano de lo coloquial, pifian o se la comen; tal vez llegan a lo malsonante y la cagan.

Algunos son capaces de aprender de sus errores; hoy, al menos, hemos aprendido de las palabras que nos sirven para nombrarlos.

 

DE ERRATAS Y YERROS

19/01/2021

La semana pasada reconocíamos nuestra capacidad para equivocarnos y la posibilidad de aprender de nuestras equivocaciones. (Por ejemplo, la palabra traspié apareció sin su correspondiente tilde). Erramos en tantas cosas que nuestras fallas se han ganado el honor de tener nombres especializados; algunos tan curiosos que bien merece que los recordemos.

Si confundimos épocas o sucesos históricos cometemos anacronía o anacronismo. Si tomamos una cosa por otra, somos responsables de un quid pro quo. Si el fallo está en el orden, estamos ante un baile, de cifras, de letras, de nombres.

Los números suelen jugarnos malas pasadas y los errores en los que se ven envueltos se pagan caros; quizás por eso hay tantas palabras para referirse a ellos. Para un error en las cuentas podemos elegir entre trabacuentatrascuenta o gabarro. Las letras no se quedan atrás. Un fallo al hablar es un lapsus linguae; si es al escribir, un lapsus calami. Para uno y otro existe también la palabra coloquial gazapo, que el Diccionario de la lengua española define como ‘yerro que por inadvertencia deja escapar quien escribe o habla’. Si la equivocación se produce en un escrito hablamos de errata o de yerro de imprenta; si el error se relaciona con la ortografía, encontramos las temidas faltas; si el fallo está relacionado con la sintaxis entonces cometemos un solecismo.

A veces la equivocación nace en una comprensión errónea o deficiente. Trasoír es un verbo precioso en nuestra lengua para referirse al hecho de oír mal lo que se dice; más bonito aún es trasoñar, ‘concebir o comprender con error algo, como pasa en los sueños’. El caudal de palabras en nuestra lengua es inagotable, casi como nuestros errores. Aprendamos a llamarlos por sus nombres.

Poemas de Francisco Arellano Oviedo

REINA ASUNTA AL CIELO te mirábamos

desde tierra, materna tu sonrisa

en señal de adiós. Ahogadas

las miradas tenían las mujeres;

los apóstoles calma simulaban,

sin mirarte —resintiendo ya tu ausencia—

iban y venían de un lado al otro.

Yo vi ángeles, tronos, querubines

agitando muy rápido sus alas

como colibrí que en un punto

se detiene, no avanza y está en vuelo.

Al remontar los cielos, melodiosos

cantos iban llenando los espacios,

cenzontles y gorriones reforzaron

el concierto del coro de los ángeles.

Cien palomas del campo y de Castilla,

ampliaron la fiesta celestial,

mientras palmas y paños se mezclaban;

al retornar las aves, fue difícil

distinguir diferencias de columbas

y palumbas, palomas y palomas…

MADRE DE LA ESPERANZA, como palmas

verdes de alta montaña son tus ojos,

nadando sobre su blanca esclerótica,

mirando con devoción todo el cosmos,

bello y exacto, ¡cual su Creador!

Verde de la clorofila para limpiar

el aire que respiramos cada día;

verde yerba que dilata horizontes,

verde mar, como color de la esmeralda,

verde y verde, ¡color de la esperanza!

Nuestra madre de la fe y confianza

es ejemplo; muy difícil la virtud

de la fe sin la presencia de la otra.

¡Madre verde, pues llénanos de esperanza!

REINA DE NICARAGUA, bello canto

de Tino López Guerra, el primero

que pidió tu presencia, Madre-Reina,

en la región de América Central.

Y viniste a Cuapa, la ignorada;

su honda simbología la supimos

por tantas maravillas ocurridas:

Cuapa es el ombligo del país,

su étimo náhuatl: nido de serpiente.

Tu visita cumplió las escrituras,

pues recuerda el Génesis que dice:

la virgen pisará la cabeza

del ofidio falaz. Con el porte

de muchacha del campo, sobre nube

desde el cielo bajó y Vargas Llosa

escuchó a Bernardo quien contó:

si los nicaragüenses se convierten,

su nación será como luz del mundo.

¡Madre Reina, llévanos donde el Padre!

AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS y los moros,

sé que en Lepanto de unos salvaste caras vidas

y de los otros, Vos tomaste almas sufridas:

¡Madre de todos…, nunca señora matamoros!

 

Mi virgencita bella: rosado el vestido,

azul el manto, cetro dorado, coronada

la frente, rubias sienes en oro iluminadas

por estrellas celestes y el Fruto más querido.

En mi ciudad natal te miraba, me gozaba

ver tu altar y cuadro soñado por don Bosco;

de Lorenzone el gran pintor —hoy lo reconozco—

nada sabía, mas en la obra tan preciada

sobre mi Virgen yo aprendí. Bienamada

vida de niño: ¡por nuestra Madre yo triunfaba!

 

Cuatro poemas de Versos para loar a nuestra Madre, de Francisco Arellano Oviedo, director de la Academia Nicaragüense de la Lengua. (Poematización de las letanías lauretanas, incluyen las últimas tres incluidas por el papa Francisco, en junio de 2020).  PAVSA, septiembre de 2020.

Año de Dante

Jorge J. Fernández Sangrador

 

Cuando, en 1921, Benedicto XV publicó la encíclica “In praeclara summorum”, dedicada a Dante Alighieri en el sexto centenario de la muerte del poeta (Rávena, 13/14 de septiembre de 1321), el Papa se lamentaba ya por entonces de que hubiese fuerzas sociales que intentaran eliminar la religión de la escuela y educar a los jóvenes «como si Dios no existiera». Lo de querer expulsar a la religión de dondequiera que esté es cosa que, como se ve, viene de antiguo. Y en aquellos tiempos no se hablaba de “deconstruccionismo”, pero esa era precisamente la noción que el Papa tenía en la cabeza cuando deploraba el que se explicase la “Divina Comedia” despojándola de su significado teológico.

Los últimos Papas han sido mucho de Dante. También el actual, que ha anunciado que, en este año, en el que se conmemora el séptimo centenario de la muerte del Sumo Poeta, publicará algunas consideraciones acerca de su figura. Pío XI tenía la “Divina Comedia” sobre la mesa de estudio siempre. Cuando era director de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, la leía en los ratos de descanso. Y León XIII, buen conocedor de Dante, quiso, días antes de su muerte, según el testimonio de uno de sus colaboradores, tenerla junto a sí, para seguir nutriéndose, como había hecho desde su ya lejana juventud, del néctar celestial de los cantos. «Los más dotados, que no solo tengan en la mano día y noche un ejemplar de la “Divina Comedia”, sublime obra maestra, sino que profundicen también en todo cuanto hay en ella de inexplorado y de oscuro. Procuren leerla todos íntegramente, sin precipitación ni de prisa, sino con mente penetrante y reflexión atenta», pedía Pablo VI en la Carta apostólica “Altissimi cantus”, publicada el 7 de diciembre de 1965, víspera de la clausura solemne del Concilio Vaticano II.

En una conversación con el pensador Jean Guitton, el Papa Montini le manifestó: «Dante me ha estado presente continuamente durante todo el Concilio. El final del Concilio coincidía con el séptimo centenario de su nacimiento en Florencia. Y al terminar la cuarta sesión, hice enviar a los obispos, a los observadores y a los auditores un ejemplar impreso exclusivamente para ellos, ligero y de bolsillo, ilustrado con alguna miniatura tomada de un códice del siglo XV conservado en el Vaticano, como un recuerdo del Concilio y un breviario de poesía. Incluso me arriesgué a componer para esa edición una dedicatoria en latín lapidario, intentando trasladar lo que podía aportar Dante a nuestro ideal ecuménico».

Y de todos los Papas del siglo XX se podría decir algo respecto a su relación con Dante. Existe un libro, publicado en 2018, en el que la autora, Valentina Merla, ha recogido y comentado las referencias dantescas por parte de los pontífices reinantes entre el final del siglo XIX y el inicio del XXI. Se titula “Papi che leggono Dante”. De los más recientes, Benedicto XVI será el que haya que estudiar con particular atención. De modo que, en este Año Santo Compostelano, en el que se conmemora el séptimo centenario de la muerte de Dante Alighieri, habrá que leer detenidamente sus obras, pero, antes que ninguna otra, la “Divina Comedia”, con la que podremos realizar la más reparadora y salutífera de las peregrinaciones, la que discurre por dentro de cada cual, la del camino interior que conduce de la coacervación a lo esencial, la dispersión a la unidad, la fragmentación a la integridad, el engaño a la verdad, la tristeza al gozo, la desesperación a la esperanza, las tinieblas a la luz, el pecado a la gracia, el abismo a las alturas, el infierno al paraíso. (La Nueva España, domingo 3 de enero de 2021, p. 25).

 

Consistencia del idioma español

Por Segisfredo Infante 

 

No soy lingüista. No soy lexicógrafo. Pero siento una gran empatía con el idioma con el cual aprendí los primeros monosílabos y a escribir las primeras palabras tomadas de una Biblia ilustrada de “Mama-Toya”, el ama de llaves ocotepequense, quien me enseñó las letras iniciales de la “Torá” o “Pentateuco”, entre mis cinco y seis años de edad, en una casa del Barrio “Villa Adela” de la capital, cuando Tegucigalpa era todavía una pequeña y linda ciudad, inundada de neblinas amorosas durante casi todo el año, con transeúntes pobres, pero bien trajeados.

En la década del noventa del siglo próximo pasado, conocí a un personaje oriundo de una aldea de Talanga, que había cursado dos años de abogacía en la UNAH, y luego había logrado una beca en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos. Hablaba inglés con bastante soltura; fingía que también hablaba japonés; pero despreciaba el idioma español (su lengua materna), al grado de subrayar en varias oportunidades que “el idioma castellano es un dialecto, inservible para la ciencia”. Tal expresión me la restregó sobre el rostro en varias oportunidades. Hasta el momento en que le dio por traducir “Teoría de Justicia” del filósofo estadounidense John Rawls. No le quise decir que el libro ya estaba traducido al español, para que me probara que realmente conocía ambos idiomas. Cuando me presentó su traducción de unas cincuenta páginas, me sentí defraudado. En primer lugar porque el libro originario es voluminoso. Y luego porque al leer aquella traducción, me enteré que el personaje hablaba inglés pero no sabía nada de gramática inglesa. Tampoco sabía hablar ni escribir español. Le pregunté que en dónde había cursado sus estudios primarios y secundarios. Me contestó que en Talanga. “Eso lo explica todo”, le reafirmé, para finalizar la conversación de aquel día.

Aunque leí diferentes cosas en mi preadolescencia, descubrí la verdadera riqueza de la lengua castellana al saborear, a los catorce años de edad, más o menos, una edición del “Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”. Era una edición cervantina (lo he divulgado varias veces) ilustrada por Gustav Doré, con un español cargado de palabras y frases arcaicas, muchas de ellas hermosísimas. No me gustan las ediciones de “Don Quijote” que circulan con un español actualizado. En esto coincidimos con el poeta y prosista español, de primera línea, Miguel Albero Suárez.

Creo que uno de los mejores piropos al idioma castellano, lo lazó Sigmund Freud, cuando escribió una carta, a un amigo, en donde le relataba que estaba aprendiendo el idioma español para leer en su lengua original al “Quijote de la Mancha”. Destacamos aquí el concepto de “castellano”, porque así le llamábamos en primer año de secundaria en el Instituto Central “Vicente Cáceres”, bajo la influencia de los textos de Víctor F. Ardón, el primer hondureño que escribió un libro sobre filología castellana.

Un segundo gran piropo es que las “Obras Completas” del filósofo neokantiano y lógico matemático Kurt Gödel, fueron publicadas, por primera vez, en lengua española, creo que bajo el consentimiento del autor. Bien pudieron ser publicadas en legua alemana, considerando que el autor era de origen austro-húngaro. O publicadas en inglés, habida cuenta que era uno de los profesores de la prestigiosa Universidad de Princeton, en donde se hizo amigo íntimo de Albert Einstein. Universidad que ha sido visitada, en días recientes, por nuestro amigo el doctor Josué Danilo Molina, uno de los fundadores del “Círculo Universal de Tegucigalpa Kurt Gödel”. Pues bien. Para orgullo de los que hablamos y escribimos en la lengua de Miguel de Cervantes, Fray Luis de León, Juan de Yepes, Francisco de Quevedo, Góngora y Argote, y del padre Francisco Suárez, aquella obra científica completa de Gödel (el más relevante lógico matemático del siglo veinte, y quizás el más importante después de Aristóteles), fue publicada en lengua española.

Cuando Ortega y Gasset comenzó a lazar sus textos de pensamiento creador, muchos discutieron, incluso en España, si acaso la lengua castellana era apropiada para los moldes, o módulos categoriales, de la gran Filosofía. Tal discusión encontró eco en varios círculos intelectuales de América Latina. Creo que en parte por el viejo complejo de inferioridad criollo-mestiza. Pero con la obra publicada de Ortega y Gasset, de Xavier Zubiri y de David García Bacca, para sólo mencionar tres autores, se demostró que el español del siglo veinte es una lengua consistente. Consolidada. Propia para la gran Filosofía y las ciencias duras.

En el plano particular puedo presentar limitaciones. Pero cuando me asaltan dudas técnicas consulto con mi amigo Atanasio Herranz, creador de la escuela universitaria de lingüistas y lexicógrafos hondureños. O consulto con mi amiga Águeda Chávez. Por cierto que hace varios años Atanasio me trajo de Madrid el Manual del español correcto, de Leonardo Gómez Torrego. Sin embargo, esta es otra historia, que contaré después.

Evocación de René y Norberto

Norberto James, Bruno Rosario Candelier y Andrés L. Mateo,
en Madrid, en 1972.

 

Por Andrés L. Mateo

   En el 2013, el Ayuntamiento de San Pedro de Macorís y la Universidad Central del Este rindieron un merecido homenaje al poeta petromacorisano Norberto James, el ya célebre autor del poema “Los inmigrantes”, que representa la epopeya de ese conglomerado humano que la historiografía cultural dominicana llama “Cocolos”, y que llegaron de las islas del caribe con su propia cultura, y se adaptaron a la nuestra, y aportaron sus dioses y creencias, su forma particular de socialización, su visión del mundo y sus valores.

 

Norberto James nació de padres provenientes de esa inmigración, como Juan Sánchez Lamouth o Antonio Lockward Artiles, y yo recorrí con él un largo periplo de mi vida espiritual.

Después de la muerte de mi madre, y el exilio económico de la suya en los Estados Unidos, nos fuimos a vivir a la pen

sión de “doña prima”, en la calle Padre Billini esquina Santomé. Dos tipos con libros, que hablaban de poesía y creían en el mito de que la redención social era posible.

Por eso, mientras lo condecoraban yo comencé a pensar en René del Risco, con quien nos juntábamos a compartir entonces las mismas inquietudes. Era macorisano también, y tanto Norberto como yo lo queríamos mucho.

La mañana de un sábado de octubre de 1972 nos despedimos de René. En el viejo carrito “cepillo” de Tony Raful. Habíamos ido a su casa con Norberto James. Llovía y era sábado, las ciudades se entristecen entonces.

Norberto y yo nos íbamos del país, e inventariábamos los afectos para apertrecharnos contra el desarraigo.

René era ya famoso. Tenía una cierta posición económica, y estaba claro que nos envidiaba porque éramos nosotros los que partíamos. Teníamos urgencia de cuestionar el futuro (Norberto siempre decía: “Hay que irse, no se puede sonar como un tambor, vacío por dentro, tenemos que irnos a estudiar”); él estaba cansado, eran demasiados combates, demasiada soledad.

La conciencia se amolda a la molicie del presente, pero René era un insurrecto. La cara limpia, los cabellos mentolados, la mirada furiosa y escrutadora, el pecho un poco hundido hacia la pequeña jiba que se le hacía en la espalda.

Nos abrazamos y nos dijo de todo corazón: “Cuídense, muchachos”. Antes de irnos, nos pidió la dirección porque pensaba mandarnos algún dinero, y desplegó aquella sonrisa de niño sabichoso que siempre lo acompañaba.

Jamás lo volveríamos a ver. Nos enteramos de su muerte en el frío invierno europeo de 1972, camino a Cuba, que era nuestro destino. La realidad impone al ensueño su decorado, y puede que René se haya quedado tendido sin remedio ante la muerte, pero para mí que se fue con nosotros.

Quizás esto sea impensable (Jorge Luis Borges dice que la muerte es sólo un dato estadístico), pero tal vez no pudo soportar esa fuerza que de repente se le oponía, y a lo mejor todavía anda perdido por París.

La temporalidad es a propósito ambigua, Norberto y yo podríamos estar esperando todavía esa carta con algún dinero que nunca llegó. Y yo ahora lo miraba a él, el Cocolo James, siendo reconocido por el pueblo en que nació; y me llegaba la imagen de René, aquél sábado 8 de octubre de 1972, abrazándonos y diciendo, como en el viejo tango: “Adiós muchachos”.

Soy casi viejo y tengo derecho al inventario. Norberto acaba de morir.  La vida es siempre un viaje a las antípodas, un deseo incesante de perfección que nos obliga a hundirnos en ese terror que ni el insulto ni la pasión misma pueden evitar, contando con que la ignominia y la justicia, Dios y el horror, estarán eternamente fundidos.

Por eso, cuando la asfixia moral de una sociedad cercada por sus propios espantos me atosiga, regreso a esa estación de la vida en la que me están esperando tantos sueños perdidos.

¡Hay una audacia permitida que lo valida todo en el mundo de hoy! Pero en mi alma es sábado y está lloviendo. René del Risco Bermúdez sonríe, sin embargo es un hombre que debe morir.

¿No es inútil ese aire frío que lo ronda, esa altivez en que se admira, como Narciso mirándose en el fondo del agua?  ¡Oh, Dios! Tal vez sólo habíamos vivido en el seno de un lenguaje puramente poético, y deberíamos todos avergonzarnos de nuestros viejos combates. Pero en mi alma es sábado y está lloviendo…

Ahora es Norberto quien acaba de morir. Lo veo tremolar en su poesía lenta, morosa, parecida al transcurrir de la vida en los bateyes, Porque su escritura no tenía ningún otro lugar en los géneros literarios que no sea la lírica La lírica no tiene relación espacio temporal, no tiene sujeto.

Quien lee un poema echa a andar una historia que ocurre en el acto de la lectura. Por eso la poesía de Norberto es una lírica con personajes.

Cuando no son los “Cocolos” telón de fondo de su infancia y referentes épicos de sus angustias, son los exilios y los autoexilios. También el desarraigo y la nostalgia que en sus textos yacen tendidos a sus pies como un perro flaco. Norberto no podía ser otra cosa que poeta, y por suerte lo fue.

Es así como lo recuerdo, poetizándolo todo, abstraído, sumido en la incertidumbre de seleccionar la palabra precisa para esculpir la difluencia del instante. Certero, como un alfarero.

(https://hoy.com.do/recordando-a-rene-y-mirando-a-norberto-2/)

16 de enero de 2021

 

La Nueva gramática de la lengua española

Por Manuel Núñez

 

Cuando salió La Nueva gramática de la lengua española en 1931, tenía ya la apariencia de un libro polvoriento y obsoleto. En todo el siglo XX no pudieron completarse los esfuerzos que tomaran en cuenta los remezones que ya había introducido la lingüística en los estudios gramaticales. Las cuestiones de alto bordo que preocupaban entonces a los académicos eran, ¿cómo enfrentar la pluralidad de normas? ¿Cuál es el tipo de uso de la lengua que la corporación de la RAE ha de refrendar? Los criterios del purismo habían entrado ya en capilla ardiente. Nadie ponía ya como modelo el habla de alguna región en particular de las 21 naciones de mundo hispánico. El criterio, representado en los antiguos diccionarios, del crisol purificando en la fragua los metales, seguido del lema “Limpia, fija y da esplendor”, ya era, entonces, una antigualla. El nuevo ideal asumido por todas las academias resaltaba lo que contribuyese a la unidad del idioma, vale decir, el carácter panhispánico. Así se procedió con el Diccionario de la lengua española, con La nueva ortografía de la lengua española. Los equipos pluridisciplinarios de esta nueva gramática, bajo la batuta de D. Ignacio Bosque, tuvieron a su cargo la elaboración del texto final. Cada una de las academias llevó al seno del conciliábulo las informaciones de sintaxis, léxico, morfología, semántica y ortografía. Todas las consultas fueron compendiadas e incorporadas en esta obra monumental, que ha sido escrita tomando en cuenta las variantes geográficas, el contacto con otras lenguas y la diversidad de normas.

En 1922, en su Programa de gramática para profesores de bachillerato de Cuba, D. Max Henríquez Ureña, presentaba la gramática como la adquisición de una conciencia del uso. Y toma como faena ejemplar el empleo de la lengua que hacen las personas de mayor escolaridad y el que echan al ruedo los buenos escritores. Esta perspectiva del buen uso aparece ya en los variopintos ejemplos de esta nueva gramática, y ésa es una aportación notable. Es un uso que incorpora, por lo demás, pasajes de nuestros grandes escritores, entre los cuales hay desde luego varios dominicanos; aspecto del lenguaje de la prensa, que no se diga que queremos encorsetarnos en una lengua libresca. Y todo ello tomando la variedad de usos, que la vuelven, por vez primera, panhispánica. Hay muchas de las luces de don Max que esclarecen los problemas que aún se plantea, y que a partir de este primer jalón hay que seguir poniendo en el candelero: 1) la diversidad de denominaciones, correlativa a las diversas escuelas y doctrinas, y que aquí queda evocada por el deseo enciclopédico de compendiarlas, y tratar de desvanecer las confusiones que genera y la disparidad de criterios; 2) el predominio de las definiciones, colocadas muy por encima del buen uso, que, según decía D. Andrés Bello, es el de la gente educada; 3) dos valoraciones se disputan la legitimidad, la lógica, con arreglo a normas ya aceptadas y la histórica, con arreglo a la tradición de usos anteriores. La principal dificultad de la presente obra, radica en su prolijidad, que recoge la ambición de sus autores, pero hace que sea muy difícil, resolver los entuertos con los que habitualmente se enfrenta el usuario.

Son muchas las claridades que nos aporta esta nueva gramática. La primera es dejar zanjadas o resueltas las dudas relacionadas con las disparidades lógicas.

  1. En la secuencia de género el hacha, el ave, el agua teníamos aquel hacha, aquel agua, aquel ave para concertar la concordancia de género. Sin embargo, el uso impone una concordancia ad sensum, como la llamaba Samuel Gili Gaya, concordancia por el sentido. El agua estancada, el ave muerta en la carretera etc. Se mantienen como válidas las oscilaciones de género: La mar bravía, el mar picado. En expresiones como: esa chica es un marimacho; ésa es una marimacha. Se admite la dualidad. En otros casos derivados del llamado lenguaje de género, se manifiesta una tendencia de intensidad distinta, según los países, a emplear serie coordinadas de sustantivos que manifiesten los dos géneros: los trabajadores y las trabajadoras no reciben igual emolumento. Pero, en abundantísimos casos, resulta absolutamente innecesaria. Porque el plural del sustantivo masculino ha abarcado históricamente los dos géneros: los estudiantes, los vecinos; con los pronombres: muchos, algunos han venido y también comprende las designaciones del plural, fundada en un género los padres, los príncipes, los papás, los reyes.

En el caso particular de nuestros hablantes, se plantea, en muchos casos, variaciones en los heterónimos. Por ejemplo, el término general ovejas, refiérese en nuestro caso, a los carneros, los corderos, por igual, los chivos, comprende a las cabras, cabritos. Menudean, en otros casos, variaciones únicamente de artículo. Por ejemplo, en las designaciones de rangos militares: el cabo, la cabo, el sargento, la sargento, etc. En la lista de profesiones, cargos, títulos, empleos y actividades diversas la diferenciación se mantiene en o para el masculino y a para femenino. Ya se admite, abogado, abogada, síndico, sindica, diputado, diputada, etc.

  1. Resalta de modo particular, el caso de los plurales de las palabras latinas. Se adopta como regla que los terminados en r, no admiten variaciones: Imprimatur, exequátur, paternóster. Hay casos, en los que se pluraliza: magíster/magísteres, máster, másteres.

Los latinismos terminados en t se consideran invariables accésits, hábitats, déficits, superávits. Esta misma regla se aplica a los terminados en m, y esto sí que plantea una novedad para los que emplean la lengua culta en Santo Domingo. Por circunstancias de nuestra propia tradición, se consideraba como señal de incultura pluralizar en estos casos, y se empleaba como una norma no explícita, como plural de currículum, currícula, de pensum, pensa, desiderátum, desiderata etcétera. Ahora en la misma se emplea como regla única el añadido de la s para criterium, desiderátum, factotum, quidam, réquiem, vademecum, tándem, sanctasanctórum.

Hay casos en que la pluralización se ha convertido en naturaleza el ítem, los ítemes. En otros casos los latinajos sobreviven, alternando con formas hispanizadas, el forum, foro, auditorium, auditorio, podium, podio, memorandum, memorando. La tendencia a emplear los latinismos plurales terminados en a, tiene prosapia sajona. Corpora, currícula, data, media, memoranda.

Permanecen invariables en plural algunos expresiones latinas. Tales cassus belli, coitus interrumptus, currículum vitae, deliriums tremens, deus ex machina, gloria patri, hábeas corpus, horror vacui, lapsus calami, lapsus linguae, mea culpa, modus vivendi, modus operandi, nihil obstat, peccata minuta, totum revolotum, etc. y se pluralizan específicamente la función de número en el artículo.

Por lo que respecta a los demás préstamos extraídos del inglés, y referidos a la informática, se ha procedido a una hispanización generalizada. Tenemos escáner, escáneres, diskette, diskettes, unidad central de proceso, ucp, módem, ratón, casetera, disketera.

Otros plurales de anglicismos como panty, planteaban dudas, pues era hábito incluso en lengua escrita colocar panties, en lugar de pantys, forma plural calcada, en el caso dominicano del uso de la pieza masculina, los pantaloncillos, calzoncillos. Hay una buena proporción de extranjerismos completamente incorporados y castellanizados: eslóganes, suéteres, chóferes, traileres, pulòveres, neceseres, gángsteres, esmóquines, estándares, sándwiches, clubes, faxes, flux, fluxes. Aun cuando los italianismos espagueti, confeti, raviolis, constituyen ya de suyo un plural, se pluralizan en español con s

Siguiendo las andadas por aquellas porciones del texto gramatical que tienen que ver con la formas prevalecientes en el español dominicano, examinando las sufijaciones, los autores ponen de relieve la sufijación en ada, tomando las diversas casuistica que ya tenía primacía en el español dominicano: mondongada, espaguetada, caballada, para subraya grandes cantidades. Pero también pescozada, bofetada,puñalada para referirse a golpes. Se registra desde luego las formas para expresar un golpe con azo, fuetazo, correazo, cabezazo, cantazo, piñazo, coñazo, escobazo; pero también formas, que, aunque contienen, la sufijación de marras no expresar golpe: petacazo, trago ron, hermanada con multitud de expresiones hispanoamericanas relacionadas con lo mismo telefonazo hacer una llamada. Y no siempre son golpes, como en el decir nacional un gustazo, un trancazo; un frenazo tiene más sentido figurado, al igual que la expresión un espaldarazo, manifestación de apoyo; braguetazo, casarse con alguien rico; sablazo, engañar alguien.

Siguiendo el hilo de estas sufijaciones, hay aportaciones singularísimas relacionadas con nuestra propia formas de sufijación, oriundas en muchos casos de Canarias. Son las formas derivadas en dera: preguntadera, conversadera, vomitadera, gritadera, habladera, cocinadera, bebedera, comedera, llamadera, cargadera, llovedera, corredera, bailadera, gozadera. En las gramáticas anteriores, estas formas que gozan de una enorme vigencia, ni siquiera eran consideradas.

Registra como posibilidades arcaizantes en nuestra lengua algunas sufijaciones que aun se observan en los terminados en cion aburrición, tupición, pudriciòn. Como en otras porciones de las Antillas, la sufijación ura tiene buena cosecha: gordura, hartura, frescura, diablura. En el caso de la palabra calentura, tiene significado de fiebre, deseo ardiente, deseo sexual, irritación. Todas estas posibilidades se hallan compendiadas, y explicadas por vez primera, en nuestra gramática actual. Otras de las formas de sufijación, colocadas como rasgo nuestro en El español de Santo Domingo, de Pedro Henríquez Ureña, son las derivadas de era, en lugar de flojedad, prevalece entre nosotros, flojera, chochera, borrachera, ronquera

Sobran los elementos parasintéticos, extraídos de verbos cuya base está formada por sustantivos que designan animales culebrear, hormiguear, caracolear, zanganear, abejonear, cotorrear en la misma tesitura pendejear, compadrear, brujulear, guabinear, de guabina, pez difícil de agarrar, guabinoso, persona desconfiada, lenguetear chismear, orejear revelar secretos, cranear pensar, hamaquear llevar de un lado a otro, bufear burlarse de alguien.

Son todas formas que nos parecen familiares porque corresponden a nuestra variante lingüística. Los autores en cada momento, emplean todas las fuentes informativas del idioma. Las clasifican, y señalan su pertinencia geográfica. Así en España y en Santo Domingo, se dice para nombrar el dinero que nos queda, dame la vuelta, en el resto de América Central y porciones del Sur, el vuelto. Es común en muchos países la expresión embolsarse un dinero, aun cuando se prefiere la opción caribeñañ embolsillarse un dinero.

Otro aspecto son las derivaciones apreciativas. Dentro de éstas, el análisis de las variables caribeñas de los terminados en itico, itica: cerquitica, poquita, muchachita, una vueltita, traguito, friito, hembrita ,todito, lechoncito, cafecito. Esa formas de afecto, también pueden expresarse con la sufijación azo cuerpazo, piernaza, un carrazo, puestazo, cargazo, jefazo subrayan la desmesura.

Son muchos los hallazgos con los que tropezará el lector. Esta obra enciclopédica y monumental es como un inmenso laberinto que nos muestra todas las formas de la lengua. Es como descender al Aleph imaginado por Borges en el que confluyen todos los derroteros y se ensayan todas las posibilidades de ser, nos hallamos ante el retablo en el que se revelan las menudencias de nuestra lengua, pilar de nuestra cultura y de nuestra identidad como nación, hermanadas con otras naciones, con las que comparte el legado. Esperamos que esta sencilla y escueta invitación a la lectura suscite la curiosidad y amor por esta obra fundamental de un idioma que es ya la quinta lengua del mundo, sólo superada en hablantes por el chino, el inglés, el indostaní y el ruso; que es la primera de las lenguas romances, y que por la cantidad de naciones que la hablan como lengua no sólo oficial, sino patrimonial, se lleva las palmas de todas las lenguas de Occidente.

 

La lengua materna en la gestación de la conciencia

Por

Bruno Rosario Candelier

 

A

Alfredo Matus Olivier

 valioso cultor de la palabra.

 

La lengua materna nos retrotrae al estadio de la niñez en que aprendemos a hablar una lengua, que suele ser la que nos enseña nuestra madre al amamantarnos, educarnos y darnos cariño, cuidado y protección. Por eso llamamos “lengua materna” al idioma que aprendimos en el hogar donde nacimos, crecimos y nos desarrollamos.

Con la lengua materna se relacionan los balbuceos infantiles, el aprendizaje de voces y formas expresivas del lenguaje, el conocimiento del vocabulario con su dicción y su significado, los recursos idiomáticos y figurativos del habla y, para los que tienen una responsabilidad docente, la manera didáctica que propicie su enseñanza y aprendizaje. También la relación que el hablante establece con la lengua, el conocimiento del mundo y la necesidad de adquirir una oportuna destreza en el manejo del idioma.

Otros aspectos colaterales implicados en la lengua materna son la forja de la conciencia, el desarrollo del intelecto y la creatividad, así como el vínculo entre la adquisición de la lengua y construcción de una visión del mundo, que todo idioma implica en virtud de los conocimientos, actitudes y valores que las palabras formalizan.

Con la lengua materna tiene lugar la fragua del habla, la gestación de la imagen y el concepto, el desarrollo de la expresión oral, la comunicación verbal y la creatividad.

Palabras claves: lenguaje, afecto, concepto, imagen, conocimiento, creación.

 

El desarrollo de la conciencia en el niño 

El lenguaje, la ternura y el dolor troquelan las neuronas cerebrales que forjan el desarrollo de la personalidad y atizan el poder de la conciencia (1). Tenemos una personalidad física y una personalidad espiritual. A esta última la determinan la disciplina hogareña, la formación intelectual, el talante de la sensibilidad, el carácter individual, la inclinación estética, la orientación moral y la potencia creadora. Cuando el niño está en la etapa inicial de su desarrollo aprende la lengua de los hablantes que lo rodean, y de las palabras y oraciones que escucha, va asimilando la dicción de los vocablos, el significado de las palabras y el sistema como se combinan unas voces con otras para formar frases y oraciones en el habla y la escritura. El niño aprende a hablar como hablan los mayores que le rodean, y con el conocimiento de la lengua va adquiriendo el conocimiento del mundo; desde luego, primero entra en contacto con las cosas a través de su sensibilidad, y al entrar en relación con hechos, personas y cosas va conociendo la realidad y el sentido de fenómenos y cosas. En esa relación de su ser con las cosas en él se opera el mismo proceso que se operó entre los primeros hablantes cuando comenzaron a nombrar las cosas. Dice la Biblia que Adán comenzó a nombrar las cosas según iba conociendo plantas y animales y fenómenos de la naturaleza. Algo similar sucede con cada uno de los hablantes cuando entra en contacto con las cosas. Con la luz del sol podemos visualizar las cosas con suficiente claridad para apreciar los colores y la textura de las cosas, y al lapso entre el nacimiento y el ocaso del sol se le llamó día; y desde el momento en que la sombra cubre las cosas por la ausencia de luz, el mundo se llena de tinieblas, contexto al que se le llamó noche; y así se fueron denominando todas las cosas, nombradas con una palabra que las distingue, y eso da lugar, mediante la función denominadora del lenguaje, al conocimiento del mundo, que ofrece a cada hablante un punto de contacto con lo existente para que cada uno tenga una percepción singular de cosas y fenómenos, lo que sirve de base y cauce para nuestra creación verbal.

Se llama lengua materna al idioma con el que nuestra madre nos educa en la infancia y que sirve para hablar y forjar el desarrollo de la conciencia, al tiempo que gesta una visión del mundo.  Estudiosos del pensamiento y el lenguaje, como Heráclito de Éfeso, Guillermo de Humboldt y Ferdinand de Saussure, enseñaron que comenzamos a pensar con la lengua que aprendemos en la infancia. Logos es el poder de la conciencia para pensar, intuir, hablar y crear. Y esa capacidad humana se materializa en el proceso de simbolización del lenguaje, que las palabras formalizan en imágenes y conceptos de las cosas. Las tres vertientes de la realidad (cosas, hechos y fenómenos) el lenguaje las encarna con su poder de formalización verbal que compartimos con nuestros semejantes.

El desarrollo sociocultural requiere unas relaciones humanas que socializamos con el lenguaje, y desde niño aprendemos la manera adecuada para relacionarnos con personas, animales y cosas, y esas relaciones son más efectivas entre los humanos en virtud del medio de comunicación como la lengua, que propicia una conexión más efectiva, y si tenemos un buen conocimiento del instrumento de comunicación, más fecunda y provechosa es la relación que logramos con nuestros semejantes. Desde luego, a un mayor conocimiento del instrumental de comunicación, como son las palabras con la ortografía y la gramática incluida, hay un mejor conocimiento de las cosas porque la lengua pauta nuestro conocimiento del mundo. Somos lo que somos por el lenguaje, y mediante el lenguaje, que es la expresión del Logos, nos relacionamos con las cosas, nos comunicamos con otros hablantes, pensamos y reflexionamos, intuimos el sentido y el valor de todo lo existente y, desde luego, creamos ciencia, arte y sabiduría. Y testimoniamos, con el poder creativo de las palabras, el testimonio de nuestras intuiciones y vivencias.

Tenemos ciencia, arte y sabiduría para el desarrollo humano: ciencia, para el bienestar del cuerpo; arte, para deleite del alma; y sabiduría para la fruición del espíritu.

La lengua se aprende bajo el influjo intelectivo, afectivo y espiritual de la madre, que da sustento, cariño y cultura. El afecto materno troquela positivamente los circuitos neuronales del cerebro para sentir y aprender el patrón verbal de una lengua, y con ella la esencia de una cultura y el sentido de la vida.

Al recibir el don de la vida, los humanos recibimos el Logos de la conciencia, con el cual realizamos cuatro operaciones intelectuales, como son intuir, pensar, hablar y crear. Toda la cultura se funda en esas 4 operaciones del intelecto, que los humanos realizamos en beneficio de nuestro propio desarrollo material, social y operativo.

Las mismas necesidades materiales propician la utilidad del conocimiento y la creación intelectual, estética y espiritual. La curiosidad por lo desconocido es la motivación que impulsa el conocimiento y la creatividad. Saber es una necesidad de la conciencia. Y un cauce para el desarrollo que anhelamos.

Tenemos conciencia y, por tener conciencia, comprendemos las cosas, comprendemos el sentido y comprendemos el mundo.

Con el contacto sensorial y suprasensible, conocemos lo que las cosas son y el valor que las justifica. Mediante el concurso de los sentidos corporales entramos en contacto con las cosas, y conocemos para qué son buenas.  Mediante el concurso de los sentidos interiores, entramos en contacto con la esencia y el sentido de fenómenos y cosas y valoramos lo que son, y comprendemos su trascendencia.

Con el conocimiento de las palabras conocemos las cosas, se desarrolla la conciencia y se activa nuestro poder creador.

 

El lenguaje y la gestación de la conciencia 

Mediante el impacto de las sensaciones de las cosas en la sensibilidad, se atizan las neuronas cerebrales que activan la comprensión, la intuición y el pensamiento, base del desarrollo de la conciencia. Con el desarrollo de la lengua se aviva la gestación de la conciencia, la capacidad para conocer y pensar, el don para intuir y entender, el poder para hablar y crear, que son manifestaciones del Logos de la inteligencia humana.

Lo que pensamos, sentimos y realizamos, conforma nuestra visión de la vida, el mundo y la cultura. A eso se le llama cosmovisión. Todos hemos internalizado en la conciencia una visión del mundo, aunque no sepamos formalizarla en imágenes y conceptos, y aunque no tengamos consciencia de ese conocimiento.

Lo que sentimos, pensamos y queremos conforma el caudal de nuestras sensaciones, conceptos y anhelos, que se corresponden con la sensibilidad, la inteligencia y la voluntad, las tres grandes potencias de la personalidad.

La sensibilidad y la inteligencia constituyen, mediante la dotación del Logos, la vía para percibir nuestras intuiciones y la base de nuestra creatividad, cauce de nuestras sensaciones, percepciones y vivencias.

Creamos inspirados en nuestras intuiciones y vivencias. Al crear, al hablar o escribir, testimoniamos lo que percibimos desde nuestro punto de contacto con el Universo. Todos tenemos un punto de contacto con el Universo. Y el poder de la palabra y el don de la valoración y la creación.

Podemos testimoniar lo que experimenta nuestra conciencia a la luz del impacto que las cosas generan en nuestra sensibilidad. Podemos testimoniar nuestra percepción de fenómenos y cosas, si el alma de lo viviente toca nuestro ser con su influjo singular. Podemos testimoniar las irradiaciones provenientes de los efluvios de la Creación, si tenemos desarrollados los circuitos cerebrales de la sensibilidad trascendente para percibir los mensajes de lo Alto con las verdades de muy antiguas esencias.

Todos podemos hacer un aporte al pensamiento, al arte y a la ciencia desde nuestra peculiar visión y valoración de fenómenos y cosas, si hay en nosotros el deseo de saber, de crecer intelectual y espiritualmente, de testimoniar lo que intuimos y comprendemos.

El deseo de saber es una manifestación del eros platónico, que es la energía espiritual que activa el anhelo de conocer y lograr el crecimiento de la conciencia. El impulso que llamamos Eros no solo es erótico, sino también cognitivo y creativo ya que entraña un anhelo de conocer, de alcanzar un crecimiento intelectual, de medrar en la vida y testimoniar nuestros conceptos e imágenes de las cosas.

El anhelo de conocer engendra el conocimiento, y ese anhelo despierta en el niño la curiosidad por sentirlo todo, conocerlo todo, disfrutarlo todo y entenderlo todo. Y ya se sabe que la curiosidad por el saber desata la sensibilidad, desarrolla la conciencia y activa la vocación creadora.

Ante el conocimiento de las cosas nace la curiosidad por la palabra que sirve para conocer y explicar lo que conocemos, y se potencia el conocimiento del mundo y adviene la conciencia lingüística.

Con la conciencia de lengua, la curiosidad por el conocimiento y el deseo de creación se activan las células cerebrales, que se cargan con la energía del conocimiento y el aprendizaje del saber.

Sobre este aspecto escribió el prestigioso neurólogo dominicano José Silié Ruiz: “La curiosidad no solo aumenta las oportunidades de aprender, ella aumenta el aprendizaje en sí mismo. La curiosidad causa que el cerebro cambie de estado y amplifique el aprendizaje; esa condición es la que nos explica por qué estamos interesados en algunas cosas y en otras no. El aprendizaje, pues, es el proceso virtual del cual se asocian cosas, sucesos en el mundo, gracias a lo cual adquirimos nuevos conocimientos. Llamamos memoria al proceso por el que retenemos esos conocimientos a lo largo del tiempo. Los procesos de aprendizaje y memoria cambian el cerebro y la conducta del ser vivo que lo experimenta. En el ser humano estos procesos son fundamentales porque son los que nos permiten transmitir los conocimientos y crean cultura” (2).

El niño no sabe, pero lo vive y experimenta, que en el estadio inicial de su crecimiento y desarrollo sucede el proceso de mielinización cerebral mediante el cual se activan sus neuronas y reciben la huella de cuatro poderosas energías que van conformando su personalidad: la energía telúrica, con el aliento fecundante de la tierra, de cuyos frutos se nutre nuestro cuerpo; la energía erótica, que activa la sensibilidad para sentir y disfrutar el encanto de lo viviente; la energía logósica, que dota al cerebro el Logos de la conciencia para conocer y crear; la energía cósmica, que nos inyecta el aliento espiritual que nos conecta con la Fuente primordial del Todo. En la forja de la personalidad del niño intervienen la familia, el lenguaje, el afecto y la cultura.

Hay cuatro conceptos básicos que se olfatean desde niño, aunque no se tenga en esa etapa de la vida una comprensión de su alcance, como son intuición, conceptuación, inspiración y revelación.

   Intuición (de intus legere, ‘leer dentro’) es el poder del intelecto para captar el sentido de fenómenos y cosas; conceptuación es la capacidad para comprender el valor de cosas, ideas, ocurrencias: inspiración es una luz o soplo del espíritu para entender fenómenos y cosas; y la revelación es la recepción de un mensaje profundo que viene de lo Alto, de la sabiduría cósmica o de la misma Divinidad.

Desde la etapa infantil comienza todo lo que forja la personalidad del sujeto. Sentimos, pensamos y queremos. Lo que sentimos aporta al cerebro datos para la comprensión de las cosas. Por eso decía Aristóteles: Nihil est in intellectu quo prius non fuerit in sensu: ‘Nada llega al entendimiento sin antes pasar por los sentidos’. Efectuado ese proceso sensorial, adviene la conceptuación o realización de conceptos y de imágenes, base para la reflexión y la creación. Cuando pensamos, concebimos imágenes y conceptos. Pensar en conceptos es crear ideas de fenómenos y cosas; pensar en imágenes es crear una figuración de fenómenos y cosas. Quienes piensan en conceptos son los filósofos, científicos, tratadistas, ensayistas, teóricos o los hablantes cuando comunican mediante el lenguaje ordinario lo que sienten, conciben o valoran. Los que piensan en imágenes son los poetas, narradores, dramaturgos, músicos, arquitectos, escultores, danzantes, cuando dan forma a sus intuiciones y vivencias.

La capacidad para pensar se desarrolla con ejercicios de reflexión, interpretación y valoración de las cosas. La capacidad para sentir se acrecienta con ejercicios de contemplación y goce de lo viviente.

Para crear hay que aprender a contemplar. La contemplación es un ejercicio de la sensibilidad para sentir y disfrutar el encanto de las cosas. Al sentir lo que las cosas son y significan, apreciamos sus fluidos en la sensibilidad y los procesamos en la conciencia.

Tenemos sensibilidad, conciencia y lenguaje, que se desarrollan mediante el contacto con la realidad material y suprasensible. La creatividad se desarrolla mediante la observación de la realidad, la lectura, el cultivo del arte y la literatura, la interpretación de cuentos, poemas y estudios. En el desarrollo de la sensibilidad y la conciencia inciden los medios de comunicación y todo lo que toca los sentidos físicos y espirituales. Sabemos que el impacto de los medios audiovisuales y digitales de la realidad virtual ha ido modificando y redefiniendo la educación de los niños con los dispositivos electrónicos y su relación con la realidad sociocultural, y ese impacto electrónico está interfiriendo, positiva en algunos aspectos, y negativamente en gran parte de su desarrollo, su educación y su capacidad de comprensión de su propia realidad, así como de su propia lengua. El uso de teléfonos celulares y el abuso de los artefactos electrónicos con sus videojuegos está idiotizando a los niños con tal intensidad que parecen perder el interés por todo lo que no sea ese pasatiempo virtual a través de las ventanas visuales del internet ya que solo quieren dedicarse al chateo, el intercambio con internautas y el entretenimiento que propician los programas teledirigidos a través de esos recursos electrónicos. La vertiente negativa que al respecto está sucediendo entre infantes y mozalbetes es preocupante para padres, educadores, tutores, formadores y líderes de la comunidad.

En los últimos 30 años la tecnología electrónica ha transformado la cultura que el mundo había forjado en tres mil años. Y esa realidad se está reflejando en la formación intelectual, el aprendizaje y el conocimiento, la conformación cerebral y los intereses de los niños y los jovenzuelos y, desde luego, en el desarrollo de la lengua materna.

 

Lengua materna y creación literaria

Cuando la madre habla con el niño le transmite la forma de hablar, el uso de las palabras y el significado de las voces y las cosas y, por supuesto, su cultura, su religión, su visión del mundo y el fundamento moral, intelectual y espiritual de su conducta. La socialización del niño se logra mediante la relación centrada en el afecto y el lenguaje.

Los principios de sociabilidad, convivencia y moralidad se aprenden en el hogar con el ejemplo y la orientación de los padres y mayores. El sentido estético y espiritual comienza en la infancia con la vivencia de un arte, el cultivo del saber y la práctica de la religiosidad.

El desarrollo de la sensibilidad y el intelecto lo propician emociones estéticas y conocimientos que enseñen y edifiquen.

Cuando desde niño nos cuentan una bella historia o nos cantan bellas canciones o nos amenizan el momento con juegos comenzamos a valorar el arte de la narración y el arte de la canción y el deporte.  Cuando en mi niñez escuché a una señora decir que en su sermón el cura tiraba por su boca “pepitas de oro”, la frase me impactó, aunque entonces no sabía que se trataba de una metáfora.

En los hogares cuyos padres fundan sus actos en los ideales y valores que dan fundamento a una vida ejemplar, el niño aprende el sentido de un sano comportamiento y una convivencia positiva.

Si algo une a los poetas y los niños es la intuición, que es la facultad del intelecto con el cual asumen la sustancia de sus vivencias y el sentido de sus percepciones. El tema de la intuición está presente en la creación literaria y, desde luego, en la poesía y la narrativa para niños.

Tanto los poetas, los contemplativos y los niños se compenetran con lo viviente y tienen una particular relación con fenómenos y cosas en virtud de su sensibilidad empática con fenómenos y cosas.

Los poetas, como los contemplativos y los niños, experimentan una singular satisfacción al vivir sus emociones entrañables como una aventura de la imaginación para vivir en su mundo interior lo que la realidad brinda. De ahí la imaginación lúdica que viven los niños.

En la literatura concebida para niños sus autores, casi siempre adultos, recrean lo que entienden o suponen de la mentalidad infantil, y en su creación procuran el desarrollo de la sensibilidad y la conciencia de sus lectores. El niño vive el valor de las cosas mediante el sentido de la imaginación.

A los sentidos físicos de visión, audición, olfato, oído y tacto, hay que sumar los sentidos interiores, que son intuición, imaginación, memoria, sentido común y estimativa. Dichos sentidos son el medio de contacto de nuestro ser con el ser de fenómenos y cosas.

En el estadio de la infancia hay etapas en que el niño parece no diferenciar la realidad real de la realidad imaginaria. Vive la realidad como una ficción. Y su imaginario es cómplice de la realidad real.

Para el niño el mundo verdadero es el que recrea en su interior, que su imaginación concibe, perfila y certifica. Por eso, entre los rasgos de la literatura infantil figuran: 1. El sentido de lo maravilloso de sus aventuras y pasiones. 2. El tono lúdico de sus relatos y acciones. 3. El sentimiento de ternura y empatía hacia criaturas, elementos y cosas.

Los niños, los místicos y los contemplativos comulgan con el alma de lo viviente. Y se compenetran con el sentido de la Creación.

De ahí el valor de la realidad, según quien la contemple. Ante la realidad interior del sujeto puede acontecer una vivencia estética; ante la realidad natural, una vivencia cósmica; y ante la realidad sobrenatural, una vivencia mística. Por tanto, difieren la realidad interior, la realidad estética y la realidad cósmica.

Para la sensibilidad y la conciencia de los niños, la imaginación infantil de nutre de sueños, fantasías, ilusiones, inspiraciones y revelaciones.  Los niños experimentan una coparticipación con la cosa, vivencia que también tienen poetas, iluminados y místicos.

El poder de la intuición no requiere del conocimiento del mundo, ni formación intelectual o libresca, sino del contacto con la realidad. Por eso la intuición se auxilia de los sentidos, no de la razón.

No hay restricción de temas y motivos, aunque en sus vivencias y creaciones figuran siempre la realidad con la belleza y la verdad.

   La madre sabe cómo inducir la imaginación de su hijo en el uso del lenguaje y la creatividad. La tarea primordial de la imaginación poética es la invención de la forma que canaliza el tema que motiva y entusiasma para testimoniar lo que experimenta la sensibilidad y concita la inteligencia.

La lengua es la plataforma verbal que da cuenta de las cosas que las palabras encarnan, perfilan y representan. Aunque nacemos con la capacidad para hablar una lengua, no venimos al mundo con el conocimiento de un idioma. Para aprender una lengua, el niño tiene que socializarse en una cultura, tener la capacidad de intelección y la habilidad para desempeñarse en el uso de las palabras.

Tres son los factores determinantes de la personalidad:

  1. Plataforma biológica o clave bioquímica en la que descansa la dimensión corporal del sujeto, base de la personalidad física.
  2. Urdimbre afectiva o clave psicológica en la que se funda la faceta emocional del sujeto, base de la personalidad psíquica.
  3. Aliento trascendente o clave mística en la que se consolida el aura sutil del sujeto, que revela la personalidad espiritual.

Esas tres dimensiones, concatenadas en la configuración biológica, emocional y espiritual de una persona, se manifiestan en la conducta, el lenguaje y la creación, sea científica, filosófica, artística o literaria.

Es importante la gestación de una mente sana, equilibrada y normal en los niños para evitar en la edad adulta actitudes resentidas, comportamientos egoístas y acciones miedosas, lo que influiría no solo en las relaciones con los demás, sino en la percepción de la realidad y la valoración objetiva y cierta de las cosas. Asumimos la realidad como somos en nuestro interior: “Nada es verdad ni es mentira/todo es según el color/del cristal con que se mira”, expresan unos versos de un poeta español.

No podemos confundir la verdad subjetiva con la verdad objetiva, o la verdad de juicio con la verdad de hecho. Y eso se aprende desde la infancia, en un hogar centrado en el amor, la virtud y la bondad.

Con mirada de niño, que es una mirada cómplice y empática, los textos de los escritores que cito como ilustración tratan de interpretar lo que sienten, hacen, viven y disfrutan los niños en su relación con las cosas, como se puede apreciar en los siguientes ejemplos.

El afecto y el lenguaje, dos atributos que se aúnan en el corazón de la madre cuando acuna en su regazo al niño que gestó en sus entrañas, dan cuenta de lo que hace la sensibilidad y la conciencia para darle sentido y trascendencia a la vida, según revela la poeta romántica dominicana del siglo XIX Salomé Ureña, cuando evoca en su poema “A mi madre”, fuente del aliento y cauce de la vida:

 

Mi voz escucha: la lira un día

un canto alzarte quiso feliz,

y en el idioma de la armonía

débil el numen ¡oh madre mía!

no halló un acento digno de ti.

 

¿Cómo tu afecto cantar al mundo,

grande, infinito, cual en sí es?

¿Cómo pintarte mi amor profundo?

Empeño inútil, sueño infecundo

que en desaliento murió después.

 

De entonces, madre,

 buscando en prenda,

con las miradas al porvenir,

voy en mi vida, voy en mi senda,

de mis amores íntima ofrenda

que a tu cariño pueda rendir.

 

Yo mis cantares lancé a los vientos,

yo di a las brisas mi inspiración;

tu amor grandeza dio a mis acentos:

que fueron tuyos mis pensamientos

en esos himnos del corazón (3).

 

Ante una mirada amorosa hacia lo viviente con la inspiración de una verdad profunda, la verdad poética que intuye el corazón, le tributó un reconocimiento universal al autor de El Principito, el escritor francés Antoine de Saint-Exupery, por su intuición de que “lo esencial es invisible a los ojos”. Y así es, porque lo que permanece y trasciende, otorga el sentido a todo y mueve la sensibilidad y la conciencia desde nuestra infancia, cuando sentimos y actuamos con espíritu abierto, limpio y espontáneo con una vida en armonía con la naturaleza bajo el aliento sutil que nos sostiene. Dice El Principito:

 

El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:

   -No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

   Y las rosas se sintieron bien molestas.

   -Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo todavía-. No se puede morir pos vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.

   Y volvió hacia el zorro:

   -Adiós -dijo.

   -Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

   -Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el principito, a fin de acordarse.

   -El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.

   -El tiempo que perdí por mi rosa… -dijo el principito, a fin de acordarse.

   -Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…

   -Soy responsable de mi rosa… -repitió el principito, a fin de acordarse (4).

 

En “Labios”, genuina creación poética de Miguel Solano, el poeta interiorista que tiene conciencia de adulto y sensibilidad de niño, se sitúa en el corazón de los infantes y asume su imaginación para recrear una amorosa visión del mundo mediante el lenguaje del amor con el que siente y expresa el encanto y el sentido de lo viviente a la luz de lo que embellece y edifica:

 

Concentró la esperanza del Universo

 en sus labios y yo pude masticarla.

Labios que sostienen el idioma sagrado

el paladar simbólico

la iniciación del ser

labios que me entregaron las verdades altas.

Ahora me acojo al recogimiento de sus recuerdos

a la muerte de la ausencia que renace,

labios que al adueñarse de mí

se adueñaron del arte por excelencia

e hicieron de mi corazón un polvorín de amor (5).

 

El niño lo siente todo porque todo lo entiende con el corazón. Con su sensibilidad abierta y empática, se comunica con todo, lo sufre y lo goza todo con su identificación emocional, imaginativa y espiritual con lo viviente. Por eso decía el Maestro de Nazaret que había que volverse como un niño para sentir y saber que vivimos en un paraíso, que es la manera de abrirse con amor a todas las cosas bajo el fulgor de lo viviente.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 19 de febrero de 2020.

 

Notas:

  1. El médico, académico y pensador español Juan Rof Carballo, en Urdimbre afectiva y enfermedad (Logroño, Universidad de La Rioja, 1961, 69ss.) ponderó el afecto y el lenguaje como los dos factores determinantes que troquelan las neuronas del cerebro para forjar el desarrollo de la conciencia y la personalidad.
  2. José Silié Ruiz, “El cerebro, curiosidad y memoria”, en Hoy, Santo Domingo, edición del 21 de diciembre de 2019, p. 8A.
  3. Salomé Ureña, Poesías escogidas, Ciudad Trujillo, Rep. Dominicana, Librería Dominicana, 1960, pp. 102-103.
  4. Antoine de Saint-Exupery, El Principito, Santo Domingo, S/n de edición, 1992, pp. 72-74.
  5. Miguel Solano, Yo soy la imagen/Io sono limmagine, Santo Domingo, Ediciones AQI, 2008, p. 36.