Unas cuantas tildes menos

Entre las novedades que nos ha traído la nueva ortografía académica se encuentra la eliminación de la tilde en tres casos concretos. La regla general es que las palabras que tienen una sola sílaba no se acentúan ortográficamente. Existen, no obstante, casos de uso de la tilde para distinguir entre las formas tónicas y átonas de un mismo monosílabo.

Puntualizando

Los signos de puntuación tienen historias curiosas. Así les pasa a los puntos suspensivos. Se llaman así desde 1841 y desde entonces son tres, solo tres, puntos consecutivos que se escriben a continuación de una palabra, sin que los separe ningún espacio. A pesar de su aparente humildad, nos sirven para expresar muchas cosas. Los usamos si queremos indicar una pausa, porque dudamos o porque queremos causar expectación: “Si la educación fuera una prioridad…”. Nos sirven también para indicar silencios significativos o para sustituir palabras consideradas inconvenientes: “¡Qué p…!”. Si enumeramos varios elementos los podemos usar al final como sustitutos de la abreviatura etc. Desde luego en este caso debemos evitar usarlos ambos a la vez.

Limpia, fija y da esplendor

La Real Academia Española se fundó, allá por 1714, con el propósito de destacar la importancia de la lengua española entre las lenguas occidentales. Se eligió desde su fundación el ya famoso lema Limpia, fija y da esplendor y el emblema de un crisol puesto al fuego.

Chivos sin ley

Hacía mucho que no encontraba en una obra literaria contemporánea tantas y tan hermosas referencias a la lengua. Cada novela, cada poema o cada texto dramático son, en sí mismos, una alabanza a la creación humana que los hace posible y que es su materia prima: la lengua; pero en pocos encontramos unas palabras tan bonitas y tan certeras como estas de Muriel Barbery en su novela La elegancia del erizo: “La lengua, esta riqueza del hombre, y sus usos, esta elaboración de la comunidad social, son obras sagradas.

Los nombres de nuestra lengua

Solemos referirnos a nuestra lengua materna como el español; usamos también la voz castellano. Ambas denominaciones son correctas y podrían considerarse sinónimas y usarse indistintamente. El que se considera el primer diccionario de nuestra lengua, escrito por allá por 1611 por Sebastián de Covarrubias, se titulaba Tesoro de la lengua castellana o española. Español es el nombre preferido y generalizado cuando, en otros idiomas, se refieren al nuestro: en inglés Spanish, en alemán Spanisch, en francés espagnol o en italiano spagnolo, por citar solo unos cuantos.
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Palabras accesibles y asequibles

Existen palabras muy parecidas en su forma que los hablantes tendemos a confundir y las utilizamos en situaciones para las que no son apropiadas. Es el caso de la pareja de adjetivos asequible y accesible. Su parecido en la escritura es indiscutible; si les añadimos nuestro seseo en la pronunciación, la cercanía crece aún más. Sin embargo, no son iguales en su significado y, por lo tanto, no podemos intercambiarlas.

Con la mente en los adverbios

Una lectora nos consulta acerca de la corrección del adverbio seguidamente. Esta duda se la provoca el hecho de que no ha encontrado este adverbio en el Diccionario académico ni tampoco en otros diccionarios consultados.

Propósitos de Año Nuevo

Esta columna de hoy es la última Eñe de 2010. En estos días solemos mirar atrás y analizar lo que ha sido el año que está a punto de terminar. Para la Academia ha sido un año intenso de trabajo y de resultados.

Noches y días con nombre propio

La cultura occidental celebra con especial intensidad las fechas en las que nos encontramos. En ellas se conjugan tradiciones laicas y religiosas que nos acercan a la familia y los amigos y nos animan a plantearnos propósitos para el nuevo año y a olvidar los que nos propusimos el año pasado y aún no hemos cumplido. Todos nos renovamos con los que nacieron y morimos un poco con los que nos dejaron. Estas fiestas navideñas nos traen también sus palabras. Como todas las que se refieren a festividades, ya sean religiosas o civiles, deben escribirse con inicial mayúscula.

Esto es lo que hay

Tengo que reconocer que el verbo haber acumula dificultades. El inconveniente más evidente es el ortográfico: la h y la b nos causan a veces sus problemitas. Sin embargo, los errores más frecuentes los encontramos, sin duda, en la utilización de haber en expresiones impersonales. En ellas haber expresa la presencia de aquello que indica el nombre que lo sigue en la oración. Por ejemplo: “hay café en la taza”. En este uso, muy importante y aparentemente simple, hay dos escollos que repetimos una y otra vez, pero que son muy fáciles de salvar.