Meterle – palestra *pública – que (adonde)

METERLE

Con respecto del verbo meter, este posee en el español dominicano varias acepciones que se apartan de lo conocido del español internacional. Esos significados se mencionarán en el desarrollo de este estudio, mas lo que se pretende aquí es llamar la atención sobre el verbo utilizado del modo en que aparece en el título, es decir, sin necesidad de complemento alguno.

Lo interesante de este verbo es que en tanto verbo reflexivo, pronominal o de acción recíproca cubre una vasta gama de acciones en el español dominicano.

La persona que invierte dinero en República Dominicana, “mete cuartos en un negocio”. Cuando un agente de la policía de tránsito atrapa (en dominicano, “agarra”) a una persona en el momento de una infracción, “le mete una multa”. El individuo que gusta de consumir drogas, lo que hace es que “le mete a las drogas; o mete drogas”. Si a alguien se le ocurre comprar algo, sobre todo si lo compra a plazos, entonces “se mete en deudas”. Si acaso la persona padece de modo súbito de algún malestar, y comienza a estornudar, se dirá que “se le metió una estornudadera”. Si se propasó en su conducta, el dominicano dice que “se metió en rojo” y pagará las consecuencias por ello. Del mismo modo, si uno cambia de profesión sin la debida preparación, o porque está improvisando, dicen que “se ha metido a carpintero”. Si algo inesperado le sobreviene a un dominicano lo describirá diciendo que eso “se le metió en el cuerpo”. Se deja constancia aquí de que esta enumeración no es exhaustiva.

Con respecto del verbo meter, funcionando como tal en locuciones verbales, el español dominicano cuenta con una treintena de ellas. Quien esto escribe se auxilió del Diccionario del español dominicano (2013), publicado por la Academia Dominicana de la Lengua, para esta lista y para la mención de la cantidad de locuciones.

El meterle que se prometió al principio de esta sección, así solo y con el pronombre incorporado, tiene relación directa con “una pela, unos correazos, fuete, una fuetiza”. No es raro oír a un(a) joven dominicano(a) decir que si se porta mal en su casa “le meten”, es decir, lo castigan. Y ese castigo por necesidad es corporal, implica violencia física. A esta acepción hay que hacerle un espacio en los diccionarios del español dominicano. Adrede se deja sin mencionar el verbo meter en los casos en que se trata de metérselo, que es otro cantar.

 

PALESTRA *PÚBLICA

“Durante este tiempo, cada vez que alguien trate de pasar una nueva ley de inmigración, el nombre de este matrimonio de indocumentados va a salir a la PALESTRA PÚBLICA”.

La historia de la palestra se remonta a la época de Grecia. Era un lugar público. Sirvió al principio para ejercicios de índole física. Más tarde se abrió para aceptar discusiones públicas también. Para comodidad se repasarán las descripciones de palestra y se comprobará que en la oración que se trae en esta ocasión para ilustrar, se está en presencia de lo que se conoce con el nombre de pleonasmo.

Esta figura que se acaba de mencionar se conoce con varios nombres que giran alrededor de la abundancia de palabras innecesarias, del exceso o sobra de términos. Se considera un vicio cuando la sobreabundancia mentada no le añade belleza o utilidad alguna a la locución. Este recurso se acepta en los casos en que sirve el propósito de imprimir mayor fuerza o colorido a la expresión. Algunas de estas redundantes expresiones están consagradas en el uso y se han convertido en lugares comunes.

Esta figura en cierto modo se asemeja a otra que tiene mayor amplitud, que se denomina tautología, que es cuando la repetición se hace sobre una idea. El pleonasmo puede producirse por la simple utilización de sinónimos o perífrasis. En retórica ya caída en desuso, algunos oradores se permitían estas repeticiones de sinónimos con la intención de aclarar los conceptos. En otros casos se recurría a este procedimiento para demostrar conocimientos, que es algo que desembocaba en pedantería.

En República Dominicana se recuerda que en el estilo forense los abogados utilizaban estas repeticiones sinonímicas para no dejar cabo suelto que pudiese prestarse a interpretaciones aviesas o para no dar pábulo a la parte contraria a esgrimir argumentos irrefutables. En los casos en que estas repeticiones de sinónimos son ociosas se llama de “datismo”.

En algunas ocasiones en estilística puede recurrirse al procedimiento de la redundancia para surtir un efecto determinado, como es el caso del ya famoso ejemplo, “lo vi con mis propios ojos”, que en República dominicana se completa añadiendo “que se comerán los gusanos”.

Para regresar al punto de partida. En el caso de la “palestra pública”, la definición de la palabra palestra lleva en su seno el dato de que es “un sitio, plaza, lugar” público. Es el sitio donde se discute de forma pública. “Salir a la palestra”, que es la expresión usada por el redactor, es participar en una discusión pública.

 

QUE – ADONDE

“Fue allí QUE V. y su hijo, quien es dueño del taller llegaron en su Altima a recoger algunos equipos”.

En la cita el redactor omitió la (,) coma que debe ir después de “taller” y antes de “llegaron”. El signo ortográfico omitido sirve para indicar la división de frases o elementos de ellas y haría más fácil de entender el sentido de la frase.

Cada día que pasa se observa mayor confusión en cuanto al uso de, que, (a)donde y cuando. Los equívocos llegan hasta el extremo. Algunos redactores piensan que donde puede hacer las funciones de todos los demás. En esta sección se limitará el estudio a que utilizado en lugar de adonde.

Lo que cabía en la frase que se ha transcrito era adonde, porque este adonde, sin acento, es un adverbio relativo de lugar, que en el caso específico de la cita de más arriba tiene relación con “allí”, su antecedente, que naturalmente se refiere a un lugar. Ese adonde representa por su significado, “el lugar en que, el lugar al que”. El verbo llegar es un verbo de movimiento que hace que el adverbio relativo que deba emplearse sea adonde.

Vale la pena que se escriba una frase parecida a la de la cita, con el mismo sentido, en la que se reemplace ese “que” por “el lugar al que” para aclarar lo que se ha escrito a este respecto. “Fue allí, al lugar al que V. y su hijo, quien es dueño del taller, llegaron en su Altima a recoger algunos equipos”.

No puede dejarse pasar la oportunidad que ofrece este ejemplo y el tratamiento que de este se hace para recordar que donde, como se mencionó antes, es adverbio de lugar y no de tiempo. Esto equivale a decir que no debe usarse donde para aludir a momentos, o tiempo, pues en esos casos lo que corresponde que se utilice es cuando.

No hay que impacientarse si no se estudian todos los casos relativos a estos adverbios en esta sección. Antes se ha escrito sobre algunos de ellos; además, habrá ocasión de examinarlos en otras oportunidades, cuando se presenten los textos (citas) extraídos de la prensa escrita con usos indebidos de estos.

© 2015, Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Barra y punto

Si de signos ortográficos hablamos, el acento y la coma se llevan todo el protagonismo. Hay otros más humildes, menos frecuentes, que realizan su labor calladamente y que se merecen también que sepamos usarlos correctamente.

 

Los signos ortográficos se clasifican en tres tipos: los signos diacríticos (la tilde y la diéresis); los signos de puntuación (el punto, la coma, el punto y coma, los paréntesis, etc.); y los signos auxiliares (los más comunes en la lengua española son el guion, el apóstrofo y la barra).

 

Ojo, no esa barra que todos han imaginado… Esta barra: /. Esa a la que la mayoría, por parejería denomina slash (como si slash no fuera lo mismo que barra solo que en inglés). Seguro que esos mismos cuando hablan en inglés se cuidan mucho de no usar palabras en español para demostrar lo bien que lo hablan.

 

Entre las funciones de la humilde barra se encuentra marcar la abreviatura de algunas palabras. Habrán visto abreviar calle como c/.

 

También nos ayuda a relacionar dos elementos; cumple así la función de una preposición: 80 km/h (kilómetros por hora) o 300 pesos/mes (pesos al mes).

 

Yo la uso mucho en esta columna como signo auxiliar para indicar la existencia de dos opciones posibles: béisbol/beisbol, fútbol/futbol. Seguro que la han encontrado en el encabezamiento de las cartas: Estimado/a señor/a.

 

Chiquita pero matona. Al final no parece tan humilde. En todos estos ejemplos debemos asegurarnos de no dejar espacio entre la barra y las letras que la preceden o que la siguen. Y de llamarla por su nombre: barra. Y punto.

© 2015 María José Rincón.

 

Ganas de fuñir

Decían en mi tierra, que poco a poco hila la vieja el copo. Yo, muy aficionada a las labores de aguja, pretendo hilar poco a poco el copo de los adjetivos. La semana pasada los dejé con la miel en los labios (¿?).

Entre los adjetivos distinguimos dos tipos: relacionales y calificativos. No se trata de embotellarse la información. Se trata de conocerlos mejor para saber cómo trabajan y ponerlos a funcionar correctamente en nuestro beneficio.

El rasgo principal de un adjetivo relacional es que nos sirve para clasificar personas o cosas. Lo explica muy bien la Nueva gramática básica de la Asociación de Academias. Una actividad comercial se refiere a ‘un tipo’ de actividad, frente a una actividad intelectual, deportiva, etc. Una crisis económica es un tipo de crisis distinto de una crisis sentimental, una crisis gubernamental o una crisis humanitaria. Clasificamos el tipo de actividad o de crisis al que nos referimos mediante un adjetivo relacional.

Los adjetivos calificativos suman cualidades o propiedades al significado del sustantivo al que se aplican: una alumna ejemplar, un profesor dedicado. El adjetivo no los clasifica sino que destaca una de sus cualidades.

Me encantó el ejemplo que propone la Nueva gramática básica de las Academias para diferenciarlos. Recuérdenlo como modelo. Un perro ladrador (adjetivo calificativo) frente a un perro labrador (adjetivo relacional); un gato sibilino –yo, con el permiso de las Academias, lo dominicanizaría en un gato barcino– (adjetivo calificativo) frente a un gato siamés (adjetivo relacional).

No crean que me levanté con ganas de fuñir. Cada tipo de adjetivo se comporta de una forma y esto afecta su uso. Practiquen, que para la próxima nos toca aprender a usarlos bien.

© 2015, María José Rincón.

Periquito – quicio – elaborar

PERIQUITO

Un periquito dominicano es algo que salta a la vista. Un periquito en toda propiedad es un ave que se hace notar. Emite sonidos que hacen que las personas vuelvan la mirada para reconocerlos.

En la República Dominicana un periquito es algo que llama la atención, que se hace notar, algo que resalta, que no puede pasar inadvertido. La gran diferencia entre el pájaro y el periquito dominicano es que el dominicano no tiene voz sonora y desafortunadamente pasa desapercibido para muchas personas.

Un periquito dominicano es una falla (fallo), una falta, un error en que se incurre por descuido, olvido o ignorancia. Ese desacierto a que se refiere esta sección ocurre en los escritos ajenos. Esta columna acerca del idioma español se nutre de esos periquitos.

En algunas ocasiones esos periquitos son una suerte de verruga que en medio de la piel tersa y uniforme de una beldad llaman la atención del lector. Es algo que en medio de la redacción de un artículo revela un desliz.

En muchas ocasiones los columnistas prestan poca (por no decir ninguna) atención al estilo, a la claridad, al encadenamiento de las ideas. Del mismo modo desprecian el cuidado con que deben ponderar el valor real de las palabras.

En otras ocasiones los periodistas escriben estos periquitos apremiados por la celeridad o los plazos porque no disponen del tiempo para revisar textos que escriben a la carrera para cumplir con compromisos.

Esos periquitos son el material primario que nutren estos comentarios. Además, se simpatiza con la voz periquito para denominar esos gazapos porque la última voz suena forzada en América con esa zeta trabada en esa posición que la hace sonar ajena al habla americana.

Hay que dejar bien claro que el autor de estas apostillas no se regocija cuando encuentra un periquito, sino que reacciona con pena, y a veces, con sentimiento de contrariedad. No se pasa por alto mencionar que los periquitos de los escritos tienen voces para quien esto escribe.

 

QUICIO

“El poeta de. . . merece un QUICIO aparte también porque él tiene talento y coraje para decir lo que piensa en cualquier sitio”.

Al leer esta frase “la alarma se disparó” como se acostumbra a decir ahora. Con el empleo del vocablo quicio en el contexto, los conocimientos previos indican que algo andaba mal. Mas, como el español es una lengua vasta hay que recurrir al diccionario o a los diccionarios para sacar en claro el valor de quicio aquí. Se llegó hasta el diccionario del tipo de español del país del escritor. Ahí se encontró satisfacción a la búsqueda. Eso se develará más abajo.

En el español de todos los días quicio es la parte de la puerta o ventana donde se colocan las bisagras o goznes. Además, es el rincón entre la puerta y la pared por el lado sobre el que gira la puerta.

Con la ayuda de esa acepción no podía sentirse conforme una persona porque el significado del rincón no se aviene con las demás partes de la oración. Antes de llegar al concepto cubano del quicio privativo de ellos vale la pena mencionar más abajo algunas locuciones formadas con ese vocablo que son de uso en el español habitual.

“Fuera de quicio” es una locución adverbial que el diccionario de las Academias tiene por ‘fuera del orden o estado regular’, pero que en el uso americano es “tener una persona alteradas sus facultades mentales”. “Sacar de quicio” es exasperar una persona hasta hacerle perder el tino. Cuando se trata de una cosa es violentarla, sacarla de su estado normal.

La locución que no aparece en esos lexicones españoles es la dominicana que solo consta en el Diccionario del español dominicano (2013), la locución adjetiva, ‘más haragán, na que un quicio’ que fue de uso preferido de la tía Nena. Es una definición exacta de la haraganería si se tiene en cuenta que esa parte de la puerta o ventana no se mueve, en contraste con el elemento (hoja) que abre y cierra. En República Dominicana el quicio es también el ‘muro pequeño que separa el hueco de la puerta de la acera’, así consta en el recién mencionado diccionario.

¿Dónde está el quicio de la cita? Solo logró localizarse en el Diccionario del español de Cuba (2000) donde está asentado así: ‘Escalón muy alto o conjunto de dos o tres escalones que da acceso a una casa o un edificio situado a un nivel más alto que la acera’. Inmediatamente después de la lectura de esa acepción se constata la afinidad entre el quicio dominicano y el cubano. Dicho sea de paso, ninguno de los dos quicios destacados en esta sección, propios de República Dominicana y Cuba, constan en el Diccionario de americanismos (2010) de la Asociación de Academias.

Para volver al texto que dio pie a esta sección, la utilización que hace el redactor de la voz quicio en sentido cubano hay que tomarla como afín a “pedestal, peana”. ¡Alabados sean los manes de la semántica!

 

ELABORAR

“. . .G. declinó ELABORAR las declaraciones que hizo por el radio”.

Este uso del verbo “elaborar” en este contexto es un caso flagrante de anglicismo en idioma español. Es propiamente el empleo en español de un vocablo inglés de escritura semejante al español (parónimo) con el significado del inglés. El verbo elaborar está usado en la frase reproducida atribuyéndole el significado que tiene en inglés. Los detalles de lo enunciado aquí se desarrollarán más abajo, en el curso de esta sección.

Este verbo, elaborar, se ha prestado para que en la redacción de los lexicones pueda definirse de manera distinta, aunque conserve en el fondo su significado primigenio. Hace siglos que en español el verbo elaborar lleva en su seno la idea de “gran aplicación, dedicación, cuidado con el detalle, refinado”. Esto corresponde a “trabajar con primor y perfección alguna cosa”. Es “preparar de modo esmerado”.

El origen mismo del verbo trae el mensaje de trabajar con diligencia, pues en latín era elaborare, formado de ex y laborare para “trabajar con fatiga”. En latín elaborare correspondía a “perfeccionar”.

En la actualidad el contenido del verbo sirve para representar la transformación de una cosa ‘por medio del trabajo adecuado’, que es la manera como la Real Academia redacta una parte de su definición. Esa institución en su segunda acepción, escribe: ‘Idear o inventar algo complejo’. Con términos parecidos lo expresa el Gran diccionario de la lengua española de Larousse en una de sus acepciones: ‘Crear una estructura mental compleja’. En el Diccionario integral del español de la Argentina, la segunda acepción recoge: ‘Inventar, planificar o diseñar algo’.

Como puede deducirse de los términos empleados en las definiciones precedentes para el verbo, el proceso de elaborar conlleva una serie de acciones o transformaciones, es en conclusión, someter algo a transformaciones para obtener un producto terminado.

Ahora bien, ¿cómo es eso de que una persona pueda declinar elaborar las declaraciones que hizo en la radio? Esto se debe a una confusión entre la lengua española y la inglesa. El verbo intransitivo elaborate, se traduce al español con ayuda de “dar detalles, dar explicaciones, explicarse, extenderse, extenderse en consideraciones, ampliar una referencia”. Estos datos se han tomado del Diccionario de dificultades del inglés (1976), de Torrents dels Prats.

El fenómeno que se produce entre el español y el inglés también ocurre entre el inglés y el francés, pues para el verbo elaborate del inglés en los casos similares a los examinados más arriba, en francés se utiliza entrer dans le détail. Algo parecido se suscita con la lengua portuguesa, porque en esta el significado del verbo es similar al del español. Otro tanto acontece en italiano, lengua en la que el verbo transmite la misma idea que en las demás lenguas latinas.

Antes de concluir con el tropiezo del “refreidor” de noticias (aspirante a traductor), hay que llamar la atención sobre otro significado del verbo elaborar en español que, por desgracia, ha caído en desuso como consecuencia de la influencia de otro verbo inglés. Se trata del significado de elaborar en tanto “fabricar, manufacturar, procesar, preparar”, que por economía de espacio y copia servil del inglés se traduce por “hecho”, porque en inglés escriben made. Piénsese en los productos que llevan inscritos el país de fabricación Made in Dominican Republic, que escriben “Hecho en República Dominicana”. Antes en la etiquetas se escribía, “fabricado en. . .”

Para cerrar esta sección. El verbo elaborate en tanto transitivo tiene significaciones muy parecidas al español, pues corresponde “a trabajar con (o en) detalles, construir algo complejo”.

© 2015, Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antes o después

El nombre adjetivo puede hacernos creer que estas palabras son accesorias, pero su colocación puede hacer la diferencia entre un texto bien escrito y otro no tanto.

Si pudieran verme por un agujerito mientras corrijo un texto, notarían que, conforme voy encontrando adjetivos mal colocados, me voy poniendo roja y empieza a salirme humo por las orejas, como si me hubiera transformado en un personaje de muñequitos.

Los adjetivos son complejos y, mientras más de cerca los miramos, más detalles nos ofrecen. No nos dejemos abrumar, que hoy es martes y nos queda mucha semana por delante.

Adjetivos y sustantivos van indefectiblemente unidos. La lengua española no obliga a que los adjetivos ocupen una posición fija; pueden colocarse antes o después del sustantivo, aunque lo normal es la posposición: directora actual/ actual directora, mango frondoso/ frondoso mango.

El latín anteponía el adjetivo al nombre. En la lengua romance la anteposición se convirtió en rasgo característico del lenguaje literario: transformar la lengua de todos los días para ganar en expresividad artística. Quizás por esta razón, los que toman una pluma o un teclado para componer textos recurren al adjetivo antepuesto, muchas veces de forma inconsciente, como si esto pudiera darles un marchamo de calidad literaria. El abuso de la anteposición logra exactamente el efecto contrario; los adjetivos se convierten en fórmulas manidas que pierden impacto.

Tanto para la escritura del día a día como para la que aspira a literaria, apliquen la regla sencilla de la naturalidad: el adjetivo después del nombre. Reserven la anteposición para casos muy excepcionales y su escritura ganará muchos enteros.

Aunque no siempre es cuestión de estilo. Como todo en la lengua, hay razones muy concretas para que un adjetivo pueda colocarse o no antepuesto al nombre. Prometí no abrumarlos, así que dejemos eso para ahorita.

© 2015, María José Rincón

Removedor – rally – posar

REMOVEDOR

Este sustantivo del título en otras ocasiones ha desempeñado, en tanto nombre para designar un objeto, una función que ha sido olvidada en la literatura diccionarista dominicana. Las aseveraciones contenidas en la oración anterior serán explicadas más abajo.

El Diccionario del español dominicano, DED, (2013) con certeza recoge que un removedor es una ‘sustancia química para quitar pintura o esmalte’. Este removedor líquido lleva en su composición la acetona que es un disolvente.

En el Diccionario de americanismos, DAA, de la Asociación de Academias, aparece mencionada esta sustancia líquida, el removedor, como de uso en Colombia para quitar el esmalte de las uñas. En Chile, Cuba y Uruguay se usa para ‘quitar pintura o esmalte, o para diluirlos cuando están muy espesos’.

Todo lo que consta en los dos párrafos anteriores más próximos a este es exacto. El DED subsanó el olvido del DAA que olvidó incluir a la República Dominicana en esa lista de países. Aquí hay que introducir una noción que no hacía falta en los diccionarios.

En República Dominicana para quitar las manchas de pinturas y para diluirlas se utiliza otra sustancia que se conoce por el nombre en inglés, thinner (tiner) que es un líquido volátil cuyo componente principal es la “turpentina”, conocida en español con los nombres, aguarrás o trementina.

¿Dónde está el papel del removedor olvidado en los diccionarios dominicanos? Figura en el DAA solo para Cuba. Este removedor los diccionaristas se empeñan en definirlo fabricado de plástico; he aquí la definición: ‘Varilla de plástico que se usa para remover bebidas’. Es de conocimiento general que se fabrica también con madera.

Este “palito” que se usa para mezclar las bebidas se conoce o se conoció en República Dominicana con ese nombre, removedor, como muy bien lo recuerda el redactor de estas notas acerca del idioma dominicano. Como consecuencia de lo asegurado aquí, este objeto debería figurar en los diccionarios del español dominicano con una acepción “sin plástico” y con el verbo “mezclar” como se sugirió más arriba.

Este instrumento también se ha conocido con el nombre de “agitador”, pues se utiliza para mover repetidas veces las bebidas y conseguir con ello que se acelere el proceso de mezcla o disolución que se mentó antes. Este agitador no aparece “ni en los centros espiritistas”. A este igualmente hay que procurarle un espacio en los diccionarios del español dominicano.

 

RALLY

“El ministro presbiteriano R. M., mientras participaba en un RALLY en Los Ángeles por los menores que cruzan la frontera. . .”

A primera vista el vocablo que encabeza esta sección parece estrictamente una voz extranjera. Además, no se presenta como una palabra que se preste a conjeturas y confusiones. Nada de lo anterior está más lejos de la verdad. Se examinará la voz del título con sus “bemoles” para limpiarla de malos entendidos.

La autoridad madrileña de la lengua caracteriza brevemente lo que la voz inglesa significa en lengua española. La tipifica como competición deportiva de resistencia de automóviles y motocicletas que se lleva a cabo fuera de pista y que generalmente se celebra por etapas. Esto se refiere en la mayoría de los casos a terrenos dificultosos, carreteras abiertas y otros caminos, condiciones que ponen a prueba la habilidad de los conductores también.

Otros diccionarios meten en este rally todo tipo de competición deportiva automovilística en relación con la velocidad o el menor tiempo en lograr un recorrido. En deportes se llega hasta a utilizar la voz del inglés para cualquier tipo de carreras.

En español se ha llegado a hispanizar la voz y se la representa “rali” imitando así la pronunciación que tiene en la lengua de origen. Todavía en 1992 no se recogía esta voz en el diccionario oficial de la lengua española.

Hasta aquí todo “anda sobre ruedas”, pues se refiere en principio a automóviles. Ahora bien, si se lee con detenimiento la cita y se añade a la lectura que esta se tomó de una reseña de una reunión en apoyo de los menores que cruzan la frontera entre Estados Unidos y México se verá que el asunto se complica. Aquí el problema se presenta desde las orillas del francés, con una acepción aceptada en inglés.

Este rally se ha combatido en español desde el año 1929, cuando D. Atalo Castañs propuso contra el galicismo ralliement los equivalentes siguientes, “congregación, reunión, asamblea, llamada, convocación”. Se nota de inmediato que la idea que permea todas estas palabras es la de juntarse un grupo de personas. En el caso específico de la cita, pudo escribirse “concentración” (de personas) en apoyo o defensa de los menores que cruzan la frontera.

El rally del inglés cubre con esa palabra los dos significados que se han estudiado en esta sección. El único rally adoptado en español es el deportivo.

 

POSAR

“Desafortunadamente, algunas organizaciones POSAN como obras benéficas para engañar a las personas generosas, pero dan poco o no dan nada. . .”

Este verbo, como casi todos los vocablos de la lengua ha evolucionado con esta. Esa evolución es un fenómeno normal en la lengua. Las palabras adquieren nuevos significados; pierden otros. El uso, como decía William Safire para la lengua inglesa, es norma loquendi. El uso del pueblo que habla la lengua es el que la rige. En español hay más rigidez que en otras lenguas y, sin embargo, cada vez tiene el uso del hablante mayor influencia sobre las normas, sobre todo en lo concerniente a la semántica.

En su principio el verbo posar servía para significar hospedarse, alojarse, relacionado con las palabras posada, posadera y otras. También era descansar, reposar. Significó, asimismo, morar, habitar. Otros significados han permanecido intactos, tal las aves, y por extensión algunas aeronaves, asentarse después del vuelo. Entre las significaciones que posee el verbo algunas han perdido vigencia y se utilizan cada vez menos; por ejemplo, hacer una pausa en el trabajo, soltar la carga que se trae a cuestas, aun cuando en algunos países se use todavía.

En la actualidad el verbo posar se emplea para expresar con este la acción suave de “poner”. Este valor ha alcanzado la acción de los ojos con un reforzamiento de la intensidad abstracta de observar o mirar, de donde que se defina esa acción haciéndola “con atención”. Las partículas sólidas que se encontraban suspensas en un líquido si permanecen en el fondo, posan en este y hacen un poso (con ese). Por extensión de este, el polvo que cae con suavidad se posa sobre las cosas o superficies.

Después de ese repaso impuesto por la claridad en la exposición, se llega al punto en que puede centrarse la atención en el tipo de uso que del verbo posar se hace en la cita, pero antes hay que referirse al posar de permanecer en una postura para que lo retraten, lo pinten o, simplemente para servir de modelo de una pintura o escultura.

El terreno de la idea del verbo está suficientemente abonado para que se introduzca el último movimiento del verbo posar que corresponde en el uso moderno a ‘adoptar actitudes estudiadas y afectadas’. Esta acepción la registra el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos. Ya hace un tiempo que este concepto para el verbo se había asentado en lengua francesa, expresado así, “presentarse como, en tanto que”. Una acepción que se observa también en el uso del portugués de Brasil, así como en inglés. Hasta en el criollo haitiano dice poze con el esfuerzo sobre la /e/ no solo para todo lo anterior, sino también para pedir u ordenar en el sentido de ¡tranquilízate!, del dominicano “cógelo con calma/suave”.

Este nuevo uso y, en consecuencia, nueva definición, se corresponde con la “actitud afectada” de la organización para presentarse a guisa de obra benéfica en el texto reproducido. Es parte de una “postura” para “hacer creer”; es parte de una “simulación” para “aparentar falsamente” que se reúnen condiciones que en realidad no se poseen. Es un vil engaño.

© 2015, Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

 

Gentes

Un nombre colectivo es aquel que, aun estando en singular, se refiere a una realidad plural. Y existe un sustantivo colectivo que, poco a poco, ha ido adquiriendo nuevos usos en las dos orillas del Atlántico donde se habla español. Me refiero al sustantivo gente: número singular referido a una pluralidad de personas.

Si el número del sustantivo es singular la concordancia correcta es en singular, aunque su referencia plural pueda provocarnos dudas: La gente amigable disfruta de la buena conversación. En la lengua literaria suele usarse también en plural; si lo piensan bien, es innecesario significativamente pero gana en expresividad: gentes de bien, gentes que vienen y van.

Y aquí comienzan las novedades que en algunas zonas de América, entre ellas esta tierra nuestra, distinguen a este sustantivo. Entre nosotros ha desarrollado un sentido singular, referido a una sola persona, y que, por tanto, puede pluralizarse: Entraron seis gentes. También en la conversación informal en América lo convertimos a veces en adjetivo y lo usamos para calificar a las personas que son amables y diligentes: Ese profesor es muy gente. Su uso está considerado coloquial así que, si queremos cuidar nuestro estilo, debemos tener mucho ojito.

Sus usos referidos a una sola persona o como adjetivo son válidos porque los hablantes de amplias zonas de América así lo han difundido. Solo debemos tener en cuenta que siempre van teñidos de un matiz coloquial que debe mantenerlos a raya cuando de expresión formal se trata. Reservémoslos para la charla entre amigos.

Pi[s]tonear – gracias a – cachumbambé

PI[S]TONEAR

Este verbo que consta a manera de título en esta sección tiene una acepción derecha en el ámbito de la mecánica y, otra en sentido figurado. Además, los dominicanos usan una expresión que lleva este verbo en su seno. Todo esto se examinará en esta sección.

El Diccionario de americanismos (2010) de la Asociación de Academias de la Lengua Española recoge en sus páginas el verbo pistonear en tanto intransitivo y reconoce el uso en Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Ecuador, Perú y Argentina. La definición es: ‘Funcionar mal y ruidosamente un motor por fallo en la combustión’.

El ruido del pitoneo del motor dominicano no es tan fuerte como sugiere la definición de más arriba. Es el ruido que producen los pistones del motor que son los émbolos de esos motores. Esa pieza funciona dentro del cilindro donde se produce la combustión de la mezcla carburada. Es un “taque, taque, taque” que generalmente se produce cuando se alimenta con combustible el motor al acelerar.

Una persona pitonea cuando falla. Puede ser en sentido estricto cuando tiene problemas motores o cuando le falla la memoria. En muchos casos este verbo se aplica a una persona de modo festivo. Algunas personas le aplican el verbo al tartamudo.

La expresión que los dominicanos recuerdan es “darle para que pitonee” o “darle hasta que pitonee”. En estos casos como se comprueba mediante el verbo dar este le confiere funciones de verbo transitivo al verbo del título. Pitonear en este caso de la expresión hay que tomarlo como equivalente de hacer ruido, quejarse, gritar.

Hay que subsanar la falta de mención de la República Dominicana entre los países en los cuales se emplea el verbo pistonear para el fallo que se escucha en el funcionamiento de un motor de combustión. Así hay que registrarlo también en los lexicones del habla dominicana.

GRACIAS A

“Pero ahora el proyecto está estancado GRACIAS A la intransigencia de un grupo. . .”

La locución prepositiva “gracias a” se ha usado durante largo tiempo en la lengua española. El problema con la locución se presenta cuando la persona que lo utiliza desconoce el valor real que esta tiene. El uso impropio se hace cada vez más frecuente. En esta sección se harán las explicaciones pertinentes con la esperanza de que quede muy claro su alcance semántico real.

En el entorno en que se encuentra la locución no parece que esté en buena compañía porque hay allí dos palabras que la distraen de su propósito. Esas dos palabras son “estancado” e “intransigencia”.

En español común desde que se dice o lee “gracias a” se entiende “debido a” con la matización de que se refiere “a hechos favorables”. A veces este recurso se emplea de manera irónica. Las informaciones contendidas en este párrafo se extrajeron del Diccionario fraseológico documentado del español actual (2004).

Tal y como sucede en muchas ocasiones en lo que concierne a los matices de la lengua, hasta los diccionarios a veces olvidan destacar literalmente pequeñas diferencias. En la mayoría de los diccionarios consultados para documentar este examen, esos lexicones de manera específica exponen que la locución prepositiva tiene un uso restringido, se utiliza para destacar que algo sucede “por causa de alguien que produce un bien o evita un mal”.

Esa clase de redacción mencionada más arriba es la que sigue la mayoría de los repertorios de este género, aunque a veces se deja sobreentendido el sentido de “gracias a” con la inclusión de un ejemplo escrito con ese propósito.

El Diccionario integral del español de Argentina (2008) para “gracias a” en sus páginas trae lo siguiente: ‘Se usa para indicar que algo se realiza o sucede por acción o a causa de determinada persona o cosa’. Se echa de ver aquí la ausencia de los términos que cualifican los tipos de sucesos o acciones. No obstante, el ejemplo suple la falta explicada, pues es: ‘Pudimos terminarlo gracias a su ayuda’.

Para resumir. La locución prepositiva “gracias a” se usa exclusivamente para propiciar sucesos, acontecimientos o acciones que van en beneficio de alguien o que impiden hechos o resultados perjudiciales.

 

CACHUMBAMBÉ

“Cada una en su sitio, en sus vidas y con su trabajo tienen un lugar que los salva de la seducción de los intercambios culturales con equilibrio de CACHUMBAMBÉ”.

Esta voz del español cubano se la ha escuchado desde los años cincuenta del siglo XX. Esto equivale a decir que tiene historia. Si mal no se recuerda formaba parte de un estribillo de una canción de moda de esa época.

Es la famosa canción de “la vieja Inés, que fuma tabaco y toma café, cachumbambé”. Esa que muchos otros conocen por el estribillo de “ay mama Inés, todos los negros tomamos café”.

Este cachumbambé corresponde al subibaja de los dominicanos. Este vocablo logró su inclusión en el Diccionario de la Academia en el año 2001. Eso demuestra que los cubanos son diligentes, tanto como para conseguir la inclusión en ese lexicón de un término que es de uso exclusivo de sus hablantes.

El juego infantil consiste en una madera colocada en su parte media de la longitud sobre un eje o apoyo. En los extremos se sientan las personas que se impulsan con los pies para producir el movimiento que justifica el nombre dominicano de subibaja para este juguete.

  1. Fernando Ortiz en su obra Glosario de afronegrismos escribe que cachumbambé, de acuerdo con lo que Esteban Pichardo escribió en su Diccionario provincial casi razonado de voces cubanas: “Parece derivado de la voz marítima cachón y, de bamba, silla o asiento de columpio”. Esteban Pichardo era dominicano de nacimiento, nació en Santiago de los Caballeros en 1799. Su familia se trasladó a Cuba en el año 1801 con motivo de la cesión que España hizo a Francia de la isla.

Ortiz por su parte escribe que por la terminación le parece voz africana, parienta de bembé, cumbé, zumbé, cocuyé y otras. La parte cachum del vocablo equivalía antaño a un tablón, o cacho de tronco. El otro elemento bambé puede tener relación con bambalear que es moverse de un lado a otro. En la parte en que Ortiz no cede es en la parte final de la palabra, la terminación, con la /é/ así acentuada, pues a él le recuerda esa influencia fonética mencionada antes lo que él llama ‘linaje etiópico’.

© 2015 Roberto E. Guzmán

 

Vanamente se dice

Hay pocos placeres comparables con la lectura de los clásicos. En estos días he tenido entre manos la Tragicomedia de Calisto y Melibea, escrita en 1499 por Fernando de Rojas. Los amores de Calisto y Melibea ceden su protagonismo a Celestina, una genial alcahueta que enlaza los amores de los tortolitos usando todas sus artes de correveidile.

Rojas tiñe su prosa con el gracejo de muchas frases proverbiales y con ellas atesora su condensada sabiduría popular. Nos sorprende encontrar refranes que hoy, cinco siglos después, todavía viven en nuestra lengua diaria: “Pagan justos por pecadores”; “No por mucho madrugar amanece más temprano”; “Quien mucho abarca, poco suele apretar”; “Con su pan se lo coma”; “Cada cual habla de la feria según le va en ella”.

Otros se han modificado un tanto con los avatares históricos de lengua pero aún podemos reconocerlos: “Pan y vino anda camino, que no mozo garrido”; “Ser como perro de hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer”.

Algunos han perdido vigencia pero todavía nos reservan mucha enseñanza acrisolada por el tiempo: “La mocedad ociosa acarrea la vejez arrepentida y trabajosa”; “Si la locura fuese dolores, en cada casa habría voces”; “Haz tú lo que bien digo, y no lo que mal hago”.

Una lección en cada párrafo, pulida por el tiempo y el uso de infinidad de hablantes que ya, en tiempos de La Celestina, los habían heredado de sus mayores; una lección que no voy a dejar pasar y, aplicándola, pongo el punto final a esta “Eñe” pues vanamente se dice por muchas palabras lo que por pocas se puede entender.

© 2015 María José Rincón

 

Totoloco – reguetonero – llevarse una luz roja – en manos de (a manos de)

TOTOLOCO

El título no es para menores de edad. En la República Dominicana cualquier carajito sabe lo que significa la “mala palabra” toto. Los padres no tienen que explicarles el valor semántico de la mencionada voz a sus hijos porque sus amigos y compañeros se encargan de ese aspecto.

El vocablo toto no es privativo de República Dominicana como pretenden algunos chauvinistas. Ese privilegio (¿?) lo comparten los dominicanos con los cubanos y los puertorriqueños.

Algo que se ha de admitir es que hasta esta fecha nadie ha podido dar con una explicación plausible del origen del término en cuestión. Se ha sugerido que tiene sus orígenes en África. Es desafortunado que no se haya podido leer ese trabajo pues lo ha realizado alguien con cualidades para satisfacer las exigencias de la etimología.

En el pasado algunas personas habían consignado en obritas acerca de la lengua dominicana que toto era la vagina, pero ya está bien establecido y aceptado a unanimidad que esa palabra designa la vulva. En esencia, eso significa que con ese vulgar vocablo el hablante se refiere a la parte exterior de los genitales femeninos en su conjunto.

La combinación “totoloco” es denigrante en grado superior. Además, es sexista, discriminatoria y vejatoria para con el sexo femenino. Es injusto catalogar así a una mujer cuando por el lado de los hombres en los casos en que ellos son promiscuos eso no se censura con palabras groseras. En expresiones dominicanas una “totoloco” es una mujer “que lo da como si no fuera de ella”.

Estas voces se traen a esta columna porque forman parte del léxico dominicano y aunque sean soeces, son dominicanas. Hay que recalcar que el vocablo toto hay quien lo exclama ante sorpresas. Algunas personas llegan a proferir “el toto” para darle mayor fuerza y contundencia a la exclamación que así sueltan. Con el tratamiento que se ha dado al tema se espera haber dejado satisfechas las expectativas de los lectores.

Para terminar, cabe que uno se haga la pregunta acerca del porqué esa parte de los genitales femeninos recibe un nombre masculino cuando muchas otras partes son femeninas como se presume que corresponde para una mujer.

 

REGUETONERO

“. . .son los REGUETONEROS de moda. . .”

Con frecuencia se acusa a la Real Academia de ser una institución lenta cuando no la tildan de atrasada. Este tipo de calificativo corresponde a tiempos pasados. En la actualidad la Academia es cautelosa como debe ser una organización de ese tipo, mas mantiene su oído presto para incorporar voces que existen en la lengua general, aun cuando sean extrañas al español por su origen.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la lengua española abrió sus páginas a la voz reggaetón y compuso la versión en español reguetón. Ese diccionario también asentó reggaetonero con la adaptación reguetonero para la ‘persona que canta o baila’ y para ‘relativo a reguetón’.

La palabra reggae ya consta en el Diccionario de la lengua española en la edición de 2014. Ha de tenerse en cuenta que este ritmo musical data de los años 60 del siglo pasado y, cincuenta años no es largo tiempo en términos de una lengua. El mentado diccionario la escribe en cursiva e inmediatamente la define como voz inglesa. La acepción es por demás corta: ‘Música de origen jamaicano, caracterizada por un ritmo sencillo y repetitivo’.

Además, el diccionario ya mencionado consigna la palabra reguetón: ‘De reggaeton, término acuñado por el panameño M. Ellis en los años ochenta del siglo XX’, así lo expresa ese diccionario. Esta incorporación que no está escrita en cursiva y lleva el correspondiente acento, está actualizada.

La acepción en sí es: ‘1. Música de origen caribeño e influencia afroamericana, que se caracteriza por un estilo recitativo y un ritmo sincopado producido electrónicamente. 2. Baile que se ejecuta al son del reguetón’.

Una vez leídas las líneas anteriores uno se siente a favor de aceptar el “reguetonero” de la corta cita reproducida al principio. El reguetonero será el músico que produce, canta y toca el reguetón, así como todo aquel que gusta y baila ese ritmo.

 

LLEVARSE UNA LUZ ROJA

“. . .lo mismo atropellar un peatón que LLEVARSE UNA LUZ ROJA o pegarle por detrás a otro vehículo”.

El uso del verbo llevarse en este caso está tan extendido que algunas personas no puede recordar cuál es el verbo que debe utilizarse en este caso.

Este uso también ocurre con LLEVARSE LA LUZ, por lo menos en Panamá, donde expresa la idea de ‘avanzar con el vehículo sin respetar la señal del semáforo’. Así consta en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (2010).

No sobra que se recuerden algunos verbos que pueden desempeñar la acción a que se contrae lo tratado en esta sección, entre estos están, “irrespetar, violar, desobedecer”. No se citan otros verbos porque pertenecen al registro culto y suena rebuscado usarlo para una señal de tránsito.

En el habla de los dominicanos el verbo estudiado en esta sección rinde otra labor fuera de su ámbito acostumbrado en la locución verbal “llevarse la luz” que corresponde a ‘suspender el servicio de energía eléctrica’. Del modo transcrito aparece en el Diccionario del español dominicano (2013).

EN MANOS DE – A MANOS DE

La ONU ha expresado preocupación por la cantidad de afroamericanos que según ellos mueren en los Estados Unidos EN MANOS DE la policía.

El asunto de las preposiciones se ha tratado en otras ocasiones mediante estos comentarios acerca del habla y la escritura del español. El sentido de las locuciones cambia en muchos casos cuando cambia la preposición. En el caso de las locuciones del título estas cambian de significación con el cambio de preposición. El sentido de cada una de ellas se examinará más abajo.

“En [las] manos” de alguien da a entender que la persona o cosa que así se coloca se pone al cuidado de la otra persona de que se trata, queda bajo la responsabilidad de la última persona. Ese es el sentido de la locución adverbial, bajo el control de la persona en cuyas manos se coloca la persona o cosa. La cosa o persona son confiadas a esa otra persona para que las vigile, cuide o vele por ellas.

“A manos de” es otra locución adverbial que indica ‘por su causa o su acción’. Esta definición se tomó del Diccionario de uso del español actual de Clave (2012). Cualquier suceso que acontezca se produce ‘por la acción de la persona que se expresa’, de ese modo lo redacta el Gran diccionario de la lengua española de Larousse.

Al leer los dos últimos párrafos anteriores a este se percata quien eso hace, de que no es lo mismo (ni se escribe igual). En el primer caso, la persona es puesta “a cargo y responsabilidad” de la otra. En la segunda locución se señala con “a manos de” la certeza de que la persona por cuya acción se producen los hechos es la que se menciona. La acción es el producto o ‘consecuencia de una agresión o acción violenta [de esa pers.]’. En estos términos lo expresa el Diccionario fraseológico documentado del español actual (2004).

Después de estas explicaciones se espera que los redactores sean más cuidadosos en el empleo de una u otras de estas dos locuciones adverbiales, pues no significan lo mismo.

© 2015 Roberto E. Guzmán