¿El presidento y la presidenta?

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

A muchas personas les asaltan variadas inquietudes en relación con asuntos referentes a su idioma español.  Una de esas cuestiones que les  inquietan   tiene que ver con el  género de algunas palabras de nuestro lengua, especialmente tratando de buscar una   “marca” para expresar el género femenino, afanados ansiosamente en conseguir para las mujeres un nivel de igualdad entre el hombre y la mujer en cuestiones del idioma.  Y a los que tenemos cierta competencia en asuntos lingüísticos nos llueven las preguntas  a cada momento en relación con ese asunto. Y entre las tantas preguntas que se nos hacen está la de  si  se dice la presidente o la presidenta. Y  leyendo un editorial de DIARIO LIBRE, que con tanto acierto toca el tema, se me abrió el apetito de tomar partida ante esta  temática que  a  mucha gente inquieta.  De ahí que   quise  abordar el tan llevado y traído tema que propugna por el trato igualitario para la mujer en asuntos de la lengua que, según ellos,  privilegia  al hombre frente a la mujer.  Veamos lo que expresa el referido  editorial en uno de sus párrafos: “Conozco todo tipo de personas cansadas del amigos  y amigas, ciudadanos y ciudadanas, alumnos y alumnas porque saben que es un cliché y que las lenguas evolucionan espontáneamente hacia la economía y no hacia la complicación forzada.” (DIARIO LIBRE, 15 de octubre de 2018).

Me centraré, para ofrecer mis consideraciones a mis distinguidos lectores, en palabras que no tienen marca  de género, y  que, muchas de ellas, son las que representan el participio activo de los verbos y que en nuestro idioma terminan en una “e” que no indica género, como son  valiente, vidente, hablante, presidente, asistente, sirviente…, y cuyo género se indica por la presencia del artículo,  tanto el determinado (el-la) como por el  indeterminado (un-una).

Lo primero que habría que afirmar es que los que se afanan tanto por darles una “marquita” femenina a las palabras que tienen  esa terminación caen en una lamentable  ceguera  e  ilogicidad al no  pensar en buscarles  también su marquita de género masculino a esas palabras. Por ejemplo, le buscan la “a”  femenina  para presidenta y vicepresidenta, pero discriminan a presidente al no afanarse por buscarle su «o” masculina y le dejan la “e”, que no es masculina. Y lo mismo habría que hacer con las demás palabras que tienen la ya aludida “e”. Pero parece que le tienen temor al ridículo en el que caerían  escribiendo o diciendo  el asistento y la asistenta,  el estudianto y la estudianta,  el viajanto y la viajanta,  el vidento y la videnta,  el dibujanto y la dibujanta, el escribiento y la escribienta, etc., etc., etc. Y  lean la disparatada oración que construirían: “El presidento y su asistento se reunieron con la vicepresitenta y su asintenta.

Ante tal ignorancia de la esencia de las lenguas, a los que buscan  “perlas” donde no  las hay, les conviene más dejar las cosas como están y no querer desfigurar nuestra bien constituida  lengua española, arrebatándole  esa  preciosa “e”, que no es  ni masculina ni femenina, ni es del uno ni de la otra, sino de los dos por igual. Me sería muy grato  enterarme de  que se les han borrado las dudas que les inquietaban una vez que lean estas notas.

Y permítanme, para finalizar, recomendarles que le  hagan caso  a la expresión muy usada en los deportes: “Lo que es igual no es ventaja.” Por eso escriban y digan “el presidente” para el que gobierna un país y, sin ningún complejo, también “la presidente”, tanto para la que preside una reunión como para la que gobierna un país. Con ello, a ninguno de los dos se le quita nada.

© 2018, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Curita, fetua/*fatua, traqueotomía/*tracotomía, contratiempo/contra tiempo

Por Roberto E. Guzmán

CURITA

“No es con CURITAS ni medidas coyunturales. . .”

A esta curita hay que hacerle justicia. Anda de boca en boca en América desde hace muchos años. Se la ha usado miles de veces en los escritos y merece mejor tratamiento que el recibido hasta ahora.

El Diccionario de la lengua española (2014) da a entender que curita es una palabra exclusiva de América donde representa una “Tira adhesiva por una cara, en cuyo centro tiene un apósito esterilizado que se coloca sobre heridas pequeñas para protegerlas”. Todo lo anterior es una descripción acertada de lo que es la curita. Téngase en cuenta que es de género femenino, que no tiene que ver con los curas de las iglesias.

Desde el principio es importante resaltar que esa tira no cura, sino que protege, como muy bien lo estipula la acepción. El uso de la cintita no es con fines curativos.

Curita en la actualidad es una marca registrada, Curitas, como muy bien lo destaca la Real Academia. En realidad, se usa como nombre común en diecinueve países de habla hispana de América. Este uso en tantos países significa que es de amplia difusión y aceptación.

El Diccionario de americanismos (2010) de la Asociación de Academias define la curita americana en tanto, “Cinta adhesiva que tiene en una de sus caras una gasa esterilizada, y que sirve para cubrir cortaduras y otras heridas leves”.

La primera curita del inglés es Band-Aid que es la marca internacional registrada cuya acepción corresponde letra por letra con la definición del español. En esa lengua se usa como adjetivo desde el año 1970 para “ofrecer, usar, o servirse como remedio o solución temporal”.

“Band-Aid fue la marca comercial del esparadrapo con gasa incorporada que Johnson & Johnson lanzó en 1920”. Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina (2005:95). Ese mismo diccionario informa que “tirita y “curita” son nombres comerciales, a pesar de ser sustantivos de uso común. El autor del diccionario escribe: La expresión band-aid solution se usa en el lenguaje coloquial con el sentido de ´solución de compromiso´ o ´tratamiento de compromiso´”. Ese diccionario llama “apósito adhesivo” a esto que se ha descrito más arriba. Es triste expresarlo, pero no se entiende lo que este “de compromiso” significa en estas circunstancias; quizás representa “sin compromiso” de resultados curativos.

Ahora bien, ¿a qué viene que se gaste tanto espacio en esta palabrita? Es que en América “ponerle una curita” a algo o “dar una solución de curita” a un problema, corresponde a lo que los dominicanos dirían que es “un tente ahí”, locución sustantiva que se usa para, “Algo provisional, sin compromiso”. Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:479).

El texto citado al principio de esta sección utiliza la palabra “curita” con el valor de solución temporal, provisional, que no es definitiva, que no es permanente. Esa es la definición que debió aparecer por lo menos en el Diccionario de americanismos, aunque se mencionara que es marca de fábrica.

 

FETUA – *FATUA

“Tampoco el Vaticano hizo publicar una *FATUA. . .”

Las voces extranjeras o de origen extranjero casi siempre traen con ellas problemas para su uso en español. Además del uso apropiado de ellas, algunas no son bien asimiladas al español, es decir, la representación gráfica de estas no se corresponde con la grafía que se adoptan en otras lenguas.

Muchas de esas voces extranjeras se integran al conocimiento de los hablantes de español por medio de las lecturas de noticias de agencias internacionales que se ven en la necesidad de utilizar las voces extranjeras ante la presión de los acontecimientos.

“Fetua, mejor que fatua o fatwa, es la palabra apropiada en español para referirse a las decisiones de los muftíes o especialistas en la ley islámica que pueden tener fuerza legal”. De este modo se expresa Fundéu.

Es un acontecimiento feliz que esa entidad se mantenga en permanente estado de alerta para dirimir las diferencias en cuanto a las representaciones gráficas en español, que con frecuencia se suscitan, con respecto de las voces extranjeras.

Hay que tomar nota de cómo escribir esta voz extranjera, así como consultar en lo adelante la página en internet de Fundéu para dirimir este tipo de duda.

Con la labor que desarrolla Fundéu ya no hace falta esperar largo tiempo para que se tomen decisiones y se publiquen con respecto a estos asuntos. La tarea de difusión que esta institución realiza es digna de encomio.

Hay que expresar el deseo de que alguna institución se ocupe de explicar en este y otros casos cuál fue el curso que se siguió para adoptar una grafía que se acepta de preferencia sobre otra.

 

TRAQUEOTOMÍA – *TRACOTOMÍA

“. . .pese a realizarle una *TRACOTOMÍA. . .”

La palabra traqueotomía es larga y como tal puede causar dificultades en su pronunciación y confusiones en cuanto a su escritura.

En medicina son muchas las palabras que tienen su origen en la lengua griega. En muchos casos llegan al español por medio del latín, pero su formación puede discernirse. Traqueotomía viene del griego trakheia, tráquea y tomos, división.

La traqueotomía es una intervención quirúrgica que tiene como propósito facilitar la respiración. Esta consiste en una abertura artificial de la tráquea. Con este procedimiento se evita la asfixia del paciente. En la mayoría de los casos los problemas respiratorios que se resuelven con esta operación se deben a problemas en la parte superior del aparato respiratorio.

En español existe también la palabra traqueostomía que es la “operación quirúrgica que consiste en la abertura permanente de la tráquea mediante la incisión de su pared anterior, seguida de la colocación de una cánula”. Diccionario de la lengua española (2014).

No hay necesidad de rasgarse las vestiduras si un lego en medicina se equivoca en la pronunciación o escritura de términos que pertenecen a campos científicos que están fuera del habla común. Lo principal en casos como este para las personas que no son especialistas en estas materias es consultar, estudiar e informarse antes de escribir.

 

CONTRATIEMPO – CONTRA TIEMPO

“. . .y esto le ha ocasionado serios CONTRA TIEMPOS”,

Con el sustantivo contratiempo no hay secreto posible, se convierte en una sola palabra formada de contra y tiempo. En la mayoría de los casos ese sustantivo masculino se hace preceder de los verbos, sufrir, tener, deplorar y lamentar.

En el diccionario académico el contratiempo se encuentra definido, “Accidente o suceso inoportuno que obstaculiza o impide el curso normal de algo”. El contratiempo puede causar perjuicio o por lo menos dificultar algo que se pretende. En los casos más leves constituye una contrariedad, una dificultad, un inconveniente, un obstáculo que entorpece la realización u obtención de una cosa.

Son muchas las palabras tradicionales que comienzan con contra; entre ellas pueden mencionarse, contrarreloj, contraseña, contrasentido, contravención, contraventana.

En francés, portugués e italiano contratiempo es una sola palabra, contretemps, contratempo, conttratèmpo. El portugués reconoce que su palabra viene del italiano.

© 2018, Roberto E. Guzmán

No concordancia ni en los números ni en el participio pasado activo

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

Continuando con el tratamiento del espinoso tema de la concordancia, entremos a considerar lo que sucede con el empleo de los números de parte de muchos de nuestros hablantes del español. Se puede constatar que el empleo de los números expresados en forma oral representa una seria dificultad incluso para profesionales y comunicadores. Una comunicadora de CDN, que puede ser catalogada de excelente, expresó hace unas semanas que “hay doces países relacionados con el caso Odebrecht…” Parece que ella, queriendo aplicar la norma de la concordancia con “países” de forma parecida a como se aplicaría en “muchos países”,  pensó que habría que poner a concordar a “doce” con países y decir “doces países”. Algo parecido sucedió con un ingeniero de Santiago de los Caballeros,  precisamente al usar ese mismo número, al decir que “Jesús estaba reunido con los doces apóstoles….”. Un desacierto parecido cometió un titulador de CDN al escribir: “Advierten droga “Molly” ha causado la muerte de cuatros personas en R. D.”

Hay que recordarles a los que quieren poner a concordar los números con los nombres o sustantivos, que, a partir del uno, todos los números expresan pluralidad, y la “s” que tienen dos, tres, seis no es una “s” que tenga que ver con su pluralidad. Si fuera así, también a “cuatro, “cinco”, siete”, etc., al  escribirlos en palabras y  pronunciarlos habría que hacerlo con  una “s”.  Y está muy  arraigada esa tendencia a ponerles a los números la marca de plural. Viendo un programa de noticias, escuché a un dirigente estudiantil de la UASD, que está participando en la preparación de un congreso en esa alta casa de estudios, decir: “…vendrán treintas estudiantes al encuentro…”  Y en ese mismo programa, un ejecutivo de la OMSA afirmó: “Hemos añadido ciento ochentas unidades a los autobuses de la OMSA.” Cualquiera pensaría que esos hablantes creen que a medida que el número es más alto  es más plural y por eso le ponen ese indicador del plural.

También hay quienes tienen dificultad al emplear los verbos en los tiempos compuestos. Es por eso que existen hablantes que se expresan del siguiente modo: “Si bien es cierto que los tribunales dominicanos han fundamentados sus sentencias… en las decisiones en la Corte Interamericana de Justicia.” (Tesis de un universitario). Debe quedar claro que el único verbo que debe sufrir variaciones  o marcas de concordancia es el verbo auxiliar “haber” y no el participio de la voz activa, que siempre se mantendrá invariable en todas las personas gramaticales. Por esa razón, en ese ejemplo hay que decir: “…los tribunales dominicanos han fundamentado…”  Es posible que la confusión al usar el participio en plural proviene de confundir el participio de la voz pasiva  con el de la activa. El de la voz pasiva sí sufre las variaciones que le impone el sujeto. Veamos: “Las sentencias han sido fundamentadas por los tribunales dominicanos…”. Las sentencias es el sujeto femenino  plural y por eso fundamentadas también tiene terminación femenina plural.

En el próximo ejemplo, extraído también de una tesis, apareció este caso: “Hay que destacar que muchos estados han realizados  grandes esfuerzos por reducir… la mortalidad infantil.” La palabra “realizados” iría escrita así, con esa “s” de plural, si la oración se redactara de la manera siguiente: “Los esfuerzos realizados por muchos estados buscan reducir…la mortalidad infantil.” O si se expresara en voz pasiva del siguiente modo: “Los esfuerzos han sido realizados por muchos estados que buscan reducir… la mortalidad infantil.”

A esos dos casos que hoy les presenté préstenles toda la atención. De ese modo, sus producciones, si adolecían de  los fallos aquí presentados, tendrán mejor acogida entre los que  lean sus escritos o  escuchen sus exposiciones orales.

© 2018, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Mangrino, depreciar/despreciar, facilidad, tenso/*tensivo

Por Roberto E. Guzmán

MANGRINO

“Billini y su MANGRINO socavón”

Arriba está el título de un artículo. De ese título se destaca la palabra que interesa, que es mangrino. De esa voz no se ha encontrado pista alguna en la literatura dominicana dedicada a las voces del léxico del habla de los dominicanos.

El autor de estos comentarios había oído esa palabra hace más de 40 años de la boca de una persona que ahora frisa los ochenta años de edad. Se recurrió a esa fuente para recabar información acerca de la voz en cuestión.

Esa persona antes mentada explicó que su mamá le ponía ese mote cuando él regresaba a su casa todo sucio después de jugar fuera de la casa. Eso hace pensar que debe reconocérsele a la palabra estudiada la equivalencia de sucio y que se aplica a las personas. La fuente había utilizado la palabra mangrino en mi presencia para referirse a obreros de la construcción, hecho que hizo pensar que así se refería a obreros, mano de obra que se expone por su labor a sudar y al contacto con la suciedad.

Durante largo tiempo se pensó que el citado vocablo solo se usaba para atribuírselo a personas, tal y como se mencionó antes. Ahora, con la mención escrita del término aplicado a un socavón se piensa que no es un término exclusivo para adjudicárselo a personas.

Por una de esas asociaciones autónomas que se hacen mentalmente, el redactor de estas apostillas pensó que “mangrino” era una voz rescatada de los muñequitos (paquitos) de Tarzán, el hombre mono. Por aquello de los simios “mangani”.

No se podrá explicar el origen de la voz, pero por lo menos se ha documentado para que más tarde alguien la haga constar en los lexicones del habla de los dominicanos.

 

DEPRECIAR – DESPRECIAR

“El valor de la moneda se ha DESPRECIADO. . .”

A algunos lectores les puede parecer ocioso que alguien tenga que invertir tiempo en establecer las diferencias entre los dos vocablos del epígrafe, pero tal parece que hay personas con acceso a los periódicos en calidad de escribientes que no entienden estas diferencias.

Los dos vocablos que constan a guisa de título en este aparte son muy parecidos en su pronunciación, sobre todo en países en los cuales no se pone atención para pronunciar las eses /s/. Es probable que la persona que escribió el desaguisado de la frase reproducida para ilustrar el mal uso, se sintiera mal al pensar que iba a escribir esa palabra sin una ese /s/ y cayó en una ultracorrección.

Depreciar es “Disminuir o rebajar el valor o precio de algo”. Este depreciar deriva del latín depretiare que se tomaba por menospreciar. Es una manera de tener en poco, de estimar menos.

Equivale el verbo depreciar a perder precio o valor, que se utiliza también en sentido figurado. Puede ser verbo transitivo para indicar que se hace disminuir, reducir el precio o el valor material o moral de una cosa. Para las cosas, productos, etc. puede ser devaluar, rebajar.

Hay depreciación de la moneda cuando se produce un cambio en el valor de esta. Mediante este cambio la moneda en cuestión resulta más barata, es decir, tiene un valor de cambio más pequeño en función de las monedas extranjeras. Diccionario de economía. (1980:181).

El verbo despreciar se tiene por, “Desestimar, tener en poco.  Desairar, desdeñar”. La persona a quien se desprecia es la que se tiene a menos. En los casos en que se desprecia a una persona, se la considera indigna de estimación. Cuando se refiere a una cosa, se la desprecia cuando no se la reconoce merecedora de atención, se hace caso omiso de ella.

 

FACILIDAD

“. . .acaba de terminar una FACILIDAD en Panamá. . .”

Hay que ponerse de acuerdo. Para comenzar hay que convenir en que facilidad es lo opuesto a dificultad. Cabe aquí que se plantee la pregunta, ¿cómo puede terminarse una facilidad? La respuesta no se hace esperar. Acabando con la dificultad. Basta de juego de palabras. Hay que pasar al estudio del asunto para entender lo que quiso (y no pudo) comunicar el redactor.

En el fondo el asunto se reduce a una mala traducción. En su origen quizás fue porque fue una noticia refrita del inglés. El periodista leyó algo en inglés y lo tradujo al español por la palabra que más se asemeja en español a la que leyó en inglés.

En inglés la voz en cuestión es facility. En muchas ocasiones la mejor forma para encontrar una traducción feliz al español consiste en leer la definición en inglés. En esa acepción se encontrarán los elementos esenciales para dar con la exacta traducción al español o cualquier lengua.

En inglés facility es entre otras cosas, “algo, (como un hospital) que es construido, instalado, o establecido para servir a un propósito particular”. Merriam-Webster´s Dictionary. Aplicando en este caso lo que se expresó antes puede traducirse al español por, “construcción, instalación, establecimiento”.

A menudo en inglés la voz que aparece viene en plural facilities que puede traducirse por “obras, edificaciones”. Hay que tener mucho cuidado con la voz del inglés en singular y en plural porque posee otras traducciones en español que no se mencionarán en esta ocasión. Se elegirá de entre estas palabras la que mejor se acomode a la oración o al contexto.

El origen de esta familia de palabras es el mismo en inglés y en español. Estas derivan del verbo en latín facere que pasó al español con hache aspirada y luego con hache muda, hacer. Más próximo del latín facultas, facultatis.

 

TENSO -*TENSIVO

“. . .los momentos TENSIVOS, comunicativos y recesivos. . .”

Sucede con demasiada frecuencia que las personas que escriben en los periódicos en español, consultan fuentes en lenguas extranjeras. Como consecuencia de eso manifiestan una inclinación a reflejar en sus escritos malas traducciones de voces de otras lenguas.

Con ese tipo de conducta demuestran el poco cuidado que observan cuando redactan. Estos deslices ocurren porque no se toman la molestia de consultar los diccionarios para verificar acerca de la legitimidad de los vocablos que utilizan.

Quizás como un ejemplo de lo que acaba de esbozarse más arriba puede presentarse el caso de esta voz, *tensivo que se encontró en la frase transcrita. Se hizo toda clase de esfuerzos para encontrar la voz *tensivo, pero sin resultado satisfactorio.

Lo que más se aproxima a esa creación comentada es la voz tensive del inglés. Esta voz del inglés es un adjetivo que transmite el mensaje, “de, relacionado con, que causa tensión”.

El vocablo tenso del español expresa que está en tensión, que puede ser física, moral o espiritual. Además, existe una tensión en fonología. Otros diccionarios se las arreglan escribiendo, que está sometido a tensión. Referido a una persona indica que esta está angustiada o nerviosa.

Con relación a la palabra tensión esta posee en español acepciones que corresponden a diferentes campos, física, electricidad, fisiología, lingüística. En algunas de estas ramas del conocimiento posee más de una acepción. Como consecuencia de esto se dejarán fuera de este estudio.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Ortoescritura

Por Rafael Peralta Romero

PUERTA: ¿LA ABERTURA O LA PIEZA QUE TAPA LA ABERTURA?

No se trata de un asunto tan complejo como “ser o no ser”, planteado por William Shakespeare en su drama Hamlet. Tampoco es comparable a  determinar   el destino final  de las almas que se han apartado de sus  cuerpos,  como exclama el poeta Amado Nervo: “¡Qué noche tan callada, qué limbos tan inciertos! ¡Oh! Padre de los vivos, ¿a dónde van los muertos, a dónde van los muertos, Señor, a donde van?”.

En conversación entre amigos, que casi siempre son buenas, surgió un infrecuente interrogante: ¿Cuál es la puerta, el hueco  que sirve para entrar y salir   o es la parte     que tapa el hueco?

La puerta se abre y se cierra, pero la puerta también se instala, se cae, se compra, se fabrica, se desmonta, se pinta, se cambia.

Cuando la puerta se abre queda dicho que  el armazón que la cubre ha sido movido hacia un lado para dejar libre la abertura y por tanto se puede entrar y salir. Pero  instalar una puerta es labor de carpinteros que colocan  una pieza  que cubre el hueco.

El  objeto que se coloca en la puerta – que también  llamamos  puerta-  puede ser de madera, de cartón,  de cristal o de metal, ya que su constitución y calidad dependen de la  edificación donde se vaya a colocar.

Cuando cae una  puerta o alguien derriba una puerta se habla del objeto, por lo común rectangular, soportado por bisagras que se instala en el acceso de un local o habitación. El hueco por el que entramos nunca se cae, nadie lo derriba, no se traba, no se condena.

Por igual, cuando la puerta se cierra es porque  ha sido movida por  alguna fuerza, si no es eléctrica, debió intervenir   el viento, pero como el vacío es inmóvil, el viento solo  zarandea la hoja material, tangible, que cubre el hueco cuando se cierra.

“La puerta se cerró detrás de ti / y nunca más volviste a aparecer,/ dejaste abandonada la ilusión/ que había en mi corazón por ti”. Así canta Lucho Gatica en un bolero, repetido por otros artistas. Ahí tocamos el valor simbólico de la puerta, expresado también en la apertura de la misma: “Las puertas están siempre abiertas para usted”. Y se extiende hasta  la suprema expresión que envuelve la dicotomía “puertas del cielo” y “puertas del averno”.

La puerta puede ser una vía de escape: “Burló la vigilancia y salió por la puerta trasera”. También un valladar: “La corrupción de detiene en la puerta de mi despacho”.

Si alguien  destroza una porción de una pared  para permitir  acceso a su vivienda o empresa ¿ha hecho una puerta? ¿O esperará que vengan los herreros a colocar  un armazón de hierro que correrá hacia un lado según que se quiera permitir o impedir el paso?

Les transcribo  lo que al respecto  expone el Diccionario de la lengua española. Forme usted su respuesta a las preguntas planteadas:

Puerta (Del latín porta).1. f. Vano de forma regular abierto en una pared, una cerca, una verja, etc., desde el suelo hasta una altura conveniente, para poder entrar y salir por él. 2. f. Armazón de madera, hierro u otra materia, que, engoznada o puesta en el quicio y asegurada por el otro lado con llave, cerrojo u otro instrumento, sirve para impedir la entrada y salida, para cerrar o abrir un armario o un mueble.

  1. f. Agujero o abertura que sirve para entrar y salir por él, como en las cuevas, vehículos, etc.4. f. Entrada a una población, que antiguamente era una abertura en la muralla. 5. f. Arco de triunfo, erigido en el lugar donde hubo una antigua puerta (‖ entrada a una población). 6. f. En el fútbol y otros deportes, portería.

 

VERBOS QUE SIGUEN EL MODELO DE  AVERIGUAR

 En el artículo anterior hemos planteado la división que asumen, desde el punto de vista del acento, los verbos terminaos en –uar. Y hemos señalado la división entre los que siguen el modelo de actuar, que forma hiato con las vocales úo, –úa, úe, mientras que el grupo que tiene  el verbo averiguar como paradigma forma diptongo: averiguo, averiguas, desaguo, desaguas.

Como actuar se comportan estos verbos: perpetuar (perpetúo, perpetúes),  individuar (individúo, individúes), atenuar (atenúo, atenúes).  Como ven, algunas formas de estos verbos  guardan gran parecido con sustantivos y adjetivos de la misma familia de  palabras.  Gráficamente las diferencia la tilde y lexicalmente, el contexto en que se emplee cada vocablo. Por ejemplo: perpetúo y  perpetúa  no deben confundirse con el adjetivo perpetuo y su femenino perpetua. La forma verbal individúo,   sinónimo de especificar, concretar, no ha de confundirse con su parónimo individuo, que es un sustantivo equivalente a persona.

El énfasis de este artículo ha de  estar  en  que no todos los verbos terminados en    –uar  siguen el  modelo actuar.  Actúa también en esa función el verbo /averiguar/, cuya desinencia prescinde del hiato y  prefiere  el diptongo: averiguo, averiguas, averigua…averigüe, averigüemos.     De modo que los terminados en –uar  son dos grupos, cuya acentuación depende, no de la base o raíz, sino de la desinencia o final.

Vale recordar lo apuntado por el  Diccionario panhispánico de dudas,  publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española.  Es  decir que  si en el verbo de que se  trate la /u/ de la sílaba final va precedida de las consonantes  /g/ (guar) o /c/ (cuar), sigue el modelo de averiguar, es decir con diptongo (averiguo).

Efectivamente, en la página 77 del  DPD se lee lo siguiente:  “En general, los verbos que terminan en -guar y en -cuar (salvo anticuar) se acentúan según este modelo de conjugación; el resto de los verbos terminados en -uar (salvo estatuar) se acentúan como actuar: actúo [aktúo], actúas [aktúas], etc. Son excepción los verbos adecuar, colicuar, evacuar, licuar y promiscuar, para los que se admiten ambos modelos de conjugación”.

En atención a esta regla es que en los verbos licuar, adecuar y evacuar, aunque se  admiten las dos formas (licúo, licuo; adecúo, adecuo; evacúo, evacuo) aconsejamos  la que forma diptongo (licuo, adecuo y evacuo).

Veamos algunos verbos  que siguen el modelo averiguar: Desaguar (desaguo, desaguas, desagüe),  amortiguar (amortiguo, amortiguas, amortigüe, amortigües), aguar (aguo, aguas, agüe, agües), atestiguar (atestiguo, atestiguas, atestigüe, atestigües).

El verbo /menguar/ también se comporta como averiguar, es decir que en presente del indicativo –lo mismo que en los casos anteriores-  se dirá menguo, menguas, mengua, menguamos, menguáis, menguan. Todos con diptongo. El modo subjuntivo  forma  diptongo y lleva una diéresis en los casos en los que aparezca la vocal –e  precedida de –u: averigüe, averigües, averigüe, averigüemos,   averigüéis,  averigüen. Lo  mismo para el verbo menguar: mengüe,  mengües,  mengüe,  mengüemos,  mengüéis,   mengüen.

Lo expresado en el precedente párrafo debe regir para la conjugación de los verbos siguientes: apaciguar (apaciguo, apaciguas,  apacigüe, apacigües); santiguar  (santiguo, santiguas, santigüe, santigües);  desambiguar (desambiguo, desambiguas, desambigüe, desambigües);  deslenguar (deslenguo, deslenguas, deslengüe, deslengües). Deslenguar es quitar a alguien  la lengua.  Fraguar (fraguo, fraguas, fragüe, fragües).

En la primera persona del pretérito perfecto de cada verbo que sigue el modelo averiguar, se precisa también la diéresis y una tilde en la vocal –é: averigüé, santigüé, mengüé,  apacigüé, fragüé…).

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

30/10/18

NOS TUTEAMOS

Los pronombres personales son muy versátiles. Nos sirven para referirnos a las personas implicadas en el mensaje. Tradicionalmente hablamos de tres personas y sus correspondientes plurales: yo, nosotros, la primera persona, aquella que emite el mensaje; él, ella, ellos, la tercera persona, aquella que no interviene en la comunicación; y una muy especial segunda persona, aquella a quien se dirige el hablante, para la que nuestra lengua tiene una larga historia y una bonita variedad.

Si elegimos un tono de confianza para dirigirnos a nuestro interlocutor, nos decantaremos por el , y lo tutearemos; en extensas áreas del español usaríamos el pronombre vos, y lo vosearíamos; si preferimos un tono de cortesía, el pronombre elegido sería usted, y lo ustearíamos.

La segunda persona del plural también tiene sus particularidades. En algunas zonas utilizan vosotros para el tuteo dirigido a varios interlocutores; en América el pronombre de segunda persona preferido es ustedes, que se usa indistintamente para tutear y ustear.

Como ya habrán notado, los pronombres han procreado sus propios verbos y sustantivos para denominar qué tipo de tratamiento elegimos. Si consultamos el DLE descubrimos sus orígenes y sus significados. Tutear se formó a partir de tú, por adaptación del francés tutoyer, para el trato de confianza o familiaridad; el sustantivo asociado con este tratamiento es tuteo. Ustear y uste o son el equivalente para el usted; vosear y voseo, para el vos.

Cuando nos comunicamos con nuestra lengua tomamos decisiones cada segundo; decisiones que van dándole forma a nuestro mensaje; decisiones que expresan quiénes intervienen en él, pero también en qué tono nos estamos dirigiendo a nuestros interlocutores. Ustedes y yo nos conocemos y nos leemos desde hace tiempo, quizás vaya siendo hora de que nos tuteemos.

 

6/11/18

QUÉDATE CONMIGO

No se equivoquen; los pronombres personales a los que dediqué la Eñe pasada no son los únicos que existen en nuestra lengua. En mis años escolares nos los enseñaban gracias a una pequeña cantinela: yo, mí, me, conmigo; tú, ti, te, contigo… No sé si en estos tiempos estará bien visto el método, pero lo cierto es que yo todavía los recuerdo. Cada pronombre dispone de un abanico de formas que se utilizan dependiendo de la función que ejercen en la frase. Hoy les toca el turno a ciertos detalles que nos dan algún que otro quebradero de cabeza.

La tilde es uno de ellos. A veces pecamos por defecto y no les ponemos la tilde diacrítica a los pronombres personales sujeto él (tú cantas; él baila), que la llevan como monosílabos tónicos, para distinguirlos del adjetivo posesivo tu (tu casa) y del artículo el(el edificio), ambos monosílabos átonos.

Otras veces pecamos por exceso y le ponemos tilde a ti (te quiero a ti), que no la lleva porque no hay otro ti del que diferenciarse; en cambio,  (me quiere a mí) y  (se quiere a sí mismo) exigen una tilde diacrítica que los distinga como monosílabos tónicos de mi adjetivo posesivo átono (mi casa) y de si conjunción condicional (si no fuera por los pronombres…).

Los pronombres conmigo, contigo y consigo, de primera, segunda y tercera persona, respectivamente, se escriben en una sola palabra, puesto que se forman a partir de la amalgama de la preposición con y los segmentos pronominales migo, tigo y sigo. Quédese conmigo aprendiendo sobre pronombres y llévese consigo (o llévate contigo, si me permites el tuteo) algunos trucos para usarlos correctamente.

 

12/11/18

PROFESOR DE ESPAÑOL

Enseñar a hablar y a escribir correctamente, fomentar la lectura y transmitir el respeto por nuestra lengua no son tareas exclusivas de los profesores de lengua

Estamos equivocados si creemos que enseñar lengua es una responsabilidad exclusiva de los profesores de lengua. En la escuela se habla cada vez más de transversalidad y no hay ningún tema que exija más transversalidad que el aprendizaje correcto de la lengua materna. Enseñar a hablar y a escribir correctamente, fomentar la lectura y transmitir el respeto por nuestra lengua son tareas que deben ser asumidas por todo el equipo educativo del centro escolar.

Un mal desempeño lingüístico repercute en la comprensión, el aprendizaje y la evaluación de todas las materias. Un alumno que no disponga de un nivel de lectura adecuado para su edad difícilmente podrá entender su libro de texto; un alumno que no entienda adecuadamente la expresión oral se verá en serias dificultades para aprovechar lo que su maestro le enseña; un alumno que no se exprese correctamente, de forma oral o escrita, no podrá transmitir los conocimientos que ha adquirido, pero tampoco podrá preguntar correctamente para solventar sus dudas o desarrollar su curiosidad; un alumno que no domine el diálogo, sus normas y sus tiempos, tendrá dificultades dentro y fuera del aula; a un alumno con deficiencias en su propia lengua, se le dificultará aprender adecuadamente otras lenguas; un alumno que no adquiere el hábito de lectura, perderá unos años preciosos como lector. Un alumno que no domine su lengua materna arrastrará estas carencias a lo largo de su vida académica, tendrá que aplicar un esfuerzo extra para superarlas, y, si no lo logra, las trasladará a su vida profesional y ciudadana.

Yo aprendí lengua española en el colegio con un libro de texto de Lázaro Carreter, el filólogo que nos recordó en El dardo en la palabra que «todo profesor que enseña en español es profesor de español». La lección de un maestro.

 

POR ANTONOMASIA

20 / 11 / 2018

Cuando hablamos de retórica solemos arrugar la nariz; se nos presenta una acepción cargada de connotaciones despectivas, aunque, originalmente, la retórica se refiere, como leemos en el DLE, al ‘arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover’. Los estudios del lenguaje han registrado y estudiado muchos recursos lingüísticos para lograr eficacia expresiva. Estas figuras retóricas no son exclusivas del lenguaje literario; las encontramos con frecuencia en nuestra lengua cotidiana.

Juguemos con una figura retórica llamada antonomasia, que consiste en emplear un nombre referido a una clase para designar a uno de los miembros concretos de esa clase por considerarlo el más característico, el más conocido o el más importante del grupo. Como suele suceder, la descripción del procedimiento lingüístico resulta más complicada que el procedimiento mismo. Los ejemplos nos sacan del atolladero.

Cuando le decimos automóvil a un carro usamos la antonomasia; automóvil se refiere a todo lo que se mueve por sí mismo y no solo al vehículo para transportar personas. Cuando hablamos del calentamiento del planeta, nos referimos por antonomasia a la Tierra, que, a pesar de no ser único, siempre será para los humanos el planeta más importante. Cuando decimos que nos pasamos con los tragos, nos referimos por antonomasia al consumo de bebidas alcohólicas, puesto que la acepción común de trago designa la ‘porción de líquido que se puede beber de una vez’.

El adjetivo mortal se refiere a lo que está sujeto a la muerte y, por antonomasia, lo aplicamos a los humanos, los mortales que tenemos más cerca. La mayoría de los mortales no sabemos de recursos retóricos ni de antonomasias, que, aunque sea sin hacerse notar, nos ayudan a lograr que nuestra expresión sea más eficaz.

Sobre el lenguaje inclusivo

Por José Luis Moure

   Es una evidencia comprobable que los cambios lingüísticos que se imponen en una sociedad son aquellos que alcanzan difusión en los sectores más vastos de la población, y que usualmente —con las excepciones esperables en todos los procesos humanos— nacen de procesos evolutivos de la propia estructura del idioma, de la búsqueda de una mayor expresividad (sobre todo en el léxico), de la designación de realidades antes inexistentes (el mundo de la técnica es un buen ejemplo), y en una suerte de corolario de esto último, de las modificaciones sociales compartidas. En lo que atañe a la gramática propiamente dicha, suele prevalecer casi siempre una simplificación del sistema. Esta explicación es necesaria para entender mejor lo siguiente.

En la propuesta “inclusivista” es preciso separar la preocupación que está en su base —legítima en tanto procura el reconocimiento, defensa o ampliación de derechos de un sector de la sociedad— de los mecanismos, en este caso de intervención en la lengua de quinientos millones de usuarios, a los que se confía la empresa.

De las varias intervenciones que se han venido proponiendo en los últimos tiempos, acaso la menos espectacular consiste en imponer que se desdoble la mención del sustantivo afectado haciendo visible el género femenino (“señoras y señores” —ejemplo en el que se advierte que el procedimiento no es nuevo—, “los y las estudiantes”, encomendando al artículo la visibilización femenina, etc.). Cabe preguntarse si la mayor parte de los hablantes necesitará afectar la economía de su expresión recurriendo a ese mecanismo de redundancia, pero se trata de una elección cuya aceptación y generalización es impredecible.

En cuanto a la idea de unificar con la vocal “e” las distinciones de género presentes en los sufijos nominales “-a(s)” (femenino) y “-o(s)” (masculino), más que desaprobar la propuesta, parece conveniente exponer las razones que permiten anticipar su fracaso:

a) No surge como cambio “desde abajo”, es decir, como una progresiva y por lo general lenta necesidad expresiva de un número considerable de hablantes, sino como una propuesta “desde arriba”, numéricamente minoritaria nacida de un grupo de clase media que busca imponer con marca en la lengua un valor en torno a un reclamo social.

b) No implica una simplificación del sistema preexistente, sino una complicación inducida. Esa intervención afecta la estructura misma del idioma en su sistema de desinencias morfológicas de género (elaboradas a partir del latín y a lo largo de siglos), proponiendo la inserción de una terminación artificial arbitraria (vocal “e”, ¿por qué no “i”?) sin existencia en la conformación histórica de nuestra lengua.

El empleo de la arroba u otro signo que busca neutralizar en la escritura la distinción de género, aunque es un recurso probablemente también destinado a desaparecer, es en verdad mucho más inocente, porque deja constancia exclusivamente gráfica de esa voluntad —llamémosla “social” o “ideológica”—, sin proponer la asignación de un sonido diferenciado, que es, como hemos intentado explicarlo, interferencia lingüística mucho más grave.

La hipotética introducción de esos sustantivos y adjetivos artificiales terminados en “e” daría nacimiento a otros problemas no despreciables, como las dificultades que implicaría la enseñanza del nuevo sistema (el cuestionable entrenamiento de los padres, maestros y de la población en general), la puesta en peligro de la unidad del idioma de veintitrés naciones si ese cambio se impusiera solo en ciertos lugares, como todo indica que podría suceder si se avanzara desacompasadamente en esa línea, y etcéteras que seguramente surgirían a medida que se profundizara la reflexión sobre el asunto.

Una observación final. No deja de ser paradójico que se reclame a las academias y a las instituciones una intervención en la lengua, cuando lo general en los últimos tiempos ha sido un mal disimulado rechazo hacia cualquier política de imposición normativa.

José Luis Moure
Presidente Academia Argentina de Letras

Lenguaje y perspectiva de género

Por Camelia Michel

  Como usuaria del español y académica de la lengua observo con preocupación el alcance de la ofensiva para establecer la perspectiva de género en el uso de nuestro idioma. Es frecuente observar el empleo del “todos y todas” y de expresiones similares en una amplia variedad de documentos y actividades públicos; así como el uso inadecuado de esta clase de fórmulas en los medios de comunicación, e inclusive en instituciones estatales y privadas, universidades y escuelas, con lo que la enseñanza del español puede incurrir en determinados vicios que perjudicarían al estudiante.

Esta situación no ha pasado desapercibida para la Academia Dominicana de la Lengua. De hecho nuestro director, Bruno Rosario Candelier, la resalta en la separata del Boletín de la Academia de 2012: “Esa recurrencia al doble género se está generalizando entre maestros, locutores, presentadores de programas, dirigentes políticos y sacerdotes. Incluso se está haciendo también en textos escritos”.  Preocupa al pleno de nuestra academia el cúmulo de inexactitudes y visión errada de los principios que norman determinados usos lingüísticos, que se desprende de esta nueva forma de paranoia y cacería de brujas, propiciada por la rígida y nada inocente dictadura de lo “políticamente correcto”. Repetimos que preocupa porque intenta por la fuerza promover el empleo de fórmulas inadecuadas en el manejo de uno de los accidentes gramaticales que afectan a los sustantivos, adjetivos, pronombres y artículos: el género.

La ADL ha tenido que abordar este problema en diversas ocasiones, haciendo las aclaraciones pertinentes para salvaguardar el uso correcto del idioma. Uno de los más notorios esfuerzos se centró en la citada separata, publicación que presentó un esfuerzo mancomunado de varios académicos, encabezados por Bruno Rosario Candelier.

En este documento, La plaga del lenguaje contemporáneo. El sexismo lingüístico y el doble género, el director de la ADL enfatiza -entre otros importantes planteamientos- que se hace un “uso innecesario del desdoblamiento genérico”, y cita algunos ejemplos: “Los/las dominicanos/as, A todos y a todas, etc.; en ambos casos se dice “los dominicanos”, esa expresión incluye a todos los dominicanos de cualquier género, hombres y mujeres, que participan de esa condición civil; y si se dice “Buenos días a todos”, no hay que especificar “y a todas”, puesto que “todos” incluye a los seres humanos presentes, en cuya categoría están incorporadas las mujeres”.

Hay que destacar que el uso del doble género -para invalidar el uso no marcado del género masculino- es uno de los elementos principales y más recurrentes en la propuesta feminista del lenguaje “inclusivo”, no obstante las objeciones académicas muy bien cimentadas en el conocimiento de la lengua, y en una ardua labor de análisis de la problemática morfosintáctica que acarrea la perspectiva de género para el empleo adecuado del idioma. En su informe titulado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, Ignacio Bosque, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, gramático del español y miembro de la RAE, señala que “Hay acuerdo general entre los lingüistas en que el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español, como lo está en el de otras muchas lenguas románicas y no románicas, y también en que no hay razón para censurarlo”. Ignacio Bosque hace este cuestionamiento: “Tiene, pues, pleno sentido preguntarse qué autoridad (profesional, científica, social, política, administrativa) poseen las personas que tan escrupulosamente dictaminan la presencia de sexismo en tales expresiones, y con ello en quienes las emplean, aplicando quizá el criterio que José A. Martínez ha llamado despotismo ético en su excelente libro El lenguaje de género y el género lingüístico (Universidad de Oviedo, 2008)”.

Los planteamientos formulados por quienes promueven el uso del “lenguaje no sexista” tienden a lesionar el uso correcto del castellano, en aras de dar protagonismo a la mujer, en el supuesto de que el idioma español y sus usuarios la ocultan. Entonces, “visibilizar” a las féminas es un objetivo que se intenta alcanzar a cualquier precio, así se termine por romper estructuras morfosintácticas y pautas lingüísticas diversas que soportan el andamiaje de nuestro idioma. En muchas ocasiones el uso del lenguaje “inclusivo” denota una gran ignorancia del hablante, una escasa conciencia del lenguaje. El Dr. Bruno Rosario Candelier refiere, en el ensayo ya citado, que “un aspirante presidencial de nuestro país publicó un espacio pagado en la prensa nacional y encabezaba ese comunicado con la siguiente expresión: “A los/las dirigentes/as de nuestro partido”. Explica además que: “Esa reiteración del femenino, en este caso es innecesaria ya que al decir “los dirigentes” comprende a ‘los seres humanos que dirigen’. Además, la palabra “dirigente” tiene una terminación no genérica, es decir, carente de la marca de género y por tanto aplicable a ambos géneros puesto que termina en e, no en o ni en a, marcas consignadas para el masculino y el femenino, respectivamente”. Creo que este caso no requiere mayores comentarios.

Pero igualmente hemos notado que las mismas feministas con cierto nivel intelectual y supuesto dominio de la lengua, lanzan quejas y denuestos que expresan un pobre conocimiento de muchas de las pautas que rigen el español, como el caso de una dirigente política que protestaba porque, de acuerdo a su parecer, la RAE no aceptaba el femenino de la palabra jefe, lo que es absolutamente falso.

   Entiendo que las acciones emprendidas para introducir el denominado lenguaje “no sexista” en los usos oficiales adquiere la dimensión de una estrategia cuasi bélica, dada su plataforma operativa e insistencia en satanizar el español y en etiquetarlo como un idioma “machista”, y llega a dirigir sus misiles ideológicos a la Academia de la Lengua y entidades afines, al parecer con la intención de que dicha institución termine por aprobar sus planteamientos, sin importar que se desarticule todo un sistema lingüístico de probada eficiencia comunicativa y antigüedad, raíz de toda una tradición literaria de gran significación.  Es preciso notar que el segmento de la humanidad que considera al español una lengua sexista, no representa al conglomerado de hablantes de ambos sexos. Ciertamente todas las lenguas evolucionan y deben evolucionar de acuerdo con el cambio e interacción de los pueblos, pero otra cosa es que un idioma tenga que ser modificado en muchos de sus elementos esenciales para complacer los requerimientos de un grupo de presión, que se ha dado en considerar como representante de una parte considerable de la población mundial, sin tener derecho a ello. Si así sucediera para complacer a los grupos feministas empeñados en alterar el español, tendríamos también que hacer nuevas modificaciones cuando surgieran nuevos grupos dispuestos a sentirse discriminados en su propia lengua.

Nos hemos visto precisados a salir al frente a críticas, que van desde considerar que la RAE posee “un ortopédico corsé de reglas estrictas”, hasta los calificativos de que ésta es una corporación “rígida” y “machista”. Sería suficiente con que se buscaran los resultados de las constantes revisiones y adaptaciones realizadas con el fin de que el español contemporáneo se adecúe a las necesidades de los pueblos hispanoparlantes de toda la geografía planetaria. Muchas de las fórmulas de lenguaje “no sexista” son realizadas desde entidades que nada tienen que ver con el ámbito académico, ni con las instancias donde se estudia el uso del idioma. Se observa la tendencia a demonizar las recomendaciones de lingüistas y expertos, mientras conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico.

El doble género ante una situación de uso

Por Manuel Matos Moquete

   En República Dominicana, en una asamblea nacional de un partido político (PLD, PRM, PRD, PRSC, etc.) en la cual participan hombres y mujeres de la  organización, el líder se dirige a la audiencia en los siguientes términos, a sabiendas de que  no puede ignorar ningún matiz de los presentes que pudiera significar un perjuicio para su liderazgo y su partido: “Señores y señoras, dirigentes y dirigentes, delegados y delegadas, compañeros y compañeras…Extiendo mis más calurosos saludos a los y las presentes, entre los cuales se encuentran connotados y connotadas personalidades  de la vida pública, intelectual y académica del país: la doctora Celeste Alberto, medica ejemplar, directora  de la unidad  de rayos X de  la maternidad  La Milagrosa, el doctor Facundo Acosta, médico especialista en pie diabético; la licenciada Ana Quezada, decana de la facultad de Psicología de la Uasd, el licenciado Eliseo Candelario, decano de la facultad de contabilidad de la universidad PNL; la doctora Nidia Solon, jueza del tribunal de tierra, el doctor Ovidio Nin, juez civil; el capitán retirado José Pujols, la coronela retirada Kati Abigail…”. Todos y todas cuentan con mi profundo afecto. Los  miembros y las miembras de nuestro partido en todo el país están orgullosas de ser representados por ustedes en esta asamblea. Los afiliados y las afiliadas me han transmitido ese sentir durante las asambleas distritales y regionales. Y estarán más orgullosos y orgullosas cuando conozcan los positivos resultados de las deliberaciones a las cuales en este momento los y las invito”.

Ahí está el texto. Un texto propio del género discurso político, cuya ley es la eficacia para la búsqueda y el logro del poder mediante la seducción del auditorio, de los votantes de un partido y de la población en general.

Esa es la condición (situación) del uso de la lengua, en la cual la condición del uso de la forma lingüística (ver distinción en E. Benveniste, “El aparato formal de la enunciación”,  1970), constituida por la estructura del género en lengua española en base, principalmente, a la oposición de los morfemas flexivos de género masculino y femenino  o (masculino: alumno) /a(femenino: alumna) en los artículos, los sustantivos y los adjetivos y el derivativo e(común: estudiante ), además de los géneros neutro,   epiceno y el ambiguo. El género es un tema gramatical, y la gramática no es toda la lengua, es solo la estructura: una forma. Y aquí, en este ejemplo del discurso político, la gramática está al servicio del uso de la lengua en situación, de cual se sirve ese político para convencer a su auditorio y lograr sus fines políticos. El problema no es ni siquiera puramente lingüístico. Es social, es cultural, es político. Es, en definitiva, translingüístico. Y a la disciplina que le incumbe es, principalmente a la pragmática, ciencia que se ocupa de la relación de la lengua con los hablantes y de la relación entre los hablantes.

¿Qué podemos decirle a ese líder, qué consejo darle? Las recomendaciones son distintas según el criterio que manejemos. Las diversas opciones corresponden al conjunto de las disciplinas que integran las ciencias del lenguaje, que junto a otras dimensiones: cultura, ética, política, etc., conforman las ciencias  translingüísticas en las que yo me sitúo. ¿Nos colocamos al nivel del uso de la lengua como sistema semiótico total de producción de sentidos? Si el criterio se ajusta estrictamente a la ciencia lingüística (Saussure, 1916) solo nos queda describir y explicar en lo posible el tipo de uso dado por ese político como un hecho de lengua.

¿Nos situamos en la pragmática, ciencia que orienta la gramática, puesto que las formas deben seguir los fines de la comunicación? Entonces, solo tendríamos que esperar que el empleo de la lengua sea eficaz: por la adecuación en ese discurso de los propósitos perseguidos, el manejo de las expectativas y las experiencias culturales y políticas del auditorio y las formas gramaticales empleadas.

¿Nos situamos en la gramática, específicamente en las formas del género? Podríamos desear a ese político la capacidad necesaria en el conocimiento y uso de la lengua, según las normas del español, pero sin perder su objetivo comunicativo. Le recomendaríamos consultar el artículo relativo al género en la Nueva gramática de la lengua española (2010) y repasar estos principios: “El género es una propiedad de los nombres y los pronombres…”. “…el género sirve para diferenciar el sexo del referente (alcalde/alcaldesa; gato/gata; niño/niña; profesor/profesora. “Atendiendo al género, los sustantivos se clasifican en MASCULINOS Y FEMENINOS”. “El género NO MARCADO  en español es el masculino, y el GÉNERO MARCADO es el femenino”.

Le sugeriríamos que tomara en cuenta las reglas de la formación del género en lengua española, pero jamás se las impondríamos puesto que él es político y nosotros  gramáticos o lingüistas, y él es quien sabe lo que está en juego en su comunicación. Y como ese texto gramatical citado se define a la vez como prescriptivo y descriptivo, debemos tener el cuidado de no pretender constituirnos en la AUTORIDAD de la lengua, porque dicho sea de paso, en el uso no hay más autoridad que los mismos hablantes. La tarea del experto en ciencias del lenguaje no termina ahí. En ese discurso, la retórica y la estilística tienen mucho que hacer, armonizando el interés pragmático y el interés gramatical. E incluso, los hábitos culturales, éticos y estéticos.

¿Hay redundancia  y pesadez molestosa en delegados y delegadas, todos y todas, los y las? ¿Chocan algunos usos como son las palabras dirigentas y miembras con sensibilidades y percepciones éticas y estéticas de los usuarios comunes de la lengua? Se pueden buscar formas menos extrañas, fórmulas comunes, pero en el entendido de que ese no es un problema estrictamente gramatical. Aquí tocamos el aspecto más polémico del uso del doble género. Volvemos a los criterios. Las feministas no dicen que son lingüistas o gramáticas. Dicen que luchan por derechos sociales y políticos. Luchan en contra de la discriminación del género humano femenino por parte del  género humano masculino.

Los gramáticos no dicen que son políticos ni ideólogos de la discriminación machista. Dicen que son gramáticos. Pero los argumentos de algunos gramáticos están llenos de descalificaciones morales y estéticas. Amparándose en el criterio gramatical, política e ideológicamente rechazan al feminismo que afirma que la discriminación se inscribe en la lengua, y por tanto en la gramática. Digo lo mismo a esos gramáticos y a esas feministas: el espacio de ese conflicto no es la lengua. Déjenla en paz. Es el discurso, como el de ese líder político, que es el discurso del poder. Pues ese político atropella la lengua y atropella a su auditorio y a los votantes de igual manera, porque su interés y estrategia es seducir para alcanzar el poder. Por tanto, el debate debe situarse en la relación entre sujeto, discurso y poder. Pero, estamos ante otro análisis, el del discurso político, que aquí no emprenderemos.

 

Mi visión de la lengua como académica y como mujer

Por María José Rincón

   Como las oscuras golondrinas becquerianas vuelven a sus nidos, vuelven de tanto en tanto las controversias encendidas acerca del sexismo en el lenguaje. No seré yo quien se queje de que, por una vez, el tema de debate sea el buen o mal uso de nuestra lengua. Nuestra responsabilidad como académicos es intentar, al menos, que las discusiones nos acerquen un poco más al conocimiento de cómo funciona nuestra lengua, una estructura delicada y férrea a la par.  Cuando hablamos de la lengua española no conviene olvidar que nuestra lengua es nuestra, pero también de más de quinientos millones de personas que la tienen como medio de expresión y comunicación; no conviene olvidar tampoco que en la lengua el tiempo y la historia son fundamentales; conviene tener siempre presente, además, que el cambio y la adaptación a los hablantes es condición indispensable para que una lengua siga estando viva. Por lo tanto, hablantes, historia, tiempo y cambio son factores fundamentales en la realidad lingüística.

La lucha legítima, necesaria y encomiable por alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, que comparto y practico, debería ser asumida por todos nosotros, y no solo por las mujeres, que somos las principales responsables de que nuestra reivindicación no se diluya en un tira y hala estéril de defensa de lo políticamente correcto. Discutimos acaloradamente sobre el género de algunos sustantivos, sobre el matiz despectivo de algunas palabras, y perdemos de vista que la lengua es un sistema que se ha conformado para expresar a los hablantes de una comunidad. El contenido de esa expresión es responsabilidad de cada uno de esos hablantes. La lengua expresa a una sociedad sexista, que expresa contenidos sexistas. La vigencia de uso de las expresiones o giros sexistas, como las de las expresiones o giros denigrantes, discriminatorios o racistas, es responsabilidad de los hablantes. No son otros los que las mantienen vigentes.

Aunque con poco reconocimiento y mucho desconocimiento por parte del público, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española han avanzado mucho, y lo siguen haciendo, en la eliminación del sesgo masculino de las definiciones y los ejemplos que incluimos en nuestros diccionarios, muy abundante en otras épocas. La Academia Dominicana de la Lengua hizo especial hincapié en esta perspectiva no sexista en el diseño y la redacción de nuestro Diccionario del español dominicano; y lo seguimos haciendo, porque los diccionarios nunca están hechos del todo y nuestro objetivo es que nuestro diccionario de referencia esté a la altura de los tiempos y se acerque a una expresión justa de la sociedad dominicana.

En la columna de Ivelisse Prats leo algunos ejemplos muy acertados para ejemplificar que en la mayoría de los casos el sexismo no está en la lengua, sino en el uso que los hablantes hacen de ella. Se pregunta la columnista por qué, si se aceptan términos como abogada, doctora, arquitecta o diputada, se rechaza el término jefa. Desde luego los términos abogada, doctora, arquitecta o diputada no tienen que aceptarse más o menos que sus correspondientes masculinos. El mecanismo morfológico para formarlos existe desde siempre en la lengua española. Cuando la sociedad los hizo necesarios no hubo más que empezar a usarlos. Si un cataclismo borrara de la faz de la Tierra, y permítanme el sarcasmo, solo a los diputados de sexo masculino, dejaríamos de necesitar el sustantivo masculino diputado, pero eso no significa que dejaría de aceptarse o de ser correcto. Lo mismo sucede con el par jefe/jefa. Que se rechace el uso de jefa por parte de algunos hablantes, más o menos numerosos o que se tiña el vocablo de ciertas connotaciones más o menos peyorativas no depende de mecanismos lingüísticos, sino de las apreciaciones de los hablantes. En nuestra mano está trabajar para que esto no suceda, como bien hace doña Ivelisse. El hecho de que tradicionalmente se distinguiera como fórmula de tratamiento entre señor y señora/señorita no es más que una distinción sexista que va perdiendo terreno. Como detalle, no olvidemos que en su momento era habitual, con otras connotaciones, el empleo de señorito. En estos casos el sexismo no está en la lengua, como la fiebre no está en la sábana. Desde luego cualquier reflexión sobre la lengua española por parte de los buenos hablantes o de quienes aspiran a serlo es bienvenida. Reflexionar sobre la lengua no supone irrespetar a la Real Academia Española, ni a las demás academias de la lengua española en el mundo, entre ellas la Academia Dominicana de la Lengua. Tampoco conviene olvidar que no son las academias de la lengua las que establecen las normas de la lengua española. La lengua española, como todas las lenguas, es un organismo vivo e histórico que se va formando a lo largo de los siglos. Su sistema tiene que ver con su lengua madre, el latín, y con muchos siglos de historia a sus espaldas. Las academias proponen obras de referencia, para eso nacieron, que ayuden a mantener la unidad dentro de la diversidad. La guía académica está a disposición de los hablantes que la requieran a través de sus diccionarios, su gramática, su ortografía, sus corpus y sus servicios de consultas, todos ellos de acceso gratuito y a disposición de todos los hablantes del mundo en la red. Aconsejan y orientan a los hablantes que buscan consejo y orientación. Si usted no lo necesita o no está interesado, es libre de hacerles caso omiso. Solo la educación de calidad y la formación de ciudadanos críticos y conscientes puede acercarnos a una sociedad libre de actitudes discriminatorias, sexistas, raciales, sexuales, económicas o de cualquier otra índole. La educación es el primer paso, el más importante. Con ella tendremos armas para favorecer el acceso de las mujeres, en igualdad de condiciones, a los medios de producción y de dirección. Estoy de acuerdo con Ivelisse Prats en que faltan muchas trochas por abrir, pero como he dicho en otras ocasiones, cuando las mujeres nos eduquemos y trabajemos en igualdad de condiciones no hará falta que nos visibilicen. Ya lo haremos nosotras mismas.

Parece mentira que a estas alturas tenga que decir una y otra vez que como mujer no me siento discriminada, ni poco visible, ni excluida, cuando se habla de los académicos, de los docentes, de los padres de alumnos, de los trabajadores. Tampoco excluyo a mis amigas cuando hablo de mis amigos, ni a mis lectoras cuando hablo de mis lectores, ni a mis jefas cuando hablo de mis jefes. Me disgusta que pretendan obligarme a sentirme discriminada o discriminadora. Me precio de ser buena hablante y de aspirar a serlo cada día mejor. Además de a ser buena hablante aspiro a ser respetuosa. Por ejemplo, me incomoda que me obliguen a ver en el uso del masculino genérico un uso discriminatorio que no he sentido nunca. Y no soy la única. Comparto esta postura con escritoras, historiadoras, lingüistas, periodistas e investigadoras. Estoy segura de que también la comparten muchos hombres que, por otra parte, deberían sentirse igualmente ofendidos porque se les prejuzgue discriminadores.

Nuestra preocupación y nuestra meta debe ser desterrar las actitudes y los contenidos sexistas. Dejémonos de poner en solfa nuestra lengua, que bien sabrá adaptarse a ese cambio, como lo ha hecho a infinidad de cambios en su larga historia, y seguirá estando al servicio de todos. Como filóloga y lexicógrafa, como académica, pero, sobre todo, como mujer creo que la lengua española, si saben enseñarnos a usarla correctamente, es el instrumento fundamental para la igualdad de oportunidades. Entender mejor lo que se lee y expresar mejor nuestro pensamiento y nuestros sentimientos son la clave para avanzar como ciudadanos hacia una sociedad mejor en la que todos nos sentiremos representados y expresados.