Tocar, *extractivismo, actuar/accionar

Por Roberto E. Guzmán

TOCAR

“. . .el sentir generalizado. . . es que a la madre le TOCABAN 20 años de prisión”.

Las frases que se transcriben más arriba permitirán examinar lo que el verbo tocar significa en este contexto. Junto con este verbo se traerán otros del mismo ámbito que poseen valores especiales en el español dominicano.

La importancia que tienen los verbos que se examinarán en esta sección es que no han sido tratados o recogidos con anterioridad en los lexicones y estudios que se ocupan de las palabras que poseen acepciones particulares en el español dominicano.

En la frase en que se usa el verbo tocar, este adquiere el valor del verbo corresponder, en los casos en que el último verbo se utiliza para referirse a “la cantidad de tiempo en prisión que debe recibir cada participante o persona por su cuota de responsabilidad en el hecho delictivo”. La última parte de la acepción se aviene con la adecuación a su grado de culpabilidad.

Otro verbo que posee acepción especial en el español dominicano es el verbo echar cuando se emplea para referirse a la imposición de una sentencia que conlleva prisión cuando una persona es declarada culpable por un tribunal. Ejemplo de este uso es, “Debieron echarle 20 años de prisión”.

La historia de verbos con significados dominicanos diferentes al español común no termina ahí, pues el verbo cantar también adquiere el sentido del verbo echar cuando lo ejerce un juez respecto de la condena a reclusión que dicta contra una persona.  “El juez le cantó 20 años de cárcel”.

Otro verbo que se usa al hablar de sentencias dictadas por los tribunales es el verbo caber. En el habla de los dominicanos es posible oír que alguien dice, “Por ese homicidio le caben 30 años de prisión”. Con esto se expresa que la persona de quien se habla es pasible de recibir una condena a prisión por ese período.

No hay que criticar con vehemencia a las personas que se valen de los verbos destacados, pues son válidos en el español dominicano; sobre todo si se emplean rodeados de palabras que no dejan dudas con respecto de su significado. Debe observarse precaución cuando se habla o se escribe para un público que no es exclusivamente de dominicanos, pues se corre el riesgo de no ser comprendido.

 

*EXTRACTIVISMO

“. . .trajo la esclavitud, el colonialismo, el EXTRACTIVISMO. . .”

Algunos hispanohablantes piensan que las palabras largas significan cultura; de allí que mientras más larga sea la palabra utilizada, mayor cultura reflejará el resultado de lo dicho o escrito.

Otra tendencia que contribuye a la creación de voces como la que consta en el título, es la de valerse de ciertas terminaciones socorridas en el español derecho, tal como -ismo, para añadírsela a adjetivos que ni existen en el español común para formar así sustantivos de la clase del que se observa en el epígrafe. Lo esbozado en las oraciones anteriores se detallará más adelante.

Por la compañía en que se encuentra la voz desconocida sometida a estudio, ha de presumirse que se trata de algo que tiene que ver con la historia de países sometidos a colonización. Este *extractivismo es muy posible que tenga relación con el verbo extraer. Esa es una conjetura que se hace porque algunos países conquistados fueron despojados de sus riquezas naturales sin miramiento con respecto de la preservación de la naturaleza.

Hubo que recurrir a la lengua inglesa para encontrar un adjetivo y un sustantivo que se asemejan a la extraña voz del título, es extractive, que en esa lengua indica que “se relaciona o implica extracción: que tiende o resulta en la extracción de recursos naturales sin establecer criterios de reposición. Mediante la lectura de la acepción de la voz del inglés puede comprobarse lo bien que esta se acomoda a la explotación minera.

Hay que rogar a los manes de la lengua española para que los articulistas no obliguen a sus lectores a emprender búsquedas en diccionarios de lenguas extranjeras para entender lo que debió ser escrito en español.

 

ACTUAR – ACCIONAR

“. . .en esta patria nuestra en la que ACCIONAMOS. . .”

Los dos verbos que figuran en el título son confundidos en su empleo por algunos articulistas. La confusión se extiende al infinitivo sustantivado, pues algunas personas recurren a “accionar”, en lugar de “actuar” en las hipótesis en que el verbo no se conjuga, sino que sirve para mentar la acción. Algunos redactores piensan que el verbo accionar tiene una cobertura semántica más dilatada que actuar, pero lo contrario es lo cierto. Más abajo se repasarán las acepciones de ambos verbos.

Antes de pasar al repaso de las acepciones se hace necesario constatar que el uso en los últimos tiempos tiende a hacer del verbo accionar algo más que lo que este fue en el español tradicional. Este uso que se advierte ha dado lugar a que en algunos diccionarios modernos la redacción de las acepciones, especialmente para accionar, se hayan introducido cambios.

Tradicionalmente el verbo accionar se refería solo a poner un mecanismo en funcionamiento y a los gestos y movimientos. Así ha permanecido en el diccionario de las academias.

Al revisar la redacción del verbo accionar en el Diccionario integral del español de Argentina (2008:35) en su segunda acepción puede leerse, “Comportamiento o actuación de una persona, un grupo o una institución”.

Hace unos años que la tendencia se encamina hacia las nuevas acepciones, pues el Diccionario del español actual (1999:51) además de las acepciones tradicionales asienta lo siguiente: “Entablar una acción”. “Actuar [una persona o cosa]”. Nótese lo general que es la redacción en estas dos acepciones. Ese diccionario anota como raro, pero reconoce que accionar se usa como sinónimo de actuar.

Además de los sentidos tradicionales, el verbo actuar ha adquirido nuevas acepciones como resultado de refinamiento de algunas de las originales. Entre otras pueden mencionarse, producir efecto (influir) una persona o cosa sobre algo o alguien; esta ampliación es el resultado de las nuevas redacciones que son un reconocimiento de los usos en el habla. El diccionario oficial de la lengua reconoce que actuar vale para “poner en acción”. Los términos usados en esta acepción podrían dejar fuera el verbo accionar con respecto a “poner en funcionamiento”.

Con respecto a los dos verbos del título hay que retener la propensión que se advierte. Según parece existe inclinación a que ambos verbos arropen varias de las acepciones que fueron privativas de uno u otro.

En la utilización de uno u otro verbo de los dos estudiados aquí, lo más sano es mantenerse con apego a lo tradicional para no incurrir en exageración alguna y así no caer en un uso que contravenga el sentido esencial de ambos.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Cacaotalero, feligrés, viaje de ida y vuelta/viaje *redondo, años ochenta/años *ochentas

Por Roberto E. Guzmán

CACAOTALERO

“. . .resaltó sus aportes para que la familia CACAOTALERA. . .

En el centro de la palabra del título se encuentra una muy conocida, cacao. Al estudiar la palabra cacaotalero, se aprovechará la ocasión para revisar la que se halla en la base, pues resultará interesante considerar algunos aspectos.

De acuerdo con lo que el diccionario mayor de la lengua recoge, cacaotero es la “persona que cultiva cacao o negocia con él”. La segunda acepción en ese diccionario trae ese sustantivo para el árbol del cacao.

La palabra cacao proviene del náhuatl kakawa, forma radical de kakawatl. Fray Alonso de Molina tradujo la última voz en tanto “grano de cacao”. En inglés representaron con la voz cocoa lo que oyeron en español cacao que es una alteración fonética de la forma española. La definición que se encuentra en inglés de la palabra cocoa se refiere al polvo que se obtiene de la semilla del cacao. Esta cocoa se integró al español de por lo menos cinco países de la América hispana, con el significado que tiene en inglés. En esta lengua entienden que esa pronunciación en inglés koko para cacao se produjo por una confusión con el fruto del cocotero, coco.

El diccionario que registra la palabra cacaotalero es el Diccionario de americanismos (2010) y lo hace con el valor de “cacaotero, persona”, con exclusividad para República Dominicana. En el último país mencionado también se usa cacaotero para la persona que cultiva el cacao. El cacaotal reconocido internacionalmente es, “Terreno poblado de árboles de cacao”. Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua, (2014:68).

El vocablo cacao entró muy temprano en la lengua castellana pues el primero que lo mencionó fue Cortés y, el segundo Oviedo. Apareció en el año 1726 en el Diccionario de autoridades catalogado como “voz indiana” con una descripción detallada del fruto, las funciones del grano y la preparación de la bebida. En esa obra llaman cacao al árbol. Las obras citadas allí pertenecen a Joseph de Acosta y Antonio de Solís. Las menciones aparecen en la letra C, p. 35 del diccionario.

La palabra cacao ha dado pie a varias locuciones en el habla de los dominicanos. El Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:76) recoge algunas de esas expresiones, coger cacao, más viejo que el cacao y pedir cacao. La locución verbal pedir cacao es la más conocida e interesante. Expresa, “rendirse, suplicar clemencia, solicitar apoyo o ayuda, darse por vencido, claudicar ante la adversidad.

Se ha de aceptar en el español dominicano el uso de la palabra cacaotalero/a para las acepciones apuntadas porque esta forma parte del español corriente tanto en el habla como en el español escrito en ese país. No obstante, hay que tener en cuenta que es mejor limitar el uso de la palabra en los escritos para consumo nacional dominicano.

 

FELIGRÉS

“. . . que tiene previsto reunirse con los familiares de los once FELIGRESES que fueron asesinados en una sinagoga. . .”

Algunos vocablos tienen límites en cuanto al alcance de sus acepciones. En ocasiones las acepciones reconocidas se refieren solamente a una clase de personas o a un grupo en particular. Las ideas que se esbozaron en las oraciones anteriores se desarrollarán más abajo para despejar el sentido del vocablo feligrés. Se demostrará que el vocablo feligrés no mantiene relación convencional establecida con sinagoga.

Feligrés es la persona que pertenece a una parroquia. La parroquia es la iglesia. La iglesia a su vez, es entre otras cosas, la congregación de fieles cristianos. Además, es el conjunto de clero y pueblo de un país donde el cristianismo tiene adeptos.

La sinagoga es la congregación o junta religiosa de los judíos. También es el edificio dedicado a la congregación y culto de la religión judía. Judío es quien profesa la Ley de Moisés: esta ley comprende los preceptos y ceremonias que Moisés dio al pueblo de Israel para su gobierno y para el culto divino.

El tipo de redacción que se observa en la cita refleja algo de etnocentrismo que es una tendencia emocional que hace que la cultura propia influya en la redacción. En el caso específico de la cita que encabeza esta sección, el redactor atribuyó los nombres cristianos a los creyentes de una religión que no es cristiana.

 

VIAJE DE IDA Y VUELTA – VIAJE *REDONDO

“. . .con este aumento, a cada pasaje de VIAJE REDONDO a Nueva York. . .”

No hay lugar a duda. El tema principal de este aparte es examinar el significado de la palabra redondo y evaluar la oportunidad de utilizarlo en una frase como la copiada más arriba.

Redondo es de forma circular; es perfecto, completo, bien logrado, de donde se habla de un negocio redondo. Redondo es el número o la cantidad que se expresa en unidades enteras. Esta voz tiene otras acepciones que se olvidarán por el momento porque son de menos uso y, sobre todo, para aligerar la exposición.

De acuerdo con lo que se ha expuesto hasta ahora el viaje de la cita puede ser uno perfecto, bien logrado, Mas no es así porque la breve frase copiada sugiere otra cosa.

En realidad, el “viaje redondo” es una mala traducción del inglés al español, pues quien colocó “redondo” después del viaje lo hizo porque en inglés se dice y escribe round-trip. Este tipo de viaje es el que se realiza de ida a un sitio y regreso por la misma vía al lugar de salida.

En español se dice y escribe “viaje de ida y vuelta” y, se usa para los boletos que incluyen ambas vías, que es algo que redunda en mejor precio. Se hace necesario mentar aquí que se encontró un diccionario en el que llaman “redondo” este viaje. Es posible que en algún país se llame así a este tipo de viaje estudiado aquí.

 

AÑOS OCHENTA – AÑOS *OCHENTAS

“. . .creo que en los años OCHENTAS. . .”

Con relativa frecuencia se encuentra una redacción de este tipo, en la que al numeral se le añade una ese /s/ en señal de plural. Se hará el esfuerzo por explicar de modo sencillo para tratar de que no se repita.

La forma en que se menciona la década, es decir, el período de diez años consecutivos referido a cada una de las decenas del siglo, no admite que se pluralice o agregue una letra ese /s/ al número escrito en letras. Ese cardinal se refiere exclusivamente a los años que comprenden desde el primer año de la década (1980), hasta el último del decenio (1989).

Fundéu Argentina puntualiza, “no hay una denominación establecida para la primera década de un siglo, por lo que se aconseja utilizar expresiones como la primera década del siglo XX o la década de 1901 a 1910 (o la década de 1900 para referirse a los años entre 1900 y 1909, pues entre 1900 y 1910 hay once años)”.

El Diccionario panhispánico de dudas (2005:208) “se desaconseja poner en plural el cardinal referido a la decena”. En el caso específico del texto citado, ochenta debió aparecer sin la ese /s/, aunque se tratase de varios años, pues se refería implícitamente a la década.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Locutoril, apenas/casi, con base en/en base a, a pesar de que/pese a – *pese que

Por Roberto E. Guzmán

LOCUTORIL

“. . .además estarán otras prestigiosas voces LOCUTORILES. . .”

Hay palabras que se incorporan al léxico cotidiano de la comunidad sin que los hablantes se den cuenta de que esa palabra no es de uso en otras comunidades que hablan la misma lengua. No se percatan esos hablantes de que son voces extrañas hasta que alguien de fuera se las señala o hasta que la utilizan en un medio fuera de su comunidad de hablantes y no las pueden entender.

Locutoril es un vocablo que existe en el español dominicano desde hace largo tiempo; este se ha oído por la radio, la televisión, y en muchas conversaciones. No será posible determinar quién lo usó por primera vez, esto es, quien lo creó, pero sí es posible saber que existe en el español dominicano.

Hay que tener en cuenta que el lenguaje humano es un modo específico de la realidad cultural. Como consecuencia de eso las necesidades de la comunicación empujan a los hablantes a crear las voces que les permiten mantenerla. Estas consideraciones anteriores permiten explicar -en parte- la aparición de nuevas palabras tendentes a facilitar la comunicación. Puede aducirse que algunos vocablos son reflejos de la realidad y las circunstancias.

El lenguaje es una estructura dinámica respecto al tiempo, al espacio y a los sujetos que lo utilizan. Estas características hay que tenerlas en cuenta a la hora de evaluar el vocabulario de los hablantes.

Llegados a este punto hay que delimitar lo que locutoril significa. Este es un adjetivo, “relativo o que pertenece a los locutores”. Es fácil deducir que este deriva del sustantivo locutor, al agregarle la terminación -il. Lo que hizo el hablante dominicano fue utilizar un recurso que existe en la lengua española para formar otra palabra, que esta vez resultó ser desconocida en otros ámbitos de habla hispana.

El español dominicano tiene otro adjetivo que es exclusivo de esta variedad de español, y, que está formado del mismo modo anterior, es “choferil”, que sí aparece documentado en el Diccionario de americanismos (2010), “Relativo a los choferes”.  Este choferil también consta en el Diccionario del español dominicano (2013) con una acepción más específica en cuanto a su campo de acción, “Relativo a los choferes del transporte público”.

Los diccionaristas que se han dedicado a la tarea de hacer inventarios de las voces propias del habla de los dominicanos no han retenido la palabra locutoril para incluirla en las obras producto de estas labores.

No cabe duda alguna de que esta voz es parte del habla dominicana, aunque no esté documentada en los diccionarios confeccionados hasta ahora. Después de esta intervención ya los especialistas en este menester la asentarán como corresponde porque ha sido estudiada.

 

APENAS – CASI

“Tenía APENAS CASI tres años . . .”

El adverbio apenas se ha tratado mediante estos escritos en ocasiones anteriores. En otra ocasión fue porque separaban el adverbio en dos, la preposición a y el plural del sustantivo, penas. Esta vez el asunto es diferente, colocan apenas junto a casi, sin reparar en los significados de ambas palabras.

Por el estilo de la redacción de la lectura de la frase se deduce que utilizan a apenas en función de adverbio, por lo tanto, este comunica la idea de “escasamente, solo”. En latín paene significa “casi”, de ahí que la palabra península sea casi una isla, pues insula es isla.

Desempeñando las funciones de conjunción temporal, apenas significa “en cuanto, en el momento en que”. La organización y secuencia de las palabras induce a pensar que aquí se produce un pleonasmo, es decir un defecto de construcción sintáctica por la repetición de términos que proveen la misma idea.

En una frase como la copiada a manera de ejemplo resulta difícil evaluar si se trata de un recurso en la redacción para añadir énfasis, o si solo se repite la misma idea al colocar las palabras apenas y casi una inmediatamente después de la otra. El orden de los vocablos sugiere que apenas debe interpretarse con su significado de “casi, solo, escasamente, a lo más”.

En una frase u oración de este tipo no hace falta que se exagere la cantidad de vocablos que transmiten una misma idea, sobre todo de manera innecesaria colocándolos tan próximos uno de otro. Se piensa que en la frase se incurrió en una repetición inútil.

 

CON BASE EN – EN BASE A

“. . .trabajar EN BASE A una acentuación. . .”

A fuerza de oír de manera insistente y machacona la locución en base a, hasta los doctos en materia del lenguaje la incluyen en sus escritos. Es censurable (palabras del Diccionario panhispánico de dudas) la locución porque “las preposiciones en y a no están justificadas”. Fundéu demuestra lenidad en su criterio, pues entiende que la locución “en base a” se encuentra extendida en el uso y su empleo no puede censurarse. No deja de apuntar esa institución que es preferible la construcción “con base en”.

El diccionario mentado más arriba propone que en lugar de la locución censurada debe emplearse “con base en”. Esta es una locución que comenzó a usarse hace relativamente corto tiempo con el valor de “con apoyo o fundamento en”. El español de estilo culto manifiesta preferencia por otras locuciones tales como: sobre la base de, en función de, basándose en, a partir de, de acuerdo con, con base en, según, etc.

La forma de evitar caer en el descrédito es mantenerse alerta cada vez que se procede a usar la palabra “base” en cualquier tipo de locución; es decir, que una señal de alarma se active en las esferas del criterio en estos casos para no utilizar la locución criticada.

 

A PESAR DE QUE – PESE A – *PESE QUE

“. . .PESE QUE su labor escritural . . .”

El verbo pesar ha servido de base para que sobre este se formen locuciones de diferentes clases que se usan en la comunicación para expresar matices que deben sus diferencias a la inclusión de preposiciones, conjunciones y adverbios, así como a la organización interior de estos elementos en las locuciones.

Lo escrito en el párrafo anterior no significa que exista libertad para que los hablantes de español suelten las riendas y se dediquen a introducir elementos extraños en las locuciones en las que el verbo pesar, sobre todo pese, es utilizado.

“A pesar de” es una locución prepositiva que se toma y usa con el significado de “contra la voluntad de”, “contra la resistencia de” o “contra el inconveniente de”. “Puede preceder a una preposición introducida por que”. “Pese a es una preposición prepositiva, equivalente, en general, a a pesar de”. Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (1998:339). Lo anterior equivale a decir que a pesar de vale para expresar “con la oposición o resistencia de”. Diccionario de la lengua española (2014-II-1695). A pesar de que es una locución conjuntiva que “introduce oraciones que indican concesión”. Gran diccionario de la lengua española (2007:1330).

El Diccionario panhispánico de dudas escribe que a pesar de sirve para indicar “contra la voluntad o el deseo de alguien”. Es importante recordar que “cuando la locución va seguida de subordinada, no debe suprimirse la preposición de”, (2005:499).

Pese a que es la construcción apropiada para expresar que no se tiene en cuenta la oposición o la resistencia de algo o alguien, y no simplemente pese que, con omisión de la preposición a.

Fundéu 28/11/2012.

Se ha traído el auxilio de los textos citados para que no quede duda alguna con respecto a la forma de escribir las locuciones de forma correcta.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Adjunto, kamikaze/*kamikaze, *coherenciados

Por Roberto E. Guzmán

ADJUNTO

“. . .en el panel que compartió ADJUNTO A otras. . .[personas]”

Al leer la frase que apareció en el periódico acerca de una reunión de personas llamó la atención la forma en que se utilizó el verbo adjuntar en funciones de adjetivo.

El inesperado encuentro vino por la presencia de personas; es decir, porque el sujeto y los acompañantes eran personas y era la primera vez que esto se leía.

La costumbre en casos como este es confirmar el criterio que se tenía con respecto a la palabra resaltada. La mayoría de los diccionarios se conforman con evitar el uso del vocablo persona y en el complemento del uso se referían solo a cosas.

Hubo que recurrir al Diccionario del español actual (1999-I-105) para hallar una definición satisfactoria del uso del adjetivo que satisficiera las intenciones de estas notas. Ahí puede leerse, “[Cosa] unida [a otra]”. Lo que se procuraba era encontrar la palabra “cosa” para identificar lo que puede decirse o escribirse que está o va adjunto a otra cosa. En la mayoría de los diccionarios consultados se obvia el uso de la primera palabra cosa, aunque esa palabra sí aparece en la segunda parte de la acepción.

No puede dejar de subrayarse que adjunto se emplea para persona cuando esta desempeña un cargo o función asociada a otra, para así ayudar a la titular en sus labores. La Asociación de Academias acerca de adjunto en tanto adjetivo escribe, “Dicho de una persona. Que acompaña a otra para entender con ella en algún negocio, cargo o trabajo”.

Este “adjunto” es de uso frecuente en el lenguaje administrativo en función de adverbio al principio de la oración para denotar que algo acompaña la carta, circular, correo electrónico, notificación, etc. que se envía o remite; casi siempre se refiere a algo que está relacionado directamente con el objeto principal de la misiva.

El lexicólogo y médico dominicano, miembro que fue de la Academia Dominicana de la Lengua, D. Miguel A. Piantini, en su libro Apuntaciones lexicográficas y cuestiones idiomáticas (1980:32-33) puntualiza que el verbo adjuntar, “Debe decirse, hablando de un objeto . . .” Él sugiere el uso del verbo “acompañar” cuando se refiere a personas. A D. Rufino J. Cuervo se le antojaba inútil el verbo adjuntar “una vez que hay incluir y otros modos de expresar lo mismo”.  Esto en relación con los anexos. Apuntaciones (1955:796).

Debe pensarse en otras soluciones tales como junto a que es, “al lado de o cerca de”, así consta en el Diccionario panhispánico de dudas (2005) y junto con que a su vez es, “En compañía de o con la colaboración de” de este modo aparece en ese diccionario.

Durante un tiempo las autoridades de la lengua española se opusieron al uso culto del español americano del verbo “adjuntar” con el sentido de “incluir, enviar adjunto”.  Las pistas sugieren que entró en el diccionario oficial de la lengua española en la edición de 1956. Antes de esa incorporación ya había entrado el vocablo “adjunto”.

 

KAMIKAZE – *KAMIKASE

“. . .en tanto otros están en la fila como KAMIKASE”.

Por medio de estos escritos se ha reiterado en muchas ocasiones anteriores que hay que revisar las ortografías de las voces extranjeras antes de escribirlas para así evitar errores. Esa “regla” hay que observarla con mayor cuidado si se trata de voces de escaso uso.

La voz kamikaze surgió a raíz de la Segunda Guerra Mundial para reconocer en occidente el nombre de los pilotos suicidas de origen japonés. Así se denominó no solo al piloto voluntario, sino también al avión. El suicidio consistía en estrellar el avión contra un objetivo militar enemigo. Los italianos entienden que kamikaze es sinónimo de “misión suicida”. Dizionario delle parole straniere (1999:147).

La palabra vino al conocimiento general mediante el inglés de los Estados Unidos en 1945 al escribirse en esa lengua la representación de los sonidos y el concepto de ese cuerpo de elite de pilotos de guerra.

Literalmente kamikaze quiere decir y dice “viento de dios” o “viento divino”. Kami es dios, providencia, divino y, kaze es viento. La tradición popular japonesa asegura que ese nombre se le otorgó en japonés al tifón que en agosto de 1281 salvó al Japón de la invasión de los mongoles al destruirles los navíos. El viento fue desencadenado por Tenshi, del hijo del cielo. El primer ataque (misión) kamikaze fue el 17 de mayo de 1944 contra un destructor estadounidense. Diccionario de palabras y frases extranjeras (1995:237).

En español hubo que esperar la edición del Diccionario de la lengua española de 2014 para que se reconociera esa voz que antes no aparecía en ese diccionario ni en cursiva. En esa edición del diccionario se reconoce que la voz denomina al piloto, la nave (que escribe que está cargada con explosivos); el terrorista suicida y la “persona que se juega la vida realizando una acción temeraria”. Diccionario de la lengua española (2014-II-1299).

La última acepción que se mencionó que asienta la corporación de la lengua española se originó en el inglés americano en el año 1955 para mentar a los conductores japoneses de taxis. Los datos acerca de la voz kamikaze en inglés se tomaron del Chambers Dictionary of Etymology (2015:561).

La Asociación de Academias de la Lengua Española se puso al día con respecto a la voz del japonés; lo hizo con todas las acepciones conocidas, las del origen de la voz y las que se produjeron por extensión de la acepción primera.

 

*COHERENCIADOS

“. . . que si podemos, juntos, COHERENCIADOS, . . .”

Antes de entrar en el estudio de la palabra destacada en la frase de más arriba, hay que recordar que ese si que figura allí debe llevar la tilde (sí) para que se entienda que es el adverbio que expresa afirmación o confirmación. Sin la tilde, si hace las funciones de conjunción con diferentes valores.

Con respecto a *coherenciado, por su formación pretende parecerse a un participio que desempeña en la frase las funciones de adjetivo.

Para que esto fuese aceptado, haría falta que existiese el verbo *coherenciar que “no se encuentra por ninguna parte”, valga la redundancia.

Las palabras del español común que más se asemejan a la creación señalada en el título son, cohesionar, coherente, cohesivo. El vocablo cohesión entró en el español oficial en el diccionario académico en el año 1884. Todas las voces de esta familia están emparentadas con adhesivo, adherente, que estuvieron en uso en el español del siglo XV.

Con aventuradas creaciones como la del título, se aconseja verificar la legitimidad de estas antes de plasmarlas en un escrito, pues afean la frase, y a veces, el escrito completo.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Cuidado con las interrogativas y exclamativas iniciadas por “que”

Por Rafael T. Rodríguez Molina

 

Tengo la impresión de que muchas personas, incluyendo gente de un elevado nivel sociocultural,  no siempre saben interpretar lo que leen. Uno de esos casos de incomprensión lectora lo encontramos en las oraciones interrogativas y exclamativas en las que están presentes “que”, “quien”, “cual”, donde”, etc. Seguro que ustedes saben que esas  son palabras que no deberían escribirse con tilde, pero que, por el llamado acento diacrítico o tilde diacrítica, cuando ellas funcionan como interrogativas o exclamativas, se les marca la tilde.

Veamos ejemplos en los que se cumple esa regla: 1. ¿Qué compraste cuando fuiste a la tienda? 2. ¿Cuándo vas a buscar tu acta de nacimiento? 3. Dime dónde compraste ese traje tan bonito. Observen el análisis correspondiente a cada una de estas tres oraciones interrogativas.

La oración 1 es una oración interrogativa directa con el signo de interrogación al principio y al final de la misma, y con un “qué”  interrogativo, por lo cual se le marcó la tilde. En ella aparece un  “cuando” que,  al no ser interrogativo, aunque está dentro de una oración interrogativa, no llevará tilde.

La oración siguiente, la número 2, es también interrogativa  directa con su signo de interrogación marcado y con un “cuándo” que también es interrogativo, razón por la cual esa palabra se escribió con tilde.

La oración 3, aunque no se inicia ni termina  con un signo de interrogación, ni comienza con una palabra interrogativa, es también una oración interrogativa, pero de las llamadas   “interrogativas indirectas”; en ellas aparece una palabra interrogativa a la que se le marca el acento diacrítico. Por eso el “dónde” de esa oración lleva marcada la tilde o acento ortográfico.

A continuación les ofrezco un listado de oraciones exclamativas iniciadas y terminadas por el signo que las caracteriza, siguiéndole  al signo inicial  de cada una de  ellas “qué”, “cuál” y “cuántos”, con valor exclamativo: 1. ¡Qué alegría me da saber que ya terminaste tu carrera! 2. ¡Cuál no sería su sorpresa al verlo llegar a esa hora! 3. ¡Cuántos problemas nos ocasionas con tu pésima conducta, muchacho!

La oración exclamativa 1 se inicia con el signo de exclamación y con  un   ”qué”  exclamativo, que por lo mismo lleva tilde marcada.

La exclamativa 2  comienza  con el signo propio de la exclamación y con  un “cuál” también exclamativo; por eso se le marcó la  tilde.

Evidentemente, la oración 3 es exclamativa al igual que la 1 y la 2, ya que se inicia con el signo propio de  ese tipo de oraciones y con un término exclamativo acentuado, que en este caso es “cuántos”.

Ahora bien,  muchos usuarios de nuestro español se confunden porque creen que, por el hecho de que una oración se inicie por el signo de interrogación o de exclamación y a ese signo le siga “que”, “cual”, “cuando”,  “donde”, etc.,  deben  marcarles tilde a esas palabras.  Y eso no es cierto. No se les marca  la tilde.

Les voy a presentar ejemplos de ese tipo de oraciones:

  1. ¿Que me vaya temprano es lo que ustedes quieren?
  2. ¿Cuando llegaste a la reunión todavía no había llegado nadie?

Recuerden que al inicio les dije que “cuando esas palabras (“que”, “cual”, “cuando”, “donde”, etc.) funcionan  como interrogativas o exclamativas se les marca el acento diacrítico”. Pero tengan en cuenta que no dije que cuando esas palabras inician una oración interrogativa o exclamativa se les debe poner la tilde. Yo no dije eso. Por esa razón, si usted lo entendió así, le aconsejo que vuelva a leer lo que yo afirmé anteriormente.

En casos como esos dos últimos es donde se les presenta a muchos la dificultad, que yo interpreté como falta de comprensión lectora, que conduce a la falta de comprensión de la regla ya expuesta, que por lo que les he  dicho,  se deduce que tiene dos condiciones:  la  primera es que la oración sea interrogativa o exclamativa;  la segunda es que el  “cual”,  “que”,  “quien”, “donde”, etc. ,  funcione, cada uno en su oración,  como interrogativo o exclamativo.  Si se fijan bien, en las seis primeras oraciones, 3 interrogativas y 3 exclamativas, que les ofrecí al principio, se cumplen las dos condiciones, y por esa razón les marcamos la tilde a todas las palabras interrogativas contenidas en ellas.

En cambio, en las dos últimas  solo se da  la   primera condición de que ambas son interrogativas, pero no se da la segunda condición que exige que el “que” y el “cuando” tienen  que ser palabras interrogativas. Por eso no se les puso la tilde.  Ahora bien,  hay que  prestar  mucha atención,  pues cuando se  inicia  la copia de  ese tipo de oraciones, el programa marca la tilde automáticamente y  uno tiene que borrar esa tilde. Esa falta  de comprensión,  o posible confusión al interpretar la norma  aplicable a las oraciones que tenemos entre manos,  parece que fue lo que llevó al editorialista de un periódico de circulación  en nuestro país  a  marcar la tilde al “que” aparecido en la siguiente oración exclamativa: “¡Qué la justicia cumpla con su rol por la tranquilidad ciudadana.” Y un día posterior, al cerrar el editorial, repitió un caso semejante al ya citado al escribir: “¡Qué así sea!  Pero reiteró eso mismo en el editorial del 2 de abril de 2018 cuando escribió: “¡Qué se rompa el silencia con voces que se alcen por la redención.”

Estos y otros casos de nuestra lengua española, como ya se ha visto en otros ensayos que les he presentado a su consideración, no suelen ser bien manejados por una cantidad bien considerable de usuarios, tanto cuando lo hacen  oralmente como por escrito. Un cuidado constante en todos esos casos es necesario para seguir mejorando nuestro idioma español lo más cercano posible a la aplicación de las normas que lo orientan para su buena marcha. ¡Manos a la obra!

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

 

Un “es decir” que no dice nada

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

La lengua española ha puesto a disposición de nosotros sus usuarios   varios recursos para aclarar o precisar una idea o contenido  antes expuesto. Me refiero a “esto es”, “o sea”, “a saber”, “es decir”, etc. En el presente ensayo voy a  concentrarme  en “es decir”, pues tengo la impresión de que es una de las expresiones que con mayor frecuencia  empleamos los que nos comunicamos oralmente o por escrito; es el caso de profesores, comentaristas, sacerdotes, pastores y ministros, charlistas, entrevistadores y entrevistados, etc.

Ya hemos dicho que los recursos ya mencionados, incluyendo a “es decir”, tienen como función aclarar o precisar una idea antes ofrecida a nuestros oyentes o  lectores, como aparecerá visualizado en los siguientes ejemplos:

  1. “Dichos procedimientos de auditoría serán aplicados por un auditor experto en el área, es decir, por alguien que tenga conocimientos concretos sobre el sector bancario y que, a su vez, domine las normativas y regulaciones establecidas por la ley.” (Tesis de grado sobre Gestión Financiera).
  2. “Cada caso debe ser bien estudiado, es decir, analizado en todos sus detalles o aspectos.” (Libro en preparación Ejercicio de la Abogacía en la República Dominicana).

Esos dos ejemplos dejan claro cuál es el papel que cumple “es decir”. Pero no todos los que usan “es decir” lo hacen con la función aclaratoria que le está asignada, sino que lo emplean como una simple muletilla en la mayoría de los casos. Se sabe de algunas personas que acuden en sus exposiciones al uso frecuente de  esa expresión queriendo aclarar, pero que, en realidad, de unas 14 veces que, como promedio,  la emplean quizás en 4 de ellas aclaran algo y en las restantes 10 veces no aclaran nada.

Como mi intención no es divulgar de quién o quiénes se trata, sino llamar la atención sobre este fenómeno lingüístico,  para lograr que algunos que tienen esa práctica rectifiquen  o evitar que otros usuarios caigan en la manía de querer aclarar con “es decir”, sin que lo logren en  la mayoría de las veces.

A manera de ejemplo, les voy a presentar un texto que contiene 14 veces “es decir” en forma parecida a como lo haría alguien que  maneja mal esa expresión aclaratoria. Por eso aparecerán 4 “es decir” usados de acuerdo con su función y 10 como muletilla. Escogí para eso un tema totalmente diferente a los que suelen abordar  las personas de quienes tomé datos útiles para la elaboración de la presente redacción. De ese modo, el que lea este escrito no sabrá a quién estoy haciendo alusión. A continuación el texto.

“En el mes de enero de 2018 se celebró en Culiacán, México, la Serie del Caribe, es decir, una competencia entre los equipos de béisbol campeones de República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Venezuela y México. El equipo campeón de esa importante y tradicional competencia resulto ser el equipo Criollos de Caguas, de Puerto Rico.

Pero hay muchas personas, es decir, que no están de acuerdo con el formato actual que tiene la serie del Caribe, es decir, porque no refleja casi nunca, es decir, en la mayoría de las veces, la verdadera realidad, es decir, ya que puede ganar la competencia, es decir, un equipo que ganó un solo juego y perderla, es decir, un equipo que  en la primera ronda, ganó los cuatro juegos, es decir, que los derrotó a todos.

Según la opinión mayoritaria, es decir, si un equipo ganó invicto todos los juegos de la primera parte no debería ir a una semifinal, sino esperar, es decir, que de los que vayan a la semifinal salga, es decir, un ganador que competirá con el que espera al haber ganado invicto, es decir, sin haber perdido ni un solo juego en la primera ronda.

Yo, personalmente, propondría que, es decir, de la primera ronda se escoja un ganador y de los restantes, es decir, compitan entre sí, los que ocuparon el segundo y tercer lugar, y el que gane de entre ellos dos, es decir, irá a la final con el ganador de la primera ronda, de donde saldrá el ganador de la Serie del Caribe. Es decir, así sería más justa y competitiva esa Serie y los jugadores harían mayores esfuerzos por clasificar tanto para el primero como para el segundo y tercer puestos.”

Con lo que he expuesto en  el presente ensayo creo haber contribuido a que, cuando ustedes tengan que usar “es decir”, lo hagan usándolo de acuerdo con el fin para el que se creó el mismo en nuestra lengua castellana, que es aclarar, precisar o hacer más comprensible una idea o contenido ya expresado anteriormente.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Las muletillas en la comunicación

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

 

La  lengua española nos ofrece una gran  variedad de términos o recursos que útiles para aclarar, precisar o relacionar ideas contenidas en las oraciones con las que enviamos informaciones a los demás. Entre esos términos o expresiones tenemos a “es decir”, “pues”, “entonces”, “por eso”, “por consiguiente”, “por lo tanto”, “esto es”, “ciertamente”,  etc. El empleo de esos elementos lingüísticos es de una importancia indiscutible para conseguir  una efectiva comunicación de ideas. Pero eso se logra siempre y cuando los empleemos con el sentido y con el uso que les asignan las normas de nuestra lengua.

Sin embargo, si se hace un excesivo uso  de ellos o si los usamos indebidamente, se convertirán en una muletilla, con lo que nuestra comunicación o exposición de ideas se convierte en insoportable y, por consiguiente, en inefectiva. Es lo que sucede con frecuencia con “es decir”, tal como expuse en el ensayo “Un es decir que no dice nada”.  Esta vez nos concentraremos en “pues” empleada como muletilla.

Pues Como Muletilla. Hace unas semanas, al escuchar en la Z101 a alguien tenido como un gran comunicador, emplear en forma excesiva, y sin el adecuado manejo del término “pues”,  usándolo en la mayoría de las ocasiones como muletilla, me pareció útil, para muchos usuarios de nuestro idioma, presentarles importantes consideraciones sobre “pues”.

El término “pues” es un conector de ideas que se emplea para expresar, principalmente, una idea de causa o consecuencia de realidades o fenómenos de cualquier índole, y denota la causa, motivo o razón de algo.  En vista de eso, se tiene a “pues” como equivalente a “ya que”, “porque”, “por eso”, “por lo tanto”,  “por consiguiente”… y a las oraciones (o proposiciones) que las contienen se les llama “oraciones causales o consecutivas”. (Google).

A continuación veamos algunos ejemplos de oraciones con “pues” bien empleado. 1. “No asistió a la charla  pues tuvo que realizar una urgente  diligencia.” Dada la semejanza, ya indicada,  de ese “pues” con “porque”, podemos decir, sin problema, “No asistió a la charla porque tuvo que realizar una urgente diligencia.” 2. “Fue el culpable del delito; que sufra, pues, la consecuencia del mismo.” Esta oración con “pues” se puede expresar como sigue, lo cual indica que el mismo está bien empleado: “Fue el culpable del delito; que sufra, por consiguiente (o por lo tanto), la consecuencia del mismo.” 3. “Se levantó muy de mañana y, pues, pudo realizar todo lo planeado para ese día. En ese ejemplo el “pues” tiene el sentido de “por eso”,  por lo cual aparece empleado con toda corrección.

Me parece importante aclarar que, cuando usamos oraciones sueltas o un texto no muy extenso, se facilita el buen empleo  de los conectores de ideas. La dificultad aparece al emplear textos de cierta amplitud, como el que sigue:

“Pues, mi amigo, yo quisiera, pues, que tú, pues, me digas algo que, pues, hace tiempo, pues, yo quiero saber. Y es que, pues, si es cierto, pues, que dejaste el trabajo tan bueno, pues, que tenías desde hacía tanto años, pues…”

A mucha gente posiblemente le parecería exagerado ese empleo de “pues”, pero yo creo que retrata de forma bastante parecida a lo que sucede en la oralidad de muchos usuarios de nuestra lengua. Incluyendo a muchos dominicanos de  un elevado nivel sociocultural y de las más variadas profesiones. Por ejemplo, todavía recuerdo a un profesor de la PUCMM, que hace vida intelectual en la ciudad de Santiago, cuya muletilla era “no velda”, que en una hora de clase la usaba unas 120 veces como promedio, lo cual representaba aproximadamente un 25 por ciento de las palabras empleadas por él en una clase. Por supuesto, los estudiantes no podíamos concentrarnos contando las  veces que el profesor repetía su muletilla. Evitemos caer en el “vicio” de las fastidiosas muletillas, que tanto afean y dificultan una efectiva comunicación.

© 2019, Rafael Tobías Rodríguez Molina

Papá muey, calor/fragor, siervo/ciervo, vocación

Por Roberto E. Guzmán

PAPÁ MUEY

“¡Ay PAPÁ MUEY!”

“Papá mue” es una locución interjectiva de uso en la República Dominicana desde tiempos inmemoriales. Hay que confesar que hace largo tiempo que no se oía la expresión y mayor tiempo aún que no se leía. Es más, se piensa que nunca antes se la había leído hasta hace unas semanas.

Uno de los rasgos interesantes de esta expresión es el origen; aunque parezca muy español, no es así. El oído a veces traiciona a las personas y por eso en español cibaeño la expresión terminó muey. No se hace aquí juicio crítico acerca del habla cibaeña que se considera “típica”.

Al tiempo que se escribe acerca de la pronunciación “muey”, se hace necesario asentar aquí que en el norte de Haití, Cabo Haitiano, existe una tendencia a meter una /i/ en voces que en otras partes de ese país no la lleva, ejemplo de eso es bwe i, en lugar de bwen, que es la respuesta que se da para expresar “no conozco la respuesta”, literalmente, “lo bebo”, En otras partes de Haití la respuesta “no la sé” para el acertijo es m bwè pwa. Cap-Haïtien (2014:242).

Esta expresión comentada aquí procede del criollo haitiano, lengua en la que se dice papa mwen. En esa lengua es una alusión al padre celestial, “padre mío”, o “mi padre”, de allí que sea papá. En esa lengua no hace falta colocar la tilde sobre la segunda letra /a/ de papá para que se pronuncie como palabra aguda; además, la tilde aguda sobre la letra /a/ no existe en esa lengua.

El muey que se escribió es la transcripción al español cibaeño de la versión haitiana. Esta observación se hace sin ánimo crítico. Hace largos años que el autor de estos comentarios había oído lo que llevado a la escritura en español sería papamué. La última versión se acerca más a la pronunciación del criollo haitiano, sobre todo si se tiene en cuenta que el sonido nasal que se representa por una letra ene /n/ en la transcripción en realidad es la nasalización de la letra /e/ del criollo haitiano.

No hay que sorprenderse de que los haitianos hayan logrado introducir una que otra palabra en el habla de los dominicanos; sobre todo si se tiene en cuenta que los dominicanos le han metido cientos de palabras al criollo haitiano, que en su mayoría pasan inadvertidas al oído que no es aguzado, por la adaptación de estas al sistema fonético haitiano.

 

CALOR – FRAGOR

“. . .que duró tanto tiempo trabajando en el FRAGOR del desarrollo local. . .”

Cuando se lee la frase copiada más arriba y se interpreta el mensaje, se atrapa el desliz en cuanto al significado del vocablo fragor. Más abajo se explicará el sentido o significado único de fragor. Inmediatamente después de eso se repasarán los valores de la palabra calor, especialmente en los casos en que se usan en locuciones como la que es pertinente y se propondrá para la frase transcrita.

La palabra fragor expresa “ruido estruendoso”. El vocablo estruendoso hay que tomarlo por ruido estrepitoso, considerable, suficientemente grande, fuerte.

El error se ha deslizado por el uso del lugar común “en el fragor de la lucha, de la batalla”. Esta expresión se creó para referirse a los casos en los cuales había algarabía, ruido de armas, lucha entre muchas personas. En estos casos se supone que se produce mucho ruido.

Para situaciones como el “desarrollo local” lo que se propone que se utilice es el sustantivo masculino “calor”, que en una de sus acepciones se acepta como “actividad”, o conjunto de operaciones o tareas propias de una entidad. El calor se refiere también a “lo más fuerte y vivo de una acción”. La locución prepositiva “al calor de” algo indica “con la ayuda o protección de”.

Hay que limitar el fragor para las situaciones en que hay mucho ruido. El calor es para usarlo cuando hay actividad, entusiasmo, para evocar los momentos vivos de una acción.

 

SIERVO – CIERVO

“. . .que se denominó ‘Los CIERVOS de la Gleba’”.

Hace largo tiempo que se lucha contra este tipo de error. El desacierto se reduce a la confusión entre las letras ese /s/ y ce /c/. Con respecto de algunas palabras puede perdonarse la equivocación, pero con relación a otras resulta difícil aceptar el yerro.

Como ha sucedido con muchos vocablos de la lengua, siervo entró con una acepción muy estrecha y bien definida para luego derivar en otras acepciones vinculadas con la de su origen. El siervo fue sencillamente el esclavo. Más tarde pasó a ser la persona que tenía deberes con su señor y estaba ligado a la tierra en la que vivía. El siervo pasaba bajo la tutela del nuevo señor de la tierra cuando la propiedad era transferida.

Luego se usó la palabra para nombrarse a sí mismos los servidores de Dios; o las personas que mostraban adhesión en calidad de servidores ante otras personas. Puede notarse que en todas las acepciones que se han enumerado el factor común es “persona”.

El siervo de la gleba era, según el lexicón mayor de la lengua, el “adscrito a una heredad de la que no podía desligarse aún cuando esta cambiara de dueño”.

Un ciervo es un animal de cualquier especie de la familia cervidae, Es un mamífero rumiante El macho tiene astas muy distintivas que sirven para individualizarlo. Estos cuernos y el nombre del animal han recibido una extensión poco halagadora cuando sirven para calificar a un hombre. El diccionario guía de la lengua reconoce también un insecto que lleva ese nombre, “ciervo volante” que debe esa denominación al parecido de sus mandíbulas con los cuernos del ciervo.

El adjetivo cerval sirve para aludir a lo que tiene características parecidas a las del animal, ciervo; excepto por el miedo cerval que es el miedo muy grande, excesivo.

El uso de una de la dos letras al principio de las dos palabras estudiadas es algo que se repite en casi todas las lenguas románicas, francés, portugués, italiano.

Con la ayuda de las explicaciones anteriores se subraya la gran diferencia que existe entre las dos palabras del título. El contexto en que puede utilizarse una palabra o la otra sirve para descartar el error en cuanto a su ortografía. La ese /s/ es para la persona y la ce /c/ para el animal; así de simple.

 

VOCACIÓN

“. . .supuestos balances de contabilidad que no soportan el más simple análisis técnico con VOCACIÓN de consistencia. . .”

El autor de estos comentarios acerca de la lengua no se atreve a levantar la voz contra este tipo de uso que se hace del sustantivo vocación en la cita; esto así porque sospecha que en alguna ocasión ha incurrido en el exceso de utilizarlo de ese modo. De todas maneras, se analizará ese empleo más abajo.

La palabra vocación se vincula con el concepto persona en todas sus acepciones; es decir, se aplica solo a personas que son las capaces de desarrollar, sentir, experimentar vocación.

El término vocación cuando entró al español lo hizo con el sentido de vocatio vocationis “acción de llamar”, “vocación divina”; era un llamado espiritual que procedía del latín clásico, retenido en latín eclesiástico en tanto “invitación”. Pascal la definió como un “movimiento interior mediante el cual una persona se siente llamada hacia Dios”.

Más tarde, vocación extendió su manto sobre actividades mundanas, tales como profesión, ocupación, oficio, actividad. Ha llegado el sustantivo en cuestión a cubrir la “inclinación” que alguien experimenta por una profesión.

El Diccionario español de sinónimos y antónimos (1978:1134) ofrece las equivalencias siguientes: afición, aptitud, advocación, don, facilidad, propensión, inclinación.

Ortega y Gasset definió la vocación como un “extrañísimo fenómeno de que nos llamamos a nosotros mismos para hacer determinadas cosas”. Ideario etimológico de José Ortega y Gasset (1981:158).

Se presume que el redactor de la oración citada quiso expresar “análisis técnico serio, coherente, adecuado”, y muchas otras palabras más que coadyuvarían a transmitir una idea apropiada con respecto del tipo de acción a que se contrae la cita.

© 2019, Roberto E. Guzmán

Pelar(se), irrumpir, chatarrización, *sanitización

Por Roberto E. Guzmán

PELAR(SE)

El verbo pelar tiene acepciones particulares en el español dominicano. La aseveración que antecede a esta oración procurará demostrarse en el desarrollo de esta sección.

En el español dominicano existen varias locuciones que son las que sirven de fundamento para argumentar acerca de la validez de la tesis con respecto de las acepciones distintivas que se conocen en el español dominicano para el verbo del título que se exponen más abajo.

La primera locución que se utilizará para abogar en el sentido señalado es la locución adverbial “a mano pelada/pelá” que en el Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:301) se retiene, en su primera acepción como “sin instrumento auxiliar”. La segunda acepción es, “Sin ningún recurso económico o medios adecuados”.

Otro uso muy extendido del verbo estudiado es con respecto a los billetes y quinielas, cuando estos se quedan sin premio alguno. En esos casos se dice que estos, billetes y quinielas, salieron “pelados”, es decir, sin dinero o recompensa.

Hay una palabra que aparece de modo reiterativo en las definiciones que se han ofrecido tanto para las locuciones como para el verbo con respecto de los boletos de las rifas o apuestas, es la preposición sin.

No debe olvidarse que cuando se pela una fruta o un vegetal estos quedan sin cáscara. Una persona que se pela una parte de su piel se dice en el habla que se quedó sin la parte externa de la piel en esa parte de su cuerpo. La persona que se dejó pelar, esquilmar, se quedó sin dinero.

Todavía hay más, existe en el español dominicano la locución verbal “pelársele el billete” que expresa que la persona a quien se le peló el billete se queda sin obtener o conseguir lo deseado.

Se reconoce que es difícil admitir que una preposición se acepte para desempeñar funciones similares a las de un verbo, pelar, pero las lenguas no obedecen a la lógica. En muchas situaciones las significaciones obedecen a las circunstancias y al uso que los hablantes hacen de los elementos que las componen.

La tesis que se avanza puede parecer aventurada, pero merece consideración, o por lo menos, una refutación con soporte de la misma clase que se ha usado para sostener la tesis expuesta. Puede ser pura coincidencia que la repetida preposición pueda aparecer en las acepciones citadas. De todos modos, el asunto merece reflexión y hasta refutación si hubiere lugar a ello.

 

IRRUMPIR

“. . .se podrá investigar, perseguir y procesar a los actores que IRRUMPAN la ley monetaria. . .”

El verbo irrumpir puede decirse que está causando estragos. En los últimos meses se ha intervenido por este medio para aclarar diferencias entre este y otros verbos. En la forma y acompañado de los vocablos que le rodean aquí el sentido que le asignan es diferente; por lo tanto, se hace necesario escribir de nuevo para esclarecer su alcance.

El verbo irrumpir no es sinónimo de quebrantar, transgredir, infringir. No hace largo tiempo se escribió que irrumpir es “entrar violentamente; aparecer o mostrarse súbitamente”. Ni de modo remoto se relacionan los verbos recién mentados con irrumpir.

Este tipo de error mueve a pensar que algunas personas que redactan no se ocupan de leer; y si lo hacen, no leen con deseos e intención de aprender. Este desacierto es reprobable, no hay explicación lógica para que surja.

Pudo utilizarse el verbo trasgredir en la frase copiada para indicar que se viola un precepto, ley o estatuto. Infringir comunica que se quebranta una orden o ley. Quebrantar es incumplir una ley u obligación.

 

CHATARRIZACIÓN

“. . .establece la CHATARRIZACIÓN de vehículos. . .”

La chatarra era un residuo o un “hierro viejo”. La industria moderna le imprimió importancia a la chatarra cuando comenzó a reciclar los residuos de metales, especialmente de hierro.

Otro suceso que empujó el uso de la palabra chatarra fue la famosa comida rápida que en español para expresar el poco aprecio que se le tiene se la llama “comida chatarra”.

La palabra chatarra deriva del vasco txatar. Entró en el diccionario regulador de la lengua española en una fecha posterior al año 1899. La palabra chatarra ha producido otras más, entre ellas, chatarrear, chatarrería, chatarrero, chatarroso.

Chatarra en sí misma sirve no solamente para el “conjunto de metal viejo”, sino también para calificar máquinas y aparatos inservibles. De acuerdo con lo que escribe la autoridad institucional de la lengua, la “comida chatarra” que se mencionó antes, recibe este nombre en América “por su baja calidad”. Se la conoce, además, como “comida basura”.

En el español de México chatarra es un adjetivo en el registro popular/coloquial que indica “de baja calidad”. Se utiliza además como sustantivo. Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua (2014:108). Esta acepción se conoce y usa en ocho países americanos más.

La palabra chatarrización no consta en el diccionario oficial de la lengua española. Sin embargo, no es difícil adivinar lo que se desea expresar por medio de esta voz.

Para llegar a la chatarrización hay que pasar por el verbo chatarrizar. El verbo sería hacer o volver alguna cosa chatarra o tratar algo como chatarra. La chatarrización sería entonces el resultado y la acción del verbo. Un ejemplo de chatarrización sería cuando un vehículo sufre un accidente que lo torna inservible. En otros casos las máquinas y aparatos viejos que ya no funcionan podrían ser declarados chatarra y esa acción podría recibir el nombre de chatarrización.

 

*SANITIZACIÓN

“. . .mejorías continuas en los procesos internos de SANITIZACIÓN. . .»

La palabra recalcada en el texto reproducido no forma parte de las voces reconocidas en el español corriente. No es menos cierto que mantiene alguna semejanza con algunos vocablos de la misma familia que sí son moneda corriente en el español internacional.

Se percibe por su formación que la voz del título se relaciona con sanidad y sanitario. La voz sometida a escrutinio en esta sección se parece mucho a una que existe en inglés, sanitize. Esa voz

se parece más aún a sanitization que es el sustantivo en esa familia en inglés.

En esa lengua el sanitize corresponde a hacer sanitario mediante limpieza o esterilización. Esto es, que tiene relación con la sanidad que a su vez es la cualidad de salubre o saludable; es decir, que es o está sano.

Es probable que en el texto usado a manera de ejemplo del uso la que debió aparecer es la palabra saneamiento que tiene relación directa con sanear. En la sociedad moderna, en las ciudades se utiliza con frecuencia el vocablo saneamiento para referirse al “conjunto de medidas, técnicas y obras destinadas a mantener y mejorar las condiciones higiénicas de la población, los edificios y otras cosas”. Gran diccionario de la lengua española.

En una consulta planteada a Fundéu para la voz sanitizar esa fundación respondió, “Parece un anglicismo por desinfectar, esterilizar, censurar, sanear, limpiar. . ., a partir de sanitize”.

En la respuesta de Fundéu se ofrecen vocablos en español que no deben aceptarse como sinónimos, pues esterilizar es destruir los gérmenes. Desinfectar es, “Limpiar una cosa para eliminar la infección o los gérmenes nocivos”. Gran diccionario de la lengua española.

© 2019, Roberto E. Guzmán

¿El presidento y la presidenta?

Por Rafael Tobías Rodríguez Molina

A muchas personas les asaltan variadas inquietudes en relación con asuntos referentes a su idioma español.  Una de esas cuestiones que les  inquietan   tiene que ver con el  género de algunas palabras de nuestro lengua, especialmente tratando de buscar una   “marca” para expresar el género femenino, afanados ansiosamente en conseguir para las mujeres un nivel de igualdad entre el hombre y la mujer en cuestiones del idioma.  Y a los que tenemos cierta competencia en asuntos lingüísticos nos llueven las preguntas  a cada momento en relación con ese asunto. Y entre las tantas preguntas que se nos hacen está la de  si  se dice la presidente o la presidenta. Y  leyendo un editorial de DIARIO LIBRE, que con tanto acierto toca el tema, se me abrió el apetito de tomar partida ante esta  temática que  a  mucha gente inquieta.  De ahí que   quise  abordar el tan llevado y traído tema que propugna por el trato igualitario para la mujer en asuntos de la lengua que, según ellos,  privilegia  al hombre frente a la mujer.  Veamos lo que expresa el referido  editorial en uno de sus párrafos: “Conozco todo tipo de personas cansadas del amigos  y amigas, ciudadanos y ciudadanas, alumnos y alumnas porque saben que es un cliché y que las lenguas evolucionan espontáneamente hacia la economía y no hacia la complicación forzada.” (DIARIO LIBRE, 15 de octubre de 2018).

Me centraré, para ofrecer mis consideraciones a mis distinguidos lectores, en palabras que no tienen marca  de género, y  que, muchas de ellas, son las que representan el participio activo de los verbos y que en nuestro idioma terminan en una “e” que no indica género, como son  valiente, vidente, hablante, presidente, asistente, sirviente…, y cuyo género se indica por la presencia del artículo,  tanto el determinado (el-la) como por el  indeterminado (un-una).

Lo primero que habría que afirmar es que los que se afanan tanto por darles una “marquita” femenina a las palabras que tienen  esa terminación caen en una lamentable  ceguera  e  ilogicidad al no  pensar en buscarles  también su marquita de género masculino a esas palabras. Por ejemplo, le buscan la “a”  femenina  para presidenta y vicepresidenta, pero discriminan a presidente al no afanarse por buscarle su «o” masculina y le dejan la “e”, que no es masculina. Y lo mismo habría que hacer con las demás palabras que tienen la ya aludida “e”. Pero parece que le tienen temor al ridículo en el que caerían  escribiendo o diciendo  el asistento y la asistenta,  el estudianto y la estudianta,  el viajanto y la viajanta,  el vidento y la videnta,  el dibujanto y la dibujanta, el escribiento y la escribienta, etc., etc., etc. Y  lean la disparatada oración que construirían: “El presidento y su asistento se reunieron con la vicepresitenta y su asintenta.

Ante tal ignorancia de la esencia de las lenguas, a los que buscan  “perlas” donde no  las hay, les conviene más dejar las cosas como están y no querer desfigurar nuestra bien constituida  lengua española, arrebatándole  esa  preciosa “e”, que no es  ni masculina ni femenina, ni es del uno ni de la otra, sino de los dos por igual. Me sería muy grato  enterarme de  que se les han borrado las dudas que les inquietaban una vez que lean estas notas.

Y permítanme, para finalizar, recomendarles que le  hagan caso  a la expresión muy usada en los deportes: “Lo que es igual no es ventaja.” Por eso escriban y digan “el presidente” para el que gobierna un país y, sin ningún complejo, también “la presidente”, tanto para la que preside una reunión como para la que gobierna un país. Con ello, a ninguno de los dos se le quita nada.

© 2018, Rafael Tobías Rodríguez Molina