La lírica protomística de Pedro José Gris: Experiencia radical y creación poética

Por Bruno Rosario Candelier

 

La eternidad resplandece en su hondura intangible”.

(Pedro José Gris, Las voces)

A

Keyla González Báez,

 Cauce fulgurante del sentido.

 

Contemplación de lo viviente y creación poética

Pedro José Gris nació en Santiago de los Caballeros en 1958 y se formó en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, de cuyo Taller Literario, creado y orientado por el autor de este estudio, fue uno de sus integrantes principales. Este pensador y poeta, es un creador de profundo aliento estético, con hondura espiritual impregnada de resonancias clásicas, como se aprecia en su poemario Las voces (Santiago, Editora Interior, 1982) en cuya lírica, fraguada con la belleza del pensamiento inspirada en el encanto de lo viviente, se desdobla en reflexión, erotismo y sentimiento a la luz de la contemplación sensorial y espiritual de la naturaleza.

Los poetas tienen a su alcance el medio de enlace con lo eterno: la creación poética, a cuyo través empalman el poder humano con lo sobrehumano, y mediante ese producto, creado a imagen y semejanza de la Creación, recrean un mundo de sensaciones infinitas. Por esa razón hay en muchos poetas, como en Pedro José Gris, una expresión panteísta del mundo, es decir, una comprensión de lo viviente desde una doble perspectiva, mitificada y teopoética, mediante una cosmovisión estética y espiritual.

Una plenitud de sensaciones fraguadas en el alma del poeta desatan su potencia creadora: “Oh cósmico erotismo/en la tibia noche del Universo tibio/-hay un Mar que yo amo/donde un dios adolescente que no quiso morir/me ahonda entre sus brazos eróticos y frescos –eyaculó la vida su semen/como un templo de amor sobre las islas” (“Equus”).

El poeta parece escribir bajo los efectos de experiencias arrobadoras, y tuvo la virtud de hallar el canal adecuado para expresar tan inefables vivencias. Hay  experiencias que superan las meras percepciones sensoriales por lo cual traducirlas en palabras entraña una proeza del lenguaje. Más aún, la misma aventura poética conlleva una inmersión en el ser, si se trata de la aventura mitopoética o de una creación teopoética. Nuestro poeta realiza esa aventura bajo la lluvia, en el agua, en el mar, que asume el padre de sus criaturas vaporosas. Y como se siente anonadado ante tantas sensaciones cautivantes, busca la clave que signa el sentido de la realidad, concitado por la conciencia, el sentido de la vida y la razón de la creación. En su visión panteísta, los elementos cósmicos le fascinan y se entrega a su contemplación y recreación. Percibe la nube como “vientre estremecido de rocío” y, en la transmutación que experimenta en su contacto con las cosas, se siente “una piedra/una huella/una hoja madura de luz”, compenetrado con cada elemento en una identificación rotunda: “Acercarme a las cosas que era ellas/y ahora ser las cosas/en su misterio” (“Oda a Incháustegui”).

Embriagado por la sensorialidad del mar ante su avasallante oleaje, el poeta se siente fuera de sí y se encabrita su conciencia. Percibe el movimiento del mar como un “oleaje circular de la agonía”, al tiempo que le brinda sensaciones indecibles bajo una meditación sobre el ser, el tiempo y la nada. Sus reflexiones lo llevan a los temas fundamentales de la existencia: la vida, la muerte, Dios, aspectos sustanciales en su poesía, impregnada de un oleaje angustioso. En un balance histórico, Pedro José Gris es el precursor de la nueva sensibilidad poética que abrazaron los poetas de la promoción de los ‘80, fundada en la exploración, desde el ámbito filosófico, de temas y motivos con una perspectiva espiritual: el amor, la soledad, la angustia, la vida y la muerte, donde el ser y la nada nutren el éxtasis en arrebatos creadores.

El pensamiento misterioso, arcaico y originario que orillaron los antiguos pensadores presocráticos, con ese mundo ancestral, puro y sagrado, está en la base de la poesía de Pedro José Gris cuya clave es la siguiente: ver el mundo como lo vieron los que creían en los dioses. Cuando le pregunté al poeta santiagués qué quiso decir cuando escribió: “Las tardes son ovejas que apaciento/El vientre al que regreso/son las tardes”, me contestó: “Yo vi el mundo como lo vieron los que creían en los dioses”. Pedro Gris, en efecto, creía en el mundo, y con la inocencia derivada de la gracia poética, vivía en comunicación entrañable y permanente con sus criaturas predilectas: “En un baño de espadas disueltas/en luna líquida y en agua/he empezado a nacer de nuevo/desnudo en la sal,/en la consumación de la blancura./La  vida se vierte, meditabunda,/se pierde, se perfuma, se embriaga…/La noche es un aroma de muy viejos rosales/y un viento muy sabios de adolescente nubes/ que besan, que besan, que besan…” (“Oda al Padre”).

Hay en la poesía del poeta dominicano una empatía entrañable, íntima y profunda, con la naturaleza en cordial actitud panteísta de comunión y adoración con y por sus elementos componentes. Y siente por el mar una admiración y compenetración sacralizada, erótica y seráfica a la vez, que le desgarra la conciencia, le extrapola sus sentidos y lo lleva a crear poesía.

Justamente escribe poesía cuando evoca su inocencia primigenia, cuando contempla la dimensión prístina de lo viviente. Habitar el mundo poéticamente, según Martín Heidegger, es habitarlo como algo vivo. O como algo mágico, en su pureza prístina: “En el principio de los tiempos –dice Jorge Luís Borges en el prólogo a El oro de los tigres (Buenos Aires, Emecé 1972, p. 9)- no habrá habido cosas poéticas o prosaicas. Todo sería un poco mágico. Thor no era el dios del trueno; era el trueno y el dios”. Y dijo Pedro José: “Morir como el primer hombre/tan repetidamente/tornar a la belleza/y no sentirla/(sentir es ya existir, es ya existencia)/La soledad es no comunicarnos/Acercarme a las cosas que era ellas/y ahora ser las cosas/en su  misterio/el fondo en su apariencia consumido/y esta agua intocable/y solitaria./Yo soy quien está solo no es el agua/Y al final soy el líquido y el ánfora/bebiendo en soledad mis propias humedades./Por eso estaba solo para siempre/Oh esta compañía disgregada” (“Oda a Incháustegui”).

En su reflexión lírica el poeta no se ve a sí mismo diferente de la realidad, sino integrado a lo viviente (“soy el líquido y el ánfora”). Vivía como un sueño y, al despertar, sentía que perdía la inocencia, la magia, el estado original. Por eso percibía el mar como un ser viviente con potencia divina y se compenetraba con su oleaje y sus espumas, sintiendo sensaciones indescriptibles: “Toco el mar y me confundo”, dijo, y a través de ese oleaje recupera “el oleaje de la eternidad”, es decir, la percepción del mundo como parte del Todo. De ahí su vinculación religiosa con la naturaleza. El poeta siente que el amor es la fuerza que lo vincula al mito, a lo puro, al ser de las cosas: “Hundo mi mano en la noche verde/amo el musgo/los labios rojos/las duras piedras florecidas/Fiel a la neblina/fiel al límite/a la otra orilla/entre neblinas/Sé que no fue hecha para mí el agua vasta/en la imprecisa noche/Una ola son todas las olas/y el Mar/quien canta/multiplica el polvo” (“Los enamorados de la tierra”).

Además de esa compenetración entrañable con lo viviente, con evidente sentido erótico y espiritual, hay también una actitud reflexiva. El poeta supera el estado sensorial t dionisíaco. No se conforma con el mundo y sus vivencias. Tiene que orillar otra ladera, la del pensamiento. Tiene, pues, su poesía una reflexión filosófica que lo lleva a meditar sobre el tiempo, sobre la razón de ser en el mundo, y consecuentemente, sobre el ser y el devenir del mundo y su más hondo sentido: “Y más allá del tiempo,/de la sucesión misteriosa,/del oleaje,/la eternidad resplandece en su hondura intangible” (“Oda al Padre”).

Dirigiéndose al mar, expresa el poeta: “Hacia ti convergen la mediatez del Tiempo,/la agonía del agua, el soplo de la luz/en la Nada perfecta/más allá de la Forma y de la Belleza” (“Oda al Padre”). Para el poeta, el mar es epifanía de lo Eterno, una presencia auténtica de vida, con la que la persona lírica parece extasiarse ante la manifestación sensorial que asume como un fulgor de lo divino, como en experiencia mística: “¡Epifanía pura de cristales de instancia!/¡Marejada del Uno mágico y derramado/en cristales eternos!/¡Oleaje sensorial sin distancia, sin Tiempo!/¡Oh Mar, oh Padre de los siglos,/padre de estos seres vibrantes/que ahora toco en mi dispersión/en su fluir viviente/en su latir cósmico…” (“Oda al Padre”).

Algo, sin embargo, desgarra el alma del poeta en medio de su contemplación: la soledad, el vacío y la nada. El poeta se siente solo, transido por el horror vacui, atormentado por la nada: “cerrado al vecino/hacia su sombra/y que el verdor del abismo no la toca” (“Las voces”). Alude a la actitud existencialista, desgarradora y cerrada, y por eso sufre, y su canto refleja ese aliento lastimero, ese llanto desolador. Pero el sujeto lírico de estos versos canta, y el que canta, busca y sueña, y el que busca y sueña, espera y confía. ¿Qué canta, qué busca y qué espera el poeta? Canta las delicias del mundo; busca la palabra, medio ideal para vincularse a la otredad; y espera la compañía solidaria que lo libere de la soledad desamparada, de la nada insulsa y del olvido. Por eso multiplica su palabra en Las voces, en comunión ardiente y entrañable con lo insondable, con la belleza y el misterio, con el ser de lo viviente. De ahí su angustioso deseo de descubrir la clave de las cosas en su expresión formal de belleza suprema y pura, como la anhelaban los antiguos griegos y disfrutan los contemplativos y los místicos.

En Las voces hay un personaje que domina el poemario: el ser, que Gris trata poéticamente. Pedro José Gris es de los pocos poetas dominicanos que poetizan sobre el ser: “El Ser vive en océanos de angustia/Los peces despliegan sus espumas/hasta abrir el Mar al movimiento” (“Las voces”). Su poesía encierra un doble reflejo: el reflejo del ser, que el espejo reproduce sin saberlo en su olaje sempiterno de los estanques, los ríos y los mares, y el reflejo de sí mismo, que se piensa sabiamente pensante. El pensamiento es un reflejo del mundo, y el poeta habita el pensamiento. Ese reflejo de las cosas en su conciencia produce nostalgia, veta que funciona como motor de su poesía, contraparte del miedo a la muerte, tema concitador en Pedro José Gris, y que su talento conjura mediante las voces del ser. Dice el poeta: “Huyendo a la soledad hablan las cosas y se alucinan”, y entonces adviene el cruce de las voces y las cosas: la voz (la palabra) se hace realidad, y las cosas (la realidad) se vuelven voces, ecos, susurros del ser mediante la palabra; por ello obliga al ser a abrirse en palabras: “El Cosmos tiende a ser una voz…El ser es en soledad…La soledad impulsa al Cosmos” (Las voces). En tal virtud, el movimiento de la materia es un huir hacia el Todo en busca de plenitud. Por tanto, la soledad radical empuja al ser hacia lo Absoluto cuya trascendencia inspira el éxtasis cuando el Universo, que se vierte hacia el Uno, se busca y se complementa. El sentido profundo de Las voces está, pues, empatado con el ser de las cosas, con sus voces profundas, secretas y soterradas. ¿Qué voz oír? La voz oculta del hombre en el despliegue de sus sueños irredentos; el íntimo susurro del suceso fugaz en su fluir viviente; el eco sonoro y elocuente del yo profundo que intuye y canta; o tal vea el murmullo silente de las irradiaciones estelares en sus fenómenos intangibles, eco susurrante de los mundos intangibles.

¿Qué voz susurran, en el ánfora de lo viviente, la mitopoética y la teopoética? La voz del aliento sobrenatural, la voz íntima y profunda del ser, la revelación del más allá que los poetas perciben entre nieblas sutiles y que en su desgarradora soledad claman por la presencia intangible del Ser invisible del Eterno. Esas voces, que nuestro poeta intenta aprisionar en imágenes y símbolos hallan su eco tangible, misteriosa y concomitantemente sonoro y elocuente, en la palabra poética. Por eso, aunque desgarrado y nostálgico, el poeta regresa del éxtasis que su sensibilidad experimenta con fenómenos y coas, con actitud humanizada, añora el retorno al seno primigenio, sintiendo la nostalgia de la visión divina, anhelando el estado prístino de la inocencia pura.

Como creador literario, Pedro José Gris siente la preocupación por expresar las imágenes poéticas de una creación estética y espiritual sin traicionar sus rasgos lingüísticos y literarios, ya que detrás de cada imagen se oculta una vivencia y late una reflexión. La poesía de Pedro Gris no es libresca sino vitalista, aunque en ella se reflejan las huellas literarias de Paúl Valery, Rainer María Rilke, Jorge Luís Borges, Francisco Matos Paoli, Domingo Moreno Jimenes y Nelson Minaya.

En el poetizar de Pedro José Gris aprecio tres facetas literarias: a) Trasfondo estético y espiritual en una armoniosa simbiosis de lo clásico y lo moderno; b) interiorización reflexiva de la realidad circundante que proyecta como espejo de su mundo interior, libre de aspectos superficiales: y c) exaltación de la belleza pura y el pensamiento diáfano, fundando la vivencia de su creación en la intuición mística cifrada en el alma del mundo.

 

Experiencia radical y sensibilidad protomística

En uno de mis libros consigné sobre la creación poética de Pedro José Gris: “Con un cálido sentimiento panteísta, en “Oda al Padre” Pedro José Gris revela una experiencia protomística donde el sujeto lírico se identifica emocional y espiritualmente con criaturas y elementos para compartir la vivencia de lo prístino desde la compenetración sensorial con lo viviente hasta la dispersión de los sentidos en un abrazo cósmico pleno de sensualidad, encanto y hondura interior. Autor de Las voces (1982), le asiste la iluminación que se adensa con su formación intelectual, su vocación literaria y su reflexión profunda, edificante y luminosa” (Bruno Rosario Candelier, Poesía mística del Interiorismo, Santo Domingo, Ateneo Insular, 2007, p. 247).

Pedro José Gris ha desarrollado la intuición de la conciencia porque tiene inteligencia sutil con capacidad reflexiva y sensibilidad empática con sintonía afectiva, que su talento creador canaliza en estética y simbólicamente en el arte de la creación poética.

Hay dos experiencias profundas en los hombres que superan la medianía: la experiencia fulgurante de la sensibilidad y la experiencia radical de la conciencia.

La de Pedro José Gris es una experiencia radical de la conciencia, estremecida con el impacto de vivencias sensoriales en su contemplación de lo viviente. En virtud de la experiencia radical de su conciencia el poeta santiagués experimentó la experiencia protomística en su sensibilidad profunda.

Pedro José Gris vino al mundo con el talento intelectual para pensar, el talento intuitivo para crear y el talento teorético para reflexionar. Poeta, pintor, ensayista, pensador y teórico del arte, ha hecho de la palabra su aliento creador y de la lírica su cauce para testimoniar su visión estética y espiritual de lo viviente.

En el “Proemio al Odario”, de su poemario Las voces, Pedro José Gris consigna sobre la poesía: “Ella echa sus raíces en el necesario abismo; de algún modo, toda auténtica gran poesía se pierde hacia el abismo azul y claro de mi Padre. La poesía nació del Mar y debe ser marina. Espejo de aquel espejo melódico y esencial donde se ahoga el tiempo” (Pedro José Gris, Las voces, Santiago, Editora Interior, 1982, p. 9).

En su rebelión contra el vacío y la nada –horror vacui que concita su actitud cuestionadora- nuestro poeta lo enfrentaba todo, lo cuestionaba todo, lo desafiaba todo, y todo lo que no se ajustaba a su idea del mundo, incluida la Potencia Superior del Universo, era tema de su confrontación en una lírica que sin embargo estaba impregnada de ternura y bondad hacia lo viviente, como en efecto es su poemario Las voces, en el que el entonces joven poeta, cuando apenas estrenaba su juventud, se sentía iluminado por el fulgor de fenómenos y cosas, y tuvo la dicha de experimentar una experiencia protomística, dotación de su conciencia sutil, como lo revela el memorable poema “Oda al Padre”:

 

Del vaho de la tierra palpitante de noche

asciende vaporoso jugo letal

de angustia

y turba mi cabeza,

en su origen de sangre primigenia,

esa extensión inmensa de sangre y de criaturas

subterráneas…

El gris, acerado sentimiento, me obliga

a entrar al agua

a refrescar un poco la existencia

 

En un baño de espadas disueltas

en luna líquida y en agua

he empezado a nacer de nuevo

desnudo en la sal,

 en la consumación de la blancura.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 15).

 

El trueno del mar, del que poetas de la talla de Rubén Darío han hablado y que la mitología de los aborígenes interpreta como la voz de Dios, para Pedro Gris es signo natural del Altísimo, según canta en una lírica donde el Mar es el Padre de la Creación:

 

¡Y más allá del tiempo,

de la sucesión misteriosa del oleaje,

la eternidad resplandece en su hondura intangible!

Hacia ti convergen la mediatez del tiempo,

la agonía del agua, el soplo de la luz

en la nada perfecta

más allá de la Forma y de la Belleza!

¡Epifanía pura de cristales de instantes!

¡Marejada del Uno mágico

 y derramado en cristales eternos!

¡Oleaje esencial sin distancia, sin tiempo!

Oh Mar, oh Padre de los siglos,

Padre de estos seres vibrantes

que ahora toco en mi dispersión,

en su fluir viviente,

en su latir cósmico.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 16).

 

Aflora en los versos de Pedro José Gris un panteísmo naturalista que ve la presencia de Dios en las cosas, como fuero, signo y cauce de lo divino encarnado en la naturaleza. Y en su comunión erótica y espiritual con lo viviente, nuestro poeta santiagués, tras sentirse abrumado por la sombra que subyuga su sensibilidad, tiene visiones apocalípticas, y se amucha su sensibilidad, y siente un estremecimiento de fulgores en una fulgurante conmoción interior, y estalla su conciencia cuyas intuiciones canaliza en su creación poética al modo neoplatónico:

 

¡Oh Mar, Oh Padre mío,

 mío desde la noche, desde la sal,

desde la consumación de la blancura!

Oh dicha de este hijo en tus noches extrañas

donde se escuchan vuelos, donde el Padre medita

el abismo que acecha a todo hombre…

y desde su meditación se elevan truenos.

Oh Padre, sosegad la noche hasta hacerla

imagen del pasado.

Oh Padre, sosegad esta visión de sangre

 que me abruma;

abre tu inmensidad,

mira sangrar mi cuerpo

herido en tu dolor, en tu belleza

ahogado en tu clarísima tristeza…

Oh vasta tumba azul donde los siglos mueren.

(Pedro José Gris, Las voces, Santiago, p. 17).

 

Prevalido de la lírica de Luis de Góngora, Jorge Luis Borges y Julio Minaya, en “Oda al agua”, tributo a Tales de Mileto, el antiguo pensador presocrático que atribuía al agua el primer poder de los elementos (que los restantes pensadores griegos identificaron en la tierra, el agua, el fuego y el aire), como signo sensorial de la Divinidad, Pedro José Gris se inspira en el agua cuya lírica mitifica, y en su vivencia física y espiritual le chisporrotea una intuición mística de lo viviente cuando dice: “Vivir no es más que deshacer presencias”. Y, en su poetizar profundo, que funda en la belleza del pensamiento la sustancia del poema, despliega su emoción estética en su fluir sensual, lírico, estético y simbólico:

 

Vivir no es más que deshacer presencias

Gracias, Padre, porque eres la líquida evidencia y el olvido

Yo, por ejemplo, sufro en soledad y me desangro de tiempo

Sentir es ya torrente: y yo existo

Tu vientre, como la muerte, bebe el agua sin fondo

Hay quienes no pueden consigo mismos hasta morir de sed

Un tumulto de lágrimas besa el Durmiente

 y lo deja en su inextensión.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 21).

   En “Oda a una piedra”, el poeta santiagués que abrazaría la estética interiorista, no solo usa la piedra como arquetipo cósmico asociado a la vocación de eternidad que anida el espíritu humano, sino que en su poetizar es fuente de una honda sabiduría espiritual de quien ha escanciado en la fuente del Numen y, en una metáfora de la conciencia (“Los colores desgarrantes de los primeros ocasos /hirieron hondamente tu agonía cerrada”) comparte, en medio de su angustiosa reflexión, la fruición espiritual lo libra de la desolación y lo eleva en una creación de alta prosapia literaria inspirada en el “Cementerio marino” de Paul Valery:

 

Será el agua dura, el rocío intangible:

esta piedra.

En la fragancia herida de este río

de aguas intocables

madura el tiempo, ¡el tiempo!, su dureza:

Materia fría, espuma detenida, silencio del planeta

Y sobre ti el río, con música y con muerte

el río, espantosa metáfora del tiempo

Antes que el hombre ya era la piedra

El Mar de la Sangre bañó esta piedra

Los colores desgarrantes de los primeros ocasos

hirieron hondamente tu agonía cerrada

Oh piedra que no tienes en tu abismo memoria

Oh piedra de retorno y soledad

¡Piedra luz, luna de piedra!

El río, el río incesante te arranca del insomnio

esquirlas de sueños y pastores dormidos

en los ojos de ovejas, de duras ovejas del pasado.

Oh piedra sumergida en la angustia azul del Universo.

Vuelves, vuelves incesantemente como el Mar y la vida,

como una divinidad del olvido

En ti las criaturas perpetuaron su sangre.

(Pedro José Gris, Las voces, pp. 23-4).

 

En su contemplación de la naturaleza, nuestro poeta parece vivir en comunión mística con lo viviente y, en “Oda a una nube”, vive singulares vivencias de su interioridad profunda al sentir el alma de las cosas, y consustanciado con los elementos y connubio con su esencia, vive el éxtasis de los sentidos en una suerte de comunión protomística con la naturaleza, como lo expresa el agraciado poeta, amartelado y jocundo, al sentir lo que la vida concita:

 

Templo que el agua levantó dichosa

al dios que en la noche, solitario, pasa

hacia el bosque umbrío

 donde el verde es sombra,

donde se hace inmensa la luna y el alma.

Templo de frescura, savia de los campos,

hacia ti, borracho de amor y ausencia

alzo mi esperanza, mi vida disuelta, mi existencia.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 25).

 

En una intuición poética de lo viviente (“todas las angustias son una”) por la imbricación de lo divino, el sujeto lírico se libera de la angustia (“Hoy vislumbro la claridad carente de distancia”), según canta en “Oda a Incháustegui Cabral”, y al intuir que “la agonía es negarse a no ser”, se reconcilia con el sentido de la vida y halla la paz de su esperanza:

 

He recuperado el oleaje de la eternidad y del tacto

Soy una estela de frescura en el pasado del caracol

Soy algo pobre y disuelto

En verdad, no soy más que estas cosas diseminadas:

una piedra     una huella

una hoja madura de luz    el aroma de la leche

una boca tibia a los sentidos una materia imparcial y simple

un remanso de sombra ya sin sombra.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 30).

 

Al saber que todo ser posee el atributo de su entidad (“una ola son todas las olas”), en “Los enamorados de la tierra” intuye que la búsqueda de lo divino subyace en el anhelo de todo lo viviente como un impulso vital para llegar al destino presentido en la conciencia, según revela en unos versos ataviados con la verbalización poética del imaginario bíblico:

 

Tú ante todo

eras el buscado de la sombra

la miel caída como lluvia

la zarza ardiendo en soledad

la arena caliente donde crecían los siglos.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 34).

 

La soledad impulsa al Cosmos”, dice nuestro poeta para enseñar que el movimiento de la materia no es sino un ir hacia el Todo. Y estar en su lugar (untasis) justifica el Universo, que significa ‘volver’ (verso) hacia el Uno (Uni), la Deidad, inspiración de todo lo viviente:

 

La soledad impulsa al Cosmos

El universo es búsqueda de compañía

El untasis justifica el Universo.

(Pedro José Gris, Las voces, p. 147).

 

La lírica reflexiva de Pedro José Gris, consustanciada con una vivencia de los sentidos, participa de la visión prístina del mundo; del susurro espiritual de lo viviente en una protomística de la creación; y también de hondas intuiciones y revelaciones impregnadas de las resonancias interiores de su conciencia espiritual esclarecida con la luz reveladora de la trascendencia. Y, desde luego, de la visión interior, profunda y luminosa, del propio poeta que en su arrebato visionario y totalizador se reconcilia con el sentido de la vida y con el poder de conciencia luminosa inspirada en los estremecimientos de fulgores de una experiencia protomística con el toque sutil de la trascendencia.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia de la Lengua y Ateneo Insular,

Santiago, Rep. Dominicana, 25 de enero de 2020.

Charla virtual de Bruno Rosario Candelier sobre san Juan de la Cruz

RESUMEN DE LA CHARLA VIRTUAL DE BRUNO ROSARIO CANDELIER sobre san Juan de la Cruz para la Catedral Santiago Apóstol, de Santiago de los Caballeros, en las Fiestas Patronales, el 17 de julio de 2020, 7.30 p. m., vía Zoom.

 

En el marco de la celebración de las fiestas patronales del Patrón Santiago, en su día segundo, el doctor Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, presidente del Ateneo Insular y creador del Interiorismo, ofreció una charla virtual en sala de la Catedral Santiago Apóstol de dicha ciudad. Fue transmitida simultáneamente, en vivo, por la red social de Facebook y reproducida por el canal de Youtube de la Catedral. La invitación cursada a Rosario Candelier fue extendida por el reverendo padre Roberto Miguel Escaño, de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros. El moderador de la actividad virtual fue el arreglista musical Alexander Rodríguez, quien forma parte del equipo que organiza y difunde las actividades sociales de la Catedral.

“El grandioso poeta místico que fue san Juan de la Cruz”

El doctor Bruno Rosario Candelier expuso que san Juan de la Cruz se distinguió en vida por ostentar tres categorías: la categoría de sacerdote, la categoría de teólogo y la categoría de poeta, y “en esas tres categorías fue sobresaliente”. Añadió que eso indica que se trata de un hombre excepcional. Consignó que “san Juan de la Cruz es la cumbre de la lírica mística en las letras españolas y universales”. Dijo que el santo poeta abulense “está reconocido, a nivel mundial, como la más alta cumbre de la literatura mística, y eso, naturalmente, es un alto honor y una gran satisfacción para la lengua española y, desde luego, para la literatura escrita en lengua española”.

Rosario Candelier concentró su charla en uno de los tres aspectos de san Juan de la Cruz que mencionara anteriormente: “Voy a hablar del poeta, específicamente del poeta místico que fue san Juan de la Cruz”. Y ofreció a continuación “una breve explicación en cuanto a lo que es y lo que implica la mística”: “La mística es la búsqueda de lo divino, el sentimiento espiritual mediante el cual una persona siente un amor especial por la Divinidad, y vive en su corazón el sentimiento de lo sagrado”. Explico que “la experiencia de la espiritualidad sagrada o de la «realidad divina» —como decía el teólogo Pseudo Dionisio Areopagita— es clave para el místico vivir ese encuentro con la Divinidad”. Señaló que “hay condiciones o atributos básicos que distinguen al místico, que es la gracia, la sabiduría y el amor”. Explicó que los místicos “sienten que han recibido la gracia, porque es una inspiración divina; sienten y experimentan el encanto de la sabiduría, que es un conocimiento espiritual del mundo en función de esa vinculación sagrada con lo divino, y todo eso se manifiesta en el amor sagrado y puro, el amor a todo lo viviente, el amor a Dios y el amor a las criaturas creadas por Dios, el amor a todo lo viviente”.

“¿Cualquiera puede ser místico? ¿El que lo desee puede ser místico?”, se preguntó el disertante. Expresó que “hasta cierto punto sí, pero hay que decir que el místico es quien ha recibido la gracia divina para vivir el amor sagrado, para vivirlo y sentirlo en su corazón, en su conducta, en su palabra, en su obra, en su creación”. Explicó que “se trata de una condición muy especial, un privilegio, porque el místico ha recibido un privilegio especial, porque tiene virtudes singulares que lo distinguen entre los seres humanos”. Consignó que “san juan de la Cruz decía que los místicos participas de lo que él llamaba la «inteligencia mística»”. “¿Qué quería decir san Juan de la Cruz con la idea de «inteligencia mística»?” Explicó que “quien la posee, está dotado de una intuición especial para percibir lo sagrado, para comprender la dimensión sagrada de lo viviente, para sentir la presencia divina en todo, comenzando, en primer lugar, para sentirla en sí mismo”. Destacó que “la mística no es un asunto intelectual, no es algo que se adquiere con lecturas y con formación intelectual y libresca, porque se trata de un sentimiento espiritual, y ese sentimiento se recibe en función de una sensibilidad especial”. Puntualizó que “el místico tiene una sensibilidad empática con todo lo viviente porque vive interiormente la gracia divina y disfruta la espiritualidad sagrada y en consecuencia participa de lo que san Juan de la Cruz denomina «la llama divina», que es un incendio especial del corazón que recibe la persona para vivir esa gracia”. Nuevamente Rosario Candelier expuso que “esa gracia no se conquista, sino que se recibe, como se recibe la dotación poética, como se recibe la capacidad para la valoración mística”. Señaló que “hay muchas cosas que se pueden adquirir en el plano intelectual mediante la voluntad, mediante el estudio o mediante la disciplina; pero la sensibilidad mística no se adquiere por estudio ni por búsqueda, sino que es el resultado de esa dotación divina porque es una gracia que recibe quien la experimenta, y por esa razón no es fácil escribir poesía mística”. Consignó que “si no se tiene esa dotación espiritual no sale la poesía mística, aun cuando la persona sea poeta: hay que ser poeta, en primer lugar, y hay que tener la dotación mística para escribir poesía mística, pero hay que haber experimentado la experiencia mística”.

“¿Qué es la experiencia mística?”, preguntó nuevamente Rosario Candelier. Explicó que “la experiencia mística es un estado especial de la conciencia, un fenómeno de la conciencia en virtud del cual quien vive esa experiencia experimenta un rapto, un arrebato de la conciencia y de la sensibilidad, y siente que una fuerza superior a sus sentidos, a su propia voluntad, al dominio consciente de su ser, lo atrapa, lo subyuga, lo envuelve; pero lo envuelve bajo un manto divino, bajo una gracia especial, y siente una placidez inmensa, una sensación de paz, de dulzura, de felicidad, porque es una experiencia con lo divino, con una energía divina; incluso algunos sienten que esa vivencia es con la misma Divinidad”. Recalcó el expositor que “es una dotación especial porque no todo el mundo ha conocido la experiencia mística, ni siquiera todos los sacerdotes y consagrados la han experimentado”. Señaló que “santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y los grandes místicos, tras vivir la experiencia mística, pudieron escribir poesía mística”.  Rosario Candelier explicó que “quien que no haya experimentado la experiencia mística no podría escribir una poesía mística, aunque sí puede escribir una poesía religiosa o una poesía de índole espiritual, pero no una poesía mística”. Puntualizó que “la poesía mística es el resultado de haber vivido la experiencia mística, de haber tenido ese contacto profundo, entrañable y sutil con esa fuerza divina que ilumina la conciencia, y quien la experimenta tiene que ser poeta y conocer el lenguaje de la poesía para escribir poesía mística”. Explicó que “la poesía es la expresión estética del lenguaje, pero la poesía mística es la expresión estética de lenguaje sagrado, de la vivencia sagrada que supone un estado especial de la conciencia y un estado singular de la sensibilidad”.

«Santo protector de los poetas de la lengua española»

Rosario Candelier explicó que “de acuerdo con la religión y la cultura del místico, su orientación espiritual influye para su visión del mundo”. Expuso que “el místico plasma una visión del mundo en función de la espiritualidad que le asiste, en función de la cultura de su lengua, en función de la disciplina intelectual, estética y espiritual que ha cultivado”. “En el caso particular de san Juan de la Cruz, estamos ante la obra de un sacerdote católico, que además era teólogo y había conocido la experiencia mística, y, por supuesto, contaba con el altísimo don de la creación poética en su más alta expresión, que es la lírica mística; de tal manera, que la obra de san Juan de la Cruz está considerada una creación ejemplar a nivel mundial, no solo en la lengua española”. Añadió Rosario Candelier que “la obra de san Juan de la Cruz es una singular creación teopoética” y que “en las Obras completas de san Juan de la Cruz está el contenido de su doctrina teológica, y en esa doctrina teológica el místico de Ávila da una explicación del sentido místico de su creación poética, según lo plasmara en el «Cántico espiritual», «La llama de amor viva» y «La noche oscura». Explicó que “en función de esos dones que distinguieron a san Juan de la Cruz, fue reconocido por la jerarquía católica como «Padre de la Iglesia» por su sabiduría espiritual y su conocimiento teológico”. Destacó que “el papa Juan Pablo II, que en vida se llamó Karol Wojtyla, y que era un grandioso poeta místico, y que era, además, un estudioso de san Juan de la Cruz —porque él estudió Filosofía y Letras y su tesis doctoral fue sobre san Juan de la Cruz— declaró a san Juan de la Cruz el «Santo Protector de los Poetas de la Lengua Española», porque él conocía la lengua española y, sobre todo, la poesía y el pensamiento de san Juan de la Cruz”. Y es también el santo protector del Ateneo Insular.

El doctor Bruno Rosario Candelier aludió al “Logos de la conciencia intuido por Heráclito de Éfeso por medio del cual podemos intuir, reflexionar, hablar y crear”, y dijo que san Juan de la Cruz “cultivó la poesía mística, con la estética del lenguaje poético y la belleza sutil de su sensibilidad espiritual, que es la belleza que está más allá de la belleza sensorial”.  Expresó que “si al menos uno de los oyentes de esta charla sale motivado a estudiar la obra de san Juan de la Cruz, se justifica esta charla”.

Algunos de los versos de san Juan de la Cruz que el escritor leyó en su disertación son los siguientes: “Cántico espiritual”, al cual se refirió como “la exquisitez del lenguaje poético y del lenguaje místico, por la sabiduría espiritual que hay en esa creación poética”: Adónde te escondite, Amado/y me dejaste con gemido./Como el ciervo huiste/habiéndome herido;/ salí tras ti, clamando, y eras ido…/¡Oh bosques y espesuras,/plantadas por la mano del Amado! /¡Oh prado de verdura/de flores esmaltado/decid si por vosotros ha pasado!/Mil gracias derramando/pasó por estos sotos con presura/y yéndolos mirando/con sola su figura/ “vestidos los dejó con su hermosura”.

 

Presencia del queísmo y del dequeísmo en algunos países de América

Por Tobías Rodríguez Molina

 

En nuestra América se están generando diversos cambios básicamente en el ámbito de la sintaxis. Entre esos cambios se encuentran el “queísmo” y el “dequeísmo”. Ciertamente, está tomando terreno entre los hispanohablantes de América Latina el “queísmo” o uso de “que” en lugar de la expresión “de que”, y el “dequeísmo” o empleo de “de que” en vez de la forma “que”.

Fundamento esa opinión en el hecho de que ese fenómeno se registra en Venezuela, Argentina, México, República Dominicana y otros países americanos. Esa realidad puede constatarse al consultar investigaciones, obras de texto, artículos y editoriales que nos ofrece la prensa escrita y al escuchar algunos comentarios y exposiciones radiales y televisivas.

Echemos una ojeada a lo que sucede en Venezuela. Para eso utilizaremos algunos datos que nos ofrecen Francisco  D’Introno y Paola Bentivoglio (1982), profesores los dos de universidades de Caracas, Venezuela. Ellos realizaron una investigación sobre el fenómeno del “dequeísmo” en el habla de Caracas y encontraron hasta un 71 por ciento de dequeísmo en los hombres y un 33 por ciento en las mujeres. Veamos algunos  ejemplos de construcciones dequeístas que reflejan el dequeísmo de los caraqueños. Entre paréntesis aparecerá la forma considerada correcta tanto en esos ejemplos como en los que emplearé en este artículo.

  1. He oído de que está encarcelado por corrupción administrativa. (He oído que está encarcelado por corrupción administrativa.)
  2. Tú sabes de que la camioneta salió rápido. (Tú sabes que la camioneta salió rápido.)
  3. Se ha comentado de que la gira salió exitosa. (Se ha comentado que la gira salió exitosa.)

De acuerdo con los datos que ofrecen los dos profesores e investigadores venezolanos, el dequeísmo de Caracas abarca por igual a los hablantes de los estratos socioculturales altos, medios y bajos.

Pasemos a examinar lo que sucede en Argentina y México. Para ello haré uso de la obra titulada Curso de Redacción Dinámica, de Hilda Basulto (1975).  Ella ha desarrollado una actividad docente en ambos países, en universidades y otros centros educativos, lo que hace suponer que pudo constatar el fenómeno en los dos países.

Veamos a continuación algunos casos de “dequeísmo” registrados en su libro.

  1. Nos dijeron de que lo harían. (Nos dijeron que lo harían.)
  2. Se le comunicó de que era necesario el informe completo. (Se le comunicó que era necesario el informe completo.)
  3. Les indicaron de que debían enviar allí el pedido. (Les indicaron que debían enviar allí el pedido.)

Por otra parte, para ilustrar el “queísmo, ella presenta  los siguientes ejemplos:

  1. Pensó en la responsabilidad que todo estuviera contabilizado. (Pensó en la responsabilidad de que todo estuviera contabilizado.)
  2. Ante la certeza que lo aprobarían, no insistió más. (Ante la certeza de que lo aprobarían, no insistió más.)
  3. Ten la seguridad que esto es así. (Ten la seguridad de que esto es así.)

Ahora bien, ¿qué sucede en República Dominicana? Creo que no es difícil de constatar. Y en lo que respecta al “queísmo”,  solo  hay que observar lo que se escribe en muchos de los artículos de nuestra prensa  diaria, en sus  editoriales, en las circulares de nuestras empresas y al escuchar hablar a dominicanos de todos los estratos socioculturales. Podría, por tanto, afirmarse que este fenómeno lingüístico está bastante generalizado en nuestro país aunque no disponemos de estudios que cuantifiquen la magnitud del mismo.

Para visualizar un poco la realidad queísta nuestra, obsérvense los siguientes ejemplos tomados de la prensa escrita dominicana:

  1. No hay dudas que el desarrollo del país es una empresa de todos. (No hay dudas de que el desarrollo del país es una empresa de todos.)
  2. Estamos conscientes que el momento económico que estamos viviendo es difícil. (Estamos conscientes de que el momento económico que estamos viviendo es difícil.)
  3. Estamos seguros que el distinguido político se ha referido a los convictos de corrupción. (Estamos seguros de que el distinguido político se ha referido a los convictos de corrupción.)
  4. Desde antes que naciera el gobierno, ya había problemas. (Desde antes de que naciera el gobierno, ya había problemas.)

Sobre el “dequeísmo” en nuestro país, se puede afirmar que está menos generalizado que el “queísmo”, pero se tiene la percepción de que  aparece en todos los estratos de los usuarios dominicanos. Fijémonos en algunos ejemplos dequeístas parecidos a los que uno suele escuchar o leer de parte de usuarios  dominicanos:

  1. Me dijeron de que él se va pronto. (Me dijeron que él se va pronto.)
  2. Supe de que un equipo traerá dos excelentes lanzadores. (Supe que un equipo traerá dos excelentes lanzadores.)
  3. Es conveniente de que lo hagas con mayor cuidado. (Es conveniente que lo hagas con mayor cuidado.)

A partir de los datos que hemos ofrecido, se puede ver que el “queísmo” y el “dequeísmo” van ganando bastante terreno en el español de América y está influyendo ciertamente en la evolución sintáctica del mismo de forma indetenible.

 

Rejón, tecato, trinitense / trinitario, peatonalización / peatonización

Por Roberto E. Guzmán

REJÓN

“Ver cómo los parroquianos seleccionaban perros exhibidos en REJONES. . .”

La voz rejón se conoce poco en las zonas urbanas en República Dominicana. Es (o era) una voz corriente en el habla rural; más específicamente entre los aficionados a la lidia de gallos.

De acuerdo con lo que entiende quien redacta estos comentarios, el rejón es una jaula individual para gallos de pelea. Es posible, no obstante, que otro animal menos apreciado sea encerrado en un rejón, pero el “titular” del rejón es el gallo de gallera. Esto así en República Dominicana.

La mayoría de las obras dedicadas a recoger las voces del habla dominicana fueron elaboradas por personas citadinas desde gabinetes, guiados por textos anteriores a los suyos y con el auxilio de hablantes de las ciudades.

Esto fue así hasta que se trabajó en el Diccionario del español dominicano que es un diccionario de largo aliento, obra de un equipo que recopiló todo lo anterior y curcuteó en el habla rural. Por estos rasgos y otros más, el rejón entró en los anales del español dominicano documentado.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española había anotado ya la voz estudiada aquí como de uso en Cuba y Puerto Rico con la misma significación que posee en República Dominicana. La referencia dominicana no apareció en ese lexicón. La omisión quedó subsanada como se explicó más arriba.

En ninguno de los diccionarios de español de Cuba pudo encontrarse mención del rejón. La voz está debidamente documentada en el español de Puerto Rico. Según parece la voz aquí estudiada tiene relación con “reja” que es un armazón en sí, como lo es el rejón.

El rejón es una jaula que puede mudarse de ubicación. Tiene cinco o seis lados y se coloca sobre el suelo, la tierra. El gallo en el rejón queda aislado de sus congéneres. El animal tiene poco espacio en el rejón y puede accederse a él levantando el rejón, o si tiene una parte que se abre, o una puerta, abriéndolas para llegar hasta el ejemplar. No se mantiene al gallo en el rejón por largo tiempo; se saca de allí para ejercitarlo. Se muda el rejón de sitio a conveniencia para exponer el animal al sol o protegerlo de la inclemencia del tiempo. El rejón se utiliza generalmente durante el período de entrenamiento.

El rejón más fácil de fabricar es cuadrado o rectangular, aunque puede ser redondo. El material más fácil para fabricarlo es el de tela metálica de gallinero. Dentro del rejón el gallo no está amarrado y allí se alimenta con todo el cuidado que requiere el momento.

 

TECATO

El TECATO, el alcohólico, el desempleado. . .”

La voz tecato circula en el habla de los hispanohablantes desde hace más de cuarenta y cinco años. El autor de estas notas acerca del idioma puede certificar este período de tiempo porque la escuchó por primera vez en Puerto Rico. En esa época la voz no era de conocimiento de todos los hablantes dominicanos, sino de un grupo de estos.

Cuando se oyó la voz por primera vez se me explicó que era de uso entre los jóvenes y menos jóvenes para designar a las personas que consumían drogas. Al llamar de ese modo a una persona se imprimía un rasgo despectivo a la voz.

En Puerto Rico está documentada la voz desde el año 1957 para designar al adicto a la heroína. Ya en el año 1984 abarca a un adicto a cualquier tipo de droga. Como consecuencia del ensanchamiento del ámbito de su definición y campo semánticos, se hizo necesario añadirle un complemento y, así nace que se utilice, “tecato de cemento, de heroína, de cocaína, etc.” Para estos datos se consultó en línea el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico.

En el año 2010 cuando se elaboró el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se atribuyó a la voz tecato la acepción, “persona drogadicta”. Con ese valor se la conoce en El Salvador, República Dominicana y Puerto Rico. Ese diccionario reconoce que en tanto adicto a la heroína la voz es de conocimiento en México y Puerto Rico en varios registros de los hablantes de esos países.

 

TRINITENSE – TRINITARIO

“. . .capitalismo y esclavitud (1944) del TRINITARIO Eric Williams . . .”

No hay que extrañarse de que cualquier cosa que tenga relación con “trinidad”, los dominicanos la asocien con “trinitario”. Esto así porque en la historia dominicana hay momentos en que se mencionan a los trinitarios como parte importante de la gesta independentista.

Desde temprana edad los dominicanos quedan condicionados a pensar que todo lo que tenga algo que ver con la palabra trinidad al mencionársele se haga con la palabra trinitario en funciones de adjetivo o sustantivo. Esto claro, sin olvidar a la Santísima Trinidad de la Iglesia católica, pues los miembros de esa orden son trinitarios.

Eso que se describió en el primer párrafo es lo que se presume que ocurrió en la cita que encabeza este escrito. Más abajo se entrará en las explicaciones.

El gentilicio y sustantivo trinitense es el que se usa para referirse a los naturales de Trinidad y Tobago. Con el adjetivo se da a entender que algo es relativo o perteneciente a Trinidad y Tobago.

Por desventura el Diccionario de la lengua española no reconoce a los trinitarios dominicanos que fueron los gestores de la independencia de los dominicanos en el año 1844. En cambio, ese diccionario entiende que son trinitarios los naturales de Trinidad que es una villa de la provincia de Santa Clara en Cuba. Hay trinitarios en Bolivia y Uruguay.

Al final de cuentas lo que hay que retener es que los naturales de Trinidad y Tobago tienen el monopolio de la designación trinitense.

 

PEATONALIZACIÓN – PEATONIZACIÓN

“La PEATONIZACIÓN provocó un completo. . .”

“Las palabras no nos pertenecen”, se oye decir con frecuencia. Esto es cierto, pero las creaciones muchas veces obedecen a hacer más preciso el idioma común, o, para ajustarlo a las circunstancias. Lo difícil es delimitar cuándo obedece la creación a veleidades y cuándo es producto de una necesidad.

Peatonización se desprende de peatonizar, según parece. En su calidad de palabra peatonización no ha logrado reunir todas las condiciones para elevarse y ser reconocida. Esto sobre todo porque todavía tiene competencia en el campo de “convertir en peatonal una vía pública que antes fue vehicular”. Reservar para peatones una vía que antes fue vehicular también. Ahí está peatonalizar que disputa el sitial de preferencia en el habla.

La pugna entre los dos verbos peatonizar y peatonalizar no ha terminado; por esto tampoco termina la lucha entre peatonización y peatonalización. El uso está dividido entre las palabra larga, el uso culto (¿?), y las más cortas que parece que reflejan el habla popular. No hay que olvidar que el uso es la mayor autoridad en la lengua, por eso las autoridades se inclinan ante él.

De una manera o de otra, la idea que transmite una u otra de las dos palabras, así como el verbo asociado a esta es claro y, no deja lugar a duda. Al final, se aconseja que se siga la pauta de las Academias y se emplee peatonalizar y peatonalización.

Chupasangre, buscón, levantamiento

Por Roberto E. Guzmán

 

CHUPASANGRE

El vocablo del título es un nombre. El Diccionario de la lengua española no reconoce este vocablo en sus páginas. En el Diccionario de americanismos de la misma academia que elabora el lexicón mayor de la lengua, figura el vocablo chupasangre en su calidad de uso en tres países de Hispanoamérica. En Guatemala y Chile es, “Persona que vive a expensas de otra”. En El Salvador designa al abogado. En esos países el término acepta los géneros masculino y femenino.

Hay que subrayar que el vocablo es de conocimiento de los dominicanos. Se ha usado a través del tiempo en el habla de los dominicanos, aunque la mayoría de los repertorios diferenciales de español dedicados al español dominicano no lo hayan inventariado.

En el habla dominicana el “chupasangre” es el usurero. Es la persona que presta dinero “al módico” veinte por ciento o a otro interés exagerado. Es un prestamista que presta dinero a un interés muy elevado.

Se denomina de esta manera porque se considera que le roba la vida a la víctima de su negocio de explotación. El origen del vocablo nace de que en el español general se entiende que “chupar la sangre” es, “Ir quitando o mermando la hacienda ajena en provecho propio”.

La idea que se forma el dominicano es que la sangre es la savia de la vida, el elemento vivificador. Cuando una persona presta a un interés excesivo y obtiene lucro desmedido con esto, el hablante de español dominicano entiende que roba la hacienda ajena y así acaba con la vida del otro.

Ante la certeza de la existencia del término se invita a los lexicógrafos dominicanos a que tomen en cuenta el vocablo aquí estudiado para que lo incorporen a sus inventarios de léxicos diferenciales.

 

BUSCÓN

“La explotación sexual aparece (…) tras la figura del BUSCÓN que se asemeja al “chulo” dominicano. . .”

El buscón del habla de los dominicanos hace largo tiempo que está documentado. En esta ocasión se trae de nuevo a estas reflexiones la voz buscón porque la cita recuerda a un personaje de ese nombre y características que había quedado en el tintero.

Los buscones que han logrado su entrada en los diccionarios de español dominicano son aquellos que realizan gestiones administrativas; los que procuran pasajeros para los autobuses, así como los que refieren casos a un abogado. Se considera en esta categoría también al que busca, entrena y supervisa los jugadores de beisbol que muestran aptitudes para la vida profesional en esa actividad.

El buscón que faltaba es el que se menciona en la cita. El tipo de diligencia que este desempeña se vislumbra por medio de las palabras usadas en la frase citada. Este sujeto se dedica a buscar mujeres para que estas se dediquen a la prostitución.

Como resultado de las informaciones recabadas de personas con experiencia en este tipo de actividades este buscón introduce jóvenes mujeres al oficio intuido y, las referencias obtenidas explican que algunas de ellas son prácticamente subastadas entre clientes de grandes recursos económicos. En ocasiones sus diligencias terminan con las gestiones que se han mencionado.

Sin necesidad de ser un experto en estas lides, pueden hallarse algunas diferencias entre este buscón y los otros personajes que se le asemejan en esta tarea, como son el chulo y el maipiolo.

El chulo no solo busca la mujer para otros, sino que más que nada la explota, le quita el dinero a cambio de protección. Esta labor de protección mueve a pensar que la mujer víctima de este chulo se desempeña en un nivel social bajo de la escala social.

La voz maipiolo/a es más difusa. Se califica de esta manera no solo a la persona que ejerce como oficio las funciones de intermediario entre la mujer y el cliente, sino también, en algunos casos, la que sirve de celestina entre personas, algo que no conlleva pago por servicio.

Se aboga por este medio para que se introduzca una nueva acepción a la conceptualización del término buscón, pues se ha explicado que el buscón (¿sexual?) es una realidad en la sociedad dominicana y como tal hay que hacerle un espacio en los diccionarios de español dominicano. Si no se considera adecuado una nueva acepción, por lo menos una subacepción.

 

LEVANTAMIENTO

“La dirección de inspectoría de la JCE se encargará de hacer un LEVANTAMIENTO de las transgresiones. . .”

En varias ocasiones se ha encontrado el sustantivo masculino levantamiento utilizado de una manera de puede catalogarse de poco ortodoxa. El ejemplo que encabeza esta sección es un ejemplo de este empleo fuera de lo común.

El uso que se hace de levantamiento en la cita sale de lo que se ha mantenido durante largo tiempo entre los que se reconocen como tradicionales. El diccionario oficial de la lengua reconoce cuatro acepciones para este sustantivo. El verbo levantar cuenta con treinta y cuatro acepciones en ese mismo diccionario.

Para no alargar demasiado este estudio no se procederá a examinar ni enumerar todas esas acepciones, sino que se pasará a exponer en qué consiste este uso dominicano y de dónde se presume que procede.

Como conclusión de las observaciones del uso a través del tiempo, por “hacer un levantamiento” habrá que entenderlo de acuerdo con el entorno. En casos muy rebuscados corresponde a hacer un trabajo de “auditoría”. En casos generales hay que aceptarlo en tanto “examen” que se ejerce sobre las funciones de una persona o institución.

En las hipótesis que se ajustan al primer caso, parecido a una auditoría, puede concretarse a una revisión sobre el comportamiento de un funcionario en el desempeño de sus funciones, o de una institución, departamento u otra dependencia.

En la cita, por la forma de la redacción, se presume que se procederá a hacer un recuento de las transgresiones, aunque puede agregarse que puede que esto implique una evaluación de estas.

En un empleo ligero puede retenerse el levantamiento con el significado de “recoger información” con respecto de lo que constituye su fin primordial.

Puede comprobarse con la lectura de esta exposición que el concepto “levantamiento” en casos en que se usa de los modos descritos más arriba, puede transitar a través de un amplio campo de posibilidades.

Es posible que si su uso continúa se perfilará mejor y sus contornos se harán más definidos y, eso hará posible que alcance validez y hasta reconocimiento oficial en el seno de la lengua.

Precisiones sobre el significante

Por Tobías Rodríguez Molina

 

Antes de adentrarnos en el presente tema, creo pertinente  ofrecer  una definición del signo lingüístico. Este se puede definir, en sentido general, como “una unidad lingüística constituida por el significante y el significado.” El significante tiene que ver con  el sonido que se emite en el habla y el significado con  la realidad a la que alude el sonido. (Wikipedia, Signo lingüístico). En este artículo se ofrecerán  ideas sobre el significante que eliminen toda  duda sobre su alcance significativo.

Muchas veces, en lo tocante a   la lingüística, han existido ciertas confusiones en relación con algunos contenidos  de la misma. Entre esos contenidos  que muchas personas no captan con claridad, está el referente al significante. Y para aquellos que pudieran estar confundidos, creemos que resulta provechosa la aclaración que nos ofrece Bertil  Malmbert en su libro titulado Lingüística Estructural y Comunicación Humana, 2da. edición, pág. 27. Y resulta provechosa porque aclara confusiones que puedan tenerse en relación con el componente del signo lingüístico, planteado  por el padre de la lingüística estructural, el suizo  Ferdinand de Saussure, y al que le llamó  “signifiant” (significante).

Les presentaré las palabras textuales de Malmberg. Con lo que él dice  en esa cita, y con las anotaciones que se les ofrecerán más adelante, puede quedar convenientemente delimitado el valor de ese elemento de la dicotomía “significante-significado”. A continuación las palabras de Malmberg:

“Es muy importante observar que tanto el concepto como la imagen acústica son abstracciones. El “signifiant” no es la misma onda sonora-el hecho físico- sino la idea de la secuencia de sonidos, una imagen o una representación de aquel hecho”.

Me parece que con ese texto queda bastante claro lo que es el significante; pero se puede aclarar un poco más diciendo que  este es diferente del sonido físico, y es una idea abstracta, una imagen de los sonidos que emitimos al referirnos a las cosas (mesa, silla, libro).

Creo de utilidad  aclarar que no se puede descartar que muchas veces  ha habido confusiones de muchos conocedores o usuarios de la lengua  al no haber tenido una idea clara, precisa, del valor conceptual que le atribuía Ferdinand de Saussure al  significante, que él  definió  con base en la idea  de “imagen acústica”, con lo cual da a entender que son realidades diferentes  el  significante y los sonidos que producimos cuando hablamos, como ya vimos  anteriormente,  aunque el primero, el significante, depende totalmente de los segundos,  es decir, de los sonidos,  para su existencia.

Hay que suponer que esa confusión proviene del hecho de que muchas veces se ha definido el significante como el conjunto de sonidos a los cuales va unido un significado o concepto, en vez de definirlo rectamente como lo hizo Saussure. En ese sentido, es bueno reiterarlo, habría que definirlo, para transmitir a los demás el justo, el preciso valor del significante, como “la abstracción acústica o representación de unos sonidos a los cuales va unido un significado o concepto”. Es por eso que no puede afirmarse que al decir “casa” el significante es el conjunto de sonidos (fonemas físicamente percibidos) que emitimos para transmitir la idea o concepto de casa, sino que ese conjunto de sonidos es la concretización o materialización del significante o imagen acústica “casa”.

Para aclarar aún más la idea o concepto de significante, creemos conveniente hacer notar  que diferentes hablantes pueden emitir un conjunto de sonidos muy variados para  producir el significante “casa” y, sin embargo, a esa variedad de  sonidos no se les puede negar la unión estrecha con el significado o idea “casa”. Lo que sucede es que esa diversidad de sonidos  se elevan a un plano abstracto y se reducen a iguales. Es lo que sucede si se escucha hablando a tres personas: un anciano, una joven y un niño. Evidentemente cada uno  producirá sonidos físicos diferentes de “casa”, pero todos producirán el mismo significante “casa”.

Parece pertinente añadir, en nuestro intento por presentar anotaciones aclaratorias, que ya que el significante se concretiza con base en una articulación de fonemas, y el fonema es una abstracción, la resultante de ese conjunto necesariamente debe ser una abstracción, es decir, una imagen, una abstracción que se materializa, que se hace física, real, en unos sonidos  de la lengua en la que nos comuniquemos.

Con  relación   al fonema, analícese lo que afirma José Escarpanter en su obra titulada Introducción a la  Moderna Gramática Española, pág. 47:

“El fonema es el sonido ideal  que está en nuestras mentes. Es el sonido que el hablante desea pronunciar. El sonido es lo que realmente pronuncia…”

Sin lugar a dudas, esas ideas de Escarpanter pueden aplicarse justamente al significante al ser este resultante  de elementos fonéticos, es decir, de los fonemas, entidades abstractas, pues solo se da lo que se tiene y no lo que no se tiene. Una mata de mangos produce solo mangos y no naranjas ni ningún otro tipo de fruto.

Las anotaciones ofrecidas en este trabajo han  pretendido  contribuir a la aclaración del muchas veces mal entendido y peor explicado concepto del “significante”, del gran lingüista y maestro suizo Ferdinand de Saussure. Ojalá se haya logrado mi objetivo.

Comiquería, conuquismo

Por Roberto E. Guzmán

 

COMIQUERÍA

“. . .al decir esa COMIQUERÍA se quedó muy serio”.

Es fácil dar con la raíz de la voz del título. Está relacionada con la palabra cómico que es bien conocida en el habla internacional. Los dominicanos usan la palabra cómico sin retener el matiz que la separa de humorista o humorismo.

Cuando el cómico es la persona, es aquella que hace reír. El humorista es la persona que se expresa o actúa con humor, tomando la última palabra, humor, con el significado de descubrir y manifestar lo divertido. En los casos en que el hablante de español dominicano usa indistintamente una u otra de las dos palabras definidas, lo hace tomando en cuenta el resultado de la actividad, “hacer reír”.

En el español internacional una comiquería es la reunión o el conjunto de cómicos. El Diccionario de americanismos no registra la voz comiquería entre aquellas que son de uso o que se conocen en el español hispanoamericano.

A pesar de lo que se escribe al final del párrafo anterior, el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico asienta la voz comiquería, “Dichos o hechos que hacen reír. Comicidad.” Es algo harto conocido que los puertorriqueños y los dominicanos utilizan muchas voces comunes que no pertenecen al español internacional.

Tal y como lo presenta este Tesoro, la voz comiquería es la que reemplaza a comicidad en el habla de los puertorriqueños, así como en la de los dominicanos.

Como era de esperarse, el Diccionario del español dominicano (2013:206) le hizo un espacio a la voz comiquería, “Acto o acción cómica o que provoca risa”.

En el habla de los dominicanos se ha producido una extensión de la voz comiquería. Se la usa para mostrar desdén acerca de una acción de una persona, aunque el agente de la acción actúe de modo serio o se exprese de manera formal.

Ha de entenderse que en el caso que se retiene aquí esta es una manera de descalificar la actuación o expresión de una persona, de allí que pueda escucharse a veces, “Esas son comiquerías de ese Fulano”. Por la explicación retropróxima se entiende que esta comiquería no mueve a risa, sino al menosprecio con que se toma lo que de ese modo se califica.

Existe otra situación en la que se utiliza comiquería. Es en los casos en que una persona emplea tácticas dilatorias para incorporarse a una tarea sin manifestarlo de palabras, sino de acción, siendo moroso; en esos casos y en otros parecidos se ha oído a una o más de las partes involucradas en una tarea que le dicen al barajador, “Mengano, déjate de comiquerías y ven a trabajar”.

Lo que acaba de exponerse puede apuntarse como una variante de la acepción ya copiada o como una “subacepción” separada de la anterior, si es que no se desea consignarla como una acepción totalmente diferente de la ya señalada.

 

CONUQUISMO

“. . .donde analizaban la quema y el CONUQUISMO”.

No hay lugar a hesitación con respecto a la palabra que se encuentra en el origen de la que se presenta en el título. Este conuquismo deriva de conuco. Es natural entonces que al entrar en el estudio de este conuquismo se comience por conuco.

El Diccionario de la lengua española, el de la RAE, consigna la voz conuco con tres acepciones. La primera acepción se la considera antillana, la segunda es común a Cuba, República Dominicana y Venezuela. La tercera es privativa de Cuba.

El citado diccionario ha modificado la cantidad de acepciones para reconocer los significados que se han atribuido al conuco. La primera acepción que entró en el mencionado diccionario fue la cubana, “Parcela de tierra que concedían en Cuba los dueños a sus esclavos para que estos la cultivaran por su cuenta”. Así aparece en la página 276 de la edición decimocuarta de 1914 de ese lexicón. Ya antes D. Roque Barcia reconocía la voz en su Diccionario general etimológico con dos acepciones. La primera era, “Casa de labranza con tierras para sembrar el maíz, alubias, etc.” La segunda, “La tierra en que se siembran los granos y legumbres con que se mantiene la gente en una casa de campo” (1890-I-1041).

Por medio de la lectura de las redacciones de estas acepciones se nota que para esta palabra D. Roque no siguió en esta ocasión la pauta trazada por Esteban Pichardo en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836:180). El último trae detalles acerca de la voz que van más allá de una simpe acepción. Usa palabras como, “heredad miserable de poco terreno con su bojío”. Es el terreno señalado “por el dueño de las haciendas grandes a cada negro para que le trabaje y atienda los días festivos, gozando de sus productos como usufructuario condicional o especial”. Acota este lexicógrafo que no sabe a ciencia cierta si la voz procede del aborigen de las Antillas o de África por su terminación y consigna la variante cunuco.

No huelga recordar que la voz conuco aparece ya en los escritos de Bartolomé de Las Casas y Gonzalo Fernández de Oviedo. Estos dos cronistas, “escriben claramente que es palabra de Santo Domingo. P. Henríquez Ureña…la tiene creo que acertadamente, por vocablo taíno”. Indigenismos (1977-I-460).

  1. Fernando Ortiz no desperdició la ocasión que le proporcionó Pichardo para introducir una larga exposición de trece páginas en su Glosario de africanismos (1924:121-133) y así reivindicar el origen africano de la palabra conuco. Durante largo tiempo la Real Academia de la Lengua solo mencionaba que la voz era americana, pero en la actualidad reconoce el origen taíno.

En República Dominicana hace largo tiempo que se reconoce el conuco como una pequeña parcela de terreno destinada al cultivo de frutos menores. El campesino que lo cultiva puede vivir allí sin ser necesariamente propietario de la tierra. El conuco se consideró durante largo tiempo como un lugar de cultivo de subsistencia realizado por una sola persona o con ayuda de la familia inmediata.

En República Dominicana después de la caída del régimen de Trujillo comenzó a usarse una palabra que era de poco uso hasta entonces, “minifundio”, que era lo opuesto a otra palabra de mucho contenido político, latifundio. La caracterización del conuco y del minifundio coinciden en gran medida.

La palabra conuco ha dado pie a varias derivadas, “conuquito” que es un diminutivo que en muchos casos usa el campesino para referirse al suyo con acento cariñoso. “Conuqueo” es el trabajo que se realiza en el conuco. “Conuquero,a” es la persona que labora en el conuco, así como aquella que vive en este. En Venezuela el conuquero era quien fundaba o labraba un conuco. Glosario de voces indígenas de Venezuela (1921:89).

  1. Francisco Javier Pérez documenta la voz conuco en Venezuela, Diccionario histórico del español de Venezuela (2011-I-331). Las características principales son, “pequeño terreno; cerca del rancho campesino; destinado a cultivos menores; para consumo familiar”. Este estudioso añade, “el uso metafórico que hace que la voz designe el órgano sexual femenino en ámbitos coloquiales”.

Otra intervención de conuco en el español dominicano es “vara conuquera” que es una medida que fue de uso en los campos dominicanos y que ha caído víctima de los avances de la ciencia. Esta es, “medida de longitud equivalente a 98,73 pulgadas”. Diccionario del español dominicano (2013:690). Aquí hay lugar a pensar que el adoptar una medida con este nombre era un indicio de la prevalencia de los conucos en el sistema y escala de cultivo en el campo dominicano.

Otro indicio de la importancia del conuco en el español dominicano es la incorporación de la palabra al léxico del campesino. D. Bruno Rosario Candelier, refiere que en Bacuí, provincia de La Vega, un campesino le advirtió, “El sabio vive del bruto, y el bruto, de su conuco”. Este adagio traduce un sentimiento profundo. Es desafortunado que algunas personas tuerzan las expresiones diciendo que algunas mujeres “viven de su conuco”, lo que da lugar a una interpretación aviesa.

De lo expuesto más arriba puede considerarse que el conuquismo es el minifundismo de las islas Antillanas. El sufijo -ismo que se añade a la raíz (¿?) del conuco, conu-, da a entender que se refiere en este caso al sistema de explotación agrícola que obedece a la escala de conuco o, donde prevalece este tipo de cultivo.

 

Bañar, pirueta, bacanal, hilaridad

Por Roberto E. Guzmán

 

BAÑAR

El verbo bañar se emplea en República Dominicana de una manera que no se hace en otros países de habla hispana. Ese será el tema de esta sección. Se explicarán los casos y los significados que adquiere ese verbo con esos usos.

Uno de esos empleos del verbo bañar es de uso nada menos que en el beisbol. Se recuerda haber oído y hasta dicho que la pelota bañó al jugador. ¿Cuándo baña la pelota al jugador que se supone que la atrape?

Esto sucede en los momentos en que la pelota “sobrevuela” al jugador que infructuosamente trata de agarrarla. Por la descripción se deduce que la pelota va en el aire en los casos en que “baña” al jugador. Cuando la pelota “baña” al jugador del cuadro o de uno de los campos no se debe a un mal cálculo del jugador defensivo, sino a que resulta imposible que la alcance.

En el otro caso el verbo bañar del español dominicano no se usa para lavar algo que se sumerge en un líquido que generalmente es uno de los propósitos del verbo. Este uso no está documentado en los diccionarios de voces de uso del habla dominicana. En las situaciones en que se utiliza el verbo de este modo es para indicar que algo, especialmente dinero, ha llegado o lo posee alguien en abundancia o demasía.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española trae el verbo con este uso con la mención de que se emplea en República Dominicana, pero la definición es, “Recibir alguien mucho dinero”. La diferencia que se desea establecer es que no solo es recibir o percibir una cantidad considerable de dinero, sino que puede referirse a un estado. No se refiere a una circunstancia pasajera o temporal, la persona “bañada en cuartos” puede tener ese caudal desde hace tiempo.

Lo que se expone aquí es una opinión educada. No se pretende con esta invalidar la que consta en el mencionado diccionario, sino que se considere lo expuesto aquí para añadir, no para enmendar.

 

PIRUETA

“. . .allanan el camino para PIRUETAS fraudulentas. . .”

Las piruetas que ocupan la atención de los académicos de la lengua se ciñen a los brincos, vueltas (volteretas) que ejecutan las personas. También tiene relación con las acrobacias de un aviador. La última pirueta es la del caballo, cuando el jinete lo obliga a vuelta rápida alzándose sobre las patas traseras.

Por lo mencionado en el párrafo anterior las piruetas mencionadas en el diccionario oficial de la lengua se limitan a las de las personas sobre sí mismos o, como piloto de avión o jinete de caballo.

Los sujetos de estas piruetas son personas en funciones de agentes de ellas. Esta palabra se ha traído a estos comentarios porque en República Dominicana pirueta posee un uso que ha escapado a los estudiosos del español dominicano; claro está, usada en sentido figurado, que es como aparece en la frase que se usa a modo de ejemplo. El detalle se ofrece más abajo.

Ha de notarse que la pirueta es fraudulenta, es decir, es una operación que consiste en un cambio o desvío en algún negocio que se ejecuta para desorientar y sacar ventaja. Es una estratagema, una hábil artimaña, hecha con el fin de engañar.

El autor de estos comentarios certifica que ha oído el empleo de esta “pirueta” en conversaciones; más aún, recuerda haber utilizado la palabra con ese valor. Por tanto, esta pirueta clama por un espacio en los diccionarios de español dominicano del futuro.

 

BACANAL

“Se desatan en cambio vahídos y estertores de UN BACANAL. . .”

Bacanal es una palabra de larga data en el español; entró al castellano en la primera mitad del siglo XVII.  La palabra desempeña las funciones de adjetivo y sustantivo. Cuando es sustantivo es de género femenino. El Diccionario de le lengua española la define, “Orgía con mucho desorden y tumulto”.

La palabra procede del latín Bacchanal, -alis, que deriva de Bacchus, del griego Bákhos, Baco, y, eran fiestas en honor a este dios mitológico del vino y los placeres. Las fiestas de Grecia pasaron a Roma donde se prohibió su celebración en el año 186 antes de nuestra era.

Por extensión el significado pasó de las fiestas en honor a Baco, a designar cualquier fiesta en la que se cometen grandes excesos.

Como dato curioso puede mencionarse que las bacanales llegaron a Brasil en el siglo XIX. En el estado Pernambuco Baco era homenajeado durante la Pascua con banquetes, procesión y cánticos. La Iglesia católica en 1869 consiguió prohibir la realización de estas fiestas. A origen curiosa das palabras (2003:27).

Lo que se deseaba dejar bien claro desde el principio es que el sustantivo es femenino. Como se trata de unas fiestas, es natural que al aplicarle el adjetivo a una tumultuosa celebración se utilice también el femenino. Generalmente se utiliza en plural, bacanales.

 

HILARIDAD

“A fin de dar HILARIDAD a mis razonamientos, me permito presentar varias. . .”

No cabe duda alguna, hay que reír. Esa es la invitación que realiza el redactor de la frase transcrita. No hay que llamarse a engaño por los razonamientos, pues esos son serios. En esta sección se examinará la poca consistencia aparente que existe entre algunas palabras con respecto de su ortografía y su significado, y, sobre todo, la que se produce en la cita.

Con hache o sin ella el sonido de las palabras en español es el mismo. Esa es la razón por la que muchas personas piensan que esa letra no tiene utilidad alguna. Las personas que así piensan están en buena compañía porque algunos académicos piensan de la misma forma y hasta renombrados y laureados escritores han expresado su apoyo a la salida de la letra del alfabeto español.

Todo lo anterior viene a cuento porque esa letra -la hache /h/- es la que ha provocado la hilaridad que se mencionó antes.

Es cierto que se “pierde el hilo de la conversación” cuando se borra el tema o ilación en un discurso. Esta ilación se refiere a la trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso. En gramática se utiliza el adjetivo ilativo para referirse a una oración subordinada que expresa la consecuencia lógica o natural de lo afirmado en la principal.

Del mismo modo de lo expuesto más arriba, se pierde el hilo de un discurso, de un razonamiento, en el momento o sitio en que se deja de seguirlos.

La palabra hilo proviene del latín fílum, de ahí que lleve la letra hache /h/, del mismo modo que la palabra “hijo” que desciende de una palabra del latín con letra efe /f/ al principio. El hilo entró al castellano en el siglo XIII. De esta familia son las hilanderas, la hilacha. No se olvide que una hilera es una fila. Ilación a su vez proviene del latín illatio, -onis, que como puede observarse no lleva la letra efe /f/ delante.

Antes de concluir hay que recordar que hilaridad procede de latín hilaritas que es expresión de gozo y satisfacción del ánimo, así como risa que provoca algo que se ve o se oye.

Se invita al final de esta exposición a que las personas presten atención a la ortografía de las palabras y, en caso se dudas, que busquen la forma en que se escriben las palabras de la misma familia. Ah, la consulta de un diccionario ayuda también.

Dominio del acento diacrítico de estudiantes al finalizar Español 2 en la PUCMM

Por Tobías Rodríguez Molina

En el transcurso de los dos niveles de español que cursan los estudiantes de la PUCMM, se les entrena en la redacción del ensayo expositivo y del argumentativo en la materia Español 1, y en Español 2 se les orienta, en lo referente a la  redacción de textos, principalmente  en la preparación y elaboración de un informe, que presentarán al profesor. Ese informe   constituye el material fundamental para la evaluación del Español 2  y  con él  se da por terminado el ciclo de estudio del español universitario.

Para la redacción del presente  artículo se tomaron los datos concernientes a las palabras, tanto monosílabas como bisílabas, sujetas a la tilde diacrítica, aparecidas en el   informe presentado por 25 alumnos que finalizaron Español 2 en  la PUCMM. Al momento de redactar y presentar ese  informe, ya la Real Academia Española de la Lengua había dictaminado la no acentuación de “solo” con valor adverbial y los pronombres  demostrativos “este, ese, aquel, estos, esos, aquellos, y esta, esa, aquella, estas, esas y aquellas”. Solamente, en la lista de los bisílabos que llevan acento diacrítico, se mantuvieron los interrogativos y exclamativos “cómo, cuándo, dónde, cuáles, quiénes y el  trisílabo adónde”.

Y en lo concerniente a los monosílabos sujetos al acento diacrítico, quedaron  vigentes los siguientes: tú (pronombre), él (pronombre), mí (pronombre),  sí (pronombre y adverbio),  sé (verbo),  dé (verbo),   té (bebida), qué (interrogativo y exclamativo),  quién (interrogativo y exclamativo), cuál (interrogativo y exclamativo), cuán (adverbio interrogativo y exclamativo).

Del empleo correcto o incorrecto  de esas palabras con tilde diacrítica, de parte de los 25 estudiantes que finalizaron el segundo curso de español del Ciclo Básico (Español 2) se tratará en este artículo, como ya fue indicado.

Se pasa a continuación a presentar el empleo del  acento diacrítico que hicieron en su informe  los 25 alumnos:

-18 estudiantes emplearon mayor cantidad de palabras correctas que incorrectas, un indicio muy positivo de su acercamiento al dominio de ese aspecto de la normativa acentual.

-De esos 18 estudiantes, 5 tuvieron correctas todas las palabras  empleadas. (De ellos, 1 empleó 6 palabras; 2 emplearon 5, y 2 emplearon 4 palabras), algo también positivo.

-De los 5 alumnos que tuvieron todas las palabras correctas, 3 pasaron el Español 2 en  A, y 2 lo pasaron en  B.

-De los que tuvieron  1 palabra incorrecta, 3 terminaron Español 2 en A, y 1 lo  pasó en B.

-De los 18 estudiantes que tuvieron la mayor cantidad de palabras correctas, aparte de los 5 que las tuvieron todas correctas:

1 tuvo 7 correctas y 1 incorrecta (87.5% correctas)

1 tuvo 6  correctas y 1 incorrecta (85.7% correctas)

3 tuvieron 4 correctas y 1 incorrecta (80.0% correctas)

1 tuvo 6 correctas y 2 incorrectas (75.0% correctas)

-4 estudiantes tuvieron más palabras incorrectas que correctas: (2-4, 3-2, 3-4, 3-4), algo que se pude considerar como negativo, pues fallaron en más del 50% de las usadas.

-3 tuvieron igual cantidad de palabras correctas e incorrectas: (4-4, 3-3, 2-2), también algo negativo, fallaron en un 50% de las palabras empleadas.

En total, los estudiantes emplearon154 palabras sujetas a la tilde diacrítica, de las cuales 104 (67.5%) fueron tildadas  correctamente  y 50 (32.5%)  fueron tildadas incorrectamente.

Es importante destacar que durante el período de  asistencia que presta el profesor para preparar y elaborar el informe, salen a relucir constantemente esas palabras a las que se les aplica la tilde diacrítica, y los pares correspondientes que no deben ser acentuados; además, el profesor orienta sobre las normas para su buen empleo. Por esa razón, se puede afirmar que el hecho de haber fallado en un 32.5% por ciento al emplear ese tipo de palabra, es excesivo y, por eso mismo  es negativo que  solamente  las acentuaron correctamente en  un 67.5   por ciento,  pues con ese porciento  el grupo, tomado  en conjunto y en ese aspecto ortográfico,  hubiera obtenido una nota equivalente a una D. Sin embargo, hay que destacar que de los 25 estudiantes, que emplearon 2 o más palabras a las que había que aplicar la tilde diacrítico, 18  tuvieron mayor cantidad de usos correctos, y que de esos 18,  la cantidad de 5 estudiantes  emplearon todas las palabras correctamente. Además, de esos 5 que tuvieron todas las palabras correctas, 3 pasaron Español 2 con la sobresaliente nota de A, y 2 de ellos obtuvieron B.

En conclusión, por el hecho de que  una parte considerable de los estudiantes que finalizan el español en el  Ciclo Básico continúan teniendo serias lagunas en el manejo de la normativa acentual, tendrán que continuar, de algún modo, prestándole atención a ese  problema si quieren terminar su carrera sin que sean contados entre los profesionales mediocres de nuestro país. Quiero resaltar que todavía recuerdo a un especialista en su área profesional a quien le serví de corrector de estilo de un libro que publicó. Aún  no he podido desterrar de mi mente el sello de mediocridad que se me quedó gravado, por el hecho de que, en  alrededor de la mitad del libro, encontré páginas con una cantidad de errores, de todo tipo, mayor de 35 errores y en  una de ellas tuvo 60 errores, algo inconcebible en un especialista de cualquier área del saber.

 

 

Temas idiomáticos

Por María José Rincón

 

26/05/2020

HE AQUÍ EL VERBO «HABER»

 

Hace unos días nuestra diaria «AM» se titulaba «Abrir o no abrir; he ahí la cuestión». Algunos lectores me han consultado sobre ese uso concreto del verbo haber. Empecemos por recordar que el verbo haber tiene como misión principal la de ser el verbo auxiliar para conjugar los tiempos compuestos de los demás verbos. ¿Cómo funciona? A la forma conjugada de haber se le suma el participio del verbo principal. Si queremos formar el futuro compuesto de cantar, conjugamos haber en futuro y le añadimos el participio de cantarhabrá cantado. Además de esta función de apoyo, también puede conjugarse como verbo impersonal, con las acepciones de ‘existir’ (Hay dudas ortográficas fáciles de aclarar) o de ‘ser necesario o conveniente’ (Hay que leer más). Existe además un uso no impersonal de haber con el sentido de ‘tener, poseer, apoderarse’ que entra en juego en la expresión que provoca las dudas de los lectores.

Esta frase tiene su origen en una de las más célebres de la literatura universal; aquella con la que Hamlet abre su monólogo en la tragedia de William Shakespeare: «Ser o no ser; he ahí el dilema (o la cuestión)». El verbo haber aquí está conjugado en segunda persona singular del imperativo. Es como si el indeciso príncipe de Dinamarca nos dijera desde el escenario: «Ten aquí el dilema» o «Aquí tienes el dilema».

Cuando lo usamos como verbo auxiliar haber no nos aporta significado; su tarea es la de mostrarnos la conjugación del verbo principal. Sin embargo, no olvidemos que, en ocasiones, puede funcionar como verbo principal y que, como cualquier otro, tiene sus significados propios. Además es un verbo muy productivo a la hora de formar locuciones curiosas que bien merecen que las recordemos. He aquí mi compromiso para la próxima semana.

 

2/06/2020

NO HAY DE QUÉ

En nuestra lengua los verbos auxiliares tienen una misión muy importante. El verbo haber se faja con los tiempos compuestos y eso provoca que sea uno de los más usados. No es su única tarea. Hoy nos proponemos prestarles atención a algunas locuciones curiosas y verlo actuar como protagonista. Para empezar, recordemos que las locuciones son combinaciones de palabras que funcionan como si de una sola se tratara; tanto su forma como su significado quedan fijados por el uso.

Nuestro objetivo es conocer lo habido y por haber sobre este verbo tan particular. He aquí la primera locución, lo habido y por haber, que utilizamos cuando nos queremos referir a la totalidad de algo, lo real y lo imaginado, lo posible y lo probable. Para lograr este objetivo tendremos que habérnoslas con el diccionario; es decir, tendremos que enfrentarnos con él y exprimirle toda su información sobre el verbo haber y sus locuciones. Muchos opinan que es difícil aprovechar al máximo las posibilidades del diccionario, pero no hay tal (no es cierto, esta afirmación carece de fundamento). No hay más que ver que con un poco de paciencia y práctica puede convertirse en nuestro mejor aliado. No hay de qué quejarse. Basta con dedicarle tiempo, leer sus instrucciones y consultarlo con frecuencia. Por supuesto, debemos saber elegir un buen diccionario; algunos no hay por dónde agarrarlos.

Si logramos que la consulta atenta del diccionario se convierta en una práctica cotidiana que acompañe nuestra lectura y nuestra escritura, nuestro uso de la lengua mejorará sin duda. No hay más que pedir. Hoy nos ha ayudado a repasar las locuciones protagonizadas por el verbo haber. Solo nos queda darle las gracias; y él nos responderá: «No hay de qué».

9/06/2020

 

AL RITMO DE LA VIDA

Durante esta primavera el Diccionario de la lengua española de la Real Academia ha logrado un récord absoluto de consultas. La versión en línea, fácil y gratuita, ha registrado cien millones de consultas durante abril. Dice la RAE que este número representa un incremento de más de un 30 % en relación con meses anteriores, cuando todavía no imaginábamos lo que significaba estar confinados; nada menos que cuarenta millones de consultas más que en febrero. Parece que la cuarentena nos ha acercado al diccionario y los lexicógrafos tienen que responder a esta demanda. Ya no hay que esperar años para que una nueva edición le coja el paso a la lengua. Las actualizaciones en las ediciones digitales van, casi, al ritmo de la vida. Como cada jueves, se celebra en la sede madrileña de la Real Academia Española el pleno en el que se repasan las palabras y acepciones que van a entrar, o no, en el diccionario, con asistencia de académicos españoles y americanos. Así se viene haciendo desde 1713; y la crisis sanitaria no lo ha impedido. Desde hace semanas el pleno se celebra de forma virtual; incluso el tradicional del 23 de abril, en homenaje a Miguel de Cervantes, y el que cada año presiden los reyes de España. El método de trabajo se adapta, pero la tarea no se detiene.

De eso sí que sabemos los lexicógrafos. Las palabras de la pandemia piden paso. Hay que revisar las acepciones y las definiciones de las que ya están en el DLE (confinar, mascarilla, morgue); hay que analizar la posible incorporación de otras que no están y, desgraciadamente, se nos han hecho muy necesarias (coronavirus, cuarentenear, desescalada, desconfinamiento); y otras que ya utilizábamos, pero que ahora nos resultan imprescindibles (videollamada, videoconferencia). Ojalá que el neologismo covidianidad sea solo un ave de paso y nunca anide en nuestro diccionario.

16/6/2020

 

AJEDREZ Y PALABRAS

Ostento entre mis lectores a algún que otro ajedrecista. No sé si lo dará el juego del ajedrez, pero suelen hacer gala de propiedad en el hablar. Más de una vez me han replicado que no se dice ficha sino pieza. Les demostraré de lo que hablo. Si nos atenemos a lo que dice el Diccionario de la lengua española, la ficha es ‘generalmente plana y delgada’ mientras que la pieza es una ‘figura’. Si la propiedad en el hablar busca utilizar cada palabra con su sentido peculiar y exacto, bien vale el ejemplo. El paseo por el diccionario me reservaba, como siempre, alguna que otra sorpresa, como la de descubrir que las piezas del ajedrez pueden llamarse también trebejos, como cualquier humilde herramienta.

Al léxico particular de este juego le debemos un puñado de palabras hermosas. La superficie del damero o tablero está compuesta por sesenta y cuatro casillas que alternan el blanco y el negro. Cada una se denomina escaque, palabra que llegó al español a través del árabe y a este a través del pelvi, un dialecto persa. Entre las piezas, las más numerosas son los peones, palabra que en latín vulgar significaba ‘soldado de a pie’. Ocho peones negros y ocho blancos hay sobre un tablero. Entre las grandes está la torre, que siempre camina en línea recta y bien apegada al tablero, como le corresponde por su naturaleza; puede denominarse también con la palabra roque, préstamo que siguió la misma ruta lingüística desde el persa, donde significaba ‘carro de guerra’. Mi preferida siempre será la sonora alfil, ligera y sutil con su paso diagonal, pero poderosa, no en vano en pelvi, su lengua de origen, denominaba al elefante. Otras palabras del ajedrez han saltado del tablero a la vida cotidiana. Les propongo conocerlas la próxima semana.