Emilia Pereyra habla de su obra narrativa

Diálogo en la Fundación Erwin Walter Palm, 22 de julio de 2020.

Facebook Live: “La ciudad bajo palabra”

 

Palabras de Emilia Pereyra:

Buenas noches. Me da muchísimo gusto compartir estos momentos con ustedes y con el público que está siguiendo la transmisión. Y, bueno, cuando José me propuso el tema yo inmediatamente comencé a pensar en cómo yo en mi narrativa había utilizado la ciudad y me di cuenta de que realmente hay una relación muy profunda entre varias novelas mías y la ciudad. Voy a comenzar por una novela que se titula Cóctel con frenesí y es muy urbana, muy de Santo Domingo de finales del siglo pasado. Esta novela tiene como protagonista a, nada más y nada menos, a un personaje que se llama Burundi (bueno ahí está la portada de la novela). ¿Y quién es Burundi? Burundi es un hombre de la calle que se dedica a recoger cosas y entonces en la novela él va deambulando por Santo Domingo. El Santo Domingo de esa novela, el que se refleja es el Santo Domingo marginal. ¿Y por qué se me ocurrió escribir esta novela? Bueno, yo tuve la gran suerte de que cuando hacía reporterismo en El Siglo, recordarán ese gran diario dominicano, pude elaborar una serie de reportajes sobre los mendigos y la gente que vivía en la calle. Pues, fue un trabajo muy arduo de investigación, yo hablé con muchas de estas personas y vi muchos episodios dolorosos. Bueno, se publicaron los reportajes y durante varios años, yo me quedé pensando en ese tema y finalmente escribo la novela. La novela retrata mucho lo que era el Santo Domingo de esa etapa, ¿no?, y la vida de este hombre, que era un hombre que tenía que recoger en las basuras para comer y que transitaba continuamente, iba por los lugares más pobres, entiéndase el “mercado nuevo” —entre comillas—, las zonas como Guachupita y otros barrios muy pobres y le pasaban cosas. Pero también ese Burundi recorría El Conde, recorría el Malecón y recorría sectores ya mejores, ¿no?, que tenían un mayor desarrollo. En esta novela y a través de este personaje podemos percibir eso que ejercía la ciudad en este tipo de personas, porque Burundi no era el único personaje, es el personaje protagónico pero él coexistía con otros personajes. Entonces, esa violencia subyacente en la obra, en la realidad que se traduce en la obra, también, se refleja, pues yo creo que tiene un gran peso en la novela. La novela es profundamente urbana, vamos a encontrar el léxico de la ciudad, los olores de la ciudad y esas imágenes de esa parte tan marginal de la ciudad, que alguien pudiese decir “¿pero es costumbre recurrente que tengamos una ciudad que revele en diferentes aspectos ese gran descuido?”. Bueno, el abandono que hemos visto en la ciudad de Santo Domingo, el basural y todo eso, la acumulación de desperdicios, el mal manejo de los espacios, es algo muy viejo. Ya en la época de la Colonia tenemos, incluso, testimonios de viajeros que contaban que la ciudad de Santo Domingo era una ciudad sucia. Lamentablemente, todavía tenemos que decir eso. Pero también en la novela se ven los espacios, espacios amables, agradables como el Malecón, el mar, el sol, el olor de las aguas, pero también el olor de la putrefacción. En esta novela como pasa en otras novelas que se centran en retratar este espacio, pues, vamos a ver parte de la realidad, claro, tamizada por la mirada del autor o la autora. Esta novela ha sido también estudiada por académicos —no sé qué se está viendo aquí—, pero lo que quería poner es un estudio que elaboró una académica norteamericana sobre esta novela y sobre La estrategia de Chochueca, de Rita Indiana Hernández. Ella hace un enfoque sobre el tratamiento que se le da a la ciudad en estas dos narrativas. Aparte de esta novela donde, realmente, la ciudad tiene un peso muy grande; hay otra novela ya, que se refiere a otra etapa, es una novela histórica, me refiero a El grito del tambor, que es sobre la invasión de Francis Drake, donde también la ciudad de Santo Domingo de esa etapa, queda manifestada, se refleja, queda proyectada porque Drake se desplaza por varios lugares de la ciudad de Santo Domingo y en esta novela, pues, se puede percibir todo eso. Cuando yo me preparaba para trabajar esta novela histórica, para escribirla, recuerdo que me decía “pero tengo que tener muy claro cuáles son los sitios de Drake”, y yo identifiqué los sitios donde él había estado o tenía que haber estado y que teníamos testimonio de que realmente estuvo ahí, y una de las tareas que yo me puse antes de escribir fue recorrer los sitios de Francis Drake: yo me iba a la Ciudad Colonial los domingos en la mañana para estar y hacer paradas y detenerme en los sitios de Francis Drake, yo les llamo todavía “los sitios de Drake”. De modo que esa ciudad de esa época, esa Ciudad Colonial, que también tenía problemas de diversos tipos están reflejados en esa novela. Yo creo que el espacio urbano es fundamental a la hora de escribir, no solamente porque nos da un marco que es clave para narrar, sino porque a través de esa narrativa nosotros podemos transmitir imágenes, pero transmitir también parte de la realidad, de lo que ha sido, aunque no hayamos vivido exactamente esos momentos, como me pasó a mí al tratar de enfocar lo que fue la ciudad cuando se produjo la invasión de Francis Drake. Y luego también tengo otra novela, que es la segunda novela que yo publiqué, que se titula Cenizas del querer, que se desarrolla, básicamente, en Azua de Compostela, mi ciudad natal. Entonces, en esa novela yo trabajo con mis recuerdos de la infancia y de la adolescencia, ¿no?, y ahí está reflejada Azua de ese tiempo, la ciudad de ese tiempo; pero también hay episodios de Baní, porque la protagonista se desplaza a Baní y, bueno, recorre lugares de Baní y se transmite toda la impresión que le causaba esa provincia cercana a Azua, digamos que es muy distints y se puede notar ahí lo que es el ambiente de Santo Domingo, por ejemplo, al que podía ser, en esa época, el de Baní o el de Azua. Las personas que trabajamos con narrativa, que creamos cuentos, que creamos novelas, aun cuando no lo hagamos conscientemente, estamos poniéndole mucha atención a la ciudad: su paisaje, me refiero a las calles, las edificaciones, las casas, pero también esa atmósfera que está presente siempre en la ciudad y que vamos captando en el diario vivir y que en un momento determinado, pues, nos va a salir en un cuento, en un poema o nos va a salir en cualquier otro texto, como en este caso en las novelas.

Bueno, yo creo que lo que se pudo lograr, en el caso de Cóctel con frenesí, que es una novela mucho más reciente, fue bastante interesante porque la lectura de esa situación que vivía Burundi y de su desplazamiento por la ciudad de Santo Domingo, sobre todo por los sectores marginales, fue lo que provocó que unos editores noruegos se interesaran por la novela. Y recuerdo que me pidieron que los llevara a los lugares por donde había estado Burundi y uno de los lugares que elegí fue, justamente, el Mercado Nuevo y cuando los llevé ellos estaban aterrados porque, ¡imagínense, un noruego en el Mercado Nuevo!, es una cosa, realmente, que espantaría a cualquiera y no entendían cómo yo me podía desplazar con tanta normalidad en medio del caos que hay y que en ese momento había en el Mercado Nuevo. Y yo les decía “no pasa nada, podemos interactuar con los vendedores, con las personas que están entre la basura, y no va a pasar nada”. Y, efectivamente, hicimos el recorrido por los lugares de Burundi hasta llegar al Malecón, que es donde Burundi se suicida, al final de la novela. Y pudieron comprender un poco más de la ciudad de Santo Domingo. Para mí fue una gran experiencia trabajar el tema urbano, especialmente con esta novela y creo que a partir de entonces pues siempre le he puesto una mayor atención a la ciudad, es un gran motivo literario y, además, nos permite dejar para la posteridad estampas, imágenes, historias, sobre lo que es nuestra ciudad o nuestro país, o parte de nuestro país, en una temporada X, ¿no? O sea que tiene un gran valor más allá de lo que nos pueda contar el periodismo, más allá de lo que nos pueda decir la historia, más allá de lo que pueda decir la poesía. Creo que es muy importante lo que tenga que decir la narrativa sobre la ciudad y cómo influye en los personajes.

No sé si tienen alguna pregunta.

—José Enrique Delmonte: ¿Nosotros hemos tenido en la literatura dominicana un Macondo o un Yoknapatawpha creados por algunos de los escritores o si todavía nosotros estamos basándonos en la narrativa en ciudades concretas, es decir, en Santo Domingo, en Azua, Baní, en Santiago? También está Comala.

—Emilia Pereyra: Yo creo que Macondo es una referencia en la literatura, extraordinaria, Comala y todo eso, pero realmente nosotros no hemos hecho nada parecido. Efectivamente, hemos trabajado con los espacios de una manera muy específica. Quizás queda pendiente en la literatura dominicana el poder construir un lugar imaginario con la suficiente carga cultural y emocional, dominicana, que pueda ser consumido como propio por nuestra gente, por nosotros mismos, que podamos identificarlo como podemos, por ejemplo, captar lo que es Macondo a través de la narrativa que hace Gabriel García Márquez. Se habla mucho de la literatura dominicana relativa a Trujillo y escucho, incluso, algunas quejas de que hay quienes dicen que se ha escrito mucho sobre Trujillo y es verdad que se ha escrito mucho sobre Trujillo, pero creo que todavía se va a seguir escribiendo porque hay muchos aspectos de la dictadura que todavía no se han tratado y que son interesantes y que son, incluso, colaterales a la dictadura y que reflejan lo que fue ese mundo y el impacto que tuvo en la vida dominicana e, incluso, en el exterior. Y también hemos tenido en muchas de esas narrativas de la época de Trujillo, pues, referencia a lo que era el ambiente del momento, a las ciudades de esa etapa, pero también algo que es muy interesante: a la atmósfera que se vivía. Y yo quiero insistir mucho en la atmósfera porque creo que cuando un autor o una autora tiene la capacidad de transmitir y conmover, reconstruyendo la atmósfera a través del manejo de las emociones, pues, logra algo, realmente, extraordinario. De modo que hay que ver qué va a pasar porque tenemos generaciones de narradores y poetas coexistiendo en este momento que vienen de diferentes años, ¿no?, y, por tanto, sus experiencias sus expectativas son totalmente distintas, y creo que esto enriquece mucho la literatura. También tenemos que tomar en cuenta, porque creo que el Realismo Mágico en un gran referente literario para todos y de alguna manera no nos desprendemos todavía del impacto que causó el Realismo Mágico, pero también tenemos que entender que ya el Realismo Mágico cumplió una etapa que fue importantísima para la literatura, que disfrutamos también, pero que ahora toca trabajar desde otros ángulos, yo creo que eso es lo que se está explorando, ¿no? Que sea mejor o peor, no lo sé, eso se va a descartar con el tiempo, creo que hay que esperar para hacer esos juicios, ¿no? O sea, ahora podemos ir explorando, viendo a ver qué está pasando, cómo se está manejando las narrativas, los autores, cuáles son las claves que están manejando. Eso es parte de la experiencia.

Participación de Emilia Pereyra en la tertulia:

—José Enrique Delmonte: Emilia, ¿tus espacios son en Santo Domingo o tus espacios son de tu ciudad natal en el Sur? ¿Cuáles son tus espacios preferidos para narrar?

—Emilia Pereyra: Bueno, salvo Cenizas del querer, que es mi novela azuana, mis espacios son, básicamente, urbanos de Santo Domingo, pero también yo exploro espacios internacionales. Por ejemplo, en la novela ¡Oh, Dios!, que se desarrolla en diversas capitales y en diversos lugares, yo ahí me empleo en narrar acontecimientos que suceden en diferentes lugares. O sea, yo no tengo un espacio preferido como algunos escritores que hacen de un territorio su espacio de creación. Yo en eso varío mucho, porque me interesan muchos temas. A mí me interesa, por ejemplo, el tema histórico, y lo he trabajado y lo sigo trabajando, porque tengo novela histórica y ahora mismo estoy trabajando una novela histórica. Pero también me encanta el espacio citadino, me encanta trabajar con el tema contemporáneo y lo hago, y tengo obra sobre los temas contemporáneos, tengo cuentos. O sea que no tengo un espacio preferido, a mí lo que tiene que ocurrir es que el tema me desafíe, que me enamore, que conquiste, ya sea del pasado o ya sea del presente.

—Marcos A. Blonda: Tu primera novela El crimen verde, que fue aquel famoso, que ya nadie recuerda, asesinato del griego, que vivía de aquel lado, ¿verdad? De origen griego pero el tipo vivía en Invivienda por esa zona de por ahí.

—Emilia Pereyra: Sí. Esa novela es urbana también y se desarrolla en Santo Domingo. Es una novela negra, y se desarrolla básicamente en Santo Domingo, o sea que yo me muevo con diferentes temas, lo importante es que el tema me desafíe, que yo sienta en un momento determinado que ese tema es mío, que me pertenece y yo me apropio de él y entonces comienzo a trabajarlo. A propósito de esas torres y de los mall que hablaban, esa paisajística urbana, que todavía no la percibimos en la narrativa, pues yo creo que está pendiente, señores, porque tenemos zonas que se han transformado totalmente con las torres de lujo, y ese es otro Santo Domingo, con otra forma de vida…

—Marcos A. Blonda: Aparecen en algunos cuentos de Armando Almánzar, en los cuentos de El capitán Cardona, suelen aparecer

—Emilia Pereyra: Pero me refiero a la vida de ahora en esos ambientes, ¿entiende?, porque hay una dinámica que va cambiando de una manera extraordinaria y la vida de la gente en esos edificios altos no es la misma de hace diez años ni de hace ocho. O sea, hay una sofisticación en la forma de vida de unos sectores del país que, bueno, tendrán en su momento que ser reflejados también en la literatura. Yo creo que tenemos que dar testimonio, ¿no?

—José Enrique Delmonte: Si tuvieras que irte definitivamente para no volver a Santo Domingo ¿Qué te llevarías de la ciudad en tu imaginario?

—Emilia Pereyra: Yo me llevaría la memoria de la Ciudad Colonial que yo amo mucho. Para mí tiene una gran carga emocional y luego toda esa memoria acumulada para mí es algo extraordinario, yo disfruto mucho recorrer la Ciudad Colonial cada vez que puedo.

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