No es un rulo – pinche – instaurar

NO ES UN RULO

Esta frase es una más de las tantas que no tienen explicación en el español dominicano. Sería interesante poder encontrar la razón por la cual implicaron al rulo en esta frase.

Por lo general las frases que expresan algo en el lenguaje coloquial tienen un motivo que da pie a que la frase adquiera sentido por sí misma.

Este rulo es de la familia de las musáceas, primo (¿?) del plátano y el guineo. ¿Por qué eligieron al rulo y no a otro de sus familiares para formar esta frase del español dominicano?

La teoría que puede avanzarse para esto de “no ser un rulo” es que el rulo es más blando que el plátano. Al expresar que una cosa no es fácil (blanda) se hace mediante el nombre de la musácea, el rulo, que se conoce por ser más suave que el plátano.

Esta expresión casi no se oye en la calle como en otros tiempos. Cada vez los hablantes del español dominicano se hacen más cosmopolitas y recurren a otros símiles para dar colorido y sazón a su mensaje oral. Hay que destacar que la frase se utiliza solamente en tercera persona del verbo ser en singular. Casi siempre se refiere a situaciones o circunstancias. Con menos frecuencia se emplea referido a personas.

Con este rulo hay que observar cautela frente a extranjeros, porque para muchas personas que no sean hablantes del español dominicano comenzarán por no entender qué cosa busca un rulo en este contexto.

Para muchos hablantes del español el rulo es el rizador de pelo de forma cilíndrica hueco y perforado que utilizan las mujeres para dar forma a la cabellera.

Se piensa que esta locución es puramente dominicana. Los hablantes de español dominicano deben sentirse orgullosos de usarla con carácter de exclusividad.

 

PINCHE       

“. . .y culparán al embargo de los “PINCHES” yanquis de la aparatosa disfuncionalidad social que ocurre al doblar de la esquina de sus cómodos refugios turísticos”.

Tratar el tema de la palabra pinche trae recuerdos de juventud, de vida de estudiante en París, de los años sesenta del siglo pasado. Allí se entabló buena amistad con un mexicano a quien cariñosamente se llamaba “pinche tíguere”. El sobrenombre duró en público hasta que él pidió que se abandonara. No cabe duda, es un vocablo que trae recuerdos.

Esta voz es polivalente. En su sentido general refiere al ayudante del cocinero. De ahí en adelante el sentido en que se tome la palabra dependerá de la nacionalidad del hablante o, en su defecto, de la intención de este en el contexto.

Conforme con lo que se acaba de exponer, se hace necesario revisar los significados del término en cuestión en sus acepciones americanas e internacionales.

De acuerdo con lo que consigna el DILE, Diccionario de la lengua española, antes conocido por DRAE, en El Salvador, Costa Rica y Nicaragua significa ‘tacaño, miserable’. La otra significación, va precedida en el DILE de las advertencias “despectivo, malsonante”, y asienta ese diccionario que en México equivale a ‘ruin, despreciable’.

Para dilucidar el primer sentido de la voz, se recurre al Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua. Allí la primera acepción, referida a alguien es “querido, estimado”. En el ámbito internacional esa academia entiende que referido a persona es “despreciable, ruin”, tal y como lo expresa el DILE antes citado.

Como es de esperarse las acepciones no terminan allí, pues más adelante el Diccionario de mexicanismos añade que referido a algo es ‘de mala calidad o en mal estado’. El último significado en ese diccionario, referido a cosa o persona,  es ‘insignificante, baladí’.

Con esta voz sucede lo que ocurre con las voces que se emplean en muchas diferentes situaciones. Por el gran uso que posee, los hablantes la abusan y en consecuencia le imprimen nuevos sentidos. Ese no es un fenómeno raro en las lenguas. De esta práctica se deriva que algunas palabras puedan tener dos significados opuestos.

El Diccionario del español usual en México, de El Colegio de México, tilda la palabra en cuestión de grosera: ‘Que es despreciable, mezquino, de mala calidad, de mal gusto’.

Según el criterio de quien estos comentarios escribe, el término salió al habla común desde México. El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias cita a México como país en el cual se utiliza el vocablo de cinco maneras diferentes. Esto debe aceptarse como un testimonio de la multiplicidad de empleo en ese país.

 

INSTAURAR

“G. y su esposa, J. INSTAURARON una demanda por. . .”

Resulta extraño que se utilice el verbo instaurar en un caso como el de la frase transcrita, en que lo que se hace es que se “lanza” una demanda. La demanda de la que se comenta en el texto copiado es la que se presenta ante las autoridades competentes o, por lo menos, las que se consideran pertinentes.

Primero se analizará lo que el verbo instaurar significa en la realidad del español general. Más adelante se verán los significados del verbo en América. Luego se propondrán algunos vocablos que se consideran más adecuados en el contexto.

Instaurar vale para expresar crear, establecer, iniciar una institución, una ley o una costumbre, un sentimiento; es decir, régimen o uso. Es volver un uso general o común. En el primer sentido es sinónimo de instituir, fundar, erigir.

En el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la lengua española, figura el verbo instaurar como ‘llevar a cabo los primeros trámites de un proceso, pleito, expediente o alguna otra actuación oficial’. Los países en los cuales se utiliza este verbo para estos procedimientos son República Dominicana, Colombia, Bolivia y Paraguay.

Para quien escribe estas notas acerca del idioma, encontrar en esta enumeración a la República Dominicana es una sorpresa, pues no recuerda haber oído este uso ni haber leído este verbo en funciones de verbo transitivo en casos similares. Dicho sea de paso, en el Diccionario del español dominicano no se encuentra el verbo con este significado.

No hay que lamentarse de esta inclusión porque es posible que haya una que otra utilización esporádica del verbo con este valor. Si eso sucede es como una extensión por reflejo del sustantivo “instancia”, que es una solicitud escrita o impresa que se hace a una autoridad. Ha de tenerse en cuenta que esta es una explicación que se postula para este uso.

Uno de los verbos que pudo comunicar la intención del redactor es el verbo “iniciar” que es sinónimo de instaurar cuando se comienza una institución, por ejemplo. Otros verbos que desempeñarían muy bien su función serían incoar, emprender, entablar, interponer, formular, plantear, poner, presentar, promover.

No es un fenómeno raro en las lenguas que los verbos que se usaron en un principio para un empleo restringido adquieran mayor campo semántico y extiendan su cobertura a otras situaciones ajenas a las originales.

© 2015 Roberto E. Guzmán

 

Matanismo – tutumposidad – plagado de (plagado *por) – grafitero – inclusividad

MATATANISMO – TUTUMPOSIDAD

Esta sección es una ocasión para celebrar. Las dos voces que constan en el título de esta sección pertenecen por su doble origen al español dominicano.

En el habla dominicana puede decirse que las dos veces antes mencionadas están formadas de acuerdo con las reglas y usos del idioma dominicano.

Las dos palabras se tomaron de un artículo publicado en un periódico digital dominicano. Además de la satisfacción que se experimenta al observar la capacidad de creatividad de algunos escritores dominicanos, hay que advertir enseguida que los lectores ajenos al habla dominicana tendrán dificultad en descifrar el significado de estos vocablos.

El primer vocablo deriva de “matatán”, que conforme con lo que asienta el Diccionario del español dominicano, es ‘persona considerada superior por tener una cualidad en su máximo grado’. Es un sustantivo que tiene un femenino para que se utilice en el caso de que el sujeto sea una mujer.

Al matatán en el término del título le añadieron el sufijo componente de palabra –ismo para formar el resultado “matatanismo”. Esta terminación se utiliza en el español corriente, añadido a los nombres, para indicar doctrina, partido, sistema, característica.

En el escrito del cual se han extractado ambos dominicanismos modificados, se utilizan las dos como “particularidades” de una persona. Estas particularidades hay que tomarlas como rasgos de la personalidad que adornan.

En muchos casos el vocablo matatán se aplica a manera de burla, pues como lleva en sí lo de “persona considerada superior” sucede que a veces únicamente el sujeto del “mote”, pues en este caso se usa de este modo, es quien se cree sujeto de esos atributos de superioridad.

La otra palabra del título “tutumposidad”, deriva del dominicanismo tutumpote, que ya fue incorporado por la Real Academia de la Lengua al nuevo Diccionario de la lengua española (DILE). En ese lexicón tutumpote es nombre que se utiliza de modo despectivo o irónico para significar mandamás en tanto ‘persona que desempeña una función de mando’.

El Diccionario del español dominicano tiene el espacio necesario y la intención de ser más preciso para cubrir todas las cualidades del tutumpote, por eso a lo ya transcrito añade, ‘o que ostenta demasiada autoridad, personaje rico, poderoso, influyente’.

Ahora bien, para volver a la “tutumposidad”, ha de tomárselo como un modo de actuar o conducta que destaca la ostentación de autoridad, de poder, de influencia que corresponde al tutumpote. En esta formación hay que destacar que trae a la memoria del lector la palabra pomposidad con la cual se piensa que ha contraído deuda por partida doble. Tomando la terminación y aprovechando la semejanza de sentido.

PLAGADO DE – PLAGADO *POR

“La normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos es, por supuesto, un proceso complicado y PLAGADO POR peligros que podría en cualquier momento venirse abajo”.

De nuevo hay que lidiar con la ignorancia con respecto de la preposición que debe acompañar un adjetivo. En esta ocasión como puede leerse en el pasaje reproducido más arriba, se trata del participio adjetivo del verbo plagar.

La dificultad que se presenta con las preposiciones es que no existe una regla que indique sin excepciones cuáles son las que deben acompañar los verbos. Por desventura el uso correcto de estas se adquiere con la lectura de textos producidos por plumas respetadas, de buena redacción, con buena construcción.

La buena costumbre de leer las cumbres de la literatura española es la que nutre con buena savia el empleo correcto de las preposiciones en todas las situaciones en que estas se presentan. Después de plagado, a solamente se admite la preposición DE. De acuerdo con el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española de Manuel Seco, la construcción con el verbo plagar es con esa preposición antes mencionada. El Diccionario combinatorio práctico del español contemporáneo de SM, indica que con el verbo plagarse(se) la preposición que debe seguir es DE. Añade además ese diccionario que ‘se construye generalmente con sustantivos no contables en singular (plagado de basura) o con contables en plural (plagado de insectos)’.

No se citan más fuentes para no alargar inútilmente la sección.

GRAFITERO

“D. R. G., GRAFITERO que era conocido con el sobrenombre de “Demz”, murió el martes por la noche tras ser atropellado por un auto patrullero sin insignias. . .”

Esta voz del título es nueva en el léxico del español, sobre todo cuando se piensa que grafiti acaba de hacer su entrada al lexicón mayor de la lengua reconocida. Consta en el DILE, Diccionario de la lengua española, antes conocido con el nombre de DRAE.

Las academias de la lengua reconocen la deuda que tiene el español con el italiano, con respecto de grafiti, lengua de la cual se ha tomado prestado el vocablo. En la versión española, se asienta que es el plural de graffito, por lo que en italiano tienen ambas voces, singular y plural, dos efes /f/ en su grafía.

Lo que han hecho los académicos de la lengua es consignar una realidad. Según el diccionario recién mencionado, es: ‘Firma, texto o composición pictórica realizados generalmente sin autorización en lugares públicos, sobre una pared u otra superficie resistente’. Como puede observarse, la definición no ha dejado fuera ninguna de las representaciones del grafiti.

En el ejemplo de utilización de la voz del título, lo que se encuentra es “grafitero”, que está reconocido ya, y es la forma como se llama a la persona que hace grafiti. No es raro que el agente que realiza la acción se denomine en español con la terminación -ero añadida al nombre de lo que se hace después de eliminar una vocal, como en este caso.

Ha de mencionarse que existe una diferencia entre lo que se encuentra redactado en los avances en línea del diccionario de las autoridades, y, lo que se mentó antes que se encuentra en la versión publicada sobre papel. En la edición en línea, debajo de grafito, que es el envío de grafiti, se lee: ‘Letrero o dibujo circunstanciales, de estética peculiar, realizados con aerosoles sobre una pared u otra superficie resistente’. Esta acepción de grafito no fue posible encontrarla en el texto en papel.

En italiano además de las dos palabras mencionadas antes, también tienen graffitismo, que es el arte de crear grafitti, y graffitista, que es al autor del graffiti. Ambas palabras se utilizaron en el año 1983 en un famoso periódico italiano.

INCLUSIVIDAD

“Como organizador, he tratado de que la INCLUSIVIDAD y la calidad vayan de la mano. . .”

En el inglés de los Estados Unidos hay muchas palabras que según parece los hablantes y escribientes de español echan de menos en nuestra lengua española.

Algunos inconformes no se contentan con la pasividad, sino que añaden nuevas voces al español que les es conocido. Con la intención, quizá, de poner al día la lengua común.

Un caso como el que se relata en el párrafo anterior es el que ocurre en la cita. Es necesario examinar la creación del neologismo, así como el origen de la necesidad del vocablo.

Como *inclusividad no aparece en ninguno de los diccionarios que se han consultado, se procederá a tratar de encontrar explicación y definición para esto que se presenta con la apariencia de sustantivo.

Para esta voz del título todo indica que se la utiliza con la intención de significar “de amplia orientación o alcance”. En el contexto lo que se ha propuesto como definición no le confiere el mejor sentido a lo copiado. Esta acepción se creó tomando como modelo la del inglés inclusiveness.

En las ocasiones en que se ha oído utilizar vocablos similares a la voz del título, se las ha tomado en el sentido de “amplia aceptación”, con ánimo de “aceptarlos todos”, para señalar que no es exclusivista.

El exclusivista, a su vez, es el que se obstina en una adhesión a una persona, cosa o idea sin prestar atención a las demás que deben ser tenidas en cuenta. Este *inclusivista tendría el carácter de no dejar fuera a personas o ideas.

Mientras la voz no logre el reconocimiento que le otorga el uso, el tiempo y las buenas plumas, lo que se recomienda es no usarla.

© 2015 Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

Los signos de exclamación

Los signos de exclamación, antes llamados signos de admiración, son dos: el de apertura (¡), o principio de exclamación, y el de cierre (!) o fin de exclamación. Se desconoce a ciencia cierta el origen de estos dos signos, pero se cree que derivan de las dos letras de la palabra latina Io, que significa ‘alegría’: los humanistas italianos del siglo XIV las colocaron una encima de la otra, alternativamente. Con el tiempo la I y la o se fueron estilizando hasta convertirse en los signos actuales: ¡ y !. En 1630 el ortógrafo español González Correa, autor de la Ortografía kastellana nueva i pefeta, describió el signo de esta manera:

...[E]s una línea derecha sobre un punto, komo una i buelta para abajo: y sirve para señalar, kuando nos admiramos. Xesús, ke gran mal!

Gómez Correa fue un hombre muy avanzado para su época: lo delata su novedosa ortografía (komo, buelta) que aún hoy en día tiene sus seguidores. Su invitación al uso del signo de exclamación fue también novedosa y… prematura. Tuvo que esperarse casi un siglo para que la costumbre de la época —el doble empleo del signo de interrogación (?) tanto en preguntas como en exclamaciones— diera paso a la diferenciación del signo de interrogación y exclamación.

Respecto de la denominación del signo, las Academias de la Lengua usaron la expresión signos de admiración hasta el 1999, año en que la Ortografía de la lengua española adoptó el término actual de signos de exclamación. Se le reprochaba a la denominación anterior (signos de admiración) el indicar solo uno de todo un abanico de sentimientos posibles: alegría, júbilo, sorpresa, asombro, ruego, deseo, súplica, pena, compasión, dolor, orden, afirmación enfática, advertencia, insulto, reproche, indignación. El vocablo exclamación, en cambio, significa ‘grito o frase en que se refleja una emoción, sea de alegría, pena, indignación, cólera, asombro o cualquier otro afecto’, lo cual se ajusta perfectamente al uso que se le da a este signo de puntuación.

Para algunos lingüistas, los signos de exclamación no son propiamente signos de puntuación, sino signos de entonación, pues no sirven para marcar la estructura lógica del texto —como ocurre con la coma, el punto, el punto y coma, etc.—, sino, más bien, para indicar la modalidad del discurso cuando este difiere del mero enunciado. La norma académica, sin embargo, incluye expresamente entre las funciones de los signos de puntuación la de indicar la modalidad de los enunciados, y considera, por tanto, que los signos de exclamación son signos de puntuación.

El signo de apertura (¡)

El signo de apertura o principio de exclamación (¡) se emplea en el español desde el siglo XVIII. En 1754, la Real Academia Española recomendó su uso en la segunda edición de la Ortografía. El español tiene la peculiaridad de ser el único idioma que lo utiliza. Salvo en un caso particular que indicaremos más adelante, el uso del signo de apertura es hoy obligatorio en la escritura de oraciones o frases exclamativas en nuestro idioma.

Esta particularidad tiene su explicación: en español, a diferencia de otras lenguas, una misma frase u oración puede perfectamente variar de modalidad (entre enunciativa, interrogativa y exclamativa) solo por el cambio del tono o inflexión con la que se dice:

Fuiste ese día al Palacio de Justicia a defender al ladrón ese que apodaban Al Capone.
¡Fuiste ese día al Palacio de Justicia a defender al ladrón ese que llamaban Al Capone!
¿Fuiste ese día al Palacio de Justicia a defender al ladrón ese que llamaban Al Capone?

Ese fue el hombre que hace unos días vio saliendo de la casa con una pistola en la mano.
¡Ese fue el hombre que hace unos días vio saliendo de la casa con una pistola en la mano!
¿Ese fue el hombre que hace unos

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días vio saliendo de la casa con una pistola en la mano?

De manera que, de no colocarse el signo de apertura, sería imposible anticipar en la lectura la naturaleza enunciativa, interrogativa o exclamativa de la oración, lo cual causaría trastornos en la entonación (para el caso de la lectura en voz alta) o dificultades en la comprensión (para el caso de la lectura silente).

Por otro lado, el hecho de que los avances tecnológicos nacen, por lo general, fuera del mundo hispanohablante ha creado problemas prácticos en el uso del signo de apertura. Los teclados estándar de las computadoras, por ejemplo, no incluyen una tecla para el signo ¡, el cual, por demás, se encuentra ausente del sistema de caracteres ASCII (American Standard Code for Information Interchange) usado por casi todos los sistemas informáticos actuales. Por esa razón, en la República Dominicana se omite frecuentemente el signo de apertura en los escritos, especialmente en anuncios y textos informales, práctica que es incorrecta pese a su amplia difusión.

Usos de los signos de exclamación

Los signos de exclamación son de los que menos usados en el lenguaje jurídico. Es total su ausencia en las normas jurídicas y en las decisiones judiciales, en razón de la naturaleza de estos textos. Solo se nota su empleo en los escritos forenses de los abogados, a veces con cierto exceso.

La función de los signos de exclamación es enmarcar o delimitar las expresiones exclamativas, expresadas ya sea en oraciones (¡No vengas mañana!), frases (¡Dios mío!, ¡Qué belleza!) o palabras solas (¡Ja!, ¡Socorro!, ¡Asesino!). Como se ha indicado, el término exclamación tiene un amplísimo ámbito que comprende desde expresiones de júbilo o alegría hasta mues
tras de cólera e indignación.

El signo de apertura debe colocarse justamente donde comienza la exclamación, aunque no coincida con el comienzo de la oración: Si ganamos, ¡vamos a brindar con champán!

Cuando se dan varias exclamaciones seguidas, cada una puede considerarse como un enunciado independiente o, si son breves e íntimamente relacionadas, como parte de un mismo enunciado. En el primer caso, cada exclamación comenzará con mayúscula: ¡Que hay audiencia para hoy! ¡C…! ¡No me dijiste nada ayer!… ¡Busca la toga y vámosno! En el segundo, se escriben con minúsculas, salvo la primera, y se separan con coma o punto y coma: ¡Vaya!, ¡qué bien!

El signo de cierre se emplea por sí solo entre paréntesis (!) para expresar asombro, sorpresa o ironía: Dijo que necesitaba cinco minutos y habló por más de media hora (!).

Es común en textos informales o con gran carga expresiva el empleo de dos, tres y más signos de exclamación para dar mayor énfasis a la exclamación: ¡¡¡Ladronazo!!! La cantidad de signos puede utilizarse para modular el grado de expresividad de dos o más exclamaciones consecutivas: ¡¡Carajo!! ¡Pedazo de m…! ¡¡¡Lárgate ya!!!

Hay oraciones que son exclamativas e interrogativas a la vez. En ese caso, pueden combinarse de tres maneras distintas los signos de exclamación con los signos de interrogación (¿?) y así expresar el carácter dual de la oración:

a) Abriendo con el signo de exclamación y cerrando con el de interrogación: ¡Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia?

b) Abriendo con el signo de interrogación y cerrando con el de exclamación: ¿Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia!

c) Abriendo y cerrando con los dos signos a la vez: ¡¿Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia?!; ¿¡Tumbó al abogado de un pescozón en plena audiencia!?

Estas últimas dos formas son las preferidas por la norma académica.

© 2015 Fabio J. Guzmán Ariza

Estar(algo/alguien) piedra – acercamiento – participar

ESTAR (ALGO / ALGUIEN) PIEDRA

En los diccionarios de habla dominicana que se han consultado no se ha encontrado rastro alguno de esta locución. Precisamente por eso se la trae a estos estudios.

Esta combinación se utiliza(ba) en República Dominicana, sobre todo en el ámbito estudiantil. La palabra piedra se la toma como sinónima de “duro, fuerte, difícil, complicado; exigente, inflexible, estricto”.

Algunos ejemplos con sus explicaciones ayudarán a quienes no conocen el uso de esta frase para entender las situaciones en las cuales el hablante del español dominicano se sirve de ella. “El examen está piedra”. Aquí se adopta la frase por difícil. “El profesor está piedra”. Con esto se indica que está exigente, que está inflexible.

El otro aspecto de la frase es cuando el hablante la utiliza para hablar de su habilidad, capacidad u otra cualidad. En hipótesis como estas la frase adquiere otro matiz. Un ejemplo servirá para que se la entienda mejor. “Estoy piedra en literatura”. Con ello resalta el hablante que está bien preparado, que conoce la materia.

No hay que extrañarse de que la locución emplee el vocablo piedra para tipificar lo que resulta duro, difícil, etc. La mayoría de las locuciones provienen de la masa popular de hablantes de las lenguas y es una constante que utilicen términos comunes y conocidos por todos los hablantes. Una palabra como piedra representa muy bien la idea que se transmite por medio de esta locución.

Si la frase no ha trascendido al habla general o no permanece en esta a través del tiempo, esto se debe a que las frases originadas entre los jóvenes se caracterizan por su corta vida. Los jóvenes son muy dados a crear con frecuencia frase nuevas que reemplazan las viejas.

 

ACERCAMIENTO 

“B. tiene un ACERCAMIENTO diferente en Mount Sinai. Luego del cuidado de la herida y de limpiarla, utiliza casi exclusivamente la cirugía de. . .”

Desde hace unos años hasta esta fecha, se ha notado en el español oral y escrito el uso del verbo acercar y su sustantivo correspondiente de un modo abusivo. Abusivo se ha escrito porque quienes lo utilizan lo hacen ensanchando el campo semántico de la palabra.

Este empleo se originó en el español de los Estados Unidos y de allí ha pasado a ser utilizado en otros países. Aparece con frecuencia en trabajos científicos y en artículos literarios. Como ocurre en casos similares al que se indica en esta sección, esta utilización ocasiona un arrinconamiento de otras palabras de solera del rancio español.

Se estudiará más abajo lo que “acercamiento” significa en español general. Se examinará lo que la voz semejante del inglés quiere decir y dice para, al final, concluir con soluciones.

En el español general el verbo acercar significa ‘aproximar, poner una cosa cerca en el tiempo o en el espacio’. Lo que los dominicanos de antaño para el espacio llamaban “arrimar”.

De esa noción señalada a la que se encuentra en la cita media gran distancia. En el español actual se acepta que el verbo tenga una acepción figurada.

En algunas circunstancias el verbo acercar equivale a “poner algo al alcance de alguien”. Puede en algunas ocasiones significar “poner de acuerdo”.

Cabe que uno se pregunte, ¿de dónde sale este acercamiento? No hay que devanarse las meninges. Es una mala interpretación de una voz del inglés que se parece a otra del español.

El infeliz desenlace obedece al parecido que existe entre el acercamiento del español y el approach del inglés. La voz del inglés tiene muchas traducciones afortunadas en español.

Entre las posibilidades de llevar al español la voz del inglés se promueve “enfoque” en un caso como el de la cita. Este enfoque equivale al “método” con que un profesional trata un problema. Esa conducta que el profesional de la medicina observa es el “criterio” con el cual un médico enfrenta un trastorno de salud. Ese modo de tratar la enfermedad es una “solución” que el médico encamina. En otras palabras, forma parte de las “propuestas” que el médico avanza en el tratamiento.

Por las soluciones propuestas al desliz de las traductoras, se deducirá que hay muchas posibilidades de describir el tratamiento que el médico adoptará.

 

PARTICIPAR

“Este mes varios opositores y activistas cubanos estuvieron en Polonia, PARTICIPANDO DE seminarios y reuniones con líderes de la transición. . .”

Antes de entrar en la esencia del asunto, vale la pena que se escriban algunas palabras acerca de las preposiciones para de esa manera crear mayor conciencia con respecto de estas. El propósito con ello es que se las considere con mayor respeto.

Las preposiciones tienen la gracia de ser un instrumento sutil que, a pesar de ser un elemento de relación entre términos, desempeñan funciones traslaticias, así como de posibilidades combinatorias. La preposición puede contribuir a determinar el significado fundamental al enlazar los elementos en un determinado contexto.

En la cita que ilustra el uso abusivo y deficiente de la preposición DE, el error cae en el plano del sentido. Esto es, con el verbo participar la elección de la preposición DE confiere un sentido que no es el que debe primar en un texto como el que se comenta.

Como se destacará por medio de este comentario, la función de la partícula DE no es solo de praepositio, porque de su elección depende que se confiera un sentido diferente a las demás palabras enlazadas gracias a su función. Sin entrar en lucubraciones teóricas puede afirmarse con Saussure que “el indoeuropeo no conocía preposiciones: las relaciones que indican las preposiciones se expresaban por medio de los casos, muy numerosos y dotados de gran fuerza significativa”.

Se traen estas palabras del maestro ginebrino para reforzar lo antes expuesto y para que se entienda la labor que han asumido las preposiciones en lenguas como el español. No se pretende aquí teorizar sobre las preposiciones. Solo se trata de destacar el respeto que merecen estas cortas palabras para que se las trate con mayor cuidado.

Participar EN es ‘ser de los hacen, disfrutan o padecen cierta cosa que se expresa’. Por aquello de ‘ser (alguien) uno de los que realizan (algo compl EN) que se hace entre varios’. Participar DE es ‘recibir una parte de algo que se reparte’.

En lo concerniente a la cita, se limita a estos casos, porque existen otros en los cuales pueden las dos preposiciones traer significaciones muy diferentes, pero sin relación alguna con el sentido de la frase copiada.

Cuando se utiliza el verbo participar ‘referido a una actividad es tener o tomar parte EN ella’. Cuando ese verbo es ‘referido a un todo, es, recibir una parte de él’. Diccionario de uso del español actual, de Clave (2012).

En resumidas cuentas, hay que ocuparse y emplear las preposiciones y las conjunciones con más grande respeto. A pesar de ser partículas pequeñas en la oración, la proporción de su tamaño no guarda relación con su labor en el mensaje.

© 2015 Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

 

 

Caracoleado – versionar – pistolero

CARACOLEADO

Se ha investigado en todos los diccionarios al alcance de la mano y de la Internet para dar con documentación pertinente al adjetivo que consta en masculino en el título.

La búsqueda se inició no para dar con el sentido de la voz, sino con la intención de comprobar si se la conoce en otros países, además de la República Dominicana, con un sentido que escapa a su esencia.

En la formación de este adjetivo la primera parte la ofrece el sustantivo caracol. Ha de tenerse en cuenta que en español existe, además, el verbo caracolear. Este verbo intransitivo pertenece al primer grupo de conjugación y su campo de acción se limita a la equitación.

Caracoleado se ha formado sobre el infinitivo del verbo, eliminando la terminación verbal -ar y añadiéndole el sufijo -ado (-ada). Este sufijo es uno adjetival, entre otros, que convierten el verbo en adjetivo para significar, “parecido a, relacionado con, a, al igual que”; eso que a veces se expresa con la ayuda de “como”. Este sufijo, en algunos casos, da lugar a adjetivos que indican el resultado de una acción.

Con la terminación y las funciones del resultante en términos gramaticales hay que tener en cuenta algunas reservas que no se harán en esta sección.

Caracolear tiene que ver con la equitación, se escribió antes. Antes de eso se relacionó el verbo con el caracol, es decir, con la forma del caracol; más que otro asunto, con la forma de este molusco. De allí que el caracolear tenga que ver con las vueltas y tornos que el jinete hacer dar al caballo.

Ha de advertirse que alguien que no tenga experiencia en equitación, que no sea buen jinete o que no haya cabalgado, o por lo menos visto el caracoleo de un caballo, no puede imaginarse lo que esa acción es.

Luego de esa larga introducción es preciso volver al caracoleado dominicano. Ese calificativo se emplea en el español dominicano exclusivamente para referirse al cabello. Las características de este cabello se asemejan en gran medida al término “ondulado” del español general, lo que equivale a decir “que forma ondas pequeñas en su superficie”.

No se ha encontrado rastro de este uso en la literatura dominicana. Las lectoras que trabajaron de modo tan eficiente en los trabajos preparativos del Diccionario del español dominicano tampoco tuvieron encuentro alguno con este término.

No solo se recuerda la voz “caracoliao” en el español dominicano, sino que se tiene certeza de que se utiliza en la letra de un merengue muy famoso que estuvo de moda hace muchos años.

Se deja en suspenso el título del merengue, así como su intérprete para que alguien con mejor memoria o, mayores conocimientos, pueda documentar este uso.

 

VERSIONAR

Tanto Dylan, como otro de los que aparecen en este homenaje, Dion, quien VERSIONA la energética Drive my car, son los únicos cantantes y compositores estadounidenses. . .”

El verbo del título ha encontrado el camino del Diccionario de la lengua española. En la más reciente edición, la vigésima tercera, se le ha hecho un espacio.

La validez o el uso de este verbo venía anunciado ya por varios diccionarios, entre ellos, el Diccionario del español actual (2005), Diccionario de uso del español (2007); y, en el Diccionario de uso del español actual (2012).

De entre las acepciones que ofrecieron estos diccionarios, la que se parece más a la redacción final de la Academia es la del Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos. Conforme con lo asentado en el diccionario oficial de la Real Academia Española, para el verbo versionar, que es transitivo, este es: ‘Hacer una versión nueva de una obra musical, generalmente ligera’. La parte que ninguno de los diccionarios mencionados asentaba era la final, en la que se lee, ‘generalmente ligera’.

Uno de los diccionarios entiende que este verbo puede aplicarse ‘a una obra artística’; de esta forma deja abierta la puerta para ‘obra de creación’, que es el modo en que lo entiende otro de los diccionarios citados.

Hasta ahora, según parece, lo aconsejable es limitarse a utilizar el verbo solo para obras musicales, de tipo ligero.

 

PISTOLERO

“Un PISTOLERO deshizo la calma de una biblioteca llena de gente en la Universidad. . .”

No hace falta elevar el grito al cielo para clamar contra este uso abusivo del vocablo destacado en la frase reproducida.

Como en tantas otras ocasiones examinadas por medio de estos escritos, las confusiones con respecto de los términos son precipitadas por interferencias entre voces de lenguas diferentes.

No se debe ir muy lejos para dejar establecido que el error en la selección de la palabra viene del inglés. Muchos se preguntarán, ¿cómo es eso de que la tipificación del pistolero en la cita pueda provenir del inglés? Esta relación se demostrará más abajo.

En español general un pistolero es la ‘persona que usa de ordinario la pistola. . .’ Así aparece escrito en el Gran diccionario de la Lengua Española de la editorial Larousse.

La parte más importante en esta acepción es la locución adverbial “de ordinario” que se lee en la acepción, porque esta suministra la clave para tipificar al pistolero. Ella significa “con frecuencia, de forma regular”.

De lo expuesto más arriba se desprende que no puede considerarse pistolero a la persona que una vez en su vida empuña un arma de fuego y comete una fechoría; a pesar de lo horrible que la última acción pueda ser.

La confusión llega al español de algunos reporteros a través del inglés. En inglés utilizan la voz gunman que se traduce por pistolero, pero cuya definición no se corresponde en todas sus partes con la del pistolero en español.

En inglés un gunman es un individuo armado con un arma de fuego. Más adelante el diccionario Merriam-Webster en esa lengua añade que es un asesino profesional, un hombre que se destaca por su rapidez y pericia en el manejo del arma de fuego.

Por tenues matices como este que se resalta aquí, resulta que no es posible dejar que las máquinas traduzcan sin revisar el resultado un humano; y claro, que esa persona tenga criterio lingüístico para hacer los ajustes de lugar.

© 2015 Roberto E. Guzmán

 

 

 

 

Sobrenombre merecido

Por motivos personales y culturales soy más futbolera que beisbolera (por cierto, un adjetivo este de nueva incorporación al Dicicionario de la lengua española más reciente. Sin embargo, reconozco que la estructura y la complejidad del beisbol han logrado seducirme.

Como en casi toda seducción, en la deportiva tiene que existir un seductor, una figura que nos llame la atención y nos despierte interés por algo que desconocemos. Mi seductor deportivo, en lo que a beisbol se refiere, es Pedro Martínez, de quien tanto hemos leído en estos días, y por tan buenas razones. Aunque nací en Sevilla llevo muchos años viviendo en Manoguayabo por lo que me gusta considerarme, con su permiso, su paisana de adopción.

Hemos visto ensalzado al deportista y al hombre con el sobrenombre de «el Grande», con resonancias reales. Para que nuestra ortografía no desmerezca el objeto de nuestros escritos debemos respetar la inicial minúscula del artículo que antecede a los sobrenombres: Pedro el Grande, Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica, David Ortiz, el Big Papi, el Greco. No se quejará Pedro de la compañía.

Nuestro extraordinario lanzador ha sido elegido para formar parte del Salón de la Fama. Cuidado, ha sido elegido, que no *electo. El único participio del verbo elegir es elegido y, por lo tanto, es la única forma que debe utilizarse para formar los tiempos compuestos. El adjetivo electo no debe usarse con esa función. Este adjetivo se aplica a quienes han sido elegidos para una dignidad y aún no han tomado posesión: la alcaldesa electa prepara su discurso.

Pedro Martínez está entre los mejores pícheres (pícheres, sí) del mundo; o, si lo prefieren con el término patrimonial, entre los mejores lanzadores del beisbol. Los manoguayaberos, y todos los dominicanos, podemos sentirnos orgullosos.

© 2015 María José Rincón González

 

 

 

Latinajos

Usar palabras raras no es signo de buen hablar o escribir, por mucho que algunos se empeñen. No se habla o se escribe mejor según la longitud de las voces o su supuesta extrañeza. La bondad de las palabras está en una elección apropiada. Decía Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua allá por 1535: “Escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible”.

Del latín conservamos tal cual expresiones que han sido siempre parte de la lengua culta. Hay quien gusta de incrustarlas por doquier, como si le aportaran a lo que dicen un discutible regusto a cultura. Algunos latinismos se han popularizado en nuestra expresión diaria. Tanto a los parejeros como a los buenos hablantes siempre nos viene bien saber cómo se escriben correctamente y qué significan.

Puesto que se trata de expresiones de otra lengua deben escribirse en cursiva o entrecomilladas y sin tildes. Cuando escribimos debemos revisar su ortografía a priori (‘con anterioridad’) o a posteriori (‘con posterioridad’). No nos sirve citarlas grosso modo, ‘aproximadamente, a grandes rasgos’. La consulta de un buen diccionario es una condición sine qua non (‘imprescindible’) para aprender a conocerlas y debe hacerse motu proprio (‘por propia iniciativa’). Sin un uso apropiado, y comedido, de los latinismos nuestros textos serán considerados, como poco, sui generis (‘peculiares’) y tildados de incorrectos ipso facto (‘en el acto’).

A todos nos vendría de perlas un alter ego (‘persona de confianza que hace las veces de otra’) que nos señale algún que otro lapsus linguae (‘error de lengua’) o lapsus calami (‘error de escritura’). Los errores en las expresiones latinas no son peccata minuta (‘faltas pequeñas’). Más de uno de estos latinajos, como se los llama despectivamente, puede provocar que nuestras palabras o nuestros escritos sean recibidos con un vade retro.

© 2015 María José Rincón González

Taller de lectura de los clásicos

 

La Academia Dominicana de la Lengua les propone en 2015 un Taller de lectura de los clásicos de la lengua española. Decía Italo Calvino que «Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir “Estoy releyendo…” y nunca “Estoy leyendo…”».

Tengo la suerte de que mi primer contacto con las obras fundamentales escritas en nuestra lengua se diera en mi infancia. A fuerza de oír hablar de ellas como parte una tarea escolar empecé a leerlas con una leve sensación de aburrimiento. La escuela está obligada a acercarnos a los clásicos con la esperanza de que en alguna lectura salte la chispa del enamoramiento: «No se leen los clásicos por deber o por respeto, sino solo por amor».

Con el tiempo la relectura de los clásicos empieza a parecernos imprescindible porque, citando a Calvino, «un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir».

El español es una lengua de rica tradición literaria. Es mucha la tarea, pero la recompensa es incomparable. El taller de lectura de los clásicos de la Academia quiere proporcionar a los lectores herramientas prácticas que los ayuden a disfrutar su lectura. Hemos elegido una obra emblemática para cada taller, desde el Cantar de Mío Cid a las Coplas de Manrique, desde el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita a la picante Celestina.

Si ya los han leído, anímense y reencuéntrense con nuestra mejor literatura. Si es su primera vez, tengan presente el consejo de Italo Calvino: «Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos».

 

Fin de año

Cada año, cuando llegan estas fechas, acostumbramos a desear lo mejor a los que nos rodean. Los deseos son siempre los mismos. Quizás por esta razón encontramos demasiado trilladas las palabras para expresarlos.

Para hacerles llegar a mis lectores mis esperanzas para 2015 me he auxiliado de las palabras que una mujer extraordinaria eligió para la felicitación navideña de su hija Irene en 1928.

Nadie como un hijo resume lo más  querido, lo más cercano  y, a la par, lo más desconocido. En ellos se resumen nuestros miedos y nuestras aspiraciones. Este año he descubierto a Marie Curie, primera mujer que obtuvo el Premio Nobel y, además, por si fuera poco, en dos ocasiones. Esta mujer, con una voluntad y una mente incomparables, supo expresar con palabras precisas lo que yo les deseo para el año próximo:

«Os deseo un año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año durante el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de poner esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir».

Las grandes inteligencias saben expresar también la grandeza de lo cotidiano, de lo que nos depara cada día. Este año, como casi todos, tendrá trescientos sesenta y cinco días para aprovechar al máximo.  Solo de nosotros depende que logremos apurarles hasta la última gota de aprendizaje, de alegría, de amor.

© 2015 María José Rincón González

 

Vencer al tiempo

Supe en estos días que los japoneses llaman tsundoku a las personas que gustan de acumular libros que después no leen. Me maravilla que dispongan de una palabra para eso; señal de que deben tener muchos tsundokus. Confieso que padezco ese mal, aunque yo, al final, sí los leo. Cuando me encuentro con un libro no puedo evitar el deseo de hojearlo, que lleva aparejado el deseo de leerlo y, por supuesto, de tenerlo. Si me encuentro en el metro o en la sala de espera con alguien que lee, se me van los ojos detrás de la portada y no puedo reprimir la curiosidad. Dice Lope de Vega, como solo los clásicos saben decirlo: “Es cualquier libro discreto / (que si cansa de hablar deja) / un amigo que aconseja / y que reprende en secreto”.

Un libro siempre representa la promesa de una historia, el misterio de una conjunción de palabras que nos habla desde otro lugar o desde otro tiempo. ¿Qué hay mejor que una pila de libros por leer?

Si lo que leo me gusta, no puedo parar. Si lo que leo me gusta mucho, lo hago despacio y cierro las páginas cada poco para prolongar la experiencia. Si lo que leo me apasiona, leo despacio y después releo. Y releo muchas veces, generalmente en voz alta. Las palabras bien escritas y las historias bien contadas siempre me han servido de bálsamo: contra la inquietud, contra el aburrimiento, contra la desazón. Pero también me han servido de acicate: para la alegría,  para la esperanza, para la risa, para la memoria.

Qué grande es el misterio de unas letras que van sumándose para construir un mundo que antes no existía; un mundo que, nacido de las palabras, ya no dejará de existir y habrá vencido al tiempo.

Pregúntense ahora quién como padre, como educador, como amigo, podrá dejar de inculcar el placer de la lectura a los que lo rodean. Compartan los libros. No hay enseñanza ni regalo mejor.

© 2015 María José Rincón González