Caracoleado – versionar – pistolero

CARACOLEADO

Se ha investigado en todos los diccionarios al alcance de la mano y de la Internet para dar con documentación pertinente al adjetivo que consta en masculino en el título.

La búsqueda se inició no para dar con el sentido de la voz, sino con la intención de comprobar si se la conoce en otros países, además de la República Dominicana, con un sentido que escapa a su esencia.

En la formación de este adjetivo la primera parte la ofrece el sustantivo caracol. Ha de tenerse en cuenta que en español existe, además, el verbo caracolear. Este verbo intransitivo pertenece al primer grupo de conjugación y su campo de acción se limita a la equitación.

Caracoleado se ha formado sobre el infinitivo del verbo, eliminando la terminación verbal -ar y añadiéndole el sufijo -ado (-ada). Este sufijo es uno adjetival, entre otros, que convierten el verbo en adjetivo para significar, “parecido a, relacionado con, a, al igual que”; eso que a veces se expresa con la ayuda de “como”. Este sufijo, en algunos casos, da lugar a adjetivos que indican el resultado de una acción.

Con la terminación y las funciones del resultante en términos gramaticales hay que tener en cuenta algunas reservas que no se harán en esta sección.

Caracolear tiene que ver con la equitación, se escribió antes. Antes de eso se relacionó el verbo con el caracol, es decir, con la forma del caracol; más que otro asunto, con la forma de este molusco. De allí que el caracolear tenga que ver con las vueltas y tornos que el jinete hacer dar al caballo.

Ha de advertirse que alguien que no tenga experiencia en equitación, que no sea buen jinete o que no haya cabalgado, o por lo menos visto el caracoleo de un caballo, no puede imaginarse lo que esa acción es.

Luego de esa larga introducción es preciso volver al caracoleado dominicano. Ese calificativo se emplea en el español dominicano exclusivamente para referirse al cabello. Las características de este cabello se asemejan en gran medida al término “ondulado” del español general, lo que equivale a decir “que forma ondas pequeñas en su superficie”.

No se ha encontrado rastro de este uso en la literatura dominicana. Las lectoras que trabajaron de modo tan eficiente en los trabajos preparativos del Diccionario del español dominicano tampoco tuvieron encuentro alguno con este término.

No solo se recuerda la voz “caracoliao” en el español dominicano, sino que se tiene certeza de que se utiliza en la letra de un merengue muy famoso que estuvo de moda hace muchos años.

Se deja en suspenso el título del merengue, así como su intérprete para que alguien con mejor memoria o, mayores conocimientos, pueda documentar este uso.

 

VERSIONAR

Tanto Dylan, como otro de los que aparecen en este homenaje, Dion, quien VERSIONA la energética Drive my car, son los únicos cantantes y compositores estadounidenses. . .”

El verbo del título ha encontrado el camino del Diccionario de la lengua española. En la más reciente edición, la vigésima tercera, se le ha hecho un espacio.

La validez o el uso de este verbo venía anunciado ya por varios diccionarios, entre ellos, el Diccionario del español actual (2005), Diccionario de uso del español (2007); y, en el Diccionario de uso del español actual (2012).

De entre las acepciones que ofrecieron estos diccionarios, la que se parece más a la redacción final de la Academia es la del Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos. Conforme con lo asentado en el diccionario oficial de la Real Academia Española, para el verbo versionar, que es transitivo, este es: ‘Hacer una versión nueva de una obra musical, generalmente ligera’. La parte que ninguno de los diccionarios mencionados asentaba era la final, en la que se lee, ‘generalmente ligera’.

Uno de los diccionarios entiende que este verbo puede aplicarse ‘a una obra artística’; de esta forma deja abierta la puerta para ‘obra de creación’, que es el modo en que lo entiende otro de los diccionarios citados.

Hasta ahora, según parece, lo aconsejable es limitarse a utilizar el verbo solo para obras musicales, de tipo ligero.

 

PISTOLERO

“Un PISTOLERO deshizo la calma de una biblioteca llena de gente en la Universidad. . .”

No hace falta elevar el grito al cielo para clamar contra este uso abusivo del vocablo destacado en la frase reproducida.

Como en tantas otras ocasiones examinadas por medio de estos escritos, las confusiones con respecto de los términos son precipitadas por interferencias entre voces de lenguas diferentes.

No se debe ir muy lejos para dejar establecido que el error en la selección de la palabra viene del inglés. Muchos se preguntarán, ¿cómo es eso de que la tipificación del pistolero en la cita pueda provenir del inglés? Esta relación se demostrará más abajo.

En español general un pistolero es la ‘persona que usa de ordinario la pistola. . .’ Así aparece escrito en el Gran diccionario de la Lengua Española de la editorial Larousse.

La parte más importante en esta acepción es la locución adverbial “de ordinario” que se lee en la acepción, porque esta suministra la clave para tipificar al pistolero. Ella significa “con frecuencia, de forma regular”.

De lo expuesto más arriba se desprende que no puede considerarse pistolero a la persona que una vez en su vida empuña un arma de fuego y comete una fechoría; a pesar de lo horrible que la última acción pueda ser.

La confusión llega al español de algunos reporteros a través del inglés. En inglés utilizan la voz gunman que se traduce por pistolero, pero cuya definición no se corresponde en todas sus partes con la del pistolero en español.

En inglés un gunman es un individuo armado con un arma de fuego. Más adelante el diccionario Merriam-Webster en esa lengua añade que es un asesino profesional, un hombre que se destaca por su rapidez y pericia en el manejo del arma de fuego.

Por tenues matices como este que se resalta aquí, resulta que no es posible dejar que las máquinas traduzcan sin revisar el resultado un humano; y claro, que esa persona tenga criterio lingüístico para hacer los ajustes de lugar.

© 2015 Roberto E. Guzmán