JOSÉ ENRIQUE GARCÍA PRESENTA DOS LIBROS EN SEVILLA

El escritor, académico y secretario de la ADL, José Enrique García, presentó sus dos libros más recientes en el marco del XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española celebrado en Sevilla, España. Se trata de la novela Taberna de náufragos, comentado por nuestro académico correspondiente en Madrid, Jorge Urrutia, y el poemario Arcilla solo arcilla, presentado en la ciudad andaluz y en Madrid.

En su estudio crítico de la novela, el poeta y ensayista español dijo que a la taberna literaria acuden dos tipos de personas, los acompañados y los solitarios: “Los acompañados porque carecen de otro lugar donde reunirse” y los solitarios “porque confían en que hallarán compañía”. De estos últimos, el narrador los asume como los personajes de la novela. Y acotó: “José Enrique García es poeta, como Ronsard, como Darío, como Juan Ramón. No los igualo. No los distingo. Pero todos ellos saben de la función y la fuerza de la palabra para describir lo más íntimo del ser humano. Para expresar también el desengaño. En un momento de la novela se citan dos versos de Darío: “Gozad de la carne, ese bien/que hoy nos hechiza”. Las rosas siempre se nos están escapando, recordamos. Los versos pertenecen al “Poema del otoño”. La estrofa termina con otros dos que el libro de García no incluye: “y después se tornará en/polvo y ceniza”. Un especialista en métrica se detendría inmediatamente en la rima con palabra vacía, bien/en, tan rara en la poesía española; pero nosotros nos fijaremos en cómo ese abandono de la preposición al final del verso deja que el siguiente sea tan solo “polvo y ceniza”. Hay que gozar de la carne, sí, hay que cortar la rosa, ya mismo, pero después, cortada o no, únicamente tendremos en las manos polvo y ceniza”, consignó Jorge Urrutia, en su presentación deTaberna de náufragos, la nuevanovela de García.

El párrafo siguiente ilustra el modo activo, directo y elocuente de narrar del novelista dominicano: “La tarde agoniza, pocos rastros de ella quedan en los techos de los edificios próximos. En el cuarto, la oscuridad comienza a poseer los rincones, a extender su dominio transitorio. Las luces regadas por las calles. El ir y venir de las gentes asciende hasta allí. Los dos hombres permanecen en silencio: asisten, al parecer, a la contemplación de ese imperceptible paso del tiempo que no pueden eludir porque crea un intermedio, una zona indecisa, un estado que casi es inaccesible por su levedad. Así, el tiempo opera en ellos, en actitud de silencio, de solemne silencio sin que medie ningún impulso y fluyendo un pacto que la costumbre establece para siempre y que se hace más duradero puesto que no hay mediación de la palabra, solo el asentimiento que procede de una común reflexión sobre las cosas ordinarias, los pujos de cada día, y aquello que se observa y piensa como trascendente. Fernando rompe el silencio con un manotazo sobre la mesa” (José Enrique García, Taberna de náufragos, Santo Domingo, Búho, 2019, pp. 94-95).

El segundo libro de nuestro agraciado poeta y académico santiaguero, presentado en España y tituladoArcilla solo arcilla, su título evoca la reflexión angustiosa de los cordobeses Séneca, Maimónides y Góngora, incluye 14 poemas donde el amor, el dolor y la nostalgia, que es una suerte de dolor, se presentan como evocación añorada de la vida, mera consumación de la carne y su delirio ante el impacto de la pasión erótica.

Mediante una indagación grávida y luminosa de la realidad vital, José Enrique García se instala en el fuero de la conciencia donde retoma una temática eterna asumida desde una mirada crítica de quien explora el sentido de la vida bajo una onda estética y espiritual, limpia y densa, como efectivamente es la voz poética de este destacado académico y poeta dominicano. En cualquiera de sus poemas, José Enrique García ausculta y revela, cuestiona y certifica, pondera y exalta, en busca de la voz honda y secreta, profunda y trascendente, como lo confirman los versosdel poema titulado “Primera risa”: “Hastiada/lo deja allí sobre las yerbas/desnudo, envuelto en lástima./Y en su rostro, no la risa/sino una mueca se dibuja:/un trazo de desprecio./Y echa a andar/en libertad arrebatada al otro/por convicción y fuerza/y empezaron los ojos a ganar/otras formas, otras dimensiones/diferentes a las acostumbradas del mirar/que el mirar mismo insospechaba /y habituaban también desde comienzo” (José Enrique García, Arcilla solo arcilla, Santo Domingo, ADL, 2019, p. 31).

José Enrique García (Santiago, 1948), tiene una licenciatura en letras por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y un doctorado en filología por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro numerario de la Academia Dominicana de la Lengua, poeta, narrador, ensayista, crítico literario y profesor, ha publicado las siguientes obras poéticas: Meditaciones alrededor de una sospecha, 1977; El fabulador, 1980 (Premio Siboney); Ritual del tiempo y los espacios, 1982; Cuando la miraba pasar, 1987; El fabulador y otros poemas, edición del Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, 1989; Huellas de la memoria, 1993, y Recodo, 2000 (Premio Nacional de Poesía); El fabulador, Poesía reunida, 1977-2010; Arcilla solo arcilla, 2019. Narrativa: Contando lo que pasa, 1986; Una vez un hombre, Alfaguara, 2000 (Premio Nacional de Novela); Un pueblo llamado Pan y otros cuentos infantiles, 2002 (Premio Nacional de Cuento Infantil); Juego de villanos, 2006; Cuentos menudos, Alfaguara Infantil, 2000; El barco de luz y El otro bobo, Santillana Infantil y Juvenil, 2016. Ensayo: La palabra en su asiento, Banco Central, 2004.

Sevilla, ADL, 7 de noviembre de 2019.

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