RASTRA – PATANA – HECHO EN CASA

“La mayoría de los camioneros de M. son propietarios de sus RASTRAS, es decir, contratistas independientes.”

El vocablo destacado en el ejemplo de literatura periodística transcrito más arriba tiene larga data en el seno de la lengua española. Lo que ha evolucionado es el significado. El significado se ha aclimatado a los tiempos, se ha modernizado en el aspecto que corresponde a los medios de transporte y acarreo de cargas. De una tabla rudimentaria ha pasado a ser un instrumento para mover grandes cargas.


La rastra a la que se refiere la cita es la rastra cubana que es un “camión de gran tonelaje”. Esa es la definición que conviene al texto citado, y así lo recoge el “Diccionario del español de Cuba” de Werner y Haensch.

En la realidad de los hechos, la rastra cubana corresponde a lo que los dominicanos conocen con el nombre de patana. No es simplemente un camión de gran tonelaje, sino uno que es arrastrado o halado por un elemento automotor construido para este efecto. La rastra o patana es una plataforma rodante que se usa para transportar cargas de gran volumen y peso.

Llama la atención que a pesar de que la voz patana se usa todos los días en el dialecto dominicano, los estudiosos del español dominicano no se hayan detenido a estudiarla. Es un dominicanismo. En ningún otro país se ha detectado su uso.

Se ha tratado de dar con el origen del término patana, pero las diligencias han sido infructuosas. No se ha logrado dar con una explicación del origen que satisfaga la curiosidad científica.

HECHO EN CASA  

“Más de 50 emigrantes cubanos han llegado a las costas floridanas, muchos de ellos en embarcaciones HECHAS EN CASA, quienes al parecer aprovecharon aguas favorables. . .”

No hay duda de que lo que consta en el título es el producto de una mala traducción. Lo que hizo quien escribió la reseña es que “refrió” un artículo aparecido en lengua inglesa y lo trasladó al español. Al traerlo al español lo hizo de manera descuidada; por eso aparece aquí ese adefesio: “hechas en casa”.

El peligro con este tipo de sinsentido es que si no se le sale al paso sucede lo que Ramón Constanza escribe en su libro “Aspectos no tan evidentes del español” (2009) que luego “. . . otro escritor que no conoce la procedencia del término la repite como papagayo y el vicio se repite”.

La expresión en inglés es “home made” que llevada al español es “casero, de fabricación casera”. Para comunicar la idea de lo que no es de producción fabril hay muchos giros en español. Uno de ellos es “rudimentario”, sobre todo si lo que se menciona no tiene una buena terminación.

No se puede levantar mucho la voz si se piensa que los productos antes eran fabricados en tal o cual país: “Fabricado en República Dominicana”. En la actualidad ha prevalecido la economía de espacio sobre el genio de la lengua. Los productos ahora llevan una etiqueta que reza: “Hecho en República Dominicana”.

Junto con copiar el verbo inglés traducido mecánicamente se ha perdido la fineza del idioma español. Antes las prendas de vestir eran “confeccionadas” en un país u otro. Junto con la fabricación en masa llegó la agresión contra el idioma español.

Resulta más sorprendente aún encontrar que haya un diccionario que favorezca esa traducción. Se trata del “Oxford Spanish dictionary” (Spanish-English, English-Spanish).

Para el texto del ejemplo lo más conveniente era escribir “. . .embarcaciones de fabricación casera”. Para el adjetivo casero el DRAE inserta esto: “que se hace o cría en casa”, “que se hace con medios rudimentarios”.

PREMISA  

“. . .asistente de la administración de la propiedad, quien vive en las PREMISAS junto con su esposo e hijos.”

Este tipo de desliz sucede con mayor frecuencia que lo que es tolerable. El fenómeno se repite. El redactor está escribiendo en español, pero su inteligencia procesa palabras del inglés.

En el entusiasmo por cumplir con los compromisos que le impone la redacción del periódico y la inexorabilidad del tiempo, no se percata de que inventa palabras.

Es muy probable que eso a que se alude en el párrafo anterior sucediera en la redacción de este texto que lleva la voz premisa con un valor que no le corresponde.

En esta sección se examinará el significado verídico del vocablo premisa en el idioma español. Luego se traerá la voz del inglés que confundió al periodista. Por último se propondrá un término equivalente acertado para traducir la palabra del inglés.

Por alguna razón la primera reacción ante el vocablo premisa es pensar que pertenece al campo de la filosofía, que nada tiene que ver con la administración de propiedades.

Cuando se consulta el diccionario de las autoridades, se confirma la sospecha acerca del significado de premisa. Es, en la redacción enmendada para la vigésima tercera edición del DRAE, “señal o indicio por donde se infiere algo o se viene en conocimiento de ello”. En Lógica es “cada una de las dos primeras proposiciones del silogismo, de donde se infiere y saca la conclusión”.

La voz del inglés que confundió al periodista es “premise”. Este término tiene la misma significación filosófica del español. Además de esa significación en plural, “premises”, es un edificio o parte de este o sus terrenos adyacentes. Es el local, la tienda, la propiedad, el edificio, el establecimiento o una dependencia de ellos. Porque se usa en plural en inglés el pobre desaprensivo puso en plural “las premisas”.

Salta a la vista de inmediato que el redactor se encontraba a muchas leguas de distancia de acertar con el vocablo apropiado en la lengua común cuando trató de traducir la voz del inglés, o cuando trató de adaptarla a la lengua común.

Para arreglar la redacción se propone reemplazar el disparate por una de las palabras reproducidas antes. “. . .quien vive en la PROPIEDAD junto con su esposo e hijos”.

En el caso presente se está ante un falso cognado. Es un parecido engañoso que también se conoce por la traducción del francés falso amigo, amigo falso, del “faux-amis” de la lengua francesa.

CHAT – CHATEAR  

“El administrador de la agencia. . . dirigirá el CHAT en español sobre negocios. . .”

En la lengua española, así como en otras, para que un vocablo entrara en el sagrado recinto del diccionario oficial tenía que dar pruebas de muchas calificaciones.

Se le exigía que la voz que se presentaba a las puertas de ese recinto trajera avales. Unos eran de origen, de procedencia. Otras calificaciones eran las que les prestaban los literatos, los hablantes educados, cultos.

Unido a todo lo anterior no podía faltar el espaldarazo que le daba el uso inveterado. La duración del uso era un factor muy importante en las consideraciones que se hacían antes de extenderle carta de ciudadanía a un término.

En esta sección se somete a estudio un nombre y su verbo correspondiente que carecen de casi todas las cualidades que se mencionaron antes para la aceptación en el seno del diccionario de las autoridades.

El nombre “chat” es una palabra inglesa. No tiene ni un ápice de español. Esa voz consta documentada en lengua inglesa desde el año 1530. Es una conversación ligera y corta. Es una plática que no reviste formalidad. En un principio en Inglaterra con esa palabra y con el verbo se referían a una conversación hasta con ribetes de galanteo.

Como es ya sabido de muchos, las puertas de la lengua española para este anglicismo se las abrió el Internet. La informalidad de las charlas sostenidas a través de la Red, por medio electrónicos de comunicación, donde las comunicaciones se hacen a través de la palabra escrita popularizó el verbo y el nombre.

El último fue importado directamente del inglés, sin ponerle ni siquiera maquillaje para que aparentara español. Al verbo, en cambio, le colocaron  una terminación de verbo español.

La necesidad fue tan imperiosa, el asedio a las puertas de la Academia fue tan fuerte que en pocos años hubo que aceptar el nombre y el verbo. El DPD sostiene que es “conversación sostenida por personas conectada a la Internet, mediante el intercambio de mensajes electrónicos”. Añade ese diccionario que es voz masculina y que su plural se hace añadiendo una ese (S) al singular.

Para abundar más y para justificar, ese diccionario escribe que es “anglicismo asentado y admisible, aunque se han propuesto sustitutos como cibercharla o ciberplática”. Como en otras ocasiones venció el monosílabo. Se impuso el uso.

Para el verbo chatear el mismo diccionario expresa: “Está igualmente asentado el uso del verbo derivado chatear, “mantener una conversación mediante el intercambio de mensajes electrónicos”. Aquí cabe el latinajo, “consumatum est”. Que si mal no se recuerda es: hecho está.

Una de las razones que aupó el ascenso meteórico del término es la popularidad de la Internet. Además de eso se trata de una acción nueva que fue bautizada primero en inglés y los cibernautas la encontraron establecida en esa lengua y la adoptaron.

No se trata de ser más purista que la Academia. No se adopta una posición castiza a ultranza, porque en los tiempos modernos no hay espacio para eso. Lo que se hace es que se lamenta mucho que se haya capitulado tan rápido.

*DESCONCHE  

“. . .o si la que tenemos nos gusta mucho, la alternativa más económica para esos arañazos, DESCONCHES y todo tipo de manchas. . .”

En el texto copiado, el sujeto de la frase son las bañeras. El asunto con la voz en mayúsculas es que el repertorio oficial de la lengua no tiene noticias de ella.

El desconche no aparece ni en los diccionarios del español de los países de América. Como no se encontró el desconche, se emprendió la búsqueda por “conche”. Esta voz fue posible encontrarla en el “Diccionario general de americanismos” de Santamaría, 1942. Infortunadamente no tiene nada que ver con lo tratado en el texto reproducido.

Como es ya costumbre en estos comentarios acerca de la lengua, se tratará de encontrarle explicación a la palabra del título. Se comienza por calificarlo como un nombre de acción que se ha formado sobre el verbo conjugado en el presente del subjuntivo. El verbo en este caso sería desconchar, se presume.

La presunción tiene algunos trasgos de validez si se piensa que en algunos países de nuestra América, como Colombia y Venezuela, la concha es la corteza y la cubierta exterior.

Con la pista de que se escribe acerca de una bañera, y de que concha en esos países corresponde a “cubierta exterior”, eso sería igual a cuando los dominicanos hablan de una vasija esmaltada que se “descascara”.

En el caso de los dominicanos que utilizan ese verbo lo hacen por extensión, porque el revestimiento exterior es como una cáscara que está colocado en la parte exterior de la vasija.

El verbo está formado por la adición del prefijo DES- antepuesto al elemento principal del verbo. Este es un modo muy socorrido en la formación de verbos. Lo que se expresa de este modo es que se deja sin efecto la acción principal que aquí es *conchar.

El escritor del texto comentado dio pruebas de exceso de inventiva. Si no existe el verbo conchar, mal puede prestarse para que se forme otro sobre él, por lo tanto, no cabe que se cree *desconchar; ni mucho menos el nombre *desconche.

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