NUDILLERO – BOX – MARUGA

“Si un NUDILLERO tiene control siempre es difícil. Ya a partir del quinto *ining se le puede ver mejor la bola, pero ellos lo mantuvieron en el *BOX el tiempo justo.”
En el texto colocado al principio de esta sección hay una palabra con connotaciones de español y otras dos que son ajenas al español corriente. Debería escribir “tres” palabras, pero solo se tratarán dos de ellas.

En esta sección la intención es de ocuparse del vocablo del título “nudillero” porque tiene visos de palabra del idioma español. El término que se encuentra en el centro de la voz “nudillero” es nudillo, que es una palabra muy castiza.

El texto citado se refiere de modo obvio a lo que se conoce como la “pelota”, es decir, al béisbol. La voz del título lleva en sí la palabra nudillo que es en este caso “la parte exterior de cualquiera de las junturas de los dedos donde se juntan los huesos de que se componen”.

El nudillero es el lanzador del béisbol que se especializa en lanzar la denominada pelota de nudillo o “knuckle ball”. Así figura en “Lengua y béisbol en la República Dominicana” de Orlando Alba, 2006.

Ha de tenerse en cuenta que la voz “box” se marca en la cita porque no pertenece al español aceptado. Las acepciones que la Academia consigna en su diccionario no pertenecen al béisbol, sino a otras actividades del deporte, de las competencias.

Una vez más hay que resaltar que en este aspecto falta trabajo por hacer. Alguna de las Academias hispanoamericanas tiene que asumir la responsabilidad y debe apadrinar la introducción de la voz “box” en el diccionario oficial de la lengua española con la acepción del béisbol.

Como se sabe, en el español de América existe la palabra “montículo” que se usa para evitar el uso del dichoso *box del inglés. No obstante eso, no debe olvidarse que box es un monosílabo y que como tal atrae la atención del hablante, auque no del escribiente.

Entre las acepciones que las autoridades de la lengua reconocen para la palabra montículo ninguna se ajusta al deporte del béisbol. Para la Academia -o más bien las Academias- ese concepto se contrae a “monte pequeño, por lo común aislado, obra de la naturaleza o del hombre”.

Hace falta que alguna Academia de la América morena se invista de diligencia y empuje la acepción en el léxico común aceptado para agraciar el montículo del béisbol.

Otro de los vocablos que se emplean para el montículo antes mencionado es “lomita”. La noción que las autoridades de la lengua entienden para loma -base sobre la cual se forma la lomita- es altura pequeña y prolongada.

El box, montículo o lomita pertenece al béisbol y es el sitio desde el cual el lanzador efectúa sus lanzamientos. Por fuerza de las circunstancias, la lomita es una construcción hecha por el hombre y obedece a reglas establecidas por los reglamentos del deporte sobre la distancia, la altura, las dimensiones, etc.

Por ahora lo único que queda es armarse de paciencia para ver si alguna vez se le hace justicia a las dos palabras que se han examinado en esta sección.

MARUGA

. . .para seguir pagando en efectivo, ya que a los gobiernos MARUGAS como el tuyo todo el mundo le cierra el crédito.”

Este vocablo del título logró su inclusión en la edición del año 2001 del DRAE gracias a las diligencias de la Academia Cubana de la Lengua, pues tiene su origen en ese país, o por lo menos eso es lo que se piensa.

Al incluirse la voz en el diccionario oficial el asiento se hace mencionando un vocablo del español que es sinónimo: sonajero; que es un juguete con sonajas o cascabeles, que sirve para entretener a los bebés.

Como se verá más adelante, la acepción que se reconoce en el lexicón mayor corresponde solamente a una de las que hace largo tiempo tiene en el español cubano.

Fernando Ortiz en su “Glosario de afronegrismos”, 1924, ofrece más información acerca de la maruga. Para ese autor es “sonajero formado de una esfera hueca llena de piedrecitas y agitado por un mango”. Ortiz cita a Pichardo (Esteban) y asegura que este último entiende que esa voz también desempeña funciones de adjetivo para designar a algo o alguien “inútil, despreciable”. Además de eso introduce el valor de “mal pagador”.

Como puede fácilmente comprenderse, maruga no es solo el sonajero, sino también holgazán, despreciable y mal pagador. Se revisarán las vigencias de estas últimas acepciones.

En el “Diccionario general de americanismos” (DGA) de Santamaría, 1942, el autor lo define como “maraca, instrumento músico; o sonajero de hojalata o calabacita, juguete de niños”. Como puede observarse este lexicólogo añade información a la previa. Refina el concepto al dar a conocer de qué o con qué se hace la maruga y el destino que recibe, además de las funciones que cumple.

Coincide o repite Santamaría lo que Ortiz traía como noticia de Pichardo, que en lenguaje figurado y familiar es “cosa inútil, vacía, de mala condición o despreciable”.

Un elemento nuevo que reseña Santamaría es que hay una planta leguminosa de frutos como sonajeros que recibe el nombre de maruga, es la “crotalaria amagyroides”. No cierra ese capítulo sin mencionar que se usa también para aludir al “mal pagador”.

Es posible que esta maruga sea la misma “crotalaria retusa” y, si no lo es, es de la misma familia. Léase lo que relaciona Arsène Pierre-Noël en el libro “Nomenclature plyglotte des plantes haïtiennes et tropicales”, 1971. Es la planta que en Cuba se conoce con el nombre de maromera, que es uno de los nombres que otros autores sugirieron para la maruga. En Haití recibe el nombre de pète-pète; en Brasil es cascavel, cascaveleira; en Guadalupe es sonnettes; en Puerto Rico es matraca, sonajuelas, cascabelillo”. Se han copiado los nombres que sugieren sonidos como puede observarse en este párrafo.

“Leguminosa de frutos sueltos en vaina que al sacudirse produce un ruido como de maraca”, así define Marcos A. Morínigo la maruga en el “Diccionario del español de América” (1993). Reitera que es un sonajero de niños y repite las otras dos acepciones.

Si se traen aquí estos diferentes autores y se respeta el orden de fechas de aparición de sus trabajos es porque se desea insistir en el hecho de que el diccionario mayor de la lengua española no consigna todas las acepciones que la palabra del título posee.

En el año 1972, Mario Espina Pérez al publicar el “Diccionario de cubanismos” insiste en que tiene el significado de “juguete, moroso en el pago de deudas y perezoso, holgazán”.

La versión más moderna de la maruga la ofrece el “Diccionario del español de Cuba” de Haensch y Werner, 2000: “juguete de diferentes formas que sirve de entretenimiento a niños pequeños y que tiene en su interior piedras pequeñas, semillas u otros objetos que hacen que suene”. No olvida añadir que es “persona que paga sus deudas con impuntualidad…”

El último diccionario mencionado introduce un significado nuevo para el vocablo tratado aquí: “…para aludir a la impotencia erectiva de un hombre, especialmente si se debe a la edad”.

Ni siquiera se puede aventurar el tiempo que será necesario para que las acepciones que han quedado fuera del DRAE de 2001 consigan su admisión.

*BACTERIAL

“. . .una vez que las pruebas de niveles BACTERIALES mostraron que los niveles de éstas se habían normalizado.”

El signo que marca la palabra del título se coloca para denotar que ésta no consta todavía en el seno de las palabras aceptadas por los académicos.

Inmediatamente después de eso que figura en el párrafo anterior hay que dejar bien claro que es un neologismo necesario. Es un término que pertenece al léxico científico que rápidamente va pasando al habla común y que como tal merece que se le haga espacio en los diccionarios.

Sin pérdida de tiempo se avanza una teoría del porqué las autoridades no le han abierto las puertas del diccionario a la palabra bacterial. En español existe el vocablo bacteriano que es, con su redacción de estilo en estos casos, “perteneciente o relativo a las bacterias”.

La terminación de bacterial sugiere que se ha tomado del inglés, lengua en la que es “de, relacionado con o causado por bacteria”. Ese significado se traduce del “Merrian-Webster´s Collegiate dictionary”, 2001.

Es muy probable que el inconveniente con la voz bacterial se presente por la terminación de la misma: -IAL. Esa terminación no se conoce como un sufijo para la formación de palabras en español. La aseveración anterior no significa que no haya palabras en español que terminan por –ial. Esos vocablos no son adjetivos y llevan esa terminación por razones históricas o etimológicas.

ADVOCACIÓN

“Pero el resto de sus dibujos son todos el mismo rostro de mujer desde distintas ADVOCACIONES.”

Hay que dejar bien claro, desde el principio, que la autora de la frase que se copia es una periodista de una pluma muy bien pulida. Las ponderaciones que se harán acerca de la palabra del título en nada desmeritan la calidad de su redacción.

El verbo advocar es abogar, de acuerdo con las expresiones que figuran en el diccionario de la RAE. No cabe duda de que ese verbo está bajando la frecuencia en el uso, es decir, su utilización está disminuyendo tanto en el habla como en la expresión escrita.

El vocablo advocación en español es tutela, protección o patrocinio de la divinidad o de los santos; es una mención a un momento especial de la vida de una persona divina o santa. Para que se entienda se cita un ejemplo tomado del DRAE: “Cristo de la Agonía”. Es la denominación de las correspondientes imágenes.

En el español en desuso se utilizaba advocación para referirse a la abogacía, al ejercicio y profesión del abogado. El verbo transitivo “to advocate” continúa en el uso diario de los angloamericanos. De allí que haya que traducirlo del inglés al español cuando se traducen reseñas y noticias para diarios.

En la actualidad la voz del inglés “advocacy” se traduce como apoyo (activo) y en lenguaje jurídico defensa. El verbo correspondiente en esa lengua “to advocate” no solo es “abogar por”, sino “amparar, apoyar, recomendar, ser partidario de, propugnar”.

En este punto de la sección hay que regresar al texto. Lo que se adivina es que la autora quiso emplear advocación como mención no específica, hecha de modo indirecto, quizás en el sentido de evocación, o invocación.

El verbo evocar es traer algo a la memoria o a la imaginación. Otra teoría es que ella trataba de utilizar advocación como equivalente de “momento o situación”. En ese caso el rostro de mujer correspondía a un momento especial de la vida de la persona usada como modelo. Se usó así una parte de la definición de la palabra para designar con ella el todo.

Visto desde este ángulo, el texto no está tan lejos del significado del término empleado en el español  de la redacción. Ese texto permitió que se hiciese una digresión al inglés y que se hiciera un ejercicio mental para despejar el sentido en que fue usado.

ESCUADRÓN

Esos ESCUADRONES también son acusados de contar con el apoyo de algunos efectivos de las fuerzas militares en medio de su guerra contra la guerrilla.”

Al leer lo que se copia como ejemplo del uso de la palabra estudiada en esta sección, el lector se dará cuenta de inmediato que se trata de un empleo del término que no es estrictamente militar. Eso se explica más abajo.

El vocablo escuadrón ha sufrido abusos. Se le ha usado de modo indiscriminado sin tener en cuenta el origen y el significado primigenio de la voz.

Las cuatro acepciones que constan en el catálogo general de vocablos de la lengua son concernientes al campo militar. Aquí habrá que tomarla como porción de tropa formada en filas según las reglas de la táctica militar.

Como en el ejemplo se refieren a tropas que no son militares en sentido propio, hay que entender por fuerza que se alude un grupo de personas que no pertenecen a una fuerza militar organizada de acuerdo con las reglas castrenses.

Lo que se vacía en el último párrafo significa que no hay un capitán comandado la tropa, que la cantidad de personas envueltas en esta unidad no corresponden a un batallón.

En el habla el término escuadrón ha pasado a designar un grupo de personas que ejercen labores organizadas con propósitos agresivos o defensivos. Esto se ha visto en los ejemplos en los cuales se trata de organizaciones civiles organizadas con propósitos represivos o agresivos.

En la realidad se trata de grupos, partidas o bandas que cuentan con ciertas orientaciones muy diversas y que operan de acuerdo con directrices muy precisas, pero organización poco coherente.

Utilizar la palabra escuadrón para este tipo de grupo no es lo más adecuado. El hacerlo le confiere visos de legalidad que no poseen. Con ese calificativo se les reconoce características que no conocen.

En el cuerpo de esta exposición se mencionaron tres vocablos que pueden usarse para este propósito y que se avienen mejor con la naturaleza y fines de estos grupos.

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