CARROUSEL – DÉFICIT – CABOCHON

“. . .después de aterrizar o en el CARROUSEL de equipaje”.

La palabra sometida a escrutinio aquí es otra palabra que tiene una historia interesante. No es de uso frecuente. Hace largo tiempo ya que en el español dominicano usaron este vocablo para referirse a una de sus primeras significaciones.


En el italiano napolitano antiguo carrousel era una exhibición de jinetes. Luego en el francés antiguo pasó a usarse para el tiovivo. Los anglohablantes adoptaron la palabra con esos significados.

Como sucede muy a menudo con los términos de las lenguas, esta voz adquirió otros sentidos. En francés la adaptaron para llamar así el dispositivo circular que permitía  colocar y pasar las vistas fijas (dispositivas) en los proyectores. Esta adaptación parece muy acertada si se tiene en cuenta que la idea del tiovivo es circular y que gira sobre un eje o sobre sí mismo, o en un recorrido fijo.

No pasó largo tiempo sin que los norteamericanos aplicaran el vocablo francés para otros usos. Más tarde extendieron el significado de la voz para las plataformas giratorias que funcionan en los aeropuertos y distribuyen el equipaje.

En español se utilizó el vocablo escrito de la misma forma que en francés para la atracción de feria que consiste en una rueda de caballitos. En República Dominicana se le llamaba simplemente “los caballitos”.

Más adelante en español fue tomando las acepciones que la voz poseía en otras lenguas: espectáculo de jinetes, tiovivo, presentación consecutiva e ininterrumpida de algo, hasta llegar a la culminación con la aceptación de la “plataforma giratoria”.

La última acepción solo aparece en el DPD en el año 2005, por lo que en la vigésima tercera edición del “Diccionario de la lengua española” de la Real Academia Española vendrá con todas las aceptadas.

En verdad no había necesidad de recurrir a esta voz extraña a la lengua, que en español escriben carrusel, para transmitir la idea de la correa transportadora de equipaje.

DÉFICIT

“. . .que alrededor de la mitad de los hospitales públicos de Estados Unidos están operando en DÉFICITS”.

Esta es una voz puramente latina de género masculino. En lengua latina significaba exactamente “hace falta”. Correspondía a la tercera persona del presente de indicativo de “deficere”, que

significaba “faltar, caer en defecto”. Pasó sin alteración a otras lenguas modernas.

Nada de lo escrito en el párrafo anterior es novedad para la mayoría de los hispanohablantes. Si se trae esta voz latina en esta sección es porque a través de su historia ha experimentado algunos cambios en cuanto a su plural.

Todavía en el 1998, en su “Diccionario de dudas y dificultades de la lengua español” el maestro Manuel Seco escribió: “El plural preferido por la Academia es los déficit, sin variación, aunque en la lengua escrita no es raro encontrar los déficits”.

El Diccionario Moliner del 1997 inmediatamente después de la palabra en cuestión entre paréntesis tiene escrito esto: “(no tiene pl.; Haber; Tener)”. Existe concordancia en este punto entre estos

dos diccionarios muy reconocidos. Además, el primero de ellos menciona a la Academia como la patrocinadora de la ausencia del plural.

La palabra final con respecto al asunto del plural sale del consenso de la Asociación de Academias de la Lengua Española cuando se publica el “Diccionario panhispánico de dudas” en el 2005. Ahí se lee lo que se reproduce: “Su plural es déficits”.

Esa es la última palabra. Téngase en cuenta que el plural se hace añadiendo una S (ese) a la voz original. Ilustra ese diccionario la curiosidad de muchos hispanohablantes al mencionar que ese latinismo fue tomado del francés a finales del siglo XVIII, en el ámbito económico.

El sentido moderno sigue casi intacto, “diferencia negativa entre ingresos y gastos”, en el campo económico. Fuera de eso significa “insuficiencia, escasez”.

CABOCHON          

“Las decoraciones de las piezas aún asombran: CABOCHONES de vidrio, perlas de vidrio, hilos torcidos, hilos tejidos, diseños geométricos y mosaicos. . .”

El lector de periódicos se expone a que lo agredan desde cualquier ángulo. Las heridas las puede recibir de frente, por los costados y hasta por la espalda.

Entender lo que redacta un conocedor de una materia específica a veces resulta un “trago desagradable”. Mientras más sabe de su materia un experto que escribe en un periódico, más expuesto está el lector a no poder entender lo que escribe ese señor.

La voz que se trae en esta ocasión es una buena muestra de lo que se señala en los párrafos anteriores. Esa voz francesa la usa el perito para mencionar piezas decorativas de orfebrería.

A estos señores antes mencionados a veces les resulta muy cuesta arriba bajar el nivel de lo que redactan para que lo entiendan los legos que leen sus artículos. Otra cosa que sucede a menudo es que han aprendido durante sus estudios esos términos en lenguas extranjeras sin percatarse de que esas palabras no pertenecen al léxico común, sino de especialidades.

Cabochon es una voz francesa, que define una piedra fina o preciosa pulida, pero no tallada en facetas. El “Diccionario Petit Robert” de la lengua francesa asienta también que se usa para denominar un “ornamento decorado”.

Al encontrarse el asunto en este punto hay que definir algunas de los vocablos para que lo que se ha traducido del francés no quede sin que se entienda. La palabra “faceta” es cada una de las superficies planas, pulidas que componen la talla de una gema.

Llevado a este punto el asunto, cabe preguntarse si hay o no una traducción para este dichoso término extraño: cabochon. La respuesta no se hace esperar: sí la hay. En español es cabujón.

El cabujón “es un tipo de talla que exhiben las gemas, consistentes en una base plana sobre la que se levanta una superficie en forma convexa pulida y sin facetar. Cuando la base también presenta la forma convexa se le llama cabujón doble”. Esta información se extrae del “Diccionario de minerales, gemas y gemología” de Rhyna Moldes, 1993. (Inglés-español). La definición del DRAE es más sencilla, aunque coincide con lo copiado más arriba.

No huelga hacerse la pregunta acerca de cómo es posible que personas con tan buena formación académica descuidan el español. Con toda la mala intención se deja la pregunta sin respuesta.

*DE PRINCIPIO – EN PRINCIPIO

“Las partes habían alcanzado un acuerdo DE PRINCIPIO para comprar MGM a comienzos de mes”.

Con respecto a este texto, en esta sección se examinará la conveniencia de usar “de principio”, cuando en cambio se piensa que lo más conveniente era que se utilizase “en principio”.

Hay que comenzar por dejar bien claro que “de principio” no es una combinación de uso en la lengua española. Se espera no causar extrañeza con la aseveración anterior.

En el español hablado de muchos de nuestros países se omite la pronunciación de la S (ese) final de muchas palabras. Entre esas palabras está principios. De allí que en la expresión “de principios” no se oiga la “ese” final.

Con respecto a este uso se recuerda muy bien como mi padrino Francisco Morillo cuando quería referirse a alguien serio decía que era una persona “de principio”. Si la persona a quien mencionaba no observaba una conducta amoldada a normas morales él decía que era un “sin principio”. La combinación “sin principios” designa la persona grosera, o falta de educación. Como puede observarse en la reproducción de las palabras del padrino las “eses“ no constan.

Se traen a colación las expresiones de mi padrino porque el redactor del pasaje observado cae en error por descuido de la “ese” final. Más adelante se abunda sobre el asunto.

La expresión aceptada y consagrada por el uso es “de principios”. El Diccionario Moliner asienta: “Se dice de las persona que sujeta conscientemente su conducta a principios morales. También de la “persona bien educada”.

El mismo diccionario emite su opinión con respecto de la otra expresión del título: “en principio”. “Con verbos como aceptar, establecer, estar conforme y semejantes, significa que se adopta la actitud, acuerdo, etc., de que se trata provisionalmente y que nuevos datos o circunstancias pueden hacer cambiar de actitud, opinión, etc.”

Por lo ya expuesto en los párrafos anteriores, se puede deducir que la redacción que se critica se hace con base. El redactor debió escribir “en principio” y no “de principio” como lo hizo.

DIZQUE – DIZ QUE

“Diz que les preocupa que esa comisión va a causar violencia y no una transición pacífica.”

La palabra dizque es interesante. El interés proviene del uso que se ha hecho de la misma en diferentes funciones en la América morena.

En República Dominicana hace ya años se usaba harto frecuentemente. Como consecuencia del aumento de la educación formal el uso ha disminuido. Esto equivale a decir que cuando había más alto índice de analfabetismo y menos años de escolaridad en la población, el índice de utilización de “dizque” era mayor.

El criterio que se sostiene en el párrafo anterior es una consecuencia de que en la actualidad el hablante del español dominicano tiende a emplear con mayor frecuencia en lugar del adjetivo invariable “dizque”, otros giros de la lengua. Entre los últimos  se pueden citar: supuestamente, se supone, se cree, se presume, al parecer, y “se dice que”.

Con el último valor es con el que se utilizaba el “dizque” con mayor frecuencia en el pasado. De este modo se evitaba asumir responsabilidad con respecto de lo que se decía. Se empleaba sobre todo para repetir comentarios, aseveraciones o expresiones ajenas sobre cuales no se deseaba adjudicarse competencia. Así se daba un carácter impersonal a lo que se expresaba.

Una vez pasada esta etapa de sociología lingüística sin cifras y sin apoyo estadístico, se puede pasar a evaluar las dos variantes: “dizque y diz que”.

En el presente no hay lugar a dudas con respecto a cuál de las dos variantes debe usarse. El DPD es tajante con respecto a lo que hay que evitar y a cual es la preferencia de los medios cultos. Consigna ese diccionario lo siguiente: “Aunque aún se documenta la grafía en dos palabras “diz que”, es siempre preferible la grafía simple “dizque”.

Hay otro asunto que tiene relación con la amalgama “dizque”. Algunos hablantes repiten la conjunción “que” después de usar “dizque” para colocarle mayor acento a que lo que se repite o refiere es una versión ajena. Lo hacían pensando que este dizque equivalía solo a “dicen”.

Si este uso se mantuvo por largo tiempo en los medios rurales dominicanos es porque sus raíces se encuentran en el antiguo español. Ese “diz” significaba dice o dicen, de acuerdo con el Diccionario Moliner. El DPD asegura que es solo dice, tercera persona del singular de presente de indicativo del verbo decir.

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