Poema de León David

GÉNESIS

En el principio era la luz,

La elemental silueta transparente

En la ciega pupila del silencio.

El instante danzaba en el vacío

Sobre la piel desnuda de los átomos.

Era fuego, la pureza del fuego,

Incandescencia azul e inmaculada

Resbalando en los lomos sigilosos del tiempo.

La noche se rompía en sordos estallidos de galaxias

Y un viento espeso, primigenio, invisible

Hacía girar en torbellino,

En el hondo latido de la ausencia,

El misterioso oleaje de los astros…

 

En el principio

Era el mar, la soledad del horizonte, la fiebre de la lava

Y una austera quietud,

Costumbre mineral, plomiza herrumbre.

Entonces fue el milagro:

Parió la tierra el sueño de la vida

Y la lluvia cayó;

Un temblor silencioso desde la opacidad estéril

Del granito

Se incrustó en el letargo del planeta

Y tuvo ala el ave, escama el pez,

Musgo de roca fría

 

Y despertó, tras un largo bostezo,

A la inquietud carnal de la conciencia

El hombre en la palabra…

En el principio

Estuvo desde entonces la palabra

Y la palabra se hizo luz,

Silueta transparente,

Instante que danzaba en el vacío,

Incandescencia azul,

Sordo estallido de galaxias resbalando

Sobre la piel desnuda de los átomos

Hacia la soledad del horizonte,

Y fue también,

Costumbre mineral,

Quietud plomiza,

La fiebre de la lava en el húmedo tiempo de la lluvia…

En el principio

Estuvo la palabra,

Solamente y nada más que la palabra,

Y del cristal de la palabra,

En medio de los pájaros, los peces

Y el murmullo ancestral del bosque y la montaña

Brotó,

Milagro del amor,

Ese que llaman hombre…

Alumbre así vuestra luz a los hombres

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez
V Domingo del Tiempo Ordinario

a) Del libro del Profeta Isaías 58, 7-10.

La justicia que tiene un papel determinante en el pensamiento del Deuteronomio, representado también por los profetas, no puede quedar oculta ni siquiera por las más válidas prácticas religiosas, ya que éstas corren el riesgo de volverse mecánicas y externas. El Señor no tolera la hipocresía de una religiosidad meramente externa, que no se refleja en promover y respetar la justicia en la vida ordinaria y en la preocupación por el pobre. Quienes actúan así están muy lejos de haber conocido a Dios. Por eso el profeta no cesa en su empeño de denuncia y enseñanza.

Dios no acepta el ayuno ni la piedad hipócrita que se hace compatible con toda suerte de injusticias. Por el contrario, las obras de misericordia recomendadas en ese capítulo 58 del Tercer Isaías, motivan la atención generosa de los ruegos del creyente por parte del Señor que se complace en esas obras de justicia y de amor.

Por otra parte, sabemos que las obras de misericordia recomendadas por Isaías, resuenan en el discurso de Jesús sobre el juicio final, recogido por San Mateo en el cap. 25, 35-45 de su evangelio. La espiritualidad cristiana, además, ha insistido siempre en el amor al prójimo y en el ejercicio efectivo de estas obras como demostración cierta del amor a Dios y de la verdadera religión.

b) De la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 2, 1-5.
El Apóstol de los gentiles hace referencia al modo en que se comportó cuando llegó a Corinto, a pesar de su basta preparación, recibida en la escuela de Gamaliel, no hizo alarde de sus conocimientos ni de su estatus, sino que más bien se presentó débil y temblando de miedo; siempre se manejó con humildad y apego al mandato del Señor. Su saber y sus credenciales eran solamente Jesús, y éste crucificado.

Como nos reitera San Pablo, recordemos siempre que la eficacia de la predicación no depende de la elocuencia persuasiva, ni del dinero, ni de la fama, ni del prestigio personal; sino paradójicamente de la ciencia de Cristo crucificado y la fuerza del Espíritu que apoyan la debilidad del apóstol y su temor, acojamos la invitación del Señor a ser sal y luz de la tierra como se nos invitará en el evangelio de Mateo.

c) Del Evangelio de San Mateo 5,13-16.

Estos versículos del evangelio son la continuación inmediata de las Bienaventuranzas que comentábamos en la anterior entrega. Jesús nos demuestra con tres parábolas proverbio, qué es ser cristiano: sal de la tierra, luz del mundo y ciudad visible en lo alto de un monte (alusión a Jerusalén), Mateo utiliza un lenguaje narrativo muy sorprendente con estas imágenes.

La sal es un elemento común y familiar en cualquier cultura pues siempre se ha usado para dar sabor y preservar los alimentos. Pero, además, en la cultura bíblica y judía, la sal significaba también la sabiduría.

No en vano en las lenguas de origen latino los vocablos sabor, saber y sabiduría pertenecen a la misma raíz semántica y familia lingüística. Por eso, la sal resulta un feliz simbolismo, de gran riqueza expresiva, para centrar la misión del seguidor de Jesús en medio de la sociedad.

La sal es un protagonista muy apreciado en la cocina. Su presencia discreta en la comida no se detecta; en cambio su ausencia no puede disimularse. La sal se disuelve por completo en los alimentos y se pierde en sabor agradable. Bella manera de expresar el cometido del cristiano: ser sal de la tierra, sal humilde, sabrosa, que actúa desde dentro, que no se nota, pero que es indispensable.

De esta enseñanza de Jesús se desprende una hermosa lección: la fe, como constitutivo de la condición cristiana, es todo lo contrario de un aguafiestas, porque no es ascética, negativa o triste. Hay personas que tienen esa idea de la religión porque no se les ha revelado el verdadero rostro del Evangelio, que es por definición buena y alegre noticia de Dios para el hombre. La gozosa responsabilidad del cristiano es descubrir el rostro auténtico de Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre de todos nosotros.

El Señor que nos envía como sus discípulos, garantiza la eficacia de nuestra tarea iluminadora de la humanidad, alentándonos constantemente con la fuerza del Espíritu Santo. Ser sal y sabor de la vida, ser gracia festiva, ser esperanza y optimismo para el tedio y el cansancio de la existencia.

Sublime tarea la del creyente, desbordar sin ostentación la riqueza de una vida cristiana interior, fecunda y alentadora para los demás.

El simbolismo de la luz tiene un largo y fecundo camino en las páginas bíblicas: desde el Génesis en que se describe la creación de la luz, pasando por la columna de fuego que guiaba a los israelitas después de su salida de Egipto, y siguiendo la luz de los tiempos mesiánicos anunciada por los profetas, especialmente Isaías, para llegar a la plena luz de la revelación en Cristo Jesús. Él mismo dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”.

También el creyente en Jesús se convierte en luz para él mismo y para los demás.

El nuevo Pueblo de Dios (Iglesia, ciudad colocada en lo alto), la comunidad de los fi eles que sigue a Jesucristo, tiene la misión de ser luz del mundo, pues como dice el Concilio Vaticano II en la Constitución Luz de los pueblos: “la luz de Cristo resplandece sobre el rostro de la Iglesia”. Sin contentarnos con una fe alienante, exclusivamente cultural y ritualista, recordemos lo que leímos en Isaías en la primera lectura.

Esa fe era la que practicaban los escribas y fariseos, denunciados por Jesús como hipócritas.

Hemos de ser testigos de la luz, “no se enciende una lámpara para ocultarla, sino para que alumbre a todos los hombres”. Esa tarea de cada día, personal e intransferible en la familia, en la relación de los esposos entre sí, de los padres con sus hijos, de los adultos con las generaciones jóvenes, en el testimonio dentro del mundo laboral y cívico.

Fuente: Luis Alonso Schökel: La Biblia de Nuestro Pueblo.

1. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.

Curcutear: ¿dominicanismo o arcaísmo?

Por Rafael Peralta Romero

 Alguien ha preguntado si el verbo /curcutear/ es un dominicanismo. No sé el porqué de la pregunta, pero tiene lógica, ya que ese vocablo no aparece en el Diccionario de la lengua española, 23ª edición, la más reciente, publicada en 2014.

En tanto que el Diccionario del español dominicano, publicación de la Academia Dominicana de la Lengua, 2013, ha incorporado ese vocablo con las siguientes acepciones:

Curcutear. Revisar o buscar entre las cosas ajenas revolviéndolas. Y cita a Tulio M. Cestero en su novela La Sangre: “Una mañanita estaba yo en el mercado echá palante, curcuteando una pollona para encontrarle la gordura”. Pág. 56.

2-Indagar escrutar. Se apoya en Manuel Salvador Gautier, novela Tiempos para héroes: “A mí me suena el nombre por algún sitio, dijo Flor, poniendo la cara que ponía cuando curcuteaba la mente”. Pág. 201.

3-Manosear a una persona. De José Enrique García, el DED cita un fragmento de su novela Una vez un hombre: “El tiempo de calma era mejor, podíamos curcutearnos sin apuros, con tranquilidad y tiempo, con retozos que se iban hasta la madrugada”. Pág. 193.

El diccionario criollo también ha incorporado el adjetivo curcuteador (que curcutea) y el sustantivo curcuteo (acción de curcutear).

Curcutear. Aparece también en el Diccionario de Americanismos como una voz de República Dominicana con el sentido de “revisar o buscar entre las cosas ajenas revolviéndolas”. Es una publicación de la Asociación de Academias de la Lengua Española, hecha en Lima, Perú, en 2010.

En el curcuteo en torno a este vocablo he encontrado esta valiosa explicación de Carlos Larrazábal Blanco:

curucutear, curcutear, cucutear. “Aunque en las antiguas lenguas ibéricas, según he visto en Cejador, la raíz curr denota inclinación del cuerpo para hacer algo, y a pesar de que estas palabras tengan alguna apariencia de onomatopéyicas, es bueno tener en cuenta que kurukuru es «gallinero» en lengua mandinga. Curucutear significa trastear, buscar haciendo cierto ruido dentro de alguna gaveta u otro objeto, etc”. (Carlos Larrazábal Blanco, Vocabularios de afronegrismos, incluido en Antología, Archivo General de la Nación, editor Andrés Blanco Díaz, 2015, p.32).

Faltaba decir que muchos dominicanos dicen “cucutear” y no “curcutear”. Larrazábal incluye la forma “curucutear”, que de acuerdo a la página digital TuBabel, es empleada en Venezuela con el significado de husmear, examinar, fisgar, jurungar. Hurgar en cosas propias o ajenas.

En la peculiar forma del habla cibaeña se ha observado la habitual sustitución de la “r” por “i”: cuicuteai (¿Qué es lo que tú tanto cuicutea?).

Don Max Uribe aborda el asunto de forma escueta. Dice: “El Diccionario Vox, página 479, manifiesta lo siguiente en relación con el origen y significado del verbo transitivo curcutear. Curcutear. tr. Santo Domingo. Registrar (mirar con cuidado)”. Uribe, Diccionario de Dominicanismos y Americanismos, Santo Domingo, 2008, 180)

Bruno Rosario Candelier

La palabra se oye en usuarios de los diferentes niveles de lengua. En hogares rurales o urbanos se habla de “curcutear” o de “cucutear” (Déjate de estar cucuteando). El doctor Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, es entre los hablantes cultos quizá el más asiduo empleador de este vocablo.

Por ejemplo, para explicar cómo se elaboró el Diccionario fraseológico dominicano anota lo siguiente: “La segunda fuente donde curcuteamos frases y expresiones de la lengua hablada por los dominicanos es la prensa, en periódicos y revistas, tanto en ediciones físicas como electrónicas”.(El genio de la lengua, publicado por Academia Dominicana de la Lengua, Santo Domingo, 2016, pág. 121).

Muy recientemente, Rosario Candelier leyó un texto crítico sobre la obra narrativa del escritor Miguel Solano en el que expresó: “De la pluma de Miguel Solano fluyen el humor y la jocosidad, que se enciman a la azotea de su imaginación para fluir como cascadas que se desprenden de un gajo de la montaña. La emanación de júbilo y candor, propia de un ser feliz como Miguel Solano, que curcutea en los meandros de la realidad y desflora los entramados de su poetizar,… “, (La “Razón poética en Miguel Solano”, encuentro Interiorista, La Torre, La Vega, 17 de noviembre de 2016).

Rosario Candelier descarta que el vocablo sea un dominicanismo. Más se inclina por la idea de que /curcutear/ sea un arcaísmo, es decir una palabra muy antigua que ha caído en desuso. No quiero contradecir a una autoridad, pero lo cierto es que el vocablo tiene marcado sabor dominicano.
El debate está abierto.

Rafael Peralta Romero
Periódico el nacional (4 febrero, 2017)
redaccion[@]elnacional.com.do

 

Discurso Premio Nacional de Literatura

Por  Federico Henríquez Gratereaux

Antes que ninguna otra cosa, debo dar las gracias a los miembros del jurado que decidió concederme este año el Premio Nacional de Literatura;  y especialmente, a la Fundación Corripio y al Ministerio de Cultura que lo otorgan, institucionalmente, desde hace 27 años.  Debido a la generosidad de esas personas e instituciones me encuentro aquí, en este podio, dirigiéndoles la palabra a todos ustedes. A mis queridos nietos suelo decirles: soy un viejo extremadamente viejo, pues nací en los comienzos de la Era de Trujillo. Fue esa una época dura para mucha gente, especialmente para aquellos que deseaban expresarse artísticamente o intentaban entender el desarrollo de nuestra sociedad. Mi primer libro estuvo dedicado a estudiar «mi sociedad», la sociedad dominicana: “Notas para una teoría de la sociedad dominicana» se publicó con el título de: «Un ciclón en una botella». Lo cual quiere decir, unos problemas demasiado grandes para meterlos dentro de las páginas de un breve libro. Me preguntaba: ¿por qué hemos tenido a Santana, Báez, Lilís y Trujillo?  ¿Qué rasgos caracterizan a los dominicanos?

Aunque fue el primero en ser escrito, apareció después de «La feria de las ideas».   En este segundo libro, el tema central fue el pensamiento y la poesía en lengua española. Me interesaban los pensadores españoles que no escribieron sus obras en latín, como Unamuno, Ortega, Julián Marías. Yo pretendía llegar a ser escritor en lengua española. Para eso necesitaba conocer los filósofos, novelistas y poetas más importantes de nuestro idioma.  Primero, la sociedad en  que  nací;  segundo, la lengua  que  hablo y en la que fui educado.

1

   Luego de esos dos pasos de mi trabajo de escritor, tuve la suerte de conocer diversos países de América del Sur; países en proceso de organización política e institucional, en algunos aspectos parecidos a la República Dominicana.  Entonces escribí «Empollar huevos históricos«, libro que contiene: «Ensayar un ensayo sobre el ensayo,  -mi visión personal del ensayo-, y otro ensayo, que presta su nombre al libro entero.

Años más tarde, visité varias naciones de Europa del Este que fueron «sacudidas» socialmente por la Guerra Fría que siguió al término de la Segunda Guerra Mundial.  Viendo los odios que surgían entre  mis amigos, por motivos ideológicos, y los atropellos políticos que caracterizaron aquellos tiempos, concebí la idea de escribir un libro que abarcara el mundo completo, no ya mi país, el ámbito de mi propia lengua o el de los países en desarrollo. Así se fue fraguando en mi cabeza «Ubres de novelastra», un experimento narrativo, hibridación de novela con ensayo e historia. Ese escrito, cuyo tema es la Guerra Fría, fue puesto en circulación en 2008, en el auditorio de la Fundación Corripio. Aspiraba a ser una «madrastra» de la novela tradicional con nuevas capacidades de amamantar artística y emocionalmente.

Estas cuatro fases son como hitos o estratos de mi producción literaria. No mencionaré otros libros para no extender demasiado esta ceremonia, salvo «Disparatario«, un volumen compuesto, principalmente, por colaboraciones en los suplementos de periódicos extranjeros.

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Las colaboraciones periodísticas, semanales o diarias, son vistas  por los lectores  como simples «añadidos» automáticos de los periódicos. En verdad, constituyen una esclavitud laboral, sin la cual, lamentablemente, no puede haber buen periodismo, ni literatura de calidad. El entrenamiento profesional del escritor es el hábito de escribir continuamente.

Si algo he de decir a los jóvenes que aspiran a recorrer «el camino de la literatura», es que se trata de una «carrera inestable» erizada de dificultades; más bien una carrera de obstáculos. El escritor debe saber que su ámbito natural permanente será la soledad; y aceptar vivir rodeado de indiferencia ante una «actividad» que no es popular, que interesa a un grupo reducido de personas consideradas excéntricas. Esa indiferencia puede, en ocasiones, volverse un agresivo desdén, pues muchos de los temas eternos de la literatura son problemas controversiales o irritantes.  He llegado a ser el académico más antiguo de la Academia Dominicana de la Lengua; fui escogido en 1980. Las muertes del doctor Joaquín Balaguer y del doctor Mariano Lebrón me llevaron a esa ingrata posición; soy el más antiguo, pero no el más viejo. Sin embargo, mi animosa «vejentud», me permite mencionar estos desagradables asuntos a los aspirantes a escritores.  Yo he tenido suerte al recibir este premio y la medalla al mérito cultural del Ateneo Amantes de la Luz, de Santiago.  Ser escritor   no   es una elección entre   varias opciones sino una dolorosa compulsión vocacional. Felizmente, el trabajo del escritor contiene una «poesía implícita» que  compensa todos los escollos.

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     Aprovecho la ocasión para referirme a mi actual columna periodística en el diario «Hoy», de lunes a sábado. En los últimos cinco años he «consumido» en «A pleno pulmón»  bastante más de tres mil páginas de escritura. El periodismo es una forma lícita de ganarse la vida que han tenido muchos escritores. En este caso, puedo decir que «A pleno pulmón» ha sido, primariamente, un servicio público de carácter intelectual o cultural, como lo es mi programa de TV «Sobre el tapete«, con treinta años en el aire.  Concluyo, igual que San Jerónimo, afirmando: «de las amargas semillas de la literatura he cosechado dulces frutos«. Y si Dios me concede buena salud, espero seguir produciendo  libros, folletos, artículos, programas de TV.

Nada de esto hubiese podido hacer, por tantos años, sin el concurso permanente de mi familia, de mi mujer, hijos y nietos, de cuyo respaldo emocional, doméstico y práctico, he beneficiado siempre.

Muchas gracias.

Federico Henríquez Gratereaux

Semblanza de Federico Henríquez Gratereaux

Por María José Rincón

El hombre auténtico está compuesto por un haz de vidas complementarias, nos recordaba Pedro Laín Entralgo. El hombre de una pieza, que tanto alaba nuestra expresión popular, no existe, entonces; Federico Henríquez Gratereaux no es, en este sentido, un hombre de una  pieza, y hacer la semblanza de su vida  nos obliga a remontar el curso del río dispuestos a navegar sus corrientes vitales diversas hasta, quién lo diría mirándolo y conversando con él,  hasta 1937,  en ese «lugar de las Antillas, cuyo nombre recuerda perfectamente, pues se trata de la ciudad más vieja de América».

Aunque si le hacemos caso, el hombre común, si es que logramos englobar a don Federico en esa categoría, dispone de una sola vida y de esta parcialmente: «una parte importante de nuestras vidas se nos escurre por la infancia (…).  Después asistimos a la escuela donde nos imponen las letras y los números.  Llegados a la mayoría de edad empieza a despuntar el carácter propio; aparece el feto de nuestra vocación (…). Enseguida experimentamos el choque con el contorno (…). Es el comienzo de la vida real, la vida personal de cada uno.  A partir de ahí arranca nuestra auténtica vida». Quizás para él es el momento en que decide contradecir a su madre, quien le aconsejaba fervientemente que se dedicara a la contabilidad en lugar de a las letras.

Para seguir los pasos de las vividuras de nuestro premio nacional de literatura habremos de hacerlo, como él nos enseña día a día en sus artículos, desde la respiración: a pleno pulmón, o quizás, tratándose de seguir la obra vital  y literaria de don Federico, echando el bofe.

Su haz de trayectorias vitales está atado por el mimbre sutil y a la vez persistente de la palabra: el lector, el conversador, el periodista, el académico, el escritor. Y un eco de sus palabras se imbrica pertinaz entre las mías mientras voy trazando estas líneas.

El Federico Henríquez lector impenitente ha ido ensartando su figura humanística y su sobresaliente bagaje cultural; y ha ido poblando al conversador nato con su admirable verbo erudito, ese que es capaz de citar de memoria y, aparentemente sin esfuerzo, autores y obras, versos y anécdotas; una  capacidad que nos admira en cada conversación, inconcebible para los que nos hemos formado en una escuela que desprecia la memoria. Escribió una vez Mora Serrano que Federico Henríquez Gratereaux es uno de los conversadores más extraordinarios que jamás tuvo este país de grandes conversadores. Para él las conversaciones amables «favorecen la digestión, el ritmo cardíaco y quién sabe si también regulan el metabolismo».

La ética vital de don Federico le exige llegar a ser el que es en potencia, el que reclama su vocación más íntima. No hacerlo se convierte para él en una inmoralidad.  Su incómoda vocación personal y sus circunstancias vitales van tejiendo a su alrededor su tapiz vital:  «ser escritor en un país pobre y con muchos analfabetos no es tarea fácil; no hay dinero para comprar libros, ni educación para apreciarlos. Para lograrlo debes ser, simultáneamente: editor, periodista, productor de televisión, impresor. Escribo libros de ensayos, folletos de sociografía, artículos periodísticos y otros textos inclasificables; no los escribo para ganar premios (aunque sus escritos son los responsables de que estemos hoy aquí entregándole el Nacional de Literatura); no los escribo para ganar premios, los redacto por una incoercible necesidad de expresión».

El periodismo es para él una rendija para el drenaje de sus humores y un ungüento expresivo para mitigar los dolores por su país. Con su ejercicio de palabras contadas, afirma, ha evitado al psiquiatra, ha ejercitado la inteligencia y ha desafiado su capacidad verbal para la comunicación apropiada. Cuando las columnas periodísticas le permiten hablar de poesía o de filosofía, miel sobre hojuelas, le sirven como soportes para su integridad personal: sostienen su gran pasión por la lengua como expresión del pensamiento; el valor terapeútico de la escritura que, a menudo, nos pasa desapercibido a los que la practicamos.

Pero escribir es también un vicio, una manía, un oficio perentorio, que no deja vivir al escritor que lo es «de raíz». El escritor periodista, y don Federico lo es (fue director general de El Siglo desde 1997 hasta su cierre en 2002, productor del programa de televisión Sobre el tapete, y columnista de diario en Hoy) mira a la realidad de forma abarcadora; «quiere ver  lo que le rodea en el presente, penetrar el pasado y pronosticar el porvenir». Considera que, como escritor, está obligado a abrir bien los ojos; abrir bien los ojos para ver Un ciclón en una botella (1996), su contribución a la elaboración de la imagen sociográfica de la República Dominicana, a cuya historia se acerca, en calidad de naúfrago, a través de una «maraña de pasiones y de enigmas» solo pertrechado por la tabla de salvación de sus obras ensayísticas, género que domina con maestría y que le valió el Premio Nacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña; un puñado de ensayos que nos enseñan lo que somos y cómo lo somos: Peña Battle y la dominicanidad;  Un antillano en Israel ;  Negros de mentira y blancos de verdad; Cuando un gran estadista envejece; La globalización avanza hacia el pasado;  La guerra civil en el corazón; Disparatario;  Pecho y espalda; y abre bien los ojos para asistir a la La feria de las ideas donde analiza  la literatura y el pensamiento expresados en nuestra lengua materna.  Pero el escritor también está obligado a entornar los ojos y a lanzarle una penetrante «mirada oblicua al mundo». Su «recia vocación intelectual», como la describe Rosario Candelier, le impide «saltar fuera de su sombra»; porque la responsabilidad del escritor, cercana a la del filósofo, es el conocimiento a través de un modo especial de vincularse con la realidad, compleja y enigmáticamente, a través de las palabras, «a modo de calador intuitivo que clavan en el gran saco del mundo».

Unas palabras que don Federico ha visto degradarse, tergiversarse, contaminarse por el uso de farsantes de toda calaña. Por el contrario admira la capacidad de escritores y filósofos para inventar nuevas palabras, «nuevas palabras para que nos ayuden a sentir o a pensar con más intensidad y alcance intelectual. Muchas palabras viejas y gastadas ellos las remozan y echan a rodar de nuevo dentro del pueblo que las acuñó; que las reconoce enseguida y las acepta con el valor agregado que artistas y pensadores les imprimen». En su condición de novelista remozó el sustantivo novela añadiéndole el sufijo despectivo para transformarla en Ubres de novelastra (2008), y dilucidar con ella los problemas universales del ser humano a través de un ensayo estilístico sobre las falsas novelas.

Es su oficio de escritor el perfeccionamiento de la capacidad de expresión, en el que, como él mismo enumera, «entran en juego la formación académica, las lecturas superpuestas, la gramática de la escuela primaria, y hasta el modo de hablar de los padres». Y el dominio inteligente del buen decir tiene mucho de disciplina, la que él considera «la disciplina del entendimiento, el rigor mental», que, «una vez se posee, sirve para todo, y no solo para la literatura o la filosofía».

Todos esas gotas han colmado el vaso lingüístico de Federico Henríquez, quien ocupa el sillón K en su condición de miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, de la que es subdirector, y correspondiente de la Real Academia Española; académico de una lengua, la nuestra, la de quinientos millones de hablantes y largos siglos de historia, que domina con la maestría, el humor y la gracia de los clásicos.

Hay dos facetas que en él admiro sobre las demás, por lo que tienen de faro para los que nos dedicamos a las letras y vivimos en estos tiempos, su dominio verbal y su presencia humana, que destila siempre amor y orgullo por su familia. Sé de su conciencia del tiempo y de la brevedad de la vida para dar cumplida cuenta de las tareas que nos restan por acometer. Cuando sus lectores, mal acostumbrados por su presencia diaria en la prensa, le reclaman por sus raros silencios, él les recuerda que tiene el derecho de echarse de vez en cuando a dormir sobre un pajonal.

No se le olvide a don Federico, no se te olvide, Federico, que el español ha ganado con tu ejercicio, que las letras dominicanas han ganado con tu figura y con tu dominio de la pluma y que tienes muchas tareas pendientes, por tu bien y por el nuestro.

Santo Domingo, 21 de febrero de 2017
María José Rincón González
Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

La sensibilidad poética de Rita Guzmán

Por Bruno Rosario Candelier 

Nadie tocará la aurora
para entrar a mi cielo.

(Rita Guzmán)

   La creación poética de Ana Rita Guzmán Ceballos, una de las genuinas creadoras entre las escritoras de poesía en las letras dominicanas, proyecta una honda experiencia vivencial en su sensibilidad y su conciencia. Reconocida profesora de sociología y brillante cultora de una enjundiosa lírica, nuestra agraciada poeta hace del arte del lenguaje el centro de sus apelaciones entrañables y el cauce de sus inclinaciones estéticas (1).

Realmente cuando se habla de poesía nos referimos a una creación del lenguaje que puede responder a la expresión de la realidad sensorial y también puede ser la comunicación de lo que se sale de la realidad porque la poesía tiene la virtud de aludir a la realidad del mundo sensible y al mundo de lo invisible, ya que puede hablar de las cosas que se manifiestan con sus datos perceptibles, como puede también hablar de los fenómenos metafísicos.

La obra de Rita Guzmán es la expresión de una energía, de lo que desde la Antigüedad grecolatina se llamaba ENERGÍA CREADORA, y esa energía creadora es connatural al ser humano porque forma parte de la dotación del Logos, que ya Heráclito de Éfeso, uno de los antiguos pensadores presocráticos, por su alta dotación espiritual le atribuía una energía divina, que calificaba como el más hermoso don que hemos recibido los humanos en cuya virtud podemos hablar, pensar, intuir y crear, como se evidencia en la poesía ya que esa elevada manifestación de la creatividad verbal plasma con el lenguaje de la lírica las más hondas y cautivantes intuiciones y vivencias.

La poesía es una creación del lenguaje, y esa creación tiene un carácter estético; pero esa creación estética, aunque tiene los mismos atributos para todos los creadores en cuanto a que es una expresión de la creatividad, sin embargo en cada creador es diferente, ya que en cada autor la poesía tiene una manifestación peculiar y específica en función de la sensibilidad y el talante del poeta.

En el caso de Rita Guzmán Ceballos, nuestra poeta canaliza su energía creadora a través de la palabra poética en donde se pueden apreciar tres vertientes claves para entender la línea de creación de la poeta francomacorisana. En su poesía hay una energía telúrica, una energía erótica y una energía divina. Por energía telúrica entiendo el aliento que recibimos de la tierra, el impacto físico que recibimos del terruño donde nacemos y nos criamos. El espacio físico donde nos desarrollamos inyecta en nuestra sensibilidad una energía peculiar que configura nuestra sensibilidad y entonces canalizamos a través de la creación lo que la tierra inyecta a través de los alimentos, del ambiente y el paisaje, de la historia y la cultura.

La segunda dimensión es erótica. Uso la palabra “erótica” en el sentido griego, que aludía no solo al amor, el erotismo o la potencia erótica de la sensibilidad humana, sino también a la dimensión espiritual como la entendían los antiguos filólogos helenos, para los cuales esa vertiente o manifestación de la inteligencia y la sensibilidad despierta en nosotros el deseo de ser, el anhelo de saber y el ímpetu de crecer interiormente, de manera que se trata de un aliento especial. La energía erótica es un aliento especial que brota en nosotros y que hace que seamos lo que somos, que canalicemos nuestro potencial creador y encontremos un cauce específico para canalizar todo el potencial con que venimos a la vida, que se manifiesta de una forma amorosa, con plena compenetración del propio creador desde el hondón de su sensibilidad en conexión con el mundo circundante o con la realidad social o cultural que le ha tocad vivir y compartir, y eso es hermoso saberlo, sentirlo y proclamarlo.

La tercera faceta que se puede apreciar en la creación poética de Rita Guzmán es la connotación divina de la palabra, que es una dimensión metafísica y trascendente en su creación poética. Fíjense en lo que dicen Ana Rita en la introducción de su primer libro, Voces cercanas al silencio (2), donde expresa que se siente “conmovida ante la felicidad que brindan las cosas pequeñas”. Es decir, nuestra poeta se conmueve por todo, porque lo siente todo, lo sufre todo y lo vive todo con el gozo de lo viviente, y es una dicha sentirlo y decirlo en virtud de lo que tienen los poetas, que Garcilaso de la Vega, el famoso lírico español del siglo XVI, llamaba “el dolorido sentir”. Los genuinos poetas experimentan un “dolorido sentir” en virtud del cual lo sienten todo y lo viven todo, aunque también lo sufren y lo gozan todo, y ese poder de su sensibilidad hace que se vuelque su conciencia y se manifieste creadoramente en el arte de la creación poética, porque la poesía no es solo la expresión de emociones y belleza, sino también la expresión de mensajes profundos, del sentido trascendente que propicia la vida y el Cosmos. Rita Guzmán se siente “fascinada por la intensidad del silencio…”. El silencio tiene algo singular que desemboca en la sensibilidad interior de Rita porque su talante, que es la manera de sentir, está adiestrado para vivir el trasfondo del silencio y ver más allá de las apariencias de fenómenos y cosas:

Estos fragmentos se  fueron volviendo

huellas de mi presencia…

Alude la poeta a su creación poética. Todo el mundo vive una presencia, y todos tienen una manera de vincularse con el Todo. Al final de su prefacio, escrito en San Francisco de Macorís en el 2007, escribió nuestra poeta: “Se desvanece mi resistencia compartir el perfil de tantas cosas reflejadas en el espejo de este canto”. Este canto es su palabra, su creación poética, la expresión de su sensibilidad y su conciencia:

Dejo escapar mis palabras

que huyan hasta convertirse

en infinitas efigies apenas

apreciables por corazones viajeros.

 Entonces la persona lírica se retrata a sí misma, diciendo quién es ella, cómo es su sensibilidad, qué hay en el trasfondo de su ser y, entonces, en esa dimensión estética, metafísica y simbólica aflora su energía erótica, la energía que está en todos nosotros y en todo lo viviente.

La energía erótica se puede apreciar desde tres perspectivas en la creación poética y, de un modo especial, en la lírica de Ana Rita Guzmán: desde la perspectiva del yo; desde la perspectiva de la creación; y desde la perspectiva del Cosmos.

Ana Rita Guzmán Ceballos, que tiene consciencia de que está instalada en el mundo, que tiene una singular conexión con lo viviente y que es dueña de una profunda intuición para captar y expresar el sentido de fenómenos y cosas, acude a la palabra para decir lo que intuye y mueve su sensibilidad espiritual y estética (3):

Después de mil lunas sin dormir

confirmo de tu canto apenas

algunos ecos que suenan

confundidos entre voces

cercanas al silencio.

 Es decir, para Guzmán Ceballos el silencio es una expresión de la conciencia. Y en su vivencia particular y desde el fuero de su intimidad, la conciencia perfila y recrea el eco de las cosas silentes porque ella percibe el sentido del mundo, de las cosas que fluyen y, sobre todo, la dimensión inédita y esencial de lo existente, lo que es propio de los poetas o de quien tiene sensibilidad poética. En uno de sus poemas escribe:

Nostalgia del tiempo

atrapada en sus ojos

la espera impacienta la manada

de lobos

que llevan dentro.

 Esa expresión simbólica, “manada de lobos que llevan dentro”, con una connotación representativa, es una manera de decir que los seres humanos llevamos dentro un demonio, aunque también llevamos un ángel, para aludir a una expresión figurativa y deíctica que fluye en nuestro interior y, desde luego, depende de la actitud interior, de nuestra concepción de las cosas y de nuestra sensibilidad metafísica para que el peligroso lobo -o el amoroso ángel- se activen y actúen. Para aplacar la furia del lobo secreto, con las manifestaciones intolerantes de la conducta o el pensamiento ajenos, sugiere el cauce de un fluir consentido con la capacidad para dejar pasar.

En su poetizar, el lobo poético de Ana Rita entraña una dimensión peculiar, es decir, la representación simbólica de una actuación audaz, desafiante y sorprendente: “Nunca me dijeron que el lobo es tan encantador. Como mansa oveja me educaron. Ciega de vida y versos con manía de lo cierto en las manos sin locura vagando por mis huesos. Nunca supe que el lobo de los cuentos vivía en la tierra prohibida del deseo que podía desatar vida con su lluvia cúpula mágica de espuma y sueños como un Dios creando el universo. No hablaron de ese animal perverso que inventa un mundo con su beso todo un bosque lleno de amapolas gritando en cascada sangre silvestre por las ardientes venas del delirio. Para ser una mansa oveja así de tierna me educaron. Nunca me dijeron que en las noches de luna sale el lobo hambriento del rojo territorio donde guardo mi vergüenza” (4).

En otro de sus poemas Rita Guzmán revela un pensamiento similar en una imagen cautivadora y densa:

Todo lo inventó este corazón viajero

la nada se agiganta.

  La poeta francomacorisana percibe las señales físicas y metafísicas del Universo, lo visible y lo no visible del mundo circundante y del ámbito sobrenatural, y en virtud de esa peculiar dotación intelectual y estética con que vino a la vida esta singular mujer llamada Ana Rita Guzmán ha podido sintonizar facetas y texturas de ambas realidades que sintonizan y expresan los poetas cuando testimonian lo que su sensibilidad percibe, lo que valoran de fenómenos y cosas, que es uno de los grandes atributos de los creadores de poesía y ficción. En “Olor a jazmín” escribe nuestra agraciada poeta:

Cabálgame,

llévame por el camino

que conduce al infinito.

   Esa es una profunda llamada que experimenta Ana Rita, apelación que sienten las personas con sensibilidad trascendente mediante el anhelo de vivir una compenetración profunda y entrañable con el infinito porque procedemos de una fuente infinita. Todo lo que existe procede de la fuente de la Divinidad, que es infinita, y todo desemboca en esa misma fuente primordial de cuanto existe. Por eso nosotros somos infinitos. Nada de lo que existe perece porque todo cuanto hay en el Universo fue creado por el Padre de la Creación, y lo que Dios crea no perece. Todos nosotros, en efecto, somos inmortales porque somos una emanación de la Divinidad. Y la alta creación poética procura dar cuenta de esa suprema condición de la naturaleza humana.

La creación poética es una expresión de las imágenes y los símbolos del fluir de lo viviente que encarna el significado de las emanaciones trascendentes provenientes del Numen cósmico. Para los antiguos griegos, el Numen encierra el caudal de la sabiduría espiritual del Universo, donde todo está registrado porque hay una sabiduría infinita, y los poetas son las personas dotadas de un circuito interior en su conciencia en cuyas neuronas cerebrales perciben las irradiaciones de la trascendencia y, en tal virtud, pueden entrar en conexión con las ondas electromagnéticas que conectan su conciencia con el fluir trascendente del Universo.

Nuestra poeta se inserta en el mundo, se siente parte del Universo y entra en conexión con el caudal de lo viviente en virtud de su sensibilidad empática y fecunda. Y en función de su conciencia, en “Te entrego este alud de sueños” expresa:

Las horas giran extendidas

en la memoria de tus besos,

llaman sus abrazos

cuando contemplo el firmamento.

Tu presencia desnuda, espanto de mis ruegos.

Comienzo a creer en que más allá del cielo

alguien siembra la vereda de árboles,

flores, pájaros, viento.

Por eso nuestra admirada poeta, ataviada de rocío, despliega su sentir:

Justo allí donde huela a jazmín

y se escuchen a los pájaros

anunciando otro día.

La emisora de estos entrañables versos percibe el fluir de lo viviente como una presencia significativa que concita su sensibilidad y estimula su conciencia. Por eso pone su sensibilidad, su intuición y sus palabras al servicio de ese propósito que tiene la poeta para hacer de la sabiduría y el amor la llama del aliento cósmico, la fuerza genesíaca de lo viviente y el aliento redentor de los sentidos, justamente en función de ese poder, de esa energía erótica y de esa energía divina que atraviesa su sensibilidad y cautiva su conciencia. Ana Rita no es una mujer común y corriente porque está dotada de una energía divina, del aliento espiritual que recibió para dar un testimonio singular del mundo mediante su palabra creadora canalizada en su expresión poética. En “Versos que cantan” escribe emocionada:

Me besas y te vas

para regresar de nuevo.

Como las tormentas del Caribe

abates mi territorio

y lo llenas de hojas, ramas, vientos.

Tus lluvias inundan los huecos de mi isla;

desbordamiento del deseo

simientes milenarias.

Esas simientes milenarias las perciben los genuinos poetas que viven en comunión con la energía espiritual del Universo:

Resistiendo lazos que sangran

al ritmo caprichoso de los siglos secretos.

   Fíjense qué manera tan hermosa y profunda de escribir de esta singular poeta:

Te gusta llegar a mi playa

y besar las arenas de mis versos

como lirios blancos

o como espuma blanca.

Olas que danzan

se llevan tus tibias aguas que no descansan

para volver a mojar mis arenas sedientas de tu boca.

La luz es promesa de que volverás,

la tarde me enciende

y ardo como tronco seco.

   Esa sensibilidad estética y espiritual, que se conjuga en la creación poética de Ana Rita Guzmán Ceballos (5), da cuenta del portento de su creación porque, desde luego, para sentir como ella siente hay que tener una sensibilidad caudalosa, amplia, profunda y estremecida. Y también hay que tener una conciencia sutil, pareja a esa sensibilidad estremecida y estremecedora, como la de Rita Guzmán. Por esa razón, para esta poeta el silencio es la voz del misterio; el silencio es la huella de lo arcano que siempre está presente porque estamos rodeados de cosas visibles pero también de cosas invisibles que la sensibilidad trascendente capta misteriosamente en virtud de los sentidos interiores que tenemos para ponernos en conexión con esa dimensión profunda y trascendente de las cosas. En “Enamorada de la noche” escribe impregnada del aliento de la belleza y el misterio:

Enamorada de la noche

colgada de encanto a medio cielo

repleta de luz

dulce de esperanza.

Embriagada de silencio.

 Ustedes se imaginan cómo una persona puede sentirse embriagada de silencio:

Embriagada de silencios,

quieta de magia acompaña a las estrellas,

embellece al firmamento.

Ayer vi la luna

reflejada en el agua de los arrozales

buscando imitar tu mirada.

   Esa es la expresión erótica, la expresión amorosa de la dolencia divina, la expresión de identificación con lo viviente, el testimonio de la sensibilidad profunda que marca y distingue los rasgos de una creadora, como Rita Guzmán, por lo cual en su poesía hay una reflexión lírica, estética, metafísica y simbólica. Vertiente lírica del caudal de sus emociones entrañables. Vertiente estética del mundo de sus vivencias engarzadas al fluir de lo viviente. ¿Vertiente metafísica y simbólica de qué? Del cauce que ha de transitar la creatura consciente del destino que le aguarda. Por eso ella puede escribir:

Por todas partes

el delirio camina sin rumbo

desde el norte hacia el sur

el sendero es soledad,

El polvo de la sal deja sin sabor su garganta.

Todas las voces naufragan en mar de silencios.

Todo el cielo descobija tu techo.

   Esa manera de escribir puede desconcertar al lector que desconozca el lenguaje de la poesía porque la poesía tiene un lenguaje diferente al lenguaje con que usualmente nos comunicamos; por eso quien no conoce el lenguaje de la poesía no puede entender la creación poética. Muchos creen que ese lenguaje es asunto de gente rara, o de gente que no está en este mundo; no entienden que se trata de un don especial. Por eso decía Platón que los poetas recibieron el don creador de la Divinidad para que con ese don, con esa virtualidad poética, pudiesen captar los mensajes profundos inherentes a imágenes con el sentido de los símbolos arquetípicos que provienen de la fuente misma de la Divinidad y que nosotros, lo que no somos poetas, no entendemos. Los exégetas e intérpretes de la poesía sí lo entendemos, pero quien no es poeta se pierde en su comprensión porque es un lenguaje diferente, un lenguaje de lo arcano porque solo la intuición penetra en esa dimensión profunda y capta, a través de la revelación, mensajes que vienen de la cantera del infinito; y por eso los poetas no son seres comunes y corrientes; por eso en la antigua Grecia se veneraban a los poetas. Si Ana Rita Guzmán hubiese nacido en la antigua Grecia, al pasar por las callejuelas de Atenas la hubiesen venerado y los transeúntes se hubiesen inclinado en señal de reverencia porque vino al mundo con el don de los elegidos. Ana Rita fue elegida por la Divinidad, por las Musas o quién sabe por cuál potencia cósmica al recibir el don de la creación poética. Por eso ella puede decir conceptos y expresiones que nosotros, los que no somos poetas, no podemos expresar. Por eso ella escribe convencida de su alto don:

Soy eterna

al descubrir en ti mi locura más sana

el milagro del amor en una mujer,

que como yo,

había agotado los manantiales.

   Esa expresión amorosa, poética y erótica, tiene esa dimensión trascendente en esta creadora que ha sabido articular, mediante la palabra poética, lo que dicta el trasfondo del silencio de fenómenos y cosas. Podemos decir que Ana Rita Guzmán Ceballos es la poeta del silencio, la poeta que le canta el sentido del silencio inherente a lo viviente y que describe lo que el silencio sugiere mediante sus voces secretas y entrañables como se manifiesta a través de la creación poética de esta dominicana ejemplar.

Bruno Rosario Candelier
Encuentro del Movimiento Interiorista
Moca, Ateneo Insular, 23 de enero de 2016.

Notas:

1. Ana Rita Guzmán Ceballos nació en Santo Domingo, aunque ha vivido la mayor parte de su vida en San Francisco de Macorís, donde ejerce la docencia en el área de sociales y participa en la vida cultural. Socióloga y especializada en educación, tiene un doctorado por la Universidad del País Vasco en psicología y educación. Presidió la Casa de la Cultura y el Centro de la Cultura, ambos de San Francisco de Macorís, y ha participado en cónclaves nacionales e internacionales.
2. Cultora del lenguaje poético, publicó los poemarios Voces cercanas al silencio y Libertad a media luz.
3. Al agradecer el reconocimiento que la Academia Dominicana de la Lengua y el Ateneo Insular tributaron en Moca a Ana Rita Guzmán Ceballos, la distinguida poeta francomacorisana expresó: “Jamás en mi vida había esperado esto. Muchas gracias, me quedo sorprendida, no me creo merecedora de tanto. Quiero agradecerles a ustedes, agradecer la generosidad de don Bruno Rosario Candelier, de Ramón Antonio Jiménez y de Rita Díaz, y agradecer la presencia de mi familia, que está aquí. Gracias por este reconocimiento que acepto con mucha humildad. Es el segundo reconocimiento que don Bruno me hace porque el primero fue una vez que nos encontramos en el Aeropuerto Las Américas de la capital dominicana, y le dije a mi esposo: “Mira, ese es don Bruno, vamos a saludarlo”. Y cuando le dije a don Bruno mi nombre, me comentó: “En San Francisco de Macorís hay una poeta que se llama Rita Guzmán, como tú, cuya obra valoro por su calidad”. Entonces, emocionada, le dije a don Bruno: “¡Esa soy yo!”. Esa noche yo me quedé hablando de su espontaneidad y de lo bien que don Bruno me hizo sentir”.
4. Ana Rita Guzmán Ceballos, Libertad a media luz, Santo Domingo, Ministerio de Cultura, 2014, p. 55.
5. Palabras de Ana Rita Guzmán Ceballos en el acto en su honor celebrado en el Ateneo Insular en Moca el 23 de enero de 2016: “Yo pienso que los duendes hacen su juego y esto tenía que ser en Moca, tierra de mi madre, y qué hermoso que esto se diera aquí. Tomo la palabra de Huidobro y pregunto: ¿quién sembró la angustia en la llanura de tus ojos como el adorno de un dios? Y retomo a esa presentación de la que hablaba don Bruno Rosario Candelier para responder: como si la magia pudiera describir ante la incógnita melancolía del permanente retorno de mis errores y el doloroso cansancio de las brumas cotidianas conmovida ante la felicidad que brindan las cosas pequeñas, deslumbrada por el vacío del tiempo, fascinada por la intensidad del silencio, estos fragmentos se fueron volviendo huella de mi presencia agitando en las cumbres de mi ser. El germen de esta canción libertaria estuvo marcada decididamente por la subversión de mis sueños terrenales los cuales me vistieron de soledad. En el marco de la discursiva paradoja de la cultura institucional necesité respuesta de la imaginación, necesité sentirme fugitiva y volar sin control, encontrar mi identidad; quizás una subcultura de supervivencia personal me llevó a la poesía y para mí, en esencia, la poesía es eso en mi cotidianidad, una fuerza que me ayuda a sobrevivir y tolerar con una sonrisa los avatares a veces muy fuertes a los que la vida me ha sometido. Dicen que la poesía no es una opción, yo no sé. Yo siempre fui buena lectora de poesía y mi primer libro lo tuve a la edad de 9 años y me maravillé. Entonces siempre he estado deslumbrada con mis poetas preferidos. Yo soy loca con Fernando Pessoa, con Miguel Hernández, con Rabindranah Tagore, con Federico García Lorca, con muchos otros, y no tengo esa fidelidad con la poesía porque me paso un fin de semana con Franklin Mieses Burgos y me enamoro, me olvido del mundo, y así si retomo a Lorca y ya todo es él, y el próximo fin de semana me tiro en los brazos de Miguel Hernández y digo que él es mi preferido y así voy. Yo misma debo decir que fui la principal sorprendida con esa fuerza con que yo comencé a escribir. Escribía poemas de un tirón y creo que el silencio… cuando murió el padre de un amigo y varios días después de eso mi amigo me llamó y me dijo: -Doña Rita, usted que vino y yo se lo agradezco tanto, pero yo solo le pude dar mi silencio-; eso fue como un riflazo y conocí el silencio ya de adulta, así como llegué adulta a la poesía, pero la derrota, los problemas del mundo me abrieron un cauce a la poesía y en ella encontré esa estrategia de vida. Me sorprendió mi propio erotismo. Yo decía: “Una mujer de cuarenta y pico de años siendo directora de una academia y describiendo una relación amorosa, describiendo un amor solitario”. Y me decía un profesor que ellos se reunían a hablar de la crisis del capitalismo, de que hay que retomar el pensamiento marxista, pero después que salió su libro nada más hablamos de torbellinos. Es decir, yo no soy una mujer de mundo, soy una mujer de bajo perfil en el sentido de mi existencia, en el sentido de la tranquilidad. Yo soy una educadora y me he dedicado a eso, a la gestión cultural; he estado siempre envuelta en esos afanes de la gestión cultural pero nunca la escritura fue mi oficio y de pronto yo misma veo este desbordamiento y así llegó el poema “Ojos de luna”, un poema que a mí me gusta. La vida me presentó una situación muy difícil; me vi de cara a la muerte y comencé a hacerle un homenaje al dolor, a escribir; hay cosas que son tan profundas, tan íntimas que no las he publicado porque son parte de mi intimidad esencial; pero hice un homenaje al dolor, a la libertad y es que la poesía ha permitido que experiencias dolorosas, que han estado cerca como la muerte, hayan sido canalizadas en el canto: Más allá de la fatalidad las palabras/y con ella los ojos de la esperanza/se abren como el soplo incierto/del niño recién nacido/que aún no conoce el juicio final. Muchas gracias por este acto tan maravilloso”.

Voces y sentidos de un glosario de símbolos: voces representativas en su formalización operativa

Por Bruno Rosario Candelier 

A Reina Lissette Ramírez,
 Amanuense de símbolos arquetípicos.

 

Naturaleza de la simbología

El concepto de símbolo alude a la imagen con la que física o metafísicamente se representa un concepto intelectual, moral, estético o espiritual, diferenciándose de los signos en general. Los signos “significan”, es decir, sirven como referentes o imágenes de una cosa; mientras que los símbolos, además de “connotar”, “simbolizan”, es decir, representan un concepto diferente del significado básico que la palabra expresa en su sentido primario, connotación que funda su dimensión simbólica. Por ejemplo, la paloma, como signo, es un ave, y como símbolo, representa al espíritu.

El término simbología (del griego symbolon, ´signo´, y logos, ´estudio´) es una rama de la lingüística que estudia el caudal de símbolos, razón por la cual constituye una parte especializada de la semiología, ciencia que se ocupa del estudio de signos y símbolos de una comunidad, una disciplina o una cultura. Un símbolo es la representación sensorial de una idea que guarda un vínculo convencional y arbitrario con su objeto de referencia. La noción de simbología sirve para identificar al sistema de símbolos que encarnan los diferentes elementos de su representación. En tal virtud, se puede hablar de la simbología de cualquier rama del saber, con los iconos o representaciones gráficas que permiten reconocer cada elemento significativo.

Cada saber tiene su propia simbología. Y cada lengua tiene la suya. En la literatura dominicana hay un caudal de símbolos que este diccionario presenta, describe y ejemplifica. En tal virtud, es posible clasificar la simbología según su objeto de estudio o área de su competencia. En este sentido, la simbología religiosa estudia los símbolos que intervienen en una creencia o práctica ritual o confesional. De igual manera, la simbología del folklore, de la cultura culinaria o de otra vertiente de la mentalidad o de la idiosincrasia de un país se ocupa de los símbolos que representan dichos aspectos dentro de la vida social, histórica, lingüística y cultural. En ese orden de ideas, la simbología de una cultura comprende todos los símbolos que permiten reflejar su idiosincrasia cultural. El himno nacional, el escudo y la bandera son ejemplos de símbolos que forman parte de la cultura simbólica de una nación.

La historia de la humanidad ha plasmado una inquietud del ser humano por la representación simbólica de su entorno y su cultura, a través de un simbolismo peculiar. Basta con referirse al descubrimiento de la escritura, como comprensión de este sistema de signos y símbolos que contribuyó a la relación entre los seres humanos. Por lo general, un símbolo puede representarse por una palabra y una imagen para significar un concepto o una vivencia. Para citar un ejemplo, en la tradición egipcia, el escarabajo significa y representa, lo mismo la palabra que su imagen icónica, la idea de la resurrección, que se usó como amuleto de vida y poder, como una protección contra el mal, visible e invisible, proporcionando aliento y fe al espíritu humano.

El lenguaje simbólico canaliza las intuiciones de creadores, hablantes o poetas, así como pensamientos, emociones y deseos. Como potencia generadora de pensamientos, la energeia de la creación se manifiesta en conceptos, imágenes y símbolos que fundan un decir peculiar en forma expresiva, técnica compositiva y visión espiritual que recrea la experiencia humana acumulada en la historia y la cultura, que la lengua recoge y formaliza.

 Un diccionario con valores simbólicos

La elaboración de un diccionario de simbología conlleva la reunión del entramado representativo propio del ámbito de referencia en su conjunto lingüístico, histórico, literario, social y cultural. La riqueza de sentidos de los símbolos en la historia de la cultura es relevante, y una de las dimensiones fundamentales es su realización en el fuero de los textos escritos, en especial los literarios, ya que una vertiente principal es la simbólica. En su formalización, este diccionario tendrá una estructura enciclopédica.

La Academia Dominicana de la Lengua creó un equipo de trabajo para la investigación de voces con valor representativo con miras a la confección de este Glosario de términos simbólicos.

En mi condición de director de la ADL y coordinador de las tareas lexicográficas de la institución, les expliqué a los integrantes del equipo de colaboradores la base teórica, conceptual y metodológica para llevar a cabo esta obra lingüística. Con esa finalidad seleccioné a los integrantes del equipo de trabajo y les impartí las pautas pertinentes para colaborar en este diccionario asignándoles tareas concretas para el expurgo de las fuentes (obras literarias, textos periodísticos, cultura viva), privilegiando la literatura dominicana.

La dedicación a esta labor implica un conocimiento del concepto de símbolo, la simbología y la simbolización, un nivel de expresión del lenguaje, interior y complejo, ya que el símbolo no es algo que acontece en la realidad objetiva, como un espejo, un caballo o un florero, sino que comprende vocablos de nuestra lengua con significados peculiares, como acontece en palabras como “espada”, “lámpara” o “cordero”, que admiten una connotación simbólica, metafísica y espiritual mediante un proceso de simbolización para representar otro sentido, que supera la dimensión sensorial y aborda lo intangible. El símbolo no es visible como una cruz o una paloma, y esas dos palabras (cruz y paloma) expresan una connotación simbólica, metafísica y mística.

El Universo es un símbolo, la cultura tiene símbolos y los escritores crean símbolos. Hay que saber interpretar la dimensión simbólica de la realidad, la cultura y el lenguaje, inserta en el caudal léxico del idioma, para lo que hay que entender el pensamiento intuitivo y la faceta representativa de los hablantes, así como la vertiente simbólica de la creación literaria. Todo tiene sentido, pero el símbolo añade un nuevo valor semántico al sentido primordial de las palabras y las cosas.  El símbolo es un valor agregado que otorga a la cosa asumida como representación otra dimensión, como sucede con fuego, puente o espada.

Con las instrucciones lingüísticas y metodológicas para las tareas propias de un glosario de símbolos, quienes laboramos en la búsqueda y el expurgo de las obras literarias (textos periodísticos, obras literarias y el lenguaje de la oralidad) y algunas fuentes secundarias (como diccionarios). En todas las áreas del saber humano hay símbolos, que son creados e interpretados por autores y lectores. Disciplinas como mitología, religión, literatura, derecho, historia, música, arquitectura, mística, periodismo, filosofía, astronomía, física, etc., tienen un caudal de símbolos.  En todas las ramas del saber y en los diferentes ámbitos de los conocimientos se encuentra una simbología, y cada lengua, como cada cultura, tiene la suya. En la cultura dominicana hay variados símbolos, algunos de los cuales recoge este diccionario.

En la fuente literaria abordamos la poesía, la narrativa, el teatro, la crítica y el ensayo. A la cultura de una lengua le corresponde identificar la expresión simbólica de determinadas voces y expresiones. La dimensión simbólica tiene una vertiente trascendente que representa esa abstracción en el plano de la realidad estética o la realidad metafísica. Es en el ámbito espiritual y metafísico donde funciona el símbolo. La elaboración de un diccionario de símbolos conlleva la valoración representativa en su expresión lingüística, literaria, social, metafísica y cultural. La riqueza de sentidos de los símbolos en la cultura es relevante, y una de las dimensiones fundamentales es su realización en el fuero de los textos escritos.

Identificada la entrada o palabra clave que facilita la búsqueda al lector, consignada como voz simbólica, escrita con letras mayúsculas y en negritas, aplica las pautas del siguiente decálogo: 1. Definición del significado básico o valor literal de la palabra. 2. Descripción del valor metafórico. 3. Identificación del valor simbólico. 4. Clasificación según el ámbito del saber (ling., med., rel., lit., folk., psic., fil., mit., met., míst., teol., astr., agr., dep., mús., arq., der., fís., hist., antr., etc.). 5. Los elementos clasificados van con abreviaturas en negritas. 6. Ejemplificación o ilustración literaria (con la cita textual de una obra). 7. Ejemplo de ilustración escrito entre comillas y citado en su fuente original. 8. La palabra clave de la cita se destaca con letras en negritas. 9. Si se ponen varios ejemplos, se enumeran. 10. Sus variantes se consignan con números en negritas.

En la elaboración del Diccionario ejecutamos las siguientes tareas: a. Selección del equipo de trabajo, compuesto por este redactor y tres colaboradores. b. Búsqueda y expurgo de las fuentes primarias (obras literarias), las fuentes secundarias (diccionarios que guarden relación con la cultura a través de los símbolos). c. Determinación de la estructura lexicográfica de este tipo de diccionario. d. Selección del material a incluir en el diccionario, con las definiciones y las ilustraciones correspondientes. e. Revisión de los ejemplos y su formalización según la pauta asignada. El lenguaje es el medio expresivo más adecuado para el hablante consignar lo que crea o inventa mediante la creación de textos con conceptos, imágenes y símbolos que conforman la poesía, la ficción y la representación. Con su creación los autores inventan un mundo verbal que formalizan en sus imágenes aunque estén conscientes de que la suya no sea una creación de la nada, como fue la Creación del Mundo según el relato bíblico. La de narradores y poetas es una creación que tiene su base en la tradición, el lenguaje y la memoria, a la que se suman la imaginación y la intuición del creador, que potencian la cultura  de una lengua y una comunidad con su modo de escritura y su estilo de vida.

Los literatos, filólogos y semiólogos han constatado que mediante los signos del lenguaje pueden formalizar su capacidad simbólica, como lo aprende el hablante a través de procesos que experimenta en su relación con su entorno. Entonces el lenguaje deviene un instrumento indispensable de relación y un vínculo ineludible para la comunicación. Por el lenguaje certificamos que estamos en el mundo y podemos representarlo verbal y simbólicamente, recreándolo a nuestro modo y manera.  Estamos inmersos en una realidad sociocultural con su caudal de símbolos, y mediante el lenguaje lo representamos. Pensamos y simbolizamos en conceptos e imágenes que formalizamos mediante la palabra, y con ella reproducimos nuestra percepción del mundo y creamos un orbe verbal con los signos y los símbolos comunicantes. Como el lenguaje es una creación, tiene el hombre la sensación  de que se apropia del mundo por el lenguaje que lo representa, y por eso Adán aparece en el Jardín del Edén nombrando las cosas, una forma de apropiarse de ellas mediante la palabra. Los poetas, que recrean con su lenguaje la dimensión sensible y suprasensible de fenómenos y cosas, fijan en la letra impresa lo que acontece en el mundo, puesto que la palabra poética atrapa la esencia de las cosas y la vertiente simbólica de lo existente. Mediante el lenguaje asumimos el mundo, como lo hace el niño desde sus primeros balbuceos, pues al nombrar las cosas las confirma, y al confirmarlas, las conjura con la magia verbal de los vocablos y sus símbolos (1).

Todo símbolo proyecta varias enseñanzas en virtud de su contenido implícito: 1. Una indicación lingüística, vinculada con el sentido de la palabra, el concepto o su imagen. 2. Una proyección psicológica que evidencia la relación del sujeto con la cosa significada. 3. Una vinculación cósmica, asociada al significado de lo viviente a la luz de la realidad cósmica. 4. Un enlace cuántico donde se manifiesta la relación de la materia, el espíritu y la conciencia. 5. Una vertiente metafísica con las señales trascendentes que vinculan el símbolo a la esencia profunda y al sentido trascendente.

Desde el punto de vista del lenguaje, el acto de hablar es un signo que representa lo que el habla intenta expresar (2). Por esa razón, con gran intuición expresó Emerson que “somos símbolos y habitamos símbolos” (3), y los poetas comenzaron a poblar el mundo con símbolos de alcance metafísico, como lo reflejan estos versos de Keats al apreciar en “el rostro estrellado de la noche vastos símbolos oscuros de un sublime romance” (Upon the night’s star’d face huge cloudy symbols of a hig’romance… “When I have fears”). La siguiente cita de Pedro Salinas ratifica la estimación de que por el lenguaje nos apropiamos del mundo: “Empieza a andar el niño por la vida como andaríamos nosotros por una vasta estancia, a oscuras, en la que se guarda una gran copia de objetos, muebles, libros, estatuas. La vista no llega a percibir con exactitud ninguna cosa, yerra sobre el conjunto desvalido; pero si enfocamos una linternilla eléctrica sobre el montón, de su abigarrada mescolanza saldrá, preciso, exacto, definido, el objeto que el rayo de luz aprehenda en su haz. El niño cuando dice “flor” mirando a la rosa o al clavel, emplea la palabra denominadora, como un maravilloso rayo delimitador que capta en el desconcierto del mundo material una forma precisa, una realidad. ¡Gran momento este! El momento en que el ser humano empieza a gozar, en perfecta inocencia, la facultad esencial de la inteligencia; la capacidad de distinguir, de diferenciar unas cosas de otras, de diferenciarse, él, del mundo. El niño al nombrar el perro, la casa o la flor, convierte lo nebuloso en claro, lo indeciso en concreto. Y el instrumento de esa conversión es el lenguaje. Lo cual significa que el lenguaje es el primero, y yo diría que el último modo que se le da al hombre de tomar posesión de la realidad, de adueñarse del mundo” (4).

Técnica de formalización simbólica

Las palabras de nuestra lengua, que articulan sonidos con sentidos, son la representación gráfica de conceptos, imágenes y símbolos de fenómenos y cosas. Las palabras tienen un significado básico; muchas se usan con un sentido traslaticio y otras con un valor simbólico. Cuando otorgamos a la palabra un valor semántico diferente a su significado de base, adquiere una connotación metafórica o simbólica. En un glosario de términos simbólicos se recogen, definen e ilustran las voces de nuestro lenguaje con valor simbólico.

El símbolo se funda en una palabra sustantiva con referente concreto, como lobo, balcón, lámpara, etc. Por tanto, no admiten representación simbólica las voces que aluden a conceptos abstractos (verdad, sabiduría, dulzura, etc.) o  acciones o conceptos (canción, invento, clave, etc.), pues no son apropiadas para asignarles un valor simbólico. Los símbolos encarnan un concepto sutil y trascendente de una cosa específica cuyo significado interpreta el exégeta literario o el filólogo de la palabra.

Hay realidades sensoriales (piedra, lluvia, gorrión), intelectuales (imagen, criterio, tendencia), imaginativas (ilusión, mito, fantasía), afectivas (odio, angustia, atracción), morales (disciplina, ley, acatamiento) y espirituales (fe, contemplación, éxtasis). Los símbolos se forman con realidades sensoriales y solo con esas referencias objetivas, concretas y tangibles. Por esa razón los símbolos tienen una concreción referencial, constatable y visible y, en tal virtud, no se construyen con adjetivos ni verbos ni pronombres, sino con sustantivos que facilitan su comprensión, a pesar de la alusión metafísica que entrañan, pues siendo realidades objetivas y sensibles, tienen una connotación subjetiva y suprasensible, por lo cual implican un nivel de comprensión intelectiva superior a su materialidad física. Al respecto quiero advertir que hay palabras que parecen abstractas y no lo son, como silencio, que no entraña una ausencia o una abstracción. El silencio es una entidad sonora y sugerente. Mediante el silencio escuchamos la voz interior de la conciencia, la voz entrañable de las cosas y la voz íntima de los efluvios metafísicos de la Creación. Por eso el silencio tiene una dimensión simbólica, metafísica y mística, que justifica su elección en un glosario de símbolos. Algunas voces intangibles (como silencio, soledad, contemplación) generan efectos sensibles, sugerentes y representativos en la conciencia del hablante.

   La vertiente simbólica del lenguaje implica un conocimiento metafísico del mundo. Todo lo que existe puede ser objeto de simbolización. El símbolo es la representación icónica, espiritual y trascendente de un concepto metafísico, de un significado interior o de una expresión del inconsciente personal o colectivo. Y el símbolo arquetípico es un modelo primordial del psiquismo humano y de la sabiduría espiritual del Numen cósmico, que la poesía suele plasmar.

Los poemas están llenos de símbolos y la literatura metafísica y mística es un caudal de connotaciones simbólicas. Lo importante es entender lo que significa cada símbolo ya que tienen una connotación espiritual profunda. El mundo de lo sensible es una veta simbólica y hay vocablos, como paloma, que proyectan una dimensión simbólica porque aluden a sentidos y mensajes provenientes de la cantera infinita y de la misma Divinidad, que es la fuente primordial de valiosos símbolos. El Cosmos y la Divinidad se comunican simbólicamente. Quien escribe con símbolos es un vaso comunicante de lo divino y un canal de mensajes profundos que encauzan sabias palabras con significados eternos.

Además del valor denotativo de la palabra, abordaremos el sentido metafórico y la connotación simbólica, aspectos que ejemplificaremos con citas pertinentes. Ante la ausencia de un ejemplo textual para ilustrar el uso de un determinado símbolo, el redactor de esta obra, que tiene una aproximación a un diccionario enciclopédico, crea ejemplos para hacer más comprensible la metáfora o el símbolo. La metáfora y el símbolo son imágenes que comparan o representan alguna dimensión oculta o sugerente de determinados vocablos, según la figuración estética del lenguaje. Mientras la metáfora entraña una comparación, el símbolo encarna una representación. De igual manera, se puede hablar de imagen simbólica. Llamo imagen simbólica a la relación asociativa que atribuimos a una obra literaria, a un fenómeno social o a un personaje. Un ejemplo es el “yo” del que habla el poeta norteamericano Walt Whitman, cuando dice: “Yo, un Cosmos, un hijo de Manhattan”, donde ese yo no es el yo individual, sino un yo representativo del yo colectivo. O decir que el diluvio que narra la Biblia puede ser asumido como una metáfora de las tragedias humanas. En fin, la imagen simbólica no es un mero recurso literario, sino una creación de la imaginación poética y la intuición lingüística del hablante. En el glosario de símbolos la voz que presentamos en su dimensión simbólica se describe y se consigna como entrada léxica, presidiendo la explicación de su significado. En la explicación de cada entrada se aplica un conjunto de criterios en procura de una uniformidad lexicográfica para la mejor comprensión de sus significados, connotaciones y variantes. Identificada la entrada o palabra clave, que se consigna al principio de cada explicación con letras mayúsculas y en negritas, se aplican los criterios del siguiente decálogo:

1. Definición del significado básico o valor literal de la palabra
2. Consignación del valor metafórico
3. Identificación del valor simbólico
4. Clasificación según el ámbito del saber (ling., med., rel., lit., folk., psic., fil., mit., met., míst., teol., astr., agr., dep., mús., arq., der., fís., hist., antr., etc.)
5. Consignación gráfica con abreviaturas en negritas
6. Ejemplificación o ilustración textual (cita textual de una obra)
7. El ejemplo de ilustración se escribe entre comillas y se cita la fuente
8. La palabra clave que aparece en la cita, se destaca en negritas
9. Si se pone más de un ejemplo, se subdividen a partir de su numeración
10. La enumeración de cada uno de los niveles se consigna en negritas

Ilustración de voces simbólicas

 PEZ. 1. Animal vertebrado acuático con extremidades en forma de aleta, que respira por branquias y se reproduce por huevos. 2. Usado como imagen amorosa, que con ternura se mueve en ámbitos inhóspitos: “Quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera/ y hacer burbujas de amor por dondequiera/pasar la noche en vela/mojado en ti” (JLGuerra, “Burbujas de amor”). 3. Relig. El sentido simbólico de la pesca milagrosa: “Dijo Jesús: Muchachos, ¿no tenéis en la mano nada que comer? Le respondieron: -No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrar la red por la muchedumbre de peces. Dijo entonces a Pedro el discípulo a quien amaba Jesús: ¡Es el Señor! Así que oyó Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la zamarra -pues estaba desnudo- y se arrojó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino como unos doscientos codos, tirando de la red con los peces. Así que bajaron a tierra, vieron unas brasas encendidas y un pez puesto sobre ellas y pan. Dijo Jesús: Traed de los peces que habéis cogido ahora. Subió Simón Pedro y arrastró la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes; y con ser tantos, no se rompió la red. Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres?, sabiendo que era el Señor. Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio, e igualmente el pez” (Jn., 21, 1-13). 3. 1. Representación confesional de identificación cristiana: “Efectivamente, el pez es un símbolo religioso de vieja data en el Cristianismo. Se remonta a los primeros tiempos apostólicos, en el estadio heroico de la gestación del Cristianismo. En la etapa inicial de la iglesia fundada por Cristo, que es la iglesia católica, los primeros cristianos sufrieron una terrible persecución por parte de los funcionarios del Imperio Romano. Como consecuencia de esa persecución, los seguidores de Cristo tuvieron que refugiarse en las catacumbas de Roma, para evadir apresamiento y tortura. Con la finalidad de identificarse entre sí, los primeros cristianos idearon como señal de identidad el símbolo del pez, una manera de reconocerse entre ellos. La elección de la figura del pez no fue casual, sino sabiamente pensada, ya que esa imagen aludía simbólicamente a Cristo, puesto que los Evangelios relatan la escena del milagro de los panes y los peces. Inspirados en la frase “Jesús Cristo Dios nuestro Salvador”, citada como un lábaro sagrado, los primeros cristianos idearon el símbolo del pez, ya que en griego se dice [Iesu Kristou Theou imerene Soter, ´Jesús Cristo Dios nuestro Salvador´], sigla de iktís, que en griego significa pez, pues una mente brillante advirtió que la letra inicial de cada palabra de la citada frase genera la palabra [ixtis], parónimo que en la lengua de los helenos significa ‘pez’, por lo cual se procedió a usar la figura del pez como señal y símbolo de que el portador era cristiano” (BRosarioCandelierLenguaje3) (5).

 CRUZ. 1. Estructura formada por un madero hincado en tierra y atravesado por otro más pequeño que se une perpendicularmente, donde se sujeta a una persona por los brazos y las piernas para torturarla o matarla: “Jesús fue humillado en una cruz. 2. Carga asumida o sentida como sacrificio, por lo cual la cruz tiene un madero para afincarse en tierra en dirección vertical y otro transversal, fijado en su parte superior en dirección horizontal: “Tu presencia en mi vida ha sido mi cruz”. 3. Míst. Representación simbólica de carga, angustia y abandono: “No hay huerto de olivos en que no me haga sudar angustia, /ni cruz en que no me haga sentir abandono” (FLeonardoHenríquezGemidos35) (6). 3. 1. Símbolo de sacrificio y veneración: “Una cruz clavada en el tope del cerro, por orden de Cristóbal Colón, se convirtió, según la leyenda, en el incentivo milagroso para que los españoles triunfaran e hicieran huir a los indígenas. Desde aquel entonces, el Santo Cerro, con su cruz de madera, se convirtió en símbolo de veneración hasta que desapareció casi totalmente con el paso de los siglos al ser descuartizada por la oleada de peregrinos, en miles de astillas venerandas, repartida por muchos lugares y conservada como reliquias en muchas iglesias; hasta la tierra del hoyo, donde fue clavada la cruz, fue motivo de búsqueda por los supuestos milagros que se recibían” (FRHerrera-Miniño, “Veneración”, Hoy, 24/09/15/12A) (7).

SEMILLA. 1. Germen del fruto de una planta que contiene el embrión de otra. 2. Medio comparativo usado como causa de algo: “Quien actúa movido por la semilla del odio, no genera sino reacciones contrapuestas”. 3. Met. Fuente de luz que fecunda la conciencia para las altas vivencias del espíritu: “Eco de otra voz/útero eterno de llama/nudo de irradiaciones de arcanos mensajes/de la semilla del Numen” (BRosarioCandelierCántico69) (8). 3. 1. Cauce metafísico y simbólico de ternura y piedad: “En un mensaje enviado a los participantes en el encuentro con los padres salesianos, la vicepresidente Margarita Cedeño de Fernández agradeció a los salesianos de Don Bosco por sembrar una semilla de amor, humildad y servicio en favor del pueblo dominicano. Una semilla de amor que ha florecido en los miles de exalumnos que han sido formados en sus centros educativos y en sus oratorios, y de la cual yo he sido testigo de excepción, como expresión de la gracia de nuestro amado Señor Jesús” (BApolinar, “Salesianos”, L. D., 28/09/15/2A).  

 MACO. 1. Vocablo del español dominicano para nombrar al “sapo”, que el Diccionario del estudiante define como “Anfibio sin cola, de ojos saltones, cuerpo rechoncho y robusto, extremidades cortas y piel de aspecto verrugoso”. 2. La palabra maco suele emplearse con el sentido traslaticio de ‘trampa’ y ‘engaño’: “Ahí hay un maco” (‘truco’ o ‘engaño’). Voz traslaticia de equívoco: “Tú crees que el maco es peje” (para decir que ‘estás equivocado’). “Es un acuerdo de maco y cacata” (‘cosa extraña e improcedente’). 3. Folk. Representa un concepto impuro: “Algunos periódicos usan comillas en la palabra “maco” para advertir que se trata de un término no puro. Sapo, a nivel universal, y maco, en República Dominicana, simbolizan lo feo, lo grotesco, lo desagradable. El término “maco” no le viene mal a los teléfonos ilegales, los mismos que nos arrebatan los ladrones…” (RPeraltaRomero, “Orto-escritura”, E. N., 13/09/15/31).

 PALOMA. 1. Ave de suave plumaje y armonioso vuelo: “Los parques públicos se adornan de palomas y las personas se agrupan para alimentarlas”. 2. Persona tranquila o de genio pacífico: “Vi una paloma cándida, bizarra/mecerse en el bambú/ mi mano esquiva por aleve garra/¡la paloma eras tú! (FMMonte, “Dolora”, en AHernándezAntología43). 2. Debilidad presentada frente a un acontecimiento: “Summers deja entrever posturas más de paloma que de halcón” (JHilsenrath, “Economía”, L. D., 31/07/13). 2. 1. En sentido metafórico se refiere a las nubes: “Blancas palomas/tardes con alas/como si todas/ de dos en una viajara solas…” (GPérezCastilloAcecho58). 3. Lit. Voz simbólica del sueño humano de realización gozosa y plena: “Sí, aquí, rodeándome de cosas amables y ligeras,/un trino, una paloma, cuatro letras tomadas/de tu nombre/para ahuyentar estos fantasmas que persiguen noche y día./La soledad es un fantasma que acosa sin sosiego,/el amor es un fantasma/y tú, mi fantasma mejor, mi preferido./Estoy inventariando pertenencias ya sin rótulos/porque la muerte no requiere de alfabeto que la nombre,/la muerte es el designio de los días habitables,/el designio de sueños frustrados cuando todo se rehúsa/para estas manos en alto levantadas” (MValerioCoral43). 3. 1. Rel. La paloma es el símbolo de la paz, proveniente de la experiencia narrada en Génesis cuando Noé envía la paloma por segunda vez trayendo una rama de olivo en su pico. Esto significaba que el castigo de Dios había cesado y empezaba una nueva era de paz: “Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra” (Gn.8:10-11). También, en el año 2008, el buscador Google colocó una paloma blanca y la bandera colombiana en el logo de su página de Internet como representación de solidaridad con el pueblo colombiano para sumarse a las manifestaciones por la libertad de los secuestrados en ese país. 3. 2. Biol. De manera simbólica se refiere a los pechos de una mujer joven y hermosa: “Todo tu cuerpo tiene/copa o dulzura destinada a mí. / Cuando subo la mano/encuentro en cada sitio una paloma/que me buscaba, como/si te hubieran, amor, hecho de arcilla/para mis propias manos de alfarero” (PNerudaCapitán19). 3.3. Míst. 2. Voz indicadora de armonía, belleza y dulzura como expresión simbólica de la Divinidad. Como los grandes místicos de Occidente, Tulio Cordero ve a Dios en el viento, el rocío, las palomas: “Unas letras temblorosas,/solo para decirte/que no he dormido estas noches./…Y no es de pensar en Ti,/sino de tenerte dentro./(Es lo que no se lleva dentro/lo que se piensa)./…Estas estaciones divagan/sin poder robárteme./Es que te llevo dentro/como el pueblo su dolor y su esperanza./Y yo soy pueblo y tú…/Ay,/paloma mía,/no duermo” (TCorderoLatido43).

La intuición semiológica de la simbolización

Cuando conformé el equipo de colaboradores en la investigación de voces con valor simbólico con miras a la confección de un Glosario de símbolos, dicté a sus integrantes un taller de orientación simbólica. En la primera reunión, les expliqué a los integrantes de este equipo de investigadores las directrices teóricas para llevar a cabo este nuevo proyecto lexicográfico de la ADL.

Un diccionario de símbolos implica un efectivo conocimiento del “símbolo”, la simbología, el simbolismo, la semiología y la simbolización, que es un nivel de interpretación de una expresión del lenguaje, dimensión altamente compleja, ya que el símbolo no es una cosa que figura en la realidad como un puente, una espada o una lámpara, sino que es una connotación metafísica y espiritual de la cosa simbolizada, ya que lo que la dimensión simbólica es intangible. No es visible como una cruz o una lanza, pero tienen un valor simbólico.

Todas las cosas proyectan un conocimiento simbólico, que el lenguaje formaliza en voces de referentes concretos. El mundo sensorial de lo existente y el ámbito sutil de lo invisible concitan una interpretación simbólica, que la conciencia del contemplador o la mente del analista y estudioso de los símbolos ha de interpretar a la luz de lo que la palabra refleja.  Un dato importante es el tipo de palabras que encarnan símbolos. Se trata, especialmente, de los sustantivos, específicamente, sustantivos concretos. La función simbólica redimensiona los rasgos esenciales de las cosas, asumidas como expresión de su dimensión interior, metafísica y trascendente. El símbolo ilumina el sentido. Y da lugar a valiosas facetas interiores de la realidad. Importa saber interpretar esa dimensión representativa del lenguaje y la realidad, que entraña el simbolismo de voces, porque hemos de entender y valorar el pensamiento intuitivo de los poetas y la reflexión lógica de otras manifestaciones del lenguaje no poético, que tienen un valor simbólico. Por ejemplo, la escalera representa la conexión entre lo visible y lo invisible, entre la conciencia del sujeto y la realidad de lo viviente y el inconsciente colectivo. Igualmente, la mariposa representa el camino hacia la transformación. Y el fuego, que es uno de los arquetipos cósmicos (9), simboliza la esencia de lo divino y el espíritu de la verdad. En su onda mística y simbólica asociada a la Divinidad, el fuego encarna la potencia de la Creación. El fuego del Espíritu representa la Llama de lo Eterno. Cuando los místicos viven la experiencia del fuego tienen la sensación de la presencia divina. Reconocen la Esencia infinita y se conectan con la Fuente primordial del mundo. Esa certeza la viven en el interior de su conciencia, desde la dimensión vivencial de la espiritualidad y la pureza. Como dijo Juan-Eduardo Cirlot: “El fuego, orientado hacia abajo, representa la vida erótica; orientado hacia el cielo, expresa la purificación” (10).

Es importante reiterar que el símbolo añade un nuevo valor a las cosas, que siempre significan. El símbolo agrega otro valor a la palabra o al objeto asumido como tal, como la copa, el pez o la cruz. Así, por ejemplo, el pez, como signo simbólico de Jesús, apela a una conciencia superior, una conciencia crística, es decir, la convicción que guiaba al cristiano para vivir la llama de la fe inspirada en la prédica del Mesías y, en consecuencia, alude a la pureza del espíritu. Cualquier objeto (una ruina, un utensilio, una piedra, etc.) genera una señal, una voz, un sentido que la palabra formaliza y expresa con el lenguaje de la interpretación de una ‘presencia’ de su pasado ligado al hombre, la historia y la cultura. De ahí nace el valor simbólico de las cosas, que el semiólogo, el filólogo o el intérprete intuyen y recrean dando lugar a una sabiduría escondida o a un conocimiento soterrado y profundo que la realidad sugiere. El idioma secreto que las cosas ocultan está ahí, esperando al intérprete de la palabra que contiene el trasfondo de un significado inherente a cuanto existe en su forma física “legible” para el que sabe ‘intuir’ más allá de la apariencia sensible.

Descifrar la voz de las cosas es lo que hacen filólogos, místicos, arqueólogos, novelistas, poetas y semiólogos, que el entendido en el saber llamado simbolismo desentraña y perfila a la luz de lo que un objeto contiene y sugiere. Como dijera Marcio Veloz Maggiolo, hay un filón de datos que hacen que el intérprete se convierta en un alter, es decir, en otro ser y otra voz que escucha y narra: “Cuando en ciertos momentos las cosas parecen tener un habla, somos nosotros los que estamos conformando el doble, como alter nuestro, ya que nuestro otro es el que se desdobla queriendo imitar lo que es material confiable y sugerente para nuestra creación literaria” (11).

En todas las áreas de la realidad y del saber humano, especialmente en la creación literaria, hay símbolos. Esos símbolos son creados e interpretados por el hablante. Este Glosario de símbolos presenta una interpretación de voces que representan una singular dimensión simbólica de nuestra cultura.

 

Bruno Rosario Candelier
Academia Dominicana de la Lengua
Santo Domingo, 12 de febrero de 2017.

Notas:

1. B. Rosario Candelier,  Ensayos lingüísticos, Santiago, PUCMM, 1990, pp. 247.
2. Karl Bühler, Teoría del lenguaje, Madrid, Revista de Occidente, 1966, pp. 21ss.
3. Ralph Waldo Emerson, Ensayos, XIII. En Stephen Ullman, Semántica, Madrid, Aguilar, 1972, p.17.
4. Pedro Salinas, La responsabilidad del escritor, Barcelona, Seix y Barral, 1970, p.22.
5. Bruno Rosario Candelier, El lenguaje del buen decir, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2014, pp. 3-4.
6. Fausto Leonardo Henríquez, Gemidos del ciervo herido, Madrid, Fundación Fernando Rielo, 2014, p. 35.
7. Fabio R. Herrera-Miniño, “Una veneración bañada por la sangre indígena”, Hoy, 24/09/15/12A.
8. Bruno Rosario Candelier, Cántico interior, Moca, Ateneo Insular, 2017, p. 9.
9. Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, 1981, p. 46.
10. Fredo Arias de la Canal, Filosofía de la estética anterior al descubrimiento de las leyes de la creatividad, México, Frente de Afirmación Hispanista, 2003, p. XXV.
11. Marcio Veloz Maggiolo, “Ciertas creatividades”, Listín Diario, 11/09/15/9A.

Juntadera, maledicente/*malediciente, absurdez, cuido

JUNTADERA

. . . lo que significa que estos jóvenes carecen de puntos de reunión, de JUNTADERA. . .”

La palabra consignada como título es de difícil localización. El único lexicón que registra la voz en cuestión es el Diccionario del español dominicano (2013). La acepción que este recoge es, “Reunión de amigos”. Como consecuencia de lo mencionado en las oraciones precedentes a esta, debe considerarse en tanto dominicanismo léxico.

La voz que se localizó en otras obras fue “juntadero”. Se halló en la obra Innovaciones sufijales en el español centroamericano (1987:56). En ese libro se señala que es de uso en Argentina para, “Lugar donde se juntan varias personas para discutir o platicar”. Este autor lo toma de El habla rural de San Luis de Berta Vidal de Battini (1949:260).

No se trata aquí solo de apuntar lo que antecede, sino también de abogar por una acepción diferente para la voz en el español dominicano. Lo que se ha oído de boca de dominicanos es el vocablo tratado aquí con el significado de “compañía”. La palabra compañía hay que aceptarla aquí en tanto equivalente de persona o grupo de personas que se acompañan unas a otras.

Puede rememorarse aquí el consejo de la tía Nena, “No me gusta esa juntadera”. Ese es un ejemplo del uso dominicano con el significado de compañía, de compaña. Hay que agregar a lo ya escrito, que se recuerda que casi siempre se utilizaba en sentido negativo, es decir, con un rasgo despectivo acerca de la compañía a la que se refería. Esa acepción puede asemejarse a “amigote” por considerarse mala compañía.

Esta juntadera dominicana tiene algo similar con otro juntadero argentino que aparece recogido en el Diccionario del habla de los argentinos (2008:397) en la que se halla definida como: “Lugar donde se acumulan personas o cosas valoradas negativamente”. La similitud se refleja en el adverbio negativamente. Llama la atención que la fuente que cita este lexicón es la misma anterior de la señora Vidal; así mismo, trae una cita del periódico La Nación del año 2000. Según parece esta acepción se debe a la señora C. Paiz sacada de su libro El lenguaje de los correntinos (2004:59).

En realidad, este derivado que forma el hablante dominicano obedece a la función que le otorgan y reconocen quienes lo emplean. El uso dominicano formó una voz que no se ajusta completamente a lo que los derivados con –ero, -era dan lugar. Estos derivados en general denominan nombres de objetos, utensilios; de lugares; de árboles, plantas y, con mayor frecuencia, de oficios, profesiones, ocupación, actividad. Puede referirse también a “cantidad de algo, conjunto de”.

Ha de tenerse en cuenta que el sufijo en la juntadera es –era y, que se añadió al sustantivo junta, (raíz) con la inserción de esa letra de /d/ (interfijo), para que el elemento agregado completo acabe con la terminación –dero.

Con la exposición que antecede se pretende argumentar para que se tome en cuenta la voz estudiada y se incorpore en futuros diccionarios del español dominicano.

MALEDICENTE – *MALEDICIENTE

“. . . a los que los MALEDICIENTES y sediciosos atribuyen. . .”

En el título se presenta primero la forma usual para el adjetivo que expresa que la persona a quien se le aplica incurre en maledicencia. Sirve la última palabra, maledicencia, para mencionar las acciones de las personas cuando difaman, murmuran o calumnian.

La raíz latina del vocablo es maledicens, maledicentis. Se nota de inmediato que en la raíz latina no se encuentra la segunda letra /i/ que se censura en el título.

La maledicencia es el sustantivo que incorpora la letra /i/ que contribuye a la confusión en el caso del adjetivo. Este sustantivo lo tipifica el Diccionario de la lengua española al escribir que es la “acción o hábito de maldecir (denigrar)”.

Hay que tomar nota de la ortografía acreditada para escribir el adjetivo y no incurrir en error.

ABSURDEZ

“. . .y con una ABSURDEZ e ignorancia dijo. . .”

La lengua en su frecuencia, y a veces con sus repeticiones, tiene acostumbrados a los lectores a levantar una señal de alerta cuando los ojos se topan con una palabra o expresión que se sale de lo habitual. Esa reacción que se acaba de describir es la que produce la voz del título al posarse sobre esta los ojos.

El uso consuetudinario tiene acostumbrado a los oyentes y lectores a la repetición de los mismos términos que se han asentado en la lengua desde hace largo tiempo.

La calidad de absurdo en el español corriente se expresa mediante la palabra absurdidad. Se retiene por absurdo aquello que escapa a lo racional, contrario a la lógica, al buen sentido; lo que es disparatado; se refiere a los dichos y hechos con características propias de lo absurdo.

La palabra del español está relacionada con la voz absurdus del latín que está formada de ab y de surdus, inaudible (=sordo). El sentido que tiene el vocablo absurdo en español existía ya en latín para la voz mencionada. En sentido figurado alcanzó el sentido de “lo que no está de acuerdo con la lógica” desde temprano en la lengua. La palabra absurdo ha hecho fortuna en el teatro, “teatro del absurdo”; y en filosofía con las obras de A. Camus.

El Diccionario de la lengua española no reconoce la voz absurdidez, que sin embargo está inventariada en el Diccionario del español actual (1999) con una remisión a  la palabra absurdidad.

Los diccionarios que asientan la absurdez son el Diccionario de uso del español (2012) y el Diccionario de uso del español actual (1997). El último diccionario describe el uso como coloquial y en esencia envía a absurdidad. En el diccionario mencionado primero en este párrafo, los redactores definen la absurdez como la cualidad de lo absurdo; cosa absurda.

Por medio de lo expuesto más arriba puede entenderse que no es descabellado o inconcebible que una persona utilice la voz absurdez para expresar algo que es incomprensible, inexplicable, incongruente; aunque debe considerarse poco elegante por el rasgo señalado para esta en el Diccionario de uso del español actual.

CUIDO

“. . . no me limitaré. . . por asuntos moralistas ni por CUIDOS innecesarios. . .”

Al escribir sobre este vocablo viene a la memoria la primera vez que se oyó. Hace largo tiempo ya, pero se recuerda que el uso provino de una persona de escasa formación educativa. Por las circunstancias en que se produjo la utilización, se intuyó sin problemas lo que significaba. El hecho se produjo en el ámbito rural.

El propósito de este estudio es adelantar la idea de que esa palabra en el habla tradicional de los dominicanos tiene una especialización en su uso. El uso especial se establece por oposición a la otra voz del español que tiene significados semejantes, cuidado.

Desde el principio hay que señalar que “cuido” nunca se usará para llamar la atención o advertir de peligro a una persona. No expresa temor, preocupación  o recelo. El cuido se refiere al esmero que se pone para la atención de cosas físicas, así lo especifica el Diccionario de la lengua española de la Real Academia: “Acción de cuidar, especialmente de cosas materiales”.

Esta aseveración puede confirmarse si se revisan los ejemplos que registra el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Esos ejemplos de uso se manifiestan con respecto de animales, como gallos y ganado.

De lo anterior puede deducirse que el autor de la frase transcrita llevó la voz cuido a un campo que no le corresponde. En el caso específico el redactor de la frase se refería a la exposición de ideas, a la expresión de opiniones.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

 

 

Sanear/saneamiento, constante/contante, intromisión/invasión

SANEARSANEAMIENTO

El verbo en infinitivo y el sustantivo que constan en el título de esta sección poseen una acepción que solo se conoce en República Dominicana. Se trae a estas reflexiones acerca del lenguaje porque esta no se ha documentado todavía en los diccionarios diferenciales del español dominicano.

No hay que extrañarse de que algo tan común como este verbo y sus derivados se pasen por alto en la recolección de dominicanismos. En gran medida esto se debe al hecho de que el verbo y el sustantivo tratados aquí responden en su sentido estricto al lenguaje jurídico dominicano. Esto significa que solo circula en el ámbito judicial y de bienes raíces.

Para traer este verbo y sus palabras relacionadas basta con mencionar que se utiliza sobre todo en el ámbito catastral. Esto se entiende mejor si se explica que el verbo mantiene su campo de acción en el lenguaje jurídico específico relacionado con los inmuebles. La palabra catastral tiene relación con catastro que es una lista de los inmuebles medidos, deslindados y registrados (inscritos) en el padrón oficial para este efecto.

Sanear un inmueble en República Dominicana no tiene relación alguna con la limpieza del terreno a que se contrae el asunto. Para los dominicanos sí hay limpieza, porque significa que se quita lo que estorba, se libera la propiedad inmobiliaria de los elementos que son perjudiciales para cualquier negociación ulterior.

El saneamiento a que se refiere el verbo en lenguaje jurídico consiste en un proceso judicial de depuración. Una vez que la propiedad en cuestión se ha sometido al proceso antes citado se expide al dueño un certificado de título que sirve para atestar sus derechos sobre el inmueble. Este certificado es oponible a todo el mundo. Los inmuebles que no son saneados son aquellos que se denominan “inmuebles no registrados”.

El saneamiento a que se contrae la acción implica una mensura oficial de terreno, colocación o mención de los linderos y propiedades colindantes. En el documento que resulta del acto de saneamiento se inscriben los nombres de los propietarios y los posibles gravámenes que pesan sobre el inmueble descrito con sus mejoras si las hay.

El verbo y el sustantivo correspondiente, tratados en esta sección, serán temas obligados de una futura edición del lexicón del español dominicano, pues en ese repertorio, así como en todos los que se han editado hasta esta fecha esos vocablos no se recogen con sus acepciones dominicanas.

CONSTANTE – CONTANTE

“. . .Gore le ganó a Bush por más de 500,00 votos CONSTANTES y sonantes. . .”

No cabe duda alguna de que los dos vocablos del título tienen un gran parecido. La similitud se hace mayor si se toma en cuenta que en el habla descuidada esa letra ese /s/ puede desaparecer. Esa similitud puede mover a que al utilizar una u otra de las dos palabras el hablante enfrente la duda al escoger cuál es la que conviene en ese caso. Puede suceder, como ocurrió en la cita, que la voz escogida no sea la conveniente para imprimir sentido a lo expresado.

Como es costumbre en esta sección se analizarán las dos palabras de modo sucesivo y se delimitará el caso en que debe usarse de manera acertada una y otra.

Constante es un adjetivo que indica que se tiene constancia. Además es “que consta”. Manifiesta así mismo, tenacidad, persistencia o duración. Desempeña funciones de sustantivo o adjetivo cuando se refiere a hechos o cosas que suceden  continuamente. En el campo de las matemáticas transmite la idea de una cantidad que tiene un valor fijo en un proceso determinado. En informática se refiere a un dato cuyo valor y naturaleza se establece mientras se escribe un programa y que no debe cambiar durante la ejecución. En algunas circunstancias específicas constante funciona como valor estadístico; en otras situaciones puede ser una característica definida, como  lo hace en el ámbito de la física. Aparte de esas significaciones posee otra en medicina.

Con lo escrito en el párrafo inmediatamente anterior a este se satisface lo concerniente a constante. Más abajo se analizará lo pertinente a contante.

Contante es un vocablo que tiene su origen en el francés comptant y, en tanto adjetivo, dicho de dinero transmite la idea de que se paga en efectivo. En el español actual se utiliza en varias combinaciones como “dinero contante”, o “dinero contante y sonante” para indicar que se trata de dinero pronto, efectivo o corriente; que se paga en efectivo. Se usa también como “moneda contante y sonante” para denotar que se trata de moneda metálica.

En la frase transcrita el redactor incurrió en varios desaciertos. El primero fue colocar “constante” en la combinación donde no cabe. La segunda fue utilizar “constante” para mencionar algo que ocurrió una sola vez. La tercera se refiere al intento de usar la combinación para algo que le es extraño, pues se mentó antes que solo se emplea para dinero.

Todas las equivocaciones anteriores y otras por este estilo se evitan poniendo cuidado en la redacción. No toma largo tiempo verificar, con los recursos modernos del computador, la conveniencia de los términos usados en la redacción.

INTROMISIÓN – INVASIÓN

“. . .como represalia por una INTROMISIÓN en la embajada dominicana en Puerto Príncipe. . .”

Los dos vocablos que constan en el título comparten una idea; en ellos interviene una irrupción que en uno puede ser benéfico, mientras en el otro se presume que no lo es. En los dos casos no se produce una invitación para la ejecución de la acción que así se caracteriza.

La apariencia de sinonimia que se cuela entre las dos palabras aquí estudiadas puede inducir al error de emplear una de ellas, cuando en realidad la conveniente es la otra. Más adelante se examinarán las diferencias para dejar bien separadas las aplicaciones de ambas.

La intromisión es la “acción y efecto de entremeter o entremeterse”, de acuerdo con lo que entiende la RAE, esto es, la Real Academia. Esa misma corporación en su diccionario (DLE) escribe que entremeter es dicho de una persona “meterse donde no la llaman, inmiscuirse en lo que no le toca”. La segunda muy conocida acepción es “ponerse en medio o entre otros”.

Si se examina el texto copiado más arriba a la luz de esas acepciones se concluirá que esos no fueron los hechos a los que el articulista quiso referirse. La aseveración se refuerza si se piensa que la intromisión es una “intervención ilegal, no solicitada o inoportuna en asuntos ajenos”, que es la definición que el Gran diccionario de la lengua española de Larousse asienta en sus páginas.

De las caracterizaciones de la intromisión se llega a la conclusión que la acción se refiere más bien a una intervención intelectual, a una participación no solicitada en asuntos que no le incumben a la persona que incurre en la acción de la intromisión.

Los hechos que refirió el articulista fueron una invasión o penetración de personas ajenas a la embajada en los terrenos de esta. Fue una irrupción en los predios de la embajada, pues se internaron en el perímetro de esta. Fue una penetración de corta duración en ese terreno protegido. Fue una entrada ilegal, sin autorización; una transgresión a las leyes y los usos establecidos en materia de embajadas y los espacios que estas ocupan.

Hubo una acción que puede catalogarse de invasión porque fue una irrupción, con entrada sin permiso o invitación. Fue una penetración anormal o irregular, aunque no fue con intención de permanecer en el inmueble. Fue un acto de provocación en reacción de enojo.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

Nudo – más bueno/más malo – mula/mulo – erguir/*herguir – cabo/cavo

NUDO

En República Dominicana existe un nudo que no se encuentra documentado en ningún otro país.

Se trata de una formación subcutánea. Según las informaciones que se han recogido este nudo se produce en personas excedidas en su peso corporal y que sufren golpes.

El nudo consiste en un hematoma interno cubierto por una parte de la piel endurecida que forma un pequeño bulto duro que sobresale de la superficie de la piel.

En otras ocasiones se ha escuchado la misma palabra, nudo, para designar en el habla dominicana una superficie de la piel que forma una especie de retorcimiento con abultamiento formado por exceso de grasa, que se percibe en la piel en las personas que están sobrepeso. Estas áreas se destacan cuando los músculos situados en esa área resultan tensados por esfuerzo. Se menciona aquí que este nudo no debe confundirse con la celulitis.

Si alguna vez se le hace espacio en un diccionario del español dominicano habría que sintetizar los rasgos descritos para que se reduzcan a una o dos acepciones propias de diccionarios.

MÁS BUENO – MÁS MALO

“Más” se considera adverbio comparativo para denotar superioridad. Si aparece colocado delante de un sustantivo, entonces funciona como adjetivo. Cuando funciona en tanto adverbio, delante de adjetivos, se utiliza solamente delante de los adjetivos que indican grados positivos. No se acepta que se use “más” delante de adjetivos en grados superlativos.

En lo que algunos tratadistas consideran el uso general, más debe posponerse a “nada, nadie, ninguno y nunca”. En República Dominicana la costumbre contradice este “uso general”.

Los defensores de la lengua pura entienden que “más bueno” solo debe emplearse en los casos en que se manifiesta de este modo la bondad de una persona. Además, consideran correcto este uso para expresar el comparativo de bueno en el sentido de “gustoso o apetecible”.

“Más malo” puede usarse en caso similares a los de “más bueno”, es decir, pero en los casos en que se refiere a una persona que carece de bondad. De este modo, los dominicanos han retenido una expresión motivada por hechos históricos, “Más malo que Buceta”. Se considera correcto también su empleo para establecer comparaciones positivas acerca del sabor.

Los abusos de “más” delante de los citados adjetivos son frecuentes en el habla de los dominicanos. Algunos de quienes así se expresan lo hacen por ignorancia, mientras que otros lo hacen por “majadería expresa” para destacar su desacato a los usos predominantes en otras latitudes.

No debe olvidarse que “peor” y “mejor” no aceptan que se coloque delante de ellos, o después,  ese “más” que se ha tratado aquí, pues son dos superlativos que corresponden a los adjetivos “malo” y “bueno”. En estos casos “no se vale el resabio”.

MULA – MULO

Las palabras del título han hecho fortuna en el léxico español internacional. El español dominicano reconoció hace largo tiempo ya el sentido de mulo en tanto persona fuerte, de gran vigor y energía. Además, ese “mulo de trabajo” no se queja de la carga que se le impone. La terquedad del mulo/a se utiliza tanto para el femenino como para el masculino. Una mujer terca será aquella que no cede en su obstinación.

El párrafo anterior comenta aspectos de los vocablos del epígrafe que son de conocimiento general. No se traen estas voces a estas reflexiones solo para explicar nociones ya conocidas por el gran público. En el párrafo siguiente se entrará en una acepción dominicana de “mula”.

Se deja bien claro desde el principio que lo consignado de aquí en adelante es una constatación del uso y que ello no contiene juicios valorativos ni sexistas.

La mujer que se califica de “mula” es aquella que es parca para expresar verbalmente sensaciones agradables que se perciben durante el acto sexual. Esto es, no manifiesta mediante palabras, gemidos u otros medios la satisfacción que experimenta durante el coito y sus prolegómenos.

Esta definición no se ha encontrado en las obras dedicadas a recoger las definiciones del español dominicano. No creo que ello se deba a pruritos, porque como puede comprobarse mediante la lectura de lo que antecede, el concepto puede maquillarse para que se entienda y se acepte.

ERGUIR *HERGUIR

“. . . HIERGUEN su poder como una espada empuñada para destruir el pueblo. . .”

El verbo “erguir(se)” es de uso muy limitado en la lengua escrita y, más aún, en la hablada. Una de las razones para que así sea es la dificultad de su conjugación. Aquí no se conjugará el verbo para enderezar entuertos, pero sí vale la pena que se recuerde que es modelo de conjugación y en este la raíz del verbo no se altera con la introducción de una hache /h/.

Lo anterior explicado significa que si el verbo en infinitivo es erguir, no hay espacio ni motivo para que en la conjugación se incluya una hache /h/ como hizo infortunadamente quien escribió la frase transcrita más arriba.

Viene a la memoria el profesor petromacorisano que en sus clases cuando deseaba que un estudiante se levantara o se pusiera de pie le decía, “írguete”. No está de más que se escriba que en la mayoría de los casos lo estudiantes permanecían perplejos ante la orden impartida por el catedrático de Derecho.

Hay que añadir que este verbo sirve para expresar “levantar y poner derecho, enderezar” a alguien o algo. Vale también para expresar que alguien se engríe o ensoberbece. Los edificios se irguen cuando se levantan y sobresalen sobre un plano.

Ya en muchas ocasiones anteriores se ha aconsejado a que quienes escriben que deben mantenerse en el ámbito de sus conocimientos sólidos; no aventurarse a emplear verbos o vocablos de escaso uso.

CABO – CAVO

“. . . que el ejecutivo lleva a CAVO junto a un grupo jurídico. . .”

El cabo dominicano, compartido con el cubano, es la colilla o resto del cigarrillo. Esto se menciona para fines de recordar las voces propias del español dominicano. De paso (fino ¿?) es oportuno que se miente que hubiese sido de mejor gusto escribir “grupo de juristas”.

La locución verbal “llevar a cabo” tiene por necesidad que escribirse con este cabo con la letra be /b/, porque la otra correspondería al verbo cavar que no resultaría con sentido alguno. Este cabo con la B de burro, B alta, tiene relación con “término de algo” y, se relaciona con llevar a término una acción, que es “hacer o realizar una cosa”.

“Llevar a cabo”, o, “llevar al cabo” algo, es ejecutarlo, concluirlo, efectuarlo, finalizarlo, acabarlo, ultimarlo, terminarlo.

Los dominicanos conocen un “cabo de agua” que es diferente del que la Real Academia conoce. Se llama de ese modo a la persona encargada de abrir y cerrar los canales de riego en los predios rurales. Es la persona que dirige el riego de agua de los canales. Es una persona importante en su medio porque puede favorecer o perjudicar con sus acciones a los agricultores que dependen de su trabajo.

Los dominicanos tienen una locución que es “tirar un cabo” que se usa para expresar “ayudar a alguien a salir de una situación difícil”. Como puede deducirse, esta procede de la marinería y entró con esta actividad al español dominicano. En este caso este cabo es una cuerda, soga.

Para terminar con este examen, se referirá el cuento que se relataba en la escuela hace años ya, cuando se trataba de explicar de modo jocoso la conjugación del verbo caber que es muy irregular. En medio de un ejercicio militar, el cabo ordena a un alistado que pase por un sitio estrecho. El último le explica al primero, “No puedo, porque no cabo, cabo”. El cabo de inmediato le replica, “Tonto, no se dice cabo, se dice quepo”. El alistado le contesta, “Es que no quepo, quepo”.

Ahora, ría si puede; pero no llore ante errores como el resaltado en este estudio.

© 2017, Roberto E. Guzmán.