Trayectoria de servicios de la Academia Dominicana de la Lengua

Por Sérvido Candelaria

  En toda organización colegiada, para evitar el atascamiento en las actividades diarias, funciona una “Comisión Ejecutiva” o Junta Directiva designada por el pleno de sus componentes, que tiene a su cargo tomar decisiones mientras no se reúne la membresía total. Así también se elige un Director para seguir simplificando la toma de decisiones. Basado en esta estructura, puede producirse, en algún momento, una decisión que no sea compartida por la mayoría del conglomerado institucional. Pero no por ello deja de ser  legal y vinculante, dicha decisión. A las personas que lo conforman, les ha sido asignada esa función y, sea que votemos, no votemos o que votemos en contra de su elección, lo que ellos aprueben, nos somete a todos mientras aceptamos vivir bajo los reglamentos que nos conforman como país.

No sé cuándo vamos a aprender a vivir en comunidad, bajo la diversidad de criterios. Nos jactamos de ser abiertos, pluralistas y democráticos, pero cuando nos toca dejar que los demás se expresen y actúen basados en sus principios o criterios, nos volvemos censores de actos y de juicios, con la misma o mayor vehemencia que a quienes criticamos por indolentes y dictadores. Eso va muy de acuerdo con el peor mal que nos aqueja, denunciado por mí en otras ocasiones: el de la relativización de nuestros males; la desgraciada doble moral que nos acompaña en nuestros juicios y valores, con las excepcionales excepciones de rigor. Vivimos diariamente desgañitándonos por la corrupción que nos acogota, pero no perdemos oportunidad para, cuando llegamos a un lugar donde hay que hacer fila, agenciarnos con algún amigo, compadre, tío, sobrino o con el soborno de rigor, el pase inmediato a la ventanilla o cubículo. Vivimos criticando el dispendio de los recursos del Estado, pero cuando nos toca imprimir un trabajo para provecho personal, utilizamos sin miramientos el papel, la tinta y el impresor de la institución donde laboramos, sin la autorización correspondiente. Vivimos criticando la irresponsabilidad e indolencia de los funcionarios, pero cuando tenemos que asistir a un acto donde somos la figura principal, nos regodeamos al decir “no importa, que me esperen, no se puede empezar el acto sin mí”. Vivimos señalándoles a los demás sus falencias pasadas y presentes, pero no nos damos cuenta de que en nuestra vida nos hemos revolcado en estercoleros (de acuerdo a la opinión de quienes no comparten nuestro criterio) y vivimos rodeados de personas que por contestatarios y rebeldes no dejan de hacer cosas al margen de la ley. Y, a propósito, vivimos criticando “esas malditas leyes” cuando difieren de nuestros valores, pero no perdemos la oportunidad de invocarlas y hacer lo inhumano para que se cumplan estrictamente, cuando de beneficiarnos se trata.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a expresar su desacuerdo con cualquier acto, si no se identifica con su esencia y resultado. Ahora, eso no debe facultar a nadie para la descalificación automática de la persona que lo ejecuta. Sobre todo, para la descalificación personal por medio de epítetos denigrantes. Por eso veo muy mal los ataques a nivel personal que se han hecho al Dr. Bruno Rosario Candelier por diferentes personas que, sin conocer cómo funciona la Academia Dominicana de la Lengua, se pronuncian contra él en forma abyecta, sin tener en cuenta la extraordinaria labor que desarrolla en la promoción de la lengua y las letras dominicanas y de la literatura en sentido general como formadora de un mejor ser humano.

Yo estoy en desacuerdo con el juicio que valora a don Marino Vinicio Castillo como figura procera; pero soy el primero en reconocer que no existe ninguna labor de proyección y formación humanística, en el ámbito de este país, que se pueda acercar siquiera, a lo que ha estado haciendo el Dr. Bruno Rosario Candelier en los últimos 25 años. Y atestiguo también que su labor no es para formar acólitos incondicionales, como muchos se empeñan en mal-decir, al señalar su magisterio como “la escuelita”. No, eso es una burda calumnia elaborada quizás por la incapacidad de seres frustrados al no poder presentar a la sociedad ninguna obra de provecho que se le asemeje. Pero más aún. La labor realizada por el académico mocano puede que supere (pasiones aparte) a la del maestro pues, bajo su tutela, la Academia Dominicana de la Lengua, además de haber cobrado vida institucional, ha servido de canal para que el pueblo liso y llano se ponga en contacto con las personas que sirven de intermediarios entre la normativa y la práctica de la lengua, amén de haber procurado un sutil equilibrio entre los nuevos miembros que ingresan a la institución. Ahí están los boletines de la Academia que, en los últimos trece años, superan varias veces la capacidad informativa de todo lo que se había publicado en los 75 años que le antecedieron. Agréguese a esto las actividades permanentes realizadas por miembros de número y miembros correspondientes de la institución en los que se les da participación abierta y sin censura a quienes tienen algo que aportar dentro de la promoción lingüística y literaria, acorde con sus objetivos.

Por eso duele que personas sin elementos suficientes para hacerse un juicio objetivo sobre la Academia actual, se pronuncien en forma tan virulenta contra uno de sus actos y, sobre todo, contra su director. Pero duele más todavía que a esas personas se agregue el distinguido Dr. Odalís Pérez, quien está supuesto a conocer sus interioridades y debe, en gran medida, su aceptación como miembro de número de esa corporación, precisamente, a la apertura demostrada por Bruno Rosario Candelier, quien tuvo que emplearse a fondo para conseguir la aprobación de dicho miembro, ante la objeción de otros connotados e influyentes académicos, por motivos personales. ¡Qué forma de reciprocar ese noble gesto!

 

La Academia y el estudio de la lengua

Por Rafael Peralta Romero

   La Academia Dominicana de la Lengua no es un centro de enseñanza donde acuden unos alumnos provistos de cuadernos y lápices a tomar clases, en este caso, digamos, de gramática. Como la Real Academia Española y las demás corporaciones que funcionan en cada país de Hispanoamérica, Filipinas y Estados Unidos de América, la nuestra ejerce  más bien un apostolado de  la palabra.

La enseñanza en el aula conduce al educando -niño o adolescente- al descubrimiento de esa herramienta tan esencial para los seres humanos que es la lengua. La Academia, en cambio, ejerce un influjo que abarca al alumno, al maestro, a los padres y a los que ya dieron por terminado su ciclo de estudios formales. Ese magisterio se coloca muy encima de los parámetros del sistema educativo, porque pone a los individuos a descubrir en la lengua un manantial de recursos que proporcionan deleite espiritual y a la vez los encauza por la vía de ampliar su capacidad de entendimiento, además de descubrir la grandeza, y también privilegio, que representa un manejo adecuado de la lengua.

Para la ADL, respaldar el conocimiento de nuestra lengua constituye una responsabilidad. Responsabilidad asumida en libertad, como lo plantea el filósofo Fernando Savater: “Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo, me va inventando” (Ética para Amador, p. 82). La Academia cumple esta función por medio de coloquios, talleres, tertulias, conferencias y análisis de obras literarias o de contenido formativo en torno a la lengua y la literatura.

Todo apostolado implica hacer campaña en pro de una causa o doctrina. En sus salones, como fuera de ellos, y al  mismo tiempo por su página de consulta en la web, nuestra Academia esparce la normativa que le da consistencia al idioma español y las recomendaciones prácticas para su buen uso. El punto clave es sembrar entre los dominicanos la provechosa simiente de la  conciencia de la lengua, partiendo de la premisa de que la persona se posee a sí misma en la medida que posee su lengua. Así lo entiende la ADL cuando promueve  -y lo hace con buena frecuencia- actos destinados  a insertar en los dominicanos el interés por un mejor empleo del español. La intención predominante en  estos encuentros es la valoración y el aprecio por la lengua española y el compromiso que frente a la misma han de asumir los hablantes y los profesionales que se valen de ella como principal herramienta de trabajo. Es cuestión de ética mayormente para escritores, periodistas y educadores el conocer, e incluso enseñar,  las normas gramaticales.

Hay algo más trascendente. Nadie dude que el cultivo de la lengua y la literatura faciliten desarrollar la energía interior de la conciencia. La idea de conciencia implica conocimiento, saber, reflexión. En su libro La conciencia del lenguaje, Bruno Rosario Candelier, lo explica de esta manera: “Darse cuenta de lo que las cosas significan, de lo que hace el pensamiento y del proceso que realiza quien piensa y crea, es el rol de la  conciencia cuyo ejercicio conlleva el concurso de la intuición, la memoria, la imaginación, la tradición y el  lenguaje” (La conciencia del lenguaje, p. 118).

La Academia quiere, con sus actos, que los ciudadanos, particularmente quienes  buscan el conocimiento, entiendan que el  lenguaje es, y tiene que ser, un asunto substancial, de primera importancia, para todo estudio, dado que es el vehículo indispensable para la expresión del pensamiento y un ente determinante para que los seres humanos aprehendan el mundo exterior y expresen su mundo interior. La conciencia de la lengua implica el desarrollo de una actitud reflexiva en torno de esta facultad humana que nos diferencia de los otros seres vivos. La adquisición de la lengua es un proceso social, que se torna tan  natural que antes de los seis años un ser humano ha logrado un cúmulo de palabras que le permite expresar sus necesidades, sobre todo las biológicas. Pero el ser humano tiene necesidades de carácter espiritual,  cuya satisfacción  es clave para su vida de relación: vivir con los demás, enunciar pensamientos, divulgar sentimientos, manifestar sus preocupaciones  y expresarse artísticamente. Es aquí donde hemos de caer en la cuenta de la importancia de cobrar conciencia de lo que es el idioma, porque más allá de la utilidad  en la expresión de necesidades (pedir agua o comida, por ejemplo), tenemos que la lengua es el instrumento básico para revelar nuestro mundo interior y nuestras aptitudes.

La Academia no solo estudia la lengua en forma abstracta, sino que también se ocupa de los textos literarios, los cuales emplea para ilustrar, sobre todo en el área lexicográfica, los contenidos de las publicaciones académicas. La dominicana y las academias de los otros países forman con la de España, la Asociación de Academias de la Lengua Española, que es la autoridad que vela por el perfeccionamiento del español y que se expresa a través de las  publicaciones  institucionales: Diccionario de la lengua española, Gramática, Ortografía, Diccionario panhispánico de dudas.

La conciencia de la lengua nos sitúa en un compromiso con ésta, lo cual conlleva una demostración de amor hacia nuestro sistema de comunicación, y un justo respeto que nos hace reflexionar sobre la normativa ortográfica o nos despierta preocupación sobre otros aspectos, digamos aspectos léxicos, como la propiedad, o aspectos sintácticos, como la concordancia. Para el logro de esos objetivos trabaja la Academia Dominicana de la Lengua. En eso radica su apostolado.

©2017, Rafael Peralta Romero.

 

La Academia Dominicana de la Lengua: centro de estudios del español dominicano

Por María José Rincón

Miembro de número de la ADL

   En la Academia Dominicana de la Lengua, fundada en Santo Domingo, República Dominicana,  el 12 de octubre de 1927, conmemoramos durante este año cervantino su octogésimo noveno aniversario, y continuaremos haciendo lo que sabemos hacer: fomentar el estudio y el buen uso de la lengua española.

Manuel Patín Maceo, miembro fundador de nuestra Academia, en la que ocupó hasta su muerte el sillón E, publicó uno de los primeros diccionarios dedicados al registro de nuestro vocabulario. Su hijo recuerda que «su más grata satisfacción como gramático era ver usar con pureza y propiedad el idioma». Mariano Lebrón Saviñón, director de la corporación académica durante dieciocho años y sucesor de Patín en el sillón E, dice de él que «dedicó toda su vida al cultivo del habla castellana».

No es otro el empeño de los académicos. Acercarnos a la vida de las palabras, nuestras palabras, con avidez y respeto. Las palabras en las que se expresa la República Dominicana, situada en una isla que, siguiendo al insigne Lebrón Saviñón, jugó el papel de ser «el campo de aclimatación donde el idioma se acomodó a sus nuevas necesidades».  Comienza en este proceso de criollización la aportación de los hablantes dominicanos al caudal inagotable y compartido del español general. El informe académico que avala la publicación de los Dominicanismos de Patín Maceo asegura que el estudio del léxico dominicano «dará a nuestra nación la parte que merece en el enriquecimiento del idioma, que ya ha dejado de ser primeramente castellano y después español, para ser, ahora y más tarde, hispanoamericano».

La conciencia de la internacionalidad de nuestra lengua se forjó desde que, en la cubierta de embarcaciones que hoy nos parecerían cáscaras de nuez, atravesó el Atlántico para alejarse de los valles castellanos que la vieron nacer y extenderse humana y territorialmente por la ancha y larga América, hasta convertirse en la lengua que hoy consideramos materna más de cuatrocientos setenta millones de hablantes y que estudian, como segunda lengua, más de veintiún millones.

La Academia Dominicana de la Lengua fomenta el cultivo del buen hablar que asegura, como ninguna otra cosa, la cohesión y la vitalidad del español. Un objetivo que ya reconoció el poeta y académico Dámaso Alonso en su «Unidad y defensa del idioma»: «… nuestra lucha tiene que ser para impedir la fragmentación de la lengua común». Nada más y nada menos. La investigación filológica y la divulgación lingüística y literaria son los aperos que nos asisten en la labor, en la que se hace imprescindible el esfuerzo y la colaboración de muchos.

Nuestra corporación no está sola. Desde 1951 se gestó lo que es hoy la Asociación de Academias de la Lengua Española, veintidós academias empeñadas en una política lingüística panhispánica construida a fuerza de colaboración, en un trabajo que, como expresó Víctor García de la Concha, está «al servicio de la unidad del español sin menoscabo de su rica y fecunda variedad».

Esta labor académica panhispánica ha rendido sus frutos, y qué frutos. Sus obras se han convertido en libros de cabecera de los buenos hablantes y aspiramos a que sirvan de inspiración y ayuda a los que quieren llegar a serlo. Si repasamos solo la producción de estos últimos años no dejaremos de enorgullecernos. Busquen en ellas las comisiones académicas que han participado activamente en su redacción: en todas encontrarán a los académicos dominicanos. Hemos logrado revertir aquella afirmación de nuestros académicos, por allá por 1940, reconociendo que el español dominicano estaba «poco o mal representado» en las obras dedicadas a la lengua española. Acompáñenme, si no, en este repaso por las tres obras fundamentales en el estudio de una lengua: ortografía, gramática y diccionario.

La Ortografía de la lengua española de 2010 nos recuerda que nuestra lengua es un producto cultural e histórico que va tomando forma a lo largo de siglos y con el uso continuado de cientos de millones de personas. Los hablantes somos los responsables de irle aportando su carácter, sin olvidar que no hemos sido nosotros los primeros que hablamos en español y que no vamos a ser los últimos. Todas las variantes fonéticas, incluidas las dominicanas, quedan recogidas por un conjunto de sistemas convencionales de representación gráfica, que es lo que en la actualidad entedemos por  disciplina ortográfica. Las pequeñas variantes ortográficas presentes en los hablantes dominicanos cultos se registran en esta obra académica gracias a los aportes de los académicos especializados en esta área del conocimiento lingüístico.

En 2010, resultado y culminación de un trabajo intenso y extenso por parte de muchos estudiosos y de muchas instituciones resumidas en las veintidós academias de la lengua española en el mundo, ve la luz la Nueva gramática de la lengua española. Su texto fue aprobado por todas y cada una de las academias, entre ellas la dominicana, en 2007. Sus páginas nos acercan al «maravilloso artificio de la lengua»  en su verdadera diversidad y en boca de hablantes de todas las zonas donde se habla español.  Busquen entre sus páginas; aprenderán mucho y, además, encontrarán citadas las palabras de muchos dominicanos que se destacan por su buen uso de nuestro idioma común.

El enfoque panhispánico ha logrado lo que muchos anhelábamos: el Diccionario de americanismos. Su punto de referencia lo constituye el léxico compartido por todos los que hablamos en español, y que representa más del ochenta por ciento de nuestro vocabulario. Lo que identifica y le da personalidad a este diccionario es que recoge el léxico propio del español de América, que supone la población y la extensión territorial mayoritaria de los hablantes de español como lengua materna, desde Tierra del Fuego en el sur del continente, pasando por nuestra isla caribeña, al gigante estadounidense, hoy por hoy el segundo país hispanohablante del mundo.

Las aportaciones lexicográficas de primera mano de la comisión académica dominicana sobre el uso y la difusión de cada vocablo entre los hablantes dominicanos acortó la brecha de conocimiento del caudal léxico de la variedad del español que hablamos en esta isla.

Un solo ejemplo más de colaboración interacadémica: el Diccionario de la lengua española, nuestro diccionario por antonomasia. Entre las faenas que se les encomiendan a las Academias está la de proponer la incorporación al DLE de una selección de palabras vigentes en los países hispanohablantes. Nuestra tarea consiste, por tanto, en certificar los usos dominicanos para que, en concurrencia con los de otros países hispanohablantes, puedan ser considerados como candidatos para su inclusión en el lemario del DLE. Cada Academia recibe como material de trabajo las listas de los americanismos (todos los lemas y sus acepciones) correspondientes a su país. Para avalar cada uso deben aportarse textos en los que se utilice la voz, textos claros, breves y sin errores ortográficos o gramaticales. A estas alturas ya habrán notado que uno de los rasgos fundamentales de los académicos, sobre todo de los lexicógrafos, es la de ser extremadamente quisquillosos; en dominicano diríamos periquitosos. Toda la documentación recopilada por nuestra Academia se envía al Instituto de Lexicografía Hispánica, encargado de analizar los resultados, cotejarlos con los obtenidos por otras academias sobre sus respectivas variedades dialectales y de incorporar al DLE los lemas y acepciones resultantes de este proceso de selección.

Esta tarea, junto con otras tantas, tan delicadas y tan trascendentes como esta, resultan en una nueva edición del diccionario, que debe adaptarse a la lengua que registra, una lengua que nunca para de cambiar. La labor que ha venido desarrollando la Academia Dominicana de la Lengua se aprecia si comparamos las cifras de dominicanismos registrados en las últimas ediciones del diccionario académico.

Nuestra labor de estudio del español dominicano no se limita a hacerlo presente en las obras panhispánicas. Fruto de nuestro interés por la investigación y la valoración de la variedad dominicana del español nos hemos dedicado al registro de nuestro léxico, desde aquel diccionario de Patín Maceo, avalado por nuestra Academia, hasta la apasionante tarea de publicar en 2013 el Diccionario del español dominicano, una obra que refleja en toda su vigencia y su riqueza nuestra realidad léxica.

El trabajo académico exige formación, dedicación y entusiasmo, además de una conciencia activa y un conocimiento profundo de la lengua propia. El contacto diario con el español de la calle, de los medios de comunicación, de las aulas, provoca a menudo la sensación de que nada de lo que podamos aportar logrará que las cosas mejoren. El Diccionario del español dominicano ha supuesto para los que hemos participado en él el antídoto perfecto. Su publicación ha despertado un interés y una expectación que nos siguen sirviendo de acicate.

Muchos son los defensores y muchos, y más ruidosos a veces, los críticos. Los académicos, inevitablemente, siempre vamos a la zaga de la vitalidad de la lengua. Cuando una obra de estudio se publica, cuando un diccionario se cierra, ya otro está dando sus primeros pasos. Solo nos queda invitar a los hablantes dominicanos a que usen la Academia de la Lengua Dominicana, la Academia de su lengua, su Academia. Si tienen alguna duda sobre el uso correcto del español, acudan a nuestro servicio de consultas a través de la página electrónica www.academia.org.do; si quieren asistir a nuestros talleres gratuitos, suscríbanse a nuestra lista de participantes; si no encuentran una palabra o una acepción entre las páginas del Diccionario del español dominicano, o si quieren proponer la inclusión de algún uso dominicano en el Diccionario de la lengua española o en el Diccionario de americanismos, remítannos sus propuestas para las próximas ediciones. Será la demostración más palpable de que los hablantes dominicanos se saben dueños de una manera peculiar y personal de hablar español, y el apoyo más productivo a la labor que día a día realizamos en la Academia Dominicana de la Lengua.

Acotaciones a un glosario de mística: sustancia y sentido del simbolismo divino

Por Bruno Rosario Candelier

Intuición mística del sentido

La mística es el cultivo de la conciencia espiritual centrada en la búsqueda de lo divino. En su condición de disciplina interior, se inspira en el amor a Dios y sus criaturas y genera un estado de conciencia cuya vivencia supera el nivel de la sensorialidad y, aunque es un conocimiento que va más allá de lo racional, no es un hallazgo de la razón ni un raciocinio de la lógica, sino la intuición de una Presencia invisible sentida como “real” mediante la vivencia de un vínculo entrañable de unión divina. Esa vivencia de lo sagrado es fruto de la inteligencia mística, que san Juan de la Cruz apreciaba como el más alto desarrollo de la conciencia trascendente cuyo despliegue cognitivo, imaginativo, afectivo y espiritual entraña una comunión mística con la Divinidad.

Para elaborar un diccionario de términos místicos, hay que saber lo que es la mística, sin confundirla con la religión, ni con la metafísica ni con el mito. La mística entraña, como búsqueda de lo divino, una contemplación hacia adentro, hacia la esencia del ser, hacia el Centro creador e inspirador de todo, hacia el Misterio que arroba y anonada. Mediante el Logos de la conciencia y el instrumental de la palabra, el contemplativo transita el fuero interior de fenómenos y cosas para internarse en el ámbito superior de la trascendencia con el fin de hacer, de la realidad estética, metafísica y mística, el cauce de una visión iluminada con hondo sentido trascendente. La mística es la disciplina de la conciencia centrada en la búsqueda de lo Absoluto y el sentimiento de lo divino inspirado en el amor a Dios y sus criaturas.

Como cultivo del espíritu, cauce de la vocación contemplativa y tendencia de la sensibilidad trascendente, la mística aborda la dimensión espiritual de la palabra con el sentido profundo que la embarga. Ese rasgo semántico justifica la confección de un diccionario de mística con un glosario de voces vinculadas al cultivo, el estudio y la vivencia del más hondo sentimiento espiritual de la conciencia humana en su vínculo con lo divino a la luz de la contemplación de lo viviente, según las diversas tendencias espirituales de las diferentes confesiones religiosas y culturas. Y en tal virtud, se definen las palabras con tres enfoques específicos: 1. Nivel léxico y semántico del vocablo seleccionado (descripción básica). 2. Fundamento místico del concepto (interpretación de lo divino). 3. Ilustración literaria (ejemplificación con textos de ensayo, poesía o ficción).

Tras la explicación básica o el comentario pertinente, las entradas se ilustran con ejemplos de textos alusivos a la referencia mística de la palabra clave. Se trata de un diccionario especializado, por lo cual se aplican criterios lexicográficos afines a la disciplina espiritual que lo sustenta.

La filosofía, la literatura y la mística son las grandes disciplinas intelectuales, estéticas y espirituales que dan un sentido trascendente a la vida y a la alta cultura. La filosofía enseña el amor a la verdad; la literatura, el sentido de la belleza; y la mística, la vivencia de lo divino mediante principios, ideales y virtudes, cuyas expresiones idiomáticas, en términos precisos, edificantes y luminosos, convierten la connotación mística de la palabra en fuente de la verdad, la belleza y el bien. Místico no es el que habla de Dios, ni siquiera el que busca a Dios, sino el que siente a Dios, ve su huella en todo lo viviente y experimenta una llama de amor viva. Mística no es solo la palabra que alude a Dios sino la disciplina que lo convoca en su irradiación espiritual concurrente. Y creador místico no es quien explora el sentido, sino aquel que sabe ver, en cada rincón del mundo, la presencia de lo divino mismo. Si la belleza culmina en el sentimiento de lo divino, el cultivo de la mística postula una incardinación, desde la palabra y con la palabra, en una virtual correspondencia sagrada.

Para el creador sensible a la trascendencia, todas las cosas tienen una connotación espiritual que descubre cuando halla la onda sutil de lo divino. Encontrar la palabra mágica es sintonizar la faceta mística de lo viviente y descubrir el fascinante encanto de la Creación a la luz de la presencia divina.

La mística encarna el más alto grado del sentido espiritual del Logos. Sabemos que Heráclito de Éfeso, cuando concibió el Logos para consignar la fuente del sonido con sentido, atribuyó a ese peculiar vocablo una energía divina. De ahí que el Logos asume y expresa la energía interior de la conciencia con una onda de comprensión, sabiduría y amor. En su veta formal y conceptual expresa el caudal de belleza sublime, irradiación metafísica y de sentido místico. La fragua de su luz y la onda de su aliento atizan la creación mitopoética, metafísica y teopática con la valoración mística de lo viviente.

Ya los antiguos pensadores presocráticos, entre ellos Heráclito, Leucipo y Pitágoras, entendían que en su condición de Logos, la palabra encauza una triple expresión figurativa: la palabra simple, con su sentido básico; la palabra compleja, con su vertiente metafísica; y la palabra simbólica, con su connotación mística. La filosofía, la literatura y la espiritualidad abordarían la dimensión profunda del decir hondo, traslaticio y sugerente de la palabra. Por eso José Lezama Lima escribió: “El signo expresa pero no se desnuda en la expresión.  El signo, pasado a la expresión, hace que la letra siempre tenga espíritu. En el signo hay siempre como la impulsión que lo agita y el desciframiento consecuente. En el signo hay siempre un pneuma que lo impulsa y un desciframiento, en la sentencia, que lo resume. En el signo queda siempre el conjuro del gesto. El signo tiene siempre la suficiente potencia para recorrer la sentencia, su espacio asignado. La potencia actuando sobre la materia para engendrar la forma y el sentido” (1). Spíritus, pneuma o ruah, hay un soplo, un aliento o un aire divino que conforma el Logos, Verbo o Palabra. De ahí la justificación de un diccionario de términos místicos.

 Fragua de la vivencia mística

 El místico alemán Jacob Böhme sostenía que el Universo es un Logos en cuya virtud las cosas hablan y sugieren lo que significan en un lenguaje cifrado y secreto como si se tratara de un idioma especial dirigido a los que tienen desarrollada su sensibilidad trascendente. Se trata de una gracia singular para captar la revelación del misterio mediante la inteligencia mística, la empatía divina y la iluminación de la llama sagrada. A pesar de la condición inefable del fenómeno místico, desde siempre los iluminados han dicho que no hay un lenguaje capaz de verbalizar la experiencia arrobadora, pero todos los místicos que en el mundo han sido han hallado la manera de plasmar esa vivencia inefable. En una de sus cartas a los Corintios, Pablo de Tarso hablaba de un hombre que “fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede decir” (2). Esas palabras inefables son las que conforman la sustancia de la irradiación mística, canalizada en imágenes, destellos, ondas, visiones y voces con su hondura intangible.

A la sensibilidad mística llegan irradiaciones y señales del Cosmos con las variopintas manifestaciones de dichos fenómenos en sus respectivos efluvios y revelaciones. Todos estamos conectados en las redes operativas del Universo y formamos parte de la Totalidad, pues como se ha dicho desde antiguo, todo viene del Todo y todo vuelve al Todo, como enseña la mística y certifica la física cuántica, en cuya virtud estamos integrados a la esencia cósmica desde nuestra circunstancia específica. De igual manera, recibimos influjos de la realidad circundante y de nuestro interior profundo. Hay también un influjo permanente de la memoria universal ya que nuestra memoria individual se conecta con la fuente de la sabiduría atesorada en la memoria cósmica, a la que he llamado Numen. Y ese influjo a menudo no se comprende, comenzando por la incidencia de la misma tierra que emite unos fluidos a cuyo través opera el aliento telúrico que inyecta a nuestra sensibilidad un efecto singular cuya energía penetra en nuestra conciencia.

En su contacto con el mundo el místico experimenta un estado de contemplación, indispensable para vivir el misterio de la Creación y el sentido de hechos, fenómenos y cosas. Todo tiene una dimensión interna y mística que la intuición percibe y el lenguaje expresa en forma estética, simbólica y mística. La faceta mística de lo viviente que atrapa la sensibilidad trascendente es una expresión del vínculo de lo natural con lo sobrenatural, de lo humano con lo divino, que la palabra formaliza en su peculiar lenguaje.   La vida interior de la conciencia, en su manifestación estética o espiritual, es una clara evidencia de la potencia creadora del Logos. Lenguaje y conciencia hacen posible la intuición del sentido espiritual de lo viviente. Y la palabra nos auxilia para formalizar nuestras intuiciones y vivencias con el lenguaje discursivo, la forma estética o la creación teopoética.

Ante el esplendor de lo viviente la persona experimenta una emoción que despierta su sensibilidad interior. A los poetas los mueve la dimensión maravillosa de la realidad. Y ya han dicho los místicos, como Francisco de Asís y Karol Wojtyla, que la realidad es más maravillosa que dolorosa. Antes dijo Platón que la belleza culmina en Dios. Por eso la teopoética es una celebración de la Divinidad.

Contenido, forma y sentido de las palabras es lo que enfoca el lexicógrafo. Y si se trata de un glosario especializado, hay que privilegiar la dimensión conceptual, estética o espiritual de su repertorio léxico.

La poesía se basa en la expresión de la belleza. La metafísica se funda en la búsqueda del sentido. Y la mística se inspira en el sentimiento divino que genera el esplendor de lo viviente. Lo que el poeta canta y el metafísico explaya, el místico lo vive y ama, porque el amor fragua la vocación mística que hace de la obra del contemplativo un cauce del ágape infinito.

En tal virtud, el místico vive y expresa la contemplación de la naturaleza, que siente como expresión de lo divino. La emoción de la belleza y el sentido, que canaliza en su expresión estética, encauza una verdad profunda, que comunica en su hondura intangible. El sentimiento de lo divino, que inspira el lenguaje de la lírica teopoética, se funda en una vivencia espiritual que la palabra formaliza en ensayos, pintura, danza, música, teatro, narraciones y poemas.  La pasión de amor sublime, que despliega la sensibilidad del místico, se manifiesta en lo que hace, compone, dibuja o escribe.

El arte de la creación teopoética y su entramado místico canalizado en la palabra, se manifiesta en modalidades operativas: 1. Liberación de los sentidos (físicos y metafísicos) para dejar la mente libre de pensamientos, sentimientos y deseos. 2. Actitud interior de apertura y entrega de sí mismo hasta sentir el espíritu absorbido, por un aliento trascendente. 3. Sentimiento de coparticipación en el alma de lo viviente sintiéndose el contemplativo uno con el Cosmos en un abrazo de amor y de fusión compartida.  4. Sensación de arrebato, bajo la onda de una fuerza superior sentida con suavidad y dulzura en un estado luminoso y placentero. 5. Vivencia espiritual de deificación interior mediante el aurta mística de la unión divina.

El contemplativo siente la necesidad de lo divino. En tal virtud, tiene un alto desarrollo de la sensibilidad trascendente; disfruta la dimensión espiritual de la Creación y mediante el sentimiento de amor sagrado percibe en las cosas naturales una significación o un simbolismo divino. Y asume una actitud consciente y gozosa ante la huella divina en el mundo con un sentido de iluminación mística.

El poeta místico, visionario del fulgor y el sentido espiritual de fenómenos y cosas, está inmerso en una realidad estética, y, mediante el canal de la gracia divina, se inserta en una realidad espiritual. Por eso confluyen en su obra el sentido y el propósito de su creación. La intuición de la dimensión trascendente suele conducir a la valoración de lo divino. Al descubrir el orden de las cosas, Pitágoras intuyó el ordenamiento del mundo y, por inferencia, al Ordenador del Universo en la armonía de lo viviente. Al sentir el esplendor de lo creado, Tulio Cordero, la más exquisita voz mística de la teopoética dominicana, intuyó el encanto del mundo y al Encantador de lo viviente al que su corazón se inclina con la pasión del amor que atiza sus entrañas.  Con razón escribió Tulio Cordero en “Silogismo infantil”:

“El mar es enorme. / El caracol, pequeño/ mas, en el laberinto del caracol /está toda la sinfonía del mar inmenso. /  Yo, que te contemplo,/ soy solo el caracol de tus misterios”.

Formato de la creación teopoética

El problema lingüístico de la lírica mística presenta tres frentes: primero, la dimensión espiritual de la vivencia contemplativa, complica el contenido trascendente de ese estadio singular de la conciencia; segundo, la condición inefable de la experiencia extática, que se vuelve incomunicable y por tanto indescriptible; y tercero, la connotación interior del fenómeno místico, que en principio es personal, individual e intransferible.

La experiencia mística comporta un fenómeno de conciencia en el que el yo del sujeto trasciende los límites de la experiencia ordinaria y el lenguaje lógico es inadecuado para traducir conceptualmente las vivencias de ese estado espiritual. La lírica mística salvó parcialmente la cuestión con la creación de un código lingüístico mediante el cual el sujeto contemplativo puede canalizar estética y espiritualmente lo que experimenta su mente en ese estadio singular de la conciencia expandida. La lírica mística presenta un cauce espiritual que ha hecho posible la creación y la expresión del aliento creador inspirado en esas vivencias singulares y ese conducto ha hecho que el alma se desborde en expresión de gozo y la voz lírica del contemplativo irrumpa con el tono jocundo del júbilo místico.

El lenguaje literario es la herramienta que da forma al contenido de intuiciones y vivencias místicas mediante la creación de imágenes y conceptos para canalizar las peculiares irradiaciones metafísicas y las singulares vivencias espirituales en conexión con el ámbito circundante o la vastedad del Universo. Instalado en la realidad de lo viviente, desde su sensibilidad el contemplativo establece una conexión con fenómenos y cosas, al tiempo que convierte la pantalla de la conciencia en antenas receptivas y transmisoras de mensajes intuidos o revelados, que hacen de los poetas místicos genuinos amanuenses del Espíritu. Y es el lenguaje de la lírica mística, con su caudal de imágenes y símbolos, el canal establecido para incursionar en ese predio restringido de la creación verbal.

Cuenta la madre Magdalena del Espíritu Santo, que admirada por las bellas y profundas palabras del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, le preguntó al iluminado carmelita si Dios le daba “las hermosas palabras que comprendían y adornaban” su hermoso decir, a lo que el poeta abulense le contestó: “Hija, unas veces me las da Dios, y otras las busco yo” (3). Afirma san Juan de la Cruz que la “sabiduría espiritual” está al alcance del alma: “(…) y esta es la causa por que Dios le da las visiones, formas, imágenes y las demás noticias sensitivas e inteligibles espirituales; no porque no quisiera Dios darle luego en el primer acto la sabiduría del espíritu, si los dos extremos, cuales son humano y divino, sentido y espíritu, de vía ordinaria pudieran convenir y juntarse con un solo acto” (4). Para expresar el estado interior de la emoción estética y la peculiar naturaleza de la fruición espiritual de la vivencia mística la persona crea, mediante el concurso de la intuición, la imaginación y la memoria, el lenguaje simbólico de la lírica mística.

El lenguaje de la mística tiene tres atributos distintivos: la llama de Eros; el cauce de los símbolos; y el don de la gracia divina. El amor que alienta la lírica mística es un amor incólume, sagrado y divino; la vía simbólica es la única manera de canalizar la vivencia inefable de la mística; y la gracia divina es la onda superior y trascendente que impregna el alma del contemplativo de su virtualidad interior.

La confluencia de sensaciones y emociones, en su expresión estética y simbólica, genera el brote de la creación verbal en la lírica mística. Por eso el místico se siente poseído por la magia de la creación, y su corazón se impregna de luz, sabiduría y amor. Al respecto escribió Luce López-Baralt: “A pesar de que comprenden que su desesperado intento comunicativo será en vano, los místicos han intentado sin embargo sugerir algo de su trance teopático, sirviéndose de unas desconsoladas aproximaciones simbólicas que resultan igualmente enigmáticas en cualquier época y en cualquier lengua: el Todo y la Nada, el mísero cuerpo de arcilla que sin embargo contiene todas las esferas del Universo; ´la música callada´ y ´la soledad sonora´ de san Juan de la Cruz; el ´rayo de tiniebla´ del Pseudo Dionisio Areopagita; la ´luz negra´ de Simnani; ´la noche luminosa´ y ´el mediodía oscuro´ de Sabastari; la ´esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna´ y el Aleph circular en el que Borges vio el Universo entero, y a sí mismo…” (5).

Aun cuando cada una de las confesiones religiosas tiene sus contemplativos, los místicos de todas las lenguas y culturas, en virtud del postulado esencial de la mística, viven la llama teopática al margen de los cánones de sus respectivas persuasiones religiosas y comparten la dimensión sagrada de la vivencia estética y la experiencia extática bajo la llama sutil de la gracia transformante. En ese sentido el santo poeta de Ávila escribió en el prólogo al Cántico espiritual: “Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz en general […].Y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dexarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar”(6).

Dios tiene reservado a cada uno el camino para sentir su presencia, y cada uno ha de hallar, a su debido tiempo y el cauce apropiado, la ruta que el destino le tiene reservado. Con el don de la vida, la dotación del Logos y la gracia del amor, se reciben las condiciones materiales y espirituales para cumplimentar la hermosa, fecunda y luminosa tarea de la creación.

Cuando entran en contacto con su interior profundo o con el alma de las cosas, los contemplativos tienen profundas intuiciones de la realidad o singulares revelaciones de la trascendencia, y entre las intuiciones descubren que: 1. Tienen un sentido místico para apreciar la dimensión sagrada del mundo. 2. Reconocen la realidad misteriosa y trascendente que es superior a su propia realidad. 3. Descubren el vínculo profundo entre la naturaleza humana y la divina mediante los efluvios de la Realidad Trascendente. 4. Perciben la herencia espiritual subyacente en la propia vida y en el costado del mundo en conexión con el destino final que a todos nos aguarda. 5. Asumen la unión mística como el más alto estadio del desarrollo espiritual de la conciencia humana.

En este diccionario ponderamos la huella espiritual de las obras de los poetas místicos que nos sirven de modelo. Plutarco, el antiguo educador romano, en La deidad personal de Sócrates, advirtió que existía un idioma especial para los poetas: “De hecho, [existen] las ideas de cada quien, expresadas a través del medio de la voz que sentimos en la oscuridad para entenderlas, que las ideas de las deidades traen luz con ellas por lo que iluminan a quienes las perciben. Las ideas de las deidades no necesitan verbo ni nombres: éstos pertenecen a las relaciones humanas que permiten que la gente vea las imágenes y los reflejos de las ideas; mas, las únicas personas que entienden las ideas en sí son aquellas -como dije-  que admiten una luz divina particular” (7). Esa “luz divina”, que funda la inteligencia mística, alienta el pneuma de los griegos o el ruah de los hebreos, para entender el signo con su forma y su sentido, que el lenguaje de la mística formaliza en la creación teopoética, por lo cual Heráclito de Éfeso, cuando concibió el Logos, intuyó la “energía sagrada” inherente a la Idea que la palabra encarna y expresa.

La mística, la más entrañable de las tendencias del espíritu, halla su cabal expresión estética en las formas poéticas, musicales, pictóricas, danzantes o arquitectónicas. El sentimiento místico genera una conciencia intuitiva de lo Absoluto y, en tal virtud, presiente la huella divina en el mundo. Permite sentir la “llama de amor divino” y, en algunos casos, el éxtasis contemplativo.

La potencia creadora del Logos, al tiempo que es cauce de la intuición, es también medio de conexión con lo divino. El lenguaje simbólico, como canal de la intuición y herramienta de la conciencia, empalma la expresión de lo inefable y la potencia creadora de la sensibilidad. El lenguaje reclama las palabras adecuadas y la manera más auténtica para describir esa realidad inexplicable y misteriosa que solo desde la esencia divina se puede explicar. Cuando se piensa en el lenguaje de la mística sabemos que todo el Universo es lenguaje, porque todo lo viviente está insuflado de una onda mística, y todo el Universo es un símbolo de lo divino.

Lo mismo el ensayo discursivo, la valoración crítica o la creación poética de inspiración mística proceden de una sensibilidad abierta a la dimensión profunda de la Realidad Trascendente. La creación estética y espiritual inspirada en la mística tiene una singular connotación que las palabras expresan, encauzan y sugieren en su configuración léxica, semántica y simbólica. La lírica lo expresa mejor con sus imágenes sugerentes: Agua y fuego/voz y llama/lumbre y aire/ bajo el alero de Su gracia./La magia no siempre fluye afuera/ si el fulgor rutila con su encanto/Dondequiera hay vestigios del Paraíso. 

Bruno Rosario Candelier
Academia Dominicana de la Lengua
Santo Domingo, 16 de mayo de 2017.

Notas:

1. José Lezama Lima, Las eras imaginarias, Madrid, Fundamentos, 1971, p. 22.

2. Carta de san Pablo a los Corintios (II Cor, 12, 4).

3. Cfr. Madre Magdalena del Espíritu Santo, “Relación de la vida de san Juan de la Cruz”, en P. Silverio de Santa Teresa, Obras de san Juan de la Cruz, Burgos, 1929, T. I, Apéndice V, p. 325. V. Vida y obras de san Juan de la Cruz, Madrid, BAC, 1960, p. 186.

4. San Juan de la Cruz, Obra completa, Madrid, Alianza Editorial, Edición de Luce López–Baralt y Eulogio Pacho, 1999, T. I, p.233.

5. Luce López-Baralt, Prólogo a san Juan de la Cruz, en Obra completa, p. 12.

6. San Juan de la Cruz, Prólogo al Cántico espiritual, 7.

7. En Fredo Arias de la Canal, Antología de la poesía cósmica de Marta de Arévalo, México, Frente de Afirmación Hispanista, 2003, p. VII.

 

Naras, *reputacional, cause/cauce, luz/copar, verás/veraz

NARAS

¿Nunca ha oído la palabra naras? Lamento decirle que entonces usted no es dominicano. No hay que ser tan viejo para haber oído a alguien mencionar las naras.

No hay que sorprenderse si la voz nara lleva siempre esa ese /s/ que se le ha colocado al final. Casi siempre se refiere a las naras porque rara vez alguien se refiere solo a una nara. Eso se desprende del origen del vocablo nara.

Las naras tienen que ver con las narinas. Las narinas son los orificios externos de la nariz. Esa parte conocida también con el nombre de ventana. Esa última denominación obedece a la función que desempeña en el cuerpo humano. Permite la entrada de aire, de la misma forma que lo hacen las aberturas que se dejan en las paredes de los edificios para permitir la entrada de luz y aire. En el caso de las naras es solo por aquello del aire.

Las naras son las narices. Quizá este nombre obedece también a ahorrar energía y tiempo con el acortamiento del nombre del órgano cuyos orificios comunican con el aparato respiratorio.

Esta voz no se ha encontrado  en los lexicones del español dominicano. Hay que tomarla en consideración para incorporarla cuando se proceda a elaborar una actualización de los repertorios de voces de uso de los hablantes dominicanos.

 

*REPUTACIONAL

“. . .ante el inminente riesgo legal y REPUTACIONAL, que pone en peligro. . .”

La voz del título no es moneda común en el léxico de los hablantes del español corriente. Si es de escaso uso en el lenguaje de los hablantes de español, menos lo es en el español escrito.

El desfavor que se muestra acerca del empleo de esa palabra es porque no se ha ganado aún un puesto en ninguno de los lexicones que se consultan para estos escritos.

La voz existe porque alguien ya la usó. Solo el tiempo dirá si tiene buena fortuna y en algunos años gana suficiente prestigio para imponerse. Por la terminación puede decirse que es un adjetivo formado sobre el sustantivo reputación.

Este *reputacional tiene relación con el renombre, prestigio, consideración que son sinónimos -o equivalentes- de reputación. La última palabra se tomó del latín, derivada de reputatioonis que entre otros significados en esa lengua correspondía a consideración. Se refiere a la honorabilidad moral y celebridad de una persona. Es la opinión que las personas se forman de alguien.

No hay que devanarse los sesos para dar con el origen del adjetivo criticado en esta sección. Proviene de la lengua inglesa, reputational. Es muy probable que la persona que escribió la frase que se transcribió más arriba sea versada en inglés y que como resultado de lecturas en esa lengua se le haya quedado en la memoria la voz que introdujo en la frase citada.

Esta voz podría abreviar los giros que se emplean para dar a entender la cualidad de la reputación en español, pero no todas las voces extranjeras que se parecen a las españolas pueden ganar terreno en la lengua común. Es mejor evitar esta voz.

 

CAUSE – CAUCE

“. . .se sancionarán las empresas que tiran sus vertidos a estos CAUSES. . .”

Es una lástima que luego de colocar en la frase de la cita algunas palabras que no son de uso general en el español dominicano, tales como “tirar” y “vertidos”, hayan errado en la representación gráfica (cauce) de la concavidad del terreno por donde corre una corriente de agua.

En buen dominicano habrían dicho o escrito “botar”, si no, por lo menos “echar” y para esos “vertidos” se habrían conformado con “basura”, que en el mejor de los casos sería “basura industrial”.

El error se desliza en la escritura porque en el español hablado de los hispanoamericanos no se establece la diferencia entre la ese /s/ y la ce /c/ de los dos vocablos del título. Esto con relación al cauce y al cause.

Cause proviene del verbo causar y por la ortografía que tiene corresponde a la primera y a la tercera personas del singular del presente del subjuntivo de ese verbo. Asimismo se usa para “usted” en ese tiempo y modo. Es, además, el imperativo de usted.

El cauce que debió aparecer en la advertencia publicada por el ministerio, es este de la ce /c/ que es el lecho de ríos y arroyos. Es lamentable que en ese ministerio no haya aparecido alguna persona con suficiente sentido ortográfico para reparar el desliz.

No hay que ser un literato o un profundo conocedor de la lengua para saber cuándo debe escribirse una u otra de las palabras del título. La clave para determinar cuál debe usarse en cada caso la dará el contexto, que entre uno y otro serán muy distintos por sus respectivos usos.

 

LUZ – COPAR

“. . .cruzamos estando la LUZ en rojo y que COPAMOS las intersecciones. . .”

Este uso del verbo copar es un empleo diferente del común que los dominicanos comparten con otros países de la América Hispana. El Diccionario del español dominicano (2013) registra la mejor definición para este, “ocupar totalmente algo”. Lo que se pondera aquí es el adverbio totalmente que aprehende muy bien el matiz del copar dominicano.

La luz que aparece en la frase reproducida es una imitación del inglés. Semáforo es el término que representa el dispositivo con luces que sirve para regular el tránsito vehicular en algunas intersecciones.

Esto de llamar “luz” a ese mecanismo ha ganado terreno en el español hablado por lo corta que es esa palabra. Hasta se llega a decir que se “llevaron la luz” sin precisar que violaron la luz roja, y, que no se la robaron Lo que debió aparecer en la frase es, “cruzamos el semáforo estando en rojo”. Se entiende que era la luz roja la que estaba encendida para señalar a los conductores que debían detenerse. Gracias a Dios que no metieron aquí el “fuego rojo” (feu rouge) de los franceses, que es como llaman al semáforo en esa lengua.

 

VERÁS – VERAZ

“. . .quizás tan VERÁS y fuerte como. . .”

La mala (¿?) pronunciación del español latinoamericano sigue causando estragos en el español escrito de este lado del Atlántico.  Las dos palabras del español tienen su legítimo campo de acción en el lenguaje.

Confundir estos dos vocablos refleja muy escasa cultura. El que figura primero, verás, pertenece al verbo ver. El segundo, veraz, es un adjetivo que tiene relación con verdad. Se hace necesario entrar en mayor detalle para despejar las dudas, si es que las hay.

Verás es la segunda persona del singular del futuro simple del modo indicativo del verbo ver, tú verás. Es muy sencillo. Eso es algo que se aprende en la escuela, si no en enseñanza primaria, por lo menos en la intermedia. Si no resultan suficientes estas enseñanzas, se aprende en la escuela secundaria.

El vocablo veraz se aplica a aquello que dice la verdad. O a la cosa que se acomoda exactamente a la verdad. Se dice de la persona o cosa que describe la realidad tal como ella es; o lo que es cierto, verdadero, la verdad. Es el relato que refiere los acontecimientos sin modificarlos, sin alterarlos.

Añadir mayores comentarios sería enredar el asunto.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

Horqueta, rankear, mesías/mecías, aparecer

HORQUETA

Es natural que algunas palabras escapen al inventario de los diccionarios. Algunas de ellas permanecen fuera de los lexicones porque son de escaso uso cuando estos se elaboran. En otros casos quedan al margen porque no hay de ellas rastro escrito de la utilización caída en desuso.

La palabra horqueta tiene sus significados usuales que se consignan en los diccionarios del español común. Esta sección no se relaciona con el uso generalizado, sino con uno que pertenece al ámbito rural, que está asentado en el Diccionario de americanismos (2010).

Esa horqueta no aparece en los diccionarios de dominicanismos o del español dominicano que se han imprimido hasta el presente. En el diccionario mentado en el párrafo anterior tampoco consta la mención de la República Dominicana como uno de los países en los que se utiliza la palabra.

La horqueta en cuestión son esos tres trozos de madera que pueden verse en los campos, colocados en forma de triángulo alrededor del cuello de los chivos. Se mantiene viva en la memoria la imagen de la horqueta cuyos palos son amarrados de manera rudimentaria con soga de pita, es decir, sin tornillos. En el habla rural enuncian esa horqueta con una hache aspirada y termina en tanto joqueta, sin pronunciar la erre.

El Diccionario de americanismos define la horqueta como, “Conjunto de tres palos que se colocan en forma de triángulo en el pescuezo a un animal vacuno para evitar que traspase cercados”. El Diccionario histórico del español de Costa Rica (1995:85) es más explícito al respecto de la horqueta, “Tres palos en forma de triángulo que se pone al cuello del animal inquieto, con el fin de impedirle pasar cercados o hacer daños en otras propiedades”. De ese modo la horqueta está definida por su composición, forma, uso y función.

Tal y como se escribió antes, en República Dominicana se usa mayormente en el ganado caprino porque este es el más dado a violar los límites de su encierro.

Por este medio se deja constancia del uso para que en las ediciones posteriores a esta fecha se subsane la ausencia de esta horqueta de los diccionarios de español dominicano. Así mismo para que se incorpore la República Dominicana a los seis países que se presentan en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias.

 

RANKEAR

“. . .que desde hace más de 20 años RANKEA. . .”

Tan pronto como se lee una voz con una letra /k/ en medio se entiende que es de origen extraño a la lengua española. Muchas palabras que en griego llevaban la letra K pasaron al español con la grafía representada con la letra Q.

El vocablo que motiva este verbo fabricado a la ligera procede del inglés, en esa lengua es to rank. Llevado al español ese verbo corresponde a clasificar, ordenar. En algunos casos puede traducirse por “ocupar un lugar” que refleja muy bien la idea que expone el inglés.

A veces el uso introduce y establece en el seno de la lengua española palabras que pertenecen a otras lenguas. A las autoridades encargadas de velar por la lengua no les queda otra opción que reconocerlas. Eso que se acaba de escribir es lo que ha sucedido con la voz ranking del inglés que consta en el Diccionario de la lengua española (2014) de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

A la voz del inglés ranking se le ha reconocido en español el valor de “clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración”. Ahí aparece la palabra clave, clasificación, que cuando se trata del verbo se identifica con clasificar u ordenar.

 

MESÍAS – MECÍAS

“. . .falsos MECÍAS con su. . .”

No es una broma. Es un extracto sacado de un artículo publicado en la prensa diaria. Este tipo de falla denota una gran pobreza en el nivel educativo del redactor.

En el español latinoamericano las dos palabras del título se pronuncian de la misma manera. No se hace diferencia alguna al enunciarla. Esta falta (¿?) en la elocución la resuelve el conocimiento previo de la ortografía y el nivel cultural de quien oye, lee o escribe. O en su defecto, el contexto.

Mesías es un sustantivo masculino que designa un personaje bíblico en la religión hebrea. Los cristianos entienden que Jesucristo fue y es el mesías que redime a los hombres. Por extensión se usa para cualquier personaje imaginario o real en quien se confía para solucionar problemas profundos.

Mecías es la segunda persona (tú) del singular del pretérito imperfecto del modo indicativo del verbo mecer, que consiste en mover algo de un lado a otro, movimiento que se hace de modo suave y varias veces. Cuando se trata de un cuerpo este debe mantener la posición de equilibrio durante la acción. Las naves se mecen, así como los bebés.

Existen varios métodos modernos para mejorar la ortografía. El más viejo es leer, con suficiente detenimiento para retener información. Eso no requiere de mucho esfuerzo y el sedimento de la lectura continua se transformará en cultura que redundará en una mejoría de los conocimientos generales.

 

APARECER

“. . .muchas veces a pie porque no APARECÍA para el taxi. . .”

En esta sección se escribirá sobre el verbo aparecer en una acepción que no se ha encontrado en los diccionarios consultados. Como consecuencia de eso se abogará para que se haga un lugar para que esa acepción se registre como un dominicanismo.

Ha de mencionarse desde el inicio que con este significado el verbo se usa casi exclusivamente en sentido negativo, es decir, precedido de una palabra que exprese negación, tal y como se observa en el texto reproducido.

En todos los diccionarios consultados la acepción que más se asemeja a este aparecer es la que se refiere a encontrar. De inmediato hay que destacar que cuando los diccionarios entran en la consideración de “aparecer” con la ayuda del verbo encontrar, se refiere a personas o cosas que estaban perdidas, desaparecidas, extraviadas.

Para no alargar el asunto no se entrará en las explicaciones de las diferentes significaciones que posee el verbo estudiado. Pero en ninguna de ellas se la hace sinónima o equivalente de “tener”.

Para ilustrar el punto por el que se aboga aquí se ofrecerán algunos ejemplos de uso. Una persona puede naturalmente decir, “No aparece dinero con que tomarse unos tragos”. Téngase en cuenta que ese dinero no se ha perdido, extraviado o que se estaba buscando. Lo que sucede en un caso como ese es que no se cuenta con ese dinero. “Iremos al cine si aparece con qué”. Se irá si se dispone de los cuartos para pagar por el billete de entrada.

De los ejemplos y las situaciones que se presentan aquí se deduce que aparecer tiene estrecha relación con “haber o tener una determinada cantidad de dinero, u, otra cosa”.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

Tomadura de pelo/tomadera de pelo, importantizar/importantización, hiato – *hiatal, contrapeso/contra peso

TOMADURA DE PELO – TOMADERA DE PELO

“Es una pretensión de TOMADERA de pelo a la sociedad. . .”

La locución sustantiva consagrada por el uso es “tomadura de pelo” que en el lenguaje coloquial se utiliza para burla o broma que se hace a una persona.

Si se mantiene un apego irrestricto a la acepción, existe la posibilidad de que la locución no pueda aceptarse más que para aplicársela a la burla que se hace a una persona; entonces, eso significa que en la cita se ha hecho una extensión al aplicarla “a la sociedad”.

La tomadera de pelo se conoce y usa en Colombia, Venezuela y Ecuador para la “burla repetida”. Es probable que este uso se haya instaurado en esos países por confusión en lugar de tomadura, palabra la última, que no es de uso cotidiano en el habla popular. Los datos para estos países se tomaron del Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias (2010).

El vocablo “tomadera” es empleado y practicado en muchos países de Hispanoamérica con el sentido de “bebedera” o ingestión frecuente de bebidas alcohólicas. Por lo menos nueve países de la América Hispana emplean esta tomadera así y, entre ellos, Colombia y Ecuador que fueron mencionados antes con relación a la locución.

Hay que llamar la atención sobre la particularidad que se detecta en cuanto a la acepción de “tomadera de pelo” que define la burla como una acción “frecuente”, así como frecuente es el hábito de ingerir bebidas alcohólicas en la tomadera. Con este dato se destaca el rasgo lógico del uso que se encuentra en esos países para la locución. Esa “frecuencia” puede ser la diferencia entre la tomadura y la tomadera.

 

IMPORTANTIZAR – IMPORTANTIZACIÓN

“. . .sino como una IMPORTATIZACIÓN de su intención. . .”

La terminación en la forma de crear este verbo, importantizar, revela que las personas que utilizan este verbo y su correspondiente sustantivo son personas de alto nivel académico y cultural.

Los diccionarios elaborados hasta esta fecha no han tenido la oportunidad de pronunciarse acerca del sustantivo, mediante la inclusión de este en sus páginas; sin embargo, con respecto del verbo ya hay rastro.

El diccionario de americanismos de la Asociación de Academias (2010) recogió el uso del verbo en sus páginas. En ese diccionario puede leerse que el verbo pertenece a República Dominicana, esto es, que el único país en cuyo español se usa el verbo es ese. La acepción que asienta el DAA es la siguiente, “Dar importancia a algo o tomarlo en consideración”. Inmediatamente después puede constatarse que pertenece al registro esmerado del español dominicano.

El verbo posee otra acepción consignada en el mismo diccionario, “Potenciar algo. Con la misma referencia en cuanto a quienes utilizan el verbo.

En lo que se refiere al sustantivo importantización, no aparece consignado en los lexicones consultados, aunque puede considerarse como un producto natural del verbo. Algo que desfavorece al sustantivo para el uso frecuente es lo extenso que es. No sería de extrañarse si en una próxima edición del Diccionario del español dominicano (2013) se hace necesario incluir este vocablo.

Tanto el verbo como el sustantivo que se revisan en esta sección por su formación son fáciles de entender aún por aquellas personas que lo oyen por primera vez. Es obvio que ambas palabras tienen relación con “importante”.

 

HIATO – *HIATAL

“. . .luego de ser operada de una hernia HIATAL”.

Desde hace años la voz hiatal aparece en la prensa escrita. No está allí de modo permanente, pero hay circunstancias en las que se hace casi inevitable su uso. La voz hiatal procede -en español- del inglés y, el ámbito en el cual se conoce es la medicina. La dolencia o el problema al cual se refieren se han hecho más comunes; por esta razón se usa en esos escritos con frecuencia.

Se examinará en esta sección la voz hiatal, a la par que se verá la voz hiato que también aparece en el título. Se estudiará la formación de hiatal, y, por último se abogará por su aceptación.

De acuerdo con la Real Academia el vocablo hiato procede del latín, es decir, el origen es el mismo en todas las lenguas indoeuropeas. Ingresó en español hacia el año 1800, conforme lo refiere Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1967:318). Se tomó del latín hiatus, derivado este de hiare “rajarse”, “separarse”. El verbo latín hiare significa bostezar, abrir.  La voz hiatus entró en inglés en el año 1563, nótese la gran diferencia en el tiempo de entrada en relación con el español. En francés lo tomaron en préstamo del latín en el año 1521 con su significado en retórica. Entró en el campo de la anatomía en el siglo XIX. En la última lengua, el adjetivo hiatal(e) es concerniente a un hiato. La hernie hiatale es la hernia del hiatus esofágico.

Lo que en general se llama hernia es una “dislocación de un órgano o tejido fuera de la cavidad donde se encuentra normalmente”, así la define el Gran diccionario Larousse de la lengua española.

La hernia de hiato es la “protrusión de parte del estómago desde la cavidad abdominal al tórax a través del diafragma”. Esa es la definición que asienta la Real Academia en su diccionario mayor. El problema que se presenta es que hiato en anatomía es, según esa corporación, “hendidura, fisura”.

Hasta el momento en que se redactó este artículo, el diccionario que registra el adjetivo hiatal es el Diccionario del español actual (2005:2466). Ahí puede leerse que en medicina se refiere a “[Hernia] de hiato”. En resumidas cuentas lo que hace este lexicón es asentar el uso que se hace de la voz.

Es una lástima que no pueda lograrse acceso a los trabajos que ha realizado la Real Academia con relación a hiatal, pues sería de utilidad leer las razones que ese colegio tiene para no dar entrada a esta voz en su lexicón. Ha de tenerse en cuenta que en el repertorio oficial de la lengua española constan muchos vocablos procedentes de varias lenguas. Algunos de ellos se han aceptado de manera cruda, con o sin modificación de las acepciones de otras palabras similares que constan en ese inventario.

 

CONTRAPESO – CONTRA PESO

“. . .denegándoles a la sociedad su rol de CONTRA PESO. . .”

Una de las “leyes” de las lenguas es la de la economía, es decir, ahorrar energía y espacio. Por esa “ley” es que en todas las lenguas se abrevian palabras, se ahorran espacios. En español hablado se nota una gran economía, sobre todo en la expresión descuidada, que aunque no sea cuidadosa, en la mayoría de los casos no compromete la comunicación. Las fallas las corrige la inteligencia de quien oye.

Contrapeso, en una sola palabra, es la “cosa que se considera y estima suficiente para equilibrar o moderar otra que prepondera o excede”. Así aparece en el diccionario académico. Esto aparte de otras acepciones.

Cuando esa institución define el verbo contrapesar, escribe, “servir de contrapeso a algo”. De la lectura de estas acepciones se hace obvio que tanto el verbo como el sustantivo se escriben en una sola palabra.

Claro, los dos elementos, contra y peso, tienen vida independiente y en otras circunstancias o situaciones pueden utilizarse en el mensaje o discurso.

© 2017, Roberto E. Guzmán.

La voz de Irene Pérez Guerra

Irene Pérez Guerra, lingüista y educadora, goza del reconocimiento que le otorga la posesión de un doctorado en lingüística por la Universidad de Valladolid y la realización de estudios del español dominicano, por lo que mereció un sillón en la Academia Dominicana de la Lengua. De su trato íntimo con el lenguaje descubrió que, desde el hondón de las palabras, así como del sustrato de fenómenos y cosas, refulge la dimensión estética que la energía interior de la conciencia, refrendada por el Logos, encauza y perfila mediante la sustancia de una creación con aliento emocional. De igual manera, la lingüista dominicana atisba, desde el fuero de su intimidad, la faceta de lo viviente que su palabra recrea a través de un decir que fluye como cauce y señal de sus pasiones y vivencias. Y como mujer sensible y consciente, hace uso de la palabra para conformar el caudal de las sensaciones que impactan su sensibilidad y su conciencia. En estos versos dolientes y sencillos de la escritora y académica, que parece escribir bajo el fresco talante de una niña, canaliza su visión de la vida con sorpresa y emoción, dando cuenta del acontecer de lo existente en la expresión lírica, estética y simbólica.

Bruno Rosario Candelier

Poemas de Irene Pérez Guerra

Revelaciones

 

No tengo tiempo

para mirar las pupilas del mundo,

secas están hoy,

con el murmullo muerto

de las palomas que asoman su pesar,

ante el umbral desierto

de esta tierra sin fin.

No despejo los sentidos

para acariciar su destino;

una mañana me hablarán de él,

con despertares sedientos,

con mentiras llenas de azafrán,

con turbulentas maniobras,

de aquellos que azotan eternamente su vivir.

Cuando el viento entra

por el candelero de sus creaciones,

se hunden juntas las tristezas

y se agita con fuerza su esplendor,

se bañan enteras las amapolas

con un baile sin temor.

 

  

Laberinto

 

Cuando el sol termine de lanzar piedras al río,

se me llenarán las pupilas de ti.

Cuando en el amanecer

aparezcan ventanas abiertas,

llenas y apetitosas,

se me colmará el corazón de ti.

Cuando el vendaval abrigue a las moradas desiertas

y deshechas por el pesar de este mundo,

los rincones de mi balcón parecerán henchidos,

y los apretaré todos con la pasión

de saberte al fin desencadenado…

¡Porvenir! infinito de nuestro bien.

 

Dominicanidad, lengua y cultura: perspectivas de un concepto transnacional

Por Rita Díaz Blanco

En el marco del primer congreso internacional celebrado en Alemania en el año 2014, la embajada de este país, en colaboración con la de la República Dominicana, presentó diferentes aspectos de la dominicanidad en artículos de destacados especialistas de distintas nacionalidades. Las ponencias y resultados de las investigaciones fueron recopiladas en el texto que hoy nos ocupa bajo el título Dominicanidad: perspectivas de un concepto (trans-) nacional, por los editores Christine Felbeck y Andre Klump. Esta obra contiene articulistas dominicanos, europeos y estadounidenses que recogen, tanto en inglés como en español, la visión general de una sociedad fruto de un conglomerado cultural complejo. La obra tiene tres subtítulos: Contexto mundial, con seis artículos donde se analizan las proyecciones internacionales del dominicano emigrante; Contexto insular, que recoge cuatro artículos cuyo eje central es la identidad dominicana en relación a la vida del isleño y su relación construida con otros inmigrantes; y Contexto nacional, una recopilación de seis artículos de análisis lingüísticos y artísticos (cine) que explican los variados comportamientos del español dominicano.

Para entender la idiosincrasia dominicana es de suma importancia conocer las raíces de este pueblo mulato, que en su historia rememora la vida armónica de sus aborígenes, quienes a fuerza de trabajo desigual e injusto vieron destruidas sus esperanzas de vida y alterado completamente el equilibrio hasta entonces existente: “Bartolomé de las Casas escribió que existe un reino llamado Maguá en una llanura de esta isla, con montañas alrededor donde nacen casi 30,000 arroyos y ríos, de los cuales doce son extremadamente grandes y todos los que proceden del oeste, que suman casi 20,000, son ricos en oro”(…) “Ahora existen diez ciudades españolas en La Española. Y hasta ahora residían allí casi diez mil españoles. En el año 1508, surgió una tormenta tal que todas las casas en Santo Domingo fueron destruidas, todo el poblado de Buona Ventura quedó patas arriba y muchas personas de la zona fueron elevadas hacia las alturas” (Kramer J., “La española en la Cosmografía de Sebastian Munster”).  En su artículo, Kramer estudia las características principales del Nuevo Mundo ya planteadas por Sebastian Müster, presentándolo como un espacio geográfico que ofrecía para los europeos un atractivo económico, político y natural inigualable. La Española, para la época de la conquista, tenía una exuberante riqueza natural, una división política y administrativa de cacicazgos muy bien definidas: “El un reino se llamaba Maguá, la última sílaba aguda, que quiere decir reino de la Vega. Esta Vega es de las más insignes y admirables cosas del mundo, porque dura ochenta leguas de la mar del Sir a la mar del Norte” (p. 62).  Esta ubicación estratégica identificada por Müster, explica Kramer, obedece a un interés muy marcado y positivo de los europeos en las nuevas tierras descubiertas.

Por otro lado, y bajo el mismo contexto,  Rafael Álvarez Martín y Enrique Sánchez Costa realizan un estudio de las figuras de Juan Bosch y María Zambrano como escritores exiliados de las respectivas dictaduras de sus países. Tanto Bosch como Zambrano, profundos pensadores de su época, debieron abandonar sus patrias para salvaguardar sus vidas, pues eran abiertos opositores de la tiranía. Ya fuera de sus contornos se conocen en Cuba por un amigo en común y florece, según estos autores, una amistad mantenida luego por correspondencia. En la República Dominicana no se puede hablar de cuentos y relatos sin pasar por el nombre y la figura de Bosch en cuyos trabajos aparece la retratada la realidad socioeconómica de nuestro país. Se ha convertido en uno de los escritores dominicanos más leídos y célebres a nivel internacional, mereciendo el galardón de ser uno de los mejores cuentistas de América. En Zambrano, la labor intelectual y literaria es muy prolífera, enfocándose en el tema de la hermandad y apoyándose en la convulsa realidad española de la época. Asesinados los tiranos, Trujillo y Franco, ambos escritores retornan a sus naciones para dedicarse uno directamente a la política (Bosch llega a ser presidente de la Rep. Dom.) y la otra a reflexionar en artículos filosóficos la sociedad española de postguerra. Es entonces, el exilio la otra casa para que estos autores forjen una conciencia matizada por un ambiente marcado por la violencia, la opresión y la miseria. Álvarez y Sánchez hacen un recuento biográfico de estos pensadores para destacar las afinidades que los llevan a cultivar una amistad por largos años y para entender, en su justa dimensión, los aportes que cada uno hizo a su país. Si bien es sabido que Bosch estuvo exiliado más de veinte años, por defender ideales socialistas que lo llevaron incluso a perder su puesto de presidente, en Zambrano encontramos a una filósofa que, dentro y fuera de España, rechaza rotundamente la dictadura franquista y se avoca a la causa republicana hasta sus últimas consecuencias. Situaciones políticas similares, que desataron en ellos el ímpetu de la escritura crítico-social profunda.

Siguiendo con otros artículos destacados en este contexto mundial, se debe hacer mención de los resultados expuestos por Andre Klump en su trabajo titulado “Entre pesimismo y lealtad-Las actitudes lingüísticas de los dominicanos”. El propósito principal de este investigador era identificar las actitudes lingüísticas que tienen los hablantes dominicanos sobre su propia lengua materna y los principales factores que provocan dicha condición. Al inicio de artículo aparece citado uno de los lingüistas más reconocidos a nivel nacional: Pedro Henríquez Ureña, quien determina las características del español caribeño de acuerdo a la ubicación geográfica antillana: “Según la zonificación general de Hispanoamérica de Pedro Henríquez Ureña, el español dominicano (…) se caracteriza por un consonántico demasiado débil y por un vocalismo bastante constante”. Luego, se explican algunas particularidades del español dominicano, los rasgos destacados en este artículo son fruto del análisis de un extracto de una obra de la escritora dominicana Rita Indiana, como: Aspiración y elisión de la -s – implosiva en la conjugación y en la formación del plural casi independientemente del registro. Neutralización de los fonemas /r/ /l/ en posición implosiva. Lambdacismo (cambio de /r/ por /l/) sobre todo en Santo Domingo. Rotacismo (cambio de /l/ por /r/) en el suroeste. Elisión de /r/ en el Este. Vocalización (sustituir la consonante por i). Uso del pronombre impersonal “ello”.  Además, otras particularidades son el seseo, yeísmo, aspiración de la /x/ que, identificadas por Klump, atribuye a una inseguridad lingüística y una visión negativa de los hablantes. El español que se habla en la República Dominicana es una variedad del castellano que llegó en las naos de los conquistadores, y más aún, de una variedad del español caribeño. Las regiones en las que se divide este territorio mantienen sus características especiales que forman parte de su identidad cultural. También estas variaciones obedecen a aspectos geográficos y a la clase social. Una teoría que defiende Klump es que al ser producto de una prominente y rica influencia extranjera, los dominicanos sentimos cierta tendencia a menospreciar lo autóctono, incluyendo su lengua materna y que esa deficiencia se nota en las faltas ortográficas tanto al hablar como a la escribir. La autopercepción lacera nuestra seguridad idiomática que conserva rasgos similares con el de Puerto Rico (español puertorriqueño) y de Cuba (español cubano), por la cercanía territorial. También, utiliza como argumentos otras investigaciones en distintas circunstancias y momentos que determinaron el fenómeno de la negatividad y la necesidad de elevar el sentimiento de identidad relativa al tema. Es bastante interesante el hecho de que son los mismos dominicanos, tanto dentro como fuera del país, los que consideran su lengua materna en desventajas con otros países, tratando de ajustarla a la norma estándar de España en vez de aceptarla con sus variaciones. Por consiguiente, los demás usuarios del español perciben el dominicano como un idiolecto de menor estatus. Al comparar el comportamiento lingüístico de los dominicanos tanto en Estados Unidos como en España, Klump advierte ciertas similitudes correspondientes a la lealtad que se manifiesta entre los paisanos. Otros investigadores han sido testigos de que los quisqueyanos de la diáspora tienden a apoyarse e identificarse con su idioma, aunque reconocen que el mismo debe aspirar a unificar criterios con el peninsular. En definitiva, este artículo muestra que el dialecto dominicano presenta distintas variaciones, igual que muchos otros, la diferencia radica en que, para ellos, su singular uso del idioma es una manera de destacar su identidad, mientras que para los dominicanos es considerado una falta.

Similar estudio fue realizado por Manuel Peralta Céspedes, titulado “El español dominicano en contacto con el español madrileño: el caso del sujeto en las interrogativas directas”. El mismo pone en evidencia una peculiaridad del español dominicano: el hecho de que se coloque el pronombre o el sujeto de manera innecesaria en las construcciones oracionales, situación que es totalmente opuesta al uso español, donde solo el 20% lo hace. Esta situación también se da en puerto Rico, Caracas y otros países del Caribe, y se cree se produce por influencia del inglés. En el español dominicano es muy común introducir manera recurrente el pronombre con valor de sujeto ante el verbo en situaciones poco reiterativas en otras variedades hispánicas. Al contrario, lo consideran innecesario. De manera que, según este articulista, su uso en los dominicanos se debe a que funciona enfáticamente. La sintaxis española hace prescindible el sujeto siempre y cuando a través del comportamiento verbal pueda ser identificado, esa omisión es casi nula entre los hablantes dominicanos. Además, sugiere que el mismo se presente pospuesto al verbo en oraciones interrogativas. En los resultados a los encuestados se hace notable una singular acomodación de la lengua que obedece a características del dialecto caribeño.

Nery Antonio Taveras presenta el estudio “Análisis de los procesos de integración en adolescentes de origen dominicano. El caso de Barcelona, España”. Este artículo tiene una connotación de migración más que lingüística para entender, por qué sobre todo las mujeres, salen a España a iniciar un proceso de integración y adaptación de los dominicanos en el nuevo país. La migración dominicana hacia Europa no es muy antigua y obedece a aspectos económicos más que de otra índole y es más numerosa en los últimos años, haciendo que la colonia dominicana posea un notable peso en este lugar, debido a los vínculos económicos, socioculturales y familiares que unen ambos países desde la época de la conquista. En principio quienes podían viajar eran los de clases acomodadas, aquellos hombres de negocios, estudiantes o exiliados políticos. Más adelante, el número se elevaría pues incluiría a mujeres motivadas por el estrechamiento económico, que se produjo de manera muy lenta, pues, una vez establecidas en el nuevo territorio, procedían a trabajar en labores mayormente domésticas para llevar consigo toda su prole. Como resultado, el vínculo entre las sociedades progresivamente fue desarrollándose y fortaleciéndose dándole una identidad más sólida a los recién llegados con relación a su suelo natal. Los hijos de los emigrantes, reciben tanto de los padres como de la comunidad, un apoyo extraordinario a sus raíces, derivando en una auto-identificación más sólida que los mismos que viven dentro del territorio nacional.

Para cerrar el contexto mundial, Svenjan Flechner presenta un artículo completo analizando las características económicas y políticas de la República Dominica titulado “Desigualdad y desenvolvimiento económico en la Rep. Dom. – un análisis desde la perspectiva de la economía política”. En el mismo se hace referencia a la economía de mediana empresa, a la que según esta investigación el país pertenece, pues entre otras características la mano de obra que predomina no es industrializada, sino que se basa en trabajos manuales. La economía se sustenta en el sector de servicios en más de un 50%: arrendamiento de inmuebles, hoteles, bares, actividades comerciales… el otro porcentaje está distribuido en actividades intelectuales e investigativas y labores básicas. Con relación a la educación, se especifica que no podemos competir con otras naciones como Panamá o Costa Rica pero que estamos en niveles más altos que los de Nicaragua o Guatemala y con las instituciones regulatorias del sistema administrativo se hace mención de la poca habilidad que como nación se posee en su manejo: “El clientelismo dominicano se centra en el intercambio de apoyo político por un lado y en la contratación de personas para empleos en el aparato administrativo como agradecimiento al apoyo” (pág.180).  El estudio muestra, a través de datos estadísticos específicos, que el país ha alcanzado dimensiones desproporcionadas con relación al manejo inadecuado de los fondos públicos, producto de una voluntad política permisiva y de poca voluntad para sancionar funcionarios. No obstante, se prevé que con la aplicación de políticas relevantes y regularización de patrones de distribución que permitan el crecimiento de la nación. Este recuento histórico que hace el articulista por los gobiernos dominicanos y el comportamiento de los grupos empresariales, explica que el país ha quedado relegado por conflictos internos sin resolver, por ende, entender la República Dominicana es analizar los distintos momentos sociopolíticos que ha vivido.

Al inicio del segundo contexto, el Contexto Insular, el filólogo dominicano Bruno Rosario Candelier hace un análisis bajo el título “El concepto de dominicanidad en las letras de La Española del siglo XVIII”. En este artículo el intelectual mocano asegura que las primeras manifestaciones de las letras de La Española guardaron características similares con la nación conquistadora: romances populares orales, canciones, bailes… pues la población analfabeta y el proceso de evangelización así lo determinaron. De hecho, son los clérigos quienes se encargan de producir las primeras manifestaciones escritas en el territorio conquistado: “Habiendo sido descubierta, conquistada y poblada por los españoles al mando de Cristóbal Colón que asentaron en la isla bautizada con el nombre de La Española era lógico que la lengua y la cultura intelectual que se anidan en esta isla caribeña desde 1492 eran la lengua de Castilla y la cultura de España, que con el paso del tiempo y el arraigo de los nuevos pobladores daría lugar a la cultura viva del pueblo, como se aprecia en los cantares populares, la faena agrícola, las festividades religiosas y en las veladas nocturnas” (p. 207). Además, asegura que la tradición dieciochesca conservaba sus raíces hispánicas a pesar de otros influjos y los manifestaba a través del teatro, la poesía y otras manifestaciones artísticas. En ese sentido menciona como figuras importantes de la época a Luis José Peguero y el padre Antonio Sánchez Valverde. Una importante afirmación que hace Rosario Candelier es el hecho de que haya para esa época una cierta relación con las letras y un sentido patriótico ya determinado, pues esto implica que la cultura y la dominicanidad ya se estaban gestando, fruto de la intelectualidad y la reflexión ideológica: “El pesimismo y la nostalgia eran actitudes generalizadas entre los habitantes de la Española del siglo XVIII. Pesimismo por la agobiante situación de miseria y abandono que experimentaron los nativos de la Isla. Esa dolorosa situación no dejaría de ser un caldo de cultivo del sentimiento de nacionalidad que tímidamente empezaba a gestarse” (p. 210). Esto lleva a plantear que las experiencias vividas por el pueblo a lo largo del siglo XVIII influyeron en su carácter y su visión de la cultura.

Otros análisis que aparecen en este contexto es el de Katrin Pfadenhauer titulado: “La diáspora haitiana y el contacto lingüístico en la R.D” y el de Hanna Merk: “Lengua e identidad en los bateyes de la República Dominicana”. El primer artículo hace referencia a un porciento de inmigrantes haitianos y a sus descendientes, que frutos de malas políticas gubernamentales se veían desprovistas de seguridad social, política y económica. El segundo, analiza las características de una realidad marcada por la pobreza, y carente de identidad compartida, sino más bien, una que no pertenece a ninguno de los dos países. Ambos trabajos exponen sus ideas sobre la sociedad dominicana y su relación político-social con los inmigrantes haitianos, como forma de explicar las variaciones lingüísticas de contacto, tanto en la frontera como en los bateyes establecidos, principalmente dentro de las plantaciones de caña de azúcar. De allí salen las fuentes primarias de investigación, es decir, se entrevista a haitianos, dominico-haitianos y algunos dominicanos: “Las conversaciones se llevaron a cabo en español, francés, y con ayuda de un hablante nativo, en kryeol y fueron posteriormente transcritas y analizadas según los criterios asentados en la lingüística de contacto” (Pfadenhauer, 243). “Durante las conversaciones, los entrevistados tenían la posibilidad de responder a unas preguntas generales y de hablar libremente, apoyándose metodológicamente en la entrevista narrativa” (Merk, 266).

Los análisis lingüísticos que presenta el estudio de Hanna Merk se caracterizan por la presencia de fenómenos similares a los que poseen los hablantes dominicanos: omisión y aspiración de la /s/, realización de la /x/ como /h/, velarización de la /n/, apócopes, falta de concordancia entre sujeto y verbo… Por otro lado, esto es notable debido al contacto lingüístico informal que existe entre los patrones de los centrales azucareros y las familias dominico-haitianas que allí se han establecido. Por su parte, Katrin Pfadenhauer recoge otras particularidades idiomáticas debido al contacto: préstamos lingüísticos, es decir, mezclan con el Kreyol algunos dominicanismos: “No se tratan de préstamos espontáneos, sino de hispanismos establecidos en las variedades del Kreyol de los inmigrantes que han sufrido cierta criollización” (p. 246). También, especifica esta articulista, que utilizan marcadores del discurso equivalente del kreyol para estructurar sus ideas con sus equivalentes en español.

En otro contexto, el Contexto nacional, aparecen seis artículos interesantes que destacan los avances en materia lingüística de la República Dominicana. El primero de ellos es el de María José Rincón titulado: “El nacimiento de un nuevo diccionario: el diccionario del español dominicano”. Esta insigne lexicógrafa afirma que si una lengua justifica y necesita los diccionarios dialectales esa lengua es la española, pues su extensión humana y geográfica y sus características internas hacen de ella un campo de trabajo e investigación inagotable.

En su explicación hace un recorrido histórico desde la aparición del Tesoro de la lengua castellana de Elio Antonio de Nebrija hasta vocablos amerindios recogidos en diccionarios distintos. Asegura que los diccionarios del español americano nacen con los glosarios de voces amerindias en el siglo XVI, cuya responsabilidad atribuye a los cronistas de indias, pues eran los principales responsables del registro detallado en sus obras de las voces extrañas y de las palabras patrimoniales que empezaban a desarrollar un sentido particular en América. Cuando hace alusión a la composición del diccionario, Rincón especifica que el mismo registra y describe el léxico propio de la variedad de la lengua española utilizada por los dominicanos: “Estamos ante un diccionario restringido dialectal que enfoca el léxico dominicano con independencia de su apego a las normas lingüísticas, académicas o no” (p.283). Sin lugar a dudas, esta obra es un aporte lingüístico significativo en pro del estudio, conocimiento y reconocimiento del registro lexical del español usado en República Dominicana.

Más delante, Irene Pérez Guerra explica en “La fraseología del español dominicano: aspectos semántico-semióticos”, que el usuario de la lengua tiende a utilizar imágenes, comparaciones, metáforas… para exponer sus ideas, lo hace de una manera tan original y particular que construye con ello el denominado saber popular, eternizando así la fraseología en los registros particulares del pueblo: “Todo este entramado expresivo idiomático que el hablante dispone ha dado origen a lo que recientemente se ha denominado fraseologismo, o grupos determinados de combinaciones idiomáticas fijas, cuyo origen se puede perder en el tiempo y para las cuales cada pueblo busca a menudo una justificación y un significado propio” (p. 291). Este artículo es una exposición completa y acabada de los aspectos semántico-semióticos que componen las frases, refranes, paremias y expresiones idiomáticas a nivel general con la intención de complementar los estudios que al respecto se han hecho en suelo dominicano y permitan entender, más que nada, el dispositivo de realización en la creatividad lingüística nacional.

Por otro lado, y en un análisis más próximo a lo literario, se presenta el artículo “Los conflictos de roles y la autorrealización en el cuento “Amo tres hombres de Ángela Hernández Núñez”, de Carina Dibos. En el mismo, esta estudiante de la universidad de Trier, Alemania, se siente atraída por la cuentística de Ángela Hernández y, fruto de esa atracción, hace este análisis. Pues recoge este apartado los estudios sociológicos de los personajes desde la perspectiva del género, a sabiendas de las divergencias de roles que la mujer del siglo XXI ha enfrentado. Asegura Dubos que Juan, uno de los tres hombres, representa la jerarquía machista donde el hombre ocupa la fuerza, el poder y el control y la mujer debe estar apegada a sus ideas, siendo sumisa, obediente y renunciando a sus ideales: “Aunque Juan parece adoptar una actitud protectora a primera vista, en verdad teme que la protagonista amplíe sus conocimientos. Aquí se revela otra vez la posición de Juan por lo que respecta a la protagonista: él es el sustentador de la familia y nada debe cambiar en esta jerarquía” (pág.318). El siguiente personaje, Rodolfo es descrito como “fuerte y obsceno”, representa otra condición de machismo: el de tener varias mujeres a la vez. El último es Mar, una figura hasta cierto punto más tolerante que la hace sentir plena. Con este estudio, Dubos trata de recoger los perfiles masculinos de la sociedad latinoamericana específicamente en la nuestra a través del estudio de la ideología plasmada por Hernández en su cuento. Un estudio exhaustivo sobre los papeles de género y las perspectivas que emanan de la literatura, testigo de las realidades sociales.

En otro análisis de manifestación artística, Cristine Felbeck, estudia dos películas dominicanas que rescatan la “memoria colectiva”: “La dominicanidad reflejada a través del cine dominicano actual”, un interesante estudio que muestra la realidad sociocultural de los dominicanos, representados a través de filmes jocosos y vibrantes. Se trata de Nueva Yol y Sanky Panky. Aunque la República Dominicana no es un país de alto coste en cuanto cine, no tiene los escenarios ni los medios más ricos para eso, produce desde hace ya varias décadas películas que reflejan las convicciones, situaciones sociales y la actitud de los quisqueyanos frente a la vida. Lo que se plantea en este estudio de Felbeck, es que, a través del análisis de estas películas, se puede conocer con exactitud las particularidades de la sociedad dominicana.

Finalmente, es menester decir que la dominicanidad tiene diversas facetas y en cada una de ellas se reconoce la valía de un pueblo que a través de los años ha sabido forjar su cultura con arrojo y gallardía. Los artículos que se recogen en este boletín abarcan esas facetas de identidad cultural que han evolucionado en el tiempo, en un largo recorrido de pasos que forjan patrimonio cultural, no solo en relación con sus ciudadanos sino con territorios adyacentes y con la proyección internacional adecuada. Celebramos la iniciativa de las embajadas, dominicana y alemana, por la celebración relacionada con el desarrollo intelectual y espiritual de cultura dominicana, por su aprecio internacional que incluye, no solo perspectivas aisladas, sino que conglomera todas las actividades, características y los intereses de un pueblo en pro de una cultura cohesionada con gran autoestima y creatividad que fortalezca la memoria y la conciencia ciudadana a través de la historia, la lengua y la cultura.