Moché/moché, éxtasis/éctasis, papabocó

Roberto E. Guzmán

 

MOCHÉ-MOCHÉ

Todos los dominicanos han escuchado esta locución adverbial. Es de alguna forma una locución reiterativa, pues moché por sí sola equivale en el habla dominicana a “a medias”. La locución adverbial “a la moché” expresa en el habla dominicana, “a la mitad, a medias o partes iguales”, Diccionario fraseológico del español dominicano (2016:319).

La razón principal por la que se trae a estos comentarios este adverbio y la locución del título es para abundar sobre el posible origen de estos. Este tema se ha tomado siguiendo una sugerencia de un estudioso del español dominicano y gran conocedor de lenguas extranjeras.

La persona que sugirió el tema entiende que la locución tiene relación con la lengua francesa. Él opina que ese moché es una deformación (desgaste) en español del francés moitié, que se pronuncia mwatyé.

La otra posibilidad que existe es que moché provenga del verbo mochar que es una forma menos elegante de cortar. Es preciso evaluar las dos posibilidades.

En abono a la posibilidad de que la locución adverbial derive del francés, se debe recordar que moitié implica que se divide en dos partes iguales. Cuando los dominicanos convienen en dividir los gastos de algo, acuerdan hacerlo en partes iguales y en ese caso utilizan la locución moché-moché.

Si se piensa que el verbo mochar en el uso dominicano corresponde a cortar o recortar, esa acción no conlleva la idea de que lo que se mocha o corta resulte o termine en partes iguales. Ahora bien, la idea de mochar con el sentido de contribuir  existe en la variedad del español de otros países, como por ejemplo en México, donde es “contribuir con algo a una causa”. Aunque no se especifique en la definición, se piensa que la contribución a que alude la acepción se hace en dinero, aunque esta pueda ser en especie.

En beneficio de la tesis de que procede del francés se puede aducir que en esa lengua se muestra conformidad para que la noción de mitad no sea en partes iguales o exactamente iguales y se da por satisfecho si las porciones son muy semejantes. En español se hace otro tanto cuando no se trata de valores o cosas contables.

En lengua francesa existe la locución adverbial moitié-moitié que expresa la idea de compartir. Al principio en francés se decía moitié à moitié que entrañaba la idea de dividir en partes iguales.

Se piensa que cuando el hablante de español dominicano utiliza la locución moché-moché lo que manifiesta es el deseo de que se divida el objeto a que se contrae la acción. Es probable que el propósito del hablante al emplear el moché-moché esté influenciado en el habla moderna por la idea del inglés fifty-fifty que sí es dividir en partes iguales. En inglés existe también la expresión chip in que significa contribuir. A su vez, el verbo to chip significa cortar con un instrumento de cortar pesado (¿mochar?).

No debe descartarse la posibilidad de que este moché-moché provenga del francés, si se piensa que la voz francesa antes mencionada y su expresión comienzan con la sílaba “mua” que en español no es principio de palabra alguna. Hay que considerar que en español corriente solo existe una voz traída del italiano que comienza así. La otra palabra es una onomatopeya del sonido del beso.

La posibilidad de que la locución tenga su origen en la lengua francesa se hace pensando en los veintidós largos años del gobierno haitiano en la parte este de La Española, que entre otras medidas de carácter obligatorio impuso el uso del francés en la administración pública. Ojalá hubiese otros indicios que pudieran avalar esta teoría; de todos modos no es descabellada la hipótesis  y no puede descartarse sin argumentos de peso en contra.

 

ÉXTASIS – ÉCTASIS

“. . . en el consumo de cocaína, anfetamina y *ÉCTASIS. . .”

Las dos palabras del título tienen carta de naturaleza en español. Sin embargo, los significados de ambas son muy diferentes. Antes de continuar hay que reconocer que en el teclado las letras equis /x/ y ce /c/ son vecinas, por lo que el error al escribir una por otra puede provenir de una distracción al pulsar las teclas.

Éctasis es el “alargamiento de una sílaba breve para la cabal medida de un verso”, así lo define D. Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos (1962:153).

El vocablo éxtasis posee varias acepciones. Entre esas acepciones la más usada es en poesía; en la que corresponde en religión a un estado del alma en la unión mística con dios. Es también en un grado menor el sentimiento de una persona dominada por un sentimiento de alegría.

La última acepción que se integró al lexicón oficial del español  para éxtasis es la de droga sintética que produce efectos alucinógenos y afrodisíacos. Aparece por primera vez en la edición del Diccionario de la lengua española de 2014.

Esta droga se la conoce también con el nombre de “droga del amor”. De acuerdo con la información que trae el Nuevo diccionario de voces de uso actual (2003:461) esta fue inventada en Alemania en 1987. Las estadísticas de uso indican que esta droga es preferida por los jóvenes.

El tipo de error que se encontró en la cita refuerza lo que se ha escrito por medio de estos escritos muchas veces antes, que después de terminar hay que releer lo que se escribe para corregir pequeñas distracciones y erratas.

 

PAPABOCÓ

“. . .el papabocó. . .”

La voz que encabeza esta sección es una combinación de dos vocablos; uno del español,  papá, y el otro del criollo haitiano bokò o bòkò. El significado se explicará más abajo, así como el origen atribuido a la voz del criollo haitiano.

En el Diccionario del español dominicano (2013:516), aparece la voz del título definida así, “Brujo, hombre con poderes mágicos”. La segunda acepción trata la voz en tanto locución sustantiva, “Persona con influencia y autoridad”.

Un bocó es, En el vudú dominicano, brujo, sacerdote, hougán”, de acuerdo con el Diccionario del español dominicano (2013:94).

Como puede deducirse por la redacción de las entradas en el mencionado diccionario, el origen de la voz procede del criollo haitiano. C. Esteban Deive en el Diccionario de dominicanismos, (2002:154), lo expresa en estos términos, “Es término procedente del creole haitiano relacionado con el vudú”.

  1. Emilio Rodríguez Demorizi en su libro Lengua y folklore en Sato Domingo (1975:232) escribe que el bocó es “un curandero de guangá”. El guangá (wanga) es una enfermedad que no puede ser curada por medios tradicionales. Para lograr su propósito el bocó utiliza “bebedizos y botellas”. Esta “botella” es un medicamento hecho artesanalmente de productos naturales.

El bòkò es un sacerdote del voodo que se ocupa de los dos aspectos, el del hechizo malo y del bueno. Es un brujo y la voz del haitiano se usa también en términos peyorativos; es un curandero del vodoo. Haitian English dictionary (2000:84). Traducción y adaptación RG.

En lengua haitiana la voz bòkò cuenta con muchos sinónimos dependiendo del aspecto que se desee destacar, ya sea el bueno o el malo.

La voz procede de la lengua de los ewé del sudeste de Gana. La voz aparece también escrita bokò en haitiano. En lengua ewè es bokono, que designa al brujo, adivino; en lengua hausa es boka que sirve para nombrar al médico (curandero), esa lengua se habla en Níger y Nigeria.  En lengua fon, que se habla en Benín, se relaciona con gbokonu, que es medicina. Lexicréole (2001:39)

No cabe duda de que la voz bocó viene de las lenguas africanas y al habla dominicana se integró por medio del haitiano, es pues, un haitianismo en el habla de los dominicanos. De lo anterior puede deducirse que papábocó es un dominicanismo.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Valiosa ayuda para conocer nuestro idioma

Por Rafael Peralta Romero

Ramón Tejeda Read, con la paciencia y la discreción que lo caracterizan, ha publicado un libro que bien merece llamar la atención. Se trata de Mi breve historia de la lengua española, una obra que incluye algo más que lo que el autor llama “mi breve historia”, pues además del origen y evolución del español, incluye la visión de Tejeda y sus observaciones e interpretaciones en torno al largo proceso de formación de la lengua de Castilla y su expansión por el mundo.

“Esta obra va dirigida a ilusionar, a despertar cariño y respeto por la lengua que hablamos y por las lenguas de todos los pueblos del mundo, que también tienen su historia”, apunta el autor en el prólogo. Y con tal aspiración da muestra de sobrada modestia, pues este libro tiene un peso específico notorio y, según me parece, puede ser muy útil para estudiantes universitarios como secundarios y para el maestro que enseña lengua y literatura en cualquier nivel.

Es una historia de la lengua vista en conjunto, como se estudia esa materia, ya que aborda la historia social y política de España, sin obviar –porque no es posible- la incidencia del imperio romano en el devenir del mundo cuando (siglos III, IV y V antes de Cristo) invadía y conquistaba pueblos a los que imponía su cultura, y en consecuencia su lengua.

Ramón Tejeda Read, maestro por formación universitaria, es autor de obras literarias, Premio Nacional de Cuentos 2013 con su obra “Delivery”. Ha publicado otros libros. Pero lo más importante es la forma como explica los fenómenos políticos y económicos que motivaron la ocupación de Hispania (península Ibérica) por parte de los romanos. Cuando lo hace recuerda al maestro Juan Bosch. Se pregunta “¿Qué fue a buscar el Imperio Romano a la Península Ibérica o Hispania?”. Y responde:

“1.Los romanos fueron a Hispania a quitarse el dolor de cabeza que representaban los cartagineses para sus propósitos de controlar todo el mar Mediterráneo y terminaron en una guerra de conquista que duró doscientos años: del 218 antes de Cristo, al año 19 de la misma época. 2. Que en esos doscientos años Roma colonizó la Península Ibérica casi completa, y 3. Que con la colonización ocurrió lo que se denomina latinización o romanización de la Península, palabras que quieren decir implantación de la lengua y la cultura de Roma en un territorio” (pág. 18).

Tejeda resalta también, en la formación y crecimiento de nuestra lengua, el papel jugado por la literatura, como factor esencial en esa historia. La literatura es hija de la lengua y entre ambas existe una relación de interdependencia, hay una efectiva consustanciación.

Cada capítulo recoge la relación de la época y los autores de la lengua española: Cervantes, Alfonso X, Poema del Mío Cid, Juan Ruiz, el clérigo picaresco, el infante Juan Manuel hasta llegar a Gabriel García Márquez, como un autor cumbre del español moderno.

En doce capítulos (222 páginas) que él llama “partes”, el autor describe con reposado acierto y atildado sentido pedagógico el nacimiento y crecimiento del español clásico para marcar con la creación de la Real Academia Española, en 1713, el nacimiento del español moderno. También cita la fundación de las academias de América.

Ramón Tejeda Read se muestra meticuloso y agudo. Su libro abarca una visión del idioma español desde su tiempo primitivo hasta ahora, con referencias a problemáticas actuales, sobre todo las derivadas de las migraciones y las luchas por la sobrevivencia, fenómeno que incide notablemente en la presencia del español en las más insospechadas geografías.

El libro Mi breve historia de la lengua española merece ser bien recibido. Hacía falta. Es un valioso aporte para conocer nuestro idioma.

El diccionario del alma dominicana

 

Por José Rafael Lantigua

Orlando Gil, César Medina, Alfredo Freites y Pablo McKinney son los cuatro columnistas del diarismo dominicano que con mayor frecuencia hacen uso, en sus artículos, de la fraseología del habla dominicana.

Lo demuestra la publicación del Diccionario Fraseológico del Español Dominicano y lo confirma el propio director de la Academia Dominicana de la Lengua, Bruno Rosario Candelier. Las frases peculiares del español que hablamos los habitantes de esta media isla han sido utilizadas por escritores, periodistas y hablantes de cualquier estamento social, pero para poder construir el armazón extraordinariamente valioso de este novedoso diccionario sus autores han debido recurrir a los diarios y revistas, y a las producciones literarias, como fuentes directas para localizar las idiolexías del habla criolla, que como bien explica Rosario Candelier constituyen “una rica veta idiomática de nuestra creatividad lingüística”.

Muchas de estas expresiones son propias del habla cotidiana dominicana, pero las hay que proceden de España, Cuba, Puerto Rico, Argentina, y que en razón, pensamos nosotros, del contacto con las culturas de esos pueblos, fundamentalmente a causa de la migración o de la escucha de su lenguaje a través de emisiones radiales, o medios como el cine y el arte, hemos registrado en nuestra factura idiomática, muchas desde hace largos decenios.

Cuando Orlando Gil escribe en su imprescindible columna diaria en Listín: “Si fueran honestos y soltaran el buche, como se dice, se conociera la verdadera opinión de las partes…”, está aprovechando esa locución del habla criolla para sugerir que se diga la verdad. Si César Medina, en otra columna de obligada lectura, escribe: “Afiló cuchillo para su propia garganta porque perdió de Leonel, que aprovechó la brecha para reelegirse en 2008”, lo que está diciendo con esa locución verbal es que la persona en referencia actuó contra sí misma. Alfredo Freites, por ejemplo, escribe: “…los miembros del Comité Político blanco y regidores santiagueses dejaron al alcalde Gilberto Serulle más solo que la una”. Pues dejar a alguien “más solo que la una” significa que lo abandonaron en medio de un proceso. En su sabrosa columna, Pablo Mckinney apunta: “El PLD ha llegado a creer que el maco e’peje porque nada” y lo que nos está explicando con fraseología criolla el autor del bulevar es que no se puede confundir una cosa con otra por su apariencia.

Y así las cosas. Hemos de encontrar muchas locuciones, frases, adagios y giros –que forman los idiolemas o frasemas- en este importante diccionario que acaba de producir la Academia de la Lengua, que ha dejado para una segunda edición las paremias, o sea las máximas, proverbios y refranes. Este es el primer diccionario fraseológico dominicano, lo cual es un logro indiscutible de nuestra bibliografía lingüística, sobre todo como comentábamos con algunos escritores que le ha sucedido igual, sirve no solo para consulta, sino que uno lo lee como si se tratase de una obra literaria cualquiera, permitiéndonos de este modo profundizar en el conocimiento de las expresiones fraseológicas que se utilizan en todos los medios sociales y que tienen carácter popular por lo usual que resultan sus menciones en el habla cotidiana.

Hemos puesto los ejemplos de los columnistas citados por ser los que mayores entradas tienen en este diccionario, pero la obra está llena de ejemplos de escritores y periodistas reconocidos y de algunos que ni siquiera sospechan que aquí se colocan sus escritos como ejemplos de uso de la fraseología criolla. Rafael Peralta Romero, que es un escritor reconocido escribe en una de sus obras lo siguiente: “Jugar con esa gente es ponerte de matojos para que los perros te meen”. Y esa frase que de seguro es común escucharla en su nativa Miches lo que significa es que una persona se ofrece para el escarnio o el abuso. Extraigo esta frase de José Báez Guerrero de su columna en El Día: “Platón, en su peor pifia, quiso legislar sobre poesía…y eso, cualquier monaguillo lo entiende”. Y lo que quiso decirnos el reconocido escritor y periodista es que cualquier persona puede comprender un asunto. Y como esta búsqueda entusiasma –ya lo comprobará el lector que decida asumir la adquisición de esta obra fundamental– me encuentro con esta locución sustantiva de Mario Emilio Pérez (que es habitué de la fraseología dominicana que bien conoce): “Esta mujer uno la mira, y como que se acaba de una vez. Otro más atrevido le gritó: Ave María, pero que chin de mujer”. Esta estampa de Mario Emilio nos muestra con palabras criollas que la mujer era de baja estatura. Ligia Minaya escribe en uno de sus cuentos: “…pero Lucía que ha sido siempre más terca que una mula cimarrona, no quiso escuchar mis reclamos…” Y lo que Ligia quiere decir es que Lucía tenía siempre una actitud obstinada. Claudio Acosta en su columna en Hoy, aludiendo a un conocido caso, escribe: “…vivirá donde se le informó al juez…que lo haría, pero que quiere mantenerse en bajo perfil”. Lo que el destacado columnista quiere dejar sentado es que esa persona de quien habla va a permanecer al margen del figureo y la exhibición.

Y la lista de ejemplos es larga. Veo citas de escritores y periodistas de talla como por igual de las nuevas generaciones, tales Juan Bosch, Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo, Manuel Salvador Gautier, Alfredo Fernández Simó, Manuel Matos Moquete, Adriano Miguel Tejada, Franklin Gutiérrez, Miguel Guerrero, José Ramón López, Tulio Cestero, Joaquín Balaguer, Aristófanes Urbáez, Jacinto Gimbernard, José Miguel Soto Jiménez, Emelda Ramos, Francisco Nolasco Cordero, Xiomarita Pérez, Dinorah Coronado, Manuel Mora Serrano, Ubi Rivas, Roberto Marcallé Abreu, entre otros muchos. Pero, creo que este diccionario es de Orlando Gil que está citado en casi todas sus páginas. Es asombroso el empleo que este reputado columnista hace del habla dominicana en sus artículos diarios, de redacción impecable y de una destreza analítica sorprendente.

El Diccionario Fraseológico del Español Dominicano es el producto de largos meses de investigación de una tripleta formidable: Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, este último un lingüista francomacorisano residenciado en Miami que ha reunido en libro sus artículos publicados en medios digitales, bajo el título “De palabra en palabra”, que funciona como un diccionario porque como tal ha sido recopilado, y que descubro con sorpresa y agrado ya que no conocía la impronta de este profesional de la UASD con estudios en París y Burdeos. A los tres ha correspondido esta tarea sin igual que me refiere al formidable Diccionario Fraseológico documentado del Español Actual, con locuciones y modismos españoles, de la autoría de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, publicado en 2004.

La gestión de Bruno Rosario Candelier como director de la Academia Dominicana de la Lengua tiene tres puntos luminosos que bastan para su consagración como tal. Primero, introdujo cientos de vocablos del español dominicano y de expresiones de nuestro lenguaje en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE y en el Diccionario de Americanismos, una labor sin antecedentes, facilitada sobre todo por la apertura de la Real Academia que decidió, hace algunos lustros, democratizar su dinámica y coproducir sus diccionarios junto a todas las casas que se cobijan bajo el techo de la docta corporación. En la gestión de Bruno el habla dominicana ha sido incorporada, por primera vez, al español universal. Segundo, el Diccionario del Español Dominicano, cuya investigación y recopilación dirigió María José Rincón y que es una pieza imprescindible en nuestra bibliografía, de uso obligado de todo escritor y lector nuestro. Y en tercer lugar, este diccionario fraseológico que no tiene parangón en nuestra historia cultural al recoger expresiones que forman parte del “alma dominicana” y que confirman, como anota Bruno, “que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural” y que “la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo”. Debemos festejar este acontecimiento.

José Rafael Lantigua, exministro de Cultura de la República Dominicana (D. Libre 28-5-16).

Poemas de dolor, amor y angustias

Por José Enrique García

 ¿Quién es Leobaldo Pichardo Saldaña?

Leobaldo Pichardo Saldaña nace en Santo Domingo el 26 de mayo de 1894 y muere el 28 de abril de 1967. Tenía setenta y tres años. Nace en el umbral de la muerte de Ulises Heureaux (Lilís), cubre la etapa inmediata de las guerras internas, las montoneras. Cuando se produce la Intervención Norteamérica de 1916, tiene veinte y dos años. Es bien adulto para la época en que el país regresa a la lucha interna: bolos y coludos. Espectador de primer orden cuando cae el gobierno de Horacio Vázquez y se inicia la dictadura trujillista, y su vida cruza la caída de ese régimen, y entra a los umbrales de la democracia y finaliza en los tiempos en que perviven las influencias de la Segunda Intervención Norteamérica que le tocó vivir directamente y todas las convulsiones sociales y políticas que acontecieron después del 1960. Se trata de un testigo esencial de su tiempo. Bachiller en Filosofia y Letras en 1928. Doña Francisca Serrulle, su segunda esposa, se casó con ella en 1944, nos ofreció estas informaciones: Leía mucho y escribía. Trabajó en Rentas Internas. Asistía a una tertulia en la La cafetera del Conde. Asistían a ella estos escritores, que ella recuerda aún, Antonio Fernández Spencer, Fernando Valerio, Víctor Garrido, Fabio Fiallo, Freddy Gatón Arce, Freddy Prestol Castillo, Héctor Incháustegui Cabral, Patín Maceo. Todos eran muy jóvenes, Leobaldo era de los más viejos, recuerda. Gozaba de mucha simpatía. Escribía la décima alusiva a eventos deportivos, del programa Amalgama de la pelota que conducía Max Reynoso, finalizó diciendo.

Mario Penzo, nieto, destinatario de estos papeles, en su libro El hijo de misterio, inédito, nos ofrece informaciones que permiten hacernos de una imagen posible del poeta, posible ya que el misterio lo rodeó y hasta hoy llega ese aliento. Y, de igual modo, estas informaciones nos ayudan a determinar el tiempo en que escribió.

  Papá Leobaldo debe haber aprendido el oficio de panadero o comerciante. Él nunca me habló de esta etapa de su vida, sin embargo, tengo constancia de que se graduó de bachiller en el 1928, es decir, con una edad de 34 años, lo cual confirma la falta de escuela anunciada por don Francisco Veloz, A mi abuelo debe haberle sucedido lo mismo que a éste último, de que tuvo que usar pantalones cortos hasta los 15 ó 16 años, lo cual también conllevaba que en esa etapa de la vida estaban obligados a acostarse antes de las mueve de la noche y no podían participar en los bailes, que constituían una de las más gratas actividades.

   Mario Penzo en la búsqueda de los orígenes y trayectoria de sus ancestros, va conformando, con pormenores, la imagen de su abuelo:

Los relatos que nos han llegado por vía oral es que a Papá Leobaldo le encantaba el mar (ver la alusión al mar, en su primer poema La epopeya del mar NE) y entre sus actividades se encontraba la de tirarse al mar cuando llegaban los barcos extranjeros y llegar nadando, mar abierto hasta ellos, donde los tripulantes les tiraban pan. El arte era atrapar el pan en el aire. Antes que se mojara, con la boca y retornar, a la orilla para allí comérselo.

Y continúa recuperando la imagen de su abuelo:

No sabemos muchas cosas más de su infancia, pero si nos contaron que estando el matadero cerca de los actuales rompeolas del Puerto de Santo Domingo y  que allí se echaban al mar los desperdicios de los animales sacrificados y, en consecuencia, la zona se llenaba de tiburones, Papá Leobaldo apostaba con la gente por dinero, a que se atrevía a cruzar a nado de una orilla a otra, generando así frecuentemente un dinero de bolsillo.

Otra de las facetas de este personaje, que el autor de El hijo de misterio rescata, la encontramos en el juego de pelota. Era un excelente jugador de béisbol. Sobre este aspecto, son muchas las informaciones que recoge en su investigación, como ésta que encuentra en La misericordia y sus contornos, libro de Francisco Veloz Molina, padre de Marcio Veloz Maggiolo. La formación en 1906, del primer equipo de base ball en la ciudad de Santo Domingo con jugadores dominicanos y extranjeros. Esta empresa la emprende Manolo Lapresa, miembro de la Compañía de Variedades. Y estos otros datos: El antiguo play “Gimnasio escolar”, que se extendía desde la Pina hasta la esquina “Cambronal” en el frente norte y hasta los arrecifes en la parte sur, Y allí, Leobaldo, lanzador, jugó con estos equipos: Colón en 1913, Nuevo Club en 1914, Legalistas, 1914 y con el equipo del Licey desde 1914 al 1917.

En el año 1913, funda el club de ajedrez de Santo Domingo. Se le considera el primer campeón del juego ciencias en el país. Testimonia Tongo Sánchez. En la Catedral de Santo Domingo, el 24 de junio de 1916, se casa con Noemí Vicioso. Tenía 22 años, ella, catorce. En la introducción a sus versos nos deja esta descripción suya de sí mismo: “Estos versos que han vivido dentro de mí y que han llegado a exteriorizarse, son los únicos que le han restado a mi soledad un día de silencio, y son los únicos que han transformado mi vida de ogro en una gran humanidad”.

Con esas informaciones nos acercamos al personaje. Desde luego, atrevemos su vida, la que construyó en esos setenta y tres años está plena de aconteceres públicos y de situaciones íntimas. Ahora bien, como lo biográfico en la creación literaria, opera como estímulo, no como substancias, nos quedamos con la poesía, su poesía, que es lo que, finalmente, permanece como huella, como testimonio.

Análisis de la poesía

Los poemas que integran este libro mantienen la misma disposición de los versos que su autor adopto. Trabajamos con el original y seguimos fielmente dicha disposición, de modo que lo que el lector encontrará en cada uno una transcripción exacta del original. Responden a estructura  clásicas: estrofas, versos medidos, unos: otros a estrofas irregulares y versos libres van desde el soneto: Cuadro al óleo, El camino, Presidente, En todo español camina España, Un soneto que estaba hecho en tus ojos al caligrama: La copa, El obelisco.

Los poemas por los asuntos que se poetizan  podemos ubicarlos en estos renglones:

  1. Poemas románticos y naturalista
  2. Poemas creacionistas y surrealistas
  3. poemas patrióticos e históricos
  4. poemas de la intimidad
  5. poemas metafísicos
  6. poemas experimentales
  1.    El libro contiene unos poemas esencialmente románticos en los que se ponen en evidencia la preeminencia del yo; un yo que subraya elementos íntimos del poeta que se desborda en el amor profesado y el amor invocado y, de igual manera el amor idealizado. Veamos: En el amor de las mariposas, se asienta un yo que ve la vida de los seres humanos semejante al proceso de  vida de la mariposa: frágil, leve, efímera. Estados propios del más entrañable romanticismo. En el poema La tragedia, leemos: Después…nada, Una dama gentil /que paso cerca de la ventana/ sin mirar mi desventura. Evidente rasgo romántico que abraza la totalidad del poema, en el soneto titulado Cuadro al oleo –que recrea la postura de una mujer sobre un lecho, motivo tan caro a este movimiento- la adjetivación fundamenta  la tendencia y crea la atmosfera, tan indispensable a este tipo de poesía. Así: hermosa, prisionera tenue, triste, cruel, venturosa, desnuda, tenue, breve, quejumbrosa son adjetivos que imponen el tono romántico. En Naves de tristezas en el mar de tu cielo, Osamenta mística, Princesita encontramos bien explicito ese romanticismo que nos toca a todos.

Hay en Adúltera un auténtico poema naturalista. La yuxtaposición que se establece entre el nombre del personaje, Esmeralda, la forma de vida que vive, la conduce al fango: Esmeralda, taciturna con cara de placer/ya no vales nada… Ya no vales nada. De la piedra verde preciosa al eczemas y forúnculos… En El físico encontramos igual tendencia: El mundo sabe que me voy/y nadie viene a despedirme.

2. Vestida de campo la mañana se asesina/desastrosamente en un clavo de mi ventana, son los primeros verso de este poema, un texto genuinamente creacionista. En sentido amplio, el poema responde a una expresión  donde claridad, imaginería e inventiva se desenvuelve en juego. Observemos esta otra imagen: mientras tanto, allá,  a lo lejos, /en la guillotina del horizonte, /el sol partió en dos/ la misma nos recuerda a Vicente Huidobro, Horizonte cuadrado. De ahí la relación que existe entre esos apuntes teórico y su práctica, en el poema El ojo de la conciencia volvemos a encontrar esta expresión poética: El sueño se ha hecho dueño absoluto/ de las cosas del mundo. Pura imagen surrealista que invoca, a la vez al creacionismo.

En este apartado agrupamos los poemas: Amor a la patria, La epopeya del mar. Los dos poseen una sustancia común: la conexión telúrica. El primero se adentra en la fundación de la República partiendo de un acontecimiento central: la gesta de independencia conducida por los Padres de la Patria: La Patria está hecha / De ella surge el descanso de la horrenda lucha/ de ella salió la Paz bostezando. Ahora  el poema no queda en la necesaria y normal loas a la gesta y a sus hacedores, sino que se mueve por vericuetos de incertidumbres que el mismo hecho, gestos de seres humanos, conlleva. Es la dialéctica del evento lo que trasunta en el poema: La independencia ha muerto…/ Pero ha muerto en la muerte para inmortalizarse / en la vida

La Epopeya del mar poetiza la presencia del Memphis en aguas del Caribe, sobre todo su hundimiento. Tumba es el mar para ese navío pleno de travesías y aventuras,

 

Sus olas imponentes

Alzáronse con fragoroso  estruendo

Y una tras otras trágicas

Insondables…rugiendo

Sorda y tenebrosamente a lo lejos…

Mientras en un reflujo

Desapareció por un instante la mole

grisácea del Crucero.

 

Y con este motivo, paralelo, el poema se vuelve un transparente canto del mar que toca las orillas de Santo Domingo.

  1. Este renglón, muy bien representado, recoge esos poemas que recrean asunto muy propios del ámbito personal e íntimo del poeta, como: Elsa, Enigma, Epifonema, Sepan todos que eres Reina, Noemí y, desde luego, A mi madre. Este último trata un tema bien común, abordado por incontables escritores, entrañable a la vida del personaje es y recurrente la manifestación de afectos que se expresa de disimiles formas. Ahora, lo que resalta, y resulta a la vez, es que los lugares comunes, por momentos inevitables dada la naturaleza del asunto, aquí se disuelven en un poetizar en el que la legitimidad del sentimiento se nos muestra honesta y, esencialmente, sincera. El hijo asume la vida de la madre que se deshace en los días ordinarios. Singular poema que ha que integrarlo a la tradición del tema.  Madre, los años negros han quebrado tus cabellos blancos/ han acabado con todo lo que tenían en tu rostro de mujer.
  2. Todo es metafísico. Ese aliento, de alguna manera, sostiene a todo poema verdadero, imprime ese acento que posibilita la permanencia en el discurrir.  Ahora, laten temas y asuntos  que por sí mismo poseen esa naturaleza, como la muerte. Y, precisamente, en este poemario, hay dos textos ejemplares: Suicidio y Las palabras de un muerto después de muerto.

 

Conclusiones generales

Una vez leído estos poemas, llegamos a esta conclusión, las cuales responde a la realidad misma, es decir, a los poemas mismos:

  1. Encontramos en estos poemas, a un poeta que no buscó en la poesía un medio de pasar las horas,  una juguetería, sino que la escribió con pasión  y conocimiento.
  2. Hay una clara conciencia en el poeta, de la estructura. No son simples versos uno detrás de otro, sino la construcción de una imagen dramática en cada caso, en la que todos los elementos se relacionan en procura de esa imagen.
  3. Los recursos predominantes: las imágenes, las metáforas son de una trasferencia ejemplar, y siempre en busca de la originalidad.
  4. Se adelantan en la experimentación, los caligramas no aparecen, de forma sistemática hasta el Pluralismo de Manuel Rueda.
  5. Hay que incluir en la historia de la literatura dominicana a este nombre, y en la antología que se vayan editando a muchos de estos poemas.
  6. El poeta nace en 1894 y muere en 1967. Tenía 73 años. Se hace bachiller en 1928. Tenía para entonces 34 años y escribe La epopeya del mar en 1927. Un poema que lo representa, pues en el mismo se encuentra el mismo pulso de sus poemas  posteriores. Hay en él, pues, madurez expresiva. De modo que con estas informaciones podemos llegar a la conclusión que ya en los años veinte era un poeta hecho. Y tomando como base la fecha de algunos de sus papeles, que no aparecen en este libro, llegamos a la conclusión que estos poemas se escribieron en la década del veinte, treinta y cuarenta, correspondiente a la vigencia de los movimientos Postumismo, Independientes del 40 y Poesía Sorprendida. Poeta en sí, desconocido en su tiempo, y muchos años después de su muerte. Pero poeta que desde su silencio participa de la vanguardia dominicana, y desde su Las palabras de un muerto después de muerto despierta a los porvenires.

Expresión de la belleza y el sentido en la poesía de Antonio Machado

Por Bruno Rosario Candelier

El aliento emocional del paisaje

    Cuando Antonio Machado vino al mundo en Sevilla, España, en el año de 1875, el Simbolismo se estaba gestando en Francia cuya lengua y cultura estudió y enseñó el poeta español en varios institutos de su patria. El afamado autor de Soledades (1) murió en Collioure, Francia, en 1939, exiliado de su país al término de la Guerra Civil Española.

Antonio Machado amaba entrañablemente a su tierra, su paisaje, su gente, su historia. De ahí la presencia de la dimensión sensorial de los viviente. Su lírica es un canto al paisaje castellano, tema que concitó su sensibilidad estética en textos de inspiración y gracia. Además de lo que perciben sus sentidos, Machado describe lo que siente, al poetizar la realidad circundante. Paisaje, emoción y reflexión se funden en su expresión lírica con tal intensidad y dramatismo que la realidad geográfica se interioriza en su conciencia mediante el concurso de la imagen poética o, como dice Francisco Caudet, en Machado “la realidad real, a través de la mediación poética, se vuelve una realidad mitificada” (2).

La poetización del paisaje en Antonio Machado, como se aprecia en Campos de Castilla,  constituye una recreación de sus vivencias en Soria, Baeza, Segovia y Madrid, poblaciones donde residió y ejerció la docencia literaria. Su poesía evidencia la actitud empática del poeta hacia la naturaleza en una identificación emocional con el entorno geográfico. Antonio Machado se había doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y todo su saber filológico lo vertió en hermosas descripciones del paisaje castellano. En su identificación emocional con el paisaje, nuestro poeta siente que la realidad del mundo determina lo que acontece en el interior de la persona lírica. Según esta estimativa, el valor de las cosas lo establece el interior de la persona, al tiempo que la realidad se hace significativa y simbólica para el sujeto contemplador: “Y viendo cómo lucían / miles de blancas estrellas, / pensaba que todas ellas / en su corazón ardían” (“El poeta”).

El poeta sevillano formó parte de la Generación del 98 y escribió poesía, prosa y teatro, aunque su nombradía le llegó por la belleza de su poesía, dando a la literatura el perfil topográfico de España que su tierra le inspiraba con el acento emocional del paisaje. Los adjetivos que el poeta emplea en “Campos de Soria”, como “oscuros encinares”, “ariscos pedregales”, “llanos plomizos”, revelan el estado emocional que concita el paisaje para el fermento estimulante de la creación.  La realidad que el poeta describe ya no es la realidad objetiva que aprecian sus sentidos, sino la realidad interiorizada que transmuta su sensibilidad al conjuro de sus vivencias entrañables. Escribe el poeta en “Campos de Soria”:

Es el campo ondulado, y los caminos

ya ocultan los viajeros que cabalgan

en pardos borriquillos,

ya al fondo de la tarde arrebolada

elevan las plebeyas figurillas,

que el lienzo de oro del ocaso manchan.

Mas si trepáis a un cerro y veis el campo

desde los picos donde habita el águila,

son tornasoles de carmín y acero,

llanos plomizos, lomas plateadas,

circuidos por montes de violeta,

con las cumbres de nieve sonrosada.

(…) y tras la yunta marcha

un hombre que se inclina hacia la tierra,

y una mujer que en las abiertas zanjas

arroja la semilla.

Bajo una nube de carmín y llama,

en el oro fluido y verdinoso

del poniente, las sombras se agigantan.

(“Campos de Soria”)

   Un sentimiento de ternura muy hondo, entrañable y rotundo, se anida en el alma del poeta que fija su mirada en la luna, los pájaros, el monte, los olivos… Con esa mirada dulce y tierna, se siente compenetrado sensorial, afectiva y espiritualmente con las cosas, como les acontece a las personas que tienen una empatía amorosa hacia lo viviente para asumir y expresar su encanto con su maravilla y esplendor. Cree Machado que la belleza del mundo no la valoramos bien ya que borramos con nuestra visión mezquina la realidad esplendorosa de las cosas: “Nosotros enturbiamos / la fuente de la vida, el sol primero, /con nuestros ojos tristes, con nuestro amargo rezo, / con nuestra mano ociosa, / con nuestro pensamiento /-se engendra en el pecado, / se vive en el dolor-. ¡Dios está lejos!” (“Los olivos”).

Entre Antonio Machado y el paisaje hay una transferencia afectiva mediante la cual el poeta confiere a la realidad sensorial su particular impronta emocional: “Conmigo vais, campos de Soria, / tardes tranquilas, montes de violeta,/ alamedas del río, verde sueño / del suelo gris y de la parda tierra,/ agria melancolía / de la ciudad decrépita,/ me habéis llegado al alma”(“Campos de Soria”).

   Antonio Machado estaba dotado del “dolorido sentir” de que hablaba Garcilaso con una honda empatía cósmica ya que la naturaleza le brindaba el aliento contra la desolación y el hastío. En poemas como “A un olmo seco” se advierte, tras la descripción sensorial, la revelación de su estado interior, que lucha contra la actitud triste y vacía, contrapuesta a la actitud depresiva de un Omar Khayyam, en procura de una disposición abierta y promisoria, con la savia de la esperanza, que es el aliento del optimismo para vivir la vida con sentido: 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador,

 y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo, en el hogar, mañana,

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera también,

hacia la luz  y hacia la vida,

otro milagro de la esperanza.

Lenguaje, reflexión y creación poética

En Antonio Machado, amor y paisaje se fusionan en tan cordial simbiosis que la vivencia de la dolencia divina se consustancia con el crepúsculo, la encina, los olivos, la noria, el camino, el río, el mar…tan reiterados que esos vocablos se perciben como si fueran términos machadianos por el vínculo emocional de su lírica y el acento personal de su vinculación empática con el sentimiento que desmaya los sentidos. Paisaje, emoción y amor constituyen una realidad entrañable en nuestro poeta hasta volverse sustancia de la realidad estética, que es la realidad interior que recrea y embellece este sevillano universal:

Mi corazón está donde ha nacido,

no a la vida, al amor,

cerca del Duero…

(“Los sueños dialogados”)

   En su diálogo con la naturaleza, Machado explora lo que subyace en fenómenos y elementos para enfatizar el sentido de la vida o la razón de la existencia, pues enlaza, a la belleza inspiradora, la intuición que nace de la experiencia existencial, dando un aliento profundo a la expresión poética para imprimirle belleza y sentido:

Apenas desamarrada

 la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera,

se canta: no somos nada.

 Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera.

 Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría.

 (Yo pensaba: ¡el alma mía!)

 Y me detuve un momento,

 en la tarde, a meditar…

¿Qué es esta gota en el viento

 que grita al mar: soy el mar?

 (“Orillas del Duero”).

   La realidad de la vida, que a cada quien aguijonea según su talante y actitud, le sirve a Machado de inspiración, como hace de los lugares comunes, que dota de sentido simbólico, como hace con los caminos, las encinas, los álamos, el crepúsculo, los olivos, los ríos…: 

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero,

a lo largo del sendero…

-La tarde cayendo está-.

“En el corazón tenía

la espina de una pasión;

logré arrancármela un día:

ya no siento el corazón”.

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

(“Orillas del Duero”)

   Decía Antonio Machado que el poeta debe reflejar en su creación un pensamiento o una cosmovisión. Y esa disposición intelectual, que da trascendencia a la poesía, se manifiesta de la siguiente manera:

1) Su poesía se nutre de la realidad física del contorno, del mundo natural que sus ojos contemplan. Y en actitud comprehensiva y estética, interioriza el paisaje en la conciencia para fundir su aliento con las cosas.

2) Valora la dimensión sensorial y la dimensión interior de la realidad enfatizando su connotación metafísica.

3) Esa forma de asumir lo real, que enfatiza su dimensión interior y trascendente, es una manera de significar lo que debe ser el hombre para sus semejantes y las cosas: una presencia espiritual y luminosa.

Así lo entendió Antonio Machado y así vivió el sentido de la poesía. En el poema en honor a Francisco Giner de los Ríos, a través del cual expresa: “Sed lo que he sido/ entre vosotros: alma”, frase que le atribuye a su ilustre compatriota, con lo que condensa su visión poética de lo real, clave para entender la trascendencia machadiana:

Como se fue el maestro,

la luz de esta mañana me dijo: van tres días

que mi hermano Francisco no trabaja.

¿Murió?…Sólo sabemos

que se nos fue por una senda clara,

diciéndonos: hacedme

un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido

entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,

los muertos mueren y las sombras pasan;

lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas

Y hacia otra luz más pura

partió el hermano de la luz del alba,

del sol de los talleres,

el viejo alegre de la vida santa.

…Oh, sí, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

 a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas…

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

(“A don Francisco Giner de los Ríos”)

   El sentimiento de angustia, que atormenta al hombre pensante, aparece en la poesía de Machado con el peso lacerante en la conciencia. El poeta que piensa, pone a reflexionar con su poesía. Pensar, como poetizar, es un fenómeno de conciencia. Y angustiarse también, actividad que aumenta cuando el hombre sopesa el sentido de la existencia, el vacío aniquilador, la sed que el agua no mitiga con la invisible gravitación de la fuerza sobrenatural y el contraste con la luz que contrapone la sombra anuladora: “Abel palpaba su cuerpo enflaquecido. / ¿El que todo lo ve no le miraba?/ ¡Y esta pereza, sangre del olvido!/ ¡Oh, sálvame, Señor!/ Su vida entera,/ su historia irremediable aparecía / escrita en blanda cera./ ¿Y ha de borrarte el sol del nuevo día?/ Abel tendió su mano / hacia la luz bermeja / de una caliente aurora de verano, /  ya en el balcón de su morada vieja./ Ciego, pidió la luz que no veía. / Luego llevó, sereno,/ el limpio vaso, hasta su boca fría,/ de pura sombra -¡oh, pura sombra!- lleno”(“Muerte de Abel Martín”).

Por suerte, el poeta halla en la poesía un antídoto contra la angustia de la nada, el vacío y la muerte. A todos nos atormenta el dolor, el horror al vacío, la soledad y la nada. Pero afortunadamente contamos con mediaciones auxiliares que mitigan sus efectos anonadantes, como un ideal de vida, la fe en el más allá, el amor y la creación artística en virtud de una llama que afirma la existencia y le da sentido y sustancia a la vida. En esa onda de reflexión, apreciamos que los temas filosóficos de Machado -el ser, el tiempo y la nada- reflejan su reacción ante la realidad angustiante y asume la poesía como alternativa, es decir, como vía para afirmar la vida y el entusiasmo, como medio para fincar la fe en el propio destino, como faro para testimoniar lo que alienta y entusiasma. Por eso su convicción de que todo obedece a algo, justifica cuanto sucede en el mundo:

Todo cambia y todo queda,

piensa todo, y es a modo,

cuando corre, de moneda,

un sueño de mano en mano.

Tiene amor rosa y ortiga,

y la amapola y espiga

le brotan del mismo grano.

Armonía: todo canta en pleno día.

Borra las formas del cero,

torna a ver, brotando de su venero,

las vivas aguas del ser.

(“Al Gran Pleno o Conciencia Integral”)

   A los poetas les atrae la belleza y el sentido porque anhelan sentir el encanto de las cosas y descorrer el velo que empaña la visión de lo real más allá de los datos sensoriales. Creía Machado que la poesía esclarece el misterio. Tuvo la intuición de que todo se devora a sí mismo, según la visión del tren en imagen apocalíptica con que explora el enigma del tiempo: “Entre montes de almagre y peñas grises, / el tren devora su raíl de acero” (“Galerías”).

La famosa espinela que popularizó Joan Manuel Serrat en la canción no solo proyecta algunos de los términos predilectos de Machado, sino que revela una verdad poética inspirada en la experiencia personal del creador que visualiza su concepción del mundo como un proceso en permanente realización, con la convicción de que nosotros hacemos que las cosas sean, siendo cada vivencia irrepetible y fugaz, como se aprecia en “Proverbios y cantares”:

 

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

Poesía, hondura y trascendencia

Entendía Antonio Machado que solo se canta lo que se pierde, es decir, lo que genera nostalgia en el corazón y añoranza en el alma. La poesía es una creación y los poetas crean para compensar nostalgias, frustraciones y añoranzas, pues según dijera Carl J. Jung, los deseos provienen de nuestras frustraciones, y el poeta, que suele soñar lo que no parece imposible, crea realidades poéticas que enriquecen la realidad. Por eso los poetas hacen de dolores y desdichas la sustancia de su obra y, con las penas y los sueños, la argamasa de su inspiración. De ahí la presencia del amor en la lírica, pues la experiencia enseña que el amor no solo teje los más hermosos sueños, sino las penas y los sufrimientos más intensos. La poesía de amor, la veta lírica más fecunda en las letras universales, combina las dos grandes apelaciones de la creación poética: las penas y los sueños. Escribió nuestro poeta en “Canciones a Guiomar”:

 

Uno: mujer y varón,

aunque gacela y león,

llegan juntos a beber.

El otro: no puede ser

amor de tanta fortuna:

dos soledades en una,

ni aun de varón y mujer.

    Para consuelo del ser humano, los dolores suelen encontrar un desahogo, una forma de canalización que permite obviar las penas o mitigar sus efectos angustiantes y a veces tiene el hombre el poder para transmutarlos en expresiones creadoras, como lo han conseguido los poetas que en el mundo han sido. Desde luego, la miel del poeta, según Antonio Machado, se labra con la pasta de “los dolores viejos” y tiene como objetivo alumbrar “la honda cripta del alma”, o como escribe en “Anoche cuando dormía”: “Anoche cuando dormía/ soñé, ¡bendita ilusión!,/ que una colmena tenía/dentro de mi corazón;/y las doradas abejas/iban fabricando en él,/con las amarguras viejas/blanca cera y dulce miel.

Y el dolor que atraviesa su corazón le hace pensar en Dios,  precisamente cuando se siente afligido por la pena y la nostalgia. Justamente cuando sufrimos, sentimos la necesidad de comprensión, ternura y protección, y si no la encontramos en nuestros semejantes, acudimos a Dios o a una Fuerza Superior en busca de consuelo. En su dolor escribe Machado: “Anoche cuando dormía/soñé, ¡bendita ilusión!,/ que un ardiente sol lucía/dentro de mi corazón./Era ardiente porque daba/calores de rojo hogar,/y era sol porque alumbraba/y porque hacía llorar./Anoche cuando dormía/soñé, ¡bendita ilusión!,/que era Dios lo que tenía/dentro de mi corazón”. Con el sentimiento del dolor aflora en el poeta el sentimiento del carpem diem, que sabe traducir en expresiones antitéticas: “Pero una doble eternidad presiento,/ alegre salmo y lúgubre lamento / de una infinita y bárbara tortura…”, pues todo viviente aprende que la vida no es vida sin tormento.  Pero a pesar de las adversidades e infortunio, Machado tenía un sentimiento vitalista y radiante, una actitud positiva y tenaz, partiendo de que la vida es bella y el mundo amable y, al sentir el aliento de la esperanza y la luz de la creación, asume cada experiencia con la disposición resuelta y optimista de hacer lo que hay que hacer porque hasta la nada lo es todo si ella funda la sustancia del poema:

 

Viví, dormí, soñé y hasta he creado

-pensó Martín, ya turbia la pupila-

un hombre que vigila

el sueño, algo mejor que lo soñado.

Mas si un igual destino

aguarda al soñador y al vigilante,

a quien trazó caminos,

y a quien siguió caminos, jadeante,

al fin, sólo es creación tu pura nada,

tu sombra de gigante,

el divino cegar de tu mirada.

(“Muerte de Abel Martín”)

 

Ese sentimiento vitalista en Machado, que suele anidarse en el alma de los contemplativos, desemboca en el destino último del hombre. En una clara evocación de fray Luis de León, nuestro poeta alude a la “música olvidada” que inspira en los hombres sabios, como dice Machado, “las pocas palabras verdaderas”: “Tal vez la mano, en sueños, / del sembrador de estrellas, / hizo sonar la música olvidada / como una nota de la lira inmensa,/ y la ola humilde a nuestros labios vino,/ de unas pocas palabras verdaderas” (“Renacimiento”). Toda la angustia de Machado, toda su búsqueda, todo su afán culmina en Dios, la más alta apelación de la conciencia humana. Nuestro poeta confiesa en el poema LXXVII, de “Galerías”, que se sentía deambular por el mundo como un lunático sin sentido, como un “pobre hombre en sueños, / siempre buscando a Dios entre la niebla”. Esa inquietud revela el mundo interior de Machado, su sensibilidad trascendente pareja a su sensibilidad estética. Su amorosa atención al mundo circundante, su descripción de lugares y momentos con su manera diáfana de describir paisaje y circunstancia para atrapar el sentido de las cosas le da al mismo tiempo un matiz clásico, romántico y simbolista a su expresión poética. Y, sobre todo, un sentido de belleza trascendente como pocos poetas lo proyectan.

Antonio Machado entendía que al poema hay que dotarlo de un pensamiento o una cosmovisión. Con ese fin observa el mundo, lo interroga, siente con las cosas y capta sus efluvios. Por su mente desfilan las interrogantes que aguijonean la inteligencia y la sensibilidad de científicos y filósofos, de contemplativos y poetas sobre fenómenos y criaturas, con los hechos que concitan curiosidad o asombro, como el misterio de la Creación, que el poeta expresa en forma lírica y estética, simbólica y profunda, mediante la intuición del aliento interior que lo motiva:

 

¿Quién puso, entre las rocas de ceniza,

para la miel del sueño,

esas retamas de oro

y esas  azules flores del romero?

La sierra de violeta y, en el poniente,

el azafrán de cielo,

¿quién ha pintado? ¡El abejar, la ermita,

el tajo sobre el río, el sempiterno

rodar del agua entre las hondas peñas,

y el rubio verde de los campos nuevos,

y todo, hasta la tierra blanca y rosa

al pie de los almendros! (“Galerías”)

 

A su vocación poética, Machado aunaba su tendencia contemplativa, y aunque no era un místico, tenía una valoración mística del mundo que canalizaba exaltando la dimensión cósmica de lo viviente, vivificando la presencia espiritual de lo viviente con la que se identificaba visceralmente para hacer del paisaje y su contorno físico fuente de intuiciones y vivencias que internalizaba en la conciencia.

El sentimiento de lo divino, que da fundamento a la lírica española y sustancia a la sensibilidad espiritual, lo sintió Antonio Machado como una llamarada en el centro de su corazón o como una secreta apelación de su conciencia, intensa y rotunda, sentimiento que engarzó al paisaje exterior de su tierra y al paisaje interior de su alma que transmutó en realidad estética cuyas sensaciones expresó en su lírica con tanto acierto que ha servido para enseñar lo hermoso que es sentir un vínculo entrañable y amoroso entre el corazón humano y el corazón del mundo en una empatía gozosa, cordial y luminosa.

 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Movimiento Interiorista

La Vega, Santo Cerro, 27 de enero de 2018

Notas:

  1. Antonio Machado publicó Soledades (1903), Galerías y otros poemas (1907), Campos de Castilla (1917), Cancionero apócrifo (1928), Nuevas canciones (1930), Poesía de la guerra (1939) y otros textos en prosa.
  2. Ver Antonio Machado, Antología comentada, Madrid, Ediciones de la Torre, 1999, p. 165. Selección, introducción y notas de Francisco Gaudet.
  3. Ver Miguel de Santiago, Antología de poesía mística española, Barcelona, España, Verón Editores, 1998.

Vientre, olla/hoya, encomiar, gredar/greda

Roberto E. Guzmán

VIENTRE

Los lectores que han vivido toda su vida en las ciudades es probable que se pregunten, ¿qué puede haber en vientre?, que ellos no sepan.

El vocablo vientre en esta ocasión se trae con una acepción conocida en los predios rurales del territorio dominicano. Para acercarse más al campo de la palabra del título puede ofrecerse la pista que es de uso en ganadería.

Los animales hembras que se usan para reproducción, que no se sacrifican hasta que no agotan su vida reproductiva útil en ganadería se les conoce con el nombre de “vientre”. Al referirse a esas cabezas de ganado, los ganaderos, campesinos y personas entendidas en esos menesteres les llaman vientres.

El español general utiliza una locución adjetiva para referirse a este tipo de animal que se ha mencionado más arriba, dice, “de vientre”, con lo que definen el animal como destinado a la reproducción.

En Ecuador y Uruguay llaman vientre al animal preñado. En República Dominicana el uso ha establecido algunas locuciones con el sustantivo vientre. Entre otras puede citarse la locución verbal que se ha oído “gritar en el vientre”, que es “tener la capacidad de vaticinar”. Otra es la locución “tener mal vientre”, que corresponde a, “transmitir la madre las consideradas peores características físicas de los progenitores a su hijo”. Se ha oído otra, tener o ser de “vientre seco”, que se aplica a la mujer que no concibe.

Con respecto a vientre en tanto animal destinado a la reproducción, es una acepción utilizada en República Dominicana que no ha trascendido a los diccionarios diferenciales del español dominicano.

 

OLLA – HOYA

“. . .destapó la HOYA de grillos. . .

Algunos sonidos del español han evolucionado tal y como es de esperarse en una lengua de larga data. Otro factor que contribuye a los cambios de sonidos es la vasta extensión territorial en la que se conoce y habla la lengua española. A lo anterior hay que añadir que cuando la lengua española llegó a América se impuso sobre lenguas nativas que dejaron rastros de su pronunciación vernácula en la lengua impuesta.

El párrafo anterior puede ser una explicación para que al autor de la frase transcrita haya colocado el dígrafo doble ele /ll/ (elle) en lugar de una ye, i griega, cuando escribió “hoya” en lugar de olla.

Lo que resulta difícil admitir es que alguien poseedor de una cultura aceptable no conozca que la frase coloquial asentada por el uso en el español es “olla de grillos”. Con esta frase se menciona un “lugar en que hay desorden y confusión y nadie se entiende”. Ya en latín la palabra olla se escribía de la forma en que se conoce hoy.

Algunas lecturas pueden confundir a ciertas personas, si se toma en cuenta que en California, Estados Unidos, en la ciudad de San Diego hay un sector que se conoce con el nombre de La Jolla. Los nativos de allí llamaban en su lengua a esta parte de la costa “terreno de hoyos”, que fue escrito más delante de la forma en que se conoce en la actualidad.

Es probable que el redactor no se haya dado cuenta de que el corrector automático del computador no le haya señalado error alguno con respecto a esta “hoya”, porque existe el verbo hoyar que conjugado en el presente del indicativo en las personas, él, ella, usted, es “hoya”.

La olla es el recipiente de cocina redondo, de boca ancha y provista de asas. A veces se confunde con la paila que es menos profunda. El caldero tiene la boca redonda, pero el fondo no tiene necesariamente el mismo diámetro que la boca, generalmente es más pequeño. En el habla de los dominicanos, en ocasiones, las tres palabras se usan indistintamente.

Los pescadores de algunas regiones, en lagos, saben lo que es una “olla de grillos”, pues han visto los grillos que compran como cebo cuando estos se trepan unos encima de los otros en un desorden interminable.

 

ENCOMIAR

“. . . nos ENCOMIÓ a rechazar la acepción. . .”

A cualquier hijo de vecino se le escapa una. El teclado, los dedos y la automaticidad al pulsar las teclas del computador pueden jugarle una mala pasada al más diestro. Precisamente por esto que se escribió en las oraciones anteriores es que se aconseja leer de nuevo lo ya redactado.

Los articulistas disponen de más tiempo que los periodistas para “darse este lujo” de releer lo ya escrito y, hacerlo con sentido crítico. Lo que se bosquejó más arriba es lo que se piensa que sucedió en el caso que se trae en esta sección con respecto al uso del verbo encomiar.

No puede negarse que cada escritor posee un estilo diferente o distintivo para expresar sus pensamientos, sentimientos y criterios. Lo que no debe faltar en ese estilo es la claridad que en parte se logra con el uso de los términos propios de la lengua que contribuyen a hacer inteligible lo que se comunica.

Encomiar es lo contrario de censurar; significa alabar encarecidamente. Es elogiar de modo encendido. El verbo deriva del nombre encomio, cuya etimología remonta hasta el griego enkómion, que significaba elogio, discurso panegírico. Generalmente este verbo -encomiar- se toma en tanto sinónimo de celebrar, encarecer, ensalzar. La palabra entró de manera oficial en la lengua en el año 1884; encomiador hizo su entrada un año antes, en 1883.

Para quien estas notas redacta le resulta cuesta arriba aceptar que “encomiaba a rechazar”. Quizás pueda admitirse que una persona “encomiaba el rechazo”. Si se desea mantener el mismo orden en la frase, debió utilizarse el verbo animar, alentar, estimular o, incitar. Todos estos verbos aceptan la preposición a para introducir un complemento.

Cada uno de estos verbos posee un grado diferente de intensidad por lo que el asunto se contrae a saber lo que en realidad quiso expresar el articulista.

 

GREDAR  –  GREDA

“. . .Obras Públicas de un GREDAR. . .”

Esta voz del español dominicano es una adaptación del inglés grader que es una maquinaria que se usa en la construcción de caminos, calles, carreteras y avenidas; así como para vías de acceso a minas o cualquier otro lugar.

En el español más conocido se la llama de motoniveladora, pues su principal función es nivelar terrenos, refinar taludes.

Para desempeñar su trabajo esta máquina está provista de una o dos hojas metálicas largas y cóncavas. Lo más común es que lleve esa “cuchilla” entre los ejes traseros y el eje delantero. Algunas llevan dos hojas de empuje o arrastre de material y, en ese caso la segunda se coloca en el frente, delante del eje delantero.

Hay que llamar la atención sobre la forma en que los dominicanos han hecho la adaptación de la voz inglesa; lo han hecho sobre la pronunciación inglesa y no sobre la representación gráfica. Eso significa que se hizo a través del oído, por vía oral, de donde se desprende la forma de enunciarla y escribirla.

En el título se escribieron las dos formas en que los dominicanos enuncian el nombre inglés, con la erre /r/ al final “gredar” o, sin ella, “greda”.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Abrir/abrirse, búmeran/bumerán, patologizar, cosido/cocido

Roberto E. Guzmán

ABRIR – ABRIRSE

En esta parte se estudiará la voz del título en una acepción dominicana que todavía no ha encontrado su entrada en los diccionarios de palabras usadas en el español dominicano.

La oración anterior se expresa sin olvidar lo que escribe Gerd Wotjak en el prólogo a Estudios de lexicología y metalexicografía del español actual (1992:VII) “Resulta más fácil criticar las pretendidas o verdaderas insuficiencias de los diccionarios, que practicar la difícil y extenuante labor lexicográfica”.

Se deja constancia de que en República Dominicana finalmente se hicieron todos los esfuerzos para reunir en un volumen las voces del español dominicano. Ahí está el Diccionario del español dominicano (2013). Hechas estas consideraciones se pasará a revisar lo concerniente a “abrirse” en el habla de los dominicanos.

Una articulación se abre cuando se produce distensión en los músculos, tendones y tejidos en ella. La articulación que se abre con mayor frecuencia es la de la muñeca, lo que dificulta el uso de la mano en las flexiones propias de esa articulación.

Otra parte del cuerpo humano que padece a veces de estar abierta es la cintura, por lesiones en la espalda baja, el lumbago. En estos casos la persona sufrirá de molestias o dolores. La acción que se culpa de la cintura abierta es la de cargar o manipular objetos pesados mientras se adopta o mantiene una postura inadecuada.

 

BÚMERAN – BUMERÁN

“. . .se convierten en BÚMERAN. . .”

Las dos formas de representar la voz que llegó al español procedente del inglés son admitidas por la norma culta. La Real Academia asienta bumerán y agrega que también se escribe y pronuncia búmeran en algunos países y, menciona específicamente esta Academia entre esos países a Argentina, Ecuador y México.

Esta voz tuvo su origen en una lengua australiana que luego pasó al inglés, boomerang, y que en principio fue un arma arrojadiza de madera ligera en forma de ángulo obtuso, que lanzada con movimiento giratorio puede regresar al punto de partida. La voz australiana se documentó por primera vez en el año 1798 en un glosario de voces aborígenes del sur de Australia.

Para la lengua, más importante que el arma, es el sentido que se ha imprimido al utilizar en sentido figurado la vuelta del arma, entendiendo que esta se vuelve contra quien la lanza, es lo que se conoce con el nombre de “efecto bumerán”, que las Academias en el lexicón mayor definen como “acción que se vuelve contra su autor”.

En la frase de la cita ya no hace falta que se recurra a escribir la locución completa, pues con el uso de palabras del español que indiquen a qué se refiere se entenderá el mensaje sin dificultad. La palabra bumerán se admite que reemplace a la expresión completa.

 

PATOLOGIZAR

“. . .se hace buscar razones para PATOLOGIZAR. . .”

Este vocablo del título circula muy poco, para no decir que no circula. Es una creación culta para designar algo que guarda relación con la palabra patología que pertenece al registro culto de la lengua española.

Otro rasgo que revela la procedencia del verbo estudiado es la terminación –izar que es una de las favoritas de los creadores de nuevos términos, cuando ellos son capaces de leer lenguas extranjeras.

En tiempos recientes se ha hallado la nueva costumbre de llamar patologías a las enfermedades. Esa nueva costumbre llega a las orillas del español desde el inglés, lengua en la que pathology es algo anormal; las desviaciones estructurales y funcionales de lo normal, que constituyen enfermedades o caracterizan una determinada enfermedad. Además de esta acepción posee otras que no se conocen todavía en español, pero que no viene al caso traer aquí.

Este patologizar tiene que ver con las otras desviaciones, que se refieren a las acciones que producen trastornos en el comportamiento social. (Informaciones extraídas del Merriam-Webster Dictionary. (Adaptadas y traducidas por RG).

Al buscar en el Corpus del Español del Siglo XXI, solo se encontró un ejemplo de este uso de patologizar en español, en Argentina, con todas las características del patologizar del trastorno del comportamiento social, y es un ejemplo del año 2008.

Se propone aquí evitar este uso del verbo examinado aquí, por la comprobada poca frecuencia de su uso y, por no corresponder a lo que en la lengua española se entiende por patología; así mismo,  porque el verbo patologizar ni siquiera figura en las nóminas de propuestos neologismos de los que se tiene conocimiento.

 

COSIDO – COCIDO

“. . .aquel personaje que parecía invencible terminó *COCIDO a tiros. . .”

Con la lectura de la frase que se copió más arriba queda demostrada la razón que tienen los hablantes de español dominicano para “cocinar” sus alimentos y no “cocerlos”. Esto es, con el empleo de cocinar no hay equívoco posible con respecto a lo que se refiere la acción.

Salta a la vista la diferencia de significados que existe entre los dos verbos del título. El primero, coser, es el que tiene relación con las agujas, el hilo y las telas, pieles, etc. El segundo, cocer, tiene que ver con los alimentos, el fuego, el calor que los hace comestibles.

Una fórmula para no olvidar quién es quién entre estas dos palabras, es recordando que el cocido, con ce /c/ es el de garbanzos y el otro, cosido, con ese /s/,  es el de la costura.

Un empleo que se ha oído en el español dominicano es el que consigna el Diccionario de uso del español actual (2012:573) en el que se lee que cosido es, “calidad en el acabado de coser”, esto es, bien confeccionado, bien terminado.

En el Diccionario de términos de escritura dudosa, (2014:106), se incluye una acepción que se refiere directamente con el uso del cosido que debió aparecer en la frase, “causar a alguien varias heridas con un objeto punzante”. En otra obra se leyó que las heridas pueden ser causadas por un arma de fuego. Se debe manifestar aquí que no pudo localizarse la referencia para incluirla.

En República Dominicana para expresar que a una persona se han infligido muchas heridas utilizan una expresión, “dejar o poner [a alguien] como un colador”.

© 2018, Roberto E. Guzmán

Línea, cerrado en agua, distar/dictar

Roberto E. Guzmán

LÍNEA

El vocablo del título tuvo o tiene una significación en el español dominicano que ha pasado inadvertida de los lexicógrafos.

Esta significación tiene relación con otra del español general que se refiere al recorrido regular de vehículos sobre un itinerario establecido.

La línea que se desea sacar del olvido es la que se relaciona con la empresa que se dedica a explotar una o varias rutas determinadas. Esas empresas en República Dominicana se hacían llamar “líneas”.

En un principio fueron solo automóviles que recorrían las distancias interurbanas y que se agrupaban para administrar el flujo de pasajeros. Esa era la época en que los automóviles que viajaban entre las diferentes ciudades del país buscaban los pasajeros en las direcciones que les eran suministradas.

Con el aumento de los viajeros, la capacidad de los automóviles resultó exigua y entonces esas “líneas” pasaron a administrar el flujo de pasajeros aun cuando los vehículos fueran propiedad de los conductores.

Entre las líneas que se recuerdan pueden nombrarse la Línea Estrella Blanca y la Línea Studebaker. Si mal no se recuerda, el local que servía de descanso y donde se tomaban los mensajes para la Línea Estrella Blanca fue la estación (bomba) de gasolina de Calamidad, en la Av. Mella entre las calles 16 de agosto y José Dolores Alfonseca (30 de marzo).

La Línea Studebaker funcionaba en la calle Arzobispo Nouel, próximo a la Catedral Primada de América. Allí se vendían los periódicos nacionales, así como las revistas extranjeras que el régimen de Trujillo permitía entrar. Además, vendían “tablas de dulce”, es decir, dulces en pastas que se producían en los pueblos servidos por los vehículos que allí recibían sus llamadas de servicio.

Los sistemas modernos de transporte colectivo sacaron del negocio a estas líneas que fueron sustituidas por compañías administradas de acuerdo con procedimientos modernos de gestión y con servicio regular de autobuses.

 

CERRADO EN AGUA

“Todo el trayecto. . .fue CERRADO EN AGUA. . .”

El verbo cerrar tiene muchas acepciones que se han acumulado en la lengua española a través del tiempo. Algunas tienen relación unas con otras; en otros casos se trata de extensiones o de usos figurados.

El verbo cerrar en el español cotidiano posee una acepción que de alguna forma se asemeja a otra del español hispanoamericano. En la acepción marcada con el número 34 en el Diccionario de la lengua española, en su vigesimotercera edición puede leerse esto, “Dicho del cielo: encapotarse”.

De la lectura de la frase se deduce que no se trata de que durante el trayecto el cielo estuviese “encapotado en agua”. Se refiere a una acepción americana del verbo cerrar.

La acepción a la que se alude en la oración anterior y más próxima a esta es la del verbo cerrar en la locución verbal “cerrarse a llover” que en Cuba, Costa Rica y República Dominicana significa, “Empezar a caer la lluvia”.

“Cerrado en agua” se ha oído en el español dominicano más de una vez, por no escribir, muchas veces. Cuando se usa se toma la locución verbal cerrarse en agua, en el sentido de “llover a cántaros”, quien eso hace recurre a la locución verbal “cerrarse a llover”, solo que la palabra lluvia se reemplaza por agua, que el contexto se encarga de aclarar. Puede añadirse que el verbo cerrar aquí se emplea para significar, rodear, que en la cita es de agua.

 

DISTAR – DICTAR

“. . .que antes DICTABAN mucho de ser modernas y grandes. . .”

En algunas ocasiones no sabe el lector si el error se debe a descuido en la pronunciación del español o a falta de cultura. O, como decía el chusco, a “ambas cosas a la vez”. En esta sección se  examinarán las acepciones de los dos verbos del título. Sucintamente se tocará el asunto de la pronunciación concerniente a ambos verbos.

En cuanto al verbo dictar, las Academias son muy precisas en la primera acepción del verbo dictar, estas incluyen “las pausas necesarias” para que la persona escriba lo que la otra dice. En la segunda acepción del lexicón mayor de la lengua española es minuciosa de nuevo, “dar, expedir, pronunciar, leyes, fallos, preceptos”. Luego de esas acepciones se adentra ese diccionario en definiciones más apartadas de lo concreto, tal como “inspirar, sugerir”. La cuarta y última acepción en ese diccionario añade el verbo dictar a las clases y conferencias, para que este se emplee así como los verbos dar, pronunciar, impartir.

En lo concerniente al verbo distar, de nuevo el Diccionario de la lengua española no economiza palabras para definir ese verbo. “Dicho de una persona o cosa: Estar situada a una cierta distancia espacial o temporal de otra”. Aquí ha de notarse que se detalla “persona o cosa” y especifica “distancia espacial o temporal”. Con la misma introducción, personas o cosas, en la segunda acepción escribe, “Diferenciarse notablemente de otra”. Repárese en el adverbio notablemente que refuerza la intensidad del verbo.

El verbo dictar fue tomado del latín dictare, que era el frecuentativo de dicere, esto es, “decir”. Ya Nebrija entendía que este verbo era “dezir lo que otro escrive”. (Se respetó la ortografía de la época). Este precursor de los diccionarios del español escribía ditar. Fue ya en el Diccionario de autoridades donde se asentó la letra ce /c/ en medio de la palabra.

El verbo distar fue tomado de distare que valía para expresar “estar apartado”. Se recuerda que en español existe el adjetivo “distante” desde la primera mitad del siglo XV, que como puede deducirse se relaciona con el verbo distar, tratado aquí. Este adjetivo -distante- es equivalente de alejado, apartado, remoto.

La pronunciación de los dos verbos estudiados difiere bastante, pues uno lleva una ese /s/ en el sitio en que el otro pronuncia un sonido equivalente a una letra ca /k/. La única forma para equivocarse con respecto a los dos verbos en cuanto a su enunciación es haciéndolo por partida doble, es decir, pronunciando mal uno y otro. Otra posibilidad es la que se ha criticado muchas veces antes por medio de estos comentarios es cuando el articulista no se toma el tiempo para revisar lo que escribe.

© 2018, Roberto E. Guzmán

 

Deja ver si, farsa/falsa, propositivo, recuperar

Roberto E. Guzmán

DEJA VER SI

Esta expresión se ha oído en muchísimas ocasiones en el español dominicano. La usan los hablantes de esa variante del español cuando solicitan que se les permita abrir una posibilidad. La conjunción condicional “si” que aparece al final de la expresión desempeña la función de introducir una condición. Esta expresión permite que entre en ella una viabilidad de que la persona que la emplea pueda satisfacer un deseo en beneficio de otra persona o de sí mismo.

Algo interesante en esta expresión es que no se ha encontrado rastro de ella en tanto unidad en las obras dedicadas a esta labor. Otro rasgo interesante es que en realidad tiene relación sesgada con el verbo dejar, pues lo que la persona hace es que pide que se le permita hacer una cosa, que no es necesariamente material, esto es, que se acceda autorice o consienta en evaluar una posibilidad.

Con relación al verbo “ver”, hay que aceptarlo en este caso con el valor de intentar una cosa. De la explicación anterior puede entenderse que la expresión en sí no puede tomársela en el sentido de cada una de sus partes, sino como un todo unitario que expresa lo que se ha explicado más arriba.

 

FARSA – FALSA

“. . .siendo una FALSA para cubrir su verdadero ser criminal”

Aunque las dos palabras del título se parezcan en su escritura y pronunciación, los orígenes de una y otra son distantes.

Falso/a procede del latín falsus que era propiamente el participio pasivo de fallere, que significaba engañar. El hecho de que haya conservado la letra efe /f/ del latín indica que prevaleció en el vocablo la pronunciación de las clases cultas. Esta pronunciación fue estimulada por el clero cuando se ocupaba de asuntos morales.

Farsa fue tomado del francés farse, que hoy se escribe farce y es una pieza de teatro cómica y breve que se usaba de relleno en las presentaciones de misterios o auto sacramentales. Todavía con el significado de “rellenar” se conoce en francés el verbo farcir. Para estas etimologías se recurrió al Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980-I-841, 872).

El adjetivo falsa/o vale para expresar que algo se hace o se dice con engaño; que no corresponde a la realidad o a la verdad. Se dice o escribe de las cosas que son falsificadas  o postizas. Cuando se refiere a una persona este destaca la deslealtad, la hipocresía.

El sustantivo femenino farsa heredó del origen francés el significado de pieza teatral breve, cómica y de baja calidad. Fuera del ámbito del teatro es un enredo con el que se pretende engañar. En inglés posee las acepciones del teatro, así como de espectáculo sin fundamento que se usa para engañar.

Si se observa la redacción de la cita, se verá de inmediato que se utiliza la palabra falsa en tanto sustantivo, después de “una”, lo que descalifica la pertinencia de esta en esa función y, en su lugar debió escribir el redactor farsa para imprimir sentido cierto a la oración.

En casos como el que se estudia en esta sección no se trata de error de ortografía, sino de un error de cultura, es decir, lo que falló fue el grado de cultura del articulista que no supo distinguir entre los dos vocablos del título.

 

PROPOSITIVO

“. . . ausencia de pensamiento PROPOSITIVO y ético. . .”

Este vocablo que se somete a estudio reviste caracteres de interesante; por su formación, su procedencia y su significado es digno de atención. Luego de todos estos calificativos elogiosos, hay que introducir la nota de equilibrio, no es una voz que aparece en los lexicones del español de uso. Quizás esto es así porque es de reciente introducción en español.

Las informaciones que se encuentran con respecto a la voz “propositivo” indican que es una persona con una actitud que analiza y evalúa de manera crítica los problemas y sus posibles opciones; recomienda acciones y las impulsa, actúa de acuerdo con su criterio.

Fundéu en respuesta a una consulta al respecto de este vocablo da a entender que propositivo es un adjetivo para caracterizar a una “persona emprendedora, con actitud crítica y que obra con eficacia”. En la respuesta a la consulta Fundéu agrega que el adjetivo está correctamente formado por el vocablo proposición (acción de proponer) más el sufijo –ivo (indica “que tiene capacidad o inclinación para lo que sugiere la palabra base” [proposición]).

En la mencionada opinión, Fundéu añade que puede considerarse formado por el prefijo pro- (tomar impulso hacia adelante) más positivo (afirmativo, efectivo, eficaz). Los dos análisis convergen para dar el mismo sentido y definición ofrecidos más arriba.

La voz propositivo se encuentra en un puesto de consideración de la Real Academia, lo que augura que podría integrarse al diccionario oficial de la lengua en un futuro cercano. Los datos  recabados con respecto a la voz estudiada dan testimonio de que tiene ya uso extendido en el ámbito de la lengua y que se ha registrado su presencia documentada en el español escrito desde hace más de cuarenta años.

La conclusión de la consulta mencionada más arriba es que “no conviene censurar el empleo de la palabra”, aunque “es mejor usar voces o frases equivalentes”.

 

RECUPERAR

Al mismo tiempo, G. RECUPERA el concepto de tradición. . .”

No es algo excepcional que al escribir algunas personas tomen una palabra por el significado más débil. Esto es, que vayan a un extremo del significado de la palabra en cuestión y aprovechen una cualidad poco relevante de esta para extenderla.

Eso que se ha esbozado en términos abstractos y generales es lo que se piensa que ha sucedido en la frase reproducida más arriba.

Resulta muy laborioso pensar que alguien pueda “tomar o adquirir” la tradición, que son dos de los significados de recuperar. O, que se ponga la tradición de nuevo en servicio, otro significado. Además, resulta cuesta arriba poder admitir que la tradición vuelva a su estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil.

Las tres hipótesis que se han avanzado en el párrafo inmediatamente anterior a este sirven para descartar el uso del verbo recuperar, pues se basan en las definiciones más próximas a lo que podrían interpretarse como los rasgos propios del verbo y su posible relación con la palabra tradición.

En el caso de esta frase puede avanzarse la teoría de que el autor se refiere a “actualizar” este concepto; es decir, “conferirle o atribuirle importancia”. En otras palabras, equivale a “traer de vuelta” el concepto mencionado. Podría decirse también, “sacar a la luz del día”, “exponer ante todos” y otras formas más largas y complicadas, pero exactas.

© 2018, Roberto E. Guzmán

 

Filosofía, orondo/*horondo, ora, autonomizado/autonomizar

FILOSOFÍA

En algunas ocasiones hay palabras comunes de conocimiento general que adquieren un sentido diferente al internacional en algunos países. Ese fenómeno se ha visto suceder con regularidad en casi todas las lenguas internacionales.

La distancia entre la metrópolis y las colonias que luego adquirieron la independencia le imprimieron nuevos sentidos a palabras tradicionales. Otros factores que contribuyeron a estos cambios fueron las circunstancias, el ambiente y las tradiciones anteriores a la llegada de la lengua metropolitana.

El estilo de vida y la evolución histórica de los diferentes países de la América Hispana han determinado que vocablos de larga tradición en la lengua hayan adquirido otro sentido en los países americanos.

La palabra filosofía es de larga tradición en el seno de la lengua española; sin embargo, los dominicanos de los estratos educados de la población le han imprimido algunos caracteres a esta palabra que la diferencia de la noción aceptada generalmente.

No se entrará aquí en el detalle de las acepciones conocidas y aceptadas por la generalidad de los hablantes, sino que se caracterizará el significado y el uso en el español dominicano.

Casi siempre se utiliza el término “filosofía” como representación del concepto dominicano que se tiene de la palabra en los casos en que se adoptan medidas o se toman decisiones para referirse al, o los motivo(s), que subyacen esas disposiciones, así como al objetivo que se persigue con ellos.

Ese empleo del vocablo sometido a examen ocurre mayormente en las discusiones en los niveles administrativos del gobierno, cuando se inquiere sobre los motivos que justifican una toma de decisión, o, acerca del propósito de algunas medidas gubernamentales.

Se piensa que este uso está acreditado en el lenguaje administrativo dominicano, sobre todo en lo concerniente a los asuntos de índole gubernamental. Debería considerarse esta utilización para incluirla en el futuro en los repertorios de acepciones particulares de palabras del español dominicano.

ORONDO – *HORONDO

“Ya de regreso el chofer se mostraba *HORONDO por su hazaña. . .”

En algunas ocasiones cuando se encuentra lo que se considera una falta de ortografía al escribir una palabra los lectores se sienten defraudados. Los guardianes de la lengua a veces se precipitan y con disgusto disimulado atacan el descuido de quien incurre en el error.

Hay que tener mucho tacto y prudencia para no precipitarse y pronunciar censura ligera contra quienes algunas veces pueden -sin saberlo- encontrar amparo en la historia de la lengua. Eso que se enuncia en la oración inmediatamente anterior a esta se ampliará en esta sección con relación a una de las dos voces del título.

Entre 1899 y 1914 la forma primitiva del vocablo era horondo, hasta con hache aspirada. Así apareció en los diccionarios de la Academia.

Desde esa fecha hasta ahora, la forma de escribir la palabra que se estudia ha sido sin la hache, es decir, orondo. En las acepciones que la Academia consigna la primera es la que se presume más antigua; aunque en la actualidad la que se emplea con mayor frecuencia sea, “lleno de presunción y muy contento de sí mismo”.

Para resumir el asunto. Hace más de cien años que la ortografía de orondo ha permanecido la misma, vale decir, sin hache; a pesar de la mala voluntad que esta letra ha cosechado entre los hablantes de español. Esta opinión de algunos hablantes de español le viene a la hache porque se la consideraba “un signo ortográfico ocioso”. Así se expresaba la Ortografía de la Academia misma. En la actualidad, y desde hace largo tiempo, no hay lugar a discusión, debe escribirse orondo.

ORA

“. . . ORA por la gerontocracia u ORA por los intereses. . .”

La palabra ora es un aféresis de ahora, es decir, es la abreviación de la palabra “ahora” mediante la supresión del fonema inicial. En el lenguaje moderno tenemos ejemplos que se han colado en el español hasta proveniente de otras lenguas, por ejemplo del inglés, así se dice bus por autobús.

Ora es una conjunción de uso esporádico que solo personas cultas utilizan en sus escritos. Este rasgo hace que los articulistas que no son muy versados en los asuntos de la lengua puedan incurrir en errores en el uso de esta conjunción.

La Academia en su Diccionario de la lengua española tipifica esta palabra en tanto conjunción distributiva. Esto es, un “elemento o locución coordinante que se emplea en forma repetida o en combinación para expresar distribución”. Diccionario de lingüística ANAYA (1986:94).

El irremplazable Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española de M. Seco (1998:323), con respecto a ora escribe que “se usa de repetido ante dos o más frases, equivaliendo a ´unas veces´… ´otras veces´.” Asegura este diccionario que es de uso literario.

Con este tipo de recurso y palabra hay que observar mucha cautela porque fácilmente se cae en error. María Moliner en su Diccionario de uso del español (2007-II-2117) afirma que es usada solamente “en frases literarias de sabor anticuado”.

Al final algo que hay que tener pendiente cuando se usa este “ora” es que en sí es una conjunción y por lo tanto no debe hacerse preceder de otra conjunción. Lo que cabía que hiciese el articulista en este caso era escribir, “…ora por la gerontocracia, ora por los intereses…”

AUTONOMIZADO – AUTONOMIZAR

“. . .que la han AUTONOMIZADO en la encarnación de su rol. . .”

“. . .estos actores AUTONOMIZADOS. . .”

Los hablantes de las lenguas a veces se encuentran en situaciones en las que desearían que algunas palabras existieran. Eso ocurre en los casos en que el hablante o escribiente se queda insatisfecho con las voces conocidas de la lengua. Desea expresar algo tomando como base un concepto conocido, pero la voz que crea no cuenta con suficiente arraigo en la lengua para que se la reconozca.

Lo que acaba de bosquejarse es un  ejemplo de lo que se presume que aconteció en el caso de los usos del verbo y del adjetivo destacados en las frases usadas a manera de ejemplos.

Para evitar tener que recurrir a los extremos de inventar nuevas voces, lo que procede que se haga es realizar una búsqueda en el seno de la lengua por un sinónimo capaz de expresar la idea que se persigue. El método es sencillo. Se usará más abajo para que sirva de modelo para el futuro.

Se busca una palabra equivalente a autonomía. Los diccionarios someten una lista que hay que evaluar. Para autonomía se encuentran, “independencia, libertad, emancipación, franquicia”. De entre estas, la independencia y la libertad son las que ofrecen mejores perspectivas.

La nueva redacción resultaría, “…que la han liberado en la encarnación de su rol…” “…estos actores independizados…” Tanto el verbo liberar como independizar son bien conocidos en la lengua común.

También pudieron cambiarse algunos otros elementos de la redacción y acomodarla a otras palabras. Esta clase de ajustes no requieren de gran esfuerzo; basta con pensar más de una vez.

© 2017, Roberto E. Guzmán.